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Consejo Superior de Investigaciones Científicas CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS ciencia pensamiento y cultura arbor Toda cuestión estética es también ontológica, es decir, relevante para nuestra concepción de la realidad. Asimismo es práctica, no deslindable de la orientación de nuestras acciones. Y, por ende, es política o implicada en la organización de la vida colectiva. Por otra parte, todo es política. Ignorarlo es contribuir al cumplimiento del proyecto del poder establecido. Y, además en política, no se pueden tener las manos limpias, la equidistancia, la objetividad y la benevolencia pueden ser, en todo caso, el preámbulo de la acción pública, iniciarla es ya decantarse. Desde este punto de partida, arte y política van a estar siempre en una relación dialéctica, tan innegable como problemática. Innegable por presente en el movimiento de las fuerzas reales de la historia. Problemática por dinámica y ambivalente. Por una parte fenoménicamente variable mas por otra trasegada y hasta convulsa en la ineluctable gestación de lo nuevo. En consecuencia tan contraproducente es privar al arte de su dimensión política (el arte por el arte) como saturar dicha dimensión con ideología (el arte como compromiso social). La relación de arte y política en Alemania siempre se ha entendido bajo una clave el Werden, el devenir que permite "llegar a ser". Al lema de la Nación que quiere ser Estado antes de la unidad de 1874, le siguió el de Nación que quiere ser poderosa después de dicha unidad y a éste el de Nación que quiere sentirse tal a pesar ( o a través) de la culpa después de 1945. Con el primer lema se identifica el Fausto de Goethe, con el segundo la obra de arte total wagneriana, con el tercero el arte de la posguerra. Beuys, Vostell (1932Vostell ( -1998)), Immendorff (1945), tres artistas de posguerra 1, tres posturas estéticas, tres posiciones políticas, tres biografías... Sin embargo por encima de todo y antes de nada, tres autores que le conceden al texto valor esencial, no ilustrativo ni epifenoménico en la constitución de la obra y en el más acá y más allá de la misma. En su proyecto previo y en la vida que el arte encarna más allá de su ejecución. Vamos a hablar de ellos para ver cómo contestaron diversas cuestiones. ¿Sirve el texto para dar cuenta fiel de las intenciones de la obra se trata más bien de un obstáculo? ¿El texto implica al arte prendiendo en él? ¿Pueden las estrategias teóricamente más coherentes ser los mejores subterfugios? ¿No llevan los textos entendidos como programas a callejones sin salida? Joseph Beuys, el nómada del sombrero de fieltro, el chamán, el profeta del calórico impulso de Cristo, el seguidor de Steiner. Pero también el luchador del movimiento estudiantil, el abogado de la democracia directa, el buscador de la tercera vía mediante la ecuación capital = creatividad, el ecologista... ¿Un orate, un histrión, un genio? Y más en conexión con el tema que nos ocupa, ¿ un artista políticamente relevante y pertinente?, ¿ un oportunista?, ¿ un lúdico performer? ¡Compleja y ambivalente figura la de Beuys! A veces reaccionario y regresivo, otras arriesgado y penetrante, en ocasiones, arrogante y sacerdotal, solícito y entregado en otras, incoherentemente monstruoso por momentos y acto seguido conmovedoramente comprometido, zambullido en el ridículo y poco después digno y heroico paladín de la emancipación. ¿Le faltaba preparación teórica?, ¿lectura sistemática? De haberla tenido seguro que no habría llegado a alcanzar esas peculiaridades que lo convirtieron en una figura única en la historia del arte, para bien y para mal. No porque, en términos generales, dicho fondo teórico sea sin más negativo para la creación, sino porque en su caso concreto, sus no muy bien digeridas nociones contribuyeron a dar a él y a su obra una idiosincrasia ciertamente singular. Por otra parte es un puritanismo vomitivo de ciertos teóricos exigir ese adiestramiento y esa actitud reflexiva a los artistas. Los sarcasmos de Miguel Ángel ante los intentos de Benedetto Varchi de reeditar el viejo Paragone han de servir siempre de advertencia en estos casos: puede bastar una frase y eso sí muchas esculturas para hacer toda una teoría de la escultura 2. Beuys quiere un arte que renuncie a ser sólo arte y se inmiscuya en un proceso de emancipación política. Cada hombre un artista, discutida consigna, también incomprendida a veces 3. ¿Significa ésta que cualquiera, sin más ni más, por el mero hecho de ser hombre, puede llegar a ser artista? ¿Propone Beuys en el arte lo que Sócrates aplicaba al conocimiento en general al decirnos en Menón que incluso un iletrado esclavo puede resolver un complejo teorema matemático? Si tenemos en cuenta su trayectoria como catedrático de Escultura monumental en la Escuela Superior de Bellas Artes de Düsseldorf, hemos de decir que sí. Ser renuente a los numerus clausus y admitir en sus clases a alumnos que no habían aprobado el ingreso parece una muestra inequívoca de igualitarismo. Si, además, mantenerse firme en su postura le reportó la expulsión de su cátedra y un largo combate judicial contra Johannes Rau del que al final salió vencedor, todo induciría a pensar que en Beuys estuvo en todo momento presente un talante democrático ab radice. Sin embargo las intenciones del creador de Krefeld no van en esa línea. Con su lema Beuys hacía profesión de fe en el poder transformador de la creatividad humana. Creatividad que no sólo era privativa de lo reconocido socialmente como arte, sino de cualquier actividad en la que interviniera el hombre. Todas las actividades, profesiones y trabajos, en la ciencia, en la técnica, en la manufactura elemental, en la administración pública, en los servicios, etc., pueden y deben contribuir a la transformación del sistema político-económico y a la emancipación del hombre. Cada hombre un artista, porque la obra de arte a lograr es un nuevo hombre, una nueva sociedad, o dicho de un modo más sinténtico un nuevo mundo, es decir un nuevo plexo de relaciones hombre-hombre, hombre-naturaleza y también naturaleza-hombre. Descompongamos el lema en sus términos y analicémoslos aunque sea precariamente. Cada porque son todos los seres humanos los invocados a la obra, porque ésta es colectiva, hombre porque sólo desde la cálida entraña de lo humano puede llevarse a cabo el proyecto, un artista entendido como un transformador de entidades, modos de acción y valores, algo así como el filósofo nietzscheano que ya sólo puede serlo a martillazos. Ese mundo a vertebrar decíamos que tejería nuevas relaciones hombre-hombre. Las de la confianza desmedida en la fluidez de la capacidad comunicativa. Beuys creía que entre los hombres reinaba una transparencia rousseauniana originaria, que hacía viable la democracia directa y la apelación al plebiscito para dirimir las cuestiones públicas. La promulgación de una Bundesabstimmungsgesetzt, una ley federal para el plebiscito fue uno de los objetivos constantes de Beuys. Convendría hacer aquí un aparte para decir que tal programa, por una parte, estaba condenado a fracasar y, por otra, no resiste un análisis político mínimamente sólido. Desde el punto de vista de la táctica, ¿cómo se puede pretender que, desde el interior del propio sistema la partitocracia promulgue (!) una ley que siente las bases para su disolución? ¿Bajo qué motivaciones puede producirse esta inmolación y este harakiri institucional? 4 Mas desde el punto de vista de la estrategia, podríamos preguntar ¿y si la utopía de Beuys llegara a realizarse, estaríamos ante el cumplimiento de un sueño o de una pesadilla? ¿Un sistema plebiscitario no es lo mismo que una ruptura de instituciones que están ahí para que el sistema funcione con la más deseable y posible independencia de la bondad de sus gestores? ¿Un sistema plebiscitario no es lo mismo que abocar a las masas a la fascinación colectiva y la relumbrante e hipnotizadora embriaguez del carisma? ¿Un sistema plebiscitario no es equivalente a una argentinización del Estado? Hasta aquí la relación hombre-hombre, ¿qué es de la relación hombre-naturaleza? En el nuevo mundo la modificación de las relaciones de hombre y naturaleza debe ser aportada, claro está, por una nueva concepción del trabajo. El trabajo propio debe ser entendido como la contribución al sostenimiento del todo productivo que tiene como contrapartida el trabajo de los otros. Por el contrario, la vigente vinculacion de trabajo y salario conduce a un individualismo instrumentalizado, que desvinculando aparentemente política y economía, cimenta una creencia en la inmutabilidad del statu quo y poco menos que santifica el sistema productivo. Sin embargo la conversión del salario en trabajo no es a costa de nada, sino que está propiciada por una incentivación atroz del consumo, que motiva una lamentable pérdida del potencial productivo de la sociedad. El capital se invierte y se reinvierte en bienes de consumo, en lugar de en el auténtico bienestar de los hombres. La orientación de la producción está pervertida, casi podríamos decir que degenerada, pues su objetivo no es satisfacer las necesidades de los seres humanos, sino mantener el consumo en ciertos niveles. El consumo no es para el hombre, sino el hombre para el consumo. Acierta Beuys: el estado de bienestar no es el de la felicidad, sino el sincopado y monótono ritmo de una inmensa y global máquina productora de injusticia, aculturación, entretenimiento vacuo, hambre y destrucción del medio-ambiente. Precisamente el ecologismo beuysiano entraría a colación aquí. Una de las principales reorientaciones de la producción y del capital propuestas por Beuys ha de ser la del mantenimiento y restauración del medio ambiente. En este sentido ha de verse su acción 7000 robles. Aquí el artista trabaja como promotor y organizador de una planificada acción de plantado de robles sustentada por fondos de participantes voluntarios. Cada roble costaba 500 marcos, lo que incluía transporte, implantado e imposición de un monolito de basalto junto a cada roble. Si el roble era el elemento natural de la acción, los monolitos ejercieron de vestigio cultural de la misma. Dado que 500 marcos podía ser una cantidad muy elevada, se permitió la compra de acciones. Esta acción beuysiana es una consecuente y lúcida ejemplificación de su filosofía política. Cada hombre un artista, porque la creatividad de cualquiera es apelada para su implicación en el sostenimiento y renovación de la naturaleza. Trabajo= trabajo para otro, entendido ese otro no como el capitalista, sino como el anónimo y semejante miembro de la sociedad cuyas necesidades son comunes a las del trabajador. Capi-tal=capital-producción y no capital-consumo, el dinero es necesario para emprender cambios, incluso la organización de 7000 robles es análoga a la de la sociedad anónima capitalista, con participaciones alícuotas por medio de acciones bursátiles. Sin embargo el beneficio no sigue la lógica de una justicia distributiva en la que quien más capital aporta más recibe, sino que viene a ejemplificar el comunismo. A cada cual según sus necesidades, de cada cual según sus posibilidades, todos necesitamos un medio ambiente de calidad, pero no todos podemos invertir la misma cantidad de capital-producción en el proyecto. No podemos ser en la misma medida inversores, pero vamos a ser sin duda igualmente beneficiarios. La expuesta relación hombre naturaleza está según Beuys cimentada en una relación naturaleza-hombre. La de una revelación, la naturaleza, por medio de los animales y las plantas, está constantemente emitiendo mensajes que deben ser comprendidos y transmitidos. Esta propuesta de Beuys está cimentada en el totemismo. Como bien se sabe éste establece una relación de parentesco entre el hombre, su grupo, su familia y su clan con un animal, una especie animal o de plantas. Un miembro privilegiado de la comunidad con dotes visionarias, el chamán, es el encargado de mantener fluidez comunicativoexpresiva entre el clan y su parentela no humana. Y aquí el misticismo y el panteísmo beuysiano se desbocan. Beuys se considera a sí mismo, nada menos, que representante de un muy extenso clan, la humanidad, el cual está emparentado con otro muy extenso conjunto de entes, todos los naturales. ¿No es esto excesivo? En un principio, y teniendo en cuenta los otros dos pilares de la filosofía de Beuys (las relaciones hombre-hombre y hombre-naturaleza), incluso ese totemismo chamánico tendría que ser democrático. Si cada hombre es un artista, cada cual tendría que ser capaz de comprender esas comunicaciones de nuestros mudos pero elocuentes parientes. Sin embargo las acciones chamánicas de Beuys se caracterizan por todo lo contrario. El chamán, o sea él, no transmite sus enseñanzas a otros hombres, no las comparte. El Beuys de Coyote, de Cómo se le explica a una liebre muerta una obra de arte o de Ifigenia, no vuelve ante los hombres para explicitar la revelación. Tal vez haya tomado energía de los animales para emprender otras acciones públicas y políticamente relevantes (como las de La Democracia directa, la Universidad libre Internacional o los 7000 robles), pero de ese proceso íntimo no podemos tener ninguna constancia. Mas bien podríamos sentirnos inclinados a juzgar que Beuys reinstaura la figura burguesa del gran artista y su obra y recupera con una dimensión magnificada el mundo del arte, del que no sólo quiere estar al margen, sino que dice aspirar a volatilizar en aras de la eficacia político transformatoria de la creatividad. Recupera dicha dimensión magnificada en dos sentidos. Magnificada, porque Beuys no se llama a sí mismo genio, el cual sólo atisba intuye lo inefable, sino chamán, el cual comprende lo inefable. Y magnificada, porque en el mundo dominado por el imperio mediático, su chamanismo numerero encuentra campo abonado para engrandecer el mundo del arte y con él la penetración de su figura y su obra en el mercado. En definitiva y haciendo balance hay al menos tres Beuys. El político, el que nos habla de la relación hombre-hombre y la democracia directa hace propuestas tácticamente inviables (que la partitocracia se inmole espontáneamente) y estratégicamente indeseables (que la autoridad legalracional sea desbancada por la carismática). El económico es el Beuys más afortunado pues sus ecuaciones trabajo= trabajo para otro y capital= capital para la producción, producción= producción para las necesidades constituyen tres pilares de un lúcido análisis. Se puede decir que muchas orientaciones de los movimientos para la cooperación, ONGs y manifestaciones de la cultura de la solidaridad contemporánea pueden encontrar en Joseph Beuys un más que digno precursor. Sin embargo el Beuys místico, totémico y chamánico es sin duda el más oscuro. El más oscuro no sólo en cuanto a la interpretación de sus enseñanzas (como sabemos inaccesibles), sino también oscuro en cuanto propiciador de su reinstrumentalización por parte del sistema, como un espectacular, epatante y bizarrro miembro del gremio de los artistas. Estas prácticas de Beuys dieron al traste con buena parte del fuerte potencial emancipador de su figura. Si en Beuys hay una voluntad transformadora del sistema político, del económico y hasta del simbólico, Wolf Vostell reduce sensiblemente las pretensiones de su actividad artística. Si Beuys quiere crear un nuevo mundo, a Vostell le basta la ilustrada tarea de desenmascarar algunos de los procesos manipulatorios de la información en nuesto mundo, en nuestro hic et nunc. No quiere decir esto que para él no tuviera una importancia central la dimensión política, y en general práctica del arte, sin embargo considera lo más conveniente (y efectivo) centrarse en la crítica del statu quo. Además, en lugar de buscar un lenguaje oculto ancestral y primigenio como el chamán de Krefeld, esta crítica se lleva a cabo en el mismo plano en el que ha dispuesto el lenguaje el sistema: el de los medios de comunicación de masas. A Vostell le fascina y horroriza a la vez el mundo contemporáneo. En éste el aprendizaje social en que consiste la cultura se transmite poco menos que por un proceso hipnopédico. Esa fascinación y ese horror le impulsan a presentar sus acciones, sus instalaciones y sus environments bajo las mismas claves con las que presenta el sistema sus mensajes. De su experiencia artística, en parte mimética y en parte crítica del sistema, Vostell adquiere una clara convicción. La convicción de que para toparse con contenidos reprimidos no hace falta remitirse a las primigenias relaciones hombre-hombre y hombre-naturaleza que la sociedad industrial sepultó. Pretender esa reconstitución a tan largo plazo y de tan remoto e hipotético estado de naturaleza es quimérico, pues el proceso de perversión lingüística asimilatoria del sistema actúa con una celeridad, eficacia y constancia tales que una acción de oposición al mismo requiere una respuesta mucho más rápida. Si la insidiosa máquina manipulatoria actúa a cada segundo, la crítica debe llevarse a cabo de un modo inmediato, ha de entenderse más como un golpe por golpe en la palestra de los media que como una pretenciosa reformulación de la totalidad de las reglas del juego. Supongamos una alocución figurada de Vostell en que quedara constancia de su estética. Esta alocución diría: "De acuerdo, el sistema simplifica, trivializa, iconiza, reitera y sesga los mensajes para al hacerlos más asequibles y omnipresentes aumentar su influjo sobre el receptor, pues bien simplifiquemos, trivialicemos, reiteremos mensajes, pero eso sí sesguémolos de orientaciones contrarias y críticas al sistema, contestemos al sistema con sus propios medios". La sagacidad vostelliana es aún mayor, pues el método de contestación al sistema no va a consistir en mostrar claves ideológicas diferentes o alternativas, sino en el uso de la ironía. La acentuación hiperbólica de los contenidos que el sistema nos intenta inocular va a producir un shock, que si bien no asegura que se vaya a generar un proceso crítico, sí mantiene el campo abonado y propiciador para que éste se produzca. Dicho de otra manera esta subversión del lenguaje oficial no es una condición suficiente, pero sí una condición necesaria para la emancipación. Y, por añadidura, debe incidirse y persistirse en la misma, para que sea efectiva, pues no debe olvidarse que la concienzuda persistencia es la gran virtud del enemigo. A tenor del frenético dinamismo que imprimió a su actividad artística, parece que Vostell siempre se sintió fuertemente apelado por dicha tarea y se vio compelido a implicarse en la misma. Vostell se apoya en dos referencias teóricas a las que hace ir de la mano: Hegel y McLuhann. Las fases del Espíritu son de ineluctable cumplimiento de modo que cualquier acción sólo puede ser relevante acatando la lógica del momento en el que al agente le haya tocado vivir. Sólo la Ergebung, aceptación de estas condiciones, puede propiciar una Aufhebung, superación de las mismas. Comoquiera que el Espíritu en su momento actual está marcado por los massmedia, el dominio de los medios fríos (de información dispersa y difusión poderosa) sobre los cálidos (de información concentrada y difusión limitada), y la consigna "El medio es el mensaje", el escenario y la palestra ya está delimitado, si se juzga oportuna una lucha, ésta sólo puede ser llevada a cabo ahí consecuentemente. En este sentido a Vostell le corresponde la primicia en la utilización consciente de la televisión en las artes plásticas, desde 1958 este medio ocupa un lugar privilegiado en sus acciones y sus environments. Aparte de su carácter de precursor, lo que en este sentido admira de Vostell es el mesurado uso del medio, ni lo demoniza ni lo venera. Es cierto que en su horizonte de preocupaciones está la denuncia de los fenómenos electrónicos como amenaza, pero también el reconocimiento de que están ya inevitablemente incorporados a la trama de nuestra época. El uso de este medio puede tener dos orientaciones: la de potenciar la expresividad de otro medio ( recuérdese el montaje teatral de Hamlet con monitores de televisión 5 ) o la de mostrar el contraste de la imagen electrónica, móvil y en cambio constante, con la imagen estática de las artes plásticas tradicionales 6. El marco teórico de la estética de Vostell le confiere a ésta un innegable vigor crítico. Volviendo a una idea antes expuesta, no queremos decir que la preparación filosófica de un artista sea la que asegura la pertinencia de su obra y ni mucho menos la calidad de la misma. Sin embargo sí que podemos decir que en muchas ocasiones, como en el caso de Vostell, aporta la condición necesaria para incentivar una integración de su pensamiento en su obra, de tal modo que ambos se interpenetren y no quede el pensamiento como un aditamento de la obra y la obra como una ilustración del pensamiento. Otra de las tesis que resultan muy operativas en la obra del autor es la hegeliana de la muerte del arte. Esta es encarnada de un modo enormemente efectivo en Vostell. Para él es indiscutible que el arte es arte, pero para él está igualmente claro que en el arte queda todo superado, que el arte no es espacio de esparcimiento burgués, sino plataforma de transformación social. Y que además dicha condición no le viene al arte como un sobreañadido, sino que tan sólo supone una asunción de su propia esencia. "Es justo decir que en cierto modo la vanguardia del siglo XX pinta al hombre inhumano o a un hombre marcado por la deshumanización... Cuando los oficiales alemanes entraron en el estudio de Picasso en París y le preguntaron si él había pintado aquello, la respuesta de Picasso fue No, fueron ustedes. Es decir, los tiempos de destrucción son los que pintan las obras de los artistas" 7. Destrucción, palabra clave en la obra de Vostell. El imperativo ilustrado de mostrar y evidenciar públicamente la destrucción en la que consiste nuestra vida cotidiana, inundada por los medios de comunicación de masas de publicidad, sexualidad, erotismo, ruido de armas 8 y, tanto penetrándolo como sobrevolándolo todo, el fenómeno de la muerte 9. Frente al collage de Ernst ( dar lugar a un todo a partir de fragmentos), Vostell propone el décollage ( la parcial destrucción de un objeto compuesto para inducir a la reflexión sobre el mismo). La acción paradigmática y primigenia de décollage fue el rasgado de carteles adheridos a vallas publicitarias en 1954 en París, cuando Vostell estudiaba en la Ecole Nationale Supériore de Beaux Arts. Rasgar los carteles de una valla publicitaria trae ante nuestros ojos lo que lleva un tiempo oculto y de paso genera una tan eficaz como pavorosa metáfora sobre el paso del tiempo. La destrucción no es la del rasgado del cartel, sino la del sucesivo fijado de carteles que hunde, reprime y sepulta experiencias para inducirnos violentamente a una nueva experiencia, a una modificación forzosa y abiertamente heterónoma de nuestro sistema nervioso El rasgado de carteles es una labor arqueológica que pretende denunciar la ruina de nuestra época. Cada segundo que vivimos es un jirón, un décollage, sin que del mismo podamos obtener un control y del que apenas podemos dar posteriormente cuenta. Tal vez sólo podemos dar cuenta si realizamos un ejercicio de epojé o suspensión del juicio como, por ejemplo, el provocado por el décollage. Mas no hay que olvidar que el rasgado de carteles sólo es la manifestación paradigmática del décollage como procedimiento artístico, que muestra los síntomas del décollage que es nuestra vida cotidiana. Sin embargo no es este el único medio de esclarecimiento, también lo son los montajes radiofónicos, el arte del teléfono, el uso del ruido, del vídeo y de la televisión que hace Vostell en los diversos happenings 10 y environtments. La información contradictoria recibida por el mismo canal perceptivo produce perplejidad, la información percibida por dos canales diferentes se materializa en una sinestesia que también puede resultar paradójica 11. Da igual que la información se difiera, se reitere o se entrecorte, cualquiera de estas situaciones puede hacernos tomar consciencia de que en nuestra existencia estamos asistiendo a un proceso en el que todo lo que está a nuestro alrededor se va haciendo jirones, mientras que nosotros nos vamos haciendo jirones al tiempo también. Se trata de algo así como una vanitas barroca. Un muy interesante medio del décollage vostelliano, es el hormigonado, el bettonage. A lo largo de su obra Vostell, entierra en hormigón vagones de tren, coches, tractores, televisiones y bloquea manos, piernas y vaginas con hormigón. El hormigón es un material que se relaciona habitualmente con la sociedad contemporánea y que al mismo tiempo es característico de nuestro estado de civilización y puede ser un símbolo de ella. Vostell lo comprende muy bien. El hormigón ofrece una resistencia impresionante al deterioro y permite la solución de problemas de soporte arquitectónico y equilibrio que antes de su aparición eran difícilmente resolubles o eran sencillamente de resolución imposible. Sin embargo el hormigón nos bloquea en cuanto que nos hace uniformes. En unas ocasiones, porque las facilidades que nos aportan son tan abrumadoras que nos sentimos incapaces de aportar alternativas. En otras porque el progreso al que apuntan materiales como el hormigón se convierte en una lógica de dominio tal que apenas permite una contestación. El hormigón es al mismo tiempo nuestras alas y nuestras cadenas, el hormigón es en definitiva símbolo de nuestro destino: una noción de tiempo como progreso que nos libera tanto como nos aherroja. Una de las más famosas proclamas de Joseph Beuys, ya mencionadas es "cada hombre es un artista". Recordemos que con ésta no sólo quería reflejar su descontento con el elitismo del mundo del arte, sino también reivindicar el potencial emancipatorio y de transformación social que está contenido en la creatividad humana. Esta rotunda proclama puede complementarse con una, creemos que no menos crítica, de Vostell, "cada hombre es una obra de arte". Evidentemente, a veces muy a su pesar y en todo caso de un modo ajeno al concurso del hombre, la cultura, que entre nosotros ya es industria cultural, modela constantemente el sistema nervioso e incluso la constitución física de cada hombre y lo convierten en algo diferente de lo que inicialmente es. Somos pues inevitablemente un dé-colllage. No somos el resultado de una construcción formativa, una Bildung, sino de una Ent-Bildung, de una deconstrucción, cuya machaconería nos crea la ilusión de impredemeditación. Al fin y al cabo, ¿ quién en nuestro mundo contemporáneo puede decir que no está siendo objeto de un proceso de constante decollage?, ¿ quién no es sometido a una fragmentación de su existencia, en sketches, en sonidos estridentes e intempestivos, en ideas grotescas, en el dramático choque del flujo de sus pensamientos y la abrupta inmediatez de los estímulos externos? A nuestro entender, en Vostell encontramos un tratamiento modélico de las situaciones. Un tratamiento que se aleja del histrionismo y la vocinglería que de un modo gratuito pretenden epatar por epatar o por ofrecer una variante desviada del espectáculo. Figura sintética en la que encontramos muchos experimentos marcados por una voluntad crítica inequívoca 12. Atiende a las propuestas del pop, pero las dota de crítica, el pop de Vostell responde como muy pocos a lo que se ha dado en llamar shocker pop 13. Hay un reconocimiento de que las cartas están marcadas, de que la industria cultural avanza fagocitándolo todo. Cabe, por lo tanto aceptar sus claves (media, trivialización, sincopamiento de los estímulos y las respuestas, etc). Pero sometiendo su lenguaje a un proceso de acentuación hiperbólica, sus claves se pueden volver en contra del sistema y ser generadores de una conciencia de contestación. Quizás, para no derivar en una hagiografía, habría que poner algo en el debe de Vostell. El uso crítico de la violencia, mediante el ruido, la destrucción y el décollage en diversas situaciones, happenings y environments, se transforma en un uso que raya en la gratuidad y la arbitrariedad y que a veces induce a una sensación paradójica y a ciertas dudas sobre las ambiguas intenciones del creador 14. Por otra parte, tal vez Vostell pase poco a poco de ser un crítico del sistema mediente el décollage a ir difuminando dicha crítica en un lamento cada vez más genérico, más fatalista y más barroco acerca de la fugacidad de la vida. Aquí nos encontramos con la novela de formación de un artista que nos cuenta su periplo de estudiante en Düsseldorff bajo la hégida de Beuys y su constante búsqueda de una postura política acorde con las exigencias de su tiempo, con el fondo de la guerra de Vietnam. Lo que llama la atención en las primeras líneas de este libro es la denominación de Alemania Federal. En lugar de llamarla Bundesrepublik Deutschland, Immendorff emplea la sigla BRD. Este era el modo en el que la izquierda extraparlamentaria mencionaba la parte occidental de Alemania para contrarrestar la denominación despectiva que en círculos oficiales merecía la parte oriental DDR. Ya la elección de esta palabra marca el tono políticamente comprometido y provocativo que va a emplear el autor en esta su novela de artista. Tono que se mantiene en las dos preguntas que a su juicio marcan la discusión sobre la relevancia de la labor del artista: "¿ para quién y cómo trabajamos?" (que busca el interés subyacente a la institución arte) y "¿ qué consecuencias tiene eso para los productores culturales? (siendo aquí de nuevo lo llamativo la denominación productores culturales para hablar de artistas, teniendo como fondo la determinación social de la conciencia de la que hablaba Marx en La ideología alemana). Un proceso de examen de conciencia y dolor de los pecados marca todo el discurrir narrativo. Este proceso sigue unas pautas que se repiten de un modo cíclico, como siguen: el artista lleva a cabo un proyecto de unidad artevida, reconoce una equivocación y encara otras empresas que en parte rectifican y en parte expían sus descarríos. Así Immendorff nos dice que su primer enemigo fue el egocentrismo que subyace a la vocación burguesa de artista, el individualismo que busca un estilo, así como de la paradójica pero explicable nostalgia de academicismo (reglas, pautas, principios, criterios) que de un modo implícito estaba en las conciencias de muchos estudiantes de la antiacadémica e incendiaria Academia de artes de Düsseldorff. Nos relata seguidamente el autor que el galerista y coleccionista Alfred Schmela se interesó por su obra, pero que después de la misma llegó a la conclusión de que no quería que su arte fuera el objeto decorativo de casas de individuos que celebraban fiestas o que volvían del trabajo. Ante esta decepción el autor se vuelca en las enseñanzas de su maestro Joseph Beuys sobre el concepto expandido de arte y la plástica social, sin embargo pocas líneas más abajo reconoce que si el individualismo burgués y el mercado del arte siguen siendo la estrella polar del artista, ideas como las de Beuys son sencillamente ilusiones. La siguiente estación del itinerario de Immendorff fue su compromiso contra la agresión imperialista en Indochina. Vietnam fue una guerra como muchas otras, una guerra imperialista en la que occidente intenta subrayar su poder para mantener una zona de influencia geopolítica. Una guerra como la que hace poco asoló Afganistán o como hace no mucho arrasó y arrasa en forma de bloqueo a Irak. Sin embargo Vietnam fue una guerra diferente a las otras, en ella, occidente (representado por el ejército de los Estados Unidos de América), a pesar de sus abusos, a pesar del napalm, a pesar de ganar partidarios a base de corruptelas, perdió. Por ello no ha habido guerra que produjera un impacto mayor en los movimientos progresistas europeos por el potencial de esperanza que generó. Vuelve a ser un gesto llamativo que en el cartel de una de las primeras exposiciones que le organizaron a Immendorff apareciera innumerables veces la palabra "Vietnam" y sólo una, de un modo discreto y con la misma tipografía "Jörg Immendorff". Sin embargo, tal como lo confiesa en su relato, a la larga el autor no se enorgullece precisamente de ello. Empleando una dureza excesiva consigo mismo, Immendorff señala que, incluso en ese cartel, el predominio del ego, aunque enmascarado, se mantiene. Por otra parte en el libro, y al hilo de los avatares de la conciencia del artista, se nos ofrece una relación de todas las asociaciones en las que tomó parte Immendorff Esta va desde Verschmelzen um zu aktivieren (fusionarse para agitar) y Frisch (fresco) y llega hasta Alles für den Sieg (todo por la victoria) 16. Sin embargo la asociación más significativa fue LIDL. La actividad de LIDL fue realmente proteica. Comenzó siendo un foro de creatividad, continuó realizando acciones contra los intereses burgueses y burocráticos del urbanismo, llevó a cabo acciones en pro del derrumbe de los procesos selectivos en el sistema educativo en la Documenta V, se postuló como alternativa a la Academia burguesa de artes e incluso llevó a cabo una Olimpiada alternativa a la oficial de Munich'72. ¿Qué sacó en claro Immendorff de todo esto? Respecto al foro de creatividad, se queja amargamente de que fue reducido a un lugar en el que mostraban su obra artistas sin ningún criterio de selección. La acción urbanística de LIDL quedó en un reglamentismo igual o peor que el burgués en el que los niños que poblaban ese espacio de ciudad alternativa se acabaran convirtiendo en una carga. La agitación en Documenta V en la que sin duda alguna están presentes las intenciones de Beuys en pro de la democracia directa provocó más irritación que otra cosa. La Academia alternativa dio lugar, sin duda alguna, a problemas de orden público, pero según Immendorff en ningún caso se ocupó de los problemas concretos de los estudiantes concretos. La Olimpiada de Colonia no fue más que un evidenciar el agotamiento de ideas y de estímulos en que había caído LIDL. ¿No es todo esto, tanto la formación de grupos protesta, como la protesta contra la protesta, lastimera mala conciencia burguesa? Y aquí acaba el periplo del espíritu de Immendorff en la época relatada por este libro. Pero, años más tarde, ¿qué fue de Jörg Immendorf? ¿Qué fue de aquel joven al que todo compromiso político en el arte le parecía poco?, ¿siguió manteniendo firme su voluntad de dejar al descubierto las intenciones egocéntricas que en muchas ocasiones encubre un arte pretendidamente político? En una conversación con Pamela Kort, que tuvo lugar diecinueve años después de la publicación de su manifiesto político, queda documentada una actitud muy diferente ante el arte, notablemente marcada por el intimismo. El primer aspecto interesante del texto es la referencia que Immendorff hace a la figura del galerista Michael Werner. Más allá del carácter documental de estas impresiones, lo que destaca es la postura de Werner ante los contenidos políticos de la obra del pintor, porque reflejan la posición genérica de un galerista en el mundo del arte. Immendorff nos dice que Werner quería de él un artista, que no le interesaba en absoluto el socialismo, que para él era un tormento todo tipo de dogmatismo, etc. No puede menos que hacernos gracia Immendorff: sus comentarios aparentemente neutros sobre la profesionalidad de Werner persiguen ocultar ante sí mismo su hipercrítico pasado. Independientemente de la variabilidad individual, el mercado del arte crea ciertas pautas constantes en la conducta del galerista. El galerista es el que debe promover la plusvalía de la obra, porque de esta plusvalía depende su existencia. Siempre debe calcular que, aparte de los gastos de mantenimiento, difusión, representación y los dividendos que le correspondan al artista por las ventas que logre, debe haber un porcentaje para él. Los contenidos políticos no "deben" interesar al galerista, porque una postura apolítica (recordemos la ponderación que hace Immendorff del antidogmatismo de Werner) siempre le va a reportar una mejor disposición para vender a cualquier público. Ya se sabe que lo apolítico es la postura política más rotunda. A saber, la de aceptación acrítica del statu quo, en el caso que nos ocupa, la de sumisión plena de la cosa pública a lo económico y el doblegamiento al mercado. El galerista, en consecuencia, no puede asumir dichos contenidos políticos más que como un valor de cambio, y debe facilitar una presentación de los mismos como fetiche, de tal modo que pueda atraer la curiosidad del comprador. Por cierto la representación que se hace de la figura humana en la obra de Immendorff promueve perfectamente dicha presentación fetichista. Siguiendo con la figura del galerista, tampoco puede haber, por esencia, una adhesión al socialismo por su parte, esto contravendría su papel de peón funda-mental del sistema capitalista en el mundo del arte. De ahí que Werner quisiera hacer de Immendorff un artista, alguien que logra ocupar su lugar en el mercado del arte, lo consiguió. Si en las cuestiones relacionadas con la organización de la vida colectiva el galerista opta por lo apolítico, en el ámbito del arte y de la crítica artística se va a sentir mucho más cómodo asumiendo una posición formalista. Su juicio sobre la obra va a estribar en lo pictórico, se va a centrar en los aspectos visuales y va a tener como horizonte, de un modo más o menos evidente, el cuádruple plexo de: dibujo, color, espacio y composición. No en balde ya lo dice Immendorff en el texto, él recibía la crítica pictórica de Werner, para juzgar los contenidos ya tenía a sus camaradas. En la conversación también se alude a los momentos finales de la asociación LIDL. Y se muestra muy expresivamente cómo muchos de los que participaban en aquel lúdico accionismo abandonaron la nave cuando ésta se adentró en los tormentosos mares de la política izquierdista radical. Está claro que enfrentarse al problema de la vivienda de un modo directo no es lo mismo que organizar una Olimpiada que se pretenda chuflar de la oficial. La burguesía puede seguir una broma con gusto para aliviarse de sus ceñudas activides acumulativas, pero no va a aceptar y va a emplear toda su fuerza e incluso su brutalidad en reprimir y laminar actividades políticas que vayan en contra de su propia existencia. Y, como se va demostrando día a día, no hay un mayor generador de plusvalor que el negocio de la construcción al que contribuyen en cooperación estrecha tanto el gran capitalismo, como la llamada clase media, así como la pequeña burguesía bajo los auspicios del poder administrativo. Ya se sabe, urbanizar, comprar, revalorizar y vuelta a empezar. ¿Quién puede resistirse a prosperar? Y si uno se resiste, ¿ quién se atreve a oponerse? Y vamos con el balance. Veinte años después del momento culminante de la actividad incendiaria de Immendorff en la Academia de Düsseldorff, ¿sigue siendo su arte político? Contesta el propio artista: " En una metáfora. Cuando todo esté tranquilo, siéntate en el valle y afila flechas, pero tan pronto como la situación precise controversia y lucha, lánzalas desde la colina (...) Las ideologías han demostrado ser inútiles y conceptos como derecha e izquierda ya están superados. Sin embargo no creo encontrarme en una situación esencialmente diferente, porque ahora como antes, sólo necesito encontrar la ocasión para hacer un cuadro y puedo encontrar esa ocasión en la realidad, en mi realidad". La metáfora del valle, las flechas y la colina resulta sumamente interesante. Lo que nos viene a decir Immendorff con ello es que se debe reivindicar la libertad de cada artista individual para: A) decidir qué momento es de paz o de guerra políticas, B) preparar para la guerra las armas que se consideren oportunas, C)dedicarse a atacar o sencillamente a preparar plácidamente la guerra. De este modo Immendorff quiere incidir en la inutilidad de las ideologías y ponderar el libre albedrío del artista frente a los credos y las doctrinas, sin que ello sea óbice para seguir abogando por un arte con influencia política. Aquí cabría hacerle a Immendorff varias observaciones. La primera, que nadie debe discutir el derecho de hacer diagnósticos individuales sobre la historia, pero que nada asegura que esos diagnósticos sean acertados. Además pretender que son siempre acertados es equivalente a hacer una historia a la carta de las propias acciones (u omisiones) y aciertos (o errores). La segunda observación estriba en el papel de los partidos, están para unificar criterios individuales y para ser efectivos, pues la colectividad lo es mucho más que el individuo. La tercera observación tiene que ver con el posmoderno rechazo de las ideologías que hace Immendorff. No es que las ideologías sean inútiles, es que se les ha pedido algo para lo que no estaban capacitadas. Una ideología es un conjunto de enunciados normativos que nos dan razones para actuaciones políticas de cambio, reforma o permanencia de las instituciones políticas. Sin embargo las ideologías no nos aportan tácticas de éxito para que esos cambios, esas reformas o esas permanencias aconsejadas por ellas se obtengan 17. A la pregunta de si supo armonizar los intereses políticos con los artísticos, Immendorff contesta un rotundo no. En el momento más intenso de su activismo artístico-político, él confiesa que no fue más que un ilustrador propagandístico de ideas. De todos modos había una renuencia latente en él que impidió su conversión en un monótono y mecánico elaborador de carteles propagandísticos. Esa renuencia latente, que ahora, al cabo de los años se ha hecho patente en él, se manifestó en el tratamiento jocoso que hizo de los clásicos del marxismo, especialmente de Stalin. Sin embargo él se sigue considerando un artista político porque todo arte tiene repercusiones políticas independientemente de las intenciones con las que el artista particular quiera hacer sus obras. Frente a la tendencia, el Zeitgeist y la moda, está el otro Geist, el Espíritu, que es al fin el que decide. El psicoanálisis que has llevado a cabo contigo mismo te ha lavado la conciencia. Nunca fuiste un manipulador porque no caíste en las redes del realismo socialista (por cierto, ¡qué curioso que a quien dieras un tratamiento especialmente jocoso fuera a Stalin!, mas no me extraña, tú eres un hacha, Jörg). Sin embargo nunca dejaste de ser un artista político, porque como bien decía Adorno, la forma es el contenido social, no la intención con la que la obra se realiza. ¡Mucho viaje has hecho para descubrir que te bastaba con pintar!, ¿no? En definitiva estos tres artistas mantienen que entre arte y política hay una relación inequívoca, pero resuelven esta ecuación de diferente modo y con diverso éxito. Beuys fue un artista que propuso una estrategia de transformación radical de la sociedad. De él nos admira su talante resuelto y seguro. Sin embargo un análisis de sus propuestas nos hace ver que sus teorías de la política y de la cultura son desechables. Esto no ocurre con su teoría económica cuyo acierto y vigencia son más que estimables. Frente a la estrategia beuysiana, Vostell fue un artista táctico. Su grandeza residió en la capacidad de limitarse para vencer, o al menos, para resultar más efectivo. Comprendió lúcidamente que la industria cultural no es sólo el arma del poder establecido, sino también la trama de nuestro tiempo, y, por eso, combatió al enemigo con sus propios medios. Sin embargo en el viejo Vostell hay un uso ambiguo de la violencia y cierta caída en el fatalismo. Por su parte, Immendorff, buscó con tanta vehemencia la incardinación de lo político en el arte, que rechazó con un dechado de pureza revolucionaria, los diferentes modos de contestación que fue coligiendo en su juventud, para luego en su edad madura dar a entender que todo daba igual pues el arte, quiera o no, siempre es político. Es decir el joven Immendorff confundió política con moral, y el Immendorff maduro arribó a la confortable playa del cinismo. Vostell en su condición de judío sefardita vivió la guerra huido y escondido en Checoslovaquia. Immendorff nació dos meses después del armisticio. Sin embargo sirvámonos del término como referencia. 2 "Por escultura entiendo aquello que se hace a fuerza de quitar, pues la que se hace a fuerza de añadir se asemeja más bien a la pintura" (en Wittkower, 1980, 145). 3 "Aquí está la gran falsificación que se practica continuamente, esta falsifi-cación utilizada contra mí de forma consciente y malintencionada cuando digo que todo hombre es un buen pintor, cuando afirmo que cada hombre es un artista. Y no es exactamente eso lo que quiero decir. La cuestión es la capacidad de cada uno en su lugar de trabajo, lo que cuenta es la capacidad de una enfermera o un agricultor para convertirse en una fueza creativa y reconocerla como parte de un deber artístico a cumplir. He ahí la cuestión" Beuys, Joseph, "Discurso sobre mi país", (en Bernárdez, 1999, 103). 4 Porque este sí que sería un auténtico harakiri, y no el de las Cortes franquistas con la votación a favor de la Ley de Reforma Política, el cual sólo fue un harakiri parcial, pues que se sepa, la clase dominante siguió siendo la misma. 5 La dirección corrió a cargo de Hansgünther Heyme y el estreno en Colonia el 18 de febrero de 1979. 6 Aquí Vostell tiene sin duda a la vista a Stockhausen cuando acompañó sus
Necesidad de una investigación crítica acerca de la evidencia con que contamos para un estudio de los sueños Antes de iniciar un estudio sobre los sueños, no debería pasarse por alto que el soñar y la vigilia son dos "estados de conciencia" que parecen excluirse el uno al otro (estar en vigilia implica no estar soñando y al revés) 1 y que esto sitúa la reflexión teórica, y en particular, la investigación fenomenológica, en una situación problemática: queremos teorizar sobre algo (los sueños) cuyo mostrarse implica la cancelación de la vigilia, que es cuando podemos llevar adelante un estudio teórico. Nuestra evidencia primera se insinúa inaccesible y lo único que nos queda es confiar en el testimonio de la memoria y tomar por evidencia, ya no lo sueños, sino los recuerdos de sueños. Ahora bien, si, como parece, nuestra única evidencia fenomenológica son recuerdos de sueños, lo primero que se impone es estudiar la fiabilidad de esos recuerdos; esto es, si los recuerdos comunican de manera fiable el soñar y la vigilia o no. Si resulta que hay recuerdos-de-sueños fiables, será preciso estudiar si algunos lo son más que otros y, de ser así, cuáles son las condiciones que determinan la mayor o menor fiabilidad; por último, qué es lo que se pierde, si algo, al tener por única evidencia recuerdos de sueños, en lugar de sueños, suponiendo que este extravío pudiera ser reconocido. Hasta donde he podido ver, los distintos aportes para una fenomenología de los sueños se han lanzado a determinar qué es el soñar y qué son los sueños, dando por sentada la entera fiabilidad de nuestros recuerdos, y sin haber desarrollado antes una crítica -aquí, en un sentido muy próximo al kantiano-de nuestras posibilidades de acceso a un "fenómeno" tal 2. Por otro lado, la falta de una descripción que permita ver cómo es que se da la comunicación entre el soñar y la vigilia, le abre de inmediato la puerta al escepticismo, no sólo al clásico problema cartesiano (cómo puedo saber si no estoy soñando, cuando no hay indicios ciertos para distinguir el soñar de la vigilia) 3, sino a la posibilidad de cuestionar que los sueños sean experiencias. En este punto, ha sido la filosofía analítica la que más ha insistido 4. Parece, pues, que ensayar una descripción fenomenológica del umbral en el que el soñar y la vigilia se tocan, puede prestar algún servicio, ya sea para afirmar el trabajo efectivamente realizado en materia de fenomenología de los sueños, o para indicar posibles rectificaciones, o bien para favorecer los cuestionamientos provenientes desde la filosofía analítica. ¿Cómo puede la conciencia de vigilia recordar algo que nunca se le ha presentado? Veamos la expresión: recuerdo de un sueño (o sueño recordado). Se trata de una especie peculiar de recuerdo. Por esencia, un recuerdo re-presenta, o vuelve a hacer presente, sentidos de vivencias vividas en el pasado. Pero, en general, los sentidos que vuelven a comparecer pertenecen a impresiones que fueron originariamente percibidas en vigilia. Recordamos en vigilia el sentido de una vivencia pasada, vivida, en su momento, también en vigilia 5. Éste parece no ser el caso con el recuerdo de un sueño; aquí, el recordar, la nóesis rememorativa, sucede en vigilia, mientras que lo recordado re-presenta sentidos que no fueron originariamente percibidos en vigilia. De otro modo: en vigilia se recuerda, se re-presenta, aquello que originariamente se ha presentado en no-vigilia, aquello que nunca ha sido percibido por el yo de vigilia. ¿CÓMO PUEDE EL YO DE VIGILIA RECORDAR AQUELLO QUE NUNCA PERCIBIÓ? ¿Tendría sentido hablar, entonces, de recordar sueños, cuando, al parecer, esto contradiría la esencia misma del recordar, es decir, cuando se trataría de la re-presentación de algo nunca antes presentado al yo que ahora recuerda? ¿O es que la pregunta entraña una separación falsamente radical, un abismo insalvable entre el soñar y la vigilia, que de hecho no es tal? Antes de juzgar la pertinencia de estas objeciones, tenemos todavía que explorar otras características sobre el recuerdo de sueños, que, al parecer, es el único acceso que tenemos a los sueños mismos (caso de existir algo así). Bien podría suceder que este puente rememorativo no fuera tal, que fuera un falso puente, o que los sueños no fueran sino el puente mismo (que soñar fuera lógicamente equivalente a reportar algo que llamamos sueños), pero antes de decidir sobre esto es preciso que investiguemos el problema que se nos presenta, tal y como se nos presenta. De haber aquí un falso problema, éste acabará dejándose ver por sí mismo. Necesidad de una descripción del tránsito del soñar a la vigilia para esclarecer la pregunta anterior. Descripción del tránsito y esclarecimiento de la pregunta Vamos a partir del caso en que recordamos un cierto sueño. ¿Cómo se nos presenta lo recordado? Al contrario de lo que sucede con cualquier recuerdo, en que se re-presentan (vuelven a presentarse) los sentidos de las impresiones que tuvimos en vigilia, en este caso recordamos lo soñado, pero no que soñábamos eso que recordamos. La conciencia de que soñábamos y de que eso que recordamos fue soñado no se origina, no procede de lo soñado: lo soñado no señala su estar siendo soñado 6. Y sin embargo, recordamos lo soñado como algo soñado. ¿De dónde, entonces, proviene la conciencia de que eso que recordamos fue soñado, si no proviene de lo soñado mismo? Naturalmente, tiene que provenir de la conciencia en su modo de ser de vigilia, que es la única que puede establecer una distinción entre el soñar y la vigilia. Desde el soñar mismo, y correlativamente, desde lo soñado mismo, no hay ninguna alusión a algo así como una vigilia. Veamos, sin embargo, cómo se da este tránsito entre lo uno y lo otro, ateniéndonos a lo que sugieren las líneas anteriores. El hecho de que podamos recordar lo que soñábamos y de que, en general, podamos notar en ello la total ausencia de marcas que indiquen que se trata de un sueño, seña- la que lo soñado estaba siendo soñado sin que hubiera conciencia de estar siendo soñado. Sin embargo, la conciencia de vigilia consigue recordar esto, es decir, hacerlo consciente como un recuerdo y no como una fantasía, y además, recordarlo como algo que fue soñado. Si hemos de confiar en que a veces conseguimos recordar lo que efectivamente hemos soñado, tenemos que suponer que lo soñado ha estado presente para la conciencia de vigilia, a fin de que ella pueda luego re-presentarlo. Pero, ¿cómo se concilia el hecho de que al soñar no haya conciencia de estar soñando (lo que indicaría una especie de hermetismo entre la conciencia que sueña y lo soñado), con el hecho de que lo soñado deba hacerse presente para la conciencia de vigilia (lo que, según parece, rompe el hermetismo del soñar, su absoluto repliegue sobre sí mismo)? Ante todo, no debemos olvidar que a la hora de describir el pasaje del soñar a la vigilia, estamos describiendo un tránsito, en el cual la tendencia apunta hacia el despertar del yo, esto es, hacia la plena actividad de un yo despierto. Esto sugiere que ha de haber diversas fases en esa transición y que, conforme las fases van realizándose, el nivel de actividad del yo de vigilia va incrementándose, ya sea que esto se dé de manera más gradual o más abrupta. Por eso, conviene, antes de continuar, hacer algunas observaciones sobre los niveles de actividad del yo de la vigilia. El yo de la vigilia suele estar ocupado en esto y aquello; se dirige aprehensivamente, ya a este objeto (en sentido amplio), ya a este otro. Y si bien este dirigirse aprehensivo hace que el resto de los objetos que se le presentan no goce de semejante atención, y no sea, por lo tanto, activamente aprehendido, no por ello deja el yo de captarlos -siempre que esos otros objetos estén dentro de los confines de lo perceptible. Puede un estímulo proveniente de ese "paisaje de fondo" solicitar la atención del yo, y el yo ceder, y pasar ahora a dirigirse aprehensivamente hacia aquello que llama (una luz que se enciende, un susurro que persiste, etcétera) o no. A este captar no-aprehensivo, le llama Husserl receptividad 7. Así, pues, yo puedo viajar en metro e intentar sustraerme del hacinamiento, el calor, el fastidio, imaginando un sinfín de cosas y absorbiéndome en mis fantasías. Pero por muy intensa, por muy vivaz que sea mi actividad imaginativa, no dejo de tener conciencia, si bien por momentos no del todo expresa, de estar viajando en metro. Tengo, en otras palabras, conciencia del mundo que me circunda, de mi entorno: mi receptividad lo percibe. Por eso dice Husserl que la receptividad es el nivel ínfimo de la actividad del yo 8. Contrariamente a lo que sucede con la imaginación, en la cual el yo se dirige aprehensivamente hacia lo imaginado, mientras percibe (capta) todavía el entorno, en el soñar no hay semejante receptividad del yo hacia el entorno que rodea al durmiente 9. No se da el caso de que yo sueñe y perciba, a la vez, las paredes de mi cuarto, ni siquiera en términos de receptividad. En sueños, no hay conciencia de otro tiempo ni otra espacialidad más que la espaciotemporalidad que el sueño mismo presenta, es decir, una cuasi-espacio-temporalidad. ¿Cómo llega a ser posible, entonces, que este cuasi-mundo 10, replegado sobre sí mismo, sea luego recordado desde mi vigilia -vigilia de la que el sueño era totalmente "inconsciente"-, y adquiera, con ello, el carácter de sueño? El motivo por el cual conseguimos recordar los sueños, sin que lo soñado se presente a sí mismo como algo susceptible de ser diferenciado de la vigilia, sino como un "mundo cerrado y absoluto", y que a la vez podamos recordarlo "desde fuera", como sueño, tiene que radicar en el hecho de que durante la primera fase del despertar coexistan lo soñado con la receptividad del yo. Es sólo que aquí la receptividad no percibe el entorno espacio-temporal donde el cuerpo reposa, sino lo único que puede percibir entonces, que es lo primero que le sale al encuentro: el sueño que está teniendo lugar. Por decirlo toscamente: cuando la conciencia de vigilia "entreabre los ojos" (no los ojos físicos, por supuesto), se encuentra con algún sueño y sólo puede, de momento, "recibirlo", captarlo de modo no aprehensivo 11. Esto permite explicar cómo es que recordamos los sueños y cómo no se da el problema insinuado hacia el comienzo, a saber, que hablar de recordar sueños podría entrañar un sinsentido (o una ilusión), pues recordar implica re-presentar algo originariamente percibido en el pasado, cuando, según parecía, la conciencia de vigilia no podía haber percibido lo soñado. Antes de continuar describiendo el tránsito, es preciso observar que la breve descripción anterior abre de inmediato la posibilidad de pensar las cosas de un modo algo distinto a como ha sido sugerido. A partir de lo anterior, bien podría afirmarse que toda vez que se sueña, sea esto poco antes de despertar, o bien, en medio de la noche, la conciencia de vigilia capta, "recibe" el sueño; que la receptividad del yo percibe lo soñado y que esto es esencial al soñar mismo. Por lo tanto, la tendencia hacia el despertar del yo no se iniciaría con un despertar de su receptividad (esto ya sería algo propio del soñar), sino en la fase que a continuación describiré. Más adelante discutiré esto, defendiendo que lo soñado no guarda ninguna dependencia lógica con respecto a esta receptividad, razón por la cual no tenemos ningún motivo para considerarla esencial al soñar. Pero todavía es preciso avanzar más en las descripciones. Asumiré, por tanto, que la primera fase del despertar del yo de vigilia se da con la reactivación de su nivel ínfimo de actividad, la receptividad, y que es el encuentro de esa "pura receptividad", bien con un sueño que estaba teniendo lugar, bien con uno que comienza durante esa fase, lo que determina que lo soñado pueda ser recordado en plena vigilia. Llamo a esta fase, fase receptiva (FR). Con todo, FR no ha sido adecuadamente descrita, en la medida en que permanece vaga la noción de una "pura receptividad". (Aclaro, desde ya, que la expresión no se refiere a la receptividad del yo puro ni a nada parecido a esto.) El dominio que abarca la receptividad del yo de vigilia se determina de un modo negativo: comprende, dentro del campo de lo perceptible, todo aquello que el yo no está aprehendiendo. Hablar, entonces, de una pura receptividad, en la que no hay, concomitantemente, un yo aprehensivo, supone dos cosas: (i) que todo lo que se presenta es captado, parejamente, de modo no aprehensivo; y (ii) que no hay nada siquiera captable fuera de lo que efectivamente es captado. Cuando estamos despiertos, dirigidos hacia algo, somos conscientes de que, aparte de aquello a lo que estamos dirigidos aprehensivamente, hay otras cosas (tómese "cosas" en sentido amplio); pero estamos conscientes de esas otras cosas en un nivel inferior de actividad y es a eso a lo que llamamos receptividad. En cambio, en la pura receptividad, no hay un nivel inferior de actividad, porque ella es ya el nivel ínfimo. Lo soñado es percibido de tal modo que no se deja ver nada aparte de lo que se muestra en sueños; no es posible, en esta fase, adivinar que hay un más-allá-delo-soñado, una vigilia. Pero no estamos aquí, tampoco, en la pasividad del yo, en el "inconsciente", sino que se trata de un percibir la actividad inconsciente (actividad de la pasividad); es sólo que este peculiar percibir está todavía inmerso en lo percibido. Desde la inmersión con que la pura receptividad percibe, no es posible que el polo yoico, que así percibe, advierta los confines de lo soñado (no hay nada captable, en un nivel inferior, más allá de lo soñado: no se intuyen límites); en consecuencia, es incapaz de percibir su no-identificación con el yo que sueña, aun cuando no haya semejante identificación. Así es como la pura receptividad de algo que no es todavía el yo plenamente constituido de la vigilia, sino un polo yoico que tiende a constituirse en tal (una pre-conciencia de vigilia), así, digo, es como la pura receptividad tiende el puente entre el soñar y la vigilia. La evidencia en que se apoya lo anterior es parcialmente directa y parcialmente indirecta. La parte que atañe a la evidencia directa surge de la autoobservación que el investigador hace en el umbral entre el soñar y la vigilia. Toda descripción fenomenológica debe beber en esta autoobservación, en primera instancia. Mi parecer es que, cualquiera que se tome este trabajo, llegará a una descripción semejante a la que he ensayado. La evidencia indirecta la proporciona el hecho de que, de no admitir una fase de pura receptividad (o algo muy parecido), no sería posible explicar, o bien cómo es que recordamos los sueños (cómo es que la conciencia de vigilia puede re-presentar lo soñado si ella no lo ha percibido), o bien cómo es que los sueños pueden ser recordados en vigilia qua sueños, siendo que lo soñado muestra ser completamente hermético e "inconsciente" de algo así como una vigilia. Esto sugiere que el sueño y la conciencia de vigilia deben coexistir en alguna fase, de tal modo que la conciencia de vigilia sea una pre-conciencia de vigilia, una conciencia en nada invasiva, y sin embargo, ya más propia del modo de ser de la vigilia que de la conciencia que sueña. [De otro lado, las descripciones pueden resultar quizá oscuras, pero cuando se trata de identificar qué hay todavía de oruga, y qué ya de mariposa, el lenguaje se ve necesariamente forzado a concebir oruriposas (= pura receptividad).] Ahora bien, en FR las funciones más altas de la conciencia de vigilia todavía no se han activado; pero desde que inicia el despertar de la conciencia de vigilia (o de la conciencia a la vigilia), se inicia también la tendencia que le es propia y que consiste en imponerse a través de una reactivación de todos sus niveles. La pura receptividad, inmersa hasta ahora en los sentidos oníricos que se le presentaban, comienza a ceder a un incremento de la actividad del yo, en el que se introduce la autoconciencia que es propia del modo de ser de la vigilia. Esta autoconciencia se muestra como la conciencia de un "regreso a lo mismo" 12, a la continuación de la vida que había quedado suspensa durante el reposo, al mismo yo empírico que ayer se acostaba a dormir con tales y cuales preocupaciones y al que hoy le aguardan tales y cuales otras. Así, lo recién experimentado por la receptividad, que aún no tenía marcas de ser onírico, pasa a ser aprehendido por la conciencia de vigilia (consciente ya de sí misma, de la vigilia a la que ha regresado) como "sueño", y más concretamente, como lo recién soñado. Es sólo en esta fase, en la que la actividad del yo se vuelve ya aprehensiva, cuando se adquiere la conciencia de que lo captado fue soñado; antes, no había semejante marca. Determinación negativa del carácter esencial del soñar, a la luz de los resultados alcanzados. Evaluación de la autonomía del soñar con respecto a la vigilia Lo anterior muestra cómo lo soñado en cuanto tal, antes de ser marcado desde la vigilia, es originariamente algo por completo indiferente a ella, abismado de ella, "inconsciente" de ella en cuanto vigilia. LO SOÑADO ES, PARA EL SOÑANTE, ABSOLUTO 13 (tal como lo expresa el testimonio de la memoria, en que lo soñado no se muestra a sí mismo señalando su ser-soñado); sólo adquiere un carácter relativo cuando la conciencia de vigilia, habiendo ya ganado su actividad aprehensiva, lo relaciona (lo compara tácitamente) consigo misma y establece así la diferencia. Podemos, entonces, a partir de lo anterior, cuya evidencia primera es lo soñado, aventurar el carácter ontológico del soñar como un modo de ser de la conciencia que implica, por esencia, la cancelación del modo de ser de la conciencia de vigilia 14. Esta conclusión parece hasta cierto punto trivial y el vocero del sentido común, a menudo receloso del filósofo, vendrá y dirá: ¡Tanto esfuerzo para decir lo que ya todos sabemos: que cuando soñamos no estamos despiertos! Pero el filósofo, desconfiado a su vez del sentido común, podrá objetar, no sólo que el sentido común pierde de vista los problemas propios de afirmar tan alegremente una cosa así, sino también, que él mismo (el filósofo) no está todavía seguro de si todo soñar no implicará algún mínimo umbral de vigilia -lo que hemos llamado una pura receptividad-, con lo cual la referida cancelación debe ser exactamente delimitada. Al soñar, ¿se cancela por completo la conciencia de vigilia?, ¿se cancela casi por completo? Lo que aquí está en juego es nada menos que la exacta determinación de la autonomía del soñar. Nadie pone en cuestión que las imágenes de los sueños toman su "materia prima" de las impresiones de la vigilia. Pero, más allá de esto, sería muy distinto concebir el soñar como algo que sólo puede darse cuando hay, a la par, una conciencia o pre-conciencia de vigilia, que concebirlo como algo que puede darse con independencia de esto último. Resulta claro que la conciencia de vigilia no depende en absoluto, para ser (no es esencial a su modo de ser), de que haya a la par una conciencia soñante; al contrario, esto último amenaza con cancelarla. Con lo cual, si resulta que es esencial al soñar la participación de algún modo de vigilia o pre-vigilia, será claro que el soñar, en su darse mismo, se funda en la vigilia, más bien que cancelarla; y que, por lo tanto, tendría algún sentido subsumir -con los recaudos del caso-alguna teleología del soñar a una teleología de la vigilia, como implícitamente se hace desde la onirocrítica más primitiva hasta el psicoanálisis. De ahí que sea necesario estudiar esta primera determinación negativa del soñar 15, preguntándose en qué medida el soñar exige una cancelación del modo de ser de la conciencia de vigilia y hasta dónde llega su autonomía con respecto a esta última. No parece haber mayores dificultades para determinar esto, una vez hechas las descripciones anteriores. Lo que queda en evidencia es que no hay una dependencia lógica de lo soñado con respecto a la receptividad de FR: lo soñado no depende, para darse, de ninguna instancia de vigilia o pre-vigilia; sólo depende de esta clase de instancia para ser recordado. La única dependencia lógica que guarda lo soñado es con respecto a la conciencia que sueña, que no es sino la conciencia pasiva: es en ella donde lo soñado se muestra, independientemente de si hay una pura receptividad que alcance a percibirlo o no. El hermetismo que deja ver lo soñado cuando alcanzamos a recordarlo, su completa falta de indicaciones con respecto a su ser-soñado y a la posibilidad de una distinción entre el soñar y la vigilia, muestra, en efecto, el hermetismo originario que es propio de la "vida onírica": de ella sólo podemos decir, negativamente, que se repliega sobre sí misma y que es in-consciente, es decir, una vida que, para "vivir" (desplegarse), no precisa de una conciencia activa, ni aun de una pre-conciencia, al estilo de la pura receptividad. Con esto se afirma la independencia lógica del soñar con respecto a la vigilia, en el sentido de que para soñar no tiene que haber una "conciencia testigo" de vigilia (no se afirma, en cambio, ni podría hacerse, que pueda haber un soñar, en general, sin que haya una vigilia en general). Pero también queda de manifiesto que el soñar impone, de manera esencial, una cancelación de la conciencia de vigilia, y contra esto no atenta en nada que podamos recordar algunos de nuestros sueños (es decir, que en estos casos sí haya una pre-conciencia de vigilia). Porque los sueños que se recuerdan son apenas el caso límite dentro del espacio lógico de los sueños posibles. Este espacio incluye a priori la posibilidad de todos los sueños soñados de los que no conservamos, una vez despiertos, el menor recuerdo 16, siquiera de haber sido soñados. El carácter de caso límite de los sueños que recordamos viene dado por el hecho de que ellos son recordables precisamente por darse en el límite: en el límite en que el soñar y la vigilia se tocan -de no haber un punto de contacto, esos sueños no serían nunca recordables. [Dados los motivos teóricos sugeridos hacia el comienzo, la investigación no podía comenzar sino por la descripción de un límite -umbral-y esto fue lo que nos condujo a introducir el concepto de una pura receptividad que percibe lo soñado. Para que este concepto describiera adecuadamente el tránsito entre el soñar y la vigilia, debía ser él mismo un concepto límite (una "oruriposa"), que mostrara su serlímite. Pero para que un límite se muestre como tal, debe indicar, necesariamente, qué es lo que queda delimitado "a uno y otro lado", haciendo ver la diferencia entre lo uno y lo otro (de no haberla, el límite desaparecería como tal). Por eso, la descripción de la pura receptividad ya sugería los caracteres, los modos de ser, de lo que estaba "a uno y otro lado" -el soñar y la vigilia-, "antes" de tocarse en el límite. Es ésta la razón de que pueda, desde el límite, iniciarse una fenomenología negativa de los sueños: el caso límite señala necesariamente el caso general.] Con esto asentamos, negativamente, el carácter del soñar como un modo de ser de la conciencia que implica la cancelación del modo de ser de la conciencia de vigilia. Los sueños que muestran que alguien sueña y "Esto es un sueño" A los resultados anteriores le salen al paso dos casos peculiares, que podrían poner en entredicho la esencial cancelación que el soñar impone al modo de ser de la vigilia. Uno de ellos se da cuando el sueño presenta la situación de alguien que sueña (un soñar adentro del sueño); con esto, parecería que se presentara, en sueños, una distinción entre el soñar y el no-soñar, distinción que habíamos negado antes. Pero aquí no hay realmente un problema, y esto porque la distinción es interna al sueño, no externa a éste. El sueño que yo sueño (nivel 1) muestra a alguien que sueña (cuyo sueño sería el nivel 2), pero no muestra que haya una vigilia más allá de sí mismo, un mundo que incluya este sueño (nivel 1) que yo estoy soñando 17. De modo que la caracterización anterior no corre peligro: la conciencia de vigilia sigue igualmente cancelada en estos casos. Más complicado resulta, al parecer, el caso en que el sueño denuncia su carácter onírico y somos conscientes, soñando, de algo así como "Esto es un sueño". Lo primero que debemos notar aquí es que si recordamos este tipo de sueños es porque ha habido una fase receptiva, una pura receptividad que, por así decir, tomó el registro, con lo cual ya estamos dentro de un caso límite. Pero no hay que descansarse en ello y sentir que con la apelación al límite quedamos exentos de dar alguna explicación, entre otras cosas porque se trata de un caso límite especialmente interesante. Tenemos aquí dos posibilidades: o bien la denuncia "Esto es un sueño" no se incluye a sí misma, o bien se incluye. Es decir, si estoy soñando con un gato que me habla y me ofrece su amistad, y entonces se denuncia que eso es un sueño, la denuncia misma puede aparecer como no siendo ella misma soñada, o bien, como queriendo decir "Esto (el gato parlante y amistoso) es un sueño -y 'yo' también lo soy". Si la denuncia sólo señala al gato soñado y escamotea que ella misma está siendo soñada, entonces todo lo que sucede es que sueño con un gato así y así, y sueño con que me digo que el gato así y así es un sueño. Estamos, pues, nuevamente en el caso anterior de un sueño dentro de otro sueño, con la única diferencia de que aquí el soñante que sueña con el gato permanece indeterminado. Si, en cambio, "Esto es un sueño" alude a mi propio soñar, las posibilidades son, o bien que sueño con que todo lo que estoy soñando está siendo soñado por mí, que es, otra vez, un caso del tipo sueño-dentro-del-sueño, sólo que aquí el nivel 1 y el nivel 2 se espejan entre sí (myse en abîme) 18; o bien "Esto es un sueño" es algo así como una infiltración de la conciencia de vigilia en medio del sueño. Esta última posibilidad tampoco constituye una amenaza a la esencial cancelación de la conciencia de vigilia, por parte del sueño, pues la denuncia no proviene de lo soñado mismo, sino de una vigilia infiltrada. Se trata, simplemente, de un caso límite peculiar. Con todo, dada su peculiaridad, conviene ensayar una descripción para intentar esclarecerlo 19. Si estoy soñando un sueño que luego conseguiré recordar, entonces mi sueño está transcurriendo en FR, y por lo tanto, coexisten el soñar y lo que hemos llamado la pura receptividad de una pre-conciencia de vigilia. En el tránsito de esta fase hacia la siguiente, con vistas al despertar pleno del yo, la receptividad va cediendo a un incremento de la actividad del yo de vigilia, hasta que éste alcanza su plenitud. Sin embargo, en estos casos, el progreso de esta segunda fase se interrumpe. En general, la ganancia de actividad del yo de vigilia trae como consecuencia que la receptividad del yo deje de ser una pura receptividad de lo soñado y capte ahora algo más-allá-de-lo-soñado, algo indeterminado, o sólo determinado negativamente como lo no-sueño, a cuya captación sucede la captación de un regreso 20 (con lo cual lo soñado comienza a desaparecer). Este captar de la vigilia, o más bien, la vigilia captada de modo especialmente indeterminado, solicita al yo para que éste se vuelva aprehensivamente hacia ella, cosa que normalmente sucede: es entonces cuando el yo despierta en sentido propio (pienso lo que hay que hacer en el día, o recuerdo algo del día anterior, o miro la luz que se filtra por la ventana del cuarto, en fin, aprehendo algo del mundo de la vigilia). En los casos del tipo "Estoy soñando", entendidos como una infiltración de la vigilia, la pura receptividad da paso a una receptividad que advierte lo más-allá-de-losoñado, pero en lugar de que la actividad aprehensiva del yo inicie aquí con la captación del regreso y "acompañe su curso", apuntando hacia el mundo de vigilia, el yo se vuelve hacia lo soñado, que todavía está siendo captado (si bien va tendiendo ya a desaparecer), y lo aprehende como tema. La vigilia no ha sido activamente aprehendida esta vez, pero sí se ha captado un ámbito de no-sueño, que le basta al yo, vuelto hacia lo soñado, para tener la conciencia de "Esto es un sueño". A menudo esta "marcha atrás" del proceso del despertar hace que el yo vuelva a caer dormido y el sueño retome su curso (u otro curso), y así es como tenemos luego la impresión de que el sueño mismo "se dio cuenta" de estar soñando, cuando, bien vistas las cosas, se trató de un despertar que se desdijo en medio y, por así decir, volvió sobre sus pasos (y esto no podrá ser recordado jamás como un despertar, pues el yo nunca alcanzó a captar "el regreso" a la vigilia). Así, pues, la denuncia "Esto es un sueño", en la más problemática de sus posibilidades, no proviene de lo soñado, no fisura su hermetismo a través de una extravagante referencia a sí mismo, sino que procede de un despertar trunco, es decir, de la conciencia de vigilia. Por lo tanto, si la descripción anterior es correcta, éste no es sino un caso peculiar dentro de la clase de los casos límite, en los cuales el soñar y la vigilia se tocan. Hechas estas aclaraciones, es preciso seguir adelante con lo que nos habíamos propuesto, que era evaluar si los sueños recordados que resultan del tránsito del soñar a la vigilia constituyen una evidencia fiable sobre la cual trabajar o no; si son fiables, resta determinar en qué medida y bajo qué condiciones se alcanza la máxima fiabilidad posible, pues ésta sería nuestra mejor evidencia fenomenológica. Determinación de la mejor evidencia posible y sugerencia sobre el camino teórico a seguir Los resultados alcanzados señalan que es condición necesaria, pero no suficiente, para la rememorabilidad de cualquier sueño, que haya habido conciencia activa (receptiva) de éste, es decir, que haya habido una conciencia de lo onírico que sea ya la conciencia (o pre-conciencia) de vigilia. Esto implica, como se señaló antes, que recordamos únicamente aquellos sueños en que fuimos activamente (receptivamente) conscientes de lo soñado. Llamo a estos sueños, sueños de umbral. Ya se ha dicho que el espacio lógico de los sueños rebasa con mucho los sueños de umbral y que éstos son sólo los que se encuentran en el límite de ese espacio 21. En consecuencia, no debemos caer en la tentación de reducir los sueños en general a los sueños de umbral. Sin embargo, sí podemos decir que los únicos sueños de que tenemos experiencia son los sueños de umbral 22. Lo que debemos examinar ahora es en qué medida nos es posible recordar esos sueños una vez que no estamos ya en el umbral, sino cuando la conciencia de vigilia se ha impuesto por En el tránsito entre el soñar y la vigilia, lo soñado sufre ciertas modificaciones que vienen impuestas por el propio modo de ser del tránsito. Ya vimos antes que lo soñado no se muestra, originariamente, como soñado (a la conciencia soñante), y que adquiere este carácter una vez que la conciencia se encuentra en condiciones de hacer la distinción entre sueño y vigilia; es decir, siendo ya una plena conciencia de vigilia que se dirige, aprehensivamente, hacia lo recién percibido (por la pura receptividad) -que se le aparece ahora como recién soñado 23. El tránsito mismo impone esta marca, que originalmente no existía. Y tal vez haya otras condiciones que el tránsito impone a lo soñado para que éste pueda llegar a ser recordado en vigilia. El mejor recuerdo posible de un sueño no estará exento de estas marcas, inherentes al transitar mismo, sino que será el que, por así decir, atraviese el umbral sin haber sucumbido a adulteraciones, extravíos o modificaciones evitables. Por eso, para determinar nuestra mejor evidencia, nuestro recuerdo-de-sueño más prístino, debemos estudiar antes todo lo que amenaza su preservación a lo largo del tránsito. Se trata, pues, de determinar negativamente nuestra mejor evidencia posible; luego habrá que ver qué determinaciones positivas presenta, si es que esto puede hacerse. El punto de partida que parece más claro es estudiar el olvido de los sueños; pues, a fin de cuentas, nuestra mejor evidencia fenomenológica será el mejor tipo de recuerdode-sueño, y ése es aquel que sortea todos los posibles olvidos que amenacen con extraviar algunas de sus características, cualidades o rasgos, si no al sueño todo. Cómo y por qué se olvidan los sueños (estudio negativo de las condiciones de su evocabilidad) En relación al olvido de los sueños, llama poderosamente la atención que seamos tan proclives a olvidarlos -si no a todos, a muchos de ellos-, así como la facilidad con que se esfuman. La descripción del umbral entre el soñar y la vigilia partía del caso en el que se recuerda qué fue lo que se ha soñado -sea (i)-, que sería, en términos generales, la mejor situación posible. A ésta le suceden aquellos casos en que se recuerda que se ha soñado, pero no lo soñado (ii); y, siempre con este grado de generalidad, el caso en que no se recuerda siquiera si se ha soñado o no (iii). ¿Nos permite la descripción del umbral dar cuenta de estos dos últimos casos, que pertenecen ya a un ámbito de "olvido"? 24. Si se recuerda que se ha soñado algo es porque se recuerda que en algún momento hubo conciencia de lo soñado. En FR se activa únicamente la pura receptividad, que capta el sueño que se está soñando. Hasta aquí estamos en la misma situación que en (i). En aquel caso, el ingreso a la segunda fase del despertar trae aparejada la actividad aprehensiva del yo, que estaba ausente en la pura receptividad de FR. El yo, consciente ya de estar despierto 25, se dirige hacia lo recién percibido, marcándolo eo ipso como "sueño", y pudiendo, si lo desea, aprovechar la frescura con que se muestra lo recién soñado para repasarlo y fijarlo. En el caso (ii), sin embargo, en lugar de dirigirse a la "reconstrucción" de lo recién soñado, la conciencia de vigilia se impone de tal modo que su actividad se dirige de manera franca a la realización de su tendencia, esto es, a alcanzar la plenitud de su ser-vigilia. No obstante, por un momento la conciencia de estar despertando ha dirigido un rayo de atención al hecho de tener todavía ante sí una "imagen onírica (o acaso, una serie de imágenes)". En ese breve dirigirse a la imagen, la atención repara fugazmente en ella, pero la tendencia a seguir realizando el despertar es tan poderosa, que ese breve reparar no basta para aprehender la imagen misma; todo lo que se conserva de ella es la marca de imagen onírica (de "sueño") hecha en ese instante por la conciencia de vigilia 26. En cuanto a los sentidos oníricos percibidos en FR (el último de los cuales era esa imagen), éstos no alcanzaron nunca a ser activamente aprehendidos, pues, a diferencia de lo que sucedía en (i), aquí el yo despierto no se dirige con vistas a reconstruir o repasar lo soñado. Así, una vez que se ha impuesto la plena conciencia de vigilia, es posible recordar que se ha soñado, pero no qué fue lo soñado, pues nada de lo que ahora se halla presente a la conciencia lo "recuerda": nada ahora es susceptible de ser asociado con lo soñado 27. El caso (iii) admite dos posibilidades: o bien, en FR la pura receptividad no encuentra "ante sí" un sueño 28, con lo cual, una vez despiertos, no podemos decir si hemos soñado o no (quizá aquí no cabe hablar de "olvido" en sentido estricto); o bien, lo encuentra, pero en la segunda fase del despertar la conciencia de vigilia se impone de un modo todavía más abrupto y poderoso que en (ii); esto es, la conciencia se dirige tan derechamente hacia la consumación del despertar, que no sólo deja atrás la última imagen onírica, fugazmente aprehendida, sino el mismo hecho de haberla aprehendido. No hay ningún detenimiento, el yo se absorbe en la vigilia sin "volver la vista atrás". Si se le pregunta, poco después, si ha soñado algo en la noche, será ya tarde para responder que sí o que no. Ahora bien, en (ii) y en la segunda posibilidad de (iii), el hecho de que el sueño no alcance a ser recordado, una vez que el yo está despierto, obedece a que no se dan dos condiciones necesarias para la evocabilidad en general. La primera de estas condiciones es empírica: puede darse o no; si se da, el sueño será recordado; si no, no. Pero puesto que en los dos casos señalados el sueño es olvidado (si bien puede todavía ser recordado más tarde), se deduce que la condición empírica no se da. Esta condición es la de nexos asociativos capaces de "despertar" lo soñado. En los casos anteriores, nada de lo que se le presenta a la conciencia ya despierta evoca o es asociable con lo soñado (ninguno de mis pensamientos, sensaciones, nada en el paisaje de objetos de mi pieza me recuerda al gato parlante que había soñado). No hablamos aquí de un activo esfuerzo rememorativo, sino de las asociaciones pasivas -en que se fundan las asociaciones activas-, que no encuentran, en estos dos casos, "materia" en el presente vivo, como para tender el nexo asociativo con lo soñado y así "despertarlo" otra vez. Esto sí se daría si, por ejemplo, mientras estoy tendido en la cama, restregándome los ojos y pensando vagamente en las ocupaciones del día, escucho al gato de la vecina y se me impone instantáneamente el recuerdo de haber soñado con un gato, sin que yo haya estado envuelto o comprometido en esta asociación. La otra condición cuyo no darse determina que el sueño termine por ser olvidado, no es empírica sino ontológica. Es ella la responsable de que, salvo que el yo que despierta se vuelva aprehensivamente, y con un interés resuelto, hacia lo soñado, esto último acabe perdiéndose (y quede a merced de posibles asociaciones pasivas para ser recordado). Aquí lo que falta no es un nexo asociativo, sino Con los objetos del soñar sucede lo mismo, con la importante diferencia de que, mientras imagino, tengo todavía conciencia (receptiva) del tiempo uno en el que yo imagino, mientras que en sueños, no hay semejante conciencia. Por lo tanto, a menos que el yo haga un esfuerzo activo por insertar lo soñado dentro de los nexos temporales del tiempo de vigilia (y esto sólo puede hacerlo en la fase final del umbral de duermevela, aquí, la segunda fase), lo soñado quedará "fuera de este mundo", replegado en el hermetismo de la pasividad a que pertenece originariamente. Intentaré explicarme mejor con lo siguiente. Si yo deseo recordar algo de mi niñez, con seguridad no me será empíricamente posible alcanzar ese recuerdo si decido hacerlo recorriendo retrospectivamente la serie de todo lo vivido, desde el ahora hasta entonces (a Tristram Shandy le toma un año escribir un día de su vida). Pero es teóricamente posible hacer ese recorrido, porque el sentido de cada vivencia vivida está sintéticamente ligado con los sentidos de las vivencias "contiguas" (y, de manera mediata, con los sentidos de todas las vivencias), de suerte que uno conduce al siguiente y así sucesivamente. En el caso de los sueños que no han sido "insertados" o ligados, de manera más o menos deliberada, dentro de la situación temporal de la vigilia, no hay modo de que este recorrido retrospectivo, paso a paso, alcance lo soñado. Pongamos que estoy ahora incorporado en la cama y decido iniciar ese recorrido (esto sólo tendría sentido para el caso (ii), en que se recuerda, al menos, que se ha soñado). Me recuerdo a mí mismo incorporándome, recuerdo luego la cuenta de tres ("A la cuenta de tres me levanto: Uno, dos... y... mmh, dos y medio, dos y tres cuartos... ¡Ya, tres!"), el entreabrir de los ojos, algunos pensamientos; recuerdo estar todavía con los ojos cerrados y pensar: "Ah, sé que soñé algo, pero no recuerdo qué era", de modo que me lanzo a seguir la retrospectiva: recuerdo la pesantez del cuerpo, el calor de las mantas y trato de seguir, pero ya no hay NADA: el recuerdo del calor de las mantas no me va a conducir al recuerdo del gato que me hablaba, porque ese gato no era de este mundo; y no era de este mundo, porque el yo que lo soñaba estaba, TODO ÉL (a diferencia del yo que imagina) fuera del tiempo del mundo. Por otro lado, la pura receptividad de FR no constituía todavía una aprehensión de lo soñado, capaz de insertarlo en el tiempo del mundo, que es como decir, el tiempo de la vigilia. Esto sólo puede hacerlo la actividad aprehensiva del yo, que se suma en la fase siguiente. Si no lo ha hecho, el sueño sólo podrá ser recordado por obra de una fortuita asociación, que bien puede darse mucho después de haber despertado. Este caso merece unas palabras, pero antes quiero enfatizar, una última vez, cómo el carácter ontológico del soñar es el que, por sí solo, acota ostensiblemente la posibilidad de recordar nuestros sueños. Con respecto al caso recién sugerido, es aquel que se da cuando, varias horas después de haber despertado, y estando uno ocupado en sus asuntos, se presenta algo -quizá algo percibido en el entorno, o una palabra escuchada o leída o lo que fuere-que le hace recordar a uno que ha soñado con algo semejante (un compañero de trabajo habla de fútbol y recordamos haber soñado con un estadio; vemos un gato y recordamos haber soñado con un gato). El puente asociativo que faltaba en (ii) y en (iii) se ha tendido ahora. A esta altura parece claro que el puente no se tiende desde el presente vivo hacia el "oscuro reino de los sueños"; lo que consigue ser evocado, por medio de esta asociación, no es sino aquello que se ha presentado en la primera fase del despertar (consumado o trunco, como en los casos del tipo "Esto es un sueño"), cuando la conciencia de vigilia era una pura receptividad de lo soñado. Ninguna asociación podrá conducirnos a sueños que hayan sido como islas en medio del vasto océano de la noche, sueños sin el silencioso atestiguar de la vigilia, porque esto supondría poder recordar lo que nunca antes ha estado presente a la conciencia que recuerda, lo cual es manifiestamente una contradicción. Con esto, dejamos atrás el aspecto que atañe al olvido de los sueños 30. La aprehensión de los sueños: problemas e indicaciones En la sección anterior veíamos que, más allá de las fortuitas asociaciones pasivas, capaces de hacer resurgir o no algo de lo soñado, había una condición ontológica de lo soñado mismo que resultaba desfavorable para su posterior rememoración en vigilia. Desde el soñar y lo soñado no parte nunca una intención con vistas a integrarse en los nexos temporales de la vida despierta, sino que todo el trabajo corre por cuenta del yo de vigilia. Así, pues, la posibilidad de recordar los sueños radica en que, durante la segunda fase del despertar, cuando se reactiva la actividad aprehensiva del yo, éste se dirija hacia lo percibido en FR, y lo mantenga asido tanto como le sea posible. ¿Qué sucede en esta segunda etapa del despertar, cuando la conciencia de vigilia se vuelve hacia lo recién soñado? Es evidente que aquí ya no estamos en el soñar mismo y que es en ese volverse del yo despierto, hacia lo recién percibido, que esto último se muestra como "sueño". La conciencia de vigilia distingue ahora un modo de ser que no es el mismo que el suyo, un modo de ser que se muestra como Otro. De este desdoblamiento surge la distinción y la consecuente marca de "sueño". Pero la tendencia de la conciencia de vigilia no es a permanecer vuelta hacia lo recién soñado, sino a responder a la solicitud de un despertar cabal -como si se tratara de un conatus, en sentido spinoziano: la conciencia de vigilia persevera en su ser-vigilia. Estando vuelta hacia lo recién soñado, aun cuando no sucumba de momento a la tendencia hacia el despertar pleno -lo que implica, lógicamente, renunciar a seguir atendiendo el sueño que se desea asir-, la conciencia resiste esta tendencia: es una conciencia en resistencia. La voluntad que la anima a permanecer vuelta hacia lo que acaba de ser soñado se disputa con la voluntad que la rige en cuanto conciencia de vigilia y que la anima a despertar por completo. En esta resistencia, la atención concedida a lo onírico puede comenzar a disiparse (como el calor que disipan las resistencias eléctricas). Es por eso por lo que el esfuerzo por asir lo recién soñado, a menudo conspira contra su propio propósito, si bien es difícil que lo malogre por completo (casi, se diría, que es como cuando nos forzamos a "actuar naturalmente": el esfuerzo conspira contra la naturalidad buscada). Si estamos demasiado activamente conscientes de lo recién soñado, estamos demasiado activamente conscientes en general, y este nivel de actividad aprehensiva de la conciencia es ya la imposición del yo de vigilia: lo único que se logra es favorecer la tendencia de la conciencia a alcanzar su plena actividad, su plena "lucidez" de vigilia. No es que el resultado de esto sea un completo olvido de lo que se ha soñado, pero, en general, un procedimiento como el anterior hace que una buena parte de los sentidos oníricos se escurran como arena entre las manos; lo que sobrevive es un puñado, migajas de sueño. Por otro lado, si el nivel de actividad de la conciencia es muy bajo, su aprehensión de lo soñado comienza también a ceder, y con ella se inicia la tendencia a volver a caer dormidos. Estamos, pues, en un equilibro tremendamente inestable, que, al parecer, está condenado a ser breve: o bien se impone la vigilia, o bien se impone el dormir (con o sin sueños). Si se impone el dormir, hemos perdido la partida y el sueño que se deseaba asir acabará hundiéndose nuevamente junto con la cesación de la actividad del yo de vigilia. Si, por otro lado, la actividad aprehensiva es demasiado intensa, se impone la conciencia de vigilia de un modo que casi hace huir lo que queríamos preservar. Según parece, el modo idóneo de asir un sueño debe ser tal que haya una actividad sostenida del yo de vigilia, para no caer dormidos, pero a la vez, una actividad que no se intensifique de cara al despertar, sino que se mantenga estable y tan atenuada como sea posible. Es como si intentáramos permanecer pegados al límite entre FR y la fase actual, es decir, TAN CERCA DE SER UNA PURA RECEPTIVIDAD COMO SEA POSIBLE, sin, por supuesto, recaer en la fase anterior, que significaría el inicio de una franca tendencia hacia el dormir. Se trataría, pues, de retener lo soñado, suspendiendo el progreso de la segunda etapa del despertar, sin que medie una activa resistencia (y esto es lo difícil); como si permaneciéramos orbitando sobre lo soñado bajo una especie de "atención flotante", una aprehensión, en sentido fenomenológico, que fuera no aprehensiva, en sentido coloquial ("Fulano es una persona muy aprehensiva"). El párrafo anterior da indicaciones sobre las mejores condiciones posibles para asir lo soñado y, por lo tanto, señala, aunque sin exhaustividad, las condiciones de posibilidad de la mejor evidencia posible. La evidencia es empírica 31; sus condiciones de posibilidad, no. Estas últimas responden a la descripción fenomenológica del tránsito entre el soñar y la vigilia, descripción que nos ha permitido, además, dar respuesta a una serie de problemas que se presentan en cualquier estudio de los sueños: ¿Por qué olvidamos los sueños? ¿Qué relación guarda el soñar con la vigilia? 32 ¿Qué sucede en los sueños del tipo "Esto es un sueño"?, etc. Pero da la sensación de que este último resultado -la indicación de las condiciones de posibilidad de la mejor evidencia empírica posible-palidece con respecto a los anteriores y es como si uno se dijera: -Muy bien, supongamos que éstas son las mejores condiciones de posibilidad, que así se obtiene la mejor evidencia posible. Supongamos que hago caso de esto último y que, antes de lanzarme a hacer una investigación sobre los sueños, me adiestro en aprehender mis propios sueños, no bien despierto, de tal modo de permanecer en una especie de prolongación inadvertida de la fase receptiva. El resultado es que logro aprehender el sueño sin perder demasiado, o perdiendo tan poco como sea posible. ¡¿Y esto es todo?! -Sí, es todo. Pero aún no se ha visto las implicaciones que esto entraña, porque no ha quedado determinado el alcance del "sin perder demasiado" o "perder tan poco como sea posible". Y no puede esto determinarse a menos que veamos todo lo que sí puede perderse. Este extravío no es apenas el olvido, no se agota en que una o varias "partes" del sueño no puedan ser aprehendidas. La "pérdida" más peligrosa es la de todo aquello que originariamente se ofrece en el soñar, todas aquellas "cualidades" y caracteres de lo soñado, que una mala aprehensión ignora, o peor todavía, adultera sin saberlo. Y así es como se habla luego de los sueños, creyendo hablar de ellos, cuando en realidad se habla de algo a lo que se le ha inoculado, de manera inadvertida, el carácter propio de la vigilia. A continuación, intentaré hacer ver cómo las indicaciones anteriores, no son tanto una recomendación metodológica, con vistas a obtener la mejor "muestra" empírica posible (aunque también son esto), como una clara indicación del camino que debe seguir una teoría de los sueños, a fin de evitar introducir en los sueños mismos determinaciones que no les pertenecen. Ese camino es el de una fenomenología negativa de los sueños. Un modo de evitar el círculo, o al menos, de mantenerlo a raya tanto como se pueda, es ensayar una descripción negativa de los sueños; es decir, en la que, en lugar de intentar determinarlos por lo que son, determinación en la cual podría filtrarse subrepticiamente el modo de ser de la vigilia, intentemos determinarlos por lo que no son, por las diferencias que muestran con el mundo de la vigilia. En otras palabras, se trata de ensayar una descripción que los preserve en su diferencia, en su "otredad". Tal vez, al estudiar más tarde cómo es que asimos los sueños, podamos ver que introducimos en ellos una serie de determinaciones positivas (Los sueños son así y así), que la descripción negativa rechazaba (Los sueños no pueden ser así y así). Caracterización negativa de los sueños Veamos sólo algunos rasgos notables de los sueños, en los cuales se deja ver su diferencia con el mundo de la vigilia. 1) Las cosas que en sueños se aparecen como cosas físicas no responden a una legalidad física reconocible: no se verifica en ellas el principio de causalidad, ni en general, una estabilidad predecible en el "comportamiento de lo físico". Puedo ver en sueños que una cosa desaparece sin más (se esfuma) o que aparece ex nihilo. Puede algo convertirse en un instante en otra cosa completamente distinta, etc. 2) Los individuos que en sueños son identificados como individuos de una especie biológica determinada no se avienen necesariamente ni al comportamiento-deespecie, ni a sus características físicas, posibilidades o límites específicos. Los animales pueden hacer cosas que son propias del ser humano (hablar, deliberar, lo que fuere) y los humanos, cosas propias de algunos animales (volar, vivir bajo el agua, etc.). Además, en sueños no hay la menor constricción para que una mujer humana dé a luz un murciélago. No se verifica, necesariamente, algo así como un "núcleo duro" que determine la identidad de las especies. 3) También las identidades personales tienen un "grado de libertad" mucho mayor (no están constreñidas por un "núcleo duro" -y si bien esto es ontológicamente cuestionable, el ejemplo que sigue ilustra suficientemente el punto). Puedo ver en sueños a alguien que tiene el aspecto físico de A, cuya profesión es la que reconozco, una vez despierto, como la de B, pero al que yo identificaba, mientras soñaba, como C ("sabía" que era C). 4) "Saber" algo, en sueños, o experimentar el sentimiento de certeza no requiere de una justificación ni de una evidencia más allá del mero sentir que se sabe (luego desarrollaré más este punto). Yo puedo, en sueños, estar cierto de que hay un león del otro lado de la pared, aun cuando el sueño no haya puesto ni el león "a la vista", ni un cartel que diga, "Cuidado: león del otro lado de la pared", ni haya aparecido antes el testimonio de alguien advirtiendo sobre el león. 5) Las emociones que se experimentan en sueños pueden haber sido motivadas por cualquier objeto (en sentido amplísimo), sin que haya una correlación más o menos estable entre la emoción y el objeto que la motiva. Se puede soñar con la muerte de alguien muy querido y permanecer indiferente a ello, entristecerse o entrar en pánico por cosas que en vigilia juzgaríamos nimias, etcétera. Esto sugiere que no hay una estabilidad de los valores: lo valioso, lo no valioso, qué sea un bien y qué no, no se muestran como formando parte de una jerarquía más o menos estable. La lista podría seguir -y, por lo demás, este breve inventario ha sido expuesto de manera más bien tosca-. Pero es suficiente para hacer las indicaciones que interesan aquí. Lo primero que se ve es el hecho de que todas estas características, y otras varias que podrían mencionarse, señalan no-regularidades de diverso orden, que sí son regularidades propias del mundo de la vigilia 33. O para decirlo afirmativamente, los sueños gozan de un ámbito de lo posible que rebasa, en diversos órdenes (físico, ontológico, "epistemológico", axiológico, práctico) 34, los límites propios del mundo de la vigilia. No es que en todo sueño se realicen efectivamente algunas de estas posibilidades (imposibilidades en vigilia), sino que a todo sueño le es propio este ámbito de lo posible, ya sea que lo realice efectivamente en mayor o en menor medida -o aun en una especie de grado cero, en el que lo soñado no muestra nada que indique su posibilidad de rebasar el ámbito de lo posible de la vigilia. Ahora bien, en la medida en que las constricciones o límites se relajan, y se incrementa el ámbito de lo posible, disminuye a la vez la posible estabilidad de los fenómenos (de lo que se aparece) y se incrementa el ámbito de lo esperable. Es decir: si estando despierto veo un oso, éste se me aparecerá como oso mientras lo esté mirando; y si una bola de billar va a chocar con otra, no sólo no veré que la bola de billar se transforma en paloma y se echa a volar (y me dice: "Soy una bola, me voy bolando", y me dedica un guiño), sino que la trayectoria que siga la bola que ha sido impactada se me aparecerá como una trayectoria más o menos esperable. Y así con los diversos aspectos señalados antes, y otros que podrían agregarse. Pero en sueños el oso puede hablar, fumar un puro, transformarse de un momento a otro en un gusano, desaparecer... Los "fenómenos" en los sueños son, potencialmente, mucho más inestables, y por eso el ámbito de lo esperable se amplía de manera extraordinaria. Con todo, los sueños gozan de un mínimo de "estabilidad fenoménica", pues, de otro modo, resultarían totalmente ininteligibles para el yo despierto. ¿En donde radica la mínima inteligibilidad de los sueños? Para comenzar, en sueños no se cancela la síntesis trascendental del tiempo 35. Se cancela, sí, el modo de ser del tiempo lleno de la vigilia, pero no la forma en que opera el flujo. Evidencia de esto es que un objeto que se aparece en sueños, pongamos una silla, puede haber aparecido como de la nada, pero durante el tiempo en que se muestra como silla, lo hace como un objeto que es uno y el mismo, y que además es percibido como durando en el tiempo. Y para que esto se dé, es necesario que la conciencia opere sobre la base de la síntesis trascendental del tiempo. Pero, de otro lado, al no regir en sueños la legalidad física que rige en vigilia, de un instante a otro la silla puede desaparecer o transformarse en cualquier otra cosa, o adquirir cualidades de cualquier tipo. Y así es que lo protencionado, la mención vacía de una silla que todavía-no-es, adherido a la impresión de la silla soñada ahora, bien puede no llegar a ser. En sueños, la protención no constituye un fundamento para la anticipación, como en vigilia. Cada ahora del sueño abre un abanico extraordinariamente vasto de posibles direcciones a seguir. Siendo que en sueños el horizonte de futuro no puede extenderse más allá de la protención, la conciencia soñante está, en todo momento, casi puramente absorbida en su ahora (entendido éste, siempre en el sentido de un presente espacioso que comprende, a la vez, las intenciones de futuro y pasado inmediatos). Cada "imagen" subsiguiente es la realización de una de las vastísimas posibilidades que podrían suceder al ahora. En esta realización, se ve que suelen mantenerse algunas líneas de continuidad entre lo que se muestra en el ahora y en lo que acaba de mostrarse, pero también se ve que hay muchas otras discontinuidades, que son las que nos llevan a enumerar cosas como las de 1)-5). En cuanto al pasado del sueño, para la conciencia soñante, no hay más pasado que lo ya soñado antes de cada ahora. Por otro lado, si el sueño muestra dos sujetos que son amigos, eso basta para que se acepte y se "sepa" sin más de la amistad entre los sujetos: son afectivamente comprendidos como amigos por la conciencia que sueña 36, sin que sea necesaria una explicación histórica, un testimonio o cualquier otra evidencia que implique una alusión al "pasado del sueño". En sueños, comprendo afectivamente en cada momento dónde estoy, quiénes son ésos, qué relación tienen conmigo, etc. -si no lo "sé", esto es también parte de mi comprensión afectiva: comprendo que no lo sé-. "Sé", en sueños, que hay un león del otro lado de la pared, porque le temo, o porque le tengo compasión, o por el mero hecho de que "siento su presencia". Siendo, pues, que el sueño no requiere de un pasado que explique el presente, y siendo que no hay mayor horizonte de futuro que lo que en cada instante va siendo protencionado (tal vez estoy exagerando y la extensión hacia el futuro es apenas mayor, pero sólo apenas), EL SUEÑO ES LA INCESANTE REALIZACIÓN DE UN HIC ET NUNC CASI ABSOLUTO. Lo que efectivamente suele darse es que el sueño discurra con una continuidad que nos resulta luego reconocible, y esto, porque así como el sueño toma su "materia prima" de las impresiones de la vigilia, también imita, o reproduce, a su modo, la continuidad decursiva entre apareceres sucesivos 37. Entre las muchísimas posibilidades, direcciones que en cada instante puede tomar el sueño, es más probable que siga aquella que imita la continuidad decursiva de la vigilia: pero es sólo más probable; no es imposible que en sueños una "escena" tome un rumbo completamente inesperado, discontinuado, etc. (si bien lo inesperado o discontinuado no lo son para el soñante, sino para los parámetros de vigilia). Y esto es lo esencial. Hecha esta caracterización negativa, veamos ahora el tipo de características que le atribuimos a los sueños, a fin de poder juzgar si estas atribuciones positivas son consistentes con lo anterior, o si, al contrario, se revelan completamente ajenas a los sueños mismos. Valdría aquí preguntar algo así como: ¿Que le atribuimos quiénes? Esto se irá viendo en la sección que sigue; provisionalmente, diré que se trata de algo así como de "atribuciones de término medio", es decir, atribuciones más o menos instituidas en la vida de término medio (en el sentido de Heidegger), en la cotidianeidad mediana. Inoculaciones de la vigilia: el problema de las atribuciones positivas Todo lo que acabamos de decir acerca de lo estrecha, inmediata que es la conciencia de futuro durante el soñar, de lo breve que es el pasado en el sueño (se limita a lo ya soñado), y en suma, de un hic et nunc hiperbólico, no se hace manifiesto cuando recordamos nuestros sueños, puesto que no "percibimos" al sueño en su estar soñándose, sino que lo aprehendemos, una vez despiertos, como un todo ya constituido. Hemos dicho antes que, al aprehender un sueño -pongamos que recién despiertos, con el yo vuelto hacia lo recién percibido-, lo marcamos como "sueño", cuando originariamente el ser-sueño no se había mostrado durante el soñar (salvo en los casos del tipo "Esto es un sueño"). Esta marca es inevitable y se funda en la posibilidad, exclusiva de la vigilia, de percibir la diferencia entre el modo de ser de la vigilia y el modo de ser de lo soñado: el mundo de vigilia es percibido como el Mismo; lo soñado, como lo Otro. Pero que lo soñado sea percibido como Otro reside, precisamente, en las diferencias que éste guarda con el mundo de la vigilia, de las cuales 1)-5) son sólo algunas; ellas, y todas las demás que pudieran describirse, se fundan en el carácter autónomo del soñar con respecto a la vigilia (en el sentido antes indicado); pues es ésta su autonomía la que libera a lo soñado de verse constreñido por las legalidades y necesidades de la vigilia, y le confiere un ámbito de lo posible notablemente más amplio. De modo que a la marca de "sueño", que el yo despierto necesariamente hace de lo recién percibido, pueden agregarse otras atribuciones que surgen de advertir más concretamente las diferencias entre lo Mismo y lo Otro. Todo el asunto estriba en si esas diferencias son atribuidas como diferencias originarias o no. Lo primero conduce a una caracterización negativa, como la ensayada antes; lo segundo, a hacer atribuciones positivas (asertivas) acerca de cómo son los sueños, y a partir de esto, a una serie de confusiones y sinsentidos. Una caracterización negativa parte de las diferencias que hay entre el modo de ser del soñar y el modo de ser de la vigilia. Es inevitable que esta diferenciación se haga en vigilia, pero es justo por esto por lo que se intenta describir a lo Otro en cuanto Otro; esto es, a los sueños en cuanto sueños que se ofrecen ORIGINARIAMENTE a una conciencia Otra: la conciencia que sueña -y a la que le es esencial la cancelación del yo de vigilia. El yo de vigilia, que es el que reflexiona teóricamente, parte aquí del reconocimiento de esta asimetría; todas las afirmaciones que pueda hacer tienen a la base este primer reconocimiento, negativamente determinado. Una caracterización positiva procede de manera inversa. Al hacer afirmaciones acerca de los sueños y el soñar, no se parte del reconocimiento de una asimetría originaria; no se habla de los sueños en su originario ofrecerse a una conciencia soñante, y por lo tanto, se pasa por alto el originario no ofrecerse de los sueños a la conciencia de vigilia, cancelada mientras se sueña (la pura receptividad que atestigua la dación de lo soñado es una pre-conciencia de vigilia, que no tiene todavía un carácter propio 38 ). En otros términos: no se caracteriza a lo Otro en cuanto Otro, sino que las diferencias que se señalan son diferencias no originarias, que quedan absorbidas dentro del ámbito de lo Mismo. Negativamente puede caracterizarse a lo que se aparece en sueños como algo que no está sujeto a diversos órdenes de regularidad. Positivamente, todo lo que pueda decirse de los sueños es por comparación con la vigilia, pero sin hacer patente la asimetría que está a la base de esta comparación. Al hacer esto, no se dice nada sobre los sueños mismos. Comparamos los sueños con el mundo de vigilia y decimos cosas como: "Muchos sueños son extraños, confusos, incoherentes, enigmáticos, oscuros, mágicos, extravagantes, absurdos, maravillosos, etcétera, etcétera". Pero los sueños no son ninguna de estas cosas. Porque no pueden serlo. Para poder afirmar que hay sueños absurdos, incoherentes, etc., y que es parte de las posibilidades esenciales de los sueños el ser absurdos, tendríamos que afirmarlo sobre la evidencia de que el sueño se muestra absurdo para la conciencia que sueña; que el sueño se muestra incoherente para la conciencia que sueña, etc. Y el caso es que el sentido de lo absurdo puede mostrarse en sueños asociado a objetos soñados (sueño con una manzana y la experimento, en sueños, como absurda), pero no como un carácter del sueño mismo, por el mero hecho de que la conciencia soñante no es consciente de que el mundo en que se halla envuelta es un cuasi-mundo: un sueño. Un tipo de sinsentido eminente se da cuando se atribuye a los sueños (o a una cierta clase de sueños) un sentido oculto, susceptible de ser descifrado a través de una interpretación. Este caso es quizá más difícil, pero indicaré brevemente en dónde me parece que radica el sinsentido. Hay que notar, en primer lugar, que este "verdadero significado", por permanecer oculto (cifrado, enmascarado), no se ofreció en el soñar mismo, para el soñar mismo. De acuerdo con lo dicho antes, esto es ya una extralimitación que rebasa el ámbito de dación del sueño, que es el único que puede considerarse originario en sentido estricto. Porque si se dice que el sentido sí se ofreció, pero cifrado, enmascarado, o como fuere, todo lo que se está diciendo es que no se ofreció a la conciencia soñante, sino que se ofrece a ser interpretado por la vigilia. Sólo con esto se adivina ya una circularidad, a la que no puede escapar ninguna propuesta de interpretación de los sueños. Pero hay que conceder a este problema alguna atención, dada su popularidad y la posibilidad de que muestre fundamentos que aquí hayan sido descuidados. ¿Qué tiene que tener un sueño para ser susceptible de una interpretación, en el sentido de la onirocrítica antigua, de Artemidoro o de Freud? En primer lugar, debe tener un "significado" distinto del sentido que se muestra. Surge así la distinción entre un sentido literal y aparente (que aparece, pero también, que es "sólo apariencia"), y uno no-literal y oculto, que es el "verdadero sentido" del sueño; el primero está cifrado; el segundo se alcanza descifrando el primero. Si lo que permite dar el salto del primero al segundo es ver en lo primero, no lo que literalmente se muestra, sino una alegoría o un simbolismo, entonces el sentido oculto es un sentido alegórico o simbólico 39. Pero si el sentido literal se oculta bajo máscaras más complejas, entonces, para alcanzar el sentido oculto será preciso conocer cuáles son esas máscaras, cómo es que han sido puestas, y recorrer el camino inverso para quitarlas. Si, pongamos, reconozco que el sujeto que se aparecía en sueños tenía el aspecto de A, la profesión de B, pero yo sabía, al soñarlo, que era C, entonces puedo ver que hay una "condensación" de tres personas de mi mundo de vigilia que por alguna razón o motivo se funden en un solo sujeto. Para conocer la razón, tengo que "descondensar" a los tres e intentar ver qué puede ser aquello que ha determinado que se vieran condensados en el sueño. Tomemos el ejemplo de la condensación, que es, según Freud, uno de los cuatro factores que intervienen en la "elaboración del sueño" (una de las maneras por medio de las cuales el sentido latente, que es el verdadero sentido, se disfraza y adquiere la apariencia del sueño tal como se muestra = sentido manifiesto) 40. Otra vez hay que decir lo mismo aquí: yo puedo advertir, una vez despierto, no sólo que en lo que el sueño me mostraba hay un A y un B y un C (si atribuyo esto al sueño mismo, estoy ya haciendo una atribución positiva), sino también que, mientras soñaba, NO había la conciencia de un A y un B y un C, ni de una condensación, ni de nada del estilo. Un ejemplo quizá más claro. Yo no sueño algo así como que alguien viene a visitarme a mi vieja casa, en Montevideo, y, luego de un "corte" (o peor, ¡una elipsis!), esa persona y yo caminamos por un barrio que se parece a Coyoacán, en la Ciudad de México, pero en cuya plaza, en lugar del arco que efectivamente se alza en Coyoacán, está el Arco del Triunfo. Yo sueño que estoy en mi casa (en una casa que comprendo afectivamente como mi hogar) y que la persona que me visita y yo decidimos salir, y caminamos por un barrio colonial -que tal vez se llame en sueños Coyoacán, o tal vez no, tanto da-, donde pasamos por debajo de un arco así y así. La "geografía" que muestra el sueño, su espacialidad, es consistente consigo misma, y no reconoce nada parecido a haber pasado de una casa ubicada en una ciudad, a un barrio ubicado en otra, donde había un arco de una tercera ciudad. Sencillamente yo NO sueño nada de esto. La condensación, por sólo mencionar un criterio de "onirocrítica", no es algo que se muestre originariamente, no pertenece al sueño ni al soñar. De modo semejante, la razón que se busca para explicar la condensación, lo mismo que el afán explicativo, responden a una teleología que es característicamente del mundo de la vigilia -y que podríamos designar, en una línea husserliana, una teleología de la razón 41. Presuponer que el sueño ha sido "elaborado" siguiendo los parámetros de una teleología de la razón es algo que el sueño mismo no muestra y no puede mostrar jamás; es, de nuevo, una atribución positiva que la vigilia hace del soñar y del sueño. El caso de la condensación y la razón que ella anima a buscar (¿Por qué A, B y C aparecen así condensados?) no dice absolutamente nada sobre el sueño mismo, pero dice mucho acerca de la interpretación de los sueños; fundamentalmente, que se trata de una interpretación de la vigilia, por parte de la vigilia, con la mediación de algo a lo que se llama sueño, que sin embargo, no es jamás el sueño mismo (he aquí el sinsentido). Esta circularidad aqueja a cualquier aparato hermenéutico destinado a interpretar los sueños, y se funda en una petición de principio que envuelve tres conceptos: teleología, motivo y criterio; funciona, en pocas palabras, así. Quien interpreta los sueños es porque cree que todo sueño tiene un sentido que puede ser determinado; basa su creencia en una premisa teleológica, según la cual todo lo que se aparece en sueños, cada detalle, el modo como se muestra, si lo hace antes o después, si coexiste en su aparecer con otros, en fin, todo tiene su razón de ser (su "para qué"), su motivo, o si se prefiere, su función: nada ha sido puesto arbitrariamente en el sueño. Para justificar adecuadamente esta premisa teleológica habría que poder mostrar una teleología general, válida para todo sueño posible. Pero esto sólo podría ser una atribución positiva, es decir una determinación teleológica ajena a los sueños mismos, y propia de la vigilia. El modo de "escapar" a esto es hacer ver que, efectivamente, en cada detalle de cada sueño que se proponga, se podrá siempre reconocer que ese detalle, allí, obedece a una razón o motivo. Pero puesto que hay infinitos detalles de infinitos sueños posibles, será necesario establecer criterios generales que permitan determinar los motivos particulares de cualquier sueño posible. Y aquí está el problema, porque todo criterio es, necesariamente, una atribución positiva (como se vio, por ejemplo, con el caso de la condensación de A, B y C: la condensación era una atribución positiva, no algo que originariamente mostrara el sueño). Más aún, la adopción de cualquier criterio presupone necesariamente que hay algún motivo dado, así como el tipo de motivo dado. Así, el criterio de condensación entraña la pregunta acerca de por qué (cuál es el motivo por el cual) A, B y C se han visto reunidos, pero entraña, en general, la pregunta por la condensación. El criterio alegórico o simbólico, preguntará cuál es el motivo de que haya aparecido un pozo de agua en un sueño (qué significa alegórica o simbólicamente el pozo) 42, pero en general, la pregunta por el símbolo o la alegoría; y lo mismo con cualquier criterio. UNA Así, pues, tanto da si unos criterios parecen más dúctiles que otros, si parecen "verificarse" en mayor cantidad de casos, verse "confirmados" en mayor medida "por la experiencia": todo lo que esto quiere decir es algo parecido a que la experiencia se confirma a sí misma. En este sentido, Freud y Artemidoro están igualmente lejos del propósito que creen haber alcanzado. (Esto no significa que desde el punto de vista práctico la interpretación de lo sueños -o más bien, la interpretación de la vigilia, referida a los sueños-, sea estéril. Que un paciente comprenda mejor su vida o tenga un insight, o varios, a partir de lo que su psicoanalista le dice "sobre sus sueños", habla de la eficacia práctica del método, o de la capacidad persuasiva del psicoanalista, o de algo del estilo; pero no dice nada a favor de la teoría de los sueños que le subyace.) Para apoyar la tesis contra la interpretación de los sueños, podría agregarse todavía que, como hemos vista ya, cada sueño es un ir haciéndose que carece de un futuro mediato, de un final al que se apunta a modo de finalidad o propósito (telos). Una hermenéutica de los sueños toma el sueño como un todo ya constituido y apela a algo así como "causas finales" (el fin de cada sueño es revelar un mensaje profundo), cuando lo que se ve es que parecería haber más bien un incesante ir realizándose, efectuándose, sin una meta pre-establecida. De todos modos, lo que he dicho es incompleto, pues debería aun describirse cómo es que se va dando esta continua efectuación. El único camino que me parece plausible, según he sugerido ya, es explorar las síntesis pasivas de asociación entre contenidos de conciencia. Así, pues, ciertas calificaciones que se hacen sobre los sueños, lo mismo que las interpretaciones que persiguen desentrañar, bajo presupuestos teleológicos, sentidos ocultos, tenidos por más originarios, nada dicen sobre los sueños y no pasan de ser sinsentidos. Éste es un riesgo que se corre al hacer cualquier atribución positiva, ya sobre los sueños en general, ya sobre un sueño en particular. Con esto no quiero decir que toda atribución positiva esté condenada a ser un sinsentido, pero sí que muchas de las que solemos hacer (atribuciones de término medio) entran dentro de este dominio. Es por esto por lo que a una fenomenología positiva de los sueños debe, necesariamente, precederle una fenomenología negativa; el papel de esta última es vigilar, en todo momento, que los asertos de la primera digan algo sobre los sueños mismos y no rebasen los límites de lo que se muestra en lo soñado en cuanto tal -límites que determinan el ámbito de lo decible acerca de los sueños. La división es, por supuesto, analítica, un horizonte normativo, por así decir, pues es inevitable que las atribuciones negativas colinden con las positivas, y las páginas anteriores son prueba de ello; en efecto, hubo, no sólo descripciones negativas, sino también positivas, como cuando se trazó un bosquejo sobre la temporalidad del soñar. El paso inmediatamente siguiente a aquel bosquejo, además de refinarlo, sería, a mi modo de ver, describir genéticamente cómo se desenvuelven en sueños las demás síntesis pasivas (la candidata que se insinúa primera parece ser la síntesis de asociación entre contenidos homogéneos). CONCLUSIONES: FENOMENOLOGÍA DEL UMBRAL Y FENOMENOLOGÍA NEGATIVA La segunda parte tenía, entre otros, el propósito de intentar evaluar el resultado alcanzado hacia el final de la primera (5.2). Parecía, en un principio, que se trataba de un resultado algo trivial, una recomendación metodológica para obtener la mejor muestra empírica; como si, por así decir, todo lo que le había precedido no hubiera sido sino un manual para construir el mejor atrapasueños posible. Pero en realidad, el resultado ya revestía algún interés. En primer lugar, la descripción del umbral entre el soñar y la vigilia permitía determinar si nuestros recuerdos de sueños podían aspirar a ser una evidencia adecuada para un estudio de los sueños o no; hasta donde he visto, no es un trabajo crítico que se haya acometido antes, y por eso, los estudios fenomenológicos sobre esta materia no han estado, a mi parecer, cabalmente fundados. Como consecuencia, se le abría la puerta a algunas formas de escepticismo (no exactamente el de tipo cartesiano) surgidas en el seno de la filosofía analítica. Si las descripciones relativas al tránsito entre el soñar y la vigilia son correctas, entonces hay un conjunto de condiciones bajo las cuales lo que recordamos de los sueños constituye una evidencia fiable. Esto no había sido enfatizado, pero era ya una primera consecuencia de aquel resultado. Sin embargo, ese conjunto de condiciones parecía problemático. No era claro qué posibilidades reales abría para una fenomenología de los sueños y en qué sentido no se limitaba a ser un manual de atrapasueños. Lo que entonces quedaba asentado era que, de proceder de cierta manera, la "pérdida" y aun la "adulteración" de lo soñado iba a ser tan mínima como fuera posible. Esto no parecía señalar sino un procedimiento con vistas a perder la menor "cantidad" posible del sueño recién soñado; y no se veía, de momento, qué era aquello de la adulteración. Fue necesario contrastar una caracterización negativa de los sueños, con una positiva, para poder evaluar todas aquellas atribuciones que creemos hacer acerca de los sueños, y que sin embargo no dicen de ellos nada. Entre estas atribuciones sin sentido se cuentan aquellas que se hacen en términos de coherencia-incoherencia, absurdidad-inteligibilidad, oscuridad-claridad, y otros calificativos del estilo; también, las atribuciones relativas a sentidos ocultos, presuntamente más originarios, que reclaman ser descifrados a través de algún tipo de interpretación u onirocrítica. Con esto se indicaba el riesgo que se corre al atribuirle positivamente a los sueños ciertas características o determinaciones. Y éste es, precisamente, el riesgo que los resultados de la primera parte aseguraban evitar, o al menos, acotar en la mayor medida posible (lo que anunciábamos como posibles "adulteraciones" se reveló luego en términos de sinsentido). ¿Pero en qué estriba que aquellas condiciones que se describieron como las más apropiadas para aprehender los sueños garanticen evitar atribuciones sin sentido? Esto es lo que no se ha dicho todavía, el lazo que falta entre la primera y la segunda parte. La garantía estriba en que esas condiciones, que conminan a un apego a la receptividad más pura posible, son la determinación de una "actitud" cuyo exacto correlato teórico es una fenomenología negativa de los sueños. Y esto por lo siguiente. Para describir negativamente, como se ha hecho en 6, es preciso no introducir en la descripción nada ajeno a los sueños mismos. Y para ello, es preciso ver pura y exclusivamente qué es lo que los sueños traen originariamente consigo; qué es lo que se ofrece en el soñar. Esto es imposible estando despiertos, pero el ver fenomenológico que más tiende a ello es, justamente, aquel que se apega a la receptividad más "diáfana"; diría, a contrapelo de la onirocrítica, que es aquel ver que más se apega a la literalidad del sueño, "a la cosa misma" 43. Dejarle el ingreso, en ese momento, a niveles más altos de actividad, a actos de orden su-perior, uno de los cuales sería, desde luego, iniciar una "interpretación del sueño", es perder el sueño mismo, sustituyéndolo por otra cosa, y creyendo haberlo aprehendido en su originariedad. Una fenomenología negativa de los sueños -que es, por lo que he dicho, condición indispensable para poder desarrollar una fenomenología positiva-, sólo puede fundarse en un ver receptivo, que procure estar tan "adentro" de lo sueños como sea posible, partiendo, en primerísimo lugar, por reconocer un "adentro" originario, distinto del afuera desde el que se mira. Se trata, en cierta medida, de una fenomenología que se ubica en el límite entre el adentro y el afuera, el soñar y la vigilia. Por eso, la caracterización negativa, esbozada en la segunda parte, no fue sino la continuación natural de la fenomenología del umbral, desarrollada en la primera. Aquí no he hecho otra cosa que ensayar una fenomenología del umbral, con vistas a una fenomenología negativa de los sueños, señalando, de paso, los resultados laterales que la descripción iba dejando ver. Recibido: 25 de diciembre de 2007 Aceptado: 15 de enero de 2008 NOTAS 1 El, así llamado, "soñar despierto" no puede ser tenido por un soñar en sentido propio; la expresión no sería algo así como un oxímoron que sugiriera la conciliación de lo que parece excluyente. Más bien, "soñar", en este caso, recibe esa designación, ya porque se trata de un modo de imaginar que hace olvidar, a quien imagina, de estar imaginando -y el soñar implica, como se verá, no tener conciencia de que se está soñando-, ya porque "soñar" suele utilizarse en el sentido de presentificar aquello que se anhela. "Sueño con estar echado bajo una palmera, tomando agua de coco y mirando el mar", digo e imagino (presentifico) la playa tropical y el coco y el mar, estando, sin embargo, en un departamento de un edificio de una ciudad gigantesca, ubicada a cinco horas (¡mínimo!) del mar. Traigo a presencia aquello que deseo. 2 Baso esta afirmación, no sólo en algunas lecturas de Husserl y otros fenomenólogos, sino en una conferencia de Julia V. Iribarne, ofrecida en 2001 y titulada "Aportaciones para una fenomenología de los sueños", en la que la autora pasa revista al "estado de cosas presente en cuanto a los estudios de fenomenología de los sueños". 31 Y se presta a diversos fines, desde un estudio de caso, hasta una reflexión eidética. 32 En relación a este punto, sólo se ha señalado un aspecto. Una respuesta cabal reclamaría un examen de la relación entre los sueños (no ya el soñar) y la vigilia, o más bien, de la vigilia y los sueños. Las páginas que siguen apuntan hacia allí. 33 Prefiero hablar de regularidad más bien que de necesidad o legalidad (si bien antes me valí de este término y lo haré cuando parezca indispensable). Intento con esto, además de evitar una serie de problemas que los otros términos traerían consigo, remitirme a la experiencia "de término medio", por utilizar una expresión heideggeriana. ¿Puedo soñar con un círculo cuadrado? Seguramente no, pues lo que es lógicamente imposible, puesto que no es siquiera pensable, no puede ser soñable. Podría uno soñar con un círculo y tener la certeza de que es un círculo cuadrado, "saberlo" círculo cuadrado mientras lo sueña, pero esto sólo indica la latitud del "saber" algo en sueños. 35 Husserl le llama así en sus Análisis sobre síntesis pasiva. La descripción de esta síntesis es básicamente la misma que ya se había ofrecido en las Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo, dictadas entre 1905 y 1910. Husserl partía entonces de la pregunta de cómo es que un objeto se aparece a la conciencia como duradero y se veía llevado a describir un presente "espacioso", en el que coexisten las intenciones temporales de lo que todavía-no-es (protención: la conciencia de lo inminentísimo), de lo que es ahora (impresión) y de lo recién-GABRIEL SCHUTZ sido (retención). Las lecciones no se agotan en esto, sino que van mucho más allá; aquí sólo doy un apretadísimo resumen. En los Análisis sobre síntesis pasiva se enfatiza el carácter fundante de la síntesis trascendental del tiempo, vista como "un marco de trabajo universal, formal", "una forma sintéticamente constituida en la que toda otra posible síntesis debe participar", ACPAS, § 27, pp. 170-171 [Hua XI, p. En esta síntesis se constituye, no sólo la forma del flujo y la condición necesaria -pero no suficiente-de unidad e identidad de un objeto (mediante la retención del sentido objetivo dado a la conciencia en la impresión), sino que se constituyen también las relaciones de coexistencia y sucesión entre los objetos inmanentes. 36 Julia Iribarne aventura, en una dirección distinta, una tesis sugerente para explicar por qué creemos todo aquello que los sueños presentan. Dice en su conferencia: "cuando la actividad de la síntesis pasiva no está orientada a la organización perceptiva y a su capacidad crítica en su procedimiento de posición, eventual desengaño y corrección de lo puesto como percepto, sin esas operaciones en funcionamiento, el centro yoico de la síntesis pasiva cree. La neutralización de la posición, esto es la duda, la interrogación, son propias de la conciencia perceptiva en el proceso de plenificación o implesión del percepto". 37 Aunque también, si bien no puedo aquí desarrollar esto como debería, la continuidad tiene que tener que ver con síntesis pasivas de asociación entre contenidos sucesivos. HACIA UNA FENOMENOLOGÍA NEGATIVA DE LOS SUEÑOS II. HACIA UNA FENOMENOLOGÍA NEGATIVA DE LOS SUEÑOS 6. Sugerencia sobre los motivos para caracterizar negativamente los sueños ¿Qué
INTRODUCCIÓN: LA PRESENCIA SILENCIOSA DE LO VIRTUAL Desde que el ser humano ostenta con dignidad dicha denominación ha deseado sobrepasar los límites de su cotidianeidad -no siempre agradable, aunque no necesariamente tortuosa-, ha anhelado mudar su piel factible y navegar por el mar de lo posible. Naves no le han faltado para tan curiosa travesía: el recital de historias acompañado de gestos exagerados, de una voz que se basta, etc., es un alto en el camino vital; el teatro, con su peculiar baile de máscaras que escenifica tramas -en ocasiones, inverosímiles-crea una atmósfera de éxtasis en la que lo diario queda en suspenso, aunque sólo sea mientras dure la representación; la novela que nos transporta a otros tiempos, lugares, maneras de ser... convirtiéndonos en ingenioso hidalgo, en princesa de mil cuentos, en sujeto de una muerte anunciada, en gigantes que bien pudieran ser liliputienses y un largo etcétera tan extenso como la imaginación del lector; el cine, fusión y alteración de los anteriores modos de volar que, con la explosiva mezcla de música, color -solemos olvidar que el blanco y el negro también lo son-, movimiento, enfoque... pone nuestra carne en el asador consiguiendo no sólo que nos transformemos, sino que seamos el antropólogo heroico, el jedi con Yoda, el Neo que danza con las balas, el vaquero de brillantes espuelas y un sinfín de personajes que hacemos nuestros. He aquí una ínfima muestra de la flota humana para surcar el piélago de lo posible, embarcaciones que crecen al ritmo de una imaginación que no conoce límites y que ha demostrado ser la salvación de un hombre paradójico que se afana tanto en escapar de esta vida como en permanecer en ella. Si hay algo que caracteriza al ser humano y a su imaginación es su esencial insatisfacción, lo que se traduce en una búsqueda asintótica que, si bien jamás llega a su plena realización, origina nuevos medios de enfrentarse, gozar, estar en/al mundo, etc. Indudablemente, uno de estos novedosos "productos" es la denominada "realidad virtual" que se ha colado en nuestras vidas sin apenas apercibirnos de ello. Es tal el alcance de aquélla que se han creado mundos paralelos habitados por millones de personas, con moneda propia, capaz de producir dinero con la venta de propiedades "inexistentes"; que alberga platós de programas que sintonizamos en nuestro televisor, sedes de Universidades afamadas o de bancos; en el que podemos asistir a presentaciones de libros por el propio autor y un largo etcétera que hacen de un mundo, aparentemente, un mundo. Éste es el caso, por ejemplo, de SecondLife 2 que se presenta como "a 3D online digital World imagined and created by its residents" 3, una creación imaginativa que tiene como propósito originar -como indica su título-una "segunda vida" construida a gusto del usuario que, para qué negarlo, pretende superar las insuficiencias de su existencia real, ser aquello que fácticamente no puede ser. Ahora bien, ¿cuál es el estatuto ontognoseológico de dicho universo?, ¿es apropiado el uso del rótulo "realidad"?, ¿puede ser denominado "mundo"?, ¿qué cañamazo conceptual sostiene este "mundo"? Estas cuestiones (y muchas más) no han obtenido respuestas satisfactorias, quizás porque numerosos pensadores suelen considerar que no vale la pena detenerse en estas bagatelas que desaparecen al apagar una máquina. Pero lo cierto es que son interrogantes que responden a un fenómeno que atañe a millones de personas y que, en una u otra medida, afectan a la propia Humanidad que asiste a la proliferación de "realidades" y tiene miedo a perder pie en aquello que, hasta ahora, consideraba como lo único existente. Para ofrecer respuestas satisfactorias a las cuestiones arriba mentadas no bastan las parcas definiciones que se han dado de la "realidad virtual" ya que no inciden en la esencia de ese entorno que parece tomar vida allende la pantalla del ordenador. Es en este punto en el que el método dibujado por Husserl así como las indicaciones que ofrece acerca de la "actitud natural" y del campo posepójico-re(con)ductivo 4 pueden devenir fundamentales. La Fenomenología nos abre una puerta para dilucidar el quid de un fenómeno contemporáneo (en expansión), ya que nos posibilita ir poniendo entre paréntesis las innumerables capas que lo envuelven para llegar a su esencia, la cual puede, finalmente, ser descrita sin condicionamientos. Además, en este proceder lo que se va dejando atrás jamás se pierde de vista, pues lo abandonado, en cierta medida, también pertenece al fenómeno estudiado, de manera que siempre tenemos todos los elementos a nuestro alcance. Objetivo de este breve estudio es mostrar cómo el procedimiento fenomenológico es plenamente válido para el análisis de lo virtual 5. Comencemos sin más dilación tan ardua tarea a la que no le es ajena cierto carácter provisional del que no queremos desprendernos, ya que la contundencia categórica acabaría con nuestro aprendizaje. EL PUNTO DE PARTIDA: LA REALIDAD VIRTUAL EN LA "ACTITUD NATURAL" Iniciemos nuestra peculiar aventura situándonos en la posición "del hombre tal como vive naturalmente" (Husserl, 1992(Husserl, [1913]: § 27, 48 [56]]: § 27, 48 [56]), es decir, del ser humano que vive en un mundo existente sin ni siquiera imaginar que es plausible hacer cuestión de la existencia. La realidad es el aquí-ahora que descubre y que acoge tal como se le ofrece, un brindarse que, desde luego, nada tiene que ver con una Realidad objetiva con mayúsculas que deviene inaccesible para un sujeto limitado por su sensibilidad. Ese mundo fáctico que se da al hombre que lo habita desde el instante de su nacimiento no es un conjunto de objetos cristalinos, de sólidos de formas perfectas y plenamente visibles en todas sus facetas, sino que es un universo práxico. Éste está conformado por esas cosas impregnadas siempre de fealdad o belleza, de comodidad o molestia, de gracias o sinsabores y un largo etcétera de matices subjetivos que vamos depositando en aquello que nos rodea. El mundo en el que estamos es la (no una) mesa en la que redacté mi Tesis cuyo color y textura me agradan; el (no un) cuadro regalado por una persona querida; el (no un) libro subrayado tantas veces que ya resulta ilegible... puntos suspensivos que apuntan a un horizonte indeterminado que se amplía conforme se anda el camino de la existencia. Pero, por muy extenso que sea, será mío, alimentado por lo a-la-mano que siempre estará ahí, aunque no necesariamente en el modo del ahora. La teoría cede el terreno a la práctica en un universo jamás neutro. Existimos -sin hacer cuestión de la existencia-en un mundo natural fáctico que se nos dona como real sin grietas por las que pueda colarse la duda acerca de su ser. A dicho universo le es inherente dilatarse horizontalmente, un ensanchamiento en el que lo realizado, lo realizable y lo que se está realizando conviven. Mas este mundo en el que estamos es aquí-ahora, de ahí que sea necesario hablar de un vector espacial y otro temporal. Respecto al espacio, cabe afirmar que cada cosa-para-mí coloreada por el transcurrir de mi vida, remite a un horizonte indeterminado de objetos que pueblan este entorno en el que me muevo. Nada hay deslavazado, sino que la más nimia de las cosas que tiene sentido para mí está inserta en una compleja y tupida red de cuerpos físicos dispuestos espacialmente. Así, esta mesa en la que ahora me apoyo arrastra consigo la silla que se le enfrenta, la habitación en la que está situada... que, a su vez, apuntan al suelo firme que se extiende allende la puerta. En última instancia, una "simple" mesa pone en juego a todo el mundo en su forma espacial vivida. Pero, cruzándose con este espacio desarrollado centrífugamente respecto a mi existencia, encontramos el vector del tiempo estructurado en la línea pasado-presente-futuro, cajones de los que no queremos prescindir para ordenar una vida que, casi siempre, se resiste a cualquier tipo de cuadrículas. Hasta ahora hemos descrito los ejes esenciales de la "actitud natural" que nos han puesto de manifiesto que la realidad se hace equivaler a lo existente de hecho tal y como se me ofrece a mí. Es momento de presionar el "on" del ordenador, entrar en SecondLife y considerar qué sucede, sin abandonar en ningún instante la posición natural. Dispongamos a navegar en primera persona. Sentada frente a la pantalla, pincho el icono de Internet y anoto la dirección www.secondlife.com. La página web inicial me anuncia que acabo de entrar en un mundo digital creado por sus residentes, rótulo acompañado de imágenes cambiantes que pretenden ser las fotos de presentación de dicho universo. Me registro (en su versión gratuita) introduciendo un nombre propio (no necesariamente el real), escogiendo un apellido de entre una larga lista (cerrada) y tecleando una dirección de correo electrónico -eso sí, realmente existente-. A continuación, se me solicita que elija mi "avatar", i.e., la apariencia física que voy a tener en la pantalla y que los otros habitantes de SecondLife van a ver de mí. Tengo doce opciones -desde el modelo corriente "next door" hasta el llamativo "cybergoth", en sus versiones masculina y femenina-, que se harían infinitas si dispusiese de una tarjeta de crédito y transformase los euros en Linden Dollars. Seleccionado mi avatar o cuerpo objeto para los otros y para mí, he de cumplimentar una página con mis datos reales (nadie va a verificarlos) y mi mail que quedarán anexionados a mi nombre ficticio y a mi apariencia "física", pero que jamás serán conocidos por los otros residentes. Mi "identidad" está, pues, a salvo y puedo "teletransportarme" cual si fuese Mr. Spock abandonando la nave "Enterprise". Volviendo la vista atrás, me apercibo de que me he inventado un nombre, he elegido una forma físico-digital con la que presentarme o, en otros términos, me he re-creado en un mundo diferente al que habito fácticamente al rebautizarme y al seleccionar un avatar. Se da aquí una duplicación de planos, niveles que, en ningún momento, son confundidos: yo, la que esto escribe, me llamo "X", soy la que está sentada frente al ordenador, con un cuerpo viviente que experimento como cansado, inmersa en un mundo palpablemente real que se extiende de manera consistente en el espacio-tiempo, aspectos de los que soy certeramente consciente. Lo que tengo delante es una copia digital de mí que se presenta con una determinada figura corpórea 6 -tanto a mí como a los habitantes del universo virtual-y que se mueve con soltura en una ciudad digitalmente creada que puede ser descompuesta en pixels. Jamás dudo de que la realidad está aquende y si alguien me pregunta el porqué de mi certeza pongo en tela de juicio su cordura. En la "actitud natural" lo real es lo aquíahora fáctico y aquello que no cumple este requisito es un "simulacro", una "alucinación" 7 (Husserl, 1992(Husserl, [1913]]: § 30, 61, [53]). En resumidas cuentas, en dicha posición no hay rendija por la que la realidad devenga virtual ni viceversa, de ahí que, incluso, sea conveniente cambiar la expresión "realidad virtual" por otra que se ajuste más a lo experimentado. Quizás sea más adecuada la fórmula "simulación virtual", pero, más allá de este posible relevo lingüístico, lo importante es hacer notar que lo real sólo es lo existente fácticamente. Todo lo demás son molinos de viento que parecen gigantes. Lo real es lo real existente fácticamente que se me da. Parece que toda palabra que se añada a esta máxima sería un juego conceptual inútil propio de gentes sin juicio, ya que en ella queda resumida la evidencia del mundo natural y la conciencia cierta de estar en él. El problema es que sobre la certidumbre del universo fáctico se asienta la posibilidad de toda realidad, incluso la humana, lo cual supone que el hombre y sus actos son concebidos como meros elementos fácticos. De este modo, la existencia se convierte en un asunto material cuyos problemas han de ser resueltos como cuestiones de hechos, perdiéndose así la capacidad de formular interrogantes acerca del "sentido o el sinsentido de toda esta existencia humana" (Husserl, 1992: § 2, 4). Estas preguntas son fundamentales ya que atañen al hombre "en cuanto que es libre, dentro de sus posibilidades, de otorgarse y de otorgar a su mundo circundante una forma racional" (Husserl, 1992: § 2, 4). En definitiva, si seguimos con la definición de la realidad que manejamos en la "actitud natural" estamos abocados a una objetivación positivista del ser humano que no puede ser consentida por una filosofía que pretende hacer cuestión del sentido (o su falta) existencial y a la que no le faltan pretensiones éticas 8. Así pues, para que el hombre pueda escapar a tan terrible aplanamiento, es necesario cuestionarse acerca de la evidencia irrecusable del mundo manifiesta en la posición descrita hasta el momento o, en otros términos, es imprescindible convertir en interrogante la concepción de la realidad que la hace equivalente a lo que se me da fácticamente. No es momento ni lugar para detenernos en la devolución de la dignidad al ser humano, pues nuestro objetivo sigue siendo el de analizar el fenómeno de la "realidad virtual". Pero, aunque no consideremos aquella restitución como nuestra meta, lo cierto es que en el camino para lograrla la concepción de la realidad va transformándose y su cañamazo conceptual se ve iluminado. En otros términos, siguiendo la senda marcada por Husserl lo real enseña sus entrañas y nos permite determinar su quid allende los límites fácticos. El Positivismo del siglo XIX así como la creencia en la omnipotencia de las ciencias naturales fundamentada en sus innegables logros, asentaron una determinada idea de realidad en la sociedad occidental europea. Dicha concepción giraba en torno a la facticidad apercibida por los sentidos humanos -en especial, el de la vista-, lo que, sin duda, suponía un aplanamiento de lo que es 9. Además, tomaban como punto de partida indiscutible la existencia del mundo tal y como lo concebían: pura facticidad. Pero el verdadero problema no residió tanto en convertir en tesis absoluta lo que era una creencia -basándose en la cual ofrecieron una determinada definición de lo real-, sino en universalizar ambos puntos. En ese mismo instante, lo que eran meros constructos de una cultura concreta, se tornaron en patrón indiscutible de lo que verdaderamente se daba. La afirmación de la existencia del mundo fáctico como pivote alrededor del cual se desplegaba centrífugamente lo que hay se convirtió en dogma y cualquier cuestionamiento de su carácter basal conllevaba, casi automáticamente, su ridiculización o su expulsión de un Saber cada vez más escuálido -"castigos" que la Filosofía experimentó en primera persona-. Pero, si se persigue la disolución de la definición positivista del ser humano es imprescindible poner en tela de juicio dicha tesis, hacer epojé de la misma 10, ponerla entre paréntesis. Mediante esta estrategia, nos percatamos de que lo que se tenía por fundamento inconmovible de todo el edificio sapiencial no es tan firme como se creía y, por lo tanto, es susceptible de un cuestionamiento profundo y, quizás, esclarecedor. Con la epojé, pues, asistimos nuevamente al tránsito de la doxa a la episteme, de la creencia a la ciencia rigurosa. Ahora bien, en el mismo momento en que consideramos que hay que interrogar la tesis puntal de la perspectiva naturo-positivista estamos abandonando la "actitud natural" -que, realmente, jamás se puede dejar de lado-y tomando otra posición de corte teorético que supondrá el punto de inicio de una larga serie de reducciones que Husserl resume con el título de "reducción fenomenológica" (Husserl, 1992(Husserl, [1913]]: § 33, 69 [60]). Pero nosotros somos seres humanos insertos desde nuestro nacimiento hasta el fin de nuestro días -e, incluso, más allá de nuestra muerte ya que nuestro recuerdo está mediatizado-en una cultura concreta que condiciona nuestra manera de pensar, sentir y actuar. En otros términos, el dogma de la existencia fáctica del mundo es nuestra segunda piel, de ahí que para cuestionarlo hayamos de tomar distancia 11 respecto de nuestra placenta cultural y convertirnos en espectadores desinteresados de la misma 12. Mediante la realización de este esfuerzo nos apercibimos de tres cosas: por un lado, que nuestra cultura es una más entre otras (pares inter pares) que se ha configurado a lo largo de un determinado devenir histórico; por otra parte, que no existe una Realidad en sí al margen de lo subjetivo, sino que las realidades asoman al mundo en tanto que vividas por un sujeto concreto. Finalmente, que si es plausible poner fuera de juego la existencia fáctica del mundo, entonces -en un quiebro de reminiscencias cartesianas-dicha tesis no puede ser el fulcro del Saber. Así pues, lo que antes era un dogma de fe se convierte en una creencia entre otras que sólo se acepta por motivos culturales que, para qué negarlo, están sembrados de intereses acomodaticios. Nos hemos quedado sin mundo, sin suelo firme en el que apoyarnos pero, ¿qué sentido tendría un método (no escéptico) si nos llevase a un callejón sin salida? La metodología fenomenológica cierra puertas a lo fáctico y abre ventanas por las que se cuela un sujeto viviente al que le es inherente una perspectiva desde la que percibir (en sentido laxo) el mundo. Éste ya no puede ser una Realidad independiente (o "en sí"), sino un "para mí", el otro extremo de la cuerda de mi experiencia perceptiva corpóreo-corporal. Ahora bien, si nos quedásemos en este punto estaríamos muy cerca de convertir el medio entorno en una suma de alucinaciones individuales, pasando así del aplanamiento de lo fáctico a la incoherencia de la locura. Para evitar tal absurdo, resulta evidente la defensa de una estructura racional de la experiencia (San Martín, 2005: 166) en la que van a entreverarse los elementos subjetivos -que dependen del transcurso vital de cada cual-y los componentes intersubjetivos por los que cada percepción enlaza con la de otros seres humanos. El mundo es, pues, mío en cuanto que lo vivo y lo coloreo de una determinada manera condicionada por el devenir de mi existencia, al tiempo que es de todos, esa placenta en la que nos reconocemos, en la que convivimos sorteando los límites del delirio. En cierto modo, el otro y yo somos los mutuos garantes de nuestras respectivas corduras al ser árbitros de nuestro estar en /al mundo. Con la epojé y sucesivas reducciones se arriba a la conclusión de que el universo lo es para un sujeto que lo habita, un sujeto dotado de cuerpo y cuyo ser es inconcebible sin el del otro. Tomemos esta tesis como nuevo punto de partida de nuestro estudio sobre la realidad virtual y, con la sola fuerza de la contundencia de las afirmaciones, dejemos que nuestro peculiar barco bese la orilla que considere oportuna. Somos cuerpo -idea que Merleau-Ponty llevó a su cenit (Merleau-Ponty, 1945, 175)-, mas, en primera persona, no nos consideramos un conjunto de huesos y músculos, sino que nos vivimos "desde dentro", nos sentimos autointerpretándonos (Merleau-Ponty, 1945, 175) y nos convertimos en el "punto cero" (Husserl, 1952: § 41, 158) a partir del cual el mundo se despliega: éste ya no es la facticidad en sí; por el contrario, es la comodidad/la incomodidad, la belleza/la fealdad, la facilidad/la traba, etc., pares de contrarios cuyo significado viene definido por aquella corporalidad. Pero, además, el cuerpo que soy/somos es el Nullpunkt a partir del cual se desarrolla un espacio vivido (mi izquierda, mi derecha, a dos pasos de mi...) que no se ajusta a la objetividad métrica de la Ciencia, sino a las necesidades de un sujeto humano inserto en un mundo del que se alimenta y al que nutre -reversibilidad que no cabe olvidar. Dicha espacialidad primaria varía en función del movimiento corpóreo-somático, un movimiento que, a su vez, responde a las peculiares llamadas del mundo habitado organizando las diferentes "partes" del cuerpo para que la "respuesta" sea la indicada. Demasiadas palabras para algo tan simple: imagínense que estoy sentada y he de alcanzar un libro que está a mi derecha, cerca pero también lejos porque no puedo asirlo sin levantarme. Sin pensar, yo-cuerpo 13 ando unos pasos -para lo cual, mi corporalidad ha de estructurarse convenientemente-, doblo la espalda y, por fin, llego al libro, a ese libro que me apetece hojear, cuyo lomo acaricio y del cual me llega el olor de la antigüedad del Saber, etc. Pero en esta experiencia tan simple, incluso banal, hay algo más que cabe resaltar: su repetibilidad tanto por mí como por el otro. Si en otro instante de mi vida, me encuentro en mi silla y quiero coger lo que está a mi derecha, cerca/lejos puedo repetir el proceso antes indicado o, simplemente, imaginarlo. Mi prójimo también puede reproducir esos pasos y alzarse con el premio del libro. Nos encontramos aquí con un cañamazo experiencial prieto que, en su ser urdido conjuntamente por los otros y por mí, nos aleja del abismo de la alucinación ya que hace factible la reproductibilidad de las percepciones. El cuerpo que soy/somos no es -como ya indicamos-un órgano anatomofisiológico únicamente susceptible de explicaciones causales, sino que es una corporalidad viviente en contacto permanente con un mundo que es su otro rostro. Dicho soma se autointerpreta, hermenéutica que debe su peculiaridad a la ausencia de distancia entre el sujeto que experimenta y lo experimentado. No estamos ante una corporeidad objetiva que me sería completamente visible; por el contrario, nos hallamos ante una corporalidad que se siente en relación con su estar-en/al-mundo, con la actividad que ha de desarrollar en él, una imbricación tan estrecha entre sensibilidad sentimental y medio que se habita que, incluso, aunque un miembro desaparezca físicamente se continúa experimentándolo y se sigue tendiendo hacia el entorno como si estuviese aún presente (Merleau-Ponty, 1945, 97 y ss.). Pero, además, el cuerpo que soy/somos es "aquello" con lo que he nacido, aseveración que va de suyo y que, sin embargo, cabe remarcar debido a la moda actual de reconstruir nuestra figura mediante la cirugía -incluso, ha logrado cotas artísticas en Orlan-, modificación que, obviamente, tiene su correlato en la forma de experimentarlo. Mi mundo se articula en torno al soma consciente -o su equivalente en un lenguaje más clásico, alrededor de la conciencia encarnada-capaz de percepciones que aúnan lo personal y lo ajeno, y que se insertan en una corriente perceptiva intersubjetiva en la que prima la reproductibilidad en el espacio-tiempo. Ahora bien, ¿sucede lo mismo cuando yo, X, entro en SecondLife? En primer lugar, elijo la forma con la que presentarme ante los otros, es decir, selecciono qué figura física objetiva van a captar, imagen que, incluso, puedo construir punto por punto -en la versión de pago-y que se ajusta a los deseos no cumplidos en mi existencia aquende la pantalla. Además, ese avatar es también visible para mí de manera que cuando, con las teclas de flechas, lo hago moverse, me es posible observar como si fuera otro cualquiera el movimiento de mi representante. Todas sus caras me son accesibles como objeto que es y cuando se cae, vuela, etc., no siento su dolor o su sensación de ligereza. Es mi copia pixelada en otro mundo, una cosa que me obedece inserta en un medio construido digitalmente, aunque, pese a ser un mero objeto, es capaz de ser el punto cero de una espacialidad primaria. Mi avatar es el centro que define su izquierda, su derecha..., un curioso juego de posesivos que pone de manifiesto la duplicación de cuerpos así como de los mundos que cada uno de ellos habita. A este lado del ordenador estoy yo, cuerpo consciente que se experimenta en primera persona, creador de un espacio vivido según el cual, en estos momentos, la impresora está a mi derecha, la ventana a mi izquierda, el bolígrafo rojo cerca, etc. Allende la pantalla está mi representación avatárica, corporeidad-cosa a la que únicamente tengo acceso visualmente, que no puedo sentir de primera mano, origen de un espacio que, en estos instantes, señala que a su derecha está el jardín, a su izquierda la puerta del ágora... Es obvio, pues, que no compartimos el horizonte espacial, que se produce una incoherencia en dicho vector que nos indica con suma claridad que estamos en dos mundos diferentes. Estamos ante un aquí y un allí a los que, además, les corresponde un horizonte temporal diferente. Si aquende soy lo que fui, lo que soy y aspiro -o me dejo llevar-a lo que seré, en un transcurrir existencial en el que me transformo en mi contacto con el mundo, allende el pasado es el simple historial de mis conexiones, el ahora se corresponde con la duración de mi sesión actual y el futuro es un plausible reentrar en SecondLife. No hay en esta forzada "línea" temporal una modificación de mi avatar, el cual sigue con su misma apariencia física y que, si no es por mi experiencia como humana real-real, volvería a empezar cada vez de cero. La memoria virtual depende de mi recuerdo, haciéndose notar aquí, una vez más, la dependencia unidireccional de la esfera digital respecto de la experimentada en primera persona. En mi estar más acá de la pantalla -peculiar espejo de una nueva Alicia-soy/somos cuerpo de manera que éste es mi quicio con el mundo, siendo impensable cualquier experiencia del entorno que acaezca sin la presencia de aquél. Puesto que a la presencia encarnada le es inherente un aquí-ahora, las percepciones -en sentido laxo-se producen siempre desde una determinada perspectiva, la cual, unida al peso de las experiencias temporales, deviene personal. Este carácter no se mantiene en mi avatar. Puede suceder que le ceda a mi amigo el ordenador y que él dirija a mi representación física, viendo, por tanto, lo que mi imagen pixelada le presenta. El otro, pues, ha hecho suya la perspectiva de mi avatar sin que éste ni yo nos hayamos visto afectados. Parece que nos encontramos ante una representación digital que bien puede ser considerada como una nave susceptible de ser capitaneada por múltiples seres humanos reales-reales o -para ofrecer una descripción actual-como el exoesqueleto de Stelarc capaz de ser manejado por cualquiera que se ofrezca a ello. En definitiva, resulta obvio que en el mundo virtual yo no soy mi cuerpo, sino que soy representada por una corporeidad objetiva concebida como mero continente que ni siquiera me pertenece y al que no soy capaz de experimentar en primera persona. Aquende y allende están separados no sólo por una frágil pantalla, sino por la consistencia de una realidad-real y por la debilidad de una "realidad" virtual dependiente de aquella otra. En el caso de la existencia en el más acá, parece innegable que existe un cañamazo bien trabado entre el mundo, el otro y yo, de manera que no podemos vivir sin estar en el medio entorno o sin dirigirnos hacia él, un en y hacia que siempre se producen con ese prójimo que me acompaña hasta con sus silencios. Pero, además, tanto él como yo somos sujetos corporales, experimentamos los sucesos, los objetos, etc., dependiendo de nuestra perspectiva así como del devenir vital, ejes que no son intercambiables. Se mezclan aquí lo estrictamente individual y lo intersubjetivo, amalgama que, por un lado, evita la caída en un solipsismo paranoico y, por otra parte, permite la salvaguarda mutua de nuestra cordura. Conjunta, corporalmente, con experiencias coherentes espacio-temporalmente y con el ser ajeno, y en comunión con el mundo: he aquí algunos de los rasgos fundamentales que definen la realidad-real compacta. Frente a ésta se alza la débil "realidad" virtual. Si aquende nos encontrábamos con un tapiz tejido con los hilos mundanos, propios y ajenos, allende nos hallamos ante una parcela fragmentada de un universo tecnológico en constante reactualización. Dicha precariedad se manifiesta en la reducción de lo que soy a un avatar pixelado al que yo (X real-real) soy incapaz de trasvasar mis sentimientos, de expresarme en él, de convertirlo en mi alter ego. Sólo es un títere que dura tanto como una sesión, cuya existencia depende de mi deseo veleidoso de ser habitante de SecondLife ya que al cesar mi anhelo, la imagen física desaparecerá sin dejar rastro en el ciberespacio. Ni tan siquiera tiene la oportunidad de dibujar una determinada ordenación del espacio que supuestamente habita -ese orden de las cosas que tanto echamos de menos cuando una persona conocida fallece-porque el entorno en el que se mueve está cerrado y sólo le posibilita hacer lo que puede ser hecho y porque, además, su ser se limita a unas sesiones en las que siempre comienza de cero anulándose así cualquier conato de temporalidad impregnante. No hay un mundo coloreado avatáricamente, sino un universo digital construido por demiurgos informáticos escondidos en servidores. En dicho entorno pixelado sólo cabe un cuerpo objetivo que ora puede ser manejado por mí, ora por el otro, una intercambiabilidad que aniquila tanto la individualidad digital como la alteridad virtual. Sin un prójimo que me confirme, sin un yo que lo reafirme, sin un mundo en el que encontrarnos con nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestros actos expresados magistralmente por la conciencia encarnada, la "realidad" deviene un simulacro, una burda imitación de la realidad-real que nos acoge y a la que modificamos sin cesar en/hacia nuestro ser/estar (être) en ella. Para hablar de realidad-real no basta con unos gráficos impresionantes, con la conexión simultánea de más de 8 millones de personas, con promesas de una segunda vida mejor, con la elección de nombre o de apariencia física, con la posibilidad de gastar dinero y construir una segunda vida que supere el "quiero y no puedo" de la existencia cotidiana... Eso puede ser válido para un allende lúdico -pese a que los "secondlifianos" se consideren residentes, no jugadores-sin más consecuencias que los SIMS, pero no para un aquende que se nutre de una mismidad, una alteridad y una mundaneidad tan estrechamente unidas que hasta deviene absurdo separarlas terminológicamente. Tríada indisoluble que impide que los molinos se presenten como gigantes. CONCLUSIÓN: DE MOLINOS Y GIGANTES A lo largo de estas páginas hemos intentado asentar las bases para un estudio sobre la realidad virtual, siendo conscientes de que apenas hemos arañado la superficie de un fenómeno complejo cuya problematicidad aumentará geométricamente en años venideros debido al innegable avance tecnológico. Ahora se trata de una cuestión que bien puede reducirse al juego de unos dioses de pacotilla que se divierten cual niños vistiendo a unos muñecos pixelados articulados y que comparten con otros infantes adultos aventuras "peterpanescas" en un mundo digital. La frontera entre lo real y lo virtual aún es nítida dada la distancia existente entre el sujeto corporal que soy/somos y el ordenador, entre unas acciones con consecuencias incluso sociales y unos actos cuyo alcance queda limitado por el cierre de una sesión... Pero, quizás, en apenas un lustro -posiblemente, menos-tal diafanidad puede enturbiarse si tenemos en cuenta la progresión que ha experimentado la creación digital. No resulta absurdo pensar en experimentos -similares a los que se realizaron para comprobar la visión estereoscópica-que impidiesen a una persona diferenciar la realidad cotidiana de la que le hacen sentir mediante artilugios diversos, "ficción" digital en la que él se sentiría implicado, en contacto con los otros y habitando un mundo como si fuese el real. Este simple caso ya pondría a la Filosofía en duro brete y
RESUMEN: Marc Richir ha mostrado en obras recientes la importancia de un análisis fenomenológico de las relaciones complejas entre fantasía, imaginación y afectividad, a fin de descifrar nuestra "demasiado humana" naturaleza. La terra incognita que se deja contemplar desde tal encrucijada de conceptos es difícil de analizar y plantea el reto de comprender que no podemos "medir" nuestra "condición humana" sin tomar en consideración las dimensiones imaginativas y afectivas, las fronteras de la razón, los puntales de la institución simbólica, la presencia savage y no perceptible de la Stimmung. En este particular contexto no es un detalle, a nuestro parecer, la referencia hecha por Richir a Maine de Biran; pues él cree que Biran es el filósofo que "mejor que ningún otro, y mucho antes de Heidegger" comprendió y analizó con mayor rigor las singulares características de esta terra incognita ("continente perdido", dice Biran) de la Stimmung, de las tonalidades, variaciones y erupciones, afectivas. Este ensayo pretende subrayar los puntos fundamentales de la posición de Richir al respecto, pero también, y sobre todo, mediar en la contribución de Maine de Biran a la comprensión de la tonalidad siempre bizarra que baña al mundo cuando nos aparece en su Jemeiningkeit.
Las Neurociencias han realizado espectaculares avances en las últimas décadas con el objetivo de desentrañar las características del sistema nervioso como responsable de cualquier comportamiento realizado por cada especie animal, incluida la humana. Para empezar, existe un cierto consenso en que las capacidades conductuales dependen, en parte, de la carga genética de un individuo y, en parte, de las características del ambiente en el que éste se desarrolla y ubica. El peso de la carga genética disminuye con la duración del ciclo vital. Así, un grillo que tiene un ciclo vital corto (alrededor de cinco meses) presenta una capacidad limitada de "Pese a la imaginación que los escritores de relatos fantásticos y todo Hollywood pone en el caso, nunca nadie imaginó una emoción en los marcianos que no esté ya presente en nuestro catálogo [...] las emociones son personales y experienciables, pero no podemos imaginar en los demás nada que nosotros no seamos también capaces de sentir." José María Delgado-García, 2004 aprendizaje, de manera que su repertorio de canto, conducta de cortejo y apareamiento, etc., están prácticamente limitados a sus características genéticas. Sin embargo, un pájaro como el canario, con un ciclo vital bastante más largo (alrededor de 12 años), y que comparte el tiempo de su desarrollo con sus progenitores y otros adultos, tiene la posibilidad de modificar algunas de sus conductas a través del aprendizaje. En el caso de las personas, el ciclo vital es muy largo (alrededor de 75 años) y, especialmente extenso en las etapas infantil y de adolescencia, por lo que, a la características comportamentales heredadas se puede añadir una importante influencia del medio físico y social que envuelve al individuo. El peso que la genética y el ambiente imprimen sobre el comportamiento humano también varía en las distintas etapas vitales. En general, los niños y adolescentes son más vulnerables al ambiente físico y social que sus mayores, mientras que, una vez adultos, en su carácter sobresalen las características heredadas. Al margen de los avances científicos, existe una percepción social de la relevancia de estas influencias. Por ejemplo, los pedagogos y educadores creen que el comportamiento futuro de un individuo depende en gran medida del ambiente (es decir, de su trabajo), mientras que los padres creen que el mayor peso recae en los genes (es decir, en los suyos). Al margen de las habilidades innatas desarrolladas por un individuo, el comportamiento puede ser adquirido a través del aprendizaje, que es la capacidad de formar nuevas conductas a través de la experiencia, lo que permite la adaptación a nuevas situaciones ambientales y sociales. En todos los casos, se debe tener en cuenta que cualquier capacidad para desarrollar una nueva conducta vendrá limitada por las posibilidades del cerebro del individuo. La ciencia ficción presenta hombres voladores, como Superman; pero el ser humano no puede volar. Esta limitación no es sólo por el hecho de no poseer alas o cualquier otro sistema de propulsión por el aire, sino que, principalmente, porque el cerebro humano no tiene los circuitos neuronales necesarios para producir el vuelo, como sí los tiene para andar o nadar. La adquisición de comportamientos sencillos puede realizarse mediante diversas formas básicas de aprendizaje, mientras que los comportamientos más complejos se adquieren por múltiples combinaciones de estas formas sim-ples. A través del aprendizaje perceptivo se pueden identificar las características de un objeto, o de una persona. Así, se puede reconocer un piano por su forma o por el sonido que emite al tocarlo el pianista y se puede reconocer incluso sin estar acompañado por la imagen visual, a través de una grabación. El aprendizaje perceptivo puede extenderse a aprendizaje motor si se requiere una acción; por ejemplo, aprender a tocar el instrumento mencionado. El aprendizaje asociativo es también una forma básica de aprendizaje que requiere o bien la asociación entre dos estímulos (condicionamiento clásico o pavloviano) o bien la asociación entre una respuesta y sus consecuencias (condicionamiento operante o instrumental). El condicionamiento clásico fue descrito por Iván P. Pavlov a finales del siglo XIX, a partir de una serie de conocidos experimentos en los que se demostró que se podía asociar el sonido de un diapasón a la presencia de comida, de manera que un perro empezaba a salivar con la mera presencia del sonido y antes de que la comida llegara a su boca. El aprendizaje mediante condicionamiento instrumental es mucho más diverso y flexible ya que se aprende, en situaciones concretas, que una determinada conducta es reforzada de forma positiva o negativa. La probabilidad de que se incremente la frecuencia de dicha conducta aumenta en el primer caso y disminuye en el segundo. El aprendizaje asociativo está limitado a factores biológicos y a las características del cerebro, de manera que no se puede producir asociación de dos estímulos cualquiera que se encuentren en el ambiente. Además, la naturaleza de los refuerzos no es universal y depende de la situación y de las preferencias del individuo. El olor a gasolina puede ser desagradable para muchas personas o puede ser muy agradable para aquella que le recuerda cuando siendo niño su padre le permitía acompañarle en el taller mecánico donde trabajaba y juguetear con las herramientas. A menudo, en los anuncios publicitarios se presenta una asociación entre el producto que se quiere recomendar y estímulos que se consideran placenteros para los posibles usuarios y compradores. El aprendizaje relacional es una de las formas más complejas de aprendizaje básico y supone el reconocimiento de objetos, su localización espacial y la secuencia de acontecimientos que tiene lugar en una determinada situación. Se puede aprender a tocar el piano, pero, además, se puede hacer con estilos, y en situaciones, muy diferentes. Para poder aprender se requiere la capacidad de memorizar, que es el proceso por el cual el conocimiento adquirido se codifica, se almacena y queda disponible para su recuperación en el momento preciso. La memoria es crítica tanto para la supervivencia como para la creación de una identidad personal. Según su duración, se habla de memoria a corto plazo, que es inmediata o dura pocos minutos, y de memoria a largo plazo, si queda almacenada por un tiempo considerable. El proceso de convertir la memoria de corto plazo en largo plazo se conoce como consolidación. Por su contenido, la memoria se clasifica como declarativa (o explícita, o episódica) si puede relatarse verbalmente; por ejemplo, la descripción de una serie de sucesos acaecidos en el pasado. A su vez, la memoria se denomina implícita (o no declarativa) si se muestra a través de actuaciones sin necesidad de relato verbal; por ejemplo, interpretar la Sonata para piano n.o 17, de Beethoven. La memoria explícita es muy flexible e involucra la asociación de múltiples aspectos, lo que puede dar pie a la fabulación en el relato. Por el contrario, la memoria implícita es más rígida y estrechamente conectada con el estímulo original por el que tuvo lugar. Si el intérprete no recuerda la pieza aprendida o confunde algún movimiento al tocarla, el error va a ser identificado por los oyentes que la conozcan. En general, es más fácil hacer creíble una historia descrita o apoyada en el diálogo que con meras acciones. La memoria emocional no consciente de eventos dolorosos permite reconocer y responder apropiadamente a los hechos reales, tanto en ambientes naturales como sociales. La memoria episódica de eventos, que involucra la experiencia personal, es necesaria para la conectividad psicológica y la contigüidad que ofrece la sensación de persistir a través del tiempo, como una misma persona. Otras formas de memoria incluyen la memoria de procedimiento no consciente, que permite realizar tareas motoras básicas, que permiten recuperar tanto conceptos como hechos. La memoria semántica y la episódica son dos formas de memoria declarativa, que permiten recordar hechos y eventos. Finalmente, la memoria de trabajo es una versión reducida de la memoria declarativa que se requiere para tareas cognitivas complejas, como el razonamiento y la toma de decisiones (Glannon, 2007). Las categorías que se utilizan para clasificar la memoria resultan convenientes para objetivar el estudio; sin embargo, en la vida actual raramente actúan de forma independiente (Walker y Stic-kgold, 2004). Por ejemplo, para la adquisición del lenguaje se requiere una combinación de fuentes de memoria, que van desde la memoria no declarativa a programas motores adecuados para articular el habla o, incluso, la memoria de normas y estructuras gramaticales, a través de la memoria declarativa, para la selección de las palabras. La pérdida de la memoria se denomina amnesia y se considera un proceso patológico cuando la misma se produce de forma severa o en adultos jóvenes, de manera que incapacita a la persona para mostrar un comportamiento normal. La pérdida de memoria ha fascinado al mundo literario y cinematográfico, puesto que permite desarrollar numerosas y complejas tramas. Un ejemplo claro es el protagonizado por Guy Pierce en la película "Memento" aquejado de una amnesia retrógrada, que le obliga a realizar notas, fotografías y tatuajes repetidamente para sustituir la memoria que le falta. Un ejemplo actual es la película estrenada recientemente con el título de "El ultimátum de Bourne", que cierra una trilogía inspirada en el amnésico personaje creado por el escritor Robert Ludlum y que está interpretada por Matt Damon. El sistema nervioso está dotado de una estructura y función que, aunque no del todo conocida hasta la fecha, le ha proporcionado a cada especie de una valiosa herramienta que le permite adaptarse con gran precisión en el entorno en el que se ubica. El cerebro está constituido por dos clases de células: las neuronas y las células gliales. La neurona es la célula característica del sistema nervioso. La neurona se compone generalmente de tres partes: dendritas (arborización, en griego), soma (o cuerpo neuronal), donde se ubica el núcleo celular y axón (o cilindroeje), que es la prolongación mediante la cual cada neurona contacta con otros cuerpos neuronales (Figura 1). Las células gliales (glia: cemento, en griego) cumplen funciones de sostén del tejido nervioso, así como otras funciones nutricionales y de facilitación de la comunicación neuronal. Las neuronas presentan una vistosa diversidad morfológica si se las compara con la estructura de las células que componen otros órganos y tejidos, como la piel, el páncreas, o el corazón. Esta variedad morfológica se acompaña de una gran diversidad en la capacidad funcional, lo que proporciona múltiples posibilidades, no tanto de realizar comportamientos distintos, sino de realizarlos con un alto grado de precisión. El ser humano muestra ciertas capacidades diferenciales con el resto de especies, aunque numerosos animales pueden aventajarle en habilidades motoras o sensoriales. Por ejemplo, un murciélago puede percibir ultrasonidos y algunas serpientes pueden detectar radiaciones infrarrojas, posibilidades sensoriales con las que no cuenta el hombre. La ventaja más evidente del cerebro humano radica en sus habilidades de tipo intelectual, como el pensamiento abstracto, lo que se asume que es debido a la mayor encefalización del ser humano actual, el Homo sapiens (Figura 2). La principal diferencia entre los cerebros de especies diferentes no radica ni en la estructura de las neuronas ni en sus funciones básicas, que es muy similar, sino en el número de neuronas de cada tipo, así como en el tamaño de sus cuerpos celulares y en la complejidad de sus interconexiones. El cerebro humano contiene unas 1.0 12 neuronas, que representa un número ciertamente difícil de valorar. Si cada neurona tuviese el tamaño de un grano de arena (aproximadamente 1 mm 2 ), en 1 mm 3 cabrían 10 9 granos de arena, lo que pesaría casi una tonelada. Hasta conseguir los 1.0 12 granos de arena se necesitarían mil toneladas, que es equivalente a 20 vagones de tren repletos de granos de arena. Fotografía de varias neuronas de la corteza del cerebelo. Las estructuras redondeadas corresponden a los somas neuronales de los que emanan varios filamentos que son las dendritas. El axón, por su pequeño diámetro, es de difícil visualización. La fotografía se ha realizado en la División de Neurociencias de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Asimismo, las neuronas están densamente interconectadas a través de sus axones. Si cada neurona puede tener una media de 10 3 contactos con otras neuronas y puede recibir un número similar, se obtiene un total de 1.0 15 contactos entre neuronas en un cerebro humano. Si aceptamos, además, que cada axón neuronal tiene un diámetro medio de 0,01 mm, tenemos que el grosor del cable que conecta todas las neuronas es ¡mayor que el diámetro de la Tierra! Esta imbricada maquinaria es capaz de procesar la información sensorial que le ofrece un determinado entorno y diseñar las órdenes motoras precisas para cada momento, amén de producir el pensamiento que caracteriza al ser humano. Este preciado organismo debemos suponer que debe estar especialmente protegido de agresiones internas y externas; y así es. Por una parte, esta rodeado de huesos de gran dureza: el cráneo protege el encéfalo y la columna vertebral a la médula espinal. Además, está inmerso en líquido (el líquido cefalorraquídeo) lo que constituye un excelente sistema de amortiguación de golpes. Por último, tiene hay una serie de membranas y estructuras que rodean el sistema nervioso, dificultando la entrada al mismo de sustancias potencialmente tóxicas. A pesar de haber descrito al cerebro como un órgano casi perfecto, en la actualidad sabemos que esto no es del todo cierto, puesto que en numerosas ocasiones el cerebro "engaña". El sistema nervioso elabora la información al servicio del individuo que lo posee e intenta que esta información se procese del modo más rápido y fidedigno posible. Sin embargo, cuando carece de partes de la información puede inferirlas a partir de experiencias pasadas. Además, es importante recordar que las motivaciones de la persona, sus emociones y su aprendizaje previo también modulan la información percibida. Algunos de los ejemplos más ilustrativos de este punto se han conseguido mediante ilusiones ópticas. Por ejemplo, si se observa por primera vez la imagen de la Figura 3, cuesta distinguir algún objeto concreto en ella. Gráfica del índice de encefalización en varias especies de mamíferos. El índice de encefalización se halla indicando el peso del cerebro de diversas especies en función del peso total de su cuerpo, ambos representados en la figura en valores logarítmicos. La línea pespunteada es la recta de regresión que señala la relación esperada según los valores medios registrados en distintas especies de mamíferos. Los círculos negros indican los primates y los círculos blancos mamíferos no primates. Todos los animales cuyos valores están por encima de la recta de regresión tienen un nivel de encefalización superior al esperado, mientras que los que están por debajo tienen un nivel de encefalización inferior al predicho. El ser humano tiene el mayor nivel de encefalización por presentar la máxima distancia a la recta de regresión por encima de la misma. Si ahora se pasa a la última página del texto (Figura 9) se ve una imagen determinada contorneada que, a partir de ahora, será difícil dejar de ver en el mismo dibujo anterior (Figura 3). En la parte de la izquierda de la imagen de la Figura 4, se puede identificar con mayor facilidad una joven o una anciana según la experiencia reciente o según el estado emocional del individuo. Y en la parte derecha se ven fácilmente un par de triángulos cuando en realidad estas figuras geométricas no están dibujadas al completo (esta ilusión óptica se conoce como el triángulo de Kanizsa). Así pues, el cerebro acepta con dificultad la falta de información y tiende a completarla de la manera más eficiente (y adaptativa) posible. ¿DÓNDE SE GUARDAN LOS RECUERDOS? A lo largo de la historia, ha habido alternancia de teorías acerca de si la memoria puede almacenarse en una única estructura cerebral o debe ser en varias. Posiblemente, se requieren varias estructuras para almacenar y recuperar la información correspondiente a los distintos tipos de memoria, aunque estas estructuras podrían tener distinto nivel de relevancia. Una de las áreas del cerebro claramente relacionadas con la capacidad de memorizar es el hipocampo y esta relación se encontró de forma muy evidente en un estudio clínico, el paciente H. M. Este paciente sufría fuertes crisis epilépticas debido a un accidente que sufrió siendo niño, por lo que decidieron extirparle las áreas cerebrales que se consideraban la fuente de la hiperexcitabilidad nerviosa; es decir, los lóbulos cerebrales de cada hemisferio cerebral, que contienen los hipocampos. Tras la cirugía, H. M. presentó una conducta relativamente normal, pero no podía retener durante más de un minuto información acerca de gentes, lugares y objetos. Como consecuencia de no poder transferir la memoria de corto a largo plazo, también perdió la capacidad de adquirir nuevos conocimientos de forma estable. El protagonista de "Memento" también debía fotografiar cada situación y anotar cada nombre, porque los olvidaba a los pocos minutos; incluso olvidó que ya se había vengado del asesino de su esposa y lo había matado. Una duda no del todo esclarecida es si la incapacidad de retener información es consciente; es decir, si se puede recordar que no se recuerda. El hipocampo se muestra más activo durante el recuerdo de memorias recientes que cuando se rememoran memorias remotas, aunque la diferencia se minimiza cuando se hace referencia a memorias recientes de vivencias que han impactado a la persona (Squire y Bayley, 2007). Con el tiempo, se produce una reorganización de las estructuras activas durante los procesos de memoria, disminuyendo la activación del hipocampo e incrementando la actividad en áreas de la neocorteza, la capa más externa del cerebro. Además, podría suceder que en las personas este proceso durara varios días o meses, aunque no años (Squire y Bayley, 2007). En general, se observa que la expresión de la memoria tiempo después de producirse un aprendizaje se distribuye por diversas regiones corticales. Pero, se considera que no se trata de una transferencia literal desde el hipocampo a la neocorteza, sino que se produce a través de cambios graduales que incrementan la complejidad, distribución y conectividad a lo largo de múltiples regiones corticales. Por ejemplo, se ha encontrado que la inactivación focal de la corteza cingulada anterior o de la corteza prefrontal puede modificar la memoria remota pero no la reciente, lo que sugiere un papel de estas estructuras en la recuperación de la función ejecutiva o en el almacenamiento de la memoria. Otras estructuras de la corteza temporal pueden también ser almacenes de memoria (Squire y Bayley, 2007). La corteza prefrontal se ha relacionado estrechamente con la anticipación y el diseño de programas, así como la regulación de tareas, de forma efectiva. La ejecución durante el aprendizaje depende del estado motivacional y emocional de la persona, de su grado de atención, de sus conocimientos previos, de sus receptores sensoriales y del estado de sus músculos, si se trata de un aprendizaje motor. En este sentido, se considera que el aprendizaje y la memoria son estados funcionales (y no procesos puntuales) que requieren posiblemente de numerosas estructuras nerviosas y de la correcta activación temporal de las mismas. Por tanto, además del hipocampo y de las estructuras neocorticales mencionadas, puede que participen otras estructuras del sistema límbico, como el núcleo amigdalino, por su relación con los aspectos emocionales, y los ganglios de la base y el cerebelo para los aspectos motores (implícitos) de la memoria. ¿CÓMO SE GUARDAN Y SE PIERDEN LOS RECUERDOS? Los recuerdos no se guardan como una imagen fotográfica y, desde luego, no son una copia exacta de la información recibida. Durante el proceso de recuerdo se utilizan diversas estrategias cognitivas, como comparaciones, inferencias y suposiciones a fin de generar una memoria concreta y coherente (Kandel, Kupfermann e Iversen, 2000). Cuando se requiere la memoria explícita para reproducir verbalmente un hecho vivido, aunque no se quiera confabular, éste se modifica y completa para que resulte coherente y se rellena, además, con información irreal, o imaginada, almacenada de forma inconsciente. Los testigos de un delito ofrecen versiones distintas del mismo hecho sin intención de mentir o modificar su recuerdo; en realidad, tienen perspectivas diferentes y establecen sus propias asociaciones y emociones respecto a lo vivido. Para facilitar los estudios sobre la memoria explícita y su comprensión, ésta se ha dividido en un determinado número de fases que utilizan distintos procesos cerebrales y que supone diferentes características y requerimientos (Figura 5). En la primera etapa de la formación de la memoria explícita, se produce la codificación de la información y es de vital importancia la motivación del individuo. A continuación, ocurre el proceso de consolidación y en esta fase, normalmente, se involucra la expresión de genes y/o de sus productos, las proteínas. El tercer proceso consiste en activar los mecanismos de almacenamiento a largo plazo, que parecen tener capacidad ilimitada, al contrario que la memoria a corto plazo que es claramente limitada. Posteriormente, se puede producir la fase de recuperación de la información que permite recordar y usar la información ya guardada. Esta etapa involucra distintos tipos de información que se ha almacenado en distintas estructuras cerebrales. La recuperación de la memoria se asemeja a los procesos de percepción en el sentido de que está sometida a la confabulación por añadir la información omitida. Una última fase no siempre necesaria es la de reconsolidación por la que la información recuperada puede volver a ser reanalizada, implicando la expresión de nuevos genes (Kandel, Kupfermann e Iversen, 2000; Walker y Stickgold, 2004). Esta clasificación, en la que se asume una especie de caja cerrada para cada una de las fases de la memoria es una visión muy simplista, amén que puede haber sesgado el tipo de experimentos diseñados para el estudio de los procesos mnésicos, así como la interpretación de los resultados de los mismos. Desde hace varias décadas se asume que las habilidades aprendidas se almacenan en forma de cambios funcionales y/o morfológicos de la eficacia sináptica (Hebb, 1949). Aunque hay excelentes trabajos in vitro demostrando los procesos electrofisiológicos y los eventos moleculares que sustentan los cambios sinápticos dependientes de la actividad neuronal (Bliss y Collingridge, 1993; Lynch, 2004; Malenka y Nicoll, 1999), hay poca información disponible sobre los mismos cambios durante procesos de aprendizaje y memoria en animales despiertos. Uno de los procesos considerado como un firme candidato a explicar el mecanismo que subyace algunas formas de aprendizaje es la potenciación a largo plazo (LTP, por sus siglas en inglés Long Term Potentiation) que se provoca mediante la estimulación a alta frecuencia de diversas vías nerviosas (Bliss y Lømo, 1973). Este proceso estudiado básicamente in vitro consiste en que una respuesta sináptica incrementa y se mantiene incrementada a largo plazo si previamente se estimula dicha sinapsis con un estímulo de alta frecuencia. Recientemente se han publicado varios trabajos que tratan de comprobar si este proceso de LTP puede ser la base del aprendizaje y la memoria. Un grupo de científicos de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla encontraron que las sinapsis entre las colaterales de Schaffer de las neuronas piramidales del área CA3 y las dendritas de neuronas piramidales del área CA1 del hipocampo adquieren una facilitación en su actividad de aproximadamente un 130 % durante el condicionamiento clásico del reflejo corneal (Gruart, Muñoz y Delgado-García, 2006). Sin embargo, cuando a estas mismas sinapsis se aplicó un protocolo de estímulos de alta frecuencia y se indujo LTP, los animales experimentales (ratones, en este caso) fueron incapaces de aprender. Estos resultados indican que las sinapsis del hipocampo están activas tanto en procesos como la LTP como durante el aprendizaje asociativo, aunque los mecanismos utilizados en los dos procesos pueden ser ligeramente distintos (Figura 6). También se encontró que, en ambos casos, se requiere de la activación del receptor NMDA (siglas de N-metil-Daspartato) para el neurotransmisor glutamato. De forma paralela al estudio de las bases fisiológicas de estas sinapsis que tienen un papel en el aprendizaje y la memoria, se han iniciado numerosos estudios que pretenden esclarecer cuál es el código molecular que subyace a las mismas; sobre todo en la fase de almacenar la información codificada. Por una parte, se considera que los mecanismos elementales para almacenar memoria, tanto implícita como explícita, pueden ser similares. Algunos autores consideran que se requiere facilitación presináptica dependiente de la actividad para la memoria implícita y LTP por asociación para almacenar memoria explícita. Distintas fases de formación de los recuerdos: codificación, consolidación, almacenamiento, recuperación, recuerdo y, en ocasiones, reconsolidación. Lo más probable es que estos procesos no tengan lugar en forma de cubículos bien delimitados y secuenciados, como se muestra en la imagen, pero supone una aproximación objetivable al estudio de la memoria. de que se requiera la activación de distintas estructuras neuronales para almacenar la memoria explícita y la memoria implícita, parece que en ambos casos se utilizan mecanismos genéticos similares, que involucran el AMPc (adenosín-monofosfato cíclico) dependiente de proteínas, la quinasa MAP (siglas del inglés microtubule associated protein) y la CREB (siglas del inglés cyclic AMP response element binding protein), con capacidad para convertir un lábil memoria a corto plazo en una sólida memoria a largo plazo (Kandel, 2000). Durante muchos años, el número de trabajos que demostraban una relación entre el dormir y una mejor ejecución en el aprendizaje fue similar al de aquéllos que no encontraban relación alguna. Sin embargo, en los últimos años ha incrementado el número de experimentos que encuentran relaciones estrechas entre el sueño y el aprendizaje y la memoria, aunque en numerosos casos resulta difícil determinar el tipo de relación (Frank y Benington, 2006). Algunos de los cambios celulares y moleculares que se han registrado durante el sueño, o tras la privación del mismo, se han unido a cambios en el aprendizaje y la consolidación de la memoria. El sueño se ha visto que podría tener un papel en la integración de memorias recientes con memorias pasadas, en la organización anatómica de las representaciones de memoria, en la reconsolidación de las representaciones de memoria después del recuerdo y en el borrado de memorias (Walker y Stickgold, 2004). Incluso la tan discutida siesta (sujeto de tantos comentarios jocosos) parece tener la capacidad de mejorar la ejecución de lo aprendido, puesto que si se duerme entre 60 y 90 minutos con contenido de sueño de ondas lentas y sueño paradójico (con ensoñaciones, para entendernos) incrementa la ejecución de forma equivalente a una noche completa de sueño (Mednick, Nakayama y Stickgold, 2003). Es interesante que se ha encontrado al menos un gen de expresión temprana que está relacionado con la plasticidad sináptica: es el gen zif-286, el cual se regula al alza durante la fase de sueño paradójico, en respuesta a distintos estímulos y con la estimulación directa en el hipocampo, manteniendo patrones similares en todos los casos (Ribeiro, Mello, Velho y col., 2002). Esquema del registro de la actividad sináptica en las neuronas piramidales de la capa CA1 del hipocampo cuando se estimula eléctricamente en las colaterales de Schaffer de las neuronas piramidales de CA3. El registro que se obtiene es la suma de varias despolarizaciones postsinápticas, por lo que recibe el nombre de potencial postsináptico excitatorio de campo (PPsEc). La evolución de este potencial de campo a lo largo de diez sesiones de condicionamiento clásico fue de un incremento de hasta un 130 % aproximadamente de los valores registrados antes del aprendizaje (círculos negros). Cuando se aplicaron dos sesiones de pulsos de alta frecuencia (PAF) se produjo una potenciación a largo plazo que impidió el aprendizaje de los ratones. La evolución de ambas curvas es de signo contrario. La información almacenada no siempre puede recuperarse; incluso, en algunos casos se producen amnesias de tipo transitorio y, en otros, la amnesia es permanente. Una amnesia particular es la denominada amnesia infantil que acontece en los primeros 4 ó 5 años de vida de una persona y que tiene como consecuencia que en la etapa adulta raramente se recuerdan nítidamente ni los episodios vividos en esta época ni a sus protagonistas. Una amnesia particularmente fascinante es la amnesia global transitoria, que se presenta asociada a jaquecas, lesiones craneales o deficiente riego sanguíneo cerebral. Esta amnesia puede ser muy breve, o durar minutos u horas. Además, aunque se trata de una amnesia grave y profunda, el paciente puede continuar desempeñando la tarea que estuviese realizando, como cocinar, conducir un camión, o atender a un enfermo en la consulta médica. Durante esta crisis amnésica se olvida rápidamente cualquier información verbal que se elabore, pero se conserva perfectamente cualquier rutina y recuerdos bien asentados (Sacks, 1987). Un tipo de amnesia que se produce con cierta frecuencia es la amnesia específica por la que se pierde totalmente una capacidad muy bien definida, como reconocer caras, recordar nombres propios, utilizar verbos, etc. Una de las pérdidas de memoria más llamativas y extendidas desde que ha aumentado la esperanza de vida humana es la observada en los enfermos de Alzheimer. La demencia es un trastorno cerebral que afecta de forma grave la habilidad de una persona para llevar a cabo sus actividades diarias. La enfermedad de Alzheimer es la forma más frecuente de demencia entre personas mayores y afecta a varias estructuras cerebrales relacionadas con el aprendizaje, la memoria, el lenguaje y el pensamiento. En la actualidad se sabe poco de su fisiopatología y, por ello, es difícil encontrar un tratamiento curativo. Los tratamientos disponibles se limitan a algunos remedios para paliar alguno de sus síntomas (NIH, 2006). La enfermedad de Alzheimer tiene un inicio lento y, al principio, el único síntoma que se observa pueden ser olvidos leves, que se pueden confundir con cambios en la memoria asociados con la edad. Por ejemplo, se puede ser incapaz de recordar nombres y actividades recientes, o los nombres de personas conocidas, pero no suelen fallos tan graves como para causar preocupación. A medida que avanza la enfermedad, los síntomas son más evidentes y se agravan, de manera que los olvidos o fallos de memoria empiezan a interferir con las actividades diarias. En una fase intermedia, el paciente puede olvidar cómo hacer tareas sencillas, como comer o peinarse, no piensa con claridad y no reconoce a personas y lugares familiares. En la etapa final, el deterioro generalizado hace que estos pacientes se conviertan en personas inquietas o agresivas y requieran cuidado permanente. El desconocimiento de los mecanismos exactos que hacen posible el almacenamiento y posterior reconocimiento de la información en forma de memoria hace que, de forma paralela, aún se desconozcan los mecanismos precisos por los que estos recuerdos se borran de nuestra memoria. UN VIEJO MITO: EL CEREBRO ES COMO UN ORDENADOR El cerebro se ha comparado reiteradamente con un ordenador y se ha intentado usar algoritmos de robótica como ayuda para entender cómo funciona nuestro sistema nervioso. Incluso hubo la intención de enfrentar a ambos cuando compitió el célebre ajedrecista Gary Kasparov con el ordenador Deep Blue, diseñado para la ocasión. Sin embargo, no debe escaparse que hay importantes diferencias entre cerebros y ordenadores, aunque en apariencia puedan realizar tareas similares. El ordenador codifica la información recibida y la reproduce fidedignamente como se guardó, sin modificarla ni complementarla de forma coherente como sí hace el cerebro, al menos el humano. El ordenador se comporta como un simulador que ofrece un resultado, a veces manejando una cantidad ingente de información, frente a una (o varias) entradas, pero no ofrece explicaciones de cómo son sus procesos electivos, ni ofrece predicciones. En contraste, el aprendizaje, la experimentación y la predicción se consideran signos evidentes de inteligencia animal y humana. Una diferencia importante entre el ordenador y el cerebro es que el primero carece de emociones y de aspiraciones, e incuso de problemas e incoherencias. Por ello, tampoco muestra frustración como sí la mostraría el hombre cuando considera que no ha alcanzado el resultado esperado. Las personas de cualquier cultura son capaces de identificar las emociones, así como predecir sus pensamientos o los de los demás, en clara diferencia con las máquinas creadas por el hombre, incluso las más sofisticadas. Además, los ordenadores carecen de curiosidad y de capacidades abstractas. Con frecuencia se olvida al comparar hombres y máquinas que en robótica, automática e inteligencia artificial se buscan sistemas que actúen, que hagan algo, y que imiten el modelo del Homo faber (Delgado-García, 2004, 2008). En la creación de cualquier máquina se ha insistido en la parte activa pero no se ha considerado su parte ociosa, el posible interés por hacer cosas sin sentido aparente, o por no hacer nada en absoluto. La predicción en un futuro, al menos inmediato, es que a medida que se conozca mejor el cerebro, se podrán construir ordenadores, y máquinas en general, más sofisticadas y más similares, asimismo, al sistema nervioso humano. Sin embargo, el resultado final será siempre una simulación de los resultados que se obtengan de las personas, con capacidad de manejar cantidades inimaginables de información (lo que ciertamente supone una seria dificultad para un cerebro humano), pero carente de las capacidades volitivas y emocionales propias de la especie humana. UN MITO ACTUAL: LA PLASTICIDAD CEREBRAL Uno de los términos más utilizados en la actualidad en el campo de las Neurociencias es el de plasticidad neuronal. En agosto de 2007 el número de entradas en el buscador Google para plasticidad neuronal (en su traducción al inglés) era de 1.720.000 y en el de referencias bibliográficas en Biomedicina en Pubmed era de 18.593. Se suele mencionar que el cerebro es plástico en el sentido de que dispone de grandes capacidades que se van desarrollando a lo largo de nuestras distintas etapas vitales, las cuales se incrementan con el entrenamiento en la etapa adulta. Sin embargo, el término es desafortunado y erróneo en varios sentidos. Desde el punto de vista físico, se entiende por plasticidad la aptitud de algunos materiales sólidos de adquirir deformaciones permanentes, bajo la acción de una presión o fuerza exterior, sin que se produzca su rotura. En general y en el uso cotidiano del término, se dice que algo es plástico si puede moldearse con facilidad, o que fácilmente puede tomar y mantener una nueva forma. Como se indica en el "Diccionario Oxford de la mente" este término no debería utilizarse en referencia a los seres vivos, ya que la plasticidad es una propiedad de los seres inertes (Gregory, 1995). Una segunda objeción al término es que se ha utilizado de forma tan amplia que en la actualidad es difícil poder identificarlo con un proceso determinado, por lo que, posiblemente, se ha convertido en una palabra "comodín" (al estilo de modular, coordinar, implicar,...) que carece de significado científico, por lo que no permite una definición objetivable. El término plasticidad neuronal no es nuevo (por ejemplo, ya lo utilizaba Ramón y Cajal), pero sí lo es el amplio uso que se le está dando en la actualidad. En 1949, Hebb ya hablaba de cambios en el sistema nervioso por el incremento en la actividad localizada en determinadas sinapsis. Por una parte, se considera que el cerebro de los niños es muy plástico y en cierta medida así es, puesto que es la etapa de selección final de conexiones y formación de sinapsis definitivas, según su programa genético y la modulación del mismo que les proporciona el ambiente. Los esquimales distinguen varias tonalidades de blanco, por su experiencia en los entornos nevados donde domina este color, mientras que los habitantes de la selva tienen esta misma capacidad de discriminación entre los distintos tonos de verde. Sin embargo, es dudoso que deba usarse el término plasticidad para indicar estos cambios, puesto que el clásico término de desarrollo describe perfectamente esta etapa de exuberante cambios, quizás la más activa en este sentido de todo el ciclo vital previa a la etapa adulta. Una de las acepciones más extendidas de la plasticidad neuronal es en referencia a la capacidad del cerebro para los cambios físicos y funcionales, así como la capacidad que permite adquirir conocimientos por medio de la experiencia (Mahncke, Connor, Appelman y col., 2006). Sin embargo, es difícil identificar el cambio plástico aludido. Se considera que el cerebro adulto se adapta continuamente a nuevas representaciones sensoriales relevantes y a las necesidades conductuales, con la ayuda de poblaciones neuronales muy bien coordinadas. Pero esta función puede ser englobada sin problemas en el rango fisiológico normal que posee cada contacto sináptico. A nivel electrofisiológico, durante las fases de aprendizaje encontramos incremento de actividad en determinadas sinapsis neuronales (Gruart, Muñoz y Delgado-García, 2006). Esta facilitación sináptica requiere, además, cambios a nivel molecular y celular que permitan incrementar la eficacia sináptica en situaciones posteriores (Kandel, 2000). Tal y como se define y describe normalmente el aprendizaje, éste podría acometerse con la activación de las neuronas precisas en las estructuras adecuadas en un determinado orden temporal, sin necesidad de la formación o mediación de conexiones o de cambios que puedan considerarse de tipo plástico. Puede asumirse pues, que nuevamente se utiliza un término general para algo específico que ya tiene su definición a varios niveles, desde el molecular al comportamental. La plasticidad neuronal se ha relacionado, también, con la regeneración del tejido nervioso tras una lesión cerebral. Cuando se produce una lesión de un nervio periférico cabe la posibilidad de que se produzca un recrecimiento del mismo y, si se dan las posibilidades óptimas, se reconecte con su blanco anterior y recupere, así, la función (Gruart, Streppel, Guntinas-Lichius, y col. 2003). En este caso, también parece innecesario incorporar la calificación de plasticidad neuronal cuando el proceso realmente se ajusta a la definición de regeneración nerviosa. Al contrario del periférico, el sistema nervioso central carece de capacidades regenerativas tras su lesión; y, en este sentido, debería calificarse como de poco plástico (Delgado-García y Gruart, 2004). Como bien conocen los que han sufrido una lesión medular o una pérdida de masa encefálica importante, la posibilidad de recuperar este tejido y, por tanto, la función anterior, es mínima. Sin embargo, el sistema nervioso contiene mecanismos para adaptarse y para compensar estas situaciones de pérdida de neuronas de forma masiva. En otras ocasiones, cuando la pérdida neuronal no se acompaña de compensación funcional, aparecen los síntomas de enfermedades, como la de Parkinson o la de Alzheimer. En referencia a la capacidad de recuperación funcional del sistema nervioso, los términos regeneración, adaptación y compensación, según el caso, parecen más adecuados que el más genérico de plasticidad. En el proceso de compensación, el sistema nervioso utiliza alternativas dentro de sus capacidades funcionales, de forma similar a cuando a uno le falta la mano derecha y se rasca la cabeza con la mano izquierda. El término plasticidad podría relegarse a determinadas situaciones en las que una experiencia límite induce cambios en la estructura neuronal que sobrepasan el rango fisiológico normal. En estudios de sobreentrenamiento o de enriquecimiento ambiental realizados en diversos animales, se ha encontrado un incremento, especialmente en la corteza occipital relacionada con la visión, en el grosor cortical, el tamaño de los cuerpos celulares y del núcleo, el tamaño de las áreas sinápticas de contacto, en el número de espinas dendríticas por unidad de longitud de las dendritas basales (hasta un 10 %) y en el número de sinapsis por neurona (ver, por ejemplo, Rosenzweig y Bennett, 1996). Sin embargo, un dato sumamente interesante es que estos cambios producidos por la experiencia a nivel cortical no suponen cambios relevantes en el peso del cerebro. En personas, se han descrito cambios similares cuando se ejercita de forma reiterada un conjunto de movimientos. Se ha visto, por ejemplo, que la corteza motora de los violinistas tiene una mayor representación de los dedos en el hemisferio derecho, en correspondencia con la reiteración de los movimientos individuales del dedo requeridos por su mano izquierda (Mahncke, Connor, Appelman y col., 2006). Cabe imaginar que la posible plasticidad neuronal obtenida de esta forma debe tener una cierta limitación. Un fenómeno de plasticidad supone una competencia por el espacio, las neuronas y los mecanismos moleculares precisos para su funcionamiento. De esta manera, el incremento de un área determinada de la corteza puede suponer la disminución de otra adyacente. O bien, un incremento desmesurado de varias áreas puede suponer un solapamiento de áreas corticales, cuya consecuencia sea una indiferenciación, o al menos una imprecisión, en su función. PASTILLAS PARA RECORDAR Y PASTILLAS Cualquier función neuronal requiere de la comunicación entre las neuronas de un circuito. El lugar de comunicación entre neuronas se conoce con el nombre de sinapsis (contacto o unión, en griego). La sinapsis incluye la membrana del botón terminal del axón de una neurona presináptica, un pequeño espacio intercelular de alrededor de 20-40 nm y la membrana de la neurona possináptica que recibe la información (Figura 7). A través del botón terminal del axón de una neurona se libera al espacio (extracelular) sináptico una sustancia que se conoce con el nombre de neurotransmisor, que es captada por los receptores ubicados en la membrana de la neurona postsináptica. Esta unión receptor-neurotransmisor pone en marcha una cascada de señales químicas que producirán una determinada respuesta neuronal en forma de cambios en el potencial de membrana de la neurona postsináptica. Esta naturaleza química de la sinapsis explica que pueda ser potenciada o inhibida en su actividad por la interacción con muy AGNÈS GRUART I MASSÓ diversas sustancias. Algunas sustancias que afectan a la fisiología sináptica pueden tomarse exógenamente, como el alcohol, la cocaína, algunos alimentos, etc., pero otras pueden ser sustancias generadas endógenamente, como la adrenalina o los glucocorticoides, que pueden liberarse en una situación estresante. Este posible "mercado" ha animado a muchos investigadores (y a algunas empresas farmacéuticas) a intentar sintetizar sustancias que puedan mejorar nuestras capacidades mnésicas y, de forma paralela, a buscar fármacos que puedan borrar memorias traumáticas. Esta estrategia química se adecua mucho al estilo de vida actual en el que se aspira a una gran libertad comportamental y la disponibilidad de píldoras que corrijan los excesos comportamentales, la falta de memoria, el sobrepeso, la dificultad de concentración, la falta de estrategias sociales, etc., en lo que Chatterjee denomina "cosmética neurológica" (Chatterjee, 2007). Primero se crea la necesidad y después se pone el remedio... farmacológico. En el caso de la memoria, los estudios sobre daños cerebrales traumáticos sugieren que distintos sistemas de memoria en el cerebro operan de forma independiente, por lo que el déficit puede ser muy selectivo. Esta estructura nmésica sugiere que deben diseñarse "fármacos inteligentes" con capacidad para actuar en sitios determinados y no generar daños colaterales por interferir en lugares o mecanismos no deseados (Glannon, 2007). La situación ideal sería encontrar fármacos que incrementen la formación de memoria y su almacenamiento y que procuren una recuperación más eficiente a lo largo de todos los sistemas de memoria. Una duda que surge a la hora de diseñar un buen fármaco para mejorar la capacidad de aprendizaje y memoria es dónde establecer los límites requeridos, ya que podría suceder que un sistema más rápido de recuperación interfiriese con la habilidad del cerebro para formar y almacenar memorias. Además, una mayor capacidad de almacenar información no necesariamente se corresponde con una mayor habilidad para formar y almacenar memorias y, mucho menos, con una mejor capacidad para recuperar la información. Podría suceder, incluso, que muchos datos almacenados en el cerebro produjeran una sobreexplotación de la memoria de trabajo a corto plazo que interfiriera con la habilidad de ejecutar tareas comportamentales y/o cognitivas (Glannon, 2007). En este marco se realizó un estudio en un ratón transgénico que presenta una sobreexpresión del receptor TrkC para la neurotrofina 3 (NT-3), que se ha relacionado con los procesos de aprendizaje y memoria. Este ratón, que se identifica como TgNTRK3, tiene una sobreproducción de neuronas en distintas estructuras cerebrales, entre ellas el hipocampo (Sahún, Delgado-García, Amador-Arjona y col., 2007). Cuando se registró la actividad sináptica en neuronas del hipocampo se encontró que estaba considerablemente potenciada (casi un 300%); sin embargo, el número de respuestas correctas que mostraban los ratones transgénicos en una prueba de aprendizaje era aproximadamente la mitad que en los ratones normales. Claramente, había una disociación entre el número de neuronas y la actividad generada frente a la capacidad real para memorizar y aprender. Desde hace unas décadas, hay un creciente interés por estudiar sustancias que, por sus características, podrían Figura 7. Esquema de una sinapsis en la que se libera glutamato del botón presináptico. La neurona postsináptica contiene receptores para este neurotransmisor, y la unión de ambos activa una serie de segundos mensajeros a través de la adenilato ciclasa y la proteína quinasa. Las señales producidas inducen la expresión de nuevos genes en el núcleo de la célula, a través de factores de transcripción, como CREB. suponer una mejora en la memoria en general o una recuperación de la memoria en personas con enfermedades que la disminuyen, como la enfermedad de Alzheimer, la demencia vascular, la depresión, o la amnesia asociada a la edad. Se ha descrito, por ejemplo, que pacientes con un deterioro cognitivo leve no evolucionan necesariamente hacia una demencia, si se les trata tempranamente con sustancias colinérgicas, como el donezepil. Además, se ha observado un cierto efecto protector de los estrógenos, de antioxidantes como las vitaminas C y E, y de un suplemento de selenio en los enfermos de Alzheimer. Por el contrario, no se ha observado ningún efecto beneficioso si se utilizan antiinflamatorios. Se está estudiando también un posible efecto positivo del Ginkgo biloba, aunque los resultados son no concluyentes hasta la fecha (ver NIH, 2006). En un trabajo realizado en ratas se encontró que dos polifenoles, la mangiferina (extraída del mango) y la morina (extraída de la mora), parecen tener propiedades neuroprotectoras capaces de mejorar el aprendizaje y la memoria tras una isquemia cerebral inducida de modo experimental (Gottlieb, Leal-Campanario, Campos-Esparza, y col., 2006). Se ha encontrado, por último, que los agonistas de los opiodes afectan la capacidad de formar memorias, mientras que los antagonistas la incrementan (Rosenzweig y Bennett, 1996). En la actualidad, hay diversos fármacos en estudio, diseñados para incrementar la capacidad de memorizar y recordar, los cuales persiguen dos posibles dianas. Por una parte, se considera la modificación del receptor del neurotransmisor liberado en la sinapsis, así como la cascada de segundos mensajeros que se pone en marcha, con la finalidad de aumentar la potencialidad de la sinapsis. Por la otra, se pretende el incremento de la memoria actuando sobre factores de transcripción como CREB (siglas del inglés cAMP-response element binding), que es la responsable de modificar los genes que están involucrados en la formación de la memoria a largo plazo y su almacenamiento, o sobre el enzima que lo fosforila (MAPK, siglas del inglés mitogenactivated protein kinase). Por sus características, sustancias que modificaran los niveles de CREB, también podrían indicar cambios en las capacidades afectivas, sobre las que también tienen un papel significativo (Glannon, 2007). El interés comercial de encontrar sustancias relacionadas con la memoria se pone en evidencia por el relevante número de compañías que se han creado alrededor de un científico de renombre en el campo (Marshall, 2004). En 1987 se fundó Cortex Pharmaceuticals bajo la dirección científica del profesor Gary Lynch, con un claro interés hacia las ampaquinas, que modulan el receptor para el glutamato de tipo AMPA (siglas del ácido a-amino-3hidroxi-5-metil-4-isoxapolepropiónico). La idea era crear sinapsis más sensibles a la activación para facilitar la formación de memoria. Una década después se creó Helicon Therapeutics, en torno a la figura del profesor Tim Tully. En este caso, el énfasis se puso en el desarrollo de fármacos que bloqueen el efecto de las fosfodiesterasas, que son enzimas específicos que degradan la proteína CREB. Un año después surgió Memory Pharmaceuticals, cuyo líder científico es el profesor Eric Kandel (premio Nobel de Medicina y Fisiología, en 2000). El laboratorio del profesor Kandel está interesado en el estudio del AMPc y de la proteína CREB, y en las bases moleculares que puedan establecer la regulación de los genes, de manera que se puedan rehacer sinapsis según conveniencia y se formen nuevas memorias. Por último, en 1999 se creó Sention Inc. bajo la dirección científica del profesor Mark Bear, quien prefiere alejarse de los receptores y de los segundos mensajeros asociados a ellos, para concentrarse en la expresión de genes que producen proteínas que supone son los constructores universales de memorias. Las "moléculas de la memoria" que están desarrollando se encuentran en fase I (de control de la toxicidad y en la definición de la dosis máxima de tolerancia en personas con enfermedad avanzada y sin opción terapéutica) o fase II (de evaluación de la actividad y efectos secundarios a dosis determinadas en pequeños grupos de pacientes con enfermedad avanzada). Se ha iniciado también una búsqueda de sustancias que permitan bloquear o revertir el proceso a través del cual una memoria traumática se vuelve patológica y causa enfermedades por estrés postraumático (Glannon, 2007). La adrenalina es una hormona liberada por la médula adrenal en situaciones que requieren un cierto esfuerzo para afrontar un hecho real (o percibido como) potencialmente peligroso. La liberación de adrenalina se produce ante señales procedentes del núcleo de la amígdala, que es una parte del sistema límbico relacionada con ciertas emociones, como el miedo y la agresividad. La adrenalina puede colaborar en la fijación de memorias emocionales no conscientes de eventos peligrosos o dolorosos, que pueden desembocar en una respuesta de miedo desmesurado a eventos externos fuera de toda proporción al estímulo o AGNÈS GRUART I MASSÓ situación presentada. Dado que estas memorias almacenadas en el núcleo de la amígdala son inconscientes pueden modificar la percepción y creencias de la persona que las posee y la situación puede desencadenar un cuadro de depresión y ansiedad. Algunos autores han propuesto el uso de antagonistas b-adrenérgicos (por ejemplo, propanolol) para el tratamiento del estrés postraumático, puesto que bloquea los efectos del neurotransmisor noradrenalina, que es una de las señales responsables del aumento de la respuesta de la adrenalina (Miller, 2004). Dado que se supone que la memoria tarda varios días en almacenarse en el núcleo de la amígdala, una dosis adecuada de propanolol podría evitar este proceso de almacenamiento. Aunque los primeros resultados parecen prometedores, no hay que perder de vista algunos inconvenientes. Por una parte, el debilitamiento de la memoria puede crear una situación vulnerable para la persona, de manera que se podrían borrar las memorias dolorosas, al tiempo que se dificulta la formación de otras beneficiosas. Además, se han observado importantes diferencias individuales en respuesta a los estímulos estresantes, por lo que la medicación debería ir acompañada de una terapia cognitiva. Por último, se debe prestar especial atención a la dosis de estos fármacos, puesto que pueden tener acciones no deseadas a concentraciones elevadas en sangre en personas especialmente sensibles a dicha sustancia (Glannon, 2007). Los fármacos diseñados en los laboratorios para paliar algún síntoma de una enfermedad nerviosa conviven en la calle con otras sustancias, denominadas drogas de abuso, con efectos psicoactivos y, en algunos casos, con efectos nocivos sobre la memoria. Cabe mencionar que algunas sustancias se iniciaron como posibles remedios, pero por sus efectos secundarios y su capacidad adictiva, tuvieron que dejarse de comercializar y pasaron a ser sustancias prohibidas. La heroína se recetaba inicialmente como un remedio para la tos y la cocaína como pastillas para el dolor de muelas (Figura 8). En la actualidad las cinco sustancias de abuso más consumidas y que tienen relación con los procesos de atención y memoria son: el cannabis, la cocaína, el éxtasis, la metanfetamina y la heroína (Lundqvist, 2005). Los consumidores habituales de cannabis muestran dificultad para codificar la memoria episódica, así como deficiencias en la memorización de listas de palabras o para ejecutar tareas de atención dividida. La cocaína consumida a medio y largo plazo dificulta la capacidad de atención, la memoria, y el tiempo de reacción; sin embargo, no afecta la memoria verbal o la capacidad de responder adecuadamente a un entorno cambiante. El éxtasis (o MDMA, 3,4metilendioximetanfetamina) afecta el comportamiento de las personas que lo consumen de forma continuada. El abuso de éxtasis dificulta la memoria a largo plazo, incrementa el porcentaje de errores en tareas sobre aprendizaje visual y dificulta la capacidad para focalizar la atención en tareas con un cierto grado de complejidad. El abuso en el consumo de anfetaminas y metanfetaminas puede provocar déficit en la capacidad general de aprender, en el recuerdo de la información, en la velocidad de procesamiento (en el sentido de que aumenta el tiempo de reacción ante un estímulo) y en la memoria de trabajo. En el caso de los consumidores crónicos de heroína, el efecto más llamativo es la incapacidad para controlar los impulsos, lo que limita enormemente su comportamiento general, así como produce una claro déficit en las funciones ejecutivas, con las que se deben tomar decisiones en función de una situación determinada (Lundqvist, 2005). Las drogas de abuso y el efecto que producen, sobre todo al consumirse de forma crónica, son un buen ejemplo de la dificultad de crear sustancias que actúen de forma específica sobre un síntoma, o sobre unas determinadas sinapsis, sin producir efectos negativos en otras sinapsis, sistemas o conductas. Algunas de estas sustancias tomadas a muy bajas dosis pueden tener el efecto esperado pero su capacidad para crear adicción y el efecto acumulado por el consumo crónico produce efectos devastadores sobre varias funciones cognitivas de la persona, incluidas su capacidad de aprender y memorizar. ÚLTIMO ADELANTO PARA MEJORAR LA CAPACIDAD DE APRENDER Y RECORDAR: BRAIN TRAINING Es sabido que las habilidades de aprendizaje y memoria mejoran tras el entrenamiento y/o el disfrute de ambientes enriquecidos. Además, se ha encontrado que los cambios son más rápidos y de mayor magnitud en individuos jóvenes que en los mayores (Rosenzweig y Bennett, 1996). Se ha intentado establecer una relación entre estas capacidades y el tamaño de las estructuras necesarias para desarrollarlo. Aunque no hay datos conclusivos, y sobre todo generalizables a todas las especies, sí se han encontrado algunos resultados interesantes. Por ejemplo, se han realizado estudios en cuervos aprovechando su conducta de esconder la comida y su capacidad posterior para recordar los escondites (Krebs, Sherry, Healy y col., 1989). Se ha observado que estos animales presentan un hipocampo (que ya se ha comentado que es una de las principales estructuras relacionadas con la memoria) de mayor tamaño proporcional que otros pájaros que no presentan la práctica de esconder la comida. Las diferencias sólo se encontraron cuando los animales escondían y recuperaban el alimento, pero no en el momento en que aún no han abandonado el nido, y tampoco en aquellos cuervos que, por alguna razón, no pudieron practicar esta conducta. Un descubrimiento del que se hicieron eco todos los medios de comunicación fue el hallazgo de que los taxistas de Londres tienen un hipocampo de mayor tamaño que el de el resto de la población (Maguire, Gadian, Johnsrude y col., 2000). Los taxistas londinenses son sometidos a un intenso entrenamiento para superar un estricto examen que requiere el conocimiento preciso y rápido del callejero de la ciudad. El tiempo requerido de preparación para superar las pruebas es de unos dos años de media. El equipo dirigido por Maguire encontró que el volumen del hipocampo derecho de los taxistas correlacionaba con el tiempo durante el cual habían ejercido la profesión; la correlación era positiva para el hipocampo posterior y negativa para el hipocampo anterior. Estos resultados se interpretaron como la posibilidad de producir plasticidad local en cerebros humanos sanos, en función de la exposición reiterada a un estímulo ambiental. Algunos científicos han relacionado el hipocampo posterior con información ya aprendida con anterioridad, mientras que la región anterior tendría una relación más estrecha con la codificación de nuevos estímulos ambientales. Los autores también encontraron que el área posterior del hipocampo era mayor en los taxistas londinenses comparado con los sujetos control, en estrecha similitud a los datos encontrados en los cuervos que esconden el alimento. En el mismo trabajo, aunque no se ha enfatizado, también se encontró que el área anterior del hipocampo de los taxistas tiene una menor superficie que el de los sujetos control. Pasará, quizás, un cierto tiempo para que se puedan desarrollar los experimentos correctos que permitan evaluar el verdadero alcance de estos resultados tan llamativos. Estudios controlados han demostrado un incremento en la capacidad de aprendizaje y memoria en personas adultas que practican el hábito de la lectura intensiva, viajan, participan en eventos culturales y mantienen su formación intelectual de forma permanente. Se asume que esta actividad podría proteger la función intelectual frente al deterioro que sufren los enfermos de Alzheimer (Rosenzweig y Bennett, 1996). Un aspecto relevante es que se registran diferencias claras entre los sujetos sometidos a entrenamiento, no sólo en las fases iniciales de ejecución, sino también en la tasa de aprendizaje y en la especificidad del mismo. Esta variabilidad se ha interpretado como diferencias en la susceptibilidad de los sitios de codificación para las diferencias de tiempo e intensidad y para las modificaciones dependientes del entrenamiento (Ahissar, 2001). Además de las diferencias individuales, también se observan diferencias dependientes de la tarea; hay procedimientos que se aprenden de forma muy rápida y otros que no producen apenas cambios durante largos períodos de tiempo. En Rossmoor, cerca de San Francisco (California), se realizó un estudio con 182 voluntarios, con edades entre 60 y 87 años. A todos se les entrenó una hora diaria con un ordenador, y sin contacto con el grupo, por un total de 41 horas. El entrenamiento fue alrededor de cinco áreas cognitivas: memoria inmediata, memoria retrasada, atención, lenguaje hablado y percepción visuoespacial (Mahncke, Connor, Appelman y col., 2006). Los resultados mostraron que el grupo entrenado mejoró en una media de diez años sus habilidades cognitivas. Aquellos participantes que se entrenaron entre ocho y diez semanas mostraron una mejora significativa en la ejecución de la tarea específica, tanto desde un punto de vista clínico como estadístico, y, además, se observó que eran capaces de generalizar las habilidades adquiridas a otras tareas similares y que podían mantener estos efectos durante largos períodos. Hasta la fecha ha habido numerosos programas centrados en el diseño de estrategias de compensación para mejorar la memoria en personas adultas, personas con problemas cognitivos diversos y enfermos de Alzheimer en fase inicial. En todos los casos se han encontrado resultados positivos, aunque había una cierta dificultad en generalizar esta mejoría en la vida diaria y retener mínimamente los beneficios del entrenamiento (Mahncke, Connor, Appelman y col., 2006). Al parecer, los nuevos programas de entrenamiento diseñados, en el que se basa también el programa Brain Training de Nintendo®, consiguen un claro aumento de la memoria y otras habilidades intelectuales. Hasta los años cincuenta del pasado siglo, los neurocientíficos se ocuparon del estudio de la organización anatómica y celular del sistema nervioso de los vertebrados o de sus propiedades funcionales más básicas, como el potencial de acción y los potenciales sinápticos. Así pues, salvo conocimientos derivados de la clínica humana, hasta entonces no había mucha información disponible sobre las bases neuronales de las denominadas "funciones superiores" como el aprendizaje, la memoria o las funciones cognitivas y emocionales. Pero a partir de entonces, muchas funciones cerebrales reservadas a los ámbitos psicológico y/o filo- sófico han sido progresivamente incorporadas al marco de estudios neurocientífico experimental. Este importante cambio en el objeto de estudio de las Neurociencias ha generado importantes avances, muchos de ellos mencionados en este estudio, sobre todo en relación con los procesos de aprendizaje y memoria, a la vez que ha obligado a re-plantear, con nuevas hipótesis e interpretaciones, nuestra visión acerca del funcionamiento de las estructuras y centros nerviosos. Es de esperar que las líneas experimentales seguidas hasta aquí permitan en un futuro no lejano un mejor conocimiento del cerebro, así como de sus funciones y posibilidades.
El título de este artículo "Nietzsche y el olvido del animal" se pude entender en dos sentidos diferentes. Por un lado Nietzsche identifica el ser humano como un animal, diciendo que el "ser" del humano es un "ser animal". Pero, según Nietzsche, esta animalidad del hombre no ha sido todavía reconocida (nicht festgestellt). Esta falta de reconocimiento también tiene por consecuencia que el animal humano es un ser en devenir, un ser en búsqueda de su ser, un ser humano in-determinado. Lo que caracteriza el ser humano es entonces este olvido del animal, este olvido de su animalidad. Nietzsche ve en este olvido uno de los principales problemas no sólo de la cultura moderna, sino en términos generales de la metafísica occidental y, por supuesto, de la moral cristiana. Tanto la filosofía occidental como la moral judío-cristiana no sólo niegan o no reconocen la animalidad del ser humano, sino que también ven en la animalidad una amenaza a la humanidad, a su civilización, a su organización política y social. Sólo el ser humano que sobrepasa su animalidad, que la domina, puede acceder a la verdadera libertad humana, la justicia, la moralidad y la belleza. Contra la tradición occidental Nietzsche re-evalúa la importancia y el significado de la animalidad del hombre, llegando a la conclusión que sólo una afirmación de la animalidad puede salvar la humanidad del nihilismo, de la negación de la vida tal como el lo ve ejemplificado en la moral judío-cristiana y en la metafísica occidental 2. La animalidad del ser humano no es una amenaza, sino una fuente de fuerza artística, creadora de una nueva cultura por venir. Una manera en la cual se manifiesta esta afirmación de la animalidad en la obra de Nietzsche es a través de su tratamiento del olvido del animal. Esto me lleva al segundo sentido del titulo de mi artículo "Nietzsche y el olvido del animal". En este sentido el olvido del animal significa una fuerza del animal, un poder que define el olvido animal en contraposición a la memoria humana. Nietzsche nos dice que en tanto animales sabemos cómo olvidar y en tanto humano hemos aprendido gracias a procesos de civilización cómo recordar, cómo no olvidar, hemos cultivado El objetivo de mi artículo es de ofrecer una lectura de dos textos, de la segunda Consideración intempestiva y de La genealogía de la moral con respecto a los dos sentidos de la noción del olvido del animal en Nietzsche. En la segunda Consideración intempestiva Nietzsche nos introduce en la fuerza animal del olvido a fin de mostrar como y de que manera el tratamiento de esta fuerza de olvidar tiene por finalidad el sobrepasar formas de cultura moderna que son inherentemente nihilistas y decadentes. Voy a tratar de mostrar como en la segunda Consideración intempestiva Nietzsche vuelve al olvido animal para subvertir las formas de cultura y de educación de su presente. Éstas entendían la educación histórica en términos de una acumulación de saber histórico, fáctico y científico. Nietzsche en vez propone una nueva manera de hacer historia y por ende de educar y cultivar la juventud, una manera que estimule la creatividad y la capacidad crítica de la juventud. En La genealogía de la moral, me voy a concentrar sobre los pasajes dedicados al individuo soberano y al privilegio de hacer promesas. Interesantemente, Nietzsche empieza este pasaje recordando la importancia de lo que el llama el "olvido activo" (GM II, 1). Yo voy a argumentar, que el olvido en cuestión es el olvido animal y que sólo la promesa puede ser soberana, volverse en una promesa en la cual uno pueda confiar cuando establece una relación positiva con el olvido animal. Aquí hay que recordarse que en la historia del pensamiento político la promesa tiene la función privilegiada de fundar una asociación política, tal como la polis griega, tal como el estado moderno. En mi interpretación, lo que propone Nietzsche entonces a través de su concepción de la promesa, una promesa que no se dirige contra el olvido animal sino que nace de la animalidad, es una nueva manera no sólo de fundar, sino también de mantener una asociación política. I. MEMORIA Y OLVIDO: EL RETORNO DEL ANIMAL En la recepción contemporánea de la segunda Consideración intempestiva, intitulada "De la aventaja y desventaja de la historia por la vida", los estudiosos de Nietzsche han tendido a subrayar la noción de la memoria dejando de lado a la cuestión del olvido 3. En contraste con esta tendencia, estimo que mi interpretación es novedosa porque se halla centrada en el olvido y no en la memoria. La tesis que pretendo defender aquí es que la originalidad del texto de Nietzsche reside en que el olvido animal es postulado como anterior a, y más fundamental que, la memoria humana; en otros términos, que la vida es radicalmente histórica porque es radicalmente olvido 4. El olvido entonces antecede a la memoria porque quien recuerda lo hace gracias a que puede olvidar. De este modo, lo que hace a la historicidad del animal-humano no es su memoria, como suele pensarse, sino su olvido. Asimismo, puesto que los estudiosos de Nietzsche han tendido a rendir tributo a la memoria, a menudo han pasado por alto el rol central que juega el olvido en su concepción de la historiografía entendida como el arte de la interpretación 5. En mi lectura de la relación entre animalidad e historicidad, la transformación de la historia en un arte de la interpretación depende de un retorno del olvido animal. Nietzsche confronta a la memoria con el olvido animal para provocar una nueva conciencia y autoconciencia en el ser humano que pueda guiarlo, en primer lugar, a autoafirmarse como animal, como un ser histórico y tendiente al olvido; y, en segundo lugar, para que identifique en su memoria una fuerza creadora de vida. La perspectiva del olvido animal revela que la memoria es una fuerza artística (Kunsttrieb) y que en consecuencia la historiografía debe ser entendida como un arte (Kunstwerk) dedicado a las interpretaciones y no como una ciencia (Wissenschaft) preocupada por la representación fáctica del pasado. En el siglo del historicismo, basado en la creencia de que la historia debe dedicarse a la reconstrucción fáctica del pasado, ya sea en la forma de una narrativa a priori, de una ciencia positivista, o de una representación realista de la historia, el argumento "intempestivo" de Nietzsche de que la historia es un arte que no es fiel a los hechos propone un debate sobre la cuestión del valor científico de las ciencias humanas que todavía nos es contemporáneo. En este debate, las ciencias históricas y naturales son tratadas tradicionalmente por separado, porque se las considera intrínsecamente distintas, basadas en métodos científicos diferentes. Las primeras son entendidas como parte de las ciencias humanas y sociales, las segundas, como parte de las ciencias naturales y matemáticas. Nietzsche, por su parte, trata a las ciencias históricas y naturales en con- junto porque considera que ambas se basan en un malentendido fundamental, en la creencia de que la vida puede volverse transparente a través de explicaciones racionales que reproducen objetivamente la forma en que el mundo es en realidad. Nietzsche sostiene que cualquier ciencia, sea histórica o natural, tiene que abandonar su "objetividad" y conformarse con interpretaciones hipotéticas. Sólo de esta forma las ciencias humanas y naturales pueden ser verdaderamente científicas y objetivas. La originalidad del enfoque de Nietzsche plantea el interrogante de hasta qué punto puede hallarse una historia realmente efectiva en los trabajos del artista más que en los del historiador, aun si este último es artístico y no científico 6. En la segunda Consideración intempestiva, Nietzsche no aborda a los animales de la misma forma que el científico que desea saber más sobre ellos, sino a la manera del poeta que imagina la vida de los animales y cuyos pensamientos son imaginarios, ilusorios y fantásticos más que científicos, racionales y verdaderos 7. No es casualidad entonces que el texto de Nietzsche empieza con la imagen del ganado pastando que ignora el significado del hoy y del ayer y que, anclado al momento, no siente ni aburrimiento ni melancolía, fuera inspirada por el poeta Leopardi (KSA 1, p. El imaginario animal de Nietzsche plantea la pregunta de hasta qué punto la historia que se entiende a sí misma como ciencia no debería, siguiendo al propio Nietzsche, dejarse inspirar por imágenes e ilusiones, dejarse llevar por el olvido y devenir arte, es decir, un arte de la interpretación. Y de hasta qué punto no son los sueños, ilusiones e imágenes, más que la verdad y el conocimiento, quienes realzan y fortalecen en su condición de portadores de vida futura 9. Asimismo, y finalmente, la historia y la memoria devenidas arte parecen estar ligadas, desde el comienzo del texto, al "devenir animal" del ser humano 10. Nietzsche continúa el imaginario animal del poeta y presenta, desde una distancia irónica, la figura del ser humano, de su trágico padecimiento en un mundo de la memoria mientras contempla la idílica felicidad del animal en un mundo de olvido. Admirando secretamente a los animales, a su armoniosa comunión con la naturaleza, envidioso de su perfección, de su honestidad, belleza e inocencia, los humanos anhelan vivir felizmente como los animales. Sin embargo, como se encuentra preso en un mundo de memorias y de la memoria, la felicidad del olvido ani-mal parece siempre inaccesible para aquel animal que ha aprendido a ser humano, a recordar, a hablar y razonar y que ha olvidado cómo ser animal, a olvidar, a permanecer en silencio, a sentir y a intuir. Comparada con la felicidad animal, la felicidad humana puede ser, en el mejor de los casos, una ficción de alegría, una ilusión y un simulacro de felicidad animal. La reconstrucción que hace Nietzsche del imaginario animal de-centra el orgullo del ser humano en su distinción humana y demasiado humana y problematiza el imaginario humano del mundo. Desde esta perspectiva dislocada, el poseer memoria ya no sienta las bases de la superioridad humana sobre el olvido animal, sino que en realidad hace a los humanos más débiles y más incapaces de generar el tipo de vida que desean. Sin embargo, Nietzsche no prescribe abstenerse totalmente de la historia y de la memoria para oponerse al "conflicto, sufrimiento y hartazgo" provocado por el "fue" (KSA 1, p. Por el contrario, Nietzsche se manifiesta a favor del refinamiento de la sensibilidad histórica del ser humano, de su devenir más receptivo al valor y significado del olvido animal para la vida. Sólo cuando el animal humano aprenda nuevamente a olvidar y a devenir animal podrá superar el abismo entre la levedad del ser de los animales y la tragedia del devenir del animal humano. En lugar de establecer una nueva jerarquía en favor del olvido, Nietzsche disuelve cualquier tipo de ordenamiento jerárquico entre humanos y animales, entre memoria y olvido, y restablece a ambos como necesarios para el devenir de la vida humana. Desde esta perspectiva, el devenir humano no es simplemente un movimiento de alejamiento y reacción contra el animal sino que requiere un retorno de y hacia el animal, de y hacia el olvido como una fuerza indispensable para la vida humana y su devenir. Sin embargo, la pregunta sigue en pie: ¿de qué manera el olvido puede hacer posible a la memoria? ¿De qué manera lo a-histórico puede engendrar lo histórico? Partiendo desde la perspectiva de la vida, Nietzsche sostiene que el olvido no es una fuerza que inhibe a la memoria, sino que se halla activamente involucrado en el devenir de la memoria 11. La memoria no se opone al olvido animal sino que representa una participación en ese olvido. Cuando la memoria es opuesta radicalmente al olvido puede generar un pasado que socava el devenir de la vida. Sin embargo, cuando la memoria se involucra en el olvido establece una relación con el pasado que enriquece a la vida. De este modo, Nietzsche propone una nueva forma de la memoria que no es antitética al olvido. En primer lugar, Nietzsche cree que el involucrarse en el olvido permitiría que la memoria fuese re-dirigida hacia el futuro en lugar de hacia el pasado. En segundo lugar, él sostiene que es sólo mediante esta función de abrir el futuro que la historia puede convertirse en valiosa para la vida humana (KSA 1, p. Nietzsche llama a esta nueva concepción de la historia "contra-histórica", porque revierte el flujo del tiempo 12. De acuerdo al nuevo significado de la historia, ésta es aquello que transforma a las contingencias pasadas en necesidades futuras. La contra-historia encuentra necesidad no en lo que fue y es, sino en lo que podrá ser y devenir en el futuro. Según esta perspectiva, el pasado no es algo que debe aceptarse resignadamente como dado sino que debe ser formado y transformado, interpretado y re-interpretado hasta que satisfaga los términos que le fueran establecidos. La contra-historia revela que en el principio están los sueños y las ilusiones, y no la verdad; que el pasado es ilusorio y contingente más que fáctico y necesario. De este modo, la contra-historia libera el potencial creativo del animal humano para producir un pasado a partir del cual pueda proyectarse, en oposición a un pasado del que pueda ser derivado (KSA 1, p. La contra-historia libera la creatividad del animal humano de las ataduras de una perspectiva demasiado histórica del pasado. Permite al animal humano experimentar sus fuerzas vitales no como racionales y morales, sino como creativas y artísticas 13. En la contra-historia, la memoria y el olvido se convierten en fuerzas de superación comprometidas con el devenir de vida futura y no con la preservación de la vida pasada. La memoria y el olvido representan un retorno al pasado que no es un retorno al origen entendido como verdadero y necesario -a ser imitado y admirado-sino que apunta a un número infinito de formas de diferir del pasado, de recomenzar su comienzo. La concepción contra-histórica de la historia, de una historia que sabe cómo olvidar partes del pasado por el bien del futuro, subvierte a un entendimiento de la historia que pretende recordarlo todo para lograr un mayor conocimiento del pasado 14. Esta idea lleva a Nietzsche a pensar que la historia al servicio de la vida es un arte y no una ciencia, y que el impulso que da forma y transforma al pasado es un impulso artístico y no epistemológico. Así, los artefactos de la historia deben afirmarse como interpretaciones más que como hechos, y la memoria debe afirmarse como una fuerza de la ilusión y de la imaginación más que como un instrumento de conocimiento y verdad 15. Nietzsche nos alerta acerca de la cultura científica porque ésta niega que la creatividad sea esencial para la historia y para la vida (KSA 1, p. Lo artístico, en contraposición a lo científico, alude a una actividad del olvido hecha posible en ausencia de razón y conciencia. Nietzsche describe a la historicidad como algo que acecha y señala que la memoria y el olvido no son capacidades que se hallan bajo el control consciente del ser humano. Como afirma Nietzsche en un texto posterior, está más allá del poder de la voluntad del ser humano el determinar cuándo recordar y cuándo olvidar: "no depende de nosotros el acordarnos de algo en el momento que queremos" (KSA 3, p. 117/D 126) Y además, "tal vez uno quiere olvidar algo, pero no lo puede olvidar" (KSA 3, p. El acecho de la historia inquieta a quienes la abordan de manera científica porque los empuja hacia los límites de su propia racionalidad. El pasado se resiste a ser presa de la memoria científica. El acecho de la historia pone en cuestión la posibilidad de un dominio del pasado por medio de la razón y de la conciencia histórica. En concreto, el acecho de la historia amenaza directamente a la visión del mundo de los historiadores científicos. En contraste, los historiadores artísticos hallan en las contingencias del tiempo una fuente de fortaleza, un desafío a sus virtudes y al refinamiento de su sensibilidad histórica. Los historiadores artísticos no confunden a la memoria con el acto voluntario y consciente de hacer presente el pasado. La memoria artística no se constituye como un medio de sujeción y dominio. Por el contrario, los historiadores artistas consideran que es el pasado el que irrumpe frente a la memoria, más allá de su control. El recuerdo se ve sorprendido por aquello que excede su capacidad de comprensión. La memoria artística se convierte en una forma de atención y cuidado, en una disposición a aprehender el pasado cuando éste viene a su encuentro. Significa, al mismo tiempo, ir al encuentro del pasado y ser encontrado por el pasado; implica tanto un retorno al pasado como un retorno del pasado. Los historiadores artistas acogen con agrado el retorno del olvido animal como una fuerza que mejora su capacidad para comprender el significado del pasado. Para Nietzsche, el historicismo moderno produce: "ni humanos, ni dioses, ni animales, pero artefactos de la educación histórica", "machinas para pensar, escribir y hablar" (KSA 1, pp. 282 y 283/HL 5) 16. En contraposición al impacto destructivo, en la vida y la cultura modernas, de la historia entendida como ciencia, Nietzsche pretende recuperar el olvido del animal con la intención de liberar a aquellos que han sido alienados de la posibilidad de volver a ser humanos por culpa de su educación histórica (KSA 1, p. Sólo podrá llamarse específicamente humana a una forma de la historia que haga posible el surgimiento de una cultura prometedora hacia el futuro, cuya educación sea una liberación más que una sofocación: una historia artística y ligada al olvido (KSA 1, pp. 324-334/HL 10, e ib., p. Nietzsche coincide con el científico académico (wissenschaftliche Gelehrte) en que la historia es necesaria para la vida, pero también cree que la historia, si es que pretende convertirse nuevamente en portadora de vida futura, debe superarse a sí misma y dejar de entenderse como ciencia pura para adoptar un status de arte: "Es preciso sólo si la historia se puede convertir en una obra de arte, es decir, si puede devenir una pura forma artística (reines Kunstgebilde), que puede conservar los instintos y hasta despertarlos" (KSA 1, p. Para que la era del historicismo pueda ser superada hacia una "nueva era", una era "poderosa" y "original" que promete "más vida" (KSA 1, p. 306/HL 8), la historia debe volverse contra sí misma. El propio Nietzsche emprende esta superación artística y contra-histórica cuando intenta recuperar aquello que ha sido olvidado y re-introduce en la era moderna la sensibilidad a-histórica y animal de los griegos. El retorno de los griegos pretende dar un vuelco desde una historia saturada de conocimiento hacia una historia rebosante de creatividad 17. El ejemplo de los griegos, al igual que el del olvido animal al comienzo de la segunda Consideración intempestiva, pretende mostrar que es la sensibilidad a-histórica animal la responsable de la grandeza de la cultura. Nietzsche subraya que: "Bajo la denominación de' no-histórico' designo el arte y la fuerza de olvidar y encerrarse en un horizonte" (KSA 1, p. Nietzsche lamenta que la cultura moderna haya perdido su arte, su sentido animal a-histórico, y que por ende corra el riesgo de ahogarse en demasiada historia o en demasiado olvido (ib.). La cultura moderna vive de la ilusión de que la ciencia y el conocimiento tienen un poder de redención. De este modo, los modernos se encuentran en las antípodas de los griegos que moderaban su deseo de conocimiento en nombre de una creciente vitalidad (KSA 1, p. La memoria para los griegos es una fuerza plástica, artística y tendiente al olvido que hace uso del pasado como nutriente para el futuro pero que olvida todo lo demás si es que no puede atraerlo hacia su propio horizonte (KSA 1, p. Así, la cultura para los griegos no se confunde con la acumulación de conocimiento ni con la imitación o repetición, sino que representa una pluralización de la vida que "aumenta la naturaleza con nueva, viva naturaleza" (KSA 1, p. De este modo, la "humanidad" para los griegos no es un aditamento a la vida, como un vestido que cubre el cuerpo, sino que significa una afirmación de la animalidad como fuerza intrínsecamente cultural (KSA 1, pp. 333-34/HL 10). POLÍTICA Y PROMESA: LA SOBERANÍA DEL ANIMAL Después de haber mostrado la importancia del olvido animal para la renovación de la cultura moderna, voy a pasar a una lectura de la promesa del individuo soberano tal como Nietzsche la presenta en el segundo ensayo de La genealogía de la moral. Este texto es interesante e importante desde mi lectura de la segunda Consideración intempestiva porque señala que el futuro de lo político descansa no sólo en la fuerza del recuerdo sino también en la fuerza del olvido 18. El olvido es necesario para preservar una memoria del pasado que resulte vital para el futuro. En este famoso pasaje de La genealogía de la moral, Nietzsche argumenta que la "soberanía humana", en el sentido político de la palabra, y la "capacidad para hacer promesas" son inseparables. La soberanía humana depende de la capacidad para hacer promesas. Nietzsche pregunta hasta qué punto la tarea de "criar a un animal con la capacidad de hacer promesas" no constituye "el problema real de los seres humanos" (KSA 5, pp. 291-93/GM II, 1). Él considera esta tarea como "paradójica" porque requiere que el ser humano le de vuelta a su naturaleza animal. El ser humano, un animal olvidadizo, tiene que devenir su opuesto, un animal confiable. En La genealogía de la moral, Nietzsche asocia el olvido en el animal con un estado de "robusta salud" característico de una forma de vida solitaria (id.). Sin embargo, de acuerdo a su discurso genealógico, el animal humano no puede mantener su olvido animal debido a su relativa inferioridad en comparación con otras formas de vida animal. Para sobrevivir, los humanos deben convertirse en animales sociales y conscientes de su pertenencia a un grupo. Nietzsche advierte que esta transformación fue lograda a través de la imposición de lo que el llama la "memoria de la voluntad" (Gedächtnis des Willens) sobre el olvido animal del ser humano y que aquélla coincide con la institución de formas de vida sociales y políticas 19. La "memoria de la voluntad" (das Gedächtnis des Willens) (ib.) es una promesa que mantiene unido a un grupo. De todas formas, aunque Nietzsche parece preferir la forma de vida del animal solitario que olvida por sobre el "animal de rebaño", no deja de reconocer que la memoria de la voluntad responde a una necesidad de la vida y que por lo tanto su institución política no sólo es necesaria para la preservación de la vida, sino que sus logros son también dignos de reconocimiento 20. No obstante, la institución exitosa de la memoria de la voluntad "resulta todavía más sorprendente para quien [como Nietzsche] puede apreciar completamente la fuerza que se le contrapone, el olvido" (ib.). Desde la perspectiva del olvido, la memoria de la voluntad sólo soluciona "en gran medida" el problema de generar un animal que pueda hacer promesas (ib.). Esta memoria otorga una solución a la pregunta de cómo mantener unidas a las sociedades, de cómo animales solitarios y con tendencia al olvido pueden consagrarse voluntariamente al bienestar de la sociedad y del estado; pero, puesto que falla en valorar el olvido animal, la memoria de la voluntad no tiene el privilegio de hacer promesas. Por el contrario, la memoria de la voluntad trae consigo el riesgo de producir un animal intrínsecamente irresponsable y peligroso: un animal de rebaño criado en exceso, demasiado obediente y sumiso, un animal cuyas promesas dejan de ser confiables 21. Así, la pregunta sigue siendo de qué manera generar una forma de la memoria y de la promesa que, a pesar de dirigirse contra el olvido, reconozca en él una fuerza necesaria no sólo para el devenir de la vida, sino también para la constitución de formas de vidas sociales y políticas 22. Es importante notar que la "memoria de la voluntad" es célebre por la crueldad e injusticia involucradas en su creación. Tal vez no haya, en la entera prehistoria del ser humano, nada mas terrible y siniestro que su mnemotécnica [...] Con la ayuda de tales imagines y procedimientos se acaba por retener en la memoria cinco o seis "no quiero" respecto a los cuales uno ha dado su promesa con el fin de vivir entre las ventajas de la sociedad,... ¡cuánta sangre y horror hay en el fondo de todas las "cosas buenas"! Nietzsche rechaza la memoria de la voluntad precisamente por la violencia que detecta en el mecanismo de su creación. Desde la perspectiva de este rechazo, su concepto de la promesa del individuo soberano debe ser entendido como una crítica de carácter político. Esta crítica busca sobreponerse a la violencia y dominación asociadas a la creación de la memoria de la voluntad a través del cultivo de la responsabilidad individual. Mientras que la memoria de la voluntad es un medio de dominación, la promesa del individuo soberano es un medio para la responsabilidad 23. Para Nietzsche la pregunta crucial no es entonces cómo mantener la promesa que yace en el fundamento del poder político, sino cómo contrarrestar la violencia que define las prácticas de ese poder. La promesa del individuo soberano es una contra-promesa que protege la libertad y la pluralidad de los seres humanos a través de la práctica de lo que podría llamarse una política agonística de la responsabilidad 24. En este contexto, lo que distingue al valor político no es la institucionalización: para Nietzsche la promesa del individuo soberano es intrínsecamente contra-institucional. Su función es someter la autoridad establecida de la memoria de la voluntad, y de sus estándares morales y políticos, a una crítica continua y radical. Es a través de este cuestionamiento crítico, en lugar de la autodisciplina tiránica, que Nietzsche espera puedan avanzar la soberanía y la grandeza humanas. La promesa del individuo soberano es tan importante no porque represente un compromiso apolítico del yo consigo mismo, sino, por el contrario, porque busca cultivar una relación libre con el otro que excede el proyecto de la autorealización individual. La promesa del individuo soberano se ocupa del cultivo de la libertad como responsabilidad y que, por ende, se sobrepone tanto al individualismo que devalúa lo político como al tipo de política que devalúa la libertad y la pluralidad de la acción humana. Una de las lecturas típicas que se hacen de Nietzsche identifica a la promesa del individuo soberano como esencial-VANESSA LEMM mente a-social y a-política porque aparece bajo la forma de egoísmo y soledad 25. En realidad, Nietzsche defiende al egoísmo y la soledad sólo porque son las condiciones que permiten al ser humano establecer una relación con el otro que no se basa en la fuerza o el miedo, en el resentimiento o en la venganza. La promesa del individuo soberano es portadora de una responsabilidad ilimitada porque refleja un poder que resulta de la superación de la necesidad de dominar a los otros 26. La responsabilidad es el privilegio de aquellos que prometen y dan al otro y que ven en esta donación la mayor extensión de su poder. Resulta interesante que Nietzsche de nuevo asocie esta capacidad de donación con un retorno del olvido animal (KSA 4, p. La donación es una fuerza excesiva, pródiga y desbordante, que tiene lugar gracias a que el individuo olvida su propio yo; un yo que, en los términos de Zarathustra, es un "descenso": "Yo amo a aquél cuya alma está tan llena que se olvida de sí mismo, y todas las cosas tienen lugar en él: todas las cosas nombran su descenso" (KSA 4, p. El olvido del individuo soberano es un desborde del yo que nos recuerda al descenso (Untergang) del héroe trágico como superación (Übergang) hacia aquello que excede al yo del propio héroe (KSA 1, p. Ambos revelan las huellas de un retorno del olvido animal como aquella fuerza que irrumpe una economía de supervivencia (la memoria de la voluntad) en nombre de un donar más allá de toda medida (la promesa del individuo soberano) 30. De este modo, la "cúspide" de la libertad en Nietzsche es siempre un descenso del yo ante el otro y no una elevación del yo sobre el otro. Para Nietzsche, la promesa del individuo soberano puede lograr un valor tan alto sólo si la libertad de la que es ejemplo se presenta como un radical exponerse del yo al otro, bajo la forma de una responsabilidad ilimitada y de una responsabilidad del yo. En La genealogía de la moral Nietzsche muestra que la fabricación de la memoria de la voluntad coincide con la crianza forzada de un tipo particular de animal, esto es, un animal social y civilizado que es confiable, predecible y completamente dedicado al bien de la sociedad. Más aún, mantiene que la violencia que caracteriza a la fabricación de esta memoria es inseparable de una forma de violencia dirigida contra la animalidad del animal humano, en particular, en contra la fuerza animal del olvido. La memoria de la voluntad humaniza a un animal caracterizado por el olvido, o, en otros términos, distingue "la vida humana de la vida animal" (Arendt, 1958, 264). Para Nietzsche, esta distinción es crucial porque rompe con la posibilidad de una vida política que no sea basada sobre la dominación y la explotación. Contra la tradición occidental de la filosofía política que cree que la separación de lo humano y lo animal es el único medio para proteger la libertad y la pluralidad, Nietzsche cree que esta separación los amenaza. El problema de la memoria no es la violencia de lo animal, pues Nietzsche considera lo animal como algo inocente, sino la violencia humana dirigida a su propia animalidad y a su fuerza animal para olvidar. Desde que Nietzsche considera la fuerza animal para olvidar como esencial para el enriquecimiento de la vida humana, la cuestión es cómo hacer una promesa que proteja la libertad y la pluralidad pero que no esté basada en la violencia cometida en contra de la animalidad del hombre. Nietzsche responde a esta cuestión a través de su concepto de la promesa del individuo soberano. En ésta, la memoria no es impuesta sobre la fuerza animal de olvidar, sino que, en cambio, esta promesa manifiesta en sí misma características del olvido animal. En este individuo la confiabilidad y predicibilidad toman la forma de un "instinto" de responsabilidad (KSA 5, p. Nietzsche encuentra en el hecho de que alguien debe actuar en nombre de su responsabilidad una marca de soberanía y grandeza. El instinto de responsabilidad del individuo soberano no debe ser confundido con su fuerza de voluntad: la soberanía para Nietzsche no se debe al hecho de que el individuo es libre y puede actuar de forma distinta, sino que es sujeto a la necesidad de la responsabilidad y por ello no puede actuar de otra forma. La responsabilidad del individuo es prometedora porque es inconsciente, en vez de consciente; instintiva, en vez de reflexiva; necesaria, en vez de libre; una forma del olvido, en lugar de ser una forma de la memoria. De acuerdo con mi interpretación, es un error pensar que la promesa constituye una "facultad", un poder autosuficiente que está separado de la vida. Por el contrario, la promesa es una fuerza vital que ha de ser investigada desde la perspectiva de la vida. Esto revela que la promesa no es una forma de la memoria, sino que, por el contrario, cada promesa refleja una relación antagonista de la memoria con -y en contra de-el olvido. Cada promesa es, en este sentido, no solamente una forma de la memoria dirigida hacia el pasado, sino también una forma del NIETZSCHE Y EL OLVIDO DEL ANIMAL olvido dirigida hacia el futuro. De esta forma, se pueden distinguir dos tipos de promesas: por una parte, existen las promesas que indican una supremacía de la memoria sobre el olvido. Éstas son promesas hechas en nombre del pasado. Son, como la memoria de la voluntad, medios para estabilizar y asegurar la continuidad del tiempo frente a las incertidumbres del futuro. Por otro lado, existen otras promesas ejemplificadas por las promesas del individuo soberano que indican una supremacía del olvido sobre la memoria. Éstas son promesas hechas en nombre del futuro. Son los medios no sólo para romper con el pasado, sino también para revolucionar el presente hacia el futuro por venir. En oposición a los peligros intrínsecos de una política en la que el pasado domina al futuro, esta promesa recibe de vuelta a la fuerza animal del olvido como medio para irrumpir la identidad entre el pasado, el presente y el futuro, en nombre de una generación libre y espontánea de la vida. Ambos tipos de promesas, una que estabiliza y asegura la soberanía del grupo y la otra que lo revoluciona son, siguiendo a Nietzsche, de igual valor para la vida humana. Dependiendo de si la vida requiere ser preservada o renovada, será el primero o el segundo tipo de promesa el que proteja la libertad y la pluralidad en una asociación política. Lo que contrarresta la amenaza intrínseca de una política dominada por la institución del pasado sobre el futuro es una promesa que sabe cómo irrumpir el pasado en nombre del futuro. Dicha promesa tiene el poder de revolucionar la forma de una institución no para destruirla sino para que ésta permanezca fiel a su propósito de preservar la libertad y la pluralidad. Por último, lo que redime al animal humano de la violencia involucrada en la creación de la memoria de la voluntad es una promesa que inicia una relación libre y no violenta con el otro, esto es, una relación que no es dominada por el proyecto violento de civilizar, socializar y humanizar el animal humano. Traducido del inglés por Diego Rossello. Recibido: 30 de julio de 2008 Aceptado: 15 de octubre de 2008 NOTAS 1 Este artículo está basado sobre una ponencia con el mismo título presentada en un ciclo de conferencias "La Valija" en la Universidad Diego Portales, noviembre 2007. Este estudio forma parte de una investigación financiada por Fondecyt Chile (Proyecto n.o 1085238). 2 Para un tratamiento extenso de la animalidad en la filosofía de Friedrich Nietzsche, véase mi libro Nietzsche's Animal Philosophy (2009). 5 Comparto en general la visión de Thomas Brojber sobre el valor que Nietzsche asigna a los estudios y métodos históricos aunque disiento con su lectura de la segunda Consideración intempestiva. Mientras Brojber encuentra en este texto un ejemplo de una "crítica hostil y severa de los estudios históricos" yo sostengo que el texto propone una nueva concepción de la historia y de la historiografía (Brobjer, 2004, 301-322). 7 Para un ejemplo contemporáneo de este tipo de abordaje de la vida animal véase Coetzee, 1999. Para una investigación que entiende a la cul- tura como un fenómeno de la vida animal véase también el libro pionero de Norris, 1985. Norris denomina bio-céntrico a este nuevo abordaje de la cultura desde la perspectiva de la vida. La autora identifica una "tradición bio-céntrica" de pensadores, escritores, y artistas, en la que incluye a Nietzsche, "que crea de la misma forma que el animal -no imitándolo o asemejándosele-sino dándole la palabra a su animalidad" (Norris, 1985, 1; véase también ib., 1-25, 53-100). 11 Nietzsche vuelve a subrayar la participación activa que el olvido tiene en la memoria en su investigación genealógica de la crianza de animales capaces de hacer promesas. Compárese con KSA 5, pp. 291-297/ GM II, 1-3, allí Nietzsche considera a la "memoria de la voluntad" (Gedächtnis des Willens) como un medio de dominación y una forma de crueldad contra los animales y el olvido animal. La dominación y crueldad ejemplificadas por "la memoria de la voluntad" se ven superadas por la promesa del individuo soberano definido como una forma de la memoria que sabe cómo olvidar. Voy a volver a este punto en la segunda parte de este artículo. 12 La concepción temprana de Nietzsche de la historia como contra-memoria puede ser leída como precursora de su noción posterior de genealogía. Foucault es el primero en usar el término "contra-historia" para dar nombre a esta nueva visión nietzscheana de la historia. 13 Sobre la afirmación de la forma de vida del animal humano como artística y creativa, en oposición a una forma de vida racional y moral, compárese con KSA Loreaux (1997). Esta autora muestra la manera en que el juramento en la polis hace las veces de medio contra la discordia al permanecer vinculado al olvido entendido como fuerza que disuelve la memoria del odio y de las malas acciones. De acuerdo a esta autora, el juramento (promesa) salvaguarda la estabilidad y armonía de la polis griega porque no refleja un compromiso con el olvido sino con el recuerdo. 23 En este sentido, y en contraposición a Arendt, el concepto de promesa en Nietzsche es comparable con el que Kierkegaard articula en Temor y Temblor. Mientras que Arendt utiliza el ejemplo del pacto entre Abraham y Dios para mostrar que la verdadera libertad no es la de los individuos sino que es aquella que emerge de un acuerdo con otros (Arendt, 1993, 262-263), Kierkegaard toma la figura de Abraham con el propósito de mostrar exactamente lo contrario: la verdadera libertad es posible solamente sobre la base de un desacuerdo esencial entre el individuo y la comunidad ética. Para Kierkegaard, por lo tanto, la verdadera libertad nunca puede ser alcanzada por medio de la política o de acuerdos y consensos al interior de una comunidad ética; por el contrario, la libertad puede alcanzarse siempre y solamente por medio de una experiencia de fe. La fe en Kierkegaard es el vehículo de la verdadera libertad, donde libertad significa la fuerza para romper con la comunidad ética en el nombre de la propia responsabilidad singular (Kierkegaard, 1985). Las virtudes que Kierkegaard atribuye a Abraham son similares a las que Nietzsche atribuye al soberano individual: ambos "suspenden la ética", esto es, en términos de Arendt, el poder del Nosotros, en nombre de la libertad y la responsabilidad. Sobre la responsabilidad en Kierkegaard ver también: Derrida, 2006. 26 Norris sostiene que el poder en el (individuo soberano) noble es "una descarga pura de vitalidad y poder, que no tiene como objetivo la dominación de la mente y el alma de los demás" (Norris, 1985, 4). Sobre la soberanía en Nietzsche entendida como superación de la dominación véase también McIntyre, 1997, 3-21. 28 El concepto de una "virtud de la donación" en Nietzsche tiene una importante afinidad con la noción de "gasto improductivo" en Bataille. Para ambos "la riqueza se presenta como adquisición en la medida en que el poder sea adquirido por un hombre rico, pero se halla dirigida completamente hacia la pérdida en el sentido en que este poder se caracteriza por el poder perder. Es sólo a través de la pérdida que la gloria y el honor son asociados a la riqueza." 29 "El ser humano heroico desprecia su felicidad y su infelicidad, sus virtudes y sus defectos, y generalmente no aprecia que las cosas sean juzgadas de acuerdo al estándar que él mismo establece... Su fortaleza reside en olvidarse a sí mismo" (KSA 1, p. 30 Un ejemplo de relación libre de utilidad con el otro puede encontrarse en la figura nietzscheana del "genio de la cultura": "¡Para qué sirve el genio si no puede comunicar a aquel que lo contempla y lo sueña una libertad y elevación de sentimiento tales que ya no quede necesidad del genio! -Volverse superfluo (sich überflüssig machen)-ésa es la gloria del grande... Véase también CI,'Incursiones de un intempestivo', 44)." Hatab se opone a la visión de que el individuo soberano en Nietzsche prefigura al tipo de ser humano creador. Según Hatab "esta conexión es muy problemática debido al significado de 'soberanía', su asociación textual con moralidad, y la crítica de Nietzsche a la libertad moderna" (Hatab, 1995, 38).
PALABRAS CLAVE: Leer, lectura, ideología, apropiación, enseñanza, sentido, libro, literatura infantil, literatura juvenil, Gericault, Poema de mio Cid, romancero. I. ALGUNAS CUESTIONES PREVIAS A lo largo de los últimos años, se han ido desgranando y esgrimiendo -en los medios de comunicación, y en los foros especializados-varias y muy diversas consideraciones acerca de la naturaleza de la lectura, de sus bondades -a veces, de sus inconvenientes-, y, sobre todo, de la perentoria necesidad de su ejercicio indiscriminado. Una de las posturas más extendida, especialmente entre el magisterio, es aquella que podríamos denominar visión lírico/hedonista 1 del acto de leer. El objetivo de la escuela -y del resto de las instituciones sociales encargadas de la educación de nuestros jóvenes-no debería ser otro que inculcar el "amor a los libros", estimulando la fantasía de nuestros niños y jóvenes adolescentes, demasiado entretenidos -obnubilados, en realidad-por la televisión y las imágenes en general, que merman lastimosamente sus facultades más creativas e imaginativas (no sabemos qué pensaría la Caperucita Azul del relato de Ignacio Viar, al respecto; asesinada por un "lobo" que jamás había visto la televisión). Si les enseñásemos, a nuestros jóvenes, a escribir "con fantasía", leerían; y justo es ahí donde fracasa la escuela, al convertir en una obligación lo que debe ser puro gozo y placer. Sólo se trataría de arbitrar una serie de trucos -didácticos-para embaucar a los niños y promover en ellos el "gusto por la lectura" desde su más tierna infancia. Pero se deja pendiente la cuestión central: ¿debe leerse cualquier cosa?; dicho de otro modo, ¿leer es una actividad incuestionablemente beneficiosa por sí misma? Al comentar los famosos Aforismos de Georg C. Lichtenberg (1742-1799), especialmente aquellos que tratan de los libros y de la actividad lectora, Víctor Moreno 2, trata de responder justamente a esos interrogantes: y, lo primero, es poner en cuarentena gran parte de las ideas y de los tópicos que corren acerca de la imperiosa necesidad de leer. Como Lichtenberg, Víctor Moreno parte de una evidencia que muchas veces no se tiene para nada en cuenta, la lectura no es una actividad milagrosa. "Un libro -nos recuerda: citando al agudo maestro alemán-es como un espejo. Si un mono se asoma a él no puede ver reflejado un apóstol"; pues un libro, incluso el mejor de todos, hace "más ingenuo al ingenuo, más inteligente al inteligente y deja como estaba al resto". Y eso cuando no sucede lo peor, que "de tanto leer [demos] en una docta barbarie" (algo que, como veremos más adelante, descubrirá -demasiado tarde-Alberto Manguel, y que, mucho antes, durante el pasado siglo, supieron los millones de jóvenes europeos víctimas de las trincheras en las dos guerras mundiales; los habitantes de los campos de exterminio, los civiles aniquilados en Hiroshima y Nagasaki, o los miles de ejecutados en Srebrenica por las hordas del doctor en psiquiatría y laureado poeta Radovan Karadzic, bajo la atenta mirada del muy leído mundo civilizado); y es que "hay mucha gente que sólo lee para no tener que pensar". De hecho, para R. L. Stevenson, la lectura no dejaba de ser, en última instancia, una mera "sustitución de la vida", pues la lectura, tomada como "evasión", no hace otra cosa que robarnos nuestra propia experiencia del mundo (cuando debería constituir una experiencia -más-del mundo). Si el acto de leer no responde a una pregunta que nos hemos hecho previamente, si no es meta de una búsqueda personal, no posee el menor valor por sí misma. Cada texto, cada libro, tiene "un objetivo diferente", es una respuesta diferente, a una, o varias preguntas. Por eso, Georg C. Lichtenberg sólo concibe una forma activa, enriquecedora y personal de leer, un modo precisamente de que no nos dominen a su través: "Una norma de lectura [de mandar sobre ella] es condensar en pocas palabras la intención del autor y sus ideas principales, y adueñarse [¿apropiarse?] de ellas bajo esta figura. Quien lee así, está ocupado y gana mucho". El fracaso escolar -desde esta perspectiva-no es otro que el fracaso de la lectura pasiva y simulada (hacer "como que se lee", pero en realidad no leer), pues la primera y fundamental condición de leer es saber que no da igual lo que se lea, que no vale "leer por leer", que eso es reducir la lectura a una actividad irrelevante, insustancial y banal (tal vez, incluso, nefasta y peligrosa). Sabiendo que finalmente debe prevalecer la propia experiencia -como quería Stevenson-, el propio pensamiento y la propia observación del mundo. Para el editor Constantino Bértolo 3, por su parte, que instituciones como la Iglesia, el Estado -a través de la propaganda y de la escuela-o el Capital -la industria y el comercio-promuevan tan "incondicionalmente" (¿?) la lectura, es algo de por sí sospechoso. Aunque, si se tiene en cuenta que el modo de leer que se promueve, desde tales instituciones, está esencialmente "desvinculado" de lo real, se comprende mejor tal ímpetu. Para el autor de Leer, ¿para qué?, hay tres modos de leer: La lectura como puro "entretenimiento". Lo que supone en realidad un "dejar de hacer" (de experimentar); una "no actividad": una huida o evasión del mundo real; de modo que, así considerada, la lectura sería una fuente de irresponsabilidad y de autoengaño, más que de enriquecimiento -desarrollo-personal; que, al final, termina ineluctablemente en la aceptación acrítica -e incondicional-de los "valores realmente dominantes". La lectura como medio de "adquisición de conocimientos útiles": habilidades instrumentales, rentables e inmediatamente utilizables por el mercado y la industria. La lectura como "acceso a la cultura" (de los que deciden qué es y qué no es cultura, claro): leer es un modo de acumulación de capital simbólico; esto es, de prestigio público y "capacidad relacional". De modo que la imposición de la lectura "en abstracto", desgajada de la realidad real, del marco social e histórico en que se da, y de su finalidad, es fundamentalmente una "imposición ideológica" de las clases -y estamentos-que detentan el poder social, cultural y económico. Para otros, como es el caso de Félix de Azúa 4, sin embargo, la lectura es esencialmente una experiencia mística (apocalíptica, se diría: pues estamos abocados al desastre, por no leer como debemos leer). Leer es un fenómeno meliorativo, de naturaleza moral y cualitativa (en cuanto que aporta cualidades moralmente deseables). La lectura, además, está vinculada sustancialmente con el pasado -en cuanto que el tiempo pasado es el ámbito de la "verdadera sabiduría"-, y con las minorías -selectas-que buscan el saber esencial y puro, "no vinculado con la actualidad" (el presente no es el objeto de la auténtica pulsión lectora), ni con cualquier utilidad práctica, puesto que el "verdadero saber" no tiene nada que ver ni con el presente, ni con el ejercicio del poder (¿?). La tesis de la que parte Félix de Azúa reproduce, como se ve, una vieja conocida ecuación idealista y romántica: la verdad está en la idea; y la idea completa -perfecta-no está en este mundo, por tanto debe andar por el otro mundo -en este caso, el pasado-; de tal manera que sólo lo inactual puede ser depósito de lo verdadero; ya que el pasado es la verdadera realidad, que nada tiene que ver con el presente, ni con lo útil. Y los libros (que nos conectan con el pasado y nos permiten "hablar con los muertos") son, pues, los "depositarios de la auténtica memoria colectiva". El problema viene cuando hay que definir qué es eso de la "memoria colectiva"; y, si existiese y la definiésemos, ¿quién la gestiona?, ¿quién establece sus límites y contenidos? Este desfile "hacia la nada" -esta bárbara renuencia lectora-que contemplan -sobrecogidos-los que, como Azúa, convierten la lectura en una experiencia cuasi/mística, no es consecuencia del "olvido del pasado" -del lastimoso arrumbamiento de la sabiduría pasada-, sino del "colapso del presente"; en el que sólo es realmente posible -en los medios que nos fabrican la pretendida "memoria colectiva"-leer estas melopeyas melancólicas y quejumbrosas, que salvo la gracia y agudeza del rapapolvo moralizante y sermonario nada aportan al conocimiento y transformación del tiempo real presente y -este, sí-verdadero. Por eso, resulta aún más curioso que habiendo citado -y suponemos que leído-a Hegel: "todo lo que no sea pura aplicación de la fuerza pertenece al pasado", Félix de Azúa no lo haya entendido. Y es que, como, antes que Hegel, entrevió Spinoza, en el espacio/tiempo de la historia, en que los mortales nos movemos, "todo lo demás" es música celestial (agradable y necesaria para los seres angelicales y muy selectos que deberían poblar la realidad -sí, quizás-, pero que desgraciadamente no la habitan, ni la construyen). Leer es un acto material e ideológico fruto de múltiples decisiones; y los textos que leemos -cada uno de los dispositivos que los constituyen-, lo son de múltiples "apropiaciones". Ser conscientes de ambos hechos: de cuántas de esas decisiones que nos han llevado a leer lo que leemos, son -realmente-nuestras; y de cuál ha sido exactamente la secuencia de "apropiaciones" que ha articulado -finalmente-"aquello que leemos", nos es capital, especialmente si deseamos ser protagonistas de la experiencia y del acto mismo de leer, y no nos resignamos a ser arrastrados, acaso adonde nunca hubiésemos querido llegar: al reino de la desesperanza, donde nada puede cambiar, porque las cosas son como son y todo está escrito en un billete verde. O, en el mejor de los casos, para que la lectura no resulte un evento insustancial, malogrado e infecundo. ¿Eso es todo lo que podemos decir realmente? Si eso fuese todo, ¿para qué nos sirve leer, gastar tanto tiempo y energía en una actividad que, al cabo, no nos aportará gran cosa a la hora de entender los acontecimientos cruciales que determinan nuestro estar en el mundo?; al señor Manguel, parece que no le ha servido de mucho. ¿No será que a la hora de leer, como a la hora de escuchar música, nuestra posición -objetiva-y los compromisos de clase, así como la ideología -la posición subjetiva-que encauza nuestra visión del mundo, y determina nuestras respuestas ante los hechos -también los de carácter social y político-, son realidades tan determinantes como saber qué se lee, por qué se lee, y para qué se lee? Leer por leer -como escuchar a Wagner por escuchar a Wagner (y ahora esto empieza a ser más que una sospecha)-no sólo no nos hace mejores automáticamente: en realidad, leer puede llegar a hacernos peores, según qué leamos o si ignoramos por qué y para qué leemos; y si mirásemos con atención a nuestro alrededor, y considerásemos en serio lo que vemos y oímos cada día, "leer por leer" no nos hace siquiera más listos. Lectura, enseñanza y desconcierto Si esto es así, si leer por leer -esto es, "sin cálculo ni reflexión, o sin conocimiento del asunto"; que es lo que significa, según el diccionario de la RAEL, exactamente, "al buen tuntún"-resulta un acto infecundo y aun potencialmente peligroso, ¿qué decir de la lectura escolar obligatoria?; o ¿qué decir de conceptos tan caros y tan manoseados por nuestros especialistas, como los de situación, contexto e intertextualidad, o el más polivalente de (trans / inter / multi)culturalidad, si los aplicásemos, en toda su extensión, a la enseñanza de la literatura y a la lectura obligada, en nuestros aparcaderos escolares? En realidad, poco se puede decir, al respecto, que no sea tomar nota, bien de una pedestre -y ceporra-expropiación general del sentido -cuando no, del mismísimo significado literal 7, por monda ignorancia-; bien de la despótica dominación -simbólica-ejercida por las clases -y etnias-dominantes -mediante sus instituciones y órganos-, en unos establecimientos en donde la geopolítica y el dominio de clase -de los órganos e instituciones-se aplica, sin medida -ni contrapeso alguno-, al acto de leer. Si recordamos el espantoso guirigay comercial, politiquero y papanato/mediático organizado alrededor del último centenario cervantino -a lo largo de todo el 2005-; el que se monta, a diario, dentro de las aulas, es aún más lamentable, absurdo y grotesco; profesores perorando -medio-entusiasmados la Canción del pirata, o el último premio de literatura infantil y juvenil -henchidos de "fe misionera"-, mientras sus alumnos, los jóvenes infieles, que deberían quedar tocados por la gracia de la verdad y de la belleza (que, al final, son la misma cosa, como se sabe), comentan despreocupados el último resultado Madrid/Barça, o escuchan -completamente aislados del entorno-su Mp-3, o consultan sus mensajes SMS, sin ninguna consideración siquiera para esa espada de Damocles que pende sobre sus cabecitas, única esperanza ya de sus maestros -los decepcionados portadores de la buena nueva de la lectura-, ¡el examen!; esa vergonzante constatación -inconfesa-de su fracaso pastoral. Frente a la innegable complejidad del acto de leer -y a las innumerables encrucijadas a las que nos aboca-, la opción que ha tomado el Mercado (¿?) es obviar todas y cada una de las bifurcaciones y sinuosas ramificaciones que lo componen, e inventarse un espacio de lectura desmaterializado -des/realizado-, plano y rectilíneo, construido a base de abstracciones pseudo/humanistas, empedrado con "temas universales" de gran "interés humano" -y de "eterno calado"-, en una pseudo/realidad indeterminada, sin coordenadas claras, ni sociales -de clase-, ni espacio/temporales -históricas-, y -preferiblemente-sin nombres propios; que valga lo mismo para un roto que para un descosido: para el fin de semana en la playa, para las largas horas de tedio en el metro, para un examen final o para la sala de espera de un hospital 8. No debe extrañarnos, pues, el desconcierto y la confusión de nuestros maestros, en nuestros establecimientos escolares, cuando sus jóvenes alumnos no caen rendidos inmediatamente ante la "profundidad humana" del libro de los libros universales -del que se han "apropiado", y reducido a descarnada pitanza didáctica-, o ante la belleza de un soneto petrarquista... (¡Cómo es posible tamaña ignorancia!... Exclaman y se lamentan, desconcertados, ante la general displicente respuesta de sus alumnos a la ritual lectura -en realidad, auténtica desarticulación-de las aventuras del hidalgo manchego, o del soneto catorce de Garcilaso) Confusión y desconcierto que provienen, en buena medida, de la inexistencia de un "hilo conductor" (sea cual sea: la secuencia de un mito clásico o la constitución y crisis del "yo burgués" en las literaturas europeas) que estructure -y dote de algún sentido-a la actividad lectora. Es la fe del carbonero en las bondades inherentes al acto -mágico-de leer -por leer-, la que quita sentido a la lectura misma. Unas cuantas secuencias fragmentarias y desarticuladas: acompañadas de cuatro datos des/historizados referidos -paradójicamente-al marco histórico (unas cuantas anécdotas irrelevantes, en la mayoría de los casos), seguidas de un montón de datos inútiles y deslavazados acerca de los géneros literarios, y tres chascarrillos sobre la biografía de los autores de esos incomprensibles fragmentos; adobado todo -este remedo de lectura-con una lamentable falta de coraje interpretativo, que es sustituido, habitualmente, por un estéril enfoque lingüístico, en el que el texto literario queda reducido a mero pretexto comunicativo 9, o a pasto de especiosos comentarios escolares -y personales-, tan improductivos, como aburridos y fastidiosos, es todo lo que hay. Desintegración, irrelevancia, descontextualización, abstracción pseudo/humanista, etnocentrismo y dominio de clase, esas serían las coordenadas para levantar un buen mapa de la situación. El establecimiento de un auténtico contexto histórico -no des/historizado-, y un adecuado marco de interpretación sociocultural -en los dos ejes: el diacrónico y el sincrónico-, en la enseñanza de la literatura -y en la lectura, en general-no puede ser obviada por más tiempo. A la barrera del tiempo se suman otras barreras culturales, sociales, ideológicas e idiomáticas que invalidan e inutilizan cualquier acto de lectura. Sin contexto e instrumentos críticos que tiendan puentes, esas barreras jamás serán traspasadas. El prejuicio de la autonomía de la realidad literaria, la postulación del dominio absoluto -"absolutamente subjetivo"-del lector en el acto de leer, y el desconocimiento de los contextos de referencia -sin los mínimos anclajes necesarios en la realidad del lector-, así como el énfasis del carácter excepcional -cuasi sagrado-de la lengua literaria, no hacen más que entorpecer la comprensión del acto lector; que, en lo fundamental, no deja de ser un acto eminentemente práctico, relacionado más con el conocimiento, que con el goce inmediato de los sentidos. Veamos en tres sencillos ejemplos qué sucede cuando se lee por leer o se mira por mirar. Seguramente, todos conocemos -o, al menos, nos suena-el famoso cuadro de Gericault La balsa de la Medusa; pues bien, quien haya respondido afirmativamente es que sólo le suena, o no lo ha visto realmente, quizás lo haya mirado un poco por encima, pero en realidad no lo ha visto, pues, para empezar, en realidad se trata de La balsa del Medusa, un mercante naufragado frente a las costas africanas (¡ah!, que esto sí lo sabían, pues aun sabiendo esto, tampoco lo han visto, pero al menos no perderán el tiempo buscando, como locos, una medusa por la superficie del cuadro). Si no se tienen en cuenta las razones por las que Gericault pintó -representó intencionadamente-esa escena desesperada; si no se percibe el grito de denuncia contra el egoísmo de clase, la conducta rastrera y homicida de los burgueses, aristócratas y oficiales del barco naufragado, que dejaron a los pobres, al común de la gente, a merced del oleaje y de la inmensidad del mar océano, en una balsa, mientras ellos ocupaban cómodamente los botes salvavidas, y se dirigían a la costa; si no traspasamos todos los filtros de ocultamiento y descontextualización, la serie de "apropiaciones" que han llevado, desde la astuta y elusiva falsedad del título, al secuestro del sentido entero de ese cuadro (consulten, por curiosidad, lo que dice de él la Enciclopedia electrónica Encarta, de Microsoft) no veremos realmente ese cuadro. Algo parecido ocurre con una de las cumbres de la literatura castellana, La Celestina, de Fernando de Rojas. Quién no conoce la Tragicomedia de Calisto y Melibea, y quién no ha tratado de establecer un paralelismo entre ésta y la tragedia de Romeo y Julieta... Y eso que cualquier parecido, aun lejanísimo, entre la obra de Rojas y la tragedia de Shakespeare es pura casualidad; no ya por la distancia mental y cronológica que las separa, o por el muy diverso sentido -y significado-de ambos relatos, sino esencialmente por el abismo que separa a los mundos y las realidades históricas a las que ambas obras responden, aunque los versionadores teatrales y cinematográficos -a menudo-no lo tengan muy claro. ¿Tiene el mismo sentido -la misma lectura-el cuento de Caperucita Roja con su final original, que con su final infantil, ya apropiado? Los modos de leer y de escuchar, como los de mirar un cuadro -o ver una película, o escuchar música-, no son ni variados ni equipolentes. Tampoco es asunto baladí decidir -en la escuela, por ejemplo-cuánto leer, qué leer o cómo leer; exige, al menos, tener un enfoque estructurante -compartido, si es posible-y unos objetivos claros, que aporten coherencia -ideológica-a la selección realizada. Aunque, si, como quiere Foucault, el poder es una relación sinérgica -está en todas partes-y no sólo reprime, sino que también produce saber -establece la verdad social-; y que, más allá del biopoder, físicamente coercitivo, hay una forma subjetiva aún más contundente y eficaz, el poder pastoral, que procura nuestra salvación -aun contra nuestra voluntad-guiando nuestras almas y conciencias: indicándonos no sólo cómo somos, sino cómo debemos ser, y cómo nos sentiremos seguros, frente a las irresoluciones y fluctuaciones de la vida; y si los encargados del mantenimiento de este orden, los funcionarios del sistema: policías, maestros, médicos, padres, psiquiatras (en realidad, la totalidad del cuerpo social, dueña y productora de una subjetividad materializada en discursos que usurpan el sentido, infinitamente más potente que los viejos aparatos represivos); si todos ellos convienen en la bondad de la lectura -por la lectura misma-, no hay más que hacer. Habrá que leer (si queremos salvarnos; si no queremos señalarnos como seres insociables, bárbaros groseros e indeseables, o ser considerados como esa grasa molesta y repulsiva que hay que eliminar -quemar, mejor, a toda costa-, antes de que llegue el verano). LAS -SUCESIVAS-APROPIACIONES DE UN HÉROE MEDIEVAL CASTELLANO: EL CID DEL ROMANCERO VERSUS EL CID DEL POEMA DE MIO CID HASTA EL CID DEMOCRÁTICO -Y POPULAR-DE MENÉNDEZ PIDAL Todos tenemos una cierta idea (proveniente de los relatos -orales-escolares, y cinematográficos, principalmente) de la mítica figura del Cid; pero muy pocos saben algo de relacionado de verdad con el capitán castellano, llamado Ruy Díaz, del solar de Vivar, que fue guardaespaldas personal de Sancho II de Castilla y, luego, mercenario al servicio de quien le pagase, que conquistó un pequeño reino taifa, que murió en 1099, y que originó, sólo unos años después de su muerte, una saga de relatos en lengua latina -Carmen Campidoctoris y la Historia Roderici, por ejemplo-dirigidos a las élites dominantes, que dio finalmente en una versión en lengua vernácula, el Poema de Mio Cid, seguramente de principios del siglo XIII, dirigida también a esas mismas élites -que ya no sabían latín-, y que nada tiene que ver con la figura legendaria -y mítica-que aparece dos siglo más tarde, en el romancero tradicional del siglo XV, arranque de la idea popular acerca de su figura. El Cid del Poema es el símbolo político -hecho símbolo literario-de una clase, la de los caballeros -los infanzones: la milicia profesional-, utilizado para lanzar una llamada a un nuevo orden feudal sometido a los monarcas absolutos, en el que la aceptación de la legalidad vigente 10, la de los monarcas absolutos (en este caso, la del rey Alfonso), que cimienta -y obliga, sin posibilidad de escape-las nuevas relaciones individuales y colectivas. El joven Rodrigo del Romancero tradicional, se constituye, sin embargo, como símbolo nihilista de una pura rebeldía individual; como abstracción lírica de los que reaccionan contra el mundo de la ciega fidelidad a los monarcas/estados absolutos, ya plenamente constituidos y triunfantes. Símbolo poético, en última instancia, de las viejas castas guerreras señoriales -feudales-que se ven abocadas a una sumisión cortesana -como piezas subsidiarias, en la gestión administrativa y burocrática de los nuevos reinos/estados centralizados-, que, íntima y emocionalmente, rechazan. Hay, pues, todo un mundo -entre ellos-de lecturas e interpretaciones -de "apropiaciones"-, ya que ambos Cides no tienen nada que ver, y llevan a mundos simbólicos y literarios, no sólo diferentes, sino totalmente contrapuestos, como vemos. El Poema de Mio Cid es un libro esencialmente político, en el que la edad del héroe -representado en su plena madurez-, su representación mayestática; la absoluta conciencia del lugar que ocupa en las escalas estamentales, y su aceptación incondicional de los límites cívicos y personales que de tal lugar se desprenden; o la ausencia de una "trama amorosa" en el desarrollo argumental de la historia -más allá de algunas puntuales referencias a los castos ritos maritales del héroe-, en el que hasta el estupro cometido contra sus hijas, es -en realidad-una forma de "respuesta política", dirigida contra el mismo Cid, por sus "enemigos de clase"; nos darían unos buenos índices interpretativos. El Cid del Poema es un héroe social y político y el mensaje que porta es de orden interno -a la monarquía castellana-; sus enemigos no son "los moros" (uno de sus mejores amigos y aliados es Abengalbón, un moro, y cuando guerrea Sus auténticos enemigos son cristianos y están dentro del sistema del que ha sido expulsado; son "enemigos de clase", exactamente aquellos que han promovido su destierro -los "falsos mestureros" de la corte de Alfonso, el rey leonés, o los infantes de Carrión, o el conde de Barcelona: de la misma clase que los de Carrión-; este Cid, se mire por donde se mire, no es el héroe de ninguna batalla o causa popular ni nacional; este Cid no se enfrenta a ningún enemigo foráneo, y menos étnico -los moros-, tocado por la mano de Dios y de la patria. El Poema de Mio Cid no es el resultado del fervor popular nacionalista, como la crítica tradicionalista quiso hacernos creer (interpretación dominante aún en las escuelas), sino un caso de literatura de propaganda política -de consumo interno-, un ejemplo de "literatura comprometida", en este caso, con el orden -constituyente-de los monarcas absolutos. El Cid del Romancero tradicional tampoco tiene que ver nada con causas nacionales ni populares; en realidad, es un héroe existencial y nihilista, concebido sobre la ilusión de un ámbito de decisión personal -frente al sistema/mundo constituido-; es un héroe problemático 11, que no tiene nada que ver con el héroe, momentáneamente desplazado, pero seguro de su posición en el sistema/mundo, del Poema. No nos debe extrañar que el joven Cid del romancero sea un héroe -esencialmente-feudal; que su enemigo sea -aquí, sí-el rey Alfonso, el monarca absoluto, pues es contra la monarquía absoluta, y contra la decadencia de los clanes feudales -de su propio clan y de su propio padre ("porque la besó mi padre -la mano de Alfonso-me tengo por afrentado"), que se han sometido-, contra las que se rebela este héroe, tan distinto, por su significado y su sentido, del otro, el Cid del Poema, maduro, paciente y sumiso a un monarca absoluto que lo ha "des/terrado", infligiéndole la más temible de las penas en un mundo en que la dignidad va ligada precisamente a la tierra. La originalidad (¿?) del Romancero tradicional reside, en gran medida, en la suma -¿imposible?-de "materiales de desecho" medievales, en plena modernidad -en pleno quattrocento-: pues una buena parte de los romances más significativos -y los del ciclo cidiano son un excelente muestra-expresan los conflictos existenciales de unos individuos -una clase-anclados en lo viejo -el sistema de los señoríos feudales-, frente a la realidad de los nuevos estados centralizados -reinos de monarcas absolutos, en los que reside absolutamente la soberanía-emergentes. Leyendo atentamente, tanto el Poema, como los romances cidianos -el conocidísimo de La jura en santa Gadea, por ejemplo, del que acabamos de citar el reproche del joven Cid al monarca-, en donde nos encontramos a un héroe pletórico, que no acepta en absoluto su lugar en el sistema/mundo que le ha sido asignado, que se siente arrebatado por las pasiones -hasta dar muerte al padre de su amante-, las emociones y el amor -que vence contra toda adversidad-, y que se ve abocado a la pura incertidumbre -pues ¿adónde van esos trescientos jóvenes caballeros, en pie de guerra, que le siguen en su decisión de rebelarse contra su rey y su propio clan?-; y comparando ambos héroes, se puede comprobar cómo una misma tradición oral en torno a una misma figura legendaria, la de aquel capitán castellano, mercenario invicto, que luchó en todos los bandos, conocido como el Cid -el señor-, el Ruy Díaz histórico -del solar de Vivar-, se literaturiza; su leyenda es "apropiada" con fines -didácticos-propagandísticos, y convertida en instrumento de "transmisión ideológica", en dos direcciones diametralmente opuestas; y cómo esa "apropiación" -reinterpretación literaria-se dio en dos momentos -contextos-distintos del devenir histórico de Castilla, por dos estamentos -sectores de clase-, además, contrapuestos. Es decir que, por una parte, Ruy Díaz de Vivar, es el héroe y el símbolo político de una clase social emergente, la de los denominados ministeriales, o más específicamente la caballería 12, que, en Castilla, son los infanzones, pequeña nobleza militar, que avisa de su papel imprescindible en el orden monárquico que se está construyendo -la cimentación del estado absoluto castellano-, como garantes del predominio de la realeza, con la que no compiten y de cuya comitiva proceden en gran parte, frente a las grandes casas feudales (la de los Mendoza, por ejemplo). Mientras que el joven Rodrigo es el símbolo de la "resistencia heroica" y final a esos cambios de la clase derrotada; de individuos que se manifiestan como "entidades ilusorias" y fragmentadas (Rodríguez Puértolas, J.: 1972 y 1976. Cf. nota 11), en conflicto irresoluble con el mundo tal como ha quedado construido. El joven Cid se parece, en este sentido, al héroe solitario del Western norteamericano: que es al mismo tiempo poetización de un conflicto -irresoluble también en el marco histórico-y señuelo que desvía la atención justamente de ese mismo marco histórico, circunscribiendo al terreno "estrictamente individual" y existencial su insatisfacción. Sin el contexto histórico pertinente, no es posible leer al Cid, ni como personaje legendario, ni como protagonista de unas gestas literarias de muy escasa repercusión -como demostró Keith Whinnom 13, respecto del Poema de Mio Cid-, pero con un marcado cariz político y propagandístico. Si no sabemos, al menos, que en los grandes reinos peninsulares, Castilla y Aragón, durante los siglos XII y XIII, la realeza y los estamentos intermedios disputan el control de la soberanía efectiva de los reinos a los grandes clanes feudales, leeremos sin leer; miraremos, como sucede con el cuadro de Gericault, pero no veremos. En el campo de la serie literaria -culta-se da la misma pugna, pues, que en los campos jurídico y político, aquella que vienen librando los reyes castellanos con éxito tornadizo, hasta que Alfonso X el Sabio la culmina con la promulgación de las Partidas 14, en realidad, los primeros estatutos que sancionan la victoria final de monarquía absoluta castellana. Mientras que, en el campo catalano-aragonés, Pedro III el Grande de Aragón, a causa de la conquista y disputa de Sicilia y de su política de expansión mediterránea, en las Cortes de Tarazona de 1283, se rinde a las noblezas aragonesa y catalana firmando el privilegio de la Unión o Hermandad de nobles aragoneses y catalanes; por el que, "de hecho, el monarca reconocía la superioridad de la costumbre y renunciaba a continuar la política de fortalecimiento del poder monárquico y a la recuperación de los bienes usurpados a la Corona", durante el conflictivo período de Jaime I 15. Lo que explica, en parte, la diversa suerte histórica que correrán Aragón y Castilla en los siglos siguientes. La originalidad realista (¿?) del Poema de Mio Cid, por tanto, con respecto, tanto a la propia tradición épica castellana, como con respecto a la francesa, objeto de tantas discusiones desde que Menéndez Pidal -en 1913, con la primera edición del Poema-la puso sobre la mesa, adquiere una nueva perspectiva, así como el peso de la búsqueda, uso y posesión de dinero, la importancia del lenguaje jurídico y de los marcos legales de relaciones, o la fecha misma del manuscrito: por qué se escribe en ese preciso momento, y para quién, y a qué lectores va dirigido. El Poema de Mio Cid, es la obra de un ministerial, de un hombre culto -tal como estableció, en su ya mítica edición del Poema, Colin Smith (cf. nota 10)-que no se dirige en ningún momento al pueblo -por la simple razón de que el pueblo no sabe leer, ni tiene acceso a los textos escritos, pero sobre todo porque el pueblo carece de relevancia política-. El significado y el sentido -ideológico y político-de las obras literarias y artísticas están en relación con el tipo de respuestas que dan a los contextos en que surgen, ésta es la cuestión básica y lo que verdaderamente importa. ¿Quiénes son, pues, los receptores potenciales del poema; a quiénes va dirigido? ¿Con qué intenciones se ha codificado? Si todo enunciado es una respuesta motivada a los estímulos que provienen de la situación en la que se insertan 16, en la que cristalizan todas las voces que le han precedido y con las que convive y entra en relación dialógica 17, lo verdaderamente relevante sería saber a qué condiciones y a qué clases de estímulos respondió, el Poema de Mio Cid en su momento. Como en toda literatura comprometida: el realismo (¿?) y el dramatismo novelescos, tan característicos del poema, deben ser considerados como mecanismos que inducen y persuaden a la "identificación emocional" del receptor con los valores ideológicos que porta el héroe. Por su parte, la "verdadera originalidad" del tratamiento de la figura del Cid en el Romancero tradicional castellano durante el complejo y contradictorio proceso de constitu- ción del "nuevo orden" en Castilla, consistiría fundamentalmente en esa "paradójica suma", que mencionábamos más arriba, en su eficaz patetismo, proveniente de esa naturaleza mixta "épico-lírica" del género y del personaje, en relación con un contexto histórico literario en el que los géneros narrativos y la poesía lírica han delimitado y marcado ya firmemente sus fronteras técnicas y significativas (desde Petrarca y Boccaccio, al menos). La "apropiación populista" -democrática, sui generis-que hace Menéndez Pidal en su Introducción al Poema (al que ve "lleno de espíritu democrático castellano"), tendría, así, su origen en una -¿intencionada?-confusión, y "mezcla novelada", de ambos Cides (descontextualizados -extraídos-de sus respectivos tiempos y situaciones) por la necesidad de los sectores liberales -institucionistas-españoles de la época -los finales del diecinueve y principios del siglo de veinte-de cimentar ideológica y simbólicamente un nacionalismo español -laico y liberal-superador de la crisis histórica en la que el país se veía inmerso; especialmente, tras los acontecimientos del noventa y ocho. Un Cid, "héroe del pueblo" y quintaesencia de las virtudes -populares-españolas, que hasta el mismo Machado utilizará en varias ocasiones -en plena Guerra Civil, en 1937, por ejemplo, ante los intelectuales antifascistas reunidos en las sesiones del congreso de Valencia-con un claro fin inspirador y provocativo. De cualquier forma, por si no ha quedado suficientemente claro que toda (re)lectura es, antes que nada, una apropiación ideológica, que posee un fin "práctico y material", sólo hay que irse -una vez más-al artículo que la Enciclopedia electrónica Encarta, de Microsoft (fuente nada sospechosa de extremismo crítico y radical), dedica a la obra maestra de Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver: En los últimos meses han aparecido, al menos, media docena de versiones infantiles del Poema de Mío Cid, en una de ellas, el Cid, nuestro héroe, resulta ser un personaje galáctico perdido en el ciberespacio. Esto, con todo, no es lo más significativo del asunto, lo más revelador es que tal engendro se corresponde con todo un programa de apropiaciones didácticas -ideológicas-de los clásicos diseñado y dirigido por una cadena editorial, en el que participan -voluntariamente, supongo-más de una veintena de escritores actuales, que por lo visto no tienen nada que decir acerca de su tiempo, del "presente histórico" (se ve que no han leído a Galdós) en que viven y -se supone-escriben, en el que se construye el -inmediato-incierto futuro al que no vemos abocados. En un acto de apropiación ideológica, así, pues, todo está permitido, incluso el saqueo, la mutilación, la manipulación -y la consiguiente des/historización-del sentido de la obra "apropiada" -desarticulada-, su reducción a la irrelevancia más absoluta, la banalización y desactivación de cada uno de sus componentes formales o significativos, el engaño, la estafa de los aprovechados; en fin, en un expolio, todo vale. Considerado así el asunto, en sus auténticas dimensiones, y trazadas sus correctas coordenadas, la lectura, en efecto, resulta un acto problemático, lleno de recovecos y primordialmente ideológico, que requiere del esfuerzo por comprender el contexto -las situaciones-al que los textos responden (si queremos comprenderlos, claro; e integrarlos en la suma de experiencias que constituyen nuestro conocimiento del mundo); sea como sea, en ningún caso, leer es un acto neutral -o aleatorio-; y menos aún, una experiencia demiúrgica o mágica. La lectura no nos va a hacer mejores por el mero hecho de leer. Sería maravilloso que así fuese -acaso, deseable-, pero no ocurren así las cosas. Si no logramos articular la lectura a partir del desentrañamiento consciente y aplicado del acto mismo de leer, más allá de los enfoques comunicativos y lúdicos, que subyacen al currículo escolar, por los que el acto de leer y el estudio de la serie literaria se vinculan al desarrollo -en realidad, amaestramiento y desactivación crítica-de la competencia lingüística y comunicativa de los alumnos, o al mero "placer de leer por leer"; hacerlo -leer-no sólo resultará una actividad inútil, sino incluso perjudicial. En la presentación de la campaña Leer ayuda a comprender, por lo del año internacional -otro más-dedicado a la tolerancia -otra "buena causa" más-, María José Gómez-Navarro, responsable -entonces, en el año 1995-, de las colecciones infantiles y juveniles de Alfaguara, aseguraba: "no pretendemos sacar la literatura del ámbito lúdico, pero sí usarla para fomentar el debate"; como excusa para vender libros a las escuelas, o para presentar una colección -otra más-juvenil, puede que este pío -y bien intencionado -otro más-planteamiento del tema resulte conmovedor y hasta rentable, pero resulta que el problema es otro, y que el debate en la escuela no interesa a nadie (perdón, la generalización siempre es injusta, seguro que habrá alguien a quien le interese de verdad debatir con sus alumnos, y alumnos dispuestos a hacerlo; pero a juzgar por los resultados de aquella campaña en nuestras escuelas son, más bien, pocos). Si hay un ámbito en el que la "apropiación didáctica" -ideológica-de los textos y de los discursos artísticos y literarios, el amaestramiento y la desactivación crítica -mediante la repetición ad nauseam de lo ya conocido-, campean por sus respetos, es el de la literatura infantil y juvenil; baste recordar la manipulación sumaria -sin juicio previo-de los clásicos adaptados -infantilizados-por las colecciones al uso; el viejo caso sangrante del pobre Lázaro de Tormes, o de vuelta, una vez más, al "cuarto centenario", la que se le vino encima -sin comerlo ni beberlo-al pobre Alonso Quijano. Y no digamos nada de la acción deletérea -grosera e impune-ejercida sobre personajes y textos de toda laya, de las tradiciones popular y culta, por la factoría Disney. O la más sutil, pero igualmente perniciosa, de aquellas historias en las que los jóvenes -como sospechaba José Donoso 18 -se encuentran a sí mismos reflejados, sus mismas palabras, idénticas experiencias, sin alternativas factibles a la vista, sin pistas o alumbres que anuncien o apuesten por cambios reales, nada, en fin, que no sea resignación, finales imposibles -y mentirosos-o la simple constatación de que el mundo que viven es inmutable. ¿De verdad creen los responsables de las colecciones juveniles que nuestros jóvenes estudiantes se van a hacer más tolerantes leyendo la historia de Lobo negro, o de ver Las cartas de Alou, así, por las buenas, sin modificar nada del mundo que viven -vivimos-y experimentan -experimentamos-; ninguna de las injusticias, ninguna de las desigualdades, de los valores y prejuicios asumidos socialmente, o ninguna de las realidades materiales que hacen que el mundo sea tal como es, y que un "lobo" que jamás ha visto la televisión quiera asesinar, una y otra vez, a Caperucita Azul? No creo que seamos tan estúpidos; pues sería como esperar que el sermón dominical cambie -por su bondadosa intención-el alma de los feligreses, cada domingo. Sabemos perfectamente que las cosas no funcionan así. De ahí que resulte muy conveniente -y lógico-, antes de empezar a leer en la escuela primaria y secundaria (en realidad, a cualquier edad, y en cualquier tramo de la enseñanza), preguntarse por qué leer y cómo leer (antes que cuánto leer o en qué momento leer, o si lo hacemos de modo voluntario u obligado); ya que dependerá de las respuestas que demos a las preguntas iniciales, la decisión que tomemos sobre qué leer. ¿Se imaginan ustedes cuántas tesis doctorales y cuántos cursos masters nos ahorraríamos, si se hiciesen regularmente y en ese orden esas preguntas? Víctor Moreno nos puso en la pista sobre los peligros de la imposición de la lectura como fenómeno bondadoso en sí mismo. La lectura no es una experiencia mística, por mucho que los románticos de la lectura consideren ésta una "necesidad existencial", o un "diálogo con los muertos" ineludible, como quiere Félix de Azúa. No nos hagamos los estupendos con el tema de la lectura, leer es siempre un acto relacionado con el presente real, y se vincula a las operaciones de acceso y conocimiento práctico de la realidad; aunque, como cualquier acto, a priori, no lleve implícita ninguna garantía de éxito asegurado. Y, además, pensándolo bien, ¿tenemos realmente tiempo para leer? LA LECTURA COMO ACTIVIDAD IDEOLÓGICA: APROPIACIÓN Y ENSEÑANZA DE LA LITERATURA (QUÉ LEER Y PARA QUÉ LEER)
Es secretario de la Redacción de Verba Hispanica, Anuario de Filología Hispánica de la Universidad de Ljubljana (Eslovenia), en la que ocupó el puesto de profesor de Lengua y Literatura españolas, desde 1987 hasta 1991. Desde 1992, es profesor de Enseñanza Secundaria en Alcalá de Henares, en cuyo Centro de Profesores y Recursos, desempeñó la labor de Asesor del área de lengua española y lenguas clásicas, durante el curso 1995-96. Es editor (Tierradenadie Ediciones, S.L.) y ha dirigido y coordinado el libro colectivo La (re)conquista de la realidad, con más de una docena de autores -desde Alfonso Sastre a Belén Gopegui. Coordina varias secciones de Youkali. net, revista de arte y pensamiento críticos, ligada a Tierradenadie Ediciones, S.L. Ha colaborado en la traducción de diversas obras de autores eslovenos contemporáneos (Andrej Blatnik: ediciones Libertarias-Prodhufi, y Drago Jancar: Metáfora ediciones) y en el dossier sobre el movimiento situacionista francés en la revista Quimera (un escrito de Raoul Vaneigen). Jesús Guillermo FERRER ORTEGA. Licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana de México. Maestro en Filosofía por la UNAM (México). Premio Norman Sverdlin a tesis de maestría 2003-2004 de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. La tesis, dirigida por el Profesor Dr. Antonio Zirión Quijano, trató el tema de conciencia de imagen y consideración estética en la fenomenología de Edmund Husserl. Estudiante asociado del IIF (Instituto de Investigaciones Filosóficas) de la UNAM durante los estudios de Maestría. Becario del CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) de México, del DAAD y de la Bergische Universität Wuppertal. Actualmente candidato a Doctor en Filosofía por la Bergische Universität Wuppertal bajo la asesoría del Profesor Dr. László Tengelyi y del Profesor Emérito Dr. Klaus Held. La investigación trata de la relación, en la fenomenología del tiempo de Edmund Husserl, entre proto-impresión y protención. Participante en los círculos de trabajo del Profesor Dieter Lohmar, director del Archivo Husserl en Colonia, Alemania. Entre los años 2000 y 2005 cursa estudios de filosofía en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). En el 2006 obtiene el Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en esa misma universidad. Ese año se traslada a Wuppertal (Alemania), donde reside en la actualidad, para trabajar bajo la tutela de László Tengelyi. Su interés se centra fundamentalmente en la concepción y descripción de experiencias creadoras de sentido cuya génesis, por lo tanto, no se dejan explicar mediante el recurso a un a priori eidético. Ponty y Marc Richir constituyen las referencias principal de sus investigaciones. Es profesor de Filosofía en la Universidad de Barcelona, en la que obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado con una investigación sobre Heidegger y el pensamiento cronométrico. Ha publicado La mesura del temps (2008) y Heidegger y los relojes. Fenomenología genética de la medición del tiempo (2008), así como diversos artículos siempre centrados en el estudio de Platón y la Fenomenología. Es doctora en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Durante su etapa pre y postodctoral realizó estancias en University College London, Londres (UK), the National Institutes of Health, Washington (USA), and the Universität zu Köln, Colonia (Alemania). En la actualidad es Profesora Titular de Universidad en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Durante los últimos años, ha trabajado en la actividad neuronal de estructuras corticales y subcorticales que producen el control motor, así como en la adquisición de nuevas habilidades motoras. Más recientemente, ha contribuido en el desarrollo de técnicas avanzadas que permiten registrar esta actividad durante el proceso de aprendizaje. Estos resultados fueron incluidos entre los 10 grandes descubrimientos del año 2006 por la revista Science. Ha publicado más de 50 artículos en su tema de estudio y un libro, junto con tres coautores, sobre Los relojes que gobiernan la vida. Durante los últimos cuatro años ha sido la representante del Ministerio de Educación y Ciencia en la Comisión de Medicina de la European Science Foundation y es miembro adjunto de la Comisión de Fisiología y Farmacología de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP). Realiza un doctorado en Filosofía dirigido en co-tutela entre la Université Sorbonne, Paris 1, y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, bajo la dirección del Dr. Renaud Barbaras y del Dr. Roberto Walton. Es docente en el área de Metafísica y Gnoseología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y su investigación se concentra en el problema de la negatividad en los últimos escritos de Merleau-Ponty. Su trabajo ha sido publicado en diversas revistas internacionales. Luis Ignacio NIEL (Santa Fe, Argentina). Ex-Profesor de la Universidad Nacional del Litoral (Argentina) y de la Universidad Católica Argentina. Ex-Becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Argentina. Investigador invitado en la Universidad de Georgetown (EEUU). Actualmente Becario de la Konrad Adenauer Stiftung y Doctorando en los Archivos Husserl de la Universidad de Colonia, Alemania (Tesis: Conciencia de tiempo, yo e intencionalidad). Principales publicaciones: "Temporality, Stream of Consciousness and the I in the Bernau Manuscripts"; "La autoconstitución AUTORAS Y AUTORES de la conciencia absoluta"; "La disimulación de la protención y la deconstrucción del tiempo"; "De la singularidad del acontecimiento a la afirmación incondicional de la justicia". Licenciado en Filosofía (premio extraordinario) por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Traductor de Libertad y Sacrificio de Jan Patoc ka (Sígueme, Salamanca, 2007). Ha desarrollado su investigación en la Universidad P. Comillas y ha tenido una estancia de investigación en los Archivos Jan Patoc ka de Praga. Actualmente está terminando su tesis doctoral europea sobre el pensamiento de Jan Patoc ka en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona en el año 2000 con premio extraordinario de licenciatura y Arquitecto por la Universidad Politécnica de Cataluña en 2007. Realiza los estudios de doctorado entre Barcelona y Berlín (con becas del gobierno de la Generalitat de Cataluña -FI/FIAP-y del gobierno alemán -DAAD-). Actualmente esta finalizando su tesis doctoral sobre Fenomenología de la Arquitectura. Profesor en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB), de la Universidad Politécnica de Cataluña y en la Escuela de Diseño y Arte (EINA) de la Universidad Autónoma de Barcelona, así como profesor colaborador en la Universidad Internacional de Cataluña (UIC). Colabora también con el despacho de arquitectura Alonso, Sánchez, Pons de Barcelona. Sus áreas de interés son la Fenomenología, la Teoría de la Arquitectura y la Estética. Artículos publicados: Art i Hermenèutica. La Bauhaus y la Modernidad (2003), Fenomenología de l'espai: de l 'espai existencial a l' espai vital compartit (2004), Aproximaciones a una Fenomenología de la Arquitectura (2005), Fenomenología de la Arquitectura: Sobre la noción de "tipo arquitectónico" (2006). Licenciada en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Ha sido becaria de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, del CONICET, del DAAD y de la Fundación Rosa Luxemburgo. Ha participado en diversos proyectos de investigación en la Universidad de Buenos Aires y en la Bergische Universität Wuppertal, donde recientemente ha entregado su tesis doctoral sobre el tema "El autotraspasamiento inmanente de la egología en la fenomenología de Husserl". Ha sido profesora en la cátedra Filosofía del lenguaje en la Universidad Nacional de San Martín (Buenos Aires, Argentina). Ha publicado diversos artículos sobre la intersubjetividad en Husserl en revistas de Latinoamérica y España. Es Ingeniero Superior de Telecomunicación, Licenciado en Filosofía y Doctor en Filosofía. Actualmente desempeña el cargo de Profesor Titular en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. En su trabajo de investigación doctoral realizó una consideración filosófica de la ciencia empírica. Su trabajo de investigación posdoctoral se ha orientado a reflexionar sobre el modo como hay que entender un quehacer propiamente fenomenológico. Además de varios artículos, acaba de publicar Sobre el Sentido de la Fenomenología, Ed. En este libro el autor ensaya, sin adhesiones ni supuestos previos, una dilucidación fundamental de la fenomenología. Maestro en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su tesis de maestría examina la relación entre el presente vivo y la autobiografía pasiva, a partir de la teoría husserliana de los todos y las partes. Ha publicado en revistas filosóficas mexicanas artículos sobre fenomenología de los estados de ánimo y sobre filosofía antigua. Para su doctorado, también en la UNAM, investiga fenomenológicamente la relación entre estados de ánimo y carácter moral, atendiendo de manera especial el caso del estado de ánimo llamado serenidad. Ha impartido cursos de teoría del relato, semiótica y talleres de escritura creativa en universidades de Uruguay y México, y publicado los libros de cuentos Una noche de luz clara y otros cuentos (Primera Mención Premio Casa de las Américas, La Habana, 2001/Montevideo, Cauce, 2001), Y verás mis espaldas (Montevideo, Trilce, 2001) y El fuelle infinito (México DF, UNAM, 2006), así como la novela Rapsodia nocturna (Montevideo, Trilce, 2008). Sus relatos figuran en las antologías El descontento y la promesa. Nueva/joven narrativa uruguaya (Montevideo, Trilce, 2008) y El futuro no es nuestro. Karina P. TRILLES CALVO. Actualmente es Profesora de Filosofía en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Castilla-La Mancha. Se doctoró en la Universidad de Valencia con la Tesis "Alteridad, cuerpo y lenguaje en la obra de Merleau-Ponty", pensador que sigue siendo centro de sus investigaciones. Recientemente, ha publicado, entre otros, "M. Merleau-Ponty, un pensador en Guerra [Los otros y la violencia)" (Daimon, 2008 (44)], "La percepción y la pintura como inversiones del modelo epistemológico clásico (Una visión merleau-pontyana)" [Conceptos, 2008 (6)], "Dialoguing with the Other: Some Notes on Maurice Merleau-Ponty" (en Penas, B. y López, M.a C. (eds.): Interculturalism. En la actualidad, es investigadora del Proyecto de Investigación "Teorías y Prácticas de la Historia Conceptual: un reto para la filosofía".
EL ORIGEN DE LA CECEL La creación de la CECEL se plantea al suprimir el CSIC en 1979 el Patronato "José María Quadrado". Dicho Patronato había nacido en la década de 1940 y formaba parte de la estructura del Consejo, estando plenamente integrado en el mismo. Su finalidad consistía en coordinar y fomentar la actividad científica de los estudios locales y regionales, a través de centros cuya distribución territorial tenía carácter provincial. Ante la necesidad de mantener la cobertura intelectual del Consejo y de contar con un elemento aglutinador que pusiera en contacto a los centros, el entonces vicepresidente del CSIC y miembro de la Academia "Alfonso X el Sabio" de Murcia, profesor Emilio Sáez Sánchez, convocó una reunión en la primavera de 1980 en la sede del CSIC. De esa reunión salió la Asamblea fundacional de la CECEL que por invitación de los representantes del Instituto de Estudios Manchegos asistentes a esa primera toma de contacto (Manuel Espadas Burgos y la que escribe estas líneas) tuvo lugar en octubre de 1980 en Almagro (Ciudad Real). La Asamblea, en efecto, se desarrolló durante los días 16 al 19 de octubre de 1980, alternando las sesiones académicas, dedicadas a Quevedo y su tiempo, con las dedicadas al debate de los estatutos que debían regir la nueva institución. A partir de los datos depositados en el archivo del IEM y facilitados por Pedro Peral Martín, que actuó como secretario de la comisión organizadora, integrada también por Espadas, que sirvió de puente con el Consejo, Ramón José Maldonado y Cocat, José González Lara y una misma, conocemos los detalles sobre la gestación de la CECEL. Paralelamente a los trabajos de la comisión local en Madrid otra comisión compuesta por José Simón Díaz (del Instituto de Estudios Madrileños), Manuel Espadas Burgos (del CSIC), José Antonio Pérez Rioja (del Instituto de Estudios Sorianos), Rogelio Pérez Bustamante (de la Institución Cultural de Cantabria) y Martín Almagro Basch (del Instituto de Estudios Turolenses) celebraba varias reuniones preparatorias. Si en la sesión de la primavera la asistencia fue poco numerosa, no ocurrió lo mismo con esta primera asamblea, donde estuvieron presentes: Alejandro Nieto González, presidente del CSIC, y Emilio Sáez Sánchez, vicepresidente del CSIC. Por los centros asistieron Rubí E. Sanz Gamo y Samuel de los Santos Gallego, del Instituto de Estudios Albacetenses. A lo largo de las sesiones los representantes de los centros manifestaron de manera recurrente su deseo de continuar en el seno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, como marco natural de la Confederación. Algo que fue recogido sin reservas en el acto de clausura por el entonces presidente del CSIC Alejandro Nieto, que manifestó institucionalmente el deseo de superar pasados desencuentros e iniciar una nueva etapa en las relaciones con los centros de estudios locales, ratificando la permanencia en el Consejo de la CECEL. Paralelamente a las asambleas algunos centros, sobre todo en los primeros años en que dichas asambleas tenían una duración mayor (después hubo que reducirla sobre todo por motivos laborales de los representantes de los centros), las acompañaron con la celebración de algún congreso científico. A partir de los datos con que contamos en la CECEL, además del congreso, ya mencionado, de la primera de las asambleas del Instituto de Estudios Manchegos, constituti-va de la Confederación, otros centros organizaron los suyos junto con la asamblea. De esta manera, en Badajoz se celebró uno sobre Los caminos de la Península Ibérica, en 1982 Alicante sobre Manifestaciones de la cultura popular, en La Laguna sobre Posibles aportaciones de los estudios locales al V Centenario del Descubrimiento de América. La de la Institución "Fernando el Católico" de Zaragoza contó con dos áreas. Una dedicada a la Prehistoria y la Arqueología en los Estudios Locales. La segunda a Tipobibliografía española del siglo XVI. En la primera asamblea de Cádiz se estudió Lo español y lo indígena en el Arte Hispanoamericano. Más recientemente, con la segunda asamblea de Zaragoza, se ha hecho coincidir un congreso más, que en este caso tuvo como como tema de estudio los Fueros y ordenamientos jurídicos locales en la España medieval. FINALIDAD DE LA CECEL Los fines de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales son básicamente los recogidos en sus Estatutos, que en su momento fueron también aprobados por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Consisten éstos en impulsar los estudios de investigación local, coordinar a los centros que integra la CECEL en el seno del CSIC, fomentar y coordinar la creación y desarrollo de los programas de investigación, bien generales de la Confederación o comunes a varias de nuestras instituciones. Estatutariamente se considera, asimismo, la necesidad de promover las relaciones entre los Centros integrantes y las de éstos con los demás del CSIC, las Universidades y otras instituciones españolas y extranjeras de finalidad análoga. A la vez que facilitar la colaboración entre los investigadores de una misma especialidad de los distintos centros y la de éstos en los sectores correspondientes del CSIC y los departamentos universitarios afines. Es tarea de la CECEL promover la labor de los Centros y especialmente de sus producciones bibliográficas, instituir premios y ayudas, así como organizar reuniones científicas y cuantas otras actividades contribuyan al mejor cumplimiento de sus fines. El normal funcionamiento de la Confederación ha estado dirigido por las sucesivas juntas de gobierno de la misma. En los primeros años de existencia se preocuparon de la normalización de la CECEL en el CSIC desde el nuevo planteamiento. A partir de ahí se han venido fomentando las buenas relaciones entre los propios centros, creando una atmósfera distendida que nos permita trabajar, lo que favorece la ausencia de intereses profesionales, económicos o políticos. Y, desde luego, se ha procurado atender los fines estatutarios, para cuyo cumplimiento la Confederación se ha abierto a la colaboración con otras instituciones y organismos que puedan contribuir al desarrollo de nuestras actividades. Desde de una afinidad en cuanto a la distribución territorial, la CECEL ha firmado convenios de colaboración con la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y con la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), en cuyos cursos de formación participamos. Recientemente ha entrado en contacto con instituciones europeas afines. La propia Confederación también cuenta con proyectos y publicaciones propias. Edita un boletín informativo y una revista y ha vuelto a celebrar congresos científicos, en los que, como norma, cuenta con investigadores del CSIC. Por lo que se refiere al desempeño de los cargos, en la actualidad son presidentes honorarios y vocales permanentes en de la Junta de Gobierno, como presidentes que han cumplido los dos mandatos regulados en los estatutos, José Simón Díaz (desde 1989) LOS CENTROS DE LA CECEL Según el artículo 12.o de los Estatutos "Los centros que forman parte de la CECEL estarán integrados en el CSIC con el carácter de Centros vinculados". En la actualidad forman parte de la Confederación cincuenta y seis centros, que dentro de una gran heterogeneidad en cuanto régimen jurídico y a situación económica están unidos por su alto nivel científico y cultural y por la dedicación al territorio en el que están implantados. Son instituciones en las que sus miembros, generalmente sin percibir remuneración alguna, realizan y promueven una actividad amplia, de carácter multidisciplinar e interdisciplinar. Es de destacar el apoyo que desde las mismas se ofrece a jóvenes investigadores que de otra forma carecerían de importantes oportunidades. En cuanto a su antigüedad, desde los cincuenta y siete centros que integran la Confederación podemos remontarnos a casi doscientos cincuenta años de existencia. Tal es el caso de la Sociedad Bascongada de los Amigos del País (de la que nos consta su actividad ya en 1763). En el siglo XVIII ven la luz también la Real Academia Provincial de Bellas Artes de Cádiz, que nace siete años más tarde, y la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, que arranca de 1783. Después de un intervalo prolongado y siguiendo la tendencia de que las academias suelen ser los centros de mayor antigüedad, en 1810 nace la Real Academia de Córdoba. A mediados del siglo XIX aparece la Real Academia de Bellas Artes de "Santa Isabel de Hungría" de Sevilla. Las cuatro gozan de la categoría de asociados en el Instituto de España, al igual que la Real Academia "Alfonso X El Sabio", la Real Academia de Cultura Valenciana, la Real Academia de Historia y Arte de "San Quirce" y la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. Veintinueve años después surgió la Sociedad Científica El Museo Canario, mientras que la Sociedad Arqueológica Lul-liana acaba de conmemorar su ciento veinticinco aniversario. A partir de entonces la creación de estas instituciones es imparable. Si tenemos en cuenta las que en la actualidad pertenecen a la Confederación Española de Centros de Estudios Locales y nos han facilitado esta información (lo que han hecho casi la totalidad de las mismas), por su origen podemos agruparlas en tres momentos a lo largo del siglo XX. Institución "Tello Téllez de Meneses" de Palencia, el Centro de Estudios Sorianos y el Instituto de Estudios Turolenses. En 1960 encontramos el Institut d'Estudis Ilerdencs, la Academia "San Quirce" de Segovia y, poco después, la Institución "Gran Duque de Alba" de Ávila y la Institución "Marqués de Santillana" de Guadalajara. Manteniendo una cierta continuidad cronológica, con apenas una década de diferencia, el último tercio del pasado siglo se inicia con el Institut d'Estudis Balearics de Palma de Mallorca y el Instituto de Estudios e Investigaciones de Toledo y la Asociación de Estudios Melillenses. Poco después se crean el Instituto de Estudios Ceutíes, el Instituto de Estudios Zamorano "Florián de Ocampo", el Instituto de Estudios Albacetenses, el Centro de Estudios Salmantinos, el Instituto Alicantino de Cltura "Juan Gil-Albert" y el Instituto de Estudios Altoaragoneses de Huesca. En la década de 1980 surgen el Instituto de estudios Almerienses, la Institución de Estudios Complutenses de Alcalá de Henares, la Institución "El Brocense" de Cáceres, El Centro Histórico de Granada y su Reino, el Instituto de Estudios Vigueses y la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y el Centro de Estudios Melillenses. Mientras que a finales de la centuria son creados el Institut d'Estudis Vallencs, el Institut Menorquí d'Estudis, el Centro de Estudios Benaventanos "Ledo del Pozo" y el Centro de Estudios Mirobrigenses de Ciudad Rodrigo. La actividad de estos centros, en los que de manera permanente o esporádica viene trabajando unos dos mil investigadores, como hemos dicho, es amplia y variada. En líneas generales organizan reuniones científicas, a base de congresos, simposios y jornadas. A veces con carácter monográfico, sobre todo los centros especializados, como algunas reales academias. Aunque otras muchas también lo tienen multidisciplinar e interdisciplinar. Para la divulgación de la ciencia realizan cursos de verano, mesas redondas y conferencias. Organizan, asimismo, exposiciones y conciertos. Es habitual que los centros de la CECEL en mayor o menor grado, según los casos y dentro de su heterogeneidad, presten apoyo institucional a comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos. LA CONFEDERACIÓN ESPAÑOLA DE CENTROS DE ESTUDIOS LOCALES Gran
El día 25 de enero de 1977 el Boletín Oficial del Estado 1 publicaba un Real Decreto, 62/1977, de 21 de enero, por el que se reestructuraba el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, figurando en el Preámbulo -entre los Patronatos que en aquel momento integraban el CSIC-el "José María Quadrado" 2. En este mismo Preámbulo, se ponían de manifiesto las consideraciones que hacían necesaria esta reestructuración de la institución: "La necesidad de aprovechar al máximo el potencial de investigación y los recursos existentes para atender selectivamente a los problemas que plantea el desarrollo cultural, científico, tecnológico y económico de la nación, así como la experiencia obtenida en los últimos años sobre el funcionamiento de este complejo sistema, aconsejan una nueva ordenación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas que, sobre la base de la ordenación unitaria con la que fue planteado, facilite una mayor coordinación entre los centros de investigación, permita un tratamiento multidisciplinario de los problemas, imponga una simplificación de las estructuras y procedimientos administrativos y favorezca, en fin, una política científica coherente y orientada prioritariamente hacia aquellos objetivos que se juzguen de mayor interés en cada momento". En el articulado de la Real Orden se dispone en el artículo segundo: "Se suprimen los Patronatos 'Menéndez y Pelayo','Raimundo Lulio','Alfonso el Sabio','Diego Saavedra y Fajardo','Juan de la Cierva','José María Cuadrado','Alonso Herrera' y 'Santiago Ramón y Cajal', siendo sus competencias asumidas por la Junta de Gobierno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que asume también las funciones de su Consejo Ejecutivo, que queda igualmente suprimido". Llegaba así a su final, con la desaparición del Patronato "José María Quadrado" de Estudios Locales, una época de esplendor de la historiografía local patrocinada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas a través de una red de institutos diseminados por toda España. Sin embargo, la desaparición de los estudios locales en el seno del Consejo no parecía ser uno de los propósitos de los responsables de la institución, pues en el nuevo Reglamento Orgánico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Real Decreto 3450/1977, de 30 de diciembre, publicado en el BOE n.o 19, de 23 de enero de 1978), en el artículo segundo, en el que se explicitan las "funciones" del Consejo, aparece: "D) Promover la investigación científica en los ámbitos regionales locales, estableciendo, a estos efectos, los oportunos conciertos con las corporaciones y entidades correspondientes". A pesar de que la asistencia a esta reunión no fue muy numerosa, en esta primera toma de contacto se puso de manifiesto la necesidad de mantener entre los centros un contacto que permitiera el intercambio de sus publicaciones y la colaboración científica y cultural, participando activamente en esta defensa, entre otros representantes de centros, el doctor Adrián Espí, del Instituto de Estudios Alicantinos. LA CREACIÓN DE LA CECEL EN EL SENO DEL CSIC El Instituto de Estudios Manchegos recogió el compromiso y sus representantes en aquella reunión, el mencionado vicedirector doctor Espadas Burgos y la vocal de la Junta de Gobierno, doctora Ángela Madrid Medina, ofrecieron la sede del Instituto para la celebración de un encuentro -que resultaría trascendental-en el que se profundizara en la necesidad de mantener las relaciones entre los centros y sentar las bases del modelo a establecer para su desarrollo. Así, entre los días 16 y 19 de octubre de 1980 se celebró en Ciudad Real y Almagro la XXVII Asamblea de Centros de Estudios Locales, constitutiva de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales (CECEL). La sesión inaugural de la Asamblea tuvo lugar el día 16 en el Salón de plenos de la Diputación Provincial de Ciudad Real, interviniendo en primer lugar el director del Instituto de Estudios Manchegos, quien afirmó que se iba a constituir la nueva institución cultural a través del universalismo manchego afirmando la realidad de la autonomía local. Le correspondió entonces intervenir a don José Simón Díaz, quien tras agradecer la cordialidad y hospitalidad que se les había brindado, trazó un breve pero preciso resumen de la vida de los Institutos de Estudios Locales, durante el período 1940-1977, destacando el desinterés y entusiasmo con que más de 2.000 científicos habían venido investigando los distintos ámbitos de la cultura local y señaló que si el anterior período de la vida de dichas Instituciones se podía poner en paralelo con la primera salida de Don Quijote, tras un período de desamparo oficial se iniciaba ahora la segunda con la reación de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales integrados en el CSIC. Con motivo de la asamblea fue inaugurada, en el patio del Palacio Provincial, una interesante exposición bibliográfica en la que se mostraron cerca de trescientas obras, correspondientes tan sólo a diecisiete de los cuarenta y siete centros existentes en esas fechas. Tras la sesión inaugural, en sesión plenaria y bajo la presidencia de Simón Díaz, comenzó el estudio del proyecto de Estatutos, que constaba de doce artículos, formulándose diversas observaciones. La sesión continuó por la tarde en Valdepeñas y el sábado 18 en el Parador de Turismo de Almagro, finalizándose el estudio del borrador de Estatutos, acordándose su remisión al CSIC para su aprobación por parte de la Institución. En todas estas sesiones de trabajo se puso de manifiesto el deseo de todos los representantes de los Centros de mantenerse en el seno del CSIC, marco que se consideraba el más apropiado para el desarrollo de labores de investigación de todos los Centros, que, por otra parte, quedaba avalada legalmente, tal como expuso Simón Díaz, por los ya mencionados Real Decreto de 21 de enero de 1977 y el Reglamento Orgánico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de 30 de diciembre de 1977, en el que, recordemos, en el apartado "D", del artículo segundo, en el que se ponían de manifiesto las "funciones" del Consejo figura: "Promover la investigación científica en los ámbitos regionales locales, estableciendo, a estos efectos, los oportunos conciertos con las corporaciones y entidades correspondientes". En el acto de clausura de esta XXVII Asamblea de los Centros de Estudios Locales, fundacional de la CECEL celebrado el domingo 19 de octubre intervino don Manuel Espadas Burgos, vicedirector del Instituto de Estudios Manchegos y, como ya hemos apuntado, uno de los principales promotores de las iniciativas que habían culminado con la constitución de la CECEL, congratulándose por el interés demostrado por el ministro González Seara sobre el futuro de los Centros Locales, señalando que "desde ahora van a estrechar sus lazos de relación mediante la labor coordinadora que realizará la Confederación desde el CSIC". José Simón Díaz aprovechó su intervención para aclarar algunas manifestaciones suyas recogidas en prensa, afirmando que "como miembro del CSIC, yo admiro lo realizado por todos sus patronatos que ha sido mucho en los últimos años". Lo que sí dije y reafirmo es que examinando de manera proporcional los recursos de que habían dispuesto cada uno, no llegaba ni al uno por mil los del extinguido Patronato "José María Quadrado". También destacó la labor investigadora de los Centros de Estudios Locales "que dedican un 95 % de sus posibilidades económicas a investigación y una mínima cantidad a gastos de mantenimiento y ello porque sus 2.000 investigadores realizan su trabajo de forma desinteresada" y señaló que con la creación de la CECEL se iniciaba una especie de "segunda salida" de Don Quijote en una etapa de mayor colaboración recíproca con el Consejo, "superada la situación de 'ejército disperso' y el período de aislamiento en que hemos vivido últimamente". El broche de oro lo puso el presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, profesor don Alejandro Nieto González, en el que aludió al papel de cenicienta que han padecido los Estudios Locales, y exaltó las constantes de modestia y fidelidad de los Centros hacia el CSIC, manifestando: "Es momento de olvidar la lamentable historia de las relaciones del CSIC con los Centro de Estudios Locales y proyectarse con ilusión compartida al fututo, actitud esta mía que es asumida por el ministro de Investigación y Universidades. El Consejo está deseando ratificar la permanencia de aquéllos en su seno, cuestión que creo ha quedado consagrada en esta reunión plenaria... No podemos ofrecerle una mano poderosa -añadió-pero sí una relación más sutil y familiar, como parte integrante de la familia de la investigación y de su Consejo Superior..." Destacó el profesor Nieto que la fórmula de Confederación "era muy apropiada y conforme con la legislación aplicable, organismo que debe basarse más que en criterios de territorialidad, en temática de investigación y anunció que en breves fechas dispondría la CECEL de unos locales en la sede del CSIC, en Madrid, así como de los elementos personales y materiales necesarios 'que ruego me los acepten' manifestó". Estas palabras del Presidente del CSIC fueron acogidas con esperanza y satisfacción por los representantes del medio centenar de Centros asistentes a la Asamblea. La gestación de la CECEL, que acogía en su seno a los centros que antes integraban el extinto Patronato "José María Quadrado", corrió a cargo de una comisión integrada por representantes de distintos Centros y del CSIC: José Simón Díaz (Instituto de Estudios Madrileños), Manuel Espadas Burgos (CSIC), José Antonio Pérez Rioja (Centro de Estudios Sorianos), Rogelio Pérez Bustamante (Institución Cultural de Cantabria, de Santander) y Martín Almagro Basch (Instituto de Estudios Turolenses) que celebraron varias sesiones de trabajo en Madrid. Otra comisión, integrada en el Instituto de Estudios Manchegos, tuvo a su cargo los trabajos de organización de la Asamblea y tomaron parte en ella José Simón Díaz (presidente), Manuel Espadas Burgos (vicepresidente), Pedro Peral Martín (secretario ejecutivo) y los vocales Ángela Madrid Medina, Ramón José Maldonado y Cocat y José González Lara. La tareas de secretaría fueron desempeñadas por Jorge Sánchez Lillo y Juan Nieva Expósito. Presentado al CSIC el borrador de los Estatutos de la CECEL, en la Junta de Gobierno celebrada el día 2 de diciembre del mismo año 1980 se hace constar que: "después de considerar las modificaciones al anteproyecto de Estatuto de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales, introducidas por las Comisiones Científica y Económica, las hace suyas y aprueba dicho anteproyecto, que habrá de ser redactado de nuevo teniendo en cuenta las antedichas modificaciones en los artículos 8, 11 a), 12 y 13, y que son las siguientes: 1.a Añadir en el art. 8 la siguiente frase: Formará parte de la Junta de Gobierno, un Vocal representante del CSIC designado por el Presidente del mismo. 2.a El art. 11 a) quedará redactado en los siguientes términos: Por las partidas que correspondan dentro del Presupuesto General del CSIC, las cantidades asignadas a los gastos generales de la Agrupación serán independientes de las subvenciones que se asignen individualmente a cada Centro, previa propuesta realizada a tal efecto, de acuerdo con lo prevenido en el art. 10 a). 3.a El art. 12 en el que se substituye parte integrante del mismo Consejo por Centros vinculados. 4.a Para el ingreso en la Confederación será preciso en todo caso -es decir, incluso en los supuestos del art. 13-, que cada Centro lo solicite individualmente, acreditando que, en el caso de que dependa o esté vinculado con un Organismo Público, cuente con la debida autorización del mismo". Comunicado este acuerdo de la Junta de Gobierno del CSIC a la CECEL, fue modificado el borrador de Estatutos que, una vez aprobado, fue enviado para su definitiva aprobación gubernativa. De su articulado destacamos algunos aspectos que nos parecen interesantes, pues ponen claramente de manifiesto las estrechas relaciones entre el CSIC y la CECEL: "La CECEL, encuadrada en el CSIC, agrupa y coordina..." (art. 1.o); destaca entre sus cometidos el de "Coordinar dichos Centros en el seno del CSIC" [art. 2.o b)]; "Promover las relaciones entre los Centros integrantes y las de éstos con los demás del CSIC" [art. 2.o d)]; "Facilitar la colaboración entre los investigadores de una misma especialidad de los distintos Centros y la de éstos en los sectores correspondientes del CSIC" [art. 2.o e)]; "La Confederación tendrá su sede en Madrid, en los locales que a tal efecto le asigne el CSIC" (art. 3.o); "Resolver los asuntos que le sean encomendados por los órganos del CSIC" [art. 9.o c)]; "Formarán parte de la CECEL,..., los siguientes Centros, por orden cronológico de su vinculación al CSIC" (art. 13.o) y "En caso de disolución, los fondos y bienes existentes en la CECEL serán entregados al CSIC" (art. 15.o). Poco después de la fundación de la CECEL, el CSIC puso a su disposición dos despachos en la planta cuarta del edificio ubicado en la calle Duque de Medinaceli, 6, de Madrid, además de una administrativa para desempeñar los trabajos diarios bajo las indicaciones de la Presidencia y la Secretaría de la CECEL. En la actualidad, este puesto de administrativo ha sido cubierto desde la CECEL, corriendo a su cargo el correspondiente pago de la persona que lo desempeña. En el otoño de 2007, cuando los Institutos de Humanidades del CSIC se trasladaron a la nueva sede del Centro de Humanidades y Ciencias Sociales, en la calle Albasanz, la CECEL trasladó igualmente su sede administrativa a este mismo edificio, donde dispone de un despacho para la Presidencia, además de un puesto de trabajo para el administrativo, y donde sigue celebrando sus Juntas de Gobierno trimestrales. Es importante destacar que, desde la integración de cada uno de los Centros de Estudios Locales en el antiguo Patronato "José María Quadrado" y, posteriormente, en la CECEL, desde la fundación de ésta, el CSIC recibe un ejemplar de cada una de las publicaciones editadas por estos Centros de Estudios Locales, tanto revistas como libros, que pasan a integrar la biblioteca del CSIC, donde están a disposición de toda la comunidad científica, poniéndose así de manifiesto la importancia de las publicaciones llevadas a cabo por lo miembros integrantes de la CECEL, que, sin lugar a dudas, puede considerarse la mayor editorial española, tanto por el número de sus publicaciones, como por la calidad y la variedad temática de las mismas. Desde su fundación, la CECEL recibe del CSIC una cantidad de dinero con la que hacer frente a sus necesidades organizativas, que se complementa con las cuotas que, desde 2004, abonan todos los centros integrantes de la misma. Las publicaciones de los centros integrantes de la CECEL tienen tradicionalmente un punto de distribución en la Librería Científica del CSIC ubicada en la calle En el "Balance del año 1981", expuesto por el presidente doctor Alejandro Nieto en el salón de actos del edificio central del CSIC, el día 22 de diciembre mismo año, al referirse a la "reestructuración de Institutos y Centros" y como uno de los últimos logros, se refirió a la "creación de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales", que calificó como "merecido acto de justicia para uno de los mejores florones del CSIC, del que tan orgulloso estoy" 5. En el Directorio, aparecen por vez primera los Centros de Estudios Locales bajo el epígrafe de "Confederación Española de Centros de Estudios Locales", proporcionándose a lo lectores de la Memoria, una breve información, sobre la misma, extraída de sus Estatutos, que nos parece interesante transcribir: "La Confederación Española de Centros de Estudios Locales encuadrada en el CSIC, agrupa y coordina la actividad la actividad científica de los organismos dedicados a investigación bajo diferentes denominaciones (Centros, Institutos, Academias) y diversas estructuras orgánicas, así como la de aquellos otros Centros que se vayan incorporando en lo sucesivo a ella. La Confederación tiene como atribuciones o finalidades específicas las siguientes: a) Impulsar los estudios de investigaciones locales. b) Coordinar dichos Centros en el seno del CSIC. c) Fomentar y coordinar la creación y desarrollo de los programas genera-les o comunes de investigación. d) Promover las relaciones entre los Centros integrantes y las de éstos con los demás del CSIC, las Universidades y otras Instituciones españolas y extranjeras de finalidad análoga. e) Facilitar la colaboración entre los investigadores de una misma especialidad de los distintos Centros y la de éstos en los sectores correspondientes del CSIC, y los departamentos universitarios afines. f) Promover la labor de los Centros y especialmente de sus producciones bibliográficas y g) Instituir premios y ayudas, organizar reuniones científicas y cuantas otras actividades contribuyan al mejor cumplimiento de sus fines. La Confederación tiene su sede en Madrid, en los locales que a tal efecto le asigna el CSIC" 6. Se relacionan también todos los Centros integrantes de la CECEL, por orden alfabético de localidades. Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses; Alicante, Instituto de Estudios Alicantinos; Ávila, Institución "Gran Duque de Alba"; Badajoz, Institución Cultural "Pedro de Valencia" y Centro de Estudios Extremeños; Burgos, Institución "Fernán González"; Cádiz, Academia Provincial de Bellas Artes; Castellón de la Plana, Sociedad Castellonense de Cultura; Ceuta, Instituto de Estudios Ceutíes; Ciudad Real, Instituto de Estudios Manchegos; Córdoba, Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes; Gerona, Instituto de Estudios Gerundenses; Guadalajara, Institución "Marqués de Santillana"; Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses; Ibiza, Instituto de Estudios Ibicencos; Jaén, Instituto de Estudios Giennenses; Jerez de la Frontera, Centro de Estudios Históricos Jerezanos; La Laguna (Santa Cruz de Tenerife), Instituto de Estudios Canarios; León, Centro de Estudios e Investigación "San Isidoro" e Institución "Fray Bernardino de Sahagún"; Lérida, Instituto de Estudios Ilerdenses; Logroño, Instituto de Estudios Riojanos; Madrid, Instituto de Estudios Madrileños; Murcia, Academia "Alfonso X el Sabio"; Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos; Palencia, Institución "Tello Téllez de Meneses"; Palma de Mallorca, Institut d'Estudis Balearics y Sociedad Arqueologico "Lul-liana"; Pontevedra, Museo de Pontevedra; Salamanca, Centro de Estudios Salmantinos; San Sebastián, Real Sociedad Vascongada de Amigos del País; Santander, Institución Cultural "Cantabria" y Centro de Estudios Montañeses; Segovia, Instituto "Diego de Colmenares"; Sevilla, Academia de Bellas Artes "Santa Isabel de Hungría"; Soria, Centro de Estudios Sorianos; Tarragona, Instituto d'Estudis Vallencs, Valls; Teruel, Instituto de Estudios Turolenses; Toledo, WIFREDO RINCÓN GARCÍA Instituto de Estudios Toledanos; Valencia, Institución "Alfonso el Magnánimo" y Academia de Cultura Valenciana; Valladolid, Casa Museo de Zorrilla y Zaragoza, Institución "Fernando el Católico" 7. Todos estos Centros se manifiestan como centros subvencionados en el mapa de España que, articulado en Comunidades Autónomas, figura en la misma Memoria 8. También se relacionan las publicaciones de los Centros de Estudios Locales, tanto las revistas como los libros, indicándose en el caso de las primeras los números aparecidos en el año y en el caso de los segundos, los títulos y sus correspondientes autores. Igual que sucedía cuando se relacionaban los Centros, a modo de preámbulo de las publicaciones figura este texto que consideramos interesante transcribir, pues se trataba de una precisa información sobre la CECEL y sus actividades, para conocimiento de los investigadores y otro personal del CSIC. El texto es el siguiente: "El 28 de abril (1981) se verificó en Madrid la constitución oficial de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales, para agrupar y coordinar la actividad científica de los organismos dedicados a la investigación bajo diferentes denominaciones y diversas estructuras orgánicas en los ámbitos regional y local. Para valorar la oportunidad y la importancia de este acto, basta recordar que, pocos días después, los veintiún ministros de Cultura de los países miembros del Consejo de Europa reunidos en Luxemburgo acordaron promover la conservación y el desarrollo de las culturas regionales y locales y las trascendencia creciente del tema en la nueva configuración del Estado. Aunque el aspecto más conocido de la labor desarrollada es el de las publicaciones, tanto eruditas como divulgadoras, existen otros muchos de no menor interés, como son las excavaciones arqueológicas, restauraciones de monumentos, creación de archivos, bibliotecas y museos, congresos científicos, concesiones de premios y becas, etc. Cada centro suele tener una publicación periódica, aunque son varios los que mantienen varias a la vez, como las Instituciones 'Fernando el Católico', de Zaragoza, y 'Alfonso el Magnánimo', de Valencia, pudiendo señalarse también, como indicio de la magnitud de los realizado en cuanto a libros y folletos, que la primera de estas entidades acaba de lanzar su obra número 792. En la ciudad de Badajoz se celebró, durante los primeros días de octubre, la XXVIII Reunión Plenaria de los Centros de Estudios Locales, celebrándose a la vez sesiones de trabajo en que se estudiaron comunicaciones y ponencias sobre el tema Los caminos de la Península Ibérica, tratado desde los puntos de vista histórico, geográfico, artístico, social, económico, literario, etc. A la vez, la magna Exposición Bibliográfica mostró la totalidad de la producción editorial de los Centros, que será reseñada en un Catálogo, destinado a testimoniar el alcance de la aportación prestada por estos organismos a la Cultura española" 9. Como podemos ver, un interesante y clarificador texto cuya finalidad era divulgar la actividad de los centros integrados en la CECEL. Por último, recogemos el texto de la Secretaria de Estado de Universidades e Investigación, doctora doña Carmina Virgili, leído en la sesión de clausura de la XXX Asamblea Plenaria de la CECEL, celebrada en La Laguna, el 2 de octubre de 1983, en el que valoró, según se pone de manifiesto en el Memoria del CSIC de 1983, donde se transcribe, "la aportación de la CECEL dentro del panorama científico español". Su intervención, de gran interés, fue la siguiente: "Los Centros de Estudios Locales del CSIC mantienen la mejor y más difícil de las tradiciones culturales y científicas de nuestro país. La de los 'caballeritos de Azcoitia', la de las Sociedades de Amigos del País, la de los Ateneos, la de los hombres o grupos que aislados de apoyos pero nunca de la realidad de su entorno lucharon, a veces, pagando un alto precio por abrir caminos a la razón y al conocimiento. Pero vuestros Centros no significan únicamente la continuidad de una tradición tantas veces negada y abatida. Son también en más de un sentido parte de un modelo que tenemos que construir. Vuestros trabajos apegados a la realidad de vuestro entorno. Vuestra capacidad de llevar a la realidad inmediata los conocimientos culturales y científicos. El extraer de esta misma realidad nuevos datos de conocimiento. Todo esto, unido a una descentralización que vosotros mismos habéis impedido que se convierta en dispersión, tiene mucho que ver con la necesaria incorporación de nuestra ciencia y nuestra cultura a la modernidad. Y con sus posibilidades de enriquecer en todos los aspectos el medio social concreto en que la ciencia y la cultura se desarrollan. La flexibilidad, desburocratización y apertura de vuestros Centros no son cualidades que nieguen o impi-LA CECEL EN EL CSIC dan su posible y positiva apertura y colaboración con el mundo universitario. Muy al contrario, ofrecen notas que han de ser características de la nueva Universidad -profesionalizada, autónoma, ligada a su entorno social-que queremos empezar a construir y que este mismo curso inicia su proceso de reforma, su andadura autonómica y establece nuevos lazos con las comunidades autónomas en las que están ancladas. Vuestra integración en el CSIC no sólo garantiza la intercomunicación y la unión de esfuerzos, supone también vuestro compromiso con el proyecto de vigorización y renovación al servicio de su sociedad" 10. LA CECEL EN EL CSIC de LA CECEL EN EL CSIC Duque
Los centros de estudios locales son fruto de la necesidad de conocimiento y consiguiente corriente investigadora iniciada con la Ilustración y, por ello, muchos de ellos herederos y continuadores de las Comisiones Provinciales de Monumentos nacidas con el objeto de salvaguardar todo lo más posible del ingente patrimonio histórico-artístico creado y custodiado por las órdenes religiosas cuyas instalaciones sufrieron los terribles efectos de las diferentes leyes desamortizadoras, tan mal realizadas. Las Comisiones Provinciales de Monumentos basaron su trabajo de salvaguarda de las obras en el conocimiento de las mismas a partir de su conocimiento. Labor que completaron y continuaron los centros de estudios locales y que explica la abundancia de los dedicados al estudio y divulgación de la historia y el arte con carácter exclusivo o preferente en su ámbito geográfico. En el caso de los centros de estudios -CEL-que han tenido desde sus inicios una dedicación a campos de estudio no exclusivamente históricos y artísticos pueden encontrarse sus inicios, al menos desde un punto de vista conceptual y funcional, en las Sociedades Económicas de Amigos del País, que nacieron como resultado de la valoración del saber y de la educación como factores imprescindibles para el desarrollo de las tierras y lugares en los que se fundaron, con una misión formativa orientada a las actividades artesanales, no tanto educativa como de clara orientación práctica. Aunque no fue éste el camino seguido por los CEL en su actividad. Finalmente, acaso sean más abundantes los centros de estudios locales nacidos como resultado de la noble emulación, con la finalidad de hacer en su tierra y lugar lo mismo que se venía haciendo desde tiempo atrás en otros sitios y lograr unos resultados semejantes. La iniciativa en la creación de centros correspondió a las instituciones gubernativas locales y provinciales, como era lógico en el seno de una situación política de estricto control de las actividades públicas y, de manera especial, las relacionadas con el campo de la cultura y de las ideas. Este aspecto permite afirmar que fue el poder central el promotor e impulsor de centros y, mediante su inclusión en el Patronato José M. a Cuadrado, lograba, al mismo tiempo, el control de su actividad y, lo que tenía gran importancia en el momento, el reconocimiento de la importancia que se otorgaba a su labor al considerarlos dignos de formar parte del organigrama funcional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, aun cuando fuera en el seno de un Patronato y no como Instituto. Adscripción que con gran satisfacción e incluso orgullo ostentan la mayoría de los centros que, en estos momentos, siguen teniendo en el A-1 No 20 Consejo Superior de Investigaciones Científicas el garante de la unión de todos con todos a través de la CECEL. Los fundadores de los centros normalmente han sido las instituciones y organismos públicos de segundo y tercer orden, es decir, los más cercanos a la realidad de cada tierra, su historia, sus problemas y sus gentes: ayuntamientos, diputaciones, entidades financieras y de ahorro, asociaciones culturales... Cada centro de estudios ha tenido su fundador. A lo largo de la historia no han variado las características de los protectores de actividades culturales individuales o colectivas que, igualmente han podido ser y son individuales y colectivos y, dentro de estas últimas, privadas u oficiales, pero ha sido muy sustancial el cambio visible en cuanto al número de los unos respecto a los otros. Desde la Antigüedad y hasta el siglo XIX, era predominante la figura del mecenas o protector de artistas y hombres de letras. Hoy se han invertido los términos y predominan los organismos colectivos, tanto privados como oficiales, sobre el mecenazgo individual. La condición de los protectores y mecenas depende del carácter de cada centro y, a su vez, tal condición se define a partir de su naturaleza jurídica, en la que se basa la división en centros públicos y privados. Diferencia que no afecta en nada a su trabajo, aunque puede que sí a las condiciones en que el mismo se desarrolle, pero sí, y de manera decisiva, a otros aspectos, cuales en el caso de los centros públicos son, por ejemplo, los de su limitación o total incapacidad para recibir ayudas y subvenciones de otros organismos, en virtud de la legislación vigente, y el de la disminución de su derecho a formar parte de los órganos de gobierno de determinadas entidades. Aspectos en los que reina una evidente confusión, con origen en las variadas interpretaciones que se aplican, dando como resultado el caso de un centro que tiene representación de máximo derecho en una entidad, en tanto que se le niega en otra equivalente, ambas de la misma ciudad y ámbito de actuación. Los públicos, entendiendo por tales aquellos que actúan al amparo de organismos de la misma condición, tienen como protectores a los ayuntamientos, diputaciones, gobiernos de las comunidades autónomas y, en algún caso, una universidad. En tanto que los privados carecen de un protector en sentido estricto. A pesar de que el nombre de centros de estudios locales hace pensar que son los ayuntamientos los principales detentadores del patronazgo de los mismos, éste es ejercido en la mayor parte de los casos por las diputaciones provinciales en lógica relación con el espacio geográfico de actuación de los centros en la que, de acuerdo con lo ya dicho al respecto, hay un claro predominio de los estudios y publicaciones dedicados a provincia sobre los referidos a cualquiera otra división política o administrativa. La identificación entre espacio geográfico y ámbito de estudio es tan preciso en la mayoría de los casos que, igualmente como consecuencia natural, que sean las diputaciones provinciales las que se encarguen del patrocinio de tales trabajos que ha hecho que muchos casos se hayan llegado a considerar como una parcela más dentro de sus obligaciones de atención a las necesidades de la provincia. Siguiendo un camino habitual cual es el de convertir en público y dependiente una tarea independiente, no privada, carácter que no es aplicable con el debido rigor a cualquier actividad que se desarrolla al amparo del apoyo económico y las subvenciones de los organismos oficiales. La asunción de las obligaciones de patronato por parte de las diputaciones provinciales sobre los centros de estudios locales ha sido objeto de una ampliación de objetivos al asumir su patrocinio las comunidades autónomas uniprovinciales, al mismo tiempo que algunas de las comunidades más amplias las han agrupado en una especie de federación, a semejanza del Instituto de España y las academias nacionales, con el objeto de poner al servicio de la comunidad correspondiente la suma de los estudios y actividades de todos los centros. Suele haber plena coincidencia entre el fundador y el protector de cada centro, no siendo frecuentes los casos en los que se ha producido un cambio, ya que la principal función, a veces única, es la de hacer posible el mantenimiento de la actividad mediante la financiación de los gastos. En los casos en los que la protección corre a cargo de ayuntamientos y diputaciones el alcalde o presidente suelen ostentar, como anejo al cargo, el título de patrono o ALBERTO C. IBÁÑEZ PÉREZ protector, siendo una figura de corte más honorífico que ejecutivo, aun cuando en este aspecto debe tenerse en cuenta la personalidad del patrono de turno que, no se olvide, se trata de alguien que ostenta la función de patrono en virtud de su cargo político, con no excesivas obligaciones, pero igualmente con escasa repercusión social y beneficio en el plano político, al ser los centros organizaciones no dedicadas de modo especial a la cultura de masas. Aspectos que hacen que la labor del protector de turno dependa más de su postura personal que de los estatutos y reglamentos que puedan regir los centros de estudios locales. La situación, nunca general y siempre varia y cambiante, hace que la financiación de los centros adopte diversas formas. En unos casos se emplea el método de la subvención consistente en la entrega de una cuantía fija, que puede adoptar la del pago de los gastos justificados que no excedan de una determinada cuantía, de tal modo que los centros deben atender con dichas cantidades a todos los gastos de mantenimiento de instalaciones, servicios y personal y actividades propias. Apoyo que permite una actuación libre de los centros acogidos a tal sistema, pero que, normalmente, no les permite desarrollar una amplia actividad por lo limitado de las subvenciones. La variante mixta que supone la financiación de los gastos de instalación y funcionamiento a cargo de la entidad protectora, y de subvención para las actividades, en estos momentos no es fácilmente compatible con la independencia del centro correspondiente, dadas las condiciones legales que se imponen para la concesión de subvenciones. Desde hace algún tiempo se ha producido un importante cambio en la protección a los CEL, que no es más que la aplicación a los mismos de los nuevos criterios que presiden la que se ejerce sobre otras entidades y grupos de actividades equivalentes, especialmente las de carácter cultural y de atenciones sociales. De este modo la protección directa, incluidas las subvenciones y otras ayudas, se están sustituyendo por, un lado, por la absorción del centro por parte de las entidades protectoras, de tal modo que pasan a formar parte de sus servicios culturales, como ya hemos señalado. Otra solución utilizada actualmente es la de que el centro dependa exclusivamente de los miembros, socios en sentido estricto, que sin mediación de ningún otro organismo hacen posible su funcionamiento y fijan su actividad. Solución que, en su totalidad, no es fácil conseguir cuando se trata de una asociación exclusivamente cultural, sin añadidos. Por ello, las fórmulas jurídica y organizativa más utilizada es la de la fundación que, en buena parte, es semejante a la figura del patronato, pero más funcional por cuanto es más ágil en su funcionamiento, permite la participación libre de los socios que lo deseen que, además, no adquieren unas obligaciones tan rigurosas como en el patronato y, por último, permiten una mayor libertad de actuación a los centros, a cambio de una merma de la seguridad y un aumento del control administrativo. Características exclusivamente organizativas y funcionales, ya que, en general, las fundaciones suelen estar mantenidas por las mismas instituciones y entidades de siempre: ayuntamientos, diputaciones provinciales, cajas de ahorros, grandes empresas... Los centros de estudios locales, como ocurre con cualquier otra organización de carácter estrictamente cultural, carecen de los medios no ya suficientes, ni siquiera mínimos, para el desarrollo de sus funciones, de tal modo que es imprescindible que no sólo su actuación sino su simple supervivencia necesitan del apoyo de personas y organismos que aporten los medios necesarios bajo la figura del mecenazgo o patronato. La forma de mecenazgo está poco extendida entre los centros de estudios locales y su alcance actual apenas si pasa de la condición de casos aislados, orientada no a posibilitar el trabajo del centro en cualquiera de sus aspectos, sino como apoyo a una determinada actividad: publicación de un libro, organización de un congreso o un acto de carácter excepcional o, al menos, destacado... Entendiendo por actividad o acto destacado aquel que tiene una amplia repercusión en los medios de comunicación, lo que a su vez explica que los centros de estudios locales no suelen ser frecuentes beneficiarios de ayudas de mecenazgo de cuantía importante, que suelen reservarse a entidades y actuaciones capaces de devolver lo invertido, al menos en parte, aunque, naturalmente, no en dinero. Por ello, aun no siendo fácil ni frecuente, es posible que una Academia nacional o una catedral puedan tener el mecenazgo que no es fácil llegue a una academia provincial o a una iglesia rural. La financiación mediante la fórmula de subvenciones es el tipo de patrocinio que ha sido más empleado en el caso de los centros de estudios locales. Sistema que sigue vigente, pero mostrando evidentes síntomas de crisis, por un lado, debido al gran número de asociaciones que aspiran a tales ayudas para sus propios fines y, por otro, a la peculiar consideración actual de lo que es la Cultura, origen de un concepto de tal amplitud que en él caben las más variopintas actividades y manifestaciones que, a su vez, pueden ser consideradas desde distintos puntos de vista, de acuerdo con sus postulados y prácticas. Sin duda, el conjunto de actividades culturales -empleando el término en su más amplio y distendido sentido-muy aceptadas por los diferentes grupos sociales, sobre todo de edad, y fáciles de reconocer son aquellas que, con independencia de su forma, se caracterizan por su constante apelación a la creatividad, lo lúdico, el ocio activo, la interactividad y, naturalmente, el uso, conquista y disfrute de una cultura cuyos beneficios debe alcanzar a una gran mayoría, a todos, sin que ello suponga esfuerzo alguno por parte de ninguno de ellos. Características de una cultura y sus correspondientes beneficios que, a lo que podemos todavía ver, nunca formaron parte de las actividades de los miembros de la CECEL. Actividades a las que todo tipo de organismos dedican buena parte de los recursos dedicados al área de su política cultural. Pero, acaso, el mayor problema a que desde hace algún tiempo se enfrentan los centros de estudios locales llegado el momento de obtener subvenciones es el de la asunción de sus funciones precisamente por aquellas entidades que los subvencionan, mediante un proceso que ha adoptado dos formas cuya consecuencia más visible e inmediata es la pérdida de independencia en la decisión de las actividades que deban realizarse ya que, en última instancia, puede ser la entidad correspondiente la que decida lo que convenga. La denominación de centros de estudios locales con la que se denomina en general a todas las instituciones que, además, se subraya en la asociación en que se agrupan la mayoría, CECEL, hace pensar que todos los centros limi-tan su área geográfica de estudio y tratamiento cultural a una sola localidad, criterio que en realidad sólo puede aplicarse a unos pocos, en tanto que la mayoría suelen abarcar ámbitos más extensos. Con independencia de las características funcionales o cualquier otro orden que pueden variar sustancialmente de unos centros a otros, la nota común a todos es el de su especificidad espacial, sea ésta la que fuere, de tal modo que se da el caso de la existencia de instituciones que pueden abarcar uno o más espacios claramente delimitados, sin por ello romper el criterio indicado de especificidad o, si se prefiere, de especialización espacial. La Institución Fernán González tiene definido, incluso en sus estatutos, el interés preferente por los estudios que afecten a la provincia de Burgos, en tanto que el Instituto de Estudios Mirandeses desarrolla una brillante actividad de trabajos y publicaciones en áreas de conocimiento semejantes, pero dentro de ellas con una dedicación preferente, casi específica, al territorio de influencia de Miranda de Ebro, sin que ello implique inconveniente alguno para el correcto funcionamiento de ambas entidades, sino que, al contrario, supone un evidente enriquecimiento, acrecentado día a día. Al igual que ocurre, con la labor realizada en Aranda de Duero y su comarca, aunque en este caso, el organismo que centra la actividad sea la Biblioteca Municipal, que no ha adoptado la figura jurídica de centro de estudios. En algunos casos el nombre de los centros de estudios, a semejanza de lo que ocurre con su ámbito geográfico, no refleja de manera precisa el alcance de los trabajos que en ellos se realizan, como es fácil comprobar mediante una somera consideración de los contenidos de las publicaciones, periódicas o no, que editan. En general, es normal que los libros y publicaciones no periódicas se dediquen a temas de su especialidad temática y ámbito territorial, línea que con frecuencia se altera en las publicaciones periódicas, con el consiguiente enriquecimiento de los contenidos. Todos los miembros de los CEL participan, sin excepción, de una decidida vocación por el apoyo en la esfera de trabajo de cada centro y, en relación con su profesión y el modo de acceso, la participación personal en la elabo-ALBERTO C. IBÁÑEZ PÉREZ ración y divulgación de dichos trabajos. Modos de participación que se reflejan en la distinta denominación que, siempre de acuerdo con los estatutos, se aplica a cada una de los tipos de miembros: numerarios, asociados, honorarios, correspondientes y otras que, a su vez, justifican las diferentes obligaciones de cada uno con la entidad, siempre de trabajo, ya que los derechos son muy escasos y, siempre y sin excepción, honoríficos y los trabajos sin contrapartida material de ningún tipo, a excepción de los que desarrollan su trabajo como funcionarios de la entidad patrocinadora, normalmente en puestos administrativos. Los componentes de los CEL se diferencian por el procedimiento seguido en su ingreso en el centro que, de acuerdo con la naturaleza del mismo y según suele especificarse en los estatutos, pueden tener un número indefinido o limitado. En el primer supuesto, puede hablarse de centros abiertos, ya que puede formar parte de los mismos cualquier persona que reúna unas determinadas condiciones que, en ningún caso, resultan excesivas y, precisamente por ello, su contribución es la propia de los socios que pueden reducirse a contribuir con su ayuda económica al funcionamiento del centro. Aportación que pueden completar con su trabajo en los puestos de dirección y organización, a los que todos los miembros tienen derecho a acceder si son propuestos y elegidos para ello. Los centros formados por un número determinado de miembros son aquellos que adoptaron la organización y funcionamiento interno de las academias y, por ello, suelen denominarse como tales, incluso con el título de Real. La diferencia esencial respecto al otro tipo de centros es, como hemos dicho, el número limitado de miembros que, en este caso, son elegidos teniendo en cuenta determinadas condiciones basadas en la titulación académica y, de manera especial, casi decisoria, los trabajos desarrollados y las publicaciones de los mismos, consideradas como aportaciones al conocimiento en el campo de actuación de la academia. El nombramiento lleva consigo, con carácter obligatorio, la elaboración y lectura pública de un trabajo de investigación original o la entrega de una obra, en el caso de artistas plásticos. Trabajo que, normalmente, no es sino el principio de una actividad que desarrollará posteriormente. Aunque, en este punto, son muy varios los conceptos, si bien no tanto como las conductas. Algunos piensan que su elección, siempre debida a sus demostrados méritos, es suficiente para justificar su presencia, sin más obligaciones que asistir a cuanto acto o reunión se celebre y, lógicamente, adaptan su conducta a tal criterio. En este caso se desconoce o se olvida que una academia provincial no es el lugar de acogida de los ilustres del lugar, incluso de los que lo son por otros saberes o sólo de nombre, sino el de acogida de ilustres de los que se espera sigan trabajando a través de él. No faltan ejemplos de entidades que son, a la vez, genuinos centros de estudios locales y academias provinciales. En los casos señalados nos referimos siempre a los llamados miembros numerarios que son los que, con independencia del procedimiento de selección, gozan de todos los derechos y deben cumplir las obligaciones que fijan los estatutos y el reglamento de régimen interno de cada centro y, en consecuencia, forman el núcleo esencial de cada centro. A ellos se unen, en calidad de colaboradores y copartícipes una serie de personas que suelen ser seleccionadas en virtud de sus méritos personales y conducta de ayuda y colaboración con el centro, con la denominación de académicos o socios de honor, honorarios, correspondientes, protectores... Los campos de actividad dentro de las áreas de conocimiento, con independencia del área geográfica, están configuradas en virtud de los medios de todo tipo con que cuentan los centros de estudio locales, siempre limitados y aun cuando son muchos los que cuentan con domicilios dignos e instalaciones simples pero suficientes, es normal que carezcan de instalaciones, utillaje, personal, financiación... imprescindibles para la realización de trabajos científicos experimentales y técnicos, y concentren su actuación en el campo de las ciencias no experimentales y de las hoy llamadas Humanidades, sin detrimento de que en algunos centros se ayude y estimule la actividad en los campos antes señalados mediante la concesión de becas, ayudas y premios a trabajos y estudios de interés para el ámbito territorial correspondiente. En algunos centros las actividades de investigación y de publicación de los resultados han experimentado un pro- fundo cambio debido a la creación de universidades en lugares donde antes no existían, lo que ha ocasionado no un cese de la actividad por parte de los miembros de los centros, sino una especie de ambivalencia por ser muchos los investigadores miembros de ambas entidades, siendo lo más frecuente que la investigación propiamente dicha se realice con preferencia en la universidad, en tanto que no ocurre lo mismo en cuanto a su publicación, aspecto en el que los centros han asumido tareas en las que llegan a superar a la propia universidad, especialmente en el campo de las llamadas Humanidades y Ciencias Sociales. Es imposible y, además, falso hablar de las instalaciones de los CEL en forma general ya que, en este punto, es donde son más apreciables las diferencias. Algunos centros tienen espléndidos domicilios sociales, con dependencias suficientes, capaces y perfectamente equipadas para todos los servicios, con el complemento de salas de actos para el desarrollo de todas las actividades públicas. Domicilios en los que un equipo de personas, en número suficiente y de adecuada preparación realiza los trabajos necesarios para el desarrollo de las actividades. Más numerosos son los centros que disfrutan de instalaciones que se pueden calificar como suficientes, siempre que se consideren en relación con la actividad del centro, pero sin excesos, con un personal reducido a una o dos personas, cuya preparación y generosidad en el trabajo les hace polivalentes. Por supuesto, son locales en los que es imposible desarrollar actos públicos. No faltan los centros cuyo domicilio se reduce a una sola estancia, carente de personal a su exclusivo servicio y sin capacidad para atender todos los días a los posibles solicitantes de sus servicios que, sin embargo, son atendidos por los miembros del centro. Los centros de estudios locales conservan sus denominaciones originales y su característica fundamental, que no es otra que la fidelidad al estudio y divulgación del pasado y el presente de la tierra de la que se ocupan, con el mismo entusiasmo de siempre; pero, y en esto encontramos el carácter esencial de su trabajo presente, con menos limitaciones en cuanto a los temas y con más rigor en su tratamiento. La ampliación de los temas no ha incidido sólo en los propios del campo histórico, sino que muchos centros han in-ALBERTO C. IBÁÑEZ PÉREZ cluido en sus trabajos los pertenecientes a áreas del saber que tienen una singular relación con el ámbito geográfico, de tal modo que hoy es fácil encontrar centros que dedican su atención a temas muy diversos, en una amplia gama que abarca los agrícolas, industriales, sanitarios, económicos... Dentro de ese amplio campo se aprecia una clara continuidad con la vocación inicial de cada centro en la gran atención prestada a los aspectos culturales más diversos, destacando las peculiaridades de las diferentes manifestaciones en cada lugar, de manera que, sin detrimento del tratamiento específico de cada tema, los nuevos conocimientos se entroncan con los anteriores y, a su vez, se entroncan con los obtenidos en el resto de las manifestaciones, formando una suerte de enciclopedia sobre la zona estudiada, publicada bajo denominaciones diversas en las que es evidente el objetivo de exponer con la mayor amplitud posible la realidad de cada territorio a lo largo de su historia, con particular incidencia en el presente y sin que ello suponga un mero trabajo erudito, como evidencia su utilización en la obtención y exposición de argumentos para pedir y aplicar soluciones a determinados problemas y, de manera más genérica, atraer la atención y el interés de los de fuera para convertirlos en visitantes. El cambio anterior en cuanto a la extensión y cuantía de los temas ha sido incluso mayor en lo relacionado con su forma de valorarlos y tratarlos. Era normal que, desde principios hasta las década de los sesenta del siglo pasado, la atención de los estudiosos de los CEL se enfocara de forma predominante al tratamiento de los episodios y personajes históricos o tenidos como tales relacionados con la ciudad o territorio correspondiente, cuyas peripecias eran tratadas y expuestas en un tono en que el lenguaje servía a una concepción gloriosa de cuanto se exponía. Así nació la figura del erudito local, tan minusvalorada como despreciada, que sigue pesando en la consideración de muchos tratadistas de temas locales, que no tienen relación alguna con aquéllos. Consideración de los eruditos locales y de los CEL del pasado que es, a la vez, errónea e injusta en buena parte, ya que se olvida que gracias a los trabajos realizados por ellos, dados a conocer en las revistas y libros publicados por los CEL se pudieron elaborar la mayor parte de las grandes síntesis publicadas en el campo de la historia y del arte. En virtud de lo dicho podemos afirmar que nos encontramos ante una nueva etapa de la vida de los centros de estudios locales en la que se ha producido no un gran cambio en el camino a seguir, como suele ocurrir, sino un perfeccionamiento en la forma de recorrerlo. Andadura que se desarrolla en los mismos paisajes y con idéntico y siempre renovado acompañamiento que lo hicieron nuestros antecesores en los centros -siempre beneméritos y merecedores de todo elogio-, con la responsable seriedad y el sentido de servicio que nos dejaron como ejemplo de conducta que, entre otras cosas, nos empuja al cambio para hacerlo mejor, siempre mejor como es obligación de todo honrado heredero y, por supuesto, para pervivir, no para hacer de nuestra tarea el fruto de una moda o un devaneo más de la corriente lúdica del momento y de las muestras de la cultureta de turno, dando a luz eventos divertidos cual fuegos artificiales, de usar y tirar que, como el personaje de Quevedo, "fuese y no hubo nada". Nuestro pasado merece el máximo respeto y nuestro presente no nos permite dispendios, ante todo, de talento y buen gusto y, en segundo plano, incluso de un dinero, elemento accidental del que los centros no sueles andar muy sobrados. Las instituciones de estudios locales son realidades culturales de las que no existe un conocimiento acorde con su realidad pasada y presente. Además, entre los escasos conocedores es muy elevado el concepto peyorativo sobre las mismas, que con unánime y machacona insistencia se basa en lo que llaman obsolescencia de su organización y funcionamiento y en el escaso valor de sus actuaciones, cuando no se las tacha de simplemente ineficaces. Juicio nacido, y es de justicia aceptarlo, en el momento en que las academias dejaron de cumplir su misión al adoptar un cierto abandono en el rigor de sus tareas y en la elección de sus miembros, basada en méritos acaso innegables, pero con escasa o nula relación con los fines y tareas académicas, que produjo esporádicos frutos, dentro de un desierto de hechos que, con una especie de peculiar nominalismo, se pretendía hacerlo brillar por los nombres expuestos. Se inició un estado de opinión que aún padecemos, y lo realmente grave es que se proyecta sobre el trabajo hecho en el pasado y hace que se ignore e infravalore lo que de verdad supone la existencia de academias e instituciones de estudios locales desde hace años para el conocimiento de la diversas muestras de la cultura y de los hombres de nuestra tierra que, en perfecto acuerdo con el tiempo actual, se encargan de custodiar y preservar para el futuro los valores y obras del pasado ya consolidadas por el tiempo y la memoria y, a la vez, cuanto se vaya creando y consolidando en el presente con ideas y creaciones que sean algo más que originales fogonazos que el paso de la moda se llevará consigo. Valores y obras que las instituciones de estudios locales no crean ni destruyen, sólo acogen, conservan, estudian y dan a conocer. Pasado el tiempo, cuando las noticias de prensa, los artículos de los amigos y las gacetillas duermen el sueño de las hemerotecas, los trabajos de los CEL jerarquizan y colocan a cada autor y cada obra en el lugar que les corresponde, pinchando globos, exaltando humildades y rompiendo silencios. Entre su más visible realidad cuentan las publicaciones y revistas literarias y científicas -incluyendo entre las ciencias la Historia-con colecciones de cientos de números, con cientos de miles de páginas repletas de conocimientos y datos sobre nuestra tierra y sus hombres. Sacados de la lectura de miles de documentos, de libros antiguos, de tradiciones y leyendas oídas a memoriosos habitantes de la llanura, el páramo y la montaña. Todo ello, debidamente jerarquizado, convertido en saberes escritos al alcance de cuántos quieran acercarse a ellos. Los CEL son autores de una obra elaborada con materiales vivos, sin el cartón piedra de un parque temático y sin mitomanías. Hecha a medida del tiempo, atenta a valorar no lo que dicta la moda, sino lo que muestra su capacidad de perdurar, sin desprecio ni papanatismo de las glorias pasadas y con el adecuado sosiego ante las urgencias del presente. Sin caer en la hispánica veneración por las ruinas y las goteras, que hace incómoda la visión del pasado y el vivir presente, ni derribándolo todo para no correr el riesgo de quedarnos a la intemperie. En los CEL se hace y se pretende seguir haciendo una historia a mitad de camino entre la respetable nostalgia de algunos, y la agresiva y utilitarista facundia de la modernidad y de la posmodernidad no tan respetable en su carga de "marketing", "vending" y, en fin, foto y "pan para hoy...". Por lo dicho, creo que es oportuno recordar la conveniencia de que los llamados poderes públicos, se den cuenta de que las academias e instituciones de estudios locales son algo más de lo que los perezosos mentales creen que son y, en consecuencia, alivien el abandono de muchas de ellas y refuercen el aprecio y la consideración a todas. Merece la pena hacerlo. Basta recordar que sigue siendo cierto que: "Nos fugit Historiae enmondum fulgit iberis", que traducido en libertad nos enseña que "cada vez que sobre Iberia fulge la luz de la Historia, la noche se bate en retirada". Aunque, en verdad, debemos recordar que la oscuridad y la noche no se muestran sólo en la ignorancia, sino que hoy, aunque menos visibles, acaso ambas alcancen su mayor espesor en el terreno de los falsos saberes.
En el presente trabajo nos proponemos establecer el significado iconográfico de Las hilanderas de Velázquez. Partimos de la interpretación académica vigente del cuadro como "Fábula de Aracne", establecida por Diego Angulo en su artículo de 1948 1. Veremos cómo esta interpretación, correcta como es para desentrañar el significado de la escena del fondo, no lo es en absoluto para dilucidar el de la escena del primer plano y, en consecuencia, el sentido del cuadro todo. Se pretende erróneamente descubrir el significado total del cuadro a partir de la escena del fondo, viendo en la escena del primer plano una duplicación, una mera proyección de la escena del fondo, y no, como debería ser y en seguida comprobaremos, averiguar la función que desempeña la escena del fondo en la escena general, en el marco global del cuadro. Resumimos aquí lo dicho en nuestro estudio "Las hilanderas" de Velázquez: su auténtico significado y la fuente original 2, si bien aprovechamos la ocasión para corregir alguna insuficiencia en algún punto y para completar la argumentación en otros. Los años transcurridos no han hecho sino corroborarnos en nuestra posición. (Fig. 1) Que en la escena del fondo del cuadro se desarrolle la "Fábula de Aracne", no puede caber hoy la menor duda. Palas Atenea alza el brazo para castigar a Aracne por su soberbia. No sólo se ha atrevido a desafiar a la diosa, juzgándose superior en el arte de tejer, sino que, además, en su presuntuoso descaro, no ha dudado en exponer las debilidades y liviandades de los dioses en su trabajo, fruto del cual es el tapiz del fondo, en el que la orgullosa Aracne ha tejido el rapto de la ninfa Europa por Zeus, metamorfoseado en toro para la ocasión. Rapto de Europa que, como es sabido, había sido ya pintado por Tiziano y copiado por Rubens, y que de nuevo ahora copia Velázquez en el tapiz del fondo de la soberbia Aracne. Cuyo castigo inminente, que Palas está a punto de fulminar, como lo indica el gesto de su brazo levantado, lo contemplan tres damas elegantemente vestidas. Por lo demás, un contrabajo, a la izquierda, separa esta escena del fondo de la escena del primer plano con las hilanderas. Que en la escena del fondo se desarrolle la "Fábula de Aracne", decíamos, no puede caber hoy la menor duda. Podrá haber dudas, quizás irresolubles, acerca del significado de determinados elementos secundarios de dicha escena, pero sin que éstos lleguen en ningún caso a comprometer el significado de la escena general. ¿Quiénes son las tres damas que contemplan el inminente castigo de la soberbia de Aracne por Palas Atenea? ¿Son, quizás, tres jóvenes lidias admiradoras de la habilidad de Aracne, venidas a contemplar su trabajo, como pensaba Angulo? ¿O son, quizás, las Musas, a las que Palas Atenea en el relato de Ovidio narra el castigo que infligió a Aracne por su soberbia, castigo del que, en consecuencia, son espectadoras, como nos inclinamos nosotros más bien a considerar? ¿Y qué pinta el contrabajo en todo ello? ¿Simboliza el antídoto de la música contra el veneno de la araña en que Aracne está a punto de transformarse, como asimismo pensaba Angulo? (Angulo, 1999, 112-117) ¿O simboliza más bien el arte de las Musas, espectadoras privilegiadas del castigo inminente, y, en consecuencia, la armonía que Aracne con su soberbia ha quebrantado, como pensamos más bien nosotros? (Martín del Burgo, 2001, 20-21) Pero, sean quienes sean estas tres damas, sea lo que sea el contrabajo, nada de esto altera el significado general de la escena como "Fábula de Aracne". Es el castigo de Aracne por su soberbia, es el castigo ejemplar otorgado por Palas Atenea a la impía desmesura de Aracne, el que se dibuja en la escena del fondo de Las hilanderas. Escena del fondo, por lo demás, que se desenvuelve, estamos de acuerdo en esto con Angulo, en "una especie de semirrealidad", como "la de Jesús en la pintura de Marta y María" y "las de Felipe IV y doña Mariana en el espejo de Las Meninas" (Angulo, 1999, 118). Las auténticas dificultades empiezan a la hora de interpretar la escena del primer plano. En la que, como es sabido, tradicionalmente se había visto una escena de género, una escena naturalista. Pero, que, a partir de la interpretación por Angulo de la escena del fondo, empieza a verse en ella una escena mitológica, si bien prolongando, duplicando el tema del fondo de la "Fábula de Aracne". En su ensayo "Velázquez, cómo compuso sus principales cuadros", Angulo vio muy bien que el movimiento de algunas de las hilanderas del primer plano copia el de los ignudi de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel (Angulo, 1999, 47-53). Tal es el caso de la bella joven de espaldas con la devanadera. Pero esta figura de la joven con la devanadera no está en contraste, oponiéndose al movimiento de la hilandera con el velo, con el torno y la rueca. Aquí Angulo se equivoca, cuando dice que "el contraste entre las actitudes de ambas figuras aparece tan subrayado, que llega a convertirse en tema fundamental de la composición" (Angulo, 1999, 48). El contraste entre la hilandera de espaldas con la devanadera y la hilandera con el velo, no es el tema fundamental de la composición. Pues, para empezar, la figura que sirve de contraste, de contrapeso, a la joven de espaldas con la devanadera no es la hilandera con el velo, sino la joven que sostiene la cortina de la izquierda y que está hablando con la hilandera con el velo. La joven de la cortina, y no la hilandera con el velo, es la figura opuesta, que sirve de contraste, a la joven de espaldas con la devanadera. Y si nos fijamos bien, su movimiento, el de la joven de la cortina de la izquierda, el movimiento de sus brazos, es típicamente miguelangelesco; no plantea ninguna dificultad rastrear su origen en el de los ignudi de la Sixtina. Si nos fijamos mejor, el contraste, la oposición entre la joven de espaldas con la devanadera de la derecha y la joven de la cortina de la izquierda, este contraste, esta oposición, es típicamente velazqueña. Es exactamente la misma que la de los dos caballos de Las lanzas (Fig. 2). Como advirtió Moreno Villa, y cita Angulo, el caballo de la izquierda de Justino de Nassau "repite en sentido opuesto el movimiento del de Spínola, situado en primer plano a la derecha" (Angulo, 1999, 42). No otra cosa hace la joven de la cortina de la izquierda, podríamos usar incluso las mismas palabras, repetir en sentido opuesto el movimiento de la joven de la devanadera, situada en primer plano a la derecha, y también de espaldas, como el caballo de Spínola. ¿Y qué función tiene el juego opuesto de los dos caballos de Las lanzas? Enmarcar la escena principalísima del cuadro, el encuentro de Nassau y Spínola, la entrega de las llaves de Breda por aquél a éste. ¿Y qué función tiene el juego opuesto, el contraste entre la joven de la cortina de la izquierda y la joven de espaldas con la devanadera de la derecha? Enmarcar la escena principalísima de la composición, que no es otra que la figura única, solitaria, de la hilandera con el velo, con el torno y la rueca. Ella, ella sola, la hilandera con el velo, no digamos la vieja con el velo, porque, pese a lo que se haya dicho, en manera alguna, y en seguida lo veremos, lo es. Ella sola, la hilandera velada que trabaja en el torno y con la rueca en la mano, es la figura principalísima de la composición. Y para indicar que lo es, para enmarcarla, para eso está el movimiento opuesto miguelangelesco de las jóvenes de la devanadera y de la cortina, repitiendo asimismo el movimiento velazqueño de la oposición de los caballos de Las lanzas. Si la figura de la hilandera velada, está en contraste, en oposición con alguna figura del cuadro, lo está con la Aracne del fondo. Pero de esta Aracne no queda ni rastro en la escena principal. Pretender lo contrario es tergiversar el sentido todo de la composición. En realidad, el cuadro gira en torno a un doble eje. En la escena del primer término todo gira alrededor de la hilandera velada. Y esta figura de la hilandera del velo, en el engarce de la escena principal con la escena del fondo, se opone a la Aracne del fondo, sirviendo en este caso Atenea de eje al contraste entre ambas. La hilandera con el velo, por lo tanto, es la protagonista indiscutible de la escena principal. Y decíamos que, pese a lo que se había dicho, esta figura no es la de una vieja. Ha sido precisamente la toca que cubre su cabeza, lo que ha provocado el malentendido. Pero, que no lo es, está fuera de duda para cualquier observador atento. Aunque de más edad que las jóvenes que la rodean, en absoluto puede ser considerada una vieja. La pierna que descubre todavía es hermosa. Y también es hermoso su rostro 3. Si cubre su cabeza con un velo, es porque tal es el signo iconográfico que individualiza a la figura que representa. Esa figura no es otra que Penélope. Velada, "con las mejillas cubiertas por espléndido velo y una honrada doncella a cada lado", nos la presenta la Odisea (Odisea, 1973, 13). Y asimismo trabajando con el telar y la rueca, rodeada de sus sirvientas. "Vuelve a tu habitación, ocúpate en las labores que te son propias, el telar y la rueca, y ordena a las esclavas que se apliquen al trabajo", le dice Telémaco (Odisea, 1973, 225). Y recordemos asimismo que velada nos la presenta la estatua del Museo Vaticano tradicionalmente identificada como Penélope, sin que importe ahora que recientemente se haya discutido esta identificación. El velo, pues, no es la marca de una vejez inexistente, sino sencillamente el signo de Penélope. Y recordemos también que tanto Odiseo como Penélope están bajo la protección de Atenea, que precisamente inspira a Penélope la estratagema del arco, que valdrá para que, a la postre, Odiseo se deshaga de los pretendientes. Recordemos asimismo que Atenea, "como diosa de la paz procuraba la felicidad de los hogares y era maestra en los trabajos de bordado y costura" (Enc. mit., 1967, 34). Atenea, pues, protege la fidelidad de Penélope, del mismo modo que, en sentido opuesto, castiga la soberbia de Aracne. ¿No vemos de qué fácil manera encaja la "semirreali-dad", por usar la expresión de Angulo, de la escena del fondo, con la realidad contundente de la escena del primer término? No puede haber ninguna duda sobre quién sea la figura principalísima de ésta, enmarcada por el grácil movimiento de raigambre miguelangelesca, de las doncellas que la rodean. Esa mujer, que no, de ningún modo, vieja, no es, no puede ser, otra que Penélope. Nos lo asegura el velo que cubre su cabeza, y la protección que Palas Atenea le otorga, indicada por la escena del fondo, contrastando con el castigo con que fulmina a la soberbia Aracne. Porque no otro es el sentido de la tan traída y llevada "Fábula de Aracne" de la escena del fondo en el marco general del cuadro. Poner de manifiesto la presencia de Palas Atenea, y la protección y el castigo que otorga a unos y a otros. Protege la fidelidad de Penélope, y castiga la soberbia de Aracne. Como asimismo protege a Odiseo y castiga la arrogancia de los pretendientes. Pero, para que no quepa ninguna duda de que la escena de Las hilanderas nos muestra a Penélope hilando en compañía de sus sirvientas, bajo la protección de Palas Atenea, nos servirá para ratificarlo traer a colación la composición que sirvió a Velázquez de modelo sobre la cual diseñó la suya. Diego Angulo vio muy bien que, pese al pregonado naturalismo de Velázquez, se basaba para la composición de sus creaciones en modelos previos de anteriores pintores. Donde ya no acertó fue en identificar la Capilla Sixtina como el origen de la composición general del cuadro. Cierto que lo es, lo hemos visto ya, el movimiento de los ignudi, el origen de algunas figuras, en concreto de la joven de espaldas con la devanadera y la joven de la cortina, y el contraste de la oposición entre ambas; pero nos equivocaríamos si pretendiéramos encontrar allí el origen de la composición general del cuadro. Al propio Angulo le chocó que, a diferencia de lo que sucedía en otros casos, en el San Antonio y San Pablo o en Las lanzas por ejemplo, aquí no se diese, entre el modelo original y la obra resultante, el "paralelismo del tema". En esos casos Velázquez llegaba "al modelo conducido por el asunto mismo" (Angulo, 1999, 22). Lo que no sucedía en absoluto si pretendiésemos ver en la Capilla Sixtina el origen de Las hilanderas. Las dudas de Angulo son correctas, como correcta es su teoría de la manera de componer Velázquez. El origen de la composición de Las hilanderas, la obra que le sirvió de modelo, es el cuadro del pintor ítalo-flamenco Giovanni Stradano-Jan van der Straat, Penélope tejiendo. La obra de Stradano (Fig. 3) se pintó para decorar, en el Palazzo Vecchio de Florencia, las habitaciones de Leonor de Toledo, hija del virrey de Nápoles don Pedro de Toledo y casada con el gran duque de Toscana, Cosme de Médicis 4. La Penélope tejiendo de Stradano es una obra circular, y, como Las hilanderas, está dividida en dos planos. En el primero vemos a Penélope, trabajando en el torno, rodeada de sus sirvientas; en el segundo volvemos a verla trabajando ahora en el telar 5. En realidad, la obra de Stradano se inscribe en una tradición de la representación de Penélope de la que es buena muestra el grabado atribuido a François Gentil del mismo título 6 (Fig. 4). En este grabado se representa todo el proceso del arte de tejer en un único plano. A la derecha vemos a Penélope hilando, trabajando en el torno, rodeada de sus sirvientas, como en el primer plano del cuadro de Stradano y de Las hilanderas. Y a la izquierda volvemos a verla trabajando ahora en el telar, como en el segundo plano del cuadro de Stradano. Este grabado, u otro semejante, ha podido muy bien servir de modelo a Stradano, que se ha limitado a dar un giro de noventa grados a toda la escena; de tal modo que, lo que en el La interpretación del cuadro como "Fábula de Aracne", correcta como interpretación de la escena del fondo, no lo es en absoluto como interpretación total del cuadro. Hay que ver la función que desempeña dicha escena del fondo en el marco global del cuadro, y no tratar de explicar éste unilateralmente a partir de la escena del fondo. La función que desempeña la escena del fondo no es otra que corroborar lo designado por el velo de la hilandera del torno y la rueca, es decir, indicando que dicha figura está bajo la protección de Palas, identificarla como Penélope, y asimismo contraponerla a la arrogante Aracne. Triunfo de la fe, tal es el sentido último del cuadro de Las hilanderas o Penélope hilando. Ahora bien, como es sabido, inmediatamente después de que Angulo expusiese su nueva interpretación, María Luisa Caturla publicaba el inventario de las pinturas del montero del rey don Pedro de Arce, una de cuyas entradas rezaba: "Otra pintura de diego Belazquez de la fabula de aragne, de mas de tres baras de largo y dos de cayda, tasada en quinientos ducados" (Caturla, 1948, 302). Reciente como estaba la nueva interpretación, pareció una confirmación inesperada. Al instante se identificó el cuadro con Las hilanderas, identificación que hasta ahora ha permanecido incuestionada. Sin embargo, ya en su momento Ortega expresó serias dudas al respecto: "El doctor Arce debía de ser gran aficionado a la pintura y devoto coleccionista de cuadros, pero esto no explica de ninguna manera que Velázquez pintase para él obra de tanto empeño. En el inventario aparece con el título de Minerva y Aragne (sic). Sin embargo, las medidas no coinciden con las del cuadro que llamamos Las hilanderas ni siquiera acudiendo al recurso, con tanta ligereza y frecuencia empleado, de suponer que le fueron agregadas tres fajas de lienzo, arriba y a los lados. No es verosímil que Velázquez acomodase en la breve área de lienzo que así quedaría tantas figuras, cinco de ellas nada escasas de tamaño. Sobre todo es inconcebible que el "escenario" luminoso del fondo no hubiera desde luego poseído su medio punto" (Ortega y Gasset, 1962, 646). Pero, pese a las reservas orteguianas, y sin ninguna evidencia documental que la confirmase, la identificación de la Fábula de Aracne de don Pedro de Arce con Las hilanderas pronto se convirtió en indiscutible. Y, ¿verdaderamente lo es? Desde luego, si se tomasen en serio las medidas del cuadro tal como aparecen en el inventario de don Pedro de Arce, por sí mismas bastarían para echar por tierra esa identificación. Pero, seamos sinceros, no creemos que éste fuese un argumento definitivo. El asunto de las medidas es muy improbable que nos aclarase nada. Nada que ver con la precisión cuantitativa, milimétrica, a la que hoy día estamos acostumbrados. De hecho, el cuadro, una vez ingresado en las colecciones reales, ha figurado en los sucesivos inventarios palaciegos con las más variopintas medidas. En lo que sí coincidimos con Ortega es en desconfiar del recurso tan frívolamente utilizado de los célebres "añadidos". Estos añadidos son profundamente velazqueños, y, como dice Fernando Marías en un reciente trabajo, "a lo sumo, podrían haber sido el producto material de una restauración sobre la memoria de lo que Velázquez hubiera pintado previamente, quedara en la visual o en algún dibujo" (Marías, 2003, 422). Por eso coincidimos con Marías cuando concluye que "tendríamos que pensar en un único lienzo del formato y la composición actuales a lo largo de toda su historia". En lo que ya no coincidimos es en lo que sigue: "que pasó por las manos de don Pedro de Arce... y después por las de los Duques de Medinaceli, antes de entrar en la colección real del Buen Retiro..." De acuerdo con que pasase por las manos de los Duques de Medinaceli. En lo que no podemos estar de acuerdo es en que fuese el mismo que antes había pasado por las manos de don Pedro de Arce con el nombre de Fábula de Aracne. Todo lo que sabemos sobre el origen de Las hilanderas, lo que está comprobado, es que aparece inventariado en el palacio de Madrid de los Duques de Medinaceli, "probablemente primero entre las propiedades del IX Duque de Medinaceli... y después de su sobrino el X Duque..., a cuya muerte es más verosímil que se enviara al palacio real", es decir, en 1739, fecha de la muerte del X Duque, y no en 1711, fecha de la muerte del IX Duque (Marías, 2003, 421-422). Marías ve como posibles poseedores anteriores del cuadro al VII y VIII Duques de Medinaceli. Es una suposición bastante plausible, pero, mientras no la respalde la evidencia documental, se queda en eso, en mera suposición. Lo que sin embargo Marías no llega a cuestionar es que el cuadro haya pasado antes "por las manos de don Pedro de Arce". Lo que resulta tanto más chocante cuanto de su meticuloso trabajo queda definitivamente desterrada la imagen de éste como fino coleccionista de pinturas, y en su lugar lo que resurge es un simple regatón, es decir, según la definición de Covarrubias, el "que compra al por mayor para vender más caro al detalle". En definitiva, "el coleccionista madrileño don Pedro de Arce" con el que nos había deslumbrado María Luisa Caturla "no aparece... como un típico y culto, ni siquiera erudito, coleccionista de pintura... sino como un decidido inversor en una pluralidad de bienes de consumo lujoso" (Marías, 2003, 418-419). ¿Y este regatón, se nos quiere hacer creer, fue el poseedor de Las hilanderas? Nos doblegaremos ante la evidencia documental, pero, mientras ésta no aparezca, y en el caso presente de ninguna manera ha aparecido, nos negaremos a creer, compartiendo plenamente las dudas de Ortega, que por sus manos haya podido pasar "obra de tanto empeño". En efecto, no existe evidencia documental de que la Fábula de Aracne de don Pedro de Arce sea Las hilanderas. La interpretación establecida por Angulo como "Fábula de Aracne" pareció verse corroborada por el inventario descubierto por María Luisa Caturla, lo que a su vez parece constreñir que se siga interpretando el cuadro como "Fábula de Aracne". Es un círculo vicioso que nadie se atreve a resolver. Pero, como todos los círculos viciosos, tarde o temprano, para librarse de su hechizo, no queda más remedio que romperlo. La Fábula de Aracne que figura en el célebre inventario de don Pedro de Arce, publicado por María Luisa Caturla, no es Las hilanderas. De ninguna manera que lo es. Hay un argumento que es prácticamente definitivo para descartar esta prematura e improcedente identificación. Y no es otro que "el extraño hecho de que Antonio Acisclo Palomino no cite el lienzo en su larguísima biografía de Velázquez de El Parnaso español pintoresco laureado de 1724" (Marías, 2003, 422). Extraño hecho, sí, hecho extrañísimo. Y "este silencio resulta aún más sorprendente si consideramos que Palomino conocía personalmente a Pedro de Arce, pues juntos actuaron como ejecutores del testamento de Juan de Alfaro en 1680" (Hellwig, 2004, 39, nota 6). ¿Y todavía se pretende que sigamos creyendo que la Fábula de Aracne del inventario de don Pedro de Arce sea Las hilanderas! ¿Pese al silencio clamoroso de Palomino? En nuestro ensayo decíamos: "resulta bastante verosímil que Velázquez se haya interesado, antes de pintar (Las hilanderas), en el tema de Palas y Aracne, al que haya dedicado una pintura, que sería la poseída por el doctor Arce" (Martín del Burgo, 2001, 65). Pero, ¿resulta necesaria esta suposición? Lo que hay que preguntarse es lo siguiente: ¿existe alguna pintura conocida que pudiera atribuirse a Velázquez y que verse de verdad sobre la "Fábula de Aracne"? Y, en efecto, si pensamos un poco, sí que existe esta pintura, bueno, no existe hoy día, pero sí que consta que haya existido una "fábula de Aracne y Palas, que tejía la historia del robo de Europa, con marco negro, copia de Rubenes (sic) de mano de Juan Bautista del Mazo". Tal figura en el inventario palaciego de 1686, y, como dice Angulo, "ya Sánchez Cantón observó muy bien que entre los cuadros que decoran la pared del fondo de Las Meninas aparece, en efecto, la copia hecha por Mazo del lienzo de Rubens" (Angulo, 1999, 120). Y no se nos diga que la obra, esta verdadera Fábula de Aracne, hoy lamentablemente perdida, se atribuye a Mazo y no a Velázquez para descartar demasiado rápidamente la hipótesis, que, como tal hipótesis, a falta de respaldo documental, la presentamos. No sería la primera vez que una obra de Mazo se atribuyese a Velázquez o viceversa. Gaya Nuño resume muy bien la relación de Mazo con su suegro: "No hará poco con identificarse, día por día, con la manera de su suegro, sin duda que dejando pendientes -para nuestra sagacidad o nuestra torpeza-muchos cuadros-enigmas, que tanto pueden ser de Diego como de Juan Bautista" (Gaya Nuño, 1970, 41). Y ¿no podría ser esa Fábula de Aracne que figura en la pared del fondo de Las Meninas uno de esos "cuadros-enigmas, que tanto pueden ser de Diego como de Juan Bautista"? Sobre todo si consideramos que don Pedro de Arce no era el fino coleccionista de pintura que nos hizo creer María Luisa Caturla, sino el espabilado regatón que nos ha hecho ver al fin Fernando Marías, y, en consecuencia, que bien sabía don Pedro de Arce que, entre la duda de resolver entre Mazo y Velázquez, mucho más valdría un cuadro atribuido a este último, aunque todos los indicios apuntasen al primero. Por supuesto que, a falta de prueba documental, como mera hipótesis nos limitamos a presentarla. Pero, que la Fábula de Aracne que figura en el inventario de don Pedro de Arce atribuida a Velázquez, sea la Fábula de Aracne de la pared del fondo de Las Meninas, que se suele atribuir a su yerno Mazo, se nos antoja mucho más plausible que no seguir insistiendo en identificarla con Las hilanderas, pese al clamoroso, ensordecedor silencio de Palomino.
orígenes de la etnografía francesa Soñando con los Dogon. No ha sido una sorpresa ni una decepción; el último libro que Femando Giobellina Brumana ha publicado presenta una documentación, una factura y un rigor que no hacen sino recordamos el resto de su obra de investigación, abundante y fecunda, seria y a la vez apasionante. Pues, en efecto, qué difícil es aunar la documentación exhaustiva y la reflexión académica con un estilo fluido que nos hace leer este libro como si de una novela se tratase, a veces de corte realista y, siempre, manteniendo la "intriga"; parafraseando y transformando la cita de Sapir que aparece en la introducción (p. 25), podríamos decir que la mejor monografía es la que se lee como una novela. Y, así, todos terminamos 'soñando con los dogon' o, quizás, despertando de esa aventura mítica de la etnografía francesa que supuso la Misión Dakar-Yibuti, para encontramos de cara con sus protagonistas a los que Femando Giobellina nos acerca analizando sus trabajos y desvelando la otra cara de la Misión. El libro se estructura en seis capítulos y un anexo, antecedidos por una amplia introducción que nos sitúa en el ambiente europeo que precede y que sigue a la Misión de Marcel Griaule, ambiente que favorece el encuentro o, mejor dicho, la 'publicitación' de una etnia que parece deber su existencia al etnógrafo y que ha quedado anclada en el imaginario colectivo como la representación por excelencia de la 'pureza cultural', quizás por su difícil acceso o quizás por la necesidad de la modernidad de referirse a lo 'primitivo' como punto de salvación y de contraste, "una suerte de reserva natural de insólitos nativos metafísicos" (pp. 20-21). En definitiva, como afirma Giobellina, el interés de Griaule y de su escuela (agotada en sí misma) que, finalmente fueron beneficiarios de apoyo institucional y privado, ha hecho de los dogon el pueblo más estudiado (aunque quizás no el mejor), el objeto etnográfico francés por excelencia, la muestra de una representación que continúa en la que "los dogon juegan a ser dogon según un libreto establecido por académicos franceses" (p. La Misión Dakar-Yibuti -título del primer capítulo del libro-nació con un claro interés político-académico: Francia era un terreno baldío en el campo de la antropología, mientras el resto de las potencias ocupantes se habían dedicado a formar colecciones que exhibían en los museos nacionales, a impulsar la formación y la investigación de las poblaciones de sus colonias, en resumen, a utilizar dichas posesiones territoriales para el avance del conocimiento antropológico. Y, lo que es una evidencia, las expediciones serían la base de la mejor comprensión de unos súbditos a los que controlar. Los trabajos etnográficos, como los etnoliterarios, se convertían así en fuente de conocimiento útil para la Administración colonial desde un doble punto de vista: la sujeción de los habitantes de los territorios coloniales, como ya recordaba, en 1853, David Boilat en sus Esquises sénégalaises, y, al mismo tiempo, la puesta en valor de las poblaciones africanas consideradas por la ciencia del siglo XIX como una subespecie humana. Paralelamente a estos objetivos, estos trabajos pretendían rescatar "antes de que desaparecieran" unos mundos que, paradoja de la situación del momento, debían ser necesariamente 'civilizados' por la presencia francesa. Con estos presupuestos y la simpatía ideológica de la inteligentsia del momento, parte en 1931 la Misión que dirigía Marcel Griaule. Como Giobellina subraya, "la Misión se condujo en estilo depredador; los expedicionarios actuaban como si debiesen aprovechar esa oportunidad exclusiva [...] y llenar sus alforjas de todo lo que encontrasen a su paso" (p. Los rumores que corren en la época y las situaciones escandalosas son desvelados de manera que el lector es llevado por una especie de morbo que nos pone en situación de abordar los pormenores que seguirán. Pormenores excelentemente documentados que, gracias a la fluidez de la escritura del autor, nos aclaran a una realidad revisitada. Efec-tivamente, "entre Tintín y Tartarín" (pp. 94-99), los integrantes de la Misión vivieron su aventura africana como tal, como una aventura con marcados tintes coloniales de la que salieron no sin cierta decepción. El exotismo esterado dejaría paso a la constatación de la presencia europea, a la confrontación de la realidad: la compra (cuando no expolio) de las piezas para el Museo del Trocadero, los problemas administrativos, la omnipresencia del aparato colonial. Michel Leiris reconocía, al final, que "la etnografía no me ha convertido más que en un burócrata". Él, más que ningún otro miembro de la expedición, había partido a la búsqueda de esa vivencia de la otredad que lo acompañaría, lo perturbaría, hasta el final de su vida. En su lugar encontró un cliché de sí mismo, narcisista y obsesionado por su propia vivencia, un mundo que le sirvió de reflejo de sus propios fantasmas. El capítulo segundo de la obra (El etnólogo y sus fantasmas, pp. 109-166) es, desde mi punto de vista, central no sólo para desvelar la compleja personalidad del autor de L'Afriquefantome, sino también para entender la lectura à rebrousse temps -como habría dicho Birago Diop-que Giobellina hace, sin concesiones, de la etnografía que surgió de esta expedición. La presencia de Leiris y, después, de su obra, hace incómoda la pretensión del mito griaulista. Para Leiris, la añorada vivencia de la alteridad se convirtió en una experiencia terrible y desoladora de sentimientos encontrados: fascinación y repulsa, deseo y frustración. Él se sabe y siente un europeo confrontado a la impotencia de entender y ser entendido. La etnografía era el elemento base, pero Leiris no era etnógrafo sino poeta, creador. Pero, si la poesía es sinónimo de creación, ¿qué crea? ¿Cuál es la realidad que al asumir, crea y al transmitirnos, impone? Un mundo de ensoñaciones, de narcisismo, de obsesión incomprensible (desde este lado) que quizás no fue sino una manera de intentar integrarse, de intentar dejar de ser el Uno para entrar y confundirse con el Otro. Aunque, ¿quién era el Uno y el Otro, en ese 'allí' y en 'aquel' momento? El nativo no es tan ingenuo por el simple hecho de serlo. Y sus 'armas' no son menos duras que la propia mirada etnográfica, como constata Leiris cuya implicación emocional le hace ser el más crítico con Griaule, al mismo tiempo que "entraba en contradicción con la mirada ajena, con la condición misma de la etnografía". A destacar, en este capítulo las páginas 164-166 en las que, a partir de las actitudes enfrentadas en el terreno y en las vivencias del mismo, Giobellina no sólo concluye el modelo etnográfico de la Misión sino que instruye sobre la ciencia misma: en etnografía "la única autenticidad es la inautenticidad o, mejor, la representación. [...] Leiris dejó de negarse como europeo; Griaule se inventó dogon" (p. El investigador de campo que es Giobellina no deja escapar la ocasión de medir (o ¿medirse?), pero, como recuerda, la etnografía, "en cortocircuito la de Leiris, a tambor batiente la de Griaule, sólo puede ser juzgada por lo que en verdad importa: sus productos, los textos en los que presentan sus datos" (pp. 165-166). A su estudio dedica los capítulos que siguen, capítulos densos y minuciosos cuyo recorrido, sin embargo, se hace apasionante aunque no por ello, menos difícil. En el tercero, "Griaule, la cosa etnográfica", es quizás donde Fernando Giobellina lleva a cabo la desmitificación más radical del hacer y del quehacer griauliano. En él, ayudado por una documentación importante y centrándose fundamentalmente sobre las dos obras estelares del etnógrafo (Masques dogon y Dieu d'eau), pone de manifiesto cómo Griaule y los componen-tes de la Misión desaprovechan las circunstancias por no saber cómo abordarlas. Los mitos, las ceremonias rituales, el awa son vistos desde una mirada cosificante cuyo objetivo, podríamos decir, es de nuevo el expolio, aunque en este caso lo sea de intangibilidades. En palabras de Giobellina: "Griaule cumple el milagro de volver cosa, en toda su inerte e inerme dimensión, aquello que está ahí para significar" (pp. 176-177). Mal planificada, mal dirigida y apresurada (en el libro se demuestran estos extremos), la Misión de Griaule termina por ejercer una "etnología de y para Museo" (p. 205) que implicará un trasgresión del proyecto de izquierdas y progresista inicial, y que hará de los dogon, al mismo, tiempo un "espejismo" del propio 'descubridor'. Un descubridor que, como un amante celoso, no se contenta con poseer el objeto amado sino que acecha y persigue lo más recóndito de él, su 'secreto'. Tal fue la vivencia (dramática, si no resultase, en la distancia y en la objetividad del análisis, tan cómica) de Marcel Griaule. A ello se consagra el capítulo cuarto del libro "Griaule, la etnografía del secreto", en mi opinión, quizás el más esclarecedor desde el punto de vista de la teoría y prácticas etnológicas: la reflexión sobre el secreto del secreto, los márgenes y sus agentes, la visibilidad e invisibilidad en ese juego, en esa representación que es el hecho etnológico. Algo sobre lo que Giobellina tiene experiencia acumulada y estudios detallados. Aspectos estos que también se ponen de manifiesto en el quinto capítulo "Palabras sobre Palabras dedicado al valor y determinación de la Palabra Sagrada, de las diferentes Palabras (siguiendo los estudios, posteriores a la Misión, de Geneviève Calame-Griaule, hija de Marcel Griaule) y de la palabra vivida "desde el margen" de Michel Leiris. Los trabajos de Calame-Griaule quizás sean más conocidos por quienes se interesan no sólo por los estudios etnológicos sino también por las literaturas africanas ya que Ethnologie et langage. La Parole chez les dogon es un 'clásico' en estos dominios desde su primera edición en 1965 (habría una segunda, aumentada, en 1987). De cualquier manera, como constata Giobellina, en este trabajo -como en el resto de los de la escuela-se vuelve a 'infantilizar' el objeto de estudio, los dogon, al suponérseles una retórica especialmente 'primitiva' en la que la metáfora no cabe, en la que la 'metafísica a la Griaule' se impone para conseguir un producto final "demasiado sistemático, demasiado armado, demasiado sólido; el perfecto producto de la factoría Griaule" (p. A modo de conclusión, el sexto y último capítulo (el apéndice consagrado a Artaud, me parece más bien un avance,'un avant-goüt' de lo que sin duda podría ser otro trabajo) resume el meollo central de la etnología, ese que le faltó a Griaule y a su gente: la capacidad para abandonar el centro y dejarse llevar a los márgenes, de entrar en el juego, en la representación, en la posibilidad de ser otro sin dejar de ser uno mismo; o, lo que es lo mismo, el no pretender 'crear al otro' adjudicándole las bondades propias, la honestidad de 'no medir' desde el convencimiento de que el canon propio es la única medida. Trasvasar los límites conceptuales, no convertir al Otro en el objeto de un Yosujeto, sino ser sin dejar de ser fue la vivencia radical que acompañó a Leiris toda su vida hasta el momento de su intento de suicidio. Esa "esquizofrenia controlada" que, según Giobellina, hace que el etnólogo no sólo se asemeje al adivino sino que también lo haga al poseído; en definitiva, "en un caso como otros son actores del margen, en un caso como en otro eligen la verdad frente al poder" (p. En definitiva, éste es un libro sugerente porque abre nuevos caminos, porque propone nuevas pistas; pero también es un trabajo definitorio porque tiene la virtud de enfrentar la amplia y diversa documentación, de 'exprimirla' y de acompañar al lector en sus conclusiones. Es un trabajo que tenía que hacerse y, sobre todo, que tenía que hacerse en el ámbito español tan alejado a veces de la historiografía africana, tan alejado siempre del continente vecino. El hecho de que Giobellina sea a veces demasiado "directo" -yo diría incluso que mordazno hace sino añadirle al trabajo una nueva vía de comprensión: la del crítico que es capaz de saltar los límites e implicarse en la "representación de la representación". El 18 de octubre del pasado 2005 se cumplieron cincuenta años del fallecimiento de José Ortega y Gasset cuyo pensamiento influyó e influye en la cultura universal. Ortega sigue siendo uno de los filósofos occidentales más citado y, desde luego, el primero de los españoles. España y la cultura española actual son lo que son gracias a Ortega. Maestro de la filosofía: perceptivismo, historicismo, fenomenología... orientador de los cambios políticos, constructor de preceptivas literarias y artísticas, consejero áulico de varias editoriales, Ortega lo es todo en el pensamiento y en las letras españolas. Gracias a él pudimos leer a Freud antes que otros o conocer a fondo el fenómeno singular, convertido en seña de identidad nacional, de la tauromaquia. Espectador de su espacio territorial y de su época, la mirada de Ortega lo recorre todo y es capaz de afirmar y de negar, de marcar el camino recto y advertir sobre el equivocado en aquella España invertebrada que él intentó, con más empeño que éxito, modernizar. Fuerzas oscuras se encargarían de impedirlo. Hoy, a medio siglo de distancia de su desaparición, Ortega sigue, con toda potencia, vigente. Esfuerzo loable el de la Sociedad Española de Conmemoraciones y la Residencia de Estudiantes de plasmar en una serie de actuaciones esa permanencia de la figura y el pensamiento orteguianos. El pasado 23 de mayo, Mario Vargas Llosa abrió un ciclo de cuatro conferencias, En torno a Ortega, con su locución "Rescate liberal de Ortega y Gasset", iniciando una serie que se prolongaría hasta el 21 de junio con las aportaciones de Fernando Sabater, "La vida como tema filosófico"; Javier Gomá, "Ejemplaridad pública"; y Francisco Calvo Serraller, "La perspectiva de las artes". Paralelamente, en el Pabellón Trasatlántico de la Residencia, se inauguró una exposición que, bajo el título El Madrid de Ortega abrió sus puertas durante dos meses, del 23 de mayo al 23 de julio. En su folleto de mano se nos decía. "José Ortega y Gasset nació, creció, se enamoró, enseñó y escribió, en suma, pensó y vivió en Madrid, donde murió hace ahora poco más que medio siglo". Si como se ha dicho acertadamente el paisaje es un estado del alma, Madrid y su paisaje urbano bullen en la interioridad orteguiana. Es el Madrid de Ortega distinto a otros, es "su" Madrid. Un periodo que comienza con el desastre que vacía de identidad a España y los españoles. Unamuno y Ganivet, no en Madrid, sino en Granada, en el periódico El defensor de Granada piensan España en una búsqueda identitaria más o menos infructuosa. Su "falso" debate, pues no aportan nada que no hubieran dicho ya en Entorno al casticismo e Idearium español, ni confrontan ni sintetizan opiniones, navegan sobre don Quijote y Alonso Quijano, el bueno, vuelto a la cordura, sobre la intrahistoria y el territorio, sobre Hegel e Hipólito Taine. Navegan y, todo hay que decirlo, desbarran. Difieren notablemente del análisis sereno de Ortega en sus Meditaciones, en las que pone el dedo en la llaga al hablarnos de ese rencor ancestral que anula y empequeñece a los españoles y de esa España machadiana, zaragatera y triste, heladora de corazones, en la que los muertos siempre han dominado sobre los vivos. Esa adoración ya presente en los íberos por la muerte, por los antepasados, por lo que fue y ya no es, ha marcado históricamente nuestra ruina. Ortega, en esa época, la etapa de su inicio y consolidación como filósofo en Marburgo, se convierte en espectador de una Europa que se desangra, apenas un año antes de que tenga lugar la Revolución de Octubre y el terror pánico de la burguesía dé nacimiento al nazifascismo. Ortega es ya El Espectador que se expresa en El Sol y en Revista de Occidente y nos habla de La deshumanización del arte e Ideas sobre la novela, encabezando los cambios preceptivos que generarían fructíferamente una literatura y un arte nuevos. Ortega trajo la República, y marchó con ella al exilio. Luego volvió y pasó en Madrid sus últimos diez años; años tristes en una ciudad y una nación a las que se había privado de libertad. Fruto de los dos eventos anteriores: Ciclo de conferencias y Exposición es el libro que hoy nos ocupa. De magnífica factura, a la que sus editores nos tienen ya acostumbrados, y con un complemento gráfico extraordinario, El Madrid de Ortega es un recorrido por el mundo y el quehacer orteguianos, sobre su yo y su circunstancia que se estructuran en varios apartados: "Datos biográficos", "El yo y su circunstancia", "Salvaciones de la circunstancia" y "Paisajes vitales" resumen el "ser" de Ortega. José Lasaga, Javier Zamora Bonilla, Mario Vargas Llosa, Pedro Cerezo Galán, Jacobo Muñoz, Eugenio Trías, José Luís Molinuelo, Santos Juliá, José García-Velasco y Azucena López Cobo, Fernando R. de la Fuente, Thomas Mermall, Carlos Pereda, Helio Carpintero, Javier San Martín, Béatrice Fonck y Marta Campomar componen con extraordinario acierto los capítulos del libro, que se cierra con un inédito de Ortega, ¿Qué pasa en el mundo? (Observaciones sobre nuestro tiempo), cuyas dos primeras páginas manuscritas se nos ofrecen en facsímile. Se trata de una conferencia, que junto con otra Ortega impartió en el teatro Español de Madrid los días 31de mayo y 2 de junio de 1933. Ambos textos manuscritos se conservan en el Archivo de la Fundación Ortega y Gasset. Concluye el volumen con el apartado "Obra plástica" que reproduce cuadros y dibujos de Zuloaga, Regoyos, Beruete, Sorolla, Palencia, Echevarría, Ricardo Baroja, Sancha, Piñole, Pankiewicz, Dalí, Mallo, Barradas, Gargallo, Pelegrín, Braque, Picabía, Kandinsky, Masson, Jiménez Caballero, Bagaría, Vázquez Díaz, Moreno Villa, y Bores, seguido de la "Relación de obras y documentos expuestos" y de un inexcusable "Índice onomástico" y un "Índice (alfabético) de obras de José Ortega y Gasset". (Instituto de Filosofía, CSIC) Prologado por Carlos Martínez Alonso, actual Presidente del CSIC, el libro es el resultado de "una iniciativa de los investigadores integrados en la Red CTI de "Estudios políticos, económicos y sociales de la ciencia, la tecnología y la innovación" del CSIC, que trata de complementar los esfuerzos realizados desde otros ámbitos vinculados al I+D español: el sector empresarial a través de la Fundación COTEC y la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE)". El autor del prólogo señala que su publicación coincide con el vigésimo aniversario de la promulgación de la "Ley de la Ciencia" y que no se trata de "una visión institucional del sistema español de I+D desde la óptica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, sino fruto de las experiencias personales de los autores y de su libre opinión". Reflexión pues sobre el pasado reciente, sobre los logros promovidos y asentados por la Ley de la Ciencia, el libro trata sobre todo de proyectarse hacia el futuro, de plantear una perspectiva globalizadora, en unos momentos en que la "ley de agencias" va a cambiar el modelo de organización, financiación y gestión de la investigación pública, en virtud de la cual, se nos dice, el CSIC dejará de ser un Organismo Público de Investigación. El libro se estructura en siete grandes capítulos cuyos contenidos pasamos a describir y analizar. El Capítulo 1, "Política Científica", se subdivide en dos apartados: el primero, "Dinámica de la política científica española y evolución de los actores institucionales", repasa, tras una Introducción, la base jurídica del sistema: Ley de Fomento y Coordinación de la I+D, Ley 13/86 de 14 de Abril, LRU, Ley de Patentes (1986) y Ley de Propiedad Intelectual, también de 1986, legislación surgida con una clara decisión reformista que, en estos momentos, está sometida a profundos cambios. A continuación se analizan los resultados de "Los agentes institucionales": Universidades, Hospitales e Instituto de Salud Carlos III, CSIC, CIEMAT, INIA, IEO, INTA, IAC e IGME. El segundo apartado, "Evolución e impacto de los planes nacionales como instrumento y coordinación de la investigación científica y el desarrollo tecnológico" analiza la evolución del contexto político y de la arquitectura institucional, sus dificultades y fluctuaciones presupuestarias, los puntos fuertes y débiles de los Planes Nacionales y el futuro del Plan Nacional. Cierra el capítulo el estudio "la I+D en el marco autonómico". El Capítulo 2, "Comunidad Científica", se subdivide a su vez en tres grandes subcapítulos: "Estructura y dinámica de la comunidad científica española", "La cuestión de género en la investigación española" y "El sistema de incentivos y recompensas en la ciencia pública española". El Capítulo 3, "Financiación de la I+D", aborda dos aspectos: "Estructura y flujos de la financiación de la I+D en España" e "I+D y crecimiento económico". El Capítulo 4, "Actividad y Producción Científica", se subdivide en dos grandes apartados, dedicado el primero a la "ciencia dura" y la tecnología, "La I+D en España a través de publicaciones y patentes"; abordando el segundo la problemática del subsector humanístico, "La investigación en humanidades: Problemas específicos". El Capítulo 5, "Vinculación de la investigación pública y privada", describe las difíciles relaciones entre ambos sectores y divide su análisis en cuatro subapartados: "Raíces de la brecha entre industria e investigación en España", "La I+D empresarial y sus relaciones con la investigación pública española", "El flujo de conocimientos desde el sistema público español de I+D en las industrias biotecnológicas" y "Una visión empresarial del sistema público de I+D". El Capítulo 6, "I+D y Sociedad española", revisa la relación y el impacto y recepción social de la investigación. "El espacio social de la ciencia y la tecnología: percepción, comunicación y difusión", "Participación pública en ciencia y tecnología" y "Estrategias de la divulgación de la ciencia y la tecnología en España desde el sector público" son sus tres grandes subapartados. Finalmente, el Capítulo 7, "Dimensión Europea de la I+D española", incluye un único capítulo, "La I+D en el contexto europeo", que aborda la dimensión europea e internacional de la investigación española y sus aspectos de financiación, los "polos regionales" de innovación y el previsible futuro. Todos y cada uno de los capítulos incluyen una exhaustiva Bibliografía. Radiografía de la investigación pública en España Antes de entrar en una rápida valoración del libro señalar que es fruto del conocimiento y del esfuerzo de más de medio centenar de autores que desarrollan su actividad en el CSIC o han estado vinculados a algunos de sus Institutos o a sus puestos de gestión, lo que avala sus conocimientos en materia de política científica. El CINDOC, Instituto de Filosofía, INGENIO, Instituto de Análisis Económico y el Instituto de Estudios Sociales Avanzados son los Centros del Consejo que más especialistas han suministrado al esfuerzo de redacción del libro. Las Universidades y los OPI's tampoco han estado ausentes, así como las Fundaciones y las Instituciones Autonómicas. Ha sido tarea esforzada y noble empeño reunir a tantos y tantos especialistas en todos y cada uno de los tópicos que el estudio aborda. Empeño que ambos editores han llevado a buen término, merced a su gran preparación y trayectoria científica y de gestión. Jesús Sebastián, que comparte con nosotros la dirección de esta revista, puso todo su esfuerzo y sus conocimientos en la etapa en que ejerció, precisamente, como Vicepresidente de Política Científica del CSIC (1983)(1984)(1985)(1986)(1987)(1988), llevando a cabo y sentando también las bases de futuro de la necesaria reforma del Consejo y de sus Centros e Institutos. Emilio Muñoz, Secretario General del Plan Nacional de I+D, en esas fechas, inició y continuó el proceso de reformas tanto del sistema, como del Consejo, cuando accedió a su Presidencia. Dirige ahora el Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto de Filosofía del CSIC, uno de los que más han contribuido a la redacción del libro. Además de su labor como editores, ambos han contribuido al mismo en varios de sus capítulos. Pero, insistimos, su mejor labor ha sido reunir a los mejores especialistas en el análisis, prospectiva y gestión científica. Su gran número nos impide citarlos a todos, pero sí queremos señalar la alta calidad de sus aportaciones. Finalizaremos señalando que el título, Radiografía de la investigación pública en España, responde plenamente a los contenidos. Radiografía en la medida en que es análisis profundo, descubrimiento de aquello que se intuye, pero que de alguna manera está oculto, y también base para una necesaria terapia de cara al futuro. A riesgo de utilizar un término manido, estamos en presencia de un libro imprescindible para conocer y para actuar con conocimiento de causa en unos momentos en que se replantean estructuras, actuaciones y formas de gestión. Empezábamos diciendo que no se trata de un libro institucional. No habría habido problema si así fuera, pero el hecho mismo de haber sido editado por Biblioteca Nueva, empresa vinculada desde sus ya casi centenarios inicios a la ciencia y la cultura española y universal, es para el lector una garantía de imparcialidad, ecuanimidad y profundidad de análisis. Alberto Sánchez Álvarez-Insúa (Instituto de Filosofía, CSIC) El templo del saber. Hacia la biblioteca digital universal Borges concebía el universo como una Biblioteca infinita que albergaría todo el saber humano. Bradbury, en su fantasía Fahrenheit 451, temperatura a la que el papel se inflama espontáneamente, imaginó un mundo sin libros, aunque mejor sería decir sin literatura. Hoy, las bibliotecas, al menos las bibliotecas científicas, los centros de información y documentación son ya infinitos, en el sentido que la Física da al término: inmensidad inabarcable. El libro y la revista se van convirtiendo en objetos de culto que poco o muy poco pueden contribuir a la sociedad del conocimiento. Obviamente una obra singular puede ser consultada y leída, pero ya no sucede lo mismo con una revista científica que ofrece a sus hipotéticos lectores artí-culos originales que nos ofrecen nuevos datos, nuevos descubrimientos. Las revistas de revistas, los abstracts, la revisiones, nos venían ofreciendo unas posibilidades de búsqueda de aquellos datos y tópicos de nuestro interés. Pero el volumen de información es tan gigantesco que ya no es posible la rebusca individual. Es más, muchas revistas, muchas enciclopedias y muchos abstracts han abandonado el soporte papel, y hay un proceso imparable de digitalización de libros, revistas y documentos que permita doblemente el libro acceso a sus contenidos y la localización de aquello que nos interesa. Por todo lo anterior cabe señalar la oportunidad y el acierto del libro que ahora comentamos y del que son autores el investigador y profesor de Filosofía José Luis González Quirós (Oviedo, 1947) y el físico teórico, filósofo y especialista en gestión del conocimiento Karim Gherab Martín (Zamora, 1972). El trabajo fue objeto del Premio Ensayo 2005 de la Fundación DMR Consulting. Karl R. Popper propuso en "Epistemología sin sujeto cognoscente" que aquellas realidades que no pudieran ser reducidas a meros pensamientos subjetivos y no fuera de rigor considerar como meros objetos físicos constituirían un Tercer Mundo, un Mundo III. Este tipo de realidad sería el de las teorías, las obras de creación y el de los documentos del hombre destinados a transmitir sus conocimientos. Este tercer mundo se incorporaría así, de pleno derecho, al mundo real y al de la conciencia subjetiva. La ontología fenomenológica tal vez no estaría de acuerdo, pero no es menos cierto que la tajante separación de Heidegger entre seres y entes y de Sastre entre en-sí y para-sí deja un vacío para aquello que la conciencia individual genera y que el otro capta. Un libro, no es igual que una piedra, ontológicamente hablando. Utilizando la terminología heideggeriana sería un ente "empapado" de ser, del ser del otro, de aquel que lo generó; y en la proposición de Sastre una forma especial del en-sí que guarda entre su superabundancia obscena un hálito del para-sí del otro, una parte de su realidad fenomenal, una de sus infinitas manifestaciones. De ahí la justeza del planteamiento de Popper. Pero es necesario retroceder, porque este análisis popperiano constituye la tercera parte del libro, dividido en una introducción y tres grandes capítulos. La Introducción, que abarca un buen número de páginas, se titula "Una revolución silenciosa" y viene encabezada por una cita de H. G. Wells tomada de su obra de 1938 World Brain que nos anticipa ya en la época en que se escribió que la memoria humana sería, en un corto espacio de tiempo, accesible a todos los individuos. Efectivamente, y según nos decía Wells, eso ni sería un sueño remoto ni una fantasía. Y así ha sido, así es. La tecnología digital, nos dicen los autores, han traspasado los límites de aquello para lo que fue concebida: el cálculo y el control, y ha entrado de lleno en el terreno de la escritura y del registro de datos. Ha surgido así, está surgiendo, una nueva forma de organización social, un nuevo collegium de entendidos en las nuevas tecnologías de la sociedad del conocimiento. Lamentable, pero inexorablemente, aquellos que no comprenden estas nuevas técnicas corren el riesgo de convertirse en los nuevos analfabetos, incapaces de acceder al mundo del saber. El planteamiento de los autores es claramente un futurible, una imaginación que trata de pronosticar nuestros cambios de hábitos con respecto a los textos y la información que contienen, por más que sigamos vinculados a una "cultura del papel impreso" y tengamos serias dificultades para leer en pantalla. Es más, lejos de reducirse el consumo de papel se ha incrementado, amenazando ecológicamente a nuestro planeta. Millones de copias son impresas y destruidas, a veces para añadir una sola palabra o suprimir una coma. Pero tiempo llegará en que ese vicio de origen desaparezca. Las bibliotecas están siendo redefinidas, pasando de ser "un almacén ordenado de ejemplares físicos a un archivo digital". Es más, pueden llegar a ser innecesarias, pudiendo el estudioso acceder a esa Biblioteca universal desde su puesto de trabajo, quedando los libros y documentos celosamente guardados en contenedores inaccesibles. Dedican los autores el primer capítulo de su libro, "Historia del saber y de la escritura" a sentar las bases de ese "Incremento del saber" y, por tanto, de "La necesidad de organizar el conocimiento". Hoy, más que nunca, para crear algo nuevo, para avanzar en el conocimiento, es necesario disponer de toda la información previa, bien ordenada para no repetirnos, para no hacer lo que otros ya han hecho. Cualquier científico sabe que la creación y la investigación demandan un requisito previo que es arriesgadísimo obviar: la "rebusca bibliográfica". Este planteamiento es independiente de cómo se acceda a la información y de los métodos de búsqueda que se utilicen. Repasan luego los autores "El nacimiento de las disciplinas: el árbol lógico" y su aplicación a aquellas que anteriormente no fueron consideradas como tales: Bibliografía, Biblioteconomía y Bibliotecnología, y como, en un recorrido histórico, tras el nacimiento de la Enciclopedia, ha tenido lugar esa "universalización del conocimiento" que inspiró la obra de Diderot y D'Alambert. El segundo capítulo, "Lógica del saber" está también dividido en cuatro subapartados. El primero de ellos, "Los procesos de evaluación: la indexación y los factores de impacto" repasan algo que está presente en todo el quehacer científico.: la evaluación de la producción, según los parámetros planteados por el Garfield en 1955 desde las páginas de Science. Un artículo no es ya tan sólo una exposición que finaliza con una bibliografía previa en la que se ha apoyado, es decir, de artículos citados, sino una evaluación a posteriori según el número de citas, de "citantes" que logra concitar y que van a quedar reflejados en el SCI (Science Citation Index) presentado en 1964 por el propio Garfield. A esto hay que añadir la presión a que se ven sometidos los investigadores para que publiquen sus trabajos en revistas de prestigio, entendidas como tales las que generan altos índices de impacto, las denominadas SCI. Pero, a pesar de ello, uno de los mayores problemas a que se enfrentan los investigadores es el retraso y la dilación en la publicación de sus trabajos, lo que ha traído como consecuencia, de una parte, la aparición de un número ingente de publicaciones, y de otra, un fuerte incremento de los rendimientos económicos de algunas editoriales que imponen sus revistas de prestigio a unos precios que cabe calificar de escandalosos. No vamos a insistir en otros aspectos que resaltan los autores como la indexación por citas y los diversos indicadores e índices propuestos, desde el de inmediatez al de vida-media o el llamado factor de prestigio en la biomedicina. El segundo subapartado, "La incorporación de la tecnología digital. Bibliotecas digitales" aborda la aparición de obras directamente en la Web, sin contrapartida en la imprenta. Las emergentes bibliotecas, cuya calificación y descripción maneja las expresiones "digitales", "electrónicas" y "virtuales" sin llegar a decidirse por ninguna, plantean la necesidad de de transformar un continuo de información en un conjunto de metadatos, dependientes unos del contenido y otros independientes de él. La recuperación y acceso a la información se planteó muy pronto y surgieron los primeros buscadores: Yahoo trasladó al mundo digital el formato tesauro, alumbrado en las bibliotecas, mientras que Google planteó la búsqueda directa, "a tiro hecho". Pero un nuevo problema ha surgido: "La libertad de acceso y los derechos de autor". Mucho podría decirse del problema, pero es bien claro que la "piratería" desde el top manta es mínima comparada con la actuación directa de los usuarios de la red. Música, películas, juegos de ordenador y programas informáticos se "bajan" desde el ciberespacio sin generar réditos a sus creadores. Los gobiernos tratan de proteger los derechos de los autores pero se enfrentan a entrar en colisión con los usuarios. En un mundo tan cambiante en el que pronto desaparecerán prácticamente las salas cinematográficas y en el que un DVD legalmente adquirido es ya más barato que una entrada, urge crear un sistema legal que complazca a todos. No es aventurado pensar que, en plazos muy cortos, los creadores tendrán que elegir entre ser leídos, vistos o escuchados, o obtener pingues beneficios por sus trabajos. Angustiosa elección para el artista y planteamiento muy claro de aquellos a través de los cuales los beneficios se vehiculan: editoriales, productoras y distribuidoras cinematográficas, casas discográficas, etc. Cierra el capítulo el último de los subapartados: "Economía del saber: nuevas fuentes y nuevas instituciones del conocimiento" en el que los autores repasan aspectos del máximo interés, desde la necesidad invertir enormes sumas de dinero en la investigación científica, Big Science, la relación cienciatecnología y lo que Javier Echevarría llama revolución tecnocientífica, hasta la necesidad de generar nuevos identificadores como DOI (Digital Object Identifier) capaces de identificar no sólo documentos completos sino incluso partes de documentos: gráficos, texto, imágenes, sonidos, etc. y de asociar su códigos a direcciones URL. De nuevo el capítulo III, "El modelo popperiano" está divido en cuatro subcapítulos. El primero de ellos, "La cuestión de los límites entre las disciplinas" plantea el problema de diferenciar los textos de intención científica de aquellos de voluntad estética. Ambos, a juicio de los autores, deben formar parte de esa futura Biblioteca universal. Reflexionan luego como las obras que intentan reunir un conjunto de saberes que aspira a la casi totalidad, ponen como ejemplo la Enciclopedia Británica, empiezan a carecer de sentido, y añaden: "ni lo que sabemos, ni menos aún, nuestras preguntas, caben ya sobre el papel.". Tampoco es posible la búsqueda directa, que se revela perfectamente opaca, en centros de documentación o bancos de datos. La solución actual pasa por la inclusión en los documentos de una serie de descriptores que permitan lograr nuestros objetivos de búsqueda. Al segundo subapartado, "La selva popperiana del Mundo III" ya hemos hecho referencia al inicio de esta recensión. Según Popper, nuestros esfuerzos por comprender la realidad son, desde el punto de vista epistémico, meras conjeturas. Así, frente al "ideal inalcanzable de la verdad pura y rotunda de la teoría, debemos conformarnos, las más de las veces, con aproximaciones, con proposiciones que, si bien no nos hacen desesperar de la verdad, no pueden darnos la verdad entera". Todos estos planteamientos que necesariamente debemos resumir, desembocan en el tercer subcapítulo, "La catalogación digital: descriptores popperianos y singularizadores". Todo texto científico, se nos dice, puede ser reducido a un argumento, a una serie de cadenas argumentativas. Ahora bien, la singularidad de un documento es, precisamente, su singularidad intelectual, el papel que ha desarrollado y desarrolla en una determinada ciencia. Un texto es, sin duda, una cadena de signos o, si se prefiere, un correlato oracional de carácter intencional. Su catalogación digital puede abordarse de dos formas: por su estructura argumentativa y su datación histórica o como un concreto conjunto de signos, mediante los descriptores popperianos y los singularizadotes. Abstract y key-words ilustrarían los primeros, mientras que los singularizadores permiten apostar por textos que incluyan determinados signos simultáneamente: p. e., que citen a la vez a Hill Gates, Heidegger, Ulam y Dostoyevsky. Finaliza el capítulo y el libro con el último apartado, "La erudición digital y el porvenir de la escritura". Advierten los autores sobre un planteamiento tan aristocratizante como antiguo: el desdén al texto y a su superabundancia, ya presente en Platón. No obstante, la hipertrófica generación de textos obliga a determinadas cautelas para separar lo verdadero de lo falso por parte de editores y evaluadores, por más que para aquellos que hacen avanzar efectivamente la ciencia hay cosas mucho más interesantes que la verdad segura. Hay demasiados intereses en juego, entre ellos el lobby de revistas de primera línea, que se enfrentan a los nuevos planteamientos de la información, pero nada ni nadie puede ni debe oponerse al progreso. Los autores nos ilustran del papel que pueden ejercer los preprints en el doble aspecto de no imponer a los autores un ritmo de publicación permitir el libre acceso de todos: es preferible tener la posibilidad de leerlo todo, nos dicen, por mas que sea imposible, que verse limitados por el filtro de un comité de publicación. La ascesis necesaria para poner límites, para perfeccionar la producción de nuevos textos científicos sólo puede alcanzarse mediante el consentimiento activo de los respectivos gremios académicos. Ese propósito nos permitirá escribir con una nueva libertad. Y la huella digital de nuestros escritos estará, bien datada, y espléndidamente vigente en el Templo del saber, en la futura Biblioteca universal. Así concluye este magnífico libro, ensayo lúcido, futurible que, a corto, cortísimo plazo va a ver cumplidas sus predicciones. Santiago Ramón y Cajal Si existe una voz autorizada para historiar la Medicina y la Ciencia españolas, y dentro de ellas la figura impar de Santiago Ramón y Cajal, es sin duda la del profesor José María López Piñero. Catedrático de Universidad y creador dentro del CSIC del Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación que lleva su nombre, nos ofrece ahora un volumen excelentemente editado por su universidad, la de Valencia, y la de Granada sobre la vida y obra de Cajal, cuya figura llenaría todo el primer tercio del siglo XX en el campo de la histología y de la estructura y funcionamiento del sistema nervioso, no sólo en España sino a nivel universal. Hemos hablado de figura impar, y sin duda lo fue, pero no única, ni producto del azar, como pretendían algunos de sus coetáneos. Cajal se nutre en el campo histológico de aquellos que fueron sus maestros y a los que superaría de inmediato. Así lo señala muy acertadamente López Piñero desde la Introducción del libro, indicando las desafortunadas aseveraciones de Ortega al respecto. Y si sus antecedentes fueron claros y cualquier historiador de la Medicina los conoce, sus consecuentes fueron también de la máxima importancia. Cajal creó escuela, y el más importante de sus discípulos, Pío del Río Horterga, completó su obra con su descubrimiento del "tercer elemento" del sistema nervioso. Pero no sólo la obra de Cajal sería ingente en el campo de la neurohistología. Su labor impulsora y de dirección desde la Presidencia de Junta para Ampliación de Estudios, dio lugar a que la ciencia española cosechara días de gloria en el campo de la Fisiología, la Física y la Química y ya, dentro de las Humanidades, en la Historia y la Lingüística. Estructura López Piñero su libro en once capítulos, precedidos, como ya se ha dicho, de una Introducción y completados en su final por un utilísimo Índice Onomástico. El excelente papel en el que el libro está impreso permite la reproducción de un abundante material gráfico, del máximo interés en el que se alterna fotografías de don Santiago y de sus coetáneos junto a reproducciones facsímiles de sus escritos, dibujos y publicaciones. El primer capítulo está dedicado a estudiar "La histología en España anterior a Cajal". A dicho tema, el autor dedica casi cien páginas, dando comienzo a su estudio en el siglo XVII, para concluir en los albores del XX, cuando ya Cajal es una figura indiscutible dentro de la Medicina española. Este recorrido extraordinario es más que un capítulo y podría considerarse un "libro dentro de un libro", pues su entidad es tal que bien podría haber dado lugar a una publicación a parte. Desfilan por él lo más granado de la ciencia española, no tan inexistente como demasiadas veces se predica, desde los microscopistas del siglo XVII como Crisóstomo Martínez a los fisícomatemáticos Juan Bautista Corachán y Tomás Vicente Tosca, pues López Piñero no se circunscribe únicamente a las ciencias médicas, sino que nos describe también el conjunto de la investigación española. El XVIII, siglo de las Ciencias Naturales y de las grandes expediciones científicas, nos es descrito con detalle y reseñados sus más importantes protagonistas: José Arnau, Andrés Piquer, Sebastián Miguel Guerrero Herreros Morales y Antonio José Cavanilles. Resalta el autor el colapso que supuso para la ciencia española la Guerra de Independencia y el posterior reinado de Fernando VII y que retrasó la aparición de los primeros tratados al trienio liberal. La opresión ideológica del período isabelino cesa tras la revolución del 68 y el decreto de octubre de Ruiz Zorrilla afirma el principio de la libertad de enseñanza. Es justamente cuando Cajal estudió Medicina. La creación del Museo Antropológico por Pedro González de Velasco da entrada a los más insignes histólogos en la Escuela de Práctica Libre de Medicina y Cirugía: Federico Rubio, Rafael Ariza, Eugenio Gutiérrez González, Luis Simarro y Leopoldo López García. A ellos habría que añadir a Rafael Martínez Molina, fundador del Instituto Biológico de Madrid y adelantado en España de la histopatología. Como la lista de nombres sería interminable anotemos únicamente algunos: el gran anatomista José María Gómez Alamá al que sucede en su actividad Elías Martínez Gil. En 1874, el gran maestro de Cajal, Aureliano Maestre de San Juan funda la Sociedad Histológica Española; tres años antes, un grupo de naturalistas funda la Sociedad Española de Historia Natural, en cuya labor destacó la figura de Ignacio Bolívar Urrutia. A ambas instituciones perteneció Cajal y publicó numerosos trabajos en sus Anales. El siguiente capítulo es muy breve y nos relata la "Niñez y adolescencia en el Alto Aragón (1852-1869) de Santiago Ramón y Cajal. Le sigue otro, igualmente breve titulado "Estudiante de medicina en Zaragoza durante el periodo revolucionario (1869-1873); al que sucede otro que nos relata la experiencia cajaliana como "Médico militar en la tercera guerra carlista y en la de Cuba (1873-1875)" triste periodo de la vida de Cajal en el que estuvo a punto de morir de paludismo y disentería. Afortunadamente, su fuerte naturaleza pudo más y logró volver a España con la licencia absoluta. En esa fechas, la vida de Cajal no es nada fácil. Su novia le abandona y él se recupera lentamente mientras reflexiona sobre un porvenir profesional que se dibuja incierto. Tras una experiencia docente en Zaragoza, obligado por su padre, se matricula como alumno libre en la universidad madrileña para obtener el doctorado. Entrará allí en contacto con Maestre de San Juan, y el 3 de julio de 1877 lee su discurso de doctorado sobre Patogenia de la inflamación. De nuevo, por presión paterna, se presentará a varias oposiciones a cátedra sin lograr, como él esperaba, el éxito. Para colmo, su vida corre de nuevo peligro; le acontecen una terrible hemoptisis. Tras dos meses de cama y muchas vicisitudes, gana las oposiciones a director de los museos anatómicos de la Facultad de Medicina de Zaragoza cargo para el que fue nombrado en 1879. Y se casa felizmente con Silveria Fañañás. Su obra científica ha dado comienzo y se consolidará en el siguiente periodo, al cual el autor dedica el siguiente capítulo, "Cuatro años en Valencia (1884-1887), punto de partida de su obra científica". Son años de fuerte influencia darwinista en la comunidad científica valenciana, encabezada por Peregrín Casanova Ciurana, seguidor de Haeckel con el que mantuvo una larga relación epistolar. Cajal, tras su llegada, ingresó en el Instituto Médico Valenciano, en cuyo Boletín publicó sus primeros artículos científicos. A la importantísima relación con Jaime Ferrán, y el tratamiento del cólera dedica el autor la mayor parte del capítulo. Una nueva relación establecerá Cajal, pero esta vez en Madrid con Luis Simarro Lacambra, otro de sus maestros, que le enseñaría el método de Golgi, y que López Piñero nos describe el otro breve capítulo, "La dedicación a la neuro histología y el magisterio de Luis Simarro". El siguiente está dedicado a la etapa de Cajal en la Ciudad Condal, "Cuatro años en Barcelona (1888-1892): un nuevo concepto sobre la estructura histológica del sistema nervioso". La reorganización de 1886 de los estudios de medicina supuso que la histología pasara de ser una asignatura de doctorado a integrarse en la licenciatura, generando una serie de concursos de traslado. Cajal opta, contra la opinión paterna, a la cátedra de Barcelona, prefiriéndola a Zaragoza. Cajal completa allí su preparación en anatomía patológica, y publica por fascículos y dedicado fundamentalmente al alaumnado, su Manual de Anatomía patológica general. Pese a que el autor lo definiera como "un resumen sin pretensiones" tuvo nueve reediciones en vida de Cajal y tres más póstumas. En esas fechas publica también sus primeros artículos en el extranjero. En 1890, y tras un trabajo frenético, publica dieciocho artículos neurohistológicos, Pero no todo iban a ser venturas, fallece su hija Enriqueta de una meningitis tuberculosa. Cajal asociaría durante toda su vida su descubrimiento de la estructura histológica del cerebelo a la muerte de la niña. El capítulo sin duda más importante es sin duda el antepenúltimo, "Dos décadas en Madrid (1892Madrid ( -1914)): un periodo culminante de una vida dedicada a la investigación". Cajal se incorpora a la cátedra de la Facultad de Medicina de Madrid en abril de 1892. Goza ya de gran prestigio científico, se desenvuelve en un grupo de seguidores de la nueva medicina de base experimental y cuenta con el apoyo de Julián Calleja, decano de la facultad y presidente de sus últimas oposiciones, que consigue allegar los fondos necesarios para el montaje de un nuevo laboratorio histológico. El autor enumera, uno tras otro, a los compañeros de cátedra de Cajal, nos da noticia de sus sucesivas publicaciones, nos describe sus nuevas técnicas como la doble impregnación argéntica y el método del azul de metileno de Ehrlich, nos habla de la redacción de algunos textos de carácter teórico y de su participación en diferentes congresos y reuniones científicas. Viaja a Londres y se alojará allí, durante dos semanas, en casa de Sherrington. En 1897, Cajal inicia la publicación de su gran tratado Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, tema que el libro ilustra con dos excelentes esquemas de Cajal. Un año más tarde tiene lugar el gran desastre colonial que desalienta a don Santiago terriblemente. Ha llegado el momento de "regenerar" España, y Cajal expone sus ideas al respecto en su correspondencia con Joaquín Costa. Dos décadas más tarde, lamentaría su participación en el movimiento regeneracionista. La extraordinaria repercusión de su obra en todo el mundo le hace viajar, pese a sus reticencias iniciales y a su quebrantado estado de salud, a Estados Unidos en 1899, para pronunciar una serie de conferencias. Luego, las distinciones se acumulan: la Dirección General de Sanidad, a cargo de Cortezo Prieto, crea el Instituto de Higiene y Seroterapia y Cajal es nombrado director; ocuparía el cargo, realizando una gran labor hasta 1920, en el que le sustituiría Tello, su discípulo dilecto. En 1905 recibe Cajal la medalla de oro Helmhotz de la Academia de Ciencias de Berlín y un año después, en 1906, recibe, junto a Camillo Golgi, el Nobel de Fisiología y Medicina. Ese mismo año Moret le ofrece la cartera ministerial de Instrucción Pública, y aunque en principio acepta e incluso prepara un programa de política científica y universitaria, pronto recapacita y declina la invitación. Aceptará, en cambio, la presidencia de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, cargo que ocuparía durante un cuarto de siglo. Continúa López Piñero relatándonos las contribuciones histológicas del maestro hasta llegar a los años 1912-1914. Cajal ha cumplido ya los sesenta años pero todavía idea nuevas técnicas como el formol-urano y el oro sublimado, innovaciones que serían fundamentales para los trabajos de Nicolás Achúcarro y Pío del Río Hortega. El periodo final cajaliano nos es descrito en el capítulo anteúltimo, "Las dos últimas décadas: declinación de un gran sabio", es decir el que comprende la Primera Guerra Mundial, el período de entreguerras y el fallecimiento de Cajal. El primero de los eventos altera profundamente a Cajal como hombre y como científico, interrumpiendo su diálogo con los laboratorios extranjeros. El maestro se entrega al pesimismo, del que dará fe su obra El mundo visto a los ochenta años cuyo expresivo subtítulo, Impresiones de un arterioesclerótico es bien elocuente. Renuncia a las tertulias y a sus largos paseos en los que, peripatéticamente, había elaborado sus mejores ideas científicas. Conoció sinsabores y también homenajes como la concesión, ese mismo año, de la medalla Echegaray de la Academia de Ciencias, la edición de un Libro de honor de D. Santiago Ramón y Cajal por la Junta para Ampliación de Estudios y su plasmación en dos monumentos, el de la Facultad de Medicina de Zaragoza, obra de Mariano Benlliure (1925), y la fuente del Parque del Retiro, realizada por Victorio Macho (1926) que le produjo un cierto desagrado. Flanqueado por sus discípulos Tello y Castro, Cajal continúa publicando sucesivos compendios técnicos y también sus libros de carácter literario y aquellos que podemos considerar como memorias y recuerdos. Rodeado de sus deudos y de sus discípulos fallece el 17 de octubre de 1934, a las once menos cuarto de la noche. Tras reseñar la muerte del maestro, el libro llega a su final reseñando la segunda obra más importante de Cajal, "La escuela histológica española" y enumerando a aquellos que fueron sus discípulos: su hermano Pedro, el salmantino Domingo Sánchez Sanchéz, el aragonés Francisco Tello Muñoz, el madrileño Fernando de Castro Rodríguez, el aragonés Rafael Lorente de No. Mención a parte merecen dos grandes sabios, el bilbaino Nicolás Achúcarro Lund, cuya prematura muerte privó a España de uno de sus mejores científicos, y el vallisoletano Pío del Río Hortega, figura a la que hemos tenido el privilegio de dedicar algunos de nuestros trabajos, y que completaría la obra de Cajal con sus trabajos sobre "el tercer elemento de los centros nerviosos", es decir la neuroglía y la oligodendroglía. Pese a sus iniciales enfrentamientos, la relación final entreambos fue cordial y don Pío, en palabras del autor que suscribimos plenamente, "mantuvo siempre frente a Cajal una postura de respeto y admiración rayana en una veneración enfermiza". A Río Hortega, al que López Piñero dedicó un estudio memorable, dedica ahora las últimas páginas de su libro. Ni en ciencia, ni en historia, ni en biografía alguna se tiene dicha nunca la última palabra. Pero tras la publicación de este libro excepcional pasarán mucho años antes de que nadie pueda añadir algo a la ingente labor de su autor y fruto de su enorme madurez científica e historiográfica. La Editorial Renacimiento de Sevilla, que dirige el poeta, ensayista, editor y librero anticuario Abelardo Linares, publica ahora, dentro de su "Colección Renacimiento", "Serie Antologías" la opera omnia de la poeta Amalia Bautista (Madrid, 1962) como volumen décimosexto de la serie en la que figuran Luis García Montero, Karmelo C. Iribarren, Vicente Núñez, Carlos Marzal, Juan Luis Panero, Luis Alberto de Cuenca, Rafael de León, Ricardo Defarges, Luis Antonio de Villena, Juan Gil-Albert, Claudio Rodríguez, Agustín de Foxá, Ángel Pariente y César Simón. A ellos seguirán Andrés Trapiello, Vicente Gallego, Julio Martínez Mesanza, Jon Juaristi, Miguel D'Ors y Eloy Sánchez Rosillo, que añade a su nombre unos puntos suspensivos que hacen pensar en futuras y deseables entregas, aún por determinar. Dos aspectos son de interés al analizar la relación de los antologados. El primero su diversidad de todo orden, algo en extremo encomiable, y el segundo que, en este universo poético masculino, nuestra autora sea la primera y única mujer, al menos hasta la fecha. Hemos indicado al hacer la descripción del libro en la cabecera que está prologado por Jorge Valdés Díaz-Vélez. Pero no es la única digresión, el único comentario, ni la única presentación del libro y de su autora. En el texto de la primera solapa, el editor, Abelardo Linares, analiza con gran agudeza a la poeta y a su obra. Veamos la primera de sus aseveraciones: Un poeta puede tener cien virtudes y ser, a pesar de todo, un mal poeta, del mismo modo que puede tener lo que llaman mil defectos y ser, en realidad, un gran poeta. La poesía de A. B. resulta estrictamente imprescindible para conocer la poesía actual, es decir, la poesía, pues toda poesía que nos llega es siempre actual. Sólo sé, si algo sé, que la poesía de A. B. está hecha de tiempo y para durar en el tiempo. Nada más cierto que las anteriores consideraciones de Linares. Adelantando acontecimientos, decir que la poesía, como el ser del hombre, está hecha de tiempo, y en aquella que tiene una alta calidad, como la de Amalia, el tiempo, ese acontecer desprovisto de espacio, como definía Jaspers, está presente en todos y cada uno de los poemas y también en el salto de uno a otro de los poemarios. Pero volvamos al prólogo de Jorge Valdés Díaz-Vélez, cuya primera definición no puede ser más exacta: el volumen es "un trecho de la vida escriturada", de la trayectoria vital y literaria de Amalia. Hay una gran diferencia entre su primer poemario, Cárcel de amor (1988) y el que sigue, y el otro, y el otro, hasta finalizar en el último publicado en 2005 y en los inéditos que constituirán el próximo. Hay, claro está, un hilo conductor, una inmanencia poética y vital que es, lógicamente, la propia Amalia. Pero sigamos escuchando a su prologuista: En cada poema Amalia Bautista construye el arco de tensión de un yo poético reconocible con la claridad que logra traducir en yo plural. Ahí el lector contempla, con la lucidez del asombrado, otra cara de su propio espejo. Efectivamente, leyendo sus versos, nos reconocemos. Un hombre es todos los hombres, aseveraba Borges. Son versos, se nos dice, "engendrados en el latido de silenciosas soledades", porque todo poeta y, en definitiva, lo sea o no, cualquier hombre está condenado a la soledad, a no participar del otro. "Yo, que tantos hombres he sido/ no he sido nunca aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach", nos dice "Le regret de Heraclite" de nuevo Borges. Pero adentrémonos ya en la poesía luminosa y terrible de Amalia. Cuando publica Cárcel de amor tiene ya veintiséis años. Se pueden escribir, y de hecho se escriben, versos antes, pero está bien empezar cuando se está enamorada, cuando se está presa en una "Cárcel de amor", cuando [...] me has encerrado en este cuarto en el que me visitas por las tardes. Me traes dulces y libros, y me hablas de arte y literatura. Al despedirte me das un paternal beso en la frente y así hasta el otro día [...] Mujer encerrada en la cárcel del amor, mujer niña que reivindica su ser adulto y pleno. Dos influencias claras en este primer poemario, las de Luis Alberto de Cuenca, el amigo de toda una vida, y de Julio Martínez Mesanza, el poeta que la ha compartido y con el que ha alumbrado a sus dos hijas, a las que dedica el libro, y que inspiran todos y cada uno de los versos del segundo poemario, Cuéntamelo otra vez (1999). "¡Otra vez, otra vez...!", gritan los niños, y hay que volver a contarles el cuento que tanto les gustó. No es extraño que la cuentacuentos, la Sherezade de las Mil Noches y Una Noche se agote en el relato: Llevo casi mil noches fabulando, me duele la cabeza, tengo seca la lengua y agotados los recursos y la imaginación. Y ni siquiera sé si me salvaré con mis mentiras. Hay un largo silencio, tal vez excesivo, entre el primer poemario y el segundo. Pero el silencio también es poesía. Se hacen versos cuando se tiene la necesidad de hacerlos, cuando es preciso seguir creyendo en el amor y en la vida. Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso que no me canso nunca de escucharlo. Repíteme otra vez que la pareja del cuento fue feliz hasta la muerte, que ella no le fue infiel, que a él ni [siquiera se le ocurrió engañarla. Y no te olvides de que, a pesar del tiempo y los [problemas, se seguían besando cada noche. Cuéntamelo mil veces, por favor: es la historia más bella que conozco. Es preciso fabular o componer versos para seguir viviendo, a sabiendas de escuchar mentiras. Y una sola verdad, los pies de los niños, de los hijos, esos bollos de manteca que uno no se cansa de besar: Qué feos son los pies de todo el mundo, menos los de mis hijas. Qué bonitos son los pies de mis niñas. [...] Los tienen a estrenar. Y me conmueve pensar en cada paso que aún no han dado. Los niños todavía no han hecho de la vida un caminar. "Los pasos que aún no han dado" es un hallazgo poético que me ha conmovido. En este poemario empieza la desesperanza de Amalia, el presentir su condición de "ser hacia la muerte". Da la vuelta a los cuentos que cuenta a sus hijas. En la puerta de "La casita de chocolate" ve, como Dante, que hay que dejar fuera toda esperanza; y Caperuza descubre una frase terrible en el aullar del lobo: "Al otro lado de este bosque, niña, / sólo espera la casa en la que mueres". Y el poemario concluye con la frase de la Sagan: "Buenos días, tristeza". Y de nuevo, el silencio. Cuatro años pasan hasta la publicación de Hilos de seda (2003), salidos del huso y la rueca de la poeta. Poemas sin nominar de los que el editor, para construir el índice, transcribe sus primeros versos. Amalia se ha convertido en mujer araña, parafraseando el título de la bellísima novela de Manuel Puig, y de su boca brotan esos hilos de seda que nos envuelven y nos atrapan. Pasará sólo un año hasta el siguiente: Estoy ausente (2004), como decía Garcilaso. La poeta ha entrado ya en la casita de chocolate para encontrarse con la bruja caníbal y, abandonada toda esperanza, sentir en la boca el sabor terrible de la "Negra bilis" de la mentira: Pobre Amalia, tan fría y racional en apariencia, tan vulnerable corazón adentro. [...] Era todo mentira y me convenzo en el momento más inoportuno. Eran los besos una manera de apagar la sed. [...] [...] Eres capaz de transformar el aire en alquitrán, de provocar el odio a la vida y el ansia de la muerte, [...] Ya es hora de que vayas buscándote otra víctima. En mi alma no cabe ni media gota más de ese veneno. ¿Es posible volver a ver la Luz del mediodía (2005)? Amalia nos dice que sí, que la felicidad todavía es posible. Hay, en un recóndito mercado indio, tal vez en Madrás o en Benarés, un recóndito tenderete, entre cuyas baratijas se esconden tres monedas herrumbrosas que al entrechocarlas en la mano nos concede cada una un deseo. Hay una seca, amputada y tenebrosa pata de mono, al menos eso nos cuenta W. W. Jacobs, que también nos los conceden. Pero hay que tener cuidado de que los deseos no se transformen en algo terrible. Debemos matar al dragón y dormir tranquilos. Tres deseos que son: Ver el alba contigo, ver contigo la noche y ver de nuevo el alba en la luz de tus ojos. Trayectoria poética, Amalia se ha liberado de sus primeras influencias y ahora vuela sola por el cielo de los poetas; y trayectoria vital. Casi veinte años de vida y de poesía. Alberto Sánchez Álvarez-Insúa (Instituto de Filosofía, CSIC) Precedidos por una fotografía del tristemente desaparecido profesor Antonio Quilis, gran maestro de la Fonología española, tres instituciones, el CSIC, la UNED y la Universidad de Valladolid acaban de editar dos gruesos volúmenes en su memoria, pero previstos desde antes de que nos sorprendiera a todos su rápida desaparición. Así nos lo recuerda en "Ab imo cordis" César Hernández Alonso, texto que antecede a todos los demás y que va seguido por una completa Bibliografía de Antonio Quilis que corre a cargo de Margarita Cantero y Celia Casado-Fresnillo. Tras ambos apartados, se incluyen hasta siete dedicatorias de María Vaquero, Alonso Zamora Vicente, Juan María Díez Tabeada, Gregorio Salvador, Joaquín Benito de Lucas, Pilar Ruiz-Va Palacios y Antonio Quilis Sanz. El resto de los trabajos se estructura en varios apartados que se corresponden con aquellas que fueron las grandes inquietudes y trabajos científicos de Quilis: FONÉTICA Y FONOLOGÍA, agrupa catorce artículos, GRAMÁTICA, dieciocho, LÉXICO Y SEMÁNTI-CA, quince, VARIACIÓN, que agrupa los trabajos relacionados con Filipinas y América del Sur, veintiuno. Este último apartado da cierre al primer volumen que, siguiendo el planteamiento del primero, nos ofrece hasta cinco apartados más: HISTORIA DE LA LEN-GUA, con doce artículos, LINGÜÍSTICA GE-NERAL con siete, LINGÜÍSTICA APLICADA. ANÁLISIS DEL DISCURSO, con seis, HISTO-RIOGRAFÍA con diecisiete y, finalmente, LITE-RATURA con veinte. Por supuesto, los ciento treinta artículos son obra de otros tantos especialistas de todo el mundo. Solamente una figura científica con la proyección internacional de Antonio Quilis podía agrupar a la práctica totalidad de las universidades españolas y de Europa, Asia y América en su homenaje. Lo encabezan, por número de trabajos, las tres entidades coeditoras, el CSIC, la UNED y la Universidad de Valladolid, y a ellas se unen, como ya se ha dicho, el resto de nuestras universidades y diversas instituciones como la RAE, el Instituto Cervantes, la Biblioteca Nacional, la Asociación española de Estudios del Pacífico, Embajadas y Consejerías de Educación. La participación internacional está lógicamente centrada en las universidades americanas: México, Venezuela, Costa Rica, Ecuador, Perú, Argentina y Puerto Rico, varias de Estados Unidos, Filipinas, Japón, Corea y una notable representación de las europeas: Francia, Italia, Suecia, Bulgaria, Holanda y Reino Unido. Cierra el segundo volumen una tabla gratulatoria que reúne, de nuevo, a la práctica totalidad de los científicos relacionados con los múltiples campos de trabajo del profesor Quilis. Merecido homenaje, entrañable recuerdo de un gran maestro y conjunto excelente de trabajos, todo ello da a esta publicación una dimensión y una importancia extraordinarias. Julia María Labrador Ben Estudios ofrecidos a Antonio Quilis Díaz Narbona (Universidad de Cádiz) José Lasaga Madrid: Sociedad Estatal de Conmemoraciones/Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2006.
La Confederación Española de Centros de Estudios Locales está constituida, hoy día, y como se ha dicho anteriormente, por 58 centros de estudio, investigación y divulgación cultural y científica en el campo tanto de las Humanidades, especialmente, como en el de las Ciencias. La actividad principal de los Centros se dirige a la publicación de las propias investigaciones, así como las particulares de sus miembros, o bien otras hechas por investigadores y especialistas cuya materia sea de especial interés para el centro en cuestión. En este sentido, y en su conjunto, la CECEL es, sin duda, la mayor editorial hispánica y, quizás, una de las primeras de Europa, como puede observarse en la relaciòn que, en estas mismas páginas, presenta Eduardo Salazar. Esto en cuanto número y contenido. Por lo que respecta al continente hay que decir, con la natural complacencia, que la favorable coyuntura económica de los últimos tiempos ha permitido una mejora total de la encuadernación, maquetación, papel y tipografía, alcanzándose en numerosas ocasiones lo que llamamos publicaciones de lujo, bien porque la naturaleza del contenido y su trascendencia así lo exigen, bien por la magnificencia de sus patrocinadores. Desde la Junta de Gobierno y a partir del año 1994 se impulsó la edición de la Revista de la CECEL, especie de boletín anual, con el objetivo de informar de las actividades de los Centros y de la propia labor de la Junta de Gobierno de la Confederación a través de los informes de la Secretaría; el Editorial quedaba reservado a la Presidencia habitualmente. A partir del año 2000, al crearse la Revista de la CECEL, tal y como relataremos seguidamente, la Revista anterior se convirtió en el Boletín de la CECEL, nombre más adecuado y que mantiene. Actividades organizadas por el Centro en sí y desde las secciones en que se organizan muchos de ellos. Todo lo Expuesto dará idea de la intensa y extensa actividad de las partes (Centros) que constituyen el todo (la Confederación) y que enriquecen notablemente al CSIC en la que está integrada la CECEL. El actual Boletín no ha sido ajeno a los cambios señalados, y, en 2005, a propuesta de la Secretaría de la Junta de Gobierno se acordó modificar su encuadernación con una cubierta moderna y diferente a la que, por las circunstancias expuestas, se había adoptado desde su inicio. Corrió a cargo la nueva presentación de la Institución de Estudios Complutenses, que aceptó la modificación acordada, y que presentó la nueva, con tanto éxito que se aprobó de inmediato y la sucesiva, editada por la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, también la adoptó como era preceptivo y necesario. Tras el Editorial y el Informe de Secretaría se publican las Memorias enviadas por los Centros sobre las Actividades realizadas entre las Asambleas anuales, que al celebrarse a finales de septiembre o principios de octubre vienen a coincidir con los respectivos cursos académicos y no con años naturales. En las Memorias se recogen resúmenes de todas las actividades realizadas por los Centros, como cursos, seminarios, congresos, simposios, jornadas, conferencias, entrevistas, nombramientos, premios dados o recibidos, asambleas, necrológicas, conciertos, exposiciones, concursos, becas, viajes culturales, homenajes, certámenes, actividades musicales, sesiones académicas en su caso, recitales poéticos, presentaciones de libros, mesas redondas, proyectos de investigación, actividades museísticas (en su caso), aperturas de curso, movimiento bibliotecario, cambios internos, etc., etcétera, y, especialmente, sus publicaciones, numerosísimas, importantes en general. Se han publicado 13 boletines hasta el momento, uno por año, y lo han hecho los Centros siguientes. El año 2001, en el mes de abril se terminó de imprimir el primer número de la Revista de la CECEL, de su edición se encargó quien suscribe desde la Real Academia de Cultura Valenciana, en la que desempeñaba el cargo de Secretario Perpetuo, centro que asumió los gastos de impresión; el diseño y maquetación de la Revista también lo hizo quien suscribe, siendo aprobado por la Presidencia y la Junta de Gobierno de la CECEL. En la presentación, escrito que encabeza los textos, dijimos lo siguiente: La Confederación Española de Centros de Estudios Locales, nombre actual del antiguo Patronato José M. a Cuadrado, organismo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, agrupa a cincuenta y seis entidades culturales de entre las de mayor solera y prestigio de España, dependientes de Ayuntamientos, Diputaciones o Comunidades Autónomas. Consolidada su gestión, reafirmada su posición dentro del CSIC y consciente del gran papel que representa actualmente y del que está llamada a representar como eje vertebrador cultural de la España del futuro, la CECEL amplía, con su Revista, su proyección científica. La dedica a temas hispánicos de interés común, el número 1 al estudio de los judíos como minoría étnica en la España Medieval, en convivencia con moriscos y cristianos, convivencia inestable y no pacífica como algunos quieren hacer creer. Su anterior revista queda como Boletín de asuntos internos de la Confederación, para la intercomunicación de los respectivos centros. El nivel de la revista quiere ser el máximo y la colaboración se solicita, en primer lugar a sus centros y, naturalmente, a todos los demás centros nacionales o extranjeros y a investigadores que deseen contribuir con sus aportaciones a esta finalidad académica y científica. Constituido el Consejo de Redacción que asumió la propia Junta de Gobierno, la coordinación corrió a cargo de la misma, de doña Ángela Madrid y de quien suscribe. Decidida la temática para el número 1, siempre de amplitud nacional, se consideró oportuno que fuera el estudio de "Minorías Étnicas en la España Medieval". Invitados los Centros a participar, con la colaboración del Instituto de Estudios Manchegos, el Instituto de Estudios Riojanos, la Institución "Fernando El Católico", el Instituto Alicantino de Cultura "Juan Gil Albert", y el Instituto de Estudios Madrileños, se pudieron recoger diez trabajos de temática judía exclusivamente, recopilada en 250 páginas. Tras la "presentación" a cargo de quien suscribe, a la que ya hemos hecho referencia, se ofrecieron los trabajos siguientes: Doctor F. A. Roca Traver: "Los Judíos Valencianos en la baja Edad Media (Vida, Sociedad y Cultura)"; doctor P. León Tello: "Fuero concedido por Alfonso VIII a la aljama hebrea de Haro"; doctor J. Fradejas Lebrero: "Cuatro narraciones aljamiadas"; doctor J. Hinojosa Montalvo: "Las comuni- dades judías valencianas a finales de la Edad Media: las vísperas del exilio"; doctor F. Miranda García: "La familia Bergerac y el crédito rural navarro en el siglo XI "; doctor A. Blasco Martínez: "Los judíos del Reino de Aragón: encuentros y desencuentros de una comunidad marginada"; doctor C. González Mínguez: "Etnia, religión y construcción nacional a propósito de la presencia judía en Álava, Guipúzcoa y Vizcaya durante la Edad Media"; doctor M. A. Motis Dolader: "La encrucijada del bautismo: el libre albedrío y los judeoconversos de la Aljama de Zaragoza (1412-18)"; doctor A. Espí Valdés: "Un cuadro de Emilio Sala: la expulsión de los judíos" y, por último, el trabajo de D. C. Usillos: "Memorias de Sefarad: La herencia musical de los Sefardíes". La Real Academia de Cultura Valenciana también asumió la edición del número 2 de la Revista, de cuya edición también nos encargamos personalmente y en cuya presentación dijimos lo siguiente. La entrada en un nuevo milenio, el III, tras dos mil años de un devenir singular y denso, en que ha estado "escudriñando" una investigación cada vez más preparada e interesada, nos ha dado motivo para intentar poner al día el estado actual de nuestro conocimiento histórico sobre la Península Ibérica hace, aproximadamente, dos milenios, justo en el momento en que, nosotros, iniciamos nuestro cómputo temporal, nuestro calendario. Ya lo hizo, hace veinticuatro años, don Antonio García y Bellido con su "España y los españoles hace 2.000 años" y, aunque hoy, también una sola persona pudo haberla hecho, porque las hay con suficiente preparación para ello, hemos considerado más oportuno que fuera una obra colectiva, aun a fuerza de perder la posible unidad de estilo, la uniformidad metodológica y la identidad doctrinal desde la que, cada generación y cada escuela, enfoca el devenir histórico. Dada la naturaleza y composición de la CECEL, nada más oportuno que encargar, a los respectivos centros, el panorama histórico de su ámbito territorial y, en algún caso, al investigador que lo haya trabajado directamente aunque desde fuera del mismo, como ha ocurrido con Castilla-La Mancha, aunque con conocimiento, obviamente, del Instituto de Estudios Manchegos. Algunos centros, sin embargo, no han respondido a la llamada, por exceso de compromisos sin duda, quedando zonas en blanco, lo que es de lamentar, aunque en posteriores números intentaremos remediarlo. La Real Academia de Cultura Valenciana aceptó, una vez más, encargarse de su edición y distribución, y el resultado del esfuerzo es el libro que ahora ofrecemos a los Centros y a la investigación. Trece trabajos de Investigación se recibieron a cargo de trece especialistas, recogidos en cuatrocientas cuarenta y nueve páginas, fueron los siguientes: frontera"; L. J. Fortún Pérez de Ciriza: "Fueros locales de Navarra"; T. de Montagut Estragués: "Ordenamientos jurídicos locales catalanes"; M. de los D. Cabanes Pecourt: "Ordenamientos jurídicos locales aragoneses"; doctor E. Guinot Rodríguez: "Congreso sobre fueros y ordenamientos jurídicos locales en la España medieval "; Á. Madrid Medina: "Ordenamiento jurídico en Castilla-La Mancha: la presencia de las órdenes militares"; M. García Fernández: "Ordenamientos jurídicos locales andaluces (siglos XIII-XVI) "; J. L. Martín: "Ordenamientos jurídicos de la Extremadura medieval "; P. Cateura Bennàsser: "El derecho municipal como derecho del reino de Mallorca en la Edad Media"; J. R. Díaz Durana: "Ordenamientos jurídicos locales en el País Vasco y Cantabria"; C. González Mínguez: "Las asociaciones interlocales y las cartas de hermandad como generadoras de derecho". La celebración en Alicante del Congreso sobre "Integración Ambiental y Actualización del Patrimonio Histórico", organizado por la CECEL a través del Instituto Alicantino de Cultura, "Juan Gil Albert", al celebrar éste los cincuenta años de su fundación, desde el 9 al 12 de abril de 2003 en Alicante, Orihuela y Elche, permitieron inicialmente al entonces director del Instituto, don Adrián Espí Valdés y, posteriormente, al actual director don Joaquín Santo Matas, recoger doce trabajos sobre el tema específico del Congreso y, con tres colaboraciones más, completar un volumen de doscientas noventa y una páginas. Tras laboriosas gestiones al final el número 4 de la Revista pudo ver la luz, ofreciéndonos los trabajos siguientes. A. de la Banda y Vargas: "Los inicios de la recuperación del Patrimonio Histórico Español"; J. López de Uribe y Laya: "Integración ambiental del Patrimonio Histórico Español"; J. de Navascués y de Palacio: "Conservación e integración medio ambiental. Apuntes sobre la arquitectura como creadora de ambientes específicos"; I. González Tascón: "El Patrimonio Histórico en la ingeniería"; F. Díaz Pineda: "Patrimonio Histórico y medio ambiente; J. R. Romero y Femández-Pacheco: "La protección del Patrimonio Histórico documental"; A. Estévez, J. F. Baeza y C. Lancis: "Patrimonio Geológico y Geodiversidad"; M. Oliver Narbona: "Patrimonio documental, oral e inmaterial"; R. Azuar Ruiz: "Actualización e integración del MARQ en la musealización del Patrimonio Arqueológico"; J. Castaño i García: "Un ejemplo de Patrimonio Inmaterial: La Festa o Misterio de Elche"; A. Espí Valdés: "Texto de las Embajadas de la Fiesta de Moros y Cristianos de Alcoy. El gesto y la palabra"; I. Gárate Rojas: "El Patrimonio Monumental"; OTRAS COLABORACIONES: R. M. a CasteIls González: "El camarín del monasterio de la Santa Faz de Alicante. De la reliquia sagrada a la escenificación laica"; J. A. Soler Díaz: "Arte rupestre en el MARQ"; C. Roca de Togores Muñoz: "La población de Callosa d' en Sarrià (Alicante) en el siglo XVII. Una visión a través de la antropología física". Actualmente se prepara la edición del número 5, a cargo del Instituto de Estudios Giennenses, con las ponencias y los trabajos presentados al Congreso del Olivo celebrado en Jaén del 27 al 29 del mes de octubre del año 2005. El número 6 de la Revista versó, de manera monográfica, sobre la figura de la Reina Isabel la Católica, con el subtítulo genérico de "La época de Isabel la Católica", y para su coordinación y edición se ofreció la Institución Gran Duque de Alba, de Ávila, siendo presentados sus ejemplares en la Asamblea General de la CECEL celebrada en Murcia el día 27 de septiembre de 2008. Hasta seis grandes especialistas glosaron esa época, en 164 páginas, con los siguientes trabajos: Alberto C. Ibáñez Pérez: "Año 1503. Propiedad real "; Ángela Madrid y Medina: "Paz en la orden de Santiago y reparaciones de Isabel la Católica"; Jaime de Salazar y Acha: "Notas para el estudio de la alta nobleza castellana en el reinado de Isabel la Católica"; Esteban Sarasa Sánchez: "Fernando II de Trastámara, rey de Aragón y príncipe del Renacimiento"; M. a Jesús Vázquez Madruga: "Ciclo Isabel la Católica. La moda femenina en Castilla"; y Fernando Villaseñor Sebastián: "El scriptorium de Isabel I. Iluminadores trabajando en casa de la Reina". Por fin, tengo que comentar que los números dedicados a las Actas del Congreso Internacional de Ingeniería Geomática y Topográfica y sobre el Patrimonio Cultural, ya están adjudicados y en marcha.
La preocupación esencial que animó la creación de todos los Centros de Estudios Locales integrados hoy en la CECEL fue la de dar cauce a los estudios sobre los testimonios que constituían el Patrimonio Cultural de una localidad o provincia, para conseguir con ello acrecentar la cohesión social de sus habitantes. En los restos materiales e inmateriales del pasado común se encuentra la clave sobre la que se puede fortalecer el futuro de una comunidad; sólo sobre lo que ya ha sucedido y se reconoce como fundamento del presente se puede basar un proyecto común que sirva de objetivo a las próximas generaciones. Con este reconocimiento de la Historia como un hecho "local", se alcanza una perspectiva en la que el Hombre muestra en toda su amplitud la relación con el Medio en el que se desenvuelve su existencia, en dos dimensiones o escalas esenciales: la temporal, como visión de la actividad humana en una secuencia histórica, y la ambiental como visión de la acción humana delimitada en un entorno físico. El concepto histórico de la perspectiva de los Estudios Locales es el que impulsa esencialmente la consideración de lo que llamamos "Monumento". En su sentido etimológico originario el monumentum es aquello que fortalece (munio) el recuerdo (memor), y ese fortalecimiento de la memoria colectiva es lo que justifica el reconocimiento y la veneración hacia cualquier testimonio del pasado que hace más sólido el fundamento de la sociedad actual. En el famoso ensayo, ya centenario, de Aloïs Riegl sobre "El culto moderno a los monumentos" (1903), se ponía de manifiesto el resultado de la acción de tantas asociaciones occidentales que, como las hoy pertenecientes a la CECEL, habían fomentado desde el siglo XVIII un movimiento de veneración a todo lo que constituía un testimonio del pasado como origen de las nuevas mentalidades nacionales. De otra parte, la perspectiva "local", implica un reconocimiento de los monumentos como parte de un determinado Medio Ambiente: el conjunto de las condiciones naturales que sirven de marco a la actividad humana y el mismo paisaje natural como escenario unido indisolublemente a los hechos que se quieren recordar; por ello, sin declaraciones expresas, los lugares y sus componentes naturales han gozado siempre en la perspectiva "local" de un reconocimiento como "monumentos" equivalente al de las propias obras humanas. Esta visión de los testimonios humanos como vestigios vinculados indisolublemente a su medio natural, es la razón que cohesiona en los Centros de Estudios Locales la existencia de secciones o departamentos que se ocupan de la naturaleza en nivel de igualdad con los que atienden al análisis cultural; el punto común de sus intereses es la recuperación del pasado del hombre en unas coordenadas espaciales que establecen unos vínculos de proximidad y familiaridad con los usuarios actuales del mismo espacio natural. De ahí que ambos testimonios, el cultural y el natural, se unan en su consideración social de "patrimonium", es decir, lo que fortalece a la familia, con esa consideración La comprensión moderna de esta vinculación entre Cultura y Ambiente ha generado un amplio movimiento social en todo Occidente por el que muchas agrupaciones, entre las que destacan las tradicionales instituciones de Estudios Locales, han constituido museos comunitarios dentro del movimiento de la "nueva museología" 1. Los "Heritage Museums" actuales, consecuentes de los antiguos museos de Folclore o de Artes y Tradiciones Populares, expresan ese objetivo local de rescatar la memoria colectiva en su propio ambiente y conservarla para caracterizar y definir a las comunidades y asegurar su futuro. El concepto se ha definido por muchos autores actuales como una búsqueda de la "continuidad" 2, es decir, un proceso de fijación de los caracteres locales en un conjunto de elementos coleccionados, en los que están presentes tanto las obras humanas como las de la Naturaleza, por el que se define a un grupo social, se establecen las bases de su devenir histórico y se justifica su vocación de existencia futura. En estos nuevos "Museos de la Continuidad", se reúnen tanto testimonios materiales de la existencia del hombre como documentos y análisis de las peculiaridades del medio físico y natural, junto con las obras de los integrantes modernos de las mismas sociedades que desean perpetuar su existencia futura. El enfoque "local" de los estudios y las instituciones es el que permite asumir por parte de las colectividades la responsabilidad de la conservación de aquello que nos ha legado la Historia para transmitirlo a las nuevas generaciones, y la recepción de esta herencia es lo que autoriza su uso y también condiciona su respeto. No ha sido, sin embargo, hasta épocas muy recientes, cuando se han desarrollado iniciativas en las que se estudian conjuntamente los problemas de la conservación del Patrimonio Cultural y el Medio Ambiental como partes de una herencia común. La razón de la separación de estos estudios ha estado tanto en la correspondencia administrativa de uno y otro patrimonio a áreas distintas, como en la adscripción a dos sectores de la investigación y la docencia universitaria que pertenecen uno al área de las Humanidades y el otro a la de las Ciencias Naturales. La tendencia moderna a la interdisciplinariedad ha permitido que se inicien estudios que aúnan a especialistas de ambas materias, en lo que no se hace sino reproducir la estructura de la composición de muchos Centros de Estudios Locales y de mucho estudios ya centenarios de una, hasta hace poco, mal considerada, "Historia Local". de unos valores naturales recae sobre espacios con determinadas características geológicas, botánicas o faunísticas, el factor que determina su aprecio recae, en primer lugar, en la correspondencia de estas características con unos apartados de la catalogación correspondiente en la que se han reconocido la singularidad o la diferenciación formal como excepcionales. Términos tan usuales hoy como "bosque mediterráneo", suponen la observación de la correspondencia de una determinada combinación de sustrato geológico, masa vegetal y fauna con los ambientes en los que se ha desarrollado la propia civilización "mediterránea". En otros casos, es la recreación de unas determinadas especies naturales o de unos paisajes en las obras de las artes literarias o de las artes plásticas, lo que ha proporcionado al Medio Natural un valor añadido que debe ser conservado. Cuando los elementos de la Naturaleza han servido de origen y soporte a las experiencias estéticas, su valor no es ya sólo el de la excepcionalidad biológica, sino también el de poder ser de nuevo la base de experiencias estéticas en nuevos observadores. Quizás el caso de Parque Nacional de Doñana, foco de los debates más intensos sobre la conservación medioambiental, puede explicar mejor que cualquier otro este fundamento estético 4. Las impresiones de Buck y Chapman 5 a comienzos del siglo XX, han sido recreadas por visitantes de todo tipo hasta formar un verdadero "mito" 6, que actúa como determinante esencial de las declaraciones y las medidas de protección. En Doñana, no podría considerarse que la presencia de las aves migratorias o el desarrollo de su vegetación específica como consecuencia de unas condiciones especiales de suelo, humedad y clima, constituyan un bien útil a la existencia del hombre; Doñana es inaprovechable desde le punto de vista del desarrollo material del hombre y sólo su consideración como testimonio privilegiado de la "wild life" que definieron Buck y Chapman, sostiene su altísima valoración. El aprecio de lo "salvaje" por los ornitólogos ingleses era un aprecio esencialmente estético que ha sido asumido socialmente como un valor que debe ser protegido frente a los usuarios potenciales del espacio para fines meramente productivos como el cultivo de arroz o el mantenimiento de la ganadería. Paradójicamente, el objetivo de conservar y proteger Doñana, al igual que ocurre en muchos Parques naturales, conlleva el cese por parte de la mayoría de la sociedad en el posible aprecio directo de los valores estéticos que han motivado su protección; la conservación de la fauna migratoria en las condiciones más favorables para su reproducción obligan a restringir el acceso del público y es necesario limitarse a la percepción indirecta de estos valores estéticos a través de documentos gráficos o filmaciones que nunca pueden sustituir suficientemente a la percepción directa del original. Es el mismo fenómeno que condiciona la visita y el uso social de los monumentos históricos. Doñana está tan vedada al público como la Cueva de Altamira o como muchas obras de arte que sólo se pueden contemplar en los museos protegidas por lunas de cristal y separadas excesivamente de los visitantes. La misión de los investigadores y la función que puede asumirse desde los Centros de Estudios Locales es la de fijar los valores estéticos reconocidos a los monumentos, tanto humanos como naturales, para transmitirlos al público de un modo integrado y coordinado, es decir en un sistema "paratáctico", que recree con la mayor aproximación aquello que ha llegado a considerarse tan trascendente como para que tengamos que renunciar a una parte de su disfrute en favor de su transmisión a las futuras generaciones. La comprensión de todas estas cuestiones y de que desde la Confederación Española de Centros de Estudios Locales se debían asumir y potenciar los trabajos en que el Patrimonio Cultural y el Medioambiental tuvieran un espacio de coincidencia, nos llevaron a organizar en el año 2004 un primer Congreso sobre "Conservación e Integración medioambiental", que tuvo su desarrollo en Alicante bajo los auspicios del Instituto Alicantino de Cultura "Juan Gil-Albert", quien editó sus actas en el año 2006. En este primer congreso se mantuvieron varias mesas de reflexión sobre Patrimonio Monumental y Medioambiental, y también sobre lo que recientemente se valora más en el ámbito de lo documental y lo "inmaterial". En las ponencias y comunicaciones de este Congreso se reúnen textos y autores que representan cumplidamente la situación actual de estas inquietudes y la forma en que los Centros de Estudios Locales pueden contribuir a ellas, como aspecto esencial de sus fines. El catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla y miembro Numerario de las Reales Academias de Bellas Artes de Sevilla y Cádiz, integradas ambas en la CE- CEL, y Presidente de la sevillana, don Antonio de la Banda y Vargas, tuvo a su cargo el discurso de apertura que bajo el título "Los inicios de la recuperación del Patrimonio Histórico Español", ofreció un detallado análisis de las actitudes conservacionistas y proteccionistas del Patrimonio Histórico, en las que se remontó a las disposiciones dictadas ya por Alfonso X en las "Siete Partidas". Su análisis permite constatar cómo se ha generado en nuestro país la valoración monumental, en la que han tenido parte esencial las Academias de Bellas Artes, activas desde el siglo XVIII, a las que se encomendó la misión tanto de proteger los monumentos existentes como de cuidar el adecuado decoro de las nuevas obras. En el siglo XIX, estas misiones se ampliaron a través de las Comisiones de Monumentos, creadas en 1844, que asumieron el papel de velar por los bienes del Patrimonio Artístico, Monumental y Arqueológico hasta la década de los setenta de siglo XX. El papel de las Academias de Bellas Artes y de las Comisiones de Monumentos es esencial para comprender el modo en que han llegado hasta nosotros muchos testimonios del Patrimonio Cultural, y de ellas depende también la creación de los museos provinciales; su labor debe ser estudiada aún con todo detalle y en ella puede encontrarse, frecuentemente, la génesis de muchos Centros de Estudios Locales, como las propias Academias. Don Javier López de Uribe y Laya, doctor arquitecto y miembro Numerario de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, de la que ha sido presidente, disertó sobre "Integración ambiental del Patrimonio Histórico", a través de un análisis general de las tendencias históricas en la conservación y restauración, para abordar seguidamente algunos casos en los que se pone de manifiesto la necesidad de atender a los aspectos ambientales. Sus reflexiones se extendieron a consideraciones sobre la responsabilidad del arquitecto como agente que interviene directamente en la conservación monumental y sobre la actitud que debe adoptar en relación con las normativas actuales. El presidente de la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz, don Javier de Navascués y de Palacio ofreció su visión personal de la arquitectura como creadora de espacios ambientales específicos. A través de dibujos históricos y de otros realizados por él mismo, hizo unas sugestivas indicaciones del papel de la arquitectura en la creación de espacios que conforman el ámbito de la actividad humana y que deben ser entendidos como tales escenarios cuando se hace precisa su restauración para el desempeño de nuevos fines. El ingeniero don Ignacio González Tascón ( †), creador de la Fundación Juanelo Turriano, dedicó su intervención, titulada "El Patrimonio Histórico en la ingeniería", a unas consideraciones preliminares sobre las llamadas "artes mecánicas" como generadoras de un Patrimonio material asociado a muchos monumentos que suele ser menos atendido en las restauraciones y constituye, sin embargo, un apartado esencial si se persigue el objetivo de la reintegración ambiental coherente y la comprensión del uso y las funciones de las instalaciones industriales; seguidamente, se refirió a las relaciones entre ingeniería y paisaje y a los variados aspectos de la actividad humana que modifican el entorno a través de acciones ingenieriles, como las canteras, minas y obras subterráneas, los caminos y puentes, las obras hidráulicas, los puertos, las factorías industriales e, incluso, la telegrafía óptica. El estudio de estas obras e instalaciones permite comprender tanto las formas en que se ha percibido el paisaje como las razones por las que han adquirido una fisonomía determinada, ya que las actuaciones de los ingenieros se convierten en muchas ocasiones en hitos esenciales de referencia en los paisajes naturales que quedan así transformados por las necesidades sociales y el deseo de superar las limitaciones que imponen al desarrollo humano. El catedrático de Ecología de la Universidad Complutense de Madrid, don Francisco Díaz Pineda, centró su intervención en la relación de los conceptos "Patrimonio Histórico y Medio Ambietal", para destacar la importancia del componente cultural que determina la valoración del Patrimonio Ambiental, con ejemplos de casos muy variados en distintas zonas del planeta, que demuestran la inexistencia actual de regiones enteramente silvestres, ya que la actividad y la presencia histórica del hombre se revela siempre como determinante de su fisonomía actual, lo que constituye un "capital" que debe ser reconocido y enfocado a conseguir su desarrollo sostenible. El Archivero Jefe del Departamento de Conservación del Archivo Histórico Nacional, don Juan Ramón Romero y Fernández-Pacheco, disertó sobre "La protección del Patrimonio Histórico Documental", abordando en primer lugar su marco legal a través del análisis de las disposiciones de carácter nacional y las nuevas emitidas por las Comunidades Autónomas; sobre el marco institucional, explicó la dependencia actual de las instituciones archivísticas y su vinculación a los diversos departamentos administrativos y sobre su marco social, abordó la problemática que comporta la necesaria consecución de un adecuado conocimiento por la sociedad de las funciones y objetivos de los archivos. De otra parte analizó los planteamientos teóricos de la conservación documental como un reto profesional y reflexionó sobre las patologías de los documentos en relación con las actitudes hacia su conservación que pueden deducirse de las referencias históricas. El arquitecto don Ignacio Gárate Rojas, se refirió a "El Patrimonio Monumental", a partir de la doctrina del Consejo de Europa sobre la materia y en su relación con la problemática que se plantea a la actuación del arquitecto en su entorno legal, administrativo y profesional, lo que explica, en gran medida, las limitaciones y los condicionantes de la acción restauradora, así como algunas de las consecuencias que ejemplificó en casos concretos. El resto del contenido del Congreso estuvo integrado por las intervenciones vinculadas de un modo más directo al espacio geográfico alicantino, tanto en sus autores como en su temática. De este modo, se pudieron poner de manifiesto problemas, situaciones y propuestas relacionados con los propios espacios visitados por los congresistas, especialmente el del Museo Arqueológico Provincial de Alicante (MARQ), que sirvió de sede al Congreso. El Director Técnico del MARQ, don Rafael Azuar Ruiz, expuso los propósitos de actualización e integración del Patrimonio Arqueológico desarrollados en la musealización del centro, a través de la rehabilitación integral del antiguo hospital neogótico de San Juan de Dios, la renovación e integración del discurso expositivo y su proyección externa mediante la musealización de los Parques Arqueológicos y la creación de las Rutas de Arte Rupestre. En relación con la interesante visita realizada a Elche, se presentó la comunicación de Joan Castaño i García, en la que se explica tanto el origen histórico de "La Festa o Misterio de Elche", como su modo de celebración actual y la problemática que plantea una conservación actualizada. El "Misterio", declarado por la UNESCO Parimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, reúne muchos de los aspectos que suponen una mayor complejidad en los objetivos de la conservación patrimonial, por la variedad de elementos que lo integran y por su dependencia de los propios intervinientes en la "Festa", ya que se trata aquí de conservar un carácter y unas formas de aprecio y de comportamiento que no pueden ser fijadas como las cualidades materiales de los objetos, sino que dependen de una continuidad en la formación y en la valoración social de la celebración. Acerca de estos mismos aspectos del Patrimonio Inmaterial, versó la disertación del antropólogo y miembro del Instituto Alicantino de Cultura "Juan Gil-Albert", don Manuel Oliver Carbona, quien con el título "Patrimonio documental, oral e inmaterial" abrió la sesión dedicada a estos aspectos y expuso la problemática de conservación del patrimonio etnográfico, por la fragilidad de sus bienes y las dificultades de fijar y dar soporte físico a lo "inmaterial" para obtener una conservación integral de este patrimonio. El doctor en Historia del Arte, don Adrián Espí Valdés, entonces director del Instituto Alicantino de Cultura "Juan Gil-Albert" y organizador del Congreso, ofreció una aportación del mayor interés en el mismo ámbito del Patrimonio Inmaterial, referida a "El Gesto y la Palabra", ya que explicó el "Texto de las embajadas de la fiesta de moros y cristianos de Alcoy", como una manifestación de especial complejidad en cuanto a su desarrollo mediante la dramatización popular y la génesis de la fijación de su contenido actual que se conserva tan vivo en las ediciones impresas como en la memoria de los alcoyanos que recitan y siguen su declamación con una precisión en la que se encuentran las mejores garantías de su conservación y de su transmisión a las próximas generaciones. Otra aportación relacionada con el ámbito alicantino fue la de A. Estévez, J. F. Baeza y C. Lancis sobre Patrimonio Geológico y Geodiversidad, en la que se desarrolló la especial problemática de los Espacios Geológicos de Interés Patrimonial (EGIP's) y la gestión que hoy se verifica sobre ellos en la provincia de Alicante. Como aportaciones remitidas al Congreso figuran también en sus actas las comunicaciones de Rosa M. a Castells González sobre "El camarín del monasterio de la Santa Faz de Alicante. De la reliquia sagrada a la escenificación laica", la de Jorge A. Soler Díaz sobre "Arte rupestre en el MARQ" y la de Consuelo Roca de Togores Muñoz sobre "La población de Callosa d' en Sarrià (Alicante) en el siglo XVIII. Una visión a través de la antropología física". El Congreso celebrado en Alicante en el año 2004, al igual que otros Congresos de temática sectorial organizados por la CECEL en los últimos años, constituye un primer paso para nuevas reuniones de la misma orientación en la que se actualicen los planteamientos teóricos de la vinculación entre la conservación monumental y la medioambiental y se presenten las novedades en este campo que hayan suscitado mayor interés en los centros integrados en la Confederación. Se prepara ahora un segundo congreso en el que se pretende dedicar las sesiones a nuevos asuntos como la conservación ambiental de los espacios domésticos, la reintegración ambiental de los Conjuntos Arqueológicos, las técnicas de fijación del Patrimonio Inmaterial, y, especialmente, el papel de los Centros de Estudios Locales en la conservación del Patrimonio Cultural y Medioambiental. Se trata de continuar las aportaciones científicas al tiempo que se establece un foro de debate que permita recoger las inquietudes de todos los Centros y en el que la Confederación debe asumir el papel preferente que le otorga el origen histórico y la actividad secular de sus integrantes.
Uno de los más espectaculares logros de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales (CECEL) en los últimos años ha sido la convocatoria, organización y desarrollo del Primer Congreso de la Cultura del Olivo. Como una actividad conjunta de la CECEL, el Instituto de Estudios Giennenses, la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba y el Instituto de Estudios Manchegos, se celebró en Jaén del 27 al 29 de octubre de 2005, bajo el patrocinio de la Diputación Provincial de Jaén. Todos los datos recogidos en esta crónica o informe han sido facilitados por el Instituto de Estudios Giennenses, de la Diputación Provincial de Jaén. La Confederación Española de Centros de Estudios Locales (CECEL), el Instituto de Estudios Giennenses, el Instituto de Estudios Manchegos y la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, organizan, bajo el patrocinio de la Diputación Provincial de Jaén, el Primer Congreso de la Cultura del Olivo. El obje-tivo genéral del Congreso, que se inscribe en un proyecto multidisciplinar, con un Seminario permanente en Jaén, consiste en potenciar el estudio, la investigación y la difusión de un tema cultural que afecta profundamente a la Instituciones que lo promueven. El proyecto es de ámbito nacional, por lo que se ha solicitado la colaboración del resto de centros de la CECEL, a lo que ha respondido afirmativamente el Instituto de Estudios Toledanos, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) -que lo ha acogido con gran interés-, la Universidad y otras Asociaciones e Instituciones interesadas en la Cultura del Olivo. El encuentro, de carácter multidisciplinar, se articula en torno a cuatro grandes áreas temáticas: -HUMANISMO Y OLIVO (HISTORIA, ARTE Y LITERATURA). -CULTIVO, CALIDAD Y MEDIOAMBIENTE. -ACEITES DE OLIVA Y SALUD. Lugar: Jaén, Antiguo Hospital San Juan de Dios, sede del Instituto de Estudios Giennenses, y Centro de Convenciones y Congresos de la Institución Ferial de Jaén. Cultivo, calidad y medioambiente 1. Evaristo Ballesteros Tribaldo: "Residuos tóxicos en aceite de oliva. Eusebio Cano: "Bioclimatología y olivar en la provincia de Jaén. Establecimiento de áreas de cultivo para algunas variedades de olivo". M.a José Cuesta Aguilar: "La influencia de la PAC en las transformaciones de los paisajes rurales mediterráneos. El caso de Cárcheles (Jaén)". Gabriel Dorado: "Floración del olivo: clonación de los genes Leafy y Apetala, cuantificación de su expresión y análisis del polimorfismo entre cultivares". "Repilo del olivo: clonación de genes expresados diferencialmente, cuantificación de su expresión y análisis del polimorfismo entre cultivares". "Trazabilidad, identificación y mejora del olivo, la aceituna y el aceite de oliva mediante marcadores moleculares de ADN". M.a del Pilar Dorado: "Determinación de la calidad del Biodiésel procedente de aceite de oliva". Francisco Espinola Lozano: "Investigación en la almazara". José Ramón Guzmán Álvarez: "Catálogo de unidades territoriales del olivar andaluz". Propuesta de un catálogo de paisajes culturales históricos del olivar andaluz". Manuel Moya Vilar: "La poda del olivar como fuente de energía renovable: obtención de biocombustibles". "Evolución histórica de la calidad de aceites de oliva y su relación con los procesos de obtención". M. I. Ramos Galán: "Consecuencias de la erosión en el olivar en pendiente". S. Sánchez: "Evolución histórica de la utilización de coadyuvantes tecnológicos en la producción de aceite de oliva". Alejandro Fornell Muñoz: "El olivo y la producción de aceite en las villae de la Bética". Mercedes Gamero Rojas: "Haciendas: las torres del paisaje olivarero sevillano". Ricardo Hernández García: "El consumo de aceite de oliva en las fábricas textiles castellanas a finales del Antiguo Régimen: Astudillo, 1792-1807". Lázaro Lagóstena Barrios: "Oleicultura romana en la cuenca del Guadalete. La almazara de Fuente Grande, Alcalá del Valle". Emilio Martín Gutiérrez: "Poder, paisaje, estructura de la propiedad y sistemas de explotación. Las tierras de olivar en Jerez de la Frontera durante el siglo XV y el primer cuarto del XVI". M.a Teresa Ocaña Moral: "Propuesta didáctica de distribución espacial para el centro de interpretación de la Cultura del Olivo en Geolit". José Peña González: "El campo en la vida y obra de Don Juan Valera". M.a Oliva Rodríguez Ariza: "Origen y domesticación del olivo en Andalucía a partir de los hallazgos arqueológicos de Olea Europaea L.". José Ignacio Rojas Sola: "Estado actual de los centros de interpretación de la cultura del olivar y el aceite de oliva. Rita Santaella: "Aproximación a la producción científica del olivar en el marco de Expoliva 2005". Rafael Vázquez Lesmes: "Olivos, jesuitas y molinos en la colonización carolina cordobesa". Anunciación Carpio Dueñas: "Recuperación del patrimonio cultural oleícola. Proceso de gestación del museo del aceite de la Hacienda La Laguna" 13. Manuel Peláez del Rosal: "Un interesante estudio del año 1840 sobre el cultivo del olivo en Priego y en Andalucía, obra de D. Pedro Alcalá Zamora". Eloísa Fernández Ocaña: "Las denominaciones de origen como base para la creación de las asociaciones interprofesionales agroalimentarias de Andalucía". Antonio Guzmán Vico: "Red de documentación y alerta tecnológica del sector oleícola". Manuel Jaenes Beunúdez: "Los SIG en la trazabilidad del aceite de oliva. Una propuesta de recursos integrada para la certificación de calidad, control e información". Jesús Muñoz Jiménez: "Geolit: innovación, riqueza y para el sector mundial del aceite y para todo el tejido productivo andaluz". Olga Senise Barrio: "La cooperación entre empresas en el sector oleícola: cooperativismo de segundo grado". José M.a Penco Valenzuela: "Campaña nacional de promoción de aceite de oliva virgen 'El elixir de la vida'". Juan Vilar Hernández: "Orígenes, evolución y actual tendencia del sector oleícola olivarero". Adoración Mozas Moral: "Caracterización de las empresas oleícolas jiennenses con actividad comercial on-line". Salvador Contreras Gila: "Investigación científica sobre aceite de oliva en las bases de datos del CSIC". "El Escualeno, componente minoritario del aceite de oliva. Actividad sobre líneas tumorales humanas". Rocío Quijano López: "Educación para el fomento de la 'Cultura del aceite de oliva' como forma de mejorar la calidad de vida y la salud del consumidor". El Comité Científico del Primer Congreso de la Cultura del Olivo, una vez dictadas las ocho ponencias constitutivas de las cuatro áreas temáticas y defendidas las cuarenta comunicaciones, emitió las siguientes conclusiones: La conveniencia y oportunidad de celebrar encuentros científicos de carácter multidisciplinar en torno al olivo y a los aceites de oliva, como ha sido el Primer Congreso de la Cultura del Olivo, que permitan el encuentro entre estudiosos de disciplinas diversas, la confrontación de sus puntos de vista, el enriquecimiento mutuo de los enfoques desde los que se examina el sector oleícola y el planteamiento de proyectos o líneas de investigación conjuntas. El convencimiento de que las distintas perspectivas de estudio posibilitan una mejor comprensión de los fenómenos sociales en torno a la oleicultura subyace en esta primera conclusión de carácter general. Asimismo, el Primer Congreso de la Cultura del Olivo ha acercado al Instituto de Estudios Giennenses y a la provincia de Jaén a investigadores y personas interesadas de distintos puntos de España, y ha contribuido a seguir situando a Jaén como referente en el conocimiento y su transferencia en torno al olivo y a los aceites de oliva. Humanismo y olivo (Historia, Arte y Literatura) La primera ponencia, impartida por don Joaquín Mellado Rodríguez, Catedrático de Filología Latina de la Universidad de Córdoba y miembro de número de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, versó sobre "Olivo y aceite en los autores latinos". En ella se abordó, en primer lugar, el estudio etimológico de los términos con que los latinos designaban el olivo, su fruto y el aceite. Un segundo apartado dedicó a presentar el problema que históricamente ha supuesto la polisemia de los términos latinos "olea" y "oliva" con que designaban, tanto al árbol como a la aceituna, la mayoría de los autores, con la dificultad que ello comporta para la correcta interpretación de los textos. EL PRIMER CONGRESO DE LA CULTURA DEL OLIVO En el apartado más amplio, la tercera parte ofrece una visión panorámica de un volumen ingente de información que nos ofrecen tanto los agrónomos latinos como los poetas, desde los aspectos agronómicos concernientes al cultivo y mantenimiento del árbol hasta la recogida de la aceituna y todo el proceso de extracción del aceite. Asimismo, se ponen de manifiesto los diferentes usos que daban al árbol (tanto en el aprovechamiento de la madera, como por el elevado valor simbólico de sus ramas: símbolo de la paz, de la victoria, etc.), como, sobre todo, al aceite: termas, limpieza del cuerpo, iluminación, recetas culinarias, elevado uso también en medicina, gimnasio y todo tipo de ejercicio fisico; también tiene un uso muy significativo en ofrendas y sacrificios a la divinidad, etc. En definitiva, el estudio realizado sobre todos los textos literarios latinos de los autores que vivieron entre el siglo III a. C., trata de llamar la atención sobre la oportunidad de estos encuentros científicos interdisciplinares y el ingente material que nos ofrecen los autores latinos que aún están pendientes de estudio. La segunda ponencia fue impartida por el doctor Wifredo Rincón García, Investigador Científico del CSIC, y trató sobre "El olivo en el arte español". En ella se trazó un recorrido fundamentalmente visual, sobre las distintas manifestaciones plásticas en las que el olivo es, de alguna forma, protagonista. En primer lugar, hizo el ponente una aproximación a algunos aspectos de la mitología, como es el caso del héroe Hércules, quien mató al león de Nemea con una clava de madera de olivo; luego se ocupó de la representación de la Paz, como una matrona coronada de olivo para pasar a la "paloma de la paz" representada en la paloma de Picasso, sin olvidar la paloma que volvió al Arca de Noé después del Diluvio con una rama de olivo en el pico. De la pintura religiosa se ocupó, principalmente, de dos escenas de la vida de Cristo. La entrada de Jesús en Jerusalén y la Oración del Huerto de los Olivos, escenas éstas en las que el olivo ocupa un papel protagonista. El paisaje olivarero ha sido también fuente de inspiración para muchos pintores, proyectando el ponente distintas imágenes de obras de Joaquín Sorolla y de Pablo Picasso, entre otros artistas, deteniéndose en la obra de dos artistas andaluces: Miguel Cantón Checa, quien formó en sus lien-zos numerosos paisajes con olivos, y Manuel Barahona, de Puente Genil, quien lleva a cabo unas pinturas de paisaje con numerosas escenas de distintos trabajos relacionados con el olivo. La sesión se completó con trece comunicaciones que abarcaban variadas temáticas: arqueología, mundo clásico, socioeconomía, museología, conservación del patrimonio y literatura. Todo ello, junto al alto nivel de las ponencias y el interés de las comunicaciones, puso de manifiesto la multidisciplinariedad incluso dentro de una misma área temática y la necesidad de continuar profundizando en estos estudios, sobre un tema que tantas posibilidades ofrece y de tanta importancia. En esta área temática se dictaron dos ponencias, a cargo del doctor Carlos Tió Saralegui, Catedrático de Economía Agraria de la Universidad Politécnica de Madrid, con el título "La evolución de la PAC y los acuerdos OMC sobre el sector del aceite de oliva", y del doctor Manuel Parras Rosa, Catedrático de Comercialización e Investigación de Mercados de la Universidad de Jaén, titulada "La economía oleícola en el período 1986-2005: hechos y retos". Además, se expusieron nueve comunicaciones en campos diversos: cooperativismo, denominaciones de origen, historia de la evolución del olivar, los SIGs y su aplicación en la trazabilidad, las TICs y su presencia en el cooperativismo oleícola, las bases de datos e información sobre investigación, las aportaciones del Centro de Innovación y Tecnología del Olivar y del Aceite de Oliva -CITOLIVA-etc. Las principales conclusiones han sido las siguientes: -Ante los indudables beneficios que la Adhesión de España a las Comunidades Europeas han supuesto para la oleicultura española, el cambio de modelo en la Organización Común de Mercados del aceite de oliva, en el marco de la reforma de la PAC y de las negociaciones en el seno de la Organización Mundial de Comercio, generan incertidumbres, como consecuencia de no conocer la respuesta de los agentes que intervienen en la cadena producción-consumo de los aceites de oliva ante el nuevo escenario. -Se está transitando desde una ayuda a la agricultura hacia una ayuda al territorio con fines específicos. Esta transformación significa finiquitar la PAC "tradicional" y hace emerger una política territorial de apoyo a rentas. En productos muy competitivos como es el caso de los aceites de oliva, está por ver, como se ha señalado, el efecto de este cambio e incluso puede "deslegitimar", en parte, la propia PAC si las ayudas siguen siendo indiscriminadas y se otorgan no para lograr una agricultura competitiva, con independencia de quien reciba la ayuda, sino como una ayuda a rentas para patrimonios que, en mucho casos, no la necesitan. -Ante los requerimientos de seguridad alimentaria, trazabilidad, etc., necesarios para un desarrollo futuro de la agricultura y del medio rural europeo, la UE ha de exigir los mismos requerimientos a los productos importados. De no ser así, se estaría socavando gravemente la posibilidad de competir de los productos agrarios, en general, y de los aceites de oliva españoles, en particular. -En definitiva, hay que diseñar una PAC, porque es imposible hacer lo que se necesita, distintas PAC para lograr distintos objetivos. Hacer compatible una agricultura competitiva y una ayuda a territorios necesitados es el reto de la nueva PAC. Aún es pronto para saber si estos dos objetivos se cumplen con el nuevo marco de apoyo. -En el período 1986-2005, los indicadores de oferta y de demanda muestran un incremento notable de la superficie, del regadío, de la producción y, sobre todo, de la demanda, tanto en términos absolutos como relativos. Sin embargo, es discutible y no está probado el aumento de la calidad de los aceites producidos. -En el sector de la distribución comercial, los principales cambios han sido el aumento de la cuota de mercado de los establecimientos de libre servicio, siguiendo la tendencia de la distribución alimentaria, en general, y el tránsito de una distribución peculiar o singular de los aceites de oliva vírgenes hacia una distribución convencional en los últimos años, de modo que más del 87 % de los aceites vírgenes comercializados en 2004 se adquirieron en establecimientos de libre servicio (supermercados e hipermercados). -Las marcas del distribuidor poseen un papel protagonista en la distribución de los aceites de oliva. No obstante, en el sector de los vírgenes, este protagonismo es menor y hay que destacar que el Grupo Hojiblanca es líder en este segmento del envasado. -El aumento de la demanda a escala mundial es el rasgo más sobresaliente en la evolución del sector oleícola en los últimos años, un incremento que encuentra su razón más explicativa en los efectos positivos para la salud de los aceites de oliva. -En España, el incremento de la demanda de aceites de oliva es un hecho en los últimos años, pero, sobre todo, hay que destacar el aumento en el consumo de los aceites de más calidad. No obstante, aunque los aceites de oliva poseen mayor cuota de mercado que el aceite de girasol en los hogares, el aceite de girasol -con una cuota global del 33 %-es líder en el sector de hostelería y restauración y en el institucional. -El arraigo en el sector cooperativo de una orientación al producto frente a una orientación al mercado es un signo de debilidad del sector oleícola. -Los retos para el futuro giran en torno a los cuatro ejes siguientes: la mejora constante de la calidad y seguridad alimentaria de los aceites de oliva; el desarrollo de una comercialización más eficiente, tanto en el mercado de graneles como en el de envasado, basada en la orientación al mercado; la gestión eficiente de las estructuras productivas y la mejora de la productividad, en el marco de la agricultura sostenible; y la inversión en intangibles: I+D+i, formación y aumento del capital humano. Cultivo, calidad y medioambiente Dos ponencias y trece comunicaciones integraron esta área temática. Las ponencias fueron dictadas por la doctora María Luisa Soriano Martín, Catedrática de Producción Vegetal de la Universidad de Castilla-La Mancha, con el título "Protección fitosanitaria del olivo", y por el doctor Andrés Porras Piedra, Catedrático de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Castilla-La Mancha, con el título "Mecanización del olivar". Las principales conclusiones en esta área temática fueron: -La necesidad de un mayor control de plagas y enfermedades en la producción de aceites de calidad, consi-EL PRIMER CONGRESO DE LA CULTURA DEL OLIVO derando su importancia. En este sentido, se significó la preocupación por los actuales tratamientos y se señaló la necesidad de la incorporación de técnicos para reducir los volúmenes de pesticidas, manteniendo la productividad. -La necesidad y conveniencia de aplicar nuevos métodos probados de detección de la eficacia de los tratamientos fitosanitarios. -Las técnicas de vibración multidirecciones se muestran como las más eficaces para el derribo del fruto. -La PAC ha influido sobre el paisaje de cultivos en la provincia de Jaén. -Es necesario acrecentar la calidad de los aceites, actuando sobre los procesos de elaboración. -Se están introduciendo métodos de oxidación química en la depuración de efluentes de las almazaras. Dos ponencias y cuatro comunicaciones conformaron esta área temática. Las ponencias fueron impartidas por el doctor Francisco Pérez Jiménez, Catedrático de Medicina Interna de la Universidad de Córdoba, con el título "El aceite de oliva. Un futuro lleno de expectativas sobre sus efectos beneficiosos", y por el doctor Francisco José Mataix Verdú, con el título "El aceite de oliva. Las principales conclusiones fueron: -La ya comentada importancia que los descubrimientos en tomo a los efectos positivos para la salud tiene en el desarrollo de la demanda y, por consiguiente, en el del propio sector oleícola. -La conveniencia de desarrollar actividades que provoquen que los productores tomen consciencia de la necesidad de invertir y apoyar la investigación en el área médica. -Desde la antigüedad se asocia el consumo de aceites de oliva con el estado de salud. -Los estudios más recientes asocian el consumo habitual de aceite de oliva virgen con efectos saludables; en especial sobresalen sus beneficios en enfermedades cardiovasculares, envejecimiento, diabetes, cáncer, enfermedad de Alzheimer e hipertensión, entre otros. -Es necesario incrementar y potenciar la investigación sustentada en demostrar las propiedades saludables y terapéuticas de los aceites de oliva. Eso fue, con detalle, el Primer Congreso de la Cultura de Olivo, que propició la tarea conjunta de varias instituciones dentro de la CECEL del CSIC y que sin duda repercutirá muy positivamente en las áreas geográficas del cultivo del olivo, en la salud, en la gastronomía, en la economía, en la industria y en mil otros aspectos. La evolución de la PA y los acuerdos de la OMC sobre el sector del aceite de oliva". Un futuro lleno de expectativas sobre sus efectos beneficiosos".
Los contenidos de las diversas ponencias expuestas a lo largo de los tres días de duración de la Asamblea antedicha y del Congreso en cuestión, se recogen ahora en esta publicación (Revista de Historia Jerónimo Zurita n. os 78-79, Institución Fernando el Católico, Zaragoza 2003-2004, 400 pp.), que servirá de estado de la cuestión, punto de reflexión y de partida para los interesados en el estudio de los fueros y ordenamientos jurídicos locales en los reinos medievales españoles; correspondiendo (indistintamente) al número 3 de la Revista de la CECEL y asimismo al número 78-79... (ya mencionado). Desgraciadamente, el profesor José Luis Martín Rodríguez, que participó entusiásticamente en el evento y envió su texto en tiempo y forma para su publicación, ha muerto antes de ver editadas las actas del Congreso y, por tanto, su propio texto. A él hacemos mención expresamente, en recuerdo de su magisterio y bonhomía". Pues bien, así se presentaban los textos aludidos por parte de Ángela Madrid Medina (Presidenta de la CECEL y Directora del Instituto de Estudios Manchegos) y del que suscribe (en representación de la Institución Fernando el Católico, que fue la anfitriona). Sin mencionar entonces el sentimiento de no haber podido contar, entre otros, con el texto de Ruiz de la Peña, recogiendo su intervención solemne sobre el territorio asturiano, en el monasterio cisterciense de Veruela y al pie del Moncayo Becqueriano y Machadiano. Aunque, por lo demás, en la publicación queda representada la mayor parte de los reinos y coronas medievales; tal y como refleja el índice de la publicación: Repertorio de títulos y contenidos que llenaron en su momento unas jornadas historiográficas, pero que, al mismo tiempo, ponían a punto un estado de la cuestión que, a su vez, debía servir de punto de partida para justificar un compromiso de la confederación, en cuanto a la responsabilidad de desarrollar un proyecto coordinado desde la CECEL y compartido entre los centros de estudios, institutos, academias e instituciones adscritas, conformando en conjunto: a) un "corpus" de foralidad local, desde los repertorios ya publicados hacia la búsqueda en los archivos locales, provinciales y nacionales de textos inéditos por el momento, b) estados de la cuestión para los reinos y territorios desde la Edad Media en adelante y c) estudios derivados de las nuevas fuentes de información y del conjunto de las ya conocidas. Proyecto que, tras un tiempo de maduración y valoración en todos sus aspectos y frentes posibles a tener en cuenta, se ha comenzado ya a pergeñar con la invitación desde la comisión formada al efecto (e integrada por Ángela Madrid Medina, Carmelo Luis López, José Miguel López Villalba y Esteban Sarasa Sánchez), y en el marco del convenio suscrito entre la CECEL y la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia), por ser ésta la única Universidad de implantación nacional y dependiente del Estado español; para que desde las respectivas sedes locales y provinciales de ambas instituciones se designen los responsables directos de la labor a emprender. En definitiva se trata de abarcar hasta cinco etapas temporales que rebasan el tracto exclusivo medieval del Congreso de Zaragoza de 2003: Edad Media: proceso repoblador tras la recon quista. Siglo XVI: reordenación concejil y ordenanzas municipales. Siglo XVII: repoblación consecuente con la expulsión morisca. Siglo XVIII: proyectos ilustrados. No obstante, la principal dificultad del proyecto está en la falta de uniformidad que presenta actualmente el estudio de la foralidad y las colecciones documentales al respecto en los diferentes ámbitos objeto de atención. Por lo que se deben configurar diversos camspos de trabajo, que pueden dedicarse desde la recopilación bibliográfica a la documental, desde la edición crítica de grandes textos jurídicos a la preparación de estudios e investigaciones novedosos sobre la cuestión. La dimensión espacial y temporal del proyecto se delimita entre la Edad Media y la postguerra civil española del siglo XX. Y para ello, a la hora de señalar los dos límites del mismo, se puede acudir para el comienzo a lo que José Manuel Pérez Prendes, en el trabajo inicial de las actas del Congreso de Zaragoza de 2003, cita a su vez del Ordenamiento de Alcalá del siglo XIV: Añadiendo a continuación el referente del realengo al continuar que "nuestra Corte (la real) donde usan del fuero de las leys (Fuero Real) e algunas villas de nuestro sennorio lo han por fuero, e otras ciudades, e villas han otros fueros (locales) departidos". Y sin olvidar el señorío (laico o eclesiástico), pues "los fijosdalgo de nuestro regno han en algunas comarcas fuero de albedrío e otros fueros porque se juzgan ellos e sus vasallos" (Pérez-Prendes, obra citada, pp. 9 y 10). De forma que, en estos textos del Ordenamiento de Alcalá de Alfonso XI, en 1348, se comprenden las claves de lo que para la corte y la justicia regia eran los principios de gobierno común y también los particulares, incluidos los señoriales. Y en cuanto al franquismo, epílogo del proyecto anunciado, sirven, por ejemplo, las pautas adelantadas en el trabajo sobre La colonización franquista en la provincia de Toledo: los documentos para la configuración de un nuevo paisaje rural, al alcance de todos en el Archivo Histórico Provincial de Toledo (por Rita García Lozano, directora del AHP de Toledo, en Anaquel, n.o 35, 2006, pp. 3 y 4); al decirse en el mismo que, en relación con Las fuentes de carácter primario como testigo directo del nacimiento de los pueblos nuevos: "Pocas veces tenemos al alcance de nuestra mano la creación de un núcleo de población y la configuración de un nuevo paisaje y tipo de explotación agraria. Por lo tanto este fondo documental (se refiere al del AHP de Toledo) supone un conjunto homogéneo de documentos sobre una actua-ción concreta del franquismo, que supuso la transformación del paisaje agrario y el nacimiento de nuevos pueblos, con personas que venían de otros lugares y que aprendieron a convivir, surgiendo entre ellos el sentimiento de pertenencia a un nuevo lugar". Así pues, desde la Edad Media hasta nuestros días, la temática elegida puede resultar inconmensurable, por la larga temporalidad y la diversidad y dispersión de las fuentes disponibles. Basta con recordar, por ejemplo, que para el último capítulo, el de la Colonización franquista, existen los proyectos de los arquitectos que trabajaron para el régimen y proyectaron los nuevos asentamientos con la infraestructura y servicios imprescindibles; los cuales pueden encontrarse en distintos lugares: familias de los propios proyectistas, colegios de arquitectos, archivos históricos provinciales, organismos de la administración del Estado o archivos de dicha administración (como el Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares). Sería deseable, además, que en el proyecto entrasen, de alguna forma -por ejemplo en el capítulo de la financiación de las publicaciones derivadas (repertorios, estudios, investigaciones, etc.)-, entidades como la Federación Española de Municipios y Provincias o el mismo Senado; por ser organismos de carácter representativo y participativo que recogen los intereses locales y provinciales de las diecisiete Comunidades Autónomas del Estado español, más Ceuta y Melilla. Pero, tal y como ya se ha escrito anteriormente, volviendo al desarrollo inicial del proyecto, para la época medieval -que supone el fundamento del sistema de repoblación y organización concejil y aldeano a través de los fueros locales y cartas de poblamiento para los siglos posteriores, del XVI en adelante-, puesto que se trata de la implantación de un sistema jurídico ratificado en diversos momentos o readaptado según las circunstancias políticas y temporales, se cuenta, entre otras publicaciones, con tres ejemplos distintos para Castilla-La Mancha, Valencia o Aragón, por poner por caso. En el primer caso se trata, no obstante, no de un mero repertorio o colección documental, que sí lo son, en cambio, los otros dos ejemplos; sino de un estudio, o conjunto de estudios, aplicable a cualquier fuero local o colección de fueros de la territorialidad medieval española correspon- Apartados que ya de por sí sugieren los propios contenidos y, sobre todo, la orientación metodológica. Pero con el enriquecimiento de que, al final de tan voluminosa obra (702 pp.), y a modo de apéndice, se ofrece un catálogo de Fueros y Cartas Pueblas Medievales de Castilla-La Mancha, desde Alfonso VI (1065) hasta los Reyes Católicos (1504); más los fueros otorgados por las Órdenes Militares de Calatrava, San Juan y Santiago; los concedidos por la Iglesia de Toledo; los de los señoríos laicos y también los debidos a los propios concejos (apéndice a cargo de Teresa Orgaz Rodríguez, de la UNED, pp. 679-688). Así como también, y de segundo apéndice, aparece un Índice de documentos publicados en el volumen (con relación de las páginas en que se encuentran en el mismo). Así pues, aparte del ya de por sí valor metodológico y de estado de la cuestión, el libro presenta varios textos, que van desde la Carta de los mozárabes de Toledo otorgada por Alfonso VI (el 19 de marzo de 1101), hasta las Ordenanzas de la Hermandad de los escribanos de Ciudad Real (del 2 de marzo de 1489); comprendiendo un total de 40 textos. Y, además, sin desmerecer el resto de las aportaciones, cabe señalar como puesta a punto de la cuestión, las contribuciones tituladas: ¿Cómo vive un fuero? ¿Cómo se estudia un fuero? (de José Manuel Pérez-Prendes) y El proceso de formación de los fueros municipales (de Ana María Barrero); por ser de utilidad, a modo de planteamiento, para cualquier territorialidad distinta a la castellano-manchega; siempre que se tenga en cuenta la particularidad añadida de cada reino, comunidad o concejo. Es decir, que se sugiere la posibilidad de tener en cuenta este ¿modelo? (bien entendido el concepto) a la hora de rehacer o hacer de nuevo repertorios documentales forales o estudios sobre la foralidad municipal en cada caso. Sobre todo por tratarse en él de los aspectos más importantes a tener en cuenta, con rigurosidad pero también con la frescura que los textos jurídicos, frente a la opinión contraria, aún pueden ofrecer en sus relecturas aisladas o comparadas. Y al respecto, puede resultar aceptable cual comienzo reflexivo, lo escrito en el título antedicho por Pérez-Prendes: "Cuando se ha buscado el sentido de un texto foral..., se han contemplado siempre por los investigadores las relaciones jurídicas que el fuero intenta regular con sus preceptos. Por otro lado y además, otra de las diversas formas de acercarse a un fuero tan legítima como cualquiera, sería proponerse descubrir o seguir la oculta o manifiesta sistematización mental que late en el fondo del trabajo que supuso el redactarlo. Pero tampoco es tal fórmula la que encuentro más feliz para descubrir el sentido del fuero. Desde mi punto de vista, y eso es lo que he procurado hacer con un fuero breve (el de Santander) y otro extenso (el de Cuenca), la referencia básica más expresiva que puede tomarse son los sujetos del Derecho que el fuero contempla (rey; señor en su caso; vecinos cristianos, judíos o moros; extraños, etc.) y perfilar la dimensión que se otorga a cada una de las relaciones jurídicas permitidas, impuestas o prohibidas a cada cual. Surge así, o al menos yo así lo creo, un mapa de repartos jurídicos de poder y de protección legal (no digo justa) de intereses, que facilita mucho nuestra correcta percepción de en beneficio de quien se orientó la obtención y disfrute de los recursos propios del espacio jurídico de cada fuero. Y eso, tanto desde el punto de vista interno a ese mismo espacio, como (si luego se procede a las debidas comparaciones) desde la perspectiva de la posible o imposible homogeneidad entre espacios geográficos y forales distintos" (obra citada, p. Pues de eso se trata, teniendo en cuenta que la base imprescindible es la disponibilidad de buenas ediciones de los textos; sean extensos o breves, reales, señoriales o concejiles; mantenidos o actualizados. Porque, volviendo a Pérez-Prendes: "La crítica textual siempre será imprescindible. Ella nos confirma que este o el otro fuero ha copiado, o se ha inspirado o ha contradicho, según sea, a aquel o aquellos fueros. Y esa seguridad es un dato de firmeza importante, que siempre constituirá algo imprescindible en la investigación" (ibidem). Hay que decir en este aspecto que hoy en día ya se cuenta con buenas ediciones críticas de los principales textos forales hispánicos medievales para los diversos reinos peninsulares. En sus versiones originales en latín y en sus versiones posteriores romanceadas en el caso de que existan manuscritos contrastables al respecto. Además, también se dispone de publicaciones que recogen y estudian textos forales menores con suficiente rigor. De la misma forma que, encuentros como el que se ha tomado aquí como ejemplo para Castilla-La Mancha, también se han tenido ya con mayor o menor extensión y repercusión. Así como sucede con ediciones de fueros importantes que se han presentado recientemente acompañadas de varios textos complementarios que estudian los diversos aspectos relacionados con el fuero en sí, el contexto histórico del mismo, la sociedad a la que se destinó, las instituciones contempladas en los capítulos y otros muchos temas de interés. Tal y como sucede, por ejemplo, con la reciente edición de Tiempo de Derecho foral en el sur aragonés: los fueros de Teruel y Albarracín (El Justicia de Aragón e Ibercaja, 2 volúmenes); con la edición facsimilar del Fuero de Teruel publicado en 1950 y en Stockholm por Max Gorosch, y un volumen complementario de estudios que contiene diecisiete colaboraciones de varios autores. Acaso este ejemplo sea una excepción, aunque existen otras publicaciones similares; pero, no obstante, de lo que se trata es de saber que ya hay material suficiente como para volver a interesarse por los fueros municipales y locales en general desde nuevas perspectivas y valoraciones; comenzando por considerar los repertorios disponibles, como los que se comentan a continuación y dentro de los otros dos ejemplos anunciados anteriormente. Por eso, los otros dos ejemplos reseñados a continuación responden a una buena edición de textos que coinciden en la fecha de edición, 1991; con sendas presentaciones ajustadas, aunque breves. De manera que, tanto el ejemplo castellano-manchego largamente glosado, como los que a continuación se van a comentar, son dos formas de aplicación y desarrollo del proyecto CECEL-UNED que justifica esta amplia presentación del mismo. Así, para Valencia se cuenta con el libro de Enric Guinot Rodríguez, Cartes de poblament medievals valencianes (Generalitat Valenciana 1991). El mismo presenta una amplia introducción en tres apartados sobre el contenido y características de esas cartas de población, objeto principal del libro, así como acerca de las peculiaridades de la repoblación valenciana; temática habitual en este autor y sobre lo que desde 1991 ha seguido publicando en diversas aportaciones. Aunque lo más interesante es, sin duda, la colección de 320 textos, con un índice cronológico final de las cartas de poblamiento valencianas conocidas para la época medieval, con la fecha y el lugar a que corresponden; más otros índices alfabético, toponímico y onomástico de gran utilidad. En cuanto al libro Cartas de población del Reino de Aragón en los siglos medievales, de María Luisa Ledesma Rubio (Institución Fernando el Católico, Zaragoza 1991), tras su introducción correspondiente, ofrece hasta 247 textos, con un índice analítico de gran extensión y utilidad. Por cierto que dicha colección medieval tiene su, relativa, proyección en la colectiva de El señorío en Aragón (1610Aragón ( -1640)). Cartas de Población, I, a cargo de Ángela Atienza, Gregorio Colás y Eliseo Serrano (Institución Fernando el Católico 1998). Y si bien en este caso se recogen tan sólo 26 textos de mayor o menor extensión y de varios condados, ducados y señoríos aragoneses para unos pocos años, la obra en cuestión se puede considerar como un ejemplo de presentación parcial, pero concretada en una jurisdicción tan importante como la señorial, que es susceptible de trasladar a otros años y otras jurisdicciones. Aunque, por otro lado, en este caso se trata de una repoblación obligada por la expulsión de los moriscos y el vacío poblacional que provocó en muchos lugares; lo que también sirve como referencia para otras partes ante semejante circunstancia, de gran repercusión en lo jurídico, social y económico. Claro que, al respecto, no se debe olvidar que el punto de partida es precisamente la figura de José María Font Rius y su obra en dos volúmenes: Cartas de población y franquicia de Cataluña (CSIC, Madrid-Barcelona 1983). Con el precedente de Muñoz y Romero en su Colección de fueros municipales y cartas pueblas de Castilla, León, Corona de Aragón y Navarra (Madrid 1847), así como la Colección de fueros y cartas pueblas de España, por la Real Academia de la Historia (Madrid 1852). Y el consecuente, entre otros, del libro de Ana María Barrero y María Luz Alonso, Textos de derecho local en la Edad Media. Catálogo de fueros y costumbres municipales (CSIC, Madrid 1989). Finalmente, sin ánimo de exclusivizar, ni tampoco de adelantar ahora lo que deberá constituir el final del proyecto CECEL-UNED, es decir: un conjunto de textos forales inéditos, o, en su caso, una revisión de los ya editados, más una serie de estudios y monografías al respecto, de carácter reflexivo y con el método adecuado; los tres ejemplos señalados (castellano-manchego, valenciano y aragonés) pueden servir, pues, de referentes, porque juntos ofrecen buena parte de las posibilidades de trabajo y edición que sobre los fueros locales y cartas de población se ofrecen al investigador y al estudioso, desde el campo del Derecho o de la Historia; la historia urbana o la rural, la política o la administrativa, la social o la económica. Pero, de momento, valgan estas líneas para estimular al trabajo que conlleva el desarrollo del proyecto preparado; aunque también, modestamente, puede ser útil para cualquier investigador que, por su cuenta, aborde con interés y preparación el tema, se inserte o no en el susodicho proyecto. Porque, en definitiva, se trata de proseguir una corriente y un proceso que viene ocupando, con alternativas de interés o desinterés, a los historiadores propiamente dichos y a los historiadores del derecho desde el siglo pasado, si no antes incluso. Y sin olvidar a los paleógrafos y diplomatistas, que son los expertos en la presentación de los textos y en su crítica textual y formal. Por tanto, queda claro que es la foralidad local, concejil o municipal, real o señorial el objeto del proyecto; porque, en lo que se refiere a las grandes compilaciones y los ordenamientos forales de referencia estatal (Fuero General de Navarra, Compilación foral aragonesa de 1247, Partidas u Ordenamiento de Alcalá), los mismos no son objeto de este proyecto; aunque en ellos se encuentren indirectamente los soportes generales de una legislación que, aun afectando al conjunto territorial de un estado, no deja de implicar también al miembro de un colectivo aldeano o urbano. UN PROYECTO INTEGRADOR Forum UN PROYECTO INTEGRADOR diente
Si partimos del hecho de que la Confederación Española de Centros de Estudios Locales (CECEL), vinculada al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), impulsa, agrupa y coordina la actividad científica y cultural de los cincuenta y ocho centros u organismos dedicados a la investigación local en ella confederados y que, bajo diferentes denominaciones, han sido creados o asumidos por Diputaciones, Comunidades Autónomas o Ayuntamientos 1, no debe extrañarnos demasiado que, entre sus diferentes fines, se encuentren los de impulsar los estudios de investigación local, promoviendo actividades diversas, tales como proyectos de investigación, congresos, seminarios, cursos, encuentros, etcétera, o promover las relaciones entre sus Centros y las de éstos con los del CSIC, Universidades y otras instituciones españolas y extranjeras de análoga finalidad 2. Ello ha llevado a su Junta de Gobierno a plantearse, en su momento, la colaboración directa con la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), como asociación de Entidades Locales que agrupa Ayuntamientos, Diputaciones, Consejos y Cabildos Insulares, en un total más de 6.900 municipios españoles y que, dentro de los servicios que presta a los mismos, se encuentra el de la Formación Continua integral al servicio de los procesos de moder-nización de la Administración Local, con una importante singularidad: estar dirigido al personal del conjunto de los Entes Locales del Estado. Para ello, el entonces presidente de la CECEL, don José Carlos Valle Pérez, director del Museo de Pontevedra, firmó con la entonces presidenta de la FEMP, doña Rita Barberá Nolla, alcaldesa de Valencia, en Madrid, en el mes de mayo del año 1998, un Convenio de colaboración, en el que, entre otros objetivos se encuentra el de la organización conjunta de actividades culturales, tales como congresos, mesas redondas, seminarios, etc. 3, con el fin de un permanente asesoramiento y una formación continua en las diferentes materias que se considerasen necesarias. A finales del año 2005, y en reunión de la actual presidenta de la CECEL, la doctora doña Ángela Madrid y Medina, presidenta del Instituto de Estudios Manchegos, a quien acompañaban el representante del CSIC en la CECEL, doctor don Wifredo Rincón García y el tesorero de la misma, don Ernesto Fernández-Xesta y Vázquez, con don Alberto Torres Pérez, entonces secretario general de la FEMP, por ausencia del anterior presidente, el excelentísimo señor don Francisco Vázquez Vázquez, alcalde de La Coruña, LA CONFEDERACIÓN ESPAÑOLA DE CENTROS DE ESTUDIOS LOCALES (CECEL) Y LA FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE MUNICIPIOS Y PROVINCIAS (FEMP) acompañado por el director de coordinación Técnico-Jurídica de la propia Federación, don Gonzalo Brun Brun, se acordó que, como inicio de esta colaboración acordada con anterioridad, la CECEL propondría, como iniciativa inicial, dos cursos a incluir en los planes de Formación Continua de la FEMP; uno de ellos sería sobre Patrimonio Histórico Artístico; el otro, sobre Heráldica y Vexilología de las Entidades Locales; la idea tuvo una gran acogida en la FEMP, y se acordó que la CECEL encargaría a personas o instituciones propias la preparación de ambos proyectos, que se presentarían a la FEMP para su estudio y, en su caso, posterior inclusión dentro de los planes anuales de Formación Continua de dicha asociación. El curso relativo al Patrimonio Histórico Artístico fue encargado al prestigioso doctor don Wifredo Rincón García, investigador científico del CSIC, conocido experto en Historia del Arte y representante del CSIC en la Junta de Gobierno de la CECEL, el cual, por imponderables profesionales, no ha podido centrar totalmente el curso. El otro curso, el relativo a la Heráldica y Vexilología de las Entidades Locales, fue encargado a la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, para que fuese preparado a través de quien escribe esta breve reseña. Si bien por causas de programación este curso no ha podido ser incluido entre los que se impartieron dentro del programa de Formación Continua de la FEMP, ya ha sido entregado su borrador a dicha Federación para estudiar la posibilidad de introducirlo entre los que se impartan a partir de ahora. Este curso de Heráldica y Vexilología de las Entidades Locales españolas ha sido concebido con un doble objetivo; de un lado, el práctico, comentando diversas normas y formas de aprobación, modificación o rehabilitación de los diferentes símbolos emblemáticos de las Entidades Locales, existentes en diferentes Comunidades Autónomas -hasta seis: Andalucía, Aragón, Cataluña, Galicia, Madrid y País Vasco-, como muestreo de todas las demás, y el proceso normal de presentación de propuestas; y el teórico general, acerca de la Heráldica y la Vexilología, la Heráldica Municipal y otra simbología; se incluyen, además, como se verá en el programa propuesto, amplias e importantes referencias a las Jornadas de Heráldica Municipal de Játiva y de Zaragoza, como referente obligado a la idea de una posible unificación de normativa y procedimiento de aprobación, modificación o rehabilitación de estos símbolos emblemáticos de las En-tidades Locales, culminando en la propuesta de estudio de la cuestión de la necesidad de creación de un único Corpus Emblemático de las Entidades Locales españolas. El curso se presenta ambicioso y, como tal, se pretende que los diferentes ponentes sean los mejores especialistas o profesionales en sus distintos campos; bien es verdad que, en conjunto, se han buscado miembros de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, numerarios o correspondientes, pero tratando de que procedan de diversas Comunidades Autónomas, para lograr, así, una visión de conjunto de la situación actual en estas materias; aparecen, asimismo, dentro del cuadro de posibles ponentes, otras personas destacadas por su propia andadura profesional. De este modo, se intenta dar una imagen plural, propia de lo que es la CECEL, en cuanto que la engloban centros de todo el Estado, incluidos, o no, en organismos oficiales, pero siempre independientes y con personalidad propia. Y estos centros, además, no se debe olvidar que están integrados por personas, expertas en diversas materias, independientes, libres y autónomos. La actividad formativa se ha propuesto con la finalidad de la impartición de un total de 24 horas, entre un lunes y un jueves; seis horas diarias, cuatro matutinas y dos por la tarde, con los descansos necesarios para café y comida; estaría dirigido a alcaldes, concejales, secretarios de Ayuntamientos y sus homónimos en Diputaciones y Cabildos Insulares, en un número máximo, por curso, de 30 a 40, y, al finalizar, los alumnos recibirían un diploma, propio de la Formación Continua, con la emblemática propia de la FEMP, la CECEL y la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, certificando que han asistido con aprovechamiento al curso. Así, el programa propuesto por la CECEL para este curso básico de Heráldica y Vexilología Municipales, incluiría las siguientes materias: • Teoría general de la Heráldica (I y II). • Principios fundamentales de la Vexilología. • La Heráldica municipal (I y II). • Ejemplos de la situación de las normas actuales de Heráldica y Vexilología de las Entidades Locales en Galicia, el País Vasco, Aragón, Cataluña, Andalucía y Madrid. • Los "imagotipos" en la simbología local actual. • El "diseño heráldico" y el blasonamiento. • El "diseño vexilológico" y la descripción de las banderas. • El Patrimonio Histórico Artístico español. • La Heráldica y la Vexilología como Patrimonio Histórico Artístico. • Los intentos de unificación de los principios de Heráldica y Vexilología en España: Las Jornadas de Heráldica Municipal de Játiva y de Zaragoza. • Las conclusiones de las Jornadas de Heráldica Municipal de Zaragoza. Futuro de las Jornadas de Heráldica Municipal. • Las conclusiones de las Jornadas de Heráldica Municipal de Zaragoza y las actuales normas de "diseño" de la Heráldica y la Vexilología de las Entidades Locales (I y II). • El proceso de la presentación de los escudos y banderas para su aprobación; los "expertos heráldicos" o empresas de estudios heráldicos y la propuesta de escudo y de bandera municipales. • La figura del "Cronista" en el estudio previo del proceso de propuesta de escudo y bandera municipales. • Propuestas generales para la unificación de las normas del "diseño" y del blasonamiento o descripción de escudos, banderas e imagotipos. • La divulgación científica y popular de la Heráldica, la vexilología y otros símbolos de las Entidades Locales: Hacia un "Corpus Emblemático Local Español". • La figura de la FEMP como impulsora de la unificación y coordinación de la normativa simbológica de las Entidades Locales y de su divulgación. Como se puede ver, el curso es variado y ambicioso; es evidente que, en él, se han volcado las ideas, no solamente del ponente del proyecto, sino de la propia Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía que, realmente, y te-niendo en cuenta que en ella se encuentran representadas tanto todas las Comunidades Autónomas españolas, como la forma de pensar de muchísimos de sus miembros pertenecientes a diversos países de Europa y de América, recoge el sentir de la mayor parte de los expertos y conocedores de estas disciplinas en el ámbito que se estudia. Si bien el curso de Heráldica y Vexilología municipales ha sido favorablemente acogido por la FEMP y aceptada su inclusión en las programaciones futuras de la Formación Continua de la misma por su Comisión Ejecutiva en su sesión del día 31 de enero de 2007, queda aún por ver, realmente, la virtualidad final del proyecto de curso y de sus criterios docentes, así como su acogida por parte de aquellas personas e instituciones a quienes va dirigido; falta, asimismo, la plasmación del otro curso, el de Patrimonio Histórico Artístico y su estudio y aceptación; por fin, tras ello, faltará la evaluación organizativa, docente y práctica de los mismos; sólo entonces podremos llegar a auténticas conclusiones concretas. Sin embargo, ya podemos comentar la más importante de estas conclusiones; en efecto, la presentación del primero de los cursos y la final entrega del proyecto del segundo de ellos, han permitido el inicio formal de aquellos acuerdos de colaboración entre la CECEL y la FEMP establecidos en el año 1998 y que hasta ahora no habían podido verse plasmados en una acción real. Así, la importancia real de estos cursos radica, no ya en su propia bondad docente y en su posible aplicación práctica en los diferentes municipios, sino, y fundamentalmente, en que, puestos, así, en marcha, con ellos, estos acuerdos de colaboración, se augura una ya permanente colaboración entre ambas entidades, cuyos resultados esperamos ver aumentados en poco tiempo.
La relación se ha hecho dividiéndola entre publicaciones propias de la CECEL, y publicaciones de los Centros confederados; éstos se han ordenado alfabéticamente por Comunidades o Ciudades Autónomas en las que hay Centros confederados en la CECEL y, dentro de ellas, también alfabéticamente, por provincias en las que se encuentran ubicados los Centros incluyendo, también alfabéticamente, a éstos, se sitúen en cualquiera de las ciudades o pueblos de dicha provincia, lo que, normalmente, se distingue en el propio nombre; dentro, ya, del Centro concreto, aparecen las diferentes publicaciones periódicas con los datos que se han podido contrastar (nombre, periodicidad, inicio y, en ocasiones final de la publicación). Puede, así, observarse que la afirmación anterior de ser la CECEL -ella y sus Centros confederados-una de las mayores editoriales científicas de España, no es una exageración, sino una auténtica realidad, de la que la CECEL se encuentra orgullosa, pues la CECEL es la unión de los diferentes Centros que se han confederado en ella, así como la actividad conjunta de todos ellos. Esperamos que esta relación ordenada pueda servir para un mejor y mayor conocimiento general de la CECEL y de sus Centros. Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría Boletín de Bellas Artes PUBLICACIONES PERIÓDICAS DE LOS CENTROS QUE INTEGRAN LA CECEL Estudios de dialectología norteafricana y andalusí, EDNA Tenerife: Instituto de Estudios Canarios No
ARBOR, revista de Ciencia, Pensamiento y Cultura del CSIC ha tenido siempre entre sus objetivos el prestar un servicio a la sociedad española y a la comunidad científica informándola de aquellos temas que pueden ser de interés general. ARBOR inaugura con este número dedicado a la Confederación Española de Centros de Estudios Locales (CECEL) la edición de sus anejos, que llegarán a manos de los lectores en número de dos al año. Pretendemos con ellos abordar temas importantes que no precisan de los parámetros habituales aplicados a los artículos SCI, pero que por su interés deben ser objeto de conocimiento. La Defensa Nacional y el Despliegue de las Fuerzas de Paz, las escritoras españolas descritas por ellas mismas, y otros temas irán conformando los sucesivos anejos. Pese a su carácter divulgativo, hemos querido mantener aspectos formales que aseguran una mayor difusión como los resúmenes, palabras clave y títulos en castellano e inglés. La CECEL, vinculada al CSIC tras la desaparición de sus patronatos, puede y debe ser descrita en nuestras páginas por sus propios directivos. Los Estudios Locales, su organización, estructuración administrativa, dependencia, sus logros y objetivos son a veces poco conocidos fuera de su ámbito territorial. Existen en Europa y América organizaciones similares a la CECEL. A sus respectivas comunidades científicas ha de serles de interés el número de ARBOR que ahora publicamos. Durante muchos años, representé al CSIC en la Junta Directiva de la CECEL. Fue una etapa enormemente enriquecedora en lo científico y en lo personal. Ahora, desde las páginas de esta revista que me honro en dirigir queremos hacer llegar a la comunidad científica, a políticos, gestores y ciudadanos este resumen que, a nuestro juicio, está llamado a ser texto de referencia obligada para todos aquellos que se interesen en la investigación local y, entre ellos, el propio CSIC. Los estudios Locales no son, ni mucho menos, una investigación menor. En la CECEL se agrupan institutos y centros de importancia. Muchos de ellos tienen tanto peso específico, en lo científico y en lo económico, como muchos de los institutos del CSIC. Desde el arte mudejar a los endemismos, desde las figuras literarias y artíticas a la historia, desde el patrimonio biológico, paisajístico, y monumental, a las culturas zonales, no hay área que no contemplen los Centros de Estudios Locales. Si su labor fue otrora importante, ahora lo es aún mayor en una España que se estructura en autonomías, y en la que cada de ellas ha puesto en marcha procesos muy encomiables de recuperar a sus hijos ilustres y su propia identidad. Esperamos que este primer anejo de ARBOR sea de interés y obtenga el beneplácito de sus lectores.
El presente monográfico es una aproximación a algunos de los caminos emprendidos para desarrollar la ciencia y la cultura en la Red. Es evidente que las limitaciones espaciales (y temporales) típicas de cualquier publicación impresa no permiten recoger en un solo volumen reflexiones y ejemplos de todas las áreas en las que la ciencia y la cultura están floreciendo en Internet. Por ello, este número se ha centrado en analizar un aspecto concreto: la digitalización de publicaciones académicas y de textos custodiados por nuestras bibliotecas. Sin embargo, la digitalización de textos plantea una serie de problemas y de retos que requieren especial atención, algunos de los cuales son los siguientes: la elección de lo que se quiere y/o se debe digitalizar, la calidad de las copias, el establecimiento de estándares, el acceso a los textos, la conexión e interoperabilidad entre los diferentes objetos científicos y culturales digitalizados, el nuevo papel de los bibliotecarios, los nuevos hábitos de los investigadores, el futuro de las revistas académicas y de las editoriales comerciales, la conveniencia de políticas de protección (o de laxitud) en relación al copyright, la irrupción del copyleft y equivalentes, etc. Un análisis más detallado de las consecuencias concretas sobre cada uno de los conjuntos de objetos digitales posibles haría la lista interminable, pues cada texto u objeto digital requiere de unos cuidados específicos que no dependen sólo de sus cualidades internas y de su fragilidad física, sino también de las intenciones con que pretendemos digitalizar, de las características sociales de la comunidad de usuarios a la que va dirigida, e incluso del tipo de organización o institución que inicia un proyecto de este tipo. Por ello, muchos sectores de la cultura, cuya digitalización e implicaciones están siendo muy debatidos en la actualidad, han quedado fuera de las reflexiones de este monográfico: la música, la fotografía, el cine, la museística, el ciberarte y la prensa escrita, son sólo algunos de los ejemplos. Del mismo modo, la ciencia se está expandiendo en la Red de muchas otras maneras de las aquí esbozadas, puesto que más allá de la acotada visión que ofrece este monográfico al centrarse en las publicaciones científicas y en el acceso abierto a los textos académicos, los científicos y los ingenieros han ideado nuevos caminos para calcular la ciencia (Grid, cloud computing, web semántica) y, poco a poco, están comenzando a utilizar nuevos instrumentos para compartir ideas y prácticas (crowdsourcing, wikis, blogs, folksonomías). Internet está transformando la manera en que diferentes comunidades se aproximan a los objetos digitales y a los sujetos digitales, de modo que las reflexiones filosóficas y sociales sobre estas interacciones (algunas de las cuales entran de lleno en el campo de la denominada cognición extendida, pero que no trataremos aquí) podrían bifurcarse en tres tipos de asociaciones: objeto-objeto, sujeto-objeto y sujeto-sujeto. La primera interacción objeto-objeto correspondería al lenguaje de las máquinas, el modo en que han de comunicarse con el fin de realizar tareas que, o bien son demasiado rutinarias para el quehacer humano, o bien son excesivamente complejas para nuestras capacidades de cálculo o de memoria. Se trata de relaciones que se llevan a cabo en las redes telemáticas sin necesidad, por lo general, de intervención humana. La segunda interacción, sujeto-objeto, estudia el modo en que el sujeto físico interacciona con el objeto digital, la manera en que lo representa y lo manipula. Naturalmente, existen protocolos que establecen qué hacer con el objeto físico hasta convertirlo en un objeto digital, pero no debemos olvidar que ya contamos desde hace tiempo con objetos nacidos digitales, y que debemos elaborar también reglas de conservación y manipulación para ellos 1. Por último, la interacción sujeto-sujeto añade un ingrediente social. Podemos hablar de una interacción sujeto-sujeto en singular, o bien de sujetos-sujetos en plural. Varios de los artículos del presente monográfico reflexionan sobre esta cuestión, ya sea desde la perspectiva de cómo la web está cambiando nuestros usos y costumbres, o ya sea desde la prospectiva de lo que PRESENTACIÓN necesita transformarse para mejorar diversas actividades y relaciones humanas e institucionales en educación, gobernanza, conservación cultural, investigación científica, y acceso abierto al conocimiento. Como criterio principal en la ordenación de los artículos, se ha partido de las consideraciones culturales más generales a los análisis más específicos correspondientes a la ciencia, si bien también se ha procurado colocar los artículos de mayor contenido histórico en primer lugar, delante de aquellos con una aproximación más prospectiva. El primer artículo muestra una panorámica global del estado del arte de la digitalización marcando una separación, artificial pero necesaria, entre objetos culturales y objetos científicos en Internet, una división que, transcribiendo a Michel Foucault en una conferencia celebrada en 1969 que llevaba por título "¿Qué es ser un autor?", colocaría "ces textes qu 'aujourd' hui nous appellerions 'littéraires'" 2, de un lado, y "les textes que nous dirions maintenant 'scientifiques'" 3, del otro. En el primer artículo se mencionan ejemplos, pero siempre procurando mantener una visión de discurso global. Le siguen dos artículos que inciden sobre algunas de las preguntas que cabe plantearse en la fase en la que nos encontramos, un momento en el que las normas y hábitos sociales están siendo transformados por la nueva realidad digital. En ambos artículos se analiza la Red en clave de sujetos-sujetos, lo que en el lenguaje de Bill Cope y Mary Kalantzis es la "web social". Estos autores insisten en la necesidad de filtrar lo verdaderamente novedoso de aquello que ya existía en el pasado, estructuras repetidas que son difíciles de reconocer a primera vista en la Red porque están en algunos casos disfrazadas con "atuendos digitales". En el caso de Ana Nistal, muestra el modo en que el cambio de soporte ha incidido directamente en la apertura del conocimiento, y señala que esto conlleva una reinterpretación de la relación entre los lectores y los libros porque los innumerables libros físicos que pueblan las bibliotecas se están transformando en un único objeto digital universalmente interconectado. El cuarto artículo, firmado por José Luis González Quirós, muestra hasta qué punto la relación entre lectores y textos en el nuevo entorno está transformando, y transformará aún más en el futuro, las formas de lectura y escritura. Y ello se debe a que las herramientas de búsqueda condicionarán la manera que tenemos de escribir y de transmitir nuevas ideas. Los dos siguientes artículos inciden en mayor medida en las relaciones objeto-objeto. En el primero de ellos, Javier Echeverría insiste en la importancia de conservar adecuadamente los objetos nacidos digitales, una memoria cultural que existe únicamente en red y que, por ello, dada la rápida evolución de las tecnologías digitales, corre el riesgo de desaparecer si no se utilizan las herramientas adecuadas, en concreto soluciones tecnológicas abiertas (software libre). De ello depende que no crezca la brecha de la memoria digital o brecha mnemónica. En el segundo, José Antonio Millán se adentra en el lenguaje de las máquinas, analizando sus peculiaridades, y resaltando sus similitudes y diferencias con el lenguaje humano cotidiano. No obstante, una correcta comprensión de dicho lenguaje permite a lectores y a escritores mejorar su interacción con las máquinas (aproximación sujeto-objeto), maximizando los resultados. El artículo siguiente, de José Francisco Álvarez, insiste en la necesidad de construir una especie de ciudad digital, con su e-gobierno, con su e-educación y con su e-cultura, por citar unas pocas manifestaciones sociales. Pone el acento en el gobierno electrónico como vehículo para activar las políticas y servicios públicos en los diferentes sectores (educación, cultura, ciencia, economía, etc.). Finalmente, los tres últimos artículos se centran en la actividad científica. En el primero de ellos, Jean-Claude Guédon relata la participación de los diferentes agentes en relación a la creciente tensión entre las revistas científicas y los repositorios digitales institucionales. Una correcta reconstrucción de los factores sociales que ejercen su influencia sobre la construcción de los repositorios institucionales es clave para comprender su evolución futura y su convivencia con las revistas científicas. Roberto Feltrero analiza el modelo de acceso abierto, así como las diferentes etapas de revisión, selección y evaluación de artículos científicos, y defiende la posibilidad de alternativas viables para el acceso abierto, compatibles con modelos revisión de artículos más abiertos. El monográfico cierra con un artículo claramente prospectivo, que propone un modelo más abierto de selección y publicación de artículos, KARIM GHERAB MARTÍN así como nuevas técnicas para incrementar la interacción entre disciplinas. Su objetivo es aprovechar las ventajas que ofrece la tecnología digital para buscar sinergias interdisciplinares. El monográfico cierra con un artículo sobre las consecuencias de la Web 2.0 sobre el periodismo científico. Su autor muestra cómo Internet está reformulando el significado de muchas nociones como, por ejemplo, la de las fuentes periodísticas. Las nuevas tecnologías están alterando muchos de los dogmas del periodismo, y en especial, debido a sus peculiaridades sociológicas, aquellas que tocan la ciencia. Al comienzo de cada artículo se ha añadido una nube de etiquetas, a saber, un gráfico con los términos relevantes más utilizados por cada autor en su correspondiente texto. Es una de las muchas técnicas visuales que empiezan a ser moneda corriente en Internet con el fin de ayudar a los lectores a identificar rápidamente el contenido de los textos publicados en la Red. No cabe duda que aún no es perfecto, pero es un y permite vislumbrar la rica variedad de innovaciones que quedan por inventar gracias a la flexibilidad que ofrece la tecnología digital. Estos gráficos han sido producidos con software de http://www.
LA RED, UN NUEVO MUNDO POR EXPLORAR 1-2 Científicos, escritores, editores y bibliotecarios buscan comprender unos objetos que existen y tienen dueño en el plano de lo físico pero que nadie sabe a quién pertenecen en la esfera digital. Al igual que todo matemático avezado sabe que un plano no es topológicamente convertible en una esfera, aquellos con más experiencia en las ventajas y los peligros de Internet son conscientes de las dificultades con las que puede encontrarse un entusiasta que pretenda adentrarse en una entorno cultural en el que no valen las reglas y buenas (o malas) maneras del universo Gutenberg. Sin duda es necesario recurrir a aproximaciones y a extrapolaciones burdas de lo físico en lo digital, pensando, al menos al principio, en diseñar los libros, las revistas, las bibliotecas y los museos en la Red a imagen y semejanza a como lo hacemos en la galaxia Gutenberg. En este viaje de terra firma a terra incognita, nuestras dudas acerca de los hábitos que triunfarán en la esfera digital nos impelen a recurrir a principios de correspondencia, esto es, a estrategias pragmáticas del tipo que el gran físico danés Niels Bohr utilizó con el fin de aproximarse con técnicas clásicas newtonianas a la desconcertante mecánica de la física cuántica. Nos guiamos por metáforas, representaciones y semióticas conocidas hasta que nos acostumbramos a los nuevos fenómenos y usos, a los nuevos lenguajes y hábitos, tras lo cual las desechamos o relegamos a un segundo plano una vez que hemos domesticado las incertidumbres del nuevo dominio. Herbert G. Wells fue de los primeros en intuir la posibilidad real, la factibilidad práctica, de crear lo que denominó como un World Brain que aglutinara todos los saberes de la Humanidad. Imaginó primero en 1936 una enciclopedia universal en continuo cambio, pero lo hizo señalando que sería redactada por expertos, lo cual, por cierto, nos evita la tentación de concederle la prioridad intelectual de la Wikipedia. Y un año después, en 1938, concibió (Wells, 1938) la posibilidad de crear una red mundial de documentos microfilmados que fueran visibles tanto en el Perú como en la China. En esto precedió tanto al bibliotecario Fremont Rider (1944) como al gestor-político-científico Vannevar Bush (1945). No es éste el lugar para repasar la historia del nacimiento de Internet, pero conviene saber que Wells, tan precavido con respecto a la tecnología en sus escritos anteriores al cambio de siglo, se mostró muy optimista con respecto a la red de microfotografías que imaginó y a la posibilidad de acceder instantáneamente a todo el conocimiento acumulado por la Humanidad cualquiera que fuera el punto geográfico o temporal en que se llevara a cabo, sueños aparentemente utópicos compartidos por F. Rider, V. Bush y otros. Es positivo que se extienda el optimismo a este tercer milenio que comienza, siempre que se tenga un conocimiento lo más objetivo y completo posible sobre lo que se está haciendo, porque de él depende que rompamos muchas de las ligaduras, prejuicios e intereses que frenan el avance y la difusión de la ciencia y la cultura en la Red. Las reflexiones sobre la ciencia y la cultura en Internet que vienen a continuación se hacen únicamente desde la perspectiva de la digitalización de libros y artículos, de la conveniencia o no del libre acceso a los textos (principalmente los libros de ensayo y los artículos científicos), y de las posibilidades que la tecnología digital nos ofrece al respecto. Fuera del alcance de lo que sigue están pues otras perspectivas que atañen a la ciencia y a la cultura también dignas de reflexión, que merecerían otras tantas páginas como las que aquí se han escrito, como por ejemplo el futuro de la música, de la pintura, de la digitalización museística, del ciberarte, de la educación, de los supercomputadores, de las tecnologías Grid, de los servicios web orientados a las diversas ramas de la ciencia, de la comunicación científica e, incluso, del esperanzador porvenir que la ayuda al desarrollo puede alcanzar con un acceso gratuito (o a precios razonables) y planetario al conocimiento artístico, cultural, científico, tecnológico y médico. Nuevas formas de difundir la ciencia y la cultura se están abriendo paso a través de Internet, pero lo están haciendo lentamente, lo cual no es ninguna novedad si nos atenemos al desarrollo de la imprenta y los casi dos siglos que tardó en aparecer algo tan arraigado en nuestros tiempos como son los derechos de propiedad intelectual. No es probable que tardemos también dos siglos en encontrar nuevas fórmulas jurídicas que se adapten al gusto de todos en la nueva era digital que se abre ante nosotros, y de hecho ya hay propuestas al respecto, pero de momento doi: 1033/arbor.2009.185 n.737 seguimos en un impasse de lucha de intereses en el que cada uno procura moldear los procedimientos del asunto que le afecta al modelo que más le convenga o, en su defecto, al esquema que menos le perjudique. Parece claro que en la galaxia Internet el movimiento copyleft 3 (y similares 4 ) está retando al copyright. La afortunada expresión copyleft, nacida en el ámbito de la programación informática y relacionada con las iniciativas de código abierto (open source) 5, no sólo hace referencia a la posibilidad, en ciertos casos, de dejar o prestar un objeto digital sin más compensación que la mención de su creador o inventor, sino que conlleva matices políticos que hacen referencia a cómo se supone que entienden la "izquierda" y la "derecha" que han de regularse los derechos de las copias, si bien abundan los ejemplos en los que las "izquierdas" y las "derechas" han intercambiado posiciones a este respecto. La ciencia y la cultura nacen de la inventiva individual para desarrollarse en un clima social adecuado y, sin embargo, a pesar de que cada creación surge genuinamente de una mente, ésta pasa a formar parte de una red de relaciones que conforman un World Brain, es decir, encuentra una ubicación objetiva en el discurso que todos vamos construyendo a través de nuestros escritos. Quizá por eso debamos encontrar el equilibrio entre la legítima reivindicación de los creadores para proteger la propiedad intelectual, incluida la compensación económica 6, y la no menos legítima ambición de hacer avanzar la ciencia y la cultura al ritmo más elevado posible, y de hacerlas accesibles a todos. Ejemplos evidentes 7 son la innumerable cantidad de libros descatalogados, cuya versión impresa nos resulta casi imposible de encontrar, pero cuya versión digital estaría al alcance de un "clic" de ratón; o la cantidad de obras huérfanas, es decir de autor desconocido o ilocalizable, que no pueden digitalizarse por no por obtener la autorización de su creador. Se calcula (Kelly, 2006) que el 75 % de los libros existentes están descatalogados o son obras huérfanas, el 15 % pertenecen al dominio público y sólo el 10 % están siendo comercializados actualmente por las editoriales. Si tenemos en cuenta que los libros de dominio público pueden ser libremente digitalizados y conservados en servidores informáticos, y que las editoriales se ocuparán de indexar y digitalizar el 10 % que les corresponde, nos queda un remanente cultural bibliográfico del 75 % que podría perderse para siempre si no se digitaliza antes o después. Al no tener a quien preguntar, Google pretendía digitalizar por defecto este 75 % de obras "olvidadas" de la era de la imprenta, y esperar a que los perjudicados dieran un paso al frente en cada caso, pero algunas asociaciones de editores se han opuesto interponiendo diversas denuncias. No les falta razón a los editores cuando se quejan de que es inaceptable que tengan que notificar su negativa cada vez que detecten (si es que lo detectan) que algún buscador (o individuo) ha iniciado algún proyecto de digitalización que incluye algunas de las obras bajo su jurisdicción. Sin embargo, es posible que las quejas de los editores contemplen unas razones estratégicas de mayor alcance. Es evidente que los editores se han dado cuenta del potencial negocio que encierra ese 75 % en la era digital, y tal vez su propósito sea ganar tiempo para averiguar qué obras entran dentro de su jurisdicción. De todos modos, no está claro hasta qué punto la indexación de libros, un procedimiento que realmente consiste en guardar 0 's y 1' s en una serie de servidores, signifique copiar una obra impresa. La imagen digital sí podría considerarse una copia, pero indexar se parecería más al acto de memorizar que al acto de transcribir, por lo que la indexación de textos por parte de los motores de búsqueda bien pudiera no caer en el "horizonte de sucesos" del copyright, si bien no es menos evidente que de nada sirve indexar si no es para luego mostrar, lo cual sí supondría infringir el derecho de propiedad intelectual. Son las sutilezas de las nuevas tecnologías, cuya ontología bascula entre lo virtual y lo físico, cuya existencia flirtea a ambos lados de la realidad. Paradojas que intentan conjugar tanto el deseo de evitar que un objeto digital pueda ser copiado y distribuido ilegalmente, como la necesidad de copiarlo y migrarlo cuando aparece el fantasma de la obsolescencia tecnológica. Por otro lado, y volviendo hacia atrás en el tiempo, al facilitar la imprenta la tarea de copiar un libro, abrió unas prometedoras perspectivas de negocio para los distribuidores. Es más, hacer miles de copias de una obra resultaba ser mucho más lucrativo que crearla, lo cual impulsó la invención de los derechos de propiedad sobre la creación, y por extensión sobre sus copias. En los tiempos que corren, el acento del valor añadido se está desplazando del producto al servicio, y más aún con Internet, de modo que el-tenermuchas-copias resulta ser un atractor más débil que elsaber-qué-hacer-con-esas-copias, porque "a medida que la información vale menos, y su acceso se democratiza, el valor del conocimiento crece" (Lamo de Espinosa, 2006). Y ése es el reto que el copyleft lanza al copyright, una tensión ejercida por el derecho de los autores (unos pocos) a ser compensados económicamente por sus creaciones, y su derecho (los más) a ser leídos o, al menos, a ser descubiertos. Asimismo, dejando de lado las probadas ventajas del copyright y de las patentes, otra virtud del copyleft es su tracción en la generación de innovación constante y de creación permanente, su rebeldía hacia la fea costumbre de inventar algo y dormirse en los laureles. En el mundo del hipertexto comienza a ser tan valioso crear relaciones entre obras como crear la obra en sí, porque socializarla con el resto de textos de la Red significa ubicarla en su lugar epistémico, en un ideal mundo objetivo en el que habita la cognición de todos los hombres, un sistema organizado de textos que algunos autores han denominado modelo popperiano (González Quirós y Gherab Martín, 2006) por su afinidad a la sugerente idea del Mundo III del filósofo austríaco Karl R. Popper. Así, ubicar cada obra en la pertinente rama de la selva popperiana es, en cierto sentido, cómo seguir construyéndola; consiste en extender sus posibles significados, darle infinitas interpretaciones dentro de un orden, en el seno un discurso compartido en el que cohabitan sin cesar las hipótesis y las refutaciones; es imaginar la Web al modo de Kevin Kelly (2006), esto es, como un libro líquido. Cualquier lector-escritor-editor puede recuperar los extractos que guste para reconstruir el final de una novela de la manera que más le plazca, en una especie de personalización de productos y servicios muy al estilo de los tiempos que corren. Se podría decir que el texto en cierto sentido adquiere vida propia. Y también podría decirse que la Red pone al usuario (o lector) al volante. Lo curioso de esta perspectiva es que la tecnología digital acometería hasta cierto punto la muerte del autor, proclamada hace cuatro décadas por Roland Barthes (1968) cuando escribía que "el nacimiento del lector ha de pagarse con la muerte del autor", o también que "la unidad de un texto no está en su origen [el autor] sino en su destino [el lector]". En Michel Foucault (1969), que preguntaba "¿Qué importa quién habla?", esta muerte se traduce en que la obra del autor florece en una multiplicidad de discursos que resuenan en la interpretación que los diversos lectores van dando al texto original, el "autor-función". En ambos casos, los argumentos anteponen la interpretación del lector por encima de la intención del autor, en una tradición que se remonta al Contre Sainte-Beuve (1908-1909) de Marcel Proust y presente en el formalismo ruso, el new criticism angloamericano y el estructuralismo francés. La pretendida biblioteca digital universal no es en realidad más que un único libro, un libro gigantesco con infinitos tentáculos, notas al pie y referencias hipertextuales, un libro abierto (González Quirós y Gherab Martín, 2006) o libro líquido en el que cada página, libro u objeto digital deja de ser una isla para convertirse en un "organismo vivo", un proceso dinámico que admite constantes añadidos, modificaciones y correcciones, en el que las sucesivas versiones ya no aparecen en cadencias discretas, sino continuas... casi líquidas. Se trata de un libro sin tapas, con todas sus palabras visibles con el recurso de un buen buscador, un libro abierto que en su conjunto se niega a ser cerrado y archivado. No obstante, es evidente que si cada lectorescritor-editor escribe lo que le place el resultado puede eventualmente ser también groseramente negativo. Pero los peligros y riesgos son consustanciales a las revoluciones tecnológicas, y, dado nuestro rico patrimonio cultural, tanto el español como el europeo, quizá el mayor peligro sería padecer una parálisis zenoniana (Harnad, 2006), es decir, que por negar el movimiento nos obcequemos a no avanzar, que nos resignemos a no hacer nada por el miedo al riesgo de hacerlo mal, a llevar a cabo lo que en versión francesa sería marcher sur place. Por supuesto, Google de parálisis zenoniana no entiende nada, y ya lleva tiempo digitalizando libros sin descanso. Por eso tal vez lo sensato sea en nuestro caso seguir andando, aunque mirando bien dónde se pisa. Nuevas iniciativas y nuevos modelos (wikis en muchos casos) de gestionar contenidos de todo tipo, desde fotos a videos, desde libros a canciones, están conquistando televidentes, lectores y oyentes de todo el mundo, voyeurs de todas las clases. Una panoplia de procedimientos exitosos en varios sectores comerciales, culturales y académicos en la Red parecen sugerir que reglas y normas que funcionaban razonablemente bien en el rígido plano de lo físico, aplicadas a la maleable geometría de lo digital pueden ser un impedimento, un freno o un sinsentido. Y al contrario: modelos que se antojaban imposibles a priori son posibles a posteriori, como obcecadamente nos demuestran día tras día la Wikipedia 8, arXiv 9, Youtube 10, los blogs y los desarrollos de aplicaciones Internet ha resultado ser mucho más que un canal de comunicación rápido, eficaz, interactivo y variadamente idiomático y dialógico, que, por ejemplo, permite a las bibliotecas universitarias publicar las tesis doctorales en-línea al alcance de todos sin necesidad de un editor comercial. Se trata de una herramienta colaborativa que además de hacer partícipes a todos, ha trasladado, como ya se ha dicho, el peso de la cadena de valor: la flexibilidad de la tecnología digital es tal que la reutilización de un producto incrementa exponencialmente el número de servicios posibles. Sin embargo, el avance de la digitalización también ha de pagar un precio. Varios son los inconvenientes e interrogantes que se plantean actualmente. Por ejemplo, no disponemos del equivalente a tomar prestado un libro (con derechos de autor) de una biblioteca: paradójicamente, podemos llevarnos a casa en préstamo un libro impreso y hojear sus páginas cómodamente en nuestro sillón favorito, pero debemos desplazarnos a la biblioteca y ojear in situ la pantalla del ordenador en el caso de la versión digital. Además, hay detalles de importancia para los investigadores que aún no pueden digitalizarse. Un buen ejemplo es el relato del historiador (Grafton, 2007) que olía sistemáticamente una cartas del siglo XVIII para comprobar si olían a vinagre; resulta que el vinagre era el remedio que muchos pueblos y ciudades echaban a las cartas para intentar desinfectarlas de los brotes de cólera de aquella época y, de este modo, oliendo las cartas, este historiador lograba reconstruir la evolución y propagación de la enfermedad en aquellos tiempos. Y finalmente, los artículos políticos e ideológicos de la Wikipedia no acaban de estabilizarse debido a actos de vandalismo o a la modificación de la información en función del interés de cada lobby, a pesar de contar con varias herramientas para el debate (Gourdain et al., 2008). De hecho, parece que va aumentando también el número de artículos en disputa en cualquiera de las disciplinas (Sunstein, 2006, 155). Con más de 55 millones de usuarios al mes y más de 2 millones de artículos sólo en la versión inglesa (Gourdain et al., 2008), la Wikipedia se ha convertido en una clara referencia de lectura para los cibernautas. Así, conviene señalar que más de 700 artículos son añadidos en la Wikipedia diariamente, y la mitad de los procesos de edición en la versión inglesa son llevados a cabo por el 0,7 % de los usuarios, mientras que en la versión hispana, el 8,1 % de los usuarios edita el 90 % de las veces (Sunstein, 2006, 152). Hoy en día es común leer en la Red expresiones tales como open source (código abierto), open access (acceso abierto o libre acceso), digitalización, redes sociales, buscadores, indexación, biblioteca digital, web semántica, Web 2.0, e-books, e-prints, tags (etiquetas), Grid, OCR, etc., todas ellas haciendo referencia al presente o al futuro del conocimiento, de la ciencia y de la cultura en Internet. Todos estos términos y sus significados son fáciles de encontrar en la web, y también es moneda corriente oír hablar de grandes proyectos digitales en los medios de comunicación, de esto y aquello que han hecho o tienen previsto hacer Google, Yahoo!, Amazon, Microsoft y Wikipedia, por poner los ejemplos más conocidos. Pero menos se sabe de proyectos más modestos, pero importantes para la ciencia y la cultura. Se trata de iniciativas que muestran algunas de las claves y oportunidades que se abren y los peligros reales que acechan. Iniciativas como arXiv, Internet Archive 11, Project Gutenberg 12, Public Library of Science 13 y la Biblioteca Digital Mundial de Matemáticas 14 (ver Macías-Virgós, 2007, mayo-junio, en Arbor, pp. 433-443), o bien expresiones como preprint, postprint, repositorios digitales, copyleft, Creative Commons, "tecnologías de recomendación" e "industria de la reutilización" tal vez son menos conocidas, pero tienen implicaciones conceptuales y comerciales de enorme importancia para la organización de un conocimiento cada vez más disperso en la cada vez más ingente cantidad de obras publicadas en la web. Se trata de una cuestión que reaparece con cada nueva tecnología, un problema epistemológico ya familiar para nuestros antepasados: catalogar lo existente, recuperar fácilmente lo buscado, filtrar lo bueno de lo innecesario o equivocado, seleccionar por orden de calidad y, finalmente, distribuir del modo más rápido, amplio y económico posible. El anuncio por parte de Google, el 14 de diciembre de 2004, de un acuerdo para digitalizar 15 millones de libros de cuatro de las más prestigiosas universidades del mundo (Michigan, Stanford, Harvard y Oxford) y de la Biblioteca Pública de Nueva York, ha significado el inicio de una carrera por digitalizar libros con el objetivo de crear bibliotecas digitales de alcance mundial, accesibles en cualquier tiempo y lugar, un sueño contemplado utópicamente a principios del siglo XX por Paul Otlet y Henry La Fontaine al querer crear una Biblioteca Internacional y un Museo Internacional con la esperanza de forjar un servicio de comunicación de documentación a escala mundial (Rayward, 1994). Cumplieron parcialmente su objetivo impulsando el Repertorio Bibliográfico Universal, que alcanzó los once millones de entradas y que en 1912 tuvo 1.500 peticiones de información bibliográfica que eran respondidas por carta. Afortunadamente, las cartas han sido sustituidas por el correo electrónico, y de las fichas hemos pasado a las bases de datos. Así, lo que parecía una quimera a principios del siglo XX parece una realidad recién iniciado el XXI. Dejando aparte el sueño roto de la Biblioteca de Alejandría, época en la cual todavía era legítimo pensar en reunir toda la literatura esparcida por el Mediterráneo y por los caminos de la India, nadie duda que la universalidad que pretende el proyecto Google Booksearch 15 merece tal denominación, pues si en otros tiempos Bonnange fue probablemente el primero en hablar explícitamente de un "catálogo universal" (San Segundo, 1996, 138) al publicar en 1874 el libro Projêt de catalogue universel des productions intellectuelles, a la vista de las posibilidades actuales, su proyecto nos parece a día de hoy tan diminuto como a él pudo parecerle el intento por parte de monjes franciscanos, en el siglo XIV, de crear un catálogo de libros de Inglaterra, el Registrum Librorum Angliae, mediante el envío de una serie de cuestionarios a 186 monasterios (Svend Dahl, 2003, 73). Las posibilidades de Google de crear una biblioteca universal son tales que han sido consideradas como una amenaza por parte de las esferas políticas europeas. Así, el primero en alzar la voz fue el director de la Biblioteca Nacional de Francia, Jean-Noël Jeanneney, que, con el expresivo título "Quand Google défie l 'Europe", publicó en enero de 2005, en el diario Le Monde, un vehemente artículo 16 que reclamaba una reacción por parte de Europa en general, y de Francia en particular, para contrarrestar lo que consideraba una clara amenaza para el futuro de las diversas culturas eurocontinentales. El artículo fue la semilla que impulsó la Biblioteca Digital Europea 17, que, a su vez, ha sido el trampolín para la creación de la Biblioteca Digital Hispánica 18, iniciativa auspiciada por la Biblioteca Nacional de España. El 28 de abril de 2005, tras el envío y publicación de una carta pública 19 del presidente de la República Francesa y otros cinco jefes de gobierno de grandes naciones europeas, entre ellas España, solicitando el impulso necesario para la creación de una biblioteca digital europea, diecinueve bibliotecas europeas anunciaron poco después la firma de un acuerdo para volcar obras en la Red. Nacía así el proyecto de Biblioteca Digital Europea bajo el paraguas de la Comisión Europea. En sus inicios, la apuesta europea tuvo sus altibajos debido al fracasado proyecto de un buscador europeo, Quaero, que pretendía competir con los grandes buscadores estadounidenses de Internet, si bien posteriormente la iniciativa parece haber tomado buen rumbo, a pesar de su lentitud respecto al siempre acelerado y ágil Google. En cuanto a la Biblioteca Digital Hispánica, el anuncio realizado en enero de 2008 acerca de la intención de digitalizar más de 200.000 obras en cinco años pone en la senda digital a la institución española, que parecía rezagada en relación a otras iniciativas europeas, como por ejemplo Gallica 20, o incluso bibliotecas digitales españolas como la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes 21. La respuesta a Google no vino sólo de estamentos gubernamentales europeos. Mientras Google Booksearch ha ido extendiendo sus redes a más bibliotecas, incluyendo en 2007 a la Universidad Complutense de Madrid y a la Biblioteca de Catalunya, Microsoft creó su propio programa de digitalización de libros Live Search Books 22, si bien ha decidido recientemente abandonarlo para centrar sus esfuerzos, al menos de momento, en otros objetivos estratégicos. También Yahoo! ha lanzado su propio proyecto Open Content Alliance 23 con la colaboración tecnológica de Hewlett-Packard y Adobe Systems, anunciando los primeros acuerdos alcanzados con la Universidad de California, la Universidad de Toronto y los Archivos Nacionales del Gobierno Británico, entre otros. Como muestra de que la carrera por la digitalización no es sólo cosa de norteamericanos y europeos, por no mencionar los rápidos avances australianos, podemos mencionar que la iniciativa sin ánimo de lucro Internet Archive ha llegado a acuerdos similares con bibliotecas de China e India para digitalizar un millón de libros en dos años en el llamado Million Book Project, o que UNICEF colabora con la Sudan Open Archive 24 para ofrecer acceso abierto a textos digitalizados que tratan sobre Sudán. Este proyecto de digitalización en Sudán es una cara de la moneda; la otra consiste en la facilidad de acceso sin precedentes al conocimiento occidental que Internet ofrece a los países pobres y en vías de desarrollo. Conviene recordar que Google no fue el primer actor en lanzar un proyecto para digitalizar libros impresos, sino que la Nacional Science Foundation y la NASA, entre otras instituciones estadounidenses, ya impulsaron una primera fase 25 para la creación de bibliotecas digitales en 1994 y, posteriormente, una segunda fase 26 en 1998. La propia Unión Europea, por medio de la Comisión Europea y bajo la presidencia de turno de Suecia, estableció una serie de acciones a llevar a cabo por los países miembros para los proyectos de digitalización culturales y científicos. El documento de conclusiones (Principios de Lund, 2001) acerca de los principios adoptados en Lund (Suecia) el 4 de abril de 2001 proclamaba que "Los recursos culturales y científicos de Europa son un bien público único que representa la memoria colectiva y viviente de nuestras diferentes sociedades y que forma una base sólida para el desarrollo de las industrias de contenido digital en una sociedad de conocimiento duradero". Este documento apuntaba varios objetivos para estimular los contenidos culturales europeos en las redes mundiales: tener un patrimonio accesible y duradero, construir una colección de contenidos digitales que favoreciera la diversidad cultural, la enseñanza y las industrias de contenidos, y elaborar un conjunto de recursos digitales ricos y variados. Pero también avisaba de los riesgos, la mayoría de ellos aún latentes: evitar aproximaciones fragmentadas, prevenir la obsolescencia del software y del hardware, disponer de accesos simples y corrientes para los ciudadanos, respetar los derechos de propiedad intelectual, promocionar las sinergias entre los programas culturales y los proyectos ligados a las nuevas tecnologías, así como fomentar las inversiones y el compromiso institucional. Ya se veía pues en Europa la necesidad de avanzar en esta dirección, pero lo realmente sorprendente del anuncio de Google fue que una empresa privada se involucrara en gastos tan enormes. Esto sólo podía significar una cosa: Google veía en la cultura, y más concretamente en los libros, una extraordinaria fuente de contenidos para hacer negocio en Internet, inventando un nuevo modelo de negocio centrado en la publicidad contextual (microanuncios que aparecen cuando el usuario teclea o lee determinadas palabras clave). Las acusaciones de Jeanneney se centraban en la nacionalidad de Google y su supuesto sesgo anglosajón a la hora de seleccionar obras para digitalizar. Sin embargo, el argumento nacionalista de Jeanneney no parece tener mucho fundamento en la medida que, por lógica empresarial, los movimientos de una multinacional como Google irán encaminados a obtener beneficios allá donde éstos se generen, sean en inglés, en español, en flamenco o en mandarín. Tal vez el peligro de Google no sea tanto político-cultural o lingüístico como epistemológico, a saber, estar en posesión del poder que significa controlar y monitorizar la información mundial y parte importante de todo el conocimiento humano. Sin embargo, y admitiendo que el creciente poder de Google es como poco inquietante, tres objeciones pueden señalarse a este respecto: en primer lugar, Google provee de copias a las instituciones que deciden indexar su patrimonio; en segundo lugar, estas instituciones son libres de alcanzar acuerdos similares con otras empresas o digitalizar ellas mismas sus fondos de manera más calmada, al ritmo que permitan los presupuestos; y en tercer lugar, sería cínico quejarse del creciente poder (o monopolio) de Google o de otros buscadores (casi todos estadounidenses), mientras que va para tres lustros que algunos navegadores de Internet y otras infraestructuras del "tercer entorno" están en manos de "señores del aire" norteamericanos (Echeverría, 1999) o mientras que nadie reclama que en sectores netamente estratégicos, como la energía, sigamos con una dependencia de terceros verdaderamente preocupante. Sin embargo, a pesar de su imagen fresca e innovadora que parece dar a la marca Google el crédito de hacer todo bien, un análisis más cuidadoso de la calidad de algunas de las obras digitalizadas puede dejarnos perplejos. En efecto, Robert Townsend (2007) ofrece algunos ejemplos de las carencias de la iniciativa de Google en relación a la calidad de las digitalizaciones, algunas de ellas aún sin corregir transcurridos dos años. En concreto, Townsend se refiere a la pobre calidad de escaneo, a la errónea asignación de metadatos y al truncamiento de obras de dominio público. La mayoría de los errores denunciados por Townsend pertenecen a una obra de la Universidad de Stanford, lo cual no ayuda a conservar la buena imagen y prestigio de la citada universidad. Habrá quienes consideren, con mucha razón, inaceptable que la imagen de instituciones prestigiosas se vean manchadas por los "descuidos" en revisar la calidad de las digitalizaciones, y que es preferible ir lento pero seguro. Y habrá también quienes crean (en especial los investigadores) que es mejor eso que nada, es decir, que es pertinente porque la herramienta del buscador permite encontrar y recuperar textos que, de otro modo, habrían pasado desapercibidos para sus estudios. Para los investigadores, por ejemplo, lo más práctico consiste en recuperar los textos digitales para realizar consultas rápidas y ver si les compensa ir a consultar in situ, en la correspondiente biblioteca, los testos originales impresos. Ya habrá tiempo de revisar y mejorar la calidad de las copias tranquilamente. Pero esto sugiere una pregunta más profunda (que no tendrá respuesta aquí). Si no podemos fiarnos de la calidad del patrimonio cultural y científico que digitaliza Google (u otros), ¿podemos fiarnos de su perenne preservación? Éste es un punto que reflexiona Jeanneney, con buen criterio, en un libro (Jeanneney, 2006) con fecha posterior a la publicación de su artículo en Le Monde. En este libro, Jeanneney adopta una posición romántica respecto a la relación que habrán de mantener los libros y las bibliotecas (y la Cultura en general) con las tecnologías de la información y la comunicación, puesto que señala la reticencia de los ciudadanos europeos a que los contenidos culturales sean tratados como cualquier otra mercancía en Internet, que se haga negocio con ellos. Hélas!, las nuevas tecnologías no se compadecen de las dudas y las jeremiadas. Si algo las caracteriza es su velocidad (Virilio, 1997), su dionisíaca su maleabilidad y fulgor en la innovación. Y el propio Jeanneney (2006, 22) reconoce, como muestran estudios realizados por Gallica y Google, que las bibliotecas digitales aumentan las ventas de los textos impresos, es decir que "iluminan más que eliminan" (Grafton, 2007) lo impreso y lo manuscrito. Nadie sabe a ciencia cierta qué deparará el futuro, pero algunas neblinas pueden irse despejando. Es posible que la Red, a medio plazo, sirva más para hacer emerger obras ignotas, textos que al ser descubiertos por sus potenciales lectores vayan a ser adquiridos, que para hacer retroceder la venta de libros. Éste es el secreto del éxito de Amazon, que saca un enorme provecho económico de la venta de libros (y de discos) que, individualmente, tienen poca demanda, pero que en conjunto representan enormes nichos por explotar (Anderson, 2004). Hoy en día, los cibernautas representan una mano de obra de millones de voluntarios que están tejiendo gratuita y gradualmente una densa tela de araña a base de hipervínculos que acercan textos distantes, y de etiquetas que clasifican los contenidos. Google parece que pretende hacerlo sola y quizá demasiado rápido, y probablemente por eso se despistan en detectar las erratas. Por el contrario, el Project Gutenberg 27 apuesta por una wiki-estrategia en la que todos los lectores son ojos inquisidores con permiso para notificar e, incluso en muchos casos, corregir cualquier error de escaneo. Pero al hablar de avance veloz en la gestión del conocimiento escrito, debemos referirnos también a la ciencia. La propia Comisión Europea ha tenido que preparar dos informes independientes: uno para las digitalizaciones culturales en general, y otro específico para capturar las peculiaridades de la actividad sociológica de la ciencia. Para la digitalización de los contenidos culturales publicó el informe "i2010: Digital Libraries" 28 (con un anexo 29 ) que planteaba los objetivos, el alcance y los retos principales (financieros, organizativos, tecnológicos y legales) a los que se enfrenta la eventual digitalización de los más de 2.533.893.879 libros y revistas contabilizados en 2001 en el seno de todas las bibliotecas de UE-25. Mientras, para las publicaciones científicas publicó en 2006 un documento de recomendaciones titulado "Study on the economic and technical evolution of the scientific publication markets in Europe" 30 (que tuvo una respuesta inmediata por parte de una editorial 31 ) y generó otro en 2007 titulado "Communication on scientific information in the digital age: access, dissemination and preservation" 32. Muchos países miembros han encargado informes locales similares 33, conscientes de que el sector de las publicaciones y la comunicación científica se está viendo envuelto en una profunda transformación, probablemente una revolución de dimensiones equiparables a las que provocó el advenimiento de la imprenta. Conviene, pues, hacer un breve repaso de su historia antes de presentar los cambios que ya se están produciendo. Las revistas científicas nacieron en el siglo XVII con el propósito de comunicar las novedades de cada disciplina científica a un público culto aunque no especializado, su propósito consistía entonces en informar rápidamente a los sabios del momento, que sabían consecuentemente dónde mirar si querían estar al día de los nuevos descubrimientos. Pero también sirvieron como herramienta de apoyo para reivindicar la prioridad intelectual en relación a los nuevos descubrimientos, así como para iniciar la senda del control y la selección de los artículos de mayor calidad para su publicación. Aquellas primeras revistas como Philosophical Transactions o Journal des Sçavans nacieron en el seno de las sociedades científicas del momento, ya fueran originadas por iniciativa privada, como es el caso de la Royal Society de Londres, o gracias a una iniciativa pública, como la Académie des Sciences de París, lo que significa que estaban en manos de los propios científicos. Es decir, los científicos eran los responsables de lo que ahí se publicaba, aparte de ser al tiempo autores, lectores y revisores de sus contenidos. En las últimas décadas, como consecuencia de la toma de conciencia del enorme poder de la ciencia durante la Segunda Guerra Mundial, las editoriales han ido tomando posiciones en un mercado, el de las publicaciones científicas, que les ha respondido con una rentabilidad formidable. La ecuación maestra resultaba sencilla: por un lado, los científicos necesitan publicar para obtener reconocimiento y justificar su actividad, generalmente financiada con fondos públicos; por otro lado, dichos investigadores necesitan acceder al conocimiento publicado en las revistas para poder seguir trabajando con provecho en la frontera del conocimiento y tener la oportunidad de nuevamente en buenas revistas; y finalmente, las bibliotecas padecen la presión de los investigadores para suscribirse a las revistas pero no proveen de los fondos necesarios para la investigación, cometido generalmente reservado al Estado. Esta triangulación perfecta sólo podía conducir a una pirámide en continuo crecimiento. Se hace crecer la base de la pirámide, representada por los precios de las revistas, y se obtiene un crecimiento simultáneo en las otras tres caras de la pirámide: mayor presión hacia los bibliotecarios que se traduce en peticiones de aumento de los presupuestos públicos dirigidos a las bibliotecas; un incremento de los presupuestos que se traduce en un mayor control de la actividad de los investigadores mediante mediciones del denominado factor de impacto, un indicador de la cantidad y de la calidad de lo publicado por cada investigador en función del prestigio de las revistas en las que ha publicado; y una mayor presión de los científicos por publicar en revistas de alto impacto y estar al corriente de los últimos avances publicados. Es decir, los presupuestos de las bibliotecas (y, por extensión, de los organismos que financian las investigaciones) se convirtieron en un pozo sin fondo de rentabilidad para las publicaciones científicas en cuanto detectaron los defectos del modelo de negocio de la comunicación científica, en esencia, la necesidad bivalente del investigador de publicar (gratuitamente y, a veces, pagando) y adquirir (casi siempre pagando) conocimiento (Guédon, 2001). Se ha mencionado la presión a la que estaban sometidos los bibliotecarios, pero nada acerca de los tiempos de publicación y de sus efectos sobre el avance de los descubrimientos científicos. En algunos casos, desde el momento en que un científico enviaba (y envía) su artículo a una revista científica hasta que éste era (y es) revisado por los pares, habitualmente tres expertos en la temática del artículo, podían transcurrir (y transcurren) fácilmente doce meses, si no más. Éstos eran los tiempos de la ciencia, el ritmo de avance que algunos científicos, físicos como Paul Ginsparg o matemáticos como Rafael de la Llave, se propusieron corregir aprovechando la aparición en escena de Internet. En sus comienzos, Internet no se parecía a lo que es a día de hoy, con páginas web, enlaces hipertextuales y demás, pero aún así, grupos de científicos se organizaron, crearon repositorios digitales de archivos e idearon canales informales de telecomunicación a través de los cuales comunicarse las teorías y los resultados experimentales que iban obteniendo. Era una forma rápida y eficaz de comunicar conocimientos pero también un modo de mostrar la prioridad de una idea sin tener que esperar la aceptación y posterior publicación del paper. Internet permitía alcanzar la inmediatez. Y esto es algo por lo que Richard P. Feynman, un físico de primera y premio Nobel, habría pagado una fortuna en su época con tal de tener acceso instantáneo, desde Brasil, a los datos experimentales sobre la desintegración beta, mientras seguía divirtiéndose tocando el tambor en los carnavales de Copacabana (Feynman, 1997, 249-250). Los canales "oficiales" de comunicación científica siguen siendo las revistas, pero estos embriones de repositorios digitales de documentos se han convertido con el tiempo, y gracias al imparable perfeccionamiento de las técnicas telemáticas y a la expansión en la utilización de los ordenadores personales, en los quebraderos de cabeza de las casas editoriales y de los gestores de la ciencia que, presionados por ambos lados, no saben aún muy bien qué hacer (suponiendo, claro está, que estén al corriente de los nuevos vientos que soplan). Los bibliotecarios, obviamente, no son ajenos a esta batalla. Es más, fueron ellos los que realmente la comenzaron como respuesta (Guédon, 2001) al aumento de precios de las revistas (serials, en inglés), lo que se ha dado en llamar la "serials crisis", expresión que resulta ser una irónica coincidencia con la conocida expresión serial killer, o asesino en serie, en este caso de bibliotecas. Emergió entonces con fuerza el concepto 34 open access, el acceso libre a las publicaciones científicas, que rápidamente se convirtió en un movimiento 35 "revolucionario", con sus activistas, sus declaraciones de independencia 36 respecto a las revistas comerciales de precio exorbitado, y sus manifiestos. Este movimiento aboga porque el acceso abierto y gratuito alcance a todas las revistas, o al menos que exista la obligación de mantener en abierto aquellos artículos (o, al menos, los borradores de los artículos) cuyos resultados hayan sido financiados con fondos públicos. Las sucesivas reuniones de sus defensores derivaron en una serie de declaraciones públicas y recomendaciones (Open Society Institute -Budapest Open Access Initiative, 2002; Bethesda Statement on Open Access Publishing, 2003; Berlin Declaration on Open Access to Knowledge in the Sciences and Humanities, 2003) que han marcado la pauta de las iniciativas de acceso abierto hasta la actualidad. Así, dos caminos han sido identificados para alcanzar el sueño del pleno acceso abierto: el camino "dorado" (o "golden" road) y el camino "verde" (o "green" road). El camino "dorado" consiste en que las propias revistas, ya sean veteranas o recién creadas, digitalicen sus publicaciones pasadas y presentes, de modo que sus versiones electrónicas estén accesibles gratuitamente a todo aquel que quiera consultarlas. Estas revistas pueden ser (y de hecho generalmente son) distribuidas únicamente en formato electrónico. El camino "verde" apuesta porque los propios investigadores autoarchiven sus artículos en formato digital en repositorios digitales (institucionales o disciplinares) como paso final de su labor investigadora. Esto puede hacerse de dos modos. El primero consiste en autoarchivar la copia en el repositorio digital antes de enviarla a una revista de referencia, en cuyo caso la copia no ha pasado la revisión de los pares (opción que ha recibido el nombre de "camino verde claro"). Este tipo de documento se conoce como preprint y su distribución existía ya antes de la aparición pública de Internet, muy especialmente entre la comunidad de físicos (Till, 2001). El segundo consiste en depositar la versión revisada y aceptada por la revista (opción que se ha denominado "camino verde oscuro"). Esta versión del documento, revisada ya por los pares, se conoce como postprint. Se llama e-print al conjunto de preprints y postprints. Actualmente, cerca del 85 % de las revistas permiten algún tipo de depósito en repositorios digitales (ya sean institucionales o disciplinares), sea por el camino del verde claro o por el del verde oscuro, aunque no permitan que los investigadores depositen en los repositorios digitales las versiones finales (maquetadas y paginadas) de los artículos que han sido revisados y aceptados. Al resto de revistas se les ha asignado el color gris. Sin entrar en discusiones de quién defiende qué, es posible que, de tener que elegir, la mayoría de editores comerciales prefiera el camino dorado, pues los artículos seguirían encorsetados en el seno de las revistas. Como ha señalado Jean-Claude Guédon (2004, 315-316), las revistas seguirían siendo las unidades esenciales sobre las que se aplica el factor de impacto, y de este modo lograrían mantener el poder que actualmente poseen. Por el camino verde, los artículos pueden adquirir "vida propia" y ser susceptibles de convertirse (más que nunca) en unidades básicas en los estudios de bibliometría y cienciometría. Por otro lado, el camino verde carece de revisión por pares y, por consiguiente, crea dudas acerca de la fiabilidad, veracidad y calidad de lo archivado en los repositorios (Royal Society, 2005). Otras cuestiones, como por ejemplo el temor de los investigadores a no ser citados o a infringir algún copyright (Harnad, 2006, 79) o bien la necesidad de recurrir a la obligatoriedad (Harnad, 2006, 75; Sale, 2006, 94; también House of Commons, 2004, 93) o a incentivos (Guédon, 2006, 32-33) para conseguir que los investigadores depositen sus artículos en los repositorios institucionales, son también importantes a la hora de encarar proyectos de acceso abierto. Hemos dicho que los editores comerciales están a favor del camino dorado. Las razones económicas son obvias, pero no deben desdeñarse los motivos epistemológicos: como señala Guédon (2006, 30), en el camino dorado, el conocimiento científico sigue en poder de los editores (por lo general, las editoriales científicas comerciales) en tanto que el camino verde deja el control de la ciencia en manos de los propios científicos, por vía de los bibliotecarios. Para seguir generando ingresos en el camino dorado, las revistas comerciales han recurrido al modelo "autor-paga" (House of Commons, 2004), que consiste en que el autor que desea que su artículo sea de acceso abierto debe abonar (por lo general, su institución) una cierta cantidad a la revista, monto que, en el caso de Springer Open Choice Program 37, alcanza la cifra de US$3.000 (Bailey, 2006, 24). Por otra parte, dichos editores y la propia Royal Society de Londres 38 (2005) advierten que el camino verde claro carece de revisión por pares, santo y seña de la forma moderna de entender la ciencia. No obstante, varios prototipos de revisión por pares están a prueba desde 1996 (Harnad, 1996), y actualmente ya se proponen modelos de open peer-review o revisión por pares abierta (Swan, 2006, 6), que consiste en mostrar en-línea las objeciones de los revisores de modo que todo el mundo puede verlas y comentar o sugerir lo que considere adecuado hasta que finalmente, por ejemplo, los revisores toman una decisión en la forma tradicional. No obstante, algunos intentos en este sentido parece que no han obtenido el éxito esperado (Nature, 2006). Son muchas las ventajas del acceso abierto a las publicaciones científicas (Hajjem, Harnad y Gingras, 2005; Harnad y Brody, 2004; Kurtz y Brody, 2006, 49; Lawrence, 2001) y variados los debates que pueden plantearse, así como las reacciones a favor o en contra. Por ejemplo, las revistas independientes, es decir aquellas que no a los grandes grupos editoriales como Reed-Elsevier, Nature Publishing Group, Kluwer-Springer o Wiley-Blackwell, probablemente serán las primeras en salir perjudicadas en la batalla debido a que no tienen el suficiente músculo financiero y tecnológico para competir. Y, por desgracia, la mayoría de revistas españolas se encuentran en esta situación. Algunas de estas revistas españolas 39, con un buen factor de impacto, reclaman mayor financiación por parte de las instituciones públicas españolas, además de una normativa de discriminación positiva a favor, para competir con las grandes editoriales con el argumento de que grandes sumas de dinero de I+D español van a parar a las industrias editoriales de EEUU y Reino Unido, por vía de la adquisición de publicaciones científicas. Sin duda, el argumento estaría bien traído si no existieran ni Internet (una de las revoluciones instrumentales que menciona Freeman J. Dyson) ni el acceso abierto (concepto o paradigma de Thomas R. Kuhn). Sin embargo, dos realidades son innegables: la primera es que Internet y el acceso abierto se han dado cita para poner contra las cuerdas a las grandes editoriales científicas; y la segunda es que las revistas independientes están en medio de esta batalla, entre la espada (las iniciativas de acceso abierto) y la pared (las revistas de las grandes editoriales). Viendo el panorama, cabe la posibilidad de que cambiar las normas e inyectar grandes sumas de dinero a estas revistas, para que compitan con Nature y Science, entre otras, no sirva a estas alturas para mucho si finalmente resulta que se impone el camino "verde". Son varios los partidarios del acceso abierto que especulan con que el camino dorado y el camino verde son sólo dos etapas intermedias que nos llevarán a un mismo punto (por ejemplo, Guédon, 2004), es decir, que las revistas acabarán por convertirse en una especie de repositorios de archivos con multitud de servicios añadidos, entre otros el más importante: la revisión de los pares. En este caso, más valdría fomentar la creación y el desarrollo de repositorios digitales institucionales o disciplinares. De este modo nos saltaríamos unos cuantos pasos y quizá recuperaríamos más rápidamente el terreno perdido. De este modo, parafraseando a Juan Aréchaga 40, no estaríamos cayendo ni en el aldeanismo ni en el desdén. No significa esto que los argumentos a favor de las ayudas a las revistas españolas estén de más, sino que debemos prestar atención a los variados caminos (no sólo uno) que se abren ante nosotros para valorar las alternativas y elegir con buen criterio; porque de la crucial decisión acerca del camino por el que apostemos, dependerá la visibilidad futura de los artículos de nuestros investigadores, y, por ello, también su impacto e influencia en la escena científica internacional. Las variadas perspectivas planteadas hasta aquí no son más que los trazos gruesos del perenne borrador en que se ha convertido la Red y la biblioteca digital universal que alberga dispersa en su seno, una versión beta sin fin que no sólo permitirá añadir nuevos textos y dibujar nuevas relaciones entre éstos en el presente y en el futuro, sino que nos permitirá redescubrir muchas ideas del pasado que fueron escritas y perdidas en el inmenso océano de la escritura, nos animará a excavar hacia atrás en el tiempo para eliminar las redundancias y las vacuidades, corregir las torpezas y los enredos, temperar los excesos y los desmanes, y alertar de los plagios. Si sabemos cómo utilizar la Red, ésta pondrá al alcance de nuestro dedo índice (uno de nuestros veinte digitales), y de manera bien organizada, todo el arte, la cultura y la ciencia que se vuelque en ella. A pesar del riesgo de anacronismo, no sería aventurado señalar que Isaac Newton, alguien con una confianza absoluta en sus posibilidades cognitivas, quizá hubiera estado a favor del acceso abierto (al menos, sí a los datos experimentales de los demás); de este modo se habría ahorrado el esfuerzo de quitarle por la fuerza al pobre John Flamsteed los datos astronómicos que éste guardaba celosamente para publicar en su Historia Coelestis Britan-nica. De tener a mano el copyleft, quizá ni Flamsteed hubiera sido agraviado, ni Newton hubiera actuado como era Newton 41, ni la ciencia se hubiera visto forzada a esperar a priori a que Flamsteed publicara sus datos (muchos años más tarde) para que Newton nos iluminara con su Ley de la Gravitación Universal. (Galison, 1996, 140-141): las simulaciones computacionales con el método de Monte Carlo dirigidas por Stanislaw Ulam y John Von Neumann llevaron a un rápido desarrollo del arte de la programación informática, hasta el punto que destacados investigadores reclamaron que los códigos y algoritmos desarrollados por los programadores o "físico-matemáticos computacionales", como muchos los llamaban entonces (Galison, 1996, 139), fueran publicados en abierto y compartidos mediante el envío de cintas de grabación de datos. La iniciativa se frustró esencialmente por tres razones: la falta de un lenguaje de programación universal que pudiera ser leído por todos los computadores, las dificultades con los derechos de propiedad intelectual y la carencia de un medio de comunicación más rápido que el correo postal. Por ejemplo, el físico nuclear francés del CERN Lew Kowarski escribió en 1971 al respecto de la inmediatez en la comunicación: "Perhaps, when links as comprehensive as those used in television become available at long distance, there will be even less reason for the user to spend a lot of his time on the site where his physical events are being produced" (Kowarski, 1972, 35) Newton (que trataba sobre los telescopios reflectantes) fue la primera en ser publicada por Henry Oldenburg, secretario de la Royal Society de Londres, en la revista Philosophical Transactions (Willinsky,206,198). El propio Newton parece haber estado convencido del valor científico de publicar cartas (y posteriormente artículos) en las revistas científicas, respondiendo pacientemente a varias de las objeciones que por escrito otros investigadores habían remitido a Oldenburg (Willinsky, 2006, 198-202).
repentina con el cambio de siglo, los textos digitales empezaron a sustituir a la imprenta como el medio principal por el que los académicos acceden al conocimiento. Este artículo analiza algunas de las consecuencias de este cambio. ¿Hasta qué punto las tecnologías digitales de representación y comunicación reproducen los sistemas de conocimiento utilizados en el último medio milenio de historia de la moderna universidad? ¿O quizás la interrumpen y la transforman? Para responder a esta pregunta, este artículo explora aspectos clave de las transformaciones contemporáneas, no sólo en la forma textual de las representaciones digitales, sino también la emergencia de formas sociales que la digitalización refleja, permite y apoya. A esto llamamos la "web social", una expresión que utilizamos para describir el tipo de relaciones con el conocimiento y la cultura que está emergiendo en esta era dominada por la interconexión computacional. ¿Cuáles son entonces los impactos y el potencial de estos cambios sobre los procesos de formación de nuevo conocimiento?
El interés actual por la literatura escrita por mujeres 1 durante el pasado siglo queda patente en el más de millar de estudios aparecidos en el último sexenio. Sin embargo llama la atención el vacío en ciertos campos y figuras que en su momento tuvieron gran popularidad e incluso en las autoras consagradas por la crítica, hay aspectos que no se han tratado. El objetivo de este monográfico es ofrecer una pequeña muestra de su diversidad creativa, de su impacto en la sociedad, ver cómo reflejaron la situación de la mujer y las diferentes posiciones adoptadas ante una sociedad cambiante que, inevitablemente, marcó su literatura. Se ha seguido en la ordenación de los estudios las fechas de nacimiento de las autoras lo que permite distinguir fácilmente esa evolución no siempre positiva. Así, Emilia Pardo Bazán abre la modernidad con su posición rebelde ante lo superficial de la visión masculina acerca de la mujer en "Dulce dueño" (Charnon-Deustch). Y durante el primer tercio, queda de manifiesto el nacimiento de la "mujer nueva" en la actitud militante de mujeres como María de la O Lejárraga (Alda Blanco), o Carmen de Burgos (Concepción Núñez). Un género en apariencia tan alejado del ideario anarquista como el folletín servirá a Federica Montseny para presentar unas protagonistas combativas (Lozano de la Pola). Y sorprende, que Rosa Chacel (Ferrús), nacida en los últimos años del XIX, haya podido expresar la libertad interior de un modo similar a autoras como Laforet (Jonson) o Martín Gaite (Zecchi). La guerra civil y los años posteriores marcan un retroceso claro en los avances sociales de la mujer y las escritoras van a adoptar distintas posiciones ante la nueva situación. La llamada generación del 36 tiene en Cataluña dos personalidades de la burguesía, hoy olvidadas, que procuran mantenerse al margen de la situación política. Es el caso de Elisabeth Mulder (Mañas) o Susana March, quien al tiempo de su poemario y obras de ficción, firma con seu-dónimo novelitas rosas y colabora en la obra del esposo. Ambas participan en las tertulias literarias de sus colegas masculinos (Susana Cavallo). Y en una época de pobreza surge, como una medicina imprescindible para subsistir, una literatura considerada de segunda categoría pero que servirá de válvula de escape a miles de mujeres, la "novela rosa", tratando de ofrecer la versión hispana de los grandes éxitos de Hollywood, y una de cuyas figuras más ilustres, hoy ignoradas, fue Marisa Villardefrancos (Martínez Peñaranda), autora de máximo prestigio en colecciones famosas como "Biblioteca Chicas". Queda patente el abismo abierto en la posguerra con aquellas autoras que podríamos considerar "intelectuales" como Carmen Martín Gaite o Carmen Laforet, de quien aquí se estudia su faceta como autora de novela negra, cuyas protagonistas piensan libremente y defienden la libertad en su conducta. La censura siempre las vigiló de cerca y tuvieron que recurrir a la autocensura o a curiosas estrategias como queda patente en el estudio sobre la novelista Carmen Kurtz (Montejo). Tuvo también problemas de censura la polifacética Lola Salvador (Martínez Montalbán), por el guión de "El crimen de Cuenca", dirigido por Pilar Miró. Se dedica una parte importante de este monográfico a las mujeres de la radio por el papel que jugaron en los años de posguerra y su influencia en la población femenina. Miles de oyentes pasaban la tarde pendientes de los seriales y los espacios dedicados a ellas porque suponían una distracción gratuita, que no exigía esfuerzo, les permitía soñar después de sufrir con las desgracias ajenas con un final feliz a tanta desventura. Se hace una introducción al papel jugado en los inicios por algunas directoras de programas y guionistas y a la ardua tarea de aquellas que de manera continuada llenaron miles de horas de audiencia (Marteles). Es el caso de las guionistas de los programas femeninos y de muchos de los seriales famosos: Luisa Alberca, al tiempo funcionaria del Ministerio del Aire y trabajadora incansable (Insúa), Escoriaza, autora al tiempo de novelas (Palenque). Y es curioso que, como ha sucedido a menudo, estas mujeres activas y liberadas fueron las encargadas de transmitir los valores sociales, morales y religiosos imperantes que defendían el modelo de ángel del hogar decimonónico. En la posguerra emerge la periodista, novelista y editora Ángeles Villarta (Labrador), ganadora del Premio Fémina, creado exclusivamente para mujeres. Ya en los años 60 surge una nueva generación de escritoras que va a enfrentarse al sistema impuesto de manera abierta, y defiende una mujer libre como es el caso de Montserrat Roig (Nichols) y la recuperación de la memoria histórica inmediata como hizo Dulce Chacón, con el empleo de fuentes orales (Carmen Servén). Muchas novelistas fueron también poetas y no podía olvidarse este género que tan grandes creadoras ha tenido en el pasado siglo. Dos estudios monográficos uno sobre Luz Pozo Garza, que representa aquí a la poesía gallega de alta calidad literaria, reconocida como miembro de la Real Academia Gallega (Carmen Blanco) y Nuria Amat, culta, y curiosa de otras culturas que transmite en su creación (Regazzoni). No hemos querido olvidar a algunas autoras actuales de talento que, a pesar de su alta calidad, permanecen fuera del circuito comercial y no han sido objeto de estudios académicos. En ellas se advierte de manera palpable el cambio operado en la escritura de mujer, porque transcienden lo puramente genérico y van de lo universal al más puro individualismo. Pilar Pedraza, profesora e investigadora universitaria, se estudia como representante actual de la literatura gótica (Lola Robles). Dos trabajos de carácter general sirven de conclusión, ambos dedicados a la poesía. En el primero se estudian las diferentes antologías publicadas hasta el momento sobre poesía de mujeres (Balcells). El cuadro de María Blanchard, "Mujer con abanico", que ha servido de portada al volumen, sirve a K. Ugalde para hacer una lectura feminista de la poesía escrita por mujeres en el último tercio del siglo XX, que muestra una voz colectiva pero con particularidades Al final se aporta una bibliografía de lo publicado en los últimos años (Simón Palmer) que deja patente los intereses y las lagunas en la investigación literaria sobre la literatura de mujer. Muchas más autoras quedan por estudiar pero pensamos que esta muestra permitirá al lector apreciar claramente la evolución social de la mujer española a través de aquellas que nos dejaron, aunque fuera de manera involuntaria, testimonio escrito de su situación como tales en el tiempo que les tocó vivir. 1 Los volúmenes de ARBOR de "Escritoras españolas del siglo XX" se inscriben en un planteamiento que queremos esté presente en la nueva etapa de la revista: que la mujer tenga un papel protagonista en muchas de sus páginas, tanto en lo que se refiere a autoras y editoras como al contenido de un número importante de sus volúmenes. Surgió así el primero de los números, el 716, "Ciencia, tecnología y valores de una perspectiva de género", cuya edición corrió a cargo de Eulalia Pérez Sedeño, que ya había editado en ARBOR otro número dedicado a las científicas españolas, y le siguen ahora, coordinados por Carmen Simón Palmer, los tres volúmenes dedicados a nuestras escritoras, que han movilizado a una buena parte de nuestras hispanistas de Europa y América. La participación ha sido tan amplia que ha sido necesario incrementar los inicialmente programados dos volúmenes a tres. No obstante, y en la medida en que la revisión de nuestra nómina de escritoras no está ni mucho menos agotada, volveremos sobre el proyecto más adelante. Un próximo volumen, coordinado por María Ángeles Durán abordará, próximamente, las condiciones de trabajo de la mujer en América latina. A él habrán de seguir otros más en los que, de una forma u otra, la mujer tenga un papel protagonista. No se trata ni mucho menos de aplicar una discriminación positiva, lo que sería desde luego legítimo, sino de reconocer una realidad: que la mujer tiene ya en el mundo un papel de primera magnitud en todos los campos, aunque todavía sea preciso luchar porque dicho papel sea universalmente reconocido.
El libro moderno de papel ha sido, sin duda, uno de los instrumentos más revolucionarios en la historia europea; su aparición fue posible gracias a las nuevas tecnologías de impresión y edición en papel. El cambio que supuso el desarrollo industrial de los libros cambió totalmente la concepción de los creadores, distribuidores y lectores. Los nuevos y modernos soportes propiciaron nuevas formas para crear contenidos antes imposibles. La tecnología digital está propiciando otra gran revolución que amenaza con cambiar el mundo del libro, no sólo en cuanto al soporte físico, sino a su concepto como libro aislado, delimitado por unas tapas de cartón, con un principio y un fin concretos. El gran cambio no es el paso de letras impresas a bits, sino el paso de libros aislados a libros "conectados", a los que se puede acceder mediante infinitas fórmulas (o "conexiones") en oposición a los libros cerrados de la era Gutenberg. PALABRAS CLAVE: Internet, libro, libro digital, lectura, sistemas de información. ¿Sustituirán los libros digitales a los de papel? Esta pregunta, que lleva más de una década formulada y discutida, ha sido respondida de formas diversas. En un extremo (el ámbito tecnológico, se podría decir), Nicholas Negroponte vaticinaba ya en 1995 que la humanidad tendía irremisiblemente a la digitalización, pasando de un mundo de átomos a un mundo de bits (Negroponte, 1995). En el otro extremo se puede citar a Umberto Eco, que ha criticado con diferentes argumentos la idea de los libros digitales y ha predicho en varias ocasiones que jamás sustituirán al papel, al menos en los libros "para leer": "Hay dos clases de libros: para leer y para consultar. En los primeros, el modo normal de lectura es el que yo llamaría 'estilo novela policial'. Empezamos por la primera página, en la que el autor dice que ha ocurrido un crimen, seguimos el derrotero hasta el final y descubrimos que el culpable es el mayordomo. Fin del libro y fin de la experiencia de su lectura. Luego están los libros para consultar, como las enciclopedias y los manuales. Las enciclopedias fueron concebidas para ser consultadas, nunca para ser leídas de la primera a la última página. (...) Los hipertextos volverán obsoletos, ciertamente, las enciclopedias y los manuales. (...) Sin embargo, ¿puede un disco hipertextual o la web reemplazar a los libros que están hechos para ser leídos? Una vez más, tenemos que definir si la pregunta alude a los libros como objetos físicos o virtuales. Una vez más, déjenme considerar primero el problema físico. Buenas noticias: los libros seguirán siendo imprescindibles, no solamente para la literatura sino para cualquier circunstancia en la que se necesite leer cuidadosamente, no sólo para recibir información sino también para especular sobre ella. Leer una pantalla de computadora no es lo mismo que leer un libro. Piensen en el proceso de aprendizaje de un nuevo programa de computación. Generalmente el programa exhibe en la pantalla todas las instrucciones necesarias. Pero los usuarios, por lo general, prefieren leer las instrucciones impresas. Después de haberme pasado doce horas ante la computadora, mis ojos están como dos pelotas de tenis y siento la necesidad de sentarme en mi confortable sillón y leer un diario, o quizás un buen poema." UMBERTO ECO (2003) En este extracto de la conferencia ofrecida por Umberto Eco, con motivo de la reapertura de la Biblioteca de Alejandría, se muestran algunas de las ideas que siguen siendo compartidas por muchos profesionales del sector del libro, entre las que destacan: • Las diferencias de los libros "para leer" y "para consultar". • La comodidad de la lectura y la costumbre de la lectura en papel. Poco hay que decir respecto a la primera afirmación, ambos tipos son llamados "libros", pero es evidente que existe una diferencia sustancial entre los libros de consulta y los de lectura lineal. Los diccionarios y las enciclopedias son, con diferencia, los tipos de libros que más han evolucionado hacia las versiones digitales y, especialmente, a la red Internet, como se refleja incluso a nivel comercial, con una tendencia marcada de descenso de las ventas de sus versiones en papel, un 27,6 % en el período 2005-2006(FGEE, 2007)). El éxito de los diccionarios y enciclopedias digitales se basa en su creciente adaptación a la web, más que a la mera edición digital. Los hiperenlaces son versiones tecnológicas de herramientas intrínsecamente ligadas a este tipo de contenido, como son las referencias entre términos, anotaciones externas y demás elementos de relación. La facilidad de interconexión de diccionarios y enciclopedias los convierte en candidatos idóneos digitales. La progresiva adaptación al entorno digital está transformando la forma de los diccionarios, añadiendo multilingüismo, definiciones académicas, discusiones de uso y terminología, aportaciones de usuarios, ejemplos literarios y una miríada de utilidades de todo tipo y calidad. En el caso de las enciclopedias, las transformaciones son aún más profundas debido al auge y éxito de las llamadas enciclopedias colaborativas como la Wikipedia. La segunda objeción a los libros digitales, "la comodidad y costumbre de la lectura", ha sido cierta durante mucho tiempo y sigue siéndolo en gran medida. Los monitores de los ordenadores no son soportes cómodos para la lectura de los textos, aunque hayan mejorado sustancialmente. Una posible alternativa son los dispositivos de tinta electrónica; su tecnología es completamente diferente a la de los monitores TFT o cristal líquido, están específicamente diseñados para la lectura prolongada e imitan el efecto pa- pel, pueden ser flexibles, de bajo consumo y con alto nivel de contraste incluso con luz directa. Sus inconvenientes principales: precios elevados, pocas fuentes de distribución comercial de libros en formato digital, monitores monocromo, limitaciones de conectividad y falta de acuerdo acerca de los formatos digitales. Todos los modelos existentes de e-libros en el mercado han aparecido en los dos últimos años (iLiad, SonyReader, Readius, Kindle). El último en nacer (noviembre 2007), el Kindle de Amazon, ha sido recibido con gran expectación y no pocas críticas. Podría resultar sorprendente que Amazon haya lanzado un dispositivo con unas funciones tan limitadas de conectividad (sólo se conecta a la tienda Amazon) y lectura de formatos (sólo permite leer el formato de los libros digitales de Amazon), pero no hay que olvidar que Kindle está dirigido a la venta de los productos Amazon y su modelo de negocio poco abierto es posible gracias a la falta de reacción del resto del mundo editorial. En el otro extremo de la tecnología e-libro está iLiad, tecnología europea, no ligado a ninguna tienda de libros digitales, calidad excelente y capaz de leer múltiples formatos de diferentes fuentes; sus mayores pegas, el precio elevado y el escaso número de libros digitales que existen en el mercado europeo. Podría decirse que son las apuestas de dos modelos económicos: en un extremo, el procedente de EEUU, Kindle de Amazon, con un objetivo de venta de un amplio catálogo de libros y con funciones muy limitadas (de momento); en el otro, iLiad, el modelo europeo, abierto, versátil y en un mercado con un catálogo escaso. En un punto intermedio se encuentra SonyReader, el más antiguo de todos (septiembre 2006), un modelo que parecía no acabar de cuajar, pero que en 2008 ha comenzado a distribuirse en algunos países de Europa y lanzado versiones mejoradas. Además de estos soportes de lectura basados en tinta electrónica, hay en marcha diversas líneas de inves-tigación de mejora técnicas de papel electrónico flexible, tinta electrónica en color y conectividad a redes. Digna de destacar es la iniciativa impulsada por la organización Pixel Qi para OLPC (One Laptop per Child), con el desarrollo de una pantalla mixta, de bajo consumo, bajo coste y que será tanto un monitor de ordenador como un soporte de lectura dependiendo de las condiciones de luz. Al margen del éxito o el fracaso comercial de estos dispositivos, la aparición de varios modelos en un tiempo tan corto indica que hay una tendencia de los fabricantes a apostar por ellos. Si la objeción al uso del libro digital fuese únicamente la posibilidad de leer en un soporte que no destroce la vista, la tecnología superaría ese obstáculo en poco tiempo. La segunda objeción apuntada por Eco, mucho más discutible, reside en el hábito, en la costumbre, incluso en la concepción del libro como un objeto fetiche, que incluye la sensación del tacto o el olor unidos a la lectura. Esta justificación tiene un componente generacional evidente. El "problema" del hábito nos puede afectar a todos los que aprendimos a disfrutar de los libros antes de haber visto un ordenador ni imaginado que sería parte de nuestro mobiliario; parece absurdo, sin embargo, explicar "lo difícil que le va a resultar adaptarse a leer en un monitor" a un niño que escribe mejor sobre un teclado que sobre un papel, que no concibe un mundo sin acceso a Internet y que ha crecido con varios soportes electrónicos casi como extensiones de la piel. El escenario será también muy diferente en los países en vías de desarrollo, en los que no existe una industria editorial como la europea (Worldmapper, 2006). Al igual que ocurre con la telefonía, en la que han pasado directamente a la inalámbrica sin pasar por el cable, la digitalización se contempla como una oportunidad para facilitar el acceso de la población a la información. Es muy probable que el acceso a la lectura sea mayoritariamente por vía digital. Serán lectores digitales sin esos apegos al papel que tanto nos pesan en Europa. La pregunta no es si los libros digitales sustituirán a los de papel, sino si los libros digitales serán iguales a los de papel. En el caso de un diccionario, por ejemplo, las diferencias son evidentes, comenzando por el hecho del orden alfabético, absolutamente primordial y necesario en el papel y totalmente irrelevante en una versión digital. Sin embargo, en los libros "para leer" tendemos a pensar en libros digitales como copias exactas de una edición en papel (Kelly, 2006). Los diseños de los dispositivos de lectura se esfuerzan asimismo en imitar al papel, ignorando la tendencia de los usuarios, especialmente los más jóvenes, donde proliferan nuevas formas de lectura. La imitación tendría sentido si sólo se tratase de sustituir la lectura sobre un papel por la lectura sobre una pantalla, pero no es así. Se trata de un nuevo medio, con nuevas reglas y nuevos actores (Ratcliffe, 2008), con cambios que afectan a toda la cadena de creación, edición y distribución. El libro moderno de papel ha sido, sin duda, uno de los instrumentos más revolucionarios en la historia europea; su aparición fue posible gracias a dos elementos técnicos: el papel hecho de corteza de árbol -mucho más barato que el pergamino-y las máquinas de rodillos de las nuevas imprentas (Febvre y Martin, 1958). La nueva tecnología permitió industrializar los procesos de edición y favorecer la distribución y comercialización de los libros. No todos admitieron fácilmente los cambios. Muchos copistas del siglo XV seguían defendiendo la perdurabilidad del pergamino frente al nuevo papel, al que consideraban de menor calidad y duración. Tenían razón; cada material nuevo es, en general, menos duradero que el anterior, los pergaminos tienen una vida media mucho mayor que cualquier papel y el papel dura más que cualquier soporte digital. La mejora no estriba en la calidad del ejemplar individual, sino la facilidad para producir múltiples copias. La revolución de los libros de papel no fue únicamente el soporte papel, sino el abaratamiento de la producción, la facilidad de las copias y la posibilidad de la distribución. En definitiva, la facilidad del acceso de amplios sectores de la población a los libros. El enorme cambio que supuso el desarrollo industrial de los libros cambió totalmente la concepción de los creadores, distribuidores y lectores. Los libros no son ya sólo creaciones para residir en las grandes bibliotecas y ser leídos por eruditos, son también un canal veloz para la transmisión del conocimiento, las ideas o la propaganda; para las grandes obras y para los productos de ínfima calidad. Mapa con la distribución de libros publicados por países (número de títulos). Se crea una industria real alrededor de los libros, con la aparición de editores, libreros y una nueva definición de autor como creador individual. Lo importante, por supuesto, sigue siendo el contenido, pero los nuevos y modernos soportes propician nuevas formas para crear contenidos antes imposibles. En el inicio del siglo XXI se está produciendo otra gran revolución que amenaza con cambiar el mundo del libro, no sólo en cuanto al soporte físico, sea este soporte un papel o una pantalla electrónica, sino también a su concepto como libro aislado, delimitado por unas tapas de cartón, con un principio y un fin concretos. El gran cambio no es, pese a las grandes discusiones que suscita, si habrá pantallas que permitan una lectura cómoda o si la sensación de lectura de un libro de papel podrá ser reemplazada por un chisme electrónico. El gran cambio no es el paso de letras impresas a bits, sino el paso de libros aislados a libros "conectados", concepto similar al de "versión líquida del libro" de Kevin Kelly (2006) o al "libro abierto" que señalan J. L. González Quirós y K. Gherab (2006), aquél al que se puede llegar mediante infinitas fórmulas (o "conexiones") en oposición al libro cerrado de la era Gutenberg. El modelo mixto mencionado previamente donde los libros de consulta serán digitales y los de narrativa o ensayo (los "de leer") seguirán siendo leídos en un papel impreso sería un escenario probable si estuviésemos hablando únicamente de una edición digital como versión exacta de su hermana de papel, distribuida en un soporte físico y aislada del resto de los libros. Esta versión del libro digital tendría algunas ventajas: ocuparía menos en nuestras estanterías, podríamos llevarnos de viaje nuestra biblioteca completa, podríamos buscar una palabra o frase concreta en él, o consultar cuantos libros de un autor determinado tenemos. Se podría definir como la versión digitalizada de un libro de papel, con un formato y una tipografía fijas, una imagen fiel del papel impreso al que imita. Tal libro tendría algunas ventajas sobre su hermano de papel, pero seguiría siendo un libro "aislado" y no es ahí donde se encuentra la "gran revolución digital". Incluso sumando a la ecuación el parámetro Internet como canal de distribución global y veloz, este libro seguiría siendo una versión fiel del formato papel a la que se han añadido facilidades de distribución. Hay otra versión, la realmente diferente y valiosa: el libro interrelacionado con el resto de los libros. Y no sólo con otros libros, también con las reseñas, críticas especializadas, comentarios informales, referencias de ellos en otros textos, recomendaciones de otros lectores e incluso, con las recomendaciones salidas de un algoritmo de programación avanzada. El valor de la digitalización y la distribución de Internet está en sus enlaces, en la profundidad del contenido y en el acceso a todo tipo de fuentes de información. Las nuevas formas de creación y distribución darán como resultado nuevos tipos de contenido, nuevas formas de distribución que afectarán a la gestión de los derechos de propiedad intelectual (Lessing, 2004) y, necesariamente, nuevos modelos comerciales (Anderson, 2006). Es obvio que también se verán afectados los sistemas de valoración. Internet es un canal de información denostado por muchos debido a la poca calidad de la información que contiene; esta afirmación simplista se puede aplicar a cualquier medio, papel o digital, pero muestra uno de los cambios más drásticos y menos explorados de la digitalización de la información: el cambio en los sistemas de valoración de la "calidad" de un contenido. El prestigio de un autor o una editorial puede avalar una obra sea cual sea el medio en que se encuentre y los críticos o especialistas en determinadas materias seguirán teniendo influencia en sus respectivos ámbitos. En estos casos, Internet no hará más que facilitar el acceso a todas esas fuentes de información relacionadas. Sin embargo, otras fuentes empiezan a cobrar protagonismo en algunos sectores; fuentes variadas y aparentemente sorprendentes, nuevos actores surgidos fuera de los círculos académicos o comerciales clásicos y otro tipo de fuentes de valoración basados en patrones que establecen la relevancia un contenido en función de las consultas de los usuarios, las recomendaciones de terceros o suma de opiniones anónimas; la gran mayoría de estas técnicas no son novedades, son ampliamente utilizadas los modelos comerciales clásicos, la aportación de la tecnología es la facilidad del acceso y los algoritmos de análisis automático utilizados por la nueva generación de buscadores web y las tecnologías de la recomendación. Las bibliotecas digitales, a pesar de las discusiones que suscitan y las expectativas que generan, son aún pocas y con funcionalidades limitadas. Las iniciativas en el ámbito comercial son igualmente escasas y proceden mayoritariamente del mundo de la tecnología (Google, Amazon) más que del mundo de las editoriales o librerías. Una selección de tres casos representativos puede dar una muestra de diferentes tendencias: Questia, Amazon y "Google Book Search". • Questia, la apuesta por la especialización: La biblioteca digital Questia está especializada en libros y artículos de ámbito académico con especialización en humanidades. No ofrece libros digitales para descarga, sino acceso a consulta y lectura en línea de los fondos de su base de datos. Ofrece algunos contenidos gratuitos, pero el acceso a la mayor parte de los fondos está restringido para suscriptores en un modelo de tarifa plana mensual o anual. Proporciona herramientas muy dirigidas a la comunidad investigadora, como la generación automática de citas bibliográficas. Otro punto importante es que mantiene la estructura de páginas (y citas) de la publicación de referencia en papel. • Amazon, la librería: Amazon es la mayor librería que existe en Internet. En sus inicios vendía libros (papel) editados en EEUU y hasta hace poco vendía únicamente productos en soportes "físicos"; 2007 ha sido el año del gran salto hacia los productos digitales, con la tienda de música lanzada en septiembre y el lector para libros Kindle en noviembre. Actualmente vende libros en papel, libros digitales, audiolibros, discos (CD), música en formato digital, películas, series de televisión, etc.; es decir, ofrece un amplio catálogo de productos de cultura y ocio, editados en diferentes partes del mundo y añadiendo a su catálogo de venta directa las ofertas de terceros, como la venta de libros usados de librerías pequeñas o particulares. Toda esta maraña de productos y fuentes de información está "cocinada" con uno de los recursos técnicos más importantes que posee: sus sistemas de recomendación automática. Cuando se accede a la página de un producto de Amazon, además de la información del producto, se muestran productos que pertenecen a la misma categoría u otras obras del mismo autor. Hasta aquí, nada que no nos ofrezca una librería "clásica". Después de esto, nos muestra una lista de productos bajo los epígrafes: "quien compra este producto compra también..." o "¿qué han comprado otros clientes después de ver este producto?". Al mismo tiempo, guarda nuestro historial de búsqueda y comportamiento y, no lo dudemos, lo analiza cuidadosamente por métodos automáticos para incorporarlo a sus algoritmos de recomendación. Por último, las reseñas, críticas y valoraciones: nos ofrece las de la editorial, sin resaltarlas especialmente, y destaca, sin embargo, las de los lecto-res (opiniones que a su vez pueden ser "puntuadas" por el resto de los clientes en base a su utilidad). Tan útiles parecen ser las opiniones de los lectores que Amazon ha creado un programa llamado "Amazon Vine" en el que ha seleccionado un grupo de clientes escogidos por la relevancia de sus comentarios; a este grupo le regala copias gratuitas de nuevos productos como forma de fomentar su participación. En resumen, Amazon considera que el valor de una librería está en saber ofrecer el producto más adecuado para cada cliente, en recomendar de la forma más independiente y veraz posible unos productos u otros y, por último, en relacionar unos productos con otros intentando adaptarse a las preferencias del usuario. Y lo hace mediante el uso de las técnicas más avanzadas de lo que viene en llamarse tecnologías de la recomendación. • "Google Book Search" (GBS), el intermediario: Google tiene un único negocio, la venta de publicidad. No crea contenidos, sino que organiza los de otros; crea índices, criterios de valoración, referencias entre diferentes fuentes; su propósito, en sus propias palabras, es "organizar información procedente de todo el mundo y hacerla accesible y útil de forma universal". Parece referirse a toda la información y no sólo la digital, también la que ha estado en papel durante años; una buena muestra de ello es el programa de digitalización de libros asociado a GBS, donde no sólo digitaliza, sino que aplica técnicas de reconocimiento de caracteres a los libros digitalizados, es decir, los transcribe a textos que sus herramientas de búsqueda puedan indexar. A Google le interesa el contenido de los libros, no sólo su información de catálogo. El inicio de GBS se componía del potente buscador de Google (buscando dentro de los libros), un buen sistema de visualización y algunos enlaces a editoriales o librerías. Desde entonces, se han ido añadiendo "pequeñas" utilidades que muestran un camino nuevo para el uso de las bibliotecas digitales: ahora permite crear una biblioteca personalizada, leer reseñas de otros usuarios o de web externas, escribir una reseña propia, buscar ejemplares en bibliotecas, consultar otras ediciones, etc. Estas utilidades podrían existir sin necesidad de analizar el contenido del libro, sólo con su información de catálogo sería suficiente, pero GBS también ha añadido otras que relacionan un libro con otros libros en base a su contenido, analizado por medio de algoritmos: referencias de otros libros, doi: 1035/arbor.2009.185 n.737 referencias de ese libro en otros, pasajes populares que se repiten en otros libros, referencias en obras académicas, etcétera, y, por último, nos permite "cortar" un trozo de texto y guardarlo, comentarlo o añadirlo a una bitácora, todo ello utilizando otros productos de Google. En definitiva, Google "analizará" nuestro uso y nuestros comentarios para "aprender" de ese libro (y de sus secciones) y relacionarlo con otros contenidos (no sólo libros). Estos tres modelos son un buen ejemplo de las diferentes posibilidades de los libros digitales. La cantidad de contenido digital que existe y el ritmo de crecimiento hacen totalmente necesarios los servicios de especialización de la información, bien en base a sistemas de búsqueda complejos, tecnologías de la recomendación, algoritmos automáticos mezclados con técnicas de red social o, en un modelo aparentemente más clásico, de bibliotecas muy especializadas dirigidas por expertos en la materia. Los modelos de bibliotecas digitales del futuro no se parecerán a estos, probablemente, sino a una versión mezclada y evolucionada de ellos. Los cambios en el concepto que los lectores tienen del libro son los realmente importantes y profundos. Afectan, por supuesto, a los sistemas de organización de la información establecidos desde ámbitos bibliotecarios o académicos y, especialmente, afectan a toda la industria que existe alrededor del libro (Celaya, 2008). Vender bits y copias de bits en un mundo digital es una tarea difícil, como bien sabe por experiencia la industria de la música o audiovisual. Los modelos de negocio de la industria del libro se basan en la venta de copias de un producto del que, en teoría, no se vende el soporte físico sino el derecho de uso y disfrute del contenido intelectual. En un mundo desmaterializado, donde una copia es una versión idéntica del original y cuyo consumo no es rival del "original", este modelo no funciona. Aprendiendo de las experiencias de otros medios (música y cine) también sabemos que las tecnologías anticopia destinadas a bloquear o controlar la distribución de los contenidos tampoco funcionan durante mucho tiempo. Los modelos incipientes que parecen dar buenos resultados son aquellos que no sólo "venden" contenidos sino servicios de valor añadido asociados a ellos. Por ejemplo, para alguien que busque un libro de lectura fácil, puede ser útil un sistema que fomente y valore los libros según opiniones de los usuarios, filtrados por temática o por gustos similares; para alguien que busque un título especializado de una temática minoritaria resultará útil la valoración de especialistas en esa materia. Estos modelos son tan diferentes a los actualmente establecidos en el mundo de los libros de papel que no resulta extraña la resistencia de la industria ante un entorno tan diferente y tan difícilmente controlable. La industria editorial parece no reaccionar a estos cambios. Algunos sectores se aferran a que el modelo no cambiará sustancialmente y otros saben que los cambios drásticos se producirán, pero no han encontrado la forma de adaptar su negocio a ellos (Kachka, 2008). Esta diversidad de opinión se aprecia muy claramente en la encuesta realizada en la Feria del Libro de Fráncfort 2008(Frankfurt Book Fair, 2008), donde un 40 % piensa que el libro digital superará al tradicional en un plazo de 10 años, mientras que un 30 % piensa que eso jamás ocurrirá. La más que probable generalización de los libros digitales en un futuro no muy lejano, que ya ha comenzado, traerá grandes cambios, y el cambio de hábitos respecto a la lectura de un papel o un soporte electrónico será posiblemente el menor de ellos. Los realmente importantes serán los cambios en la forma de usar los libros, en la forma de consultar, buscar, seleccionar, consumir e, incluso, como consecuencia de todo ello, en la forma de crearlos. No es descabellado pensar que aparecerán nuevas formas de "libro" que aún no imaginamos. ¿Cuántos hubiesen tomado en serio la idea de una enciclopedia creada de anónimas contribuciones de aficionados? Esa idea aparentemente absurda ha dado como resultado la Wikipedia, la gran enciclopedia de Internet. A pesar de las críticas que aún suscita en gran parte del mundo académico, varios estudios la colocan a un nivel similar de calidad que la Enciclopedia Británica (Giles, 2005; Encyclopaedia Britannica, 2006; Nature, 2006) más accesible que existe, sólo a un "clic de distancia", a diferencia de sus hermanas mayores, mucho más "escondidas" para la mayor parte de los usuarios. Es una nueva forma de "libro", que cambia radicalmente el concepto de enciclopedia: no es el lugar de consulta único de fuente fidedigna, a modo de oráculo. El cambio se propaga al lector: estas nuevas formas de información requieren de una mayor lectura crítica y la capacidad de discernir y contrastar con otras fuentes cuando es necesario. Una nueva forma de escribir, en este ejemplo, enciclopedias, y una nueva forma de consultar. En lo que respecta a otros tipos de libros, los cambios son menos apreciables todavía y algunos "experimentos" nuevos llaman la atención por lo alejados que se encuentran de nuestro concepto de libro; por ejemplo, en Japón, las listas de grandes ventas de obras de ficción en 2007 han sido ocupadas por un nuevo tipo de novela corta escrita para ser leída en un teléfono móvil (Norrie, 2007). No es desdeñable pensar que casos similares a Europa, habida cuenta de que el dispositivo electrónico más exitoso de lectura electrónica no es actualmente ninguno de los e-libros del mercado, sino los iPhone e iPod de Apple (Greenberg & Abels, 2008). Retomando las conclusiones de Febvre y Martin, las repercusiones que tuvo la aparición del libro impreso en Europa en ámbitos culturales, sociales, políticos y económicos fueron enormes e imposibles de medir con precisión. El libro contribuyó a la creación de un mundo nuevo con una nueva mentalidad. No podemos saber cómo serán las repercusiones de la digitalización de la cultura que se empieza a generalizar actualmente. Dependerán en gran medida de las reacciones de autores, creadores, editores, distribuidores, intermediarios y, lo más importante, de los lectores.
RESUMEN: El entorno digital constituye el nuevo escenario en que se ha de desarrollar la investigación, la lectura y la escritura en el futuro. Su naturaleza, profundamente distinta de la que es propia del entorno que se creó con la imprenta, modificará con toda seguridad las formas de trabajo de los autores y estudiosos, las prácticas intelectuales y la manera en la que se argumentan las distintas exposiciones. La escritura y la lectura son actividades humanas que, debido a su ejercicio ya inmemorial, nos han hecho olvidar su condición de invento, de tecnologías, simples pero nada naturales ni espontáneas, como lo prueba el hecho del mucho tiempo que hay que dedicarles en la educación. El entorno digital nos dota, a la vez, de un nuevo escritorio y de un nuevo mercado: aunque aún es pronto para verlo, se están creando nuevas formas de autoría, de escritura y de erudición digital. PALABRAS CLAVE: Entorno digital, lectura, escritura, erudición, autoría, erudición, descriptores, Mundo III. Aunque Aristóteles creía que el afán de saber es natural en todos los hombres supo darse cuenta de que, para dedicarse a investigar, se necesitaban una serie de condiciones, tanto de tipo intelectual como de tipo material. Como ejemplo de las primeras valga el examen que, como es bien sabido, dedicó a las opiniones de quienes le precedieron, al comienzo mismo de su Metafísica. Pero las necesidades que reconocía el gran filósofo griego no se referían únicamente a disponer de un saber del pasado. Nuestro pensador era bien consciente de que gozar de unas ciertas condiciones materiales resultaba imprescindible para poder dedicarse al saber, porque, por ejemplo, para hablar del pasado tenemos que tener tiempo, libertad, un lugar de trabajo adecuado, además de libros, memorias, relatos de lo que fue, de lo que pensaban y, por supuesto, tenemos que tener también las instituciones en las que se guardan, organizan y cuidan esos libros. Aristóteles pudo ser tan riguroso interpretando las doctrinas de quienes le precedieron porque disponía ya de un mínimo de instrumentos materiales que se lo permitían. Aunque su manera de abordar esta cuestión constituía una novedad casi absoluta por su sistematismo, el hecho es que Aristóteles pudo ser original porque podía conocer bien lo que se había dicho antes que él sobre las cuestiones en que se interesaba. No hay que ser un gran historiador para caer inmediatamente en la cuenta de que las condiciones que le permitían el trabajo a Aristóteles nos las impedirían a la mayoría de nosotros y que, desde la biblioteca del monasterio medieval hasta nuestro puesto delante de un ordenador, las cosas han cambiado muy mucho. Es evidente, sin embargo, que tanto Aristóteles, como los monjes y los científicos de la época moderna han hecho algo muy similar a lo que hacemos cualquiera de nosotros cuando queremos investigar: nos retiramos del mundo común a un lugar solitario y tranquilo porque queremos aclararnos, porque tratamos de saber, de responder a una serie de preguntas que han variado mucho desde Aristóteles pero que siguen teniendo el mismo sentido. Para ello hemos trabajado en distintos campos y nos ponemos a estudiar, a repasar las notas que hemos tomado, a leer ciertos documentos, tras lo cual, y con un ritmo que no es nada fácil describir, nos ponemos a pensar y escribimos para dar a conocer nuestras invenciones y ocurrencias. Cuando miramos atrás para ver cómo se desarrollaba el oficio intelectual, las analogías son, por tanto, tan impor-tantes como las diferencias. Lo que estamos diciendo no es sino una obviedad de trazo grueso de manera que no merecería mayor comentario si no fuese porque nos sirve para plantear la cuestión siguiente: ¿Cómo va a cambiar la forma en que desarrollamos el trabajo intelectual en el entorno digital? ¿Cuáles van a ser las nuevas formas de lectura, de escritura y de erudición? Estamos, en primer lugar, ante un cambio radical del entorno en el que se realiza cualquier clase de trabajo científico, intelectual o creativo. Me limitaré a señalar lo que me parece más innegable, la revolución en las dimensiones. Citaré el dato que me parece más revelador en este contexto, aunque se refiera a una situación que ya era abrumadora antes de la era digital: hacia mediados de la segunda mitad del pasado siglo, el matemático polaco Stanislaw Ulam (Ulam, 1976) hizo una estimación acerca del número de nuevos teoremas matemáticos que se publicaban cada año: la cifra, unos 200.000, le dejó a él mismo un tanto estupefacto. Tanto en matemáticas como en cualquier otro tipo de disciplina, estamos antes uno de esos casos en que la magnitud de las cifras ha cambiado de manera rotunda el sentido del problema. Aristóteles necesitaba consultar las opiniones, a lo sumo, de unas decenas de personas, unas ideas que estaban suficientemente recogidas en un número realmente pequeño de documentos, de lo que hoy llamaríamos libros: nosotros, para poder hacer lo que Aristóteles hizo, nos enfrentamos a magnitudes inabarcables, a cientos de miles de documentos, una cifra que no cesa de crecer, por otra parte. Esto significa, entre otras cosas, que, sencillamente, no podemos hacer lo que hacía Aristóteles. Ni podemos conocer suficientemente bien el pasado que nos interesaría conocer ni podemos aprovechar toda la luz que podríamos sacar de él. Cuando examinamos con cierto detenimiento los detalles de este problema, las cifras vuelven a ser realmente de pasmo, tanto si nos referimos a los artículos de revista científica que, aparentemente al menos, nadie lee porque nadie los cita, como si nos referimos a los miles de libros que tratan un tema y que nadie, absolutamente nadie consulta. Pongamos un ejemplo para hacer más expresivo lo que esto significa. Cualquiera de nosotros que quiera hacer un viaje entre, por ejemplo, Barcelona y Berlín, dispone de miles de planos de carretera, de cientos de guías que explican los enlaces ferroviarios a los que puede recurrir y de un buen montón de compañías aéreas que le ofrecerán toda clase de combinaciones para hacer ese viaje. Pensemos ahora en un extremeño del siglo XII que por alguna extraña razón hubiese oído hablar de Berlín y tuviese el insólito propósito de dirigirse a esa población (si es que en aquella época había algo con ese nombre). Tendría que atreverse a iniciar una aventura realmente arriesgada en la que las posibilidades de fracaso y de extravío serían enormes. Pues bien, en el mundo de la ciencia y del conocimiento en general, pese a lo mucho que sabemos y a pesar de los esfuerzos de unos y de otros, no se conservan con la debida seguridad los planos que es trivial encontrar en el mundo de los viajes. No olvido que, desde luego, hay muchísimas cosas que sabemos con un nivel plenamente satisfactorio de certidumbre, pero, sin embargo, son literalmente infinitas las cuestiones que ignoramos (y, entre ellas, las que no somos conscientes de ignorar porque las encubrimos con una creencia inconsciente y equivocada), y no son menos las que están bien resueltas pero que prácticamente nadie sabe cómo se resuelven porque las soluciones están perdidas en cualquiera de esos millones de textos que han resultado involuntariamente estériles. La mayoría de la gente no es consciente de esta clase de abismos porque, muy cuerdamente, prefiere viajar por autopistas bien asfaltadas y señalizadas, pero cualquiera que se salga del camino más trillado, que investigue realmente, se enfrenta a una riesgosa aventura, puesto que es muy probable que haya planos pero es extraordinariamente fácil que no consiga encontrarlos: puede decirse que la misma abundancia nos procura un tipo peculiar de escasez. La receta tradicional para corregir esta clase de malformaciones insistía en la autocontención y en el orden. Va para cien años que Ortega y Gasset (1962,113) llamó la atención sobre esta clase de cuestiones afirmando que la obra de caridad más propia de nuestro tiempo era no publicar libros superfluos, aunque, justo es decirlo, no aclaró mucho la cuestión de cómo diferenciar los libros superfluos de los que no lo son. Desde la época en que hablaba Ortega hasta ahora la cosa se ha complicado bastante, entre otras cosas porque la rebelión de las masas no se ha quedado en lo que Ortega veía. Ahora, gracias a Internet y al desarrollo de lo que se ha llamado la Web 2.0, ha habido un crecimiento enorme del número de autores, del número de voces que dejan algún registro de su existencia y que hacen afirmaciones o negaciones sobre asuntos que la mayoría no estamos en condiciones de verificar. La atmósfera del saber se encuentra repleta de nuevas e incesantes fuentes de información que surgen por todas partes y los medios clásicos están empezando a hacerse conscientes de la clase de desplazamiento y de descentralización que todo esto está trayendo consigo. Se ha dicho que vivimos en "el culto de lo amateur" (Keen, 2007), la eclosión del universo de opiniones de millones de personas que se asoman al escenario más concurrido para coparlo, de modo que los espacios privilegiados en que se podía pontificar, con mayor o menor fundamento sobre toda clase de cosas (editoriales de los periódicos serios, crítica profesional, lugares especialmente reconocidos como autoridad) parecen estar sucumbiendo ante el empuje de los blogs y las wikis. Por decirlo de algún modo, la Wikipedia, que casi ha retirado de la circulación a la prestigiosísima Encyclopaedia Britannica, es, a muchos efectos, casi tan fiable como lo fue siempre aquella, aunque cualquiera que tratase de hacer un trabajo académicamente fiable haría bien en no dar por descontado lo que la Wikipedia dice porque, como es inevitable, abundan los errores en ella (según algunas estimaciones, contiene casi el doble de errores que la Encyclopaedia Britannica). Lo asombroso es que la proliferación de lo que podríamos llamar mensajeros originales y/o espontáneos no acabe por provocar siempre un auténtico caos (Surowiecki, 2004). Para mencionar un ejemplo obvio de caos sobrevenido por la proliferación de opiniones (aunque también por la ausencia de pruebas decisivas y por lo extremado de la variación entre las posibles hipótesis), bastará con traer a colación un suceso bien conocido, la desaparición de una niña inglesa, Madeleine McCann, en una colonia de vacaciones del sur de Portugal, un caso en el que la prensa tradicional y, sobre todo, los foros y blogs de Internet, han transformado radicalmente la naturaleza del crimen, de manera que las víctimas de principio se vieron convertidos en supuestos culpables. No es fácil armonizar ciertos fenómenos de masas anejos a la revolución democrática con el buen sentido, ni se han creado, si es que son concebibles, las instituciones que lo faciliten. Todo esto ha suscitado, naturalmente, las protestas correspondientes y los llantos oportunos, pero tal vez sea necesario verlo, en cualquier caso, como un último eslabón de la revolución democrática o, si se prefiere, de la rebelión de las masas. En todo caso, sin incurrir ni en brindis al Sol ni en jeremiadas más o menos apocalípticas, sería absurdo negarse a ver que la proliferación de toda suerte de informaciones, por mucho que sea preferible a la escasez, está dando lugar a nuevos problemas muy similares a los que, en otros órdenes, nos plantean, por ejemplo, los residuos urbanos o el gasto de energía derivado de nuestra movilidad física: problemas que son consecuencia de un determinado tipo de abundancia y de ciertos desajustes que no es sencillo corregir. Es tanto lo que se puede hacer que, pese a esa clase de problemas, seguimos dándole a la máquina de producir teoremas y, por todas partes, la ciencia y la cultura avanzan, aunque quizá no tanto como se nos dice. Pero volvamos a la cuestión que queríamos plantearnos tratando de apartarnos, aunque sea sólo un poco, de unas contradicciones no demasiado estimulantes. Si volvemos por un momento a Aristóteles, o a Newton que a estos efectos sería lo mismo, nos encontramos con que nuestra situación ante el escritorio y ante los documentos es, en relación con la suya, muchísimo más comprometida precisamente porque, a la vez, está increíblemente saturada de posibilidades tecnológicas que aún no sabemos manejar con la debida eficacia en nuestro favor. De lo que se trata es de saber qué clase de ventajas específicas para el trabajo intelectual podrían derivarse de una situación que las tiene de todo tipo, quizá especialmente en otros terrenos, pero también en éste, aunque, como ya hemos advertido, vengan acompañadas de nuevos problemas que también son homologables con los que aparecen en otros campos de la actividad humana. Dicho de otra manera, la cuestión consiste en averiguar qué cambios positivos se pueden perseguir en una situación general de cambios continuos y aparentemente inevitables. Es necesario pensar en este tipo de cosas porque, al menos hasta la fecha, las preocupaciones de corte científico, cultural e intelectual no han resultado ser las más influyentes en la dinámica de avance general desarrollada desde los comienzos de la era digital. Empecemos por lo más simple, por los cambios que están afectando a dos elementos básicos del oficio intelectual, la lectura y la escritura. La escritura y la lectura son actividades humanas que, debido a su ejercicio ya inmemorial, nos han hecho olvidar su condición de invento, de tecnologías, simples, pero nada naturales ni espontáneas, como lo prueba el hecho del mucho tiempo que hay que dedicarles en la educación. La invención y el uso de tecnologías siempre modifica de una u otra forma lo que consideramos natural, de modo que si, como es corriente reconocer, la invención de la imprenta tuvo consecuencias de todo orden, las tecnologías digitales traerán consigo una serie de cambios que ahora apenas se están empezando a perfilar. Vamos a verlo desde el lugar de trabajo del estudioso. La mesa y los medios con que se trabajaba hasta hace realmente poco han dejado paso a un puesto de trabajo típico de la era digital en el que el papel decisivo corre a cargo del ordenador y de sus periféricos. Aunque funcionalmente sirvan para cosas similares, los archivos digitales de texto se parecen poco a los cuadernos de notas en las que los creadores iban apuntando sus ideas incipientes: si hacemos una enumeración de los elementos de que se disponía antes y de los que ahora se dispone tendríamos que llenar una larga lista. Para apreciar mejor algunas diferencias esenciales hagamos una comparación entre los documentos impresos y los textos digitales que son, al tiempo, el finis operis de la escritura y también una condición necesaria para que podemos leer. Leemos documentos, artículos, libros, y escribimos también documentos, artículos y libros. Las diferencias entre los documentos impresos y sus equivalentes digitales nos van a poner sobre la pista de algo fundamental. Cuando un escritor escribe no lo hace sólo movido por su inspiración sino que tiene a la vista una finalidad muy precisa, a saber, cumplir las especificaciones del tipo de publicación que pretende hacer en cuanto a género, extensión, estilo, estructura, etc. También leemos de la misma manera, sabiendo siempre lo que estamos leyendo, el género a que pertenece, sabiendo claramente quién es el autor de lo que leemos, etc. Las diferencias esenciales entre un documento impreso y su equivalente digital son ahora unas pocas y decisivas, pero pueden llegar a ser muchas más. Un documento impreso es un texto finito que se caracteriza en el orden bibliotécnico por una serie de descriptores muy bien conocidos. En el orden lógico, el documento tiene una serie de características peculiares, lo que llamaríamos su contenido conceptual, que el lector deberá llegar a dominar si es que comprende realmente lo que el documento dice. Los documentos impresos son finitos en el sentido de que están cerrados, han de ser leídos de manera secuencial, al menos en principio, y no exhiben más que una serie de rasgos convencionales que permiten situar al texto en una determinada tradición, por ejemplo a través de las citas que aduce o a través de su estilo o de las informaciones que el autor ha proporcionado, se supone que de buena fe, en el seno mismo del texto. Con el equivalente digital de un texto cualquiera se pueden conservar todas las características de la copia impresa y, además, empiezan a aparecer una serie de características completamente nuevas que dotan al lector, y en su caso al escritor, de unas posibilidades inalcanzables para el texto impreso. Aunque la lectura del texto digital sea también ordinariamente secuencial, el hecho de que podamos buscar dentro de él de modo automático le dota de nuevas e interesante propiedades. Pondré un ejemplo simple: supongamos que se trata de analizar el uso de conceptos jurídicos en el Quijote. En un entorno predigital, este trabajo habría supuesto confeccionar unos centenares de fichas que llevarían un tiempo precioso y que podían contener con mucha facilidad errores a la vez inevitables y lamentabilísimos. Cualquiera que haya trabajado de esta manera sabe lo que es la desesperación cuando una ficha se pierde o cuando tiene un dato mal anotado que no se consigue rectificar tras diversos y deprimentes intentos. Parte, desde luego, de ese esfuerzo, podría haberse evitado para emplearlo en objetivos más ambiciosos, de disponer de un buscador de texto como los que ahora tenemos, que permiten precisar con todo rigor, por ejemplo, el número de veces que una determinada expresión aparece en el documento que queremos analizar. Los textos digitales se pueden considerar, por tanto, como abiertos, puesto que pueden ser recorridos automáticamente y, consecuentemente, indexados de una manera muchísimo más efectiva y rápida que lo que es posible en sus equivalentes impresos. Los textos ya podrían no tener títulos, puesto que ese sistema de identificación de la singularidad de un texto depende de la tecnología de la impresión, es justo aquello que se pone en la tapa del libro para indicar del modo que parezca más conveniente de qué va lo que está tapado por las hojas opacas en las que se imprime el texto. Los textos digitales están, de algún modo al descubierto, pueden ser recorridos de muchas maneras, pueden ocupar muy distintos lugares en una lectura de conjunto y ser vistos en comparaciones que antes eran muy poco corrientes cuando no directamente imposibles. Es muy fácil ver con ellos que ningún texto tiene una única lectura, ni un único tema, de modo tal que cualquier texto podría tener distintos títulos. Esta nueva clase de cualidades del texto digital nos permitirán saber qué es lo que hay en cada texto e, idealmente, que es lo que hay en todos los textos, puesto que, como se ha sugerido, entre otros por Kevin Kelly, todos los textos son ya un único texto desde el momento en que podrían ser todos abiertos de manera conjunta y recorridos por un buscador. Con sólo pensar que encontrar lo que hay en textos de uno u otro tipo es una parte realmente importante del trabajo de los investigadores se adivina que, por este flanco, nos pueden venir novedades muy sustanciosas. El acceso y la recuperación de textos digitales resultarán mucho más baratos, sencillos y eficaces que su equivalente en el entorno de las publicaciones impresas. Localizar un texto determinado en un millar de libros impresos puede requerir horas y proporcionar disgustos sin cuento. Hacer lo mismo en el equivalente digital es algo enteramente trivial. La razón de la diferencia está en que la tecnología digital nos proporciona sistemas muchísimo más eficaces de singularizar un texto que el sistema tradicional de impresión. Cualquier texto es único en tanto consiste en una determinada colección de signos con un determinado orden. Nosotros leemos el texto semánticamente, pero los sistemas de búsqueda lo tratan como una mera combinación de signos que tiene unas ciertas propiedades compositivas que la tecnología digital puede detectar con facilidad. Este tipo de propiedades se encuentran, desde luego, en cualquier clase de texto, tanto en un escrito luminoso, elegante e intelectualmente decisivo, como en una colección de letras escritas al azar al pasar un gato por encima de un teclado. Pero la tecnología digital nos permite utilizar semánticamente esas propiedades y, al hacerlo, nos proporciona un arma decisiva: podemos determinar la singularidad de cualquier texto con el grado de precisión que queramos y eso nos va a permitir formas de catalogación, localización y uso realmente impensables en el pasado. Podemos llamar descriptores de singularidad o localizadores a ese casi infinito conjunto de términos o combinaciones de términos que nos permiten localizar y acceder a un documento determinado entre otros muchos similares o, en particular, al único documento que posee esa precisa combinación de signos. Gracias a las características del texto digital podremos localizar (como ahora lo hace Google, por ejemplo) un texto específico a partir de algunas palabras o nombres que están presentes en él. En otra ocasión (González Quirós y Gherab Martín, 2006, 177) he aducido un ejemplo muy significativo: ya con muy poca memoria por su avanzada edad, el filósofo Karl R. Popper quería referirse en una conferencia a su The Open Society and Its Ennemies, pero no recordaba el título que le había puesto, aunque sí de qué trataba, de las ideas de Platón y los orígenes del pensamiento autoritario. Pues bien, con esas escasas referencias se puede recuperar hoy en la red el título del libro y buena parte de su contenido y, en un futuro no muy lejano, debería ser posible hacer algo parecido, y con resultados mucho más satisfactorios casi con cualquier documento que haya sido publicado. De cualquier modo, la singularidad más interesante de un documento es su singularidad intelectual, en el caso de que la tenga, lo que le hace ser original, único, pionero o cualesquiera otra de las propiedades que asignamos a textos valiosos tanto desde el punto de vista científico como literario. Como es lógico, esta clase de textos es mucho menos numerosa que su complementaria, aunque la originalidad sea, desde luego, un carácter, digamos, relativo. Abundan los textos que no se proponen ser originales, sencillamente porque pretenden recoger el estado de una determinada cuestión, por ejemplo, en un momento dado o porque son textos de carácter didáctico. Desde el punto de vista del avance del conocimiento lo que interesa son los textos innovadores, originales, seminales, pero es obvio que las revistas y las bibliotecas están repletas de textos perfectamente prescindibles y que no siempre coinciden con los que, de hecho, nadie utiliza. La tecnología digital nos va a facilitar también la evaluación de las propiedades conceptuales, históricas y lógicas de un texto, y lo que es más importante, de la recepción que ha tenido, mediante lo que hemos definido como "descriptores popperianos" (González Quirós y Gherab Martín, 2006, 168 y ss.). Un descriptor popperiano es un metatexto que interpreta, sitúa y califica a otro texto, de manera que muchos textos, que, además de que tengan perfecto sentido por y valor sí mismos, pueden ser empleados como metatextos descriptores de otro con el que mantengan relaciones interesantes desde el punto de vista lógico. Un documento cualquiera puede ser descrito de dos formas que son irreductiblemente distintas porque corresponden a la doble serie de caracteres que posee todo texto, sus valores semánticos y las propiedades combinatorias de sus signos, aquellas que permiten su digitalización, su manejo como un número único distinto a cualquier otro. Las primeras están siempre abiertas a discusión, y la recogida y el análisis sistemático de las opiniones que se vierten sobre un texto nos proporcionaría un instrumento de análisis poderosísimo; las segundas permiten fijar y localizar el texto de una vez y para siempre y nos facilitan una multiplicidad de accesos semánticos empleando la tecnología de los buscadores. Descriptores de singularidad o singularizadores y descriptores popperianos están llamados a ser las dos armas principales que permitan una sistematización del conjunto de textos disponible en el entorno digital. Explicaré brevemente lo que cabe esperar de ambos. Los primeros nos ayudan a localizar un texto del que conocemos alguna característica, o bien, la clase de textos que poseen precisamente esa característica: se trata, sin más, de aprovechar en un texto abierto la capacidad de búsqueda que la tecnología nos proporciona para acercarnos o encontrar lo que buscamos, de manera que operan en un nivel puramente sintáctico que no requiere otra cosa que disponer de un texto y de un buscador. Los descriptores popperianos operarán en un plano distinto, en un nivel semántico, aunque el trabajo con ellos se facilita enormemente gracias a la existencia de buscadores sintácticos. Un descriptor popperiano es, en realidad, cualquier discurso que se pueda considerar relevante sobre algo, con la ventaja de que en el entorno digital, esa clase de descriptores se pueden arracimar sin gran esfuerzo ni excesivo coste. Los descriptores popperianos nos sirven para acercarnos a lo que nos interesa de un texto cuando intentamos aprender lo que dice, a partir de qué lo dice, cómo lo argumenta, qué clase de verdad aporta y qué presunciones previas tira por tierra, esto es, aquello que lo coloca en un determinado lugar de la red objetiva de cuestiones, de teorías, de argumentos, o, por decirlo a la manera de Karl R. Popper, de conjeturas y refutaciones en que consiste propiamente la disciplina o temática de la que trata. Cualquier texto realiza y explota una determinada posibilidad teórica entre las abundantes posibilidades que existen para decir algo consistente en relación con unos supuestos determinados. No hay una manera única de fijar esa significación pero, del mismo modo que diversos satélites nos proporcionan una aproximación muy certera al lugar en el que estamos sobre la tierra utilizando la tecnología GPS, las opiniones que se pueden sostener sobre ese texto y las opiniones que ese texto sostiene sobre los temas que trata forman una trama lógica que permite, teóricamente, una caracterización casi inequívoca del mismo. Del mismo modo que la tecnología de Google escoge las páginas web que son más visitadas, la imagen de una red de opiniones nos permite situar los puntos de controversia decisivos por las convergencias entre los dictámenes de lectores, las reflexiones críticas, las citas hechas al texto, un conjunto de etiquetas que se podrán recoger digitalmente con la misma facilidad que se han recogido hasta ahora los descriptores clásicos del universo de las publicaciones impresas. Una determinada fórmula textual expresa un análisis de la realidad, una idea, y adquiere una determinada identidad por las cuestiones que plantea, la manera en que las trata y las soluciones o respuestas que sugiere, pero también por las controversias que suscita o podría suscitar cuando sea debidamente leída. Toda esa serie de comentarios relativos a un texto de interés pueden servir para etiquetar su forma digital y deberán ser aportadas por sus autores, por sus comentaristas, recensores y críticos y, en último término, por los bibliotecarios que se vayan a ocupar de recoger y analizar los rastros digitales del paso de la obra por el mundo vivo de la creación, la reflexión y la ciencia. Pues bien, eso que, en el plano de las ideas, es una intensa trama de proposiciones en liza, se puede traducir en su forma digital en una trama de textos que se remiten unos a otros, nítidamente distinguibles de cualesquiera otros textos por similares que sean y, de alguna manera, en una cifra única, distinta de cualquier otra. Y esa identidad numérica de cualquier texto permite que le puedan ser adjuntados sin confusión toda una serie de textos que a él conduzcan o que en él se han enraizado porque, una vez que un texto está perfectamente fijado, nos podemos permitir el lujo de mezclarlo o empaquetarlo con cualesquiera otros. Para llegar a ello quedan millones de horas de trabajo y de imaginación: no es un asunto de pura tecnología, puesto que en realidad, la tecnología necesaria está ya casi completamente disponible. Cuando todo esto empiece a ser una realidad de perfiles nítidos, se podrá llevar a cabo una lectura crítica y suficiente de cualquier texto de una manera más fácil y más completa, además de que, como ya sucede, el acceso a cualquier obra será más sencillo y barato. Todo serán ventajas que permitan al investigador concentrarse en lo que realmente importa, en aportar alguna novedad que sea digna de interés. Para quienes profesan una querencia melancólica ante la posible desaparición del libro tal como lo conocemos, convendrá recordar que la lectura de libros impresos seguirá siendo con toda probabilidad el sistema principal para satisfacer la lectura por placer, aunque seguramente variará la manera en que se obtengan los libros, mientras que la lectura digital será el hábito predominante, seguramente lo es ya, en el trabajo intelectual y científico, en la lectura, digamos, profesional (González Quirós, 2006). Fijémonos ahora en la escritura. El proceso de interacción entre la escritura y las diferentes formas de explotar digitalmente la lectura de un texto será lento, pero, al final el autor tratará de escribir de manera que su texto se integre de la mejor manera posible en ese nuevo universo. Esto ya sucede en el entorno impreso: un autor sabe que, por ejemplo, no debe sobrepasar una cierta cantidad de palabras para no ser ilegible, o sabe que no debe perder el tiempo hablando de cosas que sus lectores conocen perfectamente. Esta clase de reglas de escritura se perfeccionaran y se harán mucho más complejas en el entorno digital, de manera que cabe suponer que las tecnologías digitales nos van a permitir poner ciertos límites a la proliferación de textos cuando se disponga de las instituciones y las herramientas capaces de poner orden, claridad y accesibilidad en el océano de las publicaciones. El hecho de poder acceder con facilidad a cuanto se ha escrito, evitará la tendencia a la repetición, del mismo modo que hará, forzosamente, que el arte del plagio y cualquiera de sus variantes sea mucho más arriesgado y sutil. El escritor digital podrá ser más ascético por cuanto tendrá la certeza de que será enteramente inútil, además de casi imperdonable, adornarse con cosas ya bien sabidas y a las que cualquiera puede acceder. Cuando Herodoto tenía que hablarnos de los panfilios, los ligures, los sacas o los licios tenía que darnos multitud de detalles, que ahora tendemos a considerar, seguramente con razón, anormalmente inexactos y desproporcionados, algo que ahora nadie tiene que hacer, por ejemplo, si nos habla de los parisinos, salvo que el libro se dedique precisamente a eso. La ascesis necesaria para ponerse límites, para dar a la imprenta sólo lo que pueda considerarse realmente nuevo y relevante depende directamente de la posibilidad de que no tenga sentido simular un conocimiento que, o no se posee de primera mano, o está ya en posesión de cualquiera de otras muchas maneras. Es claro que, fuera de ese consenso en la autolimitación que debería estar vigente en la ciencia, quedarán quienes escriban por el puro placer de hacerlo, sin sumisión alguna a instancias objetivas ajenas al texto. Escribir, como leer, es algo que determinadas personas hacen por una de estas dos razones: o motivadas por la necesidad, o seducidas por el placer. En el caso de la escritura, aunque también cuando leemos o releemos, independientemente de la razón por la que escribamos, se supone que pretenderemos alumbrar una novedad; pero la novedad genuina no está al alcance de cualquiera, de manera que quien se pone a escribir ha de pasar por un angosto estrecho con amenazas en ambas orillas; si satisface su necesidad de escribir se arriesga a no acertar con nada realmente nuevo; si se atiene al imperativo de la novedad se arriesga a perecer frente a la hoja en blanco (ahora, frente a la pantalla), a quedar inédito o a ser muy justamente olvidado. El entorno digital proporciona también algunas salidas a este dilema del escritor, tanto para la escritura creativa como para la literatura científica, al romper el curso tradicional de las cosas en el mundo de la imprenta (escribir, editar, valorar, publicar, distribuir) lo que da lugar a formas nuevas de existencia como, por ejemplo, los blogs en el terreno literario o los archivos de e-prints y pre-prints en el campo de la investigación. En particular, este último tipo de archivos facilitan enormemente la comunicación epistolar con los pares, puesto que la dirección de e-mail del autor suele estar al pie de la mayoría de los textos digitales presentes en esa clase de espacios públicos. Es obvio que hay formas de escritura que no se pueden valorar con esquemas tan simples como los que representan la oposición entre verdadero y falso o la diferencia entre novedad y repetición. Escribir sin ninguna clase de limitaciones es una condición necesaria si se quiere promover y respetar la libertad de pensamiento. Por lo demás, la necesidad de volver una y otra vez sobre los textos esenciales no se va a agotar jamás. Siempre habrá que interpretarlos que traducirlos al nuevo lenguaje, que ponerlos al día para que no pierdan su capacidad de decirnos cosas. La idea popperiana de Mundo III es una idealización y no tiene sentido empeñarse en evitar que salga cualquiera a la palestra a decir sus verdades, pero tratar seriamente de reducir la literatura científica y ensayística redundante sería una manera de apreciar mejor el legado del pasado, en espacial esa inmensa multitud de obras huérfanas que, como decía Cortázar de ciertos parajes del estrecho de Magallanes, nadie ha visitado nunca, y reservar nuestras energías para producir o encontrar alguna brizna de auténtica novedad. La literatura de divulgación, las introducciones, los panoramas podrían reducirse a una sistemática lista de enlaces, de manera que pudiésemos reservar las energías del escritor y del lector para los argumentos y las novedades importantes cuando las haya, para guardar un sabio y nutritivo silencio en otras muchas ocasiones. Al final de su Tractatus (Wittgenstein, 1973, punto 7), el filósofo vienés hizo una recomendación muy radical: "Wovon man nicht sprechen kann, darüber muss man schweigen" 3; pues bien, esa recomendación puede encontrar un nuevo sentido en el mundo digital, no tanto porque no se "pueda" escribir, sino porque venga a resultar innecesario hacerlo cuando algo está ya suficientemente bien tratado y el entorno digital nos permite localizarlo y acceder a ello con facilidad. Una cierta forma de compensación a esta nueva "limitación", la encontraremos en las nuevas posibilidades de acceso a esas obras injustamente olvidadas, que han quedado involuntariamente estériles por la ineficiencia de los sistemas tradicionales de distribución, por limitaciones del mercado del papel y la tinta, que deberán desaparecer en el mercado digital. Escribir un texto a la manera popperiana consistirá en mostrarlo como un haz de proposiciones que se enlazan con una red de textos aún más compleja y que el autor ha leído de una manera determinada, escogiendo a su criterio la más adecuada e innovadora entre las muchas formas distintas en que puede ser comprendido un texto; el autor deberá explicar con claridad cuáles son las aportaciones esenciales de su trabajo y exponerlas con la máxima nitidez para hacer posible, en su caso, alguna forma de refutación. El escritor que actúa de este modo es perfectamente consciente de que su texto se funda en unas determinadas lecturas, aunque no únicamente, como es lógico, y que su valor depende de ellas y de las nuevas aportaciones que haga, además de que comprenderá muy fácilmente que a todos conviene una cierta brevedad. Cualquier texto con interés puede escucharse, por tanto, como una especie de polifonía y su contenido raramente podrá agotarse con una sola descripción, por más que unas le cuadren más que otras. Si el autor quiere contribuir a precisar el lugar exacto que ocupa su aportación no debería limitarse a indicar una lista de temas o a escribir un abstract más o menos sugerente, sino que habrá de procurar que su texto quede lo más claramente enmarcado en la compleja malla del saber contemporáneo, en las distintas líneas de investigación que ponen a prueba la línea de demarcación entre lo que se sabe bien y lo que está sometido a discusión. Los lectores, los colegas, los críticos, los estudiosos de todo tipo y los bibliotecarios con preparación para entender el texto podrán y deberán producir nuevas descripciones alternativas y perfeccionar los perfiles de la catalogación que consideran más adecuada. La ascesis que la tecnología digital podría facilitar para escribir de un modo más contenido no es ninguna amenaza; representa, por el contrario, una oportunidad para concentrar el esfuerzo en las cuestiones que realmente la pena. Escribir siempre será una meta que sólo puede alcanzarse con libertad, pero la buena información hará que nuestra inteligencia pueda rendir mejores frutos sin perderse innecesariamente en senderos que ya estarán perfectamente señalizados. Habrá, por otra parte, que llevar a cabo, con muchísima frecuencia, tareas de revisión de textos que se consideran suficientemente bien servidos porque el significado del pasado va cambiando a medida que el tiempo pasa, y nunca cesa de pasar. Habrá, además, una infinidad de tareas de erudición que se podrán llevar a cabo en condiciones casi enteramente ideales. No hay que temer ninguna muerte del espíritu a manos de la tecnología, ninguna dictadura del sentido, ninguna cristalización definitiva de nada. Lo único que habrá es mejoras continuas, esfuerzos acumulados, visiones de las cosas cada vez más eficaces. Aunque pensar así, pueda considerarse pecado de optimismo, no deberíamos de olvidar que, en cualquier caso, las tecnologías digitales han acudido, un tanto inesperadamente, eso sí, en nuestro auxilio, en un momento en el que la amenaza del volumen de los archivos impresos había empezado a ser realmente tremenda. La facilidad de manejo de esa clase de volúmenes que nos proporciona el nuevo entorno digital me parece enteramente fuera de discusión, aunque en esta clase de temas abunden todavía los snobs que pretenden alzarse sobre los demás aduciendo una docta ignorantia enteramente fuera de lugar. El entorno digital no nos facilita solamente un nuevo escritorio, nos va a permitir también una cierta clarificación del mercado del saber, al hacerlo más accesible, más transparente, más capilar y ambicioso, algo más democrático también. Subsistirá, naturalmente, el peer review, pero seguramente adoptará formas muy distintas a las que hoy son habituales, más ágiles, menos escolásticas y orientadas al triage, más abiertas y plurales. Está claro que aquí se van a poner en juego una serie de intereses no siempre tan legítimos como a primera vista pudieran parecer, y que, siendo cierto que hay que mantener el respeto correspondiente a los colegios invisibles, a la academia y a sus instituciones, se podrán habilitar formas que permitan la fertilización del saber que siempre requerirá la presencia de espíritus heterodoxos y burlones como el de Richard P. Feynman (1999, 149): "eso es la ciencia: el resultado del descubrimiento de que vale la pena volver a comprobar por nueva experiencia directa y no confiar necesariamente en la experiencia del pasado. Ésta es mi mejor definición". Nunca ha sido fácil ser Aristóteles y ahora es más difícil que nunca, pero deberíamos tratar de que nuestro trabajo, cada vez más difícil por lo mucho que hay que aprender para poder aportar la más mínima novedad, se beneficie de las maravillosas posibilidades de nuestro escritorio. Nuestros trabajos podrán mejorar con una nueva erudición, con la disponibilidad inmediata de fuentes perfectamente organizadas, con la posibilidad de acceder más fácilmente a mercados más amplios y eficientes, con la presencia de sistemas de evaluación más ágiles y abiertos, y esa nueva eficacia en la lectura, en la composición, en evaluación, en la distribución y en el manejo de la riqueza documental puede llegar a ser, si hacemos bien las cosas, el trampolín de formas más complejas y fiables de humanismo y de erudición. JOSÉ LUIS GONZÁLEZ QUIRÓS
Un fantasma recorre el universo de los textos 2. Un ejército de máquinas, a las que aludimos con metáforas zoológicas (arañas) o mecánicas (cosechadoras), merodean por la Red, leen nuestros textos, e incluso atisban por encima del hombro mientras escribimos. En el universo de la World Wide Web las máquinas (los ordenadores, o mejor dicho, sus programas) saltan constantemente de página en página a través de los enlaces, escudriñan su contenido y almacenan cada palabra y cada combinación. De esa forma, cuando les preguntamos: ¿dónde se habla de Hércules?, pueden contestarnos: aquí THE ERA OF READING MACHINES y allá... Pero también leen los enlaces, y así se enteran de qué creen los autores (de páginas web, de cualquier documento accesible en la Red) que tratan las páginas a donde remiten... Precisamente esa lectura de enlaces es la responsable de algunos de los hallazgos más asombros de los buscadores: encontrar lo que no está... Por ejemplo, la búsqueda de gentuza en Google lleva a esta noticia 4 (que no contiene la palabra en cuestión) 5: A esta mujer, víctima del Katrina, la han dejado sin un duro de la ayuda que recibió como afectada por el huracán. Todo fue porque le hicieron una foto en primer plano con su tarjeta en la mano. Al poco tiempo de publicarse en diversos medios digitales la instantánea de la Agencia France Press, realizaron una serie de compras en Internet con su número de Mastercard. Pero hay otras formas en las que las máquinas nos leen. Por ejemplo: cuando intermedian en los artefactos (hardware) que usamos para escribir. En ese caso están los softwares espías residentes en un ordenador (como Keystroke Spy 6 ), que supervisan todas las pulsaciones del teclado, y avisarán por e-mail cuando su usuario teclee algo de interés 7. Ocasionalmente, las máquinas también escriben (o, para no exagerar: editan, ponen en contacto textos diversos). Ocurre, por ejemplo, cuando colocan dentro de las páginas web anuncios relacionados con su tema (que es lo que hace Google Adwords 8 ). Para ello tienen que haber leído su contenido. Por ejemplo, en una página que analiza unos carteles amenazadores 9 aparecen estos anuncios 10: • El centro del accidentado. Ayuda jurídica para víctimas de accidentes. • Chistes de abogados. • Problemas con alquileres. El texto contenía términos como amenaza, insulto, violencia, transgresor o merodeador, junto a expresiones como "me cago en sus muertos". Los insondables algoritmos de Google Adwords han determinado que (entre los temas de publicidad que administran) los relacionados con accidentes, abogados y problemas eran los más pertinentes... Este tipo de comportamientos nos podría llevar a la siguiente cuestión. Sí: las máquinas leen nuestras páginas web, pero, ¿las entienden? En realidad, esto es una variante del Test de Turing (Turing, 1950). Como se recordará, en dicha prueba un humano conectado a un terminal exclusivamente textual (tipo chat) debe determinar, sólo a través del diálogo, si al otro lado hay una máquina o un ser humano. Uno dice "¡Gentuza!", y el buscador contesta: "Sí, como esos que estafaron a una víctima del Katrina...". Uno escribe "amenaza, violencia, transgresor", y los anuncios corean: "abogados, accidentes, problemas". ¿Nos están entendiendo las máquinas? Bueno: lo suficiente como para echarnos una mano. Y el éxito de los buscadores y de los programas de anuncios contextuales parecen indicar que lo logran... Hay en marcha sistemas todavía más sofisticados. Por ejemplo: un programa que analiza, en un foro sobre valores bursátiles, cuál es la opinión generalizada sobre cuáles van a subir y cuáles a bajar. Es el Community Sentiment de Yahoo 11. Un análisis de este estilo exige manejar un número considerable de variables semánticas y pragmáticas. Pero hay que tener en cuenta que las máquinas no sólo están leyendo nuestras páginas web: también leen nuestros diarios (o blogs), nuestro propio correo (en sistemas como Gmail 12 ), nuestras notas personales (Google Bloc de notas 13 ), nuestra escritura manuscrita en una agenda electrónica (a través de programas como PenReader 14 ). Si además parece que están enterándose, ¿no supone esto un problema? La verdad es que sí, pero también nuestros secretarios (o secretarias) leen nuestra correspondencia, y a ellos dictamos nuestras cartas 15. Digamos que quien confía en ayudas externas (ya sean de carne y hueso o de código) debe atenerse a las consecuencias... Y en este momento nos surge un tema de especial interés. Si las máquinas nos leen, ¿no habrá que tenerlas en cuenta cuando escribimos? La respuesta es claramente que sí: el autor o editor de cualquier material en la Web tiene que favorecer que le lean las máquinas, so pena de comprometer su propia difusión. Un ejemplo particularmente ilustrativo es el de las licencias Creative Commons. Cada una de ellas tiene tres versiones: • el resumen, legible por humanos 16. Dice cosas como: Usted es libre de: copiar, distribuir y comunicar públicamente la obra. Este caso refleja bien las complejidades de la autoría/edición en la Web. Una norma general de redacción es tener en cuenta al destinatario de un texto para ajustar su nivel, y eso justifica la diferencia entre el "código legal" y el "resumen": sus receptores son, respectivamente, el abogado y el lego en la materia. Pues bien, además de estas cuestiones (comunes con cualquier texto, esté o no en la Red), tenemos otra añadida. El código digital está destinado a ser leído por sistemas automáticos. En el caso de Creative Commons, se ha incluido para informar a los buscadores que quieran localizar contenidos con determinados tipos de licencia. Las personas no tienen por qué entenderlo, y ni siquiera leerlo: el texto no está visible en la página. Al igual que este código, en las páginas web hay muchos elementos cuyos destinatarios son las máquinas: los ficheros robots.txt 19, los metatags, y las palabras que se incluyen para forzar el spamdexing (Millán, 2000). El webmaster (de ingenio aunque tramposo) que llena de palabras prometedoras la parte inferior de su página, y las escribe en el mismo color del fondo para que no se lean en la pantalla, sabe bien que no busca lectores humanos... En el terreno de la edición científica, los metadatos son un elemento básico del texto. Y una última, pero importante consecuencia, para aquellos que escriben o editan en la Web: cada enlace es un voto a una página. Y mediante el texto específico que enlazamos estamos diciendo algo sobre la página de destino no sólo a nuestros lectores humanos, sino, sobre todo, a las máquinas. Además de las búsquedas, que antes veíamos, las máquinas también están leyéndonos para ayudarnos con distintas tareas... Los servicios de alertas, como Yahoo Alerts 20, rastrean la prensa y otras páginas web para avisarnos de cuándo aparece alguna de las palabras clave que les hemos indicado. Resulta muy útil para tener controlada a una empresa rival, conocer los movimientos de una determinada persona, o sencillamente, ver qué dicen de nosotros (ego surfing). LA ERA DE LAS MÁQUINAS LECTORAS Los lectores o agregadores de RSS (que suministran el contenido nuevo de sitios web, como Google Reader 21 ) leen los sitios que escogemos para enviarnos sus titulares junto con una porción mayor o menor de texto. Los detectores de plagios, como Damocles 22, comparan el texto que les sometamos con muchos otros dispersos por la Web, con el objeto de determinar si se han utilizado (sin citar) partes de otras obras. Los sintetizadores de voz (como SodelsCot 23 ) leen los textos que les proponemos. A veces su lectura no es muy buena, como los lectores que, ante un texto sin puntuación en la antigüedad clásica, leían "mutilando los pensamientos y pronunciando imperfectamente" (Aulo Gelio, citado en Saenger, 1997, 11), pero en ocasiones leen con mucha fidelidad. Tenemos testimonios de cómo los lectores de la antigüedad clásica servían, entre otras cosas, de ayuda a personas con problemas en la visión (Starr, 1991), y ése es uno de los usos actuales de los conversores texto-habla. Sin olvidar a los programas traductores (como SoftCatalà 24, del catalán al castellano y viceversa), que leen nuestros textos para traducirlos. Y por último, el sistema de espionaje anglosajón ECHE-LON 25 (gobernado por Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Australia, y Nueva Zelanda) o el sistema Carnivore 26 del gobierno de los Estados Unidos (FBI) escrutan las comunicaciones (correos electrónicos, por ejemplo) a la búsqueda de términos o nombres. Lo bajo de sus fines no debe hacernos olvidar la magnitud de la tarea que afrontan. Hasta aquí nos hemos movido en un dominio, el digital, que posibilita que las máquinas nos lean directamente. En la página web los humanos vemos formas, desciframos signos y por último leemos palabras. Las máquinas también las leen, pero no por el dibujo que pintan en la pantalla (el cual puede cambiar según las preferencias de nuestro navegador), sino porque acceden al código que les representa. Por ejemplo: la H tiene el código hexadecimal 48, y el fragmento de código El sintetizador de voz que lee el documento de procesador de textos y el programa espía que supervisa nuestro correo acceden también al código de las letras. En caso de contradicción entre el mensaje visual y el código los humanos seguimos, por supuesto, lo que nos dicen nuestros ojos. Por eso en los años ochenta, para burlar la censura que supervisaba las BBS (tablones de anuncios electrónicos 28 ), los usuarios escribían sustituyendo letras por otros signos con los que tenían cierto parecido (pero que no compartían su código) 29. Por ejemplo, para escribir similar se usaba la siguiente secuencia de caracteres: 51m1L4R Lamentablemente, ya hay programas que leen también estas escrituras... Pero aparte de este acceso directo al código, las máquinas están leyendo cada vez más las publicaciones impresas. La película Los tres días del cóndor de Sydney Pollack (1975) 30 se iniciaba con unas oficinas de la CIA en las que una máquina iba pasando páginas de los periódicos bajo el ojo escrutador de una cámara. Han transcurrido más de un cuarto de siglo, y los programas ya son muy buenos leyendo impresos. Pero hay dos formas en que las máquinas pueden tratar nuestros textos impresos. Una es fotografiando sencillamente el texto, es decir, describiendo píxel a píxel la traza de sus letras. La Fig. 1 muestra las tres letras iniciales de la palabra Hercules en el facsímil JPEG de la primera edición del Quijote en la Biblioteca Virtual Cervantes 31. Describir la forma de los signos alfabéticos no es un comportamiento muy sofisticado. Es lo que hacía en el siglo V a. C. un pastor iletrado con las letras griegas que constituían el nombre TESEO (QHSEUS) en la tragedia perdida de Eurípides 32: Descomposición en píxeles de un fragmento de imagen con tres letras "No soy habilidoso en las letras, pero diré sus formas y claros signos. Hay un círculo, como trazado a compás; éste tiene una clara marca en el centro. La segunda letra tiene primero dos líneas, y otra las separa en el centro. La tercera es como un rizo de cabello, mientras que la cuarta, de nuevo, tiene una línea hacia arriba y tres que se apoyan en ella. La quinta no es fácil de explicar: hay dos líneas separadas, pero se encuentran en un soporte. La última letra es como la tercera." El público ático del siglo V a. C. (ya parcialmente alfabetizado) podía reconocer las letras por las formas transmitidas. Pero el lector actual puede, más cómodamente, leer en la alineación de píxeles (Fig. 2). archivo con las palabras del Quijote de la Fig. 2 a un OCR accesible por línea 34. Nos dará este resultado: indufhia de Hercu-Como vemos, puede haber errores. En este caso, la tipografía del XVII tiene ligaduras (como la que une s y t) que el programa no reconoce: enseguida veremos cómo lidiar con ellos. Pero en casos más modernos o claros la máquina puede leer todo el texto satisfactoriamente. Al final del proceso, el OCR habrá extraído del "cuerpo" del libro (el papel y la tinta) su "alma", el conocimiento de la secuencia de caracteres que lo constituyen: la "acertada disposición del impresor y corrector" 35... El OCR hace que los impresos se fundan en el continuum digital del que ya formaban parte las páginas web y otros archivos accesibles por Internet. Y cuando preguntemos: ¿en qué obras se encuentra la palabra "Hércules"?, acudirán a respondernos no sólo las páginas web, sino también las de los libros. Al entrar en el universo de la imprenta, las máquinas pueden hacer averiguaciones suplementarias: por ejemplo, sus programas pueden rastrear qué pasajes de cada obra están citados en otros libros. Así, podemos enterarnos, por ejemplo, de que el famoso pasaje de la Exposición al Libro de Job de Fray Luis de León que reza 36: "las escrituras que por los siglos duran nunca las dicta la boca, del alma salen, adonde por muchos años las compone y examina la verdad y el cuidado." está citado en 13 obras más (de las que están en el fondo digitalizado por Google) 37. Por último, veamos cómo los humanos estamos enseñando a las máquinas a perfeccionar su lectura. Captcha 38 es el sistema mediante el que un sitio web con intervención del público se defiende de los programas que Ahora bien, ¿sabía leer el pastor de Eurípides? ¿Sabe leer el escaneador de páginas ante el que desfilaron las páginas del Quijote? Claramente, no. El portador de formas de letras no lee. Para que las máquinas lean de verdad hay que ir un paso más allá: Google Libros 33 (por poner un ejemplo bien conocido) está digitalizando libros de las bibliotecas. Pero además de fotografiar sus páginas les aplica un programa de reconocimiento óptico de caracteres (OCR). A través de ese procedimiento, la máquina reconocerá la forma que "tiene primero dos líneas, y otra las separa en el centro" como una hache mayúscula (si el texto está en alfabeto latino) o como una eta mayúscula (si está en griego). Por ejemplo, sometamos el se dedican a introducir spam, proponiendo a los usuarios que tecleen el texto de una secuencia de letras deformada o borrosa que se les ofrece (Fig. 3). Captura del captcha de un blog Pues bien: ha nacido reCaptcha 40 (Fig. 4). Su peculiaridad es que el texto que propone para interpretación proviene del escaneado de libros: son palabras que el reconocimiento óptico de caracteres no acierta a interpretar (como industria, que veíamos anteriormente). El programa de OCR detecta una palabra problemática y reCaptcha la ofrece como clave de acceso, emparejada con otra palabra cuya interpretación se conoce (y que sirve de control). Las palabras dudosas se ofrecen cierto numero de veces, hasta que la lectura se confirma. ReCaptcha está funcionando por el momento como una ayuda para las digitalizaciones del Open-Access Text Archive 41. Teniendo en cuenta que cada día se resuelven 60 millones de Captchas, que llevan de media 10 segundos, su suma daría 150.000 horas de trabajo al día, que reCaptcha pondría al servicio de la digitalización de libros. Más círculos: humanos que preguntan a la máquinas dónde están las cosas que les interesan, para luego escribir textos que leerán las máquinas para a su vez contarle a otros humanos de qué tratan. Este espacio simbiótico de personas y máquinas, este continuum digital de textos y códigos es el caldo de cultivo de la cultura actual.
DE LA CIBERCULTURA A LA CULTURA EN RED 1 Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están generando una profunda transformación, al posibilitar la emergencia de un nuevo espacio social, el mundo digital o espacio electrónico. No se trata únicamente de Internet, sino de un sistema tecnológico que incluye las redes telemáticas, la telefonía móvil, la imagen y el sonido digital (televisión, radio, fotografía, vídeos, cine digitalizado, etc.), los videojuegos, el dinero electrónico, las simulaciones informáticas, la realidad virtual, los satélites de telecomunicaciones y la memoria digital. En este artículo prestaremos atención especial a estas últimas tecnologías, relacionadas con el almacenamiento, archivo y recuperación de datos, documentos, imágenes, sonidos, etcétera. Siendo la memoria una componente fundamental de cualquier cultura, se trata de analizar el cambio radical que las TIC suscitan en "la memoria de nuestra época", por utilizar la expresión propuesta por la UNESCO en su Declaración de 2003. Suele hablarse de tecnologías de la información y la comunicación, y aquí seguiremos denominándolas así. Sin embargo, una parte relevante del sistema tecnológico TIC transforma la memoria humana, tanto individual como colectiva. En primer lugar, porque las diversas acciones que los seres humanos desarrollan en el espacio electrónico dejan rastro en los ordenadores y servidores interconectados. Numerosos flujos informacionales que no son percibidos por los seres humanos quedan registrados y almacenados en diversos aparatos TIC, generando auténticas masas de información, que sólo puede ser procesada con ayuda de los ordenadores. Surge así una nueva modalidad de memoria externa, la memoria electrónica, a cuyos contenidos sólo se puede acceder con ayuda de interfaces TIC. En segundo lugar, porque buena parte de los objetos con los que operamos en el espacio electrónico sólo existen en formato digital y han de ser conservados en dicho soporte. Para localizarlos y recuperarlos es preciso disponer de un sistema de identificación de dichos objetos digitales, los DOIs (Digital Object Identifiers) 2, aparte de diversos programas de software que permiten visualizarlos o escucharlos. El veloz ritmo de cambio tecnológico en el sector TIC da lugar a que buena parte de ese software resulte obsoleto en pocos años, y quede en desuso, lo que trae consigo dificultades de acceso a los objetos digitales. En tercer lugar, porque el espacio electrónico facilita el acceso universal a todo tipo de contenidos a través de las redes telemáticas, razón por la cual la documentación existente en otros soportes está siendo digitalizada y guardada en formato electrónico, con el fin de que se pueda acceder a dichos documentos desde cualquier lugar donde uno esté. Los datos científicos y médicos, la prensa y las imágenes de televisión, la música, las operaciones bancarias, las transacciones comerciales, las películas, los espectáculos deportivos y prácticamente cualquier actividad humana puede quedar digitalizada y grabada, generándose así una inmensa memoria digital, tanto individual como colectiva. Sin embargo, además de requerir nuevos soportes y nuevas herramientas de clasificación y recuperación, dicha memoria electrónica resulta ser relativamente efímera, a causa de los propios cambios del sistema TIC, que convierte en obsoletos muchos estándares que antes estuvieron ampliamente difundidos. Surge así un problema de difícil solución, al que denominaremos brecha mnemómica, y a cuyo análisis y consideración está dedicado este artículo. En suma, si consideramos las tecnologías de la información y la comunicación como nuevas tecnologías de la memoria, que también lo son, no resulta exagerado decir que el sistema TIC está produciendo un cambio cultural de enorme trascendencia. Seleccionar qué se debe conservar, cómo y cuándo, plantea complejos problemas a las políticas públicas de patrimonio cultural, pero también a las empresas y entidades privadas, incluidas las personas, que quieren mantener la memoria de lo que hacen y harán a principios del siglo XXI. El patrimonio cultural de los diversos países, sea artístico, musical, archivístico, bibliográfico o de otro tipo, está siendo digitalizado por doquier, y no con la idea de conservarlo de forma duradera (el tercer entorno es inestable y efímero), sino para hacerlo accesible, o si se prefiere, para incrementar su valor social. Además, las actividades humanas en el espacio electrónico generan nuevas formas culturales, planteándose el problema de la conservación de la memoria digital, lo cual requiere un gran esfuerzo en el ámbito del hipertexto, los metadatos, la compresión y la homologación de los protocolos de tratamiento de los documentos digitales. Para entender esta transformación cultural conviene profundizar en la hipótesis mencionada al principio: el sistema TIC ha generado un nuevo espacio social, al que denominaremos tercer entorno, para distinguirlo y oponerlo a los dos grandes ámbitos en donde se han desarrollado las culturas humanas: la naturaleza (primer entorno) y las ciudades (segundo entorno). doi: 1037/arbor.2009.185 n.737 de las culturas rurales, urbanas e industriales, hoy en día se está desarrollando una nueva modalidad de cultura en el tercer entorno, la cultura digital, cuyos objetos, procesos y resultados tienen la peculiaridad de existir y desarrollarse en red, a diferencia de las culturas tradicionales, que han solido estar marcadas por la impronta de la territorialidad. La Sociedad Red (Castells, 1996-8) está generando una cultura en red, y en particular una memoria en red. Acceder al tercer entorno implica situarse en un mundo con una estructura topológica y métrica muy distinta a la de los espacios sociales tradicionales, sean agrarios, urbanos o industriales 3. Los espacios culturales han solido adoptar la forma de recintos cerrados o abiertos en algunos de cuyos ámbitos se desarrollaban las diversas actividades culturales, ante la mirada o la escucha de los participantes concentrados en dichos recintos. En todo caso, tanto los objetos como las personas que intervenían en los diversos procesos culturales y sociales estaban físicamente presentes, ubicados en recintos especialmente creados para las diversas actividades culturales (teatros, museos, auditorios, bibliotecas, salas de cine, etc.). La estructura topológica del espacio electrónico, en cambio, no está basada en territorios y recintos yuxtapuestos y vecinos, con su interior, frontera y exterior, sino en la existencia de redes abiertas y diseminadas en las que se desarrollan las diversas actividades culturales. Otro tanto cabe decir de la métrica del espacio electrónico, que no es euclídea. La distancia geográfica que separa a las personas deja de tener relevancia, porque los intercambios y actividades culturales se desarrollan en un espacio en el que la presencia física y la proximidad no son necesarias. Se trata de una telecultura en red, en cuyas actividades se puede participar independientemente de la distancia geográfica a la que uno esté, siempre que se disponga de conexión con los lugares virtuales correspondientes. El acceso a la cultura deja de ser presencial y deviene telemático y virtual. Otro tanto cabe decir de los objetos culturales, que ya no tienen una presencia física en un lugar y tiempo determinado, sino que pasan a estar distribuidos en el espacio y en el tiempo, gracias a la mediación de las redes telemáticas y demás tecnologías TIC que permiten la conexión y el acceso a dichos objetos y actividades. Por otra parte, cada usuario de las tecnologías TIC puede guardarse representaciones informáticas de dichos objetos, salvo que hayan sido protegidas de copia. De esta manera, se difumina la noción de obra original, que sólo puede ser contemplada u oída en un recinto determinado. Cada obra y actividad cultural se disemina a través de las redes telemáticas, pudiendo ser vista o escuchada en directo o en diferido. La existencia distribuida de los objetos culturales digitalizados no sólo es de índole espacial, también temporal. En suma: la estructura topológica y métrica del tercer entorno genera un nuevo modo de hacer cultura, cada vez más difundido. La televisión es un buen ejemplo de este modo de ser distribuido, o también los teléfonos móviles, pero el canon del nuevo espacio social es Internet. Por esta razón se ha hablado del ciberespacio y la cibercultura, aunque dichas denominaciones no sean las más apropiadas para designar esta nueva modalidad de cultura: a distancia, en red y asincrónica. Para que funcione el espacio electrónico se requieren medios informáticos y una estructura de telecomunicaciones, pero eso no basta. Otro requisito imprescindible es la digitalización de los diversos productos culturales, con la consiguiente generación de objetos digitales culturalmente relevantes. Por las redes telemáticas no fluyen objetos materiales, sino información digitalizada. Trátese de un texto, de una imagen, de una canción, de una composición musical, de un plano arquitectónico o de una obra plástica, para poder acceder a ella es preciso, en primera instancia, que haya sido digitalizada. A partir de ello podrá ser difundida (o no) por el espacio electrónico. La digitalización y las redes telemáticas son dos requisitos necesarios para la nueva modalidad de cultura, que es tanto una cultura digital como una telecultura en red. Digitalización, telematización y reticularidad son tres de las propiedades estructurales del espacio electrónico. Aplicadas a los archivos y documentos, y en general al patrimonio cultural, nuestra época se caracteriza por la emergencia de una memoria externa, tecnológica y distribuida en red. Todo ello da lugar a la aparición de un nuevo espacio para la cultura, las redes culturales digitales, sede de las diversas formas de creatividad individual y colectiva. Frente a la cultura del primer entorno, basada ante todo en el habla y la presencia del cuerpo, o la del segundo entorno, que requiere una plasmación material de los objetos culturales (escritura, libros, pintura, Bellas Artes en general), la cultura digital está basada en representaciones tecnológicas digitalizadas a las que se puede acceder a través de redes telemáticas. Los objetos y actividades culturales de la sociedad de la información están estrictamente mediatizados por las tecnologías de la información y la comunicación, puesto que sin esa ayuda los objetos culturales desaparecen y los procesos y actividades no tienen lugar. Estamos ante una tecnocultura en red, en el sentido fuerte de la expresión, puesto que tanto las redes telemáticas como los diversos instrumentos TIC que las implementan resultan indispensables para que haya cultura en el espacio electrónico. Y no sólo para que se produzca, también para conservarla. DIGITALIZACIÓN DE LA CULTURA La digitalización permite expresar los más diversos sistemas de signos en sistema binario. Vale para los números, datos, letras, sonidos e imágenes, así como para sus diversos compuestos: tablas, diagramas, figuras, fórmulas, frases, textos, melodías, composiciones, etc. Es importante resaltar que no sólo se digitaliza lo estático, también el movimiento de las imágenes y el flujo de sonidos. La capacidad de representar tecnológicamente el movimiento de los cuerpos tiene su origen en el cine, pero ha sido desarrollada sistemáticamente por la televisión, los videojuegos, los dibujos animados y las simulaciones científicas. Ello da lugar a que artes como la danza y la música, una vez digitalizadas sus expresiones, movimientos, melodías y cantos, puedan ser conservadas en formato electrónico y copiadas fácilmente, con las dramáticas consecuencias que todo ello está teniendo para las industrias discográficas y cinematográficas, por mencionar sólo dos industrias culturales relevantes que están siendo profundamente afectadas por la revolución tecnológica generada por el sistema TIC. Asimismo hay que subrayar que los diversos sistemas alfabéticos son digitalizables, lo cual permite transliterar expresiones escritas de un sistema alfabético a otro distinto. El libro, uno de los cánones de la cultura moderna, es un buen ejemplo. Al pasar a formato electrónico, surge una nueva modalidad de biblioteca en red, como Google Books y la Biblioteca Digital Europea evidencian hoy en día. Esto implica un cambio radical en el modo de acceder y participar en la cultura literaria, al estar los libros distribuidos en red, como cualesquiera otros objetos digitales. Por otra parte, no hay que olvidar que, además de literatura, hay libros científicos, libros de contabilidad y de registros, atlas, blocs de música, pintura y arquitectura, etc. Pues bien, las técnicas digitales valen para fórmulas, estadillos, diagramas, mapas, composiciones musicales, planos e ilustraciones de todo tipo. En principio, toda la cultura libresca es expresable en soportes digitales. Ello permite la digitalización de cualquier libro, independientemente de la lengua o sistema de signos en que esté escrito, incluyendo las ilustraciones que contenga, una vez reducidas a píxeles y convertidas a formato PDF, o cualquier otro estándar al uso. Otro tanto cabe decir de las imágenes y los sonidos, y no sólo humanos, sino de todo tipo. Digitalizar el canto de un pájaro no plantea problema alguno, como tampoco digitalizar un paisaje, sea urbano o natural. Una cámara de fotos digital o una videocámara llevan a cabo esas funciones de manera inmediata, y están al alcance de cualquiera. Obviamente, otros aparatos tienen mayor capacidad de digitalización, por ejemplo una sonda espacial, un satélite de observación o los sistemas GPS y GTS, aptos para localizar objetos predeterminados en vastas extensiones territoriales. Y si nos fijamos en la cultura económica, se constata un cambio similar: casi todas las mercancías están digitalizadas hoy en día (códigos de barras), lo mismo que el dinero y las bases de datos. Las tecnologías de digitalización, las más básicas del sistema TIC, tienen la virtud de reducir a ceros y unos los más diversos objetos, incluidos los objetos culturalmente relevantes. En particular, es capaz de digitalizar nuestra voz, nuestra imagen, nuestros gestos y nuestros movimientos, lo que implica profundos cambios en la memoria e identidad humana. La amplia difusión del sistema TIC altera la cultura a diversas escalas, en lo pequeño y en lo grande, en los ámbitos públicos y en los privados. La tecnocultura digital y en red implica un cambio de gran envergadura. Para interpretar dicho cambio, resulta útil la hipótesis de los tres entornos, anteriormente mencionada. Hablando en términos generales, diremos que cuando algo es digitalizado inicia su e-migración al tercer entorno. Allí se convierte en una representación tecnológica que tiene una estructura y una forma, pudiendo ser modificada con facilidad. La digitalización genera objetos digitales, algunos JAVIER ECHEVERRÍA doi: 1037/arbor.2009.185 n.737 de los cuales representan objetos reales, otros no. Surge un mundo digital, muy proteico: de ahí la importancia de desarrollar identificadores de objetos digitales (Digital Objects Identifiers, DOIs). En resumen, la digitalización genera un nuevo tipo de objetos con los que se puede operar y producir nuevas formas. Ésta es la base de la cultura y el arte digital, que puede ser ejemplificada mediante las simulaciones en 3D, el net-art o las páginas Web. La cultura digital se desarrolla operando con dígitos por medio de diversos artefactos TIC. Sólo se accede a ella mediante artefactos tecnológicos, de manera que puede ser caracterizada como una tecnocultura. CARTA SOBRE LA PRESERVACIÓN DEL PATRIMONIO DIGITAL DE LA UNESCO Tras prolongados estudios y debates, el 15 de octubre de 2003 la UNESCO aprobó una declaración sobre la preservación del patrimonio digital, cuyos principios inspiradores han marcado las políticas públicas de numerosos países. La propia National Science Foundation norteamericana publicó el 23 de mayo de 2005 un documento que, aunque con diferencias significativas, propugaba acciones para afrontar el problema. Anteriormente, algunos países, por ejemplo Australia, ya habían desarrollado líneas de acción para resolver lo que aquí denominaremos brecha mnemónica, que conforma uno de los "temas de nuestro tiempo" en las sociedades de la información. En España, el programa "España.es" abordó la cuestión con una acción específica sobre patrimonio cultural. La Generalitat de Cataluña, mediante la agencia PADICAT (Patrimonio Digital de Cataluña), ha desarrollado un importante programa para abordar el problema específico del patrimonio "de origen digital". La UNESCO define el patrimonio digital de la siguiente manera: "El patrimonio digital consiste en recursos únicos que son fruto del saber o la expresión de los seres humanos. Comprende recursos de carácter cultural, educativo, científico o administrativo e información técnica, jurídica, médica y de otras clases, que se generan directamente en formato digital o se convierten a éste a partir de material analógico ya existente. Los productos 'de origen digital' no existen en otro formato que el electrónico. Los objetos digitales pueden ser textos, bases de datos, imágenes fijas o en movimiento, grabaciones sonoras, material gráfico, programas informáticos o páginas Web, entre otros muchos formatos posibles dentro de un vasto repertorio de diversidad creciente. A menudo son efímeros, y su conservación requiere un trabajo específico en este sentido en los procesos de producción, mantenimiento y gestión. Muchos de esos recursos revisten valor e importancia duraderos, y constituyen por ello un patrimonio digno de protección y conservación en beneficio de las generaciones actuales y futuras. Este legado en constante aumento puede existir en cualquier lengua, cualquier lugar del mundo y cualquier campo de la expresión o el saber humanos" (UNESCO, 2003, art. 1). Aparte de distinguir con claridad entre el patrimonio "de origen digital", que sólo existe en formato electrónico, y la digitalización de formas previas de patrimonio cultural, previamente existentes en otros formatos y soportes, la Carta de la UNESCO señala que se trata de un problema universal, que se plantea en cualquier país, lengua o ámbito del conocimiento y la expresión humana. Por tanto, es una cuestión constitutiva de la cultura digital, y por ende de las sociedades de la información. Puesto que ese "legado digital" aumenta constantemente, en la medida en que las sociedades de la información se desarrollan, es preciso establecer y acordar criterios generales y protocolos comunes de preservación de esta nueva modalidad de patrimonio, generado por la propia emergencia de las sociedades informacionales y, dicho en nuestros términos, del tercer entorno. En la medida en que los seres humanos cultivamos el nuevo espacio social, hacemos cosas en él y generamos nuevos objetos en las diversas lenguas, sistemas de signos y ámbitos del conocimiento, el patrimonio digital crece exponencialmente. Es indudable que ello favorece el acceso a la cultura digital, como la propia UNESCO subrayó (UNES-CO, 2003, art. 2), pero existe un problema sobrevenido: el riesgo de que dicho patrimonio, o buena parte de él, se convierta en inaccesible. La UNESCO definió este problema de la manera siguiente: "El patrimonio digital del mundo corre el peligro de perderse para la posteridad. Contribuyen a ello, entre otros factores, la rápida obsolescencia de los equipos y programas informáticos que le dan vida, las incertidumbres existentes en torno a los recursos, la responsabilidad y los métodos para Así como el patrimonio histórico, arquitectónico, pictórico o literario de un país o región están protegidos por las legislaciones correspondientes, al menos en los países desarrollados, los gobiernos apenas habían elaborado normas para la conservación del patrimonio electrónico, precisamente por la novedad que aporta la cultura digital a las sociedades contemporáneas. Estos vacíos legislativos pueden ser paliados y corregidos. Lo difícil es afrontar la causa principal de dicho pérdida potencial, a saber, la rápida obsolescencia de las herramientas TIC que, como se dice en la Carta de 2003, "dan vida" a dicho patrimonio. Todos esos objetos digitales, que son de muy diversos tipos, sólo existen en la medida en que el sistema TIC sostiene su existencia. Dicho en términos filósoficos, no son objetos físicos que perduren en base a su materialidad, aunque se vayan deteriorando, sino sustentados en el sistema TIC, que es el que los mantiene en el ámbito de la existencia social, con un estatus de inmaterialidad o intangibilidad que plantea profundos problemas ontológicos. El espacio electrónico, a su vez, sólo existe porque el sistema TIC lo genera, es una emergencia artificial, un espacio social tecnológicamente sobrevenido. Con los objetos que lo pueblan ocurre otro tanto, y no hay que olvidar que buena parte de esos objetos digitales son representaciones de la vida y acciones de los seres humanos a finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Constituirán, por tanto, la memoria de nuestra época. A título de ejemplo: ¿cómo podrá hacerse dentro de unas décadas la historia de la eciencia actual, si desaparecen sus fuentes primarias, que mayormente están en red y son "de origen digital"? Otro tanto cabe decir del net-art, de la música electrónica, de las bases de datos económicas o, simplemente, del álbum de fotos familiares y de la correspondencia personal, en la medida en que existen en formato electrónico. Sin temor a ser acusada de tecnófoba ni catastrofista, la UNESCO avisó en términos perentorios: "A menos que se haga frente a los peligros actuales, el patrimonio digital desaparecerá rápida e ineluctablemente" (UNESCO, 2003, art. 4). La Carta aprobada en octubre de 2003 pretendió alertar sobre uno de los principales problemas de la cultura digital de nuestra época. Es importante subrayar que, a diferencia del informe de la NSF, que sólo se preocupa de la conservación de algunas colecciones de datos, y en particular de los metadatos en el ámbito de los EEUU, la UNESCO formuló el problema de la preservación del patrimonio digital como una cuestión universal, o si se quiere global, que afecta todas las sociedades emergentes de la información. Al proceder así, se estaba apuntando, aun sin decirlo, a una nueva modalidad de brecha digital, que no se manifiesta ahora, pero cuya emergencia a corto o medio plazo es fácilmente predecible. Proponemos denominarla brecha de la memoria digital, o brecha mnemónica. El sentido de la Carta de la UNESCO de 2003 estribaba en hacer una llamada de atención ante otro de los problemas suscitados por el sistema TIC y la tecnocultura digital, con el fin de que los gobiernos y organizaciones diseñaran políticas y estrategias para afrontarlo. SOFTWARE LIBRE PARA PRESERVAR Y ACCEDER A LA CULTURA DIGITAL Sin embargo, ni en el documento de la UNESCO ni en el de la NSF se aborda un problema derivado, y sin embargo relevante: ¿en qué software y con qué herramientas TIC ha de preservarse el patrimonio digital? A nuestro modo de ver, debería hacerse con software libre, de modo que cualquier persona pudiera utilizar y acceder al patrimonio digital común de la humanidad, sin perjuicio de que también pudiera haber objetos digitales privados guardados en el software propietario correspondiente. Por tanto, hay que distinguir entre la memoria digital pública y la privada. Los principios, normas y regulaciones han de ser diferentes en un caso o en otro. La defensa y utilización del acceso abierto (Open Access) y del software libre o de fuentes abiertas (Free Software) ha sido habitual entre los profesionales de la biblioteconomía y la documentación. De hecho, las primeras preocupaciones en relación con el patrimonio digital, entendido como un bien común, procede de algunas de las principales bibliotecas públicas del mundo, por ejemplo la de Australia (Australian Nacional Library, 2003). Por tanto, existe una tradición previa a favor de esta opción en pro del software libre a la hora de digitalizar libros y documentos previamente existentes. Como señala Luis Ángel García Melero, "la solución de futuro contra la obsolescencia del software parece ser la progresiva utilización de programas de fuentes abiertas y la aplicación de normas internacionales que faciliten la interconexión e interoperabilidad de los sistemas informáticos" (García Melero, 2004, 11). Y a continuación añade: "Las publicaciones digitales producidas en otros entornos operativos o anteriores a la aparición del software libre, precisarán, en ciertos casos, del desarrollo de programas de emulación, es decir, que se comporten como el software original; para ello, sobre todo si ha desaparecido la entidad que lo llevó a cabo, resultarán imprescindibles los programas fuentes o la documentación técnica utilizada para su análisis, diseño y elaboración, además de los manuales de usuario" (García Melero, 2004, 12). Por tanto, hacer públicos los programas fuentes, regla básica de las comunidades de software libre, es una condición necesaria para poder afrontar la preservación del patrimonio digital. Ello implica, en último término, publicar y conservar dichos códigos fuentes. Ésta es la principal razón por la que las bibliotecas de todo el mundo acostumbran a procesar sus datos digitalizados, y en particular sus metadatos 4, en software libre y abierto. Sin embargo, el desarrollo de la sociedad de la información está determinado por la primacía del software propietario, y en particular del sistema operativo Windows, generado por la empresa Microsoft, que se niega tenazmente a revelar sus códigos fuentes, que ha protegido por medio de patentes. Teniendo en cuenta que los objetos digitales no sólo son libros, revistas o documentos imprimibles, sino una amplia variedad de entidades, como anteriormente señalamos, ocurre de hecho que la mayor parte de la memoria digital generada por el desarrollo de la sociedad de la información en todo el mundo no está generada ni mantenida por medio de software libre. Ello es particularmente grave en el caso de la e-administración, en la medida en que utiliza software propietario para hacer públicos sus documentos, convocatorias, formularios, etc. Otro tanto cabe decir de la ciencia, hoy en día e-science. Tradicionalmente, el conocimiento científico se ha publicado libremente y cualquiera ha podido acceder a él. Esta regla "comunista", como la calificó Robert K. Merton, ha sido un factor decisivo en los avances de la ciencia en la época moderna. Pues bien, en la medida en que la ciencia está evolucionando hacia la tecnociencia (Echeverría, 2003), las prácticas y los objetos científicos cada vez están más determinadas por el sistema TIC, al ser dichas herramientas una condición necesaria para representar los objetos científicos en las pantallas de los ordenadores. Llegamos con ello a una cuestión clave, porque del modo en que se afronte depende la futura memoria de nuestra época. En la medida en que un objeto digital científico o administrativo (por ejemplo una prueba judicial o policial) ha de ser accesible durante un período de tiempo prolongado, el cambio tecnológico juega en contra de la sostenibilidad de dichos objetos digitales, en la medida en que el software y las herramientas TIC de hace 15 ó 20 años se han convertido en antiguallas tecnológicas. Si, junto a los documentos, no se conservan los códigos fuentes que dan soporte a dicho documentos digitales, el riesgo de rápida desaparición del patrimonio digital anunciado por la UNESCO deviene mucho mayor, más probable. En suma, podemos concluir que una de las facetas del problema de la brecha de la memoria digital, a gran y a pequeña escala, radica en el desarrollo de una cultura digital basada en el conocimiento libre (free knowledge), al ser esta modalidad del sistema TIC la que mejor posibilita la preservación de objetos digitales de dominio público, y por ende una cultura digital basada en la noción de ciudadanía libre. La sociedad de la información puede ser abierta o cerrada. Para que evolucione en la primera dirección es preciso promover las redes telemáticas digitales que operan mediante software libre. Ello no soluciona el problema, pero al menos no cierra las vías para afrontarlo. CONCLUSIÓN: REDES CULTURALES LIBRES Manuel Castells mostró que el desarrollo de las TIC posibilita la emergencia de una nueva modalidad de sociedad, la sociedad informacional o sociedad-red, como él la llamó. Esa tesis sigue siendo válida y conviene aplicarla a la cultura, razón por la cual, más que de cultura digital, hay que hablar de una cultura-red, o de objetos y prácticas culturales en red. Obsérvese que no estamos pensando únicamente en Internet como red cultural global. También es posible generar redes culturales locales, así como redes domésticas y privadas. El tratamiento de unas y otras ha de ser muy distinto si son públicas o privadas. Pues bien, la red de redes es el ámbito público por antonomasia en el tercer entorno. La conclusión del apartado anterior tiene como consecuencia que hay que promover el software libre a la hora de seguir desarrollando Internet, en la medida en que promueva una sociedad sostenible de la Ello requiere acciones complejas y difíciles de llevar a cabo. No hay que olvidar que el espacio electrónico emerge a partir de un mundo organizado territorialmente, en el que las competencias regulativas las tienen las administraciones con jurisdicción e uno u otro territorio. Generar redes telemáticas libres exige una concertación entre múltiples agentes, algunos favorables, otros contrarios a promover los desarrollos culturales en software libre. Tal y como ocurrió con el correo electrónico y la WWW, es preciso generar protocolos hipertextuales normalizados y comunes que permitan el acceso libre a esos objetos digitales desde diferentes plataformas tecnológicas. Los metadatos, la indexación y el hipertexto son herramientas adecuadas para ello, pero siempre que estén construidos en base a programas de código abierto. A continuación, hay que conservar esos objetos digitales, o al menos las vías de acceso a ellos, por una razón muy sencilla: aunque el soporte electrónico pueda ser duradero, las tecnologías de acceso y procesamiento de los objetos digitales son altamente efímeras. Si los códigos fuentes de dicha tecnologías no son accesibles, el riesgo de desaparición de la memoria digital se incrementa considerablemente. Si el problema es grave en el caso de los usuarios individuales, deviene ingente cuando se trata de conservar la memoria colectiva y pública de la cultura digital de nuestra época. Archivar una página WEB no es lo mismo que meter un documento en una carpeta, un archivador o una estantería. Otro tanto cabe decir de las bases de datos, por mencionar otro ejemplo típico de la cultura electrónica contemporánea. La estructura topológica y métrica de los objetos digitales difiere de la de los objetos culturales tradicionales, que al fin y al cabo siempre tienen un interior, una frontera y un exterior, aunque las fronteras sean porosas o estén abiertas. Estamos ante objetos-red, algunos de los cuales no son reducibles a formatos tradicionales sin pérdida de buena parte de sus especificidades. Sólo una red cultural libre, abierta y dedicada a la preservación del patrimonio digital podría conservarlos con su estructura específica, que conforma buena parte de su singularidad en tanto objetos culturales. Los futuros archivos, museos y bibliotecas públicas serán archivos-red, museos-red y bibliotecas-red, construidas en base a software y conocimiento libre. La estructura clásica de los edificios y recintos que confinan los objetos culturales en recintos cerrados no vale para los objetos digitales. Del recinto cultural hay que pasar a la red cultural, y las organizaciones que las mantengan han de ser organizaciones en red. Sin embargo, no basta con lo anterior, siendo ya difícil de lograr. Puesto que las tecnologías TIC se renuevan a ritmo acelerado, se requiere una actualización continua de los objetos digitales, o al menos la conservación de las herramientas y códigos que permiten reconstruirlos y simularlos. Por otra parte, no se trata únicamente de conservar los objetos digitales, sino sobre todo de difundirlos y hacerlos accesibles, para lo cual las redes telemáticas ofrecen posibilidades inusitadas. Poner en valor los objetos culturales digitales, de modo que sean un bien público y de libre acceso, conlleva problemas de gran envergadura, por ejemplo tecnológicos, pero también jurídicos y organizativos. Además de "liberar" las tecnologías de preservación y documentación, es preciso hacer otro tanto con las tecnologías de acceso y difusión de la cultura digital. Última consideración: estas redes culturales, además de ser locales, pueden ser globales, y por ende transnacio-nales y multilingües. A diferencia de la época moderna, en la que cada ciudad o país se encargaba de conservar su propio patrimonio cultural, el tercer entorno está dominado por agencias multinacionales cuyo ámbito de actuación desborda las fronteras de los Estados y los países. Una estrategia de conservación, actualización y difusión del patrimonio digital contemporáneo ha de ser coordinada transnacionalmente, prestando atención a la diversidad cultural y lingüística que ofrece el tercer entorno y garantizando el libre acceso a las infraestructuras telemáticas, por ejemplo al software y a los códigos fuentes, no sólo a los contenidos que se presentan en las pantallas. Podrían señalarse otras muchas facetas del problema, pero el objetivo de esta contribución era únicamente apuntarlo y mostrar su complejidad y envergadura. No hay que olvidar que, además de la memoria pública, también está en juego la memoria privada. Por decirlo en una palabra: aparte de la brecha digital, que ya se manifiesta en el Tercer Mundo, y en muchos ámbitos del Primero, es preciso afrontar el problema de la brecha de la memoria, que puede llevar a las tinieblas buena parte de la producción de conocimiento y cultura de nuestra época. Las redes culturales digitales y libres son la forma adecuada de afrontar el desafío planteado por estos problemas estructurales de la sociedad de la información.
En los procesos de organización social resulta particularmente significativo determinar qué servicios y bienes producidos por la conjunción colectiva de las acciones individuales comparten el rasgo de que una vez generados o presentes nadie puede ser privado de su consumo. Se trata de unos bienes a los que habitualmente se denomina bienes comunes o públicos. La manera de obtenerlos puede ser muy diversa, pero las capacidades para su consumo se suponen universales y, en principio, salvo establecimiento específico de normas sociales "legítimas", no se admite ninguna barrera que impida su consumo. Entre estos bienes estarían, por ejemplo, la calidad del aire que respiramos y casi todo lo que hoy caracterizamos como disfrute del medioambiente. De inmediato vemos que hay aparejados claramente males públicos bien notorios. Es más, como se recuerda en Echeverría (2007), no parece razonable hablar de bienes sin sus correspondientes males. Buena parte de lo que consideramos cultura y bienes culturales aparecen (deberían aparecer) como un subconjunto de los bienes públicos. Normalmente los bienes públicos se generan como resultado de conductas con frecuencia no intencionales, pero que se producen en el seno de un marco social en el que se supone la existencia de cierto tipo de pacto no explícito de convivencia y formas de sociabilidad. La adopción intencional o no de ese tipo de pactos, su simple papel como recurso explicativo para comprender la acción, tiene gran importancia para el diseño institucional y, siendo un problema central en la teoría política, lo vemos reproducirse en el ámbito del espacio electrónico, en la llamada sociedad red o sociedad de la información y de manera especial en los ámbitos de la cibercultura. Estamos asistiendo a un cambio que, a pesar de lo manido, podemos calificar de cambio de época. Es de tal magnitud la transformación social producida por las tecnologías de la información y la comunicación que resulta indispensable adquirir nuevos hábitos para esa nueva era. En los diversos procesos de socialización aprendemos y adquirimos hábitos de consumo, así en este nuevo tipo de sociedad de la información se conforman algunos hábitos como resultado del aprendizaje del consumo a la vez que se generan nuevos servicios y bienes públicos en ese nuevo espacio sociotécnico (tercer entorno o ciberespacio). Aunque las nuevas generaciones proceden a un aprendizaje "semiautomático", fruto de la socialización o inmersión en un nuevo marco sociotécnico en el que cabe ya hablar de cibercultura, es importante reflexionar sobre las formas que pueda adoptar cierta ingeniería social en la gestión de los procesos que se generan en el espacio electrónico. La cibercultura, sin necesidad de precisar mucho, es una de las expresiones más elaboradas del tercer entorno, en ella hay cibermúsica, ciberarquitectura, ciberpintura, sin duda ciberescultura; todas las artes tradicionales van encontrado su acomodo en el espacio electrónico, aunque sin duda el ciberarte (un nuevo tipo de producto que puede tener también componentes de bien público) merece un lugar privilegiado en el tercer entorno, en la red de relaciones y productos sociales que se generan en el espacio electrónico. A pesar de cierta aparente ingenuidad tecnológica que exhiben sus cultivadores, esas producciones no se dan aisladamente sino que se generan como estructuras articuladas a otros entornos (físico-natural, político-social) a los que estamos acostumbrados a asignar mayor carta de naturaleza "real", simplemente porque llevamos más tiempo con ellos en el seno de nuestra cultura. Mediante ciber(x) con la x tomando sus valores en el espacio de las artes y de las prácticas podríamos representar una importante parcela de la cibercultura, pero si al espacio de recorrido de la x le hacemos discurrir por toda una serie de hábitos sociales que conforman nuestras normas, costumbres, tradiciones, y otros términos asociados con la idea de cultura, aparecerán algunos rasgos incluso más novedosos de la cibercultura. Por lo tanto explorar esos nuevos hábitos resulta fundamental a la hora de detectar los rasgos diferenciales de la cibercultura. Un caso importante que merece la pena aislar y sobre el que resulta interesante reflexionar es el de los bienes públicos, para detectar si estos se producen y amplían en el tercer entorno, en el espacio y las relaciones electrónicas. ¿Podemos conocer algunos ciberbienes y de entre ellos el subconjunto de ciberbienes públicos? Desde mi punto de vista la respuesta resulta plenamente afirmativa y solamente estamos en el comienzo de una exploración o investigación que merecería continuarse. Un primer caso notorio, que ha conducido ya a amplios comentarios, como todos los conectados a la "brecha digital" y a la alfabetización digital, tiene que ver con el acceso universal a la educación y a la extensión de la educación. El tema polémico es que, por ejemplo, Internet tiene una potencialidad extrema de producción de bienes públicos (podría decirse "todo lo que está en la red podría estar para todos los que puedan acceder a ella") pero se da también una posibilidad enorme de restricción del acceso a esos bienes por la necesaria base de capacidades y "prótesis" imprescindibles para el acceso a ese tipo de bienes. La brecha digital individual, además de la colectiva, es una de las amenazas para el acceso a este nuevo tipo de bienes públicos, de ahí la enorme importancia de reivindicar una alfabetización digital universal y el derecho universal de acceso a la red y a todos sus espacios o al menos a un amplio espacio de ellos. Por ejemplo, el concepto mismo que está detrás de actividades como la Wikipedia es el de la producción consciente por parte de un grupo social extenso y sin límites predefinidos, de un bien que se pretende público y del acceso universal sin barreras como condición misma para la producción intencional de ese bien público. Comparte este caso algo parecido a la donación sanguínea realizada de manera universal para cualquier receptor no definido. No es como la transfusión de sangre intencional para atender a un familiar, amigo o conocido, sino que se parece más a la práctica de un donante de sangre cuya acción como donante perdería sentido (rechazaría él mismo la donación) si se estableciesen reglas excesivamente estrictas de quienes pudieran ser beneficiarios de la transfusión sanguínea. Posiblemente cualquier restricción al tipo de usuario que podría acceder a los textos de la Wikipedia supondría la desaparición del mismo modelo de trabajo colaborativo. Su carácter de bien público reside precisamente en que está disponible para todos, hayan colaborado o no en su producción. Una radiografía básica sobre la implantación de las nuevas tecnologías en la administración pública es un punto de partida fundamental para proceder a una reflexión seria sobre la extensión de los bienes públicos en la cibercultura. Los resultados de los que disponemos resultan sumamente interesantes; por ejemplo, España ha pasado en los tres últimos años de ocupar el lugar 68 a ocupar el puesto número diez entre los países con una mayor implantación de los sistemas de gobierno electrónico. Teniendo en cuenta, por ejemplo, nuestros hábitos sociales de disponer de un documento de identidad o del excelente funcionamiento del portal del Ministerio de Hacienda, resultaba muy extraña la ubicación anterior de España. Sin embargo, ahora puede decirse, y el mérito no es exclusivo de uno u otro partido político, que se ha realizado un esfuerzo por avanzar hacia un amplio acuerdo social sobre la importancia del gobierno electrónico, además de establecer un liderazgo claro y bien definido desde el gobierno sobre el sistema de administración electrónica, y todo ello ha terminado por producir resultados interesantes. Con todo lo inexacto, con su posiblemente inadecuada metodología, incluso aceptando una selección muy sesgada de las cuestiones y de los temas sobre los que atiende el estudio, no cabe la menor duda de que resulta interesante un análisis de estas tendencias 1. Determinados aspectos que podrían considerarse "neutrales", sobre la gestión de un Estado moderno en el seno de un concepto moderno de la Administración pública, al no ser resueltos adecuadamente no reflejan tanto un sesgo ideológico por parte de los funcionarios públicos cuanto que de hecho transmiten una inadecuada consideración de los servicios telemáticos como auténticos servicios públicos indispensables para los ciudadanos. Así resultan claves ciertos elementos conceptuales si se quiere hacer algo más que "simplemente informatizar" la administración. El inadecuado funcionamiento de la administración electrónica no es simplemente un problema de ineficiencia tecnológica, es el reflejo de una inadecuada comprensión de la transformación del marco sociotécnico y su incidencia en la conformación de las relaciones ciudadanosadministración. En este marco queremos insistir en que no se trata exclusivamente de una atención extrema sobre la calidad de los servicios, sino que resulta prioritario el análisis concreto de los servicios que se ofrecen o que se dejan de ofrecer. Por ejemplo, parece increíble que, a pesar de la importancia estratégica del software no propietario, hasta hace poco más de dos años no fuera posible ver el resumen de los acuerdos del Consejo de Ministros salvo utilizando Internet-Explorer. Por lo tanto, es conveniente reflexionar sobre la sociedad de la información y del conocimiento porque nos parece que parte de los "defectos" o su escaso desarrollo son resultado de una ausencia de comprensión clara sobre el significado de los cambios producidos por las tecnologías de la información y la comunicación, cambios que van en la dirección de una transformación de las formas de acción social, de las formas de gestión, en definitiva de las formas de generación, reproducción y transmisión del conocimiento, además de generar una expansión de las capacidades de construir nuevos modos (y modas) culturales. Hace falta avanzar en una transformación de las habilidades y capacidades de los individuos y de los grupos y esto sí que se daña con la ausencia de una adecuada planificación del e-gobierno, o con la carencia de apoyo a manifestaciones culturales muy variadas que aparecen en la red por doquier. Como referencias interesantes que puedan servir de ayuda para comprender con claridad algunas de las sendas por las que puede discurrir el gobierno electrónico, resulta conveniente realizar una visita electrónica a aquellos lugares que la unidad de estudios de la Universidad de Brown considera entre los cinco mejores para la administración electrónica; esa visita puede ser un buen ejercicio para observar algunos de los objetivos que se supone que deberían alcanzarse en nuestra administración. El primer recomendado es Singapur 2, allí llama la atención cómo el portal prácticamente sirve como punto de partida para toda la relación ciudadano-administración. Evidentemente todos los espacios de la web correspondientes a la administración están vinculados a este portal. Es importante observar el grado de servicios reales que ofrece, con posibilidades de gestión íntegra de los procesos, además de tener en cuenta los elementos relacionados con cuestiones de privacidad en la red. A ello debe añadirse la "actualización" tecnológica que se expresa, por ejemplo, por facilitar las conexiones con PDA. Estados Unidos de América 3. En este caso el estudio lo considera como el portal mejor organizado. Es importante tener en cuenta la facilidad de localización y la estructuración de los servicios. No se trata simplemente de facilitar las conexiones a los distintos sectores de la Administración, sino desarrollar una estructura sistemática que facilite la "navegación" mediante enlaces claros. Los otros tres lugares recomendables para realizar una visita y realizar una autentica comparación y contraste de objetivos (el famoso benchmarking que ahora es posible realizar desde la red misma) son los de Canadá 4, Australia 5, particularmente interesante la posibilidad de recibir correos electrónicos personalizados sobre posibles cambios y actualizaciones en los temas que interesen a cada ciudadano y Taiwan 6 en el que destacan sobre todo que todos los lugares oficiales evaluados ofrecen servicios que se pueden realizar totalmente on-line. En el marco de lo que se ha llamado e-Europa uno de los retos consiste en ser capaces de precisar cómo se transforma buena parte de la forma en que se ofrecen los servicios, cómo y por qué aparecen nuevos servicios posibles y, sobre todo, qué nuevas expectativas ciudadanas se generan (sean reales o simbólicas) puesto que pueden actuar poderosamente sobre lo que los ciudadanos esperan de la Administración y su correspondiente vinculación al pacto social entre administrados y gobierno. En ese marco resulta natural hablar de nuevas necesidades formativas, incluso aparecen ante muchos como algo evidente, pero no constituyen un conjunto claramente definido porque deben adaptarse a un objetivo móvil no plenamente definido. Precisamente por esta razón resulta de enorme importancia avanzar en las capacidades que deben exhibir en este proceso los gestores en las Administraciones públicas. Algunas preguntas, que surgen a partir de las noticias corrientes que aparecen en los medios de comunicación, pueden ser un buen punto de partida para comprender por qué resulta indispensable proceder a una atenta reflexión sobre qué es esa cosa que se llama "sociedad del conocimiento". Por todos lados se habla de modernizar la administración, de avanzar hacia la administración electrónica, las ciudades electrónicas, el acuerdo de Lisboa. En las portadas de los periódicos se habla de las casas inteligentes, de lo que supondrán las conexiones inalámbricas y la gran cantidad de servicios (normalmente comerciales) que ahora podremos realizar desde nuestros hogares. Pero también ya se comenta que un buen número de ciudadanos realizan su declaración de la renta desde su propio domicilio. Se comienza a hablar del voto electrónico, algunos municipios lo han experimentado y algún sector de las Fuerzas de Seguridad del Estado ha hecho pruebas en elecciones gremiales internas. Incluso se habla de que la Administración podrá ofrecer atención continua 7×24. Sin duda hay mucho que reflexionar simplemente a partir de esos comentarios sobre el papel de la administración, sobre lo que se ha llamado la máquina burocrática y el conjunto de servicios que esa administración es capaz o está dispuesta a ofrecer. Algunas consideraciones teóricas de hace algún tiempo vuelven a plantearse como necesarias para situar con claridad los problemas del presente. Desde luego que los análisis sobre la sociedad y la administración, sobre el papel Estado y el gobierno, sobre los servicios públicos exigen una reflexión atenta. Valga solamente un ejemplo, la articulación entre la sociedad civil y sus diversas formas organizativas junto a las competencias y servicios del Estado (la articulación entre las ONG 's y las OG' s por así decirlo) requieren una reconsideración. Se ha estudiado mucho en ciencias sociales el papel de los nuevos movimientos sociales, pero se ha pensado menos en la incidencia que esos desarrollos pueden tener si una administración no es capaz de ofrecer más servicios y de calidad. Las redes de confianza mutua que articulan los sistemas sociales pueden verse debilitadas si la administración no es capaz de ofrecer ese tipo de opciones. Un ejemplo, la expansión de las comunidades virtuales en Internet plantean un desafío claro a múltiples servicios ofrecidos previamente por las Administraciones públicas. Es decir, no basta simplemente con adaptarse a las nuevas tecnologías sino que es preciso incorporarse con decisión a ellas y analizar su potencialidad para articular la vida social. En cada nivel de la Administración el grado de implicación puede ser diferente, pero la Administración misma tendrá que revisar su propia estructura y combinar lo jerárquico con las nuevas estructuras en red y la conformación de comunidades virtuales de los mismos administradores públicos. No se trata de pensar en viejos licores en odres nuevos, sino pensar que también los contenidos y las funcionalidades se transforman en la nueva situación. Para analizar mejor parte de los retos que nos plantea la nueva situación hay una serie de precisiones conceptuales que pueden resultar interesantes. No se trata tanto de que prefiramos un término a otro, sino que queremos señalar a problemas que tienen incidencia en la forma y contenido de los necesarios procesos formativos en la administración. Una de esas primeras precisiones consiste en establecer los rasgos distintivos entre la sociedad industrial y otras variantes que se han acuñado como la sociedad de la información, la sociedad red o la sociedad del conocimiento. El problema no es tanto preferir una u otra denominación sino utilizar esas mismas distinciones para analizar diversos aspectos de lo que está ocurriendo ante nuestros ojos: la transformación profunda de las relaciones interhumanas al estar mediadas por las tecnologías de la información que están posibilitando una relación sistemática a distancia pero sincrónica. El tema del e-gobierno está ya en el seno de la actividad diaria de la Administración, al mismo tiempo que se presenta como un proyecto general. Sería muy recomendable revisar algunos trabajos recientes sobre la administración electrónica y particularmente lo que ha sido su expansión en las Administraciones públicas de nuestro país. Un interesante trabajo en esta dirección es el de Antonio Cañavate y otros quienes, entre otras cosas terminan diciendo: "Nuestro estudio ha demostrado una enorme aceleración en el ritmo en que los gobiernos de las comunidades autónomas están incorporando los servicios de información on-line en Internet (aunque los autores consideran que es más por imagen y moda que por una auténtica necesidad de crear centros de información). No hay signos que indiquen una gran preocupación por implementar servicios interactivos con los ciudadanos" (Cañavate, 2004). Es uno de los primeros trabajos de revisión general sobre lo que se ha hecho y puede ser un buen punto de partida para reflexionar sobre lo que se podría y lo que se debería hacer. Pero, con todo su interés, esas revisiones sobre lo que se está haciendo olvidan un aspecto esencial que debe tener la misma reflexión sobre hacia dónde queremos avanzar. En este aspecto consideramos interesante la lectura del breve artículo "Hacia dónde se dirige el gobierno electrónico", de Klaus Lenk y Roland Traunmüller (2002), donde se nos recuerda que el gobierno electrónico, el e-gobierno, se acuñó como expresión con posterioridad a comercio electrónico, aunque se trataba de una actividad en la que se venía trabajando desde hacía bastante tiempo. "En muchos aspectos no es sino otra manera de denominar la informatización del sector público que lleva en marcha más de dos décadas. Aunque el uso de las tecnologías de la información en la administración pública y en diversos ámbitos del gobierno se ha extendido mucho en los países industrializados, no se ha tenido un interés político claro en este proceso creciente y casi invisible de modernización del gobierno. Solamente algunos académicos y agentes consultores insistían en la importancia de la informatización para la gobernalidad y su modernización". Incluso diversas corrientes de investigación sobre la Administración pública (por ejemplo la New Public Management) no fueron suficientemente receptivas a la hora de analizar el potencial que las tecnologías de la información podrían tener para transformar las prácticas de trabajo y las diversas actividades del sector público. Según plantean Lenk y Traunmüller, y creo que señalan a un problema central, los cambios producidos por la aplicación de las TIC no se analizaban suficientemente sino que se les consideraba como simples herramientas auxiliares. Por decirlo brevemente, los cambios para la Administración eran poco más que la sustitución de las máquinas de escribir. Solamente parecía que podrían ayudar a mejorar ciertas eficiencias económicas y las bases documentales y estadísticas. Aunque las nuevas orientaciones pueden suponer buenas oportunidades para mejorar la acción y la gestión del gobierno (la gobernabilidad) los conceptos subyacentes de e-gobierno siguen siendo muy imprecisos y muchos son desarrollados por simple analogías con el e-comercio. Por ello la reflexión de carácter general sobre la sociedad del conocimiento, sobre la sociedad red, sobre cómo han actuado esas transformaciones en la vida cotidiana, en los negocios, en las esferas más diversas de la vida privada y social puede ser muy importante para orientar bien los esfuerzos de los gobiernos que estén interesados en producir cambios. Se plantean así, desde nuestra perspectiva, dos tareas que deben llevarse conjuntamente. Por una parte, analizar las posibles transformaciones que introducen en el sistema social las tecnologías de la información y la comunicación, incluyendo las transformaciones de conceptos muy fijados socialmente como la residencia, la propiedad, los bienes públicos. De otra parte, aprovechar la experiencia del trabajo en el sector público para tratar de ajustar las necesidades de los ciudadanos y las capacidades de acción de la Administración en el marco de las nuevas capacidades de acción que ofrecen estas tecnologías. Es decir, no vale con simplemente realizar algunos servicios que ahora se facilitan con las nuevas herramientas, sino además proceder a un análisis del tipo de necesidades que tiene un ciudadano hoy en relación con la Administración. Una buena parte de las experiencias del comercio electrónico resultaron fallidas (al menos en un primer momento) porque no analizaban las necesidades de los clientes sino que trataban de "vender" directamente lo que ofrecía la nueva tecnología. El proceso, como es bien sabido en filosofía de la tecnología, es de doble dirección y se trata de ajustar en un marco sociotécnico las capacidades que nos ofrece una nueva tecnología con las necesidades y aspiraciones del "consumidor". En esta perspectiva valdría la pena analizar con mayor profundidad el tipo de servicios, prestaciones y actividades que la Administración pública puede y debe llevar, ofrecer y proponer a los ciudadanos para mejorar sus condiciones de vida e incrementar su participación en los diversos aspectos de la vida democrática. En términos muy cercanos a lo que plantean Lenk y Traunmüller (2002, 2-3): "Hay que tener cuidado y atender a si las mejoras prometidas tienen que ver con las necesidades de los ciudadanos o de las empresas. Puede ocurrirnos como con el e-comercio y la crisis de las dot.com que puso de manifiesto la desatención a la investigación de mercado y la despreocupación por una adecuada identificación de grupos objetivo. Si bien en el sector privado el mercado fuerza a ciertas correcciones, en el sector público las cosas pueden ser peores. No es fácil localizar e implementar los incentivos que permitan la corrección y es más difícil detectar los errores. Por ejemplo el acceso on-line 24×7 a veces se presenta como un logro importante, como si eso le resolviese los problemas al ciudadano. Lo mismo ocurre cuando lo que se ofrece es facilitar asuntos como registrar un coche u obtener un documento de identidad, que la mayor parte de los ciudadanos no consideran como un servicio sino como una molestia". No se trata simplemente de suministrar más o mejor información al ciudadano (importante, sin duda). Aspectos tan elementales como la coordinación de las administraciones, doi: 1038/arbor.2009.185 n.737 la aceptación clara y sencilla por parte de los funcionarios de la documentación emitida mediante procedimientos electrónicos, pudiera ser un primer paso, que puede parecer trivial pero que no es todavía normal en nuestro país, y que, sin embargo, supondrían un avance en la capacidad de defensa de los propios derechos mediante el recurso a las nuevas tecnologías (por ejemplo, abrir los períodos de información pública en la red, hacer llegar información directa a los ciudadanos que "se puedan" ver afectados por una acción de la Administración, serían simples ejemplos que pudieran ser un primer paso práctico de nuevo servicio). En enero de 2007 se celebró en The Stanford Center for Internet and Society un simposio cuyo tema central de discusión abordaba cómo atender a los registros judiciales (autorizados) teniendo en cuenta el inmenso control de la información sobre los ciudadanos que actualmente permiten las tecnologías, con la consiguiente posible intromisión sobre la privacidad e intimidad de esos ciudadanos. En términos estadounidenses, se trataba de discutir la situación de la Cuarta Enmienda (derecho a que las personas y la documentación personal estén a resguardo de pesquisas y aprehensiones arbitrarias, siempre que los mandamientos judiciales se apoyen en indicios racionales y señalen con precisión lo que debe ser registrado) en esta fase de almacenamiento y tratamiento masivo de la información, puesto que "una concepción física de la privacidad puede que ya no resulte adecuada en los momentos en los que la tecnología permite rastrear y utilizar nuevos tipos de información personal que resultan accesibles en formas completamente nuevas" 7. La cuestión central es la transformación que produce la simple capacidad de almacenamiento y tratamiento de la información. Una capacidad técnica que hace muy pocos años era casi impensable. Determinados procedimientos vinculados al estado de derecho, a las garantías ciudadanas, a cómo afrontar ahora el mismo principio de publicidad de los actos judiciales, que en su momento aparecían como pilares básicos de los derechos ciudadanos, sin embargo, pueden convertirse en potentes amenazas contra el derecho individual a la intimidad y a la privacidad. Simplemente comprobar la aparición de nuevos negocios en la red puede facilitar la comprensión del fenómeno al que nos referimos; por ejemplo están surgiendo empresas en la red, a las que quizás sea injusto llamar "despachos de abogados", que se vienen especializando en ofrecer por un módico precio enormes cantidades de información sobre personas, su situación civil, sus litigios y posibles sentencias, sus "multas" o sanciones de diverso tipo, etc. La publicidad de las sentencias, que en un momento pudo haber sido garantía de juicio justo, de un trato equitativo, ahora bien pudiera convertirse en fuente de posible extorsión por parte de terceros. Pero es más, la simple acumulación de datos y los registros procedentes de nuestro correo electrónico o de la actividad realizada por nuestro ordenador (lo que se realiza, por ejemplo, mediante el servicio de correo electrónico gmail o el organizador y clasificador google desktop) provocaría una indefensión, y un acceso a datos íntimos, muchísimo mayor que cualquier tipo de "pinchazo" telefónico (legalmente autorizado) que pudiéramos imaginar. Todo usuario sistemático de los servicios que ofrece Google en la fase que ya se conoce como Web 2.0, posiblemente acepte el acuerdo con Google y almacene en la red (en el espacio Google) todos sus datos, correo electrónico, historial de navegación y documentos que escribe. Ahora bien, para ese mismo ciudadano, ese instrumento de acción nuevo que permite explorar capacidades inusitadas, plantea con enorme urgencia la necesidad de establecer regulaciones jurídicas claras que permitan una defensa del espacio propio, personal e íntimo. Resulta urgente la regulación pública de algunos de tales procedimientos y ello en una fase en la que desde la judicatura y otros poderes del Estado no siempre se conocen bien las capacidades de acción que ofrecen las actuales tecnologías de la información. Son casos de cómo la información disponible y su tratamiento pone ante nosotros fenómenos nuevos, inesperados, que sugieren de manera muy clara la importancia de afrontar el tema de la "gobernanza" de la red. De ahí el posible interés de proceder a reflexiones conceptuales de índole general que nos permitan afrontar esas nuevas capacidades de acción con herramientas teóricas adecuadas. No se trata simplemente de generalizar los mismos instrumentos de análisis utilizados para otras fases de la organización social o de la reflexión moral, sino que en ciertos aspectos estamos ante fenómenos cualitativamente nuevos que posiblemente requieren reformular algunos de nuestros valores e incluso plantearnos la importancia de otros. Otro tipo de acciones y posibilidades que aparecen en la red merecen reflexión aparte. Particularmente importantes son las nuevas formas de acción que se producen en el seno de la red con incidencia en la red misma. Son muchos tipos pero, como ejemplo, baste comentar el importante paso que en menos de un año se ha dado en la publicidad político electoral, desde que los candidatos a las elecciones francesas de principios de 2007 decidieron participar en el espacio virtual SecondLife y plantearon la campaña electoral también en esos espacios "virtuales" porque tienen un efecto claro y directo sobre el espacio político "tradicional y real". Desde esa experiencia francesa a las de ahora mismo en Estados Unidos o en España, se puede afirmar que ya está asentado el espacio electrónico como espacio electoral en el que se juega una parte de los derechos ciudadanos. Mucho es lo que seguramente queda por aprender de este tipo de experiencias pero lo que ya podemos adelantar es que no ha sido precisamente la izquierda la que ha mostrado diligente en la incorporación de las nuevas capacidades que ofrecen las tecnologías de la información a la acción política. Situación que ha tenido un importante reflejo en el espacio de la prensa digital en España o en la articulación de comunidades virtuales de apoyo a candidatos, asuntos en los que resulta sorprendente el retraso de algunas opciones tradicionales de la izquierda. Las formas institucionales de acción quizás se han visto mermadas porque esas corrientes tradicionales de izquierda se han centrado en temas de carácter ideológico, el software libre o propietario, la ciberdemocracia, el rechazo a la regulación de la red, por ejemplo, y no se han dedicado a la explotación sistemática de esas nuevas formas de acción. El gobierno electrónico, la e-administración, es otro caso importante de utilización de nuevas formas de acción y organización facilitadas por las tecnologías de la información. No se trata de simples argumentos sobre una supuesta democracia electrónica ni otro tipo de ingenuidades, sino de la realización sistemática de buena parte de las actividades en las que se ve inmerso un ciudadano de un estado de democracia avanzada, particularmente aquellas que le vinculan a la administración pública. En nuestro país finalmente parece que se hacen esfuerzos serios por avanzar en el gobierno electrónico y, ante intentos tan fallidos como administracion.es o ciudadano.es ahora parece que se comienza a remontar el tremendo retraso en la expan-sión del gobierno electrónico al fusionar varias propuestas anteriores en la nueva iniciativa www.060.es. Si esta iniciativa tiene mayores posibilidades de éxito posiblemente ello será debido a que finalmente se comprende que es fundamental ofrecer "servicios nuevos", mostrar en la práctica que el gobierno electrónico ofrece mayores posibilidades de participación, agilidad, intervención en la vida pública que la forma tradicional de relación administrado-Administración. El gobierno electrónico planteará (ya está planteando) con toda urgencia la necesidad de una transformación de nuestro mismo concepto de la Administración pública y su relación con los ciudadanos. Ciertos desarrollos tecnocientíficos contribuyen sin duda a mejorar nuestra capacidad de proyectar y predecir, sin embargo ese mismo proceso incrementa la incidencia de lo que no somos capaces de predecir. El tipo de interrelaciones a veces es sumamente complejo y, para comprender el cambio tecnológico y su incidencia en la vida política y en la organización económica y social, resulta imprescindible aceptar con todas sus consecuencias que estamos tomando medidas en una situación de información incompleta. El período crítico de las empresas "puntocom", un pasado reciente en el que florecieron las empresas de "nuevas" tecnologías y se expandió la burbuja financiera que envolvía a esas empresas, ocultó para la reflexión elementos estructurales muy pertinentes que, sin embargo, ayudan a pensar en la profundidad de los cambios que ha generado y puede generar la expansión sistemática de las TIC. En la medida en que las tecnologías han ampliado nuestras posibilidades de acción, resulta evidente que expanden el espacio de los asuntos sobre los que podemos y debemos deliberar. La información significativa para nosotros (para cualquier organismo), es aquella que somos capaces de discriminar y procesar. El conjunto de información disponible constituye parte clave de nuestra acción. Sin entrar en precisiones que podríamos extraer de la teoría general de la información, baste señalar que principalmente nos interesa la variedad y precisamente aquella que podemos distinguir. Conviene reflexionar una vez más sobre la sociedad del conocimiento porque algunos de sus "defectos" o su escaso desarrollo son en parte el resultado de una ausencia de comprensión clara sobre el significado de los cam- doi: 1038/arbor.2009.185 n.737 bios producidos por las tecnologías de la información y la comunicación, cambios que van en la dirección de una transformación de las formas de acción social, de las formas de gestión, en definitiva de las formas de generación, reproducción y transmisión del conocimiento. Hace falta avanzar en una transformación de las habilidades y capacidades de los individuos y de los grupos ya que éstas sí que se merman con la ausencia de una adecuada planificación del e-gobierno. A partir de las experiencias existentes sobre gobierno electrónico resulta muy claro que estamos ante un cambio de relaciones sociales y no de un simple cambio tecnológico. El cambio de hoy no es similar al producido por la introducción de la máquina de escribir eléctrica sino un cambio de mucho mayor calado. Bien se haría en aprender de otras experiencias como las que aparecen en el libro de Rodrigo Araya Dujisin y Miguel Ángel Porrúa Vigón ( 2004), América Latina Puntogob. Casos y tendencias en el gobierno electrónico, donde se muestra que los países que han tenido mayor éxito en esa tarea han sido aquéllos en los que se ha planteado un fuerte liderazgo gubernamental al más alto nivel, incluso en algunos casos lo han apoyado los propios presidentes. Pero sobre todo "ha sido fundamental que los compromisos institucionales adquiridos sean de largo plazo, es decir, que no dependan de cambios de ministros o funcionarios intermedios" (Araya y Porrúa, 2004, 25). La gobernanza en la red está inevitablemente vinculada a las formas de organización y gobierno que desarrollemos en el seno de nuestras sociedades "avanzadas". Si separamos de la base estructural de nuestras organizaciones político-sociales los problemas del gobierno de y en la red, si planteamos falsas dicotomías entre lo real y lo virtual, entre las formas de gobierno de la red y la estructura misma de derechos ciudadanos del entorno socio-político tradicional no hacemos sino introducir confusión en tareas políticas de máxima urgencia. Desde el espacio conceptual vale la pena señalar que no se trata exclusivamente de la apropiación privada de los servicios públicos sino de la apropiación de los mismos me-canismos de generación de esos servicios. Es tanto como el avance del proceso de deslegitimación del mismo Estado democrático. El inadecuado funcionamiento de la administración electrónica no es simplemente un problema de ineficiencia tecnológica, es el reflejo de una inadecuada comprensión de la transformación del marco sociotécnico y su incidencia en la conformación de las relaciones ciudadanos-Administración. Hay ya mucha reflexión teórica y mucha actividad práctica en torno al gobierno electrónico, por supuesto, también en español. El interesantísimo trabajo de Araya y Porrúa, ya citado, centra de manera muy adecuada el estado de la cuestión en nuestros países en ese momento. Resulta prioritario el análisis concreto de los servicios que se ofrecen o que se dejan de ofrecer. Como ya he dicho, hasta hace muy poco, era indispensable Internet-Explorer para acceder al resumen de los acuerdos del Consejo de Ministros de España. Desde enero de 2009 se ha suprimido la publicación física del BOE, aunque parece que ya no dependeremos de Microsoft para conocer inmediatamente la legislación y toda la normativa del Estado, resulta indispensable una amplia alfabetización digital para mantener el estatuto de ciudadano pudiendo al menos acceder al conocimiento de las leyes y la correspondiente publicidad de la acción pública. Analizar el significado profundo de los cambios sociales producidos por las TIC, puede ayudar a superar algunos "defectos" técnicos y facilitar su expansión. Algunos de esos cambios transforman las formas de acción social, incluidos los procesos de gestión, además de producir cambios en las formas de generación, reproducción y transmisión del conocimiento (social). La transformación necesaria de las habilidades y capacidades de los individuos y de los grupos, se resiente con la ausencia de una adecuada planificación del e-gobierno. Lo que los autores del informe sobre la situación del egobierno en América Latina han llamado comprender la dimensión "detrás de la pantalla", que requiere hacer el esfuerzo de no pensar en tecnología. El gobierno electró- nico antes que nada es una estrategia para lograr fines públicos. En este sentido, un primer elemento que sobresale se refiere al diseño organizacional de los procesos internos al gobierno. Como hemos planteado recientemente en el editorial "Gobernanza en la Red" de Temas de Hoy, sección monográfica coordinada por J. Echeverría y J. Fco. Álvarez (Madrid, 2007): "Las tecnologías de la información y la comunicación, no solamente Internet, han producido profundas transformaciones en las formas de organización y gestión de nuestras sociedades, incluso sobre las formas de la propiedad, el trabajo, la producción y el consumo. Se entienda como sociedad de la información, sociedad red, tercer entorno, infoesfera o de cualquier otra manera, aparecen nuevas formas de acción posible, previamente impensables, que generan otras tantas modalidades de intervención. La reflexión política y moral sobre este cambio social resulta indispensable". La enorme incidencia que las transformaciones tecnológicas están produciendo sobre nuestro medio social, político, institucional, y sin duda en nuestra vida cotidiana, convierte a esta reflexión en una tarea ciudadana importante. Ya en 1962, K. Arrow (1962) analizaba la economía de la información y consideraba determinadas propiedades del conocimiento que, en su opinión, convertían a éste en un bien público. Posteriormente, otros autores, entre ellos Partha Dasgupta (1999), han analizado la naturaleza pública del conocimiento. Estamos ante un bien que no se "desgasta" cuando se comparte y una vez que es público no resulta fácil excluir a otros de su uso. Incluso ocurre que el incremento del coste producido por la presencia de un usuario adicional es casi nulo y además (algo diferente a otros bienes públicos) el conjunto del conocimiento no disminuye sino que a veces incluso aumenta cuando se utiliza extensivamente. Como ha indicado Paula E. Stephan (1996), es importante añadir que en realidad el coste marginal es mayor que cero porque los usuarios tienen unos costes de oportunidad en términos de tiempo, de acceso a las revistas especializadas o, por ejemplo, por asistir a los congresos. Además la información solamente es útil para quienes poseen la adecuada formación intelectual. El conocimiento tácito puede ser más difícil de adquirir que el conocimiento ya codificado. Considero que las opiniones de Arrow, Dasgupta y P. Stephan nunca se han visto más confirmadas que con los bienes públicos de conocimiento que aparecen cada día en la sociedad red. Ellos suponen un desafío para mejorar desde lo público el papel de los ciudadanos y ampliar sus derechos de ciudadanía. Al mismo tiempo aparecen los nubarrones que señalan a tendencias profundas del sistema económico a la privatización y a la exclusión, a la conversión de los ciudadanos en súbditos de algún poder digital.
Centre-ville Montréal QC H3C 3J7, Canadá [EMAIL] RESUMEN: En el contexto del Acceso Abierto a la literatura científica y académica, los repositorios, tanto los institucionales como los disciplinares o temáticos, van a jugar un papel importante. No obstante, resulta difícil caracterizar la naturaleza de los repositorios debido a que cada categoría de personas relacionadas con ellos parecen tener diferente perspectiva. La cambiante interpretación que han teniendo los repositorios ha constituido una fuente de debilidad para la promoción de este instrumento. Aquí se sugiere que esta situación no se da sólo en el caso de los repositorios; al contrario, como muestran algunos importantes estudios provenientes de la escuela de pensamiento que aboga por la "Construcción social de la tecnología", todos los objetos sociotécnicos pasan por la misma fase. Esta escuela sugiere que los objetos técnicos tienen éxito cuando los grupos sociales relevantes interpretan el significado y la función de una tecnología particular. Examinando un conjunto de eventos acerca de los repositorios, en particular las luchas alrededor de la posibilidad de obligar a autoarchivar los artículos, es posible identificar un buen número de grupos sociales, así como examinar el modo en que pueden aliarse entre sí o manifestar la conflictiva falla que los separa. Este tipo de análisis debería ayudar a desarrollar estrategias que permitan desarrollar los repositorios. PALABRAS CLAVE: Acceso abierto, repositorios, acceso, editores, editoriales, bibliotecas, investigadores, administradores.
Las innegables ventajas que el modelo de acceso abierto a las publicaciones científicas en Internet presenta para las labores de comunicación, publicación, difusión y contrastación de los resultados científicos han resultado, de facto, insuficientes para que este modelo sea adoptado por toda la comunidad científica. A pesar de más de quince años de discusión intelectual 2, las razones epistemológicas, económicas y morales esgrimidas por los defensores del acceso abierto -razones generalmente provenientes del más elemental sentido común-han chocado una y otra vez con los argumentos que sustentan los sistemas de publicación comerciales implantados en la comunidad científica. Aunque, cada vez más, estas propuestas se ven reforzadas por las apuestas de instituciones académicas e, incluso, por organismos políticos 3 que recomiendan y fomentan el acceso abierto a los resultados científicos, el sistema de reconocimiento y recompensa del trabajo científico sigue basándose en la publicación de los resultados científicos en las revistas indexadas, la inmensa mayoría de las cuales son revistas comerciales de acceso restringido 4. No es extraño, por ello, que los investigadores sigan concentrando sus esfuerzos en este sistema de publicación y revisión mediadas por editores comerciales. La inercia del citado sistema parece difícil de vencer a la hora de permitir una mayor implantación de las publicaciones de acceso abierto. Pero quizá esta afirmación no sea del todo exacta. En realidad, ya podemos encontrar un creciente número de artículos científicos a los que se puede acceder libremente en la Red en las páginas web personales de los científicos, en los distintos repositorios institucionales o en el creciente número de revistas científicas de acceso abierto. Sin embargo, estos artículos no contribuyen, o lo están haciendo muy lentamente, a un cambio en el modelo de publicación y revisión. Una de las razones para ello es que las diversas propuestas sobre el acceso abierto difieren sustancialmente en cuanto a su compromiso con modelos de revisión y contrastación de los resultados de los artículos científicos. Puesto que el argumento principal para sostener el actual sistema de publicaciones con editores comerciales es que éstos se encargan de organizar y coordinar los mecanismos que garantizan la fiabilidad y relevancia de lo que se publica, la propuesta del acceso abierto debe trabajar en la dirección de ofrecer una alternativa unificada a este sistema. Para ello, es necesario articular sus posibilidades en un modelo capaz de ofrecer un sistema completo de creación, revisión, publicación y difusión de la investigación científica que sea más fiable que el actual. El análisis detallado de estas prácticas científicas desde un punto de vista epistemológico puede permitir encontrar las claves y criterios para el diseño de tal sistema y, a la vez, verificar sus posibles ventajas epistemológicas frente al sistema actual. La tesis principal de este artículo es, por tanto, que la desconfianza de los científicos y sus instituciones evaluadoras ante el movimiento del acceso abierto se puede salvar proponiendo un marco epistemológico común que evite la disparidad en las diversas propuestas de acceso abierto, muchas de las cuales no explotan todas las posibilidades epistemológicas que el acceso abierto brinda a los científicos. Para elaborar esta propuesta, y después de introducir al lector en las características básicas del movimiento del acceso abierto, se estudiarán los diversos modelos de publicación en acceso abierto desde un punto de vista epistemológico. Finalmente, se llevará a cabo un estudio más detallado de las posibilidades del modelo de revisión abierta en la Red (Open Peer-Review) como base para ese posible nuevo sistema global que pueda constituirse en una alternativa epistemológicamente valiosa. TECNOLOGÍAS DIGITALES, PUBLICACIONES Y ACCESO ABIERTO Las publicaciones científicas en formato digital, tanto las comerciales como las de acceso abierto, sacan provecho de las características de las tecnologías computacionales 5 para ofrecer nuevos servicios y posibilidades con innegables ventajas epistemológicas y, en algunos casos, sociales. La influencia de los computadores y de Internet en las actividades diarias de los investigadores científicos no se limita a las posibilidades de difusión de sus trabajos a través de la Red, sino que está induciendo un gran número de cambios en las prácticas científicas. Cambios que apuntan, aparte de otras consideraciones metodológicas (Feltrero, 2007), a una mayor distribución, cognitiva, tecnológica y social de la labor de los científicos. En el caso de las prácticas relacionadas con las publicaciones científicas, dichas tecnologías hacen posible la mecanización de las labores de búsqueda, catalogación, almacenaje, recuperación, copia e impresión de los artículos científicos. La aparición de sofisticados portales de Internet con motores de búsqueda especializados 6 supone un cambio importante en las prácticas de investigación bibliográfica que ahora se realizan siempre mediante las herramientas computacionales de la Red y, en la mayoría de los casos, directamente en los contenidos disponibles en ella. Pero las posibilidades epistemológicas de este entorno tecnológico no acaban en las búsquedas bibliográficas. Si las citas y referencias bibliográficas son un modo de aumentar el conocimiento que se hace accesible a través de un texto académico, ahora esa accesibilidad puede ser, incluso, inmediata. Por ejemplo, los enlaces hipertextuales funcionan como referencias o notas al pie en las que se puede ofrecer sin dificultad un enlace directo al artículo o la información citada. Siempre que el artículo o información estén disponibles en la Red, el conocimiento ya no es sólo citado, sino que es presentado de manera inmediata. Por ello, es más sencillo poner a disposición del lector las evidencias relevantes que justifican las afirmaciones de un texto científico. Desde el punto de vista epistemológico, este tipo de comunicación ofrece grandes posibilidades para, por un lado, aumentar el conocimiento que proporciona un artículo científico, facilitando el acceso a todo el conocimiento relativo al mismo y, por otro, asegurar la fiabilidad y veracidad del conocimiento presentado puesto que el acceso inmediato facilita y acelera las labores de confirmación (Goldman, 1999, 166-170). Estas posibilidades se explotan ya en las revistas digitales en acceso abierto y también en las revistas comerciales. Lógicamente, en el caso de las revistas comerciales, para trabajar con sus motores de búsqueda y tener acceso a los enlaces proporcionados es necesario pagar las correspondientes cuotas de suscripción. Debido a estas ventajas tecnológicas, los editores comerciales han fijado, desde hace ya tiempo, sus objetivos en el nuevo entorno digital. Por un lado, para proporcionar los nuevos servicios posibles gracias a las tecnologías computacionales a la comunidad investigadora. Por otro lado, porque, frente a la edición en papel, las revistas en formato electrónico ofrecen a los editores una reducción de costes más que significativa en los gastos de distribución. Aunque es cierto que el diseño y la puesta en funcionamiento de las plataformas digitales para la catalogación, búsqueda y recuperación de los archivos suponen fuertes inversiones, dichas inversiones resultan pequeñas a medio y largo plazo frente a los gastos fijos de distribución de los ejemplares en papel. El gasto inicial se acaba amortizando por dos razones. Por un lado, una vez puesta en funcionamiento, los gastos de mantenimiento de la plataforma son muy pequeños. Por otro, dichas plataformas son reutilizadas una y otra vez para diferentes revistas de un mismo grupo editorial. El coste inicial de la digitalización, por tanto, debe ser calculado en función del tiempo de uso y la versatilidad de las tecnologías usadas. De hecho, estos gastos se minimizan gracias a las nuevas tecnologías cuando se implementan sistemas que hacen posible que los propios científicos se encarguen de muchas de estas labores 7, por lo que empieza a ponerse en cuestión la necesidad de algunas labores editoriales que ahora se puede automatizar con los computadores. Las ventajas tecnológicas y económicas, es decir, las posibilidades que tenían los científicos para editar y distribuir directamente y sin demoras sus trabajos mediante las mismas herramientas computacionales que ya tenían a su disposición en sus centros universitarios para otras labores, fueron el detonante de los primeros ensayos de una comunicación científica en acceso abierto mediante listas de correo, repositorios de archivos digitales, etc. Todos estos nuevos modos de comunicación científica, previos incluso al actual movimiento de acceso abierto cuya motivación es ofrecer revistas de investigación alternativas a las excesivamente caras revistas comerciales 8, motivan un movimiento más amplio que trata de aprovechar todas las posibilidades de estas tecnologías para complementar, mejorar y, finalmente, sustituir el sistema de publicación tradicional (Stallman, 2004, 121-125). Pero, más allá de los aspectos prácticos y económicos, los argumentos más interesantes para justificar el acceso abierto pertenecen al ámbito moral y epistemológico. Las justificaciones morales provienen de los principios de justicia y equidad que, en una sociedad en la que la producción de conocimiento ha adquirido tanta importancia, deben extenderse al acceso igualitario a la información y el conocimiento (Lipinski y Britz, 2000). Si tanto los aspectos productivos como el bienestar de una sociedad dependen en gran medida de su capacidad de producción de conocimiento científico y tecnológico, es justo tratar de eliminar todas las barreras para que los más desfavorecidos puedan acceder a las herramientas de producción de ese conocimiento. Los recursos electrónicos para la comunicación pueden llegar a posibilitar el acceso universal a la literatura científica. Por ello, sería injusto no aprovechar estas posibilidades y seguir imponiendo barreras comerciales o económicas para el acceso a este tipo de conocimiento. Desde el punto de vista de las comunidades científicas, la inmediatez a la hora de difundir los resultados investigadores y las oportunidades para una mayor colaboración entre un mayor número de expertos puede suponer mejorar y acelerar el proceso de solución de problemas científicos (Dominy y Bhatt, 2006). Ventajas que se ven mermadas cuando las revistas científicas tienen acceso restringido puesto que no todas las universidades o centros de investigación pueden costearse los altos precios de las suscripciones 9. Apoyándose en estos argumentos, han surgidos en los últimos años numerosas iniciativas para promocionar el acceso abierto 10 a las publicaciones científicas cuyo denominador común es garantizar la libre disponibilidad de los textos académicos y científicos a través de Internet para su uso con fines investigadores o escolares. Con ello se trata de evitar cualesquiera de las trabas que la regularización comercial de los derechos sobre las publicaciones científicas pueda ocasionar a la creación de un sistema de publicación científica abierto y justo. Estos argumentos también se han visto reforzados por argumentos prácticos en función de los parámetros e indicadores institucionales. Varios estudios muestran que la publicación en abierto de versiones digitales de los artículos científicos incrementa la visibilidad y el número de citas recibidas (Harnad y Brody, 2004; Pringle, 2004). De ahí que muchas revistas comerciales estén facilitando a los científicos la publicación en Internet de versiones previas (pre-prints) de sus artículos (Willinsky, 2006, 4-5). Frente a toda esta panoplia de argumentos y datos favorables al nuevo modelo de acceso abierto, las revistas tradicionales, y muchos científicos, basan su defensa del sistema de acceso restringido en argumentos relacionados con su papel en el proceso de revisión y selección del conocimiento que publican. La revisión por los iguales (Peer Review), la selección y, en su caso, la corrección, que se lleva a cabo en el proceso de publicación asegura la calidad, la fiabilidad y la relevancia de lo que se publica. Frente a este argumento, el movimiento del acceso abierto no tiene una postura unitaria, como se explicará en el siguiente apartado. Pero para mejor abordar esa cuestión, es necesario estudiar cuáles son las novedades proporcionadas por la digitalización y libre difusión de la investigación científica a través de Internet que pueden ayudar a mejorar la calidad, fiabilidad y relevancia de los artículos científicos. Las ventajas tecnológicas del acceso abierto no se reducen simplemente a la publicación y difusión en abierto de los artículos científicos en Internet. Si tomamos en cuenta las posibilidades multimedia de Internet, ahora los artículos pueden ofrecer, además del propio texto, materiales diversos tales como gráficos, simulaciones computacionales, bases de datos, etc. Es decir, la comunicación pública de los resultados científicos puede extenderse también a los recursos computacionales que los científicos usan para sus investigaciones, de manera que se facilita el estudio de todos los aspectos de la investigación e, incluso, se proporcionan todos los datos necesarios para la reproducción de sus experimentos. Si los investigadores publican todos los datos y experimentos digitalizados relacionados con sus investigaciones, Internet puede convertirse en algo más que un simple almacén universal de información para pasar a ser un verdadero centro de investigación virtualizado. Todos estos datos podrían integrarse con el resto de las prácticas y objetos de la investigación electrónica (e-research) para hacer compatibles las mejoras del uso de computadores en los laboratorios, con las mejoras en los procesos de comunicación de la ciencia, incrementando ostensiblemente su transparencia. Todas estas posibilidades tecnológicas deben ser objeto de una reflexión epistemológica que ayude a dilucidar en qué medida facilitan la creación de conocimiento fiable. Sin duda, el enriquecimiento de la comunicación científica y su transparencia mejorarían la fiabilidad de los artículos científicos. El proceso de contrastación de los resultados científicos por otros científicos sería mucho más sencillo -en muchos casos casi automático-y se reducirían significativamente, sino por completo, las posibilidades de fraude. Si nos centramos en las posibilidades tecnológicas para las labores de revisión de las publicaciones científicas, Ello hace posible dar cabida a todo tipo de sistemas que permiten publicar, de manera síncrona y asíncrona, todas las comunicaciones, revisiones, comentarios, actualizaciones y versiones actualizadas de los resultados científicos. Los artículos podrían ganar así en relevancia, tanto por el enriquecimiento de los mismos con las discusiones durante el proceso de revisión como, y de manera más significativa, con la posibilidad de publicar sucesivas versiones mejoradas de los mismos. Si estas revisiones y mejoras fueran contabilizadas en los sistemas de reconocimiento de la actividad investigadora, los científicos podrían dedicar más tiempo y esfuerzo a esas labores haciendo que ese artículo, así como las discusiones a él asociadas, ganasen en relevancia. Desgraciadamente, hoy en día esos sistemas de reconocimiento, así como la exigencia de las revistas de publicar artículos completamente originales, hace que los científicos reduzcan la relevancia de sus artículos publicando versiones más o menos novedosas de las mismas ideas en diferentes trabajos o publicaciones. Finalmente, aunque no es fácil establecer una relación causal directa, es fácil aventurar que un sistema de publicación tan completo y exhaustivo podría mejorar diferentes aspectos de la calidad de los artículos científicos. Fundamentalmente, gracias a las exigencias de precisión de los datos que implica una metodología de publicación transparente, así como al compromiso con las discusiones públicas que exigiría un sistema de comunicación abierta. Todas estas herramientas de comunicación global entre los científicos en los distintos niveles y procesos, pueden mejorar la producción colaborativa de conocimiento, cuantitativa y cualitativamente. Al menos, en principio, parece claro que suponen afianzar y poner verdaderamente en acción principios epistemológicos constitutivos de la investigación científica, como son la transparencia y la publicidad, así como los mecanismos de reconocimiento y relevancia por medio del consenso de la comunidad científica. La iniciativa de la revisión abierta (Open Peer Review) se basa en estas últimas posibilidades tecnológicas para mejorar los procesos de discusión. Es preciso, por tanto, estudiar si el acceso abierto puede integrar y sacar partido de estas posibilidades para mejorar los sistemas de revisión y confirmación de los resultados científicos. ACCESO ABIERTO Y EPISTEMOLOGÍA La normatividad epistémica de la ciencia depende de la colaboración crítica y el consenso en su contexto social (Goldman, 2002; Longino, 1990). Las prácticas conducentes a ese consenso se han demostrado útiles para la producción, difusión y adquisición de conocimiento acreditado y confiable. Sin duda, la publicación de los resultados científicos es la práctica más extendida para lograr este contexto. Práctica, por otro lado, aceptada y apoyada sin fisuras desde las versiones más clásicas a las más postmodernas de los estudios epistemológicos. La evaluación epistemológica del movimiento del acceso abierto debería comenzar, por tanto, por la evaluación de sus posibilidades a la hora de asegurar la difusión, la acreditación y confiabilidad del conocimiento. El sistema de revisión previa de los artículos por los iguales (peer review), ha sido, hasta hoy, el principal garante de esas cualidades epistemológicas, por lo que es preciso estudiar estos sistemas en el movimiento del acceso abierto. Pero, como ya se ha destacado anteriormente, no existe una propuesta uniforme en este sentido. Todo lo contrario, es posible encontrar diversas metodologías para la publicación de los trabajos científicos de manera que sean libremente accesibles a través de Internet. Diversas metodologías que también difieren en cuanto al sistema de revisión de los artículos. Es posible encontrar modelos de publicación en los que existe una revisión por otros científicos similar a la de las revistas tradicionales, otros en los que no hay revisión previa y, finalmente, modelos de autoarchivado de los borradores que, en algunos casos, experimentan con nuevas formas de revisión paralela. A continuación se estudiarán y clasificarán las propuestas del acceso abierto desde este punto de vista. La gran mayoría de las revistas de acceso abierto ofrecen las mismas metodologías de revisión editorial previa que las revistas comerciales 11. Desde este punto de vista, las revistas de acceso abierto pueden "competir" en igualdad de condiciones con las revistas tradicionales puesto que ofrecen las mismas garantías en función de los especialistas dedicados al trabajo de revisión y selección de los artículos. Sin embargo, la organización del sistema de revisión puede requerir cierto esfuerzo e inversión, lo que se usa como argumento para justificar que algunas revistas de acceso abierto estén empezando a cobrar a los autores por publicar en ellas 12. En este sentido, estas revistas de acceso abierto coinciden en los argumentos económicos de las revistas de acceso comercial. Por ejemplo, algunas revistas comerciales tradicionales empiezan a ofrecer a los científicos la posibilidad de ofrecer los artículos que publiquen en ellas en régimen de acceso abierto, siempre que dichos autores paguen una compensación económica a la propia revista. Cantidad que, como en el caso de algunas revistas de acceso abierto, se justifica en función del coste de los servicios de revisión y publicación. Las iniciativas que incluyen el pago del autor para garantizar el acceso abierto a sus documentos pueden resultar contradictorias con los principios del acceso abierto pues ahora el acceso al conocimiento puede restringirse en función de las posibilidades económicas de los autores o las instituciones que financian sus actividades investigadoras. La discusión que se genera alrededor de este tema es si la actividad de la revisión de los textos debe ser remunerada o no. Aquí deberíamos distinguir entre la revisión académica (peer-review) que llevan a cabo los investigadores expertos y la revisión editorial para la mejora del estilo de los documentos. La primera, muy rara vez es remunerada, ni en las revistas comerciales ni en las revistas de acceso abierto, por lo que difícilmente puede servir de excusa para exigir el pago a los autores. Otro modelo usado por las revistas de acceso abierto y, últimamente, también en boga en las revistas comerciales, es el de los comentarios publicados al lado de los artículos. En este caso, se aprovechan las posibilidades tecnológicas de edición en línea para que, o bien expertos autorizados por la revista, o bien cualquier interesado, puedan añadir, desde su propio computador, los comentarios o críticas que le suscite la lectura. Es una interesante forma de hacer explícito el sistema de revisión posterior de los artículos por toda la comunidad científica, haciendo accesible a todos el conocimiento adicional que esos comentarios o críticas aportan. Este tipo de práctica se suele denominar de comentarios abiertos (open commentary), práctica que, para algunos autores, tiene funciones y objetivos epistemológicos muy diferentes frente a la revisión por los iguales antes de la publicación (Harnad, 1998). Finalmente, existen dos modelos de publicación en acceso abierto que no implican ninguna metodología específica para la revisión previa de los artículos. Se trata de la publicación de artículos en acceso abierto en las páginas personales de los científicos y el modelo de organización de esos artículos y materiales en los repositorios (archivos electrónicos) institucionales. La mayoría de los científicos se han planteado por primera vez la cuestión del acceso abierto a la hora de publicar o enlazar sus trabajos y artículos en sus páginas web personales. Dichos artículos son, muchas veces, las copias digitalizadas mediante un escáner de las ediciones impresas de sus trabajos. En realidad, esta práctica requiere el permiso de las editoriales en las que se publicó el artículo por lo que, en algunos casos, puede producir lagunas legales en la medida en que no se especifica qué es lo que nos está permitido hacer con esos textos. Por otro lado, muchos autores han optado por la publicación de versiones electrónicas de los borradores de sus documentos en sus propias páginas web 13. Práctica que, como ya se apuntó anteriormente, está permitida por un número cada vez mayor de revistas y se reconoce explícitamente en los contratos de cesión del copyright. Pero en la mayoría de las ocasiones, en estas prácticas no hay un compromiso claro con las definiciones propuestas por el movimiento del acceso abierto, pues no suele especificarse la licencia de uso de ese artículo, es decir, si podemos imprimirlo, redistribuirlo o enlazarlo. En esta línea de demarcación entre la publicación en acceso abierto y los sistemas de revisión previa, se sitúa las propuestas de self-archiving 14 (Harnad, 2001). La idea básica de estas prácticas consiste en que las agrupaciones, organizaciones o instituciones interesadas en la difusión de la investigación pueden ahora aprovechar las posibilidades de las tecnologías computacionales para construir por sí mismas sistemas de archivo digital para el almacenamiento y consulta de las publicaciones sobre un determinado campo de investigación. Actualmente, muchas instituciones académicas están recogiendo esta idea para crear repositorios institucionales con los textos de los investigadores adscritos a las mismas como modo de divulgar y promocionar las líneas de investigación que financian 15. En estos archivos, al igual que en las páginas personales de los investigadores, puede contener las versiones en borrador (preprint), las copias idénticas a las publicadas (postprint), o las versiones finales -corregidas y revisadas-de los artículos pero en un formato diferente al de la revista en el que fueron publicados (e-print). Estas dos metodologías son las que ofrecen un mayor número de artículos científicos pero también son las que, a su vez, carecen de una postura clara sobre los sistemas de revisión. De hecho, eluden explícitamente cualquier tipo de compromiso en este sentido 16, razón por la que el movimiento de acceso abierto aparezca a los ojos de muchos científicos como una posibilidad de escasa fiabilidad científica, es decir, epistémicamente poco valiosa. No obstante, si bien en estos dos casos no hay una metodología específica de revisión, lo cierto es que muchos de los artículos que encontramos disponibles de esta manera son artículos ya publicados, y, por tanto, revisados, en revistas con sistema de revisión por iguales. Este sistema exige al lector, por tanto, una comprobación previa del tipo de publicación -preprint, e-print o post-print-para poder dilucidar si el artículo ha sido revisado o no. Algunas propuestas del movimiento self-archiving muestran que, gracias a las tecnologías computacionales, no es necesaria una organización previa para iniciar el trabajo de revisión y contrastación científica. El mejor y más veterano ejemplo en este sentido es el repositorio de artículos ArXiv 17. En esta ubicación electrónica los autores envían sus trabajos (aún en sus versiones preliminares) para que sean registrados y archivados electrónicamente. No existe ningún tipo de preselección ni revisión previa. Sin embargo, existen numerosos foros paralelos para el debate en los que se dirimen las controversias suscitadas por cada artículo. Controversias que, generalmente, contribuyen a la revisión del mismo y a la publicación posterior de versiones corregidas en el mismo servidor. La Red se inserta así en el proceso de puesta en público de las ideas posibilitando la creación de foros de comentaristas y correctores que ayudan a perfilar las versiones definitivas. En este caso, hay un proceso de revisión continua que produce nuevas versiones mejoradas. Proceso que, sin duda, redunda en la calidad y confiabilidad de los artículos que son sometidos, una y otra vez, a una exhaustiva revisión por toda la comunidad participante en el foro. El ejemplo de ArXiv apunta hacia nuevas vías de organizar metodologías de revisión abiertas a través de Internet que podrían significar una serie de innegables ventajas epistemológicas. Dichas ventajas podrían servir para justificar y promocionar la extensión de la publicación de los artículos con una política de acceso abierto. A continuación se expondrán las posibilidades y desafíos de un modelo de este tipo. REVISIÓN DE ARTÍCULOS EN LA RED: POSIBILIDADES Y DESAFÍOS En las nuevas condiciones del entorno digital, las revistas científicas de acceso de pago justifican su existencia en función de su papel en las tareas de difusión de la ciencia y, sobre todo, en la organización de las labores de revisión previa de los artículos científicos. Cada revista coordina las comunicaciones entre los autores y un grupo de especialistas reconocidos en su materia. Estos especialistas se encargan de la evaluación y acreditación del contenido de los artículos en función de razones y criterios epistémicos y, a su vez, acreditan la calidad de la revista por su prestigio en la comunidad científica. Esta organización de la revisión por los iguales en las revistas comerciales no está exenta de problemas y dificultades. La presión por conseguir publicar un artículo en las revistas de mayor impacto, las más reconocidas tanto institucional como mediáticamente, tiene desagradables efectos secundarios. El fraude es el peor de ellos y significa un verdadero problema para los sistemas de revisión actuales. Puesto que el número de revisores es limitado, su capacidad de revisión no puede detectar fraudes bien elaborados. Un ejemplo es el reciente caso del falseo de los datos sobre los experimentos de clonación del Dr. Hwang ampliamente comentado en (Semir y Revuelta, 2006). El artículo pasó todas las revisiones de los editores y sus revisores pero el fraude sólo pudo ser desenmascarado después de su publicación, es decir, cuando pudo ser contrastado por toda la comunidad (al menos, por los miembros de la comunidad que tenían acceso a la costosa suscripción) 18. Por otro lado, la competición para que un trabajo científico sea seleccionado obliga a establecer sistemas que garanticen la máxima ecuanimidad posible por parte de los revisores. Por ello, cada vez está más extendida la práctica de la revisión anónima (Blind Peer Review) que obliga a los revisores a verificar trabajos sin conocer el perfil académico de quien presentó el artículo (lo que significa un verdadero problema en ámbitos interdisciplinarios), sin conocer ni poder consultar las referencias que han sido suprimidas para garantizar el anonimato o sin poder establecer una discusión ágil y directa con el revisado. Todos estos pequeños problemas minimizan las posibilidades de generación y transmisión de conocimiento de la revisión por los iguales, así como la propia transparencia del sistema de revisión. La evaluación de propuestas revolucionarias, es decir, que escapan en cierta medida de los parámetros consensuados en una disciplina, la evaluación de proyectos internacionales y, sobre todo, las dificultades que presentan las evaluaciones en campos interdisciplinares y multidisciplinares suponen otras deficiencias del modelo (Fuller, 2002, 234). Quizá todos estos problemas provienen de que deseamos que el sistema de revisión por los iguales cumpla con demasiadas funciones a la vez 19, lo que quizá le resta efectividad en sus funciones puramente epistémicas, es decir, las de contribuir a la producción de conocimiento fiable. Un primer paso para la mejora de los sistemas de revisión en la Red puede ser tratar de separar estas funciones. De un lado, habría que implementar mecanismos relacionados con la producción de conocimiento fiable, es decir, sistemas de confirmación del conocimiento (Glymour, 1980), de colaboración y aprendizaje mutuo a través de los comentarios, de control de calidad y relevancia, de búsqueda y promoción del consenso entre científicos, etc. Y por otro lado, habría que ajustar prácticas de revisión orientadas a la selección de trabajos científicos en marcos de competición y recompensa, es decir, asignación de fondos para la investigación, provisión de posiciones académicas, difusión de las investigaciones en medios de comunicación, etcétera. Se propone, por tanto, distinguir entre las labores de revisión (del conocimiento) y las de selección (de artículos o proyectos con contenidos ya revisados y confirmados previamente). Dicho en otros términos, separar la labor de los revisores como testigos de la precisión, veracidad y fiabilidad, de su labor como jurados que deben llevar a cabo selecciones y clasificaciones en ámbitos competitivos. La propuesta de la revisión abierta se situaría en el primer caso. Todo artículo remitido sería puesto a disposición de la comunidad científica interesada para la revisión y confirmación de sus resultados. En esta línea trabajan algunas propuestas para el diseño de herramientas de publicación y revisión colectivas en Internet. Por ejemplo, en (Sumner y Buckingham Shum, 1998; Sumner, Buckingham Shum, Wright et al., 2000) se nos presenta un modelo de revisión de los textos científicos mediante una aplicación informática. En este proyecto, denominado JIME 20 (Interactive Journal for Interactive Media), los textos son introducidos en una plataforma informática accesible a través de Internet. Al lado de cada texto, se integran las diversas revisiones que se han efectuado sobre el mismo, de modo que la lectura del texto se puede llevar a cabo a la vez que la de los comentarios que ha suscitado. Si la plataforma se abre a los comentarios, revisiones y posteriores contestaciones de los autores, se implementa un proceso mucho más interactivo y dinámico de producción y revisión. Los artículos pueden ser revisados una y otra vez por los autores produciendo versiones sucesivas hasta alcanzar un alto grado de consenso con la comunidad interlocutora. En este tipo de metodologías se funden el proceso de revisión por pares (peer review) con el de los comentarios de los investigadores interesados (peer commentary). No hay separación entre el proceso de evaluación científica por toda la comunidad y el de selección previa, con lo que el segundo se ve enriquecido por el primero. Es posible así llevar a cabo un proceso de revisión más exhaustivo, evitando los errores que pueden escapar a la mirada de unos pocos revisores, por muy expertos que sean. Es de destacar que, en este sistema, el consenso se define en función de los argumentos y discusiones planteados por los revisores y comentaristas y que éstos también están disponibles en línea, enriqueciendo el propio proceso de producción. Esto constituye una ventaja sobre muchos de los actuales sistemas de revisión anónima que consisten en otorgar una determinada calificación a cada artículo y en los que se excluyen las discusiones argumentadas entre revisores y autores. Desde el punto de vista de la epistemología social, la ventaja más importante de la revisión abierta frente a la revisión limitada a unos pocos especialistas es la mejora de la fiabilidad del proceso de evaluación por el incremento del número de revisores (Goldman, 1999, 222). Además, la apertura garantiza que puedan ser usados múltiples criterios y mecanismos de evaluación. La calidad de la revisión también depende del grado de conocimiento de los revisores. En ese sentido, sería necesario articular sistemas de recompensa académica en los procesos de revisión para lograr que un gran número de expertos se involucrase en ellos. Finalmente, la transparencia de todo el proceso y la posibilidad de ser consultado por cualquiera, y en cualquier momento, aportaría ventajas democráticas a las discusiones científicas. En definitiva, se propone el paso de un sistema en el que prima la selección opaca y la publicación de documentos estáticos, a otro que se base en la elaboración de un discurso continuo, participativo El resto de funciones de los sistemas de revisión por los iguales se podrían llevar a cabo a partir de este modelo de revisión, pero en procesos separados. En cuanto a la selección, de hecho, hay una primera selección "natural" que lleva a cabo toda la comunidad en función de las controversias, comentarios y discusiones desencadenados por cada artículo 21. Se pueden cuantificar estas aportaciones, contestaciones y correcciones del documento, cuantificación que, incluso, podría ser automatizada. Este tipo de valoración cuantitativa se llevaría a cabo sobre la base de criterios e índices bastante similares a los que existen en los sistemas actuales de valoración de la relevancia de los artículos científicos. La ventaja para los científicos es que esa valoración sería independiente, en principio, de la importancia de la publicación o institución en la que se haya conseguido publicar el artículo. Si una revista o una institución pretenden seleccionar artículos para la publicación o temas relevantes y "candentes" para la financiación proyectos de investigación sobre los mismos, un primer dato a tener en cuenta puede ser el relacionado con este trabajo de poner a disposición de la comunidad el conocimiento y ajustarlo hasta lograr un consenso. Otras funciones que necesitan el anonimato o la confidencialidad, como la asignación de fondos para proyectos de investigación, quedarían fuera de un sistema con esta transparencia, a no ser por la evaluación de la actividad académica anterior de los científicos. La capacidad de un sistema de revisión abierta para eliminar problemas como el nepotismo, las malas prácticas investigadoras, la creación y retroalimentación de grupos o temáticas académicas interesadas, etc. es, en realidad, bastante pequeña. Todos esos fenómenos pueden reproducirse, incluso agravarse, con sistemas de revisión abierta. Sin embargo, la transparencia inherente al sistema proporcionaría las herramientas necesarias para detectar (aun cuando no corregir) estos problemas. Obligaría a los científicos a aplicar su espíritu crítico también a sus colegas, sus prácticas y sus instituciones. Además, transformaría el nepotismo en un ejercicio productivo, hasta cierto punto, pues para "echar una mano a un amigo" habría que publicar un comentario sobre el artículo a favorecer que, al estar abierto a toda la comunidad, debería tener contenido e interés investigador. Pero, puesto que esas prácticas se desarrollan en el ámbito de la competición científica, en la medida en que la revisión abierta vaya convirtiéndose en la herramienta de comunicación, intercambio y producción colaborativa más importante de los investigadores, esos problemas seguramente se trasladarían a otros ámbitos en los que sí pueda establecerse la competición. Por otro lado, los errores son, si acaso, similares a los del sistema editorial actual. Puede darse el caso de que artículos poco relevantes sean muy comentados y, por tanto, valorados en función de criterios cuantitativos, y que artículos muy interesantes o revolucionarios no desencadenen ningún tipo de debate o diálogo. Para finalizar, conviene analizar cómo se podrían dividir y organizar todas estas funciones epistemológicas entre las diversas propuestas de acceso abierto y los modelos de negocio editorial existente. Un sistema de revisión abierta mediado por tecnologías computacionales como el propuesto sólo puede llevarse a cabo si se puede acceder libremente a los artículos. En este sentido, el acceso abierto es una condición necesaria para implementar la ventaja epistemológica fundamental de las publicaciones científicas en línea, es decir, la posibilidad de producir y difundir conocimiento científico más fiable y veraz. Para ello, las actuales iniciativas institucionales para el autoarchivado en acceso abierto de los documentos de sus investigadores podrían perfectamente ampliarse con espacios electrónicos para los comentarios, las revisiones y las discusiones directamente vinculadas con cada artículo. Universidades, asociaciones de investigadores sin ánimo de lucro o fundaciones para la promoción del conocimiento podrían ser los mejores candidatos para encargarse de estas labores, siempre que dichas instituciones las organizasen con total transparencia, sin ánimo de lucro y respetando las condiciones de acceso abierto a lo publicado. Por su parte, las revistas de investigación, con vocación comercial o sin ella, podrían ofrecer servicios de selección temática, elaboración de monografías o propuestas editoriales para investigar sobre nuevos campos. Se convertirían así en catalizadores de discusiones académicas en línea o podrían centrar el otro grupo de labores epistémicas propuesto, es decir, la selección de trabajos o líneas de investigación. La enorme cantidad de información generada por un sistema de acceso y revisión abierta otorgaría una mayor importancia a estas labores de selección, así como al trabajo de los expertos que las llevasen a cabo. El modelo de negocio se podría mantener en función de este servicio adicional de selección, organización y edición cuidada de artículos, revisiones y comentarios. En esta línea, las revistas pueden jugar un importante papel para seleccionar y promocionar tendencias o líneas novedosas de investigación usando su capacidad para la difusión y el impacto mediático. Tanto el negocio basado en la selección, como el basado en la difusión o promoción conciliarían estas labores editoriales con los argumentos morales y económicos sobre el acceso abierto, pues siempre habría otro camino para obtener los textos de manera gratuita y, sobre todo, para consultar todo el conocimiento relacionado con su producción, independientemente de las selecciones realizadas. Se ha propuesto un modelo de publicación y revisión de los artículos científicos que concilie los beneficios económicos y morales de las publicaciones en acceso abierto a través de Internet y las posibilidades para la mejora de las prácticas de producción, difusión y validación del conocimiento de este entorno tecnológico. Desde este punto de vista epistemológico, las posibilidades del acceso abierto parecen también incuestionables pues son inherentes a la propia empresa colaborativa de construcción del conocimiento científico, técnico y humanístico. Sin embargo, esta afirmación choca con descripciones pragmáticas de la actividad de los científicos, aparentemente cada vez más dominada por una cultura de la competición. Por ello, el desafío más importante al que se enfrentan las publicaciones de acceso abierto es el de ofrecer sistemas que, poco a poco, vayan venciendo las inercias de los sistemas de publicación que, durante años, se han constituido en la base de la evaluación de la actividad investigadora. Si la competición entre científicos ha de existir, ha de establecerse sobre la base de un conocimiento confirmado, fiable y relevante, es decir, debe establecerse después de la elaboración y contrastación colaborativa y plural del conocimiento. Estas prácticas metodológicas no pueden estar sometidas a criterios competitivos porque, en ese caso, se abren vías para el fraude, el robo de ideas y la manipulación de las líneas de investigación en función de intereses no epistémicos. La competición que se plantea en los actuales sistemas de publicación de los resultados científicos para conseguir un espacio en una de las revistas de mayor factor de impacto ha contribuido a abrir alguna de estas vías al mezclar las labores de contrastación y confirmación con las labores de selección editorial. El modelo propuesto debe comenzar por una revolución en los sistemas de revisión de la literatura científica, mediante la posibilidad que ofrecen las tecnologías computacionales para el despliegue de prácticas de elaboración y contrastación abierta, dinámica y plural de la información y el conocimiento científico en Internet. Para ello, la reflexión epistemológica debe distinguir entre los sistemas de revisión de los trabajos científicos para confirmar y validar el conocimiento que atesoran y los sistemas de selección de trabajos científicos en un marco de escasez de los recursos, económicos o editoriales. El sistema de revisión abierta (open peer review) puede desempeñar las funciones del primer sistema combinando las posibilidades de producción y publicación en formato digital, con las posibilidades de comunicación horizontal a través de Internet. Obtendríamos así un mecanismo de publicación e interlocución ilimitada entre los científicos con interesantes ventajas epistemológicas. Si queremos hablar de Sociedad del Conocimiento, no sólo debemos preocuparnos de garantizar el acceso a la información, en este caso científica, sino a los procedimientos y metodologías mediante los que ese conocimiento es discutido y validado. Las posibilidades tecnológicas y epistemológicas para desarrollar sistemas que, como el propuesto, ofrezcan garantías mínimas de transparencia y democracia en dichos procedimientos, pueden suponer un primer paso para reducir la desconfianza de la ciudadanía en los resultados de la investigación científica y tecnológica. -Se debe reconocer explícitamente la autoría de la obra incluyendo esta nota y su enlace. -La copia será literal y completa. -No se podrá hacer uso de los derechos permitidos con fines comerciales, salvo permiso expreso del autor. El texto precedente es una nota orientativa de la licencia bajo la que se distribuye este documento cuyo texto completo puede consultarse en:. 2 Algunos artículos clásicos que resumen las propuestas del acceso abierto son (Harnad, 1995(Harnad,, 1996)). Para una revisión completa de toda la temática ver (Willinsky, 2006)
LA CREACIÓN Y DISTRIBUCIÓN DIGITAL 1-2 La manera en que Internet afectará a la ciencia es una cuestión crecientemente debatida. Una pregunta pertinente es si lo que ya está sucediendo en el mundo de los negocios o en diversos sectores culturales, ya sea en las industrias musical y cinematográfica, o ya sea en el ámbito de los libros y la prensa escrita, ocurrirá igualmente en un ambiente tan singular como es el de la ciencia. De lo aprendido, se sabe que Internet afecta a dos de los pilares esenciales de cualquier actividad comercial: la creación y la distribución de los productos. La perogrullada de que los objetos físicos están hechos de átomos y no de bits dio que pensar acerca del modo en que Internet podría afectar a la creación y distribución de los artefactos. Obviamente, a través de Internet no se pueden distribuir los objetos físicos, pero sí sus imágenes y sonidos, o, mejor dicho, unas reproducciones digitales de estas dos cualidades. Asimismo, el número de copias que se pueden reproducir de tales creaciones digitales es tan alto como bajo su coste. El coste más alto está pues en transformar un objeto físico en un objeto digital, tras lo cual, copiar es fácil. No obstante, no se deben olvidar los costes asociados con el mantenimiento de la infraestructura informática que ha de mantener a salvo el legado digitalizado. Si el problema de la creación de un objeto digital radica esencialmente en sobrepasar la "barrera de potencial" que viene dada por su transformación de objeto físico a digital, para luego convertirse en una sencilla y barata combinación de teclas "copiar + pegar" que es la mínima expresión de un proceso de montaje en cadena, el proceso de distribución que al principio no requería más esfuerzo que un simple clic, hoy en día en algunos casos no necesita ni eso, se envía automáticamente. En efecto, en los primeros años de Internet las empresas extendieron sus negocios a la Web usando los mismo conceptos que utilizaban en el mundo físico, es decir, primero crear un producto y luego distribuirlo. Aplicado a los productos musicales, a las películas, a los libros o a los artículos científicos, el énfasis seguía estando en el producto más que en el servicio, es decir, el valor estaba en el objeto y en los secretos de su creación, los cuales había que proteger celosamente a cualquier precio, ya fuera con patentes y derechos de autor, o mediante diversas e imaginativas barreras que impidieran el fácil acceso a cualquiera que no hubiera pagado una determinada cantidad de dinero previamente pactada. Posiblemente era lo más sensato con el fin de proteger los incentivos de creación e innovación. CIENCIA ABIERTA: DE LA GRAN CIENCIA A LA E-CIENCIA En esos años, las facilidades en la creación y en la distribución que ofrece Internet fueron rápidamente aprovechadas por todos los sectores de la sociedad y, obviamente, la ciencia no fue ajena a sus ventajas. La llamada Big Science enseguida supo ver oportunidades de extender sus fronteras para hacer más grande aún su ciencia. El surgimiento de la idea de la Gran Ciencia nació con el sobredimensionamiento de algunas empresas científicas, el imparable crecimiento de laboratorios que se hacían cada vez más y más grandes para convertirse, por ejemplo en el caso de la física de altas energías, en enormes anillos subterráneos con imanes superconductores que aceleran unas partículas subatómicas a casi la velocidad de la luz. Así, las iniciativas de Gran Ciencia no dudaron en lucir sus exageradas dimensiones con adjetivos superlativos: el Gran Telescopio de Canarias, el Supercomputador Mare Nostrum en Barcelona, el Super-Kamiokande en Japón, el Large Hadron Collider en el CERN (Ginebra) o el proyecto Superconducting Super-Collider en Texas (EEUU), que de tan grande que era, "cayó" por su propio "peso". Tales proyectos empezaron a requerir grandes sumas de dinero para construir enormes instalaciones y para comprar potentes computadores, para contratar más científicos, pero también más ingenieros para mantener y mejorar toda la tecnología asociada a tamaña iniciativa, y gestores capaces de administrar las subvenciones y de gestionar los recursos humanos, sin olvidar la contratación de expertos en comunicación encargados de canalizar y de ensalzar las bondades de tales proyectos y lo adecuado de asignarles altos presupuestos. A día de hoy la Big Science no sólo ha conquistado grandes parcelas del saber, abarcando proyectos como el Genoma Humano, los supertelescopios internacionales, los supercomputadores para cálculos meteorológicos o las grandes tanques de agua pesada construidos dentro de altas montañas con el fin de detectar la interacción de los neutrinos, Este bet (apuesta, en inglés), por el bit para hacerse más big, consiste en extender los dominios de las computaciones en lo que se ha dado en llamar Grid computing, a saber, en descentralizar los tremendos cálculos que se llevaban a cabo en los computadores de los laboratorios para, en su lugar, realizarlos en el seno de cientos de miles de computadores personales de individuos que, desde sus casas, permiten voluntariamente que pequeñas porciones de algoritmos se ejecuten en sus ordenadores en los tiempos muertos en que éstos no están ocupados con otras tareas asignadas por sus dueños. Obviamente, la propaganda de cada comunidad científica debe ponerse en acción si quiere lograr ser la elegida por el voluntario de turno para descargar sus porciones de algoritmos. Es la apuesta por (y la competencia en) la e-Ciencia (del inglés e-Science). No obstante, obsérvese que este paso táctico de utilizar Internet como vehículo y los ordenadores personales de miles de voluntarios como nuevo arma de la ciencia para la conquista de lo desconocido, lleva consigo una sutil maniobra estratégica: abrir la ciencia al público. Y a esta apertura corresponde una doble lectura: por un lado, hace partícipes a los ciudadanos de los logros obtenidos por una determinada disciplina científica, lo cual no sólo refuerza su prestigio social, sino que, además, incrementa el interés del público en la ciencia en general y en dicha disciplina en particular; y por otro lado, se desprende durante un intervalo limitado de tiempo de una porción de conocimiento científico en forma de programas algorítmicos y se deja en manos de desconocidos. Naturalmente, dichos programas se encriptan previamente. Esta doble lectura de lo open en lo que algunos ya denominan "ciencia abierta" (del inglés open science) es infrecuentemente mencionada en los textos dedicados a analizar estas cuestiones, lo cual provoca confusión y no ayuda a la hora de caracterizar con precisión qué se quiere decir cuando se habla de "ciencia abierta". Uno de los objetivos colaterales de este artículo es mostrar los diferentes significados que pueden corresponder a la expresión "ciencia abierta", sobre todo en relación a los genuinos conceptos correspondientes a lo que se ha dado en llamar Web 2.0, y se verá que, además de los dos significados ya mencionados (se introducirá luego uno asociado al concepto de interdisciplinariedad, y un análisis más detallado revelaría que aún hay varios más), pueden asignarse dos niveles de aplicación de tal expresión, una en el nivel de las infraestructuras, y la otra al nivel de las redes sociales que son la base de las redes epistemológicas. Hemos dicho que el primer nivel de apertura de la ciencia es el de las infraestructuras, el de las arquitecturas informáticas distribuidas, el de tomar prestados ordenadores ajenos para implementar computaciones Grid que incrementan la velocidad de cálculo. Por consiguiente, a este primer nivel de ciencia distribuida subyace una red de autómatas. Es el equivalente a lo que hacen las tecnologías P2P en el intercambio de ficheros de manera automática 3: el usuario mete en la aplicación informática el nombre de una canción, de una película, de un autor, o el título de un libro, y el sistema, sin más ayuda que la simple mirada inquisitiva de un cibernauta impaciente, rastrea por sí solo (tras el protocolario clic) todos los demás ordenadores conectados en red que pueden disponer del ansiado objeto digital buscado, y una vez que lo detecta, lo recupera sin aparente esfuerzo si se tiene un buen ancho de banda. Excepción hecha de la introducción inicial de la identidad del objeto buscado y del inevitable clic, el resto del proceso resulta ser totalmente automático, sin ninguna intervención humana. En este (llamémoslo) Nivel 1 o red de autómatas se encuentran también los desarrollos orientados a servicios web (lo que los técnicos llaman web services). Se trata de una colaboración intradisciplinar e interdisciplinar al nivel de la programación, a saber, un grupo de expertos bioinformáticos desarrolla un programa (por ejemplo, a petición de un grupo de genetistas) para procesar una determinada información de una secuencia genética, pero resulta que ese mismo programa puede servir también para ejecutar un cálculo correspondiente a la secuencia proteínica en el que otro grupo de investigación está trabajando. Ninguno de los dos grupos es consciente de la existencia del otro, pero el segundo grupo es capaz de recuperar estos servicios web gracias a que existen una serie de protocolos informáticos 4 capaces de rastrear la web y de hacer que las máquinas se comuniquen entre sí, en busca del mejor programa diseñado para tal fin y de ponerlo a disposición del segundo grupo de investigación. Todo esto se produce en el nivel de autómatas, de cuyo mantenimiento hay una serie de técnicos-ingenieros encargados. Pero los servicios web pueden ser imaginados también como programas capaces de recuperar datos inconexos de la red y de presentarlos a modo de gráfico o diseño animado a los investigadores. Se empieza a utilizar la expresión "service-oriented science" para referirse a estos procedimientos, y en boca de uno de los expertos en esta nueva rama ingenieril de la ciencia, la expresión "se refiere a la investigación científica hecha posible por redes distribuidas de servicios interoperables" (Foster, 2005, 814). Existen otras actividades que se están llevando a cabo en este Nivel 1, como son las técnicas de minería de datos (data mining) que buscan patrones y tendencias comunes en enormes conjuntos de datos experimentales, patrones y tendencias sólo "visibles" por medio de complejas técnicas estadísticas, muy lejos de lo que la percepción humana puede lograr ver. Incluso, hay proyectos (Lynch, 2006) que pretenden encontrar similitudes y relaciones muy sutiles entre ideas publicadas en diversos textos y artículos de la Red, no sólo en ciencias puras, sino también en ciencias sociales y en humanidades. No se tratarán estas cuestiones aquí, pero cabe especular con futuros puentes o interfaces (González Quirós y Gherab Martín, 2009) entre este primer nivel y el segundo nivel (que se describe a continuación). Por ejemplo, Foster (2005, 817) comenta: "Finalmente, podemos imaginar un futuro en el que un conocimiento compartido por una comunidad no sea exclusivamente documentado en la literatura científica, sino que estaría documentado también en los varios programas y bases de datos que representa -y automáticamente mantiene y hace evolucionar-un conocimiento sobre una base colectiva". El Nivel 2 (que es del que trata preferentemente el presente artículo) se refiere a las redes sociales 5, es decir, un grupo o red de individuos que, conocidos de antemano o no, deciden formar un e-ágora sobre una afición (o un problema) común. Se refiere a un nuevo sendero por el que la ciencia aún no ha transitado en exceso, pero que ya está haciendo correr ríos de tinta (no siempre bien aprovechados) acerca del mejor modo de encauzarlo. Una perspectiva corresponde a las nuevas técnicas que están empezando a utilizar algunas empresas de I+D para resolver problemas tecnocientíficos y, más concretamente, al emergente crowdsourcing. Este término busca contraponerse al conocido concepto de outsourcing, muy en ascenso en todo tipo de organizaciones, especialmente (pero no sólo) para tareas de mantenimiento y desarrollo informático. Mientras que el outsourcing va dirigido a contratar los servicios de un número limitado de personas o empresas especializadas en un determinado proceso y durante un determinado período de tiempo, el crowdsourcing deja el reto abierto, es decir, presenta un problema tecnocientífico a cualquiera que tenga el deseo de querer resolverlo, generalmente sin un plazo de tiempo predeterminado. Es algo parecido a los cuantiosos premios que lanzaban muchas realezas europeas durante los siglos XVII Como es natural, cada uno de los tres "gremios" ofrece argumentos a favor o en contra, probablemente procurando dar todo el peso a los valores epistémicos, si bien otros valores y disvalores interesados se dan también cita en la génesis de los argumentos. Obviamente, el mejor argumento será el que demuestre ser más eficiente en relación con el progreso de la ciencia, bien sea porque incremente la cantidad y la calidad de los descubrimientos o porque refuerce la fiabilidad de lo que los científicos deciden que es verdadero. Pero se mostrará luego que no sólo los valores, creencias y deseos de las tres diferentes culturas que se han mencionado (bibliotecarios, editores e investigadores) tienen relevancia para las redes epistemológicas que se abren paso en la Red, sino que se puede especular con el probable nacimiento de nuevas subculturas asociadas a las diversas prácticas científicas imperantes. Como ya se ha dicho, el presente análisis se centrará únicamente en el ámbito de las subculturas asociadas a los investigadores. ACCESO ABIERTO E INTERDISCIPLINARIEDAD El acceso abierto nació, en el sentido moderno 7 de la expresión, cuando los investigadores se dieron cuenta de la inmediatez que ofrecía la Red a la difusión de sus ideas entre sus colegas, lo cual no era baladí si se tiene en cuenta la importancia de la prioridad en la empresa científica. Posteriormente, se hicieron evidentes también las ventajas en la creación y distribución de contenidos que han sido comentadas antes, de modo que la "serials crisis" se ha ido convirtiendo en el principal argumento para impulsar las iniciativas de acceso abierto (Guédon, 2001). El objetivo principal aquí es mostrar que puede apelarse a un argumento adicional en favor del acceso abierto a los artículos científicos: las sinergias que el acceso abierto y los repositorios digitales pueden generar gracias a los cruces entre disciplinas. Y se propondrá un modelo que muestra el modo en que esto puede hacerse. En otras palabras, la interdisciplinariedad tiene mucho que ganar con el acceso abierto y con los repositorios digitales. Es más, tomando en cuenta que el acceso abierto no es más que un caso particular del movimiento más general que representa la idea de ciencia abierta, se puede afirmar que Internet ofrece la oportunidad de fomentar la interdisciplinariedad como nunca antes en la Historia, pudiendo no sólo unas disciplinas retroalimentarse de otras, sino que, además, se conseguirá reducir los tiempos necesarios para echar miradas retrospectivas al pasado con el fin de encontrar sutiles influencias entre disciplinas e, incluso, prever qué disciplinas son más susceptibles de fusionarse con cuales otras en el futuro cercano. Influencias, sinergias, inconsistencias, paralelismos que no era ni es posible ver a simple vista y que, con las herramientas adecuadas (digitales obviamente) y modelos imaginativos, se detectarán con éxito un porcentaje alto de veces. Como se explica en el primer artículo de este monográfico, los dos caminos que han sido identificados para digitalizar la ciencia impresa y archivar la ciencia nacida digital son: el camino dorado, que consiste en ir digitalizando las revistas impresas y seguir más o menos como hasta ahora; y el camino verde, que consiste en que los propios investigadores depositen sus artículos en los repositorios digitales. ¿Cuál de ambas iniciativas es más abierta en el sentido de fomentar la interdisciplinariedad en el Nivel 2 (redes sociales)? Por suerte o por desgracia, la respuesta no depende sólo de criterios epistémicos, sino que apela a condicionantes económicos. Si bien es cierto que la edición, las copias y la distribución son más baratas, no lo es menos que el mantenimiento de plataformas de revistas digitalizadas y de repositorios digitales institucionales tiene un coste no nulo. Varios partidarios del camino dorado abogan por financiar los costes mediante el modelo "autor-paga", es decir, que si el autor desea tener su artículo en abierto, él o la institución que le financia deben pagar una cierta cantidad a la revista. En caso contrario, el artículo sólo será accesible para suscriptores. Algunas cantidades que están saliendo a la luz en el modelo "autor-paga" son injustificada y exageradamente altas, pero, dejando de lado las disquisiciones comerciales, lo cierto es que desde el punto de vista del fomento de la interdisciplinariedad es preferible eliminar las restricciones superfluas y evitar las barreras innecesarias. Aun así, se propone aquí una atrevida (y para muchos seguro que polémica) perspectiva que haría compatible el acceso abierto con la viabilidad económica de las revistas científicas. Pero para ello, es necesario admitir que las revistas científicas deberán desempeñar un papel muy diferente al que han venido haciendo en los últimos siglos: su valor añadido no será filtrar y seleccionar artículos, sino presentar discursos. Más adelante, se caracterizará el significado de estos discursos. Las facilidades de edición, copia y distribución que ofrece la tecnología digital permiten difundir las ideas entre los pares de forma casi inmediata, una inmediatez que contrasta con los varios meses (y a veces más de un año) que tardan en editarse y distribuirse muchas revistas impresas, si bien estos tiempos y los canales de difusión varían en función de la disciplina. No cabe duda de que parte de la "culpa" de esa lentitud es debida a las necesarias revisiones de los evaluadores de las revistas, pero también al carácter limitado de páginas que pueden soportar las revistas impresas. En efecto, una revista agrupa varios escritos, pero está limitada por un principio (la portada) y un final (la contraportada), digamos que idealmente por un par de tapas. Tal hecho es evidente en el caso de las revistas tradicionales impresas, pero a menudo se comete la torpeza de concebir igualmente las revistas digitales como objetos de extensión finita. Naturalmente, las limitaciones de las revistas electrónicas son de un carácter muy diferente a las de las revistas impresas, pues aquéllas pueden contener hipervínculos que abren nuevos artículos, revistas o libros digitales en línea, así como comentarios o correcciones que pueden ser añadidos en cualquier momento y lugar (González Quirós y Gherab Martín, 2006). No obstante, el modo actual (y usual) de proceder es el de asignar páginas, números, volúmenes y tomos a las revistas digitales del mismo modo en que se hace con las revistas impresas. Por tanto, la limitación de las revistas digitales, aun no siendo material, es en cierto modo conceptual. Y es probable que esta necesidad de asignarle una finitud a las revistas sea debida a un factor pragmático que tiene que ver con el número finito de revisores de artículos de cada revista. Es decir, la visión de las revistas como objetos finitos es pues consecuencia de la necesidad de empaquetar, ya sea física o digitalmente, únicamente el conocimiento aprobado, el saber con marchamo de calidad. Al contrario, los repositorios digitales permiten, al menos idealmente, autoarchivar tantos artículos como se desee. Pero esta peculiaridad es la que, según muchos editores de revistas comerciales e incluso la Royal Society de Londres (2005), pone en peligro el progreso de la ciencia porque menosprecia la necesaria revisión por pares de cualquier artículo con aspiraciones de ser tomado en serio por el resto de colegas de la disciplina en cuestión. Sin embargo, la experiencia de arXiv.org, el ya famoso repositorio 8 de los físicos, demuestra que esto no es necesariamente así. De algún modo, ya sea a través de los foros o por conversaciones informales, los físicos parecen ponerse de acuerdo acerca de lo que es bueno y lo que no lo es tanto, saben separar el grano de la paja. Un físico de partículas desayuna todas las mañanas con un ojo puesto en las novedades publicadas en arXiv.org (muchas de las cuales, transcurridos varios meses, serán publicadas en las revistas de referencia, por ejemplo Physical Review Letters). Los foros, las wikis y sobre todo los correos electrónicos pueden ayudar a la hora de decidir si un artículo merece ser citado, antes incluso de ser publicado formalmente por una revista de referencia, lo cual infringe una de las reglas no escritas más veneradas por la Academia, una de las "aduanas" erigidas por la comunidad científica para asegurar el cumplimiento de las normas mertonianas (Merton, 1973). Lo ideal sería implementar nuevas reglas para los repositorios digitales, lo suficientemente flexibles para sacar provecho de las ventajosas cualidades de lo digital al tiempo que capaces de otorgar fiabilidad a las citas de artículos aún sin publicar. Según el análisis esgrimido antes, si a la finitud conceptual de una revista correspondía la finitud del número disponible de revisores, a la infinitud conceptual de un repositorio digital habrán de asociarse infinitos potenciales revisores. Éste es el ideal al que apunta la revisión por pares abierta (open peer-review), una ciencia abierta en el sentido de participación de potencialmente infinitos revisores que, de algún modo concreto aún por consensuar, permita la participación de todos sin disminuir en lo más mínimo los estándares de selección y evaluación de artículos. Hay que decir que ya existen propuestas al respecto, aunque ya hay algunos intentos que no han tenido éxito (Nature, 2006). Una característica añadida de las revistas, sean impresas o digitales, es su orientación temática y disciplinar. De hecho, al nacimiento de una corriente disciplinar de la mano de un colegio invisible (Ziman, 1984, 75) suele acompañar la creación de una revista. Tradicionalmente, la creación de una revista suele ser uno de los eslabones de un ritual de iniciativas conducentes a dar legitimidad a una nueva disciplina. Algunas de estas iniciativas suelen ser la organización de seminarios y congresos, la creación de una sociedad, el establecimiento de asignaturas universitarias afines a la temática, la convocatoria de becas, la concesión de premios y honores, etc. Así, las revistas suelen pertenecer al ámbito de una disciplina y los artículos en ellas publica-dos muchas veces guardan poca relación entre sí en cuanto al problema concreto que buscan resolver. A medida que va creciendo y se va diversificando el savoir faire de una disciplina, una diversificación que es consecuencia de los diferentes métodos, reglas, técnicas, creencias e intenciones, culturas y subculturas teóricas y experimentales que van apareciendo y que van constituyendo los embriones de nuevas subdisciplinas, se va disgregando cada vez más la información, se va diluyendo la unidad temática, y se va perdiendo en suma el discurso centrado en la resolución de un problema concreto. DEL ACCESO ABIERTO AL USO ABIERTO (O ENSAMBLAJE INNOVADOR) Los científicos no buscan una gratificación inmediata por la publicación y difusión de sus artículos. Al contrario, en muchas ocasiones tienen que pagar, y más aún si el modelo "autor-paga" del camino "dorado" sigue adelante. El objetivo de los científicos es alcanzar el mayor impacto posible, siendo citados el mayor número de veces por otros, de ello depende su prestigio profesional y por tanto sus futuros ingresos, poder e influencia. Y para conseguirlo, están dispuestos a ceder sus artículos gratuitamente, con la condición de ser citados. Por tanto, si salen varias revistas o monográficos en los que uno de sus artículos es incluido, no tendrán ningún impedimento. Al revés, cada vez que uno de sus artículos es publicado, su suerte de ser leídos y posteriormente citados aumenta. Aunque es cierto que en algunos casos las citas a otros artículos se hacen para negar una determinada idea en lugar de para apoyarla, no es menos cierto que una cita por lo general representa una recomendación de lectura, un apoyo intelectual. Así, se han ido desarrollando diversas plataformas informáticas que, siguiendo el modelo de ISI-Thomson, muestran cuántos y qué artículos han citado un determinado texto por el cual estamos interesados. Ejemplos de este tipo son Citebase 9, Citeseer 10 y Google Scholar 11. El modelo que aquí se propone incluye la apuesta por que los científicos autoarchiven sus papers en los repositorios digitales de acceso abierto de sus instituciones o en otros repositorios disciplinares que hayan tenido éxito y tengan masa crítica. De este modo, los artículos autoarchivados y las críticas y contracríticas (refutaciones) que se vayan colgando en diversos repositorios digitales irán dibujando una malla de citas que irá dando realce a diversas discusiones, ya sean éstas agrupaciones de artículos, datos experimentales, anotaciones o comentarios. Así, los repositorios que tengan mejores tecnologías de recomendación 12, es decir técnicas de recuperación de información basadas en redes sociales, filtrarán mejor "el grano de la paja", separarán los buenos artículos de lo malos mediante la combinación de diversas formas de contar descargas (downloads), citas, cocitas, etc. Iniciativas de este tipo existen ya (Shadbolt, Brody, Carr y Harnad, 2006). Pero, ¿cómo hacer compatible esta perspectiva con la viabilidad de las revistas en el futuro? A primera vista, la propuesta que se describe a continuación parecerá conseguir todo lo contrario, a saber, destruir las expectativas de las revistas. Sin embargo, un detallado argumento procurará mostrar que esto no es necesariamente así. Muy al contrario, lo que un primer momento parecerá una debilidad, finalmente emergerá como una fortaleza. La propuesta es que los artículos autoarchivados en los repositorios institucionales o disciplinares puedan ser publicados cuantas veces se quiera y en cuantas revistas se considere adecuado. Esto es una consecuencia lógica (y legal) de la utilización de licencias copyleft 13, Creative Commons 14 o Science Commons 15 en los artículos académicos. Veamos un ejemplo: digamos que aparece un artículo matemático que presenta un método para resolver una determinada ecuación que tiene implicaciones no sólo sobre cierta rama de las matemáticas, sino también sobre determinados problemas en química y en economía. Con el modelo aquí propuesto, el artículo podría ser publicado en una revista matemática, pero también (con las necesarias modificaciones 16 para adaptarse al lenguaje de los químicos y los economistas) en las revistas de Química y de Economía que lo consideren necesario para sus lectores-investigadores. De este modo, lo publicado por las revistas no será (como es habitual hoy en día) un conjunto de artículos disciplinares que no tienen relación los unos con los otros. Si una revista puede publicar el mismo artículo que otra revista, se verá obligada a dar un valor añadido a los lectores-investigadores para que éstos la quieran comprar y leer. Si dos revistas ofrecen los mismos artículos, lo que buscará en ellas entonces el investigador es el discurso subyacente: ¿por qué esos artículos y no otros? ¿por qué una determinada ordenación y no otra? Esto obligará a que los consejos editoriales de las revistas elaboren discursos unitarios que apunten a la resolución de problemas concretos, deberán hacer una "foto" al estado del arte actual de un cierto problema o una cierta subdisciplina. Así, el mejor argumento que tendrá una revista puntera para "vender" que su discurso es el más certero (el más verdadero o cercano a la objetividad) en relación a la resolución de una cuestión científica concreta será el plantel de expertos con el que cuenta, en definitiva, los pares que conforman su consejo editorial. Así, aun permaneciendo el tradicional procedimiento de que los articulistas envíen sus artículos a las revistas académicas, las revistas más astutas irán "a pescar" en los repositorios digitales (utilizando adecuadamente las tecnologías de recomendación a su disposición) lo que consideren mejor para sus lectores, como si se tratara de caladeros de peces 17, de modo que su valor añadido consistirá más en presentar discursos que en publicar un cúmulo de artículos inconexos. Se premiará a las revistas innovadoras cuyos consejos editoriales, su élite de sabios, acierten a agrupar datos experimentales, gráficos, artículos y comentarios relacionados en solucionar problemas comunes, formando óptimos discursos sobre una cuestión particular. La obligación será virtud, y es al ponerlas al límite de su existencia cuando las revistas darán lo mejor de sí en esta era digital cuyas sombras comienzan a adivinarse. Diferentes revistas podrán escoger idénticos artículos si así lo desean, pues su valor añadido residirá en las relaciones que muestren entre ellos. Dicho con otras palabras, no habrá "contratos" de exclusividad, no habrá copyright con respecto a los artículos. Las revistas electrónicas podrán reutilizar los artículos cuantas veces quieran, si ello beneficia al discurso que publican. La revisión por pares de cada artículo o comentario podrá continuar como hasta ahora o abrirse a nuevas fórmulas más democráticas, pero el consejo editorial tendrá la obligación adicional de construir un edificio epistemológico con esos ladrillos-artículos seleccionados. Esto sería la industria de la reutilización aplicada a las revistas científicas, lo que Tim O'Reilly ( 2005), el creador del concepto de Web 2.0, ha denominado a nivel genérico como "ensamblaje innovador". O'Reilly pone el ejemplo del formidable florecimiento de la industria de fabricación de PCs clonados gracias a la reutilización y ensamblaje libre de componentes de maneras multiplicadamente creativas. Y este procedimiento exitoso a nivel hardware ya está triunfando a nivel de software con los desarrollos de programación denominados web services y en las iniciativas de código abierto (open source). Es por ello que el modelo aquí esbozado podría muy bien denominarse Acceso Abierto 2.0, o bien Uso Abierto, o cualquier otra expresión que capture la noción de libre ensamblaje. Otros ejemplos de ensamblaje innovador pueden consultarse en Gherab (2008). No cabe duda que este modelo sería actualmente una quimera para la industria musical o para la industria cinematográfica (al menos de momento), o incluso para la industria editorial no académica, todos ellos sectores en los que se privilegia la copia privada. Pero el caso de la Academia es diferente: el ethos de la Ciencia establece la universalidad y el comunismo (ambos en el sentido de Robert K. Merton) de los conocimientos científicos, y la sociología de la ciencia sugiere que los investigadores estarían entusiasmados en ver sus artículos publicados a doquier, un espectro de revistas, un espectro de públicos. Las revistas tendrán que innovar tanto en tecnologías de información como en tecnologías del conocimiento para recuperar y reutilizar los contenidos añadiendo valor. Así, deberán depurar sus técnicas de recomendación para escoger los buenos discursos, y deberán saber reutilizar o ensamblar de manera innovadora los artículos depositados en los repositorios digitales. Las tecnologías de recomendación que deberán poner en pie las revistas y los repositorios son las técnicas que permitirán recomendar adecuadamente a un académico qué artículos, blogs 18, foros o wikis habidos en la Red 19 pueden ser de su interés. En este sentido, es necesario precisar que la utilización de wikis por parte de ciertas (jóvenes) comunidades científicas no es ninguna idea-ficción, como lo demuestra el ejemplo de la wikienciclopedia Quantiki 20 que está construyendo colaborativamente la comunidad de investigadores de la pujante disciplina de la Información y Computación Cuántica. Y tal vez no es casualidad que las primeras en desarrollar estas wikis sean jóvenes disciplinas cuyos miembros empiezan a estar bien financiados y además no tienen fuertes ligaduras con las revistas. Quizás haya iniciativas similares en diversos campos de la nanotecnología. información-computación cuántica y nanotecnología, se trata de subculturas en el lenguaje de Galison 21, nacidas en el cruce de disciplinas y prácticas de investigación diversas (teoría, experimento, instrumento) que de lenguajes rudimentarios (pidgin) han pasado a estructuras lingüísticas más avanzadas (creole) en la misma época en que se iba tejiendo las Web, creando así sus (e-)revistas y sus wikis, aplicando prácticas propias y negociando en nuevas trading zones en las que comunicarse y hacer avanzar su propia subcultura 22. LOS REPOSITORIOS DIGITALES COMO "MERCADOS" No es fácil asimilar que compartir información abiertamente pueda acabar siendo beneficioso para las revistas. En muchos ámbitos, la información representa un poder para el que la posee, de modo que compartir un secreto requiere de contraprestaciones, habitualmente económicas. El argumento de que el acceso abierto es un peligro para la ciencia porque socava los cimientos de las revistas, se basa en que las revistas son viables porque publican una información convenientemente seleccionada y filtrada que nadie más posee. Sin no es de información de lo que el presente artículo habla, sino de conocimiento, de quién sabe más. El objetivo de las revistas ha de consistir en disminuir la entropía que se vaya generando en los repositorios digitales (ya sean institucionales o disciplinarios), reducir el ruido hasta un punto que el investigador pueda "escuchar" lo esencial del mensaje: un discurso coherente bien planteado y ordenado, con los pros y los contras (si los hay). El objetivo consiste en privilegiar el conocimiento sobre la selección de información. Sin duda el reto es colosal, como admirables son las armas que la tecnología digital pone a nuestra disposición. Hasta aquí se ha presentado un modelo de uso abierto de los artículos científicos que abriría muchos y nuevos canales interdisciplinares, pero ¿qué modelo de repositorios digitales es el más adecuado para este fin? La respuesta es que el diseño de los repositorios digitales ha de ser encarada desde la perspectiva de la noción de trading zone. La analogía de la antropología puede ayudar a entender la cuestión. La mejor metáfora sería la de un mercado (que mejora la idea de caladero) al que acuden a comerciar y comprar diferentes etnias y culturas, con diferentes len-guas, tradiciones y prácticas. Naturalmente, las etnias y las culturas son en nuestro caso las diversas disciplinas y culturas científicas. Cada disciplina científica tiene su propia jerga, pero a la hora de negociar con miembros de otras disciplinas, un investigador debe adaptar su argot a los esquemas conceptuales con que parte el receptor del mensaje. Entre ambos nace una especie de sublenguaje técnico (pidgin) que es la lengua franca que utilizan para poder comunicarse. Si algo bueno tiene la tecnología digital, además de librarnos de arquitecturas tecnológicas previas, es que es tremendamente flexible, tan maleable que nos permite moldear la nueva arquitectura de la manera que consideremos más adecuada en función del modelo de colaboración epistemológica que diseñemos. Si se quiere, se pueden dejar las etiquetas del investigador que originalmente autoarchivó su artículo como un núcleo central de conceptos, permitir que sus pares en la disciplina puedan añadir sus palabras clave en un segundo "perímetro de seguridad", y dejar progresivamente que otros investigadores de otras disciplinas (cada vez más lejanas) vayan haciendo sus aportaciones conceptuales, etiquetando con su propio lenguaje disciplinar lo que del artículo consigan leer, como si de las capas de una cebolla se tratara. Recuperando la analogía descrita por Polanyi (1969, 101) de la lectura de placas de rayos X, un economista versado en matemáticas avanzadas no será capaz de captar la profundidad de una demostración en un determinado artículo publicado en Journal of Algorithms del mismo modo en que puede hacerlo un matemático profesional. Sus esquemas conceptuales y sus prácticas profesionales son diferentes. Y lo mismo es cierto para un físico teórico de partículas y un físico experimental de altas energías (es decir, dos miembros de lo que a primera vista es una disciplina unitaria): ambos denominarán con la expresión "quark" a observaciones diferentes, a fenómenos mapeados en un trasfondo de esquemas conceptuales, prácticas instrumentales y ligaduras teóricas muy distantes, que en algunos aspectos quién sabe si podrían llegar a considerarse inconmensurables. Se puede también, por ejemplo, dar un mayor peso a una etiqueta editada por un reconocido especialista, o se puede abrir todo un ramillete de pesos en función de quién etiquete y de qué disciplina provenga. Las combinaciones son potencialmente infinitas y dependerán del buen criterio que se tenga. Pero se debe tener en cuenta que la elección de cada expresión clave que etiquete un artículo no será seguramente una decisión puramente epistémica, sino que, implícita o explícitamente, estará condicionada por un ramillete de valores, creencias, deseos, etc. Unos repositorios construidos de este modo favorecerán la recuperación interdisciplinar de artículos, y puesto que un modelo de etiquetado folksonómico de este tipo tiene una cierta similitud a los modelos de indexación por citas, entonces se podrá visualizar la dinámica de la disciplinas, constatar cuáles están convergiendo, o divergiendo, o emergiendo, o desapareciendo, o compitiendo, o transformando. Del mismo modo en que ya se hacen análisis de citas con el fin de ir elaborando una ciencia de la ciencia, el diseño de los repositorios disciplinares y de su interrelación dirá mucho acerca de la transferencia de conocimiento entre disciplinas, un conocimiento que se consideraba tácito antes de existir Internet. Con la creciente interdisciplinariedad, las fronteras entre disciplinas se harán cada vez más difusas, nacerán nuevas comunidades que ocuparán los huecos dejados por dos disciplinas hasta entonces casi adyacentes. Cierto tiempo después de entrar dos disciplinas en contacto y negociar la transferencia de conocimiento entre sí, un subconjunto de la intersección de ambas disciplinas empezará a convertirse en una nueva subdisciplina cuyos investigadores, con el tiempo, empezarán a hablar el mismo idioma (creole), a tener las mismas prácticas y creencias, y a publicar sus propias revistas y e-revistas. Es importante señalar que el nacimiento de estas subdisciplinas, como también señala Galison (1997) en otro contexto, está coordinado por acciones dirigidas a un objetivo común. Galison repasa la historia de la construcción 24 de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial, en el Laboratorio de Los Álamos, pero su discurso es igualmente válido para científicos que buscan resolver cualquier tipo de problema (aunque no sea tan tangible como una bomba atómica), un proceso que requiere de la coordinación de acciones y creencias con un objetivo común. Con el foco en los problemas en lugar de en las disciplinas, la misión de las revistas científicas será la de velar por presentar un discurso integrador que apunte a la resolución de un problema, incluyendo si es necesario en sus páginas (impresas o, preferiblemente, electrónicas) artículos de diversas disciplinas, deberán por tanto publicar una selección y ordenación coherente del estado del arte de un determinado problema. Volviendo a la metáfora de los repositorios como mercados, las revistas serán los cocineros de lo que en esos mercados se comercie. Por supuesto, no todas las manzanas de un puesto de mercado son buenas (las puede haber incluso podridas), pero la labor de un buen cocinero no requiere tan sólo de habilidad en la selección de los productos que elige, sino también de la mezcla que pre-para, una mezcla cuyos "toques maestros" pueden variar en función del gusto y las expectativas de los comensales. Cualquier individuo puede comprar libremente en un mercado y tratar de elaborar la misma combinación que el chef, pero los resultados (y el tiempo perdido) no son los mismos. Los consejos editoriales, y las eminencias que los componen, son los chefs de la ciencia y los investigadores seguirán degustando sus platos (revistas) a pesar de poder intentar prepararlos por su cuenta (repositorios). La ciencia podrá ser así abierta al tiempo que fiable. 17 En este punto, esta metáfora de caladero de peces es una buena aproximación, y más aún si tenemos en cuenta que las tecnologías de recomendación se basan en las redes sociales. Luego se verá que no es la metáfora más adecuada, pues hay otra que capta mejor las sutilezas del modelo, la del mercado. 18 A pesar de que ya existen varios blogs, como NodalPoint, Pharyngula o RealClimate, los investigadores aún se muestran reticentes a abrir blogs personales (Butler, 2005). 19 ha popularizado también el uso de los RSS para la recuperación temática de noticias, pero los RSS no filtran el grano fino, no evalúan, no seleccionan, no priorizan del modo que lo hacen las tecnologías sociales de recomendación. Quizá en el futuro lo hagan, pero de momento pertenecen más al Nivel 1 (de autómatas) que al Nivel 2 (social). 22 Para ver cómo pueden relacionarse el pidgin y el creole con las prácticas científicas, así como una descripción del concepto de trading zone, ver Galison (1997, 831-838) INTERDISCIPLINARIEDAD Y REDES EPISTEMOLÓGICAS DE LA CIENCIA EN INTERNET REDES EPISTEMOLÓGICAS DE LA CIENCIA EN INTERNET No 612 INTERDISCIPLINARIEDAD Y REDES EPISTEMOLÓGICAS DE LA CIENCIA EN INTERNET
Internet ha modificado profundamente la relación que siempre ha existido entre el periodista y su fuente, la comunicación entre los propios científicos y entre la fuente científica y la sociedad. Ahora cualquier periodista, científico, blogger o curioso puede acceder sin problema a la web de la fuente científica. La propia fuente (por ejemplo, la NASA) se considera entonces un medio de comunicación de masas a todos los efectos. Debido a ello, muchos científicos comienzan a producir ciencia para alimentar a "su medio de comunicación". La ciencia acepta la dictadura de la audiencia. En una disciplina tan internacional como la ciencia, el nuevo entorno cibernético lo ha cambiado todo. En este artículo se analizan estos cambios bajo la perspectiva del nuevo paradigma de la "cultura convergente" y del desarrollo creciente de la filosofía Web 2.0. Periodismo científico, ciencia y sociedad, ciberperiodismo, cultura convergente. Internet ha modificado radicalmente el oficio periodístico. Hace unos años, nadie previó esta gran transformación aunque, quizá, una de las escasas excepciones fuera Alvin Toffler en su libro La tercera ola (Toffler, 1980). Por primera vez se hablaba de comunicación "varios a varios", de que la producción de los medios se iba "desmasificar" y de que, por tanto, nacía la comunicación mediática personalizada. No existiría ya el concepto comunicación de masas que tanto gustaba a los periodistas -por el poder que ese control les otorgaba-y, lo más revolucionario del libro, el espectador podría intervenir en los periódicos que leería y en la televisión que vería. Cuando se publicó el libro, a principios de los ochenta, al menos en las facultades de comunicación se veía como una ciencia-ficción, similar a cuando los físicos hablan de viajes en el tiempo. Todavía a mediados y finales de los noventa (cuando yo era estudiante de Periodismo) se le daba más credibilidad a los aspectos sociológicos del libro (la desaparición de la familia tradicional, el aumento de la soledad, la "cultura sin hijos", o el nuevo trabajo infantil) que a sus especulaciones sobre cómo evolucionarían los medios de comunicación de masas. A principios de este siglo, cuando ya estaba plenamente operativa la hoy denominada web 1.0 se hablaba de "Periodismo e Internet: nuevo medio, vieja profesión" y se subrayaba que debían ser "los periodistas quienes introduzcan en la red los contenidos informativos de carácter periodístico, única forma de garantizar la calidad, objetividad, veracidad y credibilidad en la información (Canga Larequi, 2001: 33)". Por otro lado, se hacía hincapié en etiquetas de la etapa anterior como "el prestigio de la marca" y se señalaba que "la imagen de marca resulta determinante, en este momento, para garantizar la fiabilidad de la información que, si es buena en el papel, también lo será en la red (Edo, 2001: 59)". En un análisis sobre los portales web de los periódicos gratuitos españoles se describe el portal del diario Qué y se destaca que "se presenta como un espacio de comunicación personal, ya que en su portada los mejores artículos son elaborados por los lectores. (...) La selección queda marcada por la dirección del diario que es quien decide qué artículo es más interesante y destaca el blog del día en la parte superior de la portada (Franco Álvarez, 2005: 181)". Todavía estaba la selección de los blog en manos de la dirección del periódico. Es decir, los periodistas conservaban el poder jerarquizador de noticias (uno de los más importantes de la profesión), pero se vislumbra el cambio de que son los ciudadanos los que hacen la información. Comienza a hablarse de "periodismo ciudadano". Medios de comunicación españoles como Menéame.net elaboran ya sus portadas exclusivamente en función de la selección de los lectores. Es decir, no les hace falta el periodista tradicional. Pues básicamente la irrupción generalizada de lo que se ha denominado filosofía Web 2.0, término propuesto en 2004 por Tim O'Reilly para describir a una segunda etapa en la historia la red basada en comunidades de usuarios, donde éstos interactúan a través de redes sociales, blogs, etc. Lo más importante de la Web 2.0, además del fácil acceso, es la posibilidad de modificar tanto el contenido como la estructura de los textos. También se puede poner material en línea y participar tanto personal como colectivamente. Es decir, la Web 2.0 permite a los ciudadanos convertirse en protagonistas relevantes del proceso informativo, algo antes destinado sólo a los periodistas. No es lo mismo consultar pasivamente la Enciclopedia Británica por la red (Web 1.0), que Wikipedia (Web 2.0) en la que todos podemos colaborar. Es cierto que, quizá, la cantante Madona pueda tener una entrada mayor que la de Aristóteles; pero en la nueva era, las jerarquías de los conocimientos se diluyen. El periodismo 2.0 puede ser elaborado directamente por el ciudadano (aunque, obviamente, los periodistas también son ciudadanos) al margen de las grandes empresas mediáticas. Aparecen nuevos términos: ya no se habla de géneros periodísticos, sino de "narración transmediática" y nos referimos a los viejos entramados de empresas periodísticas como "hibridación corporativa"; el cada día más anticuado concepto de audiencias o, incluso, de opinión pública, se modifica en Web 2.0 con el de "inteligencia colectiva" (Pierre Lévi) o "multitudes inteligentes" (Howard Rheingold). Ya no hablamos de editores de los textos periodísticos (los antiguos jefes de sección o redactores jefes), sino de "lectura beta", un concepto en el que el propio lector puede reelaborar (editar) en la red el texto escrito por el periodista y volcarlo editado por él. El concepto de MMORPG (del inglés Massively Multiplayer Online Role-Playing Games); es decir, juego de rol en línea multijugador (un juego que reúne a miles de personas que interaccionan a través de avatares en un entorno de fantasía) ha dado paso a otro más sofisticado como el de "realidad alternativa", acuñado por Jane McGonigal. Los periodistas tuvimos un shock cuando una de las agencias de noticias más importantes del mundo, Reuters, abrió en 2006 su propio avatar "oficina y su periodista" en Second Life (un espacio de realidad virtual). ¿Puede un periodista contar realidades alternativas? ¿Existe traspaso informativo de una realidad a otra? ¿Debe hacerlo el periodista? Preguntas complejas del nuevo ciberperiodismo. Cuando Gaspar Llamazares, el líder del partido español Izquierda Unida, decidió en 2007 dar un mitin en Second Life, lo relevante no fue lo que dijo, sino que ese mitin tuvo mucha mayor cobertura mediática en medios "reales" que cualquier otro que diera en la realidad "real". Llamazares emulaba a los políticos franceses Nicolás Sarkozy o Ségolène Royal. Desde mi punto de vista, Second Life no ha tenido la repercusión que se le atribuía (en especial los teóricos cibernéticos). Pero demostró que el mundo no es lo que era. Estamos, por tanto, en un momento de incertidumbre en el que lo viejo parece que desaparece, pero no sabemos qué es lo que sustituye. UN NUEVO PARADIGMA: LA CULTURA CONVERGENTE Uno de los enfoque más atractivos que han aparecido en los últimos tiempos para intentar explicar lo que sucede en los medios de comunicación con la irrupción de Internet (sobre todo de la Web 2.0) es el denominado "paradigma de la cultura convergente", acuñado en 2006 por el profesor de Estudios Mediáticos del MIT Henry Jenkins. Esta "cultura convergente" sería la suma de tres subprocesos relacionados en distintos niveles con la filosofía Web 2.0: la convergencia mediática, la cultura participativa y la inteligencia colectiva. La primera aproximación al fenómeno la describiremos con un "caso estudio" que está siendo muy analizado (Rosenzweig, 2003; Jenkins, 2006; Lozano, 2008). En oto-ño de 2001, tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, Dino Ignacio, un anónimo estudiante filipinoamericano de secundaria diseñó un collage digital con Photo shop. Con toda su inocencia de chaval, juntaba la imagen de Bin Laden (considerado como autor intelectual del atentado en los medios de comunicación) con la del cascarrabias Blas, personaje de la serie infantil de distribución global Barrio Sésamo (iniciada en 1970 y que continúa en la actualidad). Colgó en su web personal una serie de imágenes tituladas "Blas es malo". En realidad, sólo era una broma, pero el blog fue pasando de un lado a otro, incrementando su posicionamiento en los motores de búsqueda. Blas (y su amigo Epi) son iconos globales de todos los occidentales nacidos desde mediados de los sesenta. Es decir, de la mayoría de los usuarios de Internet. Ese pequeño éxito posiblemente fuera la causa de que un editor de Bangladesh encontrara y seleccionara el collage, cuando chequeó la red en busca de imágenes de Bin Laden para imprimirlas en carteles y camisetas antiamericanas que llevarían miles de manifestantes en Pakistán contrarios a la política de EEUU tras el 11S. En Pakistán puede verse un formato adaptado de Barrio Sésamo, pero en él no aparecen los personajes Epi y Blas. Las manifestaciones fueron recogidas por la CNN y transmitidas de manera global. Los representantes de Children's Televisión Workshop, creadores de la serie Barrio Sésamo, contemplaron escandalizados las imágenes en la que furiosos manifestantes portaban carteles con la fotografía de Bin Laden junto al muñeco Blas y amenazaron con emprender acciones legales. "Nos sentimos indignados por el deplorable y desagradable uso de nuestros personajes. Los responsables de ello deberían sentirse avergonzados. Estamos explorando todas las opciones legales para detener este abuso", dijeron sus abogados en los medios de comunicación. La CNN se defendió diciendo que ellos sólo emitían imágenes noticiosas de la realidad. Y esas manifestaciones con las imágenes de Blas con Bin Laden eran la realidad. Inmediatamente se crearon numerosos foros de fans bromistas que relacionaban terroristas con personajes de Barrio Sésamo. Pero, además, Dino Ignacio, se convirtió en un personaje de culto en Internet y ello también fue noticia en los medios tradicionales. La publicidad creció tanto que también lo hizo la preocupación de Ignacio quien desmanteló su sitio web y puso el siguiente mensaje: "Creo que esto se ha acercado demasiado a la realidad (...) Su fantasía personal se convirtió en realidad. Lo que comenzó como broma en su web, se convirtió en noticia. Después, en crisis internacional y empresarial, reflejada tanto por los medios tradicionales como, sobre todo, virtuales. Posteriormente, el protagonista involuntario de la broma se ha transformado en personaje de culto y, desde 2003, en que se publicara el caso como "estudio científico" en la prestigiosa revista American Historial Review (Rosenzweig, 2003), en asunto científico de primera magnitud, publicado nuevamente con este otro enfoque en los medios de comunicación. Éste es el mundo de la cultura convergente, donde los esquemas tradicionales de comunicación como el modelo de Jakobson emisormensaje-receptor quedan radicalmente distorsionados. Un mundo donde la cultura de masas se convierte en alta cultura y la alta cultura (como los resultados científicos) en cultura de masas. ¿Qué posibilita este cambio de paradigma? En primer lugar, uno de los integrantes de la cultura convergente, la convergencia mediática (Jenkins, 2008: 14). Los circuitos que ha recorrido Blas son consecuencia de la globalización pero también de la convergencia y sinergias de los medios de comunicación. No obstante, el nuevo significado de convergencia, no se refiere tanto a convergencia de soportes mediáticos -tal y como era definido a principios de este siglo XXI-como, sobre todo, a un cambio cultural, liderado por la Red, en el que los consumidores mediáticos buscan otras informaciones, establecen nuevas conexiones entre contenidos mediáticos dispersos y los propios espectadores-usuarios-receptores-finales se convierten en emisores. Es decir, la convergencia no se produce en aparatos mediáticos, por muy sofisticada que sea su tecnología, sino en el cerebro de los emisores y receptores. La convergencia se produjo en el cerebro de Dino Ignacio. El otro nuevo concepto necesario para comprender el paradigma de cultura convergente es el de "cultura participativa": opuesta al antiguo esquema de "espectador mediático pasivo". Ahora ya no puede hablarse de productores y consumidores mediáticos, como entes separados, que desempeñan funciones distintas. Todos somos ahora potenciales participantes activos. El último término que me interesa exponer es el de "inteligencia colectiva" (Lévi, 1997). Este concepto parte de la premisa de que ninguno de nosotros puede saberlo todo. Especialmente en un mundo interconectado en el que existe más información de la que el cerebro humano puede abarcar. Sin embargo, cada uno de nosotros sabe algo y de algo, de forma que lo mejor es aprovechar las redes sociales cibernéticas (ahora más avanzadas con la Web 2.0) para construir un conocimiento en el que todos compartamos nuestras experiencias, juntemos las piezas y demos luz a una información nueva más exacta. Estas conversaciones en la red crean un "murmullo" cada vez más valorado en la industria mediática y que definirá su futuro en los próximos años. Obviamente todos estos aspectos del nuevo paradigma pueden aplicarse a todo el arco de la comunicación, tanto la de masas como la de elite (la que hacen los expertos entre sí). Pero apenas existen estudios. Algunos (muy pocos aún) interesantes en este campo provienen del mundo de la comunicación audiovisual donde, por ejemplo, analizan las intensas correspondencias, cada día más frecuentes, entre videojuegos y películas de cine: cómo unos se convierten en otros y viceversa. Otros enfoques abordan las interconexiones entre los guiones de las películas (o las series televisivas) y los clubes de fans agrupados en redes sociales en Internet quienes ahora presionan a los guionistas o elaboran tramas complementarias que propagan por la red. LA CULTURA CONVERGENTE APLICADA A LA COMUNICACIÓN CIENTÍFICA Sin embargo, en el ámbito de la comunicación científica apenas ha habido investigación sobre cómo le afecta este nuevo paradigma. La comunicación pública de la ciencia tiene dos fases: la comunicación entre científicos y, después, entre éstos y la opinión pública. Cualquier modificación en alguna de ellas modifica a la otra. En la primera fase ya comienzan a observarse algunos cambios muy interesantes que, obviamente, repercutirán en el periodismo científico. En enero de 2009 se celebró en la sede de la UNES-CO en París un evento puntual: el congreso anual de la Unión Astronómica Internacional, una cita periódica de astrónomos y astrofísicos como cualquier otro congreso científico. El congreso se tituló "El papel de la astronomía en la sociedad y la cultura 1 ", pero lo extraordinario, al margen de las ponencias en sí, fue que pudo detectarse cómo ahora coexisten varios canales de comunicación. El primero ha sido el habitual de la comunicación científica moderna, desde que se fundara la Royal Society en 1660: un grupo de científicos expone sus resultados a un público interesado. La ciencia moderna siempre ha sido definida como conocimiento público (Ziman, 1998). Pero las nuevas tecnologías posibilitaron que las ponencias fueran grabadas en televisión y emitidas por Internet donde, además, quedarán archivadas, aunque no se sabe por cuánto tiempo. (Se encargó de ello Web télé canalc2.tv, un canal cultural francés especializado en emitir coloquios y conferencias 2.) En esa web, no sólo puede descargarse el vídeo de la conferencia, sino que también publica los materiales adicionales como la presentación de power point. De modo que no era necesario estar físicamente en París para asistir al congreso o informar de él en un medio de comunicación. Otro factor revelador de las nuevas formas de comunicación fue que prácticamente la totalidad de los asistentes acudió con su portátil con conexión a Internet. Un grupo importante de ellos tenía sus propios blogs. De forma que iban retransmitiendo las ponencias (y sus impresiones sobre ponente y ponencia) en sus respectivos blogs en tiempo real. Al momento se generaban foros de discusión. Como había numerosos blogs, los participantes en los foros (de prácticamente todo el mundo: desde España o EEUU hasta Australia o Sudáfrica) podían rastrear los distintos blogs y comparar visiones y versiones. Esto último de buscar y rastrear informaciones similares es muy característico de la cultura convergente. En España, por ejemplo, uno de los participantes en el congreso, Javier Armentia, astrofísico y director del Planetario de Pamplona, realizó un seguimiento del congreso en su famoso blog de divulgación científica Por la boca muere el pez 3. Pues bien, las discusiones suscitadas en los blogs pudieron ser transmitidas a los ponentes por los bloggers en el turno de preguntas y, a su vez, respondidas en el blog o transmitidas por televisión. Es decir, el ciudadano anónimo puede participar en el congreso científico de París desde su casa en Australia. Un segundo grupo de participantes tenía, además, un perfil en redes como Facebook, de forma que en ellas se dio la versión del congreso que querían escuchar los que compartían la red social. (Por ejemplo, si los y las ponentes estaban buenos/as físicamente.) Los periodistas informaron de manera tradicional del congreso (acudiendo a la presentación en rueda de prensa) y, a su vez, reflejando lo que decían los blogs. La cobertura fue mundial. Algún medio (El Mundo, 16-01-2009), incluso, informó de la inauguración de una web específica (www. cosmicdiary.com). Algunos periodistas, como Dominique Leglu (diario Libération), fueron ponentes. Es decir, las fronteras habituales se diluyen. Muchos investigadores que no acudieron al congreso, pero que han visto las ponencias en los blogs se han podido bajar los vídeos por Internet. A los que sólo les ha interesado las referencias que citaban las ponencias, las han buscado directamente en los repositorios de las universidades y las revistas a través del Open Access. En algún caso se podía usar el hipertexto del power point de la presentación que aparecía en el canal de televisión para ir directamente a la referencia. Quien desconociera a los ponentes, ha podido rastrear su nombre en Internet y elaborarse un perfil. Bienvenidos a la nueva complejidad y potencialidades de la comunicación científica convergente. El problema de toda esta metainformación que se generó en el congreso (y del propio congreso con sus sesiones grabadas y volcadas en la web) se resume, no obstante, en la duda de ¿qué quedará de todo esto dentro de 100 años? La Universidad de Cambridge, una de las más antiguas y prestigiosas del mundo, parece no fiarse mucho de la nueva era y publicará las actas de ese congreso en su editorial y como libro tradicional. Este último dato vuelve a reflejar la incertidumbre que, al menos por el momento, existe. LA FUENTE PERIODÍSTICA SE TRANSFORMA EN MEDIO DE COMUNICACIÓN DE MASAS ¿Cómo afecta todo esto al segundo eslabón: al periodismo científico? Pues creando distorsiones, incluso, en referentes que hasta ahora se tenían muy claros. Por ejemplo, uno de los pilares del antiguo periodismo era la fuente. "Un periodista vale lo que su agenda de fuentes", se solía afirmar. La fuente era quien declaraba (en el caso, por ejemplo, de la ciencia, era el investigador) y el periodista el encargado de transmitir esa declaración a la sociedad a través de los medios de comunicación de masas, eligiendo distintos géneros informativos según el soporte. El periodista se definía como alguien que trabajaba para una empresa con la capacidad de informar a una gran cantidad de audiencia. Pero, ahora, con Internet como soporte compartido, qué es la fuente y qué el medio de comunicación de masas. En 2004 muchos científicos que se interesan por la geología, el clima o la geografía marciana estaban de enhorabuena: las sondas de la NASA Spirit y Opportunity se posaban en Marte para recoger valiosísimos datos científicos. Nada extraño se esperaba, ni se halló. Los estudiosos del periodismo científico, sin embargo, sí encontramos algo sorprendente: en las 24 horas que había durado el amartizaje del Spirit, la web de la NASA tuvo 225 millones de entradas. (Se contabiliza como entrada cada vez que un internauta accede a una página de la NASA, ya sea texto, foto, etc). En los 90 días que duró la misión, el número de visitas ascendió a 6.530 millones. Una cifra que rápidamente la NASA aclaró que suponía "más que la población total de la Tierra" que, en aquel año, alcanzaba los 6.300 millones. Un quinto de todo el tráfico procedía de fuera de EEUU y, a través de una encuesta, se determinó que un cuarto de los visitantes eran profesores o estudiantes de primaria o secundaria 4. Un estudio realizado en 2007 demostró que en mayo de ese año (un mes sin ninguna misión espectacular), las visitas únicas al portal de la NASA fueron de 3.952.000 de personas. Sin embargo, las visitas únicas a portales de ciencia y tecnología de medios de comunicación tradicionales eran muy inferiores. Es decir, casi ocho veces menos. La del portal científico de la FOX o la CBS no podía cuantificarse porque no llegaban al mínimo para ello que se establecía en 360.000 visitas. Sólo un portal web, Space.com (que no tiene nada que ver con los medios tradicionales) se acercaba a la NASA con sus 1.178.000 visitas únicas. Otro dato muy interesante fue que mientras que la permanencia media en el portal de la NASA fue de 12:33 minutos, en el de la CNN sólo fue de 2:38 minutos (cinco veces menos tiempo). ¿Por tanto, qué es la NASA: una fuente para los medios o un medio de comunicación en sí mismo? Posiblemente ambas cosas, pero claramente es también un medio de comunicación con una audiencia superior a la CNN (sección de ciencia) o la CBS o FOX. La NASA es conciente de ello y mantiene dos vías de comunicación: una con los periodistas (la tradicional de las fuentes, aunque también ha variado) y otra directamente con la sociedad. Potencia su imagen de marca (Edo, 2001) en ambos sentidos. La vía de comunicación con los periodistas se ha enriquecido, en el sentido de que ahora todo periodista de cualquier sitio del mundo, independientemente del medio en el que esté, puede suscribirse al servicio de noticias de la NASA. Le llegarán puntualmente por el correo electrónico las últimas novedades de las misiones espaciales, comunicados sobre hallazgos científicos o videos con declaraciones y ruedas de prensa de los científicos de la agencia espacial. Es decir, no depende de los grandes medios de comunicación (agencias de noticias, cadenas internacionales de televisión, etc.) porque todos tienen la misma información. Pero la gran novedad es que eso le llega también al conjunto de la sociedad de forma directa, sin necesidad de un intermediario periodista. El ciudadano anónimo interesado puede acceder a la web de la NASA donde puede encontrar todos esos contenidos que, prácticamente, copia el periodista. Pero es que, además, cualquier ciudadano puede suscribirse al servicio de noticias de la NASA, porque la tecnología lo permite, en igualdad de condiciones que un periodista. Antes era físicamente imposible, pero ahora no. El ciudadano con espíritu divulgativo -o vengativo, o el que sea-puede comentar las noticias de la NASA en su blog, copiar las imágenes, colgar el vídeo de las ruedas de prensa o de los astronautas en la Estación Espacial Internacional (ISS). Los realmente interesados en información espacial respetan más a estos bloggers que a los periodistas. Javier Armentia, por ejemplo, que es astrofísico y comunicador tiene gran predicamento en la web. Mucho más que los periodistas científicos en activo en medios tradicionales. Por tanto, estos bloggers tienen mucho poder y posibilidades de crear "murmullo mediático-cibernético" que, a su vez, pueda influir en las decisiones de la NASA. El caso del murmullo producido por la destitución de James E. Hansen, jefe del servicio del Departamento Atmosférico del Instituto Goddard de la NASA, es paradigmático. En el murmullo cibernético apareció que la Administración Bush le había prohibido impartir conferencias donde avalara el calentamiento global. Del murmullo cibernético pasó a The New York Times (29-01-2006) y, de ahí, nuevamente a la red, reconsiderando la NASA su decisión. Otro caso muy interesante que no podemos abordar aquí en profundidad Pero hay otra vuelta de tuerca: la NASA emite fragmentos cada vez mayores de la vida diaria de los tripulantes de la Estación Espacial Internacional. Sin duda, uno de los hitos científicos más importantes de la ciencia actual e, incluso, de la historia humana, pues en su filosofía subyace la idea de que sea una ciudad de investigación en la que, a partir de su fundación (en 2001), siempre haya humanos. Es decir, que siempre existan humanos fuera del planeta Tierra. Nada más y nada menos. La Estación es muy importante desde el punto de vista científico y cultural y, por ello, todos los periodistas tienen acceso a la web que transmite fragmentos de la vida de los tripulantes en directo. Pero también cualquier ciudadano puede adentrarse como si fuera un reality show. ¿Qué diferencia la transmisión de la vida de los tripulantes de la ISS en directo del programa Gran Hermano? De nuevo una mezcla de cultura de masas y alta cultura convergiendo. Una crítica procedente de las facultades de periodismo, que observan con preocupación que su misión de formación de periodistas se desvanece en el nuevo orden, es que "siempre se necesitarán periodistas porque, aunque sea en la NASA, alguien tiene que escribir los reportajes". Es cierto, pero en primer lugar la NASA no tiene a periodistas, sino a licenciados en ciencias con habilidades comunicadoras (algo similar a lo que ocurre en Nature); que es algo muy diferente al concepto tradicional de periodista. Estos comunicadores (que escriben hasta reportajes para la web de la NASA) hacen ahora de fuente (porque sus reportajes son literalmente copiados en todos los medios del mundo) y las fuentes -los científicos de la NASA-hacen de periodistas comentando las noticias en sus blogs, algunos de ellos muy seguidos. Al margen de los que cada científico pueda tener, hay uno [URL]. com) en el que los científicos hablan de sus problemas internos, pero es de acceso público. Su intención es crear "murmullo mediático". La NASA cuida muy bien a los medios tradicionales dándoles mucha información, pero ha captado perfectamente que ella es en sí misma un medio de comunicación de masas (con imagen de marca), creando enlaces en su web para los padres, los profesores, los niños, etc. Es decir, la fuente habla directamente con la sociedad. Esta filosofía (importada poco a poco en España principalmente por el CSIC o el IAC) está comenzando a dar frutos muy interesantes. Ante la crítica de que fuentes como la NASA -o el CSIC en España-son dependientes del gobierno, otras instituciones científicas independientes están copiando la política y se están convirtiendo en medios de comunicación de masas. Las más relevantes son la Royal Society inglesa y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. Ellas mismas se han convertido en medios de comunicación con webs visitadas por millones de usuarios en busca de noticias o documentos sobre cambio climático, darwinismo o cualquier asunto científico. Sus responsables están empezando a controlar cómo dominar el "murmullo mediático cibernético". Lo más curioso es que al convertirse estas fuentes en medios de comunicación de masas, han potenciado su imagen de marca (y su impacto mediático) y ahora son mucho más citadas como fuentes por los medios tradicionales, que cada día se hacen más eco de los murmullos cibernéticos. LA DICTADURA DE LA AUDIENCIA: LA CIENCIA NACE Cuando una fuente (en este caso científica) se convierte en medio de comunicación, empieza a pensar en términos periodísticos, no científicos. ¿Qué produce, entonces, esta fuente: ciencia que luego sale en los medios, ciencia diseñada para salir en los medios o noticias a las que le coloca un respaldo científico? Veamos esta nueva desnaturalización de viejos conceptos -como que "periodismo es distinto a ciencia"-con otra de las fuentes hegemónicas en periodismo científico: las revistas Science y Nature y la denominada "ciencia diseñada para salir en los medios" (Elías, 2002: 123-137). Science y, sobre todo, Nature tienen una política de comunicación tan sofisticada y adaptada a Internet que ambas se han convertido en nuevos medios de comunicación, pero con una particularidad: como están disfrazados de fuentes, pueden imponer su agenda sobre el resto de los medios del mundo sin que parezca que imponen línea editorial. Todos los jueves la mayoría de los periódicos del mundo (y esto es literal) incluyen alguna noticia de Nature y los viernes de Science, días en los que respectivamente cada una sale al mercado. Este alcance global es posible porque con la nueva cultura de la Red, cada una de ellas envía sus comunicados a una media de 4.000 periodistas. En 2007 ambas publicaciones recibieron el Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación y Humanidades. Su candidatura ganó, por ejemplo, a la de la agencia fotográfica Magnum o a la mismísima BBC. Sólo este detalle delata su gran poder como medio de comunicación de masas. En los comunicados de prensa que envían estas revistas está prácticamente todo elaborado. Los reportajes de prensa están completamente redactados. Los cortes y las imágenes para televisión están ya editados. Todo son facilidades para que quien no tiene ni idea de ciencia pueda informar sobre ella. El periodista de los medios tradicionales sólo tiene que "copiar y pegar". Es decir, el verdadero periodismo científico se hace ahora en estas revistas (en las fuentes), no en los medios. Esta relación, así como la sumisión de los medios a los comunicados de prensa de Nature o Science es tal que, según un estudio, sólo tienen posibilidades de ser mencionados por la prensa aquellos artículos seleccionados para los comunicados de prensa de estas revistas (De Semir et al., 1998). Es decir, ningún periodista se lee la revista. Además, el orden en el que aparecen las investigaciones en dichos comunicados también influye decisivamente en su difusión en la prensa. Así, los artículos que figuran en primera o segunda posición en el comunicado de prensa, son los que alcanzan una mayor difusión en los periódicos. Es decir, el periodista de medios tradicionales no es capaz de valorar y jerarquizar información por sí mismo. Ha perdido (o delegado en la fuente) esa capacidad. ¿Por qué estas revistas están tan interesadas en convertirse en medios de comunicación? La respuesta nos revela cómo son ahora las relaciones medios-fuentes. En primer lugar, debe aclararse que los científicos y su actividad no son valorados en función de criterios estrictamente científicos, sino más bien en términos de audiencias. Porque esto es -y no otra cosa-la definición del Science Citation Index. No es una cuantificación de la excelencia de la ciencia, sino de cuánta gente (audiencia) te cita. Cuanto más lo hagan, más aumenta el índice de citación de la revista donde el científico ha publicado, por lo tanto, según los nuevos parámetros científicos-mediáticos, esa revista y el científico que publica en ella tendrán más prestigio. Uno de los resultados más interesantes dentro del campo de la comunicación de la ciencia es la demostración empírica de que el índice de impacto puede mejorarse si los artículos son publicados en la prensa. Es decir, existe una relación directa entre que la ciencia sea calificada como "excelente" -pues es muy citada-y la posibilidad de que sea divulgada en los medios de comunicación de masas. Esta circunstancia fue demostrada en un estudio publicado en New England Journal of Medicine y en el cual sus autores analizaron los artículos de la citada revista publicados en 1978 y 1979 (Phillips et al., 1991). Compararon los que aparecieron en The New York Times con los que no lo hicieron y detectaron que los estudios que se habían publicado en el periódico estadounidense habían sido citados un 72,8 % más en el año siguiente a su publicación que los que no aparecieron en ese diario. Lo más relevante es que la diferencia significativa de citas persistió durante al menos 10 años tras la publicación de los resultados científicos en el periódico. Es decir, a los científicos les interesa que sus resultados salgan en los medios de comunicación porque ello implica mayor índice de citación y, por tanto, mayor prestigio, según los actuales baremos de evaluación de la actividad científica. Si esto se estableció para 1978, cuando no existía Internet y cuando el científico debía ir a la biblioteca a buscar el artículo en papel, imagine el lector el efecto multiplicador de este fenómeno en una era como la actual en la que el hipertexto te puede llevar directamente de la noticia periodística al artículo científico base y en la que las políticas de Open Access y repositorios de revistas e instituciones científicas te permiten acceder al artículo original inmediatamente. Los gabinetes de prensa de estas revistas van creando durante la semana anterior a la publicación (los comunicados se envían embargados a los periodistas con una semana de antelación) un murmullo mediático con correos de refuerzo para asegurarse de que el periodista elige la noticia. Por otra parte, los criterios de selección de los artículos científicos son periodísticos porque al aumentar la posible cobertura se incrementa el factor de impacto (Elías, 2008: 329). Es decir, se impone la dictadura de la audiencia. Esto afecta, por ejemplo, a cuándo se publica el artículo científico (se hace coincidir con efemérides periodísticas). Ello puede rastrearse desde fechas tan tempranas Pero la estrategia es cada día más común. El mismo día en que revisaba este artículo (jueves 12-02-2009) Nature publicó una investigación sobre "las diferencias genéticas entre el hombre y el chimpancé" (Marques-Bonet et al., 2008). El titular del press release de Nature señalaba "Hombre y mono, parientes no tan cercanos". Casualmente ese día se cumplía el 200 aniversario del nacimiento de Darwin y la noticia fue mundial. Quienes quisieron arremeter contra Darwin, ya tenían argumento. La NASA también usa mucho esta política mediática. Los cálculos para la llegada de la sonda espacial NEAR a la superficie del asteroide Eros (nombre del dios griego del amor) no se elaboraron en función de variables científicas, sino periodísticas: tenía que posarse el 13-02-2001, para que saliera en toda la prensa mundial el día siguiente (14 de febrero) día de los enamorados. Alta cultura (la ciencia los asteroides) convertida en cultura de masas de lo más chabacano. El problema de querer parecerse a un medio de comunicación, y acatar la dictadura de la audiencia, es que, a veces, se cae en el sensacionalismo. Ya Hearst y Pullitzer comprobaron desde finales del XIX y comienzos del XX cómo el sensacionalismo es una palanca de atracción de audiencia. ¿Pueden las revistas científicas seleccionar "ciencia amarilla" para que sea más publicada por lo medios y, por tanto, aumentar su factor de impacto como revista? En 2003 Nature publicaba un estudio con la siguiente conclusión: "La mayoría prefiere besar hacia la derecha". Esa era la conclusión del gabinete de prensa de Nature, porque el artículo, que en realidad sólo entraba en la categoría de "comunicación breve", se titulaba: "Comportamiento humano: la persistencia en los adultos de la asimetría al girar la cabeza (Güntürkün, 2003)". Es decir, el sensacionalismo procede ahora de la fuente, porque usa criterios periodísticos. La metodología de investigación, citada en el propio artículo científico y en el comunicado, hablaba de que el investigador había observado "cómo se besaban las parejas en los lugares públicos (aeropuertos, estaciones de tren, playas y parques) en los Estados Unidos, Alemania y Turquía". Esto es terrible porque la imagen que el propio científico ofrece a la sociedad es la de que realmente él es un mirón que reviste su patología de ciencia. Justo el arquetipo de científico chiflado y carente de afectos que transmite el cine. La percepción proyectada a un jovencito -y no tan joven que escucha la noticia-es la de que "la gente de verdad, besa de verdad y los científicos sólo están para mirar cómo besan otros, no para besar ellos. Con eso se conforman". Todo esto, en el mejor de los casos. En el peor se equipara a un científico con un trastornado sexual. Y eso, reitero, se está haciendo desde la fuente (Nature), no desde el periodista. Es decir, eligen clichés periodísticos. Esa investigación se prefirió desde el gabinete de prensa de Nature (y se impuso en todos los medios del mundo) sobre otras del mismo número (el 421) que tenían un mayor interés científico como estudios sobre autoinmunidad, sobre gravedad cuántica, un análisis sobre los movimientos de las proteínas en las células, el origen de los carnívoros en Madagascar, el papel de la interleukina-23 en la inflamación del cerebro o los efectos en los sedimentos coralinos de la Gran Barrera australiana tras la colonización europea. Normalmente en un periódico o informativo sólo hay espacio para una noticia de ciencia al día, por lo que la que consiguió ese espacio fue la de "besar a la derecha". Y, posiblemente, su investigador también tendrá más citas durante los 10 años siguientes y logrará más dinero en proyectos competitivos. Esto es un efecto perverso para la ciencia cuyo origen está en la aplicación de la cultura mediática a la producción científica (Elías, 2008:329). Este efecto ha crecido de forma exponencial no sólo por la cada día mayor importancia del SCI, sino por la cultura de la Web 2.0. Si esta política la sigue Nature, las revistas de segundo nivel son aún más agresivas. Pero lo interesante ahora, dentro de este patrón de cultura convergente, es que son los medios de comunicación los que denuncian esta "ciencia amarilla" proveniente de fuentes en teoría solventes. Este último mes de enero de 2009 ha habido dos casos que lo ilustran. El primero fue una investigación publicada en la respetable Journal of Evolution and Human Behaviour que, en su número 30, publicaba un estudio que relacionaba un mayor y mejor orgasmo en las mujeres con el hecho de que sus parejas fueran muy solventes económicamente (Pollet y Nettle, 2009). El titular-idea que más apareció en los medios fue "La ciencia demuestra que el tamaño sí importa... pero el de la cuenta corriente". Inmediatamente se desataron foros en Internet criticando el método científico de ese estudio. No sólo grupos feministas, sino partidos políticos y organizaciones sociales hablaron de "sensacionalismo científico". El portal de la versión electrónica de The Times se colapsó cuando tituló "Wealthy men give women more orgasms". La repercusión ha sido tal, que un medio tradicional [El Mundo (Magazine), 15-02-2009: 45], bajo el título de "Los ricos las hacen gozar más", hablaba ya de "ciencia amarilla". Ese mismo periódico tuvo durante cuatro días ([7-10]-02-2009) como noticia más leída una procedente de un blog 5 (insertado en elmundo.es), pero no de un periodista; sino de un urólogo, Juan Ignacio Martínez Salamanca. En su blog criticaba los resultados científicos publicados en la British Journal of Urology International, según los cuales se demostraba una supuesta relación entre "alta frecuencia de masturbación cáncer de próstata (Dimitropoulou et al, 2009)". El editor de salud del diario El Mundo, José Luis de la Serna, se hacía eco en su columna semanal de la gran repercusión del blog y calificaba el estudio de "pseudociencia". No obstante, el que fuera un asunto sensacionalista ayudó a El Mundo a tener más audiencia. ¿Dónde está el sensacionalismo, en los medios o en las fuentes? En la cultura convergente la información es un bucle y ello la hace mucho más atractiva. La conclusión a cómo se modifica la comunicación científica en la era de la filosofía web 2.0 con la aplicación del paradigma de la cultura convergente está clara: ya nada es lo que era ni lo que parece. Ello no es necesariamente bueno ni malo. Desde el punto de vista de la ciencia de la información, los matices son ahora mucho más ricos y las posibilidades de investigación de nuevos campos están mucho más abiertas. Sin embargo, desde el punto de vista de la profesión periodística, me temo que el ciberperiodismo prefiere a los bloggers frente los periodistas tradicionales. Desde 2001, en el II congreso de Periodismo Digital ya se señaló que "ha habido un notable retroceso de las condiciones laborales, porque cada vez menos personas hacen una cantidad mayor de trabajo que, además, incluye actividades como marcar, copiar, pegar, empaquetar o duplicar distintos tipos de archivos publicables, que no pueden identificarse como actividades periodísticas (Edo, 2001: 59)". La gran ventaja que siempre han tenido los periodistas frente al ciudadano común es el acceso directo a las fuentes. Pero ahora ese acceso es compartido con la sociedad. Y nada demuestra que un blog identificado de un profesor universitario o de un científico del CSIC o la NASA no ofrezca una información y análisis más interesante que el que procede del periodista. "Los weblogs quedan fuera del entramado político-mediático-empresarial de los diarios digitales, muchos internautas se convierten en testigos directos de la realidad informativa" (Franco Álvarez, 2005: 181). De hecho, en el periodismo bélico se ha demostrado -por ejemplo, en la invasión de Iraq (2003)-que la mejor información procedía de un blog de un joven iraquí llamado "Salam Pax (paz en árabe y en latín)". La filosofía web 2.0 ayudó a que su éxito fuera tan grande que Google, el proveedor del blog, tuvo que replicarlo para que no colapsara. El blog también se convirtió en noticia en los medios tradicionales (ABC 2-04-2003). Su información era mucho mejor que la de los periodistas apoltronados -y vigilados-en el Hotel Palestina. En la última campaña electoral estadounidense hemos visto la apoteosis de toda esta nueva cultura convergente aplicada a la política. En cualquier caso, lo mejor es que estamos viviendo un período de transición hacia algo que, con toda seguridad, en nada se parecerá a lo que vivimos ahora. LA "CULTURA CONVERGENTE" Y LA FILOSOFÍA WEB 2.0 EN LA REFORMULACIÓN DE LA COMUNICACIÓN CIENTÍFICA...
RESUMEN: Key to Nature es un proyecto europeo que tiene como objetivo la implementación de herramientas digitales para la enseñanza de la biodiversidad. Participan en él 14 instituciones públicas y privadas de 11 países europeos, representando diferentes roles, como proveer datos (Real Jardín Botánico de Madrid, Museo de Historia Natural de Londres entre otros), y ofrecer las últimas innovaciones en aprendizaje digital (Centro de Investigación de "Usabilidad" de la Universidad de Lovaina, Bélgica, Giunti Labs, Italia...). El proyecto, de 4,8 millones de presupuesto de los cuales la mitad los financia la Comunidad Europea, tiene una duración de tres años y se encuentra ahora concluyendo el primero. Herramienta digital, enseñanza biodiversidad, proyecto europeo, claves dicotómicas, jardín botánico. ¿QUÉ ES KEY TO NATURE? Es un proyecto europeo perteneciente a la iniciativa eCon-tentPlus, programa diseñado para hacer el contenido digital europeo más accesible y explotable. Key to Nature, después de un año de negociaciones entre las partes y con la UE, se puso en marcha en septiembre de 2007 y debe concluir tres años después, en septiembre de 2010. Tiene un presupuesto total de 4.800.000 euros, aprobado bajo la fórmula de "costes totales", lo cual implica que la UE aporta el 50 % y el conjunto de las entidades participantes el otro 50 %. Así pues, cada una aporta tanto como lo que recibe, aunque en este concepto se incluyen las nóminas de los funcionarios que participan, los gastos generales de las instalaciones donde se trabaja, etc. El consorcio de este proyecto lo forman 14 socios de 11 países comunitarios diferentes (Italia, Alemania, España, Inglaterra, Holanda, Bélgica, Austria, Estonia, Eslovenia, Bulgaria, Rumanía), tanto públicos como privados, de entre ellos: -Siete son "proveedores de datos": entidades científicas con gran cantidad de información del Mundo Natural; cabe destacar el Museo de Historia Natural de Londres, el Real Jardín Botánico de Madrid, ETI Bioinformatics. -Seis son "socios técnicos-expertos en educación", como el Centro de Investigación de Usabilidad de la Universidad de Lovaina, Bélgica, Giunti Labs, Italia. -Uno es una empresa de Gestión de Proyectos. El proyecto tiene como objetivo la incorporación de las nuevas tecnologías en el ámbito de la educación de la biodiversidad; concretamente, el desarrollo de herramientas informáticas que faciliten la determinación de las diferentes especies de la flora y fauna de cualquier zona de Europa, con un enfoque didáctico. Hasta ahora, las herramientas digitales de bioidentificación existentes en Europa han sido parciales para determinados grupos de organismos e inconexas entre sí, es decir, diferentes instituciones científicas (universidades, museos de ciencias, etc.) contaban con sus propios productos de manera individual. Con Key to Nature, se pretende aunar los recursos digitales existentes hasta el momento, de modo que éstos estén interconectados y puedan ser accesibles desde una única plataforma Web. Dentro del espectro de herramientas digitales con que cuenta Key to Nature, entran diferentes sistemas de identificación, por ejemplo: claves dicotómicas interactivas: se nos van dando dos opciones en cada paso del proceso de determinación de la planta o animal en cuestión (ej. ¿La planta tiene flores amarillas o blancas?), hasta que, por descarte, lleguemos a saber qué organismo tenemos entre manos (proceso apoyado con material iconográfico de todo tipo). También se desarrollan claves digitales de entrada múltiple (donde el proceso de identificación se basa en la introducción de los caracteres significativos de nuestro organismo de manera conjunta en una matriz), entre otros. En este terreno cabe destacar la valiosa y sólida aportación del programa e-flora desarrollado por el equipo responsable de Flora iberica en el Real Jardín Botánico de Madrid (CSIC). VENTAJAS DEL USO DE SOPORTE DIGITAL PARA LA ENSEÑANZA DE BIODIVERSIDAD El que podamos contar con productos digitales que puedan ser "colgados" en la red, confiere ventajas evidentes: -Los contenidos pueden ser continuamente revisados y enriquecidos con materiales gráficos. -El proceso de identificación de organismos se hace más rápida y cómodamente. -Soporte mucho más atractivo para las nuevas generaciones, fomentándose un mayor interés por la ciencia. MOMENTO ACTUAL DEL PROYECTO: TESTANDO LAS HERRAMIENTAS Y PROBANDO INTEROPERABILIDAD En la fase actual del proyecto, alumnos y profesores de Europa comenzarán a probar las herramientas. A partir de las encuestas obtenidas, los expertos en educación y aprendizaje digital analizarán el feedback, de modo que se puedan optimizar los recursos existentes. En España se contó en el pasado curso con una primera opinión y evaluación por parte de expertos botánicos de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Autónoma de Madrid para la aportación digital española, e-flora. Asimismo, en el Real Jardín Botánico de Madrid ya ha tenido lugar una experiencia piloto con estudiantes durante el curso 2007-2008: alumnos del IES Palomeras-Vallecas (cuya colaboración agradecemos fervientemente) participaron en el primer "Taller de Observación y Determinación", donde en una primera fase los estudiantes debieron dibujar cuidadosamente algunas de las especies del Jardín, para proceder a su determinación en la segunda fase del taller, ésta en el aula de informática. Las claves digitales que se utilizaron fueron creadas específicamente para esta actividad, a partir de la fusión de los recursos de Dryades, la rama italiana de K2N, y de Flora Iberica, contribución del Real Jardín Botánico en el proyecto. Dichas claves se encuentran disponibles gratuitamente on-line en la página Web del proyecto [URL]. La experiencia resultó muy gratificante; los alumnos respondieron con enorme interés y entusiasmo. Los profesores interesados, podrán acceder a este taller gratuito poniéndose en contacto con el Real Jardín Botánico de Madrid [URL] y contribuir así con el desarrollo del proyecto, que se ve enormemente beneficiado por las críticas directas de los usuarios (estudiantes), ayudando a los diseñadores y programadores de K2N a la mejora del producto. Aparte de la fase de testado, actualmente en el proyecto se está trabajando para adaptar los datos de los diferentes socios en un único estándar que permita su interoperabilidad. Para acceder a información más detallada, se aconseja consultar la página Web del proyecto: www.keytonature. eu. Investigador a cargo del proyecto en España: Prof. Santiago Castroviejo. Persona de contacto en España: Marina Ferrer [EMAIL] (Cedemos el copyright de este artículo).
entre otros), así como de poetas del siglo XX (entre ellos Rafael Alberti y Miguel Hernández). JULIA MARÍA LABRADOR BEN es Licenciada en Filología Hispánica (UCM). Concluye ahora su tesis doctoral. Ha publicado dos libros, cuatro más como documentalista y tres más como coordinadora y redactora de algunos capítulos. Es también autora de veintisiete artículos científicos sobre literatura española de los siglos XIX y XX. Ha impartido clases en la universidad y dictado conferencias y seminarios sobre cine y literatura. Es adjunta a la dirección de ARBOR. Trabaja a tiempo completo en el proyecto de investigación del Instituto de Filosofía del CSIC, "Identidades, migraciones y exilios en la cultura europea contemporánea". [EMAIL] ANA LOZANO DE LA POLA es licenciada en Filología Hispánica por la Universitat de València y becaria predoctoral en el departamento de Teoria dels Llenguatges i Ciències de la Comunicació donde está realizando, actualmente, su trabajo de investigación. Asimismo, es coordinadora junto a Antonia Cabanilles de Extravío. Revista electrónica de literatura comparada desde mayo de 2005 y ha participado en la edición de varias publicaciones universitarias (Náyade, Ítaca). [EMAIL] MARÍA DEL MAR MAÑAS MARTÍNEZ. Doctora por la Universidad Complutense de Madrid y Profesora en el Departamento de Filología Española II (Literatura Española de la UCM). Diplomada en "Historia y Estética de la Cinematografía por la Universidad de Valladolid". Ha publicado artículos sobre: Las narradoras desde la segunda mitad del XX hasta la actualidad: Elisabeth Mulder, Carmen Martín Gaite, Paloma Díaz Mas o Juana Salabert. Las relaciones cine y literatura en España, centradas en las aaptaciones literarias realizadas por la productora Cifesa y las posteriores y sobre la obra de Jardiel Poncela. Licenciada en Ciencias de la Información. Redactora de Radio Nacional de España desde 1977. Actualmente es la directora del espacio radiofonico: "Documentos RNE", un programa sobre la historia reciente, con formato de documental radiofónico. Ha recibido los siguientes premios: Premio Ondas; Antena de Oro; Premio del Club Internacional de Prensa. Recibio una mención de honor por un espacio sobre Federica Montseny de la Asociación Internacional de Mujeres de la Radiodifusión (IWRT). [EMAIL] / [EMAIL] JOSÉ LUIS MARTÍNEZ MONTALBÁN es historiador y crítico cinematográfico. Ha colaborado en diversas revistas cinematográficas, siendo en la actualidad vicedirector de Secuencias. Revista de historia del cine (UAM). Diccionario de directores (Mensajero, 1978) hasta La Novela Semanal Cinematográfica (CSIC, 2002), ultimando, en la actualidad, un gran catálogo de las colecciones periódicas cinematográficas. [EMAIL] ENRIQUE MARTÍNEZ PEÑARANDA es uno de los mejores especialistas en literatura infantil y popular en España. Ha participado en los tres volúmenes colectivos de Literatura Popular en España con varios capítulos y en el volumen, también colectivo, De Madrid a los tebeos. Una mirada gráfica a la Historieta madrileña, donde ha historiado el período de posguerra. Es memorable su estudio sobre Vázquez, el más importante de los dibujantes españoles de tebeos. [EMAIL] LUCÍA MONTEJO GURRUCHAGA es Profesora Titular de Literatura Española en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Sus líneas de investigación abarcan la poesía y la narrativa de mediados del siglo XX, pero también, y preferentemente desde hace algunos años, se dedica a las escritoras españolas del mismo periodo, temas a los que ha dedicado trabajos desde enfoques diversos. [EMAIL] GERALDINE C. NICHOLS es catedrática de Literatura Española Contemporánea en la Universidad de Florida (Gainesville), E.E.U.U. Ha publicado tres libros Miguel Hernández; Escribir, espacio propio; Laforet, Matute, Tusquets, Moix, Riera y Roig por sí mismas; y Descifrar la diferencia: narrativa femenina de la España contemporánea, además de numerosos artículos en revistas especializadas de España, Cataluña y los Estados Unidos. Su investigación se ha centrado en la narrativa escrita por mujeres, tanto en castellano como en catalán. [EMAIL] CONCEPCIÓN NÚÑEZ REY es doctora en Filología Hispánica por la UC de Madrid, catedrática de Lengua y Literatura Españolas en el IB "Santamarca" de Madrid y colaboradora del Departamento de Filología Española III de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Autora y editora entre otros trabajos de "La Flor de la Playa" y otras novelas cortas, Carmen de Burgos y su obra literaria, y Carmen de Burgos en la Generación del 98, etc. Con Carmen de Burgos, "Colombine", en la Edad de Plata de la literatura española, ha obtenido el premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2005 de la la Fundación José Manuel Lara. Catedrática de Literatura e Iconografía españolas (siglos XIX y XX) en la universidad de Toulouse-Le Mirail, mis publicaciones siguen dos líneas de investigación, personal o colectiva, siendo esta última una condición imprescindible para conseguir una reflexión interdisciplinaria: el análisis textual y las ilustraciones decimonónicas con la figura emblemática del artista Francisco Ortego. A los volúmenes como Le roman espagnol face à l'Histoire, Escribir en España entre 1840 y 1876, Ojos que ven, ojos que leen. Textos e imágenes en la España isabelina y La tarea conjunta de los hermanos Bécquer en El Museo universal (1862-1869) se pueden añadir numerosas contribuciones dedicadas entre otras a Mamuel Vázquez Montalbán, Juan Benet o Luis Goytisolo, a la novela en primera persona, la caricatura en la prensa isabelina o la obra plástica de Paloma Navares. [EMAIL] CRISTINA ORTIZ CEBERIO es Profesora Asociada del Departamento de Humanidades de la Universidad de Wisconsin, Green Bay, donde imparte cursos de lengua, literatura y cine espaniol y latinoamericano. Ha publicado sobre Jorge Luis Borges, Zoe Valdes, Esther Tusquets y Luisa Etxenike, entre otros. En la actualidad se encuentra trabajando en un manuscrito sobre la representacion de la nacion en el cine contemporaneo. [EMAIL] MARTA PALENQUE, Profesora Titular de la Universidad de Sevilla (Facultad de Filología), es autora de libros y artículos sobre la literatura y la prensade los siglos XIX y XX. Se ha interesado por el papel desempeñado por las mujeres como lectoras de la poesía y por las revistas dirigidas a ellas. Tiene en prensa estudios sobre las escritoras Sofía Casanova, Antonia Díaz y la moda del álbum, pieza indispensable de las burguesas y aristócratas del Ochocientos. [EMAIL] SUSANNA REGAZZONI es profesora agregada de Literaturas Hispanoamericanas en la Universidad Ca' Foscari de Venecia. Se dedica a la literatura de los siglos XIX y XX en América Latina -especialmente la cubana y la argentinay en España. Transculturación, mestisaje e hibridación (2006). De 1987 a 2002 trabajó en la Biblioteca de Mujeres de Madrid, coordinando sus actividades culturales. También participó en la creación de la Red de Centros de Documentación y Bibliotecas de Mujeres. Actualmente colabora en la página web Mujer Palabra [URL], donde lleva la sección de ciencia ficción. Ha publicado dos novelas dentro de ese género, La rosa de las nieblas y El informe [EMAIL] MARÍA PILAR RODRÍGUEZ es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto (San Sebastián, España) y es doctora en lenguas y literaturas romances por la Universidad de Harvard (Cambridge, EEUU). Hasta 2002 ha sido profesora en la Universidad de Columbia (Nueva York, EEUU), y actualmente es profesora en la Universidad de Deusto en San Sebastián. Ha publicado diversos artículos sobre literatura, cine, cultura y estudios de género, y dos libros titulados Vidas im/propias: transformaciones del sujeto femenino en la narrativa española contemporánea y Mundos en conflicto: aproximaciones al cine vasco de los noventa. Premio Nacional de Ensayo "Carmen de Burgos". [EMAIL] ALBERTO SÁNCHEZ ÁLVAREZ-INSÚA es Científico Titular del Instituto de Filosofía del CSIC. Dirige la revista ARBOR, las publicaciones del Instituto de Estudios Madrileños y la colección "Literatura Breve" (CSIC) dedicada al estudio y catalogación de las colecciones literarias españolas de la primera mitad del siglo XX. Ha sido Director de Publicaciones del CSIC. Ha escrito numerosos libros, antologías y artículos sobre la literatura española del periodo de entreguerras. [EMAIL] CARMEN SERVÉN DIEZ es Doctora en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado numerosos artículos sobre la narrativa de los siglos XIX y XX en prestigiosas revistas especializadas. Es profesora de Literatura en la Facultad de Formación de Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid. Profesora de Investigación del Instituto de la Lengua Española del CSIC. Autora de la Bibliografía de la Literatura Española desde 1980, base de datos en la web( 120.000 entradas), ha publicado numerosos libros como Escritoras españolas del siglo XIX: Manual biobibliográfico, o la edición del teatro de Rosario de Acuña, y trabajos documentales sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda, Concepción Arenal, revistas femeninas, etc. Profesora de teoría de la literatura y literatura comparada en la Universitat Autónoma de Barcelona. Sus trabajos de investigación versan sobre ámbitos como la autografía, el género epistolar, los Women Studies, la teoría queer y los estudios culturales, con especial dedicación al comparatismo entre literatura y artes audiovisuales. Es coeditora de Feminismos literarios (1999), así como editora de Cuerpos. Tecnologías y de Corporizar el pensamiento. Escrituras y lecturas del cuerpo en la cultura occidental (2006). Ha publicado los ensayos Soy como consiga que me imaginéis. La construcción de la subjetividad en las autobiografías epistolares de Gertrudis Gómez de Avellaneda y Sor Juana Inés de la Cruz (2003) y Tomando cartas en el asunto. Las amistades peligrosas de las mujeres con el género epistolar (2001). Dirige el grupo investigador "Cuerpo y Textualidad". Catedrática de Español en Texas State University. Su principal area de investigación es la poesía de los siglos XX y XXI en España y género así como la novella Latino Americana. Ha publicado los siguientes libros: Sujeto femenino y palabra poética: Estudios críticos de la poesía de Juana Castro (2002), La poesía de María Victoria Atencia: un acercamiento crítico,(1998); Conversaciones y poemas. La nueva poesía femenina española en castellano(1991);Coeditora con Andrew Debicki del Homenaje a Ángel González: Ensayos, Entrevista y Poemas (1991);Gabriel Celaya (1978). Y es autora de numerosos artículos [EMAIL] BARBARA ZECCHI, doctora por la Univeridad de California en Los Angeles (UCLA), es docente de Literatura Española del XIX y XX, de cine y de estudios de la mujer en la Universidad de Massachusetts en Amherst. Es coeditora de _La mujer en la España actual:¿evolución o involución? (2004), Sexualidad y Escritura, y de una edición anotada de El amigo Manso, de Pérez Galdós.
Poner en marcha un nuevo sello editorial no es tarea fácil, pero cuando se tiene, como tiene Fernando Guerrero, la experiencia dilatada de haber puesto en el mercado centenares de títulos, la aventura es menos arriesgada. No obstante, es necesario encontrar el nicho de mercado que es posible llenar y la demanda cultural de los potenciales lectores. Maia Ediciones inicia su andadura con una profunda vocación didáctica, de una parte, y unos planteamientos económicos muy medidos. Libros sencillos, en formato de bolsillo, bien impresos y con un elegante diseño, pues no en balde su maqueta surge del Estudio Joaquín Gallego. Los siete títulos que hoy comentamos a vuelapluma, configuran la colección Claves para Comprender. Comprender la Historia, la Religión, la Economía, la Política, la Sociedad en su conjunto que a nosotros, ciudadanos del mundo del siglo XXI nos ha tocado vivir. No hay, evidentemente, una originalidad absoluta en los planteamientos, pero tampoco es necesaria. Lo verdaderamente importante es la selección de autores y contenidos, en los que se alterna excelentes especialistas actuales y autores clásicos como el médico y filósofo francés Cabanis, amigo de Mirabeau, miembro del Consejo de los Quinientos y senador tras el 18 de Brumario con Bonaparte, que nos habla de la guillotina, la máquina no tan filantrópica y humanitaria como planteaba su creador. Cabanis reflexiona sobre el dolor y la muerte y califica al invento de Guillotin como lo que realmente es: un suplicio. Ahora que tras desaparición del "socialismo real" el liberalismo salvaje también se desmorona -sólo algunos representantes de la derecha española creen todavía en su vigencia-releer a Marx se nos antoja necesario para entender la historia de las ideas políticas. Es curioso que un nuevo y esforzado diario que lucha muy encomiablemente por abrirse un mercado haya tenido la misma idea de resumir El Capital. Pero ambos resúmenes difieren. Público nos ha ofrecido el texto clásico resumido por Gabriel Deville y consensuado con el propio Marx en 1882. Su edición en lengua castellana traducida por Luís Beltrán Conteras, vio la luz por vez primera en noviembre de 1930, a cargo de la editorial Claridad, de Buenos Aires. La que ahora nos ofrece Maia es un nuevo resumen con toda la carga de los conocimientos actuales realizado por Diego Guerrero. Sean ambas ediciones bienvenidas en unos momentos en que mentes no muy preclaras hablan de la necesidad de refundar el capitalismo, mientras el mundo tiembla y la economía se desmorona de la mano de los indignos RESEÑAS sucesores de doña Baldomera Larra. Por sorprendente que parezca, el timo de la pirámide, tantas veces repetido, fue un invento español acaecido tras la marcha de don Amadeo. Lo sorprendente es que siglo y medio después los incautos ambiciosos sigan cayendo en la trampa, y que éstos no sean los pueblerinos cazados a lazo a la salida de una estación -el cine español de los cincuenta y sesenta realizó múltiples películas sobre el tema-, sino conspicuos banqueros fielmente desasistidos por los responsables de los respectivos mercados de valores. Una vez más, el derrumbe de la economía abandona la tragedia, se repite y adquiere tintes de comedia bufa. Releer a Marx, repetimos, es, cuando menos, conveniente. Atrás queda la escolástica soviética y la prédica de los marxistas, marxólogos y marxizantes. Nada es ya cier-to porque lo dijera Marx, Engels o el padrecito Lenin. La vuelta a los textos originales y su libre interpretación es adecuada terapia para curar viejas heridas. Otro título en esta línea es El capitalismo financiarizado. Expansión y crisis original del profesor de la Universidad de Londres y especialista en economía política del dinero y del sistema financiero Costas Lapavitsas en el que se analizan las raíces de actual crisis. Está excelentemente traducido por Diego Guerrero, director de la sección de economía de la colección. Historiar el judaísmo no es tarea fácil. Desde el siglo V hasta nuestros días su recorrido es contemplado en esta nueva entrega de Maia de la mano de dos directores de la École Practique des Hautes Études de la Sorbona, especialista el primero en ju-daísmo medieval, y la segunda en historia moderna del pueblo judío. Finalmente, tres grandes temas completan las entregas de la serie hasta la fecha: el que trata sobre la corrupción, lacra sociopolítica omnipresente, el dedicado a la microeconomía, mucho menos conocida por los profanos que la macro, y el referido a la homosexualidad tanto tiempo perseguida y todavía denostada e incomprendida. Sean todos los títulos publicados, y aquellos que sin duda han de seguirlos, bienvenidos a la galaxia editorial española. Creemos que eran necesarios y habrán de encontrar su sitio. Sobre la estupidez Breeur señala que la estupidez "no hace sino expresar el sinsentido del pensamiento como tal" y parangona idiocia con superstición. El tonto auténtico, nos dice, no tiene conciencia de su propia estupidez y, por tanto, persevera en ella. Tal vez la estupidez nos fascina porque como decía Musil todos somos un poco estúpidos. Vemos pasar la vida como un cuento idiota contado por un niño imbécil. Todos somos un poco estúpidos, pero no cabe duda de que algunos lo son mucho. Fantasmagorías seguido de Lo real, lo imaginario y lo ilusorio -Goffredo Petrassi (1904-2003) por Enzo Restagno. El teatro y sus enemigos. El teatro español de su tiempo (Artículos de crítica teatral) (Mérida: Editora Regional de Extremadura, 2008) Estudio, edición y notas de Gregorio Torres Nebreda. Picasso el rey de los burdeles Un "Epílogo de intenciones" y dos bibliografías completan el volumen: la de JLC y la de obras consultadas. A costa de utilizar un adjetivo tan ridículo como abusivo estamos en presencia de un libro "imprescindible" para conocer todas y cada una de las vanguardias literarias. Arcibel Editores ha tenido a bien sacar a la luz Tejido de la nada (Sevilla, 2008, colección Aljibe), primer poemario de Cristina Carmona Egler (Sevilla, 1979), de la que puede orientar saber que es licenciada en Filología Hispánica y que se dedica al mundo de la ingeniería técnica y la delineación. Estos dos datos resultan cruciales para entender sus poemas, porque lo primero advierte de su conocimiento de la historia de la literatura y su diálogo con la tradición literaria, y lo segundo explica su visión espacial del mundo y su imaginería geométrica. La combinación de estas dos facetas pudiera parecer algo contradictoria e incompatible y, sin embargo, la sevillana no hace más que sumarse así a una larga lista de escritores que ha vivido con un pie en el mundo de la literatura y el otro en el de las ciencias e ingenierías. Basta tirar un poco de la madeja para que vengan muchos nombres a la memoria. Esto indica que Tejido de la nada supone una indagación en asuntos y motivos que conllevan desazón para el ser humano: la soledad, el abismo de la noche, la muerte, la enfermedad, el peso de los recuerdos, las rupturas amorosas, la incertidumbre del porvenir, la fugacidad de las relaciones humanas, etc. Ahora bien, ese existencialismo de fondo no parece nacer de una entelequia filosófica sino de una constatación de la realidad más cruda e incluso de ciertas experiencias vitales y personales. En consecuencia, me recuerda en parte la angustia del Alberti perdido y desesperado de Sobre los ángeles que exclama "Contra mí, mundos enteros, / contra mí, dormido, / maniatado, indefenso". A mi parecer, esta sensación del mundo contra uno podría constituir una buena clave para interpretar y entender un poemario como éste, trenzado por el sentimiento y la conciencia de un yo poético acosado por los días, la crueldad del vivir diario, el sufrimiento, el caos que subyace a la cotidianeidad. Ya el poema inicial, "El taxi del olvido", nos pone en guardia al hablarnos de "almas trashumantes / que levantan las manos en un auxilio, / almas perdidas en la rutina del reloj / ritmos cardíacos en una agencia rancia. / [...] Destinos inciertos que vuelan por el asfalto". El sentido vital de esas almas perdidas, que somos todos y cada uno de nosotros, persigue la escritora. Dicho esto, entiendo que es un libro que nace como respuesta al desconcierto del hombre actual ante el mundo, al desnortamiento vital ante el caos cotidiano, algo que queda patente en la disposición que ha elegido para los poemas. No hay presentación estructurada sino una suma yuxtapuesta de poemas en apariencia azarosa con el logro -no sé si premeditado como objetivo-de subrayar esa sensación del flujo vital en un mundo sin orden ni concierto. De hecho, el poema que da título al libro ni lo abre ni lo cierra, aparece confundido entre los demás, como la vida misma, como un día más perdido entre los días de una vida. También ese desnortamiento se aprecia en la proliferación de imágenes adscritas a noches insomnes, paisajes otoñales, sombras y claroscuros, que parecen transmitir una visión barroca del mundo y la literatura y una concepción expresionista del arte. Por terminar con esta sarta de conexiones con la tradición hay que mencionar unas filiaciones decisivas en este poemario que la autora hace expresas en dos citas iniciales en las que rinde tributo y reconoce el magisterio de José Manuel Caballero Bonald, con la reproducción de "Doble vida" de Descrédito del héroe, y Juan Gelman, del que trae a colación "Ahí" de Mundar. Aparte del compromiso cívico, la dimensión moral y la exploración en la conducta humana, de ellos toma algo definitorio de la poesía de Cristina Carmona: la reflexión sobre los límites imprecisos del espacio y La poesía ante el abismo de la vida: sobre Tejido de la nada de Cristina Carmona Egler (Sevilla: Arcibel, 2008) ante todo del tiempo. El breve poema "Límite cero" constituye una buena muestra de esa deuda: "Las noches se vuelven más amargas / en la suavidad de las palabras, / en la degeneración del tiempo y de la vida." Ciertamente este libro es, como dijo Machado de la obra de Bécquer, palabra en el tiempo. Es poesía sobre la memoria y el olvido, el recuerdo y el futuro, la palabra y la vida. Como explicó Juan Gelman en su discurso con motivo del Premio Cervantes lo contrario del olvido no es la memoria, sino la verdad. Así, este poemario busca penetrar en la esencia de nuestros días, la verdad (si tal cosa puede nombrarse) de un tiempo en nos sentimos acosados y desconcertados ante la maldad, las guerras, los egoísmos, el odio, las prisas, la intolerancia, etc., ante todo aquello que hace que vivamos "arrastrándonos lentamente hacia la nada", palabras del último verso del libro que demuestran el tono pesimista, desesperanzado y desencantado del mismo. Y, junto al tiempo vivido, quedan los espacios vividos. Aquí hay antes que nada mundo urbano -asfalto, aceras, bancos, hospitales, vidrios, taxis...-, quizás porque en la ciudad se extremen las condiciones vitales que nos conducen a la insensibilidad. Sobre este punto de partida urbano, como en las citas de Caballero Bonald y Gelman, en estos poemas también hay un interés por situarse "en el límite cero de los puntos cardinales", según se lee en "Líneas inconformes". Con lo cual enlazo con mis palabras del comienzo: cobra una relevancia notable su faceta de delineante. Aunque parezca un hecho menor, esto influye en su poesía sobre todo porque su trabajo le lleva a ver el mundo desde una óptica geométrica. De este modo, estos poemas se llenan de líneas, ángulos, circunferencias, cuadrados, aristas, etc. Los títulos de algunos poemas -"Líneas dibujadas", "Líneas inconformes", "Líneas destruidas", "Ángulo ciego"-son significativos al respecto. "La habitación de los recuerdos" se remata, por ejemplo, aludiendo a "ángulos de noventa grados / que indican la puerta de salida." Con todo, lo mejor de esta visión espacial se consigue cuando esos espacios no parecen ni palpables ni visibles, sino que figuran como referencias intimistas e interiorizadas, tal y como se ve al final de "Llave de corte esférica": "siempre sentada en el punto cardinal de mi conciencia". Por otra parte, esa mirada técnica y geométrica le conduce a establecer un paralelismo entre el interior del ser humano y el interior de los edificios: somos bellos o feos por fuera pero funcionamos gracias a lo que tenemos dentro. A este respecto, su poemario remite a los aposentos de El castillo interior o Las Moradas de Santa Teresa de Jesús y a las galerías del alma de las que hablara Antonio Machado, fórmulas metafóricas variadas a lo largo de la historia literaria pero coincidentes en su afán introspectivo. En el caso de Cristina Carmona esa mirada al interior del ser humano conforma un ejercicio punzante, pues en cierto grado se aplica a la tarea de uno de los títulos que barajaron Buñuel y Dalí para Un perro andaluz: Es peligroso asomarse al interior. En mi opinión, Tejido de la nada es un poemario recomendable, que huye del facilismo y que, en resumen, nace de una combinación muy personal del existencialismo, el barroquismo, el expresionismo, el irracionalismo y el compromiso, cuyo fruto tanto ético como estético se percibe en un conjunto de imágenes desconcertantes y sorpresivas no fáciles de descifrar pero sí claras en su intención de sacudir nuestras conciencias y hacer bullir nuestros sentimientos. Hay, pues, un simbolismo misterioso, por momentos indescifrable, que va cobrando coherencia y entendimiento a medida que avanzamos en la lectura. En consecuencia, Tejido de la nada es un libro trabado y complejo que reclama un lector exigente y paciente para ir anudando todo hasta conseguir una red de imágenes con sentido, nada complacientes y satisfechas, sino dolorosas y desequilibrantes, que en última instancia apuntan a la soledad del ser humano. Por José Jurado Morales (Universidad de Cádiz) El Atlas Histórico de la Filosofía elaborado recientemente por Juan Pedro García del Campo y Manuel Montalbán García constituye, a mi parecer, una obra de gran interés para todos aquellos que, desde el campo profesional de la Filosofía, o desde cualquier interés teórico o cultural pudieran acercarse al mismo. Llama la atención en esta obra su extensión (700 páginas y el rigor con el que deambulan por sus páginas autores (con exposición de ideas y teorías más importantes) de la Filosofía, las Ciencias, la Política, las Religiones, etc. Y digo "llama la atención" porque, a diferencia de otros Atlas al uso, más centrados en el impacto visual o en los grandes nombres, subyace al Atlas de nuestros autores un profundo análisis cuya evidencia más palmaria es el hecho de considerar a los "grandes", sí, pero también a los no tan grandes en el reconocimiento del paisaje filosófico. En efecto, si los grandes de la Filosofía tienen altura suficiente como para ser vistos desde cualquier parte, no ha de olvidarse, y en esta especial cartografía no se hace, que así como las cúspides de las más altas cumbres se sustentan sobre cordilleras y dibujan valles entre montañas, así también los grandes de la Filosofía aparecen aquí sobre el trasunto (y entre) de los cientos de personajes y corrientes que los cimentan. En cuanto a lo "técnico" del Atlas cabe mencionar también que, si bien no es una obra "comercial" -al uso de quienes quieren saber de filosofía viendo imágenes de los filósofos en papel fotográfico-, goza el diccionario de innumerables cuadros y mapas conceptuales que plasman de un modo visual el retrato y cartografía de las ideas, procesos histórico-sociales e imbri-caciones varias de lo simbólico y lo propiamente material. El Atlas deja constancia de su rigor, pero también de su intención claramente materialista, en sus mapas conceptuales, y, desde luego en el texto. "Materialista" en muchos sentidos, todos ellos productivos. Y esto no debiera ser óbice para aquellos que se asomen al continente filosófico desde otros prismas o "maneras de mirar". En diversos lugares, en diversas de sus obras, considera García del Campo que el materialismo es una manera de ver, una manera de mirar, una mirada que rehúye el "contarse cuentos". Aspecto que se aprecia también en este Atlas; pues, como todo atlas, está hecho desde "alguna parte", desde alguna manera de mirar. Característica, de los atlas, que no tiene nada de especial, y menos aún de especialmente perversa: siempre se ve desde alguna parte, de lo que se colige que quien ve desde todas, quien lo pretende, es en el fondo "ciego". Por ser este supuesto, creo yo, ampliamente ejercido a lo largo del Atlas de Filosofía, aclaran nuestros autores la situación de entrada. La Filosofía, nos advierten, no ha de entenderse como una tarea cerrada. No ha de considerarse, precisamos nosotros, ni como un lenguaje que habla a los hombres por los secretos senderos del destino humano, ni como un simple idear subjetivo, mentalmente considerado, de unos pensadores que, en el laboratorio de su absoluta soledad, diseñan el sentido del mundo. No hay un sentido de la Filosofía, como si ésta fuera el lugar en el que el Mundo cobra el sentido o como si el mundo fuera sin ella ciego. La Filosofía es una mirada más, acaso necesaria en la medida en que aspira a la crítica reflexiva, y por ello no reductible a ideología alguna. Más que Ideología estamos en el campo filosófico ante el debate, la lucha de ideologías, de teorías, etc. La Filosofía aparece como un "campo de batalla", más que como cierre del mundo. En diversos pasajes del Atlas puede percibirse esto, como habremos de mencionar en algún caso que nos ha parecido notorio. La Filosofía, nos sugieren con claridad nuestros autores, es una peculiar reflexión anclada en las propias relaciones sociales de producción simbólica: de conceptos, de ideas, ideologías incluso, etc. Producción simbólica cuyas relaciones con la producción material (bien sé que todo es materia, pero de algún modo tengo que clasificar) no son, en ningún caso, planteadas a lo largo de esta obra como relaciones mecánicas, como relaciones de simple reflejo. Más que plantear la Filosofía como reflejo de las relaciones materiales de producción, al modo de los dialécticos del marxismo clásico, se apuesta por insertar las producciones filosóficas en las mismas relaciones de producción. Hay aquí, por decir, un materialismo simbólico que no obvia la importancia que elementos simbólicos como las Ideas tienen para "integrar" (o desintegrar) las relaciones sociales de producción del "mundo". Acaso pudiera decirse que la Filosofía aporta a la historia un campo variacional de Ideas con una lógica propia pero no exenta, no desvinculada de las propias relaciones sociales. En este sentido el campo de batalla filosófico es un campo de batalla político, pero a su vez el campo de batalla político tiene GARCÍA DEL CAMPO, Juan Pedro y MONTALBÁN GARCÍA, Manuel Atlas Histórico de la Filosofía (del mundo griego al inicio de la ilustración) Pluralismo metodológico y ontológico (que niega el monismo idealista que tiende a ver las Ideas como emanaciones de un metafísico sujeto cognoscente) que se traduce tácticamente en una exposición en la que abundan la pluralidad de interacciones entre política, ciencia, religión, arte y filosofía. Pluralismo que no obvia también la espesura del mundo y su diversidad no reductible al típico "occidentalismo", casi mejor "europeísmo", inherente a muchos de los atlas históricos de la Filosofía. Así, deambulan personajes de Occidente, cierto, pero también de Oriente, sin por ello obviar el especial modo que asumió la visión filosófica en Grecia y sus herederos. Más allá, o más acá de la cuestión de las interacciones históricas Oriente-Occidente, presentes ya en las influencias orientales sobre los griegos, y, desde luego, en las innovaciones técnicas que, lentamente, fueron llegando a Europa desde los matemáticos árabes que bebían en tradiciones hindúes, hasta los aportes técnicos que desde China posibilitaron el capitalismo occidental mismo -capitalismo contra el que ellos mismos, si seguimos a Weber y Wallerstein, estaban "vacunados"-, lo innegable es que las sistematizaciones simbólico-discursivas generadas en "Oriente" articulan, al igual que la Filosofía en "Occidente", las formas de sociabilidad y convivencia de buena parte del continente asiático. Y por ello la apuesta de integrarlas a lo largo y ancho del Atlas. Desde luego un mérito más del mismo. Reseñar la visión materialista que nuestros autores plasman a lo largo de esta amplia obra, así como dar cuenta de su rigor minucioso es algo que carece de sentido si pretendiéramos que la reseña fuera el Atlas mismo; pues entonces estaríamos ante la situación de aquel emperador chino, Borges narra, que queriendo un mapa completo de su imperio exigía el imperio mismo. La esencia de todo mapa es el olvido, eso sí, de lo menos "notorio". El Atlas de García del Campo y Montalbán García, desde luego es un buen mapa, no tanto por lo que olvida, sino por la cantidad de "notoriedades" que incorpora. Sería absurdo enumerarlas todas, pero no quisiera dejar de notar e invitar en ello a su lectura, un asunto importante, acaso problemático. Y es que si asumimos que todo conocimiento parte de un interés -otra cosa es qué interés-, podría pensarse que nuestro Atlas tiene sólo interés para aquel que, materialista en el campo de batalla filosófico, tenga cierto desdén respecto a toda forma de explicación del mundo que trascienda los márgenes del mundo. Consideremos así el problema de la "Filosofía medieval". Reconocen nuestros autores que no es asunto zanjado llamar Filosofía a las construcciones cimentadas sobre la Fe. Pero comoquiera que dichas construcciones también articulan y se articulan (producen y se producen) con la historia amplia del Medioevo, han de ser consideradas en sus tensiones, en los campos de batalla medievales. También en esto -insisto, como en muchos más campos que no podemos abordar-logran nuestros autores una exposición y geografía coherente, clara y explicativa, además de "descriptiva". La filosofía medieval es analizada en sus polémicas y éstas puestas en relación con las "exigencias" de las relaciones sociales (de poder y contrapoder) mismas. Por dar un ejemplo de esto, el problema de los universales no aparece retratado como un problema filosófico sin más, un problema que sólo interesa en las facultades de Teología. Antes se trata de un problema que articula la oposición creciente de los poderes terrenales respecto a la Iglesia misma, y el fin de la "unidad de mando" medieval, de la hegemonía eclesiástica en la organización de las relaciones sociales y políticas. Si el realismo de los universales apunta hacia una concepción teológica del mundo cuyo papel protagónico central está en la Iglesia, el nominalismo es afín con una concepción crítica (respecto al teologismo) que relega la Teología al campo de la Fe. El nominalismo no es "expresión" de la incipiente racionalidad burguesa, pero sí afín al nuevo racionalismo inherente al auge de las actividades prácticas (artesanía, comercio, navegación, etc.) que atraviesan y constituyen el tejido que hilvana la vida de RESEÑAS las nacientes y crecientes ciudades de fines del siglo XIII y comienzos del XIV. Ockam y sus "discípulos" constituyen un hito, una de esas cumbres que permiten visualizar procesos sociales de fondo. Se abre con ellos un programa de investigación que da al papa lo que es del papa y deja el bloque ciencia-filosofía del "lado de acá", en el terreno de la inmanencia del mundo. Además de posibilitar una apertura a la dialéctica sin fin del Medioevo entre la razón y la fe, entre la Iglesia y el Poder "civil". Notoria es la postura de nuestros autores al respecto de este campo de batalla medieval, pues no dejan de "suspirar" estas palabras: "la filosofía, finalmente, ha sobrevivido a las injerencias de la fe" (p. Si de algo somos libres, al menos los que antes de elegir leen, es de elegir leer o no, aunque en ello nos vaya la ignorancia. Así que libre es todo el mundo "para" ignorar. No obstante invito a todo el mundo (materialista o no) a transitar las sendas de este Atlas, para no perderse en los horizontes mismos del filosofar, para filosofar por el tránsito mismo de la historia, o, para adquirir en dicho camino cierta capacidad de "posicionar" (Ideas), para lo cual está pensada esta cartografía. Por Jaime Rodríguez Alba (UCM) VILLA ROJO, Jesús (Editor)
el impacto social y cultural de las TIC, y participa activamente en varios proyectos de investigación financiados por organismos nacionales e internacionales. Entre sus publicaciones más recientes: "Capacidades potenciales y valores en la tecnología: ele- Nacido en Sydney, es historiador y profesor de investigación en el Departamento de Estudios de Políticas Educativas de la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign, EEUU. Asimismo, es Director del Center for Workplace Communication and Culture, un centro de investigación y formación asociado al RMIT University de Melbourne, Australia. Sus investigaciones y publicaciones abarcan la historia, la educación y la sociología, examinando una gran variedad de perspectivas, entre las que destacan sus últimos libros publicados en EEUU, Reino Unido y Australia acerca de las nuevas tecnologías de representación y comunicación, incluida la web semántica, y el futuro del libro y de las revistas académicas en Internet. Es investigador de la Fundación Ikerbasque, adscrito a la Universidad del País Vasco (Departamento de Sociología II) y desarrolla proyectos de investigación en el Instituto de Filosofía del CSIC. Sus campos de investigación incluyen la filosofía de la ciencia y la tecnología; el estudio de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad, así como las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Sus últimos libros publicados son Telépolis (Destino, 1994), Cosmopolitas Domésticos (Anagrama, 1995), Filosofía de la Ciencia (Akal, 1995), Introducción a la Metodología de la Ciencia: la Filosofía de la Ciencia en el Siglo XX (Cátedra, 1999), Los Señores del Aire: Telépolis y el Tercer Entorno (Destino, 1999), Un Mundo Virtual (Debolsillo, 2000), Ciencia y Valores (Destino, 2002), La Revolución Tecnocientífica (Fondo de Cultura Económica, 2003) y Ciencia del bien y el mal (Herder 2007). Durante su actividad investigadora, ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo (1995), el Premio Euskadi de Investigación (1997) y el Premio Nacional de Ensayo (2000). Se licenció en Químicas y en Ciencias de la Información en la Universidad de La Laguna, donde también se doctoró con Premio Extraordinario en Ciencias Sociales. Ha trabajado como químico (es co-responsable de la síntesis de seis nuevas moléculas y profesor de Física y Química de Secundaria en excedencia) y como periodista: ha sido redactor de política y local de la Agencia Efe y encargado de ciencia de la sección de Sociedad del diario El Mundo. Parte de ese trabajo periodístico fue publicado como libro en La ciencia a través del periodismo (Nivola, 2003). Es profesor titular de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid y fue visiting fellow durante un año en la London School of Economics. Es autor de los libros Telebasura y periodismo (Libertarias, 2004), Fundamentos de periodismo científico y divulgación mediática (Alianza Editorial, 2008) y La razón estrangulada. La crisis de la ciencia en la sociedad contemporánea (Debate, 2008). Es Ingeniero Técnico y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Salamanca. Actualmente es profesor colaborador en el Máster Universitario en Nuevas Tecnologías Digitales y Sociedad del Conocimiento de la UNED, en el que imparte el módulo "La Filosofía del Software Libre", y colabora con el Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto de Filosofía del CSIC en diversos proyectos de investigación. Sus investigaciones y publicaciones abordan cuestiones éticas, cognitivas y epistemológicas que ponen en relación la filosofía y las tecnologías computacionales. Se licencia en Biología en la Universidad Autónoma de Madrid en 2003. Tras una etapa laboral como profesora de idiomas y otros empleos relacionados con la educación, trabaja desde 2007 en el Real Jardín Botánico de Madrid como asistente técnico del proyecto Key to Nature. Es investigador invitado en el Departamento de Filosofía de Harvard University. Licenciado en Física Teórica y doctor en Filosofía de la Ciencia, ha sido profesor de Historia de la Ciencia (UAM, 2006) y profesor en el Máster de Gestión de la Innovación y el Conocimiento (UPV, 2008). Asimismo, ha sido consultor en tecnologías de la información para Indra y Telefónica desde 1999. Ha organizado varios seminarios y congresos relacionados con la temática de este monográfico, es coautor de El templo del saber, hacia la biblioteca digital universal (Deusto, 2006, ganadora del Premio de Ensayo 2005 de la Fundación Everis), obra que ha sido traducida al inglés, y autor de varios artículos que interrelacionan ciencia, tecnología y cultura. Colaborador habitual en los blogs http://www.adiosgutenberg.com/ y http://www.cienciayfilosofia.com. José Luis GONZÁLEZ QUIRÓS. Es investigador del Instituto de Filosofía del CSIC. Ha sido Catedrático de instituto y profesor de Filosofía en la UCM y vicedirector de sus cursos de verano. Forma parte del consejo de redacción de la Revista de libros, de Nueva Revista y columnista de Gaceta de los Negocios. Es miembro de la Escuela Contemporánea de Humanidades (Madrid), donde coordina su Seminario de Investigación, entre sus libros cabe destacar: El porvenir de la razón en la era digital (Síntesis, 1998), Una apología del patriotismo (Taurus, 2002, finalista del Premio Nacional de Ensayo en 2003), Repensar la cultura (Eiunsa, 2003), así como El templo del saber, hacia la biblioteca digital universal (Deusto, 2006, ganadora del Premio de Ensayo 2005 de la Fundación Everis), obra que ha sido traducida al inglés. Colaborador habitual en los blogs http://www.adiosgutenberg.com/ y http://www.pormiquenoquede.com/. Es doctor en Historia de la Ciencia y profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Montreal, Canadá. Colabora en proyectos de publicación electrónica desde 1988 y en otras iniciativas asociadas a Internet desde 1994. Tras fundar una revista de acceso abierto en 1991 (actualmente inactiva), participó en varios debates sobre la temática del acceso abierto a las publicaciones académicas, lo cual le llevó a unirse en diciembre de 2001 a la reunión internacional de Budapest que condujo a la Budapest Open-Access Initiative. Es lingüista especializado en el campo de la edición (con especial atención a la digital) y la cultura escrita. Ha participado en el diseño y desarrollo de varios proyectos web culturales, como por ejemplo el Centro Virtual Cervantes (1996)(1997), y ha dirigido la edición CD-ROM del Diccionario de la Real Academia (1995). El diario El Mundo lo ha incluido repetidas veces entre las 25 personas más influyentes sobre la temática de Internet en España. Mantiene un blog sobre estos temas: http://elfuturodellibro.com.
Este número de la Revista Arbor realiza un recorrido por los principales enfoques que tienen como objeto de estudio los aspectos sociales relacionados con la ciencia, la tecnología y la innovación. Su principal objetivo es contribuir a obtener un mejor conocimiento de este campo de estudio a través del análisis crítico y sistemático de las perspectivas teóricas más relevantes que han surgido desde la sociología, la ciencia política, la economía y algunas ramas de la filosofía de la ciencia La idea del monográfico responde a una preocupación compartida por los editores de la revista y por algunos de los autores. La diversidad de corrientes de pensamiento refleja la gran complejidad que envuelve la generación y utilización de conocimiento científico. Existen enfoques que cuentan ya con una tradición dilatada, normalmente integrados en alguna disciplina de las ciencias sociales. Al mismo tiempo, en los últimos años han surgido aproximaciones que tratan de entender algunas de las nuevas facetas de la I+D o la innovación de base científica y tecnológica que escapan a la tradicional división disciplinaria. La situación actual es, por tanto, la de una gran efervescencia de ideas y estudios sobre la creciente interrelación del conocimiento con las dinámicas políticas, económicas y sociales del mundo contemporáneo. Esta diversidad también da lugar a importantes problemas para entender esta parte de la realidad y actuar sobre ella. Desde un punto de vista cognitivo, la fragmentación de los problemas de investigación no facilita que surjan marcos de análisis comprehensivos. La disparidad de bases conceptuales y metodológicas dificulta el consenso cognitivo, habida cuenta de que conviven enfoques que adoptan la forma de teorías codificadas, que en algunos casos generan programas de investigación estables, junto con aproximaciones de escasa base empírica o que arrastran una importante carga normativa. Desde un punto de vista práctico, también existen dificultades para conectar los resultados de las ciencias sociales con la toma de decisiones referidas a la I+D y la innovación. La divergencia de observaciones empíricas y estilos narrativos hace difícil traducir los hallazgos y nociones de las ciencias sociales. En casos extremos se produce una vulgarización que poco tiene que ver con los conceptos originales, existiendo, por ejemplo, casos de universidades que deciden configurarse en esquemas de "triple hélice" sin tener en cuenta la estructura económica e institucional que las rodea, o gobiernos que crean por decreto un "sistema nacional de innovación". Este trabajo pretende contribuir a un mejor conocimiento de este amplio campo de estudio. Constituye una aproximación al "estado del arte" debido a que permite contrastar en una misma obra y con una exposición similar aquellos trabajos que han tenido más repercusión en las distintas ciencias sociales, y que por tanto engloban una buena parte del conocimiento acumulado por la investigación social. Vaya por delante que esta obra no puede resolver los problemas fundamentales que afectan a esta faceta de estudio. Las nociones de ciencia, tecnología e innovación abarcan una realidad demasiado extensa para abordarse en un grupo de artículos que por fuerza deben ser sintéticos. Se trata más bien de una herramienta adicional a las existentes, que facilita una visión de conjunto y permite obtener cierta fertilización cruzada de las diversas aproximaciones. No obstante, este monográfico cubre una laguna debido a que los análisis teóricos comparados, sobre todo en lengua castellana, no suelen abarcar las diversas aproximaciones existentes en las ciencias sociales. La mayor parte de compilaciones son deudoras de alguna perspectiva teórica (por ejemplo, constructivismo vs realismo), o bien se centran en una faceta concreta del conocimiento (ciencia vs innovación). Difícilmente se encuentran obras que aborden un tratamiento sistemático de los distintos espacios del conocimiento, tratando de contemplar a la vez varias tradiciones disciplinarias. Los doce artículos que se incluyen a continuación recogen gran parte del razonamiento teórico sobre los diversos pero interrelacionados espacios que conforman la I+D y la innovación. La estrategia seguida para confeccionar el contenido combina dos tipos de criterio. En primer lugar, se parte de la división disciplinaria habitual, principalmente sociología, economía y ciencia política, junto a algunas facetas de la filosofía de la ciencia y sus fructíferas vinculaciones con estas ciencias sociales. Los artículos se ocupan de aquellas perspectivas más destacadas en cada grupo disciplinario debido a la trascendencia que han tenido en la manera de entender la I+D y la innovación. Adicionalmente, también se han incluido algunos enfoques típicamente híbridos. En segundo lugar, para cada uno de los artículos se ha seguido un procedimiento que trata de dar cierta homogeneidad a la secuencia argumental. El punto de partida de todos ellos consiste en identificar las nociones, autores y hallazgos distintivos de cada teoría o enfoque. No obstante, dado que otro de los objetivos es obtener reflexiones críticas y aportaciones originales, cada autor ha utilizado una estrategia propia en función de las particularidades y el nivel de detalle exigido en cada caso. Los artículos se estructuran en tres grandes grupos. El primer grupo incluye cinco escritos. Los tres primeros corresponden a perspectivas que tienen su principal origen en la sociología de la ciencia. Los dos siguientes son enfoques de carácter más ecléctico, pero que en cierta manera están influenciados por las principales corrientes de pensamiento provenientes de dicha disciplina. -El artículo de apertura, realizado por Manuel Fernández Esquinas y Cristóbal Torres Albero, se ocupa de una de las grandes corrientes en esta especialidad: las perspectivas que entienden a la ciencia como institución social. Comenzar con este artículo responde a un motivo de carácter cronológico. Es lugar común situar el origen de la sociología de la ciencia entre los años treinta y cuarenta del siglo XX, en los estudios sobre la configuración social de las organizaciones y sociedades científicas, así como en las interpretaciones que vinculan a la ciencia con el desarrollo social y político de las sociedades occidentales. También es lugar común considerar a Robert Merton como uno de los fundadores, a la vez que como un clásico que influye notablemente en los desarrollos de la especialidad. El artículo comienza así con la vertiente clásica que se ocupa de los rasgos institucionales que distinguen a la actividad científica (valores, normas y pautas de comportamiento). Seguidamente, realiza un recorrido por aquellas líneas de investigación que reformulan dichos rasgos, hasta llegar a los estudios más actuales sobre los aspectos organizativos de la actividad científica en el mundo contemporáneo. -El artículo de Ana Fernández Zubieta se dedica a la otra gran corriente, la que se acerca a la ciencia y la tecnología desde perspectivas costructivistas. Fruto de la confluencia de diversas aportaciones de filósofos de la ciencia y sociólogos del conocimiento durante los años 1970 y 1980, su característica distintiva es la atención que presta a los procesos de configuración del conocimiento científico, y no tanto a los aspectos institucionales y organizativos que preocupaban a las corrientes anteriores. Este enfoque supone un cambio radical en la manera de entender el mundo del conocimiento al penetrar en la "cámara sagrada de la ciencia y la tecnología" y mostrar sus conexiones con ámbitos políticos y culturales. El artículo, además de hacer una descripción de las diversas ramificaciones que se engloban en esta corriente, incide en los desarrollos y en las implicaciones actuales. Para ello tiene en cuenta las "consecuencias no previstas" que resultan de considerar al conocimiento científico como socialmente construido. -El artículo de Javier Echeverría y Marta González se ocupa de dos enfoques que tienen algunos puntos de conexión con las corrientes constructivistas, pero que destacan por la trascendencia que han tenido y siguen teniendo en los estudios llamados Ciencia, Tecnología y Sociedad. Se trata de la Teoría del Actor Red, protagonizada principalmente por Bruno Latour, y el enfoque de la Tecnociencia, cuyo autor más destacado es el propio Javier Echeverría. El ejercicio realizado pone en contraste estos dos enfoques y resalta algunas de sus divergencias pero, sobre todo, apunta a sus complementariedades y a la idoneidad de una fertilización cruzada que resulta apropiada como marco interpretativo de la ciencia y la tecnología en las actuales sociedades del conocimiento. La aportación realizada en este trabajo propone una mayor combinación de los niveles de estudio micro y macro que la existente en los dos enfoques tratados, lo que da pie a confluencias con los desarrollos provenientes de otras tradiciones teóricas. Los dos artículos que cierran este bloque se podrían denominar de carácter "híbrido" debido a que se ocupan de perspectivas que tienen orígenes disciplinarios algo más diversos, aunque todos ellos se caracterizan por haber alcanzado cierto protagonismo como marcos de análisis que pretenden arrojar luz sobre el estado de la I+D y la innovación, en algunos casos como herramientas normativas para actuar sobre ellos. -El artículo de María Jiménez e Irene Ramos se ocupa de tres perspectivas que han tenido cierta repercusión en las discusiones sobre los rasgos que definen a la ciencia contemporánea. Sus principales representantes son un físico (John Ziman), que utiliza el término "ciencia posacadémica", dos filósofos de la ciencia (Silvio Funtowitz y Jerome Ravetz), que emplean el concepto de "ciencia posnormal", y varios investigadores en ciencias sociales, principalmente sociólogos y politólogos (el primer firmante suele ser Michael Gibbons), que han acuñado la noción conocida como "modo 2". Se trata de autores que parten de bases metodológicas distintas y que emplean estrategias de análisis diversas, pero que tienen un importante elemento en común: sostienen que la ciencia actual se encuentra en estadio que es esencialmente distinto al que se consideraba habitual durante la mayor parte del siglo XX. El artículo interpreta estos enfoques como narrativas que pretenden entender la situación distintiva de la ciencia del mundo contemporáneo, especifica los elementos de la actividad científica a los que prestan mayor atención y resaltan sus aportaciones y debilidades. -El artículo de Teresa González de la Fe se ocupa de la llamada "triple hélice" impulsada por Harry Etzkowitz y Loet Leydersdorff. Se trata igualmente de un enfoque con gran repercusión en el mundo de la política de I+D, que funciona al mismo tiempo por esquema heurístico y como marco normativo. Se refiere a la combinación de las esferas sociales representadas por la universidad, la empresa y el estado, sosteniendo que su interrelación bajo ciertas condiciones ha sido uno de los impulsores de las sociedades del conocimiento. El artículo rastrea el surgimiento de la triple hélice en la sociología funcionalista de la ciencia, da cuenta de su base teórica y conceptual y especifica las claves de su evolución, especialmente la estrategia de visibilidad empleada por sus autores. Apunta que tiene visos de convertirse en un programa de investigación debido a la acumulación de estudios empíricos, sobre todo estudios de caso, aunque también da cuenta de las dificultadas y contradicciones que surgen a la hora de llevarlo a la práctica. El segundo grupo de artículos engloba las perspectivas que provienen de la economía, aunque se trata de en-foques que también tienen notables influencias de otras ciencias sociales. -El artículo de Andrés Barge y Aurelia Modrego realiza un recorrido crítico por los principales conceptos económicos relacionados con la I+D, sobre todo la interpretación de la ciencia como bien público. También se ocupa de las controversias que tienen lugar en la economía neoclásica cuando se estudia el papel del conocimiento y la innovación en el desarrollo, así como del resurgimiento de la economía evolucionista, que se convierte en dominante en este campo. Los autores presentan evidencias de numerosos estudios de carácter econométrico, deteniéndose especialmente en investigaciones de carácter micro debido a la riqueza y variedad de hallazgos empíricos que surgen en este nivel. El artículo termina prestando atención al debate sobre ciencia abierta y derechos de propiedad intelectual. Resalta la compleja relación entre ciencia y economía, así como la necesidad de adaptar planteamientos sobre la gestión y evaluación de la I+D a las evidencias de la investigación empírica. -Mikel Olazaran y Beatriz Otero se ocupan del llamado "sistema de innovación" en sus principales versiones, nacional y regional. Se trata de un enfoque que, si bien originalmente es practicado sobre todo por economistas, es un reflejo de la apertura a conceptos y problemas privilegiados por otras disciplinas, como la ciencia política y la sociología. En cierta medida es una aproximación ecléctica que considera los elementos culturales, relacionales y políticos como parte constitutiva de los sistemas de innovación. En consecuencia, su estrategia de investigación presta atención a las diversas facetas de la realidad que configuran los entornos innovadores, especialmente a los actores y las instituciones. Los autores utilizan un procedimiento muy útil para hacer un diagnóstico del desarrollo de esta perspectiva: estudian su recepción en el caso español a través de un análisis de las principales obras y de una encuesta a aquellos autores españoles que han empleado el enfoque. Los resultados de la encuesta detallan sus fortalezas y debilidades, ofreciendo una panorámica que permite evaluarlo como marco de análisis para la investigación empírica y como esquema de actuación en las políticas públicas. -El artículo de Jaider Vega, Antonio Gutiérrez e Ignacio Fernández de Lucio se dedica a otra gran vertiente proveniente de la economía: la que se ocupa de las estrategias que utilizan las empresas para adquirir conocimiento, así como de los factores que influyen en las decisiones empresariales referidas a sus actividades innovadoras. Se trata de una perspectiva destacada en los llamados "modelos interactivos" que surgen como alternativa a la visión que entendía las relaciones de la I+D con la innovación de una forma unidireccional o lineal. El artículo se sitúa en este debate y emplea como esquema de análisis tres facetas de las actividades de las empresas para adquirir conocimiento: "hacer" I+D interna, "comprar" tecnología y "cooperar" con otras empresas e instituciones. Estos tres elementos son analizados en dos grandes grupos de estudios: la Teoría de los Costes de Transacción de corte neoclásico y la literatura sobre las capacidades empresariales procedentes de la economía evolucionista. La evaluación de los estudios empíricos da pie a explorar las nuevas líneas de trabajo a partir de las complementariedades que surgen en las diversas estrategias de innovación en la empresa. El tercer grupo de artículos se ocupa de perspectivas que, o bien se encuadran en la ciencia política, o bien están orientadas a la formulación de políticas públicas relacionadas con I+D e innovación. -El artículo de Pilar Rico y Rafael Morera trata los abordajes que, desde el ámbito de la política, se han empleado para intervenir en la I+D. Utiliza como estrategia la división analítica entre enfoques normativos y positivos. De un lado, en las políticas de I+D existen fuentes de literatura que emanan de la práctica. Aunque suelen estar cargados de un importante componente normativo, estos estudios constituyen una parte fundamental del acervo de conocimiento. El artículo hace una revisión histórica de las políticas científicas desde este punto de vista, desde los estudios pioneros de Vannevar Bush y John Bernal hasta nuestros días. De otro lado, la disciplina de la ciencia política se ha ocupado de hacer elaboraciones teóricas e investigaciones empíricas que tratan de explicar científicamente los fundamentos de la intervención pública en la I+D. Los autores abordan esta parte señalando la continua interrelación de las facetas normativas y positivas a la hora de formular políticas y, más aún, el giro desde lo primero a lo segundo, habida cuenta de la creciente influencia que algunas las ciencias sociales están teniendo en las políticas públicas. -El artículo de Remo Fernández Carro es un análisis sistemático de la perspectiva de Principal-Agente, una de las que posiblemente han tenido más éxito a la hora de adaptar la forma de teoría explicativa. Aunque originariamente procede de algunos ámbitos de la economía, ha calado sobre todo en la ciencia política, estando presente en numerosas áreas de problemas, incluidos los referidos a la ciencia y la tecnología. Los principios de la teoría Principal-Agente se adaptan especialmente bien a las realidades de la I+D debido a que en este ámbito es frecuente encontrar situaciones en las que los actores desempeñan típicamente los papeles de ejecutor (el investigador) y de principal (el estado). El autor hace el que quizás sea uno de los tratamientos más completos de este enfoque en lengua castellana, en el que da cuenta de los principales conceptos y autores, de sus limitaciones y posibles desarrollos como teoría, así como de las posibilidades que ofrece su uso como herramienta de investigación habitual en las ciencias sociales. -El artículo de Antonio López Peláez se ocupa de los estudios orientados a dilucidar los cursos de acción posibles en función de las previsiones racionales que se tienen sobre el futuro. La prospectiva está tomando especial relevancia en la definición y ejecución de políticas de I+D debido al gran impacto social y económico que pueden tener las decisiones para potenciar áreas de investigación. La actividad científica, y especialmente los desarrollos de las nuevas tecnologías, es uno de los campos privilegiados para el uso de las herramientas de las ciencias sociales que permiten discernir acontecimientos futuros que ayuden a los políticos y a los propios científicos y tecnólogos a decidir sus alternativas. El artículo hace un análisis de los orígenes de la prospectiva, de su metodología y sus principales usos, para luego ubicarlos en el contexto de la I+D a través de las experiencias existentes en España. -Finalmente, el artículo de Emilio Muñoz ofrece un cierre especialmente oportuno debido a las circunstancias profesionales del autor. Se trata de una de las pocas personas que en nuestro país reúne una experiencia extensa en varias facetas relacionadas con la I+D. Además de un científico natural experimentado, ha sido gestor y político de la ciencia en etapas cruciales de nuestra historia reciente, y posteriormente investigador social en temas relacionados con este ámbito. Es, por tanto, un autor que aporta un punto de vista en cierta forma privilegiado para discutir la orientación de las políticas científicas y su vinculación con las ciencias sociales. El artículo adopta una perspectiva de carácter personal que se basa en su dilatada trayectoria. Emplea un símil procedente de la biomedicina, acudiendo a las "patologías degenerativas" y las "terapias regenerativas" de las políticas científicas a la luz de las experiencias existentes en las últimas décadas. Las conclusiones ofrecen un material relevante para reflexionar sobre la manera de actuar en la I+D y la innovación desde el sector público, donde las ciencias sociales pueden ser tanto la solución como parte del problema. Realizar un balance crítico de los aspectos cognitivos de este conjunto de enfoques no es una tarea fácil. En algunos casos es posible hablar de teorías, aunque unas adoptan la forma de teorías explicativas y otras de teorías descriptivas. En otros casos se trata de marcos conceptuales que responden a intentos de integrar la complejidad y que progresivamente toman forma de marcos de análisis y añaden proposiciones teóricas. Finalmente, otros casos son más bien grupos de conceptos asociados, que en algunas ocasiones se convierten en programas de investigación gracias a la acumulación de estudios empíricos que progresivamente van refinando su capacidad de observación y sus aseveraciones sobre la realidad. Otros en cambio, posiblemente por la falta de contrastación empírica, se mantienen como que, si bien son sugerentes y aportan ideas novedosas, tienen escaso recorrido dentro de las ciencias sociales. Sí es posible en cambio realizar un diagnóstico del estado en que se encuentra este cuerpo de conocimiento observando algunos de sus rasgos desde una perspectiva panorámica. La evidencia más inmediata es que está sujeto a la división del trabajo que aún existe en las ciencias sociales. Parte de esta división se corresponde con la tríada habitual de ciencia-tecnología-innovación. Existen enfoques que se centran sobre todo en la ciencia, otros que tratan principalmente del desarrollo tecnológico, mientras que otros se ocupan de las actividades relacionadas con la innovación. Otra división habitual de las ciencias sociales se muestra en aquellas aproximaciones a la realidad que privilegian las distintas disciplinas. A saber, la sociología se ocupa de ciertos fenómenos agregados que configuran las formas de la vida social. La ciencia política se basa en un tipo de relación de poder, mientras que la economía parte de un tipo de comportamiento de los actores involucrados en la producción y el consumo de bienes. Cualquier observador estará de acuerdo con que dichos aspectos siempre están interrelacionados, y con que la división que realizan las ciencias sociales supone una abstracción de la realidad. No obstante, no parece que sea posible fusionar las aproximaciones disciplinarias, al menos a corto plazo. La división posiblemente siga siendo la base de la organización de la ciencia social -y quizá de la ciencia en general-, ya sea en la forma de las disciplinas actuales o de otras nuevas. En primer lugar, porque la extrema complejidad que muestra el mundo social requiere una división del trabajo y unas pautas de comportamiento e identidad profesional que permitan la socialización y el aprendizaje de las nuevas generaciones de científicos sociales. En segundo lugar, porque los nuevos enfoques de carácter interdisciplinar parece que acaban irremediablemente convirtiéndose en algo que, al igual que los fractales, al cabo del tiempo termina teniendo características similares a las disciplinas originarias, tales como un objeto de observación privilegiado, una metodología común, así como medios de comunicación, asociaciones científicas y formas de discriminación jerárquica de los conocimientos producidos. A pesar de todo, se observa en este conjunto de artículos una tendencia a la convergencia, pudiendo distinguirse algunas pautas en este sentido. Existe cierta apertura de perspectivas, que progresivamente integran aportaciones y conceptos procedentes de otras tradiciones. Crecientemente se admite que la complejidad requiere la combinación de las herramientas que resulten más adecuadas para observar la realidad, lo que lleva al abordaje ecléctico de algunos de los problemas. En este conjunto de artículos es posible ver cómo la sociología de la ciencia de corte institucional incorpora aportaciones de la sociología del conocimiento científico, cómo la economía presta atención a factores estudiados por la ciencia política, y un largo etcétera. Más aún, parece que se están superando las guerras epistemológicas que han caracterizado a este campo en las últimas décadas del siglo XX, que han sido una de las principales barreras para su crecimiento y para la obtención de legitimidad fuera del mundo de la ciencia académica. Aún no es posible decir si estas características permiten apuntar un desarrollo más fructífero en los próximos años, pero cada vez existen más evidencias sobre las ventajas de la convergencia de las distintas perspectivas teóricas para estudiar y comprender las diversas facetas de la I+D y la innovación.
Este artículo se ocupa de aquellos marcos de análisis y teorías que, desde la sociología, estudian a la ciencia como institución social. A saber, como área de la vida social estructurada a través de valores, reglas y pautas de comportamiento que organizan la acción individual y colectiva en un contexto determinado. La principal tesis que se defiende es que las tendencias de investigación más recientes en los estudios sociales sobre la ciencia y la tecnología están conduciendo a un nuevo giro en este campo. Al igual que durante el último cuarto del siglo XX se hablaba de un "giro cognitivo" debido a la influencia de constructivismo, a comienzos del siglo XXI se puede hablar de cierto "giro institucional". Ello se debe a la adopción en el mundo de la I+D de conceptos y estrategias de investigación habituales en una de las corrientes principales de la sociología contemporánea, junto a la acumulación de estudios empíricos que ya se vislumbran. El argumento sostiene que existe un cuerpo de conocimientos que es posible trazar desde los orígenes de la sociología de la ciencia hasta nuestros días. Frente al conflicto entre visiones teóricas habitual en la sociología de la ciencia de las décadas pasadas, la síntesis de dicho corpus puede suponer cierto avance para entender más adecuadamente el estado en el que se encuentra la ciencia contemporánea. La estrategia de análisis acude a las nociones de institucionalismo clásico y moderno para realizar un recorrido histórico que rescata los principios fundamentales del ethos clásico establecidos por Robert K. Merton y sus seguidores entre las décadas de 1950 y 1960, los actualiza a través de los debates ocurridos en los años 1970 y 1980, y los integra en los enfoques más actuales de la teoría sociológica. El artículo se divide en tres grandes apartados. En el primero se introduce la tesis del nuevo giro en los estudios sociológicos sobre la ciencia y la tecnología y se expone nuestra estrategia para vincular los institucionalismos clásico y moderno. El segundo punto se ocupa de lo que se puede considerar la vertiente clásica de la sociología de la ciencia o, lo que es lo mismo, las propuestas de la llamada Escuela de Columbia a las normas de la ciencia. Se trata de propuestas que siguen siendo muy útiles una vez que incorporan las críticas de las sociologías del conocimiento científico, y que se reestructuran sobre la base que supone, merced al llamado nuevo institucionalismo sociológico, establecer los límites del análisis normativo y despojarle de las influencias funcionalistas. El tercer epígrafe trata de sintetizar los rasgos de las nuevas corrientes a través de dos operaciones. Primero, haciendo una nueva interpretación de los componentes institucionales de la I+D, y segundo, especificando algunas de las estrategias de investigación empleadas para estudiar la relación de la ciencia con el entorno y los procesos de cambio social en las organizaciones relacionadas con la ciencia. ¿HACIA UN NUEVO GIRO EN LA SOCIOLOGÍA DE LA CIENCIA? El desarrollo histórico de la sociología de la ciencia puede caracterizarse por su división en dos grandes tradiciones que responden, en definitiva, a la dualidad indisoluble que enmarca el quehacer científico: una institución específica y diferenciada que permite singularizar las actividades que sus miembros desarrollan, y una forma social de conocimiento que deviene, previa su certificación por la referida institución, en conocimiento verdadero. En efecto, por un lado está la llamada escuela clásica o de Columbia, cuyo centro de gravedad radica en indagar en los rasgos que definen a la ciencia como institución social y, con ello, una amplia serie de cuestiones vinculadas a este problema: su proceso histórico de emergencia, las pautas de su estructuración social, la dinámica de los colectivos que la hacen funcionar, las carreras profesionales que se desarrollan en el seno de la misma, etc. (Torres, 1994; Fernández Esquinas, 2002). De otro lado, están las llamadas sociologías del conocimiento científico que centran su trabajo en los procesos de generación y validación de dicho conocimiento, prestando atención a toda una panoplia de factores sociales (como los intereses, el poder, las estrategias de persuasión, las prácticas oportunistas, etcétera) que no sólo están a la base de la cristalización del conocimiento, sino también de su propia definición como objetivo y verdadero (Iranzo, Blanco, González, Torres y Cotillo, 1995). A pesar de que estas dos tradiciones presentan una asentada división a lo largo del desarrollo histórico de la sociología de la ciencia, desde finales del siglo XX se acepta comúnmente (Jasanoff, Markle, Petersen y Pinch, 1995; Zuckerman, 1991) que se trata de dos dimensiones genéricas e insolubles de la empresa científica. Toda actividad científica comprende tal entramado de factores sociales y cognitivos tan estrechamente interrelacionados que, en ausencia de alguno de ellos, la ciencia contemporánea no gozaría, ni de la autoridad cognitiva, ni de la centralidad institucional que ostenta en las sociedades avanzadas desarrolladas. Para expresarlo en términos coloquiales, ambos aspectos son las dos caras de una misma moneda que, en ausencia de una de ellas, dejaría de tener curso legal. Y ambas caras están compuestas, aun en orden distinto, por los mismos materiales. No obstante lo anterior, el objetivo de este artículo es ofrecer un análisis sistemático, y con ello un balance, de los desarrollos más importantes que se han producido, desde la sociología, en relación al problema de la ciencia como institución social. Esto es, como un conjunto de reglas (formales e informales), que organizan un área particular de la vida social, y que son consideradas como la manera legítima, habitual y rutinaria de actuación en un contexto determinado (Powell, 2007) 1. Hay una serie de razones que nos llevan a privilegiar, en este momento, la discusión de sólo una de las dos caras de la perspectiva sociológica sobre la ciencia. En primer lugar, porque la división histórica referida es, en buena medida, fruto de la complejidad y heterogeneidad que envuelve el desarrollo de la ciencia (y la tecnología). De esta manera, cada problema que se aborda supone una miríada de marcos analíticos, hipótesis, técnicas, etc., materializados ad hoc. Es decir, indagar una cuestión supone privilegiar unas herramientas teóricas y metodológicas que, habitualmente, no tienen capacidad para conceptualizar y aprehender la estructura y dinámica de otros aspectos de la tarea científica. Por ello, los estudios sobre las instituciones y formas organizacionales de la ciencia están basados en tradiciones teóricas y técnicas que muy difícilmente pueden identificar las claves del quehacer cognitivo científico. De hecho, ambas vertientes de la sociología de la ciencia han generado, en el devenir histórico de su desarrollo, programas de investigación diferenciados sobre supuestos y propuestas muy distintas. En segundo lugar, porque entrar en el problema de la generación y validación del conocimiento científico supone introducirse, de lleno, en la problemática epistemológica. Sin duda, las sociologías del conocimiento científico han supuesto una bocanada de aire fresco en la tarea de aportar nueva evidencia empírica para el debate que estas tradiciones plantean. Y con ello han conseguido avanzar en la tarea de identificar las prácticas sociales sobre las que descansan los fundamentos del conocimiento que se tiene por verdadero. Pero nuestro propósito, en este momento, es hacer una sociología de la ciencia y no para la ciencia (Olazaran y Torres, 1995). Es decir, queremos alejarnos del siempre pantanoso, por ontológico, problema epistemológico que, en demasía, desemboca en generalidad, vaguedad y especulación. Como en su día sostuvieron Berger y Luckmann (1968), incluir cuestiones epistemológicas referentes a la validez del conocimiento sociológico dentro de la sociología del conocimiento es algo así como querer empujar el coche que uno mismo conduce. Y aquí, y en este momento, tratamos de concentrar nuestros esfuerzos en ser buenos conductores, en vez de esforzarnos en aprender los fundamentos de la mecánica y descuidar las prácticas de conducción. En tercer lugar, porque los problemas de la ciencia como institución social (comunidades científicas, carreras científicas, estratificación y producción científica, organizaciones, etc.), que abordaba la sociología clásica, han sido en buena medida abandonados a partir del último cuarto del pasado siglo. Sus problemas, también en consonancia con lo que ocurría en la más amplia indagación sociológica, fueron sustituidos por otros, tales como la cultura científica, el uso del lenguaje y las inscripciones literarias, las negociaciones y las prácticas locales y contingentes en la construcción de los hechos científicos. Esto no significa que la vertiente institucional de la ciencia desapareciese por completo. Más bien ha estado reservada a áreas de trabajo y grupos de especialistas, normalmente de carácter multidisciplinar, que trabajan en torno a problemas como la producción científica, las carreras de los investigadores o los métodos de evaluación en la ciencia. Sin embargo, todos estos temas típicos de los estudios de I+D han sido impulsados fuera de los principales desarrollos que se etiquetan como sociología de la ciencia. Por ejemplo, los estudios basados en las citaciones conforman ya una tradición bastante sofisticada, con múltiples aplicaciones en ámbitos como la política científica o la gestión de centros, y han adquirido progresivamente las pautas organizativas de una disciplina (revistas especializadas, congresos, un corpus de conocimiento reconocido por los pares, etc.). Aunque asumen de manera tácita algunos de los principios clásicos de la visión institucional basada en el reconocimiento, sus presupuestos teóricos y metodológicos normalmente están al margen de la sociología de la ciencia (Woolgar, 1991). Por todo esto consideramos de interés retomar, desde la sociología de la ciencia, el análisis de los aspectos institucionales. No se trata tanto de una vuelta al pasado, ni de retomar los viejos enfoques, sino más bien de un nuevo interés por aquellos problemas que afectan a las organizaciones, y a los científicos que producen ciencia y tecnología, incorporando los avances más recientes de las ciencias sociales. Estos aspectos no se reducen a su propia dinámica, sino que también alcanzan a las relaciones que mantienen con otros actores de la esfera política o económica. Así pues, debe destacarse que este interés no sólo se focaliza en la ciencia del mundo académico, sino que se prolonga en la ciencia y la tecnología que se desarrolla en los ámbitos del Estado y la empresa, en sintonía con la creciente importancia que la tecnociencia (como vector en el que se ha fusionado la ciencia y la tecnología) tiene en el devenir de las sociedades avanzadas contemporáneas. Para esta revisita a los problemas de la ciencia como institución social proponemos utilizar la distinción, de uso común en las ciencias sociales, entre viejo y nuevo institucionalismo. En términos generales, la noción de institucionalismo se emplea para referirse a aquellos enfoques de las ciencias sociales que se ocupan de los aspectos más permanentes y duraderos de la estructura social. Cuando la literatura sobre teoría social habla de "viejo institucionalismo" (Hall y Taylor, 1996) normalmente se refiere a los estudios desarrollados en la primera mitad del siglo XX que entienden a las instituciones como reglas formales de comportamiento. Se trata de las aproximaciones clásicas de la ciencia política, la historia o la economía que focalizan sus análisis en los aspectos estables que definen la configuración de las sociedades y estructuran el comportamiento de las personas, tales como las leyes, la forma del Estado y la constitución de los gobiernos, que suelen analizar en perspectiva comparada con la intención de encontrar regularidades y motivos que expliquen el predominio de unos modos sobre otros. Trasladado a la sociología, el término institucionalismo tiene unas connotaciones más amplias debido a la cobertura que tradicionalmente ha pretendido el análisis sociológico. La definición estándar de institución es la de aquella estructura de expectativa social relativamente estabilizada que posibilita la acción individual y colectiva. La característica común de los enfoques sociológicos sobre las instituciones es, por tanto, que tienen en cuenta las estructuras de expectativas que trascienden a las acciones singulares y a las interacciones, poniendo de relieve las pautas de actuación recíproca que cristalizan en formas sociales identificables. Desde este punto de vista, en la sociología este término es muy genérico y engloba una gran diversidad de estudios. El viejo institucionalismo se asocia con enfoques que centran su nivel de análisis en aquellos aspectos más duraderos de la estructura social en ámbitos como el mercado, la política o las actividades sociales organizadas, y que habitualmente prestan atención a cómo dichas entidades moldean la creación de unidades (o funciones) a más bajo nivel y las relaciones entre ellas (Stinchcombe, 1997; Selznick, 1996). Se trata de una concepción que se encuentra ya en las bases fundacionales de la sociología clásica y que ha seguido siendo parte constitutiva del análisis sociológico, aunque en la sociología de la ciencia se corresponde sobre todo con el enfoque de corte normativo de la Escuela de Columbia que tiene su máximo desarrollo aproximadamente entre 1940 y 1970. El llamado Nuevo Institucionalismo Sociológico (NIS), en cambio, tiene un perfil más definido 2. Consiste en un grupo de estudios que interpreta a las instituciones como construcciones sociales y no sólo como agregados, y que surge como reacción al auge de las teorías sociales de carácter micro que utilizan modelos de comportamiento de inspiración económica. Tiene su origen en los estudios sobre educación (Meyer y Rowan, 1977) y en la sociología de las organizaciones (Dimaggio y Powell, 1991) en torno a 1980, aunque progresivamente se ha ido extendiendo a otros lugares y ha ido adoptando la forma de un programa de investigación (Scott, 2005). En este trabajo se emplea el término NIS en un sentido amplio para referirnos a este grupo de estudios que se ocupan de las instituciones prestando atención a cómo moldean el comportamiento de miembros individuales a través de reglas y normas, aunque también se tienen en cuenta las corrientes que tratan de identificar pautas estables y regulares en el tiempo y que otorgan importancia a la identificación de mecanismos causales que explican tanto la emergencia como los efectos de las instituciones. La base de esta consideración del institucionalismo, y de su diferenciación entre las aportaciones clásicas y modernas, nos sirve de guía para llevar a cabo una transferencia de perspectivas y conceptos (al modo de una fertilización cruzada) a la sociología de la ciencia, y más concretamente a la cuestión de los aspectos institucionales de la ciencia. Para ello partimos de que, de un lado, existe un cuerpo de conocimientos, que se puede considerar clásico, que privilegia los aspectos organizativos de la ciencia, así como las pautas de interacción y estructuración de las distintas formas de organización de las, retóricamente llamadas, comunidades científicas. Este corpus se nutre de las aportaciones de la llamada Escuela de Columbia (Merton, discípulos y afines). De otro lado, desde la última década del siglo pasado se ha producido la emergencia de una amplia línea de investigación en torno a dos fenómenos de amplio calado en las contemporáneas sociedades del conocimiento. A saber, la actual reorganización del mundo científico y universitario que supone pautas bien distintas de las que predominaron en la segunda mitad del siglo XX; y la crucialidad que la tecnociencia ha alcanzado tanto en el desarrollo económico como en la estructuración de la vida social y cultural. Es lo que podríamos denominar la faceta a la que se enfrentan los modernos análisis de la ciencia como institución social. De la misma manera que en los años noventa se habló de un "giro cognitivo" en la sociología de la ciencia, quizá se pueda hablar ahora del inicio de un "giro institucional". Dos hechos apuntan en este sentido. De un lado, la proliferación y madurez de estudios que, para estudiar los nuevos fenómenos que ocurren en el mundo científico, acuden a herramientas algo distintas a las habituales en la sociología del conocimiento (Weingart, 1997; Whitley, 2002). De otro lado, la reorientación de algunos sociólogos provenientes de otros campos, especialmente de la sociología de las organizaciones, que trasladan sus enfoques y herramientas de investigación al ámbito de la I+D y la innovación debido a que constituye un terreno de pruebas privilegiado para testar el programa neoinstitucional (Powell y Owen Smith, 1998; Colyvas y Powell, 2006; Drori, et al., 2003). La confluencia de ambos movimientos supone una mayor densidad de estudios sobre la ciencia y la tecnología que están dando lugar al refinamiento de procedimientos de análisis y una mayor acumulación de datos empíricos, lo cual tiene importantes implicaciones para la sociología de la ciencia. Así pues, a nuestro juicio, la mejor forma de impulsar y dotar de sentido al "giro institucional" de la sociología de la ciencia consiste en acudir a la línea argumental y acumulativa que conecta el viejo y el nuevo institucionalismo. Operación que, sin duda, debe tener en cuenta los avances que en su día generaron las sociologías del conocimiento científico. El siguiente apartado se ocupa de la versión clásica de sociología de la ciencia representada por las propuestas de la Escuela de Columbia para luego, a través de sus críticas, realizar una conexión con las tendencias de la teoría sociológica más actual. Posteriormente, el apartado dedicado a nuevo análisis institucional realiza una nueva interpretación de los componentes de la institución científica contemporánea y especifica las estrategias de investigación más relevantes en este campo. EL INSTITUCIONALISMO CLÁSICO EN LA SOCIOLOGÍA DE LA CIENCIA Instituciones y análisis funcional El institucionalismo clásico en la sociología se concreta, inicialmente, en el llamado estructural-funcionalismo (representado por la figura de Talcott Parsons) y, posteriormente, en la revisión que del mismo hace Robert K. Merton en la década de los años cincuenta del siglo pasado. En perspectiva temporal puede señalarse que emerge en los años treinta, y se mantiene con mayor o menor relevancia hasta primeros de los años setenta. El fundamento de este marco teórico concibe la sociedad, y las instituciones que la componen, como un todo en el que las distintas partes, y las interacciones que mantienen entre sí, dan cuenta de su mantenimiento y funcionamiento. El conjunto forma un sistema social (Parsons, 1982) que estructura y pauta las acciones. Considera la acción social que se desarrolla en las instituciones de manera finalista, unida a una relación de tipo racional entre medios y fines. Desde este punto de vista, la integración social exige de la existencia de unos valores comunes que responden a los objetivos y las necesidades de cada sistema social. Así pues, toda institución (como toda sociedad) presenta una estructura de valores que permiten la integración, y de normas que refuerzan las pautas valorativas y de integración, así como de los roles para materializar valores y normas en la consecución de los objetivos. El resultado de este esquema de pensamiento es que cada institución se concibe como un sistema social con unidad funcional, en la que los miembros de la misma presentan un alto grado de cohesión e integración. Parsons, en la primera fase del funcionalismo, identifica los requisitos funcionales del sistema social y las pautas de integración consuetudinaria de índole moral. Merton (1980), en la segunda fase en la que renueva el estructural-funcionalismo de Parsons, subraya la existencia de un sistema de intercambio concebido como un mecanismo de refuerzo de los valores (morales) y las normas. En este sentido, los conflictos y disensiones se originan por las propias contradicciones que se generan entre los distintos valores y normas que recorren la acción social. En definitiva, para Parsons la integración social en las instituciones se produce por la asunción, de forma generaliza-da y consensuada, de valores morales que son funcionales para alcanzar los objetivos específicos de cada institución social. Este marco permite el correcto funcionamiento, la estabilidad y, finalmente, el éxito y continuidad de cada institución social. Merton añade a esta base el referido mecanismo del intercambio, y la consideración que la estratificación social resultante radica en el prestigio, puesto que ese valor moral encarna en cada individuo su contribución a la realización de los objetivos de la institución. La evolución de la tesis del ethos científico: de los CUDEOS al Intercambio Proyectar sobre la sociología de la ciencia la perspectiva clásica del institucionalismo implica referirnos a la obra de Robert K. Merton dado que, no sólo fue el autor que desarrolló e impulsó esta especialidad desde los años cuarenta hasta finales de los setenta del siglo pasado, sino que también estableció como eje de su trabajo (y el de la Escuela de Columbia que él encabezó) el problema de la ciencia como institución social. El epicentro de sus escritos es la identificación de los factores propios del quehacer científico que han permitido la configuración interna de la ciencia como una institución social, y que garantizan su permanencia a lo largo del tiempo. En esta tarea destacan dos aportaciones de corte distinto, aunque dentro de un mismo plano de congruencia, y de acuerdo con las posiciones y cambios que en el terreno de la teoría sociológica el autor mantuvo. En los artículos iniciales de 1942 que Merton (1977a) dedica al problema, defiende una explicación normativa basada en valores morales, en la línea del funcionalismo clásico de Parsons. Sin embargo, a partir de finales de los años cincuenta, asoma en sus escritos (Merton 1977b) la importancia que los procesos de intercambio tienen para la vida científica y para el mantenimiento de esta institución social, en la línea de lo referido acerca de la revisión y flexibilización que este autor hizo del funcionalismo. En su primera, más famosa y polémica aportación al problema que ahora nos ocupa, el ensayo titulado "La estructura normativa de la ciencia", Merton identifica el conjunto de elementos que constituyen el ethos característico de la ciencia como institución, y que concreta en el universalismo, el comunismo, el desinterés y el escepticismo organizado. Estos cuatro factores forman un complejo que entiende como valores y normas obligatorias para el científico (Merton, 1977a) 3. Se trata de las normas y valores específicos de la ciencia que permiten que esta actividad se haya transformado en una institución social. El ethos de la ciencia tiene, según Merton, un carácter imperativo y obligatorio, dado que además de ser preceptos técnicos cuyo cumplimiento permite el progreso técnico del conocimiento certificado, son también prescripciones morales que garantizan la vigencia social de la institución, y que los científicos, consetudinariamente, profesan con emoción. A pesar de que el ethos científico no ha sido codificado, sí es posible a juicio de Merton, inferirlo de los escritos y declaraciones de los científicos, así como de los ejemplos observados en su conducta y del consenso moral que se detecta en las comunidades científicas. Además, la vigencia del ethos se refuerza por la profusa socialización que sufren quienes desean entrar en la vida científica, así como por las sanciones que se imponen a aquellos que lo transgreden. De esta manera, Merton identifica como elementos constitutivos del conjunto de imperativos institucionales de la ciencia a los cuatro elementos ya referidos. Todos ellos se conocen de forma abreviada con el acrónimo de CUDEOS (tomando las primeras letras de los cuatro rasgos señalados), y son caracterizados de la siguiente forma. En primer lugar, el universalismo halla expresión inmediata en el canon de que las pretensiones a la verdad deben ser sometidas a criterios impersonales preestablecidos, como la consonancia con la observación y el conocimiento anteriormente confirmado. La aceptación o rechazo de las pretensiones a figurar en las nóminas de la ciencia no deben depender de los atributos personales o sociales de su protagonista, sino de los argumentos y pruebas que se presenten. La objetividad, por tanto, excluye al particularismo. En segundo lugar, el comunismo (definido en los años de la Guerra Fría como comunalismo) supone que los hallazgos de la ciencia son producto de la colaboración social y, por lo tanto, son asignados a la comunidad. De esta forma, las aportaciones constituyen una herencia común en la cual el derecho del productor individual queda limitado al reconocimiento y a la estima por la aportación. Si la institución funciona con un mínimo de eficiencia, la estima y el reconocimiento son proporcionales al crecimiento aportado al fondo común de conocimiento. En tercer lugar, el desinterés, identificado con la norma de que el científico no debe aspirar a través del trabajo en la ciencia a más beneficio que el que proporciona la satisfacción por el trabajo realizado y el prestigio que representa el haber actuado en interés de la comunidad. Por último, el escepticismo organizado es un mandato tanto metodológico como institucional. Desde este punto de vista, el investigador científico no debe preservar diferencias entre lo sagrado y lo profano, entre lo que exige respeto acrítico y lo que puede ser analizado objetivamente, sino que debe enfrentarse a cualquier fenómeno con las herramientas de indagación científica disponibles. Posteriormente, este conjunto de normas y valores morales será enriquecido por el propio autor, a finales de los años cincuenta (1977b, 1977c), con la identificación de dos nuevos componentes del ethos: el de la humildad, derivado del desinterés y el escepticismo organizado, y el de la originalidad, fruto del comunismo y del establecimiento de un sistema autónomo de recompensas. La formulación inicial basada en las normas y los valores se completa con la introducción de una variante basada en la teoría social del intercambio como sistema de refuerzo de valores morales, de acuerdo con la reorientación y flexibilización del funcionalismo anteriormente mencionada. De ésta también fue Merton (1977b) el pionero, al establecer que es la búsqueda del reconocimiento que se espera obtener a cambio de la información original que cada científico aporta al fondo común del conocimiento científico, lo que constituye el motor que pone en marcha la actividad científica y participa del mantenimiento del ethos diferencial de la ciencia y, en definitiva, de esta institución social. No obstante, no será hasta 1957 cuando, en su conocido ensayo "Las prioridades en los descubrimientos científicos", así como en una serie de ensayos publicados durante la década de los sesenta (Merton, 1977), dedique una atención específica a la tesis del intercambio. A partir de las abundantes y enconadas disputas por la prioridad que se suceden en la historia de la ciencia, en especial en el contexto en que surgen los descubrimientos múltiples, Merton llega a la conclusión de que la ciencia como institución social se estructura a partir de un sistema de intercambio fundamentado en la concesión de recompensas a cambio de la aportación de información que los colegas estiman como valiosa y original. Recompensas que se encuentran en el nivel informal, mediante el reconocimiento de los pares, pero que una vez institucionalizada la ciencia, también se encuentran en los mecanismos formales de asignación de recursos económicos y distinciones. es posible tender un puente entre el nuevo y el viejo institucionalismo en el mundo de la ciencia. Por lo que respecta a la dimensión normativa, diversos autores (Barnes y Dolby, 1970; Rothman, 1972; Sklair, 1972) han afirmado que las tesis de Merton y de su escuela no dan ninguna cuenta de las conductas reales de los científicos, ni siquiera en la vida académica, lo que puede aplicarse a cada uno de los componentes de los CUDEOS. En primer lugar, el universalismo es un concepto tan genérico que su concreción depende de los valores propios de la sociedad en la que este principio opera. Además, la vida científica no se organiza como una comunidad de iguales que juzga los productos y distribuye los recursos de acuerdo a reglas impersonales, sino que más bien es una restringida élite la que acapara medios y enjuicia las contribuciones con criterios particulares. Por lo que respecta al comunismo, se ha señalado que el secretismo no sólo afecta a las actividades científicas insertadas en el mundo industrial o militar (que cada vez son más abundantes), sino también a la globalidad del quehacer científico, dados los principios instrumentales y tácticos con los que los científicos organizan sus relaciones sociales y sus publicaciones. Por lo que hace al desinterés, se ha indicado que los científicos pueden relativizar o subordinar los valores típicos atribuidos al resto de la sociedad. Existen factores que afectan a la conducta de los científicos tales como la intensa competencia por publicar, luchas por la prioridad, tácticas para conseguir medios, amén de la creciente interpenetración entre la ciencia básica, la aplicada y el desarrollo tecnológico. Por último, y por lo que afecta al escepticismo organizado, se han insistido en que los científicos hacen una distinción particular entre algunos temas considerados "sagrados" (sus propias aportaciones al corpus sustantivo de la ciencia) y "profanos" (las del resto, especialmente las de quienes se oponen a las tesis propias). Así, los científicos defienden sus teorías con vehemencia, ímpetu y mediante habilidades y tácticas controvertidas, a la par que establecen vínculos emocionales y afectivos con ellas. En definitiva, que por causas tanto internas como externas a la propia configuración de la actividad científica, ésta se configura de forma similar a las pautas y los valores dominantes de la más amplia sociedad en la que la ciencia se ubica. En suma, este conjunto de críticas está indicando el abandono de la vieja correspondencia directa entre norma y acción. Es decir, las normas de cualquier institución no constituyen prescripciones inequívocas para la acción social. La acción está afectada por expectativas múltiples, provenientes tanto de la institución como del entorno, que pueden incluso ser contradictorias. Aun cuando las instituciones y sus normas pueden reducir las variaciones posibles de la acción social, constriñendo, canalizando o encerrando las prácticas sociales, éstas son suficientemente ambiguas y heterogéneas como para no ofrecer una prescripción clara de comportamiento. De otro lado, otra contribución específica de la teorías sociales alternativas al funcionalismo que surgen en los setenta y ochenta es que añaden mecanismos de influencia cognitiva. Esto es, en vez de actuar sólo bajo reglas u obligaciones morales impuestas, los individuos actúan debido a sus concepciones de lo que se puede o se debe hacer. Las instituciones, por tanto, también son sistemas culturalmente constitutivos de los actores. Este elemento cognitivo sugiere, por tanto, que los individuos hacen ciertas elecciones porque no pueden concebir otra alternativa. En este sentido, Barnes y Dolby, Sklair, y especialmente la primera aportación de Mulkay (1969) al debate de los CUDEOS, ya afirmaron en su día que las únicas normas que rigen la actividad científica y actúan como fuente de control de la conducta de los científicos, son las de tipo técnico que se derivan del específico corpus teórico y metodológico que los científicos sustentan. A juicio de Mulkay la virulenta reacción que, a principios de los años cincuenta, la comunidad científica dirigió contra las tesis de Velikovsky 5, transgrediendo por completo todas las normas del ethos descrito por Merton, sólo se explica si se considera que el control en la ciencia como institución social se encuentra en el corpus teórico/metodológico concreto que promueve un acentuado compromiso intelectual y emocional entre los científicos que lo comparten. La aportación de Mulkay al problema del ethos de la ciencia no termina en este planteamiento, sino que se reelabora en dos artículos más escritos a lo largo de los setenta. Y sus diversos planteamientos son coincidentes con los que realzan el significado de los esquemas y las atribuciones subjetivas que emplean los actores que más tarde son asumidas por otras escuelas dentro de la sociología de las organizaciones. En efecto, en el primero (1976), este autor sostiene que los deseados valores y normas de la ciencia sólo son catálogos de legitimación que se usan en variada forma y de acuerdo a los intereses de cada situación en particular, así como en consonancia con la imagen que de la ciencia tiene la sociedad contemporánea en general, y el Estado y el mundo económico en particular. De esta forma no sólo se legitiman las conductas científicas sino que también se maximizan las oportunidades existentes y aumentan las posibles ventajas. En esta línea, Prelli (1989) ha indicado que las pretendidas normas de la ciencia son en realidad elementos retóricos que permiten estructurar el rango disponible de estrategias discursivas con el fin de ofrecer a las diversas audiencias los mensajes e imágenes que se consideren oportunos, para mantener o incrementar la privilegiada posición de la ciencia. En el segundo artículo, Mulkay (1979) hace hincapié en la importancia que tiene entender las reglas según el significado subjetivo que los propios actores sociales les otorgan. Dado que las normas tienen su origen en la interacción social, se adaptan a las distintas situaciones que se generan y presentan un componente de indeterminación y flexibilidad. De esta manera, las normas del ethos no sólo sirven para legitimar conductas interesadas, sino que también pueden reflejar sentidos reales de conducta con arreglo a los valores morales descritos por Merton. Incluso a pesar de que en las competitivas y utilitarias sociedades modernas hayan perdido buena parte de su vigencia, es plausible estimar que las tesis de Merton tuvieran una relevancia especial en el momento de constitución de la ciencia como institución social distintiva, dado que servían para garantizar la lealtad a la propia institución (con normas y valores como el desinterés o el escepticismo organizado), así como para procurar el sostén social (su convergencia con los más amplios dictados de la ética protestante) hacia la nueva actividad profesional. De esta manera, en los escritos críticos de los años setenta se encuentra ya la distinción seminal entre manifestaciones explícitas y tácitas en el análisis de las formas organizativas de la vida social. Esta distinción tiene un especial interés en el debate que nos ocupa debido a que forma parte del conjunto de herramientas que, años después, acaban siendo parte habitual en el estudio de las formas sociales, ofreciendo la base para incorporar lo que comienza siendo identificado como anomalías en el esquema normativo clásico, como es el caso de las llamadas contranormas. En este punto cabe retomar la obra de Mitroff (1974), que supone el estudio empírico más detallado y completo respecto de la vigencia del ethos clásico de la ciencia. Este autor parte del planteamiento de Merton (1980) de la ambivalencia, para indicar sólo se había atendido a parte de la tarea necesaria para dar cuenta de la conducta científica, puesto que la proposición original de los CUDEOS se había ocupado del componente formal en la ciencia, obviando el componente individual del quehacer científico. A partir de una investigación con científicos ocupados en analizar la composición de las rocas lunares, Mitroff encuentra que en la realidad empírica (y en oposición a cada norma que Merton describió) se detecta una contranorma (denominadas así porque son potencialmente incompatibles con sus pares correspondientes) y que son las responsables de las transgresiones del ethos en la actividad científica y, por tanto, de la presencia de ambivalencia en la conducta de los científicos. En concreto, Mitroff halla que en oposición al universalismo existe el particularismo, esto es, los elementos psicológicos o sociales (como el prestigio o la confianza) que permiten evaluar el trabajo ajeno bajo procedimientos distintos. Por otra parte, frente al comunismo se produce el secretismo, con el fin de proteger los hallazgos y de amparar, para su posterior reconocimiento, la propiedad del descubrimiento. En contra del desinterés, aparece la actitud interesada por obtener el prestigio propio y alcanzar y reforzar los intereses del colectivo de adscripción del científico. Y al escepticismo organizado se le opone el dogmatismo organizado, que parte del supuesto de que, en caso de duda, las deficiencias deben buscarse en la obra ajena y no en la propia, con la consiguiente reafirmación de los postulados de partida que utilizan los científicos. Además, este autor, al asignar un estatus de contranormas a sus propuestas (obtenidas mediante la observación de las conductas científicas), señala que todas ellas proveen, al igual que las normas de Merton, funciones positivas para el avance de la ciencia. En suma, Mitroff afirma que si la ciencia no estuviera fundada en el secreto, al menos en ciertas fases, no existiría tal y como hoy se la conoce, igual que tampoco hubiera alcanzado el actual grado de desarrollo si se basara exclusivamente en el universalismo, el desinterés o el escepticismo organizado. Y en esta misma lógica puede introducirse la propuesta de Ben-David (1977) y Zuckerman (1977), esta vez en defensa de las tesis normativas, de que existe una diferencia fundamental entre las fases privadas y públicas de la vida científica. No obstante, a nuestro juicio, la propuesta de Merton no es posible en la etapa privada dado que los re- quisitos y avatares de la investigación demandan el secreto temporal, el juicio particular, el interés en la defensa de las propias propuestas y el compromiso profundo y emotivo. Sin embargo, en la fase pública, los CUDEOS adquieren sentido institucional puesto que los resultados científicos particulares deben ser evaluados por la comunidad científica organizada como institución específica y singular de acuerdo con una serie de reglas consideradas legítimas. En los párrafos anteriores hemos dado cuenta de dos elementos de la institución científica que más adelante han venido en llamarse de carácter normativo y cultural-cognitivo, aunque ha quedado pendiente la dimensión regulativa referida a las reglas formales de obligado cumplimiento. Hablar de elementos regulativos supone la referencia a dos tipos de mecanismos que operan habitualmente en la institución científica: uno de lógica instrumental y otro de índole sancionadora. Con respecto a la lógica instrumental, las referencias en el debate sobre el ethos científico se encuentran en la tesis ya referida del intercambio de originalidad a cambio de reconocimiento. Las críticas a este segundo posicionamiento de Merton han señalado únicamente que su planteamiento (centrado en el intercambio como un sistema de refuerzo de los valores morales o como fuente de ambivalencia) es parcial por cuanto que no da cuenta de la relevancia que tienen los valores y comportamientos utilitarios en la conducta científica (Barnes y Dolby, 1970). Algo que posteriormente ha sido también afirmado por Latour y Woolgar (1979) al indicar que tanto Merton como Hagstrom (1965), entienden el sistema de intercambio de recompensa desde un punto de vista de las economías precapitalistas, lo que les lleva a obviar los reales intereses competitivos y maximizadores de los científicos en la ciencia y en las sociedades contemporáneas. En definitiva, y a pesar de que lo más lejos que ha ido Merton en este último aspecto se refiere a la consideración de la ambivalencia, no hay duda de que su obra en este terreno ha puesto de manifiesto que la institución científica se estructura como un sistema de comunicaciones que es, a la vez, un sistema de recompensas que garantiza el control social de la institución (Barnes y Edge, 1982). En lo referido al aspecto sancionador, su base surge de lo que se consideran las obligaciones sociales en cada organización o comunidad científica concreta. Se trata de expectativas que están acreditadas como pautas de com-portamiento consideradas de obligado cumplimiento. En la institución científica existe un conjunto de obligaciones cuya transgresión desencadena una decidida reacción de condena y castigo. Una de ellas es la publicación de las teorías que reclaman el marchamo de científicas en publicaciones ajenas a los canales considerados adecuados. Por ejemplo, Mulkay (1979) indica que una de las razones que provocaron la virulenta reacción hacia las tesis de Velikovsky se encuentra en que este autor optó por popularizar sus teorías en revistas tipo Reader's Digest. El propio Kuhn (1971), al hilo de la identificación que hace los rasgos de las comunidades científicas, indica que para las cuestiones estrictamente científicas está prohibido hacer llamamientos a las poblaciones o las autoridades fuera del mundo científico. Otra de estas obligaciones es la evitación de prácticas tales como el plagio o el robo de ideas. Las diversas revistas de comunicación científica (Science, Nature, etc.) recogen periódicamente casos bien documentos de estas prácticas fraudulentas. Por ejemplo, Broad y Wade (1982) enumeran una larga retahíla de fraudes, y estiman que ello se debe a la aporía que se establece en el sistema de intercambio, entre la necesidad de lograr originalidad y obtener reconocimiento. Zuckerman (1977) también ha indicado cómo en la institución científica puede identificarse un rango de sanciones que van desde las más suaves, como no considerar a un candidato como digno de reconocimiento, a otras más duras, como la retirada de los honores anteriormente concedidos e incluso la expulsión de la carrera científica. Un balance de la tesis clásica del ethos científico El balance que puede establecerse de las tesis de Merton del ethos científico, y de la relectura que a la luz de las aportaciones más modernas de la teoría sociológica hemos realizado de sus críticos y defensores, refiere que sus propuestas sólo pueden sostenerse si se entienden como un conjunto de normas que identifica y singulariza a una institución social concreta, la ciencia, además de servir como punto de referencia para las conductas que se producen dentro de esta institución. Con todo, asumir la anterior distinción no implica que las reglas se sigan normativamente o por un consenso en los valores morales, sino que, recordando la posición del último Mulkay, también pueden deberse al significado e interpretación que los propios científicos les otorgan (formas de resolver conflictos, ritos de celebración, etc.) a partir de otros tipos de valores. Es más, la confusión entre normas y valores de la propuesta mertoniana (típica del funcionalismo) implica un sobrepeso en los elementos normativos de los CUDEOS que definen a la ciencia como institución social, frente a otros elementos de tipo cognitivo o regulativo. Así, a nuestro juicio, los rasgos que permiten definir a la ciencia como institución social que pueden rescatarse de la perspectiva clásica son, de un lado, el universalismo y el comunismo (provenientes de la tesis de los CUDEOS de Merton). De otro, el mecanismo del intercambio de reconocimiento a cambio de información original, también debido a Merton, pero corregido en el sentido que Barnes y Edge han señalado de un sistema de comunicaciones que estructura las recompensas de la institución social que llamamos ciencia, a la par que garantiza su control social. Frente a estos cuatro elementos, el desinterés no tendría estatus normativo alguno y su enunciación se debería a una equivocada transformación (muy habitual en el funcionalismo de los años 1950 y 1960) de un valor deseable, a veces presente y otras no, en una pretendida norma estable. Por lo que respecta al escepticismo organizado, sólo tendría un sentido normativo en tanto que sirve para caracterizar los límites que tiene la ciencia respecto de otras instituciones sociales que tienen unos rasgos constitutivos distintos a los de actividad científica moderna. Como norma que afecte a los científicos sería, además de un valor que puede estar o no presente en la vida científica, una consecuencia no querida que se produce a partir de la competencia entre escuelas científicas en competición o en acentuado antagonismo. Finalmente, a los anteriores rasgos se le añadiría las estructuras teóricas y los cánones metodológicos (Mulkay, 1976;1979) que permitirían conectar la dimensión cognitiva del quehacer científico con su dimensión social, así como la dimensión sancionadora (Zuckerman, 1977) ante la transgresión del núcleo de obligaciones fundamentales. EL NUEVO INSTITUCIONALISMO EN LA SOCIOLOGÍA La reformulación teórica del análisis institucional Las aportaciones de los años 1970, especialmente las de Mulkay y Mitroff, confluyen en dos importantes hechos. De un lado, arrojan una serie de anomalías sobre el paradigma mertoniano basado en un esquema rígido sobre las normas de la ciencia. De otro lado, incorporan desarrollos teóricos que permiten un entendimiento más rico de las estructuras de comportamiento, como son los provenientes de las corrientes interaccionistas. Ambas circunstancias ofrecen, en principio, las condiciones para que se produzca un nuevo desarrollo del programa de investigación originario de la sociología de la ciencia. De hecho, los continuadores de la Escuela de Columbia (Crane, 1975; Long y Fox, 1995) en cierta medida tratan de incorporar las anomalías encontradas cuando estudian empíricamente las carreras profesionales y el papel que juega en ellas la meritocracia frente a otros atributos personales como el origen profesional o social. Los estudios que utilizan principios más acordes con el comportamiento real de los científicos, los que observan intereses (Barnes y Edge, 1982) o mecanismos de intercambio (Latour y Woolgar, 1979), también suponen una oportunidad para realizar una recomposición del viejo paradigma sobre las bases de la teoría social que se estaba conformando en aquellos años. Sin embargo, la trayectoria de este campo no fue por ese camino. Los problemas de investigación como los citados parece que quedan congelados en el tiempo. Las preocupaciones de la teoría social en las décadas de 1970 y 1980 estaban ya en otro lugar, sobre todo en indagar los procesos de construcción social. Los objetos de investigación que se mostraban más adecuados para refrendar las sensibilidades que comenzaban a imperar en la sociología de la ciencia también eran otros: los procesos de investigación científica en sí mismos. Con ello, el foco de atención pasa a centrarse en otros aspectos de la actividad científica relacionados con el conocimiento y la epistemología. Se trata sobre todo de investigaciones a nivel micro, que toman como objetos de estudio lugares concretos (principalmente laboratorios) o procesos de elaboración de cuerpos de conocimiento considerado científico dentro de alguna especialidad. La aproximación a la realidad más habitual son los estudios de caso que emplean métodos etnográficos, por lo que los aspectos que más se enfatizan son los comportamientos de los actores claves que intervienen en la producción y validación del conocimiento. Los temas habituales de la vertiente institucional de la sociología de la ciencia en torno a las organizaciones, los sistemas de gobierno y la estructura social de las comunidades científicas no son abandonados por completo, pero dejan de ser parte de la corriente principal que define la agenda de la sociología de la ciencia durante las dos últimas décadas del siglo XX. En definitiva, los dos enfoques más influyentes en sociología de la ciencia, el institucional y el llamado Science and Technology Studies (STS) se han desarrollado por separado, a veces de manera enfrentada, lo cual ha llevado a esta especialidad a un alto grado de estancamiento teórico. Por un lado, los STS no dan cuenta empíricamente de la situación de la ciencia en nuestros días, al no ocuparse de manera sistemática de los cambios a nivel macro en las pautas de comportamiento e identidad de las organizaciones y de los propios científicos, ni de su interrelación con instancias políticas o económicas. En los casos más extremos, son estudios que terminan frecuentemente en el callejón sin salida derivado de las incursiones epistemológicas de orientación relativista. Por otro lado, los estudios sobre los aspectos concretos de la ciencia como institución se han visto circunscritos a especialidades en torno a problemas delimitados en el mundo de la I+D 6, que difícilmente contribuyen al desarrollo de teorías explicativas que den cuenta del estado de la ciencia en la sociedad actual. En los últimos años se está percibiendo un resurgimiento de corrientes de investigación en sociología y disciplinas afines que vuelven a privilegiar los aspectos institucionales de la ciencia y la tecnología. No se trata tanto de una vuelta a los viejos enfoques, sino de un nuevo interés por aquellos problemas que afectan a los grupos de científicos y a las organizaciones que producen ciencia y tecnología, tanto en su faceta interna como en su relación con otros actores. Y este interés se manifiesta no sólo focalizado en la ciencia del mundo académico, sino también en los ámbitos del Estado y de la empresa, en sintonía con la creciente importancia que tiene la ciencia y la tecnología en el desarrollo socioeconómico de las sociedades contemporáneas. El núcleo principal en la sociología se puede trazar en torno al llamado Nuevo Institucionalismo Sociológico (NIS). No todos los autores ni los estudios que aquí se mencionan se engloban explícitamente en esta corriente. Pero lo que sí se puede decir es que, al menos, comparten ciertos rasgos en los problemas de investigación que tratan y en la forma de abordarlos. En lo referido a la temática, existe un interés por las transformaciones de la I+D contemporánea, con un nuevo énfasis en los niveles meso y macro. Los problemas preferentes son el cambio interno de las organizaciones y las relaciones entre las organizaciones y el entorno, así como la diversidad de orientaciones de los investigadores hacia distintos usos de la investigación de acuerdo con las demandas políticas o económicas. En lo referido al procedimiento de análisis, tratan de estudiar e identificar pautas estables y regulares en el tiempo y en el espacio. Su aproximación metodológica tiene un mayor entronque con una de las corrientes principales de la teoría social, la que otorga importancia a la identificación de mecanismos sociales que funcionen a modo de explicaciones causales (Hadström y Swedberg, 1991). La estrategia de investigación vuelve en cierta medida al esquema clásico de estructura y agencia. Se enfatiza cómo las estructuras sociales pueden constreñir el funcionamiento de los actores, a la vez que se tiene en cuenta cómo las interacciones entre actores crean las estructuras, por lo que suelen hacer más explícitos los intentos de integración de niveles micro y macrosociológicos. Lejos de suponer un contraste con la tradición anterior, esta corriente mantiene cierta continuidad con los aspectos del enfoque institucional clásico, aunque en gran medida incorpora los avances de las ciencias sociales de las últimas dos décadas (Brinton y Nee, 1998; Jepperson, 2002). Esto es especialmente útil si se asume la conveniencia de obtener cierto desarrollo acumulativo del programa de investigación de la sociología de la ciencia. La discusión se puede retomar entonces en el punto donde lo dejaron los sociólogos que se ocuparon de la crítica a los aspectos normativos de la ciencia, para lo que son especialmente relevantes dos aportaciones. La realizada por el último Mulkay, cuando sugiere que las reglas de la ciencia no se siguen gracias a un consenso en los valores morales, sino debido al significado que los propios científicos les otorgan, y los conocidos trabajos de Zuckerman, especialmente los que sostienen que el esquema normativo de los CUDEOS corresponde a la fase pública de presentación de su trabajo por parte de los científicos. Son trabajos que siguen teniendo vigencia y que se consideran parte del corpus de conocimiento acumulado en esta especialidad, aunque casi treinta años después tienen un mejor encaje en los desarrollos de las ciencias sociales referidos a las construcciones institucionales en el ámbito de la I+D. Adicionalmente, al realizar esta operación es posible incorporar las aportaciones de la sociología del conocimiento, en gran parte asimiladas ya por algunas corrientes centrales de la teoría sociológica. Las piezas distintivas del nuevo análisis institucional respecto a las versiones más clásicas son su modelo de acción social y los conjuntos de mecanismos que operan en la relación entre instituciones y acción social (Dimaggio y Powell, 1983). El modelo de acción del antiguo institucionalismo estaba muy influenciado por las premisas de la antropología cultural, al entender que las instituciones se derivaban funcionalmente de necesidades humanas. Desde este punto de vista, los conceptos de función y necesidad eran principios esenciales. El postulado básico de este enfoque establecía una correspondencia entre institución y comportamiento, lo que se puede dividir, a su vez, en dos premisas. Primero, que las instituciones se interpretan como normas que proporcionan orientaciones generalizadas para la acción, por lo que el comportamiento que no se ajusta a la norma se interpreta como desviación. Segundo, el concepto de acción según el enfoque clásico entiende que las normas son internalizadas mediante la socialización y, de este modo, orientan la acción de un modo directo. Esta visión de las instituciones como un sistema de normas reguladoras asume la existencia de un alto grado de claridad y homogeneidad en las estructuras de expectativas más globales. La idea se corresponde sobre todo con aquellas sociedades con un alto grado de integración, aunque se vuelve problemática cuando se observan los procesos de diversificación y complejidad de las sociedades modernas. El nuevo análisis institucional comparte algunas de las preocupaciones de la versión antigua, aunque supone un cambio bastante pronunciado tanto en sus influencias intelectuales como en su modelo de acción. Los enfoques actuales reciben una mayor influencia de la teoría de las organizaciones, por lo que utilizan una terminología más técnica alejada de las viejas nociones de función y necesidad. Los conceptos básicos son ahora el par "sistemaentorno", más acorde con el interés en observar diferentes sistemas de acción social que varían de acuerdo con la estructura de expectativas respecto al entorno o estructura social más amplia en la que se insertan (Schneider y Clemens, 2006). En vez de considerar a las normas como prescripciones inequívocas para la acción, se asume que el entorno social puede estar formado por expectativas múltiples, incluso contradictorias. Las expectativas reducen las variaciones posibles de las prácticas sociales, pero son suficientemente ambiguas y heterogéneas como para no ofrecer una prescripción clara de comportamiento. Esta concepción de la acción social está claramente influenciada por el giro cognitivo ocurrido en psicología y en teoría de las organizaciones, que otorga una gran importancia a los marcos y guiones en la organización cognitiva de las informaciones (Powell y Colyvas, 2007). Adicionalmente, los nuevos enfoques también suelen interpretar las expectativas de acción como estructuras de oportunidades a partir de las cuales los actores individuales o colectivos desarrollan sus comportamientos estratégicos. Desde este punto de vista, los actores son una agregación de motivos e intereses individuales, pero también están socialmente construidos debido a que, en cierta manera, el comportamiento puede ser una incorporación (embodiment) de las prescripciones procedentes de las formas culturales disponibles en el contexto en el que viven los individuos (Drori et al., 2003). En lo referido a los mecanismos por los que las instituciones afectan al comportamiento, el análisis institucional actual asume algunos de los que ya primaban en las visiones más tradicionales. Los enfoques provenientes de la economía y de la ciencia política hablaban de "instituciones regulativas" cuando se referían a los elementos constreñidores en aquellos tipos de acción que trata de maximizar la utilidad, tal como corresponde a los modelos de acción estratégica. Las acciones son modificadas debido al reconocimiento que hacen los actores sobre la influencia que tienen las leyes y las estrategias compartidas. Los enfoques de raíz sociológica, en cambio, hablaban de "instituciones normativas" para referirse a aquellos elementos que operan cuando los individuos actúan en función de lo que creen que es su deber, o bien cuando reconocen o se dan cuenta de lo que se espera que hagan en una determinada situación. Ahora bien, la contribución específica de los nuevos enfoques es que añade el mecanismo de la "influencia cognitiva" que entiende que las instituciones son también sistemas culturalmente constitutivos de los actores. Las personas y las organizaciones incorporan las prescripciones disponibles en un determinado momento y lugar, realizando un proceso de traducción de estas prescripciones a sus expectativas. Ésta es la vertiente más influyente que se suele identificar con las aportaciones de Meyer y Rowan (1977) en el ámbito educativo y los desarrollos de Dimaggio y Powell (1983;1991) en la sociología de las organizaciones de a partir de 1980. En cierta medida, supone la incorporación y asimilación de ciertos principios contructivistas al análisis institucional, al observar cómo en algunas situaciones se produce una especie de "sustanciación" (enactment) de los entornos (Weick, 1995). Las concepciones más actuales son, por tanto, resultado de combinar las visiones que habían presentado atención a los distintos aspectos parciales de las instituciones. Los enfoques más comprehensivos admiten que intervienen mecanismos normativos, como el acatamiento de las normas adquiridas mediante socialización, pero también se reconoce la complejidad del proceso por el que por las expectativas simbólicas y el intercambio de recursos se entrecruzan y se convierten en rutinas y reglas formales. Desde estos presupuestos, los principales retos metodológicos están en realizar diseños de investigación que vinculen distintos niveles de análisis de manera que sea posible identificar mecanismos específicos y captar el poder explicativo de los factores que intervienen al mismo tiempo (Powell, 2007). Una nueva reinterpretación de la estructura normativa de la ciencia La interpretación realizada hasta ahora tiene notables implicaciones para el estudio de la ciencia como forma social organizada. Algunos de estos presupuestos se habían empleado ya en investigaciones a nivel micro, sobre todo los estudios de vida de laboratorio, pero empiezan a cobrar otro significado cuando se aplican a realidades de más alto nivel como organizaciones, carreras o sistemas de autoridad y gobierno. Y más aún, tiene especial trascendencia en relación al tema central del institucionalismo clásico en torno a las supuestas normas de la ciencia. Cuando se trata de observar el comportamiento de los científicos respecto a las expectativas, los presupuestos descritos no son algo trivial. Parten de la existencia de un orden cultural predominante, pero también rechazan la determinación directa de un supuesto orden moral y ponen el acento en las posibles lógicas y dinámicas internas del sistema analizado. Primero, debido a que el entendimiento de las expectativas percibidas por los ac-tores respecto al entorno no tiene por qué coincidir con las expectativas realmente existentes. Y segundo, porque se reconoce que en cualquier proceso de reelaboración y traducción se introducen pautas de variación respecto a los esquemas normativos dominantes. El enfoque del NIS proporciona así un sustrato teórico donde anclar y ordenar las aportaciones hechas por los críticos al funcionalismo. La identificación de contranormas y los comportamientos ambivalentes tuvieron sin duda un valor muy importante en el entendimiento de la ciencia, pero tienen un mejor encaje cuando se contemplan en algunos de los marcos de análisis más comprehensivos sobre las instituciones. Una forma especialmente útil de establecer el puente con algunos de los estudios más actuales es acudir a los intentos para aislar los procesos que ocurren en un determinado campo organizativo. Posiblemente el esquema más comprehensivo sea el de los tres pilares de Richard Scott debido a que recopila e integra elementos procedentes de sistemas teóricos diversos. Según sus propias palabras, "las instituciones están compuestas por elementos culturales-cognitivos, normativos y regulativos que, actuando conjuntamente y en relación con las actividades y recursos asociadas a ellos, proveen estabilidad y significado a la vida social" (Scott, 2005). El esquema de los tres pilares es una descomposición analítica util para aplicarla al mundo de la I+D. A saber, en la ciencia existen elementos regulativos, como las reglas de carácter formal que emplean mecanismos coercitivos, con principios de legitimidad que suelen aspirar a formas legales. A un nivel más general, se trata de las leyes que regulan los llamados sistemas de I+D. Por ejemplo, las que reconocen a las organizaciones que tienen capacidad para ejecutar actividades científicas y a los profesionales que ejercen la profesión, o las que canalizan recursos económicos (normalmente provenientes de los presupuestos públicos) sobre una legitimidad que está legalmente sancionada. A un nivel más concreto, también existen regulaciones que operan en algunas organizaciones, tales como los sistemas de evaluación científica que establecen las condiciones en las se permite o se deniega acceso a los recursos, se otorga reconocimiento profesional o se promueve el acceso a un puesto de trabajo. Los elementos normativos, en cambio, no están basados tanto en un comportamiento expeditivo, sino en lo que se consideran obligaciones sociales. Se trata de expectativas que no están sancionadas legalmente, pero que sí están acreditadas como pautas de comportamiento que se consideran de obligado cumplimiento. Aquí es donde operan mecanismos que provocan que se reduzcan las pautas de variación de comportamiento debido a la legitimidad que proveen aquellas conductas moralmente prescritas, y también a la falta de legitimidad, y por tanto a los riesgos, que suponen las conductas prohibidas. En el mundo de la ciencia se pueden encontrar numerosos elementos normativos que se han sedimentado como estructuras de expectación durante algunos siglos. El principal quizá sea la norma de verosimilitud de aquello que se considera un hecho científico de acuerdo con los procedimientos metodológicos y los elementos de verificación disponibles en una especialidad. O lo que es lo mismo, el principio de respeto a la verdad que proviene de la aplicación del método de indagación y verificación considerado aceptable. Este principio opera continuamente, por ejemplo, cuando se envía un artículo a una revista, cuando se solicita un proyecto de investigación o cuando se registra una patente 7. Finalmente, los elementos cognitivos se basan en el enraizamiento de comportamientos que están asimilados en determinadas situaciones. El término inglés taken-forgranted (o dar por supuesto) utilizado para referirse a este fenómeno no tiene una traducción literal que resulte especialmente expresiva en castellano. El término más apropiado para nombrar el acatamiento de tipo ritual incorporado en el guión cognitivo utilizado en una situación determinada quizá sea el de "asimilación cultural". Esto ocurre cuando una práctica se considera tan arrai-gada en una determinada situación, que es lo que surge espontáneamente y se entiende como "natural". Además de estar soportada culturalmente, los propios actores la consideran conceptualmente correcta o acorde con la manera de pensar habitual de las personas que se encuentran bajo la influencia de una institución. En el caso de la ciencia también se pueden encontrar numerosos ejemplos que tienen que ver más con valores que con normas. Por ejemplo, los hábitos de redacción y comunicación de las disciplinas científicas son un rasgo cognitivo muy arraigado. Cualquier investigador que pretenda comunicar un resultado de su trabajo trata de estructurar un texto de una manera entendible por los pares e, igualmente, si lo envía a una revista científica, lo adapta a los formatos que van a utilizar los evaluadores. Los científicos no llevan a cabo este comportamiento únicamente por motivos estratégicos, sino también porque es la única forma de comunicación que conciben como propia de la ciencia. De igual modo, los hábitos de formación de investigadores, las relaciones laborales dentro de las organizaciones o la atribución de prestigio profesional, son ejemplos de institucionalización de prácticas científicas que corresponden a la ciencia tal como la hemos conocido al menos en los últimos doscientos años. El esquema de los tres pilares no es una teoría, sino más bien un marco de análisis informado teóricamente. Ahora bien, tiene la virtud de ilustrarque las instituciones están hechas de diversos elementos que difieren en aspectos importantes. Establecen distintas bases de orden y acatamiento, variedad de mecanismos, así como lógicas alternativas para establecer principios de legitimidad. Aunque todas las instituciones están compuestas de una combinación de esos elementos, varían entre ellas mismas y también a lo largo del tiempo en lo referido a los elementos que son dominantes. No obstante, hay que señañar que el marco de los tres pilares de Scott a veces se ha considerado demasiado rígido, como reflejo de un sistema estable donde el conflicto o los factores de la estructura social relacionados con el poder tienen escasa presencia (Gorges, 2001). Por ello, entre la variedad de herramientas disponibles en los estudios realizados en esta tradición, se pueden escoger algunas que enriquecen el marco de análisis a la hora de incorporar algunas de las realidades complejas que ocurren en un entorno institucional, especialmente los elementos divergentes. El esquema de los pilares se puede complementar con aquellas aportaciones que, al igual que hacían los críticos del ethos de la ciencia, diferencian entre manifestaciones explícitas y tácitas en las instituciones 8. Esta distinción tiene un especial interés en la sociología de la ciencia debido a que ofrece la base para incorporar en el esquema las anteriormente llamadas contranormas. A saber, bajo condiciones de dominación en un determinado orden, los miembros subordinados, o las prácticas subordinadas, son disfrazadas o disimuladas en público. Esta distinción entre público y oculto asume que puede haber "capas institucionales" que emergen o permanecen sumergidas en determinadas circunstancias, lo cual puede incorporarse en términos analíticos en cada uno de los tres pilares señalados 9. De esta manera, cada uno de los elementos regulativos, normativos y cognitivos se puede dividir entre aquellos aspectos manifestados públicamente y aquellos otros sustraídos al escrutinio externo. Trasladando esta operación al mundo de la ciencia, los elementos regulativos pueden tener, además del componente público, reglas de procedimiento especiales localizadas que pueden resultar menos accesibles a la sanción pública. Por ejemplo, esto ocurre cuando las reglas efectivas en determinados organismos políticos a la hora de distribuir recursos utilizan procedimientos basados en criterios estratégicos o de oportunidad externos al mérito científico, y no suelen aparecen en las reglas que se publicitan. Los elementos normativos, a su vez, pueden tener, además de los tipos públicos, algunos ocultos debido a que no tienen legitimidad. Esto es lo que ocurría, por ejemplo, con la transferencia de tecnología y la colaboración con la empresa en aquellas organizaciones puramente académicas. Finalmente, los elementos cognitivos, aunque más difíciles de percibir empíricamente, también pueden tener una versión más oculta. Esto es lo que puede ocurrir en contextos de incertidumbre, cuando no hay guiones cognitivos disponibles y las alternativas de comportamiento tienen que improvisarse, posiblemente basadas en la utilización mimética de prácticas al alcance de los actores. En el mundo de la ciencia esto ocurre frecuentemente con los problemas de legitimación que ofrecen los descubrimientos que súbitamente trascienden las expectativas de los actores implicados, como pueden ser aquellos que originan riesgos imprevistos, para los que no suelen existir pautas de actuación consideradas habituales. En definitiva, el enfoque expuesto ofrece algunas claves para readaptar el esquema normativo clásico, lo que además está resultando fructífero en la investigación empírica en todo lo que tienen que ver con la I+D contemporánea. A continuación se exponen dos grupos de estudios que se ocupan de aspectos distintivos de la ciencia y la tecnología que se practica hoy en día. El primero de ellos se centra en mayor medida en el estudio de la configuración de la actividad científica, mientras que el segundo presta más atención al estudio del cambio institucional. El papel del entorno en las organizaciones científicas El enfoque institucional aparece especialmente adecuado para estudiar el estado actual de la ciencia, donde el principal rasgo es la interrelación con instancias políticas o económicas mucho más intensa que la existente durante la segunda mitad del siglo XX. Existen ya numerosas interpretaciones que reflejan la compleja situación fruto de las crecientes interacciones entre ciencia y empresa o entre ciencia y Estado, de las cuales las más conocidas sean posiblemente las tesis del "modo 2" (Gibbons et al., 1994) y la "ciencia posacadémica" (Ziman, 1996). No obstante, se trata de obras que emplean un estilo ensayístico escasamente operativo, que difícilmente especifica el alcance empírico y los mecanismos causales que intervienen en los distintos lugares de investigación. Las herramientas del NIS, en cambio, cuando se aplican a la I+D permiten dotar de cierto sustento teórico a estas interpretaciones y ofrecen algunas guías a las investigaciones empíricas. Cuando se trata de observar qué factores intervienen en la configuración de una actividad científica, los estudios actuales distan ya de considerar a la ciencia como un sistema semiautónomo y tienen más en cuenta las relaciones que se producen entre los lugares de investigación y las situaciones sociales en que se encuentran insertos. El procedimiento de análisis típico consiste en identificar el nivel en el que se sitúa el sistema de acción observado, ya sea un una organización, un campo organizativo o un estado o conjunto de estados, para luego indagar sus relaciones de dependencia respecto a las características de su entorno institucional (Jang, 2000; Hemlin et al., 2003; Moore, 1996; Moore y Frickel, 2007). Esto se realiza prestando una atención especial a dos facetas: de un lado, los significados, definiciones, reglas y modelos existentes en el entorno. De otro lado, la manera en que éstos influyen en el intercambio de recursos. La conexión entre las expectativas del entorno y el sistema de acción analizado se produce mediante las variables "recursos" y "legitimación". En lo referido a los recursos económicos, la expansión de la actividad científica y tecnológica en el mundo moderno provoca una mayor interrelación de las organizaciones y comunidades científicas con otro tipo de ámbitos sociales. El incremento de inversiones económicas en I+D en lugares muy distintos a los tradicionales hace a la ciencia más dependiente de los intercambios que mantiene con su entorno, lo que se muestra especialmente visible en la competición por recursos limitados a la que se ven obligados los científicos y en los retos a los que se enfrentan para mantener vías estables de financiación. De igual modo, la trascendencia que tienen algunas actividades de I+D provoca que la relación esté mediada por la legitimidad de sus actividades desde el punto de vista de los beneficios económicos o sociales esperados. Desde este punto de vista, la ciencia puede proporcionar legitimidad a otras instancias políticas y económicas de su entorno (faceta a la que ha prestado gran atención la corriente de los STS), pero también es dependiente de la legitimidad externa que consigue de la opinión pública o del poder político. Los estudios que se centran en las bases institucionales complejas de la ciencia contemporánea observan cómo los sistemas normativos y los modelos de acción y justificación de los científicos se ven afectados por distintos sistemas de expectativas. Se ven afectados por los principios de las co-munidades científicas en cada especialidad concreta, pero también por la influencia activa de otros actores del entorno, que produce adaptaciones en la orientación profesional y en la respuesta de científicos y organizaciones. Desde este punto de vista, existen varios trabajos que se ocupan de la relación activa del sistema científico con instancias extracientíficas, especialmente en aquellas disciplinas que tienen un potencial económico o de beneficio social, donde destaca la investigación en ciencias de la vida (Powell y Owen-Smith, 1998; Smith Doerr et al., 1999; Powell et al. 2005). Este potencial provoca que existan grandes expectativas sobre ellas, lo cuál normalmente se traduce en que estas disciplinas muestran una mayor sensibilidad respecto a su entorno socioeconómico. Por ejemplo, el estudio de Weingart et al. (1997) sobre fusión fría y superconductividad a alta temperatura en los años 1990 ofrece algunas claves para ilustrar esta estrategia de análisis. La posible utilidad económica de estas líneas de investigación se traduce en un alto grado de expectativas, lo cual aumenta la proyección pública y atrae la atención de políticos y sectores económicos. Esto genera a su vez una competición entre los propios científicos para conseguir visibilidad en el exterior y, consiguientemente, complir las expectativas y aumentar así la cantidad de recursos que obtienen por sus investigaciones. Estos hechos tienen varios efectos en las comunidades científicas especializadas. De un lado, surgen nuevas revistas especializadas concebidas para asegurar la prioridad en los descubrimientos, en las que es posible publicar en un plazo más breve que el habitual en las revistas consagradas. De otro lado, se emplea una forma de comunicar resultados dirigida a obtener visibilidad de manera mucho más inmediata, lo que lleva a los científicos a presentar evidencias a los medios de comunicación que en los protocolos de evaluación científica habitual hubiesen estado muy matizadas. Este ejemplo muestra que los procedimientos de investigación pueden verse afectados por interferencias provenientes de la política o la opinión pública. En estas áreas las maneras de actuar responden a principios de tipo institucional algo distintos a los que se estudiaban en el paradigma clásico. La combinación de necesidades de financiación, junto a las expectativas políticas y económicas de utilidad, las ha hecho especialmente sensibles a informaciones significativas que tienen eco fuera del sistema científico. El código de conducta académico tradicional, con su énfasis en el escrutinio interno, da paso entonces a estrategias de relaciones públicas que se aproximan a canales de comunicación más próximos a los de los mercados de valores económicos que a los de las comunidades científicas. La incertidumbre constitutiva del proceso de evaluación crítica -el escepticismo organizado-es por tanto matizado, si no sustituido, por promesas de certidumbre más propias de las relaciones públicas o la política. El mecanismo descrito también puede ocurrir en sentido contrario, en aquellas áreas que necesitan regular su legitimación debido a las condiciones de seguridad y a los criterios éticos y morales que rodean a las investigaciones. Ocurre sobre todo en las especialidades que pueden generar impactos en el medio ambiente o en la vida humana, y que por ello son sensibles a la opinión pública, por ejemplo, en la investigación sobre alimentos transgénicos o sobre células madre (Hasse y Gill, 1994). Los científicos que trabajan en estos campos se ven en la necesidad de presentar simultáneamente proclamas de seguridad, modelos de justificación y promesas de futuros beneficios. Debido a que estas representaciones tienen que responder a expectativas ambiguas y a veces contradictorias, es difícil adaptarse a ellas mediante normas inequívocas. De esta forma, cuando existe un riesgo de legitimidad, es posible que los científicos acepten demandas externas que afectan a la autonomía de su investigación en aras de no disminuir el nivel de recursos o de mantener la legitimidad. El efecto puede ser entonces en un sentido inverso al que ocurre en las especialidades con altas expectativas socioeconómicas: que el potencial de aplicación de la investigación a veces se presente con precaución y modestia o, incluso, que los investigadores prefieran mantener un nivel bajo de visibilidad. Estudios como los citados dan cuenta de la activa relación del sistema científico con el entorno social y sus expectativas, algo que estaba al margen de los modelos tradicionales. El reconocimiento de la incertidumbre y la ambivalencia da pie a un esquema de análisis mucho más rico en el que es posible utilizar las herramientas habituales en otros ámbitos de la investigación social a las realidades observadas en la ciencia. Es cierto que las sociologías del conocimiento ya lo habían aplicado a los laboratorios o a escuelas de pensamiento, por lo que la perspectiva no es totalmente novedosa. No obstante, lo que se observa en los estudios de la nueva generación es un intento de subir el nivel de análisis y dar cuenta de las características com-plejas de la ciencia en sus interrelaciones con la política, la economía o los medios de comunicación, lo que permite introducir mecanismos explicativos a través de una mayor vinculación teórica entre varios niveles de análisis. El cambio institucional en la ciencia Los científicos que participan en procesos como los descritos pueden adoptar estrategias que aumentan las pautas de variación respecto a los sistemas normativos predominantes. En ocasiones, bajo determinadas condiciones, las innovaciones adaptativas cristalizan en forma de reglas formales. O, más aún, cuando se practican de manera habitual por nuevas generaciones de científicos, pueden terminar arraigando en nuevos guiones cognitivos, lo cuál deviene en un proceso de cambio del orden científico. Esta es base de la otra línea de investigación fructífera en el actual análisis institucional. El tema estrella que sirve como terreno de investigación estratégico es el cambio desde los sistemas académicos tradicionales hacia sistemas de carácter híbrido. Las estructuras de expectación indicadas por Robert Merton y sus seguidores parecen ser algunos de los pilares de la institución científica en una determinada época 10. Aunque ahora se reconozca que debajo de aquellas normas existían procesos mucho más complejos, sí se puede decir que hay cierta evidencia empírica de que los modos dominantes en aquellos momentos correspondían a los principios sintetizados en el acrónimo CUDEOS. Antes de la década de 1970, las principales organizaciones científicas eran universidades y centros públicos de investigación. A excepción de algunas universidades politécnicas, las prácticas de transferencia de tecnología estaban escasamente formalizadas y el llamado "fenómeno emprendedor" en la ciencia académica era escasamente familiar. La comercialización de los resultados científicos no se solía considerar como parte de la misión de estas organizaciones. Ello no quiere decir que estas prácticas no ocurrieran: la ciencia aplicada a un uso industrial o político siempre ha estado presente, pero habitualmente se realizaba en organizaciones situadas en un una esfera distinta, ya fuese en la empresa o en los laboratorios gubernamentales dirigidos a la defensa (Kornhauser, 1962). Es más, en la ciencia académica se mostraba resistencia a estos comportamientos, y se procuraba que apareciesen separados de las atribuciones de las organizaciones y de los propios científicos (Cortgrove y Box, 1970). Volviendo a la terminología utilizada antes, se puede decir que formaban parte de un dominio institucional distinto y que, por tanto, cuando se realizaban no solían mostrarse de manera explícita. Se trataba de prácticas que no estaban en el esquema cognitivo habitual de los trabajadores de la ciencia, para las que no solían existir rutinas organizativas codificadas, por lo que solían necesitar de explicaciones legitimadoras. Frente a la situación descrita, lo que ha ocurrido desde los años 1970 ha sido un proceso de cambio institucional en el que los antiguos principios normativos se han visto afectados. La característica principal del mundo de la I+D es arhora la reconstrucción de las fronteras entre la ciencia pública y la privada. En las últimas décadas hemos asistido a cómo se han imbricado ciencia y propiedad, dos esferas inicialmente muy distintas, lo que ha supuesto la emergencia de un conjunto de esquemas regulativos, normativos y cognitivos que tienen poco que ver con las realidades que los sociólogos funcionalistas. En el estudio de este fenómeno los autores más representativos son los sociólogos procedentes de la tradición neoinstitucional aplicada a las organizaciones, que ahora extienden los principios del análisis a las universidades debido a que éstas constituyen lugares especialmente apropiados para estudiar el cambio. Los intereses de este grupo de estudios se centran sobre todo en los efectos de la comercialización de la investigación en el desmoronamiento de las estructuras institucionales que suportan el trabajo académico. Tienen en cuenta el gran impacto dinamizador que ha tenido que las universidades actúen como fuentes de propiedad intelectual y desarrollo económico, al igual que las consecuencias no previstas que, en algunos extremos, pueden generar alteraciones en la actividad científica tal y como la hemos conocido hasta ahora (Dooris y Fairweather, 1994; Berman, 2008). Los temas que examinan son principalmente las actitudes y carreras de los investigadores (Hackett, 2001; Owen Smith y Powell, 2001), los cambios en su estatus académico (Kleinman y Valias, 2001) y las transformaciones en las jerarquías que gobiernan las organizaciones (Webster, 1994; Owen-Smith, 2005; Wilts, 2000). Se trata sobre todo de estudios de caso debido a que sus investigaciones se focalizan en lugares concretos, mayoritariamente en las universidades estadounidenses más activas en I+D, y en algunas especialidades científicas especialmente proclives (sobre todo en los sectores de la biotecnología y la biomedicina) (Powell et al., 2007; Owen-Smith, 2003; Colyvas, 2007a;2007b). No obstante, la acumulación de trabajos empíricos es especialmente útil para entender la compleja transformación institucional que opera a diferencias grados y a diferentes niveles de análisis, y está dando lugar a una especie de programa de investigación que tiene implicaciones importantes para la sociología de la ciencia. Uno de los trabajos que sirve como ejemplo para ilustrar los mecanismos que operan en los procesos de cambio es el de Powell y Colyvas (2006) debido a que logra mostrar empíricamente las gradaciones de escala en la aceptación de nuevas prácticas científicas a lo largo del tiempo. El escenario es la Oficina de Transferencia de Tecnología de la Universidad de Stanford. A través de la documentación de archivo acumulada durante 25 años, se observan documentos que reflejan las motivaciones y justificaciones de los investigadores, así como las condicionantes y estrategias de las autoridades. Las principales variables del enfoque vuelven a ser los recursos y la legitimidad. Ahora bien, en el proceso de estudio se otorga especial importancia a las dinámicas en las que la legitimidad se construye y asimila, y se traduce en rutinas que acaban siendo asimiladas culturalmente. Los documentos analizados muestran cómo inicialmente aquellos procedimientos relacionados con la colaboración con empresas y la licencia de patentes requieren un considerable esfuerzo. También requieren una continua explicación y justificación por parte de aquellos investigadores que se apartan de las prácticas más institucionalizadas de la ciencia académica. Con el tiempo estas prácticas se van haciendo más habituales, y se van codificando en protocolos organizativos normalizados, lo que se interpreta como un indicador de tipo regulativo. A la incorporación de estas prácticas también contribuyen algunos mecanismos sociales externos. Primero, el impulso político a través de la introducción de la nueva legislación (la famosa Bayh-Dole Act que permite a las universidades obtener beneficios económicos de proyectos realizados con fondos públicos), lo cuál hace que las expectativas del entorno político comiencen a coincidir con este tipo de comportamientos. Segundo, el relativo éxito económico de algunas disciplinas, sobre todo las de biomedicina, lo cual las dota de legitimidad y las convierte en modelos de emulación. Como consecuencia, se produce un proceso de establecimiento de rutinas organizativas, que se extiende cuando se amplían los servicios de las oficinas de transferencia de tecnología y se ponen en práctica procedimientos que están al alcance de más miembros de la comunidad científica. Con esta situación, los esfuerzos de los científicos para explicar y traducir sus prácticas comienzan a reducirse, sobre todo porque aparecen más codificados en la gama de actividades habitual que envuelve la investigación. Finalmente, esto da lugar a que estas actividades formen parte del sistema de socialización y recompensas de los nuevos científicos. Es lo que los autores llaman un "proceso de compresión", que permite a los participantes entender y comunicar el significado y las particularidades de la comercialización de una forma inmediata. Después de analizar cronológicamente este proceso, los autores elaboran un esquema de tipo inductivo que delimita una serie de fases del "camino a la institucionalización", a las que llaman "idiosincrásica" (cuando algunas prácticas ocurren de manera esporádica), "estandarizada" (cuando las reglas y las rutinas se desarrollan y se codifican) e "institucionalizada" (la que ocurre una vez que la ciencia comercial se autorreplica y es invulnerable a la posibles rechazos). A cada uno de estas fases corresponden a su vez una serie de mecanismos concretos ilustrados por los conceptos clásicos del análisis institucional como legitimidad, codificación y asimilación cultural. En definitiva, este ejemplo sirve para mostrar las implicaciones teóricas y metodológicas que tienen estos enfoques para el estudio de la ciencia. Muestran que es necesario asumir la heterogeneidad y las posibilidades de variación de los entornos institucionales, así como la variedad de factores que influyen en el comportamiento y las diversas lógicas de constitución de estructuras sociales. Del mismo modo, la complejidad en este campo requiere de diseños metodológicos que tengan en cuenta los mecanismos sociales concretos que operan a distintos niveles de análisis, con el consiguiente empleo de procedimientos plurales de observación, que además tengan en cuenta el horizonte temporal. En este artículo se ha realizado un recorrido crítico por los enfoques que, desde la sociología, se han ocupado de aquellos aspectos que definen a la ciencia como institución social. El argumento se articula a través de dos tesis de fondo. De un lado, es posible trazar una serie de conceptos e investigaciones empíricas que, actualizadas con las versiones modernas de la teoría sociológica, representan un cuerpo de conocimiento que sigue teniendo una gran utilidad para estudiar los rasgos que configuran a la ciencia como actividad socialmente organizada. De otro lado, tras el auge de las corrientes cognitivas en la sociología de la ciencia de los años 1970 y 1980, desde hace pocos años se está asistiendo a cierta reorientación en los temas de estudio y las aproximaciones metodológicas, siendo posible hablar de un nuevo giro institucional. Ello es debido al mayor interés por cuestiones relacionadas con las organizaciones, con el trabajo de los científicos y con los actores del entorno con los que se relacionan. Del mismo modo, el empleo de estrategias de investigación que buscan mecanismos y explicaciones causales a través del esquema clásico de estructura y agencia, así como el uso de técnicas de investigación de carácter plural que combinan análisis cualitativos y cuantitativos, apuntan en el mismo sentido. Ello supone, además, cierto grado de acumulación debido a que se suelen tener en cuenta los aportes provenientes de la sociología del conocimiento. Este giro institucional puede tener importantes implicaciones para la sociología de la ciencia. En primer lugar, amplía los estudios empíricos a problemas de investigación que resultan fundamentales para entender la situación de la I+D y sus interacciones con la innovación en el mundo contemporáneo. Las nuevas corrientes observan a las comunidades científicas desde una óptica y en un sistema de relaciones sociales más extenso al que tradicionalmente consideraba la sociología de la ciencia de corte clásico, al mismo tiempo que fijan sus intereses en asuntos que no habían estado en un lugar central de la agenda de los STS. Los problemas de investigación se abren a temas tales como la política de I+D, los sistemas de gestión y evaluación de la ciencia, las carreras profesionales, así como a la relación de los científicos con organizaciones políticas, sociales y económicas de diversa índole. Del mismo modo, los estudios se amplían al ámbito de la innovación empresarial en aquellos sectores productivos intensivos en conocimiento. En segundo lugar, aplicar algunas de las corrientes principales de la teoría sociológica otorga mayor cobertura teórica a los numerosos estudios empíricos que surgen en este campo. Esto abre la posibilidad de desa- rrollar teorías explicativas que puedan beneficiarse de la vinculación entre niveles micro y macro y de los esfuerzos dirigidos a integrar las facetas de la vida social referidas al comportamiento estratégico y las pautas culturales, que hasta ahora han aparecido separadas en las varias sociologías de la ciencia. Recibido: 15 de diciembre de 2008 Aceptado: 20 de marzo de 2009 NOTAS 1 Aunque muy estrechamente relacionados, conviene hacer una diferenciación explícita entre los conceptos de institución y organización. Las instituciones son una parte constitutiva de organizaciones dotadas de objetivos formales, distinción de roles y formas de coordinación jerárquica. En algunas ocasiones, ciertas instituciones acaban cristalizando en una organización formal (Scott, 2001). 2 Es conveniente distinguir entre el neoinstitucionalismo sociológico y el empleado en la economía contemporánea y en algunas ramas de la ciencia política basadas en el enfoque de la elección racional. 3 El origen de esta tesis normativa se encuentra ya en primeros escritos de Merton de los años treinta (Merton, 1984) en los que aborda el surgimiento de la institución de la ciencia moderna en la Inglaterra del siglo XVII. El autor señala la serie de valores morales que caracterizaban a los científicos de esa época, y que precisamente la convergencia de esos valores con las creencias protestantes había constituido el sostén social y cultural que permitió el impulso de la actividad científica. Pero la tesis del ethos científico no va a concretarse hasta la publicación en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, de un artículo titulado inicialmente "La ciencia y la tecnología en un orden democrático", posteriormente reim-preso con el rótulo de "La ciencia y la estructura social democrática", cuyo contenido queda más fidedignamente reflejado en la última reimpresión (ya en 1973) bajo el epígrafe de "La estructura normativa de la ciencia". 4 Introduciendo un punto de inflexión en la constitución de la ciencia como una institución social cuando, en la Inglaterra del XVII, la Royal Society estableció oficialmente la prioridad de los descubrimientos mediante el registro de la fecha de recepción de los manuscritos en la sede de esta sociedad científica. 5 Immanuel Velikovski sostenía que en tiempos prehistóricos la Tierra estuvo a punto de colisionar con otros planetas del sistema solar, lo cual había provocado distintos fenómenos astronómicos y geológicos en nuestro planeta. Algo que no encajaba con las teorías científicas por entonces vigentes en esos campos. Pero no se conformó con desafiar las tesis mantenidas por la comunidad científica, sino que también buscó apoyo popular a sus teorías publicándolas en revistas de divulgación popular (tipo Reader 's Digest o Harper' s Maganize). La comunidad de científicos naturales no sólo le desacreditó y le tacho de charlatán, sino que amenazó con no publicar más en la editorial (Macmillan) que en principio iba a lanzar su libro Mundos en colisión. Finalmente, esta editorial no editó ese libro y despidió al editor que había comprometido su publicación. La polémica alcanzó gran virulencia a principios de la década de los cincuenta del siglo pasado. Al respecto puede verse el libro de A. de Grazia (1966). 6 Los estudios sobre carreras científicas que surgen a partir de trabajos pioneros de Diana Crane siguen una línea independiente que adopta unos rasgos metodológicos distintivos (Fox, 1983). Una de las últimas ramificaciones son los estudios de movilidad basados en los CV de investigadores Ver, por ejemplo, Dietz y Bozeman (2005). Los estudios de producción científica también han ocupado un nicho con usos variados que van desde las aplicaciones en política científica hasta el estudio de las redes profesionales (Sancho, 1990). Lo mismo se puede decir de las investigaciones en torno a los procedimientos de evaluación (Georghiou y Laredo, 2006). Casi todos ellos han constituido líneas de investigación que han funcionado como nichos de subespecialidades, y a veces como tecnologías sociales para la toma de decisiones, que tratan problemas de gran utilidad para el conocimiento empírico de la actividad científica, pero que suelen funcionar al margen de los principales desarrollos teóricos de las ciencias sociales. 7 La manifestación más inmediata de las normas se sigue observando en las reacciones frente a cualquier sospecha de fraude científico. Por ejemplo, en unas declaraciones a la prensa en el año 2008, el director de la revista The New England Journal of Medicine dice literalmente "Si un científico nos miente, nos encargamos de arruinar su carrera". El País, 1 de noviembre de 2008 (entrevista a Jeffrey Drazen). 8 Por ejemplo, a la hora de realizar observaciones empíricas que permitan aprehender ambas realidades, otro autor con el mismo apellido (James Scott) tiene en cuenta los vestigios que dejan las organizaciones y las personas que trabajan en ellas. Es decir, los documentos o transcripciones que tienen un componente institucional de carácter más o menos legítimo, a lo cual llama "transcripciones públicas" y "transcripciones ocultas" (Scott, 1990). 9 Schneiberg y Clemens (2006) utilizan esta acumulación de ideas para combinar las dos dimensiones cruzando los tres pilares institucionales con la distinción entre transcripciones ocultas y públicas (esto da lugar a lo que ellos llaman un cuadro Scott by Scott). 10 Principalmente en las universidades europeas y norteamerícanas de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, cuando estas organizaciones se especializan en la producción de conocimientos disciplinarios. MANUEL FERNÁNDEZ ESQUINAS Y CRISTÓBAL TORRES ALBERO
En ciencias sociales suele denominase construcción social al proceso por el cual una práctica que surge en una cultura o contexto social particular termina por parecer obvia o «natural» a aquellos que la practican. Desde este punto de vista, una preocupación esencial del constructivismo social como teoría sociológica del conocimiento consiste en descubrir las formas en que los grupos e individuos participan en la creación de la realidad social que perciben. El foco de atención se centra así en la manera en que los fenómenos sociales se crean, se institucionalizan y se convierten en realidades asumidas. Para el constructivismo, la realidad se construye socialmente en un proceso dinámico que se reproduce al actuar e interpretar el mundo. El constructivismo considera que «la realidad se construye socialmente y que la sociología del conocimiento debe analizar los procesos por los cuales esto se produce» (Berger y Luckmann, 1967, 13). Si la sociología de la ciencia se centra en un tipo de conocimiento específico, el conocimiento científico 1, su principal propósito se sitúa en analizar tanto el modo en el que los factores sociales influyen en la ciencia como la forma en que la ciencia influye en la sociedad. De esta doble relación, el análisis del modo en que los factores sociales intervienen en la ciencia se ha considerado problemático por sus posibles derivas relativistas. El relativismo sostiene que no existen criterios objetivos con los cuales validar los conocimientos científicos -que no existe la racionalidad y validez científica-. Sostiene que el contexto social, o los factores sociales, determinan los modos de observación, métodos y teorías científicas -contenido científico-. El problema del relativismo consiste, de este modo, en que encierra en sus enunciados su propia trampa. Es decir, si el conocimiento científico es relativo, los enunciados del relativismo, o de la sociología relativista, también lo son. Y, por lo tanto, carecen de objetividad y validez 2. Un relativista contraargumentaría que esa falta de validez no es relevante. La sociología de la ciencia mertoniana -institucional-surgió en un entorno en el que la sociología del conocimiento americana estaba definiendo, en un sentido similar, sus límites ante la llegada de la obra de Mannheim Ideología y Utopía (1936) 3. Para evitar las derivas epistemológicas que conlleva considerar qué hace a la ciencia científica y abordar las implicaciones de admitir ciertos grados de influencia de los factores sociales en los criterios de validez científica, Robert Merton situó el ámbito de estudio de la sociología de la ciencia en el contexto en el que surge y se desarrolla la ciencia, alejándose del análisis de la validez de la ciencia (el contenido). Merton centró el análisis sociológico en la institucionalización de la ciencia 4. Así, la sociología de la ciencia institucional de carácter clásico se alejó de las cuestiones epistemológicas, que quedaron como un terreno de análisis más propio de la filosofía de la ciencia. En cambio, el constructivismo se ha definido en relación con el contenido de la ciencia -teorías y métodos-y en oposición al estudio del contexto científico -institucionesy al tipo de sociología que se encargaba de su estudio. El constructivismo pretende extender el análisis sociológico a la racionalidad científica para estudiar la influencia de los factores sociales en los procesos de validez y justificación científica. En sus propios términos, pretende abrir la «caja negra» (Whitley, 1972) de la ciencia al estudio sociológico. Para el constructivismo la propia sociología se había autolimitado al no abordar el estudio de los factores sociales en los procesos de racionalización de la ciencia 5. El constructivismo en los estudios sociales sobre la ciencia, por tanto, intenta desentrelazar el modo en que los factores sociales entretejen el contenido de la ciencia 6. Las propuestas constructivistas han encontrado numerosas críticas en disciplinas como la filosofía de la ciencia o la sociología 7. Sin embargo, dentro de las propias corrientes constructivitas también pueden encontrarse elementos críticos contra diversos alcances y derivaciones del su programa. Por ejemplo, Langdom Winner (1993) alerta de los peligros de centrar el análisis sociológico de la ciencia en el mero desvelar el carácter construido de la ciencia: «abrir cajas negras» 8. Este tipo de críticas son más comunes en la rama del constructivismo social más ligada a los estudios culturales de la ciencia que, con una propuesta de reivindicación más política y centrada en reivindicaciones identitarias (como el género, raza o el postcolonialismo), han denunciado las limitaciones de la Sociología del Conocimiento Científico (SCC). Lo que constituyen las propias cajas negras de la SCC (Grossberg et al., 1992). Es decir, cómo al centrarse en determinados aspectos sobre la validez de la ciencia han olvidado plantear cuestiones como el género, raza, etc. Por ello, es conveniente distinguir entre las Sociologías del Conocimiento Científico (SCC) (Sociology of Scientific Knowledge SSK) y los Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (ESCT) (Science Technology Studies: STS) posteriores que tienen un carácter menos radical en su sentido epistemológico en su propuesta. En este artículo se presta especial atención a las críticas «internas» del constructivismo con la pretensión de no dar una imagen sesgada y unilateral de este grupo de estudios. El artículo recopila las aportaciones y autores fundamentales de las corrientes constructivistas. Presenta los puntos de unión de las diversas ramas así como las propuestas críticas. En el repaso de las críticas se presta una especial atención a las que han surgido del debate sobre la labor de los científicos como asesores en la toma de decisiones políticas y sobre el papel que el constructivismo puede desempeñar en su estudio. Por medio de ellas, se repasa la apuesta por el «realismo constructivista» y el problema de la agencia -capacidad de acción-a la hora de tomar decisiones y establecer compromisos sociales en los que intervenga la ciencia. El artículo finaliza recordando las aportaciones y críticas del constructivismo social y demandando la necesidad de un compromiso epistémico. Es decir, de reconocer la necesidad de toda actividad científica -también científico social-de ofrecer razones específicas -robustas o fuera del punto de vista de los actores-que, reconociendo sus limitaciones, permitan contribuir a la toma de decisiones colectivas. Dentro de las corrientes constructivistas en ciencias sociales se pueden incluir una gran variedad de enfoques y escuelas. En este apartado se llevará a cabo una presentación somera de las principales corrientes que pueden ser incluidas bajo esta etiqueta y de sus principales ideas y representantes. Entre ellas, el programa fuerte, la escuela de Bath, los estudios de laboratorio y aproximaciones micro, la teoría del actor-red, la teoría del conflicto y los estudios culturales de la ciencia. El llamado programa fuerte fue la corriente que demandó más intensamente el giro constructivista para la sociología de la ciencia. Quizá por ello su propuesta alternativa está más ligada a una crítica a la sociología institucional mertoniana y su carga de referencias epistemológicas es más elevada. Surgió a principios de los setenta en el grupo interdisciplinar de la Science Unit de la Universidad de Edimburgo y agrupó a una serie de autores como David Bloor, Barry Barnes, R. G. A. Dolby o Donald MacKenzie. Knowledge and social Imaginary de Bloor (1976) recoge el manifiesto epistemológico y metodológico del grupo que se articula en torno a cuatro principios: causalidad, imparcialidad, simetría y reflexividad. Según esta corriente, la sociología debe explicar las causas de las creencias científicas -causal-, debe ser imparcial con respecto a la verdad o falsedad, racionalidad o irracionalidad o éxito -imparcial-, el mismo tipo de causas deben explicar los conocimientos verdaderos o falsos -simetría-y la misma sociología no puede escapar de sus propios patrones explicativos -reflexiva. La mayor parte del sentido de estos principios residen en la reivindicación un terreno para el análisis sociológico que hasta entonces no había sido abordado por la sociología de la ciencia institucional. Según estos autores, la sociología institucional de la ciencia había seguido las limitaciones interpuestas fundamentalmente por la filosofía de la ciencia, ligada al estudio epistemológico y a una idea de racionalidad científica lineal y progresiva 9. Así, sus reivindicaciones cobran especial sentido cuando se las interpreta en esta línea de reivindicación epistemológica para la sociología. Por ejemplo, uno de los principios más controvertidos, el principio de simetría, que revindica utilizar el mismo tipo de causas para explicar los conocimientos verdaderos y falsos, cobra mayor sentido si se lo interpreta como una defensa de mayor terreno explicativo para los factores sociales. Hasta entonces en la explicación del contenido de la ciencia sólo se recurría a los factores sociales para explicar el conocimiento científicamente falso. Es decir, para explicar la frenología, el lysenkoísmo o el creacionismo una vez que se han aceptado como científicamente falsos o seudociencias. Así, los factores sociales permiten entender por qué ciertos conocimientos falsos son aceptados en determinadas circunstancias como científicamente verdaderos. El principio de simetría pretende alejarse de esta preconcepción que asocia el análisis de los factores sociales en la ciencia a lo falso, que la convierte en una seudodisciplina histórica 10 y que había sido aceptada incluso por la propia sociología 11. En este sentido el principio de simetría ha sido muy fructífero, aunque criticado incluso dentro de corrientes constructivistas [ej. el «Weak program» de Chubin y Restivo (1983)] por sus derivas relativistas 12 y los inconvenientes añadidos a ella. En la misma línea, otros de los conceptos propuestos por el Programa Fuerte pueden resultar «ajenos» para otras corrientes constructivistas como «causalidad» o «reflexivismo» (ej. Collins, 1983) por estar ligados al TRASD (Truth, Rationality, Success and Progress) -a lo que se interpreta como un entendimiento epistemológico del estudio de la ciencia- (Collins, 1981b). Esta corriente considera que los intereses causan la acción social y el conocimiento científico. Para ello, revisan las controversias científicas analizando el papel que los intereses han desempeñado en ellas (Barnes, 1977; Barnes y Shapin, 1979; Barnes y Mackenzie, 1979). Por ejemplo, Barnes y Mackenzie (1979) dan cuenta de cómo la controversia estadística entre Pearson y Yule estaba condicionada por distintos intereses de clase. El primero más ligado con los intereses profesionales y los laboratorios del Colegio Universitario de Londres. El segundo más cercano a intereses aristócratas de la Royal Statistical Society. De este modo, muestran cómo algo exógeno como los intereses permea en el contenido de las disputas científicas y que éstas no se dirimen sólo por criterios científicos o racionales. La escuela de Edimburgo se caracteriza por su enfoque macro y por aplicar una perspectiva histórica en sus análisis. Sin embargo, gran parte de las corrientes constructivistas posteriores han prestado más atención a cuestiones más micro y con métodos más etnográficos o de análisis de discurso. Para esta escuela las controversias científicas y los mecanismos de cierre de las mismas son el medio ideal en el que observar el proceso de construcción de la ciencia. H. M. Collins 13 se sitúa como representante más destacado de esta corriente al que se suman los trabajos de Pinch, Pickering, Travis y los posteriores de Bijker, Hughes, Pinch (1987) y el propio Collins sobre los desarrollos tecnológicos y el estudio de las viabilidades de las distintas alternativas técnicas. El programa relativista (Empirical Program of Relativism: EPOR) y su posterior aplicación al estudio de la técnica (Social Construction of Technology: SCOT) intenta mostrar la flexibilidad interpretativa de las decisiones científicas y técnicas, identificar los mecanismos sociales de cierre de esa flexibilidad y relacionarlos con un contexto social más amplio. Para el programa relativista la naturaleza ofrece distintas posibilidades interpretativas que se dilucidan en las controversias científicas. El programa relativista debe dar cuenta de la flexibilidad interpretativa de los experimentos para sacar a la luz los mecanismos que operan en el cierre de controversias. Estos mecanismos de cierre no tienen que ver tanto con las evidencias científicas como con los propios procesos persuasivos que involucran a científicos y estructuras sociopolíticas más amplias 14. Por medio del modelo de los siete pasos, Collins da cuenta del proceso en el que las percepciones y la inducción se van construyendo como algo que se considera exento de problemas. En las controversias la posición correcta sólo se configura una vez finalizada la disputa y no por la evidencia aportada sino por los propios mecanismos de cierre. No importa lo controvertidos que hayan sido los procesos de choque de opciones, una vez terminado el litigio, la alternativa triunfante adquiere carácter legítimo, evidente y científico por el mero hecho de ser la opción que ha terminado por imponerse. Las controversias son, en sentido kuhniano, una especie de momentos de creación microparadigmática. Trevor Pinch y Wiebe Bijker 15 (1987) en su extensión del programa relativista al análisis de la tecnología interpretan que uno de los factores que más limita la flexibilidad de la interpretación científico-tecnológica es el «grupo social relevante» y proponen como unidad básica de estudio el «core-set» o «núcleo humano», que incluye toda una serie de investigadores, becarios, administradores, proveedores, clientes, etc., y sus movimientos circunstanciales. En este sentido, recoge ideas que también se encuentran en la corriente del actor-red. Por ejemplo, cuando se analiza el diseño adoptado para la moderna bicicleta, se recoge el momento en el que encontraban disponibles distintos diseños y alternativas que terminaron estabilizándose en el «modelo actual». La construcción social de la tecnología asume que el diseño, significado y usos de la tecnología están infradeterminados por la naturaleza y son interpretativamente flexibles y, por tanto, no son autónomos. Es decir, no es el contenido de la ciencia o la virtudes tecnológicas lo que determina la adopción de una determinada tecnología sino una multitud de factores. Estudios de laboratorio y aproximaciones micro Esta corriente toma como objeto de estudio el medio científico por excelencia: el laboratorio. Allí, pretenden tener acceso a la «vida del laboratorio», a las prácticas reales de los científicos y no a lo que se reporta finalmente como resultado de su actividad. Los trabajos precursores de este enfoque son Laboratory Life de Bruno Latour y Steve Woolgar (1979) y The Manufacture of Knowledge de Karin Knorr-Cetina (1981), cuyo enfoque está más ligado a la corriente lingüista de Pierce 16. Estos estudios declinaron en los noventa pero permanece su énfasis en el análisis de la ciencia como práctica (ej. Andrew Pickering). Esta perspectiva considera que en la práctica de los laboratorios se genera el conocimiento científico de una forma muy diferente a la que transmiten los epistemólogos. El carácter que usualmente se adjudica a las investigaciones científicas (rigor, coherencia, etc.) es sólo el producto final de un proceso que recubre una serie de prácticas locales, contingentes y oportunistas. De este modo, la ciencia no funcionaría por medio de criterios universales preestablecidos, sino por prácticas circunstanciales. Para analizar estas prácticas, resulta imprescindible un estudio del lenguaje y la comunicación científica. El estudio de todo el proceso de la investigación permite concluir que los documentos científicos son sólo el punto culminante de un proceso de construcción en el que se van modulando las características con las que convencionalmente se relaciona el trabajo científico. La comunicación y la argumentación son claves en el proceso de persuasión en las distintas negociaciones que requiere la práctica científica. El estatus científico se va configurando mediante la omisión de las referencias a los agentes participantes, a sus acciones y a las circunstancias que rodean la acción. Para este enfoque, la realidad no es la causa sino la consecuencia de los procesos de construcción del conocimiento. La distinción entre la naturaleza y la sociedad es el resultado de una serie de estrategias retóricas de argumentación y movilización de recursos que comienzan en el laboratorio pero que trasciende los límites del mismo 17. Dentro de este grupo se pueden incluir las propuestas etnometodológicas seguidoras de Garfinkel (1982), tales como Mullins (1973), Lynch (1985) o Garfinkel et al. (1981), donde se reivindica el carácter cotidiano y de sentido común de la actividad científica. Sostienen que uno de los indicios más claros del carácter construido de la ciencia se muestra en la limitación de los manuales de instrucciones y protocolos para fijar las conductas científicas. Las destrezas y habilidades de los científicos van más allá del método. Mulkay, Gilbert y Woolgar 18 señalan especialmente la importancia del análisis del discurso científico para detallar las pautas discursivas que envuelven al trabajo científico. La Teoría del actor-red Las corrientes constructivistas son resultado de una serie de inquietudes disciplinares comunes. Por ello, resulta difícil seleccionar una corriente sin aludir a los rasgos que comparte con otras 19. La idea básica de la teoría del actor-red, la idea de analizar unidades sociales más allá de organizaciones formales, puede encontrarse en autores como Restivo, Collins, en conceptos como el «core-set» del Epor/scot en los «mundos sociales» o, remontándonos a la sociología más institucional, en los colegios invisibles de Diana Crane. Sin embargo, su desarrollo se liga especialmente a la propuesta del École des Mines o Escuela de Paris de Latour y Callon, junto con John Law 20. La Teoría del actor-red surge a mediados de los años ochenta e intenta contrarrestar la tendencia microgeneralizada en los estudios sociales anteriores. Para ello, se pretende integrar los diversos niveles de la realidad social con una teoría que de cuenta de los distintos actores y factores que intervienen en la construcción de las redes de relaciones que permitan identificar los puntos de paso obligatorios. Es decir, situaciones indispensables que los actores han de admitir para poder cumplir con los intereses que le son asignados por su situación en la red. Incorporan a su análisis el estudio de agentes y recursos en un intento por interconectar a la ciencia y la tecnología con fenómenos más clásicos como el poder. Para esta perspectiva es necesario estudiar la ciencia en acción (Latour, 1987); en su proceso de constitución, y antes de que la ciencia y la tecnología se conviertan en cajas negras. El proceso general incluye cuatro fases con diversas traducciones en las que los científicos intentan imponer su definición del problema al resto de fuerzas por medio de negociaciones que van desde la propia identidad de los distintos autores hasta sus posibilidades de interacción: problematización, interesamiento, enrolamiento y movilización. La aportación más importante de estas corrientes la constituyen sus propios estudios como el de Pasteur (Latour, 1983), la expansión marítima portuguesa en los siglos XV y XVI de Law, o el de las vieiras en la bahía de St. Brieuc (Callon, 1986). Bajo el lema de «dame un laboratorio y moveré el mundo» analizan el carácter emprendedor de la ciencia. Quizá uno de los puntos más distintivos de la Teoría del actor-red es la fuerza de sus conceptos que obliga a pensar la actividad científica como algo intrínsecamente colectivo, dependiente de medio (actor-red) y no necesariamente humana (actante). La teoría del conflicto La perspectiva conflictivista en la ciencia tiene como mayores representantes a Randall Collins (1975) y Sal Restivo (1983). Es una corriente que no suele ser incluida en los estudios sobre las Sociologías del Conocimiento Científico (SCC) quizá por su origen americano que contrarresta con la predominancia europea de los SCC. Sitúa su objetivo en el análisis del poder en la ciencia y el rol del científico. Señalan cuatro tipos de roles para intelectuales y científicos: político, práctico, amenizador y educativo. La elaboración de Chubin y Restivo (1993) del weak program contra la neutralidad de la ciencia es un ejemplo de posturas críticas y de involucramiento de la ciencia social en el proceso de toma de decisiones que, posteriormente, generalizarán las corrientes culturales críticas de antropólogos y feministas. Su propuesta quizá ha perdido relevancia por su aislamiento geográfico y temporal, ya que su enfoque pudo ser interpretado inicialmente como un acercamiento con un toque de crítica marxista un tanto extemporánea pero que posteriormente pudo resultar muy similar a las propuestas críticas de los estudios culturales americanos. Sin embargo, el análisis de Randal Collins ofrece una perspectiva sociológica muy interesante especialmente de la sociología de la sociología y filosofía y más en la línea de lo que pueden considerarse enfoques «neutros» o «no constructivos» de la ciencia -como la sociología institucional de la ciencia o la cienciometría. Los estudios culturales de la ciencia Este grupo de estudios también presentan divergencias de acuerdo a su procedencia más europea o americana. Los estudios americanos se centran más en las teorías del lenguaje de vinculación posestructuralista definidos en torno a cuestiones identitarias como el feminismo, sexualidad, raza o poscolonialismo 21. La corrientes europeas pueden ligarse más con los debates sobre la ciencia y la sociedad de los años treinta y cuarenta y que fueron retomados a finales de los sesenta 22. Los estudios culturales de la ciencia, de inspiración frankfortiana, consideran que la ciencia ha participado en la «reificación» de los valores culturales categorizándolos como naturales. Por ejemplo, Dona Haraway (1991) ha denunciado cómo los científicos han ofrecido contenidos al sustento biológico de la idea de raza. Estos estudios incorporan análisis sobre el poder y la legitimidad de inspiración Foucaultiana. Es decir, de cómo la ciencia se ha puesto al servicio del poder en el desarrollo de unas tecnologías de poder que garantizan su ejercicio. También pueden encontrarse influencias de Bourdieu y su idea de capital simbólico en los estudios sobre reconocimiento y círculos de credibilidad. Esta influencia es más clara en el caso de Latour y Woolgar, aunque el propio Bourdieu se mantuvo critico con el enfoque de estos autores (1999). Desde estos círculos se ha denunciado el carácter androcéntrico de la ciencia (Harding, 1986). Se estudia el modo en que la ciencia ha ignorado áreas de estudio y primado ciertos actores públicos restando "visibilidad" a otros actores y heterogeneidad a la sociedad. Con esta perspectiva reivindican la visibilidad de actores, enfermedades y puntos de vista que suelen quedar en un segundo plano del análisis científico. Los movimientos ecologistas han dado lugar a otra fructífera vía de estudios de la ciencia y la tecnología. Bajo el lema «No en mi jardín» (Bullard, 1990) destapan las estrategias discursivas en los procesos de negociación donde se utiliza el lenguaje científico para aportar o restar credibilidad a una postura determinada. Los estudios sobre la resistencia a la tecnología o los efectos no queridos de la ciencia y la tecnología están mostrando la utilidad del enfoque constructivista para abordar cuestiones claves de las sociedades actuales en las que los retos científicos son más complicados (Stirling, 2001). Precisamente, esta vinculación del poder constructivista para dar cuenta de procesos científico-tecnológicos más ligados a cuestiones de cambio social más general potencia al enfoque constructivista al tiempo que incrementa sus demandas en torno a la necesidad de ofrecer alternativas. Así, su capacidad para analizar los factores sociales en el análisis de los riesgos científicos tecnológicos, en el entendimiento público de la ciencia, o foresight realza su capacidad para ampliar el espectro de posibilidades interpretativas en el proceso de toma de decisiones científico tecnológicas al tiempo que se pone a prueba su capacidad para dar respuestas. LA ACOGIDA CONSTRUCTIVISTA EN ESPAÑA Dentro de España, ha abundado la revisión de los enfoques constructivistas de la ciencia, a pesar de la recepción tardía de las propuestas del Programa Fuerte (Beltrán, 1999). Según este autor, las primeras recepciones se producen a finales de los ochenta por parte de autores como Teresa González de la Fe 23 y Jesús Sánchez Navarro (1988). De sus doctorandos, entre los que se encuentran Cristóbal Torres (1994), Juan Manuel Iranzo (1995Iranzo (, 1999)), Alberto Cotillo y José Rubén Blanco, proceden las primeras traducciones de las corrientes constructivista para la ciencia, así como aportaciones que resultan fundamentales para un acercamiento más exhaustivo que el que aquí se ha mostrado. Dentro de las primeras traducciones y reflexiones sobre el enfoque constructivista cabe destacar el monográfico de Política y Sociedad (14/15) de 1994 dedicado a sociología de la ciencia. Iranzo et al. (1995) ciones y análisis por parte de autores nacionales de esta corriente. Iranzo y Blanco (1999) dedican un nuevo análisis de los inicios de esta corriente prestando mayor atención a los análisis del constructivismo aplicado a la tecnología. En la misma línea, Doménech y Tirado (1998) compilan nuevos ensayos sobre ciencia, tecnología y sociedad. Dentro de los textos sobre ciencia y tecnología, cabe destacar Lamo de Espinosa et al. (1994), uno de los manuales más interesantes para acercarse al objeto y distintas tradiciones de sociología del conocimiento y de la ciencia 24. En especial los capítulos de Cristóbal Torres sobre la tradición mertoniana y las sociologías del conocimiento científico resultan de especial relevancia para el tema abordado en este artículo. Más recientemente Torres ha recopilado las tradiciones intitutionalistas y también ha prestado atención al Entendimiento Público de la Ciencia (1995a) y a la ambivalencia y naturaleza dual de la tecnociencia (1995b). Sobre el entendimiento público y con una orientación más aplicada caben destacar los trabajos de Rafael Pardo y Félix Calvo (2002 y 2004). Otros trabajos en esta línea los ofrece Díaz de Rada et al. (1998). También se encuentran participaciones directas en el programa constructivista como la de Mikel Olazaran (1993) quien también ha reflexionado sobre la organización de los grupos de investigación y política científica (Olazaran et al., 2004) y los sistemas regionales de la ciencia. Las sesiones organizadas en la Federación Española de Sociología sobre sociología del conocimiento y de la ciencia son un punto referente para los distintos autores españoles que analizan la ciencia y tecnología. En ellas se dan cabida a estudios empíricos y teóricos sobre la ciencia y la tecnología, en ellos las posiciones constructivistas han sido objeto de reflexión y guía teórica para estudios de caso. El capítulo sobre sociología del conocimiento, de la ciencia y la tecnología de Teresa González de la Fe, Cristóbal Torres Albero y Manuel Fernández Esquinas (2007) ofrece un panorama más completo de las aportaciones españolas en su aproximación al estudio de la ciencia. La filosofía de la ciencia también ha revisado las aportaciones de la sociología constructivista. Aunque tienden a estar entroncados en una visión más filosófica y con tendencia más crítica, ofrecen argumentos fundamentales para situar el debate y las reacciones críticas al enfoque constructivista (ej. Solís, 1994Solís,, 1998)). Marta González Gar-cía et al. (1997) ofrece un acercamiento filosófico positivo de esta corriente. Con un carácter más general merece la pena mencionar los trabajos de Javier Echeverría (1995Echeverría ( y 2003) ) y Fernando Broncano (ej. 2003Broncano (ej. y 2006) ) que en sus obras ofrecen un gran espectro de cuestiones claves para entender el papel de la ciencia y la tecnología en la sociedad actual. LA AMBIVALENCIA DEL CONSTRUCTIVISMO SOCIAL Y SUS LÍMITES A pesar de los elementos divergentes que pueden encontrarse dentro de la propia propuesta constructivista, las limitaciones de este enfoque se han visto acentuadas por lo que puede denominarse políticas de ESCT. Es decir, el debate del rol que el científico realiza como asesor en la toma de decisiones políticas y de las aportaciones que el enfoque del constructivismo social puede realizar al mismo. Como en todos los debates en los que se replantea la relación entre la ciencia y la sociedad, en él se mezcla una discusión entre la relación de la ciencia y la sociedad y las cuestiones epistemológicas. Como se ha puesto de relieve, la propuesta constructivista parte de un cuestionamiento del contenido científico, de lo que se considera natural y certificado científicamente. En el origen del proyecto constructivista se encontraba la necesidad de reivindicar el poder explicativo de los factores sociales en la configuración del contenido científico. Todas las corrientes constructivistas parten de la asunción de que los factores sociales influyen en contenido científico. El problema se establece cuando se intenta precisar la extensión de la influencia de lo social en lo científico. Es decir, si no hay nada más que la mera construcción social -relativismo-o si queda algún papel a la evidencia científica. Esta cuestión ha sido desdeñada por las propias corrientes constructivistas por ser, ella misma, epistemológica (ej. Woolgar, 1988y Latour, 1987). El agnosticismo o ateísmo epistemológico (Zwanenberg y Millstone, 2000) no es una postura exclusiva del constructivismo. Otras corrientes, como el proyecto pragmatista de naturalización de la epistemología de Rorty (1979) o Quine (1969), sostienen que estudiar la ciencia a través de los criterios que la verifican acarrea más inconvenientes que ventajas. Conviene recordar que la salida del pragmatismo a la naturalización de la epistemología se produce con una apuesta por un compromiso político más fuerte. Es decir, utilizar criterios cívicos en lugar de epistemológicos. Sin embargo, la alternativa del constructivismo es el empirismo; empirismo que, por otro lado, ha resultado extremadamente productivo dando lugar a numerosos estudios de caso. Generalmente las corrientes constructivistas comparten el dictado de estudiar el contenido de la ciencia sin ninguna referencia epistemológica y con el empirismo como arma para evitar la epistemología. EMPIRISMO Y RECONSTRUCCIÓN: LA RESPUESTA DEL REALISMO CONSTRUCTIVISTA Los enfoques constructivistas proponen una estrategia deconstructiva como una manera de desligar los factores sociales, normativos (no-científicos) de las reivindicaciones sobre la naturaleza de los científicos. La estrategia deconstructiva consiste en encontrar contradicciones en la dicotomía social-natural que presenta el discurso científico. Esta estrategia tiene dos objetivos: el primero es antiepistemológico porque trata de desmontar las jerarquías «naturales» sobre las que se construyen las contradicciones. El segundo es encontrar la «voces secundarias» que se encuentran implícitas en una argumentación aparentemente univoca (Hess, 1997). Esta segunda estrategia es la que usan los estudios culturales y autores como Haraway (1991). Aunque no todos utilicen abiertamente la deconstrucción, todos comparte las razones que dan sentido a la estrategia deconstructiva: problematizar el discurso natural de la ciencia para romper la lógica epistemológica sobre la que está construido. La estrategia deconstructiva es productiva porque «problematiza» el rol de los científicos y cuestiona la dicotomía social-natural mostrando la flexibilidad de la interpretación de la evidencia científica. Autores como Wynne (1996) sostiene que la deconstrucción del discurso científico permite abordar las ultimas cuestiones que se encuentra encubiertas en el discurso científico. Defienden que el rol de los ESCT es abrir preguntas, problematizar agendas políticas, definiciones o el framing de asuntos de política pública establecidos (Singleton, 1998: 340). Según esta postura, este cuestionamiento abre la posibilidad de trascender el discurso desde unas visiones competitivas de la realidad a cuestiones sobre futuro. Sin embargo, no está claro que la estrategia constructiva conecte la primera intención de romper las dicotomías con la segunda de obtener beneficio de lo que se ha deconstruido. Algunos autores critican la estrategia deconstructiva defendiendo que es necesario dar un paso adelante a la hora de transformar este rol «problematizador» de la metodología deconstructiva del constructivismo en una constructiva (Jasanoff, 1996: Radder, 1998; Zwanenberg y Millstone, 2000). El problema reside en que en ese paso deconstructivo no muestran la necesidad de reconstrucción ni ofrecen ningún criterio para llevarla a cabo. Problematizan el qué creer pero no ofrecen repuestas para el qué hacer (Radder, 1992(Radder,, 1998)). Por ejemplo, este autor reconoce la aportación del enfoque de Wynne sobre el efecto invernadero, pero lo critica por no ofrecer ninguna alternativa para abordarlo con una perspectiva diferente. Los críticos de la metodología deconstructiva muestran que los problemas del enfoque constructivista residen en que, en su negativa a abordar la cuestión epistemológica, no aportan una clave para la reconstrucción. Como alternativa para hacer el constructivismo más productivo en el proceso de toma de decisiones políticas ofrecen la reivindicación del «realismo constructivista» (Jasanoff, 1996; Radder, 1998; Zwanenberg y Millstone, 2000, Chubin y Restivo, 1983). La defensa del realismo en el constructivismo implica reconocer que el mundo importa. O lo que es lo mismo, una vez mostrado que las distintas reivindicaciones sobre la naturaleza es un indicativo de que la evidencia científica es flexible, es posible y necesario saber qué evidencia es más robusta. EL PROBLEMA DE LA AGENCIA Otro problema fundamental del constructivismo tiene que ver con su concepción de la agencia (Hess, 1997; Amsterdamska, 1990). Este problema se observa claramente en la teoría del actor-red y los acercamientos reflexivos, pero también puede encontrarse en otras versiones de constructivismo como el análisis de los intereses de la escuela de Edimburgo (Barnes, 1977). El problema de imputación convierte a los científicos en meros «adictos al interés». Harry Collins (1983) trata de resolver esta cuestión reduciendo la labor de los intereses en el cierre de las controversias científicas y no en sus orígenes. En otras palabras, reduce el rol de los intereses con un análisis micro. La teoría del actor red trata de abordar este problema invirtiendo la cuestión y analizando los intereses como una consecuencia, más que una causa de la acción científica. Traslada la cuestión de las creencias de los científicos a la construcción de los hechos científicos. Para hacer esto, la teoría del actor-red establece la importancia de la acción no en las intenciones de los actores sino en las posiciones que los actores ocupan en las redes. Desde este punto de vista, la acción es resultado del poder de la red. Esta orientación ofrece a este enfoque la posibilidad de ampliar el espectro de la agencia a actores no-humanos o «actantes», porque la agencia no es una cuestión de intención sino más bien de atribución. Sin embargo, esta concepción más amplia de la agencia como una cuestión de atribución ha creado otros problemas para la contribución de la sociología de la ciencia al análisis de la política científica. Si los actantes sólo orientan y dan sentido a sus acciones de acuerdo a sus posiciones en las redes, no hay lugar para la intencionalidad y responsabilidad de sus acciones. Los científicos sólo son replicantes del poder de la red y sólo buscan aumentar el poder de su posición en la red. La respuesta sería abrir este acercamiento a un enfoque más clásico del análisis del poder que atribuya a las acciones y significados de los actores más alternativas de las que provienen de las redes en la que se encuentra subsumidos. Como reconocen Chubin y Restivo (1983), todas las tradiciones sociológicas tienen sus limitaciones porque son autosuficientes y desarrollan definiciones exclusivas de la ciencia y los investigadores. Sin embargo, los metaanálisis no son sólo necesarios para recuperar la necesidad de una asunción epistemológica sobre la naturaleza, también son necesarios por propósitos sociológicos. Como se ha visto, los aciertos del constructivismo y su aportación al papel de la política de la ciencia están relacionados con su habilidad para cuestionar la autoridad epistemológica asumida del discurso científico. En ese sen-tido, este enfoque resulta muy fructífero para desenredar las diferentes (no científicas) fuentes de legitimación del discurso científico. Sin embargo, al tratar de hacer esto deconstruyendo la lógica epistemológica que esconde lo que «realmente» es una mezcla de argumentos científicos y no científicos del discurso natural de la ciencia, lo que consiguen es sólo cuestionar la autoridad epistemológica. La teoría del actor-red y las SCC sostienen que haciendo esto ayudan a cambiar las agendas políticas. Sin embargo, como sus críticos muestran, los constructivistas no cambian las cuestiones: sólo muestran que las cuestiones están mal planteadas. El reclamo constructivista referido a que están buscando nuevos actores, «voces secundarias» o cuestionando un aparente neutral discurso científico, sólo cuestiona la neutralidad de la ciencia. Sin embargo, no ofrece bases sobre las que explicar por qué esas voces secundarias y los actores que se encuentran detrás de ellas están excluidos. Es necesario reconocer el poder del enfoque constructivista para cuestionar visiones y actores en el discurso natural de la ciencia, pero también es necesario reconocer sus limitaciones para abordar cuestiones sobre cómo reformular los problemas y cómo incluir a los actores excluidos. Las limitaciones del acercamiento constructivista provienen del mismo lugar que sus aciertos y precisamente éste puede ser el principal problema del programa. Como todos los acercamientos posmodernistas, resultan muy útiles a la hora de localizar contradicciones en teorías y discursos asumidos pero, en su negativa a ofrecer un criterio alternativo, se vuelven más dependientes de los criterios que quieren deconstruir. En otras palabras, la metodología deconstructiva de los programas constructivistas necesita un oponente que deconstruir. Como el adversario es la epistemología o las distinciones que emanan de su lógica, devienen más dependientes de los criterios epistemológicos. Es posible que la deconstrución sea un paso hacia futuras reconstrucciones como Wynne (1998) sugiere, pero también es ciento que puede ser un paso peligroso. Del mismo modo, el constructivismo necesita un criterio para detener el momento problematizador, para poder distinguir entre alternativas más robustas y para reconstruir lo que se ha deconstruido. Como los defensores del realismo constructivista reconocen, se necesita un compromiso epistemológico para ser capaz de elegir entre distintas reivindicaciones del discurso natural. Es cierto que esta necesidad es más epistemológica que sociológica pero es sociológica -o sociológica en su vertiente crítica-si lo que se pretende es que el acercamiento constructivista sea más relevante en el análisis de la política científica. Como también es cierto que es sociológica si se reconoce la necesidad de buscar criterios fuera del punto de vista de los actores. Es decir, si se admite un compromiso epistemológico para la sociología. La propia sociología también necesita de externalidad si se admite que lo construido importa para la sociedad y no sólo contra la naturaleza. Como Bourdieu (2004) reconoce, decir que la ciencia es una actividad social, que las representaciones científicas son representaciones sociales de la realidad no tiene demasiado sentido si no se especifican. Parafraseando a W. I. Thomas, es necesario reconocer que «cuando la gente define las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias». Sin embargo y siguiendo a Marx, también hay que reconocer que la gente no define sus situaciones como quiere. Hay posiciones sociales desde las cuales es más fácil construir realidades sociales. Hay contextos científicos en los que es más fácil construir evidencia empírica. Después de todo, cabe plantearse cuál es el sentido del debate epistemológico si parece terminar siempre encallado en una nueva versión de un debate antiguo. Quizá lo más relevante del debate epistemológico se sitúa en que, en definitiva, ayuda a definir o redefinir las relaciones entre la ciencia y la sociedad. En este sentido, la perspectiva constructivista permite plantearse la actividad científica como una empresa colectiva en la que se legitiman determinadas evidencias y afirmaciones sobre el mundo. Muestran que la evidencia tecnocientífica es más flexible y, de este modo, permite nuevas vías o actores que presenten otras alternativas. Esta visión de la ciencia resulta fructífera para establecer una descripción de la ciencia como una empresa colectiva, flexible y abierta. Ésta es una imagen de la ciencia que permite plantear instrumentos para abordar nuevos retos sociales, como son los problemas o riesgos globales en una sociedad cambiante. Sin embargo, para sacar partido de estas posibilidades que ofrece el constructivismo a la ciencia y la ciencia social, es necesario adoptar un compromiso epistemológico que implica involucrarse en un proceso en el que es necesario ofrecer criterios con los que sea posible reconocer qué evidencia es más robusta o qué métodos y teorías resultan más potentes. La sociología tiene que sea capaz de dar razones (epistémicas y no espistémicas) a la comunidad social a la hora de alcanzar un acuerdo. Esto implica reconocer que la racionalidad de la ciencia es una «racionalidad comunicativa» (Habermas, 1984) que tiene que ayudar a «hacer explícitas» (Brandom, 1994) las razones cuando hay un conflicto y no solamente un reporte descriptivo que trata de denunciar los aspectos sociales de la explicación científica. Implica reconocer que el poder explicativo de la sociología (epistemología social) no se incrementa contra la explicación «natural». El repaso por las distintas corrientes de constructivismo social ha permitido dar una visión heterogénea de esta corriente. Reconoce que el constructivismo no implica asumir que no existen criterios de validez y justificación de la ciencia -relativismo-o implicarse en un debate estrictamente epistemológico. Sin embargo, admite que generalmente lo que caracteriza a esta corriente es un agnosticismo o ateísmo epistemológico que le lleva a desentenderse de ofrecer criterios alternativos de validez y justificación. Este agnosticismo epistemológico proviene de su estrategia deconstructiva del discurso de validez científica, lo que le lleva a centrar su foco de atención en la ruptura de ese discurso. Como consecuencia, ofrecen una imagen más flexible de la evidencia científica. Al mismo tiempo, permiten identificar «voces secundarias» en el discurso científico, así como actores o problemas que permanecen relegados de la actividad científica. Pero, al mismo tiempo, ha provocado una actitud distante con respecto a la necesidad de ofrecer criterios de evidencia y validez sobre los que reconstruirla. La perspectiva constructivista ha contribuido a ofrecer una imagen de la ciencia como una empresa colectiva en la que se legitiman ciertas evidencias y afirmaciones sobre el mundo. Muestran que la evidencia tecnocientífica es más flexible y, por lo tanto, puede estar abierta a nuevos caminos o actores que ofrezcan distintas alternativas. Esta imagen de la ciencia resulta propicia no sólo para ofrecer una imagen de la ciencia más colectiva, flexible y abierta. Es una imagen de la ciencia que puede ofrecer Este tipo de críticas considera que, al olvidar estos factores, se corre el peligro de "abrir cajas negras para encontrarlas vacías". 9 Para una discusión más detallada sobre la racionalidad científica y la dicotomía internalismo/externalismo construida sobre ella ver Shapin (1992), Medina (1983) o Solís (1994). 10 Seudociencia en el sentido de que necesita otra disciplina que establezca que algo es falso e histó-rica porque interviene a posteriori, cuando se ha determinado que algo es falso. 11 Tanto Marx como Mannheim limitan el alcance explicativo de los factores sociales cuando se estudian las ciencias, en especial las matemáticas. 12 Si los mismos tipos de causas explican lo verdadero y lo falso, equivale a admitir que no existe lo verdadero. 13 Collins (1981 a y b) recoge la declaración programática y una serie de estudios en su edición del monográfico 11 de Social Studies of Science. 14 Estrategia que trasluce la influencia del segundo Wittgenstein, la fenomenologiia de Schutz y Mary Hesse. 17 Knorr-Cetina (1981) critica a Woolgar y Latour por haber relegado las relaciones sociales y cognitivas que trascienden del ámbito del laboratorio y que incluyen agencias de financiación, privadas y públicas, editores de revistas, etc. Toda una serie de relaciones sociales transepistémicas. 19 En otro artículo de este monográfico (Echeverría y González) se hace un tratamiento más extenseo de la teoría del actor-red. Por ello, este apartado se dedica a resaltar brevemente algunos de los rasgos de esta teoría en relación con la corriente constructivista. Ver el capítulo dedicado a este enfoque que incluye este monográfico para un acercamiento más detallado de este programa. 23 También fundadora de la Asociación Española de Ciencia y Tecnología. 24 El trabajo de este autor sobre la reflexibidad (1990) ofrece un punto de vista relevante para un análisis de carácter más general sobre la teoría sociológica.
TEORÍA DEL ACTOR-RED Y TECNOCIENCIA: EL GIRO HACIA LA PRÁCTICA EN LOS ESTUDIOS DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA La teoría del actor-red (actor-network theory o ANT) 1 se origina en los años setenta y ochenta del pasado siglo XX como un desarrollo en el dinámico panorama de los estudios sociales sobre ciencia y tecnología del momento. La sociología del conocimiento científico de Edimburgo y Bath, la antropología de laboratorio y los nuevos enfoques en historia de la ciencia y la tecnología son el contexto en el que aparecen en París los primeros casos de estudio con la metodología del actor-red. Bruno Latour (1988) y Michel Callon (1986) analizan ejemplos tan variados como Pasteur y las vieiras de la bahía de St. Brieuc para ofrecer las características de lo que John Law (2007) 2 denomina la versión ortodoxa de ANT, aquella que se desarrolló fundamentalmente durante los años noventa. La revolución en los estudios sobre la ciencia y la tecnología había aparecido ligada al imperativo de buscar la explicación del contenido de la ciencia en su "contexto social". Una ideología política determinada, cierto interés económico o algún arraigado prejuicio eran el tipo de factores que se rastreaban para explicar la génesis y legitimación de las teorías científicas. Para dar cuenta de la construcción de la naturaleza, defendía la revolución constructivista, es necesario apelar a la sociedad. Sin embargo, algunos autores se mostraron insatisfechos con esta "sociología de lo social" y argumentaron que el "contexto social" no tiene una fuerza explicativa real; porque, al contrario de lo que se defendía y practicaba en Edimburgo o en Bath, lo natural y lo social se "coproducen" mutuamente. Este cambio de rumbo tuvo como influencias, entre otras, el estudio de los sistemas sociotécnicos desarrollado por Thomas Hughes (1983), en el que elementos organizati-vos, políticos, científicos, tecnológicos... se combinan para conformar la arquitectura de un sistema tecnológico estabilizado; y la etnometodología de Alfred Shutz. El análisis etnográfico de la ciencia, tal y como lo ensayaron Bruno Latour y Steve Woolgar (1979Woolgar ( /1986) ) no tiene ya ninguna pretensión explicativa, sino tan sólo la de describir la actividad que científicos y tecnólogos desarrollan en sus laboratorios y de la que surge nuestra concepción del "mundo real", natural y social. Los etnometodólogos de la ciencia sostienen que no puede apelarse a intereses, fines y factores sociales en general para dar cuenta de nuestras teorías, porque ellos mismos son también producto, y no causa, de las mismas fuerzas que dan forma a las afirmaciones de conocimiento científico y, por tanto, a la "realidad". Los estudios de laboratorio, sobre la base de los puntos más provocadores del programa fuerte en sociología del conocimiento científico de David Bloor (1976Bloor ( /1991)), simetría y reflexividad, se desarrollaron en varias direcciones. La teoría del actor-red fue una de ellas. El punto de partida es la denuncia de que las prácticas de los sociólogos del conocimiento científico, lejos de adecuarse al principio de la simetría, son profundamente asimétricas. No sólo los sociólogos "tipo Edimburgo" tratan de forma asimétrica la naturaleza y la sociedad, suponiendo a la última como factor causal de la primera, sino que también tratan asimétricamente a los "actores" humanos y no humanos del escenario científico-tecnológico. Todas las dicotomías (naturaleza/sociedad, sujeto/objeto, humano/no humano) son puestas en tela de juicio en un intento de superación de la ideología de la modernidad. La tecnociencia se define como una red cuyos nodos están formados tanto por actores humanos como por actores no humanos (instrumentos, baterías, chips o cualquier otro componente tecnológico, objeto físico o ser vivo). Las consecuencias de esta definición se exploran a través del análisis de cómo se forman y se sostienen tales redes. Según este enfoque, tanto los desarrollos científicos como los tecnológicos pueden ser analizados en términos de luchas entre diferentes actores para imponer su definición del problema a resolver (Latour, 1987; Callon, 1987). Aunque hasta el momento los sociólogos se habían ocupado de la ciencia y la tecnología como fenómenos relativamente independientes (aunque susceptibles en ocasiones de ser analizados con el mismo tipo de instrumentos metodológicos), Latour utiliza explícitamente la noción de tecnociencia para describir "todos los elementos vinculados a contenidos científicos, sin que importe lo sucios, inesperados o extraños que parezcan " (1983: 168), tratando de subrayar la multiplicidad de elementos y actores que concurren en la conformación del producto ("la ciencia y la tecnología") y criticando la distinción interno/externo. Muchos otros autores utilizan también la expresión "tecnociencia" para insistir en la íntima relación entre la ciencia y la tecnología, y justificar un tratamiento conjunto, especialmente si se ocupan de la ciencia y la tecnología contemporáneas. En particular, Javier Echeverría (2003) ha desarrollado con detalle el concepto de "tecnociencia", oponiéndose a la idea latouriana de que toda ciencia es tecnociencia y reservando la denominación para la evolución que tiene lugar a partir de los años ochenta del siglo XX de la macrociencia (Big Science) que se había instaurado al finalizar la Segunda Guerra Mundial. La macrociencia surgida en la guerra fría, caracterizada por una profunda simbiosis entre ciencia y tecnología, el establecimiento de la política científica y la financiación gubernamental, se convertirá en el último cuarto de siglo en tecnociencia, gracias a las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones y al mayor papel de las empresas privadas en la promoción de la I+D+i. Las propuestas de Echeverría y la teoría del actor-red confluyen en su especial atención a la práctica científica. El programa fuerte y los primeros enfoques en sociología del conocimiento científico se centraron en el estudio de los factores sociales que influyen en la construcción del conocimiento, y en cierta manera lo determinan, pero se interesaron menos por el estudio de la práctica científica, al menos en su primera época. En los años noventa, algunos historiadores, filósofos y sociólogos de la ciencia, como Hacking, Franklin, Galison o Pickering, comenzaron a ocuparse de la actividad científica sin reducirla a la construcción de conocimiento. Cabe decir que en los últimos años se ha producido un giro hacia la práctica en los estudios de ciencia y tecnología, de modo que, aparte del conocimiento, la praxis científica y tecnológica se ha convertido en un objeto de estudio igualmente relevante. En este giro hacia la práctica se encuadra también la teoría del actor-red, cuya primera norma metodológica fue la de seguir a los científicos e ingenieros en sus prácticas cotidianas. Otra novedad radical de la concepción praxiológica, compartida por la teoría del actor-red, es la de afirmar que la ciencia no sólo se hace en los laboratorios, sino en otros muchos ámbitos. Además de investigar, los científicos contemporáneos conforman equipos, gestionan recursos humanos, económicos y tecnológicos, presentan proyectos en convocatorias competitivas, buscan financiación, intentan tener un poder institucional, tejen redes internacionales, forman nuevos investigadores, difunden los resultados que obtienen, tratan de incrementar los factores de impacto de sus publicaciones, hacen lobby en los despachos y comisiones donde se toman las decisiones de política científica, elaboran informes como expertos, etc. Restringir la ciencia contemporánea a la actividad investigadora en los laboratorios implica prescindir de otros muchos escenarios en los que se construyen redes de actores, y a los que también la teoría del actor-red ha prestado atención. Los estudios de la práctica científica, a diferencia de los estudios sociales centrados en el conocimiento, tienen en cuenta redes de actores mucho más amplias y complejas, en las que no sólo hay científicos que investigan e instrumentos de investigación, sino también financiadores, inversores, gerentes, gestores, técnicos, evaluadores, administradores, burócratas, divulgadores, periodistas científicos, diseñadores de imagen, expertos en marketing, asesores jurídicos para gestionar las patentes y, en su caso, pleitear por la propiedad intelectual del conocimiento, etc., así como múltiples instrumentos de gestión y evaluación, que también forman parte de la actividad científica. En suma: los estudios de la práctica científica se ocupan de un ámbito mucho más amplio y complejo que los estudios de ciencia y tecnología centrados en el conocimiento. Todo ello ha dado lugar a nuevas concepciones de la tecnociencia, en las que se subrayan los aspectos praxiológicos, más que los puramente epistémicos o cognitivos. Pese a sus puntos comunes, tratar de articular el trabajo sobre la tecnociencia contemporánea con la teoría del actor-red es una empresa arriesgada, aunque la recompensa puede ser importante. Mientras que la idea de tecnociencia, tal y como ha sido desarrollada por Echeverría (2003), responde al intento filosófico de clasificar y caracterizar las modalidades de práctica científico-tecnológica contemporánea, el conjunto de herramientas metodológicas de la teoría del actor-red trae al primer plano el desorden oculto tras la ordenada apariencia de la tecnociencia, la contemporánea y la de épocas pasadas. Sin embargo, al analizar la tecnociencia contemporánea, en el sentido de Echeverría, la teoría del actor-red ha de mostrarse nece-sariamente útil para describir las complejas redes tejidas por centros de investigación, instituciones, universidades y empresas, y los productos resultantes de las mismas en términos de orden natural y social. A continuación nos ocuparemos de caracterizar someramente tanto la teoría del actor-red como la tecnociencia, para terminar identificando de qué modo ambas direcciones de investigación, aun cuando presentan importantes divergencias, pueden beneficiarse mutuamente. La teoría del actor-red es uno de los enfoques más novedosos y de más éxito en los estudios sobre ciencia y tecnología desarrollados en el último cuarto del siglo XX. Intentar caracterizarla no puede hacerse sino traicionándola ya que, si algo hemos aprendido de la sociología de la ciencia de los últimos treinta años es que toda representación traiciona su objeto, de tal modo que toda representación de la teoría del actor-red no puede ser sino una traducción, al igual que toda representación de la ciencia y que el proceso mismo de la ciencia en acción. Sucede, además, que la teoría del actor-red es altamente maleable, revisable y tiene una gran capacidad de transformación, con lo que proponerse ofrecer un panorama definitivo de la misma es una tarea destinada desde el comienzo al fracaso. Los intentos de caracterización de sus propios protagonistas resultan erráticos. John Law (2003) entiende que la mejor forma de hacer justicia a una exposición de la teoría del actor-red es a través de ejemplos, pero más adelante se encuentra preparado para ofrecer una definición amplia: "la teoría del actor-red es una familia diversa de herramientas semiótico-materiales, sensibilidades y métodos de análisis que tratan todos los elementos de los mundos naturales y sociales como un efecto, generado permanentemente, de las redes de relaciones dentro de las que están ubicados" (Law, 2007). Por su parte, Bruno Latour estaba dispuesto en 1999 a deshacerse de la propia denominación de la teoría, pero termina por volver a reivindicarla de forma entusiasta recientemente (2005: 9). De algún modo, los proponentes mismos de ANT han participado en su extraordinaria evolución y han observado las transformaciones promovidas por otros, y en ese camino han dudado sobre la posibilidad de mantener la etiqueta para designar una teoría homogénea para optar finalmente por preservarla, pero no para designar una teoría homogénea, sino un enfoque, una sensibilidad, un conjunto de principios metodológicos compartidos. Quizá un intento de reunir las notas características de la teoría del actor-red, al menos en su versión más ortodoxa de los años noventa, debería recoger las siguientes: -ANT no se trata de una teoría explicativa, sino descriptiva; -el mundo natural y social son el producto de redes de relaciones entre actores; -estos actores son tanto humanos como no humanos; Frente a la sociología tradicional, que Latour llama "sociología de lo social", ANT es una "sociología de las asociaciones" (Latour, 2005: 9), que cuenta historias sobre cómo se originan, evolucionan y terminan las relaciones entre actores. De hecho, cuando los científicos añaden el adjetivo "social" a algún fenómeno, están designando un estado de cosas estabilizado. Por lo tanto, las explicaciones en términos de "factores sociales" de, por ejemplo, una teoría científica o un sistema tecnocientífico, no explican realmente nada, y más bien ocultan los procesos a través de los cuales los diferentes actores y sus asociaciones han logrado la estabilización de una red. ANT aborda esta tarea sin pretender que sea posible identificar factores explicativos y productos explicados. Su estrategia metodológica es la descripción de la dinámica de formación y estabilización de redes formadas por actores heterogéneos. Y es precisamente en la conceptualización y el tratamiento de los actores donde ANT introduce una de sus mayores novedades: un actor no es un individuo (o una colectividad de ellos). El actor se define más bien por los efectos de sus acciones, de tal manera que un actor es cualquier elemento con el poder de "actuar" sobre otros, ya sea un científico, un ingeniero, un político o un líder de un movimiento social, pero también una vieira, un barco, una bacteria, una rata de laboratorio, la bisagra de una puerta o un badén colocado en la carretera para que los coches aminoren su velocidad. Frente a las teorizaciones habituales en ciencias sociales, ANT se caracteriza por una radical indeterminación de los actores (Callon, 1998). Un actor puede ser individual o colectivo, humano o no humano, puede enrolar o dejarse enrolar y si algo no está previamente definido, son sus intenciones y sus intereses. Mientras la negativa de los teóricos del act-red a ofrecer una definición de actor ha recibido a menudo la acusación de relativismo, al abrir de este modo la noción de actor, ANT recupera de una forma muy enfática la materialidad perdida en otros enfoques recientes en sociología del conocimiento científico, y éste es uno de los principales puntos de conflicto con ellos. Donde se apelaba a los intereses humanos para dar cuenta del modelado social de teorías y artefactos, los teóricos del actor-red narran de qué modo los diferentes actores (humanos y no humanos) van conformándose mutuamente, definiendo y redefiniendo sus intereses en la interacción a través de procesos de traducción, "enrolamiento" y movilización, y obteniendo como producto la estabilización, siempre precaria, de una red. De esta manera, ni siquiera los actores están predeterminados antes de que la red comience a funcionar (Callon, 1986, Law, 2007). Dado que la teoría del actor-red está más interesada en los "cómos" que en los "porqués", su fuerza no radica tanto en las exposiciones teóricas que pretenden resumirla o mostrarla, y que son tan diversas como sus propios autores, sino en su puesta en práctica a través de casos de estudio. De hecho, todos los intentos de caracterizar ANT no son sino ejercicios de seguir a los diferentes autores a través de sus análisis de casos, del mismo modo que los propios teóricos del actor-red siguen a sus actores a través de los movimientos en los que se establecen relaciones entre ellos. A través de los casos de estudio es también posible rastrear la evolución de ANT en los últimos años. Con la entrada del siglo XXI, diferentes autores comienzan a aplicar la teoría del actor-red de forma heterodoxa a sus casos de estudio manteniendo, sin embargo, los principios metodológicos básicos. En general, lo que John Law (2007) denomina la "diáspora" de ANT se deriva de una descripción cada vez más compleja de las redes estudiadas. La movilidad y ambivalencia de los actores, la pluralidad ontológica en los hechos construidos y, sobre todo, el énfasis en la performatividad 3, marcan los últimos desarrollos de la teoría del actor-red. Anne Marie Mol (2002), por ejemplo, ha descrito las prácticas de diagnóstico y tratamiento de la arteriosclerosis, concluyendo que las prácticas en diferentes contextos: en la consulta de salud primaria, la sala de radiografía, la de ecografía o el quirófano, generan realidades diferentes de lo que es la enfermedad, cuya articulación es también una cuestión práctica. De algún modo, las prácticas producen múltiples redes y, por tanto, múltiples realidades. Por su parte, Vicky Singleton y Mike Michael (1993), trabajando sobre el programa británico de prevención del cáncer de útero, han explorado las ambivalencias que tienen los actores respecto a las redes en las que se encuentran implicados: al mismo tiempo que trabajan en su mantenimiento pueden manifestar reticencias sobre las mismas. En ambos casos se ven reflejadas las dificultades de domar el desorden y también queda patente que, en sus propias narraciones, los teóricos del actor-red no describen simplemente la formación de redes tecnocientíficas, sino que con sus prácticas crean nuevas realidades y reinventan la propia teoría. ANT ha sido duramente criticada desde el propio campo de los estudios de la ciencia. Una de las acusaciones fundamentales es la de la esterilidad, e incluso el peligro de conservadurismo, en este tipo de enfoques. Desestimar la apelación a la sociedad en explicaciones causales del cambio científico podría convertir esta clase de estudios sociales en un ejercicio académico de salón tan insatisfactorio como las concepciones filosóficas y sociológicas clásicas que pretenden sustituir. Si bien estos autores sostienen que la tecnociencia y la política son indistinguibles, tal revelación podría no tener ninguna consecuencia práctica, porque quien posee la verdad es aquél que consigue reunir el suficiente poder para convencer al contrario de que tiene razón. Al abrir la caja negra de la tecnociencia quizá nos llevemos la sorpresa, augurada por Langdon Winner (1993), de encontrarla vacía y, como añadirían Collins y Yearley (1992), encontrarnos a nosotros mismos impotentes. Sin embargo, la teoría del actor-red ha mostrado fructíferas potencialidades en el ámbito político, bien por parte de autores de la "diáspora", bien en los desarrollos más recientes de sus propios fundadores, como Bruno Latour y Michel Callon. Bruno Latour, que ha sido el principal objeto de crítica por las posibles consecuencias relativistas de su enfoque descriptivo, ha reflexionado en su trabajo más reciente sobre las implicaciones políticas de la teoría del actor-red. En We have never been modern (1993) introduce ya la discusión sobre "el parlamento de las cosas" que desarrollará más adelante fundamentalmente en Politics of Nature (2004), tratando de deshacer la diferencia entre la representación política y la representación científica. Los constructos del conocimiento, argumenta Latour, constituyen una mezcla de política, ciencia, tecnología y naturaleza, son "híbridos", como "el calentamiento global", "el agujero de la capa de ozono", "los alimentos biológicos" o la "crisis económica". Al difuminarse de este modo las fronteras entre las humanidades, las ciencias naturales y las ciencias sociales, se requieren nuevas formas de entender el papel de la ciencia en la sociedad. Mientras que "representar" significó siempre cosas muy distintas en el ámbito de la ciencia y el de la política, Latour propone que la renuncia a entender la verdad científica como representación fiel de los hechos se complemente con la instauración en este nuevo parlamento de una representación política de la cosas. Los no humanos tienen derecho a ser representados por sus portavoces, lo mismo que los humanos, en una representación que sea lo más fiel posible a su complejidad y a sus inherentes incertidumbres. El "parlamento de las cosas" reivindica el papel de la negociación y los acuerdos parciales y revisables sobre lo que es real y sobre cómo humanos y no humanos podemos vivir juntos. Michel Callon, sin embargo, se ha interesado fundamentalmente en la representación y el papel de los actores humanos no expertos en los problemas de la tecnociencia en nuestros días. Callon y Rabeharisoa (2003) utilizan la expresión "investigación en libertad" o "investigación silvestre" (research in the wild) para distinguir la investigación llevada a cabo en los laboratorios o lugares acreditados por sujetos expertos de la investigación de aquella que realizan grupos de ciudadanos sensibilizados o implicados. La investigación en libertad puede producir problematizaciones que luego se extenderán en la investigación ordinaria o aplicaciones novedosas de esta. La incorporación de otros actores en procesos de aprendizaje social en los que expertos y grupos de la sociedad civil cooperan en la investigación tiene como resultado, según Callon, que la investigación y la innovación se transfieran de forma más natural a la sociedad. Rabeharisoa y Callon (2002) han analizado en profundidad estas formas de cooperación en el caso de las asociaciones de pacientes, tomando a la Asociación Francesa contra las Miopatías (AFM) como ejemplo del modo en el que la asociación produce conocimientos sobre la experiencia de sus asociados que al confrontarse con el conocimiento experto conllevan un aprendizaje mutuo entre ambos ámbitos. Otra novedad que presenta el modo de actuar de la AFM no es sólo la colaboración entre expertos y legos en la producción de conocimiento, sino también la creación de infraestructuras que formalizan la interdependencia entre grupos diversos de actores. Callon ha denominado "democracia técnica" a esta colaboración entre científicos y legos en la construcción del conocimiento, que tiene en los "foros híbridos" (Callon y Rip, 1991; Callon et al., 2001) una de sus herramientas principales. Frente al "parlamento de las cosas" de Latour, en los "foros híbridos" se sientan actores humanos, expertos y legos, para deliberar conjuntamente y tomar decisiones en casos de incertidumbre o conflictos sobre el resultado de alguna acción tecnocientífica, entrando así ANT en diálogo con toda la investigación sobre participación pública en ciencia y tecnología que se ha desarrollado desde diferentes disciplinas y enfoques 4. De este modo, la teoría del actor-red, a través de sus múltiples versiones y manifestaciones, se ocupa de los aspectos centrales y más relevantes de la tecnociencia contemporánea. Latour enumera tres criterios para incluir un análisis de la tecnociencia dentro de la teoría del actor-red. De los dos primeros, que incluya actores no humanos y que lo social no se use para explicar la estabilización de las redes, hemos hablado previamente. Resta el más interesante, el criterio que además, responde a las críticas de relativismo. De acuerdo con Latour (2005: 11), un análisis podrá considerarse ANT si su objetivo no es la deconstrucción, sino la recomposición de lo social. ANT no ha de confundirse con la crítica de las grandes narrativas, porque su objetivo no es deconstruirlas o destruirlas, sino más bien comprobar cuáles son las nuevas instituciones, procedimientos y conceptos capaces de reconectar lo social. La concepción praxiológica de la tecnociencia (Echeverría, 2003), de la que nos ocuparemos a continuación, se centra precisamente en esa reconstitución de la ciencia y la tecnología contemporáneas, con la aparición en escena de nuevos actores, la puesta en tela de juicio de las fronteras entre el dentro y el fuera de la ciencia, y un énfasis renovado en las prácticas. DE LA CIENCIA A LA TECNOCIENCIA Durante la segunda mitad del siglo XX la ciencia y la tecnología han experimentado un profundo cambio, generan-do un híbrido entre ambas, la tecnociencia. Esta convergencia entre ciencia y tecnología se ha producido en todas las áreas de conocimiento, empezando por las ciencias físico-matemáticas y las tecnologías de computación, y ampliándose luego a la biología, la medicina y las ciencias sociales y humanas. Como resultado de dicho proceso, que se ha desarrollado ante todo en los EEUU de América, la ciencia académica ha quedado subordinada a la ciencia posacadémica (Ziman, 2000) o tecnociencia, generándose una nueva modalidad de práctica investigadora, hoy en día dominante. Cabe distinguir dos modalidades de tecnociencia: la macrociencia (Big Science), basada en grandes programas de investigación financiados por instituciones gubernamentales y diseñados en función de objetivos políticos, estratégicos, militares y sociales; y la tecnociencia propiamente dicha, en la que la inversión privada, la participación empresarial, las expectativas de beneficio y las innovaciones en el mercado resultan determinantes para el desarrollo de los programas de investigación. Ambas tienen en común: -la estrecha vinculación entre científicos, ingenieros y técnicos, que colaboran en proyectos y programas conjuntos; -la creación de agencias o empresas tecnocientíficas para desarrollar dichos programas; pueden ser públicas, privadas o mixtas; en ocasiones adoptan la forma de consorcios y alianzas entre organizaciones; -la importancia de la financiación de dichos proyectos, que sólo pueden ser desarrollados si se cuenta con recursos humanos, materiales y técnicos adecuados; -la planificación de los objetivos propuestos y de las tareas a realizar para alcanzarlos; -la subordinación de los objetivos clásicos de la ciencia a metas prefijadas por quienes establecen y financian las líneas prioritarias de investigación, lo que trae como consecuencia que, en términos generales, el objetivo último de la actividad tecnocientífica sea la innovación; -la relevancia de la gestión de los proyectos, actividades y resultados; -la evaluación ex ante y ex post de los resultados propuestos y obtenidos, así como el seguimiento de los mismos; -la utilización de equipamientos tecnológicos complejos, tanto para la investigación como para la evaluación y la gestión. Conforme a la teoría del actor-red, dichos equi- pamientos estarían dotados de agencia y en muchos casos son determinantes para la obtención de resultados. La macrociencia surgió en los EEUU en la época de la Segunda Guerra Mundial y se consolidó durante la guerra fría. La tecnociencia emergió en el último cuarto del siglo XX y está en plena expansión. Desde el punto de vista de la financiación, la tecnociencia se caracteriza por la fuerte presencia de la inversión privada. Las tecnologías de la información y la comunicación, así como las biotecnologías, son dos ejemplos relevantes de tecnociencia. Así como algunas ciencias y técnicas estuvieron estrechamente vinculadas a la sociedad industrial a lo largo del siglo XIX y buena parte del siglo XX, el desarrollo de las tecnociencias se correlaciona con una nueva forma de organización social, la sociedad de la información y el conocimiento. La tecnociencia está basada en los lenguajes informáticos, que sólo son practicables si se dispone de los equipamientos TIC correspondientes y se saben usar adecuadamente. La actual e-science ilustra bien ese profundo cambio en la práctica científica generado por las TIC: Web 2.0 y ya 3.0, laboratorios en red, redes de excelencia, recursos compartidos, etc. Además, la actividad tecnocientífica ha de generar innovaciones, y puesto que el éxito de una innovación se comprueba en los mercados, las empresas y agencias conforman una componente relevante de la actividad tecnocientífica. EMERGENCIA DE LAS TECNOCIENCIAS EN EL SIGLO XX En 1961, Alvin Weinberg propuso distinguir entre ciencia y macrociencia (Big Science). Para que un proyecto fuese considerado como macrocientífico era preciso que su realización requiriera una parte significativa del producto interior bruto (PIB) de un país 5. Conforme al criterio de Weinberg, la distinción entre ciencia y macrociencia es ante todo presupuestaria y depende de la inversión a realizar en grandes equipamientos de investigación 6. Poco después, en su libro Small Science, Big Science, Derek de Solla Price (1963) amplió este criterio económico, precisándolo y formalizándolo. Propuso un modelo matemático que justificaba la necesidad de incrementar considerablemente la financiación de la ciencia y sugirió que dicho modelo cuantitativo no era más que un primer paso: "si hemos de caracterizar la fase actual como algo nuevo, distinto de la ciencia burguesa común a Maxwell, a Franklin y a Newton, no podemos basarnos únicamente en una tasa de crecimiento" (1963: 50). Dejaba así abierta la vía para distinguir la macrociencia de la ciencia no sólo por su tamaño, sino también mediante criterios cualitativos y culturales. La mayoría de los estudiosos afirman que la macrociencia emergió en la época de la segunda guerra mundial en EEUU, particularmente en el ámbito de la físico-matemática, representada por laboratorios y proyectos como el Radiation Laboratory de Berkeley, el Radiation Laboratory del MIT, el proyecto ENIAC de la Moore School de Pennsylvania y, sobre todo, el Proyecto Manhattan (Los Álamos), el gran paradigma de la macrociencia inicial, que condujo a la fabricación de las primeras bombas atómicas. La Big Science tuvo un origen militar y contribuyó decisivamente a la victoria de los EEUU en la segunda guerra mundial. Pero la decisión clave consistió en impulsar la nueva estructura organizativa de la macrociencia durante la postguerra, conforme a la propuesta de Vannevar Bush (1945) al Presidente Roosevelt. Finalizado el conflicto bélico, el único país que estaba en condiciones económicas, políticas, militares e industriales para impulsar la Big Science era EEUU. Algunos años después la URSS se convirtió en potencia nuclear, desarrolló su propia macrociencia y tomó la iniciativa en la exploración espacial con el lanzamiento del primer satélite artificial, el «Sputnik» (1957). La competición científico-tecnológica entre las dos grandes potencias militares fue una las características más significativas de la guerra fría y estuvo estrechamente vinculada a su rivalidad militar, política, industrial e ideológica. En conjunto, esta primera época de la tecnociencia puede ser caracterizada mediante los siguientes rasgos distintivos: Se financiaron grandes equipamientos y macroproyectos de investigación, algo que estaba fuera del alcance de los medios económicos de las universidades y centros de investigación, salvo raras excepciones. Las grandes necesidades militares suscitadas por la Segunda Guerra Mundial fueron decisivas a la hora de incrementar el tamaño de los proyectos y los medios de financiación. b) Convergencia entre científicos y tecnólogos. Para el desarrollo de esos macroproyectos se requerían grandes equipamientos e inversiones, pero también equipos de investigación multidisciplinares y de gran tamaño. La macrociencia trajo consigo la convergencia entre científicos, ingenieros y técnicos, que se plasmaba en la práctica de los laboratorios y centros de investigación. La macrociencia generó una nueva modalidad de industria, luego denominada de I+D (investigación científica y desarrollo tecnológico). A la ciencia académica se le superpuso un entramado industrial, político y militar que modificó radicalmente la organización de la investigación. Así se estableció lo que se ha denominado "contrato social de la ciencia", entre científicos, ingenieros, políticos, militares y corporaciones industriales. El informe de Vannevar Bush (1945) suele ser considerado como el texto fundacional de dicho contrato. Algunas instituciones de nueva creación (National Science Foundation, Los Alamos, National Institutes of Health, NASA, etc.) se convirtieron en las principales agencias promotoras de la nueva modalidad de ciencia. Ello permitía optimizar los recursos, que eran obtenidos a partir de convocatorias competitivas. Muchos de los macroproyectos científicos tuvieron apoyo y financiación militar, sobre todo en sus primeras fases de desarrollo. Por tanto, fueron secretos, contrariamente a la tradición de la ciencia moderna, basada en la publicación de los resultados de la investigación, aunque los resultados de algunos de estos proyectos fueron luego transferidos a la sociedad civil. Las agencias de investigación militar promovieron también nuevos macroproyectos (sistemas de defensa, exploración espacial, energía nuclear, criptología...) con la participación de universidades y empresas. De esta manera, algunas instituciones militares se convirtieron en agentes muy relevantes para la investigación científica y tecnológica 7. e) La política científica. La emergencia de la macrociencia es concomitante con la aparición de las políticas de ciencia y tecnología. Algunos científicos de prestigio dejaron los laboratorios y pasaron a gabinetes de dirección y asesoramiento, convirtiéndose en expertos en la negociación y diseño de políticas científico-tecnológicas. Surgió así un nuevo tipo de acción científico-tecnológica: el diseño de políticas para la macrociencia. Su principal consecuencia fue la progresiva organización de sistemas nacionales de I+D. En suma, la macrociencia implicó una estrecha vinculación de la ciencia con el poder (político, militar, económico). f) La agencia macrocientífica. Frente a los "hombres de ciencia" de la época moderna, la macrociencia la hicieron grandes equipos coordinados que integraban sus respectivos conocimientos y destrezas en un proyecto común que tenía diversos tipos de objetivos (científicos, tecnológicos, políticos, empresariales y militares). El sujeto de la macrociencia devino plural e institucional, rompiéndose con el tradicional individualismo metodológico y desbordando el Royalist Compromise que dio origen a la ciencia moderna, según el cual los propios científicos determinaban las líneas de investigación (Proctor, 1991). Las agencias tecnocientíficas marcan las líneas estratégicas y los objetivos a las comunidades científicas, aunque éstas mantengan un grado de autonomía y libertad en los laboratorios. g) Subordinación de los objetivos científicos. Los objetivos de la macrociencia no son únicamente científicos, ni tampoco tecnológicos. Un macroproyecto científico puede tener como uno de sus objetivos el avance en el conocimiento, o la invención de artefactos más eficientes, pero sobre estos objetivos priman otros, que son los que dan sentido a la financiación y desarrollo de los grandes proyectos de investigación: mejorar la capacidad defensiva y ofensiva de un ejército, incrementar la productividad de un sector industrial, o simplemente aumentar el prestigio de un país, su nivel de seguridad o su posición en los mercados internacionales. En el proyecto Manhattan, por ejemplo, a los científicos les interesaba calcular la masa crítica en un proceso de fusión nuclear, cosa que lograron. Pero, por encima de ello, los diseñadores del proyecto pretendían disponer de un arma de destrucción masiva que pudiera servir para ganar rápidamente la guerra o, ulteriormente, como arma de disuasión ante eventuales ataques de otras potencias. Los objetivos propiamente científicos y tecnológicos estuvieron subordinados a las metas de otra índole que habían definido los promotores y financiadores de dichos proyectos macrocientíficos. En la década de los ochenta emergió la tecnociencia propiamente dicha. El término "tecnociencia" fue propuesto en 1983 por Bruno Latour, con el fin de "evitar la interminable expresión ciencia y tecnología". Latour planteó la pregunta "¿quién hace ciencia realmente?" e intentó mostrar que la ciencia no sólo la hacen los científicos, criticando la distinción interno/externo. Otro autor que utilizó sistemáticamente el término "tecnociencia" en los años ochenta fue Gilbert Hottois (1991), partiendo de contribuciones previas de Stork, Barret, Salomon, Gros, Ladrière, etc. La convergencia progresiva entre ciencia y tecnología se vio agudizada en los años ochenta por la emergencia, desarrollo y progresiva expansión de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El sistema tecnológico TIC fue mediatizando cada vez más la investigación científica, y no sólo en el ámbito de la física o la matemática, sino también en biología, medicina y ciencias sociales. Particular importancia tuvo la convergencia entre biología e informática, porque supuso un profundo cambio de paradigma en las ciencias de la vida, que dio lugar a la aparición de la tecnobiología, o biotecnología, como habitualmente suele denominarse. La tecnobiología se ha convertido en el canon de una nueva modalidad de práctica científica. Puesto que también en el sector TIC se habían producido cambios similares, surgiendo a partir de los ochenta diversas empresas tecnocientíficas que se convirtieron rápidamente en líderes del sector (Apple, Microsoft, Intel, etc.), cabe afirmar que junto a los proyectos macrocientíficos de financiación pública comenzaron a surgir diversas empresas privadas dedicadas a la investigación tecnocientífica, cuyos objetivos, además de producir conocimiento y desarrollos tecnológicos, incluían la prioridad de generar innovaciones competitivas en los mercados. En suma, durante las décadas de los ochenta y los noventa emergió la tecnociencia propiamente dicha, cuyas características básicas son las siguientes: a) Financiación privada de la investigación. Desde el punto de vista presupuestario, se produjo un rápido crecimiento de la financiación privada en I+D, gracias a una liberalización de la ley de patentes y a una nueva política fiscal en EEUU, que permitía desgravar el 25 % de las inversiones privadas en I+D. Esa política acarreó un cambio radical del marco en el que se desarrollaba la investigación científica. A partir de los años ochenta la financiación privada de I+D superó a la pública, y desde entonces ha seguido creciendo, hasta llegar al 70 % del total de la inversión en I+D. Un proceso similar se produjo en Europa, aunque más tardíamente. Desde el punto de vista de la financiación, la tecnociencia se caracteriza por la primacía del sector privado sobre el público. De hecho, la Bolsa comenzó a interesarse por invertir en ciencia y tecnología, algo que no tiene precedentes en la historia de la ciencia. Con este paso, los sistemas de I+D evolucionaron hacia sistemas de I+D+i, siendo la innovación el objetivo último de la investigación científica. Proliferaron pequeñas empresas de I+D, sobre todo en el ámbito de las nuevas tecnologías. Algunas de ellas (Apple, Microsoft, Intel, etc.) mostraron mucha mayor capacidad innovadora que las grandes corporaciones industriales de la posguerra. En conjunto, esta nueva política científico-financiera consiguió que los porcentajes de financiación pública y privada de la investigación se invirtieran. La macrociencia y la tecnociencia se distinguen entonces claramente por su estructura financiera. b) Convergencia reforzada entre ciencia y tecnología. Las relaciones entre ciencia y tecnología proceden de la sociedad industrial y se vieron considerablemente reforzadas con la emergencia de la macrociencia. En el caso de la tecnociencia, la interdependencia entre ciencia y tecnología es prácticamente total. Si los tecnocientíficos pretenden producir nuevo conocimiento y emprenden acciones científicas para ello (demostrar, calcular, observar, medir, experimentar, etc.), dichas acciones son literalmente inviables sin apoyo tecnológico. Recíprocamente, las destrezas técnicas y las innovaciones tecnológicas han de estar estrictamente basadas en conocimiento científico, no sólo vinculadas a él, porque así se incrementa la eficiencia económica de las acciones tecnológicas. El propio diseño de los experimentos y de los proyectos de investigación científica es tecnológico, puesto que hay que enunciar previamente unos objetivos, precisar una metodología y un plan de trabajo y prever los resultados que piensan obtenerse, valorando su posible importancia y utilidad, así como las expectativas de generar innovación. La ciencia es requisito de la tecnología y la tecnología de la ciencia, una hibridación que forma parte constitutiva de la tecnociencia. La vinculación entre ciencia, tecnología y empresa se intensificó a partir de los años ochenta, hasta el punto que la producción de conocimiento científico y tecnológico se convirtió en un nuevo sector económico, popularmente denominado de nuevas tecnologías, y técnicamente economía del conocimiento. La obtención, gestión y rentabilización de las patentes que resultan de la investigación en I+D+i pasó a ser una componente básica de la actividad tecnocientífica, tan importante como la investigación misma. Además, surgieron nuevas modalidades de explotación de la propiedad del conocimiento: licencias de uso, franquicias, suscripciones de acceso y conexión, etc. Por tanto, la gestión y el marketing del conocimiento también comenzaron a formar parte de las actividades de las empresas tecnocientíficas. Se introdujeron modelos empresariales de organización del trabajo y de gestión de la tecnociencia, muy distintos a los de las comunidades académicas clásicas. Los investigadores científicos comenzaron a ser considerados como trabajadores del conocimiento (Drucker, 1994). d) Redes de investigación. Si atendemos al principal escenario de la ciencia moderna, el laboratorio, la tecnociencia aporta cambios significativos. En el caso de la macrociencia los laboratorios se convirtieron en factorías de producción de conocimiento. Con el salto ulterior a la tecnociencia, adoptaron la forma de laboratorios-red, interconectados gracias a las tecnologías de la información. Frente al laboratorio aislado de la ciencia moderna, surgieron los laboratorios coordinados, que colaboran en un mismo proyecto y se dividen las tareas a llevar a cabo. Otro tanto ocurrió con los proyectos de investigación, en los que suelen colaborar diferentes equipos investigadores, empresas y países. En conjunto, el atomismo institucional que caracterizó a la ciencia moderna se ha visto reemplazado por una tecnociencia en red, con todas las consecuencias que ello tiene para la organización de la actividad científica y para la práctica investigadora. A partir de los años ochenta la colaboración entre los científicos y militares volvió a ser considerada como prioritaria en los EEUU, dándose por superada la crisis de la década 1966-76. Tras la guerra de Vietnam, el Pentágono comenzó a afirmar que los EEUU estaban perdiendo su supremacía tecno-lógica en relación a la URSS y que era preciso retomar la colaboración entre científicos, ingenieros y militares. Por tanto, el nuevo objetivo consistía en desarrollar tecnología militar, particularmente en el ámbito de las TIC, los misiles teledirigidos, la microelectrónica, los láser, la inteligencia artificial, la robótica, los nuevos materiales y los nuevos sistemas de propulsión para armas y barcos. Como resultado, las administraciones Ford, Carter y Reagan comenzaron a aprobar nuevos fondos para potenciar la investigación básica aplicada a cuestiones de Defensa. El sector privado, por su parte, también apoyó esta iniciativa, invirtiendo en universidades que tuvieran contratos con agencias militares. f) Planificación de la tecnociencia. Asimismo apareció un nuevo tipo de acción tecnocientífica: el diseño, discusión, aprobación, publicación y puesta en funcionamiento de Planes Nacionales y Regionales de Ciencia y Tecnología, con la subsiguiente creación de agencias específicas para diseñarlos, impulsarlos, gestionarlos y evaluarlos. La instauración de dichos sistemas y planes ha transformado la estructura de la actividad científico-tecnológica, al crear nuevos marcos o contextos de acción, por ejemplo los Programas Marco de la Unión Europea, o los Planes Nacionales y Autonómicos de I+D. La existencia de la tecnociencia pública depende de esas políticas de ciencia y tecnología. g) Tecnociencia y transformación del entorno. A diferencia de la ciencia moderna, cuyo objetivo principal era entender y explicar el mundo, la tecnociencia tiene como objetivo transformar el mundo, a pequeña o a gran escala. Las tecnologías de la información y la comunicación han cambiado radicalmente las relaciones sociales, contribuyendo a generar una nueva modalidad de sociedad, la sociedad de la información. De este cambio se han derivado múltiples innovaciones y transformaciones sociales. Las biotecnologías permiten modificar la estructura de la materia viva, generando nuevos tipos de genes, células y alimentos. Las nanotecnologías operan a una escala todavía menor, la escala nanométrica, pero su función no sólo estriba en conocer los nanocosmos, sino también en modificarlos, generando nuevos materiales y nanopartículas artificiales. Algunas tecnociencias también han tenido influencia a escala macrocósmica, por ejemplo la energía nuclear, que ha suscitado la posibilidad de un invierno nuclear en todo el planeta, aparte de plantear el problema de los residuos. Otro tanto cabe decir del problema del cambio climático. En suma, la tecnociencia no sólo plantea oportunidades, también riesgos. h) La gestión de la tecnociencia. Se requiere organizar el trabajo tecnocientífico y gestionar los recursos disponibles, no sólo a la hora de investigar, sino en todas las fases y contextos de la actividad tecnocientífica. El marketing y la propaganda son características específicas de la tecnociencia, por oposición a la ciencia clásica. Esta característica convierte a algunos científicos e ingenieros en empresarios y gestores del conocimiento. Los modelos de gestión del conocimiento forman otra componente importante de la actividad tecnocientífica, sea estatal o empresarial. i) Tecnociencia y derecho. La actividad tecnocientífica está regulada jurídicamente en varias de sus fases y, al desarrollarse en un mercado competitivo, da lugar a numerosos problemas y pleitos jurídicos. Los términos jurídicos mediante los cuales se registra una patente en las oficinas estatales correspondientes tienen importancia para el desarrollo ulterior de los proyectos y para el logro de beneficios. Por tanto, una empresa o agencia tecnocientífica también tiene una componente jurídica relevante. Abundan los casos en los que los mayores éxitos de una innovación dependieron del acierto a la hora de registrar y comercializar las patentes. j) Tecnociencia y valores. Desde un punto de vista axiológico, en la actividad tecnocientífica intervienen diversos tipos de valores. Aparte de los valores epistémicos, técnicos y económicos (y en su caso militares), en la actividad tecnocientífica están presentes otros valores: ecológicos, políticos, sociales, jurídicos, etc. Siendo plural la agencia tecnocientífica y actuando cada agente en función de su propio sistema de valores, los conflictos axiológicos son inexorables. k) Tecnociencia e informática. La ciencia moderna se apoyó ante todo en las matemáticas, mientras que la tecnociencia requiere un formalismo adicional, la informática. El gran auge de la informática y de las tecnociencias que se derivan de ella (cibernética, robótica, inteligencia artificial, telemática, etc.) no es un detalle incidental, sino que ilustra otro rasgo distintivo de la tecnociencia del siglo XX. La informática y las simulaciones constituyen las dos grandes novedades metodológicas del siglo XX, cuya irrupción, desarrollo y consolidación marcan el paso de la ciencia a la tecnociencia desde el punto de vista de los lenguajes formales y la metodología. l) Tecnociencia y sociedad de la información y el conocimiento. La macrociencia surgió en el marco de las sociedades industriales e implicó una industrialización del conocimiento científico. La tecnociencia, en cambio, está vinculada a una nueva modalidad de sociedad, que ha empezado a configurarse en las dos últimas décadas del siglo XX: la sociedad de la información y el conocimiento. Hay muchas diferencias entre ésta y la sociedad industrial, pero la más importante consiste en que la información y el conocimiento pasan a ser una nueva fuente de riqueza y poder. Por ello, el conocimiento científico deviene un bien básico para las grandes empresas y agencias tecnocientíficas. Las doce características anteriores permiten distinguir la ciencia de la tecnociencia. Si, además, se tienen en cuenta los seis rasgos distintivos de la macrociencia antes mencionados, el tránsito de la ciencia a la tecnociencia a lo largo del siglo XX queda suficientemente definido. PLURALIDAD DE ACTORES Y VALORES EN LA ACTIVIDAD TECNOCIENTÍFICA La transición de la ciencia a la macrociencia cambió la práctica científica al suscitar la colaboración activa entre distintos tipos de profesionales: científicos, ingenieros, técnicos, políticos, industriales y, en muchos casos, militares. Los macroproyectos de investigación se desarrollan a través de agencias tecnocientíficas (NSF, NIH, NASA, ESA, etcétera) con una estructura compleja, que integra a varios tipos de agentes o actores, cada uno de los cuales tiene sus propios intereses, objetivos y valores. Este contrato social de la ciencia, como dicha convergencia entre disciplinas y profesiones fue denominada, se consolidó y se amplió con la emergencia de la tecnociencia en los años ochenta. Una empresa tecnocientífica, además de científicos, ingenieros y técnicos, ha de incluir otro tipo de profesionales, concretamente gestores, asesores jurídicos, planificadores y expertos en marketing y en organización del trabajo. También ha de contar con aliados en ámbitos político-militares y con entidades financieras de respaldo. Es frecuente, además, que sea una empresa multinacional, con sedes y franquicias en varios países. Todos estos actores desempeñan tareas imprescindibles, aunque luego sean los científicos de mayor prestigio quienes aparezcan como portavoces a la hora de hacer públicos sus logros, si se opta por hacerlos públicos. El interior de la tecnociencia difiere radicalmente del interior de la ciencia, caso de que se mantenga la distinción interno/externo a efectos analíticos. Las acciones de cada uno de estos actores están guiadas por sus propios sistemas de valores. Partiendo de la hipótesis (Agazzi, 1992(Agazzi, y 1999) ) de que las acciones humanas están guiadas u orientadas por valores, y que dichos valores permiten estimar qué objetivos son relevantes y cuáles no, resulta que la actividad tecnocientífica está guiada por una pluralidad de valores, estructurados en subsistemas (Echeverría, 2003). Cada uno de los agentes que componen las agencias y empresas tecnocientíficas guía sus acciones y estrategias en función de su subsistema propio de valores. Además, tanto las evaluaciones de los resultados como las de los proyectos, acciones y objetivos propuestos dependen de esa pluralidad de criterios de valoración, que se cumplen sucesivamente. Los valores epistémicos (coherencia, precisión, rigor, adecuación empírica, verosimilitud, etc.) han de ser satisfechos, pero eso no basta. Además, los desarrollos tecnológicos que surjan de la investigación, o que la posibiliten, han de ser útiles, eficientes, robustos, rápidos, seguros, fiables e integrables en sistemas tecnológicos más complejos. Adicionalmente, hay que estimar los costes de la investigación (recursos humanos, infraestructuras, material fungible), así como los posibles beneficios económicos que pueden derivarse de ella (patentes, licencias); de lo contrario, las empresas tecnocientíficas no pueden atraer financiación privada para desarrollar sus proyectos. También se requieren equipos de gestión, expertos en marketing y asesores jurídicos. Por último, dichos proyectos han de insertarse en las líneas prioritarias de investigación, sean las de la empresa o las definidas por las autoridades de política científica en sus convocatorias de proyectos, acciones y programas. Por su parte, la tecnociencia militar ha de responder a objetivos estratégicos y ha de atenerse a normas de conducta (secreto, confidencialidad, disciplina estricta) que chocan con el ethos científico clásico. La utilidad social de los resultados de la investigación es otro de los valores a considerar en muchos programas de financiación pública, así como el respeto a determinados valores éticos y ecológicos, en el caso de que los proyectos a desarrollar planteen o puedan plantear problemas de índole moral o medioambiental. En suma, aparte del núcleo axiológico que guía las acciones tecnocientíficas, en el que ya surgen conflictos internos, la tecnociencia ha de tener en cuenta otros tipos de valores (sociales, culturales, éticos, incluso religiosos) que también limitan su campo de acción. También cambia profundamente la relación de la tecnociencia con el público y la sociedad. En el caso de la ciencia, la relación entre las comunidades científicas y el público se establecía ante todo a través de la educación y la divulgación, siendo los propios científicos quienes acometían ambas tareas. La paulatina irrupción y consolidación de la tecnociencia ha cambiado radicalmente esa relación con el público, al haberse producido una crisis de confianza de los ciudadanos con respecto a la investigación tecnocientífica y, en particular, respecto a los informes de los expertos. Las relaciones entre la tecnociencia y las sociedades son complejas, y a veces conflictivas. Algunas líneas de investigación suscitan dudas, si no rechazo social. Es preciso recordar la crisis de la macrociencia en los años sesenta, puesto que fue el origen de los estudios CTS (ciencia, tecnología y sociedad). La oposición en los EEUU a la Guerra del Vietnam y a la investigación científica con fines militares fue un primer ejemplo de esta pérdida de credibilidad de la macrociencia, que cristalizó en el movimiento de mayo de 1968. Otro tanto ocurrió en relación con la energía nuclear, que fue encontrando una oposición creciente en la sociedad, y no sólo por el recuerdo de Hiroshima y Nagasaki, sino también por el problema de los residuos nucleares producidos por los laboratorios o por los riesgos de accidentes en los reactores nucleares, algunos de los cuales formaban parte de los macrolaboratorios científicos y estaban ubicados en los campus universitarios. Algunas líneas de investigación comenzaron a ser consideradas como un peligro para la democracia, al estar al servicio exclusivo de organizaciones militares, y ser opacas sus actividades y resultados. La militarización parcial de la macrociencia fue criticada desde múltiples perspectivas, calando las críticas en la sociedad y llegando a algunos científicos y dirigentes académicos. Estas protestas tuvieron repercusión en un asunto que sería central en el debate de finales de los años sesenta y setenta: la exigencia de una mayor transparencia y control social y democrático de la investigación científica. Con ello se incidía en uno de los pilares del contrato social de la ciencia establecido a partir del informe Bush (1945), según el cual los científicos mantenían amplias cotas de libertad a la hora de elegir sus objetivos y líneas de investigación. En conjunto, cabe afirmar que en la década de los sesenta se pusieron en cuestión algunos de los postulados principales del sistema de I+D que había surgido tras la segunda guerra mundial. Con ello emergía un nuevo agente del sistema, la propia sociedad, y lo hacía de manera crítica. Desde el punto de vista axiológico, éste es el momento en que los valores sociales irrumpen con fuerza en la actividad científica, introduciendo nuevos criterios de valoración de la tecnociencia. La crisis de la década 1966-76 fue producto de la entrada de nuevos sistemas de valores, como los sociales, los ecológicos y los jurídicos, que hasta entonces habían tenido un peso relativo muy menguado en medios científicos. A partir de esa época, comenzó a ser indispensable la evaluación de los riesgos derivados de la actividad tecnocientífica, dando lugar a un nuevo ámbito de actividad, al que las sociedades actuales son muy sensibles: la evaluación y las políticas de riesgo (López Cerezo y Luján, 2000). En términos generales, cabe decir que la relación de la ciudadanía con la tecnociencia se ha deteriorado en algunos ámbitos, sin perjuicio de que también hay líneas de investigación e innovación que tienen un gran respaldo social, en particular en el caso de la tecnomedicina. En el fondo, se está expresando un cierto rechazo al nuevo y creciente poder tecnocientífico. El control social y la democratización de la ciencia (participación ciudadana en el diseño y evaluación de la investigación) son dos de los lemas que aglutinan esas fuerzas sociales que antaño miraban a la ciencia con admiración, y hoy contemplan a la tecnociencia con dudas crecientes 8. En muchos casos, esa preocupación tiende a convertirse en rechazo, sobre todo en aquellos países tecnocientíficamente dependientes, es decir, que no cuentan con recursos humanos, financieros ni organizativos como para desarrollar sus propias políticas científicas. No es extraño que sociedades enteras rechacen mayoritariamente la expansión del poder tecnocientífico a sus países, sobre todo cuando ello implica dependencia y colonización tecnológica. TECNOCIENCIA Y TEORÍA DEL ACTOR-RED: ENCUENTROS, DESENCUENTROS Y ALIANZAS El análisis previo de la tecnociencia contemporánea presenta muchos puntos de encuentro con la imagen de la tecnociencia reflejada a través de la teoría del actor-red. Aun cuando la definición de tecnociencia de Latour sea tan laxa que englobe toda la ciencia-tecnología, su énfasis en la hibridación entre ambas, en la pluralidad de elementos heterogéneos que contribuyen a su conformación, en el papel determinante de las prácticas y en la disolución de las fronteras entre el dentro y el fuera permiten plantear el valor de ANT como herramienta para arrojar luz sobre los procesos de producción de la tecnociencia actual. De hecho, los análisis ANT sobre episodios de tecnociencia contemporánea tienden a enfatizar los rasgos característicos de ésta anteriormente definidos. Los trabajos clásicos de Michel Callon (1986b) sobre el destino del coche eléctrico o de Bruno Latour (1996) sobre Aramis, el fracasado sistema de transporte público parisino, son dos casos en los que la tecnociencia se hace presente con todas sus notas definitorias de pluralidad de agentes y valores, financiación privada, y objetivos extracientíficos que cumplir; y en los que el fracaso en la estabilización de las redes proyectadas ha de buscarse en las complejas interacciones entre los elementos (humanos y no humanos) en juego. El reciente interés de Michel Callon (1998aCallon (, 1998b) ) por estudiar el comportamiento de los mercados económicos a través de ANT puede ser también una buena muestra de su utilidad en la aplicación a la tecnociencia. Y numerosos autores han recurrido a ANT para analizar los más variados episodios tecnocientíficos, desde defender el tratamiento ético de los tests genéticos comerciales (Williams-Jones, B. y J. E. Graham, 2003) hasta dar cuenta del desarrollo de los nuevos alimentos funcionales (Lehenkari, 2000). La inminente aparición del International Journal of Actor-Network Theory and Technological Innovation, dedicado al uso de ANT para explorar "los fenómenos sociotécnicos relacionados con la implementación y el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones" 9 es también otro indicio de las potencialidades de ANT para el estudio de la tecnociencia. Esta nueva revista es una iniciativa de la Information Resources Management Association, que ha identificado que ANT constituye un marco descriptivo habitual utilizado por la comunidad de investigadores sobre TIC. En particular, todo lo relacionado con la innovación distribuida y el trabajo colaborativo en las comunidades que desarrollan código abierto son campos de trabajo en los que ANT se ha aplicado de un modo iluminador (Tuomi, 2001). Mientras que la concepción praxiológica de la tecnociencia nos proporciona imágenes a escalas grandes y medias de la constitución de la tecnociencia contemporánea, la teoría del actor-red resulta esclarecedora para analizar en detalle la letra pequeña de los casos de estudio seleccionados. Entre una y otra, no obstante, es preciso realizar numerosas tareas de traducción para que su beneficio mutuo pueda visibilizarse, dado que el lenguaje de los valores y el foco preferencial en la agencia humana de la concepción praxiológica chocan con la terminología, la metodología y hasta la ontología de ANT. No obstante, si los valores no se entienden como predeterminados de antemano y los valores epistémicos se reconvierten en portavoces de la agencia material, la compatibilidad aparece como viable. Los últimos desarrollos de ANT, además, muestran, aparte de su maleabilidad como herramienta, sus potencialidades para ocuparse de las cuestiones de poder, justicia e inclusión que resulta imprescindible abordar en un análisis político de la tecnociencia. Recibido: 20 de julio de 2008 Aceptado: 1 de septiembre de 2008 NOTAS 1 "Actor-network theory" (ANT) se ha traducido tanto como "teoría de la red de actores" como por "teoría del actor-red". La expresión inglesa permite ambas versiones en castellano, mostrando así la complejidad misma de la idea que pretende captar la teoría. Preferimos, sin embargo "teoría del actor-red" porque, "un' actor-red' es simultáneamente un actor cuya actividad es crear redes de elementos heterogéneos y una red que es capaz de redefinir y transformar aquello de lo que está conformada" (Callon 1987: 93). No se trata del establecimiento de redes entre actores predeterminados, sino que ambos, actores y redes, se conforman mutuamente en procesos simultáneos en los que el actor mismo funciona como red. 2 Law (1986b) también presentó en aquel momento su caso de estudio fundacional, sobre el colonialismo portugués. 3 Aplicada a la tecnociencia, la performatividad narra el modo en el que las prácticas de actores tanto humanos como no humanos en interacción generan los productos de la ciencia y la tecnología. La aproximación performativa ha sido ampliamente utilizada en los estudios sobre ciencia por autores como Bruno Latour, Donna Haraway, Joseph Rouse o Andrew Pickering. 4 Otros enfoques derivados de ANT que prestan una especial atención a las implicaciones políticas de la tecnociencia y a las cuestiones de justicia e igualdad, son los derivados de la intersección entre ANT y feminismo. Los trabajos de Vicky Singleton, Susan Leigh Star y Donna Haraway son algunos de los ejemplos más relevantes de este encuentro. 6 Este tipo de criterio para distinguir la macrociencia se convirtió en estándar. En el World Inventory of "Big Science" Research Instruments and Facilities editado en 1986 por el Congreso de los EEUU, se hablaba de macrociencia para aludir a grandes aparatos científicos que hubieran sido construidos con posterioridad a
Al abordar los cambios más recientes en la investigación científica y tecnológica, han sido varios los enfoques que han tomado como elemento central de estos procesos una nueva y compleja configuración de las relaciones entre academia, empresas y gobierno/sociedad. El reajuste en las relaciones entre estos ámbitos tiene su origen en la crisis energética de los años setenta del siglo XX y las presiones presupuestarias a las que los gobiernos occidentales han tenido que enfrentarse en las décadas de los ochenta y los noventa. En ese contexto de cambio se han generado distintas corrientes de pensamiento que intentan dar cuenta de formas muy distintas del papel de la ciencia y la tecnología en la sociedad y en el desarrollo económico. De un lado, el énfasis en los riesgos asociados a los avances científicos (e.g. el impacto de la innovación tecnológica para el medio ambiente o la posible deriva armamentística de algunos desarrollos científicos) y las nuevas desigualdades económicas asociadas al desarrollo tecnológico dan lugar al surgimiento de movimientos críticos dentro de las disciplinas tradicionales de las ciencias sociales, entre los que destaca la corriente de los Estudios de Sociales de la Ciencia (Fuller,1993). De otro lado, la crisis económica también provoca que gobiernos y empresas acudan a la ciencia y la tecnología en busca de un soluciones a la dependencia energética, que en ocasiones se entienden como una panacea frente a la recesión económica y el crecimiento del desempleo (Shin, 2002). A partir de este período de transformación de la actividad de I+D y de efervescencia de ideas respecto a su situación y sus funciones es desde donde hay que entender las interpretaciones sobre la transformación de la ciencia y la tecnología que se tratan en este artículo. Diversos estudios provenientes de la sociología, la economía y la filosofía de la ciencia realizados durante los setenta y los ochenta (Leydesdorff, L. y Etzkowitz, H., 1996) van coincidiendo en una visión de la ciencia como un sistema dinámico que depende no sólo de factores internos a sus organizaciones y al quehacer de los científicos, sino también por determinantes externos de carácter social o político. Al mismo tiempo, se van abandonando progresivamente los modelos que conciben la relación entre ciencia básica, aplicada y desarrollo tecnológico de una forma lineal debido a que no son capaces de dar cuenta de la verdadera complejidad de las vinculaciones multidireccionales entre estos ámbitos. Todas estas cuestiones aparecen de trasfondo en la pretensión de describir el cambio estructural producido en la investigación científica y tecnológica y vincularlo a los cambios sociales. A esa tarea han dedicado sus esfuerzos los autores que han dado lugar a los tres enfoques sometidos a análisis en este artículo -Modo 2, ciencia posacadémica y ciencia posnormal-. Estas tres perspectivas han adquirido una importancia notable en la reflexión teórica y muchas de sus categorías de análisis han conseguido permear el ámbito de las políticas de I+D. Los tres enfoques analizados convergen en señalar el fin de un período clásico en la manera de hacer y gestionar la ciencia, lo cual ha dado paso a un sistema en el que las demandas y los controles sociales sobre los resultados científicos son mucho más fuertes. De ahí el interés por abordar conjuntamente sus contenidos y principales rasgos desde una revisión crítica en el momento actual que permita valorar sus fortalezas y puntos débiles. El artículo aborda cada uno de los tres enfoques, haciendo un repaso detallado de los autores y obras representativas de cada uno de ellos. Esto se acompaña de una valoración de sus contribuciones más significativas al ámbito de los estudios de la ciencia y la tecnología. Se analizan los conceptos clave, las principales asunciones teóricas y sus aportaciones metodológicas. La revisión crítica permite interpretar el alcance e interrelación de sus postulados. El artículo realiza un metaanálisis sobre los tres enfoques prestando atención sus las características distintivas. Se intenta identificar qué corrientes de pensamiento inspiran las principales ideas, si éstas están formuladas como teorías explicativas y si sus enunciados se exponen de manera operativa para que puedan ser testados. También se tiene en cuenta la existencia de un componente normativo de fondo, si se pretende constituir un programa de investigación y, finalmente, si han dado lugar a cierta acumulación empírica que permita progresar a las diversas hipótesis. Las conclusiones obtenidas al ponerlos en conexión y valorarlos transversalmente posibilitan discernir su vigencia como marcos de análisis sobre la I+D y la innovación, así como su posible aplicabilidad práctica real. LA NUEVA PRODUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO Características principales de la tesis del "Modo 2" Las tesis del "Modo 2" se recogen en dos obras clave. La primera de ellas se publicó en 1994 bajo el título The New Production of Knowledge: The Dynamics of Science and Research in Contemporary Societies, a cargo de Gibbons, Limoges, Nowotny, Schwartzman, Scott y Trow. Los autores son científicos de diferentes países (Inglaterra, Canadá, Austria, Brasil y Estados Unidos) 1. El libro pronto adquiere gran notoriedad pública recibiendo adhesiones en ámbitos universitarios y también políticos, lo que se traslada a una importante influencia entre los gestores de sistemas científicos. El contenido gira en torno a los rasgos que caracterizan al emergente modo de producción del conocimiento que ellos denominan "Modo 2", frente al anterior "Modo 1". Pese a la rápida expansión del uso de estos términos, las críticas que recibe esta obra ponen de relieve sus ambigüedades al caracterizar el Modo nueva publicación tampoco está exenta de juicios críticos negativos. Por el contrario, suscita "nuevas perplejidades relacionadas con el concepto de sociedad implícito, las dimensiones políticas que conlleva, la carga valorativa del modelo y, más específicamente, la idea misma de ciencia a la que se refiere" (Albornoz, 2003, 225). El Modo 1 de producción de conocimiento se identifica con la investigación tradicional, cuyo carácter es disciplinar, homogéneo y jerárquico. Es decir, la producción de conocimiento se realiza en organizaciones jerárquicas permanentes (universidades y centros de investigación) con el objetivo de avanzar en el conocimiento de la realidad para satisfacer los propios intereses académicos y disciplinarios. Sus metas son fijadas, por tanto, por los investigadores, así como el control de la calidad, que recae en manos de la comunidad de pares; tras lo cual, los resultados obtenidos pasan a ser de dominio público. El Modo 2, sin embargo, presenta todos los rasgos opuestos: es transdisciplinar, heterogéneo y heterárquico. El Modo 2 se define también por el hecho de que en él se prima la aplicabilidad y la utilidad social. La investigación en el Modo 2 traspasa los límites disciplinares, la realizan grupos no jerárquicos creados ad hoc para atender demandas sociales específicas. Se trata de una producción de conocimiento orientada al contexto de aplicación. La validación de los resultados, que son protegidos por patentes, descansa, principalmente, en la aceptación social. El cuadro 1 contrasta de manera resumida los principales rasgos diferenciadores de los dos modos de producción de conocimiento, siguiendo la aportación de Gibbons et al. A continuación se detallan las características más determinantes del Modo 2 de producción de conocimiento: -Contextos dinámicos de aplicación. El conocimiento del Modo 2 se produce en contextos dinámicos de aplicación. Esto significa que, primando la praxis por encima de cualquier otra consideración, se mantiene una actitud de permeabilidad a demandas y necesidades externas. De esa forma, se buscan soluciones a problemas concretos de interés social, lo que, a su vez, requiere negociaciones continuas con actores no académicos. -Transdisciplinariedad. La construcción de consensos concretos trasciende el ámbito disciplinar, exigiendo de los científicos mayores dosis de flexibilidad en la adaptación de sus planteamientos y prácticas metodológicas a las particularidades que presente cada objeto de estudio. Se requiere articular teorías, técnicas y procedimientos provenientes de diferentes ámbitos mediante el trabajo en equipo. Prevalecen las zonas híbridas, donde se produce una intersección entre disciplinas e integración de ciencia básica y ciencia aplicada. -Heterogeneidad organizativa. Esta nueva forma de producir conocimiento ya no se concentra en las universidades y centros de investigación, sino que se multiplican los entornos potencialmente generadores de conocimiento. Pasa a ser predominante la heterogeneidad y la diversidad en lo que respecta a los modos de organización y las formas de trabajo, cuya interacción se canaliza a través de diferentes redes de comunicación. -Responsabilidad social. Para atender adecuadamente la naturaleza de nuevos problemas con raíz social, los científicos han de intensificar su sensibilidad y compromiso, en especial hacia las implicaciones éticas y políticas de su trabajo. El Modo 2 es, en ese sentido, más reflexivo. -Control social de la calidad. En el proceso de rendición de cuentas de los resultados se incorporan criterios de índole pragmática y también intervienen otros actores sociales, hasta ahora ajenos al quehacer científico. En la reformulación posterior de los autores en Re-thinking Science, se introducen nuevos términos e ideas, tales como: Diferentes formas de contextualización (débil, media y fuerte) reflejan la diversidad en las relaciones entre ciencia y sociedad. El orden posmoderno es heterogéneo. -Ágora. Las audiencias heterogéneas se dirigen a los productores de conocimiento en el ágora, que abarca el ámbito político y el mercado. Es el lugar de donde parte la generación y la solución de los problemas y donde se produce la contextualización del conocimiento. -Comunicación inversa. Se produce desde la sociedad a los productores de conocimiento. La sociedad decide qué es conocimiento. El conocimiento se genera a partir de relaciones fluidas entre el estado, los mercados y la industria. -Expertos. Actúan en un marco de conocimiento distribuido socialmente atendiendo las necesidades sociales. -Conocimiento robusto socialmente. Su validez descansa en una amplia comunidad formada por productores, diseminadores, comerciantes y usuarios del conocimiento. Esta nueva epistemología alude a la sistematización de la orientación de la investigación hacia la aplicación (Shin, 2002). Pero, básicamente, Rethinking Science transmite en lo fundamental el mismo mensaje que The New Production of Knowledge. Esto es, Nowotny, Scott y Gibbons subrayan el final de la ciencia disciplinaria, del predominio de las universidades y de la investigación de laboratorio. La diferenciación entre conocimiento científico y sociedad da paso a la relevancia de lo social y de las demandas de las empresas. El criterio rector, por tanto, es utilitario (Albornoz, 2003). La alta valoración social que adquiere la ciencia se debe a que proporciona conocimientos útiles para la vida de los ciudadanos. Ante la pregunta de si el Modo 2 representa un nuevo paradigma epistemológico y metodológico, surgen muchas dudas, pues su incidencia en la formulación de políticas públicas contrasta con extendidas y contundentes críticas -Carácter normativo de la propuesta. Otra de las críticas con mayor consenso dentro de las revisiones que se han hecho al Modo 2 es la de su pretensión normativa, pues describe un conjunto de prescripciones nada obvias correspondientes a un posible programa de política científica que, como tal, es posible orientar en función de los intereses. Godin (1998) lo percibe nítidamente como un alegato político con mezcla de elementos descriptivos y normativos, donde la caracterización de la investigación propia del nuevo modo de producción del conocimiento está supeditada al desiderátum social y político y el tipo de discurso parece más cercano a una ideología política que a una teoría descriptiva. De hecho, si no han faltado los objetores a estos textos es, precisamente, porque "no es fácil percibir si se limita a una descripción fenoménica de tendencias emergentes, o la prescripción de nuevas conductas y pautas organizativas o al desarrollo de nuevas perspectivas cognitivas" (Albornoz, 2003:225). Adicionalmente, las tesis del Modo 2 se han calificado abiertamente de manifiesto político (Shin, 2002). Desde este punto de vista, se interpreta que sus autores creen en un nuevo orden cognitivo y social y tratan de per- Scott y Gibbons destacan la coevolución de la ciencia y la sociedad, no se puede interpretar un sentido universal (Pestre, 2003), sino que se refieren a una sociedad concreta, donde los contornos de los estados-nación se han difuminado y tampoco existe una nítida demarcación entre la esfera pública y la privada. En ese nuevo contexto, el estado ha disminuido su responsabilidad en la política social, predomina la imagen política y los avances en los marcos regulatorios de la ciencia y la tecnología se fundamentan en amplias negociaciones entre diferentes actores sociales (Albornoz, 2003). En consonancia con esto, Vara y Hurtado de Mendoza (2007) advierten que los autores firmantes del Modo 2 están implicados activamente en la elaboración de políticas públicas, por lo que representan el establishment en sus países de origen y en la Unión Europea. Critican la ausencia de los países periféricos, a los que no se les presta atención alguna, por lo que son contrarios a que se traslade a otros escenarios donde las necesidades y las reglas de juego son diferentes. En 2003 Nowotny, Scott y Gibbons 2 responden a las críticas que se habían vertido hasta entonces sobre los dos textos, insistiendo en la vigencia de su tesis sobre la enorme transformación que ha sufrido la producción de conocimiento y el proceso de investigación. El Modo 2 -reiteran-no sólo es un concepto (que puede ser objeto de manipulación), sino que también lo defienden como proyecto y ejemplo de distribución social del conocimiento. Consideran que el escepticismo frente al mismo procede de aquellos que más tienen que perder en la nueva situación: los investigadores establecidos en disciplinas e instituciones, y advierten que las ideas contenidas en el Modo 2 no pueden ser codificadas en las formas tradicionales de las publicaciones científicas. Argumentan que sus dos libros fueron escritos como ensayos reflexivos, y no como estudios empíricos, con la intención de crear un nuevo lenguaje de investigación que permitiera el análisis detallado de las tendencias que ellos describen. Nunca pretendieron que la idea de Modo 2 se convirtiera en una etiqueta para la ciencia aplicada. cidencia de los factores sociales en la actual configuración de la producción de conocimiento es preciso desprenderse de una visión demasiado idealizada y optimista sobre los cambios que afectan a la ciencia. Sólo así podrá aflorar el amplio abanico de elementos que entran en contraposición en ese proceso, no exento de efectos difíciles de predecir. A pesar de la diversidad de planteamientos que pudieron incidir en el desarrollo de los contenidos de The New Production of Knowledge, el contexto en el que se realizó el informe que dio lugar a las tesis del Modo 2 recibe influencias de las corrientes postmodernas en los estudios de la ciencia. Quizá debido a ese influjo la pretensión de estos autores -tal y como ellos mismos reconocen-era de carácter ensayístico, sin el propósito de que sus tesis fueran comprobadas mediante el contraste empírico. Respondería, de esa manera, su ejercicio a lo que Boudon (2004) denomina "sociología expresiva", identificando bajo esa etiqueta a aquellas obras que han destacado durante un tiempo por la forma en que expresaban situaciones de la vida social. John Ziman, tras una brillante carrera en física y algunas experiencias de colaboración en gestión universitaria, transitó gradualmente hacia el estudio de los determinantes sociales de la ciencia que combinó con posiciones militantes con respecto a la reflexión pública del papel cambiante de las ciencias y los científicos en las sociedades posindustriales. Si bien sus primeros trabajos de Filosofía de la Ciencia datan de finales de los años sesenta (Ziman, 1968), y aunque ya en esa década había colaborado en algunos informes para varias oficinas oficiales, no fue hasta los años setenta, cuando abandonó definitivamente la investigación en física, que las reflexiones de Ziman sobre los determinantes sociales de la ciencia maduraron y constituyeron el núcleo de su actividad. Cuando escribe sus trabajos sobre ciencia posacadémica Ziman era ya bastante conocido por sus ensayos sobre las características de la "gran ciencia", ensayos éstos con un importante componente de divulgación. Sus elaboraciones más relevantes en la línea de pensamiento que aquí se trata se inician en los años ochenta, cuando Ziman es nombrado primer director del Science Policy Support Group. Se trata de un grupo de asesoramiento independiente creado bajo los auspicios de varios Research Councils británicos (especialmente el de ciencias sociales y económicas), con el objetivo de reunir información e impulsar programas de estudio estratégicos en asuntos de política científica. En este foro confluyen entonces numerosos especialistas de varias instituciones y especialidades que dan lugar a un importante grupo de informes de diagnóstico sobre el estado de la I+D, algunos de ellos realizados en estrecha colaboración con SPRU 3. Es en este contexto en el que surgen varios escritos que ya contienen los conceptos seminales de Ziman sobre el estado de la I+D que posteriormente desarrolla en sus libros, sobre todo los informes Science in a Stedy State (Ziman, 1997) y Restructuring Academic Science (1989), y que tienen una especial trascendencia en el ámbito político. De esta forma, Ziman constituye en esos años un importante referente público en los debates acerca de las reformas en los sistemas de I+D, especialmente intensas en los países anglosajones en esa época. De hecho, algunas de las elaboraciones de Ziman en el SPSG son al mismo tiempo un diagnóstico y una llamada de atención a los límites de las reformas sobre el sistema científico y universitario que lleva a cabo el gobierno británico en la década de los ochenta 4. Sin embargo, el calado de su obra en la teoría social referida a I+D es algo más limitado, posiblemente porque ni la sensibilidad ni el método de trabajo de Ziman se corresponden con el de los corrientes científico-sociales dominantes en este campo (Ravetz, 2005) (Lipton, 2003). En Prometheus Bound: Science in a Dynamic Steady State (1994), John Ziman examina la ciencia que comienza a enfrentarse a un futuro en el que los recursos ya no crecen o lo hacen a un ritmo mucho más lento que en décadas anteriores. El crecimiento exponencial de los recursos dedicados a la ciencia que caracterizó a las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial y que había acabado siendo tomado como norma por unos científicos acostumbrados a sus privilegios termina, y la ciencia empieza a competir por los medios económicos con otras prioridades de unos Estados occidentales que muchas veces se enfrentan a déficit presupuestarios que hacen necesaria la revisión de la gestión pública de la actividad científica. Compartiendo gran parte de las ideas de Nowotny et al. acerca de las transformaciones de los sistemas de I+D y del modo de producción científica, Ziman dedica una atención mayor -quizá motivado por cuestiones biográficas-a las consecuencias que estos cambios tienen para los investigadores. En este sentido, y como veremos más adelante, una de las ideas de Ziman más reconocidas y citadas en la literatura la constituye su enmienda a las tesis mertonianas acerca de las fuentes de legitimación de la actividad de los científicos en las sociedades post-industriales. La motivación central de la obra de Ziman dedicada a la noción de ciencia posacadémica es la de aportar una caracterización de lo que para el autor constituye una "transformación radical, irreversible y mundial de la manera en que la ciencia se organiza y ejecuta" (Ziman, 2000, 7), aunque Ziman no es particularmente exhaustivo al explicar las causas de esta transformación. El principal mecanismo detrás del cambio es, básicamente, el aumento de la competición por los fondos destinados a investigación en una economía caracterizada por una creciente competencia de mercado. Ante estas presiones, la ciencia académica se ha contaminado de las prácticas de la ciencia industrial para dar lugar a un sistema de innovación que él llama postacadémico (y otras veces posindustrial o de "estado estable") y que se caracteriza por un mayor grado de burocratización, un mayor énfasis en la utilidad directa de la producción científica, la necesidad de rendir cuentas ante la sociedad y por transformar la ciencia en una proyecto colectivo, en el que el individualismo de los científicos académicos tradicionales ha sido definitivamente socavado. La colectivización de la ciencia, concepto fundamental en el retrato que Ziman traza de la ciencia posacadémica, se refleja en el hecho de que los científicos de hoy en día tienen menos autonomía en la elección de sus problemas de investigación, ya que los objetivos de la investigación son establecidos por diversas organizaciones no científicas y, además, se ven ahora obligados a trabajar en un marco social más organizado en el que tienen que demostrar su experiencia como miembros de equipos de investigación. De esta forma, según Ziman, la colectivización de la ciencia no sólo ha cambiado la función social externa de la ciencia, sino que ha alterado también la sociología interna del colectivo de investigadores. En este punto, el autor parte, transformándola, de la caracterización clásica que en 1942 Robert Merton hiciera de las normas que gobernaban la actividad de la comunidad científica, conocida por su acrónimo en inglés CUDOS, y que coincide fonéticamente con el término griego kudos, traducible por renombre o fama derivada de un logro o descubrimiento. Las conocidísimas normas mertonianas que resumen los principios de la buena ciencia son el Comunalismo, el Universalismo, el Desinterés, la Originalidad y el E(S)cepticismo. Merton caracterizó así el ethos de la ciencia por el hecho de que los resultados de la investigación pertenecían a la comunidad científica en su totalidad y debían ser compartidos de forma desinteresada por aquellos que buscaran ampliar las fronteras del conocimiento mediante el trabajo original y heterodoxo. Para Ziman, estas normas son las que caracterizan la tradición de la ciencia académica, y sobre todo, la ciencia básica, pero no sirven para entender las dinámicas sociales que rigen la ciencia postacadémica. La ciencia postacadémica, en la medida en que está fuertemente condicionada por los intereses industriales y comerciales, queda caracterizada por su carácter apropiable o interesado, por estar sujeta a la autoridad de los gestores, por proyectos realizados por encargo, y llevada a cabo por expertos locales (en inglés: Propietary, Local, Authoritarian, Commisioned and Expert). El acrónimo inglés PLACE, traducible por posición o puesto, daría así cuenta de lo que el investigador que se dedica a la ciencia industrial consigue al trabajar en esta rama de la ciencia (Ziman, 1995). Se ha interpretado, y de ello en parte es responsable el propio Ziman, que PLACE constituye así un ethos prácticamente antitético al mertoniano, aunque se hace evidente que contraponer CUDOS a PLACE de una forma directa es un ejercicio algo forzado pues las nociones que constituyen el segundo de estos acrónimos no tienen el carácter normativo de los principios de Merton, sino que son, más bien, características que, en todo caso, describirían, de forma no particularmente exhaustiva ni analítica, algunas de las características de algunas de las ramas investigadoras de la ciencia posacadémica. Al igual que en el caso de las tesis acerca del Modo 2, la noción de ciencia posacadémica de Ziman no se apoya sistemáticamente en el análisis empírico de los sistemas de I+D contemporáneos (Hicks et al, 1996, Krige 1996) ni en la comparación de indicadores a lo largo del tiempo. El estilo del trabajo de Ziman es fundamentalmente ensayístico y, en ocasiones, incurre en contradicciones entre algunas de sus propuestas. Por ejemplo, y al igual que sucede en el caso del Modo 2 de producción científica, Ziman es ambiguo con respecto a si la ciencia posacadémica tiene que ser vista como un tipo de actividad que convive con las formas tradicionales o si, por el contrario, las sustituye (Hessels y Van Lente, 2008). Pero Ziman no es sólo ambiguo con respecto a si la ciencia postacadémica sustituye o no a la ciencia académica, sino con respecto, y esto quizá sea más espinoso, a la posibilidad de convivencia entre ambas. Ziman sostiene, a un tiempo, que la ciencia postacadémica supone una revolución sin precedentes, implacable e irreversible y, por otro lado, que el término no implica un rechazo o una revocación de los objetivos tradicionales y que indica más la continuidad que la diferencia, porque la ciencia académica y posacadémica se funden entre sí (Ziman, 2003). Se trata por tanto de una contribución sugerente, inserta en una tesis más general acerca de los determinantes sociales de las normas epistémicas de los científicos, pero que adolece de una formulación empírica, o siquiera analíticamente fuerte, que cabría esperar de una caracterización sociológica de las transformaciones contemporáneas en la ciencia. En cuanto a las implicaciones normativas de la transformación de la ciencia contemporánea, Ziman muestra una particular preocupación acerca de la posibilidad de que la ciencia posacadémica, al impedir que los científicos pasen de elegir problemas que les resulten intrínsecamente interesantes en favor de otros dictados por los intereses del gobierno o la industria, genere un tipo de conocimiento más fragmentado y menos integrado en el sistema general. Pero, sobre todo, le preocupa que en un régimen donde el patrocinio es más directo la posibilidad de sesgos se amplíe (Segerstrale, 2001). Sin embargo, y dada la posición mediadora de Ziman en las guerras de la ciencia entre aquellas caracterizaciones idealizadas y prescriptivas, por un lado (que él resume bajo la rúbrica de "la leyenda"), y otras nociones más desencantadas próximas a enfoques constructivistas (Schimank, 2001), el autor entiende que la ciencia se caracteriza, sobre todo, por su habilidad de adaptación constante a un entorno cambiante. Aboga, por tanto, por una epistemología evolucionista (en la línea de algunos trabajos de Karl Popper, Donald Campbell y otros) en la que la ciencia avanza gracias a los principios evolutivos de "variación ciega" y "retención selectiva" en un proceso abierto. Paralelamente en el tiempo -inicios de los años noventa-surge el enfoque de la "ciencia posnormal". La autoría de este enfoque se debe a la contribución conjunta de Silvio Funtowicz 5 y Jerome Ravetz 6, quienes desde 1992 han venido desarrollando sus postulados en diversos artículos científicos -especialmente el publicado en Futures en 1993-relacionados con la resolución de problemas medioambientales 7. Los planteamientos de fondo de estos autores aceptan la coexistencia de distintos modos de producción científica, adoptando un punto de vista que entiende la forma de funcionamiento de la I+D como un sistema complejo, y que está alejada de supuestos reduccionistas y mecanicistas. En esos contextos contemporáneos de gran complejidad la ciencia se ve limitada para proporcionar respuestas definitivas, lo cuál constituye la situación que da lugar a la diversificación de formas de producir conocimiento. El nombre de ciencia posnormal deriva de la aportación de Thomas Kuhn, quien en 1962 en The Structure of Scientific Revolutions, introduce el concepto de "ciencia normal" como parte de su teoría sobre el progreso del conocimiento científico mediante consecutivos cambios de paradigma. Dichos cambios se producen por la alternancia de períodos de estabilidad -ciencia normal-, donde se han acordado una serie de reglas bajo las cuales la ciencia intenta dar soluciones a los enigmas que se plantean, con otros períodos de crisis -ciencia revolucionaria-en los que las reglas hasta entonces comúnmente aceptadas se ponen en cuestión y se resuelven las contradicciones generadas. La ciencia normal de Khun se centraría, por tanto, en la resolución de problemas sin poner en entredicho el marco analítico general o los contornos del paradigma vigente en un momento determinado. Tal es la tarea a la que el colectivo de los científicos consagra la mayor parte de su tiempo y dedicación, sosteniendo y alimentando el dogmatismo científico. Sin embargo, la investigación disciplinaria tradicional encuentra importantes limitaciones cuando la sociedad ha de resolver asuntos de carácter transdisciplinar, por ejemplo, en el caso de las políticas públicas sobre riesgos medioambientales, que son transnacionales y afectan a varias generaciones. En esos casos no existe un marco incuestionable y ahí es donde surge la ciencia posnormal (van der Sluijs, 2007). No cabría, sin embargo, identificar la ciencia posnormal con la ciencia extraordinaria kuhniana, es decir, con los períodos de crisis de un paradigma, porque a diferencia de los períodos revolucionarios de Kuhn, no se refiere a situaciones transitorias que con el tiempo darán paso a un nuevo período de ciencia normal. Se trata de estados permanentes, en los que la incertidumbre proviene de las características mismas de los sistemas implicados, y se trataría además, de situaciones cada vez más comunes (Diéguez, 2006). El punto de partida de la ciencia posnormal de Funtowitz y Ravetz es el reconocimiento de que la incertidumbre es inherente a los sistemas complejos. Encontrándonos inmersos en ellos es necesario tomar decisiones, incluso antes de contar con evidencias científicas y, sin embargo, el impacto potencial de tales decisiones es muy grande, a lo que se une la existencia de valores en disputa. Por otro lado, la base del conocimiento se caracteriza por las incertidumbres, la multicausalidad y el entendimiento imperfecto. De ese modo, el incremento de la investigación no implica, necesariamente, una reducción de la incertidumbre y es siempre preciso considerar la existencia de consecuencias imprevistas. En los análisis científicos predomina el uso de modelos, escenarios, asunciones y extrapolaciones, pero muchos valores se esconden, precisamente, tras el propio planteamiento de los problemas, los indicadores que se eligen o las asunciones que se realizan (van der Sluijs, 2007). La ciencia posnormal -según Funtowicz y Ravetz-sería la situación en la que se encuentra la investigación científica cuando ha de enfrentarse a situaciones que implican una incertidumbre profunda, una realidad ambigua y unos criterios confusos de calidad. Así, en un problema que conlleva riesgos ambientales globales los hechos son inciertos, existen valores en disputa, el riesgo es alto y las decisiones urgentes. En tales circunstancias una metodología simple no sirve, sino que hay que elegir la estrategia científica de resolución de problemas más adecuada. Las opciones entre las estrategias que estos autores proponen las representan en un diagrama en cuyos ejes ubican el riesgo en las decisiones -lo que se pone en juego-y la incertidumbre de los sistemas, atributos opuestos a lo que tradicionalmente se pensaba que caracterizaban a la ciencia, a saber, su certeza y neutralidad valorativa. Este diagrama muestra la interacción de los aspectos epistémicos (conocimiento) y axiológicos (valores) de los problemas científicos y ahí reside la novedad de su planteamiento. En este diagrama se representan la ciencia aplicada, la consultoría profesional y la ciencia posnormal, que surgen -por ese orden-según aumenta el grado de intensidad de la incertidumbre y de los riesgos de un problema determinado. Cuando ambos son bajos, nos encontramos con la ciencia aplicada, donde la habilidad profesional y el conocimiento especializado siguen siendo eficaces para la resolución. En ese primer estadio, las incertidumbres de los sistemas se sitúan en los aspectos técnicos a los que se puede hacer frente siguiendo los procedimientos estándar. Si ambos -riesgos e incertidumbres-son de nivel medio, entonces la aplicación de las técnicas rutinarias no es suficiente, se necesita combinarlo con otras habilidades y destrezas porque surgen aspectos más complejos -como la fiabilidad de las teorías que se utilizan-. La incertidumbre aparece en el nivel metodológico. Por eso, aunque la consultoría profesional incluye la ciencia aplicada, los problemas a los que ha de hacer frente requieren una estrategia diferente para la resolución completa. "La consultoría profesional exige creatividad, así como dispo- nibilidad para captar las situaciones nuevas e inesperadas y asumir la responsabilidad por sus resultados" (Funtowicz y Ravetz, 2000, 44). Por último, el tercer tipo de estrategia de resolución de problemas se produce cuando las incertidumbres son elevadas y es mucho lo que se pone en juego. En esa situación los afectados persiguen objetivos contradictorios entre sí. Como ocurría en el caso anterior, la ciencia posnormal abarca los estadios inferiores -consultoría profesional y ciencia aplicada-pudiendo formar parte de la resolución, pues no todos los aspectos implicados conllevan una incertidumbre alta o valores en conflicto. Sin embargo, las tareas profesionales o los ejercicios de investigación aplicada no pueden dominar el proceso de toma de decisiones. La ciencia posnormal aparece cuando las incertidumbres son de tipo epistemológico o ético, o cuando lo que se pone en juego en las decisiones refleja intereses en conflicto entre aquéllos que arriesgan algo en el juego. Por lo tanto, en la ciencia posnormal coexisten la gestión de la incertidumbre con la observación de los fenómenos bajo el prisma de los fundamentos teóricos y todo ello, a su vez, con la pluralidad de perspectivas y compromisos (van der Sluijs, 2007). La ciencia posnormal implica investigación en la intersección entre ciencia y política donde las incertidumbres y la carga valorativa son cruciales. Puede ser interpretado como el proceso de elaboración de una política pública en el que se incorporan prioridades, personas, procedimientos, productos y análisis postnormal, extendiéndose también a las fases de implementación y seguimiento. Consecuentemente, dependiendo del contexto en particular, la tarea tendrá más componentes de investigación o de creatividad innovadora de carácter técnico-social. Todo el proceso es en sí un sistema complejo donde se interrelacionan elementos naturales con otros técnicos y sociales. Efectivamente, en nuestra sociedad moderna los científicos y otros profesionales asumen determinados liderazgos en aspectos técnicos que sirven de apoyo a la toma de decisiones políticas. Sin embargo, se viene comprobando en las últimas décadas que únicamente su pericia no resulta suficiente para resolver grandes dilemas que afectan a la ciencia en el mundo actual. Cuando los riesgos no son cuantificables o el daño potencial puede ser irreversible, es imposible hacer recaer en las metodologías hasta ahora utilizadas y las formas tradicionales de conocimiento la orientación de las políticas públicas. Ése es el espacio de la ciencia posnormal, donde la práctica científica puede afrontar los desafíos implícitos en los contextos complejos en los que colisionan pluralidad de actores y valores. Para ello se articula -y ésta es la característica más destacable de la ciencia posnormal-la participación pública. Ciertamente, la propuesta más novedosa y reseñable que aporta el enfoque de la ciencia posnormal consiste en la denominada "extensión de la comunidad de pares" como reflejo de la incorporación de la participación pública en la resolución de los problemas. Existen actualmente numerosas iniciativas dirigidas a incorporar a amplios círculos de colectivos en los procesos de toma de decisiones y también en su posterior implementación -por ejemplo, en cuestiones relativas al medio ambiente o la salud-. Sin embargo, la implicación en la ciencia postnormal de las partes interesadas no sólo se asocia con la participación democrática, pues se considera que el planteamiento de Funtowicz y Ravetz tiene otras connotaciones adicionales. Así, frente a la entidad de los nuevos problemas, el mantenimiento de la calidad depende de un vasto diálogo entre los afectados, por lo que la extensión de la comunidad de pares -o comunidad de pares ampliada-no la componen únicamente aquellas personas con acreditación institucional, sino todos aquellos meros interesados en tomar parte en la resolución de un asunto concreto. Y, de ese modo, se incrementa la exigencia de rendimiento de cuentas a los gobiernos en cuanto a la gobernanza de la ciencia y la tecnología (Constanza, 2008). Es más, de acuerdo con la visión de la ciencia posnormal, la calidad de los inputs científicos para los procesos de elaboración de las políticas públicas deben desempeñarlos dichas comunidades ampliadas. Según la aportación de Funtowicz y Ravetz la dinámica de la resolución de los problemas en la ciencia posnormal conlleva la inclusión de un conjunto cada vez más creciente de "participantes legítimos" en el proceso que sirve para asegurar la calidad de los inputs científicos, tal sería el caso de las personas directamente afectadas por un problema ambiental, pues tendrán una conciencia más profunda de sus síntomas y un interés más apremiante que aquéllos a los que no les concierne directamente. En los últimos años es creciente la utilización de las comunidades ampliadas de pares, cuando las autoridades no ven una buena salida a los problemas, o cuando se sabe de antemano que sin un consenso amplio las decisiones no podrán salir adelante. Adquieren formas varias como jurados ciudadanos, grupos de discusión, conferencias de consenso, talleres de escenarios, talleres de ciencia, etc. (Del Moral y Pedregal, 2002). El elemento común radica en que estas comunidades ampliadas valoran la calidad de las propuestas, incluida la parte científica. Demuestran su competencia combinando determinados conocimientos científicos con su propia situación. Sus veredictos contienen fuerza moral y, por ende, también influencia política. No son receptores pasivos de los materiales que les proporcionan los expertos, sino que aportan otra serie de conocimientos y de datos más ligados a sus propias experiencias y trayectorias vitales (Constanza, 2008). El modelo de participación ampliada implica trabajar de forma deliberativa con las imperfecciones y, para ello, la ciencia -entendida como la actividad de los expertos técnicos-se convierte sólo en una parte importante de las evidencias utilizadas. Se abre un proceso de diálogo crítico sobre la fortaleza y relevancia de las evidencias, democratizando su interpretación y cuyas conclusiones estarán dotadas de significado político (van der Sluijs, 2007). Funtowicz explica cómo a una mayor diversificación de los modos de producción corresponde también variedad en la formas de evaluación, poniendo como ejemplo el caso de la inadecuación del peer review para las patentes (Sanz, 2007). En cualquier caso, el alcance de la extensión de la comunidad de pares ha suscitado algunas interpretaciones no coincidentes. Diéguez (2006) contrapone su propia visión a la valoración postmodernista que hace Sardar de la propuesta al someter también a juicio de la comunidad de pares ampliada la evaluación del trabajo científico en sí mismo, contemplando la posibilidad de aplicar diferentes procesos de validación. Esto modificaría sustancialmente el modo de hacer ciencia, sin embargo, no parece deducirse tal pretensión de los planteamientos de la ciencia postnormal que limita la contribución de la comunidad de pares a la participación en la resolución de problemas complejos. Precisamente, lo contrario alimentaría los principales argumentos de los detractores de la ciencia postnormal que creen ver detrás un intento de ignorar los métodos científicos, sustituyéndolos por otras metodologías menos sólidas y, claramente, al servicio de propósitos políticos. Mientras tanto, los defensores de la ciencia postnormal, matizan que no se produce esa sustitución allí donde la ciencia proporciona respuestas satisfactorias, sino que la utilidad de la participación de las comunidades de pares ampliadas se centra en aquellos casos donde las decisiones tienen una gran trascendencia y, sin embargo, la ciencia por sí sola no puede resolverlo, dada la concentración de grandes incertidumbres y las tremendas consecuencias de una resolución errónea. En esas situaciones la ciencia contribuye a enmarcar y analizar el problema, pero la inclusión de la comunidad ampliada redunda en beneficio del proceso y del resultado final. Diferentes revisiones valorativas de la ciencia posnormal han observado algunas similitudes con el Modo 2 de producción del conocimiento. Aun apreciando mayor carga prescriptiva en la ciencia postnormal, Hesels y van Lente (2008) observan que los dos enfoques prestan atención al incremento de interacciones más allá de fronteras disciplinares y organizativas, son partidarios de una mayor flexibilidad general y consideran criterios adicionales en la medición de la calidad. Sin embargo, existe -en su opinión-una gran diferencia en cuanto al ámbito al que se refieren, puesto que la ciencia postnormal se centra en la investigación que sirve de apoyo a las políticas públicas y deja fuera las interacciones universidad-empresa. Las empresas pueden participar como una parte interesada en un problema específico, pero no por su potencial como coproductores de conocimiento. El interés por la función pública de la investigación sitúa, sin embargo, a la ciencia posnormal cerca de la idea de Nowotny et al. (2001) sobre el conocimiento socialmente robusto. Preguntado por la vinculación con el Modo 2, Funtowicz señala: Nuestra propuesta es enunciada habitualmente junto al Modo 2 de producción de conocimiento (de Gibbons y Nowotny), pero hay que distinguir ambas ideas. Si como nueva forma de producción científica se tiene en mente el Modo 2, lo que se está haciendo es destacando el hecho de que hay un nuevo tipo de foco para la producción científica que transforma el modo anterior (dado, por ejemplo, en los ámbitos académicos). En cambio, cuando nosotros hablamos de "Ciencia postnormal" lo que hacemos es destacar que la complejidad está dada, precisamente, por la variedad de modos de producción científica y cómo los recursos, el prestigio, el poder... se establecen de distinta forma en uno u otro de estos modos (Sanz, 2007, 342). Albornoz (2003), por su parte, entiende que la disimilitud más importante entre los dos enfoques se sitúa en el hecho de que Funtowicz y Ravetz, cuando abordan el problema de la incertidumbre y la complejidad como desafíos crecientes para la ciencia, no se refieren a un nuevo tipo de cono-cimiento. La ciencia posnormal conlleva -más bien-una nueva forma organizativa, pero sin por ello cuestionar los fundamentos de la ciencia tradicional. Ésta se contextualiza y actualiza en un marco donde ahora participan otros actores. Finalmente, cabe destacar que la ciencia posnormal -a diferencia del Modo 2-sí ha dado lugar a un programa de investigación y, de hecho, se han desarrollado bajo este enfoque diferentes herramientas metodológicas -Tools for Knowledge Quality Assesment: NUSAP, quality checklists (van der Sluijs, 2007)-y se han aplicado sus planteamientos a la resolución de problemas de índole medioambiental (energías, transgénicos, cambio climático, etcétera), para lo cual los científicos han desarrollado nuevas capacidades profesionales y se han habilitado procesos deliberativos políticamente significativos. Los trabajos de Funtowicz y Ravetz están relacionados con la corriente dentro los Science and Technology Studies (STS) que defiende la superación definitiva de la contraposición "internalismo-externalismo", lo que implica que los filósofos de la ciencia se ocupen cada vez más de aspectos sociales y políticos, y no tanto de cuestiones de método, teorías o epistemología. Desde este punto de vista, el enfoque de los STS consiste en observar cómo los valores sociales, políticos y culturales afectan a la investigación y a la innovación tecnológica y, a su vez, cómo esto afecta a la sociedad y a las formas culturales. Tal es el punto de vista que privilegia la tradición de la que provienen estos autores, y por ello quizá sus estudios han derivado mucho más en la relación ciencia-sociedad (movimientos sociales y políticos, espacios culturales) y no tanto en aspectos de organización y cambio de las organizaciones científicas tales como universidades, centros públicos, organismos de financiación o dirección política, empresa, etc. Todo esto parece tener como consecuencia que la ciencia posnormal sea el enfoque que más ha evolucionado como programa de investigación, ya que existen una serie de personas y centros que hacen investigaciones empíricas en ese ámbito y contribuyen a aumentar la densidad y a redefinir y extender los problemas que Funtowicz y Ravetz plantean. En un contexto de crecimiento de la producción científica y de cambio en las fuentes y formas de financiación de la ciencia como el que vivimos sólo cabe esperar que los sistemas de I+D sufran transformaciones, muchas de las cuales son, a todas luces, profundas e irreversibles. Para los enfoques de los que nos hemos ocupado en este artículo estas transformaciones han dado lugar a nuevas formas de producción científica y coinciden en señalar varios rasgos que a juicio de Ziman, Funtowicz y Ravetz, y Gibbons y sus colaboradores, dan cuenta de cambios radicales en la manera de hacer ciencia. En primer lugar, la producción de conocimiento se hace reflexiva y se somete al principio de rendición de cuentas ante la sociedad. De esta forma, la investigación se orienta cada vez más hacia los valores sociales, económicos y políticos que imperen en cada momento. Así, y como segundo rasgo reseñable, la producción de conocimiento tiene lugar en el contexto de aplicación, con la utilidad concreta para sus clientes o potenciales beneficiarios presente en la mente de los científicos que lo producen. En tercer lugar, los laboratorios industriales, agencias gubernamentales, think tanks y empresas consultoras, han arrebatado el cuasi-monopolio de la producción del conocimiento a las universidades y generan equipos de investigación y redes transitorias centradas o diseñadas para responder a problemas concretos. En cuarto lugar, estos equipos de investigación en los que confluyen científicos de diversos campos han hecho que la división disciplinar de la ciencia da paso a la transdisciplinariedad, más acorde con la ciencia que se genera en los contextos de aplicación. Por último, el control de calidad de la investigación incorpora criterios externos (sociales, políticos y económicos) y no se limita al control interno, a través de los pares, que caracterizaba la autonomía del modelo tradicional de ciencia. Como hemos visto, los tres enfoques coinciden no solo en señalar estos rasgos como definitorios de las nuevas formas de producción del conocimiento científico, sino en la ambigüedad con la que se refieren al grado de persistencia de las formas tradicionales de ciencia que se están viendo reemplazadas. De esta manera, de la lectura de los trabajos analizados, no podemos deducir hasta qué punto los autores consideran que el Modo 1 de producción de conocimiento, la ciencia académica o, la ciencia normal continuarán siendo importantes o serán eliminadas progresivamente por los fenómenos señalados. Esta ambigüedad, que responde al hecho de que ninguno de los tres enfoques especifica el alcance real de los cambios que postulan, se explica por el problema fundamental que comparten las tres nociones de nueva ciencia que analizamos en este artículo: la falta de evidencia empírica sistemática y de especificación de marcos geográficos o temporales concretos con los que comparar la situación actual con un pasado supuestamente definido por las formas tradicionales de organización de la ciencia. Como han señalado los críticos con estos enfoques, el énfasis en la aplicabilidad, la heterogeneidad de las instituciones científicas y la interdisciplinariedad y las transformaciones en las fronteras disciplinarias no son, ni rasgos nuevos en la ciencia, ni rasgos dominantes de los sistemas contemporáneos. Se trata, de hecho, de rasgos esperables de cualquier sistema científico en expansión e inserto en un contexto cambiante. Un segundo conjunto de rasgos definitorios de las nuevas formas de producción de conocimiento científico se refieren a una mayor participación de los actores sociales en los procesos científicos, lo cual es probablemente un acontecimiento más genuinamente novedoso. No obstante, como ha señalado Weingart (1997), la importancia de estos fenómenos se ciñe a unos pocos campos científicos concretos, como la investigación relativa a cuestiones medioambientales o las evaluaciones tecnológicas. Éstos son, precisamente, los campos científicos que Funtowicz y Ravetz, o Gibbons y sus colaboradores, han estudiado más en profundidad, y esto quizá explica por qué, a falta de un análisis empírico exhaustivo, se hayan aventurado a extrapolar los desarrollos en estos sectores científicos al conjunto del sistema de I+D. Los cambios más llamativos a los que se refieren los enfoques analizados se restringen a un sector relativamente pequeño del sistema científico. Por otro lado, no existe evidencia alguna de que, siquiera en estos campos, se hayan propuesto transformaciones profundas en los criterios epistemológicos de base en la ciencia. Por otra parte, los autores analizados no proporcionan un criterio de demarcación unívoco entre ciencia tradicional y nuevas formas de producción científica. En consecuencia, es difícil evaluar el alcance exacto de la transformación de la ciencia que estos autores postulan y esto hace que una gran variedad de datos empíricos, no necesariamente congruentes entre sí, hayan sido considerados evidencia a favor de estas tesis. A la vista de todo esto, el balance en cuanto a la influencia e impacto de estos enfoques es ambivalente. De un lado, las ideas subyacentes a las nociones, y las nociones mismas de ciencia posnormal, ciencia posacadémica y, especialmente, el Modo 2, han permeado el lenguaje de algunos hacedores de política y de los documentos de trabajo de las instituciones en las que operan, de manera que estas nociones han servido para inspirar y justificar cambios en las políticas públicas. Incluso, también han influido en la forma en que algunos científicos describen su propio trabajo (Cohen et al., 2001). Ahora bien, ¿qué trascendencia han tenido estos enfoques en el campo de los estudios de la ciencia y la tecnología? De los tres enfoques, ha sido el del Modo 2 el que ha encontrado un mayor eco a juzgar por el número de artículos científicos que citan el trabajo de Gibbons et al. 8. Si bien es cierto que el enfoque asociado a la ciencia posnormal de Functowicz y Ravetz es menos citado en artículos científicos, sí ha dado lugar (al contrario que el trabajo de Gibbons et al.) al desarrollo posterior de una metodología, aunque orientada ésta a la resolución de problemas prácticos relativos a la toma de decisiones colectivas en contextos de incertidumbre y no tanto al estudio de carácter general y exhaustivo de los sistemas de I+D. En el caso de los trabajos de Ziman, el hecho de que hayan tenido un menor eco es el resultado, en parte, de su estilo heterodoxo y al margen de las corrientes sociológicas contemporáneas, y quizá también del hecho de que comparte más rasgos de los que pareciera a primera vista con la Sociología de la Ciencia de corte funcionalista de Robert Merton. No obstante, no es descartable que aumente el interés por este autor ahora que algunos temas clásicos que habían sido abandonados por la Sociología de la Ciencia (como los sistemas de incentivos, las evaluaciones y el impacto de éstos en las carreras científicas) están siendo recuperados por algunos programas de investigación más centrales en las Ciencias Sociales, como el Institucionalismo. El mayor mérito de los enfoques aquí analizados, en cuanto que narrativas de alcance medio que describen algunas transformaciones contemporáneas en los sistemas científicos de algunos países desarrollados, puede residir quizá en el hecho de que las nociones de ciencia posacadémica, ciencia posnormal y Modo 2 se han demostrado útiles para generar preguntas de investigación o intentos de dar cobertura empírica a algunas de tesis propuestas. De momento, a medida que estos enfoques generan discusión que da lugar a intentos de evaluar empíricamente las tesis de este grupo de autores, parece cada vez más claro que la ciencia académica, normal o el Modo 1 de producción de conocimiento demuestran una enorme capacidad de resistencia, y que siguen siendo fundamentales para entender cómo funcionan los sistemas de I+D. A la luz de esto, podemos concluir que algunas de las afirmaciones que los enfoques analizados sostienen acerca de cambios radicales en el funcionamiento y organización de la ciencia parecen exagerados. Es posible que el exceso se explique por el hecho de que sirven para corregir (si bien excediéndose en el ejercicio) visiones estereotipadas de la ciencia académica, o lo que Ziman dio en llamar "la leyenda" acerca de la ciencia, que circularon profusamente hasta hace algo más de una década. ¿Qué podemos decir, entonces, acerca de si los sistemas de I+D actuales están más allá de la ciencia académica? La respuesta a esta pregunta es, de nuevo, ambivalente. De un lado, es indudable que se han producido importantes transformaciones en la organización interna de universidades y centros de investigación, en la forma en que la universidad y los centros de investigación se relacionan con otros ámbitos sociales o políticos, y en las condiciones de los trabajadores del conocimiento, de forma que las instituciones científicas son sustancialmente distintas a las de hace algunas décadas. Sin embargo, muchas de las características distintivas de la ciencia académica (por ejemplo, la revisión por pares) no sólo se mantienen sino que cobran aún mayor importancia como elemento legitimador de las comunidades científicas ante el público general. Parece pues que asistimos a la coexistencia de una lógica académica y postacadémica dentro de las organizaciones científicas, lo cuál da lugar a situaciones complejas difíciles de gestionar. Muchos de los rasgos de esta complejidad están bien dibujados por aportaciones teóricas como las que aquí se han tratado. Ahora bien, su existencia da lugar a una serie de problemas que una investigación con vocación empírica debe tratar especificando al menos dos cosas: en qué grado se extienden estos rasgos en distintos contextos geográficos y temporales, y cuáles son los mecanismos que explican que se produzca su ocurrencia y, en su caso, la sustitución de una forma dominante por otra. CUADRO 1: RESUMEN DE LOS RASGOS DE LOS MODO 1 Y MODO 2 DE PRODUCCIÓN DE CONOCIMIENTO MODO 1 MODO 2
BREVE HISTORIA DEL MODELO DE TRIPLE HÉLICE El enfoque de la Triple Hélice de relaciones Universidad-Industria-Gobierno (UIG en adelante) puede verse como un complemento sociológico de los modelos económicos, y muchas veces "economísticos" (Albert y Laberge, 2007), en los estudios de la innovación. Dentro del marco general de la economía evolucionista y de las políticas liberales en los países más ricos, el desarrollo de la literatura procedente de la Triple Hélice forma parte de la evolución de los modelos (y de las políticas que se inspiran en ellos) sobre la ciencia, la tecnología y la industria. El interés se fue desplazando desde la I+D en las décadas de la posguerra de mediados del siglo XX, hasta el actual énfasis en la innovación como motor generador de riqueza en el XXI. La importancia de la innovación tecnológica es reconocida en la teoría económica desde Marx en adelante, especialmente en la década de 1950 (Leydesdorff, 2006b). Pero desde finales de los ochenta del siglo XX, ha sido creciente la presencia de la innovación en los discursos políticos sobre ciencia y tecnología que antes sólo hablaban de I+D. A la I+D se añadió la i de innovación, y los fondos para ciencia y tecnología, antes separados entre los ministerios de educación (universidad y centros públicos de investigación) e industria (empresas y sector privado), comenzaron a repartirse tomando en cuenta los resultados (especialmente en términos de rendimientos comerciales) de las investigaciones realizadas con fondos públicos. Lamo de Espinosa (2001) captó bien este cambio en los discursos políticos al señalar que la derecha se hizo innovadora al tiempo que la izquierda se hacía conservacionista. El origen remoto de estos cambios está en la crisis del petróleo de los años setenta y la recesión de los ochenta del pasado siglo, que tuvo entre otras consecuencias la de replantear el papel de la ciencia y la tecnología como solución para la dependencia energética y el desarrollo económico (Shinn, 2002). Este conjunto de modelos de desarrollo económico basado en la innovación tiene como telón de fondo la obra de Schumpeter (1954de Schumpeter (, 1942) ) y su concepción de la empresa como el locus de la innovación tecnológica, así como su uso del concepto de destrucción creativa para describir los cambios producidos por estas innovaciones. El punto de partida común de los nuevos modelos de innovación es la crítica al llamado "modelo lineal de innovación" que separa investigación fundamental e investigación aplicada, así como el énfasis en el acercamiento y la colaboración entre la investigación académica y la industria. El modelo, ya clásico pero aún influyente, de sistema nacional de innovación (Lundvall, 1992(Lundvall,, 1988) ) dio pie a una amplia literatura académica con importantes repercusiones en las políticas emprendidas por organismos internacionales como la OCDE, la UNCTAD o la UE. La extensa literatura académica sobre innovación que sigue a los trabajos de Lundvall, Freeman y Edquist, propone modelos de sistemas de innovación a diferentes niveles: sectorial (Malerba, 2002), tecnológico (Carlsson, 1997; Carlsson y Stankiewicz, 1991), regional (Braczyk et al., 1998; Cooke et al., 1997) o local; los cuales han servido de inspiración a numerosas de políticas de innovación. Por su parte, los organismos de gestión de esas políticas, tanto en el sector público como en el privado, han producido su propia literatura sobre el tema a través de informes y publicaciones de aportaciones a jornadas y congresos, la cual, sin ser del todo académica ni seguir los procedimientos propios de las publicaciones científicas, constituye un importante cuerpo teórico, y muchas veces doctrinal, sobre los procesos de innovación y sobre la planificación y el control de los cambios. Al mismo tiempo, tratan de operacionalizar las categorías de los modelos académicos para adaptarlos a las situaciones específicas de innovación en sus países, regiones o sectores (Jacobs, 2006). El modelo de Triple Hélice (TH en adelante) de relaciones UIG está en esta estela de producción académica destinada al uso de gobiernos y de organismos de financiación de la investigación. Su aportación distintiva es que procede de la sociología. Es un enfoque sociológico para el análisis de la innovación (Etzkowitz, 1994, Leydesdorff y Etzkowitz, 1996) y es, al mismo tiempo y sobre todo, una orientación para las políticas de innovación, una guía para lograr un desideratum. Se propone como complemento sociológico del enfoque de la economía evolutiva del cambio tecnológico tomando como elementos a la reflexividad y la comunicación (Leydesdorff, 2005). Es por ello un modelo prescriptivo para impulsar la innovación, al tiempo que es un análisis descriptivo de casos exitosos de innovación (Viale y Ghiglione, 1998). En este sentido, la TH es una propuesta más para ofrecer razones que justifiquen y legitimen decisiones políticas en materias de innovación y economía del conocimiento, al igual que otros enfoques como el de Sistemas de Innovación (Lundvall et al., 2002) o el Modo 2 de producción de conocimiento (Gibbons et al., 1994; Nowotny et al., 2001). El modelo de TH se centra en el análisis de las relaciones e interacciones mutuas entre las universidades y los entornos científicos como primera pala de la hélice, las empresas e industrias como segunda pala y las administraciones o gobiernos como tercera pala. Atiende a las interacciones y comunicaciones entre actores e instituciones de las tres palas de la hélice, pues asume que la innovación surge de las interacciones mutuas entre ellas: el potencial para el conocimiento innovador, los recursos económicos y las posibilidades de mercado, y las normas e incentivos de las políticas públicas de innovación. La imagen de una triple hélice (inspirada en la biología) es una metáfora para expresar una alternativa dinámica al modelo de innovación imperante en las políticas de los años ochenta del siglo veinte, al tiempo que visualiza la complejidad inherente a los procesos de innovación (Etzkowitz, 2003). En la TH, a diferencia de otros modelos, no hay un libro de referencia en el que se expongan sus fundamentos y conceptos (Shinn, 2002), pues sus teóricos principales, Loet Leydesdorff de la Universidad de Amsterdam y Henry Etzkowitz en el Science Policy Institute de la Universidad estatal de Nueva York en Purchase, han ido desarrollando el enfoque en varios trabajos conjuntos y en publicaciones por separado y con otros autores. Siendo consecuentes con sus ideas, ambos autores actúan como consultores y como staff académico de diversos organismos de distintos países para diseñar y emprender sus políticas de innovación. Desde 1997 una red internacional de investigación sobre el modelo de la TH se reúne cada dos años en una Conferencia en la que se exponen sus aplicaciones y desarrollos. La diversidad de continentes de las ciudades de acogida visualiza la amplitud global de la red en torno al modelo de TH. A estas citas bianuales hay que añadir diversos encuentros internacionales sectoriales que tienen lugar entre una y otra, lo que muestra el dinamismo de la red, así como su capacidad de atracción de investigadores y decisores políticos de países o áreas con situaciones económicas muy diferentes en lo que respecta a la innovación como los EE.UU. (Etzkowitz, 1997), la UE (Leydesdorff y Fritsch, 2006; Molas et al., 2007; Viale y Campodall'Orto, 2002) los países emergentes de América Latina (Etzkowitz y Carvalho de Mello, 2004; Etzkowitz, Carvalho de Mello y Almeida, 2005) y Asia (Etzkowitz y Zhou, 2006; Irawati, 2006; Kadiman, 2006) o el Magreb (Saad y Zawdie, 2005). El modelo TH tiene su origen en la universidad empresarial surgida en los Estados Unidos donde existe una amplia tradición de colaboraciones entre los entornos académicos e industriales, entre la universidad y las agencias gubernamentales y entre el gobierno y las industrias (Etskowitz, 1989). Las relaciones entre las esferas de la ciencia, el Estado y las empresas, sin embargo, se remontan al origen mismo de la ciencia moderna (Merton, 1970, citado por Etzkowitz, 2003), siendo Internet únicamente un producto reciente de estas colaboraciones surgidas del proyecto DARPA 1. De hecho, la historia de la universidad moderna, la humboldtiana, que integra enseñanza e investigación como actividades públicas, es un antecesor de la TH. En los EE.UU. existe una larga tradición de universidades agrícolas, de las cuales el MIT es una continuación, y la Segunda Guerra Mundial propició un escenario de estrechas colaboraciones entre los gobiernos y las universidades en todos los países involucrados en la contienda (Etzkowitz, 1989(Etzkowitz,, 1994(Etzkowitz,, 2003;;Martin y Etzkowitz, 2000). Sin embargo, sólo a finales del pasado siglo los países más industrializados comenzaron a intensificar la base de conocimiento de sus economías, especialmente a partir del cambio de paradigma tecnológico hecho posible por el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC). La innovación se convierte en el elemento que dota de ventajas competitivas a las empresas, y la investigación científica y tecnológica pasa a ser la base para la creación de riqueza y para el desarrollo económico. Surge el concepto de "economía basada en el conocimiento" (OCDE, 1996) que se convierte en el objetivo de la mayor parte de las políticas económicas de los países posindustrializados, como sucede en la Unión Europea con los compromisos basados en la cumbre de Lisboa del año 2000 (Leydesdorff, 2006a). Paralelamente, desde las ciencias sociales se desarrollan los análisis y modelos para explicar y dar cuenta de la innovación como elemento principal de este nuevo tipo de economía, hecha posible por las TIC y el proceso de mundialización de los mercados y las relaciones conocido como globalización. Como Leyersdorff (2005) señala, "las distintas metáforas en el estudio de los sistemas de innovación basados en el conocimiento pueden ser consideradas como apreciaciones teóricas de una dinámica compleja desde diferentes perspectivas y con objetivos potencialmente diferentes". Debido a ello, cada modelo de estudio de la innovación construye el sistema de innovación al que se dirige, tanto en lo relativo a las relaciones con su entorno como respecto a las interacciones entre sus subsistemas. De ahí que cada modelo analítico dependa de las definiciones establecidas y que los cambios en las definiciones conduzcan a innovaciones en las perspectivas. El modelo de la TH es la metáfora sociológica para el estudio de la innovación y se desarrolla en la estela de la sociología de la ciencia de Merton, la teoría sociológica de sistemas de Parsons y Luhmann y los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, tratando de superar el sesgo hacia lo micro característico de las sociologías del conocimiento científico (González y Sánchez, 1988). MARCO TEÓRICO DE LA TRIPLE HÉLICE En este apartado se tratará el armazón teórico de la TH que permitirá una mejor comprensión de sus logros y sus deficiencias. Aunque al definir los principales términos y conceptos usados por los autores del modelo, en cierto modo ya se están adelantando algunas de sus hipótesis y resultados, parece necesario explicitar los significados asignados a los conceptos más comunes que se repiten constantemente en los trabajos de sus dos autores más representativos. Antes se expondrá una visión sintética del modelo de la TH a fin de encuadrar y dar sentido a sus conceptos e hipótesis. La TH es un modelo cuyo marco general es la economía evolutiva y los enfoques institucionalistas en teoría económica, complementado con una perspectiva sociológica sobre los procesos de innovación. En el caso de Etzkowitz, se puede rastrear el influjo de Mead y del interaccionismo pragmatista en su atención hacia las dimensiones micro, así como en el uso de un soporte analítico y de unas categorías de inspiración sistémica parsoniana (por ejemplo, Etzkowitz, 1989), que le sirven de puente entre las dimensiones macro y micro del estudio de los procesos de innovación. En el caso de Leydesdorff, es más fuerte la huella europea de la 4S -Society for Social Study of Science-y de los estudios posmodernos de la ciencia y la tecnología, así como un saludable interés por la medida y la operacionalización de las variables más importantes del modelo de TH (por ejemplo, Leydesdorff, 2003; Leydesdorff y Meyer, 2003y 2006) 2. Ambos autores comparten el enfoque aplicado y dirigido a la intervención pública en el marco de las políticas de ciencia e industria de la OCDE, la Unión Europea y los órganos federales y estatales de los EE.UU. y otros países. El modelo de TH se presenta como un esquema facilitador de la planificación pública de actuaciones, de la toma de decisiones y de la evaluación de la acción pública en materias tan importantes como la industria, la enseñanza superior y la universidad, y la investigación científica y tecnológica. De ahí que analice experiencias exitosas de innovaciones y que proponga espacios de intervención destinados al fomento de las innovaciones en la economía del conocimiento (Etzkowitz y Carvalho de Mello, 2004), así como las innovaciones de orden social y cultural propias de las sociedades del conocimiento (Etzkowitz, 2002b; Etzkowitz y Zhou, 2006). Aunque sin asumir explícitamente los compromisos teleológicos de Parsons 3, la concepción de los entornos de los sistemas de innovación es también deudora del marco analítico parsoniano de unas sociedades que evolucionan desde un esquema AGIL 4 dependiente de la energía, hacia un esquema LIGA que pivota sobre los conocimientos, usando como mecanismos evolutivos la diferenciación funcional y la especialización institucional. La innovación es el concepto central pues se trata de impulsar la innovación y de medir las innovaciones. La innovación se considera como un proceso inestable que por definición opera en la interfaz. Si bien una innovación es una novedad aislada, normalmente imprevista, lo importante es la organización y el control de la producción de innovaciones relevantes desde el punto de vista económico o social. Por ello, el interés no se centra en el fenómeno aislado de las innovaciones sino en los sistemas de innovación. Los sistemas de innovación se consideran como dinámicas de cambio tanto en los sistemas de producción como de distribución (Leydesdorff y Etzkowitz, 2001a) y tienen lugar en el seno de economías basadas en conocimiento. A su vez, el continuo aumento, tanto en el volumen como en la magnitud de su peso en el PIB de los estados, de productos que incorporan conocimiento conforma el tejido de la sociedad del conocimiento, concepto éste que también requiere de precisión y mejor definición (González 2002), dado su doble papel descriptivo y prescriptivo en los discursos académicos y políticos. Desde la perspectiva neoevolucionista, los sistemas de innovación presentan problemas de diverso tipo debido, por una parte, a su naturaleza cambiante y emergente y, por otra, a que las innovaciones se producen en los intersticios o interfaces entre los diversos subsistemas de agentes implicados: universidad, industria y gobierno. Por ello, Leydesdorff (2001) señala que, al tratar de responder a la pregunta sobre la unidad de análisis más adecuada para el estudio de la tecnología y la innovación, los distintos enfoques usan metáforas diferentes según sus intereses teóricos y los objetivos de sus análisis, lo que genera la ilusión de un objeto estable que permite a los gestores legitimar las políticas de ciencia y tecnología. La TH adopta como punto de partida que "la innovación no es una unidad estable de análisis, sino una unidad de operación en un interfaz" (Leydesdorff, 2001: 2). Los sistemas de innovación se producen como resultado de las interacciones efectuadas en los intersticios de los tres subsistemas implicados. Ello permite la superación del marco de los sistemas nacionales de innovación como unidad relevante de análisis, y considerar los sistemas de innovación emergentes (caracterizados por resultados) en términos de una hiper red sobre las redes que lo constituyen (disciplinas, industrias y gobiernos nacionales) (Leydesdorff y Etzkowitz, 2001). La metáfora del barco de Neurath es citada a propósito (Leydesdorff y Etzkowitz, 2001a y b, Leydesdorff, 2006b): la economía del conocimiento transforma "el barco mientras la tormenta ruge en mar abierto" (Leydesdorff y Etzkowitz, 2001a: 20). Para Leydesdorff el modelo de la TH ensancha el antiguo estructural-funcionalismo "introduciendo la noción de significado desde el interaccionismo simbólico: las funciones sociales están construidas discursivamente y pueden ser desconstruidas y reconstruidas reflexivamente" (2001a: 5). De este modo, las funciones están constantemente en reconstrucción y los elementos institucionales de los sistemas se generan mediante estas operaciones reflexivas. El espacio para las consecuencias no queridas ni previstas es amplio, pues en las economías basadas en el conocimiento predominan la reflexividad y la incertidumbre. La interfaz en la que operan los sistemas de innovación está compuesta por la zona de encuentro entre los subsistemas de la universidad, de las industrias basadas en conocimiento y de los gobiernos, que constituyen las tres palas de la hélice, como se muestra en la figura siguiente. Los motores de la innovación son las relaciones e interacciones a dos o tres bandas entre estos subsistemas de acción. Los mecanismos que operan son la asunción institucional de otros roles y la emergencia de organizaciones híbridas en un contexto cultural (de normas y valores) que propicie y fomente este tipo de procesos de cambio. Las organizaciones se conciben como generadoras de fines y de recursos, mientras que las instituciones proporcionan valores y normas. Mediante la asunción institucional de otros roles emergen cambios y resultados nuevos basados en conocimiento científico y tecnológico que traspasan las tradicionales funciones desempeñadas por estos ámbitos (industrias que hacen ciencia, investigadores académicos que forman empresas). Por su parte, las organizaciones híbridas son el resultado de estos cambios de roles al ser empresas académicas, organizaciones de interfaz o agencias de desarrollo gubernamentales. El papel de las universidades es estratégico en todo el proceso, pues se requiere que las universidades desempeñen nuevas funciones y que se generen instituciones diferenciadas. La tercera función de la universidad en las economías y sociedades de conocimiento es contribuir al desarrollo económico y social local mediante innovaciones basadas en conocimientos. Esta función, dicen, se suma a las dos desempeñadas por la universidad humboldtiana de enseñanza e investigación. Etzkowitz y Leydesdorff (2000) anuncian una tercera revolución académica en marcha ya en muchas universidades. Éstas son las universidades emprendedoras que asumen la creación de empresas o de nidos empresariales en sus laboratorios e instalaciones, dando lugar a un nuevo tipo de personal universitario y a un tipo nuevo de investigador: el científico-empresario. Esta tercera revolución académica, un tanto retóricamente comparada con la próxima "gran transformación" (Viale y Etzkowitz, 2004), genera conocimiento "polivalente" como resultado de un centro de gravedad formado por implicaciones teóricas, prácticas e interdisciplinares. Este conocimiento "polivalente" se representa, con otra metáfora biológica, como el ADN de la triple hélice, resultado de las relaciones cambiantes entre conocimiento tácito y conocimiento codificado. Son disciplinas híbridas que han surgido como síntesis de intereses teóricos y prácticos, como la ciencia de la computación, la ciencia de los materiales o la nanotecnología (Leydesdorff y Etzkowitz, 2001a). Los estudiantes se ven como inventores potenciales, que representan un flujo dinámico de "capital humano" en los grupos académicos de investigación frente al carácter estático de los laboratorios industriales y los institutos de investigación. Este flujo constante asegura la primacía de las universidades como fuentes de innovación. La combinación de continuidad y cambio, de memoria organizativa e investigadora con nuevas personas y nuevas ideas a través del paso de generaciones de estudiantes, proporciona a las universidades su ventaja comparativa específica (Leydesdorff y Etzkowitz, 2001a). La interpretación evolutiva del modelo TH supone que, dentro de contextos locales específicos, las universidades, el gobierno y la industria están aprendiendo a fomentar el crecimiento económico a través del desarrollo de "relaciones generativas" (Leyersdorff y Etzkowitz, 1997), es decir, relaciones recíprocas libremente vinculadas e iniciativas conjuntas que persisten a lo largo del tiempo y que dan lugar a cambios en el modo en que los agentes llegan a concebir su entorno y la manera de actuar dentro de él. El modelo de la TH no sólo se presenta como una alternativa más viable y coherente de las nuevas condiciones en que se desarrolla (se debe desarrollar) la ciencia y la tecnología (superadora de los modelos del Sistema Nacional de Innovación y del Modo 2 de producción de conocimiento), sino que considera, además, que las triples hélices (y el Modo 2) son ejemplos de lo que las universidades y el desarrollo de la ciencia y la tecnología han significado históricamente desde su aparición. Leydesdorff y Etzkowitz (2001a) sostienen que el Modo 1 de producción de conocimiento -la ciencia académica basada en el modelo lineal de investigación básica o fundamental e investigación aplicada-es una ideología surgida en un momento histórico determinado en el que los totalitarismos de diverso signo amenazaban la libertad de investigación. El Modo 2 no es nuevo: es el formato original de la ciencia antes de su institucionalización académica en el siglo XIX (Leydesdorff y Etzkowitz, 2001a: 20). El Modo 1 es un constructo ideológico elaborado para justificar la autonomía para la ciencia, especialmente en los tiempos en que la ciencia era una institución frágil y necesitada de ayuda. El núcleo de la tesis de la TH es la expansión del conocimiento en la sociedad y de la universidad en la economía (Etzkowitz, 2002b). Se postula un proceso de doble transformación de la universidad: expansión La "capitalización del conocimiento", que sucede en paralelo con la "cognitivización del capital", se refiere a que se crean nuevas formas de capital se crean sobre la base de la interacción social ("a quién conoces") o de las actividades intelectuales ("qué sabes") y son intercambiables (Etzkowitz, 2003). De ahí que el capital financiero surja sobre el capital social e intelectual acumulado, y que éstos se redefinan en tanto que las universidades interactúan más intensamente con las industrias y los gobiernos. Las incubadoras adquieren una relevancia cada vez mayor, dado que los nuevos productos y las nuevas empresas se basan cada vez más en conocimiento incubado. La transformación de los lazos universidad-industria es paralelo al hecho de que las empresas incubadas dejaran de ser casos aislados y pasaran a constituir redes. Este cambio viene apoyado por cambios en el entorno regulativo y en los programas de financiación, lo que favorece las interacciones UIG. Por último, para la TH la legitimación clásica de la investigación científica basada en su contribución a la cultura permanece aún, y los objetivos militares y de salud siguen también como estímulos poderosos para financiar la investigación. Sin embargo, la legitimación futura de la investigación científica, que mantendrá la financiación de alto nivel, descansa en que supone una fuente creciente de nuevas líneas de desarrollo económico (Leydesdorff y Etzkowitz, 2001a). En este desiderátum se apoya la TH como "doctrina" o "ideología". Una vez vistas las ideas principales de la Th, se atenderá a las afirmaciones teóricas y los modelos de análisis más importantes. La tesis de la Triple Hélice postula que la interacción universidad-industria-gobierno es la clave para mejorar las condiciones para la innovación en una sociedad basada en el conocimiento. Esto supone que la universidad juegue un importante papel como fuente de nuevo conocimiento y nueva tecnología, dada su función de principio generador de las economías del conocimiento. La fuente de la innovación descansa en las redes y acuerdos entre las tres esferas institucionales de la TH y no en alguna de ellas por separado. La invención de innovaciones organizativas, de nuevos ordenamientos sociales y de nuevos canales para la interacción llega a ser tan importante para acelerar la innovación como la creación de dispositivos físicos. Ejemplos de estas innovaciones sociales son las incubadoras de empresas, los parques de la ciencia o las redes, las cuales llegan a ser fuentes de actividad económica, de formación de comunidad y de intercambio internacional. El modelo interactivo de innovación es resultado de la interacción entre las dinámicas lineal y lineal inversa de transferencia de conocimiento. Cuando la tecnología se produce en la academia se da el paso del modelo lineal al lineal asistido (por ejemplo, con las empresas de las incubadoras). Cuando sucede en el modelo lineal inverso que comienza en las industrias o los problemas sociales, proporciona el punto de partida para nuevos programas de investigación y nuevas disciplinas. La "capitalización del conocimiento" sucede en paralelo con la "cognitivización del capital", lo que significa que los procesos de creación de conocimiento y de creación de capital van en tándem, a medida que se inventan nuevas medidas de financiación de investigaciones arriesgadas y a medida que las empresas anidadas que transforman el conocimiento en capital dan origen a innovaciones organizativas. La formación de capital sucede en dimensiones nuevas en la medida en que se crean diversas formas de capital que se transmutan en otras: financiero, social, cultural e intelectual. Las nuevas formas de capital se crean sobre la base de la interacción social ("a quién conoces") o las actividades intelectuales ("qué sabes") y son intercambiables. El capital financiero surge sobre el capital social e intelectual acumulado y éstos se redefinen en tanto que las universidades interactúan más intensamente con las industrias y el gobierno. La globalización se descentraliza y tiene lugar a través de redes regionales entre universidades así como a través de corporaciones multinacionales y organizaciones internacionales. Las nuevas configuraciones se convierten en la base de un proceso continuo de formación de empresas, diversificación y colaboraciones entre competidores. Los países en desarrollo y las regiones tienen la posibilidad de hacer progresos rápidos basando sus estrategias de desarrollo en la construcción de nichos de fuentes de conocimiento apoyados por la economía local. Los ordenamientos políticos y sociales basados en principios de equidad y transparencia son la base para un rápido desarrollo en un entorno estable. Las universidades y las redes de incubadoras pueden usarse a la vez para adaptar tecnologías avanzadas para solucionar problemas locales y para avanzar las fronteras de la investigación en áreas especiales y transferir al exterior las innovaciones locales. Las reorganizaciones entre esferas institucionales, sectores industriales y estados-nación son inducidas mediante oportunidades en nuevas tecnologías. Éstas emergen en un flujo constante desde síntesis entre innovaciones interdisciplinares previas. Las universidades se convierten de forma creciente en la fuente de desarrollo económico regional y las instituciones académicas se reorientan o se crean con este fin. Lo que distingue a una región Triple Hélice es la capacidad para hacer una transición de un paradigma tecnológico a otro cuando el anterior régimen se agota. Las interacciones Triple Hélice institucionalizadas y renovadas a través de generaciones de tecnologías son la base de redes aparentemente autoorganizadas de innovación. Estas diez proposiciones son, al mismo tiempo, propuestas para emprender acciones destinadas a potenciar la innovación. Sin embargo, en la medida en que se realizaron hace más de un lustro, habrá que ver cómo se formularían o matizarían en momentos de recesión económica como los actuales. Por ejemplo, el punto 5 relativo a la formación del capital o el 6 referido a la descentralización de la globalización, también están necesitados de revisión en momentos de cierres masivos de empresas y aumento lineal del desempleo. Dado el carácter desiderativo de estas tesis, constituyen tanto un cuerpo de teoría para emprender medidas empíricas en diversas fases temporales, como un cuerpo doctrinal que proporciona un argumentario de buenas razones para emprender acciones políticas para la innovación. Por otra parte, la TH proporciona un modelo de análisis para el nivel de la estructura social que permite explicar el Modo 2 como una estructura históricamente emergente para la producción de conocimiento científico y su relación con el Modo 1 (Leydesdorff y Etzkowitz, 2001a:25-7). Este modelo puede sintetizarse en seis puntos que recogen las principales relaciones entre las variables: 1) Los acuerdos entre industria y gobierno no necesitan ser conceptualizados exclusivamente como gobiernos nacionales y sectores industriales específicos: se producen toda clase de entrecruzamientos de alianzas estratégicas entre estos sectores actuando a diversos niveles y con diferentes organizaciones. 2) La fuerza motriz de las interacciones ha de especificarse como la expectativa de beneficios. "Beneficio" puede significar cosas diferentes para los diversos actores implicados. Analíticamente, los motivos no han de ser conceptualizados como causas ex ante, sino en términos de expectativas que sólo pueden ser evaluadas ex post. "Desde la perspectiva evolucionista, la selección (ex post) está determinada por la estructura, mientras que la variación puede ser azarosa" (ibid., p. 3) Al fundamentar el modelo en términos de expectativas se deja espacio para las incertidumbres y los procesos de oportunidad. Los portadores institucionales se reproducen en tanto que han sido funcionales hasta ahora, pero puede esperarse que las negociaciones conduzcan a experimentos que pueden ser institucionalizados posteriormente. Esto permite especificar un modelo de etapas de innovación que no tiene que corresponder con la teoría del ciclo de vida de un producto. Una innovación exitosa cambia la estructura de oportunidad para los actores institucionales implicados y, a su vez, se espera que los cambios estructurales cambien las dinámicas. 4) La expansión del sector de la educación superior y la investigación académica ha dotado a la sociedad de un mundo en el que diferentes representaciones pueden ser contempladas y recombinadas de forma sistemática. Por ejemplo, la "innovación de escritorio" ( y convertidos unos en otros. Las hélices se comunican recursivamente en el tiempo en términos del código propio de cada una, pues, reflexivamente, sólo pueden tomar el rol de cada otro hasta cierto punto. Estos seis puntos sobre la estructura social de la innovación posibilitan la creación de modelos para el análisis de casos empíricos de innovación, al tiempo que para la construcción de indicadores que hagan posible la medición de variables tan importantes como las alianzas entre los sectores estratégicos, las expectativas de beneficios diferenciales, la influencia de incertidumbres, la emergencia de experimentos organizativos y su posible institucionalización en el marco de actuaciones públicas. etc. Etzkowitz (2002) propone un modelo para la intervención en las políticas públicas de desarrollo regional basado en un esquema de tres etapas sucesivas: espacio de conocimiento, espacio de consenso y espacio de innovación, que él mismo resume en el cuadro siguiente. Lo más destacable de estas contribuciones teóricas y analíticas es que abren un espacio amplio de aplicación de los sistemas empíricos de innovación a distintos niveles, pero especialmente al regional, al tiempo que ofrecen interesantes ámbitos para desarrollar programas de intervención en los sistemas de innovación basados en conocimiento, mediante actuaciones susceptibles de evaluación pública a través de indicadores disponibles en bases de datos internacionales para los ámbitos internacional, nacional, regional y provincial. La TH ha desarrollado una base empírica que abarca múltiples estudios de casos sobre las relaciones entre universidad, industria y gobierno, y las transformaciones que han experimentado, relativos a sectores económicos y a campos cognitivos como biotecnología, aeronáutica, ciencias de la computación e instrumentación (Shinn, 2002). Esta diversa producción ha sido recogida en números monográficos de revistas de ciencias sociales especializadas en ciencia y tecnología, I+D, innovación o medición empírica, como Research Policy (2006) y Scientometrics (2003). Dado que la TH se propone como un modelo susceptible de medida empírica Leydesdorff (2003) propone la construcción de indicadores estadísticos para la medición de las principales variables del modelo, y la invitación para que sean usados en la medición de las economías del conocimiento. En la introducción al número monográfico de Scientometrics dedicado a la TH, Leydesdorff y Meyer (2003) señalan al intercambio económico, la organización intelectual y los condicionantes geográficos como dinámicas que interactúan en la economía basada en el conocimiento como sistema complejo. La diferenciación expande el sistema de innovación mientras que la integración performativa 5 permite a las organizaciones retener la riqueza del conocimiento. Las relaciones UIG proporcionan una infraestructura en red para los sistemas de innovación basada en el conocimiento. Las relaciones entre las instituciones pueden medirse como variables, mientras que los flujos de interacciones generan una "entropía probabilística" (Leydesdorff, 2003), que puede usarse como un indicador para medir la in- Tomado de Etzkowitz, 2002. formación mutua entre las tres dinámicas institucionales de la TH. Si la entropía es negativa se espera mayor auto organización. Las dinámicas de auto organización pueden estabilizarse temporalmente en el revestimiento de comunicaciones entre agencias implicadas. Se puede distinguir diversas dinámicas de relaciones TH a nivel global, nacional y regional en distintas bases de datos, aplicando el indicador a datos cienciométricos y webométricos, lo que lo dota de gran utilidad para su aplicación a diferentes regiones y sectores, como así se ha hecho. En efecto, el modelo de la TH se ha usado en el análisis regional comparativo entre Suecia y Holanda (Danell y Persson, 2003), de forma aplicable a otras regiones de las que se dispone de datos. En este caso, los resultados muestran flujos hacia las regiones más industrializadas -que acaparan el 73 % de las actividades y resultados de I+D-, mientras que las regiones más pequeñas se convierten en exportadoras netas de cerebros y conocimientos hacia las más grandes. Este resultado es, en principio, fácilmente contrastable con otras distribuciones regionales de resultados y recursos de I+D+i, por ejemplo en España y Portugal. Otro caso de análisis regional comparativo, también sobre Suecia es Etzkowitz y Klofsten (2005). Los indicadores "híbridos" (Meyer, Siniläinen y Tinn, 2003) son propuestos para captar la actividad empresarial y colaborativa de los investigadores universitarios. Como la TH predice la emergencia de la universidad empresarial y el entrecruzamiento creciente de actividades entre universidades, industrias y gobiernos, los indicadores híbridos combinan medidas de patentes con datos de encuesta. El indicador de inventiva tecnológica de la investigación que incluye organizaciones de financiación, usuarios y actividades empresariales realizadas por académicos, sirve como modelo simplificado del proceso de innovación. La experiencia del survey de inventores de Finlandia, mostró que las investigaciones académicas más patentadas proceden de investigación financiada públicamente, y, además, que tiende a ser más utilizada por las grandes firmas más que por las empresas start-up fundadas por empresarios académicos. En la medida en que las universidades comienzan a ser consideradas (y medidas) como promotoras del desarrollo socioeconómico, la TH proporciona aplicaciones importan-tes en el campo del desarrollo regional, especialmente en el contexto de las regiones periféricas que actualmente no están reconocidas como tecnológicamente dinámicas. En estas áreas, el sistema productivo se basa ampliamente en las PYME de funcionamiento tradicional, en combinación con escasez de inversión en I+D y debilidad del sistema de apoyo institucional. El modelo evolutivo de triple hélice sugiere que en estas regiones existen posibilidades de desarrollo basado en el conocimiento, destacando el papel que pueden desempeñar las universidades como factor de desarrollo económico dentro de una interacción espiral trilateral entre universidad, industria y gobierno (Fondazione Rosselli, 1995; Etzkowtiz, 2002c; Martin y Etzkowitz, 2000; Gebhardt y Etzkowitz, 1996). Como instrumento para las políticas públicas de innovación basada en conocimiento, la TH se adapta a medidas institucionalistas, por ejemplo Bennera y Sandstörm (2000), que analizan cómo los cambios en el sistema de normas institucionales de financiación traen consigo cambios en el énfasis sobre el potencial comercial y la relevancia para la sociedad de la investigación financiada, así como los efectos sobre las condiciones de trabajo de los investigadores que resultan como resultados de los procesos de negociación sobre la regulación normativa de la investigación académica. Por último y brevemente, mencionar que desde España se han realizado algunas aportaciones a la amplia red internacional de la TH. Por ejemplo, desde la red de ciencia, tecnología y sociedad del CSIC, Molas, Castro y Fernández (2007) hacen un interesante análisis de las estructuras de interfaz desarrolladas en España y el Reino Unido, señalando a las diferencias culturales que dificultan la comunicación e interacción entre los ámbitos institucionales de la triple hélice. Otro ejemplo es la aplicación del modelo de la TH al análisis del sistema de innovación de Cataluña (Piqué et al., 2006). BALANCE CRÍTICO: FORTALEZAS Y PUNTOS DÉBILES El enfoque de la Triple Hélice no deja de ser una corriente analítica más en la tendencia que desde finales del siglo XX viene preconizando cambios importantes en las funciones y papeles sociales de los conocimientos científico-tecnológicos y de sus principales fábricas o factorías: las universidades. Por ello, este enfoque implica atender conjuntamente a sus tres palas -universidad, industria y gobierno-y analizar sus interacciones, así como atender a las organizaciones híbridas a las que han dado lugar. Hay un cierto consenso en las ciencias sociales relativo a que las sociedades más ricas del planeta desarrollan cada vez más intensamente industrias basadas en el conocimiento y tienden a ser sociedades del conocimiento, concepto a su vez sometido a diversas definiciones y críticas (véase González, 2002). La ciencia industrial y las industrias científicas buscan suministrar a los mercados productos que generen beneficios cuanto más grandes, mejor, al igual que cualquier otro proceso industrial orientado al mercado. El enfoque de la TH ofrece una metodología o herramienta para que, desde el sector público, se emprendan acciones encaminadas a potenciar la economía del conocimiento en un territorio específico. Sin embargo, la TH no sólo se concibe como un instrumento o metodología de intervención pública, sino también pretende ser una teoría sociológica sobre las causas y efectos de las innovaciones, especialmente las basadas en conocimiento. Prueba de ello ha sido el constante desarrollo de la perspectiva tanto en el ámbito teórico como empírico. Las diferentes aportaciones internacionales a la red TH a lo largo de la última década permiten afirmar el gran impacto que ha tenido el enfoque TH tanto en la literatura académica como en la de consumo de gestores e interventores públicos académicamente asesorados. Si se atiende a las primeras críticas suscitadas por la TH a principios de este siglo, puede constatarse que, en su gran mayoría, han sido recogidas y subsanadas desde la propia perspectiva de la TH. Por ejemplo, para Shinn (2002) la TH no sobresale en el Social Science Citation Index ni en Internet 6, aunque reconoce el eco y el impacto de las reuniones internacionales de la TH en los países en vías de desarrollo. Pero, además, Shinn considera que las propuestas teóricas de la TH son, en general, oscuras, que su lenguaje es incomprensible y que estos defectos dificultan que la valoración del modelo. Siete años después, estas objeciones han perdido vigencia, pues los trabajos de Etzkowitz, Leydesdorff y otros autores desde 2003 en adelante se han esforzado por aclarar conceptos, hipótesis y mecanismos de medida empírica que permitan controlar las afirmaciones teóricas. Shinn también considera problemática la adecuación de la teoría con los datos empíricos, dado que la teoría de la co-evolución describe estructuras y transformaciones sobre un metanivel y en términos macroscópicos, por lo que las unidades de análisis mantienen un alto grado de agregación, generalización y abstracción (Shinn, 2002: 606-7), el cual impide que el marco analítico encaje con los estudios empíricos inspirados por la TH. Ello hace necesario el desarrollo de mecanismos de intermediación que vinculen los cambios cognoscitivos, económicos e institucionales con la teoría coevolutiva. También respecto a este punto puede decirse que el enfoque de la TH ha avanzado notablemente, especialmente en las diversas aportaciones realizadas en los números monográficos de Research Policy (2006) o Scientometrics (2003). Por otra parte, Shinn (2002) también señala el carácter contradictorio de algunas afirmaciones sostenidas por los autores de la TH. Por una parte, se dice que la TH se centra en la universidad tradicional a la que se añaden nuevas funciones, discursos y acciones (Etzkowitz y Leydesdorff, 2000), mientras que en la III Conferencia internacional de la TH de Río de Janeiro (2001), Etzkowitz señaló que la TH se encarna en las "incubadoras" o en la "segunda revolución académica". Por otra parte, cuando se postula la "transición interminable" como una serie de pequeños cambios y coevoluciones que tienen lugar dentro de una de las palas de la hélice, parece oponerse al carácter rupturista y único de la TH como una emergencia novedosa, una neo-diferenciación radical. Sin embargo, no hay nada contradictorio en ambas consideraciones de la TH, dado que en algunos casos la TH se presenta como un discurso descriptivo que lleva implícito un mensaje ejemplificador de "buenas prácticas", y en otros como un discurso prescriptivo y performativo encaminado al logro de objetivos deseables. De las implicaciones teóricas y heurísticas de este doble plano discursivo son conscientes los creadores del enfoque TH (por ejemplo, Leydesdorff, 2001; Leydesdorff y Meyer, 2003y 2006). Otro crítico de la primera mitad de la década, Elzinga (2004), sitúa a la TH dentro de las corrientes que tratan del "nuevo contrato social" de la ciencia, es decir, de los cambios de finales del siglo pasado en las políticas de la ciencia, desde el fin de la guerra fría en adelante (1989). Define la nueva situación de la investigación científica mediante los siguientes rasgos: internacionalización y globalización; financiación externa e investigación propietaria; investigación estratégica y esfuerzos de previsión; vinculación de la ciencia con los intereses comerciales y normas en conflicto entre lo académico y lo comercial. En este nuevo panorama, la TH comparte con otros modelos, como el Modo 2 (Gibbons et al., 1994), la ciencia posnormal (Ravetz, 1999) o la ciencia posacadémica (Ziman, 1994), las siguientes deficiencias: 1) selecciona sólo una pequeña parte del panorama total de la investigación; 2) estiliza las condiciones y los sucesos reales para producir una imagen de un espacio de agencia abstracto (intersticial); 3) exagera la comunalidad y el consenso entre los distintos actores y partes implicadas, al tiempo que atenúa la diferenciación y el conflicto de intereses que surge de la especificidad sistémica específica; 4) introduce un déficit reflexivo en el que el modelo interactivo que sustituye al modelo lineal fracasa para tomar en cuenta el contexto y la fuerza de la globalización y su impacto sobre las condiciones de investigación; 5) pierde la dimensión epistémica agrupando ciencia y tecnología en una noción reduccionista de "tecnociencia"; 6) sustituye la política de la ciencia por política de innovación (Elzinga, 2004: 290). Los puntos 3 y 4 de la crítica de Elzinga merecen consideración especial, pues se refieren a aspectos que la TH considera como distintivos y necesarios para dar cuenta de los procesos de innovación. En lo que respecta al excesivo énfasis en la comunidad y el consenso, y el correspondiente debilitamiento de la atención en la diferenciación y los conflictos de intereses, puede decirse que nada impide desde la TH el análisis de relaciones conflictivas. Es más, el propio modelo las fomenta en la medida en que las triples hélices, a diferencia de las dobles hélices, son inestables, pueden tener consecuencias no esperadas ni deseadas, y son cambiantes (Leydesdorff, 2001). La TH es un modelo dinámico que obliga a atender constantemente a la densidad de las interacciones y a sus consecuencias en cada una de las palas de la hélice. En segundo lugar, respecto al punto 4 que señala la imposibilidad del modelo interactivo para tomar en cuenta los límites impuestos por los aspectos macro, como los efectos de la globalización sobre las condiciones de la investigación, cabe decir que el modelo sistémico no impide definir en las condiciones del entorno parámetros sensibles a estos efectos. Un ejemplo podría ser atender a la precarización de las condiciones de trabajo de investigación, el despojo de los derechos de propiedad intelectual que es resultado del trabajo intelectual de investigadores e investigadoras (Fuller, 2001), que ya fueron denominados por Weber (1919) como "proletarización" de los científicos, para referirse a la situación o estatus adecuado a las condiciones capitalistas en que se empezaba a desarrollar la ciencia industrial y una incipiente industria de la ciencia que será clave a finales de ese siglo, como puede verse con facilidad. Por último, debe señalarse que las críticas de Shinn no hacían sino repetir y reelaborar los clásicos argumentos de crítica a los estudios micro y al enfoque interaccionista que tanto se usaron en los años ochenta del pasado siglo con las controversias entre micro y macro, acción y estructura, y otras dualidades caras a los teóricos sociales (González, 1991). Para finalizar este balance de críticas a la TH, hay que mencionar a otro crítico relevante, John Ziman (1996), quien destaca algunos rasgos de la ciencia posacadémica en los que encaja la TH, especialmente los que se refieren a los cambios en el entorno en el que se producen las investigaciones, que han supuesto cambios radicales en muchas prácticas y actitudes tradicionales. En primer lugar, el logro individual se está sustituyendo por la acción colectiva de equipos multidisciplinares. Además, la comunicación se ha acelerado telemáticamente y llega a ser instantáneamente global. La sofisticada instrumentación de que se dispone hoy, por último, hace mucho más fácil y muchísimo más caro hacer buena ciencia. Es una metamorfosis completa de la cultura de la ciencia y es debida, dice Ziman, a que los gobiernos, que son los que financian una parte importante de la investigación académica, están poniendo controles cada vez más estrictos para la financiación y quieren conseguir más a cambio. Entre las nuevas exigencias están: mayor transparencia, más responsividad ante las necesidades sociales y mayor implicación en la calidad y el impacto de sus productos. Estos nuevos requerimientos son bastante ajenos y extraños al ethos de la ciencia (Merton, 1942) y la están transformando culturalmente. Dado que la TH se propone precisamente como un modelo para esta nueva situación, como metáfora de un desiderátum a medida de los fines gubernamentales y de las agencias de financiación, hay que valorarla como tal. Y, en este sentido, hay que señalar su idoneidad y su oportunidad para adecuarse a distintas regiones del globo, con condiciones particulares y complejas. Sin embargo, como teoría sociológica de la innovación, como marco analítico para atender a procesos de cambio social relacionados con cambios tecnológicos, habría que decir que el enfoque de la TH es demasiado joven, apenas una década de vida, y aún no se dispone de suficiente material empírico para su contrastación. Sin embargo, hay escasos aunque valiosos intentos de someter a prueba su adecuación e impacto en ámbitos distintos 7. Por otra parte, la TH ha mostrado su afinidad para contribuir a la solución de los problemas actuales en los ámbitos medioambiental y social (Etzkowitz y Zhou, 2006). Por un lado, exportando el modelo hacia la creación de otras triples hélices que atiendan a problemas sociales acuciantes en distintas partes del planeta. Por otro, poniendo a trabajar a las entidades TH en soluciones científicas y tecnológicas (lo que incluye ciencias y tecnologías sociales -como soluciones organizativas o entornos normativos-) a problemas demandados por una organización, la sociedad civil o las administraciones públicas a sus múltiples escalas (de lo local a lo internacional). En este sentido, puede esperarse gran proliferación de trabajos dentro del enfoque TH en la VII Conferencia Internacional de Glasgow de este año 2009. Será entonces la ocasión de valorar sus aportaciones teóricas, la fortaleza de sus herramientas de medida, la resistencia de sus políticas en momentos de crisis económica y recesión mundial como los actuales, y su eficacia como instrumento real de desarrollo regional sostenible basado en conocimiento. Por último, hay que plantear una cuestión importante a la que no se ha prestado la atención debida en este trabajo. Es un tema que requiere un análisis específico, pero cuya relación con las hipótesis y premisas de la TH obliga al menos a dejar constancia de su existencia. Se trata de la respuesta de la universidad, de las universidades, al reto de la TH. La gran mayoría de universidades, especialmente las más antiguas, desarrollan sus actividades en un ambiente bastante diferente al de las universidades empresariales a las que se refiere preferentemente el modelo de la TH. Sin embargo, al menos en el ámbito de la Unión Europea, las transformaciones que se están realizando en el marco del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) fruto de los acuerdos de Bolonia y los compromisos de Lisboa, sólo se podrán empezar a evaluar a partir de la próxima década. Pero las diferencias culturales entre las universidades tradicionales y las universidades empresariales se han puesto de manifiesto en algunas ocasiones (Tuunainen, 2005; González y González, 2005), lo que señala a un ámbito empírico al que se deberá prestar atención en el futuro próximo. A falta de nuevas aportaciones y análisis, se podría acabar este trabajo dejando en el aire la pregunta de si la TH no será otro "viejo vino en nuevas botellas" Weingart (1997).
El reconocimiento de la relación entre ciencia y economía por parte de un amplio sector de la sociedad no se produjo hasta la Segunda Guerra Mundial. El prestigio alcanzado por la ciencia como consecuencia del decisivo papel desempeñado en la contienda bélica, tanto en sus aspectos destructivos (la bomba atómica o los misiles de largo alcance) como en su ayuda para salvar vidas (la penicilina), supuso una justificación para la implementación de apoyo político a gran escala para las actividades de investigación científica. El informe de Vannevar Bush (1945): Science: The Endless Frontier (Ciencia: la frontera sin límite) sentó las bases del modelo científico dominante en los siguientes treinta años, que se caracterizó por lo que algunos autores han denominado la "República de la ciencia" (Polanyi, 1962), reflejo de la autonomía que la sociedad otorgaba a los científicos a la hora de determinar sus agendas de investigación, así como sus sistemas de incentivos y de evaluación. A partir de la década de los ochenta algunas circunstancias, como el incremento de la competencia económica internacional, las restricciones del gasto público y la mayor importancia de las capacidades y habilidades científicotecnológicas como recursos estratégicos de las empresas (Martin, 2003), provocaron un cambio en la mentalidad social en relación con la ciencia. Esto se tradujo en una reducción importante del apoyo de algunos gobiernos a la ciencia, especialmente en los recursos destinados a las instituciones académicas para el desarrollo de la investigación fundamental, con la expectativa de que este reajuste fuera compensado por la industria. Las universidades fueron animadas a buscar apoyo en el sector empresarial cualquiera que fuera la forma de conseguirlo. El resultado fue que en muchos países el presupuesto de I+D en el sector académico como porcentaje del producto nacional bruto en I+D se redujo, en algunos casos de forma significativa. El Modo 1 se caracteriza por la existencia de una escasa conexión entre las necesidades de la sociedad y las orientaciones de las investigaciones científicas. Por el contrario, el Modo 2 plantea claramente un hecho diferencial respecto del Modo 1 basado en la idea de que la producción de conocimiento se ha de llevar a cabo con la intención de ser aplicado para resolver las necesidades sociales. Este planteamiento ha tenido una gran repercusión en el ámbito universitario, y ha sido interpretado como la incorporación de una tercera misión (además de la investigación básica y la formación) a los objetivos de las universidades (Leyesdorff y Etzkowitz, 1996). Esta situación no es más que una plasmación de la complejidad que plantea el análisis de la relación entre ciencia y economía, íntimamente ligada a los avatares económicos, sociales y culturales. Varios autores (Rosenberg y Nelson, 1994; Martin, 2003) argumentan que este cambio supone un retorno a la situación de la ciencia en el siglo XIX y a principios del siglo XX. Ésta es la nueva dinámica en la que se halla inmersa la comunidad científica, a la que con una presión creciente se le pide que oriente sus esfuerzos a la resolución de problemas de la sociedad y obtenga una valorización económica de los resultados de sus investigaciones. Es en este contexto en el que resulta pertinente detenerse a reflexionar acerca de las aproximaciones más relevantes que se han utilizado para abordar el análisis de las características de la relación entre la ciencia y la economía. El presente trabajo pretende desempeñar esta tarea a partir de una revisión detallada de los principales argumentos y resultados ofrecidos por los principales estudios en este ámbito. Por limitaciones de espacio no se aborda con detalle las repercusiones que han tenido los distintos enfoques en los diseños de las políticas públicas. La estructura de la exposición es la siguiente. En el próximo apartado se presentan las distintas formas en que la economía ha conceptualizado y caracterizado la actividad científica. A continuación se realiza una revisión de los diferentes estudios empíricos que se han planteado la medición de la relación entre ciencia y economía. En el cuarto apartado, se presenta el importante debate que se está desarrollando actualmente, entre los partidarios de un modelo de ciencia abierta y aquellos que demandan extender los derechos de propiedad industrial. Por último, se ofrecen las principales conclusiones del trabajo. LA CONCEPTUALIZACIÓN ECONÓMICA DE LA CIENCIA Desde el enfoque neoclásico de la economía, se ha considerado que el resultado fundamental de la actividad científica es el conocimiento, un bien que tiene una propiedad inherente a los bienes públicos: la no rivalidad en su uso. Esto supone que, a diferencia de un bien económico normal, muchos agentes pueden hacer uso a la vez del mismo conocimiento (por ejemplo: el teorema de Pitágoras) sin que ninguno de ellos se vea afectado negativamente. A esto hay que añadir otra propiedad relacionada con el funcionamiento del mercado, ya que si éste opera libremente, una vez que el conocimiento se difunde cualquier agente puede utilizarlo, aunque no haya intervenido en su creación. Esta situación implica un problema adicional, que es el de apropiabilidad. Como consecuencia, los posibles beneficios económicos derivados de la inversión en ciencia no podrán ser completamente apropiados por el inversor, ya que otros agentes podrán utilizar libremente el conocimiento generado para su propio beneficio sin necesidad de haber incurrido en ningún gasto. En estas condiciones en las que el beneficio social de la inversión en ciencia excede al beneficio privado obtenido por el inversor y los incentivos con los que el mercado provee a los agentes para invertir en ciencia son reducidos, la producción científica que se obtiene es inferior a la socialmente óptima. A esto se añaden otras dos características del conocimiento: la elevada incertidumbre a la que se halla sujeto su proceso de producción y la existencia de indivisibilidades en el mismo (Arrow, 1962; Dasgupta, 1987). A pesar de que estas peculiaridades habían sido reconocidas desde el principio en los trabajos académicos, en la práctica el conocimiento se consideró un "bien público duradero" (Dasgupta and David, 1994, p. 491) y se analizó de la misma forma que otros bienes públicos duraderos como, por ejemplo, las farolas o las leyes. Esta aproximación a la actividad científica es la que la economía ha considerado tradicionalmente, a partir de los estudios seminales de Nelson (1959) y Arrow (1962), y la existencia de "fallos de mercado" ha servido para justificar la intervención pública con la finalidad de subsanar los problemas que el mercado no puede resolver. Es el propio Nelson (2006), junto a otros autores, quien ha reconocido años después que el rango de instituciones implicadas en la producción y difusión del conocimiento científico es muy amplio, e incluye tanto a instituciones que operan en el mercado como a instituciones que no lo hacen. De esta forma, la existencia de esta variedad institucional debe ser considerada como una parte sustancial en el análisis económico de la ciencia; en otro caso, la comprensión de las instituciones ajenas al mercado implicadas en el desarrollo de la ciencia como respuestas a fallos del mercado pueden llevar a una interpretación "asimétrica y distorsionadora" (Nelson, 2006, p. Algunos de los argumentos anteriores también se hallan recogidos en el trabajo de otros economistas que han desarrollado una "nueva economía de la ciencia" (Dasgupta and David, 1994; Stephan, 1996), que, apoyada en el trabajo de sociólogos y filósofos, incorpora el análisis de las normas y costumbres en las comunidades científicas y de la producción de conocimiento. Entre ellas destacan los sistemas de incentivos propios a las mismas, las peculiaridades de los mercados de trabajo de científicos y la manera más adecuada de financiar y gestionar estas actividades. Esta nueva economía de la ciencia se puede ubicar en un enfoque alternativo de la economía neoclásica: el enfoque evolucionista. Los intentos de concebir la economía desde una perspectiva de evolución tienen en su origen en los trabajos de Veblen (1898) y de otros institucionalistas americanos, de Marshall (1890) y, fundamentalmente, de Schumpeter (1912;1943) y han adquirido un creciente protagonismo en los últimos años, a partir de la publicación del libro An Evolutionary Theory of Economic Change (Nelson and Winter, 1982). La economía evolucionista critica los fallos de mercado, ya que considera que la noción de equilibrio implícita en dicha aproximación tiene un marcado carácter estático, por lo que en el caso de la actividad científica y de los procesos de innovación, cuyas características principales son su dinamismo y búsqueda de novedad (Nelson y Soete, 1988), esta visión difícilmente puede considerarse como válida para tratar de una forma global sus peculiaridades. En el estudio del conocimiento como bien económico, los fallos de mercado están en todas partes, resultan ser la norma, no la excepción, y, por ello, no resultan útiles como únicos instrumentos de análisis ni de justificación de las políticas públicas. En esta línea, Metcalfe (1995Metcalfe (, 1997) ) considera fundamental el papel de la incertidumbre y llama la atención sobre el insuficiente tratamiento prestado en la aproximación neoclásica. Es más, la existencia de incertidumbre y asimetrías de información es una condición necesaria para la creación de nuevo conocimiento (Dosi, 1988), por lo que considerarlas un fallo del mercado resulta una contradicción. En contraposición con el enfoque neoclásico, el evolucionista estudia "trayectorias dinámicas en el tiempo" (Dosi y Nelson, 1998). Entre sus principales características (Dosi, 1988) se pueden identificar algunas que resultan muy adecuadas entender el proceso de producción científica: los agentes son heterogéneos y tienen distintas capacidades, el conocimiento tiene un componente tácito que se halla incorporado en las personas y, también, en las organizaciones, la situación actual depende del pasado, las interacciones entre agentes son fundamentales para explicar los resultados, las instituciones no económicas son muy relevantes y la economía debería prestar más atención al diálogo con otras disciplinas como la historia, la sociología o la filosofía. A esto hay que añadir el hecho de que la economía neoclásica ha propiciado el tratamiento del conocimiento científico como algo exógeno, y considera que su influencia en el crecimiento económico tiene lugar de una manera secuencial o lineal: los nuevos descubrimientos científicos llevan a nuevos desarrollos tecnológicos que, al introducirse en el mercado a través de nuevos productos y procesos, conllevan beneficios económicos (Kline y Rosenberg, 1986). Sin embargo, desde el enfoque evolucionista, se considera que este modelo tan simplificado no es representativo de la realidad. Por una parte, no reconoce suficientemente la importancia de las retroalimentaciones en el proceso (desde el mercado o la tecnología hasta la ciencia) ni el aprendizaje que se genera; sin embargo, ambos elementos son de gran relevancia tanto en su contribución al planteamiento de nuevos problemas y retos para la investigación científica, como en su apoyo a los procesos de investigación a partir del suministro de nuevos instrumentos y herramientas más potentes y precisas. Por otra parte, no tiene en cuenta que la mayoría de las innovaciones económicamente importantes no utilizan nuevos descubrimientos científicos de forma inmediata. Por el contrario, se basan generalmente en la base de conocimiento disponible ("ciencia vieja"), lo que conlleva realizar un gran número de actividades complejas y costosas (como vigilancia, formación, diseño, etc.) que permiten reconocer y valorar qué tipo de conocimiento está disponible, adaptarlo a los fines específicos que se persiguen, integrarlo con el resto de funciones de la empresa, ponerlo en valor, y conseguir obtener beneficios del mismo (Bender y Laestadius, 2005). Este tipo de actividades son las que se suelen incluir en el concepto de "capacidad de absorción" (Cohen and Levinthal, 1989;1990; Lane et al., 2006) que establece que el desarrollo de las capacidades internas de las organizaciones es necesario para obtener el máximo provecho del conocimiento existente en otros agentes 1. A efectos empíricos, el objetivo es desarrollar métodos para medir la relación entre ciencia y economía. Algunos autores (Salter y Martin, 2001) proponen dividir los estudios empíricos que analizan la importancia de la ciencia en el crecimiento económico en dos grandes grupos de trabajos: aquellos que utilizan una perspectiva econométrica y los que emplean la información obtenida a partir de encuestas o estudios de caso (Salter y Martin, 2001) 2. Dentro de los estudios econométricos se pueden diferenciar tres grandes grupos, en función de la perspectiva adoptada: macroeconómica, mesoeconómica y microeconómica. Un primer grupo de estudios econométricos está basado en los trabajos de la macroeconomía neoclásica del crecimiento, en los que se utiliza una función de producción agregada para estimar la evolución del producto de una economía en función de la utilización de los factores productivos tradicionales (trabajo y capital). Los primeros modelos trataron el cambio tecnológico como un residuo, es decir, como la parte del crecimiento que no podía ser explicada por los factores productivos clásicos (Solow, 1957). Posteriormente, la denominada "nueva teoría del crecimiento" (Grossman y Helpman, 1989; Romer, 1990) han tratado de estimar la influencia de la tecnología y de la investigación en el crecimiento del producto, instrumentalizándola como un nuevo factor productivo. Tanto la primera como la segunda generación de modelos muestran que dicha influencia es muy relevante. Sin embargo, es preciso reconocer que los supuesto de partida utilizados son muy restrictivos y que los indicadores empleados son poco fiables (Verspagen, 1992.) ya que, por ejemplo, no permiten distinguir entre la influencia de la ciencia y la de la tecnología, ya que se toma como indicador la investigación y desarrollo (I+D) en su conjunto. Los modelos mesoeconómicos han adaptado la función de producción para analizar la influencia de la investigación pública y privada en los resultados innovadores de diferentes territorios, como estados, regiones, provincias, áreas metropolitanas (para una revisión de estos estudios, véase Barge-Gil y Modrego, 2006). Aunque se sigue sin distinguirse la "I" de la "D", al menos se puede separar el impacto obtenido por la I+D universitaria del alcanzado por la I+D empresarial. La evidencia empírica es muy robusta y muestra que la influencia de la I+D universitaria en los resultados innovadores de los territorios es muy elevada. Esta influencia tiene lugar por una doble vía, tanto de forma directa como indirecta, a través del efecto positivo que la I+D universitaria ejerce en la I+D empresarial, con un impacto geográficamente localizado. Los estudios microeconométricos han tratado de medir la tasa de rendimiento de la inversión privada en investigación y desarrollo (para un revisión, véase Griliches, 1995). A pesar de los diferentes problemas metodológicos planteados en estos estudios, todos ellos señalan que la tasa social de rendimiento excede a la privada y en la mayoría de los casos resulta ser más del doble. En esta línea, las mayores aportaciones en la medición de los beneficios económicos de la investigación básica han sido realizadas por Mansfield (1991;1998). A partir de una muestra de 76 grandes empresas de siete sectores, estimó que el 11 % de los nuevos productos y el 9 % de los nuevos procesos desarrollados en los últimos diez años hubieran sufrido un retraso sustancial o no se hubieran podido desarrollar sin la investigación académica reciente (de los 15 años previos). Mansfield (1991) estima que estos nuevos productos habían sido responsables del 3 % de las ventas de las empresas en el último año del estudio mientras que los nuevos procesos habían reducidos sus costes en un 1 %. Además, el 8 % de los nuevos productos y el 6 % de los nuevos procesos habían sido desarrollados con importante ayuda de la investigación académica reciente, lo que suponía otro 2,1 % de las ventas y un ahorro de costes añadido de 1,6 %. A partir de estos resultados, Mansfield (1991) estima que la tasa de rendimiento de la investigación académica era del 28 %. El propio autor advierte de que sus resultados son un intento más o menos afinado de estimación de dicha tasa y pone de manifiesto los múltiples problemas metodológicos encontrados. Entre ellos, cabe destacar que el período temporal de 15 años es relativamente reducido, ya que otros autores han puesto de manifiesto que el desfase temporal entre los descubrimientos científicos y su impacto económico se halla en torno a 20 ó 30 años (Adams, 1990). Como sostienen David et al. (1992), aunque los "productos tangibles" de la investigación básica (por ejemplo, nuevos productos y procesos) podrían ser un posible resultado de la investigación, generalmente las actividades complementarias que se requieren para obtener valor económico de estos resultados son enormes. Sin embargo, estos estudios no tienen en cuenta estos factores, por lo que deben realizar "supuestos heroicos", que pueden llevar a conclusiones erróneas. Encuestas y estudios de caso Los estudios que utilizan encuestas y métodos de caso ofrecen una perspectiva mucho más rica y detallada acerca de los beneficios económicos de la ciencia. Dentro de estos estudios se puede distinguir aquellos que se basan en encuestas o casos orientados a capturar el punto de vista del tejido empresarial (Arundel et al., 1995; Klevorick et al., 1995; Ham y Mowery, 1998; Cohen et al., 2002b), o a conocer el punto de vista de los científicos (Meyer-Krahmer y Schmoch, 1998; Agrawal y Henderson, 2002; Schartinger et al., 2002;D'Este y Patel, 2007). Este tipo de trabajos muestra que la influencia de la ciencia en la economía tiene lugar a través de canales muy variados y que aquéllos a los que la literatura económica y la agenda política ha prestado más atención, como las patentes y licencias, se encuentran entre los menos im-portantes (Agrawal, 2001; Perkmann y Walsh, 2007). De hecho, las empresas consideran que las publicaciones, los contactos informales, la contratación de trabajadores y las reuniones y conferencias son las principales vías de influencia (Arundel et al., 1995; Cohen et al., 2002b). Por su parte los científicos opinan que la investigación, en colaboración o bajo contrato, la consultoría, las reuniones y conferencias y los contactos informales son los principales canales a través de los que su conocimiento fluye hacia el sector empresarial (Meyer-Krahmer y Schmoch, 1998; Agrawal y Henderson, 2002; Schartinger et al., 2002;D'Este y Patel, 2007). Un segundo resultado de este grupo de estudios demuestra que la influencia de la ciencia en la economía varía en gran medida en función de la disciplina científica y del sector económico considerado. Klevorick et al. (1995) utilizan el concepto de "oportunidad tecnológica" para expresar las posibilidades de avance tecnológico en cada sector económico y consideran que el determinante a largo plazo más poderoso de estas oportunidades es el avance de la ciencia básica. En su estudio, obtienen que las disciplinas de ciencia aplicada y las relacionadas con la ingeniería son muy valoradas por un amplio espectro de empresas, pertenecientes a distintos sectores, pero que aquellas disciplinas más cercanas a la ciencia básica, como matemáticas, física o biología son consideradas relevantes por empresas localizados en algunos sectores concretos de alta tecnología, como pueden ser el farmacéutico o el biotecnológico. Sin embargo, las disciplinas más cercanas a la ciencia básica tienen, además, un impacto indirecto muy relevante, a través de su influencia en las disciplinas de ciencia aplicada y en la ingeniería. En general, el mapa de las relaciones entre las distintas disciplinas científicas y los distintos sectores económicos es muy complejo y no puede ser reducido a una clasificación simple entre sectores basados en ciencia y sectores no basados en ciencia (Perkmann y Walsh, 2007). Los diferentes sectores presentan grandes diferencias en el número de disciplinas relevantes, en el grado de relevancia de cada una de ellas y en los canales más importantes a través de los que tiene lugar la influencia, pero todos ellos se benefician de los avances en la actividad científica, de forma directa o indirecta y con mayores o menores retardos. Algunos autores (Salter y Martín, 2001) han desarrollado una clasificación de los distintos tipos de beneficios económicos que se desprenden de la actividad científica, basándose en la complejidad y variedad de canales a través de los que la influencia tiene lugar: Incremento del stock de conocimiento: los nuevos descubrimientos científicos suponen incrementos en el stock de conocimiento al que las empresas pueden recurrir cuando se encuentran con problemas que reclaman soluciones innovadoras. De hecho, la "ciencia vieja" es, en general, mucho más relevante para los procesos innovadores empresariales que los nuevos descubrimientos científicos (Kline y Rosenberg, 1986; Bender y Laestadius, 2005). Además, y esto es de gran importancia, se demuestra que los proyectos que fallan también resultan útiles, ya que suministran información acerca de dónde no buscar soluciones (David et al., 1992). Formación de nuevos estudiantes: la relación entre la ciencia y la academia permite que los licenciados se incorporen al tejido empresarial no sólo con el conocimiento acerca de la investigación científica reciente, sino con la habilidad de resolver problemas complejos mediante soluciones imaginativas. Por eso, resulta vital que los sistemas educativos respondan desde los primeros niveles a la necesidad de crear en los alumnos unas bases sólidas de lo que constituye un largo proceso de aprendizaje permanente que les permita enfrentarse a los problemas reales y tener iniciativa y espíritu emprendedor (Modrego y Barge-Gil, 2004). Nuevos instrumentos y metodologías: los retos afrontados por la ciencia llevan a los investigadores a diseñar nuevo equipamiento, técnicas de laboratorio y métodos analíticos adaptados a problemas específicos (Salter y Martin, 2001) que, al difundirse, consiguen un gran impacto económico, como ha sido destacado en los trabajos de los historiadores (véase, por ejemplo, Rosenberg, 1992). Formación de redes e interacciones sociales: las empresas consideran que los contactos informales, que se articulan principalmente a través de redes, constituyen un importante vehículo de comunicación con la ciencia. A través de las redes se accede a una variedad mucho mayor de fuentes de información que a través del mercado (Callon, 1994). Además, la ciencia se caracteriza por sus vínculos internacionales, por lo que pueden servir de puente para que el tejido productivo acceda a conocimiento generado en otros países (van Helleputte y Reid, 2004). Solución de problemas tecnológicos concretos: Aunque generalmente se asocia la influencia de la ciencia exclusivamente con las innovaciones denominadas radicales, en muchas ocasiones la ciencia ofrece forma de resolver problemas (Cohen et al., 2002b). Las actividades menos apreciadas, como la consultoría y la investigación bajo contrato son muy utilizadas y consideradas muy relevantes tanto por la industria como por los científicos (Meyer-Krahmer y Schmoch, 1998; Cohen et al., 2002b). Creación de nuevas empresas. Salter y Martin (2001) expresan sus dudas acerca de la importancia real de esta vía de influencia en la economía. Sin embargo, en los últimos años ha crecido espectacularmente el número de spin-offs de base científica, así como la atención que los economistas y los políticos dedican a este fenómeno. A pesar de ello, todavía no existe una evidencia empírica mínimamente consolidada acerca del grado de éxito de estas iniciativas ni de los factores que pueden contribuir a su supervivencia y desarrollo. EL DEBATE ACTUAL: CIENCIA ABIERTA vs DERECHOS DE PROPIEDAD INTELECTUAL La ciencia abierta, entendida como el libre acceso al conocimiento científico, tiene su origen a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, desbancando al régimen de secretismo predominante en la búsqueda de los "secretos de la naturaleza". Este cambio es un aspecto distintivo y vital de la revolución científica, que cristalizó en una serie de nuevas convenciones, sistemas de incentivos y mecanismos institucionales que reforzaron el compromiso de los investigadores hacia la rápida revelación y diseminación de los nuevos descubrimientos. Este sistema constituyó una respuesta funcional a los problemas de información asimétrica existentes en el sistema de mecenazgo, como consecuencia del creciente peso de las matemáticas en el lenguaje científico (David, 2004). En los siglos XVII y XVIII se institucionalizó el régimen de ciencia abierta bajo el patrocinio de academias estatales, como la Royal Society of London o la Académie Royale des Sciences. Los principales beneficios del régimen de ciencia abierta son la rápida crítica y validación de los descubrimientos, que asegura la calidad de los mismos, la reducción de un exceso de duplicación de los esfuerzos de investigación, el aumento del espacio para buscar complementariedades y para desarrollos acumulativos de la ciencia y los desbordamientos beneficiosos entre programas de investigación (Cohen et al., 2002a; David, 2004). En estos momentos, algunos autores muestran su preocupación por la posibilidad de que se esté produciendo un cambio de régimen, hacia un modelo de ciencia cerrada y basada en la propiedad privada. Se suele considerar que el hito principal de este cambio de régimen ha sido la Bayh-Dole Act, aprobada en el Congreso de los Estados Unidos en 1980. Dicha ley tenía como objetivo facilitar las patentes y licencias universitarias de las investigaciones llevadas a cabo con financiación pública, como una medida para fomentar la transferencia tecnológica entre las universidades y el tejido empresarial. Existe gran controversia acerca de los efectos de la Bayh-Dole Act (Sampat, 2006). Por una parte ha sido considerada como un éxito absoluto e, incluso, como una de las claves del incremento de productividad alcanzado por Estados Unidos a finales de los años noventa (OCDE, 2000). Por otra parte, algunos autores (Mowery y Sampat, 2005) defienden que su principal efecto fue acelerar la tendencia en las universidades a patentar los resultados de la investigación, que había comenzado años atrás. Por último, otros autores (Nelson, 2006) argumentan que sus efectos negativos han superado a los positivos y reclaman una reformulación de la ley. Sampat (2006) señala que los análisis más optimistas del efecto de la Bayh-Dole Act no tienen en cuenta qué hubiera ocurrido si ésta no se hubiese instaurado, en un doble sentido. Por una parte, la tendencia creciente de las patentes universitarias ya había comenzado. Por otra, en muchas ocasiones la transferencia de conocimiento hubiera tenido lugar igualmente y, en esos casos, la licencia de la propiedad intelectual funciona como un impuesto para las empresas que hacen uso de los resultados de la investigación. En esta misma línea señala la importancia de considerar la influencia que la Bayh-Dole Act ha tenido sobre los diferentes canales de transferencia de conocimiento, desde la universidad hasta el sector productivo que, como se ha visto, son considerados por las empresas más importantes que las patentes y licencias. Los defensores del modelo de la ciencia abierta argumentan (Nelson, 2004;2006) que el conocimiento científico no es un producto final, sino que su uso principal es ser un recurso sobre el que se pueda desarrollar la investigación futura. Desde este punto de vista, patentar los resultados de la investigación básica, supone en gran medida un bloqueo de la investigación futura y, dado que la investigación se halla sujeta a incertidumbre, resulta socialmente deseable que se exploren varios caminos simultáneamente y exista competencia entre diversos agentes que buscan aplicar la investigación. Mientras los derechos de propiedad industrial generalmente se han utilizado para conceder monopolios en el mercado de productos finales, la extensión a la ciencia básica concede monopolios sobre líneas de investigación. Desde el punto de vista evolucionista, si se tiene en cuenta la incertidumbre inherente en el proceso de aplicación de la ciencia y desarrollo de los productos, junto con el carácter acumulativo del desarrollo del conocimiento, restringir la competencia en este proceso puede transformarse en un daño a la sociedad en el medio y largo plazo. Además, como se ha visto anteriormente, las patentes y licencias no son consideradas ni por empresas ni por científicos como uno de los canales más importantes de transferencia de conocimiento. Por el contrario, son los canales relacionados con la ciencia abierta (publicaciones, conferencias, contactos informales) y las relaciones basadas en la prestación de servicios de investigación y consultoría. La importancia que el conocimiento científico tiene en el progreso económico y social de la llamada sociedad del conocimiento hace cada vez más atractivo profundizar y actualizar el estado del arte en la relación entre ciencia y economía. Aunque en términos generales se puede afirmar que una sociedad donde la cultura científica forma parte de su acerbo cultural tiene una ventaja comparativa innegable en relación con otras en las que la ciencia todavía no ha conseguido alcanzar esos niveles de aceptación y valoración, no se dispone de un conocimiento contrastado y concluyente sobre los múltiples factores que intervienen en dicha relación. A lo largo de este trabajo, se ha pretendido hacer una presentación de las principales aproximaciones al estudio de la relación entre ciencia y economía, una relación que no es unilateral y que está condicionada por el comportamiento y las interacciones de múltiples agentes individuales e institucionales. La principal conclusión, y la más obvia, es que ciencia y economía están íntimamente relacionadas y que el conocimiento científico forma parte de la riqueza de las naciones. La segunda conclusión, y quizás la más atractiva, es que hay mucho camino por recorrer para llegar a entender una relación de tal complejidad, donde hay que tener presente de forma permanente el carácter dinámico tanto de la ciencia como de la economía, y su relación con la sociedad. El tratamiento que desde la economía se ha dado al análisis de la ciencia presenta serias deficiencias; el "resurgir" del enfoque evolucionista puede contribuir a subsanar algunas de ellas. Esto tiene repercusiones no sólo desde el punto de vista del análisis de dicha relación, sino de las actuaciones orientadas a potenciarla en beneficio de los ciudadanos. Actuaciones que han de evolucionar de acuerdo a los resultados que se pretendan alcanzar en cada momento y que conlleva diseñar un seguimiento continuo de la eficacia y de la eficiencia de cada una de ellas. La tercera conclusión es que la complejidad de la relación entre ciencia y economía dificulta la estimación del impacto que el progreso científico puede tener en el progreso económico y social. Los distintos tipos de impacto, los desfases temporales entre la obtención de un resultado y su puesta en valor, la variedad de canales de difusión y explotación del conocimiento generado, los múltiples agentes e instituciones que intervienen en el proceso, las características diferenciales de disciplinas científicas y sectores productivos, reclaman un esfuerzo metodológico, de recogida de información y de análisis que facilite la identificación a distintos niveles los diferentes tipos de impacto. La cuarta y última conclusión es una llamada de atención que, en cierta medida, resume las conclusiones anteriores. El debate clave para el futuro sobre ciencia abierta y derechos de propiedad es un ejemplo de la precaución que hay que tomar a la hora de adoptar medidas. Aun a riesgo de resultar reiterativos, es preciso resaltar que el carácter dinámico de la actividad científica, de la actividad económica y de la sociedad, requiere planteamientos flexibles que se adecuen a las circunstancias, a las necesidades y a los problemas que se pretenden resolver y una valoración permanente de los resultados obtenidos.
En este artículo se analiza el concepto de "sistema nacional de innovación" (SNI) y especialmente su variante "sistema regional de innovación" (SRI), en base a una revisión de literatura. Posteriormente, a partir de una encuesta por correo electrónico realizada a autores españoles que han publicado en este campo, se examina la recepción dichos conceptos en España. En el apartado segundo se revisan las principales ideas de la perspectiva del SNI: el concepto de aprendizaje interactivo, la definición de innovación y la visión sobre el papel de las instituciones. También se alude brevemente a las aportaciones de la variante "sistema sectorial de innovación" y a la interacción entre investigación científica y formulación de políticas en en proceso de surgimiento de la perspectiva del SNI. En el apartado tercero situamos el foco en la variante "sistema regional de innovación" (SRI), que ha conocido un gran desarrollo en los últimos años, y en la relevancia dicha variante para las pequeñas y medianas empresas (pymes, mayoritarias en el tejido industrial) y para las políticas regionales. A partir de la revisión de los estudios recientes, realizados en el ámbito internacional, sobre la influencia del entorno regional en la actividad innovadora de las pymes, se consideran las características específicas de la innovación en estas organizaciones y los límites de las políticas de oferta inspiradas en el modelo de "empuje tecnológico". En el apartado cuarto se analiza la recepción del concepto SNI/SRI en España en base a una encuesta por correo electrónico a autores que han publicado en este campo. Se consideran las aportaciones del concepto, su aplicación en el contexto español, el papel de las distintas disciplinas científicas y la influencia en las políticas públicas. EL CONCEPTO DE SISTEMA NACIONAL DE INNOVACIÓN La perspectiva del sistema nacional de innovación (SNI) parte de una doble premisa: el conocimiento es el principal factor de producción en la economía moderna y el aprendizaje es el proceso más importante. El aprendizaje o innovación es un proceso social, influido por el contexto institucional y cultural. Cuando los agentes que interactúan comparten unas normas o valores, o pertenecen a un mismo entorno social, el proceso de aprendizaje interactivo tendrá lugar con mayor facilidad. La perspectiva del SNI surgió en los años ochenta de la mano de economistas evolucionistas e institucionalistas como C. Freeman, R. Nelson y B. A. Lundvall, que pusieron en cuestión los postulados ortodoxos sobre el papel del conocimiento como genérico, codificable, accesible sin coste e independiente del contexto (Freeman, 1987; Dosi et al., 1988). La perspectiva tuvo un fuerte desarrollo en la década de los noventa (Lundvall, 1992a; Nelson, 1993; Edquist, 1997), llegando a adquirir un gran peso, tanto en el ámbito académico y de investigación, como en el político, en organismos como la OCDE, de gran importancia en la política científica y tecnológica (Sharif, 2006). Entre los casos de sistemas nacionales de innovación que sirvieron como modelos de la importancia de los factores institucionales en el desarrollo económico pueden mencionarse los de Japón (Freeman, 1987), Alemania (Freeman, 2004, e.o. como documento interno de la OCDE en 1983), Gran Bretaña y Estados Unidos (Freeman, 2002), el surgimiento de la producción masiva en EEUU y el origen de la industria basada en la ciencia en Alemania (Nelson, 2002). La tradición escandinava ha aplicado el concepto a naciones pequeñas, industrialmente avanzadas, internacionalizadas y globalmente conectadas. Desde mediados de los noventa, la variante del sistema regional de innovación (SRI) ha conocido un importante auge (Braczyk et al., 1996; Cooke y Morgan, 1998; Storper, 1997). También se ha trabajado en los conceptos de sistemas tecnológicos (Carlsson y Jacobsson, 1997) y sistemas sectoriales (Bresci y Maleaba, 1997). Asimismo, la literatura sobre sistemas nacionales empresariales (Whitley, 1992(Whitley,, 1999) y variantes del capitalismo (Hall y Soscike, 2001; Amable, 2003) también puede ser fructíferamente relacionada con la perspectiva del SNI. En la formulación inicial del concepto de SNI en los años ochenta por parte de autores como Freeman y Lundvall, el énfasis en la importancia de los factores institucionales y políticos implicaba una crítica de las propuestas neoliberales de debilitamiento del Estado. En este sentido, los alegatos más directos a favor de objetivos como la cohesión social se encuentran en los trabajos de Lundvall y equipo. "... La definición de "innovación" propugnada por el enfoque del SNI pone en cuestión el modelo lineal dominante, caracterizado por la preeminencia de la I+D "formal", la secuencialidad y la falta de interacciones. Para la perspectiva del SNI, las innovaciones son nuevas combinaciones de conocimiento que tienen un significado económico, llevadas a cabo normalmente por las empresas. La I+D formal es uno de los inputs que intervienen en el proceso de creación y aplicación de conocimiento, pero no es el único, ni tiene por qué ser el principal. La innovación es un proceso continuo, gradual, acumulativo, relacionado con las actividades habituales de producción. Normalmente la innovación supone usos, aplicaciones o combinaciones nuevas de elementos, componentes o posibilidades existentes. Para la perspectiva de los SNI, la innovación es un proceso interactivo y sistémico, con conexiones y realimentaciones entre las distintas fases y niveles. El sistema nunca alcanza un estado de equilibrio, puesto que los procesos evolutivos son abiertos y dependientes de una trayectoria histórica (path-dependent). Entre los elementos de un sistema de innovación pueden mencionarse los siguientes: • La organización interna de las empresas. • Las relaciones entre empresas. • Las políticas públicas y el papel de los gobiernos de distintos niveles. Es, por tanto, necesario ir más allá del estudio del sistema de I+D, entendido en sentido estricto, y considerar todos los aspectos de los procesos de construcción de competencias socioeconómicas. "... (Lundvall, 1992a, 8) Las innovaciones de producto suelen ocurrir dentro de "mercados organizados", en la interacción entre productores y usuarios (Lundvall, 1992b). Estas relaciones, que van más allá de la interacción pura de mercado, se caracterizan por ciertos niveles de intercambio de información cualitativa, cooperación y confianza mutua. Tras revisar la definición de innovación propugnada por el enfoque del SNI, es importante considerar el papel que en el mismo juegan las instituciones. La perspectiva del SNI parte de la premisa de que las instituciones tienen una gran importancia económica. La economía institucional y evolutiva presta atención a los factores que condicionan la acción humana, y rechaza el supuesto maximizador de la teoría clásica de la acción racional. Las instituciones son conjuntos de hábitos, rutinas, reglas, normas y leyes que regulan la relación entre personas y moldean la interacción humana (Johnson, 1992, 26). Las instituciones son "modos prevalentes de hacer las cosas", modos de coordinación, de cara a obtener un rendimiento deseado en contextos donde intervienen las acciones e interacciones de distintos actores (Nelson, 2008, 2). Las instituciones reducen la incertidumbre y la búsqueda de información necesaria para la acción individual y colecti-va, y son por tanto componentes fundamentales de todo sistema social. De un modo complementario, Lundvall y colegas (2002,220) mencionan tres dimensiones institucionales informales: el horizonte temporal de los actores (cortoplacismo frente a visión de largo plazo), la confianza y la combinación de tipos de racionalidad (racionalidad comunicativa, empleando el concepto habermasiano 2, frente a racionalidad estrictamente económica). En última instancia, como ha apuntado R. Nelson, el enfoque del SNI trata de las relaciones entre la tecnología y las instituciones sociales. Las instituciones o "tecnologías sociales" (relaciones, prácticas internas a una organización, relaciones interorganizacionales) no debieran verse únicamente como "constreñimientos" a la acción, sino también, frecuentemente, como capacitadores o multiplicadores de la misma, esto es, como modos efectivos de coordinación que reducen los costes de transacción en contextos donde la cooperación humana es necesaria. Tras analizar las principales ideas en las que se basa la perspectiva del SNI (aprendizaje interactivo, innovación e importancia de las instituciones), quisiéramos aludir brevemente a la variante de "sistema sectorial", puesto que, a nuestro entender, ilustra bastante bien la visión sobre la innovación que se propugna en aquella perspectiva. Un sistema de innovación sectorial es un conjunto de empresas activo en el desarrollo y fabricación de los productos y en la utilización de tecnologías dentro de un sector industrial (Breschi y Malerba, 1997). Los sectores industriales están caracterizados por un determinado "régimen tecnológico": tipo de conocimiento, condiciones de oportunidad, apropiabilidad y acumulabilidad del conocimiento, y modos de transmisión del mismo. Breschi y Malerba han formulado algunas hipótesis interesantes sobre la relación entre el régimen tecnológico de un sector y la importancia de la proximidad. Sus análisis son particularmente interesantes en lo que respecta a sectores maduros (como la ingeniería mecánica o la máquina herramienta) caracterizados por el carácter tácito y específico del conocimiento, la importancia de las relaciones productor-usuario y la innovación como adaptación, desarrollo o mejora del producto en respuesta a las necesidades del cliente o a nuevos contextos de aplicación. Tras considerar la variante sectorial del concepto de SNI, quisiéramos terminar este apartado aludiendo a la importancia de la perspectiva SNI en la política científica y tecnológica. El concepto de SNI es el producto de una "fertilización cruzada" entre instancias académicas y políticas (OCDE) (Sharif, 2006). Las conexiones entre la comunidad epistémica que propuso el enfoque (articulado en trabajos colectivos como Dosi et al., 1988; Nelson, 1993; Edquist, 1997) y las instancias de política científica y tecnológica de la OCDE, donde algunos de estos investigadores ocuparon puestos de responsabilidad o participaron de distintas maneras, fue decisiva para la credibilidad y legitimidad del enfoque y para su adopción en distintos países. En la interacción entre ciencia y formulación de políticas el concepto de SNI perdió rigor metodológico o teórico (esto es, se convirtió en un marco conceptual interdisciplinar, más que en una teoría en sentido estricto), pero ganó en interés, difusión y aplicabilidad práctica. Como han indicado Albert y Laberge (2007) para el caso de Canadá, el alto nivel de aceptación del concepto de SNI entre los decisores y funcionarios públicos encargados de las políticas de I+D se debe al prestigio y poder simbólico de la OCDE y de su comunidad epistémica asociada, que da un halo de cientificidad al enfoque. PYMES Y SISTEMA REGIONAL DE INNOVACIÓN La aplicación del concepto de SNI a nivel regional ha ganado una creciente importancia en las esferas científica y política como instrumento para analizar los procesos de innovación a dicha escala. Con el concepto de SRI se subraya la importancia de la escala regional y de los recursos específicos regionales en la innovación de las empresas y en la competitividad de las regiones. La perspectiva de los sistemas regionales de innovación (Cooke, 1996; Storper, 1997; Cooke y Morgan, 1998; Maskell y Malmberg, 1999; Braczyk et al., 1996) enlaza con un creciente interés por la importancia del entorno regional de la innovación, especialmente para las pequeñas y medianas empresas (pymes), y con la creciente importancia de las políticas regionales que favorecen y promueven la innovación. La perspectiva del SRI recoge elementos de la economía evolutiva, economía institucional, teorías sociales y geografía económica, integrando diferentes conceptos como "distritos industriales", "milieu innovador" o "learning region". Esta perspectiva surge en gran medida para explicar el éxito de algunas aglomeraciones, clusters o regiones industriales (Baden Wurttemberg, Emilia-Romagna, Silicon Valley). Desde la perspectiva del SRI, la innovación se concibe como un proceso de aprendizaje interactivo dentro de la empresa y entre ésta y otras organizaciones. Se trata además de un proceso localizado, donde factores con- textuales específicos pueden promover los procesos de creación y aplicación de conocimiento. Se considera que la aglomeración de empresas supone un ahorro en los costes de transacción en las relaciones entre empresas y favorece las interacciones basadas en la confianza mutua y el intercambio de conocimiento no codificado. La perspectiva de los SRI parte de la premisa de que las redes formales e informales entre agentes (empresas, gobierno, agentes de I+D, otros agentes del entorno) en un contexto de confianza permiten minimizar los costes de transacción, facilitando el intercambio de conocimientos tácitos de carácter innovador (Cooke, Gomez y Etxeberria, 1997). El capital social contribuye a la innovación al reducir los costes transaccionales en las relaciones entre empresas (y entre éstas y otros actores), los costes de investigación e información, los costes de negociación y decisión y los costes de implementación de políticas y programas (Maskell, 2001; OECD, 2001). La confianza, la reciprocidad, los valores compartidos, las redes y las normas aceleran la transferencia de información y el desarrollo de nuevo conocimiento. Los "fallos del mercado" para el intercambio de conocimiento entre empresas pueden superarse si las relaciones puramente económicas son reemplazadas por acuerdos de intercambio recíprocos y estables basados en la confianza. Las redes de colaboración interempresarial (clusters, distritos industriales, milieux) son particularmente importantes en el caso de las pymes, que conforman la gran mayoría del tejido empresarial europeo (Crouch et al., 2004). Las características institucionales de una región y sus infraestructuras de conocimiento son importantes condiciones básicas y pueden servir de estímulo para promover las actividades innovadoras. Por ejemplo, la creación de diferentes organizaciones locales para crear "institutional thickness" es enfatizada como importante para estimular la cooperación, el aprendizaje interactivo y la actividad innovadora. La existencia de un entorno regional que favorezca la actividad innovadora es especialmente importante en el caso de las pymes, ya que éstas se encuentran más imbricadas en el entorno regional que las empresas más grandes (Fritsch, 2001; Koschatzky y Sternberg, 2000; Koschatzky y Zenker, 1999; Kauffmann y Todtling, 2002). La región es importante para el intercambio de conocimiento tácito y para la provisión de mano de obra cualificada, ambos mecanismos muy importantes en los procesos de innovación de las empresas pequeñas (Kauffmann y Todtling, 2003; Grotz y Braun, 1997). No obstante, no todos los SRI favorecen la actividad innovadora de las empresas. Algunos déficit de los SRI que pueden dificultar la actividad innovadora de las empresas son la falta de actores regionales relevantes ("organizational thinness"), la fragmentación o la falta de colaboración en la innovación entre agentes de la región y el "lock in" institucional social y cultural (Asheim e Isaksen, 2003; Kaufmann y Wagner, 2005; Todtling y Trippl, 2005; Iammarino, 2005). Estos déficit se producen en mayor media en regiones periféricas, donde prevalecen los sectores industriales tradicionales. Simmie (2002) resalta la importancia de combinar vínculos de carácter internacional con clientes con el conocimiento local por parte de proveedores, universidades y agentes de transferencia locales. De estos estudios se derivan las siguientes conclusiones: • La innovación es en gran medida un proceso interno interno para la mayoría de las pymes. • La cooperación se limita en muchos casos a clientes y proveedores. Dentro de estas relaciones es muy importante la confianza mutua y se resalta que un número limitado de relaciones usuario-proveedor duraderas y selectivas son normalmente las que moldean y restringen la mayoría de las actividades de innovación de producto. • Las universidades, centros tecnológicos y otros agentes de I+D no son fuentes relevantes para la innovación. La cooperación con estos agentes se circunscribe a empresas más grandes y/o con mayores capacidades tecnológicas. Estos estudios también muestran la existencia de capacidades específicas de la innovación en las pymes, como son: • Base limitada de recursos, que conlleva una menor importancia de las actividades de investigación. • Importancia del conocimiento tácito frente al codificado. El aprendizaje relacionado con las actividades productivas habituales ("learning by doing", "learning by using", "learning by interacting") juega un papel fundamental en la innovación en las pymes. • Cultura organizacional distintiva que se deriva de la combinación propiedad/dirección. El background socioeconómico del propietario/gerente y su actitud personal (reactiva, activa o proactiva) tiene un impacto importante en el rango de fuentes tecnológicas. Se ha señalado que las pymes con un gerente de una segunda generación, especialmente aquellos que han estudiado en universidad, acuden a una mayor variedad de fuentes externas y consiguen buenos resultados del contacto con universidades. • Menor capacidad para moldear e influenciar el entorno externo. • Importancia de la figura del "gatekeeper" relacionada con la capacidad de absorción de la empresa. En los años ochenta y noventa tomaron un gran impulso las políticas regionales de oferta inspiradas en la idea del empuje tecnológico ("technology push" o modelo lineal tecnológico). Estas políticas se dirigieron a fortalecer una estructura intermediaria para asegurar que las nuevas tecnologías llegaban a las empresas regionales. El objetivo era crear un entorno de innovación favorable para las empresas regionales, particularmente pymes. La intervención se centró en crear mecanismos de interfaz, centros tecnológicos y parques científicos y tecnológicos, con el objetivo de poner en contacto la demanda y la oferta tecnológica. En los últimos años las políticas de I+D van incorporando el concepto de sistema de innovación en el discurso, pero esto no siempre se traduce en nuevos instrumentos acordes con dicho concepto. En esta línea, en un estudio europeo comparativo de 40 instrumentos de la política regional de innovación en 11 regiones europeas, los autores indican que la mayoría de las herramientas pueden ser etiquetadas como "relativamente convencionales", es decir, no tienen en cuenta la existencia de mecanismos interactivos que pueden propiciar los procesos de aprendizaje, "adicionalidad" y networking. En el estudio se señala que en la implementación de las políticas no se han tenido en cuenta las reflexiones teóricas derivadas de los estudios de los sistemas locales/regionales de innovación (Garofoli y Musyck, 2001; Nauwelaers y Wintjes, 2002). RECEPCIÓN DEL CONCEPTO DE SNI/SRI EN ESPAÑA El concepto de SIN/SRI fue recibido en España en los años ochenta y comienzos de los noventa, concidiendo con la formulación de las primeras políticas científicas y la recepción de la perspectiva de los estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad (Luján, López-Cerezo y Muñoz, 1994; Sanz, 1998; Olazaran y Moso 1999). Investigadores de economía/empresa, sociología/ciencia política y filosofía centraron su foco de interés en la ciencia y la tecnología. Durante unos años la comunicación interdisciplinar entre estos investigadores tuvo lugar en los congresos de la red RICTES, hasta que esta red cesó su actividad a finales de los noventa. Recientemente, los investigadores pertenecientes a distintos institutos del CSIC han sido agrupados en una estructura de coordinación denominada red CTI-CSIC pero, en general, puede decirse que la integración interdisciplinar de este campo en España es mucho menor que en otros países europeos. Tras el pico inicial de interés, que puede verse como una "moda académica" (Abrahamson, 1996), los estudios sobre la innovación se realizan con "normalidad" (aunque con un nivel de actividad e institucionalización menor que en otros países) en las distintas disciplinas y centros. Para el análisis del concepto en España hemos realizado una encuesta a autores con una o más publicaciones en este campo. La selección de estos autores se ha realizado a través de la búsqueda de artículos científicos en los que se utiliza dicho concepto a partir de bases de datos de publicaciones nacionales e internacionales 3. La encuesta se ha realizado vía e-mail y se han recibido 25 respuestas, entre las que están las procedentes de los autores que más han trabajado el concepto en España desde las ciencias económicas y sociales. Los expertos encuestados destacan dos aportaciones principales del concepto de sistema nacional de innovación: el carácter sistémico e interactivo de los procesos de creación de conocimiento, superando el modelo lineal, y la interrelación entre actores y componentes, por un lado, y la importancia del contexto espacial, social e institucional de la innovación, por otro. También se señala su utilidad para redefinir las políticas de I+D+i, al menos a nivel del discurso (la implementación, como se verá más adelante, ha sido bastante más limitada). Algunas personas señalan que se trata de un marco conceptual, de tipo heurístico más que estrictamente teórico, que facilita la recogida y organización de información, la comparación y el diálogo entre disciplinas. "A mi entender la aportación del concepto de NIS es la siguiente: a) Visión de conjunto de los procesos de innovación en el ámbito territorial definido analíticamente. b) Perspectiva institucional y organizativa en el estudio de los procesos de innovación. c) Posibilidad de identificar 'gaps' o problemas en el sistema, más allá de los errores convencionales del mercado. d) Visión de la dimensión evolutiva de los procesos de innovación, entendiendo que hay muchos elementos de incertidumbre y procesos. e) Entender que los procesos de innovación son altamente influidos por el contexto socioeconómico en el que están embebidos." (E3) "A mi entender la principal aportación es el haber hecho ver, tanto a los estudiosos de estos procesos como a los responsables de las políticas científicas y de innovación, la importancia de las relaciones entre los agentes y de las condiciones de contexto (leyes, normas, usos y costumbres, etcétera) en los procesos de innovación." (E6) "El concepto sirvió para dotar a los estudios sobre innovación tecnológica de una mayor coherencia, y permitió que los análisis realizados desde perspectivas disciplinares muy distintas pudiesen converger en el uso de conceptos, marcos teóricos, factores y variables para el análisis. En esta primera etapa dicho concepto también facilitó la adopción de un lenguaje común entre investigadores dedicados al estudio de la innovación, los responsables de las políticas de I+D+i y los propios actores empresariales." De un modo muy mayoritario, las personas entrevistadas subrayan que la aplicación del concepto de SNI en España ha tenido lugar a través de su variante regional (sistema regional de innovación, SRI), tanto a nivel de análisis como de definición de políticas, en concordancia con la dinámica territorial de los procesos de innovación. Los estudios a nivel regional se han visto favorecidos por la estructura autonómica y por la concentración industrial en algunas regiones. Algunos expertos señalan expresamente que no ha habido una aplicación del concepto a escala nacional. Asimismo, se han recogido algunas opiniones críticas respecto a un excesivo énfasis en las políticas públicas y sobre la falta de indicadores sobre las relaciones entre actores. "Esto en un país como España, donde las legislaciones autonómicas empezaron a diferenciar las actuaciones y donde la actividad industrial estaba muy concentrada, empezó a dar origen a diversos sistemas regionales. La herramienta conceptual se reveló muy eficaz para reflejar la realidad." "Creo que la variante denominada Sistema Regional de Innovación se ha aplicado y sigue aplicando de forma excesiva en España como resultado de la 'venta' que tiene las distintas estancias de las Administraciones Autonómicas y que financian generosamente los trabajos que llevan esta etiqueta. También creo que las aplicaciones que se han hecho en nuestro país han estado dominadas por las dimensiones políticas y públicas del concepto, en detrimento de un mayor énfasis por el comportamiento empresarial. En mi modesta opinión, creo que en España sí que hay auténticos sistemas regionales de innovación, con orígenes bien definidos, lo que no creo es que haya tantos sistemas regionales de innovación como gobiernos autonómicos. Este tipo de estudios parte ya de un a priori que no responde al verdadero concepto de Sistema de Innovación: el hecho de que las políticas públicas son las que vertebran y alumbran los sistemas de innovación. La situación político-administrativa es una variable más." (E11) "En general creo que se ha abusado del concepto o de la 'metafora', y que a veces se ha dado por sentada la existencia de un 'sistema' sin comprobar empíricamente la presencia de sus elementos y de sus propiedades sistémicas. Se echa en falta en la literatura una distinción analítica más clara entre las 'políticas', y el 'sistema', sobre todo a la hora de explicar unas u otro, o de hacer atribuciones causales entre ambos." (E7) "En España se ha aplicado básicamente al diagnóstico de los sistemas (nacional, regionales, sectoriales,...) pero, a la hora de la verdad, se han seguido analizando los diferentes subsistemas o entornos (científico, productivo...), cada uno por su lado, porque las relaciones siguen sin ser bien estudiadas debido a la falta de indicadores fiables y universales sobre ellas. En los datos del INE sólo se informa desde el punto de vista cuantitativo sobre los flujos financieros entre empresas y universidades y entidades de las AAPP, pero eso no informa sobre la importancia de las relaciones. En la encuesta de innovación tecnológica hay dos preguntas cualitativas que ayudan: con quién coopera la empresa y la importancia de diversas fuentes de información sobre la innovación, pero son datos cualitativos. En bases de datos de patentes se informa sobre los artículos y patentes citadas, pero en gran medida esa información se usa para delimitar la aportación (inventiva) del solicitante, no para informar sobre las colaboraciones. En fin, como digo, mientras no se tenga más y mejor información sobre las relaciones será difícil que el concepto de sistema pase de ser eso, un concepto, para ser una teoría. Yo diría, pues, que, en definitiva, ha sido una aproximación conceptual muy útil desde el punto de vista intelectual, pero la noción de sistema apenas se ha aplicado más que de una forma superficial, por falta de indicadores para medir aquello que supuso la verdadera aportación: las relaciones." En cuanto al papel de las distintas disciplinas científicas, destaca el papel principal de la economía aplicada, la economía regional y la economía de la innovación y, en segundo lugar, la contribución de politólogos (analistas de políticas públicas) y sociólogos de la ciencia. También hay una mención a la organización de empresas, la geografía regional o local, la cienciometría y la filosofía. No obstante, se señala que los economistas han aportado menos que en otros países, y que las relaciones entre disciplinas son muy escasas. "Los grupos más activos en el desarrollo del concepto en España proceden de la economía (especialmente la economía aplicada), las ciencias empresariales, la sociología, la cienciometría y la filosofía. La influencia de investigadores que han pasado por el mundo de la gestión universitaria ha sido importante. Excepto por esfuerzos aislados, no existe una masa crítica interdisciplinar que aborde sistemáticamente el concepto." (E13) "No es un concepto que haya calado especialmente en la Economía, en especial en la economía pública que es donde tendría que haber calado. Más bien ha quedado en manos de los 'policy makers', las instituciones que crean informes (Ministerio, CDTI, COTEC, etc.), en especial las de algunas comunidades autónomas, donde no sólo usaron el concepto sino que lo aplicaron. Un buen ejemplo es la SPRI en el País Vasco. Quiero decir con esto que el debate como mucho académicamente ha quedado en las reuniones de los centros que se dedican a Estudios de Ciencia y Tecnología, que suelen ser pluridisciplinares." (E17) "Creo que los economistas han aportado a este tema menos que en otros países, en gran medida porque es un tema donde los modelos formales, que es lo único que interesa a la mayoría de colegas, no es fácil." (E10) "Son los economistas y los politólogos los que más han utilizado el concepto, tomado generalmente como marco o teoría sin hacer aportaciones críticas. No ha habido relación entre disciplinas o subdisciplinas, como generalmente suele ocurrir en España." "Los economistas han tratado de describir y analizar los sistemas regionales de manera cuantitativa y los sociólogos el comportamiento de las instituciones y las políticas. No ha habido mucha relación entre economistas y sociólogos." (E9) "Aunque el marco impulsa a una aproximación multidisciplinar, tengo la sensación de que cada uno sigue abordando el análisis desde lo que constituye su área de conocimiento original (economía, sociología...)." Influencia en las políticas Los entrevistados destacan la influencia del concepto en la definición de las políticas, sobre todo regionales, pero no tanto en lo que se refiere a la implantación de las mismas. Existe, por tanto, un riesgo de utilización de un discurso de sistema de innovación (influido por las instancias internacionales) para legitimar políticas que en realidad son más lineales o que responden a intereses existentes. Por otro lado, algunos entrevistados señalan que la interacción entre el mundo académico y político ha sido menor en España que en otros países. También se apuntan las dificultades para coordinar las distintas partes del sistema (administraciones públicas entre sí; sector público y empresa), la rigidez del sistema público y la falta de una cultura de innovación y transferencia de conocimiento en la empresa. Los instrumentos que favorecen la cooperación (proyectos), así como las estructuras de interfaz (como centros tecnológicos), son mejor valoradas por algunas de las personas entrevistadas. "Eso se debe en parte a la utilización de los conceptos de sistema nacional/regional de innovación en la doctrina comunitaria, que ha reforzado y legitimado hacia abajo este tipo de conceptualizaciones." (E24) "Creo que el impacto de la adopción del concepto ha sido muy fuerte a nivel, como ya he indicado, del 'marketing' o 'venta' de las distintas actuaciones e instrumentos, pero no creo que las políticas públicas realmente reflejen el concepto, ya que siguen persistiendo en su diseño e implementación factores de segregación y una clara falta de integración en aspectos críticos. La mejor muestra de ello creo que se observa en la clara contradicción existente en la gestión de los recursos humanos de Universidades y OPIs y al mismo tiempo el pretendido fomento de la cooperación entre universidad y empresa." (E11) "La incidencia ha sido limitada, creo que ha calado en el discurso político, pero que no se ha trasladado tanto a los instrumentos, que, sobre todo a nivel nacional, siguen estando muy centrados en las políticas directas, basadas en la transferencia de recursos. Quizás en alguna región sí se ha experimentado con instrumentos que se dirigen más a fomentar las redes, las interacciones y el aprendizaje." (E7) "La incidencia ha sido prácticamente nula. Como repito continuamente hay una gran distancia entre el discurso y la acción en políticas científicas y de innovación.Todas las convocatorias desde hace veinte años en España están inspiradas en el modelo lineal." (E19) "En todo caso, en la aplicación y diseño de las políticas abunda más el vocabulario de los SRI que una verdadera concepción sistémica de todo el proceso y una auténtica articulación de las diferentes patas de las políticas que inciden en la dinámica de la innovación" (E24) "El concepto ha contribuido a legitimar el papel de las instituciones que ponen en contacto los distintos elementos del sistema, tanto organizaciones (OTRI-OTT, FUE, CEEI, etc.), como programas públicos de financiación (PROFIT, PETRI, CENIT) o de incorporación de científicos en la empresa (Programa Torres Quevedo)... También ha contribuido a aumentar la conciencia sobre los procesos de evaluación de las actividades de investigación (SISE, COSEP, CNEAI)." (E13) "En Suecia y en los países nórdicos en general ha habido una conexión estrecha entre el ámbito académico y político. En otros países esto es discutible, por ejemplo en España." (E18) "Desconozco si podríamos hablar de una co-evolución entre las dos esferas, la de corte más científico y la más política. En otros países sí que van de la mano, pero en éste no lo creo." Debilidades del concepto de SNI/SRI Los entrevistados señalan algunas debilidades del concepto que señalamos a continuación. Se señala que se trata de un concepto descriptivo y que existe una carencia de indicadores para desarrollar un marco analítico. Los entrevistados señalan que la falta de indicadores ha dado lugar a una literatura ambigua e imprecisa. "Creo que se ha avanzado en la descripción, pero queda todavía quehacer en el terreno de obtención de datos para elaborar indicadores en diversos ámbitos (inputs, outputs, instituciones) y en el del contraste empírico de las relaciones entre los mismos, tanto a nivel agregado como microeconómico." (E4) "En este sentido, por lo que respecta a la parte científica del concepto, le veo muchas carencias, ya que hay una gran cantidad de aspectos que no se han podido estudiar todavía en detalle (como los indicadores, los métodos de evaluación, el grado de interacción en un sistema y su repercusión sobre el nivel de desarrollo del mismo, etc.) y que creo que debilitan al concepto." (E25) "Ciertamente la literatura de sistemas regionales de innovación es claramente ambigua e imprecisa, y con poco contraste empírico." Por otro lado, se indica que se ha hecho un uso abusivo del concepto que ha llevado a que éste haya perdido parte de su validez analítica y descriptiva. Como señala un entrevistado, paradójicamente la adopción del concepto por parte de los decisores políticos ha supuesto un cierto debilitamiento en la vertiente científica. "Así pues, de la noche a la mañana a las políticas de ciencia o tecnológicas, se les ha puesto la coletilla de innovación, pensando que con ello ya se crea un sistema. Es más, en muchas regiones españolas, se habla de sistema regional, aún y cuando todos sepamos o por lo menos deberíamos saber que un sistema regional conlleva otras muchas connotaciones. En este sentido, no creo que podamos hablar de sistemas regionales de innovación consolidados a nivel regional en España... Son pocas las regiones que podrían considerarse como acreedoras de un sistema regional de innovación consolidado. Sin embargo, todas ellas hablan de poseer un sistema. Este hecho creo que le favorece poco al concepto, así como a su uso." La idea central de la perspectiva del SNI es que las personas, las organizaciones y las instituciones, esto es, las relaciones sociales, juegan un papel importante en los procesos de innovación, que van por tanto más allá de las relaciones meramente económicas caracterizadas por la acción racional instrumental. El concepto de SNI ha supuesto una nueva concepción de la innovación que supera el modelo lineal y que se adapta mejor a la realidad de la innovación en las empresas, sobre todo pymes. Asimismo, ha proporcionado un marco para el estudio de variables sociales en el ámbito de la innovación. El concepto ha mostrado su potencialidad para analizar procesos de innovación a escala regional y, en concreto, los factores del contexto (sociales, institucionales, culturales y políticos) que pueden influir en la actividad innovadora de las empresas. En este sentido, los estudios realizados a nivel internacional muestran la imbricación de las pymes en entornos regionales, así como la especificidad de la innovación que realizan. El concepto también es útil en la definición de políticas, aunque no se ha avanzado tanto en su implementación. Las políticas regionales para fomentar la innovación en pymes han mostrado sus límites, en parte por ceñirse en gran medida al modelo lineal de creación de una oferta tecnológica. De la encuesta realizada sobre la recepción y desarrollo de la perspectiva SNI/SRI se deduce que en España la aplicación del concepto ha sido fundamentalmente a nivel regional. Aunque se señalan las virtudes del concepto para analizar los procesos de innovación, también se apunta a sus limitaciones, entre las que destacan la falta de indicadores para el análisis empírico de las relaciones entre actores, la falta de estudios comparativos y el uso abusivo del concepto en el discurso político, que no se ha correspondido con una implementación efectiva en el diseño de políticas de innovación. Recibido: 20 de junio de 2008 Aceptado: 10 de septiembre de 2008 NOTAS 1 Este trabajo fue realizado dentro del proyecto "Cooperación, conocimiento e innovación en la industria española de máquina herramienta" financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia. 3 La búsqueda se ha realizado en las siguientes bases: ISOC/CSIC, Dialnet, Abi Inform, Ebsco, Ingenta y Science Direct con los siguientes descriptores: "sistema de innovación" (en las bases nacionales) e "innovation system" y Spain/Spanish/ y los nombres de las diferentes regiones españolas (en las bases internacionales).
TENÍA CORAZÓN: DE EMILIA PARDO BAZÁN 1 Las estériles perspectivas que tiene el matrimonio para una rica heredera burguesa -la cual, después de muchas pruebas auto infligidas, es recluida en un sanatorio-, no es precisamente, cabría pensar, una trama como para prenderle fuego al nuevo siglo. Apenas constituye un argumento en sí: se trata más bien de una serie de viñetas, cada una de las cuales abre la puerta a una sala en la cual los lectores de la ficción decimonónica ya han estado antes, luego a otra y otra con una predecibilidad monótona, rematada por un final que puede hacer a los lectores sentirse como si estuvieran en la rueda de tortura del Emperador Máximo, junto con la santa patrona de la protagonista, Catalina de Alejandría. Pero cuando se lee como un diálogo al mismo tiempo que como una hagiografía, ficción decadente y ficción realista clásica, Dulce Dueño se convierte en algo tan interesante como la bizarra novela de Clarín "Las vírgenes locas", u otras novelas experimentales de final de siglo en diálogo antagonista con la convención narrativa prevaleciente. Lina, la "virgen loca" de Dulce Dueño, se rebela contra una vida material y relacionalmente baldía, para la que su respuesta final (una vez que ha agotado completamente las ventajas palpables que la sociedad moderna le ofrece) es un radical desembarazamiento y auto-cancelación, dejando a los lectores con lo que Kathy Bacon ha descrito como una "autotanatografía" (375). Tras esta autotanatografía, se detecta un notorio aburrimiento por el peso de una tradición narrativa que construía el cuerpo femenino como parte del mundo exterior, el cual los novelistas inspeccionaban con la absorta atención del anatomista de la famosa pintura de Enrique Simonet "El anatómico". Escalpelo en mano, el sabio y anciano doctor examina calmadamente el corazón que acaba de extraer del hermoso cadáver femenino que se encuentra tendido sobre la mesa de autopsias, cuyo cabello cae en cascada al lado de la espátula. "Tenía corazón", como el cuadro se titulaba originalmente, apareció en 1895 en la revista Ilustración Ibérica 2 (ver imagen), después de lo cual se convirtió en un emblema de la doble obsesión decimonónica con el cuerpo y el corazón de la mujer. Paralelo al célebre interrogante de Freud "Was weil das weib?" (1922), y junto con preocupaciones sobre la subjetividad y la pasividad femeninas, la obsesión de Simonet se filtra hasta el siglo veinte de la mano de su pintura -la cual fue utilizada por la artista feminista Barbara Kruger en su famosa composición "No Radio" en 1990. Quiero explorar aquí el diálogo que entabla Pardo Bazán con la ficción representativa realista, con sus obsesiones voyeuristas, revisitando ciertos pasajes de la novela Dulce Dueño y revisando investigaciones feministas recientes (Bieder, Bacon, Medina y Kirkpatrick) que consideran la novela como una subversión, en distintos grados, de la mirada masculina. Mientras que estos críticos ven en la novela, acertadamente, un ademán hacia la modernidad, este artículo examinará también su ojeada retrospectiva hacia anteriores tramas sobre la subjetividad femenina, que imaginan varias maneras de demostrar que la mujer "tenía corazón". En lo que respecta al argumento, el exasperante final de la novela se encuentra prefigurado por su introducción hagiográfica, un resumen de la vida y el martirio de Santa Catalina de Alejandría narrado por los dos hombres responsables del cuidado y la educación de Catalina, protagonista de la novela y homónima de la Santa. El libro abre con un imperativo, "Escuchad", que sirve como título de la primera parte. Es una tarde tormentosa y los tres personajes reunidos alrededor del fuego están dispuestos a oír un relato, el cual parece surgir ante ellos desde un pequeño "objeto maravilloso" que reposa sobre la mesa, y que representa en relieve la figura de una Santa Catalina suntuosamente ataviada. El cuento, sin embargo, deriva de un texto que uno de los hombres lee en voz alta. La invocación es, por tanto, a escuchar una narración escrita comunicada oralmente, al tiempo que se contempla un hermoso retrato femenino como el que Pardo Bazán evidentemente había admirado en casa de su amigo el Conde Munter 3. En el retrato, Santa Catalina lleva una corona de diamantes y posa de pie al lado de una rueda de tortura, atributo de su martirio: dos símbolos de gloria que, juntamente con su "cabello color de miel por los hombros", viajan a través de los siglos en lo que el Magistral Carranza llama su "historia", el escéptico Polilla una "patraña" ficticia, y Lina una cautivadora "leyenda". Lina está ansiosa por oír la historia de su homónima; acallando una de las muchas interrupciones, solicita que se la cuenten en la manera que ella quiere, aparentemente deleitándose en todos sus detalles sensuales y orientalistas, a los cuales responde "¡Me gusta Catalina Alejandrina!" (53). Lo que confunde a los lectores modernos, no obstante, son las sucesivas capas narrativas que hacen difícil saber con exactitud qué versión de la historia es la que Lina escucha. Aunque el Magistral la está leyendo de un libro, se han colado algunos detalles ajenos, detalles, nos dice, que el "autor" -en una ambigua referencia-probablemente desaprobaría. Las vidas de santos eran a menudo relatos sumarios, como la de Santa Catalina que la propia Pardo Bazán publicó alrededor de las mismas fechas en que apareció Dulce Dueño, y hacían falta algunos retoques para animarlas: "Tal vez al transcribir aquí su lección se deslicen en ella bastantes arrequives de sentimiento o de estética que el autor reprobaría" (48). La notación "bastantes arrequives de sentimiento o de estética" se refiere presumiblemente a las caprichosas adiciones del Magistral, pero la frase "al transcribir aquí su lección" deja abierta la posibilidad de que el transcriptor incorporara sus propios adornos; dicho de otro modo, implica añadidos al texto realizados por un autor implícito cuya primera palabra es "Escuchad": una orden que, a pesar de su implicación auditiva, está simultáneamente dirigida a los lectores así como a los oyentes sentados junto al fuego, ya que se encuentra libre del cuerpo del texto. Hay por tanto tres posibles capas narrativas, cada una con su propia ambigüedad: la historia débil e incompleta tomada de una vidas de santos, leída por el Magistral Carranza (posiblemente una referencia indirecta a la versión de la vida de Santa Catalina por la propia Pardo Bazán); la historia embellecida con los detalles que Carranza explica como necesarios para aclarar ciertos "puntos dudosos" y por tanto reforzar la lógica narrativa de la historia (pero que, según él promete, estarán libres de "prolijidades"); y finalmente la historia que nos llega a nosotros con el probable agregado de los adornos del transcriptor que el "autor" (quien quiera que éste sea) tal vez desaprobaría, y que de hecho incluyen "prolijidades". Al colocar a Lina dentro de la historia (ella escucha hablar a Carranza y añade importantes comentarios; no está leyendo la novela que nosotros leemos) y simultáneamente fuera de la misma (reacciona con deleite a los retoques sentimentales y estéticos, como si ella fuera uno de los supuestos lectores de la novela a quienes también se dijera "Escuchad"), parece que somos confrontados por una paradoja narrativa que nos obliga a considerar cuidadosamente qué diferencia marca quién narra qué a quién. El embellecimiento del texto incluye detalles suntuosos y minuciosos del cuerpo de Santa Catalina y especialmente de sus ropas, descripciones que no intentan meramente complacer a los oyentes/lectores rellenando el texto del cual lee Carranza, sino justificar la admiración y los deseos lascivos de los muchos pretendientes de la Santa, y por consiguiente ayudar a convertir esta historia-patraña-leyenda en un tipo apropiado de narrativa que los lectores de ficción realista reconocieran a pesar de sus "prolijidades" modernistas. Antes de embarcarse en la búsqueda del amor, Catalina es la perfecta esquiva centrada en sí misma, que desdeña a todos los pretendientes y prefiere estar sola (es decir, sola con sus eunucos masculinos). En otras palabras, la Santa futura, que "prefería aislarse y cultivar su espíritu y acicalar su cuerpo" (52), es siempre vista por alguien incluso en sus momentos más íntimos, y al final de su historia hay toda una hueste de testigos frente a sus exóticos encantos. Cuando está sola en sus aposentos privados, sus únicos testigos son los guardas negros, pero cuando luce la perla gigante de Cleopatra, se nos dice que "hubo en la ciudad una oleada de envidia y de malevolencia" (53). Finalmente, en la última escena, Catalina se presenta ante un mar de hombres reunidos para ponerla a prueba y asistir a su ejecución: la guardia pretoriana, César Augusto, los sacerdotes y sabios de Alejandría, y la gente, tanto cristianos como paganos, todos están presentes para contemplar tanto su sabiduría como su belleza física y las refinadas ropas y joyas de la futura mártir: Venía más ricamente ataviada que nunca, surcada por ríos de perlas, que se derramaban por su túnica blanca con realces argentinos, como espumas de un agua pálida. Su velo también era blanco, y coronaba su frente ancho aro todo cuajado de inestimables barekets o esmeraldas orientales, traídas del alto Egipto, cerca del Mar Rojo... Lucía en su garganta la perla de la reina de Egipto, y al pecho la Cruz (82). Pardo Bazán nos ofrece el cuerpo de Catalina como lugar donde los deseos convergen y se funden, colapsándolo todo en una extática y trascendente vía láctea. El cuerpo de Catalina nunca llega a ponerse en la rueda designada para torturarla, pero debe morir, a manos de un esclavo negro que aprieta su cabello entre sus puños y la decapita. Su sangre mana a borbotones, "en lago de blancor lunar, hecho de claridades de astro y de alburas de nube plateada y plumajes císneos" (102). Como una metáfora de los lectores que devoran a la mujer fascinante de la ficción decimonónica, aquellos que presencian el despojo de Catalina simbólicamente se transmutan en ella, nadando en su cuerpo y por lo tanto abrazando la "ciencia y verdad" que fluían de su mente. Mientras su cabeza flota en esta piscina de blanca sangre del conocimiento, la multitud, pasmada, se acerca: "sin recelo ya, bañaban su frente y sus brazos hasta el codo, empapaban sus ropas" (102). Lanzando sobre la ciudad entera un encantamiento con su poderoso "licor fermentado y confortado con especias que los exaltase" (102), Catalina parece el antídoto perfecto para la Niña Chole de Valle Inclán en su Sonata de estío (1903), una novela que Pardo Bazán evidentemente leyó con cuidado. La bella pero cruel Niña Chole, quien, como Catalina, recuerda a una antigua sacerdotisa: -"aquellas princesas hijas del sol, que en los poemas indios resplandecen con el doble encanto sacerdotal y voluptuoso" (Sonata de estío 384)-, desafía a un negro, miembro de la tripulación, a saltar al agua y matar un tiburón a cambio del premio que ella ha ofrecido. Mientras el tiburón lo devora y el agua espumea y se vuelve roja con su sangre, la Niña Chole sonríe y arroja el dinero del premio desde la borda. En la novela de Pardo Bazán semejantes toques modernistas son inconfundibles, excepto que es el verdugo negro quien degüella la garganta de la inocente virgen blanca, y Catalina es el opuesto de la malévola y exótica princesa maya cuya vida es una cadena de hazañas y poses perversas. El virginal "cuerpo de cisne" de Catalina flota en "el lago de candor", su cabeza "sobrenaturalmente aureolada por los cabellos, que en vez de pegarse a las sienes, jugaban alrededor y se expandían, acusando con su halo de sombra la palidez de las mejillas y el vidriado de los ojos ensoñadores de la virgen" (103). Así finaliza la hechicera historia de la vida de Santa Catalina, un experimento del exceso narrativo modernista, pero asimismo una persistente especulación sobre el cuerpo de una mujer que, a través de la muerte, revela hasta qué punto su "corazón" es requerido simbólicamente para cumplir un papel transformador en la existencia de los hombres. La historia de Lina sigue una trayectoria similar a la de su homónima, con una atención semejante a su cuerpo pero con menos resonancias valleinclanescas, y con desviaciones significativas de la convención narrativa tradicional que habitualmente asociamos con las novelas del siglo diecinueve. Para los lectores del siglo veinte, tal vez cansados de argumentos tradicionales, no habrá sorpresa alguna en el final de la novela: no hay ninguna espera desalentada para ver a la mujer antes virginal, ahora perdida, dar su último y fatal paso al arrojarse a los brazos de un amante, marido, chulo, o a las vías del tren, sólo un lento martirio auto-impuesto que ha hecho estremecerse a algunos lectores y confundido a los críticos 4. Aquí están por completo ausentes la sensación de un perdición inminente y la concomitante excitación que experimentamos mientras seguimos la espiral descendente de Emma Bovary seductor la espía desde en hueco de la escalera en Fortunata y Jacinta. Espiar a una mujer sola es de hecho el cuadro fundamental en muchas de las novelas decimonónicas, y Lina, presentando un inventario de sus joyas y sus ropas, para luego introducirse en un baño perfumado, remite ricamente a esta tradición: Todas las noches, a solas, encerrada en mis habitaciones, me doy una fiesta a mí misma. Me despojo de los crespones, visto trajes exquisitos, de color, y me prendo joyas. He hecho transformar y aumentar, a mi capricho, las de doña Catalina. Libres de sus pesadas monturas, ahora los brillantes y las esmeraldas son flores de ensueño o pájaros de extraño plumaje; las perlas salen húmedas de su gruta marina, y algún grueso solitario, pendiente de sutil cadenilla invisible, esmaltada del color de la piel, cuelga lo justo para iluminar como un faro el nacimiento del seno... Antes de todo, he entrado en el baño, preparado por mí, y en el cual he vertido a puñados las pastas suaves de almendra, los espumosos afrechos, y a chorros los perfumes, todo lo que el cuerpo gusta de absorber entre la tibia dulzura del agua. Uno de mis primeros refinamientos ha sido, ¿es esto refinamiento?, colar el agua de mi baño al través de filtros poderosos, para no bañarme en ese légamo en que generalmente se baña Madrid... el poco Madrid que se baña. Encendidas las estufas, radiante de luz eléctrica mi tocador, paso a él envuelta en la tela turca. Lienzos delgados y calientes completan la tarea de enjugarme, y ligera fricción pone mi sangre en movimiento. Me extiendo en la meridiana, enhebrándome en una bata de liberty blanco y encajes. ( 127) Las secuencias de Lina dándose a sí misma una fiesta nocturna traen a la memoria un número sin fin de escenas de espejos en las novelas realistas, una convención que lleva a los lectores a imaginar que los personajes, y no ellos, son los que obtienen placer de ese reflejo, como John Berger nos recuerda (51). Por ejemplo, el espejo de Valerie Marneffe en la afamada novela de Balzac La prima Bette (Cousin Bette, 1847) es su compañía constante, tal y como lo son los imaginarios consumidores de sus encantos: "Valerie -nos recuerda el narrador a los lectores-es una triste realidad de la vida, pintada hasta el más mínimo detalle. Desafortunadamente este retrato no la salvará de la locura de enamorarse de aquellos ángeles de suave sonrisa, mirada melancólica, rostro inocente y cofres para corazones" (150). Valerie está enamorada de sí misma, pero al poner un capullo de rosa en el centro de su corpiño "en el más primoroso de los suaves pliegues", se imagina a sus espectadores masculinos; su ademán es suficiente para "hacer bajar los ojos a cualquier hombre por debajo de los treinta" (221). Valerie, conforme a Jenijoy La Belle, tiene una relación personal con su espejo, pero que al final es meramente el reflejo en el ojo de un hombre: "esa relación se vuelve importante (de hecho básica) sólo porque el cristal es un substituto conveniente y objetivo de los hombres que establecen una explicación para su existencia, y esa razón de ser es, finalmente, la de ser un artículo de consumo" (57). La Gwendolyn de George Elliot en Daniel Deronda es también propensa a mirarse en el espejo, pero, según el narrador nos asegura, su gesto es el de una modelo, posando para un retrato que muchos verán y disfrutarán: "Gwendolen... tenía una ingenua complacencia en su agraciado ser, para la cual ninguna sino la más dura de las santidades tendría alguna indulgencia, en una joven que había visto todos los días un reflejo placentero de sí misma tanto en la adulación de sus amigos como en el espejo" ( 16). Susan Kirkpatrick observa astutamente, por el contrario, que la subjetividad de Lina no se construye en el espejo como un signo para los hombres a su alrededor, sino que más bien Lina se mira a sí misma "buscando descifrar y tal vez controlar su significado" (126). Al mostrarse enteramente ante sus propios y complacidos ojos en el cristal, Lina se convierte en una "voyeurista de su propia auto-construcción" (Bieder "Contesting the Body" 12). Aunque al celebrar su cuerpo Lina no está imaginando el efecto que éste tendrá en futuros pretendientes que, supone, la verán, el atractivo sensual de esta escena arroja una amplia red sobre los lectores tanto masculinos como femeninos de Dulce Dueño. Lina quiere sentir el sensual roce de las joyas, las telas y el agua perfumada, y los lectores están obviamente asistiendo a esas escenas cargadas eróticamente. Pero mientras Lina al principio parece confirmar el placer de la mirada (si bien la suya propia) dirigida a la mujer, clásica empresa de la ficción realista cuya "colonización" corporal femenina es notoria, al final lo rechaza como lugar del placer, y niega su centralidad para su búsqueda. Al llevar a cabo un tipo de auto-aniquilamiento radical, cancela voluntariamente su cuerpo para convertirse en un objeto de deseo merecedor de su amante incorpóreo, de su "Dulce Dueño". Al hacerlo, sugiero, construye la casa/novela del siglo diecinueve como indigna de tenerla a ella -hermosa, inteligente, pobre convertida en princesa-, como su ama. Cuando Lina "se retira de la representación" no sólo niega a los lectores la conclusión narrativa de la tópica leyenda de la virgen-mártir "cuyo cuerpo reificado ofrece una tranquilizadora quietud estética" (Bacon 183), sino que también alerta a los lectores sobre sus expectativas incumplidas. En otras palabras, Pardo Bazán desafía a los lectores, incluso a los de su propia ficción anterior, a examinar críticamente sus expectativas de consumo novelístico. La atracción sexual se disuelve paulatinamente en la versión moderna de la historia, a medida que el asunto del corazón de Lina ocupa la escena principal y que su búsqueda del amor perfecto resulta en una degradación ininterrumpida de su cuerpo como foco de interés (Medina 297). Su corazón no es un objeto de carne como el extraído del hermoso cadáver por el anatomista de Simonet, más bien Lina ha arrancado su corazón-historia de la pintura del anatómico y la ha elevado a una esfera más alta donde su preciosa subjetividad puede ser explorada en sus propios términos. Como Susan Kirkpatrick señala, "Pardo Bazán claramente reivindica el derecho de una mujer a ser el sujeto y el centro de la búsqueda modernista, más que a permanecer en sus márgenes como un objeto o un Otro monstruoso" (Kirkpatrick 120). Del mismo modo, Maryellen Bieder describe a Lina como un "sujeto discursivo autónomo... [N]o renuncia a su libertad interior, a su derecho de autodefinirse y a su placer sexual y espiritual, independiente de los hombres" ("Divina y perversa" 15). La historia de la búsqueda de un compañero adecuado por parte de Lina nos recuerda que Pardo Bazán contribuyó a formar, así como fue formada por, una tradición literaria realista obsesionada con las elecciones sentimentales de las mujeres. Pero al final de su ilustre carrera, los personajes femeninos independientes que habían hecho su aparición tentativa hacia la última década del siglo diecinueve (como Fe en Memorias de un solterón), desaparecieron de su ficción, o fueron victimizadas y marginalizadas como criaturas patéticas y vanas, como Annie en La sirena negra (1908), cuya arrogancia es castigada con la violación. No es que Pardo Bazán abandonara su ideal de una mujer superior, algo que está perfectamente claro en Dulce Dueño, sólo que le fue progresivamente más difícil encontrar cómo encajar a tal mujer en la matriz social que había sido su centro en los años 1890s. En la primera década de la nueva centuria, expresó frecuentemente su decepción con la decadencia política y moral que España estaba experimentando. Pero en lugar de basar sus narraciones en las luchas socio-políticas que emergían a su alrededor, escogió relatos de un individualismo exquisito, cuyos protagonistas sobresaldrían por encima de la realidad banal y corrupta de la vida cotidiana española. Por ejemplo, acerca de La Quimera ella explica: "Estoy persuadida de que en una vida humana lo único que interesa es lo que descubre la individualidad. Lo que nos es común con todos los de nuestra especie carece de valor, si no le imprime su sello distintivo de carácter" (citado en Clèmessy 1:203). Para las mujeres excepcionales e individualistas que Pardo Bazán imaginó en sus últimas novelas, no obstante, no podía existir un Mauro Pareja, el perfecto pretendiente de Memorias de un solterón, un hombre terrenal capaz de la profundidad espiritual y el total compromiso hacia el amor equitativo que había sido el ideal de Pardo Bazán desde su lectura de John Stuart Mill. En Dulce Dueño, especialmente, la protagonista de Pardo Bazán rechaza a los hombres del todo, y se dedica completamente a la noción de un amor místico del tipo que su autora tanto admirara en el Ángel Guerra de Pérez Galdós. Publicada en 1911, Dulce Dueño fue la última novela larga de Pardo Bazán. ¿Cómo es que en 1911 Pardo Bazán imagina la solución para este amor en una forma muy parecida a la de María de Zayas en "La esclava de su amante" o Teresa de Jesús en sus descripciones del camino espiritual de la mística? ¿Fue simplemente, como sugieren algunos críticos, porque Dulce Dueño fue escrita durante su época espiritual, supuestamente iniciada a comienzos del novecientos? La respuesta a esta pregunta radica no sólo en las exploraciones espirituales de Pardo Bazán, las cuales, después de todo, son una constante en su ficción en prosa, sino asimismo en los tipos de personajes masculinos que proyecta para cortejar a sus excepcionales caracteres femeninos del nuevo siglo. La figura idealizada o "dulce dueño" que Lina crea para sí misma cuando los hombres terrenales le fallan es una figura de exceso y delirio, tan imposible que incluso fracasa como solución narrativa, pone nerviosas a las feministas (Mayoral 39) y agudiza la oscuridad de la novela. Sin embargo, es importante entender que todo el peso de la narración apuntaba hacia la búsqueda amorosa de esta mujer: no importa que tan surreal parezca a los lectores, Lina la siente y la proclama en alta voz, y desafía al patriarcado por el derecho a comprenderla como algo real para ella. Si, como sostiene Paula Marantz Cohen, lo que distingue la ficción modernista es un personaje central que es "generalmente definido por medio de su completa alienación de lazos familiares, o de una subjetividad intensa y abarcante que oscurece o desvía radicalmente esos lazos" (179-80), podemos claramente considerar Dulce Dueño como una novela modernista. Su reconocimiento de la ficción decadente, notablemente A rebours de Joris-Karl Huysmans (1884), la cual desarrolla la misma trayectoria desde los vínculos familiares hasta el esteticismo extremo y finalmente hacia la exaltación religiosa (Bieder "Divina y perversa" 9), revela la duradera fascinación de Pardo Bazán con las nuevas corrientes literarias. Incluso más que las novelas realistas clásicas del diecinueve, Dulce Dueño también muestra signos de un creciente malestar con los acuerdos de género reinantes, y un reconocimiento de la superioridad femenina y de la perspicacia intelectual opuesta a la inferioridad afectiva e interrelacional masculina. La perfección femenina es asociada con el concepto de madurez interrelacional, pero con el fin de ver este atributo como la piedra de toque de la superioridad femenina, en Dulce Dueño Pardo Bazán libera por completo a sus heroínas Catalina de Alejandría y Lina Macareñas de responsabilidades familiares. Ningún pariente depende emocionalmente de Catalina ni de Lina, ambas tienen el tiempo y el dinero para dedicarse a cualquier actividad o adquirir cualquier posesión que les resulte llamativa. Aunque están rodeadas de belleza, riqueza y acceso al conocimiento, ambas mujeres se sienten en cambio incompletas porque, como los decadentes caracteres femeninos de El caballero de las botas azules de Rosalía de Castro, aspiran a ser devoradas por un amor absoluto y envolvente al que poder rendirse con el abandono total de una esclava. Desean sacrificar su autonomía y patrimonio en favor de algo que es evanescente y considerado enfermizo en muchas novelas sobre mujeres pero que apunta a una fusión que superaría, paradójicamente, la diferencia de género. El problema de Lina es, no obstante, que no hay un Otro con quien ella pudiera unirse sin que ello acarrease una pérdida de la subjetividad por parte de uno u otro. Por tanto el vuelco de Lina hacia el amor místico puede leerse como un rechazo de la pasividad extrema que la fusión con el Otro implica en un paradigma freudiano de sujeto-objeto (puesto que Lina reconoce la imposibilidad de encontrar alguna vez el amor humano que ha buscado incesantemente y que la aceptaría como un sujeto verdadero), o también como un reconocimiento de que la pasividad extrema es indispensable en la formación de un amor completo (puesto que ella encuentra el amor en su "dulce dueño" espiritual). En lugar de ver la elección final de un objeto amoroso por parte de Lina como una revocación de la subjetividad femenina que fracasa en suplantar el modelo jerárquico y patriarcal de la diferencia de género, la cuestión es si podemos leer su sacrificio como un movimiento que pasa más allá del paradigma sujeto-objeto hacia un concepto intersubjetivo de las relaciones humanas que, en palabras de Jessica Benjamin, trasciende la identidad de género (39). La clave para establecer la más convincente de estas dos lecturas depende de cómo interpretemos la conclusión de la búsqueda de la realización amorosa por parte de Catalina y de Lina. Para decidir qué lectura traduce mejor la postura de la novela acerca del deseo y la subjetividad femeninos, sus historias de amor (o, mejor dicho, sus historias sobre el amor) deben ser desenredadas, comenzando por la narración del martirio de Santa Catalina. La magnífica Catalina se retuerce infelizmente en su trono en forma de león hecho de oro y mármol, vestida con largos velos de lino bordado con plata. ¿De qué le sirven su riqueza, su belleza y su biblioteca? Su alma ansía arder con un gran amor, pero ¿para quién? "¿Dónde encontrar esa suprema belleza de la forma que según Plotino transciende a la esencia?" (57-59). De manera similar, Lina, homónima de Catalina, se complace en decorar su cuerpo y su hogar con objetos raros y costosos, pero sin experimentar la satisfacción que anhela. Lo que falta es un gran amor para iluminar su alma: "Para mí ha de aparecer el amor cortado a mi medida, el dueño extraordinario... me arrojaré a descubrir ese ser que, desconocido, es ya mi dulce dueño" (131). Combinando su admiración por el mito de la espléndida Catalina de Alejandría, varios filósofos griegos y romanos, y las aventuras místicas de Santa Teresa de Ávila, Pardo Bazán imagina este encuentro entre dos mujeres soberbias y el amante perfecto como una mezcla entre lo erótico y lo sublime. Por ejemplo, a Catalina le dan una poción -que simboliza su herida amorosa-hecha del veneno que un rabioso escorpión acaba de "eyacular": Un horrible bicharraco se destacó del grupo y avanzó. Catalina le miró fascinada, con grima que hacía retorcerse sus nervios. La forma de la bestezuela era repulsiva, y la Princesa pensaba en la muerte que su picadura produce, con fiebre, delirio y demencia. Veía al insecto replegar sus palpos y erguir, furioso, su cauda emponzoñaba, a cuyo remate empezaba la eyaculación del veneno, una clara gotezuela. Ya creía sentir la mordedura, cuando de súbito el escorpión, amansado, acudió a la mano raigambrosa que Trifón le tendía, y el asceta, estrujándolo sin ruido, lo mezcló y amasó con el óleo (71). Frotando el ungüento sobre su corazón, sufre una conversión instantánea y es súbitamente capaz de sentir amor: "sintió que al fin el Amor, como un vino muy añejo cuya ánfora se quiebra, inundaba su alma y la sumergía" (67). La hermosa aparición masculina (Jesús en "marfil vivo") de quien se enamora, sin embargo, la rechaza al principio. El Jesús que finalmente pone el anillo del desposorio místico en su dedo es un niño. Impávida, Catalina experimenta el éxtasis mientras el niño trepa a su regazo y la acaricia: "Un delirio se apoderó de las potencias de Catalina y las dejó embargadas" (74). Catalina resplandece de pronto, un deslumbrante icono maternal, unida en un vínculo de amor perfecto con el hijoamante. Su consecuente martirio puede verse como una victoria sobre la mediocridad y la cortedad de visión porque le permite fundirse en un amor perfecto y eterno tanto con el hijo como con el hombre. Al igual que el hombre de hojalata en El Mago de Oz, por fin ha conseguido un corazón; y sin embargo es difícil pensar en esas "místicas nupcias" como un logro, ya que el "rapto" sólo dura un segundo y el bebé-esposo desaparece sin una palabra de reconocimiento (es un niño, después de todo, y su mano debe ser guiada por su madre para poner el anillo en el dedo de Catalina). Por toda esa extrañeza decadente, el matrimonio simultáneo con el niño y el hombre, su voluntad de sacrificarlo todo por amor y su dispersión final en los corazones de todos, pueden ser leídos como una alegoría de la heroína burguesa del siglo diecinueve. Por una parte, muestra lo que Kristeva llamaría un culto a la sublimación, "un proceso que neutraliza el cuerpo, las pasiones, y todo lo que evoca, más o menos cercanamente, a la familia-cuna de los deseos" (325-26). Por la otra, marca la muerte del ser y la sujeción de la subjetividad femenina a una familia sagrada que invoca indirectamente a su homóloga terrenal. Según Kristeva, una idealización derrumbada revela el acoso que la produjo originalmente (28). En este sentido Dulce Dueño se halla impregnada de un tipo de persecución de lo femenino que justifica el exceso de su bizarra conclusión y es por tanto, como muchos textos de autoras mujeres, una ventana trasera a la desilusión femenina por el patriarcado. En su soledad, Lina Macareñas ha desarrollado un anhelo similar por el amor perfecto. Desea paladear la miel y el néctar que emanarán de este amor y que la obnubilarán: "el Dueño extraordinario, superior a la turba que va a asediarme" (131). Como la pasión que busca la Laura Pampa de Rosalía de Castro (El Caballero de las Botas Azules), la atracción de este amor consistirá en su fortaleza, unicidad y enigma: "Él también poseerá su fuerza propia. Será fuerte en algún sentido. Algo le distinguirá de la turba; al presentarse él, una virtud se revelará, virtud de dominio, de grandeza, de misterio" (131). Siendo una rica heredera, Lina puede permitirse el lujo de ser melindrosa al seleccionar un compañero de entre sus muchos "procos", y describe en detalle los defectos y la falsedad de cada uno. Cada aventura fallida se lee como una parodia en miniatura de una novela decimonónica centrada en una mujer: uno por uno, el idealismo, la atracción sexual y la amistad son evidenciadas como virtudes superficiales que sólo enmascaran ligeramente la hipocresía masculina. Cuando al final descubre este amor de otro mundo, Lina está preparada para abandonar totalmente el ámbito de lo material y experimentarlo al máximo. Poseída, fundida y abrasada por el amor, es recluida en la institución mental más cercana, donde pretende llevar una vida enteramente contemplativa. El primer interés de Lina, un tenor de ópera llamado Cristalli, es rápidamente descartado por su vulgaridad. Su voz celestial la deja sin aliento, "hasta tal punto me avasalla. Anhelo morir, disolverme; tiendo los brazos como si llamase a mi destino... apremiándole" (153) pero este Lohengrin imaginario es realmente sólo un "muñeco" del que Lina ha colgado momentáneamente "la tela de un devaneo psíquico..." (154). Después de escucharle interpretar, se detiene a imaginar su parranda tras el concierto, regodeándose en el éxito de su recital, atracándose de comida, champán y "flamencas" que, ella supone, forman parte del séquito del divo. Lina no está interesada en convertirse en uno de sus "apasionados" (154). El primer pretendiente serio de Lina, Hilario Aparicio (un juego de palabras: "aparición jocosa") es un ardoroso anarquista que predica el compromiso social y que elogia su inteligencia, pero quien, cuando todo está dicho y hecho, codicia su dinero más de lo que admira sus talentos y su belleza. Hilario es la declaración más rotunda de la insatisfacción de Pardo Bazán con el progreso político que criticó tan a menudo en sus ensayos y en su ficción. Si Lina escogiera a Hilario, le asegura su anterior instructor, se sentiría doblemente realizada como mujer, porque expresaría su amor no por un sólo hombre sino por toda la humanidad (158). Pero cuando discute por vez primera el asunto amoroso con Hilario, averigua que sus ideas son muy similares a las de su conservador tutor, quien cree que la "sagrada tarea maternal" de las mujeres las priva de ser algo más que meras discípulas de los hombres. A pesar de que Lina no tiene ninguna intención de seguir las recomendaciones de su mentor respecto de los convenios de género, burlonamente conduce a Hilario a creer que le corresponde la labor de tomar la materia prima que constituye su deseo e infundirle un alma masculina. Para poner a prueba su integridad, le propone que se junten en una unión perfecta, renunciando por completo a su fortuna y viviendo únicamente para su trabajo revolucionario, el "triunfo de los ideales". Hilario muestra rápidamente la hipocresía de sus ideales políticos al sugerirle que, por razones de decoro, él sea puesto a cargo de la administración de la fortuna de ella, provocando una respuesta regocijada en Lina: "No pude contenerme. Solté una risa jovial, victoriosa... Un marido como otro cualquiera, ante la iglesia y la ley. Porque así, yo le pertenecía, y mis bienes lo mismo, o al menos su disfrute" (171). Como compañero sentimental, Hilario deja asimismo mucho que desear, tanto física como espiritualmente. No es sólo que sus ideas sobre el matrimonio sean corruptas, sino que nada de él atrae físicamente a Lina. Huele a perfume barato y a betún, y se ha vestido con exceso para su encuentro. Sus botas nuevas y sus guantes crujen desagradablemente, sus ojos miopes miran tímidamente por encima de sus gruesos lentes, que han dejando una marca a cada lado de su nariz. De baja estatura y de pecho hundido, simplemente no tiene nada que lo haga recomendable para una mujer excepcional en busca de un ideal hermoso. Al desechar a Hilario, Lina rechaza la construcción del argumento intencional y verdadero de la novela doméstica centrada en la mujer. ¿Sacrificarse a un marido que ni merece la pena ni es físicamente atractivo? ¿Caer bajo el embrujo del compromiso político del hombre educado? ¿Poner sus bienes en las manos de un esposo? Nuestra mecenas del siglo veinte responde con un sonoro "nunca". A continuación, Lina se encuentra atraída por su primo José María, quien le evoca el amor fantasmagórico que el legendario Audalla sintiera por Daraja o Saide por Saida. Conducida por su "moro", se deja seducir por Granada y, especialmente, por la Alhambra. Con su silencio misterioso, su embriagador perfume, sus fuentes y su mármol blanco, la Alhambra demuestra a Lina el tipo de amor extravagante y envolvente que sus sentidos le dicen que debe existir. El "sentido de lo femenil" de José María le permite imitar los papeles que mejor se adaptan a su guión amoroso: "Mientras la noche desciende, clara y cálida, forjo mi novela alpujarreña. José María empieza a producirme el mismo efecto que la Alhambra; disuelve, embarga mi voluntad. Hay en él una atracción obscura, que poco a poco va dominándome" (194). Mas justo cuando Lina comienza a experimentar el vértigo de la rendición al "dominio arcano" que José empieza a ejercer sobre sus sentidos, lo sorprende saliendo cautelosamente de la alcoba de su criada, llevándose otro chasco acerca de las razones y el deseo de los hombres. ¿Por qué, se pregunta, todos los caballeros y las damas de la literatura del Siglo de Oro se apresuraban en casarse? El matrimonio se le presenta entonces como algo repugnante puesto que no consigue creer en la existencia de un hombre que pueda hacer a una mujer olvidar que, como esposa, es legalmente un cero a la izquierda. Pese a que ansía el amor, algo que ella imagina como una bella isla llena de grutas, arroyos y verdes paisajes, siente la certeza de que nunca será arrastrada hasta sus orillas, porque si se casa perderá su libertad tanto física como espiritual en favor de su "dueño": "Casarse será tener Dueño... El día en que mi pulmón reclame aire bravo, me querrá mansa y solícita... La libertad material no es lo que más sentiría perder. Dentro está nuestra libertad; en el espíritu..." (178). Tras la decepcionante experiencia con su sensual primo, Lina decide eliminar el contacto físico entre hombre y mujer de su ideal sobre el amor perfecto. La repulsión femenina hacia el sexo, un tema recurrente en muchas novelas decimonónicas sobre mujeres, encuentra su expresión más exagerada en la lección sobre anatomía de Lina. Con objeto de entender por qué la gente se avergüenza incluso de hablar acerca de ello, busca la ayuda de un médico que pueda explicarle a ella, una virgen, el acto sexual en todo detalle, utilizando libros e ilustraciones para enseñarle lo que que necesita saber a fin de determinar si el sexo y el amor son compatibles. Una hora en la oficina del doctor es suficiente para convencer a Lina de que sobran los motivos para que la especie humana se ruborice ante el coito: "[p]or algo pesa sobre ello la reprobación religiosa; por algo la sociedad lo cubre con tantos paños y emplea para referirse a ello tantos eufemismos... No se coge con tenacillas lo que no mancha" (208). Dando un paso más, Lina insiste en que el doctor le describa todos los tipos de perversiones de que los humanos son capaces: "las anomalías de museo secreto, las teratologías primitivas, hoy reflorecientes en la podredumbre y el moho de las civilizaciones viejas; los delirios infandos, las iniquidades malditas en todas las lenguas, las rituales infamias de los cultos demoníacos" (210). ¡Nunca!" promete horrorizada ante la abyección del acto sexual (211). La búsqueda de amor de Lina la conduce seguidamente a experimentar el ideal de una amistad desprovista de sexualidad con el ambicioso abogado Agustín Almonte. Al contrario que Hilario y José María, Agustín no necesita la fortuna de Lina y no está interesado, por lo menos al principio, ni en saciar un deseo sexual, ni en casarse, ni en propagar la especie. Él busca más bien una amiga, una "amazona" o reina social para ayudarlo a conseguir sus ambiciones políticas. "Nuestra fuerza", la convence, "nos la dan las mujeres" (240). ¿No tenía Hernán Cortés a su fiel compañera Marina? A ojos de Agustín, formaban la pareja perfecta, ya que Cortés "necesitaba a doña Marina, su conocimiento del ambiente, su lealtad para prevenir emboscadas y traiciones" (241). Agustín está ciego ante la colonización de la colaboradora femenina que esta clase de compañerismo conlleva, y cuando esta relación basada en la amistad ya no le satisface, confiesa atrevidamente su amor a Lina y le pide que se case con él. Tan grande es su amor, declara, que está preparado incluso para sacrificar su vida. "¡Qué dicha, arrostrar peligros por ti! ¡Salvarte, a costa de mi existencia!" (248). En cambio, cuando la barca en que se hallan zozobra y Lina trata de abrazarse al cuello de su amante, él la empuja brutalmente para salvar su propia vida. Al final se ahoga y Lina es rescatada, pero cualquier ilusión acerca de la existencia de un amor absoluto en escala humana termina en catástrofe. Una vez más, Lina se descubre como el objeto de un amor que se queda corto ante su ideal, y determina renunciar ya completamente al amor humano. En los vaivenes de las búsquedas amorosas de Lina, Dulce Dueño llega a la conclusión de que el amor terreno es imposible porque las palabras de los hombres nunca se corresponderán con sus actos. En el último capítulo Lina se ha curado de su búsqueda de un hombre al que amar, y en su lugar vuelve los ojos hacia el cielo. Puesto que ninguno es lo bastante bueno para ella, y ser rica no significa ventaja alguna, deja su casa y se desprende de su patrimonio. Y dado que la hermosura es meramente un atributo físico y no espiritual, paga a una prostituta para que destroce su rostro con el tacón de su bota, con el fin de sacrificar su hermosura a Dios y así demostrar su creencia en una forma más alta de belleza: "La Belleza que busco... ni se rompe, ni se desgarra. La Belleza ha empezado a venir a mí. El primer sacrificio, hecho está" (269). Todos los hombres que ha conocido sólamente la han querido para saciar sus necesidades económicas o físicas; su amor se reduce a una simple sed de poder sobre su cuerpo, su voluntad y los bienes que posee. Su solución, comprensiblemente repulsiva a los lectores modernos, es realmente sólo una versión extrema del tópico final conventual de tantas novelas de escritoras que documentan la insatisfacción femenina con sus opciones de vida. Como en las narraciones de auto-aniquilación que constituyen el grueso de las ficciones domésticas femeninas del siglo diecinueve, aquellos que se adelantan para sacar el mayor beneficio del encierro de Lina son los hombres más próximos a ella: su tío, quien la ha internado en la institución mental con el propósito de reclamar sus riquezas para su hijo y para sí, y su consejero espiritual y albacea, quien puede usarla como modelo para mostrar lo malo que el mundo se ha vuelto ahora que las mujeres han empezado a pensar por sí mismas: Yo veo descollar entre sus pecados una gran soberbia y un gran personalismo. Es el mal de este siglo, es el veneno activo que nos inficiona. Usted se ha creído superior a todos, o, mejor dicho, desligada, independiente de todos. Además ha refinado con exceso sus pensamientos. De ahí se originó la corrupción. Sea usted sencilla, natural, humilde. Téngase por la última, la más vulgar de las mujeres. No veo otro camino para usted, y tampoco habrá penitencia más rigurosa (275). Es peligroso para una mujer erigirse como una individualidad orgullosa, fuerte, ser independiente y refinar sus aptitudes intelectuales. Su confesor le aconseja, en lugar de todo esto, ser simple, natural y humilde. Obviamente el problema de "este siglo", según él, es el mismo que en la centuria decimonónica, la cual enviaba un mensaje idéntico a esta mujer independiente y voluntariosa (y "perdida"). Como sus predecesoras, Dulce Dueño es una historia sobre las "fantasmagorías de amor" (210) que son esenciales para la subjetividad femenina, como se despliega en los textos de autoras mujeres. Este amor es un concepto turbulento que debe más al misticismo extravagante de Santa Teresa que a las filosofías de Platón y Plotino citadas por Pardo Bazán, o incluso a Kant, Hegel y Freud, quienes, afirma Kristeva, han arrebatado al amor su "bendita locura" (8). Dados los orígenes de la novela en la convención social y sexual del siglo diecinueve, puede que ésta no sea sino un complejo y contradictorio relato de sublimación y también de sacrificio. En su idealización del otro (o sea su creación de un Dios perfecto al que amar), Catalina sigue el mismo camino hacia la sublimación que muchas de las heroínas que la preceden. Al igual que ellas, define el auto-castigo y la purificación como peculiarmente beneficiosos y por consiguiente deseables para las mujeres. La diferencia entre esta obra y las ficciones domésticas de escritoras anteriores es de grado más que de tipo. El amor perfecto es accesible en Clemencia de Fernán Caballero sólamente a la mujer que controla sus deseos y que practica la auto-negación como una virtud, mientras que en Dulce Dueño está sólo asegurada a la mujer que ha mutilado, literalmente, su cuerpo. En Elia de Fernán Caballero, la heroína encuentra el espacio para construir una imagen propia idónea únicamente al retirarse a un convento, dejando a sus confundidos parientes preguntándose por su decisión. En Dulce Dueño, la protagonista en busca de amor es encerrada en una institución mental por quienes la temen y la odian por lo que les ha hecho a los hombres. La "nueva mujer" en los albores del siglo veinte es sencillamente una versión extrema del tradicional ángel del hogar de la novela doméstica, cortando el patrón para otros futuros relatos represivos, tales como la extraña La mujer nueva de Carmen Laforet (1955). En conclusión, debido a todos sus toques modernistas y a su fecha de publicación en 1911, Dulce Dueño es el cierre ideal para una exploración en la ficción decimonónica por su traición final de la subjetividad femenina que parecía ser su preocupación primordial. Aunque la novela desafía la hegemonía masculina y problematiza la diferencia sexual, sus imágenes nupciales y su desenlace reinscriben el texto en los discursos de género de los cuales intenta desligarse. Kirkpatrick ha razonado sagazmente que la escena nupcial imaginaria entre Jesús y Lina que clausura la historia no representa una "borradura del vínculo entre cuerpo y alma, yo y otro, femenino y masculino, sino la reinscripción de un binario jerárquico, otra versión de la pareja heterosexual" (134), y que en consecuencia deshace los gestos deconstructivos del cuerpo en la novela. Lo que Pardo Bazán ofrece a su heroína es más que nada un intercambio de sumisión, de la autoridad social a la autoridad divina, o "de la esclavitud del cuerpo sexualmente socializado a la esclavitud de la pureza sexual y de la pureza espiritual requeridas para el matrimonio con Dios", como lo expresa Raquel Medina (292). El valor material ha sido reemplazado por el valor espiritual, pero la obediencia ciega se mantiene como la raíz del aprendizaje de Lina. El hecho de que la autora ve el estado mental último de Lina como una enfermedad (Medina 299) es quizá un avance sobre la apoteosis estática al término de la historia de Santa Catalina, y confirma el juicio de Medina de que "esta reclusión final de la mujer burguesa decimonónica en el espacio privado del espíritu [...] convierte a la novela de Emilia Pardo Bazán en un alegato moralista" (302). Todas las historias de amor directa o indirectamente citadas en el texto, desde las experiencias modernas de Lina, la literatura del Siglo de Oro, la leyenda (Saida y Saide), las vidas de santos (Catalina), hasta la Historia (Hernán Cortés y Pizarro), se reducen a un destilado que participa en lo que aquí se construye como un relato moral sobre la feminidad problemática, interminablemente repetido. 4 Por ejemplo, Marina Mayoral, quien, si bien admiró la obra, no parece convencida por la conversión de Lina Macareñas ni por el discurso místico que la acompaña, encontrando en ellos el principal "fallo" de la novela (39). 5 Maryellen Bieder observa asimismo que este pasaje confesional del libro es un intento por conferir sentido a su vida pero sin la mediación de un confesor ("Divina y perversa" 9). En general los críticos, afirma ella, no han prestado suficiente atención al hecho de que ésta es la primera novela en que Pardo Bazán hace hablar a su heroína en primera persona ("Divina y perversa" 12).
Hasta mediados de la década de los setenta, los procesos innovadores eran explicados siguiendo básicamente un enfoque lineal que representaba las relaciones entre investigación, desarrollo, producción y marketing como unidireccionales y poco complejas. A nivel empresarial, una implicación importante de este enfoque era que circunscribía las fuentes de innovación únicamente al desarrollo de actividades de I+D, olvidando de esta forma el papel que desempeñan distintas modalidades de aprendizaje incremental, tales como el aprendizaje por la práctica (Arrow, 1962), el aprendizaje por el uso (Rosenberg, 1982), el aprendizaje por el error (Maidique y Zirguer, 1985) e incluso el aprendizaje a partir de los competidores (imitación). A partir de la década de los ochenta este tipo de enfoques fue cediendo terreno ante la emergencia de modelos interactivos que destacaban la naturaleza compleja del proceso innovador y la diversidad de las fuentes de conocimiento, tanto internas como externas, que podían ser empleadas en el mismo. De esta forma, el departamento de I+D, aunque importante, dejó de ser el único referente para el desarrollo de actividades innovadoras y empezó a reconocerse el valor que tenían agentes externos a la organización como fuentes de ideas innovadoras. El pensamiento anterior se ha convertido en una de las bases para el desarrollo de la literatura reciente sobre innovación, y la contribución de las fuentes externas de conocimiento, inicialmente menospreciada, constituye hoy uno de los aspectos centrales a considerar en el diseño de la estrategia de innovación de las empresas. De hecho, muchas de las teorías y enfoques actuales (Teoría evolucionista, Teoría de las redes de innovación, open innovation, etc.) destacan, en mayor o menor grado, la imposibilidad de las empresas a hacer frente a los procesos de innovación por sí solas, y la consecuente necesidad de relacionarse con otros actores para llevar a feliz término su proyectos innovadores. Asimismo, la creciente externalización de las actividades de I+D y el incremento en el número de acuerdos de colaboración tecnológica entre empresas y otras instituciones, demuestran que, además de la importancia que se le ha atribuido a nivel teórico, la utilización de fuentes externas de conocimiento representa un fenómeno en crecimiento 1. No obstante, y en contraste con las dinámicas anteriores, algunos investigadores han empezado a advertir el riesgo de sobrestimar el papel de las fuentes externas de conocimiento y destacan que en muchos sectores industriales la mayor parte del esfuerzo innovador no sólo es realizado por las propias empresas sino que además se desarrolla en el interior de las mismas (Nelson, 2000). Los estudios realizados por Oerlemans et al. (1998) en Holanda y por Freel (2003) en el Reino Unido, muestran que los recursos internos de la empresa constituyen el principal determinante de su desempeño innovador, y que, por ejemplo, el establecimiento de redes con agentes externos ejerce un efecto limitado. Adicionalmente, algunos autores han llegado incluso a sugerir que en su deseo por externalizar las actividades de I+D las empresas pueden estar debilitando sus competencias nucleares (Coombs, 1996). Como corolario a los planteamientos anteriores, la búsqueda y adquisición de conocimiento tecnológico ha emergido como un aspecto clave y complejo dentro de la estrategia de innovación empresarial 2. Las empresas no sólo tienen que decidir entre generar internamente el conocimiento que requieren o adquirirlo de fuentes externas, sino además seleccionar el mecanismo más adecuado que le permita acceder a dicho conocimiento. Estos mecanismos han sido referidos en la literatura como estrategias de innovación o estrategias tecnológicas 3, y su análisis se ha convertido en un tema de gran interés entre los académicos de la innovación. ¿Cómo las empresas pueden adquirir el conocimiento tecnológico que precisan? y ¿qué factores influyen en la decisión empresarial sobre que estrategia de innovación emplear? son algunas de las preguntas que surgen como elementos relevantes de estudio. Este artículo analiza precisamente cómo estas cuestiones han sido abordadas en la literatura, destacando tanto los enfoques conceptuales empleados para el estudio de las mismas, como los principales resultados empíricos obtenidos. El objetivo es presentar una revisión crítica de los enfoques utilizados, señalando sus diferencias, fortalezas y debilidades, así como las principales líneas de investigación que permanecen aún abiertas. Para ello el artículo se estructura de la siguiente forma: en la sección 2 se presenta una descripción general de las perspectivas teóricas a partir de las cuales se ha abordado el análisis de las estrategias de innovación; en la sección 3 se describen algunos de los estudios empíricos realizados hasta la fecha y en la sección 4 las principales conclusiones. Las empresas tienen distintas opciones para adquirir el conocimiento tecnológico que necesitan para llevar a cabo sus procesos innovadores. Por ejemplo, una primera estrategia es optar por la generación de conocimiento, a través del desarrollo interno de actividades de I+D, confiando de esta forma en las capacidades propias de la organización. Esta estrategia ha sido referida generalmente en la literatura como la decisión de Hacer. Una segunda alternativa es adquirir la tecnología externamente, a través de transacciones de mercado. En este caso las empresas tienen dos opciones principales: adquirir conocimiento tecnológico incorporado en bienes o activos (bienes de capital, herramientas o inputs del proceso productivo como materiales y componentes) o adquirir conocimiento tecnológico no incorporado en ningún elemento material tangible, bien sea, subcontratando I+D o a través de licencias de patentes. Todas estas alternativas han sido asociadas con la decisión de Comprar. Por último, una tercera forma de obtener y desarrollar tecnología es a través del establecimiento de acuerdos de colaboración con otras empresas o instituciones, es decir emplear la estrategia de Cooperar. Si bien es cierto que bajo las denominaciones genéricas de Hacer, comprar y cooperar se pueden encontrar diferentes mecanismos de adquisición de conocimiento tecnológico, esta tipología ha sido la base para el análisis de las estrategias de innovación en la teoría económica de la empresa. Mientras que la primera estrategia se fundamenta en el uso de las fuentes internas de conocimiento, las otras dos están directamente relacionadas con la utilización de fuentes externas. En este sentido, la diferencia fundamental entre comprar y cooperar, es que mientras que en la compra se desarrolla una relación unilateral (dinero es intercambiado por resultados de I+D), en la cooperación cada parte contribuye a la relación proporcionando conocimiento de valor (Croisier, 1998). El análisis de estas estrategias no sólo permite conocer mejor los procesos de generación y difusión de conocimientos asociados a las actividades innovadoras, sino que además facilita la identificación de los mecanismos de vinculación que deben ser fomentados a través de las políticas de innovación. Preguntas como: ¿la externalización de las actividades de I+D constituye una estrategia eficaz para el desempeño innovador de la empresa?, ¿deberían las políticas de innovación basarse en la promoción de la cooperación entre empresas y otras instituciones? y, en caso afirmativo, ¿cuáles son los socios más importantes?, son sólo algunas de las cuestiones que emergen del estudio de este tema y cuyas respuestas revisten especial importancia tanto en el ámbito de la gestión empresarial como en al ámbito de las políticas públicas. Teniendo en cuenta lo anterior, no es de extrañar que una de las primeras aproximaciones al estudio de estas estrategias se derive precisamente de la teoría económica, en concreto de la teoría de los costes de transacción (TCT). Esta teoría, cercana a la corriente económica neoclásica, se ha consolidado como uno de los enfoques más importantes para analizar lo que se ha denominado las "fronteras de la empresa", es decir, la decisión empresarial entre el desarrollo interno o externo de una actividad. El análisis de las estrategias de innovación se ha enriquecido también gracias a las aportaciones derivadas de la literatura relacionada con las capacidades de la empresa. Estas aproximaciones son más recientes que la TCT y sus fundamentos se encuentran más en línea con los de la teoría evolucionista. A continuación se explican con mayor detalle los fundamentos de cada uno de estos enfoques. El análisis de las estrategias de innovación desde el prisma de la teoría de los costes de transacción (TCT) La TCT, ejemplificada principalmente por las contribuciones de Williamson (1981Williamson (, 1985)), sugiere que existen dos mecanismos o estructuras de gobierno alternativas para llevar a cabo una transacción: a través del mercado o internamente en la empresa. Mientras que en el mercado, la transacción es regulada por el sistema de precio, en la empresa (ó jerarquías en términos de Williamson) la autoridad se convierte en el factor más importante. Según la TCT la elección entre una u otra forma de gobierno es una decisión que se basa en la consideración de los costes (ex ante y ex post) asociados a cada una de las alternativas, por lo que su objetivo se centra en identificar las fuentes de dichos costes. Aunque Williamson no estudió directamente las estructuras de transacción relacionadas con la adquisición de conocimiento tecnológico, la dicotomía entre mercadojerarquía ha sido utilizada por otros investigadores como base para el análisis de las estrategias de innovación. De esta forma, los principios que emplea la TCT para predecir cuál es la estructura de gobierno más eficiente (menor coste) para llevar a cabo una transacción, han sido utilizados para explicar los factores que determinan la decisión entre externalizar o generar internamente el conocimiento tecnológico. Estos principios se derivan directamente de los atributos o características de la transacción, entre los cuales se destacan el grado de incertidumbre y la especificidad de los activos 4. La incertidumbre hace referencia tanto a los cambios potenciales en el entorno, como a la imprevisibilidad del comportamiento del socio. Cuanto mayor es la incertidumbre más difícil es realizar una descripción completa de la transacción a través de un contrato y por lo tanto se requerirán negociaciones posteriores para adaptarse a las condiciones no previstas. De forma similar, cuanto mayor es la especificidad de los activos objeto de la transacción, más necesidad habrá de establecer cláusulas de salvaguardias que permitan disminuir el riesgo de abandono por la otra parte 5. Por lo anterior y debido al oportunismo y a la racionalidad limitada de los agentes, la TCT sugiere que cuando las transacciones tienen un alto grado de incertidumbre o involucran activos específicos, los costes de intercambio en los mercados se incrementan, motivando a la empresa a producir internamente. Adicionalmente, en estas condiciones la empresa, como estructura de gobierno, tiene una mayor capacidad de coordinación, debido a que las disputas son resueltas a través de la autoridad en lugar de la negociación. Siguiendo este marco conceptual, la estrategia de hacer resultaría más eficiente en aquellos casos en los cuales la empresa requiere un conocimiento tecnológico muy específico, derivado, por ejemplo, de actividades complejas de I+D. Actividades de este tipo están expuestas a una alta incertidumbre, no sólo tecnológica (¿qué resultados se alcanzarán?), sino también temporal (¿cuándo se obtendrán?) y comercial (¿qué retornos económicos se obtendrán?), la cual supone una gran dificultad para describir adecuadamente el objeto de la transacción en un contrato y transferir de una forma eficiente el conocimiento entre un proveedor y un receptor (Croisier, 1998). Ante esta dificultad se requerirán continuas negociaciones para adaptar el comportamiento de las partes durante las diferentes etapas del proceso, por lo que los costes de negociación superarán ampliamente los costes de coordinación y desarrollo interno. Pero, el uso de la TCT no se limita al análisis de las estrategias anteriormente mencionadas. Varios investigadores (Tyler y Steensma, 1995; Veugelers, 1998; Oerlemans y Meeus 2001) han señalado que este enfoque constituye también una herramienta útil para analizar la estrategia de cooperación, contemplándola como una forma de gobierno intermedia entre las estructuras alternativas de hacer (jerarquía) y comprar (mercado) 6. En este sentido, se ha sugerido que la cooperación es una forma híbrida de organización, que permite el acceso al conocimiento especializado que poseen otras instituciones -aspecto claramente restringido en las transacciones jerárquicas-pero a un coste menor comparado con las transacciones del mercado (Pisano, 1989(Pisano,, 1990)). Una representación de las estrategias tecnológicas bajo el prisma de la TCT puede ser la esquematizada en la Figura 1. La línea horizontal representa el "continuo" formado por el mercado y la jerarquía. En los extremos de dicha línea, y por lo tanto más asociadas con estas formas puras de gobierno, se encuentran las estrategias de comprar y hacer, mientras que la cooperación se ubica en el medio de las mismas. Adicionalmente, también pueden distinguirse diferentes mecanismos asociados a cada estrategia, cuya ubicación con respecto a la línea horizontal indica cuanto se acercan o se alejan de una forma de gobierno específica. La realización de actividades internas de I+D, por ejemplo, puede llevarse a cabo de forma centralizada o descentralizada (a través de los diferentes departamentos o unidades de negocio de la empresa), siendo la primera opción la estructura de gobierno jerárquica por excelencia. Asimismo, la cooperación puede establecerse a través de mecanismos basados en la participación patrimonial (joint ventures) o a través de acuerdos contractuales; los primeros con rasgos más cercanos a las jerarquías y los segundos con características más cercanas al mercado. Por último, dentro de la estrategia de comprar pueden distinguirse tres mecanismos: la subcontratación de actividades de I+D, el licenciamiento de tecnología y la adquisición de conocimiento incorporado en maquinaria y equipos. Aunque estos tres últimos mecanismos representan estructuras de gobierno basadas en el mercado, la subcontratación de I+D está un poco más cercana al polo de la jerarquía debido a que encierra una mayor posibilidad de control por parte del contratista. La clasificación anterior, si bien no es exhaustiva, incluye algunas de las estrategias de innovación más importantes. En la misma se contemplan no sólo las estrategias asociadas a la I+D o a la adquisición de tecnología a través de las licencias de patentes, sino que además se incluye la compra de maquinaria y equipo, cuyo valor como input en los procesos de innovación no puede ser desatendido. El análisis de las estrategias de innovación desde la perspectiva de las capacidades de la empresa A pesar de que la TCT ofrece argumentos importantes con relación a los atributos de la transacción que influyen en la elección de la estrategia de innovación, su lógica, basada en la minimización de costes, no captura muchas de las ventajas estratégicas asociadas al uso de las fuentes externas de conocimiento y por ende a la adopción de estrategias como comprar y cooperar. De hecho, varios autores han tildado esta aproximación de superficial. Chesnais (1996), por ejemplo, realiza una crítica tanto al enfoque de los costes de transacción en general, como a la proposición particular de que las alianzas representan un estado "intermedio" entre el continuo conformado por el mercado y la jerarquía. Según su parecer, los acuerdos colaborativos deberían ser analizados como un fenómeno en sí mismo, y las redes tratadas como una forma distinta de organización económica usada para intercambiar recursos y crear activos de valor. Oerlemans y Meeus (2001) señalan igualmente que la TCT ofrece una explicación parcial al fenómeno de la cooperación, debido a que se centra fundamentalmente en los rasgos de la actividad organizacional (por ejemplo, la or-ganización de las transacciones) y presta poca atención a los recursos implicados durante el proceso. En este sentido Tyler y Steensma (1995) destacan que la cooperación tecnológica no es sólo un modo de coordinación de las transacciones, sino que además, es una actividad donde los recursos y el know-how de la empresa son factores que se necesitan y que al mismo tiempo se desarrollan. La forma con la que se trata las estrategias de innovación en el marco de la TCT y la parcialidad de sus supuestos no es, sin embargo, un hecho que deba sorprender teniendo en cuenta que sus principios son coincidentes con los de la teoría económica neoclásica. El énfasis de esta teoría recae sobre el agente individual y la predicción de la competencia perfecta como el estado más eficiente de la economía, un marco en el cual las relaciones entre los agentes no se presentan como un elemento importante. Es en este punto donde la visión de las capacidades de la empresa aparece como un enfoque de análisis complementario. Dentro de este marco se destacan la teoría basada en los recursos (TBR) (Wernerfelt, 1984) y el enfoque de las capacidades dinámicas (Teece et al., 1997), las cuales, aunque pertenecen al campo de la gestión empresarial, se han desarrollado gracias a las contribuciones de la teoría económica evolucionista. La TBR tiene como supuesto fundamental el carácter heterogéneo de las empresas, derivado de la posesión de un conjunto único de recursos (tangibles e intangibles) que han sido desarrollados a lo largo de su historia. Estas diferencias de recursos se mantienen en el tiempo y la explotación de los mismos es la que le otorga a la empresa una ventaja competitiva sostenible (Wernerfelt, 1984) Por su parte, el enfoque de las capacidades dinámicas, aunque reconoce la importancia de los recursos internos de la empresa, subraya que la verdadera ventaja competitiva se deriva de la capacidad que tenga la organización para generar nuevos recursos en función de las demandas del entorno. Para ello es imprescindible que la dirección de la empresa tenga la habilidad para coordinar y disponer tanto de capacidades internas como externas (Teece et al., 1997). Siguiendo estas perspectivas, la lógica detrás de la elección de una estrategia de innovación no está basada en la disminución de costes, sino en la posibilidad de acceder o generar recursos que permitan desarrollar una ventaja competitiva sostenible. Por ello, en lugar de considerar los atributos de la transacción (conocimiento tecnológico), estas perspectivas centran su atención en el análisis de las características tanto de la empresa como del proveedor como factores determinantes de la estrategia de innovación. En esta línea el argumento general es que las empresas tienden a producir bienes que están más cercanos a su área de negocio o que están relacionados con bienes que ya producen. De esta forma, cuanto mayor es la capacidad que tiene una empresa con relación a la producción de un bien, mayor será la internalización del mismo y, contrariamente, cuanto mayor es la capacidad del proveedor, más probable es que dicho bien sea adquirido externamente. En el caso en el que la empresa y el proveedor posean una capacidad relativamente grande para la producción de dicho bien, la empresa puede estar motivada tanto a aprovechar su propio conocimiento como a aprender de la experiencia del proveedor. Lo anterior, por ejemplo, supone que una empresa escogerá la estrategia de hacer si tiene fuertes capacidades en el desarrollo de actividades de I+D y además el conocimiento que requiere está fuertemente relacionado con el núcleo de su negocio. Por el contrario, optará por la decisión de comprar o cooperar si el conocimiento que requiere está débilmente relacionado con sus capacidades tecnológicas y/o el proveedor pueda ofrecerle recursos complementarios que faciliten el desarrollo de nuevas capacidades. El concepto de recursos complementarios ocupa un lugar central en estas perspectivas, hasta el punto que se reconoce como motivación principal para el uso de fuentes externas de conocimiento la búsqueda de complementariedades tecnológicas. Siguiendo esta línea, se argumenta generalmente que dada la naturaleza compleja de muchas de las tecnologías y productos actuales, es muy difícil para una empresa desarrollar y mantener por sí misma todas las capacidades necesarias para hacer frente a las actividades innovadoras. En este sentido, las empresas recurren a las fuentes externas de conocimiento principalmente como una estrategia para apalancar sus competencias internas y aprovechar las economías de alcance (sinergias). Este último planteamiento constituye una diferencia importante con relación a la TCT. Al asumir la complementariedad tecnológica como el motivo principal para el uso de fuentes externas de conocimiento, el proceso adquiere igual o más importancia que el resultado obtenido. En otras palabras, el valor de estrategias como comprar o cooperar radica no sólo en el resultado final, sino en el aprendizaje generado a través de la misma. Como puede observarse, los enfoques que se basan en una visión estratégica de la empresa contemplan la utilización de fuentes externas de conocimiento más como una oportunidad para aprender que como una alternativa para la disminución de costes. Esta distinción es relevante debido a que intrínsicamente destaca la posibilidad de desarrollar nuevas competencias organizacionales a partir de los procesos de aprendizaje derivados de la interacción con agentes externos. Sin embargo, a pesar de las diferencias existentes entre ellas, la teoría de los costes de transacción y las perspectivas de la gestión estratégica de la empresa, representan, más que aproximaciones contrarias, enfoques complementarios para el análisis de un mismo fenómeno. De hecho, tal como se ha puesto de manifiesto en numerosos estudios empíricos, las motivaciones tácticas y estratégicas pueden llegar a entrecruzarse en la estructura de las decisiones empresariales, aunque estas últimas tiendan a ser, por lo general, más relevantes (Sakakibara, 1997; Mariti and Smiley, 1983; Veugelers, 1998; Hagedoorn, 2002). ESTUDIOS EMPÍRICOS SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE INNOVACIÓN Existe un número considerable de estudios empíricos que abordan el análisis de las diferentes estrategias de innovación aquí mencionadas, aunque en muchos casos no sean denominadas como tal. Una parte considerable de estos estudios se ha focalizado en la identificación de los factores que influyen en la adopción de cada estrategia y, más recientemente, en el análisis de las relaciones de sustitución o complementariedad existentes entre las mismas. Análisis de los factores asociadas al uso de cada estrategia Uno de los temas que más interés ha despertado tanto en la literatura económica como en la literatura de la gestión empresarial ha sido el análisis de los factores que influyen en la elección entre las diferentes estrategias de innovación. Las primeras investigaciones sobre este aspecto se centraron casi de forma exclusiva en el análisis de los determinantes de las actividades internas de I+D, es decir, en el análisis de la estrategia de hacer. La investigación empírica desarrollada en esta línea tuvo como punto de partida la verificación de las hipótesis clásicas schumpeterinas que relacionaban un mayor tamaño de la empresa y una estructura del mercado monopólica con un mayor esfuerzo en I+D 7. Posteriormente, con el reconocimiento del valor de las fuentes externas de conocimiento y el crecimiento tanto de la colaboración tecnológica como de la externalizacion de la I+D, los investigadores empezaron a explorar los determinantes de otras posibles estrategias de innovación empresarial. Mowery (1983) y Pisano (1989Pisano (, 1990) ) fueron algunos de los primeros autores en analizar el diseño de la estrategia de innovación como un problema de elección entre alternativas distintas y en identificar los factores que influyen en dicha elección. Estos autores siguieron básicamente el enfoque de la TCT, por lo que centraron su análisis en los atributos del conocimiento tecnológico, particularmente en los atributos de las actividades de I+D. Mowery por ejemplo, identificó la especificad e interdependencia de la I+D como factores clave que influyen en su externalización. En concreto, este autor señaló que cuando la I+D es de naturaleza genérica (bajo nivel de especificidad) o está focalizada en aspectos aislados o fácilmente separables de las otras funciones organizacionales (p.e. producción, marketing, etc.) la com-pra es mucho más probable como estrategia de innovación que el desarrollo interno. Pisano, por su parte, señaló que ante la posibilidad de que la transacción relacionada con la adquisición de conocimiento tecnológico requiriese negociaciones más intensas, la empresa encontraría más atractivo el desarrollo interno de la I+D en lugar de su externalizacion. Una aplicación más rigurosa de la TCT al análisis de las estrategias de innovación es presentada por Croisier (1998). Este autor analiza cómo la incertidumbre, especificad y frecuencia de los proyectos de I+D inciden sobre la elección de su estructura de gobierno. Sus resultados concuerdan con los principios generales de la TCT, indicando que cuanto mayor es la incertidumbre, especificad y frecuencia del proyecto de I+D, más cercano estará de realizarse a través de mecanismos cercanos a la jerarquía (hacer). Por otra parte, existe también una corriente de estudios que, siguiendo las perspectivas de las capacidades de la empresa, centran su atención en el análisis de los atributos de la empresa como determinantes de la estrategia de innovación. En este grupo se destacan trabajos como los de Lowe y Taylor (1998), Miotti y Sachwald (2003) y Belderbos et al. (2004), los cuales sugieren que la adquisición externa de conocimiento, ya sea a través de la compra o de la cooperación, es una estrategia que depende de la existencia de capacidades complementarias en el interior de la empresa. Estas capacidades incluyen no sólo las tecnológicas, sino también las capacidades organizacionales no relacionadas con la I+D, tales como el marketing, la manufactura, el poder de mercado e incluso la imagen. A pesar de que la TCT y las perspectivas de las capacidades de la empresa inciden en aspectos diferentes, se ha demostrado que su integración puede ofrecer un marco analítico más robusto. Oerlemans y Meeus (2001), por ejemplo, conjugan en su investigación principios propios de la TCT (frecuencia, especificidad e incertidumbre) y de la teoría basada en recursos para analizar los determinantes de la cooperación en I+D. Sus resultados empíricos demuestran que cuando se incluyen indicadores derivados de ambas perspectivas, los modelos analíticos incrementan su poder explicativo. Un estudio similar, desarrollado en el contexto español, es presentado por Beneito ( 2003), quien emplea conjuntamente indicadores relacionados con los atributos de las actividades de I+D y con las capacidades de la empresa para analizar la elección entre las estrategias hacer y comprar. Análisis de las relaciones entre las estrategias de innovación Además del análisis de los factores que influyen en la adopción de las estrategias de innovación, otro tema que ha sido abordado en la literatura es el concerniente a las relaciones existentes entre las mismas. Hay que señalar que los primeros estudios realizados sobre este tema seguían la tradición derivada de la TCT, la cual sugería una completa sustitución entre las diferentes estrategias de innovación, por lo que por motivos de costes y riesgos la empresa debía elegir entre adoptar una u otra. De esta forma, se consideraba que lo que afrontaba la empresa era básicamente un problema de selección entre alternativas sustitutivas, es decir, decidir entre hacer, comprar o cooperar como mecanismo para adquirir tecnología. Dentro de este marco conceptual, no se contemplaba la existencia de una relación entre las estrategias de innovación, más allá de su perfecta sustitución, y los análisis se centraban en determinar las condiciones bajo las cuales una estrategia era preferible sobre otra. Mowery (1983), fue quizás el primer autor en sugerir la existencia de posibles relaciones entre las estrategias hacer y comprar. En su estudio sobre los factores que influyen en la externalizacion de las actividades de I+D, este autor no sólo señaló elementos consistentes con el enfoque de la TCT, sino que además indicó que cuanto mayor es la capacidad tecnológica de una empresa más probable es que ésta emplee la adquisición externa de tecnología como estrategia de innovación. Esta última argumentación va más allá de los fundamentos de la TCT e incluso la contradice en algunos aspectos. Si se tiene en cuenta que el desarrollo de actividades internas de I+D es una de las fuentes para el desarrollo de las competencias tecnológicas de la empresa, lo anterior supondría que las estrategias de hacer y comprar, más que opciones alternativas, pueden llegar a ser elementos complementarios en la estrategia de innovación empresarial. Esta relación está más cercana a los enfoques basados en las capacidades de la empresa, lo cuales desatacan la complementariedad tecnológica como la motivación principal detrás de la adquisición externa de conocimiento. El trabajo de Mowery abrió las puertas para que se estudiara no sólo los beneficios de cada estrategia particular, sino las potencialidades asociadas a su combinación dentro de la estrategia de innovación global de la empresa. Esta corriente tuvo un fuerte impulso gracias a la publicación del trabajo seminal de Cohen y Levinthal (1990) sobre la capacidad de absorción. Estos autores señalaron que las actividades internas de I+D cumplen un doble papel. Por una parte, constituyen una fuente de conocimiento importante para la generación de ideas innovadoras y, por otra, incrementan la capacidad de la empresa para identificar, asimilar y explotar el conocimiento disponible fuera de sus fronteras, es decir, incrementan su capacidad de absorción. Partiendo de este concepto, se han desarrollado diversos estudios empíricos que analizan las relaciones existentes entre el know-how interno y externo o, en términos estratégicos, las relaciones entre las decisiones de hacer y comprar. Arora y Gambardella (1990Gambardella (, 1994)), por ejemplo, encontraron que las grandes empresas con una mayor base de conocimiento son más activas en la búsqueda y adquisición de tecnología externa, mientras que Veugerlers (1997) encontró evidencia de una relación en sentido inverso en la medida en que la adquisición externa de conocimiento estimulaba, bajo ciertas condiciones, el desarrollo de actividades internas de I+D. En términos generales, existe evidencia empírica consistente a favor del papel que ejerce el conocimiento interno en la identificación y adquisición del conocimiento externo e, inversamente, del estímulo que otorga la adquisición externa de tecnología al desarrollo de actividades internas de I+D. Estos hallazgos corroboran la posibilidad que tiene la empresa para adoptar conjuntamente diversos mecanismos orientados a la obtención de tecnología, en otras palabras, que las estrategias hacer, comprar y cooperar coexisten en la estrategia global empresarial. Los resultados anteriores han llevado a la emergencia de una nueva línea de investigación centrada en el análisis de las posibles complementariedades entre las diferentes estrategias de innovación. Dicha complementariedad, implica mucho más que la adopción conjunta de diferentes estrategias; supone la existencia de un efecto sinérgico entre ellas, en la medida en que la adopción de una incrementa el retorno marginal de la otra (Milgrom y Roberts, 1990), por ejemplo, si el desarrollo de actividades internas de I+D (hacer) incrementa la efectividad del conocimiento adquirido externamente para el desarrollo de innova ciones. La investigación sobre este último tema es aún incipiente y se enfrenta a dificultades metodológicas considerables (Athey and Stern, 1998). Adicionalmente, los pocos estudios realizados hasta el momento han llegado a resultados contradictorios. Cassiman y Veugelers (2006), por ejemplo, encontraron que las actividades internas de I+D y la adquisición externa de conocimiento tenían efectos complementarios sobre el desempeño innovador de la empresa, mientras que Laursen y Salter ( 2006) encontraron efectos de sustitución entre la intensidad en I+D y el uso de fuentes externas de conocimiento. A pesar de las notables diferencias existentes entre la teoría de los costes de transacción y los enfoques basados en las capacidades de la empresa, se ha demostrado que, más que sustitutas, pueden llegar a ser aproximaciones complementarias para el análisis de las de innovación empresarial. La integración de estos enfoques en un marco de análisis común, ofrece a los investigadores la posibilidad de considerar un mayor número de factores como posibles determinantes de la estrategia de innovación empresarial y alcanzar de esta forma un mayor poder explicativo. Es más, la lógica de la TCT basada en el análisis de los atributos del conocimiento tecnológico y la de los enfoques basados en las capacidades de la empresa parecen reforzarse mutuamente, cubriendo los vacíos existentes en cada una de ellas. Los trabajos empíricos desarrollados en los últimos años han permitido mejorar nuestro entendimiento sobre los factores y motivaciones que influyen en la elección de las diferentes estrategias de innovación y han demostrado que las empresas usualmente combinan el desarrollo interno con la adquisición externa de conocimiento tecnológico. En este sentido, la preocupación fundamental de los investigadores parece orientarse ahora hacía el análisis de las complementariedades existentes entre las estrategias hacer, comprar y cooperar, en cuanto a su efecto sobre el desempeño innovador de la empresa. Avanzar en esta línea reviste gran interés, no sólo desde el punto de vista teórico, sino también a nivel práctico, dada sus implicaciones en el ámbito de la gestión empresarial y en el ámbito de las políticas públicas. Recibido: 15 de abril de 2008 Aceptado: 30 de mayo de 2008 NOTAS 1 En la mayor parte de los países de la OECD, los gastos empresariales en I+D externa han mostrado un incremento considerable, incluso superior al exhibido por los gastos totales en I+D o en innovación. En países como el Reino Unido o Alemania ha sido tal este crecimiento que el peso relativo de la I+D externa en la estructura del gasto total en I+D, ha llegado casi a duplicarse en un período de 10 años (Howells, 1999; Bönte, 2003). Asimismo, Hagedoorn (2002) presenta un interesante trabajo donde analiza la evolución de los acuerdos formales de I+D durante los últimos 40 años utilizando como fuente de información la base de datos ME-RIT-CATI. Dentro de los resultados de este trabajo se destaca el importante crecimiento en el número de dichos acuerdos, los cuales pasaron de ser casi 10 por año en la década de los sesenta a ser más de 600 en el año de 1995. 2 El término de conocimiento tecnológico es usado en este artículo en un sentido amplio e incluye el conocimiento científico básico, el conocimiento aplicado, el desarrollo experimental, y no sólo el conocimiento basado en la I+D. 3 En la literatura económica se tiende a emplear indistintamente estos términos, aunque en la literatura de la gestión empresarial algunos autores ( Martínez, 1989y Benavides, 1998) han señalado los riesgos que dicha confusión puede suponer para el diseño de estrategias organizacionales. Este artículo sigue la tradición de la literatura económica y, a menos que se especifique lo contrario, estrategias de innovación y estrategias tecnológicas harán referencia a los mecanismos que emplea la empresa para generar y/o adquirir el conocimiento necesario para llevar a cabo proyectos innovadores. 4 Si bien la incertidumbre y la especificidad de los activos no son las únicas características a tener en cuenta, Williamson las reconoce como las más importantes al momento de analizar las condiciones que llevan a la sustitución de los mercados como estructura de gobierno de la transacción. 5 Un activo específico es aquel que pierde mucho de su valor si es empleado en una actividad diferente a aquella para la cual fue diseñado, o si es empleado por un usuario diferente del original. Cuanto mayor es la especificidad de los activos involucrados en una transacción, mayor es el perjuicio potencial derivado de una conducta oportunista de la contraparte. 6 El propio Williamson, en un trabajo posterior sobre la TCT (Williamson, 1991), reconoció que entre el "continuo" formado por las dos formas puras de gobierno (mercado-jerarquía) existe una gran variedad de estructuras híbridas que emergen en la economía. 7 Para una revisión detallada de este tipo de estudios ver Cohen (1995). Benavides, C. (1998): Tecnología, innovación y empresa, Madrid, Pirámide.
El objeto de este trabajo son los estudios sociales sobre las políticas de investigación científica y desarrollo tecnológico (I+D). El objetivo es el de presentar, de forma ordenada y coherente, aquellos trabajos que se han hecho para explicar cómo surgió esta área de acción pública en el contexto internacional y de qué manera, al nacimiento de un nuevo espacio de decisión gubernamental y de sus estándares de buenas prácticas, le siguió la apertura de un vasto campo de análisis para las ciencias sociales. El artículo distingue entre las aproximaciones normativas y positivas (Cordes, 1997), desde mediados del siglo XX hasta los primeros años del siglo XXI, y trata de poner de manifiesto cuáles han sido las relaciones de influencia mutua entre ambas corrientes. Con ello se pretende aportar una perspectiva diferente, una herramienta que ayude a una comprensión ordenada de toda la literatura que se ha escrito sobre este espacio de la acción pública y, por lo tanto, acercar a los estudiosos de este campo de conocimiento una forma de entender la evolución de las políticas a través de cómo han sido y de cómo se ha establecido que debían ser. Los estudios académicos que se han desarrollado para tratar de explicar los distintos procesos que surgen alrededor de la actividad científica han sido multidisciplinares. La producción de nuevo conocimiento y su posterior aplicación práctica es una actividad que, si bien ha ocupado a los seres humanos a lo largo de la Historia, alcanzó una dimensión política, social y económica de relevancia ineludible a principios del siglo XX. Desde entonces y en la mayoría de las áreas que componen las ciencias sociales, la filosofía, la sociología, la historia, la economía y la ciencia política, se han ido abriendo espacios de comprensión y análisis centrados en los muy diversos objetos de estudio que han surgido con la institucionalización de la ciencia como actividad de progreso social y económico y la legitimación de la intervención del Estado en su regulación. Los desarrollos que se han hecho dentro de las distintas ramas, a pesar de las diferencias metodológicas en su aproximación al objeto de estudio, han resultado en los últimos años en cierta colisión disciplinaria. La filosofía y la sociología de la ciencia han sumado esfuerzos en estudiar a los actores productores de ciencia y tecnología en su unidad más básica, que son los investigadores individuales y en colectivo. En este sentido, ambas disciplinas se han encontrado en el análisis de los mecanismos y procedimientos a través de los cuales los científicos elaboran su trabajo y establecen sus evidencias, de cuáles son sus procesos de observación, experimentación, recogida de datos empíricos, teorización sobre los resultados obtenidos, predicción de acontecimientos futuros basándose en la teoría y corroboración de los resultados, de cuáles son los mecanismos de validación o falsación de hipótesis, los acuerdos inter pares adoptados ante la necesidad de hacer crecer la disciplina, de las relaciones de los científicos en comunidad, así como de las relaciones entre éstos y la sociedad. Ámbitos tan decisivos como el establecimiento de jerarquías intelectuales y códigos de comportamiento derivados de éstas, la creación de espacios profesionales propios para cuyo ingreso se requiere un alto nivel de conocimiento técnico, el respeto a unas normas internas estrictas e iguales en todos los países, los procesos de reparto de prestigio entre los científicos, los itinerarios de formación y aprendizaje que culminan en un ineludible ritual de acceso a la comunidad o los procesos de comunicación de los resultados de la investigación a la sociedad, con los consiguientes debates éticos que esto pueda conllevar, constituyen los ámbitos de especialización en los que ambas disciplinas se han desenvuelto y han extendido sus ramificaciones mutuas. Los economistas, en un primer momento dedicados a demostrar que la implicación de los países en actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico es un factor de producción equiparable en pie de igualdad con el trabajo y el capital, así como a sostener la certeza empírica de que un mayor nivel de desarrollo científico genera riqueza y bienestar a medio y largo plazo y que las economías basadas en el conocimiento son hoy en día las más sostenibles y productivas del panorama internacional, cada vez toman más en cuenta los factores políticos y sociales tratados por otras disciplinas en sus aproximaciones al objeto de estudio. Así, se han unido a los sociólogos y a los politólogos en el análisis de cuáles son los mecanismos de capitalización de la actividad científica e innovadora, qué correas de transmisión utilizan los agentes de producción del conocimiento para maximizar el impacto positivo de su trabajo sobre la economía y la sociedad, así como en el estudio del diseño, la configuración y el cambio organizativo de los centros de investigación científica y tecnológica. Los mecanismos de conexión de las necesidades de las sociedades y las industrias en determinados campos científicos y tecnológicos con el trabajo de los laboratorios y centros de investigación públicos y privados ha sido también objeto de estudio para los economistas. A pesar de esta riqueza de interrelaciones entre las distintas áreas de conocimiento de las ciencias sociales, se puede afirmar que los estudios realizados desde la ciencia política se distinguen por un objeto preferente de investigación y por prestar una mayor atención a algunos problemas sociales en este ámbito. Los politólogos han dedicado sus esfuerzos a estudiar las estructuras y las relaciones de poder que se dan alrededor de la actividad de producción de conocimiento. Su principal campo de trabajo ha sido el de las políticas públicas de ciencia y tecnología: quiénes son los actores involucrados en regular los mecanismos de fomento y coordinación de las actividades de I+D en todos los niveles en los que se diseñan políticas (nacional, regional e internacional), qué arquitectura institucional sostiene los procesos de regulación, fomento y decisión de los actores políticos, qué mecanismos de financiación pública se establecen, qué procesos llevan a la adjudicación de partidas presupuestarias a actividades de I+D y cómo estos fondos llegan finalmente a los investigadores, qué itinerarios y qué carreras profesionales se diseñan para el personal dedicado a la ciencia y la tecnología, el papel de los distintos grupos de presión, el establecimiento de prioridades, los procesos de toma de decisiones, así como los sistemas de incentivos diseñados para que las políticas funcionen son algunos de los campos de investigación académica más relevantes en esta área. Este trabajo se centra en estudiar aquellos que se han realizado sobre el análisis de la acción pública desde la ciencia política, distinguiendo entre los enfoques normativos, concepto que se refiere a las aproximaciones hechas desde el deber ser, y los enfoques positivos, que analizan la realidad tal y como se ha desenvuelto, sin atenerse a las categorías que las regulan o las canalizan. Para ello, este artículo se divide en cuatro partes bien diferenciadas. En primer lugar, se presenta una necesariamente breve panorámica de cómo surgieron las políticas de ciencia y tecnología como objeto de estudio y cuáles fueron los primeros debates de los que se ocuparon los trabajos que hoy conocemos como clásicos. En segundo lugar, se plantea el papel que desarrollaron los organismos internacionales, con especial interés sobre el rol de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y su importancia en el establecimiento de cánones normativos de buen gobierno de la ciencia y la tecnología entre los países occidentales. En tercer lugar, se lleva a cabo un repaso cronológico de las principales aportaciones al análisis de las políticas de ciencia y tecnología realizadas desde el ámbito académico, tanto en el entorno internacional como en el nacional, y se establecen los puntos de conexión que explican su evolución como efecto de la influencia de las aproximaciones normativas. Por último, se presentan las conclusiones. LAS POLÍTICAS DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA COMO OBJETO DE ESTUDIO Las políticas públicas de ciencia y tecnología son todas aquellas decisiones y acciones intencionales adoptadas por los gobernantes con el objetivo de apoyar, promover o influenciar la dirección y el ritmo de desarrollo de la ciencia y la tecnología (Shils, 1968). Es decir, el conjunto de intervenciones directas de los poderes públicos, a través de programas específicos, mediante las cuales se influye sobre los elementos del sistema de producción de I+D y se modifican las condiciones bajo las que llevan a cabo su actividad los actores productores de investigación y desarrollo. Esto se materializa en decisiones que afectan, en primer lugar, a la gobernanza de la ciencia y la tecnología, dicho de otro modo, la arquitectura institucional y el marco legal en el que se inscriben la gestión y la regulación de estas actividades. En segundo lugar, a la adjudicación de mayores o menores recursos económicos y humanos a las actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico frente a otro tipo de actividades de servicio público. En tercer lugar, al modo en que estos recursos se distribuyen entre las distintas disciplinas del saber, los tipos de programas y mecanismos específicos que se articulan para el reparto de fondos y los itinerarios profesionales que se establecen para los investigadores. En cuarto lugar, la tipología de organizaciones en las que los científicos desarrollan su labor investigadora y las dinámicas que se producen entre los grupos de investigación dentro de estos centros, que afectan a la socialización en pautas comunes de comportamiento, al aprendizaje del personal en formación, a las condiciones laborales a las que se enfrentan los científicos y tecnólogos a lo largo de su carrera profesional, así como las formas en las que los colectivos de investigadores gobiernan la república de la ciencia (Polanyi, 1962; Rip, 1994) y otorgan premios y recompensas a través del prestigio. Por último, las políticas públicas de ciencia y tecnología también inciden sobre cómo obtener retornos de las inversiones en actividades de I+D y cómo rentabilizar social y económicamente este esfuerzo. Algunos autores han fijado el nacimiento de la noción de política científica en el siglo XVII, época en la que ya había investigadores que trabajaban de forma individual al servicio de sus gobernantes en el desarrollo de materias especializadas como la cartografía, los sistemas de medición o el avance de la química (Ziman, 1984) y ya existían autores como Bacon o Condorcet que hablaban de la relación entre los científicos y los estados (Ronayne, 1984). Sin embargo, la ampliación de la expresión política científica y su definitiva transformación en política científica y tecnológica es muy posterior, ya que se sitúa a finales de la década de 1970 y principios de 1980de (Gummet, 1992)). Este trabajo parte de la asunción de que las políticas públicas de ciencia y tecnología quedaron consolidadas como tales y se extendieron por Europa y Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, cuando se dio una confluencia de los intereses de los Estados, que tuvieron la oportunidad de comprobar el alcance que la capacidad científico tecnológica había tenido en la configuración geoestratégica y en el nuevo mapa de fuerzas internacional surgido tras la contienda bélica, y de los propios científicos, que comenzaron a reclamar a los gobiernos que se hiciesen cargo del apoyo institucional y financiero de sus actividades y su equipamiento, así como de la creación de estructuras organizativas sólidas que dieran cobertura a su actividad investigadora (Price, 1954; Salomon, 1970; Gummet, 1992). Por lo tanto, la institucionalización de la ciencia y la tecnología como esferas de regulación legítima por parte de los poderes públicos a nivel internacional y el sometimiento, en mayor o menor grado, de las agendas de investigación de los científicos a las prioridades marcadas por las políticas son fenómenos que pertenecen de forma íntegra al siglo XX. Asociados a esta nueva esfera de decisión pública, pronto se crearon instituciones encargadas de diseñar el buen hacer de la acción pública, que trabajaban bajo el consenso de que la ideología era una variable menor en el diseño de estas políticas, en las que debían primar las cuestiones técnicas sobre las doctrinarias (Brickman, 1981). Los primeros discursos normativos fueron elaborados por Estados Unidos, que pronto pasaron el testigo a organizaciones internacionales tales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Unión Europea (Comunidad Económica Europea CEE, desde 1957 hasta 1992) y la OCDE, que entraron a debatir sobre cómo habían de intervenir los gobiernos en el diseño de las políticas de ciencia y tecnología, cómo definir los conceptos relacionados con las actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico y qué indicadores establecer para medir estas actividades. Junto a ellas surgieron grupos de académicos que centraron su objeto de estudio en estas políticas y abrieron un vasto nicho de investigación dentro del cual comenzaron a generar una literatura específica. Los primeros debates positivos que trataban de explicar la variedad y el alcance de las diversas formas de la acción pública fueron conducidos por académicos de diversas áreas de conocimiento, que recalaron en esta materia sin haber sido formados en una disciplina común ni contar con una metodología estandarizada de aproximación a su objeto de estudio. Debido a que era un cuerpo doctrinario en proceso de formación y al hecho de que los estudios sobre políticas de ciencia y tecnología se centran en particularidades propias de la naturaleza de la labor científica, se trataba de un campo de análisis que en sus inicios no estuvo reservado a los politólogos. Investigadores de muy diversa formación, entre los que se incluían científicos experimentales 1 e incluso ingenieros con un muy variado bagaje intelectual, desarrollaron esta área desde sus respectivos campos (Brickman, 1981). A pesar de que este cuerpo de literatura tardaría algunos años en constituir su propio campo de conocimiento y de su falta de ortodoxia metodológica inicial, los análisis de políticas de ciencia y tecnología pronto se constituyeron en una parte esencial de los estudios sociales sobre ciencia y tecnología, y sus trabajos suscitaron un gran interés en los decisores públicos. Este trabajo se centra en poner de manifiesto la especial incidencia en los países desarrollados que ha tenido la OCDE desde su creación en 1961, cuyas indicaciones han confluido en numerosas ocasiones con el ascenso de las políticas europeas a partir del gran desarrollo experimentado desde la década de 1990. Las directrices de esta organización internacional no sólo han apuntado las vías por las que debían desarrollarse las líneas políticas, sino que también han acuñado todo un marco conceptual cuya influencia ha sido decisiva en la producción de los modelos analíticos empleados por los académicos. Esto es, mientras que los foros normativos en el seno de la OCDE han evolucionado en la conceptualización de los modelos y de los entornos de producción del conocimiento, así como en las propuestas de acción pública, los académicos han utilizado esas estructuras conceptuales para articular su pensamiento y tratar de dar respuesta a la pregunta de cómo y por qué cambian las relaciones entre los científicos y los gobiernos. Los trabajos clásicos: primeros debates Desde el surgimiento de los estudios sobre las políticas de ciencia y tecnología hasta nuestros días han transcurrido seis décadas. Los primeros trabajos académicos que tomaron la acción pública en esta materia como objeto de estudio se centraron en tratar de demostrar que, efectivamente, existía una relación entre el capital científico y tecnológico de los países y su bienestar social para, posteriormente, argumentar a favor de que los gobiernos asumiesen la responsabilidad de financiar, y en cierto grado dirigir, la actividad de los científicos (Bernal, 1939; Mansfield, 1966; Tisdell, 1981; Ronayne, 1984). Una de las primeras aportaciones en esta dirección fue la obra The Social Function of Science, publicada en 1939 por el científico irlandés de ideología marxista John Bernal, en la que analizaba el sistema británico de ciencia para poner de manifiesto sus carencias financieras, organizativas, de coordinación y de sensibilidad hacia las necesidades de la sociedad. Bernal hacía un alegato ideológico a favor de la idea de que los poderes públicos debían involucrarse en las actividades de los científicos y abrió un nuevo frente de debate al defender que estas políticas no sólo debían existir sino que debían dirigir el trabajo de los investigadores a objetivos sociales específicos. Apenas esta obra vio la luz, Bernal pudo ver cómo su doctrina era llevada a la práctica, ya que el inicio de la Segunda Guerra Mundial tuvo como una de sus consecuencias que la política científica recibiese un fuerte impulso en países como Estados Unidos, el Reino Unido o Alemania, cuyo papel en la contienda bélica les planteaba la necesidad perentoria de desarrollar su capacidad armamentística a través de lo que se dio en llamar ciencia para la guerra (Ronayne, 1984). Las enseñanzas obtenidas tras el desenlace de los acontecimientos de 1945 crearon un clima en el que ya no cabían dudas sobre la necesidad de que los poderes públicos entrasen a tutelar y financiar la actividad de producción científica, aunque las nuevas aportaciones pedían grados de libertad para los científicos muy superiores a los propuestos por Bernal. El informe Science, the endless frontier, escrito en 1945 por el senador norteamericano Vannevar Bush, y el impacto que causó sobre las políticas públicas estadounidenses ha sido considerado como el elemento que explica la legitimación del nuevo discurso que definía las relaciones entre el Estado y los científicos tras el conflicto bélico (Ronayne, 1984; Kleinman, 1995). El informe fue elaborado para ayudar a resolver la disyuntiva en la que se encontraba el gobierno norteamericano sobre qué rumbo debía tomar su política científica y tecnológica una vez terminada la guerra. Bush apuntaba de forma clara hacia la necesidad de mantener la investigación dirigida hacia fines militares en tiempos de paz, aunque reclamaba la importancia de fomentar la investigación básica civil, a pesar de su alto coste y sus resultados inciertos, a través de programas de financiación estables y a largo plazo. A diferencia de Bernal, defendía la necesidad de que los científicos gozasen de una autonomía total en la dirección de sus investigaciones y en el reparto de los recursos públicos para investigación fundamental, para lo cual abogaba por la creación de la National Science Foundation como organismo formado por científicos desinteresados que elaborasen e implementasen la política de ciencia y tecnología con fondos públicos (Bush, 1945). En esta misma dirección apuntaba el trabajo The Republic of Science escrito en 1962 por el economista liberal británico de origen húngaro Michael Polanyi, en el que se hacía un alegato ideológico en contra de cualquier tipo de intromisión por parte del poder estatal en la creatividad de los investigadores. En su artículo, publicado en la revista Minerva y profusamente citado por la literatura especializada, Polanyi se posicionaba en contra de cualquier tipo de planificación y abogaba por que los científicos desarrollasen su labor de forma autónoma, guiados por su propia creatividad y no por las prioridades marcadas externamente por los gobiernos, en la creencia de que en ese marco de absoluta libertad se producirían los movimientos de coordinación espontánea entre iniciativas independientes que debían guiar la actividad investigadora (Polanyi, 1962). Estos trabajos fueron desarrollados en el entorno académico y recogieron las bases argumentales en las que se sustentaron los grandes debates normativos sobre qué papel debía jugar la acción pública dentro de las políticas y sobre qué límites se debían trazar a la intromisión de los poderes públicos en la actividad investigadora. El resultado fue que se extendió la concepción de que la ciencia era el motor del progreso, de modo que, a pesar de que existían incentivos al avance de las cuestiones militares y científicas para el desarrollo de la gran ciencia, los decisores públicos pusieron en marcha modelos de producción de conocimiento basados en la oferta de los propios científicos, asumiendo el esquema lineal de investigación básica, según el cual la acumulación de este conocimiento desembocaría en el deseado cambio científico-tecnológico. Entre los científicos y el estado se estableció un contrato social de patronazgo y financiación de la autonomía científica, según el cual no era necesario articular una intervención pública directa sobre la actividad investigadora más allá de la financiación estable a través de recursos materiales y humanos, cuya distribución debía estar en manos de los propios investigadores. Esto desembocó en que se estableciesen mecanismos de toma de decisiones de abajo-arriba, controlados por los grupos de presión formados por científicos (Sanz- Menéndez y Santesmases, 1996; Moso, 1999). Posteriormente, durante la década de 1990, se produjeron aportaciones muy importantes al estudio de los procesos que habían resultado en la cristalización de los sistemas de gobierno de la ciencia y la tecnología. Algunos autores emplearon el enfoque principal-agente para explicar la re- lación que se había forjado entre los estados (el principal) y los científicos (el agente) y sus aportaciones fueron de una gran riqueza analítica (Guston, 1996; Braun, 1998; Van der Meulen, 1998). Guston (1996) fue el primer autor que introdujo este enfoque analítico, sobre el que se basó para defender que el debate clave al que tenían que enfrentarse los decisores públicos a la hora de construir los incipientes sistemas públicos de ciencia y tecnología era el grado de delegación de autoridad que los gobiernos debían ceder a los científicos. El trabajo de Van der Meulen (1998) recogió el testigo y se centró en explicar que, si bien existe una relación principal-agente entre todos los estados y sus colectivos de investigadores, esa relación puede tener un perfil muy diferente y cristalizar en instituciones distintas. Para este autor, el punto en el que los decisores públicos y los investigadores encuentran la estabilidad en su relación de intercambio de fondos por conocimiento dependerá del juego político, de las asunciones, de las preferencias y del grado de interdependencia de los actores entre sí. El nivel de estabilidad en esta relación se ve reflejado en las instituciones que gobiernan la ciencia y en las organizaciones intermediarias surgidas entre ambos grupos, que, una vez creadas, son difíciles de cambiar debido al peso de la inercia y de las rutinas de funcionamiento que operan con especial fuerza en las relaciones entre los gobiernos y los científicos. Por su parte, Braun (1998) se centró en estudiar la importancia específica de un tipo de organización intermediaria a través de la que se canalizan las relaciones entre los científicos y los estados: los consejos de investigación entendidos como agencias financiadoras que adjudican los fondos públicos a las actividades de investigación científica. Este trabajo asumía la idea lanzada por Rip (1994) sobre que las agencias de financiación de la actividad investigadora son parte esencial de la república de la ciencia y las situó a medio camino entre los decisores y los ejecutores de la I+D, como las organizaciones intermediarias clave de los sistemas de ciencia y tecnología. La principal aportación de Braun en este trabajo fue poner de manifiesto que las instituciones financiadoras juegan un papel crucial en la dirección en la que avanzan las distintas disciplinas, ya que, al canalizar las preferencias de los decisores gubernamentales y manejar la financiación pública, logran influir no sólo sobre las estrategias colectivas de los investigadores sino también sobre el propio desarrollo cognitivo del conocimiento científico. La importancia de las organizaciones internacionales y el liderazgo normativo de la OCDE La discusión inicial sobre el papel que la política debía jugar en relación con la ciencia continuó siendo citada de forma ineludible en la literatura especializada y volvió a reabrirse sin apenas solución de continuidad por los discursos normativos de los gestores y decisores públicos. Paralelamente al desarrollo de los primeros debates, el gobierno de EEUU inauguró la creación de agencias de financiación para la investigación científica y el desarrollo tecnológico, poniendo así los primeros cimientos de la construcción de los discursos normativos en materia de gestión pública de la ciencia y la tecnología. El National Health Institute (NHI), convertida en la agencia federal para la investigación médica, la National Science Foundation (NSF), creada en el año 1950 con el objetivo de que fuese el órgano encargado de diseñar la política científica y de apoyar, promover y evaluar la investigación básica de carácter civil norteamericana, y la National Aeronautic and Space Administration (NASA) compusieron el elenco de agencias de financiación de la actividad investigadora en EE.UU. Con ellas cristalizó el primer diseño dominante en el establecimiento de mecanismos formales de relación entre el gobierno y los científicos, y esto otorgó a los EEUU una amplia ventaja respecto a Europa en el control de los modelos normativos a ambos lados al Atlántico (Ruivo, 1994; Kraemer, 2006) Sin embargo, a pesar de este protagonismo inicial de los Estados Unidos, canalizado fundamentalmente a través de la NSF, el diseño de las formas de organización de las relaciones entre los científicos y los gobiernos y el establecimiento de modelos normativos de las primeras políticas de ciencia pronto fue dominado por los organismos internacionales. El debate sobre cómo articular el papel de los políticos y sus decisiones con la actividad de los científicos quedó definitivamente instalado en el entorno internacional con la creación de la UNESCO en 1946 3 y, sobre todo, con el nacimiento en 1961 de la OCDE. Originariamente, la UNESCO desarrolló labores de asistencia a los científicos y a sus organizaciones y posteriormente derivó su actividad a apoyar, dentro de los países que lo necesitasen, la investigación orientada al desarrollo tecnológico (Fernández Carro, 2002; Drori et al., 2003), mientras que la OCDE fue ganando terreno hasta convertirse en la institución en la En este trabajo se defiende la supremacía de la OCDE A través de sus informes y sus diagnósticos, este organismo internacional trabajó desde un principio por que se establecieran unas pautas comunes en la identificación de problemas que marcasen las agendas de decisión de los países miembros. Su capacidad de influencia quedó patente en el año 1964, cuando la OCDE celebró un seminario en la ciudad italiana de Frascati en el que se elaboró el Manual para la medición de las actividades de I+D, más conocido como el Manual de Frascati. Este documento se convirtió en el manual de referencia en el que quedaron establecidos los conceptos básicos y las clasificaciones canónicas de todos los elementos relacionados con la actividad de producción de conocimiento, así como la forma de medir cada uno de estos conceptos. Posteriormente fue completado con el Manual de Oslo para la recogida e interpretación de datos sobre innovación, publicado en el año 1992 junto con la Oficina Estadística Europea EUROSTAT y revisado y reeditado en 2005, el Manual de Patentes para el correcto uso de los datos sobre patentes como indicadores de I+D, publicado en 1994, y el Manual de Canberra para la medición de los recursos humanos destinados a I+D, publicado en 1995. Dejando a un lado la producción de manuales por parte de la OCDE y su indudable peso en el establecimiento de definiciones estandarizadas y formas consensuadas de medir la ciencia y la innovación, el primero de los informes publicados en esta materia fue el trabajo Science and the Politics of Government, elaborado por un grupo de científicos y economistas para informar al Secretario General de la OCDE sobre qué cuestiones relacionadas con la ciencia y la tecnología requerían atención política. Este informe, que vio la luz en 1961 y que fue desde un principio conocido como el Informe Piganiol por haber sido coordinado por el francés Pierre Piganiol, ponía sobre la mesa la idea de que los recursos destinados a financiar la ciencia no eran ilimitados y que, por lo tanto, los estados debían diseñar políticas públicas que hiciesen posible una gestión eficaz y una asignación racional de los recursos (OECD, 1961). Se introdujo así la idea de que las actividades de producción de conocimiento debían ser objeto de medidas articuladas y específicas en pie de igualdad con otros ámbitos de la acción pública, lo que se dio en llamar políticas para la ciencia. Además, este informe trataba de conjugar la libertad de creación de los científicos, que se había impuesto en la etapa anterior, con la creciente necesidad de involucrar a los investigadores en actividades que diesen cobertura a las demandas técnicas de los estados, lo que se dio en llamar ciencia para la política (Sanz-Menéndez 1997, 84). Una década después, en 1971, la OCDE sacó a la luz Science, Growth and Society, documento conocido como el Informe Brooks, en el que se daba un nuevo giro normativo a la acción pública en materia de investigación científica y desarrollo tecnológico. En este informe se ponía en duda la asunción de que toda actividad científica era per se positiva para la sociedad, debido a que entraron en escena nuevos problemas relacionados con la protección del medio ambiente y con la transparencia y la responsabilidad del colectivo de investigadores y tecnólogos (OECD, 1971). Este documento recogía las crecientes demandas de la sociedad por que la labor de los científicos adquiriese mayores niveles de responsabilidad social, tanto en lo que se refería al contenido de su actividad como a sus resultados, dando paso a lo que algunos autores han dado en llamar la repolitización de la ciencia (Elzinga y Jamison 1995, 113). Además, en el informe se recogían afirmaciones que apuntaban a que la relación entre inversión de recursos en investigación y desarrollo económico no era tan directa como se había creído hasta ese momento sino que encerraba grandes dosis de incertidumbre que los gobiernos debían tratar de controlar a la hora de diseñar sus políticas. Esta nueva aportación de la OCDE, además, aplicaba la distinción entre ciencia básica y ciencia aplicada definida en el Manual de Frascati, y argumentaba que esta última debía estar enfocada hacia objetivos sociales concretos que se alejasen de los aspectos relacionados con la defensa, poniendo un mayor énfasis en la ciencia para la política (Gummet, 1992; Sanz-Menéndez, 1997, 89; Godin, 2007, 15). Las mayores contribuciones normativas aportadas en la década de 1980 se recogieron en el informe Science and Technology Policy for the 1980s, publicado en el año 1981. En este documento, la OCDE instaba a las organizaciones de producción de conocimiento eminentemente básico a acercarse al mercado. Para ello, marcaba como prioridades la creación de vínculos entre la industria y las universidades, así como el enfoque de la acción pública hacia el desarrollo de nuevas tecnologías que diesen cobertura a las demandas de la política industrial. En este contexto, se promocionó la prospectiva como herramienta eficaz de diseño de las políticas de ciencia y tecnología. Se trataba de un sistema de establecimiento de prioridades novedoso, basado en la observación sistemática a largo plazo de la ciencia y la tecnología, enfocado a diseñar escenarios de futuro y a reducir la incertidumbre sobre la evolución de las distintas esferas del conocimiento y sus aplicaciones específicas, en el que participan miembros destacados de las comunidades de científicos y tecnólogos, y que permitía dar un giro comercial a la producción de conocimiento (Elzinga y Jamison, 1995, 117). A mediados de la década de 1990, la OCDE puso en circulación la noción de Sistema Nacional de Innovación (Godin, 2007), con el que las concepciones tradicionales sobre los procesos de producción de conocimiento y su posterior transformación en progreso económico y social adquirieron una dimensión más adecuada a su complejidad. La idea de sistema nacional de innovación, acuñada por Freeman (1987), Lundvall (1992) y Nelson (1993), se deriva de la asunción de que la actividad investigadora tiene como último objetivo generar innovación y que los investigadores forman parte de un entramado superior en el que comparten su espacio con los órganos de decisión, de planificación y coordinación de las políticas de ciencia y tecnología, con los órganos de financiación de sus actividades, con otros actores productores de conocimiento del sector público, privado o universitario, con los órganos de evaluación y de apoyo a sus actividades y con el entorno social, político y económico en el que todos ellos se insertan. Esta constelación de actores y la riqueza de relaciones que se establecen entre ellos fue señalada por la OCDE en 1997 en su informe National Innovation Systems y en 1999 en el documento Managing National Innovation Systems. En ambos se apuntaba que las coordenadas para una política de éxito pasaban por fomentar el dinamismo del sistema, potenciando la participación del sector privado en la financiación y ejecución de las actividades de producción científica y tecnológica, y diseñando medidas de capitalización del conocimiento y de transferencia de tecnología a los sectores productivos. Junto a este nuevo giro normativo de las aportaciones de la OCDE surgió además la necesidad de diseñar nuevos indicadores que fuesen capaces de captar el rendimiento de los procesos de distribución de conocimiento entre los actores del sistema y que midiesen las nuevas exigencias de ejecución de la innovación (Godin, 2007). La evolución positiva de las políticas de ciencia y tecnología Una de las primeras formas de estudiar las políticas de ciencia y tecnología, que pronto se extendió entre la comunidad académica, fue la de hacer revisiones sobre su evolución positiva con el objetivo de establecer períodos en su desarrollo. A pesar de que algunos autores desarrollaron estos trabajos a escala nacional, como es el caso de Dickson (1984), que se centró en establecer las fases por las que había pasado la política científica en Estados Unidos, la mayoría de ellos trataron de entender la evolución de estas políticas en los países desarrollados como un proceso que se había dado de forma más o menos paralela a escala internacional. Éstos han sido considerados por la literatura especializada como los autores clásicos que aportaron los primeros análisis a los cambios en la relación entre los científicos y el Estado. El trabajo de Ruivo (1994) defiende que la política científica ha sufrido un proceso de internacionalización que explica que en los distintos países del entorno occidental se hubiesen dado pautas comunes en el desarrollo de esa área de regulación pública, lo que ella llama paradigmas de la política científica. Para esta autora, este proceso es consecuencia del importante papel que han tenido las organizaciones internacionales como OCDE, la UE (antes CE) o las agencias de Naciones Unidas en diseminar el conocimiento empírico sobre nuevos asuntos y nuevos instrumentos de regulación, así como creencias comunes sobre qué políticas debían implementarse para alcanzar los objetivos de progreso fijados por cada país. El trabajo de Elzinga y Jamison (1995) se ha constituido en una de las referencias ineludibles para los autores que posteriormente centraron su objeto de estudio en el análisis específico de políticas concretas. En él se hace frente a las preguntas de investigación relativas a cómo y por qué han cambiado las agendas de política científica de los distintos países durante la segunda mitad del siglo XX, y encuentra respuesta en el perfil de las élites encargadas de la gestión de las políticas, lo que dieron en denominar las culturas de las políticas. Para estos autores existe una cultura burocrática, dominada por las fuerzas de la administración del Estado y el ejército, una cultura académica, dominada por los científicos, una cultura económica, correspondiente a los sectores empresariales, y una cultura cívica, representante del poder de los movimientos sociales. Este trabajo defendía que el equilibrio de fuerzas entre estas cuatro culturas y la evolución de sus pesos relativos a lo largo de los años marcó las distintas etapas en la evolución de las políticas de ciencia y tecnología. Además, puso de manifiesto la existencia de una heterogeneidad en las pautas y en las preferencias de los distintos países del entorno occidental, lo que explicaron como una consecuencia de las dinámicas del entorno internacional. Tras la publicación y difusión del Informe Piganiol, durante la década de 1960 se produjeron importantes aumentos presupuestarios en las partidas estatales destinadas a financiar las actividades de ciencia y tecnología. Este aumento de recursos fue destinado a financiar objetivos de investigación específicos y se vio además acompañado por un fortalecimiento de las medidas de control sobre la acción de los científicos. El Informe Brooks, por su parte, orientó la acción pública en materia de investigación científica y desarrollo tecnológico durante la década de 1970 hacia objetivos marcados por los movimientos sociales ecologistas, feministas y pacifistas que en aquellos años habían alcanzado una gran fuerza política, otorgando una supremacía a la cultura cívica sobre la burocrática y económica que habían tratado de dominar las esferas de decisión en la etapa anterior (Elzinga y Jamison, 1995). Autores como Brickman (1981) han señalado que durante estas dos décadas los análisis positivos sobre las políticas estuvieron excesivamente enfocadas hacia la financiación pública de la ciencia y la tecnología, en la creencia errónea de que las partidas presupuestarias destinadas a tal fin eran la única expresión de las preferencias gubernamentales. Las revisiones de los trabajos (Moso, 1999) apuntan al hecho de que las políticas que se elaboraron durante esta época, y que recibieron el nombre de políticas de I+D, estaban articuladas sobre una concepción de la ciencia como mecanismo de solución de problemas. A diferencia de la etapa de los debates iniciales sobre el papel del Estado en la actividad investigadora, donde la producción de conocimiento respondía a la oferta de los propios científicos, en estos años la investigación estuvo movida por la fuerza de la demanda de los estados, que adoptaron el llamado modelo lineal tecnológico como modelo de cambio científico-tecnológico. En este contexto, el tipo de actividad desarrollado con más intensidad era la investigación aplicada, aunque con grandes matices y diferencias según los distintos contextos nacionales. También se invirtieron los términos en los mecanismos de toma de decisiones respecto a la etapa anterior y se establecieron procesos de arriba-abajo dominados por los decisores públicos. Esto hizo posible que las prioridades de la acción pública se reorientasen hacia cuestiones económicas y sociales, utilizando modelos de financiación selectivos, distribuidos y controlados por instituciones públicas que se diseñaron para cumplir esta misión. Además, como consecuencia de la publicación del Manual de Frascati, en todos los países comenzaron a contabilizarse las actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico, desarrollando indicadores para poder medir tanto los inputs como outputs de las políticas. Durante la década de 1980 los valores sociales perdieron toda su fuerza dentro de las prioridades gubernamentales en materia de ciencia, dejando paso a nuevos rumbos marcados por los valores de la cultura económica (Elzinga y Jamison, 1995). Los decisores públicos orientaron las nuevas políticas hacia objetivos económicos e industriales concretos, y aceptaron la planificación y la prospectiva como métodos habituales de toma de decisiones en la mayoría de los países. El nuevo rumbo que marcó la etapa desde mediados de la década de 1980 hasta mediados de la década de 1990 se caracterizó por que las políticas estaban orientadas a potenciar la tecnología y la innovación. A nivel internacional, la ciencia pasó a considerarse como una fuente de oportunidad estratégica, y la acción pública en esta materia se articuló sobre el llamado modelo de innovación sistémico de cambio científico-tecnológico. La producción de conocimiento se realizaba tanto a través de investigación básica como de investigación aplicada, y la fuerza motriz de esta producción se basó tanto en la oferta de conocimiento emitida por los científicos como en la demanda de los estados. Esto repercutió en los mecanismos de toma de decisión que se institucionalizaron, en los que se combinaron procesos de abajo-arriba, liderados por los científicos, con procesos de arriba-abajo, liderados por los decisores públicos. El contrato social entre los científicos y el estado quedó redefinido en función de la capacidad de gestión de los recursos, de modo que la financiación pública se tornó muy selectiva, y los indicadores de inputs y outputs se desarrollaron y se ampliaron para poder evaluar de forma adecuada el rendimiento de las políticas (Moso, 1999). Más allá de los elementos comunes, los distintos estados pusieron en marcha políticas específicas dentro de sus distintos contextos nacionales cuyo perfil se adaptó a las pautas normativas del contexto internacional. Sin embargo, a principio de la década de 1980 se alzaron algunas voces que ponían de manifiesto los escasos análisis sobre las políticas de ciencia y tecnología disponibles en la literatura académica (Brickman, 1981). El mayor volumen de información en este sentido proviene de la propia OCDE que, además de haberse hecho con el liderazgo de los discursos normativos, también dedicó importantes esfuerzos a realizar estudios de caso de las políticas puestas en marcha por los distintos países, haciendo acopio de un importante capital de información a partir del cual podían identificar tendencias globales. Tan sólo en esta década la OCDE publicó trabajos descriptivos sobre las políticas de ciencia y tecnología en Grecia, Noruega, Portugal, Australia, Dinamarca y la antigua Yugoslavia. En la década de 1990 cobraron fuerza los autores que reclamaban el peso del entorno nacional para explicar políticas que eran del dominio de los estados. En esta etapa, en la que los valores comerciales se habían extendido por la comunidad académica, los programas militares estaban siendo cuestionados y la cultura cívica estaba en desventaja respecto a las demás, los contextos nacionales ganaron fuerza a pesar de las referencias internacionales comunes (Elzinga y Jamison, 1995). Estos autores argumentaban que, puesto que las competencias de elección, en lo que se refiere a la asignación de recursos, de patronazgo, relativas al dirigismo ejercido sobre la labor de investigación de los científicos, y de control sobre los fines que deben alcanzarse mediante la investigación (Ziman, 1984) habían surgido y se habían desarrollado en la esfera de actuación de los gobiernos nacionales, la literatura estaba en deuda con la necesidad de construir explicaciones sobre los cambios en las políticas de ciencia y tecnología basadas en el ejercicio de estas tres funciones por parte de los gobiernos. En este contexto, surgieron autores en Europa y EEUU (Kleinman, 1995) que centraron sus esfuerzos en hacer análisis de las políticas públicas de I+D que se llevaban a cabo en los distintos contextos nacionales desde la perspectiva clásica del análisis de políticas públicas (Meny y Thoening, 1992). Los trabajos que se realizaron con posterioridad se inscribieron en un nuevo paisaje, en el que la acción pública sobre la ciencia y la tecnología ha dejado de ser una competencia exclusiva de los gobiernos centrales. Poco a poco, junto al contexto nacional han surgido nuevas esferas de decisión. En Europa se ha dado un doble proceso de internacionalización y regionalización, resultado del liderazgo adquirido por las instituciones de gobierno de la Unión Europea en el fomento, promoción y desarrollo de la actividad científico-tecnológica de sus estados miembros, y de la creciente tendencia a la regionalización de este tipo de actuaciones públicas en los distintos países, independientemente de su carácter federal o unitario. Así, el análisis de las políticas públicas de I+D ha contado con nuevos y muy variados espacios de estudio, cuyo surgimiento ha coincidido con la implantación definitiva entre la literatura especializada del concepto de Sistemas Nacionales de Innovación (Lundvall, 1992; Nelson, 1993; Godin, 2007) y su posterior aplicación a la esfera regional a través del concepto de Sistemas Regionales de Innovación (Cooke et al., 1997). Por otra parte, el proceso de creciente internacionalización de las actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico también ha recibido atención particularizada dentro de la literatura académica (Guzzeti, 1995; Caracostas y Muldur, 1998). El estudio de Guzzeti goza de singular importancia porque hace un repaso detallado de la historia y la evolución de la política científica de la Unión Europea (entonces aún Comunidad Europea) desde 1948 hasta 1993. En su estudio, Guzzeti respeta un escrupuloso orden cronológico para describir las políticas de ciencia y tecnología adoptadas, en primera instancia, por las tres comunidades primigenias y, posteriormente, por las unión de las tres y el nacimiento de la Comunidad Económica Europea, tratando de poner el énfasis en sus procesos de toma de decisiones y en el peso de las diferentes instituciones comunitarias en el desarrollo de la acción pública a nivel europeo. Posteriormente, en el nuevo espacio dominado por el concepto de sistemas nacionales de innovación, ha habido trabajos que han estudiado las diferencias entre los estados y sus políticas, considerando el espacio europeo como un sistema de innovación más. En este marco se inscribe el trabajo de Larèdo y Mustar ( 2001), que no sólo representa la contribución más importante en este sentido sino que supone una aportación a los estudios comparados sobre políticas de investigación científica y desarrollo tecnológico de gran valor añadido, debido a la falta de trabajos académicos de línea comparativa. A través de las aportaciones hechas por los autores de los distintos países europeos y de EE.UU., estos autores señalan cómo a comienzos del siglo XXI los estados han comenzado a dedicar cada vez más esfuerzos a las labores de coordinación, y no tanto de regulación estricta, entre los diversos elementos de los sistemas nacionales de innovación. El surgimiento de las dimensiones regional e internacional en las políticas de ciencia y tecnología y la nueva concepción de los entornos de la I+D como sistemas complejos requiere por parte de los decisores nacionales de una importante labor de coordinación, que amortigüe las tensiones entre los procesos de globalización y regionalización de las políticas y articule la acción de los distintos sectores. Así, el sector público está siendo objeto de especial atención en los distintos países, donde la universidad se ha convertido en una prioridad común y los grandes centros públicos de investigación han sido objeto de reforma (Prest et al., 2003). En lo que se refiere al sector privado, las empresas de tamaño mediano y pequeño han ganado importancia como principales valedoras del sector empresarial, debido a que las grandes empresas han recorrido el camino a convertirse en multinacionales para poder responder al reto de la competitividad internacional y su papel dentro de los sistemas nacionales de innovación se ha complicado. Los estudios de las políticas de ciencia y tecnología en España En España, los trabajos dedicados a estudiar las políticas públicas que han configurado el sistema español de ciencia y tecnología se llevaron a cabo con un importante retraso respecto a los estudios realizados en el entorno internacional, como consecuencia del tardío desarrollo de este campo de actuación pública en nuestro país (González de la Fe et al., 2007). Las primeras aproximaciones de autores nacionales a este objeto de estudio fueron de carácter descriptivo y surgieron en un contexto en el que se necesitaba conocer cuál era el estado del sistema de ciencia y tecnología para poder diseñar la que posteriormente sería la Ley 13/1986, de Fomento y Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica, más conocida como la Ley de la Ciencia. Estos trabajos cubrieron espacios de conocimiento parciales que ayudaron a dibujar el panorama en el que se iban a poner los primeros cimientos del sistema, y sin duda llevaron a cabo una primera labor de acercamiento y sensibilización de la comunidad académica que hizo posible el posterior desarrollo de esta disciplina en nuestro país. Hubo aportaciones que trataron de poner de manifiesto el papel que juega la investigación científica sobre el desarrollo de los países (Mayor Zaragoza, 1982), otras que ahondaron sobre experiencias concretas de política científica en el marco del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Nieto, 1982), otras que centraron su atención en ver cómo se podrían implementar las formas de financiación y evaluación de la actividad científica ( Sebastián, 1985) y otras que hicieron un diagnóstico de situación a partir del análisis de los indicadores básicos de la I+D en España (Muñoz y Ornia, 1986). Una vez aprobada la Ley de la Ciencia y tras el lanzamiento del primer gran instrumento de la política científica de nuestro país, el Plan Nacional de Investigación y Desarrollo, surgieron nuevas aportaciones que ponían de manifiesto un creciente interés por la materia, tanto en el ámbito académico como en el político (Dorado et al., 1991; López Piñero, 1991; Lafuente y Oro, 1992; Bellavista et al., 1998), así como otras que representaron las primeras evaluaciones de políticas y de programas concretos (Quintanilla, 1992; González de la Fe et al., 1996, 1997). El análisis de Luis Sanz-Menéndez sobre las políticas de ciencia y tecnología desarrolladas en nuestro país entre los años 1939 y 1997 supuso la aportación de mayor relevancia en esta línea, al realizar un exhaustivo estudio sobre las ideas, las instituciones y los intereses que habían guiado estas políticas durante todo este período. Este autor puso toda la carga explicativa en las dinámicas de lucha por el poder entre los distintos actores, asumiendo que las políticas de ciencia y tecnología, independientemente de lo específico de su contenido y de la bondad de sus objetivos, responden a decisiones de naturaleza política, y como tales han de entenderse. En este sentido, sus aportaciones se alejaban de aquellas que habían proclamado que, dadas las particularidades de la actividad de los científicos y la alta complejidad técnica de este tipo de decisiones, la acción pública en este ámbito estaría al margen de las luchas de poder de otras esferas de decisión y desprovista de dogmatismos doctrinarios. Además de estos trabajos, el hecho de que en España el surgimiento de políticas regionales de ciencia y tecnología haya sido un proceso que se ha dado con especial fuerza y que las Comunidades Autónomas hayan recibido del Estado Central las competencias sobre el gobierno de las universidades y sobre el desarrollo y la promoción de la I+D dentro de sus territorios, ha propiciado que se desarrollase un vasto campo de análisis y estudios sobre las políticas regionales de ciencia y tecnología (Moso, 1999; Olazaran y Gómez Uranga, 2001; Sanz-Menéndez y Cruz-Castro, 2005; Rico-Castro, 2007). En este sentido, el trabajo Sistemas Regionales de Innovación editado por Mikel Olazaran y Mikel Gómez Uranga constituye una referencia ineludible porque recoge las aportaciones más importantes que se han hecho al análisis de las políticas regionales de I+D que se han realizado en España, aunando la concepción sistémica de los sistemas regionales de innovación con los análisis detallados de las políticas catalana, valenciana, navarra, andaluza, gallega, madrileña y vasca. Las políticas de ciencia y tecnología han variado considerablemente a lo largo de los años. Del mismo modo, los trabajos académicos que han tomado esta área de acción pública como su objeto de estudio también han evolucionado con el paso del tiempo. Los discursos positivos y normativos que han desarrollado los análisis de políticas de I+D han ido de la mano en su evolución a lo largo de las décadas del último medio siglo. Los diseños de las políticas han tenido desde principios de la década de 1960 un referente normativo ineludible en la doctrina proveniente de la OCDE. Este organismo internacional contribuyó de forma decisiva al establecimiento de los fundamentos de las políticas de ciencia y tecnología, así como al diseño y desarrollo de sus instrumentos de medición en los países occidentales. Por ello, muchos de los primeros trabajos académicos que se hicieron con el objetivo de analizar estas políticas ponían el acento en el entorno internacional como factor explicativo de los cambios en las políticas nacionales. A esta situación contribuyó la falta de consenso metodológico y analítico en los primeros trabajos, que fueron realizados por académicos de muy diversas disciplinas, así como el hecho de que la propia OCDE también llevase a cabo una extensa labor de estudios de caso sobre las políticas de los distintos países. Hasta la década de 1990 no se produjo la independencia de los enfoques positivos respecto a los normativos. En estos años surgieron autores formados en el análisis de las políticas públicas que analizaron las políticas de ciencia y tecnología dentro de su contexto nacional, siguiendo unas pautas metodológicas que se inscriben dentro de ortodoxia de la ciencia política. A partir de ahí comenzó a crearse un campo de conocimiento sólido en el que han ido floreciendo las aportaciones. A mediados de los años 1990 surgieron conceptos como el de sistema nacional de innovación, y se dieron procesos clave como fue el nacimiento de políticas regionales e internacionales de ciencia y tecnología que han ampliado sobremanera este campo de trabajo y han marcado definitivamente el devenir de los análisis de estas políticas. Actualmente, la literatura especializada se encuentra ante el panorama más desafiante que se podría imaginar. Las líneas de investigación tienen un vastísimo campo abierto en los estudios comparados tanto en el ámbito regional como en el internacional, así como en la gran asignatura pendiente que son las evaluaciones del impacto de las políticas sobre los elementos del sistema. Si el área de conocimiento mantiene la línea de progreso en calidad de los trabajos y en crecimiento de los grupos de investigación que ha tenido hasta ahora, pronto asistiremos a un cambio de roles en lo que se refiere a los enfoques normativos y positivos, en el que los académicos se harán con el liderazgo del deber ser en materia de investigación científica y desarrollo tecnológico, garantizando así la supervivencia de este colectivo de intelectuales más allá de las fronteras del mundo académico.
La teoría de principal-agente (PAT, desde aquí) apareció en la economía a mediados de los años 1970 (Spence y Zeckhauser, 1971). Se trata de un desarrollo formal de las teorías de contratos y se relaciona con las teorías de costes de transacción y de información imperfecta. Aunque muchas de sus ideas sean muy anteriores, como sucede tantas veces. Proceden del campo de la economía actuarial y de los seguros, al igual que su rara terminología 2. Desde este origen restringido, la teoría de principal-agente se ha extendido al resto de la economía y, en los últimos años, a la mayor parte de las ciencias sociales. Su objeto de estudio es el acuerdo entre dos actores por el que uno solicita al otro que realice, a cambio de un pago, una tarea que el primero no puede o no quiere hacer por sí mismo. Es obvio que tal acuerdo no necesita estar mediado por un contrato, que es una institución social algo más compleja. La teoría aplica la metáfora a todos los acuerdos de esta clase, tanto si los protege un contrato como si no. Las dificultades de las partes para llegar a un acuerdo y para garantizar que ambas cumplirán sus obligaciones son lo que le da interés y lo que, al final, orienta los trabajos empíricos. La asimetría de información que aparece entre los actores es, de entre esas dificultades, la que más atención ha merecido. De un lado, quien realiza el trabajo -el agente-obtiene más información sobre su labor que quien lo ha encargado -el principal-; quien, sin embargo, necesita esa información para decidir sobre el propio acuerdo. De otro, sólo el agente tiene información completa sobre su verdadera capacidad para ocuparse de la tarea. La complejidad añade interés a la relación de principal-agente: que se repita o se prolongue en el tiempo, que los actores sean colectivos en lugar de individuales, que los intereses de cada parte sean muy divergentes o estén enfrentados, que los actores difieran también en su grado de aversión al riesgo, que el resultado de la tarea sea incierto o difícil de juzgar o que el comportamiento del agente sea difícil de evaluar (Eisenhardt, 1985, p. Estos rasgos hacían casi inevitable que la PAT llegara a los estudios de ciencia y tecnología: es difícil imaginar una relación en que la asimetría de información sea mayor que en la investigación científica. Tampoco es fácil encontrar una actividad cuyo resultado a corto plazo sea más incierto. Por otra parte, la noción de la ciencia pública como un contrato social es antigua y se suele atribuir al muy citado informe de Vannevar Bush de 1945, Science, the Endless Frontier 3. La metáfora se ha presentado de distintas formas, bien como un contrato entre la sociedad y la comunidad investigadora mediado por el Estado o las empresas; bien como un contrato entre el Estado y los científicos o entre el Estado y las empresas; o bien como una relación entre el Estado y alguna de las agencias que se ocupan de hacer investigación o de administrarla. En este trabajo me ocuparé de los usos que se ha dado a esta fértil metáfora en los estudios de ciencia y tecnología. Utilizando la literatura que ya la ha desarrollado, trataré de mostrar tanto las ventajas como los límites de este punto de vista. Subrayaré también su flexibilidad y su capacidad para formalizar las ideas más establecidas sobre ciencia, tecnología y sociedad, desde la del sistema de recompensas de la ciencia mertoniano o la de estratificación en la ciencia de los Cole, hasta las ideas de la Triple Hélice y del Modo 2 de producción científica, pasando por las teorías de los intereses de Bloor o Barnes, o la versión de Latour del Actor-Red. Para ello, en la sección primera presentaré una explicación general del modelo de principal-agente y, a continuación, me ocuparé brevemente del uso de la PAT en economía, ciencia política y sociología, por la influencia que ha tenido en los estudios de ciencia. En la sección segunda, resumiré las aplicaciones de la PAT a los estudios de ciencia y tecnología. En primer lugar revisaré sus antecedentes, tanto las teorías que la idea de principal-agente vendría a formalizar -procedentes en su mayoría de la sociología-, como los usos que se le ha dado en ciencia política y sociología y en teoría de las organizaciones. En segundo lugar exploraré la fructífera apli-cación de la idea en la economía de la ciencia y la tecnología; y pasaré luego a las aplicaciones recientes de la idea en los estudios sociales de la investigación científica y tecnológica. La sección tercera reunirá las críticas que recibe la teoría, en parte por relación con su marco teórico, las teorías de elección racional; me detendré en algunos errores comunes en que han caído quienes la utilizan. En su segundo apartado propondré algunos aspectos de la teoría que aún no han sido desarrollados en estos estudios. En la última sección aventuraré una valoración de la PAT en su aplicación a los estudios de ciencia, tecnología y sociedad. No será una sorpresa que mi valoración sea positiva, aunque crítica, y que trataré de persuadir al lector de la necesidad de incorporar la teoría a la caja de herramientas de los científicos sociales, se ocupen o no de los científicos y tecnólogos. LA TEORÍA DE PRINCIPAL-AGENTE EN LAS CIENCIAS La Teoría de Principal-Agente, que he nombrado PAT por sus siglas inglesas, es una más de las teorías de elección racional. Como sucede con éstas, es difícil darle el nombre de "teoría" salvo en la forma en que lo aplicamos a una teoría matemática. Aunque describe una relación social y asume un comportamiento de los actores -la tendencia a maximizar su utilidad-y aunque supone un tipo particular de actor -por el individualismo metodológico que comparte con ese conjunto de teorías-se trata de un modelo vacío que se puede aplicar a cualquier par de actores entre los que reconozcamos una relación como la que describen Pratt y Zeckhauser (1985b, 2): "Allí donde un individuo depende de la acción de otro". Al igual que en otros ejemplos de la teoría de juegos, en las relaciones de principal-agente los actores obtienen el mejor resultado si son capaces de cooperar. El interés consiste entonces en estudiar aquello que en cada caso se lo dificulta o se lo facilita. La posibilidad de la cooperación a pesar de los contratiempos es uno de los rasgos que hacen atractiva la teoría para estudiar toda esta clase de relaciones de manera formal o, al menos, falsable 4. Para el científico social es aún más atractiva por la evidencia de que a menudo la solución a los dilemas de la relación es un puñado de instituciones sociales, o que ese par de actores puede consistir en un par de grupos, de organizaciones, de empresas o de clases sociales. De este modo, la teoría promete tender un puente entre las explicaciones micro y macro, entre la teoría de alcance intermedio y la gran teoría, entre las explicaciones estructurales y las de agencia individual, y entre las metodologías cuantitativas y cualitativas. Promesa que, por lo demás, es la que hace todo ese grupo de teorías (Goldthorpe, 2000). Pero, dejando de lado las promesas, ¿en qué consisten los modelos de principal-agente? Y, ¿cómo los aplicamos al estudio de la investigación científica? Comenzaré por la primera pregunta y dejaré la segunda para la sección siguiente. En su expresión más sencilla, como hemos visto, un actor acuerda con otro que haga para él una tarea a cambio de una compensación 5. Al primer actor lo llamamos principal y al segundo, agente. Asumimos -es fácil-que los actores prefieren llegar a un acuerdo porque es beneficioso para ambos; si no fuera así, no habría contrato. La dificultad comienza con la incertidumbre del resultado y con la diferencia entre lo que saben los actores sobre la relación, en particular lo que sabe el principal sobre el trabajo que realiza el agente. En primer lugar, el resultado de una tarea es siempre incierto: la relación entre una acción y lo que produce es aleatoria, al menos en parte. La habilidad del agente puede reducir esa incertidumbre, pero no eliminarla. Un cirujano no puede anticipar todas las complicaciones de una intervención, por experto que sea. Por eso la regla de pagos acordada entre los actores establece cómo se van a repartir entre ellos el riesgo producido por la incertidumbre y cómo esto afecta al pago. En segundo lugar, el principal tiene menos información que su agente sobre el trabajo que han acordado. Por un lado, no conoce las circunstancias de la tarea concreta, la información local, ni sabe si su agente trabaja de la mejor manera posible. Esto permite a un agente oportunista manipular la regla de pagos y hacer un menor esfuerzo por la misma retribución. A esto se lo conoce como riesgo moral del principal o el problema de acción oculta. Por otro lado, el principal desconoce las habilidades del agente, su tipo. Corre el riesgo, entonces, de escoger un agente inapropiado, que no sabrá desarrollar la tarea o no lo hará de la mejor manera. A este problema se lo conoce como de selección adversa o de información oculta. La peor posibilidad es que un sistema de incentivos incorrecto o una regla de pagos inadecuada excluyan a los mejores agentes. Se puede reducir estas inevitables asimetrías de información y paliar la incertidumbre, pero siempre a un coste. No todos los costes de agencia, empero, son para el principal: si los pagos son a posteriori el agente corre el riesgo de que el principal no le pague como acordaron, o no le pague en absoluto. Se trata del riesgo moral del agente: una vez hecho el trabajo, el principal tiene incentivos para no cumplir su parte. A este problema general se lo conoce como de inconsistencia temporal. Los actores anticipan ese resultado y la relación no se produce. Si los pagos se producen a priori, todo el riesgo moral es para el principal y el problema es el mismo: la relación no se produce. Pero, a pesar de las dificultades, esta clase de relaciones se dan continuamente. Por un lado, los acuerdos no suceden en el vacío y los actores encuentran en la sociedad una serie de herramientas que les permiten superar los problemas derivados de la inconsistencia temporal. Arrow cita a John Stuart Mill para sugerir que en muchos casos "los términos [de la relación] tienden a ser regulados por la costumbre" (1991,48); en otros "la responsabilidad profesional es claramente reforzada en buena medida por sistemas de valores ['ethics'], internalizados durante el proceso educativo y reforzados hasta cierto punto por castigos formales y, de forma más amplia, por reputaciones" (íd., 50). Otros autores han insistido en ese papel de la reputación, entre otras instituciones sociales básicas, como forma de limitar el riesgo moral del principal o del agente en algunas situaciones y, en especial, cuando la relación se repite (Wolfson, 1991, 101-126; Milinski, Semmann y Krambeck, 2002; Arrow, 1991, 50). Para la mayoría de las relaciones el contrato, garantizado por el sistema judicial, es la más importante de las instituciones sociales que limitan los costes de agencia (Coleman, 1990, 147-48). Y Kiewiet y McCubbins encuentran la solución a los problemas de la delegación en otros arreglos organizativos (1991, 23) y en los contrapoderes institucionales (ibíd., 33-34). La PAT ha ido perfeccionando en las ciencias sociales las herramientas que utilizará en los estudios de ciencia y tecnología. En la economía ha tenido un fuerte auge debido a su utilidad para los estudios sobre problemas de información imperfecta y costes de transacción. Tiene un interés evidente para el estudio de las organizaciones, y en este campo y en el de relaciones laborales ha conocido su mayor desarrollo (Eisenhardt, 1989; Pratt y Zeckhauser, 1984a). El interés de la ciencia política por las teorías de agencia, por otro lado, ha crecido en los últimos años hasta el punto de que algunos de sus primeros trabajos son ya referencias obligadas de la disciplina (Moe, 1984; Miller, 1999; Tirole, 1994; Ferejohn, 1999Ferejohn,, 1986;;un resumen en Miller, 2005). La metáfora general se adapta bien al estudio de la delegación democrática, en la que el gobierno es un agente del pueblo o del parlamento. Se ha empleado también en el estudio del papel de la separación de poderes o en el de las elecciones como forma de control ex post. Se ha mostrado muy adecuada para el estudio de las burocracias, como agentes de la administración, y del papel de sus reglas y procedimientos en el control de los empleados públicos (Miller y Moe, 1983; Bendor, 1988; Bendor, Taylor y Van Gaalen, 1987; Williamson, 1999; Wood, 1988). De la misma forma se ha mostrado útil para el estudio de la delegación de poderes de los gobiernos a agencias independientes, como los Bancos Centrales. O los consejos de investigación, como veremos. La teoría política se ha interesado por la interacción entre múltiples principales -los ministerios de un gobierno, por ejemplo-y por la competición entre muchos agentes. En sociología, la PAT ha mostrado también su afinidad con las teorías weberianas de la burocracia (Kiser, 1999(Kiser,, 1994;;Kiser y Kane, 2001; Kiser y Schneider, 1994): Miller (2005) observa la afinidad entre las asimetrías de información y la idea weberiana de saber de servicio o Dientswissen. Hasta aquí me he ocupado de la relación de principalagente y de algunos de los usos que ha tenido en las ciencias sociales. Pero, ¿cuáles son los problemas específicos de la relación entre un investigador y su patrón? ¿Cómo utilizan los estudios de ciencia y tecnología los conceptos y herramientas que he descrito? LA TEORÍA DE PRINCIPAL-AGENTE EN EL ESTUDIO DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y TÉCNICA La forma particular de la PAT en el estudio de la investigación científica y técnica la hace parecida a algunas de las teorías clásicas Anoté arriba que los problemas de principal-agente en la investigación científica y técnica son más agudos 6. Por un lado, por las asimetrías de información: a los investigadores científicos o técnicos se les demanda conocimiento original que, por ser original, es difícil de comprender y de valorar por quienes lo costean. Los resultados de una nueva investigación son difíciles de comparar con los de investigaciones anteriores. Tampoco los servicios que presta son comparables con algo ya conocido. No hay una escala de medida para aquello que es original. Esto implica mayores problemas de riesgo moral o de selección adversa -que los científicos no hagan su trabajo o que no se escoja a los adecuados-pero también implica dificultades para decidir el contenido de "su trabajo" o el significado de "adecuado". Los problemas son más agudos, por otro lado, por la incertidumbre de los resultados científicos a corto plazo, incertidumbre que se traslada a la relación: el investigador no puede comprometerse a producir una cantidad o una calidad determinada. Como explica también la teoría económica de los costes de transacción, la incertidumbre y las asimetrías de información agravan la inconsistencia temporal y amenazan con hacer imposible el acuerdo. ¿Cómo salva el sistema científico estas dificultades? Van der Meulen explica cómo una de las soluciones es el control profesional de los agentes mediante la evaluación por los colegas o peer review: "En la ciencia los agentes tienen incentivos para vigilarse mutuamente en tanto que son a la vez consumidores y productores de afirmaciones científicas y de conocimiento" (1998, 400; también Guston, 1996, 236). La evaluación colegiada se encarna, por ejemplo, en los tribunales académicos o en la figura del referee de una publicación. Al evaluar la calidad de un artículo de investigación o la carrera de un científico estas instituciones alinean los intereses de la comunidad científica con los de su principal y le facilitan información que le permite monitorizarlos (ibíd., 405). De este modo, el peer review disminuye los costes de agencia para el principal -le da información para monitorizarlos-y para los agentes -reduce la incertidumbre sobre su capacidad para valorarlos-. La sociología clásica de la ciencia, que desarrolla el sistema de recompensas mertoniano, apunta la segunda solución: una carrera larga con recompensas diferidas y basadas en la reputación [Merton, 1968[Merton,, 1957;;Whitley, 2003Whitley,, 2000Whitley, (1984)); Nowakovska, 1975]. Whitley lo resume de esta forma: "La investigación en la ciencia pública está orientada fundamentalmente por la búsqueda competitiva de reputación académica [collegiate] obtenida a través de la contribución -con publicaciones-a fines intelectuales colectivos y los investigadores son recompensados de acuerdo, en lo esencial, con esas reputaciones" (2003,1016). Es cierto que Merton había insistido en que la recompensa era la propia reputación y que los científicos se guiaban por una serie de normas ideales -el ethos que había observado Mill-, como es cierto que esta idea ha sido ya discutida por la literatura posterior (Barnes y Dolby, 1970; Mulkay, 1969Mulkay,, 1991)). Más tarde Barnes (1985) recogió sugerencia mertoniana de que la reputación era una suerte de "moneda" de la comunidad científica, el vector de un mecanismo de recompensa diferida 7. Así, el investigador intercambia reputación por recompensas, principalmente materiales. Para Bourdieu, la autoridad científica es capital simbólico y puede ser transformado: "La autoridad científica es así una clase particular de capital que puede ser acumulada, transmitida e, incluso, reconvertida en otras formas de capital bajo ciertas circunstancias" (ibíd., 265). En otro lugar añade que esta "clase particular de capital social" da poder sobre los mecanismos constitutivos del campo científico (ibíd., 262). En The manufacture of knowledge, Knorr-Cetina (1981, 70-71) subraya esta idea bourdieuana de un mercado gobernado por el crédito y el capital simbólico, "en un universo esencialmente antagonístico" (ibíd., 71) en que los colegas son competidores que se resisten a dar ese crédito. Esta autora anota que la idea no habría sido desarrollada en su totalidad: "Tales modelos económicos de agentes científicos no han sido aún empujados a sus límites" (íd.). La PAT en la economía de la ciencia y la tecnología A pesar de que la cita que cierra el parágrafo anterior no emplea el término "agentes" de la forma que lo hace la PAT, incluye al menos uno de sus rasgos característicos: la elaboración de modelos (Hedström y Swedberg, 1996). Los primeros modelos del acuerdo entre un investigador científico o técnico y su patrón, sea privado o público, aparecen en la economía. Dasgupta y Maskin (1987), encuentran los problemas de riesgo moral y selección adversa al valorar la utilidad de los "research portfolios" y recurren también al sistema de recompensas mertoniano para argumentarlo. Su modelo se basa en el supuesto, quizá demasiado restrictivo, de que en un contexto competitivo sólo el primer descubridor/inventor obtiene todo el beneficio del trabajo científico. Siguiendo esta idea, Olsen (1993) imputa a la asimetría de información el exceso de gasto en los programas de I+D. David (1988) continúa su trabajo en historia económica con una explicación del surgimiento de las instituciones de la "ciencia abierta" durante el Renacimiento. El autor encuentra sus orígenes en el sistema de patronazgo aristocrático de las primeras cortes de la era moderna y en la creciente dificultad para comprender la nueva "filosofía mecánica" y valorar sus resultados. Ante este inesperado problema, que no se daba en otras artes liberales, los aristócratas recurrieron a la reputación que los agentes obtenían de sus colegas (ibíd., 18). El resultado fue la emergencia de procedimientos de construcción de reputaciones por referencia a los "colegas expertos" (ibíd., 17). David incluye entre los remedios la creación de las redes de correspondencia que terminarían por producir las primeras revistas científicas o los premios a la solución de rompecabezas particulares, "(...) una respuesta funcional a los mayores problemas de simetría de información (...)" (ibíd., 19; también David, 2007). Otro ejemplo interesante es el artículo de Abraham y Prosch (2000) sobre la gestión de Carl-Zeiss, una empresa de base tecnológica que a finales del siglo XIX desarrolló una política de pensiones que equivalía a un incipiente estado del bienestar. Este sistema de incentivos diferidos estaba destinado a limitar el constante abandono de los mejores técnicos -formados en la compañía-por otras empresas o por la práctica profesional particular, alguno de los problemas sugeridos por Eisenhardt (1989). El sistema de incentivos, no obstante, no podría sostenerse debido un problema de inconsistencia temporal: ¿qué garantizaba a esos técnicos que el patrón pagaría las pensiones al cabo de los años? Abraham y Prosch explican cómo Carl-Zeiss estableció su credibilidad y evitó los problemas derivados del riesgo moral del principal mediante su transformación en una fundación privada, propietaria a su vez de la empresa, lo que ataba sus manos. La llegada de la PAT a los estudios de ciencia y tecnología En los apartados anteriores he resumido los problemas específicos de la relación de agencia en el mundo de la investigación y he anotado algunos de los usos que los economistas han hecho de la PAT. Sus aportaciones tienden a ignorar las hechas desde los "estudios de la ciencia", en particular desde la ciencia política o la sociología, salvo quizás a Merton. Pero este desconocimiento es recíproco: es difícil encontrar, en los artículos de un área, referencias a trabajos de otra, con el consiguiente empobrecimiento de un campo aún poco extenso. En lo que resta de la sección presentaré el núcleo de estos estudios, más interesados por la versión sociológica de la teoría tal como la desarrolla Coleman (1990) y más preocupados también por la ciencia pública -o pagada por el Estado-que por la investigación privada. Si dibujáramos la red de relaciones definida por las citas a los artículos, el centro del grafo estaría ocupado por tres trabajos, los de Braun (1993), Guston (1996) y van der Meulen (1998). La PAT llegó a los estudios de la ciencia, así, con algo de retraso sobre el resto de ciencias sociales. Los tres artículos se ocupan de un actor institucional central en la ciencia moderna, el consejo de investigación 8. Si el primero describe la interacción entre el Estado como principal y el consejo de investigación como su agente -con los científicos como "terceras partes" de la relación-, los trabajos de Guston y van der Meulen estudian a los investigadores como agentes del consejo, aunque sin dejar de notar que éste es a su vez agente del Estado. Esta variedad en el enfoque ilustra bien la flexibilidad de la PAT. Braun toma los consejos de investigación como caso particular de las agencias autónomas o mission agencies. La asimetría de información debida a la especificidad de sus conocimientos permite a los científicos tratar a su patrón de igual a igual, como enseñó Weber. Tanto Braun como van der Meulen explican que la asimetría de información les da poder para "capturar" el consejo de investigación y ponerlo a su servicio. La necesidad de la revisión colegiada -e incluso de la selección colegiada-se explica por la fuerte asimetría de información, como vimos antes. Van der Meulen (1998, 400) enfatiza la necesidad de una confianza recíproca entre el agente y el principal en las relaciones a largo plazo. Tal confianza, junto con las instituciones sociales del mundo de la ciencia y el hecho de que el contrato se extienda en el tiempo, contribuiría a afianzar una relación "inherentemente inestable". Ya en este primer trabajo, Braun se detiene en otro rasgo específico, la contradicción entre la independencia relativa que los autores clásicos describían en la república de la ciencia y la "racionalidad administrativa" de la gestión pública corriente (1993,155): el Estado jerárquico no funciona bien en un mundo autogobernado en que la reputación resuelve el problema de "falta de criterios de evaluación cuantificables" (ibíd., 155). Cerca del centro de ese imaginario mapa bibliográfico encontraríamos otro trabajo de Guston (2000), Between politics and science, que poco a poco se ha convertido en la primera referencia del campo. Este trabajo lo relaciona con la teoría también emergente de las instituciones de frontera. Tanto estos trabajos como la mayor parte de los posteriores citan las Foundations of social theory de Coleman (1990) (1984). Un artículo anterior de Turner (1990) que desarrolla un modelo de principal-agente sin nombrarlo y otro posterior de Morris (2000) cierran este núcleo central. En lo que resta de este apartado detallaré alguno de estos trabajos. Guston apenas amplía en su libro (2000) la teoría de su anterior artículo, Stabilizing the boundary between US politics and science (1999), y se repite en su siguiente trabajo, Boundary organizations in environmental policy and science (2001). Los tres son estudios de caso sobre organizaciones mediadoras de la ciencia estadounidense, que se extienden también en la idea de organizaciones de frontera de Gieryn (1995). La mayor extensión permite al autor, no obstante, demorarse en la descripción de los rasgos de la relación de principal-agente en la ciencia pública de las democracias y sus problemas. Es por eso una buena introducción al tema: sencilla, además, porque no hace un modelo formal y su trabajo empírico es cualitativo. El primero de los rasgos es la asimetría de información entre ejecutores y patrones, aunque admite que "no es exclusiva de la política científica" (2000,17). Para Guston, lo que es singular de esta política es, primero, su posición en las discusiones sobre el estatus epistemológico particular de la ciencia; en segundo lugar, la impredecibilidad de su desarrollo; en el tercero, las dificultades para anticipar sus consecuencias; y, por último, que la distribución de sus productos se dé entre el público cualificado o en un mercado externo en lugar de entregarse al principal que lo financia (2000,17). El autor se interesa por cómo éste controla a los científicos mientras tiene que delegar poder organizativo en una agencia intermedia, cómo controla su integridad y lealtad además de su productividad. Los científicos por su parte también se preocupan por mostrar esa integridad y esa productividad por su propio interés y a pesar de la oscuridad inherente a la información científica. Los consejos de investigación devienen herramientas para mantener la separación -y la comunicación-entre los ámbitos político y científico: hacen boundary work. Cuando escribió su artículo, Caswill (1998) era director de investigación del Consejo Británico de Investigación Económica y Social (ESRC). Su ejercicio, por ello, no es tanto el de un académico como el de un funcionario con experiencia. La política de investigación, para él, no ha sido suficientemente investigada por las ciencias sociales. Apenas se han ocupado del efecto de la intervención del gobierno, de la interacción con los usuarios, la interdisciplinariedad y la cooperación internacional, que son los principales motivos de interés de los administradores. La teoría con mayor capacidad para aclarar estos temas sería para este autor la de principal-agente (ibíd., 293). El modelo de Caswill sigue al de Braun, con un consejo de investigación como agente del gobierno (aunque principal de los científicos). El consejo resultaría la mejor forma de organización para un gobierno "distante" y que carece de la suficiente información de encarar el problema de la selección adversa. Como el de Braun y el de Guston, su modelo es formal; su material empírico, bastante débil, es cualitativo. El siguiente trabajo de Braun (1998), también teórico, desarrolla con el entramado de la PAT varios de los elementos que apuntaron Bourdieu (1975) y Latour y Woolgar (1986), en particular el desarrollo e intercambio de distintas formas de capital. Elabora así, desde otro punto de vista, algunos de los temas que apunta Guston acerca de los consejos de investigación 10. Braun observa, en primer lugar, que la literatura ha enfatizado los premios sociales de los científicos por encima de los económicos. Con Bourdieu, sugiere que el "capital social" expresado por el reconocimiento de los colegas es sólo uno de los capitales del científico y diferente de su "capital económico" (salarios, recursos organizativos y de infraestructura) y su "capital cultural". La estructura de la ciencia transforma los intereses "externos" en desarrollo científico. Braun utiliza los conceptos de Merton pero cambia su punto de vista. En segundo lugar, subraya que las "restricciones cognitivas" de los actores políticos -vale decir su asimetría de información-explican la necesidad que tienen los consejos de cooptar científicos para al menos dos de sus tareas, la de selección y la de control (ibíd., 812). Distingue así tres arenas y termina el artículo con un detallado análisis de las normas e intereses que operan en ellas: la arena de selección, la de control y la de políticas o "policy arena" (ibíd., 814 y figura 2). Una tercera observación interesante es que la reputación de los directores de los consejos -y no sólo la de los científicos-estabiliza el sistema: formaría parte de la división de poderes que implica la distinción entre "arenas". El artículo de Turner (1990) es citado a menudo a pesar de que no utiliza la terminología de la PAT ni sus formalismos y de que está escrito en un lenguaje deliberadamente arcaico y oscuro. Se ocupa de la persistencia del Antiguo Régimen en las prácticas de patronazgo científico, lo que lo relaciona con los trabajos de Davis. Su contenido es, quizás, demasiado teórico para ignorar como ignora la teoría anterior -en particular sociológica-y para presentar tan descuidadamente los ejemplos que utiliza 11. Turner arguye que las relaciones de patronazgo entre el gobierno y los científicos se basan en la construcción de la confianza sobre las promesas que hacen estos. La confianza y las promesas resuelven a su vez los problemas de no-verificabilidad -problemas de asimetría de información-y los problemas que producen la diferente distribución del conocimiento -asimetría de nuevo-y el diferente reparto de poder discrecional. Esa "evaluación prospectiva de las promesas" es un rasgo común en los modelos de los autores comentados hasta aquí: los consejos de investigación distribuyen subvenciones o becas de acuerdo con la confianza en un proyecto de investigación. Van de Meulen había enfatizado también el papel de la confianza. Entre las instituciones que, señala Turner, afianzan la relación produciendo confianza, están los "testimonios" (attestations) de otros científicos como las cartas de recomendación o la evaluación de manuscritos enviados a una revista (ibíd., 191). Otras instituciones, que la PAT llamaría "de señalamiento" o "signaling", son las que él llama metonimias: "(...) partes que señalan algo de la totalidad [y que] en la ciencia son las señales visibles de competencia, validez y fiabilidad que hacen creíble una promesa" (ídem). La confianza que cuenta para Turner sigue siendo la que tiene el patrón en el empleado al que va a delegar parte de sus recursos. Si hay crisis de confianza, termina el autor, el patrón la resuelve por la demanda de "productos tangibles", de productos terminados, en lugar de sólo la promesa de lo que se va a hacer. Otro mecanismo que Turner presenta como generador de confianza es la división de poderes -de "autoridad", en sus palabras-. Es semejante a la que en cualquier negocio separa la parte financiera de la teneduría contable 12. El autor distingue dos dimensiones: delegación y división. La primera consiste en la transferencia de poder de decisión en los niveles más bajos de la cadena de mando. La segunda, la división, consiste en la distribución de diferentes aspectos de la toma de decisiones entre diferentes instancias o personas. En esto se asemeja a las "arenas" de Braun o al papel que describe en los directores de consejo de investigación, que Turner llamaría "puntos nodales" 13. El último de los artículos citados hasta aquí, el de Morris (2000), es uno de los primeros trabajos empíricos extensos que hacen uso de la PAT. Se trata de un buen ejemplo de uno de los principales defectos de esta literatura, que presenta un entramado teórico que después no desarrolla y al que, por eso, apenas saca partido. En su investigación, cualitativa en este caso, Morris distingue y clasifica los principales que reconocen los propios investigadores de departamentos universitarios británicos en ciencias biomédicas. Su interés es estudiar el impacto del cambio en las políticas de investigación, la demanda por el gobierno de mayor responsabilidad, la introducción de gestión priva- El volumen contiene seis artículos, de Braun (2003), van der Meulen (2003), Caswill (2003), Guston (2003), Morris (2003) y Shove (2003), y una introducción de Dietmar Braun y David H. Guston (2003), los editores. Lo que debía haber sido la puesta de largo de la PAT en los estudios de la ciencia resulta, sin embargo, un poco decepcionante. Los artículos no sacan partido a las posibilidades de formalización de la teoría -pese al intento de Braun-ni remedian la separación que denunciaba Goldthorpe entre teoría e investigación empírica. La literatura acumula así descripciones de consejos de investigación que no producen entusiasmo: desde 2003 parece estancada tanto en el número de sus seguidores como en el de sus publicaciones anuales o en el de citas a sus artículos. El volumen podría parecer falto de ambición, quizá por la complacencia de sus autores con la aparente consistencia de la idea central. Sin embargo, muestra propuestas nuevas y algunas críticas. Así, la de Shove quien, a pesar de cierta debilidad en su argumento, presenta un primer reparo a la teoría a la vez que sugiere el estudio de los planes de investigación -funding programs en sus términos-como objeto de estudio añadido. Van der Meulen sugiere estudiar los públicos y usuarios de la investigación como "cuartas partes" de la relación de agencia. Guston, por su parte, estudia la relación de los gobiernos con los asesores científicos o técnicos. Caswill y Morris apuntan otras instituciones o "rasgos contextuales" que contribuyen a estabilizar la relación, y varios de los autores señalan la riqueza de actores diferentes que toman parte en ella. Caswill además hace notar el peso que tiene para el agente la evaluación a posteriori, o post hoc, de haber ganado un contrato con un consejo de investigación (idea que había adelantado Rip (1994): no es el mismo el dinero que procede de uno u otro fondo). Braun hace un intento de formalización para describir distintos períodos en la ciencia pública del siglo XX (como había hecho van der Meulen, 1998), intento meritorio pese a la lasitud de su argumentación y a lo opinable de su descripción de cada período. La introducción al volumen, de Braun y Guston (2003), es una presentación alternativa de la literatura. Los au-tores subrayan varios temas, además de los comentados: el equilibrio entre los dos actores, su interdependencia y mutua vigilancia -una "calle de doble sentido"-y la observación de que el principal también puede defraudar, observación que repite Guston en su artículo pero que no llega a desarrollar 14. CRÍTICAS, CARENCIAS Y POSIBILIDADES Críticas a las teorías de elección racional La teoría de principal-agente apenas ha sido criticada en los estudios de ciencia y tecnología, salvo por la crítica de Shove (2003) que mencioné antes. Para esta autora la teoría olvida la posibilidad de colusión entre agentes o su capacidad para eludir el control cambiando de patrón de acuerdo a su conveniencia (cambiando de programa de investigación, por ejemplo, o solicitando fondos a instancias distintas). La crítica es débil porque, por un lado, la teoría ha estudiado estos extremos al tratar el problema de múltiples principales, aunque Shove lo desconozca; por otro, la relación que presenta no es de principal-agente porque los programas y los consejos de investigación no pagan a los investigadores, quienes tienen su contrato con otra organización. El primer punto ilustra uno de los problemas de la teoría, el uso descuidado de muchos de sus autores; sobre el segundo volveré en un poco más adelante. Las críticas a la PAT se subsumen en las críticas a las teorías de la elección racional (TER). La discusión es ya vieja y ocupa muchos volúmenes de la literatura. De hecho, las críticas más profundas han sido incorporadas ya al acerbo de la teoría. Como tal discusión, sin embargo, quizá tenga menos interés en el campo de los estudios de la ciencia y la tecnología. Como propuse al principio de este trabajo, más que una teoría sobre la investigación científica y técnica la de principal-agente es una metodología general aplicable a cualquiera de sus aspectos, y el mismo argumento se puede aplicar a la teoría de la elección racional. Por eso, en lo que sigue sólo voy a esbozar las críticas generales a la corriente sólo en aquellos aspectos que puedan interesarnos. Pasaré luego a proponer alguna crítica concreta sobre el modo en que se ha utilizado la PAT y los errores que, en mi opinión, ha producido en la comprensión de la actividad investigadora. Las críticas habituales comienzan por los reproches, desde otras ciencias sociales, al imperialismo de la economía o al dogmatismo de algunos de sus practicantes, a menudo cierto. Pero la primera crítica seria a las TER es a su reduccionismo. Estas teorías hacen modelos simplificados de la realidad basados a menudo en supuestos más o menos verosímiles y apoyados en una concepción muy restringida del concepto de racionalidad. La respuesta más corriente es que todas las teorías hacen modelos limitados que dividen el mundo discrecionalmente en porciones de acuerdo a convenciones no siempre explícitas. Los modelos de elección racional, en cambio, tratan de hacer explícitos sus supuestos, correctos o no, y la discusión se organiza en torno a la pertinencia o al provecho de incorporarlos al modelo. Los supuestos de un buen modelo, por lo demás, proceden de la teoría previa y de las observaciones de cada objeto de estudio. Como en cualquier buena teoría, las explicaciones ad hoc implican un mal uso, no un defecto de la propia matriz teórica. Frente a una de estas explicaciones defectuosas el investigador puede proponer un modelo distinto que someter a una siguiente falsación. La discusión sobre el propio concepto de racionalidad, en cambio, no está cerrada aunque esto afecta poco al uso que le damos. En su versión general, la teoría describe a un actor que entre varias opciones elige la que cree que, dadas sus preferencias, le conviene más; decimos racional a este comportamiento. Esta sencilla operacionalización del concepto, parsimoniosa y práctica, es aceptada por la mayor parte de los autores. La dificultad comienza por el origen de las preferencias individuales y de su ordenación. Ese origen podría estar en la sociedad o la cultura, que limitarían así el juego de elecciones de cada persona haciendo del albedrío individual un ejercicio de cómputo. Diríamos que las preferencias personales serían exógenas a la teoría. Pero incluso los autores menos "creyentes" conceden que es posible -y útil-estudiar ese "computo" y los agregados de sus consecuencias. Goldthorpe (2000, 125) avanza un paso más para presentar la TER como una teoría especial, en lugar de general "(...) alrededor de la que se puede organizar mejor el esfuerzo de lograr una mayor generalidad". Esto recuerda el consejo mertoniano de buscar teorías de alcance intermedio y las TER han tenido hasta ahora un relativo éxito en este propósito de "organizar el esfuerzo". Dejamos para otro lugar el problema de que conceder incluso ese libre albedrío -racional-en quien toma una elección implica una posición antropológica fuerte, no sólo metodológica. Dos problemas que vienen de la mano de los anteriores han orientado la discusión teórica y han sido, por fin, incorporados a la teoría 16. El primero tiene que ver con la calidad de la información con que cuenta el "elector racional". Además de atender a sus preferencias, el actor toma sus decisiones de acuerdo con sus creencias sobre el estado del mundo. Las creencias -sobre las metas y los mejores medios para alcanzarlas-pueden ser falsas, sin embargo. El actor puede no tener suficiente información para decidir (o puede no saber si la tiene). Elster se preguntó, por ello, en qué momento es racional dejar de buscar información para decidir (1986). El segundo problema se refiere a la capacidad de los actores para hacer ese cálculo racional. En ocasiones se pueden equivocar al anticipar las consecuencias de su elección, por ejemplo, o quizá no alcancen a "computarlas"; se pueden comportar de forma irracional en algunos momentos o para algunos temas y ello puede influir en su propio cálculo racional en las otras ocasiones. Desde las críticas clásicas de Simon (1957) y los trabajos de Kahneman y Tversky, entre otros, la llamada racionalidad acotada o bounded rationality se ha incorporado a la caja de herramientas de la teoría. El mal uso de la teoría -o de sus herramientas-es una situación distinta. Un error corriente es abandonar el individualismo metodológico en que estas teorías se concibieron. Es aún más común en los estudios de ciencia y tecnología: comencé este trabajo refiriéndome a aquellos que explotan la metáfora del contrato social. Así, por ejemplo, la teoría de principal-agente se suele aplicar a los sistemas nacionales de investigación para decir que la comunidad científica es agente de la sociedad (o del Estado). Se trata de una aplicación metafórica, es obvio, porque no hablamos de individuos que tomen decisiones teniendo en cuenta las de otros actores. No se trata de que no podamos trabajar con agregados, sino de que no perdamos de vista a ese individuo que en algún momento tomará su decisión, solo 17. La metáfora del contrato social puede llevar a un error diferente: confundir el principal. Muchos de los trabajos citados toman a los consejos de investigación como "principales" de los investigadores. La metáfora sólo sirve en un sentido muy general porque los consejos no pagan a los investigadores. El dinero que distribuyen -en forma de subvenciones o ayudas-no forma parte de la regla de pagos y sólo de una forma muy indirecta forma parte del sistema de recompensas. Son las "organizaciones anfitrionas" de Caswill (2003) las que pagan a los agentes y la regla de pagos son esos complejos sistemas de incentivos de carrera basados en el mérito 18. Los investigadores tienen contratos menos metafóricos con las organizaciones anfitrionas, y los consejos de investigación tienen contratos con los gobiernos y no con los científicos. Cuando los hay, los contratos explícitos son una buena guía para reconocer las relaciones de principalagente y evitan la confusión en su análisis formal, aunque es evidente que para estudiar la regla de pagos tengamos que considerar el contexto de instituciones sociales de la ciencia. Es fácil suponer que la PAT se desarrollará en los estudios de ciencia y tecnología de dos formas: por imitación de los caminos que ha tomado en las disciplinas que los alimentan -la economía, la sociología y la ciencia política, al menos-; y por incorporación de aspectos descuidados de la teoría, descuido debido en parte a esa imitación. Si la teoría de principal-agente sigue desarrollándose en las ciencias sociales, con sus pequeños tropiezos, a un ritmo más o menos rápido, terminará por calar en ellos. ¿En qué direcciones se desarrollará la teoría? Dentro de la obvia incertidumbre, es fácil suponer que sus trabajos se diversificarán, alejándose de los estudios de caso. En primer lugar, se incorporarán otros actores tecnocientíficos y relaciones distintas o más complejas: cada contrato en el mundo de la investigación es susceptible de un modelo de principal-agente. Es posible que se estudie mejor el papel de las organizaciones anfitrionas o host institutions de Caswill (2003) como los institutos, laboratorios o universidades. O el papel de los clientes, como sugirió van der Meulen (2003); o el de los asesores, como Guston (2003). Es posible que se estudie mejor a los actores básicos: no se ha mencionado la influencia de la ideología de los gobiernos en la forma de la relación, a pesar de la vieja discusión entre los partidarios con Polanyi de una ciencia autoorganizada y los de Bernal de una investigación planificada por los Estados-. Ni se ha tratado apenas del impacto del régimen político sobre las instituciones de la ciencia o su productividad, a pesar de los trabajos clásicos de Merton (véase Fernández-Carro, 2002, y Fernández-Carro y Lapuente-Giné, 2006). Pocos autores se han interesado por gobiernos que no sean democracias occidentales y por científicos de sociedades pobres. En segundo lugar, la PAT en los estudios de ciencia y tecnología se irá haciendo más formal. Es el mejor modo de sacarle partido. Los resultados se presentarán en términos más fáciles de falsar lo que, de un lado, animará la discusión teórica y las propuestas de investigaciones empíricas y, de otro, limitará los errores groseros que ha producido su uso "metafórico". El formalismo, incluso matemático, no implica la necesidad de una corroboración cuantitativa, pero desde luego la facilita. El empleo de datos estadísticos permitirá calibrar algunos modelos y contribuirá así, por otra vía, al debate teórico. La investigación científica y técnica genera una buena cantidad de datos sociométricos o econométricos que apenas han sido explotados aún desde este punto de vista. Ni siquiera por disciplinas que, como la economía, tienen más hábito de hacerlo. La teoría de principal-agente es un caso extremo de asimetrías de información, porque la tarea que se demanda a los agentes es precisamente producir esa información que resulta asimétrica. Pero se ha explorado poco las diferencias en la aceptación de riesgo por parte de los actores y la forma en que las instituciones sociales del mundo de la ciencia contribuyen a paliarlas -o no-. Los problemas de la multiplicidad de agentes o de principales han sido discutidos a menudo -por ejemplo, para sugerir que a mayor número de patrones más difícil el control de los agentes (Shove, 2003; Guston, 2003)-pero los pobres resultados reclaman mayor atención para este aspecto. Apenas se ha analizado la regla de pagos de la relación, que en otras disciplinas ocupa buena parte del debate: la mayor parte de los modelos citados suponen que el pago se da ex ante y pocos autores sugieren un modelo de pagos ex post 19. El sistema de instituciones que estabiliza la relación debe ser diferente, como debe serlo el sistema de incentivos que se crea con la regla de pagos. El problema se agudiza cuando los pagos son ex post, por la tarea realizada. Sobre todo si el pago es muy diferido como en el mundo científico. Los autores de la PAT tienden a olvidar una parte de la discusión teórica anterior, como anoté arriba. La teoría se ha ocupado de muchos de sus problemas y presenta en ocasiones modelos informales de una relación de principal-agente. Una tercera dirección en la aplicación de la PAT sería la falsación de las teorías, clásicas o contemporáneas. El descuido general de la teoría o de su verificación empírica revela acaso un problema en la institucionalización de la disciplina: la falta de un consenso sobre el paradigma y, más sencillo, la falta de un manual conocido por la mayoría. Las teorías formales, en mi opinión, contribuyen a centrar el debate académico y permiten en ocasiones construir esos consensos paradigmáticos. Ésa sería una de las promesas de la PAR en los estudios de la ciencia: si no la de producir un paradigma, sí al menos la de aclarar cuál es la teoría útil y cuál la que está en discusión. PUNTO Y SEGUIDO: UNA VALORACIÓN DE LA PAT Teoría o metodología, es posible que la de principal-agente se extienda por las ciencias sociales con toda la familia de la elección racional y el individualismo metodológico. Aunque para ello no basta con su relativo éxito en las ciencias económicas, en mi opinión: tiene que persuadir a los investigadores. Para el ancho campo de los estudios de la ciencia y la tecnología puede ser una oportunidad de construir un raro puente que permita a los practicantes de distintas disciplinas hablar un idioma semejante y comparar y compartir resultados. Incluso para responder preguntas diferentes y desde diferentes orientaciones teóricas. Ésa es la promesa, al menos, como he escrito. El campo comparte objeto de estudio, como mínimo pero no sólo, cuando se ocupa de la relación del Estado con sus investigadores -públicos o privados-a través de una agencia más o menos independiente que llamamos consejo de investigación y que distribuye fondos competitivos 20. Las peculiaridades de este objeto de estudio, y también su interés, tienen relación con aquellos dos problemas centrales: las asimetrías de información y la incertidumbre de los resultados o de su apropiación. Estos dos rasgos, reconocidos bajo diferentes nombres por todas las disciplinas, son centrales también en la teoría de principal-agente. He mostrado con varios ejemplos que los investigadores que se ocupan de ellos tienden a cruzar las barreras disciplinares en busca de respuestas, con mayor o menor acierto. La PAT podría ser un vehículo más seguro para pasar esas fronteras. La unidad de lenguaje -como de objeto de estudio-no contradice la flexibilidad, dado el pluralismo teórico que encontramos bajo el paraguas de la elección racional y la posibilidad de estudiar diferentes actores desde diferentes puntos de vista: he anotado las relaciones con el constructivismo y con el neoinstitucionalismo, con los estudios de historia institucional y de políticas de investigación, con la sociología clásica mertoniana y weberiana y la nueva economía de la ciencia; Guston ha ilustrado las relaciones con la nueva teoría de los objetos de frontera (2001,2000). A lo largo de esta introducción he citado a autores de muy diferentes disciplinas e intereses teóricos cuya posible coherencia se revelaba gracias a este marco analítico. La PAT no ofrece "la" respuesta: ofrece un juego de herramientas para buscar la de cada pregunta. berg (1996). 6 Van der Meulen hace una excelente enumeración de las características del contrato (1998, 400): las diferencias de intereses de las partes, las asimetrías de información, el coste de monitorización en que incurre el principal y la necesidad de confianza mutua entre los actores. 7 La idea de la "moneda" es de Merton (1968, 56) aunque él considere las recompensas materiales como secundarias en el sistema de recompensas o instrumentales; sigue en esto a Hagstrom (1965). 9 Una discusión más completa en Guston (2000, 26 y 66); quien, no obstante, olvida la contribución de la sociología clásica (Merton, 1968, 2 y nota 16) y Bourdieu a la discusión sobre las transformaciones de los distintos tipos de capitales. 10 No olvida a Merton ni a Bourdieu, como hace Guston, pero ignora a Barnes y los autores de la Teoría de los Intereses. 11 Turner se apoya en un artículo de Shils sobre la delegación en el mundo de la ciencia que adelanta algunas de las ideas de la PAT (1962a; también, 1962b). 13 Para los interesados por un desarrollo de esta idea, referido a las consecuencias políticas y la estructura de los consejos de investigación y a las carreras profesionales de los científicos, véase Fernández-Carro (2007, 2002). 15 Para una asunción humorística y rigurosa de lo segundo véase Wuffle (1999), quien propone la vía moderada del "elector razonable". 16 Para esta explicación sigo a Goldthorpe (2000, capítulo 6), quien discute además otros problemas. 17 Es en el estudio de los contratos laborales donde la teoría ha encontrado su mejor aplicación. 18 Las recompensas son personales y, además de las materiales, pueden incluir la "satisfacción emocional" que explicaba Merton. Fernández-Carro (2007, 320-21) propone una forma doble de pago retrospectivo: un salario fijo (insurance pay en los términos de la literatura) y otro por incentivos (incentive pay). 20 Aunque muchos trabajos sobre economía de la ciencia no consideren a los actores estatales, gobiernos u organismos públicos, la naturaleza de bien público del conocimiento los trae de nuevo a la discusión.
Las políticas de I+D e innovación son políticas estratégicas en las sociedades contemporáneas. Se establecen tomando en consideración, entre otras variables, las previsiones sobre los avances tecnológicos previsibles, su impacto socioeconómico, y la posición que se busca ocupar en ese futuro a corto, medio y largo plazo. En este artículo presentamos los rasgos básicos de lo que podemos denominar Prospectiva o Estudios sobre el Futuro (Future Studies). Analizaremos sus características, las instituciones que se han creado para desarrollarlos, y el papel crucial que juegan en nuestro sistema de I+D e innovación, al aportar información cualificada para la toma de decisiones. El futuro siempre ha sido un motivo de preocupación para los seres humanos. Podemos rastrear a lo largo de la historia las diversas formas de analizar las tendencias de cambio inscritas en el presente, y cómo anticipan las características del futuro. Desde los oráculos en la tradición clásica (Hernández de la Fuente, 2008), hasta los modernos estudios prospectivos (Fowles, 1978; EFILWC, 2003; Georghiou, Harper, Keenan, Miles, Popper, 2008), la acción en el presente no se entiende sin tomar en consideración el objetivo perseguido que se quiere alcanzar en un plazo de tiempo determinado. La diferencia básica entre las distintas formas de previsión a lo largo de la historia reside precisamente en la noción de futuro con la que operan. En la antigüedad, y hasta nuestros días, la tradición del determinismo (tecnológico, histórico, social) postula una lógica única para la evolución de los acontecimientos, en la que los sujetos humanos son receptores pasivos del cambio, y sólo pueden protagonizarlo en la medida en que dicho proceso les favorece (de ahí los diversos ritos para sondear si los dioses están de nuestra parte). Este modelo llega hasta el análisis heideggeriano de la esencia de la técnica, lo que denomina das Gestell, en él no queda sino esperar un nuevo advenimiento (Heidegger, 1975). En este planteamiento extremo, también el futuro se determina por una ley interna, ajena a nosotros, llevando el determinismo tecnológico a su máxima expresión. Esta conceptualización del futuro desde la óptica del determinismo entra en crisis tras la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, y el desarrollo de la denominada Big Science. El futuro aparece ahora como un campo de juego para la acción humana: no se puede esperar pasivamente, se conquista, y por lo tanto necesitamos métodos y técnicas para analizarlo y construirlo en función de nuestros intereses políticos, económicos o militares. Objetivos tecnológicos como la bomba atómica requieren años de planificación y esfuerzo conjunto, aportación de cuantiosos recursos, y una evaluación clara de los beneficios (que se derivan no sólo de conseguir una tecnología clave en el ámbito militar o en el ámbito civil, sino también de la evaluación del coste o peligro que supone que otros países o empresas la obtengan antes y la desarrollen mejor). En este nuevo contexto, la prospectiva tecnológica se convierte en una herramienta estratégica, y pasa a considerarse un elemento clave en los programas de I+D e innovación de los países tecnológicamente avanzados. En un entorno de incertidumbre, fuerte competencia entre empresas y países, y ante la necesidad de invertir recursos económicos y humanos (que siempre son limitados) en tecnologías que se consideran claves en el futuro inmediato, la prospectiva tecnológica ofrece "información estratégica difícil de adquirir que sirve para la toma de decisiones, y funciona como un instrumento de movilización socioeconómica para fomentar la sensibilización y crear un consenso en torno a formas prometedoras de explotar las oportunidades y reducir los riesgos de la evolución científica y tecnológica" (Morato, Rodríguez, Miles, Keenan, Clar, Svanfeldt, 2002, 5). Por ello, es necesario analizar las características básicas de la prospectiva tecnológica y su relación con las políticas de I+D e innovación, deteniéndonos específicamente en el contexto europeo y español. Después de esta introducción, el artículo consta de cinco puntos, que siguen la siguiente secuencia lógica: analizar el margen de actuación ante el desarrollo e implantación de trayectorias tecnológicas, describir la metodología prospectiva, analizar el papel estratégico que juega en nuestro sistema de I+D e innovación, presentar algunos de los principales resultados de dichas investigaciones en España y la Unión Europea, y finalmente concluir señalando sus limitaciones y posibilidades. Específicamente, en el punto número dos abordaremos los modelos de desarrollo socio-técnicos, y los impactos que se derivan de las decisiones que tomamos en el presente sobre el futuro inmediato. En el punto número tres, describimos las características básicas de los estudios prospectivos, las metodologías y los objetos de análisis. En el punto número cuatro, analizaremos la dimensión estratégica de la prospectiva, al aportar información cualificada que permite anticiparnos a los riesgos y oportunidades derivados de la innovación tecnológica. En el punto número cinco, presentaremos las principales investigaciones prospectivas que se han realizado en España y en la Unión Europea. Y, finalmente, en las conclusiones, señalaremos algunas cuestiones clave que deben tomar en consideración los estudios de prospectiva en el ámbito de las políticas de I+D e innovación. TECNOLOGÍA, PROSPECTIVA Y POLÍTICAS DE I+D E INNOVACIÓN: ¿ES POSIBLE SUPERAR EL DILEMA DE COLLINGRIDGE? La política de I+D e innovación en una sociedad tecnológica avanzada demanda información cualificada sobre el futuro, para poder elaborar una planificación a corto, medio y largo plazo, por tres razones: en primer lugar, es necesario anticipar las características del modelo tecnológico en un horizonte a diez o quince años. Por ejemplo, establecer un modelo de producción, distribución y consumo de energía en un país supone planificar, diseñar, construir y poner en funcionamiento un conjunto de instalaciones de producción y redes de distribución en función de las previsiones realizadas. En segundo lugar, los errores en la previsión del futuro generan graves problemas de forma inmediata: "los fracasos a la hora de anticipar cambios sutiles o acumulativos a largo plazo tienen consecuencias repentinas a corto plazo" (Abt, 2003, 88). En tercer lugar, es necesario establecer un proceso de reevaluación continua de las previsiones y los resultados, para ajustarse a los cambios que se producen en el entorno: "el objetivo se convierte así en prepararse para tomar las decisiones más pertinentes en el momento oportuno, más que en adivinar con exactitud el futuro" (Schwartz, 2003, 37). Planificar significa pronosticar, evaluar, elegir prioridades, y optar en función de los recursos disponibles. Las discusiones sobre los límites de nuestras metodologías para anticipar el futuro no pueden hacernos olvidar que estamos inmersos en un sistema científico tecnológico en el que estamos financiando las innovaciones que estarán en el mercado dentro de diez años, y que la capacidad para hacer frente a riesgos presentes y futuros dependen de nuestra planificación estratégica, y de cómo actuamos ahora para afrontar un riesgo emergente en los próximos años. No es extraño, por ello, que los estudios de futuro se desarrollaran en los años cincuenta en el entorno de la Guerra Fría, y en el ámbito militar, en un contexto de innovación tecnológica (la energía nuclear y la carrera espacial) que podía afectar al equilibrio de poder existente. En la actualidad, la mayor parte de los países miembros de la Unión Europea, y muchos países de otras regiones del mundo, realizan sistemáticamente estudios prospectivos, con la finalidad de aportar información cualificada para la toma de decisiones en el ámbito de la política científico-tecnológica. En sociedades democráticas, el análisis de los riesgos tiene, además, otra consecuencia directa: los ciudadanos quieren tener más información, y una mayor participación, en la evolución e implantación de tecnologías que les afectan en su vida cotidiana. El análisis del futuro no puede dejar de lado las consecuencias sociales de los desarrollos previstos, y el papel clave que juega cada ciudadano como consumidor (en el caso de productos) o como decisor político (en el caso de tecnologías que afectan a la definición de nuestra propia identidad como seres humanos). De ahí que las metodologías de los estudios de futuro incluyan cada vez más el análisis de los impactos sociales, y permitan aumentar la información disponible para la toma de decisiones. Esto es más relevante en la medida en que, como muestra el denominado dilema de Collingridge (Collingridge, 1980), es muy difícil tomar decisiones para orientar o configurar una tecnología en los momentos iniciales de su desarrollo, ya que sabemos poco acerca de sus costes, oportunidades, riesgos y efectos positivos y negativos. Sin embargo, cuando se ha desarrollado e implantado, y tenemos suficiente conocimiento sobre ella, es muy difícil introducir modificaciones en su trayectoria. Una posible forma de superar este dilema es aportar, mediante la metodología prospectiva, información adecuada antes de que las trayectorias tecnológicas sean irreversibles. Por ello, los estudios prospectivos se han convertido en una herramienta estratégica, tanto para la competitividad interna de los países, cuanto para el sistema democrático mismo, en la medida en que las opciones tecnológicas que tomamos, o que dejamos de tomar, configuran de manera a veces definitiva nuestro modelo de vida. ¿UN NUEVO CAMPO DE INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA? LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA PROSPECTIVA Y LOS FUTURES STUDIES Los estudios sobre el futuro, y lo que denominamos "prospectiva" (definida por la Real Academia de la Lengua como "conjunto de análisis y estudios realizados con el fin de explorar o predecir el futuro de alguna materia"), se han desarrollado hasta el punto de configurar un área temática propia (Bass, 1998). La consolidación de una comunidad científica está directamente relacionada con la edición de revistas especializadas (Futures, Technological Forecasting and Social Change), la creación de organizaciones de profesionales que comparten resultados y debaten enfoques (World Future Society, World Future Studies Federation), y la institucionalización de estos enfoques en las universidades y los institutos de investigación públicos y privados. Desde los años 1960, se han llevado a cabo una gran diversidad de estudios prospectivos, vinculados a tecnologías concretas, a la posición competitivas de empresas, regiones y países, y a los impactos sociales de las innovaciones tecnológicas, configurando un amplio espectro de investigaciones relevantes (Keenan, 2003). Además, progresivamente el ámbito de los estudios prospectivos se ha ido ampliando, más allá de la prospectiva tecnológica estrictamente considerada, tomando en consideración cuestiones relevantes para la política de I+D e innovación, como el mercado de trabajo, la formación de recursos humanos, o la tendencias de evolución de sectores clave como el turismo, los servicios sociales y el estado del bienestar, o el sistema sanitario (Häder y Häder, 2000). El punto de partida de dichos estudios es la consideración del futuro como un producto de procesos sociales, que no está predeterminado necesariamente de antemano (Ringland, Todd, Schwartz, 1998): existen diversos futuros posibles, con diversos grados de probabilidad, y que conllevan consigo diferentes consecuencias sobre la sociedad. Precisamente por ello, se trata de presentar críticamente los diferentes escenarios alternativos, para aumentar la información rigurosa sobre la toma de decisiones, y contribuir así a la construcción social del futuro. Las investigaciones sobre el futuro aumentan la información disponible para afrontar las posibilidades y riesgos que conllevan nuestras elecciones. Los resultados de la investigación prospectiva introducen, en los procesos de toma de decisiones, información relevante relativa a los previsibles impactos y consecuencias que se derivan de cada una de las opciones posibles que se pueden tomar (Gries, 2000, 24). Como en cualquier otro enfoque, o disciplina científica, una clave esencial es el método. Los Future Studies se consolidan no sólo por su objeto de estudio (analizar el futuro), sino por la metodología diseñada para hacerlo, en la que juegan un papel fundamental los expertos en desarrollo tecnológico (que trabajan con un horizonte a corto, medio y largo plazo, en función de los objetivos que pretenden alcanzar). Tras la Segunda Guerra Mundial, la tecnología aparece como el factor competitivo básico para obtener el poder militar y el poder económico. En el contexto de la Guerra Fría, los primeros estudios prospectivos en los Estados Unidos de América se desarrollan en el ámbito militar, en el que la innovación tecnológica y el diseño de planes de respuesta a una acción del enemigo implican una perspectiva temporal estratégica, en torno a la cual hay que establecer planes de acción. Sin embargo, los estudios prospectivos rápidamente ampliaron su ámbito de aplicación, abordando cuestiones vinculadas con la evolución económica (Jouvenel, 1967), el cambio social, la innovación tecnológica, la gestión de catástrofes previsibles (Gabor, 1963), o los límites del crecimiento (Meadows, 1972). La misma RAND Corporation, en la que se desarrolló el método Delphi (Landeta, 1999), y vinculada en sus orígenes al campo militar, desde 1948 "paso de pronosticar sistemas alternativos de armas a tener una perspectiva más sociológica, centrada en el bienestar social y la política" (Bass, 1998, 23). En nuestras sociedades tecnológicas avanzadas, o sociedades del conocimiento, las investigaciones prospectivas se aplican, cada vez más, a un mayor número de ámbitos: desde el análisis de la evolución de tecnologías como la robótica (López y Kyriakou, 2008), hasta la prospectiva ocupacional: "prácticamente todos los gobiernos de los países avanzados y las agencias internacionales relacionadas con el mundo del trabajo realizan pronósticos sobre la fuerza laboral del futuro y la distribución del empleo entre los sectores industriales y las ocupaciones" (Freeman, 2003, 177). Podemos destacar dos características básicas de los estudios prospectivos: en primer lugar, su marcado carácter interdisciplinar. En segundo lugar, la ampliación progresiva de su ámbito de análisis: desde la evolución de las trayectorias tecnológicas, hasta el análisis de macro-tendencias económicas, políticas o sociales. Si nos limitamos a considerar la importancia de las investigaciones prospectivas en el sistema de I+D e innovación de nuestras economías avanzadas, es posible diferenciar tres grandes líneas de análisis prospectivo. En primer lugar, los estudios sobre prospectiva tecnológica, vinculados a la financiación de tecnologías clave, y que suelen establecer la posición competitiva de una empresa, región, o país, en relación a otros competidores [los sistemáticos estudios Delphi japoneses podrían considerarse un modelo (NISTEP, 2005)]. En segundo lugar, la investigación sobre los procesos de innovación tecnológica y los cambios que se derivan de los desarrollos previstos en tecnologías clave, como la ingeniería genética, la robótica o las tecnologías de la información y la comunicación. Finalmente, en tercer lugar la investigación sobre la interacción entre la innovación tecnológica y las demandas sociales, analizando los riesgos, oportunidades e impactos que se derivan de las trayectorias tecnológicas probables, desde una perspectiva centrada en la recepción de dichas tecnologías y los problemas de implantación prácticos. CONSTRUIR EL FUTURO EN UN ENTORNO CAMBIANTE: EL VALOR ESTRATÉGICO DE LA PROSPECTIVA Las sociedades basadas en la tecnociencia se caracterizan por la anticipación del futuro, que se convierte en el referente que determina la acción, desarrollando estrategias para reducir la incertidumbre y asegurar la viabilidad no solo económica, sino social, a corto, medio y largo plazo. "Las sociedades modernas han entronizado el cambio y no la estabilidad, la innovación y no la repetición como mecanismos de adaptación (...). El futuro, no el pasado, controla el presente. Y por ello, la menor validez de los modelos normativos para explicar la conducta y, por el contrario, la mayor importancia de las específicas definiciones de la situación por los actores. La indagación del futuro es ya parte primordial de la socialización cotidiana que requiere conocer lo que va a ocurrir para posicionarse frente a ello" (Lamo, González y Torres, 1995, 41). En este sentido, uno de los objetivos de los estudios prospectivos es prever los "eventos" que se materializarán en períodos temporales concretos, presentar las "tendencias" de desarrollo probables, y elaborar "escenarios" de futuro. Estos escenarios no son simplemente posibles, sino alta-mente probables (Georgantzas y Azcar, 1995). Aunque hay desarrollos tecnológicos que no pueden ser anticipados, gran parte de las innovaciones tecnológicas que se implantarán en los próximos años están actualmente en período de desarrollo, y sobre ellas se pueden elaborar proyecciones tecnológicas altamente probables. Las innovaciones tecnológicas pueden producir catástrofes o utopías, en función de cómo nos preparemos para ellas. Y hay que tener en cuenta que la velocidad de los avances tecnológicos lleva a que las previsiones sobre implantación de tecnologías que alterarán nuestra forma de vida de manera radical se sitúan en un horizonte temporal a medio plazo (20 años), y se desarrollarán por lo tanto durante la vida de más de la mitad de la población actual (Kaplan, 1994). Ante este horizonte de cambios, la función principal de las predicciones consiste en aportar información, para poder realizar un análisis racional de las tendencias de futuro, y así evitar depender completamente del azar. Este análisis debe tener en cuenta las consecuencias sociales positivas y negativas, para mitigarlas o facilitarlas cuando se presenten. Por ello, en base a los factores sociales, políticos y morales que guían nuestras elecciones tecnológicas, se pueden formular escenarios que vayan desde la perspectiva optimista hasta la pesimista, y que nos permitan establecer un debate sobre el futuro de nuestras sociedades. Como señala Warren Wagar al establecer tres escenarios secuenciales que prevé se implantarán progresivamente en las sociedades del siglo XXI (un escenario tecnoliberal, un escenario radical socialista y un escenario contracultural y utópico-ideológico), las respuestas sociales y políticas al desarrollo científico-tecnológico son consecuencia del agotamiento de los sistemas actuales de gestión de la economía y la tecnología (precisamente por su incapacidad para gestionar los retos de las nuevas tecnologías y los nuevos riesgos). Pero, a la vez, no prefiguran un modelo único de respuesta, y tienen que ver con los valores y criterios socialmente vigentes (Wagar, 1991). La diferencia fundamental entre la previsión en un sistema físico y un sistema social estriba en la naturaleza misma de lo social. Los actores sociales intervienen en el desarrollo de la sociedad, y por tanto cualquier previsión sobre el futuro será intrínsecamente imperfecta en relación a las previsiones que se pueden realizar en los sistemas físicos. Ahora bien, el objetivo final de las previsiones en los sistemas sociales no es tanto determinar mecánicamente el futuro. Más bien, se trata de aportar información para intervenir en la construcción social de dicho futuro, en función de los impactos previsibles y del modelo social que se considere deseable. En este sentido, la investigación prospectiva no debe aportar solamente previsiones generales, sino también debe identificar fines "deseables y realizables". Dado que la especie humana configura su futuro, se puede, en primer lugar, predecir un futuro humano altamente probable; y, en segundo lugar, se puede evitar un futuro indeseable. Al constituir los desarrollos tecnológicos una de las principales vías por las cuales la humanidad afecta/configura su futuro, es conveniente anticipar dichos desarrollos, y establecer estrategias para la construcción del futuro. La elaboración de los escenarios, en base a las previsiones formuladas por los expertos, puede ordenarse en torno a los dos extremos posibles: la utopía (el escenario más deseable dentro de los diversos futuros probables) y la distopía (es escenario menos deseable dentro de los diversos futuros probables). Las previsiones sobre el futuro de nuestras sociedades parte, pues, de un principio básico: las personas y las organizaciones son capaces de usar la ciencia y la tecnología de forma provechosa, ventajosa, y que beneficie también a las próximas generaciones. Este principio implica que esta posibilidad siempre va acompañada de su contrario: las capacidades tecnológicas pueden ser usadas de forma no provechosa. La capacidad de influir en el futuro, como fundamento de los análisis prospectivos, va unida al papel fundamental que juegan la ciencia y la tecnología en la construcción de dicho futuro. De ahí la relevancia de las previsiones de los expertos, que nos muestran los avances tecnológicos que se materializarán en los próximos años. Los resultados de los análisis prospectivos deben ir dirigidos, por lo tanto, a un público compuesto por las personas responsables en la planificación tecnológica, económica y social. Pero también deben ir dirigidos a la ciudadanía, para que analice las potenciales oportunidades y riesgos. En este sentido, la evaluación de tecnologías se abre a la opinión pública, contribuyendo al debate sobre la construcción democrática de la sociedad tecnológica del mañana. En el ámbito de la investigación sobre el futuro, debe diferenciarse entre el pronóstico, y la predicción (Coates, Mahaffie, Hines, 1997, 4): el pronóstico puede definirse como "un simple o complejo análisis de las cualidades y probabilidades de un evento futuro o tendencia". Y la predicción puede definirse como "una afirmación específica y usualmente cuantitativa sobre un resultado futuro". A partir de las previsiones y los pronósticos, pueden elaborarse escenarios: necesitamos formular asunciones acerca del futuro para ordenarlo, prepararlo, y prevenir eventos indeseables que puedan ocurrir. Los escenarios se basan en estas "asunciones" acerca del futuro. Es decir, sobre estas afirmaciones altamente probables acerca del futuro, que forman una estructura o sistema, se pueden establecer consecuencias acerca del futuro, y formular el modelo de sociedad que se deriva de ellas. En los escenarios, se trata de buscar una convergencia de evidencias y eventos altamente probables, puesto que no hay un determinismo tecnológico que implique desarrollos inevitables. En este sentido, junto a los descubrimientos científicos y las aplicaciones tecnológicas deben tenerse en cuenta los factores contextuales: sociales, económicos, políticos, ambientales, militares, etc., que conducen, forman e influyen en la emergencia de las sociedades tecnológicas avanzadas. La prospectiva ofrece, por lo tanto, un conjunto de escenarios posibles, que se derivan de la interacción entre los determinismos del pasado y la confrontación de los proyectos de los actores sociales que intervienen en el desenvolvimiento del futuro. No son, por lo tanto, escenarios elegidos al azar, y no son improbables. Son hipótesis coherentes sobre el futuro posible, a las que se puede asignar un determinado grado de probabilidad (Godet, 1991). En el ámbito concreto de la prospectiva tecnológica, la previsión tiene como objetivo establecer un mapa de las tecnologías emergentes, para orientar el desarrollo científico de una empresa o país en la dirección adecuada. Por ello, puede definirse la prospectiva tecnológica como un conjunto de "tentativas sistemáticas para observar a largo plazo el futuro de la ciencia, la tecnología, la economía y la sociedad con el propósito de identificar las tecnologías emergentes que probablemente produzcan los mayores beneficios económicos y/o sociales" (OPTI, 1999, 10). En este sentido, un amplio elenco de países, como EE.UU., Alemania, Austria, Reino Unido, Australia, Francia, Japón y España, utilizan la prospectiva como una herramienta clave en el diseño de sus políticas de I+D e innovación. El análisis de las investigaciones prospectivas desarrolladas en estos países a lo largo de los últimos 30 años nos permite establecer algunas conclusiones: -En primer lugar, la prospectiva es una actividad de carácter estratégico: "aplicada al campo de la ciencia y la tecnología, la prospectiva permite identificar tendencias de evolución del conocimiento, situando siempre estas tendencias en contextos de acción concretos. Por ello, constituye una herramienta básica para la definición de estrategias y políticas relacionadas con la I+D, y así se está empleando desde hace décadas en la mayoría de los países industrializados" (ENCYTE, 2008, 10). Permite explotar los conocimientos sobre el futuro, para hacer posible un desarrollo científico-tecnológico que permita aumentar el bienestar de la sociedad. -En segundo lugar, la prospectiva permite elaborar una base de información racional sobre las tendencias de desarrollo científico-tecnológico. Supone, por lo tanto, una transformación radical en el análisis y planteamiento de las acciones de los actores sociales, al introducir un conjunto de informaciones sobre los desarrollos tecnológicos futuros, que pueden orientar sistemáticamente la acción, y pueden ayudar a establecer prioridades y a lograr un mayor nivel de previsión y anticipación de los riesgos. Los análisis prospectivos permiten establecer vías concretas de actuación, en base a la información sobre las tecnologías emergentes y las áreas científicas más relevantes. Al integrar las opiniones de los expertos, estableciendo rigurosamente previsiones de eventos y tendencias, y elaborando escenarios posibles, permite crear una "base de información racional que puede, y debe, ser utilizada para recomendar acciones a los responsables de I+D, para decidir prioridades de financiación o vías de desarrollo, que cuentan así con un respaldo objetivo a las decisiones a tomar en el desempeño de sus funciones" (OPTI, 1999, 10). -En tercer lugar, en el ámbito de los impactos sociales de los desarrollos científico-tecnológicos, la prospectiva nos ofrece información relevante para establecer secuencias de impactos posibles, con un determinado nivel de seguridad en la previsión. Permite anticipa los impactos y transformaciones sociales que se derivarán del desarrollo científico y tecnológico en los próximos años. Es decir, trata de "(...) analizar las tendencias de cambio más claramente identificables en nuestra sociedad y formular los escenarios alternativos a los que dichas tendencias pueden conducirnos" (Castilla, 2000, 47). A partir de esta información, es posible anticipar estrategias que minimicen los costes sociales generados por la implantación y desarrollo de las nuevas tecnologías. Y, a la vez, permite plantear desde una nueva perspectiva (los escenarios futuros posibles) el debate sobre la construcción de la sociedad tecnológica, y sobre los límites que conlleva la forma actual de diseñar y gestionar el desarrollo tecnológico. Con ello, ayuda a mostrar las limitaciones intrínsecas de los actuales modelos de desarrollo económico y de organización social, enfrentándolos a las transformaciones y contradicciones que generarán en los próximos años los avances tecnológicos. En función de estas tres características, la investigación sobre el futuro ayuda a establecer un debate sobre los valores que intervienen en la construcción social del futuro, aportando un nuevo punto de vista: un conjunto de previsiones sobre los avances tecnológicos y sus impactos en un horizonte temporal a corto, medio y largo plazo. Desde esta perspectiva sobre el futuro, y sus consecuencias probables, es posible analizar los sistemas de organización económica y social. Y las contradicciones o consecuencias que se derivarán de los impactos sociales que genera la aplicación de las nuevas tecnologías desde los valores que articulan dichos sistemas de organización económica y social. LA PROSPECTIVA EN ESPAÑA Y EN LA UNIÓN EUROPEA La investigación sobre el futuro se ha convertido, en las sociedades tecnológicas avanzadas, en una cuestión estratégica, y una consecuencia directa es el aumento exponencial de los estudios prospectivos financiados por diversas instituciones en todas las áreas geográficas. Un análisis detallado de las mismas nos permite formular las siguientes conclusiones (Keenan, Butter, Sainz de la Fuente, Popper, 2006, 3-6): -En primer lugar, en el ámbito geográfico de la Unión Europea se han desarrollado más de un tercio del total de investigaciones analizadas, lo que indica el papel relevante de la prospectiva para los países que componen la Unión Europea, y la importancia estratégica que tiene crear una red europea que permita aprovechar las potencialidades de las investigaciones que se realizan, y trabajar con una mentalidad europea, más allá de los intereses nacionales o regionales. Las otras dos grandes áreas geográficas relevantes en el campo de la prospectiva son Asia (con Japón como país líder) y América del Norte, con un crecimiento importante de los estudios prospectivos en América del Sur. -En segundo lugar, en todas las áreas geográficas el principal financiador y/o cliente son los gobiernos, regionales, nacionales o supranacionales. Sin embargo, en los Estados Unidos de América y en Australia, hay un número relativamente alto de investigaciones financiadas por empresas privadas. -Los métodos utilizados son muy variados, destacando el predominio del método Delphi en Asia (especialmente en el caso de Japón), la elaboración de escenarios (muy utilizado en la Unión Europea), y el análisis de tecnologías clave (key technologies) y mapas de evolución tecnológica (technology road mapping -TRM-) (métodos más frecuentemente utilizados en los Estados Unidos de América). Sin embargo, hay que señalar que, dado el enfoque multidisciplinar propio de la disciplina, las investigaciones prospectivas suelen utilizar múltiples métodos en función de su objeto de estudio. -El ámbito geográfico de los estudios es, en su mayoría, de ámbito nacional. Sin embargo, en la Unión Europea se realizan también un destacable número de investigaciones de ámbito regional (Keenan, Butter, Sainz de la Fuente, Popper, 2006, 9). -El mayor porcentaje de estudios se ha realizado sobre las siguientes áreas: manufactura, transporte, agricultura y alimentación, salud, tecnologías de la información y la comunicación, energía, tecnología medioambiental, e investigaciones sobre el área denominada ciencias sociales y humanidades (servicios sociales, sistemas públicos y privados sanitarios, turismo, mercado de trabajo, formación y recursos humanos, etc.) (Ziglio, 1996; Häder y Häder, 2000; Keenan, Butter, Sainz de la Fuente, Popper, 2006). -Los principales resultados son los siguientes: análisis de tendencias, elaboración de escenarios, mapas de evolución de tecnologías clave, prioridades de investigación, y recomendaciones para guiar los programas de inversión de I+D e innovación públicos y privados. Disponer de información cualificada para la toma de decisiones, que permitan priorizar las inversiones, y proporcionar una visión adecuada de la evolución de la ciencia y la tecnología, desde la investigación básica hasta los impactos sociales, se ha convertido en cuestión estratégica (NISTEP, 2006, 2). Así lo reconoce la propia Unión Europea, al crear instituciones de investigación que proporcionan información válida para la toma de decisiones, como el Instituto de Prospectiva Tecnológica (IPTS), financiar mediante el programa COST (Action A22) la European Network for Foresight Methodology, integrada por más de 150 miembros de 23 países (Fuller, Smedt, Rothman, 2006, 3-4), crear la denominada European Foresight Knowledge Sharing Platforma (KSP), y organizar los seminarios FTA (Future-Oriented Technology Analysis) (convocatoria bianual que se celebra en la sede del IPTS en Sevilla, desde el año 2004) (Scapolo, Porter, Rader, 2008). Desde el punto de vista de la política científica de la Unión Europea, las áreas clave sobre las que deben realizarse análisis prospectivos son las siguientes: Biotecnología, Sociedad de la Información, Transporte, Energía, Desarrollo sostenible e Industria. Entre los proyectos de investigación actualmente en desarrollo, podemos destacar el proyecto Europolis (Scenarios for the Evaluation of the European Science and Technology Policy), en el que el análisis prospectivo tiene como objetivo analizar la evolución previsible de la ciencia y la tecnología en Europa, y debatir nuevas orientaciones e iniciativas que favorezcan una adecuada política de I+D e innovación. España, dentro de la Unión Europea, se caracteriza por un progresivo incremento de las investigaciones en el ámbito de la prospectiva tecnológica, tanto a nivel nacional como regional, incluyendo las líneas de investigación de universidades y empresas. Sin embargo, aún no se ha alcanzado el nivel de otros países de la Unión Europea, especialmente en el ámbito de la política científica. De hecho, podemos señalar que la incorporación de la prospectiva, y el desarrollo de políticas científico-tecnológicas basadas en la evidencia, constituye todavía hoy un reto para nuestras agencias de la política científica. Podemos sintetizar brevemente el estado de la investigación prospectiva en España diferenciando tres ámbitos: - (Morato, Rodríguez, Miles, Keenan, Clar, Svanfeldt, 2002). -En segundo lugar, las líneas de investigación prospectivas que se desarrollan en universidades y empresas privadas. En el ámbito empresarial, podemos destacar, entre otras, las investigaciones del Grupo Telefónica. En el ámbito académico, es necesario hacer referencia al proyecto de investigación "Tendencias sociales de nuestro tiempo" (dirigido por el catedrático de Sociología de la UNED profesor José Félix Tezanos), desde 1995 hasta la actualidad, y radicado institucionalmente en la Fundación Sistema. Se trata del proyecto de investigación prospectiva más relevante realizado en España en el ámbito de la robótica, las biotecnologías y la ingeniería genética, y las tecnologías de la información y la comunicación (Tezanos, 2007). Pero también ha abordado otras áreas, como las tendencias políticas, económicas y sociales (Tezanos y Villalón, 2002, 215-220). Combinan encuestas (se han realizado hasta la fecha 13 encuestas generales sobre tendencias sociales), estudios delphi (se han llevado a cabo 31 estudios delphi, sobre diversos temas, y tres tandas de estudios delphi sobre tendencias científico-tecnológicas -en 1996, 2002-2003 y 2005-), estudios de caso, y sus resultados se han publicado tanto en editoriales y revistas españolas, como en revistas internacionales prestigiosas en el área (Futures, Technological Forecasting and Social Change, The IPTS Report, Social Epistemology). -En tercer lugar, hay que resaltar las jornadas, encuentros y foros académicos relacionados con la prospectiva, y la publicación de obras de referencia en este campo. Ya desde el inicio de la década de 1970, la investigación sobre el futuro tuvo una destacable acogida en España, gracias al número monográfico sobre "El futuro: previsión y política", coordinado por el profesor Salustiano del Campo, y publicado en 1970 por la Revista Española de la Opinión Pública. En este monográfico se presentaban, junto con la descripción de las investigaciones realizadas por la RAND Corporation, dos artículos sobre la metodología Delphi escritos por sus creadores (Helmer, 1970). Posteriormente, podemos destacar, entre otros, algunos textos de referencia sobre la metodología de los estudios prospectivos (Bass, 1999; Landeta, 1999), la primera conferencia española de prospectiva organizada por la Universidad de Alicante y dirigida por el profesor Enric Bas en el año 2002, y los Foros de Tendencias Sociales organizados por el Grupo de Estudios de Tendencias Sociales (GETS) en la UNED desde 1995 hasta la actualidad, y editados por la Editorial Sistema (Tezanos, 2008). En nuestras sociedades avanzadas, como hemos podido analizar, las políticas de I+D e innovación se han convertido en una cuestión estratégica. La toma de decisiones en este ámbito tiene que hacer frente a tres grandes retos. En primer lugar, establecer los objetivos deseables a alcanzar, en función de los recursos de la empresa, del país o de la región geográfica de la que se trate. En segundo lugar, hacer frente a los riesgos que se derivan tanto de las consecuencias esperadas o inesperadas de nuestras decisiones, como de la evolución del resto de actores con los que competimos. En tercer lugar, favorecer el desarrollo de las tecnologías clave en los próximos años. Todo ello en un entorno de incertidumbre, en el que deben reevaluarse las previsiones y los resultados cada cierto tiempo, y en el que los recursos financieros son limitados. Es evidente que las decisiones que tomamos configuran nuestro futuro posible, y dado el elevado coste que podemos sufrir en todos los órdenes, no podemos adoptar una posición pasiva. Necesitamos abordar las tendencias de cambio, necesitamos trabajar con las previsiones de los expertos. En definitiva, la consolidación de la Prospectiva y los denominados Future Studies se produce en una sociedad volcada hacia el futuro, y que demanda información cualificada para la toma de decisiones. Sin embargo, es necesario también considerar las limitaciones de los análisis prospectivos. Podemos analizar, brevemente, las siguientes: En primer lugar, la necesidad de contar con expertos cualificados en los temas que se investigan. Tanto en el método Delphi como en la elaboración de escenarios, o en los mapas (u hojas de ruta) de evolución tecnológica (TRM), el concurso de expertos bien seleccionados constituye un requisito indispensable, y puede suponer un severo problema en función de la densidad de una comunidad científica determinada (por ejemplo, en el estudio Delphi realizado por el Ministére de l'Enseignement Supérieur et de la Recherche de Francia, en 6 de los 21 eventos propuestos en el área de la Robótica ninguno de los expertos seleccionados se consideró altamente cualificado para responder (MESR, 1995; López Peláez, 2003: 208-219)). En segundo lugar, hay que tener en cuenta que lo que los actores piensan sobre el futuro no es la única variable que interviene en su materialización efectiva, aunque en el ámbito de las trayectorias tecnológicas sea más fácil realizar proyecciones basadas en el juicio experto, que en otros ámbitos de las ciencias sociales. En tercer lugar, no hay que olvidar que las previsiones se realizan, a menudo, para aportar información y que no se cumplan, en la medida de lo posible, los impactos negativos previstos. En cuarto lugar, las trayectorias tecnológicas, al desarrollarse, tienen consecuencias que van más allá de la simple incorporación de un aparato o una tecnología: cambian el medio social, y por lo tanto las previsiones tienen que reformularse con rapidez. De ahí que sea necesario realizar estudios prospectivos no de forma aislada, sino dentro de un plan sistemático de investigación, ya que los resultados obtenidos pueden volverse rápidamente obsoletos. Los principales retos de las investigaciones prospectivas están relacionados con las siguientes cuestiones: En primer lugar, el desarrollo de metodologías cada vez más eficaces, en la línea de lo que se denomina Future-oriented technology analyses (FTA). En segundo lugar, una mayor coordinación entre las instituciones locales, regionales, nacionales y supranacionales, que permitan compartir esfuerzos y resultados. En tercer lugar, una mejor diseminación de los resultados, especialmente entre las empresas que pueden aprovechar las tendencias previstas para reforzar su posición competitiva. En la medida en que el cambio tecnológico se acelera, y sus impactos sociales son mayores, la prospectiva tecnológica se convierte en una herramienta indispensable para configurar el futuro posible. En este sentido, en los próximos años, el objetivo básico de la Unión Europea en este ámbito, convertirse en la mayor economía del conocimiento y de la innovación, va a reclamar más y mejores estudios prospectivos para orientar las políticas de I+D e innovación. Recibido: 10 de septiembre de 2008 Aceptado: 25 de enero de 2009 NOTAS 1 "Un escenario es un futurible, un futuro posible de entre varios alternativos, que describe una situación hipotética futura (...). El método de escenarios es anticipatorio, en tanto en cuanto ofrece un mapa cognitivo del futuro que contiene una serie de alternativas de futuro (escenarios) posibles, cada una de las cuales tiene asignada una probabilidad, objetiva o subjetiva, de ocurrencia" (Bass, 1999: 110-111 digna por parte de un grupo de expertos, a través de varias rondas de un cuestionario (dos o tres, aunque normalmente se reduce a dos rondas) (Landeta, 1999: 101-102). Su objetivo es investigar, de manera rigurosa, el conjunto de conocimientos, experiencias y habilidades de los expertos en una determinada cuestión, de cara a aumentar la información crítica y contrastada sobre la misma (Ziglio, 1996: 21). 3 Technology Road Mapping (hoja de ruta de evolución tecnológica, o mapas de evolución tecnológica): metodología en la que, en base a datos cuantitativos y cualitativos (básicamente entrevistas a expertos), se establece una secuencia lógica de desarrollo de una determinada tecnología, a corto, medio y largo plazo, estableciendo los principales factores que estimulan o retardan dicho proceso, y el conjunto de oportunidades y problemas que se derivan de su desarrollo. 4 La matriz de escenarios cruzados (MIC) es una técnica similar al método Delphi, pero que tiene en consideración tanto los pronósticos previsibles, como la interacción entre los mismos. "Una MIC describe dos tipos de datos para un conjunto de posibles desarrollos futuros: la probabilidad de que cada evento considerado ocurra en el período de tiempo especificado, y la probabilidad de ocurrencia de cada evento teniendo en cuenta la ocurrencia de cada uno de los restantes y el impacto estimado del segundo sobre el primero" (Bass, 1999: 127).
RESUMEN: La aplicación de una analogía como ser vivo e inteligente a la política científica ha permitido identificar lo que he llamado "crisis" de esa política, como resultado de un proceso de envejecimiento -hace más de sesenta años que se inició la política científica moderna-en el que han intervenido una serie de patologías que han sido diagnosticadas a través de una serie de revisiones críticas emprendidas por el autor dentro del marco de un programa sobre "filosofía de la política científica". A través del recurso a metáforas médicas y clínicas he podido construir una historia clínica en la que se describen las patologías y sus diagnósticos, asociadas simbólicamente a trastornos mentales y sensoriales. En noviembre de 2007, el editor de este número de la revista, el doctor Manuel Fernández Esquinas, me propuso que contribuyera al mismo. A pesar de que estaba inmerso en una dinámica enloquecida de publicaciones, cursos y conferencias en los que tenía que reflexionar y discurrir acerca de las políticas científicas europea y española, así como de las relaciones entre estas políticas y los temas emergentes en la agenda política general como conoci-miento, desarrollo económico e innovación desde que se produjo el tránsito entre los siglos XX y XXI, decidí aceptar la invitación proponiendo un potencial artículo sobre el tema "La encrucijada de las políticas científicas: viejos principios y nuevos contextos". La idea principal subyacente en este título era la pretensión de desarrollar el concepto de "crisis de la política científica" como fruto de un proceso de investigación alrededor de la filosofía de la política científica en el que he venido trabajando a lo largo de la última década. Entre los factores que, en mi opinión, han contribuido a este diagnóstico de crisis y que ya anticipaba en el esquema del artículo que envié al editor, están los siguientes: a) Las notables paradojas a las que se han enfrentado la ciencia y la tecnología en el nuevo contexto social y político de una globalización carente de otros objetivos que los de potenciar el individualismo y de confiar ciega, y casi únicamente, en la razón del mercado y de su valor principal que es el dinero. b) Se reconoce que esta situación contextual casa mal con la naturaleza de la ciencia y de sus productos, los conocimientos científicos y técnicos que son un bien, considerado tradicionalmente como público, aunque de modo creciente se ha asociado con intereses privados por su contribución evidente al desarrollo económico y social, lo que conlleva la preocupación de la sociedad por estas dinámicas y la consiguiente implicación de la misma en la valoración, entendimiento y aceptación de los avances científicos y técnicos y, sobre todo de sus aplicaciones. De todo este cambio, surge la importancia de la ética y del derecho en relación con el progreso científico y el desarrollo tecnológico. c) Todos estos procesos han generado a su vez una situación confusa en la que se han mezclado esfuerzos para encontrar modelos explicativos, que se han producido con una creciente intervención de los humanistas y científicos sociales para acercarse a una realidad, que muestra evidentes dificultades para su aplicación y explicación. Los diferentes modelos que han tratado de correlacionar la ciencia y la tecnología entre sí y de ambas con la producción de bienes y servicios a través de la innovación, han mostrado significativos déficit teóricos a pesar de revelar su utilidad para analizar las situaciones e incluso hasta comprender el sentido de los propios modelos. Esto ha conducido a una paradoja en el reconocimiento de los científicos sociales. Por un lado han experimentado frustraciones al no alcanzar el reconocimiento académico deseado dentro de su propia comunidad investigadora, mientras que sus modelos eran abrazados con fervor por los políticos y gestores en el ámbito de la ciencia y la tecnología. Sin embargo este abrazo ha sido similar al que realiza el oso, pues con esta declaración de fe, los políticos han puesto de relieve las dificultades para su aplicación, cayendo en evidentes incoherencias, que he resumido en la tradicional frase de "que una cosa es lo que se dice -los políticos y los gestores--y otra es lo que se hace-y que sufren los cactores encargados de la ejecución". Ante estos fallos y conductas faltas de lógica, los científicos experimentales, a los que se les ha pedido que actúen en contextos diferentes a los que contribuyeron al desarrollo científico a partir de la segunda guerra mundial, han reaccionado, progresivamente de modo negativo, ante esta forma de pericia política, la de los "expertos en la elaboración de políticas" en la que excelen los científicos sociales, que no han buscado o no han conseguido la colaboración de los científicos cultivadores de las ciencias naturales ni incluso la de los ingenieros y tecnólogos, a pesar de que todos ellos en períodos de crisis -y hay testimonios sobre esta circunstancia en la crisis de 1990-la buscaron como alianza estratégica. Esta pérdida de oportunidad para lograr la conexión entre expertos de unos y otros campos científicos y académicos lo considero un error estratégico y científico de los cultivadores de las ciencias sociales y las humanidades como he denunciado en dos recientes textos: uno es el prólogo al libro Economía del conocimiento y la innovación. Nuevas aproximaciones a una relación compleja y el otro es un artículo en el número de noviembre de 2008 de la revista Temas para el Debate (Muñoz, 2008a y b). Hoy, casi un año después, no me siento con fuerzas para escribir un nuevo artículo en el que volver a destilar reflexiones sobre las que, con mayor o menor claridad y coherencia, he venido insistiendo sobre estos puntos. Sin embargo, ante la insistencia del editor, el doctor Fernández Esquinas y en virtud del respeto profesional y la amistad personal que le profeso, me decido a escribir este artículo, a modo de epílogo y como punto y aparte a mis reflexiones, en el que habrá abundantes autocitas, por lo que ya pido perdón anticipadamente. Para desarrollar el tema, transitaré desde la metáfora cartográfica que informaba el título anterior con referencia a la encrucijada, para entrar en las metáforas biomédicas como analogía explicativa de las patologías que sufren las políticas científicas y tecnológicas desde mi punto de vista. Por ello, el resto del artículo se construye a modo de historia clínica en relación a los factores diagnósticos que ya se han presentado en la parte introductoria. UNA HISTORIA CLÍNICA DE LAS PATOLOGÍAS DE LAS POLÍTICAS CIENTÍFICAS Trastornos mentales y neurodegenerativos Entre estos trastornos incluiría la amnesia, la disforia, la disociación entre lenguaje y acción motora conduciendo casi a situaciones de trastorno bipolar o a procesos esquizofrénicos. A pesar de no ser un experto en economía y ser un casi total lego en sistemas financieros, no he andado muy desencaminado al asociar los problemas existentes en la agenda y la gestión política de la ciencia y la tecnología a un contexto anormal, como el que ha presidido nuestros recientes desarrollos económicos, alejado de la racionalidad y la responsabilidad que son propias del buen quehacer científico y tecnológico. Si no el primero, soy uno de los primeros en reconocer la importancia del desarrollo científico y técnico para el progreso económico y social lo que debe reflejarse en su traducción, por medio de la innovación, sobre todo tecnológica aunque no descarte otros tipos, en productos y procesos. Esta declaración se puede sustentar en el recuerdo a mi trayectoria como Vicepresidente del CSIC (1980CSIC ( -1982) ) y como Director General de Política Científica y Secretario General de la CAICYT (1982CAICYT ( -1986)) A partir de estas referencias personales, se puede construir la plataforma desde la que elaborar el discurso que permite establecer los síntomas relacionados con las patologías enunciadas en el inicio de esta sección. • Política científica en Europa En una serie de cursos en los que he intervenido en los Máster sobre Estudios Sociales de la Ciencia en las Universidades de Salamanca y Oviedo, desarrollando la cuestión de los orígenes de la política científica y tecnológica en Europa, he llegado a una panoplia de conclusiones con puntos que soportan la atribución de patologías de olvido de memorias a los actores en la gestión de política de ciencia y tecnología a lo largo de las últimas décadas. Extraigo algunos párrafos de textos desarrollados en esos cursos. "En contraste con la opinión normalmente sustentada por los analistas en política científica de que la política científica tuvo su origen en la propuesta del ingeniero norteamericano Vannevar Bush con su documento Science, The Endless Frontier, hay que señalar que Europa tuvo su propia dinámica en los períodos de postguerras mundiales y puso en marcha iniciativas y estrategias de cierto calado. Europa tenía que asumir que en los años de la posguerra mundial llevaba 150 años de civilización científica -son hoy más de doscientos-por lo que la política científica era un objetivo claro en las sociedades europeas con el fin de promover el progreso científico. Esta estrategia debía encontrar su correlato con un discurso que implicara claramente a los gobiernos para movilizar a las sociedades y configurar opiniones públicas favorables al esfuerzo público que era necesario acometer. Con ello se pretendía conseguir al mismo tiempo la positiva intervención del sector privado. Es importante destacar la coincidencia en las estrategias con las que se vienen defendiendo y poniendo en práctica en las dos últimas décadas y con particular vigencia en estos tiempos. De este breve recorrido puede sacarse ya una importante conclusión que va a presidir este análisis introductorio de la política científica y tecnológica en Europa. La conclusión es la siguiente.'Las bases y grandes principios de la política científica en las sociedades occidentales fueron establecidas en los primeros años de la segunda posguerra mundial'. En este proceso hubo una coincidencia temporal entre Europa y los Estados Unidos, aunque fueron éstos con la filosofía de la'La ciencia, frontera sin límites' y su poder hegemónico mundial los que aparecen retrospectivamente como los precursores y líderes de la iniciativa. Desde los primeros momentos, la política científica en Europa contempló la necesidad de que existieran relaciones entre el mundo científico, el entorno privado como motor empresarial y productivo, y el ámbito político como promotor y gestor. De ahí que fuera necesario pensar y debatir sobre las posiciones que en estas relaciones debían contemplar los distintos actores, posiciones que respondieran a dinámicas variables, aunque ajustándose a los principios de separación (independencia) y responsabilidad (auto y exoexigencias). En todo este proceso se estableció la conveniencia de explorar (ya en aquellos momentos) las relaciones entre ciencia y sociedad o entre científicos y gobierno. "El origen de la potencial política científica española se sitúa en la primera década del siglo pasado, con la creación, en 1907, de la JAE como organización básica para llevar a cabo una política para la ciencia en la que la línea de actuación de fomento debe concluir a la formación de recursos humanos y a la producción de conocimientos científicos de alcance. En paralelo, empezaron a surgir iniciativas sectoriales, la mayoría de las cuales se podían englobar bajo la lógica de políticas por la ciencia que entraban en colisión con los objetivos y las pretendidas acciones del CSIC. Dentro de la época tecnocrática del régimen franquista se produce un acontecimiento de la mayor relevancia para los primeros asentamientos de la política científica española: la creación de la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica (CAICYT) por un Decreto, de febrero de 1958, que se convalida como Ley en diciembre de dicho año. Constituye un instrumento para llevar a cabo una política por la ciencia con el objetivo de situar en un marco relevante, dentro de la acción política, las cuestiones relativas a la investigación y buscar una cierta homologación con el plano internacional. Es importante notar que, desde la creación del CSIC en 1939, trascurren 20 años en que se genera legislación sobre centros de ejecución de investigación básica y aplicada, pero sin ninguna actuación encaminada a desarrollar normas relacionadas con los niveles de planificación y financiación. La creación de la CAICYT marca un punto de inflexión a partir del cual se empieza a situar la investigación científica y técnica, con la llegada de los tecnócratas, en el foco de la acción política. A partir de ahí entra en acción la Comisión Delegada del Gobierno y se crean alguna Comisión y diversos organismos. La creación del Fondo Nacional para el desarrollo de la Investigación Científica y Técnica (FONDICYT), marca otra actuación acorde con la lógica de la política para la ciencia, ya que se establece un instrumento de fomento, no sólo para el mundo de la ciencia sino también para el entorno empresarial, con el fin de promover la investigación aplicada, el desarrollo tecnológico e, incluso, los procesos de innovación tecnológica. Es importante señalar como dato preocupante para retener, que este Fondo Nacional se crea ocho años después de la creación de la CAICYT. Este dato hace dudar de la voluntad real de considerar la ciencia y la tecnología como prioridad política. Como un instrumento dirigido al entorno empresarial se establecen los Planes Concertados de Investigación con cargo al Fondo Nacional". Estas consideraciones sobre el caso español desde el punto de vista de la protohistoria de su política científica, sirven como argumento para reforzar el punto de vista de la existencia de la amnesia como patología recurrente en los diseños de la política científica, española en este caso. Poco nuevo hay en el discurso, lo que falla es la acción y la realidad social y política. • Distancia entre discurso y acción. En esta línea de argumentar acerca de la existencia de evidentes distancias entre discurso y acción en el ámbito de la ciencia y la tecnología, se puede hacer mención a los esfuerzos europeos para conseguir el cumplimiento de la agenda de Lisboa 2000 (Muñoz et al., 2005). Una primera y flagrante contradicción que se recoge en el prefacio de ese documento (Muñoz et al., 2005), se sitúa en los mismos procesos de la Comisión Europea para asentar la declaración de "convertir a Europa en el año 2010 en la economía más competitiva del mundo basada en el conocimiento... y para ello se pretendía alcanzar el 3 % (del producto interior bruto) de inversión en investigación y desarrollo". Todas estas iniciativas ponen de manifiesto en nuestra opinión, la existencia de un ambiente confuso, aunque sin duda reflejo de la importancia que se le presta a la investigación, al desarrollo tecnológico y a la innovación como pilares fundamentales para el desarrollo económico, social y político de Europa. En ese prefacio, ya citado, se apuntaba que todas estas contradicciones entre las apuestas por la ciencia y la tecnología -espacio europeo de investigación y las preocupaciones por articular sus avances con la innovación-nos movían a adoptar posiciones de escepticismo acerca de alcanzar los objetivos máximos de las políticas de I+D+i en el seno de la Unión Europea. La desconfianza surge, decíamos, "por las distancias que se detectan entre el discurso, la estrategia, los intereses y las acciones (implementación). Se percibe, además, dentro de esa línea de divergencias, que continúa el predominio de la visión lineal en el diseño de los objetivos y en la práctica de la promoción de la ciencia y la tecnología, y la innovación en Europa, aunque se mezcle con aproximaciones sistémicas e interactivas". En ese trabajo previo (Muñoz et al., 2005) realizado para la Academia Europea de Ciencias y Artes (AECYA, España) se cuestionaba la idea de un Espacio Común del Conocimiento en Europa, particularmente difícil de contemplar desde la perspectiva española. Al analizar los tres lados del triángulo que componen la educación, la investigación y el desarrollo tecnológico, y estos dos elementos en su relación con la innovación en la nueva orientación de la disección europea del polinomio I+D+i, se pudo detectar la existencia de importantes diferencias entre los actores y sus comunidades, entre los procesos de formación, evaluación, responsabilidad y ética (normas y valores), así como en los de la intervención social (cultura, percepción, difusión, comunicación y participación). De ahí que una de las más importantes conclusiones de ese trabajo fuera que: "Un análisis retrospectivo acerca de lo que hay detrás del movimiento de Lisboa 2000 y de los sucesivos cambios que tratan de proponerse para un mejor desarrollo científico y tecnológico con posible (y deseable) incidencia en la innovación, revela la existencia de ambigüedades, confusión, descontento, inadecuación de los modelos y mezcla de diferentes modelos en la implantación de las estrategias y planes, diferencias notables entre lo que se propone (o dice) y lo que se hace" (Muñoz et al., 2005, Muñoz, 2007). Trastornos sensoriales y neuromotores Entre estos trastornos incluiría problemas en la percepción derivados de dificultades en la visión (ametropia), en la audición (hipoacusia) y el olfato lo que se traduce en alteraciones en la comprensión de las relaciones entre las políticas científicas y tecnológicas, los desarrollos económicos y sociales y la repercusión que sobre estos factores tiene la innovación, así como en errores de medida para el diseño de estrategias y políticas. En el prólogo del libro Economía del conocimiento y de la innovación. Nuevas aproximaciones a una relación compleja (Cañibano, Encinar y Muñoz, 2008), he planteado algunas reflexiones sobre estos temas, entre las que transcribo algunas a continuación (Muñoz, 2008a). "Un primer dato a constatar es que nos encontramos en una situación paradójica ante los desarrollos científicos y tecnológicos. Nunca hasta ahora han contado la ciencia y la tecnología con mayor reconocimiento (¿es sólo aparente?) en las agendas de los países desarrollados, pero tampoco nunca se habían presentado mayores problemas para aplicar la racionalidad científico-técnica a la solución de los problemas y desafíos a los que se enfrenta la comunidad internacional en lo que respecta a la sostenibilidad de su desarrollo económico y social, sobre todo si atendemos a las complejas reacciones sociales que se suscitan en el litigio entre necesidades y demandas de los ciudadanos y sus temores respecto a las acciones científicas y tecnológicas, temores pocas veces sustentados en un armazón científico y técnico sólido serio, sino esencialmente inspirados por creencias y conflictos de intereses. Dos son, en mi opinión, los principales factores de entorno que condicionan esta difusa situación: el tránsito entre dos milenios con el imaginario que eso arrastra, y la globalización que los acompaña, lo que ha obligado a plantearse nuevas preguntas acerca del futuro y a buscar nuevos objetivos que den respuesta a las mismas. Desde las Cumbres de los países más ricos (el célebre G8) hasta la Unión Europea, pasando por las organizaciones internacionales encargadas de reducir la brecha entre el desarrollo y subdesarrollo, las agendas han ido incorporando un número creciente de preocupaciones y referencias sobre las relaciones entre conocimiento científico y técnico y rendimiento económico ('performance'). Los conceptos que han ido aflorando como destilado de esos procesos son: economía y crecimiento sostenido; construc-ción de un sistema de comercio apoyado en procedimientos basados en ciencia sólida y reglas juiciosas; políticas de empleo sustentadas en más y mejor educación; información y buen gobierno en la gestión de la estabilidad social; la profundización en la cooperación para el desarrollo; la protección del medio ambiente; la necesidad de garantizar la confianza pública para gestionar tanto las estrategias de la defensa como la protección de bienes colectivos. Las políticas de fomento de I+D experimentaron un notable giro a partir de la década de 1970, como consecuencia de la primera crisis energética experimentada por el modelo occidental de desarrollo basado en el impulso norteamericano que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Es en este período cuando surge la moderna política científica, que fue construida alrededor de los principios de 'ciencia como frontera sin límites' (corresponde a lo que en el texto que nos ocupa -el libro Economía del conocimiento y la innovación. Nuevas aproximaciones... se refiere como 'ciencia abierta'), política científica que algunos hemos identificado como 'política para la ciencia' (Muñoz y Sebastián, 2007). Los momentos de profundo cambio se reflejaron en diversas dinámicas, entre las que cabe mencionar el cuestionamiento de los modelos interpretativos de la relación entre los factores del bionomio I+D entre sí y de ellos con la innovación; la búsqueda de las posibles ventajas del modelo tecnoeconómico japonés frente a los modelos occidentales; la atención prestada a la organización de las actividades investigadoras e innovadoras de las empresas -es decir el análisis de sus capacidades creativas-para contribuir a su desarrollo económico intrínseco y con ello para incidir en el del sector en el que operan; así como en el entorno geográfico en el que asentaron sus actividades. Es en este contexto donde tiene lugar la emergencia de las políticas europeas en ciencia y tecnología. Estas políticas de I+D en Europa han ido alcanzando creciente importancia desde finales de la década de los ochenta del siglo pasado, aunque también estas políticas, articuladas alrededor de los Programas Marco, han experimentado cambios significativos por lo que la continuidad y la fidelidad a los objetivos no son, precisamente, las características predominantes de esta actividad europea... La situación ambivalente de la I+D comunitaria en la que se combinan aspectos positivos y negativos -todos ellos debatidos frecuentemente en relación al discutido concepto de 'paradoja europea'-ha conducido a la búsqueda de nuevas estrategias entre las que destaca, como andamiaje sobre el que se construye el discurso europeo, la declaración del Consejo Europeo de Lisboa (marzo del año 2000), en la que se proponía 'hacer de Europa la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo' a finales de la década, es decir en 2010. Esta estrategia suponía la asunción de nuevos ejercicios como la recopilación periódica de datos sobre indicadores, la elaboración de líneas directrices para las políticas nacionales y el aprendizaje mutuo -por medio del proceso denominado 'coordinación abierta'-iniciativas que debían contar además con el apoyo de los expertos (proceso de revisión y consulta con los pares). Esta orientación no se ha llevado a cabo de modo homogéneo, poniendo de manifiesto la existencia de nuevo de una situación paradójica. Mientras que el foco de la política europea en cuestiones científicas y tecnológicas se situaba en el año 2000 en el terreno de la investigación (producción de conocimiento), los esfuerzos para desarrollar los trabajos necesarios para la implementación de la estrategia de Lisboa se han concentrado en la innovación, que aunque considerada como un campo, no reflejaba su centralidad en los Programas Marcos V y VI, ya que estos Programas se han concentrado en los dos primeros elementos del trinomio I+D+i, es decir en la I+D. Esta situación, evidentemente contradictoria, se abordó con iniciativas paralelas, como fue el caso del Esquema Orientativo sobre la Innovación que se puso en práctica como proyecto piloto en 1999, y fue lanzado oficialmente en el año 2000 con objetivo de acelerar la adopción de políticas de innovación y de optimizar los resultados de la innovación. De nuevo, los resultados de esta acción parecen limitados. Quizá el elemento más visible de las actividades del Esquema Orientativo es la elaboración del Cuadro europeo de indicadores, construido con una visión sistemática, en la que se incorporan 20 indicadores (de innovación) que abarcan los recursos humanos, la creación de nuevos conocimientos, la difusión y aplicación de conocimientos, la financiación de la innovación, la evolución de los productos y mercados con especial atención al sector servicios. Este cuadro de indicadores se complementa con otros indicadores, promovidos por la Dirección General de Empresa (DGE), la institución que en la Comisión Europea asume la responsabilidad de promover la innovación en la actualidad, y que por cierto actúa con escasa interacción con la Dirección General de Investigación, responsable a su vez de la gestión del Programa Marco. Esta situación de disociación funcional de las dos Direcciones Generales, limita las posibilidades de ejercer acciones de fomento directo sobre la innovación con lo que es extremadamente difícil reconocer, identificar y evaluar sus políticas, si es que existen. Entre estos otros indicadores se incluyen los datos sobre empresas y el informe anual sobre competitividad, así como los datos que se derivan del análisis de la dinámica innovadora en sectores con diferentes niveles de tecnología: baja, media-baja, media-alta y alta. Los datos recopilados a nivel de países, muestran que los países con buena actuación en los sectores de alta tecnología también presentan datos favorables en el resto de los sectores con niveles inferiores de tecnología. Los sectores dinámicos de alta tecnología parecen ejercer un efecto motor sobre el resto de los sectores económicos, mientras que lo contrario no ocurre. Aquellos países basados en sectores de limitados niveles tecnológicos no consiguen poner en marcha sectores de alta tecnología ni de influir decisivamente en su desarrollo. A partir de los argumentos desgranados es difícil concluir que exista una relación directa entre políticas científicas y tecnológicas, orientadas a fomentar la producción de conocimiento científico y técnico, y el desarrollo de innovaciones -dejando aparte las tecnológicas-, que contribuyen al crecimiento económico y al bienestar social ejemplificados en la creación de empleo y en la mejora de las condiciones de vida y trabajo, procurando además mantener las mejores condiciones del medio en el que se desarrollan las actividades productivas y en el que transcurren las vidas de los usuarios de los productos resultantes de tales actividades. Ya he señalado en algunas ocasiones que las políticas científicas y tecnológicas, destinadas a fomentar la producción de conocimiento científico y técnico, siguen operando con instrumentos y evaluándose con indicadores de clara inspiración en el modelo lineal, independientemente que estas políticas se diseñen y gestionen a nivel supranacional, nacional y local. En virtud de esta asunción es por lo que, dentro de un programa sobre 'filosofía de la política científica' he venido denunciando las contradicciones existentes en estas políticas, la distancia entre el discurso y las acciones (Muñoz y cols., 2005; Muñoz, 2006Muñoz,, 2007)), lo que dificulta en mi opinión tanto la interpretación como la puesta en práctica de la estrategia de Lisboa 2000". REGENERATIVAS SOBRE LA BASE DE VIEJOS CONCEPTOS De acuerdo con la aproximación metafórica escogida para analizar la crisis de la política científica después de 70 doi: 10.3989/arbor.2009.738n1056 años de práctica, las analogías biomédicas y clínicas empleadas llevan a la asunción de que la citada política es como un organismo vivo, que ha llegado a la senectud tras sufrir una serie de patologías, esencialmente neuronales por tratarse de un ser vivo dotado de inteligencia, a lo largo de su vida. Consecuentemente, la propuesta de terapias acude a la analogía con las terapias más actuales y que ofrecen más expectativas para la corrección de procesos degenerativos. Me refiero a las llamadas "terapias regenerativas" en las que se persigue el potencial de transformación de elementos celulares básicos, las células madre totipotentes o pluripotentes según los orígenes, para su implante en el organismo enfermo en alguno de sus órganos o tejidos. En este caso, se recurre a la utilización de elementos conceptuales básicos como de los "gobernanza" y "espacios" para su implantación en las políticas de ciencia y tecnología con objetivo de conseguir una mejora en sus puntos críticos. De nuevo acudo a trabajos personales previos para desarrollar estas propuestas extrayendo argumentos ya publicados. (Muñoz, 2005) "La implantación del término gobernanza en el ámbito de la ciencia y la tecnología ha llegado de la mano de la dinámica política de la Unión Europea que ha caracterizado los pasos finales del desarrollo del V Programa Marco y el diseño y puesta en marcha del VI Programa Marco. Un conjunto de iniciativas sociopolíticas(comunicaciones, decisiones, identificación y selección de prioridades) promovidas por la Comisión Europea en relación con la reflexión relacionada con la concepción del Espacio Común Europeo en I+D(ERA) han ido configurando un paisaje en el que el concepto gobernanza ha alcanzado carta de naturaleza. A partir de ahí se ha producido una floración de publicaciones en que se relaciona la dinámica de la promoción de la I+D, su financiación con la intervención de diferentes formas de agencia y la gestión de los recursos humanos y materiales con dicho concepto de gobernanza. Sin embargo, en esas publicaciones parece que se recurre al uso del término gobernanza de forma casi automática, seguidista de las iniciativas promovidas por la Comisión Europea, pero sin aporte analítico ni sustrato descriptivo. Gobernanza y ciencia y tecnología Parece evidente que la misión fundamental que atribuye la propuesta de la Comisión al término gobernanza es su operatividad para afrontar el problema de los diferentes niveles de promoción y gestión de la ciencia y la tecnología, y de su instrumento político -la política científica-tecnológica y la innovación-en un contexto como el europeo donde coexisten lo supranacional, lo nacional, lo regional e, incluso en ciertos lugares o momentos, lo local. De ahí que la línea elegida por los decisores en política científica y tecnológica, y seguida por los estudiosos del tema, sea la que trata de comprender el papel de los 'espacios' y la influencia en ellos de la existencia de varios niveles políticos -propuesta, decisión y ejecución-y de la participación de diversos actores. En resumen, el reto de la 'coordinación operativa' ante la división del trabajo en'I+d e innovación'. Esta aproximación es interesante, pero parece también, en una primera mirada, limitada en sus fundamentos y en sus aspiraciones. Se presenta asimismo arriesgada, pues responde a un seguidismo mimético por parte de los analistas, con lo que nos podemos ver envueltos en círculo vicioso: se estudia aquello que los decisores políticos han introducido, mientras que se renuncia a entender lo que sustenta la oportunidad, validez y el potencial del concepto para desarrollar una dinámica racional en términos sociales, económicos y políticos en el ámbito de la ciencia y la tecnología. No podemos olvidar los contextos sociales de preocupación y contestación en que se mueve la idea de 'progreso' y la aplicación de las nuevas tecnologías en las sociedades avanzadas per se y en su relación con el mundo en desarrollo, menos avanzado. Temas como riesgo, incertidumbre, responsabilidad, participación social, democratización de la ciencia (¿y la tecnología?), intervención y'laissez-faire', relación entre lo publico y lo privado, patentes y subdesarrollo, están muy presente en la conflictiva agenda socio-política que marca el período comprendido entre el final del siglo XX y los inicios del siglo XXI". A la vista de estas dificultades, hemos trabajado en los años 2004-2006 en un proyecto sobre el concepto de "gobernanza y sociedad civil en ciencia y tecnología en España", encargado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) al Instituto de Filosofía del CSIC. Fruto de ese trabajo ha sido la propuesta de una definición de gobernanza en los términos que se transcriben a continuación: "La creación de valor público ha sido utilizada como argumento para proponer la necesidad de gobierno estratégico en el sector publico. Este gobierno estratégico encuentra su proyección integradora en el concepto de gobernanza. De acuerdo con todo lo expuesto, se puede concluir que gobernanza, en una definición ampliada de la que recoge el Diccionario de La Lengua, es la puesta en práctica de formas de gobierno estratégicas para poner de relieve el valor de lo público a través de la relación entre sociedad, mercado y Estado y conseguir de este modo un desarrollo socialmente sostenible. Una serie de técnicas, con un creciente de nivel de participación social y que deben estar en proceso de continua revisión y mejora, emergen como puntos de apoyo significativos para la consecución de estos objetivos. La definición de 'gobernanza' que acabamos de delinear lleva aparejada una clara opción sistémica, aunque esta opción encierra una mayor complejidad que la simple concepción de sistema como conjunto de elementos afines que cooperan. Se concibe como un sistema político, desarrollado por la escuela norteamericana de ciencia política, en el que se gobierna con la intervención de una variedad de actores y que requiere una arquitectura para la decisión en varios niveles. En el ámbito de la ciencia y la tecnología, la visión predominante, desde mediados de los años 50 hasta la década de los setenta en esa misma centuria, ha sido el modelo lineal que conectaba ciencia, investigación, desarrollo e innovación en una cadena, en la que cada uno de los eslabones tenía su propia dinámica y actuaba de acuerdo con patrones específicos, mientras que la influencia sobre el siguiente eslabón se limitaba a un flujo de materiales (conocimiento en términos generales). Las dificultades experimentadas por el modelo lineal para explicar la influencia de la actividad científico-técnica (tecnocientífica en la nomenclatura de J. Echeverría, 2002Echeverría,, 2003) ) en la producción tecnológica y en la producción de innovaciones condujo al concepto de 'sistema de innovación' como modelo interpretativo de tales procesos, promovido por la teoría económica de carácter evolucionista y neoinstitucionalista (Smits y Kuhlmann, 2004). El concepto de 'sistema de innovación' trata de integrar la práctica totalidad de los factores que intervienen en la producción y utilización de ciencia y tecnología para conseguir su transformación en bienestar económico y social. Sin embargo, este concepto, entendido como conjunto de elementos por su naturaleza y estructura, presenta problemas para el caso de la ciencia y la tecnología. En este conjunto existen elementos que pueden y deben cooperar, pero cuya afinidad es cuando menos limitada. De hecho, el concepto está centrado, como su propio nombre indica, en el proceso de innovación y se focaliza en los intereses y estrategias empresariales que en esencia son diferentes de los que movilizan los otros dos elementos del trinomio I+D+i, la investigación y el desarrollo tecnológico. En la definición propuesta por Metcalfe (1995) un 'sistema de innovación' abarca todas las instituciones implicadas en la investigación científica y su desarrollo; instituciones que son responsables de la acumulación y difusión del conocimiento, proceso que encuentra su reflejo en la educación y formación de la ciudadanía con potencial impacto en las condiciones de empleo y trabajo, incide en el desarrollo tecnológico, para por último influir en la producción de nuevos productos y procesos así como en su distribución. Esta concepción de 'sistema de innovación' atribuye al conocimiento el papel fundamental, lo considera soporte y armazón para el eficaz funcionamiento de ese sistema. La atribución de este papel central al conocimiento 'experto' sirve para poner de manifiesto que no todas las instituciones tienen similar importancia en la configuración y puesta en acción de un 'sistema de innovación'. La relevancia de la comunidad 'tecnocientífica' en la 'gobernanza' de la ciencia y la tecnología es evidente, con lo que confiere a la 'gobernanza' de este ámbito sociopolítico un marcado carácter diferencial con respecto a otros tipos de 'gobernanza'. Desde hace siglos, los científicos avanzaron en el diseño y puesta en práctica de las instituciones por las que vehicular la difusión de su actividad y establecer plataformas para sus críticas y discusión. Sin embargo, la evolución experimentada por este tipo de procesos de gobierno ha sido influenciada por el cambio en los contextos de desarrollo científico y tecnológico (Muñoz 2002). La conexión e interacción entre los conceptos de 'sistema político' y 'sistema de innovación' ha determinado la heurística para analizar el sistema de 'gobernanza' en relación la ciencia y la tecnología. La revisión crítica del modelo lineal ha servido para identificar cuatro brechas o desfases entre la linealidad y su repercusión en un entorno complejo. -La práctica política y el mundo de la ciencia y la tecnología, -Las disciplinas científicas, -Los actores y gestores políticos y los ciudadanos, -Los expertos y los legos, y conducen a una nueva aproximación sistemática, pero que comprende dos nuevos conceptos: uno de carácter estructural (espacio) y otro de dimensión funcional (gobernanza). Dentro de esta visión sistemática, orientada preferentemente a comprender el modo en que las organizaciones generan innovaciones, la actividad científica ha tenido que combinar sus formas habituales de gobierno en las que sus actores, según se ha visto, ejercían funciones polivalentes como actores, gestores, políticos y usuarios, con otros modos encaminados a aumentar el número de funciones para conseguir una mayor conexión con la sociedad por medio de la asunción de crecientes cotas de responsabilidad y de intervención en los procesos de difusión y divulgación del conocimiento. El giro en el modo de producción de avances científicos y técnicos, cada vez más conectado con el mundo empresarial, ha colocado a los expertos 'tecnocientíficos' ante un dilema: por un lado, ha aumentado su valor y participación en el área de la asesoría relacionada con la empresa: licencias, patentes, interacción a distintos niveles a empresas ('spin-offs','start-ups'), pero, por otro lado, se ha incrementado la desconfianza hacia su independencia por parte de los sectores de la ciudadanía más críticos sobre la avenida del progreso y sus consecuencias. En un orden parecido de cosas, se sitúa la intervención de la comunidad experta en problemas científico-tecnológicos de carácter público. Inmersos en una sociedad del riesgo, las actitudes del público ante nuevos productos o procesos tecnológicos son muy variadas y complejas, a cuyos retos de regulación y valoración deben tratar de enfrentarse los expertos, bien a través de agencias especificas o a titulo individual para ejercer el asesoramiento en instituciones de naturaleza generalista. En todos estos temas, la comunidad experta debe afrontar la búsqueda de confianza, junto a la necesidad de aportar conocimiento cualificado para una gestión estratégica de problemas de base científico-técnica y con incidencia en la agenda política como la seguridad, la política de I+D en diferentes niveles, la introducción de nuevas tecnologías o la repercusión socioeconómica". (Muñoz, 2007) Del artículo publicado en la Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad (Muñoz, 2007) en el que he desarrollado una reflexión, desde el punto de vista español, sobre la oportunidad de aplicar conceptos como el de sociedad de conocimiento junto con los de "espacios" y "gobernanza" para dar cuenta de la dinámica y las problemáticas presentes en la política y la gestión de la ciencia y la tecnología, extraigo unos puntos para consideración. Espacios de conocimiento, gestión y gobernanza "Dentro del contexto de un programa sobre 'filosofía de la política científica', merece especial atención en nuestros días seguir la evolución de las orientaciones de la Unión Europea sobre políticas de ciencia y tecnología y su eventual incidencia económica y social, marcadas, en el tránsito intersecular, por la agenda de Lisboa 2000 en el plan político y por el diseño, gestión y desarrollo de los Programas Marco VI y VII en el plano organizativo e institucional. En estas nuevas orientaciones que revelan la necesidad de cambios importantes ante las limitaciones de los modelos aplicados para sustentar discursos anteriores, tropiezan desde los primeros análisis con barreras culturales y patrones de conducta que cuestionan la homogeneidad (¿universalidad?) de los planteamientos y la factibilidad de sus aplicaciones. Esta situación de conflicto ha llevado a la introducción de nuevos conceptos e instrumentos, como los de 'espacio' y 'gobernanza' en relación con la dinámica científica, tecnológica, que van a ser objeto central de este trabajo de reflexión. A diferencia de lo que ocurre con el término 'knowledge', el concepto conocimiento en castellano no es unívoco para su inmediata traducción en que una sociedad basada en el desarrollo científico y técnico sea una 'sociedad del conocimiento'. Hay que cualificar esta sociedad como'sociedad del conocimiento científico, tecnológico o tecnocientífico' so pena de caer en arriesgadas y peligrosamente aprovechadas imprecisiones. En efecto, se detectan importantes diferencias culturales respecto a lo que se entiende por conocimiento en castellano y, por lo tanto, al uso que se haga o se pueda hacer de este concepto en su asociación con el desarrollo económico y social. Es particularmente interesante señalar las dificultades existentes para ajustar el concepto de conocimiento a otros que están presentes en el discurso político y social y que revelan la existencia de profundo cambio en el marco de una visión evolutiva que discurre por el tránsito entre sociedades y entre siglos (como es el caso de nuestra situación actual). Estos cambios con: 1) Geoestratégicos: plano macro (globalización); planos meso y micro (servicios); 2) Culturales: recursos humanos (información); nuevas tecnologías (aprendizaje): 3) Científico-técnicos: producción de conocimiento (modo 2, tecnociencia; aceptación social -percepción-; regulación). Parece lógico proponer una estrategia analítica en la que se pueda profundizar en la forma en que se producen y gestionan los diferentes tipos de conocimiento recurriendo al concepto de espacios donde los actores se reúnen y actúan de acuerdo con sus dinámicas por medio de procesos específicos de 'gobernanza' que deben encontrar su reflejo y medida en adecuados (y renovados) indicadores. Estas acciones y estas estrategias persiguen la consecución de objetivos con repercusión económica y social: acumulación, sostenibilidad, productividad, competitividad. En resumen, parece confirmarse la utilidad del concepto de espacio como concepto 'salvavidas' para avanzar en la comprensión de los procesos de producción, aplicación y transmisión de los conocimientos, en el caso concreto que nos ocupa de los conocimientos científicos y tecnológicos en relación, sobre todo, con procesos emergentes marcados por trayectorias evolutivas". Confluencia con nuevas aproximaciones a la economía del conocimiento y la innovación Por último, y de manera no menos importante, me parece oportuno traer a colación como ejemplo de trasplante compatible entre pensamientos de diferentes orígenes, la existencia de coincidencias entre los argumentos que he barajado en las revisiones diagnósticas sobre las relaciones entre conocimiento, innovación y socioeconomía con los argumentos que se desgranan a lo largo de las contribuciones del libro ya mencionado Economía del conocimiento y la innovación (Cañibano, Encinar y Muñoz, 2008). Traigo aquí las partes del prólogo que ponen de manifiesto estas convergencias. "Esta identificación de coincidencias se presenta como una muestra de existencia de procesos coevolutivos de convergencia intelectual, entre los que mencionaré los siguientes: • Aplicación de importantes dosis de reflexión filosófica en una parte relevante de los textos integrantes del volumen. • Aceptación de que el concepto de sistema se puede aplicar a cualquier nivel de organización desde un país hasta una empresa. • Afirmación de la conexión entre la ciencia y las tecnologías genéricas. • Establecimiento de la necesidad (conveniencia) de acercarse a los usuarios y a los productores para el desarrollo de tecnologías genéricas. • Reconocimiento de la relevancia de la estrategia para el desarrollo de las innovaciones. • Asunción del papel importante del capital social -en nuestro caso hemos tratado su influencia al analizar el concepto de espacio social de la biotecnología- (Muñoz y cols., 2006; también recogido en la sección titulada La biotecnología en el espejo, en la web www.institutoroche. es). • Búsqueda del sentido de los indicadores tradicionales, discretos, de input y output, que en la visión predominante contemplan las actividades de I+D como cajas negras, sin que parezcan tener en cuenta la dinámica de los procesos que los hacen medibles. • Pertinencia de pensar en la introducción de nuevas herramientas para analizar y promover las conexiones entre la producción y gestión del conocimiento con la innovación. Después de este apartado de coincidencias, quisiera aprovechar el estímulo de las lecturas que nos ofrece el libro que editan Cañibano, Encinar y Muñoz para abrir alguna puerta a la disidencia, o mejor al debate. La primera puerta me lleva a atraer la atención al concepto de 'espacios' que he apuntado como alternativa al análisis y a las consiguientes interpretaciones del caso español en las políticas de I+D e innovación cuando se someten a un ejercicio comparativo con las políticas europeas sobre tales temas (Muñoz y cols., 2005, Muñoz, 2007). Me atrevo a proponer que las temáticas que se analizan y discuten en el libro Economía del conocimiento y la innovación. Nuevas aproximaciones... podrían tener cabida para su tratamiento analítico bajo la dimensión del término 'espacio tecnoeconómico', que sería una denominación adecuada a las dimensiones tratadas en el libro. Una segunda cuestión que igualmente me atrevo a suscitar es la de empezar a pensar en la necesaria multidisciplinariedad que debería darse entre los responsables de la gestión de los programas de I+D. El énfasis de los discursos políticos en la innovación ha creado desconfianza, y un cierto sentimiento de marginación, en los científicos experimentales y en los ingenieros que fueron los tradicionales gestores del modelo de 'ciencia abierta' o de 'política para la ciencia', modelo que en buena parte se mantiene en los dos grandes países anglosajones, lideres de la generación de conocimiento, como Estados Unidos, Reino Unido -la figura de asesor del gobierno para los temas de ciencia y tecnología suele recaer en un científico experimental o en un ingeniero de reconocida excelencia profesional. Esta situación no se da en Europa donde el desarrollo de la políticas de ciencia y tecnología ha generado la incorporación de los científicos sociales a estas tareas, de modo particularmente relevante en el caso de Comisión Europea en la que se ha generado un maridaje entre estos expertos y la burocracia comunitaria que ha suscitado la sospecha de una parte muy relevante de la comunidad científica cultivadora de las ciencias específicamente experimentales. Esta dinámica que no ha favorecido la conexión entre expertos de unos y otros campos científicos y académicos es además contradictoria, puesto que el énfasis de los programas I+D comunitarios ha estado puesto en los ámbitos científicos llamados 'duros' y en las tecnologías asociadas a ellos, con algunas modestas excepciones. Dos datos son relevadores de que la situación es realmente conflictiva. Por un lado, la iniciativa de creación del European Research Council (ERC), promovida por la comunidad científica europea para rescatar la investigación europea de lo que esa comunidad considera control excesivo de los practicantes del discurso burocrático y económico. El segundo lo encontramos en el artículo de Dosi y colaboradores en esta misma obra en el que se vierten importantes críticas a la gestión de las políticas de I+D comunitarias y se realizan propuestas de rescate de los viejos valores de la ciencia abierta, propuestas que los propios autores avanzan aun a trueque de ser tildados de conservadores como ellos mismos reconocen. Personalmente yo me alinearía en esta dirección y con idea de contribuir a la apertura del debate y la reflexión sobre este tema, expresaría mi agradecimiento a los economistas de la innovación que la asumen con tesis bien documentadas y reflejadas en este libro. Estimo que si nos movemos por este 'espacio' -de nuevo recurro al término-se avanzaría mejor en la comprensión y la promoción de las conexiones entre conocimiento, su producción y gestión, con la innovación, a la par que se facilitaría la integración de los distintos actores y capacidades necesarias para que tales conexiones se lleven a cabo con eficacia y eficiencia".
El conocimiento es un proceso de relación entre un sujeto cognoscente (aquel que conoce), un objeto de conocimiento (aquello que se trata de conocer) y determinadas estructuras lógicas: el concepto -cuya forma lógica es el término-, el juicio -cuya forma lógica es la proposicióny el razonamiento -cuya forma lógica es la inferencia-. Apuntemos aquí que, sin estímulo, no hay ansia de conocimiento. "La conciencia humana (pues nada sabemos de otras conciencias animales, vegetales o minerales) emprende la conquista del conocimiento como respuesta a ciertos estímulos, estímulos que pueden ser duros o blandos. Un estímulo blando es el que proviene de otra conciencia (los que yo pueda transmitir aquí, por ejemplo); es una conversación, es un cuadro, es un libro. El estímulo duro es el que proviene de la propia conciencia; es la agitación del alma, un asalto. Es la súbita perplejidad ante lo hasta entonces natural y cotidiano. El primer espejo debió ser decisivo en este sentido. En el mundo virtual del espejo vemos, sí, una mañana cualquiera, la imagen de nuestro propio rostro como algo extrañísimo y altamente improbable. Es una mañana en la que salimos del cuarto de baño atónitos y con un ligero retraso". El objeto de la ciencia es el conocimiento de la realidad más digno de confianza en un momento histórico dado; es decir, el denominado "conocimiento objetivo" (Fig. 1). De acuerdo con Bunge, el conocimiento objetivo es el que se alcanza mediante "la experiencia intersubjetiva (transpersonal) " (1985a: 21), mientras que la realidad es "lo que existe en algún lugar del continuo espacio temporal de cuatro dimensiones" (1985a, 76); por otro lado, "Un método es un procedimiento regular, explícito y repetible para lograr algo, sea material, sea conceptual " (1985b, 28). En Poincaré (1964, ed. póst., 160) la ciencia es "una clasificación, un modo de relacionar hechos que las apariencias separan, aunque estén ligados por algún parentesco natural y oculto" o, dicho por el autor de manera más simple, "un sistema de relaciones". Bunge (1985a, 32) define la ciencia como "una disciplina que utiliza el método científico con la finalidad de hallar estructuras generales (leyes)". Wagensberg (1985, 89) rescata el argumento de autoridad como "cierta definición moderna de la ciencia", la cual sería "el acuerdo que se alcanza entre científicos de prestigio". Finalmente, para Ayala (1994, 31) la ciencia es "una actividad intelectual que trata de explicar los fenómenos del universo por medio de causas naturales". En dos de las definiciones dadas se caracteriza a la ciencia por su método, aun a despecho de ser poco ortodoxos desde el punto de vista de la regla lógica que prescribe que lo definido no debe entrar en la definición. Pero, si realmente es el método lo que caracteriza a la ciencia, entonces poco importará lo que se investigue para que forme parte de esta tal ciencia, mientras se utilice su método. Será tan "científica" una investigación sobre los neutrinos como otra sobre las medidas de las bolsas de supermercado. La idea de Popper de que la objetividad de los enunciados científicos se basa en que éstos pueden construirse de manera intersubjetiva, nos deja el campo libre para una definición de ciencia donde el sujeto cognoscente sea el eje objetivo del conocimiento. Es la capacidad de experimentar y repetir lo experimentado la que permite encontrar anomalías y nos permite conocer su grado de fiabilidad, al repetir este proceso de forma temporal. La observación kantiana de que el pensamiento y la acción científica han de ser independientes de los caprichos personales aparentemente pretende una visión objetiva. Sin embargo, esconde una visión positivista donde uno puede sustraerse a la acción social por obra y gracia del pensamiento subjetivoobjetivo, y olvida que somos seres sociales y tributarios de la sociedad donde vivimos. Podríamos decir que, al ser la ciencia una construcción social, nunca será independiente de quienes la construyen, ni de sus estructuras. Los fenómenos intersubjetivos determinan siempre la acción humana del conocimiento. Por otra parte, es en el marco temporal donde se deben incluir todos los procesos de desarrollo de nuestra ciencia, en la perspectiva de la construcción de ladrillos del edificio del conocimiento científico. Lo que ayer era considerado verdadero, hoy se revela falso. Sin embargo, la realidad externa no ha cambiado; lo que ha cambiado son los criterios de demarcación y las argumentaciones. En cada momento histórico la realidad ha sido igual. Ahora bien, ésta no ha sido vista de igual modo. Cuando Galileo Galilei observaba la luna con su arcaico telescopio, la realidad lunar era la misma de antaño, pero no así los ojos con los que la miraba un ser humano (Fig. 2). En el método de Galileo, existe un equilibrio entre abstracción y dato empírico. En cambio, en el de Descartes se exagera el papel que juega la razón en el conocimiento, hasta aislarlo de la experiencia sensorial, de los sentidos. Concebir el mundo -sea a través de la ciencia, la filosofía, el arte o hasta el esoterismo-significa comprenderlo. Según Wagensberg (1985), tal comprensión del mundo "acaso sólo sea comprender dos cosas: el cambio y la relación entre un todo y sus partes" (46); estas "dos cosas" son previamente explicitadas por el autor, como sigue: "La primera se refiere a la estabilidad y la evolución, la segunda a la estructura y la función" (9). Así pues, estabilidad y cambio, por un lado, y estructura y función, por otro, definirían la problemática que plantea la complejidad que observamos a nuestro alrededor, problemática a la cual debe remitirse el científico en su quehacer investigador. Al ser admitida la ciencia como un presupuesto fáctico del conocimiento, ciencia y conocimiento se hacen cada vez más un solo ente. Es difícil separar una cosa de la otra si no es en el interior de una estrategia donde la irracionalidad gane a la práctica inteligente. El materialismo histórico y el dialéctico hicieron aportaciones interesantes al análisis de la ciencia desde la perspectiva del contexto social. Engels (1974, ed. póst., 403) expresa que "La ciencia se refiere a la materia -o a los cuerpos-en movimiento. La materia y el movimiento deben considerarse conjuntamente. Sólo podemos reconocer la naturaleza y el tipo de la materia en relación con el movimiento. Nada podemos afirmar sobre los cuerpos si no están en movimiento y no tienen relación con otros cuerpos. Un cuerpo sólo revela lo que es cuando está en movimiento. La ciencia reconoce, pues, los cuerpos examinándolos en movimiento y en relación recíproca. Identificar las diferentes clases de movimiento es identificar los cuerpos mismos. El examen de estas diferentes clases de movimiento es la tarea principal de la investigación científica". La idea engelsiana de la interacción y el movimiento como armazón y motor de la ciencia es moderna, crítica y coherente con el pensamiento dialéctico. En una visión menos empírica, Zemelman trata el conocimiento como algo estratégico de alta pertinencia histórica y social, de un alcance empírico fundamental, pero también con una plausibilidad notoria y básica para nuestro desarrollo social; en este sentido, el conocimiento sería una actitud de conciencia que nos permitiría pasar de estar determinados a ser protagonistas (Zemelman, 1992, volumen II, 165). Esta visión sociológica del conocimiento, como forma empírica de la conciencia, pasa a través del ser y lo convierte en agente cognoscente, nos permite articular un concepto social y crítico con la esperanza de poderlo utilizar frente al positivismo radical. La sociedad y su desarrollo nos ofrecen un criterio de pertinencia a algo que nos está construyendo a nosotros mismos como realidad social y, a la vez, nos convierte en sujeto histórico hegemónico en nuestro espacio-tiempo planetario. La tentativa de construcción de una ciencia, con sus métodos y técnicas, alejada del motor social auténtico, no puede tener cabida en el proyecto de la evolución humana y su consecuente humanización. No hay límites preestablecidos a nuestra conciencia. El azar evolutivo nos hizo conscientes de lo que nos rodea, y lo que nos rodea nos ha hecho conscientes de lo que somos: la materia hecha consciencia. Establezcamos una analogía que simplifique la explicación de dos categorías indisociables: la ciencia y los científicos. Supongamos que la comunidad científica es el sistema y la ciencia su estructura; los científicos, como comunidad, siempre construyen sus paradigmas desde un contexto social históricamente determinado. Esta telaraña de conocimiento teórico y empírico es la estructura sobre la que la comunidad científica articula su realidad disciplinar. La comunidad científica está influida por el grado de desarrollo social y, por tanto, está sometida a las presiones sociales, económicas y políticas, al igual que los restantes miembros de la sociedad. Según Lévy-Leblond (2004, 116), "La ciencia no es una gran isla separada del continente de la cultura, sino un archipiélago salpicado de islotes, a veces más alejados los unos de los otros que del continente. Un experto en un campo determinado es un no-experto en casi todos los demás, y se encuentra por ello muy próximo al profano total desde el punto de vista de la cultura científica en general". Los científicos no representan un bloque homogéneo. Ni en el campo de la práctica empírica ni en el de la teoría exis- ten alineamientos claros que fraccionen dicha comunidad. Sin embargo, sí que en su seno se admite, por convenio, una serie de protocolos formales relativos a la ciencia, tales como la verificación o la falsación. Existe, por lo tanto, un punto en común: el del respeto de las reglas del juego en el momento de la formalización. La comunidad científica es como un "club selecto", y para pertenecer a éste deben respetarse sus estatutos, usos y costumbres. Las sociedades y sus ideologías han intentado ser justificadas por las teorías científicas. También se han hecho esfuerzos para invertir este proceso. Sabemos que la realidad es independiente de nuestros juicios, pero nuestra concepción de la misma no. La falta de competitividad entre las teorías puede romper la unidad dinámica de las contradicciones y contribuir de forma muy específica a la disminución del valor de la oposición como motor. Posiblemente esta unidad metodológica nazca de la dirección política uniformista, tendente a una sola cosmovisión al servicio del complejo militar-industrial. La educación, en tanto que instrumento predeterminado de referencia que es, puede a veces hacernos olvidar el peligro de una ciencia uniformista y de unos científicos uniformizados. En este sentido, la lengua -que representa una forma de pensar y de ver el mundo-también moldea la acción de conocer (Feyerabend, 1989, 74) (Fig. 3). En nuestros días la comunidad científica expresa su quehacer y sus paradigmas en inglés. Esta lengua se ha convertido en la lingua franca de la ciencia, como antes lo fueron el latín o el alemán. Sistema y estructura están informados a partir del desarrollo epistemológico que los gobierna; están permanentemente dominados por quienes controlan el mundo tanto material como espiritualmente. Desde que nacemos, científicos o no, seguimos las pautas habituales de educación de las que desgraciadamente no nos podemos desprender hasta que morimos. Esta constelación de valores y creencias que nos gobierna nos influye de forma básica en nuestros procesos de razonamiento, condicionando nuestra acción cognitiva. En algunas ocasiones esta realidad empírico-histórica controlada ha hecho que algunos científicos hayan olvidado que esto es así. El elitismo, como enfermedad infantil del cientifismo, se muestra de forma patética cuando algunos de nuestros colegas se colocan en posiciones de conocimiento absoluto de la verdad y utilizan solamente criterios de autoridad para dar consistencia a sus discursos sobre el conocimiento. La ciencia ha ido imponiendo su lógica en la medida que los científicos han sido capaces de hacer comprender los beneficios de este tipo de estructuras explicativas y productivas. La aplicación de la ciencia a través de la práctica tecnológica ha hecho variar, no coyuntural sino estructuralmente, nuestras relaciones sociales. Ciencia y científicos deben avanzar de forma sincrónica con la sociedad de donde emergen, para que de esta manera se consiga establecer un nexo crítico estable y duradero que cree una interdependencia difícil de destruir. Se ha tratado de establecer mecanismos de "objetivización" de la capacidad de las ciencias para generar conocimiento, a base de dividirlas en duras o experimentales -como la física-y blandas o no experimentales -como la paleontología-. El problema epistemológico podría radicar en una "asimetría causal" metodológica debida al uso de un patrón de razonamiento distinto entre los dos tipos de científicos: los experimentales suelen razonar partiendo de las causas -en su caso, las condiciones experimentales de la prueba-para llegar a los efectos, a la vez que excluyen los falsos positivos y negativos, mientras que los históricos suelen partir de los efectos -en su caso, las trazas-para llegar a las causas, a la vez que excluyen las explicaciones alternativas (Cle-Figura 3. Entendemos que el conocimiento humano es único. Tenemos un cerebro con dos hemisferios que, aunque en cada uno de ellos se generen capacidades y propiedades distintas, trabajan al unísono. Creemos que la acción de conocer se desarrolla desde nuestra propia experiencia cultural, y que tal acción no se puede defender con apriorismos y dogmas que se convierten en procesos teóricos falaces. La comunidad científica que genera el conocimiento, lo hace desde una estructura social y no desde una aséptica torre de marfil. Por tanto, en contra de los criterios de los positivistas radicales, nosotros pensamos que la ciencia es resultado del desarrollo social y, consecuentemente, es una estrategia intelectual de los homínidos en los últimos siglos de su evolución. La ciencia, y todo el conocimiento que de ella se deriva, son una forma de adaptación exosomática, temporal e histórica, del ser humano. Procede aquí decir, para evitar antropocentrismos fuera de lugar, que la "cultura" no es algo privativo de la Humanidad, puesto que está bien documentada en muchas especies de animales superiores (Mosterín, 1998, 146). A medida que las comunidades humanas se desarrollan, la ciencia emerge y evoluciona en su seno. Y es en la medida que el conocimiento científico se aplica que, al ser aplicado, modifica el comportamiento social de la comunidad en la que este conocimiento se ha generado. En este sentido, tenemos que hablar de una comunidad social-científica, con todos los rasgos individuales y colectivos de cualquier otra comunidad no científica. Por tanto, la ciencia como producto social responde de forma teórica y empírica a sus creadores, los humanos, estando, en este sentido, determinada por su evolución biológica y social. No podemos admitir que la inteligencia, que ha permitido desarrollar el conocimiento científico, es una estructura teleonómica; no es más -ni menos-que un producto humano aparecido por azar y consolidado gracias a la selección natural. Para construir un edificio científico, la comunidad ha tenido que dar medios a individuos de su propia estructura y, después, asegurarles recursos para que puedan vivir e investigar. De esta manera, un porcentaje muy pequeño de la sociedad puede iluminar a la historia con sus descubrimientos. Per-tenecemos a una minoría de la vanguardia social y nos debemos a nuestra propia estructura; lo único que se espera de nosotros es que construyamos una ciencia socialmente aceptable. Las comunidades, a través de los programas de educación básica, media y superior, concentran toda su carga social e intelectual en los centros de enseñanza y formación. A partir de aquí, una serie de personas accederán a la investigación profesional y su vida se convertirá en una práctica intelectual operativa, pero no dejará de pertenecer a la sociedad en general (Echeverría, 1995). Cuando la comunidad científica deja de funcionar como intelectual colectivo o deja de tener relación con la marcha del resto de la sociedad, la ciencia se transforma en elitista -en el sentido de ser un instrumento de corporaciones concretas, no en el de un conocimiento complejo de que dispone un grupo reducido de humanos-. En la medida en que una ciencia es elitista, surgen los grandes problemas de adaptación social de beneficio colectivo del trabajo científico. La ciencia es una forma especial de adaptación humana a la biosfera y, por lo tanto, es un valor colectivo y debería ser para el colectivo. De no ser así, no se trataría de una ciencia socializada porque no representaría al colectivo de la comunidad humana. Con ello no queremos decir que la ciencia deba estar supeditada de forma determinante a necesidades sociales específicas; al contrario, la ciencia socializada es un patrimonio común de ideas, de métodos y de instrumentos puestos al servicio de la mejora de la vida material e intelectual de la sociedad en general, independientemente del lugar y del momento histórico. En este sentido, la física, la química, la biología... son ciencias "sociales" como todos los demás campos de conocimiento que hayamos podido crear. No hay excepciones: las distintas formas de organización del conocimiento son los trabajos de tipo multidisciplinar y, sobre todo, los de tipo interdisciplinar, que integren más que simplemente sumen. Recordemos que, en la Naturaleza, lo biótico y lo abiótico forman parte de una misma estructura, de un mismo sistema o hasta de un mismo ecosistema. El ser vivo ya es, en sí mismo, un sistema químico que sería abiótico si no fuera porque su propio proceso de autoorganización le confiere propiedades emergentes. El principio de emergencia implica una superación del mecanicismo reduccionista en su estado puro y duro, proporcionando las bases para una interpretación más refinada del mundo viviente, considerado éste tanto a nivel individual como colectivo. Y, volviendo a la ideología de la ciencia, aclaremos que las matemáticas no la tienen por su propia naturaleza, pero sí las comunidades y las personas que ponen al servicio de la Humanidad las capacidades de aquella. No existe ninguna naturaleza intrínsecamente mezquina de las cosas, lo que sí que existen son los intereses mezquinos. La ciencia, pues, como construcción social que es, debe socializarse y estar al servicio de las necesidades del desarrollo humano. En el futuro, terminado nuestro proceso de hominización, deberemos decidir qué tipo de sociedad humana queremos, para que la ideología que sustente la extensión del conocimiento científico y su práctica no perjudique el proceso de humanización. De acuerdo con Ramos Serpa (2000, 31), "Examinando el proceso de origen y evolución inicial de la ciencia como modo de la actividad cognoscitiva podemos apreciar que la misma tiene como presupuesto el desarrollo de la actividad productiva de la sociedad, al garantizar un nivel de satisfacción de las necesidades materiales más allá de la elemental supervivencia, la separación del trabajo físico del intelectual que permitiera que determinados hombres se pudieran dedicar a la actividad espiritual, y la división de la sociedad en clases como incentivo para el empleo y el disfrute de los conocimientos como privilegio y medio de dominación". La lucha para que la ciencia no sea controlada por estructuras dominantes antisociales es, en nuestra opinión, la más importante que debemos llevar a cabo en este nuevo milenio. El poder puede manifestarse en muchos sentidos, desde la aceptación de la descripción de un problema ambiental hasta la percepción de la relevancia de decisiones políticas, pasando por el estatus científico individual, la inclusión o exclusión de investigadores, los impactos relativos de los hallazgos científicos o el acceso a recursos (Caldwell, 1990, Bowler, 1993y Budiansky, 1995, citados en MacMynowski, 2007). Los valores morales no son ajenos a la ciencia, ya que son claves en la toma de decisiones humanas (Delgado y Vallverdú, 2007). Pero, si no existe una conciencia social en la construcción de la ciencia, ninguna ética puede ayudar a la Humanidad del futuro en su camino hacia el conocimiento y el bienestar. La ciencia es social por su propia naturaleza, puesto que surge de nuestro mecanismo más preciso de adaptación: la selección cultural. Este fenómeno puede ayudarnos a entender que el conocimiento es una unidad biocultural adaptativa única. Son nuestra diversidad genética (la herencia) y la educación (el medio) las que facilitan nuestro amplio espectro de capacidades para dominar, como especie, los distintos campos del conocimiento objetivo del mundo. La experiencia empírica somete a la teoría a verificación de manera que, en este proceso, en cada momento histórico se dan fórmulas diferentes de acción cognitiva, pero siempre determinadas en última instancia por la propia sociedad y por quienes la gobiernan. Esta situación es la que sustenta la lógica de la historia de la investigación y, por lo tanto, de la ciencia. La independencia del conocimiento respecto de la sociedad y de la ideología sólo puede ser creída desde una perspectiva técnica. La ciencia es un corpus normativo social; por lo tanto, a este nivel, esta independencia es un mito. La ciencia se construye con teorías y las teorías nacen del conocimiento que tiene cada sociedad en un momento histórico determinado. En consecuencia, el contexto histórico marca diacrónicamente cada nueva concepción de lo que es "conocimiento objetivo" y, en consecuencia, de lo que es "ciencia".
La Divulgación Científica puede ser definida como toda actividad encaminada a difundir el conocimiento científico y tecnológico de forma que los contenidos sean asequibles e inteligibles por una población no especializada (Belenguer Jané, 2003). Esta definición aparentemente sencilla, abar-ca una multiplicidad de prácticas realizadas a través de diferentes canales y en la que intervienen diversos agentes divulgadores, entre los que destacan los propios científicos, docentes, periodistas y gestores culturales. Son numerosas las razones que justifican la necesidad y el interés por la divulgación científica, entre ellas, se puede destacar que resulta fundamental por la enorme complejidad y especialización de la Ciencia moderna, lo que la hace necesaria para que los propios científicos conozcan los avances en otros campos del saber; por el gran influjo que la Ciencia y la tecnología tiene en nuestras vidas cotidianas, siendo necesaria para estar al día de los últimos avances; porque la investigación es financiada en gran parte por presupuestos públicos, lo que exige una política de transparencia para que la sociedad conozca qué se está investigando y porque constituye una parte esencial de la cultura, por lo que los conocimientos científicos deben ser accesibles y formar parte del acerbo cultural básico de cualquier persona (Burkett, 1973; Junyent, 2003). Ya desde la antigüedad clásica y a lo largo de época medieval existen numerosos ejemplos de eruditos y divulgadores que realizaron compendios de los conocimientos de su época, redactados de forma sencilla y amena para facilitar su comprensión. No será, sin embargo, hasta el desarrollo de la Revolución Científica a lo largo de los s. XVI y XVII, y sobre todo con el movimiento de la Ilustración en el s. XVIII, cuando se comience a concebir la idea de extender el conocimiento a la sociedad. A ello contribuyó la iniciativa de destacados pioneros de la divulgación, como Paracelso o Fontenelle, los gabinetes de curiosidades y la publicación de grandes compendios del conocimiento de la época que alcanzaron gran popularidad, como la Encyclopédie francesa o la Enciclopaedia Britannica, además de otras muchas publicaciones de carácter divulgativo. Ya en el s. XIX, la divulgación científica encuentra en el desarrollo de la prensa y del periodismo un canal idóneo para llegar a capas cada vez más amplias de la población, multiplicándose la edición de periódicos, revistas y obras de carácter divulgativo, además de otras iniciativas, como la celebración de conferencias, ferias o exposiciones donde se daban a conocer los últimos avances científicos y tecnológicos. No obstante, persistirá hasta bien entrado el s. XX la división de la sociedad entre una élite de sabios o ilustrados permeables a las prácticas divulgativas de la Ciencia frente a una gran masa de población ajena a estas actividades. No será hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la generalización en la sociedad de los avances tecnológicos, la extensión de la educación y con el desarrollo de movimientos como el Public Understanding of Science en Europa y el Scientific Literacy en Estados Unidos, cuando la divulgación científica tenga una proyección mayor en la sociedad, asumiendo los científicos cada vez más la importancia de dar a conocer al gran público los nuevos descubrimientos y teorías científicas, centradas en la vida cotidiana, los problemas y necesidades de la gente, temas que han ido teniendo una presencia creciente en los medios de comunicación y que han generado el desarrollo de un periodismo especializado en temas relacionados con la divulgación científica (Raichvarg y Jacques, 1991; Fayard, 1999; Gregory y Miller, 2000; Junyent, 2003). En relación con la importancia cobrada por la divulgación de la Ciencia, se ha desarrollado en las últimas décadas la investigación teórica sobre la misma, integrándose en el ámbito académico, siendo un tema habitual para la celebración de foros, reuniones y congresos que han favorecido la reflexión, la difusión y el intercambio de experiencias y constituyendo asimismo uno de los ámbitos prioritarios objeto de atención por parte de los gestores de las políticas científicas. El objetivo del presente trabajo consiste en analizar la producción científica española relacionada con la divulgación de la Ciencia como objeto teórico de investigación, con el propósito de caracterizar el estado de desarrollo de la investigación en el área. Se han identificado los artículos sobre divulgación de la Ciencia recogidos en la base de datos ISOC/Índice de Ciencias Sociales y Humanidades elaborada por el Centro de Información y Documentación Científica (CINDOC) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y las tesis doctorales indexadas en la base datos TESEO del Ministerio de Educación y Ciencia, mediante la ejecución de sendos perfiles de búsqueda que incluían los principales descriptores o términos que habían podido ser utilizados para la indización de los documentos sobre esta temática, como divulgación científica, comunicación científica, comunicación social y difusión de la Ciencia, así como otros términos estrechamente relacionados con la divulgación de la Ciencia, como periodismo científico, alfabetización científica y educación científica y otros más genéricos que se ha observado que eran utilizados en ocasiones para la indización de documentos relevantes una vez examinados los registros bibliográficos de los documentos recuperados, como Sociología de la Ciencia. A continuación, se ha construido una base de datos relacional con la información bibliográfica de los registros recuperados, procediendo al examen de todas las referencias bibliográficas con el propósito de eliminar aquellas no relevantes por no ajustarse a la materia objeto de estudio, tras examinar los títulos, descriptores y resúmenes. Se han caracterizado mediante un análisis bibliométrico los siguientes aspectos: número de trabajos y evolución diacrónica por años de publicación, productividad de autores, instituciones y revistas fuente de publicación de los trabajos. Asimismo, se han identificado los principales ámbitos temáticos de investigación en el área y sus relaciones conceptuales, construyendo una red de relaciones terminológicas a partir de la cuantificación de la frecuencia de aparición conjunta de los descriptores asignados a los documentos. Para la realización de estos procesos se han utilizado los programas Microsoft Access y Pajek. Se han recuperado 286 artículos de revista sobre divulgación de la Ciencia recogidos en la base de datos ISOC publicados entre 1981 y 2005 en 94 revistas diferentes. La evolución diacrónica del número de trabajos por quinquenio (tabla 1) muestra que es a partir de la década de los noventa cuando se produce un notable incremento en el número de trabajos publicados, que se mantiene hasta la actualidad. Jones, Leoncio López-Ocón Cabrera, Alberto Elena Díaz, Berta Marco Stiefel, Carolina Moreno Castro y Amparo Vilches Peña, todos ellos profesionales o investigadores relacionados con el periodismo científico, la Educación o la Historia de la Ciencia que han hecho de la divulgación científica una de sus principales líneas de investigación y de trabajo, hay que destacar que la divulgación de la Ciencia es un tema que ha atraído y ha sido objeto de investigación y reflexión teórica por parte de numerosos investigadores, ya que se han identificado 292 autores diferentes de muy diversas áreas de conocimiento que han participado en al menos un trabajo sobre el tema. Asimismo, se han identificado 99 instituciones, siendo las más productivas el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con 15 trabajos, la Universitat de València, con 14, y la Universitat Autònoma de Barcelona y la Universidad Complutense de Madrid, con 11 trabajos cada una de ellas, respectivamente. A continuación, se sitúan la Universidad Carlos III y la Universidad del País Vasco, con nueve trabajos, la Asociación Española de Periodismo Científico, con ocho, y la Universidad de Sevilla, con siete. Otras 26 instituciones reúnen entre dos y seis trabajos y 65 las restantes un único trabajo. Las universidades son las que encabezan el ranking de productividad en cuanto a la tipología institucional, con 156 trabajos (68,12 %). A continuación se sitúan los centros de investigación, con 22 trabajos (9,61 %) y las instituciones sin ánimo de lucro, como las asociaciones científicas, con 20 trabajos (8,73 %). Ya con un número mucho menor de trabajos se sitúan otros centros, como los museos, con ocho trabajos (3,49 %), los medios de comunicación, los centros educativos no universitarios y las empresas privadas, con seis trabajos cada uno de ellos (2,62 %), respectivamente, y finalmente, los organismos gubernamentales (gobiernos autonómicos y ayuntamientos), con cinco trabajos (2,18 %). En cuanto a los ámbitos objeto de estudio de los artículos recogidos en ISOC, se han identificado cinco núcleos destacados de investigación relacionados con la divulgación científica, cuyas relaciones conceptuales aparecen recogidas en la figura 1. El principal de ellos, en razón del número de descriptores y la densidad de relaciones establecidas es el del periodismo científico, en el que se abordan aspectos como el papel de mediadores que ejercen los periodistas entre los científicos y la sociedad, su influencia social y capacidad para generar opinión, el tratamiento que se da a la información científica, la formación profesional o la necesidad de especialización de los profesionales dedicados al mismo. Asimismo, en relación con los periodistas y el periodismo científico aparecen toda una serie de canales y medios de comunicación: la televisión, la prensa, la radio, el cine, los documentales e Internet. Un segundo ámbito de investigación destacado es el de la alfabetización científica, en el que se abordan aspectos como la educación científica y tecnológica y la divulgación y enseñanza de la Ciencia en los distintos niveles educativos. Otros dos núcleos de investigación que se han identificado están relacionados con la divulgación de la Ciencia en los museos, exposiciones y como actividad de difusión cultural y el lenguaje científico, en relación con los problemas derivados de su traducción y transposición a un lenguaje no especializado. Finalmente, hay que destacar que la divulgación de la Ciencia se relaciona con determinadas disciplinas, entre las que cabe destacar la Medicina, el Medio Ambiente y la Arqueología, si bien, a excepción de esta última, ninguna presenta un desarrollo terminológico específico. Se han identificado 50 tesis sobre divulgación de la Ciencia en la base de datos TESEO, ofreciendo el análisis de la evolución diacrónica de la fecha de su lectura unos resultados similares a los artículos de revista (tabla 1), ya que es a partir de la década de los noventa cuando experimenta un incremento considerable la lectura de tesis relacionadas con algún aspecto de la divulgación científica, con una media de 2,25 tesis anuales desde esa fecha. En cuanto al tema de las mismas, el periodismo científico se sitúa a la cabeza, con 29 tesis (58 %), casi todas ellas centradas en el tratamiento de las noticias científicas en los medios de comunicación, fundamentalmente sobre salud, medio ambiente o temas agroalimentarios. Destacan en cuanto al número de tesis, las leídas en las Facultades de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid ( 16), la Universitat Autònoma de Barcelona (4), la Universidad de Navarra (4) y la Universidad de La Laguna (4). Red de relaciones terminológicas en los trabajos sobre divulgación científica indexados en la base de datos ISOC (> 3 trabajos). La mayor intensidad de las relaciones entre descriptores queda reflejada mediante el diferente grosor en los enlaces que vinculan cada uno de los descriptores. Entre las limitaciones del estudio realizado se pueden apuntar las siguientes: a) La utilización de un perfil de búsqueda puede conllevar la existencia de "silencio documental", es decir, que no se recuperen todos los documentos relevantes en relación la temática objeto de estudio. Para minimizar los efectos del mismo se han tratado de incluir todas las posibles variantes utilizadas en los títulos de los trabajos y a la hora de indexar los documentos en las bases de datos, examinando los términos y descriptores incluidos en los documentos que se iban recuperando para incorporarlos al perfil de búsqueda. b) Únicamente se han estudiado dos bases de datos, y aunque se trata de dos de las principales fuentes que recogen los trabajos de investigación original en España (artículos de revista y tesis doctorales), han quedado fuera del análisis otras muchas revistas con trabajos relevantes sobre el tema objeto de estudio. c) Se ha observado que existe una gran dispersión de literatura sobre divulgación de la Ciencia, fundamentalmente en reuniones científicas de índole diversa (conferencias, foros o congresos), tratándose también de un tipo de literatura de gran importancia que requerirían de un análisis específico. Pese a que en diversos estudios se han apuntado algunos aspectos de gran interés, la historia sobre el desarrollo de la divulgación de la Ciencia en España está aún por realizar. Dejando de lado la práctica de la divulgación por iniciativa personal de los propios científicos o divulgadores y las aportaciones foráneas, la eclosión de la reflexión teórica sobre la misma en España se sitúa a partir de mediados de la década de lo noventa. Se trata de un desarrollo tardío en relación con otros países y ámbitos geográficos, en los que se remonta al menos a la década de los setenta (Raichvarg y Jacques, 1991; Gregory y Miller, 2000) y al que han contribuido factores de índole diversa, como la consolidación de la democracia, la extensión de la enseñanza universitaria a amplias capas de la población o la creciente demanda de actividades didácticas y culturales por parte de la sociedad. Asimismo, ha tenido una importancia capital en este proceso el desarrollo y consolidación del periodismo científico especializado y el impulso propiciado, ya desde hace algunas décadas, por algunos científicos pioneros, divulgadores e instituciones que han apostado decididamente por la divulgación de la Ciencia como una parte fundamental de su trabajo y actividades. Al igual que ocurre con gran parte de las áreas del conocimiento, son las universidades y los centros de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas los principales impulsores de la investigación teórica sobre la divulgación de la Ciencia (Chinchilla Rodríguez, 2005). Sería deseable en este sentido, el desarrollo de las condiciones necesarias para el fomento de la investigación por parte de los organismos y agentes directamente relacionados con la divulgación de la Ciencia, como los museos científicos y el desarrollo de investigaciones en colaboración entre los diferentes tipos de instituciones mencionados, con el fin de evitar la disociación entre el desarrollo teórico y la práctica divulgativa. Resulta también fundamental potenciar la existencia de canales estables de difusión de los trabajos sobre divulgación de la Ciencia entre la comunidad científica, un aspecto de gran importancia en la consolidación de una disciplina o área de conocimiento junto a otros como la institucionalización académica o la existencia de un corpus de conocimiento conformado por una serie de temas objeto de investigación abordados por una comunidad de investigadores que se organizan en torno a los mismos (Bourdieu, 2003), ya que se ha observado que una parte importante de las publicaciones periódicas en las que se han difundido los trabajos han dejado de publicarse o presentan un carácter irregular en cuanto a su frecuencia de aparición y que los trabajos difundidos en congresos y otras reuniones científicas resultan en ocasiones de difícil acceso o presentan una escasa difusión y visibilidad. Entre los ámbitos de investigación que se relacionan con la divulgación de la Ciencia, el hecho de que el periodismo científico ocupe un lugar preeminente, se justifica porque los medios informativos han ejercido desde su surgimiento, en mayor o menor medida, el papel de intermediarios entre la Ciencia y el gran público, considerando la Ciencia como noticia o como objeto de divulgación. Pese a que Josep María Casasús fija a partir de 1975 el surgimiento de lo que denomina "periodismo de servicio, del bienestar o social" (Casasús, 1988), que es aquel que se preocupa por aspectos como la calidad de vida, los temas de salud, bienestar social, el medio ambiente o por la profundización en las ventajas y prestaciones de los progresos tecnológicos, entre otros muchos aspectos estrechamente vinculados con lo que ha definido como periodismo científico, Manuel Calvo Hernando llama la atención, aún a mediados de la década de los noventa, acerca de la escasez de estudios sobre el tratamiento que recibía la Ciencia por parte de los periodistas en los medios de comunicación (Calvo Hernando, 1996). Esta situación se está viendo paliada progresivamente por la eclosión de la investigación en las dos últimas décadas puesta de manifiesto en el presente estudio, centrada en gran medida en el periodismo científico, ámbito que está recibiendo un destacado impulso a través de la celebración de congresos y seminarios específicos (Avogadro, 2005), la atención que se está prestando al mismo desde el ámbito académico con su incorporación a la formación reglada o como materia de especialización a través de formación específica de posgrado y como objeto de investigación en programas de doctorado (Pastor Ruiz, 2002; Aranes Usandizaga y Landa Montenegro, 2002). En relación con el periodismo científico, destacan tres elementos: los agentes implicados, las fuentes de información y los distintos canales o medios utilizados. El interés por los agentes implicados responde a que uno de los principales debates que se suscita a nivel teórico y en los foros sobre divulgación de la Ciencia que reúnen a periodistas y científicos, es el papel que debe asumir el periodismo científico. En relación con ello, existen básicamente dos concepciones contrapuestas: la de aquellos que defienden que el periodismo científico se debe limitar a informar sobre la actualidad científica y la de los que postulan que los periodistas científicos deben asumir una función "formativa" (Belenguer Jané, 2003). En este sentido, hay que señalar que la divulgación científica es una tarea compleja y delicada, que exige del dominio de múltiples destrezas y competencias. Aldo Borsese apunta que es fundamental que el divulgador posea una formación específica que profundice en tres niveles: los contenidos científicos, el lingüístico y el psicopedagógico (Borsese, 1999). Aunque estos tres niveles están presentes en el diagrama terminológico de la investigación sobre la divulgación de la Ciencia que se ha confeccionado, cabe resaltar que no están interrelacionados entre sí, sino que aparecen de forma aislada. En cuanto a las fuentes de información utilizadas en el ámbito periodístico encontramos en el diagrama las revistas científicas. En relación con ellas, algunos autores han llamado la atención sobre el hecho de que se utilizan sólo un número muy reducido de las mismas, fundamentalmente Nature y Science, lo que se explica por la credibilidad que se atribuye a estas revistas y porque poseen importantes gabinetes de prensa que redactan los contenidos en lenguaje periodístico, si bien esta limitación puede conllevar numerosos problemas, como la lejanía de las fuentes originales o que se primen las investigaciones en función de su noticiabilidad (Elías, 2002a). Asimismo, algunos estudios han alertado sobre el hecho de que las fuentes de información periodística en ocasiones no son los científicos, sino otros agentes como empresas, administraciones u ONG (Montaño Montaño, 1999). Finalmente, en lo referente a los canales de difusión, destacan fundamentalmente la televisión y la prensa, lo que se justifica por tratarse de dos de los principales medios de comunicación de masas, así como Internet, lo que hay que poner en relación con el reciente desarrollo experimentado por este medio y las posibilidades que ofrece para la divulgación científica (Meso Ayerdi y Díaz Noci, 2002). El segundo de los temas destacados en relación con la investigación sobre la divulgación de la Ciencia es la alfabetización científica, que puede ser definida como el conocimiento práctico y cotidiano de la Ciencia, de forma que se comprenda la naturaleza global de la misma, del proceso científico y de las relaciones entre Ciencia, tecnología y sociedad (Valentín, 2005). Los aspectos recogidos en el diagrama conceptual reflejan los planteamientos de diversos investigadores que postulan que se debe alcanzar un nivel de comprensión científico básico en la sociedad, lo que pasa por la implantación de una cultura científica y la integración de la didáctica de las ciencias en el ámbito educativo (Escalas, 1999). En este sentido, se debe profundizar en el desarrollo de investigaciones teóricas en relación con la alfabetización científica en las que educadores, científicos, sociólogos, lingüistas y otros profesionales fijen los aspectos pedagógicos, contenidos, conceptos y vocabulario que la deben integrar en los diferentes niveles educativos (Escalas, 1999; Gavidia, 2005), si bien la alfabetización científica es un aspecto que debe trascender el ámbito educativo para extenderse a toda la vida de las personas y a toda la sociedad (Goirena de Gandarias y Garea Lafuente, 2002). Otro de los temas centrales de investigación teórica responde a las dificultades lingüísticas que plantea la información científica a la hora de ser transmitida a un público no especializado, ya que la divulgación de la Ciencia tiene que hacer frente a la dificultad que supone hacer comprensible un discurso especializado que se caracteriza por un complejo y elaborado sistema conceptual. Para ello, es necesario reelaborar este discurso, lo que ha generado numerosos estudios que desde el ámbito de la lingüística han analizado las características del discurso científico frente al divulgativo, proponiendo modelos y pautas para su conversión o reelaboración (Ciapuscio, 2000; Galán Rodríguez, 2003; Alcíbar, 2004). En cuanto a las disciplinas objeto de investigación en relación con la divulgación científica, el hecho de que en el diagrama terminológico solamente están presentes un número muy reducido de las mismas, puede responder a que sean ámbitos más fácilmente "popularizables" o que se trate de disciplinas de gran relevancia o interés para el público (Calvo Hernando, 1996). Destaca en este sentido la Medicina, cuyo interés en relación con la divulgación científica se justifica porque aborda temas que afectan directamente a la vida de las personas y que por tanto resultan de interés para los lectores de cualquier medio de comunicación, explicación que es válida también en relación con otras áreas como el Medio Ambiente (Aranes Usandizaga y Landa Montenegro, 2002; Goirena de Gandarias y Garea Lafuente, 2002). Cabe destacar asimismo la importancia de la Arqueología, lo que se explica en este caso porque la divulgación constituye uno de los pilares de la disciplina, recalcándose siempre a nivel teórico en la misma, la importancia de dar a conocer los conocimientos a la sociedad como el último estadio en el desarrollo de cualquier investigación arqueológica (Querol y Martínez, 1996). Llama la atención en cambio la ausencia de otras muchas disciplinas, probablemente reflejo de la ausencia de una investigación teórica sobre la divulgación científica en las mismas. Frente a ello, se debería fomentar entre los científicos una cultura de la divulgación, para que se ejerza la misma como una parte fundamental más de su trabajo, ya que aunque cada vez son más frecuentes los ejemplos de científicos que ejercen el papel de divulgadores de sus propios trabajos e investigaciones (Calvo Hernando, 1996), todavía la divulgación ejercida por los propios científicos tiene un escaso peso, lo que se puede explicar por el hecho de que la divulgación científica no siempre ha sido considerada positivamente. En este sentido, hasta hace pocas fechas, muchos científicos veían con desdén las actividades de los colegas que se dedicaban a la divulgación del conocimiento y, aún hoy, se considera habitualmente la divulgación como una actividad secundaria o menor, cuando no totalmente innecesaria y que puede incluso llegar a perjudicar la carrera académica (Junyent, 2003). Para hacer frente a esta situación resulta fundamental que los gestores de las políticas científicas y los sistemas de evaluación y reconocimientos de las carreras académicas e investigadoras favorezcan que los científicos realicen tareas de divulgación o comunicación social de la Ciencia. Las principales conclusiones del estudio realizado son las siguientes: a) A pesar de su desarrollo tardío en relación con otros ámbitos geográficos, las investigaciones y reflexiones teóricas acerca de la divulgación de la Ciencia en España han experimentado un considerable crecimiento en los últimos años, reflejo de la importancia e interés concedido a la misma. b) La investigación es impulsada fundamentalmente desde el ámbito universitario y por parte de los centros de investigación. c) La mayor parte de las investigaciones teóricas sobre divulgación de la Ciencia están relacionadas con el periodismo científico y los medios de comunicación y en menor medida con la alfabetización científica y la Lingüística, destacando entre las disciplinas científicas la Medicina, el Medio Ambiente y la Arqueología; y d) llama la atención el escaso peso de los científicos y de los museos, en tanto que los principales agentes vinculados con la actividad científica y los principales ámbitos responsables de hacer llegar la Ciencia a la sociedad en un contexto de enseñanza no reglada, respectivamente, así como el reducido número de disciplinas vinculadas con la divulgación de la Ciencia que se han identificado. En relación con estas conclusiones y con todos los aspectos mencionados a lo largo del trabajo, se pueden esbozar algunos de los retos futuros que se deberían acometer en relación con la divulgación de la Ciencia, que pasan por una mayor implicación en el desarrollo teórico sobre la misma de todas las disciplinas y áreas del conocimiento, rompiendo la tradicional división bipolar entre disciplinas más o menos popularizables y entre Ciencias y Humanidades (Elías, 2002b; Pérez Cobo, 2002); también de los museos de Ciencia, en tanto que espacios divulgativos por excelencia en nuestra sociedad (Aguirre Pérez y Vázquez Moliní, 2004); y finalmente, de los propios científicos, que deben asumir un mayor protagonismo, que no pasa necesariamente por ejercer el papel de "divulgadores" activos, pero sí por informar y poner a disposición de los periodistas y otros colectivos sus conocimientos, teorías y descubrimientos (Calvo Hernando, 2002). Asimismo, resulta fundamental una mayor potenciación de la alfabetización científica en el ámbito educativo, ya que la actitud e interés por la Ciencia se configura en gran medida durante las etapas de formación primaria y secundaria (Blanco López, 2004). Otros aspectos sobre los que debería incidir son el análisis preciso de las características del tipo de público al que van destinadas las prácticas divulgativas y la forma en la que los mensajes informativos que se originan a través de la divulgación científica llegan a los destinatarios (Borsese, 1999). Finalmente, no se puede olvidar el papel de Internet, hoy en día el principal medio de comunicación global y un canal idóneo para la práctica de la divulgación científica por las múltiples posibilidades que ofrece, debiéndose profundizar en el estudio acerca de cómo se ejerce la divulgación en este medio por parte de las instituciones tradicionalmente vinculadas a la prácticas divulgativas, como universidades o museos, así como analizar el desarrollo de nuevas iniciativas divulgativas, como los museos digitales (Meso Ayerdi y Díaz Noci, 2002).
RESUMEN: La presente reflexión pretende ser un acercamiento plausible al concepto de consciencia y propone una explicación a su surgimiento. Varias de las aportaciones que diversos autores han hecho a la ciencia y que conforman el paradigma de la complejidad, como son los conceptos de sistema, autopoiesis, emergencia, cibernética de primer y segundo orden o estado crítico; junto con otros de naturaleza matemática como las variedades topológicas n-dimensionales y aun otros procedentes de la biología como redes neuronales, capas corticales o distribución columnar de la neocorteza, se pueden integrar en un constructo, que consideramos epistemológicamente sólido, que podría dar una respuesta a cuestiones como la emergencia de la consciencia humana y también, probablemente, social. Complejidad, consciencia, emergencia, dimensión, neocórtex. UNA INTRODUCCIÓN: DEL SISTEMA A LA EMERGENCIA DE LA AUTOPOIESIS La teoría de sistemas que desarrolla Von Bertalanffy en el año 1940 como una reflexión sobre la biología se expande en las más variadas direcciones y va a poner en una situación crítica los principios del conexionismo reduccionista. Este concepto, que ha dado lugar a numerosas definiciones, como las recogidas por Nemiche (2004: 10), incluye tanto a los sistemas abiertos como cerrados, todos los elementos constituyentes del mundo forman un conjunto interrelacionado de partes que integran un todo organizado. Los organismos vivos, las galaxias, los átomos, los ecosistemas... se pueden entender como un conjunto de elemen-tos constituidos en una autoorganización que posibilita la existencia del sistema (Bertalanffy, 1976). Se podría hablar de tres características estructurales básicas de todo sistema: uno, los elementos que lo componen, dos, las relaciones entre esos elementos, y tres, los límites del propio sistema que determinan que elementos pertenecen al mismo y cuáles no (Martínez y Requena, 1986: 58). Mientras que los sistemas cerrados presentan unos límites muy claros que actúan como fronteras impidiendo la interacción con cualquier elemento ajeno a sí mismo, la naturaleza de los sistemas considerados abiertos posibilita la interacción y relación con elementos ajenos. Los referidos sistemas abiertos provienen originariamente del campo de la Termodinámica, como necesidad teórica para permitir circunscribir mediante realimentación negativa el campo de aplicación del segundo principio, que requiere la noción de sistema cerrado. A partir de la definición anterior fue posible considerar cierto número de sistemas, sobre todo los vivos, como sistemas cuya estructura y existencia dependen de un aporte exterior y no sólo material-energético, sino también organizativo y de información. Esto estableció un puente entre la termodinámica y la ciencia de lo vivo que permitió a Maturana y Varela (1996: 40), en relación con los sistemas vivos, definir conceptos como organización, patrón y autopoiesis, conceptos que han significado un importante salto cualitativo en la forma de entender los fenómenos como sistemas complejos. De la teoría sistémica se derivan los conceptos de emergencia y de límite o frontera. Todo sistema a partir de su propia estructura organizativa, desarrolla un conjunto de propiedades que no es posible explicar a partir del análisis aislado de las partes que lo forman y que se denominan emergencias. Esa misma estructura organizativa posibilita el desarrollo de determinadas propiedades que constituyen los límites o fronteras del sistema. La configuración de las relaciones entre los componentes del sistema determina las propias características esenciales, lo que Maturana y Varela (1996: 42) denominan patrón de organización. En el caso de los sistemas vivos este patrón comporta la existencia de la autopoiesis como una emergencia. Autopoiesis como capacidad del sistema para mantenerse o producirse a sí mismo a partir de una relación dialógica con el medio. CIBERNÉTICA Y HOLÍSTICA: PROCESOS DE REALIMENTACIÓN La palabra Cibernética, según el Diccionario de la Real Academia (2001: 370), deriva del griego "Kybernetes", aparece por primera vez con Platón, y fue usada en el siglo XIX por André Marie Ampere para referirse a los modos de gobierno, pero es Wiener (1948) quien acuña el término "cibernética" para dar nacimiento a la ciencia del control y la comunicación en el animal y la máquina. Los trabajos en este campo se remontan a los años cuarenta del siglo XX, a los estudios sobre retroalimentación y causalidad circular desarrollados por Von Neuman y Wiener (Heims, 1987). Preocupados por la cantidad de información codificada como una señal que podía pasar por un canal, Wiener y Shanon comenzarán a trabajar en el campo de la teoría de la información. La profundización en estos estudios por parte de McCulloch y Ashby (Blanco, 2005) cristalizará en una propuesta integradora, la cibernética del cerebro, en la que se aplicarán los modelos de la teoría de la información a la cognición humana. En este grupo se encontraban científicos de diferentes campos (matemáticos, ingenieros, neurocientíficos, científicos sociales) y además de los cinco apuntados anteriormente también formaban parte de dicho grupo Gregory Bateson y Heinz Von Foerster (Bonil, 2003: 92-95). Wiener y Bateson se dedicaron a buscar siempre el patrón común que está detrás de los fenómenos vivos, describiéndolos holísticamente. La consideración de la red como patrón organizativo de los sistemas es el punto de partida de las aportaciones de la cibernética y la teoría de la información a los estudios de los sistemas vivos. A lo largo de los años sesenta, Bateson desarrolló un concepto de mente como fenómeno sistémico, mientras que Neumann creó el primer modelo de ordenador digital. A partir las diversas teorías desarrolladas por los autores citados en los párrafos anteriores se puede entender cualquier sistema como una red no lineal donde la información circula a través de sus mallas, pudiendo formar ciclos. Estos bucles tienen efectos de autorregulación del propio sistema. Los bucles de realimentación se pueden entender como disposiciones circulares de elementos que están conectados causalmente, de manera que una fluctuación inicial circula por todas las mallas en una cadena continua de multicausas y multiefectos que a la vez son causas de efectos posteriores, llegando a realimentar al nódulo inicial, haciéndolo causa de sí mismo, como se puede ver en la figura 1. Matemáticamente un bucle de realimentación corresponde a un proceso iterativo, que consiste en una función que opera reiteradamente sobre sí misma. Los estudios de funciones iterativas permiten profundizar en la comprensión de los bucles retroactivos o recursivos. Los fenómenos de recursividad pueden tener una perspectiva negativa o positiva. Un bucle recursivo positivo tiende a aumentar el efecto de la fluctuación inicial, mientras que un bucle recursivo negativo tiende a minimizarla. Wiener (1956) enfatizó la importancia de la retroalimentación como modelo no sólo de los organismos vivos, sino también para explicar el comportamiento de los sistemas sociales. En un sistema vivo la autoorganización es un elemento fundamental, ya que la evolución del propio sistema parte de procesos autoorganizativos que son generados a partir de retroacciones entre los elementos que forman el sistema y entre el propio sistema y el medio (Johnson, 2003: 67). En la actualidad se considera que detrás de los procesos de autoorganización hay un gran potencial creativo, puesto que, como se ha visto, un bucle recursivo puede llevar a la aparición espontánea de nuevas estructuras y de nuevos comportamientos. Concluyendo con las palabras de Bonil puede decirse que: "nos encontramos delante de unos modelos explicativos de procesos donde confluyen multitud de causas y efectos en relaciones retroactivas que generan procesos autoorganizadores que permiten explicar la evolución de los sistemas vivos en términos de diálogo entre linealidad y no linealidad a partir de la circulación de la información". EL AZAR O LA IMPOSICIÓN SISTÉMICA Entre las diferentes disciplinas que se han ocupado del estudio del azar y la indeterminación destaca el impacto que ha tenido la teoría cuántica en el campo de la física y el estudio de los sistemas dinámicos en el campo de las Matemáticas. La Interpretación de Copenhague u ortodoxa de la teoría cuántica, expuesta por Bohr en la capital danesa en el transcurso de una serie de conferencias durante la década de los 20 del pasado siglo, consiste en entender que las entidades subatómicas, como por ejemplo los electrones, no poseen existencia real; existen en un espacio probabilístico de muchos estados superpuestos posibles que finalmente son forzados a un estado único por el acto de la observación. Los electrones y los fotones se pueden encontrar como ondas o partículas, según la forma en que se observen experimentalmente (Horgan, 1998). Esto integra al azar en el campo de la física. En este sentido Prigogine (1997) destaca el papel esencial de la probabilidad y el nuevo significado del azar que invalida en una amplia gama de fenómenos las predicciones de los esquemas deterministas. Al mismo tiempo que la Física se abría a lo complejo a través de la teoría cuántica, en el campo de las matemáticas se estaba desarrollando la teoría de los sistemas dinámicos como un conjunto de conocimientos generados a partir de las investigaciones en los campos de las iteraciones, la geometría fractal, la topología y la teoría del caos. Finalmente, no se puede hablar de azar, al menos en los sistemas biológicos, sin hacer referencia al pensamiento del biólogo Monod (1989). En su obra los términos azar y necesidad aparecen como emergencia, ya tratada anteriormente, y teleonomía, respectivamente. Contempla la emergencia como la propiedad de reproducir y multiplicar estructuras ordenadas muy complejas, y de permitir la creación evolutiva de estructuras de complejidad creciente. Por su parte, la teleonomía da respuesta a la finalidad de la estructuración, organización y condiciones del ser vivo, a la supervivencia del individuo y de la especie. EL CONCEPTO DE IRREVERSIBILIDAD Autores como Gell-Mann (1995), Lewin (1995) o Prigogine (1997) han incorporado los estudios sobre irreversibiliad a sus propios modelos explicativos de los seres vivos desde una perspectiva de la complejidad. Desde el campo de la Termodinámica surge la entropía como un parámetro fundamental en el estudio de los procesos de regulación de los sistemas vivos. Este término hace referencia a una función de estado "S" que caracteriza el estado de "desorden" de un sistema. Este concepto amplió su influencia más allá de la Física y así en la Teoría de la comunicación mide la incertidumbre de la naturaleza de un mensaje dado a partir de la que le antecede. Entropía no es un concepto absoluto ya que mide variación entre dos estados diferentes de un sistema. Durante la evolución de un sistema aislado, su entropía aumenta excepto en sistemas autoorganizados o autopoiéticos, con propiedades autoconstructivas como en los seres vivos (Maturana y Varela, 1980: 24). Para realizar los procesos reguladores, los sistemas vivos aparecen como espacios de diálogo constante entre estructura y componentes, flujo constante de materia y energía y funciones específicas. La intensidad de las fluctuaciones puede producir aumentos de entropía que al llevar al sistema a un alto grado de desorden pueden hacerlo derivar en una estructura disipativa (Prigogine, 1997), una situación límite (Gell-Mann, 1995) o acercarlo al límite del caos (Lewin, 1995), tres conceptos que tienen un significado equivalente y sirven para expresar el momento en el que el sistema llega a un estado crítico. El aumento de entropía hace que el proceso tenga carácter de irreversible. Este aspecto hace imposible que el sistema retorne a un estado anterior y orienta su evolución cara al futuro, tomando fuerza la idea de indeterminación. Las perspectivas anteriores logran traspasar sus dominios disciplinares y desarrollan un entramado teórico altamente plástico que permite transversalizar las ciencias, ir y venir desde las ciencias físicas hasta las ciencias humanas o sociales. El paradigma de la complejidad estudia cómo desde la materia inerte hasta la materia viva y hasta lo social, se efectúa una transferencia que pretende alcanzar cierto orden aumentando su complejidad. Lo vivo y lo social tienen en común que son sistemas abiertos y complejos. En este punto y tratando la transversalización de la ciencia y entre sistemas es necesario hacer referencia a la teoría que subyace en toda la obra de Luhmann y al tratamiento que hace de la complejidad. Inicialmente la complejidad aparecía como el conjunto de posibilidades de encontrar un patrón o un sentido en un conjunto de vivencias o acciones. Posteriormente el referente pasó de ser el individuo a ser el sistema y las posibles selecciones que puede efectuar ante un conjunto de posibilidades. La complejidad obliga a una toma de decisiones, no sobre todas las posibilidades existentes (inasibles a un observador) sino a las que puede hacer frente el foco del observador. Para Luhmann (1998) la complejidad es una cualidad que se da en la relación observador-observado, además existe circularidad entre la forma en que se define complejidad y la actividad autopoiética del sistema desde el que se hace la selección y consecuentemente desde donde se definen los límites de los complejo que queda "al otro lado". La complejidad se construye circularmente, autorreferencialmente, pues es este proceso autorreferencial el que permite establecer el gradiente de complejidad. Conforme al pensamiento de Morin (1996) neo; desde la perspectiva de sus componentes, los sistemas son múltiples, diversos y poco homogéneos. No debemos caer en el reduccionismo del todo a las partes, ni de las partes al todo, ni de lo uno a lo múltiple, ni de lo múltiple a lo uno, sino que es preciso contemplar todas estas posibilidades en relación complementaria y antagonista. Esta visión ecosistémica de interrelación e interdependencia mutua sitúa también al sujeto dentro de esta realidad de imbricaciones como sistema que percibe a otros sistemas, pero que a la vez es percibido y concebido por éstos. Von Foerster (1991) al referirse a la cibernética de segundo orden pretendía superar visiones reduccionistas y simplificadoras que aislaban al sujeto de su objeto de conocimiento, creyendo que de esta forma se garantizaba la objetividad de la ciencia. Von Foerster entendía que no existen ecosistemas sin sujetos, el sujeto que investiga forma parte de su propia investigación desde un proceso cibernético de segundo orden. UNA BREVE ACERCAMIENTO TANGENCIAL A LA GEOMETRÍA Y LA TOPOLOGÍA Echemos mano de la abstracción matemática imaginando un mundo plano. Entenderemos como tal un espacio bidimensional formado por infinidad de puntos definidos por duplas de valores, uno para cada dimensión de las que componen ese mundo. Los objetos que ocupan ese espacio estarán sujetos a la naturaleza impuesta por las dos dimensiones y cualquier observador perteneciente a ese mundo estaría también constreñido por el propio contexto del que forma parte, estaría sometido a la circularidad de los bucles relacionales que se pudieran establecer entre los elementos que conformaran ese mundo plano. Estaría atrapado dentro de un proceso cibernético de segundo orden. ¿Cómo podría un sujeto bidimensional ser observador de su mundo? Saliendo del mismo gracias a la emergencia de una nueva dimensión, es decir convirtiéndose en un observador de tres dimensiones. Pero podría darse el caso de que exista un mundo de tres dimensiones espaciales, como el nuestro, en el que ciertas estructuras se comporten como mundos planos, estructuras funcionalmente bidimensionales en un mundo tridimensional. A modo de ejemplo podríamos citar la superficie de nuestro propio planeta proyectada en un mapamundi, en un plano. Lo que se pueda representar en una superficie plana será de naturaleza bidimensional y si sus elementos constitutivos son de naturaleza autopoiética estarán siempre dentro de un proceso cibernético de segundo orden. Dejémoslo por ahora ahí. Siguiendo la argumentación que hace Koch (2005: 38-39), podríamos establecer la consciencia como el nexo de unión entre mente y cuerpo que se materializa en la experiencia subjetiva y que no es exclusiva de los seres humanos. Una definición un tanto difusa pero que nos sirve como punto de partida. De acuerdo con el citado autor entendemos que para que las criaturas biológicas, autoorganizativas, experimenten algo, es necesaria y suficiente la actividad cerebral, sin otro aditamento. Centrémonos ahora en la actividad cerebral del ser humano, o más específicamente en la organización o estructura que propicia dicha actividad. En los manuales de Neurociencia a menudo se habla de circuitos nerviosos o neuronales como conjunción de agrupaciones neuronales, con características funcionales diferentes, que realizan funciones mucho más complejas que las que podrían realizar un tipo único de neurona (Delgado, Ferrús, Mora y Rubia. El cerebro se nos presenta como una estructura reticular o entramado de células cuya misión es la transmisión de estímulos mediante la comunicación entre ellas (Portellano, 2005). No obstante, tanto circuitos como redes pueden ser representados en planos, son variedades bidimensionales. La consciencia humana tiene como soporte las redes neuronales anteriormente aludidas, pero para emerger tiene que trascender esa bidimensionalidad de la red y adquirir otra nueva dimensión, ha de modificar la estructura reticular para alcanzar esa tercera dimensión que permita reconocerse como individuo. LA ESTRUCTURA COLUMNAR DEL NEOCÓRTEX Las tinciones argénticas muestran que el neocórtex o isocórtex, la estructura filogenéticamente más reciente del cerebro humano, está constituido por seis capas celulares, criterio citoarquitectónico que ha servido, entre otros, para establecer tres clases: córtex agranular, córtex hipergranular (áreas sensitivas y sensoriales) y córtex laminar (áreas asociativas). Arteaga y Pimienta ( 2004) hablan de organización horizontal y vertical de la corteza cerebral. Mientras que el patrón de organización horizontal se refiere a la disposición en capas paralelas a la superficie cortical, el patrón vertical describe agrupamientos celulares, ortogonales a la superficie, que han recibido el nombre de columnas. Mountcastle (2003) estableció la unidad básica de la operación cortical en la minicolumna, una estructura vertical de entre ochenta y cien neuronas distribuidas a lo largo de todas las capas corticales a excepción de la primera y conteniendo todos los tipos de células de la corteza, constituyendo unidades de procesamiento complejo. UNA CONJETURA UNIFICANDO LO ANTERIOR El elemento humano participa en tres sistemas diferentes y autoorganizados como son el sistema biológico, el sistema de conocimiento o cognitivo y el sistema social. Esta triple pertenencia provoca una extremada complejidad y se concreta como representación de la máquina no trivial por excelencia (Von Foerster, 1991). Según este autor existen cuatro grandes tipos de sistemas: las máquinas, los organismos, los sistemas psíquicos y los sistemas sociales. Sólo tres de ellos son autopoiéticos: organismos vivos, sistemas psíquicos y sistemas sociales (véase figura 2) y sólo los dos últimos pueden ser comprendidos y a su vez comprender (Luhmann, 1991). Complejidad, sistema, autopoiesis, emergencia, cibernética de primer y segundo orden, azar, estados críticos, variedades topológicas y organización neuronal son conceptos que interpretamos como indicios y que nos animan a formular en cinco pasos una, en primera instancia, conjetura sobre la emergencia de la consciencia que habrá de someterse a profundas investigaciones y concienzudos contrastes. 1.o El ser humano participa de tres sistemas autopoiéticos, dos intrínsecos y uno extrínseco. 2.o El primer sistema es de naturaleza biológica y su emergencia es la vida. Sus elementos constitutivos (células) establecen relaciones entre ellos, cada vez más complejas. El mayor grado de complejidad aparece en las células que componen el cerebro, pero la estructura que conforman, excepto en la neocorteza, es una variedad bidimensional. Puede ser representada en un plano. 3.o Cuando la complejidad de un sistema autopoiético llega a un estado crítico emerge una nueva dimensión. La red neuronal humana como variedad bidimensional llega a su estado crítico en la neocorteza, emergiendo, gracias a su disposición columnar, una nueva dimensión (variedad tridimensional) y con ella la consciencia, que todavía forma parte del primer sistema autopoiético humano. 4.o El segundo sistema es de naturaleza simbólica y su emergencia es el pensamiento. La variedad tridimensional del cerebro humano alcanza su estado crítico y emerge una nueva variedad con una cuarta dimensión: el lenguaje. 5.o El tercer sistema autopoiético, extrínseco, es de naturaleza comunicativa y su emergencia es la sociedad. El ser humano como elemento-sustrato de este tercer sistema está sujeto a participar siempre en procesos cibernéticos de segundo orden y en su naturaleza no figura la posibilidad de acceder a una nueva variedad pentadimensional. Dicha posibilidad sólo la alcanzará la sociedad cuando llegue a su estado crítico. Se asume la relación como una situación que se da entre elementos físicos, cognitivos o sociales cuando por alguna circunstancia están unidos de manera real o imaginaria, es decir, cuando el sujeto es capaz de identificar límites comunes entre dichos elementos. El sujeto humano puede percibir otro elemento cuando identifica sus límites. Puede percibir varios elementos cuando discrimina unos de otros. La facultad de identificar relaciones entre elementos le permite distinguir elementos de elementos, es decir, conjuntos, es decir, estructuras. En el caso de no existir una unidad de propósito en la estructura, ésta sólo se limitaría al hecho de ser. La estructura es, no evoluciona, es forma en el espacio. La estructura temporal, que evoluciona y de esta manera crea el tiempo, deviene en sistema. Sistema compuesto de elementos y relaciones entre elementos, relaciones posibles y probables que hacen que la entropía aumente, que el desorden aumente a lo largo de la evolución del sistema y lleguen a estados críticos, excepto en los sistemas que se autocontruyen, autorreparan y convierten ese punto crítco en una nueva dimensión, como los sistemas vivos. Al detenerse en los sistemas vivos, se constata que existe, al menos, un metasistema: el ser humano. El sujeto humano identifica sus límites y toma autoconciencia de sí, y al mismo tiempo de los otros que son como él. Por una parte se siente sistema individual y por otra se sabe parte de otro un nivel más allá, formado por elementos de su misma naturaleza: el sistema social. Conciencia de sí, es decir realimentación o autorreferencia, concepto clave y pilar de la cibernética, pirueta de la naturaleza que propicia la existencia de la autopoiesis, que es decir tanto como la posibilidad de generar sistemas y regenerar el propio sistema, de modificar en cierta medida su propio proceso entrópico, de propiciar una vida que mantiene la entropía en un tiempo lento. Elemento humano, sistema humano, metasistema humano. Tres sistemas diferenciados que interactúan y emergen en un elemento-sistema consciente de su existencia y de la existencia de elementos-sistemas de su misma naturaleza. Un sistema biológico que se desarrolla según su constitución física y los procesos inherentes al propio sistema.Un sistema cognitivo que se desarrolla sobre estructuras simbólicas formales o pseudoformales y que necesita del soporte sistémico de nivel inferior, de sus dimensiones. Un sistema social del que forma parte como elemento. Del proceso de desarrollo de cada uno de los sistemas "humanos" retorna, resulta o emerge una característica propia (unidad de propósito) e inherente a cada uno de ellos y que se concreta en la vida para el sistema biológico y el pensamiento en el sistema cognitivo. El individuo humano como elemento constitutivo del sistema social no tiene capacidad para aprehender la emergencia de dicho sistema, ya que ésta se sitúa un nivel por encima del cognitivo del individuo humano. Desde la naturaleza cognitiva sólo podemos conocer los elementos y las relaciones que constituyen el sistema social y que se concretan en individuos humanos y relaciones de comunicación, podemos conocer el nombre: cultura, pero no su esencia.
En su obra The place of science in modern civilization (1906) 1, Thorstein Veblen propuso que la ciencia era el producto no buscado de una sociedad tecnológica, la curiosidad ociosa o idle curiosity de la civilización moderna. Influido en parte por el concepto de ideología de Marx, Veblen veía la ciencia como la ideología de la sociedad maquinista y como tal, sólo por azar tenía el conocimiento científico alguna utilidad práctica, aunque viniera expresado en un lenguaje pragmático semejante al de los ingenieros. El corolario inmediato de esta propuesta es que la ciencia no contribuye al crecimiento económico ni al desarrollo de las sociedades idea que, cuando los sistemas educativos contemporáneos han sido conformados por las teorías beckerianas del Capital Humano o cuando los asesores en ciencia y tecnología duermen confiados con Etzkowitz y Leydesdorff (1997) y con Gibbons et al. (1994) como libros de cabecera, no parece haber tenido mucho éxito. Sin embargo, el atractivo argumento de Science in the Modern World Polity de Drori, Meyer, Ramírez y Schofer es muy semejante al vebleniano: la razón del ascendiente de la ciencia sobre el mundo contemporáneo no es su utilidad práctica inmediata sino su autoridad cultural. A diferencia de Veblen y algo más cercanos al Weber de la teoría de la racionalización social, los autores sí encuentran ese ascendiente y, por tanto, una influencia práctica de la ciencia en la racionalización de las políticas de los Estados-Nación. Por otro lado, no obstante, se esfuerzan en subrayar la escasa influencia de esa ciencia en el desarrollo y el crecimiento económicos tanto como lo que llaman desacoplamiento (decoupling o loosely coupling) entre la institucionalización científica y sus prácticas, la falta de relación entre el discurso y su puesta en práctica. En un libro cuyo interés central es la globalización, esa influencia se describe como derramándose desde las naciones "centrales" a las naciones "periféricas". El beneficio práctico de la ciencia sería la integración social y los autores, aunque rechazan explícitamente el Funcionalismo representado por este término, lo abrazan a menudo implícitamente en el texto: "Enfrentados con esta situación [las expectativas de acción racionalmente justificadas], se dan fuertes presiones a la cientización, menos por ser instrumentalmente valiosas para los actores concretos que por ser validación de la propia cualidad de actor. La altamente institucional u ontológica (o expresiva) función de la ciencia deviene abrumadoramente importante en el sistema actorcéntrico moderno" (página 34). La racionalidad sería hoy la base de la cualidad de actor, término con que vierto actorhood y que organiza la explicación de los autores 2. En la globalización, en resumen, la ciencia se presenta como la institución normativa central, el modelo y el ápice de la racionalización social difundida desde Occidente por las organizaciones internacionales: "Tiene sentido no ver la ciencia como un conocimiento eficientemente instrumental tanto como un entramado cultural que subyace y soporta el proyecto moderno de un individuo humano competente en una sociedad racional y de un entorno domesticado en el que este actor apoderado [empowered] actúa legítimamente. Tiene sentido, dicho de otro modo, ver la ciencia como parte de la cosmología que subyace a las instrumentalidades modernas, más que ver a la propia ciencia como un instrumento" (p. Argumento vebleniano, otra vez, para el que la ciencia se presenta así como una religión secular, un "dosel cultural" o sacred canopy bajo el que se cobijaría el actor racional: "El primer problema de cualquier actor legítimo moderno es crear y mantener la propia cualidad de actor (no conducirse racional y efectivamente)" (p. Definida RESEÑAS así, esta ciencia qua institución normativa tendría una influencia capital y un efecto independiente en la globalización y en la manera en que ésta conforma los Estados-Nación actuales, sus políticas y sus organizaciones. Esta tesis de aire vebleniano está respaldada en la obra por una excelente investigación empírica. Acostumbrado al descuido habitual de los estudios de ciencia el lector agradecerá el aire fresco -aunque algo seco-de un trabajo preparado para ser falsado, con su elaboración teórica, su juego explícito de hipótesis, su descripción detallada de los datos y los métodos empleados, su consiguiente comprobación empírica y su discusión final, trabajo del que el capítulo sexto es un ejemplo sobresaliente. Cada uno de los capítulos del libro se ocupa de los diferentes aspectos del argumento: la expansión en el número de las organizaciones internacionales dedicadas a difundir la cultura científica y de las asociaciones de científicos, el crecimiento en el número de países con ministerios dedicados a la investigación, el isomorfismo tanto en los curricula académicos y en los libros de texto como en la participación de la mujer en las profesiones investigadoras y también en la difusión de los diferentes campos científicos, y, por último, la estandarización general de las prácticas de los gobiernos y particular de la definición de campos como el medio ambiente o la democratización. Uno de los capítulos centrales, el décimo, publicado antes en American Sociological Review, se ocupa de la mencionada falta de efecto de la investigación científica y técnica en el desarrollo económico de los países. El capítulo séptimo había expuesto ya la perplejidad ante un resultado semejante, la escasa relación entre la creación de los organismos científicos que recomiendan las organizaciones internacionales y la falta de desarrollo a menudo, en la práctica, de las actividades que formalmente apadrinan. Un problema que ya había adelantado Finnemore, a quien citan profusamente, en dos trabajos anteriores (1991,1996). Los autores lo explican por el mencionado desacoplamiento de las prácticas y por la negativa influencia de algunas ciencias más relacionadas con las sociedades opulentas y que, como la medicina o la ecología, frenarían el crecimiento económico. Estos argumentos, no respaldados en absoluto por la rica evidencia que proponen parecen antes explicaciones ad hoc para aliviar esa perplejidad de los autores que el resultado esperado de su investigación: como propondré un poco más adelante, ésta es la principal debilidad de su trabajo. Pero es el descuido en la elaboración teórica lo que debilita el argumento. La idea de la ciencia como institución normativa que se difunde desde los países centrales convierte este trabajo, como el Neoinstitucionalismo de Meyer, en una reedición acrítica del Funcionalismo y de un Difusionismo naïve. Del Funcionalismo hereda el problema de las explicaciones que deben ser a su vez explicadas. Así, el desacoplamiento de las normas y su aplicación, entre lo que se dice y se hace, exige explicar por qué hay acoplamiento en algunas ocasiones y por qué no en otras, como exige explicar por qué el investigador espera que se produzca. El problema del Difusionismo es semejante, como se mostró en la antropología social clásica, porque exige aclarar por qué un comportamiento, una institución o una tecnología se difunde en una sociedades y por qué no en otras: al hacer esa aclaración el investigador descubre, muy a menudo, que tanto la difusión de un rasgo cultural como las diferencias en esa difusión dependen la forma de esas sociedades "influidas", de sus demandas y de las condiciones en que las innovaciones se reciben. Y con ello la explicación resulta ser no tanto el mecanismo de difusión o la fuerza moral o intelectual de lo difundido como las necesidades de las poblaciones receptoras. El problema aún es un poco más profundo y está en el argumento. Su propuesta central es rara: la ciencia representaría la racionalización social y la produciría a su vez; la difusión de las prácticas científicas en otras sociedades producirían en sus individuos y organizaciones aquella cualidad del actor racional (rational actorhood) que define la racionalización social moderna. Sin embargo, como vimos, los autores nos advierten de que el principal problema del actor legítimo es el de crear y mantener su propia cualidad de actor y, subrayo yo, "no el actuar racional y efectivamente". Según parece, para alcanzar la cualidad de actor racional la acción racional no es la primera condición, sustituida por alguna clase de asunción irracional y quizá trascendente. La racionalidad a través de la no-racionalidad. No se trata de un desliz de la página 35, ya que se insiste en el argumento en otras partes del texto. En particular, es el respaldo de la idea del "acoplamiento suelto" o del "desacoplamiento" de los discursos y las prácticas según la cual algunos gobiernos de países en desarrollo crean los organismos científicos que les han sugerido la OCDE o la UNESCO, pero no producen ciencia. O no la ciencia que se les demanda, como la investigación industrial o la innovación tecnológica de la Cataluña de su primer ejemplo, que toman de Bellavista y Renobell (1998). El resto de sus ejemplos son semejantes, cuando los que describe Finnemore en su investigación paralela hubieran sido más ilustrativos (1996): en su trabajo, Martha Finnemore recuerda cómo en algunos países el número de funcionarios en las burocracias científicas es mayor que el número de científicos en activo; como en el caso concreto de Su-RESEÑAS dán, donde los funcionarios de la UNESCO tuvieron dificultades para encontrar científicos capaces de escribir los proyectos de nuevos centros de investigación, "(...) por no hablar de dotarlos de personal una vez creados" (Finnemore 1996, 64). Si en lugar de loosely coupling hablamos por ejemplo de cinismo de las élites locales frente a las propuestas de la UNESCO o del Banco Mundial comprenderíamos que la racionalidad de estos actores es de otra clase. Drori, Meyer, Ramírez y Schofer rechazan explicaciones sencillas como la imitación o la presión política y enfatizan, frente al buen criterio de la navaja de Occam, "(...) los procesos ritualísticos normativos de creación de identidad que son interpretados por entidades estados-nación orientadas al progreso" (p. 157); cuando, sin embargo, habían presentado evidencia de que los países en desarrollo son "más sensibles a las 'modas mundiales'" (p. El juego de indicadores con que se operativiza es suficiente para demostrar, incluso de forma brillante, la influencia de la esfera política mundial en las decisiones de los Estados de crear burocracias científicas: el aumento en el número de países con organizaciones de investigación o con ministerios de ciencia, el incremento del número de las organizaciones intergubernamentales o internacionales no-gubernamentales o el aumento del número de organizaciones internacionales de educación científica (p. 3) bastan incluso para demostrar el aumento del interés de algunos gobiernos por producir ciencia y tecnología, alentados quizá por la creencia de que ésta produce desarrollo (y de otros por las presiones del Banco Mundial). Pero no es suficiente para demostrar la versión grandilocuente del argumento, que la autoridad de la ciencia produzca racionalización social y se convierta por ello en el corazón normativo de la globalización. La creación de ministerios de ciencia no implica racionalización y, desde luego, no produce racionalización. El aumento de los miembros de una asociación científica puede ser indicador de un aumento de esa racionalización, pero no se explica por la propia creación de la asociación: quizá los autores confunden instituciones con organizaciones. De la misma forma los resultados de su capítulo décimo demuestran antes el sencillo argumento vebleniano de la ciencia como subproducto de una determinada sociedad que el que ellos proponen de una influencia normativa, asumida además de forma irracional: el volumen de la producción científica no influye en el crecimiento económico -ni aun haciendo la injustificada separación entre ciencia aplicada y ciencia no-aplicada-a pesar de que la producción científica y técnica de los países se correlaciona estrictamente con su nivel de desarrollo 3. Quizá los problemas de su argumentación procedan de su desconocimiento o su ignorancia de algunos clásicos de la disciplina, o de algunas de sus discusiones clásicas. Así, por ejemplo, Veblen no es citado en ningún momento pese a ser, además, el padre de una de las versiones del institucionalismo con más reconocimiento contemporáneo. De Weber se menciona en una página del capítulo de conclusiones su idea del desencantamiento del mundo, pero no se discute la tesis del aumento de la racionalización social (que en Weber implica algo más que el aumento de la autoridad de la ciencia) más coherente con las operativizaciones de los autores. De Merton, tras haberlo rechazado en la introducción (p. 7), se recoge la muy discutida teoría de los CUDEOS, cuando una buena elaboración de su weberiana Science, Technology and Society in Seventeenth Century England hubiera sido más interesante para el argumento. Pero es que ni Meyer ni Ramírez, los profesores que animan este volumen pluridisciplinar son especialistas en Sociología de la Ciencia, ni siquiera de ese campo más extenso y lábil que agrupa los llamados Estudios Sociales de la Ciencia. Ni lo son sus alumnos, de los que sólo Drori y Schofer firman como autores en la portada. Sus especialidades son las Relaciones Internacionales y los Estudios sobre Educación y su punto de vista es ese Neoinstitucionalismo apadrinado por Meyer desde Stanford, corriente que hasta ahora apenas había entrado en el área de los estudios de ciencia. Esto explicaría también su acercamiento superficial a las discusiones posteriores a los años 1970, su mal uso de la literatura y su ignorancia de algunos de sus argumentos. Ignorancia por la que, por ejemplo, hacen a Mulkay representante del Programa Fuerte y toman éste como un ataque a la ciencia (lo que revela que no han leído los trabajos de uno y de otro). Desconocimiento por el que a renglón seguido abrazan el Constructivismo bergeriano. Ignorancia por la que rechazan aquellos trabajos del Programa Fuerte o escriben que no les interesan los "compromisos" que muestran Crane, Latour o Callon entre las posturas extremas (p.15), pero definen la ciencia como "(...) lo que ocurre en las principales instalaciones de investigación (...) pobladas por investigadores doctorales (...)" (p. 5) o la operativizan como "(...) las actividades que las organizaciones relevantes y los patrones de discurso toman por ciencia" (íd.). El trabajo seguiría siendo una muestra excelente de investigación en el campo de las relaciones internacionales o sobre la influencia de las organizaciones científicas sobre el proceso de globalización, su primer propósito, si renunciara a su ambición teórica excesiva o a la tentación de sobreinterpretar sus resultados y su material empírico, por lo demás, excelente. En opinión de quien escribe, los autores no cumplen con su promesa: "Nuestro estudio no da por descontada la dada-por-descontada autoridad de la ciencia, sino que la RESEÑAS trata como el fenómeno central que ha de ser examinado y explicado" (p. Por eso, y puesto que la mayor parte de los errores que he glosado están en la Introducción y en las contradicciones entre esa Introducción y el resto de los capítulos, recomiendo al lector que evite esas primeras veinte páginas (así como el perfectamente superfluo capítulo segundo) y disfrute de una buena investigación corriente. El libro, que ha recibido la mención honorífica del premio Barrington Moore de la American Sociological Association, ha sido publicado en castellano por la editorial Pomares en 2006. En 1904 la radioactividad (el autor utiliza y justifica su opción por radiactividad) hace su entrada triunfal en la ciencia. Rutherford y Soddy ven triunfar su hipótesis de la desintegración radioactiva y Becquerel y el matrimonio Curie obtienen el Premio Nobel de Química. Ese mismo año, un profesor español, José Muñoz del Castillo, funda en España el primer laboratorio dedicado a la radioactividad que contó con grandes ayudas y el beneplácito oficial. Frente a este apoyo, el laboratorio no gozó del reconocimiento de la comunidad científica de su época, dado que sus planteamientos chocaron con el paradigma dominante. Historiar la radiactividad es tarea que ha ido conceptual y metodológicamente evolucionando a lo largo del tiempo desde Alfred Romer (1970) a George Brown (2002). Se han estudiado también la historia de laboratorios concretos como el Marie Curie, y las relaciones entre la investigación y la industria. Contrariamente se ha prestado muy poca atención a los estudios en los que la radiactividad se ha relacionado con la biología, la agricultura, con las aguas, radioterapia o farmacología radioactiva. El Instituto de Radiactividad ha sido historiado con anterioridad por Leal Luna (1953) a partir de una fuente principal: el Boletín de Radiactividad creado en 1909. El profesor Herrán ha ampliado notablemente el catálogo de las fuentes al realizar su trabajo, revisando las diferentes revistas científicas españolas relacionadas con el tema, las bases de datos del Chemical Abstracts, la principal revista francesa, Le Radium, los semanarios españoles de divulgación científica y la prensa española y extranjera, los libros técnicos y de divulgación, los documentos oficiales y los archivos de múltiples instituciones: Residencia de Estudiantes, Archivo General de la Administración, CSIC, Reales Academias, UCM, y Archivo Histórico Nacional. Con todos estos elementos, el autor ha estructurado su obra en ocho capítulos. El primero, "Un 'elemento subversivo': La apropiación de la radioactividad en España" nos relata la aparición del nuevo fenómeno y el interés que despertó en su momento, del cual España no fue ajena. El segundo describe la carrera académica de José Muñoz del Castillo. Le sigue el dedicado al origen del Laboratorio de Radioactividad y sus recurso iniciales y primeras investigaciones. El cuarto está dedicado a la historia de la radiactividad y la hidrología médica. Le sigue el titulado "Política, Publicaciones y Públicos: El Instituto de Radiactividad. El sexto capítulo narra un aspecto importante y nuevo dentro de la historia de la investigación radioactiva: la radioagricultura, la utilización de abonos radioactivos y la extensión de la agricultura radioactiva, lo que el autor denomina "Una maravilla agrícola". "Instrumentos y medidas" relata la actividad del Instituto de Radiactividad entre 1917-1920 y su vertiente metrológica, en concreto las gestiones de Muñoz para obtener un patrón del radio. El último capítulo estudia "el declive de la radiactividad en España". En el se narra la crisis de la agricultura radiactiva, la jubilación de Muñoz y su repercusión sobre el Instituto, el período comprendido entre 1923-1929 (José Muñoz del Castillo fallece el 30 de enero de 1926). Tras el final de la Guerra Civil y la disolución de la JAE, el Laboratorio de Radiactividad de la Universidad Central pasa a depender del CSIC y se transforma en una sección del Instituto Nacional de Geofísica (ING). El autor titula la Conclusión con una interrogante: ¿Una Ciencia periférica? Y efectivamente lo fue. A ello contribuyeron graves problemas estructurales, y en concreto, la falta de una industria capaz de apoyar y sufragar el gasto de las investigaciones; pues aunque el apoyo monetario oficial fue notable, la enorme carestía del radio obligó a Muñoz a trabajar con mínimas cantidades de material radiactivo con lo subsiguientes problemas de medición y estandarización. Un aspecto importante fue el bajísimo reconocimiento internacional, fruto del empecinamiento de Muñoz de seguir el paradigma echegariano, imperante en España, frente a la teoría de la desintegración radiactiva de Rutherford y Soddy, lo que le llevó a una sólida posición académica, pero le mantuvo ayuno de valoración de su trabajo en el extranjero; y sus intentos de comunicación con sus colegas de fronteras a fuera se mostraron infructuosos. El estudio se completa con varios Anexos. El primero aborda la conveniencia de utilizar los términos Radiactividad o Radioactividad y reproduce el artículo publicado por Muñoz del Castillo en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química con el título "Cuestiones lingüísticas sobre Aguas, semillas y radiaciones. El segundo Anexo es el programa de las diez lecciones del "Curso Abreviado de Radiactividad" de 1908, y cuyos contenidos fueron publicados en el Boletín de Radiactividad (1910Radiactividad ( -1911)). El tercer Anexo reproduce el artículo aparecido en El Sol el 31 de marzo de 1920, p. 3, "La radiactividad del torio como maravilla agrícola", en el que se daba cuenta de la conferencia pronunciada por Muñoz del Castillo en la Asociación de la Prensa. En el mismo, el conferenciante afirmó que la dispersión de un gramo de nitrato de torio por una hectárea de terreno incrementaba la producción de cebada y otras especies agrícolas hasta en un 200 %. El volumen concluye con una relación de Fuentes y Bibliografía: Archivos consultados, Bases de datos y recursos digitales, Colecciones de Revistas, Entrevistas orales, Referencias primarias y Referencias secundarias. En resumen, un excelente trabajo y una rigurosa y documentada visión de un capítulo poco conocido de la ciencia española. SEBASTIÁN, Jesús; RAMOS VIELBA, Irene y FERNÁNDEZ ESQUINAS, Manuel (editores) ¿Hacia dónde va la política científica (y tecnológica) en España? Encuentro Nacional sobre Política Científica (Córdoba: CSIC, 2008) Entre los días 21 a 23 de mayo de 2008 tuvo lugar en Cáceres el Encuentro Nacional de Política Científica y Tecnológica organizado por la Red CTI/CSIC de "Estudios políticos, económicos y sociales de la ciencia, la tecnología y la innovación", bajo los auspicios del CSIC y la Fundación para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología de Extremadura (FUNDECYT). El debate reunió a setenta expertos y gestores de la política científica y tecnológica, estructurándose en cuatro grandes sesiones: Gobernanza de la política científica. Las lógicas de los actores de la I+D (tanto la comunidad científica como las empresas). La cooperación público-privada en sectores intensivos en conocimiento. La descentralización de la política científica. El libro que ahora se nos ofrece se estructura en cuatro grandes apartados: Información general sobre el encuentro: organización, objetivos, Comité Científico, participantes, formato del encuentro, temas y programa. Resumen del encuentro elaborado con las propuestas de las ponencias y el contenido de las relatorías de las cuatro sesiones. Se enumeran hasta 18 apartados. Un gran apartado, que ocupa las páginas 18 a 130 reproduce el Desarrollo de las sesiones, a partir de las grabaciones que de las mismas se hicieron. El apartado final está dedicado a las Relatorías de las cuatro sesiones. Los relatores fueron Javier Echevarría, Javier López Facal, Elena Castro Martínez y Uxío Labarta. El libro incluye también un anexo con el listado de participantes. Gran acierto el de los organizadores del encuentro, en unos momentos en que las estructuras de I+D están cambiando a toda velocidad, y aún mayor el esfuerzo de la REDCTI, el CSIC, FUNDECYT y el IESA (Instituto de Estudios Avanzados CSIC) de ofrecernos esta publicación que recoge el sentir y el pensar de nuestros mejores expertos en política científica. Si nos dejásemos guiar sólo por lo que anuncia el título, bien parecería que este libro se ocupa del estudio de las relaciones diplomáticas entre la antigua colonia y su metrópoli. Nada más lejos de la realidad. Lo que Tomás Pérez Vejo aborda en este trabajo es el estudio del papel de las identidades en la construcción de los imaginarios colectivos que van a conformar dos proyectos de nación mexicana bien diferenciados, centrándose en la imagen que de España van a articular liberales y conservadores. Se trata, por tanto, de un tema mucho más complejo y apasionante. Pérez Vejo nos presenta desde la exposición del caso mexicano las particularidades que vamos a encontrar en la construcción de las naciones latinoamericanas. Como ya se ha repetido en multitud de ocasiones, los procesos de construcción de naciones necesitan para definirse diseñar y proyectar un "otro", inventar a aquel que va a ser identificado como lo opuesto, en muchas ocasiones como el enemigo. En la búsqueda de esa alteridad los próceres mexicanos tuvieron que afrontar una circunstancia difícil a la hora de elaborar una identidad como es su descendencia directa de los españoles a los que deben rechazar. El autor hace hincapié en esta cuestión central a lo largo del texto algo que a primera vista puede parecer evidente, ha sido obviado por la historiografía encargada de los estudios de los procesos de construcción nacional. La definición y negación del "otro" se realiza en el caso latinoamericano desde la misma lengua, la misma religión y desde un sustrato cultural con muchos rasgos comunes. Este hecho complica el proceso de creación de un discurso nacional que legitime el nuevo Estado. No podemos perder de vista que se trata de un período crucial donde todo está sometido a debate, el modelo de Estado, su organización territorial, el tipo de sociedad, etc. El debate acerca de la antigüedad de la nación resulta en este sentido apasionante. Por un lado, la necesidad de negar todo lo español por parte de los liberales les lleva a reivindicar como nación un pasado al que en su inmensa mayoría son totalmente ajenos. Por otro, los conservadores, en su afán de reivindicar el pasado colonial, se quedan sin elementos para construir ese "otro" imprescindible situándose en una desventaja importante con respecto a sus competidores a la hora de imponer su modelo de nación. La cronología elegida por Pérez Vejo, 1837-1867, nos permite ver la pugna entre dos proyectos políticos de nación, el liberal y el conservador, y la contraposición de imaginarios que dejan entrever. Ambos proyectos son irreconciliables entre sí y se van a confrontar precisamente en la cronología que propone el autor. Se muestra un proceso de construcción nacional donde se debaten y confrontan dos visiones en torno a aspectos fundamentales como las fechas fundacionales, quiénes están llamados a ser los héroes nacionales, cuáles fueron las razones últimas de la independencia y cómo imaginan, explican e interpretan el papel de los españoles en todo ese proceso. Lo que vemos, en definitiva, es la invención de la nación, la construcción de las "comunidades imaginadas" de Benedict Anderson. En el debate entre 1836-1867 se asientan las bases principales que van a conformar esa comunidad imaginada. Con el triunfo del proyecto de Estado liberal en 1867 y el fusilamiento de Maximiliano, será también el proyecto de nación liberal, con su imaginario el que se asiente definitivamente. Porque como bien dice el autor, es el Estado y no el pueblo quien construye la nación. En este trabajo nos encontramos una vez más la maestría de Tomás Pérez Vejo para compatibilizar el manejo de una gran cantidad de fuentes de diversa procedencia junto con su ya conocido dominio de la teoría política como ya demostró en otras obras de imprescindible lectura para los investigadores acerca de la nación y las identidades 1. Respecto a las fuentes cabe resaltar la exhaustiva búsqueda en fuentes hemerográficas de España, México, Estados Unidos y Cuba. Pérez Vejo maneja en torno a un centenar de publicaciones periódicas que junto con un folletos, discursos y demás publicaciones de la época resultan un material excepcional para cualquier estudio relacionado con los imaginarios y las construcciones identitarias. Varias y muy valiosas son las aportaciones que a mi juicio realiza este libro. En primer lugar, la llamada de atención que Tomás nos hace sobre la necesidad de tener en Aportaciones para la historia de una nación México, El Colegio de México, Escuela Nacional de Antropología e Historia, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2008. consideración las particularidades latinoamericanas en el estudio de sus procesos de construcción de identidades nacionales. Obras como la coordinada por Francisco Colom 2, donde el autor de este libro también participa, son un avance importante en este sentido. Sin embargo, parece imprescindible la necesidad de ir más allá hasta definir un modelo teórico que aborde estas particularidades, que tenga en cuenta las circunstancias latinoamericanas a la hora de definir sus naciones. La segunda gran aportación del libro de Pérez Vejo tiene que ver con el análisis que hace de los imaginarios liberal y conservador mexicano. A lo largo de los seis capítulos nos presenta los elementos fundamentales que articulan las bases de esos imaginarios, sus modos de concebir y explicar la nueva realidad mexicana, así como las invenciones que van a construir para justificar sus propias posiciones y aspiraciones políticas. Con ejemplos bien seleccionados, como el debate en torno a las figuras de Hidalgo e Iturbide, aportan abundante munición para rebatir aquellas explicaciones historiográficas basadas en la propagación de mitos que todavía hoy proliferan en el panorama mexicano. Un tercer aspecto que resulta muy interesante es su propuesta referida a los debates sobre la hispanofobia y la hispanofilia en México, un tema muy actual en los debates historiográficos mexicanos 3. El gran acierto de Pérez Vejo es romper con esa dualidad un tanto mecanicista que aparece en algunos estudios sobre esta cuestión. No se trata de categorías opuestas e inmutables, sino más bien de actitudes cambiantes, exacerbadas en los discursos y suavizadas en las prácticas. Por último, el libro nos parece muy útil para establecer también elementos de historia comparada con otros procesos de construcción nacional que no tienen porque ser necesariamente latinoamericanos. Pérez Vejo nos habla en su introducción de la formulación de la guerra de independencia definida por los mexicanos como una lucha entre criollos y peninsulares como una visión interesada. Detrás de ese conflicto pugnaban proyectos diferentes de nación. En estas coordenadas se mueve también aspectos de la historiografía nacionalista española con la llamada Guerra de Independencia como bien ha definido José Álvarez Junco. En definitiva, el trabajo España en el debate público mexicano, 1836-1867 de Tomás Pérez Vejo, es una obra de magnífica factura, novedosa en aspectos metodológicos que abre muchas expectativas de análisis de un problema complejo y fascinante. Por Jorge de Hoyos Puente (Universidad de Cantabria)
SOBRE LOS AUTORES ABOUT THE AUTHORS Es doctor en Medicina por la Universitat de València. Trabaja como científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero (Universitat de València-CSIC). Es especialista en Documentación Médica y evaluación de la ciencia y de la actividad científica. Ha participado como ponente en numerosos congresos y reuniones científicas y ha publicado diferentes libros, capítulos de libro y artículos de revista en relación con estos temas. Asimismo, ha participado en el desarrollo de diferentes bases de datos bibliográficas, proyectos de evaluación de las publicaciones científicas y es miembro de los comités editoriales y científicos de diferentes revistas biomédicas. Es doctor en Economía y Gestión de la Innovación y Política Tecnológica y licenciado en Economía y Administración y Dirección de Empresas. Actualmente trabaja como Profesor Ayudante Doctor en el Departamento de Fundamentos del Análisis Económico II de la Universidad Complutense de Madrid. Su ámbito de trabajo está relacionado con la economía de la innovación, la transferencia y la cooperación tecnológica, la prestación de servicios intensivos en conocimiento y la evaluación del impacto de políticas públicas de apoyo a los procesos de innovación. Mikel OLAZARAN RODRÍGUEZ (Pamplona-Iruña, 1963). Es doctor en Sociología por la Universidad de Edimburgo y profesor titular en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Sus áreas de docencia e investigación son la cienciatecnología-innovación, las organizaciones y la educación. En la actualidad forma parte del grupo "Conocimiento, organización e Innovación" de la UPV-EHU, que cuenta con una trayectoria de proyectos y publicaciones en revistas de ciencias sociales de ámbito internacional en el campo de los estudios sociales de la innovación técnica y el cambio organizativo. Es licenciada en Sociología por la UPV-EHU y especialista en investigación aplicada y análisis de datos (Centro de Investigaciones Sociológicas). En la actualidad es investigadora en el instituto ILCLI de la UPV-EHU en el ámbito de los sistemas de I+D, la innovación y la organización. En la actualidad forma parte del grupo "Conocimiento, Organización e Innovación" de la UPV-EHU, que cuenta con una trayectoria de proyectos y publicaciones en revistas de ciencias sociales de ámbito internacional en el campo de los estudios sociales de la innovación técnica y el cambio organizativo. Ha sido editor, junto con los profesores Salvador Giner y Emilio Lamo de Espinosa, del Diccionario de Sociología (Alianza Editorial, 1998y 2006). En la actualidad es director de la Revista Española de Sociología que edita la Federación Española de Sociología (FES) y miembro del comité ejecutivo de dicha federación. Juan Carlos VALDERRAMA ZURIÁN. Es doctor en Medicina y profesor titular de la Facultad de Medicina de la Universitat de València. Ha participado y dirigido numerosos proyectos financiados en convocatorias públicas para el desarrollo de sistemas de información, la creación de bases de datos bibliográficas, la evaluación de la actividad investigadora y el análisis de la participación de la mujer en la ciencia, ámbitos sobre los que ha publicado numerosos trabajos en revistas especializadas. Es ingeniero industrial por la Universidad del Atlántico (Colombia) y doctor por la Universidad Politécnica de Valencia (España). Actualmente se desempeña como investigador en el Instituto de Gestión de la Innovación y del Conocimiento, INGENIO (CSIC-UPV). Ha participado en diversos contratos y proyectos de I+D, financiados por entidades de ámbito regional, nacional y Europeo. Es autor de seis artículos publicados en revistas internacionales del ISI, tres artículos internacionales, un libro y más de quince comunicaciones presentadas en congresos nacionales e internacionales.
Desde que en 1987 Patricia W. O'Connor desveló para el mundo de las letras españolas el "secreto" de que María Martínez Sierra fue la autora de la obra que había circulado en el campo literario español e internacional con el nombre -o si se prefiere, el pseudónimo-"Gregorio Martínez Sierra", la figura de esta "mujer de letras" y su multifacética obra -teatro, narrativa, ensayística, libretos y autobiografía-ha ido cobrando importancia para la crítica literaria y cultural dedicada al estudio de las escritoras de principios del siglo XX, la literatura feminista de la misma época, y del "modernismo" 1. A la vez, sus proyectos culturales pensados y ejecutados con el fin de desarrollar la educación de las mujeres españolas, fundamentados sobre su ideario feminista de gran profundidad y claridad están siendo reconocidos como importantes propuestas del feminismo español de las primeras décadas del siglo veinte (Rodrigo, 1992; Mangini, 2001; Blanco, 2003). Y, si bien esta prolífica escritora se dedicó al pensamiento y activismo feminista, también se volcó en el proyecto Republicano a partir de 1931 en cuanto militante socialista y, luego, en cuanto diputada del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) por Granada en las Cortes de 1933. Sin embargo, todavía existen una serie de factores que nublan la posibilidad de acercarnos a su vida y obra con la claridad requerida para tal reflexión. En este ensayo me propongo repasar muy brevemente los factores que en mi opinión han tergiversado los planteamientos literarios y vivenciales en torno a María Martínez Sierra para luego sugerir una posible línea interpretativa y de investigación sobre una de las mujeres de letras más significativas -quizás la más importante-de su generación para así poder ubicarla en su merecido lugar dentro del campo de la producción literaria y en la historia del ideario feminista español. Cuando de María Martínez Sierra se trata parece ser un requisito comenzar cualquier estudio bregando, o por lo menos reconociendo, la problemática de la autoría de la obra de "Gregorio Martínez Sierra". Aunque continua siendo punto de debate el que ella escribiera los textos firmados por su marido Gregorio Martínez Sierra, parece ya estar acallándose la polémica ante las contundentes pruebas aportadas por O'Connor (1987O'Connor ( y 2003)). Pero si bien su producción literaria comienza a incluirse en algunos importantes estudios recientes sobre la narrativa del modernismo (Kirkpatrick, 2003; Johnson, 2003), -aunque su inclusión en el canon y la historia literaria ni siquiera se ha planteado-, la figura misma de María Martínez Sierra aun resulta ser para algunos enigmática, si no contradictoria, y a veces incluso incomprensible a pesar de que nuestra autora en más de una ocasión explicó las razones ABSTRACT: Maria Martinez Sierra's vital and literary career is studied. Se estudia la trayectoria vital y literaria de María Martínez Sierra como escritora, pensadora, empresaria, activista feminista, militante socialista y diputada. La autoría de las obras firmadas como "Gregorio Martínez Sierra" se analiza a través de sus textos autobiográficos: Una mujer por caminos de España (1952) y Gregorio y yo: medio siglo de colaboración (1953). Se describe su trayectoria teatral, ensayística y su significación en la lucha por la autodeterminación y modernización de las mujeres. PALABRAS CLAVE: María Martínez Sierra. Autoría de las obras firmadas como "Gregorio Martínez Sierra". por las cuales había utilizado el nombre de su marido como pseudónimo, estrategia que le fue muy útil para poder desarrollar su quehacer literario y político por lo menos hasta la muerte de Gregorio en 1947. También, el que ella misma insistiera hasta su muerte en Buenos Aires en 1974 que su obra había sido fruto de la colaboración con Gregorio inquieta a los lectores y críticos de hoy -principalmente a las lectoras y críticas-para las cuales parece ser de difícil comprensión no solamente que eligiera el anonimato literario, sino que aún después de la muerte de Gregorio continuara representando su autoría como una colaboración en uno de sus dos libro de memorias titulado significativamente Gregorio y yo: Medio siglo de colaboración. Esta representación de su labor literaria parece disminuir la figura de María Martínez Sierra como feminista y socialista para aquellos que no terminan de comprender -o que se resisten a entender-la hostilidad que todavía rodeaba a las escritoras cuando María Martínez Sierra entró en el mundo de las letras a principios del siglo XX. Aunque en otro lugar he discutido ampliamente esta problemática (Blanco, 2000, 11-42) querría insistir aquí que con relación a su producción literaria María Martínez Sierra se veía a sí misma ante todo como dramaturga y como tal conceptualizaba el teatro como un género en el cual no existía una escisión entre el texto-teatro (aquel concebido y escrito para ser representado) y el texto-espectáculo (aquel realizado en la representación). Si el teatro era para ella-como parecía serlo-una totalidad, es decir, la combinación de la obra escrita y su representación, es innegable que verdaderamente existiera para ella una colaboración con el que el crítico Federico Sainz de Robles ha llamado "el mejor director artístico con que ha contado el teatro español" (Reyero Hermosilla, 1980, 4). 2 Ante la variedad de géneros que abarca su producción literaria a la vez que debido a su versátil vida como escritora, pensadora, empresaria, activista feminista, militante socialista, y diputada, es decir, como intelectual de la época, también se ha ido elaborando una representación fragmentada de la que fue, a mi modo de ver, una vida y una obra coherente de trayectoria trazable. El fragmentado estudio de su obra se debe mayormente a que ésta parece rebasar las especializaciones disciplinares dentro de las cuales generalmente trabajamos los investigadores. Es decir que nuestras propias limitaciones nos han llevado a que en nuestras aproximaciones a su cuantiosa producción tendamos a ceñirnos al estudio de una pequeña parte del conjunto de sus textos y no establezcamos las relaciones entre ellos, como si poco o nada tuvieran en común. Habría, pues, que reconstituir, por así decirlo, su obra como corpus literario para revelar las continuidades y las rupturas temáticas y estilísticas en una obra de tan larga duración como fue la suya 3. Y más aún, se podría argumentar que al ser la temática y la perspectiva de su obra fundamentalmente feminista su estudio requiere borrar las fronteras disciplinares entre la literatura y la historia -principalmente la historia del género sexual-para así poder analizar su producción literaria desde un punto de vista discursivo a la vez que textual e histórico. En gran medida el que se haya elaborado una imagen fragmentada de la figura de nuestra autora es el resultado de que ella misma estableció una escisión entre lo político y lo literario que se ha convertido en el modo de estructurar el estudio de su vida y obra. Por una serie de razones que he discutido en otro lugar, María Martínez Sierra dividió el recuento de su vida en estas dos vertientes adscribiendo a cada una de ellas un libro de memorias diferente cuando de hecho estuvieron estrechamente entrelazadas, por lo menos, desde la segunda década del siglo (Blanco, 2002). En una carta a su amigo George Portnoff, por ejemplo, desde Berlín fechada en 1929 vemos la manera en que combinaba sus actividades literarias y políticas: "Aquí me tienes en Berlín desde hace diez días: antes hubiera querido escribirte, pero no he tenido un minuto de calma, porque he aprovechado el venir al Congreso de Mujeres para ocuparme también de asuntos teatrales, y los autores alemanes están muy contentos conmigo su colega y me convidan a almorzar o a tomar té, lo cual es muy conveniente y harto a veces agradable [énfasis de la autora]". Desplegando esta estrategia autobiográfica encontramos que en Una mujer por caminos de España (1952) (María Martínez Sierra, 1989) la narrativa se centra en su desarrollo político y en una serie de episodios de su vida durante los años en que se dedicó a ser lo que ella misma llama "propagandista" del PSOE, mientras que Gregorio y yo: Medio siglo de colaboración (1953) (María Martínez Sierra, 2000) rememora su vida literaria haciendo un recuento de sus amigos literarios (Juan Ramón Jiménez, Ramón Pérez de Ayala, Pedro González Blanco y Santiago Rusiñol) y los músicos con los cuales compartió vida y obra (Manuel de Falla, Joaquín Turina y José María Usandizaga). También, este libro repasa las obras favoritas de su repertorio. Siguiendo esta estratégica autobiográfica la única biografía dedicada a María Martínez Sierra mantiene rigurosamente la división establecida por nuestra autora reproduciendo de este modo una imagen fragmentada (Rodrigo, 1992). Y, en la historia cultural acerca de las intelectuales "modernas" la figura de María Martínez Sierra tiende a representarse desvinculada de su obra literaria, al centrarse sobre sus intervenciones culturales en la España de la época (Mangini, 2001). En tanto que María Martínez Sierra y su obra han salido finalmente del anonimato resta por establecer -aunque sea tentativamente-el lugar que ocupó esta intelectual mujer de letras en lo que Pierre Bourdieu ha llamado "el campo de la producción literaria". Dado que el proyecto del sociólogo francés en su trabajo sobre el campo de la cultura es el de "contextualizar radicalmente" el estudio cultural, Bourdieu propone la necesidad de abrir dicho campo con el fin de incorporar todos los textos y autores/as que circulaban en él durante una época específica (Bourdieu, 1993, 29). Entre otras muchas cosas la sugerente teoría de Bourdieu plantea la necesidad de incluir en este terreno la totalidad de la producción literaria, es decir, que en él deben entrar escritores y escritoras, "mayores" y "menores", los "consagrados y las consagradas" a la vez que los/las que han sido relegados al silencio en las historias de la literatura (Bourdieu, 1993, 12). El proyecto de Bourdieu es el de reconfigurar el territorio literario de una época para trazar una cartografía de la producción literaria de los productos culturales que se asemeje al que existió en un momento específico. La reconfiguración de este terreno, por lo tanto, crea necesariamente un nuevo conocimiento acerca de la producción literaria de una época al incluir textos olvidados y borrados del que Foucault llamó el "archivo", en esta instancia el archivo literario. En el caso de María Martínez Sierra el reconocimiento de que la obra literaria de "Gregorio Martínez Sierra" fuese escrita por ella ha tenido el efecto, en primer lugar, de incorporar a una escritora de cuantiosa producción y de gran renombre en su época, como veremos a continuación, al elenco de escritoras españolas del fin del siglo XIX y de la llamada Edad de Plata, autoras que también están siendo recuperadas para el archivo literario. En segundo lugar, el que los textos de María Martínez Sierra formen parte de este archivo literario nos permite estudiarlos con relación a los textos de los autores de la época, lectura que forja una nueva visión de una problemática, temática y estética del periodo. 4 Finalmente, su complejo "caso", por así decirlo, como escritora y de autoría nos enfrenta necesariamente con la importante problemática de la posición de las escritoras y sus obras no solamente en la formación social y el campo literario, sino también en la historiografía de la literatura escrita en castellano y, por supuesto, en el canon. Pero si bien hasta no hace mucho tiempo estuvo ausente el nombre María Martínez Sierra de la historiografía de la literatura y del teatro, no pasó lo mismo con la obra de "Gregorio Martínez Sierra" que sí existe en la historia literaria, principalmente en la historia del teatro, aunque varía la importancia que se le concede. Pero, curiosamente, encontramos un significativo contraste entre el lugar que ocupa en la historia literaria de antes y después de la Guerra Civil. Su obra se discute, por ejemplo, en las historias de la literatura de Andrés González Blanco (1906) que trata de ella en un largo capítulo (1906, 1-74) y de Julio Cejador (1919) que le dedica 20 páginas en el apartado titulado "Época regional y modernista (1888-1907)" (1973, 177-196), mientras que en Teatro español contemporáneo, panorámico repaso de los dramaturgos del principio de siglo que Gonzalo Torrente Ballester publica en 1957 con dedicatoria a Serrano Suñer, este crítico no menciona el teatro de Martínez Sierra. Aunque sería lícito pensar que Torrente fundamentó su exclusión sobre una acertada negativa valoración estética del teatro de Martínez Sierra llegando a la conclusión de que no merecía ser incluido junto con los que para él eran los "grandes" de la época (Benavente, Linares Rivas, Jacinto Grau, los hermanos Álvarez Quintero, Arniches, Muñoz Seca y Casona), también habría que contemplar la posibilidad que esta omisión se deba al de sobra conocido republicanismo de ambos Gregorio y María. Es posible, por lo tanto, aducir que en la posguerra o bien había cambiado tan radicalmente el gusto como para que dejara de interesar la obra de Martínez Sierra reflejándose esto en la crítica, o que ante una revaloración crítica de la calidad literaria de esta obra se haya puesto en evidencia la inferioridad literaria de Martínez Sierra con respecto a sus coetáneos. Pero, también, es posible que haya pasado con la obra de los Martínez Sierra lo mismo que aconteció con aquella de la mayoría de los escritores de la España peregrina: que los vencedores silenciaran sus voces en el ámbito literario español 5. Sin embargo, en 1971 el especialista de teatro Ruiz Ramón publica su completísima Historia del teatro, texto que sigue siendo útil manual para los estudiosos de este género, en el cual aparece la obra de Martínez Sierra en el apartado titulado "Dos dramaturgos menores" junto con Linares Rivas. A pesar de que le dedica alrededor de 3 páginas concluye que "era éste [Gregorio Martínez Sierra] hombre de teatro, al tanto más como director que como autor" (Ruiz Ramón, 1971, 56). La que podríamos considerar como opinión ambivalente se explicita en su capítulo "Teatro: Dramaturgias del siglo XX" en la Historia de la literatura española II de la editorial Cátedra (1990) en el cual desaparece Martínez Sierra del teatro de la época mientras que se mantienen en ella sus coetáneos: Benavente, los hermanos Álvarez Quintero, Arniches y Marquina. Podríamos sugerir, por lo tanto, que Ruiz Ramón corrige el silencio de Torrente Ballester incluyéndolo como "menor" en su panorámica monografía, pero que a la hora de tener que sintetizar el campo teatral de este periodo su obra desaparece una vez más. La ambivalencia y el silencio en torno a la obra de Martínez Sierra se resquebraja principalmente desde la crítica feminista que ha puesto mucho empeño en que María Martínez Sierra salga del anonimato literario y para que sus textos se entiendan como aportaciones a la literatura de corte feminista que circulaba en la España del primer tercio de siglo escrita por Carmen de Burgos, Margarita Nelken, Concha Espina, y Rosa Chacel entre otras. Sin embargo, ni la literatura escrita por mujeres ni las escritoras mismas vivían y producían en un terreno aislado o autónomo ya que por muy marginalizadas que estuvieran con respecto al mundo masculino de las letras había contacto entre ellos en las revistas, periódicos, o a nivel personal. Por esta razón me parece necesario en este momento en que ya ha sido recuperada la obra de María Martínez Sierra comenzar a ubicarla en un campo de producción literario más comprensivo, es decir, en el terreno que según la histo-riografía literaria y el canon pertenece a los hombres de la llamada Generación del 98 6. No es mi intención, sin embargo, proponer aquí que la obra de María Martínez Sierra debería formar parte del canon ya que como bien sabemos el canon como corpus de textos exclusivos y fijos, a la vez que como concepto, es una elaboración en gran medida arbitraria forjada desde un imaginario cultural cuyo interés es mantener ciertas formaciones discursivas, sociales, y literarias específicas. Más bien me propongo establecer el lugar que ocupó su intervención literaria en el campo de la cultura anterior a la Guerra Civil. Ubicación que, como veremos, le permitió publicar artículos y ensayos sobre temas no literarios y desarrollar una actividad política en la esfera pública. Si bien su ensayística y participación política comenzaron en torno a la problemática de la mujer española, culminaron, por así decirlo, con su activa presencia en la vida política de la República como diputada socialista del pueblo granadino. Ante la fragmentada representación que tenemos de María Martínez Sierra quisiera integrar los aspectos literarios y políticos y proponer que en su vivir existe una intersección entre ellos y, más aun, que están estrechamente vinculados. Siguiendo en la huellas teóricas de Bourdieu el "contextualizar radicalmente" la obra de María Martínez Sierra nos llevaría en primera instancia a re-visitar el terreno cultural de principios del siglo XX para así situar el teatro de los Martínez Sierra en el terreno de la dramaturgia de la época ya que fue principalmente su actividad teatral y el prestigio que fue adquiriendo por medio de ella lo que le posibilitó a María Martínez Sierra acceder a los círculos de la inteligentsia entre los cuales fue forjando los vínculos necesarios para lanzar y sustentar sus diversos proyectos culturales y pedagógicos para las mujeres españolas y también para que el PSOE le pidiese formar parte de la lista electoral por Granada para las elecciones de 1933, junto con hombres de la talla política e intelectual como lo eran sus compañeros de lista Fernando de los Ríos, catedrático de Derecho Político en la Universidad de Granada y Ministro de Instrucción Pública, y Ramón Lamoneda, presidente de la Federación Española de Artes Gráficas, último secretario de las cortes republicanas y Secretario General del PSOE a partir de 1935. De hecho fue Fernando de los Ríos el que consiguió que María se presentara a las elecciones de 1933 y según recuerda nuestra autora, "si soy candidata para Granada, es porque él [Fernando de los Ríos] lo ha querido, porque ha propuesto, ¿sería temerario decir impuesto? mi nombre (1989,130). Si su consagración en el terreno literario, como veremos, se dio en los escenarios españoles ya en los albores de su quehacer como escritora, había desarrollado una labor cultural harto significativa fundando junto con Gregorio y otros jóvenes literatos la importante editorial Renacimiento y la revista del modernismo poético, Helios (1903-1904) 7. Estos dos proyectos culturales le vincularon no solamente con los jóvenes escritores que empezaban a lo que ella años más tarde llamaría "emborronar papel" (Martínez Sierra, 2000, 59), sino también con los más importantes autores de la época. Con respecto a Helios conviene recordar que los cinco fundadores de la revista fueron Juan Ramón Jiménez, Pedro González Blanco, Ramón de Pérez de Ayala y Gregorio y María Martínez Sierra, y que estos jóvenes advenedizos escritores contaron nada menos que con el magisterio de Rubén Darío para su revista. Según la propia María [v]erdad es que, además de nuestros cinco ingenios, colaboraron generosamente en ella [Helios] Jacinto Benavente...los hermanos Álvarez Quintero, Rusiñol, Unamuno, don Juan Valera, Emilia Pardo Bazán y algunos más...Todos los nombres que significaban algo en la literatura española del momento pasaron por sus páginas: Antonio Machado, José Martínez Ruiz (aún no había adoptado el seudónimo de Azorín, que ha hecho olvidar su verdadero nombre), Navarro Ledesma, Francisco Acebal, Mauricio López Roberts, José Carner, Urbano González Serrano, Ángel Guerra, Manuel Machado, Alejandro Sawa, Manuel Ugarte, Luis Valera, Amado Nervo, Mosén Jacinto Verdaguer, Viriato Díaz Pérez, Julio Cejador, Emiliano Ramírez Angel, Carlos Arturo Torres y tantos otros (2000,(227)(228). Esta impresionante lista de autores constata la manera en que María Martínez Sierra recuerda el impacto que tuvo la revista desde que se puso a la venta: "Desde el primer momento, Helios se puso en primera fila y se consideró honra no pequeña figurar en sus páginas" (Martínez Sierra, 2000, 227). Pero, es con el estreno de Canción de cuna en 1911 cuando el teatro de Martínez Sierra logra el primer éxito que lo situará con pie firme en los escenarios españoles habiendo recibido el premio de la Real Academia Española como la mejor obra de la temporada 1910-1911. A éste siguieron otros éxitos que llevaron, entre otras cosas, a que María dejase su docencia en la enseñanza primaria y que se dedicara de pleno a la escritura, profesión que sería su principal fuente de ingresos el resto de su vida aunque durante los momentos de penuria en su exilio francés y americano también viviría de la traducción. Y, haciendo un recuento de la obras escenificadas en las temporadas madrileñas entre 1929-1931 constatamos que tuvieron por lo menos 20 obras en cartel a pesar de que ya para esos años Gregorio había dejado la dirección del Teatro Eslava y había disuelto la "Compañía cómico-dramática Martínez Sierra" a la vez que María había casi dejado de escribir para el teatro. Por su parte, Checa Puerta resume del siguiente modo la aportación del teatro de los Martínez Sierra al escenario español: [P]odemos concluir señalando la presencia de una serie de rasgos temáticos y formales en el repertorio de los Martínez Sierra que, además de dotarlo de coherencia y homogeneidad, muestran un evidente esfuerzo renovador perfectamente armonizado con la concepción de la dirección y de la puesta en escena. Por ello, aunque no todas las obras que sometieron a juicio del público y de crítica gozaron de la misma aceptación, es importante señalar que se trata de uno de los repertorios más queridos por el público de su tiempo y que la crítica con frecuencia, encontró en él aspectos de sumo interés (1998,307). En su valoración de la obra dramática de Martínez Sierra Checa Puerta, acertadamente, hace hincapié en dos importantes factores al tratarse del teatro comercial, ámbito en el cual circulaba y se representaba el teatro de la pareja: el éxito de público que tuvo su repertorio y el interés que ocasionó entre la crítica. También, es importante recordar que su éxito trascendió las fronteras españolas representándose sus obras en Francia, Inglaterra, Estados Unidos y en varios escenarios latinoamericanos 8. En las giras por las capitales americanas el repertorio de la"Compañía cómico-dramática Martínez Sierra", dirigida por Gregorio, era el suyo 9. Esta proyección internacional no se dio entre sus coetáneos. La fama en Estados Unidos del teatro de Gregorio y María Martínez Sierra -los dos nombres aparecían en los programas de las funciones en los teatros norteamericanos-era tal que, por ejemplo, en 1928 la figura más destacada del teatro norteamericano, Ethel Barrymore, estrenó The Kingdom of God [El reino de Dios] para la inauguración del Barrymore Theatre de Broadway en Nueva York. Y todavía en las ediciones de 1943 y 1947 de Sixteen Famous European Plays, publicadas por la importante editorial norteamericana Random House en su colección "Modern Library", nuestra autora aparece nada menos que en la compañía de Ibsen, Hauptman, Chekov, Gorky, Giraudoux, Pirandello, Synge y alguno más. Un somero rastreo de la prensa de aquellos años dibuja el perfil destacado de "Gregorio Martínez Sierra" dentro del ámbito cultural; su firma aparece, entre otros muchos lugares, en Blanco y Negro, en España y el Nuevo Mundo y sus comedias se estrenaban en los mejores teatros de Madrid, reseñándose ampliamente en la prensa al igual que en las revistas literarias. Una nueva obra de "Gregorio Martínez Sierra" se esperaba con anhelo y curiosidad en aquellos años en que el teatro era todavía el género más importante en el campo de la producción cultural. El que ocupara "Gregorio Martínez Sierra" lugar consagrado en el terreno literario de la época le confirió lo que Bourdieu ha llamado "capital simbólico" -prestigio, honor, el derecho a ser escuchado-que, según el sociólogo francés, es una importante fuente de poder, en esto caso poder cultural. Y fue precisamente este poder cultural lo que María tomaría para si misma para comenzar su intervención en defensa de la igualdad para las mujeres en el ámbito de la cultura dominante en la segunda década del siglo por medio de la publicación en Blanco y Negro de una serie de ensayos abiertamente feministas firmados con el nombre de "Gregorio Martínez Sierra" que de inmediato se publicaron como libros 10. No deja de ser significativo que María Martínez Sierra eligiera la lujosa revista Blanco y Negro para la publicación de sus ensayos ya que nos revela que su estrategia política es la de educar -siempre se vio a sí misma como educadora-a la clase media acerca del feminismo, ideario que era para ella el más propicio para reformar las desigualdades políticas, sociales, legales y emocionales en las cuales se desarrollaba la vida de las mujeres españolas. El pensamiento feminista que difundió a través de sus ensayos lo concretaría a partir de 1926 como miembro del Lyceum Club fundado por la pedagoga, María de Maeztu, y en 1931 cuando funda en Madrid la Asociación Femenina de Educación Cívica (AFEC), que se conocía como "La cívica", al sentirse disconforme con la evolución del Lyceum Club, que consideraba se había convertido en un club elitista (Matilla Quiza, 2002, 97). También, podríamos argumentar que el lugar consagrado que llegó a ocupar le permitió a María Martínez Sierra escribir comedias con una perspectiva feminista que subvertían el dominante discurso de género sexual de la época que se representaba en los escenarios españoles. Si hoy el feminismo del teatro de nuestra autora puede parecernos un tanto pusilánime, importaría recontextualizarlo ubicándolo en el teatro de la época y haciendo una lectura comparativa que atendiera a la manera en que se representaba a las mujeres en la dramaturgia de autoría masculina y en la de Martínez Sierra. Vilches y Dougherty resumen del siguiente modo la forma en que se registraba en los escenarios el tema de la mujer y el feminismo: De las inquietudes creadas por la llegada a Madrid de formas de vida moderna la que más atención mereció en los éxitos de taquilla durante este lustro [1926][1927][1928][1929][1930][1931] fue sin duda la aparición de la "mujer moderna" en la sociedad española...El tema de la emancipación femenina fue tratado en un amplio repertorio de obras...Sin embargo, lo habitual era encontrar una sátira del feminismo tanto en las adaptaciones de las obras extranjeras, como en las creaciones nacionales. Todos los autores de éxito sintieron la necesidad de abordar el tema, bien directamente, bien a través de personajes secundarios. Era fácil sacar partido cómico del feminismo caricaturizándolo o simplemente llevando al escenario estereotipos de la "mujer moderna". De ahí que los grandes éxitos del momento proyectaran casi siempre una resistencia a la ideología defendida por Margarita Nelken, María de Maeztu, Cristóbal de Castro, y otras voces feministas de la época (1997,(23)(24). Ante la sátira y la caricatura del feminismo de sus coetáneos, el teatro de Martínez Sierra explora la manera en que el género sexual construye la vida psíquica y social de sus personajes. En el centro de sus comedias encontramos a un joven e independiente personaje femenino, es decir a la "mujer moderna", para quien una carrera, el matrimonio, y la maternidad son los tres aspectos deseables y necesarios de la vida de la mujer que pueden y deben ser combinados sin mayores dificultades o contradicciones. Nuestra autora crea personajes femeninos cuya lucha por la autodeterminación y la autonomía no impide que sean, también, la representación de la virtud femenina, una combinación que de hecho estaba reñida con las nociones ontológicas de la época acerca de la mujer ya que la independencia era singularmente asociada con lo masculino, y la pasividad con lo femenino. Los conflictos y tensiones narrativas en sus comedias surgen cuando la protagonista se enfrenta a una tradición profundamente masculinista, generalmente representada por una madre severa y tradicional quien intenta impedir el deseo independentista del personaje. La resolución de las obras es siempre feliz: la heroína triunfa sobre la tradición. Aunque la obra de Martínez Sierra construye a sus personajes como dulcemente femeninas a la vez que fuertemente voluntariosas, en sus textos no vemos grandes enfrentamientos feministas, ni problemas trágicamente insolubles para la mujer en busca de su libertad. Sin embargo, la escritora siempre hace hincapié en que las mujeres pueden obtener su muy deseada libertad por medio del trabajo, la educación, y la igualdad, las premisas básicas para el desarrollo de la "mujer moderna". Desde una perspectiva contemporánea se podría, pues, decir que el feminismo en la obra de Martínez Sierra es poco interesante y algo débil, dadas sus fáciles y felices soluciones textuales. Pero, de hecho, el modelo ejemplar que propone para sus personajes femeninos es el de ser mujeres capacitadas para controlar y determinar sus vidas a la vez que sus formas de vivir. El impulso feminista del personaje de la mujer independiente se puede resumir en las palabras emblemáticas habladas por un personaje en una comedia de un acto titulada No sirven las virtudes de su madre cuando el personaje de la Suegra aplaude el deseo de que su nuera viva "por sí y para sí" (1930,69), conceptualización que anticipa la teorización de la libertad para la mujer que sostendría años más tarde Simon de Beauvoir. En tanto que en la cultura española del primer tercio de siglo, la mujer y su feminidad se articulaba estrictamente en términos del papel de la mujer como hija, esposa, y madre, el que se proponga que su vida puede y debe autodeterminarse es mucho mas radical y utópico que tímido y acomodaticio. Hasta aquí hemos visto el modo en que se da la intersección entre su intervención en el terreno literario del teatro, la ensayística dedicada al llamado "problema de la mujer" y la esfera pública como participante en el Lyceum Club y fundadora del AFEC. Al igual que para tantos el advenimiento de la República supuso para María Martínez Sierra la esperanza de poder construir una nueva España. Con la República su compromiso cambia de rumbo; empieza a dejar de lado su actividad pedagógico-cultural centrada en las mujeres de clase media y entra a formar parte de la inteligentsia socialista que, como hemos indicado, la involucra en la esfera pública de la política. Su trayectoria hacia la militancia socialista se explica, en parte, por la insatisfacción que llegó a tener con las asociaciones de mujeres con las cuales había desarrollado su actividad hasta entonces. El que dejara el Lyceum Club para establecer "la Cívica" y su posterior abandono de ésta lo explica en Una mujer por caminos de España cuando al rememorar estas dos organizaciones escribe que eran "una especie de snobismo de buen tono" (Martínez Sierra, 1989, 124). Cabe suponer que su histórica simpatía por el socialismo y sus Casas del Pueblo, que en Una mujer por caminos de España data en el año 1905 cuando viajó por primera vez a Bélgica, lugar que fue para ella "mi iniciadora en el socialismo" (Martínez Sierra, 1989, 197), la acercó al PSOE, aunque aún se conocen pocos detalles de su militancia en este partido. Incluso no se sabe a ciencia cierta en que año ingresó en las filas del PSOE, parece haber sido en 1931 11. A diferencia de otros escritores republicanos de izquierdas que utilizaron su capital simbólico durante los años de la República y la guerra civil para intervenir en el terreno cultural escribiendo literatura comprometida, formando asociaciones culturales antifascistas, y organizando congresos literarios en defensa de la República, María Martínez Sierra abandonó por completo la escritura y el campo de la cultura dedicándose exclusivamente a la participación en el espacio público de la política no solamente como diputada sino también como fundadora y participante en la dirección del Comité Nacional de Mujeres Contra la Guerra y el Fascismo, presidido por Dolores Ibárruri, cuyo objetivo era formar comités antifascistas en ciudades, pueblos y lugares de trabajo (Matilla, 2002, 100). Transformada en lo que podríamos llamar "mujer profesional de la política", al comenzar la guerra el gobierno republicano la desplaza a Ginebra como Agregada Comercial a su embajada, y al dejar este cargo la mandó a Bélgica para organizar las colonias de niños que llegaban a ese país, procedentes de la guerra. Para concluir, me gustaría proponer que la trayectoria de vida y obra de María Martínez Sierra, a diferencia de la de los hombres de la generación del 98, a la cual se sentía pertenecer, fue singular (Martínez Sierra, 2000, 59) 12. No solamente entrelazó una actividad literaria y política desde su consagración como dramaturga hasta que salió de Europa a su exilio americano en 1952, sino que fue la única de todos ellos para la cual el "problema de España" significó la necesidad de comprometerse militantemente con el socialismo 13. El incluir la figura de María Martínez Sierra en la reflexión acerca de la generación del 98 podría trastornar la representación de este grupo literario que aún sigue en pie ya que revela otra manera de enfrentarse a las realidades de la España del primer tercio de siglo a la vez que otro modo de imaginar y concretizar las posibilidades que se abrieron en el periodo republicano. 4 Ver, por ejemplo, el reciente libro de Roberta Johnson (2003) en que abre el canon de lo que llama el "modernismo" español a las escritoras de la época, que por supuesto incluye a María Martínez Sierra, para discutir la importancia del género sexual con relación a la noción de la nación que se inaugura en la narrativa del fin de siglo. 5 En 1946 la censura franquista levanta la prohibición de las obras de Martínez Sierra. Aún no existe ningún estudio sobre la presencia del teatro de Martínez Sierra en los escenarios de la posguerra. Y, por lo tanto, dependemos de la historiografía literaria de la época para calibrar su importancia. 6 Aunque hace ya algún tiempo ha sido fuertemente criticada la noción de que existiera tal generación, este'Connor, 2003, 198-304). Una antología de estos textos feministas se encuentran en Blanco (2003). 11 No existe en el archivo de la Fundación Pablo Iglesias documento alguno que constate la fecha de ingreso de nuestra autora al PSOE. 12 Habiendo nacido en 1874, el mismo año en que Antonio Machado, no cabe duda que por fecha de nacimiento pertenece a la generación del 98. 13 Más radical que ella fue, sin duda, Antonio Machado, pero Machado no militó en ningún partido político.
En el año 1998 tuvo lugar en la Residencia de Estudiantes del CSIC, un Ciclo de conferencias sobre Cultura de la Defensa subvencionado por el Ministerio de Defensa. En la Sesión de clausura, que contó con la presencia del Ministro D. Eduardo Serra, la dra. Fernández Vargas, coordinadora del Ciclo, propuso definir la Cultura de la Defensa como el grado de conocimiento que tiene el español medio sobre los temas que atañen a la Defensa Nacional. Al final de su intervención, la doctora concluía que el grado de Cultura de la Defensa, en la sociedad en general, era muy elemental y, a veces, algo confuso. Como así se deducía de los diversos sondeos que, sobre esta cuestión, se habían realizado y cuyas respuestas iban, mayoritariamente, referidas a la cualificación profesional de los militares. La decena de años transcurridos desde entonces, y la importancia otorgada por los distintos Gobiernos a esta problemática, ha modificado esta situación. En este contexto, el artículo 31 de la Ley Orgánica de la Defensa Nacional, y en lo referente a la Cultura de la defensa, establece un claro objetivo: "El Ministerio de Defensa promoverá el desarrollo de la cultura de la defensa con la finalidad de que la sociedad española conozca, valore y se identifique con su historia y con el esfuerzo solidario y efectivo, mediante el que las Fuerzas Armadas salvaguardan los intereses nacionales. Asimismo, el resto de los poderes públicos contribuirán al logro de este fin". Objetivo que es asumido, entre otros, por el Instituto español de Estudios Estratégicos que, encuadrado dentro de la Dirección General de Relaciones Institucionales de la Defensa, es el organismo responsable de promocionar y difundir las cuestiones de seguridad y defensa en la sociedad española en general y en el mundo universitario en particular, así como ser uno de los organismos clave para canalizar el apoyo institucional en el ámbito de la Cultura de la Defensa. Aunque es un hecho que la Cultura de la Defensa no ha permeado a la sociedad española de forma uniforme, parece pertinente subrayar ahora también que la ejemplar intervención de nuestras Fuerzas Armadas en lo que de forma global calificaremos de Misiones de Paz, ha sido determinante en la difusión de una Cultura de la Defensa que no dudamos en calificar ahora como en franco crecimiento. La realidad es que, desde las primeras misiones en el exterior con participación española en 1989, hasta nuestros días, la valoración que la sociedad española hace de sus Fuerzas Armadas no ha dejado de crecer. Y, sin duda, ha sido así porque, sin peligro a equivocarnos, podemos afirmar que pocas instituciones han sido capaces de adaptarse de manera tan espectacular al nuevo entorno estratégico Las Fuerzas Armadas de hoy son unas Fuerzas Armadas constitucionales, y una imagen especular de la sociedad española, de sus valores, de su estructura social, que desde 1998 cuentan con mujeres en filas -que sobrepasan el 12 % del total de efectivos-con un servicio militar obligatorio suspendido en diciembre de 2001 y que desde el 2002 incorpora extranjeros en la Tropa y Marinería profesional. Aunque tan sólo de aquellos países con los que España tiene particular vinculación histórica. En consonancia con las nuevas misiones se han modificado aspectos referidos a la organización, al despegue y a las capacidades. Así, de una organización territorial, se ha pasado a una organización funcional, donde el carácter conjunto, es decir la sinergia entre los tres ejércitos, está ya imbuida firmemente en la institución, como no podía ser de otra manera. En resumen, en la actualidad nos encontramos con unas Fuerzas Armadas más reducidas y modernas -que la nueva Ley de la carrera Militar fija entre 130.000 y 140.000 efectivos-más ágiles y flexibles, capaces de desplegarse a escenarios muy alejados del territorio nacional y de integrarse en contingentes multinacionales, gozando de un merecido prestigio internacional. Ahora bien, esto no quiere decir que no quede mucho camino por transitar. Y esta consideración es, precisamente, el punto de partida del número de Arbor que ahora presentamos al que queremos relacionar con otros ya publicados: en concreto, con el n.o 651 del año 2000, monográfico que expuso un Panorama general de las Fuerzas Armadas; le siguieron el n.o 674 del año 2002, que analizó El poder aéreo de España, y el n.o 682, también del año 2002, centrado en La Armada española. Estamos seguros de que con el apoyo continuado de trabajos como el que nos ocupa -y al que pretendemos completar con otro posterior también relacionado con esta temática -y la perseverancia del Ministerio de Defensa en mantener, y a ser posible potenciar, las múltiples actividades que se llevan a cabo para el fomento de la necesaria Cultura de la Defensa, contribuiremos no solamente a estrechar -si cabe más-los vínculos existentes entre nuestra sociedad con sus Fuerzas Armadas, sino también a enriquecer la formación política y humana de todos los españoles.
LOS CAMBIOS DE LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA En los últimos 30 años el mundo ha cambiado mucho y España también. Cambios interiores, el más importante la recuperación de la democracia pero no el único; cambios exteriores, unos relacionados con la Seguridad y la Defensa, otros con aspectos que inciden en ellas. España, tras un proceso complejo y difícil que hemos denominado Transición 1, recuperó la democracia, la constitución de un Estado social de derecho con instituciones democráticas, un marco definido de relación entre ejecutivo y legislativo con respeto a la independencia de los tres poderes, una economía libre de mercado con funciones sociales para las instituciones y un tejido social y político que reconoce funciones específicas para los partidos políticos, los sindicatos, distintos tipos de asociaciones, etc. Todo ello con el reconocimiento de un amplio abanico de libertades, derechos y obligaciones. En este nuevo escenario, el derecho a la seguridad (en sentidos diversos: la seguridad interior, la exterior, en el trabajo, etc.) constituye uno de los elementos (y también reivindicaciones) centrales del nuevo modelo de sociedad. La Política de Seguridad y Defensa es uno de los instrumentos fundamentales para garantizar la Seguridad Exterior, y uno de sus aspectos es la política militar y el papel de las FAS. Así se deslindan los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad (Interior) de las FAS, al tiempo que se mantiene el carácter militar de la Guardia Civil pero no su integración en las FAS, lo que les confiere funciones y utilidades en el interior y en el exterior. Las FAS pierden cualquier papel respecto al Orden Público y mantienen sus misiones respecto a la Defensa y la evolución internacional así como su inserción en las organizaciones internacionales de Defensa y Seguridad, lo que les empieza a exigir nuevas misiones lejos de las fronteras nacionales: las operaciones exteriores, las operaciones de paz. LA SEGURIDAD Y LA DEFENSA EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XXI: DIEZ REFLEXIONES La caída del muro de Berlín, la disolución del Pacto de Varsovia y de la propia URSS, el fin de la Guerra Fría van a definir un nuevo escenario que transitará de un mundo bipolar a un mundo entre la unipolaridad y la multipolaridad. La esperanza de la paz y de sus dividendos se demuestra, poco a poco, ilusoria. Los conflictos siguen existiendo aunque vayan cambiando sus características 2. Se diluyen las probabilidades de una confrontación (una guerra) convencional o nuclear entre actores estatales. Aparecen nuevos actores junto a los estatales: grupos armados, terroristas, mafias, ONG's, etc. Se acaba el orden instaurado en el siglo XVII tras la paz de Westfalia (los estados únicos actores internacionales; el uso de la fuerza atribuido sólo a ellos; separación de lo civil y lo religioso, de Estado e Iglesia; separación de la población civil de las fuerzas armadas; etc.) que se había ido profundizando hasta la constitución de la ONU, su Carta y el Derecho Internacional Humanitario. Los conflictos siguen existiendo. Principalmente adquieren una dimensión interna, conflictos civiles por motivos étnicos, tribales, religiosos. Aunque la intervención internacional produce una nueva característica: el desarrollo de conflictos asimétricos 3. Aparecen conflictos que algunos calificarán como conflictos de cuarta generación, conflictos irregulares 4. Paralelamente, algunos Estados entran en crisis total, serán los llamados Estados fallidos, mientras en otros Estados la Administración desaparece de amplias zonas de su territorio creándose poderes no democráticos de carácter insurgente o delincuentes, o ambas cosas a la vez. En un marco más general, la extensión del fenómenos de la globalización, la extensión de la revolución tecnológica de las llamadas TyC's, hace que desaparezcan o cambien de sentido las fronteras y los límites espaciales y territoriales. Se juntan grandes posibilidades a profundos peligros. Unos y otros van a tener también una importante influencia en el campo de la Seguridad y la Defensa. Para ampliar estos nuevos escenarios y para gestionarlos aparecen nuevos conceptos de seguridad 5: cooperativa, compartida, humana... Todos ellos ponen en evidencia la necesidad de enfoques multidireccionales y más globales para dar respuestas eficaces a la nueva situación. En este marco tan complejo debemos reflexionar y trabajar para conseguir una nueva conciencia y cultura democrática para la Defensa y la Seguridad. LAS REFORMAS LEGALES EN ESPAÑA 6 Ante estos cambios eran inevitables y necesarias las reformas legales para dar respuesta al proceso de democratización y de cambios internacionales. Los redactados constitucionales referidos a nuestro campo, especialmente el artículo octavo, eran resultado de la complejidad del propio proceso que vivíamos y el propio desarrollo internacional iba a poner algunos interrogantes (el concepto de declaración de guerra, el mantenimiento de la pena de muerte en tiempo de guerra, la obligatoriedad del Servicio Militar). Sin embargo, el punto de partida constitucional nos dotaba de pilares suficientemente sólidos y al mismo tiempo flexibles para garantizar un desarrollo legislativo y de acción de gobierno que fuese dando respuesta a las exigencias de Seguridad de un mundo cambiante. En el año 1980 se aprobaba una Ley de Criterios Básicos para la Defensa y su Organización que permitía el primer desarrollo de la Constitución para regular las relaciones entre autoridad civil y la organización militar en una sociedad democrática y no muy apartada de debates que se producían en otros países. Las necesidades llevaban a una modificación en el año 1984, ya con un gobierno socialista, que introducía la doctrina de la acción conjunta y la definición del JEMAD. Veinte años costó la aprobación de una nueva ley básica que respondiera a los cambios de escenarios y enmarcara los cambios parciales que se habían ido produciendo en la legislación y la organización de la Defensa. Tras la elaboración de un Libro Blanco de la Defensa 7 en el 2000 y de una Revisión Estratégica de la Defensa 8, entre 2002 y 2003, ahora con gobiernos del PP y con un amplio debate y consenso con el Grupo Socialista, en el 2005, otra vez con un gobierno socialista, se aprobó una Ley Orgánica de la Defensa Nacional que recogía y reafirmaba las reorganizaciones del Ministerio de Defensa, la doctrina de la acción conjunta y sus consecuencias, la nueva estructuración de las FAS y sus misiones, etc. Incluía la necesidad de aprobación por el Congreso de los Diputados de las intervenciones militares en el exterior en el marco de relaciones entre competencias del ejecutivo y capacidad de control e impulso parlamentario. Al mismo tiempo se creaba un Consejo de Defensa Nacional, que no pudo ser "de Seguridad y Defensa". Mientras tanto, la forma y capacidad de dotarse de recursos humanos había ido cambiando. Tras reducciones y una nueva ley del Servicio Militar, una comisión parlamentaria había abierto las puertas a un modelo mixto (conscripción-voluntariedad) de FAS y posteriormente (2000-2001) una nueva comisión parlamentaria, mixta Congreso-Senado, impulsaba un modelo de total profesionalización de las FAS. La regulación de la profesión militar se profundizaba en sucesivas leyes (1989, 1999 y 2007), al tiempo que la profesionalización para tropa y marinería se afianzaba con nuevas medidas y que quedaba aún por aprobar una ley que regulase los derechos y libertades para militares. El proceso de internacionalización avanzaba y contribuía a abandonar el ensimismamiento de la Seguridad y la Defensa y consolidar la democratización y la modernización de las FAS. El largo y complejo camino de plena integración en la OTAN, la incorporación a la UEO y la participación en el proceso de la PESO y de la PESD de la UE, sin olvidar los compromisos en el marco de la ONU, han dado lugar a las FAS que hoy tenemos. Y en este marco, especial importancia ha tenido la creciente participación en operaciones en el exterior: en operaciones de observación, en operaciones de paz, en operaciones humanitarias. Estas actividades han contribuido de forma especial a una nueva imagen de las FAS en el conjunto de la sociedad más allá del grado de identificación de la opinión pública con cada una de las misiones. Paralelamente se ha avanzado en la gestión de todos los recursos (humanos, materiales, económicos) para aumentar su eficacia. Los sistemas de armas son modernos y han servido también para consolidar nuestra Base Tecnológica e Industrial para la Defensa; al mismo tiempo que nos integrábamos en los organismos internacionales correspondientes: GAEO, OCCAR, EDA. Y tampoco podemos olvidar, también por la incidencia que tiene ante la opinión pública, el proceso de renovación, de modernización, de cobertura legal del Servicio de Inteligencia, que con la aprobación de las leyes dio lugar a la creación del CNI, y la constitución de una Comisión Delegada para Asuntos de Inteligencia que debería impulsar la Comunidad de Inteligencia. Este marco legal y de hecho es en el que debería moverse la Cultura de Defensa. LOS CAMBIOS DE MENTALIDAD EN EL PROCESO Pero estos cambios de escenarios, de realidades, de legalidad no son suficientes para conformar una nueva conciencia y cultura de Defensa, si al mismo tiempo no se producen los cambios de mentalidad que son los que posibilitan la plena y auténtica implementación de los otros cambios. Y estos cambios son los más difíciles. El cambio de mentalidad individual no es fácil, pero los cambios en las organizaciones aún lo son más, y aún más en las Administraciones Públicas y especialmente en la Administración de la Defensa y en las FAS. Organizaciones destinadas a conservar la paz, la seguridad de la Nación y de sus ciudadanos son proclives al mantenimiento de tradiciones y más reacias al cambio. Sin embargo, a veces se tiene la sensación que las FAS han cambiado más profundamente en sus percepciones y actuaciones y su voluntad de relación con el resto de la sociedad, que no ha cambiado la llamada "sociedad civil" en su relación con las FAS. Y ésta es seguramente una de las causas de las dificultades para una Cultura de Defensa. Los cambios de mentalidad en las FAS no han sido (lógicamente) fáciles ni ya concluidos, ya que a unos cambios objetivos permanentes deben corresponderles también unos cambios subjetivos (de percepción, de mentalidad). Pero hoy podemos señalar algunos de estos cambios fundamentales: -La plena adaptación del cambio de unas misiones centradas en la defensa del territorio (y anteriormente el control del propio territorio) y, en consecuencia, de un modelo de organización territorial a unas misiones más centradas en una defensa de intereses nacionales y de valores por ello comprometidas con la comunidad democrática internacional y organizadas pensando en la proyección exterior y con una organización con mentalidad expedicionaria. -La incorporación de la nueva mentalidad que supone gestionar (formar, entrenar, dirigir) un personal voluntario y permanente (o de larga duración) en vez de un personal LA SEGURIDAD Y LA DEFENSA EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XXI: DIEZ REFLEXIONES conscripto y que cada poco tiempo cambiaba por la corta duración del SMO. -Y también la nueva mentalidad que supone el paso de unos procesos de adquisición y de empleo basados en sistemas de armas a unos procesos de adquisición y planificación basados en las capacidades necesarias para las nuevas misiones. LAS RELACIONES ENTRE LAS FAS Y EL RESTO DE El buen funcionamiento de estas relaciones condiciona las percepciones mutuas y con ello los niveles y los contenidos de la cultura de defensa. Los problemas de estas relaciones vienen condicionadas por la historia y las experiencias de cada sociedad, y concretamente por el proceso de transición de unas estructuras no democráticas a unas democráticas y, ya dentro de una sociedad democrática, a las concepciones de lo militar y su relación con lo civil (según sean concepciones basadas en el modelo de Huntington o en el de Janowitz) 10. En una democracia la Política de Seguridad y Defensa es una política pública más. La Defensa es responsabilidad de todos y no sólo de los militares, así como la Sanidad lo es de todos y no sólo de los médicos o como la Educación lo es de todos y no sólo de los profesores. Esto se traduce en que tal política es controlable parlamentariamente como todas las demás, en que el Ministerio de Defensa (no los Ministerios de cada Fuerza) es un Ministerio como los demás o en que el presupuesto de Defensa y su control es como los demás. En este marco sólo existe un poder: el poder político civil. Las FAS forman parte de la Administración y están sujetas a la autoridad política civil pertinente. El Parlamento controla a las autoridades responsables de la Defensa (como a las demás), que son responsables del buen y correcto funcionamiento de las FAS (como los demás elementos de la Administración). En este marco no sólo es impensable otro poder, sino afirmar la autonomía de lo militar frente al gobierno democrático. Ello no implica que existan unas especificidades de la vida militar por sus especiales funciones y misiones, por el uso de los sistemas de armas, por la peligrosidad de su profesión al servicio de la independencia y seguridad de todos los ciudadanos. Esto comporta, a veces, percepciones distintas respecto a ciertas cuestiones o a ciertos valores, lo que puede producir algunos roces en las relaciones entre civiles y militares, tanto entre autoridades civiles y mandos militares, por ejemplo en la conducción de operaciones o adquisición de capacidades, como en las colectividades en que conviven unos y otros. Pero estas situaciones son normales en una sociedad democrática. En estas relaciones tiene especial importancia la mediación de los medios de comunicación. En una sociedad mediática, como la nuestra, las informaciones y especialmente las imágenes 11 (y aún más en un mundo globalizado) son básicas para la formación de las percepciones y de las opiniones. Las relaciones entre las funciones de informar-formar-deformar cobran especial importancia en las relaciones sociedad-medios comunicación-Fuerzas Armadas (ciudadanos-periodistas-militares), ya que la información es materia prima tanto para el periodista como para el militar, pero para unos y otros su acercamiento a tal materia puede ser (y es muchas veces) contradictorio. La necesidad de mantener bajo clasificación una información para evitar consecuencias no deseables puede entrar en contradicción con la función informadora del periodista ante la opinión pública. Si a ello añadimos otros elementos como: las percepciones que cada uno tiene del otro, la intervención de autoridades civiles dando las correspondientes directrices, la deficiente formación en comunicación por parte del militar; todo ello puede crear situaciones de tensión indeseables que tienen su consecuencia negativa para la formación de una Cultura de Defensa. La información incluso puede convertirse en un instrumento (de desinformación, de intoxicación) de los actores de un conflicto. La propia percepción por parte del periodista de la prioridad de sus obligaciones como miembro de una comunidad que puede formar parte del conflicto o de sus obligaciones como profesional de la información que debe intentar la mayor objetividad posible, se convierte en elemento de conflicto. Solamente la profesionalidad y la suficiente formación por parte de unos y otros puede ayudar a una correcta transmisión de la información a una sociedad que debe ir formando su Cultura de Defensa también a través de la información. Otro elemento fundamental en estas relaciones civilesmilitares, lo constituye el tema de la formación, de la enseñanza. Unos sistemas de formación cerrados, sin comunicación, dificultan las relaciones, las mutuas percepciones y la creación de una cultura de defensa. Los modelos pueden ser diversos y cada tradición decidirá el más apropiado, pero la necesidad de relación entre alumnos civiles y alumnos militares y la presencia de profesorado civil y militar forman parte de una comprensión correcta de lo civil y lo militar y sus relaciones. La formación militar también por civiles y la formación en los aspectos militares de la Defensa y de la Seguridad son elementos necesarios para la creación de una Comunidad de Defensa. Para un buen funcionamiento de las relaciones civilesmilitares, para el desarrollo de una Cultura de Defensa es imprescindible la existencia y desarrollo de una Comunidad de Defensa que relacione a militares y a civiles, a políticos y a intelectuales, a periodistas y a formadores de opinión. Esta Comunidad debe ser ámbito de reflexión y debate sobre cuestiones de Seguridad y de Defensa, debe dar lugar a una masa crítica de información y de informadores sobre estos temas, y debe ser punto de partida para posibilitar una correcta formación en todos los niveles de la enseñanza. Esta Comunidad puede formarse a partir de colectivos diversos, de Cátedras o Instituciones Universitarias, think-tanks, centros de enseñanza militar, aprovechando los recursos que las tecnologías de la información nos ofrecen. En estos últimos años en España esta Comunidad (aún no estructurada como tal) ha ido creciendo, especialmente en algunos Centros de Enseñanza, en algunas asociaciones, en algunos territorios y las iniciativas se multiplican (a veces de forma redundante); un desarrollo extenso e intenso, suficientemente apoyado e impulsado por las autoridades, es un requisito para que la consolidación de esta Comunidad pueda influir positivamente en la formación y desarrollo de la Cultura de Seguridad y Defensa. EL PAPEL DE LOS POLÍTICOS 12 Afirmar el importante papel de los políticos en la definición y en la ejecución de una Política de Seguridad y Defensa es algo obvio. Afirmar tal papel en la formación de una Cultura de Defensa no siempre parece ser tan obvio. El desarrollo del debate político coyuntural (a veces convertido en estratégico), la propia formación e interés en estos temas por parte de la clase política, la mínima incidencia de tales políticas en la formación de la decisión del voto, la débil presencia en los medios de comunicación de debates serios sobre estas cuestiones, pueden ayudar a explicar, o al menos entender, el porqué de nuestras afirmaciones iniciales. Sin embargo, es opinión generalmente extendida, también en la teorización política, que tales políticas responden o deben responder al ámbito de las llamadas cuestiones o políticas de Estado que deberían estar más allá del debate puramente partidista. ¿Nos hallamos ante una concepción anticuada, sobrepasada o errónea de la reflexión política? ¿Existen cuestiones cuya resolución debe sobreponerse a los legítimos intereses políticos que defienden los partidos como actores del proceso democrático? 0 bien ¿toda política responde a posiciones contrapuestas como representaciones de los contrapuestos intereses que se dan en una sociedad? ¿Debe existir una lógica distinta para la confrontación de posiciones en las llamadas cuestiones de Estado? ¿Es el objetivo de la confrontación política la victoria democrática de unas posiciones sobre otros o es el objetivo la obtención de consensos que conformen una amplia mayoría integrada de la mayor cantidad de posiciones en el ámbito de la Defensa? En definitiva, en la sociedad moderna del siglo XXI, ¿siguen existiendo cuestiones de Estado? La definición de un ámbito de la política como cuestión de Estado parece relacionarse con la existencia de unos intereses que deben asegurarse so pena de desaparición o grave peligro para el futuro de la propia comunidad o, en otras palabras, cuestiones que afecten a los intereses vitales (y tal vez estratégicos) de una sociedad. Son, por lo tanto, intereses nacionales que pueden entrar en algún tipo de conflicto con otros intereses nacionales. En una sociedad que tiende a la creación de una comunidad internacional basada en unos valores básicos comunes (democracia, derechos humanos, tolerancia...) compartidos por todos, ¿podemos seguir hablando de intereses nacionales y concretamente de intereses vitales o intereses estratégicos? LA SEGURIDAD Y LA DEFENSA EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XXI: DIEZ REFLEXIONES Una posición realista, que no implica la negación de crear caminos para esta nueva sociedad internacional, parece indicar que por el momento (y al menos mientras no exista) no existe y, por lo tanto, que siguen existiendo intereses parciales nacionales legítimos, que no impiden trabajar para crear mecanismos dialogados y concertados para superar posibles confrontaciones de intereses legítimos. Incluso al mismo tiempo podemos constatar la existencia de algunos elementos disfuncionales como: -La existencia de Estados con objetivos o métodos no homologables internacionalmente. -La existencia de algunos intereses difícilmente aceptables como legítimos. -La existencia de actores no estatales con objetivos no legítimos o peligrosos. -La existencia de zonas (Estados o dentro de Estados) al margen de las lógicas internacionales. Por todo esto parece evidente que mientras no exista una sociedad global justa, seguirán existiendo intereses nacionales vitales que pueden ser puestos en por algunos de los elementos señalados anteriormente. Y con ello podemos presumir que sigan existiendo algunas de las llamadas cuestiones de Estado. Y parece evidente que una de ellas son la Seguridad y la Defensa. Así las políticas de Seguridad y Defensa deben aspirar al máximo consenso posible. Existen razones bastante evidentes para estas afirmaciones. Veamos algunas de ellas: -Las cuestiones de Seguridad y Defensa afectan a la propia existencia nacional o pueden poner en peligro cuestiones estratégicas fundamentales para el futuro de tal sociedad. -El cambio constante de tales políticas resta credibilidad en el interior que puede desorientarse y sobre todo en el exterior ante nuestros aliados y nos constituye en un actor impredecible con consecuencias para la estabilidad. -La duración de los procesos de estas políticas (la plena profesionalización, la adquisición de capacidades y sistemas...) hace necesaria una continuidad básica consensuada para evitar negativas consecuencias operativas, económicas, tecnológicas e industriales. -Las propias características de las FAS (apartidismo) como instrumento básico de tales políticas reclama un máximo consenso que da mayor seguridad y con ello mejores resultados en las operaciones a realizar, el sentirse respaldadas mayoritariamente en sus misiones. Sin embargo, la bondad del consenso (que también puede ser discutida) no es nada fácil, sobre todo en determinadas situaciones y ello exige algunas consideraciones: -Debería evitarse al máximo la contaminación de los debates de Seguridad y Defensa por situaciones coyunturales de política (partidista) interna. -Debería tratarse en las discusiones hablar sobre los contenidos objetivos del tema y no de argumentos subjetivos (mas o menos ad hominem) que tratan de desautorizar al contrincante. -El objetivo del debate debería ser encontrar soluciones al problema y no la victoria sobre (los argumentos) el contrincante. -Evitar el "adanismo" que supone que las políticas empiezan con las propias y que antes no se hizo nada (en Defensa la continuidad es también una virtud). -En cada despacho debería colocarse una inscripción del siguiente tenor: "Ni los otros lo hicieron tan mal como decimos, ni nosotros lo haremos tan bien como pensamos". Tener presentes algunas de estas reflexiones ayudaría a mejorar la imagen de la política (y no sólo la de Seguridad y Defensa), ayudaría a fomentar el acuerdo y con ello el funcionamiento de la Comunidad de Defensa y así la creación de una cultura de Defensa. Pero al mismo tiempo la Comisión de Defensa tiene también una responsabilidad central en el buen funcionamiento de las relaciones civiles-militares y especialmente como representantes políticos de la sociedad, deben impulsar estas relaciones entre el conjunto de la sociedad y las FAS. Las Comisiones de Defensa, como ámbito de encuentro entre el conjunto de la sociedad y las FAS, deben ser instrumento básico para la existencia de una Cultura de Defensa. EL PAPEL DEL PARLAMENTO Y si antes señalábamos la importancia del consenso en estas políticas, las Comisiones de Defensa, donde se encuentran los representantes de las distintas opiniones políticas y ámbito de encuentro civil-militar, deben ser el espacio central donde se produce el consenso político y social sobre las políticas de seguridad y defensa. Las Comisiones de Defensa no sólo deben controlar al ejecutivo, sino que además, como ámbito de consenso, deben impulsar las políticas correspondientes. Por ello en ellas deben producirse los grandes debates sobre los elementos centrales que definen la política de Seguridad y Defensa, protegiendo escrupulosamente lo que son las responsabilidades y competencias del Ejecutivo, que no deben confundirse con las funciones parlamentarias. El gobierno debe presentar informes que sirvan de punto de partida para el debate y la consecución del convenio en los elementos básicos, manteniendo las especificidades concretas de las distintas posiciones políticas, garantizando así la necesaria continuidad y alternancia que deben caracterizar las políticas de seguridad y defensa en un sistema democrático. Algunos de estos debates que deben realizarse y que el actual marco legal permite o incluso señala 14, serán: -El debate de las grandes líneas de la Política de Seguridad y Defensa que se cristalizan en la Directiva de Defensa Nacional. -El debate sobre la realización y los objetivos de la profesionalización y la modernización que cristalizan en los distintos Planes Directores. -El debate sobre el proceso de planeamiento y adquisición de capacidades, elemento fundamental en el proceso de Transformación. -El debate sobre los principales proyectos de sistemas que incide sobre las capacidades de las FAS y la fortaleza de la Base Tecnológica e Industrial para la Defensa. -El debate presupuestario entendido como proceso: proyecto, modificaciones a lo largo del año y ejecución real de lo presupuestado y sus modificaciones, para controlar la capacidad de gestión de los diversos recursos de que dispone el gestor de la Política de Seguridad y Defensa. Las FAS son uno de los instrumentos de los que el gobierno dispone para realizar su Política Exterior de defensa y promoción de los intereses nacionales. Al mismo tiempo, con la ósmosis entre seguridad exterior y seguridad interior, en el funcionamiento parlamentario cada vez será más necesario establecer mecanismos de relación entre las Comisiones de Defensa, de Exteriores y de Interior. Como resumen, podemos decir que las funciones de las Comisiones de Defensa deben ser: controlar e impulsar políticas, promover consensos y, en definitiva, corresponsabilizarse de la Política de Seguridad y Defensa como políticas de Estado. CONSECUENCIAS DE LOS NUEVOS ESCENARIOS Señalábamos al principio los nuevos escenarios que se van definiendo tras el fin de la Guerra Fría y en distintos momentos hemos apelado a ellos. Esta situación se traduce también en las percepciones que los ciudadanos tienen y que afectan al interés por estas cuestiones y con ello inciden en la Cultura de Defensa. Así, desde la percepción de la inexistencia de un enemigo tradicional definido y las dificultades de percepción de los nuevos riesgos y amenazas, hasta la difícil percepción de los cambios conceptuales que conllevan los nuevos escena- Los nuevos escenarios que describíamos al principio son consecuencia del fin de la Guerra Fría y la nueva dimensión que adquiere el terrorismo yihadista. Así aparecen nuevas amenazas, nuevos riesgos (terrorismo internacional, proliferación de armas de destrucción masiva, rogue states, Estados fallidos, conflictos étnicos y religiosos, narcotráfico y mafias internacionales, migraciones masivas incontroladas, pandemias...) 15 que llevan a la definición de nuevas misiones para las FAS que se añaden a las tradicionales. El concepto de Seguridad (Internacional), se sobrepone al de Defensa se va ampliando. La Seguridad se define de forma multidireccional y global, se diluyen las fronteras entre Seguridad Exterior y Seguridad Interior. Las FAS como instrumento para garantizar seguridad se entremezcla con los demás instrumentos diplomáticos, civiles, económicos de los que disponen los Estados y las Organizaciones Internacionales de Seguridad para gestionar las crisis e intervenir en los conflictos. Las FAS como instrumento de la política exterior se van configurando como fuerzas expedicionarias proyectables a largas distancias más allá de las fronteras nacionales para defender los intereses nacionales, proyectar estabilidad y garantizar la paz. Todo ello incide, como analizaremos más adelante, en los procesos de Transformación de las Políticas de Seguridad y Defensa y de las FAS. La planificación de las operaciones en las crisis y los conflictos adquieren una dimensión multidireccional con uso de todos los instrumentos, aparecen los conceptos de aproximación integrada civil-militar (comprehensive approach, en terminología de la OTAN) a las operaciones. La percepción del conflicto evoluciona y se hace evidente la necesidad de cambio de mentalidad en los responsables de la gestión de crisis y en todos los actores (civiles y militares, gubernamentales y no gubernamentales) que participan en la resolución del conflicto. Y así también es necesario un cambio en las percepciones y mentalidades de la opinión pública. Es necesario un cambio en la Cultura de Seguridad y Defensa, incluso cuando aún no existe una consolidación de tal Cultura. LAS OPERACIONES EN EL EXTERIOR 16 En este contexto, las operaciones en el exterior se convierten en elemento central de las nuevas Políticas de Seguridad y Defensa y en el elemento más visible ante las opiniones públicas. Estas operaciones tienen consecuencias trascendentales: primero, en la organización, la operatividad y la doctrina de las FAS, convirtiéndose en uno de los motores del proceso de transformación; segundo, en la percepción y la valoración de la opinión pública sobre las FAS. Y abren también una serie de cuestiones y debates, después de una serie de experiencias diversas de todo tipo de operaciones internacionales en el exterior, tanto en las opiniones públicas como en los especialistas, pasando por distintos posicionamientos de las fuerzas políticas y sociales. Algunas de estas cuestiones son: -¿Cómo han incidido y van a incidir estas operaciones en la operativa y la organización de las FAS y también en la organización y coordinación de los departamentos y agencias de la Administración? -¿Cómo debemos desarrollar las estrategias de evolución de las operaciones conjuntas y combinadas a operaciones integradas multiagencias que van a ser definitorias de la mayoría de operaciones en el futuro? -¿Cómo coordinar las estrategias de contrainsurgencia con las de estabilización y reconstrucción en el marco del sistema de planificación de operaciones basadas en efectos? -¿Cómo definir y actualizar los sistemas de legalidad y legitimidad del uso de la fuerza en los nuevos escenarios de conflictos y de necesidades humanitarias, y en el marco de conceptos como "la responsabilidad de proteger" 17 definidos en diversos documentos de la ONU o como el discutido concepto del "derecho de injerencia humanitaria" 18? -¿Cómo inciden todos estos elementos en las relaciones civiles-militares en las Operaciones en el Exterior, desde la planificación de la operación por autoridades políticas y mandos militares hasta su ejecución donde intervienen actores militares multinacionales y diversos actores civiles como agencias civiles gubernamentales y diferentes tipos de ONG's, pasando por las complejas relaciones CIMIC con las autoridades y la población del teatro de actuación? Estas complejas cuestiones a veces en el fragor del debate político coyuntural sufren formulaciones que en nada pueden ayudar a avanzar en la práctica y la reflexión sobre tales operaciones. La caracterización como operaciones de paz se define por su finalidad: mantener o conseguir la paz; no por la caracterización de los instrumentos que se usan y que a veces requieren el uso (proporcionado) de la fuerza. El concepto de operaciones de guerra es desfasado desde que el concepto jurídico de guerra quedó prohibido en el marco de la Carta de las NNUU y que la existencia de combates no puede equipararse al de guerra, sino al de uso legítimo de la fuerza. El debate no se produce en la dicotomía paz/guerra sino en cuándo, cómo y por quién es legal y legítimo del uso de la fuerza. Los debates equivocados en nada ayudan a la formación de consensos, a la comprensión por parte de la opinión pública y, en definitiva, a la construcción de una Cultura de Seguridad y Defensa. Transformar es un concepto que define un proceso, no una meta definida. En un marco de cambios permanentes la transformación es un proceso permanente y abierto que ha de permitir enfrentarnos eficazmente a las nuevas amenazas y retos en escenarios cambiantes. La transformación afecta a políticas, doctrinas, operatividad, capacidades, organización, pero sobre todo a cambios de mentalidad para gestionar eficazmente los nuevos conflictos. La transformación tiene sus antecedentes en el concepto de Revolución en Asuntos Militares (RMA) 20 que comenzó a gestarse en las etapas finales de la Guerra Fría y la situación posterior. Se basa en la aplicación masiva de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones que trasladaron una revolución que ya se daba en el campo civil y que sumado al concepto de precisión en el uso de las armas para evitar o disminuir sensiblemente los llamados efectos colaterales, que tanta influencia tenían en la formación de las opiniones públicas tanto en relación con las bajas propias como en las bajas civiles, dio lugar a una constante revolución tecnológica militar que iba a tener consecuencias tanto en los campos de la gestión, la organización y las doctrinas militares como en las capacidades necesarias para gestionar los conflictos y las crisis. La transformación ha producido cambios radicales en la gestión de los conflictos, en las formas de enfrentamiento, en el planeamiento, en la organización, etc. Han aparecido así nuevos conceptos transformacionales: reforzamiento de la doctrina de la acción conjunta, interoperabilidad de las fuerzas combinadas, superioridad en la información y la acción en red (NCW, NEC, etc.) 21, planeamiento de operaciones basadas en efectos (EBAO, EBO) 22, planeamiento por capacidades 23, concepto de Desarrollo y Experimentación (CD&E) 24, relaciones civil-militar, comprehensive approach 25, etc. Al mismo tiempo ha producido nuevas visiones de las fases de las operaciones: combate, estabilización y reconstrucción, y nuevas estrategias de contrainsurgencia 26 y estrategias de estabilización y reconstrucción 27 y la relación entre ellas. En definitiva, ha puesto la evolución de operaciones conjuntas y combinadas al de operaciones integradas interagencias 28. Tales cambios en el estado del arte militar también inciden en una profunda transformación en las políticas de Seguridad y Defensa que se plasman en múltiples documentos (Nuevos Conceptos Estrategias de países o de la OTAN, Revisiones Estratégicas, la llamada Estrategia Solana de la UE, etc.) y en acciones como los experimentos Multinacionales (MNE) 29 que integran acción civil y militar, que abren amplias expectativas de futuro. Si la transformación de las FAS ha producido una transformación en las políticas de Seguridad y Defensa, debemos pensar que también se debe producir una transformación en la Cultura de Seguridad y Defensa. Kagan escribió un artículo 30 que ha producido numerosos debates. Caracterizaba la cultura de defensa norteamericana ejemplificada en Ares, que priorizaba el uso de la fuerza militar frente a una creciente cultura europea ejemplificada en Venus, que priorizaba el uso de instrumentos no militares y que no dejaba de ser la expresión de una LA SEGURIDAD Y LA DEFENSA EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XXI: DIEZ REFLEXIONES debilidad militar. Otros autores como Nye 31 hablaban de hard-power y de soft-power, priorizando el uso de estos instrumentos político-culturales, diplomáticos, económicos, etc., para evitar el creciente empeoramiento de la imagen norteamericana. La realidad nos muestra que sólo la adecuada, proporcionada y coordinada utilización de ambos tipos de poder nos solucionará las crisis y los conflictos. La imagen la encontramos en la diosa griega Atenea. Atenea es a la vez diosa del razonamiento, del diálogo y la diosa protectora (frente a Ares, dios de la guerra no reglamentada) con su lanza (arma de ataque) y su escudo (arma defensiva) en el que se encuentra la cabeza de la Gorgona que paraliza al enemigo, ejemplo de la complejidad del uso defensivo y de ataque que tiene toda arma. La combinación de todas estas estrategias de la diosa protectora de la democracia ateniense, puede ser símbolo de la combinación de instrumentos para defender las democracias modernas. Pero cualquier estrategia estará condenada al fracaso si no cuenta con la comprensión y el apoyo de la sociedad y esto supone la necesidad de una cultura de Defensa y Seguridad adecuada al siglo XXI.
LOS ÁMBITOS DE LAS "POLÍTICAS DE ESTADO" La expresión "política de Estado" se utiliza con mucha frecuencia en el lenguaje político habitual -seguramente con excesiva frecuencia-pero normalmente no se define, dando por supuesto que todo el mundo entiende su auténtico significado. Evidentemente con esa expresión se quiere decir que, si bien en un régimen democrático de alternancia en el poder lo normal es que las políticas que aplican los diferentes gobiernos cambien de orientación al sucederse en las responsabilidades del poder equipos, partidos políticos o coaliciones con distintos programas de actuación política, en ciertos ámbitos especialmente vinculados con la propia identidad del Estado, con sus instituciones básicas, con sus procedimientos fundamentales de actuación, con su proyección hacia el exterior y sus relaciones con otros sujetos de Derecho Internacional y con su necesaria permanencia y continuidad, es conveniente -e incluso necesario-que las políticas, al menos en sus grandes líneas maestras, no cambien sino que se sucedan en una continuidad identificable. Eso significa que se trata de ámbitos donde las políticas deben ser decididas -o es conveniente que lo sean-por un amplio consenso de los principales partidos que compongan el arco parlamentario. Idealmente por todos pero, dado que esa unanimidad es siempre o casi siempre muy difícil de alcanzar, al menos por los partidos más representativos. La fórmula mínima sería que en ese consenso participaran el partido o los partidos que forman el gobierno y, al menos, el más representativo de los partidos de la oposición. Aunque si en la oposición existen dos o más partidos que tienen similar peso político parece lógico que no se debería prescindir de ninguno de ellos. Este concepto de "política de Estado", cuya relevancia práctica difícilmente se puede exagerar, no tiene sin embargo una especial consideración constitucional. Las Constituciones no definen cuáles deban ser consideradas como "políticas de Estado". Sí establecen para la aprobación de leyes relativas a materias de especial importancia requisitos procedimentales especiales, como hace la Constitución española de 1978 (CE), en relación con las leyes orgánicas. Pero no sería adecuado confundir o identificar las materias que deben ser objeto de ley orgánica con las políticas de Estado, aunque el requisito de la mayoría absoluta exigido para la aprobación de las leyes orgánicas parezca estar ya apuntando en esa dirección. Aunque no sea conveniente confundir un procedimiento especial de elaboración de una ley, como el que se exige para las leyes orgánicas, con la relevancia política que se atribuye a las políticas de Estado, no cabe duda de que hay puntos de contacto entre esos diversos niveles. Por lo pronto, en opinión de quien esto escribe, no habría ningún inconveniente en considerar que todas las materias que el artículo 81 de la CE considera específicamente como propias de ley orgánica (desarrollo de los derechos fundamentales y de las libertades públicas, las que aprueben los Estatutos de Autonomía y el régimen electoral general) constituyen "políticas de Estado" en el sentido en que hemos definido este concepto. Por poner un ejemplo concreto, es una idea generalmente admitida que un determinado gobierno de un partido, aun contando con mayoría absoluta en el Parlamento, no debería afrontar un cambio de la ley electoral sin contar con el consenso, como mínimo, del principal partido de la oposición. En otro caso la nueva ley electoral, cuya "legalidad" nadie podría negar, carecería de "legitimidad" y tendría escasa duración en el tiempo. Tal fue el caso, por ejemplo, de la reforma electoral realizada por Mitterrand en 1985. Este ejemplo de la ley electoral es oportuno porque se suele estimar que los procedimientos electorales constituyen "las reglas de juego" que ni pueden ni deben alterarse sin el concurso de quienes participan en ese "juego" que es una contienda electoral. a ampliar excesivamente el ámbito de estas políticas de Estado a terrenos que, sin mengua de su importancia intrínseca, no exigirían ese especial tratamiento. Por poner algunos ejemplos a los que en tiempos recientes se ha etiquetado en España -en nuestra opinión abusivamente-como políticas de Estado, no deberían tener ese carácter las normas relativas a la discapacidad o a la llamada violencia de género por relevantes que sean en un determinado momento político. Y lo mismo podríamos decir de otros sectores de actuación gubernamental como la vivienda o las políticas activas de empleo. Un caso especial sería la normativa relativa a la seguridad social que, al exigir una continuidad que garantice el futuro de las pensiones, en España ha sido objeto de una política de Estado que tuvo su concreción en el llamado Pacto de Toledo. En las políticas de Estado, así definidas, es necesario, en todo caso, distinguir varios niveles. Si partimos del supuesto de que, sobre todo a los efectos de este artículo, es en los ámbitos de la política exterior y de la defensa donde las políticas de Estado tienen una razón de ser más sólida y comprensible, sería conveniente señalar que en ningún caso sería necesario que en todas y cada una de las acciones que se lleven a cabo por un determinado gobierno en esos ámbitos de actuación política se lograra ese amplio consenso. Una política de Estado, basada en un consenso tan amplio como fuera posible, sería necesaria, o al menos conveniente, en lo que respecta a la legislación básica sobre estas materias, tratados internacionales de especial importancia, adhesión o integración en organizaciones internacionales..., etc. La organización básica del servicio exterior, la determinación del modelo de Fuerzas Armadas o la organización básica de la defensa y la seguridad nacionales... serían algunos ejemplos de políticas de Estado, al menos deseablemente. Pero no sería prudente considerar como tales las actuaciones concretas, sin carácter legislativo que un gobierno toma a diario sobre estas materias. En estos tiempos posteriores a la Guerra Fría en los que se ha ido perfilando como una nueva amenaza el terrorismo, tanto el de raíz nacionalista -en España sería el caso de ETA-como el nuevo terrorismo llamado internacional, esencialmente de raíz islamista, es también un valor entendido que la lucha contra el terrorismo debería incluirse entre las políticas de Estado. A ese enfoque ha respondido en España, mientras duró, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. DEFENSA E INTERÉS NACIONAL La idea de que la política de defensa, como la política exterior, son "políticas de Estado" es una afirmación que se repite insistentemente, casi como un mantra que se salmodia una y otra vez, como si se intentase conjurar la aparición de discrepancias en este importante reducto, tan ligado a la propia identidad y la definición que de sí mismo da cualquier sistema político. Mientras que en cualquier otro ámbito de acción política se considera, en una sociedad democrática, que lo normal es la diversidad de opciones y opiniones, que se resuelven por el democrático procedimiento de la mayoría, cuando se trata de la política de defensa, como ocurre con la política exterior -tan ligadas entre sí, por otra parte-se suele partir del supuesto de que lo deseable es el consenso, al menos entre los grupos o partidos más significativos. En mi opinión, esto se debe a la estrecha conexión que se supone que existe entre estas políticas y el concepto de interés nacional que, como explicó Charles A. Beard (The Idea of National Interest, 1934), comienza a configurarse en el siglo XVIII y, paulatinamente, desplaza a otros criterios de acción política como "la voluntad del príncipe" o la raison d'etat que habían imperado hasta aquel momento. Frente a la caprichosa voluntad del monarca que se impone incluso por encima de la ley, el concepto de interés nacional implica una cierta objetivación, al menos aparente, de las motivaciones del gobernante, sobre todo en el ámbito de la acción exterior y militar. Es más, los Estados del continente europeo, contiguos entre sí, dan a estas primeras formulaciones del interés nacional un contenido fundamentalmente militar, en el marco de una preocupación prioritaria por la seguridad. Territorios y fronteras son el contenido esencial de lo que entonces se entendía por interés nacional. El sistema de Westfalia parte del supuesto de que todos los Estados son soberanos y, por lo tanto, iguales entre sí, pero en la realidad son evidentes las diferencias: Hay Estados expansivos con fuertes tendencias a la hegemonía, regional, continental o incluso extracontinental que deben ser contenidas o frenadas por medio de coaliciones que intentan establecer unos mecanismos de seguridad. Esta idea se convierte, ya desde entonces, en un componente esencial de las políticas de defensa. Precisamente, Inglaterra hará de la balance of power, del equilibrio entre las potencias continentales, el eje de su política exterior e identificará con ese concepto su propia idea del interés nacional. Además, la posición geopolítica de Inglaterra y su estructura económica, en la que el comercio exterior ocupaba un lugar preferente, daban allí a la idea del interés nacional un contenido diferente al de otros países: En la visión inglesa, los aspectos comerciales y sus derivados, como el principio de la libertad de los mares, adquirían un carácter prioritario. Se explica así la tradición británica de un poder naval de primer nivel, así como la inexistencia de un ejército de tierra permanente y, en todo caso, de dimensiones muy reducidas. Esta concepción del interés nacional alcanzará su madurez en el siglo XIX y será Palmerston quien hará su formulación clásica y más conocida. Tras la victoria en la guerra de Crimea y cuando Gran Bretaña es la indiscutible potencia hegemónica, no sólo en Europa sino en el mundo, el primer ministro británico (1856) no dejará lugar a dudas acerca de cuál es el criterio de toda su acción exterior: "Hacer de los intereses de nuestro país el único principio director". "Inglaterra no tiene aliados eternos ni enemigos permanentes. Sólo son eternos nuestros intereses y nuestro deber de defenderlos". De ahí saldrán la poca justificada idea del "espléndido aislamiento" británico o la imagen de la "Pérfida Albión", expresión de las críticas, de la "leyenda negra" de que siempre son objeto las potencias hegemónicas o imperiales. Pero la identificación de defensa e interés nacional tampoco resuelve definitivamente el problema porque este último concepto está muy lejos de ser una evidencia. Precisamente una de las claves más importantes que explican las diferencias entre los diversos partidos políticos radica en las distintas visiones que tiene éstos del interés nacional. El problema se complica si consideramos que se suele distinguir entre intereses vitales e intereses secundarios y hay un acuerdo entre los expertos en el sentido de que el primero y más importante de los intereses vitales es la supervivencia del Estado que, en cualquier caso y situación exige el uso y aplicación de todos los recursos diplomáticos y de cualquier otra clase de que disponga el Estado LA DEFENSA, POLÍTICA DE ESTADO incluido, si fuera necesario, el uso de la fuerza militar. Resulta difícil imaginar una situación en la que estando en juego la supervivencia del Estado no se lograra alcanzar el consenso entre todas las fuerzas políticas para garantizar esa supervivencia. Pero, ¿qué ocurre si, por azares de la política, contribuyen a la formación de la voluntad del Estado grupos separatistas cuyo objetivo último es, precisamente, debilitar y aniquilar al Estado? Sería preciso introducir aquí un concepto elaborado en Alemania como criterio para las relaciones entre el Gobierno federal y los Länder: nos referimos al concepto de lealtad institucional que, si falta, hace imposible cualquier debate sobre el interés nacional o sobre una supuesta política de Estado. Algunas de las vicisitudes que se han vivido en España en estos últimos años nos demuestran, sin lugar a dudas, que no estamos refiriéndonos a hipótesis de escuela sino a situaciones que se pueden dar y, de hecho, se dan, por extraño que pueda parecer 1. Por otra parte, el concepto de interés nacional sufre actualmente una crisis patente ya que se le asocia con las doctrinas del realismo político y del llamado hard power, propicio a la solución militar de los conflictos internacionales y basado, según esos críticos, en una visión egoísta de las relaciones internacionales. Los "políticamente correctos" defensores del soft power, del diálogo sin límites, del multilateralismo y del apaciguamiento a toda costa no aceptan el interés nacional como criterio para determinar las políticas exteriores y de defensa, ya que lo asocian con un supuesto unilateralismo, basado en una visión egoísta y "nacionalista" de las relaciones internacionales. El interés nacional estaría para quienes así piensan en los antípodas de una concepción idealizada y utopizante de las relaciones internacionales, propia de ciertos sectores de la izquierda, que recientemente ha sido denominada "buenismo" 2. sectores muy diversos del arco político y de la sociedad, incluidos algunos relevantes personajes de su propio partido. Y estas discrepancias sobre la intervención en Iraq no han sido una excepción sino que, más bien, constituyen la regla general de la política norteamericana. Bastaría recordar las resistencias, procedentes de los sectores aislacionistas, a las que tuvo que enfrentarse Rooselvet antes de entrar en la Segunda Guerra Mundial. Sólo el ataque de Pearl Harbor y la insensata declaración de guerra por parte de Hitler logran hacer realidad la unanimidad nacional y convierten la guerra en una bipartisan policy. Otro ejemplo histórico relevante, que muestra las más agudas discrepancias en el terreno militar y de la defensa es el de la guerra de Vietnam, que por sí solo requeriría un reflexión, pues difícilmente se podría considerar como expresión de una política de Estado, aquel conflicto que dividió tan profundamente a la sociedad norteamericana. También hay que tener en cuenta que, en una coyuntura electoral, la coincidencia de los contendientes en una misma política puede tener un cierto carácter desmovilizador ya que el elector puede estimar que si, gane uno u otro, se va a aplicar la misma política no vale la pena molestarse en ir a las urnas. Esto podría explicar que, durante la campaña electoral presidencial de 2004, el candidato demócrata, Kerry, tratara de presentar una política respecto de Iraq muy diferenciada de la de Bush, a pesar de que, en su momento, su voto personal, como el de casi todos los demócratas, había sido favorable a la intervención militar contra la dictadura de Sadam Husein. Pero, ¿habría sido su política, de haber ganado, diferente de la de Bush? No han sido pocos los comentaristas que han estimado que una hipotética Administración demócrata no habría podido diferenciarse demasiado de la republicana de Bush. Podría incluso afirmarse que, en ciertos casos, las exigencias de una política de Estado de imponen por sí mismas y que, pese a ciertas promesas electorales, una vez instalados en las responsabilidades del poder, los nuevos gobernantes no pueden a veces diferenciarse demasiado de sus predecesores. Podría plantearse en esta línea y sin salir del problema de Iraq la siguiente cuestión: De haber ganado las elecciones en 2000 el candidato demócrata Gore en vez del republicano Bush, ¿habría habido invasión de Iraq? Evidentemente se pueden imaginar respuestas para todos los gustos pero la hipótesis de que incluso con un demócrata en la Casa Blanca podría haber habido intervención militar en Iraq no puede descartarse si pensamos que la secretaria de Estado del demócrata Clinton, Madeleine Albright, reconoce en sus Memorias cómo aquella Administración adoptó la política de "cambio de régimen" como "objetivo explícito de la política de Estados Unidos" y cómo "la mezcla de sanciones, contención, desafíos iraquíes y nuestra incertidumbre sobre las armas de Sadam no podía continuar indefinidamente" y concluye: "Como dijo el presidente Clinton en 1998, el líder iraquí amenaza la 'seguridad mundial' y la mejor manera de terminar con esa amenaza de una vez y para siempre es con un nuevo gobierno iraquí" 6. En síntesis, se puede mantener la hipótesis de que, en el caso de Iraq, un supuesto interés nacional de los Estados Unidos -acertado o no, eso es otra cuestión-habría llegado posiblemente a la intervención militar, cualquiera que hubiera sido la Administración gobernante en los Estados Unidos. Los anteriores casos confirmarían que, de todos modos, hay situaciones en las que, bien por razones de interés nacional compartidas por los grandes actores políticos o por cualesquiera otras circunstancias en las que se impone una determinada "política de Estado" que uno u otro partido político en el poder se ve obligado a ejecutar. Las más evidentes, por supuesto, serían las posibles situaciones excepcionales, de crisis existencial, sobre todo aquellas que ponen en peligro la propia supervivencia del Estado en las que lo normal es que se logre la unanimidad nacional y la defensa del territorio nacional o del propio sistema político se convierte en una "política de Estado", basada en un amplio consenso nacional. Tal sería el caso de las guerras defensivas ante una agresión exterior, especialmente la invasión del territorio nacional por parte de una potencia extranjera. En tales casos, se suelen conseguir los más amplios apoyos en los diversos sectores políticos y de opinión, pero esto no es nunca una verdad absoluta. Se recuerda la famosa union sacrée que alineó a todos los partidos franceses de la derecha a la izquierda contra Alemania en la Primera Guerra Mundial, incluidos los socialistas que habían hecho gala de su antibelicismo. Pero en la Segunda Guerra Mundial, y aunque a las historias oficiales no les guste recordarlo, fueron muchos los franceses que aceptaron el régimen colaboracionista del mariscal Petain y, al principio, más bien pocos los que se sumaron a la empresa de de Gaulle que, inicialmente, parecía tan imposible como desesperada. En el caso británico es bien conocido el agudísimo contraste entre el apaciguamiento de Neville Chamberlain que, con el francés Daladier firmó con Hitler el infausto LA DEFENSA, POLÍTICA DE ESTADO acuerdo de Múnich y la posición de Churchill, decidido a resistir a la amenaza nazi, aunque fuera al precio de "sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas". Ya en pleno curso de la Segunda Guerra Mundial se perfilan posiciones diferentes entre quienes apuestan por la rendición incondicional de la Alemania nazi y los que aspiraban a un armisticio, que habría supuesto una negociación con Hitler. Todos estos ejemplos históricos muestran que, en cualquier caso, las diferencias en estos ámbitos de la política exterior y de defensa se dan también, por lo menos si no más, como en cualquier otro terreno. Sólo en casos muy excepcionales de gran crisis nacional y casi siempre de un modo fugaz, estas políticas, apoyadas por los principales partidos y por amplios sectores de la opinión pública se convierten en verdaderas "políticas de Estado", fruto de un extenso consenso nacional. En los períodos de paz es mucho más difícil lograr ese amplio apoyo que es el más sólido fundamento de las "políticas de Estado". Quizás el caso más peculiar de política de Estado en el ámbito de la defensa es el que representa Francia donde el gaullismo, tal y como lo concibió el general De Gaulle ha impreso huella indeleble en la política de aquel país. No hubo enemigo más declarado de las aspiraciones nucleares del general que Mitterrand, que, con contundencia, se negó a avalar la creación de la force de frappe nuclear para, una vez que llegó a la presidencia de la República, convertirse en su más decidido adalid. Y algo parecido podríamos decir de la posición francesa respecto de los Estados Unidos, teñida de un antiamericanismo indisimulable y compartida allí con algunos matices tanto por la derecha como por la izquierda. Aunque desde la llegado al Elíseo de Sarkozy parece perfilarse una nueva actitud hacia los Estados Unidos y hacia la OTAN. Pero incluso en este caso francés, un análisis más detenido nos lleva necesariamente a la conclusión de que tanto en la época gaullista 7 como durante la presidencia de Chirac, tras la fachada de una casi unanimidad nacional persistían diferentes enfoques, como, por otra parte, es natural en una sociedad pluralista. Algo parecido podría decirse de la actual presidencia de Sarkozy y de su decisión de volver, tras más de cuarenta años, a la estructura militar de la OTAN, discutida incluso por miembros relevantes de su propio partido. En España hemos presenciado cómo la llegada al poder de PSOE en 2004 ha supuesto un vuelco tanto en el terreno de la política exterior como en la defensa, aunque desde el punto de vista de los socialistas habría sido el anterior gobierno del Partido Popular el que se habría alejado de una supuesta política tradicional en estos ámbitos. En nuestra opinión este último enfoque no estaría justificado, pero aun admitiendo que se trata de una cuestión discutible, la evidencia es que, en el momento presente, los dos grandes partidos españoles no coinciden ni en su visión de la política exterior ni en algunos de los fundamentos sobre los que deba asentarse la política de defensa, como muestra, en este último caso, el voto del Partido Popular contrario a la Ley Orgánica de la Defensa Nacional, aprobada por las Cortes Generales en 2005. Quizás nos hallamos ante una especie de vuelta al pasado, a los momentos iniciales de la Transición democrática, cuando las divergencias entre la derecha y la izquierda en estas materias era patente, como puso de relieve la larga polémica en torno a la adhesión y permanencia en la OTAN. La Alianza Atlántica, en la España de aquellas décadas, jugó el papel de contradictorio punto de referencia y línea divisoria entre dos concepciones antitéticas de la política de defensa y de algunos de los aspectos más notables y significativos de la política exterior, como es la cuestión de las relaciones con los Estados Unidos, cargadas, precisamente, desde los acuerdos firmados con este país por Franco en 1953, con un fuerte componente defensivo. Por otra parte, la cuestión de la OTAN puede también considerarse como un caso en el que, en definitiva, se impone una cierta idea del interés nacional, más allá de las posiciones partidistas, Cuando en 1981-1982 el PSOE batallaba en contra de la permanencia en la OTAN y a favor de un referéndum "para salirse de la OTAN", algunos vaticinamos que, una vez en el poder, el nuevo Gobierno socialista, de una u otra manera, se convertiría al atlantismo y defendería la permanencia en la Alianza. El camino fue largo y difícil y pasó porque el presidente González se desembarazara de su primer ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, furibundo antiatlantista. Pero, en definitiva, se impuso lo que bastantes veíamos como patente interés nacional y la permanencia en la OTAN se convirtió en una "política de Estado", defendida por más del 90 % del arco parlamentario. Evidentemente, no todos los atlantistas son iguales, no todos ven o conciben a la OTAN de la misma manera ni todos contemplan del mismo modo la presencia y el papel de España en la organización, pero todos esos matices no obstan al carácter de verdadera "política de Estado" que tiene esa importante opción de ALEJANDRO MUÑOZ ALONSO política exterior y de defensa. Aunque en algunos sectores de la izquierda socialista el "entusiasmo" por la OTAN sea perfectamente descriptible. Frecuentemente hemos oído la expresión "menos OTAN y más ONU", más llena de ingenuo utopismo que de sano realismo. Todas estas referencias históricas y actuales nos permitirían afirmar que, en contra del tópico que considera a la defensa y la política exterior como las "políticas de Estado" más típicas y caracterizadas, la regla es la discrepancia en estos terrenos, mientras que la excepción es la coincidencia y consenso en las mismas de las diferentes fuerzas políticas. Otra cosa bien diferente es que la estabilidad, fortaleza, capacidad de acción y prestigio del sistema político se ven reforzadas cuando se logra conformar una política de Estado, basada en un amplio consenso en estos terrenos tan sensibles. En síntesis, es deseable una "política de Estado" en estas cuestiones pero muy a menudo resulta imposible de alcanzar. Lo que sucede en la práctica habitual es que, en estas materias, la política del Gobierno se presenta habitualmente como política de Estado, sin que los de oposición, en el caso de que no compartan los planteamientos oficiales, estén en condiciones de empeñarse a fondo en una resistencia a los mismos. Agotadas las vías parlamentarias de debate y discusión, que normalmente terminan con el triunfo de las posiciones gubernamentales, cada Gobierno hace de su política una política del Estado, aunque ésta no merezca la etiqueta de política de Estado, en sentido estricto. Sobre todo en su proyección exterior, la "cara" del Estado no es otra que la del Gobierno y en las relaciones internacionales no cuenta sino lo que dice y hace el Gobierno, con independencia del mayor o menor consenso en que se base. Desde fuera no hay más política de cada Estado que la política del Gobierno de turno. En efecto, estas políticas, en cuanto inspiradoras de las relaciones internacionales, se proyectan en gran parte hacía el exterior y, lógicamente, se presentan como las "políticas del Estado" ya que lo son, sin ninguna duda; cualquiera que sea el debate interno sobre la acción exterior y cualesquiera que sean los resultados y las conclusiones del mismo, al final el Gobierno de turno hace de su política la política "del" Estado, aunque no sea una política "de" Estado en el sentido de haber sido apoyada y consensuada por los partidos políticos más significativos. Siempre hay una política "del" Estado -la del Gobierno-aunque ésta no sea una política "de" Estado, con independencia de cuáles hayan sido los mecanismos utilizados para la toma de las decisiones en esa materia. Se puede argumentar que, en ciertas materias específicas del ámbito de la defensa, como sería el caso típico de las misiones en el exterior, cada vez de mayor actualidad, se puede conseguir una política de Estado si la decisión se somete al voto del Parlamento donde, por definición, se sientan todos los sectores significativos de la opinión nacional. Pero esto exige muchas y complejas matizaciones. En la inmensa mayoría de los países del mundo occidental democrático, la política de defensa es una de las competencias exclusivas del Poder Ejecutivo, sometida, claro está, al control del Legislativo, pero sin que éste, en principio, participe en la decisión, salvo en el caso específico de la declaración de guerra, institución esta última obsoleta en este momento histórico, como señalan la mayor parte de los constitucionalistas y de los internacionalistas 8. En la Unión Europea, hasta ahora sólo Dinamarca y Alemania, por razones nacionales muy peculiares (en el caso alemán, como reacción al militarismo que llevó al país a las dos guerras mundiales) introducen en su ordenamiento jurídico preceptos que impiden la actuación exterior de sus Fuerzas Armadas sin previa autorización del Parlamento 9. Hay un caso específico, muy reciente y significativo al respecto. Nos referimos a los Países Bajos, donde tras los bombardeos de la OTAN contra Serbia por la cuestión de Kosovo, en 1999, se abrió un debate nacional acerca del papel del Parlamento en relación con las misiones exteriores de las Fuerzas Armadas. Como consecuencia del mismo se modificó el artículo 100 de la Constitución, que quedó redactado de la siguiente forma: "Previamente al compromiso de uso o puesta a disposición de las Fuerzas Armadas para el mantenimiento o promoción del Estado de Derecho internacional, es preciso informar al Parlamento sobre la acción. Esta obligación incluye la provisión de información relativa en los casos de asistencia humanitaria en caso de conflicto armado". El apartado 2 del mismo LA DEFENSA, POLÍTICA DE ESTADO artículo precisa: "La anterior obligación no se aplicará si se dan circunstancias perentorias, si bien se hará efectiva tan pronto como sea posible" 10. En España se había seguido hasta ahora el criterio de que las misiones exteriores de las Fuerzas Armadas -en cuanto parte componente de la política de defensa-eran competencia exclusiva del Gobierno en virtud del artículo 97 de la Constitución, según el cual "el Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado". No obstante, y aunque no existía ninguna norma que estableciese la obligación de al Parlamento de estas misiones, ha sido práctica habitual que los diferentes Gobiernos hayan informado a las Cámaras, principalmente y sobre todo al Congreso de los Diputados, del desarrollo de las misiones en el exterior de las Fuerzas Armadas. Estas sesiones informativas, celebradas con frecuencia en sesiones conjuntas de las Comisiones de Asuntos Exteriores y de Defensa del Congreso, unas veces lo han sido a petición e iniciativa del Gobierno, pero también, y no con menos frecuencia, a solicitud de los Grupos Parlamentarios. El mecanismo combinaba así la competencia del Gobierno en la política del defensa con la función de control de la acción del Gobierno que la misma Constitución (artículo 66) atribuye a las Cortes Generales. Este sistema tradicional se ha visto alterado totalmente con la nueva Ley Orgánica de la Defensa Nacional que asigna al Congreso de los Diputados la competencia de "autorizar, con carácter previo la participación de las Fuerzas Armadas en misiones fuera del territorio nacional" (artículo 4.2). El artículo 17.1 reitera esta obligación ("Para ordenar operaciones en el exterior que no estén directamente relacionadas con la defensa de España o del interés nacional, el Gobierno realizará una consulta previa y recabará la autorización del Congreso de los Diputados"), pero en los apartados 2 y 3 del mismo artículo se matiza y flexibiliza esta obligación hasta dejarla, en la práctica, en pura fórmula de estilo con escasa vigencia efectiva 11. En nuestra opinión, este precepto que atribuye al Congreso de los Diputados la facultad de autorizar, con carácter previo, la participación de las Fuerzas Armadas en misiones fuera del territorio nacional, entra, además, en contradicción con el artículo siguiente, el 5, de la nueva ley orgánica que, al fijar las competencias del Gobierno en este ámbito de la defensa atribuye al Ejecutivo la facultad de "acordar la participación de las Fuerzas Armadas en misiones fuera del territorio nacional". La intervención obligada del Parlamento en estas cuestiones introduce un inconveniente elemento de rigidez en la acción del Gobierno, que muy frecuentemente tiene que tomar decisiones y asumir compromisos en breves períodos de tiempo y sin excesivos condicionamientos o caveats. Ésa fue la razón por la que en los Países Bajos mantuvieron la plena competencia del Gobierno a la hora de decidir la participación de sus Fuerzas Armadas en misiones en el exterior, con la obligación de la información previa al Parlamento. En el caso español, la rigidez e inconveniencia del precepto que exige la previa autorización parlamentaria se ha constatado, apenas iniciada la vigencia de la nueva Ley Orgánica de Defensa Nacional, con la polémica en torno a la participación -sin previa autorización parlamentaria y sin que se hubiera informado al Congreso de tal misión-de la fragata Álvaro de Bazán en el "grupo de combate" comandado por el portaaviones norteamericano Theodore Rooselvet, en misión en el Golfo Pérsico en el marco de la operación denominada "Libertad para Iraq". Que la preceptiva aprobación por parte del Congreso de los Diputados se ha quedado convertida en una nueva fórmula de estilo, quedó bien a la vista con la participación española en UNIFIL, la operación de la ONU en el Líbano. El Congreso de los Diputados "aprobó" efectivamente esa misión, con amplísimo consenso, en septiembre de 2006. Pero cuando lo hizo el Gobierno ya tenía pactados y acordados con la ONU y con los otros países participantes en la misión el tamaño y naturaleza del contingente español, el lugar donde había de desplegarse y las reglas de enfrentamiento que regirían la actuación del contingente. En suma, el Congreso de los Diputados sólo pudo decir "amén" a una misión ya diseñada y delimitada por el Gobierno, en uso en sus competencias. Desde el punto de vista de la técnica legislativa, los preceptos citados de la nueva Ley Orgánica de Defensa Nacional son de una patente tosquedad y sólo pueden entenderse como concesión demagógica a los sectores más radicales que se opusieron a la intervención española en Iraq, decidida por el anterior Gobierno del Partido Popular. En aquel ambiente de asfixiante demagogia se "vendió" a la opinión pública que el Gobierno había metido a España en una guerra, cuando lo evidente es que aquel Gobierno nunca envió unidades de combate y se limitó, inicialmente, a enviar una misión humanitaria, centrada en un buque- hospital, para, más tarde, y cuando aparentemente habían terminado las operaciones militares, enviar una misión militar con funciones de reconstrucción nacional de Iraq, tras la dictadura y la guerra. En aquel conflicto, en suma, España no fue neutral porque apoyaba el derrocamiento del dictador Sadam Husein, pero tampoco fue beligerante, aunque así lo hiciera creer la entonces oposición socialista. Y puesto que estamos refiriéndonos al papel del Parlamento en la conformación de la política de defensa habría que recordar que, aunque el Gobierno del presidente Aznar no recabó la autorización del Congreso para esa misión exterior -como tampoco lo hizo el Gobierno del presidente González para la intervención militar en las operaciones de la primera Guerra del Golfo (1991)-porque ninguna norma establecía esa obligación, sí debe constatarse que el Congreso tuvo permanente información del desarrollo de la misión y que incluso una votación secreta, celebrada a instancias de la oposición, ratificó y apoyó la política que estaba llevando a cabo el Gobierno. Que el Gobierno del Partido Popular contara en aquel momento con mayoría absoluta en el Congreso, no empece en absoluto a la corrección de la votación desde el punto de vista de la técnica parlamentaria y de su legitimidad. Otra cosa es la valoración política acerca de su oportunidad o pertinencia que se quiera hacer de esa decisión. La participación del Parlamento a la hora de decidir una misión exterior, ¿transforma, sin más, una "política de Gobierno" en "política de Estado"? La cuestión es muy discutible porque la solución depende no sólo del resultado de la votación y lo decisivo, a estos efectos, no es cuántos votos sino cuáles y de quiénes. Como "cámaras de registro" que son hoy día los Parlamentos, según afirman tantos constitucionalistas, el debate y la votación no añaden nada -o muy poco-a la decisión tomada por el Gobierno que, se supone, cuenta con una cómoda mayoría en la cámara parlamentaria. Por chocante que pueda parecer desde el punto de vista de la ortodoxia parlamentaria clásica, lo cierto es que una votación parlamentaria no transforma sin más a la "política del Gobierno" en una "política de Estado". En todo caso, la participación del Parlamento en la toma de decisiones -que no en el control-en estas materias plantea más problemas de los que, seguramente, resuelve. La larga tradición que atribuye estas materias al Poder Ejecutivo no es caprichosa sino que se basa en sólidos fundamentos. La tradición constitucionalista occidental es muy constante al respecto. Como escribe un constitucionalista americano actual, John Yoo, "tanto la teoría política, en cuanto desarrollada principalmente por pensadores como Locke, Montesquieu y Blackstone como la historia constitucional angloamericana desde el siglo XVII hasta el tiempo en que se redactó la Constitución de los Estados Unidos, establece que los asuntos exteriores eran provincia de la rama ejecutiva de gobierno". Y no hay duda al respecto de que lo que se dice de la política exterior se puede aplicar también al ámbito de la defensa 12. El pensamiento de los Padres Fundadores de los Estados Unidos -e inspiradores de su Constitución-no deja dudas al respecto. Madison, ocupándose específicamente de la defensa, en algunos de los capítulos de The Federalist, escribió aquello de que "la guerra es la madre del Ejecutivo", con lo que quería decir que en situación de conflicto es indispensable la dirección del Ejecutivo. Algo parecido escribió Hamilton en otro de los capítulos de la misma clásica obra: "De todas las responsabilidades y obligaciones de un gobierno, la dirección de la guerra exige, del modo más peculiar, aquellas cualidades que distinguen el ejercicio del poder por una sola mano". Y más adelante: "La dirección de la guerra implica la dirección de la fuerza común y el poder de dirigir y emplear la fuerza común forma parte esencial y usual de la definición de la autoridad ejecutiva". Se podría decir que, en todo caso, la declaración de guerra que es, en este terreno, la más importante decisión imaginable es una competencia exclusiva de los Parlamentos. Pero incluso eso es dudoso. Como ya hemos señalado más arriba, en la presente situación internacional la declaración de guerra es una práctica obsoleta porque la guerra de agresión está prohibida por la legalidad internacional y tanto la guerra defensiva como otro tipo de conflictos, como los de imposición o mantenimiento de la paz u otros similares, por su propia naturaleza y porque se suelen iniciar en el ámbito y a instancias de Naciones Unidas o de otras organizaciones internacionales, como la OTAN, no exigen tampoco ese trámite. En el caso de los Estados Unidos, el mismo John Yoo ha señalado que en 207 años de vigencia de su Constitución, aquel país ha comprometido tropas en el exterior en 125 ocasiones. Sin embargo, sólo en cinco de las mismas se produjo una declaración de guerra 13. POLÍTICA DE DEFENSA Y OPINIÓN PÚBLICA Aunque formalmente el Parlamento representa a la soberanía nacional y es, en consecuencia, la única representación legitima de la opinión pública, no cabe duda de que ésta a veces se manifiesta en desacuerdo con las posiciones adoptadas mayoritariamente por el Parlamento, a través de los medios de comunicación, de encuestas de opinión y de movilizaciones. El peso y la influencia de la opinión pública, así entendida, en las cuestiones de política exterior y de defensa es cada vez mayor, aunque al tiempo, se da la paradoja del escaso interés e información que tiene la opinión pública sobre estas cuestiones. Lo que podemos llamar "divorcio" entre Parlamento y opinión pública no es un tema nuevo, sobre todo en relación con las intervenciones militares en el exterior y nos ocuparemos de ello un poco más adelante. Vayamos ahora a la cuestión del escaso interés de la opinión pública sobre estas cuestiones. Hay que tener en cuenta, efectivamente, que la opinión pública, salvo casos excepcionales, no sigue con demasiada atención los asuntos relacionados con la política exterior y la defensa. Las encuestas son reiteradamente contundentes al respecto. El común de los ciudadanos ni tiene una información detallada por estas cuestiones ni sitúa a la política exterior y de defensa entre sus prioridades, según muestran una y otra vez los barómetros de opinión. En esta situación, los partidos no suelen suscitar estas cuestiones en sus actuaciones públicas, más allá de algunas frases retóricas. Basta ver la escasa atención, que, proporcionalmente, se presta a estos temas en las campañas electorales, tanto en los programas de partido como en los mítines y otros actos del mismo carácter. Los partidos, en respuesta a lo que se supone que son predisposiciones de la opinión pública, tienen una tendencia manifiesta a abordar todos estos asuntos en "clave interior". Es bien sabido, por ejemplo, que en las campañas para las elecciones al Parlamento Europeo (en la medida en que se considere que la política respecto la Unión Europea es una cuestión exterior) apenas si se abordan los temas institucionales europeos o las políticas comunes, como sería el caso de la Política Exterior y de Defensa (PESO) y, dentro de ella, de la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD). El único tema relacionado con la defensa que suscitó pasiones en España en la primera etapa de la democracia ha sido el de la OTAN. Como escribe el profesor Díez Nicolás: "La decisión de Calvo Sotelo de realizar la incorporación de España a la OTAN sobre la base del acuerdo parlamentario, pero sin el respaldo de una consulta popular, aunque legalmente correcta, fue políticamente incorrecta, o al menos inoportuna. En efecto, desde el día siguiente a su aprobación parlamentaria el PSOE, como principal partido de la oposición, dispuso de una bandera electoral que habría de darle mucho juego. El eslogan electoral'OTAN, de entrada NO', se convirtió en el principal reclamo para las elecciones de 1982, pues llevó a votar, y por tanto a votar por el PSOE, a todos los grupos y grupúsculos políticos de izquierda que, en otras circunstancias, posiblemente no habrían votado, pero que encontraron una razón para hacerlo y demostrar así su pacifismo, su rechazo de los gastos de armamento, su rechazo a la energía nuclear, su antiamericanismo, su antibelicismo, etc. La opinión pública, en solos unos meses de movilización por parte del PSOE, del PCE y de otros partidos de izquierda, había pasado de ser mayoritariamente favorable a la incorporación de España a la OTAN, a ser mayoritariamente contraria a ella, como demostraron todas las encuestas realizadas en aquellas fechas sobre esta cuestión" 14. La OTAN ha sido, pues, un tema divisivo y, de hecho, lo sigue siendo, aunque de una manera mucho más matizada. Según el Informe INCIPE 2003 "los españoles hemos ido modificando los enormes recelos que suscitaba entre nosotros la Alianza Atlántica. En 2002, el 63 % de los españoles consultados apuesta por nuestra permanencia en su seno, incrementando en más de 10 puntos los resultados de 1997". En relación con otro tema que ha provocado históricamente "opiniones encontradas", el de las bases norteamericanas en suelo español, el mismo Informe señala que "sus partidarios y detractores han moderado sus opiniones", aunque en relación con el conflicto de Iraq (2003), "a juicio del 74 % de los españoles, nuestro país no debería permitir a las Fuerzas Armadas norteamericanas la utilización de sus bases en territorio español para el ataque a Iraq" Otra cuestión relacionada con la defensa que se aborda en el Informe es de la profesionalización de las Fuerzas Armadas, que cuenta con el apoyo mayoritario, aunque si bien "una mayoría relativa de los españoles aprecia que el número de soldados que integran nuestras Fuerzas Armadas es suficiente... uno de cada tres españoles consideran que el paso a un ejército profesional ha reducido los efectivos necesarios para nuestras necesidades de la defensa" 15. Un caso específico de ese "divorcio" entre opinión pública e instancias oficiales, más frecuente y más antiguo de lo que puede parecer a primera vista, es de las misiones militares en el exterior, decididas por el Gobierno de turno en el uso de sus competencias constitucionales, y apoyadas incluso por el Parlamento, pero que se enfrentan a un rechazo más o menos amplio, pero constatable de la opinión pública. Se trata de un viejo problema que ya fue planteado en la década de los ochenta del siglo XIX en un interesante y largo estudio Public Opinión and Lord Beaconsfield (1875-1880) publicado en 1886 y cuyo autor es George Carslake Thompson. Se trata de un análisis, desde el punto de vista de la opinión pública, de la llamada "cuestión de Oriente", que enfrentaba entonces a los imperios zarista y otomano y que llevaría al Congreso de Berlín (1884-1885). Mientras la opinión pública británica mantenía una postura pro rusa y veía con satisfacción el debilitamiento de los turcos, opresores de los cristianos ortodoxos que habitaban en los países balcánicos, la política oficial del Gobierno Disraeli (Lord Beaconsfield) era favorable a Turquía, tanto en aplicación de la tradición británica de la balance of power que, a la búsqueda del equilibrio se inclinaba siempre por la parte más débil del cualquier conflicto, como porque la rivalidad ruso-británica en Asia central (lo que se llamó "el Gran Juego") y la cada vez más preocupante proximidad rusa a los dominios británicos en la India, dictaban a Whitehall el mantenimiento de la tradicional política de apoyo a Turquía, que había incluso llevado a la Guerra de Crimea (1854-1856). Ya en el siglo XX un autor clásico en los estudios de opinión pública, Paul F. Lazarsfeld, volvió sobre la obra de Carslake Thompson y se preguntaba hasta qué punto puede un Gobierno resistir a las presiones de la opinión pública "cuando existen signos inequívocos de que la población en su conjunto no está de acuerdo con su política" 16. A partir del problema ruso-turco Thompson hace unas interesantes reflexiones sobre la opinión pública que siguen teniendo validez. Estima que es un error considerarla como "una e indivisible", insistiendo que sobre un tema concreto "a menudo surge la controversia". "Debe recordarse -escribe-que 'opinión pública','la voluntad de la nación' y otras frases del mismo tipo no son realmente sino metáforas por medio de las cuales el pensamiento y la voluntad son atribuidos a una mente singular, mientras que el 'público' y la 'nación' son agregados de muchas gentes". Más adelante escribe que "en tanto que la opinión pública está organizada de alguna forma, como el Parlamento, la opinión pre-ponderante puede, por supuesto, ser fácilmente conocida... pero hay ocasiones en se siente que la verdadera opinión del país es algo distinto de la del Parlamento. ¿Cómo va a ser reconocida esta verdadera opinión?" Seguramente en la actualidad se contestaría a la pregunta de Thomson diciendo que para eso están las encuestas de opinión. Pero inmediatamente surgen una larga serie de preguntas de no fácil contestación: ¿Deben predominar en todo caso las encuestas sobre la voluntad del Parlamento? ¿Tienen los gobiernos que practicar la llamada encuestocracia, esto es utilizar los sondeos como único criterio para sus decisiones políticas? En la actualidad es obvio que cualquier gobierno no puede dejar de hacer un seguimiento permanente de la opinión pública pero, si es muy lógico no perder de vista las diferentes corrientes de opinión, no lo parece tanto dar a las encuestas un valor prescriptivo. Las encuestas pueden condicionar pero no determinar la política del gobierno en el ámbito de la defensa y en cualquier otro y queda a la prudencia política el grado de influencia que deben tener en la toma de decisiones. Sobre todo teniendo en cuenta que una de las características de la opinión pública, tal y como aparece medida por las encuestas, en su versatilidad. En el caso español es de especial interés la evolución de la opinión pública en relación con la participación española de conflictos u operaciones en el exterior. Esta cuestión ha sido especialmente estudiada por Díez Nícolás que, en el libro citado, ha analizado especialmente esa evolución en relación la guerra en el Golfo Pérsico. Escribe que aquel conflicto sirvió para poner nuevamente de manifiesto los deseos pacifistas más o menos permanentes de la sociedad española de no intervenir en conflictos fuera de nuestras fronteras... y de cierta necesidad de marcar diferencias respecto a los Estados Unidos y, posiblemente -añade-a cierta constante en la sociedad española consistente en tomar partido por el más débil. Lo curioso, sin embargo, es que si de septiembre de 1990 a febrero de 1991 la opinión pública fue mayoritariamente opuesta a la participación española -a pesar de que el Congreso por amplísima mayoría y con el apoyo del primer partido de la oposición había votado a favor de la participación española, "en marzo... una vez concluidas las actuaciones bélicas y aceptada la tregua, los españoles tomaron conciencia de haber formado parte de los ejércitos aliados vencedores en esa contienda, algo que no sucedía en España desde las guerras napoleónicas" 17. No voy a entrar en el análisis de la crisis de Iraq -a la que sí he aludido de pasada más arriba-que, por una parte, refleja las mismas pautas de pacifismo a ultranza por parte de amplios sectores de la opinión pública pero, por la otra, pone en evidencia una utilización demagógica de esa situación por parte de la oposición, algo que no se dio en la anterior Guerra del Golfo. A todos los Estados les interesa, especialmente en sus relaciones internacionales, mantener la continuidad de sus grandes opciones políticas, como expresión de conjuntos nacionales sólidos, coherentes y sin fisuras. La "política de Estado" así entendida consolida su legitimidad y prestigio y garantiza ante los otros sujetos internacionales la permanencia y continuidad de sus compromisos. Conseguir una "política de Estado" obliga a los gobiernos a negociar con los grupos políticos más significativos y representativos hasta alcanzar posiciones que puedan ser apoyadas en el más amplio consenso posible. Alcanzar ese consenso no supone "hacer pasar por el aro" a los demás sino escuchar sus puntos de vista hasta alcanzar puntos de acuerdo apoyados mayoritariamente. 3. es deseable alcanzar "políticas de Estado" en ámbitos tan estratégicos como la política exterior y la defensa, la historia y la experiencia política muestran que con mucha frecuencia no se alcanza el necesario consenso y la "política del Gobierno" pasa como "política del Estado". Una política de Estado, apoyada por los principales partidos políticos, es más fácil que sea aceptada por los sectores mayoritarios de la opinión pública, aunque nunca es seguro. Una ideal política de Estado en defensa, mantenida en el tiempo y resistente a las alternancias políticas, sería el instrumento más adecuado para lograr una cultura de defensa que, en la actualidad, es casi inexistente en nuestro país.
El cambio de siglo ha confirmado, la existencia de nuevos elementos, de ámbito global, como son el terrorismo de carácter transnacional, la proliferación de armas de destrucción masiva y la existencia de Estados en descomposición, que han ampliado sustancialmente el espectro tradicional de riesgos para la estabilidad y seguridad internacional 1. La secuencia de dramáticos atentados de los últimos años ha abierto una profunda reflexión en el seno de las sociedades occidentales sobre el fenómeno terrorista, al constatar las dificultades que padecen nuestros sistemas políticos para combatirlos eficazmente. Esta realidad ha incrementado significativamente la percepción de vulnerabilidad que tienen los ciudadanos. La combinación del terrorismo con la mayor accesibilidad a nuevas tecnologías y materiales críticos ha supuesto un incremento de los riesgos por empleo de armas de destrucción masiva, tanto por su variedad y potencia -al riesgo nuclear se ha añadido con desgraciada facilidad el biológico y químico-como por el aumento de las distancias de su posible empleo, merced a nuevos vectores de lanzamiento basados en el desarrollo de la tecnología de misiles. En muchas partes del mundo, el mal gobierno, la corrupción sistemática, los conflictos civiles enquistados o la aparición de poderes fácticos que rivalizan con los poderes del Estado, han llevado a un debilitamiento de las estructuras sociales, hasta un nivel de fragilidad en el que los gobiernos se muestran incapaces de mantener el monopolio del uso de la fuerza. La asociación de un Estado en descomposición con la delincuencia organizada produce una peligrosa combinación, susceptible de crear inestabilidad en cualquier entorno geográfico. Esta breve enunciación de lo que se tiende a considerar como nuevas amenazas convive, y muchas veces se super- Teniéndolo como "telón de fondo"; hemos orientado el contenido de este artículo aprovechando el detallado análisis que otros colaboradores ofrecen del ámbito de la Política Europea de Seguridad y Defensa. Así, nos ceñiremos a aquellos aspectos que hemos considerado particularmente significativos que estimamos pueden marcar el futuro, a corto y medio plazo, de los aspectos relacionados con la participación militar de España en materia de gestión de crisis liderada por la UE. LA ESTRATEGIA EUROPEA DE SEGURIDAD A finales de 2003, el Consejo Europeo adoptó el documento presentado por Javier Solana 2 que contiene las bases de la Estrategia Europea de Seguridad (EES) 3. Dicho documento define los principios en los que se debe basar el esfuerzo de una Europa, dispuesta a asumir papel relevante en el mantenimiento de la seguridad mundial, partiendo de la base de que la UE es un actor de envergadura global, cada vez más creíble y eficaz, gracias a los intereses convergen-tes de sus Estados miembros y al creciente fortalecimiento de la solidaridad entre ellos. La EES identifica nuevos desafíos para la seguridad, fruto de la mayor apertura de las fronteras y de la evolución económica, tecnológica, política y social, que han hecho posible la aparición de nuevos actores internacionales, que carecen de carácter estatal. En este entorno surge, como idea clave, la de identificar la seguridad como uno de los principales condicionantes del desarrollo que permitirá romper el ciclo conflicto-inseguridad-pobreza que caracteriza a numerosas situaciones de crisis. La aparición de nuevas y diversificadas amenazas, menos visibles y previsibles que las presentes, durante la guerra fría, requieren una respuesta común de la UE, sin perder de vista el hecho de que -en esta época de globalización-, las amenazas lejanas pueden ser tan inquietantes como las próximas. En este sentido, la EES establece tres objetivos estratégicos. El primero es hacer frente a las amenazas de una manera activa. Dado que las nuevas amenazas no tienen un carácter puramente militar, implica el empleo combinado de medios diversos -militares, diplomáticos, económicos, policiales, etc.-para los que la UE está especialmente preparada. El nuevo concepto de autodefensa frente a unas amenazas caracterizadas por su dinamismo, se basa en la necesidad de estar preparados para actuar antes de que llegue a producirse la crisis y supone, en muchos casos, establecer la primera línea fuera del territorio de la UE. El segundo objetivo estratégico es extender la seguridad a los países vecinos. Las crisis que pueden desarrollarse en países vecinos se transforman en problemas para Europa. Por ello, ha de promoverse un conjunto de países bien gobernados al este de sus fronteras, que evite la aparición de nuevas líneas divisorias en Europa, y en la orilla del Mediterráneo donde existe un fuerte compromiso en el marco del proceso de Barcelona. El tercer objetivo es el establecimiento de un orden internacional basado en un multilateralismo eficaz, que debe llevar al desarrollo de una sociedad internacional más fuerte, con instituciones que funcionen adecuadamente y de un orden internacional basado en el Derecho. Se reconoce la Carta de las Naciones Unidas como marco fundamental para las relaciones entre Estados, siendo su Consejo de Seguridad el organismo responsable de mantener la paz y la seguridad internacionales. En este ambiente, el mantenimiento de las relaciones transatlánticas, de las que la OTAN es un referente clave, constituye un elemento central que refuerza la seguridad en el ámbito internacional, seguridad que, como base del desarrollo, también ha de buscarse a través de la cooperación y el apoyo de otras Organizaciones Regionales de Seguridad. Todo esto tiene unas implicaciones estratégicas para Europa que, para hacer valer su potencial, ha de actuar de una forma más activa y más coherente, aumentar sus capacidades y mejorar su cooperación. El aumento del peso político de la UE en el panorama internacional, implicará la asunción de más responsabilidades y de un papel más activo, reforzando su contribución a la labor de mantenimiento de la paz y seguridad internacionales y a la gestión de crisis. Para lograrlo, ha de dotarse de capacidades civiles y militares que le permitan intervenir de forma temprana, rápida, eficaz y, si es preciso, contundente en varias operaciones simultáneamente. Esta mayor implicación europea en materia de seguridad, puede articularse a través de los dispositivos permanentes UE-OTAN, que refuerzan la capacidad operativa de la Unión y proveen del marco de asociación estratégica entre ambas, en materia de gestión de crisis. Pero esto no será bastante en el futuro y la UE debe buscar su autosuficiencia en el campo de la seguridad y la defensa. Los ejércitos europeos estarán constituidos por fuerzas más móviles y más flexibles, para lo que serán necesarios mayores recursos para la defensa y usarlos de forma más eficaz. El empleo de medios, puestos en común y compartidos, permitirá incrementar las capacidades para actuar. Pero no sólo es necesario mejorar las capacidades puramente militares, también hay que incrementar notablemente la capacidad de aportar recursos civiles para la resolución de situaciones de crisis, así como la capacidad diplomática de la Unión y la comunicación en materia de inteligencia entre los Estados miembros. Este aumento de capacidades podría permitir la ampliación de la gama de misiones en que interviene la UE. En materia de coherencia, el desafío consiste en reunir los distintos instrumentos y capacidades, tanto los comunes como los que permanecen en poder de los Estados miembros, de forma que se logre una mayor concurrencia, no sólo en las actuaciones propias de la Unión, sino también en las actuaciones exteriores de cada Estado. Desde nuestra perspectiva, la EES describe un entorno en el que la respuesta europea en materia de seguridad rara vez tendrá un carácter estrictamente militar, aunque el empleo de medios militares en combinación con otros será frecuente. Consideramos de esencial importancia que, tal como se establece en el punto 3 de nuestra Directiva de Defensa Nacional (DDN) 1/04, la actuación de nuestras Fuerzas Armadas en operaciones desarrolladas en el ámbito de la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD) exigirá una decisión previa de Naciones Unidas u otra organización internacional de las que España forma parte y la aprobación del Parlamento español. Asimismo, y con independencia del carácter que puedan tener las operaciones futuras, los organismos militares deberán mantener un papel activo en el proceso de toma de decisiones, sobre todo cuando se considere el empleo de capacidades militares. ÁREAS GEOGRÁFICAS DE ACTUACIÓN El hecho de que la PESD mira hacia África con particular atención no ofrece dudas. Puede constatarse revisando el POLÍTICA EUROPEA DE SEGURIDAD Y DEFENSA: UNA APROXIMACIÓN MILITAR contenido de las agendas de las Instituciones europeas que tratan asuntos de Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), o advirtiendo la reciente proliferación de misiones de observadores y asesores de la UE en zonas africanas en crisis (Darfur, Somalia, República Democrática del Congo,...). Desde el nacimiento de la Unión Africana en julio de 2002, la UE ha tenido especial interés en patrocinar los esfuerzos de esta y otras organizaciones regionales africanas, a través de una cooperación estratégica que, en el ámbito de la PESD, tiene su reflejo en el Plan de Acción de respaldo a la paz y seguridad en África, aprobado en noviembre de 2004. La contribución militar a este Plan se encuadra principalmente en la participación de oficiales en misiones de reconocimiento 4, asesoramiento en temas de desarme, desmovilización y reinserción 5, reformas del sector seguridad 6, y apoyo a tareas de planeamiento de otras organizaciones. Sin embargo, la vocación de la UE como actor global en temas de seguridad internacional obliga a un cuidadoso estudio e implicación en otros escenarios. Así, a raíz de la crisis surgida con motivo del maremoto que arrasó las costas del océano Índico en las navidades de 2004, la UE se implicó en el proceso de paz de Indonesia entre la guerrilla rebelde de la región de Aceh y el gobierno dando pie a la puesta en marcha de una misión de supervisión de los acuerdos de paz en esta zona 7. Esta misión, de carácter civil, encuadró sin embargo un significativo número de militares entre su personal (entre los que se incluyó un pequeño contingente de oficiales españoles y el propio Jefe de Operaciones de la misión). No podemos olvidar, asimismo, el actual empeño de fuerzas militares europeas en Bosnia-Herzegovina (operación Althea, iniciada a finales de 2004), enmarcado en la especial sensibilidad que la UE tiene hacia los países balcánicos. Este esfuerzo militar, que podría ampliarse asumiendo responsabilidades en Kosovo, refuerza la línea de acción europea que inició su andadura en 2003 con el establecimiento de la misión de Policía en Bosnia-Herzegovina (EUPM) y la primera misión militar de la UE (operación Concordia) en la Antigua República Yugoslava de Macedonia (FYROM). Por último, cabría indicar que la puesta en marcha de recientes misiones de carácter civil en lugares conflictivos como el Cáucaso y Oriente Próximo 8, demuestra una vo-Figura 2. Operaciones y misiones de la UE. cación más amplia de la PESD y el claro afianzamiento de la EES en su aplicación cotidiana. Hemos hecho una somera referencia a aquellas operaciones de la UE con implicaciones militares, ya sea por sus cometidos o en virtud del personal o medios aportados. En este sentido, vemos con atención la participación creciente de personal y medios militares en misiones de carácter civil. La aptitud de los medios militares para su utilización en crisis y emergencias, de cualquier tipo, es un elemento que estimula y enorgullece a la institución militar, vinculada por vocación y compromiso al servicio de su sociedad. Desde nuestra perspectiva, por tanto, parece adecuada una mayor concienciación y especialización de nuestro personal en temas de carácter internacional que se salen de la clásica formación militar. El cúmulo de misiones, su variedad y el amplio espectro geográfico de actuación permiten entrever un futuro lleno de retos, a los que habrá que dirigir un particular interés debido a que, cada vez con mayor énfasis, se abre la posibilidad de participar tanto mediante el empleo de unidades militares, como con personal militar formando parte de equipos especializados. LOS ACTORES MILITARES INSTITUCIONALES EN EL ÁMBITO DE LA PESD Estructuras militares permanentes En el seno de la PESD, los aspectos militares de gestión de crisis se sustentan en la existencia de órganos específicos. Son el Comité Militar de la UE (EUMC) y el Estado Mayor de la UE (EUMS). El Comité Militar se encuentra en un momento en el que pugna por reafirmarse en sus cometidos, aprobados en el año 2001, con la puesta en marcha de las estructuras PESD. Los nuevos retos planteados desde entonces, y los previsibles a corto y medio plazo, ponen al EUMC en la tesitura de mantener su sitio en el entramado de la Política Europea de Seguridad y Defensa. El EUMC tiene que hacer sentir su presencia y su valor. Sólo de esa manera el resto de las Instituciones valorarán la importancia y utilidad de contar con un Comité en el que están representados, al más alto nivel, los militares de todos los Estados miembros. De otro modo se corre el riesgo de que los medios militares de las naciones acaben siendo empleados sin contar con la dirección técnica y el asesoramiento adecuados. Consideramos, por tanto, fundamental el respaldo al importante y necesario papel del EUMC en el ámbito de los mecanismos de toma de decisión de la PESD. Por su parte, el Estado Mayor de la UE (EUMS) está cobrando cada vez un mayor protagonismo en el seno de la Secretaría General del Consejo. Esta situación viene propiciada por diversos factores, entre ellos, la progresiva implicación de la UE en temas de gestión de crisis con posible uso de medios militares, y su potenciación en el ámbito del planeamiento integral 9. A lo largo de 2005 se han producido dos procesos significativos para el futuro de este organismo, relacionados con su capacidad para cumplir los cometidos asignados y su mayor o menor subordinación al EUMC: la creación en su seno de la Célula Cívico-Militar (CIV-MIL Cell) y la revisión de sus cometidos (Términos de Referencia), con la incorporación de nuevas tareas que no se contemplaban cuando se creó en el año 2001. De la misma manera que hace no demasiados años se impuso la concepción de que las operaciones militares deberían tener, en la mayor parte de los casos, carácter conjunto, en contraposición a su naturaleza específica tradicional, la tendencia actual es que las operaciones futuras sean cívico-militares, de forma que se aproveche la sinergia de las actuaciones de ambos componentes. La CIV-MIL Cell surge, pues, con la intención de servir de elemento responsable de llevar a cabo el planeamiento cívico-militar de gestión de crisis. Se trata, por tanto, de una iniciativa innovadora sobre la que la UE en su conjunto tiene depositadas muchas expectativas. Asimismo, y como consecuencia de la búsqueda de una solución de compromiso a la fallida propuesta de un grupo reducido de países, que pretendían crear un Cuartel General permanente de la UE 10, a la CIV-MIL Cell se le ha asignado también el cometido de constituir el embrión del Centro de Operaciones de la UE (OPSCEN). Se pretende así tener capacidad autónoma para conducir operaciones de una entidad similar a la operación ARTEMIS (RDC) 11 cuando no se recurra a estructuras OTAN o a cuarteles generales nacionales ofrecidos a la UE. La Célula se ha activado a lo largo del año 2005, y se prevé que la infraestructura y medios necesarios para la activación del OPSCEN estén disponibles a partir del verano de este año. La generación del OPSCEN ha supuesto el fin de un conflicto más próximo al ámbito político que al puramente técnico militar. España, que tenía un interés primordial en la puesta en marcha de la CIV-MIL Cell y que propuso su creación, sabe que generará un nuevo valor añadido en la capacidad de la UE para llevar a cabo planeamiento de contingencia 12 y de respuesta ante crisis y, muy en particular, en la faceta de integración de capacidades civiles y militares. Desde esta perspectiva consideramos importante la máxima potenciación de la CIV-MIL Cell en todos aquellos aspectos que refuercen sus capacidades previstas de planeamiento cívico-militar. La Agencia Europea de Defensa Otro elemento clave en la construcción del sector de seguridad y defensa europeo lo constituye la Agencia Europea de Defensa (EDA). Tiene como misión apoyar al Consejo y a los Estados miembros en su esfuerzo para mejorar las capacidades de defensa para la gestión de crisis y apoyar la PESD. Está dirigida personalmente por el Secretario General/Alto Representante para la PESC (SG/AR), quien también preside el Comité de Dirección. Éste adopta distintas formaciones 13, y actúa bajo la autoridad del Consejo y en el marco de sus directrices. La EDA continúa dando pasos dentro de su propio proceso de establecimiento, con vistas a alcanzar su plena capacidad operativa. Hasta la fecha ha iniciado, con la ayuda del EUMS, una serie de proyectos en el área del desarrollo de capacidades, y se considera que esta relación entre el EUMS y la EDA debe ser habitual en el futuro. Asimismo, la agencia está trabajando, junto al EUMC, en el Proceso de Desarrollo Global de Capacidades. La lógica progresión en la estructura y procedimientos de la EDA debe estar perfectamente sincronizada con la delimitación de sus cometidos en el ámbito de la identificación y desarrollo de capacidades militares. En este sentido, debería extremarse al máximo la coordinación de esfuerzos entre el EUMC y la Agencia, con el objeto de evitar o duplicidades que resten cometidos a este último organismo o que invadan el ámbito de actuación del primero. Procedimientos de gestión de crisis de la UE La puesta en marcha de las estructuras PESD motivó la creación de unos procedimientos que regularan las relacio-FELIX SANZ ROLDÁN nes y responsabilidades de los diferentes actores en materia de gestión de crisis 14. La complejidad del entramado institucional y la exigencia del consenso intergubernamental, como norma general para cualquier actuación enmarcada en el ámbito de la Política Exterior y de Seguridad Común, propiciaron un cauce sinuoso y muy burocrático, que se traduce normalmente en una muy limitada capacidad de respuesta ante situaciones imprevistas. Su aplicación, hasta la fecha, en el ámbito de operaciones militares lideradas por la UE, ha demostrado la necesidad de una adecuada revisión para hacer frente, como mínimo, a la gestión de crisis o emergencias que exijan una rápida respuesta. En la primavera de 2005, el SG/AR presentó durante la reunión informal de Ministros de Defensa, celebrada en Luxemburgo, una propuesta sobre un procedimiento abreviado de planeamiento y toma de decisiones para operaciones de respuesta rápida 15. Se intentaba cubrir así la citada carencia en los procedimientos de gestión de crisis de la UE para este tipo de operaciones. El aspecto esencial y el más preocupante desde la perspectiva militar de dicha propuesta, radica en la desaparición de la actuación del EUMC como órgano colegiado en el proceso de toma de decisiones, aunque se mantiene el papel asesor de los Representantes Militares dentro de las Delegaciones nacionales que asisten a las reuniones del Comité Político y de Seguridad (COPS). Por otra parte, y siguiendo un mandato del Consejo de la UE -en su formato de Justicia y Asuntos de Interior-tras los atentados terroristas en Londres, durante el verano de 2005, la Secretaría General del Consejo (SGC) ha desarrollado unos procedimientos para compartir información, asegurar la coordinación y posibilitar la toma de decisiones ante cualquier tipo de emergencia 16. Los acuerdos que contempla este documento no se ciñen únicamente a la lucha contraterrorismo, sino que proporcionan un marco aplicable a todo tipo de crisis, tales como desastres naturales, accidentes industriales o emergencias de tipo sanitario (pandemias...). Manteniendo el principio de flexibilidad para adaptarse a cada tipo particular de emergencia, el mecanismo que se prevé contempla un grupo de alto nivel de dirección de crisis (Presidencia de turno, el SG/AR, Comisión y Estados miembros afectados), un organismo UE con capacidad para tomar decisiones o acordar acciones coordinadas (COREPER/CONSEJO) y una maquinaria de apoyo basada en los servicios de la Secretaría General del Consejo y de la Comisión, reforzada con los expertos nacionales pertinentes. En el documento no se hace referencia específica a la participación militar en el planeamiento y gestión, más allá de una mera referencia a la existencia de estructuras clave en el seno de la UE, aunque sin identificar cometidos. Desde la perspectiva ya reflejada en párrafos anteriores, estimamos que la necesidad de optimizar los procedimientos de gestión de crisis de la UE no debe llevar consigo una disminución de las funciones y cometidos de los actores institucionales militares, y muy especialmente del EUMC. Esperamos que la flexibilidad genérica propia de los procedimientos y las enseñanzas obtenidas a través de los procesos vigentes de lecciones aprendidas, permitan encauzar, de la forma más adecuada, la solución. No se puede hacer un análisis del futuro de la PESD sin hacer referencia a un elemento primordial de la misma: los medios militares con los que se ha de apoyar. En el marco del planeamiento de capacidades militares, la UE está embarcada en un nuevo ciclo abierto con la aprobación del Objetivo General de Fuerza 2010 (HLG 2010) en junio de 2004, y que da continuidad en el tiempo a los trabajos realizados para cumplimentar el Objetivo General de Helsinki (HHG), aprobado a finales de 1999 y alcanzado con ciertas limitaciones en el año 2003. El horizonte temporal del año 2010 constituye una limitación para la adecuada planificación de capacidades militares a largo plazo. Recogiendo las preocupaciones de los sectores profesionales (tanto civiles como militares) que participan en este proceso, en el seno de las instituciones europeas se ha sentido la necesidad de hacer progresar en esta cuestión. El Catálogo de Necesidades 2005, aprobado en noviembre de ese mismo año, es el documento que comprende el listado de capacidades militares identificadas para llevar a cabo los cometidos reseñados en el nuevo Objetivo General. A lo largo del año 2006 se llevó a cabo el proceso de recepción de ofertas nacionales que ha permitido elaborar un primer Catálogo de Fuerzas. Configurado éste, se ha comenzado un proceso de identificación de carencias y, en cooperación con la Agencia Europea de Defensa, se ha abordado la elaboración de un plan que permita subsanarlas antes de 2010. POLÍTICA EUROPEA DE SEGURIDAD Y DEFENSA: UNA APROXIMACIÓN MILITAR La participación española en el proceso de desarrollo del HLG 2010 ha sido muy activa desde el inicio de su andadura, intentando obtener, de forma complementaria, enseñanzas aplicables a nuestro planeamiento nacional. Esta labor se está llevando a cabo entre el Estado Mayor de la Defensa (EMAD) y los Cuarteles Generales de los Ejércitos y la Armada con una mentalidad totalmente conjunta, no sólo por las instituciones inmersas en el proceso, sino por el nuevo enfoque cualitativo empleado en la definición de los requisitos militares. Asimismo, se ha tenido en cuenta la compatibilidad con los compromisos adquiridos con otras organizaciones internacionales y fuerzas multinacionales y, por supuesto, con las necesidades de carácter estrictamente nacional. De acuerdo a la directriz política plasmada en la DDN 1/04, estamos trabajando para mantener el nivel de protagonismo en la PESD alcanzado en el primer ciclo de planeamiento de capacidades europeas, correspondiente al HHG. Por su especial interés para nuestras Fuerzas Armadas, quisiera hacer referencia a dos aspectos específicos reflejados en el HLG 2010 de una manera más detallada. Iniciativa Grupos de Combate UE (BATTLEGROUPS) -Fuerzas de Respuesta Rápida La necesidad de dotarse de una capacidad de despliegue de fuerzas militares de alta disponibilidad, que permita la ejecución de operaciones de respuesta rápida, es uno de los objetivos que la UE estableció para el cumplimiento de los nuevos cometidos surgidos de la PESD. El Objetivo General de Helsinki, aprobado por el Consejo Europeo a finales de 1999, ya identificaba este aspecto dentro de la lista genérica de capacidades militares necesarias para la puesta en marcha de operaciones de gestión de crisis lideradas por la UE 17. Sin embargo, han hecho falta varios años para poder hacer frente eficazmente a esta necesidad. El Concepto BATTLEGROUPS (BGs) de la UE fue aprobado en junio de 2004, tras una iniciativa trilateral de Francia, Alemania y el Reino Unido presentada a principios de ese año. Los BGs son una fuerza conjunta, aunque muy orientada a operaciones terrestres, que constituyen una de las posibles opciones de la UE para la oportuna provisión de las capacidades militares necesarias en una operación de gestión de crisis, con necesidad de repuesta rápida. Se trata de una fuerza de dimensiones reducidas, "la mínima fuerza militar creíble", capaz de realizar las llamadas misiones "Petersberg ampliadas" 18 que la UE ha asumido. Con ella, lógicamente, no se trata de competir, sino de complementar, a otras capacidades ya existentes en nuestro entorno como las Fuerzas de Respuesta de la OTAN (NRF), en las que también participa nuestro país y que son fuerzas de una mayor magnitud y concebidas para otro tipo de misiones. El período de capacidad operativa inicial (IOC) de esta iniciativa europea comenzó en enero de 2005. Durante el mismo, las exigencias operativas y el nivel de ambición establecido era ligeramente más bajo que el actual, una vez alcanzada la capacidad operativa plena (FOC) en enero de 2007 19. La iniciativa BGs de la UE ha sido recibida con un alto nivel de compromiso entre los Estados miembros de la Unión. Durante la Conferencia de Compromiso de Capacidades Militares, celebrada en Bruselas en noviembre de 2004, se hizo oficial la oferta de trece BGs disponibles durante el período 2005-2007, así como una indicación de aquellos que podrían estar disponibles a partir del año 2008. Las Fuerzas Armadas españolas, participan en tres de estos agrupamientos, liderando dos de ellos. -BG anfibio, basado en la Fuerza Anfibia Hispano-Italiana (SIAF). Dimensión marítima de la PESD e iniciativa aérea de respuesta rápida En la reunión informal de Directores Generales de Política de Defensa europeos, celebrada en Luxemburgo en febrero de 2005, España presentó un documento de trabajo que dio origen a un estudio sobre la Dimensión Marítima de la Unión Europea, por la convicción de que el proceso de desarrollo de capacidades militares de la UE no podía centrarse únicamente en el desarrollo de agrupamientos orientados a operaciones terrestres (BGs). Los resultados iniciales del estudio, presentados a finales de 2006, suponen el primer paso de un proceso conducente al establecimiento de un mecanismo que permita a la UE generar fuerzas navales para operaciones de respuesta rápida. Al mismo tiempo, el estudio ha dejado abierta la puerta para el fortalecimiento de la cooperación interpilares en el campo de la Protección Marítima 20. Del mismo modo, durante el pasado año, comenzaron los estudios para generar un mecanismo que garantice a la UE contar la capacidad de realizar operaciones aéreas de respuesta rápida. La iniciativa se encuentra todavía en sus fases iniciales y, al igual que la Dimensión Marítima, busca establecer un mecanismo adecuado de generación de este tipo de fuerzas, que sea coherente con el concepto Battlegroup y que no suponga un esfuerzo adicional a los Estados miembros. España ha tomando una actitud activa, en la línea de mantener la coherencia con el impulso inicial realizado en materia de capacidades militares. Todas las iniciativas que se pongan en marcha en relación a este asunto deben, desde nuestra óptica nacional, estar íntimamente coordinadas con la vista puesta en el horizonte de un concepto más global de Fuerzas de Respuesta de la UE. Visión a largo plazo de la Unión Europea (EU LTV) La Agencia Europea de Defensa (EDA) y el EUMC pusieron en marcha sendas iniciativas 21, a lo largo del año 2005, que han confluido en la elaboración de un estudio prospectivo a largo plazo (año 2030) para identificar las capacidades que podrá requerir la UE y el tipo de operaciones en las que podrá participar en un horizonte posterior a la consecución del Objetivo Global 2010 22. Tres son los objetivos que se perseguían: elaborar un documento abierto, que constituyera la base para la definición de las futuras capacidades que requerirá la PESD, contribuir a la armonización de requisitos y desarrollar una estrategia europea de investigación y tecnología en materia de defensa. El resultado 23 es un interesante análisis prospectivo, con algunos puntos controvertidos y que no ha llegado a satisfacer todas las expectativas que de él se esperaban. No obstante, se trata de un documento vivo, que constituye uno de los puntos sobre los que se pretende basar el desarrollo de análisis más detallados y profundos de las capacidades militares que se requerirán en el futuro. Debe señalarse que ha producido un resultado de gran trascendencia como es la elaboración del primer estudio prospectivo global sobre tendencias, factores y actores que contribuirán a definir el sistema internacional en el que deberá actuar la Unión Europea 24, cuyas conclusiones abren un amplio campo para la reflexión en materias de seguridad y defensa. Posible puesta en marcha de elementos contemplados en el Tratado Constitucional La Presidencia Alemana del Consejo de la UE, ha incluido entre sus objetivos para el primer semestre de 2007, la revitalización del proceso constitucional europeo. De producirse, la entrada en vigor del Tratado Constitucional va a suponer una serie de reformas cruciales para el futuro de la PESD. La de mayor trascendencia, a nuestro entender, es que el Tratado Constitucional prevé la creación del puesto de Ministro de Asuntos Exteriores encargado de formular e implantar la política Exterior y de Seguridad Común. El titular del cargo será al mismo tiempo Vicepresidente de la Comisión y cabeza de la Agencia Europea de Defensa y, para el ejercicio de sus funciones, dispondrá de un Servicio de Acción Exterior (EEAS). Establecer esta nueva figura ministerial tendrá varias consecuencias importantes. La primera es que los futuros Embajadores de la UE probablemente reemplazarán a los actuales Representantes Especiales del Secretario General en zonas de crisis y pasarán a desempeñar un papel relevante en caso de misiones u operaciones. Asimismo, dado que la Gestión de Crisis será una de las principales responsabilidades del futuro Ministro de Exteriores, el EUMS podría obtener un papel más relevante, en lo que respecta a sus órganos de apoyo. Finalmente, el nuevo Ministro presidirá las reuniones del Consejo de la UE, en su formato de Asuntos Generales y Relaciones Exteriores (CAGRE), poniendo fin al sistema actual de Presidencias rotatorias semestrales en el ámbito PESC, en el que se incluyen las materias de Seguridad y Defensa. La inclusión de organismos militares en apoyo del EEAS y los cambios en el CAGRE, debe verse acompañado por el desarrollo de relaciones más profundas de los Ministros de Defensa de los países miembros con los organismos de la UE. A este respecto, no debería perderse de vista la posibilidad de establecer una nueva configuración de Consejo de la UE en la que se incluya un formato propio para los Ministros de Defensa. Esto permitirá continuar progresando hacia una política de Defensa Común y equilibrar el peso que en área de Seguridad y Defensa europea se atribuye a los Ministerios de Asuntos Exteriores. Debemos incluir en este somero análisis del Tratado Constitucional, una mención a una nueva herramienta que consideramos fundamental para hacer realidad la política común de Defensa en la UE: el mecanismo de cooperación estructurada permanente. Esta figura supondrá la apertura de una nueva etapa en el desarrollo de la PESD, ya que permitirá un progresivo avance en cuestiones de defensa, incluyendo las operaciones más exigentes, por aquellos países europeos que quieran ir más rápido y más lejos. Este avance de unos, mantenido bajo la dirección de las instituciones europeas, permitirá animar a otros Estados miembros más reticentes -a través de la visibilidad del proceso y de la confianza en sus mecanismos de control-a incorporarse a las diferentes iniciativas y la implantación final de una eficaz política común de Defensa en el ámbito de la UE. En el período transcurrido desde Maastricht, no parece exagerado decir que se ha cerrado un ciclo. En efecto, una vez elaborado casi por completo el marco doctrinal, llevadas a cabo las primeras operaciones tanto de forma autónoma como apoyándose en estructuras OTAN, estando en marcha el proceso de desarrollo de los nuevos catálogos de medios y capacidades militares, y con el cúmulo de nuevas iniciativas institucionales aprobadas en el texto del Tratado Constitucional, tenemos a la vista un horizonte abierto y diferente. Abierto, por la progresiva puesta en marcha de la Agencia Europea de Defensa y por la posibilidad de poner en marcha ciertos aspectos contemplados en el Tratado Constitucional, referidos a la PESD, aun cuando éste no sea ratificado. Diferente, porque a los aspectos ya indicados se suman otros en curso, como por ejemplo las estructuras específicas de la UE para conducción de operaciones -a partir de la CIV-MIL Cell-, y las fuerzas de respuesta rápida (BGs), iniciativas ambas que, aunque modestas, darán visibilidad a la voluntad de la UE de convertirse en un actor de carácter global también en asuntos de seguridad y defensa. En el ámbito de futuras actuaciones, parece que la UE busca materializar su influencia mediante la intervención, bajo el mandato de las Naciones Unidas, en diferentes espacios geográficos. Así, aunque como ya hemos comentado, la acción europea se extiende por todo el globo, el continente africano se perfila como uno de los espacios donde la UE desarrollará sus posibilidades, mediante la ejecución de operaciones empleando medios militares y civiles, en las que será frecuente actuar en apoyo a otras organizaciones como la Unión Africana o las propias Naciones Unidas. Todo ello sin olvidar nuestro "patio trasero" 25 europeo. La dolorosa lección de los Balcanes, en cuya estabilización aún estamos empeñados, nos muestra que los conflictos no han desaparecido en nuestro continente. Por ello, no en vano, la EES incluye específicamente en su objetivo de "vecindad segura", la estabilidad en los países vecinos del Este europeo, lo que conlleva a la prevención de potenciales crisis en la zona y, en su caso, la participación en su gestión mediante acciones de las que ya hemos mencionado algún ejemplo 26. En el ámbito institucional, existe una preocupación creciente por el papel de lo militar en el marco de los distintos foros que conforman el mecanismo de toma de decisiones PESD. El Comité Militar de la UE (EUMC) pierde relevancia paulatinamente, aunque su formato, en sesión de Jefes de Estado Mayor de la Defensa, le confiere un valor asesor a los Ministros de Defensa indiscutible. Pero, el nacimiento de la EDA -si no se logra definir con claridad el reparto de competencias entre ambos organismos-le puede restar un área significativa de responsabilidad en el campo de la definición y desarrollo de capacidades militares. Por otra parte, el EUMS -que no olvidemos nació en Niza fundamentalmente para apoyar al EUMC-se va librando -al amparo de la Secretaría General del Consejo, donde está encuadrado orgánicamente-del apoyo al EUMC y se perfila como otro interlocutor militar en la UE. Lejos de ser motor, el EUMC va quedando así relegado, en su faceta de dirección de todas las actividades militares en el ámbito de la UE, tal y como marcan sus Términos de Referencia 27. Asimismo, pensamos que una de las claves para el futuro del EUMC estará en la forma en que la posible puesta en marcha del Servicio de Acción Exterior de la UE afecte al encuadramiento, competencias y relaciones de dependencia de los distintas estructuras militares permanentes en el seno de la UE. Desde una perspectiva nacional, la implantación del acervo PESD en el ámbito militar es un tema en el que debemos seguir progresando, con una vocación de estabilidad en el tiempo. A la luz del análisis de lo aprendido en estos años, cabría plantearse también un análisis de algunas estructuras nacionales, con el objeto de reajustarlas frente a las nuevas perspectivas y, muy en particular, teniendo en cuenta el enfoque global cívico-militar que la UE está poniendo en marcha a través de recientes documentos aprobados. La potencial repercusión de este enfoque en otros organismos del Ministerio de Defensa -e incluso en otros Ministerios-con responsabilidades propias en el ámbito de la PESD, no debe minimizarse. El nuevo ciclo de la PESD se solapa con el proceso de transformación de nuestras FAS. Determinadas acciones en curso -como la oferta nacional a la iniciativa BGs UE-, deben ser utilizadas en un sentido que ayude y estimule el asentamiento del modelo de Fuerzas Armadas en el que la acción conjunta se consolide, como pauta natural de trabajo. De forma similar, deberán aprovecharse las conclusiones que se extraigan de los trabajos en materia de capacidades y operaciones futuras, más allá del horizonte planteado por el HLG 2010, que serán aplicadas, en lo posible, al proceso nacional de planeamiento de fuerzas. Finalmente, la participación de España en fuerzas multinacionales podría ser objeto de análisis desde la óptica de la racionalización y optimización del esfuerzo. Del anhelo de mejorar la cooperación militar entre las naciones europeas, ante la ausencia de un marco genérico común, surgieron en su día diferentes iniciativas y fuerzas multinacionales en las que España participa activamente. Tal vez el desarrollo de la PESD permita replantear la orientación de algunas, tratando de especializarlas según los cometidos y exigencias definidos en el Objetivo General de Fuerza 2010. Me permito acabar estas líneas con un mensaje optimista. La Unión Europea se está erigiendo como actor de primer orden en el ámbito de la seguridad internacional, gracias a sus capacidad intrínseca para articular actuaciones de carácter civil, económico, diplomático y militar, en materia de gestión de crisis. Tal y como contempla en su conclusión la Estrategia Europea de Seguridad, una Europa más activa y capaz estará en situación de contribuir POLÍTICA EUROPEA DE SEGURIDAD Y DEFENSA: UNA APROXIMACIÓN MILITAR a
Es después de la Revolución Francesa cuando se forman los grandes Estados Nación en los que la primera idea que aporta cohesión a los ciudadanos, es la de la nación en armas como consecuencia de un planteamiento de defensa nacional y de la participación de cada uno de ellos en la protección de un territorio que consideran suyo y de unas estructuras económica y social también concebidas en términos nacionales. Terminadas las dos Guerras Mundiales, este panorama empieza a cambiar y pronto encontramos en algunos países una concepción que va más allá de la pura Defensa Nacional -ahora con mayúsculas-, para hablar de defensa aliada. Con el paso del tiempo nos encontramos también con que el despliegue territorial de los ejércitos, hasta esos momentos interno, ha pasado a obedecer a una concepción operativa e internacional. En años más recientes, en las últimas décadas, numerosos condicionantes han producido un cambio del panorama estratégico. Se pueden citar los avances tecnológicos, las nuevas concepciones de las relaciones entre Estados, el nacimiento de nuevos sentimientos nacionales, la aparición del terrorismo internacional y la globalización como nuevos elementos configuradores de la realidad. Sin embargo, en un tiempo relativamente corto, hemos pasado de un mundo con una sola amenaza para el mundo occidental, conocida y prevista, a una nueva sensación de vulnerabilidad, a un escenario en el que las operaciones militares ya no son suficientes como solución única pero en el que la acción militar vuelve a cobrar un papel relevante. Hoy no podemos hablar de un nuevo orden, libre de riesgos y amenazas a la estabilidad y a la paz internacionales. A-2 No 50 LA CONTRIBUCIÓN MILITAR A LA AYUDA HUMANITARIA: HACIA UN MODELO DE COOPERACIÓN años noventa fueron testigos del estallido de numerosos conflictos, algunos de nuevo cuño, que han dividido a naciones enteras con enfrentamientos civiles, religiosos y étnicos. La amenaza del terrorismo ha pasado a primer plano y la lucha contra el mismo es considerada como un elemento clave de la estrategia de las organizaciones de seguridad y defensa. Nos encontramos, en consecuencia, con un escenario estratégico distinto, marcado por los sucesos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid y los del 7 de junio de 2005 en Londres. En este escenario, los medios militares tradicionales, con su organización y sus procedimientos de aplicación no son, por sí solos, un poder de disuasión suficiente ante este nuevo enemigo que no utiliza armas convencionales y para el que no existe un teatro de operaciones concreto. Por otro lado, en la actualidad, proliferan los conflictos armados que, tanto por sus causas como por sus efectos, tienen implicaciones notables más allá del lugar en donde se producen. Hoy la seguridad es un reto, y lograr que sea efectiva requiere la concurrencia de la Defensa como uno de los medios necesarios para alcanzarla, junto al impulso de los derechos humanos, la lucha por la erradicación de la pobreza y la ayuda oficial al desarrollo, todos ellos elementos contribuyentes a esta seguridad. Adicionalmente, hay que tener en cuenta que la seguridad y el equilibrio geoestratégico no siempre se apoyan en estados formalmente constituidos, o tienen su origen bien definido geográficamente. Los riesgos actuales son más sutiles, menos predecibles y, sobre todo, globales. Y deben ser considerados mediante la acción coordinada de todas las capacidades de los estados. La acción militar debe representar el último recurso cuando ya han sido empleados, los esfuerzos diplomáticos, los policiales, los económicos, los sociales u otros, sin haber alcanzado éxito alguno. Así, y en relación con las Fuerzas Armadas lo que se debate, no es sólo la idoneidad o la capacidad para enfrentarse a un enemigo asimétrico, sino la propia manera de concebir y ejecutar las operaciones militares para hacerle frente, especialmente en las ciudades, un escenario frecuente en las operaciones militares en curso en las que estamos involucrados los países desarrollados. Pero independientemente del debate sobre cuáles son los conflictos en los que pueden, o no, ser utilizados los Ejércitos o sobre si su participación en operaciones de paz o misiones de ayuda humanitaria debe ser considerada como una nueva misión de las Fuerzas Armadas, la realidad nos presenta una sucesión de conflictos a los que la Comunidad Internacional se tiene que enfrentar para que nuestro mundo no se deteriore y sea posible la convivencia pacífica entre los pueblos. En consecuencia, las Fuerzas Armadas de hoy en día, se parecen poco a las de hace unos decenios. La mejora de sus capacidades, su utilización frecuente como una herramienta de los estados en su acción exterior y, en ocasiones, su empleo dentro de las propias fronteras en refuerzo o ayuda a otros organismos oficiales, han producido un cambio profundo en sus doctrinas, estructuras, medios y procedimientos de empleo y entrenamiento, propiciando una dinámica de adaptación permanente. LA PARTICIPACIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS EN MISIONES DE PAZ Los ejércitos y la Armada españoles no han sido ajenos al cambio que se ha comentado. Es necesario pues, dibujar el escenario en el que se mueven nuestras Fuerzas Armadas cuáles son los nuevos requisitos para su empleo, sus necesidades actuales y -tomando como referencia los organismos internacionales de los que España es miembro-desarrollar cómo ha evolucionado su participación en las diferentes misiones de paz. Hay que tener en cuenta que la aparición de una conciencia generalizada de solidaridad, junto con una mejor y más rápida información sobre todo lo que ocurre en el mundo, deberían ser factores de estabilidad y resolución pacífica de los conflictos. Pero lo cierto es que junto a estos nuevos fenómenos, ha surgido un gran número de tensiones derivadas del nacimiento de nuevos estados, reconstrucción de sociedades civiles, diferencias religiosas, étnicas, económicas, y un sinfín de nuevos retos, que es necesario afrontar para lograr la estabilidad. Esta situación afecta a los Estados que buscan su proyección exterior y, en consecuencia, afecta a sus Fuerzas Armadas que han pasado de tener un papel meramente de-JOSÉ JAVIER MUÑOZ CASTRESANA fensivo (territorial, de intereses o del ordenamiento constitucional) a uno activo, allí donde sea necesario defender o apoyar los intereses nacionales o los de la Comunidad Internacional. Por otra parte, las alianzas y equilibrios entre los Estados buscan la ventaja de la seguridad y defensa compartidas, así como un papel más relevante en el concierto internacional, especialmente mediante la integración de sus Fuerzas Armadas en organizaciones militares internacionales. Unas Fuerzas Armadas que se han transformado en un factor muy importante de la política exterior de los países y que han debido cambiar sus organizaciones, medios, doctrinas y procedimientos para poder actuar allí donde los gobiernos consideran que están sus intereses nacionales, donde la Comunidad Internacional requiere actuaciones en defensa de la paz y la estabilidad mundiales, o en defensa de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional. Por lo tanto, han de tener unas características esenciales tales como su rápida disponibilidad y una gran capacidad de proyección para, con ello, poder hacer frente a su empleo rápido y eficaz en los ámbitos interno e internacional. Pero además de hablar de las características de esas fuerzas, es necesario describir cuál es "el escenario estratégico" si queremos analizar el cómo, para qué, cuándo y dónde, pueden ser empleadas. Esta descripción requeriría, por sí sola, un capítulo específico y un análisis comparado desde diferentes puntos de vista, que no son el objeto de estas reflexiones. Sin embargo, creo que es posible señalar algunos aspectos de ese escenario. Son los siguientes: Aparición de nuevos riesgos y amenazas; nacimiento de una conciencia internacional sobre la necesidad de intervención en los conflictos, en defensa del Derecho Internacional Humanitario; asunción por parte de las Naciones Unidas de un papel relevante para el mantenimiento de la paz y la seguridad en el mundo, proporcionando la legalidad y legitimidad de las actuaciones, incrementando el número de sus operaciones 1, autorizando la ejecución de éstas en "conflictos internos" y justificando el uso de la fuerza militar; consolidación del liderazgo político y militar de los Estados Unidos de América; cambio en los conceptos estratégicos y de empleo de las organizaciones militares multinacionales de seguridad y defensa (OTAN, UE...), autorizando el empleo de fuerzas en operaciones fuera de su área de influencia, normalmente en apoyo de Naciones Unidas o de la Comunidad Internacional o como consecuencia de sus Resoluciones formales; utilización, por parte de los Estados, de sus Fuerzas Armadas como herramientas para defender sus intereses fuera de su territorio, o como muestra de sus compromisos en las organizaciones internacionales; uso de las Fuerzas Armadas como vehículos para mostrar la solidaridad y ayuda a países que sufren cualquier tipo de desastre o situación de emergencia como consecuencia de catástrofes no producidas por conflictos armados. Pero, una vez dibujado este panorama, cabe preguntarse qué deben hacer los componentes, militar o civil, que participan en las actuales misiones de apoyo a la paz. Entiendo, junto con otros observadores, que su trabajo debe circunscribirse a cuatro áreas de actuación básicas para que, desarrollando su actividad de forma coordinada, se lleven a cabo actividades relacionadas con: -La Seguridad: habitualmente es aportada por las fuerzas militares y policiales desplegadas y cuyos objetivos fundamentales son la consecución de un entorno estable y el mantenimiento de la seguridad para que el resto de las actividades puedan desarrollarse. -La Reconstrucción: a cargo de organizaciones nacionales o internacionales con capacidades económicas, mediante la creación de "grupos de donantes" que coordinan y canalizan los recursos monetarios en apoyo a una zona en conflicto y que tienen como objetivo la reconstrucción de las infraestructuras básicas imprescindibles y la rehabilitación del tejido económico. -El Desarrollo político y democrático: normalmente a cargo de una o varias organizaciones internacionales (ONU, OSCE, EU...) y cuyo objetivo es la reestructuración, y en muchos casos la creación, de los tejidos políticos y sociales en la zona de conflicto de acuerdo con los estándares del Derecho Internacional y el tutelaje de su funcionamiento durante un período de tiempo, para permitir a estos países reintegrarse a la "comunidad internacional" con todas las garantías. -La Asistencia Humanitaria: desarrollada por las "agencias" de Naciones Unidas o internacionales y por un amplio abanico de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, que tienen como objetivo el apoyo directo a la población en la zona de conflicto, no sólo en el campo del suministro alimentario, sino también en el A la vista de lo dicho, es claro que para planear y ejecutar las operaciones de una misión de paz, se deben tener en cuenta no sólo las necesidades y posibilidades militares, sino también las policiales, las políticas, las financieras y las sociales. En consecuencia, la decisión del envío de fuerzas militares a una misión por parte de un gobierno, tiene como resultado inmediato la participación de diversos organismos del Estado, ya que en ella se ven implicados las fuerzas militares, los estamentos políticos, las instituciones y organismos de cooperación y las organizaciones no gubernamentales de asistencia humanitaria que actúan en el país. Antes de seguir adelante, deberíamos recordar la importancia de los documentos básicos que regulan la Defensa en España. En primer lugar, y una vez dado por conocido el artículo 8 de la Constitución, sería conveniente recoger lo que dice la Directiva de Defensa Nacional, en vigor en el momento de redactar estas líneas, y citar algunos de sus párrafos. Este documento, sin clasificación restrictiva de seguridad, nos da una idea de cuáles son los planteamientos de nuestro Gobierno en lo que se refiere a la actuación de nuestras Fuerzas Armadas. Este documento, sancionado por el Presidente de Gobierno dice, entre otras cosas, lo siguiente: -En cuestiones de seguridad y defensa, Europa es nuestra área de interés prioritario; somos Europa y nuestra seguridad está indisolublemente unida a la del continente. -España promoverá e impulsará una auténtica política europea de seguridad y defensa, respaldará las iniciativas tendentes a alcanzar una defensa común, contribuirá a que la Unión Europea se dote de las capacidades civiles y militares necesarias para poder intervenir activa y autónomamente en la prevención y resolución de conflictos, y en la preservación de la paz y la seguridad internacionales de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas. -Para ello, deberemos estar en condiciones de poder participar con determinados países, si así se decidiese, para el desarrollo de capacidades militares más exigentes y en la adquisición de compromisos más vinculantes, en los términos previstos en el Tratado Constitucional de la Unión Europea. -Esta prioridad es compatible con una relación transatlántica robusta y equilibrada, un elemento también esencial de la defensa europea, como prevé el propio Tratado Constitucional. Los aliados de ambos lados del Atlántico compartimos y defendemos los mismos principios y valores. España tiene el convencimiento de que una Europa fuerte no debilita dicha relación sino que, por el contrario, la refuerza. En este sentido, España es un aliado firme y claramente comprometido con la Alianza Atlántica, y que además mantiene una relación estrecha y consolidada con los Estados Unidos; una relación que debe estar articulada sobre la lealtad, el diálogo, la confianza y el respeto recíprocos. -Asimismo, el área del Mediterráneo es de un interés especial para España. En materia de seguridad y defensa, las iniciativas que agilicen el diálogo e impulsen la cooperación bilateral con los países de la región son indispensables. También apoyaremos las iniciativas multilaterales de la Unión Europea, de la Alianza Atlántica y de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa dirigidas a la región mediterránea. -Iberoamérica constituye otra área preferente para España. La política de defensa intensificará las relaciones bilaterales y, en su caso, de cooperación militar. Igualmente, apoyaremos las iniciativas regionales encaminadas a reforzar la cooperación multilateral entre los países de la Comunidad Iberoamericana. Hasta noviembre del año 2005, las misiones militares en el exterior eran decididas y ejecutadas según un marco político basado principalmente en acuerdos de Consejo de Ministros, comparecencias parlamentarias, declaraciones políticas y lo establecido en las sucesivas Directivas de Defensa Nacional. Sin embargo, la Directiva de Defensa Nacional en vigor, señala que la actuación de las Fuerzas Armadas españolas se enmarcará dentro de un multilateralismo eficaz, que requerirá el cumplimiento de dos condiciones: en primer lugar, que exista una decisión previa de Naciones Unidas o, en su caso, otra organización multinacional de la que España forme parte y, en segundo lugar, que se acuerde con la participación activa del Parlamento. La Directiva, que define los escenarios y prioridades para la Política de Defensa española, establece como una de JOSÉ JAVIER MUÑOZ CASTRESANA las directrices para su desarrollo, la elaboración de una nueva Ley Orgánica de la Defensa Nacional en la que se incluirán las misiones y cometidos de las tuerzas amadas, se establecerán las bases de la organización militar, se definirán los principios esenciales que deben inspirar su empleo y se determinará la forma en que el Parlamento debe pronunciarse sobre la participación en operaciones militares en el exterior. Pero si importante es la Directiva, aún mayor es la trascendencia de la Ley Orgánica de la Defensa Nacional. Esta ley nos explica cuál es la finalidad de la Política de Defensa, y es de esa explicación de la que podemos extraer el objetivo de las Fuerzas Armadas en la realización de misiones de paz. La Ley dice que la Política de Defensa tiene por finalidad la protección del conjunto de la sociedad española, de su Constitución, de los valores superiores, principios e instituciones que en ésta se consagran, del Estado social y democrático de derecho, del pleno ejercicio de los derechos y libertades, y de la garantía, independencia e integridad territorial de España. Asimismo, tiene por objetivo contribuir a la preservación de la paz y seguridad internacionales, en el marco de los compromisos contraídos por el Reino de España. Y es precisamente dentro de ese objetivo de contribuir a la preservación de la paz y seguridad internacionales donde se enmarca el compromiso de participar en misiones de paz, en la medida que así sea decidido por el Gobierno y aprobado por el Parlamento. La Ley Orgánica 5/2005 de la Defensa Nacional, promulgada el 17 de noviembre de 2005, regula suficientemente, desde un punto de vista legal, la participación de unidades militares en operaciones fuera de nuestro territorio nacional, permite la contribución del mundo militar a la Ayuda Humanitaria y se adapta a los cambios y nuevos requisitos a los que hacía mención más arriba. Comentemos brevemente algunos de los aspectos más novedosos en relación con la anterior, la LO 6/1980, modificada por la 1/1984. Ya desde el principio y en su exposición de motivos, dibuja la nueva Ley, el cambio de escenario estratégico y destaca la necesidad de regular una realidad, la participación de las Fuerzas Armadas en el campo internacional. Más adelante indica claramente -como se ha mencionado-, que una de las finalidades de la Política de Defensa es la contribución a la preservación de la paz y seguridad internacionales, en el marco de los compromisos contraídos por el Reino de España, lo que no deja margen para la duda sobre la legalidad de las operaciones militares españolas fuera del territorio nacional. Además, la Ley explica que, a la vista de la experiencia adquirida, la organización básica de las Fuerzas Armadas debe basarse en dos estructuras: una orgánica y otra operativa. En un mundo interdependiente como es el actual, nos encontramos con que la estructuración de las relaciones internacionales en base a equilibrios estratégicos, la integración de los países en organismos multinacionales, la relación política económica y social de los Estados, la existencia de mecanismos internacionales para actuar sobre las áreas de conflicto y la presión de las opiniones públicas para actuar en ayuda de los pueblos que sufren conflictos, han hecho que los escenarios probables de empleo del poder militar se circunscriban, mayoritariamente, a la ejecución de operaciones de apoyo a la paz y misiones de ayuda humanitaria, ambas claramente especificadas para nuestras Fuerzas Armadas en el TÍtulo III de la Ley. Estas operaciones, que nacieron con la creación de Naciones Unidas como organización responsable de la paz y la estabilidad en el mundo, han ido evolucionando con el paso del tiempo y hoy son operaciones distintas a aquellas en las que el objetivo era simplemente el cese del conflicto armado y por lo tanto únicamente eran empleadas las fuerzas militares para lograrlo. Las operaciones exceden en la actualidad el campo militar y necesitan la confluencia de varios componentes (de seguridad, de reconstrucción, de control político y democrático y de asistencia humanitaria). La experiencia acumulada por nuestro país con la participación en casi 60 operaciones diferentes de unos 100.000 militares, supone un amplio bagaje de conocimientos, lecciones aprendidas, experiencias y adaptaciones que la organización militar ha tenido que llevar a cabo. Sabemos bien que la mayoría de las guerras de hoy en día, no se producen entre Estados, sino dentro de los Estados y esta situación marca la fisonomía de las operaciones en las que el objetivo final no es sólo terminar con la situación de enfrentamiento armado, sino también crear las condiciones para el restablecimiento de las instituciones básicas, tutelar el desarrollo de los Estados de acuerdo con las normas del Derecho Internacional y del Derecho Humanitario, apoyar el desarrollo sostenible de un tejido económico mínimo y prestar ayuda humanitaria a las poblaciones que sufren las consecuencias de la guerra. Estos condicionantes obligan a una organización, unos objetivos y unos procedimientos que hacen las actuales operaciones de paz más complejas y exigentes no sólo para cada país individualmente, sino también para la "comunidad internacional", la cual debe empeñarse con fuerzas militares y policiales pero también con contingentes civiles y recursos financieros. Derivado de todo ello, y teniendo en cuenta esa experiencia, al hablar de misiones de paz, podemos considerar tres componentes básicos: el de seguridad, el civil y el meramente administrativo (dedicado al sostenimiento de la operación). En los primeros momentos de una operación, cuando los enfrentamientos armados están todavía presentes, adquiere la mayor importancia el componente de seguridad (militar) cuyos objetivos básicos son conseguir el cese de las acciones armadas en la zona, proporcionar seguridad (a la población y a las agencias de asistencia) y apoyar las acciones de asistencia humanitaria y de desarme. En esta fase, el contingente civil, en el que en algunos casos se incluye el policial, evalúa las necesidades para el desarrollo de las instituciones, los diferentes procedimientos de transición a la democracia, marca las pautas a seguir para la reconstrucción de los tejidos político, económico y social y establece los mecanismos de ayuda tanto a la población como al país. Conforme la situación evoluciona, el componente militar disminuye sus capacidades de combate y aumenta las de apoyo al civil y las de asistencia. Por su parte, el componente civil adquiere un mayor protagonismo y desarrolla las acciones dirigidas a la reconstrucción, el apoyo a las estructuras política y social y la ayuda humanitaria. Y ello nos da la necesaria legitimidad internacional para prepararnos y para llevar a cabo misiones, no sólo de defensa del propio territorio, sino también de actuación de acuerdo con la Carta de ONU y con sus correspondientes Resoluciones. Se deduce, pues, la necesidad de considerar si es necesario exigir algunos requisitos a las Fuerzas Armadas de aquellos países que, con arreglo a las normas habituales de conducta internacional y de compromiso con la legalidad, tratan de intervenir para lograr la paz entre los pueblos. Para poder llevar a cabo operaciones de paz de acuerdo con la Carta, con nuestro ordenamiento jurídico, con nuestros compromisos internacionales contraídos y con lo que demanda nuestra propia opinión pública, ha habido que afrontar cambios considerables en la organización, los medios, la preparación y los procedimientos de empleo de nuestras Fuerzas Armadas. Pero ha sido la práctica diaria de nuestra participación en misiones en el exterior -ya desde hace muchos años-, la que nos ha llevado a realizar los cambios de detalle necesarios. Entre ellos se pueden destacar, en líneas generales, los siguientes: -Las unidades militares que participan en las misiones, no son hoy orgánicas, sino diseñadas, caso por caso, para cada una de las misiones. -Muy frecuentemente, se utilizan elementos y unidades de más de un ejército y de más de un país, lo que com-plica el planeamiento, el seguimiento y el control de las operaciones. -En consecuencia, las capacidades de mando y control y comunicaciones han sido potenciadas, dotando a las unidades de medios de enlace e información táctica y por satélite. -Las actividades de las fuerzas militares y de las organizaciones de asistencia que actúan en las zonas de despliegue, deben ser coordinadas. Esto obliga a disponer de secciones de unidades militares de cooperación cívicomilitar que sean capaces de coordinar las actividades de todos los actores en un operación. Estos requisitos, junto con condicionantes políticos, sociales y financieros, han sido tenidos en cuenta para adaptar las Fuerzas Armadas a las necesidades actuales, de forma que las unidades militares puedan actuar sin limitaciones operativas. No obstante, cada nación y cada organización multinacional tienen sus propios órganos de decisión, procedimientos y normas y todas ellas se articulan en torno a documentos de carácter legal donde se determinan las obligaciones y derechos de cada una de las partes. Sin embargo podemos constatar que se han desarrollado diferentes modalidades de empleo de los ejércitos, que van desde la ayuda humanitaria hasta la imposición de la paz, y cuyos condicionantes generales son: Necesidad de un Mandato de las Naciones Unidas (mediante Resoluciones de su Consejo de Seguridad) que establezcan, apoyen o autoricen el empleo de la Fuerza ante situaciones de violaciones, sistemáticas y graves, de los Derechos Humanos; Respeto al Derecho Internacional Humanitario y al Derecho Internacional; Despliegue y uso de la Fuerza de acuerdo con unos procedimientos establecidos y comúnmente aceptados; Necesidad de firma, ratificación y puesta en vigor de acuerdos y herramientas como los Estatutos de Fuerzas (SOFA) y las Reglas de Enfrentamiento (ROE's). Pero además de los requisitos y condicionantes generales citados, las propias necesidades de las unidades militares establecen una serie de requisitos y condicionantes adicionales: -Decisión de empleo: Es siempre política y debe incluir, al menos, la justificación de su utilización, la entidad de las fuerzas, el plazo de actuación y los procedimientos de financiación. -Marco legal específico para la misión: Una vez tomada la decisión de participar, es necesario redactar y firmar una serie de documentos que, tomados en su conjunto, proporcionan el marco legal y de actuación de las Fuerzas Armadas en una operación. Entre ellos, a nivel militar, son de destacar: • Los Términos de Referencia (TOR) donde se determinan las condiciones generales de la participación de las Fuerzas Armadas en cada estructura. • El Estatuto de Fuerza (SOFA) o de misión (SOMA), donde se pormenorizan los derechos y deberes de los militares que actúan en otro país. • Las Reglas de Enfrentamiento (ROE's) donde se detallan las autorizaciones o prohibiciones que deben aplicar las unidades militares en cada momento de acuerdo con el desarrollo de las operaciones y la situación en la zona. • Acuerdos Técnicos (AT's) y Procedimientos Normalizados (SOP's), en los que se detallan las cuestiones administrativa y operativas de las fuerzas asignadas, del personal nacional y de los países en los que ejecutan operaciones. Ahora bien, hasta este momento hemos hablado principalmente de intervenciones de un país y nos hemos referido específicamente al nuestro. Sin embargo, son frecuentes aquellos casos en los que las Fuerzas Armadas ejecutan misiones dentro de "coaliciones internacionales" configuradas para situaciones concretas (Guerra del Golfo, Libertad Duradera, Libertad Iraquí...). En estos casos, además de los anteriores documentos, se redactan y firman Memorandos de Entendimiento con todos los países participantes y con todos aquellos en los que se van a desarrollar las operaciones, ya sean tácticas o de apoyo, completándose así el marco legal para la operación. Dejando al margen el debate sobre cuáles son los conflictos en los que pueden, o no, ser utilizados los Ejércitos o sobre si su participación en operaciones de paz o misiones de ayuda humanitaria deben ser consideradas como nuevas misiones de las Fuerzas Armadas, la realidad nos presenta una sucesión de crisis a las que nuestro país y la Comunidad Internacional se tienen que enfrentar. Sin embargo, aunque las misiones de paz no son suficientes como solución única, la acción militar vuelve a cobrar un papel creciente. Son muy diversos los factores que han producido, en los últimos años, un cambio del panorama estratégico. En un tiempo relativamente corto -si tratamos de tener una visión histórica-, se ha pasado de un mundo con una sola amenaza, conocida y prevista, a una nueva sensación de vulnerabilidad, a un escenario en el que los riesgos son más numerosos, menos predecibles y muchas veces globales. Esto, junto con la conciencia internacional de intervenir por cuestiones humanitarias o por acciones en contra del Derecho Internacional, ha producido un incremento sustancial de la intervención de las Fuerzas Armadas de los países desarrollados, como elementos de la acción exterior de los Estados. Todo ello ha producido un cambio profundo en las doctrinas, estructuras, medios y procedimientos de entrenamiento y empleo, propiciando una dinámica de adaptación permanente a las circunstancias de cada momento. Y los ejércitos y la Armada españoles no han sido ajenos a este cambio. Nuestras Fuerzas Armadas han pasado, de tener un papel meramente defensivo (territorial, de intereses o del ordenamiento constitucional) a uno activo, allí donde sea necesario defender o apoyar los intereses nacionales o los de la Comunidad Internacional. Pero su empleo en el exterior está condicionado por lo establecido en las regulaciones internacionales, en las nacionales y en unos principios que limitan las capacidades a utilizar y los procedimientos de actuación en las operaciones. Sin embargo, no debemos olvidar que una conciencia de solidaridad, junto con una mejor y más rápida información sobre todo lo que acontece en el mundo, deben ser los principales factores de estabilidad y resolución pacífica de los conflictos. A lo largo de la historia se han producido acontecimientos naturales con efectos de destrucción de la vida humana, de la vida natural, de las infraestructuras, de las condiciones de vida, de pérdida de patrimonio (obras de arte, efectos documentales, bellezas naturales...). Estos hechos originan víctimas, daños y desplazamientos de grandes masas de población, y siempre o casi siempre, con una desorganización de la vida social y de la conducta humana que hace aconsejable la declaración legal de la emergencia. Existen, por otro lado, otro tipo de desastres, los originados por la conducta del Hombre, por una conducta que prima los intereses del "yo" o del "nosotros", sobre los intereses de la mayoría. Muchas veces las consecuencias de uno y otro tipo de desastres son similares y es necesaria la intervención de un elemento superior que contribuya a paliar el sufrimiento y la desgracia. En numerosas ocasiones, ese elemento es la "Ayuda Humanitaria". Podemos decir que todos, en mayor o menor medida, hacemos ayuda humanitaria. El joven que cuida del anciano, el rico que socorre al pobre, el culto que instruye al lego... Todo aquello que sirva para proporcionar desinteresadamente una mejora en las condiciones básicas de vida de un ser humano, es de alguna forma ayuda humanitaria. Pero, evidentemente, no es este aspecto tan individual el que veremos en este trabajo. Cuando hablamos de ayuda humanitaria hoy en día, nos imaginamos una actividad más organizada que el trabajo, muchas veces callado y casi aislado, del voluntario o el misionero que ofrecen su solidaridad y su caridad a los más necesitados, lejos de su tierra, su familia y sus amigos. Cuando hablamos de ayuda humanitaria, se nos va la mente a grandes organizaciones, gubernamentales o no, con capacidad de llevar adelante proyectos que mitiguen el sufrimiento lejos del territorio nacional. No es objeto de este trabajo entrar en distinciones entre la ayuda humanitaria y la asistencia humanitaria, cuyo concepto se considera tradicionalmente conformado en el Marco del Derecho Internacional Humanitario, principalmente del Derecho de Ginebra. Tampoco se pretende comentar la idea de la injerencia humanitaria, más propia de debate en el seno de las Naciones Unidas y teniendo en la mano su Carta fundacional. Sí se pretende en cambio hablar del cómo y el porqué de la contribución militar a la primera de ellas. Ante situaciones de crisis humanitarias de gran magnitud, las Fuerzas Armadas pueden aportar un notable valor añadido para mitigar el sufrimiento humano de forma rápida y eficaz, pues disponen de una serie de características de orden personal y material, de una capacidad para desplegarse ágil y ordenadamente sobre el terreno para concentrar medios pesados en poco tiempo y para realizar transportes masivos, que les convierte en un instrumento especialmente apto en estas situaciones. Las operaciones militares de ayuda humanitaria de emergencia son un componente más de la acción exterior del Estado, que se emprenden normalmente para satisfacer peticiones expresas de los países asolados por catástrofes; cuando no existen medios alternativos a los militares, o éstos se consideran más adecuados. Su objetivo principal es mitigar el sufrimiento humano y se realizan siempre, incluso en situaciones de conflicto, atendiendo a los principios de humanidad, imparcialidad y neutralidad establecidos por la resolución 462/1182 de la Asamblea General de Naciones Unidas y contemplados tanto en las Directrices de Oslo como en las Directrices sobre el uso de medios militares y de defensa civil en emergencias complejas (MODA 2003). LAS NUEVAS MISIONES MILITARES En la actualidad proliferan los conflictos armados que, tanto por sus causas como por sus efectos, tienen implicaciones notables en la paz y en el bienestar de los ciudadanos. Hoy, la seguridad es un reto complejo, cuya conquista requiere la concurrencia de muchos actores, y entre ellos la Defensa y la Ayuda Oficial al Desarrollo, cuya coordinación y colaboración debe estar enfocada a crear un círculo virtuoso que contribuya eficazmente a extender la paz y el progreso, mucho más allá de nuestras fronteras. Pero esta coordinación entre Defensa y Ayuda Oficial al Desarrollo debe ir construyéndose poco a poco con el transcurso del tiempo. Debemos de ir acomodándonos los unos a los otros. No es un proceso que se pueda dar por concluido de un día para otro. Debemos ir encontrando nuevos espacios de colaboración que beneficien y refuercen ese círculo virtuoso en aras de la seguridad y la paz internacionales. Si repasamos los contenidos de distintos estudios militares, notaremos que con frecuencia se hace referencia a "las nuevas misiones". Y esto es así desde hace años. El concepto de nuevas misiones ha sido en ocasiones ambiguo aunque para algunos, el elemento diferencial de las mismas reside en la idea de que se trata de misiones relacionadas con lo que se ha venido a considerar de forma más concreta, como misiones de ayuda humanitaria. Lo cierto es que hoy la Ley Orgánica de la Defensa Nacional, da legitimidad a la contribución militar a la ayuda humanitaria. Es verdad que dentro de esa ambigua denominación de nuevas misiones entra todo un complejo y diverso escenario de acciones, que abarca desde actuaciones especificas de uso de la fuerza, hasta funciones de ayuda sanitaria o de rescate, aprovisionamiento, transporte y apoyo a refugiados, construcción de centros de asistencia, distribución de productos de diversa índole, etc. Es, por tanto, en esta complejidad en la que encontramos el problema de definir de manera clara e inequívoca unas delimitaciones que las encuadren y circunscriban para determinar los modos correctos de actuación. Tal vez nos ayuden a comprender mejor esa complejidad, las palabras publicadas de Tomás Torres, abogado, economista y comandante del Ejército de Tierra, al volver de su misión en Afganistán: "Recientemente he estado en Afganistán y he comprobado sobre el terreno una situación que no sabría decir si es de posguerra, de preguerra, o quizá y a lo peor, de entreguerras. En el norte, especialmente en Kabul, hay una tensa calma, compatible con unas indisimuladas ansias de vivir en paz después de más de treinta años de continuas guerras. Kabul, con más de dos millones y medio de habitantes, carece de alcantarillado; la red de energía eléctrica es muy insuficiente y su suministro, con temperaturas en invierno de hasta menos veinte grados, en absoluto está garantizado, no hay agua potable, ni telefonía fija, la comunicación es por teléfono móvil vía satélite, las carreteras suelen ser caminos impracticables, la seguridad social no existe, los hospitales y la sanidad no merecen tal nombre, el Estado es sumamente débil, la policía no puede garantizar la seguridad, los tribunales casi no ejercen jurisdicción, la infancia no está escolarizada, los derechos humanos desconocidos, la actividad económica es de mera subsistencia, opio aparte, y si algo funciona, a pesar de los esfuerzos del presidente Karzai, es gracias al despliegue de las fuerzas de ISAF, cuya presencia es fundamentalmente disuasoria. A lo anterior hay que sumar la situación de la mitad de la población, la femenina, que carece de los más elementales derechos. Aún hoy los matrimonios de las afganas frecuentemente son concertados por sus padres; durante años se les ha prohibido estudiar, trabajar, e incluso salir solas a la calle; el burka, aunque ya no es obligatorio, se ha impuesto de manera que ha convertido a la mujer afgana en un fantasma viviente; las viudas, que después 30 años de guerra son muchas, se ven avocadas a la prostitución o, peor aún, al suicidio, porque carecen de medios de subsistencia". Ante palabras como éstas, el lector probablemente se preguntará si sería honesto permanecer impasibles. Creo que la respuesta es un no rotundo. La acción exterior española para la resolución de conflictos se basa en el respeto escrupuloso de la legalidad internacional y en el reconocimiento de las Naciones Unidas como organización responsable de velar por la paz y la seguridad internacional y hoy, los militares podemos decir con orgullo, que ningún miembro de nuestras Fuerzas Armadas ha sido inculpado, por un tribunal internacional, por acciones ilegales o deshonrosas en el desarrollo de una misión en el exterior. Por otra parte, la acción exterior española asume el cumplimiento de los compromisos que hemos contraído con las organizaciones internacionales a las que pertenecemos, como la ONU, la Unión Europea, la Alianza Atlántica y la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa con objeto de contribuir a extender la paz, la seguridad y la estabilidad en el mundo. La actuación de nuestras Fuerzas Armadas en el exterior requiere, pues, el cumplimiento de unas condiciones, de acuerdo con la Ley Orgánica 5/2005 de la Defensa Nacional, promulgada el 17 de noviembre de 2005. Entre esas condiciones, que dan legitimidad a nuestras actuaciones fuera de territorio nacional quisiera destacar las que se refieren al hecho de que se realicen por petición expresa "La humanitaria es una de las respuestas que debe dar la comunidad internacional a las crisis, pero no debe ni puede ser la única. Las crisis, como hemos visto, tienen profundas raíces políticas, económicas, históricas y éstas deben ser abordadas por la comunidad internacional. Pero debemos también ser realistas respecto a nuestras limitaciones: la respuesta humanitaria es, en este sentido, insuficiente. Por ello, debe complementarse con otras actuaciones de la comunidad internacional". Nuestras Fuerzas Armadas vienen actuando fuera de nuestras fronteras en todo tipo de operaciones de paz, de ayuda humanitaria y en misiones de observadores. Estas operaciones adquirieron desde finales de los años ochenta, una importancia creciente como catalizadores de estabilidad y como una forma de mostrar la solidaridad española ante el sufrimiento humano y en apoyo a otros pueblos. De este modo, los militares españoles han acumulado una valiosa experiencia en el campo de la paz y en el de la resolución de conflictos. Podemos decir que nuestras Fuerzas Armadas son un elemento relevante de la acción exterior española en materia de Construcción de la Paz. Ya en el año 1971, A. D. Biderman argumentaba ("Towards Redefining the Milirary") a favor de que se reconociese a las fuerzas uniformadas el carácter de una organización de emergencia, para hacer frente, tanto a las amenazas del exterior como a desastres y misiones rutinarias de gran envergadura, cuestiones que figuran en todos los planes de actuación de las Fuerzas Armadas de los países desarrollados. En este sentido, las operaciones de ayuda humanitaria de emergencia de nuestras Fuerzas Armadas, son decididas por el Gobierno para atender a peticiones concretas de ayuda de los países afectados por las diferentes catástrofes, realizadas bilateralmente o a través de organizaciones internacionales. En las solicitudes de ayuda, normalmente se definen las necesidades y se concretan las capacidades requeridas para paliar los efectos de las catástrofes y mitigar el sufrimiento de la población directamente afectada. El ofrecimiento de un contingente militar para responder a las peticiones, se lleva a cabo tras el correspondiente proceso de la decisión en el que, de forma coordinada entre los ministerios implicados, se evalúan los factores que en mayor o menor medida pudieran afectar al desarrollo de la operación, entre ellos la posibilidad de que las capacidades requeridas puedan ser o no aportadas, en tiempo y lugar, por el estamento civil y, cómo no, la necesidad de evitar la injerencia en eventuales conflictos internos del país afectado. Por ello, el envío de contingentes militares con fines humanitarios ha sido siempre muy bien aceptado y acogido por los países solicitantes, los cuales han prestado normalmente la máxima colaboración para su rápido despliegue y asentamiento, y han dado facilidades para que éstos puedan desarrollar su misión. La eficacia de nuestros contingentes militares en las operaciones de ayuda humanitaria de emergencia ha sido considerada hasta el momento muy satisfactoria, y así lo han reconocido tanto las autoridades de los países asolados, como las poblaciones directamente beneficiadas, lo cual constituye el mejor indicador del interés de estas operaciones. Nuestras Fuerzas Armadas han participado en las siguientes operaciones militares de ayuda humanitaria de emergencia, en los últimos 10 años: En síntesis, se pude decir que nuestras Fuerzas Armadas desplegadas en el exterior han estado y están abiertas a colaborar con las organizaciones e instituciones con responsabilidad en la prestación de ayuda humanitaria, y así lo están haciendo, incluso aunque esto implique un esfuerzo añadido a sus propias tareas y misiones. No podía ser de otra manera ya que, adicionalmente a los contenidos de la Ley Orgánica de la Defensa Nacional antes citados, una de las directrices de la política de defensa, promulgada por el Presidente del Gobierno en la Directiva de Defensa Nacional en vigor es "Conseguir una coordinación eficaz entre los elementos civiles y militares que participan en las acciones en el exterior en operaciones de ayuda humanitaria u operaciones de paz o de gestión de crisis". Por lo que respecta a las Naciones Unidas, que no dispone de un centro de estas características, ni de unidades militares ni civiles dispuestas para ser alistadas en un plazo de tiempo muy breve, se puede decir que ha elaborado una base teórica de la que se pueden destacar las conocidas como Directrices de Oslo. Estas Directrices fueron redactadas en 1994 en el seno del InterAgency Standing Committee (IASC) de Naciones Unidas, y auspiciadas por la Oficina de Coordinación de los Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA). Su objetivo en lo que se refiere al empleo de medios militares y de defensa civil en situaciones de desastres, es establecer un marco para formalizar y mejorar la eficiencia del uso de medios militares y de defensa civil en operaciones internacionales de ayuda humanitaria. Hay que decir, no obstante, que, a diferencia de lo que ocurre con las doctrinas de la OTAN y de la UE, plenamente ratificadas por nuestro país, el Gobierno español asume las Directrices de Oslo como marco de referencia en el campo de las acciones humanitarias y que, de acuerdo con ellas, las Fuerzas Armadas son sólo una herramienta complementaria que, al amparo de la Ley JOSÉ JAVIER MUÑOZ CASTRESANA Orgánica de Defensa Nacional, puede ser utilizada por el Gobierno para hacer frente a catástrofes humanitarias de gran magnitud, por reunir las características adecuadas para convertirse en un instrumento especialmente apto para reaccionar rápida y eficazmente ante este tipo de situaciones. Existen, igualmente, diversas organizaciones internacionales que, en sus áreas de competencia, tienen previsto algún tipo de intervención en casos de catástrofe. Así podemos citar la Agencia Internacional de la Energía Atómica, IN-TERPOL, EUROCONTROL, OPAQ... Decía al comienzo de este trabajo que la coordinación entre Defensa y Ayuda Oficial al Desarrollo debe ir construyéndose poco a poco, con el transcurso del tiempo, que debemos de ir acomodándonos los unos a los otros, y que no es un proceso que se pueda dar por concluido de un día para otro. Sin lugar a dudas, proyecto más novedoso en lo que se refiere a esta coordinación es ya hoy una importante realidad y se refiere a las acciones de reconstrucción y desarrollo que están llevando a cabo los Ministerios de Defensa y de Asuntos Exteriores y de Cooperación, centradas en la provincia de Badghis, en Afganistán, donde España lidera el Equipo de Reconstrucción Provincial, PRT, de la aldea de Qala i Naw. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID, del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, está desarrollando una intensa y magnífica labor de apoyo a la reconstrucción en la provincia. Por otra parte, los llamados Proyectos de Impacto Rápido, QIP, son realizados y financiados por el componente militar del PRT, como actividades de "cooperación cívico-militar", con el objetivo de aumentar el grado de seguridad de nuestras fuerzas desplegadas y son ejecutados por trabajadores civiles afganos principalmente. Hasta el momento se han terminado más de 60 proyectos de este tipo, entre los que destacan la rehabilitación de la biblioteca pública de esta ciudad, la restauración y ampliación de mezquitas, la construcción de una pista polideportiva, los cursos de informática y de español, la entrega y puesta en funcionamiento de una emisora de FM, el acondicionamiento de un basurero público, la instalación de una planta depuradora de agua y diversos apoyos proporcionados a petición de las autoridades locales. Éste es, sin duda, el camino a seguir. El camino de una estrecha colaboración entre los dos actores más importantes de la acción exterior del Estado, que se apoyan, colaboran y llevan a lugares muy lejanos la solidaridad de todos los españoles que entienden y desean que parte de los niveles de bienestar de los que gozan sean compartidos con otros países menos favorecidos que necesitan lo más básico porque no lo tienen. Y ahí estaremos juntos, representando a nuestros compatriotas, materializando sus deseos de contribuir a la paz y progreso en el mundo y trasladando su sentimiento de solidaridad y afecto. Recibido: 24 de enero de 2008 Aceptado: 27 de marzo de 2008 NOTAS 1 Como ejemplo, podemos señalar que de las 60 operaciones de paz que desde 1948 ha puesto en marcha las NN.UU., 13 lo fueron durante la guerra fría y el resto tras la caída del muro de Berlín, de las cuales, 18 están en actividad. REQUISITOS Y CONDICIONANTES PARA UNA INTERVENCIÓN
Son muchos los ámbitos de colaboración entre el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (MAEC) y el Ministerio de Defensa cuando pensamos en actuaciones en el exterior. Probablemente, es en la acción humanitaria donde esta colaboración es menos conocida aunque empieza a tener mayor visibilidad en los últimos tiempos. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo es una agencia estatal vinculada al MAEC encargada de la gestión de la política española de cooperación para el desarrollo. La ayuda humanitaria forma parte de la Ayuda Oficial al desa-rrollo (AOD) pero es diferente en sus objetivos y principios de los proyectos de desarrollo. Su principal objetivo es salvar vidas. A lo largo de estas páginas, no se pretende hablar en profundidad de las operaciones de mantenimiento de paz, muy relacionadas con el tema objeto del estudio pero fuera de las competencias de la AECID. En este artículo se definirá brevemente el concepto de acción humanitaria para luego describir varios ámbitos concretos de relación como son la ayuda humanitaria en Afganistán, las operaciones de respuesta a emergencias, o el desminado humanitario, entre otros. Este análisis permitirá conocer algunos de los futuros retos de la ayuda humanitaria española. La ayuda humanitaria puede definirse como el apoyo que los países se prestan en caso de catástrofe natural, aislada o más o menos permanente (como las sequías) y aquella que se da en el contexto de los conflictos armados. Su objetivo principal es salvar y proteger vidas humanas y restablecer sus condiciones de vida. La AECID dispone en 2008 de más de casi 120 millones de euros para acciones de ayuda humanitaria, tras incrementos sostenidos a lo largo de años anteriores. Además, España se ha incorporado a las más importantes iniciativas internacionales en la materia tanto de las Naciones Unidas (OCHA) como de la comunidad de donantes (Directrices de Oslo e Iniciativa del Good Humanitarian Donorship). España es además unos de los principales contribuyentes del Fondo Central de Respuesta a Emergencias de las Naciones Unidas (CERF en sus siglas en inglés), en el año 2008 con 30 millones de euros. La reforma de la AECI con el Decreto 1403/2007, de 26 de octubre, tiene como uno de sus pilares la creación de la Oficina de Acción Humanitaria, una oficina con más medios, presupuesto y clara separación de las tareas. La nueva Oficina de Acción Humanitaria diferenciará la prevención, la respuesta a emergencias y la evaluación. Dicho esto, se debe señalar que la alta disponibilidad de las FFAA, sus capacidades y medios y, a fin de cuentas, el hecho de constituir un elemento fundamental del Estado hace que puedan ser muy útiles en la facilitación de la ayuda humanitaria y en la creación de espacios de seguridad, en un momento en que las organizaciones humanitarias sufren el acoso y la violencia de las partes en un conflicto armado o del terrorismo internacional. Antes de entrar en cuestiones más concretas, resulta interesante hacer una breve referencia al marco normativo internacional y nacional. En 2003 se publicaron los 23 principios de la Iniciativa de "Buena Donación Humanitaria" (Good Humanitarian Donorship -GHD-, en su traducción al inglés), una guía de buenos usos humanitarios a la que España se adhirió en el año 2004. Se trata de una iniciativa internacional que agrupa a los principales donantes humanitarios. En la actualidad, se encuentra en proceso de elaboración el Plan de acción español del GHD. Tres de estos principios tienen relación directa o indirecta con el papel de las FFAA en las operaciones de ayuda humanitaria: -El principio 17: estar preparados para ofrecer apoyo al desempeño de acciones humanitarios, incluida la facilitación del acceso humanitario seguro. La Estrategia señala igualmente que en línea con las Directrices de Oslo y las recomendaciones del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE (CAD) la tendencia debiera ser que la participación de efectivos militares se circunscriba a las funciones de mantenimiento de la paz, creación de condiciones de seguridad y apoyo indirecto a la prestación de ayuda por parte de organizaciones imparciales y neutrales. Por lo que se refiere a la ayuda humanitaria prestada por parte del Estado, las FFAA constituyen un instrumento más del Estado que puede aportar un valor añadido mediante el uso de sus medios y capacidades. Se dará prioridad a los medios civiles excepto cuando por razones de oportunidad o eficacia se considere conveniente su empleo y su acción se valore como adecuada. La Estrategia también afirma que se impulsará el establecimiento de una posición clara en materia de actuación militar, justificada por motivos humanitarios, que evite la confusión. Debería apoyarse más intensamente la implantación real en la ONU del principio de "responsabilidad de proteger". En un esfuerzo por concretar estas cuestiones, el Consejo de Cooperación, órgano consultivo del gobierno en materia de cooperación al desarrollo que reagrupa a actores públicos y privados, ha puesto en marcha un grupo de coherencia de políticas encargado de estudiar, entre otras cuestiones, el papel de las fuerzas Armadas en las operaciones de ayuda humanitaria. En este grupo han participado representantes del MAEC y del Ministerio de Defensa. EL CONVENIO MARCO DE COLABORACIÓN: EL DESMINADO HUMANITARIO Los cuatro cursos que la AECID y el Ministerio de Defensa organizarán en 2009 son cursos de instructores de desminado humanitario. Los cursos tienen lugar en el Centro Internacional de Desminado situado en la localidad madrileña de Hoyo de Manzanares. Los cursos están dirigidos a un máximo de 25 asistentes, con una duración máxima de cuarenta días. El objetivo es colaborar con dichos países en la formación teórico-práctica de sus técnicos para que puedan desarrollar con seguridad las tareas de desminado en su territorio. El Ministerio de Defensa facilita los medios e instalaciones para desarrollar el curso (materiales, instalaciones de enseñanza, instructores y profesorado así como el alojamiento para los alumnos entre otros). La AECID sufraga los gastos de pasaje aéreo, el per diem de los alumnos y su seguro sanitario. La AECID cuenta con la Fundación Internacional de Políticas Públicas y para Iberoamérica (FIIAPP) para la gestión de estos cursos. Los cursos han tenido muy buen resultado y se incrementa la demanda año tras año. El curso de Operaciones de Paz para Iberoamérica se enmarca en la prioridad dada por el Plan Director de la Cooperación Española 2005-2008 a la prevención de conflictos. El curso será impartido por expertos españoles a favor de 18 oficiales superiores de las Fuerzas Armadas de distintos países iberoamericanos. El curso permitirá la difusión de conocimientos sobre operaciones de mantenimiento de la paz, el intercambio de experiencias y el aprendizaje de procedimientos y documentos básicos de este tipo de operaciones. España también financia el Fondo para actividades de desminado de las Naciones Unidas y diversos proyectos con ONGs. LA RESPUESTA EN SITUACIONES DE CONFLICTO ARMADO: EL PRT EN AFGANISTÁN La OTAN, bajo mandato de Naciones Unidas, tiene el mando de la fuerza multinacional de estabilización y ayuda a Afganistán (ISAF). España ha asumido el firme compromiso de contribuir a la reconstrucción y estabilización política de Afganistán mediante el apoyo a la ISAF. Además de sus funciones en el mantenimiento de la seguridad y estabili-dad, el mandato de ISAF incluye el desarrollo de programas de reconstrucción y la implantación de las instituciones del Estado en territorio afgano. Esto se está llevando a cabo a través de los Equipos de Reconstrucción Provincial (PRT en sus siglas en inglés) que contempla la incorporación de civiles para el cumplimiento de esta parte de su mandato. España aporta unos 650 efectivos y lidera un PRT en la provincia de Badghis concretamente en la localidad de Qala i Nao, situada a 150 km por carretera de la ciudad de Herat. La provincia se sitúa al oeste del país y hace frontera con Turkmenistán. Se trata de una zona remota, aislada, pobre y atrasada, situada en un terreno montañoso y con unas condiciones climatológicas duras en invierno. La AE-CID aporta al componente civil un equipo de cooperación con carácter permanente y un equipo de ingenieros de la empresa pública TRAGSA. Está desplegado desde septiembre de 2005 para la puesta en marcha del programa de reconstrucción identificado previamente. La cooperación española tiene como objetivo estratégico global en Afganistán la disminución de la pobreza, apoyando la reconstrucción, la mejora de las comunicaciones, mejorando el sistema sanitario, el desarrollo económico y social, fomentando la plena integración de los colectivos vulnerables en especial el de las mujeres e incidiendo en el desarrollo rural. El Programa de Reconstrucción se basa en dos ideas principales: la provincia no presenta signos visibles de destrucción por la guerra pero sí una situación generalizada de pobreza y, además, no dispone de las mínimas infraestructuras básicas ni de materiales y maquinaria para llevarlo a cabo. Por todo ello, las áreas de actuación identificadas han sido las siguientes: agua potable y saneamiento, salud, comunicaciones por carretera, educación, regadíos, ayuda alimentaria y género. Se suma a esta lista el fortalecimiento institucional como línea horizontal de actuación. Los signos más visibles de este ambicioso y completo programa de reconstrucción son el abastecimiento total de la población en agua potable, la rehabilitación y puesta a punto del hospital provincial de Qala i Nao, la rehabilitación de carreteras, la construcción de una pista de aterrizaje, la construcción de escuelas y la financiación al Programa Mundial de Alimentos. El Ministerio de Defensa proporciona la seguridad necesaria para los trabajos ejecutados por la AECID. El último gran logro que cabe señalar se refleja en la publicación de un estudio sanitario de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore que reconoce los avances de la provincia de Badghis en la detección y tratamiento de la tuberculosis. Según este estudio, Badghis sería la primera provincia de Afganistán en sistemas de detección y tratamiento de la tuberculosis. Se trata de un importante avance ya que la tuberculosis afecta a las capas de la población más vulnerables como las mujeres y los niños. Una de las razones del éxito, atribuible en gran parte a la cooperación española, ha sido seguir una línea de trabajo bajo los criterios sanitarios afganos. La AECID también ha mantenido reuniones con el Ministerio de Defensa en relación con las actividades de cooperación cívico-militar (CIMIC). En este tipo de actividades los militares (formando unidades denominadas "CIMIC") parte de una operación de mantenimiento de la paz entran en contacto con la población de la zona en la que se desarrolla su operación para buscar soluciones a algunos problemas de la localidad como puede ser el mantenimiento o reparación de alguna infraestructura o la distribución de bienes. Se busca así crear lazos fuertes con la sociedad del lugar en el que trabajan. Con este tipo de actuación, el ejército busca mejorar su imagen de cara a la población lo que redunda en una mejor percepción de su misión y un incremento en el nivel de su seguridad. Estas actividades no pueden calificarse como de humanitarias pues no se rigen por sus principios (neutralidad, imparcialidad, independencia y humanidad) pero son útiles para el propósito que persiguen. En este punto hay que insistir en la idea de que se trata de actividades propias de los militares, diferentes de las que realiza la AECID y legítimas en sus objetivos e intereses. El Ministerio de Defensa desarrolla este tipo de actividades en Afganistán y en Líbano. Según los datos que tiene la AE-CID, cuentan con un presupuesto de 60.000 euros al mes, lo cual no es una cantidad nada desdeñable. Son proyectos de corta duración, en torno a unos dos meses. La AECID comprende las motivaciones que impulsan el desarrollo de este tipo de operaciones CIMIC pero es im-portante recordar que según las normas internacionales debe reafirmarse la necesaria separación en las funciones de cada institución.. En todo caso, la AECID está satisfecha del permanente diálogo entablado con el Ministerio de Defensa en estos asuntos y su gran disponibilidad. Este intercambio de información es un claro ejemplo de que la coordinación con el Ministerio de Defensa también funciona a la perfección en un asunto en el que los pareceres pueden ser distintos. Uno de los terrenos en el que la participación de las FFAA puede resultar indispensable es a la hora de asegurar el llamado "espacio humanitario". Hoy en día, el trabajo de las organizaciones humanitarias (Naciones Unidas, Comité Internacional de la Cruz Roja, ONGs...) está siendo cada vez más obstaculizado (asesinatos, secuestros, obstaculización del trabajo...). La violencia de un conflicto armado se dirige no sólo contra las partes enfrentadas sino también contra los actores que son independientes por definición y que trabajan en beneficio de la población más necesitada. La garantía de este trabajo depende en algunas situaciones de la protección que den los ejércitos de los países. En el caso español, las tropas que trabajan en países donde pervive un conflicto permiten con su presencia la continuación del trabajo de numerosas organizaciones LA RESPUESTA A DESASTRES NATURALES: LAS OPERACIONES DE ENVÍO DE AYUDA HUMANITARIA En caso de catástrofe natural de cierta entidad, la AE-CID pone siempre en marcha su protocolo de actuación en emergencias. Éste consiste básicamente en la toma de contacto y coordinación con los diferentes actores humanitarios, Ministerios, Comunidades Autónomas y ONGs, para poner en su conocimiento los datos de que se disponga. Esta toma de contacto se hace a través de correo electrónico o de mensaje en el teléfono móvil en el caso de producirse fuera del horario laboral. La información que la AECID tiene proviene de nuestras Embajadas y Oficinas Técnicas de Cooperación y de organismos internacionales como OCHA (la oficina de Coordinación para los Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas), ECHO (la Oficina Humanitaria de la En el caso de ser necesario, la AECID convoca a todos estos actores a una reunión de coordinación en la que, por un lado, se informa de la situación y, por el otro, se comparten la disponibilidad y capacidades de cada uno. La AECID también es responsable de diseñar y dirigir la respuesta que el Estado español pueda ofrecer. Siempre se tiene al corriente a la Embajada en España del país afectado y es habitual la participación del embajador/a al inicio de ésta. En estas reuniones, siempre se invita al Ministerio de Defensa. Las relaciones entre la AECID y el Ministerio de Defensa en materia de respuesta a emergencias gira en torno al hangar que la AECID tiene en la base aérea de Torrejón de Ardoz para el envío de ayuda humanitaria por la vía aérea, la habitual. La nave cedida por el Ministerio de Defensa cuenta con un área de 800 metros cuadrados para el almacenamiento de material humanitario como mantas, tarpaulines (lonas de plástico de cobijo, tiendas de campaña, kits higiénicos, kits de cocina...). La gran ventaja es su ubicación junto a la pista, lo que brinda un acceso directo a la zona de carga de los aviones. Existe un procedimiento a seguir para la utilización de la base por parte de la AECID que diferencia según se soliciten medios aéreos militares o simplemente el uso de la pista para un vuelo civil contratado. El intercambio de faxes entre ambos Ministerios incluye información acerca de las personas encargadas del operativo, la entrada de personal o la necesidad de contar con medios militares para el desplazamiento de la carga desde el almacén a la pista y posterior carga del avión. El Ministerio de Defensa ofrece numerosas facilidades como la entrega de permisos permanentes de entrada a la base para el personal de la AECID. También ha facilitado siempre la entrada de los medios de comunicación para que asistan a la carga del avión, puedan tomar imágenes del hangar y del material e incluso se celebren ruedas de prensa con la autoridades presentes. En septiembre de 2007, tras el paso del huracán "Felix" por Nicaragua, el gobierno nicaragüense solicitó a España la financiación de medios aéreos muy necesitados para el transporte de la ayuda humanitaria entre la capital, Managua, y la zona damnificada, Puerto Cabezas. Como se ha podido comprobar a la luz de los ejemplos mencionados, existe una buena relación, directa y de confianza, entre la AECID y el Ministerio de Defensa. Son muchas las áreas de trabajo en las que se puede obrar conjuntamente, sobre todo en aras de una buena gestión y resultado de las mismas. El principio de unidad de acción en el exterior exige que la dirección de una acción de ayuda humanitaria que com- En el futuro, el trabajo realizado en desminado humanitario y respuesta a diversos tipos de crisis deberá de perfeccionarse. La reforma de la AECI convertida desde enero de 2008 en AECID encuentra en la nueva Oficina de Acción Humanitaria uno de sus ejes fundamentales y una buena oportunidad para ello. La apuesta firme y decidida del gobierno por una ayuda humanitaria más eficaz, cuantiosa y de calidad debe ir acompañada por un fortalecimiento de la capacidad de la AECID para coordinar y liderar toda actuación española en este campo. España, una vez que se ha adherido a los principios del GHD y forma parte de las principales iniciativas internacionales en la materia, debe de impulsar su plena incorporación en los métodos de trabajo y en las relaciones entre el MAEC y el Ministerio de Defensa. EL MINISTERIO DE DEFENSA EN EL CAMPO DE LA AYUDA HUMANITARIA
El cambio tecnológico y la innovación en las industrias relacionadas con la defensa no se producen en aislamiento. La capacidad de desarrollar nuevas tecnologías para uso militar depende de la capacidad tecnológica de la economía en su conjunto; recíprocamente, muchas tecnologías desarrolladas inicialmente para ser aplicadas en el campo militar han sido después adaptadas para su uso civil. Esta relación entre innovación militar y civil es, sin embargo, cambiante y compleja. El sistema de innovación militar que se desarrolló después de la Guerra Fría tendió a cerrarse sobre sí mismo, definiendo un sistema de innovación protagonizado por un número de actores relativamente pequeño y definido (ministerios de defensa, laboratorios militares de titularidad pública, industrias de defensa...), los cuales desarrollaron sus propias dinámicas de generación y selección de nuevas tecnologías. Los procesos de selección se implementaban a través de complejos procedimientos de compra y estrictos estándares y especificaciones militares que aseguraban el control del cliente militar sobre la configuración de los productos y sistemas que adquiría. Como respuesta a las condiciones únicas del mercado militar los mayores proveedores de sistemas militares tendieron a especializarse separando las actividades militares del resto e incluso vendiendo sus divisiones civiles a otras empresas. Esta separación entre sistemas de innovación militar y civil está sujeta a procesos de cambio. Por ejemplo, podemos identificar multitudes de ejemplos históricos que reflejan la fluidez con la que las capacidades tecnológicas de individuos u organizaciones se aplicaban indistintamente tanto a trabajos civiles como militares. Bien conocido es el caso de Leonardo da Vinci con sus diseños de armas (cañones, arcabuces, catapultas...), artículos militares (escaleras para escalar murallas, puentes para cruzar fosos...), y trabajos que hoy en día se calificarían como investigación militar (cálculos sobre la penetración de proyectiles...), que acompañaron sus múltiples trabajos artísticos y técnicos. Nicolo Tartaglia aplicó su abundante trabajo en el campo de las matemáticas al cálculo de trayectorias balísticas para mejorar la precisión de la artillería, y este trabajo jugo un papel muy importante en las investigaciones de Galileo y el establecimiento de las leyes de caída de los cuerpos. Estos casos son ejemplos de una práctica generalizada entre inventores, artesanos y pensadores del período preindustrial a trabajar en todo tipo de proyectos fuesen éstos militares o civiles. Las innovaciones en armamento eran a menudo desarrolladas por individuos que no formaban parte de organizaciones militares (O'Connell, 1989), y existía por tanto una gran flexibilidad en la distribución de tiempo y recursos entre tareas militares y civiles. Con la llegada de la Revolución Industrial se establecieron relaciones estrechas a nivel institucional entre organizaciones militares y civiles. Ello facilitó que las tecnologías sociales que apoyaron los sistemas de organización jerárquicos y centralizados que caracterizaron el sistema de producción industrial fuesen frecuentemente transferidas desde el mundo militar. Así por ejemplo los ingenieros que dirigieron la construcción y gestión de la red de transporte ferroviario en los Estados Unidos eran oficiales del cuerpo militar de ingenieros (O'Connell Jr., 1985); y las formas de organización de la producción que a partir de 1815 desarrolló el US Army Ordenance Department para la producción de armas de fuego se difundieron al resto de la economía y constituyeron la base del "sistema americano de manufactura" (Smith, 1987). La aplicación de las mismas tecnologías para fines militares y civiles (lo que hoy en día se conoce como "dualidad") no se interpretaba como problemática. Con el avance tecnológico en las sociedades industriales modernas, se intensificó el esfuerzo realizado en actividades de investigación y desarrollo tecnológico orientadas directamente al apoyo de la producción armamentista. El resultado fue un cambio en la naturaleza del conflicto armado y la destrucción de la Primera Guerra Mundial, el primer conflicto de gran escala donde se utilizaron tecnologías armamentistas de carácter industrial. En la Segunda Guerra Mundial se realizó un esfuerzo científico sin precedentes que llevó, entre otras muchas innovaciones y programas de investigación militar, al Proyecto Manhattan y al desarrollo de la bomba nuclear. Los vencedores derivaron una clara lección de esta experiencia: los resultados del esfuerzo científico y tecnológico habían sido factores cruciales en la victoria aliada. Este artículo presenta el sistema de innovación militar que surgió durante la Guerra Fría y que fue el resultado de esta constatación. Pasa a argumentar después que éste es un sistema en estado de cambio, y resume las transformaciones que ha empezado a experimentar durante las tres últimas décadas. EL SISTEMA DE INNOVACIÓN MILITAR DURANTE LA GUERRA FRÍA El sistema de innovación militar que emergió durante la Guerra Fría en los Estados Unidos y Europa occidental puede calificarse como jerárquico y cerrado. Jerárquico porque el cliente militar controlaba la configuración de los productos que adquiría y poseía la capacidad tecnológica y financiera para ejercer tal control. Éste era el caso en países al frente del desarrollo tecnológico militar, particularmente en los Estados Unidos. En estos países las agencias de compra militares detallaban a través de estándares, especificaciones militares (MILSPECs) y pliegos de condiciones las características técnicas de los sistemas que iban a adquirir. Algunas de estas especificaciones se desarrollaban en colaboración, formal o informal, con los contratistas principales quienes organizaban el proceso productivo y transferían los requerimientos a subcontratistas que se encargaban de manufacturar componentes y subsistemas específicos. Las organizaciones que formaban parte de esta cadena constituían una red con intensos vínculos de colaboración pero con relativamente pocos contactos con organizaciones civiles. Esta red estaba formada por las organizaciones gubernamentales encargadas de gestionar los procesos de compra de sistemas militares (normalmente departamentos de los ministerios de defensa), laboratorios especializados de titularidad pública que ayudaban a los ministerios a desarrollar sus funciones y realizaban investigación básica y aplicada en áreas de interés para la defensa, y una red de empresas también especializadas en suministrar a cliente militar (las cuales en muchos países también eran de titularidad pública) 1. Estos agentes desarrollaron una densa red de lazos que los conectaban entre sí, una cooperación a menuda tan estrecha que levantó la preocupación de políticos y analistas. El sociólogo C. Wright Mills en su famosa obra The Power Elite (Mills, 1956) ya describía la relación entre las élites económicas, JORDI MOLAS GALLART políticas y militares que compartían intereses y una visión del mundo que Mills definía como "metafísica militar", e intercambiaban sus puestos pasando de una estructura institucional a otra. Pocos años más tarde, el famoso discurso del Presidente Eisenhower popularizó el concepto de "complejo militarindustrial" y alertaba del peligro asociado a su irrupción. El discurso identificaba el crecimiento y especialización de la industria de armamento y sus relaciones con las instituciones públicas: Nuestra organización militar de hoy en día poco se asemeja a la que conocieron mis predecesores tanto en tiempo de paz, como por los que lucharon en la Segunda Guerra Mundial o en Corea. Hasta la última de nuestras conflagraciones mundiales, los Estados Unidos no tenían una industria militar. Los productores de arados podían, con tiempo y cuando así fuese requerido, producir también espadas. Pero hoy ya no podemos correr el riesgo de improvisar urgentemente la defensa nacional, nos hemos visto obligados a crear una industria permanente de armamentos de formidables proporciones. A ella debemos añadir tres millones y medio de hombres y mujeres directamente empleados en organismos de defensa. Cada año gastamos en seguridad militar más que el ingreso neto de todas las empresas norteamericanas. Esta conjunción entre una enorme entidad militar y una gran industria de armamento es una experiencia nueva, cuya influencia -económica, política e incluso espiritual-se siente en cada ciudad, cada estado, cada oficina del gobierno federal. Reconocemos la necesidad de este desarrollo. Sin embargo, no debemos olvidar sus graves implicaciones. Nuestro trabajo, recursos, nuestra forma de vida y la estructura de nuestra sociedad están en juego. En el desempeño de las tareas de gobierno, debemos protegernos de la adquisición injustificada de influencia, sea buscada o no, por parte del complejo militar-industrial. La posibilidad desastrosa de un incremento de poder fuera de lugar existe y persistirá (Eisenhower, 1961, traducción propia). El término "complejo militar-industrial" ha sido, desde entonces, usado a menudo para referirse, desde una perspectiva crítica, a la influencia que sobre la toma de decisiones en temas de defensa ejercen los intereses convergentes de los industriales del sector, de las fuerzas armadas y ministerios de defensa, y de los representantes políticos principalmente de regiones en las que existen importantes centros de producción o bases militares. Estos tres grupos constituían las líneas de un "triángulo de hierro", una metáfora que se expandió en la literatura académica para referirse a la fortaleza de los vínculos que se establecían entre estos tres grupos. Adams (1982) describía la industria de defensa como una "clase especial de negocio" por la "intimidad" con la cual la industria se relacionaba con sus clientes gubernamentales. Esta familiaridad se refuerza por la facilidad con la que miembros del triángulo intercambiaban posiciones; gestores industriales pasando a ocupar puestos en el Pentágono, militares retirados encontrando empleo en las empresas de defensa, líderes industriales pasando a la política, etc. Según Adams la fortaleza de estas relaciones inhibía el control democrático sobre el proceso de compra de armamentos y la aplicación de controles de coste adecuados. La fortaleza de estos vínculos requiere la existencia de un grupo identificable y, por tanto, relativamente estable. Los agentes que conforman el sistema de innovación militar establecían densas redes de relaciones entre ellos, y sólo vínculos más tenues con su contexto económico y social. Pero no es sólo por su composición social que el sistema de innovación militar que se desarrolló durante la Guerra Fría puede calificarse como cerrado: la organización de la investigación para la defensa ayudó a separar el mundo de la investigación e innovación militar del resto de actividades científicas y tecnológicas. La organización de la investigación militar El enorme esfuerzo de investigación financiado por los ministerios de defensa y otros organismos militares que se mantuvo e incrementó durante el período de la Guerra Fría 2 se gestionó a través de los mismos ministerios, fuerzas armadas y agencias afines. En algunos casos, como por ejemplo los laboratorios que heredaron la estructura del Manhattan Project y que continuaron la investigación sobre armas nucleares en los Estados Unidos, fueron y continúan siendo financiados por el Departamento de Energía, y mantienen un cierto nivel de independencia al ser gestionados por entes independientes (empresas y universidades) 3. No obstante, estas situaciones eran, hasta hace poco, excepcionales. La mayoría de centros de investigación militar en los países occidentales eran de titula- ridad pública, gestionados directamente por organismos públicos y dotados de personal funcionario. Fuese cual fuese la estructura institucional de los laboratorios militares, estos establecimientos se caracterizaban por formas de operar que los separaban del mundo de la investigación civil. Existían buenas razones para ello: la sensibilidad de las tecnologías que desarrollaban (explosivos, armamentos, contramedidas electrónicas...) originó un sistema de procedimientos complejos destinados a evitar la difusión de la información que estos centros generaban. El secretismo propio de las actividades de investigación militar, incluso cuando se trataba de investigación fundamental o aplicada lejos aún del desarrollo específico de sistemas militares, se constituyó en una característica diferenciadora de la I+D militar. Incluso la investigación que los ministerios de defensa y organismos afines financiaban en las universidades se realizaba bajo condiciones específicas, que, en opinión de algunos analistas, limitan la libertad intelectual y han originado un complejo "militarindustrial-académico" (Leslie, 1993). El sistema de compras públicas El cliente militar no sólo controlaba una cantidad de recursos muy importante para apoyar la investigación, el desarrollo y la adquisición de nuevos y complejos sistemas de armamento, sino que además estableció procedimientos de compra y de gestión y un entramado de estándares y especificaciones militares con los que controlaba los procesos de producción y las características técnicas de los sistemas que adquiría. El comprador militar se implicaba directamente en el desarrollo, diseño, e incluso producción (a través de empresas o arsenales de titularidad pública) de los sistemas que usaba. Las fuerzas armadas se encargaban también del mantenimiento de los sistemas que operaban, bien a través de centros de mantenimiento que gestionaban directamente, o a través de agencias de titularidad pública. Así pues, en los países que lideran el ranking de gasto en compras de armamento, los clientes militares determinaban las prestaciones de los sistemas a adquirir, financiaban su desarrollo al completo, y controlaban sus detalles técnicos. Como resultado disfrutaban de la propiedad intelectual (o de derechos de uso sobre la misma) de los sistemas de armamento y de la mayoría de sus componentes y subsistemas. Los estándares militares especificaban también detalles de los procesos de producción, sistemas de control de calidad, y procesos de mantenimiento y apoyo. A este sistema los organismos responsables del proceso de compras añadieron reglas y prácticas de contratación especiales y la imposición de procedimientos únicos de inspección y control sobre los proveedores militares. Para poder jugar este papel determinante, los organismos públicos responsables de los procesos de adquisición de armamento eran apoyados por centros de investigación especializados, también de titularidad pública, con los que cooperaban estrechamente. Por su parte, la red de proveedores que se desarrolló para responder a estas demandas tendió a especializarse, y se dotó de dilatadas estructuras administrativas para abordar los procedimientos que le venían impuestos por el cliente. Los costes administrativos impuestos por el peculiar sistema de regulaciones y procedimientos militares eran mucho más altos que los que soportaban la mayoría de las empresas operando en el resto de la economía; Melman, por ejemplo, calculó a principios de los años setenta, que en los Estados Unidos los costes de carácter administrativo incorporados al precio de un producto militar oscilaban entre el doble y el triple de los que se aplicaban a productos civiles de valor equivalente (Melman, 1974). Las características de la industria La industria especializada en el mercado de defensa pudo beneficiarse de los grandes programas de investigación, desarrollo y compra financiados por los ministerios de defensa. En particular, la financiación pública de la I+D le eximió del riesgo que conlleva tener que invertir fondos propios en proyectos de I+D que, por su propia naturaleza, son de resultado incierto. La industria pasó a depender de los fondos públicos para llevar a cabo sus proyectos innovadores. Ello, sin embargo, no eliminaba todos los riesgos del mercado; al contrario, la creciente complejidad y coste de los sistemas de armamento redujo progresivamente el número de proyectos y de unidades en fabricación. El número decreciente de programas, y su envergadura cada vez mayor llevaron lógicamente a la concentración industrial, al menos por lo que se refiere al número de contratistas principales. Algunas empresas se salieron del mercado y otras fueron absorbidas o se unieron, surgiendo empresas líderes que normalmente no se enfrentaban a competido-JORDI MOLAS GALLART res nacionales. Estos sobrevivientes adquirieron una gran importancia económica y estratégica y, por tanto, fuerza e influencia política. La proximidad de estos grupos empresariales a los centros de decisión pública reforzó los vínculos que les unían. La proximidad entre empresarios privados e instituciones públicas difuminó las fronteras entre ambas esferas. Los análisis académicos publicados entre los años sesenta y ochenta coincidían en esbozar una situación en el que el comportamiento empresarial no respondía al que cabía esperar de empresas operando en un mercado libre. Galbraith veía a las empresas militares como una extensión del departamento de defensa y viceversa (Galbraith, 1985, pp. 324-325). Melman argumentó que las empresas militares buscaban maximizar los subsidios que recibían del Estado y, por tanto, tendían a maximizar el coste de sus actividades (Melman, 1974). Aunque Melman llevó el argumento a su extremo, la observación de que la industria militar se diferenciaba de la civil por la poca importancia que la primera otorgaba a los costes de producción, se convirtió en una de los argumentos más frecuentes en los trabajos de analistas tanto críticos como afines al sistema. A principios de los años sesenta, Peck y Scherer (1962) argumentaron que la industria militar se caracterizaba por su atención a las prestaciones de los producto que desarrollaban y producían y a la menor consideración que prestaban a los costes. La industria producía los sistemas requeridos por el cliente, con las especificaciones que éste imponía, y el cliente reembolsaba a la empresa sus costes más un margen de beneficio acordado con anterioridad. Estas prácticas, conocidas como "cost+fee", llevaron a una cultura de ingeniería y producción muy diferente de la que imperaba en los mercados civiles, donde el control y reducción de costes se erigían como uno de los factores fundamentales de competitividad. Peck y Scherer argumentaron además que, apoyadas por estos esquemas y la necesidad de alcanzar los niveles de prestaciones requeridas por el cliente, las empresas militares podían introducir productos antes de que se hubiesen solventado todos sus problemas técnicos. De esta manera en el mercado militar se introducían las innovaciones antes que en los mercados civiles, pero a un alto coste de producción y acarreando también problemas de fiabilidad y altos costes de mantenimiento, un tema que más tarde retomó Mary Kaldor desde una perspectiva crítica (Kaldor, 1982). Las implicaciones de la relativamente poca importancia asignada a los costes de desarrollo, producción y mantenimiento, fueron más allá de su impacto sobre la propensión a la incorporación de innovaciones. Sin las restricciones de coste propias de la industria civil, y con el apoyo e incluso estímulo del cliente, la industria militar tendió a generar sistemas de complejidad (y coste) creciente, introduciendo nuevas prestaciones y capacidades en cada nueva generación de armamento. Esta práctica ha sido descrita como "gold plating" (laminado de oro) para referirse a lo innecesario de muchas de las capacidades y prestaciones que estos productos exhibían 4, y su resultado como "tecnología barroca" (Kaldor, 1982): a medida que los sistemas incorporan nuevas funciones se nacían más caros de obtener, mantener y, también, difíciles de operar. Esta tradición de análisis de la industria de armamento coincide en destacar, desde sus muy variadas ópticas y credos políticos, las diferencias que separaban las prácticas y cultura de la industria militar de las que caracterizaban a la industria civil. Mientras que la primera producía cantidades más pequeñas de sistemas cada vez más costosos y complejos, la segunda incrementaba los volúmenes de ventas a través del control de costes y la generación de productos cada vez más fáciles de operar y baratos de mantener. Las empresas que se habían desarrollado con una cultura de ingeniería y producción orientadas al mercado militar encontraban muy difícil su apertura a otros mercados de carácter civil. La historia de los intentos de diversificar industrias militares introduciéndolas en el mercado civil contiene algunos ejemplos de éxito pero los fracasos parecen ser más numerosos. Las diferencias en cultura, las estructuras administrativas, y las prácticas adquiridas a través de años de trabajo con un cliente dominante que jugaba un papel crucial en la especificación del producto se cuentan entre las causes que han hecho difícil el proceso de diversificación (Gansler, 1995). Ello no quiere decir que la diversificación fuese imposible o que la industria de defensa constituyese una especie de compartimento estanco. Aunque muchos autores se inclinan por subrayar los ejemplos de fracaso 5, otros atribuyen estos casos, no a la imposibilidad práctica de implementar tales procesos con éxito, sino a la falta de compromiso por parte de los altos ejecutivos, la inercia burocrática y la falta de políticas públicas que apoyasen el proceso de diversificación (Feldman, 1999). La inexistencia de barreras atribuibles al uso de bases de conocimiento diferentes viene confirmada por la fluidez con la que ingenieros y científicos de "a pie" cambiaban de trabajo entre empresas militares y civiles (Lerner, 1992). Se puede concluir por tanto, que el sistema de innovación en el área militar que caracterizó al período de la Guerra Fría en los países occidentales era dominado por un número limitado de organizaciones, la existencia de redes personales estrechas y estables conectando las "élites" que dirigían los diferentes grupos, la aplicación de reglas y procedimientos de gestión peculiares, y las diferencias que separaban las prácticas de diseño e ingeniería de la industria militar de las que caracterizaban la industria civil. Era por tanto un sistema que podía describirse de forma separada, con actores identificables y que constituían un sistema relativamente cerrado y estable. Sin embargo no se trataba de un sistema completamente cerrado: aunque las organizaciones que configuraban el sistema y las élites que las dirigían y gestionaban eran estables y fuertemente relacionadas entre sí, existía, al menos por lo que se refiere al caso norteamericano, un elemento de fluidez en las relaciones con el entorno socio-económico a través de la movilidad laboral de ingenieros y científicos. LAS RAÍCES DEL CAMBIO La situación que hemos definido en las secciones precedentes se puede caracterizar como la de un sistema estable. Este artículo argumenta que este sistema se encuentra actualmente en una situación de cambio; la primera pregunta que, por tanto, debemos plantearnos es cómo puede cambiar un sistema caracterizado por el dominio que sobre él ejercen pequeños grupos, o élites, que se refuerzan mutuamente. Identificaremos en esta sección cambios que se generaron en el entorno del sistema, y su relación con otras transformaciones internas al sistema. En concreto veremos cómo la modificación del entorno estratégico y de seguridad se está combinando con cambios en las relaciones entre tecnologías militares y civiles, y las respuestas políticas que esta situación genera. El resultado esta siendo la disipación paulatina de las fronteras que separaron al sistema de innovación militar de los procesos y patrones de innovación en el resto de la economía. El cambio de las relaciones entre tecnologías militares y civiles En los años sesenta y setenta la industria militar se encontraba al frente del desarrollo tecnológico. Las altas inversiones en I+D de defensa y la preferencia del cliente militar por conseguir prestaciones mejores llevó a las agencias militares a comprar productos en las etapas tempranas de su ciclo tecnológico, cuando debido a sus altos costes no podían ser absorbidos por los mercados civiles (De Grasse Jr., 1983, pp. 77-78). Los clientes militares jugaron un papel decisivo en el desarrollo de la industria informática (Flamm, 1987), y de muchos otros productos como los transistores, sonar, radar, sistemas de posicionamiento global, motores a reacción, maquinaria de control numérico, rodamientos, nuevos materiales, etc. 6. Más tarde, al madurar las tecnologías y reducirse su coste éstas se adaptaron para su uso en mercados civiles, donde, generalmente, existía un mayor mercado potencial. Al ser los mercados civiles más amplios, la inversión en I+D destinada a fines civiles podía crecer con rapidez y superar a la inversión militar. El ejemplo más destacado lo constituye la electrónica: si a principios de los años sesenta los únicos usuarios de circuitos integrados eran las agencias gubernamentales (que los usaban para aplicaciones en espacio y defensa), en el año 1978 el gobierno norteamericano suponía sólo un 10 % del mercado doméstico, una cifra que continúo cayendo con rapidez (De Grasse Jr. 1983, pp. 84-92). A partir de finales de los años setenta varios analistas empiezan a considerar las implicaciones de este cambio, argumentando que las tecnologías civiles estaban comenzando a aventajar, tanto en prestaciones como en coste, a tecnologías equivalentes desarrolladas con financiación militar para usos militares. Este fenómeno se detectó en varios sectores, incluyendo la electrónica, el sector aeroespacial y los nuevos materiales (Cuthbertson, 1983, p. Al desplazarse las fuentes de generación de nuevas tecnologías fuera del ámbito del sistema de innovación militar, las debilidades percibidas en la industria civil pasaron a interpretarse como riesgos para la seguridad (Manufacturing Studies Board, 1987). Este argumentó se presentó con especial fuerza en los Estados Unidos y coincidió, paradójicamente, con el fuerte incremento en gasto militar (incluyendo I+D) que impulsó el gobierno del Presidente Reagan. Los analistas apuntaron que, a pesar del gran esfuerzo que se estaba invirtiendo en investigación militar, la JORDI MOLAS GALLART fortaleza de la industria de la defensa debería descansar en una base tecnológica civil fuerte (U.S. Congress Office of Technology Assessment, 1989). Por tanto, no era suficiente (y quizás ni tan sólo necesario) incrementar los gastos en I+D militar sino que había que impulsar la base científica y tecnológica del país y establecer mecanismos para que los avances que se lograsen pudieran usarse para mejorar también la seguridad nacional. Estos mecanismos resultan, sin embargo, difíciles de establecer: significan, por ejemplo que el comprador militar debe abandonar su costumbre de controlar el desarrollo y ostentar derechos de propiedad intelectual sobre los componentes y subsistemas que integran los sistemas que adquiere y opera. Además de los cambios en los sectores que el sector de defensa había apoyado en su origen, los últimos años del siglo XX fueron testigo de la emergencia de nuevas tecnologías industriales que, a pesar de haber sido financiadas en su mayor parte para fines civiles, tienen importantes implicaciones para el campo de la defensa y la seguridad. Por ejemplo, áreas de conocimiento tradicionalmente englobadas en el campo de la nanotecnología pueden aplicarse al desarrollo de sensores distribuidos, armas no metálicas y sistemas armados autónomos (Altman, 2006), y los avances en biotecnología pueden generar nuevos patógenos y difundir las tecnologías para su generación, almacenamiento y dispersión, un desarrollo de evidente y preocupante aplicabilidad tanto para fuerzas armadas convencionales como grupos terroristas. Al abrirse el abanico de sectores y áreas del conocimiento relevantes para la defensa las organizaciones militares deben buscar nuevos proveedores y acceder a nuevas fuentes de conocimiento. Sin embargo, en su intento de expandir su elenco de proveedores, el cliente militar se encuentra con que los complejos procesos y detalladas regulaciones que había desarrollado para gestionar la compra de sistemas militares durante la Guerra Fría, emergen ahora como una dificultad que se opone a la expansión del número de proveedores operando en el mercado. Los potenciales nuevos proveedores de conocimiento y tecnologías tienen normalmente un ámbito de actuación ya establecido en los mercados civiles, y el cliente militar aparece tan sólo como un cliente más. En esta situación el cliente militar pierde su fuerza para imponer los peculiares sistemas de compra y gestión que representaban una piedra angular del sistema de innovación militar que se desarrolló durante la Guerra Fría. De forma parecida, para poder acceder a las tecnologías comerciales que han convertido en obsoletas a sus equivalentes militares, el cliente militar debe reducir el alcance y magnitud de las especificaciones y regulaciones propias; de lo contrario los proveedores civiles, cuyos principales mercados residen en otros ámbitos, no considerarán suficientemente atractivo al cliente militar. Estos cambios hacen que los peculiares procesos de compra y gestión, basados en el uso extensivo de especificaciones y estándares militares, deban abandonarse. De igual modo, para incorporar nuevos conocimientos y tecnologías los organismos públicos de investigación en defensa se ven obligados a abrirse a nuevos campos de trabajo y flexibilizarse y, para ello, renunciar a una gran parte de las prácticas de aislamiento y secretismo que les caracterizaban. Seguridad y defensa: dos ámbitos convergentes El segundo factor que impulsa el cambio en la forma en que el sector de defensa generaba innovaciones viene de la mano de cambios en la percepción de las amenazas a la seguridad nacional y la naturaleza del conflicto armado, y de las transformaciones institucionales que tal cambio está empezando a ocasionar. Con el final de la Guerra Fría la posibilidad de un enfrentamiento militar convencional y masivo entre las fuerzas armadas de los dos bloques se disipó. En cambio, durante los años noventa las fuerzas de la OTAN y de sus países miembros empezaron a tomar parte en una serie de conflictos regionales caracterizados por la emergencia de guerras civiles, la fragmentación del poder del Estado y su "distribución" entre grupos opuestos, el paso del control regional y local a grupos armados relativamente pequeños (milicias, "señores de la guerra"), y la participación de estos grupos en una gran variedad de actividades que incluyen la guerra de guerrillas, el tráfico de armas y estupefacientes, el chantaje sistematizado, y la imposición de sus propias normas de comportamiento sobre las zonas que controlan 7. En estos "nuevos" conflictos la violencia se dirige mayoritariamente hacia la propia población local, y el papel de las fuerzas armadas pasa de ser una fuerza de combate tradicional al de una organización que debe mantener la seguridad interna al mismo tiempo que se ve envuelta en un conflicto de "baja intensidad". La segunda transformación significativa se ha dado con la aparición de lo que se ha dado en llamar "nuevo terroris- El término se usa para referirse a la emergencia de grupos entre cuyos objetivos se cuentan la devastación de infraestructuras y poblaciones civiles. Los ataques del 11 de septiembre se mantienen como ejemplo de la escala de destrucción que estos grupos persiguen; éste fue el ataque más mortífero lanzado contra el continente norteamericano desde el siglo XIX y, notablemente, el resultado de una operación organizada por civiles usando aviones comerciales como arma. La determinación con la que los nuevos grupos buscan causar números elevados de víctimas civiles y la disponibilidad de un amplio surtido de tecnologías comerciales, tanto nuevas como maduras, que pueden adaptarse a tales fines, han generado preocupación sobre las formas que los terroristas pueden usar para realizar ataques masivos. Esta situación, y en particular la magnitud de los ataques del 11 de septiembre y el reguero de otros ataques terroristas, por ejemplo, en Gran Bretaña, Indonesia y España han incrementado la percepción de una nueva e importante amenaza la seguridad e impulsado el desarrollo de una nueva agenda política que fusiona objetivos tradicionales de defensa militar con objetivos de seguridad nacional en lo que se está empezando a llamar "política de seguridad y defensa". Este desarrollo tiene gran importancia: el tipo de sistema que caracterizó a la Guerra Fría y que hemos discutido en la primera parte de este artículo se caracterizaba por una clara distinción entre la defensa de carácter militar contra las amenazas presentadas por otras tuerzas armadas extranjeras, y la seguridad nacional de carácter interno. Diferentes organizaciones gubernamentales y diferentes ministerios se encargaban de estas dos áreas. Normalmente, los presupuestos asignados a los ministerios encargados de la seguridad doméstica y a las fuerzas policiales o paramilitares que se encargaban de estas tareas eran mucho más pequeños que los presupuestos de defensa. Como se resultado se generaron formas institucionales diferenciadas, con su propia estructura, cultura y redes de proveedores. La separación institucional continúa entre las organizaciones que se encargan primordialmente de la defensa militar contra amenazas extranjeras y las encargadas de la seguridad doméstica; pero es ésta una separación que se está difuminando paulatinamente. En primer lugar, el concepto de "seguridad y defensa" ha hecho su entrada con fuerza en el discurso político de muchos países y organizaciones internacionales, y también en el mundo académico. En la práctica el nuevo tipo de conflictos armados al que ya nos hemos referido implica que las fuerzas militares se han visto repetidamente envueltas en operaciones en las que han terminado trabajando como fuerzas de seguridad en los países en los que operan (los casos de las guerras balcánicas y la guerra de Iraq constituyen buenos ejemplos de esta situación). Naturalmente, las fuerzas armadas también se preocupan de las amenazas extranjeras que pueden proyectarse a través de ataques terroristas sobre el territorio nacional. Este tipo de desarrollo empieza a romper las relativamente pequeñas comunidades de actores que hemos descrito anteriormente y que constituían uno de los elementos caracterizadores del sistema de innovación cerrado de la Guerra Fría. Como veremos en la siguiente sección las agencias de seguridad está creciendo en importancia y permitiendo la entrada de nuevos actores que participan en la elaboración de políticas en un área en la que también concurren los organismos militares tradicionales, cuyas responsabilidades se están ampliando para dar cabida a nuevas tareas ligadas con el campo de la seguridad nacional. Las respuestas a los cambios y la emergencia de un nuevo sistema El ámbito de la "seguridad y la defensa" El cambio en el contexto de la seguridad nacional ha llevado a la emergencia de nuevas agencias y ministerios de seguridad y a la redefinición de las tareas y responsabilidades de los ya existentes. Un ejemplo destacado de nueva organización creada a tal efecto es el Department of Homeland Security (DHS) en los Estados Unidos. Un ejemplo de redefinición de tareas de organismos ya existentes lo constituye la forma en la que la Unión Europea está adoptando responsabilidades en el campo de la seguridad. De particular interés para el tema que nos ocupa, es que estos cambios institucionales llevan asociados nuevos programas y actividades de investigación. Así por ejemplo, el presupuesto de I+D del DHS norteamericano subió rápidamente hasta alcanzar 1.300 millones de dólares en 2006, una cifra que si bien parece pequeña cuando la comparamos con el presupuesto de I+D del Pentágono (uno 72 mil millones anuales de dólares) supera al gasto anual en I+D de la mayoría de ministerios de defensa de los JORDI MOLAS GALLART países europeos. Esta inversión permite al DHS desarrollar un programa de investigación ambicioso en el que participan tanto empresas y organizaciones ligadas al campo de la producción militar, como empresas que han operado tradicionalmente en mercados civiles. En el ámbito europeo, las instituciones de la Unión Europea, cuyo mandato se había limitado históricamente a actividades de tipo civil, han adquirido progresivamente durante la última década responsabilidades que se enmarcan dentro de un área ambiguamente definida como de seguridad. Desde el punto de vista de actividades de investigación, el 7.o Programa Marco incluye por primera vez un programa sobre "investigación en seguridad" cuyos objetivos incluyen la "mejora de la seguridad de los ciudadanos" y la "mejora de la innovación y la competitividad en las industrias relacionadas con la seguridad" (CORDIS, 2006). Resulta interesante observar que el programa no define lo que se entiende por "seguridad" ni el grupo de empresas "relacionadas" con la misma. La Comisión Europea ha aceptado que el concepto de seguridad es difícil de definir, y que se trata de un "concepto en evolución". Por el momento, tanto el DHS norteamericano, como la Comisión Europea coinciden en delimitar un campo amplio de actividades y objetivos en el seno de lo que entienden como políticas de seguridad. El programa de investigación sobre seguridad del 7.o Programa Marco va más allá de la lucha contra el terrorismo para incluir la lucha contra el crimen organizado, y el desarrollo de medidas para prevenir y abordar los desastres naturales. Igualmente el DHS aborda responsabilidades que están lejos de limitarse a la lucha antiterrorista, e incluyen la lucha contra los desastres naturales y sus efectos, el control de fronteras y la operación del servicio de aduanas, entre otros. La diversidad de actividades que se incluyen dentro del ámbito de la "seguridad" diluye la distinción entre la defensa contra actos violentos motivados políticamente (el campo tradicional de actividad de los ministerios de defensa y del interior) de la protección contra desastres naturales, y el control de fenómenos sociales como la inmigración. Existen razones para aglutinar estas actividades en un mismo departamento. El control de fronteras es en sí mismo un elemento importante de la lucha antiterrorista. Ataques terroristas contra infraestructuras o recursos naturales pueden equipararse por sus efectos a los de ciertos desastres naturales. Es por tanto lógico que exista un grado de confluencia entre las agencias y los programas destinados a atajar tan diferentes fenómenos. Desde una perspectiva tecnológica el resultado es un gran incremento en el número de campos de investigación de interés para los organismos encargados de la seguridad y la defensa. Muchas de las tecnologías desarrolladas por organizaciones civiles para cubrir necesidades civiles son ahora consideradas importantes desde la óptica de la seguridad, bien por presentar vulnerabilidades que podrían ser aprovechadas por grupos terroristas, o capacidades que podrían desarrollarse para su uso en un contexto de lucha armada o en la lucha, por ejemplo, contra los efectos de las catástrofes naturales. Las comunidades científicas que trabajan para las agencias de seguridad y defensa se han visto consecuentemente ampliadas. Además, al ampliarse la percepción de que amplios campos de la investigación científica y tecnológica (desde la biotecnología a la ingeniería civil) tienen importantes implicaciones para la seguridad, se están intensificando los controles formales sobre los flujos de conocimiento y la transferencia de tecnologías, extendiéndose a las actividades de investigación e incluso de enseñanza. Estos cambios ocasionan situaciones de confusión institucional. Por ejemplo, en el caso europeo, los documentos de la Comisión Europea aseguran que sus actividades de I+D en el campo de la seguridad mantendrán "exclusivamente" una orientación civil, para después reconocer que la investigación cubrirá áreas de tecnología dual (de aplicación tanto militar como civil) e incluirá cooperación con la Agencia Europea de Defensa. Por una parte la Comisión Europea intenta mantener el carácter civil del Programa Marco ante la oposición de algunos países miembros y de grupos políticos a la "militarización" de las actividades comunitarias. Este intento de mantener separadas las actividades civiles de las de defensa (con contribución militar) ha dado lugar a un complejo proceso de cambio institucional lleno de dificultades y ambigüedades. Cuando el Tratado de Maastricht introdujo la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) como uno de los elementos de la Unión Europea, se asignó a la Unión Europea Occidental (UEO), y no a la Comisión, la elaboración e implementación de las decisiones de la Unión Europea (UE) con implicaciones en el campo de la defensa. Este intento de incluir temas de seguridad y defensa en la agenda de la Unión Europea bajo una estricta separación institucional fue abandonado cuando en la reunión de Colonia en 1999, el Consejo de la UE transfirió las actividades de la UEO a la UE y nombró a Javier Solana como "Alto Representante" de la UE para la PESC. La sopa de letras que surge (y que se irá complicando con la creación en el 2004 de la Agencia Europea de la Defensa-ADE, y la elaboración de una Política de Seguridad y Defensa Europea) refleja las dificultades prácticas de separar, en el nuevo contexto internacional, las actividades de carácter militar de las de carácter civil. La falta de definición clara del concepto de "seguridad" y su relación con la "defensa" y las "actividades militares" permiten, por ejemplo, a la Comunidad Europea la financiación de actividades de I+D directamente relevantes para la industria militar y al mismo tiempo mantener que el carácter del Programa Marco continúa siendo "exclusivamente civil". La apertura y la confluencia entre diferentes tareas tiene también otras expresiones institucionales: algunos ministerios de defensa están expandiendo formalmente sus objetivos. En España, por ejemplo, la "Unidad Militar de Emergencias" creada en octubre de 2005 y operacional desde verano de 2007, está encargada de operar en todo el territorio español en casos de grave riesgo, calamidades u otras necesidades públicas. La UME ha participado en la extinción de incendios forestales y es un ejemplo de la extensión de las fuerzas militares para cubrir, como una de sus misiones explícitas, el apoyo a la población civil en el caso de catástrofes naturales y otras situaciones de "grave riesgo" que quedan sin explicitar. Nos encontramos por tanto en un contexto en el que nuevas agencias entran a operar en áreas convergentes con las que tradicionalmente se consideraban de cariz militar, y los ejércitos se ocupan formalmente de tareas de seguridad nacional y protección civil. Al disiparse la distinción entre "seguridad" y política militar, la naturaleza cerrada del sistema de innovación militar empieza a desaparecer. Empresas tradicionalmente militares participan activamente en el creciente mercado de sistemas de seguridad para nuevos o reforzados clientes públicos, las actividades de las agencias militares se abren para cubrir nuevas tareas civiles, y consecuentemente su demanda de productos y sistemas se amplia para cubrir lo que hasta el momento se consideraban actividades dominantemente civiles. Este último es uno de los factores, aunque no el más impor-tante, que impulsan a los ministerios de defensa a abrir sus procesos de compra para atraer a nuevos proveedores. Éste es el tema que abordamos seguidamente. La reforma de los procesos de compra Las agencias y departamentos gubernamentales encargados del desarrollo y compra de sistemas de armamento han impulsado en muchos países iniciativas de reforma de los procesos de contratación y mantenimiento. Estos procesos han recibido especial atención principalmente en los Estados Unidos y Gran Bretaña, donde han sido objeto de discusión y análisis detallado. El principal factor que está impulsando las políticas de cambio es el reconocimiento de las posibilidades abiertas por el desarrollo de tecnologías civiles que ofrecen soluciones mejores y más económicas a muchos de los problemas técnicos que plantea el desarrollo de nuevos sistemas de defensa. Desde esta perspectiva el objetivo es desarrollar políticas que permitan y estimulen el uso de componentes y subsistemas comerciales; sin embargo, este objetivo plantea problemas mucho más serios de los que podría parecer a simple vista. No se trata simplemente de sustituir un tipo de productos por otros, o de ampliar la base de proveedores, sino de cambiar la forma en la que tradicionalmente las agencias militares han participado en el desarrollo y producción de sistemas militares. En primer lugar, el gran número de especificaciones y estándares militares cuyo cumplimiento se requería en prácticamente todas las compras de sistemas militares deben abandonarse siempre que sea posible (Molas-Gallart, 2001). En segundo lugar, los procedimientos contractuales deben simplificarse si se quiere atraer nuevos proveedores cuyo ámbito de actividad principal no se encuentra en los mercados militares. En tercer lugar, el uso de componentes y subsistemas de origen comercial requiere la adopción de contratos de mantenimiento a largo plazo, la adopción de estimaciones de coste que incluyan todo el ciclo de vida de un sistema, y la introducción de sistemas de "gestión de la obsolescencia"; ello se debe al riesgo adicional que comporta el uso de componentes comerciales sobre los cuales ni el consumidor ni el sistemista pueden controlar la propiedad intelectual y el detalle de sus características técnicas. Así por ejemplo podría darse el caso de componentes comerciales que sean más económicos en el momento de la compra, pero de fiabilidad menor, de forma que al sumar el coste de mantenimiento al de adquisición el resultado sea un coste que a la larga resulte mayor. Es por ello, que cuando se incorporan componentes comerciales es necesario introducir contratos a largo término que incluyan los costes de mantenimiento, y que al tomar decisiones sobre la compra de subsistemas y componentes éstas se realicen sobre la base de estimaciones del coste durante un período extenso de uso del sistema. De forma parecida, muchos de los componentes comerciales que pueden introducirse en sistemas de armamento tienen ciclos de vida muy cortos; por ejemplo, nuevas generaciones de microprocesadores surgen constantemente mientras que un sistema complejo de armamento permanece en uso durante décadas. Ello significa que al introducir componentes comerciales en sistemas militares, los usuarios deben planificar las necesidades futuras de tales componentes y su estrategia de adquisición; bien a través de la compra y almacenamiento de existencias, o de la negociación de acuerdos que permitan su producción futura cuando ya se hayan retirado de los mercados comerciales. Sin embargo, a medida que el comprador militar pierde control sobre el diseño y configuración del sistema, la gestión de los derechos de propiedad intelectual durante el ciclo de vida se convierte en un tema de disputa entre proveedores y clientes. En resumen, se requiere un cambio profundo de la forma en que se adquieren sistemas de armamento y sobretodo del nivel de control que el comprador ejerce sobre el proceso. Ello requiere modificaciones, no sólo de legislación, reglamentos y prácticas, sino también de cultura. Si este proceso de reforma tiene éxito, el número de proveedores de sistemas de defensa (y de seguridad) crecerá y el consumidor perderá el control sobre la configuración de los sistemas que opera. La incorporación de componentes y subsistemas desarrollados inicialmente para aplicaciones civiles, supone que el cliente militar pasa a ser un comprador más de empresas que ya no son especialistas en la producción de sistemas militares. Proveedores no especializados ganan importancia en el mercado de defensa, y la separación que anteriormente se podía realizar entre "industrias militares" e "industrias civiles" deja de ser posible. La reforma de los laboratorios de defensa Otra de las características del sistema de innovación militar durante la Guerra Fría fue el importante papel desempeñado por los centros públicos de investigación especializados en I+D militar. La creciente importancia de las tecnologías de origen civil y el descenso en los presupuestos de I+D militar durante los años noventa impulsaron su reforma. Las políticas de cambio perseguían: Abrir los laboratorios militares a la comunidad científica y tecnológica civil y así incrementar su potencial para identificar tecnologías de origen civil y adaptarlas a aplicaciones militares. Explotar en nuevos mercados sus capacidades científicas y tecnológicas y de este modo compensar el descenso en las inversiones gubernamentales en I+D de defensa. Aunque existen importantes diferencias entre países por lo que se refiere a la estructura y gestión de los laboratorios de defensa, la tendencia a abrir sus actividades hacia nuevos campos y mercados es generalizada. En Gran Bretaña, la privatización de aproximadamente dos tercios del antiguo laboratorio de defensa ha llevado a la empresa resultante (QinetiQ) a una expansión de sus actividades y la penetración de nuevos mercados. QinetiQ ha desarrollado productos para los mercados de seguridad (comercializando sistemas de seguridad aeroportuaria, sistemas de observación de espacios públicos, etcétera), ha creado empresas para comercializar en mercados civiles algunas de sus invenciones y ha intensificado sus actividades de comercialización de patentes, al mismo tiempo que mantiene su actividad principal en el campo militar. En los Estados Unidos los laboratorios de armamento nuclear 8 adoptaron nuevas misiones al finalizar la Guerra Fría (Crease, 1993) y redujeron su dependencia de la actividad nuclear 9. Los centros ampliaron sus objetivos, firmaron acuerdos de cooperación científica con empresas, abrieron sus laboratorios a usuarios civiles, prestaron asistencia técnica a pequeñas y medianas empresas, y crearon empresas para comercializar sus innovaciones en mercados civiles; todo ello con el propósito de diversificar sus fuentes de financiación. En Francia, por citar otro ejemplo, el proceso de cambio gira en torno a dos ejes. En primer lugar, la reforma de la agencia encargada del desarrollo y compra de sistemas de armamento: la Délégation Générale pour l'Armement (DGA), creada por el General De Gaulle. La DGA es la institución central en la estrategia tecnológica e industrial del ministerio de defensa, del cual depende. Participa en todos los aspectos del desarrollo y producción de nuevos sistemas de armamento, incluyendo la realización de investigación científica y estratégica a través de varios centros de investigación que la misma DGA controla. A partir de mediados de los noventa el Ministerio de Defensa francés decidió reducir el papel de la DGA, convirtiéndola de una "agencia de programas" a una "agencia de compras", con el fin de instaurar sistemas institucionales más abiertos que facilitasen la participación en proyectos conjuntos europeos y la participación de nuevas organizaciones en los procesos de investigación y desarrollo de sistemas de defensa. En segundo lugar, el papel de los laboratorios públicos en la I+D de defensa ha descendido rápidamente. Entre el 1998 y el 2001 el porcentaje del presupuesto de investigación y tecnología de defensa que absorbían dos organismos públicos de investigación (el Comissariat à l'Energie Atomique y ONERA) se redujo del 65 % a un 21 %. Las empresas y organismos externos como universidades han cubierto el hueco, pasando de representar un 27 % a un 68 % de los gastos 10. Estas cifras representan un cambio muy sustancial en el transcurso de sólo tres años. Existe por tanto, en países muy diversos y con tradiciones políticas diferentes, un grado de convergencia en el carácter de las reformas del sistema público de investigación en defensa. Aunque el éxito a largo término de estos cambios esté aún por determinar, las nuevas políticas han llevado a la apertura de una parte sustancial de las instalaciones de los laboratorios militares a la interacción con empresas civiles y a la entrada de nuevas organizaciones en las actividades de investigación financiadas con cargo a defensa. Este artículo ha resumido las transformaciones en las condiciones económicas y estratégicas que están transformando el sistema de innovación militar en los inicios del siglo XXI. Estos cambios van a ser lentos y difíciles pero profundos ya que implican la alteración de la forma en que la innovación militar y la civil se relacionan entre sí, y requieren profundas transformaciones institucionales y culturales. La participación de nuevas organizaciones en la producción de sistemas de armamento, la ampliación del ámbito de actividad de las organizaciones militares para incluir tareas ligadas a la seguridad nacional, la emergencia de nuevas organizaciones de seguridad que tienen en parte una vertiente militar, y la extensión de las tecnologías y actividades de interés para la seguridad y la defensa, se están dando de forma progresiva, pero han empezado ya a difuminar la diferenciación entre tecnologías militares y civiles, y a abrir el sistema de innovación militar a nuevos actores. Se trata de un cambio que lleva al sistema de innovación militar de una situación cerrada a un sistema abierto en el cual no existen ya líneas divisorias claras que separen a las tecnologías militares del resto. Las fuentes de innovación militar han pasado de ser internas al sistema (los requerimientos y especificaciones que emanaban del consumidor militar) a encontrarse en la industria civil, y las empresas de carácter civil están jugando cada vez un papel más relevante en la producción de sistemas de armamento y defensa. Las instituciones que participan en este cambio van más allá de las directamente relacionadas con el mundo militar (fuerzas armadas, ministerios de defensas, agencias de compras, laboratorios de defensa, empresas especializadas...) para incluir un grupo más amplio y creciente de organizaciones (ministerios de seguridad nacional, organizaciones internacionales, empresas civiles...). Pero la respuesta institucional no ha sido automática. Muchos analistas se mantienen escépticos sobre el éxito de las iniciativas de reforma impulsadas en los Estados Unidos y mantienen que las industrias militares y el Pentágono continúan sustentando una relación análoga a la que han mantenido durante las décadas precedentes. Sin embargo, incluso iniciativas aparentemente limitadas, como la reducción en el número de especificaciones y estándares militares tienen consecuencias importantes sobre la naturaleza y estructura de la producción militar y requieren la implementación de otros cambios adicionales (como la introducción de contratos que incluyan el mantenimiento de los sistemas a largo plazo). Aunque los principales proveedores militares continúan siendo casi los mismos de hace una década (una vez hemos tomado en consideración las fusiones y compras de empresas), su relación con el cliente militar está cambiando. Así, por ejemplo, al pasar el comprador una parte de la responsabilidad de financiación de la I+D a las empresas proveedoras surgen con mayor frecuencia conflictos sobre la gestión de los derechos de propiedad intelectual (Molas-Gallart y Tang, 2006). Las relaciones entre los proveedores tradicionales y el cliente militar se vuelven más tensas, al mismo tiempo que surgen nuevas empresas cuya capacidad principal es la gestión e implementación de proyectos que impliquen el mantenimiento a largo plazo de sistemas e infraestructuras. Las semillas del cambio están ya plantadas, aunque sus efectos no sean aún evidentes. La inercia institucional de las agencias y organizaciones militares se sustenta sobre un sistema de procesos y regulaciones distintivos que regían, y en parte aún rigen, el desarrollo y compra de armamentos. La confluencia de agendas de seguridad y defensa dará paso a nuevas coaliciones entre grupos que participen en la definición e implementación de nuevas agendas políticas y creen nuevas arquitecturas institucionales. Dada la confusión presente sobre los papeles a desempeñar por los organismos públicos, sean nuevos o ya existentes, en el ámbito de la "seguridad y defensa", estas nuevas coaliciones no van a solidificarse rápidamente ni van a encontrar una plasmación institucional inmediata. Sin embargo, están ya abriendo el abanico de participantes en lo que había sido durante la Guerra Fría un ámbito de actuación política fácilmente identificable y cuyos actores podían reconocerse con cierta claridad. La otra cara de esta moneda es que las regulaciones y restricciones sobre los flujos de conocimientos y tecnología que hasta ahora se aplicaban a las tecnologías militares y a las llamadas "tecnologías duales", se están expandiendo a amplios campos de conocimiento. A medida que el sistema de innovación en el campo de la defensa y la seguridad se abre a nuevos actores y tecnologías, los sistemas de regulación del conocimiento científico y tecnológico se expanden para cubrir áreas que hasta hace poco se consideraban como esencialmente civiles. vez aprobado las fuerzas áreas empezaron a introducir cambios que incrementaron su complejidad y coste, incluyendo modificaciones que suponían la incorporación de dos toneladas de sistemas electrónicos. 5 Stear, por ejemplo, analiza el caso de Boeing y encuentra ejemplos de intentos fallidos de diversificación en los años veinte, setenta y noventa (Stear, 1997). 6 Existen muchas fuentes que ofrecen listas de productos que han sido inicialmente desarrollados gracias a la inversión de ministerios de defensa y agencias militares y que después se ha difundirlo al mundo civil (De Lauer, 1984;1937). 7 Este tipo de conflicto ha sido caracterizado como una nueva forma de guerra (Kaldor, 1999). 9 El Lawrence Livermore National Laboratory, por ejemplo, redujo su investigación en armamento nuclear de la totalidad de sus actividades en los años cincuenta, a menos del 50 % en el año 1997 (Tarter, 1997).
Antes de iniciar nuestro trabajo, se hace necesario aclarar que el término "sociedad" lo vamos a utilizar aquí en su sentido más estricto de sociedad civil, sin considerar como parte de ella al Estado. Es decir, nos referimos a la sociedad en cuanto fenómeno social pero no como organización política. Es obvio que la importancia y la especialidad de los problemas en las relaciones entre la Universidad privada y el Estado merecería, en su caso, un trabajo de otra índole. Nos plantearemos los problemas alrededor de dos interrogantes fundamentales: Qué puede esperar la Universidad de la sociedad y qué puede esperar la sociedad de la Universidad. Nos referimos a las Universidades privadas que en lenguaje jurídico español serían tanto las que se crean al amparo de la nueva regulación constitucional como las creadas o por crear bajo la cobertura de las relaciones Iglesia-Estado. EXPECTATIVAS UNIVERSITARIAS RESPECTO DE LA SOCIEDAD Ante todo, la Universidad tiene que recibir de la sociedad tres elementos fundamentales: el profesorado, el alumnado y los recursos financieros. Respecto de los alumnos, la Universidad debe mantener dos principios como derecho propio: el derecho a tener su ideario (lo cual reza naturalmente con los profesores) y el derecho a seleccionarlos con criterios objetivos. Inmediatamente aparece la cuestión de los becarios como medio de incorporación de alumnos capacitados carentes de medios económicos para acudir a las universidades privadas. Sin perjuicio de la existencia de tales becas, nuestra posición es, en lo esencial, muy diferente. Lo más importante es hacer un esfuerzo de racionalización de costes que sitúe el nivel de cuotas lo más bajo posible, haciendo así de la baratura de la universidad, sin mengua de su calidad, una característica fundamental que impida el cierre al alumnado de las clases medias, en el sentido amplio de este concepto. Estamos asistiendo a una floración de iniciativas de la sociedad civil en torno de la investigación y a la educación que alcanzan incluso la promoción y desarrollo de universidades privadas. Nos estamos refiriendo, como es lógico, al desarrollo y puesta en marcha del llamado Espacio Europeo de Estudios Superiores, más conocido por el "proceso de Bolonia". Muchas de estas iniciativas se vienen canalizando a través de fundaciones que buscan inspiración en la experiencia y tradición de las grandes fundaciones americanas. Se trata de fundaciones que han dejado de ser instrumento al servicio de los intereses de las empresas o grandes empresarios que las crearon, para centrarse en actividades de evidente interés colectivo y de efectos beneficiosos para el desarrollo de la sociedad civil. En este punto y sin desdeñar en absoluto las aportaciones permanentes y sin un destino específico de determinadas instituciones sociales, es claro que la financiación privada se canaliza a través de programas concretos de acción universitaria ya sea de docencia o de investigación. Encontramos así fundaciones y otras instituciones que no encuentran fácil su acomodo en el desarrollo de su capacidad de filantropía, altruismo y servicio a la sociedad y que están deseosas de participar en programas universitarios atractivos que les permita diferenciarse de los modelos de fundaciones existentes. Es aquí, en esta colaboración, donde la universidad ha de tratar de conseguir la estimación y respeto de la sociedad, demostrando en su trabajo su credibilidad a través de la obra bien hecha, ganando la mejor reputación a largo plazo y poniendo a prueba que sabe desarrollar sus actividades en una sociedad libre en plena competencia con un Estado acostumbrado a monopolizar el campo de la enseñanza e investigación. Pero no se trata sólo de atraer financiación privada para programas concretos. No estará de más recomendar a las instituciones beneficiarias de las aportaciones privadas, de la necesidad de contar con la opinión de los mecenas, de informar periódicamente de las actividades desarrolladas y de rendir cuentas de los trabajos realizados y del destino de los fondos recibidos. En punto a los recursos y sin desdeñar en absoluto las aportaciones permanentes e indiscriminadas de determinadas instituciones sociales, se tiene que hacer una oferta de rigurosa seriedad: la financiación privada ha de recaer sustancialmente sobre programas concretos de acción universitaria, ya sean de docencia o de investigación. No estará de más recomendar que a los posibles mecenas se les tenga siempre bien informados y se recabe su opinión. No hay mayor causa de rechazo ante quienes han de ejercer un mecenazgo de cualquier naturaleza que el que se les llame "para pedir dinero" y se les ignore a la hora de pedir opiniones. Hemos de pensar que grandes fundaciones nacionales y extranjeras se van retirando de las subvenciones sin finalidad concreta. La universidad privada tiene que buscar y promover en el seno de la sociedad fuerzas organizadas, ya sean políticas o profesionales, que le presten el apoyo sociopolítico necesario frente a los intentos estatificadores que no cesarán nunca. Qué puede esperar la sociedad de la universidad En principio, expertos competentes en las distintas ramas del saber que de una manera muy directa afectan a la vida social, como son los trabajadores universitarios del mundo empresarial y los médicos. Hay que dejar bien claro desde el principio que las carreras que no tienen esta connotación de una manera clara y abierta (como las de Ciencias básicas y las estrictamente humanísticas) han de ser impartidas para el pleno cumplimiento de la misión intelectual de la universidad. Muchos acontecimientos de estos últimos tiempos son argumentos a favor de esta tesis. En primer lugar, porque sin ciencia básica no hay tecnología adecuada y, en segundo lugar, porque los conocimientos humanísticos cada vez tienen un papel más relevante en los problemas de organización social y en los que la "cultura" se ha convertido afortunadamente en una exigencia de la sociedad moderna. En términos generales puede anticiparse que la sociedad espera de la universidad algo muy específico y difícil de conseguir: "calidad" que puede contemplarse desde una doble vertiente: calidad del profesorado y calidad de la LEOPOLDO SEIJAS CANDELAS enseñanza, resultado evidente que sólo una universidad dirigida por un profesorado de calidad puede prestar los servicios de alto nivel que la sociedad demanda. Por tanto, en primer lugar, la sociedad requiere del profesorado una serie de cualidades, una serie de condiciones necesarias para poder depositar su confianza en la universidad y que podrían concretarse en dedicación, preparación, competencia y permanente actualización. En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, la sociedad espera que la universidad imparta una enseñanza de calidad, entendida en un sentido amplio y no limitado estrictamente al estudio de unas asignaturas determinadas. En una clasificación integradora de las múltiples actividades que se producen en la universidad y que, como parte indisoluble de la comunidad, afectan a la sociedad civil, son dos las que habitualmente se configuran como constitutivas de su acción específica: la función docente y la investigadora. Las dos son imprescindibles para el desarrollo de la sociedad en su conjunto y en ambas tienen un compromiso de corresponsabilidad tanto la propia sociedad como los profesores y alumnos que, en sentido estricto, constituyen la comunidad universitaria. El profesor deberá investigar, enseñar y formar estudiantes, entendiendo el concepto de estudiantes en el sentido orteguiano superador del concepto de "alumno". Destacaba Ortega y Gasset, al iniciar un curso de metafísica, que estudiante sería solamente aquel para quien el conocimiento de una disciplina constituyera una necesidad, no una condición para superar unos exámenes, sino una necesidad tal que le llevará a continuar investigando; un deseo de saber que sintiera en los más profundo de su naturaleza y por el que continuaría la labor del maestro para intentar crear y descubrir verdades nuevas. Hermosa e ilusionante sin duda esta visión, investigadora y docente, del profesor universitario pero en la que, dada la imperfección humana y las diferentes capacidades y aptitudes de los hombres, puede prevalecer una u otra, sin que ello represente carencia total de cualquiera de ellas. La sociedad espera de la universidad profesionales aptos, desde el punto de vista profesional, para el desempeño de sus actividades, pero, y quizás con mayor trascendencia, para aspirar al bien común como idea irrenunciable: hombres y mujeres sólidamente formados con criterios y comportamientos éticos y morales. Para conseguir estos resultados son múltiples las capacidades que deben concurrir en un profesor universitario que trata de realizar con la máxima eficacia su función docente. Sin pretensiones de exhaustividad podrían mencionarse las siguientes: Un amplio y seguro conocimiento de su disciplina que deberá ser constantemente actualizado, procurándose la información necesaria de las últimas aportaciones sobre la misma: textos, revistas, comunicaciones, etc. (esta actividad tiene un componente investigador que resulta imprescindible como medio, si bien no como finalidad específica para quien con mayor dedicación se ocupa de la docencia). Información, previa y lo más amplia posible, de los conocimientos de los alumnos respecto a todas las disciplinas y especialmente de las relacionadas con la propia materia, para adecuar las explicaciones a la capacidad de entendimiento de los estudiantes. Resulta ineficaz y decepcionante, en especial para los alumnos que el profesor dé por conocidos, por el simple hecho de haber superado un examen anterior, aquellos principios o conocimientos necesarios para entender con facilidad las explicaciones de la nueva disciplina. Capacidad pedagógica suficiente que permita desarrollar, con sencillez pero sin pérdida de rigor, las explicaciones que permitan una fácil comprensión por los alumnos y fomenten su interés por el resto de la disciplina. En este sentido la experiencia docente ha demostrado la utilidad de iniciar los cursos, a modo de introducción, con una síntesis general del contenido total de la disciplina, a fin de que el alumno conozca desde el principio del curso la dinámica del mismo y tenga una visión global de la materia, que se irá desarrollando en profundidad a lo largo del programa. Esto podría facilitar la comprensión de las interrelaciones estructurales de todos y cada uno de los capítulos y su conexión con otras disciplinas. Por último, y en tanto persistan las actuales estructuras educativas, es una necesidad imprescindible como insatisfactoria, la existencia de exámenes para juzgar el grado y la suficiencia de los conocimientos adquiridos por los alumnos. Se aplican diversas modalidades de examen siendo las más frecuentes unas pruebas colectivas escritas, mediante dos o tres convocatorias, dependiendo si se trata de una asignatura anual o cuatrimestral. En este punto es exigible al profesor, como mínimo inexcusable, un riguroso criterio de equidad y justicia en la apreciación y calificación de los saberes adquiridos. Este mínimo exigible, justicia y equidad, será tanto más factible de alcanzar para el profesor cuanto mayor sea el conocimiento personal e individualizado de sus alumnos. No se nos oculta que lo anterior exige, al menos, la concurrencia de dos premisas: a) Un número prudente de alumnos por grupo, lejos de las desmesuradas cifras que, con más frecuencia de la deseable, figuran en las aulas de la universidad pública. b) Una mayor dedicación del profesorado, tanto en el aspecto temporal como en el personal, con espacios de convivencia con los estudiantes, superando la práctica habitual de una mera, aunque asidua y puntual, asistencia a clase durante las horas lectivas (con este propósito es conveniente, para evitar la ausencia del alumno al terminar su horario de clases, intercalar algún período de descanso que le permitiera conversar con los profesores sobre aquellas cuestiones que le interesaran o inquietaran). Con estas premisas podría alcanzarse, quizás no de manera inmediata pero sí a medio plazo, una superación de los exámenes en su forma actual y se evitaría el riesgo de una calificación inevitablemente aleatoria. La construcción actual de la multiversidad Las sociedades determinan y organizan en cada momento concreto de su historia el tipo de educación 1 adecuado a su mantenimiento y reproducción. Ese determinado tipo de educación está en función, de las concepciones ideológicas, de las posiciones existenciales, de las cosmovisiones y de necesidades de autoconservación e intercambio de carácter económico. Para decir lo que quiero decir, seguiré pues, el paradigma -representado más genuinamente que nadie por Veblen-que interpreta el papel de la educación en cuanto condición de la estructura y el cambio social. El saber que transmite la educación no puede ser neutro, sino plenamente interesado: es producto de las estructuras sociales, y al tiempo, constituye un constante refuerzo de ellas mismas. De modo que los saberes que presentan jerarquizados y estratificados en razón de la función que se les atribuya. La educación es uno de los instrumentos centrales de control social. El sistema educativo mantiene como función primordial el logro de un mínimo de conformidad social sin el que ninguna sociedad podría subsistir. Todas las instituciones y prácticas educativas viven en consonancia con las restantes instituciones sociales y están sujetas a las mismas reglas de evolución al interno de la estructura global de la sociedad en la que se realizan. Solamente conociendo de la sociedad global es posible conocer y comprender el microcosmos educativo. Vivimos en una sociedad civil fuertemente debilitada. Y no puede predicarse nada distinto de nuestro sistema educativo. Nos estamos refiriendo, en este trabajo, a la universidad y no queda más remedio que de contemplar el todo en su condición de enfermo, hablando de la universidad hemos de referirnos a un estadio patológico de suma gravedad, mucho más cuando la sociedad total concibe la enseñanza universitaria como un servicio público y/o privado que se dirige a clientes que deben quedar satisfechos. Y conviene no olvidar que el cliente siempre tiene razón. No es hoy la universidad, precisamente, una comunidad intelectual autónoma, un centro crítico, un foro de encuentro de pensamientos independientes buscando la verdad. Pero la opinión pública no parece entrañar esas cualidades. De manera que cada vez sean más los estudiantes que se interesen por la universidad únicamente como escuela profesional de tránsito obligado hacia el mercado de las ocupaciones. A pocos importa, dentro o fuera de la institución académica, que esa enseñanza "profesionalizada" que se demanda lleva a la "producción" de sujetos dóciles, sin apenas capacidad crítica. Asistimos a una rectificación creciente de la enseñanza universitaria. Pero no parece tener mucho sentido resucitar el infructuoso debate de fines del s. XIX entre humanismo y técnica, ni tampoco el de hace casi cincuenta años a propósito del espacialismo y la educación liberal. Sea como fuere, nada obliga a la aceptación pacífica de las consecuencias que pueda traer consigo el empeño en la ignorancia de la responsabilidad social de la institución universitaria, gravemente lesionada ante el empuje de "la interiorización de la lógica burocrática" 2. Esa misma lógica, denuncia Vallespín, se hace visible en el consenso generalizado respecto de la primacía del interés corporativo, por cierto, puesto de manifiesto, una vez más, con ocasión de las últimas reformas de los planes de estudios de ciertas carreras como "otra muestra más de esa pérdida de la visión globalizadora de la universidad actual". Lo más grave sigue siendo, sin embargo como bien ha señalado Carlos García Gual, el proceso de especialización de las facultades, la insistencia en las técnicas profesionales, la obtención de un conocimiento puramente instrumental que no hace sino ahondar en la pérdida del hilo conductor unitario guiado por la visión crítica 3. El sistema educativo señala el orden taxonómico de los diversos bienes culturales y los distribuye, en tanto capacita y sitúa a los individuos según las exigencias y necesidades sociales, con lo que viene a desempeñar la función nuclear de armonización y cimentación de las estructuras sociales, políticas y económicas. La educación es, pues, ante todo, un factor de legitimación y dominación. Con todo, quien no acepte esta tesis, podrá hacer suya sin mayores problemas la visión de Parsons respecto de la doble función de las instituciones educativas. Por un lado, "socialización": "el hecho de desarrollar en los individuos los compromisos y aptitudes que son requisito indispensable del desempeño de su rol de futuro". Por otro, "selección": "asignación de recursos humanos dentro de la estructura de roles de la sociedad adulta" 4. Sea cual fuere la posición adoptada, no es posible desconocer el imperativo histórico que ordena que la educación se someta a las exigencias sociales en tanto la legitimidad del saber aparezca impuesta por la resultante de las complejas relaciones entre el mismo saber y las posiciones sociales de poder. Si las metas sociales requieren técnicos, burócratas y tecnócratas, las instituciones educativas deberán hacer provisión de tales individuos, o dicho con otras palabras, no parece abrirse otra salida a la educación superior que la sumisión a las fuerzas racionalizadoras de una cultura dominada por la técnica. En cualquier caso no se trata de un fenómeno nuevo. Si la Universidad de Berlín, que ya en los primeros años del s. XIX marcó pautas de modernización seguidas en buena parte por tantas otras universidades europeas y americanas, tenía como primer objetivo el desarrollo del saber, y en segundo lugar, y tal vez como una concesión, el preparar a las clases de profesiones liberales y dirigentes, pudo sostener Saint-Simon, que la educación, sin perjuicio de su propósito de formación integral, había de presentar una finalidad utilitarista, vale decir, la mejora de la sociedad, del trabajo y la productividad, orden de designios propio de una sociedad industrial que tenía que cuajar como tal. Más de siglo y medio después, hemos de constatar con tristeza que es el saber empírico el que preside el sentido de nuestros fines educativos y que las controversias berlinesas siguen vigentes. Compete a la universidad la consagración de los cuadros superiores y rectores de la sociedad. Al tiempo, se configura la institución universitaria como uno de los principales factores de legitimación del orden establecido a través de la formación del consenso social. Por ello, no puede dejar de contemplarse a nuestra institución como gran correa de transmisión de las ideologías dominantes. No sorprenda, pues, que siga reprochándose a la universidad la deficiente adaptación de sus enseñanzas a las necesidades de las empresas y el mercado laboral. De manera que es ya un lugar común la percepción de que la enseñanza superior y la evolución de los empleos profesionales suelen marchar a distinto paso. Y la endeble conexión entre la universidad y la empresa queda más visible en momentos de agudeza de las crisis de mercado, de los cambios tecnológicos y sus repercusiones en la movilidad de las ofertas de empleo, circunstancias, por cierto, que no hacen más que complicar, aún más, las necesarias previsiones sobre las readaptaciones profesionales en el decurso de las exigencias del mercado y la oferta polivalente de la universidad. Tal inadecuación al sistema laboral y ocupacional ha de verse acrecentada, más si cabe, por las referidas reformas que, a causa de una cierta confluencia de intereses -de orden corporativo, sobre todo-, configuran, hasta lo que La universidad no puede ir contra la realidad de la sociedad contemporánea. Y, a crear de ello, la preocupación esencial de los que controlan los recursos educativos no parece sino encaminada a la formación de productores y consumidores, dejándose llevar por una mera apariencia de realidad que empieza a quebrarse incluso en los reductos más interesados en su vigencia. Correlato de la obsesión por "formar" y "profesionales" vendría a ser, entre otras, la evaporación del valor del conocimiento "puro" y hasta del sentido no instrumental del saber. No pueda extrañar, entonces, el continuo crecimiento del número de personas y proyectos ignorantes de las responsabilidades sociales, morales o incluso epistemológicas. Escribía Vallespín comentando el libro de Allan Bloom (El cierre de la mente moderna, Plaza-Janés, Berna, 1989) sobre el estado actual de la universidad americana: "La crisis espiritual que afecta a la sociedad revierte directamente sobre la universidad...". La universidad va haciendo suya la lógica del proceso productivo y técnico-administrativo de manera que aparece "colonizada por las nuevas leyes que aseguran su enganche instrumental a los nuevos fines" 5. Y añade el profesor Vallespín: "El resultado es la universidad de masas", en el sentido de Tocqueville. Y en efecto, se ha instalado en nuestras sociedades un penetrante ignalitarismo, que como advirtiera Tocqueville, alimenta, en aparente paradoja, al individualismo y al materialismo. La vida monótona y unitaria, la de la opinión pública, amenaza, "desde abajo", la libertad y la autonomía del sable. "La minoría humana fue obra de leyes y no de la providencia", puede sostener al autor de La democracia en América. Cierto es que a una sociedad pluralista ha de corresponder una universidad pluralista, una "multiversidad". La universidad es reflejo y proyección a la vez de la sociedad total y, por tanto, el espacio en que la sociedad renueva de continuo las condiciones sociales de su propia existencia. Pero "también es cierto que en la sociedad pluralista los asuntos comunes se determinan con relativa facilidad porque como observa Thomas Ellwein, se aproximan al punto cero de los valores" 6. Hasta el mismo D. Riesman ha llegado a señalar enfáticamente el hecho de que sean tan pocos los profesores que muestren hoy interés en moldear lo que "sólo raramente recibe la denominación de carácter o conciencia moral de los estudiantes y enredarse en discusiones con los jóvenes sobre principios en los que los mismos educadores sólo creen a medias". Y he aquí la conclusión de Habermas al respecto: "Puesto que los estudiantes se aferran a la máxima de la formación a través únicamente de la ciencia, pero interpretan la función de esta ciencia de modo positivista, limitándola al cuerpo de la disposición técnica, se ven formados a expulsar del templo de la enseñanza superior 'la formación intelectual general' y la 'configuración armónica de la personalidad'. Con ello no se hace más que separar una vez más del proceso formativo del conocimiento un elemento, éticamente solidificado, por así decir, de la formación del carácter, un elemento al que otros sólo pretenden recibir a las puertas de la Universidad para conducirlo a través de las dependencias de la administración universitaria" 7. ¿Qué salidas cabe proponer ante esta situación? Sin perjuicio de otras consideraciones que podamos hacer a lo largo de este trabajo, quiero formular ahora algo que no debería quedarse en mero desideratum: la universidad ha de afirmarse en la responsabilidad de la formación integral de los estudiantes y de los profesores, entre otras razones, también, porque no se puede arrojar la toalla ante la exigencia de una constante elevación de la calidad de la producción intelectual de los universitarios y, por consiguiente, de su actividad profesional. La universidad se vincula, cada vez más estrechamente, con la organización económica de la sociedad. La comprensión de tal conexión permite la explicación de las funciones sociales de la institución académica. En las sociedades fuertemente industrializadas, administradas en términos de racionalidad burocrática, los sistemas educativos tienden hacia la preeminencia de la preparación especializada en el orden técnico y minimizan la formación integral. Existe hoy una identificación mecánica entre la especialización y técnica, de modo que la educación liberal -o generalista o integral, términos que, aunque no puedan reputarse sinónimos expresan una línea de concepciones-, se correspondería, en lo esencial, con la enseñanza de materias humanísticas. Asistimos, pues, a una tendencia social extraordinariamente poderosa: el especialista ha desplazado con rotundidad a aquel hombre que hacía del saber global y fundamentado, en constante revisión, la LEOPOLDO SEIJAS CANDELAS experiencia suprema. Incluso puede decirse que la opinión pública tiende a identificar al "hombre cultivado" con la figura del diletante. Y es que las necesidades y los proyectos sociales van de la mano de la historia. Weber nos enseñó que la figura del "hombre cultivado" primó sobre la del "especialista" y sentó las bases del prestigio social en sistemas tan dispares como las estructuras de dominio feudales de carácter teocrático y patrimonial. Pero "el descubrimiento (...) de que la universidades podían ser útiles, particularmente como promotoras de adelantos técnicos, avivó al grito de que debían cambiar con la época. El reconocimiento universal de que la tecnología descansaba en el progreso científico, y que tal progreso requería un alto grado de especialización, estaba forzando la proliferación y la fragmentación de la instrucción y la investigación" 8. Nada menos que el mismo Humboldt quiso establecer en la recién nacida Universidad de Berlín, en 1810, un cierto equilibrio entre Wissenschaft y Bildung, entre el saber dirigido al saber y el saber presidido por la preocupación de su eficacia práctica, si se me permite esta libre interpretación. En la actualidad, las universidades tienden a convertirse en "multiversidades". En otros términos: no hay acuerdo sobre el sentido de la formación universitaria. A radice, volvemos al conflicto entre las figuras del "hombre cultivado" y el "especialista", que Weber mostrara como un problema central de la teoría educativa. Pero el desarrollo de tal conflicto muestra por el momento, un claro ganador: como advirtiera Weber, las formas racionales y burocráticas de autoridad y su expresión en lo educativo se cifran en la especialización del científico o del que ejerce una profesión en lo educativo se cifran en la especialización del científico o del que ejerce una profesión liberal. A través de la formación de especialistas, las instituciones educativas asumen la función de control selectivo para la distribución social de oportunidades. De modo que el sistema educativo se orienta a la producción de especialistas. Nadie se atreverá a discutir algo tan evidente. Y cierto es que el saber se encuentra hoy tan sumamente diferenciado en su estructura misma que no es posible concebir a alguien impuesto en todas las materias del conocimiento. Pero también es cierto que el sistema genera efectos perversos, para utilizar los términos de Boudon. Y hasta cabe dudar de su eficacia entendida al uso. Asistimos hoy a un retroceso -al parecer imparable-, de las disciplinas fundamentales y a un claro auge de las materias aplicadas. En este sentido, sí que puede hablarse de una cierta homogeneidad del medio universitario, impotente ya para afirmarse en el principio de que no hay ciencias aplicadas sino ciencia que aplicar. La obsesión por formar profesionales (que no satisface tampoco al mundo empresarial) y el saber organizado con mentalidad minifundista generan no pocos problemas de sentido al interno de la institución académica y obstaculizan gravemente el proceso de avance de los conocimientos. A título de simple muestra de lo afirmado habrá que cuestionarse el hecho, tantas veces comprobado, de que la inmersión en los saberes especializados permita a sus detentadores escapar a la controversia interdisciplinar e incluso a la simple relación diálogica de carácter intelectual, refugiándose en el coto privado y privativo de su especializado saber. Hace ya bastantes décadas, el gran Jaspers advertía al respecto: "La conducta de los miembros de una Facultad ha sido comparada con la de los monos en las palmeras de la arboleda sagrada Benarés: sobre cada palmera hay un mono, y todos parecen estar en paz ocupándose cada uno de sus propias cosas, pero en el momento que cualquiera trata de subirse al árbol de otro, se encuentra con una descarga cerrada de cocos" 9. Y respecto de la pretensión de nutrir el mercado de trabajo "haciendo" buenos profesionales a través de la enseñanza especializada, "útil", tampoco podemos sentirnos precisamente satisfechos con el papel de la universidad. Así cito literalmente algunos fragmentos de la crónica aparecida en Diario 16 de 2 de diciembre de 1992, a propósito del Congreso denominado "La reforma de las titulaciones universitarias y su incidencia en el mundo de la empresa", organizado y patrocinado por el Consejo de Universidades y la Fundación Universidad-Empresa: "Los ponentes se mostraron partidarios de una formación amplia y flexible, y en contra de la 'peligrosa' especialización". "La Universidad no debe 'formar profesionales', sino personas con la cabeza flexible y bien preparada, que sean capaces de formarse profesionalmente en la empresa". Y transcribo los pasajes más significativos de la intervención de don Clemente Rodríguez Navarro, entonces director de recursos humanos de ATEINSA: "En USA las empresas buscan no a especialistas, sino a personas que puedan integrar una serie de informaciones diversas, extraer sus propias conclusiones y planificar de un modo genérico" y apostaba este profesional por "enseñar a los alumnos a pensar y trabajar ellos mismos, en vez de embutirles en la cabeza unos conocimientos que se les quedarán enseguida obsoletos. En este sentido, dudo de la eficacia de la reforma universitaria". No podría ser de otra manera. El crecimiento y la competitividad de las empresas, en un contexto de cambios económicos, sociales y técnicos que se desarrollan a toda velocidad, exigen cualidades que no pueden ser ya evaluadas en términos de saberes específicos adquiridos, sino más bien desde la óptica de las capacidades intelectuales, de las actitudes y de los comportamientos, esto saber identificar el saber idóneo para cubrir cualquier supuesto, idoneidad para contemplar en paisaje empresarial en clave panorámica o en primer plano, espíritu de creatividad e innovación, facilidad para establecer redes fluidas de comunicación dentro y fuera de la empresa, etc. De modo que lo que la empresa espera de las instituciones educativas es una formación sólida que lleva a los futuros profesionales a la asunción de determinadas actitudes y a la potenciación de los talentos. La competencia específica para desarrollar la actividad profesional es asunto de las empresas. El principio que fundamenta esta posición es sencillo: una persona que posea las cualidades apuntadas podrá ejercer, al menos en principio, con eficacia y eficiencia, casi cualquier ocupación con un mínimo de aprendizaje ad hoc. Éste ha de ser el mejor servicio de la universidad al mundo laboral. Pretender que la institución universitaria prepare a personas profesionales y competentes para el desempeño de determinadas ocupaciones implica, dicho con toda claridad, no sólo un atentado contra el principio universitario mismo sino también un flaco favor al ámbito empresarial y a la sociedad entera. En cualquier caso, la academia deberá resolver con decisión aquella contradicción de sentido que tan bien expresara Whitehead: "Hay algo entre los gruesos valores especializados del hombre meramente práctico y los finos valores especializados del meramente estudioso. Ambos hombres han perdido algo; y si se suman en uno de los dos juegos de valores, no se obtienen los elementos ausentes" 10. La predicción de Parsons, el gran maestro del estructuralfuncionalismo americano, ha cobrado vida: precisamente la competencia de los técnicos se revela como el gran factor legitimador del orden social actual y provee valiosamente el humus del consenso social. Claro que otros grandes pensadores se adelantaron a ese anuncio (por todos, Scheler y los frankfortianos). En realidad, la clave de la cuestión viene suministrada por aquella distinción weberiana entre Zwerkrationalität y la Wertrationalität, esto es, la razón utilitarista con arreglo a fines y la axiológica. Se trata del dominio de la primera sobre la segunda. Y en conexión con la conciencia cosificada debe tratarse también la relación del saber con la técnica. Los saberes surgen por necesidades e intereses. Estos "intereses constitutivos de saberes"... "son presupuestos en cualquier acto cognoscitivo y por tanto constituyen los modos posibles de pensamiento, por medio de los cuales puede ser constituida la realidad y se actúa sobre ella" 11. Por su parte, el sistema técnico va más allá, claro está, del campo de las actividades de producción de bienes materiales. Según Ellul, la técnica conforma todo un sistema de control social, presenta funciones ocultas y desarrolla una historia latente que es necesario poner en evidencia. Pero, ¿qué entender por "técnica"? La definición de Weber no ha sido superada: "Técnica de una acción significa el conjunto de los medios aplicados en ella, en contraposición al sentido o fin por el que (en concreto) se orienta". Y añade el gran sociólogo alemán: "Técnica racional significa una aplicación de medios que conscientemente y con arreglo a plan está orientada por la experiencia y la reflexión, y en su óptimo de racionalidad por el pensamiento científico. Lo que se entiende concretamente por 'técnica' es fluido: el sentido último de una acción concreta, considerada dentro de la conexión total de una actividad, puede tener carácter de arte 'técnico', o sea, ser medio e instrumento para aquella actividad total; sin embargo, con respecto a la acción concreta esa aportación técnica (desde la perspectiva de la actividad total) constituye su verdadero 'sentido' y los medios que aplica son su 'técnica'" 12. El sistema técnico es, pues, un sistema de medios. Ahora bien, en la sociedad de nuestros días, el sistema técnico ejerce un dominio total. Puede hablarse de un dominio total de la técnica "cuando cada aspecto de la vida humana está sometido al control y a la manipulación, a la experimentación y a la observación, de manera que puede lograr para todo una eficacia Así, puede sostener Ellul no sólo que los técnicos forman sistema, sino que, mejor, nuestra sociedad es el sistema técnico. "Bien es verdad que la educación, la política son también técnicas; pero conviene recuperar la distinción entre las técnicas primitivas y pragmáticas y el fenómeno técnico: lo nuevo es el hecho del cálculo, de la sistematización y de la consistencia; las técnicas que usurpan el espacio de la acción espontánea son deliberadas, aplicadas en tanto que técnicas, y es esto lo que rompe el antiguo orden relacional" 14. Hasta el extremo de que el sistema técnico determina todos los demás sistemas se desarrolla imperturbable, irreversible, irremisiblemente, según su propia lógica interna y sin referencia a ninguna finalidad de "vida buena", se retroalimenta y es sustancialmente opresor y dominante. Es preciso desmentir cuanto antes el entendido común de que la ciencia y la técnica viven unidas por un cordón umbilical. Ni siquiera existe un flujo continuo y directo. La ciencia es para la técnica una memoria y una inteligencia de las que nutrirse. Sin embargo, la situación actual va recordando más y más, al respecto, a la metáfora freudiana de la muerte del padre. El sistema técnico es determinante y totalitario. En función de los paradigmas dominantes al interno del sistema técnico se va configurando una cultura, pero también una ideología, -"técnicas", si se me permite decirlo así-, congruentes y funcionales según aquellos principios. Tal cultura es -no podría ser otra cosa-de tipo determinista -la eficacia, la eficiencia...-inmediatas y positivas. Tal ideología se funde en la objetividad y la neutralidad, categorías que únicamente compartiría con la ciencia. Nada de proposiciones normativas, pues. Los juicios de valor no encuentran sitio en la técnica: es un principio constitutivo. La técnica es positiva en sí y para sí: es universal. Con lo que su extendida lógica -no por ello, ciertamente, menos extraña-no deja resquicio al juicio axiológico sobre su presencia y, en cambio, se asegura un universal juicio afirmativo sobre su naturaleza. No es que la dominación de la racionalidad técnica haya de conducirlos fatalmente a un "sin sentido bárbaro", como sentenciaron Adorno y Horkheimer. Ni que estén haciendo buenas aquellas palabras de Paul Valéry: que la inhumanidad tiene un futuro grandioso. Pero sería, cuando menos, una ingenuidad pensar que de los juicios de hecho de la ra-cionalidad técnica pudieran colegiarse valores o fines prácticos de praxis como phrónesis. Al respecto, nos advierte Habermas: "... nuevas oleadas de saber técnico irrumpen cada día en la vida social cogiéndola desprevenida, y los nuevos potenciales de un poder ampliado de disposición técnica hacen cada día más manifiesta la desproporción existente entre los resultados de una racionalidad técnica al máximo de su tensión productiva y unos fines perseguidos sin reflexión, unos sistemas de valores esclerotizados y unas ideologías caducas" 15. Se rinde un culto a la técnica que encuentra su eco en el prestigio social del hombre activo, un hombre que puede hacer cosas. Como dice Gouldner, "la superioridad del técnico sólo es una superioridad de eficiencia". Por ello, "... debemos juzgarlo sólo sobre bases técnicas, y al hacerlo debemos preferir una vida anónica a una vida moral" 16. El diagnóstico de Adorno, no por radical deja de ser concluyente: "Un mundo como el de hoy, en el que la técnica ocupa una posición clave, produce hombres tecnológicos acordes con ella. Esto tiene su buena dosis de racionalidad: serán más competentes en su estrecho campo, y este hecho tiene consecuencias en una esfera mucho más amplia. Por otro lado, en la relación actual con la técnica hay algo excesivo, irracional, patógeno. Ese algo está vinculado con el 'velo tecnológico'. Los hombres tienden a tomar la técnica por la cosa misma, a considerarla un fin autónomo, una fuerza con ser propio, y por eso, a olvidar que es la prolongación del brazo humano. Los medios -y la técnica es un conjunto de medios para la autoconservación-son fetichizados porque los fines -una vida humana digna-han sido velados y expulsados de la conciencia de los hombres" 17. Es inevitable: la razón dominada por la técnica degenera en pensamientos y acciones conformistas y devalúa el mundo de los afectos. El nuevo demiurgo, la "objetividad", legitima ese nuevo ser-en-el-mundo. En la racionalidad técnica no caben las categorías éticas; no hay el menor resquicio, pues, tampoco para la crítica. La objetividad científica se manifiesta, dice Weber, en el cálculo y comparación de los medios que permiten el logro de un fin. La técnica no es un saber objetivo, a no ser que recluyamos el concepto nudo de objetividad en el reducto interesado de las opciones metodológicas de corte positivista. El saber técnico es parcial, y sus pretensiones holistas revisten una especial gravedad en tanto se afirma aquél como verdad universal, como concepción general sobre la sociedad y sobre los hombres. Sin embargo, esos esquemas de legitimación de carácter técnico -y de base jurídico-positiva-se empeñan en presumirse instalados en la certeza y la objetividad. La preeminencia técnica inaugura un tipo especial de control social por el que los demás conocimientos van excluyéndose de la categorización de útiles, prácticos, buenos, sabios u objetivos. Tal posición preeminente levanta un escenario intelectual en el que lo técnico se reserva un papel protagonista que necesita el refuerzo de efectos especiales tendentes al arrumbamiento de los saberes abstractos, sobre todo de los humanistas, tachados a menudo de ideológicos o axiológicos. Esa racionalidad técnica reconoce, ante todo, el valor de la eficacia. En realidad, como ya ha quedado dicho, estamos ante una cultura y una ideología que confina el mundo de las relaciones sociales -y preferentemente, el conocimiento-, en la cárcel de la esfera utilitarista, de la lógica productiva. La universidad no podría librarse de las acometidas de esa potente racionalidad y, desde luego, no lo ha hecho. De modo que estamos ante una universidad colonizada por esa racionalidad técnica. Veblen ya advirtió sobre las nefastas consecuencias de "dirección de las universidades por hombres de negocios" 18. Sin tomar las aguas tan arriba, sí que puede afirmarse, con todo, que "la intelectualidad humanística", empleando los términos de Gouldner, declina "en influencia relativa dentro de la proliferación de enseñanzas técnicas en la universidad, con lo cual se hace más vulnerable a la alienación" 19. De manera más clara, dicho sea en palabras de Drucker: "Existe el riesgo de producir una sociedad de bárbaros escolarizados" 20. El dominio de la racionalidad técnica al interno de la institución académica desempeña un papel alienante en la medida, a nuestros efectos, en que relega a un segundo plano a otras esferas del conocimiento. Como dice Habermas: "El rendimiento peculiar de esta ideología consiste en que disocia la autocomprensión de la sociedad del sistema de referencia de la acción comunicativa y de los conceptos de la interacción simbólicamente mediada y los sustituye por un modelo científico. En la misma medida, la autocomprensión culturalmente determinada de un mundo social de la vida queda sustituida por la autocosificación de los hombres bajo las categorías de la acción racional con respecto a fines y del comportamiento adaptativos" 21. Del mismo modo que la universidad se muestra socialmente escindida, se ha diluido en sus concepciones epistemológicas y normativas. La educación universitaria aparece, en definitiva, presidida por el designio del desprecio que a los ojos de la lógica productiva merece el saber abstracto, al que no se ve capaz de transformarse, al contrario que el saber técnico, en fuerza productiva. De manera que lo que hacemos en la universidad es, más bien, alimentar un proceso de reproducción social y no una acción confirmativa que llevara en sí misma el germen del cambio social hacia la libertad y la plena realización de las personas. La universidad puede y debe contribuir decisivamente a la reserva de autonomía de las personas resistiéndose a esa racionalidad que el poder -legitimado en parte por la opinión pública-pretende imponer. Es necesario que la universidad se comprometa a asegurar la formación integral. Ahora bien, si la universidad rechaza la llamada a preparar técnicos, no sobrevivirá. Pero si rechaza el culto a los valores "no útiles", dejará de merecer el título de universidad. Hace falta un puente entre el discurso de los técnicos y el de los humanistas. Y éste puede tenderse con el reconocimiento de que el desarrollo tecnológico o la coordinación de trabajos parcelarios construyen procesos que necesitan una autoridad, que a su vez, puede encontrar sus fuentes en el saber fundamentado y la experiencia como luces que nos hagan ver y nos guíen hacia la recta acción. En definitiva, la verdadera cultura a la que la universidad debe aspirar sólo puede consistir en la correlación de todas las disciplinas en una formación total que englobe también a la persona moral. La defensa y la universidad El mundo de la defensa en España, ha estado muy alejado de la universidad, durante muchos años. Es cierto, que en algún momento se ha querido dar protagonismo a las cuestiones de la defensa desde materias como las relaciones internacionales, pero de una forma muy superficial y yo diría, bastante confusa. Es cierto, que desde alguna universidad, se quiso dar carta de naturaleza a las cuestiones relacionadas con la defensa a través de la creación de Cátedras de Estudios, pero éstas tardaron en cuajar en el seno de las Facultades universitarias. La creación de las universidades privadas y la puesta en marcha de nuevos planes de estudios, pusieron las bases para estructurar como disciplina académica los estudios reglados sobre defensa y seguridad, desde distintas vertientes del saber. En 1992, la Universidad CEU-San Pablo, inicia su andadura como tal. Atrás queda un bagaje académico universitario como Centro Universitario adscrito a la Universidad Complutense, donde miles de profesionales se han formado en sus aulas a lo largo de más de 50 años, y dando vida a un proyecto que estaba en la mente de su fundador don Ángel Herrera Oria, muchos años antes que éste se hiciera realidad. De acuerdo con la normativa salida de la creación de las universidades privadas, los nuevos planes de estudios deberían contemplar asignaturas troncales, obligatorias, optativas y de libre configuración. En este contexto, el Patronato de la Fundación San Pablo-CEU, acuerda en entre otras decisiones, de que se incorpore una materia en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación que estudie la seguridad y la defensa, desde la perspectiva de la identidad y la cultura de la defensa con el fin de que los alumnos asuman lo que se empezaba a llamar "conciencia de defensa", como algo que afecta a todos los ciudadanos y no es exclusivo de aquellos que pertenecen a las Fuerzas Armadas. La asignatura, se denomina "Información sobre Defensa y Seguridad", nombre con que sigue impartiéndose en la actualidad, y que desde sus inicios se encuadró dentro de las asignaturas optativas, semestrales, para alumnos de segundo ciclo de Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad. Este nuevo reto, fue seguido con cierta expectación, no solamente por tratarse de una materia que en la Universidad era nueva, sino también porque sale a la luz en un momento no precisamente el más apropiado: la insumisión y la objeción de conciencia, estaban todos los días en los medios de comunicación, informando sobre hechos de esta naturaleza. No debemos olvidar que todavía esta vigente el Servicio Militar Obligatorio, y que los alumnos de cuarto y quinto de carrera estaban en "edad militar, por lo que la sensibilidad de estas cuestiones era mayor". En paralelo a la asignatura reglada, se pusieron en marcha seminarios y cursos de verano relacionados con te-mas de defensa, que tuvieron desde un principio una buena cogida, pues se incorporaban a las aulas personas ajenas a la universidad, y por otro lado, se volvían a ver uniformes militares en las aulas. Nos encontrábamos en plena operación de imagen, por un lado y por otro que los alumnos vean, hablen y pregunten sobre temas de defensa a los protagonistas de la misma, es decir a los militares. Con ello, quisimos aportar nuestro grano de arena, y romper el hielo que existía entre sociedad civil y militar. A medida que se ha ido consolidando esta situación, se hacía necesario una cooperación más estrecha con el Ministerio de Defensa, y más concretamente con el Instituto Español de Estudios Estratégicos, que siempre ha brindado su colaboración y ayuda en todo lo relacionado con cursos y seminarios. Y precisamente, en ese espíritu de colaboración y con el fin de dar carta de naturaleza a todas las actividades relacionadas con la defensa, se acuerda la creación de una Cátedra de Estudios sobre Defensa y Seguridad, cuyo fin principal es la de acoger todas las actividades académicas, de investigación, cursos y seminarios dirigidos a fomentar la cultura de defensa entre los alumnos universitarios. Y así en el año 2000, ve la luz la Cátedra de Estudios sobre Defensa y Seguridad "Abelardo Algora", en homenaje a quien fue presidente de la Fundación Universitaria San Pablo-CEU, impulsor de su universidad, y coronel del Cuerpo Jurídico del Ejército de Tierra. Cátedra que hoy desarrolla una parte de sus actividades con el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), a través de la Escuela de Altos Estudios de la Defensa, y con el Instituto Español de Estudios Estratégicos. Sin duda, esta simbiosis Universidad y Fuerzas Armadas, a través de estos organismos, ha sido de gran acierto para acercar más al estudiante universitario al mundo de la defensa, que representa y sobre todo llegar a la conciencia de que la defensa somos todos. De cualquier forma, y con la vista atrás, podemos afirmar que el riesgo que asumimos en su momento mereció la pena, y aunque despacio, vamos viendo sus frutos.
El mundo universitario y la comunidad militar han tenido desde siglos pasados una relación extraordinariamente fluida. En la España del siglo XVIII las distintas ramas de las ciencias encontraban sus elementos más señeros en las filas militares; desde la astronomía a la botánica, desde la ingeniería a las matemáticas, la transferencia de conocimiento entre los dos ámbitos -prioritariamente, del militar al civil-se realizó con suma facilidad y en dimensión creciente. Como en el resto de los países europeos, estos cauces de retroalimentación se fueron cortando a lo largo del siglo XIX como consecuencia de la profesionalización de la investigación universitaria, el desarrollo del modelo de ejércitos de constricción y, en nuestro país, por la acumulación de conflictos internos, el limitado desarrollo del Estado liberal y -sobre todo a partir de la Restauración canovista-el enroque endogámico de ambos colectivos. Las décadas centrales del siglo XX fueron sin duda el punto más bajo de transferencia creativa, lo que debió ser superado una vez alcanzada la normalización democrática. Los cambios trascendentales del final de la guerra fría y la emergencia de nuevas amenazas a la seguridad internacional han multiplicado la demanda de comunicación y colaboración. Las paulatinas reformas y la confluencia de cambios normativos en sendos ámbitos permitirán que la nueva Ley de Carrera Militar constituya el punto álgido de simbiosis entre Universidad y Fuerzas Armadas. Sin perder ninguna de las comunidades sus señas distintivas, sin abdicar de metodologías formativas decantadas por siglos de experiencia, ambos colectivos han superado rancios y esteriotipados prejuicios y desde hace años, sin esperar a la confirmación legislativa, se encuentran colaborando estrechamente, desarrollando proyectos conjuntos y alcanzando objetivos muy significativos. En las páginas de este trabajo se presenta la actividad de un órgano surgido como fruto de esta colaboración, con entidad universitaria aunque conformado por igual por militares y civiles: el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. El Instituto tiene como eje vertebrador de su actividad la investigación y la actividad docente sobre los grandes temas de paz, seguridad y defensa. Nació, por iniciativa del Ministerio de Defensa, precisamente para satisfacer la falta de atención sobre estas cuestiones en el ámbito universitario español, hasta entonces prácticamente ausente de una referencia que sólo podía encontrarse en los estudios de centros militares. La Universidad Nacional de Educación a Distancia acogió con entusiasmo la idea como medio para contribuir al cambio de esta situación, propiciando una manera de entender la nueva seguridad global como un instrumento para la pacífica convivencia entre los ciudadanos. El desarrollo del nuevo centro contó con la metodología pedagógica propia de la UNED, un sistema de trabajo innovador y atento a la incorporación de avances tecnológicos que potencian las posibilidades docentes en las circunstancias más variadas. Universidad y Ministerio, los dos patronos institucionales, han permanecido fieles a la idea de origen y han constituido de manera permanente el mayor apoyo y el principal impulso para las actividades del Instituto, diseñadas siempre bajo las directrices de su Patronato y con el alto respaldo del Patronato de Honor presidido por S.M. el Rey. Difusión docente del conocimiento, análisis e investigación de los procesos abiertos y socialización de la cultura de defensa fundamentan la actividad del Instituto. El elenco de prestigiosos profesores que desarrollan su labor en el Programa de Doctorado y los cursos modulares que componen el Máster Universitario es uno de sus principales activos; este claustro constituye el nervio central de la actividad docente de calidad, que se imparte en un amplio y coherente conjunto de campos: desde la seguridad internacional a la resolución pacifica de conflictos, desde los servicios de inteligencia a la cooperación internacional. La respuesta a esta oferta docente es significativa y año tras año permanece en alza el número de alumnos que buscan en el Instituto un nivel de excelencia en los estudios de seguridad y defensa; su confianza constituye el principal estímulo en la mejora formal y de contenidos. La proyección académica fundamental de un instituto universitario se ve reforzada por su capacidad para generar investigación de alto nivel. En los amplios campos de trabajo sobre la paz, la seguridad y la defensa, el Instituto desarrolla su investigación en tres niveles: proyectos de investigación, acuerdos de investigación y la elaboración de los trabajos académicos conducentes a la obtención del Diploma de Estudios Avanzados y el definitivo título de doctor. Los resultados de estas investigaciones, además de las conclusiones alcanzadas en los cursos y seminarios celebrados, conforman la mayor parte de la actividad editorial del Instituto. Con ser todo ello lo más importante, el Instituto no completaría su obligación sin atender a su labor de difusor de cultura de defensa. La apertura de las actividades a una sociedad dinámica, que demanda información rigurosa y análisis profundos, exige la organización de cursos y seminarios, ciclos y encuentros, de los que el lector tiene debida cuenta en las páginas de las Memorias anuales; entre los eventos académicos destacan por su dimensión las convocatorias anuales del Congreso de Historia de la Defensa y de la Semana Iberoamericana de Seguridad y Defensa. Dada la amplitud de estas actuaciones y las dimensiones mesurables de este trabajo, resulta más significativo realizar un estudio de caso, centraldo el análisis en el modelo docente empleado por el del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (IUGM en la apócope terminología internauta), con el propósito de compartir su experiencia con otros centros de investigación y docencia. El Instituto fue creado con el propósito de implementar los recursos de la educación a distancia en el campo de las enseñanzas de posgrado en el ámbito de la Paz, la Seguridad y la Defensa. La experiencia acumulada en este campo permite exponer conclusiones y diseñar un nuevo escenario operativo, aún más innovador y ambicioso. Las posibilidades de modularidad del modelo docente y la capacidad de flexibilidad en la conformación de programas se ofrecen como una alternativa muy atractiva en el desarrollo de curricula académicos sobre estas disciplinas, participados por dos o más centros universitarios españoles, europeos y de América Latina. EL INSTITUTO UNIVERSITARIO GENERAL GUTIÉRREZ MELLADO El Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Estudios sobre la Paz, la Seguridad y la Defensa fue creado por el Consejo de Ministros (Real Decreto 1643/1997), en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, el 24 de octubre de 1997. Es el primer -y, por ahora, único-Ins-ISIDRO SEPÚLVEDA tituto Universitario de estas características en España y similar a instituciones ya existentes en otros países, como el Centre for Defence Studies (King's Collage, Universidad de Londres), o el Interuniversitary Seminar on Armed Forces and Society (Loyola University, Chicago), en los que se realizan trabajos de investigación sobre temas específicos relacionados con la seguridad y la defensa, además de desarrollar actividades docentes y cursos de doctorado. La investigación y la docencia de los temas relacionados con la paz, la seguridad y la defensa ofrecen el atractivo de permitir la práctica de la interdisciplinariedad y el empleo de múltiples recursos metodológicos tanto en la investigación y la enseñanza en el ámbito de las Ciencias Sociales, como en el campo de la investigación científica y técnica de los medios utilizados al servicio de la defensa y la seguridad. En su ámbito de estudio, el Instituto pretende cumplir una función de puente y promoción de los tres vectores de proyección internacional de España: la Unión Europea, la comunidad latinoamericana y los países del Magreb. Esta triple proyección supone una contribución importante en el ámbito cultural a los objetivos de constitución y potenciación de una España comunitaria que, sin menoscabo de su espíritu europeísta y sin olvidar las tradicionales relaciones con los países del norte de África, profundice en sus permanentes lazos de fraternidad con América Latina. En relación con las necesidades sociales y científicas, se presta una especial atención a las necesidades de la estructura universitaria a las que el Instituto pretende responder. En primer lugar, las materias que responden a lo que genéricamente se denomina estudios sobre la paz, la seguridad y la defensa, se caracterizan por una interdisciplinariedad considerable. Las cuestiones que engloban tal denominación integran unas veintiséis áreas de conocimiento distintas, de entre las existentes en la clasificación que realiza la actual legislación universitaria; esta amplitud englobaría, por orden alfabético, desde la Antropología hasta la Sociología. La coordinación de la pluridisciplinariedad de los investigadores sobre la paz, la seguridad y la defensa exige la utilización de un amplio y especializado capital humano. Partiendo del amplio cuerpo profesional de la UNED, se ha ido ampliando con los años la participación de profesores pertenecientes a una decena de universidades españolas. A ello hay que añadir la presencia de especialistas del Ministerio de Defensa, que aúnan la doble condición de mandos militares y titulados universitarios; su número alcanza casi una quinta parte del conjunto del profesorado del Instituto. Los objetivos generales que se pretendieron conseguir con la creación del Instituto Universitario de agruparon en torno a cuatro aspectos principales relacionados con la paz, la seguridad, la defensa y los asuntos militares: desarrollar la investigación científica desde una perspectiva interdisciplinar, fomentar las enseñanzas de posgrado, promover la difusión de obras científicas y crear un marco de reflexión y diálogo. LA EDUCACIÓN A DISTANCIA EN EL IUGM La educación a distancia, que naciera como método para superar las dificultades espaciotemporales de alumnos con dificultad es para acceder a la enseñanza presencial, se ha convertido con el paso del tiempo en un instrumento docente autónomo y con identidad y metodología propias, además de conformar la vanguardia pedagógica experimental. La evolución de las sociedades industriales y posindustriales, necesitadas de un constante reforzamiento y reciclaje de sus conocimientos; y la revolución de los nuevos medios de comunicación, que han permitido la instantaneidad del acceso a la información y borrado las fronteras del espacio, han sido sus más aliados incentivos. La consecuencia inmediata es el crecimiento constante de la nueva educación a distancia, la multiplicación de los modelos docentes y la adaptación de los programas a las nuevas posibilidades. En su labor docente, el Instituto utiliza desde su inicio la metodología de la enseñanza a distancia de la UNED, que a lo largo de tres décadas se ha ido desarrollando, hasta el punto de convertirla en una de las principales universidades a distancia del mundo. La oferta docente del IUGM se desarrolla completamente a distancia, aun cuando resulta obligada la asistencia a unas sesiones presenciales de presentación, refuerzo y evaluación. A ello se le suma una doble cualidad del alumnado que es necesario tener en cuenta; por una parte, se trata de alumnos plenamente adultos, la mayor parte de los cuales son profesionales, y que realizan los cursos de postgrado y doctorado movidos por unos intereses e inquietudes muy precisos; por otra, los alumnos son titulados superiores universitarios y una parte significativa de ellos miembros de las Fuerzas Armadas con titulación igualmente superior; ambas cualidades reportan unos alumnos que poseen ya un buen nivel de rendimiento intelectual, un probado dominio en la práctica del estudio y un buen manejo bibliográfico. En la educación a distancia resulta una obligación la utilización de todos los medios disponibles para superar la distancia profesor-alumno y potenciar la relación docente-discente. Por esta razón la enseñanza a distancia se ha visto tan favorecida por la revolución de las nuevas tecnologías y su instrumentalización la ha convertido en la vanguardia de la renovación pedagógica; hasta tal punto que las enseñanzas presenciales han tomado parte de esta metodología, depurada para reforzar sus sistemas docentes. El aprendizaje a distancia descansa en dos pilares básicos, los materiales, en que se concretan los conocimientos que se pretenden transmitir, y los canales de comunicación, que sirven de enlace entre el alumno y el profesor y hacen posible el seguimiento del aprendizaje. Hasta hace relativamente poco tiempo había una gran discusión entre las ventajas e inconvenientes del medio impreso, el medio audiovisual, el medio informático, el vídeo-disco interactivo. Hoy en día todas estas plataformas (medio impreso, el medio audiovisual, al medio informático) han sido superada por el material multimedia e internet, que aúna las ventajas de todos ellos, agiliza la comunicación entre profesor y alumno, abarata los costos de producción y sobre todo permite la incorporación de medios de reforzamiento, direccionalización y retroalimentación. En este sentido cabe destacar la apuesta decidida del IUGM por intentar proporcionar a sus alumnos todo el material docente en medios digitales. Utilizando la facilidad de acceso, a un ordenador y el dominio extendido en su uso, se han digitalizado, prácticamente, todos los materiales docentes de cada uno de los programas y se le entregan al alumno a comienzo de su curso en soporte de CD. Lejos de cumplir con su aparente imagen de frialdad y distanciamiento, este medio permite una conducción del proceso docente muy superior al material impreso tradicional: mediante la presentación de los temas, la inclusión de ejercicios autocorregibles -o su envío al profesor a través de correo electrónico-, la posibilidad de acceso a las distintas partes del curso dependiendo de factores tan manejables como los resultados de evaluación o las fechas del curso, etc. Por supuesto, este medio engloba todos los anteriores: si el material impreso resultaba la base del modelo anterior, en soporte informático se ve reforzado su valor con la adición de medios audiovisuales e infográficos, con la capacidad de interactuación entre ellos, y con la posibilidad de establecer vínculos entre elementos componentes del material integrado. Al mismo tiempo, este medio se ha manifestado como el idóneo para el diseño y la administración de cursos que por su especialidad y profundidad necesitan de una constante actualización y que por su propia identidad tienen un número de alumnos reducido (no superior a cien), en los que la edición de material impreso resultaría mucho más costosa. Abundando en estas razones, los materiales se han confeccionando siguiendo el modelo de páginas web; esto presenta claras ventajas: por una parte conforma un entorno ya reconocible por el alumno, sin exigirle un conocimiento de nuevas adaptaciones a plataformas completamente ajenas; por otra, se utilizan los programas instalados en todos los ordenadores (Explorer, Firefox, Opera, etc.), lo que hace innecesario la instalación de nuevos programas-motor en el ordenador del alumno; por último, la propia arquitectura interna del material didáctico se integra plenamente en los mecanismos de conformación y comunicación de la plataforma, haciendo que el proceso de estudio, aprendizaje y evaluación se vean enriquecidos con los procesos de retroalimentación. El segundo aspecto clave de un sistema de educación a distancia son los canales de comunicación entre la institución y los alumnos. La clásica distribución física (en envío postal), posteriormente reforzada con la utilización de la radio y de la televisión, han dado paso a una nueva era en este campo, la era Internet. La revolución de las tecnologías de comunicación a distancia con un único objetivo: transmitir a distancia voz, datos e imágenes, a un coste mínimo. No resulta posible ni parece necesario aquí hacer ninguna apología de Internet; tan sólo constatar su utilización y exponer la experiencia propia. La utilización de la web para el IUGM se ha basado en tres grandes premisa: sencillez, funcionalidad y valor añadido. Se pretende utilizar Internet no sólo para hacerse visible a la comunidad académica internacional en general y a nuestros alumnos en particular, si no aportar en la página web del Instituto elementos propios, hacer rentable y atractiva su visita periódica. Para ello se ha renunciado a ISIDRO SEPÚLVEDA la utilización de Internet como un escaparate universal, buscando por el contrario la creación de valor añadido; esto se consigue con la puesta a disposición de la comunidad académica (expertos, profesores, alumnos) de estudios, análisis y papeles sobre un conjunto muy amplio de temas relacionados con la Paz, la Seguridad y la Defensa. Con ser importante esto, la proyección en la red de elementos tan valiosos como corpus legislativos, Guías de expertos o Guías de recursos y de Investigación sobre temas de Seguridad Internacional o Resolución Pacífica de Conflictos aún incrementa más su valor de referencia. LA FORMACIÓN DE DOCTORES Y ESPECIALISTAS UNIVERSITARIOS EN SEGURIDAD Y DEFENSA Un prestigioso psicólogo vienés de la primera mitad del siglo XX hablaba de la "miseria de la docencia" para designar el tiempo malgastado en explicar cosas sabidas a gentes sin interés ocupando un tiempo que no se tiene; dando por entendido que ese tiempo estaría mejor empleado en la investigación de gabinete o laboratorio, estudios de campo o redacción de trabajos que dieran a conocer los resultados alcanzados. Al día de hoy tal idea no serviría sino como mera confesión de incapacidad; aunque resulte especialmente estimulante el campo de la investigación, la reflexión y la creación, resulta no sólo inevitable si no de por sí muy aconsejable complementarlo y contrastarlo con la labor docente, en sus más variadas concepciones. La experiencia propia, contrastada y compartida con los colegas de diversa procedencia y respondiendo a gran variedad de circunstancia e intereses, puede producir una sinergia que conduzca a la mejora general de las ofertas docentes, lo que redundará directamente en beneficio de los centros universitarios y en la calidad de la enseñanza ofertada a los alumnos. La oferta docente del instituto se divide en dos grandes campos: la formación de doctores, a través del Programa de Doctorado en Paz y Seguridad Internacional; y la formación de expertos universitarios, a través de un conjunto de cursos de posgrado que de forma modular integran el Máster en Paz, Seguridad y Defensa. El Programa docente del Instituto tiene como finalidad primordial el avance de la docencia multidisciplinar y la contribución al desarrollo del conocimiento sobre cuestiones estratégicas relevantes; en su significado más amplio, esto es, el conjunto de procesos implicados en la identificación, la movilización y la aplicación de recursos en paz y en guerra para reforzar la seguridad nacional e internacional. El objetivo es promover el conocimiento, la deliberación y la comprensión pública sobre seguridad, dentro de un pensamiento plural, en especial sobre los asuntos estratégicos europeos, mediterráneos e iberoamericanos. PROGRAMA DE DOCTORADO EN PAZ Y SEGURIDAD INTERNACIONAL Los Estudios de Tercer Ciclo impartidos por el Instituto están integrados en la oferta de la UNED, ateniéndose a la legislación general de esta Universidad tanto en la confección del programa como en los requisitos necesarios para el alumno que quiera cursarlo. En la actualidad aún persiste el modelo se las últimas décadas -en vías de transformación a corto plazo-: los doctorandos deben obtener 36 créditos, de los cuales un mínimo de 20 créditos corresponden a los cursos de doctorado y los otros 12 créditos corresponden al Trabajo de Investigación; la defensa de este trabajo tiene lugar en la sede del Instituto en sesión pública ante una comisión de profesores doctores. El Programa de Doctorado en Paz y Seguridad Internacional consta de 32 cursos agrupados en dos grandes áreas: Estudios de la Paz y resolución pacífica de conflictos, y Estudios de Seguridad Internacional. El alumno puede confeccionar su propio tramo curricular cursando específicamente uno de ellos o conformar su período de docencia de forma alternativa de acuerdo con la siguiente clasificación: Cursos comunes: Las herramientas de la investigación; Métodos de investigación en ciencias sociales; Guerra y paz en el pensamiento contemporáneo; Historia de las relaciones internacionales desde 1945; Las relaciones civiles-militares; Opinión pública y defensa nacional; La organización de las Naciones Unidas; La política europea de España; Seguridad y defensa en un mundo globalizado. fundamentales como elemento esencial de la paz; La búsqueda de alternativas pacíficas a los conflictos; Nuevas concepciones de la paz y la seguridad; Las Organizaciones No Gubernamentales. Subprograma de Estudios de la Subprograma de Estudios de seguridad internacional: Evolución del pensamiento estratégico; Desarme y control de armamentos; Historia militar contemporánea; Economía de la defensa. el caso español; Prospectiva en los estudios de defensa; Armamento y estrategia de destrucción masiva: nuclear, química, biológica, radiológica y misiles; Nuevas amenazas a la seguridad: terrorismo y crimen organizado; Identidad europea de seguridad y defensa; Instituciones de seguridad en el Área Euroatlántica; Política de seguridad española; Política de seguridad de Estados Unidos; Guerrilla y revolución en América Latina; Cooperación y conflictos en Europa del Este; Cooperación y conflictos en el Mediterráneo; Cooperación y conflictos en Oriente Medio. El profesorado que imparte el Programa de Doctorado es, por exigencias de las materias, muy variado; lo que ha obligado a ampliar su procedencia. Si en un principio el Programa comenzó siendo impartido casi exclusivamente por profesores integrantes del cuerpo docente de la UNED, con el paso del tiempo se han ido ampliando las asignaturas y se ha realizado una labor de selección buscando la excelencia. En la actualidad el Programa está impartido por profesores doctores pertenecientes a ocho universidades distintas, además de oficiales doctores de las Fuerzas Armadas. Dado que su presencia en el Programa de Doctorado atiende a su alta capacidad y especialización, no existe distinción de ningún tipo entre profesores civiles o militares. El Programa se adscribe a las áreas de conocimiento de Ciencia Política y de la Administración, Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, Economía Aplicada, Historia Contemporánea, Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales, y Sociología. En una de esas áreas debe inscribirse la realización de la Tesis Doctoral que culmina el Programa; su realización, tutorizada por un director doctor a elección del alumno (que incluso puede no pertenecer al cuerpo docente del Instituto, en cuyo caso el alumno debe tener un tutor que sí lo sea), no tiene tiempo establecido para ser concluida, si bien se aconseja que no exceda de los cinco años. La Tesis Doctoral debe ser defendida ante un Tribunal examinador compuesto por cinco doctores, siendo su lectura pública. La culminación del programa supone la concesión del título de Doctor en Paz y Seguridad Internacional otorgado por el Ministerio de Educación español a través de la UNED. MÁSTER UNIVERSITARIO EN PAZ, SEGURIDAD Y DEFENSA El programa modular de especialización en Paz, Seguridad y Defensa se compone de una serie de cursos que permiten obtener de manera independiente los títulos de Experto Universitario y Especialista Universitario. Establecidos de forma piramidal, la obtención de alguno de ellos y el cumplimiento de una serie de requisitos, permite culminar el programa con la obtención del título de Máster Universitario en Paz, Seguridad y Defensa, título propio de la UNED. La transformación de los estudios de posgrado, con la introducción de los criterios de Bolonia y la articulación del Espacio Europeo de Educación Superior, hará que este modelo sufra necesarias transformaciones, si bien la estructura fundamental será muy similar, dado que ya se están utilizando de forma regular dichos criterios. Los cursos de posgrado del Instituto están estructurados para conseguir tres objetivos específicos: ofrecer una formación especializada sobre los fundamentos de la Paz, la Seguridad y la Defensa, desde una perspectiva particular e interdisciplinar; promocionar el estudio y la investigación en dichas áreas, y dotar de los instrumentos precisos para la aplicación directa y específica de estos conocimientos al análisis de los complejos y cambiantes temas de la seguridad internacional, a la resolución de conflictos y al estudio de la gestión pública en el ámbito de la defensa. El conjunto de títulos que conforman el Máster Universitario en Paz, Seguridad y Defensa es el siguiente: Títulos de Experto Universitario: Selección y Desarrollo de Recursos Humanos en el ámbito de la Defensa; Apoyo a la Decisión en el ámbito de la Defensa; Gestión Pública en el ámbito de la Defensa; Resolución Pacífica de Conflictos; Misiones Humanitarias y Operaciones de paz. En estos títulos deben cursarse los cuatro módulos de los cinco ofertados, durante un período máximo de dos años académicos. Títulos de Especialista Universitario: Gestión Pública y Organización en el ámbito de la Defensa; Resolución Pacífica de Conflictos y Mantenimiento de la Paz; Seguridad Internacio-ISIDRO SEPÚLVEDA nal (integrando los subprogramas de Seguridad y Defensa en el Este de Europa, en América Latina, en el Mediterráneo, y en Estados Unidos); Política Exterior española; Fundamentos de la Paz, la Seguridad y la Defensa. En estos títulos deben cursarse los seis módulos de los ocho ofertados; durante un período máximo de dos años académicos. Título de Máster: Paz, Seguridad y Defensa. Para su obtención es necesario haber cursado dos diplomas de Especialista Universitario, culminando con la presentación de un trabajo de investigación. Además de estos cursos modulares que integran el máster, se imparten otros cursos de experto o especialista universitario que atienden a cubrir de forma inmediata las demandas de sectores puntuales sobre los ámbitos trabajados en el Instituto. De estos cursos, destacan por la gran aceptación conseguida los cursos de Experto Universitario en Servicios de Inteligencia, Experto Universitario en Cooperación internacional y ayuda Humanitaria y Experto Universitario en Comunicación de la Defensa; así como el recién estrenado curso de Especialista Universitario en Investigación Criminal. Estos cursos están dirigidos a profesionales que desarrollen su actividad en el campo de las relaciones internacionales, la cooperación y negociación internacional, inteligencia, prensa y comunicación, o deseen en el futuro dedicarse profesionalmente a estas actividades, sea ésta de carácter público o privado y cuyo ámbito de actuación sea nacional, bilateral o en organismos y entidades supranacionales. El formato flexible del programa permite que una persona pueda cursar únicamente aquellos contenidos que necesite para su desarrollo profesional. Toda la formación se realiza en la modalidad de educación a distancia, con tres jornadas presenciales por año académico con los profesores de cada uno de los módulos de los respectivos cursos; están establecidas tutorías a distancia que son atendidas por teléfono, correo electrónico y charla electrónica. La evolución de los conocimientos adquiridos se realiza a través de pruebas presenciales y trabajos facultativos complementarios. El material de trabajo, con la excepción de aquellos que se correspondan con publicaciones existentes, se proporciona al alumno en soporte CD. Además de incluir aquellos textos que los profesores consideran oportunos, se ofrece la facilidad para ampliar sus contenidos con la inclusión de los links que les permita enlazar en cualquier momento con textos publicados o reseñas especializadas sobre los últimos datos de la actualidad sobre los que alumnos deben trabajar. Los canales de comunicación, alumno-profesor son, en función de la interacción, tanto el teléfono como sobre todo el correo y charla electrónicos. Lo que no impide que en el desarrollo del curso y para poder hacer uso del adecuado aparato bibliográfico que se ha de manejar, se usen todas las tecnologías de que dispone la UNED y en particular los medios informáticos que facilitan el acceso a fuentes documentales y centros de documentación de todo el mundo. UN OBJETIVO FACTIBLE: LA MODULARIDAD INTERCENTROS Como se ha explicitado en un principio, el objetivo de este trabajo es exponer el modelo docente impartido por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, comunicando su experiencia en la formación de doctores y especialistas en Seguridad y Defensa. Sin embargo la experiencia adquirida por el Instituto permite ser más ambiciosos y presentar ante la comunidad académica objetivos que diseñan un innovador escenario operativo. Como se ha visto en la exposición de los Programas de Doctorado y Máster, las posibilidades de modularidad del modelo docente, que permite una mayor capacidad de flexibilidad en la conformación de programas, no tiene por qué estar restringida al desarrollo de un programa en un solo centro. El objetivo que debería perseguirse es la conformación de una red docente en Seguridad y Defensa que cumpla el triple objetivo de compartir el conocimiento, dar una enseñanza de máxima calidad y conseguir el reconocimiento oficial internacional de los títulos otorgados. Pueden contemplarse dos alternativas que no tienen por qué ser contrapuestas, sino por el contrario pudieran darse de modo complementario. La primera sería la puesta en común de los programas docentes de los centros interesados en conformar esa red, como paso previo para la participación y colaboración conjunta de dos o más centros en programas propios de cada uno de ellos. Esta posibilidad estaría más cercana al modelo de movilidad del profeso- La segunda alternativa es sustancialmente más ambiciosa, pues supone mucho más que un enriquecimiento de lo ya existente para dar paso a nuevos programas y nuevas ofertas docentes. Desde el Instituto se ha realizado una pormenorizada selección del profesorado para impartir el conjunto de asignaturas y materias que se han considerado fundamentales para nuestros programas, contemplando un escenario fundamentalmente nacional; de igual modo, pero ampliando el ámbito geográfico, puede confeccionarse un programa modular que recoja las demandas curriculares de distintos países, realizándose a continuación una selección de expertos internacionales para que la impartan. Esto permitiría a un conjunto de centros especializados en estudios de Seguridad y Defensa ofertar un programa de estudios al más alto nivel internacional. En esta línea, el Instituto se haya pilotando la constitución de la Comunidad Iberoamericana de Investigación y Docencia en Paz, Seguridad y Defensa (CIAID). La iniciativa se centra en la creación de un espacio común para el intercambio de información, estudios y experiencias; una plataforma para el fomento de la investigación y la docencia a través de proyectos conjuntos; una entidad representativa que posibilite el más directo acceso a programas de ayuda y fondos públicos y privados incentivadores de este tipo de actividades. El proyecto se orienta hacia la reunión de actuaciones de instituciones y centros con programas consolidados de investigación, difusión y fomento de los estudios sobre Seguridad y Defensa. Los centros que están llamados a integrarse en esta comunidad proceden de dos ámbitos muy distintos, pero que de forma natural y afortunadamente con creciente intensidad colaboran directamente: centros universitarios e institutos de investigación y centros de altos estudios militares. Un final que nos retorna al inicio de estas páginas. Superando los niveles de mera cooperación, la integración de hecho de los ámbitos universitarios y los centros académicos militares.
Este número monográfico de la Revista Arbor que el lector tiene en sus manos está dedicado a "La Cultura de la Defensa Nacional en España" y las líneas que siguen figuran dentro de un apartado que se titula "La información sobre la Defensa Nacional en los medios de comunicación". Entiendo que la solicitud recibida se circunscribe a nuestro país y que interesa un análisis referido al tiempo presente, que sólo será inteligible si esclarecemos de dónde trae causa "La información sobre la Defensa Nacional en los medios de comunicación". Por eso, aunque sea al galope tendido, debemos repasar el período político anterior, es decir, al franquismo, que a estos efectos consideraremos iniciado el 1 de abril de 1939 y concluido el 28 de diciembre de 1978 con la aprobación en referéndum de la Constitución. El transcurso de más de cuarenta años en silla de pista me ha permitido observar cómo ha evolucionado la atención informativa prestada por los medios de comunicación a las cuestiones de la Defensa Nacional, por las que siempre hemos mantenido el mayor interés. La fecha del 1 de abril de 1939 es la del último parte de guerra sellado por el Estado Mayor del Cuartel General del Generalísimo, cuya versión manuscrita rezaba así: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. En principio, sorprende que la mención a los derrotados se haga en los términos de "Ejército Rojo", así con mayúsculas en el vocablo Ejército y en el vocablo Rojo, mientras que el vencedor se reserva para si mismo la más humilde denominación de "tropas nacionales" y lo hace empleando la minúscula para la inicial de cada una de esas palabras. También es chocante la construcción gramatical que aparece muy forzada con el uso inadecuado del hipérbaton que invierte la secuencia habitual de sujeto, verbo y predicado. Cuánto más claro hubiera sido escribir con normalidad anteponiendo el sujeto de forma que se hubiera leído que "las tropas nacionales han alcanzado sus últimos objetivos militares". En su lugar se ha preferido una redacción enrevesada que comienza por el verbo -"han alcanzado"-sigue por el sujeto -"las tropas nacionales"-y concluye por el predicado -"los últimos objetivos militares". Además de atender a estas cuestiones ortográficas referentes al uso de mayúsculas y minúsculas y de cuestionar el inexplicable recurso al hipérbaton que hemos señalado más arriba, conviene fijarse enseguida en la expresión de "Ejército Rojo", elegida como denominación específica para el enemigo derrotado. Porque el "Ejército Rojo", más allá de su fuerte connotación alegórica, carecía de una realidad tangible. Si se hubiera querido llamar a las cosas por su nombre en ese último parte de guerra se hubiera adjudicado la derrota al "Ejército de la República" o a sus residuos finales, que operaban bajo la denominación de "Ejército del Centro". La historia deja constancia de que quien se rindió en Breda fue Mauricio de Nassau y no el inexistente Ejército de Lutero y que el vencido en Waterloo fue Napoleón y no los nunca reclutados Ejércitos de Rousseau o de Voltaire y los enciclopedistas. Del mismo modo que la madrugada del 8 de mayo de 1945 en el Cuartel General de Eisenhower fue el Jefe del Estado Mayor alemán general Jodl quien firmó la rendición de la Wermacht, sin mención alguna al "Ejército Nazi", que nunca existió como tal, y así sucesivamente. Pero aquí a la altura del 39 en la ribera del río Arlanzón, los acampados en Burgos, parecían mantenerse "impasible el ademán" adictos el lema joseantoniano de que a los pueblos los mueven los poetas. Otra cosa es que enseguida se comprobara cómo a la poesía quedaba superpuesto el prestigio del terror, invocando las exigencias del guión. En todo caso, el prestigio del terror era un elemento psicológico favorecedor para inocular dosis convenientes de docilidad adicional. Claro que la expresión "Ejército Rojo" puede también ser un intento de presentar la del 1.o de abril como una victoria obtenida sobre el Comunismo Soviético. De este modo el Generalísimo se encumbraba a sí mismo como vencedor de Trotsky y Stalin. En la hipótesis más benévola podría pensarse que el último parte de guerra que aquí venimos comentando era una derivación del antiguo precepto de las Ordenanzas según el cual "la consideración y aun la honra del enemigo vencido son compatibles con la dureza de la guerra y están dentro de la mejor tradición española". En esa línea está también la disposición de que a nadie ha de cegar la victoria; que en ella se extremará la disciplina y que con el enemigo vencido se respetarán los derechos y las leyes y usos de la guerra. Pero como enseguida se vio, de eso nada. Del lema con el que Winston Churchill encabezaba sus memorias de guerra -"En la derrota, altivez; en la guerra, resolución; en la victoria, magnanimidad; en la paz, buena voluntad"-, fue imposible encontrar tampoco rastro alguno a partir de aquella primavera de 1939 y de las siguientes que volvieron sin atender el pronóstico reidor que fijaron las estrofas del "Cara al sol". Ni magnanimidad en la victoria, ni buena voluntad en la paz, que sólo llegaría 39 años después con la Constitución reconciliadora de 1978. Instalado el régimen del 18 de julio, la cultura de la Defensa Nacional en España fue una cultura de acentos bélicos, dispuesta a mantener la lucha permanente de la España verdadera, recuperada en la cruzada contra la Antiespaña. Una Antiespaña integrada por la horda marxista o dicho en otros términos por cuantos pasaban a considerarse insertos en la conspiración judeo-masónico-bolchevique que había estado a punto de hundir el ser histórico del país. La victoria obtenida contra el frente popular daba nacimiento a un nuevo sistema, el del nacional catolicismo, que se proponía sobre el papel llevar a cabo la revolución pendiente, de carácter nacional sindicalista, proclamada por la Falange. Volvíamos a las órdenes militares de la Edad Media y el buen español debía ser mitad monje, mitad soldado. España pasaba a ser el primer país que había derrotado al comunismo internacional y que por méritos propios se situaba en la vanguardia mundial. Íbamos por rutas imperiales caminando hacia Dios. Primaba la idea del enemigo interior al que era necesario purgar de sus culpas en los paredones mientras se mantenían cientos de miles de los vencidos en los campos de concentración y en las prisiones para escarmiento general. Los militares de carrera estaban situados en el primer rango de la escala social y los méritos a computar eran sobre todo los méritos de guerra. España era un país ocupado por sus propios ejércitos, que sumaban más de setecien- tos mil efectivos sin desmovilizar en atención también a las circunstancias internacionales con la Segunda Guerra Mundial a las puertas de casa. Las simpatías del régimen se orientaban hacia el Eje de Alemania e Italia cuya ayuda en armas y hombres había sido decisiva para la victoria de abril de 1939. Pudo ser necesaria ante los aliados la declaración de "no beligerancia' pero las afinidades eran imborrables y el envío de la División Azul al frente de Rusia constituyó una prueba más. La derrota de Alemania e Italia dejaba al régimen de Franco en el desamparo internacional con las Naciones Unidas reclamando la retirada de embajadores de Madrid. Aparecían dos grandes categorías de países, los vencedores y los vencidos para los que se habilitaron también ayudas que les permitieran recuperarse de los desastres de la guerra. La España de Franco quedaba en una especie de limbo singular creado para los enemigos residuales aún pendientes de ser derrotados. Ese limbo era un lugar de privaciones al que nunca llegaron por ejemplo los fondos del Plan Marshall. Pocos años después cundió la escisión entre los aliados que dio paso a la "guerra fría". Para las nuevas alineaciones que esa situación originó la geografía peninsular adquirió un nuevo valor enseguida muy apreciado por el Pentágono. Así llegaron a propiciarse a la altura del año 1953 los acuerdos hispano-norteamericanos sobre las Bases Militares, que dieron oxígeno vital a un sistema político desfalleciente. Porque el franquismo, banderas al viento, invocaba pasadas grandezas mientras la población seguía con cartillas de racionamiento. En España cuestiones como la de los acuerdos de Defensa con Washington, estaban reservadas al general Franco y a su entorno más inmediato de El Pardo. En momento alguno fueron objeto de debate público ni tampoco se sometieron a aquellas Cortes orgánicas, mera caja de resonancia a base procuradores de familia, municipio y sindicatos y de consejeros nacionales del Movimiento de libre designación. Los ciudadanos permanecían encerrados en el corralito de la minoría de edad política, estaban entrenados en el escarmiento y tenían bien aprendido que incurrir en la discrepancia significaba deslizarse por la pendiente de la desafección, un lugar en extremo desapacible, donde se oía el llanto y el crujir de dientes. El servicio militar tenía carácter obligatorio para los varones, de forma que los jóvenes de cualquier extracción social quedaban durante ese período bajo la férula y la disciplina castrense. Eran 12 meses de oportunidad para infundir cultura de la Defensa Nacional en grandes dosis pero apenas dejaban un rastro de "historias de la puta mili" como escribió Antonio Muñoz Molina. Suponían una gravosa interrupción de los estudios o de la primera inserción profesional y tras la instrucción, el destino a las unidades se vivía como el lugar donde no se hacía nada pero más deprisa. Iba amainando la influencia del Frente de Juventudes y los tecnócratas ayudaban a salir de la autarquía hacia la inserción de España en el sistema de las inversiones y el comercio internacional. Entraba el turismo para broncearse al sol de nuestras playas pero traía también costumbres licenciosas, descendía el cumplimiento del precepto dominical, empezaban a reclamarse derechos y libertades públicas, se entronizaba la moda del pacifismo y encabalgada sobre ella la objeción de conciencia al servicio militar. Era una especie de enmienda a la totalidad a los principios del Movimiento que resultaba de muy difícil encaje y empezaba a tener consecuencias penales para sus protagonistas más tenaces, que acababan en las prisiones de las que salían para volver a entrar cuando de nuevo se negaban a incorporarse al servicio obligatorio tras otro llamamiento. En aquellos años, un general, Manuel Díez Alegría, propuso buscar una solución legal al problema y pagó semejante osadía con el ostracismo. El franquismo entendía que los asuntos de la Defensa quedaban reducidos a los altos mandos de las Fuerzas Armadas. Este peculiar entendimiento se reflejó paradójicamente al terminar la guerra en la supresión del ministerio de Defensa, cuyas atribuciones se fraccionaron para pasar en parte al departamento de la Presidencia del Gobierno y dividirse entre los tres ministerios reaparecidos del Ejército, de Marina y del Aire. Era todo un despropósito que multiplicaba estructuras y gastos en momentos de penuria presupuestaria. Pero obedecía al reflejo de abierta desconfianza de Franco en sus colegas de armas. Había recibido de ellos el poder en un aeródromo rural de Salamanca y, sabedor de que sólo los uniformados podían reclamárselo, quiso fomentar la desunión y el enfrentamiento entre sus filas para ahuyentar el peligro de que se le volvieran en contra. En cuanto a la creación del Alto Estado Mayor, con misiones de coordinación de los tres ministerios militares pero sin rango superior al ministerial, se trataba de un imposible ajeno a la más elemental lógica administrativa según la cual sólo se La liturgia del régimen consagraba dos días al año a la exaltación de sus valores: el de la Pascua Militar -festividad fijada el 6 de enero desde su institución por el rey Carlos III cuando la recuperación de Menorca-que Franco celebraba en el Palacio entonces llamado de Oriente, y el del desfile de la Victoria, cuya fecha oscilaba alrededor del 30 de mayo que el santoral dedica a Fernando III el Santo. Dos jornadas de grandilocuencia en los discursos del Salón del Trono y de agasajo en las tribunas del paseo de la Castellana de Madrid, a cambio de otras 363 de silencio ritual, salvo la comparecencia uniformada de las autoridades militares junto a las civiles y religiosas en cuantas ceremonias de otra índole la requiriesen. En los medios de comunicación ésa era también la pauta. Páginas y páginas en los periódicos de esos días, retransmisión en directo de los actos por Radio Nacional a la que conectaban todas las otras emisoras y también por TVE, que tenía unidad de audiencia porque era la única en funcionamiento. Ni matices ni objeciones, todo eran resplandores y cánticos a la excelencia de los nuestros y a sus glorias sin eclipses. En suma, como escribió Julio Cerón, "cuando murió Franco el desconcierto fue grande, no había costumbre". Los militares profesionales se sentían a la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1976 depositarios de las garantías para la continuidad de su régimen a tenor de la promesa que el Generalísimo había hecho años antes en el cerro de Garabitas a sus incondicionales, formulada en términos de que "todo quedará atado y bien atado bajo la guardia fiel de nuestro Ejército". Claro que en aquel testamento, leído con lloriqueos por el presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro la mañana del 20-N, también Franco se dirigía a los militares para decirles "os pido que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis en todo momento el mismo apoyo y colaboración que de vosotros he tenido". El margen para las interpretaciones era suficiente para que cundiera el desasosiego y se hiciera aún más difícil el cambio de lealtades de Franco al Rey Juan Carlos, quien desde el primer momento puso sus deberes con el pueblo español por encima de los juramentos a las llamadas Leyes Fundamentales y a los Principios del Movimiento, proclamados como permanentes e inaltera-bles pero improrrogables más allá de la muerte de quien las había dictado. Tras la dimisión de Carlos Arias Navarro -un desastre sin paliativos-, Adolfo Suárez, llegaba en junio de 1976 a la presidencia del Gobierno elegido por el Rey de entre una terna donde había sido incrustado por Torcuato Fernández Miranda, presidente del Consejo del Reino. Su designación fue saludada como un inmenso error por quienes se maliciaban que los orígenes falangistas de Suárez prejuzgaban que intentaría sostener el improrrogable Movimiento. El organigrama del Gobierno venía a ser el mismo con el mantenimiento de la innovación de Arias Navarro, que se había dotado de una Vicepresidencia primera para Asuntos de Defensa y Seguridad en la que continuaba el teniente general Fernando de Santiago y Díaz de Mendívil. Eso, sin perjuicio de las tres carteras militares de Ejército, Marina y Aire, cuyos titulares seguían en ejercicio. El nuevo presidente hizo oídos sordos a esos presagios y se aplicó a desmontar con esmero y delicadeza -de la ley a la ley, pasando por la ley-la herencia recibida y a buscar la homologación con el entorno político europeo. Por eso planteó la Ley de la Reforma Política, cuya votación suponía el harakiri de la clase política del régimen y abría la posibilidad de convocar las primeras elecciones generales libres. Para que fueran inobjetables se consideraba necesario ese mínimo de igualdad de oportunidades que entrañaba la legalización de los contendientes, a la que se procedió en dos tiempos, primero, los sindicatos y después, los partidos políticos, incluido el Comunista. La legalización de los sindicatos arrastró en septiembre de 1976 la dimisión como vicepresidente primero para Asuntos de la Defensa del teniente general Fernando de Santiago y Díaz de Mendívil, que fue sustituido por el también teniente general Manuel Gutiérrez Mellado. El 9 de abril de 1977, festividad del Sábado Santo, la legalización del Partido Comunista de España fue seguida por la dimisión fulminante del ministro de Marina, almirante Gabriel Pita da Veiga, sin que se encontrara ningún almirante en activo dispuesto a relevarle, de forma que hubo de recurrirse a la reserva para designar a Pascual Pery Junquera. Entre los altos mandos del Ejército cundió la impresión de haber sido traicionados y el Consejo Superior lanzó una nota incandescente de advertencia en el límite de la insubordinación, que dejaba al Gobierno contra las cuerdas. En ese momento los directores MIGUEL ÁNGEL AGUILAR de los diarios de la ciudad de Madrid respondieron con un editorial conjunto, que puso a los militares en su sitio y les recordó que debían permanecer a las órdenes del Gobierno, cuyas competencias para proceder a la legalización del PCE respaldaban plenamente. Eran momentos que ahora codificamos como de idílica transición pero que en realidad registraban fuertes turbulencias. Apenas quedaba espacio para la reflexión política en torno a la Defensa Nacional. Una materia que durante décadas había venido siendo coto cerrado, reservado sólo a los altos mandos militares con acceso vedado a la ciudadanía, que llevaba décadas excluida como menor de edad. Se imponía la terminología del "ruido de sables" y, bajo esos efectos especiales, los partidos recién llegados a la legalidad pasaban a entender que las Fuerzas Armadas más que parte vital de la Defensa eran parte decisiva de la Amenaza Nacional. Una Amenaza inminente que pendía sobre nuestras libertades y derechos entonces en fase inaugural. Así que, en medio de las convulsiones referidas, un sector relevante de los militares profesionales derivó hacia el golpismo, concebido como el camino más corto para asegurar la cuarteada perennidad del régimen que fenecía, y se instalaron en el antagonismo hacia cuantos propugnaban la reforma o la ruptura, vocablos bajo los que se etiquetaba un conglomerado del que formaban parte también los medios de comunicación social. Los militares profesionales se sentían escrutados por una prensa que consideraban hostil. Su reacción era encausar ante los tribunales castrenses a los periodistas incómodos por injurias y calumnias. A la recíproca, los periodistas tenían la propensión de atribuir a todos los militares de carrera una abierta intencionalidad golpista. Los envites que se jugaban en el tapete de los símbolos tenían especial significación. Por ejemplo, el desfile de la Victoria carecía de sentido que continuara con ese nombre cuando íbamos hacia la paz reconciliadora. Porque la Victoria que hasta entonces se conmemoraba no era la de Lepanto contra el Turco, ni la de las Navas de Tolosa contra los almorávides ni la de Bailén contra el invasor Napoleón. La Victoria celebrada, era la de unos españoles que, ayudados por la morisma y los contingentes italianos y alemanes, habían vencido el 1 de abril del 39 bajo el caudillaje de Franco, a otros españoles encuadrados en el ejército popular de la República, que contaron en algunos momentos con el apoyo de las Brigadas Internacionales. Y si la conmemoración era ocasión de orgullo para los primeros, también significaba humillación para los segundos. En estos asuntos de las Fuerzas Armadas y de la Defensa se imponía emprender la construcción de un nuevo orgullo en el que todos los españoles pudieran coincidir, sin que la exaltación de unos compatriotas significara denigración para otros. Por eso, a partir de 1977 el desfile hubo de cambiar su denominación y pasar a apellidarse "de las Fuerzas Armadas". Parecería una cuestión sencilla, de mero nominalismo intrascendente, pero fue un ejercicio muy complicado para evitar que se encendieran esas susceptibilidades que en el ámbito simbólico suelen llevar una carga explosiva adosada. La invocación de la objeción de conciencia por parte de quienes la ley denominaba "mozos", o sea de los jóvenes reclutables, se difundía cada vez más en las postrimerías del franquismo. Los Ayuntamientos desobedecían las normas de reclutamiento y se situaban al borde de la insumisión. Por eso, tuvo plena lógica que en la Constitución de 1978 se encomendara el reconocimiento de la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio a una ley específica que habría de aprobarse. Una ley que establecía también la alternativa de otro servicio, el de la prestación social sustitutoria, para quienes se declararan objetores. Enseguida, el nuevo sistema empezaba a hacer aguas. Crecía de manera desmesurada la bolsa de objetores pendientes de destino, surgía la objeción a la prestación social sustitutoria y el incumplimiento de las tareas legales encomendadas a los ayuntamientos para el alistamiento, en una u otra de las modalidades del servicio, tomaba caracteres cada vez más graves en especial en determinadas áreas del País Vasco. Adolfo Suárez creaba el ministerio de Defensa en julio de 1977 y se lo encomendaba al vicepresidente primero, teniente general Manuel Gutiérrez Mellado. Al mismo tiempo se suprimían los ministerios del Ejército, Marina y Aire, siempre encomendados a tenientes generales y almirantes en activo. En el nuevo departamento cundía la idea de que en algún momento la cartera podría pasar a manos de un civil y los altos oficiales adoptaron como medida preven- tiva una interesante distinción entre "la cadena de mando militar" y "la rama político-administrativa". El "mando" quedaba reservado a los militares de carrera y los políticos cuando llegaran quedarían confinados en la "rama". Gutiérrez Mellado buscaba promover el interés de los medios de comunicación por los asuntos de la Defensa, más allá de la retahíla de incidentes que se sucedían. En esos días fui llamado por el ministro a su despacho y de esa reunión salió la convocatoria de una serie de cursos que se desarrollaron en el CESEDEN para instruir en estas materias a los periodistas que designaran los medios. El objetivo era formar expertos que pudieran valorar las noticias de esta área y darles un seguimiento profesional. De modo que, por ejemplo, las nuevas dotaciones de material para cada uno de los ejércitos fueran evaluadas con criterio y la opinión se hiciera una composición de lugar sobre lo que representaban para la operatividad de las fuerzas que respaldaban el ejercicio de la soberanía nacional y daban fortaleza a la política exterior. En adelante, en las redacciones habría alguien interesado en hacer espacio a esos asuntos y con capacidad técnica y criterio para juzgar sobre su relevancia. El primer civil nombrado para Defensa fue Agustín Rodríguez Sahagún, que anduvo trashumante por los Cuarteles Generales, como invitado por los respectivos Jefes de Estado Mayor. Esa fue también la situación de Alberto Oliart, que asumió esa cartera tras el 23-F en el gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo. Recordemos que bajo su presidencia se sustanció el proceso a los implicados en el 23-F, cuya vista en el Instituto Geográfico del Ejército proporcionó momentos de alta tensión que se reflejaron en los medios de comunicación con singular fuerza cada vez que los periodistas pasaron a ser considerados indeseables por los encausados. La falta de gallardía que mostraron, su pretensión de excusarse unos en otros, sin que ninguno diera un paso al frente, como hiciera el general Sanjurjo para asumir en exclusiva la plena responsabilidad ante el tribunal que le juzgaba por la intentona del 10 de agosto de 1932, causó una impresión penosa en la opinión pública. Los enconos se activaron hasta niveles como aquellos del Cucut, que antagonizaron a militares y periodistas. A falta de información sobre la Defensa Nacional todo se reducía a noticias sobre incidentes al hilo de estas rela-ciones tormentosas. El ministro Oliart intentaba interesar a los medios a propósito de los nuevos aviones de caza que habían de sustituir a los viejos Sabre del Ejército del Aire y convocaba sesiones para presentar un estudio comparado sobre las ventajas e inconvenientes de los dos modelos que habían quedado en la lista corta: el F-16 de la General Dynamics y el F-18 de la Loched, ambos de procedencia norteamericana, pero nunca supimos por qué ningún fabricante europeo había sido seleccionado. Escaldado por el 23-F, Calvo Sotelo decidió en un Consejo de Ministros celebrado el 20 de agosto de 1981 solicitar el ingreso de España en la OTAN conforme había anticipado en su programa de investidura. Hubiera sido un asunto de gran relevancia para debatir pero se prefirió poner a las demás fuerzas políticas ante los hechos consumados, con la consecuencia de la ruptura del consenso en un momento en que los socialistas presentían su próximo triunfo electoral y querían demostrar que todo podía hacerse con ellos pero que sin ellos todo se haría imposible. La decisión fue respaldada por el Congreso de los Diputados pero las consecuencias vinieron después. Hubo que esperar al primer Gobierno de Felipe González para que su ministro de Defensa, Narcís Serra, fuera dotado de una sede propia en el edificio que había sido hasta entonces Ministerio de Cultura y antes de Información y Turismo. La victoria socialista por mayoría absoluta supuso una prueba de resistencia y proporcionó algunas imágenes imborrables. Los militares habían sido educados en el franquismo más ortodoxo para ser la vanguardia en la lucha contra la mencionada conspiración internacional que sitiaba al régimen, de la que por supuesto consideraban parte al PSOE. Pero allí estaban en formación todos los mandos para saludarle después de que en el patio de armas del Cuartel General del Ejército se le rindieran por las tropas los honores de ordenanza. Las cuestiones de la Defensa Nacional seguían sin recibir tratamiento informativo alguno. En cuanto a las fuerzas democráticas que habían vertebrado la oposición a la dictadura venían de aplicarse en exclusiva a la reivindicación de los derechos humanos y de las libertades cívicas y estaban ayunas de reflexión y pensamiento sobre los asuntos de la política internacional y de la Defensa. Siguiendo anteriores inercias las resoluciones de los primeros congresos de los partidos que accedían a la legalidad proclamaban la solidaridad con las justas casas de los pueblos oprimidos MIGUEL ÁNGEL AGUILAR y se inclinaban por la adhesión al movimiento de los no alineados con el que anduvimos flirteando. La incorporación a la Alianza Atlántica que había sido una exigencia subyacente en las negociaciones de adhesión a la Comunidad Económica Europea, era vista como una manera de uncirnos a la militarización del pensamiento político, por decirlo con palabras de Fernando Morán, que sería ministro de Asuntos Exteriores tras la victoria electoral socialista de 1982. Y los acuerdos de Defensa con Estados Unidos sobre las bases militares se consideraban un lastre a nuestra soberanía porque además, mientras en otros países europeos los norteamericanos habían sido los liberadores del yugo nazi-fascista, en España su llegada tuvo el efecto de apoyar al régimen franquista en dificultades y darle la circulación internacional de la que carecía. Todo convergía así para distorsionar las simpatías y antipatías internacionales de los españoles en abierto contraste con las detectadas en los sondeos de los países de nuestro entorno. La democracia naciente venía extremando sus consideraciones para desactivar los recelos. Recibía unas Fuerzas Armadas ideologizadas, en estado de penuria en cuanto a sus dotaciones y entrenamiento y con una macrocefalia que multiplicaba sus costes y su ineficiencia. Los militares de carrera habían de compensar la escasez de sus emolumentos con el recurso al pluriempleo y los altos mandos recibían en premio diferentes gabelas en el Instituto Nacional de Industria y demás áreas públicas cuando llegaban a la aventurada edad de la reserva. Se mejoró la atención presupuestaria en todos los capítulos y se trazaron programas plurianuales para racionalizar las modernizaciones necesarias en el Ejército de Tierra, en la Armada y en el Ejército del Aire. Las nuevas dotaciones de material respondían a necesidades detectadas pero también a la hipnosis imparable que despiertan las nuevas tecnologías. La operabilidad de todo el material y de los sistemas de armas a bordo de los vehículos de Tierra, de los buques y de las aeronaves necesitaban servidores con mayores períodos de adiestramiento pero los períodos del servicio militar obligatorio se iban acortando de modo que todo el esfuerzo gastado en preparar a los reclutas se perdía por su rápido licenciamiento. De ahí, y por contagio acelerado al suprimirse la conscripción en los Estados Unidos una vez terminada la guerra de Vietnam, la nueva preferencia entre oficiales, jefes y generales por unas Fuerzas Armadas basadas en la voluntariedad de los profesionales. La nueva escuela de pensamiento hacía abstracción de los efectos colaterales de la recluta profesional, con graves repercusiones en el ámbito de la "Cultura de la Defensa", y sólo hacía hincapié en las ventajas de unos contingentes que se mantendrían en filas al menos durante cuatro años. El presidente Suárez se mostraba refractario a la Alianza Atlántica y soñaba en el papel que España podría desempeñar fuera de ese esquema. Pero la intentona del 23-F de 1981 confirmó al nuevo presidente Leopoldo Calvo Sotelo la idoneidad de sumarse a la OTAN. Lo hizo un poco por sorpresa y sin obtener el consenso del PSOE que se sentía crecido en vísperas de alcanzar el Gobierno. Por ahí, con una buena dosis de despecho, avanzó la campaña del "OTAN, de entrada no", que tanto éxito reportó a los socialistas para tener que desactivarla después, cuando se instalaron en la Moncloa, a partir de 28 de octubre de 1982. La Alianza, que pasaba a ser piedra de toque de nuestro alineamiento internacional y de nuestra política de Defensa, traía un arrastre polémico que se prorrogaría cuatro años más hasta el referendum sobre la permanencia de nuestro país, que se celebró en febrero de 1986. Los medios de comunicación respiraban entonces un progresismo más bien primitivo y acompañaban a buen paso los recelos muy poco atlantistas de Suárez. La rápida maniobra de Calvo Sotelo para el ingreso en la OTAN tuvo poco ambiente mediático y luego, en contraste, hubo mucha coincidencia, próxima al entusiasmo por el vértigo, para exigir la convocatoria del referéndum prometido. Aquí cabe situar otro vértice relevante porque, feliz con su embestida, el líder de la entonces Alianza Popular, Manuel Fraga, encaminó a su partido hacia la abstención, sin dejarse influenciar por sus socios internacionales que nunca le perdonaron ese comportamiento y lo excluyeron de sus círculos políticos. Felipe González hubo de desandar el camino de aquellos lemas tan efectistas para la victoria del 82. Imbuido de sus responsabilidades abogó por la permanencia en la Alianza, eso sí, con una retahíla de condiciones sobre la desnuclearización del territorio y la reducción de la presencia militar norteamericana. Los nuevos acuerdos Hispano-norteamericanos, que negoció el gobierno de Felipe González convirtieron las ba- ses militares navales y aéreas en únicamente españolas y acuñaron los términos de Instalaciones de Apoyo (IDAS), que se facilitaban a las Fuerzas de los Estados Unidos, y de Autorizaciones de Uso (ADUS), que debían solicitar en cada caso. Ya había cambiado la canción y además la otra parte contratante se empleó a fondo moviendo sus peones españoles, que tenía contratados desde hacía tiempo como mercenarios. La vileza de las campañas emprendidas contra el negociador español, el embajador Máximo Cajal, para debilitar su posición merece pasar a las antologías de la infamia. La redacción final de los acuerdos supuso el levantamiento de las hipotecas que pesaban sobre nuestra soberanía nacional desde 1956 y el final de nuestra minoría de edad en el ámbito internacional. Bajo los gobiernos socialistas España fue tomando crecientes compromisos en misiones de desarme, de mantenimiento de la paz o de interposición. Primero en algunos países de América Central y luego en los Balcanes, en unos casos bajo bandera de Naciones Unidas y en otros, de la Alianza Atlántica. Así empezábamos a asumir las cargas que nos correspondían conforme a nuestra posición en la tabla e interiorizábamos la idea de una Defensa Nacional avanzada, a distancia, preventiva. En 1996 la victoria a los puntos del Partido Popular situaba a José María Aznar en la presidencia del Gobierno. Ningún partido de los que contendían en esa convocatoria con ambiciones de poder a escala nacional había incorporado a su programa electoral la supresión del servicio militar obligatorio pero bastó una sugerencia de Convergencia i Unió para que se hiciera la luz y la eliminación del servicio militar se incluyera en el programa para la investidura parlamentaria de Aznar. Así que, primero, fue la improvisación sobrevenida y, enseguida, la precipitación. Porque sin planificación alguna el sistema que iba a abandonarse se derrumbó de modo súbito sin atender ningún plazo. Nadie quería ser el último pringado con la mili. La idea de una dosificación progresiva de militares profesionales para relevar los contingentes en disminución procedentes del servicio obligatorio se hizo impracticable. Se abrieron las convocatorias para tropa y marinería profesional tanto a varones como a mujeres pero resultaron poco atractivas en un momento de disminución del paro. Enseguida, fue necesario rebajar las exigencias de formación, cociente intelectual y condiciones físicas y al mismo tiempo abrir la posibilidad a candidatos de otras nacionalidades. El artículo 30 de la Constitución dice que "los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España" pero la supresión del servicio militar se hizo sin reemplazar esa obligación por ninguna otra. Haciendo de la necesidad virtud el Ministro de Defensa, Eduardo Serra, descubría el papel de ariete para la inclusión social de los inmigrantes que podían desempeñar las Fuerzas Armadas. Pero semejante propósito suponía atribuir a nuestros ejércitos misiones excéntricas, como en otro momento anterior pudo ser la alfabetización o la formación profesional. Además, la invocación de ese papel produce en todos nosotros ruido de cristalería cerebral porque desconcierta que el "ardor guerrero" de la primera estrofa del Himno de Infantería sea el que vayan a sentir henchidos de patriotismo español precisamente los extranjeros. Sucede que la deriva hacia las Fuerzas Armadas profesionales se ha producido en medio de una coyuntura económica expansiva cuando el paro sigue descendiendo. De manera que la oferta de plazas en las filas de los ejércitos sólo atrae a los que están en la base de la pirámide ocupacional expuestos a las mayores vulnerabilidades y necesitados de encontrar alguna vía contundente para obtener la nacionalidad que todo lo soluciona o al menos, como premio, los papeles que les permitan su contratación legal. Frente a estas observaciones enseguida aparecen algunos funcionalistas para traernos ejemplos de acoplamiento de los extranjeros en las fuerzas armadas de distintos países y mencionan a los Gurkas con larga tradición en el Reino Unido o a los Regulares que tanto rendimiento le dieron a Franco en la guerra civil dispuestos como buenos mahometanos a defender la civilización cristiana según reconocía en sus versos el conde de Foxá. El caso es que, cuando por primera vez, las Fuerzas Armadas se encontraban cumpliendo misiones en países exóticos donde alcanzaban como aquí un magnífico reconocimiento social, se hacían notar graves dificultades para alcanzar los efectivos deseados en número y en calidad. Ni el incremento de las pagas y de las primas de enganche, ni las mejoras en los alojamientos, ni la reforma del régimen de vida de las unidades fue suficiente para paliar el déficit de reclutamiento. Podrá decirse que la vida muelle a la que muchos se apuntan contradice los requerimientos del oficio castrense pero ahí está la disponibilidad de tantos jóvenes que se enrolan en las más difíciles situaciones MIGUEL ÁNGEL AGUILAR sin atender para nada a sus intereses personales cuando consideran que está en juego una causa que vale la pena. De manera que se impone un análisis más severo de la desmotivación para el oficio de las armas en la versión de nuestros días. Una versión que viene gozando por lo general en nuestro país de muy buena prensa. El último ministro que esbozó un programa para impulsar la Cultura de Defensa creo recordar que fue Eduardo Serra, pero todas sus propuestas fueron protestadas al presentarse en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados. Todos sus planes escolares se consideraron poco menos que intoxicadores y excitaron la indignación de los nacionalistas. Tampoco prosperó la idea de baremar el servicio prestado en filas como mérito en concursos para la función pública o en cuerpos como los de las policías autonómicas o municipales, o en los de auxiliares de los ministerios o de las Comunidades Autónomas. En los casi treinta años transcurridos desde la entrada en vigor de nuestra Constitución los cambios en el ámbito de la Defensa Nacional han tenido extraordinaria relevancia conforme se ha ido reflejando las páginas precedentes. Para empezar las expresiones Defensa o Defensa Nacional eran todavía excéntricas al discurso político en el inicio del período democrático. Se prefería hablar de uno de sus instrumentos, el militar. La referencia básica era el Ejército en el que se subsumía tanto la Armada como el Ejército del Aire. Es el recurso a la sinécdoque, una de las variantes de la metonimia, que consiste en tomar la parte por el todo. Algo así como lo que sucede cuando se menciona a la prensa para designar al conjunto de los medios de comunicación, donde se incluye también la radio y la televisión. El Ejército tenía sobre la Armada y la Aviación una abrumadora superioridad numérica pero se encontraba en grave inferioridad comparativa respecto a su modernización conceptual, de dotaciones, de adiestramiento y de relaciones operativas con sus homólogos de otros países. Recordemos que veníamos de la Ley Orgánica del Estado de 1966, a tenor de la cual las Fuerzas Armadas estaban constituidas por los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire y Fuerzas de Orden Público. Obsérvese en contraste la opción adoptada en el artículo 8.o de la Constitución de 1978, según el cual las Fuerzas Armadas están constituidas en exclusiva por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire. Es una definición restringida que, como explica el profesor Manuel Ballbé, en su libro Orden público y militarismo en la España constitucional, estaba cargada de consecuencias. Significaba una ruptura porque hasta ese momento -en medio de tantas discontinuidades del régimen jurídico político español como se suceden a partir de la Constitución de Cádiz de 1812 de la sucesión de monarquías, destronamientos, revoluciones, restauraciones, dictablandas y dictaduras-podía identificarse un elemento invariable: el de la entrega a los mandos militares del control del orden público, es decir, de las libertades públicas. Así se explica, por ejemplo, que el 18 de julio fueran los generales, al frente de las distintas divisiones -nueva denominación de las antiguas Capitanías adoptada por la Segunda República-, quienes proclamaran el estado de guerra en el territorio de su jurisdicción, invocando las atribuciones legales que tenían conferidas. Además en el franquismo victorioso de la posguerra civil se encomendaba a los tribunales militares la represión de las actividades subversivas, en las que se inscribían todas las disidencias del régimen. También se entregaba a la jurisdicción castrense a cualquier manifestante que se enfrentara a los agentes de las Fuerzas de Orden Público, conforme a la lógica derivada de la condición militar de los mismos y habida cuenta del carácter prevalente del fuero castrense cuando entraba en conflicto con el ordinario. Balvé subraya que es en la Constitución de 1978 donde por primera vez se desmilitariza el orden público y por tanto la administración de las libertades públicas queda liberada del control de los uniformados. Estas rápidas pinceladas pueden dar idea de la fricción permanente que veníamos arrastrando entre los partidos y sindicatos de la oposición democrática y las instituciones militares y también de los recelos que, en consecuencia, se fueron instalando en las percepciones públicas. En resumen, durante décadas la Defensa Nacional estaba fuera del discurso político. Prevalecía el reduccionismo de limitar las referencias al Ejército y a los militares, la mayoría de las veces a propósito del protagonismo que habían desempeñado como represores de cuantas actividades desafiaban al régimen franquista. Sólo después de la Constitución hubo una redefinición de los papeles asignados a las fuerzas armadas y empezaron a manejarse los conceptos más elementales en materia de Defensa. Con mucha lentitud estas realidades fueron permeando hacia los medios de comunicación social. Pero hasta fechas muy recientes la carencia de centros de estudio y pensamiento sobre asuntos Internacionales y de Defensa y la falta de interés en las Universidades ha dificultado la creación de una dinámica de debate y de una ideación de alternativas a contrastar. Recordemos, por ejemplo, las polémicas surgidas en torno a la necesidad de dotarnos de campos como el de Cabañeros, declarado parque natural por el presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, ignorante de que culminaría su vida política como ministro de Defensa. Debe reconocerse que la situación ha ido evolucionando sin grandes aceleraciones pero de modo progresivamente favorable. Así al Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), incardinado en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), se le han ido sumando el INCIPE, el CERI, el CIDOB, el Instituto Manuel Gutiérrez Mellado de Paz Y Seguridad, la fundación FRIDE o el Real Instituto Elcano. En cuanto al plano de la activación de los medios de comunicación y de sus profesionales, es obligado mencionar una iniciativa casi solitaria de la Asociación de Periodistas Europeos con sus Seminarios sobre la Defensa en Europa, iniciados en Toledo en 1982 que el año 2007 alcanzó su XIX edición. Expertos políticos, diplomáticos, militares, universitarios y periodistas procedentes de los países de la UE y de otros de la Alianza Atlántica, en especial de los Estados Unidos, debaten allí las cuestiones de Defensa más relevantes en cada momento. También han surgido publicaciones especializadas como Política Exterior, Dossier Vanguardia o la edición en castellano de Foreing Policy. Los asuntos de la Defensa Nacional gozaron del consenso para llevar a cabo las reformas legales desarrolladas por iniciativa de los diversos gobiernos de UCD, del PSOE y del PP hasta el 2004. Los titulares de la cartera de Defensa -Agustín Rodríguez Sahagún, Alberto Oliart, Narcís Serra, Julián García Vargas, Gustavo Suárez Pertierra, Eduardo Serra y Federico Trillo-cultivaron los encuentros con los portavoces de Defensa de los grupos parlamentarios para anticiparles iniciativas, evitarles sorpresas y atemperar reacciones. En sus relaciones con la Comisión de Defensa del Congreso por lo general practicaron un sistema peculiar que alternaba la sequía de la incomparecencia prolongada con la inundación de sesiones de ocho o diez horas seguidas, que abrumaban a los diputados y les dejaban sin capacidad de absorber el alud de información aportada en forma de voluminosos dossiers que los ujieres depositaban en los escaños mientras el ministro seguía en el uso de la palabra. El consenso fue también norma para la participación de contingentes de las Fuerzas Armadas en las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMPs) a partir de la de 1988 en Angola (UNAVEM I) hasta que el presidente José María Aznar optó por el unilateralismo. Pensó que podría sustituir al Reino Unido como aliado privilegiado de los Estados Unidos en Europa y sacar a España del rincón de la historia. El procedimiento fue poner los pies sobre la mesa en una reunión del G-8 y hacer de figurante en la reunión de las Azores donde se dio el ultimátum previo a la guerra de Iraq. Otra cosa es que después de salir en la foto junto al presidente norteamericano George W. Bush y el premier británico Tony Blair, la contribución de España al acontecimiento bélico fuera el envío de un barco hospital con instrucciones de demorarse lo suficiente para llegar al puerto iraquí de destino una vez que hubiera concluido la invasión. En todo caso, Aznar batalló en el Consejo de Seguridad, del que España formaba entonces parte como miembro no permanente, en pro de una resolución que autorizara la invasión de Iraq dando por buenas las armas de destrucción masiva que nunca existieron. Su actitud rompió todos los consensos y suscitó las mayores protestas populares que se recuerdan y la oposición generalizada de los medios de comunicación. El daño resultante de esta división enconada de los españoles en la calle y en los escaños del parlamento a propósito de los asuntos de política internacional y de Defensa ha venido a instalarse desde entonces como una penosa constante que disminuye el peso de nuestro país en la escena mundial. Al pasar a la oposición tras la derrota del 14 de marzo de 2004 el PP ensayó la ruptura de todos los consensos también en el plano de la Defensa pese a los intentos en sentido contrario primero del ministro José Bono y después de José Antonio Alonso que tomó su relevo. Todavía con Aznar, el incidente del deshabitado islote de Perejil vecino a Ceuta, donde acamparon unos gendarmes marroquíes desalojados enseguida mediante una operación militar -"al alba y con fuerte viento de levante"-, que quiso presentarse como una reedición de Iwo Jima, marcó un momento de alta tensión patriótica explotada con descaro por la prensa que más amarillea. Para su desactivación la ministra de Exteriores Ana Palacio requirió los servicios arbitrales del secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, con el que quedamos en deuda. En cuanto al presidente José Luis Rodríguez Zapatero fue notable su estreno con la orden de retirada inmediata de las fuerzas españolas enviadas a las misiones de reconstrucción y ayuda humanitaria a Iraq, que indignó más a la oposición del PP que a Washington. La ley de las compensaciones aconsejó después que España se sumara a las operaciones de Afganistán bajo mando OTAN con el envío de un con-tingente militar. Una decisión que el PP trató de presentar como incoherente con la salida de Iraq. En los medios de comunicación social todas estas vicisitudes se reflejaron sobre todo en términos del peculiar ping-pong entre el PP y el PSOE, de declaraciones y contradeclaraciones, sin brindar apenas espacio al análisis de las razones subyacentes a las decisiones adoptadas que hubieran podido aportar esclarecimientos. Como reza el título de este trabajo: desconcierto y falta de costumbre.
Se hicieron necesarios muchos años de búsqueda para reconstruir la inmensa obra literaria y erudita creada por Carmen de Burgos. Su posterior estudio minucioso demostró la enorme importancia de la autora dentro de la literatura española del primer tercio del siglo XX 1. La anomalía de que su figura hubiera sido silenciada durante décadas solo puede justificarse dentro de la gran anomalía cultural sufrida por España tras la Guerra Civil. Carmen de Burgos participó plenamente en las brillantes generaciones literarias que pugnaron por la modernización de España y que protagonizaron la llegada de la Segunda República. Una época que hemos convenido en llamar nuestra Edad de Plata. A pesar de la larga labor de recuperación, no ha sido fácil devolver a la luz la gran figura de Carmen de Burgos. Al silencio le sucedió el ruido, y al olvido le sucedieron imágenes parciales, anecdóticas, a veces caricaturescas, que han distorsionado el verdadero valor de la autora, el papel fundamental que representó en el pensamiento y en la literatura de su tiempo, y por tanto, en nuestra historia. Su obra sigue siendo juzgada de modo muy parcial, sin atender a su gran extensión, su variedad y la extraordinaria evolución que siguió, desde el marcado compromiso regeneracionista inicial hasta las más novedosas búsquedas formales. Sin incluir en este breve espacio la inmensa labor periodística y las obras de erudición, podemos delimitar la obra narrativa creada por Carmen de Burgos, señalando sólo algunos límites imprecisos 2. Se compone de una decena de novelas largas y casi un centenar de novelas cortas, a las que hay que añadir varias decenas de cuentos. Como es fácil ver, fue en la novela corta, de límites muy abiertos, en la que desplegó una asombrosa labor. RESUMEN: Carmen de Burgos (Almería, 1867-Madrid, 1932) participó con su obra literaria y erudita en las corrientes fundamentales de la literatura española a lo largo del primer tercio del siglo XX. La dimensión y variedad de su obra parece inabarcable: más de un centenar de novelas cortas y largas, estudios literarios, libros de viajes, biografías, traducciones, estudios sociales. Primera mujer redactora de un periódico, publicó miles de artículos en las principales publicaciones españolas y también extranjeras. Siempre la guió un anhelo de modernidad y de justicia social. En cuanto a su trayectoria literaria, Carmen de Burgos sostuvo siempre dos caminos complementarios, que mantuvo a través de distintas tendencias e influencias, y que ordenan su extensa producción: su compromiso con la sociedad y un permanente anhelo de plenitud que la empuja a explorar el mundo, en busca de un paraíso inalcanzable. Los viajes ocuparon por ello gran parte de su vida y de sus obras. Vitalismo y racionalismo definen su vida y su literatura. PALABRAS CLAVE: Carmen de Burgos (Colombine). Narrativa: Novela, Novela Corta, Cuento. un tiempo que viene a coincidir con la trayectoria literaria de Carmen de Burgos. En aquellas colecciones, su firma fue una de las más solicitadas, y algunas de sus novelas alcanzaron tiradas de decenas de miles de ejemplares 3. Tal éxito editorial contribuyó a su inmensa popularidad. La vasta producción se reparte en tres etapas creativas. De 1900 a 1915 escribió una treintena de cuentos, una docena de novelas cortas y una novela larga. Se mezclan en el periodo resonancias posrománticas, intentos naturalistas, notas del decadentismo modernista y compromiso regeneracionista; es un tiempo de búsquedas. El periodo de máxima fertilidad y plenitud creativa se extiende de 1915 a 1925, con más de sesenta novelas cortas y casi la totalidad de las largas, en las que vierte la autora su mirada crítica e intelectual, su honda reflexión, su inquieta exploración del mundo y muy frecuentes experimentos formales. De 1925 a 1932 ( fecha de su muerte) produjo una novela larga y unos quince relatos cortos, a veces situados en los ambientes exóticos que descubrió durante sus viajes a América en aquellos años. Combina en algunos argumentos elementos tomados de su obra anterior, que parecen ahora velados por el desencanto. Al comienzo de la trayectoria se sitúa la mayoría de los relatos clasificados como cuentos. Los primeros son mínimos esbozos narrativos de sabor arcaico, contenidos en Ensayos literarios (1900). Se aprecia cierta evolución con Alucinación (1905), pero la primera madurez narrativa se alcanza con Cuentos de "Colombine" (1908), donde la autora combina eclécticamente diferentes temas y estéticas, y donde consigue sus mayores logros expresivos en el lenguaje de la reflexión, el de la sátira y el de un sensual goce vital. En sentido distinto, muchas novelas reflejan los ambientes mundanos y cosmopolitas que visitó Carmen de Burgos en sus constantes viajes por Europa, donde conoció una sociedad culta, brillante, liberal y permisiva, que ella presentaba como contrapunto de la atmósfera cerrada y dogmática en que se asfixiaba España: un refrescante viento, especialmente salutífero para las mujeres. Por último, casi la totalidad de los argumentos se sitúan en un tiempo contemporáneo, pero la autora creó de modo excepcional unos relatos de ambientación histórica, en los que evoca tiempos desaparecidos o vierte sobre ellos su crítica. Como en un círculo, hemos de regresar a los espacios. Por una parte, el paraíso perdido de Rodalquilar, que alcanza la dimensión de espacio mítico; en otra dirección, el paraíso anhelado en la multitud de espacios recorridos. En todos ellos, Carmen de Burgos busca un espacio inmenso, intuido como espacio de la plenitud. Se multiplica en testimonios su ansia de ubicuidad: recorrer todos los caminos, viajar en todos los barcos, habitar todas las casas que encuentra al pasar; al partir de los sitios, desear volver; querer vivirlo todo. También por naturaleza, ese espacio de plenitud anhelado es inalcanzable. Al final, los dos espacios se unen con un sentido existencial: el paraíso perdido y la ubicuidad inalcanzable son un único espacio, el de la imposible plenitud. Acercándonos a este universo narrativo, de dos modos es preciso abordar el examen de los personajes creados por Carmen: por su función temática, o su significado, y por la manera como son construidos. Para ambas tareas se necesita poner orden en el tumulto de criaturas que pueblan tan gran número de relatos. A primera vista, la mayoría de ellos están protagonizados por personajes femeninos, no siempre positivos, diversificados en numerosos modelos de mujer desde cuya perspectiva se enfoca normalmente el conflicto. El fenómeno es sumamente importante, porque nos encontramos ante una narrativa que mantiene como objetivo central a la mujer y que, además, está construida desde la propia visión del mundo y de sí misma que tiene una mujer. Se enmarca el fenómeno dentro de una corriente mucho más amplia, que Andrés Amorós señaló como ingrediente fundamental para la configuración de la novela del siglo XX, la elevación social de la mujer en términos de igualdad, que ha traído consigo su libre incorporación a las tareas literarias: En nuestro siglo, una gran cantidad de mujeres han sido novelistas profesionales. [...] Y es precisamente aportación suya a la literatura la finísima sensibilidad para los matices y los detalles mínimos pero entrañables; la percepción de mundos interiores (ilusión, desengaño...) detrás de los hechos cotidianos más triviales 4. Dentro de ese amplio proceso, la obra de Carmen de Burgos juega en España un papel decisivo, por la extensión, la comprensión y el libre criterio con que es abarcado el mundo femenino. Con acierto lo supo ver Carmen Bravo Villasante: Lo más interesante [...] son las mujeres creadas por ella, y que echaba de menos la Pardo Bazán en la novela española del XIX, donde todas las mujeres estaban cortadas por el mismo patrón, frente a la enorme variedad de mujeres de la novela francesa. En las novelas y en los cuentos de Carmen de Burgos [...] aparecen mujeres muy diversas, la mujer cosmopolita, caprichosa, elegante, mujeres inmorales y perversas [...] niñas caprichosas y neuróticas [...] mujeres sinceras y apasionadas de un solo amor, que matan por celos, mujeres amantes e independientes, cínicas algunas, otras libres y decididas, pero nunca sacrificadas 5. Según se desprende del conjunto de la obra analizada, entre las heroínas creadas por Carmen, unas constituyen modelos de mujer rechazados e incluso despreciados por ella (Las ensaladillas, La herencia de la bruja, La pensión ideal), otras son modelos no deseados pero vistos solidariamente por su situación de víctimas (La rampa, El abogado, Las tricanas), pero, en su mayoría, encontramos los modelos de mujer propuestos y soñados por la autora, los que, desde luego, ella misma era o luchaba por ser. En este punto es preciso recordar la frecuencia con que, total o parcialmente, coinciden las peripecias, las vivencias y los conflictos de las heroínas con los de la biografía de Carmen, es decir, las constantes referencias autobiográficas; incluso descubrimos en muchas protagonistas distintos "alter ego" de la autora. El universo femenino es dominante en su obra, pero no excluyente; en paralelo, convive siempre con el del hombre, que además protagoniza al menos una decena de novelas cortas (casi la décima parte de ellas) y tres de las largas (El retorno, El tío de todos y Los espirituados). La misma diversidad presentan estos personajes masculinos, algunos de ellos héroes inolvidables, como el liberal romántico de Don Manolito, o los transgresores don Antonio y Santiago (El último contrabandista), o el viejo enamorado don Felipe (El anhelo). Muchos son, en paralelo con las heroínas, modelos de hombre racional, moderno y solidario, que se sitúan junto a ellas como compañeros para construir nuevas formas de relación entre el hombre y la mujer (son numerosísimas las novelas desarrolladas casi exclusivamente por una pareja). En el polo negativo aparecen sobre todo los tipos masculinos que convierten a la mujer en víctima, con su desamor o su insolidaridad; muy pocos de ellos son reducidos a caricaturas de perversidad (El hombre negro, El extranjero, El artículo 438); la negatividad de algunos otros es cauce para la sátira de un grupo social al que representan, o del entramado social mismo, como el Andrés Pérez de Vida y milagros del pícaro Andresillo Pérez. El autobiografismo repercute también en los héroes de las novelas, en los que con frecuencia se descubren rasgos de los hombres que rodearon la vida de Carmen. De una forma general es Ramón quien en diversa medida está detrás de numerosos personajes. Por otro lado, son él y la autora, recreando parciales aspectos de su propia relación, que se suman a otros asuntos, los que parecen componer esos relatos en que una pareja vive su peripecia sentimental. En varios casos, esa pareja parte de una unión desigual, por origen (Se quedó sin ella), estado civil (Sorpresas), estado físico (El novenario), anhelo artístico (La indecisa), ansia vital (La miniatura), ideales (El fin de la guerra) y, desde luego, por edad, que sólo es mayor en muy pocas protagonistas y cuando éstas no son identificables con la autora (La herencia de la bruja, Confidencias). El dúo suele aparecer por ello enfrentado al cerco social, así como suele viajar constantemente uniendo su conflicto al descubrimiento de un espacio. Otra constante es el papel que los celos desbordantes juegan en esos conflictos, rasgo que, según diversas alusiones biográficas, procedería de Ramón. Varios relatos contienen un personaje colectivo de diversa proporción y valor: en algunos casos, conviven con los protagonistas (los artistas bohemios de El veneno del arte); en otros, se convierten en protagonistas corales, aunque sobresalga alguno de entre ellos (los "puertasolinos" de Los negociantes de la Puerta del Sol, o los homosexuales de Ellas y ellos o ellos y ellas); pero importa más ese protagonista colectivo construido sobre poderosas individualidades, a las que nos acercamos sucesivamente en primerísimo plano y que configuran un universo humano pleno y distinto, sobre todo en El último contrabandista. Todavía tienen cabida en la narrativa de Carmen unos protagonistas no humanos. Aunque fuertemente humanizados, una pareja de animales ocupa el centro argumental en Los amores de Faustino (monos del parque zoológico lisboeta). Y, ya en el extremo, el mar es el protagonista de El suicida asesinado, novela a la que será preciso aludir de nuevo en razón de su compleja originalidad. Desde otro punto de vista, la mayoría de las novelas tienen un protagonista urbano, como corresponde a los ambientes predominantes, pero también aparecen desplazados a otros escenarios naturales (Luna de miel, La Flor de la Playa, El novenario). En su vivir ciudadano, esos personajes representan los modos de vida y la problemática de las clases medias, verdaderas destinatarias de la obra de Carmen y grupo social al que ella misma pertenecía por su posición económica; muchos de ellos, hay que añadir, son depositarios además del mundo intelectual y artístico, así como encarnan las búsquedas y anhelos vitales de la autora. Dentro del predominio urbano, escasísimos son los personajes provincianos (El anhelo, La malcasada). Más escasos aún son los personajes rurales (La ciudad encantada, La justicia del mar), si dejamos aparte los que pueblan los relatos del gran ciclo de Rodalquilar. Estos constituyen, verdaderamente, el otro gran grupo de personajes dentro del conjunto de la obra, que trascienden por completo su circunstancia rural por las complejas referencias culturales y los significados de que son portadores, y que construyen un universo humano cerrado y mítico. Si atendemos a su localización temporal, los personajes de Carmen responden mayoritariamente a modelos humanos contemporáneos de ella. Sólo en los escasos relatos de ambientación histórica los protagonistas responden a modelos más antiguos, en su mayoría del siglo XIX. Sería preciso incluir en un grupo especial a los personajes que, siendo contemporáneos, aparecen insertos en un hecho histórico de su tiempo; así todos los que protagonizan las "novelas antibelicistas" en torno a la Guerra del Rif (En la guerra) y a la Primera Guerra Mundial (El desconocido, Pasiones, El permisionario, etc.). En sus cuentos primeros, estudiados al margen de las consideradas novelas cortas, aún se pueden encontrar leyendas situadas en la Edad Media en las que se agitan damas y caballeros de la cultura árabe y de la cristiana, de figura más o menos convencional. Formando de nuevo el segundo grupo más importante se sitúan los personajes del ciclo de Rodalquilar, los que, a pesar de responder a posibles modelos reales, por su aludido valor mítico se configuran como modelos atemporales. Sobre esta ordenación general del tumulto de criaturas, es necesario descubrir ahora la amplitud de modelos literarios que abarcan, como fruto del diverso tratamiento que reciben. Un gran número de personajes creados por Carmen (de un modo parcial, casi todos ellos) son fruto de la observación de la realidad; si tenemos en cuenta la importancia de lo autobiográfico, esa realidad la incluye a ella misma y a los seres de su entorno personal. A estas figuras observadas, con sus dosis de costumbrismo y de cotidianeidad, añade la autora en muy diversas proporciones todo tipo de subrayados e interpretaciones de valor literario, elevando a sus criaturas sobre ese nivel de la realidad o situándolas por debajo. En definitiva, la propia posición y las ideas alterando siempre lo observado; en palabras de la autora: Siempre he procurado que mi novela fuese naturalista, aunque lleve escondida, como un alma indispensable, como un motor invisible, la poesía. Realismo en las descripciones, en el estilo, y un ideal como finalidad 6. Esa poesía aparece a veces bastante poco escondida y sí muy superado el naturalismo; la cita ilustra muy bien que para Carmen de Burgos, incluso en teoría, el realismo literario no era suficiente. La idealización afecta de diferentes formas a un extenso número de personajes. Especial tratamiento reciben los que pueblan el ciclo de Rodalquilar: encarnan valores primarios, pero eternos y universales; enfrentan su destino con fidelidad a la naturaleza y a sus pasiones, elevándose a la categoría de héroes (así, Víctor y Dolores, en Los inadaptados); casi todos ellos se convierten en transgresores (como Pura y José, en Puñal de claveles), lo que suele arrastrarlos a un destino trágico (como a Santiago y don Antonio, en El último contrabandista, o a Perillo Freniche, en Églogas); se emparentan así con los desgarrados personajes lorquianos; como ellos, se debaten empujados de modo fatal a su destino. De dimensión más moral que heroica es la idealización ennoblecedora con que son tratados otros héroes, como el militar liberal de Don Manolito, o la solidaria enfermera de Pasiones, o la misionera de Teotihuacán, que busca la paz espiritual, o la protagonista de El fin de la guerra, fiel a su ideal político. Especial valor tiene Dolores, heroína de La malcasada, modelo de inadaptada que se enfrenta a una ciudad entera, un universo establecido, partiendo de su íntima soledad y de su ansia de un vivir auténtico; las calidades humanas del personaje y el sentido vital de su conflicto lo emparentan con la Ana Ozores de Clarín. La degradación de otro gran grupo de personajes presenta también numerosos matices. Utiliza la autora la ironía satírica cuando intenta moralizar contra defectos y vicios de grupos sociales (El veneno del arte, Ellas y ellos o ellos y ellas), pero si esos grupos se fundan sobre la corrupción o la injusticia los presenta como caricaturas grotescas (los clérigos de El honor de la familia, Los usureros). La degradación llega a ser esperpéntica cuando Carmen se enfrenta a las formas de crueldad humana (El hombre negro) o a sus miserias más sórdidas (Frasca, la tonta o Venganza: curiosamente, un retrato en negativo del mundo mítico de Rodalquilar). En un grupo aparte convendría situar a los personajes utilizados por Carmen de modo emblemático o representativo. Primeramente se encuentran los que ella propone como modelos humanos de comportamiento, sobre todo femeninos (La prueba, La miniatura); otros son portadores de una idea (El novenario, Quiero vivir mi vida, El tío de todos); muchos son representantes de un grupo («Villa María», La pensión ideal, Una bomba). Aquí se incluirían también los personajes tras los que se oculta en clave alguna figura real; los primeros serían, naturalmente, Carmen y Ramón, cuya clave parece muy nítida en La Flor de la Playa, en La indecisa, etc.; junto a ellos, se descubre a Antonio de Hoyos (El veneno del arte), a Pedro Luis de Gálvez (Vida y milagros del pícaro Andresillo Pérez), a Blasco Ibáñez (La incomprensible, en el volumen Cuentos de "Colombine"), a Barriobero y Herrán (El abogado). Aún queda un apartado muy importante de personajes, que se pueden definir como existenciales. Unos son buscadores incansables de una lejana plenitud vital (El perseguidor, Puñal de claveles, La misionera de Teotihuacán), otros aparecen escindidos, sin posible solución, ante alternativas vitales (Dos amores, La indecisa). Podría decirse, en realidad, que la mayoría de los héroes sufren algún tipo de desazón o de inadaptación en su relación con el mundo o consigo mismos; incluso cuando su conflicto alcanza una significación social lo suele haber impulsado un anhelo íntimo de vida plena; pero no es fácil que escapen de la insatisfacción como experiencia definitiva. La manera de construir sus personajes Carmen de Burgos sigue, como es lógico, una gran evolución. Tanto en la novela larga como en la corta alcanzó pronto la perfecta caracterización del personaje, según el modelo tradicional o balzaciano del retrato físico, psíquico y moral, que se mantiene coherentemente a lo largo del relato: es descrito, sus actos son narrados y él mismo se expresa a través de los diálogos. Pero en su evolución, la autora alcanzó fórmulas nuevas, muy modernas y en algunos casos sorprendentemente anticipadoras. En El perseguidor desplegó la peripecia existencial de una protagonista que se desplaza permanentemente en el espacio; su conciencia es la única perspectiva del relato y todo el universo de la novela; en cambio, no se expresa directamente sino en raras y breves frases porque es el narrador el encargado absoluto de transmitir el proceso de esa conciencia a la que ha invadido. Simultáneamente, el personaje es la única presencia en el relato y al mismo tiempo carece de ella. En Confidencias, la protagonista se sitúa también como única perspectiva de la acción, pero esta vez convertida además en narrador en primera persona; aparentemente, ello debería conducir a un relato en que dominase la subjetividad, pero, como previene Amorós: "No olvidemos que una narración en primera persona también puede ser implacablemente objetiva, constatando sólo lo que un tercero podría saber. Así El extranjero, de Camus, o Cosecha roja, de Hammett" 7. Con esa objetividad se expresa la protagonista-narradora para contar su peripecia amorosa y adúltera. El efecto es sorprendente, porque al distanciarse de sus propias vivencias se subraya el carácter cínico y amoral del personaje, que contempla sin implicarse las emociones que suscita y que objetiva las suyas propias. Se une a ello la fragmentación estructural del relato que pasa a serlo del propio personaje, convertido en una sucesión de vivencias, emociones y sensaciones, breves y discontinuas. Semejante tratamiento recibe la innominada protagonista de El novenario, que a diferencia de la anterior no se presenta como testigo de sí misma sino del mundo circundante; por ello, la fragmentación estructural afecta a ese mundo, que aparece atomizado frente a la unidad del punto de vista del personaje-narrador. En La mujer fría asistimos en primer plano sucesivo al debate interior de dos personajes antes de su encuentro; durante éste, gravita en nosotros la doble perspectiva, por lo que el conflicto entre ambos ensancha su significación. En El hastío del amor, Carmen conjuga personajes de ficción con otros históricos a los que sitúa en diferentes planos, creando con ello un juego de literatura dentro de la literatura. En nota a pie de página, nos anuncia la inclusión en la novela de las cartas de amor escritas por la monja portuguesa Mariana Alcoforado; en ese plano Mariana es un personaje estrictamente histórico. En las cartas pasa a ser personaje literario creado por ella misma para expresar su yo, y en el relato en que las cartas se insertan se convierte en personaje de ficción recreado por Carmen para reconstruir sus desdichados amores. El personaje sufre así un extraño mestizaje al participar de la realidad y de la ficción, así como de la autodefinición y de la invención que de él hace otro autor. Para evitar la prolijidad excesiva, conviene pasar ya al ejemplo más sorprendente y llamativo que en el tratamiento de un personaje nos ofrece la autora. En El suicida asesinado crea lo que podríamos llamar "personaje oculto" o "personaje ausente" o "disolución del personaje". De él sabemos escuetamente que se llamaba Francisco Mendoza, de familia hidalga, que se recluía en hoteles junto al mar, para escribir, y que ha aparecido ahogado en el mar. El misterio se descubre por medio del diario del personaje, que ocupa más de la mitad del relato; pero, es lo novedoso, en ese diario no alude en absoluto a sí mismo, en realidad, no aparece ni siquiera su conciencia; ha quedado reducido a una mirada que recoge numerosas instantáneas del mar en una sucesión de cuadros pictóricos. Lo que nos queda de él, muy indirectamente, es un vago estado de ánimo, de suficiente significación para resolver la intriga. Parece evidente que Carmen participa muy tempranamente con esta novela en los experimentos vanguardistas ensayados en la narrativa española durante los años veinte. Pero, más concretamente, parece anticiparse en treinta años a esa famosa école du regard que había de ser el Nouveau roman. Sobre todo se sitúa muy cerca de ciertas propuestas de Nathalie Sarraute en torno a la necesidad de despersonalizar a los héroes para convertirlos en soportes de estados psicológicos; en estos nos podríamos reconocer fácilmente por su amplio y hondo valor humano 8. La autora deposita incluso en su personaje algo muy parecido a los famosos "tropismos" de la escritora francesa, esos movimientos psicológicos fugaces y apenas perceptibles, pero de gran significado; así, mientras contempla el juego de los niños con las olas, aflora un momento el sentir del personaje y nos descubre la clave del misterio: "no la huyen con miedo, sino con deseos de dejarse coger, de enredarse en la red de encajes, de envolverse en el velo centelleante [...]. Unirse y consumirse en esa belleza suprema" 9. De un modo general, si aplicamos a los personajes creados por Carmen la famosa distinción ideada por E. M. Forster entre flat characters y round characters 10, nos responderá enseguida la amplitud humana que hemos hallado hasta aquí en ellos. Antes, conviene establecer alguna precisión. Recordemos que la autora se movió sobre todo en los terrenos de la novela corta, lo que inicialmente supone un límite para la extensión en cualquier aspecto de la técnica narrativa empleada; tal condición, sin excluir otras, parece estar en la base de algo que es categoría en sus relatos: nacen de una operación muy selectiva sobre la realidad. La necesidad de seleccionar la explica la propia autora: Cada novela es un episodio completo, y detrás de él queda la vida entera, con sus interminables prolongaciones, imposibles de encerrar. Por eso hay que resignarse a que en la novela pasen pocas cosas para que se vean mejor. Todo ello afecta muy principalmente a los personajes, que en el caso de los secundarios los convierte en eficaces esbozos con mínimos trazos. Lo frecuente es que Carmen construya parcelas de ellos, pero densísimas ("para que se vean mejor"); no los dibuja exhaustivamente sino que nos da sólo lo más relevante de ellos con relación a un tema, ahondándolo. Y esos fragmentos de personaje resultan vivos y auténticos. Algo parecido descubre Ricardo Gullón en las figuras novelescas creadas por Galdós: no necesitaba tomar del personaje sino lo esencial. Ya digo que aislar al personaje, y dentro de él acotar, para iluminarla, una parcela del ser, es una falacia, pero adecuada a los fines del novelista 12. Volviendo a la distinción de Forster, en el universo de personajes creados por la autora, algunos pueden ser definidos como "planos" (flat), construidos en torno a una idea; pueblan sobre todo los relatos satíricos o aquellos en los que se defiende una tesis. No hay que olvidar que la sencillez de estos modelos "no excluye la profundidad humana". Pero, como corresponde a tan rico mundo narrativo, abundan los complejos personajes de la novela contemporánea, inacabados, impredecibles, dudosos; son buscadores que exploran el mundo y su propia conciencia, con frecuencia inútilmente. No podía ser de otro modo; son complejos (round) como reflejo de la complejidad vital de su creadora, que depositó en ellos las calidades de su propia experiencia. Con los límites abiertos siempre, en esos personajes se combinan la calidad vital, la calidad intelectual y la calidad moral de la vida de Carmen de Burgos. En la obra de Carmen de Burgos se descubre siempre una atenta mirada sobre el mundo, que contiene al mismo tiempo una manera de ver; es decir, la autora adopta siempre alguna posición respecto al mundo observado. Así, con las miradas se multiplican también los lenguajes para expresarlas, que podemos recorrer en una panorámica. Si seguimos ordenadamente las distintas etapas que alcanzó el estilo de la autora en su larga evolución, descubriremos una constante apertura hacia nuevas posibilidades expresivas y un proceso paralelo de acumulación de todas ellas. Lo único que va quedando en el camino son las vacilaciones y los balbuceos iniciales, así como la imitación de algún modelo estético ya caducado. Cuentos de "Colombine" (1908) significó la primera madurez para el lenguaje de la autora y dio entrada a un amplio abanico de tendencias expresivas. Entre tal eclecticismo, los mayores logros los alcanza en los lenguajes de la reflexión, de la sátira y del exaltado vitalismo; sin duda, estos responden a su pensamiento más auténtico. Para construir el marco de algunas narraciones utiliza la autora un lenguaje descriptivo objetivo, que se apoya en la observación de la realidad, pero que supera el mero realismo y el pintoresquismo costumbrista, porque lo acompaña siempre un afán de selección de elementos, y tras la observación se esconde a menudo otra intención. Una variante novedosa es el lenguaje documental, cercano al estilo periodístico, que se da en el extenso relato En la sima para presentar a modo de digresión el mundo de las minas. Muchos caracteres expresivos los desarrolló la autora plenamente desde esta etapa. Su tendencia primera es la de crear un sólido marco real para la narración; según su propia afirmación: "Yo amo la realidad, y creo que es la base de la variedad literaria que llamamos novela y que es la epopeya de nuestro tiempo" (Prólogo citado). Pero sobre ese interés se superponen el inquieto temperamento y la lucidez de la autora que la empujan a desbordar los límites del realismo aparente: "¿Tendencias? Yo soy «naturalista romántica», variable como mis «yoes»" 13. En esa matización, "romántica", caben todos los modos de la subjetividad y muy diversas concepciones a las que Carmen fue dando entrada en su obra: "Me gusta todo lo bello y la libertad de hacerlo sin afiliarme a escuelas" (Ibid.). Una variedad nacida de la libertad, que además se multiplica y prolifera en la extensa obra, combinándose con frecuencia en un relato varios lenguajes. En su exploración de la realidad, la autora fracasa cuando se vale de recursos convencionales o de estereotipos de belleza, aunque ya son muy residuales en sus primeras novelas cortas. Muy pronto se consolidó un lenguaje alejado de todo exceso, marcado por la sobriedad y la precisión, y en el que las imágenes tienen un valor más iluminador que embellecedor; el modelo se ajusta a la manera como Carmen observa la realidad, seleccionándola y eligiendo de ella los elementos y los momentos vivos, los de mayor significación. Así construye la impresión de una desbordante masa humana en Siempre en tierra: Eran verdaderas olas humanas que avanzaban rugiendo y retrocedían lentamente, rechazadas por los muros de contención con el flujo y reflujo de las aguas, o más bien con las ondulaciones de esos campos de trigo rizados por el viento [...]. Los automóviles permanecían clavados como rocas, sin poder maniobrar entre la multitud 14. Y así brilla la sobriedad, la desnudez descriptiva, y la sabiduría para captar el fondo del paisaje: El cielo es aquí siempre gris, como un espejo empañado [...]. El campo está cultivado, pero no hay huertas, sino praderas y bancales de maíz. Los árboles son frondosos, altos chopos o árboles de sombra, de espesa hojarasca 15. Con ello vienen a fundirse frecuentemente emociones y sensaciones, instantáneas captadas por una mirada subjetiva: Subía del mar el olor a algas, que tiene algo de sandía madura, olor frutal y comestible [...]. Agudizaba también su perfume el campo; como si la tierra se abriese semejante a un fermento [...]. Olor a tierra, requemado y picante... ¡Olor de las plantas marítimas, olor de los pinares y de los manzanos! 16. Palpitante sentir y hondo vitalismo para la percepción de la realidad. De otro modo, se interpreta una imagen a través de sentimientos y asociaciones cultas: Al margen de aquellos estanques había sauces, con la punta de sus ramas largas, caídas, martirizadas en la infinita sed [...]. ¿Qué Dios desaparecido del Olimpo gemirá en el «sauce llorón», como la ninfa Eco convertida en laurel, soportando a través de los siglos este suplicio de Tántalo 17. Y también, visión analítica ante una imagen, ordenándola del modo que un pintor dividiría los planos de un cuadro: Bañaba la luz los primeros términos, los objetos cercanos; podía apreciarse en ellos el color, y velábase a lo lejos de un modo gradual, para ceñir con un cinturón de sombra el valle, coronado por la aureola del cielo limpio, donde se dibujaba la desigualdad de la montaña 18. Mayor interés estilístico encierra algún ejemplo de composición impresionista, en el que se funden imperceptiblemente sucesivos planos de una realidad para crear una secuencia puramente visual. Se intenta reproducir una percepción subjetiva, pero seleccionando esa realidad mediante una operación intelectual; la eficacia del procedimiento se apoya en la utilización rigurosa del estilo nominal; así ve la autora el alejamiento de un barco: reconocer una voz; después, un rumor reproducido a intervalos e interrumpido por el cansancio. Las siluetas empequeñeciéndose, borrosas, esfumadas; y, por último, la masa confusa en que se pierde todo 19. En la búsqueda que emprendió a través de la realidad, la autora multiplicó los modos de mirarla, aguzada la conciencia. En paralelo con ese afán vitalista, de buscadora, sostuvo siempre una voluntad racionalista y un compromiso ético, que salpicaron sus textos con juicios y reflexiones puestos en boca del narrador o de algún personaje; y también originaron a veces la totalidad del relato. Tal actitud crítica se expresa por medio de una diversidad de lenguajes y tonos. En ocasiones se manifiesta sólo cierta velada ironía, como en este episodio que esconde un anticlericalismo distanciado y amablemente burlón: miraban asombradas aquellos movimientos del sacerdote, con el misal de un lado para otro, y aquel arrodillarse, volverse, rezar y echar bendiciones. Hubo un momento solemne que emocionó a todos cuando, al alzar la hostia, repicó la campanilla, se dieron golpes en el pecho las señoras y los carabineros presentaron armas 20. Con frecuencia, la autora utiliza un contundente lenguaje satírico, que algunas veces persigue un fin racionalizador; así describe el mundo de la bohemia artística madrileña: Críticos espontáneos juzgaban a todos los grandes maestros con el argumento tan español, porque sí; sin conocer principios de Filosofía, de Crítica o de Historia. Hasta algunos, haciendo gala de su ignorancia, afirmaban que no era necesario haber abierto una gramática ni un diccionario para ser buen literato 21. Otras veces la sátira se realiza simbólicamente a partir de una descripción; en El anhelo, la imagen de un personaje se convierte en arquetipo de la España negra e intolerante: Santita se había acartonado. Iba vestida con hábito del Carmen, liso, luciendo sobre el flácido seno el escudo de plata [...] Los bandos de sus cabellos lucientes, partidos con raya en medio, pegados alrededor del rostro, le daban aspecto monacal 22. Una constante a lo largo de toda la obra de Carmen es la aparición de un lenguaje regeneracionista, que tiende a expresar los males de España mediante frases sintéticas y sentenciosas; en ellas se funden siempre la conciencia dolorosa, la ironía y la denuncia. Cómo recuerdan a los "ratones" y los "mochuelos" de Baroja, o a los "becerriles" y "los chorizos" de Pérez de Ayala 23, estos políticos que define la autora en La malcasada: "Los políticos se dividían en tres clases: caciques, parásitos y matones" 24. En muchos casos se trata de juicios sobre el carácter español, como su tendencia a cifrar el futuro en el azar: "con el ingenio que se pierde en España en esas cosas, empleado en algo útil, llegaríamos a ser un gran pueblo" 25. O como la manera de expresarse la religiosidad: "Lo malo de aquí es el fanatismo, y de ese no está libre ninguna región de España" 26. Otras veces la crítica afecta a las instituciones del país: "La justicia, en España, ofrece el fenómeno de asustar hasta a los que buscan su amparo" 27. Dado el compromiso de la autora con la causa de la mujer, no están ausentes las críticas sobre su situación social: "Imperaba allí la costumbre, no sólo regional, sino española, de hablar mal de las mujeres" 28. Incluso la belleza del paisaje conduce a veces a esas expresiones sintéticas en que domina la conciencia comprometida y el juicio urgente: "¡Ah! Si esto perteneciera a una compañía extranjera, qué partido se podría sacar" 29. Por su parte, los pobladores del paisaje suelen merecer una mirada más crítica: "La gente del pueblo los miraba con una socarra y una sorna malignas. Se veía que era gente envidiosa, hostil por temperamento, poco amable" 30. O también: "Aquella gramática parda de los rústicos, socarrones, solapados, preñada de malicia y de astucia" 31. Tal visión del "paisanaje" coincide con la que P. Laín Entralgo ha descubierto y estudiado en todos los autores de la Generación del 98: "para los escritores del 98, el habitante de los campos ibéricos es, ante todo, un perturbador del paisaje". Más adelante añade: "Lo mismo que en la obra literaria de Unamuno, en la de Azorín, y en la de Machado y Baroja, el hombre introduce una vibración agria y desacordada en los paisajes valleinclanescos" 32. Se evidencia así un nuevo punto de contacto entre nuestra autora y el regeneracionismo noventayochista. Por último, hay que recordar un duro juicio sobre España, tras cuya contundencia y brevedad se esconde una visión dolorida; al mencionar, en un ambiente cosmopolita parisino, las noticias que sobre España trae el periódico, un personaje pregunta: "-¿Algo de toros y cupletistas?" 33. Resulta inevitable asociar esta desolada expresión sobre España con la que nos da Pérez de Ayala un año después: juzga que el país sólo ha ofrecido a Europa "troteras y danzaderas" 34. Junto a ironías, sátiras y denuncias, Carmen incluyó en sus narraciones otras formas de lenguaje comprometido; entre ellas, el alegato: "la guerra, fiera monstruosa, voraz, insaciable, siempre con las fauces abiertas, se lo tragaba todo. Se necesitaban hombres..., hombres..., más hombres; la victoria había de alzarse sobre un montón de cadáveres" 35. En algún caso, el alegato alcanza extremos máximos de exaltación y radicalismo, y también, de grandeza: "Los dioses han muerto... ya no hay rayos que aniquilen al malo... Yo necesito descubrir el fulminante que destruya a toda la humanidad... Mientras exista el recuerdo de su historia de crímenes, no habrá justicia" 36. Tal vez, sólo haya una expresión comparable a ésta, por su desesperada dureza, en toda la literatura española: la que, muchos años después, hará Valle-Inclán que pronuncie Max Estrella en la escena sexta de Luces de Bohemia: "¿dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España?". Otras veces, la autora busca argumentar una tesis: "es absurdo que sea delito amarse y darse libremente [...] No se puede consentir que las personas sean «propiedad» unas de otras por toda la vida". [...] las gentes que han legislado contra la Naturaleza, han creado intereses que la libertad ataca, y todo lo que estás diciendo asusta a los hipócritas, como la cosa más inmoral del mundo. ¡Qué felices deben ser las naciones donde existe el divorcio!" 37. Como último modelo de lenguaje comprometido con la realidad, se descubren aún en los relatos de Carmen diversas reflexiones históricas, de gran lucidez; así sabe ver las transformaciones generadas por la Primera Guerra Mundial, en el mismo año de su final: Es un mundo nuevo el que nace después de la guerra. Son otras necesidades las que se dejan sentir, y ellas han de engendrar otras costumbres y hasta otra moral, otro arte y otros sentimientos. La guerra marcó el fin de una edad histórica 38. Junto a los dos lenguajes fundamentales consolidados en su obra, el de la exploración del mundo y el del compromiso crítico, Carmen desarrolló en paralelo un lenguaje especial, que se alimenta en gran medida de los dos anteriores, pero que alcanza rasgos propios. Aparece de modo exclusivo en un grupo de novelas y refuerza la independencia de éstas respecto al resto de la obra. Se trata del ya citado ciclo de Rodalquilar, del que hemos destacado los principales valores y significados; ahora veremos las peculiares formas en que son expresados. Como todas las otras novelas, las del ciclo se construyen sobre un lenguaje básico descriptivo-objetivo, pero éste presenta ya la primera gran novedad: todo él aparece recorrido por un léxico ligado al orden natural, a la tierra, rico y preciso, que se convierte en elemento esencial para la construcción del universo de Rodalquilar. Por otro lado, da lugar a un extenso muestrario de palabras recuperadas; labor por la cual la autora se vincula de nuevo a las líneas maestras de la Generación del 98. La pureza de ese léxico ensancha la verdad del mundo descrito; encontramos en los textos: "balates", "riciales", "jaramagos", "aliagas", "almiares", "palmizones", "trojes", "atochas", "torviscos"... Aún se enriquece con una bellísima toponimia, que responde siempre a la verdad geográfica. Sobre esta base sólida, se superponen diversas formas de lenguaje subjetivo, impregnado de sensaciones y emociones: "Aproximábase la hora del crepúsculo; un ambiente dulce, tibio, melancólico, envolvía al campo. La tierra, abrasada con el beso del verano, mostraba orgullosa las gavillas de trigo maduro amontonadas en las hazas" 39. Incluso momentos de desnudez clásica: "Llamó al perro y se internó entre las malezas del monte, como si huyera de la proximidad de los hombres" 40. Sobre todos estos modelos, brota un lenguaje especial, adensado de lirismo, que recorre todos los relatos del ciclo. Es ese lenguaje suspendido, expresión de pasiones primarias, telúricas, que deja el efecto de un temblor íntimo, que alude y sugiere pero no dice, que expresa algo escondido con desnuda sencillez. Un lenguaje con un espíritu lorquiano "avant la lettre" aunque difiera en la belleza de las imágenes. Con una sobriedad expresiva que lo acerca más a La casa de Bernarda Alba que a Bodas de sangre, lo que Carmen de Burgos comparte con Lorca en algunos momentos es un lenguaje que contiene semejante percepción del mundo y semejante latido interno. Recordemos algunos ejemplos de El último contrabandista y de Puñal de claveles: La una es como una madre, una hermana; duele no verla, le hace falta a uno. La otra es como el aire... Se tiene por ella otro celo, otra cosa.... -...en amor no hables de derecho. Se quiere a una mujer porque se la quiere. -Se quedó desmayado y entre la última noción de la vida creyó escuchar un ruido de muchas voces. -Hay cosas que cualquiera las teme..., que no se puede con ellas. Conviene recordar ahora qué novedades y descubrimientos incorporó la autora a las líneas maestras de su estilo; las que hasta aquí han quedado delimitadas. Así, podemos hallar todavía nuevas formas de lirismo, como el lenguaje impresionista con que se describen sucesivas instantáneas del mar (El suicida asesinado), manejando el léxico como un pintor su paleta. El experimento recuerda los realizados por Monet en sus series de cuadros sobre el mismo tema; pero va más allá y trata de implicar a todos los sentidos en una representación sinestésica: En este crepúsculo frío, incoloro, crepúsculo de silencio, de luto, se exalta el perfume del mar hasta producir la embriaguez [...]. Es olor a sandía recién partida, olor a mariscos, olor a yodo... Olor indefinible de unas rocas que no hemos visto, de unos jazmines que no conocemos. El olor de un jardín submarino y fantástico 41. De los momentos más deslumbrantes de la prosa de Carmen es la dramática despedida de una masa de gente en la estación, descrita cinematográficamente por planos muy breves y veloces, casi superpuestos, y expresada mediante frases nominales y gerundios simultáneos: El silbido piadoso de la locomotora cortando la intensidad del dolor. La gente apretándose contra el tren en una oleada, como queriendo detenerlo, los más enloquecidos corriendo en pos de él para prolongar la vista de los amados. Un anhelo de la última mirada... Una Marsellesa bañada en lágrimas poblando el aire... otro silbido que la cubre y la extingue y un tren allá a lo lejos... dejando detrás de él la huella de un dolor desesperado 42. En el texto, la realidad queda reducida a mínimas partes, y se suspenden el tiempo y la acción para superponer instantes que deberían ser sucesivos. El procedimiento consigue una expresión del dolor más intensa, porque las conciencias aparecen anonadadas, percibiendo sólo la distancia del tren. Aunque logre captar una instantánea, el texto parece acercarse más al Cubismo que al Impresionismo, precisamente por ese modo de superponer los fragmentos de realidad. Hemos entrado ya por la senda del lenguaje vanguardista, que brota por la obra de Carmen desde mediados de la segunda década del siglo. A veces se manifiesta mediante asociaciones insólitas e inversiones de la percepción real; así es expresado el malestar físico tras un largo viaje en automóvil: "Sentía cómo el automóvil clavaba la dureza de sus codos en las caderas" 43. Otras veces se despliegan variados juegos perspectivistas para la observación de la realidad, como el cambio panorámico de un paisaje según el punto de vista: Cavado en la montaña misma, el camino ofrecía por un lado la perspectiva de los árboles mirados de abajo a arriba, perdidos en la altura, y, por otro, parecía que caminaban sobre las copas de los que subían desde lo profundo de la ladera 44. Otras veces, el juego se carga de significados. En las complicadas perspectivas que combinan los espejos cree ver un personaje la ocasión de haber sido burlado. La realidad se abre como un abismo, pues tras su apariencia se esconden posibilidades insospechadas a las que sólo se accede por un laberinto de puntos de vista: "Nunca hubiera él pensado que se retratase allí el ángulo del café que él no veía desde su sitio" 45. Por el vanguardismo nos acercamos al humor. La autora defiende por medio de un personaje la función demoledora y subversiva de la risa: "El cañón moderno es la caricatura y el humorismo, la metralla" 46. Rasgos de humor introduce con diferente estilo; a veces, ironiza mediante una reiteración anafórica. Otras veces da lugar a descripciones prolongadas y reiterativas, que juegan con el exceso pero que logran romper el límite de lo aparente y renuevan la realidad: Aquel hombre era todo perfil; parecía que había seguido viviendo después de haber sido laminado por una apisonadora. Todo él era la «hoja» de un hombre, como una hoja de guadaña. No podía mirar de frente por estar hecho de refilón, porque era todo él filo, y andaba de perfil, de filo 47. En ocasiones, se exploran las posibles variantes de un elemento mínimo del relato, dando lugar a una digresión, divertida por lo aparentemente innecesaria, pero también descubridora de realidades habitualmente olvidadas. Recordemos la caracterización de un colectivo de personajes por el retrato individual de sus respectivas manos: todas aquellas manecitas que se le tendían. La manecita regordeta, llena de hoyuelos, de Herminia; la mano vieja de la señora Abreu [...]; la mano larga y delgada de Josefina, que temblaba siempre al tocarla [...]; la mano exageradamente pintada, de uñas duras, miniadas [...]; la mano inocente, blanda, sin expresión 48. Si todos estos juegos parecen ser de influencia ramoniana, mucho más lo son las abundantes greguerías esparcidas por las novelas de Carmen 49: -una escopeta abandonada parece que apunta a todos los que la miran (La Flor de la Playa). -La palmera es entre los vegetales lo que el estilo gótico a la arquitectura (El retorno). -Las manos con guantes eran rostros con antifaz. -preguntaba si las moscas eran los «pájaros de la casa», como los otros eran los pájaros de los jardines (Confidencias). Sobre todas ellas, destaca una greguería que se asocia a otro factor importantísimo de la narrativa de Carmen: los elementos recurrentes. Abundan sobre todo, según vimos, en el ciclo de novelas de Rodalquilar, pero están en toda la obra, estableciendo lazos internos entre unos y otros relatos. Uno de los elementos que cobra más relieve entre ellos es la asociación de las olas con el encaje, que aparece ya por primera vez en Los inadaptados: "Al retirarse la ola quedaban por un momento en seco las naranjas entre el espumoso encaje, adornando la playa con prendido de reina". Por el momento, la imagen establece una simple comparación. Años después, un personaje, "alter ego" de Ramón, elogia esta imagen en la novela de Carmen La Flor de la Playa: "Está bien hecha la comparación de las olas con el encaje". Al poco tiempo, la autora compone con la imagen una incipiente greguería: "La playa está toda vestida de encaje blanco, vestida de novia. Las playas son las novias del mar" (El suicida asesinado). Y en una de sus últimas novelas, en Quiero vivir mi vida, compone ya una greguería plena; no llega a la imagen, sino que parte de ella: "Las playas son las novias del mar y por eso las viste de encaje". Este hermoso ejemplo ha servido para ver la evolución orgánica que sigue la materia narrativa en la obra de Carmen, así como el entramado que componen unos y otros caracteres. No se trata de acumular ejemplos, sino de mostrar esa vitalidad interna del narrar y esa fidelidad de la obra con ella misma, adaptando y renovando incesantemente las ideas, las concepciones y los recursos. Respecto a la influencia ramoniana que las greguerías revelan, esconde muy poco secreto. No podía ser menos, si recordamos que la obra de ambos autores se gestó a los dos lados de una misma mesa. Conviene aquí recordar las interinfluencias que entre Carmen y Ramón señaló Cansinos Asséns en el panegírico dedicado a la autora tras su muerte: "¡Cuánto no le debe él a ella y ella a él! Colombine le abrió a Ramón el camino del periodismo y la popularidad [...] Ramón diole a conocer a ella esa literatura refinada que ignoraba, le mejoró el estilo" 50. Aunque no es del todo cierto, pues, obviamente, Carmen ya conocía los refinamientos literarios cuando encontró a Ramón en 1909, sí hay mucha verdad en que Carmen humanizó el vuelo estetizante de Ramón y en que él la atrajo a ella hacia el camino de las búsquedas estéticas. Para terminar, las propias palabras de la autora sirven de colofón y también de confirmación para las ideas expuestas en este estudio sobre su estilo: no cortar la marcha de la vida ni aún en ficción. Hay que ser tolerante. Yo no encasillo el arte, y prefiero el mejor, sea el que sea. Pero prefiero el más de acuerdo con nuestro tiempo y sus problemas. Y el espíritu de nuestro tiempo favorece la tolerancia al pedir a cada artista que ante todo sea sincero 51. Ella nos da así la clave de su estilo, que responde a su visión del mundo y a su actitud frente a él. Es la de una sincera buscadora, que mantuvo abierta siempre la puerta de su vida, y, por ello, abierta también la de su literatura.
En septiembre pasado, después de una prolongada lucha de doce años contra el cáncer, moría en Madrid Yolanda Ruano de la Fuente, miembro del equipo de investigación responsable de la edición del presente número de Arbor. La muerte ha quebrado una trayectoria importante en la docencia en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid en la que era Profesora Titular y en la investigación, ya que, a sus 46 años, Yolanda Ruano se había convertido en un punto de referencia en el estudio del pensamiento de Max Weber. Uno de sus últimos artículos sobre el sociólogo alemán apareció precisamente en Arbor y por ello la revista se une al dolor de familiares y amigos. Sobre el análisis de la modernidad y del sujeto en Max Weber publicó dos libros, ambos dedicados a su hija Marta, una de las grandes pasiones de su vida. La otra fue el trabajo profesional y académico, concebido como vocación a la que siempre se sintió llamada. El primero de los libros, Racionalidad y conciencia trágica. La modernidad según Max Weber (Madrid, Trotta, 1996) lleva la hermosa dedicatoria "A Marta, mi esperanza". Y el segundo libro La libertad como destino. El sujeto moderno en Max Weber (Madrid, Biblioteca Nueva, 2001) lleva otra explícita y emocionante dedicatoria: "A Marta, que borra las sombras que nublan mi alma; y remonta mi vida". Hemos perdido una de las investigadoras españolas sobre Max Weber con mayor proyección y reconocimiento internacional. Esa proyección internacional comenzó en 1989 con una estancia de cuatro meses en el Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad de Cambridge, donde tuvo el privilegio de trabajar con Anthony Giddens. Prosiguió en 1992-93 con la estancia de un curso académico en la Universidad de Oxford donde desarrolló como investigadora invitada un interesante proyecto sobre "Epistemología de las ciencias sociales. Afinidades electivas entre Max Weber y Wittgenstein". En los últimos años ha sido miembro del comité editorial de Max Weber Studies, la revista en lengua inglesa más importante sobre el sociólogo alemán. En 2004 recibió una invitación para dar una ponencia en el Congreso de Múnich "La fascinación de Max Weber: Historia de su reputación" en el que habló de la recepción de Weber en España. En 2005 organizó un Curso de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial sobre los cien años de la publicación del libro más conocido de Max Weber, La Ética protestante y el espíritu del capitalismo. Ese mismo año coincidimos también en el Congreso de especialistas internacionales organizado en Buenos Aires sobre "La vigencia del pensamiento de Max Weber a Cien años de La Ética protestante", en el que tuvo dos intervenciones: "Modernidad, politeísmo y tragedia" (ponencia publicada en el libro del congreso) y la segunda sobre "La presencia de Max Weber en el pensamiento español" (publicada en Arbor, julio-agosto de 2007). Las ponencias de Yolanda Ruano obtuvieron un gran reconocimiento de los especialistas weberianos presentes en el congreso, los alemanes Wolfgang Schluchter y Dirk Kaesler, el norteamericano Stephen Kalberg o los argentinos Perla Aronson y Eduardo Weisz, entre otros. Y todavía después de las jornadas agotadoras del congreso tuvo fuerzas Yolanda para viajar a la Patagonia con la finalidad de pronunciar una conferencia sobre la idea del deber profesional y el trabajo cosificado en Max Weber. La vida de Yolanda Ruano ha estado marcada por la tragedia de su enfermedad prolongada durante tantos años. Su lucha larga y dolorosa la ha convertido en la DEDICATORIA: A LA MEMORIA DE YOLANDA RUANO heroína de una tragedia, en alguien que se aferra a la vida y lucha con todas sus fuerzas, aun sabiendo que la batalla final está perdida. Tal vez por esto ha sido más consciente del papel que la tragedia juega en la sociología de Max Weber y en su análisis de la racionalización occidental y del individuo moderno. En esta dirección afirmaba en su conferencia en el congreso de Buenos Aires lo siguiente: Las referencias weberianas a la tragedia no son gratuitas, sino un buen medio de expresar los rasgos constitutivos de la modernidad y de la acción valiosa del hombre moderno. No busca Weber la resolución de los dilemas modernos, sino la toma de conciencia de los mismos; no busca un final a lo trágico, sino que -como el mejor de los dramaturgos griegos-muestra el sentido del saber trágico: que la liberación no está fuera de lo trágico sino en-lo-trágico mismo. Como el mejor de ellos, enseña que la trama de todo quehacer humano se asienta en una urdimbre trágica de elección y de renuncia 1. Para Yolanda el sujeto de la razón weberiana es también el sujeto de la tragedia. Frente a todos los que han querido ver en Max Weber un escéptico respecto a la modernidad, especialmente en el campo de la ética y la elección racional de los valores que dan sentido a la propia vida, Yolanda recupera acertadamente la idea según la cual no es el espítitu del escepticismo sino el espíritu de la tragedia quien domina la obra de Max Weber. El diagnóstico weberiano de la modernidad y de nuestro presente está teñido de un tinte trágico, pues en el desarrollo occidental las consecuencias no queridas se imponen sobre la voluntad de los individuos, el azar acaba triunfando sobre la razón en ese proceso constante de lucha entre ambas que rige el destino de nuestra cultura. Yolanda Ruano comprende acertadamente que el saber trágico weberiano en su "diagnóstico del proceso de racionalización occidental es valorable, en términos generales, como la historia de un fracaso: la historia del fracaso de la razón". Y sin embargo, a pesar del fracaso, Weber decreta la necesidad imperiosa de seguir luchando como lo haría un héroe de la tragedia clásica, con una visión agonal y trágica de la vida moderna. En la última gran biografía del sociólogo alemán, recalca Joachim Radkau la pasión de Max Weber por el pensamiento, ya desde el mismo título (Max Weber: Die Leiden-schaft des Denkens). La pasión profesional por Weber fue también en Yolanda la pasión por el pensamiento y por la búsqueda libre del daimon que mueve los hilos de la propia vida. Quisiera concluir repitiendo aquí los párrafos finales de mi introducción de 2001 al segundo libro de Yolanda Ruano, introducción escrita cuando ella llevaba varios años combatiendo el cáncer. Allí me hacía eco de la llamada lúcida y desencantada que Max Weber hacía a sus estudiantes de la Universidad de Múnich al final trágico de la Primera Guerra Mundial. Dicha apelación estaba dirigida a una sociedad vertebrada por el trabajo, en la que la dedicación profesional a la ciencia podía seguir otorgando sentido a la existencia individual: No basta con esperar y anhelar, sino que es necesario hacer algo más: ponerse al trabajo y responder -como persona y como profesional-a las "exigencias de cada día". Esto es simple y sencillo si cada cual encuentra y obedece al daimon que mueve los hilos de su vida 2. Esta llamada sigue manteniendo hoy su vigencia, al menos para quienes nos dedicamos a la azarosa vida académica. Pero tal vez habría que saber conjuntar estas palabras finales de la famosa conferencia de Weber sobre la Ciencia como vocación con las palabras también finales de la autobiografía de Goethe Poesía y verdad. Goethe era muy consciente de que la vida está sometida al azar de las circunstancias externas, normalmente adversas. Y sin embargo, siempre nos cabe, al menos, el intento de ser buenos aurigas y tratar de conducir las riendas de nuestro destino. Estas palabras, que Goethe pone también en boca del protagonista de su drama Egmont, resumen perfectamente su perspectiva sobre la manera en que cada uno de nosotros ha de hacerse cargo de su propia existencia, aun en medio de todas las dificultades propias de la época, las circunstancias y los azares en los que se desarrolla el complejo árbol de la vida: Como azotados por espíritus invisibles, los caballos solares del tiempo se precipitan con el carro ligero de nuestro destino y no nos queda más que agarrar fuertemente las riendas y apartar las ruedas a izquierda y derecha de esta piedra o de aquella caída. ¿Quién sabe adónde vamos? Si a duras penas recuerda nadie de dónde viene... 3 Tal vez sea esta lucha por encontrar el daimon que mueve los hilos de la existencia propia junto con la voluntad de-cidida de conducir el ligero carro del destino las principales lecciones que debamos extraer de los libros de Yolanda Ruano sobre Max Weber. En ellos ha sabido relatar su profundo conocimiento del gran sociólogo alemán al mismo tiempo que se ha expresado a sí misma, ha escrito la narración textual en que consiste la propia vida: el hilo de su vida se ha hecho texto en torno a Weber, cuyo nombre significa precisamente "tejedor". De Yolanda nos quedará siempre la memoria de su vida y también sus textos. Y en ambos tenemos mucho que aprender.
EL TERCER REICH barrió por completo los impulsos transformadores de la intelectualidad alemana de entreguerras: la creencia en que su resistencia política, artística y reflexiva pondría algún tipo de freno a los salvajes excesos del nacionalsocialismo. A los distintos países de acogida se llevó tan sólo en sus maletas el pesado y amargo sabor de la derrota y, con ella, los pocos utensilios que pudo recoger en su partida y con urgencia para articular muy precariamente la experiencia del exilio. Abrimos este número dedicado a los exilios republicanos (Weimar y España) con la experiencia de unos pocos de ellos, unos cuantos intelectuales de entre "lo mejor de Alemania" (Heinrich Mann) que nos darán su particular voz sobre la vivencia de la diáspora desde ámbitos como la sociología, la música, la arquitectura, la literatura y la filosofía, aquí disciplinas todas ellas completamente imbricadas. Primero desde la incertidumbre de las agitadas y peligrosas transformaciones políticas de la república, y después desde la impotencia de su forzada marcha, seguimos y analizamos aquí las vidas y obras de quienes tuvieron ante sus ojos el progresivo hundimiento y ruina de su país de origen, de quienes fueron supervivientes de una época, testigos posteriores del comienzo de otra. Exilados en Europa, Estados Unidos, Asia, Israel... que desde la distancia nos ofrecen una historia de la desesperación, el derrumbe y la desolación, pero también de la resistencia, la lucha y la anticipación de lo que pudo haber sido de otro modo. También de la incertidumbre, del ver que la historia se gesta día a día sin miramientos con el pasado. Y de la constatación, como ya escribiría Theodor W. Adorno en referencia a su desaparecido amigo Walter Benjamin, de que inteligencia y chispa son inútiles cuando se enfren-tan a un poder que aspira a aniquilar la autonomía. Pero también del retorno, de la vuelta a empezar de cero, de la prolongación de la vida más allá de lo sufrible en un país convertido en ruinas. Los testimonios del exilio sirven así para ofrecernos retrospectivamente una historia o serie de historias sobre la República de Weimar, de su incapacidad para establecerse como una democracia genuina, de su no lograda revolución, de lo que pudo haber significado efectivamente una revolución internacional. Cuando los partidos obreros fueron conminados desde Moscú a no ofrecer resistencia a Hitler se certificó sin remedio su muerte y con ésta se minaron definitivamente las esperanzas y anhelos de generaciones de demócratas. Los sucesos evolucionaron vertiginosamente. La clase obrera era absorbida de un día para otro en las nuevas formaciones comunitarias nazis, el poder empresarial crecía a expensas de las reformas y medidas sociales logradas históricamente, el Estado se militarizaba y oligarquizaba... y las clases medias independientes, a las que pertenecían muchos de los intelectuales de nuestras historias, se iban lenta pero progresivamente arianizando, transformando brutalmente su antisemitismo en la peor pesadilla de la historia. ¿Hasta qué punto podían andar el pensar y el crear al paso acelerado de los tiempos? ¿Qué recursos tenían la teoría o el arte para situarse políticamente y dirigirse a la acción? ¿Había tiempo en medio de la convulsión de la lucha para ejercer la labor de la autorreflexión característica del intelectual? Las relaciones con la cultura de los países de acogida no pudieron ser sino ambivalentes. Pues ni se les abrieron las puertas completamente, ni se les ofrecieron sin más las posibilidades negadas en Alemania. Había que adaptarse a las nuevas condiciones, sobrevivir en ellas. La amenaza de muerte que abandonaron fue sustituida en muchos casos por la amenaza de una vida menesterosa, sin recursos. Y el peligro de supervivencia se convertiría frecuentemente en un saber maniobrar en una sociedad desconocida que les demandaba su adaptación. Se sacrificaba la rota identidad por la obtención de cierta seguridad, siendo ésta a veces una muy añorada compensación frente a la barbarie, otras una mera acompañante frágil que fácilmente se les podía volver a escapar de las manos. Pues los problemas políticos, legales y monetarios no cesaron en muchos casos con la huida. ¿Qué decir asimismo del penoso reencuentro con la patria? ¿Fueron escuchados en tanto que exiliados o se les negó también esta identidad como condición de un regreso sin demasiadas perturbaciones? ¿Se consiguió la completa rehabilitación de los que se marcharon? La vuelta a la Alemania destruida significó el silenciamiento por partida doble de muchas voces políticas, movimientos y tradiciones culturales y artísticas que antes de la guerra vibraban vitalmente: el exilio se convertía así en metáfora -contemporánea-de la condición doblemente reprimida de anhelos no cumplidos y de imposibilidades encarnadas. Y la concomitante renuncia a ciertas posiciones vanguardistas, a ciertos posicionamientos explícita o implícitamente políticos, según los casos, que antes del éxodo habían sido defendidos con denuedo. Contamos con las vivencias de artistas, filósofos y sociólogos de primer orden que hicieron de su misma condición de exiliados su objeto de reflexión: que viviendo en sus mismas carnes la experiencia maldita de la legalización de la barbarie y el terror redactaron panfletos, escribieron historias, compusieron música y se dirigieron a un público para hacer ver que en ellos latían como una pulsión imborrable los experimentos tumultuosos de una generación. Ellos nos muestran las posibilidades perdidas, las crisis y el fracaso final de la República de Weimar, pero también los restos de las pequeñas victorias, sus obras, que aún nos orientan. EN EL CASO DE ESPAÑA, desde las primeras y sucesivas crisis institucionales que convulsionaron a la Segunda Re-pública, el exilio fue la alternativa o la estrategia por la que se decidieron muchas de las personalidades políticas más relevantes durante la dictadura de Primo de Rivera. La Constitución de 1931 forzó, claro, el exilio en primer lugar del rey Alfonso XIII (mientras habla la nación suspendo deliberadamente el ejercicio del Poder Real y me aparto de España, reconociéndola así como única señora de sus destinos, según las rocambolescas palabras que le escribiera su historiador, y Duque, Maura Gamazo); y fue la suerte elegida, como ejemplo eminente dentro de la derecha española alternativa a Gil Robles, por representantes tan connotados de la labor ministerial primorriverista como José Calvo Sotelo, quien habría de regresar a España sin embargo bajo el bienio de la CEDA para fundar de paso el Bloque Nacional, azuzar a los que la señora Ibárruri denominaba generalitos reaccionarios y litigar con argumentos a veces profascistas y, también, anticapitalistas, contra el Presidente del Consejo de Ministros Casares Quiroga en las fechas póstumas del Frente Popular y en sesiones parlamentarias de importantísima oratoria [del diario de sesiones de 16 de junio de 1936: España no es esto. Ni esto es España. (...) España padece el fetichismo de la turbamulta, que no es el pueblo, sino que es la contrafigura caricaturesca del pueblo. Son muchos los que con énfasis salen por ahí gritando: "¡Somos los más!" Grito de tribu -pienso yo-; porque el de la civilización sólo daría derecho al énfasis cuando se pudiera gritar: "¡Somos los mejores!", y los mejores, casi siempre, son los menos (...) Esos vivas al ejército rojo quieren ser, quizá, una añagaza para disimular ciertas perspectivas bien sombrías sobre lo que quedaría de las instituciones militares actuales en el supuesto de que triunfase vuestra doctrina comunista. Pero no caben despistes. De los jefes, oficiales y clases del Ejército zarista, ¿cuántos militan y figuran en las filas del ejército rojo? Muchos murieron pasados a cuchillo, otros murieron de hambre; otros pasean su melancolía conduciendo taxis en París o cantando canciones del Volga. En una España definitivamente tensionada tras el asesinato del teniente Castillo la noche antes, Calvo Sotelo fue asesinado por Luis Cuenca, del servicio de seguridad de Indalecio Prieto, apenas a cuatro días del levantamiento militar que tomó en parte su muerte por argumento y habría de elevarlo a protomártir del Movimiento. Es sólo un caso de antes de la guerra. Un caso de la República. El exilio, que tantas veces ha sido visto en cierta ingenua historiografía como el marchamo de la decencia SONIA ARRIBAS Y FERNÁNDEZ BAYÓN política o el infortunio que acreditaba la integridad moral, tuvo en la España de la Segunda República a ciertos incómodos protagonistas, que son los predecesores que no conviene olvidar. Sobre todo, para marcar diferencias, para contrastar estilos, para distinguir al estratega del amenazado, al cínico de la víctima: el exilio del déspota tras la victoria de la democracia no tiene la misma significación política que el exilio del demócrata cuando quien vence es el despotismo. Es cierto que en uno y otro caso el exilio es una institución política que resulta de la relegación a una posición amenazada, peligrosa y débil tras una renovación en el concierto de fuerzas en el poder. Y que, lejos de santificar a nadie, el exilio es síntoma y efecto de un trauma en el poder político. Esta condición traumática del exilio no debería movernos a pensar que estamos sólo ante un caso exacerbado y quizá doloroso de la dimensión política de la vida, cuya teoría dominante es la del perpetuo conflicto. Sería un error: si algo saca a la luz cualquier exilio forzoso es, precisamente, la derrota de la política bajo el peso literal y asesino de una ontología de la inclusión y la exclusión, de una lógica del amigo y el enemigo olvidada de sus sublimaciones democráticas. Y esto es algo que se constata de forma diferencial tras el golpe militar a la República, la Guerra Civil española y la dictadura nacional de todo punto repugnante que la siguió: el exilio no es la institución de supervivencia a que se acogieron los derrotados políticos españoles sino el efecto de una derrota institucional de la propia libertad política en España. Los exiliados españoles del 39 no se pusieron sin más a recaudo de una amenaza mortal, llevaron consigo la marca excepcional de una ausencia, que no es la de la Nación o la Patria, sino la de la propia libertad política republicana, que tuvieron que hacer valer en la distancia, de forma críticamente desarraigada. Desarraigada, he dicho, asumiendo acaso un compromiso semántico excesivo. Pues si algo ayuda a discutir y replantear este número de la revista ARBOR es justamente esas metáforas con que imaginamos el exilio: y aunque, como se habrá podido comprobar, queremos salir políticamente al paso de esas aproximaciones al exilio predominantemente culturalistas, que acaban convirtiéndolo en un festín internacional del mestizaje, no podemos pasar por alto que el exilio español tras la debacle republicana resulta en un conjunto riquísimo de procesos de inculturación e intercambio que exigen un régimen lingüístico de interpretación tan plural y hasta contendiente como plurales (y hasta contendientes) fueron las actitudes y compromisos de los exilados. El agón entre los desterrados y los trasterrados, por ejemplo, lejos de ser un bizantinismo semántico saca a relucir cómo a todos los exilios, en inevitable plural, les subyace una filosofía de la identidad y de las formas de pertenenencia que brota y compite precisamente allí donde la identidad se problematiza del modo más radical y en el momento en que las formas de pertenencia se descoyuntan de la forma más violenta. Los trabajos que presentamos a continuación abordan el exilio del 39 generando una discusión interdisciplinar (algo imprescindible si tomamos en serio cómo cualquier investigación en torno al exilio compromete aspectos políticos, históricos, éticos, científicos y aun psicológicos, entre otros) que saca a la superficie una gama suficientemente amplia de problemas y variaciones indexados al exilio español, sin participar de ese tratamiento en exceso genérico del que éste a veces ha sido paciente, por incomodidad científica o prejuicio político. Entre otras, hay determinadas líneas de investigación de las que hemos querido dar un testimonio muy especial. Por ejemplo, se vuelve necesario promover cierta sensibilidad hacia el estudio de las transformaciones producidas por los exilados en las mismas estructuras socioculturales de los países receptores, muy en particular latinoamericanos. Pues el exilio se acaba convirtiendo las más de las veces en una herramienta crítica y transformativa mucho más allá de los avatares individuales: afectando a los países de acogida de un modo que trastorna y al par enriquece, que conmociona y al tiempo dinamiza. El exilio es una herida que complejifica la identidad individual y colectiva, en su doble horizonte de origen y destino: a algunos esa "complejidad" les sonará a trampa o eufemismo, a otros en cambio como el hecho más distintivo y esperanzador del proceso. Y esto habrá que tenerlo en consideración no sólo cuando de lo que se habla es de ese exilio de élites intelectuales a que se suele reducir exquisitamente el fenómeno de los desterrados del 39 en el brutal imaginario español. Obviamente, los literatos, los filósofos, los profesores, los juristas, fueron algunos de los profesionales mejor equipados para narrar (y pagarse) el exilio, elaborando en torno a sus experiencias una serie de interpretaciones y actitudes probablemente inconmensurables: aquí quedarán por igual retratados la desesperación del derrotado y cierto posibi-lismo cosmopolita, la rabia del políticamente anulado y la esperanza del descubridor de oportunidades, la ideología de la pérdida y la de la hibridación, en un cuadro imposible de contraer a un sólo código emotivo ni a un sólo color ideológico. Y de ello queda testimonio, creemos, en este número. Como queda también de un tema que hemos considerado central: ocuparse de los exilados es, siempre, hacer doblemente memoria. Hacer memoria de la memoria. Cuando en España se progresaba conforme a la dictaduras del nacional-catolicismo, sus cánones góticos miserables, sus artesanías de la pobreza, sus tecnocracias de paja y olvido, hubo otra España transterritorial, crítica y herida que, mayormente sin paralíticas nostalgias ni hacer causa de la mítica adulación de los orígenes perdidos, siguió trabajando y pensando la nación más allá de los principios identitarios de la Autenticidad, la Fe y la Tierra. Y no se puede narrar la historia del arte, la política y la ciencia españolas sin asumir con toda la propiedad el legado crítico de los amenazados, los ausentes, los expulsados, los refugiados. De esa España que no cupo en España. Y para la cual hasta la misma posibilidad de regresar se le volvió el acontecimiento más complicado, lleno de ambivalencias y desubicaciones, expectativas y temores. Los exiliados republicanos demostraron que España era una nación rota: y, al mismo tiempo, fueron ellos quienes comenzaron a hacer de España un país abierto. A muchos les llevará décadas asimilar esta dimensión intercultural del trauma. Un exilio, de inteligencia -o masa crítica, como se prefiere hoy día-, de trabajadores, maestros, médicos y funcionarios, con sus familias, que proliferó bajo condiciones difíciles, pues la mayoría no tuvo su Winnipeg, ese poema que no podrá borrar nadie, sino camarotes de incomunicación para rojos en buques atestados; ni llegaron a un Colegio de España, sino a pensiones y cuartos de conventillos como los de la Avda. de Mayo de Buenos Aires, para quedarse a vivir en un continente, el americano, que tiene el derecho sobrado de hacerse copartícipe a la hora de narrar a sus modos el exilio español, tal como hemos pretendido recoger también en parte en este monográfico. Un volumen que es iniciativa del Proyecto de Investigación financiado por el MICINN dentro del Plan Nacional de I+D "Memoria cultural e identidades fronterizas. Entre la construcción narrativa y el giro icónico" (FFI2008-05054-C02-01/FISO), que ha tomado el relevo de "Identidades, migraciones y exilios en la cultura europea contemporánea" (HUM-2005-05506-02-01), y a cuyo investigador principal, José M.a González García, los editores queremos transmitir nuestro agradecimiento más personal, pues lo mejor del trabajo aquí realizado está en deuda con sus orientaciones y su aliento. También mención muy especial para el director de la revista que nos acoge tan generosamente, Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, a quien propiamente debemos la iniciativa de sacar adelante un número como éste en que de una manera tan focalizada se desea mantener vivo el diálogo crítico entre la historia española que mira a Iberoamérica y algunos de los fenómenos más decisivos política, filosófica y culturalmente de centroeuropa. Y a los autores, nuestro mayor agradecimiento, por su colaboración y su compromiso.
El exilio puede ser observado como una escuela, una forma de educación de adultos, no sólo para los propios exiliados sino también para algunos de los nativos que llegaron a conocerlos. De forma más precisa, consideramos las consecuencias intelectuales de la diáspora en una cultura insular, con mención especial a dos disciplinas relativamente nuevas y pequeñas. La sociología y la historia del arte estaban en los años treinta mucho más desarrolladas en Europa central de lo que lo estaban en las islas Británicas, permitiendo a algunos destacados inmigrantes realizar una desproporcionada contribución si tenemos en cuenta su número. ¿Cómo se establece una nueva disciplina? Lo que se ofrece en este ensayo es una suerte de historia social o de
Las dimensiones monstruosas de dificultades, de molestias, de intrigas y de disposiciones erróneas, tomadas por parte de las autoridades locales, surgidas de las condiciones de vida que hacen desesperar a algunos colegas aquí, yo no las encuentro desagradables porque, como objeto de observación, todo esto es mucho más interesante que la meta eventual de la actividad profesional que desempeño, desde luego, con toda fuerza (...) En resumen le digo: veo cada vez más claramente que la actual situación mundial no es nada más que una astucia de la Providencia (List der Vorsehung) para hacernos llegar a través de un camino sangriento y penoso a la Internacional de las trivialidades y de una cultura de Esperanto. Ya me lo había sospechado en Alemania y en Italia, ante la horrorosa inautenticidad de la propaganda de sangre y terruño [BluBoPropaganda = Blut-+ Bodenpropaganda]; pero solamente aquí casi se me vuelve certeza (Barck, 1998, 688-694). Estas observaciones y reflexiones epistolares dedicadas a Benjamin, el amigo coexiliado de Auerbach (los dos se conocían desde mediados de los veinte, cuando trabajaban en la Biblioteca Nacional de Berlín, el uno en su libro sobre el drama barroco alemán; el otro sobre Dante 2 ), no solamente nos dan una primera idea de la perspicacia casi etnológica de Auerbach al observar su ambiente, las podemos comprender también como un autorretrato de una cierta actitud y sabiduría ante los quehaceres de la vida que, a veces, se ha caracterizado como la serenidad, la Gelassenheit singular de Erich Auerbach (Gumbrecht, 2002, 152ss). Es una actitud, una Haltung que encontramos en él cinco años más tarde, en 1942, cuando Auerbach se pone a escribir en su escritorio de la calle Arslandi-Konak de Estambul durante tres años seguidos la que va ser su obra máxima: Mimesis (Barck; Treml, 2007, 215-229). Esta obra del romanista judeo-alemán, nacido en Berlín en 1892, casado desde 1923 con Maria Mankiewitz, hija del Justizrat (Consejero de Justicia) Georg Mankiewitz, muerto en 1957 en New Haven, EEUU, pasa hoy en día por ser el libro fundador de una historia literaria y cultural de una Europa que ha roto con las fronteras de lo nacional, ensanchando los contactos inter e intradisciplinarios (Holquist, 1993). Se lo compara a veces (injustamente, debo decir) con el libro de otro gran romanista alemán, Ernst Robert Curtius y su Literatura europea y Edad Media latina (1948). Fue a la altura del movimiento intelectual deconstruccionista, y de su crítica al New Criticism americano, cuando Mimesis fue redescubierto a finales de los años setenta, principios de los ochenta; y leído como "perhaps the only true Literary History we have. En este contexto de búsqueda de nuevos conceptos que sirvieran para orientar la formación universitaria y la crítica cultural, de una manera que tomase en cuenta los problemas surgidos de contactos (y choques) étnicos, religiosos e interculturales, Mimesis fue leído en América como la realización ejemplar de una historia literaria, como un libro casi emblemático, surgido de una particular situación biográfica e histórica de su autor: "The experience of expatriation that the Nacional Socialist regime had inflicted upon him gave Erich Auerbach the opportunity to become fully aware of his distance and sometimos melancholic perspective on western culture as a culture that had entered its final stage" (Gumbrecht en: Lerer, 1996, 31). Se puede decir que Mimesis, al convenirle el lema de ser un libro de exilio, ha sido repolitizado; después de haber sido considerado durante mucho tiempo como apolítico (malentendiéndolo, por supuesto), con el argumento de que se trataba de un texto de tintes eurocéntricos que había venido canonizando las tradiciones culturales europeas como único campo serio para la investigación, en un momento en el cual la Segunda Guerra Mundial y las megacatástrofes exigían otra cosa. Ahora bien: a partir del momento en que, bajo la denominación Mimesis, libro de exilio, se situaba en el contexto de otros textos de exiliados, permitiendo estudiar analogías y diferencias entre ellos, se produjo cierto cambio de perspectiva en lo referente al tema de lo político en Auerbach, muy en particular en el caso de Mimesis. En coloquios y encuentros conmemorativos, a raíz de tres fechas muy especiales, ha sido discutido este cambio: el centenario de nacimiento de Erich Auerbach, en 1992; el cincuentenario de su primera edición en alemán, en 1996; y el cincuentenario de la traducción al inglés, en 2003. MIMESIS -UN LIBRO DE EXILIO El locus classicus de la visión de Mimesis como libro de exilio, como exile's book, es sin embargo anterior en veinte años a estas comemoraciones. Su inventor fue Edward Said, un divulgador de Erich Auerbach en EEUU, muy comprometido e influyente, además de traductor al inglés (con su mujer) del importante ensayo de Auerbach sobre Filología de la Literatura Universal (1952; versión en inglés, 1969). Said, en su libro de gran repercusión internacional Orientalism (1978), sienta las bases de una teoría político-cultural del exilio como una constelación cultural de la cual cita, como máximo precursor, a Auerbach con su Mimesis. (Said, 2003, 258s) Pensar que Auerbach, con Mimesis, pretendió escribir la síntesis de la cultura occidental en el momento de su decadencia, es un obvio misreading por parte de Said que se debe, creo yo, a un anhelo de identificar su propia situación de exilado palestino de orígen egípcio en EEUU, en busca de su identidad 3. Said pasa por alto que Auerbach siempre se ha defendido de la suposición hegeliana de algunos de sus críticos, según la cual Mimesis habría sido concebido como un sistema de Historia cultural. En el propio texto, Auerbach toma a cada paso sus distancias frente a todo tipo de esencialismo en conceptos de historia, conceptos que su amigo Walter Benjamin había calificado alguna vez como "den geilen Drang aufs grosse Ganze" (el exuberante apremio hacia el gran Todo). En este sentido, lo que Said estima como el espíritu sintético en Auerbach, éste lo descubre por el contrario como función y como caudal en el fascismo contemporáneo. Veamos un ejemplo entre otros muchos. En el capítulo XX de Mimesis, "La media parda", que es el último del libro y trata de la novela de Virginia Woolf To the Lighthouse (1927), Auerbach describe y reflexiona sobre los resultados culturales y políticos del anhelo (y del ansia a la vez) de salir de una grave crisis por medio de soluciones totalizantes o totalitarias: la falta de una gran biblioteca sobre la especialidad; si hubiera tratado de informarme acerca de todo lo que se ha producido sobre temas tan múltiples, quizá no hubiera llegado nunca a poner manos a la obra" (Auerbach, 1993, 525). Otro nivel en el que se traduce, de manera singular, la situación del exilio de Auerbach es el metodológico. Auerbach la llama la Zeitgebundenheit de Mimesis, su actualidad (o actualización) de principio, su perspectivismo, podríamos decir en un sentido que tiene mucho en común, creo yo, con la teoría correspondiente de Ortega y Gasset 4. Este punto de vista actualizante en Mimesis había sido criticado por los primeros críticos, defensores de un positivismo académico tradicional. Consta, por ejemplo, el reproche de René Wellek, también un exiliado, que veía en el método de Auerbach resortes peligrosos de algún hegelianismo: "Linking of existente and history" sería así una "extremely dangerous conception of criticism and scholarship" (Schulz-Buschhaus, 1999, 101). Auerbach, que desde sus estudios sobre Vico y Dante en los años veinte, había sido un pionero de la renovación de la filología mediante inyecciones sociológicas 5, se defendió de estas críticas con vehemencia en su ensayo Epilegomena a Mimesis (1954): Se me ha reprochado que mi presentación es demasiado zeitgebunden y sobremanera determinada por nuestro presente. He intentado familiarizarme escrupulosamente con muchos de los sujetos y períodos de los que se trata en Mimesis. He dedicado, a propósito, mucho tiempo en el estudio no solamente de los fenómenos directamente importantes para el fin del libro, sino que me orienté leyendo alrededor de mí, por encima de los diversos períodos. Al final me pregunté: ¿cómo se presentan las cosas en su contexto europeo? Nadie, hoy por hoy, puede ver el contexto desde otro punto de vista que el nuestro actual, que está determinado por el origen personal del autor como observador, por su historia y por su formación. Mejor es ser conscientemente actual (zeitgebunden bewußt) que serlo inconscientemente. En muchos escritos eruditos encontramos un tipo de objetividad que articula con cada palabra, cada turno, cada frase, juicios y prejuicios modernos sin que el autor se dé cuenta. (Muchas veces estos juicios ni siquiera son de hoy, sino de ayer o de anteayer.) Mimesis, por lo tanto, es con plena conciencia un libro escrito por un determinado hombre en determinada situación, a principios de los años 1940 (Barck; Treml, 2007, 479). MIMESIS Y LA CUESTIÓN JUDÍA Esta datación del texto, que Auerbach había incluido también en la edición princeps de 1946, y la comparación (o el establecimiento de analogías) entre hechos históricos y desarrollos o acontecimientos actuales, es algo que tiene lugar a todo lo largo de Mimesis. Es una llamada al lector, presente y futuro, a no pasar por alto la situación durante la elaboración del texto; a que no pierda de vista esa distancia transcurrida que, a cada momento, interviene en los cambios de perspectiva. Cada lector, podríamos decir de manera borgesiana, puede reescribir el texto de Mimesis a su manera. Auerbach nos dice en la nota mencionada que escribió Mimesis durante tres años, desde mayo de 1942 hasta abril de 1945. En el primer capítulo «La cicatriz de Ulises», que Auerbach concibió como una especie de introducción al libro (ya que como dijo, "Mimesis es un libro sin introducción" 6 ), habla de la diferencia entre leyenda y historia, y discute el valor de verdad que puedan tener mitos, rumores, "on dits" y demás fenómenos de la voz del pueblo. La carta del "perseguidor" que Plinio escribió a Trajano sobre los cristianos, por ejemplo, "es inutilizable para ninguna leyenda". Y Auerbach comenta, dando un paso (o un salto) hacia el presente: "Y eso que éste es un caso relativamente sencillo. Piénsese en la historia que nosotros estamos viviendo: quien reflexione sobre el proceder de los individuos y de los grupos humanos durante el auge del nacional-socialismo en Alemania, o en el de los pueblos y estados antes y durante la guerra actual (1942), comprenderá lo difícil que es una exposición de los hechos históricos y qué inservibles son para la leyenda; lo histórico contiene en cada hombre una multitud de motivos contradictorios, un titubeo y un tanteo ambiguo en los grupos humanos; muy rara vez aparece (como ahora con la guerra) una situación definida, relativamente sencilla, y aun ésta se halla subterráneamente muy matizada, su sentido unívoco en constante peligro; y los motivos en cada uno de los actores son tan alambicados, que los tópicos de la propaganda se logran tan sólo por medio de la más grosera simplificación, lo que trae como consecuencia que amigos y enemigos empleen muchas veces los mismos. Es tan difícil escribir historia, que la mayoría de los historiadores se ve obligada a hacer concesiones a la técnica de lo fabuloso". En la encrucijada del exilio turco de Erich Auerbach, este primer capítulo tiene una significación especial. Después del silencio casi total sobre el problema del judaísmo en Mimesis, cuya escritura es coetánea con la programación y planificación burocrática y sistemática de lo que los nazis llamaron La solución final (Die Endlösung), puesta en marcha en enero de 1942 por la llamada Conferencia del Wannsee en Berlín, en los últimos años hay un nuevo enfoque y una nueva lectura de Mimesis a este respecto 7. Edgard Said tampoco supo tocar el tema. En su introducción a la memorial edition de Mimesis en EEUU (2003) dejó el tema en suspenso. Gracias a las recientes investigaciones de dos intelectuales americanos, historiador el uno, filosofo y filólogo clásico el otro, tan cómoda posición ya no puede ser sostenida. Martin Elsky, historiador de arte de la State University de Nueva Cork, en su ensayo Church History and the Cultural Geography of Erich Auerbach: Europe and the Eastern Other 8 ve Mimesis en las huellas del libro sobre Dante de Auerbach, como una implícita respuesta al desastre de la Segunda Guerra Mundial. Auerbach, que nunca ha sido sionista y que, al igual que Benjamin, jamás tomó en consideración ir a Palestina/Israel, analizaba en Mimesis sobre todo fuentes cristianas bajo una perspectiva muy concreta, cosa que presentaba dificultades para su recepción en círculos judíos conservadores que le reprochaban un supuesto oportunismo, por haber descuidado las tradiciones judías. A este problema, y al debate subsiguiente, se ha referido recientemente James I. Porter, de la universidad californiana de Irving, en el marco de un detenido análisis del primer capítulo así como de los antecedentes de sus motivos en la historia cultural y religioso-teológica en Alemania desde la época de la Ilustración. Según él, el parangón que establece Auerbach entre las formas de representación de la Biblia hebraica (AT) y la Odisea, tiene que ser situado en este contexto ideológico. Auerbach hace hincapié en Génesis 22, con el ejemplo de la aqedat jitzchaq, la atadura de Isaac por su padre, que las lecturas de la tradición cristiana nomalmente interpretan de manera inexacta (al contrario del significado del AT) como victimización (como Opferung, sacrificio). Abraham tomando a su propio hijo, a la orden de Jahwe, como víctima desde el inicio. Auerbach, por su lado, nos muestra Porter, considera a Abraham como la figura central de la historia y acentúa una particular tensión en el Geschehen (acontecer), tensión que tiene por algo común y general en el AT; pero que está completamente ausente en la representación homérica de la Odisea. Escribe Auerbach al propósito: "No es fácil concebir estilos más contradictorios entre sí que los de estos dos textos, antiguos y épicos en la misma medida. Por un lado, figuras totalmente plasmadas, uniformemente iluminadas, definidas en tiempo y lugar, juntas unas con otras en un primer plano y sin huecos entre ellas, ideas y sentimientos puestos de manifiesto, peripecias reposadamente descritas y pobres de tensión. Por el otro, las figuras están trabajadas tan sólo en aquellos aspectos de importancia para la finalidad de la narración, y el resto permanece oscuro; únicamente los puntos culminantes de la acción están acentuados, y los intervalos vacíos; el tiempo y el lugar son inciertos y hay que figurárselos; sentimientos e ideas permanecen mudos, y están nada más que sugeridos por medias palabras y por el silencio; la totalidad, dirigida hacia un fin con alta e ininterrumpida tensión y, por lo mismo, tanto más unitaria, permanece misteriosa y con trasfondo." (Auerbach, 1993, 17) Los dos autores a los que me he referido de manera demasiado superficial han encontrado buenos argumentos para situar el tema de lo judío en Mimesis y fundarlo sobre nuevas bases. Lo presentan como una estrategia de supervivencia que Auerbach moviliza "perlaborando" (durcharbeiten, en sentido freudiano) los terrores y los desastres de la solución final que Auerbach está viviendo desde la distancia (y también desde la relativa seguridad) de su exilio. El sugestivo título del ensayo de James Porter, Erich Auerbach and the Judaizing of Philology, muestra además de manera convincente que el primer capítulo es también una escondida o secreta respuesta a la descanonización de las viejas tradiciones precristianas bajo las presiones del cristianismo institucionalizado. Esto, en tiempos de Auerbach, era algo sobremanera zeitgebunden (de actualidad), puesto que el movimiento de los cristianos alemanes, de los Deutsche Christen, surgido del interior de la iglesia protestante y con antecedentes en el neohumanismo philogreco del siglo XIX, escribía como lema en sus banderas la Entjudung ("desjudeización") del cristianismo y de la vida religiosa (Grundmann, 1939; Meier, 2001). Auerbach estaba bien informado en su exilio de estas tendencias, cuyos antecedentes había podido presenciar en el Berlín de los años veinte de modo que, según James Porter, la oposición de dos modos de representar lo real, el homérico y el judío-bíblico, tiene como referencia implícita la oposición de Auerbach "to the ingrained tendencies of an anti-Semitic classical philology and in the context of efforts in Germany to de-Judaize Christianity. MIMESIS COMO TRANSLATIO STUDII ENTRE LOS EXILIADOS ESPAÑOLES Para terminar, les invito a dar un salto imaginario. Les invito a considerar la reputación de Mimesis en el mundo hispánico. Vale la pena recordarlo en este lugar, el Instituto de Filosofía del CSIC, en la atmósfera aurática de la Residencia de Estudiantes, porque España y la cultura española tienen acciones en este caudal. Ante todo, tenemos que recordar que la traducción de Mimesis al español es la primera traducción propiamente dicho del opus maximum de Auerbach 9. En la editio princeps de la edición alemana en 1946, a cargo de la editorial Francke de Berna, Suiza, se le informa al lector de que "el capítulo XIV ha sido compuesto más tarde (1949)". Se trata del capítulo sobre El Quijote, "La Dulcinea Encantada" 10, que Auerbach había añadido a petición del Fondo de Cultura Económica, que quería abrir a finales de los años cuarenta una nueva serie de su programa de Humanidades, precisamente con Mimesis de Auerbach. Los dramatis personae que estaban implicados en el asunto son varios, por lo menos tres; todos ellos habían descubierto a Auerbach y su texto a través de diferentes contactos con la editorial mexicana, a la que habían propuesto traducirlo. Esta historia tiene aspectos fantásticos de un inter-culturalismo que ahora conocemos, por vez primera, gracias a las investigaciones del crítico colombiano Carlos Rincón, quien fue discípulo de Werner Krauss en Leipzig en los años sesenta (Rincón, en Barck y Treml, 2002, 371-390). En el Fondo de Cultura, después de haberse informado en detalle del proyecto, estaban entusiasmados con la idea de traducirlo; pero bajo una condición incuestionable: que, sin un capítulo sobre la literatura y la cultura españolas, la cosa no podría marchar. Sería impensable que en un libro con este tema, la representación de la realidad en la literatura occidental, estudiado en España por no pocas figuras de calidad y competencia, se pasase por alto los problemas del realismo español. Los aficionados de Auerbach en, y alrededor, del Fondo de Cultura, eran unánimes en su opinión de que se debería pedir a Auerbach que solventase esta laguna de su libro. Auerbach, que no era hispanista, pero que desde sus años de Marburgo había tenido a su lado, casi como su mano derecha, a Werner Krauss, quizás el mejor hispanista alemán del siglo XX, que fue su sucesor en la cátedra de Romanistik después de que los nazis lo expulsaran de la misma, aceptó sin rodeos escribir un capítulo sobre España. Lo hizo durante la segunda mitad de 1949, cuando la traducción de Mimesis estaba ya en camino. El libro, en su forma enriquecida por un horizonte hispano-europeo, apareció a finales de 1950. ¿Quién era el traductor? La portada nombra a dos traductores: I. Villanueva y E. Ímaz. De los dos, ambos transterrados de la República española, del primero no sabemos mucho, tan sólo que estaba metido en los trabajos de la redacción el texto y que había traducido el capítulo quinto sobre las aventuras de Roldán. Podemos decir entonces, sin minimizar el aporte de Villanueva, que el traductor de Mimesis es el ya por entonces conocido en el mundo científico y literario del mundo hispánico, y en cierto sentido también famoso filósofo: el guipuzcoano Eugenio Ímaz. Ímaz era algo así como la mano derecha del Fondo de Cultura: consejero, organizador, inspirador, especialista de relaciones internacionales. Pertenecía en España a la Generación del 27 y se movía en el círculo de Ortega y Gasset, con quien compartía un mismo afán por la cultura alemana. Es, desde México, el traductor de las obras completas de Dilthey. Durante la República fue redactor-jefe de la revista cultural Cruz y Raya. En México se entrega de manera "casi vocacional" a dar un perfil al Fondo de Cultura, tanto como eminente traductor cuanto como consejero, gracias a su vasta cultura universal. Fran-cisco Giner de los Ríos, que nos lo ha retratado en su ensayo de memorias Mis recuerdos mexicanos de Eugenio Ímaz, lo recuerda como el "campeón de traductores": "Quizá y sin quizá se debe en gran parte a lo que Eugenio Ímaz -con otros españoles transterrados y con los grandes mexicanos de antes y de siempre-aportó con sus ideas y con lo que en alguna ocasión llamamos seriamente en broma sus saltos mortales, para que la arquitectura del edificio editorial ensanchara sus sillares, primeros y especializados a los definitivos y universales en que llegó a asentarse" (Giner de los Ríos en Ascunce, 2001, 131). Pero hay más en esta microhistoria de la fama hispánica de Mimesis, irradiada desde México, y mediatizada por los transterrados españoles (y otros). Así, aparece en escena una figura con aura vaga, de la que se supone que era el verdadero agent de liaison entre Auerbach y el Fondo de Cultura: Raimundo Lida, de nacionalidad incierta, que siempre se presentaba como judío de Mitteleuropa. ¿Tal vez un descendiente de alguna cepa sefardita? Era hermano de la filóloga María Rosa Lida. Sus remembranzas y recuerdos denotan un estilo de vida nómada, que tiene algo del judío errante. Se había instalado en 1947 en México, viniendo de Buenos Aires, de donde tuvo que fugarse con el ascenso del peronismo. Dirigía en Ciudad de México el Centro de estudios Literarios de América Latina, del que era cofundador. Lida había traducido textos de Kart Vossler y de Leo Spitzer; y es muy probable que fuera por estas fechas cuando conoció a Auerbach. En todo caso, como cuenta Rincón, fue él quien hizo la propuesta de traducir Mimesis. Esta edición del Fondo de Cultura dejó, en la tierra firme de los países latinoamericanos, huellas en su cultura literaria que le hubieran gustado a Auerbach. No solamente entre la crítica académica y profesional, sino también entre los escritores, se comprendió casi genéticamente lo que Auerbach, con su teoría de la Stilmischung (mezcla estilística), había adelantado en su libro en favor de una posible teoría y praxis del realismo anticlásico (o anticlasicista). Rincón lo formula así en su reconstrucción de la recepción de Mimesis en América latina: "Auerbach fue saludado allí en la primera y temprana fase de su recepción como modernista incontestable y como una figura que daba justificación a las propias literaturas modernas de los países latinoamericanos" (Rincón, en Barck; Treml, 2007, 378). Mucho antes de que Mimesis fuera, o pudiera ser, recibido y discutido en la propia España, los exiliados españoles de la misma generación de Auerbach habían ya preparado el terreno para un debate intercultural. Mutatis mutandis, los pioneros de un Mimesis en español deben, por eso mismo, ser incluidos en el homenaje que Carlos Fuentes les ha tributado a los intelectuales españoles transterrados: "Estos hombres y mujeres representaban lo mejor de la cultura española contemporánea: poetas, arquitectos y filósofos, abogados y médicos le dieron nueva vida a nuestra cultura, modernizaron nuestras universidades, establecieron nuevas editoriales modernas. Todas las generaciones de artistas y pensadores mexicanos a partir de esa fecha son (somos) descendientes de la inmigración republicana española" (Fuentes, 1986, 162). (pp. 22-32). 11 Rincón cita de una entrevista del año 1947 estos recuerdos alemanes de Eugenio Ímaz: "Pensar en Alemania es hacerlo en la realidad más tremenda y contradictoria. Pienso en ella, en su gran experiencia, más que en sus universidades (...) en su vida plena y pujante, en su orden inaudito y provocador; también -¡helas!-en su resentimiento profundo y funesta manía de pensar (...) las ideas hasta el fin. Conocí a Husserl, un ángel de ojos azules y de poblados bigotes blancos. A Heidegger, chiquitico, moreno, con dos ojillos de insecto talador en su anchurosa frente. Vestía de calzón corto, como los tamborileros de mi pueblo en días de gala. No se sonreía nunca... Como diría Baroja, un antipático.Y algo peor, como han mostrado luego los hechos. Presencié, con profunda amargura, los primeros pasos militares de las huestes hitlerianas. Fui testigo de las violencias brutales en la Universidad y en la calle. Presentí, lleno de terror, la organizada indefensión de las fuerzas democráticas."
El exilio de Hanns Eisler significó un cambio radical en las condiciones de producción de su música, y en la función social que el compositor pudo encomendarle a sus obras, a sus canciones. Todo lo que había gestado en un período convulso de lucha social y apoyo decidido a los movimientos de trabajadores fue llevado al traste en cuestión de pocos meses, tras la llegada al poder de Hitler. Eisler fue un medio-judío y comunista que tuvo que venderse (en sus palabras) a la industria cultural norteamericana para sobrevivir en medio de innumerables problemas económicos. El aislamiento y la producción a toda marcha para los estudios de Hollywood fueron determinantes en la elaboración de mecanismos nuevos de composición, derivados de las nuevas condiciones. Los heterogéneos resultados de esta profunda transformación compositiva se constituyen como un crisol expresivo de la situación peculiar que le tocó vivir, de la brecha histórica que cruzó en poco tiempo: no sólo vivió en sus carnes el final del desmoronamiento de cierta cultura europea, de cierta burguesía e ilustración liberal, con el agitado intermedio de la República de Weimar y el surgimiento de la sociedad industrial de masas, sino que él mismo se situó en el núcleo del campo de batalla político de la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial, de la nueva constitución, de la revolución fallida en 1923... y, posteriormente, de la emergente industria cultural norteamericana. Si antes Eisler había combatido la idea de que la autonomía artística en pro de la lucha directa participativa en los procesos históricos, la nueva situación del exilio le vio abocarse a una autonomía forzada, en buena medida puesta de relieve mediante el retorno al dodecafonismo aprendido de joven, y rechazado en el período político. 1919 [esa izquierda a la izquierda del SPD -es decir el USPD (partido de trabajadores antibélico), del que luego surgiría la Liga Espartaquista, y el Partido Comunista-]. Sus objetivos políticos habían sido lograr que Alemania siguiera los pasos revolucionarios de la Rusia Soviética y que el poder político fuese transferido sin excepciones a los consejos de trabajadores. A estas demandas, la izquierda moderada, las clases medias y los social-demócratas habían respondido con una fuerte ofensiva de alianza con los viejos estandartes de poder (burocracias, empresas y cuerpos de oficiales), lo que a muchos, incluso dentro de la socialdemocracia, dejó muy insatisfechos. Pero esa política de alianzas fue lo que en definitiva constituyó la república. Tampoco era el USPD un partido muy unido, con diferentes interpretaciones de cómo había que entender el proceso revolucionario y la estrategia de orden. Tras el putsch de Kapp los comunistas surgieron con algo más de fuerza e incluso defendieron posiciones militares frente a los Freikorps anticomunistas. Pero la división interna, que en ese momento se plasmó en si unirse o no a la Internacional Comunista (Commitern) de 1919 y seguir los dictados de Moscú, volvió a debilitar su resistencia. Los más a la derecha se acabarían uniendo al SPD en 1922. Otra ofensiva vino esta vez en 1921 por parte del KPD iniciando una rebelión en unas importantes zonas industriales con la intención de que la revolución acabase con el sistema parlamentario. La derrota no significó, no obstante, la desintegración de sus fuerzas, pero sí la peligrosa prohibición de las organizaciones extremistas. Las de izquierdas, pero no las de derechas, puesto que el sistema judicial estaba claramente escorado a la derecha. El KPD no volvió a levantar cabeza después de otro fallido intento revolucionario, esta vez en Alemania Central, bajo la rúbrica del "Frente Unido", que supuso con la subsiguiente declaración del estado de emergencia en defensa de la república. A partir de entonces, todos los golpes a partir de ahora provendrían de la extrema derecha. El período de "relativa estabilización" de 1924-30 terminó sin soportar la crisis económica de 1929 (el colapso de la Bolsa de Nueva York) y que, sumada a la crisis política, pudo ser aprovechada por el Partido Nazi para su atracción de las masas. El definitivo golpe nazi a los movimientos de trabajadores tuvo lugar en 1933, año en que todas las organizaciones de izquierdas fueron prohibidas. Con el golpe llegó el final de la "música para la lucha" por lo que la música de Eisler, que había escapado de Alemania en 1932, un poco después que Brecht, empezaría a ser catalogada como arte que había que eliminar por completo. Así, por ejemplo, en la exposición de música degenerada de Düsseldorf figuraba "La canción de la solidaridad", que había compuesto para Brecht, y en el "Lexicon de Judíos en la música", compilado en 1940, su nombre aparecía bajo la rúbrica de compositor y agitador político, y junto a él la letra H de Halbjude. En Alemania, ni una sola nota de Hanns Eisler se oiría durante los doce años posteriores al golpe nazi. Hanns Eisler había estudiado en Viena con Arnold Schönberg técnica dodecafónica. De su maestro aprendió, diría en sus palabras, la meticulosidad, la experimentación, la evasión de los lugares comunes, y la búsqueda del "ser musical de las obras maestras". Características sin duda reconocibles en la música de Eisler, y a las que habría que añadir, ya desde sus inicios, su meticuloso afán por la precisión, la concisión expositiva, la sencillez en las formas y la obsesión por lo concreto (rasgos también válidos para la escritura de Brecht). Él mismo reconocería, ya en su época de madurez, que el que su padre fuera filósofo y su madre obrera significó para él la pronta realización de un conflicto social que él catalizaría en forma de una dialéctica entre clases sociales, y que se llegaría a plasmar en su música en tanto que combinación justa de claridad y energía, de rigurosidad y decisión. En esta línea interpretativa, un comentario muy minucioso a la Sonata op. 1, ganadora del Premio de las Artes otorgado por la Ciudad de Viena, una pieza cromática, elegante, de ricas armonías y bastante densa, decía así: "Hanns Eisler es el compositor representativo de la más reciente generación de alumnos de Arnold Schönberg... [A continuación se elogiaba la unión de agilidad y disciplina, así como la riqueza de las relaciones]... Eisler se manifiesta con una libertad que, deudora de Mozart, le permite hilvanar nuevo sobre nuevo y, sin embargo, crear una unidad. [Al final se insistía] en ese talento de Eisler para la Fantasía, que es su cualidad más propia sin hacerse tan evidentemente visible como su fuerza de invención melódica, la honradez armónica y el conocimiento instrumental" (Betz, 1994, 36). El comentario es de un jovencísimo discípulo de Alban Berg: Theodor Wiesengrund Adorno. El mismo Arnold Schönberg recomendó a su editor la publicación de esta pieza, brillante combinación de Prokofiev y dodecafonía, llena de sentido del humor, donde Eisler ya muestra a las claras su elegante destreza en los incidentes y rica armonía. Su peculiar técnica, en lo que se refiere a la música vocal, empezaba ya a vislumbrarse, y es la que caracterizaría a grandes rasgos toda su obra: Eisler tomaba unos textos como material -por ejemplo, para una de sus composiciones de transición, compuesta todavía en Viena, sobre las Zeitgedichten (op. 10) escritas por Heinrich Heine antes y después de la fracasada revolución de 1848-y los utilizaba, o más bien (como él diría) los hacía útiles, montándolos y remontándolos, dándoles un nuevo título, introduciendo líneas y cortes e incluso añadiendo otros textos. No se trataba de inventar una nueva técnica musical, sino de, mediante el montaje, articular o expresar musicalmente la función de la música en la sociedad, interrogándose sobre los cambios sociales y el modo en que éstos afectaban a la propia música. Eisler ponía así de manifiesto que los avances musicales aprendidos en Viena tenían que conservarse, pero dándoles un impulso social, y esto principalmente de la mano de textos que pusieran la música al servicio de los proletarios. En la apropiación de los poemas de Heine, los coros ridiculizaban los típicos coros de orfeones, pero al tiempo que lo hacían, invitaban asimismo a una lucha más intensa en el futuro, en lugar de un languidecer por el fracaso de la revolución de 1848. Este estilo sería el germen de esa Kampfmusik, o música de lucha, que seguiría en los años posteriores. La pieza fue escrita en 1925, más o menos cuando Paul von Hindenburg llegaba a ser presidente de la República, declaraba su poca simpatía hacia los socialistas, incluso cuando éstos eran moderados, y acto seguido empezaba a ejercer su influencia directa en la formación del gobierno, mayor de la que la constitución le otorgaba. A saber, el DNVP (Deutschnationale Volkspartei, unión nacionalista y pro-Kaiser de partidos conservadores, representantes de clases medias -algunos de ellos antisemitas) debería ser incluido en el gobierno, y el SPD debería ser excluido a toda costa. (Por su parte, el KPD había perdido casi toda su fuerza ofensiva tras las crisis de 1923 y el consiguiente estado de emergencia.) Hindeburg con ello se arrogaba derechos presidenciales que presagiarían lo que ocurriría en los años venideros. Tras los estudios en Viena, que finalizó no sin un conflicto con el maestro debido a un comentario indiscreto del alumno (aunque Schönberg no podría haber entendido la función socialista que su discípulo quería dar a la música, ni Eisler se sentía motivado en continuar con la música moderna), Eisler se trasladó a Berlín, donde empezaba a compaginar su actividad musical -impartiendo clases en el conservatorio Klindworth-Scharwenka-con la teórica mediante la publicación de artículos sobre la función social de la música en el periódico comunista Die rote Fahne (La bandera roja), y donde iniciaría su crítica al l 'art pour l' art y su intrépida conversión a una música que fuera claramente social y políticamente útil, a un idioma que pudiese llegar a las masas. Lo primero que la caracterizaba era su renuncia total a la autonomía, y la sustitución de esta aspiración por una "música aplicada", de manera que, como el mismo Eisler estipulaba, belleza, armonía y otras cualidades estéticas se pusieran al servicio de una causa política. Así lo ponen de manifiesto sus composiciones para coros de trabajadores -contrapunto político a los coros de diversa índole de escuelas o agrupaciones que ensalzaban sentimentalmente tradiciones y formas de vida comunales precapitalistas, y que con una facilidad pasmosa se habrían de convertir en cuestión de meses en abanderados de las reconstrucciones idílicas de lo ario en la ideología nazi. Por su parte, las ya mencionadas canciones de lucha, nacidas un poco más tarde que los coros, a partir de la gran crisis económica de 1929-30, y pensadas sin más como intervenciones directas, en manifestaciones o asambleas, habían de ser concisas, económicas y enérgicas, con una buena dosis de agitación, sin sentimentalismo de ningún tipo. El montaje de elementos de marcha con otros de jazz, de síncopas y bajos, generaba un brío sorprendente desde el primer momento -pero su sencillez, el que fueran compuestas en el modo menor era sólo aparente-. En la "Canción de la solidaridad", por ejemplo, la asimetría de la línea melódica y el cambio de compás provocaba contrastes y hacía avanzar a marchas el texto, que se insertaba como en una especie de camino difícil por el que se tenía que transitar con fuerza, decisión y audacia. Las letras se tenían de entender fácilmente, pero sin que el texto atrapase a la audiencia, renunciando por tanto a la empatía, y apuntando a la misma dificultad de la ejecución. La energía que la rodeaba estaba, sin embargo, a años luz de la afirmación de poder de las marchas fascistas que pocos años más tarde resonarían por toda Alemania. Las observaciones de Walter Benjamin sobre el teatro político de aquellos años en Alemania ponen de relieve que el campo de batalla de la izquierda artística estaba ocupado por posiciones muy distantes entre sí, y que pocas, según Benjamin, estaban bien definidas, por tanto, tampoco a la altura de las circunstancias, que él vislumbraba como revolucionarias. A su juicio, el teatro político no debía contentarse con insertar a las masas proletarias en posiciones creadas por el aparato teatral para la burguesía, sino que debía transformar el contexto social mismo en el que se hacía ese teatro. De ahí las feroces críticas a quienes formaban parte de lo que él llamaba "melancolía de izquierda" (y aquí estaban incluidos la Neue Sachlichkeit y el expresionismo) porque simplemente se limitaban a lamentarse en una autocomplacencia de lo negativo, con la consecuencia fundamental de que acababan vendiendo sus esfuerzos a la burguesía: "su significado político se agotó con la transformación de los reflejos políticos, en cuanto que éstos emergieron en la burguesía, en asuntos de distracción y de diversión que se suministraban para el consumo" (Benjamin, 1991, 279-283). Pocos se salvaron de la fuerte polémica iniciada por Benjamin. En El autor como productor, sin embargo, ponía como ejemplo de práctica artística proletaria a Hanns Eisler: éste y sus colaboradores intentaban trascender la especialización en el proceso de producción intelectual, y de esta manera intentaban romper o cruzar las barreras que dividían el trabajo conjunto de las fuerzas productivas. Sólo así, sostenía Benjamin, podían descubrir los autores que eran productores en solidaridad con otros productores y con otros trabajadores, con los que de otra manera apenas entrarían en contacto. Y citaba a Eisler: "También en la evolución de la música, tanto en la producción como en la reproducción, tenemos que aprender a percatarnos de un proceso de racionalización cada vez más fuerte... El disco, el cine sonoro, los aparatos, pueden distribuir ejecuciones musicales refinadas... en forma de conserva como mercancía. Este proceso racionalizador tiene como consecuencia que la reproducción musical se haya limitado a un grupo de especialistas cada vez más pequeño, pero también mejor cualificado. La crisis de la práctica de los conciertos es la crisis de una forma de producción anticuada, superada por nuevos inventos técnicos" (Benjamin, 1998, 127). Eran tesis similares a las del célebre texto sobre "La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica" y resumían la tarea que Benjamin y Eisler encomendaban al arte, el cual era alzado como alegoría esencial de las formas de productividad contemporáneas. El arte había de instar a la creación de formas de colectividad y de praxis colectiva en las que los medios de producción, los objetos y las relaciones sociales fueran efectivamente apropiados por los sujetos involucrados en ellas. Y esto sólo sería posible si aquellos que habían recibido la educación suficiente en el seno de las clases medias creaban lazos de solidaridad con los que no la poseían, pero no en la forma de una supuesta proletarización, que no eliminaba en sí el privilegio del que se partía, sino mediante la politización explícita en el arte o en los escritos. El equipo Brecht-Eisler se caracterizaría desde un primer momento, y durante los dos años previos al exilio, por un intento de sacar el máximo partido a los medios artísticos burgueses, pero para darles una nueva función política. Sobre el cambio experimentado por Eisler tras su abandono de la escuela de Schönberg escribía sin embargo Adorno: "En tanto que esta música surge del frente de la acción inmediata, lo refleja, y se establece como forma artística, evidente que las formas producidas no resisten frente a la avanzada producción burguesa [...] Sin cesar cobra atención, el que la escuela de Schönberg, de la que proviene la figura del hasta ahora el más consecuente compositor proletario Eisler, esté en contacto con esfuerzos que aparentemente le son contrarios y se oponen a ella. Para que este contacto fuera fructífero, su uso debería encontrar una dialéctica: no debería dirigir la música pasiva y unilateralmente tras la conciencia de los que la usan, sean proletarios o no, sino más bien intervenir activamente él mismo con su forma en la conciencia" (Schebera, 1998, 89). Pero en estos conflictivos años de la República de Weimar, Eisler no pretendía ya avanzar tanto en los desarrollos técnicos de la música burguesa, tampoco quedarse en la mera defensa de posiciones, sino en movilizar a los trabajadores para la lucha. Habría que añadir, sin embargo, que trabajos que con posterioridad compondría durante el exilio serían buena muestra del esfuerzo que Adorno le estaba recomendando. No obstante, tal vez Adorno no llegó a entender que en las composiciones de Eisler de aquellos años sí había una relación dialéctica, muy sutil, entre la música y las letras, entre la música diatónica y la claridad de sus estructura. Hacia finales de octubre de 1932, la batalla política de Eisler se encuentra en su punto álgido. Junto con Brecht compone para Helene Weigel "Vier Wiegenlieder für Arbeitmütter" (Cuatro canciones de cuna para madres trabajadoras), una pieza energética a la vez que melódica y sencilla. También sería de este año "O Fallada, da du hangest" (Fallada, mientras cuelgas), una de las más emocionantes composiciones de protesta contra la creciente SONIA ARRIBAS doi: 10.3989/arbor.2009.739n1062 miseria y deformación física de los hombres cuando están sometidos a la más terrible penuria económica. Todas esta piezas utilizaban las notas del modelo de escalas frigio, sobre las que trabajaba con el estilo compositivo que había aprendido de Schönberg, y a partir de ahí formaba muchas variaciones sencillas que podían ser percibidas en la ejecución en relación unas con otras. Brecht decía de las composiciones de Eisler que eran "bastante complicadas" -y es que estaban llenas de sutileza e inteligencia, a pesar de la apariencia de sencillez e inmediatez, de frescura y ligereza, de colorido y brusquedad, con la que las percibimos a primera vista. Las últimas composiciones breves de Eisler en colaboración con Brecht antes del exilio fueron "Der Marsch ins Dritte Reich" (La marcha en el Tercer Reich), y dos semanas antes del inicio de la dictadura de Hitler, la canción "Spartakus 1919", con una letra que no sólo recordaba los asesinatos de Kart Liebkneckt y Rosa Luxemburg, sino que habría de ser profecía de lo que iba a ocurrir: "O Spreeathen, Oh, wieviel Blut hast du gesehn" (O Spreeathen, cuánta sangre has visto). QUINCE AÑOS EN EL EXILIO: UNA AUTONOMÍA Las piezas recopiladas en "Lieder und Cantaten im Exil" fueron compuestas a partir de un momento de crisis en la vida de Eisler, un poco después del inicio de gestación de la sombría y deprimente "Deutsche Sinfonie" (Sinfonía alemana), que iniciaría en 1936 y terminaría en 1939, ya en Estados Unidos, cuando Hitler y Stalin firmaban el pacto de no agresión, y como una secuencia de cantatas y movimientos instrumentales antifascistas. Durante el largo período de exilio, Eisler viajaría por la Unión Soviética, Dinamarca (con Brecht), en España con las Brigadas Internacionales, en Nueva York, y finalmente en Hollywood, con la gran colonia de exiliados alemanes (Thomas Mann, Alfred Döblin, Lion Feuchtwanger, Adorno, Schönberg...). Se podría decir que hasta más o menos el año 1937 Eisler todavía confiaba en que Hitler iba a durar poco en el poder, y en que era posible animar a las masas a movilizarse contra el régimen, y a que los trabajadores extranjeros se solidarizasen con sus compañeros alemanes. A partir de la llegada de los exiliados alemanes a Estados Unidos hacia 1931 había surgido la primera "Workers Music League" (Liga de trabajadores para la música), para la que Eisler se había convertido enseguida en figura clave; también en 1932 aparecieron traducidas todas sus canciones de lucha. Otra importante pieza combativa, la música para Cabezas redondas y cabezas puntiagudas, había sido compuesta en Dinamarca en 1934, así como la "Canción para el frente unido". Eisler viajó a España el 10 enero 1937, donde se encontró con Ernst Busch y donde compondrá dos canciones, "Marcha del 5.o regimiento" y "No pasarán", con letras de José Herrera Petere. Posteriormente se acercaría hasta Murcia para visitar la XI Brigada Internacional. Pero hacia 1937 el régimen hitleriano se había asentado ya con firmeza en Alemania y empezaba a ser apoyado por un cada vez mayor número de alemanes. La apresurada reconstrucción de la Wehrmacht (fuerzas armadas), realizada desde 1935, hacía cada vez más claro que Alemania tenía intenciones expansivas muy ambiciosas. Eisler y Brecht se dan cuenta de que su regreso tendrá que hacerse esperar mucho tiempo. Del año 1937 son el "Réquiem de Lenin" y las "Cantatas de Cámara", así como las "Zwei Elegien" (Dos Elegías), con textos de Brecht. En estas composiciones empieza Eisler a desarrollar un proyecto de dialéctica entre la tradición y la vanguardia, de manera que la música dodecafónica se pueda emplear productivamente para expresar de una manera sencilla y directa la nueva situación política. En la segunda, en sus líneas más célebres, se refleja el ya largo período de exilio: "Cambiábamos de país como de zapatos ¿a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos? donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella". La melodía y el acompañamiento del piano en las elegías, en técnica dodecafónica muy libre, están dominados por un tono pensativo, pero no triste, por medio del cual Eisler persigue combinar la claridad expositiva con un contenido político determinado. El desorden del que hablan las letras no es un caos originario, un estado de naturaleza en el que todos luchan contra todos, sino un caos que pertenece a un tiempo concreto, que puede ser señalado en sus orígenes y causas. La vida en un lugar así es transitoria y consiste en una lucha continua, pero se trata, de nuevo, de una vida situada en un tiempo de miseria, pero cambiable, pues se vislumbra una meta, hoy por hoy inalcanzable, pero no por ello inexistente. De momento, en esta situación, el poeta sabe, por lo menos, que "Los poderosos se sentían más tranquilos sin mí". Hay un tiempo futuro, unos hombres venideros, y el poeta dirige sus palabras a ellos, de nuevo apuntando a la posibilidad de la transformación de lo presente. Les incita a que recuerden los tiempos sombríos de los que se han librado, que han superado, que los tengan presentes en su memoria: los tiempos en que reinaba la injusticia y la desesperación. En tiempos sombríos la amabilidad no es posible, y el odio contra la bajeza afecta también a quienes lo experimentan: el poeta concluye pidiendo a los hombres venideros que sean indulgentes para con nosotros. Las canciones se han de interpretar sin emoción, sin dejarse llevar por la densidad del texto. El texto se tiene que captar en su inmediatez, casi como si fuera un texto hablado al que se le da un tono ligeramente melódico. Sólo así se expresa la dialéctica del distanciamiento en la ejecución misma de la pieza. Otra canción del mismo año es "Der Pflaumenbaum" (El ciruelo), en este caso una canción para niños basada en el poema de Brecht que también Walter Benjamin comentaría. En 1938 se instalaba ya definitivamente en Estados Unidos, donde se convertiría en profesor de composición y contrapunto en la New School for Social Research de Nueva York, que había creado en 1933 una sección denominada "Universidad en el exilio". (Otros compositores que emigraron a distintas instituciones norteamericanas fueron Arnold Schönberg en el Malkin Conservatory de Boston y más tarde en la University of Southern California en Los Ángeles, Paul Hindemith en la Yale University, Ernst Toch, también en la New School for Social Research, Ernst Krenek en el Black Mountain College de North Carolina y en el Vassar College de Nueva York; Otto Klemperer, que fue a la Los Angeles Philarmonic Orchestra, Bruno Walter, director de varias orquestas, George Szell, director de la Metropolitan Opera y del Opera Workshop de la New School). Aparte de ganarse la vida dando clases de composición y contrapunto en la New School, Eisler formaba parte de grupos políticos, como el "Composers' Forum Laboratory", financiado con fondos del New Deal de Roosevelt, colaboraba en varios grupos de música de trabajadores, y se dedicaba a componer música para películas, por ejemplo: "The 400 Million", documental dirigido por Joris Ivens en 1939, que sería la primera película para la que emplea la técnica dodecafónica. También sería decisivo el encuentro con el director Joseph Losey, que luego adaptaría el Galileo de Brecht. La primera colaboración Eisler-Losey tuvo lugar en 1939, para la película Pete Roleum and His Cousins (Pete Roleum y sus primos), donde figuran las célebres canciones "We 're pouncing on the Oil" y "Bucket Song", sobre quien escribiría el célebre pianista Oscar Levant que eran lige-ras, claras de ideas, así como precisas en la orquestación, brillantes y sutiles. La situación como exiliado sin embargo no era fácil: Eisler padecía crónicamente de falta de dinero y tuvo problemas con el visado y el permiso de residencia, a pesar de que había solicitado uno largo. Las autoridades empezaban a tomar nota de sus actividades políticas debido a su cercanía con la liga de trabajadores para la música, y al partido comunista. El 21 de agosto de 1939 iniciaría el trabajo de la música para la canciones "Gedanken über die Dauer des Exils" (Meditaciones sobre la duración del exilio) sobre poemas de Brecht, cuando era profesor invitado en el Conservatorio de Música de la Ciudad de México, así como de la primera parte de "A los hombres venideros", y para el soneto número 66 de Shakespeare. En las primeras Brecht y Eisler muestran el carácter transitorio de la existencia en el exilio, en la que la temporalidad se acelera, pues nunca se sabe dónde se estará el día siguiente. Las preocupaciones del día a día empequeñecen en comparación con lo que se dejó, puesto que la duración del exilio afecta cada instante, dándole una intensidad distinta a la habitual. Pero tampoco las pequeñas alegrías (como regar un árbol) le son permitidas al exiliado, el conocer gente, el aprender el idioma, porque su vida está encauzada a un único instante: al regreso. Ésa es la esperanza que le mantiene con vida, que da sostén a su trabajo: la ilusión de que la injusticia cometida será vencida. Pero a pesar de la desgracia, hay que regar el árbol. La música de Eisler no ilustra ni expresa sentimientos, sino que los comenta, deja que el texto se muestre en un primer plano, para que se entienda, pero sin rastro de efusividad en la ejecución, sin posibles identificaciones, para que el oyente pueda apropiárselo activamente y con un esfuerzo intelectual. Por su parte, la canción sobre el soneto de Shakespeare, que se inicia con "Tired of all this", fue escogido por Eisler en el momento en que su situación política en Estados Unidos se le estaba complicando muchísimo, pues las autoridades norteamericanas no sólo no le concedieron el visado adecuado, sino que además le llegó una orden de arresto justa -y supuestamente-a causa del visado que no llegaba, y tras un viaje desde México que le trajo consigo una espera en la frontera de un mes largo, debido a que su nombre estaba en una lista negra. Por esas mismas fechas Hitler y Stalin firmaban el ya mencionado pacto de no agresión (23 agosto 1939), que causaba estupor al mundo entero, y al poco tiempo Hitler invadía Polonia y se iniciaba la Segunda Guerra Mundial. En 1940 recibiría una beca para estudiar la función de la música en el cine. De esta labor resultarían partituras para cuatro películas y el libro, escrito junto con Adorno, Composing for the films (Adorno y Eisler, 1994). En este libro Adorno contribuyó sobre todo con sus reflexiones sobre la industria cultural, en particular sobre las ilusiones de inmediatez generadas por las películas de Hollywood. Ambos dedicaron su crítica a los distintos elementos característicos de las bandas sonoras: por ejemplo, las fáciles melodías, que tienen que permanecer inconscientes, la mímica de lo visual, la música enlatada, los clichés, etc. La impronta particular de Eisler se nota en las reflexiones sobre el uso de instrumentos, sobre el papel del compositor en su recurso a la de-familiarización. Composing for the films no deja de ser, sin embargo, un híbrido que no llega a disimular a veces las ideas contrapuestas de sus dos autores. El último traslado dentro de los Estados Unidos tiene lugar en 1942. Eisler se mudaría a California, seguramente porque su amigo Brecht llevaba ya un año allí, algo que éste último había logrado no sin muchas odiseas por diversos países. (Escapó de Dinamarca poco antes de la llegada de la Wehrmacht, y luego tuvo que salir de Moscú en el transiberiano, habiendo pasando antes por Finlandia, y dejando atrás sin remedio a su colaboradora Margarete Steffin, que moriría de tuberculosis. Un barco le llevaría a Manila, y de ahí a California). La situación de los exiliados durante este período tampoco sería nada fácil, simplemente recordar que tenían que registrarse como "Enemy aliens" ("extranjeros enemigos") y que sus vidas estaban sometidas a controles insoportables. En Santa Monica, Eisler y Brecht empezaron a reunirse casi a diario, vivían a veinte minutos en coche. Cada uno tenía que ganar dinero, cada uno por su lado, en el mercado de Hollywood, como diría Brecht. Ninguna de las composiciones que Eisler realizó para los estudios ["Hangmen Also Die" de Fritz Lang (1943), "None But the Lonely Hearts" de Clifford Odets (1944), "The Spanish Main" de Franz Borzage (1945), y otras con Gustav Machate y Douglas Sirk entre otros] le resultaría un trabajo del que sintiera satisfecho. El libro que escribió junto a Adorno le serviría para desquitarse de la mala experiencia: criticaría la incompetencia de los departamentos de música de Hollywood, el bajo estatus otorgado al compositor, la estructura rígida de las orquestas. Es por este tiempo también cuando Eisler se aproximaría a su maestro Schönberg, quien también estaba sufriendo en los estudios de Hollywood. Eisler recordaría un día especial en que Brecht se acercó a su casa: "Me dio un sobre con unos veinte poemas y me dijo:'mira, tal vez haya aquí algo que puedas usar'. Es decir, lo había concebido como propuesta para composiciones. (...) Lo miré, y le dije,'Brecht, esto es colosal', a lo que preguntó,'¿de verdad? Brecht nunca decía nada más.'Brauchbar': ésa fue su formulación. Lo compuse inmediatamente y se lo toqué. Éste sería el inicio de una de las más impresionantes desarrollos musicales del siglo XX, la colección de 49 canciones Hollywood, conocida habitualmente por el título de "Hollywood Liederbuch". A pesar de que el contexto era muy distinto, Estados Unidos acaba de meterse en guerra y Alemania seguía al frente de su expansión fascista, Brecht y Eisler seguían confiando en la función social del arte. Ya no se trataría, no obstante, de un activismo militante, sino más bien de la posibilidad de una vuelta a Alemania poshitleriana, en la que ambos siguieron creyendo hasta el final. Se dedicarían por ello a rescatar del pasado una tradición alemana opuesta al fascismo, y a crear un arte que sirviera a los futuros alemanes para reconocerse a sí mismos en otra cosa que el nazismo. Y, en particular, les pareció importante recobrar la tradición de los Lieder acompañados al piano (Beethoven, Schubert, Schumann, Hugo Wolf) como contraposición a las canciones nacional-socialistas. En particular, el "Hollywood Liederbuch" contiene tanto reflexiones sobre la situación de los exiliados y la guerra mundial como recuperaciones de textos clásicos alemanes que se afirman como críticas a todo lo que Hollywood representa. Las canciones dedicadas al exilio están escritas en una atonalidad libre, la voz domina en un primer plano, y el acompañamiento del piano se limita a un segundo plano de apuntalamiento o acentuación de los momentos importantes. Pero ninguna de estas canciones están destinadas a la inmediatez de la lucha; son, más bien, observaciones distantes desde un mundo con el que no coinciden, como expresaría Brecha en su Diario de Trabajo: "Escribir aquí lírica, incluso actual, significa: retirarse a la torre de marfil. Es como dedicarse al arte de la orfebrería. Esto tiene algo de extravagante, estrafalario, torpe. La música de Eisler adquiere distancia, deja que las letras pasen a un LAS CANCIONES DE HANNS EISLER: LUCHA, EXILIO Y AUTONOMÍA DEL ARTE primer plano y se puedan experimentar conscientemente, toma elementos musicales de distintas tradiciones y los monta entre sí en una amalgama fascinante (desde las viejas canciones de lucha, hasta el jazz y el Lied clásico). Lo interesante de estas composiciones es que, al volver a la tradición de los Lieder, por medio de ellas, Eisler recoge el subjetivismo característico de esta tradición, pero lo desfamiliariza, rompiendo cualquier posibilidad de identificación por parte de la audiencia, mediante la introducción de vacíos y elementos paródicos, de recursos musicales y de imágenes destructoras de la melancolía característica de esa tradición. Y es aquí, finalmente, donde el exilio político de Eisler y Brecht se podría convertir en condición contemporánea por antonomasia: se trata del exilio social y político de los individuos que no controlan el destino de sus vidas porque otras fuerzas mayores lo hacen por ellos, de la resistencia frente a la asimilación por parte del mercado. Así, Eisler: "En esta melancólica, eterna primavera de Hollywood le dije a Brecht poco después de que nos hubiéramos encontrado [...]'Éste es el clásico lugar donde uno tiene que escribir elegías [...]. No se está impunemente en Hollywood. Sencillamente, hay que describirlo [...].' Éste era el terrible idilio de este paisaje, que en sí procede ante todo del cerebro que rige la especulación del suelo [...] Si se suprimiera allí tres días el agua, volverían a aparecer los chacales y la arena del desierto [...] Así, en este extraño y enlucido idilio, una ha de expresarse también concisamente" (Betz, 1994, 181). El individuo está exiliado de lo que le rodea, falto de identificaciones para con su condición social, porque lo que le rodea, el mundo en su conjunto, pertenece a unos pocos, porque la ciudad y el paisaje han sido concebidos para el entretenimiento y la mentira, como paraísos artificiales entre los que florece el dinero. Se trata de una situación desesperada, pero que no puede hacer caer al artista en la mera pasividad: de ahí que el cantante tampoco pueda dejarse llevar por el sollozo, por el sentimentalismo, sino que tiene que invocar, en su ejecución, la no naturaleza de esta condición de exiliado, la no resignación ante lo dado. En medio de la industria cinematográfica, el regreso a los Lieder no es un regreso a un tiempo mejor, a un romanticismo de las formas por medio de las cuales el sujeto expresa su más íntimo ser, sino, por el contrario, a una expresividad que dialectice la situación actual, que exprese la no identificación del sujeto con su entorno, que lo muestre en su contingencia, en su finitud, en su posible transformación. En 1947 Eisler y Brecht fueron llevados ante el Comité de Actividades Norteamericanas. Eisler nunca formó parte del Partido Comunista, pero tampoco ocultó su afiliación política. Fue interrogado sobre Die Massnahme, así como por la canción "Lob des Kommunismus" en La madre, y por ser el hermano del espía comunista Gerhart Eisler (periodista político muy conocido). El presidente del comité de interrogaciones, Parnell Thomas, declararía que su propósito fue era "mostrar que el Sr. Eisler era el Karl Marx del comunismo en el campo de la música, y además es consciente de ello". Eisler le respondió que se sentiría muy halagado por una comparación así. Se montó una protesta a cuya cabeza se encontraban Chaplin, Thomas Mann, Einstein, Picasso, Copland, Matisse y Cocteau (Adorno retiró su nombre de Composing for the films), pero que sólo sirvió para ser liberado y, al poco, expulsado de los Estados Unidos, en 1948.
EL MITO DE MOISÉS Y EL EXILIO ALEMÁN ¿Por qué volver a narrar el mito de Moisés precisamente entonces? ¿Por qué hacer memoria de lo que Jan Assmann denomina "las consecuencias psicohistóricas del monoteís-mo" en las fechas de la debacle weimariana o bien desde el largo exilio provocado por el III Reich? Fueron muchos los que volvieron la vista hacia Moisés: Freud, Schönberg, Thomas Mann, entre ellos. El mito de Moisés, como dice Assman, "traza una frontera y concierne a una distinción: la distinción entre Egipto e Israel, entre la vieja y la nueva relación con el mundo, entre los dioses ajenos y el dios único y verdadero, entre verdadero y falso en la religión y, en última instancia, entre dios y mundo" (Assmann, 2006, 137). Si el monoteísmo fue históricamente producto de un éxodo, de una revolución, de una conversión, de una innovación radical, el recuerdo de su gran legislador en la esfera judeocristiana parece que fue un asunto vital para muchos de los artistas que quisieron responder de la manera más contundente a la crisis de la república de Weimar y a la dictadura en que ésta se desfondó. en una revelación fijada por escrito de una vez por todas. (Assmann, 2006, 138) La república de Weimar se resuelve en un exilio gigantesco (Pérez, 2008): y han sido muchos e intensos los debates acerca de cuáles fueron los límites y cuáles los fundamentos de esa nueva plausibilidad adquirida por el mito de Moisés durante el exilio alemán de 1933-1945. "Se requiere evidentemente -dice Karl-Josef Kuschel en diálogo crítico con Assmann-de una experiencia de ruptura de la civilización para que los hombres estén dispuestos, sin ninguna sobrecomplejidad intelectual o cinismo menospreciador del hombre, a comprometerse por un ethos común" (Assmann, 2006, 210). Sin embargo, los estilos con que se imagina y vindica ese ethos común, esa obligatoriedad con que se quiere contestar a la época de la denigración hitleriana de la ética, son bastante diferentes en Schönberg y en Thomas Mann. Por más que ambos coincidan en alargar la vida de Moisés volviéndolo a narrar... Las afinidades electivas entre Arnold Schönberg y Thomas Mann -quienes en lo personal habrían de mantener una eterna disputa basada en una recíproca inmodestia-se hacen más claras, como digo, en el momento crítico del desmantelamiento de la República de Weimar y el ascenso de la dictadura Nazi. En una situación políticamente crucial para Europa, ambos se entregan a dos de sus composiciones más ambiciosas. Y los dos lo hacen regresando sus miradas hacia las leyendas bíblicas, es más, hacia los libros del Pentateuco (o la Torá), ya con la liberalidad de un ironista consumado, en el caso de Mann, ya con el pathos de una conciencia religiosa a punto de reganar su identidad abandonada, en el caso del luterano Schönberg (lo era desde 1898), nuevamente el judío Schoenberg a partir de 1932. Trabajan en paralelo: desde 1923, el músico vienés venía dando vueltas a la idea de una ópera en tres actos sobre el episodio de Moisés ante la zarza ardiente, y a partir de 1928 su dedicación fue lo suficientemente intensa como para completar en 1932 el libreto y la partitura de los dos primeros actos. Posteriormente, habría de redactar todavía el texto del tercero. Moses und Aron (la triscaidecafobia de Schönberg le escatimó una 'a' al nombre del hermano locuaz -lo cual no impidió, quizá al contrario, que el escatimador muriera un día 13-), su obra más monumental del dodecafonismo, habría de quedar incompleta. Aunque nunca una obra incompleta tuvo un final tan perfecto, como veremos. La experiencia de la catástrofe supuso la recuperación de la distinción mosaica. Cuando la decencia y la dignidad humanas son atacadas de un modo tan peligroso que su reivindicación deja de causar vergüenza a la más sofisticada intelligentsia, que ya no puede ver en ellas ridículas beaterías sin futuro, vuelve la fábula mosaica: ¿por qué la "civilización" europea -y su arte-se agarra en momentos de catástrofe a una (nueva) sublimación de Moisés? [...] ya no podemos apelar a verdades "absolutas", sino sólo a verdades "que sirven a la vida" que hay que negociar una y otra vez. La distinción mosaica, como Freud nos ha enseñado, no sólo representa trauma, represión y neurosis, sino también un "progreso en la espiritualidad" al que -por muy caro que tengamos que pagar por él-no hemos de volver a renunciar. Deberemos aferrarnos a la distinción entre verdadero y falso, a los conceptos claros de lo que percibimos como incompatible con nuestras convicciones, si es que tales convicciones han de tener alguna fuerza y profundidad. Con la salvedad de que ya no podremos fundar esta distinción Ilustración 1. William Blake, "Moisés y la zarza". Desde 1925, al bajarse de su Montaña mágica, Thomas Mann empezó a esbozar por su parte una tetralogía que ampliaría de un modo inusitado el relato de José, hijo de Jacob, sumarizado en el Génesis. Pero antes de perder el aliento del viejo mito testamentario, quiso en cierto modo darle prolongación a su obra, avanzando unas generaciones en la escaleta del judaísmo: y dedicó a Moisés un potente relato titulado Das Gesetz (Mann, 1990), originalmente concebido para un frustrado filme propagandístico, que acabó formando parte muy destacada de un irregular volumen colectivo editado por Armin L. Robinson, en inglés, publicado en EEUU en 1943 bajo el expresivo rótulo de The Ten Commandments. En Schönberg el trabajo sobre el mito mosaico surgió en los prolegómenos de la dictadura nazi para quedar suspendido en el filo mismo de la fecha de exilio (1933); mientras que, en Mann, Moisés fue la figura que le permitió hacer, en medio del peligro y, todavía, de la incertidumbre de la guerra (éste es el texto que Mann tenía entre manos mientras los alemanes caían en Stalingrado), la transición entre dos leyendas centrales en la lógica espiritual de Occidente, y de su propia aventura novelística: José y Fausto 2. En cualquiera de los dos casos, el instaurador religioso, el inexorable legislador y tartamudo patriarca de Israel, de nombre egipcio y, además, extrañamente truncado (lo de "el salvado de las aguas" es una cándida, popular y falsa etimología seudohebraica, pues mose es al parecer un término egipcio: habitualmente funciona como la raíz de un nombre complejo, tal cual Amen-mose, es decir, hijo o nacido o niño de Amen, e igual Ptah-mose, o Ra-mose, que significa hijo de cada uno de estos dioses; con lo que Moisés es una forma nominal extrañamente rudimentaria e inacabada, o tirando del hilo de su historia personal se podría decir: una forma nominal a secas, huérfana de padre y de dios), este libertador del pueblo judío no fue empleado sin más en las ficciones de Schönberg y Mann como un Icono de la Ley al que ir a protegerse durante tiempos políticamente peligrosos. Un análisis de las dos obras, el relato La ley y la ópera Moses und Aron, nos permitirá percatarnos de que lejos de utilizar a Moisés como fetiche con el que poder pasaportar la devoción de los exilados centroeuropeos por una Autoridad y un Ethos purificadores, o como grandilocuente alegoría de la Liberación frente al Terror (jugando la infalible baza de asimilar a Egipto con Alemania, y al Faraón con el Führer) ambos artistas transformaron críticamente a Moisés en la leyenda de un tiempo original que, separado por alrededor de 2.300 años del tiempo tardío de Adolf Hitler, quedó ya sembrado por dudas acuciantes que merecía la pena volver a actualizar: ¿cuál es el riesgo de pretender sojuzgar los órdenes profanos de la vida bajo el imperio de la religación sobrenatural de la ética? ¿Hasta qué grado queda debilitado el fundamento de la Autoridad y la fuerza de la Ley bajo la inclinación politeísta de nuestras devociones y el pluralismo mundano de nuestros temores? ¿Cuál es el estilo del mundo de aquel que sueña con un asiento unitario para el Pueblo como comunidad en la Fe a partir de una erradicación violenta de toda contingencia moral? THOMAS MANN: CONTRA HITLER, OTRA FUERZA Todo comienza en Mann con el nacimiento irregular del protagonista, pues "su padre no fue su padre y su madre no fue su madre" (Mann, 1973, 4). Lector de los artículos que Sigmund Freud había venido publicando en la revista Imago bajo el título de Moisés y la religión monoteísta (Der Mann Moses und die monotheistische Religion), y en los cuales se había intentado probar la fantasiosa y atractiva hipótesis de la nacionalidad egipcia de Moisés -y aun de un doble Moisés refundido en uno solo por la tradición, tan aplicada en solapamientos de la identidad: el irascible Madianita, que condujo al pueblo judío hasta el oasis de Qadesh a los pies del Sinaí, y cuyo tipo lo había acuñado Jethro, su suegro bíblico, y el templado Moisés egipcio, experto en Aton y líder de faraónicas empresas, devinieron en uno, dice Freud- (Freud, 1981, 54-55), Thomas Mann no perdió la oportunidad de secundar en La ley, precisamente en La ley, esa política tan suya de "Mythos durch Ironie", hasta convertirlo en su relato más lleno de chispa volteriana y más fiel al antidogmatismo lessingiano. Plegó para ello su serio humor al canon de leyendas que tratan de algún expósito, según el cual un niño nace en una primera familia noble y casi siempre Real para acabar a la puerta de una segunda humilde o degradada, donde crece. En el relato manniano, Moisés, que según el capítulo 2 del Éxodo fue progenie de la tribú de Leví, es fruto ilegí- timo de los amores puntuales de un joven aguador hebreo ¡con la misma hija del Faraón! -quien de descubridora en pleno baño de la canastilla del bebé hebreo pasa a joven paridora de un Moisés del más alto linaje egipcio-. Sabedor de su origen, la casa del Faraón dio a este nieto de reyes a una mujer hebrea que lo condujo a Gesén, donde lo adoptó Jochebed, mujer de Amram, que en esas fechas estaba amamantando a su propio hijo Aarón y tenía leche de sobra. Irregulares orígenes, irregular la crianza de este falso hijo de Amram, por cuya educación superior veló la providencia de su madre biológica, sacándolo de entre las gentes del desierto y dándole, en una refinada escuela tebana, la formación propia de un egipcio en vías de obtener colocación en la corte de Ramsés, su abuelo de concupiscencia... pero la mitad hebrea de su sangre tiraba de él hacia Gesén. Y en su huida habría de asumir en primera persona un acto total de violencia y una muestra de esa iracundia precristiana que tanto cuadra con el arquetipo mosaico: asesinó brutalmente a un egipcio al salir en defensa de un obrero esclavo. El relato de Mann, no obstante, se centra muy pronto, siguiendo el Éxodo a la distancia, en el regreso a Egipto de este madianita de adopción y pone un énfasis especial en la formación de una suerte de guardia de corps capitaneada por un efraimita, Hosea, o Josué, para quien el Invisible de Moisés era antes que nada el Dios de las batallas, y en cuya imaginación guerrera el complejo proyecto judío de la liberación del yugo faraónico se traducía, de forma más realista, por la necesidad de conquista de otra tierra alternativa que ocupar las tribus hebreas. Thomas Mann, siguiendo la pauta del Goethe del West-östlicher Divan (Machoschey, 1998, 89-99), da una relevancia llamativa a la figura de Josué, el geógrafo, el estratega, el brazo militar del artista, el ángel exterminador. Jehová significaba el éxodo. Y éxodo es tanto un viaje a la libertad religiosa cuanto una campaña de conquista, como habrá de verse en el episodio de la toma de Qadesh, la posición paradisíaca vecina al lugar de la revelación de la Ley. El relato de Mann, esto es importante hacerlo notar, no asume como propia la solemne tarea de narrar la revelación de la ética. Más bien emprende la muy ética tarea de ironizar sobre la revelación (con lo cual prosigue la estela de la mejor Ilustración alemana, la de su admirado Lessing). La ley es aquí no la lengua de la Providencia y la santa trinidad del ethnos/demos/fides, sino peleón lenguaje moral, agóni-ca obra de autoridad, violencia como orden de poder: pura forja política. Y ese doble fondo, peligroso por lo reflexivo, sangriento por lo impositivo, del proyecto monoteísta de reunificación de las tribus hebreas, consistente en hacer de esa multitud indecisa de esclavos idólatras un pueblo arracimado en torno a la recuperación de un viejo Dios ancestral cultivado ahora en perspectiva exclusivista bajo el impopular marketing del Yo soy el que soy, ese doble fondo no puede ocultarse, por más que incomode a comentaristas religiosos que, como Karl-Josef Kuschel, se resisten a creer que la lucha manniana en favor de la decencia moral pueda tener éxito si no es a través de la Ley en tanto garantía de un vínculo universal con lo Absoluto e Incondicionado (Küng; Kuschel, 2006, 416-431). La ocasión recurrentemente propicia para la irascibilidad de Moisés es la resistencia de las tribus a conceder que la Alianza con el Dios Invisible no es contraproducente para su condición de víctimas de la opresión. En la lógica de los ancestros, Yahveh, el Dios de Abraham, Issac y Jacob, se había disuelto en una deidad del mero por si acaso, un dios garantista, el dios del horror vacui sentido genialmente por el politeísmo de los primeros judíos desperdigados: hay que agotar las posibilidades de encontrar lo divino, consagremos entonces, para cubrirnos las espaldas, un dios a esa mera posibilidad de encontrar divinidad en el vacío, por si acaso hay dioses cuyo régimen de existencia y poder se coloca más allá de los ojos, los cuerpos y la presencia. Yahveh fue durante mucho tiempo el lugar reservado en el panteón judío a la mera probabilidad. Y ahora Moisés escogía a ese Yahveh, al dios difícil, axiomático, potencia del por si acaso y de la no presencia (o de la esencia sin presencia), y le decía el Salvador, y el Único. Mann toma nota además de la dificultad personal del legislador, Moisés, que a solas se entiende tan bien con el Dios de la zarza, para transformarse ante las tribus en un Icono de la Ley eficazmente comunicativo: la Alianza de Dios con Israel pasaba por una alianza entre los hermanos políticos, es decir, el colérico y tartamudo profeta del Invisible habría de servirse del carnal y locuaz Aarón, con lo que la misión mosaica, que Thomas Mann describe en términos escultóricos (abundando en referencias a Miguel Ángel, aprendidas de Heinrich Heine, quien en sus Confesiones de 1854 ya vistió a Moisés con las galas del artista, cuyas obras de arte no estaban hechas de ladrillo como las de los egipcios, pues él era constructor de pirámides humanas, escultor de humanos obeliscos) es vista como un "modelar al pueblo de Israel a imagen del Dios Invisible" que necesita la subvención hermenéutica de Aarón, la boca de Moisés, en quien late de manera más desembozada el pulso y las querencias naturales del pueblo, hasta participar de ellas como sacerdote eminente de sus tentaciones. Pero de manera mucho más aguda que en la versión manniana, las dificultades de imponer el monoteísmo a través del pluralismo, y la querella entre las facultades fraternas, será, como veremos, el núcleo del Moisés según Arnold Schönberg. En todo caso, tanto Schönberg como Mann ponen en claro una perspectiva: lo artístico del caso no es la "invención" del monoteísmo, sino las penosas dificultades de activarlo en la historia. Cuando el decálogo mosaico reza en primer lugar "No habrá para ti otros dioses delante de mí" (Éx. 20,3) es la misma palabra de Yahveh la que constata la existencia de múltiples dioses. Por ello, dice Gerhard Kaiser, "no se trata de la promulgación del monoteísmo, sino de su puesta en práctica" (Assmann, 2006, 196). Que no hay fe popular sin una buena corte de Milagros eso es algo que sabe Aarón, y también su hermana, la profetisa María, la dionisíaca bailarina; pero que se resiste a conceder el purista Moisés (y, especialidad en Mann, todo purista esconde a un sensualista: el relato resalta la importancia de cierto capricho etíope de piel oscura), que quiere innovar yendo hacia atrás. Aarón entiende la lógica espiritual del pueblo, que es una lógica de la visibilidad: si se nos escatima la eficacia visionaria del milagro, la alternativa es un acto de violencia persuasiva, un dios que nos haga afortunados en la guerra, un dios incontrovertiblemente demoledor del contendiente, pues si este Dios siente vergüenza de las exhibiciones sobrenaturales, al menos habrá de convencer de la realidad de su poder por la vía secular de su potencia militar (y que el enemigo muera con un ¡Todo está perdido! ¡Yahveh está sobre nosotros! en los labios), máxime cuando exige que se le reconozca como el Único. Por eso el relato de Mann es exquisito en el retrato de la labor moralizadora sin la cual es imposible imponer eficazmente a un Dios así. Cuando las masas se aprestan a celebrar jubilosas la devastación de las tropas del Faraón en el episodio del Mar Rojo, a Mann, ciertamente incapaz de competir con Cecil B. DeMille, le interesa la aventura moral que emprende en esa ocasión Moisés: En primer lugar, es deliciosa la ironía del escritor al pintar un tiempo tan "original" en que hasta los ángeles están indecisos y no saben cuáles son los modales que han de observar en las victorias. Luego se recoge muy bien, además, esta ambigüedad de la labor de reagrupamiento espiritual de la masa a cargo de Moisés: que dedica ese "tú" que al tiempo une y distingue, un tú que a la vez factura comunidad e individualidad. Como un adviento de la Ley, la moral mosaica echa de ver antes que nada su extrañeza: ése es su dato radical, el sacrificio que exige lo desacostumbrado. Se trata de algo a lo que, por distintas razones, entre las que podemos contar sus intensas lecturas de Nietzsche, Thomas Mann era particularmente sensible: la moral no es el espejo de la naturaleza, menos aún cuando aquello a lo que apunta es a validar lo sagrado. Moisés, moralizador antes que legislador (o que estima al menos que la moral es la propedéutica de la eficacia de la ley), intenta denodadamente mostrar que la existencia social de Israel como comunidad en la Fe sólo es posible a través de procesos de relegación que conciernen, básicamente, a la corporalidad y su represión, y al poder y sus exclusiones. Sólo así la moral es una fuente de existencia social: a través de la justificación de las restricciones en el sexo indiscriminado y el poder irracional. Leyendo a Mann, leyendo al Moisés de Mann, podríamos acordarnos, ciertamente, de la definición de lo sagrado por la que opta por ejemplo Maurice Godelier en El enigma del don: Lo sagrado es un cierto tipo de relación con los orígenes en la que, en lugar de hombres reales, se instalan dobles imaginarios de éstos. En otras palabras, lo sagrado es un cierto tipo de relación de los hombres con el origen de las cosas de una índole tal que, en ella, desaparecen los hombres reales y aparecen en su lugar dobles de sí mismos, hombres imaginarios. Lo sagrado sólo puede surgir si desaparece alguna cosa del hombre. Y el hombre que desaparece es el hombre coautor, junto con la naturaleza, de sí mismo, el hombre autor de su modo de existencia social, de su ser social (Godelier, 1998, 245). El ethos de este héroe fundador que es Moisés, pasa por intentar convencer a las tribus de que no tienen realidad propia, que todos ellos son seres obrados, cuya vocación ha de ser la de alcanzar a convertirse en imagen de lo Invisible, puesto que el orden de su universo es el favor de un único dios ("su pensamiento se concentraba en torno a una sola idea: la de agrupar al pueblo de su padre en torno a sí, de forma que pudiera moldearlo a su deseo y hacer a esa masa informe que tanto amaba a imagen del Dios Único e invisible", escribe Mann). Das Gesetz recoge, por otra parte, cómo un proyecto tan exigente como el de la iconoclasia mosaica exige la compensación de una cierta parafernalia sacerdotal: y así, como otro adviento de la Ley, la institución del tabernáculo erige al pueblo pusilánime un altar en el oasis de Qadesh en que guardar esos objetos pregnantes, el arca, el báculo de bronce y cabeza de serpiente, el efod o bolsa para echar las suertes, el urim/tummin, el sí y el no que deciden en caso de agravios sobre lo justo o lo injusto, objetos que le curan a las tribus de sus desconsuelos por la ubicuidad e invisibilidad del Dios de aquel "que les sacó de Egipto". Quiero traer aquí, al amor de la iconoclasia, una referencia que va a ser en adelante oportuna: Walter Benjamin escribió en 1921 uno de sus textos más decisivos, Zur Kritik der Gewalt (Benjamin, 1977, 179-203), y Jacques Derrida incluyó como segunda parte de su excelente texto Fuerza de ley, una lectura del mismo de la que extraigo una nota que quizás permita enlazar la iconoclasia del Moisés manniano con la crítica de Benjamin a la representación no sólo como perversión y caída del lenguaje sino como sistema político de la democracia formal: La lógica profunda de este ensayo lleva a cabo una interpretación del lenguaje -del origen y de la experiencia del lenguaje-según la cual el mal, es decir, la potencia letal, le viene al lenguaje por la vía, precisamente, de la representación, es decir, por medio de la dimensión re-presentativa, mediadora, y en consecuencia, técnica, utilitaria, semiótica, informativa, otras tantas potencias que arrastran al lenguaje y lo hacen caer e ir a parar lejos o fuera de su destino original que fue la apelación, la nominación, la donación o la llamada de la presencia en el nombre (Derrida, 2008, 71). Thomas Mann, ironista, sabía que su tiempo era el tiempo de la lengua posadámica, y que las nostalgias del Ursprung nominativo podrían dar en verdaderas atrocidades 3; sin embargo, en un pensador de tanto ascendiente mesiánico como Benjamin, la denuncia de una violencia que llega a y en la representación no deja acaso de ofrecernos una pista crítica de cuál era el horizonte que hizo posible que la iconoclasia antiidolátrica del viejo Moisés resucitara temáticamente, y por doquier, en múltiples figuras del arte y la ficción, en aquella centroeuropa en los aledaños del nazismo. Pues la pregunta que se hacían los hebreos era ¿cómo coordinar el derecho con este Dios único de la no presencia y la invisibilidad? La primera de las ocupaciones de Moisés una vez establecido su pueblo en las mismas faldas del Sinaí fue administrar justicia. Y dice Mann, con toda la intencionalidad que era posible conferir a este pasaje el año 1943, que la idea misma de "derecho" le era incomprensible a aquella secta perdida... A decir verdad, no puede decirse que supieran lo que esa palabra significaba... agravada la ignorancia por el hecho de tener que asociar el "derecho" con la invisibilidad del Dios y su santidad, y considerarlo como emanación directa del mismo Dios. Y lo que es más, oían que en esta nueva idea del derecho iba incluida la idea de culpa, conclusión que la mayor parte del pueblo tardó mucho en captar. Pensaban ellos al principio que debía hacerse justicia a cuantos allí acudían, es decir, darles la razón. Se resistían a creer que también se administraba justicia a un individuo, aun cuando se lo considerara culpable y debiera retirarse del lugar con la cabeza gacha. Este individuo, por supuesto, echaría una maldición y se lamentaría de no haber solucionado la disputa con su contrincante en la forma natural y acostumbrada, es decir, piedra en mano, con lo que los resultados pudieron haber sido bien diferentes. Muy lentamente fue penetrando en sus espíritus el principio de que semejantes ideas no guardaban armonía con la invisibilidad de Dios, y que quien era juzgado culpable por la ley no debía por eso considerarse vilipendiado, pues la ley es siempre austera y digna en su pureza invisible, otorgue o no la razón (Mann, 1973, 136-137). El tropel de gentes que acudían a Moisés a dirimir sus disputas era tan ingente que la administración de justicia se convirtió pronto en la esfera de mayor ocupación y relevancia en la vida social judía. Se precisaba una racionalización de su funcionamiento para que Moisés no quedara desbordado y exhausto. Por inspiración de Jetro, aquí hermano de Séfora, su esposa, y tal como si el Moisés manniano hubiera leído a Weber, establece una suerte de corte de justicia en que por obra de la delegación de poderes funcionariales y del establecimiento de instancias de apelación, y a cambio de asumir como mal necesario una cierta cuota diabólica de corrupción en alguna de las partes cuyos efectos se encargaría de corregir el sistema, Moisés se hace con un cuerpo burocrático que produce en el cuerpo de su sociedad un deslinde estratégico, sólo cuando Moisés satisface las demandas de justicia civil queda él liberado para emplearse a fondo en la pedagogía de la Ley divina: Eso sería -dice Mann-una parte de la tarea, y la más fácil, porque muy otra cosa sería hacer algo extraordinario del pueblo, convertirlo en una comunidad aparte y santificada, purificada, con sus ojos fijos en el Invisible y a Él sólo dirigidos. Hasta aquí un itinerario por esos advientos de la Ley, por su propedéutica, por los poderes y límites que la preceden: la liberación que es conquista de tierra (la toma de Qadesh); la moralización que es relegación de los poderes del cuerpo (hay una cuidadosa anotación en el relato de las restricciones que afectan tanto a la higiene y la dieta como a la lujuria, ámbitos de disciplinamiento básico); la existencia social que le produce al hombre natural un Doppelgänger en su imaginación (os he separado para que fuerais míos, dice Moisés que dice Yahveh); la racionalización en la administración de justicia que por una parte enseña a distinguir entre derecho y subjetividad (algo así como un memento de la época en que el hitlerianismo más incidía en la cesura entre ley y justicia), y por otra habilita funcionalmente al héroe fundador en su empeño de pedagogo de las cosas últimas; y, finalmente, como hemos visto, la iconoclasia, tic de un dios celoso: "La más grande impureza de todas es la de que os preocupéis de otros dioses fuera de Mí, porque yo soy un Dios celoso. Y lo peor de todo es hacer una imagen, sea de hombre o mujer, buey o gavilán, pez o gusano, porque con ello os habréis apartado de Mí, aun cuando esa imagen quisiera representarme a Mí" (Mann, 1973, 145). La consternación popular iba en aumento conforme se les hacía cada vez más claro lo que suponía haber caído en las manos de un hombre como Moisés, cuyo Yahvéh (al que a veces, en una sinécdoque espiritual, confundían con él) les pedía que interpretaran preceptos como los de no matar u honrar a los progenitores de una manera en exceso amplia, escrupulosa y exigente. Moisés se sentía rodeado, de un lado, por la actitud odiosa de Aarón que le envidiaba su condición de elegido, de otro, por la actitud de un pueblo que sólo con la sonada convocatoria de Moisés al Sinaí, epifanía volcánica mediante, pareció convencerse de las ventajas de la Alianza y de la salida de Egipto. Lo que interesa a Mann de esta conocidísima escena de los 40 días y sus 40 noches de Moisés en lo alto de un sulfúrico Sinaí (ahora sí que como un Miguel Ángel devenido en un Benveniste, pues aplicándose sobre la roca para grabar la Ley, le surge la duda de en qué lengua tallar las leyes en las piedras, por lo que ha de aplicarse también en la invención de un alfabeto universalmente combinable), es su no menos célebre corolario: lo primero que hace la Ley (No matarás, No cometerás adulterio, No robarás, No perjudicarás al prójimo con falso testimonio, No codiciarás los bienes ajenos, por recitar los mandamientos que le cupieron en la mano izquierda) es hacerse trizas. Ésa es la primera función de la Ley divina al contacto con su horizonte de recepción: romperse. La espera de la Ley (y deberíamos recordar a este respecto el siempre asombroso relato de Kafka) ha producido profundos cambios en ese horizonte de recepción: formado ahora por una comunidad rota que ha distraído con la bacanal del becerro de oro su impaciencia por la ausencia tan dilatada de aquel que los sacó de Egipto (¿y si había muerto allá arriba?). La reescritura de la Ley (y el esfuerzo de un señor mayor de volver a escalar el Sinaí una vez aplacados los éxtasis de la danza y los idola) no es un acto clónico del primero. Es una actividad igual que persigue en cambio un fin contrario: Moisés, tras esa explosión de violencia contra su pueblo cuyo hito fue estampar la Ley contra el ídolo, ha aprendido definitivamente la diferencia que Walter Benjamin pusiera nuevamente de relieve en pleno siglo XX y que Derrida resume como distinción entre dos violencias del derecho: la violencia fundadora, la que instituye y establece el derecho (die rechtsetzende Gewalt) y la violencia conservadora, la que mantiene, confirma, asegura la permanencia y la aplicabilidad del derecho (die rechtserhaltende Gewalt) (Derrida, 2008, 82). La primera vez que bajó del Sinaí, Moisés era un confiado padre fundador del derecho de Israel a su existencia. La segunda se había convertido ya en un padre necesariamente conservador de unos mandamientos tan cuidadosamente tallados por dos veces. Derrida introduce de la mano de Benjamin dos distinciones ulteriores en que no podemos detenernos; pero que no podemos tampoco olvidar al leer Das Gesetz: Hay a continuación la distinción entre la violencia fundadora del derecho, a la que se llama "mítica" (hay que sobreen-tender "griega", me parece), y la violencia destructiva del derecho (Rechtsvernichtend), a la que se le llama divina (hay que sobreentender "judía", me parece). Hay en fin la distinción entre la justicia (Gerechtigkeit) como principio de toda fundación divina de fines (das Prinzip aller göttlichen Zwecksetzung), y el poder (Macht) como principio de toda posición mítica de derecho (aller mytischen Rechtsetzung) (Derrida, 2008, 82). Quizás las tribus hebreas presintieron que lo que se cocía en el Sinaí era la amenaza de la Ley, o la Ley como amenaza: y, como dice Derrida, la ley se muestra amenazante a la manera del destino. Israel teme aquello en que se escribe su condición de pueblo elegido: el destino. El episodio de la destrucción del becerro de oro es la explosión de una violencia, la de Moisés, destructora del derecho que Aarón había conferido a las masas en su ausencia, derecho a fundarse el mito de un dios visible (que pedía también sus entretenidas violencias, en forma de bailes, sacrificios y holocaustos). Aarón es el organizador de esa violencia fundadora de mentiras y donadora de poder que es repelida por la fuerza destructora de Moisés, cuyo fin divino consiste en hacer del pueblo Uno... por lo que el innovador Moisés habrá de reutilizar en el futuro todas sus violencias con el objetivo de conservar sus divinas leyes, algo que se transparenta en la invocación que cierra el relato. Pero prefiero no citar directamente del relato estas entonadas palabras, prefiero hacerlo a partir de una alocución radiofónica de Thomas Mann al pueblo alemán a través de la British Broadcoasting Corp., con fecha de 25 de abril de 1943, en que presenta el nuevo libro sobre los Diez Mandamientos a los radioyentes de la Alemania de Hitler, y ofrece un encaje político a su Das Gesetz como argumento libre contra "la blasfema profanación que de esa ley fundamental de la moral humana realizan las fuerzas maléficas contra las que ha tomado por fin las armas, tras larga demora, un mundo que sigue creyendo en la religión y en la humanidad", atreviéndose, en uno de sus habituales ejemplos de alta autoconciencia y de excelente propaganda moral, a establecer un parangón entre sus emisiones para la BBC y las "emisiones" del Moisés del cuento ante su pueblo... Y como las palabras con que hizo entrega de las tablas de la Ley a su pueblo entonan perfectamente con el carácter de estas emisiones mías, radioyentes alemanes, vais a oírlas ahora, como primicia [...] "Correrá la sangre a torrentes por causa de su negra estupidez, correrá la sangre hasta quedarse lívido el rostro de la humanidad; pero no hay más remedio: es preciso abatir al infame. Y alzaré mi pie, dice el señor, y le hundiré en el fango; hundiré al blasfemo limo, ciento doce estados bajo tierra, y hombres y animales harán un cerco en torno al lugar donde yo le hundí, y los pájaros del cielo que se ciernen en lo alto evitarán volar sobre aquel paraje. Y el que pronuncie su nombre escupirá a los cuatro puntos cardinales y se limpiará la boca y dirá:'¡Guarda!'. Que la tierra vuelva a ser la tierra, un valle de lágrimas, ciertamente, pero no un campo cubierto de carroña. SCHÖNBERG EL INCONCLUSO, SCHOENBERG EL INCONCUSO. UN FIN, MOISÉS, DERROTADO. UN SINFÍN, MOISÉS, VICTORIOSO Si hay una obra que pone en escena, con una seriedad casi imposible de ridiculizar, los modelos de conciencia de la modernidad alemana durante la fechas críticas de la República de Weimar, si hay una obra que retrata algo así como el síntoma de Weimar, esa obra es "Moses und Aron", de Arnold Schönberg. En el trascurso de la historia aparecen épocas especialmente dispuestas para el cinismo -dice Peter Sloterdijk-, épocas que en una terminología marxista serían las del decadente dominio de clases; épocas de una ideología reflexivamente construida, en las que las normas y los dogmas de la cultura, amortiguados autoirónicamente, empiezan a jugar con sus contradicciones internas. En la historia de la humanidad hasta ahora acaecida, el hecho de que se hicieran reflexivas situaciones de conciencia falsas y perversas era siempre síntoma patológico de cultura, expresión de que los estratos dominantes habían iniciado un estadio mórbido que se inclinaba al asilvestramiento y la desinhibición. [...] Se trata de épocas tardías en las que las fuerzas originarias, las ingenuidades de valor estable y las tensiones volitivas primigenias se han consumido en los niveles de dominación cultural a través de procesos de aprendizaje estratégicos. Por consiguiente, cínicamente dispuestas están esas épocas de hueco gesto y de fraseología refinadamente tramada, en la que bajo cada palabra oficial se ocultan reservas privadas, mundos contrarios e ironías y cuando bajo las manifestaciones oficiales fluyen mudos submonólogos de los que sólo el introducido, el corrupto, el decadente, el irónico comprende algo. La sonrisa de los augures es también la sonrisa de las clases dominantes que perecen (Sloterdijk, 1989, 209-10). Valgan estas palabras, brillantes y quizás ciertas, de Sloterdijk para ambientar la resurrección de Moisés en el dodecafonismo 4. Pues en ocasiones se ha querido hacer pasar a Schönberg por uno de esos que practicaron la altanería del iniciado para sobreponerse al cansancio o el absurdo, y a la escritura dodecafónica por un ejemplo de ese vocabulario patográfico de la crítica cultural weimariana que en realidad no era sino una salud fingida en exceso segura de sí misma. Creo que Moses und Aron demuestra que había otras disciplinas además de la del cinismo con que auscultar la bancarrota que precede a la dictadura. para expresarse y necesita una boca? La fuerza expresiva y teatral del Moisés schönberguiano viene dada por la modalidad de escritura que le reserva la partitura: un imponente Sprechgesang (canto hablado, un fraseo dinámico recitado) o Sprechstimme (voz hablada), en cualquier caso obediente a una notación que observa perfectamente las asignaturas rítmicas e interválicas. Sin embargo, la parte de Aarón es la de un cantante. Nos equivocaríamos si pensáramos que con esto el autor ha querido marcar sencillamente una dialéctica entre mudez y locuacidad, entre la parálisis verbal de uno y la comunicatividad expansiva de otro. Veamos qué es lo que aquí se esconde. En el Acto I, Moisés se confronta a Dios (cuya voz politextural es irreductible a un solo timbre), al que incansablemente asocia los abultados atributos de Único, Eterno, Omnipresente, Invisible e inimaginable. El primer trastorno para una caracterización semejante lo padece Moisés cuando escucha al propio Dios el encargo: "¡Ahora, anúnciame!". "Tú has despertado en mí la Idea, no me obligues a anunciarla", le responde Moisés. "Has visto los horrores, has conocido la Verdad... no puedes hacer otra cosa: debes liberar a tu pueblo", le insiste. "Mi lengua no articula, puedo pensar pero no hablar...", se excusa el hombre de la Idea. Yahveh provee una solución que a la postre se convierte en el corazón de la ópera: iluminará a Aron, "él debe ser tu boca, tu voz ha de salir de Aron igual que la mía sale de ti". Pero el encuentro de los hermanos en el desierto no hace sino poner en claro el conflicto fundamental entre ambos: Moisés piensa la Gracia como conocimiento puro y Aarón la traduce más fácilmente por amor y sangría popular. Invisible, Irrepresentable, Infinito, Todopoderoso... ¿cómo hacer una hermenéutica de un dios así?, se pregunta Aarón, quien tiene una vena que lo comunica con la horda, con la tribu, y sabe que la adoración no sólo admite sino que exige un régimen de lo sensible que aclare de qué especie han de ser las relaciones con lo adorado ("Adorarle, ¿a quién? ¿Debemos amarle o temerle? Queremos llevarle ofrendas ¿Tu dios todopoderoso no tiene el poder de mostrarse?", dice el coro-pueblo). El Moisés de Schönberg es un héroe de la impotencia: y su primera impotencia, así lo cree él, consiste en contemplar su Idea encarnada en la boca de Aarón. Esta deflación del pensamiento de la divinidad en la boca mundana de Aarón es algo que desespera a Moisés, cuando en realidad dicha deflación forma parte del programa diseñado por Yahveh para anunciarse y unir a Israel. Por una vez, el oyente debe atender más a este plan dialógico de Yahveh que a las desesperaciones de una de las partes, Moisés (que de buena gana hubiera aniquilado la increíble burocracia del diálogo a través de su hermano). De otro signo es la compleja relación que se establece entre Moisés y Aarón en la obra schönberguiana, cuyo tema no se reduce al enfrentamiento de la iconoclasia mosaica con la idolatría. En Moisés y Aarón hay que ver más bien una lectura trágica de lo que, para decirlo con palabras del propio Schönberg, constituye en la diáspora el fundamento de la conciencia colectiva del judaísmo: el "constante ocuparse de la Palabra de Dios". Lectura en la que comparecen, aunque desde la clave que aporta la tradición judaica, las instancias en que Schönberg había centrado su reflexión estética desde años atrás: el pensamiento, la palabra, y su pertenencia mutua (Pons, 2006, 186). Massimo Cacciari, en el capítulo titulado "La boca di Mosè" de su libro Icone della legge, ha observado con especial delicadeza lo más difícil, lo evidente: cómo el nudo de "Mose und Aaron" estaba en el "und", en aquel "y" que nunca como en Schönberg ha sido escuchado con una conciencia tan intensa del abismo que oculta. Pues Moisés y Aarón forman una polaridad (polarità), una dimensión en la que lo originario es precisamente la rotura de la identidad, es decir, el hecho de que la identidad consiste en este polemos que no conoce paz, que no conoce término, que no puede resolverse ni por la vía de la independencia de sus agónicos términos ni por la de su conciliación (Cacciari, 2002, 159). También en esta versión Aarón cumple el expediente bíblico y se entrega a regalar a la muchedumbre su retahíla de milagros. Pero nunca como en la caracterización de Schönberg los prodigios de Aarón (el báculo que se relaja como serpiente, la sanación de la mano leprosa, la alegoría del agua tornada en sangre y otra vez clara) fueron tan funcionales (dicen las tribus: "Todo por la libertad, destruid a los sacerdotes, matad a los jefes, destruid sus dioses, ¡al desierto!"): pues no son la expresión de un pequeño subalterno que busca el poder envidioso en ausencia del hermano sino maravillas que, mal que le pese a Moisés, transforman a la Ley en sabiduría. Aarón es el artista en quien Moisés, el profeta, padece la experiencia de los lími- Moisés con las tablas de los mandamientos, pues la Ley es siempre lo que está de vuelta, con su trágico "¡Aarón, ¿qué has hecho?! Desaparece, imagen de la incapacidad", es seguida de la apología del mundano: - Y así llega el momento crucial, que da fin al segundo acto y, puesto que quedó sin musicar el tercero, también a la ópera tal como hoy se escenifica: la derrota de Moisés, que no es tanto una derrota ante Aarón como ante sí mismo: "-Aarón: También las tablas, a las que Moisés está unido, son sólo una imagen, una parte de la Idea. Aarón sale al paso de esta crisis de la Ley mediante la magia de una columna de fuego que vuelve a insuflar ánimo en el coro acerca de la fortaleza de Yahveh. Igual que Aarón, Moisés está destinado a hacer imágenes del necesario errar (Pons, 2006, 190). Y como dice Marc-Alain Ouaknin en El libro quemado, "Moisés no transmite, en un primer momento, la Ley, sino su fractura; su imposibilidad de ser ídolo, lugar de perfección, libro total" (Ouaknin, 1999). Schönberg pone por eso en boca de Moisés la derrota que su otra boca, su hermano, no concibe: "¡Dios inconcebible! ¿Aarón, mi boca, debe hacer esta imagen? ¿Incluso yo he hecho una imagen, falsa como cualquier imagen? ¡Todo lo que había concebido era tes del lenguaje: pues, a diferencia de la versión manniana, que como hemos visto seguía la intuición de Heine, en Schönberg Moisés pierde casi por completo los atributos de un artista, adquiriéndolos a cambio su hermano, elocuente, imaginero, mago. Aarón, en todo caso, expresa bien una de las caras de la propia ambigüedad religiosa del compositor, quien si por una parte estaba interiormente convencido de que lo más importante jamás debía esclerosarse en la palabra, estaba por otra muy alerta del peligro del solipsismo mosaico. También la escena, musicalmente prodigiosa, del becerro de oro (la tercera del Acto II) cobra aquí tintes insospechados: "¡No esperéis antes la Forma que la Idea! Las dos aparecerán a la vez", dice Aarón a la masa impaciente, volviendo a cumplir aquí también el expediente del hombre que reúne pensamiento y acción. Sólo cuando entre las tribus se extiende el rumor de que Moisés bien pudiera ser que hubiera muerto, sólo entonces condesciende Aarón en un gesto de ministro populista y conocedor de las debilidades: "pueblo de Israel, os devuelvo a vuestros dioses, dejad la lejanía al Eterno. Los dioses que os convienen son de naturaleza concreta y cotidiana". Lo cual celebra el pueblo: "dioses, señores de los sentidos. Vuestra presencia visible garantiza nuestra seguridad. Vuestros límites mensurables no exigen aquello que niega nuestro espíritu". La vuelta de demencia, y no puede ni debe ser dicho! ¡Oh palabra, tú, palabra, que me faltas!" Es difícil pensar en un final más perfecto para una ópera sin final. Pero la ópera continuaba. Y del inconcluso Schönberg hemos de pasar al inconcuso Schoenberg. Del luterano al judío. En un tercer acto irrepresentable -pero del que llegó a redactar hasta cuatro versiones-le escribió una victoria a Moisés en forma de apología del desierto, es decir, aquella Wunschlosigkeit der Wüste o pérdida de la voluntad que acontece más allá de los impuros límites de la exterioridad de las palabras y las magias en que se petrifican los ideales. Con lo que este icono de la Ley lo es al fin y al cabo del exilio y la ascesis de la errancia sin final, prefigurando el gran síntoma de Weimar. Aarón, el popular hermeneuta, el artista y mágico prodigioso, aparece encadenado, prisionero, y es arrastrado por los soldados, que lo agarran de los hombros, mientras los 70 ancianos marchan tras él: MOISÉS: Cada vez que os mezcláis con otros pueblos y utilizáis vuestros dones, vosotros que habéis sido elegidos para poseerlos y para luchar por la Idea de Dios y empleáis vuestros dones para fines falsos y vanos, para competir con pueblos extranjeros y participar así de sus bajas pasiones, cada vez que abandonáis la renuncia al desierto y que vuestros dones os eleven a supremas alturas, cada una de esas veces caeréis y os precipitaréis nuevamente al desierto, empujados por el éxito de los abusos. [A los soldados] Liberadlo, y si es capaz, que viva. [Aarón, liberado, se pone en pie, y al punto cae muerto]. Pero en el desierto sois invencibles y conseguiréis vuestro objetivo: uniros a Dios. Como observa Josep Casals, en alguna medida Schönberg compartía desde un punto de vista político la condena de Moisés, el profeta, a Aarón, el artista: si a quien posee la verdad le está vedado el canto, "quien posee la elocuencia, la capacidad de encantamiento, acaba subordinando la verdad a este lazo persuasivo" (Casals, 2003, 392). Sin embargo, la posible identificación de Schönberg con Moisés en la idea, común a ambos, de que hay que resistirse radicalmente a "cristalizar a Dios en la palabra", queda fuera de la representación. Lo cual, al fin y al cabo, no deja de resultar coherente. La victoria de Moisés es precisamente lo inescenificable. Schönberg se alinea del todo junto a Moisés sólo cuando Aarón cede y renuncia a esa dialéctica entre idea y forma que él mismo ha formulado, cuando sacrifica "lo extraordinario a lo ordinario" y olvida la aspiración de eternidad en beneficio del brillo mundano -esto es, cuando pasa de la estética al esteticismo-. Sin embargo, se separa de Moisés cuando éste, a su vez, olvida que todo en nuestro universo es imagen y símbolo, también su bastón y sus tablas. Y que ese orden simbólico no remite a ninguna ley natural, sino sólo a su propia legalidad y a su interacción con otros órdenes (Casals, 2003, 396-397). Desunidos, desamparados, muerto cualquiera de ellos, Moisés y Aarón representan por separado dos riesgos políticos, dos formas peligrosas de alentar la comunidad: el fundamentalismo de la Idea y el esteticismo de la Imagen. Moisés, el héroe moral marcado por la experiencia de su impotencia, el tenaz enemigo de la milagrería, el idealista que se lamentaba por la falta de la palabra y al que la cólera le fracturó la Ley convirtiéndola, muy sintomáticamente, en una ausencia, seguida de un remake, ese Moisés "débil" era en Schönberg la figura que más firmemente podía conmover a la audiencia contra Hitler y sus matanzas. Pero el padre de los distingos entre pueblos puros e impuros y la imbatibilidad de la comunidad ética verdadera, el legislador que vence unívocamente sobre las contingencias y el pluralismo de este mundo, aquel en quien la obediencia hacia un Fundamento Absoluto Invisible puede sin piedad sobre el propio hermano fulminado por su comunicatividad apasionada y su estética popular... ése queda como lo inescenificable. Aun para el sionista que acabó siendo Schönberg, hubiera sido radicalmente incómodo oponer a Hitler una figura en cierto modo tan llena de rasgos que el mismo dictador cumplía. ¿O era Aarón quien cumplía mejor ese incómodo expediente? La fuerza arrebatadoramente política que hemos aprendido a descubrir en el Moisés y Aarón de Arnold Schönberg descansa sobre una sospecha y una constatación. La sospecha de cuán inexcusables son para la cultura de la última modernidad las tensiones entre solipsismo y comunitarismo, entre dogmatismo y demagogia, entre el silencio y la magia, entre norma y fiesta, entre ley e ídolo. Y la constatación de hasta qué punto se pudrieron en la figura de Adolf Hitler las dos figuras que habían representado en la brillante Europa del pasado ambas tendencias: el legislador y el artista. LEY, LITERATURAS DEL DESASTRE. LA FIGURA DE MOISÉS EN LA OBRA DE SCHÖNBERG Y THOMAS MANN
REFLEXIONES SOBRE EL EXILIO DE LOS ARQUITECTOS Ciertamente hubo exilios exitosos. Puede servir de ejemplo el caso de Ernst H. Gombrich, quien, en una sociedad tradicional como la inglesa, fue ensalzado y reconocido hasta llegar a recibir incluso la Orden del Mérito en 1988, una condecoración establecida por el Rey Eduardo VII. La distinción estaba destinada a ingleses, y sin embargo la recibieron también emigrados como Gombrich, Max Perutz o Isaiah Berlin. Este reconocimiento es una evidencia de cómo la comunidad exiliada o emigrada desde Alemania y Austria contribuyó al enriquecimiento cultural e intelectual de los países de adopción como Inglaterra. Sin embargo, el éxito no es el rostro habitual del exilio. Es necesario tener en cuenta la reflexión pesimista de Theodor W. Adorno en Minima Moralia, en la que menciona la dificultad del intelectual emigrado que debe vivir en un mundo incomprensible; incluso aunque consiga integrarse, siempre permanecerá en una confusión, aumentada tal vez por la dura competitividad para establecerse como profesional en un nuevo país. Es evidente que esto dejará secuelas en el individuo. La existencia fracturada y mutilada del exilio conlleva múltiples gradaciones y sólo puede ser explicada desde unas coordenadas que dan forma a cada una de las vidas. Emigrantes y exiliados, como cada uno de nosotros, son diferentes en su carácter, inteligencia y conducta, incluso antes de la salida del país de origen. Sea cual sea el motivo de su marcha, se plantea una variedad de posibilidades que se extiende desde la libre elección como opción de vida hasta la huida por fuerza mayor. Una vez en el suelo extranjero, la experiencia de los emigrados está condicionada por innumerables parámetros, la mayoría de los cuales escapan a su control. Entre estos parámetros estaría el lugar de la reubicación, haya sido elegido conscientemente o de manera arbitraria, la apertura o cerrazón de la sociedad de acogida, la situación de la economía y de la burocracia del país receptor o también la existencia o ausencia de una red organizada de emigrantes. Estos parámetros no solamente son diferentes de país a país sino también entre ciudad y ciudad, así como entre diferentes momentos EXILIOS EN LA BAUHAUS 739 No históricos. Más allá de estas coordenadas podrían ayudar a explicar los éxitos o fracasos otros elementos mucho más importantes e infinitamente menos tangibles que rondan alrededor de la existencia como son la fortuna, la oportunidad o simplemente la suerte. De cualquier manera, se hace necesario ver cada caso individualmente. Es preciso alejar esta tragedia de lo anecdótico y también de las generalizaciones precipitadas para poder proporcionar un fundamento de conclusiones llenas de sentido a la emigración o al exilio. La arquitectura, objeto de este artículo sobre el exilio en la Bauhaus, ofrece un contexto particularmente revelador para la investigación. La arquitectura, como acto de creación de refugios, es precisamente lo que protege el ámbito de lo privado frente a la hostilidad o la indiferencia del mundo exterior y, al mismo tiempo, afianza al nómada dentro de unas fronteras y dentro de una sociedad. El exilio consiste en un proceso de pérdida del hogar donde uno ha nacido y, por tanto, es preciso volver a aprender la lengua y los demás hábitos necesarios para construir de nuevo no sólo la propia existencia sino también llevar a cabo la profesión arquitectónica. La época del Nacionalsocialismo en Alemania obligó a la emigración y al exilio a una gran mayoría de profesionales que representaban una parte muy importante de la cultura del país. Es fundamental determinar cuáles fueron las consecuencias para la arquitectura de posguerra en Alemania. Cómo se vivió el "transfer" cultural por unos y por otros. No son pocos los arquitectos exiliados de la Bauhaus que, aparte de Walter Gropius, Erich Mendelsohn o Ludwig Mies van der Rohe cuyos curricula representan una forma de Modernidad en el exilio, no pudieron desarrollar su profesión y vivieron biografías marginales como delineantes, vendedores o incluso taxistas. Se trata, pues, de estudiar detenidamente cómo influyó la cultura del país de acogida tanto en la vida como en la profesión de estos arquitectos emigrados y exiliados. Es un proceso arduo de "aculturación" y de búsqueda de una nueva identidad. Son reveladoras a este respecto las palabras de Vilém Flusser (1994, 109) cuando afirma que el "expulsado" es "el otro" de los otros. Esto significa que él es diferente para los otros, y los otros son a su vez diferentes para él. Él mismo no es nada más que el otro de los otros, y solamente en esta relación se identifica. Y su llegada al exilio hace que los ciudadanos del país de acogida descubran que solamente se pueden identificar a sí mismos en relación con el emigrante. Así se produce con la llegada una catarsis del "yo" y una apertura hacia el otro. Pero esta situación dialógica, que define al exilio, no significa necesariamente un reconocimiento mutuo, sino que la mayoría de las veces se trata de una situación conflictiva. Pues el exiliado "amenaza" la manera de ser del ciudadano del país de acogida, y la cuestiona a través de su diferencia. Pero incluso un diálogo tan polémico es creativo, pues conduce a concretar nuevos conocimientos. El exilio, da igual de qué índole sea, es el semillero para hechos de creación, para lo nuevo. Los nacionalismos exacerbados de los años veinte y treinta del pasado siglo provocaron también reacciones en mucha gente que se situó por encima o más allá de las divisiones entre las naciones. De esta manera, cierta forma de internacionalismo definía también globalmente a una época rica en migraciones como condición humana. Por otro lado, los conceptos de exilio y emigración son difíciles de delimitar de una manera exacta. En cualquier caso es claro que en la mayoría de los casos la emigración de Alemania o de Austria se llevó a cabo bajo la presión de los acontecimientos políticos y que la emigración económica tuvo un papel relevante sólo antes de 1933. Políticamente perseguidos fueron todos aquellos individuos de religión o ascendencia judía y quienes estaban relacionados con movimientos políticos de izquierda. La mayoría de los arquitectos/as pudieron emigrar, pero también bastantes sufrieron persecuciones físicas y muerte. El exilio como resultado de la expulsión era un estado de la existencia unido a la esperanza de vuelta a la patria, una esperanza que muy frecuentemente cambiaba bajo los nuevos parámetros. Muchos de los arquitectos exiliados crearon una nueva patria aunque ésta se construyera a partir de rupturas. Por lo tanto no se pueden desvincular estos destinos individuales tan emotivos y fructíferos para la historia de la arquitectura de los importantes desarrollos histórico-culturales. Es totalmente inevitable que esta locura provocada por los acontecimientos históricos tenga que estudiarse y valorarse por los saltos en la evolución de la arquitectura, en la nueva forma de construir, y que dio como resultado en la historia de la cultura el Estilo Internacional después de 1932. Edward Said en su artículo "Reflections on Exile" (1990,357) se pregunta acerca del exilio como condición del individuo que sufre una pérdida definitiva, pero que a pesar de ello consigue transformar la pérdida en una nueva situación vital con un potencial enriquecedor y creador de nuevas formas culturales. En el ámbito de la lengua alemana y de la historia del exilio acontecido entre los años 1933 y 1940, bien fuera por motivos de expulsión, de huida o de emigración, salieron de Alemania, Austria y Checoslovaquia más de 300 arquitectos judíos pertenecientes a la elite política y cultural. La arquitectura estaba sometida a otros criterios, no solamente los formales, que tienen que ver con aspectos ligados directamente al lugar, frente a otras disciplinas que podían incorporarse directamente a otras tradiciones y a otra lengua. Es evidente que en el ámbito lingüístico alemán con la emigración se da una ruptura en el discurso arquitectónico que no se recompone con el llamado "Estilo Internacional". Desde su emigración en Estados Unidos, plantea en 1941 el arquitecto y crítico Sigfried Giedion en su obra Space, Time and Architecture, que la modernidad ha llegado a su plenitud en el exilio, basándose exclusivamente en un "transfer" cultural lineal, y sin tener en cuenta aspectos tan importantes como la "aculturación", o la ruptura biográfica y artística 1. En cualquier caso, tanto si se trata de un exilio obligado o de uno voluntario se da una pérdida de patria y el cuestionamiento de la identidad personal. Hay que destacar también el desgarro de una tradición y del discurso cultural en los que el exiliado había vivido hasta entonces. El emigrante se lleva consigo un trozo de patria a los países de acogida y en su conciencia una forma de existencia extraterritorial que estará ligada a un compromiso con la patria. Sin embargo, este rasgo melancólico del exilio adquiere una apreciación positiva al observarlo desde fuera. Esta mirada exterior admiraba en el exiliado una amplitud de miras, una flexibilidad y la valoración de lo esencial. En algunos casos el proceso de aculturación disipó la idea originaria del regreso a la patria. Este exilio político-cultural está aún hoy en día sujeto a estudio ya que la Modernidad arquitectónica surgida en Estados Unidos después de la guerra y que había adquirido el estatus de paradigma delimitó la discusión sobre ella. Así observamos que todavía no se tiene ni un concepto ni una sistemática que defina claramente tanto esta emigración cultural como el exilio ya que siguen enmarcados en el fenómeno de las migraciones, una constante del siglo veinte y también del siglo veintiuno. Los aspectos que caracterizan a la Modernidad son, entre otros, la ausencia de lugar propio y la movilidad de los individuos y grupos sociales. Se plantea en este contexto la reflexión acerca de si en el caso de los arquitectos emigrados y exiliados se trata de una variante de esta movilidad internacional que ha caracterizado el intercambio de culturas o, si acaso, las experiencias de ser alguien extraño por la barbarie de una dictadura son distintas a las experiencias de pérdida de la patria acontecidas en otras situaciones de exilio. En este marco de reflexión se trataría de la posible singularidad histórica del exilio de los arquitectos alemanes y austriacos entre los años 1933 y 1945, huyendo del poder nacionalsocialista. Esta emigración de los arquitectos no ha sido suficientemente estudiada aún por la investigación sobre el exilio, aunque sí hay una buena documentación sobre la emigración, el exilio, la deportación o la muerte de los arquitectos judíos alemanes con la reciente publicación de quinientas biografías en el libro de Myra Warhaftig (2005). Otros campos como la emigración judía en general, la política o la de los literatos sí han sido investigados de manera más sistemática. Incluso la emigración científica se incorporó en los años noventa del pasado siglo como tema de investigación. A partir de este momento el concepto de "exilio" se amplió y se le quitó la carga de "heroicidad" que había tenido hasta entonces. Las investigaciones desarrolladas en este campo se centran fundamentalmente en resaltar la emigración y el exilio como ruptura, consternación y destrucción de un itinerario de vida que conlleva una fragmentación tanto de la vida personal como de la vida profesional y artística. La categoría de lo fragmentario define en general al arte de comienzos del siglo pasado pero, en el caso de la arquitectura, tiene también una connotación de renuncia a planteamientos formales arquitectónicos. Aquí lo fragmentario se hace presente como una tensión entre el sustrato cultural personal del país de origen y la tradición cultural del país de acogida debido a que la obra artística arquitectónica se mueve entre los ámbitos de lo privado y lo público. En la historia del arte ha sido definido el estilo que surgió de esta emigración como "Estilo Internacional". El éxodo de personas producido por el nacionalsocialismo en 1933 tiene también que matizarse entre los conceptos de emigración voluntaria y exilio obligado. En el caso de los arquitectos alemanes, al igual que en otros grupos profesionales, la frontera entre ambos conceptos es permeable ya que unos fueron obligados a marcharse y otros, viendo el peligro que les acechaba, huyeron también. Este último EXILIOS EN LA BAUHAUS 739 No fue el caso de Bruno Taut y de Erich Mendelsohn. Otros esperaron a pesar de la discriminación racial y profesional ya impuesta por los nazis en 1934-35 y emigraron posteriormente, como es el caso de Walter Gropius, quien huyó primero a Inglaterra con mejores condiciones de trabajo y evitó hacer valoraciones políticas contrarias a la Alemania nazi. Finalmente, cuando la situación política era cada vez más insoportable y dictatorial huyeron en 1937 Mies van der Rohe a Estados Unidos, Max Cetto a México y Walter Loos a Argentina. En la investigación sobre el exilio se hace también hincapié en el llamado "exilio interior" en el que se refugiaron muchos arquitectos de la vanguardia que no quisieron abandonar su país. Este fue el caso de Hans Scharoun y también de Max Taut, entre otros. Algunos de ellos llegaron incluso a colaborar profesionalmente con el régimen nacionalsocialista. En la vanguardia arquitectónica también hubo muchos que pagaron la persecución con su deportación y muerte en campos de concentración. Ya en 1936 Martin Wagner describió este difícil itinerario de la emigración y del exilio en una carta a Bruno Taut de manera clara y elocuente. Según Wagner, el exilio se dividió en cuatro grupos: los que se fueron voluntaria e involuntariamente, los oportunistas que se quedaron en casa y finalmente los silenciosos del exilio interior. Es sabido que la emigración producida por la presión política del Nacionalsocialismo produjo no solamente la pérdida de la patria sino que también cuestionó profundamente la identidad individual de muchas personas. Se pasó de una seguridad en el ámbito de lo personal a una vida nómada e insegura. Por ejemplo, éste fue el caso del asistente de Bruno Taut, Franz Hillinger, que pasó de vivir en Turquía colaborando con Bruno Taut, a querer emigrar a Estados Unidos después de la muerte de su maestro; al no conseguirlo por problemas burocráticos, realizó una estancia en Canadá, regresó de nuevo a Turquía y finalmente vivió en Nueva York hasta su muerte. En sus escritos confiesa que estuvo toda la vida tratando de construirse una nueva existencia. Hay que tener también en cuenta que muchos arquitectos tuvieron la posibilidad de seguir practicando su profesión en el país de acogida, otros pudieron trabajar en un ámbito próximo al suyo, bien fuera como urbanistas, diseñadores o fotógrafos, pero también un buen porcentaje de ellos tuvieron que ganarse la vida como taxistas, camareros, conductores de autobuses o llevando un hostal como en el caso de Otto Goldberg en Uruguay. La Universidad de Tréveris, tal como se menciona en el libro de Bernd Nicolai (2003), está desarrollando un centro de documentación que recoja información acerca de todos los arquitectos emigrados en este período, conectando también con otras investigaciones llevadas a cabo en Austria, Latinoamérica, Inglaterra y Estados Unidos. Hasta el momento se tiene constancia nominal de que 275 arquitectos salieron de Alemania, Austria y Checoslovaquia entre 1933 y 1939 para emigrar a unos 35 países. Como ejemplo de dos vidas que sufrieron este "transfer", mencionaré a Ernst Freud y a Bruno Taut. Ernst Ludwig Freud 2, fue un exiliado obligado por su condición de judío. Nacido en Viena en 1892, era el cuarto de los seis hijos del fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud. Amigo de Richard Neutra, estudiaron juntos la carrera de Arquitectura en Viena y en la escuela privada de Adolf Loos. Después de servir en la Primera Guerra Mundial, acabó sus estudios universitarios y se instaló en Berlín. Aquí trabajó como arquitecto en numerosos proyectos, y desarrolló diseño de muebles hasta que tuvo que abandonar Alemania por la persecución nazi que le definió como judío puro. En 1933, junto a su mujer y su hijo Lucian, huyó a Londres donde abrió un estudio de arquitectura. Construyó cierto número de edificios y villas en torno a Londres, interviniendo también en la construcción y reforma de su propia casa y la de sus padres y hermana, quienes huyeron vía París a Londres en 1938. Esta casa es hoy en día el Museo Freud. Después de un ataque al corazón sufrido en 1966 y hasta su muerte en 1970, Ernst Ludwig Freud se dedicó a la publicación de la correspondencia de su padre. Su hijo, Lucian Freud, nacido en 1923, es uno de los pintores ingleses más famosos en la actualidad. Bruno Taut fue un exiliado político. Nacido en 1880 en Königsberg en el seno de una familia burguesa dedicada al comercio, era el segundo de los cinco hermanos. Sus estudios de arquitectura pasaron primero por la escuela de artes y oficios donde realizó una formación profesional como albañil. Se incorporó muy pronto a los estudios de arquitectura de Bruno Möhring en Berlín y de Theodor Fischer en Stuttgart. A partir de 1909 se independizó y asoció con su hermano Max Taut. Ocupó diversos puestos importantes en empresas de construcción como la Gehag en Berlín entre 1924 y 1931, época en la que se edificaron numerosas Siedlungen (barrios obreros), entre ellas la llamada Onkel Tom Hütte. En 1930 fue nombrado profesor honorario en la Universidad Técnica de Berlín. Por sus ideas socialistas y simpatías con el movimiento comunista fue declarado "enemigo del Reich" por los nazis, lo cual le llevó a exiliarse en Moscú en 1932. Desde esta ciudad emigró a Japón donde desarrolló una labor de compilar obra e información de la arquitectura japonesa que transmitió a través de sus escritos teóricos. Con una carrera ampliamente reconocida en el mundo arquitectónico, emigró posteriormente a Turquía en 1936, instalándose en Estambul. Fue enormemente respetado y llegó a ser director de la Facultad de Arquitectura en la Academia de Bellas Artes y de la Oficina de Arquitectura del Ministerio turco de Educación. El 20 de marzo de 2008, en una conversación privada con el arquitecto y académico Winfried Brenne, restaurador y conservador de la obra de Bruno Taut, y con la directora del Bauhaus Archiv de Berlín, la profesora Annemarie Jaeggi, recordamos y discutimos acerca de las personalidades de los dos famosos arquitectos exiliados: Walter Gropius y Bruno Taut. La carismática personalidad de Gropius sin duda refleja la complejidad de su vida. Su carácter y humor oscilaba entre los extremos, lo cual respondía al debate interior de hallarse entre dos mundos: el ámbito conservador de la cultura guillermina en la que creció y la lucha por el nuevo mundo de cambio, de búsqueda de nuevos caminos con la mirada utópica de transformación del individuo, con ética renovada y con un proyecto social. Estos dos rasgos últimos coinciden en las dos personalidades de Gropius y Taut. No tuvieron mucho contacto entre ellos, ni como arquitectos ni como amigos, aunque se respetaban por sus convicciones ideológicas. Taut no perteneció nunca a la Bauhaus, pero fue invitado y consultado en cuestiones importantes. La ideología socialista puesta al servicio de la comunidad era el denominador común que unía a los dos arquitectos, si bien ninguno de ellos tuvo adscripción política a ningún partido. La entrega de Taut al bienestar de la clase trabajadora le llevó a plantear sus proyectos en la línea de una arquitectura funcional y asequible económicamente. Sus proyectos huyeron siempre del brillo de lo grandioso y espectacular, siendo la vivienda social el centro de sus planteamientos arquitectónicos, lo cual se plasmó en las numerosas Siedlungen como la Onkel Toms Hütte de Berlín. Fue respetado y admirado por todos los arquitectos de su generación. Sus escritos teóricos, si bien en su momento fueron utópicos, más tarde han sido modelo para la arquitectura de vanguardia (Brenne: 2005). Los dos arquitectos se caracterizaron por su honestidad y lealtad a un proyecto vital y profesional. Ambos murieron en el exilio. WALTER GROPIUS Y EL PROYECTO DE LA BAUHAUS Foto de grupo de los maestros de la Bauhaus. La idea nietzcheana de que la creatividad artística nace del dolor acompañó todo el itinerario vital y profesional de Walter Gropius, figura fundamental para el movimiento de la Bauhaus. Gropius fue un oficial militar muy activo, valiente e incluso temerario en la Primera Guerra Mundial, y las trágicas experiencias vividas le dejaron secue-EXILIOS EN LA BAUHAUS 739 No las psicológicas profundas por los horrores de la guerra. La suerte le acompañó indudablemente, ya que en varias ocasiones salvó la vida en difíciles situaciones bélicas. Es importante destacar algunos rasgos de la personalidad de Walter Gropius ya que definieron no solamente su carácter personal sino también su actitud vital y su trabajo como alma de la Bauhaus. Gropius inició una carrera militar con la idea de promocionar socialmente a su familia de origen burgués y mantener la tradición familiar. Sin embargo tuvo que abandonar esta carrera al ser despreciado y burlado por sus compañeros de origen aristocrático y no ser admitido posteriormente en la academia de oficiales. Pero este rechazo no pudo doblegar su rectitud personal, fortaleza y honestidad en la perseverancia en su trabajo, rasgos que caracterizaban también la idiosincrasia de la sociedad prusiana. Los estudios de arquitectura, iniciados en Múnich en 1903, fueron interrumpidos por un trabajo en Berlín y por los años al servicio de la academia militar. En 1907 prosiguió la carrera de arquitectura en Berlin con graves problemas en su capacidad para el dibujo, que se traducían en una imposibilidad física de sostener un lápiz en la mano. Gropius jamás dibujó, durante sus estudios contrató a un dibujante con el que realizaba sus ejercicios y más tarde trabajó siempre en colaboración con otros arquitectos. La vida profesional de Gropius como arquitecto fue activa y larga a pesar de este problema. Ni siquiera su personalidad indecisa y su carácter voluble fueron impedimentos para superar grandes obstáculos. Gropius se significó por su fuerte voluntad y tenacidad, condiciones personales que fueron fundamentales para sacar adelante el proyecto de la Bauhaus. El carisma de su persona quedaría como sello distintivo en la Escuela y como referente indiscutible. Decían los coetáneos que en su vocabulario se oían siempre palabras relacionadas con lucha, superación, batalla y la necesidad de conocer las propias fuerzas. Gropius, al igual que hiciera en los años de combate en la guerra, se crecía ante las dificultades. Este rasgo de su carácter le acompañó siempre aunque igualmente podía caer en el otro extremo de abandono, pasividad y duda. Cabe interpretar, pues, que Gropius se debatía en una personalidad de extremos, entre polos opuestos definidores de su carácter, pero que al mismo tiempo eran los motores del liderazgo que ejerció, no siempre con buenas artes, tanto con los estudiantes como con los maestros de la Bauhaus. Contaba treinta y un años y ya había conseguido algunos éxitos profesionales cuando fue reclutado para la Gran Guerra. Fue un soldado valiente y temerario pero la experiencia bélica le marcó física y psicológicamente. La guerra llevó al desastre a Alemania tanto en el campo de batalla como entre la población civil. La desesperación y el hambre se apoderaron de Berlín en 1917, sobre todo la vida cotidiana fue muy difícil para la clase trabajadora. El gobierno abordó algunas medidas con la intención de superar esta penuria con una impronta socialista, palabra non grata en Alemania durante mucho tiempo. Años más tarde la Bauhaus también definió sus planteamientos ideológicos con este mismo signo, lo cual sería una de las causas de su persecución. El acontecimiento de la Gran Guerra significó para muchos alemanes, entre ellos la generación de Gropius, un renacer de la conciencia, una renovación moral de una sociedad desesperada y desilusionada. Una sociedad que había sido desubicada en el siglo XIX debido al éxodo de la vida rural a la urbana, obligadas las masas campesinas por la supervivencia y la industrialización. El malestar social llevó a la población a abordar la contienda bélica con euforia y con sentimiento nacionalista, como un acontecimiento histórico de renovación espiritual. El cambio de siglo era considerado también como cambio y transformación espiritual; tal como escribiera Nietzsche, se trataba de la resurrección de un hombre nuevo. De hecho, a pesar de la desilusión y decepción por el fracaso de la guerra que había costado tantos millones de vidas, se potenció un sentimiento de necesidad de renovación, de comienzo, que daría lugar, en el caso de Gropius, a poner en marcha la Bauhaus. Al inicio de 1918 el país se encontraba sumido en la más absoluta ruina física por el hambre y destrozado psicológicamente por la depresión de la derrota. Este humus sociopolítico es el que provocaría más tarde la subida al poder de Adolf Hitler, quien ya pedía venganza en estos años. Gropius sobrevivió los cuatro años de guerra en el frente donde fue herido de gravedad más de cuatro veces. Él mismo relataría en cartas a su madre y a Alma Mahler, con quien se había casado el 18 de agosto de 1915, la honda huella psicológica que la guerra había dejado en él. La sociedad alemana, derrotada y humillada, buscaba las causas y los artífices que habían conducido a este desastre. En el país, perturbado emocionalmente, crecía la conciencia revolucionaria. Las banderas rojas ondeaban por todas partes, los ciudadanos se lanzaron a la calle y Berlín era uno de los centros de la revolución. Georg Grosz, Max Beckmann y Heinrich Zille reflejaron a través de la pintura este momento histórico y social. El rumbo de la nave del Estado estaba a la deriva. La República de Weimar y la Bauhaus nacen en un ambiente de confusión entre partidos y políticos que más tarde la llevarían a su fracaso. Pero Gropius y muchos otros artistas, todavía con fuerzas para resurgir entre las cenizas aún humeantes de la guerra, se desplazaron a Berlín, con grandes esperanzas de comenzar algo nuevo. Gropius empezó su proyecto de la Bauhaus, necesitado de una unidad entre artistas y artesanos, de una convivencia intelectual frente al horror recientemente vivido de la guerra. Gropius esperaba que su proyecto fuera aceptado por las autoridades y, en la tradición del Werkbund (asociación de artesanos), planteaba una escuela que aunara arte e industria y también tuviera una finalidad económica. Ante la imposibilidad de fundar la Bauhaus en Berlín o en otra gran ciudad, aceptó llevarla a Weimar. Pero Weimar era una ciudad tradicionalmente conservadora y guillermina que se oponía a las novedades expuestas por Gropius en su proyecto. Los planteamientos políticos de marcado carácter socialista y de cambio social fueron la espada de Damocles que siempre tuvo la Bauhaus a lo largo de su existencia en un entorno profundamente conservador a nivel político como lo era Weimar. La definición de la Bauhaus como "catedral del socialismo" publicada en el programa para la exposición de la Escuela en 1923, escrito por Oscar Schlemmer, fue definitiva para que saltara la chispa con las autoridades políticas de la zona (Cfr. Hochman, 2002: 217) A pesar de la catastrófica situación económica y política de toda Alemania en esos momentos, Gropius consiguió junto a sus compañeros de la Escuela superar todos los enormes impedimentos e inaugurar la famosa exposición del 15 de agosto de 1923 que será un referente en el arte del siglo XX. La característica fundamental de esta exposición fue el planteamiento moderno perseguido por Gropius en la Bauhaus de aunar arte y máquina/industria que respondía al lema de la exposición "Arte y tecnología: la nueva unidad". Grandes figuras del ámbito de la arquitectura y de las artes en general del momento como Peter Behrens, los hermanos Bruno y Max Taut, Ludwig Mies van der Rohe, y músicos como Igor Stravinsky y Paul Hindemith, dieron el apoyo con su presencia en la inauguración de la exposición a esta línea de trabajo y proyecto. En este período los maestros que trabajan en la Bauhaus son Schlemmer, Klee, Feininger, Muche, Moholy-Nagy y Kandinsky. La presencia de estos dos últimos venidos de Rusia subrayaría aún más ante los ojos de la sociedad conservadora de Weimar las simpatías de la Escuela hacia el comunismo. La exposición tuvo duras críticas ya que su contenido no se ajustaba al lema de la misma, carecía de unidad de criterio artístico y tenía una excesiva diversidad artística. A pesar de todo ello, la opinión general era resaltar el esfuerzo de la Bauhaus por desarrollar un estilo artístico de nivel internacional cuya característica más significativa era la pureza de líneas. Aunque la idea central incorporaba el arte a la industria, la exposición fue un fracaso económico pues Gropius no era un hombre de finanzas, y este problema le acompañó a lo largo de todo su itinerario en la Bauhaus. Pero no solamente este problema interno sino también la situación económica calamitosa de todo el país más los enfrentamientos políticos entre derechas e izquierdas fueron causa del fracaso de la Escuela. El sello ideológico de izquierdas que definía el ideario de la Bauhaus fue considerado como un peligro, por su progresismo y su vertiente ideológica socialista, e incluso Gropius sería perseguido por "actividades comunistas". La inestable marcha política dio un vuelco en Turingia durante este tiempo y pasó de un gobierno de izquierdas que apoyaba a la Bauhaus a uno de derechas que la perseguía. Todos comprendieron en ese momento que la Escuela moriría en breve tiempo. Gropius anunciaría el cierre de la Bauhaus de Weimar para finales de marzo de 1925. Él mismo y todos los maestros de la Escuela vivieron este final agotados y desmoralizados. Sin embargo, la Bauhaus había adquirido a pesar de todos los problemas un renombre que traspasó las fronteras, siendo incluso conocida en Estados Unidos por críticos, intelectuales y artistas progresistas. Así fue como el sagaz alcalde de Dessau, Fritz Hesse, político de izquierdas, ofreció esta ciudad industrial y decadente, no demasiado atractiva ni viva, a la Bauhaus como nueva sede para que se estableciera en ella. Gropius era totalmente reacio a esta oferta, pero en su ausencia, y ante las atractivas características del ofrecimiento, los maestros Feininger, Schlemmer, Kandinsky y Muche, que aún albergaban algunas esperanzas de recuperación de la institución, aceptaron la propuesta. La relación de los maestros con Gropius no era demasiado buena en esos momentos y en el fondo le culpaban del fracaso en Weimar. Este malestar se basaba fundamentalmente en la fuerte impronta de lo tecnológico y lo industrial que Gropius defendía con vehemencia para la Escuela. Pero esta animadversión se transformaba en admiración y respeto hacia su él por la honestidad e idealismo que caracterizaba su carismática personalidad. En esta nueva fase, la institución tendría también una disciplina de peso, la arquitectura, aspecto que hizo cambiar de opinión a Gropius respecto a Dessau. La práctica directa de esta disciplina y su idea acerca de la construcción en serie le atrajo fuertemente y además daría un empuje económico a la institución. El alcalde de Dessau, el político Hesse, apoyaba con fuerza este proyecto porque pensaba que revitalizaría la vida cultural de la ciudad y además prometió también la construcción de viviendas sociales para trabajadores. Transcurrido el primer momento de euforia, no solamente por el hecho de tener un lugar a donde ir, sino también por el orgullo de que eran solicitados por esta ciudad, el traslado a Dessau se realizaría con mucho escepticismo por parte de todos los maestros de la Escuela, y ya lo único que se deseaba era calma y sosiego. La incertidumbre política y económica seguirá como una sombra los pasos de la institución también en Dessau y tanto los sindicatos de profesionales artesanos como los políticos de la oposición mantendrán su desacuerdo. Gropius, volcado en los proyectos arquitectónicos de las casas para los maestros y del edificio de la nueva sede de la Escuela, dirigía la institución con cierta negligencia. Esta situación llevó a Kandinsky, a revindicar el planteamiento originario de estudios y mantener la valoración del Arte frente al comercio, decisión apoyada por todos los compañeros maestros preocupados por el futuro de la Bauhaus como Klee, Breuer y Moholy-Nagy. Las tensiones que se vivían en el interior de la Escuela eran un reflejo de la inquietud exterior. Pero los tiempos convulsos tanto en la política como en la economía que dominaban a Alemania en toda esta década acompañaron también el sinuoso camino de la Bauhaus. A nivel político los cambios de derechas a izquierdas y viceversa, acontecidos tanto en torno a Weimar como en torno a Dessau influirán de manera decisiva en la marcha de la Escuela caracterizada por su ideología socialista. Durante los períodos de gobiernos de derechas se persiguió a la Bauhaus y a sus miembros por sus planteamientos políticos, y todos los maestros de la Escuela fueron considerados como sospechosos, especialmente Kandinsky, de origen ruso, que había tenido una posición política importante y Moholy-Nagy, de origen húngaro, reconocido simpatizante comunista. El primer momento de satisfacción por parte de la ciudad de Dessau y de sus políticos por la llegada de la Bauhaus se esfumó de inmediato al ver los gastos que suponía su mantenimiento. Esta situación que también se había vivido en Weimar era una de las razones por las que Gropius argumentaba la necesidad de ser autosuficientes y en consecuencia independientes a través de la industrialización de sus productos. Pero esta convicción provocaría el enfrentamiento continuo con el grupo mayoritario de los maestros y también con los sindicatos de artesanos que veían peligrar su estatus. Por todo ello Gropius soportaba una tensión personal tanto en el ámbito exterior como en el interior, que le hizo caer en una profunda depresión al ver que la mala suerte y la animadversión hacia la Bauhaus seguían imperando también en Dessau. Tanto la nueva crisis económica sufrida por Alemania en 1925, después de la inflación reciente, como la subida al poder de Paul von Hindenburg, mariscal de campo de setenta y ocho años de edad, coincidiendo con el traslado de la Bauhaus a Dessau supondrán, si cabe, más problemas para la institución. Este cambio político hacia la derecha fue considerado como el final de un breve período de progreso. De nuevo el paro, el hambre y la pobreza se imponen, de tal manera que Gropius y sus colaboradores decidieron prescindir del 10 % de sus ingresos para abordar los costes de los talleres de la Escuela (Hochman, 2002: 280). Todo el país se verá afectado debido a esta crisis por huelgas y enfrentamientos políticos en los que tomarán parte activa los miembros y estudiantes de la Bauhaus para gran disgusto de Gropius. Inmerso en este tiempo convulso, Gropius sigue concentrado en la idea de la producción en serie de sus proyectos arquitectónicos y de ponerlos en práctica sin darse cuenta de la división interna que está sufriendo la Escuela, esto es, por un lado los maestros afines a la idea de la producción comercial de los diseños como fueron Breuer y Moholy-Nagy, y por otro lado los que representaban la idea de la preponderancia de lo estético, mayoritariamente pintores, como fueron Klee, Kandinsky, Feininger y Muche. El 4 de diciembre de 1926 se inaugura por fin la nueva sede de la Bauhaus en Dessau, con presencia de personalidades del mundo político, académico y artístico nacional e internacional. América manifestó su admiración por la Bauhaus y sus contenidos. El edificio estaba abarrotado de público, hecho que sobrecogió a Gropius en su discurso inaugural en el que hizo referencia al largo y arduo camino recorrido con paciencia y constancia con el único objetivo de conquistar nuevos espacios para la creatividad y para la sociedad. El sentido ético de la actividad de la Bauhaus subyacía a sus palabras. Pero la realidad de la institución estaba muy lejos de estos deseos, y no fue un éxito sino un fracaso puesto que las críticas más feroces le llegaron desde su propio círculo. Por otro lado, la cuestión de las finanzas siguió persiguiendo a Gropius y su gran amigo el político socialista Hesse se enemistó con él debido a los deficientes informes económicos recibidos de la institución en relación con los proyectos otorgados a Gropius. Kandinsky, al ver agotado y sumido en una profunda crisis a Gropius, decide plantear a Hannes Meyer, arquitecto suizo de prestigio, pero también conocido por su profunda convicción comunista, como director del departamento de Arquitectura de la Escuela. La situación política en Alemania estaba dando un giro importante hacia la derecha y el nacionalismo. Todo lo que significaba vanguardia era denostado, por lo tanto, el perseverante objetivo de Gropius de dar a la institución un aire internacional, vanguardista y progresista era considerado como un riesgo para una sociedad cada vez más tendente a lo tradicional en defensa de los intereses nacionales. El debate político seguía siendo el trasfondo de la Escuela al igual que el desencuentro interno entre las prioridades comerciales y las artísticas. Para Hannes Meyer, marxista convencido, el arte solamente tenía una función social y el aspecto estético pasaba a un segundo lugar en favor de su carácter colectivo y útil al servicio de la sociedad. Gropius, viéndose al límite de sus fuerzas, le insistió que se uniera a la comunidad arquitectónica de la Bauhaus. La Escuela se había ido decantando a lo largo de los años hacia contenidos estéticos en detrimento del aspecto tecnológico en el que Gropius insistía desde sus comienzos. La impronta romántica en la ideología Bauhaus era evidente, fundamentalmente soportada por el equipo de maestros pintores, y tanto Meyer como Gropius plantearon la vuelta al "verdadero trabajo" y su proyección social que muchos habían olvidado (Hochman, 2002: 303). Meyer se incorpora a la Bauhaus el 1 de abril de 1927, en un momento de absoluta crisis económica en toda Alemania, políticamente dominada por la derecha. Gropius, agotado, decide abandonar la institución el 3 de febrero EXILIOS EN LA BAUHAUS 739 No de 1928 después de nueve años y convencido de que su proyecto había sido una empresa valiosa. Con él acaba el período más importante de la Bauhaus y Hannes Meyer tomará el relevo como director. La carismática figura de Gropius, definida fundamentalmente por su enorme energía y rebeldía sin olvidar su impronta guillermina, pertenecía a una generación bisagra y el pasado y el futuro estaban con igual fuerza presentes en él. Su ambivalente personalidad, esto es, tolerante e intransigente, pasivo y combativo, hizo que su marcha produjera un vacío en muchos y en otros una sensación de serenidad. Pero lo que resulta indudable es que su paso por la Bauhaus representó el punto álgido de la modernidad y la vanguardia. La herencia de Gropius será la constante lucha por la búsqueda de la unión de arte, tecnología y sociedad. El nuevo programa de estudios planteado por Meyer, basado en sus convicciones personales de que el arte no tiene otra función más que la de servir a la sociedad, incorporará sociología, psicología y economía. En este período se conseguirá poner en relación lo espiritual y lo práctico, desarrollando modelos para la industria que fueron tan bellos como útiles y produjeron por primera vez ingresos a la Bauhaus. En definitiva, bajo su dirección la institución adquirirá coherencia y llegará a ser la Escuela Superior de Arquitectura y de Diseño Industrial. Sin embargo, desgraciadamente esto llega en un momento en que todo el país está sumido en una profunda crisis económica y la gran depresión de octubre de 1929 estaba ya a las puertas. Pero si Gropius tuvo la lucha fundamentalmente hacia el exterior con los políticos, Meyer la tendrá en el interior al decidir prescindir de todo el grupo de maestros pintores, Klee, Kandinsky, Feininger y Schlemmer. De personalidad dura, directa e intransigente, Meyer decía y hacía lo que pensaba. Esto provocó la marcha de los pintores mencionados y también de Moholy-Nagy. La nostalgia por Gropius entre todos ellos era indudable a pesar de las disensiones que habían tenido en el pasado. La grave crisis económica del país propició el surgimiento de revueltas entre trabajadores y estudiantes de extrema izquierda en las que participaron los alumnos de la Bauhaus. Aunque esta tendencia ya se había manifestado en la época de Weimar, en 1927 bajo la dirección de Meyer la célula comunista en la institución se hizo fuerte y esto desencadenaría en breve tiempo su destitución. El devenir de Alemania hacia una política radical de derechas se sentía en el ambiente de incertidumbre y desesperación ya en 1929 y potenció la subida de Hitler al poder. El arte de vanguardia sufrió a partir de este momento la persecución y el desprecio. La dirección de la Bauhaus pasará a manos de Mies van der Rohe, apolítico, que devolverá a la Bauhaus el planteamiento fundamentalmente estético que Meyer había rechazado en favor del utilitario y social. Por esta razón, la Escuela pasó de tener un carácter democrático y abierto a uno autoritario tanto en los estudios como en los estatutos internos. La actividad política fue eliminada de raíz y una estricta selección se llevaba a cabo entre los aspirantes a ingresar en la Bauhaus. Ésta, controlada cada vez más por el nazismo que se estaba imponiendo, dará sus últimas bocanadas bajo este prisma de acontecimientos políticos. La célula comunista nunca desapareció de la Escuela a pesar de la insistencia de Mies en el carácter apolítico de la institución. En este período y próxima a su cierre definitivo, Mies organizó una exposición que, inaugurada por las autoridades nazis, abrió sus puertas el 8 de julio de 1932 y fue en realidad una pantomima. Poco después la Bauhaus de Dessau fue precintada por los nacionalsocialistas a pesar de todos los esfuerzos de Mies ante las autoridades. Mies persevera en darle continuidad y asume la institución como un proyecto privado personal llevándosela a Berlín. Pero enfrentamientos externos e internos hicieron que ya solamente le quedara un año de vida: el 11 de abril de 1933, pocos meses después de que Hitler subiera al poder, la Gestapo cerró sus puertas. La utópica idea de construir un nuevo mundo social y espiritual que había movido a todos los integrantes de la Bauhaus había sido destruida. A partir de este momento histórico también un nuevo mundo se abría a aquellos artistas que decidieron abandonar Alemania una vez instaurado el Nacionalsocialismo. Unos con más suerte que otros, marcharon a diferentes países. Gropius, Mies, Feininger, Breuer, Albers y su mujer, Moholy-Nagy, Walter Peterhans, fotógrafo, Ludwig Hilberseimer y el artista gráfico Herbert Bayer se exiliaron en Estados Unidos. Kandinsky huyó a París, Klee volvió a su país de origen, Suiza. Algunos como Schlemmer, que había demostrado tener una mirada vaticinadora de la Bauhaus y su futuro, permaneció en Alemania, sufrió el desprecio y la persecución del nazismo y sobrevivió como empleado en una fábrica de pinturas. Murió a los 55 años, por agotamiento físico y emocional. Estados Unidos fue el nuevo país de acogida que se hizo eco de las ideas vanguardistas del programa de estudios de la Bauhaus, programa que cada uno de sus miembros aplicó en las diferentes universidades en las que desarrollaron su actividad profesional. Su "renacimiento" tuvo lugar en Nueva York en la Exposición Internacional de Arquitectura Moderna celebrada en el Museum of Modern Art entre el 9 de febrero y el 23 de marzo de 1932. En las nuevas ciudades del exilio a las que llegaron los miembros de la Bauhaus el contexto social y político era radicalmente distinto al vivido en Europa. Ni la preocupación social ni las ideologías tenían cabida en los espacios universitarios que les acoge. Los estudiantes de estas universidades pertenecían a una élite económicamente fuerte y solamente querían aprender una profesión. De esta manera, el motor ideológico de la Bauhaus europea y sus maestros quedará ya para la historia. La positiva acogida que tuvo la Bauhaus como Escuela y como portadora de la vanguardia de la modernidad en Estados Unidos sorprendería a sus protagonistas. Gropius en Harvard y Mies en Chicago serían los artífices de nuevos planes de estudios en las Escuelas de Arquitectura estadounidenses con la impronta Bauhaus. Gropius vivió veinticinco años de éxito como ciudadano americano en Estados Unidos y con el reconocimiento de toda la profesión por su aportación a la Bauhaus, aunque sus edificios más significativos fueron construidos en Alemania. Por su parte, Mies van der Rohe, con su estilo arquitectónico de líneas precisas, elegantes y sutiles, representará el llamado "estilo Bauhaus" en América y marcará las bases de la nueva arquitectura en ese país. Ambos fueron ya en su tiempo considerados y reconocidos oficialmente como las figuras más importantes de la arquitectura de la época. Una vez desaparecidos estos dos grandes arquitectos, la Bauhaus en América se fue diluyendo en una arquitectura ausente de estilo y simple, de usar y tirar. Sin embargo, la huella del estilo Bauhaus se mantuvo viva aún durante unos treinta años.
Es difícil encontrar un texto más significativo sobre el exilio de la República de Weimar en particular y más lúcido sobre el exilio en general que Erbschaft dieser Zeit (1935), Herencia de esta época, de Ernst Bloch. Bloch es uno de los pensadores occidentales especialmente marcados por el exilio. Experiencia que hubo de tener en tres ocasiones. La primera en 1917 cuando vivió en Suiza, la segunda a partir de 1933 en Viena, Praga y Estados Unidos, y la última desde 1961 en la República Federal de Alemania. En definitiva, Bloch huyó primero del imperialismo guillermino, luego del nacionalsocialismo y finalmente del socialismo real. Quizás se antoje que Bloch se trata de un perdedor de la historia, cuya filosofía está periclitada. No creemos que sea así. Independientemente de la vigencia dudosa de alguna de sus tesis inscritas en el marxismo-leninismo, rechaza-mos abiertamente el desdén que éstas puedan generar en los supuestos ganadores. De Bloch hemos de ponderar ante todo el vigor para pensar su época. Igualmente merece siempre ser tenida en cuenta su oposición a un pretendido progresismo, que abocando en la máquina y en la funcionalidad, desprecia gran parte de los aspectos de la tradición cultural de occidente aprovechables para el avance y la liberación del hombre. Una muy valiosa oposición a ese progresismo oscurantista, empobrecedor y filisteo, que en nombre de la ilustración "en nada ha sabido salvar lo que de valioso hubiera en el movimiento ilustrado" (Ramos, 1999, 15). Herencia es un texto originariamente publicado en la editorial Oprecht & Helbling en 1935 en Zurich, es decir, data de su segundo exilio, sin duda el más comprometido y arriesgado 1, pues había comenzado dos años antes, desde la Machtergreifung de Hitler en 1933. Un exilio que Bloch más que muchos otros se vio forzado a abrazar por su condición de judío y miembro del KPD, pero que también asumió motu proprio por tratarse de un individuo políticamente activo, pero sobre todo agudamente lúcido en sus diagnósticos y valoraciones de un statu quo concreto. Esto es muy importante resaltarlo Bloch fue un afectado y un perjudicado por el exilio, pero con su firme resistencia política al nazismo antes, durante y después de éste, nunca fue víctima, como por ejemplo si lo fuera Walter Benjamin. Herencia se trata de un texto escrito desde el exilio, que es gestado antes del exilio y que además tiene como destinatarios a los protagonistas del exilio de Weimar. Se trata de un balance histórico de una época, de una extracción de conclusiones para el movimiento obrero, pero también ante todo de una guía a actuar de cara al futuro. Sin duda alguna Bloch valoró mucho su texto porque lo reeditó en 1962 en Aufbau Verlag en Berlín y en Suhrkamp en Fráncfort, incluyendo en esta reedición textos anteriores a la redacción de 1935 que en algún caso se remontan a 1929 y que se cierran con el post-scriptum de 1962. Más objetivamente podemos decir que nos encontramos ante un gran documento histórico en el que el cronista, en el diagnóstico de su época, hace una acertada utilización de categorías sociológicas que toma prestadas de Georg Simmel y Siegfried Kracauer. Igualmente podemos decir que nos encontramos ante un buen libro de historia de la filosofía donde reciben un trato duro y acerado el psicoanálisis jungiano, la fenomenología, la ontología de Heidegger, el neokantismo, el empiriocriticismo y el socialismo vulgar. Por otra parte nos encontramos ante un magnífico libro de estética y teoría de las artes donde son denostados el formalismo de ciertas vanguardias frías como la nueva objetividad y el cubismo y la tibieza lúdicamente vacua del surrealismo. Críticas opuestas al trato generoso, implicado y empático del expresionismo alemán y sobre todo del teatro épico de Bertolt Brecht. Particularmente el autor de este artículo ha tenido la suerte de manejar de primera mano el texto de Bloch porque se le encargó hace unos años su traducción que estará incluida en su primera edición al castellano 2. Vamos a hacer un breve repaso de algunos de los núcleos temáticos de Herencia. Para empezar resumiremos y comentaremos el Prólogo a la edición de 1935 y el Postscriptum de 1962. "Desde aquí se puede divisar una amplia panorámica. El tiempo está en decadencia y está gestando algo simultáneamente. La situación es mísera o infame y el camino por el que se puede salir de aquélla es tortuoso, sin embargo, no cabe duda de que el fin no será burgués" (Bloch, 1985, 15/ 1) 3. El presente, aparte de mísero e infame, es burgués. Sin embargo en todo presente y en este también, cómo no, se encuentra el germen para el cambio. Y el movimiento de la realidad objetiva hará que el fin no sea burgués. Quizás este planteamiento pueda ser acusado de determinista. Probablemente sea acertada esa calificación. Pero no nos equivoquemos, sólo lo es en parte. Se trata de un planteamiento determinista, pero no fatalista. El planteamiento valora al hombre, a la clase obrera, el proletario, el órgano de cumplimiento del plan de la historia. Ese determinismo no excluye ni la conciencia ni la acción, sino que la implican. Como bien señala Muguerza, la ontología materialista de Bloch pareciera contradecir su primado de la razón práctica. Precisamente lo sobresaliente en Bloch es que su hondo materialismo no ofuscó jamás el énfasis ético de su pensamiento 4. De ahí que esa adscripción al devenir mismo del ser no sea un dejarse llevar sin más, se trata de una adscripción consciente, voluntaria y activa, es tributaria del Tratado Teológicopolítico de Espinosa y muestra en última instancia que Bloch, al igual que Baruch, era un pensador de origen judío. Al fin y al cabo influido por una noción lineal y no cíclica de la historia, con una apertura hacia lo mesiánico y con el componente de solidaridad humana contenida en el Talmud, "quien salva a un hombre salva a la humanidad" 5. Lo que ocurre es que el Talmud también une a ese matiz de solidaridad el de exclusivismo, el de un grupo de representantes privilegiados y escogidos de cara a la salvación de la humanidad, los judíos. Allá donde el Talmud pone al judío como representante de la humanidad, el marxismo pone al proletariado. Allá donde la Torah establece proféticamente el destino del pueblo judío, los clásicos del marxismo apuntan a una profecía-objetiva basada en las condiciones materiales de producción. Sin embargo tanto Torah 6 como marxismo coinciden en que el indicio de la salvación y la emancipación es la miseria del presente, el dolor, la esclavitud, la explotación, el destierro, la alienación 7, etc. Sigamos citando fragmentos del Prólogo. "Lo nuevo se presenta bajo una forma especialmente compleja. Aquí lo estamos considerando en sí, también en aquello que impide su llegada, Pero sobre todo lo consideramos en la ruptura involuntaria y en algunas de sus señales irisadas. Éstas, por supuesto, sólo pueden rastrearse entre las víctimas los engañados y los embriagados" (Bloch, 1985, 15/1). Para Bloch, ateo-mesiánico, lo nuevo es divisado en la "ruptura involuntaria" y en las "señales irisadas". Aquí Bloch toma como auténtico barómetro de su época a la propia burguesía a la que alude con la "ruptura involuntaria" de su conciencia. Y por otra parte también considera un buen lugar para buscar el germen de cambio que lleva consigo su época "a las víctimas, a los engañados, a los embriagados". En esto Bloch sigue a Baudelaire en Las flores del mal y a Benjamin en la obra de los pasajes. Sin embargo, en Bloch no se acepta como inevitable y fatal el spleen moderno. No se considera el spleen punto de inicio y punto final o resultado de un camino de ida y vuelta, sino sólo muestra del malestar que debe ser suprimido y será suprimido por la emancipación del hombre. De ahí que Bloch no se contente con mencionar a los engañados, también se refiera a los engañadores, la clase política burguesa y nacionalsocialista que alarmó a los trabajadores creando "susto" y "confusión". Éste es uno de los rasgos más distintivos de este libro en particular y de la producción general de Bloch. Mientras que el rastreo en la miseria de nuestros días del novum donde se encuentra el germen del cambio es un rastreo y por lo tanto un escrutar lo oculto, la detección de los promotores y sustentadores de la opresión es precisa, y puede ser precisa porque están bien localizados en el capital y en sus correas de transmisión. Por eso Herencia es un libro valiente. Capaz de afrontar la teoría, pero igualmente capaz de no parapetarse en ella y así eludir la muestra clara de la faz de la opresión. Sin embargo, es muy importante ponderar que a Bloch no le basta una evocación y un contacto estrictamente estético, en cuanto desinteresado, con los embriagados, las víctimas, los engañados y mucho menos le interesa una adhesión sentimental a ellos. Bloch quiere hacer operativo el trabajo intelectual empleado en la revisión de la situación de las víctimas y en el examen de la quebrada conciencia de la burguesía de su época. Cuando Bloch se pregunta "¿En su desmoronamiento la burguesía aporta los elementos para construir un nuevo mundo?" (Bloch, 1985, 15/1), el filósofo de Ludwigshafen 8 está retomando la corrección que Lukács hizo a la teoría del reflejo de Lenin. Según Lukács no es tanto la explícita muestra de las condiciones de explotación donde se obtiene un mejor reflejo de las fuerzas sociales objetivas, sino precisamente en la resistencia a aquellas de la clase burguesa. El malestar y la decadencia de la burguesía muestran mejor lo social y el futuro cambio que el realismo socialista con su optimismo reivindicativo y la queja contra la explotación. Precisamente en el desbrozo de ese malestar o mejor dicho, de las fuerzas emancipatorias contenidas en ese malestar, se encuentra la herencia de nuestro tiempo, la herencia dialéctica de nuestro tiempo. Ya se sabe que la noción del marxismo clásico en la que se basa Lukács para formular su corrección a la teoría del reflejo es el desarrollo desigual. Es decir los diferentes tempi y ritmos de crecimiento y desarrollo de las fuerzas de producción por un lado y de las relaciones de producción por otro. Esta contradicción apunta a una tendencia histórica, el sobrepaso y el arrumbamiento de las relaciones de producción, que produce, claro está, malestar en la clase dominante. Sin embargo, señala Lukács, como ya lo hicieran Marx y Engels, que el desarrollo económico de Alemania es especial. Comparada sobre todo con Francia o Inglaterra, se trata de un país atrasado. Este desarrollo desigual en sentido estrictamente material lleva consigo una no-contemporaneidad genuina y autóctona alemana 9. Para Bloch es preciso abordar esa no-contemporaneidad 10. Además en la Alemania de Weimar se asiste a una pauperización y a una proletarización crecientes de la población, producidas por dos fenómenos: las capitulaciones de Versalles y el Crack del 30. Bloch quiere convertirse en escrutador de su época y hace una crónica-balance de la República de Weimar. Llama a los años del 24 al 29 "la distracción" y a lo sucedido en la época en global "la embriaguez". En el proceso de derrumbe económico hay dos grupos sociales especialmente perjudicados y en los que se manifiesta especialmente el malestar, los campesinos y los empleados; su malestar sirve a la reacción. Comoquiera que el desarrollo de las fuerzas productivas es sentido por unos y otros como empobrecimiento, en ambos grupos se gesta un retorno al romanticismo renuente al progreso. Un romanticismo especialmente reticente a la jaula de hierro del progreso, a lo grisáceo de la autoridad legal-racional. Esta susceptibilidad les lleva a abrazar la reacción poniéndose en manos del nacionalsocialismo. El movimiento obrero, en lugar de caer en un mecanicismo falsamente optimista, ha de ser consciente de la fuerza que bien empleadas pueden tener las nociones románticas. "La vida, el alma, el inconsciente, la nación, la totalidad y semejantes anti-mecanismos no serían utilizables reaccionariamente al cien por cien, si la revolución no sólo quisiera, razonablemente desenmascarar estas categorías sino también de un modo igualmente razonable, sobrepujar al antiguo poseedor de las mismas y hacerse dueña de ellas" (Bloch, 1985, 18/2). En el momento en que Bloch vive es especialmente importante que el socialismo se dé cuenta de que no sólo es hijo de la ilustración, desmitificadora, sino también de un romanticismo capaz de reavivar el mito a favor de la revolución. Para Bloch conceptos originariamente románticos, organicistas o renuentes contra un progreso contienen también un potencial emancipatorio 11. De ahí que sea urgente recoger todos esos contenidos de la reacción romántica como herencia de nuestro tiempo. Eso sí se trata de algún modo de subordinar el mito romántico, al más grande de los mitos, a la utopía concreta de la revolución como culminación del proceso ilustrado. Como muy expresivamente dice Bloch su libro "no ayuda al diablo, sino que intenta quitarle -con un enorme esfuerzo-sus armas mentirosas y sus artificios" (Bloch, 1985, 19/3). Para entender y superar los remedios que se administran al burgués depauperado en contra de la revolución verdadera, hay que estar, diabólicamente, dice Bloch, en el país del burgués o mejor dicho en su barco 12. Habiendo hecho esta revisión de las intenciones de Bloch, planteadas en su prólogo, contemplemos brevemente el Post-Scriptum a la edición de 1962. Éste fue elaborado por Bloch, una vez establecido en Tubinga, en su tercer exilio, en este caso de la República Democrática Alemana, tras la frustrante evidencia que supuso para él la construcción del muro de Berlín. En el texto el autor se lamenta de que el más grande movimiento de liberación se haya alienado de sí mismo. Esa alienación procede del elemento que le falta para la emancipación, el de la tradición del derecho natural, de la dignidad entendida como "facultas" buscada para andar en posición erguida. La ausencia de ese elemento fue el que hizo que el socialismo condujera al arquetipo del muro en vez de propiciar lo que llamo Engels en el Anti-Dühring salto de "la necesidad al reino de la libertad" (Bloch, 1985, 22/5). Una vez más Bloch insiste en la necesidad de aceptar y asimilar la herencia como clave para superar los errores de diagnóstico histórico. El libro propiamente dicho comienza con unos textos aforísticos reunidos bajo el título genérico de "El polvo". Se usa aquí la escritura de un modo análogo a como lo hizo Benjamin en la obra de los pasajes y el propio Bloch en Huellas. "El polvo" es una acerada diatriba contra la pequeña burguesía. Esa clase que por estar compuesta por individuos que piensan sólo en su propio bien, sólo existe a medias. De la pequeña burguesía se rechazan su pequeñez, su mezquindad criticona, su propensión a adular al empleador. Igualmente se rechaza su denuesto de los vicios ajenos, no porque el pequeñoburgués no los tenga, sino porque no los ha aprendido. Pero en definitiva lo más significativo y lo que más deplora Bloch de la clase media es su distracción. Cómo sustituye la gran cultura por la vida distraída. Al hilo de esto cabe recordar que uno de los primeros lectores señalados de Herencia fue Hermann Hesse, quien reseñara la obra nada más publicada 13. Si a Hesse le interesa Bloch y muy concretamente Herencia, es por su distancia respecto a los años veinte, los happy twenties, ésos que Bloch llamara "la distracción y que Hesse denominó la "época folletinesca". "El polvo" es el preámbulo de la primera parte del libro Empleados y distracción, en el fondo un desarrollo de ese preámbulo. Efectivamente aquí Bloch habla de los primeros tiempos de la República de Weimar, esos que discurrieron por los "felices veinte" y supusieron la eclosión relumbrante y ficticia de la pequeña-burguesía, de su ocio barato y su distracción. Sus triviales cafés, películas y parques de atracciones le llevan a adquirir la falsa conciencia de distinguirse de un proletariado al que cada vez está más materialmente equiparado. Aquel mundo de distracción contribuyó a dividir a la clase trabajadora entre la proletarizada y la proletaria, entre la sólo resentida y la revolucionaria. Hay una famosa película dirigida por Sydney Pollack en 1969 llamada Danzad, danzad malditos, la cual se halla ambientada en los Estados Unidos de la Gran Depresión y discurre durante un Maratón de Baile en el que la pareja ganadora obtendrá un ansiado premio en metálico 14. Esa película pareciera haberse inspirado en el texto de Bloch "Furia y ganas de reír" que data de 1929 y esté encuadrada en la Segunda Parte de Herencia. En este texto se muestra descarnadamente cómo el capital aprovecha la desesperación de los individuos y alegoriza la época como una tortura. Los bailarines son parados, desempleados pequeñoburgueses y proletarios que llenan tres cuartos de la sala haciendo pasar por deporte lo que es un martirio. Bloch advierte que más de la mitad de los presentes en la sala son votantes de los nazis. A la distracción de los veinte, al espectáculo trivial de entonces, le sucedieron otros espectáculos, eso que Benjamin denominó la estetización de la política. "A las luces de Hollywood que apelaron únicamente a nuestros sueños, les siguieron los desfiles militares al paso de la oca, que sí se meten en la sangre... Los desempleados se vuelven carne de cañón bajo la caza salvaje y audaz de Lützow y otras autarquías en pie de guerra, la revolución se olvida bajo los tambores de guerra" (Bloch, 1985, 59/25) 15. El nazismo supo suplantar la revolución por la apariencia de la misma y transmutar la revolución por la guerra. "Manual de apariencia revolucionaria" es un texto, que aunque data de 1933 fue insertado en Herencia por Bloch en la edición de 1962. En éste se da cuenta de la manipulación nazi. La cual primero usurpó el color rojo de la bandera al proletario y después la calle, las manifestaciones y la presión propagandística que desde ellas se ejercía. A la proclamación de la República de Weimar, que acabara con la monarquía de los Hohenzollern se le llamó "Crimen de noviembre". Igualmente se acuñaron términos en sustitución de otros: "crisis" fue sustituido por "ondulación de la vida económica". Y "proletario" desapareció en beneficio de trabajador, un trabajador en sí mismo, olvidando que la inmensa mayoría de los trabajadores no lo son en sí mismos sino para otros, y en virtud de una alienación de su propio ser. De ese modo, ideológicamente, se hicieron difusas, borrosas e inadvertidas para los embriagados, las diferencias entre el explotador y el explotado, y absolutamente pasada por alto la lucha de clases. Así, apoyándose en el mito de la nación creó una imagen interclasista del trabajo. Las siglas NSDAP significan Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes. "De ahí que en el fraudulento mundo de los nazis desde los Thyssen hasta el último estibador tan sólo hay un Frente del Trabajo, y de ahí que el día de los Campesinos del Reich en Goslar no reconozca ninguna diferencia entre un gran hacendado y un pequeño campesino aparte de las insignificantes diferencias que puedan derivarse de la existente entre el área y la hectárea" (Bloch, 1985, 72/33). Y frente a ello, el movimiento obrero autocomplaciente y determinista hizo un diagnóstico de la situación, basado en una ruinosa falta de comprensión de la herencia de la época. El autor se hace eco de un documento del KPD en 1930 en el que se confiaba en recibir la parte del león del activo de la quiebra del nazismo. El desengaño del nazismo les llegaría a los pauperizados cuando sin más su pobreza llegara a ser insoportable. Entonces una parte de éstos se haría comunista y la otra nacionalista. Sin embargo, Bloch cree que el error del diagnóstico expuesto en este documento del Partido Comunista estriba en una cuestión básica: mientras que el proletario se crió junto a las fuerzas productivas y las conoce, la conciencia semiproletaria genera una conciencia falsa cuyos contenidos se encapsulan en ideas fijas. El pequeñoburgués pauperizado se encuentra de pronto ante una tormenta de máquinas entre las que no había crecido y así se convierte o bien en un opositor irracional y tardorromántico al capitalismo o bien en un fetichista de la máquina. Un fetichista conforme no sólo con las fuerzas de producción, sino también con las relaciones de producción presentes. A este fetichista su chata capacidad de análisis le hace ver intrínsecamente ligadas unas y otras. La ideología le hace naturalizar unos vínculos que son exclusivamente históricos. En todo caso lo que está claro es que la pauperización, que lleva a un contacto súbito con la máquina, produce en el pequeñoburgués o bien la irracionalidad o bien la racionalidad mecánica. Esa última también se la achaca Bloch al marxismo vulgar. Y la alternativa que él propone es la de una racionalidad utópica consecuencia de haber asumido la herencia de su tiempo. Y habiendo apuntado en las líneas anteriores cuál es el diagnóstico histórico de Bloch, la esencia de este libro, voy ahora a centrarme en algunos aspectos específicos de la herencia de su época. En primer lugar retomaré la diferencia distracción, embriaguez, y acto seguido me referiré a algunos movimientos de la supraestructura dignos de mención para Bloch por su significación histórica. También son términos que permiten hacer una caracterización general de la última fase del capitalismo. Precisamente la dialéctica hegeliana es la que habilita a Bloch a pasar del rótulo al término, a ir más allá del nominalismo infundiendo conceptualidad real a la distracción y la embriaguez, como aspectos de la tendencia-latencia de su tiempo. "La auténtica última fase del capitalismo ofrece, de un modo relativamente avanzado, el aspecto versátil de la distracción y la ambigua oscuridad de la embriaguez, en definitiva, reúne aspectos relativistas y arcaicos. Lo primero, el elemento de distracción, se halla en la desnuda aparente y extremadamente brillante objetividad; lo segundo, el elemento de embriaguez, habita en las deterioradas y ambiguas figuras de los diversos tipos de montaje" (Bloch, 1985, 214/115). Efectivamente, dándose a sí mismo la envoltura y/o la vitola de objetividad, el capitalismo tardío pretende ser considerado activo y creativo y así se exime de reconocer que está fuertemente encadenado a la circulación de las mercancías 16. Se trata de una objetividad deslumbrante que hace tomar las fuerzas de producción, el imparable avance de la técnica, por la realidad en su conjunto. Sin embargo, la sobrevaloración de la técnica propuesta desde estos parámetros abre el camino al futuro. La objetividad y el funcionalismo pueden dejar de ser distracción y convertirse en forma social válida. Está claro que desde una perspectiva marxista, el avance, el auge, el cambio de las fuerzas de producción sólo puede ser auge del capitalismo transitoriamente. Éste como conjunto de relaciones de producción obsoletas se adecuará a la nueva técnica mucho peor que las formas innovadoras y emancipatorias de vida social: "Entonces las formas funcionales privadas de vida se convierten en formas animadas por lo social, y los pisos de bloques de alquiler de yeso blanco, en los que viven animales de carga de pequeño tamaño, cobran color y una muy diferente geometría, concretamente una auténticamente colectiva" (Bloch, 1885, 220/119). Si la objetividad distrae con su brillante revestimiento, por su parte el montaje hace la confusión atractiva y audazmente tramada. El montaje ideológico es cometido de las nuevas corrientes de la filosofía, sin embargo, hay un montaje muy positivo, muy esclarecedor, el de la nueva novela el del teatro épico y el del expresionismo. Y así consecuentemente Bloch ajusta cuentas con la filosofía contemporánea, menciona con simpatía a Joyce, pondera la figura de Bertolt Brecht, y valora muy positivamente, aunque no sin crítica, al expresionismo. Todo ello partiendo de la base de que Bloch no cree estar haciendo una valoración personal de estos fenómenos, sino un balance conforme a su relevancia dialéctica. La filosofía de su época es valorada en general de un modo negativo, pero con matices. Bloch rechaza la sujeción de Mannheim a la facticidad de la historia, el soporte de Spengler al militarismo del segundo Reich 17 o el romanticismo diluvial de Klages, una de esas filosofías fatalistas promotoras del desastre. Sin embargo, lo más destacable reside en su encaramiento del empiriocriticismo, así como en el examen de la reacción contra la filosofía de Mach que suponen la fenomenología de Husserl y la ontología existencial heideggeriana. Bloch se hace eco de la nueva física para la que los átomos, la causalidad y el éter son en su sentido más auténtico modelos, modelos constantemente modificados y renovados, a los que, en el mejor de los casos les corresponde algo similar en el mundo. Para Mach las teorías proporcionan sólo símbolos para la práctica, no pretenden ser un reflejo de la realidad física 18. En su enjuiciamiento, Bloch sigue a Lenin, señala que éste distinguía con precisión entre el relativismo físico (que libera la rigidez mecánicamente cerrada y uniforme) y su miserable filosofía, el empiriocriticismo (que no permite a ningún concepto ser aplicado directamente a la naturaleza) 19. Lenin descubrió el aroma de clase de la teoría de la experiencia pura y libre de metafísica, pero al mismo tiempo descubre en esta filosofía reaccionaria una actitud modificada y modélica en relación con los objetos 20. De ahí que "si los relativismos filosóficos y las intermitencias no han aportado una base sólida para el hombre nuevo al menos le han quitado su base al hombre falso" (Bloch, 1985, 295/164). La fenomenología supone un rechazo de la explicación genético-psicológica de un hecho (Lipps), así como de toda producción trascendental que tiene su ser exclusivamente en el proceso de pensamiento (Cohen). Igualmente hay un alejamiento reactivo contra el conocimiento meramente externo del empiriocriticismo que se niega a penetrar en el fondo críptico de la experiencia 21. La plenitud de una visión de la totalidad se introduce en la investigación. Frente al psicologismo, el trascendentalismo y los modelos de la filosofía adyacente a la nueva física, los fenomenólogos abogan por la realidad del mundo externo mediante la reintroducción de la intentio y la adaequatio 22. Bloch aprecia este deseo de Husserl de desmarcarse de la fría abstracción cientificista. Sin embargo, comprende por otra parte que esta filosofía no quiere abandonar el idealismo burgués más que para aumentarlo con más antiguo idealismo de tipo platónico-escolástico. Y eso tiene una consecuencia indeseable desde el punto de vista político: deja a las personans insignificantes e irresueltas unas junto a otras 23. Dicho de otro modo, nos hallamos ante una filosofía carente de potencial emancipatorio 24, incapaz de pasar de un realismo ontológico a la constitución de un sujeto colectivo de la historia. Mucho más cuando, por el creciente relativismo, las verdades generales y las leyes esenciales de los objetos específicos se retrotraen, como ocurre con Heidegger, a la existencia y al análisis de los existenciarios 25. Como señala Bloch la deriva de la fenomenología husserliana a la ontología existencial de Heidegger es análogo al tránsito del catolicismo, falsa comunidad, al protestantismo, individualidad angosta y estéril 26. Si el balance que hace Bloch de la filosofía de su tiempo es negativo, no ocurre lo mismo con ciertas manifestaciones y corrientes artísticas que llevan consigo la semilla de la liberación. Todo ello teniendo en cuenta que en la literatura lo que le interesaba a Bloch era el sueño diurno aquello que anticipa, no el nocturno que remite a un pasado 27. Mientras que la filosofía de su época era una modalidad consciente del montaje que, ante la embriaguez de la objetividad, opta por el relativismo (como hace el empiriocriticismo) o por un esencialismo trasnochado (como hace la fenomenología), la contradicción se adueña del seno del arte auténtico. Para Bloch, la forma de cierto arte contemporáneo presenta "una contradicción nacida en el seno del capitalismo, compuesta de un hoy genuino, que es al mismo tiempo un hoy y un mañana concreto" (Bloch, 1985, 226, 122). En este sentido le parece admirablemente corrosiva la desquiciada narrativa de Joyce. Con el Ulises encontramos un mundo sin perspectiva, una absorción del fermento de la decadencia en primer lugar del ego (en el soliloquio interior) y luego en el contexto burgués de los sujetos. En el monólogo interior, el ego no está por testigo, y ni siquiera el cuerpo se da cuenta de que de él procede la corriente lingüística. Por otra parte, en cuanto al asunto del contexto, todo está tan desnudo, tan falto de vergüenza, tan privado de embellecimiento, que todos los naturalismos interiores se convierten en ceremonia de corte 28. Por otra parte, no hay figura por la que el autor sienta una admiración más indisimulada que por la de Bertolt Brecht. Éste utiliza el montaje como una fuerza de producción, como interrupción del fluir dramático, como desplazamiento didáctico de sus partes, en breve como política llevada a cabo desde la dirección escénica 29. Para él Brecht era un leninista en el escenario. Su teatro es leninista en la medida en que se convierte en un estudio para cada teoría en su respectiva práctica, "su trama se convierte en una prueba previa de actitudes políticas y teorías políticas encaminadas a cambiar situaciones en el locus minoris resistentiae del escenario" 30. La audiencia no pasa una noche que transcurre a su fin sin interrupciones, sino que se encuentra con una acción social interrumpida, una lógica de la situación completa, puro teatro práctico 31. El problema del expresionismo lo ve Bloch imbricado en la confluencia de arte y política. Como proponía Platón en la Politeia, toda dictadura que se siente con suficiente poder como para aspirar a ser omnímoda quiere sustentar su autoridad pedagógicamente, y estima que debe establecer un estricto control de las artes. Ya se conoce que Adolf Hitler intentó ingresar en la Escuela de Bellas Artes de Múnich, pero fue rechazado. Se dice que ese hecho fue decisivo para la deriva política que posteriormente tomara su vida. El Führer no dejó de estar interesado en las artes, ante todo en el papel educativo que éstas podían llegar a tener. En 1937 se inauguró en Múnich la Casa del Arte Alemán y al mismo tiempo la exposición itinerante "Arte degenerado". La primera era un canto al clasicismo escultórico y a la pintura de caballete, y la segunda un denuesto público, burlesco y peyorativo de las vanguardias históricas, especialmente de la más prolífica en Alemania, la expresionista. Nolde, Heckel, Kirchner, Barlach, Pechstein, Beckmann, Kokoschka, Kandinsky y Schmitt-Rottluff se encontraban entre los degenerados. En esta inauguración el Führer tomó la palabra: "Vosotros, prehistóricos inmoladores del arte, queréis un tipo humano bello y radiante. Inválidos contrahechos y cretinos, hombres que están más cerca de los animales que los seres humanos y esto es lo que los más crueles de los diletantes se atreven a presentar como aquello que caracteriza a nuestro tiempo y le imprime su sello" 32. La exposición "Arte degenerado" fue visitada por cuatro veces más personas que la Casa del Arte Alemán. Sin embargo, también es evidente que esto no indicaba precisamente que los visitantes fueran mayoritariamente a admirar el arte que allí se exponía, sino a mofarse, a escarnecer o a escandalizarse cínicamente del arte que allí se pretendía humillar. A Bloch le interesan de un modo muy secundario los juicios del Führer, le parece mucho más relevante otra índole de cuestiones. Por ejemplo la valoración de Lukács, quien la considera una expresión pequeñoburguesa, una manifestación de la superestructura capitalista. O cómo el juicio contra el expresionismo de los nazis fue compartido por ciertos intelectuales "esquemáticos" de Moscú 33. Bloch apreciaba el expresionismo porque encarnaba como ningún otro movimiento artístico el binomio tendencialatencia. El expresionismo según el autor "contiene anticapitalismo subjetivamente inequívoco y objetivamente oscuro todavía. Contiene sombras arcaicas mezcladas con luces revolucionarias, caras ocultas de un mundo subterráneo no dominado, luces brillantes de un futuro, riqueza e indestructibilidad de la expresión humana" (Bloch, 1985, 258/142). Pero, y aquí Bloch es taxativo, el expresionismo no es decadentismo inerte, spleen fatal, ni tampoco es, sirviéndose de una imagen bíblica, "realidad diluvial falsificada", tal como ocurre en los malos expresionistas, tipo Gotfried Benn, que además de mal expresionista, fue nazi. En el expresionismo "hay una integración de lo-que-ya-no-es-consciente en lo-que todavía-no-es-consciente, de lo que hace tiempo ya pasó en lo que todavía no ha pasado" (Bloch, 1985, 260/143). Se dice, recuerda Bloch, que hay expresionismo allá donde hay arte, allá donde el sentimiento no reglado tiene más peso que el entendimiento. Es pues lo subjetivamente humano constituye lo positivo de la innegable y ambigua subjetividad del expresionismo 34. Esta presencia de lo subjetivamente humano como núcleo del movimiento es básica para Bloch, quien sabía que en "el expresionismo con su unidad estilística, con su antropocentrismo, se facilitaba un proceso de fundamentación antropológica de la estética, una vía para convertir el rechazo del viejo mundo en imaginación creativa del futuro" (Jiménez, 1983, 27) Desde la amplia definición de expresionismo de Bloch está claro que quien proporciona un puente para ir de esa definición genérica del expresionismo a éste valorado como un estilo son Van Gogh y Gauguin. Del primero nos dice que en él las cosas hablan por sí mismas no como un eco del hombre que resuena en ellas, es decir, la introspección y el mundo externo son puntos de partida que en primera instancia aportan sus contenidos pero luego se retraen, para que la cosa hable por sí misma 35. Pero fundamentalmente el expresionismo es un problema en el mejor de los sentidos un problema candente en cuanto irresuelto. Esto es así porque la época expresionista ha roto todas las casuales rutinas y las asociaciones convencionales del pasado: las personas que trataban con las obras de aquellos que asumían como padres "no eran herederos, sino epígonos, de ellos se podía decir lo que decía Goethe: "Weh dir, dass du ein Enkel bist" (Ay de ti que eres sólo un nieto). Los jóvenes que se están renovando a sí mismos una y otra vez no necesitan huir al pasado, sino que toman al pasado como documento" (Bloch, 1985, 263/145). El expresionismo fue un montaje, y el montaje, como afirmaba Bloch, era embriaguez. Sin embargo, en cuanto embriaguez insatisfecha, desazonadora, fue un montaje y una embriaguez emancipatorios. Al fin y al cabo la gran enseñanza que se puede sacar en general del pensamiento de Bloch es que el hombre puede confiar en el futuro atendiendo a lo que es él y su historia 36. Sin duda alguna, debido a su carácter de transitoriedad en acto, el expresionismo fue una de las piedras de toque básicas para comprender de un modo cabal la herencia de su época.
Entre los intelectuales alemanes exiliados para los que la experiencia del desajuste entre Europa y América se convierte en una fuente de conocimiento, Theodor W. Adorno ocupa un lugar de excepción. Textos como Minima moralia o Dialéctica de la Ilustración, convertidos en clásicos para varias generaciones de lectores, no sólo fueron redactados en el exilio americano, sino que revelan un poso de experiencias biográficas y profesionales que el francfortiano fue capaz de sublimar en teoría. El conocimiento surgido de la elaboración de lo vivido durante estos años alcanza tanto a la realidad europea que los emigrados se habían visto obligados a abandonar como a la América que se convirtió en tierra de acogida y, sobre todo, se constituye como autorreflexión sobre la figura del intelectual europeo exiliado en Estados Unidos. El propio Adorno fue muy consciente de la transformación que la experiencia del exilio ejercería en su propia trayectoria intelectual, como revela el hecho de que, al final de su vida, con el movimiento estudiantil alemán en plena ebullición y encontrándose en el apogeo de su producción teórica, sacara tiempo para elaborar sus recuerdos en un texto -por lo demás no exento de cierta estilización autobiográfica-como "Experiencias científicas en Estados Unidos". Pero sus reflexiones sobre la condición del exiliado se reparten por toda su obra, alcanzando su formulación más contundente en algunos de sus escritos considerados menores. No en vano Adorno se cuenta entre los autores que nos ha legado de forma más indeleble el significado del exilio estadounidense para un intelectual europeo. Sin embargo, al mismo tiempo, resulta obligatorio constatar que el consenso académico acerca de lo paradigmático de su figura como exiliado ha acabado por recortar el alcance de su testimonio. En efecto, a partir de la muerte de Adorno, la literatura secundaria ha tendido a presentar sus textos producidos en Estados Unidos como el testimonio de un mundo que estaba desapareciendo de manera irremisible y para siempre: el del intelectual europeo de formación burguesa que sucumbía ante la incipiente industria de la cultura. Desde esta perspectiva, el pensamiento adorniano aparecería teñido de un resentimiento elitista con respecto a la cultura de masas americana que lo revelaría anticuado e inservible para toda apropiación contemporánea. Del mismo modo, la concepción de la Teoría Crítica como un planteamiento que, al carecer de un destinatario definido en su momento histórico, se entiende a sí misma como mensaje en una botella, cobraría un nuevo significado. Ya no se entendería como un análisis que busca un sujeto capaz de una transformación que en dicha situación histórica nadie parece en condiciones de llevar a cabo, sino que sería simplemente el testimonio del naufragio histórico de la antigua alta cultura. En el presente texto quisiera contribuir a corregir esta imagen apoyándome en materiales e investigaciones recientemente publicadas 1. El punto de partida para ello será el concepto adorniano de experiencia americana, que remite a la estrecha interrelación entre la sociedad capitalista más avanzada, en la que nada queda fuera de su tupida red de socialización, y la transformación funcional del individuo y la teoría en ella. De hecho, el concepto de Teoría Crítica como tal pierde su especificidad si se abstrae de las experiencias del exilio americano (Claussen, 1999, 27 y ss.). En consecuencia, el elemento fundamental para entender lo que el exilio aportó al pensamiento adorniano habrá de buscarse en su registro de las constantes tensiones entre el imperativo de adaptación y la voluntad de preservación de la propia identidad, entre la inserción del intelectual en un marco académico profesionalizado y la defensa de la autonomía del pensamiento y, en último término, en la insistencia en que, aunque no sea más que como un reducto no asimilable a las concentraciones de poder, el intelectual y la teoría no renuncien al elemento de resistencia que su exigencia de verdad supone en una sociedad que busca poner todo el progreso técnico-científico al servicio de la maximización del beneficio. De esta manera el concepto adorniano de experiencia americana puede también rebasar su propio núcleo temporal y conseguir interpelarnos, poniendo en duda seguridades que, un tanto ingenuamente, algunos seguimos dando por sentadas. Retrospectivamente, Adorno ha reconocido que, desde el primero hasta el último día de su exilio americano, se consi-deró un europeo, y que en todo momento trató de aferrarse a una cierta "continuidad espiritual" que le permitiera no romper del todo con su biografía personal e intelectual anterior. Ha de tenerse en cuenta que esto tiene lugar en un momento en el que "adjustment era todavía una palabra mágica, sobre todo respecto a quien había tenido que huir de Europa en calidad de perseguido, y del que se esperaba tanto que se cualificara profesionalmente en el nuevo país como que no se anquilosara con soberbia en lo que una vez había sido" (Adorno, 2003a, 702). Frente a ello, el francfortiano insistió en todo momento en que toda conciencia política de los exiliados partía de la imposibilidad de considerarse inmigrantes que llegaban a Estados Unidos a probar fortuna, sino que eran ante todo emigrantes que, por haber sufrido la persecución en su propio país, se habían visto obligados a buscar cobijo al otro lado del Atlántico (Adorno, 2003b, 352). Resulta evidente que el exiliado que no quisiera renunciar a cierta continuidad biográfica y de intereses en una sociedad que no ofrecía más alternativas que la integración total en su mercado laboral, se vería obligado a pagar el precio de la permanente condición de outsider, de un constante permanecer extraño a cuanto le rodea. Y sin embargo la imagen de un Adorno desvinculado de la cotidianeidad cultural, académica y mediática americana, así como el mito de que la crítica adorniana a la cultura estadounidense está formulada desde la desdeñosa distancia de un europeo elitista que desconoce la realidad a la que no ha logrado adaptarse, son rigurosamente falsos. Al fin y al cabo, el francfortiano no sólo vivió quince años en Estados Unidos, sino que llegó a ser, durante más de una década, ciudadano americano. Por lo demás Adorno tuvo ocasión de conocer de primera mano el panorama científico y de investigación, así como la industria radiofónica y Hollywood, y sobre todo se convirtió en un agudo observador que aportó alguna de las más lúcidas reflexiones sobre la condición misma del exiliado. Por tanto, durante sus años en Estados Unidos, Adorno consiguió convertir su extrañeza con respecto a la sociedad americana en una productiva fuente de conocimiento. Muchos de sus textos buscan dar cuenta de la experiencia del teórico europeo que, forzado a emigrar, se topa con la realidad cultural, científica y académica estadounidense, con la lucha por la supervivencia en el mercado del conocimiento y con el imperativo de la adaptación, pero probablemente pocos pasajes logran plasmar esta experiencia de manera tan elocuente como uno de los sueños recogido en sus Traumprotokolle. Fechada en Los Ángeles en enero de 1942, apenas unos meses después de haber abandonado Nueva York, la transcripción del sueño nos relata cómo, en un paseo por Fráncfort, Adorno acaba casualmente en la oficina privada del presidente Roosevelt. El intelectual exiliado topa por azar con el alto núcleo del poder político y, una vez allí, el presidente, paternal, le permite desatender el protocolo y tomar un libro de su biblioteca. Cuando William S. Knudsen, en aquella época el presidente prohitleriano de General Motors, entra en el despacho para hablar con Roosevelt de cuestiones de seguridad nacional, Adorno es cordialmente invitado a abandonar la sala. Una vez fuera de la habitación, al salir del ascensor, no halla un acceso que le devuelva a las calles de Fráncfort, sino que se encuentra en un pozo subterráneo y busca desesperado una elevación para salvarse. Sin embargo, antes de poder alcanzar la salida, se ve rodeado por unos cocodrilos tan seductores como amenazantes, con cuya descripción finaliza la transcripción del sueño: "Tenían las cabezas de mujeres extraordinariamente hermosas. Ser devorado no duele. Para hacérmelo más fácil, me prometió antes las cosas más hermosas" (Adorno, 2005, 14). En este sueño se plasma admirablemente la dialéctica entre preservación de la propia identidad y la necesidad de adjustment que presidía la vida de todo exiliado. En las siguientes páginas intentaré desentrañar las experiencias del exilio que hicieron a Adorno consciente de las implicaciones del modelo social del capitalismo avanzado y de las transformaciones de la función del individuo, del intelectual y de la teoría aparejadas a éste, que subyacen a las tensiones que emergen -de forma inusitadamente explícita-en la transcripción de esta pesadilla. Para ello me centraré en los primeros años de Adorno en Estados Unidos, concretamente en el período que pasa en Nueva York entre febrero de 1938 y 1941, en el que su ingenuidad con respecto a la realidad americana es más explícita y su choque con ella más contundente. LA EMIGRACIÓN INTELECTUAL Y EL INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL Lo que los exiliados se encuentran al llegar a Estados Unidos es un país regido de principio a fin por el principio de rentabilidad económica: "Lo que no se registra aquí y ahora como socialmente provechoso en el mercado, no vale y será olvidado" (Adorno, 2003c, 311). Esto imposibilitaba toda conciencia de continuidad temporal con la vida anterior al otro lado del Atlántico pero, sobre todo, Adorno advierte que, cuando semejante imperativo se ejerce sobre la emigración intelectual, sucede algo cualitativamente distinto de lo que ocurría cuando se exigía a quienes llegaban al país en busca de fortuna. Lo que distingue al intelectual de aquellos que están sujetos a las exigencias de la reproducción material de la vida es su capacidad de "distanciarse intelectualmente del poder superior de la furiosa existencia cotidiana" (Adorno, 1962, 99). Con esto no se pretende dispensar la miseria de quienes no se hallan en semejante privilegiada posición, sino señalar el elemento novedoso del capitalismo avanzado norteamericano, en el que se exige a los intelectuales renunciar a su independencia y a su autonomía: "En el dominio económico todo se ajusta convenientemente según las leyes de la oferta y la demanda. Que se extiendan al espíritu, que éste acabe siendo absorbido por el complejo funcional, forma parte de la lógica del sistema, pero al mismo tiempo contradice el principio mismo del espíritu, el cual no debe agotarse en la reproducción de la vida y creando consciencia de lo existente perfila en negativo algo distinto posible" (Adorno, 2003d, 387-388). Con ello tendía a reducirse también la calidad del propio trabajo intelectual, ya que "Entre la reproducción de la propia vida bajo el monopolio de la cultura de masas y el trabajo objetivo y responsable existía una ruptura irreconciliable" (Adorno, 2003e, 35). Lo que la experiencia americana revela al hombre de teoría es que el conocimiento mismo se ha convertido en mercancía, con lo cual el intelectual se hace consciente de su impotencia con respecto a la maquinaria socioeconómica y reacciona con pánico. Su fuerza de trabajo ha perdido su posición privilegiada y ahora su posición es de aislamiento y abandono a la suerte de la competencia mercantil en la industria del conocimiento. Las condiciones materiales en que la mayoría se vio forzada a exiliarse, tal y como las relata el propio Adorno en un texto dedicado a Sigfried Kracauer con motivo de su 75 cumpleaños, completan el cuadro de la menesterosa situación del intelectual emigrado: "Las reglamentaciones sobre divisas y los impuestos especiales obligaron a los intelectuales a expatriarse literalmente como mendigos. El cálculo de los nacionalsocialistas de que con ello aquellos a quien ellos odiaban tampoco serían bien vistos allí donde encontraran refugio no andaba del todo errado. El hecho de que no pocos Estados sólo aceptaran a quienes contaban con destrezas prácticas útiles arroja incluso luz sobre países que renunciaron a semejantes alambradas de púas. En todas partes el intelectual, en cuanto no hubiera mostrado su capacitación en el seno de la comunidad científica establecida mediante trabajos llamados positivos o al menos procediera de la jerarquía universitaria, se sentía superfluo. Probablemente, la compulsión a integrarse era peor que en anteriores emigraciones. En la mayoría de países de acogida la red social era demasiado espesa, el thought control demasiado riguroso. La amenaza de paro hacía indeseables a los potenciales competidores" (Adorno, 2003d, 387). Lo que Adorno estiliza en este pasaje como "indeseabilidad" de los "potenciales competidores", fue en realidad un ambiente de terrible competencia entre los intelectuales exiliados, en una desesperada lucha por la supervivencia material que estaría dominada por rivalidades, envidias y desconfianzas. Probablemente a la luz de estas circunstancias cobra también otro significado la célebre afirmación adorniana de que "Todo intelectual en el exilio, sin excepción, lleva una vida dañada, y hace bien en reconocerlo él mismo si no quiere ser cruelmente informado de ello tras las puertas herméticamente cerradas de su autoestima" (Adorno, 2003e, 35). La competencia entre los emigrados fue especialmente despiadada cuando se luchaba por ganar el favor de instituciones o núcleos de poder que podían ofrecer una cierta estabilidad, como era el caso del Instituto de Investigación Social dirigido por Max Horkheimer, que durante los primeros años del exilio gozó de una ventajosa afiliación a la neoyorquina Universidad de Columbia 2. Sin lugar a dudas, el Instituto de Investigación Social, que había llegado a Nueva York en 1934 tras un breve paso por Ginebra 3, jugó un papel decisivo para muchos emigrados. En primer lugar aseguró la vida de sus colaboradores más íntimos durante los años más difíciles y les ofreció una estructura institucional que les permitió trabajar sin necesidad de ajustarse a las obligaciones de la carrera académica. Sólo gracias a esta estructura organizativa cuidada por Horkheimer y Pollock en los años del exilio pudo tomar forma el proyecto de la Teoría Crítica. Pero el Instituto también prestó un apoyo decisivo a la comunidad de exiliados alemanes en Europa y América, consiguiendo visados que permitieron a algunos escapar de la catástrofe europea y asignando sueldos que posibilitaron a varios de sus colaboradores continuar con sus investigaciones con una cierta independencia de la rentabilización inmediata exigida en el mercado del conocimiento. Entre los que, de un modo u otro, se beneficiaron de su ayuda, se cuentan los nombres de Karl Korsch, Walter Benjamin, Ernst Bloch, Sigfried Kracauer o Ludwig Marcuse. Por su parte, la Zeitschrift für Sozialforschung publicada por el Instituto supuso también un órgano importante para la comunidad de emigrados. Centrada en el análisis de los problemas más acuciantes para quienes se habían visto obligados a abandonar Europa (autoridad, prejuicio, cultura de masas o relación entre capitalismo y fascismo), ofreció a la intelectualidad exiliada un material de debate y reflexión de alto nivel teórico y contribuyó a paliar el aislamiento de muchos emigrados. Sin embargo, al mismo tiempo, la posibilidad de estabilidad que ofrecía el Instituto a quienes lograran convertirse en sus colaboradores le situó en el centro de un penoso cuadro de lucha por la autoconservación como mera autoconservación que su dirección no siempre gestionó de manera ejemplar. En una sociedad absolutamente jerarquizada como la americana, al intelectual aislado en el exilio no le quedaba otra posibilidad que aproximarse a posiciones de poder e influencia, y Horkheimer atesoraba ambas. De hecho su situación como director del Instituto y manager intelectual también dio lugar a una feroz competencia entre los propios miembros del Instituto. Todos anhelaban ganarse su favor para garantizar su estabilidad y asegurarse un trabajo teórico libre de presiones externas, pero sólo unos pocos pudieron pugnar para convertirse en el colaborador que Horkheimer buscaba para embarcarse en el ambicioso proyecto de un libro sobre lógica dialéctica, del que se hablaba en los círculos de exiliados desde mediados de los años treinta. Tras haber barajado a candidatos como Erich Fromm, Karl Korsch o Herbert Marcuse, a comienzos de 1940 Horkheimer acabó por decantarse por Adorno. Así fue como el francfortiano se convirtió en coautor del proyecto que acabaría materializándose en el texto de Dialéctica de la Ilustración. Adorno había mantenido estrecho contacto con el Instituto desde sus años en la Universidad Goethe de Fráncfort, pero sólo a partir de su llegada a Nueva York su destino individual iba a ser inseparable de él. De hecho, sólo gracias a su apoyo institucional y a la habilidad gestora de Horkheimer le fue posible cruzar el Atlántico con ciertas garantías profesionales. En realidad, la situación de Adorno como exiliado fue privilegiada, permitiéndole abandonar Europa antes del estallido de la guerra y contar con el apoyo financiero y de planificación de sus padres y del Academic Assistance Council durante su exilio en Oxford, y del Instituto a partir de su llegada a Estados Unidos. Pero no siempre fue todo tan fácil. Cuando, en 1933, los miembros del núcleo duro del Instituto estaban a salvo al otro lado de la frontera suiza, Adorno permaneció en Fráncfort, abandonado a su suerte y sin ninguna información. Sólo en octubre de 1934, con el Instituto ya instalado en Nueva York, retoma Horkheimer el contacto con él. Adorno vivió el abandono del Instituto como una traición (Adorno-Horkheimer, 2003, 19) y, en efecto, fue el único colaborador a quien no se ofreció ayuda para salir de Alemania (Müller-Doohm, 2003, 293). Pero la insistencia en la importancia de su trabajo para el Instituto no tardó en aplacar sus ánimos. El francfortiano se fue vinculando cada vez más estrechamente a Horkheimer, pasando a ser colaborador permanente del Instituto en 1935 y familiarizándose poco a poco con la idea de un futuro profesional en Estados Unidos. Tras un primer viaje a Nueva York en junio de 1937, la posibilidad de traslado definitivo llegó apenas unos meses más tarde, cuando recibió un telegrama anunciándole la oferta de participar el el Princeton Radio Research Project de la Rockefeller Foundation, dirigido por Paul Lazarsfeld (Adorno-Horkheimer, 2003, 440). La insostenibilidad de la situación en Europa, así como la posibilidad de estrechar lazos con el Instituto y colaborar con Horkheimer en proyectos que habían esbozado durante años, hizo que se disiparan sus dudas -si bien no sus reservas-, y el 26 de febrero de 1938 Adorno desembarcaba en Nueva York. Las experiencias que a partir de entonces viviría en condición de exiliado en Estados Unidos y como investigador en el proyecto dirigido por Lazarsfeld dejarían en su pensamiento una huella indeleble. ADORNO Y LA SOCIOLOGÍA EN EL CAPITALISMO AVANZADO: EL PRINCETON RADIO RESEARCH PROJECT Adorno llega a Estados Unidos para incorporarse al Princeton Radio Research Project, una investigación que iba a suponer un punto de inflexión en la sociología de los medios. El título exacto del proyecto era The Essential Value of Radio to all Types of Listeners, y en él se remite ya a la importancia que la radio había adquirido en la sociedad americana. La tecnología radiofónica se había desarrollado en Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial con objeto de poder mantener contacto con las tropas desplazadas a Europa, pero el comienzo de la radiodifusión no tendría lugar hasta las décadas siguientes. A partir de entonces su crecimiento fue exponencial. En consecuencia, la radio se convierte en un instrumento privilegiado para asegurar la cohesión social, pero también para la difusión y la democratización de la cultura, especialmente de la música de la tradición clásica europea. La izquierda demócrata norteamericana consideraba que el medio radiofónico posibilitaba una redistribución de la riqueza que podía liberar a la cultura del privilegio exclusivo de las clases más pudientes y los habitantes de las grandes ciudades hasta entonces había pesado sobre ella. En consonancia con estas expectativas, grandes emisoras como CBS o NBC aprovechaban para presentarse como "defensores del interés público y la educación" (Jenemann, 2007, 48), y se imponía la sensación de que la población estadounidense podía alcanzar por fin el "umbral de la mayoría de edad cultural" (Harper's Monthly Magazine en 1938, cit. Hullot-Kentor, 2006, 102). El Princeton Radio Research Project surge en este contexto de grandes expectativas como una investigación sobre el valor esencial de la radio para todos sus posibles oyentes. En palabras de Hadley Cantril y Frank Stanton, ideadores del proyecto, el objetivo era determinar "el papel de la radio en la vida de diferentes tipos de oyentes, la importancia psicológica de la radio y las diferentes razones por las que a la gente le gusta escucharla" (cit. Wiggershaus, 2001, 269). En principio se trataba de una iniciativa sin precedentes en la recogida y el análisis de información sobre lo que los oyentes esperaban y valoraban de la radio, para intentar que ésta se adecuara cada vez mejor a sus expectativas. Sin embargo los datos desmienten de manera contundente toda presunta motivación altruista o interesada en la democratización de la cultura. El propósito de la investigación consistía más bien en la recogida y sistematización de datos sobre las preferencias de los oyentes para suministrárselos a una tercera parte: los sponsors, quienes podrían rentabilizar así de forma más eficiente el capital invertido. El proyecto aspiraba por tanto a la simple racionalización económica del medio radiofónico. En consecuencia, frente a la filantropía de la que presumían sus promotores, los oyentes eran considerados como meros objetos y se les tenía en cuenta a un nivel meramente administrativo. De hecho, en los años siguientes, la sociología americana se esforzó por profundizar en la senda abierta por el Princeton Radio Research Project, llegando en ocasiones a extremos de intromisión en la privacidad del oyente y planificación de la vida cotidiana sin precedentes (cfr. En efecto, Adorno desembarcaría en Estados Unidos para participar en una investigación pionera en la instrumentalización del conocimiento para subordinarlo a la generación de grandes beneficios empresariales, y sin duda la influencia que esta experiencia tendría en su defensa de la autonomía del pensamiento y en su crítica de la incrustación de entretenimiento e industria en los medios de masas no puede ser sobreestimada. Tampoco puede olvidarse que Paul Lazarsfeld, director del proyecto, se iba a convertir en una de las figuras más emblemáticas en lo que a fusión de investigación académica e interés empresarial se refiere. Su habilidad más característica fue siempre su capacidad para conseguir la financiación de sus investigaciones con capital de grandes empresas, y sus técnicas de medición de audiencias, que se probaron útiles para el interés empresarial, siguen estando a la base de las utilizadas hoy día. No por casualidad, en febrero de 1940, Lazarsfeld fue premiado por la industria publicitaria como el hombre que había revelado "el valor educativo de los programas radiofónicos" (cit. Hullot- Kentor, 2006, 105). En realidad lo único que les había descubierto era el potencial económico de la radio para los posibles anunciantes. Sin embargo, en lo tocante a Adorno como director de la sección musical del proyecto, Lazarsfeld tenía expectativas específicas. Su objetivo era que la aportación del francfortiano no se limitara al fact-finding, sino que insertara sus resultados sobre el valor de la radio en la cultura americana en el marco de una teoría musical y social. Lazarsfeld le comunica explicitamente que espera de él una "aproximación europea"; es decir, "una actitud más teórica hacia el tema de investigación y una actitud más pesimista hacia el instrumento de progreso técnico" (en Adorno /Horkheimer, 2003, 482). Con ello esperaba que Adorno elevara el nivel teórico de la investigación, aportando un elemento crítico que a su vez engarzara con las expectativas del medio como democratizador de la cultura. Sin embargo, si bien cuando Adorno se incorpora al Princeton Radio Research Project no contaba con ninguna experiencia previa como investigador social empírico (Adorno, 2003a, 703), lo cierto es que ya había acumulado un dilatado interés por el estudio de los medios de masas en el capitalismo avanzado 4. De hecho, las primeras cartas que dirige a Lazarsfeld y el memorándum escrito en enero de 1938, todavía en Londres, revelan que Adorno se incorpora al proyecto con unos intereses de investigación ya muy definidos que iban a impedir que se plegara a lo que la dirección esperaba de él (cfr. Lo que más interesaba a Adorno del medio radiofónico era indagar cómo la retransmisión de la música transforma la experiencia de la misma y contribuye al cambio de su función social. Como le comunicaría a Benjamin en su última carta antes de embarcar hacia Nueva York, su inquietud de partida era que, en la estructura del broadcasting, "la música queda relegada a segundo plano" (Adorno/Benjamin, 1998, 231). Su sospecha era que, en el momento en que la música retransmitida se convertía en "música de fondo", su influencia sobre el oyente podría servir a propósitos manipuladores de forma mucho más eficiente que la retransmisión inmediata de contenidos ideológicos, y por ello pretendía estudiar de cerca la relación cuantitativa de "música, información, entretenimiento y pedagogía" (Adorno/Horkheimer, 2004, 424). Evidentemente estas motivaciones resultaban sumamente inconvenientes para los objetivos del Princeton Radio Research Project en su intento de controlar las costumbres de los oyentes y ponerlas al servicio de las empresas anunciantes, por lo que la incorporación de Adorno al proyecto tuvo poco de triunfal. Si bien la asimilación a las expectativas de Lazarsfeld podría no haberle resultado demasiado complicada, el francfortiano vivió su dependencia de éste como una amenaza a su integridad personal y teórica (cfr. Por ello, desde el primer momento, se mostró obstinado en su intento de preservar su identidad intelectual y de dar continuidad al interés por la aniquilación del contenido estético del arte que había mostrado desde su primer ensayo, escrito en 1920 (Adorno, 2003f, 609), y que se había incrementado a través de los debates con Benjamin. Ante este compromiso teórico de Adorno con la investigarción de la transformación de la función social, del contenido estético y de la experiencia de la música en el capitalismo avanzado, todos los esfuerzos de Lazarsfeld por ganar su capacidad de análisis técnico-musical para la causa de la democratización de la tradición musical europea a través de la radio estaban condenados al fracaso. No en vano el propio Adorno afirmaría que, ante el modelo de socialización total del capitalismo estadounidense, la cultura misma tenía algo de anticuado (Adorno, 2003a, 736 y s.). Por lo demás la propia formación musical y filosófica del francfortiano no era sin más asimilable a la etiqueta de "alta cultura" 5, y se encontraba en diametral oposición a todo discurso sobre el valor pedagógico de los "bienes culturales", cuya incapacidad de dar lugar a un mundo más humano se había hecho patente en la catástrofe europea. Por ello no es de extrañar que Adorno respondiera al mayor esfuerzo pedagógico por cultivar el conocimiento y el gusto musical a cargo de la radiodifusión norteamericana, la Music Appreciation Hour de la NBC, con una de las críticas más despiadadas de toda su trayectoria (Adorno, 2006a, 247 y ss.), para escándalo de Lazarsfeld y los promotores de la investigación. Y es que sin duda el francfortiano era el menos indicado para creer que la idea de formación abstracta en que se basaba dicha emisión, partidaria de grandes cánones y de la admiración de los "tesoros culturales" patrimonio de la humanidad, pudiera dar lugar a una relación viva con las obras que pretendía difundir. Dichos intentos de difusión pedagógica no conducían sino a una cosificación de la experiencia que llevaba a establecer una relación posesiva con los objetos y no ayudaban lo más mínimo a la aprehensión de su contenido. La consecuencia sería que la capacidad de escucha quedaría retenida a un nivel infantil y que todo el placer que se podía aún obtener de la música quedaba reducido al mero reconocimiento (Adorno, 1966). Pero, si la condición de posibilidad de una verdadera democratización de la cultura debía partir del análisis de la transformación de la experiencia en la sociedad altamente industrializada, la misma regresión de la experiencia que afectaba a la recepción musical operaba en la metodología de la administrative research cultivada por Lazarsfeld. Si bien Adorno había aterrizado en el proyecto con expectativas de poder desarrollar en él sus intereses teóricos 6, su optimismo no tardaría en ser ahogado por el procedimiento de investigación al que se le exigía adaptarse. En efecto, en la metodología cuantitativa de la investigación, las preguntas de los cuestionarios establecían el marco del análisis y su alcance, y su cuantificación de las respuestas de los oyentes en términos meramente positivos o negativos confundían la formación cultural con el mero consumo de mercancías culturales (Adorno, 2003b, 356). Dicho procedimiento pretendía medir las reacciones individuales sin tomar en consideración cómo estaban preformadas por la propia estructura de la radio y por el conjunto de la sociedad. En consecuencia, la investigación se mostraba incapaz de cuestionar los presupuestos sociales y económicos del sistema radiofónico vigente, y mucho menos de dar cuenta de la transformación estructural de la función y la experiencia de la música en el capitalismo avanzado (Adorno, 2003a, 707 y ss. y 2003e, 298 y s.). En definitiva, a lo que el exiliado Adorno no puede resignarse en su intento de mantener cierta continuidad con sus intereses teóricos, es a que en la sociología industrializada el hombre de teoría sea sacrificado en favor del técnico de investigación (Adorno, 2003a, 714). El resultado de tal procedimiento va en detrimento tanto del conocimiento como de los propios científicos, que continúan haciendo ciencia simplemente porque se les paga, no porque tengan confianza en la relevancia o en el carácter vinculante de sus resultados (Adorno, 2003e,297). En su colaboración en el proyecto de Lazarsfeld, el francfortiano asiste a la pérdida de autonomía del intelectual en el proceso productivo 7, y eso le refuerza en su conciencia de la necesidad de persistir en la producción teórica. En este sentido, como correctivo a las simplificadoras contraposiciones entre Europa y Estados Unidos, se hace necesario subrayar que el positivismo y el market research con el que Adorno se topó en su llegada a Nueva York venía precisamente importado de Europa por un emigrante como Lazarsfeld, que además procedía de círculos austromarxistas 8. Y es que el conflicto central en la experiencia americana de Adorno no sería el choque entre la teoría alemana en el exilio y la ciencia americana, sino más bien la capitulación de la teoría ante la ciencia organizada industrialmente (Claussen, 1999, 33) 9. En su crítica a la consideración de los datos sin mediación alguna por parte de la sociología positivista, al igual que en sus intentos de desmentir la supuesta transparencia de la transmisión radiofónica, Adorno se muestra bastante menos ingenuo que los científicos al uso. Tanto la ciencia industrializada como el sistema de broadcasting presuponían la posibilidad de aislar la investigación científica y los medios de comunicación de masas de sus presupuestos tecnológicos y sociales. Frente a ello, el francfortiano argumenta que la transimisión radiofónica de una sinfonía transforma la estructura de la música transmitida tanto como la metodología de investigación positivista -con su marco de referencia "natural"-transforma sus objetos de estudio. La ilusión de transparencia ya no era posible, y los fenómenos que operaban en el medio radiofónico sólo podían entenderse si su estudio se engarzaba en el marco de una teoría de la sociedad. Por ello, mientras que la investigación científica hegemónica se limita a proponer ajustes funcionales para mejorar el funcionamiento de la maquinaria radiofónica, Adorno se esfuerza por desarrollar una metodología fisiognómica que entendiera la radio como síntoma de toda una red de procesos sociales. El objetivo era estudiar cómo convergían en ella toda una serie de factores a la vez diversos e interdependientes: forma específica del medio, técnicas de transmisión, contenido transmitido (y cómo se transformaba en la transmisión), ilusión de cercanía y de ubicuidad, marketing, estructura empresarial de distribución y consecuencias de todo ello sobre transformación estructural de la experiencia de los contenidos y del papel del público (cfr. Con ello Adorno pretende resistirse a la capitulación de la teoría en el capitalismo avanzado y no resignarse al carácter superfluo que ésta estaba adquiriendo en el la industria del conocimiento. Consideraba que, por su propia condición de outsiders, los más indicados para llevar esta tarea a cabo en el país en el que la modernidad capitalista se imponía con más fuerza eran precisamente los intelectuales exiliados (Adorno, 2003b, 355). Por eso la resistencia a la integración absoluta del emigrado era más que un asunto de mera continuidad biográfica: se trataba de una cuestión de conciencia política del intelectual. LA EXPERIENCIA AMERICANA Y EL COMPROMISO DEL INTELECTUAL Después de dos años de colaboración, la incompatibilidad de los planteamientos teóricos de Adorno con los objetivos del Princeton Radio Research Project se había hecho insostenible, y en junio de 1940 la financiación de su participación en la investigación se interrumpió definitivamente. A consecuencia de ello, la mayor parte del trabajo que el francfortiano había llevado a cabo en sus primeros años en Estados Unidos no llegaría a ver la luz o tardaría mucho en ser publicado 10. De hecho, el extenso manuscrito de Currents of Music, por entonces ya prácticamente acabado, permanecería inédito hasta su edición entre los escritos póstumos en 2006. Sin embargo, las experiencias de Adorno durante estos años en Nueva York sedimentarían y acabarían por desencadenar un importante proceso de aprendizaje desde el punto de vista de su biografía intelectual. En primer lugar, el propio Adorno reconocería retrospectivamente que fue su llegada a Estados Unidos lo que le "desprovincializó" y le liberó de la ingenuidad de su confianza en la cultura (Adorno, 2003a, 734). En efecto, sus investigaciones en la radio le habían permitido asistir de primera mano al "entrelazamiento entre producción musical, investigación de consumo, ciencia e intereses capitalistas" (Claussen, 2006, 207), ante el cual toda concepción de alta cultura no puede sino resultar impotente. Por otra parte, durante su colaboración en el Proyecto, Adorno tuvo ocasión de familiarizarse con la metodología empírica, lo cual le "profesionalizaría" como sociólogo, pero también le permitiría, tras el regreso del Insitituto de Investigación Social a Europa, aprovechar estos conocimientos adquiridos para limpiar la sociología alemana de mala especulación e incorporar un momento empírico en la elaboración de una teoría sociológica como crítica de la sociedad. Sin embargo, el aprendizaje decisivo que la experiencia americana iba a deparar a Adorno sería la toma de conciencia de su propia situación como filósofo y teórico de la sociedad exiliado en la era del capitalismo avanzado. Sus estudios sobre la radio y los medios de masas no le condujeron -como han pretendido sus detractores-a hacer extensible de forma aproblemática rasgos característicos del fascismo a la sociedad de consumo norteamericana, sino que le permitieron calibrar los peligros que entrañaba un modelo de sociedad que extendía una red de socialización total y trataba a los individuos como meros factores económicos a rentabilizar. Estas experiencias de Adorno coincidirían con la época en que tendrían lugar en el Instituto los principales debates entre Friedrich Pollock, Franz Neumann y Max Horkheimer sobre el carácter del capitalismo avanzado y la sociedad dirgida por monopolios, trusts y grandes acumulaciones de capital (cfr. El propio Adorno aportaría su parte, en 1942, con sus "Reflexiones sobre la teoría de clases", que partían de la experiencia de que "La organización total de la sociedad a través del big business y su técnica ha cubierto el mundo y su representación tan completamente, que la idea de que pudiera ser de otra forma se ha convertido casi en un afán desesperado" (Adorno, 2004, 350). En efecto, en Estados Unidos, Adorno y el resto de exiliados del Instituto topan con una sociedad en la que impera "el capitalismo en estado puro, sin residuos precapitalistas" (Adorno, 2003a, 736) y que, precisamente por ello, ofrecía la posición más avanzada para observar las transformaciones de la civilización industrializada y las consecuencias de su proceso de racionalización. Lo decisivo de dicha experiencia se manifestaría, ya en la República Federal Alemana, en la irónica afirmación de que la relación de Europa con América se asimilaba cada vez más a la que Grecia mantuviera con el Imperio Romano. La evolución que marcaba la sociedad estadounidense revelaba que pronto tampoco quedaría ya en Europa ningún refugio al margen del capitalismo y de su modelo de socialización. De ahí la afirmación del carácter reaccionario de quien no se hubiera apropiado, de un modo u otro, de la experiencia americana (Adorno, 2003a, 737). Lo que esta experiencia revelaba era una especie de superación de la sociedad de clases sobre el mismo suelo de la sociedad de clases: "La clase dominante desaparece tras la concentración de capital. Ésta ha alcanzado una magnitud, obtenido un peso específico a través del cual se exhibe el capital como institución, como expresión de la sociedad en su conjunto" (Adorno, 2004, 353). Frente a esta concentración de poder, todo tipo de solidaridad o planteamiento de una comunidad de intereses pasaba a resultar impensable: la conformidad resultaba mucho más racional. Los estudios adornianos sobre la industria de la cultura intentaban mostrar cómo la llamada cultura de masas tendía a allanar el terreno en este proceso, preformando a los individuos y proporcionándoles modelos de imitación. Sin duda la situación material de las masas había mejorado y éstas estaban socialmente integradas en el sistema de producción y reproducción de la vida, pero a cambio la individualidad como tal estaba siendo sustituida por modelos de conducta producidos a escala industrial. Quien, pese a todo, no se mostraba dispuesto a adaptarse, estaba condenado a una constante impotencia. Sobre él recaía la presión de la totalidad del sistema (o del fait social durkheimiano) y se veía marcado por el estigma de la exclusión. No en vano se afirma que, dentro de semejante modelo social, ser un outsider es "la culpa más grave" (Adorno/Horkheimer, 2007, 163). En consecuencia, el papel de los exiliados estaba marcado de antemano. El recien llegado sólo podía justificar su presencia en Estados Unidos mediante un rendimiento social productivo. El sacrificio de la continuidad biográfica e intelectual que esto suponía para los teóricos, escritores y artistas emigrados, que a menudo implicaba incluso la renuncia a un trabajo consistente, es algo que el propio Adorno había vivido en primera persona. Sin embargo, estas experiencias dieron lugar a un proceso de concienciación de su situación personal y política que encontraría su mejor expresión en el texto de una conferencia pronunciada en 1945 ante la comunidad de exiliados californiana. En dicha intervención, titulada "Preguntas a la emigración intelectual", Adorno se dirige a los propios exiliados para intentar elaborar las experiencias comunes, e incluso intentar que, de alguna manera, dicha comunidad se convierta en sujeto político. Lo que les constituía como tal era su condición de perseguidos que habían tenido cruzar el Atlántico para sobrevivir, una identidad a la cual no podían renunciar con una entrega sin reservas a las exigencias de adaptación y de su rentabilización económica. Al fin y al cabo, que sus derechos les fueran garantizados no podía plantearse como "recompensa por un comportamiento dócil" (Adorno, 2003b, 353). Adorno llegó a hablar incluso de una "culpa del intelectual emigrado" que sacrifica su propia identidad en favor de la disciplinada sumisión al dictado de la investigación científica industrializada, y que todavía quisiera hacer de su renuncia un modelo de comportamiento moral 11. Si bien el intelectual se había convertido irremisiblemente en un mero residuo en el seno de una sociedad movida por la producción industrial de conocimiento, la represión a través del consumo de productos de entretenimiento y las grandes acumulaciones de capital, esto no significaba que pudiera resignarse a perder su (relativa) autonomía. La tarea de todo intelectual exiliado consciente políticamente consistía más bien en resistirse a la seductora tentación de dejarse devorar por la industria de la cultura para entregarse a la tarea de "intentar transferir lo intransferible" (Adorno, 2003b, 357). En efecto, si el límite de la cosificación de que el proceso de racionalización socioeconómico es capaz son los propios individuos (Adorno, 2004, 364), la tarea de los últimos hombres de teoría consistirá en contribuir a desarrollar y fortalecer su resistencia a cuanto hay de inaceptable en la realidad objetiva. Y con este fin regresó el propio Adorno a Europa tan pronto como le fue posible. Desde esta defensa de la autonomía del pensamiento, resulta significativo que el propio Instituto de Investigación Social decidiera en 1941 rechazar la oferta de fusión con la Universidad de Columbia, preservando su independencia institucional aún al precio de convertirse literalmente en outsiders del circuito académico norteamericano. Esto obligó al Instituto a reducir sus gastos y a colocar a Franz Neumann, Leo Löwenthal y Herbert Marcuse como profesores universitarios, con lo que el núcleo teórico quedó reducido a Horkheimer y el propio Adorno, que en ese mismo año se trasladaba a California para comenzar a trabajar en Dialéctica de la Ilustración. Cuando en 1949 el francfortiano regresa a la República Federal Alemana, vuelve reforzado por las experiencias del exilio, y pasa a convertirse en el principal exponente de la Teoría Crítica y en una voz incómoda en la autocomplacida sociedad del milagro económico que resultaría decisiva para varias generaciones de estudiantes. En estos años de posguerra, Adorno se fue haciendo consciente de que lo que había vivido como experiencia americana se estaba convirtiendo en principio universal de la sociedad globalizada. En efecto, también en Europa se imponía el capitalismo avanzado y, con él, el triunfo de la industria del conocimiento que no dejaba del Geist nada más que su cadáver (Claussen, 1999, 45). Ante ello no queda más que persistir en la "casi irresoluble tarea" de "no dejarse atontar por el poder de los otros ni por la propia impotencia" (Adorno, 2003e, 63). Marcado por el proceso de aprendizaje de su experiencia americana, las esperanzas adornianas se depositan en la persistencia del intelectual consecuente en una exigencia de verdad inseparable de la transformación de la sociedad que le declaraba superfluo. De un modo un tanto romántico, y de forma especialmente clara en alguno de sus últimos textos, Adorno acaba por convertir la figura del intelectual comprometido (que él mismo encarnaba) en lugarteniente de la posibilidad de transformación social a falta de un sujeto revolucionario. Su propio discípulo Hans-Jürgen Krahl señalaría lo aporético de esta necesidad de aferrarse a una subjetividad intelectual sólo capaz de articularse en academias y universidades (Krahl, 1971, 295). En efecto, si bien Adorno había esperado que la "soledad pública" del hombre de teoría en medio de crecientes concentraciones de poder llegara a ofrecer un modelo de praxis para una sociedad verdaderamente liberada, resulta imperativo constatar que, en el actual estado de las sociedades "del conocimiento" y "de la información", 1998, 197 y 199). 5 La formación musical de Adorno estaba marcada por su militancia como miembro de la Segunda Escuela de Viena y discípulo de Alban Berg. A partir de su contacto directo con el modelo de composición de Schönberg y Berg, su interés estético se dirige a la potenciación de un modelo de cultura y de arte que combatiera la regresión de la experiencia y abriera la posibilidad de un modelo de relación sujeto-objeto no basado en el dominio. Téngase en cuenta que, ya en enero de 1926, con tan sólo veintitres años, Adorno tenía claro que su cometido teórico era "propagar lo que me parece político-artísticamente [Kunstpolitisch] importante" (Adorno/ Berg, 1997, 69). Sin embargo, el modelo musical con cuya difusión Adorno estaría comprometido toda su vida no sólo no se dejaba consumir desde la mera actitud contemplativa que marcaba el acercamiento estandarizado a la alta cultura burguesa, sino que se encontraba también en abierta oposición a la mayor parte de las vanguardias existentes (Adorno, 2003g). 6 En su carta del 7 de marzo de 1938, Adorno escribe a Benjamin: "El proyecto sobre la radio se ha revelado como algo con extraordinarias posibilidades y gran publicidad. Tengo la dirección de la parte musical completa y, además, realmente, la dirección teórica global, ya que el director oficial, Lazarsfeld, que quien me trajo aquí, se ocupa fundamentalmente de la organización del trabajo" (Adorno/Benjamin, 1998, 234). Es posible que el tono eufórico de este pasaje quiera contribuir a disipar las dudas de Benjamin y animarle a abandonar Europa de una vez por todas y ponerse a salvo, pero las expectativas de autonomía intelectual se confirman en otros pasajes de su correspondencia (Adorno/Horkheimer, 2004, 17), y no dejan de mostrar la ingenuidad inicial de Adorno respecto del funcionamiento real de la investigación sociológica americana. 7 La consumación de este proceso en Estados Unidos no tendría lugar hasta la década de 1960, cuando la suburbanización de las ciudades y la explosión de la educación superior acabaran de reducir a los intelectuales a meros profesionales académicos acuartelados en campus departamentalizados en disciplinas de conocimiento, cada una con sus propios órganos de publicación y difusión de resultados, y todas ellas sin relación entre sí (cfr. 8 En 1927 Lazarsfeld había fundado en Viena un centro de investigaciones de psicología económica, en el que sentaría las bases de su metodología de investigación, y que le permitiría sobreponerse a la crisis económica de 1929 realizando por encargo los primeros análisis del mercado en Austria y un censo a gran escala de los deseos de los oyentes para la radio austriaca. El éxito de su investigación de 1930 sobre los parados de Marienthal llevó a que la Fundación Rockefeller le financiara un viaje a Estados Unidos en 1933. Sin embargo la derogación de la Constitución austriaca en 1934, la prohibición del Partido Socialista y el encarcelamiento de parte de su familia -de origen judío-, obligó a Lazarsfeld a alargar su estancia en América. En 1936 aceptó la dirección de un centro de Investigación en Newark, y allí, forzado a buscar de nuevo encargos de investigación, entró en contacto con Horkheimer y el Instituto de Investigación Social. A raíz de esta conexión, Lazarsfeld ofrecería a Horkheimer la posibilidad de que Adorno se trasladara a Estados Unidos incorporándose al Princeton Radio Research Project (Claussen, 2006, 202 y ss. y Wiggershaus, 2001, 189 y ss.). 9 En realidad, Adorno nunca fue contrario a la inclusión de un momento empírico en la sociología. A lo que se opone es a un procedimiento positivista con los datos que reduzca la teoría sociológica a la mera constatación de tautologías. Por el contrario, su posición defiende que el recurso a una base empírica bien utilizada permite reforzar el contenido de experiencia de la teoría y se convierte en una instancia de control de sus formulaciones (Adorno/Horkheimer, 2006, 427
ENTRE EL COMENTARIO Y LA CRÍTICA En una de las últimas cartas que envió a Gershom Scholem, en medio de la desesperación debido a los caminos que se cerraban a cada paso y ante la inminente necesidad de abandonar Europa, Walter Benjamin escribió su último juicio sobre la obra y la figura de Kafka: la clave de su interpretación consistía en comprender el humor que las colmaba. No porque Kafka fuera un humorista, expresa a Scholem en la carta, sino por haber tenido que soportar el destino de estar rodeado de payasos. Tal afirmación está marcada por un tono de certeza sorprendente. Pareciera incluso que para pronunciarla Benjamin hubiera tenido que encarnar el fantasma del escritor, recorrer sus pasos; sin duda lo hizo. Los lazos que los unían no eran pocos. El destino cómico y absurdo de los héroes kafkianos terminó por asemejarse al suyo propio. Éste el motivo por el cual las páginas que Benjamin dedicó a Kafka están más próximas al comentario que a la crítica. Con este término de lo que se quiere dar cuenta es de una cercanía entre el pensador y su objeto de estudio. Cercanía que se hace tan intensa en algunos momentos que los roles parecen invertirse (no está de más pensar la posibilidad de hacer una lectura crítica de la obra de Benjamin a partir del lente kafkiano). El título del único ensayo sobre Kafka -En el décimo aniversario de su muerte-escrito por Benjamin en 1934 hace patente una realidad temporal común; tan sólo 16 años transcurrieron entre la muerte del escritor y la del filósofo 1. Sin embargo no es éste el único lazo (ni el más fuerte); ambos fueron judíos occidentales y compartieron una relación desarraigada e íntima con la lengua alemana: una patria (literaria y filosófica) y una exclusión común (antisemitismo). Los héroes de Kafka pierden su nombre, tal como Benjamin tuvo que hacerlo para publicar sus trabajos en Die Frankfurten Zeitung 2. Ambos estuvieron marcados por el signo del fracaso -Benjamin afirma que para "... hacer justicia a la figura de Kafka en su pureza y en su belleza particulares, no se debe perder de vista..." "... que fue un fracasado"-y sus célebres biografías son testimonio de una fuga incompleta y de la libertad que no se conquista. El filósofo se quitó la vida por ver fallido su intento de huida a América cuando era claro que en Europa no había para él un lugar distinto a un campo de concentración. El escritor consumió la suya en una obra a la que aparentemente tituló Tentativas de evasión fuera de la esfera paterna. No sobra recordar lo inacabado e intervenido de ambas obras. La de Kafka por parte de Max Brod, quien estuvo encargado de las primeras ediciones de sus novelas. Un caso similar de intervención y organización ocurrió con gran parte de la obra de Benjamin que fue publicada después de su muerte. Es necesario reconocer estas correspondencias para darle sentido al término comentario. Una serie de temas que marcaron la producción de Benjamin aparece en las novelas de Kafka como un rumor insistente. Algunos conceptos y nociones claves de la obra del filósofo se ponen en escena, atomizados, ridiculizados y prácticamente desechos en la prosa kafkiana 3. Benjamin está al tanto de la situación y como si la obra del escritor (o más grave aún, la suya propia) fuera a desaparecer con la catástrofe, la cita largamente en su ensayo de 1934. Es cierto que citar y montar son dos técnicas básicas que Benjamin emplea para tejer su pensamiento y convertirlo en texto; pero en el caso de Franz Kafka: en el décimo aniversario de su muerte hay algo más que eso. En los trabajos que Benjamin dedicó a Baudelaire, Lesskow o Brecht, el autor criticado nunca habla de manera tan insistente y si cabe el término, necia. Por el contrario, en este ensayo Kafka "narra" largos fragmentos de su obra que Benjamin entrelaza con breves frases de su autoría 4. En otras partes del ensayo la escritura parece hecha de escombros, robos que le hace el filósofo (aún vivo) al escritor (ya muerto). Sin duda la dificultad que se experimenta en la lectura de este texto está determinada por otra anterior que se dio en su escritura. ¿Cómo interpretar esa complejidad? En Franz Kafka: en el décimo aniversario de su muerte parece desplegarse de manera implícita un diálogo entre Kafka y Benjamin. Diálogo que hace visible un pensamiento dialéctico, pero también un juego; en el ensayo aparecen imágenes y nociones que se entrelazan, se abren (es decir, se explican) y luego se repliegan sobre sí mismas sin haber aportado un sentido claro al lector. En ocasiones incluso pareciera que se trata del rumor de unas voces. El mismo Benjamin le escribirá años más tarde a Scholem sobre este trabajo: "me embarga sobre todo el rasgo fundamentalmente apologético que le es inherente" (Benjamin, 1980: 208). Por otra parte, las cartas que Benjamin escribió sobre la obra de Kafka cuatro años más tarde se acercan más a un trabajo crítico ortodoxo. Sin embargo, al ser escritos epistolares no se pierde del todo ese carácter de comentario que el filósofo hace del escritor. A diferencia del ensayo, aparecen muy pocas citas de la obra. Las cartas son unos ejercicios de síntesis que en algunos pasajes, debido a su concisión, resultan crípticos. Por ello es necesario tener en cuenta el primer material elaborado para aclararlas, además de otros textos no directamente relacionados con Kafka. Aun así, no deja de ser difícil la lectura y esto sin duda tiene con ver con el hecho de que "Benjamin interpretó a Kafka luchando con él. En 1931, confiesa que hay en Kafka cosas que provocan en él una resistencia tan grande como 'grande ha sido el tormento físico de su lectura'" (Benjamin, 1980: 221). Reflexionar sobre la noción de experiencia que Benjamin encuentra en la obra de Kafka es una forma de volver a dibujar con pocos trazos esa cercanía, o mejor, esa lucha del filósofo y el escritor. En ello radica la fuerza de la visión (incluso la previsión) que las páginas kafkianas le dieron a Benjamin para, desde ellas, auscultar el panorama del tiempo que se abalanzaba. En la carta de la que se ocupa este ensayo (enviada a Gerard Scholem el 12 de junio de 1938) se despliega lo que de manera retrospectiva se podría definir como la capacidad admonitoria de los escritos de Benjamin. El filósofo recorta imágenes de la obra del escritor y las sobrepone en la realidad de su época; lo que atisba a partir de tal ejercicio es la silueta de dos significativos crímenes de guerra que cerrarían la primera mitad del siglo XX, pocos años después de su muerte: los asesinatos masivos en los campos de concentración y la bomba atómica. En esta carta, a manera de aviso para la población civil, Benjamin afirma que la experiencia de Kafka como hombre privado deberían adquirirla "las grandes masas como la de su propia abolición" (ibíd.: 206); de igual forma, luego de señalar una extraña pero indudable semejanza entre la prosa kafkiana (particularmente el relato Ante la ley) y una aporía de Arthur Eddington sobre la imagen del mundo que tiene la física cuántica, advierte el papel determinante que tiene esta ciencia en el desarrollo de la técnica bélica (finalmente Hiroshima y Nagasaki serían los acontecimientos que pondrían fin la guerra). Es importante no trivializar estos indicios; es decir, no se trata de caracterizar a Kafka o a Benjamin como profetas de su tiempo. Antes bien, lo que se quiere exponer es cómo en su experiencia del mundo ya eran perceptibles los rasgos destructivos de una cultura que cada vez se hacen más evidentes. La reflexión sobre la experiencia (Erfahrung) como el conocimiento que se adquiere con el tiempo y luego se transmite en la palabra forma una de las constelaciones más inquietantes en la obra y la vida de Benjamin. Desde su juventud estuvo preocupado por la entrada de la infancia en el saber adulto, la enseñanza de la moral y el papel de la comunidad estudiantil entregada a la embriaguez antes de que llegaran los "... años de compromisos pobres de ideas y carentes de inspiración..." Escrito a los veintiún años en el tono revolucionario y libertario de los manifiestos de las vanguardias artísticas que aparecieron publicados en la misma época, Experiencia (1913) es un breve texto en el que Benjamin se lanza al ataque contra la generación de los padres. Al igual que Kafka, quien un año antes había escrito La Condena, y que toda una generación de jóvenes judíos asimilados a la cultura alemana, el mundo burgués de los adultos dejaba un legado que no era fácil de heredar. La historia demostraría pocos años más tarde que la desesperación de los hijos frente a tal legado no era infundada: "... ni los padres, ni las madres consideraban al germanismo y al judaísmo como aspiraciones incompatibles y, todavía menos, como fuerzas enemigas... (Robert, 1993: 59)"; "... alentaban al primero y querían seriamente conservar al segundo, sin sospechar que el judaísmo tarde o temprano pagaría los gastos de la operación (ibíd.: 60)". En el caso de la obra de Kafka, la resistencia y el rechazo frente a lo apremiante y a la vez absurdo de la acción eficaz 5 que se exigía sin un fundamento diferente al bienestar, dotaron a ese mundo de la burguesía -la carrera, los negocios, el matrimonio y la familia-de rasgos aterradores. En La condena, Kafka dibuja a un padre siniestro que sentencia a muerte a su hijo, justo antes de que éste dé el paso al mundo adulto. La consigna de los padres se convertía así, tanto en Kafka como en Benjamin, en una herencia nefasta. Esto anota el filósofo en su texto Experiencia: "Libramos nuestra lucha por la responsabilidad contra un enmascarado. La máscara del adulto se llama 'experiencia'. Es inexpresiva, impenetrable, siempre igual; ese adulto ya lo ha experimentado todo: la juventud, los ideales, las esperanzas, la mujer. A menudo nos sentimos intimidados o amargados. Quizás ese adulto tenga razón ¿Qué podemos contestarle? Para Benjamin, aun joven, la experiencia en manos del adulto no era otra cosa que un evangelio negativo. "El burgués hace su 'experiencia' y es la eterna y única experiencia de la falta de espíritu" (ibíd.: 43). Esa carencia que el filósofo encuentra y que juzga fundamental para caracterizar al adulto al que se enfrentaba, se puede explicar con las mismas palabras con las que Marthe Robert explica el mundo de los pacíficos comerciantes de la Praga de Kafka, que no podían darse el lujo de tener opiniones, porque literalmente estaban "... sin fe ni ley, o más exactamente, sin más ley que el interés de sus negocios, sin más fe que lo que necesitaban para sobrevivir protegiendo y, si es posible, acrecentando la comodidad y la riqueza que difícilmente habían ganado" (Robert, 1993: 78). Si bien es cierto que Benjamin reconoce esta situación como una realidad ["Su creencia (la del adulto) se ha confirmado: es verdad que el espíritu no existe" (Benjamin, 1989: 43)], el idealismo de la juventud en que se formaba su pensamiento reafirmaba una experiencia nueva, distinta, que paradójicamente convertía en su contenido real la insaciable y difícil búsqueda de lo no experimentable -la verdad y la fidelidad-: "Repito: nosotros conocemos otra experiencia. Esa experiencia puede ser hostil al espíritu y destruir muchos sueños; no obstante es lo más hermoso, lo más intocable, lo más inmediato, porque jamás puede faltar el espíritu si nosotros seguimos siendo jóvenes" (ibíd.: 43). Con el tiempo tanto Benjamin como Kafka tomarían distancia frente a la violencia de su rebelión y a la radicalidad de sus señalamientos de juventud. En un lapso corto, tan sólo siete años separan La condena (1912) de la Carta al padre (1919), el escritor transformó lo que inicialmente parecía una tragedia -el padre que condena a su hijo morir ahogado-en una tragicomedia (el padre mismo tampoco había tenido muchas opciones para "respirar"). Deleuze reconoció el humor como el género en el que se debía incluir la epístola y con ella, toda la obra kafkiana. Citando una frase de Kafka tomada de los diálogos entre él y Gustave Janouch recogidos por este último en su libro Conversa- ciones con Kafka, Deleuze resignifica esta insurrección al leerla desde la ironía ("La rebelión contra el padre es una comedia, no una tragedia") (Deleuze, Guattari, 1978: 21). La carta más que una queja amarga que Franz dirige a su padre, debe ser leída como una caricatura agrandada, deformada y grotesca del complejo de Edipo (síntoma que no hacía mucho tiempo el psicoanálisis había incluido en su inventario del inconsciente 6 ). Los rasgos siniestros de Hermann Kafka, o en palabras de Benjamin, la falta de espíritu del adulto que quiere a toda costa destruir la experiencia de la juventud, no pertenecían verdaderamente a él, sino a una cultura en la que ambos (padre e hijo) estaban inmersos, compartiendo una situación de inocencia y desolación común. Por eso Kafka le advierte a su padre al principio de la carta: "Esta habitual interpretación tuya de las cosas la considero correcta sólo en la medida en que yo también creo que eres completamente inocente de nuestro distanciamiento. Lo que deja ver Deleuze detrás de ese Edipo deformado que dibuja Kafka es que en la imagen de la familia no es en realidad el padre quien causa terror, ya que el "... triángulo familiar demasiado bien formado no era más que un conductor de cargas de naturaleza muy distinta, que el niño no deja de descubrir por debajo del padre, en la madre, en sí mismo" (Deleuze, 1978: 23). Por ello en la obra de Kafka "... los jueces, inspectores, burócratas, no son sustitutos del padre, más bien el padre es quien condensa todas esas fuerzas a las cuales él mismo se somete y le pide a su hijo que se someta. La familia sólo tiene puertas, en las que tocan desde el principio las 'potencias diabólicas' que se alegran sin medida de poder irrumpir en nosotros" (ibíd.). Esto explica que Kafka haya titulado su obra Tentativas de evasión fuera de la esfera paterna, y que en realidad nunca hubiera querido llevar a cabo de manera práctica tal fuga: "Lo que quería era vivir en la esfera -pero excluido-" (Bataille, 1977: 116). Para el caso de Benjamin, el texto que juega un papel análogo al que desempeña La carta al padre enfrentado a La Condena, es un breve ensayo que apareció en Die Welt in Wort (Praga: 1933) y que lleva como título Experiencia y pobreza. En estas páginas (Benjamin ya contaba con cuarenta y un años en la fecha en que fueron publicadas) su reflexión sobre el mismo tema había dado un giro significativo. Ya no era el adulto el responsable de esa desvalorización de lo vivido. Se trataba de un estado de la cultura, caracterizada por un enorme desarrollo de la técnica, lo que había causado la baja en la "cotización de la experiencia" (Benjamin: 1974: 167). ¿Qué tácticas podían enseñar los combatientes que volvieron con vida de la Primera Guerra Mundial (un conflicto en el que la masa de los ejércitos había sido prácticamente objeto de experimentación de nuevas armas)? En palabras de Benjamin, jamás habían tenido lugar "experiencias tan desmentidas como las estratégicas por la guerra de trincheras, las económicas por la inflación, las corporales por el hambre, las morales por el tirano" (ibíd.: 168). Las narraciones de los viejos relatos ligados a la laboriosidad y a la tierra, a la vida y la muerte, y a todo lo que se transmite de boca a oído, habían perdido por completo su sentido práctico en la sociedad urbana moderna. Lo que el filósofo descubría repasando de manera retrospectiva las primeras décadas del siglo XX era la deshumanización de la cultura y con ella, la del lenguaje, que ahora se movilizaba "... al servicio de la modificación de la realidad" y no al "de su descripción" (ibíd.: 170). Por eso afirma melancólicamente en la introducción de su texto: "Sabíamos muy bien lo que era la experiencia: los mayores se la habían pasado siempre a los más jóvenes. En términos breves, con la autoridad de la edad, en proverbios; prolijamente, con locuacidad, en historias; a veces como una narración de países extraños, junto a la chimenea, ante hijos y nietos. ¿Pero dónde ha quedado todo eso? ¿Quién encuentra hoy gentes capaces de narrar como es debido?" (ibíd.: 167). Experiencia y pobreza es un texto en el que el carácter dialéctico del pensamiento de Benjamin produce una de las reflexiones más fecundas que haya legado su obra. Por un lado se advierte en él el peligro de que los bienes de la educación se hayan separado por completo de la experiencia; pero por otro lado se hace evidente el nacimiento de una nueva barbarie (alejada del humanismo y de la tradición) que hace de la pobreza de su experiencia un credo necesario para construir en un nuevo mundo; el mundo en el que la técnica asume en la cultura el lugar que antaño había ocupado (con toda su carga amenazante y milagrosa) la naturaleza. Benjamin fue consciente del valor de los pensadores que habían hecho uso de esa pobreza para construir. Einstein, Klee, Brecht y Loos son algunos de los ejemplos que menciona para hacer visible esa nueva forma de la experiencia, cargada de un contenido acorde a los tiempos de lucha que se vivían en todos los órdenes de DANIEL GARCÍA ROLDÁN doi: 10.3989/arbor.2009.739n1067 la sociedad. Hacer tabula rasa y emprender la construcción con muy poco era, para Benjamin, la consigna de los nuevos creadores. De hecho, resultaba considerablemente más práctica la primera frase de Brecht en su Libro de lectura para los habitantes de la ciudad ["Borra las huellas" (ibíd.: 171)] que la servidumbre del burgués al mundo asfixiante de objetos (e instrucciones) que componían su interieur 7, y en el que la más mínima calamidad en el gobierno doméstico adquiría las proporciones del drama de alguien a quien le han "borrado las huellas de sus días sobre esta tierra" (ibíd.). En cualquier caso, Benjamin ya estaba al tanto de la situación, y tenía claro que la nueva humanidad se preparaba a sobrevivir ante la amenaza que representaba su propia cultura. Es necesario reconocer este cambio en la consideración del problema de la experiencia en el pensamiento de Kafka y de Benjamin, ya que en ambos la transformación del ataque inicial a los adultos en un cuestionamiento más profundo y difícil de sí mismos y de su propia cultura, se debió en gran medida a un redescubrimiento singular de su tradición. Bajo la condición de asimilados, tanto el filósofo como el escritor se acercaron prácticamente como extranjeros a "su religión" y a "su pueblo", y lo que pudieron tomar de ellos fue todo menos un credo o una doctrina firme. En ese sentido, no se trata de inscribir las obras de Kafka y de Benjamin en el judaísmo, sino de ver cómo su pensamiento se apropió de categorías religiosas y de manifestaciones de la cultura popular judía que se convirtieron en herramientas profanas de autorreflexión y en núcleos vivos de inspiración. En el caso de Kafka, su amistad con el actor yidish Yitsjak Lowy le abrió una puerta al teatro popular judío que venía de Europa Oriental, y en el que encontró una serie de imágenes y personajes que poblaron sus novelas. En el caso de Benjamin, su amistad con Scholem fue significativa en el mismo sentido. Con él desarrolló un interés que traía consigo por el estudio de la religión judía que le aportó una serie de intuiciones valiosas a la inclinación teológica de su pensamiento. En ninguno de los dos casos se puede decir que la apropiación de tales legados no fuera problemática; primero porque la distancia frente a la creencia era mayor que la devoción; y segundo porque ni siquiera como estudiosos del judaísmo se destacaron tanto como en su investigación e interpretación insaciable de obras históricas, literarias y filosóficas que consideraron como su verdadera patria. Cuando Benjamin se refiere a los antepasados de Kafka encuentra, además de judíos, alemanes y checos, a chinos, rusos, griegos, españoles, americanos, indios, e incluso podría decirse, a algunos animales y criaturas híbridas. Quizás algo similar podría afirmarse de los antepasados del filósofo, quien valoró con la misma intensidad a "místicos y satíricos, humanistas y líricos, sabios y monomaniacos" (Scholem, 2004: 25). En esto no hay ironía alguna; antes bien, es ahí donde reside la fuerza de sus obras. hagiografía escrita en lenguaje de novela de folletín y eso era precisamente lo que dejaba claro que Kafka no era un santo y mucho menos Brod un profeta. Una vez cerrada esta crítica, Benjamin inicia en su carta una reflexión sobre la obra de Kafka definiéndola como una elipse cuyos focos alejados contraponen dos tipos de experiencia: una mística y otra moderna. La imagen de la elipse es de esencial importancia para Benjamin, no sólo en lo que se refiere a su interpretación de Kafka, sino también en lo concerniente a su propia obra. En una carta a Scholem de 15 de septiembre de 1934, Benjamin reconocía que en el estudio de esta obra se reunían las características necesarias para tejer la encrucijada de su pensamiento. El 17 de octubre del mismo año, en otra carta, le confesaba que no le iba a resultar fácil deshacerse de la reflexión sobre Kafka, tal como lo había hecho con otros autores. En esta oportunidad aparece por primera vez la imagen de un arco, a partir de la cual surgiría posteriormente la figura de la elipse: "Sigo aún con Kafka, y debo agradecerte tus nuevas observaciones al respecto. Naturalmente, queda por ver si algún día podré tensar el arco lo suficiente como para que la flecha vuele. Mientras que el resto de mis trabajos han encontrado pronto el vocablo con el que me despido de ellos, a éste tendré que dedicarle más tiempo. El porqué lo ilustra la imagen del arco: aquí me enfrento con dos finales, el político y el místico" (Scholem, Benjamin, 1987: 161). La intensidad con que Benjamin se dedicó al estudio de Kafka se prolongó hasta el final de su vida, y se podría afirmar que la imagen de la elipse expuesta en la carta de 1938, implica más que el vuelo de la flecha, la tensión que no se pudo resolver. Por tal motivo la interpretación de esta figura resulta problemática, pues pareciera que el propio autor la eligió para dar cuenta de una encrucijada de la que aparentemente no había salida. Tal situación plantea sin duda un horizonte complejo, pero también permite que se establezcan relaciones al interior de la obra de Benjamin que sólo quedaron sugeridas de manera implícita y que no contaron con el tiempo suficiente para ser desarrolladas. Éste es el caso de la carta sobre Kafka que será abordada a continuación, ya que al ser interpretada a la luz de otros textos de Benjamin (por ejemplo El narrador), arroja sentidos diferentes a los que él mismo expuso, y que sin embargo provienen de su obra. Cuando Benjamin se refiere al primer foco de la experiencia de Kafka como una experiencia mística, se piensa inicialmente en todo aquello que en la obra del escritor tiene un carácter marcadamente religioso (para el judaísmo). La obsesión que en las páginas kafkianas se despliega en forma de parábola en torno a la interpretación de la ley y la aparición constante de la figura paterna o de entidades dotadas de un poder y una autoridad irrebatibles, fueron dos de los motivos que permitieron que se relacionara a Kafka con la religión judía. A partir de estos temas se desató una corriente interpretativa en clave teológica por parte de una serie de escritores judíos que reflexionaban intensamente sobre el devenir de su religión en ese momento crítico en que el antisemitismo había vuelto a reinar en Europa y el sionismo aparecía como una promesa. Sin embargo Benjamin asumió cada vez con mayor cautela tales temas. En otra de las cartas que envió a Scholem durante la elaboración de su ensayo de 1934, afirmó que consideraba "la firme insistencia de Kafka sobre la ley como el punto muerto de su obra" (ibíd.: 153), queriendo con ello expresar que tal aspecto no lo animaba a un trabajo interpretativo. Esto no implica que haya ignorado tal problema -de hecho dedicó parte de su ensayo a la reflexión sobre la ley en Kafka-sino que se encontraba en la búsqueda de una categoría religiosa más amplia y que diera cuenta al mismo tiempo del vínculo y del desarraigo del escritor con el judaísmo. Tal fue la razón de la fuerte crítica a la imagen que Brod había elaborado de Kafka, así como el motivo del rechazó de su exégesis judío-realista de El Castillo 9. Tal como se ha afirmado, Benjamin veía (y Kafka también lo hizo) con sospecha algunas posturas del sionismo que no reconocían en su verdadera dimensión el problema que el pueblo judío estaba enfrentando. En ese orden de ideas, ¿a partir de qué categoría religiosa y mística se podía pensar a Kafka sin caer en un abismo especulativo en torno a la cavilación sobre el Dios o la ley del judaísmo? En realidad, más que indagar en los contenidos de la religión era necesario pensar la tradición, es decir, el medio en el que estos contenidos se habían transmitido y transformado a través del tiempo. Al reconocer esta categoría como el aspecto religioso y místico más significativo de la obra de Kafka, Benjamin logró encontrar el punto de encuentro entre ella y su reflexión sobre el problema de la experiencia en la modernidad. En la medida en que estas reflexiones fueron configuradas por Benjamin a partir de su dialogo epistolar con Scho- lem, es necesario reconstruir la forma en que éste último asumió la categoría elegida por el filósofo para hablar de Kafka. En uno de sus libros titulado Conceptos básicos del judaísmo, Scholem expone el tema de manera concisa y clara. La tradición juega un papel fundamental en la historia de las religiones, y de manera especial en el judaísmo. Ligada a la revelación de la ley, que en la religión judía recibe el nombre de Torá escrita (El Pentateuco), la tradición se entendió originalmente como la forma de comunicar el contenido claro de las leyes (prescripciones) que habían sido reveladas por Dios a Moises y que aparecían en los cinco primeros libros de La Biblia. Sin embargo, con el cambio de las circunstancias históricas para el pueblo judío, que desde su origen estuvo marcado por la persecución y el exilio, ésta adquirió un nuevo sentido en el desarrollo de su religión: dejó de ser comunicación de un contenido normativo y pasó a convertirse en interpretación y comentario de los textos sagrados. Este nuevo fenómeno recibió el nombre de Torá oral; transformada en un concepto dogmático e inseparable de la revelación, la nueva naturaleza de la tradición cristalizaría paulatinamente en textos (El Talmud es su principal legado) las investigaciones sobre el Pentateuco y otros libros del Antiguo Testamento. Este proceso permitió nuevas lecturas y comentarios en los que, si bien no se descartaba la autoridad y veracidad del sentido inicial de la revelación, se dio paso a un pensamiento polifónico y rico en contradicciones, que hizo de los textos sagrados del judaísmo un campo fértil de reflexión. Con la entrada posterior de la mística en el judaísmo, se agregó un nuevo sentido a estas categorías. La Cábala, cuyo significado literal es según Scholem "recepción de la tradición", las dotó de un aura esotérica al afirmar que el contenido de lo revelado en la tradición no era otro que el nombre de Dios: "¿Qué puede propiamente revelar Dios y en qué consiste la voz de Dios que les llega a los receptores? Su respuesta [la de los cabalistas] es: nada distinto de sí mismo, puesto que él se convierte en lenguaje y voz" (Scholem, 1998: 88). A partir del surgimiento de tradición mística o Cábala, que remonta históricamente al siglo XII (pero que tiene raíces en tradiciones esotéricas que aparecen desde el siglo III 10 y que se mantendrían vivas en la oralidad por casi un milenio) se inició un nuevo rumbo de la tradición, en la que esta aparece dotada de una fuerza, si cabe decirlo, extática, poética y narrativa. En ella penetró el lenguaje del mito, que en cierto sentido era lo que se había excluido en el judaísmo rabínico clásico (sólo concentrado en las prescripciones), y la dimensión oral de la Torá adquirió un significado primordial. En la medida en que para los místicos lo que se revelaba en los textos era el nombre divino (y por lo tanto, como dios, omnipotente e infinito), la tradición se perfiló entonces para ellos como una experiencia de plenitud de sentido, que en cierta medida resultaba inefable e incomunicable. Al respecto, Scholem anota lo siguiente: "Esta naturaleza amorfa de la experiencia mística, de las llamadas 'vivencias místicas' es fundamental en el problema que aquí tratamos. Al mismo tiempo, supone por principio una infinita plasticidad de dicha experiencia en su último grado, dado el caso de que existiera tal grado de desarrollo" (Scholem, 2005: 8). Tal experiencia, que de hecho siempre se ha presentado cargada de un carácter problemático para la autoridad religiosa ortodoxa (por haber cuestionado en varias oportunidades su fundamento) fue la que llevó al extremo opuesto el sentido inicial y claro de los textos sagrados. Para los místicos, tal como lo expone Scholem, la revelación implicó por un lado la transformación de la Torá en un organismo vivo y con ello la apertura de una infinita multiplicidad de sentidos de la palabra divina (de la ley), y por otro, la intensidad del acto mismo de recibir y poder transmitir, mediante la escritura y en forma oral, esa palabra. Benjamin utilizó esta imagen de la recepción de la tradición por parte de la mística para caracterizar uno de los focos de la experiencia kafkiana, por dos razones. La primera, porque le ayudó a abrirse a una multiplicidad de sentidos que surgían de sus relatos, en los que los grandes temas del pensamiento judío -"... el Exilio, la Culpa, la Expiación o si, se quiere, en términos más modernos, la culpabilidad vinculada al desarraigo y la persecución..." (Robert, 1993: 13)-se ponían en juego; y la segunda, porque le permitió repensar el problema de la crisis de la tradición y la forma de la experiencia en la modernidad. Sin embargo, y aunque Benjamin practicó la interpretación teológica de la obra de Kafka, lo que quería destacar era precisamente el carácter problemático que tal operación implicaba. Desde el desarrollo de la Ilustración, a lo largo del siglo XVIII, la fuerza de la cultura secular había relegado a la religiosa, desplazándola de su antiguo papel como autoridad. La Haskalá fue ese proceso al interior del judaísmo, durante el cual se produjo la asimilación de una parte significativa del pueblo judío occidental a las nacionalidades, lenguas y costumbres europeas modernas. Por ello no se puede pensar en Kafka sin hacerlo heredero también de la tradición cristiana occidental y de su fuerte proceso de desacralización. Es necesario tener en cuenta (por mencionar tan sólo dos de sus influencias más notables) las reflexiones sobre Dios y la religión que se desarrollaron en obras como las de Dostoievsky o Flaubert (particularmente en Las tentaciones de San Antonio). En ellas tanto el nihilismo como la razón científica entran en conflicto con la tradición y la autoridad religiosas. El baudelaireano culto a Satán y la frase de Nietzsche Dios ha muerto son nítidas manifestaciones de este pensamiento poético-filosófico en gestación que sin duda heredaron Benjamin y Kafka. ¿Cómo resultó posible entonces para el filósofo hablar de una experiencia mística en la obra del escritor? Para Benjamin, en el caso de Kafka la tradición había llegado a un grado cero, es decir, al punto extremo de no revelar nada. Por eso en sus cartas a Scholem le pregunta por una noción que éste había desarrollado en sus interpretaciones del mismo autor: "Te ruego que me ilustres tu perífrasis de que 'Kafka nos presenta el mundo de la Revelación en una perspectiva en la que se dirige de nuevo a su propia Nada'" (Scholem, Benjamin, 1987: 153). Ante esta inquietud, Scholem respondió lo que se podría considerar como la hipótesis que utilizó Benjamin para reflexionar en torno al problema de la experiencia mística en Kafka. Al parecer, la carencia de sentido también podía entenderse, o mejor, era en su reverso, una experiencia que (tal como la mística) se abría a una infinitud de significados. Scholem, quien luego afirmaría que "... los escritos de Franz Kafka nos presentan los impulsos místicos, por así decir, reducidos al grado cero, y aún en el grado cero mismo, en el que parecen desaparecer, conservan una infinita eficacia..." "Preguntas qué entiendo por la 'Nada de la revelación'. Me refiero a un estado en el que ésta aparece vacía de significado, en el que si bien se afirma y es válida, sin embargo no significa. Cuando falta la riqueza de la significación y lo que se manifiesta, reducido a un punto cero de contenido propio, sin embargo no se desvanece (y la revelación es algo que se manifiesta), entonces surge su Nada" (Scholem, Benjamin, 1987: 160). Esa falta de sentido y la consecuente desacralización de la palabra con que la tradición religiosa se le había revelado a Kafka, definen para Benjamin el otro foco de la elipse que describe la obra kafkiana: la experiencia moderna. Si bien la fuente de donde esta obra abrevó su fuerza fue la tradición, el despliegue de su ingenio y su humor se dan en el vaciamiento de la misma en el mundo moderno. Por eso en los relatos kafkianos el místico aparece encarnado en un galgo. En Las investigaciones de un perro, uno de los últimos cuentos que escribió, el narrador es un perro que en su juventud tuvo una experiencia mística que lo sumió en una reflexión incansable sobre la comunidad perruna y su destino. Este relato es una especie de autobiografía de Kafka como investigador y místico de su tradición y su pueblo. Sin embargo eligió la identidad del perro y no la del profeta como narrador de sus vivencias por varias razones. La primera, para denotar que esa experiencia mística y mágica del lenguaje (en el cuento se trata de una melodía y a la vez de un ruido insoportable que hace danzar misteriosamente a siete perros que se paran en dos patas) era prácticamente opuesta a la forma social de la lengua, utilizada como un instrumento rígido de discriminación, conveniencia y dominación: "El advenimiento del nazismo fue ante todo el de una forma de hablar" (Arántegui, Nordau, 1999: 7). Para la cultura germana del padre de Kafka, los judíos desplazados que venían de Rusia -y que no tenían más posesiones que ellos mismos, su pobreza y el yidish-, resultaban repugnantes. Por eso le advertía a su hijo con un lema popular de su medio: "el que con perros anda, también es perro" (Robert, 1993: 32). Kafka asumió esos insultos como metáforas animadas -después de todo tenían un efecto fuerte sobre él-y en lugar de aceptar la codificación social que le imponían, los utilizó como máscaras de su voz en varios relatos. No sobra recordar la pulsión antisemita que cargaba la lengua alemana y con la que Kafka tuvo que luchar hasta la muerte. Por lo demás, en su caso la batalla era aún más dura, pues parte de sus experiencias más plenas (casi místicas podría decirse), las había vivido con el grupo y las fiestas del teatro de Lowy: "Por más que el teatro yidish pertenezca a un género menor e impuro, no deja de lograr lo que el arte más destacado no siempre puede ufanarse de conseguir: una apertura total del cuerpo y del alma, una unidad casi carnal entre el público y la escena, un instante de olvido de sí en que cada cual se pierde en todos" (ibíd.: 89). Por eso la identidad del perro no es únicamente una máscara. Es también el lugar desde donde el escritor quiere hablar, pues está al tanto de que su situación de desarraigo no es exclusiva de los judíos (Löwy y compañía le demostraban lo contrario), sino una condición del sujeto moderno. Por eso si el Kafka místico narraba, no había una criatura más adecuada que el perro para encarnar su voz. En él se reúnen la sabiduría del silencio junto a un estado de acomodo y resignación ante la cultura como en ningún otro ser: "Ser animal no significaba para él [Kafka] sino haber renunciado por una especie de pudor a la figura y a la sabiduría humanas" (Benjamin, 1980: 207). En todas sus formas posibles (encarnando el animal, el parásito el objeto, el híbrido, la cosa inservible, el recién llegado) las figuras inverosímiles de Kafka se concentran en la imagen de aquel que es un extraño en todos los niveles de la existencia: en su territorio, entre los suyos e incluso en su propio cuerpo. Para el perro místico de Kafka, la única revelación que surge de su experiencia es una pregunta para su pueblo: ¿De dónde saca la tierra su alimento? Ante ella, los otros perros no pueden más que incomodarse, guardar silencio, y decir con afán para callarlo, aunque en realidad no lo cumplan: "Si no tienes suficiente comida, te daremos la nuestra" (Kafka, 2001: 354). Esto empuja al narrador a un ayuno que llega al grado extremo de la agonía. Sin embargo justo antes de morir, la aparición de un sabueso cazador que necesita expulsarlo de allí porque su presencia no lo deja cazar, le revela la música de su experiencia inicial. El ruido lo obliga (fuera de sí) a correr en busca de alimento: "Me levanté vacilando, me miré 'éste no saldrá corriendo', pensé, pero inmediatamente emprendí la marcha dando espléndidos saltos, llevado por la melodía" (ibíd.: 375). Tal experiencia de la tradición es la que Kafka legó; una que sólo revela su verdad en la agonía y que en lugar transmitir el destello de un nombre divino, hereda el lado funesto de todo lo nombrado. En sus novelas, el nombre oculto y sagrado de Dios, que había sido el motivo central de la mística judía, se traduce en la pérdida de derecho al nombre que sufren progresivamente sus protagonistas. El desaparecido Karl Rossman termina llamándose Negro; José K en El proceso no tiene apellido y K (el héroe de El castillo) no sólo ha perdido por completo este derecho, sino también su lugar en el mundo. En este caso, como anota Marthe Robert, se pasaba del nombre oculto y sagrado al prohibido y maldito, tal como les ocurrió a los judíos que tuvieron la necesidad de camuflar su identidad una vez reanudada la persecución. Kafka está al tanto de que el nombre puede ser origen de un lenguaje, pero también final. En él laten por igual la posibilidad y la imposibilidad 11. Por ello si se hubiese puesto en la tarea de crear una imagen del lenguaje verbal y escrito, sin duda lo habría hecho tal como el pintor de El Proceso desarrolla uno de sus cuadros ante José K: la figura de la diosa de la Justicia aparece representada con los atributos de la diosa de la Victoria; sin embargo en la pintura no se trata de ninguna de ellas pues lo que ambas encubren es la efigie resplandeciente de la de la diosa de la Caza. El lenguaje como cazador y la identidad como herida son un motivo recurrente de la obra de Kafka. En dos de sus relatos de animales y humanos que transforman su condición original, el contenido de la revelación asumido a contrapelo, crea los efectos más siniestros y humorísticos. Pedro el Rojo, el simio que narra el Informe para una academia, ganó su nombre tal como él lo relata, por la cicatriz que dejaron en su rostro los traficantes de animales que lo capturaron. Por lo demás, su aprendizaje de la lengua humana no se debe a otra causa que a un intento por encontrar una salida de la jaula en la que se hallaba, una vez que la posibilidad de libertad había sido abolida. En La Metamorfosis, el punto macabro de la narración en el que la comedia y la tragedia se dan encuentro, este motivo del nombre que apresa y aniquila vuelve a aparecer. Luego de que la hermana, en compañía de la madre, desocupa la habitación de Gregorio por creer que en su nueva condición animal necesita mayor espacio y puede renunciar a toda costumbre humana, éste decide defenderse. Por eso sale de su habitación para aclarar lo que cree ha sido un malentendido, con la sorpresa de que su padre, por sentirse amenazado ante la presencia de tan enorme insecto, lo persigue (en cámara lenta) y luego lo bombardea con manzanas hasta clavarle una en el costado. Esa manzana nefasta, cuya herida que (a pesar de cicatrizar) lleva lentamente a Gregorio a la inmovilidad y a la muerte, también es la causa de su feliz reingreso en la familia (la rememoración de su nombre): "Aquella grave herida que tardó más de un mes en curar -nadie se atrevió a quitarle la manzana, que quedó, pues, incrustada en su carne como testimonio ostensible de lo ocurrido-pareció recordar, incluso al padre, que Gregorio, pese a su aspecto repulsivo actual, era un miembro de la familia, a quien no se debía tratar como un enemigo, sino, por el contrario, con la máxima consideración, y que era un elemental deber de la familia sobreponerse a la repugnancia y resignarse" (Kafka, 1985: 29). Estos ejemplos ilustran el argumento de Benjamin al afirmar que esa tradición que le llegaba a Kafka vacía de su contenido fue la fuerza más potente que el escritor dispuso para confrontarse al mundo moderno al que pertenecía. Por eso lo dibuja como a alguien que se esfuerza en escuchar el pasado y a quien sólo le llegan susurros y ruidos, de los que sin embargo se apropia para confrontarse a un mundo que se le impone y que no puede ver porque, como el Angelus Novus de Klee (o el ángel de la historia de Benjamin) ha decidido darle la espalda 12 y ya no puede girarse de nuevo. Para el filósofo, lo que había heredado el escritor era la hagadah de la tradición (el elemento narrativo y literario que le sirvió al judaísmo para transmitir la doctrina) sin su complemento, la halacha, (es decir, la doctrina misma) que, por cierto, había perdido sentido y valor: "No hay una doctrina que aprender ni un saber que pudiera conservarse" (Benjamin, 1980: 206) le dice Benjamin a Scholem en su carta del 12 de junio de 1938 refiriéndose al entorno social de Kafka. Se podría afirmar que algo similar consideró sobre su propia situación. A pesar de haber tenido también experiencias místicas (en el mismo sentido que las de Kafka, claro está) y puesto en movimiento categorías religiosas para desplegar su interpretación de las mismas (el ejemplo más claro es su teoría Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los humanos) Benjamin no pudo dejar de reconocer una enfermedad en la tradición, que la obra de Kafka, tal como lo afirma en su carta a Scholem, no dejaba de reconfirmar. EXPERIENCIA Y ENFERMEDAD DE LA TRADICIÓN Benjamin rastreó esa enfermedad y la encontró en la incapacidad de narrar y legar de la que se había visto presa la experiencia. Recogiendo párrafos casi textuales de Experiencia y pobreza, Benjamin vuelve a abordar el tema del valor que había perdido la tradición oral en su ensayo El narrador. En esta oportunidad critica una vez más sus argumentos anteriores (tal como en Experiencia y pobreza lo había hecho con respecto a su primer texto, Experiencia) pues ya no entiende esa crisis de la comunicación verbal como un resultado de la modernidad o una manifestación de decadencia, noción tan en boga en su tiempo. Por el contrario, asume que se trata de un fenómeno social de larga duración que emergía a medida que el aspecto épico de la verdad (la sabiduría) se había ido extinguiendo lentamente. Para Benjamin, el aspecto épico (popular) de la verdad existió mientras ésta se había transmitido en el habla; es decir, cuando gozaba de un lugar en la palabra viva; progresivamente las "fuerzas productivas históricas seculares" (Benjamin, 1971: 115) la habían desplazado a otros campos del saber, enajenándola lentamente del habla y de las costumbres. ¿Cuál es esa verdad que mantenía viva la tradición y que hacía del arte de narrar la forma artesanal de la comunicación? Para Benjamin "... es la sanción de todo lo que el narrador puede referir y ella es quien le presta autoridad" (ibíd.: 121). Tal motivo hacía que en la figura del moribundo se concentraran los rasgos esenciales del narrador: "Pero es ante nada en el moribundo que, no sólo el saber y la sabiduría del hombre adquieren una forma transmisible, sino sobre todo su vida vivida, y ése es el material del que nacen las historias" (ibíd.). En su ensayo El narrador Benjamin reconoce que en el ocaso de la Edad Media el debilitamiento de la religiosidad, y con él, una atrofia en la idea de eternidad, habían dispuesto nuevas condiciones: "Desde siempre, el concepto de eternidad tuvo en la muerte su fuente principal. Por consiguiente el desvanecimiento de este concepto, habrá que concluir, tiene que haber cambiado el rostro de la muerte. Resulta que este cambio es el mismo que disminuyó en tal medida la comunicabilidad de la experiencia, que trajo aparejado el fin del arte de narrar (ibíd.: 120)". Cuando morir era un proceso público y ejemplar, anota Benjamin, la figura del narrador era solemne y la palabra que se decía de boca a oído pasaba de los viejos a los jóvenes cargada de valor. El lecho del moribundo se transformaba en trono, tal como lo muestra la iconografía medieval, y a su alrededor se asomaba "apretadamente el pueblo a través de las puertas abiertas de par en par" (ibíd.: 121) de la casa que recibía la muerte. Sin embargo tal como lo afirma Benjamin, la gestación de la modernidad (y su posterior expansión con el desarrollo de la burguesía) había desprovisto de su omnipresencia y plasticidad la conciencia colectiva del morir. Los estados modernos, con su despliegue de dispositivos higiénicos y sociales, emprendieron el diseño de espacios para residentes de la eternidad, que en el "ocaso sus vidas eran depositados por sus herederos en sanatorios y hospitales" (ibíd.) Siguiendo a Benjamin "... morir, en el curso de los tiempos modernos, es algo que se empuja cada vez más lejos del mundo perceptible" (ibíd.). Sin duda Kafka también intuyó la fuerza de la imagen del moribundo que le heredaba la tradición. Por eso la eligió, no sólo para recrear a sus personajes, sino también para fabricarse su propio autorretrato; en las cronologías del escritor es emblemática la imagen del momento en que por primera vez escupe sangre (1917); hasta en las más simples reseñas biográficas aparece consignada esta anécdota que a fuerza de repetición terminó por convertirse en gran acontecimiento. El mismo Kafka se encargó de mitificar este suceso en su Carta al padre, con una descripción entre trágica y cómica: "Finalmente, bajo los esfuerzos sobrehumanos que acompañaron mis deseos de casarme la sangre se me salió de los pulmones" (Kafka, 1995: 70). De hecho, tal como lo rescatará Blanchot a partir de unas notas del diario del escritor, en todo lo amplio de la obra kafkiana se dibuja una muerte contenta: "Olvidé agregar, y luego lo omití a propósito, que lo mejor que he escrito se basa en esa aptitud para morir contento" (Blanchot, 1993: 172). Sin embargo en las narraciones de Kafka la muerte aparece incompleta. A Joseph K le sobrevive la vergüenza, a Gregorio Samsa, su hermana en el pleno despertar de la sexualidad. En La Condena, luego del suicido del joven Bendeman, se describe una loca circulación de tráfico que le hacía pensar a Kafka en una fuerte eyaculación. Uno de sus personajes más conmovedores, el cazador Gracchus, está muerto, pero el piloto que lo llevaba al más allá confundió el camino y ahora surca las aguas terrenales: "El error fundamental de mi muerte resuena sarcásticamente en mi barca" (Kafka, 2001: 233). Esta presencia amenazante de la muerte conjugada con la tensión frente a la imposibilidad de morir es lo que Benjamin denominó como lo verdaderamente genial en Kafka, y a la vez como el signo de su fracaso histórico. Pues si bien en su obra se prueba algo nuevo por entero -"abandonar la verdad para atenerse a su transmisibilidad" (Benjamin, 1980: 207)-ese intento que debía anularla por completo, la hace brillar de manera resplandeciente. Kafka es el moribundo que ha perdido la autoridad de narrar porque su muerte no llega; una caricatura profunda del sujeto moderno (y posmoderno). A propósito, anota Blanchot robándole unas palabras a Kafka: "La muerte está ante nosotros más o menos como el cuadro La Batalla de Alejandro en la pared de un aula. Desde esta vida, para nosotros se trata de oscurecer o incluso de borrar el cuadro por medio de nuestros actos. La obra de Kafka es ese cuadro que es la muerte y también es el acto de hacerla oscura y de borrarla. Pero, como la muerte, esa obra no pudo oscurecerse y, por el contrario, brilla admirablemente, con ese vano esfuerzo que ha realizado para extinguirse (Blanchot, 1993: 95)". El fracaso histórico de Kafka es el mejor testimonio de la equivocación de una sociedad que hasta hoy pone todos sus empeños en borrar y desnaturalizar la muerte. Ese no ocuparse de ella coincide con su transformación en un espectáculo ajeno con el que el ciudadano se entretiene y un índice trágico del que se informa. Haber puesto toda su jurisdicción en manos de una cultura que sólo la piensa como enfermedad o cura, fue lo que le devolvió y aún le devuelve con interés compuesto esa jugada a la experiencia. En el afán de proscribirla de sus espacios y sus ritos, en la ansiedad feroz de reforzar los sistemas de defensa (tanto médico, como militar) la humanidad civilizada desplaza esas fuerzas aniquiladoras a otros ámbitos, en los que sin embargo no se puede conjurar el peligro: "Esa ligereza del Occidente con la ley, su ausencia a la crueldad. Todo lo que quiere saber, de la crueldad, es poco más o menos la receta del cocinero: para hacer una tortilla, hay que romper algunos huevos" (Lyotard, 1997: 47). Sin embargo, tal como lo demostró el siglo XX, esa ligereza es sólo un lado de la cultura, cuyo extremo opuesto es la técnica moderna, que aún hoy representa la más sofisticada amenaza: "La medida del asunto la da que fuese necesario apelar a nada menos que a las fuerzas de esa tradición, si es que alguien (que se llamó Franz Kafka) quería confrontarse con la realidad que, en cuanto nuestra, se proyecta teóricamente por ejemplo en la física moderna y prácticamente en la técnica bélica" (Benjamin, 1980: 206). Una vez llegado a este punto de su reflexión, Benjamin se pregunta en su carta. ¿Qué experiencia es posible heredar de esta obra? Sin duda ella no puede revelar ese lado épico de la verdad que había acompañado a la tradición. desacreditado y lo obsoleto)" (ibíd.), y consideró al segundo como la herencia más valiosa. Para el filósofo la locura conservaba "el garbo y la tranquilidad que se le escapaban al rumor" (ibíd.). Sin embargo, no se debe pasar por alto que ésta es, ante todo, una condición de incomunicabilidad. Por eso Benjamin en este punto llegaba a un callejón sin salida, que de hecho lo alejaba de su cometido inicial: pensar la experiencia. Kafka, en su lugar, elige el rumor (incluso en su grado de incomprensión más extremo, el ruido) porque es en él, y no en la locura, donde encuentra los vacíos de sentido que habían conformado su escritura. Es cierto que en sus últimos relatos el ruido ocupa un lugar determinante. Parece como si se tratara de eliminar con él todo significado común posible (un intento de acceder por medio de él a la locura). Sin embargo, las narraciones ganan, y el ruido revela su origen en una de las nociones más ricas en significado de la obra de Kafka. DEVOLVER LA TRADICIÓN A LA EXPERIENCIA: POR UNA POÉTICA DEL MALENTENDIDO En Kafka no hay una poética de la locura desarrollada de manera tan clara como en Don Quijote o en Rimbaud. Después de todo La Metamorfosis sigue siendo una lectura que se recomienda (¿quién lo hace?) a los jóvenes y se lee en instituciones educativas. Parece que el escritor fue consciente de que una apología de la locura, tal como se desarrolló en forma de consigna en movimientos como el surrealismo, era una operación inútil políticamente. En el siglo XX y los años que han transcurrido de éste, la locura ha sido atrapada y puesto al servicio del poder en sus dos extremos. Focuault la hizo visible como índice y posibilidad de patologización y medicalización (control) del sujeto en la sociedad de masas, y la historia política ha sido la prueba de que en procesos de arduas transformaciones sociales y económicas, su rostro (el de la locura) ha aparecido encarnado en los tiranos y los revolucionarios, sin que por esto se halla hecho accesible a la multitud como herramienta de liberación. En su lugar, Kafka dejó algo que se puede considerar más pueril, pero que sin duda, está lleno de fuerza: una poética del malentendido. En parábolas cortas como Un viejo manuscrito pero también en las escenas más dramáticas de sus relatos y en el núcleo que desata los argumentos de sus novelas, el malentendido juega un papel fundamental. ¿Quién y por qué ha hecho una acusación a José K, para que una mañana irrumpan en su habitación dos hombres que además de comunicarle que un proceso ha sido abierto en su contra, le roben su ropa interior y se coman su desayuno? ¿Quién ha llamado a K a trabajar como agrimensor para el castillo, cuando ni siquiera le ha sido otorgado el permiso de vivir en la aldea que lo rodea? "La salvación de la patria depende de nosotros, artesanos y comerciantes; pero no estamos preparados para semejante empresa; tampoco nos hemos jactado nunca de poder afrontarla. Hay algún malentendido, y ese malentendido será nuestra perdición" (Kafka, 1985: p. En las escenas donde las situaciones se dislocan, algo que ocurre con bastante frecuencia en la escritura de Kafka, se despliega el humor que ha permitido a su obra sobrevivir con fuerza hasta hoy. El proceso es la muestra más clara del malentendido convertido en la ley de la narración. Una vez entregado a su caso, José K no puede menos que asombrarse con todo lo que ocurre. Sin lógica previa, los espacios truecan en un instante su disposición y uso; la habitación de la señorita Burstner, la vecina de José K, se convierte en salón de interrogatorios. El cuarto trastero de la oficina, en celda de torturas. El juzgado se monta como un teatro absurdo en el desván de un edificio en un barrio marginal. Asimismo los personajes varían sus actitudes inesperadamente. El abogado, que en un momento parecía muy enfermo, se pone en pie atléticamente. La audiencia que ovaciona y aplaude la intervención de José K, luego le da la espalda y cuchichea burlonamente. Él mismo, un instante después de besar tímidamente a la señorita Burstner por primera vez, le lame "toda la cara, igual que un animal sediento pasa la lengua por toda la superficie del agua al fin hallada..." En el humor de Kafka no reposa solamente la risa -aunque sea ella su efecto principal-sino también toda la enseñanza política que pudo legar. En medio de la situación amenazante que se vivía en Europa de manera cada vez más evidente para los judíos, Benjamin intuyó esa dirección. Tal como se ha mencionado en el inicio de este ensayo, entre las últimas cartas que envió a Scholem, le confiesa esto: "Cada vez en mayor medida creo que lo esencial en Kafka es el humor. Era más bien un hombre cuyo destino fue tropezar con personas que habían hecho del humor su profesión: con payasos" (Scholem, Benjamin, 1987: 268). Esta declaración tragicó- mica le permitió volver a mirar el enigmático papel que en la vida de Kafka representaba Brod, a quien le había legado su obra para que la echara al fuego, con tal mala suerte de que éste en vez de cumplir su cometido, la había publicado envuelta en una falsa aura de santidad que por cierto, para Benjamin, era una montaña de estiércol. Por eso reconoce en la pareja Kafka Brod, no al místico y profeta, sino al gordo y el flaco: "Kafka, en el papel de Laurel, sentía la pesada obligación de buscarse su Hardy y ése era Brod" (ibíd.). En El autor como productor, uno de los ensayos más combativos de Benjamin, el humor sale a flote como el último y casi más eficaz de los recursos para una práctica militante de la libertad: "advirtamos no más que marginalmente que no hay mejor punto de arranque para el pensamiento que la risa. Y una conmoción del diafragma ofrece casi siempre mejores perspectivas al pensamiento que la conmoción del alma" (Benjamin, 1995: 132). Cuando el malentendido surge como la ley de la narración y la experiencia, no queda otra opción diferente a la sospecha que ríe. Kafka nos hace reparar en que los gestos de terror pueden ser interpretados como acciones violentas, tal como sucede con los enfrentamientos (encuentros) entre padre e hijo en La Metamorfosis (eso sin contar que el aparente combate que se desarrolla en este relato es una farsa ya que para ambas partes terror y violencia se han dislocado por completo de su lugar). Por eso admitir el malentendido implica, tal como lo hizo Kafka, abrir una distancia y saber estar en falso frente a la identidad, la lengua y el poder. Sólo así es posible resignificar la tradición, sólo así es posible jugar con la cultura. Sin embargo no sobra reconocer que esta dimensión de la experiencia tampoco es dominable. De hecho Kafka anota con asombro en su diario cómo, con bastante sistematización, de esa comedia pudo surgir una realidad (Bataille). El malentendido nos sobrepasa; es una fuerza que atraviesa la historia y la cultura, y a ella precisamente se debe gran parte de su dinamismo. La historia que Scholem refiere de la tumba de Benjamin, tal como si fuera un relato kafkiano, es una anécdota adecuada para cerrar este ensayo: "Estas fotografías que tengo ante mí indican con claridad que esta tumba absolutamente solitaria, del todo aislada de las auténticas sepulturas, es una invención de los guardas del cementerio, que, al ser preguntados varias veces por ella, se quisieron asegurar algunas propinas. También algunos visitantes que estuvieron allí me confirmaron la misma impresión. Ciertamente, el lugar es bello; la tumba es apócrifa" (Scholem, Benjamin, 1987: 296). 2 Benjamin tuvo que publicar algunos de sus trabajos en Die Frankurten Zeitung utilizando otro nombre que no revelara su ascendencia judía. 3 Se pueden dar varios ejemplos de esto. Uno de ellos tiene que ver con la teoría del lenguaje de Benjamin. En ella, el filósofo desarrolla una reflexión sobre el origen del lenguaje humano a partir del nombre: "El nombre, como patrimonio del lenguaje humano, asegura entonces que el lenguaje es la entidad espiritual por excelencia del hombre" (Benjamin, 1971: 63). En la obra de Kafka, el nombre, antes que una entidad espiritual, representa una fuerza aniquiladora. En varios de sus relatos y en sus novelas, el nombre está íntimamente ligado a una condena y una herida. 4 A propósito de este ensayo le escribe Scholem a Benjamin: "El primer capítulo es incuestionablemente el mejor en cuanto a la exposición, francamente acertada; después hay en parte demasiadas citas y en parte poco trabajo de interpretación" (Benjamin, Scholem, 1987: 154). 5 El término acción eficaz es tomado de George Bataille quien en su ensayo sobre Kafka en el libro La literatura y el mal lo utiliza para enfrentarlo al imperativo del deseo inmediato, que no busca metas a largo plazo, sino la satisfacción instantánea y sin cálculo. 6 "En suma no es Edipo el que produce la neurosis, es la neurosis -es decir, el deseo ya sometido y que busca comunicar su propia sumisión-la que produce a Edipo. Edipo, valor de cambio de la neurosis. A la inversa, amplificar y agrandar a Edipo, exagerarlo, usarlo perversa o paranoicamente, es una manera de salir de la sumisión, levantar la cabeza y ver por encima del hombro del padre..." 7 El interieur (interior) es una noción que Benjamin utiliza para hacer referencia al espacio privado -tanto material como psicológico-del burgués del siglo XIX. 8 Kafka, de Max Brod, fue la primera biografía que se escribió de Kafka y quizás la más difundida inicialmente. 9 "Cuando Brod dice de él [ de Kafka] que estuvo en la línea de un Buber, busca la mariposa en una red sobre la que revolotea y arroja su sombra. La'interpretación que llamaríamos judío-realista' de El Castillo malversa los repulsivos y terroríficos rasgos, con los que Kafka dota al mundo de arriba, en favor de una hermenéutica edificante que precisamente, debiera al sionista resultarle sospechosa" (Benjamin, 1980: 201). 10 "... los estudiosos de la Cábala necesariamente se enfrentan a la problemática de mil años de tradición oral. Todo el medievalismo judío se vuelve un vasto laberinto en que las ideas distintivas de la Cábala se inventaron, revisaron y transmitieron en un área que abarcaba desde Babilonia hasta Polonia. En estas amplias extensiones de espacio y de tiempo, hasta Scholem se confunde, ya que la esencia misma de la tradición oral es vencer sobre toda la erudición histórica y crítica" (Bloom et al., 1999: 204). 11 Tal es la razón para que la fuerza poética no aparezca en su obra encarnada en el nombre, sino en el lenguaje del gesto. "Como el Greco, Kafka abre con cada gesto el cielo, pero también como en el Greco -que era el santo patrono de los expresionistas-, el elemento decisivo, el centro de la cuestión, sigue siendo en él el gesto" (Benjamin, 1971: 121). 12 Benjamin relaciona en su carta a Kafka con Klee: "Kafka vive en un mundo complementario (y en ello está emparentado con Klee, cuya obra se alza en la pintura tan esencialmente aislada como la de Kafka en la literatura)" (Benjamin, 1980: 206). Esta relación se puede comprender mejor a la luz de la novena tesis de la filosofía de la historia que desarrolla Benjamin a partir del Angelus Novus, un cuadro de Klee, para recrear la figura del ángel de la historia. La imagen que dibuja Benjamin a partir de esta pintura es la de un ángel volteado hacia el pasado, observando las ruinas que deja tras de sí la historia mientras un huracán (el progreso) lo empuja de espaldas al futuro.
La apasionante biografía de Teresa de Escoriaza podría dar pie a una novela. Mujer culta, que dominaba el francés y el inglés, vivió entre España y EE.UU. desde los veinticinco años. Periodista, traductora, profesora de idiomas y novelista ejerció, ante todo, de mujer libre. Su propia vida y sus escritos son un ejemplo de independencia y un ejercicio práctico de la guerra frente a los prejuicios que llevan adelante las mujeres españolas a principios del siglo XX. En el campo periodístico es una pionera: actuó como corresponsal extranjera enviando crónicas desde Nueva York, participó como reportera en el conflicto de Marruecos en 1921 e intervino en los primeros programas de la radio española. Con motivo de su estancia en Marruecos, el cronista Antonio Zozaya la comparó por su valentía con luchadoras como las amazonas, las valkirias de los Nibelungos y otras heroínas que, para convertirse en seres fuertes y desafiantes, se apropian de rasgos y gestos viriles. Al mismo tiempo, por su juventud y delicadeza, la acercaba a personajes muy distintos: Ofelia, Julieta o la Carlota de Werther. Pero Teresa de Escoriaza no quería ser ni unas ni otras; ella aspiraba a algo más que a ser una mujer viril por la fuerza de su personalidad o una sensible y sentimental fémina. Quería ser un "ser completo" -formado por corazón, cerebro y espíritu-, y que se la reconociese como tal. A lo largo de las primeras décadas del siglo XX, se produce en España un destacado proceso de incorporación de las mujeres a la cultura, sobre todo a través de la creación de asociaciones femeninas y feministas que tendrán una gran importancia en el desarrollo de una conciencia propia (Fagoaga, 1985; Capel Martínez, 1986; Fagoaga y Folguera, 1988; Garrido, 1997). Las mujeres que están al frente de estas agrupaciones han accedido a la enseñanza superior, desempeñan profesiones liberales antes extrañas a su sexo y se convierten en difusoras de los derechos de la mujer. Esta "nueva mujer" llega también a la política (es el caso de Margarita Nelken, Clara Campoamor, Victoria Kent, entre otras) y avanza en el mundo de la literatura y de la NI OFELIAS NI AMAZONAS, SINO SERES COMPLETOS: APROXIMACIÓN A TERESA DE ESCORIAZA Departamento de Literatura Española / Facultad de Filología Universidad de Sevilla prensa; en este último caso ya no sólo en las revistas dirigidas a la mujer o, dentro de los diarios y revistas misceláneas, en las secciones dedicadas a la literatura o modas, sino convertidas en periodistas de oficio, redactoras fijas y no meras colaboradas ocasionales, suscribiendo artículos de opinión, editoriales, corresponsalías y las columnas reservadas a la información. En este contexto de liberación femenina y de irrupción de la mujer en todos los ámbitos de la cultura y la vida social se incardina la figura de Teresa de Escoriaza, cuyo perfil profesional responde al modelo de la "nueva Eva". Rafael Cansinos Assens (1995, 271) la menciona en relación con estas inquietudes liberales cuando reseña la entrega de un premio a la feminista Isabel Oyarzábal de Palencia y traza su semblanza como representante de un tipo femenino peculiar en aquella fecha: [E]s una gran mujer [dice de Isabel Oyarzábal], a la moderna, de espíritu amplio, comprensivo y de una sensibilidad muy femenina, pese a su actitud feminista, acreditada en miles de artículos y gestos políticos; pertenece a ese número de nobles mujeres, de ideología moderna, desligadas de la tradición clerical, libres, pero no libertinas, en que figuran Teresa de Escoriaza, Clara Campoamor y otras menos célebres, que continúan la línea de Carmen de Burgos y las llamadas damas rojas de principios de siglo 1. No falta en este retrato la descripción de la indumentaria de Oyarzábal: "Viste con sencillez aires de corte viril, como su pluma, fuma tabaco rubio, lleva el pelo corto a lo garçon, y no gasta pendientes, símbolo de la antigua servidumbre del sexo [...]". Similar sobriedad presenta Teresa de Escoriaza en una foto que figura en la revista T. S. H. Revista semanal, órgano de "Radio-Madrid" y portavoz de la Federación Nacional de Aficionados, en mayo de 1924: con melena corta, de color castaño claro, vestida con falda a media pierna y chaqueta oscura, camisa blanca y botines de medio tacón, da la imagen de la mujer moderna de los años 20. No le gustaría a Escoriaza que se calificara su aspecto de "viril" y, de hecho, la aparente comodidad en el peinado y vestido de esta instántánea no es contraria a la feminidad. En el creciente número de publicaciones en torno a las mujeres que están viendo la luz en los últimos años han ido emergiendo, a veces casi como si se tratase de verdaderos fantasmas, las biografías de algunas de estas cultas, emprendedoras y valientes mujeres. Al mismo tiempo se están perfilando, con cada vez más ricos y precisos datos, las agrupaciones que crearon y promovieron. La vida y obra de Teresa de Escoriaza permanece, sin embargo, casi oculta y su nombre apenas si asoma en la bibliografía sobre el periodismo español o en relación con las sociedades feministas. Han sido sus facetas como locutora en los inicios de la radio española (Balsebre, 2001; Fernández Sande, 2006, t. 1) y como reportera en la guerra de África (Sánchez Suárez, 2004) las que han merecido una mayor atención. Pretendo ahora reconstruir de forma global su biografía y su labor como escritora y docente. La información que aporto procede casi en su conjunto de sus propios escritos y de los periódicos en que colaboró; sumo documentos oficiales y fuentes orales de amigos y familiares. TERESA DE ESCORIAZA, EMIGRANTE Y PERIODISTA Teresa de Escoriaza y Zabalza (San Sebastián, 7 de diciembre de 1891-18 de julio de 1968) 2 realizó estudios de bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros, en Madrid, en la Académie de Bordeaux (Francia), donde obtuvo un diploma de profesora de enseñanza elemental en 1910, y en las Universidades de Madrid y Liverpool (Bulletin, 1946; Anónimo, 1968). En 1917, a la edad de veinticinco años, se embarcó por primera vez en Barcelona con destino a Nueva York, adonde llegó el 13 de octubre a bordo del Buenos Aires. Según declara entonces a inmigración, viaja con un pasaje que ella misma ha pagado y porta un capital de 140$. Su contacto en el país es Miss. Teresa viajó muy lejos para mejorar su vida y su futuro laboral. Ya en esta temprana fecha comenzó a trabajar en una escuela de español en Mamaroneck (Connecticut) y probablemente también en Bryn Mawr College (Pennsylvania), como docente en castellano y francés 4. Los asfixiantes límites en los que aún se encontraba la mujer española eran muy distintos a los de las americanas, y Escoriaza prefirió integrarse en una sociedad en la que podía ser independiente. Pero, para una joven que se atreve a viajar sola ansiando una nueva vida, éstas parecen también miras muy estrechas; sus ambiciones irían más lejos y puedo creer que se verían colmadas cuando pasa a formar parte de la redacción, en 1919, del diario madrileño La Libertad. Desde 1919 y hasta 1921, Escoriaza ejerce como corresponsal de este periódico desde Nueva York, en los mismos años en que Cipriano Rivas Cheriff suscribe la columna "Desde París" y Salvador de Madariaga la remitida "Desde Londres". No firma sin embargo con su nombre, sino que utiliza el seudónimo masculino Félix de Haro. Nacido en 1919 de una escisión con El Liberal, La Libertadjunto a El Sol, La Voz o Informaciones-es, como se sabe, representante del nuevo periodismo cuya orientación responde a los criterios de una empresa para la que la atracción de los lectores es el norte fundamental y no los intereses de un Partido, aunque la Sociedad Anónima La Libertad estuvo siempre muy próxima al político de izquierdas Santiago Alba. Escoriaza está junto a los redactores que abandonaron El Liberal (descontentos ante su política y tras una huelga) y fundaron La Libertad desde su primer número, el 13 de diciembre de 1919. El equipo de redacción era brillante: Luis de Oteyza, su director; Antonio de Lezama, redactor jefe; y entre los redactores, Luis de Zulueta, Pedro de Répide, Manuel Machado, Ezequiel Endériz, Antonio Zozaya, etc. Algunos de estos últimos, como en el caso de Zozaya, tan queridos del público que su cambio de rotativa supuso un éxodo de lectores devotos hacia la recién creada publicación. Situado más a la izquierda que El Liberal y cercano al socialismo, muy pronto se convirtió en el diario madrileño de mayor difusión entre pequeñoburgueses y obreros (Seoane y Sáiz, 1996, 260-263). En este progresista grupo se inserta Escoriaza, haciéndose cargo de una de las corresponsalías que el nuevo periódico potenció dentro de su aperturista modelo de prensa. Incorporar a una mujer no lo sería menos. El ejercicio como corresponsal de la joven (25 diciembre 1919); "Del matrimonio y del divorcio" (30 diciembre 1919; en torno a las distintas causas que cada estado americano exige para conceder el divorcio y su fácil obtención); "Necrología" (6 enero 1920; sobre el fracaso de la "Conferencia Internacional del Trabajo" celebrada en Washington); "De religión" (16 enero 1920); "Comienza la sequía alcohólica" (10 febrero 1920; el desquiciamiento general en Nueva York en los días previos a la "ley seca"); "De tiendas" (12 febrero 1920; precios elevados y variedades de confección en las tiendas de la Quinta Avenida); "El fracaso de Maeterlinck" (17 febrero 1920; la decepción causada por una representación de la ópera El pájaro azul y un ciclo de conferencias del autor belga); "Las libertades norteamericanas" (20 febrero 1920); "La moderna Jerusalén" (27 febrero 1920); "Madame Ouija o el último indoorsport" (10 abril 1920); "La mujer fuerte" (1 marzo 1920); "¡Petróleo!" (4 marzo 1920); "Lincoln" (8 marzo 1920); "El circo Ringgling" (24 mayo 1920); "El día del Señor" (2 enero 1921); y "La emoción del melodrama" (7 febrero 1921; la aventura de unos aeronautas). Teresa parece estar muy al tanto de lo relacionado con la colonia española en Nueva York y con lo que se escribe en torno a la ciudad en España. Una de las crónicas mencionadas, en la que expone el paulatino dominio económico de los judíos en la capital ("La moderna Jerusalén", 27 febrero 1920), empieza con este preámbulo: Así terminan las estrofas de uno de nuestros grandes poetas modernos. ¿Y sabéis dónde le vino esta inspiración? Aquí, en Nueva York, en el Metropolitano y en plena luna de miel... ¡Este es ya demasiado realismo! Viajar en cosa tan fea como este subterráneo, y no fijarse sino en que hay muchos cortos de vista, ¡estando de viaje de novios! [...] Está claro que alude a Diario de un poeta reciencasado (1917), de Juan Ramón Jiménez, escrito a raíz de su viaje a Nueva York para contraer matrimonio con Zenobia Camprubí. La escritora hace referencia al poema en prosa CCX-XIX, "Tranvía": en este caso, la periodista no supo leer más allá de las propias palabras. Escoriaza también se encargó de realizar crónicas sobre la colonia veraniega de San Sebastián para el mismo periódico (Fernández Sande, 2006, t. 2, 125) y siguió colaborando en sus páginas -de forma irregular y alternando con otros medios informativos-al menos hasta avanzada la década de 1930. PROFESORA DE ESPAÑOL Y CRONISTA DE LA GUERRA DE ÁFRICA momentos difíciles y dramáticos. Según los datos que aportan María Cruz Seoane y María Dolores Sáiz, La Libertad se afanó por informar de forma objetiva y veraz acerca del conflicto, para lo que tuvo que luchar con la censura impuesta a la prensa por el Gobierno. En este esfuerzo de investigación, el periódico alcanzó su mayor tirada en julio de 1921, cuando, tras el desastre de Annual y mientras que la mayoría de los diarios se limitaban a reproducir, sin más comprobaciones, los partes oficiales remitidos por las autoridades militares, La Libertad inició una campaña de discusión y análisis del problema marroquí. El diario contaba entonces con varios corresponsales en la zona: según se anuncia en primera plana, en agosto son enviados a Melilla Eduardo Ortega y Gasset y, poco después, Ezequiel Endériz, mientras F. Hernández Mir, marcha a Tetuán. Más tarde se les sumará Antonio de Lezama. Por esta actitud recibieron numerosas críticas por parte del estamento militar e, incluso, sus reporteros llegaron a ser expulsados o apresados. Pero La Libertad no cejó en sus criterios y, avanzando en su meta de ofrecer la realidad de los campamentos militares y de la situación bélica, realiza un nuevo golpe de efecto y envía también a una mujer, Teresa de Escoriaza, a Melilla. Su crónica inaugural ("Del dolor de la guerra. Plaza sitiada", fechada el 31 de agosto de 1921) se publica el 3 de septiembre en primera página; las siguientes continúan apareciendo hasta finales de mes junto a la información de los compañeros citados. Las crónicas de Teresa de Escoriaza se recogieron poco después en el libro Del dolor de la guerra (Crónicas de la campaña de Marruecos) (Madrid, Pueyo, 1921), precedidas por un prólogo de Antonio Zozaya. Por su participación en esta peligrosa empresa, Zozaya la describe con trazos épicos, subrayando la excepcional fortaleza de su carácter: Ágil, nerviosa, varonil, a horcajadas sobre el vigoroso y piafante alazán, como las armipotentes reinas de Castilla y León y como las intrépidas amazonas de Nueva Jersey, ceñida la torneada pierna por el calzón abullonado, ajustado bajo el torso flexible el cinturón de cuero, pendiente del cuello alabastrino el cordón que sujeta la pistola automática de nacarado culatín, ondulados sobre la sien los cabellos áureos y sombreadas las pupilas relampagueantes por el ala del ancho sombrero flexible, que recuerda el chambergo de los antiguos Tercios, Teresa de Escoriaza, esta mujer enigmática en apariencia y, en el fondo, luminosa como un cristal diáfano, se presenta ante nuestros ojos maravillados como una aparición evocadora y sublime de una gesta heroica. ¿Es una iluminada, una heroína, una hembra desdeñosa del sexo o una propagandista de su exaltación regeneradora y romántica? No; es algo más: es un símbolo de aquel eterno Femenino que lucha, combate, sufre, sangra, muere, resurge de las sombras y discierne la salvación y la inmortalidad (Zozaya, 1921, 6). Tal vez lo más interesante de la cita, además del perfil ideal, aventurero y exótico que da de la autora, es que permite saber cómo los hombres de aquellas décadas veían a las mujeres que realizaban oficios hasta el momento reservados a ellos mismos, y cómo la independencia femenina es considerada algo extraño y enigmático, para, al final, convertirse en símbolo de un "eterno femenino" tan tópico como engañador. DEL DOLOR DE LA GUERRA (CRÓNICAS DE LA CAMPAÑA DE MARRUECOS) Escribe Zozaya en el prólogo antes citado: "Nadie espere hallar en esas crónicas, coleccionadas sabiamente, un estudio acabado, ni bosquejado, de la guerra, de sus causas, de sus derivaciones y accidentes", y ello porque, mujer ante todo, la autora "ha sentido latir su corazón femenino, ante la contemplación del dolor", de aquí lo amargo y palpitante de sus palabras, hilvanadas al calor de los proyectiles y de la sangre de muertos y heridos (Zozaya, 1921, 13, 14 y 15). El punto de vista adoptado por Escoriaza en la narración de los acontecimientos bélicos es distinto del seguido por sus compañeros de profesión y rotativo. En una de sus últimas crónicas desde Melilla, resume así el que fue en todo momento su propósito: "yo no he venido aquí para alzarme sobre las cumbres de la fantasía, sino para descender a los valles -valles de lágrimas-de la realidad" (Escoriaza, 1921, 95). Su función como periodista estaba en ofrecer el lado más humano del combate, preocupándose por los heridos y los enfermos, contando historias emotivas que hablaban de novias y madres, de separación y dolor; sin ahorrar, a veces, duras y aun terribles descripciones. Mientras que los redactores masculinos (Endériz, Ortega y Gasset, Hernández Mir) recogen datos de bajas, refieren los enfrentamientos y entrevistan a los soldados, Escoriaza les visita en el hospital y en sus cuarteles, ve qué comen y dónde duermen, conversa con ellos de sus familias...y no oculta el lado más cruel de las guerras: heridos rematados, niños martirizados... En todo momento recalca que le interesan los sucesos que son desechados por otros periodistas y se adentra más allá de lo que parece simple anécdota. Como, por ejemplo, la historia del auto blindado que, conteniendo municiones, víveres y el correo, volcó en medio de un camino. Los soldados rescataron víveres y municiones, pero abandonaron las cartas, que barrió el viento: ¡Quién sabe lo que cada una de ellas valía! Cartas de madres, de hermanas, de novias, todas ellas llevaban amor a los combatientes. Y con el amor, fuerza, coraje, heroísmo, que del amor nace el ánimo y el ánimo en el que guerrea se traduce en espíritu de combate, en ansia de pelear. Varias de estas crónicas van dirigidas a un receptor femenino: la Escoriaza corresponsal de guerra afirma y valora la realidad a partir de una visión del mundo subjetiva (lejos ya del disfraz masculino que en otro tiempo parecía ser una exigencia), y se identifica con las madres o novias de los soldados. Luego, intenta contagiar estos sentimientos a sus lectoras: "A vosotras, desconocidas amigas mías, es transmitido. Lo recibí con la angustia que lo hubierais recibido vosotras. Va así, como si a vosotras mismas hubiera sido hecho" (El dolor de la guerra, 39). En algún caso, se presta a ejercer como enviada de una de las lectoras del rotativo y acude a solicitar datos acerca de un soldado: "Su madre, a título de 'suscriptora de La Libertad desde su fundación', por si el título de madre fuera poco, me ha escrito pidiéndome que le busque y vea cómo está" (84). No va a África a cuidar enfermos, sino a informar. Dentro de los rasgos del género, sus crónicas mezclan el testimonio y la impresión de primera mano con la narración y la reflexión personal; y, rasgo también característico en estas fechas, se confunde con el reportaje. Escoriaza usa siempre la narración en primera persona y el estilo directo, para mejor mostrar la cercanía del dolor y el sufrimiento. Acentúa siempre su papel como testigo y protagonista, su situación en el vértice de la guerra, viendo, oyendo, sufriendo: Yo en estos días he recorrido las avanzadas y he visto desde ellas escenas de espanto" (36-37). [H]e entrado en el barco y he recorrido sus sollados [...], he conversado con los heridos..." (43). Yo, que a la semana de convivir con el ejército de África y ver a sus hombres tan abnegados [...], siento mi corazón vibrar al ritmo del suyo y mi espíritu unirse con su espíritu; yo sé de las inquietudes y de las penas que estoy describiendo, porque las sufro" (49). Por eso, cuando aprovechando la carencia de "paqueo" en un sector hemos avanzado, llegando a un blocao, hemos visto alzarse como sombras que abandonan la tumba a los que lo guarnecían (64). [M]ientras retrocedíamos forzando la máquina para evitar las balas, que ya habían llegado a rebotar en las planchas del blindaje... Habíamos intentado ir a la línea de fuego atraídos por las noticias que de la empeñada acción llegaban a la plaza; pero sin tiempo para solicitar el automóvil en la Alta Comisaría, tuvimos que tomar un coche de alquiler. Seguimos a pie un rato, y al fin hubimos de sentarnos en el borde de la carretera. Y como ya tenemos costumbre de oír los cañonazos desde nuestras alcobas del hotel, nos olvidamos pronto de la tragedia en aquel paisaje de idilio (120-121). En otras páginas cuenta cómo aprendió a utilizar una ametralladora, etc. ( 50) El volumen está compuesto por un total de dieciocho crónicas, merecedoras de una atención mayor e individualizada que no puedo dedicarles aquí. HOMENAJES Y NUEVOS PROYECTOS Como antaño le ocurriese a Carmen de Burgos, Teresa de Escoriaza se hizo aún más conocida por su tarea en Melilla, y fue agasajada a su vuelta a la Península por parte de sus compañeros de profesión. En un banquete en su honor, uno de ellos, el famosísimo entonces Luis de Tapia, autor de la sección "Coplas del día" (composiciones humorísticas en verso que pasaban revista a los sucesos más destacados), también insertada en La Libertad, fue el encargado del brindis, para el que compuso su "Canto a Teresa", de inevitable recuerdo esproncediano aunque el asunto sea muy distinto. La rubia amazona va al moreno suelo... ¡En sol africano, un copo de nieve...! ¿Quién no se derrite ante tal consuelo...? Los moros "amigos", al ver su semblante, "íntimos" se hicieron, como era muy justo... (Dicen que Abd-el-Kader usó más turbante, y dicen que "El Gato" mayaba de gusto.) Llevar a la guerra belleza y talento es llevar ganada la áspera batalla; por eso ha triunfado, y en este momento levanto por ella mi copa de talla... Por ella aquí bebo de esta sangre roja (¡sangre de banquetes!), y digo: "¡Señores, por la que nos hizo, gentil paradoja, gozar con la pluma que empapó en dolores!" Sus "crónicas" tristes tienen el encanto que en el arte tiene la verdad vivida... (¡Ya quisiera Cierva que gustasen tanto los partes diarios con que nos convida!) ¡Salud a la ilustre cronista guerrera, poetisa en prosa de castizas galas...! ¡La rubia walkyria triunfó en su carrera! (Verdad es que tuvo caballo con alas.) ¡Salud a la ilustre cronista guerrera! (Segura de la Garmilla, 1922, 338-339) En estos ocasionales versos, Tapia insiste en comparar a Escoriaza con las valkyrias, y es que parece que las mujeres de la época que se salían de los moldes o eran sobrehumanas o eran indescriptibles. En cuanto a La Libertad y a la guerra de Marruecos, el diario todavía alcanzó una mayor proyección cuando se desplazó a África, en agosto de 1922, el mismo director, Luis de Oteyza, junto al fotógrafo Alfonso. Oteyza llegaría a entrevistar a Abd-el-Krim. La tirada de La Libertad creció, al tiempo que Oteyza era acusado desde algunos sectores, y aun en otros diarios, de traidor (Madariaga, 2000). Pero, a la altura de 1922, Teresa ha comenzado a escribir también para el diario de información vespertino Informaciones, relacionado con el entonces ministro de Estado, Santiago Alba, al igual que La Libertad. Desde su creación, en enero de 1922, firma aquí junto a Antonio Zozaya, Pedro de Répide, Santiago Vinardell..., y otras mujeres: María de Munárriz (se ocupa de la sección de modas) y Magda Donato. Desde el 25 de enero, y a lo largo de todo el año, publica textos sobre temas muy diversos, aunque con una especial inclinación hacia aquellos que afectan a las mujeres, siempre desde una óptica liberal y feminista: en contra de la creencia de que en España los hombres son quijotes, protectores de las mujeres, cuando éstas son continuamente insultadas y menospreciadas por el varón ("El Quijotismo", 25 enero), la necesidad de que la mujer se instruya para llegar a ser verdadera compañera del hombre ("¡El arreglo de la casa!" (1 febrero), el impuesto de lujo aplicado por el gobierno italiano ("Tassa di lusso", 18 febrero), sobre las mujeres y la política ("La diputada del dolor", 9 marzo), sobre Santa Teresa como precursora del feminismo ("La santa precursora", 15 marzo), el injusto trato recibido por la mujer, carente de derechos y cargada de responsabilidades ("Las responsabilidades", 22 marzo), de nuevo sobre las mujeres, la política y sus derechos ("¿Una noticia absurda?", 29 marzo), acerca de una encuesta planteada por Nuevo Mundo sobre el largo de la falda femenina ("Encuesta que no es tal", 19 abril), el estrecho contacto entre la danza y la religión ("La religión y el baile", 5 abril), el divorcio de Raquel Meller ("El alma que canta", 24 mayo), la posible llegada del hombre a Marte ("Tierra de promisión", 31 mayo), la fiesta nacional y el torero Marcial Lalanda ("El triunfo del torero", 7 junio)... (Elijo sólo algunos títulos.) En todos hay una nota de reivindicación, una crítica directa a la hipocresía que rige las relaciones sociales, con apoyatura de citas históricas y glosas literarias (un hermoso ejemplo es "Glosando a Rubén", de 14 de junio, en torno a la boda sin amor de la princesa rumana Mariola con el rey Alejandro de Servia). Su firma no está durante el verano y reaparece en septiembre. Teresa de Escoriaza alterna en estas columnas con Zozaya, Pedro de Répide, Luis Bello, Manuel Linares Rivas..., lo que la sitúa en posición muy destacada en el elenco de la redacción y afirma su prestigio cara al lectorado. El grupo financiero de Juan March se hizo con el control de La Libertad en marzo de 1925 y, en la misma fecha, compró Informaciones. Según Seoane y Sáinz (1996, 348), Escoriaza compone entonces la "crónica femenina y feminista", algo que no he podido documentar porque no la encuentro en las páginas de este último rotativo a lo largo de todo el año. En cualquier caso, no es extraño que las mismas firmas alternen en una y otra publicación. Escoriaza sigue en activo. En la época del despegue de la radio española como nueva e influyente fuente de información, participa en un ciclo de conferencias para mujeres emitido desde el micrófono de Radio Ibérica, cadena vinculada al periódico La Libertad y de nuevo a los intereses del político liberal Santiago Alba, en mayo de 1924. Su parlamento ha sido calificado como el primer discurso feminista de la radio española. En palabras de Armand Balsebre (2001,215), es el "antecedente de un discurso que sería habitual durante la República pero muy excepcional en la Dictadura". El talante y sentido de su pensamiento resulta por completo contrario al que, según el mismo autor, ofrecían otras cadenas de inspiración conservadora 7. La revista T. S. H. (Telegrafía Sin Hilos) Revista semanal, órgano de "Radio-Madrid" y portavoz de la Federación Nacional de Aficionados reprodujo este discurso, de 22 de mayo, de la que llama "ilustre escritora", que inauguraba un ciclo de "conferencias sinhilistas [sic] para mujeres" ("La primera conferencia feminista", núm. 1, 25 de mayo de 1924, 13-14. Aquí figura la fotografía de la escritora a la que aludía al principio del ensayo). Dirigía esta revista Luis de Oteyza, unido a los proyectos laborales de Teresa desde sus comienzos y amigo muy querido a lo largo de su vida. En su intervención, Escoriaza subraya el importante papel que la radio puede tener en la futura educación de las mujeres: [L]a Radiotelefonía es el arma con que la mujer, especialmente la española, conquistará su libertad. Con la Radiotelefonía se acabó el aislamiento espiritual en que venía viviendo, hasta ahora, la mujer española. Aunque los prejuicios milenarios continúen privándonos de recibir una educación amplia y sólida, por impedirnos asistir a los centros culturales; aunque las costumbres absurdas sigan apartándonos de la vida activa, confinándonos al hogar, convertido así en cárcel; aunque las leyes injustas nos obliguen a ocupar un lugar secundario en el mundo consciente, las ondas redentoras, portadoras del alimento espiritual, llegarán de hoy en adelante hasta nosotras, trayendo unas veces las palabras del sabio que iluminen nuestra inteligencia, los acordes del virtuoso que eleven nuestra alma o los trinos que hagan vibrar nuestro corazón. Y así, por medio del invento maravilloso, se operará el milagro de nuestra transformación. Convirtiéndose de este modo ese ser incompleto, "todo corazón", que es la mujer española, en otro infinitamente superior: en un ser completo, es decir, dotado además de cerebro y espíritu. Teresa de Escoriaza siguió su actividad en el medio radiofónico (Fernández Sande, 2006, t. Más tarde, en noviembre de 1924, se encarga de un curso de francés en Radio Ibérica, fruto del que fue el manual Curso elemental de francés, que publicó como libro en 1925 (Madrid: Casa Editorial Orrier). Pierdo la pista de la escritora en la prensa, quien, al menos a partir de octubre de 1928, suscribe la sección "Páginas de la mujer" en Mundo Gráfico y continúa, con algunas lagunas, hasta julio de 1936. Este semanario formaba parte de las publicaciones gráficas de información general agrupadas en Prensa Gráfica (junto a Nuevo Mundo, Alrededor del Mundo y La Esfera), controladas por La Papelera Española, y hacía la competencia a Blanco y Negro. No obstante, Escoriaza no cesa su colaboración con sus antiguos compañeros y, en 1930, vuelve a aparecer en La Libertad, regresando a sus inicios, como corresponsal desde Nueva York (localizo "Notas de Nueva York. Aquí mantuvo también una sonada polémica, en 1933, con la chilena Gabriela Mistral, a la que acusó de antiespañolismo por sus juicios acerca de la crueldad con la que se había realizado la conquista de América. Mistral era por esta fecha cónsul de su país en Madrid. Este incidente contribuyó a que la chilena se trasladase a Lisboa en 1935 8. En estos años Escoriaza habría colaborado en otros periódicos. Así, en 1927 incluye en El Eco de Galicia (La Habana) un artículo sobre "La mujer gallega" (5 de abril de 1927). LA SECCIÓN "PÁGINAS DE LA MUJER" (MUNDO GRÁFICO) Junto a fotos de modas y estrellas de cine, la sección "Páginas de la mujer" dedica a sus lectoras consejos sobre distintos asuntos. Cuando Escoriaza comienza a firmarla, toma la forma epistolar a manera de consultorio, de modo que cada artículo es la respuesta a una ficticia demanda. Se habla tanto de modas y decoración del hogar como de prejuicios y la necesidad de acabar con ellos. En conjunto, y dada su proyección en el tiempo (desde 1928 hasta 1936), constituyen una buena exposición de los cambios que están experimentando las mujeres en todos los órdenes, desde el largo de la falda, los peinados y sombreros, hasta sus costumbres, deberes (matrimonio, hijos...) y la relación con los hombres. Por lo que podido comprobar, en septiembre de 1936 (no encuentro la firma de Escoriaza desde mediados del verano) la sección sólo incluye fotos de modas y desaparece el texto. UNA TRADUCCIÓN, UN PRÓLOGO Y UNA NOVELA La labor de Teresa de Escoriaza como periodista en varios medios fue acrecentando su protagonismo. La amplia tirada de los rotativos en que trabajó y su posterior quehacer en la radio le aseguraron un alto número de lectores. Esta notoriedad le reportó algunos encargos como traductora, prologuista y, cruzando esa, a veces, delgada línea entre prensa y literatura, narradora. En concreto, tradujo del francés la novela La corte de las damas, de Marie Deschard (seudónimo M. Maryan; Madrid, Eva, 1922); luego prologó una Antología de mujeres integrada en la colección Los Poetas (núm. 46, 22 de junio de 1929) y, en el mismo año, publicó la novela corta El crisol de las razas en la serie Los Novelistas (núm. 43, 3 de enero de 1929). La corte de las damas es una novela de tipo folletín decimonónico dirigida a un lectorado femenino. Escoriaza realiza la traducción para una editorial que tiene el mismo fin. Más interesante es su preliminar para la Antología de mujeres en Los Poetas, colección centrada en la difusión popular de la poesía dentro de los límites de la llamada "novela corta". Aunque los volúmenes suelen incluir compilaciones dedicadas a un único autor, también ofrecieron veintidós de poetas varios. La que ahora trato es el séptimo tomo recopilatorio; los anteriores bien carecen de criterio en la selección de los autores, bien los eligen a partir de su procedencia (poetas sevillanos, mexicanos...); o se agrupan por temas (poesía religiosa, de amor...) o formas (de cantares, de sonetos...). En general, la presencia femenina es muy parca: sólo Santa Teresa de Jesús (núm. 22) ocupa un tomito individual. En las antologías colectivas, Rosalía de Castro merece abrir la de poetas gallegos (núm. 41) y Gertrudis Gómez de Avellaneda la de poetas antillanos (núm. 53). La Antología de mujeres resulta ser, pues, una novedad y un hito (sin continuación) en Los Poetas. Cada entrega de la colección lleva su correspondiente prólogo. Escoriaza escribe sobre Carolina Coronado, la primera de una lista que siguen Sofía Casanova, Gabriela Mistral, Paz de Borbón, Concha Espina, Blanca de los Ríos Lampérez, Gloria de la Prada, etc. 9 En este preliminar, titulado "Carolina Coronado o la mejor poetisa española", Escoriaza no abandona su defensa de la inteligencia femenina y afirma que es una "justa decisión" preferir a Coronado para abrir el tomo por ser "la mejor poetisa española"; poetisa, matiza, no poeta, porque, dado el "acento viril" de Gertrudis Gómez de Avellaneda, a la autora cubana le cuadra mejor este segundo apelativo. Sigue pues Escoriaza empeñada en su idea de trabajar en pro de la educación de la mujer como "ser completo": Sus poesías [las de Coronado] fueron emoción, ternura, delicadeza: obra femenina, por tanto, ya que los hombres esas cualidades, al menos, nos las conceden a las mujeres. Aprovechando la concesión que nadie niega, ni aun los más antifeministas, pase esa mujer cantora entre los hombres que cantan y pase con su sexo (Los Poetas, 6). Escoriaza defiende, en suma, que las mujeres brillen y sean reconocidas sin abandonar aquellas cualidades que, en su opinión, le son connaturales: una mujer puede ser femenina (equivaliendo ello a delicada, emotiva, sensible...) y ser inteligente, no hay por qué considerarlas realidades enfrentadas. Es contraria a que la mujer deba convertirse en una copia del hombre para ser valorada. En estas apreciaciones su feminismo parece aún más moderno, pues coincide con los parámetros actuales. Insiste en ello cuando narra la biografía de Coronado: Encantadora mujer y mujer talentuda. ¿Se creía entonces que puede una mujer ser bella y tener talento? Si se dudaba ya como ahora se duda, Carolina Coronado hubo de hacer que tales dudas se disipasen. Triunfó con la pureza de facciones de su rostro, con la perfección de las líneas de su cuerpo,y, a un tiempo mismo, con los frutos de su intelecto múltiples y magnos (Los Poetas, 7-8). No son extraños estos juicios de las feministas de principios del XX, a las que aún se critica desde algunos sectores utilizando descalificaciones usadas a lo largo del XIX; por ejemplo la de llamar "marimachos" o "falsas sabihondas" a aquellas que aspiran a poseer una buena instrucción. Esta fue una de sus grandes batallas: demostrar inteligencia, hacerse valer, sin tener que negar su condición femenina. Por reivindicar su voz, y animar a otras a hacerlo a través de las letras, la figura de Carolina Coronado supone un hito en la historia de las mujeres en España. En opinión de Escoriaza, la mujer no debe traicionarse a sí misma, ni convertirse en un hombre para conseguir brillar intelectual o laboralmente. Esto mismo es lo que ella intenta representar afirmando su elegancia y el cuidado en el vestir, destacando su punto de vista como mujer en la escritura y lidiando con cualquier limitación que se le imponga en virtud del sexo. En cuanto a su labor como novelista, ésta depara un texto curioso y sugestivo. El crisol de las razas (1929) ve la luz en otra colección popular: Los Novelistas. Ambientada en Nueva York, el argumento gira en torno a los deseos y las atracciones fatales que se producen entre los protagonistas (varios de ascendencia rusa, aportando un toque de exotismo que gustaría mucho a los lectores), de alguna manera empujados por una mezcla de razas que suscita más choques que simbiosis reales. Historia de amor, celos y muerte, se podría decir que en esta ficción hay algo de reportaje de la urbe neoyorquina. Escoriaza demuestra conocer bien la ciudad y sus alrededores, que fueron su casa tantos años. Su adscripción ideológica se hace explícita en algunos juicios positivos de la revolución rusa. Por ejemplo, uno de los personajes secundarios, un anciano mujik emigrado a América huyendo de un príncipe que le esclavizaba, habla con otro compatriota de cómo los campesinos rusos se están apoderando de las tierras ahora libertadas, despojando a los tiranos, y sueña con "la campiña fértil de una Rusia libertada y próspera, todo ello envuelto en un ambiente de paz, de bienestar y de abundancia" (El crisol de las razas, 26). Esta mixtura de seres de tan diversa procedencia hace inevitable el desenlace trágico de la historia. La narradora cierra el texto explicando la causa: Todo era obra de la fatalidad, que, caprichosa, se empeña en mezclar unas razas con otras, sin hacer caso de sus afinidades, produciendo así males irreparables. El proceso de la aleación de las razas es lento y difícil, y, las más de las veces, no llegan éstas a confundirse, y si se logra la fusión, la amalgama obtenida carece de consistencia. Así ocurre en la urbe monstruosa donde afluyen los ambiciosos, los perseguidos y desamparados por la fortuna de los países más apartados del mundo; en la metrópoli gigantesca donde se encuentran todas las razas y cada una de las variantes de éstas; en la nueva Babel donde se hablan todos los idiomas y todos los dialectos del universo; en ese crisol de razas, que es Nueva York, donde son lanzados unos con otros hombres y mujeres de todas las religiones y de todas las costumbres, sin que llegue a operarse esa fusión deseada, que se pretende tenga por resultado la constitución de la raza fuerte, de la raza superior por excelencia (El crisol de las razas, 44). Este relato -nunca mencionado en relación con las obras literarias que, por estos años, toman a Nueva York como centro-conecta con la visión amarga del futuro de la civilización que la misma ciudad representa a ojos de los que la visitan. Nueva York es aquí la gran urbe de los años 20, con casi seis millones de habitantes, a la que acuden personas de todos los continentes y razas en busca de una vida mejor; es la promesa de una civilización sin límites raciales o ideológicos, lo que a Escoriaza (una de esas personas) le parece imposible. La novela alude a las diferencias sociales entre los barrios neoyorquinos, su intensa vida nocturna y su peligrosidad. También a la pobreza de los recién llegados a su puerto, pronto absorbidos por la demanda de mano de obra en fábricas y construcciones. Publicada en enero de 1929, parece preludiar el pesimismo posterior al derrumbe de la bolsa, producida a finales de este año 10. PROFESORA DE ESPAÑOL EN EE.UU. En 1929, Teresa de Escoriaza continúa su carrera como profesora de español en Nueva York e inicia su enseñanza en Montclair State Teachers College (en el estado de New Jersey, ahora Montclair University), donde llegó a ser Assistant Professor de francés y español (Bulletin, 1946). Escoriaza habría, pues, compaginado el trabajo en Norteamérica con su colaboración en la prensa española. En este centro se convirtió en toda una leyenda y era conocida por sus alumnos como "Scori". Según me comenta su discípulo Mr. Protase E. Woodford, para varias generaciones de profesores de español fue un referente fundamental y continúa siéndolo en la actualidad de alguna forma: hoy día Montclair State University ofrece una beca anual para realizar estudios en España que lleva el nombre de Teresa de Escoriaza 11. Sus alumnos evocan a una profesora con una fuerte personalidad, dueña de un carácter que la hacía singular y distinta, carismática, imponente e inolvidable. Y esto no sólo por sus habilidades como docente de la lengua española, sino por haberles logrado transmitir una visión del mundo auténtica y sincera, por ser ajena a hipocresías y prejuicios morales, por su talante luchador y dialogante. Me permito copiar algunas anécdotas y recuerdos de Mr. Woodford, que trasladan mejor esta fascinación que "Scori" ejercía sobre los estudiantes: Ella decía que de pedagogía y metodología no sabía nada. No obstante, nos inculcó un profundo interés y afecto por España y todo lo español. Además, nos abrió los ojos a un sentido moral muy distinto al que estábamos acostumbrados en los EE.UU. de los años 50. Un ejemplo: en una misma semana, en la biblioteca de Montclair hubo dos incidentes. En uno, una pareja fue descubierta in fraganti. Las autoridades expulsaron a la muchacha de la universidad. Al muchacho le dieron un castigo mínimo. El otro incidente fue la destrucción de un antiguo y valioso libro. Un estudiante lo rompió para sacarle una lámina. Ese estudiante también recibió un castigo mínimo. La reacción de la señorita Escoriaza [...] fue impresionante. Se puso como una fiera. Después de medio siglo no me acuerdo de las palabras precisas, pero el significado era que nosotros, los norteamericanos, teníamos un sentido moral perverso. Que lo que hizo la pareja era de mal gusto, pero que no merecía castigo, y que si se impusiera uno, por qué habría de ser distinto para el varón que para la joven. Y que lo que hizo el chico del libro fue realmente un crimen: fue destruir el patrimonio de todos. Con eso ella se marchó del aula sin dictar la clase aquel día. Pero nos hizo pensar. Dos estudiantes suyos, uno de familia española, otro no hispano, pero también excelente estudiante, atormentaban a un profesor de lingüística que sufría de nervios a causa de la guerra mundial. Cuando "Scori" se enteró de lo que ocurría, se enfrentó con los dos y ante todos nosotros los llamó gangsters y no sé cuánto más. Los dos, muy bravucones, se convirtieron en corderitos ante la ira de la profesora. Entre otros muchos detalles, algo más admiraba a los jóvenes universitarios: "Ella era elegante. El profesorado, en general, no se ocupaba de su vestimenta.'Scori' sí se ocupaba. Parecía que salía de las páginas de Vogue, y esto cuando tenía entre 60 y 70 años". Estos recuerdos podrían multiplicarse, pero creo que los anteriores bastan para conocerla un poco más, y abonan la impresión que ofrecen sus artículos y demás textos citados a lo largo del ensayo. Su compromiso pedagógico con la enseñanza del español la enroló en un proyecto compartido con Margaret B. Holz, jefe del departamento de lenguas extranjeras en New Jersey State Teachers College, con la que editó y preparó para las clases de español, hacia 1935, el libro de Guillermo Hernández Mir, El patio de los naranjos. En 1929, la profesora Holz había puesto en marcha un activo servicio de intercambio becado entre Montclair y varios centros extranjeros; labor que, años más tarde, elogiará Escoriaza en una breve nota necrológica redactada tras la muerte de Holz, en la que pondera la importancia que para los aprendices de cualquier idioma tiene cultivarlo en su propio país y con nativos (Escoriaza, diciembre 1936). La Guerra Civil convirtió en exilio la estancia de Teresa en Montclair. Pasa, desde entonces, a formar parte de la colonia de intelectuales españoles que se instalan en los EE.UU. y que se emplean como docentes en varias universidades. Tal vez estableció relaciones con algunos de ellos. Con quien sí continuó manteniendo un estrecho contacto fue con su antiguo compañero y amigo, el director de La Libertad (además de muy interesante poeta y novelista), Luis de Oteyza (Zafra, Badajoz, 1883). Él le brinda su primer trabajo como corresponsal y, a partir de aquí, comparten otros varios intereses vitales y proyectos de trabajo, así como una misma ideología, proclive al socialismo y la República 12. Algunas de las novelas de mayor repercusión de Oteyza, El Diablo Blanco y El tesoro de Cuauhtémoc, sirvieron de texto para la enseñanza del español en las universidades norteamericanas. En 1930, un viaje realizado a Nueva York dio lugar a Anticípolis (1931), en donde relata su visión de esta ciudad del futuro, ensayo para él de lo que luego ocurrirá en el resto del mundo. La novela va dedicada a Margaret Holz, a la que podría haber conocido a través de Escoriaza. 67), los tres colaboraron en algunos planes relacionados con la docencia del castellano. Teresa de Escoriaza viajaba con frecuencia a este país para visitarle. Escoriaza nunca se casó. En varios de sus artículos manifestó que las mujeres podían ser y desarrollarse sin necesidad de tutela masculina, lo que no quiere decir que renunciase al amor ni al sexo, que también entendió de forma libre. Tras finalizar la Guerra Civil una hermana suya -María del Coro Escoriaza, viuda de Carlos Gómez Carrera, Bluff, caricaturista de La Libertad, que había sido fusilado en junio de 1940-y su hija María Olivia, se trasladaron a vivir con ella. Madre e hija lograron salir de España con destino a Cuba, adonde fueron reclamadas por su pariente, que consiguió su entrada en Norteamérica. Vivió luego en California hasta su vuelta a España y a su tierra de origen, el País Vasco, y murió, el 18 de julio de 1968, en San Sebastián, donde fue enterrada con su familia. Dos años antes de su muerte, pudo realizar un viaje a Marruecos, tal vez un regreso nostálgico a la energía y las ilusiones de la juventud. Con motivo de su fallecimiento, el periódico Montclair Times (19 septiembre 1968) hace un resumen de su extraordinaria biografía y destaca los hitos de su carrera como periodista y enseñante. Esta es, en definitiva, la historia de una persona enérgica, combativa, crítica, liberal, valiente, moderna, de gran cultura, sorprendente para su tiempo y que abrió caminos por los que habrían de transitar las mujeres del futuro. No hizo política y sólo perteneció (que yo sepa) a una asociación de carácter reivindicativo: la Panamerican Women's Association. Todavía hoy algunos de sus convencimientos son fuente de reclamaciones. Tal vez su larga ausencia de España la ha situado al margen de la bibliografía sobre mujeres y feminismo. Fue pionera en muchas actividades y actitudes; se atrevió a desafiar, a condenar y a vindicar lo que le parecía más oportuno en cada momento. Viajó sola, emprendió trabajos de hombres y entre hombres, y no se amilanó, no se acomodó ni transigió. Fue una buena periodista y una feliz escritora. Después de todo lo expuesto, no puedo cerrar sino indicando que este artículo no es sino un pobre borrador de una vida intensa y atrayente. Lo de menos es que su protagonista fuese una mujer, aunque el hecho de serlo dice mucho acerca de la osadía y de la inteligencia de Teresa de Escoriaza. navia, en 1937navia, en (Rodrigo, 2003)) Zabalza nació en esta capital el 9 de diciembre de 1891, hija legítima de Blas de Escoriaza, natural de Tolosa (Guipúzcua), secretario del tranvía, y Dolores Zabalza, natural de Pamplona (Navarra). Hay un error en los archivos de la Seguridad Social de EE.UU. (Social Security Death Index), que indican como fecha de nacimiento el 7 de diciembre de 1893. Este error procede de los registros de entrada de inmigración en Ellis Island. 3 Estos datos, y los que más tarde mencionaré de su segundo viaje a Norteamérica, proceden de la página The Statue of Liberty. Ellis Island Foundation Inc., www.ellisisland.org, donde se reproduce la documentación oficial de la oficina de inmigración radicada en el puerto de Nueva York. Ma Olivia Gómez Escoriaza de Yule, sobrina de Teresa, me remite una copia de una oferta de trabajo remitida por Bryn Mawr a Teresa de Escoriaza el 28 de noviembre de 1917. A lo largo del ensayo utilizo datos e impresiones que proceden de la misma fuente. Me gustaría que este artículo pudiera corresponder a la amabilidad y el afecto con que la Sra. 5 Resume el sentir general de este volumen de crónicas Sánchez Suárez (2004). 6 Carmen de Burgos, Colombine (Rodalquilar, Almería, 1867-Madrid, 1932), cuya firma se reitera en la prensa madrileña desde principios de siglo, coloca el siguiente preámbulo al frente de la novela: "Lector: he escrito esta novela en el campamento, con el mismo brazo que acaba de curar heridas de verdad... / Por eso hay un raro temblor en ella. / Impresionada por las desgarraduras y crudezas de la guerra vista frente a frente, sin telégrafo ni censura por medio, necesitaba una sangría que me aliviara de todo el exceso de sangre que bebieron mi ojos y de cuya carga deplorable no sabía cómo aligerarme... A esa necesidad urgente se deben estas cuartillas atormentadas y cruentas. Otra adelantada en similares menesteres fue Sofía Pérez Casanova (La Coruña, 1861-Poznam, 1958), cuyas crónicas de guerra (luego recogidas en los libros De la guerra. La discusión se inicia en las páginas de La Libertad (hace un resumen la propia Escoriaza en "Dúplica a una consulta. Gabriela Mistral, o la crueldad araucana", La Libertad, 29 julio 1933) y sigue en la revista Repertorio Americano (San José de Costa Rica). 10 El espacio me impide extenderme en las conexiones y diferencias entre las opiniones de Escoriaza y las de los muchos escritores españoles que, por similares fechas, escriben acerca de Nueva York. Un trabajo muy citado en este sentido es el de Dionisio Cañas (1994), en el que, aunque no figura El crisol de las razas, se traza un comprensivo panorama sobre el tema. Al respecto, el reciente trabajo de Barrantes Martín (2006). 11 Esta información, y la que sigue, me la proporciona su alumno en Montclair, el citado Mr. Woodford, a quien agradezco mucho su ayuda. Quedo también agradecida a la Prof. Linda Gould Levine, que me puso en contacto con él. 12 En la biografía de ambos se advierten varios puntos de contacto. Oteyza mantuvo algunas discrepancias con los republicanos a partir de 1936 (ibidem, 22).
Al hilo del verso de Arturo Serrano Plaja, "Mirando en la memoria las señales...", argumentaba yo, en un artículo de 1999 (Ínsula 18), que ese verso me resultaba más fructífero, y más cargado de sentido y de razón, que este otro, "Hacer de olvido un pacto a la memoria", de la "Elegía a la ausencia de la patria" de Enríquez Gómez (Guillén 102). Cuando se trata del olvido histórico, esta última opción en absoluto ha de ser la única opción, y ni siquiera una opción. Porque de ser así estaríamos nuevamente ejerciendo una forma de violencia, en este caso contra la memoria histórica -en la que se ha de incluir la memoria personal y la colectiva (Halbwach)-. Max Aub, en "Franco en la UNESCO", artículo publicado en 1953, decía: La actualidad es gran comedora. Sin embargo, el hombre lo es porque, entre otras cosas, no olvida. Pero la política le lleva mil veces a borrar palabras y hechos de la memoria porque ésa es la medida de las conveniencias. Los buenos políticos suelen tener mala memoria; mas el escritor vive de ella y por ella se hace. Divergencia fundamental que puede explicar el fracaso de tantos escritores, si lo son de veras, metidos a políticos. Las obras sólo quedan de la voz de la fama; y nosotros luchamos contra el olvido. Los políticos llegan al recuerdo -que es la Historia-a fuerza, muchas veces, de lo que llaman contemporizar; es decir, ser contemporáneo, olvidar lo pasado con tal de asegurar el paso inmediato, transigir, condescender, mentir. No son estas prendas del escritor, como no sea por juego (Hablo como hombre 134). Ese "contemporizar", ese "olvidar lo pasado con tal de asegurar el paso inmediato, transigir, condescender, mentir", que Aub adscribe a los políticos, es aplicable, aunque sólo sea de manera parcial, al pacto de olvido sobre el que se ha construido -¿era una necesidad o una claudicación?-la transición. Un pacto que, como el tiempo se está encargando de demostrar, viene vulnerando -¿han sido y son amargos posos de tan larga derrota esos peajes del entreguismo posibilista?-el derecho y el deber de toda nación, del conjunto de la ciudadanía, a conocer su pasado. Un derecho y un deber que se conjugan perfectamente con la praxis socio-política de construir el presente y el futuro sobre unas bases debidamente cimentadas. Paul Valéry había escrito en una ocasión: "Lo que más me llama la atención del acto de recordar no es el que repita lo ya ocurrido sino que sirve de alimento al presente." El profesor Manuel Tuñón de Lara, que pasó más de treinta años en el exilio, recordaba, en su "Última clase magistral", que para Bloch "la historia es la ciencia del devenir de los hombres en el tiempo, que viene de ayer y va hacia mañana"; y, a partir de esa definición, argumentaba que para pensar en el mañana tenemos también que pensar en el ayer, conocer el ayer. Y necesariamente para eso los pueblos se ven obligados a recuperar su memoria colectiva cuando ésta, como ha habido casos, les ha sido arrebatada, ocultada o falsificada. Nosotros [los españoles] hemos pasado por eso como otros pueblos, como el pueblo alemán, como ha pasado con los países del Este, etc. (De la Granja 454). Pero España presenta, no es menos cierto, unas variantes tan peculiares y distintivas que hacen que su caso no sea del todo equiparable al de esos otros pueblos. La principal de esas variantes es que en España triunfó, en 1939, el fascismo del nacional-catolicismo y se mantuvo, durante cuarenta años, en el poder. Esta variante vulneró en su momento, y lo sigue haciendo hasta hoy, la función -según Tusell-de la memoria "como elemento que configura espiritualmente una sociedad, y, además, es indicio de los cambios que en ella se producen". Y añadía Tusell a continuación: Un ejemplo muy obvio es el de la guerra civil española. Su recuerdo contribuyó durante años al mantenimiento del régimen franquista, incluso, por paradójico que parezca, en una parte de los vencidos. Con el paso del tiempo, sin em-bargo, la memoria de la guerra civil sirvió de acicate para la transición cuando actuó como una especie de espada de Damocles sobre la clase política, recordándole que se podía producir una recaída en un conflicto civil como el de los años treinta (Tusell 2002). Por contra, en la Europa donde el fascismo fue derrotado, "la memoria colectiva fundamental ha sido la del antifascismo y la de la victoria de 1945; ambas han permitido una configuración de la unidad política cuyas consecuencias vivimos en el año 2002" (Tusell 2002). Desde la perspectiva de un país vencido, decía Günter Grass en "Recuerdo..." esto que sigue, que ni siquiera mínimante se plantean los vencedores y verdugos franquistas de otrora, ni -esto es lo más grave, si cabe-sus últimos retoños, ahora que de facto ha sido vencida/sustituida la dictadura por una cada vez menos bisoña democracia que se va acercando más y más, aunque con sus escollos, a los principios del viejo republicanismo: Recordar es arduo sobre todo para la generación de más edad. Tal vez por eso se nos ha ocurrido a nosotros los alemanes la nueva expresión "labor de recordar", típica y enfatizadora de un lugar común. Se reclama como confesión de culpa, se rehusa como insolencia y se cumple con empeño, porque desde hace décadas, cada vez que el pasado nos vuelve a dar alcance, se absuelve como un ejercicio obligatorio, y, desde los años sesenta, también por parte de las sucesivas generaciones que entonces eran jóvenes, las que se supondrían libres de cargos. Es como si los hijos y los nietos quisieran recordar en nombre de sus callados padres y abuelos. Hoy en día no pasa una semana en que no se prevenga contra el olvido. Una vez que, como se esperaba, hemos recordado bastante a menudo el número tan alto de judíos perseguidos, exiliados, asesinados, recordamos tarde la deportación y el asesinato de decenas de miles de gitanos. Para muchos demasiado tarde, ahora estamos obligados a recordar el destino de cientos de miles de trabajadores forzados que llegaron de Polonia, de la Unión Soviética y de muchos otros países y fueron colocados en las cadenas de montaje de la industria bélica alemana. Y poco más adelante añadía Günter Grass: A veces sucede que los extranjeros nos observan llaman suplicio autoinfligido a la actitud de los alemanes de recordar su pasado, con lo que de paso se dice también que nuestro recuerdo es un suplicio. Pero no se le ve venir el final. Cuando planeamos el futuro, el pasado ya ha dejado sus marcas de olor en tierra supuestamente virgen y ha hincado señales que remiten a tiempos dejados atrás. Tras lo anterior, y a modo de conclusión, recordaba Günter Grass, en ese mismo artículo, que el escritor húngaro Gyorgy Konrad, poniendo la mirada en la historia de Europa, ha dicho: "Recordar es humano, podemos decir que es en sí lo humano". Acaso sea así porque por encima de todo queremos ser acto y parte, o expectación de conseguir serlo, en un presente y en un futuro, que vienen de un ayer y que, como eslabones de una misma cadena, intuimos al alcance de nuestras manos. Necesitamos, ahora y siempre, atisbar un horizonte en el que nuestros deseos individuales y colectivos, privados y públicos, cuyas raíces se asientan en los predios de un largo ayer del que venimos, puedan tener cumplimiento en estas horas de hoy y en las de mañana y en las de otros muchos mañanas. Para ello, no podemos ni debemos contentarnos con un eslabón (Carnés). Queremos, en suma, tener, como esa zigzagueante y temblorosa flecha, a la que hace referencia Aristóteles en Ética Nicomáquea (I, 2), un objetivo, una finalidad, un sentido: Si existe, pues, algún sentido (télos) de nuestros actos que queramos por sí mismo y lo demás por él, y no elegimos todo por otra cosa -porque así se seguirá hasta el infinito, de suerte que el deseo sería vacío y vano-, es evidente que ese sentido y plenitud será lo bueno y lo más excelente. Y así, el saber esto, ¿no tendrá gran influencia en nuestra vida y como arqueros que saben también a dónde dirigen sus flechas no dirigiremos las nuestras hacia donde debemos? El exilio es la quiebra del arco y de la flecha; y también del arquero, de lo que "podemos decir que es en sí lo humano". Esa quiebra compendia, en el siglo XX, el gran efecto devastador del fascismo, efecto que perdura y envenena y distorsiona y... neurotiza el hoy, este hoy español. Esa trágica quiebra es todavía una herida del pasado que no parece tener cura. Con envidiable firmeza -envidiable firmeza porque no es un supuesto sobre el que hemos construido en España la transición-, Michelle Bachelet daba, al poco de ser elegida presidenta de Chile, una infalible receta: "Las heridas del pasado se curan con más verdad." Peter Brooks, en Psychoanalysis and Literature, coincidía con lo declarado por la nueva presidenta de Chile, y daba para ello este pequeño argumentario: En "Continuará...", el discurso de título alegórico que pronunció Günter Grass en Estocolmo en el acto de la entrega del Premio Nobel de Literatura 1999, sacó a colación la frase de Theodor Adorno: "Escribir un poema después de Auschwitz es algo bárbaro, y eso corroe también la conciencia de por qué se hizo imposible escribir hoy poemas..." Günter Grass explicó en esa ocasión su desacuerdo con Adorno, arguyendo que se podía y debía seguir escribiendo después de Auschwitz, convirtiendo la poesía o la prosa, como hizo él y su generación, "en memoria y sin dejar que el pasado acabase..." Sólo así "se pudo mantener abiertas las heridas y compensar el deseado y prescrito olvido con un tozudo' Érase una vez...'" Estas palabras las podrían haber hecho suyas muchos escritores españoles sólo si en España hubiera sido derrotado, en 1939, el nacional-catolicismo. Como en España, a diferencia de en Alemania donde en 1945 fue derrotado el nacional-socialismo, no se dio esa condición, las conciencias críticas con el régimen franquista, que no fueron encarceladas -caso de Miguel Hernández-o asesinadas -caso de Federico García Lorca-, abandonaron el país, dando comienzo a un largo exilio. Desde ese momento, narrar las heridas y traumas de ese ayer se convirtió para ellos en una obligación y una necesidad inexcusables. Los que por diversas circunstancias permanecieron en el interior de España presos, en libertad condicional o en distintas formas de clandestinidad (Molina, Hermanos), sujeto todo el país a un férreo control militar, tuvieron que dejar de escribir, o lo hicieron para, dentro de unos márgenes muy estrechos, dar testimonio de la realidad. En la España de posguerra son manifestaciones estéticas de esa angostura el tremendismo y el existencialismo, en novela (Martínez Cachero; Barrero); el garcilasismo, en poesía (De la Concha); y el posibilismo, en teatro (Caudet 1984). También hubo quienes escribieron novela, poesía y teatro para lanzar salvas en honor del régimen (Caudet 1992). Con independencia del género, cabe partir de la existencia, en los tiempos de la dictadura franquista, de tres literaturas. Dos en el interior: una, afín o cercana al sistema; y, otra, la que empezó a entrever, con las limitaciones estéticas del existencialismo o el tremendismo, algunas de las grietas de aquella España. Desde mediados de la década de 1950, una nueva generación de escritores empezó la ruptura con el régimen que apenas habían soñado, si es que tuvieron ese sueño, los tremendistas y existencialistas de la década de 1940 (Sobejano; Sanz Villanueva). La tercera es la literatura del exilio. Importa destacar que esas tres literaturas tienen, a pesar de las diferencias que hay entre ellas, una historia común porque, a fin de cuentas, representan tres maneras de habérselas con la realidad española del momento. En la literatura del interior el "Érase una vez..." estaba fuertemente condicionado por la censura, aunque, en el caso de la literatura afín y/o servil a la dictadura, los escritores aceptaban, identificados con el régimen, las mediaciones y servidumbres que éste imponía. Pero, insisto, esas dos literaturas eran, cada una a su manera y con variaciones de importancia, expresión de aquella España que se hallaba bajo el implacable control de un militar africanista (Balfour), cuyo régimen dictatorial difícilmente se le puede aplicar el calificativo, según la propugna Juan Linz, de régimen autoritario (Linz), ni parece ajustado a los hechos la manera en que lo describe el historiador Javier Tusell: "El 'franquismo' consiste [...] en una mentalidad que en esencia no es sino el resultado negativo de la experiencia republicana visto desde una óptica conservadora (en este sentido el régimen es, por excelencia, la anti-República" (Tusell 1975, 382). A las víctimas, así, se las culpabiliza. Hay muchas maneras de hacer la apología del franquismo. O simplemente, hay muchas maneras de distorsionar la realidad del franquismo, una brutal dictadura que lo fue desde el comienzo hasta el final. Paul Preston, en "La crisis política del régimen franquista", hace este balance de los últimos años del franquismo: En los años siguientes al asesinato del almirante Carrero Blanco, llevado a cabo el 20 de diciembre de 1973, España experimentó un período de actividad política mucho más dramático del que fuera posible durante los treinta y cuatro años precedentes de la dictadura de Franco. Esto no significa, sin embargo, que se produjera un relajamiento de la maquinaria represiva del régimen. Por el contrario, a lo largo de los años 1974 y 1975, la represión bajo la forma de arrestos masivos, torturas y ejecuciones, así como la facilidad por parte de la policía y Guardia Civil en hacer uso de las armas, se incrementó hasta niveles nunca vistos desde la década de los cuarenta (Preston 11). En la literatura del exilio se podía hablar en libertad del tiempo pasado, del "Érase una vez...", pero los escritores, como exiliados que eran, estaban excluidos del devenir de su país, no eran ya parte del "Continuará...". Sus narraciones, poemarios, obras de teatro. Incluso ensayos, despojados de su espacio natural y condenados a ser un eslabón desprendido de la serie temporal, eran víctimas igualmente de esa grave, y por partida doble, mutilación. Francisco Ayala argumentaba, en "La cuestionable literatura del exilio", esto que sigue que no solamente es aplicable a la literatura: En cuanto a la novela del exilio... no se sabe qué hacer con ella. Quiero decir que los estudiosos, los historiadores y profesores que se ocupan de establecer panoramas de la literatura española (entiéndase, la de los territorios a que se extiende la soberanía del Estado español, segregada del cuerpo de las letras hispanas, forman la gran literatura española) hacen en sus esquemas un embarazoso apartado para meter ahí como en un ghetto las obras de los exiliados. El expediente es torpe y -supongo-insatisfactorio para quienes lo usan. Varios novelistas del exilio teníamos ya establecida una posición en las letras españolas antes de la guerra civil (a Sender, por ejemplo, se le había concedido el premio nacional de literatura); y algunos hemos vuelto a incorporarnos a la actividad literaria de este país con obras escritas y publicadas de nuevo aquí. Nuestra labor tiene una continuidad dentro de la cual el exilio constituye, en la particular experiencia de cada uno, una circunstancia vital que no parece justificar la exclusión de nuestro nombre del cuadro de la literatura contemporánea para arrinconarnos en una especie de lazareto (Ayala 1981). Llegados a este punto, mi primera propuesta va dirigida a cuestionar la validez de iniciar la historia de la literatura de la posguerra con La familia de Pascual Duarte (1942), Hijos de la ira (1944) e Historia de una escalera (1947). Se comprende, aunque no es justificable, que durante la larga dictadura se fuera escribiendo la historia de la literatura a partir de la producción literaria realizada en el interior del país y hasta se comprende, aunque tampoco resulta justificable, que se valoraran como hitos, o marcadores decisivos, ciertas obras y fechas -en particular la novela, el libro de poesía y la obra de teatro que acabo de citar-en el contexto del desierto cultural en que aparecieron. Pero ya no se puede mantener más ese criterio como indisputable. Porque en el exilio, desde que terminó la guerra, se hizo novela, poesía y teatro y habría que plantearse si es válido escribir la historia de la literatura española de posguerra desde el exclusivismo de una equívoca territorialidad cuando muy bien, como es mi propuesta, la literatura española de la posguerra debe empezar a historiarse incluyendo -o incluso, sobre todo en los años cuarenta y cincuenta, desde y/o en función de la extraterritorialidad (Steiner 1977). Para el estudio de la literatura española de 1939 en adelante resulta indispensable recuperar autores y obras fundamentales del exilio. Lo es porque sin esos autores y sus obras no se puede escribir la historia de la literatura española de ese período, ni de la que le precede ni de la que le sigue. La historia de la literatura española, cuando se empiece a prestar la debida tasa de atención a estas premisas -y ya es urgente que se haga-, se habrán de hacer nuevos planteamientos y no pocas rectificaciones. Urge, para empezar, reconocer y aceptar que la historia de la literatura española a partir de 1939 está mal historiada, mal narrada. Historiar y narrar, que es una y otra cosa lo mismo, exige relacionar todos los hilos sueltos y encontrar entre ellos las conexiones que les son esenciales. Es el paso previo al acto de historiar/narrar. Porque no hay otra manera de transmitir el significado de lo acaecido. Tal como está narrada la historia de la literatura española, que quedó por fuerza mayor desmembrada en 1939, hay un "development" y un "unfolding" pero se deja de lado -todavía cuarenta años después de haber muerto el dictador-una parte fundamental de "what connects". Las historias de esa literatura, que apenas toman en consideración a los autores del exilio, cuando lo hace es para utilizarlos con una finalidad torticera. No se ha planteado aún qué hacer con esos autores y se persiste en privilegiar a los del interior a costa de, desfigurando el todo, el conjunto. A algunos autores del exilio se les ha incorporado a la historia de la literatura, pero como parte del canon ya establecido. Con esa vuelta al interior de algunos autores exiliados, en vez de cuestionar y problematizar el canon se le refuerza. Después de cuarenta años de haber muerto el dictador son convenientemente utilizados tales autores exiliados para dejar las cosas como estaban y como se pretende todavía que sigan estando. A lo que se ve a nadie interesa reconocer -es la aplicación a la historia literaria y cultural de España del pacto de silencio sobre el que se sentaron las bases de la transición-la condición de literatura trunca que la guerra y el exilio impusieron a la literatura española. Pero este reconocimiento -acaso por eso hay tantas resistencias-es una premisa sine qua non para empezar a plantearse cómo pensar y escribir de otra manera la historia la literatura española. No se puede continuar dando como un hecho irrefutable que la literatura española reinició sin más, a los pocos años de haber terminado la guerra, su andadura y que lo hizo simplemente entroncando con su tradición -bien sea, la picaresca, el realismo barojiano o el garcilasismo-. Pasó ciertamente eso en la España pero no pasó sin más porque no es eso lo que pasó a toda la literatura española, en la que hay que incluir también a la que se estuvo haciendo en esos años fuera de España. Pretender, todavía hoy, que esa literatura no cuenta para nada, o es en el mejor de los casos una rama desgajada del tronco que quedó en España, es un despropósito académico que, de un lado, pone en evidencia una lamentable falta de criterios objetivos y científicos y, de otro, aboca a desterrar definitivamente de la historia literaria -y civil-de Espa- ña al grueso de los hombres de letras que tuvieron que abandonar el país. La partidista manera en que Marías y Bleiberg dejaron, a numerosos autores exiliados fuera de la primera edición Diccionario de Literatura (Bolinger), ha dado paso a la ausencia de criterio con que se continúan escribiendo, más de sesenta años después, la mayor parte de las historias literarias de ese período. La política de la desmemoria y de la desinformación sobre el pasado persigue la meta última de evitar que la ciudadanía descubra los horrores del ayer, sean recordadas las víctimas, se les haga una debida restitución y se pase juicio a los verdugos. Con esa estrategia no se ha sido posible ni lo es aún partir del pasado para, desde él, encontrar los perfiles constitutivos de la cadena histórica. Resulta más que previsible que a los exiliados y a las víctimas de la represión franquista les espere también en futuro, al menos en amplios sectores de la sociedad española, la misma suerte que a la Historia: grandes dificultades para que puedan ser incorporados, con todo lo que ello implica, a la cadena narrativa. Digo que es así al menos en amplios sectores de la sociedad española porque se está produciendo una brecha cada vez mayor entre lo que piensa una y otra parte de la ciudadanía. Progresivamente, el tema del exilio y de la represión cuenta ya con investigadores, en algunos casos trabajando en grupos, que se dedican cada vez con más ahínco a ambos temas, y porque han aparecido últimamente asociaciones de ciudadanos, como la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica o "Amigos de los Caídos por la Libertad", que se están movilizando. La obra literaria desarrollada en el exilio es, sobre todo después de la muerte de Franco, la que más posibilidades ha tenido de regresar e integrarse en España. Pero como una coartada, a menudo muy sutil. Muy sutil porque -lo apuntaba más arriba-regresa a España la obra literaria de algunos exiliados y se la incorpora al patrimonio cultural nacional y, en ese punto, se la desgaja del proyecto republicano y del grueso del exilio. Si bien los escritores exiliados pretendían tener su base social, la de los exiliados y la de los países que les dieron albergue, y mantenían además la ilusión de estar haciendo una obra de creación que en el futuro habría de integrarse en el legado cultural de una España igual o parecida a la que tuvieron que abandonar, lo cierto es que los escritores exiliados apenas tuvieron incidencia en esa base social que -insisto-estaba formada mayoritariamente por clases trabajadoras. Pero esas clases sociales fueron su público durante la República y, sobre todo, durante la Guerra Civil (Salaün). ¿Qué había ocurrido para que en el exilio hubieran dejado de serlo? ¿Qué se hizo para que volvieran a serlo? ¿Puede darse la paradoja de que los intelectuales acabaron exiliando de su exilio a aquellas clases que representan el grueso del exilio? ¿O acaso terminaron exiliándose a sí mismos de esas clases que compartían con ellos la misma condición de exiliados y los mismos horizontes de restaurar en España la República? Estos interrogantes me llevan a hacerme la pregunta, no menos grave y no menos difícil de responder, de si no estaremos los estudiosos del exilio literario republicano exiliando al grueso del exilio no literario por no ser exilio literario. Por otra parte, si continuamos estudiando la obra literaria del exilio solamente como obra literaria, me temo que terminaremos exiliando la literatura del exilio del proyecto republicano. A la fecha, el exilio republicano es un valor políticamente en alza siempre y cuando sirva para legitimar la transición. El exilio republicano es un valor a la baja, y de él se desentienden los políticos y sus gestores culturales, si cuestiona o pone en entredicho esa necesidad. Es un valor en alza honrar a los grandes escritores del exilio pero quitando hierro a su condición de exiliados y olvidando su condición de republicanos. El énfasis se pone en las maravillas de su arte de escribir, en la españolidad de ese arte, en incorporar ese arte al canon de las letras hispanas. Así va convirtiendo el poder a esos autores en una coartada (Ayala 1981). Ese discurso olvida, de manera interesada -hay también mucha ignorancia, el mundo académico es en España lo que es..., duro es decirlo y más admitirlo-, que ese arte se creó en una situación histórica límite y que no se puede segregar de esa situación, que cabe calificar de genocidio. Importa y mucho, claro está, recuperar el corpus literario que, a pesar de todo, llegaron a crear unos autores de excepción, pero ese arte nunca debería ser utilizado para, de una u otra forma, contribuir a legitimar una situación histórica, la transición. Ni tampoco debería ser instrumentalizado para olvidar que el exilio republicano de 1939 fue un exilio de intelectuales y de clases medias y trabajadoras, estando unos y otros unidos en el mismo proyecto de cambiar en profundidad las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales del país. Ese proyecto fue masacrado y continúa, para todos los efectos, en el exilio. Reintegrarlo plenamente y con todas las consecuencias a la sociedad española actual, equivaldría a reconstruir la historia de esa masacre, recordar a los culpables y reparar, aunque solamente sea nombrando a las víctimas y a los verdugos, los daños históricos. Esa historia debe necesariamente incluir -es otra de mis propuestas-a los que sufrieron el exilio exterior y el exilio interior. Son dos caras de la misma moneda y a esas dos caras el franquismo las persiguió con la misma saña. En 1939 tuvieron que abandonar el país a la fuerza -no se exilia nadie por voluntad propia-unos 250.000 republicanos y en el interior, entre 1939 y 1945, fueron fusilados o murieron en la cárcel aproximadamente el mismo número de presos políticos. Las cifras de la represión franquista en los primeros años de la posguerra oscilan en torno a un número de víctimas no inferior a 150.000. Rafael Abella, por su parte, señala en Por el Imperio hacia Dios: Tan sólo hay un dato -que damos con ciertas reservasproporcionado por el Ministerio de Justicia que habla de 192.684 personas "ejecutadas o muertas en prisión"; entre 1939 y 1944, lo que deja la incógnita de óbitos debidos a una u otra causa (Abella 56). El profesor Fontana, que destaca de la represión franquista su naturaleza y función política, baraja unas estadísticas de ejecuciones que evidencian que predominaron "de manera aplastante los campesinos y obreros". A la tragedia de cerca de 200.000 exiliados hay que sumar la tragedia de las víctimas de la represión en el interior de España, que se acerca a los 200.000, e incluso supera esa cifra de fusilados si se le añade la de presos políticos del franquismo que murieron en la cárcel, como ocurrió con Miguel Hernández, de hambre y enfermedades (Casanova). Todo ese pasado no se puede borrar con un pacto de silencio. Esa imposibilidad hace a su vez inviable que sobre ese pacto se pueda construir un nuevo proyecto de país. Porque ese pacto, legitimador de ese nuevo proyecto -la llamada transición-, está construido sobre unas bases ilegítimas. Hace poco, Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, escribía en El País: El proceso de recuperación de la memoria y del conocimiento de la dura realidad de la guerra civil y del franquismo evidencia la necesidad que tiene la sociedad española de conocer su historia reciente. El impacto causado por la exposición sobre el exilio, realizada recientemente en Madrid (Exilio 2002), la apertura de las fosas comunes o el documental sobre los niños secuestrados a las presas republicanas, es un reflejo del desconocimiento generalizado de esa parte de la historia. Amplios sectores sociales se encuentran sorprendidos por lo que están conociendo, y los que ya lo conocían y lo padecieron están necesitados de reconocimiento, de ver ese reflejo de sus vidas en espacios públicos. Si no seguimos el proceso de países como Alemania o Francia en la revisión del pasado relacionado con el fascismo, y no se habla y se cambia el significado de ese pasado y de nuestra relación con él, seguirán en nuestra identidad y habitando en nuestro inconsciente colectivo efectos que causó directamente la dictadura (Silva). A continuación, Emilio Silva denunciaba que uno de los efectos del pacto político de no revisar el pasado ha sido la pérdida de la memoria histórica, lo cual ha afectado particularmente a las nuevas generaciones de españoles: Decenas de miles de jóvenes españoles no han estudiado en sus centros de enseñanza ni la Segunda Repúblíca, ni la guerra civil, ni la dictadura franquista. Es posible que la causa sea lo extenso de los programas académicos pero, ¿qué jóvenes está educando nuestra sociedad para los que esa parte de la historia no es su historia? ¿Qué identidad están tejiendo ajenos a esos acontecimientos? La recuperación de la memoria debe servir para poner las cosas en su sitio, para acercarnos a la realidad, a toda la realidad, sin temer que nadie vaya a cortar lo que está brotando. Una alumna de la asignatura sobre el exilio que impartí el curso pasado, escribía en el examen: Hay una idea que ha cambiado completamente en mí. Cuando intentaba pensar lo que era el exilio siempre pensaba en escritores que se habían ido de España para poder expresar sus ideas sin miedo alguno. Ahora me he dado cuenta que el exiliado es cualquier persona, no tiene por qué ser un intelectual del momento. La mayoría de los exiliados eran gentes completamente normales, personas de a pie, que no andaban de acuerdo con las ideas que les imponían. Estas personas renunciaron a su país, a sus familias para poder vivir y pensar libremente. Lo que no podían imaginar era el dolor tan desgarrador que esto les supondría. Otra alumna de la misma clase hacía este comentario en su examen: Del exilio, a los de mi generación, no se nos ha hablado. Posiblemente hay quien lo descubrirá ahora, a través de un suplemento cultural (Exilio. Leyendo yo hace unos años La voz dormida, novela de Dulce Chacón sobre las presas políticas en la inmediata posguerra (Chacón) me decía a mí mismo que el día que estalle este pasado en la sociedad española, ¿qué será de todos nosotros? Cuanto más nos alejamos de ese pasado, de sus monstruosos crímenes, resulta ese pasado criminal más horroroso; muchos de nosotros, que pertenecemos a otras generaciones posteriores y no hemos participado en ese pasado, nos vamos sintiendo, y lo somos, culpables. Porque hemos callado y el silencio nos vuelve moralmente cómplices y culpables... Hace poco decía Eduardo Haro Tecglen en su columna de El País: Estamos en un momento más "histórico", si tenemos en cuenta los años transcurridos desde la última democracia real (1931)(1932)(1933)(1934)(1935)(1936), y ahora por primera vez se advierte que la democracia está falsificada desde la transición, que a fin de cuentas fue un pacto de conveniencia y nada más entre un grupo de políticos atenazados por el miedo; y que esta democracia y esta idea de libertad ha caído vertiginosamente en los últimos tiempos, con un infantilismo que la aproxima mucho al de las dictaduras (Haro Tecglen). Ese diagnóstico hay que relacionarlo con lo que, con su pizca de ironía, cabría llamar efectos colaterales de la pérdida de la memoria histórica. El pacto de silencio sobre el que se armó el ingenio de la transición ha permitido que poco a poco se haya ido abriendo paso -primera gran efecto colateral de la pérdida de la memoria histórica-la tesis de que la actual democracia española es resultado del paternalismo benefactor de una dictadura, a la que todos llaman el "régimen anterior" y cuyas estatuas campean por sus anchas en las plazas y parques de casi toda España. Pues bien, la sociedad española, salvo algunas minorías que suelen coincidir con quienes han sido y en buena medida son aún poderes fácticos, tiene contraída ninguna deuda con el dictador. Al contrario, el dictador, vivo y muerto, ha sido un impedimento para que la sociedad española consiga recuperar el sistema de convivencia en libertad que los españoles se habían otorgado en tiempos de la segunda República. Tal es precisamente el argumento que apunta Haro Tecglen en su artículo y que Emilio Silva esboza en su ya citado artículo: Se trata de llevar a cabo un debate que tras la muerte de Franco no se pudo hacer. Se trata de que la transición se convierta en lo que realmente se debió llamar y no se pudo pronunciar: una recuperación de la democracia que ya había llegado a España en noviembre de 1933, cuando votaron por primera vez las mujeres y los hombres con sufragio universal. También habrá que ver si ésa es una fecha que hay que celebrar, como lo hace cualquier democracia consolidada, o es mejor que siga habitando en la desmemoria colectiva. Pero la derecha, que se ha aglutinado en ese partido de aluvión llamado PP, que fue creado sobre la marcha durante la primera transición, no es la única responsable de haber propiciado la desmemoria colectiva. Los partidos políticos que remontan sus orígenes al siglo XIX o a los albores del siglo XX, como es el caso del PSOE, el PCE o las distintas familias de los partidos republicanos, partidos y familias que auspiciaron la proclamación de la segunda República y tuvieron ya entonces representación parlamentaria, tienen su cota de responsabilidad en este presente español. Esa responsabilidad debe igualmente estudiarse y ventearse. Porque importa saber que no sólo se avinieron a firmar el pacto de silencio para conseguir la concordia nacional. Por mucho que se pretenda lo contrario, ése no fue el único motivo. Su connivencia con ese pacto tiene otros motivos y fines añadidos, tendentes todos a echar un velo sobre muchos errores políticos de los años de la República. Enumeraré, de manera muy sucinta, unos pocos: las luchas internas durante la guerra, la dimisión de Azaña, el golpe militar de Casado y Besteiro que precipitó la entrega de Madrid en marzo de 1939 y el final de la guerra, el complot de republicanos y prietistas contra el Dr. Negrín en la inmediata posguerra, los contubernios de Indalecio Prieto con don Juan de Borbón, eterno pretendiente al trono... La dimisión de Azaña, el 27 febrero de 1939, y el golpe de Estado del coronel Casado, el 4 de marzo de 1939, acentuaron las divisiones que, desde los comienzos de la guerra, enfrentaban a los dirigentes políticos y militares del lado republicano. Además, esos dos acontecimientos pusieron en tela de juicio la legitimidad del gobierno de Negrín y, en última instancia, de las mismas instituciones republicanas. La dimisión de Azaña tuvo efectos especialmente negativos porque privó "a las fuerzas republicanas que seguían luchando en la zona Centro-Levante del estímulo principal para mantener la resistencia y creó serios problemas para cualquier intento de conservar la legitimidad de la República y sus instituciones una vez terminada la guerra" (Heine 1983, 29-30). En cuanto a Casado, su golpe de Estado ahondó las muchas heridas abiertas en el Frente Popular durante la guerra que difícilmente llegaron, ni en los primeros meses del exilio ni con el paso del tiempo, a cicatrizar. Uno de los personajes de Campo del Moro, novela de Max Aub, decía que, al enterarse del golpe de Casado, lo que más quería era "la legitimidad..., lo único que puede salvar nuestro mundo carcomido". A esa larga lista de errores sobre errores hay que sumar mezquinas luchas por el control político e ideológico dentro del PSOE que tuvieron gravísimas consecuencias. El ejemplo más terrible lo presenta el expolio del Vita por Indalecio Prieto. Amaro del Rosal, en su muy documentado estudio sobre el "tesoro del Vita", califica de "tercer golpe de Estado" contra la República la maniobra perpetrada en México por Indalecio Prieto. Según Amaro del Rosal: "El primer [golpe contra la República] fue el de Franco, el segundo el de Casado y el tercero el de Prieto...". En mis conversaciones con exiliados les he oído en varias ocasiones afirmar, siempre con un tono muy patético, que cuando Indalecio Prieto se apoderó del llamado "tesoro del Vita", la República sufrió la más terrible y abyecta derrota. El expolio del Vita condenó a miles de refugiados a no poder abandonar los campos de concentración en Francia y en el norte de África. Negrín había destinado ese tesoro para financiar el transporte de refugiados de Francia a México y a otros países latinoamericanos. Para colmo de males, ese expolio atizó aún más las viejas querellas de prietistas y negrinistas. Negrín, y lo que representaba, debía desaparecer de la historia de la segunda República y del PSOE, partido al que pertenecían los dos... En "El nuevo Tratado de París", uno de los ensayos recogidos en Hablo como hombre, sin fechar pero posiblemente escrito en 1960, lamentaba Max Aub los destructivos efectos de la desunión: Toda nuestra razón se fue deshaciendo en el imbécil curso de nuestra emigración, a fuerza de vanidad, a fuerza de egolatría, al conjuro del egotismo de ese cura, y de aquel bandido, de la ineptitud de cada quisque, de la monstruosa vanidad de cualquier hijo de vecino, de la picardía de aquel arlequín de la formidable capacidad para la incapacidad de tanto figurón tripudo, fuerza de amor propio, tan mal entendido que si de lo primero tiene poco de lo segundo se unta. La mezquindad y la ingratitud de Don Cómodo, la lentitud pancista, pro domo sua, los discursos interesados -pane lucrando-y al prójimo contra una esquina. ¿Para qué vamos a recordarlo? Aquí se quedan los huesos y la sangre españoles inútilmente regados por las divergencias personales de cuatro perdidos. Y digo perdidos en su sentido propio: "que no tiene o no lleva destino determinado" (Hablo como hombre,197). Las aguas del pasado bajan tan turbias por tantas torrenteras para que nadie, con independencia del partido a que pertenezca, tenga demasiado interés en que corran cristalinas, traslúcidas. No hay que rasgarse las vestiduras. Así ha ocurrido en otros exilios (Pohle). Pero ese pasado de divisiones y de personalismos, de consecuencias tan graves para el conjunto del exilio, hay que dejar de minimizarlo, esconderlo o negarlo (Caudet 1997, 207-243). El estudio del exilio debe llevarse a cabo -no hay otra vía, no hay otra alternativa-sin anteojeras ideológicas. Hay que remover todas las aguas y todas sus pestilencias, estén donde estén y vengan de donde vengan aguas y pestilencias. Haremos un flaco favor al estudio del exilio si frente a quienes persisten en olvidar sus páginas menos aleccionadoras, optamos por dar una visión parcial y engañosa, falsa. Otra salida en falso es caer en su mitificación. Ya en 1983, en el prólogo a La oposición política al franquismo de Hartmut Heine, advertía Ángel Viñas sobre los peligros de continuar teniendo una visión mitificada, y por tanto distorsionada, del exilio. En ese prólogo escribía Ángel Viñas: Los mitos no abundan sólo en la derecha. Un mérito innegable del presente libro es el demostrar cómo los errores de percepción y gestión, el peso de las divisiones del pasado, la pugna entre los líderes de los vencidos en la guerra civil, las ilusiones del exilio y las reyertas de personalidad contribuyeron, entre otros factores, a potenciar las consecuencias derivables de la contraposición de intereses, aspiraciones y métodos de los partidos que dieron soporte a la República derrotada (Heine 1983, 11). El resultado de esa visión, que atañe a una pluralidad de ámbitos, conduce siempre a un resultado tergiversador y empequeñecedor. Y ese resultado termina, en consecuencia, falseando los hechos. De ahí la necesidad, que para el estudio literario y cultural del exilio tiene capital importancia -por eso he vuelto a insistir en ello-, de no persistir en limitar el estudio del exilio a la creación literaria y artística, o a la obra en su sentido más amplio de los intelectuales, haciendo abstracción de que los escritores y artistas, o los intelectuales, no fueron los únicos exiliados es encerrar el concepto de cultura en el ámbito de las letras y las artes. Comparto, en suma, lo expresado más arriba por Ferrándiz Alborz, y más recientemente por Martínez Leal y Martínez Sáez, para quienes explicar el exilio a través de la trayectoria de sus personajes relevantes, de su enorme proyección cultural en las Américas... es reduccionista, porque desde un punto de vista sociológico fue todo un pueblo el que emigró forzosamente al acabar la guerra civil. Visto desde esta perspectiva la historia del exilio debería abarcar, como quería Gramsci, "a todos los hombres, a tantos hombres como sea posible" (Girona 125). El exilio republicano fue un fenómeno de masas. De masas que lucharon por la libertad y la justicia, por unas nuevas estructuras políticas y económicas, por acabar con las diferencias tan marcadas de clases, por la igualdad de oportunidades, por una sociedad y un Estado laicos... En una palabra, aquella España luchaba por la modernización del país. Ésa era, y es todavía en buena medida, una revolución pendiente en España. Por tanto, ¿de qué hablamos, en esta hora de hoy, cuando hablamos del exilio literario republicano de 1939? ¿Se puede segregar esa literatura de esa revolución y del pueblo que por hacerla realidad luchó y sufrió toda suerte penalidades, la muerte y el exilio? "Afán de justicia, eterno norte imaginario del hombre", llamó Max Aub en Campo de los almendros a esa lucha del pueblo español. Y en "Balance de un mundo perdido", recordando el 14 de abril de 1931, terminaba Max Aub su personal balance con estas palabras: ¡Qué pueblo! -exclamábamos [en abril de 1931]-. En ello no nos equivocábamos: lo demostró cinco años más tarde. Los errores fueron otros (Hablo como hombre 256). Existen ya muchos y muy valiosos estudios sobre el exilio (Abellán, Matesanz, Naharro, Rubio, Alted, Faber). Disponemos de obras sobre el exilio individuales y colectivas de enorme importancia. Merece los mayores encomios la labor desarrollada por el GEXEL. Hay que destacar, entre sus últimas actividades, la serie de doce congresos que bajo sus auspicios se celebraron en 1999, sesenta aniversario del final de la guerra y del comienzo del exilio, a lo largo y ancho del territorio español. De esos Congresos se han ido publicando todas las actas. También debemos al GEXEL la creación de la Biblioteca del Exilio. No todos son motivos, pues, para el desaliento. Pero es necesario ya, a estas alturas, empezar a fijar nuevas metas y plantearse nuevas metodologías de trabajo. Habría que crear, una tarea que debió haber iniciado el primer Gobierno de la democracia en 1977, la Biblioteca de la Memoria del Exilio (de los dos exilios: el exterior y el interior). Esa Biblioteca debería reunir todos los libros y toda la documentación sobre el exilio que se encuentra desperdigada en bibliotecas privadas y en las numerosas bibliotecas de Ateneos y agrupaciones republicanas de todos los países que acogieron a exiliados. Y también debería reunir esa Biblioteca los testimonios personales, en forma de los más variados documentos: epistolarios, memorias inéditas, fotografías, libros de cuentas... La historia oral debería ser otro medio para recuperar, con la ayuda de personal y equipos especializados, los recuerdos de los supervivientes y los de sus familiares. Algo se ha hecho en este campo pero de manera deslavazada y discontinua (León-Portilla, Zelaya Kolker, Elena Aub). El estudio del exilio requiere tomar en cuenta toda la documentación que se pueda salvar y recoger. Por desgracia, ya es tarde para salvarla toda; cada día que pasa es más imposible, es ya demasiado tarde. Pero hay que persistir, no cejar. Y hacerlo a menudo con métodos de trabajo nada convencionales. Porque el tema, en extremo complejo, pone sobre las cuerdas a quienes se acercan a él con esquemas de análisis anclados en un academicismo estrecho de miras. Es preciso partir del principio de que el estudio del exilio exige, más que ningún otro tema, amplitud de miras y muchas dosis de interdisciplinaridad. No hay una sola disciplina que sirva por sí sola para su estudio. La antropología (Kenny) y la psiquiatría (Mental Health and Exile), así como la sociología o la historia oral, son disciplinas imprescindibles, entre otras muchas, para el estudio del exilio. Más que ningún otro tema, el estudio del exilio exige -no me canso nunca de insistir-la interdisciplinaridad. Hay que incorporar, por tanto, a los equipos que se ocupan principalmente del exilio literario especialistas de esas y otras disciplinas. Restringir el estudio del exilio, como se suele hacer, al análisis de sus obras literarias, artísticas o científicas, ha sido y es un grave error. Se explica porque somos de esos gremios. Pero el exilio es más, mucho más, que literatura, arte o ciencia. El exilio es una subcultura que difícilmente se integra en la cultura del país de acogida (Matesanz; Caudet 1997). Este principio, que exige estudiarse tomando en cuenta todas sus variantes, ha de contribuir a rebatir las idealizaciones y tergiversaciones que han entronizado los conceptos de "transtierro" (Gaos) o el supuesto de que hay una identidad sin fisuras de lengua y cultura entre España y las repúblicas latinoamericanas de habla castellana (Matesanz; Caudet 1997: Faber). Me mantengo firme en mi tesis de la necesidad de dialogizar el exilio. A ese tema he dedicado el capítulo diez de mi libro Hipótesis del exilio republicano de 1939 y con ese concepto sigo ocupándome en mis clases y en mis trabajos de investigación. Uno de los alumnos a los que me he referido ya escribía sobre esta cuestión en su examen: A mi entender, dialogizar el exilio es algo muy productivo porque reviste a éste de una pluralidad de opiniones que, de otro modo, no se conseguirían. Le importa ángulos y voces que enriquecen a éste. Una sola opinión sobre un tema cualquiera, te da una visión limitada y hasta cierto punto poco objetiva, de este tema (en este caso del exilio). Por el contrario, una amplia gama de versiones legitimiza ese hecho. Adquiere carácter de realidad y le confiere objetividad. Dialogizar el exilio es atender a factores que hasta este momento se habían obviado. Tal es el caso de que al hablar del exilio se suele pensar en los muchos intelectuales que a pesar de haber sido desterrados, continuaron desde diversos campos de las artes (escritura, pintura, escultura, etc.) dando a conocer su dolor y sufrimiento. Éste es un factor determinante e importante del exilio republicano, pero no menos importante es el hecho de que aproximadamente el noventa y cinco por ciento de los exiliados eran trabajadores comunes (campesinos, obreros, etc.), que quizás por su naturaleza de trabajadores (y no pudiendo dedicarse a otras cosas) no son conocidos ni recordados, o tomados en cuenta. Son voces anónimas que mediante la dialogización del exilio se dan a conocer. Tan importante es el testimonio de los escritores exiliados como el de estas almas anónimas, ya que todos sufrieron por igual, los escritores tuvieron la oportunidad de desahogarse en sus escritos y buscar algún alivio en las letras. Sin embargo, estos trabajadores no tuvieron esta válvula de escape y muchos de ellos se vieron rápidamente inmersos en una fuerza laboral ajena a la acostumbrada, alejados de su patria. Creo que ambas versiones del exilio se complementan y enriquecen el exilio proveyéndolo de diversos matices. Otra manera de dialogizar el exilio es relacionar el exilio exterior y el interior. Porque uno y otro son dos caras, como decía más arriba, de la misma moneda, son dos partes de la misma historia. La historia del exilio interior (Salabert; Ilie; Caudet 1998), cuyos capítulos más horribles tratan de cárceles, fusilamientos, enterramientos en fosas comunes, clandestinidad, torturas..., ponen nuevamente de manifiesto que intelectuales y pueblo corrieron una misma suerte (Torres; Casanova). ¿Bastará con recordar que Federico García Lorca está enterrado en una fosa común con otros muchos republicanos a los que mi estudiante llamaba, con espontánea ingenuidad, "almas anónimas"? Sí, "almas anónimas", pero con nombre y apellidos, con familia, con un proyecto político que les costó la vida... Son todos parte de nuestro pasado tenebroso, son todos víctimas del genocidio franquista. La recién creada Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, y otros movimientos afines como "Amigos de los Caídos por la Libertad", piden que empiece la localización y la reapertura de las fosas comunes de los caídos por la libertad. Esas exigencias van acompañadas de la denuncia del silencio y olvido sobre los que se ha construido, como la asociación "Amigos de los Caídos por la Libertad" denuncia en uno de sus manifiestos, la entente política de la transición: Aquellos políticos de la "transición", lisonjeados hoy por una artificiosa operación que pretende fabricar una Historia "políticamente correcta", y los líderes políticos de una amnésica izquierda parlamentaria, han permitido que esta ignominiosa capa de silencio envuelva la desaparición y ocultamiento en anónimas fosas comunes repartidas por toda España, de los cuerpos de miles de republicanos, hombres, mujeres y niños, civiles y militares, abonando las primaveras en las cunetas, en los prados y en pozos oscuros y recónditos. La noticia que ha sacudido a la opinión pública española e internacional, de las acciones de localización y desenterramiento arqueológico que lleva a cabo desde hace unos meses la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica), con sede en Ponferrada (León), ha impactado por la dureza de la realidad criminal que descubren, poniendo al descubierto el auténtico rostro homicida del franquismo. "Amigos de los Caídos por la Libertad" se manifiesta solidaria con la iniciativa que lleva a cabo en toda España la asociación ARMH de Ponferrada (León). Un trabajo titánico que ha encontrado su recompensa al hacer despertar en toda España el interés y la sensibilidad hacia este inmenso drama, que se convierte así en una irrecusable prueba de cargo contra el régimen del general Franco y sus cómplices. Tras años de sufrir en silencio la ausencia de un ser querido, arrancado de la vida por la fuerza del odio y la sinrazón, han seguido años de callada angustia y tristeza, en unos casos por el sentimiento de saber el paradero de unos pobres huesos cubiertos de tierra y maleza en un lugar abandonado y anónimo; en otros, por haber venido arrastrando durante décadas el lacerante dolor de no saber su paradero, sin tener un lugar ante el que buscar consuelo, dejar unas flores, derramar unas lágrimas y evocar su recuerdo [URL] Finalmente, se añade en ese manifiesto la siguiente apostilla que nos atañe a los universitarios de manera muy especial: No basta con recuperar unos huesos, con identificarlos, con tener un lugar donde honrarles y recordarles. Es preciso recuperar sus vidas, sus esperanzas en el proyecto de una España republicana abortado por la sublevación militar de 1936. La asociación quiere instar a las administraciones, a la Universidad, a los colectivos cívicos a llevar a cabo una operación multidisciplinar para que nada se pierda: los testimonios, los documentos, la geografía de aquel genocidio: fosas, arquitectura carcelaria o relacionada con ella, etc. Todos estos elementos, debidamente conservados deben servir para componer lecciones de historia, de vida y de formación en ideales de solidaridad, pacifismo y tolerancia. En suma, y como conclusión, albergo el temor de que se caiga en el grave error de introducir el exilio en el canon de la historiografía literaria de la España de posguerra. Ello equivaldría a su "normalización", palabra tan cercana al concepto "Gleichschaltung", tan del gusto de Hitler y -¡menuda ironía!-de muchos nacionalistas de esta hora democrática española. Sería -insisto-un grave error. El exilio, que no se puede "normalizar", no es un capítulo más de la historia literaria. Es un capítulo del pasado español que debe seguir situado fuera, para desde fuera mirar hacia dentro. Tampoco esos muertos de las fosas comunes pueden ser enterrados, piensan muchos de sus familiares, en los cementerios de las ciudades españoles donde habrían sido enterrados si hubieran muerto de muerte natural. Tienen que dar testimonio, desde las fosas comunes, del horror. Pero para ello hay que saber el lugar donde están esas fosas. Se trata de la dignidad de las víctimas y de sus familiares. Y de la sociedad española en su conjunto.
Naciones que en lugar de ser tierras de acogida son tierras de rechazo. Del rechazo del extraño y también de rechazo del autóctono que no se adecua a los estándares habituales. Hay culturas y naciones que sólo se pueden constituir de forma monolítica sometiendo o expulsando al diferente. Dentro de estas naciones excluyentes ocupa un lugar privilegiado la nuestra. España se forjó como nación derrotando a los árabes andalusíes y expulsando a los moriscos, se consolidó expulsando a los moriscos y persiguiendo a los luteranos y demás herejes. Hizo la vida imposible a los ilustrados, expulsó a los afrancesados como Goya, obligó al exilio a los liberales 1, luego a los republicanos y por fin a los disidentes internos ya en los años sesenta y setenta del siglo XX. Pero entre todos estos exilios ocupa un lugar preferente por su carácter masivo y plural el exilio de los republicanos españoles tras la victoria de las tropas rebeldes del general Franco auxiliadas por los nazis y fascistas y toleradas por las democracias europeas. Como el propio Sánchez Vázquez destaca, el exilio republicano de 1939 fue de carácter político debido a la derrota del ejército republicano por los sublevados con el apoyo nazi y fascista; masivo, pues no sólo afectó a la élite política y cultural sino a miles de trabajadores y gente del pueblo; y fiel reflejo de la composición de los defensores de la república en el sentido territorial, social y profesional, ya que abarcaba a individuos de todas las tierras de España, así como de todas las clases sociales y de todas las profesiones 2. El exilio mexicano del 39 presentaba un amplio espectro político que abarcaba desde los republicanos liberales hasta socialistas, comunistas y anarquistas, pasando por los nacionalistas vascos y catalanes. Por su composición profesional los integrantes de dicho exilio tenían todas las profesiones aunque predominaban las más cualificadas en los campos de la cultura, la política, las ciencias, la literatura, la filosofía y las artes plásticas. Entre ellos destacaban numerosos profesores universitarios de gran valía intelectual. Otra especificidad de este exilio fue su larga duración, ya que al contrario de los exilios del siglo XIX, el que siguió a la guerra civil duró casi 40 años. Por otra parte, y aunque la mayoría de los exiliados, al menos hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial albergaban la esperanza de un pronto regreso a una patria democrática, esperanzas que se ensombrecieron cuando la guerra fría consolidó el régimen de Franco, todos ellos se fueron integrando en su país de acogida y contribuyeron con su aportación cultural y profesional al desarrollo de México 3. Dentro de este exilio republicano masivo vamos a centrarnos en la figura de Adolfo Sánchez Vázquez no sólo porque fuera un exiliado, sino también porque ha dedicado muchos de sus trabajos, tanto literarios como filosóficos, a reflexionar sobre el hecho atroz del exilio. Adolfo no sólo ha padecido el exilio sino que lo ha pensado y por ello ocupa un lugar excepcional dentro del exilio español de 1939. La experiencia esencial del exilio como constante de la historia española imposibilita una fundamentación del patriotismo en la historia, ya que no hay una historia compartida porque lo que unos recuerdan como victorias los otros lo sufren como derrota y humillación. No sólo desde el punto de vista de los nacionalismos periféricos que discuten la concepción castellanocéntrica de la historia española sino también desde las tradiciones que una y otra vez han sido marginadas y puestas en la difícil tesitura de elegir entre la asimilación o el exilio se rechaza la idea de una historia común. Una historia en la que todos nos podamos reconocer y cuyas conmemoraciones fundamentales pudieran ser integradoras y no supusieran la exclusión de partes esenciales de la población. En ese sentido y siguiendo la noción de "patriotismo constitucional' de Habermas (tan mal interpretada, por otra parte) la fundamentación del patriotismo no puede hacerse mediante el recurso a una historia común, pero tampoco basándose en una continuidad jurídica ya que la instauración de la democracia exige romper con la legalidad vigente antidemocrática, ni tampoco mediante el recurso a la fundamentación económica que supone la economía capitalistas, como los cristianodemócratas y la línea mayoritaria de los socialdemócratas hicieron en los comienzos de la República Federal Alemana. Debido a estas imposibilidades la única fundamentación del patriotismo que puede ser compartida por todos es la que se basa en los procedimientos formales de la democracia y en los valores que impregnan dicha democracia y que son los contenidos en las diversas declaraciones de derechos humanos. La fundamentación esencial del patriotismo tendría que ser la idea de que nuestra patria es un sistema democrático avanzado en el que se respetan los derechos humanos y que los hace respetar en las relaciones internacionales en las que se encuentra inmersa y no una historia que ha sido en su mayor parte una historia de exclusiones, asimilaciones forzosas y expulsiones de todos los que no se ajustaban a la norma mayoritaria, ni tampoco el hecho de que sea una nación rica y poderosa que cuente, aunque sea en un papel subsidiario y sometido a los gran- des, en la arena mundial. Es verdad que esta justificación del patriotismo no es muy motivante a nivel afectivo, pero en un país tan caliente y exaltado como el nuestro esta frialdad podría ser una virtud más que un defecto. EL EXILIO DE ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ A principios del año 1939 ASV estaba en Cataluña como comisario político en el 5.o Cuerpo de Ejército a las órdenes de Líster y del entrañable Santiago Álvarez y era el responsable del periódico Acero que se publicó hasta el día mismo en que recibieron la orden de atravesar la frontera el 9 de febrero. Entre las misiones que cumplió en estos tiempos Adolfo se encontraba el llevar alimentos a Antonio Machado y su madre que estaban cerca ya de la frontera. La última misión de ASV 4, que llevó a cabo precisamente con Santiago Álvarez, fue atravesar los Pirineos hacia Perpignan para convencer al general Rojo de que se dirigiera hacia el centro para reunirse con Negrín y mantener la lucha lo más posible. Pero la sublevación traidora de Casado impidió esta maniobra. Entonces ASV y Santiago Álvarez se dirigieron desde Perpignan a París el 4 de marzo y allí al confirmarse la revuelta de Casado se considera que la misión de dirigirse a Toulouse para convencer al general Rojo no tiene sentido. Adolfo se queda en un albergue que la Asociación de Escritores Franceses había preparado cerca de París, donde se reúne con su amigo Juan Rejano y encuentran allí algunos escritores catalanes como Pere Quart, Mercé Rodoreda y Sebastián Guasch. Allí les llega la noticia de que el general Cárdenas, presidente de México, había hecho la oferta de acoger a los exiliados españoles y Adolfo a propuesta del PCE 5 es admitido como viajero en el primer barco que saldría del puerto francés de Séte, el Sinaia. La que luego sería su esposa, Aurora Rebolledo, llegaría a México en el tercer barco fletado por Cárdenas para recoger a los exilados españoles, el Mexique. Adolfo fue en el Sinaia con Juan Rejano y con Pedro Garfias que en la travesía compuso el poema "Entre España y México" en el que se puede leer 6: Como en otro tiempo por la mar salada Se va un río español de sangre roja, De generosa sangre desbordada... Pero eres tú, esta vez, quien nos conquista Y para siempre, ¡oh vieja y nueva España! El 13 de junio de 1939 llegan al puerto de Veracruz donde son acogidos por una multitud y recibidos por el secretario de Gobernación y el secretario de la poderosa Confederación de Trabajadores de México, Vicente Lombardo Toledano, "estrenando de esta manera una nueva e incierta vida: la del exilio" 7. La acogida de México a los exiliados españoles fue muy cordial, aplicando ese derecho de asilo del que siempre la nación mexicana ha hecho gala hasta nuestros días. El derecho de asilo, en tanto que "derecho a acogerse a la protección de un país ajeno cuando en el propio se es perseguido", supone la afirmación de la libertad en un doble sentido: en primer lugar, el asilo permite que el acogido obtenga la libertad que se le niega en su propio país, y, en segundo lugar, al acogerlo, el país que recibe al exiliado reafirma su libertad y su independencia en el concierto de las naciones. Lo que el derecho de asilo protege no son tanto unas determinadas opiniones o posiciones políticas, sino el derecho del individuo a tenerlas y defenderlas 8. Desde el primer momento ASV orientó su vida en México, por un lado, hacia la cultura, participando en la fundación y organización de numerosas revistas y agrupaciones de intelectuales (Romance, España Peregrina, Ultramar, la Unión de Intelectuales Españoles en México, etc.) y, por otro, hacia la política, donde llegó a ocupar puestos dirigentes en la numerosa e insigne agrupación mexicana del PCE. En 1941 ASV se traslada a Morelia donde da clases de Filosofía y se casa con Aurora. Vuelve a la capital y tras numerosos trabajos reanuda sus estudios universitarios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. La actividad política y la necesidad de sobrevivir le vuelven a alejar de la universidad hasta que vuelve a ella en los años cincuenta para estudiar filosofía. En ese tiempo la filosofía alemana y el magisterio de profesores españoles exiliados como José Gaos o Eduardo Nicol eran dominantes. Sólo Eli de Gortari enseñaba marxismo y con él ASV empezó su carrera universitaria como ayudante en 1952. En 1955 consigue ASV su Maestría en Filosofía con el trabajo "Conciencia y realidad en la obra de arte" En 1954 se produjo un enfrentamiento entre la Agrupación mexicana del PCE y el representante del Comité Central que se saldó en 1957 con la venida de ASV a París a discutir con Claudín como representante del Comité Central del Partido. La rígida aplicación del centralismo democrático supuso la sumisión de la instancia local al órgano superior y condujo a nuestro filósofo a abandonar sus responsabilidades políticas en el Partido y mantenerse como simple militante de base. Aprovechando este viaje a Europa Adolfo pudo ver en Biarritz a su padre y a sus hermanos a los que no veía desde hacía casi veinte años. Desde 1959 ASV fue nombrado profesor a tiempo completo de la UNAM, lo que le permitió escribir sus primeras contribuciones al campo de la estética desde el punto de vista marxista, Las ideas estéticas de Marx (1965) y su monumental Filosofía de la praxis (1967 y 1980) reeditada recientemente en México con un prólogo del que suscribe. A partir de entonces la labor docente e investigadora de ASV es incesante en los campos de la estética, la filosofía política, la ética y el análisis de los países del llamado socialismo real desde un punto de vista original que hace hincapié en el concepto nuclear de praxis y que se inspira en los principios del humanismo marxista, presente en los Manuscritos de 1844. Para ASV el marxismo es una praxis que conjuga una teoría que pretende conocer la realidad, un proyecto de emancipación individual y social, una crítica de la existente sociedad capitalista y una práctica revolucionaria 9. VIVENCIA POÉTICA DEL EXILIO COMO DESTIERRO EN ASV Pero como ya hemos dicho anteriormente ASV no es sólo un exiliado sino alguien que ha reflexionado sobre el exilio durante muchos años en confrontación con la noción de "transterrado" de su maestro Gaos a la que él oponía simplemente la de desterrado. Esta reflexión se lleva a cabo en dos vertientes, una poética a través de una serie de sonetos que tratan la vivencia del exilio y la otra teórica en diversos trabajos filosóficos. Comencemos por el tratamiento poético que Adolfo lleva a cabo en varios sonetos escritos a la llegada a México. Son catorce sonetos que ASV denomina "Sonetos del destierro" y que considera, al contrario que los contenidos en su libro anterior El pulso ardiendo, "más quevedescos que gongorinos", más claros y menos herméticos que los anteriores 10. En estos sonetos ASV piensa y siente el exilio como un destierro, como un desarraigo, como una obsesión por una vuelta que va quedando poco a poco postergada. En el soneto titulado "El desterrado" se muestra el exiliado como aquel al que "el hacha lo dejó sin fundamento" y que, por lo tanto, permanece "sin raíz, ni cimiento, desterrado". En el soneto titulado "Al dolor del destierro condenados" dado que se ha perdido la raíz en la tierra "el destierro se torna fundamento". El desterrado en lugar de tener su arraigo y fundamento en la tierra originaria, al perder ésta no tiene más fundamento que el propio destierro, es decir la falta misma de la tierra. En el soneto "Tierra de dolor" tras evocar la sangre y la muerte que han asolado el solar patrio se dice a la muerte en figura de labrador que no espere cosechar nada en "quien sabe encontrar a borbotones/en el terrón más duro, su consuelo". En el poema titulado "Yo sé esperar" el autor exclama: "prefiero que el recuerdo me alimente, conservar el sentido con paciencia y no dar lo que busco por hallado que el pasado no pasa enteramente y el que olvida su paso, su presencia, desterrado no está, sino enterrado". El tiempo del destierro es un tiempo anímico que sólo contabiliza adecuadamente el "Reloj del alma". Título de otro soneto que concluye de esta manera: "tomando por medida su ventura, por cuadrante un dolor interminable, se mediría el tiempo desmedido." Los dos últimos sonetos a los que vamos a aludir los transcribimos en su integridad ya que condensan esta postura sobre el exilio que dominaba en el alma de Adolfo en estos primeros años de destierro. El destierro convierte al exilado en peregrino sometido a una andanza sin fin, que no puede afirmar las plantas en el suelo extraño en el que vive. "En la huesa ya has dado con tu empeño. ¡Cuánta furia se queda sin batalla! Enmudece la sangre; el pecho calla y tu dolor cabalga ya sin dueño. La tierra es tu mansión: la sepultura, el albergue final de la jornada. Por testamento dejas tu pisada, la dulce huella de tu mano pura. El destierro no para con tu muerte que, implacable, dilata tu destino, bajo la misma tierra prolongado. Tú no descansas, no, con esta suerte, de muerte enajenada; con el sino de estar bajo la tierra desterrado". Ni siquiera con al muerte acaba el destierro, ya que éste se prolonga bajo la tierra, debido a que la muerte en tierra extraña es una muerte enajenada que mantiene el destierro incluso debajo de la tierra 11. REFLEXIONES TEÓRICAS DE ASV SOBRE EL EXILIO Para ASV los rasgos principales del exilio español republicano de 1939 en México fueron: el afrontar la adversidad con una gran entereza moral, el no considerarse vencidos moralmente sino superiores a sus vencedores en el campo de batalla; por otra parte, su espíritu colectivo que se sobrepuso al juego de los intereses personales; también el esfuerzo pos superar todo sectarismo y todo espíritu de fracción y, por último, la preocupación por vincularse de forma responsable, ya antes de pisar tierra, con el gobierno y el pueblo que los acoge 12. Este exilio mexicano ha tenido una triple significación, política, moral y cultural. Desde el punto de vista político y a pesar del divisionismo que pronto estalló entre los diversos grupos y partidos políticos, todos los exilados mantuvieron vigentes los valores por los que habían luchado en España: la libertad, la democracia y la independencia nacional. De hecho, hasta que surgió en el interior de España una contestación política a la dictadura, la actividad de los exiliados españoles fue la única actividad política libre que se hizo en el ámbito español. Desde el punto de vista moral los exiliados siempre sintieron su superioridad moral sobre sus vencedores y se sintieron abandonados por las potencias occidentales que contemporizaron con la dictadura franquista tras la Segunda Guerra Mundial. Desde el punto de vista cultural ya León Felipe en un poema dijo que los exiliados se habían llevado consigo la canción: Y en efecto, durante largos años la cultura española fue la cultura del exilio que no rompió con el alto nivel alcanzado en los años de la República. Sólo a finales de los cincuenta, en 1958, en el prólogo a las poesías de Ángela Figueras, el propio León Felipe se retracta de su afirmación anterior y dice "ahora también son vuestros el salmo y la canción". Pero han tenido que pasar veinte años para que se restableciera una cierta continuidad cultural que, sólo alcanzó su plenitud con el advenimiento de la democracia a finales de los años setenta. Por ello es claro que, contra lo que algunos exponentes de la derecha intentan defender actualmente, la continuidad tanto política como cultural en la que se inserta la actual democracia española es la de la República española que a pesar de sus defectos fue una democracia y en la que la cultura española alcanzó un nivel nunca igualado y no la del franquismo que fue un dictadura liberticida en la que la cultura estuvo amordazada hasta el último momento 13. Donde Adolfo resume, además con alto nivel literario, su posición sobre el exilio como destierro es en su escrito de 1977, "Fin del exilio y exilio del fin" 14 titulado anteriormente "Cuando el exilio permanece y dura". Las primeras palabras concuerdan con la visión de la historia de España que estamos dando en este escrito: "Larga es la tradición del exilio en los pueblos de lengua española. Tan larga como sus luchas por un porvenir que todavía no se hace presente". Para nuestro autor no hay ningún exilio dorado, y mucho menos autoexilio. El exilio siempre es obligado ya que la alternativa es la prisión o la muerte. Pero el exilio sigue siendo una prisión y el exiliado tiene siempre ante sí un alto muro que no puede saltar. El exilio es prisión y también es muerte, una muerte lenta que se aviva en los entierros de los otros exiliados que ya nunca podrán volver a la patria. "El exilio es un desgarrón que no acaba de desgarrarse, una herida que no cicatriza, una puerta que parece abrirse y que nunca se abre. El exiliado vive siempre escindido: de los suyos, de su tierra, de su pasado. Y a hombros de una contradicción permanente: entre una aspiración a volver y la imposibilidad de realizarla 15 ". El exiliado está siempre en el aire, no se puede asentar ni aquí ni allá. "Siempre en vilo, sin tocar tierra. El desterrado, al perder su tierra, se queda aterrado (sin tierra) -El destierro no es un simple trasplante de una tierra a otra; es no sólo la pérdida de la tierra propia, sino con ello la pérdida de la tierra como raíz o centro" 16. El exilado no tiene tierra, como decía uno de los sonetos comentados anteriormente, sólo tiene al propio destierro por fundamento. El destierro no sólo supone la pérdida de la propia tierra, sino que imposibilita el aterrizaje en cualquier otra y así, el exiliado queda en el aire sobrevolando la tierra, sin raíz y sin centro, esencialmente descentrado y excéntrico. Esta sensación de pérdida hace que el exiliado no pueda vivir en su presente sino que se encuentra atrapado en el incesante ir y venir entre el pasado perdido y un futuro (imposible) en el que pudiera recuperar dicho pasado, que por otra parte, si alguna vez lo logra, ya no sería el mismo, como pueden comprobar los exiliados que regresan a su tierra tras largos años de ausencia. El exiliado se encuentra dominado por la nostalgia que le lleva a idealizar lo perdido y por ello cuando vuelve no se reconoce en su ese pasado ya perdido y que quizás nunca fue presente sino una mera idealización retrospectiva. Los exilios de larga duración van amainando poco a poco esta tensión desgarradora; a pesar de todo se van echando raíces en el lugar de acogida y cuando, por fin, se puede volver, otra decisión dramática se impone al exiliado: la de tener que elegir entre su presente en la tierra que lo ha acogido y un futuro incierto en la tierra que lo expulsó: "Y entonces el exiliado descubre con estupor primero, con dolor después, con cierta ironía más tarde, en el momento mismo en que objetivamente ha terminado su exilio, que el tiempo no ha pasado impunemente, y que tanto si vuelve como si no vuelve, jamás dejará de ser un exiliado" 17. La tragedia se cierra con la conclusión de que el exiliado nunca puede dejar de serlo, ya permanezca donde está o vuelva a donde salió. Su condición de exiliado no es eliminable y le acompañara siempre, hasta la tumba y después de ella incluso. La conclusión sabia, serena de Adolfo es que, dada esta condición ineliminable que el exilio ha impreso en el alma y el cuerpo del exiliado, lo importante, "lo decisivo es ser fiel -aquí o allí-a aquello por lo que un día se fue arrojado al exilio. Lo decisivo no es estar -acá o allá-sino cómo se está" 18. ASV desde esta posición que entiende el exilio como destierro se opone a la idea de transtierro de Gaos, según la cual el exiliado no es un des-terrado o un a-terrado en el sentido de alguien que se ha quedado sin tierra sino alguien que se ha visto trasplantado a una nueva tierra en la cual además encuentra los valores de la patria perdida. En la patria de adopción reencuentra los valores que en su patria de origen actualmente están perdidos. El transterrado puede echar de nuevo raíces en América gracias precisamente a lo que de español hay en dicha América. En esta América el exilado transterrrado encuentra trasplantada o prolongada su España, la que ya no existe a este lado del Atlántico 19. Posteriormente, ya en el año 2000 parece ASV abrirse a la idea de transtierro y sin negar su destierro empieza a admitir cierto transtierro, basado precisamente en el transcurrir de los años y en la inserción vital profesional y familiar en la patria de acogida, ese México al que siempre Adolfo ha tributado un respeto y una admiración y reconocimiento por la generosidad con la que trata los exiliados del 1939 especialmente a él mismo y así Adolfo concluye diciendo: "Hemos visto que, durante los primeros años sobre todo, el exilio sólo existió y se vivió como destierro. Pero el exilio duró casi 40 años, tiempo más que suficiente no sólo para enterrar a casi todos los exiliados, sino también para acabar en los que sobrevivían con la perspectiva siempre anhelada de la vuelta. La posibilidad real de volver llegaba demasiado tarde. Con el tiempo, el desarraigo había dejado paso a nuevas raíces, a la integración del exiliado en la tierra que le acogió, compartiendo en ella las alegrías y sufrimientos de su pueblo, sin renunciar por ello a los ideales por los que un día se vio arrojado al exilio. En suma, el destierro se convierte, sin dejar de ser totalmente tal, en transtierro" 20. La integración en la vida mexicana no pudo hacer olvidar a los exiliados su destierro y así Adolfo no aceptaba la idea de su maestro Gaos de que más que de un destierro se trataba de un transtierro, en el sentido de que se aceptaba la continuidad entre la patria de origen y la patria de acogida. Más aún, se pensaba que la patria de acogida era la verdadera patria, ya que en ella florecían los valores que, en cambio, se negaban en al patria de origen. Esta especificidad del exilio mexicano, y en general del exilio en América latina, se basaba en una idea de España y de la Hispanidad que aunque no se identificaba con la ideología neocolonialista de la Hispanidad que cultivaba el franquismo, sí aceptaba la idea de una continuidad esencial entre España y sus excolonias en las que se destacaba precisamente su carácter español. Desde Vives y Las Casas hasta Antonio Machado se dibujaba una tradición española que no coincidía con la imperial y eterna, que era incluso su contraria, pero que no era menos española que la dominante. Gaos, Xirau y otros filósofos españoles contraponían una España quijotesca, espiritual, humanista que se separa de la Modernidad europea y se proyecta en América, a la imperial e inquisitorial que asimila a sangre y fuego el nuevo continente. Para Gaos, como nos recuerda ASV, "España es la última colonia de sí misma que queda por hacerse independiente, no sólo espiritual, sino también políticamente" 21. Sólo para los intolerantes se puede hablar de dos España antagónicas, una de las cuales no es España. La reivindicación de varias tradiciones hispánicas, más o menos subterráneas, que se oponen a la dominante es esencial para poder desarrollar una idea de España amplia y que incluya a sus disidentes. De todas formas, y la reciente polémica en torno a la cuestión de la memoria histórica, lo ha vuelto a poner de relieve, la España tradicional, dominante, se resiste a admitir la igualdad de derechos de las tradiciones que su propia tradición dominante ha contribuido a destruir o asimilar de forma forzosa. Para ASV, esta interpretación era ciega para el legado prehispánico, indígena, que era un sustrato fundamental en los países hispanoamericanos en general y especialmente en México donde el indigenismo estaba muy desarrollado. De todas formas hay que reconocer que el propio Gaos, aunque por una parte recalcaba la continuidad entre España e Hispanoamérica, por otro se ocupó muy pronto de la especificidad de lo mexicano, impulsando los estudios en torno a la filosofía hispanoamericana y especialmente mexicana. Por su parte, otro exilado español, catalán, Eduardo Nicol, tampoco compartía la visión castellanocéntrica que de la historia de España tenían la mayoría de los exiliados. Por todo esto, ASV puede decir que aunque no hay que celebrar el quinto centenario de la conquista de América, dado el carácter destructivo que tiene para las culturas autóctonas indígenas, si conviene recordarlo para valorar las distintas raíces que han dado lugar a la actual Hispanoamérica. Sánchez Vázquez, tras su primera respuesta emotiva y poética al fenómeno del exilio como destierro, reflexiona sobre el exilio desde la filosofía, como filósofo y por ello concede mucha importancia al exilio filosófico en México que fue de primera magnitud ya que numerosos profesores de las Universidades de Madrid y de Barcelona hallaron acogida parcial o total en México. lugar, la traducción, además la participación en numerosas instituciones culturales y revistas que contribuyeron a elevar el nivel cultural del país de recepción y, por último, su propia obra que para la mayor parte de ellos se desarrolló en México siendo a la par que un capítulo esencial de la filosofía española contemporánea una parte fundamental de la propia filosofía mexicana 22. ASV ha evaluado la labor de sus maestros y colegas en la Universidad mexicana a través de su participación en los numerosos actos de homenaje que la Universidad mexicana realizaba continuamente como reconocimiento a la labor de los exiliados españoles. Y así en sus libros encontramos homenajes a Wenceslao Roces, Eduardo Nicol y Joaquín Xirau en los que destaca su concepción del exilio y su reconocimiento a la patria de adopción en la que reviven los ideales perdidos en la patria de origen. De Nicol, que fue profesor suyo, recoge las aportaciones de su libro El problema de la filosofía hispánica (1961) según las cuales "la España libre se encuentra en América". El profesor catalán que unió de forma decisiva vida y filosofía 23 rechazando cualquier subjetivismo y cualquier personalismo no admitía que se pudiera ser pesimista existencial en un momento, los años sesenta, en los que la esperanza renacía en América latina. Nicol defiende la necesidad para España de una filosofía como ciencia rigurosa, capaz de elevar el pensamiento a lo universal y expresada en un estilo que no hiciera concesiones a las idiosincrasias personales y a los tipismos del lugar 24. Respecto a Joaquín Xirau, que murió de forma prematura, Adolfo además de resaltar su monumental libro Amor y mundo, retoma el rescate que el profesor catalán llevó a cabo del humanismo hispánico en la figura de Juan Luis Vives, un humanismo que se prolonga en América a través de la obra de Bartolomé de las Casas y Vasco de Quiroga 25. CONCLUSIÓN: EXILIO Y COMPROMISO Como hemos visto, el exilio español del 39 fue un exilio que expulsó del país a lo mejor de la intelectualidad española, precisamente a aquella que había hecho del compromiso con la República y sus ideales de igualdad, libertad y so-lidaridad sus valores rectores. Ese exilio no fue estéril ya que, por un lado, contribuyó a mantener viva y pujante la cultura española, tan perseguida y destruida en la patria de origen, y además fue una semilla fecunda que engrandeció la cultura de los países americanos de acogida a través de la docencia y la investigación de tantos y tantos profesores universitarios trasplantados a dichos países. Ejemplo insigne de este exilio es el de Adolfo Sánchez Vázquez que se exilia en virtud de su compromiso militante con la causa de la república y en tierra mexicana concluye su formación y desarrolla una intensa labor cultural y política que abarca como hemos visto numerosos campos, desde la poesía hasta la estética pasando por la filosofía marxista y el análisis de los países del socialismo real. Adolfo ha sido un puente fecundo entre España e Hispanoamérica en los últimos 40 años; sirviendo aquí como referente de unas concepciones estéticas, éticas y políticas creativas desde un marxismo humanista antidogmático y dialogante; y convirtiéndose en México en un embajador permanente no sólo de la cultura española sino también de los ideales éticos y políticos que encarnaba la República española y que sólo la restauración de la democracia permitió que pudieran ser asumidos de nuevo en la España peninsular. Como conclusión transcribimos aquí un colofón de la posición de Adolfo que resume su compromiso, adaptándolo a las nuevas realidades pero sin renegar de sus ideales: "Muchas verdades se han venido a tierra; ciertos objetivos no han resistido el contraste con la realidad y algunas esperanzas se han desvanecido. Y, sin embargo, hoy estoy más convencido que nunca de que el socialismo -vinculado con esas verdades y con esos objetivos y esperanzas-sigue siendo una alternativa necesaria, deseable y posible. Sigo convencido asimismo de que el marxismo -no obstante lo que en él hay que criticarse o abandonarse-sigue siendo la teoría más fecunda para quines están convencidos de la necesidad de transformar el mundo en el que se genera hoy como ayer no sólo la explotación y la opresión de los hombres y los pueblos, sino también un riesgo mortal para la supervivencia de la humanidad. Y aunque en el camino para transformar ese mundo presente hay retrocesos, obstáculos y sufrimientos que, en nuestros años juveniles, no sospechábamos, nuestra meta sigue siendo ese otro mundo que, desde nuestra juventud, hemos anhelado".
EL SECRETO DE ARAQUISTÁIN Hay muchos Araquistáin, aunque los más visibles sean el defensor de un socialismo humanista en los años anteriores a la Segunda República, el revolucionario marxista de la época de Leviatán y el desencantado socialista del exilio 1. Más allá de los cambios experimentados siempre hay, sin embargo, un fondo que permanece. Desde los años veinte hasta el final de su vida, va a insistir en el regeneracionismo de izquierdas que le llevaba a interesarse por la psicología y el carácter de los pueblos, en el socialismo neokantiano inspirado por Cohen, en el escepticismo o relativismo que, entre otras cosas, se manifestaba en el accidentalismo de las formas de gobierno, y, por último, en la idea sociológica del Estado que, a pesar de sus ideales humanistas y socialistas, le servía para encarar con realismo los cambios políticos y juzgar con lucidez, sin ilusiones, la descarnada vida de los Estados modernos. El objeto de este artículo no es tanto indicar las diferencias observables entre las diversas etapas que experimenta el pensamiento de Araquistáin, sino las continuidades: los tres Araquistáin de nuestro título, el regeneracionista, socialista y relativista o escéptico, casi siempre están presentes en los distintos períodos de su intensa vida como periodista y activista político. De la misma forma que el periodista nacido en Cantabria habló del "secreto de Azaña" en su revista Leviatán, podemos hablar del secreto de Araquistáin. No hay tantas diferencias entre el primero y el último. Sólo el paréntesis bolchevique puede parecer algo enigmático. Por otro lado, esta evolución se produce también en Largo Caballero, hasta el punto de que sea muy difícil diferenciar las posiciones de uno y otro 2. Entre las causas de la radicalización de estos dos socialistas cabe mencionar en primer lugar que, para los caballeristas, la experiencia de gobierno con los republicanos sirvió para demostrar la ineficacia de la reforma gradual. Probó, en palabras del propio Caballero pronunciadas en 1933, que "la obra socialista dentro de una democracia burguesa es imposible" (Fuentes, 2005, 226). Probablemente, el enorme crecimiento de la militancia de la UGT al comienzo de la Segunda República influye también en el tránsito desde un sindicalismo societario, basado en la negociación y la reforma, a un sindicalismo revolucionario de masas (Fuentes, 2005, 213ss). Araquistáin, embajador en Alemania durante los años en que entra en crisis la República de Weimar, estaba convencido de que "en España había un grave peligro de involución fascista" (Fuentes, 2005, 228), y de que el socialismo español debía evitar el error cometido por la socialdemocracia alemana y austriaca, el de confiar en el poder del parlamentarismo democrático para detener el fascismo. Indudablemente, para el caballerismo la guerra civil contra el fascismo ya había comenzado en 1933. Lucha que por lo demás sólo podía acabar con una dictadura, bien de derechas, bien del proletariado. Así de contundente se expresaba Araquistáin desde las páginas de Leviatán: "La guerra civil en que vivimos no se resuelve con componendas parlamentarias. El dilema histórico es fascismo o socialismo, y sólo lo decidirá la violencia" (Araquistáin, 1936, 161). En los años bolcheviques, el socialismo unido a Caballero pensaba que sin una violenta guerra civil resultaba inalcanzable el objetivo de la supresión de la propiedad privada y de la sociedad sin clases. Esto explica la irresponsabilidad de los caballeristas, que en uno de los editoriales del periódico Claridad, titulado "Venga un poco de caos", se quejaban porque en España ha habido y había muy poca guerra civil (Fuentes, 2005, 273). Un cambio radical se produce en la época del exilio. A partir de su estancia en Londres durante la Segunda Guerra Mundial, el antiguo caballerista se caracterizará por su firme defensa de la fortaleza de las democracias liberales -de las que no obstante ofrecerá una versión compatible con el socialismo-, por el deseo de que el fin del franquismo suponga la reconciliación definitiva de los españoles y por su profundo anticomunismo. Este último aspecto es incluso anterior al final de la guerra mundial. En realidad, nunca había estado de acuerdo con las 21 condiciones que los comunistas rusos trataron de imponer a los partidos socialistas europeos. Es más, echaba al comunismo la culpa de crear las condiciones sociales y psicológicas que favorecieron el surgimiento de la contrarrevolución fascista. En el exilio defenderá con energía un socialismo democrático incompatible con la Rusia soviética y la Internacional Comunista 3. Otra de las cuestiones que deben ser abordadas cuando analizamos el Araquistáin del exilio es la paulatina pérdida de confianza en el papel que podían desempeñar las potencias occidentales para poner fin a la dictadura de Franco. Al finalizar la gran guerra todavía era optimista y confiaba en que el triunfo de las democracias conllevaría la liberación de nuestro país. Pero con el paso del tiempo va desengañándose sobre la ayuda externa y acabará poniendo todas sus esperanzas en la unión del exilio con los españoles del interior. En el último período de su vida, los esfuerzos intelectuales de Araquistáin se concentraban en el objetivo de lograr que el final del franquismo supusiera la reconciliación de todos los españoles y la constitución de una verdadera unidad nacional. Ésta es la idea que desarrolla en el ensayo "España ante la idea sociológica del Estado". Comienza esta obra argumentando que la sociedad primitiva no fue comunista, que la comunidad política nació de la conquista violenta "de unos pueblos por otros y de la sujeción y explotación de los vencidos por los vencedores". De ahí la necesidad de concebir una nueva dialéctica que nos lleve del Estado de conquista -la idea sociológica-al Estado civil o al Estado construido por el acuerdo de todos. En esta nueva dialéctica, la tesis hace referencia a la etapa de conquista y dominación; la antítesis a la reconquista de la nación, bienes y derechos por los vencidos a través de la guerra, la revolución o de la vía pacífica de las reformas paulatinas; y la síntesis se produce cuando estos sujetos, dominadores y dominados alternativamente, si han permanecido en el mismo territorio, acaban formando un Estado que modifica su carácter primitivo de opresión de unas clases sobre otras. Para Luis Araquistáin no ha sido otro el camino seguido durante siglos por la civilización occidental, camino que culmina cuando el sentimiento de comunidad nacional se sobrepone al egoísmo individual y al egoísmo de las clases sociales. Por eso termina afirmando que la conclusión del Manifiesto Comunista, "¡Trabajadores de todos los países, uníos!", se halla obsoleta. Desde el punto de vista de esta teoría, el militarismo español de los siglos XIX y XX, desde el general Narváez a Franco, constituye una supervivencia del Estado primitivo de conquista, de la idea sociológica del Estado, o "una continuación de aquella España medieval, árabe y cristiana, en la que la espada era siempre la última razón de Estado" (Araquistáin, 1962, 28). Mientras plasmaba por escrito estas reflexiones, al iniciarse los años cincuenta, la situación de Araquistáin dentro del partido era casi marginal. Como señala Tussell, se trataba de "un socialista sin tendencia ni grupo que le apoyara, independiente y respetado, pero en ningún caso dirigente" (Araquistáin, 1983, 102). Hasta cierto punto ello se debía a que su atlantismo y accidentalismo chocaba con la opinión mayoritaria del partido. En relación con el primer asunto, nuestro socialista no era partidario de aislar a España. Sostenía así que, lejos de debilitar el régimen franquista, el asilamiento suscita "un estado psicológico de resentimiento y hostilidad hacia un mundo que aparta a todos los españoles del interior sin distinción". Además, a muchos españoles del interior no franquistas les parecía una injusticia "que España no pueda pertenecer a una comunidad internacional donde están Rusia y sus satélites" (Araquistáin, 1962, 144). Por todo ello defendía que las fuerzas del exilio debían salir de su neutralismo y ofrecer a Estados Unidos lo mismo que ofrecía Franco, mas con la ventaja de que lo haría un gobierno democrático. Y, con respecto a la segunda cuestión, es verdad que, antes de acabar la Segunda Guerra Mundial, la única opción que tenía en mente era la república: no creía que fuera posible en España algo semejante a lo que sucedía en Inglaterra, donde la institución monárquica se parecía a una república coronada. Por aquellos días, aun después del manifiesto de Lausanne, sentía una gran desconfianza hacia don Juan de Borbón por sus manifestaciones durante la Guerra Civil favorables al bando rebelde. Pero con el tiempo esta firme posición irá evolucionando hacia un claro accidentalismo que, para algunos, supone una anticipación del espíritu de la transición española 4. EL FETICHISMO DE LAS FORMAS DE GOBIERNO Y LA CRÍTICA DE LOS PARTIDOS REPUBLICANOS El accidentalismo del partido socialista es una cuestión en la que Araquistáin fue, a pesar de sus vaivenes políticos, bastante coherente a lo largo de toda su vida. El documento más importante que, a propósito del accidentalismo, podemos encontrar en el Araquistáin del exilio es el discurso titulado "La táctica del partido socialista obrero español y los acuerdos de París", que fue pronunciado el 17 de agosto de 1958 en el marco del VII congreso del PSOE celebrado en Toulouse. En dichos acuerdos de París se establecía el deseo de que, "al desaparecer el régimen de España que usurpa el general Franco, se constituya un Gobierno sin signo institucional, que organice unas elecciones o un referéndum donde, libremente y por sufragio universal, el pueblo español decida su forma de Gobierno". Araquistáin no estaba, sin embargo, conforme del todo con esta resolución y manifestó el siguiente voto particular: "si, no obstante este deseo, se formase un Gobierno con signo institucional, monárquico o republicano, que decretara la legalidad de los partidos políticos y de las organizaciones sindicales, el PSOE consideraría dicha legalidad conforme a sus normas tradicionales de táctica dentro del régimen capitalista, en defensa de la clase productora" (Araquistáin, 1983, 327). El discurso de Araquistáin explica la razón de un voto particular que por aquel tiempo le alejaba de la mayoría del partido. Como en el pasado, vuelve a reiterar la tesis accidentalista acerca de la prioridad de la libertad política sobre la forma del régimen. Pero esta vieja doctrina la formula a finales de los cincuenta en un contexto diferente, en una época en la que, desvanecida la esperanza de una intervención de las potencias occidentales contra Franco, sólo cabía confiar en las fuerzas antifranquistas del interior. El antiguo caballerista traza en su intervención ante el congreso de Toulouse una breve historia de la táctica socialista. En su opinión, ya Marx y Engels coincidieron sobre la necesidad de crear un partido obrero independiente y al servicio exclusivo del proletariado y del fin supremo de la abolición de las clases. Añade que "el mayor servicio que Marx y Engels prestaron a la clase obrera fue situarla políticamente dentro del Estado capitalista", ya que, a pesar de ser su enemigo histórico, "es el único terreno donde el proletariado puede organizarse, educarse y fortalecerse para conquistarlo un día" (Araquistáin, 1983, 331). En relación con el PSOE, partido fundado clandestinamente en 1879, mantiene que desde su origen se separó claramente tanto del apoliticismo anarquista como del republicanismo esencial de los partidos burgueses revolucionarios. Los socialistas se curaron pronto del "fetichismo de las formas de gobierno", sobre todo cuando comprobaron que la república de 1873 no trató a los trabajadores mejor que la monarquía (Araquistáin, 1983, 334). El propio Marx escribió a este respecto que la república burguesa "significa el despotismo ilimitado de una clase sobre otras clases". Se trataba por tanto de luchar por una república social y sin clases, y no dejarse fascinar por las etiquetas monárquica o republicana. El socialista español agrega que en nuestro país fue Pablo Iglesias quien más luchó contra este fetichismo, y en especial contra los falsos revolucionarios que sólo tenían ojos para los principios abstractos: sufragio universal, principio electivo, progresismo, federalismo y, como resumen de todo ello, república. En sus casi míticos primeros treinta años, el Partido Socialista Español tenía claro que lo esencial no era la polémica sobre la forma de gobierno, sino "las libertades políticas que el proletario necesita para desenvolverse y las reformas sociales que mejoren las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera" (Araquistáin, 1983, 336). Por este motivo, en 1881, cuando la monarquía legaliza a todos los partidos, el Partido Socialista acepta inmediatamente la legalidad del Estado burgués, pero sólo a cambio de una relativa libertad política y de una legislación social progresiva que por lo menos permita a la clase trabajadora organizarse y educarse política e intelectualmente. Durante esos treinta años, la preferencia del socialismo por la república fue únicamente teórica: todo su esfuerzo se concentró en la lucha por la abolición de las clases. En realidad, el verdadero obstáculo contra el crecimiento del Partido Socialista no eran los partidos monárquicos, los cuales se nutrían principalmente de las clases medias, sino los republicanos, cuyas masas procedían básicamente de la clase obrera. Se entiende así que una de las cuestiones a la que más atención preste Araquistáin, en su historia del socialismo español, sea la concerniente a las alianzas con los partidos republicanos, cuya debilidad se debió, entre otras causas, a que los socialistas desconfiaban de la democracia parlamentaria como medio imprescindible para conseguir sus fines. El mismo giro bolchevique del director de Leviatán no se puede explicar, como decíamos más arriba, sin la decepción que ocasiona entre los caballeristas la experiencia de gobierno republicano-socialista durante el primer bienio de la Segunda República. Araquistáin escribía en los momentos de mayor radicalización que el error de participar en el gobierno con los republicanos fue necesario, pues sin él "seguiríamos viviendo todavía en plenas ilusiones republicano-democráticas". La lección extraída era muy clara: el proletariado sólo podía realizar la revolución socialista "por su propia y exclusiva fuerza, sin colaboración con nadie", y ello únicamente "después de llegar al poder por la violencia" (Araquistáin, 1935b, 345). En los años bolcheviques, ya todo gobierno, todo Estado, incluido el republicano-democrático, era una dictadura de la clase dominante. Por eso, Largo Caballero afirmaba a menudo que "entre la dictadura burguesa o el fascismo, nosotros preferimos la dictadura socialista". No había, por tanto, alternativa a la dictadura de uno u otro signo: la república sólo era un medio al servicio de la revolución. Este radicalismo revolucionario desaparece, ciertamente, en el Araquistáin del exilio, pero a lo largo de toda su vida insistió en marcar las distancias entre el republicanismo y el socialismo. Para comprender esta posición tan coherente bastará leer los textos anteriores al giro bolchevique, en los que, aparte del accidentalismo, se subraya el carácter obsoleto del republicanismo histórico. La misión que, en el pasado, había desempeñado el partido republicano debía ser asumida desde comienzos de siglo por el socialismo. En España en el crisol, el libro de 1921, el periodista sostenía que cabe observar en toda sociedad humana cuatro tendencias de acción política. Las dos primeras son reaccionarias. Se trata, por un lado, del carlismo que anhela volver a formas de vida social y política ya superadas (Araquistáin, 1921, 46). Y, por otro, de la tendencia conservadora, aquella que, como sucede con los partidos dinásticos de la Restauración, establece una continuidad entre las jerarquías naturales o sociales y las posiciones políticas; de forma que, tras identificar el hecho social y el derecho, termina oponiéndose a modificar el orden de la propiedad y de la jerarquía. Estas tendencias han de ser borradas por las dos únicas sanas: la liberal y la radical. La tendencia liberal, también llamada evolutiva o reformista por contraposición a la revolucionaria, sostiene que, dado el egoísmo natural de los hombres, el hecho social injusto debe transformarse gradualmente, ajustando poco a poco el hecho al derecho justo. Ahora bien, cuando las transformaciones son demasiado lentas, esta tendencia, como sucede con el viejo concepto de liberalismo, entra en crisis. En cambio, la tendencia radical aspira a transformar de pronto y de raíz, de manera revolucionaria, el hecho social injusto. Entre ambos se sitúa un socialismo oportunista, el de los fabianos ingleses, "que, en realidad, es un liberalismo a ritmo más rápido" (Araquistáin, 1921, 47). El autor de España en el crisol manifestaba que, en el futuro, España sólo podrá admitir dos partidos, en los cuales han de confluir las orientaciones liberal y radical: el socialista y el nacional. Las ideas y emociones religiosa, militar, monárquica o incluso republicana -un Estado sin rey-ya no pueden dar vida a nuevos partidos. Sólo la emoción suscitada por la humanidad, que es propia del partido socialista, y la emoción despertada por la ciudadanía, que es propia de un partido nacional, pueden mover a los españoles a participar en la esfera pública. El socialismo -siempre según el Araquistáin de 1921-es un movimiento espiritual que toma como punto de partida la idea de humanidad para concluir en el individuo. Mas, a juicio de nuestro periodista, el socialismo no excluye el proceso inverso, el que parte del español como categoría nacional y se encuentra en la raíz del otro partido necesario, el nacional. El partido humanista es el socialista, pero Araquistáin no divisa en el horizonte inmediato a ningún partido nacional, y por ello advierte que "si a la derecha del socialismo no se constituye un gran partido moderno, el socialismo español será pronto la derecha de algún partido extremo" (Araquistáin, 1921, 29). Sin duda, piensa en el anarquismo y, quizá, en la organización comunista que acaba de formarse en 1920 como consecuencia de una escisión del grupo socialista. Todo indica que este partido nacional, en tanto se basa en la emoción de la ciudadanía, debería coincidir con lo mejor de la tradición republicana. Sin embargo, el republicanismo histórico español se hallaba muy lejos de cumplir con esta función. En 1958, cuando hace balance de la historia del partido socialista, Araquistáin insiste de nuevo -como en el 21-en el accidentalismo, en el hecho de que el partido ha peleado contra la monarquía, "no por ser monarquía, sino primordialmente por sus instituciones anacrónicas" (Araquistáin, 1983, 339). Lo importante era batallar por ideales antiburgueses "y no pasarse la vida conspirando con los republicanos" para derribar la monarquía (Araquistáin, 1983, 345). Es cierto que a veces se admitía alianzas circunstanciales con los republicanos; pero el socialismo español "aceptó la legalidad mientras la monarquía se mantuvo en aquella ficción constitucional que Cánovas del Castillo quiso copiar del régimen parlamentario inglés, y mientras los gobiernos respetaron los derechos humanos fundamentales" (Araquistáin, 1983, 342). Y sólo a medida que la monarquía fue quitándose la máscara constitucional, los socialistas se fueron republicanizando. Se suele considerar como un buen ejemplo de los errores a los que a veces puede llevar el accidentalismo la colaboración del partido socialista, y sobre todo de Largo Caballero, con la dictadura de Primo de Rivera. Aunque una vez finalizada la dictadura Araquistáin escriba en la revista Leviatán que el gobierno de Primo ya fue un régimen fascista, lo cierto es que la colaboración de Caballero llegó hasta el punto de aceptar el cargo de consejero de Estado. En 1958, el socialista seguía defendiendo aquella inicial colaboración con Primo porque, a su juicio, en aquellos años se dio otra de las grandes paradojas de nuestra historia política. El dictador, en lugar de ilegalizar las organizaciones obreras, pidió al Instituto de Reformas sociales, y por tanto a la UGT, que designara a uno de sus vocales obreros para formar parte del Consejo de Estado. La táctica de la dictadura consistía en dar la impresión de que el Estado monárquico era protector de todas las clases sociales y árbitro imparcial de sus luchas: "Ésa es la táctica -agregaba en el discurso de Toulouse-de todos los Estados capitalistas: fingir que están por encima de la sociedad y que son justicieros" 5. Ahora bien, para los socialistas el Estado capitalista, con independencia de su forma, dictadura o democracia, es siempre el mismo, un enemigo "con el cual no puede romper todas las relaciones políticas" (Araquistáin, 1983, 344). La negativa a participar durante la dictadura hubiera puesto -concluye Araquistáin-al sindicato fuera de la ley o podría haber terminado integrado en una estructura corporativa como había sucedido en la Italia de Mussolini. Se explica así que, en el año 1927, el líder de la UGT defendiera en la conferencia de la OIT, celebrada en Ginebra, "el régimen corporativo vigente en España". Afirmaba entonces que se trataba de un sistema político muy distinto del establecido en la Italia fascista. En nuestro país los trabajadores seguían disfrutando de libertad para elegir a sus representantes, mientras que en la Italia de Mussolini los antiguos sindicatos obreros se hallaban al servicio del nuevo régimen (Fuentes, 2005, 146). En cualquier caso la historia del accidentalismo socialista sirve en el discurso de Toulouse para criticar los acuerdos de París de 1957, los cuales sólo pensaban en la eventualidad de que, tras la caída del régimen de Franco, se constituyera un gobierno sin signo institucional encargado de convocar unas elecciones que decidieran la forma del Estado español. No sólo temía con razón el viejo periodista que ese gobierno sin signo institucional nunca se diera, sino también que la república perdiera esas elecciones o referéndum frente a la institución monárquica. A este respecto señalaba: "yo prefiero una monarquía sin referéndum que una monarquía legitimada por un referéndum. En los últimos años de su vida, en el exilio, Araquistáin pensaba que los partidos republicanos estaban muertos en el interior de España, y en el exterior no eran más que "sombras de lo que fueron, tristes fantasmas, vagabundas almas en pena". La supervivencia del PSOE dependía exclusivamente de que fuera "un partido obrero con fines propios, sin atarse las manos en cuestiones políticas que la clase trabajadora nunca consideró como esenciales". El antiguo caballerista pensaba que sólo de esta manera los sindicatos no abandonarían al PSOE para seguir al Partido Comunista, ya que a los trabajadores siempre les había importado más la libertad sindical que "los principios políticos abstractos y las libertades formales". Añadía en esta página que no fue otro el pensamiento de Largo, "sin duda el temperamento más revolucionario de nuestro partido y al mismo tiempo el hombre más flexible, más realista, más conservador de la UGT" (Araquistáin, 1983, 352). Para apoyar su tesis citaba un fragmento de una carta escrita en 1946 por Largo: "decía yo que si me preguntaran qué quería, mi respuesta sería ésta: ¡República, República, República! Si hoy me hicieran la misma pregunta contestaría: ¡Libertad, Libertad, Libertad! En la estela de estas palabras, el discurso de Toulouse terminaba con la aprobación de cualquier régimen que se comprometiera a dar a los trabajadores las libertades negadas por Franco. LA PSICOLOGÍA DEL PUEBLO ESPAÑOL Otro elemento regeneracionista, aparte del accidentalismo, que podemos encontrar a lo largo de toda su vida es el análisis psicológico de los pueblos. Su importancia es confirmada por el propio autor, ya que la reedición de 1930 en la editorial España, ahora con el título de El ocaso de un régimen, se abre precisamente con este ensayo que pasa a denominarse "El problema psicológico de España". Pues bien, en esta obra el problema de la patria es ante todo psicológico. El atraso económico, cultural o político son tan sólo índices de la crisis de caracteres de España; crisis o falta de carácter que se manifiesta sobre todo en las clases directoras o elites gobernantes. El Araquistáin de 1930 pertenece así claramente al grupo de los "regeneradores psicólogos", de los que, como Sales y Ferré, Altamira o Abad de Santillán, escribieron libros con el título de Psicología del pueblo español. Araquistáin otorga una gran importancia en aquel capítulo al concepto de carácter, para cuya definición se sirve de la ética kantiana y del ensayo sobre el carácter de Emerson. Comienza señalando que los "maestros de la conducta", los ingleses y norteamericanos, entienden por carácter la excelencia moral. Un hombre de alto carácter posee un elevado espíritu público, ya que no está dispuesto a sacrificar el bien común a intereses privados. En el fondo, la concepción del carácter está unida al imperativo categórico kantiano pasado por el tamiz de Cohen. Implica que ni el hombre ni sus atributos (riqueza social, leyes y libertades) se convierten en instrumentos para los fines privados de otro ser humano. De Emerson, "uno de los grandes moralistas modernos", extrae el pensamiento de que "los hombres de carácter son la conciencia de la sociedad a que pertenecen", y que, por tanto, de ellos debe nutrirse la elite o aristocracia gobernante. El hombre de carácter, el hombre más hombre, es también aquel que consigue armonizar las diversas esferas en las que vive, desde la familiar hasta la universal humana. No obstante, si el equilibrio entre estas esferas se rompe, "lo moral consistirá en sacrificar el individuo a la familia, la familia a la nación, la nación a la humanidad, y no al contrario". Albornoz también tenía en mente a este hombre de carácter, a este hombre profundamente republicano, cuando escribía: "España necesita una aristocracia intelectual; pero necesita todavía más una aristocracia moral. Necesita esclarecer su pensamiento; pero necesita todavía más templar su voluntad. Necesita ciencia; pero necesita todavía más virtud, abnegación, sacrificio" (Albornoz, 1925, 235). Sin embargo, para Luis Araquistáin, las dos primeras décadas del nuevo siglo, y sobre todo la neutralidad durante la Primera Guerra Mundial, ponían de relieve la falta de carácter del español y la ausencia de una aristocracia moral capaz de gobernar el Estado. A esta degeneración, al hecho de que el mundo familiar sea el límite máximo de todas las inquietudes y anhelos, la llama en 1921 "domesticidad de los españoles". Se lamenta así porque en nuestro país la familia, lejos de preparar a sus miembros para ser grandes ciudadanos y grandes hombres, se convierte en una escuela de empequeñecimiento social; educa a sus hombres para "hacer carrera", "para servirse del bien público en provecho privado". La primera consecuencia de esta domesticidad, entre cuyas causas Araquistáin alude al catolicismo y a la triste condición de la mujer española, es matar toda emoción o espíritu público. El periodista echa de este modo en falta la existencia de uno de los motivos fundamentales de la tradición republicana: el civismo o virtud pública. De la falta de espíritu público, que en el fondo equivale a una "falta del sentimiento de libertad", deriva Araquistáin las múltiples "formas de degeneración del carácter" español. Entre ellas podemos citar el favoritismo y su variante, el nepotismo; la ineptitud o incompetencia profesional; la venalidad en todos los ámbitos, incluida la prensa; el servilismo y la deslealtad; la aversión al trabajo, tan típica del hidalgo, y la hostilidad a todo esfuerzo; o, finalmente, la aversión a las grandes ambiciones y a las ideas y conductas desinteresadas. En cuanto a este miedo del español por lo grande, el socialista Araquistáin, en un pasaje donde resuenan las reflexiones weberianas sobre la influencia de la ética protestante sobre el capitalismo, llega a decir que "en nuestra economía rara vez o nunca se da ese fuerte tipo de capitán de industria tan corriente en Europa, y más aún en América, que hace del lucro, de la acumulación de riqueza, un arte, una religión, una idea, algo tan desinteresado -pese a la paradoja-como pintar un cuadro o escribir un tratado político. Sin duda, en este fragmento, donde nuestro atraso económico se debe a la falta de hombres de carácter, resuena también la lectura de Emerson. El final del ensayo sobre la patología del alma española está dedicado a la cura, a los fármacos o revulsivos del carácter. Aquí Araquistáin conecta con lo mejor de la tradición republicana. Los revulsivos externos son aquellas situaciones contingentes que, como la guerra mundial o una revolución, apartan al ciudadano del reducido ámbito familiar y ensanchan la conciencia social de la ciudadanía. Desde el republicano Maquiavelo sabemos que nada mejor que una guerra para hacer surgir el espíritu público. Pero los más fiables revulsivos son los dos internos: la pedagogía y la política del carácter. Con la pedagogía del carácter alude -en unos términos deudores de Joaquín Costa-a la necesidad de "escultores de caracteres" que, como Francisco Giner de los Ríos desde la Institución Libre de Enseñanza, sean capaces de neutralizar "la empequeñecedora influencia de la familia". Y con la política de exaltación de los caracteres se refiere a que "habremos de juzgar a nuestros políticos", más que por sus ideas, "por el grado de universalidad de su conciencia, por la magnitud de su espíritu público". Araquistáin, y en esto coincide en aquellos años veinte con Albornoz y Azaña, opinaba que el problema de nuestro país se reducía a la inexistencia de un verdadero espíritu público en estas elites. Al filo de los años treinta, los tres autores citados veían en la democracia republicana la única solución para crear esa elite y regenerar la política española. Desde el punto de vista regeneracionista, no sólo el temperamento y el carácter resultan fundamentales para conocer la psicología de un pueblo, sino también su filosofía. En este asunto, Araquistáin apenas experimentó ningún cambio con el paso de los años. En la época de la revista Leviatán decía que lo importante "de un filósofo no es su filosofía, sino el hombre que hay tras ella, su carácter, su temperamento. Conocido al hombre, se sabrá el valor de su filosofía, como por el conocimiento de una filosofía se puede deducir el valor del autor como tipo humano". El pragmatista William James, seguido luego por Dilthey, Jaspers y por el propio Ortega, fueron los primeros que redujeron la filosofía y sus sistemas a tipología psicológica 6. Tales filósofos demostraron que "el hombre y su obra son una misma cosa. La obra es la máscara de su carácter y temperamento", y que lo importante no es "tanto la verdad de las ideas como la verdad de lo que es cada hombre" (Araquistáin, 1962, 15). Pero el socialista también muestra un claro interés sociológico por la filosofía española, en la medida que no olvida analizar la influencia que "los filósofos ejercieron en la sociedad española y a veces hasta en el Estado español" (Araquistáin, 1962, 13). EL PROBLEMA DEL CLERC DE IZQUIERDAS En los años veinte, Araquistáin exponía que el socialismo nacía de la evolución del republicanismo, que se hacía cada vez más profundo, libre e igualitario, y del anarquismo, que se hacía más realista. El problema del socialismo español radicaba en que, como demostraba la experiencia fallida de la conjunción republicano-socialista formada en 1909, le faltaba la suficiente vitalidad para absorber al republicanismo. Esta carencia que demuestra el socialismo al iniciarse la década de los años veinte se debía, según Araquistáin, al lento desarrollo del capitalismo español, a que en un país con una economía semifeudal no podía constituirse un poderoso movimiento socialista. Pero también este déficit era atribuido a la escasez de intelectuales de izquierdas. El socialismo precisaba de una aristocracia intelectual, ya que "el elemento creador de los movimientos sociales es siempre el hombre de pensamiento". El intelectual español se caracterizaba, sin embargo, por su servilismo: su máxima preocupación consistía en hacer carrera con la ayuda de gobernantes, dispensadores de mercedes o gente adinerada. Por otro lado, los intelectuales españoles cometían el error de "mezclarse demasiado en la parte puramente funcional de los partidos y organizaciones obreras" (Araquistáin, 1921, 52). Para el periodista que se aparta en aquellos años del PSOE por discrepancias relativas a la III Internacional, el distanciamiento de los partidos, el no estar a sueldo de ellos, garantizaba a los intelectuales la pureza de sus móviles y la independencia de su actividad crítica. Este aristocratismo intelectual -que le aproximaba al luego denostado Ortega y Gasset-desaparece por completo en los años bolcheviques. En la etapa en que sirve al caballerismo, Araquistáin se convierte en uno de los grandes críticos de los intelectuales del partido. La tradicional desconfianza del caballerismo hacia los grandes jefes intelectuales, los Prieto, Fernando de los Ríos o Besteiro, se acrecienta durante la Segunda República. Hasta el punto de que llegará a decir que el marxismo español, a diferencia del ruso, poco o nada debía a los "intelectuales indígenas". Por el contrario, fue desarrollado por obreros como José Mesa, el traductor del Manifiesto comunista, o Pablo Iglesias. Se trataba, en consecuencia, de vacunar al partido socialista contra esa "especie de fetichismo" que había experimentado "ante el hombre que llegaba con un diploma" (Araquistáin, 1936, 153ss). Durante la Segunda República, el Partido Socialista vivió en su interior un enfrentamiento entre varias familias, cada una de las cuales intentaba demostrar que ella encarnaba los valores genuinos del fundador del partido. En este momento los caballeristas se esforzaban en deshacer el mito de Pablo Iglesias como "un reformista vulgar" y en demostrar que Largo Caballero era el verdadero continuador del abuelo, el único capaz de levantar la bandera del marxismo auténtico. Desde las publicaciones caballeristas, desde Leviatán y Claridad, se exponía que, frente a un intelectual como Jaime Vera que se contentaba con la lucha pacífica entre intereses y doctrinas, Pablo Iglesias sí había combatido las dos tendencias antimarxistas del movimiento obrero español: la reformista, "la tendencia a convertirse en una organización de tipo reformista para la lucha exclusiva por mejoras inmediatas"; y la republicanizante, la tendencia a rebajarse "al papel de escudero de los partidos republicanos" (Araquistáin, 1936, 156). El teórico de los caballeristas solía decir en los tiempos bolcheviques que existían tres generaciones en el partido socialista (Araquistáin, 1935b, 346): la primera o de los fundadores, la intermedia y la de los jóvenes socialistas que veían en Largo Caballero "un maestro de acción indiscutible", cuya misión era devolver al partido socialista a la buena línea marxista inaugurada por Pablo Iglesias. Desde la posición caballerista, los jóvenes del socialismo español habían bebido en las fuentes de Lenin y de la revolución rusa, y por eso se hallaban más cerca de la primera generación, la inspirada directamente en Marx y Engels. En cambio, la generación intermedia, la de los socialistas maduros, y, en realidad, la de los intelectuales Besteiro, Prieto o Fernando de los Ríos, tenía el inconveniente de haberse formado en la época de estabilización del capitalismo y de las ilusiones liberales y democráticas. Mucho se ha hablado del casi legendario enfrentamiento entre Prieto y Largo Caballero, pero no menos importante fue el desencuentro en la época de Leviatán entre Araquistáin y Besteiro. En estos años el publicista del caballerismo se encontraba ya muy lejos del socialista moderado que todavía era cuando publica El ocaso de un régimen, obra en la que llegaba a elogiar a Besteiro en estos términos: "Hay, claro está, casos admirables en que un intelectual se compenetra totalmente con la organización obrera y la organización con él, como el de Julián Besteiro, presidente del partido socialista y de la Unión General de Trabajadores." La censura y ridiculización de este último por el escudero de Largo en el artículo "El profesor Besteiro o el marxismo en la Academia", escrito en mayo del 35 tras el ingreso de Besteiro en la burguesa Academia de Ciencias Morales y Políticas, refleja el grado de desunión que había en el PSOE. Para los caballeristas era peor Besteiro, que sin ser marxista proclamaba serlo ante la academia, que Fernando de los Ríos, quien por lo menos tenía la decencia de manifestar que no compartía todos los fundamentos y conclusiones del marxismo (Araquistáin, 1935a, 84). Y es que el socialismo de Besteiro, basado en la teoría de la impregnación, en que "las tendencias opuestas al progreso del socialismo" se iban "impregnando de la misma doctrina" que combatían, no era tanto marxista como fabiano (Araquistáin, 1935, 5). Según el director de Leviatán, el marxismo del gran admirador de Roosevelt malinterpretaba las enseñanzas de Marx y Engels. Al mismo tiempo proponía un reformismo socialista que se limitaba a seguir "al máximo falsificador del marxismo", al socialdemócrata Kautsky, al responsable, primero, de rebajar el sentido revolucionario de los fundadores del marxismo, y, luego, de minusvalorar el papel esencial de la lucha violenta entre las clases y de la dictadura del proletariado (Araquistáin, 1935a, 72ss). En otro artículo contra Besteiro, "Un marxismo contra Marx", Araquistáin explicaba la diferencia entre el socialismo reformista y el revolucionario o bolchevique con la ayuda de dos mitos: las metáforas políticas del Leviatán y el caballo de Troya. Decía el principal hombre de Caballero que los marxistas auténticos luchaban por establecer la dictadura del proletariado, cuya primera tarea debería consistir en crear el Leviatán socialista, el Estado absoluto que, tras suprimir los derechos individuales que, como el de propiedad privada, eran el origen de todas las injusticias, se convertiría en un Estado sin clases; y sólo entonces, como buen monstruo, se haría inútil y acabaría devorándose a sí mismo. En cambio, los socialistas reformistas, marxistas evolucionistas o socialdemócratas pretendían crear un caballo de Troya, cuya apariencia fuera conforme con la legalidad troyana, la burguesa, pero en cuyo interior estuviera oculto el marxismo. Por supuesto, Araquistáin -en un discurso que recordaba la exaltación soreliana de la violencia revolucionaria-sostenía que este caballo iba vacío o sólo llevaba troyanos disfrazados. Aún peor era lo que sucedía en el campo de la derecha liberal. El hombre que, para el editor de Leviatán, representaba la traición de los clercs era, sin duda, Ortega y Gasset. El Araquistáin del exilio, aunque modere el tono de su crítica, seguirá atribuyendo a las elites, particularmente a intelectuales como Ortega, una parte considerable de la culpa del último desastre español, la guerra civil. Precisamente es al intelectual, al filósofo contemporáneo que escribe su obra entre 1850 y 1950, a quien dedica su libro póstumo. LA TRAHISON DES CLERCS: ORTEGA Y GASSET Y EL PROBLEMA DE LAS ELITES EN ESPAÑA Araquistáin escribió tres textos relevantes sobre Ortega: un artículo, dividido en dos partes, en la revista Leviatán ("José Ortega y Gasset: profeta del fracaso de las masas", n. os 8 y 9), un apartado en Pensamiento español contemporáneo y un elogio fúnebre en la revista Sur (n.o 241, julio-agosto, 1956). En el libro del exilio reconoce, aun insistiendo en la crítica, que quizá comentó en 1935 la obra de Ortega "con excesiva acritud" (Araquistáin, 1962, 89). El filósofo madrileño era, según el antiguo caballerista, "esencialmente un periodista filosófico o un filósofo periodístico". Esta inclinación de los escritores españoles -la del propio Araquistáin-hacia el periodismo se debía a que, "como buenos meridionales, nos encanta lo que el periódico moderno tiene de ágora, de academia y de stoa" (Araquistáin, 1962, 80). La curiosidad de hechos e ideas está muy presente en la obra de Ortega, y por ello hay que reconocerle al menos "el gran servicio pedagógico de haber puesto en circulación en España más ideas filosóficas o semifilosóficas que ningún otro español de su tiempo" (Araquistáin, 1962, 81). No obstante, en el artículo publicado en Leviatán sí se consideraba al periodismo una de las causas de la defectuosa filosofía de Ortega. En concreto, las contradicciones de España invertebrada eran producto de la "mentalidad dispersa, inconexa y disgregada de Ortega y Gasset", la cual se debía a su vez "a la forma de producción periodística en que han solido salir casi todos sus libros" (Araquistáin, 1934-35, 298). En el áspero artículo de comienzos del 35, aparte de mostrarse estas contradicciones del pensamiento de Ortega, algunas de ellas fruto de su deseo de ser el filósofo de moda, se le acusaba también de olvidar "los deberes más elementales de probidad científica", sobre todo el de desvelar sus fuentes, así como de conocer muy tarde a Dilthey, a pesar de que el español se hallaba en Alemania en una época en la que el filósofo germano gozaba de un cierto reconocimiento. Pero la crítica del 35 se centraba, como la del libro póstumo, en dos cuestiones más relevantes: la malinterpretación de Kant y el problema político y social de las elites y masas. Antes y después del exilio, ese socialista neokantiano que siempre fue Araquistáin seguirá subrayando la injusticia que Ortega cometió con el filósofo de Königsberg en el ensayo Kant, 1724-1924: reflexiones de centenario. Para el socialista español, nos encontramos ante el menos alemán de los filósofos alemanes porque lo más típico de éstos no ha sido "el criticismo, es decir, el relativismo, sino lo absoluto, como ideofanía". A la crítica que hace Ortega al filósofo ilustrado de padecer ontofobia, el escéptico y relativista Araquistáin responde que "desgraciadamente Kant no padeció bastante de ontofobia" (Araquistáin, 1962, 82). Le reprocha además a Ortega no haber entendido la ética kantiana, especialmente cuando el autor de España Invertebrada sostiene que "la razón práctica consiste en que el sujeto (moral) se determina a sí mismo absolutamente", y que en cierto modo la razón práctica kantiana desemboca en razón vital. El Araquistáin de 1935 todavía tiene mucho de neokantiano y por eso critica la anterior interpretación de Ortega: "que una máxima moral sea incondicionada no es igual a que toda vida sea incondicional e incondicionada, sino todo lo contrario". El "individualista y vitalista" Ortega no comprende, por tanto, que la moral kantiana es "para la vida de todos" y que la "jirafa ética" 7 conducía al socialismo, no al individualismo (Araquistáin, 1934-35, 293ss). En los años del exilio, Araquistáin, como en el pasado, sigue fiel a una noción neokantiana del socialismo y continúa ensalzando el valor de los sindicatos en el futuro Estado socialista. En relación con esta última cuestión escribe que "en todas partes los sindicatos se están dando cuenta de que son ellos la gran fuerza organizada frente al Estado capitalista y ya no se resignan a ser sólo el cuerpo político del proletariado". Llega a decir que "Occidente marcha hacia un tipo de Estado sindical o tal vez de economía mixta, quizá como una etapa previa al Estado socialista" (Araquistáin, 1983, 350). Y cita incluso a Prieto, quien preveía que, tras el fin de Franco, "la libertad sindical precederá a la política", y que en ese hipotético régimen los sindicatos deberán reunirse "en una cámara sindical con carácter consultivo y eventualmente legislativo" (Araquistáin, 1983, 351). Araquistáin era un socialista muy peculiar. Hasta en la misma etapa bolchevique muestra su predilección por el neokantismo de Hermann Cohen. En realidad no había cambiado tanto en relación con la época de España en el crisol, el libro donde el rasgo más característico del socialismo era la "tarea de humanidad, el propósito colectivo, superior a todo fin y discrepancias individuales. El socialismo, por encima de sus miembros, incluso por encima de sus programas, demasiado limitados en relación con su esencia espiritual, tiene por objeto un problema infinito de justicia: que todo hombre -como quería Kant-sea un fin en sí, como si todo el universo convergiera teleológicamente en él, y no un simple instrumento explotable en provecho de los demás" (Araquistáin, 1921, 25ss). Después de esta definición coincidente con el imperativo categórico ("obra de manera que siempre uses como fin y nunca como mero medio, la humanidad que hay en tu persona, así como en la persona de otro cualquiera"), no sorprende que, según Araquistáin, el socialismo se limitara a reproducir y completar, gracias a la experiencia adquirida a lo largo de los siglos, la teoría cristiana de que todos los hombres nacen iguales; esto es, la teoría repetida más tarde por los puritanos norteamericanos en la Declaración de Independencia y por la Declaración francesa de derechos del Hombre. "Lo único que varía en el socialismo moderno -añadía-es que la propiedad de los instrumentos de producción y cambio debe ser colectiva en vez de privada" (Araquistáin, 1921, 27). Pero reitero que el Araquistáin neokantiano no ha desaparecido en la etapa bolchevique. En enero del 35, desde las páginas de Leviatán y en el contexto de crítica a la posición elitista de Ortega, del filósofo de moda que se ha alejado caprichosamente de Kant, el editor socialista considera una vez más al imperativo categórico -mas según la interpretación de la Ethik des reinen Willens de Cohen-como "el programa moral de la nueva era y de todo el futuro de la historia universal"; o, en otras palabras, como la vía más segura hacia un socialismo que opone al valor de la cosa la dignidad de la persona que es un fin en sí mismo (Araquistáin, 1934-35, 294). Probablemente, la crítica a Ortega de mayor peso -en el 35 y en el libro póstumo-tiene que ver con la cuestión socio-política y, fundamentalmente, con el rechazo de España invertebrada y La rebelión de las masas. Aun así, no todo es despreciable en el pensamiento político del filósofo madrileño. A pesar de la extravagante tesis del "origen deportivo del Estado", lo cierto es que en el ensayo "Abenjaldun nos revela el secreto" Ortega ya resume el origen del Estado de conquista o sociológico, Estado que, como ya hemos indicado, le permitía a Luis Araquistáin explicar tanto la dictadura franquista como el atraso español. Los artículos de 1935 comenzaban con una cita del prólogo de la cuarta edición a España invertebrada en la que, después de profetizar el fracaso de las masas en su pretensión de dirigir la vida europea, demostraba ser un "paladín de la contrarrevolución y la antirrevolución" (Araquistáin, 1934-35, 253). Más tarde, en el texto póstumo, La rebelión de las masas será acusada de ser un libro contrarrevolucionario, una pseudofilosofía reaccionaria que entusiasma a las juventudes fascistas (Araquistáin, 1962, 120). Por otra parte, "el problema de las elites o minorías selectas" estaba ya en el "injustamente olvidado" Costa (Araquistáin, 1962, 131), para quien España no era una nación libre digna de llamarse europea porque los mejores eran gobernados y dirigidos por los peores. En realidad en nuestro país se daba "una selección darwiniana al revés" (Araquistáin, 1962, 60). Ortega veía la sociedad, en aquellos célebres libros, como una reunión de dos factores, minorías y masas, que no coincidían con la división en clases sociales. Una comunidad sin aristocracia, sin minoría egregia, que sólo algunas veces se identificaba con la histórica, no era una sociedad. El papel de la minoría selecta consistía en dar ejemplo a la masa, y el de ésta en seguir dócilmente a la minoría superior. La rebelión de las masas -la manifestación más evidente de la enfermedad de la nación-tenía lugar, por tanto, cuando la masa integrada por el colectivo de hombres medios no se resignaba a su destino de seguir a la minoría directora. Ortega agregaba en España invertebrada que "el pueblo español, desde hace siglos, detesta todo hombre ejemplar o, cuando menos, está ciego para sus cualidades excelentes". En nuestro país dominaba un "plebeyo resentimiento contra toda posible excelencia" y, como en Rusia, había "escasez de individuos eminentes". REGENERACIONISMO, SOCIALISMO Y ESCEPTICISMO EN LUIS ARAQUISTÁIN "La rebelión sentimental de las masas, el odio a los mejores, la escasez de éstos", no era otra la causa del fracaso hispánico. Y, sin embargo -comentaba Araquistáin en la revista Leviatán-, Ortega se contradecía cuando, después de atribuir todo el mal español a la insubordinación de las masas, señalaba que "gracias a la masa, en España ha habido nación, sociedad e historia". Pero si el pueblo lo ha hecho todo en España, incluida la colonización de América, si "no ha habido más que pueblo, masa", resulta inevitable preguntarse cómo y contra quién pudo rebelarse el pueblo, o cómo pudo haber aristofobia si no existían los mejores (Araquistáin, 1934-35, 297). Por lo demás, Ortega se equivoca completamente en el diagnóstico sobre la rebelión de las masas hispanas. Ciertamente, nuestro pueblo tiene una mentalidad igualitaria, pero ningún otro "sigue tan ciegamente al hombre que elige". Los españoles adolecen del defecto contrario al que denuncia Ortega: no se asocian por ideas o intereses, "sino en torno de una personalidad y hasta dar la vida por ella" (Araquistáin, 1962, 90). Esta Herrenmoral de las elites orteguianas está desde luego inspirada por Nietzsche, mas la influencia del liberalismo doctrinario es quizá la fundamental. En el fondo, Araquistáin ve en el filósofo madrileño un liberal del siglo XIX, para quien "el liberalismo es la suprema generosidad: es el derecho que la mayoría otorga a las minorías". A imagen de esos doctrinarios que tanto ensalza el "Prólogo para franceses" de La Rebelión de las masas 8, Ortega era un filósofo que ante todo quería defender a la tradición liberal de los asaltos de las dictaduras soberanas de Mussolini y Primo de Rivera. Sin embargo consiguió lo contrario de lo que se proponía: "no fueron las masas liberales españolas, burguesas y proletarias, las que más leyeron los dos libros", sino "los señoritos falangistas, que se consideraban minoría selecta, guardianes de la tradición jerárquica española". El destino de Ortega fue así parecido al de Nietzsche: ambos acabaron siendo utilizados por la extrema derecha, uno por la alemana y otro por la española. De esta manipulación fue culpable, aun sin quererlo, el propio Ortega con su pensamiento profundamente antidemocrático, según nos dice Araquistáin en su libro póstumo, en una obra que pretendía ser menos agria con el gran filósofo español, pero que al final no lo consiguió, como demuestra esta concluyente opinión: "José Ortega y Gasset, sin haberse dado cuenta, simboliza como nadie la trahison des clercs" (Araquistáin, 1962, 92). LA CRÍTICA DE LA FILOSOFÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA DESDE EL ESCEPTICISMO DE ARAQUISTÁIN No sólo con el liberalismo elitista de Ortega, el libro póstumo de Araquistáin sobre la filosofía española contemporánea también se muestra muy crítico con el misticismo krausista y con la filosofía antivital de Unamuno. El regeneracionismo de Joaquín Costa y el escepticismo de Menéndez Pelayo merecen, en cambio, todos sus elogios. En cierto modo podemos afirmar que la filosofía -con las limitaciones inherentes a un escritor de periódicos-de nuestro socialista se deduce de las críticas y alabanzas a sus filósofos preferidos. Es por ello una síntesis de realismo, vitalismo, socialismo, regeneracionismo y relativismo. La crítica del krausismo, de la filosofía que introduce en España el progresismo para contrarrestar el eclecticismo de los liberales moderados, entronca con la crítica al republicanismo histórico. Araquistáin reconoce que el "ideal de humanidad" empleado por los krausistas españoles sirvió para combatir las posiciones neocatólicas -obsesionadas por el panenteísmo de los krausistas-y los principales males de España: un Estado corrompido, una Iglesia anquilosada e intolerante y una sociedad apática y retrasada. Ahora bien, los krausistas pecaron de ingenuidad y falta de realismo. El Araquistáin anticomunista y atlantista rechaza así el cosmopolitismo krausista, y en concreto los conceptos de Estado-tierra y Estado-Europa que, formulados inicialmente por el propio Krause, parecían entroncar con el misticismo hispánico, "con la tradición universalista y humanitaria de nuestro senequismo e internacionalismo jurídico". Este espíritu ingenuo explica en parte los errores de esa "casi república platónica", república de idealistas, que fue la de 1873 (Araquistáin, 1962, 34). También dicha impronta krausista se deja sentir en los artículos de la constitución del 31 relativos a la renuncia de la guerra. Araquistáin agrega que los ideales de progreso y humanidad no deben estar reñidos con una política realista y con un buen conocimiento de la idea sociológica del Estado. En este contexto aprovecha para criticar el pacifismo y neutralidad de una buena parte de la izquierda. En el pasado, este ineficaz pacifismo llevó a la Segunda República a rechazar una alianza militar con Francia; alianza que seguramente hubiera servido para evitar la neutralidad de las potencias democráticas en la guerra civil. En los años cincuenta, Araquistáin sigue temiendo que el pacifismo sirva a los intereses del imperialismo soviético. Tampoco se libran ahora de la crítica el socialismo de cátedra de Gumersindo de Azcárate o el mismo Francisco Giner de los Ríos, el "pedagogo en acción", el fundador de la Institución de Libre Enseñanza, que, sin embargo, fue ensalzado en España en el crisol. La reforma krausista del hombre y de las instituciones sociales y políticas se convirtió al final en una moral estoica y austera que a veces rozaba el ridículo. Es probable -siempre según Araquistáin-que contribuyeran a hacer mejores personas, pero no fomentaron lo que más necesitaba España, buenos ciudadanos, como demuestra el hecho de que los hombres educados por el krausismo, los identificados con la utópica y cómoda Tercera España, se declararan en la guerra civil espectadores neutrales (Araquistáin, 1962, 39). Les faltó también a los discípulos de Krause luchar por lo más necesario, la revolución industrial y agrícola de España. Ésta es la razón por la que, en cambio, recibe grandes elogios Joaquín Costa, el jurista y filósofo que se lanza, tras sentir el punzante dolor del 98, a "un apostolado de regeneración nacional". Costa tiene el acierto de pensar que la europeización del país pasa por atribuir al Estado la misión de transformar el "medio físico económico de España" (Araquistáin, 1962, 59). El socialista exiliado intenta justificar incluso al "cirujano de hierro", a esa especie de héroe carlyniano que aparece en una época de profunda animadversión hacia el parlamentarismo. Opina el socialista que el cirujano escondía la defensa de unas cortes presidencialistas como las estadounidenses. Es más, presenta la fórmula presidencialista como la más eficaz para España, y tal vez "sea algún día el programa de la Tercera República española" (Araquistáin, 1962, 61). El peculiar e ingenuo misticismo krausista no sirvió para hacer salir a España de su atraso. Pero aún más inútil -comenta Araquistáin-fue la filosofía antivital de Unamuno, que ni siquiera logró crear una escuela. El autor del agónico Del sentimiento trágico de la vida, el hombre que nunca comprendió ni la alegría vital de los griegos ni la joie de vivre moderna, constituye un buen ejemplo de inteligencia hipertrofiada por abuso de sus funciones. Se trata de un intelectual que, por preocuparse en exceso del peor de los males, la muerte, acaba desviándose de los fines naturales de la vida. Así se explica que, en "Sobre la europeización", Unamuno acuse a la ciencia moderna de sustituir la necesaria atención hacia la muerte por el culto a la vida. Argumentaba el literato que era preciso volver a subordinar la ciencia a esa sabiduría centrada en la muerte e imponer a los otros pueblos de Europa nuestro espíritu (Cerezo, 2003, 452). "Eso hizo -explica Araquistáin en su vena crítica-España durante siglos, volver la espalda a la vida y sólo pensar en la muerte. Ya vemos el resultado. Los españoles mejores, los más inteligentes de estos siglos, como Unamuno en el nuestro, los teólogos y los místicos, renunciaron a la vida", y con ello "se perdió España para la Historia. Aunque no sea la única, creo que esa filosofía antivital es, más que ninguna otra, la causa de las desdichas pasadas y presentes de España. Quizá sea ella misma efecto de nuestra pobreza. Los pueblos prósperos y ricos no dan místicos" (Araquistáin, 1962, 73ss). Aunque en principio pueda parecer sorprendente, el pensador más alabado en su libro sobre el pensamiento español contemporáneo es Marcelino Menéndez Pelayo, a quien ya había dedicado en el pasado, en su etapa de embajador en el Berlín de la República de Weimar, una célebre conferencia, que más tarde sería reeditada incluso en la España franquista 9. Después de analizar brevemente las tres grandes obras de Menéndez Pelayo, La ciencia española, la Historia de los heterodoxos españoles y la Historia de las ideas estéticas en España, señala que "su obra en conjunto quedará como la historia individual más completa, más erudita, más inteligente y más bella de la cultura española" (Araquistáin, 1962, 43). El peor Menéndez Pelayo, el que gusta a la "España Grande y Una" de Franco, es el "católico a machamartillo" de los Heterodoxos, el de su "ardorosa juventud", el apologista de la Inquisición y de la intolerancia. Mas, a pesar de su lenguaje fanático, la obra sobre los herejes españoles demostró lo contrario de lo que pretendía: en España habíamos tenido innumerables heterodoxos. Como otros hombres de su generación, particularmente Albornoz, Araquistáin señalaba en este contexto que la inexistencia de una Reforma, "nuestra forzada unidad religiosa", aplazó en más de tres siglos la evolución hacia el capitalismo, como apuntaba el famoso libro de Weber, y hacia la tolerancia que, como insistían filósofos y juristas desde Guizot hasta Jellinek, se hallaba en el origen de la Europa liberal. En realidad, "lo único para lo que sirvió la unidad religiosa e inquisitorial fue para retrasar el proceso histórico que realizó casi toda Europa en los siglos XVI y XVII con las llamadas guerras de religión" (Araquistáin, 1962, 45). El Menéndez Pelayo de Araquistáin no es, desde luego, el sectario de la juventud, sino un hombre curioso y abierto a todas las ideas. De ahí que, entre sus debilidades, se encontrara el ilustrado abate Marchena y la filosofía escocesa de Cataluña, a la cual admiraba sobre todo porque se alejaba del verbalismo, de la retórica hueca, que caracterizaba tanto a la escolástica como al krausismo. Lejos de ser el fanático querido por los franquistas, fue sobre todo un escéptico, un firme defensor de un pensamiento "histórico, relativo y condicionado", así como un gran admirador del ars nasciendi de Juan Luis Vives y de la docta ignorantia del Cusano (Araquistáin, 1962, 48). El ensayo "De los orígenes del criticismo y del escepticismo y especialmente de los precursores españoles de Kant" fue escrito por el Menéndez Pelayo más próximo al neokantiano Araquistáin. En dicha obra, tras celebrar el florecimiento científico de la España de los siglos XII y XIII y la colaboración de las tres culturas, el santanderino afirmaba que el escepticismo y criticismo -mas no el dogmatismo-"se dan en la madurez de la razón". Entre los más grandes filósofos críticos, a los que llega a considerar precursores del criticismo kantiano y escocés, mencionaba a dos hombres del siglo XVI: Juan Luis Vives y Francisco Sánchez, el autor de una obra titulada Quod nihil scitur. En suma, Menéndez Pelayo era, para el socialista, un "escéptico a fondo" que "probablemente hallaba consuelo, más que en la religión, en el sentimiento estético de la historia" (Araquistáin, 1962, 52). Quizá también sea éste, en última instancia, el sentimiento dominante en Araquistáin, como se puede observar en la preliminar "Divagación autobiográfica" a una pequeña novelita, La sirena furiosa, que había escrito muchos años antes del exilio: "Creo que la posición más alta que puede alcanzar el espíritu es la estética, o sea, la posición donde se contempla el mundo y la vida como una creación sin fin ni propósito, como formas del placer y del dolor en sí. Si Dios no fuera una idea mecánica del mundo, y, por lo tanto, indiferente a lo que en él ocurre, sino una idea sensible o humanizada substancia, sólo podría sentir piedad hacia sus criaturas: hacia los que sufren como hacia los que desesperan por no poder creer. Esa idea de Dios es la suprema actitud estética, el punto de coincidencia de la ética y el arte, en que no existe el bien ni el mal, sino la necesidad trágica del destino de cada hombre." Este escepticismo afín al sentido estético de la historia, que "contempla el mundo y la vida como una creación sin fin ni propósito", se hallaba muy lejos del metafísico materialismo histórico y del esteticismo de Ortega 10. En cambio, sí tenía mucho que ver con el ethos kantiano de la historia que, por seguir el imperativo de no servirse de la humanidad, en ninguna persona, como mero instrumento, destruía la mediatización de la historia y la posibilidad de ser exhortados a ponernos a su servicio como simples medios (Blumenberg, 1999, 170). Probablemente, ese escepticismo tan afín al criticismo y relativismo 11, junto al accidentalismo y socialismo neokantiano, sean los elementos fundamentales e invariables del pensamiento de Araquistáin. De todos modos fue en la soledad del exilio, en la última etapa de su vida, cuando todos esos elementos, que con tanta dificultad subsistieron durante el confuso y dogmático período bolchevique, lograron una mayor coherencia y armonía. mitt, 1983, 215). 6 William James mantenía que "la historia de la filosofía es en alta medida un choque de ciertos temperamentos humanos (disposiciones caracteriológicas)"; para Dilthey, "el conflicto de los sistemas metafísicos se funda últimamente en la propia vida, en la experiencia vital"; y Ortega deseaba "tratar una filosofía no hablando de ella misma, sino de su articulación con el hombre que la produjo" (Araquistáin, 1934-35, 260ss). 7 La comparación de Kant con la jirafa es una ironía que se halla en los artículos del 35 y en el libro póstumo. El mismo Ortega sugiere esta comparación en el fragmento de Reflexiones del Centenario en que decide distanciarse del pensamiento kantiano e ir a visitarlo desde fuera, "como se va en día de fiesta al jardín zoológico para ver la jirafa" (cit. en Araquistáin, 1934-35, 292). 8 Confiesa Ortega en el citado prólogo que los doctrinarios son "lo más valioso que ha habido en la política del continente durante el siglo XIX". Fueron los que descubrieron "lo histórico como el verdadero absoluto". De ahí que despreciaran los "derechos del hombre porque son absolutos metafísicos, abstracciones e irrealidades". Alude el filósofo al "caso escandaloso de que no exista un solo libro donde se haya intentado precisar lo que aquel grupo de hombres pensaba" (Ortega y Gassett, 1983 4, 23ss). Años más tarde, en 1945, uno de sus discípulos, Luis Díez del Corral, publicaría este libro, El liberalismo doctrinario. 9 El académico Melchor Fernández Almagro llegó a escribir un artículo en ABC (19 de agosto del 56), en el que se reconocía la labor de Araquistáin en la divulgación de Menéndez Pelayo (Fuentes, 2002, 177). 10 El Ortega y Gasset de Araquistáin es al final un brillante escritor barroco que no quedará por sus ideas, sino por "su forma y por su emoción estética". "Cuando, en Marburgo -escribía en la última página dedicada a Ortega en el libro póstumo-me decía melancólicamente que abandonaba la novela para dedicarse, por patriotismo, a la filosofía, en realidad no se desviaba de su vocación; simplemente cambiaba de tema, de materia. Su obra seguiría siendo, esencialmente, una obra de arte." 11 En el final de su ensayo "España ante la idea sociológica del Estado" se puede apreciar nítidamente esa actitud escéptica: "las conclusiones a que he llegado no pretenden ser verdades absolutas, sino muy relativas, y acaso ni siquiera eso, sino simples
Pocas obras filosóficas del exilio español republicano del 39 sufrieron -y absorbieron, hasta sus últimas consecuencias-el impacto de la guerra y de sus consecuencias como la de Eugenio Ímaz. Pocos intelectuales como él la afrontaron con tanta dignidad e indignación, desplegando al mismo tiempo en torno a ella una jugosa reflexión sobre la crisis de su tiempo. Como reconociera su compañero de exilio José Gaos, "Ímaz figura a la cabeza entre los españoles que sintieron y sienten aún con más intensidad la guerra y se esforzaron y siguen esforzándose por pensarla con más honradez y públicamente" (Gaos 1990, 127). Ciertamente, al hilo de su exilio en México, su pensamiento, entrecortado y lúcido, rocoso y mordaz, concentrará un potencial crítico y adquirirá un tono de denuncia que desbordan los límites de lo que sólo superficialmente podría denominarse una "cuestión española", para señalar toda una constelación de motivos, referencias e hilos conductores implicados entre sí. La quiebra de Europa, y con ella de la misma racionalidad moderna que la alimentara durante siglos, adquiere una actualidad catastrófica bajo la experiencia del fascismo y en la inhibición de las democracias occidentales para hacerle frente, saldándose todo ello con el sacrificio de una república entera. "¿Trataremos de buscar la explicación de nuestro fracaso en nuestra singularidad, en nuestro casticismo, y nos consolaremos de ese fracaso con las promesas ultraístas de esa singularidad?" -se preguntaba en este sentido en 1940, nada más iniciado su exilio-"¿Y si buscáramos las razones de nuestro fracaso en el Comité de No-Intervención, por ejemplo?" Si para Ímaz toda guerra civil es una "microhistoria" en el que "el hombre vive y comprende la historia entera con una intensidad y una condensación únicas" (54), la de España fue una "lucha civil internacional" (63) y hasta una "guerra quijotesca por el hombre universal" (Ímaz, 1988b, 54). Es decir, más allá de tantos tópicos sobre las "dos Españas" o sobre el cainismo y el atraso hispánicos, la guerra española supuso para Ímaz un acontecimiento decisivo para la cultura occidental en medio del que ésta desahogó su barbarie latente, largamente incubada a lo largo de una modernidad en la que el hombre universal del Renacimiento se fue pediendo asimismo, reencontrándose sólo bajo el "simulacro" imponente pero trágico de los sistemas filosóficos (1988b, 110). La respuesta de Ímaz a la guerra española es por tanto densa, si bien fragmentada a lo largo de sus numerosas colaboraciones en revistas tan significadas como Cruz y Raya y Diablo Mundo, y, ya en el exilio, España peregrina. Bajo una primera aproximación, lo que esta respuesta trasluce de una manera más inmediata es la denuncia como imperativo primordial de la tarea intelectual. Es la experiencia concreta de la injusticia más que cualquier pregunta teórica -en este caso el paso por las armas de la legitimidad y legalidad republicanas-, lo que da un sentido inmediato a nociones como las de verdad y de subjetividad; lo que sustenta, en primera instancia, toda autoridad moral y política. La denuncia es por tanto la primera condición de un pensar responsable y comprometido con su tiempo, si es que no del mismo pensar en cuanto tal. Éste es al menos el mensaje que se desprende de sus artículos de 1940 en España peregrina. "Soy un desterrado, un refugiado político. Nada menos que todo un hombre, que ésta es la distinción singular que a los sin patria nos hace el país que nos acoge", escribe en este sentido en "Pensamiento desterrado". "Uno entre los demás" -prosigue-cuyo oficio "es de escritor" y cuyo deber "como escritor, será, pues, no traicionar, en el escritor, al hombre" (62). Precisamente la traición al hombre bajo construcciones discursivas o abstractas de la subjetividad, la traición a la condición humana en su expresión irreductible -aquella que se hace visible a la intemperie del exilio-es lo que para Ímaz delataría a una escritura académica o a un saber de cátedra. Es decir, a todo conocimiento que, racionalizando o eludiendo la guerra, se haga cómplice de ella. De ahí la insatisfacción de Ímaz con "esas dos filosofías que fueron nuestro alimento espiritual en España antes de la guerra: el neokantismo primero y la fenomenología después. Porque son filosofías académicas, centradas técnicamente en un solo problema: la teoría del conocimiento." Problema del que "han descendido a los demás campos de la actividad humana, y han descendido, como es natural, robinsonescamente (...)" (66). Ímaz reivindica así la capacidad de escándalo ante la barbarie como piedra de toque de la experiencia filosófica, frente a la objetividad aséptica de una reflexión "pura" o metafísica que pretende resolver los problemas humanos a partir de construcciones trascendentales ajenas a la realidad sangrante que le envuelve y más o menos deudoras del paradigma epistemológico de la ciencia -esto es, un sujeto frente a un objeto-. Por eso el intelectual, lejos de asemejarse a un héroe robinsonesco del pensamiento que pone la realidad entre paréntesis despojándola de toda inclemencia pasajera o contingente y que reduce todo testimonio subjetivo a un prejuicio o una "doxa" de la que es necesario desprenderse como si se hallara en una isla desierta, está llamado a pensar desde los escombros. Por eso "nosotros buscamos, al revés, una teoría del conocimiento, de la conciencia, que surja de la realidad social que nos rodea, que nos señale el camino para resolver los problemas que su bancarrota nos plantea (...)" (66) 1. ¿Una teoría vitalista como la de Ortega, misma que -recordemos-empezara a despejarse a partir, precisamente, del abandono de tempranas posturas neokantianas? "¿Qué es eso de la vida? ¿Acaso la razón vital? -se pregunta Ímaz-"Cuando oigas hablar de la razón vital sopla, a ver si se animan los rescoldos" (61). El vitalismo orteguiano también fue alimento espiritual en tiempos de paz y flaqueza corporal en tiempos de guerra. Aun poniendo el acento en la experiencia singular del hombre concreto, liberándolo así de las abstracción idealista y de la cosificación positivista, no llegó a asumir la experiencia humana de la guerra ni su presencia latente en el meollo mismo de la civilización. Desarrolló una teoría del conocimiento surgida del trajín vital que envuelve al individuo, pero escasamente vigilante ante la latencia de la barbarie en la cultura, incluso bajo sus expresiones más refinadas. Eludió el heroísmo robinsonesco para reemplazarlo por un heroísmo deportivo, según su conocida metáfora de la vida como deporte, y si bien es cierto que otras metáforas suyas no menos célebres como la del naufragio dan al traste con cualquier filosofía de tierra firme, la razón vital siguió siendo una noción académica cuyo fuelle apenas alcanza para reanimar los rescoldos de la guerra. Ímaz no discute con Ortega, pero dista mucho de satisfacerse con una experiencia vital en términos olímpicos o académicamente autocomplacientes. En 1940, la vida se revela, sobre todo, como una experiencia desequilibrada por el primado de la guerra. De alguna manera, Ímaz se inscribe en la órbita schmittiana que levanta acta de ese primado, largamente gestado a lo largo de la modernidad a partir de referencias tan capitales como la de Hobbes 2. La amenaza de la guerra es entonces el eje sobre el que pivota toda política, tanto en la teoría como en la práctica, tanto hacia adentro como hacia afuera del Estado. Ahora bien, Ímaz se inscribe en esta órbita en unos términos diametralmente opuestos a los schmittianos: si la guerra es la experiencia crucial de nuestro tiempo, habrá entonces que pensar la política a contrapelo y no en función de ella. De ahí su pacifismo beligerante, "militante y defensivo, que arrostra la guerra contra la guerra" (67), acorde con un humanismo que elude el pesimismo antropológico de la guerra como estado natural. Para Ímaz, ésta no puede ser obviada por ningún pensamiento responsable y hace mella en toda reflexión en torno a la vida, especialmente en momentos críticos como el de su tiempo, pero no por ello es antropológicamente esencial o necesaria. No lo es, aun cuando la cultura y la civilización se impregnen de ella o, la justifiquen al amparo del saber académico. De ahí en cualquier caso -afirma-"mi paso firme de hombre de letras rehecho por la guerra" que ni "filósofos" ni "maestros" ni "sociólogos" ni "estudios ni demostraciones nuevos" podrá trabar, puesto que "la verdad que me sostiene es hija de la pasión más clarividente. La pasión, en mí, de la verdad de mi pueblo. Única verdad, ahora me doy cuenta, que he poseído en mi vida y que, por eso, me posee"; de la que "tendrán que salir las demás, todas las demás, las altas y las bajas" (62s); y al trasluz de la cual se evidencian, además, todos los engaños, pues esa "verdad escandalosa mía, la que me enseña la traición cometida con mi pueblo" -prosigue-"es ésta: me han engañado, nos han engañado. Engañado en la escuela, engañado en la iglesia, engañado en la familia, engañado en los periódicos. El engaño es tan inmenso, tan total y sin resquicio, que hasta el manto que lo cobija, el lenguaje, se desdice y me engaña, nos engaña. Dice orden y quiere decir todo lo contrario; amor al pueblo, y todo lo contrario; espiritualismo, y todo lo contrario; civilización, y todo lo contrario; paz, y todo lo contrario, etc., etc. (...) A la verdad la llamaremos, pues, mentira. Mentira a esa verdad que se expende en los centros más acreditados. Mentira a la verdad de cátedra. (...) Mentira a la verdad que nace partenogenésica de los libros, mentira a la verdad que se anuncia como estática adecuación entre el pensamiento y las cosas y que se denuncia por su etérea esquivez cuando el hombre la implora" (63) Con un tono muy similar comenzaba su "Discurso in partibus": "Vengo en representación de mí mismo. Quiero decir: que vengo a decir la verdad que llevo dentro, la verdad que nuestra guerra me metió en las entrañas. Ya veis: un intelectual que lleva la verdad en las entrañas, y no en la cabeza, y una verdad que le metieron, no que él se haya fabricado. ¿Puede haber algo más absurdo, con pretensiones de intelectual? Pues este absurdo es lo que vengo a defender. No sé si acertaré a exponer aquella idea que el estallido de la guerra civil me fulguró con una claridad pasmosa: que la verdad no está en el cielo, poblado de intuiciones, sino en la tierra, en esta tierra que piso, junto a mí, y que esta verdad hay gentes que me la quieren arrebatar" (53). Si la guerra y el exilio son experiencias humanas radicales que toda teoría del conocimiento habrá de recoger y asumir si no quiere traicionarse a sí misma, el oficio del intelectual no será otro, entonces, que responder a estas experiencias con toda la beligerancia de su pensamiento. Por eso al intelectual responsable "le es imposible estar au dessus de la mélée", pues el "que se pone en medio" -afirma Ímaz, señalando a los de la "tercera España"-"no es intelectual ni hombre, es el pajarito en la máquina neumática que hinca el pico por falta de aire". La misma falta de aire, en definitiva, que apenas daba para animar un montón de rescoldos. Son puntuales, aunque nada casuales ni retóricas, las alusiones de Ímaz al "pueblo", el cual se hacía presente en algunas de las citas anteriores como verdadero antagonista del saber de cátedra y de su complicidad con la guerra. El pueblo, "con su profunda ignorancia, instruida sangrienta y eficazmente por la guerra, por la política" (56) asoma en estos escritos de Ímaz como la referencia inmediata del intelectual escandalizado ante la injusticia, vigilante ante el engaño del lenguaje y ante la barbarie latente en la cultura, y comprometido con una concepción democrática de esta última. Por eso "el pueblo español" era el único que, en medio de la guerra, "decía la verdad, la sentía en su raíz y daba consecuentemente testimonio de ella" (67). El pueblo asoma así, de alguna manera, como el sujeto veraz de la historia y el soplo constante de una vitalidad que, al no encogerse bajo ninguna definición académica, afronta la guerra a pecho descubierto. No es una suerte de "espíritu" a la manera de un "Volkgeist" tardo-romántico -que Ímaz identificará más bien con el nacionalismo fascista, como más adelante veremos-; ni un sujeto revolucionario en clave marxista 3; ni tampoco, obviamente, una "masa" a la que las élites ilustradas de turno están llamadas a educar sin más. Sería más bien el "nosotros" que sustenta al "yo" del testigo indignado, aquello que da sentido a una universalidad enraizada en la tierra, la piedra de toque de toda autenticidad reacia a la invención discursiva, y el sujeto anónimo de una historia escamoteada por las ideologías dominantes. Las apelaciones de Ímaz al pueblo invitan en este sentido a pensar en toda una constelación de referencias cercanas: la intrahistoria unamuniana, el "comunismo" religioso de Machado y la asimilación que de este último hizo Zambrano a propósito, precisamente, del advenimiento de la República y de su sacrificio bajo la guerra: en su obra autobiográfica Delirio y destino. Los veinte años de una española, por ejemplo, el pueblo sería el sujeto de toda una pleamar en la historia de España, caracterizada por la emergencia de una autenticidad velada durante siglos bajo el protagonismo de gestas imperiales, intrigas cortesanas y ordenanzas eclesiásticas, entre otros acontecimientos enajenantes, en íntima complicidad con la generación intelectual de 1930 4. Buena muestra de ello la célebre evocación zambraniana de aquellos "hombres pequeñitos españoles, indígenas", agolpados en la Puerta del Sol el 14 de abril de 1931, entre los que podía verse "a uno de ellos con abierta camisa blanca y brazos abiertos, gritando vivas a la República", como un fragmento vivo de "los fusilamientos pintados por Goya" (Zambrano, 2004, 677). Precisamente el descamisado de esta pintura había sido evocado por la propia Zambrano en Pensamiento y poesía en la vida española -uno de sus primeros escritos del exilio-, para ejemplificar el "realismo español"; esto es, "un modo de conocimiento" desprendido del pensamiento greco-latino-europeo, que no es ni "idealismo" ni "practicismo" y que, alimentado de un "fondo originario" reacio al lógos, ha permanecido "ametódico" y esquivo de la condición teórica propia del racionalismo europeo, "desligado de toda violencia más o menos precursora del apetito de poder". Un modo de conocimiento, por tanto, que es "lo otro que lo llamado teoría" y que es también "un estilo de ver la vida y en consecuencia, de vivirla; una manera de estar plantado en la existencia" (Zambrano, 1987, 34ss), expresada en géneros mayormente ligados al acontecer espontáneo e inmediato de la vida como la literatura o la pintura. Y es también una manera de morir. Al igual que el pueblo movilizado durante la guerra, casi por instinto y sin apenas armas, dispuesto a morir antes que a matar, evocado por la propia Zambrano en la segunda parte de Los intelectuales en el drama de España (1998, 103-127), el descamisado de Goya, cuya humanidad "se vuelca hacia fuera en un gesto pletórico de vida al borde mismo de la muerte (...), tan palpitante, tan rebosante de sangre y de ímpetu (...)", es "el hombre, el hombre íntegro, en carne y hueso, en alma y espíritu, en arrolladora presencia que penetra así en la muerte. "¿Desde cuando no se había muerto con la naturalidad verdadera y verídica con que moría el miliciano?" (Ímaz, 1992, 67s), se pregunta Ímaz no muy lejos de esta constelación zambraniana de símbolos, evocaciones y reflexiones relacionados con el pueblo y la guerra. Esa misma vitalidad palpitante a punto de ser acribillada a pecho descubierto era para él la viva imagen de la democracia republicana, "una democracia en vivo, en carne viva, en busca de su piel. Porque la piel que tenía, la republicana del 31, se la habían desgarrado brutalmente (...)" (55). La guerra española, decíamos al principio, fue una "lucha civil internacional", pero si también fue una "lucha quijotesca por el hombre universal", ello es debido a que su protagonista sacrificial, el pueblo español, o el pueblo sin más, la afrontó haciendo valer sus fibras más universales. El "hombre entero, verdadero" se encontró, no ya con su gemelo cainita de siempre, tantas veces evocado en la tradición cultural española, sino también con el hombre moderno barbarizado, con el sujeto de una Europa que había renunciado a su proyecto de universalidad, enquistándolo entre los pliegues de un nacionalismo expansivo y beligerante, del fascismo en última instancia. El pueblo descamisado y con la piel en carne viva tuvo así que vérselas con ese hombre moderno, uniformado con camisa parda, negra o azul, como dirá Ímaz en algunas ocasiones. dura, más allá de la vicisitud española y al hilo de una cierta crítica de la tradición filosófica moderna. Desde sus colaboraciones en Cruz y raya y Diablo Mundo había seguido de cerca el ascenso y la evolución del fascismo en Europa, retratando algunas de sus expresiones y ademanes, advirtiendo su voracidad biológica y su ciega voluntad de guerra, y trazando algunas hipótesis genealógicas del mismo. Las referencias de Ímaz al singular fascismo español son escasas y parcas, pero su ascendencia europea y hegeliana hizo las veces, en este caso, de una especie de "inquisición modernizada". Buena muestra de ello sería un fragmento del libro de José Permantín España como pensamiento (Acción española. Burgos, 1937), que Ímaz reproduce en "A la luz de la guerra relámpago (2). Fascismo integrista o supertotalitario", y según el cual "El fascismo, el absolutismo hegeliano, no sólo puede y debe darse en España, sino que es España la única nación europea donde cabe en un sentido absoluto; porque nuestro fascismo, nuestro absolutismo hegeliano-jurídico se ha de sustentar necesariamente, como Forma, en una sustancialidad católico-tradicional, es decir, fundamentada en la verdad trascendente" (84). Aun de manera muy puntual, Ímaz señala la particular amalgama entre integrismo católico e idealismo hegeliano que, entre otras, habría inspirado al fascismo español. Es decir, al bagaje tradicionalista más o menos característico del pensamiento reaccionario español, que Ímaz parece dar por descontado, habría que añadir el influjo "modernizador" de un Hegel muy actual, en virtud del cual -apunta Ímaz-se "fascistiza" y "estatistiza" la religión, "haciendo que el totalitarismo sea tan total, absoluto y perfecto que no se le escape ni Dios" (85). La consumación de todo un proceso de absorción secular de la religión desde las exigencias política moderna sería precisamente la gran clave genealógica del fascismo. En este sentido, "Fascismo integrista o supertotalitario" remite a dos jugosos ensayos de Ímaz. De Maquiavelo a Mussolini, de Lutero a Hitler, toda una cadencia de ascendencias y herencias, de contrapuntos y complicidades, iría delimitando algunos trazos fundamentales de la política moderna. Rota la unidad cristiano-medieval del mundo bajo la presión de sus propias contradicciones internas, fragmentada esa misma fe religiosa que la había aglutinado en torno a sí, el des-religado hombre moderno -viene a decir Ímaz-no sabrá donde ni cómo ubicar su propia soberanía. El poder será entonces su gran obsesión, hasta nuestros días. "El poder en todas sus formas: el poder que llaman de mando, el de los políticos; el poder de que gozan los patentados, los ricos; el poder, el dominio sobre la naturaleza que tendrán los técnicos". En la política, el Príncipe de Maquiavelo "está poseído del poder en lugar de ser él quien lo posee. Poseído y creído" (1988, 136s) El poder absoluto y perpetuo del soberano teorizado por Bodino y el iusnaturalismo del XVII irán construyendo un Estado a la manera de una Iglesia laica que encontrará formulaciones álgidas en el Leviatán de Hobbes, modelo de despotismo ilustrado y germen de totalitarismos. Las guerras de religión no han hecho más que reafirmar la llamada de la secularización y de la neutralidad religiosa; pero Hobbes tendrá que recurrir a la fuerza como única manera de asegurar la paz o la felicidad del individuo, ya que la soberanía irreductible de este último, plasmada en el principio de la libertad de conciencia, es fuente de conflicto; en realidad, ha absorbido y metabolizado los fanatismos que habían dado lugar a esas mismas guerras. Se prefigura ya entonces la guerra o el conflicto entre soberanías, cuya justificación intrínseca última no reside sino en el poder que emana de ellas mismas, como esencia schmittiana de lo político. El pacto es entonces la fórmula secular que ha logrado reducir las diversas ciudades de Dios en lucha a una sola ciudad de los hombres en paz, pero a costa del artificio leviatanesco; mismo, por cierto, que Locke y Rousseau sólo quiméricamente habrían logrado desarmar y armar de otra manera, puesto que "la libertad del gobierno democrático liberal, lejos de restituir al hombre su libertad, lo que hace es abandonarle a la libertad de los demás, a la sociedad, que no es otra cosa que el sistema violento de las subordinaciones (...)" La fe puritana en el trabajo y la riqueza nacida de la tolerancia religiosa y madurada al hilo del expansionismo imperialista británico; y el dominio técnico sobre el mundo nacida del desencantamiento de la naturaleza inaugurado por Bacon y sistematizado bajo la categoría de progreso a partir de Turgot, entre otras referencias cruciales, irán haciendo el resto. Destreza técnica objetivada en la economía, proyección expansiva y justificación inmanente de sí misma en base a la lógica del propio despliegue histórico de la historia, de sí misma: la soberanía moderna se instituye y fortalece, creando ya las condiciones de posibilidad del estado totalitario. Pero es en el idealismo en donde este proceso secularizador alcanza momentos de síntesis particularmente maduros, bajo el sello del naciente nacionalismo germánico. Los Discursos a la nación alemana de Fichte -apunta Ímaz en "A Dios por razón de Estado"-instituyen "el santo patriotismo alemán" e instauran, en base a él, "todos los fervores de la patria terrenal" previa reducción pagana de la "patria celestial" significada en el cristianismo. Éste último -afirma Ímaz citando a Fichte-identificaría a "la religión del tiempo viejo", lastrada por el "egoísmo" de los débiles, que necesitan el temor y la esperanza en un destino trascendente más allá de este mundo, y frente al cual se erige la "verdadera religión, que nuestra vida vive inmediatamente en Dios", y que "debe dominar en la época moderna" (1988,44). Esta religión moderna, inmediata e inmanente, no es otra que la vida o espíritu del pueblo, expresión de lo eterno en la tierra y cuya afirmación paradigmática recaería en la nación alemana en tanto que "protopueblo" o Urvolk; pues el espíritu alemán "es un águila que trata de acercarse cada vez más al sol, cuya contemplación le embelesa", mientras que el resto de pueblos europeos, "pueblos germánicos romanizados, hablan un idioma que les fue extraño" y piensan valiéndose de "símbolos muertos" (45). La alusión a la conquista contemplativa del sol no es casual. "A Dios por razón de Estado" se inicia con una referencia a Lutero y su parábola del sol, cuyos rayos -afirma en su polémica con Zwinglio a propósito de la presencia real de Dios en el pan y el vino, según una cita recogida por Ímaz-"se hallan tan cerca de ti que están en tus ojos y sobre tu piel. Pero no puedes cogerlos, encerrarlos en una caja por mucho que te esfuerces." Y así el mismísimo Cristo, que "no se deja coger", pero está "ahí para ti cuando da su palabra" -prosigue-y se compromete, diciendo: "Aquí me encontrarás", de manera que "Cuando tengas una palabra semejante podrás con seguridad cogerlo y poseerlo, y decir: aquí te poseo" (38s). Ímaz sugiere así una continuidad entre la libertad luterana de conciencia y su secular nacionalización bajo el idealismo. La interpre-tación "derrotista" del cristianismo planteada por Fichte significará entonces reducción de la trascendencia inscrita en aquella libertad a una inmanencia colectiva y originaria que se exterioriza de manera ilimitada gracias a los resortes espirituales del idealismo. De ahí la naturaleza posesa de la nación alemana. "Fichte no diviniza el Estado, pero sí, a través del espíritu del pueblo, el patriotismo. Con Hegel, el contenido moral de esa vida espiritual se hace objetivo -y no sólo colectivo, racial o popular-en la medida en que se constituye como Estado. Éste es entonces "la realidad de la idea moral, o, si se quiere más claro, el paso de Dios por el mundo"; o acaso "el mismísimo demonio" (45), pues ese paso mundano exige, no ya el sacrificio del individuo, sino también de todos aquellos pueblos o estados que fracasen ante el tribunal de la historia. Con Hegel, la razón se explica a sí mismo divinizándose, objetivándose en el Estado y realizándose históricamente merced a un autodespliegue dialéctico que reduce a mera apariencia la violencia de sus propios costes. Merced, asimismo, a la interioridad luterana, dicha realización se cumple sólo en aquellos estados que han madurado religiosamente bajo el impulso de la Reforma y que son en consecuencia aptos para ser libres. En los países protestantes "el espíritu empapa inmanentemente lo secular", y esa interioridad, que inicialmente "era una vía de escape al otro mundo, se ha convertido en un camino circular, inmanente, dentro de la conciencia totalitaria del Estado" (145) y de su epifanía en la historia. "El espíritu, por fin, después de un forcejeo dialéctico de milenios, ha llegado, en magnífico orto, a reconocerse a sí mismo como libre, como libertad. La historia, en realidad, ha terminado" (142s). Como en el mito -apunta Ímaz en "En busca de nuestro tiempo"-su último capítulo habría de escribirse "con sangre" (143). Precisamente a la sombra de Hegel, la escuela histórica e historiadores del Imperio germánico como Heinrich von Treitschke le sacarían todo su jugo al "espíritu del pueblo". Volviendo a "A Dios por razón de Estado", advierte Ímaz la actualidad de Treitschke -además, por supuesto, de dicha escuela y del propio Hegel, sin olvidar la referencia schmittiana-en la Alemania nacional-socialista, particularmente en la efervescencia de sus movimientos político-religiosos. En primer lugar, el de los "cristianos alemanes" o "de raza aria" (39), declarado en abril de 1933 bajo la apelación a ANTOLÍN SÁNCHEZ CUERVO doi: 10.3989/arbor.2009.739n1071 la misión providencial que está llamado a desempeñar en el momento histórico actual, y cuyas directrices fundamentales propugnan la instauración de "una Iglesia a tono" con la "nueva soberanía del Estado nacional-socialista", frente a las amenazas del "bolchevismo y el anticristiano pacifismo". Según se dice en un boletín oficial del movimiento citado por Ímaz, "un cristianismo positivo, racial, alemán, y que rechaza como extraña la introducción en la Iglesia de conceptos e interpretaciones liberales, aunque se enmascaren con aires de modernidad." (41). Ahora bien, a la hora de escrutar las relaciones entre religión y política que se van delineando en el horizonte del Tercer Reich, Ímaz no parece fijarse tanto en este movimiento, cuyo perfil integrista es bien simple y obvio -de ahí cierto escepticismo suyo hacia la condena que del mismo hiciera el teólogo Kart Barth-, como en el llamado movimiento "acristiano", muy presente en la academia alemana y en la escritura de ese último capítulo de la historia. Acristiano porque, en la "línea pagana" (46) de Fichte y Hegel, aquilatada por un cierto Nietzsche, culminaría la ya mencionada interpretación "derrotista" del cristianismo, absorbiendo su fuerza moral para metabolizarla en una suerte de "religión germánica" (43). Es en este contexto que Ímaz señala la actualidad del historiador nacionalista y antisemita Treitschke, quien en su Politik (1897) justifica la voluntad de poder del Estado, así como su deber moral de preservarla y realizarla, en tanto que ella es la misma expresión de la voluntad de Dios. "Con Treitschke, el Espíritu Santo, La Palabra, es el Poder" (47). Se culmina así, mediante una inversión de los términos, el proceso secularizador abierto por Lutero. Si con su doctrina de la justificación de los actos por la fe el padre de la Reforma había dejado a la conciencia prisionera de la palabra de Dios, ahora ésta "resulta prisionera de la conciencia" (47), es decir, del soberano, entendido -afirma Ímaz a propósito de un discurso reciente de Hitler-como imposición de un señorío que "no debe ser arbitrariedad, sino noble razón" y evidencia moral de las más altas capacidades y los más altos pensamientos; o, sencillamente, como "derecho del más fuerte". La palabra, prisionera entonces "de una camisa. De una camisa de fuerza. ¿No hay, entonces, secularización que valga? El humanismo de Ímaz busca precisamente una respuesta afirmativa a esta pregunta. De manera asimismo fragmentada, Ímaz plantea la necesidad de rescatar y actualizar al "uomo universale" del Renacimiento, el cual, de la mano del utopismo de Moro y de las expectativas secularizadoras del dogma de la redención y materializadoras de la Ciudad de Dios abiertas por el Nuevo Mundo, del cristianismo erasmista y del pacifismo de Vives entre otros, habría arrojado las claves de una modernidad malograda bajo el peso de las razones de estado, el espíritu técnico y el derecho de propiedad. Ímaz, quien desde la órbita ideológica católicorepublicana de Cruz y Raya había permanecido atento al personalismo contemporáneo, traduciendo a autores como Paul Landsberg, quiere reconstruir vínculos entre la religión y la política, de manera que aquella sea piedra de toque de un humanismo universalista y utópico capaz de afrontar la barbarie actual. De ahí su interés por conceptos de la tradición clásica, reelaborados a partir del Renacimiento, tales como "humanitas", "dignidad del hombre", "hermandad de naturaleza" o "humanización" como "posibilidad de ser todas las cosas" y como ciudadanía de "una república cósmica, no sólo política, que abarca el universo entero" (215). De ahí también su rescate de las posibilidades utópicas de un cierto Kant y hasta un cierto Hegel; y su reivindicación de algunos planteamientos actuales como la crítica religiosa de Albert Schweitzer -a quien denominará nada menos que "hombre del siglo"-o la alteridad judía de Buber. Retoma así Ímaz la célebre pregunta sobre "comment redonner un sens au mot humanisme" que Jean Beaufret había dirigido a Heidegger en 1946, y cuya respuesta, como se adivina, discurrirrá por derroteros bien distantes a los de la autenticidad asoladora y espectral del existencialismo 6. Pero, ¿no sería este humanismo el tronco genealógico de las democracias liberales actuales, no en vano enfrentadas al fascismo? La guerra española mostró escandalosamente que no. Para Ímaz, en esta guerra no hubo dos, sino tres beligerancias. Junto al pacifismo militante del pueblo español y la necesidad fascista de la guerra -recordará en 1940-fue asimismo determinante el no-intervencionismo de las democracias occidentales, agria y agudamente denunciado en sus artículos de España peregrina. El fascismo, con su voracidad, había contaminado incluso a las democracias liberales, mismas que, bajo el patrocinio del gobierno británico, intervinieron en la guerra española inhibiéndose ante ella. "¿Qué hemos visto?" -se pregunta Ímaz al respecto haciendo valer su autoridad testimonial. "Hemos visto que defendíamos una democracia que ha sido traicionada por las democracias más representativas y traicionada desde un principio, porque la no-intervención es el nombre que le dieron a su intervención esas democracias representativas. Y traicionada no de cualquier manera, sino de la manera más absoluta: haciendo traición a sus propios principios. Porque no hay que olvidar que la no-intervención se estableció, según dijeron ellas, para salvaguardar el derecho, eminentemente democrático, de los pueblos a disponer de sí mismos. Y nosotros, que habíamos dispuesto de nuestras voluntades en unas elecciones, que habíamos dispuesto de nuestras vidas haciendo frente a una rebelión militar, no pudimos disponer de nuestras armas. Con la no-intervención, con su abuso de confianza, hace crisis la democracia europea. Si antes se desenmascaraba el engaño del intelectual "au dessus de la melée" y apegado a las verdades de cátedra, ahora se denuncia el liberalismo de gabinete y las políticas diseñadas por la alta diplomacia europea. Si la teoría del conocimiento construida por los académicos daba la espalda a los problemas reales del hombre contemporáneo, más aún lo hace la política desplegada por las potencias democráticas europeas. Se reproduce así el engaño del lenguaje. Por eso hay que llamar "voluntarios a los soldados alemanes e italianos. Y no-intervención al bloqueo. Nacionales a los instrumentos del extranjero. A los mata-niños, gentes de orden y a los matricidas, gentes de religión. Todo eso pedía la civilización. Siempre había tiempo para reconsiderar la política a seguir y para negociar con los que no tenían otra consideración negociable que la suya: la guerra. Se negoció la paz y se la puso de precio la generosa sangre española" (68). Si la verdad de cátedra se desdecía en mentiras, la apelación civilizada a la no beligerancia ante la cuestión española se desdice como complicidad con la guerra; el derecho de gentes, como un "gentlemen 's agreement" (1988b, 53) o un reparto interesado de fuerzas bajo la intimidación del fascismo, hasta el punto de devorar ésta, también -dice Ímaz en 1940, en plena expansión europea del nazismo-a los generosos donantes. La guerra española significó así también el suicidio ideológico de la Europa demo-liberal, su claudicación ante una concepción de la política inspirada en la guerra y la dominación. El reciente libro de E. Dzlepy Espejo de alevosías. Inglaterra en España México, séneca, 1940), algunos informes publicados en el Bulletin Quotidien o algunas declaraciones de la alta diplomacia británica, evidenciaban los resortes del no-intervencionismo: identificación de la legalidad republicana con el caos revolucionario y de la agresión armada contra ella con una "guerra ideológica"; temor ante el auge del Frente Popular en Francia; visión peyorativa de la política española, asociada con lo bárbaro, y, en consecuencia, opción por los representantes del "orden". "No hay más remedio, pues, que abandonar al pueblo español en manos del fascismo. Un pueblo menos, ¿qué importa al mundo? Los franceses, los amigos, encontraron una respuesta consoladora: antes el fascismo que la guerra. Es decir, (...) antes la guerra que la guerra", mientras que "para Inglaterra, la cuestión española no valía la vida de un marinero inglés" (71). En medio de su indignación, Ímaz señalaba así, al hilo de los acontecimientos, algunos de los hechos que la historiografía más reciente ha ido confirmando, precisando y ampliando 7: En primer lugar, que la neutralidad aliada no tenía como fin lo declarado -evitar la intervención extranjera en el conflicto español-sino satisfacer intereses diplomáticos concretos. Especialmente, la política de apaciguamiento en Europa planificada por el gobierno británico, la cual pasaba por un acercamiento estratégico a la Italia fascista y por la victoria de los rebeldes en España. Es decir, se trataba de un acuerdo que no sólo era muy cuestionable en su estricta formulación teórica, a la luz del derecho internacional, sino que además esa formulación era el disfraz ideológico de razones de estado enteramente partidistas. "El gobierno está rezando por la victoria de Franco", anotaba en este sentido en su diario el ayudante de Lord Halifax, secretario del Foreign Office (Moradiellos, 2006, 83). En segundo lugar, que el acuerdo buscó legitimidad en la difusión de una imagen peyorativa y "barbarizante" de la situación española inmediatamente anterior a la guerra, identificada con el caos revolucionario y el terror bolchevique, hasta el punto de señalar al propio gobierno republicano como principal responsable de la misma. Esta imagen bien podía inhibir la simpatía espontánea de algunos gobiernos -especialmente el de Leon Blum, en un primer nmomento-con la República española, institución legal y democrática al fin y al cabo, agredida además por una rebelión militar de ideología fascista. En tercer lugar, que el acuerdo perjudicó doblemente a la República: porque equiparaba a ambos contendientes en términos de legitimidad política, obviando así la condición agresora de uno y la condición agredida de otro; y también -y sobre todo-porque tanto Italia como Alemania siguieron interviniendo en la guerra aun a pesar de ser suscriptores del acuerdo. Ninguna ascendencia ideológica de las políticas no-intervencionistas más alejada, por tanto, que ese humanismo del que hablaba Ímaz. Incluso habría que preguntarse, más bien, por el parentesco -bastardo o no-de aquellas con el fascismo, a la vista del juego de complicidades que finalmente hizo posible la victoria de Franco. No olvidemos la referencia de Hobbes casi en lo más alto de la genealogía moderna del fascismo esbozada por Ímaz, cuyo humanismo, por lo demás, se tornaría imposible justo cuando sus condiciones de posibilidad parecían más cercanas: la capitulación de Hitler no sólo no forzaría la deposición del dictador español, sino que más bien la reforzaría, en vista del nuevo panorama geopolítico y del juego de fuerzas dominante en la Europa de la postguerra. La incipiente política de bloques, la inminencia de la guerra fría y el anticomunismo renovado, terminarían por llevar a la República española a una segunda derrota, esta vez de carácter hermenéutico. El reconocimiento del régimen de Franco a cargo de la ONU, supondría al mismo tiempo una condena de la República exiliada al olvido; a una nueva expulsión en definitiva, esta vez de la legalidad internacional. "El pueblo español" -decía Ímaz ya en 1940, apenas iniciado su exilio-"vive todavía en el silencio de la opresión, en la sombra de las cárceles o al aire libre de la peregrinación. Y como las potencias que en nombre de la no-intervención no han rectificado sino que, por le contrario, han insistido hasta el fin" -decía, a propósito del acercamiento diplomático británico al régimen franquista y de las políticas francesas de concentración de refugiados españoles-"nosotros seguimos donde estábamos y ellos donde estaban y seguimos siendo, antes que nada y después de todo, hispanófilos a secas, que ya se agotaron nuestras lágrimas" (1992,73). De nuevo, la neutralidad aliada se sacudía el agobio de su implícita beligerancia a costa de la cuestión española, esta vez con el beneplácito de la nueva superpotencia occidental, presta ya a instalar sus primeras bases militares en la península. Según Ascunce, esta nueva y definitiva derrota, el absurdo repetido de la connivencia entre liberalismo y totalitarismo, la quiebra del espíritu o de la historia misma como proyecto vital y humanizador, tuvieron mucho que ver en el suicidio de Ímaz en 1951, en un hotel de Veracruz (Ascunce, 1991, 207-220). Su hilo de la verdad, ese "hilo de la verdad que teníamos" -había dicho también en 1940 (1992, 57)-gracias al cual sobrevivían las razones que el combate había destruido fáctica pero no hermenéuticamente, había sido definitivamente cortado. Una guerra con no dos sino tres beligerancias, no una sino dos derrotas, era algo lo suficientemente brutal como para agotar todas las lágrimas. La guerra de Eugenio Ímaz contra la guerra sigue así vigente, en la memoria de su exilio. 2 Al ensayo de Schmitt Concepto de lo político dedicó Ímaz, de hecho, una amplia reseña en Cruz y Raya, en 1933, en la que no faltan las alusiones a Hobbes.
tras casi 50 años en la oposición. Desde el inicio del siglo XX, este partido, en cuyo seno grupos heterogéneos representaban a sectores e intereses a menudo totalmente contrapuestos, había intentado atraer a los colectivos sociales más desfavorecidos a través de algunos de sus No 1046 RESUMEN: El grupo de españoles que conformó el exilio llegado a Colombia como consecuencia del golpe de estado del general Franco y el resultado de la Guerra Civil de 1936-1939, ofrece unas características específicas configuradas principalmente por las circunstancias y necesidades del país de acogida. En la década de los treinta, las tensiones entre los dos principales partidos colombianos, conservador y liberal, las concurrencias y las carencias sociales marcaron una acogida restrictiva y seleccionada. La llegada de "republicanos españoles" fue bastante reducida a nivel cuantitativo, y sin embargo, propiciada por dicha selección, supuso una enorme incidencia en la sociedad, la cultura, la educación, el deporte, la ciencia, la industria colombiana... La perspectiva del tiempo nos permite calificar la huella que el exilio español dejó en Colombia como de una "desmesurada incidencia" si tenemos en cuenta que su número pudo fluctuar entre las 500 y las 700 personas 1. El exilio español de 1939 en Colombia; exiliados republicanos españoles en Colombia; Historia de la Psicología en Colombia y Puerto Rico; Historia de la Educación Física y el Deporte en España y en Colombia. líderes populistas. Así, ante las reivindicaciones obreras y campesinas, cierta fracción del partido se propugnaba como su opción política, condicionando la formación sólida de partidos de izquierdas como alternativa al tradicional bipartidismo de liberales y conservadores. López Pumarejo inició su mandato bajo el eslogan: "La revolución en marcha", que resumía el impulso drástico y modernizador que pretendía iniciar para promover la industrialización y el consumo. Contaba para ello con una facción liberal que generalmente respondía a una clase empresarial de la alta burguesa criolla que venía configurándose desde el siglo XIX. Se trataba de un sector con un alto nivel cultural, excepcional en el país, obtenido frecuentemente fuera de las fronteras colombianas, y que le convertía en una elite económica y cultural. En los años treinta constituía un grupo social afianzado, cuyo poder fáctico derivaba de su capacidad económica y de la propiedad de medios de difusión. Su empuje le permitió asumir la dirección del Estado, cambiar ciertas obsoletas estructuras administrativas y atenuar los poderes retrógrados de inspiración religiosa que impedían su propio progreso como grupo social y su escalada económica. Para el desarrollo de sus proyectos, este sector necesitaba de una elite técnica y una mano de obra eficaz que no podía suministrar una población analfabeta. La industria, el comercio, la banca precisaban de una clase obrera con una mínima formación. Ni siquiera la renovación agrícola era factible con peones y encargados incapaces de leer unas instrucciones escritas y hacer cálculos elementales. Así pues, el bajo nivel cultural constituía un freno a las reformas. "La tasa de analfabetismo llegaba al 63 % de la población en edad escolar, las escuelas normales eran muy escasas y bajo el nivel de preparación del magisterio. Los planes de estudio y los métodos de enseñanza eran anticuados y rutinarios, tanto en la escuela elemental como en la enseñanza secundaria y en la universidad. La escuela rural cubría solamente sectores mínimos de la población campesina. La inspección escolar apenas si existía y el sistema educativo en general estaba prácticamente a cargo de las instituciones religiosas" (Jaramillo Uribe, 1989, 87). No obstante, la necesidad de elevar el nivel cultural del país no constituía el único reto para el nuevo gobierno. Los violentos enfrentamientos por rencillas políticas, sobre todo después del triunfo liberal, y las mejores perspectivas del entorno urbano, impulsaban en la década de los treinta el abandono rural. Las oleadas migratorias modificaban la proporción entre población campesina y urbana, forzando un proceso acelerado de urbanización, principalmente de Bogotá y las grandes capitales, que originaba nuevos problemas y nuevos retos. Unos y otros, elevar la cultura y formación de los ciudadanos y atender a las nuevas necesidades creadas por la migración interna, constituyeron importantes motivos que influyeron en la predisposición para acoger exiliados que contribuyeran a solucionarlos. En este contexto, las mujeres y hombres de ciencia y cultura movilizados por las circunstancias de la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial fueron vistos por el sector liberal como un potencial para sus intereses. Eduardo Santos, Presidente entre 1938 y 1942, que había residido en España como Embajador y periodista y era simpatizante de la Segunda República española, representaba especialmente esta idea y la difundió en el diario de su propiedad, El Tiempo de Bogotá. Darío Echandía 2 sintetizaba en las siguientes palabras la postura de aquel sector liberal, grupo con trayectoria personal y educativa cercana a la realidad europea: "El paso revolucionario que nosotros podríamos dar hacia la creación de una vida más alta sería la importación de millares y millares de hombres que, sabiendo un oficio, se quedaran sin oficio en Europa después de la guerra. Las Leyes de inmigración se pondrán entonces en vigencia en Colombia y así se formará una sociedad mejor, después del paso de una generación" (Arizmendi Posada, 1989, 242). La cita refleja, por un lado, el potencial que para los liberales suponían los exiliados, y, por otro, los recelos y la tradicional política restrictiva inmigratoria colombiana. Así, los liberales se debatieron en una contradicción entre, el temor de que la acogida de los "rojos" españoles supusiera la importación de ideologías "izquierdistas" socialmente perturbadoras y el servicio que podrían prestar al país. Todo ello contribuyó a una recepción selectiva. Esta prevención liberal, agudizada por el hostigamiento del influyente sector eclesiástico, se mutaba en radical oposición entre los conservadores que propagaban augu- rios atemorizantes y afianzaban el tradicional paralelismo entre inmigración e introducción de ideologías "radicales" desestabilizadoras. La prensa conservadora, principalmente El Siglo de Bogotá, emprendió una campaña política contra la acogida de los "rojos españoles". Durante el gobierno de López Pumarejo (1934-1938), llegaron los primeros desplazados políticos por la Guerra Civil española. Generalmente fueron vascos, que tras la toma de Bilbao por las tropas sublevadas dispusieron precozmente su salida de España. Acogidos por su elevada cualificación, casi inmediatamente les fueron adjudicados puestos de responsabilidad en instituciones estatales. Podemos citar especialmente a Andrés Perea Gallaga o a Francisco de Abrisqueta. El primero gran experto en temas fiscales y económicos como colaborador del Gobierno Autónomo Vasco. El segundo, joven economista universitario, fue vinculado inmediatamente a la Contraloría General de la República Colombiana, equivalente a los Ministerios de Hacienda europeos. Sucintamente apuntaremos que en 1947 el gobierno colombiano les otorgó a ambos la Cruz de Boyacá (Martínez Gorroño, 1996), como consecuencia del trascendente y decisivo beneficio de su labor. Estos primeros españoles se convirtieron en un doble y relevante punto de referencia para el exilio que llegó posteriormente. Por un lado, sirvieron de vínculo con un país apartado de la problemática europea para parientes y amigos españoles desplazados por la contienda. Por otro, fueron un sólido referente para los políticos liberales. Con ellos experimentaron la posibilidad de solventar sus necesidades con la llegada de exiliados de similar cualificación profesional, cultural y científica que compartían el mismo idioma, y que estaban limitados en sus posibles actuaciones políticas a causa de su estatus de refugiados. Así hemos documentado, un número significativo de acogidos invitados personalmente por el Presidente Santos (Martínez Gorroño, 2008). Con frecuencia, los exiliados ya instalados solicitaron al Presidente o a sus ministros la acogida de familiares y amigos, cuando ya se encontraban en delicadas circunstancias en Francia. En la acogida selectiva y minuciosa hemos de citar especialmente al Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Santos, Luis López de Mesa, quien personificó singularmente los temores ya expuestos, exigiendo a los exiliados mediadores un compromiso de aval y garantía de la condición y cualificación de los admitidos. Aquel proceso de lenta concesión de visados favoreció la ubicación de los españoles republicanos en otros países, sobre todo cuando la presión previa a la Segunda Guerra Mundial hacía desesperada su situación en territorio francés. Los españoles acogidos realizaron una ingente labor en torno a la cual se organizaron y estructuraron numerosos sectores colombianos. Se crearon diversas instituciones iniciadas y dirigidas por exiliados especialistas, que actuaron como motor de innovaciones y cambios que luego fueron seguidos por sus discípulos colombianos. Estas circunstancias, dificultan abordar en un artículo de estas características la dimensión del exilio español en Colombia sin caer en una caricatura del mismo basada en una proliferación de fechas y aportaciones sin la contextualización de su significado para el progreso del país de acogida. Por este motivo, hemos optado por seleccionar y desarrollar dos ejemplos de la contribución realizada por los españoles. Se trata de Mercedes Rodrigo Bellido, Diploma en Psicología por la Universidad de Ginebra y Directora del Instituto de Psicotecnia de Madrid, que se convirtió en la introductora en Colombia de la Psicología moderna y en su creadora dentro de la Universidad. Y Manuel Usano Martín, joven médico y profesor de educación física que desarrolló idéntica labor en cuanto a la creación universitaria de los estudios del profesorado de Educación Física y la introducción del Deporte en la Universidad. En ellos, se puede ejemplificar la definitiva aportación que en los más variados ámbitos de la realidad colombiana supuso la llegada del exilio español consecuencia de la Guerra Civil de 1936-1939, con un nexo común a partir de su labor universitaria. Estos dos españoles pertenecían ya a la elite de la ciencia y la cultura española, ubicados por sus méritos en cierta situación de privilegio en la España de la época. Podemos afirmar que formaban parte de la generación que Francisco Giral (1994, 9) denominó como la "Edad de Plata" del pensamiento y la creación intelectual republicana. Los dos fueron becados por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, como muchos de los otros exiliados españoles que recalaron en Colombia. Gracias a aquellas becas, en el momento de su exilio disponían de una experiencia profesional y un bagaje europeo en sus especialidades que les situaba como miembros de la elite internacional. En resumen, la selección del exilio español republicano llevada a cabo en Colombia configuró un grupo con un gran número de integrantes de una elite intelectual, cultural y científica (Martínez Gorroño, 2003). Este aspecto, junto con la estrategia liberal de aprovechamiento de su potencial, aseguraba casi a priori su incidencia definitiva en el progreso del país. Si bien esta labor pionera motivó posteriormente agradecidos homenajes y reconocimientos, también suscitó la firme oposición de ciertos sectores de "colegas" colombianos que veían con recelo su inmediata posición relevante. Las responsabilidades profesionales en manos de "extranjeros" recién llegados, hicieron surgir reticencias acrecentadas por el hecho de tratarse de españoles, circunstancia que rememoraba antiguas y manipuladas rencillas de invasión y conquista y que fue definitivamente funesta e injusta en el caso de Mercedes Rodrigo. El retorno al poder del Partido Conservador (1946), potenció los aspectos hostiles y propició, entre otros efectos imposibles de esbozar siquiera en este artículo, que tras 10 ó 12 años de tenaz trabajo, y realizada la labor más importante con sólidos logros, nuestros dos protagonistas, como muchos otros exiliados en Colombia, se marcharan, no para volver a España, sino para continuar su exilio en otro país americano. Las consecuencias evidentemente injustas que muchos "republicanos" sufrieron por aquellas circunstancias y los momentos de inestabilidad en los que se ha debatido Colombia, no facilitaron la conservación en archivos oficiales de documentación que permitiera fácilmente reconstruir sus trayectorias. El testimonio oral de las fuentes vivas fue definitivo para el rescate de su relevante aportación. SUS INICIOS Y SU ENTORNO SOCIAL Mercedes Rodrigo Bellido fue la primera psicóloga española, circunstancia excepcional en una mujer de su época si consideramos los datos del Ministerio de Cultura que recogemos a través de Capel (1982). Al inicio del siglo XX, en España había un 55,8 % de hombres analfabetos y un 71,4 % de mujeres. Finalizó sus estudios como profesora en Madrid en 1911. Continuó su formación en la Escuela Nacional de Sordomudos Ciegos y Anormales y en el Patronato de Anormales (Herrero, 2005), período que simultaneó con diversos viajes, estableciendo relaciones con los más destacados especialistas europeos. Una beca de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, le permitió cursar estudios durante 18 meses en Ginebra, en l 'École des Sciences de l' Éducation du Institut Jean Jacques Rousseau, dirigido por Claparède. La influencia de Claperède, y la de Bouvet y Binet, marcaron su vocación profesional. Inició su colaboración con Claparède, fundador de la psicotecnia europea, en el Laboratorio de Psicología de la Universidad. Allí conoció a Jean Piaget, compañero de estudios con el que inició investigaciones sobre el animismo infantil. Hizo prácticas de enseñanza de anormales 3 en la Maison des Petits, escuela de prácticas aneja al Instituto, y trabajó en el Gabinete de orientación Profesional (Ibídem). Desde su formación Mercedes Rodrigo mostró una personalidad científica interesada en todas las especialidades de una ciencia naciente: desde la pedagogía práctica a la psicotecnia y la psicología experimental, abarcando tanto la psicología infantil y la psicología de anormales como la orientación profesional. En 1923 obtuvo su Diploma en Psicología por la Universidad de Ginebra, título que la convertía en la primera mujer Psicóloga española. A su regreso a España fue un miembro fundamental del grupo de la Escuela de Madrid de Psicología. A partir de su influencia ésta adoptó un carácter aplicado, característico de su primera historia, consecuencia de la introducción que Mercedes hizo de los métodos psicotécnicos más modernos aplicados, tanto a la psicología de la inteligencia y escolar, como a la orientación y a la selección profesional. También en 1923 el Ministerio de Instrucción Pública le encargó un curso de "Técnica Psicopedagógica" para maestros (Marin, 1990). Para él preparó, con Roselló, el instrumento que denominaron "Registro Paidológico", que se convirtió posteriormente en una herramienta fundamental para el desarrollo de actividades psicotécnicas subsiguientes y base de investigaciones para diferentes fines y utilidades (Rodrigo, 1933b). Nacida en Madrid en 1891, podemos afirmar que Mercedes Rodrigo participó activamente y fue parte del movimiento de regeneración que caracterizó aquella etapa de la historia de España, en el que ciertos sectores de intelectuales y científicos se habían empeñado, como consecuencia y tras la crisis del 98, en la recuperación y la modernización del país. Al crearse el Instituto de Reeducación de Inválidos del Trabajo en 1923, fue nombrada responsable de la Sección de Orientación Profesional, especialidad en la que fue verdadera pionera en España (Marín, 1990). En 1925, al ser fundado el Instituto Médico Pedagógico de Madrid, fue nombrada Directora Pedagógica, cargo que desempeñó hasta 1929. En aquella etapa Mercedes Rodrigo fue el centro de referencia fundamental del desarrollo de la Psicología Aplicada en España, tanto en la industria como en las áreas educativa y clínica. En 1928 se creó el Instituto de Psicotecnia de Madrid, hecho importante en la historia de la ciencia española. La Psicología científica experimentó un gran impulso y comenzó una etapa de éxitos. En este Instituto Mercedes Rodrigo tuvo un importante papel desde su creación. Una situación verdaderamente excepcional en la España de la época: una mujer por sus propios méritos profesionales formaba parte esencial en el proceso de constitución y organización de un centro científico. Rodrigo trabajó como responsable en su estructuración, en la delimitación de los campos de aplicación, en el comienzo del entrenamiento de los profesionales, etc. Con este centro se inició la creación de una red nacional de psicotecnia. Para ello se hizo precisa una formación especializada que se inició en 1929 con cursos específicos para la siguiente generación de psicólogos españoles y para el personal psicotécnico, médico y administrativo que integraría el centro. En todo ello el trabajo de Mercedes Rodrigo fue esencial (Herrero, 2005). También mostró gran interés por la problemática social de la infancia en su trabajo como psicóloga clínica del Tribunal Titular de Menores, en el Consejo Superior para la Protección de la Infancia y en el Hogar de Delincuentes. Como señala Herrero, fue seguramente la fundadora en 1925 y directora del Comité Español del Libro para el ciego (Ibídem). La problemática política española y su incidencia en la trayectoria profesional de Mercedes Rodrigo Después del 14 de abril de 1931 y durante la Segunda República y la guerra, como es sabido, concurrieron excepcionales acontecimientos que impulsaron la presencia de la mujer en la sociedad, la cultura y la política. Como señala García Nieto: "La guerra civil impulsó a las mu-jeres a incorporarse al trabajo, al ejército, a la política, y al mundo de la cultura. Se hicieron presentes en toda la realidad social como un factor de transformación." (1982,42). En ese contexto podemos situar el nombramiento de Mercedes Rodrigo, en 1936, como Directora del Instituto de Psicotecnia de Madrid. Los dramáticos acontecimientos de la guerra, como el bombardeo sistemático de la aviación alemana sobre la población civil con el objeto de desmoralizar al bando republicano, obligaron al gobierno de la Segunda República a la evacuación de los niños, a fin de alejarlos del frente de Madrid. Como miembro de la Delegación de Evacuación de Madrid, Mercedes Rodrigo participó muy activamente en la organización y control de las evacuaciones, haciéndose cargo de instituciones de auxilio que habían sido abandonadas por sus responsables al inicio de la contienda (Rodrigo, 1933(Rodrigo,, 1949)). Después de tres años de guerra y del triunfo del golpe de estado, como es sabido, medio millón de "republicanos" tuvieron que exiliarse para huir del acoso de leyes como la de Responsabilidades Políticas, del 9 de febrero de 1939, en cuyo artículo n.o 1 se decía: "Se declara la responsabilidad política de las personas, tanto jurídicas como físicas, que desde el 1.o de octubre de 1934, y antes del 18 de julio de 1936, contribuyeron a crear o a agravar la subversión de todo orden de que se hizo victima España y de aquellas otras que a partir de la segunda de aquellas fechas se hayan opuesto o se opongan al Movimiento Nacional con actos concretos o con pasividad grave". Mercedes Rodrigo tenía 48 años cuando, por su apoyo a los impulsos democráticos y su participación en instituciones de la Segunda República, se vio obligada al exilio. Su hermana María, prestigiosa compositora musical, se exilió con ella, así como José García Madrid, de 32 años, quien podemos afirmar que a partir de aquel momento se posicionó como un hijo para las dos hermanas y, conformados como una suerte de original familia, compartieron todo su devenir en los varios exilios sufridos. Los contactos de Mercedes en Suiza facilitaron, posteriormente, la salida de Francia y su viaje a Colombia, eludiendo los problemas europeos ante la proximidad de la Segunda Guerra Mundial. A través de fuentes orales, como Ramón González (1998), pudimos saber que Mercedes Rodrigo había conocido en Suiza a Agustín Nieto Caballero, Rector de la Universidad Nacional de Colombia, quien contribuyó a facilitar su viaje a Bogotá, conocedor de la preparación profesional y el gran prestigio que ya tenía Mercedes en los sectores especializados. A la llegada a aquel exilio, Ramón González había tenido la oportunidad de convivir como el miembro más pequeño de la familia Prat García 4 con las hermanas Rodrigo y con José García Madrid, compartiendo vivienda por las dificultades económicas que padecieron. Con el tiempo Ramón González cursó en Bogotá estudios de Medicina en la Universidad Nacional y colaboró con Mercedes Rodrigo como ayudante. Su trayectoria en Colombia En 1939, las mujeres colombianas apenas tenían presencia en la universidad, ni siquiera como alumnas. Sin embargo, Mercedes Rodrigo, gracias al apoyo de Nieto Caballero, que supo conocer y valorar la oportunidad que ofrecía su especial y única cualificación, le asignó la dirección de la Sección de Psicotecnia que se creó especialmente a su llegada y con el objetivo de que ella pudiera encabezarla. Ésta se ubicó en la Facultad de Medicina, dentro del Departamento de Fisiología dirigido por el profesor Esguerra Gómez, quien estuvo de acuerdo en afrontar el riesgo de introducir a una mujer al frente de aquella Sección, cuya función primera debía ser hacer la selección de alumnos para entrar en la Universidad Nacional. Para que pueda percibirse lo excepcional de la circunstancia que rodeó a Mercedes Rodrigo en aquella Universidad y en todos los ambientes en los que se desenvolvió en aquel momento, ofreceremos tan sólo unos significativos aspectos de la situación de gran marginación en la que la mujer se encontraba en aquel país. Junto a las altas tasas de analfabetismo 5, otros aspectos nos pueden dar cierta visión de sus condiciones. Así, podemos documentar la radical oposición a la educación de la mujer que mantenían con gran beligerancia los altos responsables de la Iglesia católica colombiana. Sirva como ejemplo que "el obispo de Pasto lanzó una condena de excomunión en el año 1936 contra la universidad de Nariño, porque en sus aulas estaban presentes varias mujeres estudiantes" (Velásquez Toro, 1989, 28), lo cual constituía desde su perspectiva un peligro social. En 1933, la enseñanza secundaria para los varones era diferente de la que se ofrecía a las mujeres que no les servía para acceder a la universidad (Ibídem). "La primera mujer bachiller fue admitida en la Universidad Nacional en el año 1936, pero fue en 1937 cuando ingresó el primer grupo de mujeres en esa institución" (Ibídem, 29). Mercedes Rodrigo contó con el apoyo de un sector minoritario del Partido Liberal, grupo que en su mayoría mantenía posiciones de gran discriminación respecto a la mujer, pero que aceptó aquella circunstancia verdaderamente excepcional, condicionada, con toda probabilidad, por la imposición de ciertos miembros de la elite cultural y política, como Nieto Caballero o el mismo Eduardo Santos, que sin duda imponían sus criterios "más aperturistas" en beneficio del progreso del país. Por su parte, el partido Conservador se oponía a la acogida de los exiliados españoles al considerarlos un grupo con ideología de izquierda, opuesta a sus criterios políticos y religiosos, aspecto que en el caso de una mujer a la que se adjudicó una responsabilidad de gran compromiso, nos acerca a la idea de la situación verdaderamente comprometida que aceptó aquella exiliada española. En aquel contexto, la selección de alumnos para su entrada en la Universidad, suscitó entre los conservadores una tenaz oposición, al establecer el ministerio el examen oficial obligatorio para el ingreso en las universidades, y darse además la circunstancia de que al frente de esa selección se encontraba la psicopedagoga española Mercedes Rodrigo llegada al país como exiliada (Jaramillo, 1989, 101). Por otra parte debemos apuntar que aquel cometido que se le asignó, ya partía en su génesis con una problemática previa que a priori se sabía delicada, ya que pretendía establecer criterios racionales y "objetivables" para acabar con las arbitrariedades con que se había venido resolviendo tradicionalmente el ingreso de los alumnos a los centros universitarios estatales. No obstante, el grupo liberal no dudó en utilizar sus servicios, aun sabiendo el riesgo y la oposición a la que se enfrentaba. Su preparación suponía una oportunidad excepcional para utilizar los modernísimos recursos de la Psicotecnia, así como para organizar la Psicología en la Universidad Nacional e introducirla en el país. Fue un hito pionero en toda Hispanoamérica. El procedimiento de selección, junto con otros ensayos psicométricos adaptados, fue extendido después a la Escuela Superior de Enfermeras, al Instituto Pedagógico Nacional, a la Escuela Normal Superior, y a otras escuelas públicas y privadas. También se transformó el proceso común de selección de personal en instituciones públicas, como la empresa del Tranvía Municipal de Bogotá o la Policía Nacional (Mankeliunas, 1993). Ramón González, joven exiliado español, colaborador en la corrección de pruebas, y, con el tiempo, titulado en medicina por la Universidad Nacional, nos relataba algunos recuerdos sobre las dificultades de aquella delicada responsabilidad acometida por esta mujer exiliada, aunque arropada por la estructura universitaria liberal: En sus páginas el 27 de noviembre de 1948 preguntaba "¿Cuál de los dos partidos abrió las puertas de la nación a la emigración roja española?". Los exiliados eran señalados como propiciadores de las revueltas populares. Varios profesores españoles de la Universidad Nacional, se vieron obligados a abandonar sus puestos. La pertinaz oposición de los conservadores a los exámenes de selección, tuvo como resultado los hechos que citamos a través de dos autores colombianos: "La psicóloga Rodrigo salió de Colombia en 1950, acusada de ser comunista" (Ardila, 1973, 30). "Las pruebas psicológicas para la selección de los aspirantes universitarios fueron blanco de las embestidas por parte de algunos sectores del país, y el problema fue llevado hasta el Congreso Nacional. El problema surgido con la señorita Rodrigo llegó a sus últimas consecuencias con su expulsión del país en 1950" (Villar Gaviria, 1965, 9). La situación a nivel personal fue testimoniada por las fuentes orales como verdaderamente traumática y era recordada con gran tristeza la situación de indefensión y desamparo que como exiliada política Mercedes Rodrigo padeció por la simple circunstancia de haber cumplido con el deber que le había sido encomendado por aquellos que para ello la habían acogido. Ramón González rememoraba en su testimonio la desolación de dos mujeres mayores que se veían abatidas ante aquella situación que las desbordaba y recordaba en aquel momento a José García Madrid, en su papel de "sostén" de aquellas dos hermanas agobiadas por la desolación: "La orden de expulsión del país fue notificada a las hermanas Rodrigo y a José García Madrid por personal de la policía nacional en el apartamento en que vivían, en las primeras horas de la noche. No fue nada agradable. La expulsión de esta mujer supuso un retroceso. Mercedes era pionera en la psicología y en todos estos campos en Colombia" (Martínez Gorroño, 1999, 22). Sus últimos años en Puerto Rico Mercedes fue expulsada de Colombia con 59 años, su hermana María tenía 62. Aunque la situación fue dramática, también por fuentes orales sabemos que se resolvió a través de los contactos que como médico psiquiatra ya tenía García Madrid y que propiciaron su marcha hacia Puerto Rico. Allí Mercedes trabajó como profesora de educación en la Universidad de Río Piedras, aún no existían los estudios de psicología en aquel país. Desde 1955 trabajó en la consulta de la "Administración de Veteranos" de Estados Unidos, prestando apoyo psicológico a los excombatientes. Aunque continuó con investigaciones en psicometría (Ardila, 1988) su actividad se centró en terapias clínicas individuales y de grupo. También trabajó en una clínica privada de San Juan hasta 1972, cuando se retiró por su avanzada edad y por problemas físicos. Fue fundadora de la Asociación de Psicólogos de Puerto Rico, afiliada a la American Psychological Association, desde su inicio en 1954, vocal primero, y presidenta en 1958 (Roca, 1993). Las hermanas Rodrigo vivieron en Puerto Rico como una familia con su "hijo" José. En su casa habitó el poeta español Juan Ramón Jiménez, después de la muerte de Zenobia de Camprubí, y de quien se ocuparon hasta su fallecimiento. Después de la muerte de su hermana María, Mercedes comenzó a padecer trastornos mentales. Con el tiempo una invalidez total la hizo vivir sus últimos años bajo la dependencia de José García Madrid y de su esposa. MANUEL USANO MARTÍN Y LA ORIENTACIÓN MODERNIZADORA DE LA EDUCACIÓN FÍSICA Y EL DEPORTE ESPAÑOL EN LA SEGUNDA REPÚBLICA Durante las primeras décadas del siglo XX la Educación Física que se impartía en los centros de españoles, como en todo el resto de la Europa continental, seguía influida por los métodos gimnásticos de las tres escuelas surgidas en el siglo XIX: la amorosiana o francesa, la alemana y la sueca. Simultáneamente la actividad física conocida como "Sport" se había ido desarrollando en el Reino Unido como una alternativa de "Educación Física", a partir de la iniciativa de Thomas Arnold en Rugby 8 y de su difusión en los centros escolares de las islas británicas. El deporte iniciaba sus primeras influencias en el "viejo continente" a finales del XIX, pugnando por convertirse en una forma de actividad corporal más motivadora en las escuelas, potenciada por el empeño de promotores entusiastas de la obra de Arnold como fue Pierre de Coubertin (1863-1937). Esta corriente "moderna" de influjos ingleses, que contestaba, ya al final del siglo, principalmente a la gimnástica sueca como sistema hegemónico en las escuelas del continente, marcó las futuras orientaciones del área y avanzado el siglo XX, el deporte se convirtió en la forma más habitual de cultura física de nuestras sociedades. En España, esta nueva tendencia comenzó un incipiente desarrollo durante las décadas de los veinte y los treinta, ligada a las nuevas orientaciones pedagógicas vinculadas con instituciones de planteamientos progresistas y krausistas de educadores y profesores cercanos a los aires renovadores de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). Así, en nuestro país esta nueva forma de Educación Física a través del Deporte, tuvo su primera repercusión académica en la ILE, a partir de la contratación en 1882 del profesor inglés Capper, que introdujo aquellas formas de juegos ingleses y, según López Serra (1998), desde 1889, concretamente el foot-ball. La conexión de la ILE con la tendencia "renovadora" que suponía la corriente deportiva puede igualmente documentarse a través de sus conexiones con el naciente Movimiento Olímpico. Efectivamente, la ILE fue la única institución representada en el conocido por la historiografía especializada como Congreso de la Sorbona para la restauración de los Juegos Olímpicos, en el que estuvieron presentes tres profesores institucionistas miembros en aquel momento de la Universidad de Oviedo: Adolfo González Posada, Aniceto Sela y Adolfo Buylla (Magdalena, 1992). Igualmente bajo la influencia de la ILE, ya en el período correspondiente a la Segunda República, se iniciaron los primeros impulsos para organizar la formación del profesorado de Educación Física en la universidad. Así se creó en España el primer centro civil para formación del profesorado universitario de Educación Física, por iniciativa de Domingo Barnés Salinas (1879-1940), Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, discípulo y miembro de la ILE 9. Por Decreto publicado en la Gaceta de Madrid n.o 348, del jueves 14 de diciembre de 1933, y con la denominación de Escuela Nacional de Educación Física (ENEF), integrada en la Universidad Central de Madrid, se hizo depender de la Facultad de Medicina, dentro de la que funcionó, y de la sección de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras. En el preámbulo del citado Decreto de creación se hacían constar varias consideraciones, entre las que destacamos: "La necesidad de organizar la educación física en los centros de enseñanza, para lo que es de capital importancia resolver el problema fundamental del profesorado" (Gaceta n.o 348, 14-XII-1933, pág. 1810). Aquel primer impulso universitario relacionado con lo que hoy es la especialidad de las Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, adquiere una especial significación y supuso un hito histórico en nuestro país, pues aunque el Decreto calificaba de provisional el Plan de Estudios de la Escuela, y lo considera "ensayo", fue la primera vez que la formación del profesorado de Educación Física se incluía Su compromiso deportivo no se limitó a los ámbitos universitarios, sino que también alcanzó el entorno federado. Fue Presidente de las Federaciones de Atletismo, Natación y Rugby de Valencia en diversos períodos y campeón universitario en varias ocasiones, de decatlón, atletismo, fútbol y rugby. Por la orientación profesional y especialización con que Manuel Usano iba encauzando su trayectoria se propiciaron circunstancias como la de que fuera el Delegado Oficial de España en el 1. er Congreso Internacional de Medicina del Deporte, celebrado en 1933 en Turín y Roma (Italia). La presencia española de Usano Martín en un evento que reunía por primera vez a expertos de una especialización tan novedosa en la época, nos da idea de las características tan específicas del aquel español, así como de su ubicación dentro de las más modernas tendencias europeas que modernizaban, impulsaban y daban respuestas a las necesidades de las demandas de los países más del momento. Su contribución a este congreso fue un trabajo titulado: "Ficha fisiológica y de orientación deportiva", que por su interés y originalidad fue publicado en las Actas de aquel primer Congreso Internazionale de Medicina dello Sport. Entre 1932 y 1939 Manuel Usano fue también Médico-Jefe del Departamento de Fisiología del Deporte y Biometría deportiva de la Universidad de Valencia. Este período supuso la orientación de su especialización científica hacia la Fisiología, en su aplicación al trabajo, alimentación y ejercicio físico, bajo la dirección del Dr. José Puche Álvarez, Catedrático de Fisiología y Bioquímica de aquella universidad. Fruto de sus investigaciones durante esta etapa fueron varias publicaciones en coautoría con el Dr. Puche en Crónica Médica de Valencia. En la revista de Barcelona Mundo Deportivo, como autor único publicó en 1936 dieciséis artículos de divulgación científica sobre "Medicina del deporte". Simultáneamente a su trabajo como Profesor Ayudante de Cátedra de Fisiología con el Dr. Puche, estuvo realizando trabajos de investigación encaminados a su tesis doctoral, que culminó y presentó bajo el título de "Tipos de reposición del corazón en relación con el ejercicio muscular", en torno a las fechas en que surgió la contienda civil. Los recuerdos de su esposa sobre aquellas circunstancias fueron los siguientes: "Cuando estalló la guerra había presentado la tesis para el título de doctorado, aunque él ya estaba en la Facultad de Medicina de ayudante del Dr. Puche en Valencia, Profesor Ayudante de Cátedra de Fisiología, entonces entre tanto estuvo preparando la tesis y la presentó cuando estalló la guerra. Se debió quedar por ahí en algún archivo de algún centro" 11. Después del final de la guerra, ya en Francia, su especialización en Fisiología le sirvió para retomar contactos profesionales y conseguir un modo de subsistencia. Después de realizar múltiples trabajos eventuales de todo tipo, en Toulouse entre 1939 y 1940 fue colaborador de Camil Soula, Profesor de Fisiología de la Facultad de Medicina y también Director del Instituto de Educación Física de aquella Universidad, centro en el que Manuel Usano prestó su colaboración en torno a la Fisiología del Deporte. A pesar de su breve estancia, el interés de su trabajo motivó que en ese mismo año la Universidad de Toulouse publicara su trabajo "Fiche physiologique type". Como otros muchos exiliados refugiados en Francia, se encontró con un problemática diversa y tortuosa a la que se añadieron los prolegómenos de la contienda mudial, motivo que le impulsó a buscar la posibilidad desesperada de partir a tierras americanas, a través de los compatriotas que ya se encontraban al otro lado del Atlántico. Así la familia Usano, en espera de los visados que el Dr. Puche gestionaba desde México, permanecieron seis meses en Burdeos. Las deplorables condiciones de vida que se ofrecían a los españoles exiliados en aquella ciudad, les indujeron a trasladarse a Toulouse, a pesar de los riesgos que implicaban los viajes por la carencia de documentación y el peligro que suponía la posibilidad de ser detenidos y enviados a un campo de concentración. Los azares burocráticos propiciaron la llegada en primer lugar de la documentación que tramitó en Bogotá José María Ots Capdequí, quien había sido compañero de Manuel Usano en la Universidad de Valencia y destacado historiador del Derecho Indiano, en aquellas fechas ya exiliado en Colombia. Su prestigio como profesor e investigador le había hecho ser invitado personalmente por el Presidente liberal Eduardo Santos para ubicarse en aquel país. Aquella posición de cierta "garantía" le sirvió para "avalar" la entrada de otros españoles republicanos. La evolución de las circunstancias políticas europeas, fueron la causa de que la familia Usano no esperase po-sibilidad de la llegada de los visados que le permitirían la entrada en México, por lo que partieron de inmediato a comienzos de 1940 desde Marsella en un barco denominado "Commisaire Ramel", el último que partió de aquel puerto francés antes del inicio de la Guerra Mundial. El primer impulso en la formación del profesorado de Educación Física en la Universidad de Colombia Como consecuencia, ciertos políticos liberales empezaron a observar como una oportunidad para Colombia el exilio que, procedente de las guerras y los totalitarismos europeos, se estaba produciendo como consecuencia de la presión que ejercían sobre los sectores de ciencia y cultura que se adscribían a ideologías y posturas democráticas. A su llegada a Colombia, Manuel Usano intentó ubicarse profesionalmente como médico. En España, aunque la Guerra Civil y sus circunstancias habían truncado por escasas fechas su doctorado, había concluido sus estudios de Licenciado en Medicina y Cirugía en 1932 y desde el 5 de julio de 1934 había sido admitido como colegiado n.o 2.342 en el Colegio de Médicos de Valencia. En aquella universidad, y con el objetivo de introducirse como profesor universitario, había continuado sus estudios para doctorarse y había realizado el examen de Grado en 1932 con calificación de sobresaliente. También tenía ya experiencia profesional en la práctica como Médico-Interno del Hospital Clínico de la Facultad de Medicina de Valencia. Pero sus intentos por la convalidación de su título se vieron frustrados con la circunstancia de que todos los graduados en medicina en Colombia lo hacían como doctores. Por otra parte, las necesidades de Colombia no facilitaban precisamente la convalidación de la titulación y la experiencia médica de Manuel Usano Martín. Sin embargo, su especialización como Profesor de Educación Física hizo surgir un punto de confluencia con el interés colombiano de docentes cualificados demandados por las autoridades liberales. Así, inició su trabajo profesional en esa área y, como expondremos, desempeñó una labor de interés clave para las necesidades y carencias de la Educación Física y el Deporte de Colombia. Manuel Usano consiguió trabajo en el Instituto Nacional de Educación Física de Colombia (Bogotá). El 14 de agosto de 1940 comenzó la impartición de clases como Profesor de Fisiología, Kinesioterapia, Biometría y Atletismo, además de ser nombrado Jefe de los Laboratorios de Investigación y Prácticas. Este primer paso motivó, por una parte, el abandono provisional de la medicina como ámbito laboral y, por otra, encauzar su vida profesional en el campo de la enseñanza de la Educación Física y en el del Deporte en general. Como consecuencia de los resultados de la Guerra Civil de 1936-39, un gran número de científicos, profesores, intelectuales, marcharon al exilio. Los impulsos modernizados que se habían iniciado en España promovidos por estos sectores quedaron abortados y proscritos en nuestro país, mientras que en otros lugares como Colombia, aquellos mismos españoles propiciaron la introducción de modernas áreas de conocimiento, nuevas especialidades y orientaciones renovadoras que situaron a los países que les acogieron a la cabeza de los adelantos técnicos, culturales y científicos. Colombia, en proceso acelerado de renovación e industrialización por parte de los gobiernos liberales seleccionó con gran adecuación a sus necesidades a los españoles republicanos acogidos. A través del ejemplo de la Psicología y de la Educación Física y el Deporte, abordado en este artículo se ofrece una muestra del gran avance que el trabajo de aquellos exiliados significó para el país. M.a EUGENIA MARTÍNEZ GORROÑO Y JUAN LUIS HERNÁNDEZ ÁLVAREZ EDUCATIVO, CULTURAL, CIENTÍFICO, DEPORTIVO Y SOCIOECONÓMICO QUE SIGNIFICÓ EL EXILIO ESPAÑOL REPUBLICANO EN COLOMBIA CULTURAL, CIENTÍFICO, DEPORTIVO Y SOCIOECONÓMICO QUE SIGNIFICÓ EL EXILIO ESPAÑOL REPUBLICANO EN COLOMBIA
Sobre la vida de Benigno Bejarano Domínguez apenas se conocen datos. Nació en Alburquerque (Badajoz) el 22 de noviembre de 1900, hijo de Segundo Bejarano y Petra Domínguez. Fue el menor de tres hermanos 1. Por su hoja de reclutamiento sabemos que era moreno, con el pelo y los ojos negros, medía escasamente 1,72 metros y su perímetro torácico era reducido, 75 centímetros, una complexión física extremadamente débil que le impidió soportar los trabajos forzados a los que fue obligado al final de su vida. Esta descripción física coincide con la que da Abel Paz en el segundo tomo de sus memorias, en las que recuerda también su carácter irónico y su interés por los juegos con el lenguaje, rasgos que estarán muy presentes en toda su narrativa: Aunque en el año de su alistamiento y en la revisión de 1922 fue excluido del servicio militar, ingresó en caja como soldado el 1 de agosto de 1923 2 en Alburquerque, y el 8 de febrero de 1924 fue destinado al Regimiento de Infantería de Vergara número 57 formando parte del cupo de filas. Durante su etapa como recluta tuvo problemas con el ejército: se le indultó en septiembre de 1924, siendo cabo se fugó del Regimiento de Infantería de Vergara y fue detenido en agosto de 1925, e indultado nuevamente en julio de 1927. Periodista 3, escritor y militante anarquista, fue estudiante en París y participó activamente durante la Guerra Civil española. Exiliado en Francia desde 1939, en 1941 conocerá en Burdeos a Abel Paz, quien recuerda, de nuevo en sus memorias, que Bejarano vivía con su mujer 4 en un hotel cercano al bar o "bistrot" Chez Pierre de la pequeña calle Moliner, en el que se hospedaban también Antonio Casanova y el pintor y escultor Eleuterio Blasco Ferrer 5. La Gestapo lo detiene en 1942 y lo encarcela en el castillo de HA de Bordieux. En 1943 será trasladado a Compiegne y, posteriormente, en octubre de ese mismo año, confinado en el campo de concentración de Neuengamme, del que pasará a Watenstedt, un campo comando del anterior en el que fue asignado al grupo constructor de barracones de ladrillo y cemento. Empedernido fumador, su salud estaba muy quebrantada por la rudeza de tales trabajos, tanto que empezó a escupir sangre; durante un tiempo Enrique Comas, con la ayuda de un doctor polaco, lo retuvo en la enfermería donde se encargó de pintar puertas e interiores, hasta que los nazis se dieron cuenta de su precario estado y decidieron llevárselo a "trabajos menos pesados", eufemismo que encubría ser destinado a la cámara de gas y los hornos crematorios. Murió gaseado por los nazis en un camión fantasma en el verano de 1944 6. El advenimiento del comunismo libertario 7, ficción futurista en la que Bejarano aparece como personaje y que, a la luz de los desgraciados acontecimientos que acabamos de exponer, se vuelve imposible porque en ese año de 1945 ya había fallecido. Si de su vida, como ya hemos dicho, apenas conocemos datos, tampoco sabemos cómo irrumpió exactamente en el mundo literario, debido, entre otras cosas, a una escasez de testimonios, ya que la información de prensa de su momento se limitaba a reseñar sus libros y su inclusión en los estudios literarios posteriores sobre esa época es reducidísima. Cabe dividir su obra en tres etapas: la anterior a la proclamación de la Segunda República, es decir, a 1931; sus escritos durante el período republicano, 1931 a 1936; y por último, los aparecidos durante la Guerra Civil. Su primera actividad fue de tipo periodístico 8 en diarios como El Progreso o España Nueva, y en revistas como Lecturas y Estudios. Curiosamente, en los artículos de esta última cabe presuponer una cierta formación científica en Bejarano, que le permite tratar temas de biología y medicina en consonancia con la temática general abordada por la revista. En Lecturas, aparte de algunas contribuciones breves de carácter literario, en concreto siete cuentos cómicos aparecidos entre 1929 y 1932, publicó un texto más importante, El secreto de un loco, una de sus primeras novelas, como inserto encuadernable a manera de folletín de la revista (Labrador Ben, 2009). Trinidad Labajo se refiere a Benigno Bejarano con la denominación "el gran imaginativo" en el capítulo dedicado a colaboradores dentro de su estudio sobre Lecturas (Labajo González, 2003, 66), calificación que se puede completar con otra, el gran sarcástico. Entre sus primeros libros figuran La mujer enigma, La huella heráldica, Historia de don Silvio de Alburquerque, El hombre que vendía la camisa y El caso del Doctor González. La trama es presentada a través de un caleidoscopio que, por las inesperadas concatenaciones de causas, impide prever el final de la narración (Castañar, 1996, 155). Castañar define esa etapa como humor evasivo, algo que cambiará radicalmente tras la proclamación de la Segunda República, debido a que ya no va a estar supeditado a la censura monárquica del período de Primo de Rivera. El primer artículo de Bejarano en la prensa anarco-sindicalista aparece en Solidaridad Obrera el 24 de julio de 1931. Eso no significa que no participara antes en órganos de prensa de izquierdas, en concreto sabemos que en 1919 la CNT decide contratar un espacio en las páginas del periódico republicano España Nueva de Madrid, dirigido por Rodrigo Soriano, y Bejarano será uno de los designados para colaborar en él. Al año siguiente, en febrero de 1932, el Comité Regional le nombra redactor de dicha revista. Seguidor de Ángel Pestaña, abandona Solidaridad Obrera en 1933 y se integra en Cultura Libertaria. Su libro más importante de ese período es Turistas en España. Novela epigramática, fechada su finalización por el autor en octubre de 1932 9; escasamente cuatro años más tarde, en enero de 1936, Bejarano terminó su segunda parte titulada Los Caballeros del Bienio. En la propaganda que sobre la primera parte se publicó en Solidaridad Obrera se definía a Bejarano como "el espíritu mordaz de Swift al servicio de la Revolución Social". Ese libro alcanzó un éxito notable, como el resto de sus obras, de las cuales se tiraron varias ediciones. Efectivamente, durante todo ese período, tanto en sus libros como en sus artículos, Benigno Bejarano puso su pluma al servicio del anarco-sindicalismo. Esto le llevó a una lucha profunda contra el Estado. Bejarano plantea que, pese al cambio de régimen y la sustitución de la monarquía por la república, el Estado sigue teniendo los mismos componentes represivos y la misma estructura caciquil. Va a utilizar, como hará posteriormente en uno de sus libros más importantes, España cuna de la libertad. La revolución española y sus conflictos (1937), una crítica acerba a los sucesivos gobiernos de la República, aunque esa crítica se intensificará todavía más al juzgar el Bienio Negro y algunas figuras del mismo como Alejandro Lerroux. España tumba del fascismo consta de veinte capítulos precedidos por el Prólogo antes citado y continuados en un epílogo y un apéndice. El libro, en cuya portada aparecen una fosa y una calavera con una esvástica dibujada en el hueso frontal que es lanzada por una pala sobre un montón de huesos, da comienzo con la "Defunción del hombre nietzschiano, Al socialismo por el hambre, Al fascismo por necesidad (naturalmente de la burguesía y como ideología de combate frente a la Revolución Proletaria), Panorama de Europa, y España". El siguiente capítulo trata de la Revolu- ción del 4 de octubre de 1934, en él se vierten durísimas críticas contra la represión ejercida por el gobierno republicano. Continúa después con el análisis de las elecciones de febrero de 1936 que dieron el triunfo al Frente Popular, los asesinatos -los denomina muy acertadamente desde un punto de vista etimológico-del teniente Castillo y de Joaquín Calvo Sotelo, la sublevación del 19 de julio en Madrid, en cuya represión toma parte como ya se ha dicho; y finaliza haciendo alusión a las intervenciones italiana y alemana, aseverando que el fascismo será derrotado en España y en Europa. El apéndice final está dirigido a un hipotético camarada que vive fuera de España, en Latinoamérica, al que describe la realidad española. Con idénticos planteamientos ideológicos publicará, durante la Guerra Civil, dos libros más: Enviado especial. Novela, dividida en veinticinco capítulos y un epílogo, publicada en Barcelona en 1938, y otro libro mucho más importante, España cuna de la libertad. La revolución española y sus conflictos, publicado en Valencia en agosto de 1937. De nuevo el texto se estructura en quince capítulos y un epílogo. Toda la obra está dedicada a combatir al Partido Comunista de España y, por extensión, al movimiento comunista internacional. La afirmación más tajante de Bejarano es que la fuerza política preponderante en España, y la única revolucionaria, es el anarquismo. El libro se estructura en siete apartados, cada uno con dos capítulos (salvo el tercero, con tres), según el siguiente esquema: La revolución de las Ideas (capítulos 1-2). La revolución en la Calle (capítulos 3-4). La revolución en el Estado (capítulos 5-7). La revolución en la Política (capítulos 8-9). Una parte importante de la obra está dedicada a analizar el proceso y la represión del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y la desaparición y posterior liquidación de Andrés Nin. Aquí Bejarano utiliza el sarcasmo al máximo, en especial al analizar la calificación de "aliado del fascismo" que los comunistas aplicaban a León Trostky. Su conclusión no pude ser más contundente: "El Frente Popular y el Partido Comunista de España no son REVOLU-CIONARIOS" (135). Siguiendo la pauta de su libro anterior, concluye con un epílogo en forma de carta dirigida a su amigo A. X. que milita en el Partido Comunista. El tercer libro es una novela, Enviado especial, editada por el autor en Barcelona y fechada también en 1938. Consta de veinticinco capítulos y un epílogo. Esta obra es calificada por Bejarano como "sátira". Fulgencio Castañar, en su artículo reiteradamente citado, informa sobre el contenido: Bejarano construye la que nosotros consideramos su última obra, Enviado especial (1938), mediante la yuxtaposición de episodios levemente entrelazados por el hilo conductor del protagonista, personaje en el que, pese a las disquisiciones pirandelianas con el autor, encarna su propio punto de vista. Sorprende, de entrada, que en una novela escrita en plena Guerra Civil los asuntos aparezcan como reportajes sobre la vida en diversas ciudades europeas -aparentemente una frivolidad-y que, pese a la tragedia cotidiana, emplee el humor como ingrediente principal. Mas al avanzar en la lectura se advierte que con el tratamiento de los asuntos desde una perspectiva insólita, lo que pretende Bejarano es revelar al lector tanto el entramado de los regímenes fascistas como las entretelas de algunas organizaciones internacionales que influían, con su actuación, en el desarrollo de la guerra española. La pretensión del novelista no es otra que la de arrancar "la máscara carnavalesca" que encubre diariamente la realidad (pp. 161-162). Bejarano lanza sus ataques a diestro y siniestro, y no le falta razón. La responsabilidad de que la República perdiera la guerra no fue únicamente de Mussolini y Hitler, sino también de la Sociedad de Naciones y del Comité de No Intervención. Los planteamientos humanistas de Bejarano están bien definidos y se inscriben dentro del ideario anarquista. Optimista impenitente, no puede negar que la integración hombre-naturaleza postulada por Reclus estaba cada vez más lejos. Sólo el triunfo de la Revolución podría asegurarla. La guerra termina y Bejarano tiene que marchar al exilio, pero ni tan siquiera allí encontrará refugio. Su destino final, como el de muchos intelectuales españoles antifascistas, será la muerte a manos del nazismo. Benito Bermejo, en su libro sobre el fotógrafo Francisco Boix (Bermejo, 2002, 50-59), analiza el proceso por el cual los españoles republicanos exiliados en Francia son internados en campos de concentración, algo que como ya dijimos al principio le sucedió al propio Bejarano. Internados inicialmente en campos de concentración franceses, al tener lugar la ocupación alemana son considerados, al principio, prisioneros de guerra y tratados conforme a dicho estatus. Estos primeros campos de detención a los que fueron trasladados, los Stalag, junto a los prisioneros de guerra franceses no resultaron demasiado duros. Pero muy pronto, los españoles fueron segregados por la Gestapo, que los identifican como Rotspanien, Rojos españoles, o mejor aún, Rotspanienkämpfer, combatientes de la España roja, a los que ya no cabía considerar como prisioneros de guerra. Luego serían enviados a diversos campos de concentración nazis, aunque en principio se les dijo que serían devueltos a España, lo cual quizá fue la primera intención de las autoridades alemanas. De hecho, algunos presos españoles muy significados como Lluis Companys, Presidente de la Generalitat catalana durante la guerra, fue apresado en Francia por la Gestapo y entregado a Franco que lo fusiló el 15 de octubre de 1940. Unos meses antes, a principios de agosto de ese mismo año, el primer grupo de trescientos noventa y dos presos españoles es internado en Mauthausen. Las familias fueron separadas y sólo los hombres, incluidos los mutilados y los niños mayores de trece años permanecieron internados en el campo. Las mujeres y los niños de menor edad fueron en muchos casos reenviados a España y entregados en Hendaya a las fuerzas policiales españolas. Hay que señalar que, desde el principio, estas actuaciones tuvieron la aquiescencia del Ministerio Español de Asuntos Exteriores. Los nazis se ofrecieron a prestar "toda la ayuda posible a la policía de seguridad española para la captura de los dirigentes rojos españoles" (Ministerio de Asuntos Exteriores, R. 1260, expediente 75). Del contingente de presos españoles murió un 87 %. Pese a que algunos historiadores pongan en duda la actuación del Ministerio de Exteriores español en el proceso, lo cierto es que Serrano Suñer se entrevistó con Himmler y Heydrich y que el destino de los españoles fue establecido por una orden del propio Führer. Existe un documento muy ilustrativo que reproduce Bermejo, parte del discurso de August Eigruber, Gauleiter de Oberdonau, en cuya jurisdicción se encontraba Mauthausen: Preguntad en Mauthausen, junto al Danubio: allí hay un gran campo de concentración. Hay 6.000 españoles rojos, esos revolucionarios españoles que se levantaron contra el fascista, Franco, y lucharon contra España por una España soviética. Eran dirigidos por generales de la Rusia soviética, oficiales de la Rusia soviética y lucharon con armas de la Rusia soviética. Y cuando España quedó derrotada y Franco venció, se exiliaron a Francia, y cuando ocupamos Francia el año pasado, el señor Pétain nos dio a esos 6.000 españoles rojos y declaró "No los necesito, no los quiero". Ofrecimos estos 6.000 españoles al jefe del estado Franco, el caudillo español. Rehusó y declaró que nunca admitiría a esos españoles rojos que lucharon por una España soviética. Entonces ofrecimos los 6.000 españoles rojos a Stalin y a la Rusia soviética, porque son luchadores por una revolución mundial, y el señor Stalin con su Komintern no los aceptó. Ahora están establecidos en Mauthausen estos 6.000 combatientes rojos, trabajadores -trabajadores de fábrica-; allí están para siempre. Al final no podemos iniciar una colonia española. No podemos asentarlos en ninguna parte. El discurso es un prodigio de incongruencia y sus palabras son dichas apenas unos días después de la ruptura germano-soviética. Lo de los "rojos", genial invento del general Queipo de Llano, se aplicaba a tirios y troyanos, ya fueran socialistas, comunistas, anarquistas, o simplemente antifascistas. Por tanto, nada tiene de raro que los políticamente variopintos españoles fueran ofrecidos a Stalin quien, canallescamente, los rechazó. En el caso de Franco, tener que fusilar a seis mil españoles más no hacía más que incrementar un trabajo ya arduo. Y Pétain actuó como era de esperar, dejándolo todo en manos de sus aliados alemanes. Pero lo más impresionante de ese discurso es la afirmación de que "los revolucionarios españoles se levantaron contra el fascista, Franco, y lucharon contra España por una España soviética". Tampoco el jefe nazi tenía muy claro el concepto de España, pues dice: "Y cuando España quedó derrotada y Franco venció". Y realmente acierta: España fue derrotada y Franco, al que el término "fascista" no le hubiera gustado nada porque carecía de ideología, se instaló en el poder haciendo retroceder al país medio siglo. En alianza con la Francia colaboracionista y con los nazis decidió el exterminio de millares de españoles exiliados. Esa actuación del gobierno de Vichy queda muy clara en el relato que Ziereis, comandante del campo de Mauthausen, tras ser apresado a finales de mayo de 1945, hace a sus captores: Para estos españoles recibí órdenes especiales; no podían escribir y nadie debía saber que se encontraban en el campo, dado que eran prisioneros de guerra franceses; habían tenido problemas con el gobierno de Vichy; para librase de ellos se había creado una comisión de liquidación en Berlín por orden de Serrano Suñer, Ministro de Relaciones Exteriores de España. Los españoles ya no debían existir. El comienzo había sido exitoso, pero estos españoles no eran tan fáciles de matar como los polacos (Bermejo, 2002, 58). Los españoles no eran fáciles de matar, pero había que liquidarlos. Ése fue el caso de Benigno Bejarano. Los anarquistas españoles lo tuvieron muy difícil en el exilio. En Francia, la preponderancia del Partido Comunista Francés era notable y de éste salieron los miembros de la Resistencia, en la que se integraron muchos españoles que escaparon de los campos durante la desbandada del ejército francés ante el empuje alemán. En muchos casos, los jefes de los campos facilitaron la huida. Hay que señalar que la URSS se hizo cargo de muchos españoles, pero, naturalmente, sólo de aquellos que compartían la ideología comunista. Los anarquistas o los que no tuvieron la suerte de huir fueron llevados a campos de concentración, en el caso de Bejarano al de Neuengamme, situado junto a la orilla derecha del río Elba. Por allí pasaron cien mil prisioneros, el 80 % de los cuales moriría de enfermedad, hambruna o simplemente asesinado. Tal fue el caso de nuestro autor, según relata, entre otros, Eduardo Pons Prades: "Benigno Bejarano, el popular novelista, que murió gaseado en un 'camión fantasma' en el invierno 1944-45" (Pons Prades, 2005, 105; y Pons Prades, 1995, 54). La fecha es indeterminada 10, pero por lo que sabemos, el avance aliado dio lugar a un repliegue inicial primero hacia el campo principal y luego a su total abandono ante la llegada de las tropas soviéticas por el este. Fue en esos momentos cuando tuvo lugar la matanza de prisioneros. A finales de abril, los aliados encontraron numerosas fosas llenas de cuerpos inánimes, que no pudieron, por falta de tiempo, ser cubiertas por los escasos supervivientes. Benigno Bejarano murió, pues, gaseado por el tubo de escape del camión que ilusoriamente tendría que trasladarle a un destino más agradable. No hubiera corrido mejor suerte de haberse quedado en España o haber sido entregado a las autoridades franquistas. Habría sido internado en Porlier o en Montjüit, dependiendo de si hubiera sido apresado en Madrid o en Barcelona, y fusilado junto a las tapias del cementerio, como lo fueron algunos de sus camaradas de la acracia como Pedro Luis de Gálvez. Tampoco su calvario habría sido liviano e incluso hubiera tenido que asistir a misa. Pero lo que seguramente le habría indignado hasta la exasperación es que se le hubiera colgado el sambenito utilizado por los nazis al definir a los Rotspanienkämpfer: "españoles rojos que lucharon por una España soviética". Él jamás luchó por una sovietización del Estado español. Antes bien, su ideal revolucionario era muy distinto, el que correspondía al anarquismo. Claro que esas sutilezas no cabían en el pensamiento y en la literatura de combate de sus verdugos, ya fueran españoles, franceses colaboracionistas o alemanes. BIBLIOGRAFÍA DE Y SOBRE BENIGNO BEJARANO Obras de Benigno Bejarano
Tras el levantamiento del 18 de julio de 1936, muchos intelectuales y artistas de todo el mundo, que habían constituido en París, durante el Congreso de Escritores, la Asociación Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, del cual la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura 1 era la sección española; se pusieron del lado de la Segunda República Española. La Alianza organizó dos congresos internacionales: el primero, apenas fundada como tal, un mes después del levantamiento, en agosto de 1936; y, el segundo, mucho más multitudinario y de amplísima repercusión, dividido en varias sesiones (del 4 al 17 de julio de 1937: en Valencia y Madrid principalmente, pero también en Barcelona y París -donde hicieron de coordinadores, entre otros, Neruda y Malraux-); denominado oficialmente II Encuentro de Escritores en Defensa de la Cultura, ha pasado a la historia como Congreso Internacional de Intelectuales Antifascistas; al que contribuyeron hombres y mujeres de diversas tendencias, tanto de Europa y América, como de España: todo lo más granado de las generaciones intelectualmente activas en ese momento; que hicieron una llamada de alarma ante el irresistible avance del fascismo en España, y en toda Europa 2. Antonio Machado, presidente de honor del mismo -pues la presidencia ejecutiva la ostentó José Bergamín-, dirigió un discurso a los asistentes -en la octava sesión de la asamblea de Valencia, del día 10 de julio-, que salió posteriormente publicado en el número VIII de Hora de España, de agosto de 1937, como uno más de la serie de Juan de Mairena -a la que tradicionalmente se ha integrado con el número LVII, con el título de "Sobre la defensa y la difusión de la cultura: Discurso pronunciado en Valencia en la sesión de clausura del Congreso Internacional de Escritores" (Fernández Ferrer,(56)(57)(58)(59)(60)(61)(62)(63)(64)(65) 3 -. En él, Antonio Machado engarzaba, y revalidaba, algunas de las ideas motrices -y recurrentes-de sus escritos y de sus intervenciones públicas durante la guerra: de hecho, se compuso -en buena parte-con fragmentos y motivos ya publicados. La parte inicial, "el poeta y el pueblo", con variantes, había salido en su primer artículo en Hora de España (que hará el número LI de las sucesivas ediciones de la serie dedicada a Mairena, bajo el título Consejos, sentencias y donaires de Juan de Mairena y de su maestro Abel Martín); es el último fragmento del mismo. Los fragmentos 3-7 de "Los milicianos del 36" formaban parte de ¡Madrid!, escrito publicado en el número 13 de la revista Ayuda (del 15 de agosto de 1936), con los dibujos de su hermano José Machado; y, luego, en el diario ABC, del 10 de noviembre del mismo año 1936; y los fragmentos 1-3 se incluyeron, además, en su último libro, La Guerra. Los últimos fragmentos del discurso (a partir de 5.4) son los fragmentos 3-5 del artículo número LII de la serie: Sigue hablando Mairena a sus alumnos. Y la alusión al "principio de Carnot" (en 5.3), aplicado a la cultura, aparece ya en Juan de Mairena I (XVII, 3). En su discurso, Machado no trata de inventar, ni siquiera de ser original -ni menos de improvisar-. En ello, puede verse una intención de ratificación y esclarecimiento; pero también, tal vez -si consideramos, además, su escasa participación en la organización y marcha del congreso-, el cansancio 4 y la convicción de ser un superviviente -alguien del pasado, frente a aquellos jóvenes intelectuales, los verdaderos protagonistas del presente y del futuro 5 -; o bien que aceptaba su papel de mero "símbolo vivo" de la República, de patriarca de una resistencia abocada a un fracaso ciertamente paradójico 6. Sea como fuere, las ideas motrices del discurso de don Antonio fueron aquellas que fundamentaron buena parte de sus escritos e intervenciones públicas durante la guerra. El arte acaba y empieza en el pueblo; más allá de la "etnia" (nación), están las clases, y en la única clase donde puede habitar la cultura -que no es la de los señoritos y banqueros-, es en la clase proletaria. "... Para mí no hay problema. Quiero decir que todo artista trabaja siempre para la prole de Adán. Lo difícil sería crear arte para señoritos, que no ha existido jamás" (Consejos, sentencias y donaires de Juan de Mairena y de su maestro Abel Martín. La Guerra, verdadero mirador de la Historia, nos devuelve el Referente -los objetos reales/históricos-de los signos, incluso de los poéticos; en otras palabras, la "realidad de los hombres" (reales y verdaderos) penando y existiendo problemáticamente. La guerra, esta terrible guerra de España, tan hondamente humana, ha sacudido a nuestros jóvenes poetas y les ha puesto en rudo contacto con el hombre, el que cada uno lleva consigo, y con el de su pueblo, que antes no se les había revelado, y con los temas más universales, que todos ellos rebasan las fronteras de su nación 7...". La guerra de España no es -ya; ni siquiera al principio-una guerra civil (como quieren hacernos creer), es una guerra de clases... En realidad, se lucha por la supervivencia y el triunfo de la Tercera República -"popular"-española, surgida de las cenizas (el 16 de febrero de 1936) de la Segunda República -"ilustrada" y burguesa-, secuestrada y muerta por la vieja -sempiterna-reacción de las viejas clases del "bloque oligárquico", del que habla Tuñón de Lara 8. "... Hoy hace seis años fue proclamada la Segunda República española. Yo no diré que esta república lleve seis de vida; porque entre la disolución de las ya inmortales Cortes Constituyentes y el triunfo del Frente Popular, hay muchos días sombríos de restauración picaresca, que no me atrevo a llamar republicanos. De modo que, para entendernos, diré que hoy evocamos la fecha en que fue proclamada la segunda gloriosa República española. Y que la evocamos en las horas trágicas y heroicas de una tercera República, no menos gloriosa, que tiene también su fecha conmemorativa -16 de febrero-y cuyo porvenir nos inquieta y nos apasiona 9...". El porvenir del mundo, mientras tanto, es un porvenir militar (pero de distinto tipo) "... Algún día -decía mi maestro-se acabarán las guerras entre naciones. Dará fin de ellas la táctica oblicua de las luchas de clase, cuando los preparados a pelear de frente tengan que pelear de frente y de costado 10...". Y, en caso de dudas, lo primero es la causa del pueblo "... si algún día tuviereis que tomar parte en la lucha de clases, no vaciléis en poneros del lado del pueblo, que es del lado de España..."; había escrito, poco antes, en Sigue hablando Mairena a sus alumnos 12. El "pueblo en armas" -contra el que se hace la guerra-es, además, el fundamento -el origen y la meta-de la auténtica cultura y de la "dignidad nacional", frente al "señoritismo". Y el Cid (metáfora del "pueblo en armas") es el símbolo -como lo son también los héroes del 2 de mayo de 1808-de la resistencia "democrática" contra las "clases decadentes" que han desencadenado la guerra; según esa línea de "apropiación didáctica" de la tradición literaria medieval castellana, y de sus héroes, promovida por Menéndez Pidal -y el republicanismo liberal, en general-, desde su -tan decisiva en muchos aspectos-introducción a la edición del Poema de 1913. Por lo que el lema "nadie es más que nadie" del viejo pueblo de Castilla, da la medida de la verdadera -nueva-"aristocracia del espíritu", que ignoran -incapaces de ver la realidad-los "señoritos" de la cultura: sean españoles o aristócratas capitalistas de la City londinense, o los jerifaltes nazis y fascistas de Berlín y Roma. De tal modo que la "guerra total" -de clase, perpetrada contra los pueblos, de la que la guerra de España no sería más que un acto más, el preludio de la conflagración que se avecina-forma parte tanto de la lógica del capitalismo -liberal-, de ahí la política de no intervención promovida por los gobiernos de la llamadas potencias democráticas, contra la opinión mayoritaria de sus pueblos; como de la del fascismo. Dos modos de un mismo y único imperialismo; pues, en última instancia, liberalismo y fascismo, son una y la misma cultura, que combinaría y sumaría, básicamente, estos tres elementos: máquinas, beneficios y depredación. Para Antonio Machado, no cabe la menor duda -lo ha venido escribiendo y diciendo; y lo seguirá repitiendo hasta el final, en sus escritos e intervenciones públicas, principalmente desde las páginas del diario barcelonés La Vanguardia, a lo largo de casi todo el año 1938-, las clases dominantes de Inglaterra y Alemania son enemigos coyunturales, pero, en última instancia, son la misma e idéntica cultura; por eso, el verdadero enemigo es la Unión Soviética -en realidad, los trabajadores de todo el mundo-, y ésa será -la que venga tras esta guerra, que es su prolegómeno-la verdadera guerra; y esas dos guerras se están librando en España. Así, pues, el mensaje que lanza a los escritores e intelectuales reunidos en Valencia es claro y cortante como el acero de sus palabras -en el tiempo: de la Historia-, "escribiendo para el pueblo, escribimos para los mejores". El dilema (axial), por tanto, es que "o escribimos sin olvidar al pueblo, o sólo escribiremos tonterías", ya que la cultura -como el sábado-es para el hombre -para "cada hombre": tomado uno a uno-, para su engrandecimiento y emancipación, o no es cultura. ¿Y las "inmensas minorías", dónde quedan? Desde el principio, las vanguardias, para don Antonio Machado son un fruto de la "desorientación" y la "discontinuidad" histórica. Lo más terrible de la guerra que se avecina -habla Mairena un año antes de morir, en 1909-ha de ser la gran vacuidad de su retórica y, sobre todo, las consecuencias literarias y artísticas que ella ha de tener una vez terminada. Los hombres saldrán algo idiotizados de las trincheras, preguntándose para qué han guerreado y para qué se guerrea. De un modo más o menos consciente, esa pregunta la hará el arte, el arte literario antes que ninguno (¿para qué se escribe?, ¿para qué se pinta?, y usted, ¿para qué esculpe?), y como no ha de saber responderse, el hombre de la postguerra será un hombre estéticamente desorientado, y dará culto al infantilismo, del non sens, del primitivismo rezagado.../...Lo más característico de ese arte será una total recusación de toda labor de continuidad 14...". La cultura que deben defender entonces los reunidos en el Congreso, en representación de los intelectuales y artistas antifascistas de todo el mundo -difundiéndola y compartiéndola con sus pueblos-, debe ser "conciencia vigilante", y debe tener por objeto "despertar al dormido", ya que las "palabras en el tiempo" -la poesía y el arte que no han suprimido el Referente de los signos artísticos-son, antes que nada, herramientas de humanización y de transformación; y en las situaciones de emergencia, armas de combate... "Si mi pluma valiese tu pistola...": escribirá el poeta a Líster, y no es un viejo gagá que chochea -como muchos quieren hacernos creer interesadamente-, el que esto escribe; es un poeta e intelectual cansado y avejentado, quizás, pero que no ha dudado en ponerse en la primera línea de la Historia, el que, desde el mirador privilegiado de su experiencia, de su talla moral y de su plenitud intelectual, lo suscribe. La cultura -esa cultura popular, compartida y auténtica, que tanto miedo da a los poderosos-no es ninguna "mercancía", ni pretende generar plusvalías ni privilegios; por tanto, la ley física de la entropía -Carnot-no funciona con la extensión y difusión de la cultura, puesto que en términos sociales y éticos, muy al contrario, "se pierde lo que se guarda, se gana lo que se da." "... nada parece que deba aconsejarnos la defensa de la cultura como privilegio de casta, considerarla como un depósito de energía cerrado, y olvidar que, a fin de cuentas, lo propio de toda energía es difundirse... Digo esto para que no os acongojéis demasiado porque las masas, los pobres desheredados de la cultura tengan la usuraria ambición de educarse y la insolencia de procurar los medios para conseguirlo...". Había escrito ya antes de la guerra 15. "... No puede atenderse a la formación de una casta de sabios, con olvido de la cultura popular, sin que la alta cultura degenere y palidezca como una planta que se mustia por la raíz..." Anota, además, don Antonio -más o menos por el mismo tiempo-, en sus Apuntes, con respecto a un artículo de Pío Baroja de 1920 acerca de la cultura de masas 16. El pueblo -los pueblos-tiene muchas razones para su autodefensa; y si mañana -el día menos pensado-el "vendaval" que sacude el bosque, no logra tronchar las ramas muertas, pudiera ser bueno que se desatase el huracán: avisa y afirma el poeta. "Nunca peguéis con lacre las hojas secas de los árboles para fatigar el viento. Porque el viento no se fatiga, sino que se enfada, y se lleva las hojas secas y las verdes"; es lo primero que escribe en su primer Mairena de la guerra, en Hora de España 17 (a eso se llama también lucidez). ¿La revolución, la "dictadura del proletariado"? (¿o esta sufriente Tercera República -"popular"-, del "pueblo en armas"?) "... ¿por qué nos asustan tanto las palabras?; si el barco necesita nueva tripulación y nuevos capitanes, ¿por qué no reclutarlos del mundo del trabajo, cuando el del capital es -por definición aceptada-el de las viejas ratas que corroen la nave?.../...a falta de una poda sabia y consciente 18..." Esto es, el fracasado -glorioso, por segunda vez-intento de adecentar el solar patrio, la Segunda República -"ilustrada"-, en suma. ¿Acaso no tienen derecho los pueblos -¿no se lo han ganado, a base de sufrir?-a tomar las riendas de su propio destino -llamémosle solar patrio o Historia-, se pregunta -y nos pregunta, aún-el viejo (tal vez, el más joven de entre todos) poeta de la República en armas. Porque ese que él denomina "hombre elemental" (¿la multitud de la que habla Toni Negri?), el "pueblo en armas", no tiene nada que ver -concluye Machado-con las "masas" que tanto miedo dan a los filósofos y a los burgueses desde la revolución industrial. El hombre masa ha sido precisamente producido e "inventado por la burguesía": como antes, lo había sido por la Iglesia (¿dónde queda Ortega?); por eso, la poesía futura -"con futuro" -tiene que tener en cuenta el "nuevo espacio", el "nuevo tiempo" que se erigen por doquier; y fundamentarse en el "respeto" al -cada-hombre (esto es, al pueblo). Antonio Machado no es un poeta ni un intelectual materialista -marxista-; él mismo nos lo explica. No supera -está claro-ciertos límites ideológicos... ¿Se podía, acaso, en sus "circunstancias"?... Son los límites propios de su generación, de su origen de clase y de su formación -esencialmente "idealista": él mismo era consciente de ello-; y, no obstante, porque era consciente de cuáles eran esos límites, y por su extraordinaria honestidad intelectual, es capaz de evolucionar y seguir el tiempo -el ritmo histórico-de los acontecimientos y de las ideas que a su alrededor fluyen; hasta su muerte. Son esa lucidez, esa honestidad y esa autoconsciencia las que le permiten, precisamente, mirar un poco "más allá", por encima de esos límites, y entrever -aceptándolo como posibilidad legítima, e incluso necesaria-un nuevo marco político, social, ideológico y conceptual más adecuado a la "situación histórica" en que están inmersos los hombres -los pueblos y los intelectuales-del siglo XX; nuevos modos de organización social y política, nuevas ideas, nuevas palabras -en el tiempo-que compartir para nombrar el mundo que fraguaba a su alrededor. Se piensa, se actúa, se escribe para compartir. Hay que escribir para algo, porque -y este sería el resumen de su discurso-"o escribimos sin olvidar al pueblo, o sólo escribiremos tonterías". 17 Consejos, sentencias y donaires de Juan de Mairena y de su maestro Abel Martín (Fernández Ferrer, Antonio, 1998 II: LI, 1).
TRASLADOS MECÁNICOS Y TRASLADOS SIMBÓLICOS La metáfora, procedimiento que está en el centro del arte poético, desempeña también un papel central en la política. Puesto que "consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita" (de acuerdo con la definición de la Real Academia Española), este tropo nos permite comprender, en todo género de discurso, las evidencias del mundo "recto" y las comparaciones que pueden hacerse tácitamente. Las bellas artes, género tácito por excelencia, "exigen un 'desplazamiento', una metáfora en el sentido literal; su gesto retórico se vuelve tropo o transición" (Block de Behar, 2004, 18). El "Guernica" de Picasso, para hablar de un ejemplo conocido, debe de ser tal metáfora: No representa el bombardeo de la ciudad vasca de manera reconocible, sino por caminos misteriosos, que desde hace medio siglo estimulan la discusión de los historiadores del arte y de la cultura. La obra logra un doble traslado: Además de traducir el tema histórico en unas figuras cubistas, la obra comienza a desplazarse literalmente, convirtiéndose en uno de los "iconos universales de la memoria colectiva" (Cueto Asín, 2005, 93). Algunos han llamado "vampirización" a esta acogida (Barea, 1999, 587), aunque en realidad no se debe a las alas románticas de murciélago, sino a las de los museos y aviones: Su éxito mundial está estrechamente relacionado con las tecnologías modernas de reproducción y distribución. Comenzando por la Feria Mundial de París, en la que se exhibe por primera vez, y el transporte del enorme lienzo a través del océano al MOMA de Nueva York, donde llega a ser un símbolo universal del pacifismo, hasta la reproducción masiva de esta imagen -por ejemplo en tarjetas postales-y sus réplicas en dimensión original, toda la "vida" de la obra, cuya biografía trazó recientemente Gijs van Hensbergen 1, ilustran los logros tecnológicos del siglo XX. Estas dos formas de traslado material -transporte geográfico y transposición técnica de un medio artístico a otro-hasta parecen propiciar el traslado simbólico. El tapiz con la reproducción de "Guernica" que cuelga a la entrada del consejo de seguridad de la ONU en Nueva York, por ejemplo, sirve de fondo a las declaraciones de prensa y recalca el compromiso con la paz en el mundo. Por eso, precisamente, se tapó con una tela azul, cuando a comienzos del 2003, en una rueda de prensa delante del tapiz, los Estados Unidos amenazaron con bombardear Iraq 2. Según algunos diplomáticos citados en el New York Times no es "conveniente que el embajador de Estados Unidos ante la ONU, John Negroponte, o el mismo [Colin] Powell, hable de guerra rodeado de mujeres, niños y animales que gritan con horror y muestran el sufrimiento de un bombardeo" (Hansen, 2004, 391). Como la comparación con Guernica había llegado a ser un lugar común periodístico, se temía que el tapiz generara otros traslados desfavorables a la política exterior estadounidense. Otra vez, el arte revela las analogías tácitas. El escultor Richard Serra ya lo había pronunciado a propósito de su obra "Equal/Parallel -Guernica/Bengasi" (1986), compuesta de tres bloques de acero de un total de 38 toneladas, e inspirada en el bombardeo de un puerto Libio, realizado por la aviación americana: "Para mí fue algo tan horrible como el bombardeo de Guernica" 3. Aun más que en el caso de Picasso, el traslado simbólico de Serra recurre a procedimientos tecnológicos, adecuados para describir una guerra enteramente automatizada. Aunque Walter Benjamin piense en obras vanguardistas como la de Picasso, cuando describe la pérdida del "aura" en el arte moderno, el ejemplo de Serra muestra que hasta finales del siglo XX la discusión acerca de valores simbólicos de la obra sigue enlazada a la cuestión del original y de la continuidad. A continuación trataremos de diferenciar dos formas de recrear valores simbólicos tras el hecho traumático del bombardeo de Guernica con la ayuda de procedimientos metafóricos de desplazamiento o de reemplazo respectivamente. Según el célebre ensayo de Benjamin, las técnicas modernas de reproducción cambian fundamentalmente la presencia del objeto de arte en el espacio. Antes de la edad moderna, la obra todavía mantiene el aura que caracteriza el objeto de culto. Su presencia irrepetible se sitúa en un lugar fijo y apartado del mundo, con los museos imitando la forma y la función de los templos. Sólo la reproducción técnica, que acerca los objetos de arte al espectador, puede alentar ideas revolucionarias: "Quitarle su envoltura a cada objeto, triturar su aura, es la signatura de una percepción cuyo sentido para lo igual en el mundo ha crecido tanto que incluso, por medio de la reproducción, le gana terreno a lo irrepetible" (Benjamin, 1973, 25). Sin embargo, por la reproducción de "Guernica" no sólo se difunden unos ideales democráticos o progresistas, de la República española en todo el mundo. También contribuye a la naturaleza abierta y ambigua de la obra, permitiendo que ésa se convierta sucesivamente en símbolo de orden internacional, nacional o regional, que propague el compromiso militante por la República, para los unos, y la lucha por la paz, para los otros. Recientemente, Miriam Hansen evocó a Walter Benjamin para comentar el episodio de la ONU: El poder del arte moderno aumenta gracias a técnicas masivas de reproducción, como la transmisión televisiva de una rueda de prensa. De acuerdo con Hansen, este poder ya no emana de la obra de arte sino de las condiciones de reproducción y distribución tecnológica, que precisan una "estética de los medios de comunicación" (Hansen, 2004, 394-395). El hecho de que estos medios facilitan el traslado de la obra a través del espacio y del tiempo -sea por técnicas de transmisión, de transposición o simplemente de transporte -cambia las condiciones del traslado simbólico. La imagen que originalmente simbolizaba los sufrimientos de la República española se convierte en una metáfora de la guerra o incluso del arte moderno. Pero se observa también que la mediatización aumenta el valor y la fascinación única de la obra original. Aunque la técnica moderna acerca la imagen artística al espectador, el aura del "Guernica" sigue incitando relatos de peregrinación o de "translatio" en su sentido medieval, basados en su presencia irrepetible. "GUERNICA" DE PICASSO: PEREGRINACIÓN Y TRASLADO Cultura pop y fascinación por la obra original se mezclan en el relato que un joven catedrático de origen hispánico hace de su encuentro con el mural, en el Centro de Arte Reina Sofía (Rubio, 2004, 175-184). Puede servirnos de ejemplo para todo un género de narración de viaje que describe el acercamiento a la obra de arte como una suerte de peregrinación. Tales relatos menudean en los siglos pasados, pero en el caso presente es interesante observar cómo se mezclan con una actitud de desenfado hacia la tradición cultural. Steve Rubio habla del "aura" del "Guernica" con referencia directa a Benjamin: Espera que el viaje a Madrid le permita descubrir sus raíces castellanas. Sin embargo, nota que el "aura" que experimenta al acercarse no tiene mucho que ver con la presencia irrepetible descrita por Benjamin: "Guernica seemed to impart an aura, but it was nothing like Walter Benjamin might have imagined" (Rubio, 2004, 180). En las calles de Madrid, caminando hacia el museo, sus ojos se llenan de lágrimas, no por la obra de arte, sino por una magia que emana de sus alrededores. También en el museo, teme cometer un "sacrilegio" cuando descubre que el mural es más pequeño de lo que había pensado. Rubio concluye que el aura no pertenece a la obra misma, sino al contexto cultural que le confiere su valor único. Su propio relato, sin embargo, no sólo estriba en la presencia de "cultura", sino también en la experiencia mística de la peregrinación (como la evoca Benjamín): La expectativa y el llanto al acercarse al templo, el miedo a cometer un sacrilegio por sus comentarios, caracterizan una actitud casi religiosa. El breve relato de Rubio cita otra narrativa, que desempeña un papel central en la recepción de "Guernica" a finales del siglo XX: El capítulo en el que Javier Tusell cuenta la vuelta del mural al Prado. Ya que el cuadro identificaba a la República, había seguido viajando por el mundo después de la exposición, con el propósito de recoger fondos para las víctimas de la Guerra Civil. Finalmente, tras la victoria de Franco se queda en el MOMA de Nueva York. Según Picasso, no había de volver a España hasta no establecerse un régimen democrático. Al final de los años sesenta, algunos representantes oficiales del régimen franquista de Madrid empiezan a considerar el cuadro como una pieza del patrimonio español y tratan de recuperarlo. Pero aún en la transición de los años setenta, el legado del artista encontraba resistencias para ser devuelto a un estado cuya cabeza era un monarca hereditario. Sólo después de largas negociaciones, en las que el propio Tusell desempeñó un papel considerable, se logró un acuerdo para que el "Guernica" llegase a Madrid, en 1981. El capítulo de Tusell subraya la importancia de los traslados en la historia del "Guernica": Creado en París, el mural había acabado su gira por todo el mundo en el MOMA de Nueva York. Tusell hace de este acto metafórico una alegoría de la España unida después de la Guerra Civil. La ceremonia de su regreso a Madrid constituye un "símbolo de reconciliación", "significa un punto final en la transición española hacia la democracia" 4. El texto del historiador del arte fundamenta las metáforas del joven catedrático estadounidense: Éste puede creer en el sentido simbólico y hasta religioso de su viaje porque se había estilizado la vuelta del "Guernica" como una "translatio", un traslado de reliquias. El transporte que le lleva a la capital española necesita una protección especial, demostrando así la fragilidad del mismo proceso de la transición, que a comienzos de 1981se había puesto de manifiesto con el intento de golpe de Estado del 23-F. El blindaje del mural y las guardias armadas del Museo Reina Sofía sugieren su importancia como símbolo del Estado, la vulnerabilidad de este símbolo, y quizás hasta un modo de fijarlo en su nuevo papel de icono nacional 5. Otra vez, el traslado técnico -efectuado gracias a la compañía aérea Iberia-resulta compatible con las connotaciones del mundo sacro. La analogía tácita está en la raíz de muchas imágenes y noticias relacionadas con la llegada del "Guernica" a Madrid. Aun la foto de su entrada triunfal en el Casón del Buen Retiro, en una caja oblonga, evoca ceremonias funerales (Chipp/Tusell, 1988, 181; véase también la fotografía de Marisa Florez en El País 11-09-1981, p. También en las peticiones para que el cuadro se ubicara en el país vasco vuelve un tema religioso, el "holocausto" del pueblo bombardeado, como razón para un traslado del cuadro a Guernica 6. Si se establece un nexo tan material entre las víctimas de Guernica y el cuadro pintado por Picasso, no falta mucho para considerar el Centro de Arte Reina Sofía un relicario que recibe el vestigio de los martirios de Guernica. El traslado de los santos huesos tiene un papel tan central en la definición del territorio español en el medievo que podemos suponer cierta continuidad (Henriet, 2007, 361-386). Pero las metáforas que convierten el traslado en "translatio" y el viaje del espectador en peregrinación quedan en el marco moderno determinado por las técnicas de transporte y de comunicación. Aunque intenten rescatar un "aura", Tusell y Rubio distinguen, mediante la evocación de estas técnicas, el interés moderno en la obra de arte original de las formas de recepción del arte sagrado. Al contrario, los intelectuales franquistas tratan de integrar el Picasso en una tradición premoderna. La recuperación franquista se justifica por una lectura del mural más religiosa que política, como se encuentra en los Comentarios a mil imágenes de la Guerra Civil, firmados por José María Pemán, miembro de la Real Academia 7. El libro hace del "Guernica" una negación del arte católico, una representación del ansia existencial del hombre sin Dios: "La fantasía de los antiguos lienzos o tablas de El Bosco o Patinir", reza, "reflejaban el horror de las 'postrimerías': muerte, infierno, condenación eterna. Picasso ha pintado para el momento, con enorme fuerza expresiva. Cuando el hombre pierde la eternidad, grita furiosamente a sus contemporáneos" (Pemán, 1967, 372). Consecuentemente, el relato acerca del bombardeo que propone Pemán no quiere basarse en el mural, que es grito existencial sin sentido histórico. Prefiere las fotografías documentales que, a pesar de ser reproducciones industriales, resultan más adecuadas a una alegoría católica que el Picasso. El comentario a la foto de "Guernica bombardeada" anuncia el modelo religioso que sirve para encubrir los desastres de la guerra: "Uno de los dolores más profundos de la guerra. Y un fruto triste de la violencia. Afortunadamente, la Guernica luego reconstruida ha renacido de sus cenizas" (Pemán, 1967, 369). Las palabras clave "dolor"-"fruto"-"renacer" indican el marco ideológico de la reconciliación: La madre dolorosa, los frutos que califican los actos y el simbolismo del miércoles de ceniza pertenecen a la iconografía premoderna, al evangelio y al rito católico. La memoria franquista de la Guerra Civil, pues, tapa el choque del bombardeo con la panoplia de valores confesionales y nacionales. El comentario de Pemán trata las fotografías como si fueran iconos y niega las condiciones materiales y técnicas de la reproducción masiva. Todo lo contrario, las narraciones de Rubio y Tusell tratan de relacionar las técnicas del desplazamiento con el simbolismo de la obra. EL OTRO ÁRBOL DE GUERNICA DE LUIS DE CASTRESANA: SUSTITUCIÓN DEL SÍMBOLO INMUTABLE Entre los conceptos clásicos de la metáfora, y con tan grande autoridad como la "translatio", surge la idea de que se puede analizar como una expresión figurada, que sustituye a otra expresión, más usual. Ambos conceptos, el traslado ("translatio") como la sustitución ("immutatio"), se encuentran en Quintiliano (Lausberg 1990, 282, § 552ss.). Desde el punto de vista de la retórica, pues, los modelos de desplazamiento y de reemplazo parecen estrechamente conectados. Sin embargo, abren dos caminos distintos en el discurso cultural: permiten distinguir símbolos movibles de símbolos que, a causa de sus raíces fijas, no se dejan trasladar; su reproducción se efectúa como reemplazo simbólico, según un modelo premoderno. Este otro modo de conceptualizar la reproducción resalta cuando comparamos el traslado del mural de Picasso con otro sistema de metáforas y analogías centradas en Guernica. La novela El otro árbol de Guernica, honrada por el Premio Nacional de Literatura en 1967, puede considerarse, ella también, parte del proceso de transición pacífica. Esta novela, por un lado, reveló la suerte de los niños expatriados e impulsó un proceso conmemorativo que llevó en 1986 a la creación de la Asociación de Niños Evacuados del 1937. Por otro lado, la historia de los niños vascos expatriados sirvió a una política de integración patriótica que, al final de los sesenta, se dirigió contra los nacionalismos regionales (González, 2001, 220-222). El "árbol de Guernica", un roble centenario, lugar simbólico donde reyes y reinas de España prestaron juramento a la autonomía vasca, aparece como un lugar de memoria específicamente español y ancestral. Este lugar de memoria milenario tiende a tapar el choque moderno del bombardeo. Mientras que el Guernica de Picasso denuncia el ataque aéreo, El otro árbol de Guernica se refiere exclusivamente al roble, como si toda la ciudad siguiera indemne. Las dos obras, pues, invocadas al final de los años sesenta para reconstruir una identidad nacional, llevan a dos Guernicas distintas y como situadas en mundos paralelos. En el cuadro se nota la ausencia del árbol milenario, de hecho el único detalle que, por sobrevivir a la destrucción masiva, hubiera permitido identificar la escena como representación del bombardeo de Guernica. En cambio, la novela omite el bombardeo que se vincula con el nombre de Guernica a partir 1937. Luis de Castresana cuenta el exilio de un niño vasco, Santi, que junto a muchos otros se evacuaba a Francia y Bélgica para escapar de la Guerra Civil. Los niños vascos reunidos en un internado de Bruselas bautizan un roble del patio "El árbol de Guernica", para darse un nuevo centro de identidad. Se trata, pues, de una doble sustitución: Explícitamente, gracias al acto fundacional del bautismo y a los ritos que confirman esta identidad (bailes circulares, fueros y concilio a la sombra del roble), un nuevo árbol reemplaza al original. Implícitamente, el árbol como icono de la memoria colectiva eclipsa otro icono, vinculado con el hecho traumático del bombardeo, el "Guernica" de Picasso. Puesto que la evacuación masiva de niños del País Vasco se debía directamente a los bombardeos, parece imposible que el narrador no haga ninguna referencia a los asuntos de 1937. Es como si "Guernica", el nombre del roble simbólico y la causa de la identidad nacional, no se debiera relacionar con sus contrarios, es decir, barbarie, división y destrucción. Aun el comentario ulterior del autor presenta el nexo con el otro Guernica como una idiosincrasia belga, de la que los chicos se enteraron sólo después de elegir su lugar de memoria: "Cuando llamábamos 'el árbol de Guernica' al roble del patio descubrimos que en Bruselas se conocía el nombre de Guernica por el bombardeo que había sufrido la ciudad el 26 de abril de 1937 por los aviones de la Legión Cóndor (un mes y seis días después de salir nosotros de Bilbao) y por el famoso cuadro de Picasso" (Castresana, 1972b, 126). Eficaces en las dos transformaciones que España necesitaba a finales de los años sesenta, capaces de transformar la realidad por medio de la reproducción industrial, esas obras lo consiguen de dos modos distintos. Crean dos formas para concebir la identidad nacional, y eso a partir de las dos Guernicas que fundan dos lugares de memoria. El otro árbol de Guernica propone un simbolismo natural como imagen de la identidad nacional. De ahí que la mayoría de sus tropos retóricos se centren en el símbolo del árbol, cuyo organismo ancestral y cuya presencia unívoca implica un modelo de organización política 8. Aunque sea de manera implícita, el árbol constituye una metáfora política. Comienza la serie de connotaciones positivas que se refieren al roble de Guernica con el mismo título y en el nombre dado al orfanato de Bruselas: El "Orphelinat rationaliste de Forest" 9 se convierte en el "Fleury", por una referencia al árbol en plena floración, que logra mantener la categoría semántica de "Forest". Mientras que la voz del autor vuelve a emplear la alegoría del árbol en su ensayo acerca de su novela, La verdad sobre "El otro árbol de Guernica", la mayoría de las comparaciones, metáforas y alegorías botánicas dentro de la narración se atribuyen al enfoque del mismo Santi, chico sensible y aficionado a los árboles. "Esta idea del hombre-árbol la tenía Santi tan adentro, era tan sustancial con su naturaleza, que cuando veía a alguien que no sabía que hacer con su vida, que no distinguía entre el sí y el no y que lo mismo le daba ocho que ochenta, decía de ese alguien que era un 'desarbolado'. Y de súbito, cavilando sobre el árbol y el mástil, le entró a Santi un temblor angustioso al imaginar la tragedia de los hombres, y de las mujeres, y de los niños que no querían o que no podían crecer sobre su propia tierra" (Castresana, 1972a, 167). La alegoría del hombre-árbol se difunde por toda la novela para enfatizar que nación es tierra, y que las identidades españolas o belgas se pronuncian con la univocidad de sus raíces. Aun si nunca se habla de la voz de la sangre, la idea es que la naturaleza da la forma de organismo a toda identidad y permite que hallen "otro árbol de Guernica" en otro roble. Esa sustitución simbólica no es pura ficción, ya que el mismo roble de Guernica no es eterno. De hecho, hubo que reemplazarlo varias veces por otros árboles crecidos de los jóvenes esquejes del roble original 10. La novela centrada en la alegoría del árbol ajusta la búsqueda de identidad al modelo de un "aura" natural, arraigada al suelo. El árbol puede sustituirse por otro símbolo, por otro árbol; pero esta reproducción no se efectúa de manera técnica sino connota la transmisión dinástica. La imagen del árbol en el escudo del País Vasco no es reproducción moderna sino emblema premoderno. Más allá de la culpa de las circunstancias un roble es un roble, y las raíces son las raíces. Con todo, el símbolo orgánico toma su forma de la misma naturaleza, vista como un depósito de sentidos unívocos y de identidades evidentes. El otro árbol consigue dar un centro simbólico a la sociedad tradicionalista que recrean los jóvenes españoles. Les proporciona un espacio dónde pueden cantar y bailar como sus padres, y un lugar de integración social, donde se otorga la nacionalidad vasca a un chico belga, y se iniciará una suerte de noviazgo entre Santi y otra refugiada de origen catalán. En la edición de 1972, ilustrada por fotos de la película que se hizo a partir del libro, esta función simbólica del árbol parece documentarse en algunas imágenes casi etnológicas. El reemplazo del centro simbólico, en la ficción de Luis de Castresana, se logra gracias a un rito de pasaje -el bautismo-. Las connotaciones culturales de la sustitución resultan, pues, distintas de las del traslado. Ambas pueden verse como formas de mantener el aura simbólica y la legitimidad de objetos únicos frente a una situación de crisis como el destierro; pero en el primer modelo el traslado material propicia traslados simbólicos que abren la obra a varios contextos. En cambio, la sustitución del objeto, al menos en el caso del "otro árbol de Guernica", se hace con el propósito de conservar el sentido simbólico y la unidad del organismo original. TRASLADOS ILEGÍTIMOS: DESINTEGRACIÓN Y DESAPARICIÓN DE OBJETOS DE VALOR Los relatos acerca de cambios culturales como desplazamiento y de reemplazo marcan el período de la transición y su afán de legitimidad política. Recientemente, sin embargo, desatan también metáforas satíricas o traslados ilegítimos. El modelo del desplazamiento desemboca en la desintegración o desaparición del objeto simbólico. El robo más grande jamás contado (2002), película de Daniel Monzón, presenta a un grupo de criminales que plantean robar la obra de arte más grande del mundo -el "Guernica"-mediante una grúa. No logran realizar su robo, y por el intento fracasado destruyen el mural. Sin embargo, el pedazo del lienzo que involuntariamente habían arrancado, les permite chantajear al Estado español, que hará todo para rescatar la integridad del símbolo nacional. Desde luego, ya al final de los sesenta, la ambigüedad del cuadro de Picasso invita a cuestionar todos los esfuerzos de transformarlo en un símbolo legítimo -hasta impulsar réplicas como la serie de montajes "Guernica" del equipo crónica, que lo reescribe para contrapesar el cambio o la pérdida de significado 11. En cambio, la película de Monzón, que lleva en su cartel una grúa, confirma no solamente el valor material, sino también el peso simbólico del mural. Es interesante comparar esta ficción con un hecho real que parece imitar la idea de la película. Ya mencionamos la escultura "Equal/Parallel: Guernica/Bengasi" de Richard Serra para ilustrar el conjunto de técnicas de reproducción y traslados simbólicos. Lamentablemente, el compromiso político que expresa el título nunca hizo de los bloques de acero un símbolo "aurático" a la medida del mural de Picasso. La prueba es que las trazas del Serra se pierden en La grúa es un emblema del traslado técnico. Con un botín de 38 toneladas, frente a las dos toneladas del Moore, los delincuentes de Madrid pueden presumir del "robo más pesado jamás contado". No son las condiciones técnicas de este traslado ilegítimo las que quebrantan el "aura" de la obra, sino los fines: El objeto simbólico se convierte en mercancía en el mercado de arte (en el caso del inglés) o, aún peor, en el mercado de acero (en el caso de Serra). Los comentarios acerca de este robo o dejan entrever cierta nostalgia por un símbolo arraigado en un todo orgánico (como en El otro árbol de Guernica) o enfatizan la posibilidad de reproducción que resulta de la naturaleza técnica del obra. Mientras que el "Guernica" de Picasso -por su proceso de recepción -todavía tiene algo de reliquia, es decir de cuerpo, de "Equal/Parallel" dicen que no se puede "conservar la obra como si fuera un cadáver" 13. No obstante, la policía concentra su busca en el suelo, como si el metal tuviera que reintegrarse en la tierra de la que había salido 14. Pero la obra de arte virtual no tiene ni las raíces ni el aura del árbol de Guernica, es hierro reproductible de acuerdo con Amelia Aranguren, del Centro de Arte Reina Sofía: "La obra de Serra no es como un cuadro, es una instalación, una idea, está en su cabeza. Se puede volver a reproducir siendo igual de original, guardando toda su esencia" 15. La sustitución incluso resulta más fácil en este caso, ya que el objeto técnico tiene un número definido de calidades, mientras que en el mural como en el árbol de Guernica sobran inefables esencias simbólicas. Puesto que la sustitución legítima y la presencia irrepetible de la obra ya no tienen valor simbólico, el traslado ilegíti- mo, mediante una grúa, queda como la única forma que pueda ilustrar la analogía simbólica "Equal/Parallel: Guernica/Bengasi". El metal robado, acero quemado y fundido, la obra de arte desaparecida sería, pues, no solamente la expresión de una pérdida total del aura, sino también una "metáfora absoluta", una variante enigmática del proceso metafórico que se cristaliza en Guernica. En conclusión, el aura moderna que se manifiestan en el cuadro y en el roble se debe a su capacidad de servir como paradigma de un discurso metafórico: a diferencia de otros símbolos culturales que se emplean como metáforas, los símbolos de Guernica fundamentan la estructura del propio discurso. No son metáforas políticas, sino que constituyen una política de la metáfora. 2 Aunque Miriam Hansen prefiere considerar la forma artesanal y casi medieval del tapiz como un caso de "kitsch", distinto de la reproducción masiva (Hansen, 2004, 391), la transposición de obras de arte moderno en tapices forma parte del fenómeno de "arte industrial" y está, en tanto, estrechamente relacionado con las técnicas descritas por Benjamin. 3 Citado por Barbara Celis en "Esta copia es el original", El País, 3 de junio de 2007, p. 5 Algunos estudios se dedicaron a describir el "ritual secular" y a la arquitectura casi religiosa que apoyaron el "carácter aurático" del "Guernica" (Zunzunegui, 1990, 50; Layuno Rosas, 1993, 615-637). 6 Javier Angulo: "Protestas en Euskadi por la instalación de 'Guernica' en el Casón del Buen Retiro", El País 12-09-1981, p. Por la actualidad de la discusión sobre un posible viaje del "Guernica" al País Vasco véase Lola Galán: "La política persigue al 'Guernica'", El País, 9 de abril de 2006, p. 7 Este álbum dedica dos dobles páginas y media al asunto Guernica. Es verdad que el comentario insiste en una fecha -el 29 de abril de 1937-que no es la del bombardeo, y que la fotografía de Pablo Picasso cede el paso a la del comandante que conquistó la ciudad -como si ambos fueran de una manera u otra iconos del triunfo fascista- (Pemán, 1967, 370-371).
En el primer capítulo de su autobiografía, The Buried Day, Cecil Day Lewis recordaba una conversación entre él y Auden en Venecia, mientras bebían un vaso de grappa junto al Gran Canal: -¿Sabías que X (un amigo de nosotros, un poeta que se encontraba también en Venecia en aquel momento) estaba escribiendo su autobiografía? -Sí. -Bueno, y ¿por qué no lo detuviste? -¿Cómo podía? -Sabes perfectamente, Cecil, que ningún poeta debería escribir nunca su autobiografía. -Oh. -¿La ha traído consigo? -Probablemente. No es necesario hacer muchas cábalas para adivinar que se trata del congreso del Pen Club de 1949 y que bajo el anonimato de X se esconde el rostro de Spender, que el año anterior había comenzado a escribir su autobiografía durante un viaje de varios meses por Estados Unidos. Y, si bien Auden no aclara en el relato de Day Lewis las razones por las que es anatema el vate que se convierta en autobiógrafo, en una de esas "certezas" tajantes por las que tan admirado fue entre sus amigos, no resulta difícil entrever una explicación literaria en su decidido objetivismo y su rechazo del discurso testimonial. A sus ojos, al tomar la propia materia de su vida como tema, al situarse en el centro, Spender incurría en una suerte de impudor, el ejercicio de pornografía anímica propio de quien desvela lo que sólo debe decirse entre susurros y a unos pocos allegados. De hecho, no le faltaba razón a Auden: en "Confes sions and Autobiography" Spender propondría ese impudor como requisito del relato autobiográfico, pero al mismo tiempo eludiría toda inmediación ingenua y advertiría de que en último término todo relato supone un constructo: su autobiógrafo predilecto, explicaría también, era el "indiscreto, egomaníaco, inmoral, exhibicionista, pornógrafo", que elude los pormenores sobre la familia y la época y entra de lleno en "la experiencia de ser él mismo", con el único criterio de que debe contar "la verdad desnuda", aunque señalaría también que "normalmente su verdad es desnuda aunque no sea del todo verdadera" (1980,118). Su queja es precisamente que abundan las autoficciones como las de Sassoon y escasean autobiografías como las de Gide o Henry Miller, que ponen a prueba "la capacidad del ser humano de decir la verdad sobre sí mismo" (1980,121). En último término, su modelo parece ser Rousseau: el autobiógrafo movido por la voluntad de montrer á mes semblables un homme dans toute la vérité de la nature. Casi cincuenta años después de esa escena escrita en los márgenes de la Historia de Venecia, como un efímero reflejo sobre sus aguas, un Spender octogenario cerraba el último capítulo de esa vida con una notoriedad que trajo consigo nuevas manifestaciones de impudor. Por aquel entonces yo vivía en Cambridge y pude comprobar cómo durante unos días el anciano poeta recuperaba cierta actualidad, cómo los puestos de libros de Market Square -paperback los martes, hardback los jueves-se inundaban con viejas ediciones de sus ensayos y libros de poemas y cómo los obituarios esbozaban una suerte de recapitulación crítica de su figura: Christopher Hitchens le reprochaba en The Atlantic que había pasado más tiempo "siendo" un poeta que escribiendo poesía; Peter Poster recordaba en The Lamp, más que sus libros, la presencia de su alta figura en todos los acontecimientos literarios; Eric Page se mostraba un poco más respetuoso en el New York Times y elogiaba especialmente los escritos del difunto sobre la relación entre el artista y la política; y Ted Hughes esbozaba un rendido elogio en Index on Censhorship. De hecho, Spender había recobrado una momentánea actualidad apenas año y medio antes, y por razones a las que Hughes -entonces el poeta laureado de Inglaterra, pero siempre perseguido por la sombra de Sylvia Plath-era especialmente sensible: el escritor norteamericano David Leavitt había publicado la novela While England Sleeps, en la que entre otras cosas aireaba la relación homosexual de Spender con Tony Hyndman sesenta años atrás y Spender había protestado, no exactamente por hacerse pública una historia que los lectores conocían por su propia pluma desde la publicación de World within a World en 1951, sino por lo que a su juicio era una distorsión de la realidad. El episodio terminó en los tribunales, todas las copias de la edición original fueron destruidas y se publicó una nueva versión aprobada por Spender. Creo que esta aprobación constituye un acto de naturaleza literaria, además de jurídica. Spender ya había puesto a prueba su propia capacidad de "decir la verdad sobre sí mismo", y sería interesante dilucidar si su disgusto se debía a que el libro de Leavitt contradecía los hechos o más bien su propio relato en World within a World, donde el poeta había dado los detalles de su relación con Tony. Porque en Spender encuentra su realización perfecta el escritor para quien su leyenda personal constituye el bien más preciado, alguien para quien la escritura es una forma de acción y la acción una incoación a la escritura, en la que todo cuaja, se ordena y cobra sentido. Y ese grado extremo de autoconciencia se muestra a las claras en la reticencia a conceder esa aprobación, que no tuvo lugar en los estudios autobiográficos de David Leeming (Stephen Spender: A Life in Modernism) y Hugh David (Stephen Spender: A Portrait with Background) y que sólo llegaría con el exhaustivo trabajo de Jon Sutherland, Stephen Spender: The Authorized Biography, que en su título mismo exhibía complacida el marchamo del nihil obstat. Es más, puede decirse que esa cuidadosa gestación de su leyenda personal impregna casi todos los escritos del propio Spender. En otras palabras, toda su obra literaria es en gran medida autobiográfica: lo es, por supuesto, su autobiografía World within a World; también sus diarios, reunidos en September Journal; lo es su poesía, eminentemente lírica, recogida en varias antologías y varias ediciones de poemas completos, hasta la de 1985; lo son sus novelas The Temple y The Backward Son; lo son ensayos como The Creative Element, The Making of a Poem, The Struggle of the Modern, Love-Hate Relations y T. S. Eliot, en la medida en que en ellos se estudia la literatura de escritores de la generación de Spender o que fueron amigos de Spender o que supusieron referencias importantes para él y para su época; y lo son también libros como The Thirties and After, The Year of the Young Rebels o Citizens in War, pues en ellos se da cuenta de los acontecimientos históricos del siglo XX desde el punto de vista de la experiencia personal del autor. Lo fascinante del caso es que durante parte del itinerario de Spender él mismo se situó en unas coordenadas que quedaban fuera del territorio de la autobiografía, de sus condiciones de posibilidad: si se trataba de indagar en la identidad del yo, sus actitudes juveniles habían supuesto precisamente la abolición de la idea de yo. En los años treinta más que nunca, la idea pascaliana de que le moi est haissable constituía una premisa con la que el escritor británico debía contar World within a World puede, pues, leerse como una suerte de autobiografía trascendental, en el sentido kantiano, ya que desarrolla un discurso que explora sus propias condiciones de posibilidad, la existencia de su objeto como tal. Con el relato de su conversión al marxismo en los años treinta y su posterior y violenta retractación Spender plantea, entre otras cosas, una serie de cuestiones fundamentales sobre los límites de la autobiografía y sobre la naturaleza de esa escritura. En el primer párrafo de la introducción a World within a World, Spender adelanta que el libro trata "unos pocos temas": el amor, la poesía, la política, la vida literaria, la infancia, los viajes y el desarrollo de ciertas actitudes acerca de los problemas morales. Fundamentalmente, lo que uno encuentra en la primera parte es un retrato de familia y una presentación del niño protagonista; en la segunda, la llegada a Oxford y el trato con los que serían los poetas de la década; en la tercera, los viajes a Alemania por los que tanta afición sentirían Auden e Isherwood, la iniciación a la homosexualidad y, paralelamente, la creciente inquietud política ante el ascenso del nazismo; en la cuarta, la entrada en el Partido Comunista, los viajes a la España de la guerra, la decepción ideológica y la ruptura con su primera esposa; y en la quinta, los años de la Segunda Guerra Mundial, su servicio en la brigada antiincendios y los comienzos de lo que sería el resto de su vida literaria. El punto de inflexión, el centro de crisis de todo el relato, se encuentra en la parte cuarta, en la que Spender se convierte casi en un epítome de su generación y refiere su decepción por la ideología comunista, que había suscitado un creciente entusiasmo durante la década. Ésta fue una de las lecturas más difundidas: por ejemplo, poco después de publicarse World within a World, Spender recibió una llamada de Anthony Burgess en la que el autor de A Clockwork Orange le felicitaba por haber mostrado mejor que nadie el problema de toda su generación y su actitud ante el comunismo. Esto es tanto más interesante cuanto que World within a World es una autobiografía y no unas memorias: sus páginas, sí, están repletas de referencias a Auden, Cecil Day Lewis, Louis MacNeice, Isaiah Berlin, Charles Madge, Virginia Woolf, Vanessa Bell, T. S. Eliot, Roger Fry, Christopher Isherwood, E. M. Forster, James Joyce, Cyril Connolly, Cuthbert Worsley y un largo etcétera de personalidades literarias de los años veinte, treinta y cuarenta, pero en el relato todo se encuentra supeditado a la gestación de ese universo personal, ese "mundo dentro del mundo", que constituye el individuo que firma el libro. Así, si Burgess supo reconocer el aroma de una época fue porque Spender, ajeno a todo propósito cronístico, se había erigido en vocero de aquel conflicto ético y político desde su experiencia personal. De hecho, lo más revelador de las actitudes y los poemas de aquellos jóvenes de los treinta no se encontraba en la mayor o menor proximidad a la creciente "ortodoxia de la izquierda", sino tal vez en el drama íntimo que dejaban entrever: un complejo de culpabilidad de varias caras. Este complejo se manifestaba, en primer lugar, en la caracterización del proletario como héroe y la vergüenza que comportaba una cierta conciencia de clase para el joven hombre de letras, de satinada extracción burguesa y dulce educación oxoniense. Al leer a Auden, confesaba George Barker, no podía dejar de sentir cómo le apuntaba un dedo interrogatorio, que le preguntaba por "su certificado de matrícula, su árbol genealógico y sus ingresos anuales". Así, la idea del Oxford de los años veinte que ofrece Spender en World within World es precisamente la de una comunidad dominada por la conciencia de clase y empeñada "en ignorar la proletarización de la vida europea que tenía lugar en todas partes". Este "odio de sí mismo" del escritor, que no podía ocultar su origen social privilegiado, cifraba una suerte de lucidez o clarividencia: como explicaría el poeta cuarenta años más tarde en The Thirties and After, abrir los ojos al mundo de barrios obreros, fábricas sórdidas y calles oscuras que había más allá de los salones literarios y su té con pastas equivalía al imperativo de tomar partido contra la propia clase social. Si con el imaginario fabril y suburbial de Poems Spender se había colocado a sí mismo a un paso de esa actitud, la guerra de España no haría sino exacerbar la necesidad de dar ese paso: el libro que tenía entre manos en mayo, junio y julio de 1936, y que se publicaría en enero de 1937, era precisamente Forward from Liberalism, donde declaraba la insuficiencia y el agotamiento de la democracia liberal y establecía que se encontraba en una encrucijada, obligada a elegir entre la protección de las oligarquías y la sociedad sin clases. La tesis de fondo era en gran medida un producto tan epocal como el New Deal de Roosevelt: la idea de que la doctrina del laissez faire dejaba el capital en manos de unos pocos y que el Estado se veía impotente ante la iniciativa privada, con el consiguiente descontento mayoritario, en una situación que propiciaba el surgimiento de los totalitarismos e inducía a los indiferentes a aceptarlos, bajo la promesa de pan y un techo. Si se convenía en que la crisis cerraba la puerta a la via media del liberalismo, ¿cabía dudar entre los extremos del fascismo y el comunismo? ¿No era obvio que el comunismo se ofrecía como la única forma válida en aquel momento para alcanzar los fines que se proponía el liberalismo? "Soy comunista porque soy liberal", concluía Spender: el escritor debía sacrificar su origen burgués al servicio de una sociedad más justa. Quizá este tema del sacrificio era el elemento del imaginario de la Gran Guerra que más pesaba sobre Spender y su generación. En las trincheras del frente occidental, argumentaría años más tarde (1963,168) al hablar de Sassoon y Owen, "el poeta soldado se había identificado con el joven sacrificado". De hecho, con poemas como "Parable of the Old man and theYoung", su admirado Owen había subvertido el episodio bíblico del sacrificio de Isaac para denunciar el holocausto literal de las nuevas generaciones en manos de los mayores: Abraham desoía la voz del ángel y asesinaba a su hijo "y con él, uno a uno, a todos los jóvenes de Europa". Sin llegar a ese extremo, en el retrato que en World within a World esboza de la generación de su padre y su tío, tan "equilibrados" durante toda su trayectoria política, Spender los describe en actitud impasible ante aquel "gran holocausto" de la Primera Guerra Mundial, en una denuncia implícita de la tibieza liberal. Y, como ya he comentado a propósito de Forward from Liberalism, precisamente lo que caracterizaba al liberal de 1936 era a su juicio la negativa al "sacrificio de la libertad presente individual" en aras de la igualdad futura de la Humanidad. El rechazo de esa tibieza era para Spender y sus amigos un atractivo más del marxismo, que es preciso com-prender desde el origen pequeñoburgués de aquellos escritores. Richard Crossman lo explicaría con claridad años más tarde, pasada la marea del entusiasmo y la militancia: dentro de aquella lógica masoquista o autodestructiva, "la atracción emocional del comunismo residía precisamente en los sacrificios materiales y espirituales que exige del converso" (Crossman 1951, 14). Aquí, nuevamente, la guerra de España supuso sólo la decantación de algo que ya venía gestándose desde lejos: los sacrificios materiales iban a llegar con las muertes de algunos brigadistas, pero la predisposición a los "espirituales" había quedado más que clara durante la década. En primer lugar, como es obvio, se exigía el sacrificio de los privilegios de clase y, de nuevo, la idea de culpa pesaba aquí sobre la conciencia de aquellos jóvenes intelectuales. En aquel ejercicio tardío de psicoanálisis colectivo que sería "The Theme of Political Orthodoxy in the 'Thirties'", Spender se mostraría rotundo: el comunismo les proporcionó en parte una fe y, sobre todo, una sensación de "mala conciencia" y un deseo angustioso de aproximarse a la clase trabajadora. Si sus amores teutónicos habían ocultado aquella aspiración, todavía en los años cuarenta confesaba que el mayor interés de su trabajo en la brigada antiincendios era que le permitía "conocer por fin a los obreros". Es evidente que bajo esa aspiración se encontraba el complejo de culpabilidad inoculado en el joven Spender por su padre, quien, como reza uno de sus versos más recordados, "no le dejaba mezclarse con los niños más duros" en el colegio. Pero es evidente también que aquel intento forzado, poco espontáneo, tenía escasos visos de ofrecer réditos literarios. En The Road to Wigan Pier Orwell había narrado con maestría la inutilidad de este esfuerzo de adhesión una clase social ajena: "Es fácil para mí decir que quiero librarme de las distinciones de clase, pero casi todo lo que pienso y lo que hago es resultado de las distinciones de clase" (Orwell 2003, 37), reflexionaba. Algún tiempo más tarde, el propio Spender (1951, 301) reconocería lo que empezaba a entrever ya a finales de los treinta: que la sensibilidad burguesa del artista "difícilmente puede aspirar a adquirir por un acto de fe política una mentalidad de obrero". Inevitablemente, sus poemas sobre el mundo del proletariado, como "Moving Through the Silent Crowd" o "An Elementary School Classroom in a Slum", hablaban de aquellos hombres condenados al desempleo en una significativa tercera persona. Pero el sacrificio no era sólo de clase: también lo era del individuo. Como lo expresaría más tarde Robin Skelton, para aquellos jóvenes escritores Marx era Dios, pero Freud era el profeta. Y no sólo Freud: durante sus años berlineses Auden había tomado contacto con John Layard, estudioso de la psicología de W. H. Rivers, se había imbuido de aquel ambiente "psicoanalítico" que corría por la MittleEuropa de entreguerras y se había dedicado a predicar la nueva religión a sus amigos de Oxford: años más tarde, Spender y MacNeice coincidían en recordar a su amigo como una especie de psicoanalista, que en sus habitaciones del college recibía sólo visitas individuales y trataba uno por uno a sus amigos, y que empleaba constantemente una jerga pseudofreudiana. De nuevo, había aquí un vínculo con la Gran Guerra, pues Rivers había desarrollado sus teorías en gran medida a raíz de su experiencia con los soldados traumatizados en el frente y había llegado a tratar en el hospital de Craiglockhart a Sassoon, a Graves y a Owen. Además, es preciso advertir que en Gran Bretaña el interés por el psicoanálisis no bebía exclusivamente de Viena o Berlín y que venía estrechamente asociado a la poesía: en sólo tres años se había sucedido la publicación de Unconscious (1921) y Fantasia of the Unconscious (1922), de D. H. Lawrence, de Conflict and Dream (1923), del propio Rivers, y de The Meaning of Dreams (1924), de Graves. En el tríptico final de Another Time Auden rendiría homenaje a Freud con una elegía y durante aquellos años se empeñó en casar la teoría marxista de la Historia con el psicoanálisis freudiano, salpicando sus escritos de citas de Groddeck y otros autores: según él, la llegada de la revolución social no haría sino allanar el camino a la liberación de la psique individual, lo que exigiría el concurso del psicoanalista. Ni que decir tiene que Spender había participado en alguna medida de aquella obsesión centroeuropea, pero en su caso -como en el de algunos de sus amigos-aquel sentido de culpa que le empujaba hacia el psicoanálisis era personal y tenía muy poco que ver con el trauma de los soldados sometidos a un prolongado bombardeo. De hecho, fue precisamente la experiencia española y los problemas conyugales que sufrió en aquellos años lo que le empujó a probar el psicoanálisis, aunque sin fortuna. Pues bien, el sacrificio al que su posición ideológica le inducía lo liberaba también de sus fantasmas personales, pues la revolución debía hacerse, como él mismo expresaba, "sin tener en cuenta la suerte que pudieran correr los individuos" (Crossman 1951, 299). La instauración del nuevo orden comportaba la provisional abolición de la vida personal, y en aquel momento esa perspectiva suponía más un alivio que una constricción. Se trataba de una correlación necesaria: la exaltación de la masa era directamente proporcional a la denigración del individuo, a su desaparición como categoría real, junto con los espectros de su subconsciente. "Dónde están los violentos gestos del individuo?", preguntaba George Barker en su elocuente "Resolution of Dependence": subvirtiendo el título de Wordsworth, lo que el nuevo estado de conciencia ponía de manifiesto era que el sueño de la autarquía individual era imposible. "Debemos amarnos los unos a los otros o morir", escribía Auden en su archicomentado verso de "September 1, 1939". Todos estaban en el mismo barco, todos dependían unos de otros, y la proximidad de la guerra sólo venía a mostrar a las claras lo que Spender sabía ya desde hacía años. A principios de los cincuenta recordaba, como grabada a fuego en su memoria, una conversación que había mantenido en Berlín con Edward Upward, el Chalmers de Lions and Shadows: cuando expuso su deseo de que los cambios revolucionarios se conciliasen con la preservación de la libertad individual, Upward se quitó la pipa de la boca y dijo, sonriendo: "Gandhi". Aquella sola palabra bastó a Spender para hacerle caer en la cuenta de su idealismo imposible, de la necesidad histórica de sacrificar al individuo y permitir que su persona se convirtiera "en materia prima para uso de la maquinaria del Partido", como escribiría en The God that Failed. Además, el sacrificio no se refería tan sólo a la clase social y a la realidad concreta individual, sino también a un instrumento tan radicalmente inherente al individuo en la cultura liberal burguesa como el ejercicio de la crítica. Si se deseaba coadyuvar al advenimiento de aquel estadio suprahistórico de la Humanidad, era preciso proceder a una especie de "cancelación de la experiencia", un ciego acto de fe que pasara por alto las imperfecciones del presente con las miras puestas en la promesa de aquella suprema bondad futura. "Nunca ha dejado de sorprenderme -escribiría Spender en World within a World (1951, 21)-hasta qué punto los comunistas son indiferentes a los hechos inconvenientes". Así, el hegeliano "¡Peor para la realidad!" permitía al comunista ortodoxo del momento hacer la vista gorda ante cualquier acontecimiento que desdijese de la doctrina. Un ejercicio de cinismo del que la Guerra de España proporcionaría a Spender numerosos ejemplos, como el de un corresponsal con el que entabló conversación en Valencia y que le reconoció que algunos de los hechos que había denunciado en sus artículos del New Statesman eran ciertos, pero que "lo importante es escribir cosas que sirvan a los fines del comunismo". Lo fascinante y revelador de esta lógica sacrificial era que aquella indiferencia "incluso resultaba atractiva", como admitía el poeta. En la adhesión incondicional, en el inmaculado sometimiento a la ortodoxia, en la claudicación de la razón crítica, había algo de admirable y grandioso, una via rationaliter negativa que permitía al intelectual fundirse con su ideología. Era casi una actitud religiosa: siempre que conocía a un comunista, había dicho pocos años antes Spender, tenía la impresión de que era "un tipo muy alto", y viniendo de alguien que medía un metro noventa eso quería decir mucho. De este modo, al afiliarse al Partido, esperaba eludir toda vacilación e investirse de una suerte de presunción de infalibilidad, pues a él también se le ungiría con "aquel bendita sensación de tener la razón siempre" (1951,211) que parecían sentir los comunistas. Así lo expresaba su personaje en Fellow Travellers, el libro que Worsley escribió sobre el viaje con Spender por la España de la guerra: Afiliarse al Partido Comunista era algo diferente. Era el equivalente de cambiar de religión. El Partido, como los católicos, exigía absoluta obediencia. Si te afiliabas, tenías que renunciar a la libertad de pensar por ti mismo. Pensabas lo que se te decía que pensaras (...) Era un acto de renuncia además de fe, y a cambio se te daba la certeza absoluta (1971,145). Isaiah Berlin, uno de los amigos oxonienses de Spender, desharía el espejismo por el que su generación se había dejado fascinar: el marxismo -o, puntualizo yo, el marxismo-leninismo-2 comportaba un historicismo profético, una lógica determinista, pero al mismo tiempo exigía el sacrificio, en una flagrante paradoja porque, si tan inexorable era el rumbo de los acontecimientos, ¿para qué forzarlos en una determinada dirección? Y, sobre todo, ¿cabe engañarse con el precio que es preciso pagar? Spender se definía en las primeras páginas de Forward como un liberal "dispuesto a trabajar por una sociedad comunista si se le convence de que así aumentará la libertad". Pues bien, la reflexión de Berlin suena casi como una tardía réplica a su amigo. "Un sacrificio -establecería en Dos conceptos de la libertad (Berlin 1998, 63)-no entraña un aumento de lo que se sacrifica, por muy grande que sea su necesidad moral o por mucho que compense". No debe perderse de vista que el gran libro que ocupó a Berlin durante los años treinta, y que Spender leyó en 1939, era precisamente su biografía de Marx: en la revisión de sus ideas políticas tras la experiencia española sin duda jugó un papel crucial el pensamiento de su amigo, que lo obligaba a volver el rostro a los aspectos menos halagüeños de las actitudes políticas que había adoptado durante un tiempo. Claro está que al argumento de Berlin subyace un presupuesto liberal que hunde sus raíces en el humanismo ético y político moderno, de fundamento kantiano: el imperativo de que es preciso tratar siempre a los hombres como fines y no como medios, y el corolario de que no existe fin superior al individuo mismo. Pues bien, esta idea liberal, de la que Spender se había declarado en sedición, encontraba su contrapunto más extremo en la estética del sacrificio que propugnaba la ortodoxia política de la izquierda y que alcanzaba su apogeo en la apelación al heroísmo y la comprensión de la violencia como holocausto. Como escribiría Laurie Lee (1991, 46), la guerra de España ofrecía a aquellos jóvenes idealistas, ante todo, "la oportunidad de realizar un rotundo y enorme gesto de sacrificio personal". Este sacrificio dejó muy pronto de ser una idea y adquirió un rostro, el de algunos voluntarios británicos más o menos ilustres cuya muerte convirtió la Guerra Civil española en un escenario épico. Entre los escritores, los más relevantes fueron Julian Bell, John Cornford, Charles Donnelly, Ralph Fox y Christopher Caudwell. El caso de algunos fue especialmente sonoro y dio origen a cierta leyenda: Cornford, el joven comunista y poeta de aliento romántico, recibiría el homenaje de Pat Sloan en John Cornford: A memoir y figuraría en los relatos Volunteer in Spain de John Sommerville y The Spanish Cockpit de Franz Borkenau, que combatieron a su lado en Madrid y Aragón respectivamente. En cuanto a Ralph Fox, fue precisamente John Lehmann, coeditor de Poems for Spain junto con Spender, quien editó el homenaje Ralph Fox: A Wrtiter in Arms. Sus tempranas muertes, ambas el 27 de diciembre de 1936, los erigieron en figura simbólica para el resto de la contienda. "En vuestros momentos de vacilación -exhortaba Randall Swingler en el primer verso de "They Live"-recordad a Cornford y a Fox". Y Sommerville declaraba en el último párrafo de su libro: "Para mí John es el arquetipo y el símbolo del joven de hoy, cuya tarea consciente es cambiar el mundo". Spender no fue del todo ajeno a la gestación de leyendas de esta especie. De hecho, fue uno de los articulistas que se apresuraron a rendir homenaje a Fox al llegar a Inglaterra la noticia de su muerte, el 5 de enero de 1937. Pero conviene reparar en los sentimientos encontrados que a este respecto harán presa en él durante la guerra. Por ejemplo, en su poema "Fall of a City", ante la noticia de la caída de Barcelona en los periódicos, evoca la ciudad revolucionaria que conoció en sus estancias en España en un tono irremisiblemente elegíaco. Se trataba de una pérdida especialmente preciada para él, que en su primera visita con Tony a España, todavía antes de la guerra, no había disfrutado del viaje hasta que llegó a la capital catalana, que le sedujo con su aire cosmopolita, la ortogonalidad perfecta de su plan Cerdá, el encanto de sus edificios modernistas y las construcciones que la Exposición Universal había dejado tras de sí. Después, en su primer viaje a la España en guerra, Barcelona se había convertido ante sus ojos en el símbolo de la nueva situación: "La gente de esta ciudad sabe que es libre", había escrito en uno de sus artículos. Ahora, tras la derrota, todo parecía volatilizarse como un sueño: si Barcelona había sido la imagen misma de la revolución, lo que se le avecinaba era una súbita contrarrevolución. Los jóvenes tendrán que olvidar las lecciones aprendidas, los carteles y panfletos serán barridos por la lluvia y el viento, las insignias y los saludos se desvanecerán... ¿Qué hay de los héroes? O, mejor dicho, Ubi erint? Se trataba de una lógica previsible: los vencedores escribirían su propia historia, y en la desaparición de aquel efímero papel impreso de carteles y panfletos se cifraba la imposición de una lectura única de los acontecimientos, que el nuevo régimen sin duda acometería: expulsados del templo, excluidos de la "dorada alabanza", los nombres de los héroes derrotados permanecerían sólo como un recuerdo trágico que se contempla en silencio. Spender sintió también en un primer momento la tentación de aquel heroísmo trágico consagrado por la literatura de la Gran Guerra: joven, bien parecido, alto y esbelto, de ojos claros y rubia y desordenada cabellera, casaba a la perfección con el arquetipo del efebo ofrecido en holocausto. De hecho, los modelos literarios de esta actitud -Byron y Brooke, que habían entregado su vida en Grecia y en el frente occidental, respectivamente-no quedaban lejos de su biografía. En 1914 su tío había enviado a Brooke a los Estados Unidos a escribir unos artículos para la Westminster Gazette y de algún modo el malogrado poeta había formado parte de la memoria familiar. Además, en la revista New Verse se había calificado al propio Spender como "el Rupert Brooke de la Depresión", en un embarazoso sambenito para un joven más amigo del verso descarnado y ácido de un Owen que de la eufonía patriótica y tópica de Brooke. En cuanto a Byron, suponía una presencia aún más poderosa: por ejemplo, Koestler relacionaba el fantasma de Byron con las motivaciones de muchos de los brigadistas que se alistaban con entusiasmo en 1936 y John Langdon-Davies describía con sonrojo la afición de los intelectuales españoles a contemplar a todo poeta inglés que apoyara la causa republicana como "el Byron de nuestros días", mientras Harry Pollitt, en A Writer in Arms, se refería a Fox como "un Byron moderno". Por otra parte, como resulta natural, Spender había tenido a Byron entre sus primeras lecturas, a principios de los años veinte. Así, no debe extrañar que, cuando Pollitt lo envió a Valencia con el comentario de que debía "hacerse matar, pues necesitamos un nuevo Byron para la causa", aquella perspectiva heroica le provocase un vértigo momentáneo. Presa de la ingenuidad, aquel día Spender visitó a los Woolf, con los que tenía trato frecuente desde que su amigo John Lehmann trabajaba en la Hogarth Press. En una entrada del 16 de febrero de 1937, el diario de Virginia Woolf deja una elocuente constancia del estado de ánimo del joven poeta en aquel momento inicial: Stephen Spender vino a tomar el té y a cenar el otro día [...] Un joven de gran entusiasmo, ahora atemperado porque, al casarse él, su amigo se ha alistado en la Legión Extranjera (sic) y combate en España [...] Dijo que el Partido Comunista, al que se había afiliado ese día, quería que lo matasen en España para que hubiese un nuevo Byron. El disgusto de los Woolf y del grupo de Bloomsbury en general era más o menos previsible dado su recelo ante todo lo que supusiese una actitud de compromiso político. En la encuesta Authors Take Sides, Virginia Woolf se negó a responder, mientras Vita Sackville-West afirmó estar "harta" de que se solicitasen de ella manifestaciones de este tipo. Tanto una como otra contaban con varias razones, además de la estrictamente literaria o estética. En lo que respecta a Virginia, su sobrino favorito, Julian Bell, hijo de su hermana Vanessa y del crítico de arte Clive Bell, había evolucionado desde sus iniciales actitudes pacifistas hacia el socialismo y se había alistado, lo que le condujo a la muerte en Brunete en julio de 1937. En su figura, cuya pérdida sumió a la novelista en una profunda pesadumbre, los Woolf contemplaban el entusiasmo romántico y desbocado, preñado de expectativas desmesuradas, de una juventud que desconocía la realidad de la guerra. Por otra parte, Spender parecía especialmente susceptible de caer presa de ese romanticismo: el punto de partida del libro que acababa de escribir, Forward from Liberalism, era precisamente la idea de que el romanticismo había sido un proyecto truncado y que, en consecuencia, el izquierdista del momento buscaba simplemente "realizar lo que el romántico había dejado sin hacer". Cuando en aquellas páginas exigía "justicia política", Spender se estaba remitiendo literalmente a una fuente mucho más concreta de lo que pudiera parecer: Political Justice (1793) 3, el legendario ensayo de William Godwin, padre de la segunda esposa de Shelley y autora de Frankenstein. En lo que se refiere a Vita Sackville-West y su marido el diplomático Harold Nicolson, puede decirse que contaban con razones menos cruentas para desalentar al joven Spender. Ambos habían invitado a cenar con ellos en su castillo de Sissinghurst, el 9 de agosto de 1937, a un Auden y un Spender casi recién regresados de su experiencia española. ¿Qué escribió Nicolson en su diario de aquella velada? "Stephen Spender está más Shelley que nunca", tal vez en alusión al argumento de Forward, donde Spender hacía pie repetidamente en el poeta de Adonais. En fin, decir Shelley o decir Byron era aquí prácticamente lo mismo: en el contacto con los Nicolson, a quienes también frecuentaba Spender a finales de la década, el joven poeta podía encontrar una nueva ocasión para abandonar aquel culto al héroe romántico, porque Harold Nicolson era autor de una revisionista biografía de Byron, El último viaje (1924), que deshacía muchos de los mitos victorianos sobre la figura y trataba los últimos episodios de su vida con distancia e ironía. Si Spender necesitaba un antídoto para la biografía heroica de André Maurois Lord Byron (1930), que había leído a comienzos de la década y había discutido con sus amigos alemanes, lo tenía al alcance de la mano. Así, pocos días después de su primera visita, Spender volvió a visitar a los Woolf y Virginia escribió en su diario que Spender "se tomaba ahora a broma lo de hacer el Byron". ¿Hasta qué punto cabía el humor en aquella pose? En World within a World Spender desveló las dudas entre las que se había debatido en aquel otoño de 1936, mientras tantos escritores jóvenes se alistaban en las Brigadas Internacionales. Se trataba de un conflicto "entre su conciencia artística y su conciencia pública, y era imposible fundir ambas en una sola". Había llegado el momento de elegir entre el fusil y la pluma: la primera era la opción de los que se alistaron y "suyo era el papel de mártires", declaraba; la segunda, en cambio, era la posición del cronista, atento a una perspectiva más distante y completa de los acontecimientos. Para comprobar la imagen que proporcionaba esta perspectiva basta citar un párrafo de su artículo titulado precisamente "Heroes in Spain", en el que relata la historia de "Harry", que había acudido inicialmente como corresponsal de "uno de los periódicos británicos más reaccionarios", luego se había alistado en las Brigadas Internacionales y, tras contemplar la muerte de uno de sus compañeros en los olivares de Albacete, había perdido la razón. Cuento esta historia como contrapunto a la propaganda sobre los héroes en las guerras. El horror definitivo de la guerra es la completa soledad de un hombre que muere solo en un mundo cuya realidad es la violencia. Los muertos en la guerra no son héroes: son puñados helados o podridos de una locura solitaria. La gente intenta evitar caer en la cuenta de la violencia a la que las ideas abstractas y los altos ideales les ha conducido arguyendo o bien que los individuos no importan o que posmuertos son héroes. Puede que sea cierto que a veces las vidas de los individuos no importen en relación con el conjunto de la historia futura, pero decir que los que resultan muertos son héroes supone un intento perverso de identificar a los muertos con las ideas abstractas que los han traído al frente y añadir así prestigio a esas ideas, que se emplean para empujar a los vivos a muertes igualmente "heroicas" (Spender 1978, 49). No extraña que esta lucidez desagradase a los nuevos correligionarios de Spender. Al toparse con la realidad concreta del frente, el autor de Forward from Liberalism se Esta primacía de lo concreto contra los ideales abstractos era además una de las afirmaciones éticas más clamorosas de la literatura de la Gran Guerra: hastiados de contrastar la jerga oficial de la propaganda, las arengas patrióticas y las apelaciones al heroísmo con la realidad física del frente, los soldados, como escribía Heminway en Farewell to Arms, sentían que "había muchas palabras que no se podían tolerar y, a fin de cuentas, sólo los nombres de las localidades habían conservado cierta dignidad [...] Las palabras abstractas como gloria, honor, valentía o santidad eran indecentes, comparadas con los nombres concretos de los pueblos" (1964,175). Curiosamente, el escritor con el que más cafés y conversaciones compartió Spender durante su visita a Albacete y al frente de Madrid no era otro que el viejo Hem. La propaganda que Hemingway y otros habían descalificado con ocasión de la Gran Guerra insistía ahora en un discurso que ofrecía la muerte como victoria: un regreso al ritual romántico. Spender contaba con la ayuda de Isaiah Berlin para advertir este oxímoron de la lógica sacrificial, pues al estudiar precisamente la figura de Byron, observó Berlin que en realidad su heroísmo era de estirpe prometeica: más que la negación de sí, a su gesto subyacía la autoafirmación del dandy. Es más, cuando analiza las ideas políticas asociadas al romanticismo, Berlin describe este movimiento como uno de los antagonistas de la Ilustración, puesto que en él "los valores no se descubren sino que se inventan", lo que explica la "admiración romántica por el mártir y el héroe" (Berlin 2006, 2). Ahora bien, al denunciar la excesiva "devoción" fichteana por la visión de cada cual y "el nihilismo byroniano" de esta actitud, Berlin señala hacia un camino que nos devuelve a los modelos literarios de la Gran Guerra. Durante las últimas décadas victorianas y los años de la "Paz armada", e incluso durante la contienda, había predominado esta imagen romántica formulada por Carlyle en su ensayo Los héroes. "Héroe -definía Carlyle (1985, 174)-es aquel que vive en la esfera íntima de las cosas, en lo verdadero, en lo divino, en lo eterno, en lo invisible a los más". No en vano algunos de los personajes que proponía en su ensayo eran Lutero, Calvino, Knox... Un énfasis fichteano en la interioridad como fuente de verdad y autenticidad. La guerra permitió una ácida revisión de esta figura estetizante del héroe en manos de un objetor de conciencia: Lytton Strachey. De hecho, puede decirse que lo que Stra-chey hizo en Eminent Victorians, publicado precisamente en 1918, fue toda una provocación: tomó la figura del gran héroe victoriano, el general Gordon, y la sometió a un proceso de irónica desmitificación. Al permanecer en Jartum, pese a las órdenes del Gobierno de retirarse, Gordon simplemente habría intentado satisfacer su avidez de gloria, la descabellada idea de sí mismo de un visionario aficionado a leer la Biblia y el Gerontius de Newman. Se trataba, por tanto, de una muerte buscada: en ella había la promesa de una gloria definitiva. Pues bien, las circunstancias de 1936 parecían haber borrado la lección antiheroica de un Strachey o un Owen. El nuevo culto al héroe que promovía la propaganda, obra fundamentalmente del Partido Comunista, suponía entre otras cosas una maniobra de ocultación de lo que acontecía en aquellos momentos en la URSS. Lo curioso del caso es que Spender no se había engañado en ningún momento acerca de la imposición estalinista y la purga de los trotskistas. Es cierto que sus amigos Rex Warner, Cecil Day Lewis y Randall Swingler habían publicado en la Left Review poemas en los que cantaban las bondades de la URSS, y que él mismo había citado en Forward from Liberalism el libro de Beatrice Webb, Soviet Communism, A New Civilisation?, que se había convertido en uno de las revelaciones de la década. En los últimos capítulos, Spender había llegado incluso a justificar "el asesinato necesario", como lo expresaría Auden en su poema Spain. "Aunque un Frente Popular francés o inglés son posibles sin excesos -advertía allí (1937, 294)-debemos apoyar al Frente Popular español sin cegarnos al hecho de que en España los excesos son inevitables", una frase que servía tanto para el asesinato de los franquistas como para la eliminación de los republicanos disidentes. No obstante, Spender advertía al mismo tiempo del peligro de convertir la ortodoxia política en un fin en sí y criticaba los juicios a Zinoviev, Kameneff y otros trotskistas, "prejuzgados por la prensa gubernamental". Además, en su entrevista con Pollitt había dejado claro que era una cuestión que le suponía un obstáculo para afiliarse al Partido. Sin embargo, de algún modo había decidido posponer la elucidación final del problema, siguiendo la lógica del sacrificio de la crítica, puesto que en aquel momento él y Pollitt estaban en perfecto acuerdo sobre la Guerra de España: de una manera menos cruenta que los "mártires" Cornford, Fox, etcétera, había consentido en que el Partido lo utilizase circunstancialmente. De este modo, sería fácil describir el itinerario de Spender como un tránsito de la ingenuidad a la plena advertencia, pero lo cierto es que más bien puede caracterizarse como un viaje desde la abstracción y el cinismo hacia la conciencia ética concreta. Cuando llegó el momento de contemplar el rostro que adquiría aquel conflicto de ideas, no pudo sino quedar horrorizado: por ejemplo, durante el Congreso de Intelectuales Antifascistas escuchó cómo el conductor catalán de su coche alardeaba de haber asesinado a sangre fría a seis personas, en la liquidación del POUM en Barcelona, que había desembocado en los combates callejeros de mayo de 1937, mientras los demás pasajeros, los comunistas Frank Pitcairn, Ralph Bates, Sylvia Townsend Warner y Edgell Rickword, permanecían impertérritos. Si a esto se le añade la amenaza que recibió de Pollitt a su regreso a Londres de que, en caso de que criticase públicamente al Partido, se le chantajearía como "intelectual homosexual", no extraña que el joven poeta abandonara pronto su militancia comunista. Así, puede decirse que fue precisamente su relación con el Partido, y la actitud del Partido ante la guerra, lo que desencadenó su decepción: antes de publicar Forward from Liberalism había escrito a Herbert Read confesándole que en su fuero interno era comunista "desde hacía un año". El problema, claro, era que al expresarse en el mundo objetivo, fuera de la idealidad y la abstracción pura de su intimidad, aquel comunismo había adquirido un aspecto menos halagüeño. La guerra reeditaba el viejo conflicto entre experiencia e idea, hasta mostrar que "por muy sinceros que sean los escritores marxistas, es inevitable la dominación de sus mentes por una teoría anterior a la experiencia" (Crossman 1951, 336). Y un lector de Owen, como era Spender, no podía vacilar en abrazar la verdad de la experiencia. Contra el discurso de la abstracción que propugnaba la propaganda, Spender terminaría por abrazar una suerte de "doctrina de la caridad universal", fruto de su "idiosincrasia apacible" y del "lado cristiano de su naturaleza", como observa Pujals (1985,12). No en vano el origen de sus ideas sobre la justicia social, según recuerda el propio Spender en The God that Failed, estaba en el Evangelio, y una de las mayores dificultades que había superado para abrazar el comunismo era además la instintiva "piedad" que sentía hacia las víctimas de una revolución. Así, lo que delata su actitud tras la Segunda Guerra Mundial, cuando argumenta que no se tenía por políticamente reaccionario "por creer en Dios o por tener ideas acerca de la naturaleza o de la Humanidad que no fuesen exactamente 'científicas' en el sentido marxista", es un cierto conato de trascendencia que tiene mucho que ver con el abandono de lo que el marxismo tiene de historicista y de materialista. De este modo, no extraña que, tras el desengaño político, el discurso de World within a World examine las propuestas religiosas con las que Spender contaba a su alrededor: el anglicanismo ortodoxo de Eliot, el más heterodoxo de Auden y la inquietud por el hinduismo filosófico de Isherwood. Si deseaba servir a alguna causa, la mejor por la que podía decantarse el escritor era la del hombre mismo, y la imagen del hombre que empezaba a anidar en el interior de Spender era ajena a la de un elemento inmerso en una totalidad indiferenciada, presa de las estructuras socioeconómicas: Para mí las creencias de los poetas son revelaciones sagradas de una realidad acerca de la naturaleza de la vida que no puedo compartir, pero que no puedo ni deseo explicar como un "fenómeno social". Si el arte nos enseña algo es que el hombre no está completamente aprisionado dentro de su Sociedad (Crossman 1951, 338). Ni que decir tiene que, desde la óptica marxista, este tipo de consideraciones devolvían a Spender a un discurso romántico, amigo de las entelequias carentes de relevancia histórica, que tal vez no había abandonado nunca en realidad. En cambio, desde la óptica de Spender quienes incurrían en ese lenguaje fantasmal eran los marxistas o, más bien, los estalinistas que convertían las vidas de los disidentes en "abstracciones" de las que no costaba mucho prescindir. En su opción por la idea y contra la experiencia, los que permanecían fieles a la ortodoxia política de la izquierda quedaban obligados a cerrar los ojos ante un número de bajas que a Spender sencillamente le resultó excesivo. El amor a la Humanidad, con la que los miembros de la delegación británica se llenaban la boca en el Congreso de Valencia, debía empezar por la piedad con los hombres concretos que uno encontraba a su alrededor. El desencanto ideológico y el regreso al individuo concreto como referente primero y protagonista de la Historia die- ron como resultado un retorno de Spender al que siempre había sido su propio cauce. Si la adhesión a la causa comunista comportaba la disolución del individuo en el plasma de la masa colectiva, su abandono invitaba a una literatura del yo que cabía tomar como correlato retórico de la ideología liberal. Por grande que sea "el desprecio de los sentimientos personales" debido a las exigencias políticas, escribiría en World within a World, "uno no puede escapar del hecho de que cuenta con un yo interior" (1951,254). Así, el paso del "yo" al "nosotros" en el que los jóvenes escritores aspiraban a purgar su origen burgués -por ejemplo, el Anthony Neale de Starting Point, la novela iniciática de Day Lewis cuyo protagonista se incorporaba a la lucha obrera-terminaba por revelarse impracticable. Por muchas consignas que se repitiesen, aquellos hijos de Oxford conservaban un individualista instintivo y, más que un "nosotros", lo que quedaba más allá del yo era el "ellos". La vida de las masas, uno de los temas de la literatura de la década -entre otras razones, debido a la difusión del ensayo de Ortega, traducido al inglés en 1932-dejaba de ser el centro de atención, y en especial para un Spender que ya en sus años de Alemania había comprobado los peligros que comportaba una multitud enfervorizada en manos de un orador hábil y vehemente. Curiosamente, el descubrimiento de esa vida interior del individuo como realidad radical e irrenunciable no era en Spender ajeno al drama de la guerra. En el poema "A First War Childhood" recordaría cómo, una noche de marzo de 1916, despierto sobre la cama en la casa familiar de Norfolk, imaginaba los submarinos acercándose a la costa y los zeppelines intratando bombardear Londres, cuando de pronto del cielo vacío "cayó una voz / como una cascada / diciendo a través del espacio: / YO SOY, YO SOY, YO SOY. / Luego explotó una bomba" (Spender 1994, 35). Se trata de una obvia referencia yahvista, pero filtrada a través de la idea de Coleridge de que el yo supone "el eco en la mente finita del infinito 'Yo soy'": una suerte de epifanía secularizada, porque lo que se revela en la incertidumbre, en el miedo del niño ante la noche, es más bien la conciencia que la Persona de un Dios. Como si la amenaza de la muerte mostrara con mayor intensidad el hecho de la vida del individuo, reclamase su atención, lo primero que haría el niño tras el estruendo de las bombas sería palparse a sí mismo, cerciorarse de seguir vivo, cobrar esa conciencia. Pues bien, uno de los poemas españoles de Spender, "Thoughts During an Air Raid", recupera ese escenario bélico para volver sobre el tema de la conciencia individual: En "Spain Invites the World 's Writers" Spender refería uno de esos bombardeos en los que posiblemente se inspira el poema: el que tuvo lugar en el hotel Victoria de Madrid, durante el Congreso de Intelectuales Antifascistas, en una velada que Alberti interrumpió bruscamente para alertar a los escritores sobre la llegada de las bombas. Creo que se trata de uno de los poemas más reveladores entre los que Spender escribió sobre su experiencia en España, pese a lo aparentemente elusivo, alambicado o especulativo de su discurso. Lo que en él encontramos es ese redescubrimiento del individuo como realidad radical, que el bombardeo resucita contra la trivialización de las cosas que supone la estadística, esto es, la desaparición de la persona como tal en la aritmética de la muerte y su anonimato postrero, en el estilo "impersonal" con el que la gramática enmascara la verdad cruda de la guerra. Bernard Spencer había mostrado la impasibilidad del lector ante la fría elocuencia de las cifras, en el conocido poema "I Read of a Thousand Killed", donde el narrador se alegra de esas muertes si han servido para "morder la garra" del imperio opresor. Contra ese tratamiento desde el punto de vista del todos, el poeta que soporta el bombardeo presa de su propio miedo, en la habitación del hotel, esperando que en cualquier momento asome la nariz una de esas bombas, redescubre el valor del cada uno, en lo que Koestler formularía como una inversión de la máxima ética de Bentham: de lo que se trataba ahora era de lograr "el menor sufrimiento para el número menor de gente". De hecho, "Thoughts" casi sugiere que a cada uno toca su parte en el sufrimiento común, como una suerte de cuota que un fatum impasible les adjudica: al caer desde el cielo, las bombas de los aviones escenificaban un dies irae que el tono apocalíptico de la poesía de los treinta casi había previsto. Poemas como "Bomber", de Jacob Bronowski, "Bombing Casualties", de Herbert Read, "Bombers" de Cecil Day Lewis, "The Bombers" de Grigson y "Elegy on Spain" de George Barker tratan también el tema del bombardeo aéreo. "Mi propia fantasía privada -confesaba Spender a propósito del Blitz que comenzaría poco después en Londres-era que salía de un sótano tras el primer ataque aéreo sobre Londres y encontraba un paisaje compuesto únicamente de ruinas" (1978,11). Ante la catástrofe definitiva, sólo parecía quedar en pie la certeza de la conciencia individual. Y la cultura del sacrificio podía llevar a la civilización no a la salvación final que sus correligionarios habían cantado sino a la destrucción completa, de la que la guerra de España suponía una advertencia bastante elocuente como para obligar al poeta a replantearse algunas cuestiones. Como escribiría en September Journal, lo que en Valencia, en Barcelona y en Madrid había contemplado durante los bombardeos nocturnos era "la mirada de adiós de la luna a nuestra civilización". Su conclusión queda expresada mejor que en ninguna otra parte en "Heroes in Spain", donde desvela aquella lógica sacrificial y su transformación de la realidad concreta en una abstracción, para reclamar el regreso a la realidad inalienable del individuo: La gente intenta evitar darse cuenta de la violencia a la que las ideas abstractas y los elevados ideales les ha llevado a base de decirse o bien que los individuos no importan o bien que los muertos son héroes. Puede que sea cierto que en ocasiones las vidas de los individuos no importen en referencia al conjunto de la Historia futura, aunque la muerte violenta de muchos individuos puede modificar la conciencia de toda una generación tanto como una obra de arte o un tratado de filosofía. Pero decir que los que mueren son héroes supone un malvado intento de identificarlos con las ideas abstractas que los han llevado al frente, añadiendo así prestigio a esas ideas, que se emplean para llevar a los vivos a otras muertes "heroicas" (Spender 1978, 49). De este modo, los años posteriores a sus estancias en España empujaban furiosamente a Spender hacia el discurso de la palinodia: su itinerario podía describirse cómicamente como Backwards to Liberalism, en un gesto que muchos interpretaban como la autojustificación del renegado pero que cabe leer sencillamente como un acto de sinceridad consigo mismo. ¿Que el burgués vive, como él mismo había denunciado en Forward, inmoralmente "centrado en el yo", en "su pequeño universo individualista"? Ciertamente, pero saberlo no iba a facilitar las cosas: toda negación del yo acontecía siempre desde el yo mismo, que quedaba afirmado en otra instancia, y de ahí que el sacrificio al que su generación se mostraba tan aficionada ocultase en muchos casos la lógica del narcisismo. No cabía ya engañarse sobre la bondad de las masas, ni siquiera sobre la posibilidad de sumarse a ellas: la condición natural del hombre era la insularidad, aquel paisaje de "islas en tus mares privados / donde los pensamientos descansan como náufragos", sobre el que Auden había ironizado en "A Communist to Others". Y Spender sabía algo sobre islas. La mayoría de los artistas se ven forzados a ser "individualistas que no expresan sino su propio aislamiento", había escrito en 1933. "Nacer", escribiría casi veinte años después, "es convertirse en un Robinson Crusoe". Lo que quedaba entre ambas declaraciones era sólo un paréntesis. En su caso, junto con su clase social, pesaba una cierta tradición literaria que lo empujaba en una dirección centrípeta, hacia el espacio interior de esa conciencia ética redescubierta en España. Por un lado, como ya he comentado, había leído a Freud ya en sus días de escolar, gracias a Auden tenía noticia de las ideas de Rivers, Layard y Lane y Virginia Woolf le había presentado a su cuñada, la psicoanalista Karin Stephen, con la que el poeta comenzó a hacer terapia. Por otro, y pese a los consejos de su amigo Auden, era dentro de su generación la voz más cercana a un tono romántico, solitario y enormemente autoconsciente. Ambos factores, psicoanálisis y romanticismo, le inducían a regresar a aquella "torre de marfil" que la encuesta de Nancy Cunard había declarado abolida. Si a esto se le añade la crisis matrimonial y el doloroso divorcio por el que había pasado -Inez lo había dejado por el poeta y sociólogo Charles Madge en el verano de 1939-no extraña que el poeta volcase su atención sobre sus problemas personales y su propia intimidad 5. En los últimos versos de "The Double Shame", uno de los poemas sobre su separación de Inez, se fustigaba a sí mismo escribiendo que "al principio no amaste lo suficiente / y luego amaste demasiado", como si haber pasado aquellos años ejerciendo el papel de escritor comprometido le hubiese llevado a descuidar su vida conyugal. En World within a World explicaba que, pese a haber existido entre Inez y él un amor verdadero, "no era del tipo que pudiera hacer que sintiéramos que éramos una sola persona". Y en September Journal relacionaba su estado de ánimo con dos cataclismos de distinta índole y escala: el estallido de la guerra y su ruptura matrimonial. Para un poeta que había contemplado de cerca los acontecimientos de la década -la caída de la República de Weimar, el ascenso del nazismo, el Anschluss austriaco, la guerra de España-iniciar en septiembre de 1939 un diario parecía entrañar toda una declaración de intenciones: mientras el mundo se hundía en el colapso público, él regresaba al redil de sus mundos privados, en una lógica del contrapunto que se obtenía del desencanto político. Si Forward from Liberalism había supuesto, como él mismo reconocía, un torpe discurso apegado al análisis histórico y ajeno a "la experiencia personal", sus vivencias en España le habían recordado su mayor idoneidad para una literatura escrita desde el yo. Era un resultado casi previsible: al consignar una visita de Spender en su diario de finales de 1937, Virginia Woolf observaba con perspicacia que el poeta "habla menos de política y vuelve a una extrema preocupación por los problemas del yo". Y, de hecho, el contacto con los Woolf fue más determinante de lo que pudiera parecer. En una entrada del 20 de octubre de su September Journal, Spender recordaba así una visita a la casa de los Woolf en Rodmell, cerca de Lewes: Después del té [...] Virginia y yo paseamos por el jardín hablando de la escritura, que dijo que era un tema que quería tratar con otros escritores. Le alegraba que yo llevara un diario porque decía que a su juicio era también lo único que ella podía hacer. Pensaba que todos los días surge alguna ocasión en que uno ve las cosas de un modo completamente nuevo y diferente, y que esos momentos de transformación son nuestra percepción de la realidad. Esa es la experiencia que ella intenta captar en su diario (Spender 1985, 49). Y, por extensión, cabe decir que ésa es también la experiencia que Spender empezaba a buscar con sus propios diarios: ante el desconcierto y la incertidumbre del orden de las naciones, el escritor se ejercitaba en una acendrada percepción personal, como intentando cerciorarse de que su existencia qua individuo seguía su curso. Esta coincidencia con Woolf es sumamente reveladora: pese a sus veleidades comunistas y a sus intentos de acordar el paso con los imperativos estéticos que comportaba la ortodoxia política, Spender estaba "naturalmente" inclinado hacia esa literatura egocéntrica no sólo por su clase social y su educación oxoniense, sino por el mundo literario en el que se había zambullido al abandonar la Universidad. ¿Quiénes habían sido allí sus nuevos "tutores"? Eliot, que lo había tomado como protegido, había publicado sus poemas en Faber & Faber y conservaría con él una amistad vitalicia; Woolf, que lo había adoptado casi como un sobrino más; Herbert Read, con quien mantenía una intensa correspondencia; Vita Sackville-West y Harold Nicolson, quienes lo habían orientado también en algunos momentos; y E. M. Forster, tan crucial en la educación sentimental de su generación. En suma, un breve repaso a las amistades literarias de Spender entre la generación de sus mayores arroja un saldo inequívoco: los nombres que más podían influir en su pluma eran los modernistas del círculo de Bloomsbury y sus aledaños, de cuya lista sólo faltaba un Joyce perdido en el Continente. No extraña, así, que David Leeming (1999, 7) haya resumido su figura como la de "un poeta en la línea modernista, pero confesional", a quien sólo la intensísima preocupación política de la época habría desviado momentáneamente de su senda. Lo más interesante de este juicio de Leeming es el pero: en la lectura habitual del modernism la crítica entreveía la expresión de una crisis en la que la visión unitaria del mundo y el yo mismo habrían estallado en pedazos. Todo lo que quedaba, como rezaba el conocido verso de The Waste Land, era a heap of broken images: la idea romántica de un universo animado por el yo del poeta, que proyectaría sobre él las formas de su imaginación, quedaba obsoleta, incapaz de expresar la situación moderna. De hecho, algunos de los nombres más destacados del modernism, como Eliot, eran militantes en su antirromanticismo. Como es obvio, esta interpretación ponía el acento en la discontinuidad histórica, en la medida en que entendía que esa situación moderna proporcionaba al individuo un tipo de experiencias insólito, rigurosamente novedoso, imprevisto en cualquier programa literario anterior a 1910, cuando, como escribía Woolf, "la naturaleza humana cambió". Ahora bien, precisamente en el momento en que Spender regresaba a su escritura confesional esta interpretación del modernism conocía una brillante revisión: en Axel's Castle (1936), Edmund Wilson sostenía la tesis de que, del mismo modo que Valéry y Proust eran en Francia un desarrollo ulterior del simbolismo decimonónico, Eliot y Joyce -y, con ellos, todo el modernismo-se podían comprender como un producto tardío o una "extensión" de un simbolismo que nunca había arraigado del todo en suelo inglés. En la medida en que a la escritura modernista subyace un yo simbolista o, si se quiere, romántico en último término: la stream of consciousness de Joyce, el monólogo interior de Woolf y el imagism de Eliot y Pound serían métodos diversos para mostrar "el impacto de los acontecimientos exteriores en la sensibilidad interior proyectada sobre la conciencia", como expresaría el propio Spender en The Struggle of the Modern (1963, 115) 6. Es decir, que en último término subsistiría un yo de filiación romántica: más que un comienzo ex novo, el modernismo se edificaba sobre las ruinas del romanticismo o simbolismo de un yo cuya unidad y centralidad se distorsionaban, se fragmentaban o se alternaban en colisión con otros yos, pero se presuponían inevitablemente. Sin duda la tesis de Wilson es a su vez susceptible de revisión, pero lo decisivo aquí es que a Spender, que en The Creative Element cita Axel's Castle como una autoridad, debió de parecerle bastante plausible: si se leen con atención algunos de sus ensayos, no es difícil encontrar muestras de que esa tesis había calado en su (interesada) comprensión del modernismo. En particular, hay un rasgo que se deriva de esta interpretación del modernismo y que Spender no podía dejar de advertir: los modernos eran agudamente conscientes de la situación contemporánea, pero no compartían sus valores y en muchos casos -sobre todo, Virginia Woolf-su técnica terminaba derivando en una estrategia para proyectar su propia sensibilidad sobre los personajes y alejarse de todo contacto con el mundo social. El viaje no era hacia fuera sino hacia dentro, hacia la intimidad del yo, puesto que por un lado "el método realista de describir los personajes como resultado de su medio social ya no podía recrear las verdades esenciales de la vida individual" (Spender 1963, 120) y, por otro, los personajes de esas novelas a veces eran "máscaras para la sensibilidad del autor" (1963,129). En una palabra: escritores como Henry James habían dejado obsoleta la novela decimonónica: el espejo "a lo largo del camino" giraba ciento ochenta grados e intentaba reflejar la vida interior, en un flagrante regreso a la subjetividad como punto de partida. Pero ¿qué había al fondo de esa vida interior sino un yo de filiación romántica? En su ensayo "Short History of Pers. Ist Sing Nom.", Spender era rotundo: en el uso del yo "son los románticos los más cercanos a los modernos". Ni que decir tiene que, entendido así, el modernism se ofrecía a Spender como una afirmación de los derechos de la conciencia individual, contra la creciente asfixia del izquierdismo engagé. El marxismo ortodoxo sostenía que no es la conciencia del hombre lo que determina su condición sino su condición lo que determina su conciencia, en la elevación de la coyuntura económica y social a causa primera que comporta el materialismo histórico. De hecho, el propio Marx había criticado la "mistificación" de Hegel, que tomaba un atributo del sujeto -la subjetividad-, lo emancipaba y lo transformaba en el sujeto mismo, concediéndole una existencia hipostática, cuando en realidad lo único que existe es el individuo real y no un ser espiritual que exista por sí mismo, autónomo respecto del mundo material. Al reivindicar un cierto espacio para esta autonomía, aun sin elevarla a un absoluto, los escritores de Bloomsbury recogían de algún modo la herencia del viejo idealismo y recordaban a Marx que, aun siendo indudable la realidad radical del individuo, la vida interior de ese individuo no puede reducirse a un producto social y que, al efectuar esa reducción, el propio Marx estaba haciendo abstracción de lo real mismo, a un precio que Spender había llegado a conocer bien en España. Esta interpretación del modernismo tenía para el joven poeta una virtud sobresaliente: semejante intimismo, volcado sobre la vida individual, suponía una alternativa a los modos de los treinta, con su dogmática insistencia en lo social. "Un cuadro, un drama, una novela, incluso un poema, eran antes que nada un hecho social", explicaba Julian Symons (1960, 65) a propósito del Zeitgeist de la década. De hecho, la imagen de Bloomsbury y de los modernistas que Spender esboza en World within a World contiene ideas muy significativas: no sólo coincide con Wilson en subrayar el aprecio de algunos, como Eliot, por los simbolistas franceses, sino que describe la atmósfera del grupo doi: 10.3989/arbor.2009.739n1076 como una "aristocracia" formada por "individualistas", que gustaba de departir con el economista Keynes o el diplomático Nicolson las cuestiones más trascendentales sobre la civilización europea. En suma, se les podía caracterizar como "artistas" consumados, que para producir su arte necesitaban un cierto grado de refinamiento y buen gusto a su alrededor. La animadversión hacia ellos que en muchos casos se palpaba entre los miembros de su generación se debía, a juicio de Spender, a un prejuicio político, dogmático y desmesurado, como el que llevaría a Garaudy (1966, 81) a afirmar que el subjetivismo supone "la ideología de una clase cuyo papel histórico positivo tocó a su fin hace tiempo", es decir, la burguesía: Sin duda no eran malvados explotadores de los hombres y esperaban una recompensa mucho menor que la que hoy espera el escritor oficial soviético. Al mismo tiempo, su renta de "quinientas libras al año y una habitación propia" (la fórmula de Virginia Woolf en un conocido ensayo) decididamente los hacía remisos a sacrificar su independencia a la causa de la lucha de la clase obrera. Tenían conciencia de clase, conciencia incluso de un mar que los separaba de uno de sus contemporáneos con más talento: D. H. Lawrence, el hijo del minero. Pese a sus simpatías izquierdistas, la atmósfera de Bloomsbury era no obstante esnob (Spender 1951, 141). No extraña que en estas palabras de Spender, lejana ya su época de compromiso con la izquierda, resonara un cierto eco apologético: lo que el poeta veía en sus mayores a su regreso de España era en gran medida un modelo aún vigente, tras el desencanto político, y este modelo se caracterizaba entre otras cosas por su resuelto apego a la independencia individual y al yo como centro de la escritura. La cercanía al mundo de Bloomsbury, después de aquellas peregrinaciones por una España de discursos, trincheras y puños en alto, significaba entre otras cosas la posibilidad del punto de vista autobiográfico, esa escritura privilegiada en la que, como explicaría Spender en "Confessions and Autobiography", uno "es visto por sí mismo y no por otros", lo que sirve para desvelar lo más interesante y profundo del ser, lo inasequible al ojo exterior que registra los acontecimientos públicos. "Si existe ese punto de vista desde el que contemplo el mundo, la verdadera historia del mundo no sería una suma de biografías sino de autobiografías" (1980,119), propondría, recogiendo en cierto modo la conocida frase de Dilthey. Contra las pre-tensiones científicas del marxismo, se trataba de recuperar los derechos de la subjetividad, de ese centro de percepción inasimilable a ningún otro discurso. No es casual, por tanto, que el libro que recogía en 1939 sus poemas españoles y el relato de su crisis llevase por título The Still Centre 7. Si bien muchos críticos lo celebraron como su llegada a la madurez, para los comunistas se trató de la voz de un renegado que siempre había dado muestras de tibieza: en su reseña para el Daily Worker, Alick Best escribió que el "centro fijo" del título era "un secreto retiro donde Spender observa el conflicto del propio Spender, que no está interesado en resolverlo sino en tenerlo, pues así puede sentir que su tarea es permanecer al margen y contemplarlo" (ver David 1992, 215) 8. Esta luxación, este ejercicio de contorsionismo de un yo introspectivo, es patente en uno de los poemas más importantes del libro, "Darkness and Light". Durante años, la posición ideológica de Spender, su origen social, sus amistades, su condición parcialmente judía e incluso su patriotismo habían ocasionado una serie de contradicciones, de tensiones internas en su persona, que algunos poemas anteriores habían explorado de modo más o menos oblicuo, como "Napoleon in 1814", donde aparece el tema del sometimiento a unidad de impulsos contrarios. Ahora, la disyuntiva entre la disciplina de ese sometimiento y la liberación respecto de la voluntad individual aparecía a las claras al haberse vuelto insoportable la fuerza de la contradicción. El poeta siente al mismo tiempo el impulso de resolver sus perplejidades y alcanzar la luz del día y el de preservar su oscuridad, cerrarse sobre sí mismo, de espaldas a esa luz: el viaje a ese centro que irradia el día, esa certeza absoluta a la que le impelía su acercamiento al marxismo, no se realiza sin una cierta reticencia. El movimiento es fruto de una tensión entre una fuerza centrípeta y otra centrífuga: Se trata de un poema importante para Spender, que no sólo lo incluyó en The Still Centre sino que lo introdujo como pórtico a World within World: en ese conflicto, parece sugerir por tanto, se resume el drama de su vida, y conviene reparar en que la fecha de composición que se especifica en World es 1935, es decir, antes de la militancia comunista y la decepción en España. Como el Wordsworth que al contemplar el espectáculo de los Alpes quedaba cegado por las "imágenes del gran Apocalipsis", en uno de los pasajes más representativos de lo sublime romántico, el poeta parece aquí retraerse ante una luminosidad abrumadora, más allá del umbral de la percepción, que comporta la anulación del yo. Adherirse a la causa comunista suponía algo parecido a la experiencia romántica de lo sublime. Por si esto no bastase, a finales de 1939, cuando aparecía The Still Centre, este conflicto, anunciado ya en las crisis personales de la década de los treinta y en la confusa iniciación sexual del poeta, venía exacerbado por su violenta ruptura con Inez. Así, A. Kingsley Weatherhead (1975, 177) ha señalado con acierto cómo el tema de fondo del libro no es otro que "el logro de unidad del ser o la imagen de un yo integrado o completo". El mundo de los sentimientos personales y sus incertidumbres volvía para quedarse. En su diario de septiembre de aquel año Spender escribía que "el problema de las personas casadas no es lograr quedar absorbidos el uno en el otro, sino conseguir evitarlo"; al mismo tiempo, envidiaba la habilidad de su amigo Ernst Robert Curtius, a quien había tratado estrechamente en Alemania, capaz de entablar amistades auténticas y no quedar anulado por ellas. "No es que careciera de empatía -explicaba-sino que evitaba sacrificarse a sí mismo porque sabía que lo que tenía poseía demasiado valor objetivo para sí y para los demás como para sacrificarlo" (1985,38). Para Elizabeth Mayer, la amiga judía a la que Auden dedicó su New Year Letter en Nueva York, tendría palabras parecidas. Una vez más, el tema del sacrificio articulaba la cuestión de las relaciones del individuo con el mundo, pero en esta ocasión no se trataba sólo de renunciar o no a la independencia de criterio político sino a los recovecos de la intimidad que debían dejarse a merced del otro, fuese el amigo o el amante. Como una especie de movimiento pendular, el desencanto político había empujado al poeta hacia el extremo opuesto, el intimismo. Después de regresar de España reaccioné contra el intento de alcanzar la santidad comunista hacia una extrema preocupación con los problemas del yo. Escribí poemas en los que volvía sobre el tema de mi sensación de estar aislado en mi existencia personal, pero intenté mostrar la condición del yo aislado era la condición universal de toda existencia (Spender 1951, 254-55). Para alguien que en aquel momento se dedicaba a traducir a Rilke, esta consideración quedaba muy cerca de la idea rilkiana del yo y de su definición del amor como "dos soledades que se rinden homenaje". En cualquier caso, ese "centro fijo" de 1939, que Spender deseaba encontrar como punto de anclaje en la existencia, personal, afectiva y política, se convirtió en una preocupación constante durante el resto de su vida. Puede decirse que se trata además de una de sus expresiones más típicas: por ejemplo, en The Creative Element esboza un revelador retrato de su amigo y gran moralista de su generación que fue E. M. Forster. Si lo característico de los individualistas visionarios como Blake era su impulso de construir todo un mundo desde su imaginación personal, como alternativa a los valores de una sociedad que rechazaban, la condición de un Forster es que "su visión tiene un centro, pero él duda de su capacidad para afectar a la circunferencia, de hecho es escéptico ante cualquier afirmación de que el centro pueda cambiar el mundo y vuelve a menudo a la idea de que no debería pretenderlo" (1953,77). ¿Cabe una refutación más contundente, pero al mismo tiempo sensata, de la ideología literaria de los treinta, aquella época en que un puñado de poetas creyeron que la letra impresa podía cambiar el curso de la Historia? De este modo, la doctrina de no intervención dejaba de ser un término de política internacional y pasaba a designar también una actitud estética: no exactamente un ejercicio de escapismo, pero sí una decidida resistencia a dejar que la visión personal del poeta quedara absorbida por la ideología, por un lado, y una puesta en fuga de cualquier esperanza ilusoria de que el poeta pudiera incidir en la vida social y política, por el otro. "La poesía", rezaba el famoso verso que Auden escribió aquel año de 1939, "no hace que suceda nada". El escritor era cronista, espectador y, al mismo tiempo, la voz misma de los hombres: se trataba de mostrar que somos, sí, una isla, pero que precisamente compartimos nuestra condición insular. Esta paradoja viene expresada mejor que en ninguna otra parte en "The Human Situation", cuyo elocuente título esboza una especie de conclusión a la crisis que el poeta venía de atravesar: en una suerte de epoché de toda posición ideológica absoluta, el poeta afirma su afianzamiento en el yo como certeza única, como centro desde el que contemplar el mundo sin buscar el refugio seguro de la ortodoxia. Su debilidad, esto es, su actitud variable, escéptica, ajena a los posicionamientos dogmáticos, es al mismo tiempo su fortaleza. Soportar la incertidumbre sin atajar por el camino fácil de la adhesión a la lectura preestablecida será la tarea del poeta: El título de este poema ofrece una interesante clave para comprender la evolución de las ideas de Spender tras su regreso definitivo de España: su relación con Malraux, cuya novela La condition humaine (1933) resuena en la expresión "The Human Situation". Tanto en su artículo "Spain Invites the World 's Writers" como en World within a World, Spender no duda en erigir al escritor francés en el "héroe" del Congreso de 1937. Dotado de una inquebrantable "confianza en sí mismo", entusiasta de un sano "individualismo liberal" en política y empujado por un afán aventurero que le llevaba a implicarse en todos los acontecimientos de la época, Malraux ofrecía un modelo de escritor que a los jóvenes de la generación de Spender no podía sino fascinar, y más una vez que había tenido lugar el desengaño político: la perfecta simbiosis de la espada y la pluma, pero sin la servidumbre literaria a la ideología. De hecho, Malraux había recorrido territorios parecidos a los de Spender con diez años de antelación y había dejado sus huellas en forma de ensayos como La tentation de l'Occident (1925) y novelas como La vie réel (1930) o la propia La condition humaine, que recreaban sus experiencias en China y Camboya, adonde había acudido inicialmente en 1923 con su esposa Clara Goldsmith para robar piezas de arte oriental. Por ejemplo, esta última novela comenzaba con la famosa escena en la que el activista revolucionario Chen, al acercarse a la víctima a la que se apresta a asesinar, descubre en sí mismo "no al combatiente que conocía, sino al sacrificador". Luego, durante una reunión de la célula comunista en la que organizan el sabotaje, cuando uno de sus miembros advierte que los guardias blancos fusilan a la población en represalia, Kyo, el jefe de la célula, deshace la objeción con una simple declaración de cinismo: "Nosotros también fusilamos, camarada". En suma, la novela de Malraux describía la crudeza de aquella cultura del sacrificio y las contradicciones éticas a las que debía hacer frente toda intentona revolucionaria, con una lucidez que a Spender no podía dejar indiferente. En las últimas páginas, tras la muerte de su hijo, el padre de Kyo declara que "el marxismo ha muerto en mí", que "todo es en vano", y descubre que más allá de la revolución hay "mundos de contemplación", en un movimiento anticopernicano de la conciencia gemelo del que experimenta Spender. Contra la fe en la indefinida perfectibilidad del mundo mediante la acción política y la intervención del individuo en la Historia, se afirma ahora una actitud quietista en la que lo más real de todo es la inmutabilidad de lo sustancial: Todos los hombres sufren, y cada uno sufre porque piensa. En el fondo, el espíritu no concibe al hombre más que en lo eterno, y la conciencia de la vida no puede ser más que angustia. No hay que pensar la vida con el espíritu sino con el opio [...] Todo hombre está loco, pero qué es un destino humano sino una vida de lucha por unir a ese loco con el universo (Malraux 1946, 283). Lo crucial aquí es que ese era precisamente el credo que había guiado a la generación de Spender más allá del cómodo redil de su conciencia burguesa. "Mi problema -explica en las últimas páginas de World within a World-era conectar mi mundo interior con alguna actividad exterior". Con el ejercicio de introspección de "The Human Situation", el poeta parecía inaugurar una etapa de meditación semejante a la que acometía el personaje del padre de Kyo: después de aquella pesadilla de la militancia política, la guerra, etc., en suma, después de aquel intento de unir al hombre con los acontecimientos del universo, lo único que quedaba era el yo. Un yo que "refleja a los muchos en el uno" y se constituye así en una suerte de centro del mundo, pero un yo caracterizado como órgano de percepción que, con todos sus errores y vacilaciones, se afirma como la única roca a la que asirse. De la política a la ética, la autoconciencia recién conquistada impide al poeta adoptar el cómodo dogmatismo "del que tiene siempre la razón", de los que "ganan las victorias ideológicas". Aquella promesa de una certeza infalible quedaba desvanecida con el desengaño político pero, como rezan los últimos versos de "The Human Situation", el poeta es capaz de convertir esa debilidad en una fortaleza. O, dicho de otro modo, de mostrar que aquella aparente fortaleza ocultaba la miseria de la debilidad, la incapacidad moral de tomar una postura abierta ante la Historia y la tentación de refugiarse en los juicios apriorísticos según el dictado de la ortodoxia. La huella de Malraux se deja sentir aquí y allá en muchas consideraciones de Spender de aquella época. Por ejemplo, en la inversión de los términos de la estética del compromiso: en La tentation de l'Occident Malraux había escrito que los occidentales "apenas comprendemos que para ser no hace falta necesariamente actuar y que es el mundo el que actúa sobre nosotros, más que nosotros quienes lo transformamos". ¿No equivale esto a la idea de World within a World de que el escritor moderno era alguien que utilizaba sus impresiones "más para cultivarse a sí mismo que para actuar sobre el mundo"? El descubrimiento de la conciencia, de aquellos "mundos de contemplación" que sacaban al escritor de su progresismo ingenuo a la hora de enfrentarse a la Historia, comporta un diagnóstico sobre Occidente, que Malraux describe en efecto como una civilización enferma de acción por contrapunto al carácter más contemplativo de las filosofías de Oriente. Pero esto no implicaba en su caso una pura impasibilidad ante los acontecimientos: la tarea del escritor es precisamente dejarse afectar por esos acontecimientos. El retrato del escritor francés que Spender bosqueja en "Spain Invites the World 's Writers" resume todo el replanteamiento de estas cuestiones -el héroe, el papel del individuo en la Historia, la importancia de la leyenda personal, el foco irrenunciable de la conciencia-casi como si estuviera pensando en el proyecto de sí mismo, en el escritor en que soñaba convertirse. Así recuerda las palabras de Malraux durante sus largas conversaciones: El escritor debe crear desde un centro que es su entorno; y a veces sucede -y ha sucedido repetidamente con los escritores de esta generación-, y esa es sin duda la raíz de su interés por la política-que en escritor no encaja en su entorno. Entonces se verá obligado a descubrir otro entorno o, si es un individualista exacerbado, a crear uno enteramente propio. Debe crearse un mundo y luego crear literatura a partir de su leyenda personal [...] Si me preguntas qué hay que hacer, la res puesta es Il faut agir (Spender 1978, 52). Había que actuar, sí, y Malraux lo hizo como nadie con su escuadrilla de aviación de L'Espoir, pero también con una independencia que le permitió quedar bajo las órdenes directas de Hidalgo de Cisneros y administrar aquel cuerpo de aviadores voluntarios "con un espíritu liberal", como decía él. El rechazo del marxismo como doctrina política no era una invitación a la pasividad o la resignación, no arrojaba al individuo fuera del cauce de la Historia. Porque aquel impulso reflexivo, aquel movimiento centrípeto que Spender había representado en "Darkness and Light", era sólo un momento inicial de la conciencia, que no podía quedar perpetuamente replegada sobre sí misma. Como en una sucesión de ondas concéntricas, debía hacerse cargo de ámbitos de la realidad progresivamente Ya no se trataba de una disyuntiva perfecta entre el nosotros y el yo, como había sentido su generación durante la década de los treinta, sino de un camino por el yo hacia el nosotros, o al todos: la solidaridad con el otro no pasaba por el sacrificio del yo sino que tenía lugar desde el yo mismo, como si toda la humanidad se reflejase en cada hombre, en un nueva muestra de que el mejor anclaje para el liberalismo político era una psicología y una ética kantianas pues, como señaló Hannah Arendt (1994, 181), para el regiomontano "la esencia del hombre consistía en que cada ser humano individual representaba toda la humanidad". Así, tal como enuncian los primeros versos de "The Human Situation", el poeta puede declarar que "yo reflejo a los muchos en mi uno". Es significativo que, en September Journal, Spender caracterice como romántica esta idea de que "mi situación como ser humano individual puede contener implicaciones que alcancen al conjunto de la vida contemporánea" (1985,46). El trabajo del escritor, así, consistiría en percibir el mundo desde ese centro de su propio yo, en la confianza de que esa percepción puede arrojar una luz a los demás o, como dice en "Spiritual Explorations", de que "soy el testigo a través del cual el todo sabe que existe". De la política a la ética, del todos al cada uno, de la arenga al susurro, la voz del poeta se erige en la del hombre mismo: el yo no monologa en una soledad pura, habla a otros yos, pero tampoco perorea ya ante una multitud anónima, en una senda que cabe calificar como romántica 11. En "From Poetry to Politics", un texto escrito precisamente en 1937, cuando a su vuelta de España Spender revisaba sus ideas sobre la relación entre poesía y política, explicaba que aquélla puede tratar los temas de ésta, sí, pero precisamente porque es "en la conciencia de muchos individuos separados donde tiene lugar el debate político" (1984,41). De hecho, la idea de romanticismo que Spender ofrece en The Struggle of the Modern es muy determinada: la del poeta que se pone a sí mismo en "el centro del universo" y, al hacerlo, erige a la imaginación en "centro transformador de la conciencia poética". Es más, a renglón seguido Spender advierte que, pese a las reacciones contemporáneas contra el romanticismo, la poesía y la crítica moderna han asumido la idea de la imaginación como "centro" en el que convergen las experiencias y desde el que el artista crea su mundo. Ya no era preciso renegar de sus raíces románticas para reconciliarse con el presente y adjudicar alguna función social al escritor. EL CANTO DEL CRONISTA Con consideraciones de este tipo, Spender remonta una senda que se desvía significativamente del camino que su generación había trazado en un principio, y que sus dos mejores amigos -Auden y Eliot-habían señalado con insistencia. Porque ¿qué supone esa metáfora del centro, esa idea de la imaginación romántica, sino un intento de restituir a Coleridge y a Wordsworth? De hecho, si se lee entre líneas no es difícil encontrar una presencia intermitente de los poetas de los lagos en el mundo de Spender: como ya he comentado a propósito de "A First War Childhood", el poeta refería el origen de su conciencia a una anécdota reinterpretada a la luz de Coleridge; en World within a World comenta cómo, pese a que el intento de escribir una poesía monumental le inspiraba rechazo en piezas como "Ode on the Intimations of Immortality", los poemas de Wordsworth sobre las gentes marginales, vagabundos y fuera de la ley le habían seducido de adolescente. Además, de niño había pasado varios veranos en la granja familiar en el Distrito de los Lagos, su padre le había leído poemas de Wordsworth como "We Are Seven" y "A Lesson to Fathers", cuyas palabras "habían caído en mi mente como piedrecillas, brillantes y puras", y aquella voz leyendo a su madre los poemas más largos como The Prelude había quedado en su memoria como símbolo "del misterio y el placer de la poesía". Setenta años después, en "Worldsworth", todavía recordaba en un poema de más de cien versos aquellas tempranas lecturas de 1916: si había un nombre que podía servir como epítome de la figura sacralizada del poeta, investido de una imaginación que al adherirse a la Naturaleza creaba un mundo, ese era Wordsworth. En su lectura, en su nombre mismo, Spender parecía localizar el origen de su conocimiento del mundo y de su vocación poética. Esta restitución ética y poética de la figura de Wordsworth en Spender supone, por tanto, un aspecto más de ese acto de sinceramiento consigo mismo: el poeta de The Prelude era parte de su vida, de su mundo, de su propia conciencia. Pero, además, su recuperación contenía en aquel momento tres virtualidades que conviene subrayar. En primer lugar, su poética de la imaginación, aquella omnímoda centrali- dad del yo que Keats había designado como el egotistical sublime, suponía el precedente más claro de su propia comprensión del modernismo, aquella literatura en la que "el mundo exterior se convierte en un mundo interior dentro de la mente del individuo", como expresaría en World within a World. En segundo lugar, la idea de que ese yo es capaz de afectar y verse afectado por otros ponía al poeta a salvo de todo solipsismo, una amenaza que escritores como D. H. Lawrence advertían en el modernism y que el propio Spender confesaba que no era su propia idea de la condición del poeta. En tercer lugar, ante el conflicto de la guerra la figura de Wordsworth suponía una alternativa al modelo del mártir que encarnaban Cornford, Fox, Bell, etc. De hecho, en World within a World Spender contrapone directamente el "martirio" de aquellos jóvenes con la actitud de un Wordsworth que, "en una situación paralela" -es decir, durante su estancia en la Francia revolucionaria-sintió "que su deber era sobrevivir y dar testimonio" (1951,203). Contra los que sometieron su talento a la causa política, que se reveló "demasiado exigente", lo que se necesitaba para dar cuenta de los acontecimientos era más bien "la pasión individual que pudiera representar los tiempos en la experiencia personal". El escritor debía relatar los hechos, no aspirar a conducirlos: el hombre de letras y el hombre de acción eran individuos distintos. Merece la pena reproducir el fragmento de The Prelude que Spender cita para ilustrar esta inspiración de Wordsworth en aquellas procelosas circunstancias. Se trata de los versos 209-235 del libro X de The Prelude, "Residence in France (Continued)", en los que, tras señalar el mérito histórico del pueblo francés de recorrer el camino que va de la oscuridad a la luz pese a los siglos de ignorancia y la oposición de las fuerzas exteriores, el poeta refiere su salida del Continente: Se trata de un episodio conocido y de amplias resonancias para el lector de poesía inglesa, pues supondría un punto de inflexión en la trayectoria de Wordsworth: el paso de la Revolución a la Naturaleza, de la acción a la escritura, el acceso del joven amigo de los jacobinos y entusiasta de la revolución a una madurez que lo conduciría paulatinamente hacia el remanso de un notable conservadurismo, una tibia adhesión a la Iglesia de Inglaterra y un tardío reconocimiento como laureate poet. En una palabra: a su reconciliación con el establishment, que los jóvenes de la siguiente generación interpretarían como un acto de alta traición a los ideales revolucionarios. Así, en "To Wordsworth", un airado e irreflexivo Shelley expresaba la decepción que había experimentado al visitar al que él creía un héroe de las libertades. Él, que había sido "como una estrella solitaria" que guiaba al poeta adolescente, al abandonar sus cantos "a la verdad y la libertad" dejaba desolado a su joven admirador. En el contexto del relato autobiográfico de Spender sobre sus andanzas en España, su crisis de conciencia política y su resolución, este fragmento de The Prelude sugiere un paralelismo muy rico y de un signo completamente distinto al que adquiere en manos de Shelley. En primer lugar, nos recuerda el hecho decisivo de que, como sucede con Wordsworth, los poemas de Spender sobre la guerra de España no están escritos a pie de trinchera sino desde una óptica retrospectiva, cuando el poeta ha abandonado el escenario de los acontecimientos, en un ejercicio de "emoción recordada en la tranquilidad", según la conocida fórmula del prefacio a las Lyrical Ballads. Y ese ejercicio de distanciamiento no es sólo físico: la busca de una cierta ecuanimidad, tras el descrédito de las actitudes banderizas que había acarreado su desencanto político, suponía para el poeta un problema de índole ética y poética, el de dar con un tono adecuado para recrear su experiencia de la guerra. En segundo lugar, el requisito experiencial, la contemplación del mundo desde el centro del yo y no desde el sol de la ideología que deslumbraba al poeta en "Darkness and Light", es idéntico del que supone la escritura de Wordsworth: en una suerte de empirismo literario, que oculta una desconfianza hacia toda actitud apriorística, la literatura tanto de Wordsworth como de Spender se vuelve marcadamente autobiográfica. Lejos de la épica y de la propaganda, lo que encontramos en sus poemas sobre España es el relato de una serie de experiencias, fundamentalmente: como para Wordsworth, cuyo Prelude llevaba por subtítulo "El desarrollo de la mente de un poeta", se trataría de una vivencia iniciática en la que el poeta intenta reconocer desde el presente los jalones que en el pasado le han conducido a su ser actual, en ese itinerario en el que casi cabe entrever la mano de la Providencia, como sugiere el fragmento. En tercer lugar, ese papel de la Providencia -o de la fatalidad, o del azar, o de lo que se quiera-supone una obvia expresión de alivio y un juicio muy determinado: el poeta celebra no haberse sumado a la causa hasta el punto de perecer, como lo han hecho otros, en un sacrificio "desconcertante y equivocado". Una afirmación que, a la luz del párrafo precedente, en el que Spender trata la cuestión de los mártires británicos en la guerra española con nombres y apellidos, comporta una actitud ética decidida: una confrontación con la cultura del sacrificio que auspiciaban los ideólogos como Pollitt. En cuarto lugar, el fragmento contiene solapadamente una autojustificación no ya ética sino poética: el poeta regresa a Inglaterra consciente de que él mismo "pesa muy poco", igual que cualquier otro paisano sobre la cubierta del barco contra la tormenta, es decir, de que su capacidad como escritor de influir en el rumbo de los acontecimientos revolucionarios es muy escasa, lo mismo que cualquier otro ciudadano, en una imagen que contradice el credo de la estética del compromiso en la generación de Spender. Y la expresión de alivio de Wordsworth por no haber sucumbido en Francia cobra un significado muy concreto: el cometido de su existencia es ahora escribir su obra, "ser" poeta y darse a conocer a los demás, como al "amigo" al que va dirigido el largo poema de The Prelude y al que aquí se apostrofa, que no es otro que Coleridge. De este modo, un Spender desconcertado se apoya en Wordsworth para cobrar fuerza y dar un salto hacia delante, en una beneficiosa anxiety of influence: la tarea del poeta no consistía en ofrecerse en holocausto sino en "sobrevivir y dar testimonio", una resolución que parece inaugurar una nueva vida para el joven Spender; el lema de Malraux, il fau agir, del que se hacía eco, no implicaba ya una disyuntiva perfecta entre vida y literatura, o entre acción y escritura, sino que venía a traducirse en la conciencia de que la escritura puede constituir una forma de acción de efecto diferido. Pero esto no debía llevar a confusión a nadie. La poesía no tiene que ver con la acción sino con las fuentes vitales de las que brota la necesidad de la acción. Cuando afirmo que la poesía moderna es política, no estoy penando en un John Cornford que abandona la poesía para luchar contra los fascistas en España, sino en el hecho de que los mejores poemas de Hardy, los poemas de la guerra de Wilfred Owen, The Waste Land de Eliot y gran parte de la poesía de Auden trata el tema del individuo que se enfrenta a una crisis de la civilización sin precedentes [...] Por mucho que admiremos las acciones de John Cornford o un Rupert Brooke, la poesía no es lo mismo que la acción y un poema no es lo mismo que una tesis política (1984,42). La presencia de Wordsworth en Spender es, por tanto, muy rica. Que el relato autobiográfico sea iniciático, que nos muestre el encuentro del sujeto con el mundo y el autoconocimiento que de ese encuentro obtiene y que esa historia se constituya en "Preludio" del resto de su vida son rasgos que invitan a considerar World within a World como dentro de subgéneros bastante determinados: la confesión y la apología. Conviene tener en cuenta la precocidad del relato, escrito cuando el autor contaba apenas cuarenta años de edad y cuando le restaban aún cuarenta y cinco de vida: tras haber sobrevivido a dos guerras y dos matrimonios, haber atravesado experiencias imprevisibles y variopintas, se abría el panorama de una nueva vida, en un mundo también nuevo. Así, World parece sugerir una necesidad de arreglar cuentas con un pasado muy determinado, una necesidad íntima pero también de índole pública: el poeta que se esforzaba en buscar acomodo dentro del escenario de la Guerra Fría se sentía impelido a explicar su juvenil militancia en un comunismo que constituía ahora el mayor de los enemigos. De hecho, esa centralidad del yo que reivindicaba su relato podía interpretarse fácilmente en clave política, como un ejercicio de neutralidad o equidistancia, y el propio Spender dio pábulo a este tipo reinterpretaciones cuando declaró que no estaba "ni con el Este ni con el Oeste, sino conmigo mismo considerado como un yo": lo que el derrumbe de las interpretaciones absolutas y tajantes traía consigo, antes que nada, era la obligación moral de sopesar las opciones desde ese centro de conciencia, que ya no se hacía cargo de las cosas anulando la experiencia individual. Como si temiera quedar enfangado, preso de una objetividad pura como la de aquel marxismo que había abandonado, conforme la narración de World within a World se acerca al momento de su escritura se va haciendo más parca, más reticente, más elusiva, recordándonos que la subjetividad no puede objetivarse del todo, que el sujeto debe reservarse siempre la posibilidad de evitar la respuesta definitiva, que le asiste el derecho a desdecirse de sus afirmaciones y arrojar sobre ellas la sombra de la provisionalidad. Las últimas páginas de World within a World desarrollan una larga reflexión sobre esta última idea, en lo que supone una auténtica disquisición sobre el propio género de la autobiografía. ¿No habría sido mejor, empieza preguntándose el autor, escribir todo esto en forma de novela? Así se habría evitado la inmediatez, el impudor de que el autor se identifique con el protagonista, que tanto espantaba a Auden en aquella conversación veneciana. Pero "yo soy yo", se responde Spender, y la ficción autobiográfica ofrece "avenidas de escape" que permiten huir de la autoconciencia luminosa del que sostiene ese enunciado tautológico: el autobiografismo de Spender parece apuntar, así, en la dirección de una "sinceridad" romántica. Ahora bien: ¿cuál es el contenido predicativo de esa tautología? Ése es precisamente el tema del relato y de su propia vida, afirma Spender, pues lo que buscaba en Alemania, en España, etc., no era otra cosa que "descubrir mi yo real mediante actuaciones que pusieran a prueba a mi yo ideal". Es decir, que, en una suerte de proyección de una forma a priori sobre la materia existencial cruda, Spender entiende su propia vida como una autobiografía, como una quest en busca de su identidad personal. Algo subsiste de freudiano o de gidiano en este empeño, en la medida en que Spender explica que esa búsqueda acontece no sobre un plano exento de obstáculos, sino bajo la forma de una esforzada exhumación: para dar con el yo había que ir retirando las sucesivas capas de ocultamiento, en un proceso que cabe relacionar con la rebelión del joven Spender contra lo que él llamó la "decadencia puritana" en que se había formado, y que con frecuencia se mostraba como una forma de hipocresía victoriana. Si algo le exasperaba desde pequeño, comenta en ese largo epílogo a su autobiografía, era la actitud "insincera" de los que encerraban en convenciones las experiencias únicas y personales, se negaban a aceptar su soledad espiritual y sus miedos y aprendían de sus padres "a no hacer preguntas". De este modo, la búsqueda de World within a World desarrollaría también una suerte de autopsicoanálisis, en el que esa identidad personal "auténtica" y no evidente sólo se conoce tras despejar los sucesivos engaños de los que la conciencia ha sido objeto. El principal de esos engaños históricos, sostiene Spender, había sido el "comunismo" de origen marxista, que le había hecho creer que era "un simple producto de mis circunstancias burguesas" y que constituía un error pensarse a sí mismo "separado de la sociedad". Una herencia del lenguaje de Hegel, para quien lo abstracto era lo aislado, lo separado del todo, y lo concreto sólo la imagen de la totalidad. "La esencia humana", había afirmado también Marx en su sexta tesis sobre Feuerbach, "no es una abstracción inherente al individuo aislado. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales". Es decir, que por un lado se evitaba la reducción del hombre a un conjunto de rasgos abstractos, obtenidos de una consideración esencialista y proyectados sobre el individuo, que sería así una mera realización particular de la especie, pero por el otro se tomaba al hombre como un simple producto social e histórico, en una ecuación inamovible. Las relaciones sociales crean al individuo, en una lógica que autores como Adam Schaff (1978, 112) han denunciado en la medida en que delata la proclividad de algunos pensadores marxistas a obviar la realidad radical del individuo y, en último término, a formular sus ideas desde un espíritu idealista que falsea el planteamiento materialista del propio Marx. De hecho, más que un engaño, el marxismo como epistemología suponía aquí un sencillo escamoteo del problema: ante la pregunta por la identidad personal, se negaba la existencia de tal cosa, porque el individuo y la subjetividad individual en cuanto entidades concretas desaparecían dentro de un monismo riguroso. No había ya un ámbito de intimidad ajeno a las relaciones económicas, que además actuaban sobre la vida siguiendo un determinismo irremisible. La única entidad concreta era la colectiva -fuese la clase, el Partido o el Estado-y lo único que contaba era la causa, a cuyas exigencias todo debía sacrificarse. Con su aversión al empirismo burdo de su época y sus pretensiones sistémicas, Marx había elevado a virtud el miedo al contacto de la deducción lógica con la realidad empírica. Ahora, en manos de la generación de Spender y del lenguaje de la propaganda, esta tendencia derivaba en una nueva forma de abstracción que permitía enviar a cientos de individuos concretos a la muerte y mirar hacia otro lado: el de un futurible de perfección ontológica, un estadio suprahistórico de la Humanidad. Una de las virtudes de la escritura autobiográfica, apunta Spender, es precisamente que despeja también esa ilusión: si se producen las guerras y las revoluciones, argumenta, es porque se hacer creer a la gente que pueden alcanzarse objetivos como la aspiración comunista a ese día en el que la Dictadura del Proletariado hará cesar todo conflicto. Pero esta lógica utopista, que bajo su pretensión desmesurada esconde una auténtica secularización de lo escatológico, sólo puede causar frustración, ya que ese horizonte no llega nunca a vislumbrarse, no digamos ya a alcanzarse en la Historia. Y esto se muestra a las claras en la autobiografía: el gran hallazgo del relato de Spender es precisamente que "la dirección lo es todo", puesto que "vivimos en el tiempo y nunca estamos completos". La temporalidad, así, no forma parte accesoria de nuestro modo de existir sino que la constituye, y la estructura narrativa de la vida humana apunta hacia un horizonte que siempre queda más allá de nuestro alcance. En otras palabras, ese estadio de perfección no existe ni existirá porque siempre seremos perfectibles: sin necesidad de hacer suyas las ideas de un Heidegger y su Sein und Zeit, Spender advierte que la propia idea de perficio, de acabamiento, contradice la historicidad y la temporalidad de nuestro ser, y que la empresa de forzar las cosas no sólo está condenada al fracaso sino que produce cuantiosas bajas por el camino. En suma, la propia narrativa autobiográfica empuja a readmitir una visión liberal de la Historia al estilo de un Popper o un Berlin, en la que los procesos no pretenden alcanzar su propia cancelación. No es casual, por tanto, que World within a World esté dedicado a Isaiah Berlin, que por su infancia en la Riga de los años diez y veinte conocía la deshumanización de la vida que comportaba el comunismo 14 y que en las décadas posteriores desarrollaría una brillante defensa del liberalismo contra el pensamiento totalitario. Lo fascinante de estas conclusiones es que, al rechazar la visión abstracta, ideológica y ahistórica y optar por el discurso de lo concreto, lo subjetivo y lo experiencial como punto de partida, Spender muestra las posibilidades de una nueva epistemología, alternativa a la idea holística del marxismo. La conclusión principal de World within a World es, sí, que "existe el deber de luchar por la preeminencia de la conciencia individual", que "lo público es necesario, pero lo privado no debe verse abolido ni el individuo devorado por el concepto del hombre social" (1951, 312) y que el principio de todo conocimiento real es aceptar "que uno es una existencia aislada y que dentro de sí está el mundo de su propia alma, tan vasto como el universo" (1951,334). Con Coleridge, Thomas Browne y un largo etcétera, Spender entona un nuevo Nosce te ipsum como principio de todo conocimiento. Si la pregunta que acuciaba su mente a mediados de los treinta era cómo debía concebirse a sí mismo el individuo para un mundo comunista, a partir de su experiencia española y su abandono del Partido la cuestión será cómo concebir el mundo para un individuo libre. Evidentemente, esta ansiosa necesidad de defender los derechos de la vida individual sólo se entiende a la luz de los intentos totalitarios del siglo XX y su maquinaria de control, que tanto preocuparía a compañeros de generación de Spender, como George Orwell. Pero esta conclusión se establece a través del propio relato, que no deja de examinarse a sí mismo: el regreso a la vía del autoconocimiento, en una suerte de intimismo que recupera el mandato de Delfos, no es todo lo inocente que pudiera parecer, porque Spender permanece consciente de que el conocimiento es fijo y su objeto móvil, y de que "la idea estática de uno mismo basada en la aceptación de la experiencia pasada" incurre en autoindulgencia. Y para alguien que piensa que la memoria es la principal facultad del poeta, en un rasgo más de filiación wordsworthiana, esto es tanto como reconocer la ficcionalidad, la índole constructiva del relato autobiográfico: el acontecimiento pasado se convierte en el mito presente, porque sólo el mito puede articular los recuerdos aislados y proporcionar la imagen total. El problema es que esa imagen se completa en el último párrafo de World within a World. "El hecho", afirma a propósito de unos recuerdos infantiles, "sigue siendo que soy y era la misma persona", en una consideración flagrante- mente ahistórica que nos lleva a pensar en una identidad original, de filiación romántica, a la que los acontecimientos le son de algún modo ajenos, o al menos a la que no se le ha arrebatado la posibilidad de filtrar y modular los estímulos procedentes del mundo histórico, según la conocida propuesta de Fromm: un yo que delimita su territorio y conserva cierta soberanía sobre sí mismo. Al rondar una y otra vez el enunciado tautológico -"yo soy yo"-Spender delata una idea hipostática del yo, una subjetividad abisal, que en último término siempre permanecerá inasequible al lenguaje, incluso al cabo de trescientas páginas de narración, en lo que se presenta como una refutación de la tesis marxista de que el individuo sea un mero producto histórico. Su amigo Auden podía estar tranquilo: el desvelamiento no podía quedar completo, la propia verbalidad comportaba un cierto pudor. reputación de promiscuo y rompematrimonios, era un estalinista ortodoxo y había reseñado desfavorablemente Vienna, el poema político de Spender, de modo que reunía todos los elementos necesarios para desagradar a nuestro poeta. 6 Es curioso advertir cómo en el origen de los experimentos narrativos el modernismo se sumaría la influencia de los dos hermanos James: la de William james, que en sus Principles of Psychology (1890) había acuñado la expresión "corriente de conciencia" para caracterizar el flujo ininterrumpido del pensamiento en la mente; y la de Henry James, cuyas novelas encerraban un colosal esfuerzo de estudio psicológico, hacia una intimidad abisal de sus personajes. Y no debe olvidarse que una de las consecuencias de la palinodia de la generación de Spender fue su revisión de algunos elementos de su canon literario: Auden y él mismo habían tenido palabras de desprecio hacia James como ejemplo supremo de una actitud "turriebúrnea", resumido en su frase de que es el arte quien hace interesante la vida, tan contrario a una estética del compromiso. Durante los años cuarenta y cincuenta, sus novelas terminarían por ser objeto de cierto aprecio por parte de ambos poetas, aunque por razones diferentes. 7 Al parecer, fue Eliot quien sugirió el título. En las primeras entradas de September Journal, Spender refiere cómo el inicio de la Segunda Guerra Mundial hacía que el mundo pareciera "un desierto" en el que "no hay ya fe ni hay ya causa alguna", al volatilizarse las ideas de patria y de revolución. "Es importante -le dijo Eliot en una comida-que el mayor número posible de escritores permanezcan ahora en una actitud distante". 8 Pasada la marea de los treinta, ese sería más o menos el veredicto de la crítica de la izquierda ortodoxa sobre el llamado "grupo de Auden" en su conjunto. Randall Swingler escribía en 1941 que se trataba de una literatura "adolescente", técnicamente precoz pero "absorbida por la posición del yo en el mundo" (ver Scarfe 1942, 38). 9 "Salir del caos de mi sombra a un día / resplandeciente, es cuanto yo deseo. / Como ojos en la noche, mis palabras / buscan un centro que es la luz; mis actos, / dispersos por una violencia ansiosa, / se reúnen y forman un camino / que de la sombra sale a pleno día. / Pero también deseo preservar / mi sombra y evitar la luz del día. / Mis palabras, como ojos que rehuyen / la luz, se encierran en la sombra, y cada / acto mío, enfrentado a su contrario, / interrumpe el camino y alza el vuelo / en círculos que evitan siempre el centro". 10 "Este yo es uno / de los artificios humanos / tan comunes en las llanuras grises / pero, una vez construido en carne, / mi único par de ojos / contiene el universo que contemplan. / Su reflejada multiplicidad / la contiene un cuerpo vacío / en el que yo reflejo a muchos, en mi uno [...] ¡Oh, héroes legendarios, caminando entre sueños / en busca de una tierra cuado todo era mar! / ¡Oh, capitán de desnuda rodilla de mi escuela! / ¡Oh, vencedores de la Historia, ejemplos iracundos / del cuerpo como un útil que secciona / un modelo en el tiempo! ¡Oh, amor / que rodea mi vida con cielos violeta! / Me es imposible entrar / en la calma inalcanzable / del que tiene razón siempre y es mi oponente, / de aquellos que trepan por la aurora tan ágiles, / de los que vencieron en la batalla ideológica, / de aquellos cuyo amor trocó en flores / las facultades naturales prohibidas y distorsionadas. / Me es imposible imaginar o desear la entrada en su ser simbólico, / que es para mí la muerte y mi modo de percibir, / tanto como si fuese una piedra. / Aquí caigo yo de rodillas / en mi propio, real y único ser, / fortaleza de mi debilidad final". 11 Es significativo que Spender, que había partido e Shelley, llegase a esta conclusión, que reedita la noción empática de imaginación en Shelley. 12 "Conocí ritmos que se llamaban Wordsworth / y se extendían por los m ontes, los valles, / para llenar, pensaba yo, el mundo. /'Worldsworth', me dije, esta paz / de voces que se entremezclan. /'Worldsworth', una promesa para mí" 13 "Con estas ideas en la mente, / llevado por una cadena de estricta necesidad, / así me pareció -pero ahora reconozco agradecido / que fui obligado por la Providencia-/ regresé a Inglaterra, pues si no (aunque seguro / de que era y debía ser de muy poco peso, / no mucho más que cualquier paisano en la cubierta / de un barco que luchara con una terrible tormenta) / sin duda habría hecho entonces causa común / con algunos que murieron, y murieron felices, en un sacrificio desconcertante y equivocado, / y habría regresado al seno de la Naturaleza / con mis resoluciones, mis esperanzas, / poeta sólo para mí mismo, y para los hombres / inútil, a incluso, amigo mío, un alma / desconocida para ti". 14 En un relato breve de 1922, "El fin justifica los medios", Berlin refiere cómo fue testigo del asesinato de un policía por un grupo de revolucionarios, en una experiencia que le inoculó un definitivo pavor a las utopías debido a la lógica que revela el título. SPENDER, LA GUERRA DE ESPAÑA Y LOS LÍMITES DE LA AUTOBIOGRAFÍA
Raffaele Nigro (Melfi 1947), ensayista, con numerosas obras que tratan de rescatar las tradiciones de las tierras a las que se siente unido: Basilicata y Puglia, periodista de la Rai, autor dramático, desde Il Grassiere (1980) a Tutti i colori del Novecento (2003), novelista, uno de los más premiados de Italia: Il fuochi del Basento (1987, Premio Super Campiello), Ombre sull'Ofanto (1992, Premio Grinzane Cavour), Adriatico (1997, Premio Regium Julii), Diario Mediterráneo (2000, Premio Cesare Pavese), Malvarosa (2005, Premio Mondillo e Flaiano), sólo contaba hasta la fecha con la traducción de dos de sus obras al castellano: El plantador de lunas (2003) y Viaje a Salamanca (2005). Nigro ha abordado la poesía en pocas ocasiones: Giocodoca (1981), La metafisica come scienza (1984) y el poemario que hoy nos ocupa, Nulla concede il doganiere (2000), que ocho años más tarde llega hasta nosotros de la mano de Mercedes Arriaga y las hermanas González Sande en una excelente versión bilingüe que nos permite además conocer y descubrir la obra del autor melfitano en su introducción, "Un acercamiento a la obra de Raffaele Nigro», y en su epílogo, "Nulla concede il doganiere y algunas observaciones sobre su traducción al español". Si nos adentramos en el poemario, vemos enseguida la gran preocupación de Nigro por el lenguaje y su poesía narrativa, pre-ocupada por expresar los sentimientos propios y las emociones. Efectivamente, siempre hay un peaje, en el que debemos rendir cuentas, enfrentarnos a la mirada glacial y escrutadora del aduanero. Siempre, tras un viaje, traemos algo y hemos dejado, allí a donde fuimos una parte de nosotros mismo. Nigro se adentra en España, empezando por Sevilla, Y allí se asombra y estremece ante los toros: Estupendo empeño de este gran grupo de especialistas en literatura italiana, Mercedes Arriaga de la universidad de Sevilla, Mercedes González Sande de la universidad de Bergamo y Estela González Sande de la universidad de Oviedo, de darnos a conocer esta interesante obra de Raffaele Nigro que aúna la poesía con la crónica de viajes. Jacinto Octavio Picón (1852Picón ( -1923) ) es sin duda un ejemplo significativo del olvido en el que una valoración sui generis de nuestra historiografía literaria sume a algunos autores. Sin embargo, Picón es importante, muy importante, como cabeza de serie del naturalismo español. La generación que vendrá después, y a la que Federico Carlos Sainz de Robles nominó de forma no muy acertada "promoción de El Cuento Semanal" no se explica sin una referencia expresa al magisterio de Jacinto Octavio. Nada tiene de extraño que Eduardo Zamacois eligiera como número uno de la colección que acababa de dar a las prensas Desencanto, una novela corta de Picón. Su intento era combinar autores consagrados como nuestro ilustre académico con jóvenes valores. El éxito fue rotundo porque el público lector se reconoció en los textos. La novela, lo dijo Stendhal, "es un espejo que transita por un gran camino". La novela y también el cuento. Pero los cuentos son difíciles de estudiar: están dispersos y a veces perdidos. Periódicos, almanaques, revistas, publicaciones colectivas, colecciones literarias de novela breve, todo ha sido revisado para dar como resultado estos dos gruesos tomos. Algo que anteriormente no se había hecho, dando lugar a que las teóricas "Obras Completas de Jacinto Octavio Picón" sean, como sucede con otros muchos autores, en realidad "incompletas". Por eso la labor que ha llevado a cabo Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo sobre la obra breve de Picón es tremendamente encomiable y ha de contribuir de forma principal a fijar su opera omnia. Hemos hablado de la literatura como espejo. Tan sólo la mención de los títulos de los ciento veinticuatro cuentos que reúne esta edición, cincuenta y siete el primer tomo y sesenta y siete el segundo, da cuenta del interés que hubieron de despertar en los lectores: la virtud, el vicio, la religión, el pecado, el amor y el desamor, el matrimonio, la boda, la condición femenina son temas del máximo interés para los hombres y mujeres de una sociedad cambiante que espera del literato un doble mensaje: cómo es la sociedad y cómo debería ser. Pero si encomiable es la recopilación rigurosa de una serie de obras que van cronológicamente desde 1876 a 1915, no lo son menos los encabezamientos de cada obra en los que figuran las publicaciones en las que aparecieron, la referencia al texto base utilizado, la fecha, el título original y las traducciones. Cada una de las fichas ha dejado detrás muchas horas de arduo trabajo y hay que señalar que los criterios de edición son los más adecuados. De forma más que acertada Esteban Gutiérrez, a la hora de fijar el texto, da preferencia a las últimas versiones y a los cuentos que aparecen en forma de libro y no en prensa, por entender que el libro tiene una mayor entidad y requiere una elaboración menos apresurada y más cuidadosa. Aspectos como las variantes ortográficas y de puntuación son también reseñadas y estudiadas. El volumen I abre con una Introducción que aclara la metodología del trabajo y abarca 38 páginas. Le sigue una exhaustiva bibliografía y tras ella una Tabla Cronológica de Cuentos. A continuación de estos apartados viene la edición de los cuentos que, como ya se ha dicho, se continúa en el volumen II, antecedido de un Pórtico que inscribe los cuentos de Picón en su obra y en su tiempo. Y tras su finalización un Apéndice que incluye textos de difícil calificación como el capítulo de aquella obra de autor múltiple que fue Las vírgenes locas, publicada inicialmente en Madrid Cómico. Tenemos noticia de que Esteban Gutiérrez sigue trabajando sobre la obra de Picón con un análisis pormenorizado de su obra. Estamos seguros que su trabajo tendrá tanta calidad y será tan interesante como el que nos ocupa. Hay, insistimos, un antes de y un después de Jacinto Octavio Picón. Por eso es importante. Enhorabuena a Esteban Gutiérrez por su trabajo y a la Fundación Universitaria Española por tener el acierto de publicarlo. (Investigaciones Bibliográficas sobre Autores Españoles, 15). Este libro es una de las contribuciones más ambiciosas al estudio del feminismo en los últimos años. Se trata de un trabajo de discernimiento intelectual y de madurez reflexiva; un estudio, en definitiva, que compendia buena parte de las inquietudes de la profesora Celia Amorós en la búsqueda de las raíces del feminismo. El título Vetas de Ilustración. Reflexiones sobre Feminismo e Islam recoge sólo una parte de lo que se trata en el libro. Es un estudio dividido en tres partes, que pasa de una abstracción general sobre el multiculturalismo contemporáneo hasta una revisión de los procesos de Ilustración en el Islam. La primera parte es una crítica al concepto posmoderno de multiculturalismo, a partir de un diálogo con Lévi-Strauss, autor sobre el que Celia Amorós elaboró su tesis doctoral. En las primeras páginas destaca la crítica al multiculturalismo forjado a partir de la supuesta superioridad europea, consolidada a partir de la Revolución Francesa. La autora, como veremos, es una firme partidaria del concepto de multiculturalismo, tomado desde un prisma emancipatorio, es decir, que "no iguale por abajo". Este aspecto le permite reclamar la Ilustración olvidada, la del feminismo. Así pues, a partir de Rousseau, según Amorós, se transita del "contrato social" al "contrato sexual", para decirlo con palabras de C. Pateman. De esta forma, de la virilidad política de Rousseau se pasa a la mujer guardiana de la tradición, tal y como la ve Hegel. Es la paulatina conversión de la mujer en esposa perfecta, "mujer doméstica" y "madre cívica" y guardiana de los valores burgueses enraizados en la civilización posrevolucionaria. Todos estos paradigmas son asumidos de forma progresiva, de modo que en la mujer contemporánea se produce lo que Michèle le Deuff denomina una "sobrecarga de identidad" (p. Tomando el concepto de "interpelación cultural" de Fernando Quesada y la crítica al "otro" de Sophie Bessis, Celia Amorós reflexiona sobre las características de la sociedad europea en relación con la alteridad que supone el Islam. El tercer gran estímulo, ya patente en la primera parte, es la obra de la pensadora feminista Fadela Amara, considerada por Amorós la "líder" del feminismo fáctico, más allá de la ola mediática que la envuelve. La segunda parte, titulada "Multiculturalismo, Ilustración y Feminismo" es la propuesta intelectual de Celia Amorós, una vez expuesta la urdimbre antropológico-filosófica del feminismo. En ella sobresale la idea de la "Ilustración multicultural" en la que destaca que la Ilustración europea no cumplió sus promesas universales y emancipatorias (p. 148), por lo que aboga por un feminismo nuevo, multicultural. Lo explica la autora con frases como la siguiente: "El feminismo es una radicalización de la Ilustración en tanto que proyecto normativo de la modernidad, no su impugnación" (p. Así, el "multiculturalismo ilustrado" es una continuación y mejora de la Ilustración europea, corrigiendo su etnocentrismo a favor de otros procesos emancipatorios que habían quedado soterrados. La idea más importante de este segundo capítulo, que da título al libro, es el de la necesidad de búsqueda de las "vetas de Ilustración", entendidas como los procesos crítico-reflexivos que se han producido en las distintas civilizaciones (p. La "veta" que le interesa explorar a la autora es la de la llamada ilustración árabe, y lo hace de la mano del reputado filósofo marroquí Mohammed Abed Al-Yabri, especialmente a través de su obra Crítica de la razón árabe. La ilustración multicultural que propone Amorós "iguala por arriba" (p. 173), buscando la hermandad entre los procesos reflexivos. Todo eso, como se explica en el capítulo 6, supone indagar en los procesos de tradición de cada una de las culturas, comparando frecuentemente el universo femenino en el mundo protestante, en el católico y en el árabe-musulmán. En la órbita europea del cristianismo posrevolucionario, se produce -según la autora-el tránsito de la "mujer doméstica" a la "madre cívica" (p. A partir de esta reconstrucción de la filiación de las heterodesignaciones patriarcales, la autora busca vincular este proceso de rastreo en la tradición árabe, buscando en ella las vetas de Ilustración, que permitan reconstruir una multiculturalidad ilustrada. La búsqueda en las tradiciones no se realiza, tal y como pretenden los autores comunitaristas, a través de una valoración del caudal cultural en la percepción del yo, sino en la crítica de un concepto de Ilustración que no integra en sí el verdadero papel desempeñado por las mujeres en la formación y preservación de tal cultura. Sólo así puede reconstruirse el canon feminista ilustrado multicultural (p. Reflexiones sobre Feminismo e Islam Con estos mimbres, la autora traza en la tercera parte su propuesta sobre el estudio de las conjunciones de los "procesos de ilustración" y su hermandad con las diferentes Ilustraciones. Tomando de forma recurrente la obra de Al Yabri, Amorós plantea la necesidad de explorar la Ilustración andalusí, el "logos" frente al "mito" asumido en las tradiciones más acríticas (p. 245 Tres grandes contribuciones reúne este libro singular. La primera, obra de Segundo Oar-Arteta y escrita en euskera, glosa la figura de Joa Gotzon Etxebarría nacido en 1934, profesor en Gernika y traductor de los clásicos a la lengua vascongada. Suya es la frase: "Siempre estoy en peligro de sumergirme totalmente en el latín porque me apasiona, pero creo que debo mucho al euskera como para abandonarlo". Completa el estudio una excelente bibliografía ordenada cronológicamente. El segundo trabajo está dedicado a las "Colecciones literarias en el País Vasco, 1919-1939" y es original de Leopoldo Zugaza. En un primer capítulo Zugaza glosa nuestro trabajo Bibliografía e Historia de las Colecciones Literarias en España (1907-1957) y aplicando idénticos criterios aborda en el capítulo "Las Colecciones Literarias en el País Vasco hasta 1939" describiendo las siguientes colecciones: 17 El juego escénico es un juego político que tiene que ver con el "Compromiso histórico", un movimiento que podía haber impulsado a Italia hacia delante y que, con gran habilidad, abortaron los servicios secretos con el asesinato de Aldo Moro. Formalmente la obra se estructura en dos partes, subdivididas cada una en catorce cuadros, que se numeran sin interrupción de una a otra, dando un total de veintiocho escenas de desigual extensión. En la primera parte, el juego de cartas se convierte en un recorrido histórico, cada carta representa un personaje: Pío XII, Gramsci, Togliatti, De Gasperi, y los dos animales que acompañan a los protagonistas también juegan su papel: el perro es el cardenal Cicognani, y el cuervo, tomado de la película de Pasolini antes citada, un inconcreto "intelectual de izquierdas en época de déficit democrático" (p. Incluso contemplarán unos cuadros y fotos: Andreotti, Aldo Moro, Berlinguer. Después la obra avanza por caminos inesperados. Una pareja de bailarines androides, Carla y Giorgio, entra en juego recordándonos a los de algunos relatos de Bradbury, hasta que de repente se convierten en replicantes de Philip K. Dick, ciertamente más amables, optimistas y conformistas que los recreados por Ridley Scott en Blade Runner; hasta el extremo de que en determinado momento ambos parecen una disociación de Gigoló Joe, un personaje de Inteligencia artificial (A. I.) de Steven Spielberg. A continuación da comienzo la segunda parte. Medoro habla del fin de la historia derivado de la caída del muro de Berlín, como sentenció erróneamente Fukuyama, aunque a continuación aclara que sólo finge creérselo. Los dos protagonistas, Angélica y Medoro, haciendo real la frase de Shakespeare "Estamos hechos de la misma materia de los sueños", sueñan y ahí sus fantasías eróticas se ponen al descubierto para los presentes que les van a juzgar por ello. Luego se inicia un juego evangélico con Angélica convertida en María Magdalena y Medoro en Jesucristo, en el que el autor emplea un lenguaje castizo bastante anacrónico y sorprendente, mucho más propio de finales del siglo XX que de hace dos mil años, para darle un aire más fresco a la historia religiosa que todos conocemos. La obra finaliza con un "Epílogo con tarantela" (escena 28), en el que Medoro proclama su filosofía política, que cabe resumir así: "la libertad es el don más preciado. Los pueblos pueden perder parte de prosperidad y sin duda lo lamentarán, pero la pérdida de la libertad es más dolorosa. Cuando los pueblos pierden la libertad es como si hubieran perdido el alma". Desgraciadamente es algo que ya está sucediendo. El prologuista de la obra, Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, la califica de forma múltiple como fábula moral, sátira política y fantasía literaria. Esas denominaciones se podrían completar con otra más: pieza de surrealismo onírico suavemente erótico. En resumen, Santiago Martín Bermúdez cierra su trilogía sobe la historia europea del siglo XX con otra obra inspirada en un baile, en la que de nuevo se ocupa de cuestiones europeas del pasado inmediato para hablar sobre la crisis de la conciencia política europea, salpicando el argumento con unas dosis justas de surrealismo, humor y erotismo. Por Julia María Labrador Ben Universidad Complutense de Madrid Andrei Tarkovski es un caso aparte en la historia del cine: carece de precedentes, aunque se reconocía en la iconoclastia de Buñuel (bien lejano de él) y en la exigente pureza de Bresson, y no ha dejado herederos, aunque su paisano Sokurov insiste en serlo (y es cierto que en Madre e hijo se le acerca bastante, además de haberle dedicado una de sus elegías, Elegía de Moscú). Lo que hace de Tarkovski un caso único es la forma en que construyó el compacto corpus que forman sus siete magníficas películas. No parecía pensar en términos dramáticos y abominaba de los géneros narrativos clásicos (si bien cultivó, nominalmente, algunos: el cine bélico en La infancia de Iván; la ciencia ficción en Solaris y, quizá, Stalker; el drama familiar en Sacrificio; el biopic histórico en Andrei Rublev) porque le parecían un recurso fácil que iba en contra de la función del RESEÑAS arte, revelar la realidad para transformar al espectador. Su cine no era "figurativo" sino transfigurativo: requería del público un esfuerzo casi ascético que se traducía a menudo en una verdadera epifanía. Para conseguir ese efecto, empleaba dos elementos -u obstáculos-principales. El primero, la duración: Tarkovski llevó al límite la temporalidad y, con sus mayestáticos movimientos de cámara, creó un espacio ritual que ya no parece inmanente sino trascendente ("Esculpir en el tiempo", es el título que dio a sus reflexiones sobre el cine); como dice Chris Marker en el emocionante retrato que traza de él en Une journée de Andrei Arsenevitch, en Tarkovski un travelling ya no es cuestión de moral sino de metafísica. El segundo es el carácter opaco (la chica que teletransporta un vaso al final de Stalker, el paseo final en el agua con un cirio del protagonista de Nostalgia) de muchas de sus imágenes que parecen construidas, parafraseando a Susan Sontag, contra la interpretación: "una imagen artística debe ser indescifrable", afirmaba el cineasta ruso, no está hecha para ser interpretada sino para ser sentida en su materialidad sensorial recuperando esa capacidad perdida de "relacionarnos emocionalmente con el arte", que Tarkovski ya sólo encontraba en los niños ("los que mejor entienden mis películas", decía, lo que parece dudoso). Así, sus películas no se entregan sin resistencia pero el que la vence accede a menudo a una genuina epifanía. Así, también, surge el problema de la valoración de su cine. En su libro "La imagen total" Pilar Carrera afronta el mismo reto que otros que han tratado de describir el texto-Tarkovski recurriendo siempre a una serie de conceptos fijos, que ella desecha o redefine: lo trascendente, lo inefable, lo espiritual, el misterio de un estilo, el cineasta como visionario, etc. Lo hace mejor que casi nadie antes. Su libro breve pero suculento (un breviario, casi) está muy bien escrito, quizá demasiado bien, en ocasiones, como cuando escribe que la mirada turística se caracteriza por el "atesoramiento escópico" [18]. Su mérito mayor es la introducción de conceptos novedosos en la apreciación de Tarkovski: cómo su objetivo es la captura de "la materia esquiva de lo inverosímil", entendido éste en tanto que forma de la representación, a distinguir de lo fantástico, del realismo mágico, de lo exótico, de lo utópico y otros sambenitos habituales en los Tarkovski studies. Carrera aprecia en el cineasta un realismo alejado de lo documental [24]; sus personajes viven asaltados por el pasado (por imágenes del pasado, como diría George Steiner) pero de su pasado mismo nada sabemos [70], no van a ninguna parte y no cumplen meta alguna (Carrera los denomina flâneurs); consecuentemente, no hay acción sino sólo prolegómenos y desvíos de la misma [45], y los lugares por los que deambulan sus personajes son los verdaderos protagonistas de sus películas [19] mientras que los détours que trazan son "la materia fílmica" de las mismas. Carrera plantea su análisis sin recurrir a lugares comunes como el espiritualismo, cómoda inercia que rechaza con fiereza, y propone a cambio una teoría de lo material en Tarkovski. Se aparta en esto de los propios escritos del cineasta, su autobiografía y su mencionado libro de reflexiones cinematográficas (con los que sin embargo ella sabe dialogar continuamente), en donde postula que uno de sus grandes temas es "el conflicto entre lo material y lo espiritual". Yo mismo le oí lamentar en la presentación de Nostalgia en Cannes 82: "La técnica nos ha separado de lo espiritual; utilizamos el microscopio electrónico como si fuera un tomahawk, como hacían los indios". Y Natalia Bondarchuk, la protagonista de Solaris, decía que sólo hacía películas sobre la eternidad y el infinito. Carrera obvia las indudables intenciones trascendentes de Tarkovski el artista ("el órgano de la fe se ha atrofiado", lamentaba el protagonista de Stalker) para centrarse en una descripción, más de la forma que del sentido, de su obra que, a cambio, se revela como la gran aportación de su estudio. Insiste, como digo, en "el elogio no materialista de la materia, la celebración del objeto filmado, la entrega al objeto, el cine como materialización" [20]. El de Tarkovski es un cine de lo superficial (eso mismo es lo que hace que sus escenarios no se conviertan en "paisajes"), de la superficie de la materia. No hay profundidad y, sobre todo, no hay símbolos: Carrera insiste de forma convincente en que en Tarkovski la imagen aparece liberada de simbolismo, aunque sea por saturación de símbolos [27]. Acudiendo de forma implícita a la teoría de los iconos rusos, habla de un metáfora intransitiva, de una imagen liberada de la simbolización pero también del yugo diegético de la servidumbre a la narración; y de esa liberación surge, finalmente, lo trascendente: "Lo espiritual es la imagen liberada de su función utilitaria dentro del filme, esto es, liberada de la función diegética, del imperativo temático, de la obsesión por el contenido" [88]. A lo largo de su estudio, Carerra se remite sobre todo a pensadores europeos (Benjamin, Barthes y otros más alejados de una poética de la imagen en movimiento) y cuando comparece un teórico del cine como el cahierista De Baecque es para recibir palos. Uno desearía que hubiera dialogado más con los film studies: en esa relación entre un estilo extremo y lo sublime, por ejemplo, podría haber discutido la idea del estilo trascendental propuesta por Paul Schrader. Tarkovski no es el primero ni el único, como parece desprenderse de este libro: pienso no sólo en Ozu, Bresson y Dreyer -la tríada schraderiana a la que se añadiría Sokurovsino en el húngaro Béla Tarr. Y con respecto RESEÑAS a la estética del fragmento que Carrera toma de Benjamin, y su correlato de focalización en la materia de la imagen, habría que puntualizar que existe toda una tradición de la imagen como materia dentro de la práctica experimental: en cine, la materialidad del film as film se convoca jugando con la proyección, la emulsión, la desfiguración de la imagen en la práctica del found footage, etc. Carerra habla en realidad de la materia del signo dentro del modo narrativo; pero a veces induce a confusión. En todo caso, más que un defecto es un efecto lateral del enfoque de un libro que no es un típico estudio-de-cineasta, siendo ésta una de sus virtudes principales. Origen y evolución Madrid: Iberoamericana Vervuert, 2009, 294 pp. Colección "Tiempo Emulado" 8 La experiencia americana del profesor José Luis Abellán, iniciada en 1961 marcó profundamente a este autor. Su interés inicial por el exilio y por sus personajes: José Gaos, José Ferrater Mora, Jorge Guillen, Pau Casals, María Zambrano y otros muchos se vio pronto complementado por nuevas inquietudes que dieron origen a la creación de una nueva disciplina académica: "Historia de las Ideas americanas" que el profesor Abellán impartió entre 1968 y 1988 en la antigua facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense. En el marco de dicha actividad docente surgió la pudiéramos denominar "primera edición" del libro que hoy nos ocupa 1 que figura como segunda edición revisada, actualizada y ampliada. La idea de América es también la historia de una indefinición. Es además algo cambiante en la medida que la contraposición entre América latina y América sajona empieza a perder peso y a modificarse de forma acelerada. En este aspecto, México juega un papel clave al pasar de la vieja frase "Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos" a su consideración por algunos autores de estado "norteño", tras el Tratado de Libre Comercio. De nuevo la vieja afirmación de que América latina comienza al sur del río Bravo empieza ser puesta en cuestión, mientras comienza a hablarse de la "Unión Sudamericana" en la que Brasil juega un papel de liderazgo. Las nuevas relaciones de América latina con EEUU empiezan a establecer el marco de una segunda independencia. Finalmente, Abellán aboga por la idea de América como una unidad continental y señala que esta concepción "es un producto hispánico por excelencia, en la medida que nuestra cultura está especialmente dotada para la síntesis y la integración". Tras una "Introducción", de la que hemos extraído todos los conceptos anteriores, Abellán estructura su obra en XXII capítulos y un Epílogo. La investigación sobre la idea de América, y el origen de dicha palabra son el tema de los dos primeros capítulos. Señala a continuación el autor la diferente colonización entre el norte y el sur de América. ¿Existe una unidad política de América? La respuesta es obviamente negativa. Incluso es dudosa su unidad histórica. Repasa Abellán los textos de Lewis Hanke (Do the Ameritas have a common history?) y las tesis de H. E. Bolton publicadas en 1933 y discutidas tanto en su momento como ahora. La comparación entre Europa y América es analizada desde múltiples puntos de vista: la Geografía física (grandiosidad americana como las Montañas Rocosas o la cataratas de Iguazú); la Geografía urbana (en Europa la ciudad con su catedral y ayuntamiento, contrasta con las metrópolis americanas en las que la población se agrupa junto a las grandes autovías). El automóvil se convierte así en protagonista de la vida urbana y familiar. Buena parte de la vida puede tener lugar sin bajarse del automóvil: ir al cine, al banco, a un centro de comida rápida, etc. Hasta las funciones religiosas pueden escucharse desde el automóvil. La juventud de ambos continentes americanos y su falta de historia contrasta con la vieja Europa. Simón Bolívar, en su carta de Jamaica de 1815, había expresado ya lo que resumiría en 1818: " una sola debe ser la patria de todos los americanos". Entre otras relaciones, insiste Abellán en tres realidades jurídicas desarrolladas en tan sólo dos años: el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Río de Janeiro, 1947); el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas RESEÑAS (Bogotá, 1948) y la OEA (Carta de Bogotá, 1948). Concluye el autor su capítulo con una glosa de José Martí. El siguiente está dedicado ala búsqueda de "La identidad hispanoamericana: una toma de conciencia". La especial y original relación entre España y América, bien diferente de la típica colonial permitió afirmar que "las Indias no fueron colonias". Acepta España una base teológica nueva elaborada por Las Casas, Suárez y Vitoria. Acompaña al capítulo un gran número de ilustraciones procedentes en general del Museo de América. El mismo concluye con una análisis de las influencias francesa e inglesa y la admiración por el proceso de independencia y la construcción de la gran nación americana. Las ideas que impregnan todo el proceso de independencia provienen de concepciones positivistas. Surgirá después, con el cambio de siglo, una reacción antipositivista que se describe y analiza en el capítulo siguiente con espacial referencia a José Enrique Rodó, José Vasconcelos y Antonio Caso. Verdad y Belleza se convierten en los dos grandes fines, y surge la figura de Ariel como símbolo inmarcesible de la identidad hispanoamericana y expresión filosófica del modernismo. A este último aspecto dedica Abellán el capítulo VII. Este modernismo hispanoamericano encontrará su expresión máxima en Rubén Darío, conciencia suprema del nuevo movimiento, cuya llegada a España cambiaría los planteamientos literarios y poéticos de nuestro país. Un salto en el tiempo nos sitúa en la influencia del pensamiento orteguiano desde 1914, cuan nuestro filósofo publica Meditaciones del Quijote. José Gaos comparte páginas con Ortega, como gran impulsor de la reivindicación de una filosofía hispana: "Filosofía no es sólo la Metafísica de Aristóteles; la Ética de Spinoza; las Críticas de Kant; la Lógica de Hegel, etc., sino también De sentimiento trágico de la vida, de Unamuno; los Motivos de Proteo, de Rodó; las Meditaciones del Quijote, de Ortega; La existencia como economía, desinterés y caridad, de Caso, etc." nos dice el gran traductor de Heidegger. A su ocupación en la Historia de las Ideas en Hispanoamérica desarrollada en la Casa de España, primero, y en el Colegio de México, más tarde dedica Abellán el siguiente capítulo. Un capítulo importante es el XVIII, titulado, "El modelo brasileño". Abellán refleja un planteamiento tan habitual como incorrecto: no hablar de Brasil al referirse a América Latina. Y afirma rotundamen-te: "Brasil es el país latinoamericano por excelencia". Es el segundo en extensión después de Estados Unidos y el octavo del mundo desde el punto de vista demográfico. Es, también, una nación ajena a toda superioridad étnica. Traza Abellán un gran recorrido de la historia de Brasil hasta desembocar en la actualidad, cuando parece llamado a liderar el proceso latinoamericano y a comienza a romper la barrera idiomática, al incluir el español como segundo idioma. El capítulo se cierra con la imagen del actual presidente brasileño: Luiz Inácio Lula da Silva. El problema del indigenismo es tema de otro capítulo, mientras que "La idea de América durante la 'guerra fría'" y "El proceso de 'globalización': su incidencia sobre la idea de América" son los capítulos que anteceden al último. Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la "guerra fría", la disyuntiva para los países de latino América se establecía como la imposibilidad de ser independiente: o se era satélite de la Unión Soviética o de los Estados Unidos. La Alianza PATRA el Progreso, auspiciada desde la OEA por EE.UU., la revolución cubana, el golpe de estado en Chile, y la teología de la liberación son, junto a otros movimientos, analizados en el capítulo. En el siguiente se insiste de nuevo en la "segunda independencia" de América latina y en el proceso imparable de "transición política hacia la democracia", pese a los reflejos autoritarios todavía existentes. El proceso de globalización de Latinoamérica avanza con actuaciones como la creación de ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, 1961) y sus sustitución por ALADI/Asociación Latino americana de integración, 1980). La integración regional avanza con el Mercado Común Centroamericano MEC (1960), el Banco Centroamericano de Integración Económica, Mercosur (1990), El Pacto Andino y la Comunidad Centroamericana. Finaliza el libro con el capítulo XXII titulado "El 'ser' de América", término arrebatado por los norteamericanos que al afirman I am from America dejan si patria a millones de latinoamericanos. Las ideas expresadas en su momento por Waldo Frank siguen vigentes. La esperanza que señalaba. "que América del Norte pueda convertirse en una nación sinfónica, guia-da por elementos conscientes y que deje de ser una masa ciega y arrolladora" podría iniciarse ahora con la presidencia recién estrenada de Obama. Abellán pone el cierre en el "Epílogo" diciéndonos: "Al finalizar este libro me gustaría extraer alguna conclusión indiscutible, pero la honradez me impide hacerlo. Son tiempos de cambios acelerados e inescrutables y, por tanto, de expectativas inciertas". Esperemos que en una tercera edición del libro la situación sea mejor y más clara, como mejor y más clara es, si cabe, esta segunda edición de un texto ya clásico que ha conocido una extraordinaria puesta al día. Por Alberto Sánchez Álvarez-Insúa Instituto de Filosofía CSIC 1 José Luis Abellán: La idea de América, Madrid: Hay dos palabras que se repiten con insistencia a lo largo de los siete relatos que componen El peluquero de Dios, en las que podría resumirse el hilo conductor de este conmovedor texto. Son dos términos que representan conceptos muy similares, que en numerosas ocasiones actúan como sinónimos, aunque, desde el punto de vista lingüístico, no lo sean en absoluto. Me refiero a las palabras "ausencia" y "vacío", dos términos que evocan sentimientos de nostalgia y de pérdida, y que Antonio Crespo Massieu maneja con tal habilidad que no sólo los trasciende, multiplicando sus significados, sino que consigue transformarlos en sus contrarios. Donde hay ausencia, el autor nos conmueve con la presencia y la humanidad de sus personajes. Con la capacidad para describir a personas sencillas que añoran la seguridad de lo cotidiano, y que se debaten entre el deseo de conservar la memoria de un pasado que hubieran preferido no vivir, y la determinación de mirar a un futuro en el que siempre arrastrarán la carga de aquello que desearían olvidar. Una carga, unas veces pesada y otras dulce, que les acompañará siempre. Hay mucha ausencia y mucho vacío en El peluquero de Dios. Qué lejos está todo ahora, en el silencio de esta clase vacía, en esta penumbra que es sólo ausencia... Pero se perdió para siempre, cuando yo me perdí, y me hice silencio y sombra. Ahora soy sólo vacío, como este Dios que yo solo puedo ver y nombrar. Pero también mucha esperanza, muchos deseos de sobrevivir. Muchas formas de llenar el vacío. Pero siempre se regresa, aunque sea para un entierro, otro más, y la mirada ve las cosas como si las descubriera, todo un poco más lejano, más pequeño. Más lejano el recuerdo, más pequeño el dolor, más hecha a las ausencias, más ganada al tiempo, a su paso y su lento cicatrizar las heridas. Sí, hay mucha esperanza. Porque, de la misma manera que Antonio Crespo consigue transformar la ausencia en presencia, transforma también el vacío en historias cargadas de emoción. Y donde hay vacío, nos sorprende con la intensidad de un discurso capaz de provocar emociones a las que difícilmente nos podemos sustraer. Un discurso en el que se adivina el amor con el que el autor trata a sus personajes, la delicadeza con que desgrana sus historias, y la pasión con la que ejerce el oficio de escritor. Hay tanta belleza en estas páginas que casi resulta una osadía el tratar de reseñarlas. ahora la creación de UNASUR (Unión de Un museo, un campo de concentración, un hospital, un aula vacía, las calles de Madrid, o una vieja fotografía, son algunos de los escenarios en los que el autor sitúa a sus personajes. O quizá sería mejor decir que son algunos de los escenarios con los que el autor enfrenta a sus personajes, donde les obliga a buscarse, a reconocerse, y a encontrarse. "Era la casa que me faltaba", dice el narrador en uno de los relatos: Era mi casa grande, destartalada y silenciosa, donde el mundo era la belleza que saltaba de las paredes y te atrapaba (...) donde todo era hermoso, y las palabras no herían. Con un lenguaje sencillo, una narración limpia, y una construcción impecable, el autor se sumerge, y nos sumerge, en lo más profundo de los sentimientos. La añoranza, la alegría, la desesperación, el escalofrío y la muerte. Y lo hace en un tono en el que atrevería a decir que el narrador busca la neutralidad, la distancia con lo narrado. Utilizando un juego de puntos de vista y de transiciones temporales, en el que va de la primera persona a la tercera, de la tercera a la primera, del pasado al futuro, y del futuro al presente, sin que el lector apenas se dé cuenta del cambio. Así, el narrador va discurriendo desde la perspectiva del que sólo puede conocer una parte de la historia, al que la conoce toda. Del que sobrevuela la superficie sin rozarla, al que se adentra hasta el fondo. Del mero espectador que no quiere involucrarse, al que se implica en cuerpo en alma con lo que está describiendo. Del estremecimiento a la ternura, de la añoranza, a la "certidumbre de vivir sin que la muerte pueda empañar la insultante plenitud del instante", de la soledad "más profunda que cualquier pensamiento" al deseo de que "ninguna niebla le (pueda) arrebatar (a sus protagonistas, una) maravillosa mañana de primavera". Cada uno de los personajes de estos siete relatos arrastra su propio dolor, su propio vacío, su propio transitar por un túnel en el que a veces resulta imposible encontrar el final. Pero todos ellos consiguen alcanzar la salida. Como dice el protagonista de uno de los cuentos, "Cualquiera hubiera enloquecido. Cualquiera que tuviera entre sus manos un pelo de Dios y supiera su nombre, y le hubiera mirado a los ojos". Pero ellos no. Ellos se enfrentan a su destino con una "elegancia que es armonía". Como la elegancia que se impone sobre los siete cuentos independientes que componen el libro, y como la armonía que los envuelve y los hace uno solo. La función del poeta siempre ha sido dar testimonio de la inefable experiencia, manejando el lenguaje común para fijar lo efímero en el cauce del poema. Por esto, Matías Escalera Cordero, en el manifiesto que inaugura Grito y realidad, presenta la dicotomía cartesiana entre res cogitans o "espíritu razonable e inmaterial" y res extensa o "materialidad mecánica, mensurable, ponderable y divisible ad infinitum"; y ambos conceptos simultáneamente se oponen a la idea de Spinoza de que "ambas substancias no sean más que una y la misma "Substancia"". Y es esta Substancia -única e indivisible-spinoziana la verdadera materia poética, tal como es entendida por Matías Escalera; materialidad y forma de lo diverso en la palabra que unifica. Y es aquí donde surge el conflicto de la poética de Grito y realidad en torno a la cualidad material e inmaterial de la misma palabra poética: ¿realismo o nominalismo? No hay una respuesta categórica en los poemas que componen este libro -ni en los que componen, por cierto, la antología de la poesía de la humanidad-; simplemente se ofrece la posibilidad de leer el cuaderno de bitácora que el poeta escribe en el viaje iniciático del verbo. La poética de Grito y realidad enuncia la experiencia del poema en el marco del compromiso ético con el otro que, en el ámbito poético, es la muerte y el paso del tiempo, es decir, la ausencia de memoria. Por esto, el poeta ha de dar testimonio, para que no se olvide la historia de lo RESEÑAS cotidiano: la historia en minúscula. Así, a través de lo minúsculo y de lo efímero accede el poeta a lo inefable para nombrarlo con las cosas cotidianas que perecen de estar siempre ahí: disponibles al olvido y a la erosión del tiempo. Frente al olvido se alza la memoria, y contra la muerte -y sus agentes-el poeta escribe poesía. En cuanto a la estructura de Grito y realidad, se debe observar que la primera parte del libro se titula DENTRO/RAZÓN INMÓ-VIL y la segunda parte del libro se titula FUERA/CAMBIO Y mientras que la tercera parte del libro se titula TO-DOS LOS NOMBRES PERO NO EL NOMBRE, mostrando la relación dialéctica que existe entre los polos anteriores y que -como vimos-parece diluirse en el verbo poético único, o Substancia spinoziana. En este sentido, sólo dejar anotado que el poeta selecciona la palabra exacta en el eje paradigmático o lingüístico y en el eje sintagmático o material de la lengua común. Dicha selección no es azarosa y exige al poeta sensualismo y racionalismo a partes iguales, como también, imaginación y memoria o, como expone Matías Escalera, razón inmóvil y percepción: arrebato de inspiración y rigor crítico. Así las cosas, en la primera parte de Grito y realidad se puede observar un conjunto de diez poemas que van de "A Guilhen de Peiteu" hasta "Llamas que tiemblan" en los que se muestra la inefabilidad de la experiencia desde la expresión de la razón inmóvil. Buena muestra de esto es el poema titulado "Canto" y el poema titulado "Balada de las bolsas blancas", en cuyo título, este último, encierra uno de los símbolos recurrentes de esta obra: la bolsa blanca, por extensión cromática, de plástico y, ti-rando del hilo, el plástico como sucedáneo que viene a sustituir el original, es decir, palabra blanca (en definitiva, metáfora) que reemplaza lo originario material, o sea, que lo nombra sin ser el nombre, ni mucho menos lo nombrado. La segunda parte de Grito y realidad, FUE-RA/CAMBIO Y PERCEPCIÓN, pone en juego la noción de materialismo dialéctico, es decir, de materialismo en la percepción, y dialéctico en el cambio. Ambos procesos dirigen la conciencia del poeta al territorio situado extramuros de la palabra, que es la realidad. Así, Matías Escalera aborda en los poemas que integran este bloque una valoración poética de la Historia con mayúscula, pero, vista desde la perspectiva particular de la historia con minúscula. En este sentido, se denuncia el uso de la historia como relato de vencedores y se reivindican los pequeños avatares que la gran historia olvida y en los que se gesta la crónica cotidiana y efímera del paso del tiempo. Para que no caiga todo en el olvido, el poeta observa el envés de la realidad y lo saca a la luz en la agonía del poema, para mantener la memoria de las cosas pequeñas y fugaces. De esta manera, el contraste entre el yo individual y el yo colectivo toma gran relevancia en esta parte de Grito y realidad, proclamándose a pleno pulmón que el dolor, el sufrimiento, el paso del tiempo y la muerte son elementos que decantan la solidaridad entre clases, entre ricos y pobres, o entre buenos y malos. A este respecto, resulta muy apropiado el poema titulado "Este (injusta memoria: Varsovia, 1986)". Llegando al final del análisis de Grito y realidad y en la tercera parte del libro: TODOS LOS NOMBRES PERO NO EL NOM-BRE, Matías Escalera proclama la muerte del significado, de la metáfora, del símbolo y de la épica del compromiso. Es decir, muertas la verticalidad y la horizontalidad de la palabra, sólo queda constatar la ausencia del nombre como presencia de los nombres. Pasado de moda el juego combinatorio de las sombras y los significantes, surge de entre los escombros de los nombres: el nombre. Consideradas estas premisas de raigambre metapoética, hay que decir que esta última parte de Grito y realidad concibe el poema como el espacio en el que coinciden la ausencia del nombre y la presencia de los nombres, es decir, ámbito en el que surgen la ausencia de la esencia del nombre y la presencia de la existencia de los nombres. Si todo está dicho, sin decirse nada, ¿dónde está el punto de inflexión entre la realidad y la ficción? La única respuesta está en el poema y en la interpretación alegórica e irónica que el poeta despliega para reflejar la realidad. Por tanto, apenas se ha creado una ilusión poética de normalidad, el poeta la trunca para desvelar lo que se oculta tras el espejo. ¿Por dónde se ha de comenzar la búsqueda de ese espacio limítrofe? Pues, se debe comenzar por constatar el aquí y el ahora como el referente de los nombres, en lugar de caer en el abismo de la metáfora por la metáfora. Se debe comenzar por considerar la poesía como una materia verbal viva que necesita alimentarse de realidad para mostrar la verdad de la palabra en su autenticidad. El lector medio de un volumen colectivo titulado El giro pictórico podría estar más interesado en la imagen y en sus dimensiones estéticas que en la teoría de la ciencia, y esta obra le ofrece tanta o más teoría de la ciencia, como su subtítulo indica, que teoría de la imagen, y sobre todo más que estética. Pero tal lector medio se equivocaría en apartarlo por eso, pues las conclusiones que en él se extraen de la exposición de ciertos problemas epistemológicos y de su tratamiento visual en múltiples ciencias (geometría, cartografía, ecología, astrofísica, inteligencia artificial, etc.) revisten un particular interés incluso para aquellos RESEÑAS receptores prioritariamente atraídos por la producción y el consumo de imágenes estéticas, pongamos por caso los estudiosos del arte y la literatura. De hecho, saturados como estamos de libros sobre la imagen en los medios de masas -también llamados libros de "cultura visual"-, hay que saludar la aparición de uno que se ocupa preferentemente de la imagen en la ciencia y de la ciencia en la imagen. He ahí la intención de la presente obra: probar que la imagen es un potente instrumento para generar y gestionar conocimiento científico, y que sólo ha llegado a serlo tras recorrer el largo via crucis de su relativo descrédito en Occidente y de su parcial subordinación respecto de la palabra, es decir respecto del pensamiento proposicional inscrito y escrito en las lenguas naturales. Como argumenta S. Gómez en su contribución al volumen, la ciencia moderna (siglos XVI y XVII), aun apelando a la representación figurativa en sus más conspicuos desarrollos (en geografía, botánica, astronomía, etc.), confió menos de lo que su historia convenida sostiene en la naturaleza mimética de las imágenes, en su adherencia a la realidad, en su capacidad veritativa; y fue al menos tan consciente como la cultura literaria y artística coetánea, la de un Barroco descreído e histriónico, de las labilidades y debilidades de la imagen, de su condición de artificio, de engaño programado de los sentidos. Desde entonces la visión científica sobre la imagen -redundancia aquí muy oportuna-, tal y como se manifiesta por ejemplo en la semiótica, tiene que esforzarse por compensar su propio estrabismo: el ojo derecho de la ciencia le informa de que algunas imágenes son o pueden ser altamente realistas, y que su correcto uso referencial se aprende muy rápido gracias al "iconismo primario" de la mente (U. Eco); el ojo izquierdo le muestra, en cambio, que incluso esas imágenes sólo operan en régi-men veritativo-funcional, al modo de sus queridos enunciados protocolarios, dentro de ciertos contextos históricos y gracias a ciertas prácticas sociales, esto es que también, y simultáneamente, son en cierta manera arbitrarias o convencionales. De los dos ojos con los que la ciencia mira la imagen es el izquierdo, el convencionalista, el que hoy determina en mayor medida su percepción: de ahí que buena parte de los capítulos de El giro pictórico desplieguen los vigentes puntos de vista del cognitivismo, del constructivismo y del pragmatismo sobre la representación visual. Que las imágenes participen en el pensar, que sean ellas mismas pensamiento, cognición, y no sólo auxiliares de la cognición, es la tesis central de este libro, y se acompaña de dos ilustrativos ejemplos en las colaboraciones de S. F. Martínez y de G. Frías Villegas. El primero recuerda que la geometría, con sus complejos procesos de construcción visual, está en el origen de algunas de las principales gnoseologías occidentales, las de Kant y Carnap (y antes la de Pascal); la función de la imagen en dichas gnoselogías, anudar los vínculos entre la forma y lo pensado, es tan relevante que bien cabría hablar de un modelo geométrico-matemático, apoyado en visualizaciones, para el conocimiento. El segundo asegura que cierto tipo de imágenes controladas, los diagramas, permiten la síntesis de lo heterogéneo, la integración de saberes, lo cual produce nuevos saberes de los que los diagramas, las imágenes, forman parte inalienable; y pareja integración se efectúa en niveles de abstracción tan altos que no pueden ser alcanzados mediante el recurso exclusivo al razonamiento lingüístico. Es quizá por eso por lo que otro género de imágenes emparentadas con los diagramas, los grafos, se utilizan justamente para abstraer la estructura conceptual de las propias teorías científicas y para representar su potencial explicativo (M. Casanueva): si la herramienta gráfica es capaz de asumir, dotada de valores lógicos y matemáticos, tales funciones metacognitivas en segundo grado, mal puede dudarse de su competencia cognitiva en primer grado. Las imágenes científicas no son sólo, ni siquiera fundamentalmente, un analogon de la realidad, su reproducción o su reflejo, como hemos dicho, sino el resultado de una sofisticada fabricación que selecciona los datos reales, los contrasta con los modelos interpretativos disponibles y los adapta a la o las teorías que los modelos expresan; de este modo, las imágenes actúan como mediadoras entre el objeto observado y el dispositivo teórico a través del cual se lo observa -no se olvide que "teorizar" significa, etimológicamente, "contemplar"-. Así, por ejemplo, sucede según A. Ibarra y E. Zubía en astrofísica: las informaciones empíricas recogidas por sondas y telescopios son exhaustivamente comparadas, sintetizadas y formateadas a través de instrumentos y procedimientos tecnológicos que las cargan de teoría, hasta que surgen esas bellas imágenes digitales de galaxias y nebulosas que hoy invaden los suplementos dominicales y las pantallas de la televisión documental, a guisa de output conclusivo de lo que es una genuina "práctica teórica" de representación visual. Las imágenes que construimos con fines cognitivos no son elementos inertes de una simple combinatoria ilustrada, sino agentes de un proceso continuo de transformación de la realidad y de sí mismas, de sí mismas y de la realidad. Las imágenes de la ciencia son una guía para la acción, en primer lugar sobre el universo material hacia el que tienden-así la cartografía, paradigma de imagen a la vez referencial y artificial, e involucrada en la conducta operativa (X. de Donato)-, y en segundo lugar sobre ellas mismas, ya que las actividades en las que se aplican imágenes ocasionan modificaciones en su entorno de aplicación, y esos cambios obligan a su vez a modificar las propias imágenes, a corregirlas o ajustarlas de continuo. La representación que de la representación figurativa se desprende en este volumen resulta, por tanto, dinámica, procesual: las imágenes no son constructos cognitivos establecidos de una vez por todas, sino signos intencionales y pragmáticos; preguntarse qué significan supone descubrir qué quieren hacer, para qué y en qué circunstancias, resucitando las viejas preguntas de una teoría de la comunicación. Algunas realizaciones históricas en el campo de la visualidad vienen oportunamente a demostrar, al hilo de los razonamientos de los diversos autores, que la concepción cognitiva, constructiva y pragmática de la imagen no es una idea del todo reciente, y a corroborar su utilidad para pensar las imágenes que nos ayudan a pensar. Los avatares de la invención de la perspectiva por los pintores del Renacimiento y su posterior teorización por los geómetras y los matemáticos, la Characteristica Universalis de Leibniz, el Orbis Sensualius Pictus de Comenius (siglo XVII) -el primer libro de texto ilustrado-, y ante todo el ISOTYPE o lenguaje universal para la educación visual diseñado por O. Neurath, son ejemplos de la voluntad de intelectualizar la pictografía que ha manifestado la filosofía y la ciencia desde los albores de la Modernidad. El caso del ISOTYPE parece particularmente elocuente: para Neurath y sus colaboradores en el proyecto del positivismo lógico, elaborar una "ciencia unificada" que coordinase los conocimientos de las distintas ciencias particulares pasaba por proponer, como pieza básica de dicha ciencia unitaria, un lenguaje visual, fundamentalmente narrativo, apto para comunicar información sobre objetos, relaciones y procesos con la simplicidad, exhaustividad y coherencia de una lengua "perfecta". El actual abandono de las ambiciones enciclopédicas y universalistas del positivismo lógico no debiera ocultar la sorprendente continuidad de algunas de sus propuestas, y muy en especial la de su lenguaje visual: de él procede la señalización internacional de los aeropuertos, líneas de metro, hoteles y centros de recreo, los iconos que representan los deportes olímpicos, buena parte de los signos y símbolos empleados en la estadística, etc. En definitiva, El giro pictórico consigue sin duda su objetivo, iluminar la conversión paulatina, pese a las resistencias, de la imagen en un elemento esencial del lenguaje científico. Lejos de carecer, como afirma la iconofobia, de un principio de razón suficiente, la representación visual proporciona un gran rendimiento intelec-tivo, es capaz de expresar las relaciones lógicas y construye y justifica las formas más consistentes de conocimiento. Para redondear este colofón sólo faltaría añadir un par de observaciones de prudencia epistemológica: primera, que el entusiasmo por las imágenes en la ciencia no ha de llevarnos a ignorar que casi nunca funcionan de hecho sin el apoyo, sin la colaboración de las lenguas naturales; y, segunda, que no es ciencia lo que mayormente depositan en las imágenes los medios de masas y la sociedad del espectáculo, alimentados de "cultura visual". La primera observación propone recuperar el debate sobre el hoy demasiado denostado "logocentrismo" y reevaluar los papeles, complementarios, de la palabra y de la imagen en la cognición; la segunda refrescar la conciencia de que la crítica de la imagen, de una cierta clase de imágenes, debería ser parte integrante de una ciencia no exclusivamente instrumental de la imagen. Como insinuamos al principio, ambas propuestas no entran dentro del radio de acción de este buen libro, soberano legítimo de sus límites y de su pertinencia. Queden sin embargo aquí a modo de puntos suspensivos en el diálogo que deseamos se establezca entre ciencias exactas, ciencias de la naturaleza y ciencias de la cultura a propósito de la representación figurativa contemporánea. Por Manuel González de Ávila Universidad de Salamanca
Woman RESUMEN El conjunto de la narrativa de Rosa Chacel participa de una misma búsqueda: la del camino que lleva a lo UNO; pero también la del vínculo entre conocimiento y desdicha, como expresión de una particular mística. El objetivo de este artículo es tratar de presentar esta apuesta, que es la de una filosofía, pero también la de una praxis de escritura, a través del análisis de dos novelas Memorias de Leticia Valle y La sinrazón. Asimismo, se prestará especial atención a la relación entre cuerpo, mujer y memoria como clave de lectura. A veces, cuando concluyo una novela, tiendo a quedarme en silencio, rumiando las sensaciones que ha dejado en mi alma, pero también el olor del que parece haberse impregnado mi piel. Quien haya experimentado alguna vez esta impresión sabrá que no ocurre siempre, ya que al igual que los amores verdaderos las buenas novelas se presentan pocas veces; pero todavía más: pues tras el impacto silencioso que los textos excepcionales producen llega la verborrea, el deseo de hacer a todos partícipes del amor que hemos encontrado. Si he escogido la figura de Rosa Chacel, de entre muchos de los nombres posibles a los que se presta la invitación a participar en un volumen sobre el tema Escritoras Españolas del Siglo XX, es porque algunas de sus novelas han dejado ese especial olor en mi piel, provocando la verborrea amorosa de la que nace este artículo. Una de ellas es La Sinrazón, que, a su vez, concluye en un conmovedor silencio: el de la muerte del protagonista, pero también el del cese de la escritura, en tanto consecuencia de un hallazgo: el conocimiento imposible, ya que su existencia se censura, por osado, pero también por su naturaleza silenciosa, por su atentado contra los límites de la palabra: "¿Cómo es posible que, de ese absoluto, la razón, sólo se puede obtener un poco? Así, lograr ese conocimiento prohibido se convierte en la principal apuesta de la narrativa chaceliana, en la obsesión común que se percibe en el entrelineado de su vastísima obra: "los puntos más elevados que he logrado alcanzar en mis explicaciones han sido la pretensión de poder, la petición que haría mover las alas de la mariposa. Esto quiere decir, estrictamente la respuesta. Esto significaría ver a Dios; y es sabido que no es posible verle sin morir. El golpe de audacia del luchador es, a pesar de esto, querer verle", dice el protagonista de la novela poco antes de su suicidio (Chacel, 1981,664) Posiblemente, por la naturaleza de este objetivo, algunos lectores quedamos sin habla. Sin embargo, su afirmación es sólo parcialmente cierta, ya que hay quienes ven a Dios y no mueren: la diferencia estriba en que su caso no es un acto de volición, o voluntad de poder, sino de gracia. Los místicos aceptan sin condiciones la sinrazón, aprenden a habitar el límite de la palabra, mientras Santiago busca "la alta tensión en la que la actividad del pensamiento se desboca y trata de narrar razonablemente la agonía de la razón" (Chacel, 1981, 663). Palabras que contrastan significativamente con los "versos prohibidos" que incluyo en el encabezado de este artículo, pues si nos encontramos ante dos expresiones de una misma búsqueda, los itinerarios escogidos no pueden ser aparentemente más divergentes. La gravedad y la gracia son el haz y el envés de una misma hoja. Dijo Rosa Chacel que "todo el que vive para el pensamiento tiene unas cuantas cosas fundamentales que decir; generalmente no muchas, acaso una sola: las demás son accesorias, son el cortejo, el coro, de aquellas otras, verdaderas personas dramáticas" (Cifr. Dónoan, 1990, 19), y Chacel tiene mucho que decir sobre esa hoja, centro de pecho o alas de mariposa, que no son más que tres expresiones distintas de un mismo deseo: el de lo UNO: También yo sentí una vez horror por la duplicidad unida que se trasluce en la locura. La vida entera está llena de admoniciones... no, es algo más impensable. Hablar de la respiración, del eterno retorno, es dar formas abarcables para la mente a fenómenos del todo inaprensibles. Porque lo que pasa es que todo es simultáneo; todo está hecho de una vez y no sabemos verlo más que poco a poco. Pero la pregunta y la respuesta se contestan en su origen, luego siguen su curso, ignorándose, y cuando se encuentran se espantan. Éste es el lazo que se nos tiende para que podamos comprender. (Chacel, 1981,655) De ese deseo, de sus diferentes manifestaciones, pero también del vínculo entre saber y desgracia, saber y cuerpo, o entre cuerpo y escritura voy a tratar de escribir aquí. Para ello tomaré como corpus (o cuerpo) de referencia dos libros de la autora: La Sinrazón y Memorias de Leticia Valle, que completaré con alusiones generales a la autobiografía de infancia Desde el amanecer y su libro de relatos Icada, Nevda, Diada. EL SABER PROHIBIDO DE LA CHORA Memoria, voluntad y visión sustentan en la narrativa de Rosa Chacel una teoría del conocimiento altamente peculiar, donde los poseedores del "paraíso" 1 se distinguen del hombre mundano para aproximarse a la sabiduría de Salomón. No en vano el relato "Los dominios del Rey Sabio", incluido en Sobre el piélago podría leerse como una alegoría del pensamiento chaceliano: "Sólo el que ha visto más de cien veces el doble fondo de las maravillas... sólo ese posee el verdadero conocimiento: el que hace que el saber cómo son y en qué consisten no merme en nada la dimensión de su misterio" (Chacel, 1992,78). Así, son muchos los protagonistas de los relatos de Rosa Chacel, que saben, sin que su saber reste poder al misterio de su conocimiento. En "Transfiguración" una mujer siente como un espíritu le inculca un modo de ser y de entender el mundo que la conduce al asesinato gratuito, en "Ofrenda a una virgen loca" 2 un hombre descubre en el gesto de una mano la dimensión divina que se esconde en el interior de una mujer mundana. ¿Cómo explicar esa obsesión de los personajes chacelianos por el saber, cómo juzgar una actitud que los lleva a aceptar la más extraña de las revelaciones sin cuestionarse su origen o validez? Pero, todavía más ¿por qué callan aquello que saben?, ¿por qué su saber concluye siempre en desdicha? No debe olvidarse que estos personajes tienen conciencia de ocupar el espacio de lo prohibido, ya que como los místicos o visionarios de todas las épocas se encuentran confinados al margen social, al espacio del secreto. Santiago escribe sus diarios a escondidas y en numerosas ocasiones expresa su deseo de "ser normal", Leticia Valle provoca con su conocimiento la muerte y acaba confinada a una infancia a la que no pertenece, mientras los protagonistas de numerosos relatos guardan en silencio el "pecado del deleite de la meditación". No es otra que la del peligro de la locura: como abismo, pero, ante todo, como mundo al revés. La sociedad que habitan no quiere abandonar la caverna. "Tengo tal necesidad de pensar por cuenta propia, que cuando no puedo hacerlo, cuando tengo que conformarme con alguna opinión que no arranca de mí, la acojo con tanta indiferencia que parezco un ser sin sentimientos" (Chacel, 1988, 26). La voluntad principal de la niña Leticia es la del pensamiento, entendiendo esta palabra no en su sentido coloquial, sino como metalenguaje chaceliano, que no es aquí más que sinónimo de visión 3: "El día 10 de marzo cumpliré doce años. No sé por qué, hace ya varios días que no puedo pensar en otra cosa. ¿Qué me importa cumplir doce años o cincuenta? Creo que pienso en ello porque, si no, en ¿qué voy a pensar? En todo lo de antes no pienso; lo veo dentro de mí". (Chacel, 1988,23) Leticia Valle, una heroína pre-adolescente toma la palabra, para recordar "lo de antes", una historia de amor y tragedia entre la niña y su maestro, bajo la que se esconde toda una metafísica del conocimiento 4. Desde aquí, para Rousseau, la negatividad del mal tiene siempre la forma de la suplencia, es exterior a la naturaleza, le sobreviene; pero lo hace porque se ha producido la falta de lo que nunca debería faltarse a sí mismo. Así, la cultura debe suplir a una naturaleza deficiente, de una deficiencia que es un accidente y un desvío. La cultura aquí se llama hábito, y en ella encuentra Derrida la oportunidad de la humanidad, pero también el origen de su perversión, puesto que al margen de la breve vía que se apoya en la necesidad, en lo actual, la suplementación bordea constantemente la vía de lo virtual, de lo imaginario. Por eso la regla de oro de la educación debe ser la de la "buena suplencia", que no haya nunca un exceso de deseo que supere al poder, que no se active nunca el suplemento peligroso que sólo se alimenta de lo imaginario. De esta manera, el educador debe suplir a la naturaleza, porque en el niño el sentido de lo útil está mezclado con el de lo superfluo, y amenaza con convertirse en dominante, debe evitar la perversión que se entiende siempre como la desviación del fin. Desde aquí, por ejemplo, para Rousseau la masturbación es una hábito de lo más perverso, puesto que si el muchacho se da placer a sí mismo, ¿para qué va a querer seguir el camino que ha de conducirlo a la edad adulta y al matrimonio? Rene Scherer relee en la Pedagogía pervertida (Scherer, 1983) a Rousseau y Derrida para plantear un inquisitivo ensayo en torno a la relación entre sexualidad y pedagogía en diversos momentos de la historia de occidente, para poner la suplencia peligrosa del lado del pedagogo, buscando desvelar las trampas de su disciplina. En el seno de la pareja pedagógica (educador-educando) la sexualidad se convierte en lo innombrado, en lo innominable, en lo peligroso. (De ahí, los deícticos vacíos con los que Leticia nombra lo que siente o lo que despierta en D. Daniel, "Eso"). Por ello, la llamada educación sexual nada puede decir del saber que causa el deseo, sólo se trata de una respuesta de la institución familiar a fenómenos que escapan de su control. Saber sustituido por lo imaginario, desvío, perversión: convencer al niño de que es exclusivamente un niño (hombre en potencia) y a la niña de que es una niña (poseedora de la femineidad) y nada más que eso, es la primera perversión pedagógica. A partir de aquí Scherer asocia provocativamente pedagogía y pederastia. En la relación pedagógica no hay dos sexualidades, al contrario de lo que cabría esperar: la del niño y la del adulto, que sirve de objeto y norma, sino una sola, no la del adulto, sino la sexualidad atrapada en una red de tensiones que, al margen del adulto, empiezan a proyectar al niño y a constituirlo. La exclusión de la sexualidad del discípulo es, al mismo tiempo, la del preceptor. Sólo en las funciones que éste ocupa, como espía y observador que debe saberlo todo, halla satisfacción y sacia su sexualidad vergonzante, deseo de la escopia. Así, puede decirse, que la primera relación pedagógica se inscribe sobre el deseo, es pederastia. Desde aquí, resulta inevitable lanzar una pregunta: ¿se puede ser pedagogo sin ser pederasta?: Afirmamos, como principio, que la relación pedagógica es esencialmente perversa, no porque esté acompañada por relaciones pederásticas entre maestro y alumnos, sino precisamente porque niega y excluye esas relaciones. Y al haber excluido la pederastia, para poder establecerse en la forma en que hoy la conocemos, la relación pedagógica no podría reinsertarla ahora más que en la forma que se ha convenido en llamar una perversión (Scherer, 1983,182) Perversión causada por la falta de suplemento peligroso, exceso de negatividad que es, a su vez, una forma de suplemento. De este modo, aunque ni Leticia, ni Don Daniel, ni Luisa nombran la red de deseo que los atrapa, el espacio de secreto, la lucidez de las esencias y las suplencias que los acompaña elude la perversión pedagógica y acepta la pederastia, aunque esta aceptación sea incompleta, pues se asienta sobre la falta de la palabra. Las palabras que Leticia descubre que faltan en el matrimonio son las mismas que podrían haber salvado el juego de seducción, haber evitado la tragedia al conjurar la reinscripción del deseo en el espacio de poder, representado por el padre de Leticia y por la institución-matrimonio: "Si yo fuera perversa y además tan necia que no tuviese luces para comprender que lo era, todo eso resultaría degradante para mí, pero sinceramente creo que no es eso lo que me pasa, creo que es otra cosa" (Chacel, 1988, 189), pues la falta de palabra se suple con un saber que supera lo nombrable. Lo que el padre busca condenar en Daniel y Leticia no es una relación erótica, sino un conocimiento que no debería existir, (menos aún como "de mujer" y "de niña"), pues en tanto deconstructor de las relaciones de poder instituidas es el más peligroso de los suplementos, horada el poder en su mismo centro, desbarata la gramática. Leticia ha descubierto con 12 años las falacias de la cultura y la inscripción arbitraria que sobre ostentan los discursos de poder. El camino hacia este saber procede de la fusión de los cuerpos, de la conjunción de las almas. Por eso el final es la tragedia de la separación: el suicidio de Don Daniel a instancias del padre de Leticia y la restitución del Logos como centro. De esta manera, el conocimiento catapulta a la niña hacia la desdicha, en el sentido apuntado por Simone Weil, pero ¿Podrá Leticia convertir la desdicha en gracia? LA GRAVEDAD Y LA GRACIA La Sinrazón relata otra tragedia del conocimiento. La muerte de Santiago nace de una confusión: la de la gravedad por la gracia. Dirá Simone Weil: "Todos los movimientos naturales del alma se rigen por leyes análogas a las de la gravedad física. La única excepción la constituye la gracia. Siempre hay que esperar que las cosas sucedan conforme a la gravedad, salvo que intervenga lo sobrenatural. Dos fuerzas reinan en el universo: luz y gravedad" (Weil, 2001, 8). Weil propone un camino que lleva a Dios a través de la no volición, el ceje de la voluntad y la aceptación de la desdicha. Desde aquí, Santiago cree estar redactando un diario que es el de un conocimiento prohibido, el del saber incompleto de la gracia, cuando realmente es el títere más absoluto de la gravedad. Por esta confusión, el protagonista de La sinrazón exhibe un poder absoluto, que es el de la suprema voluntad, el de la voluntad performativa. Cuando Elfriede se hiere al chocar con una lámpara, o se producen los fallecimientos de la madre de Quitina o del Sr Puig, Santiago cree tener a Dios de su parte, cree estar ejerciendo un poder sobrenatural. Pero, precisamente, Simone Weil nos recuerda que la gracia implica no ejercer todo el poder del que se dispone, soportar el vacío, pues sólo donde hay vacío éste puede ser colmado por la gracia. Sin embargo, Santiago no deja espacio al vacío, el Dios que ansía conocer queda eclipsado por las "nubes del conocimiento", por las ilusiones y ficciones consoladoras, redactando unos diarios que son la hipérbole, el monumento, de éstas. Así, él mismo subdive la vida que relata en dos vectores: el de el querer-poder y el del intento de comprender, que toman a lo UNO como meta final, que implican una actuación deseante y activa, opuesta a la gracia: "Separar nuestro deseo de todos los bienes y esperar. La experiencia enseña que dicha espera es fructífera. Las mismas relaciones de las que él disfruta con Quitina y con Elfride son efecto de la gravedad: "lo que esperamos de los demás viene determinado por los efectos de la gravedad en nosotros mismos; lo que recibimos de ellos viene determinado por los efectos de la gravedad ellos. A veces se da la coincidencia (por casualidad); normalmente, no" (Weil, 2001,64), sólo que en el caso de Quitina se produce la coincidencia que falta con Elfriede. La ruptura de esa coincidencia precipita la desdicha, y es ahí donde Santigo tiene su auténtica oportunidad, pero la imaginación le impide verla, el vacío se vuelve insoportable y acaba por ser engullido: El hombre sólo se escapa a las leyes de este mundo por espacio de una centella. Instantes de detenimiento, de contemplación, de intuición pura, de vacío mental, de aceptación del vacío moral. En instantes así es capaz de lo sobrenatural... Quien por un momento soporta el vacío, o bien obtiene el pan sobrenatural o bien cae. El riesgo es terrible, y hay que conocerlo, e incluso exponerse a un momento sin esperanza. Pero no hay que arrojarse a él (Weil, 2001,62) Dios podría haberle negado la oportunidad de conocerlo, haberlo mantenido en la inopia, pero al entregársela en una fórmula que Santiago no reconoce el resultado es la muerte. De este modo, Leticia Valle y Santiago experimentan el peso de la desdicha, en tanto llave que lleva a Dios, pues en la narrativa de Chacel conocimiento y desdicha se encuentran siempre vinculados en tanto búsqueda de lo UNO, como leiv-motiv literario: La desdicha hace que Dios esté ausente durante un tiempo, más ausente que un muerto, más ausente que la luz en una oscura mazmorra. Una especie de horror inunda toda el alma y durante esta ausencia no hay nada que amar. Y lo más terrible es que si, en estas tinieblas no hay nada que amar, el alma deja de amar, la ausencia de Dios se hace definitiva. Es precisio que el alma continúe amando en el vacío, o que, al menos, desee amar, aunque sea como una parte infinitesimal de sí misma (Weil, 2000, 77). No obstante, mientras Leticia se deja inundar por ella, acepta su lugar en el mundo y sigue amando, aunque sólo sea a una rama de hiedra que contempla crecer, Santiago confunde irremediablemente gravedad y gracia, aquel que creía tener un especial don de visión es el más ciego, se ha dejado tentar por las sombras de la caverna, ha olvidado que él es la mariposa: Aquél cuya alma permanece orientada hacia Dios mientras está atravesada por un clavo, se encuentra clavado en el centro mismo del universo. Ése es el verdadero centro, que no es su punto medio, que está fuera del espacio y del tiempo, que es Dios. Por una dimensión que no pertenece al espacio y que no es del tiempo, por una dimensión totalmente distinta, ese clavo ha horadado un agujero a través de la creación, en el espesor de la barrera que separa el alma de Dios. Por esta dimensión maravillosa, el alma puede, sin dejar el lugar y el instante en que se encuentra el cuerpo al cual está ligada, atravesar la totalidad del espacio y el tiempo y llegar a la presencia misma de Dios. Y EL CUERPO PARTICIPA EN ALGO Mientras Santiago falla en el camino de la voluntad, la autobiografía de infancia de Rosa Chacel titulada Desde el amanecer se presenta como acto absoluto de voluntad y de memoria "Yo tengo la culpa de haber nacido porque siento el principio de mi vida como voluntad" (Chacel, 1993, 23), que excede la dimensión cronológica del fenómeno autobiográfico para apuntar a una temporalidad dislocada, donde el recuerdo sólo puede proceder de lo UNO: "Mis recuerdos datan de quince o veinte años antes. Alcanzan, además, algunos de ellos a otro continente y a otra latitud, no son recuerdos de hechos lejanos en mi, sino que yo misma era ya un hecho en ellos. Un ser que habita recuerdos antes de su propio nacimiento sólo puede ser místico, brujo o escritor, aunque también puede estar apelando a la memoria de un linaje. La reivindicación memorística de Leticia Valle es la de las mujeres, en tanto partícipes de una historia de vencidos, que debe reivindicar las fallas de la memoria que pueblan la historia de los vencedores. Así, cuando la niña se enfrente al espejo está desbaratando el "deber ser social", y sustituyendo su huella por un "querer ser" que elude el silencio desde el ejercicio de la escritura. Desde aquí, la memoria en Memorias de Leticia Valle se convierte en el espejo donde mirarse, en la imagen de quien ES sin explicaciones, en la inversión del espejo, espejito que sólo sabe responder sobre la belleza femenina, en el espacio donde se invierte la separación social, donde se rescribe como positiva para la mujer. Pero todavía más, pues si Santa Teresa decía al describir la experiencia mística en el Libro de la vida que "el cuerpo participa en algo", en la obra de Chacel no hay escritura, saber o memoria, que no se alimente del cuerpo y de sus carencias. El corpus chaceliano es un cuerpo, como se anunciaba al comienzo de este trabajo, y el recuerdo se teje atravesado en la sonoridad de las palabras, en su efecto táctil, en sus olores, pero, sobre todo, en el don de ver, en la pulsión de mirar. La glosolalia sensorial que Memorias... activa trasforma la escritura poética y sus ritmos en el latido de un corazón, y las líneas de la novela en la cartografía que permite leer el futuro y el pasado en la palma de una mano: La verdad es que nunca pude recordar cómo era mi madre, pero recuerdo que yo estaba con ella en la cama, debía ser en el verano, y yo me despertaba y sentía que la piel de mi cara estaba enteramente pegada a su brazo, y la palma de mi mano pegada a se pecho. Por muchos años que pasen no se me borrará este recuerdo, y puedo hundirme en él tan intensamente, sobre todo de un modo tan idéntico a cuando era realidad, que en vez de parecerme que cada vez lo miro más de lejos me parece que, al contrario, algún día pasaré más allá de él... era como si estuviese pegada a algo que, aunque era igual que yo misma, era inmenso, era algo sin fin, algo tan grande, que sabía que no podría nunca recordarlo entero, y entonces, aunque aquella sensación era deliciosa, sentía un deseo enorme de hacerla cambiar de sitio, de salir de ella, y me agarraba, tiraba de mi misma desde no sé dónde y me despegaba al fin. Recuerdo el ruido ligerísimo que hacía mi piel al despegarse de la de ella, como el rasgar de un papel de seda sumamente fino... Hablan del amor de las madres, de las cosas que hacen o dejan de hacer, y yo siempre digo en mi fondo: el amor era aquello... era como un agua, o como un cielo. ¡Se estaba tan bien allí! Y se quería salir para sentir mejor que se estaba. (Chacel, 1988, 26-27) Unión y separación en un todo, "como un agua, o como un cielo", espacio de saber femenino que recuerda al lugar de intelección mística, a la loqüela pero también a las marcas corporales que deja esa misma experiencia. El "ruido ligerísimo de dos pieles al despegarse" 7 desplazan la memoria y el conocimiento al espacio de lo pre-simbólico, al lugar donde se habla la chora, como lenguaje de amor con el que también se reencuentra Santiago, que busca esta vez "dentro de su pecho" y no a través de la razón: Yo iba al costado, para dejar el mayor espacio posible a Quitina, porque éramos cuatro en el asiento; el hombro de Quitina se apoyaba en mi pecho, sentía el calor de su brazo a través de la camisa, y el calor de nuestros cuerpos era una unión tan real que nos privaba del sentido de nuestros límites. La zona de mi pecho a donde afluía su calor, era como una brecha en mí mismo, por donde me escapaba de mí y me perdía en ella, por donde ella se volcaba en mí, invadiéndome.... Quitina no apareció delante de mí, sino dentro de mí. No me sentí ante ella como delante de algo alcanzable, sino como delante de algo propio, específicamente mío. Esto es lo que tenía Quitina diferente de todas las mujeres que había visto antes, que no era una novedad: era una eternidad. Mi amor por Quitina era, simplemente mi facultad de amar, que había empezado con mi vida y entraba en juego de pronto. (Chacel, 1981, 84-85) De este modo, cuando Santiago encuentre a través de Quitina "simplemente su facultad de amar que ha empezado al comienzo de su vida" se estará remontando al espacio de lo pre-simbólico, no en vano Quitina es la Madre, y el lenguaje que ellos hablan es el del amor. De ahí la distancia cualitativa que se aprecia en el contacto de su cuerpo con el de Elfride. Puesto que, mientras Quitina simboliza el Amor como idea absoluta, en sentido platónico, Elfride representa únicamente la participación en esa idea, pues si a través de su encuentro con ella Santiago accede a la "idea cuerpo", ésta no es más que un escalón inferior en el camino hacia el verdadero filósofo. Por esta razón, Leticia se salva de ser aniquilada por la desdicha al asociar conocimiento y piel, al aprender a hablar la chora. Mientras Santiago muere al tratar de ejecutar una traducción imposible, al intentar suplementar el único lugar donde no existe la falta. No debe olvidarse que todo lo hasta aquí expuesto no constituye únicamente una propuesta temática o filosófica en la obra de Rosa Chacel, sino que va más allá, al convertirse en materia de poética literaria, de praxis de escritura. El corpus chaceliano es un cuerpo, con su peculiar olor, con su especial tacto, con su cadencia y su musicalidad propias, que son las de la chora, pero también las del mantra, que se recita para llegar a Dios. 2 Ambos relatos se encuentran incluidos en Icada, Nevda y Diada. 3 El término 'visión' está cargado en la narrativa de Rosa Chacel de reminiscencias platónicas y neoplatónicas, para comprender la dimensión de su sentido resulta de sumo interés la lectura del ensayo Saturnal, que, a su vez, también nos descubre los vínculos entre el pensamiento de la autora y la "filosofía del amor" de Ortega, fundamentales para comprender en todo su sentido la "búsqueda de lo UNO", que este artículo plantea. En su libro Las Meditaciones del Quijote, Ortega y Gasset plantea una filosofía de la circunstancia, donde la circunstancia remite a "las cosas mundanas que están en nuestro próximo derredor". El primer paso que debe dar el hombre enfrentado a la circunstancia es el de salir de sí. Así, la filosofía del amor brota de la circunstancia y de ella se nutre. Es una filosofía que trata de ligar las cosas, de entretejerlas entre sí y con uno mismo. Lo amado es lo que se conoce y se comprende. (Ortega y Gasset, José (1991), Meditaciones del Quijote, Madrid: Cátedra) 4 Si la Lolita de Nabokov seduce desde su condición de niña, Leticia lo hace desde su excesiva madurez, desde los psíquico y no desde lo físico. Como nymphet su modelo es inverso al de Nabokov, aunque sin renunciar al carácter fatal que la figura posee. 5 No debe olvidarse que la música, pero también la sonoridad de la palabra repetida, como verso o mantra, son en muchas tradiciones místicas una vía de acceso a Dios. Leticia Valle enamora a Don Daniel en un recital poético, donde el verso pierde su sentido literario para transformarse en el código cifrado tras el que se esconde "otro" lenguaje. 6 Ese ruido ligerísimo de dos pieles al despegarse posee el mismo valor simbólico que el lenguaje de la leche o de las lágrimas que analiza Julia Kristeva: "Leche y lágrimas tienen algo en común ser metáforas del no lenguaje, de una "semiótica" que la comunicación lingüística no oculta. La Madre y sus atributos, que evocan la humanidad dolorosa, se convierten así en los representantes de un "retorno de lo reprimido" en el monoteismo. Restablece lo no verbal y se presentan como el receptáculo de una modalidad significante más próxima a los llamados procesos primarios" (Kristeva, 1991: 221)
Es investigadora ICREA en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Es Doctora en Ciencias Políticas por la New School for Social Research de Nueva York y en Filosofía por la UNED. Ha trabajado durante tres años en distintas universidades y centros de investigación en Alemania -entre ellos el Max Planck Institut-, y otros tres en el CSIC de Madrid. Es miembro del grupo de investigación "La filosofía después del Holocausto". Su último libro Egocracy está a punto de aparecer en Diaphanes Verlag, Alemania. Es Doctor en Filosofía. Ha realizado estancias de investigación en las universidades de Tübingen, Zürich, Princeton y Yale. Ha sido Profesor de Historia y Textos de la Filosofía Moderna en la Universidad de Deusto. Actualmente es doctor contratado en el Instituto de Filosofía del CCHS/CSIC, donde es miembro de los Proyectos de Investigación: "Identidades, migraciones y exilios en la cultura europea contemporánea", cuyo investigador principal es José M.a González García, y "Políticas migratorias, justicia y ciudadanía" bajo la dirección de Juan Carlos Velasco. Su ámbito de investigación es la crisis de la Modernidad a la luz de las relaciones Filosofía/Literatura. Es autor de los libros: "La prohibición del amor. Sujeto, cultura y forma artística en Thomas Mann" (Anthropos, 2004)
Director de ARBOR Nadie duda que innovación y educación son los dos pilares donde se asienta nuestro desarrollo actual y nuestra competitividad futura en un universo global. Necesitamos innovar, pero también es necesario integrar a los alumnos, a lo largo del proceso educativo, en las nuevas tecnologías, nuevos procesos, nuevos productos y nuevas demandas dentro del proceso de cambio impulsado por la llamada Sociedad de la Información. Pero esta integración no puede tener únicamente un aspecto cognitivo, es preciso que esas nuevas tecnologías y procesos sirvan de soporte al proceso educativo, que formen parte de las herramientas educacionales en todos los niveles. Innovar supone financiar, asumir un riesgo, y divulgar las innovaciones. Los Estados, y dentro de ellos las distintas administraciones, se preocupan de estos extremos, y las ayudas están acompañadas de campañas de mentalización y divulgación dirigidas tanto a las empresas como a los ciudadanos. La mejora de la calidad docente, auspiciada desde la Unión Europea, entraña un cambio de paradigma: realizar un cambio desde los paradigmas centrados en la docencia a los paradigmas centrados en el aprendizaje. Este cambio de paradigmas entraña un cambio de metodologías, entendido, no tanto como una renovación de contenidos, también necesaria, como de las metodologías propiamente dichas, diferentes de las tradicionalmente utilizadas. Web 2.0, conectivismo y redes sociales son algunos de los paradigmas que están revolucionando la forma de trabajar, de comunicarse y de relacionarse. Muchos de nuestros jóvenes ya utilizan estas técnicas de forma particular, de momento al margen de su proceso educativo. Es el momento de introducir dichos paradigmas en el proceso de formación formal. La asunción de esta incorporación supone una corriente nueva entre el personal dedicado a la docencia. El uso de las nuevas tecnologías, como pueden ser el uso de Internet y de blogs han facilitado el desarrollo de las técnicas basadas en la Web 2.0 y una mejor aproximación docente-alumno capaz de impulsar un vínculo óptimo para el desarrollo académico. El apoyo prestado por Internet en muchas de las asignaturas de los diferentes planes de estudio han mostrado cómo se puede ir más allá de la tradicional lección magistral o del trabajo individual del alumno en el que el profesor no se involucra habitualmente salvo a posteriori consiguiéndose un favorable feedback, o dicho en castellano, una notable realimentación o proceso de ida y vuelta entre el profesor y el alumno. Y tras este prolegómeno cabe reseñar el volumen de AR-BOR que ahora prologamos. Dentro del primer bloque de trabajos dedicado a las políticas a los diferentes niveles educacionales abre el número el trabajo de Francisco Michavila, director de la Cátedra UNESCO de Gestión y Política Universitaria, que analiza de forma incisiva "La Innovación educativa: oportunidades y barreras". La personalidad docente y su dilatada experiencia dentro de la dirección en todos los niveles de la política educativa hacen del profesor Michavila la persona indicada tanto para coordinar el volumen de ARBOR como para introducir la problemática del cambio que precisa una notable Innovación educativa con la incorporación de las nuevas tecnologías. Jesús Arriaga García de Andoaín, adjunto al vicerrector en el área de planificación de la Universidad Politénica de Madrid, y Carlos Conde Lázaro, vicerrector de Ordenación Académica de la Universidad Politécnica de Madrid, abordan en un momento crucial "La Construcción del Espacio Europeo de Educación Superior y la innovación educativa en la universidad". Dejan muy claro que, aunque la innovación educativa debe darse en los niveles anteriores, la universidad ni puede ni debe quedarse al margen del proceso innovador. Faraón Llorens Largo, vicerrector de la Universidad de Alicante, nos describe el caso concreto de una de nuestras universidades: la de Alicante, en su artículo "La tecnología como motor de la innovación educativa. Estrategia y política institucional de la Universidad de Alicante", donde muestra la que puede ser considerada como una experiencia piloto, y por tanto pionera, de aplicación de las nuevas tecnologías a la docencia universitaria. Cierra este bloque de políticas institucionales el trabajo de Xavier Gisbert, director general de Mejora de la Calidad de la Enseñanza de la Comunidad de Madrid, "Políticas sobre innovación educativa en clave autonómica. La Comunidad de Madrid". En efecto, el mapa docente territorial de competencias educativas hace que las Comunidades Autónomas deban jugar un papel protagonista aportando cada una de ellas sus planteamientos y soluciones, que de seguro van a encontrar una notable acogida en el resto. Hemos denominado al segundo bloque "científico" reuniendo en él dos trabajos: el de Enrique Rubio Royo, director del Centro de Innovación para la Sociedad de la Información (CICEI) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canarias, "Nuevo 'rol' y paradigmas de Aprendizaje en una Sociedad Global en RED y Compleja: la Era del Conocimiento y el aprendizaje", aspecto este que ya comentábamos al inicio de este prólogo. Le sigue el artículo de Javier Ponce Martínez, jefe del departamento de Promoción de CDTI, sobre "La organización y búsqueda del conocimiento en entornos amplios, dispersos pero limitados. El Mapa de ayudas a la I+D+i del CDTI", de nuevo un tema al que ya nos referimos en esta introducción. Cierra el volumen un tercer bloque que reúne las "Experiencias educativas". En los tres primeros trabajos se realiza un recorrido que da comienzo en los primeros estadios de la enseñanza, para continuar en el ámbito universitario y analizar el aprendizaje que de forma continuada debe llevar a cabo el profesional tras la finalización de su período formativo. Así, J. José de Haro, profesor del colegio Amor de Dios de Barcelona, describe "Algunas experiencias de innovación educativa"; M. Dolores Lerís López y M. Luisa Sein-Echaluce Lacleta, profesoras de la Universidad de Zaragoza, nos describen "Una experiencia de innovación docente en el ámbito universitario. Uso de las nuevas tecnologías"; y Fernando Chacón, decano del Colegio de Psicólogos de Madrid, nos describe el papel de los colegios profesionales en la formación de posgrado en "La formación en los colegios profesionales, el aprendizaje a lo largo de la vida, la acreditación profesional y la calidad de servicios a los usuarios". Dos experiencias concretas cierran el volumen, las relatadas por Francisco Miguel Martínez Verdú, profesor de la Universidad de Alicante, "Implementación de la modalidad b-learning en la asignatura optativa Ergonomía Visual"; y Ángel Fidalgo (Universidad Politécnica de Madrid) y Fátima Azucena Fernández Cabanillas, grandes impulsores y constructores materiales de este extraordinario de ARBOR, que disertan sobre "Cooperación Invisible. El proyecto MARIA (Métodos de Apoyo y Recursos Interactivos de Aprendizaje". A todos ellos queremos agradecerles desde nuestras páginas su trabajo, colaboración y confianza en nuestra publicación. Estamos seguros de que este número ha de ser del máximo interés para nuestros lectores y ha de servir para dar cumplimiento a uno de los planteamientos de nuestra revista: estar al servicio de la sociedad española y de la comunidad científica como instrumento de información, puesta al día, reflexión y debate. De ser, en definitiva, socialmente útil.
¿Es necesario innovar en la educación universitaria?, ¿hay barreras que dificultan la incorporación en los hábitos universitarios de las iniciativas innovadoras?, ¿han cambiado mucho los procesos de formación de los titulados universitarios en los tiempos recientes?, ¿han cambiado de un modo satisfactorio y de manera suficiente?, ¿en qué cuestiones se buscan novedades o innovaciones en el presente? La construcción de la Universidad europea es un paso hacia delante, decisivo, en la Europa social. La Declaración de La Sorbonne, en mayo de 1998, en su comienzo afirmaba que "al hablar de Europa no sólo deberíamos referirnos al euro, los bancos y la economía, sino que también debemos pensar en una Europa de conocimientos". El sueño de los europeos de tener un proyecto compartido de educación superior, que podemos sencillamente denominar la Universidad europea del mañana, es la plasmación del dicho popular de que la unión hace la fuerza. Durante mucho tiempo, la desorganización y la ausencia de objetivos compartidos han caracterizado a los pueblos que habitan el Viejo Continente, y no únicamente en asuntos educativos y de investigación. La tradición de la Europa universitaria está marcada por modelos organizativos dispares, ofertas académicas no equiparables y programas de investigación fundamentalmente de carácter nacional. El proyecto de una Universidad europea común -no es otra cosa diferente el espíritu que alienta la creación del Espacio Europeo de Educación Superior-traduce la voluntad de que trabajen juntos los europeos en la creación y transmisión de los conocimientos. En cierta manera, en una especie de red de instituciones europeas. Si se logra que sea así, la Universidad europea del próximo futuro acaso encierre aquel tesoro al que se refería el título del libro publicado hace diez años por la UNESCO y coordinado por Jacques Delors. Además de una ordenación racional de los estudios, con mecanismos de seguimiento de la calidad de las enseñan- zas impartidas y de homologación internacional, el cambio que se pretende también alcanza -o se desea que alcancea las metodologías educativas. En numerosos documentos elaborados en los últimos años por responsables políticos o por expertos se proclama la voluntad de que la formación universitaria se sustente en modelos educativos más participativos, a la vez que se incrementen las actividades académicas y escolares de tipo práctico. En España, la formación universitaria se ha caracterizado por ser demasiado teórica, poco práctica. Hay estudios que comparan diversos aspectos sustanciales de la enseñanza universitaria española con lo que ocurre en universidades de otros países europeos del entorno. La conclusión principal es que en los campus españoles se pone más el énfasis en lo que dice el profesor y menos en la iniciativa autónoma de los estudiantes y de su trabajo en grupo. La causa de esta diferencia se puede encontrar en la menor asignación de recursos que ha habido tradicionalmente en España para la educación superior. Si hoy es insuficiente el 1,1 % del PIB que se destina a este fin, baste recordar que veinticinco años atrás apenas superaba un tercio de dicho porcentaje. Otro dato que conviene resaltar a la hora de ponderar la bondad de la integración de la Universidad española en el Espacio Europeo es el elevado número de estudiantes que inician una titulación y no la concluyen. Casi el doble de la cifra media europea: en España dicho abandono es del 30 % mientras que en la Unión Europea es del 16 %, e, incluso, en alguna estrategia diseñada por los organismos europeos se propugna que se reduzca esa cifra a corto plazo al 10 %. Se acepta con resignación que el tiempo que se tarda en cursar una carrera es habitualmente mayor que el programado, y que esta desviación se acentúa en las carreras de ingeniería. Hay que vincular esta ineficiencia con la idoneidad o no de los métodos educativos empleados. En ese ámbito debe situarse la actitud extendida de los estudiantes que conciben la Universidad como un lugar para tomar apuntes y examinarse, y poco más. Son éstas algunas pinceladas del retrato de una educación de carácter marcadamente pasivo. A lo anterior hay que añadir que la sociedad actual está inmersa en un profundo proceso de transformación impulsado por lo que se denomina la Sociedad de la Información. Existen nuevas tecnologías, nuevos procesos y nuevas demandas. En el mundo educativo en general y en la Univer-sidad en particular se deben tener en cuenta estos nuevos horizontes y preparar a los estudiantes para los cambios, incorporándolos en los propios procesos formativos. El cambio del paradigma educativo se debe centrar en la sustitución de una enseñanza excesivamente teórica por una educación activa y en el uso de nuevas tecnologías. También la fragmentación del conocimiento, en parcelas no conectadas entre sí suficientemente y la escasa interdisciplinaridad, que contemplan los tradicionales planes de estudios universitarios, deben de ser revisadas en la renovación de la oferta académica en curso. A la hora de valorar el papel de la innovación educativa en el próximo futuro, conviene detenerse en la realización de un análisis de la situación académica actual y sus complejidades. Diversas son las cuestiones que procede valorar. El modelo educativo y el perfil de los titulados ocupa un lugar principal. Los conocimientos que adquieran, su capacidad de aplicarlos y las competencias, destrezas, y actitudes con que terminen su período de formación es un asunto fundamental que debe ser tenido en cuenta en la planificación académica y en el seguimiento de los resultados alcanzados. También el ajuste entre la demanda y la oferta de estudios universitarios, qué estudios de grado, qué estudios de posgrados y qué alcance debe corresponderle a la formación continua o a lo largo de la vida, debe formar parte del análisis. La innovación educativa está íntimamente vinculada con la motivación, formación y evaluación del profesorado. Son los profesores los actores decisivos de los procesos de cambio educativo y las innovaciones, tanto pedagógicas como tecnológicas, sólo son viables si cuentan con la complicidad y el protagonismo de los docentes. Asimismo, la innovación educativa demanda una cierta adaptación de las estructuras y los espacios lectivos. CAMBIOS EN LA OFERTA EDUCATIVA Tras un largo período, acaso haya sido excesivamente largo, de definición del marco conveniente para la adaptación de la oferta académica de las universidades españolas al Espacio Europeo de Educación Superior, todas las instituciones están empeñadas en la actualidad en la culminación de los trabajos conducentes a la adaptación de sus estudios de grado al nuevo formato, en los plazos establecidos. Cabe ahora preguntarse: ¿para qué? No sólo se trata únicamente de la puesta al día de los conocimientos y su ordenación en los dos niveles de grado y de máster. Es ahora cuando corresponde la realización de un replanteamiento del modelo educativo y la revisión de los principios que sustentan el aprendizaje. El momento actual es la ocasión idónea para que se rompan las rutinas tradicionales y se establezca una mayor y más fluida relación entre profesores y estudiantes. Dicho así, queda en una mera formulación retórica, sin mucho contenido. Hay que pasar de las afirmaciones genéricas a la acción y hay que favorecer el desarrollo de metodologías educativas que hagan posible que, de una manera cierta y visible, el estudiante ocupe el lugar central del proceso. Debe conseguirse que, en definitiva, la prioridad la tenga el aprendizaje, más allá de la enseñanza. Hay que interesarse más por aquello que aprende el estudiante que por aquello que enseña el profesor. En suma, hay que preocuparse, sobre todo, por los resultados, más que por los valores o las cifras referidas a las condiciones materiales en las que se desarrolla el proceso educativo. La actual es también la hora más conveniente para poner el énfasis en aquellos aspectos de la educación superior que contribuya a la formación de ciudadanos activos europeos. Los valores democráticos, el humanismo y la racionalidad no pueden ser ajenos a ninguno de los planes educativos que se desarrollen en los campus universitarios. Los que se denominan habitualmente contenidos de tipo transversal de la educación superior deben de perder su carácter marginal y tener una consideración relevante. La innovación educativa también debe interesarse por el modo en que la Universidad contribuye a la cohesión política que necesita la construcción en curso de la Unión Europea, y a la extensión de los valores europeos. En 1999, en la Declaración de Bolonia, se decía que la Universidad europea futura debía constituir un "espacio común de conocimientos: elemento imprescindible para consolidar y enriquecer la ciudadanía europea... confiriendo a los ciudadanos competencias necesarias, valores compartidos, pertenencia a un espacio social-cultural común". Esto es, la Universidad debe constituirse en vehículo de entendimiento entre culturas y comunidades diferentes, y ello no puede ser ajeno a los objetivos educativos que tengan sus planes de estudio. Anteriormente se aludía a la conveniencia de que se corrija el excesivo academicismo de los estudios universitarios. La propia rapidez con que ocurren los cambios tecnológicos justifica que la educación universitaria se caracterice por su interés en cuestiones como los conocimientos interdisciplinarios, el trabajo en equipo, el pensamiento independiente y la asunción de responsabilidades por parte de los jóvenes. Estas características, a las que también antes había hecho mención, conllevan un replanteamiento del modelo de enseñanza tradicional. Es aquí donde la innovación educativa adquiere un protagonismo destacado. Como ocurre con cualquier organización, la pérdida de la oportunidad para la incorporación de las innovaciones necesarias puede significar un grave hándicap a la hora de situarse bien para diseñar correctamente su futuro. Se dice, a menudo, que ha llegado la hora de las metodologías, o sea, de la incorporación de innovaciones profundas en los métodos empleados en la formación de los estudiantes universitarios. No cabe duda que la revisión profunda de la oferta académica, y de los procesos de garantía de calidad de la misma, que implica la creación del Espacio Europeo de Educación Superior es propicia para que se incorpore nuevos paradigmas del aprendizaje. Los cambios en el proceso-aprendizaje consisten fundamentalmente en el aumento de la interactividad entre el profesor y los estudiantes, y el estímulo al trabajo en equipo, de alumnos y profesores. Esos cambios cualitativos fundamentales deben apoyarse en el uso de las nuevas tecnológicas educativas, término que va mucho más allá de la incorporación de nuevas herramientas informáticas o de comunicación. Está muy extendida y aceptada, la afirmación de que la principal cualidad del nuevo modelo educativo es que éste está orientado al estudiante. Pero afectará, también, radicalmente al trabajo del profesor. Las denominadas clases magistrales seguirán ocupando un lugar destacado en el panorama educativo, pero hay muchas otras tareas do- centes cuyo valor se verá realzado. Habría que decirlo así: la lección magistral sí... pero no sólo. Los nuevos planteamientos parten de la premisa de que ésta forma tradicional de transmitir el conocimiento tiene limitaciones y que los métodos "de siempre" de enseñar son apropiados para conseguir que los alumnos comprendan contenidos de tipo informativo, pero si las lecciones magistrales no se completan con otras dinámicas pedagógicas hay dificultades, acaso insalvables, para que la mayoría de los estudiantes desarrollen capacidades creativas y adquieran un grado de madurez elevado en su formación. El refuerzo de la formación práctica y la potenciación de las tutorías son campos muy propicios para la innovación docente. Tutorías no sólo académicas, sino de apoyo y orientación en todas facetas que comprende la educación de los jóvenes. Una revisión de esta cuestión de alcance institucional, con apoyo tecnológico suficiente, y seguimiento sistemático de los jóvenes desde el primer momento de llegada a la Universidad, tendrá una influencia beneficiosa en la reducción de las tasas de abandono de los estudios. El planteamiento sistemático de los objetivos educativos, la coordinación de las materias, tanto por afinidades científicas como por coincidencias en la programación de los cursos, y la preparación de materiales online son algunos de los valores emergentes entre los temas que ocuparán más tiempo en la dedicación del profesor. Se abre un mundo nuevo en la docencia universitaria y hay que caminar por él sin miedo. Ahora procede que se supere la fase de los discursos sobre la necesidad y la bondad del cambio y se aprueben iniciativas específicas, consensuadas y viables. Un buen manual de ideas y acciones sugerentes sobre la innovación docente lo constituye el documento "Propuestas para la Renovación de las Metodologías Educativas en la Universidad", que fue presentado hace más de dos años en el Pleno del, entonces, denominado Consejo de Coordinación Universitaria, celebrado en Zaragoza. La reflexión está hecha, las estrategias están debatidas. Es hora de ponerse en marcha. Es hora de no perder más tiempo ni de enfriar las ilusiones de los más innovadores. Para que la innovación docente sea eficaz hay condiciones imprescindibles. Una es la implicación de todos los actores involucrados: los dirigentes académicos, los profesores, los responsables políticos, el personal técnico y de apoyo de la instituciones y... los propios estudiantes. Otra es que las propuestas que se hagan han de ser viables, realistas, dúc tiles y con capacidad de adaptación para cada disciplina y cada tipo de universidad. No valen los mismos métodos educativos para la formación de estudiantes de derecho que para los de tecnología. Tampoco es lo mismo que una institución se agrupe en un solo campus o que sus edificios se hallen dispersos en una ciudad, y que tengan o no una biblioteca central común. Finalmente, otra cuestión clave para el éxito de los procesos de innovación docente es que haya un liderazgo claro en la institución, que apoye el cambio, y que exista una asignación nítida de responsabilidades. Cada integrante de la Universidad debe saber cómo y hasta dónde está involucrado. En 1887 decía Giner: "¿Cuántos catedráticos dan muestra de sospechar que la pedagogía tiene algo que ver con ellos?" Las tareas docentes no pueden estar basadas en el voluntarismo, ni a los jóvenes les corresponde improvisar sin una guía que seguir. ¿Cómo definir los objetivos docentes? ¿Cuáles son los primeros materiales didácticos que deben elaborar? La solución no es el amateurismo, como tampoco lo es la repetición rutinaria. Quizá haya llegado el momento en el que el individualismo en las estrategias docentes empiece a formar parte del pasado. Una de las principales innovaciones educativas es la creación de equipos docentes. Quizá sea de una de las más necesarias. En las actividades universitarias hay una asimetría entre las labores docentes e investigadoras. La investigación en equipo es lo habitual, incluso se puede decir que en la mayoría de los campos científicos el trabajo aislado individual constituye una singularidad. Por el contrario, los equipos docentes son la excepción. Una línea de trabajo destacada en cuanto la innovación educativa puede referirse al diseño de los equipos docentes, formados por profesores, técnicos de apoyo y estudiantes de posgrado. Las clases magistrales, los seminarios, los trabajos colectivos, las prácticas de laboratorio, las prácticas en ámbitos laborales, las tutorías reducidas y las tutorías personalizadas representan diferentes niveles de docencia que no deben ser atendidas de la misma forma ni con las mismas estrategias. Los profesores con más experiencia deben impartir las clases magistrales y los grupos de teoría con gran contenido materia con el consiguiente debate. Ello no se opone a la incorporación de estudiantes de últimos cursos a los equipos docentes, pues podrían hacer labores de apoyo en clases prácticas sencillas y en las tareas de tutorías. Entre un extremo y otro se abre un gran abanico de posibilidades. ¿Por qué los técnicos o el personal de apoyo no pueden participar en alguna de las actividades educativas? ¿Los bibliotecarios, los documentalistas y otros miembros de la comunidad universitaria de alta cualificación no pueden tener un rol complementario, pero muy útil, en alguna fase de la enseñanza-aprendizaje? Parece que éste es un mundo que se abre a lo nuevo de manera muy proclive al análisis y a los trabajos de la innovación educativa. Un elemento clave para la innovación docente se refiere a los recursos tecnológicos que se emplean, y se pueden emplear, en los procesos de enseñanza-aprendizaje en la actualidad en España. Parece conviene conocer el punto de partida ¿Cuál es el diagnostico de la situación? La Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas aporta periódicamente datos al respecto. En el informe Las TIC en el sistema universitario español (2008) se da suficiente luz sobre la incorporación de éstos recursos tecnológicos a la docencia universitaria. He aquí algunos datos. Hay 14,6 alumnos por ordenador en aulas de docencia reglada. Se cuenta con 1,2 proyectores por cada dos aulas. El 54 % de los puestos de alumnos en aulas cuentan con conexión a Internet. El 81 % de las aulas tienen cobertura wifi y el mismo porcentaje de las mismas poseen al menos una conexión a Internet. El 52 % de las asignaturas impartidas disponen de una plataforma software de apoyo a la docencia. Las universidades poseen 675 ordenadores de media, de libre acceso; es decir, 0,06 ordenadores por alumno. Hay siete alumnos por cada conexión inalámbrica. Otros datos interesantes que aporta el informe anterior, también conocido como UNIVERSITIC 2008, cuya dirección correspondió a los profesores Uceda y Barro, se refiere a la docencia virtual y la implantación de plataformas informáticas. El 96 % de las universidades poseen un plan de docencia virtual. El 98 % de las mismas tiene una plataforma institucional que acoge su formación virtual. El 63 % de los profesores y el 76 % de los alumnos utilizan dicha plataforma. Si se realiza la comparación de los datos anteriores con los análogos del informe realizado por la Conferencia de Rectores dos años antes se comprueba el gran y rápido avance realizado. A modo de muestra unos pocos datos: en dos años el porcentaje de puestos de alumnos en aulas que cuentan con conexión a Internet casi se ha duplicado. Ha crecido en un 15 % las asignaturas que disponen de una plataforma de software de apoyo. Ha crecido en un 50 % el número de profesores que utilizan plataformas institucionales de docencia virtual. Los recursos tecnológicos son herramientas de los que se sirve la innovación educativa. Es interesante indagar en el documento elaborado por la Comisión para la renovación de las metodologías educativas en la Universidad y presentado en el pleno del Consejo de Coordinación Universitaria, antes citado, celebrado en Zaragoza en el año 2006. En ese texto se aludía al alto interés que mostraban los decanos, los directores y los rectores de las universidades sobre la constitución de instancias institucionales de carácter técnico para el apoyo en la implantación de las tecnologías educativas (más del 70 % lo valoraron en dicho informe con una puntación de 4 ó 5 sobre 5). Con el mismo criterio, más del 50 % de esos dirigentes universitarios le adjudicaban una alta prioridad. En el trabajo se consideraba viable en la actualidad el uso intensivo de las tecnologías de la información y la comunicación en la docencia y la generalización de la red wifi, a la vez que se recomendaba la adecuación de los espacios y las infraestructuras a las nuevas exigencias metodologías y se proponían incentivos económicos que estimulasen los cambios metodológicos, la creación de nuevos materiales, la difusión de las buenas prácticas a través de las páginas webs institucionales, etcétera. La implantación de las nuevas tecnologías educativas y, en general, de los recursos relacionados con la tecnología de la información y comunicación en el sistema universitario español aún tiene que alcanzar cotas superiores. El momento actual de la Universidad española es una oportunidad excepcional. Una oportunidad ineludible, como decía el titular de una noticia aparecida recientemente en la revista Profesiones. Con todas las dificultades del momento presente, con los problemas económicos de un tiempo de crisis y con las torpezas que se puedan haber cometido en el proceso de renovación de la oferta académica, la integración de la Universidad española en el Espacio Europeo de Educación Superior, se revela como un instrumento fundamental de cambio. Una oportunidad para que las instituciones universitarias replanteen sus fines, reformulen sus objetivos y cambien, cuando sea preciso, sus estructuras.
Todas las Universidades vivimos actualmente la necesidad de dar respuesta a nuevas necesidades en el ámbito educativo. Esta necesidad es permanente en cualquier Universidad que, como la Universidad Politécnica de Madrid, tiene el compromiso de dar el mejor servicio a la sociedad. Sin embargo, de lo que hoy hablamos no es un simple cambio cuantitativo en este proceso de adaptación, sino de uno de esos cambios cualitativos que cíclicamente se producen en la historia de los fenómenos sociales. Las razones son bien conocidas y han sido etiquetadas con el nombre de "proceso de Bolonia", aunque, como suele suceder con los temas complejos a los que se encuadran excesivamente, se corre el peligro de perder la perspectiva y profundidad de las razones en las que se sustenta el cambio. Buscamos una Universidad más eficiente, más permeable con la sociedad que le rodea, más proyectada universalmente y que desde el punto de vista formativo de las personas no sea una etapa final sino un eslabón más en un aprendizaje a lo largo de la toda la vida. En líneas generales se puede afirmar que conocemos con suficiente precisión hacia dónde debemos avanzar, pero lo que no está tan claro son los caminos por los que hay que adentrarse. Éste es un problema general de todo cambio educativo porque dichos cambios no son posibles realizarlos sin la corresponsabilidad y complicidad de una amplia mayoría de los profesores y personal de administración y servicios y la aceptación de los estudiantes basada en la identificación son sus objetivos. La dificultad aludida como inherente al cambio educativo, también se produce en todos los niveles de la enseñanza, si bien en la Universidad presenta muchos aspectos singulares que deben enmarcarse en la autonomía de las universidades y, en consecuencia, de la responsabilidad que deben asumir. En este contexto, la renovación docente de las enseñanzas universitarias se ha convertido en una línea estratégica de actuación de todas las universidades. Para orientarla se han generado marcos de referencia a través de los cuales se están desarrollando iniciativas que dinamicen e impulsen a mayor escala lo que ha sido una actividad permanente, pero de baja intensidad, en el sistema universitario español. La Universidad Politécnica de Madrid, no ha sido una Universidad que tradicionalmente haya estado muy presente en los foros educativos. Ello se debió no tanto a la falta de interés y ejercicio de la innovación educativa sino a la la débil estructuración de estas actividades y la escasa atención por su proyección. Sin embargo, la situación en los últimos cinco años ha cambiado sustancialmente desarrollándose una política activa de innovación educativa en torno a tres grandes marcos de referencia. MARCOS DE REFERENCIA DE LA INNOVACIÓN EDUCATIVA EN LA UNIVERSIDAD POLITÉCNICA El Programa Institucional de la Calidad en la UPM, como principal marco de referencia para la Innovación Educativa, define un "Plan General de calidad de la Enseñanza" que a su vez se desglosa en dos "Proyectos", denominados Proyecto Convergencia al EEES y Proyecto Calidad de la Oferta Formativa-UPM. En ellos se describen diferentes actuaciones, entre las que destaca la convocatoria de Proyectos de Innovación Educativa, y estable pautas y objetivos que posteriormente han sido desarrolladas en las diferentes convocatorias de proyectos. Con criterio general se establecen los siguientes objetivos generales para las actuaciones de la Innovación Educativa: • Adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, entendiendo esta adaptación de acuerdo a los siguientes principios: Establecimiento de un sistema de créditos transferible y cambios metodológicos que lo posibiliten. Promoción de la movilidad de estudiantes y profesores. Reorganización de la estructura de títulos de acuerdo a las singularidades de la Universidad Politécnica de Madrid. Establecimiento de sistemas de "garantía de calidad". • Mejora de la eficiencia de los programas formativos impartidos en la UPM. Se pretende mejorar en algunos de los puntos débiles generales de la Universidad Politécnica de Madrid (tasa de "abandono", duración de los estudios,...) sin que eso suponga una pérdida de posición en otros de los puntos fuertes de nuestra Universidad (formación de nuestros ingenieros, prestigio en la empresa, excelente inserción profesional de los egresados,....) • Incorporación de objetivos formativos competenciales en la enseñanza reglada. Para conducir el proceso anterior, la Universidad Politécnica de Madrid ha desarrollado diferentes estudios sobre las principales características que deben tener los profesionales formados en sus aulas. En las consultas realizadas sobre la formación de grado en la UPM, dirigidas tanto a representantes empresariales como a los egresados de distintas promociones, hay plena coincidencia en señalar su alta cualificación profesional pero también muestran algunos puntos de mejora altamente demandados. El Gráfico 1 recoge un resumen de la cobertura de ciertas competencias (en una escala de 1 a 10) en relación con las necesidades concretas que los egresados han necesitado o consideran que van a necesitar para el desempeño de su ejercicio profesional. En consecuencia con estos análisis, se han definido ocho competencias nucleares que deben ser incorporadas en todos los nuevos programas formativos impartidos en la UPM. Éstas han quedado formuladas para las titulaciones de Grado de la siguiente manera: -Uso de la lengua inglesa -Trabajo en equipo -Comunicación oral y escrita -Uso de Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones -Creatividad. -Liderazgo de equipos -Organización y planificación -Capacidad para el diseño sostenible • Participación activa de los estudiantes en los procesos educativos, asumiendo su parte de responsabilidad no sólo en los procesos de aprendizaje, sino en las dinámicas innovadoras que se pretenden relanzar. En él podrán adoptarse diferentes estructuras para describir un plan de estudios, desde la tradicional estructura de asignaturas con reducido número de créditos -con resultado de atomización del plan de estudios-, pasando por estructuras más globales, módulos y/o materias, que permitan una organización flexible y capaz de responder con mayor eficacia a logros de los objetivos de formación previstos. La coherencia entre los objetivos y la estructura de las enseñanzas debe estar justificada mediante la interrelación de ambas expresada en términos de competencias y resultados de aprendizaje que el estudiante adquiere en cada uno de los módulos o materias del Plan de Estudios. b) Sistemas de Garantía de Calidad y resultados previstos. Éstos podrán referirse tanto a un sistema propio de la titulación como a un sistema general de la universidad o del centro responsable de las enseñanzas, aplicable a la titulación, pero en cualquiera de los casos se deberá garantizar que se dispone de un sistema de autocontrol y mejora de la planificación establecida. Especial mención debe hacerse de la importancia dada a los resultados de eficiencia académica, medidos a través de tres tasas: Tasa de Graduación. Tasa de Abandono y Tasa de Eficiencia. La eficacia y la eficiencia del sistema universitario español es uno de los puntos sobre los que específicamente se demanda un análisis y en muchos casos una mejora significativa. El tercer marco de referencia para la Innovación Educativa lo constituyen los "Acuerdos-Programa para la mejora de la calidad de los centros universitarios" que permitirán, conocidas las necesidades de mejora, las posibilidades de actuación y los datos de partida de cada Centro, establecer objetivos concretos de mejora para cada uno de ellos, en un período máximo de cuatro años, y con un seguimiento, al menos anual, en torno a las siguientes finalidades: -Adaptar la oferta formativa a las necesidades sociales y del tejido empresarial. -Contribuir a la adaptación de las metodologías docentes a las directrices del Espacio Europeo de Educación Superior. -Incrementar la eficiencia y la calidad de los procesos formativos. -Dotar de una dimensión internacional a nuestras enseñanzas. -Diversificar y distribuir la formación a lo largo de la vida. -Hacer realidad la conexión entre el I+D+i, la transferencia de resultados y la docencia. -Potenciar el uso de las TIC en los procesos formativos. -Difundir nacional e internacionalmente la imagen UPM a través de cada uno de sus Centros, e informar sobre la contribución de la universidad a la sociedad. -Introducir criterios de Distribución de recursos acordes con los objetivos logrados. -Estimular la mejora continua de los Centros de la UPM. El Acuerdo-Programa se establece en tres líneas de actuación: • LÍNEA 1: De distribución de la asignación presupuestaria de gastos corrientes, tendente a ajustar la asignación presupuestaria del gasto corriente de cada Centro en función de su actividad real, • LÍNEA 2: De apoyo a la implementación de los Planes de Mejora, tendente a propiciar la implantación de acciones de mejora orientada a la consecución, a medio y largo plazo, de objetivos institucionales de la universidad, y • LÍNEA 3: De mejora continua de los Centros, tendente a mejorar a corto y medio plazo algunos indicadores de actividad. A través de los objetivos marcados en las tres líneas de trabajo se desgrana un conjunto de actuaciones para cada Centro en función de las necesidades de mejora, de las posibilidades de actuación y de los datos de partida. Sin ánimo de hacer una relación exhaustiva de los objetivos relacionados con la Innovación Educativa se pueden destacar: Línea 1: De distribución de la asignación presupuestaria de gastos corrientes: • Incrementar solicitudes de estudiantes de 1.a opción y de nuevo ingreso. • Mejorar la eficiencia del proceso formativo. • Incrementar formación y experiencias de Innovación Educativa. • Incrementar acciones de movilidad. Línea 2: De apoyo a la implantación de planes de mejora: • Planificación del Programa formativo. • Proceso de Enseñanza-Aprendizaje y evaluación. • Acompañamiento y comunicación con los alumnos • Formación y ayudas al profesorado y PAS Línea 3: De mejora continua de los Centros: • Actividad educativa referida particularmente a: -Aumentar la demanda y matrícula de los estudios de grado del Centro en número, procedencia y nota de acceso. -Mejorar el flujo de los estudiantes de grado incrementando el número de titulados, asegurando que los contenidos formativos y su carga docente se ajusten a los requisitos de calidad de la enseñanza. -Mejorar la Internacionalización de los estudios del Centro. -Adaptar los estudios del Centro a las directrices del EEES potenciando el papel activo del alumno y la utilización de las TIC como estrategia de mejora del aprendizaje y rendimiento académico. -Conocer y mejorar la inserción laboral de los titulados utilizando la información resultante para la mejora de la adecuación del perfil de egreso a las demandas sociales. -Fidelización de antiguos alumnos Varias son las reflexiones que se pueden realizar a partir de los enunciados anteriores, pero en estos momentos conviene hacer una referencia concreta a la preocupación de la Universidad Politécnica de Madrid por la caída en el interés de los jóvenes por los estudios científicotecnológicos. En el Gráfico 2 se muestra la evolución del número de estudiantes matriculados en las PAU por la opción de Ciencia y Tecnología en Madrid y en España. Estos datos muestran una tendencia divergente de los objetivos definidos en la Declaración de Lisboa en la que se reconoce el interés estratégico para los países de los estudios científico-tecnológicos y con los que la Universidad Politécnica de Madrid se siente especialmente comprometida. De ahí el interés de fomentar las vocaciones y el interés de los estudiantes de enseñanzas medias por este tipo de estudios. Evolución del número de estudiantes matriculados en las PAU por la opción de Ciencia y Tecnología en Madrid y en España. En todas ellas está presente la integración en el Espacio Europeo de Educación Superior como el principal motivo de reforma y oportunidad de mejora. INSTRUMENTOS E INICIATIVAS PARA EL DESARROLLO DE LA INNOVACIÓN EDUCATIVA EN LA UNIVERSIDAD Definidos los marcos de referencia, se han desarrollado una variedad de instrumentos que permitieran impulsar la participación de la comunidad universitaria en la consecución de los objetivos marcados, proporcionando los medios y estimulando su motivación intrínseca y extrínseca. Los más relevantes han sido los siguientes: • Los Grupos de Innovación Educativa. • Las convocatorias de ayudas • Los espacios transversales soportados en las TIC • La formación y las buenas prácticas 1. La Universidad Politécnica de Madrid ha optado como línea central de actuación para promover la renovación pedagógica, por la promoción y posterior reconocimiento de "Grupos de Innovación Educativa", lo cual constituye una apuesta original en el actual panorama universitario. El 27 de abril de 2005 el Consejo de Gobierno de la UPM aprobó la "Normativa de Reconocimiento de Grupos de Innovación Educativa de la Universidad Politécnica de Madrid". Esta normativa, inspirada en la ya existente de "Grupos de Investigación", tuvo un largo, participativo y laborioso proceso de elaboración dada la carencia de experiencias similares. A través de esta iniciativa se pretende que los esfuerzos en medios y recursos con los que la UPM promueve la Innovación Educativa, reviertan en un trabajo continuo, favoreciendo su realización por grupos estables y cuya actuación tenga un mayor reconocimiento y proyección internos y externos. Los Grupos de Innovación Educativa de la Universidad Politécnica de Madrid centran sus líneas de actividad en alguna o algunas de las siguientes: a) Desarrollo de nuevas Metodologías de Aprendizaje/ Evaluación. -Metodologías activas de Aprendizaje basadas en el trabajo en grupo (Aprendizaje Cooperativo y Aprendizaje basado en Problemas/Proyectos interdisciplinares). -Evaluación de objetivos competenciales. -Evaluación formativa. b) Atención al estudiante. -Adaptación a la Universidad de los alumnos de nuevo ingreso. -Mejora de las actividades de tutoría. -Orientación para el empleo. c) Desarrollo curricular. -Diseño instructivo y planificación del aprendizaje y evaluación de asignaturas. -Desarrollo de relaciones interdisciplinares entre asignaturas. -Desarrollo de competencias y propuestas en torno al "Aprendizaje a lo largo de la vida". d) Incorporación de nuevas tecnologías a la formación presencial. -Generación de contenidos didácticos para la Red. -Gestión del conocimiento mediada por Internet. -Espacios virtuales de trabajo en grupo. e) Coordinación de los programas formativos universitarios y de bachillerato -Organización y desarrollo de acciones formativas para profesores de enseñanza secundaria. -Elaboración de recursos didácticos compartidos. -Participación en proyectos comunes. f) Desarrollo de la dimensión docente en los Proyectos de I+D+i. -Transferencia de conocimientos e Integración de la actividad docente e investigadora. -Vinculación del entorno industrial con la actividad docente. -Análisis y Estudios: Planificación y desarrollo de estudios empíricos que permitan conocer con mayor objetividad y precisión los factores que influyen en la mejora de la calidad del programa formativo. -Desarrollo de modelos para la evaluación de la calidad de los procesos formativos. Para los Grupos de Innovación Educativa que sean suficientemente representativos a nivel de titulación y tengan expresamente el apoyo institucional de los centros correspondientes, se proponen, además, otras líneas de actuación más globales tales como: • Adaptación de la organización docente a los objetivos definidos para el EEES. • Captación de alumnos de nuevo ingreso. Fidelización de los antiguos alumnos. • Acuerdos Internacionales con Centros de Enseñanza Superior. En la actualidad son cerca setecientos profesores de la UPM los que están vinculados a 85 Grupos de Innovación Educativa ya formalizados en la UPM. Resulta significativa la distribución de las áreas de actividad a la que se han adscrito los mencionados grupos. El Gráfico 3 resume su distribución. Para más información sobre los grupos de innovación educativa y su actividad se puede consultar el portal: http:// innovacioneducativa.upm.es/presentacion.html 2. Las Convocatorias de Ayudas en la UPM han sido otro instrumento muy importante en el impulso a la innovación educativa ya que se ha invertido una media de un millón de euros anuales, durante los últimos cuatro años, para la promoción de proyectos de mejora de la actividad docente. Esta inversión ha estado distribuida en diferentes convocatorias: • Convocatoria de ayudas a la Innovación Educativa en el marco del proceso de implantación del Espacio Europeo de Educación Superior y la Mejora de la Calidad de la Enseñanza. Dicha convocatoria ha sido la más importante de todas ellas, tanto por dotación económica como por participación y resultados recogidos. Anualmente se convocan los proyectos de innovación educativa y se señalan las líneas de acción prioritarias para su desarrollo y en ellos participan cerca de 700 profesores con una tasa de aproximadamente el 60 % de proyectos aceptados respecto a los presentados. • Convocatoria de ayudas para la realización de Acciones de Movilidad vinculadas a la Innovación Educativa en el marco del proceso de implantación del Espacio Europeo de Educación Superior y la mejora de la Calidad de la Enseñanza. Con estas convocatorias se ha pretendido apoyar aquellas iniciativas que faciliten el conocimiento e implantación de metodologías educativas que se desarrollan en otros países integrados en el Espacio Europeo de Educación Superior. Están abiertas, en diferentes convocatorias, para el profesorado y personal de administración y servicios. • Convocatoria de tres Premios a los Grupos de Innovación Educativa, de dos Premios a la Excelencia Docente y de diez Premios a la Innovación Educativa. Dotado cada uno con 7.500, 10.000 y 3.000 euros, respectivamente, pretende reconocer las aportaciones singulares tanto de los Grupos de Innovación educativa como a título individual. • Convocatoria de ayudas para la impartición de asignaturas en lenguas no españolas, en las modalidades diferenciadas orientadas a profesores de instituciones extranjeras de educación superior así como en la orientada a profesores de la propia universidad. En ellas se aprovecha la flexibilidad de los créditos de libre configuración y se ofrecen cursos acreditados y que son impartidos ya sea por profesores extranjeros como por profesorado de la propia universidad en el marco de programas internacionales para el fomento de la docencia en lengua inglesa (como por ejemplo, el programa ATHENS). • Convocatoria para la publicación de asignaturas en OpenCourseWare (OCW). A través de este proyecto, cuyo objetivo último es publicar en abierto los contenidos docentes que los profesores utilizan en sus clases, se genera un compromiso del profesor y la institución con la calidad de las asignaturas publicadas. La Universidad Politécnica de Madrid fue pionera en participar e impulsar este proyecto en nuestro país, del cual ya forman parte más de cuarenta universidades españolas. Los espacios transversales soportados en las TIC. La Universidad Politécnica de Madrid ha encontrado en el uso de Internet una interesante posibilidad de promover la innovación educativa compartiendo recursos y creando espacios para completar la acción en las aulas. Dos han sido las principales iniciativas: Punto de Inicio y Puesta a Punto. Punto de Inicio se abrió en el Curso 2005-2006 y un espacio web basado en Moodle (plataforma de teleenseñanza) que ofrece material docente de autoestudio y autoevaluación (preguntas con realimentación y corrección automática) a los alumnos que ingresan en la UPM. No pretende adelantar nuevos conocimientos sino reforzar los que debe haber adquirido en el bachillerato. El material docente que se incluye es elaborado por profesores de la Universidad (grupos de profesores interdepartamentales) o tomados del material que tiene el Ministerio en el programa CNICE. Desde el servicio de Innovación educativa se ofrecen a los Centros seis aulas diferentes: Matemáticas, Física, Dibujo, Química, Inglés Técnico y Planificación y Gestión del tiempo con una oferta de recursos didácticos de autoestudio y autoevaluación. De acuerdo al perfil de entrada, los Centros seleccionan las aulas de su interés y las completan con los recursos que consideran adecuados. El Gráfico 4 muestra un ejemplo de una de estas aulas. Los nuevos alumnos reciben en el momento de matricularse las instrucciones procedimentales que les permiten acceder a las aulas de Punto de Inicio que están particularizadas a la titulación en la que comienzan sus estudios, manteniéndose abiertos estos espacios de trabajo de forma exclusiva para los nuevos estudiantes hasta el inicio de las actividad presencia reglada en la titulación. Posteriormente, las aulas de Punto de Inicio permanecen abiertas para todos los estudiantes de la titulación. El éxito de esta iniciativa se puede cuantificar señalando que en los meses de agosto y septiembre de 2008, se contabilizaron 122.000 accesos y habiéndose realizado en torno a 10.000 cuestionarios de autoevaluación con una participación en todas las aulas superior al 30 %. Esta iniciativa se desarrolla de forma complementaria y coordinada con los tradicionales "cursos cero" y a un programa de Mentorías destinado a la acogida de nuevos estudiantes. La iniciativa Puesta a Punto tiene como objetivo el refuerzo de la formación del estudiante en la adquisición de competencias y el desarrollo de determinadas capacidades así como facilitar la acreditación de las mismas centrándose en aquellos aspectos que ha de adquirir un titulado universitario con independencia de la titulación que curse, es decir, en las competencias transversales. Abierta la plataforma Puesta a Punto en octubre de 2008, tiene una estructura similar al portal de Punto de Inicio, con la diferencia que esta plataforma está abierta permanentemente y a ella tienen acceso todos los alumnos matriculados en cualquier curso y titulación de la Universidad Politécnica de Madrid, así como a su profesorado y personal de administración y servicio. El Gráfico 5 muestra una vista del aula de Dirección de Proyectos. Actualmente hay abiertas las siguientes aulas: • Tecnología de la información • Lenguas Extranjeras (Certificación TOEIC) • Dirección de proyectos (Certificación AEIPRO: Técnico en dirección de proyectos) • Información para el conocimiento • Competencias personales y participativas -Cómo preparar una presentación en público -Cómo hacer una buena preparación de un examen -Como organizar tu tiempo y aprovechar las clases -Técnicas de estudio 4. Formación y buenas experiencias. Los cambios asociados a los nuevos planes de estudio sólo pueden ser abordados si están soportados en una importante sustitución de métodos clásicos por nuevas técnicas que necesitan del manejo de nuevos recursos. Por ello, el esfuerzo realizado en formación del profesorado también está siendo muy importante en los últimos años en todas las universidades españolas. Se persigue una formación formal, al estilo de los tradicionales cursos impartidos por los "Institutos de Ciencias de la Educación" o similares, pero también se busca una formación estructurada en talleres, con programas muy centrados en temas específicos y a los que asistan colectivos de profesores que compartan proyectos comunes. En una primera fase de este proceso de reforma tuvieron especial importancia los primeros tipos de cursos, con contenidos amplios y variados y orientados preferentemente a las competencias transversales, sistemas de tutorías, metodologías activas y todos los temas referentes a la elaboración de la memoria para la solicitud de verificación de títulos oficiales (grado y máster). Las Universidades, por lo general hemos elaborado nuestras propias guías de chequeo y un conjunto de directrices y recomendaciones que también fueron motivo de estos cursos. En una segunda fase, en aquellos Centros que ya han presentado sus memorias para la verificación y tienen a corto plazo el inicio de los nuevos cursos, están resultando de más interés los talleres impartidos en los propios Centros, acercando la formación a los profesores con el fin de incrementar su asistencia y que la reciban grupos de profesores que comparten el proyecto común de un Programa formativo del cual todos se deben sentir corresponsables. Los contenidos en estos casos son más específicos y orientados a temas tales como: • Formulación de objetivos, resultados de aprendizaje e indicadores. • Aprendizaje cooperativo. • La evaluación de competencias. • Elaboración de guías de aprendizaje. • Aprendizaje basado en proyectos. • Formación interdisciplinar. Estos talleres deben llegar también a profesores que no son muy receptivos a los cambios que se proponen, por lo que es muy aconsejable que sean impartidos por profesores de áreas del conocimiento afines y que tengan experiencia práctica de haber aplicado en su Universidad y en un contexto similar los contenidos del taller. De forma complementaria a los cursos y talleres, han cobrado especial importancia en los últimos años la celebración de Congresos, Jornadas y otro tipo de encuentros en los que se comparten buenas prácticas. A diferencia de hace unos años en el que el número de eventos de este tipo era muy escaso y centrado en determinadas áreas del conocimiento, ahora podemos decir que nos hemos pasado al otro extremo y son "excesivos" los encuentros en torno a la innovación educativa. La integración en el Espacio Europeo de Educación Superior de las universidades españolas tendrá como consecuencia más significativa la renovación de los métodos docentes tradicionalmente utilizados, incorporando, junto a algunos métodos clásicos, nuevos métodos que impliquen una mayor participación de los estudiantes en su proceso formativo. Sólo de esta forma se podrá ofrecer a los estudiantes una formación que, manteniendo el nivel con el que ahora adquieren competencias específicas de su titulación, incorpore la adquisición de competencias transversales altamente demandadas por el entorno social y profesional. Pero para que los procesos de innovación educativa puedan dar sus frutos es necesario que los nuevos planes de estudio se desarrollen de una forma racional, con una visión de conjunto de todos los elementos que el marco legislativo español identifica en los planes de estudios de los nuevos títulos oficiales universitarios. Junto a ello, las universidades españolas deben continuar los esfuerzos que desde hace unos años han venido desarrollando en la formación pedagógica de sus docentes, implantando planes de formación del profesorado y diseñando estrategias de apoyo y reconocimiento de esta actividad. El análisis de las primeras experiencias realizadas en esta dirección en la Universidad Politécnica de Madrid ofrece resultados esperanzadores pero que necesitarán ser continuados y reforzados para implicar en ellos a un mayor número de docentes. Es especialmente necesario en estos momentos de implantación de los nuevos planes de estudios que las autoridades gubernativas sea sensibles a este proceso de cambio, tomando consciencia de que la autentica reforma no está tanto en la estructura de los títulos oficiales como en la mejora de los procesos de aprendizaje, y previendo los apoyos necesarios para que la reforma pueda realizarse con las mejores garantías de éxito. LA CONSTRUCCIÓN DEL ESPACIO EUROPEO DE EDUCACIÓN SUPERIOR Y LA INNOVACIÓN EDUCATIVA EN LA UNIVERSIDAD regulación del proceso de elaboración de los nue- vos programas formativos es
ESTRATEGIAS DE MEJORA DE LA ENSEÑANZA+APRENDIZAJE POR MEDIO DE LA TECNOLOGÍA Llevamos casi treinta años desarrollando la UA (Universitat d'Alacant), inspirándonos en la experiencia de siglos de distintas universidades, estableciendo unas reglas de juego y unos procedimientos que nos permitan lograr nuestros objetivos y cumplir con nuestra misión. Pero el avance tecnológico ha propiciado la aparición de un mundo digital, complementario al mundo físico en el que nos movemos, con características específicas y especiales, con nuevas reglas y formas de hacer las cosas. Hemos pasado del átomo al bit, de lo local a lo global. El mundo se está aplanando y determinadas características de las nuevas tecnologías están acelerando y potenciando ese aplanamiento. Vivimos en un mundo digital, móvil, personal y virtual. Todo lo que pueda digitalizarse se puede fácilmente manipular, transmitir rápidamente, desde cualquier sitio, a través de múltiples dispositivos y lo puedes hacer tú mismo, exactamente como tú lo quieres y en tu dispositivo personal. Disponemos de herramientas que nos conectan con los demás y favorecen la colaboración, facilitan el trabajo en grupos no tan jerarquizados y permiten la creación de redes sociales. Estamos acostumbrados a recibir información de varias fuentes, en distintos formatos y soportes y con acceso prácticamente instantáneo. Se nos ha abierto el eMundo con todos sus diversos submundos. Así hablamos del eGobierno, de la eAdministración, de la eSanidad, de los eBusiness, del eLearning y de los eContenidos. La universidad del siglo XXI debe, manteniendo toda su historia y experiencia acumulada tras siglos de funcionamiento, adaptarse a los tiempos y, por tanto, definir y diseñar la eUniversidad, en nuestro caso la eUniversidad de Alicante o eUA. Los habitantes de estos nuevos mundos tienen nuevas personalidades. Y se habla de la generación del milenio, de la generación red y de la generación Einstein, en referencia a quienes nacieron en la última década del siglo XX, precisamente los que pisan en este momento nuestras aulas como estudiantes. Así, el colectivo universitario más numeroso (es decir los estudiantes) se mueve mejor que nosotros (los profesores) en este mundo. Los niños y los jóvenes de ahora no tienen las mismas costumbres que nosotros cuando éramos niños. Pasan su tiempo de ocio rodeados de productos tecnológicos: ordenadores, Internet, reproductores mp3, teléfonos móviles y videojuegos. Son la primera generación digital por excelencia, han crecido en la sociedad de la información y están acostumbrados a consumir información en cualquier lugar, a cualquier hora, de múltiples fuentes y en cualquier formato. Son tanto consumidores de información como emisores y fuentes de información en la red. Están acostumbrados a adoptar un papel activo, a crear y a diseñar recursos y a interactuar con usuarios de todo el planeta a través de la red. Son verdaderos nativos digitales. Y nos encontramos con una paradoja. Estos nativos digitales están siendo educados por bárbaros digitales, o en el mejor de los casos por inmigrantes digitales. Es decir, con suerte tendrán profesores que se han adaptado a los tiempos y conocen la tecnología y hacen un uso adecuado de ella. Pero en la mayoría de los casos se encontrarán con profesores que rechazarán, muchas veces por desconocimiento de su potencial, las tecnologías. Y aunque esto ha sido siempre así y los cambios se asumen lentamente, ¿qué hace que ahora nos preocupemos por ello? Hay dos características de estas nuevas tecnologías que hacen especialmente delicada la situación. Por un lado la rápida penetración. Antes una generación tecnológica se desarrollaba a lo largo de varias generaciones humanas, lo que hacia que la tecnología fuese asentándose de manera menos traumática para sus usuarios. Por el contrario, en la actualidad, una generación de personas sufre varios cambios tecnológicos. Por otro lado la amplia penetración, es decir, afecta a todos los ámbitos de la vida. Hablo de enseñanza+aprendizaje (con signo más) para significar que enseñanza y aprendizaje son dos caras de una misma moneda, indisolubles, que se complementan y se suman. Tradicionalmente se hablaba de enseñar. Ahora se ha inclinado la balanza hacia el lado de aprender. Hay que tener en cuenta que no existe enseñanza si no hay alguien que aprenda y que lo que cree enseñar el profesor, no siempre es igual a lo que aprende el estudiante. En palabras de Giner de los Ríos, "el prurito cuantitativo del profesor /.../ que imagina que todo lo que él dice, lo enseña". Así, un buen sistema educativo debería disminuir al mínimo esta diferencia entre lo enseñado y lo aprendido. Se habla de que debemos cambiar el punto de vista y situarnos en el lado del estudiante, de medir el esfuerzo que hay que hacer para aprender y aparecen conceptos como enseñanza centrada en el estudiante, que es la base del crédito europeo. Y si situamos al estudiante en el centro del proceso, nos damos cuenta de que aprende de múltiples fuentes, no únicamente del profesor: de los compañeros, de profesores de otras universidades, de los libros, de Internet, de la televisión... Si damos una vuelta más de tuerca, el objetivo debería ser que se aprenda más de lo que se enseña, sobre todo en el nivel universitario. Y cuando realmente el estudiante se convierte en protagonista del proceso de enseñanza+aprendizaje, incorporamos metodologías activas al proceso docente. Aprendizaje por construcción o significativo, aprendizaje social, aprendizaje colaborativo o cooperativo y aprendizaje basado en proyectos son algunas de las nuevas metodologías que se manejan en los foros de innovación educativa. Y si además nos ayudamos de la tecnología como medio de comunicación y de distribución del conocimiento, dejando que sea el alumno quien gestione su propio aprendizaje, nos encontramos con el eLearning. O con el iLearning si nos basamos en la comunicación a través de Internet o con el bLearning si nos aprovechamos de lo bueno de la docencia presencial y lo bueno de la no presencial. Podemos seguir rizando el rizo y hablar del mLearning cuando utilizamos dispositivos móviles, o de gLearning si nos ayudamos de videojuegos educativos ("computer games"). En fin, existen múltiples aLearning, en función del medio en el que hagamos énfasis. Enseñanza basada en la tecnología En este artículo vamos a centrarnos en la enseñanza basada en la tecnología y de qué manera puede ayudarnos a mejorar nuestra labor. Una Universidad moderna no puede permanecer al margen de la constante evolución tecnológica, y en especial, esta evolución tiene que verse reflejada muy directamente en todo el proceso de enseñanza+aprendizaje. La incorporación de tecnología frontera al proceso educativo es esencial, máxime cuando se hace imprescindible un cambio metodológico tan importante y necesario como el que se plantea con el reto del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Al mismo tiempo, como se ha comentado anteriormente, las tecnologías digitales se han convertido en una fuerza de cambio de la sociedad, en general, y de sus organizaciones, en particular. La sinergia de ambos hitos, EEES y tecnologías, nos puede ayudar a un cambio conceptual y metodológico, basado fundamentalmente en un trabajo más activo, tutorizado, de autoaprendizaje, de trabajo en grupo, colaborativo, etc., por parte del alumnado, apoyado en un continuado seguimiento del aprendizaje por parte del profesorado. Ya no se trata únicamente de estar alfabetizados digitalmente sino de cambiar de perspectiva y relacionar mucho más directamente los aprendizajes que se producen fuera de la escuela con los que se realizan en la misma. Debemos conectar el mundo real en el que viven nuestros estudiantes con las aulas a las que asisten para aprender. Sólo de esa manera las tecnologías se convertirán en un verdadero agente de cambio. La incorporación de nueva tecnología pasa siempre por distintas etapas de madurez. Según Marc Prensky, las cuatro fases de los procesos de incorporación de tecnología son: jugar con la idea, hacer lo viejo a la manera vieja, hacer lo viejo a la manera nueva y hacer cosas nuevas de modos nuevos. No debemos conformarnos con hacer las cosas viejas a la manera nueva, sino de hacer cosas nuevas de modos nuevos. Sólo así la tecnología se convertirá en un agente de cambio que introducirá una verdadera revolución. La utilización de las tecnologías digitales en la educación debe aportar un valor añadido, ya que las tecnologías son un medio, no un fin en sí mismas. Deben permitirnos aumentar la productividad, es decir, aprender más en el mismo tiempo o aprender lo mismo en menos tiempo o aprender de forma más fácil y agradable. Nos deben permitir acceder de forma más flexible al aprendizaje y mejorar la interacción entre los actores del proceso. Aumentar la capacidad de interconexión de los profesores y alumnos. Tanto de los profesores entre sí, como de los profesores con los alumnos y de los alumnos entre ellos. Las tecnologías pueden ayudarnos a cambiar la metodología docente. Pero a los expertos en el tema les queda como asignatura pendiente el cálculo de la tasa de retorno de la inversión (ROI), es decir, la evaluación, cuantificable y real, de la mejora del proceso de enseñanza+aprendizaje derivada del uso de la tecnología. Es necesario un análisis cuidadoso de su justificación pedagógica, sus ventajas educativas y las implicaciones prácticas de su incorporación. Este aspecto es crucial a la hora de establecer políticas institucionales de fomento del uso de la tecnología en la docencia, ya que estos estudios nos darán los argumentos para justificar las inversiones necesarias. El uso de las tecnologías en la docencia ofrece nuevas posibilidades, complementarias a la docencia presencial. En especial, se utilizan para mejorar la calidad, para que el alumno participe más activamente en el proceso de aprendizaje y para hacerla llegar a personas que no pueden acceder a la misma de forma presencial. Se han utilizado distintos términos para describir la enseñanza no presencial, algunos de ellos dando énfasis a la herramienta o el medio que se utiliza (docencia no presencial, on-line, a distancia, eLearning, teleformación, iLearning, enseñanza asistida por ordenador...). Entre la docencia cien por cien presencial y la docencia completamente virtual (o no presencial) hay un amplio abanico de enfoques y posibilidades. No debemos limitarnos a una clasificación binaria (presencial y no presencial) sino que debemos explorar y explotar los niveles intermedios. En particular, la modalidad de enseñanza mixta (bLearning) combina la formación presencial tradicional con las tecnologías, recogiendo lo mejor de la enseñanza a distancia y lo mejor de la enseñanza presencial. Se trata de integrar, armonizar, complementar y conjugar los medios, recursos, tecnologías, metodologías, actividades, estrategias y técnicas más apropiadas para satisfacer cada necesidad concreta de aprendizaje, tratando de encontrar el mejor equilibrio posible. En el año 2004, Tim O'Reilly utilizó el término Web 2.0 para calificar a la segunda generación de la web, que se caracterizaba por una nueva forma de interaccionar con el usuario. En este momento la tecnología había evolucionado lo suficiente para ofrecer herramientas que permitieran que un mayor número de gente gestionaran y publicaran en la red, pasando de consumidores a productores de contenido. Más allá de las herramientas, la esencia de la web 2.0 estaría en la democratización y la participación de los usuarios en el desarrollo de la misma. No tardó en generalizarse el uso de la etiqueta 2.0 y adaptarse a distintos ámbitos, entre ellos el educativo. Este calificativo no hace referencia únicamente al hecho de basarse en la tecnología sino además de fomentar una participación activa en el desarrollo de la misma. En estos momentos es posible aprovechar recursos educativos gratuitos y abiertos, a través de iniciativas como OpenCourseWare. De forma muy simplificada, podemos decir que el mundo antes era analógico, fijo, aislado, genérico, consumidor y cerrado. Mientras que, por contraposición, ahora el mundo 2.0 o eMundo es digital, móvil, conectado, personal, creador y abierto. En estos momentos, la educación comparte las características del mundo anterior y no se ha adaptado a las del mundo 2.0, es decir el mundo real de nuestros estudiantes. Incluso el eLearning no explota todas estas características y aunque es digital y móvil, sigue siendo aislado, genérico, consumidor y cerrado. La educación 2.0 deberá tener en cuenta todas estas características en su conjunto. En el ámbito educativo, en su sentido amplio, el uso de las nuevas tecnologías debe tener como objetivo la mejora de la calidad de la enseñanza y del éxito escolar, aumentando el rendimiento académico de los estudiantes y la productividad de los profesores. Para ello, por un lado se debe impulsar el uso de herramientas de tratamiento de la información y análisis de datos que ayuden a los gestores y directivos de la Universidad en la organización de las enseñanzas y en la toma de decisiones que favorezcan un aumento de la productividad y la eficacia. Por otro lado, se debe intensificar el uso de las tecnologías en la metodología de enseñanza, promoviendo modelos pedagógicos que se basen en ellas y actuando como catalizadoras de innovaciones educativas. La tecnología puede significar un importante mecanismo para el cambio haciendo posible el aprendizaje distribuido en el tiempo y en el espacio (especialmente importante para la formación continua y para estudiantes a tiempo parcial que combinan estudios y trabajo), aumentar la capacidad de elección por parte del estudiante (permitiendo combinar y complementar las ofertas presenciales con ofertas no presenciales) y en definitiva redefiniendo el proceso de enseñanza+aprendizaje (favoreciendo el papel activo del estudiante y el aprendizaje en grupo). La tecnología puede ser también una herramienta de transformación profunda del papel del profesor en la forma que organiza y participa en la enseñanza y en la investigación. La integración de las TIC en el sistema educativo proporciona un entorno muy apropiado para la utilización de métodos docentes centrados en el trabajo del estudiante, que aboguen por un aprendizaje significativo, activo, personalizado, colabo-rativo y autónomo. El empleo de la tecnología digital enriquece el entorno pedagógico y puede servir de catalizador de innovaciones docentes. Estas mejoras y oportunidades conllevan sin embargo dificultades y retos importantes para los estudiantes, profesores y personal de administración y servicios, a los que habrá que saber dar respuesta. Con todo esto en mente, tras las elecciones rectorales en diciembre de 2004 y con la toma de posesión del nuevo rector y del equipo de dirección a principios de 2005, se crea el Vicerrectorado de Tecnología e Innovación Educativa, con el objetivo de favorecer la integración de las tecnologías digitales en la Universidad, tanto en el ámbito de la gestión, la investigación como la docencia, poniendo especial énfasis en este último aspecto. Convencidos que estos tiempos de cambio aportarán beneficios a la Universidad, se ha realizado una apuesta decidida por la integración de las nuevas tecnologías en la educación, creando las estructuras y soportes adecuados que puedan ayudar a la comunidad universitaria. Por ello, uno de los primeros pasos dados fue la creación del Área ITE (Innovación Tecnológico-Educativa) dentro del Servicio de Informática [URL]. Dado el acelerado ritmo de desarrollo, expansión y transformación de las tecnologías, se precisa de una planificación estratégica detenida, reflexionada, con visión de futuro y ambiciosa. Es importante reflexionar al principio del mandato rectoral sobre qué se quiere hacer en el ciclo completo, ya que de otra manera el día a día nos mantendrá ocupados y no nos permitirá hacerlo. Así, desde el Vicerrectorado de Tecnología e Innovación Educativa planificamos dedicar el año 2005 a la observación de cómo se estaban haciendo las cosas hasta ese momento, el año 2006 al diseño de los nuevos proyectos, 2007 a la ejecución y puesta en marcha de los mismos y finalizar el mandato en el 2008 con la evaluación del impacto de dichos proyectos. Diseñar ( 2006) Observar ( 2005) Ejecutar ( 2007) Evaluar (2008) Un aspecto clave de una política institucional de fomento del uso de la tecnología y la innovación educativa es que debe evitar la brecha digital, que podría verse aumentada, entre los profesores que hacen un buen uso de la tecnología y los que no la utilizan, en su mayoría porque la desconocen. Por tanto, las acciones deben ir encaminadas tanto a los convencidos como a los reticentes. A los convencidos que ya hacen un uso avanzado de la misma, a los que la literatura llama llaneros solitarios, hay que dejarles que vayan por delante y apoyarles institucionalmente en lo que se pueda. A los reticentes hay que ponérselo fácil y mostrarles los beneficios de la misma. En cualquier caso no hay que perder de vista que el objetivo es la mejora del proceso de enseñanza+aprendizaje, en ningún caso el uso por el uso de la tecnología en la docencia. Ayudas para la adquisición de software para la docencia instalado en aulas informáticas de uso general. Ayudas directas por la utilización del campus virtual como herramienta de innovación educativa en asignaturas de titulaciones oficiales de primer y segundo ciclo. Convocatoria de proyectos de Innovación Tecnológico-Educativa. Ayudas para la creación de Redes Tecnológicas de Innovación Educativa. Ayudas para la creación de Redes Tecnológicas de Introducción de Software Libre en Asignaturas. Ayudas para celebración de encuentros de Innovación Tecnológico-Educativa. Ayudas para la constitución de comunidades de investigación en el Repositorio de la Universidad de Alicante y para incentivar el autoarchivo de documentos por parte de las mismas. Ayudas para la publicación de asignaturas en el OpenCourseWare de la Universidad de Alicante (OCW-UA) y para incentivar el autoarchivo de materiales docentes en repositorio institucional (RUA). Docencia virtual en la Universidad de Alicante (Presentado al Consejo de Gobierno de la Universidad de Alicante el 26 de septiembre de 2007) Sin duda, la Universidad de Alicante, siempre a la vanguardia en la incorporación de las tecnologías más innovadora en todas las facetas propias de una institución como la Universidad, necesita en los albores del EEES impulsar y fomentar la innovación tecnológica como medio natural de generar innovación educativa. Aunque la Universidad de Alicante es una universidad concebida, fundamentalmente, para la enseñanza presencial, es pionera en la aplicación de las tecnologías digitales en su labor (gestión, investigación y docencia), y puede aprovecharse de esta experiencia para mejorar la calidad de su docencia presencial y la captación de estudiantes que tendrían un difícil acceso a una enseñanza totalmente presencial, a través del aprendizaje combinado (bLearning o blendedLearning). En la enseñanza virtual podemos destacar dos aspectos importantes: la metodología docente y la plataforma tecnológica. Ambos son claves al diseñar un curso virtual, y no debemos caer en el error de que un curso virtual es lo mismo que uno presencial pero puesto en Internet. La enseñanza en entornos virtuales se sustenta en la generación de contenidos, pues es la calidad del material, junto a una metodología participativa y flexible y la labor de tutorización del profesor, lo que determina la valía de un curso de formación on-line. La generación de contenidos para una enseñanza virtual debe considerar tanto las características de la plataforma utilizada como la metodología docente y el estilo de publicación electrónica. La estructura y el diseño de los contenidos juega un papel crucial en este tipo de enseñanzas (organización previa de las ideas generales, organización de los recursos que utilizará el estudiante, programación de contenidos y calendario de actividades,...). En estos momentos la plataforma tecnológica institucional para la docencia virtual en la Universidad de Alicante es el Campus Virtual. Desde el Vicerrectorado de Tecnología e Innovación Educativa se está trabajando en dos líneas: mejora de las herramientas docentes disponibles en campus virtual y análisis de otras plataformas de formación. En este segundo aspecto se dispone de la plataforma Moodle para aquellas asignaturas que, como experiencia piloto, lo soliciten al Vicerrectorado. Así, concebida más como una metodología en sí misma que como un mero instrumento, la docencia virtual implica un cambio en los roles (nuevos perfiles) de los actores principales del proceso formativo: La docencia en entornos virtuales requiere un modelo de enseñanza activa en el que el estudiante pasa a ser el eje principal del proceso y actor indiscutible de su autoaprendizaje. Pasan de ser consumidores a ser productores de información y conocimiento, lo que requiere una actitud dinámica y una participación activa en todo el proceso. Con el objetivo de introducir el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la enseñanza reglada y mejorar la calidad del proceso de enseñanza+aprendizaje, el Vicerrectorado de Tecnología e Innovación Educativa presenta este proyecto piloto para la impartición de asignaturas en modalidad semipresencial a través de la plataforma tecnológica que ofrece la Universidad de Alicante. La aplicación de un modelo semipresencial supone que parte del proceso de enseñanza+aprendizaje se desarrolla en el aula, según el modelo presencial tradicional, mientras que otra parte se basa en la enseñanza on-line, enseñanza virtual o teleformación, permitiendo al alumno disponer de materiales y recursos de apoyo disponibles en línea para una consulta continuada en cualquier momento y de canales para comunicarse con sus compañeros y con el profesorado. La integración de asignaturas en modalidad semipresencial en la oferta formativa de la Universidad de Alicante ha de estar respaldada por los estándares de calidad. Además, la evaluación de la calidad de la teleformación cobra una especial importancia por su naturaleza. No se debe caer en el error de justificar la teleformación simplemente por estar basada en las TIC. Independientemente de la novedad tecnológica, los contenidos y los procesos formativos asociados a este modelo de enseñanza han de ser cuidadosamente evaluados. Se propone poner en marcha un proyecto piloto para la impartición de asignaturas en modalidad semipresencial, con las siguientes características: • Incorporación progresiva, a través de proyectos piloto, que posteriormente se irá ampliando a un mayor número de asignaturas. • Dirigida a asignaturas de titulaciones oficiales de segundo ciclo, asignaturas de másteres oficiales o asignaturas del último curso de una Diplomatura, Ingeniería Técnica o Arquitectura Técnica. • Tendrán un reconocimiento pleno a todos los efectos (como si se tratase de docencia presencial). • Dotación económica a la asignatura y reconocimiento en el POI 1 al profesorado. • Virtualización parcial de la asignatura. Únicamente se podrá impartir de forma no presencial un número limita-do de créditos (siempre créditos teóricos, que no supere el 50 % de la asignatura y menos de 4,5 créditos). • Período de implantación: tres cursos académicos. • Impartida a través de la plataforma tecnológica institucional. • Con apoyo técnico y pedagógico. • Con un control y seguimiento de la calidad de la misma. Reconocimiento de las tutorías virtuales (Publicado en el BOUA -Boletín Oficial de la Universidad de Alicante el 4 de marzo de 2008, http://www.boua.ua.es) La Universidad de Alicante, siempre a la vanguardia en la incorporación de las tecnologías más innovadora en todas las facetas propias de una institución como la Universidad, necesita en los albores del EEES impulsar y fomentar la innovación tecnológica como medio natural de generar innovación educativa. En esta línea, en el 26 de septiembre de 2007 se presentó en el Consejo de Gobierno el marco de trabajo para la Docencia Virtual en la Universidad de Alicante y la convocatoria del proyecto piloto para la impartición de asignaturas en modalidad semipresencial. Como continuación de ese trabajo se presenta ahora la propuesta de reconocimiento de las tutorías realizadas a través de la plataforma tecnológica facilitada por la Universidad y la posibilidad de reservar parte de las horas de tutorías del profesor para realizarlas virtualmente. El objetivo de introducir el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en la enseñanza reglada es mejorar la calidad del proceso de enseñanza+aprendizaje, fomentar la participación activa del estudiante y flexibilizar el acceso de los estudiantes a los recursos que ofrece la Universidad. La Universidad de Alicante pondrá a disposición de la comunidad universitaria, desde Campus Virtual, las herramientas adecuadas para el control y seguimiento de las tutorías virtuales, tanto por parte de los estudiantes y del profesorado como por parte de los responsables académicos. Hasta un máximo de un tercio de las horas de tutorías se podrán justificar para atención a las tutorías realizadas por los estudiantes mediante la herramienta institucional Campus Virtual. El profesor que opte por justificar parte de su horario de tutorías para atención a las tutorías realizadas a través de Campus Virtual se compromete a: • Fomentar entre sus estudiantes el uso de la herramienta de tutorías de Campus Virtual. • Responder, en un tiempo máximo de 48 horas (2 días laborables), las tutorías que se realicen a través de la herramienta de Campus Virtual. En el año 2008 hubo de nuevo elecciones rectorales y la comunidad universitaria confió una vez más en el proyecto del equipo rectoral que había estado pilotando la Universidad los últimos cuatro años. Por tanto, en estos momentos acabamos de iniciar una segunda etapa, de forma que apoyándonos en los cimientos creados pretendemos proyectar estos principios estratégicos hacia futuro. El ciclo que se cerraba en el año 2008 ahora debe ser abierto y convertido en espiral. Reconvertimos las tareas del año 2008 y lo dedicamos a replanificar. Dedicaremos 2009 a evaluar los proyectos puestos en marcha y 2010 al rediseño de los mismos, basándonos en la evaluación hecha. Finalmente, 2011 será dedicado a la consolidación de los mismos para darle continuidad más allá de un equipo rectoral. El año 2012 será dedicado a preparar la retirada y deleitarse con la recogida de frutos. A lo ya construido se van a añadir dos pilares para la sustentación de la política institucional relacionada con la innovación educativa: el ecosistema tecnológico de aprendizaje y los grupos de innovación tecnológico-educativa. Ecosistema tecnológico de aprendizaje La fuerza cada vez mayor del movimiento y la existencia de un número creciente de proyectos de recursos educativos abiertos hace que cada vez sea más fácil la creación de ecosistemas abiertos de aprendizaje participativo. Y de espacios públicos educativos. Así, cada uno de nosotros (tanto estudiantes como profesores) dispondrá tanto de un entorno institucional de aprendizaje, facilitado por la universidad, como de un entorno personal de aprendizaje. En el mundo 2.0 es más fácil que grupos de profesores innovadores exploten estas nuevas herramientas, tanto si las instituciones las ponen a su disposición como si utilizan las de dominio público. Rediseñar ( 2010) Evaluar ( 2009 Los campus virtuales y otras herramientas existentes de aprendizaje virtual, siendo bastante completas y útiles en la relación entre profesores y alumnos, por su concepción inicial, son demasiado rígidas y únicamente permiten flujos de comunicación preestablecidos, limitando mucho las posibilidades de interacción. No se trata de prescindir de ellas, sino más bien de complementarlas con otras herramientas, existentes en internet o facilitadas por la institución, formando un ecosistema tecnológico de aprendizaje. No se trata tanto de centrar el aprendizaje en una herramienta tecnológica como de proporcionar una diversidad que facilite y permita que cada profesor encuentre y cree un entorno de aprendizaje que se adapte a su forma de enseñar. Una de las características de la anteriormente comentada web 2.0 es precisamente la remezcla ("mashup"), entendida como la reutilización de información de diversas fuentes para crear un nuevo servicio en base a ellas, de forma que tanto el docente como el alumno pueden recoger conocimiento y presentarlo de una manera más adecuada a su situación concreta, permitiendo que se actualice automáticamente en cuanto el servicio original se actualice. Las licencias Creative Commons e iniciativas de conocimiento abierto (Repositorios Institucionales y OCW) nos permiten reutilizar y crear nuevos objetos de aprendizaje con un esfuerzo menor. Los grupos de innovación tecnológico-educativa y la acreditación tecnológica Las universidades debemos superar la fase del llanero solitario. Si queremos realmente apoyar la innovación educativa deberemos establecer políticas institucionales claras, basadas en principios estratégicos fundamentados y compartidos. La institución debe reconocer el trabajo realizado. La Universidad de Alicante en su afán de alcanzar su objetivo de potenciar la innovación educativa entre su profesorado y sus estudiantes, establece dos ejes estratégicos para este período: los grupos de innovación tecnológico-educativa (GITE) y la Acreditación Tecnológica de Profesorado (ATP). La constitución de un GITE de la UA tiene como objetivo central realizar innovaciones educativas en una o varias líneas de actuación determinadas y seleccionadas por ellos dentro del catálogo establecido. Las líneas de actuación de un GITE no son exclusivas del mismo, pudiendo presentar diferentes grupos las mismas o similares líneas de actuación. Sin embargo, es objetivo del Vicerrectorado de Tecnología e Innovación Educativa fomentar la creación de grupos que trabajen en líneas similares de forma estable, evitando la atomización de los mismos y procurando la máxima interdisciplinaridad. En este sentido, la agrupación del profesorado de un GITE no está sujeta a ninguna restricción de impartir las mismas asignaturas, adscripción a áreas, departamentos o centros, pudiéndose constituir libremente cumpliendo las condiciones establecidas para ello. Con el objetivo de dotar estabilidad a los GITE's, el Vicerrectorado de Tecnología e Innovación Educativa mantendrá un registro actualizado de los grupos existentes y las líneas de actuación de cada uno de ellos y la hará pública a través del portal Grupos de Innovación Tecnológico-Educativa de la Universidad de Alicante. Entre las condiciones para la constitución de un GITE está la Acreditación Tecnológica de Profesorado (ATP) de la UA. La ATP será realizada con posterioridad siguiendo un calendario similar al establecido inicialmente. La ATP se obtendrá atendiendo a una valoración hecha en función de los siguientes criterios: • Empleo de herramientas tecnológicas de innovación educativa. Se obtendrán los puntos directamente del empleo de diferentes funcionalidades asociadas a Campus Virtual: sesiones, materiales, enlaces, dudas frecuentes, tutorías, debates, encuestas, pruebas objetivas, controles y otras funcionalidades docentes. También se tendrá en cuenta el empleo de otras herramientas (Moodle, web propias, etcétera). Pero en este caso, el profesor deberá presentar un informe detallado al finalizar el curso académico en el que se justifique con datos recogidos por el solicitante qué funcionalidades han sido empleadas. Este informe será evaluado por una comisión atendiendo a criterios similares a los empleados para Campus Virtual. • Uso de tecnología en el aula en consonancia con criterios docentes y pedagógicos, que se valorará mediante informe razonado del profesor. Aspectos a considerar son el uso del ordenador y cañón de proyección disponibles en todas las aulas, la utilización del aula móvil, de proyectores de opacos, de pizarra táctil y de tabletas digitalizadoras, de la funcionalidad del videostreaming y de cualquier otro equipamiento tecnológico. • Otras experiencias de innovación educativa de carácter avanzado no contempladas en los puntos anteriores. Se valorarán atendiendo a un informe detallado del propio profesor en el que se indique con claridad los objetivos y resultados alcanzados en el terreno de la innovación educativa por medio de la tecnología. • Asistencia a cursos, talleres o seminarios de innovación educativa. ESCARMENTAR DE LA EXPERIENCIA Para finalizar el artículo y a modo de conclusiones, vamos a dejar constancia de algunas reflexiones. En este sentido "prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia" 2. Sí, "en cuanto educadores no nos queda más remedio que ser optimistas, ¡ay! Y es que la enseñanza presupone el optimismo tal como la natación exige un medio líquido para ejercitarse" 3. Pero al mismo tiempo debemos ser realistas, saber nuestras limitaciones y aprender de la experiencia, tanto de la nuestra como de la de los que nos han precedido. Queremos hacer innovación educativa. Una innovación es un cambio basado en conocimiento, que genera valor. Y dicho cambio resultará más fácil de alcanzar si la Universidad implica a la comunidad universitaria en el proyecto y se dota de los medios tecnológicos y humanos necesarios para poder abordarlos. Elaborar materiales multimedia avanzados, transformar nuestra docencia al concepto bLearning, facilitar los medios y soportes de acceso a la información de los alumnos, etc., será tanto más natural cuanto mayor sea el apoyo dado al profesorado y alumnado en esta línea. Porque "los rectores pueden soñar en grandes visiones de futuro, los vicerrectores, elaborar planes, y los decanos y jefes de departamento, tratar de llevarlos a la práctica, pero sin el apoyo del profesorado nada cambiará. Los profesores sólo cambiarán si pueden ver claramente los beneficios del cambio y las desventajas de no cambiar" 4. Para ser aceptadas, las innovaciones deben aportar ventajas, suficientes como para que valga la pena efectuar el cambio. Por eso la innovación es siempre un negocio arriesgado, e incluso una lección de humildad. No hay que cambiar por cambiar, sino mantener lo bueno de lo existente e incorporar aquello nuevo que aporte beneficio. Y "para crear algo nuevo tenemos que ser capaces de mirar la realidad de forma desacostumbrada" 5 (creatividad). "La cuestión es cómo equilibrar la profundidad del pensamiento que encontramos en la meditación deliberada de la torre de marfil con la confusión, el ruido y el fugaz entusiasmo del bazar de la educación abierta" 6. Debemos dejar paso a las aulas sin paredes y las aulas con paredes transparentes. Cualquier mejora y avance, por pequeño que nos parezca, es bueno. Debemos confiar en su trasmisión y expansión gracias al efecto mariposa en la mejora de la docencia universitaria ("el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo" 7 ). El cambio es imparable y no podemos cerrar los ojos al mismo. Buenas políticas institucionales basadas en estrategias claras permitirán a nuestras universidades dar un salto cualitativo. Y finalizamos con el mismo concepto con el que se iniciaba este apartado, la alegría y el optimismo, ya que a fin de cuentas, "la innovación no es más que la inteligencia grupal divirtiéndose" 8. Plan de actuaciones del Vicerrectorado de Tecnología e Innovación Educativa para el año 2008
RESUMEN: La importancia de la innovación educativa se ha visto reforzada por la decisión del Parlamento Europeo de declarar 2009 "Año Europeo de la Creatividad y la Innovación". La Consejería de Educación de la CAM ha introducido la innovación en el día a día de los profesores. Colegios bilingües, secciones lingüísticas, fomento del uso educativo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, iniciativas como El Plan General de Mejora de las Destrezas y El Plan de Fomento de la Lectura, los Campeonatos Escolares, la Formación del Profesorado y las Publicaciones han supuesto y suponen un gran avance de la Innovación Educativa en la CAM. PALABRAS CLAVE: Mejora del sistema educativo; innovación; colegios bilingües; tecnologías de la innovación y la comunicación; actividades extraescolares; campeonatos escolares; formación del profesorado; publicaciones; innovación educativa en la CAM. La Real Academia Española define innovación como la acción y efecto de innovar, es decir mudar o alterar algo, introduciendo novedades y como la creación o modificación de un producto, y su introducción en el mercado. Innovar también significa para muchos romper moldes. Las leyes educativas, en especial las dos últimas, ya que la Ley Orgánica de Eduación (LOE) reproduce en su totalidad a la derogada Ley de Calidad de la Enseñanza (LOCE) en lo que a innovación se refiere, hacen referencia a la innovación en el sistema educativo vinculándola a sus principios generales, a la formación permanente del profesorado, a la mejora profesional del profesorado y a la dirección de los centros. En realidad traslada a las administraciones educativas la competencia de desarrollar y fomentar políticas de innovación en sus centros. En este marco cada Consejería de Educación debe definir sus objetivos y fijar las políticas educativas correspondientes que permitan alcanzarlos. El sistema educativo plantea unos retos muy importantes en la actual sociedad, especialmente en un país cuyo principal bagaje es su capital humano. Necesitamos un sistema educativo que forme a nuestros jóvenes para que puedan competir en el mundo globalizado en el que nos ha tocado vivir al menos en igualdad de condiciones con el resto de jóvenes de la Unión Europea. Es evidente que nuestro actual sistema educativo no reúne los requisitos necesarios para ello, como demuestran los resultados y las evaluaciones tanto nacionales como internacionales y por lo tanto es preciso actuar desarrollando políticas que minimicen los efectos negativos de la ley. Una de las principales vías para "escapar" del corsé legal que atenaza a las administraciones educativas es la innovación, entendida ésta en su sentido más amplio, es decir en el desarrollo de actuaciones que tengan como objetivo la mejora del sistema educativo, y evidentemente dentro de los límites legales establecidos. AÑO EUROPEO DE LA CREATIVIDAD Y LA INNOVACIÓN La importancia de la innovación educativa se ha visto recientemente reforzada por una decisión del Parlamento Europeo y del Consejo de declarar el año 2009 "Año Europeo de la Creatividad y la Innovación" con el objetivo de respaldar los esfuerzos de los Estados miembros para promover la creatividad y la capacidad de innovación mediante la creación de entornos favorables a la innovación, la flexibilidad y la adaptabilidad en un mundo que cambia con rapidez, en los que debe tenerse en cuenta todas las formas de innovación. Propone esta decisión el aumento de la sensibilización sobre la importancia de la creatividad, la innovación y el espíritu emprendedor tanto para el desarrollo personal como para el crecimiento económico y el empleo, así como el fomento de la mentalidad empresarial, especialmente entre los jóvenes; el fomento de la educación de las capacidades matemáticas, científicas y tecnológicas básicas y avanzadas favorables a la innovación tecnológica; el impulso de la apertura al cambio, la creatividad y la resolución de problemas como competencias favorables a la innovación y transferibles a diversos contextos profesionales y sociales; en definitiva se propone desarrollar al máximo la creatividad y la capacidad de innovación. Para la Comunidad de Madrid, la innovación es un excelente instrumento de mejora que permite introducir, en un sistema educativo ineficaz, elementos que tienden a corregir los malos resultados a los que, de no hacerlo, nos veríamos abocados. Para ello la innovación no se contempla como actuaciones aisladas, sino como algo que permea todo el sistema y a todos los niveles. No se trata pues de limitarse a justificar la posibilidad que ofrece la ley mediante la puesta en marcha de alguna iniciativa sino más bien de conseguir que la idea, el concepto de innovación esté presente en el mayor número de ámbitos del sistema, que forme parte de él tanto de forma explícita como implícita y por lo tanto que afecte a todos los miembros del sistema educativo formando parte de su desarrollo. INNOVACIÓN Y SISTEMA EDUCATIVO La Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid se caracteriza precisamente por haber sabido introducir la innovación en el día a día de profesores, alumnos y padres de manera que todos ellos cuentan con puertas abiertas y con posibilidades que les permiten mejorar sus expectativas. En un texto como el presente que no tiene por objeto ser analítico sino más bien descriptivo, la mejor manera de mostrar el carácter innovador del sistema educativo de la Comunidad de Madrid es el de presentar las actuaciones más relevantes vinculadas a ese objetivo. Se exponen por lo tanto las actuaciones y los programas más representativos y que confieren a la Consejería de Educación ese dinamismo en el desarrollo de sus políticas educativas. Entre otros el Programa de colegios bilingües, la introducción y extensión del uso de las tecnologías de la información y la comunicación en los centros mediante la dotación progresiva de pizarras digitales interactivas y sistemas de conexión, el fomento de las actividades extraescolares de carácter innovador, el desarrollo y potenciación del portal educativo, las publicaciones relacionadas con la innovación, el establecimiento de una nueva red de formación del profesorado a través de centros de innovación y formación, la realización de pruebas de conocimientos y destrezas indispensables a los alumnos de sexto de primaria y de tercero de secundaria, en fin, una batería de actuaciones que convierte al sistema educativo de la Comunidad de Madrid, con los límites mencionados anteriormente, en un sistema innovador. PROGRAMA DE COLEGIOS BILINGÜES Se trata sin duda del programa estrella de la Consejería de Educación precisamente por su carácter innovador. En el curso 2004/05 la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid puso en marcha el conocido Programa de colegios bilingües con el fin de mejorar los niveles de los jóvenes madrileños en una materia tan importante como la lengua inglesa y ofrecerles el mayor nivel de preparación que les asegure las mejores oportunidades ante un mundo laboral y profesional cada vez más globalizado. Las características del programa son bien conocidas y la búsqueda de la excelencia se sustenta en unos principios basados en la mejora de la enseñanza pública y en la igualdad de oportunidades para todos los alumnos, independientemente de diferencias de origen social, económico, o de otro tipo. Se trata de un programa ambicioso, que se ha centrado hasta el pasado curso exclusivamente en centros públicos de la Comunidad de Madrid, de implantación progresiva y que tiene en cuenta la distribución geográfica y territorial de los centros, respetando siempre la libre voluntad de los colegios para incorporarse al mismo. Es un programa con un diseño y un desarrollo que contempla todos y cada uno de los aspectos que deben incidir en el mismo para hacerlo consistente y potente. Su implantación y desarrollo anual se asegura mediante el establecimiento de requisitos y de procedimientos para los centros que aspiran a convertirse en bilingües. Una vez seleccionados, y en función de la preparación y la competencia lingüística de los maestros que van a participar, ofrece a todos ellos una formación de entrada específica de un curso de cuatro semanas diseñado para aquellos maestros que precisan de un mayor apoyo y refuerzo. Todos los maestros candidatos participan en un curso de formación en una Universidad extranjera de un mes de duración. Una vez iniciado el programa, todos los maestros tienen a su disposición una variada oferta de formación permanente dentro de la red de formación de la Consejería de Educación. La formación, tanto la de entrada como la permanente constituye un elemento fundamental del programa y se cuenta para ello con acuerdos con instituciones como el British Council y con convenios con 14 universidades extranjeras de gran prestigio a través de las cuales ya han recibido formación cerca de 1.200 maestros. Otro de los elementos que caracteriza este programa es sin duda la presencia de auxiliares de conversación, jóvenes nativos que realizan una labor fundamental de apoyo al profesorado ya que mediante el desarrollo de actividades de lengua y cultura vienen a reforzar el trabajo de nuestros especialistas. Su número se incrementa año a año siendo la media de tres auxiliares de conversación por centro en estos momentos. Los centros seleccionados así como los maestros que participan en el programa reciben unos incentivos económicos que vienen a compensar la dedicación al mismo. La innovación se suele vincular a una proyección temporal limitada sin embargo en el caso que nos ocupa, una vez implantado, el proyecto mantiene su valor innovador ya que su implantación progresiva extiende este carácter cada curso escolar en cada uno de los centros. El programa de colegios bilingües es a la vez pionero e innovador, con un horizonte temporal inusualmente extenso que en estos momentos se halla en su quinto año de implantación y ha supuesto hasta la fecha una inversión superior a los treinta millones de euros. El objetivo es que los alumnos adquieran a lo largo de su escolaridad, un conocimiento y uso adecuado de las dos lenguas, española e inglesa, de forma oral y escrita. Se trata en definitiva, de que sean capaces de desenvolverse con naturalidad en situaciones cotidianas y de que adquieran para ello la competencia comunicativa necesaria y son ya más de 30.000 los alumnos que reciben enseñanza bilingüe en este programa. Nada debe ser dejado al azar y para ello se cuidan aspectos como el hermanamiento de esos centros con escuelas gemelas en el extranjero, especialmente el Reino Unido o algo tan fundamental como la evaluación del conocimiento de nuestros alumnos, que permite valorar de un modo positivo el balance de estos cinco años por medio de una prueba externa homologada internacionalmente llevada a cabo cada año por la institución Trinity College a los alumnos de 2.o y 4.o de primaria, reflejando unos resultados de éxito superiores al 90 %. La preocupación por el bilingüismo en la Comunidad de Madrid no es un fenómeno reciente sino que tiene su origen en la puesta en marcha por la actual Presidenta de nuestra región del programa del Ministerio de Educación en colaboración con el British Council al inicio de su etapa como Ministra de Educación y Cultura en 1996. Ese programa, que se extendió a todas las provincias cuyas comunidades pertenecían al ámbito de gestión del Ministerio, ha constituido el germen de muchos programas bilingües. Como complemento al desarrollo de programas en los niveles de educación primaria, muchas comunidades autónomas, y Madrid entre ellas, pusieron en marcha secciones lingüísticas en centros de secundaria. En estos momentos Madrid cuenta con 10 secciones lingüísticas de inglés, 15 de francés y 3 de alemán en Institutos de Enseñanza Secundaria con cerca de 4.000 alumnos recibiendo estas enseñanzas. TECNOLOGÍAS DE LA INNOVACIÓN Y LA COMUNICACIÓN La Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, siguiendo con su apuesta decidida por el fomento del uso educativo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en los contextos escolares, sigue desarrollando actuaciones entre las que destacar tres por el número de profesores y centros implicados. El Proyecto Modernización y Mejora de los Centros de Educación Secundaria que se viene desarrollando desde 2007, y cuyos datos cuantitativos son actuaciones en los 326 centros de Educación Secundaria de la Comunidad de Madrid mediante la dotación de Portátiles/Tablet PC para uso del profesorado, nuevos ordenadores en Departamentos didácticos, videoproyectores para uso del profesorado en aulas, nuevos puntos de red en espacios sin conectividad actualmente, zonas con cobertura wifi, puntos de red en aulas, y PDA para uso personal de profesores. Todo ello con un presupuesto total cercano a los veintiocho millones de euros. El Plan de Integración de Ordenadores y Pizarras Digitales en Aulas de Educación Infantil y Primaria que ha previsto, para el presente curso escolar 2008-2009, la dotación de ordenadores para las aulas ordinarias y de pizarras digitales interactivas. Este curso participan en el Plan 180 Centros Públicos Bilingües de Educación Infantil y Primaria de la Comunidad de Madrid, 22 Centros Públicos de Educación Especial y 50 centros públicos a propuesta de las Direcciones de Área Territorial, hasta completar las disponibilidades presupuestarias. Se seleccionan preferentemente centros que hasta el momento sólo han contado con recursos TIC basados en aulas informáticas de uso compartido, representando este proyecto la implantación generalizada en todas las aulas de nuevos recursos TIC junto a la dotación de pizarras digitales. Para ello se ha previsto la dotación de ordenadores con instalación de red, pizarras digitales y videoproyectores instalados en techo, tablet pc para centros de educación especial así como conjuntos de mobiliario adaptados al material suministrado. Este Plan incluye actuaciones de formación, de apoyo y seguimiento, destinadas a centros y profesores para que estas nuevas infraestructuras y recursos se integren con eficacia en la dinámica de los centros y permitan mejorar la consecución de los objetivos educativos que demanda la actual sociedad de la información y la calidad del sistema educativo madrileño. La formación prevista afecta a unos 5.000 maestros a quienes el aprendizaje de conocimientos sobre el manejo del correo electrónico en Educamadrid, de la red del centro y sus posibilidades para compartir recursos, del uso del videoproyector y de la pizarra digital interactiva, de las aplicaciones didácticas del equipamiento recibido y de la elaboración de materiales didácticos les permitirá estar en condiciones de hacer un uso adecuado de los recursos con grandes beneficios para sus alumnos. La Formación en línea propia, que por primera vez es ofertada por la Consejería de Educación, tiene por objeto convertir a Madrid en una región pionera en el uso de esta herramienta. En el primer año de implantación se ofertan 23 cursos en línea diseñados especialmente para atender las demandas de más de 2500 profesores madrileños este curso. Se realizan dos convocatorias durante el curso y los resultados que refleja la primera de ellas son totalmente satisfactorios. Esta formación contribuye a la mejora de las competencias profesionales del profesorado a la vez que potencia el uso de las tecnologías de la información y la comunicación y reduce la movilidad del profesorado. Prueba de la gran adaptación del profesorado de la Comunidad de Madrid es el número de solicitudes que cuadruplica la oferta inicial. Desde la Consejería de Educación se fomenta la realización de actividades extraescolares fuera del horario lectivo, a través de subvenciones o certámenes de premios. La finalidad de estas actuaciones es la de provocar una mayor identificación entre el estudiante y su centro escolar. El alumno comparte unas experiencias de relación con sus compañeros y profesores distintas a las del período estrictamente lectivo, y se abre a intereses que pueden servirle para la vida profesional o para aceptar más fácilmente las normas académicas. Estas actividades mejoran además la disciplina escolar: cualquier actividad, por muy gratificante o creativa que sea, se desarrolla sólo a través de una organización y una jerarquía que todos deben respetar, lo que crea una costumbre que sirve para el resto de la vida en el centro. Los certámenes más consolidados son el de Coros Escolares y el de Teatro Escolar. Con ellos se crea una incipiente sensibilidad artística que complementa la formación académica y la del individuo en general. La convocatoria de Teatro contribuye además a la mejora de las competencias básicas que promueve la Consejería de Educación, a través de iniciativas como el Plan General de Mejora de las Destrezas Indispensables o el Plan de Fomento de la Lectura. Coincidiendo con la puesta en marcha del programa de Colegios Bilingües de la Comunidad de Madrid y como un modo de estimular el uso de este idioma en edades tempranas se añadió a las bases del certamen la modalidad de teatro en inglés para Primaria. Con el fin de reforzar el valor educativo, social y cultural del deporte, el Parlamento Europeo estableció el año 2004 como "AÑO EUROPEO DE LA EDUCACIÓN A TRAVÉS DEL DEPORTE". Desde ese mismo año la Comunidad de Madrid convocó la Primera Edición de los Campeonatos Escolares de la Comunidad de Madrid. Estos Campeonatos Escolares son una iniciativa conjunta de la Consejería de Educación y la Consejería de Deportes, cuyo objetivo es fomentar la práctica deportiva entre los jóvenes estudiantes de los Institutos Públicos madrileños. Para ello se cuenta con un equipo de profesionales del mundo de la educación y miembros de las federaciones deportivas madrileñas, que han permitido darle la calidad, el nivel deportivo y educativo necesario, para hacer de ellos uno de los encuentros más importantes y atractivos para los jóvenes estudiantes. Las modalidades deportivas en las que los alumnos madrileños de entre 12 y 17 años pueden participar son: ajedrez, bádminton, baloncesto, balonmano, fútbol sala, hockey, judo, taekwondo y voleibol. El Programa tiene entre sus objetivos hacer que el deporte se convierta en un hábito en la vida diaria de los jóvenes, integrar la práctica deportiva en la rutina escolar de los Institutos de Educación Secundaria, fomentar la práctica de los diferentes deportes fuera del horario lectivo entre jóvenes con edades proclives al abandono, incrementar la socialización e integración de los alumnos de los diversos Institutos de Educación Secundaria de la Comunidad, potenciar los valores que definen el juego limpio, facilitar un recurso educativo y formativo potenciando la utilización de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación a través del espacio virtual "enredados", ubicado en la página web de Campeonatos Escolares y reformar, acondicionar y mejorar las instalaciones deportivas de estos centros para su utilización en horario de tarde durante el desarrollo de los Campeonatos pero sin duda mejorando los espacios deportivos que disfrutan todos los alumnos matriculados en el centro en las clases de Educación Física. La trayectoria de estos cinco años ha supuesto el aumento de la participación de los IES de 155 a 275 en la actualidad, lo que supone prácticamente el 90 % de los institutos de la Comunidad de Madrid, un aumento del número de alumnos que hoy practican deporte en su tiempo de ocio. Los 15.000 alumnos de la primera edición se han convertido en más de 28.000 en la quinta; la participación femenina ha supuesto un éxito si se analiza el incremento de chicas en las distintas modalidades a lo largo de las cinco ediciones, pasando de las 5.000 inscritas en la primera edición a las casi 10.000 en esta última; el Juego Limpio ha tomado protagonismo en estos Campeonatos desde el principio lo que marca diferencia con otras competiciones, el espacio "enredados" se pone en marcha en la III Edición y en esta V se intenta potenciar la participación de profesores que sin estar implicados directamente en el Programa pudieran utilizar las TIC y la actividad físico-deportiva como elemento motivador en sus clases y programación; la mejora de instalaciones y equipamientos deportivos ha sido valorado muy positivamente por toda la comunidad educativa (alumnos, profesores y familias). El deseo de innovación acompaña siempre al de mejora y éste también se refleja en la imagen y el los servicios que, a través de Internet la comunidad ofrece a profesores, alumnos y padres. El diseño, dentro de Madrid.org, de un portal de educación moderno, ágil, accesible y completo permite mejorar la comunicación y la información sobre todo cuanto acontece en el mundo educativo. La comunidad educativa dispone de una herramienta útil que integra en un solo portal los principales subportales de la Consejería como Educamadrid, Mi+D, Emes, Personal, así como las Direcciones de Área Territorial. Este esfuerzo de modernización permite a los usuarios una navegación amigable y un acceso rápido a la información requerida. La formación del profesorado también se ha visto mejorada mediante una nueva redefinición tanto de una red de formación que había quedado obsoleta como de un sistema que mantenía el desarrollo de modelos agotados. Ambos elementos precisaban de una restructuración con el fin de actualizar y adaptar el sistema de formación en su conjunto a las nuevas necesidades y a las nuevas demandas de los usuarios. La comunidad de Madrid cuenta en estos momentos con un modelo de formación del profesorado renovado, moderno, dirigido de manera muy específica a la mejora de las competencias profesionales de los profesores y por lo tanto con incremento del impacto de las mismas en los alumnos, objetivo principal y final del sistema educativo. Este ámbito, clave para un correcto funcionamiento de la educación, y que se ve reforzado por la formación en línea mencionada anteriormente, debe ser objeto permanente de la innovación. Innovadoras y pioneras son las pruebas que desde hace unos años la Consejería de Educación realiza en el último curso de primaria y desde este año también en tercero de la ESO. Estas pruebas llamadas de conocimientos y destrezas indispensables producen un efecto positivo en el sistema. Por un lado permite que padres, profesores y alumnos estén informados sobre la evolución de los aprendizajes de sus hijos al tiempo que permite, mediante la aplicación de pruebas basadas en unos estándares, conocer el grado de adquisición de los conocimientos indispensables de nuestros jóvenes. Por otro generan una reacción en los centros que conduce al refuerzo de unos objetivos a los que en ocasiones no se daba la necesaria importancia. Además, introduce en todos los estamentos de la comunidad educativa la cultura de la evaluación que tanto precisa nuestro sistema educativo, ya que éste se caracteriza, a diferencia de la mayoría de los países con los que nos comparamos, por la ausencia de controles y de evaluaciones. Desde la red de formación del profesorado, cuyos centros se denominan "Centros de innovación y formación" surgió la necesidad de recoger y difundir aspectos relacionados con ambos temas. La revista "Innovación y formación" vio la luz en la primavera de 2007 con el objetivo de informar a los profesores sobre los temas de innovación que más interés pudieran tener para ellos. Así, junto a un variado contenido relacionado con diferentes aspectos educativos, cada número incorpora un dosier sobre un tema innovador de relevancia. La pizarra digital, el Portfolio europeo de las lenguas o los planes de mejora educativa han sido hasta el momento los temas tratados. Numerosas aportaciones de los propios docentes enriquecen el intercambio y la difusión de experiencias exitosas realizadas en los centros educativos. LA INNOVACIÓN EDUCATIVA EN LA COMUNIDAD DE MADRID Innovación es sinónimo de mejora, de avance, de progreso y en consecuencia debe formar parte de la hoja de ruta de cualquier administración educativa. La enumeración y breve descripción de diversos elementos relacionados con la innovación educativa dan una idea de la importancia que la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid concede a la misma. La innovación no se justifica mediante el desarrollo de acciones aisladas, sino de todo un conjunto de medidas que crean sinergias entre sí. El objetivo es bien claro: disponer de un sistema educativo lo más moderno y eficaz posible que permita ofrecer a los jóvenes madrileños la mejor formación posible y las mayores oportunidades para que puedan competir al menos en igualdad de condiciones con los jóvenes de Europa y del mundo entero. El futuro de nuestros jóvenes está en nuestras manos y debemos esforzarnos por conseguir que ese futuro sea el mejor posible. POLÍTICAS SOBRE INNOVACIÓN EDUCATIVA EN CLAVE AUTONÓMICA. LA COMUNIDAD DE MADRID
Centro de Innovación para la Sociedad de la Información (CICEI), Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) [EMAIL], http://www.sociedadytecnologia.org/erubio/ ABSTRACT: In the current global, networked and complex environment some essential things are changing the field of Knowledge (K). RESUMEN: En el ámbito de un entorno global, en RED, y Complejo, algo sustancial está cambiando en el ámbito del Conocimiento (K), en particular la transformación cualitativa del proceso de creación y compartición del "K" (e-Conocimiento), cuyo impacto está afectando a todo lo concerniente a la Gestión del Conocimiento y al Aprendizaje. Para dicho entorno en RED, se requiere un nuevo enfoque, basado en la Gestión de la Complejidad, que nos proporciona una adecuada aproximación sistémica, a muchos y diferentes problemas. En nuestro caso, desde el ámbito académico y en el proceso de adaptación al Espacio Europeo de Enseñanza Superior (EEES), se requerirá desarrollar una nueva visión, y estrategia explícita de Gestión del Conocimiento (KM), como adecuación al nuevo entorno y a la incipiente economía del conocimiento asociada. Partiendo de la convergencia emergente de los ámbitos profesional y académico, se observa no sólo la semejanza de los paradigmas tradicionales de la KM y de la LM, sino también la incapacidad de los mismos para asumir los nuevos requerimientos asociados al nuevo entorno en RED. Una nueva reconceptualización del Conocimiento y el Aprendizaje como procesos basados en conexiones ("networking"), nos proporcionará el nuevo "rol" y paradigmas del Aprendizaje: Modelo Adaptativo de Aprendizaje en Entornos Complejos. Como estrategia de adecuación personal al nuevo entorno, y en particular al EEES, se propone un "Proceso de desarrollo de la Identidad Digital" y del "Aprendizaje en RED", junto con el diseño del correspondiente "Espacio Personal, y Corporativo, de Trabajo y Aprendizaje" (PLWE/CLWE). Presentación del "PLWE-Suricata"*, basado en iniciativas abiertas. PALABRAS CLAVE: e-learning 2.0; EHEA; KM; Complejidad, Movimiento Abierto, PLE; Aprendizaje Informal; Auto Organización; Software Social; Aprendizaje Ecológico; Conectividad. Evidencias recientes, relacionadas con la crisis del sistema financiero internacional, son una muestra más de la naturaleza global e interdependiente de nuestra sociedad actual. En efecto, desde los diferentes medios de difusión, son multitud de comentarios los que anuncian una recesión económica a nivel global, como consecuencia de la mencionada crisis del sistema financiero, y que pudiera suponer el declive del modelo actual de desarrollo (basado en el mercado como mecanismo catalizador de la competitividad, del crecimiento económico y de la generación de empleo), así como la emergencia de un nuevo modelo de desarrollo competitivo y sostenible. Característica clave de esta Sociedad Global, es la estructura en RED que la soporta y que, vía interfaz web de acceso, acoge de manera creciente todo tipo de actividad individual, organizacional y social (virtualización "online" de la actividad diaria). En efecto, un nuevo entorno en RED, en expansión acelerada, caracterizado por la conectividad, interacción y retroalimentación entre sus nodos, constituye el emergente espacio digital de proyección vital, el cual se solapa con el tradicional espacio presencial, constituyendo así el nuevo entorno emergente de la Sociedad Global en RED. A la naturaleza GLOBAL y en RED de nuestra sociedad actual, debemos añadirle la consideración de COMPLEJA, al estar caracterizada por la interdependencia e incremento exponencial de las interacciones entre sus nodos, por ser cada vez más el nuevo ámbito de todo tipo de actividad social y económica, y por promover un nuevo concepto para una nueva era: el e-Conocimiento [http://www. transformingeknowledge.info/title.html] (como transformación cualitativa -nuevos paradigmas-en el proceso y compartición del conocimiento), que se manifiesta mediante cambios cualitativos en nuestra "practice" diaria, relacionados con: una nueva naturaleza del trabajo y un nuevo perfil de trabajador (con nuevas habilidades, conocimientos y actitudes), así como nuevos modelos tácitos organizacionales. Esta Economía emergente del Conocimiento (K), modificará todo aquello que tenga que ver con: el Aprendizaje, Gestión del Conocimiento, Creatividad, Innovación y rendimiento de individuos y organizaciones. Un nuevo entorno global, en RED y complejo, para una nueva ERA del CONOCIMIENTO y el APRENDIZAJE. Para ello, se requiere un nuevo enfoque científico basado en la Gestión de la Complejidad ("focus" en nuevos métodos, conceptos [http://knowledgetoday.org/wiki/index. php/Concepts] y herramientas), que nos proporcione una adecuada aproximación sistémica, a muchos y diferentes problemas, y en particular a la comprensión de organizaciones complejas en un mundo complejo: visión de las Organizaciones como Sistemas Adaptativos Complejos (SAC). Este nuevo entorno y planteamiento, tiene especial impacto en el mundo académico en general (nuevo "rol" y cambios de paradigma en el aprendizaje), y en el europeo en particular, inmerso en la actualidad en el proceso de adecuación al denominado Proceso de Bolonia o Espacio Europeo de Educación Superior (EEES [http://www.eees. es/]). En efecto, cambios significativos, junto con los requerimientos correspondientes asociados, se contemplan (OECD Report Understanding the Brain, 2002) en el mundo de la enseñanza, la formación y el aprendizaje. Por una parte se contempla el Aprendizaje (personal, informal y autogestionado) como soporte del proceso permanente de adecuación al mencionado nuevo Entorno, y por otra parte se contempla la convergencia emergente de los mundos laboral y académico, de los espacios de trabajo y aprendizaje. Todo ello, a todos los niveles, requiere el correspondiente proceso de adecuación, tal como sugieren las citas y noticias que a continuación se adjuntan: Tim Berners Lee defiende que la web 3.0 permitirá la interacción entre las personas pero sin que las empresas accedan a los datos... "si nadie monitoriza las páginas que visitas y los datos que compartes con tus amigos, nadie los podrá usar en su beneficio". Para el creador de las tres "www" que están detrás del cambio social que ha supuesto la implantación de la Red en los últimos quince años, este proceso de códigos abiertos permitiría explorar y ampliar las posibilidades de Internet para conectar cada vez a un mayor número de personas ya que, ha recordado, "el 70 % de la población mundial no puede utilizar la web, con las capacidades que ello tendría para mejorar sus vidas". ("El 'padre de Internet' insta a Obama a defender la apertura de códigos en Internet", El Pais,20 Así, la actual actividad social y económica, caracterizada por un incremento exponencial de las interacciones, proporciona un contexto altamente dinámico y cambios cualitativos en nuestra "práctica" diaria, configurando: 1) una nueva naturaleza del trabajo y de la actividad económica (K-trabajo); 2) un nuevo perfil de trabajador "tácito" (Ktrabajador), con nuevas habilidades, conocimientos y actitudes; y 3) nuevos modelos tácitos organizacionales. En el contexto de esta incipiente economía del conocimiento, en un entorno Global-en RED-y-Complejo, junto con la existencia de "facilitadores" tecnológicos y de un emergente movimiento o cultura "abierta" (se habla de código abierto, estándares abiertos, innovación abierta, sociedad abierta, contenidos abiertos, arquitectura abierta, etcétera),..., algo sustancial está cambiando en el ámbito del Conocimiento (e-Conocimiento como transformación cualitativa en el proceso y compartición del conocimiento), cuyo impacto se manifiesta de manera global a todos los niveles y en los diferentes ámbitos. EVOLUCIÓN DE LA GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO (KM) Después de tanto hablar de KM, es necesario, aunque no sencillo, aclarar qué es el K (vinculado a diferentes disciplinas y áreas de aplicación), y qué se entiende por KM. Existen varias definiciones de conocimiento: desde el gradiente "Data-Información-Conocimiento A la hora de precisar qué es la KM, existe una gran dificultad, pues de nuevo aparecen múltiples definiciones, perspectivas y modelos que, con el tiempo, han configurado diferentes generaciones de KM. KM orientada hacia la COMPARTICIÓN de K, mediante la interacción y conversión de K TÁCITO a explícito, basado en el Modelo SECI [http://www.12manage.com/me-thods_nonaka_seci.html] (Socialización, Externalización, Combinación e Internalización) de Nonaka y Takeuchi. El conocimiento como función del CONTEXTO. Adopción del modelo dinámico, visión del K como actividad (PROCESO), en lugar de como Objeto, orientado a la creación, colaboración y práctica de KM. El K como "proceso colectivo de Aprendizaje" (APRENDI-ZAJE SOCIAL). El K real se crea y es aplicado en el proceso de socialización (tácito a tácito), externalización (tácito a explícito), combinación (explícito a explícito), e internalización (explícito a tácito). La perspectiva mas reciente, enfatiza la importancia del espacio social de la KM y de su compartición efectiva. Creación de Comunidades de Práctica (CoP) y/o de Interés (CoI). Consideración de esta etapa como... Etapa de transición hacia una nueva Era del "Conocimiento y Aprendizaje". Un desarrollo permanente y acelerado de la tecnología digital, en particular Web 2.0, aparece como catalizador principal del proceso. El término Web 2.0 [http://www. sociedadytecnologia.org/davidds/ weblog/1114.html] fue acuñado por Tim O'Reilly [http://es.wikipedia.org/wiki/ Tim_O%27Reilly] en 2004 para referirse a una segunda generación en la historia de la Web, basada en comunidades de usuarios y una gama especial de servicios (redes sociales, blogs, wikis o folcsonomías), que posibilitan y fomentan la creación, compartición, colaboración (cocreación) y el intercambio ágil de información entre los usuarios. Así, la Web ha pasado de ser un medio en el cuál la Información era transmitida y consumida, a ser una plataforma centrada en el usuario, en la que los contenidos son creados, compartidos, mezclados, descompuestos, y reutilizados para diferentes propósitos. Como componente principal del movimiento Web 2.0, emerge el Software Social, el cuál puede definirse como: "una herramienta para aumentar las capacidades personales de socialización y colaboración; un medio para facilitar la conectividad social y el intercambio de INF, y una ecología para posibilitar un sistema de personas, prácticas, valores, y tecnologías en un entorno local particular". En el año 2006 la revista Time eligió como "Personaje del Año" [http://www.time.com/time/ magazine/article/0,9171,1569514,00.html], a cada una de los millones de personas anónimas que, haciendo uso de herramientas 2.0, forman parte del espacio o comunidad "en RED" emergente, en la que comparten y crean colaborativamente contenidos, transformándose cada uno de ellos de mero consumidor (Web 1.0 o de "lectura") en productor/consumidor (Web 2.0 o de "lectura/escritura"). Con la naturaleza abierta y horizontal de los nuevos "media", al desplazarse el tradicional control corporativo y restringido de los mismos al "usuario final" (autoridad descentralizada), se evidencia el "valor al alza del 'rol' individual" (como agente básico del Aprendizaje y creación de K), aspecto fundamental de la Era del "Conocimiento y el Aprendizaje". 3.a Generación de KM: ESPACIO COMPLEJO KM orientada a la "creación de K". Focalización hacia las PERSONAS y CONVERSACIONES (Comunicación Activa). El K como PROCESO dinámico de ampliación de significado, que usa la capacidad de AUTOORGANIZACIÓN de las comunidades informales (REDES SOCIALES, APRENDIZAJE INFORMAL, SOSTENIBILIDAD). Modelo de DESARROLLO ORGÁNICO, que identifica el modelo de flujo natural en la creación, re-creación y utilización del K. Teoría de la Complejidad [http://www.necsi.edu/ research/ overviews.html] (Sistemas Complejos Adaptativos) como soporte conceptual. La perspectiva mas reciente, pues, enfatiza la importancia del espacio social y complejo de la KM y de su compartición efectiva. Como respuesta a dicha necesidad de nuevos planteamientos o modelos, y basándonos en el reconocimiento del Conocimiento y el Aprendizaje como "dos caras de una misma moneda", que comparten una misma naturaleza (personal, social, flexible, dinámica, distribuida, ubicua, compleja y caótica), se mostrará la convergencia de las tradicionalmente separadas Gestión del Conocimiento y del Aprendizaje (en el ámbito del Espacio SOCIAL Y COM-PLEJO y centrada en el Individuo), como base de partida para la definición de un nuevo "rol" y nuevos paradigmas del Aprendizaje (nuevo Modelo Adaptativo de Aprendizaje para Entornos Complejos). En efecto, los Nuevos Paradigmas de la KM, presentan los siguientes planteamientos: • Enfoque científico: Teoría de la Complejidad. • Orientación hacia la compartición y co-creación de K, en particular "tácito". • El K como PROCESO dinámico, función del CONTEXTO. • La PERSONA como agente básico en la creación del K. • Creación del K como "proceso colectivo de Aprendizaje" (Modelo SECI). • Gestión Personal del Conocimiento (PKM). • AUTOORGANIZACIÓN (diseño "bottom-up"). • Espacio PERSONAL de APRENDIZAJE (PLE). • Sistema de Gestión del Aprendizaje (PLEs) DISTRIBUIDO (diseño "bottom-up"). • Convergencia de los espacios de trabajo y aprendizaje. Paradigma "eLearning 2.0" como expansión conceptual del tradicional elearning 1.0, de naturaleza social, colaborativa y de compartición, y basado en: aprendizaje personal autogestionado, iniciativas abiertas, fusión del aprendizaje con la actividad diaria (desarrollo profesional), y aprendizaje informal. NUEVA FORMALIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO Y EL APRENDIZAJE, PARA UN ENTORNO EN RED Y COMPLEJO: TEORÍA DEL CONECTIVISMO "Aprendizaje en entornos complejos, influenciado por nuevas dinámicas sociales y soportado por nuevas tecnologías" Con objeto de plantear, mas tarde, nuevos modelos de Formación y Aprendizaje para el actual entorno en RED y Complejo, que reflejen la naturaleza común del Conocimiento y el Aprendizaje, y de acuerdo a la Teoría del Conectivismo [http://www.umanitoba.ca/learning_technologies/connectivisim/bio_george.php], deseamos resaltar la necesidad de una nueva epistemología basada en el "Networking" (conexiones), una nueva reconceptualización del Conocimiento y el Aprendizaje como procesos basados en conexiones ("networking"), caracterizada por: • NUEVA VISIÓN CONCEPTUAL DEL K (eConocimiento), basada en el "networking": de un K estático, organizado y definido por "expertos" a un K mas dinámico, conectivo, entre iguales, y multifaceta (Redes de K conectivo). Valor de la diversidad. -Organización del K en nuevos Espacios y Estructuras dinámicas (Ecologías y Redes), como modelos de adaptación y reacción ante los cambios (hasta ahora, en Repositorios ó Contenedores estáticos y jerarquizados). Nuevo "rol" del Aprendizaje. -Modelo de flujo del K bidireccional (hasta ahora unidireccional). -Ciclo de flujo del K: co-creación, diseminación, comunicación, personalización, implementación. -Consideración del Conocimiento como Proceso, además de como Producto. -Visión sistémica e integrada del K: diferentes Tipos de K ("what", "why", "who", "where", "how", "to be"); diferentes Espacios Personales de Existencia (personal, organizacional, social); múltiples Dominios del Conocimiento (cognitivo, emocional, físico, espiritual). -Importancia del Contexto y la Cultura, de cada uno de los Espacios Personales de Existencia, a la hora de percibir y filtrar el K. Diferentes perspectivas superpuestas. Complejidad que requiere una intensa y diversa Comunicación. -Validación del K mediante Redes de Confianza (y Expertos). Cognición activa, social y permanente. "el conjunto de dominios, cada uno de los cuales con diferentes niveles de relevancia en diferentes situaciones, proporciona la forma a través de la cual experimentamos el K" Todo el que aprende, puede ser considerado como un trabajador del conocimiento, en el sentido de que no simplemente consume conocimiento, sino que es capaz de crearlo. En este sentido, y en un entorno en RED, la KM y LM comparten conceptos, nomenclatura, procesos, y herramientas. NUEVOS REQUERIMIENTOS EN UN ENTORNO EN RED Y COMPLEJO, E INCAPACIDAD DE SER ASUMIDOS POR EL MODELO TRADICIONAL DE APRENDIZAJE Tal como hemos visto, el Entorno Complejo actual modifica nuestra necesidad y proceso de Aprender, así como la visión conceptual del mismo, conllevando inherentemente no solo nuevos planteamientos, retos y oportunidades a las organizaciones e individuos, sino también nuevos requerimientos incapaces de ser afrontados por el Modelo Tradicional de Aprendizaje, tales como por ejemplo: • Integrar la actividad personal diaria y actividades de aprendizaje. • Balancear el Ecosistema Personal (Aprendizaje y Conocimiento de cada Dominio y Espacio). • Participar en nuevos Espacios y Estructuras, capaces de un rápido crecimiento y adaptación. • Identificar y valorar el poder y efectividad del Aprendizaje Informal. • Aprendizaje en función de las necesidades del que aprende. • Filtrar la información, reconocimiento de patrones. • Vincular Aprendizaje con adquisición de Conocimiento y desarrollo de nivel de Competencias. • Adquirir nuevas habilidades de Aprendizaje ("Aprender a Aprender en RED"). • Contemplar el proceso de Aprendizaje como un Proceso Estratégico de adecuación permanente. Las deficiencias de los paradigmas tradicionales, se manifiestan fundamentalmente en ámbitos de conocimiento, en los que el ritmo de producción de información, excede la capacidad individual de su filtrado e interpretación, tal como sucede en el actual entorno global y en RED. Así, el Modelo Tradicional de Aprendizaje que promueve un aprendizaje como "adquisición predefinida de contenidos" (con lo que se elimina por adelantado conocimiento potencialmente relevante), pone de manifiesto, en determinadas circunstancias, su incapacidad para asumir los requerimientos y planteamientos actuales. Notemos pues que las soluciones de ayer, no siempre funcionan hoy. MODELO ADAPTATIVO DE APRENDIZAJE EN ENTORNOS La adopción de los nuevos requerimientos y planteamientos, que el Entorno Complejo actual conlleva, requiere la correspondiente adecuación (individual y organizacional), así como un nuevo Modelo Adaptativo de Aprendizaje. Un modelo de aprendizaje descentralizado y "bajo contexto", que integre: a) la actividad diaria, tanto laboral como personal, y b) actividades de aprendizaje, una minoría de éstas basadas en Cursos, y la mayoría basadas en conversaciones informales, comunidades, investigación personal, y mucha reflexión. Ello conlleva, tanto la revisión conceptual del propio Aprendizaje (ya mostrada), como la revisión del propio Proceso de Aprendizaje. El Proceso de Aprendizaje puede considerarse en sí mismo como un proceso complejo, donde suposiciones y Conocimiento están siendo permanentemente añadidos, actualizados o reemplazados. En oposición al aprendizaje formal actual, se contempla como un proceso natural, vital ("learning for life"), basado en conexiones y conversaciones (socialización), y no exclusivamente en contenidos. Desde el punto de vista de la Teoría del Conectivismo, el Proceso de Aprender se contempla como un proceso de formación de Redes (adaptavilidad) y Ecologías (aprendizaje multidimensional -diferentes planteamientos para diferentes situaciones), lo que posibilita una educación relevante y aprendizaje significativo, para el actual entorno en RED Complejo. Merece la pena destacar, pues, la importancia de la formación de redes en el desarrollo de, posiblemente, la metacompetencia por excelencia en el presente entorno en RED y Complejo: "Aprender a aprender en RED". Por todo ello, en el momento actual de adecuación al EEES, quizás los dos principales retos a los que nos enfrentamos (profesores, alumnos e instituciones) sean rediseñar: Cómo aprendemos, y 2. Cómo esperamos que nuestros alumnos se formen y aprendan, en una Sociedad Global, en RED y Compleja. Para la Teoría del Conectivismo, el Modelo Red de Aprendizaje contempla la formación de dos tipos de redes de conocimiento (creación del espacio en el que se produce el aprendizaje). 1.o Una RED EXTERNA de Nodos "fiables" (Personas, Redes Sociales, Wikis, blogs, Foros, etc.), que configurará la "Red Externa de Aprendizaje Personal" (Know where, Know who), con el objetivo de, en un determinado ámbito de conocimiento, mantenerse actualizado identificando tendencias y patrones. PROCESO DE DESARROLLO DE LA "IDENTIDAD DIGITAL" Y DEL APRENDIZAJE EN RED, COMO ADECUACIÓN PERSONAL AL NUEVO ENTORNO EN RED Y COMPLEJO Como proceso de adecuación individual a los nuevos requerimientos que el nuevo entorno complejo impone, proponemos el "Desarrollo de la Identidad Digital y del Aprendizaje en RED". Los cambios que se están produciendo en el entorno actual del conocimiento, están reconfigurando la Sociedad (hacia la Era del Conocimiento y el Aprendizaje). En efecto, la alineación de la Sociedad con el Conocimiento, está configurando una nueva realidad o dimensión, basada en el incremento exponencial de la conectividad y de las interacciones, junto con el uso tecnologías emergentes (Software Social), soportes ambos de la virtualización creciente en RED de todo tipo de actividad (personal, corporativa, social y administrativa), con la característica diferencial de que la capacidad y control de creación e interacción, no es institucional y centralizada, sino distribuida y bajo control personal (Auto-organización), constituyéndose la persona como el principal agente de creación de conocimiento. Como resultado de todo ello, se produce un incremento sin precedentes en la capacidad de socialización, que posibilita y a su vez exige el desarrollo de una difusa y simultánea, dualidad existencial (presencial y digital) en el individuo. De todo ello, no es difícil imaginar el alza del "rol" personal en el momento actual, así como la importancia, por tanto, de hacernos visibles en la RED, mediante el desarrollo personal de la correspondiente "Identidad Digital", como paso o etapa previa para la adquisición de la competencia, ya descrita, de "Aprendizaje en RED". Entendemos por Identidad Digital, u "online", la identidad personal con la que los usuarios de la RED se presentan o se hacen "visibles", dejando por tanto de ser usuarios anónimos, mediante la traza digital en Internet que van dejando en los diferentes contextos, comunidades o redes sociales en los que participa. El proceso de localización, exploración y asimilación de Conocimiento en el nuevo Espacio en RED, "Ecología de Conocimiento y Aprendizaje" (base del Aprendizaje en RED), es una travesía de complejidad creciente, definida por las siguientes etapas: Sensibilizazión y receptividad ("Toma de Conciencia"), relacionada con una creciente gestión de Información que exige: a) acceso a recursos y herramientas; b) adquisición de Habilidades básicas informacionales. Establecimiento de conexiones con el inicio de actividad en el espacio Ecología/Red, que concluye con: a) Creación de la Red Personal de Aprendizaje; b) Adquisición de Habilidades de "filtrado"; c) Añadir Recursos (nodos) de Valor a la Red, guiado por los expertos correspondientes. Consumo pasivo de recursos. Contribución activa e implicación en el espacio Subetapas: a) Emergencia como "Nodo Visible"; b) Creación de Relaciones recíprocas y compartición de significados; c) Elección del "elemento" adecuado, en cada circunstancia. A mayor participación activa, mayor capacidad para... Como evolución de los tradicionales y centralizados "Sistemas de Gestión de Aprendizaje" (LMS), como soporte de implementación de los nuevos paradigmas en enseñanza y aprendizaje (Aprendizaje personal autogestionado, informal y bajo control personal), como soporte de la convergencia de los espacios personales de trabajo y aprendizaje,... emergen los llamados "Espacios Personales de Trabajo y Aprendizaje" (PLWE), o simplemente, "Espacio Personal de Aprendizaje" (PLE). Como expansión conceptual del paradigma tradicional de aprendizaje "elearning 1.0" (cursos "online" en el contexto del aprendizaje formal), y en el ámbito de la Sociedad y Economía en RED, emerge el nuevo planteamiento "elearning 2.0" como: PROCESO DE DESARROLLO PERSONAL DE LA IDENTIDAD DIGITAL Y DEL APRENDIZAJE AUTOGESTIONADO EN RED 1. nuevo entorno de aprendizaje personal autogestionado, de naturaleza social, colaborativa y de compartición; 2. fusión del aprendizaje en la actividad diaria ("workflow learning"), como soporte a las necesidades de aprendizaje "bajo demanda" (motivación intrínseca), en un instante dado ("just in time"); 3. aprendizaje informal y mejora del rendimiento (EPSS); 4. estrategia vital, básica y permanente, de adecuación individual ("Aprendizaje en RED"). A su vez, como apoyo para la consecución de los anteriores retos de aprendizaje, se propone la creación del "Entorno Personal de Trabajo y Aprendizaje" (PLWE), elemento clave de la formación y aprendizaje 2.0. Notar que en la actualidad, todavía es predominante el desarrollo del Aprendizaje formal (creación y gestión de cursos basados en web), haciendo uso de Sistemas de Gestión del Aprendizaje (LMS) y, en ocasiones, de contenidos abiertos ("open courseware") y/o tecnologías 2.0. En cualquier caso, ello conduce hacia prácticas más horizontales, como p.e. la creación de "contenidos generados por los estudiantes" (usuarios finales) y no exclusivamente por profesores (expertos). Con dichas "nuevas formas de hacer", se podría estimular la implantación progresiva de actividades de aprendizaje (informales y autogestionadas) conducentes a la superación de las necesidades emergentes durante la actividad laboral diaria de los estudiantes o profesionales. En general, la introducción y uso de los PLWE está dirigida, no tanto a la formación, sino al apoyo al rendimiento de la actividad diaria. No tanto al aula, como al puesto de trabajo individual, y no tanto por una motivación externa o extrínseca, sino intrínsecamente asociada a la necesidad que, en un momento dado, puede surgir en nuestra actividad diaria. En el ámbito de la formación formal, pueden contemplarse los PLE como una respuesta a la necesidad de formar estudiantes reflexivos, autogestionados, capaces de tomar decisiones informadas y de planificar su propio proceso de aprendizaje de acuerdo con sus necesidades, intereses y preferencias. Evidentemente su presencia tiene fuerte impacto en el proceso de enseñanza-aprendizaje, en los roles de profesor y alumno, y en las propias instituciones académicas, de modo que su análisis excede la finalidad y pretensiones del presente artículo. En nuestro caso, aparece como soporte y apoyo al Proceso de "Desarrollo de nuestra Identidad Digital", así como para asumir y organizar de manera efectiva nuestro propio aprendizaje, y para sentar las bases de nuestra capacitación en "Aprender a aprender en la RED". Aun cuando la responsabilidad del diseño, implementación y mantenimiento del PLWE es, obviamente personal, y su naturaleza dinámica, ¿qué componentes, recursos y/o herramientas deben estar presentes en un "Entorno Personal de Trabajo y Aprendizaje", basado en web?. Por ejemplo, debería contar con: 1) navegador web, con extensiones relevantes; 2) gestor de semillas (RSS); 3) gestor compartido de "bookmarks" y otros recursos; 4) soluciones web de aprendizaje formales e informales; 5) facilidades de comunicación y colaboración; 6) herramientas de productividad (relacionadas con la actividad diaria); 7) página personal como concentrador de herramientas y recursos; etc. Sin poder sustraerme a mi condición de profesor, ni al momento actual que vivimos (adecuación al EEES e incipiente economía del conocimiento), a modo de conclusiones finales, me gustaría destacar las siguientes consideraciones. En el ámbito de un entorno global, en RED, y complejo, se evidencian cambios de paradigmas en enseñanza y aprendizaje, mediante la evolución, y convergencia, de los Sistemas de Gestión del Aprendizaje (LMS) hacia los Espacios Personales de Aprendizaje (PLE), y de los Sistemas de Gestión de Información (IMS) hacia los Gestores de Conocimiento Personal (PKM) (nuevo paradigma elearning 2.0), con implicaciones para los estudiantes, profesores e instituciones académicas. Nuevo "rol" del estudiante como creador activo, no sólo consumidor, de contenidos. Responsable de la planificación, rendimiento y evaluación de actividades de aprendizaje, con la finalidad de alcanzar objetivos de aprendizaje específicos (Aprendizaje autodirigido). En este sentido, así como los LMS limitan dicho "rol" a las posibilidades del propio LMS, y a la creatividad y disposición del profesor, los PLE promueven la asunción, por parte del estudiante, de la responsabilidad y autogestión de su aprendizaje, como base del desarrollo de competencias de aprendizaje permanente, y en particular de "Aprender a Aprender en RED". Necesidad de formar estudiantes reflexivos, autogestionados, con disposición abierta a aprender permanentemente de los demás (cultura de aprendizaje), capaces de adoptar decisiones razonadas (con el adecuado soporte informacional), así como de su proceso de aprendizaje acorde con los intereses, preferencias y necesidades emergentes (impredecibles) en cada instante. Necesidad, pues, de empezar cuanto antes, el diseño y desarrollo de un sistema innovador de formación y aprendizaje adaptado a las necesidades de las personas (tanto de los estudiantes como especialmente de los profesores, responsables en última instancia de la orientación dada a la formación impartida), como respuesta de adecuación a la nueva Sociedad del Conocimiento y Aprendizaje que se está empezando a configurar en un entorno global, en RED y complejo. En síntesis... ante el requerimiento de la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), en el marco de una economía y mercado laboral globalizados, y partiendo de las hipótesis: Consideración del Conocimiento y el Aprendizaje, como elementos determinantes de la actual Sociedad en RED (Era del Conocimiento y el Aprendizaje). Nuevo rol y naturaleza del Aprendizaje en la economía del conocimiento en RED (eConocimiento). Necesidad actual de formar a nuestros estudiantes para una Sociedad, muy distinta de la que procedemos, interconectada e ineterdependiente (Sociedad en RED). Importancia del Aprendizaje personal, autogestionado e informal. 2. "elearning" en la actualidad es mucho mas que cursos "online" y aprendizaje formal (expansión conceptual y de ámbito). "Entorno Personal de Aprendizaje (PLE)" como soporte del aprendizaje en RED (autogestionado y permanente), y de la actividad diaria en RED. Nuevas competencias y tecnologías emergentes para el Aprendizaje y Trabajo en RED, y 5. Requerimiento institucional, y personal, de: • educar a nuestros estudiantes para una Sociedad RED • formar y aprender en RED Como reflexión final, deseo mostrar mi preocupación a la hora de cómo llevar a cabo, de cómo estamos llevando a cabo, el proceso de adecuación a todos los nuevos retos planteados. Me refiero al hecho de que, en el ámbito de nuestras comunidades educativas, existen otros retos que trascienden posiblemente los requerimientos instruccionales (EEES) y los derechos de los alumnos a ser formados para la Sociedad del siglo XXI. Me refiero a los potenciales retos a superar a nivel personal (autoestima) y social (brecha digital generacional), en el seno de nuestra comunidad académica. "... es una situación que merece nuestra atención como profesores, y también la de las instituciones y sus responsables. Quizás no somos todavía lo suficientemente conscientes, de los potenciales problemas (no ya de tipo técnico sino personales) a los que nos podemos llegar a enfrentar los profesores de una cierta edad. Me refiero a problemas de 'exclusión','autoestima','aislamiento', etc. ante los nuevos 'media', las nuevas formas de enseñar, aprender, interaccionar, comunicar, colaborar, cocrear, conversar, compartir,... que se nos vienen encima como un 'tsunami', tanto desde fuera (Bolonia, nuevos paradigmas, proceso de enseñanza/aprendizaje basado en competencias) como desde dentro (los nuevos alumnos, cada vez mas alumnos 2.0, mas nativos digitales). Corremos el peligro de que se produzca una relativa 'brecha digital' dentro de nuestras comunidades de enseñanza... deberíamos empezar cuanto antes a reflexionar, y a tomar medidas, en nuestras instituciones académicas". NUEVO 'ROL' Y PARADIGMAS DEL APRENDIZAJE, EN UNA SOCIEDAD GLOBAL EN RED Y COMPLEJA: LA ERA DEL CONOCIMIENTO Y EL APRENDIZAJE ARBOR extran1205 UNA ECONOMÍA EMERGENTE DEL CONOCIMIENTO, PARA UN NUEVO ENTORNO
En este artículo exponemos algunas de las iniciativas docentes y experiencias que hemos llevado a cabo las autoras en algunas asignaturas de Matemáticas de titulaciones de Ingeniería de la Universidad de Zaragoza y dentro del ámbito de la enseñanza presencial con ayuda de la plataforma electrónica de aprendizaje Moodle. Los proyectos de aprendizaje que hemos ido poniendo en marcha durante estos últimos años han estado condicionados por el contexto en el que se están aplicando, por ello indicamos aquí las fortalezas y debilidades que hemos detectado como factores influyentes en el diseño de los cursos. Asimismo, presentamos nuestras experiencias explicando el diseño de los cursos, la metodología y actividades que usamos en las unidades de aprendizaje que los conforman y la forma en que hemos puesto en marcha tutorías proactivas y reactivas en el entorno de aprendizaje semipresencial. PALABRAS CLAVE: Aprendizaje semipresencial; aprendizaje cooperativo; matemáticas. Las nuevas tecnologías forman parte en mayor o menor medida de nuestras vidas y naturalmente han entrado de lleno en la actividad docente. La mayoría de los profesores universitarios, quizás todos, hemos ido utilizando unas u otras herramientas tecnológicas en los proyectos docentes de nuestras asignaturas. Todos tenemos experiencia y nosotras queremos ofrecer la nuestra a través de este artículo presentando una aplicación de las nuevas tecnologías en un entorno universitario estándar, las lecciones que hemos aprendido y también los éxitos que hemos alcanzado. El camino recorrido no ha sido recto, directo, ha habido desánimo por los fallos o por las imprevisiones y ha habido mucha satisfacción por los logros alcanzados; hasta aquí hemos llegado y hoy pensamos, hacemos y decimos lo que aquí estamos escribiendo. Seguimos dispuestas a avanzar. Vamos a escribir sobre novedades docentes; debemos matizar: sobre novedades en el sentido de que no son prácticas habituales en las universidades españolas. Dos fuerzas están impulsado nuestro movimiento durante esta última década: por un lado, el extraordinario desarrollo de las herramientas tecnológicas dedicadas al aprendizaje y, por otro, la convergencia hacia un Espacio Europeo de Educación Superior (en adelante, EEES). Desarrollamos nuestra labor docente en la Universidad de Zaragoza (en adelante, UZ). Esta Universidad española, como muchas otras, apostó por crear un entorno de docencia virtual que se viene denominando Anillo Digital Docente (en adelante, ADD). El servicio de docencia virtual que ofrece la UZ promueve su uso como apoyo a la docencia de las asignaturas regladas de los planes de estudio vigentes y sustenta la docencia a distancia de cursos que se comparten con otras universidades españolas constituyendo el denominado G9. Aunque inicialmente, desde 2002-2003, la única plataforma de e-learning que sustentaba el ADD era WebCT, ya a partir de 2007-08 se instaló también la plataforma Moodle; así pues, hoy día el ADD de la UZ tiene dos esqueletos tecnológicos: WebCT y Moodle. En nuestro caso, hemos optado por utilizar Moodle desde el momento en que fue puesta en servicio en la UZ, poniendo así nuestra experiencia previa en el uso de esa plataforma al servicio de la práctica docente reglada. La convergencia hacia el EEES supone una revolución en las metodologías docentes tradicionalmente utilizadas en la Universidad española. Tenemos que dejar de pensar y hablar de enseñanza para llegar a pensar y hablar de aprendizaje. No es una tarea fácil, en absoluto, pues hemos de reconocer que la mayoría de los profesores que vamos a poner en marcha los nuevos planes de estudio hemos sido educados en el modelo de aprendizaje pasivo y ése es el que nos resulta más fácil de reproducir. En nuestro caso, hemos iniciado el proceso de adaptación al EEES de modo que, gracias a algunos excelentes cursos de formación (Bara y Valero, 2007, y Valero, 2009) y a las mejoras de medios materiales (más ordenadores y aulas para los usuarios, mejor tecnología, etc.), hemos incorporado distintas metodologías de aprendizaje. El proceso de convergencia hacia el EEES nos ha obligado a poner en nuestro punto de mira dos asuntos: por un lado, delimitar los objetivos de aprendizaje en términos de competencias genéricas y específicas y, por otro, reflexionar y estudiar cómo aprenden nuestros estudiantes y cuáles son las metodologías adecuadas para los nuevos objetivos; la consecuencia ha sido la puesta en marcha de las diferentes actividades de aprendizaje que iremos presentando a lo largo de este artículo. Quizás sea un obviedad comentar que el camino de la innovación docente no lo iniciamos ayer; de hecho, ambas pensamos que siempre hemos estado innovando en mayor o menor medida. Pero, hemos resuelto que está bien poner una fecha al período en el que se fue fraguando nuestro trabajo conjunto y decidido en el campo de la innovación docente: marzo de 1999. Pronto cumpliremos 10 años que han estado jalonados de estudio, investigación y puesta en práctica de distintos proyectos. Ya desde esa fecha inicial se fue forjando el grupo de investigación en innovación docente del que formamos parte y que, en los últimos años, denominamos Formación Matemática en Ingeniería (en adelante, FMI), reconocido como tal por la UZ y apoyado en su andadura por el Instituto de Ciencias de la Educación de la UZ. El nombre del grupo FMI ya insinúa cuál es el ámbito docente de nuestro interés. Estamos adscritas como profesoras del departamento de Matemática Aplicada a uno de los dos centros de la ciudad de Zaragoza que imparten titulaciones de Ingeniería (CPS: Centro Politécnico Superior y EUITIZ: Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Industrial de Zaragoza). En consecuencia, nuestra experiencia docente se ha concentrado en las asignaturas de matemáticas de alguna titulación de Ingeniería. Hemos coordinado e intervenido en diferentes Proyectos de Innovación subvencionados por la UZ en los que hemos alcanzado diferentes objetivos tales como estudiar y evaluar el perfil de ingreso competencial de los estudiantes que acceden a las titulaciones de Ingeniería (Riaguas, Arribas, Celorrio y Lerís, 2006; Boal y otros, 2007; Bueno y otros, 2008y Boal, Bueno, Lerís y Sein-Echaluce, 2008-2) o diseñar e impartir cursos de formación para los estudiantes de nuevo ingreso (Boal, Arribas, Lerís y Sein-Echaluce, 2008-1 y Boal, Lerís y Sein-Echaluce, 2008-3) o crear materiales para la docencia presencial y no presencial o evaluar la calidad de los cursos que teníamos publicados en el ADD. Durante el trienio 2006-08, el Ministerio de Educación y Ciencia ha financiado el proyecto TSI 2005-04127 "e-LKG Platform: Nueva Plataforma de servicios integrados de Gestión del Conocimiento, Trabajo Cooperativo y e-Learning a partir de software libre. Experimentación y puesta en servicio", en el que hemos participado tres Universidades españolas: Zaragoza, Jaume I de Castellón y Politécnica de Madrid, y en el que se ha unido desarrollo tecnológico y experimentación aplicada a la formación matemática. Hemos construido en colaboración con Consorzio Interuniversitario Lombardo per L'Elaborazione Automatica, abreviadamente CILEA CILEA, un entorno de aprendizaje online que sirve de apoyo a los estudiantes que necesitan las matemáticas en las titulaciones universitarias que van a iniciar o ya están iniciando. Somos conscientes de que el conocimiento, sobre cualquier asunto, está distribuido de forma que nadie lo sabemos todo y entre muchos lo sabemos casi todo. Por eso, creemos que mirar hacia otros grupos de innovación docente es parte de la tarea emprendida. Estamos muy agradecidas al apoyo del Laboratorio de Innovación en Tecnologías de la Información de Universidad Politécnica de Madrid, en particular, a Ángel Fidalgo con el que hemos colaborado en el uso de plataformas para e-learning y para el trabajo cooperativo. Mantenemos una estrecha colaboración con grupos españoles de la Universidad Jaume I de Castellón, de la Universidad Politécnica de Madrid y del Centro de Innovación para la Sociedad de la Información de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. También podemos decir que formamos parte del entramado del próximo EEES pues colaboramos habitualmente con el Institute of Technology of Sligo de Irlanda, con la Università Cattolica del Sacro Cuore de Milán y Università degli Studi Milano Bicocca de Italia y con la Technical University of Ostrava de la República Checa. EL CONTEXTO: FORTALEZAS Y DEBILIDADES En este artículo exponemos algunas de las experiencias e iniciativas docentes que hemos llevado a cabo en las asignaturas de Fundamentos Matemáticos de la Ingeniería de la titulación de Ingeniería Técnica Industrial, especialidad Electricidad y de Álgebra de Ingeniería Informática en la Universidad de Zaragoza. Ambas asignaturas tienen en común que se estudian en el primer curso de cada uno de los grados mencionado y que, por tanto, reciben estudiantes recién incorporados a sus estudios universitarios. También común a ambas es el elevado número de estudiantes matriculados, alrededor de 80 en la asignatura de Fundamentos Matemáticos de la Ingeniería y en torno a 130 en Álgebra de Ingeniería Informática. Pero también hay diferencias claras. Una de ellas proviene del hecho de que corresponden a estudios conducentes a una titulación de grado medio y otra de grado superior, por lo que eso conlleva respecto a los requisitos legales de acceso y, en consecuencia, a la formación preuniversitaria con la que acceden los estudiantes de cada titulación. Otra diferencia de gran calado docente radica en que la asignatura de Fundamentos Matemáticos de la Ingeniería es una asignatura de duración anual, de 15 créditos docentes, mientras que la asignatura de Álgebra de Ingeniería Informática se encuadra en el primer cuatrimestre con 6 créditos docentes. El Plan de Ordenación Docente aprobado para ambas asignaturas contempla la realización de sesiones presenciales del grupo completo en el aula tradicional y de sesiones, también presenciales, de trabajo en grupos pequeños en el aula de ordenadores. Se trata de dos asignaturas teóricoprácticas, que pretenden el desarrollo de competencias específicas matemáticas como: • Conocer y saber usar los contenidos matemáticos descritos en el Plan de Estudios. • Potenciar y/o mejorar el uso de lenguaje matemático y simbólico. • Desarrollar las formas de pensar, razonar y argumentar. • Mejorar y diversificar las formas de representar y comunicar información y resultados de carácter científicomatemático. • Fomentar y capacitar en el uso de las nuevas tecnologías para la resolución de modelos matemáticos procedentes de diferentes contextos. Y de otras competencias genéricas como: • Mejorar las habilidades de comunicación tanto oral como escrita. • Promover e incentivar el diálogo y el trabajo en grupo. • Desarrollar la capacidad de ser un aprendiz autónomo, en particular, de matemáticas. Es indudable que el diseño de un curso en el que se pretende realizar algunos cambios, entre ellos usar una plataforma de e-learning, ha de estar condicionado a un análisis de las fortalezas y debilidades del contexto en el que se pretenden aplicar. El plan de acción y, en definitiva, el proyecto se verá afectado por las circunstancias de cada situación. A continuación exponemos algunos datos y peculiaridades de nuestro contexto de aplicación, al menos los que hemos considerado más relevantes para tomar algunas decisiones sobre los recursos de Moodle a utilizar y la forma e intensidad de su utilización. Algunos datos se refieren a dos estudios del perfil de ingreso del estudiante de Ingeniería, uno en septiembre de 2004 (Riaguas, Arribas, Celorrio y Lerís, 2006) y otro en septiembre de 2006 (Bueno y otros, 2008). Aunque ahora nos interesan los datos más cercanos de septiembre de 2006, haremos mención de la evaluación precursora de 2004 cuando interese mostrar la evolución del alumnado como desencadenante de nuevas actividades de aprendizaje. -La habilidad del estudiante en el uso de las nuevas tecnologías es hoy día una fortaleza. Una de las competencias que es mencionada en la introducción de las asignaturas de matemáticas del Bachille- La evolución del alumnado en este asunto ha sido extraordinaria, pues de un 12 % de estudiantes que declaraba navegar por Internet en septiembre de 2004, hemos pasado a que un 85,1 % de los jóvenes que acceden a la Universidad se declaren usuarios de nivel medio o alto de Internet y de sus herramientas de comunicación. Estos excelentes datos afianzaron la idea de dar un nuevo impulso al uso de las nuevas tecnologías en el diseño del aprendizaje de nuestras asignaturas. -La autonomía del estudiante para gestionar su aprendizaje es una debilidad que ha de tenerse en cuenta en el plan de acción. Hemos de reconocer que los profesores universitarios exigimos de nuestros estudiantes que se responsabilicen de su aprendizaje, lo que, en muchos casos, significa que pedimos que sean capaces de gestionar autónomamente su tarea de aprender. En principio, tres aspectos nos parecen claves para que un aprendiz pueda realizar su trabajo con autonomía: la confianza o seguridad como usuario de las matemáticas, las fuentes de información que suele utilizar y la organización de su tiempo de estudio. La seguridad en su trabajo y en sus resultados es un valor imprescindible para que el aprendiz no se sienta abru-mado ante las tareas que se le proponen. Los datos que obtuvimos, véase el gráfico 2, nos dicen que poco más del 36 % de los recién ingresados en los estudios de Ingeniería tienen seguridad de la validez o veracidad de las respuestas que ellos producen en la mayoría de los ejercicios de matemáticas. Seguridad en el resultado al terminar un problema. Cuando has terminado un ejercicio o problema de Matemáticas, ¿sueles estar seguro del resultado obtenido? Casi siempre, Algunas veces, Casi nunca. los libros y algo menos del 5 % han buscado en la red. Parecen mostrar cierta dependencia de que sea otra persona la que les descifre las matemáticas escritas en un libro o en internet. Estos datos nos revelan la necesidad de que las actividades de aprendizaje virtuales vayan acompañadas de un contrapeso presencial, en tanto el estudiante no vaya acostumbrándose al nuevo entorno de aprendizaje. Forma de resolver dudas: búsqueda de información. Si alguna vez tienes dudas o no comprendes "algo" de las matemáticas. -Los recursos tecnológicos disponibles han crecido de tal manera que es una oportunidad que hemos de aprovechar Al pretender que algunas actividades de la enseñanza se realizaran utilizando las herramientas que las plataformas de e-learning ponen a nuestra disposición, es imprescindible conocer hasta qué punto los estudiantes de esa enseñanza disponen de los recursos tecnológicos necesarios. Hay que tener en cuenta dos datos extraordinariamente positivos y otro que podría suponer una amenaza. Los resultados de la encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de la información y comunicación en los hogares, publicados en la web del Instituto Nacional de Estadística www.ine.es, muestran una evolución ascendente en cuanto al porcentaje de viviendas de Aragón que disponen de ordenador personal (ordenador de sobremesa, ordenador portátil) y al porcentaje de ellas que disponen de acceso a Internet. Otro dato muy interesante es la relación de recursos materiales de los Centros Universitarios, en especial, la dotación de ordenadores de las salas de usuarios y su disponibilidad y suficiencia para garantizar el acceso de los estudiantes a los recursos y actividades de aprendizaje via web. En el caso del campus Rio Ebro de la UZ, la puesta en marcha en 2006 de unos 70 ordenadores conectados a la red en la sala de estudio de uno de los edificios supuso un salto cualitativo importante de cara a garantizar la accesibilidad al entorno de aprendizaje virtual puesto en marcha. Un hecho a considerar: los estudiantes desplazados del domicilio familiar. Los estudiantes que tienen que desplazarse desde el lugar de residencia familiar hasta la ciudad donde inician sus estudios universitarios no dispondrán de conexión a Internet en el lugar de alojamiento salvo, quizás, en el caso de que estén instalados en Colegios o Residencias Universitarias. -La actitud pasiva del estudiante ante su propio aprendizaje es una amenaza para el éxito de las prácticas docentes más activas. El modelo de enseñanza predominante en la educación española propicia la pasividad del estudiante ante el aprendizaje. Hasta tal punto está enraizada la actitud pasiva que no es extraño que los estudiantes demanden al profesor la repetición de ese modelo en el que saben cómo actuar y con el que, en su mayoría, han tenido éxito. No obstante, esta tensión es una resistencia al cambio, resistencia que suele superarse al ver cómo son valorados positivamente sus nuevos logros. -Una nueva etapa educativa es un momento de cambio y es una oportunidad para la innovación. Al contrario de lo dicho en el punto anterior y a pesar de algunos lastres, el iniciar una nueva etapa educativa hace que el estudiante sea receptivo al uso de nuevas herramientas de aprendizaje e incluso esté dispuesto a probar nuevas metodologías. A nuestro juicio, la introducción progresiva y, a la vez, constante de las nuevas tecnologías y metodologías es una de las claves para paliar la ansiedad de lo desconocido y animar a la participación. -La inestabilidad del grupo docente en los primeros meses del curso reduce el tiempo en que pueden aplicarse determinados cambios docentes. En nuestro caso, los estudiantes pueden cambiar el grupo de docencia asignado en la matrícula e incluso matricularse hasta bien entrado el mes de noviembre, lo cual genera inestabilidad en el grupo docente y es, desde luego, una amenaza o, más bien, un impedimento para la puesta en marcha de algunas prácticas educativas innovadoras como el trabajo en grupos formales o estables. La escasa o nula experiencia de trabajo en pequeños grupos, salvo en actividades deportivas, es una debilidad con la que hemos de contar al proponer tareas cooperativas en grupos formales o informales. El trabajo en equipo es una competencia transversal que ha de desarrollarse en la etapa universitaria sobre la base de cierta experiencia en etapas educativas anteriores. En nuestra docencia proponemos a los estudiantes unos pocos trabajos en equipo, con la idea de promover su capacidad de colaboración, de contrastar ideas, de saber argumentar, de tomar decisiones. En la evaluación de septiembre de 2006, preguntamos directamente al estudiante sobre su experiencia en el trabajo en equipo y obtuvimos los resultados que se muestran en el gráfico 5. En ellos se observa que en torno a un 57 % de los encuestados manifiesta una nula o escasa experiencia en el trabajo en grupo. No es de extrañar pues que los grupos de trabajo en este nivel adopten estrategias de trabajo consistentes en repartirse la tarea entre los miembros del grupo sin que haya interrelación entre unos y otros. La consecuencia es que el trabajo en pequeños grupos ha de estar organizado y guiado por la profesora de modo que se aprendan y adopten las verdaderas estrategias de un buen trabajo en equipo. Las fortalezas y debilidades mencionadas son las que hemos detectado en nuestro entorno docente que a nuestro juicio han tenido y tienen incidencia en muchas decisiones sobre el diseño de las actividades que proponemos a nuestros estudiantes. Quizás algunas de ellas sean extrapolables a otras situaciones docentes. La pequeña historia de nuestras aventuras en el uso de herramientas de e-learning y de nuevas metodologías en el aula no sigue la secuencia con la que vamos a describir qué, para qué y cómo usamos diferentes actividades de aprendizaje. No hay que olvidar que las asignaturas de las que somos responsables pertenecen al ámbito de la enseñanza presencial de la Universidad de Zaragoza y, por tanto, no es necesario resolver ninguno de los problemas ligados al modelo de formación a distancia mediante el uso de medios electrónicos. Más bien al contrario, son las herramientas electrónicas las que han de echar una mano. Hermann Ebbinghalls establece que durante el proceso de aprendizaje somos capaces de retener un 10 % de lo que leemos, 20 % de lo que oímos, 30 % de lo que vemos, 50 % de lo que vemos y oímos, 70 % de lo que decimos y 90 % de lo que decimos y hacemos. Otras ideas sobre cómo hacer interactivo el aprendizaje se pueden encontrar en Bergeron, 2006; Instructional Strategies Online, 2006. El objetivo de esta experiencia es incorporar en nuestra docencia, de una forma progresiva, actividades que requieran la participación activa del estudiante y, de ese modo, sean ellos los protagonistas de su propio aprendizaje. Atendiendo a la clasificación de Ebbinghalls, pretendemos que nuestros estudiantes se sitúen en los niveles de retención máximo proponiéndoles que "hagan" y "digan". Necesitamos hacer una pequeña incursión en el área de las matemáticas para explicar cómo abordamos el proyecto de innovar para mejorar el aprendizaje de nuestros estudiantes. Todo parte de nuestra concepción de la materia, las matemáticas, que el estudiante debe llegar a comprender. Advirtamos que se trata de nuestras reflexiones particulares y que están sujetas a toda suerte de modificaciones y mejoras; pero hemos de tomar un punto de partida y este es el nuestro. Entendemos que un concepto matemático engloba desde la idea o definición del concepto hasta las estrategias de su uso, pasando por toda clase de propiedades. El esquema podría ser algo así: Propiedades ¿cuál es su relación con otros conceptos? Procedimientos y algoritmos Estrategias de uso y aplicación El objetivo del estudiante es comprender un concepto matemático. Para ello es necesario que el estudiante conozca, se entrene y reflexione sobre todos los aspectos que integran ese concepto. Por tanto, es importante que disponga de información suficiente, que se le faciliten medios de entrenamiento adecuados y que se organicen actividades que propicien un aprendizaje profundo. Ponemos a disposición del estudiante recursos estáticos, diseñamos actividades para el trabajo individual y organizamos actividades para el trabajo en grupo en el ADD. Todas ellas están integradas en el proyecto de enseñanzaaprendizaje de cada una de las asignaturas y entrelazadas con el trabajo que se desarrolla en las clases presenciales. EL DISEÑO DE LOS CURSOS EN EL ADD Hemos de reconocer que en los momentos iniciales de la andadura de estos cursos parecía que había que "engancharse al e-learning" como fuera, pero la experiencia de estos años han puesto las "cosas en su sitio". Sólo unas reflexiones, fruto de la experiencia: • El aprendizaje apoyado por el ordenador no es un objetivo sino un planteamiento de la enseñanza para utilizar otros recursos que nos permitan alcanzar los auténticos objetivos. • No es obligatorio que el curso use cuantas herramientas tiene Moodle. No todas las asignaturas necesitan un chat, un foro, páginas de presentación, un taller, etc., no pretendamos utilizar unos determinados recursos y además en todos los procesos formativos. • Es importante recordar que las asignaturas de cuya docencia somos responsables disponen de la gran ventaja de la presencialidad y, en consecuencia, de la riqueza de la comunicación cara a cara entre los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje. Por tanto, nuestro planteamiento del curso en el ADD es el de un complemento más dentro del proyecto de aprendizaje de cada una de las asignaturas y como tal ofrece herramientas y, por tanto, posibilidades metodológicas que se agregan a la docencia presencial. El diseño metodológico y la organización de los recursos responden a esa idea de complementariedad. En nuestra opinión el trabajo del estudiante debe reconocerse en los términos que a él le interesan: una mejora en la calificación final. En ambas asignaturas hemos ido ofreciendo una mejora en la calificación final en función del valor de la actividad realizada por cada estudiante; la cuantía de esa mejora depende de la diferente programación de actividades en cada curso y asignatura. Por ejemplo, el valor de un buen trabajo continuo durante el actual curso académico 2008-09 es del 20 % de la calificación final. De las formas que ofrece Moodle para organizar los recursos, hemos elegido la que distribuye la hoja principal en secciones o temas, término este último que trataremos de evitar para no confundir al lector con la idea de un tema de los contenidos de la asignatura. Cada sección, salvo dos, está dedicada a una unidad de aprendizaje (formada por los contenidos de la asignatura que pueden estar en uno o varios temas) en la que se ubican todos los recursos y actividades relativos a ella. Hemos procurado que el entorno virtual, su aspecto, fuera claro y sencillo. En todas las secciones o unidades de aprendizaje hemos mantenido una estructura común con el objetivo de facilitar la localización de los distintos tipos de recursos. Además de las secciones dedicadas específicamente al aprendizaje hemos incluido dos o tres más, según la asignatura, con contenidos y estructura diferente. Una de ellas, la primera que aparece en la pantalla inicial del curso, está dedicada a ofrecer al estudiante un punto más de información general sobre la asignatura y de comunicación de carácter general. Como se ve en la figura 1, todos los datos e informaciones de la asignatura que deben ser conocidos por los usuarios de la misma y que, por ello, se publican en los tablones del Centro y del Departamento encuentran un hueco en esta sección inicial: • La información sobre la asignatura se sitúa en la parte superior. El primer enlace nos lleva a una página web con la información del curso, se trata de una versión ampliada de la hoja informativa que se reparte a los estudiantes durante las primeras clases presenciales, y los dos siguientes al horario de las tutorías académicas presenciales. • Bajo el título de tablón de anuncios, está ubicada la información sobre los exámenes: las fechas previstas para la realización de todos los exámenes de primer curso de la titulación de la asignatura en cuestión, la convocatoria del siguiente examen de la asignatura y las notas de exámenes anteriores. • Dos foros de comunicación también general: novedades y cafetería. El foro de novedades es usado esencialmente para comunicación unidireccional, de la profesora a los estudiantes, para que reciban los mensajes a su correo electrónico con los avisos de carácter general sobre incidencias, modificaciones, notificaciones de interés general. El foro cafetería dispuesto en una de las asignaturas para uso de los estudiantes de modo que dispongan de un lugar para sus propios debates sobre los asuntos que deseen o para incluir información sobre los asuntos que les interesen, aunque no estén directamente relacionados con la asignatura, o para consultar sobre las dificultades que les puedan surgir en el uso de la plataforma o, incluso, para algunas actividades de entretenimiento y distensión. Hemos incluido una sección complementaria para recoger en ella otro tipo de información y recursos de interés, por ejemplo, se han publicado los enunciados de los exámenes de cursos académicos anteriores junto a la resolución de algunos ejercicios de examen realizados por los estudiantes, digamos que es el lugar de recursos compartidos que pueden estar generados por los profesores o por los estudiantes. En ambas asignaturas, las prácticas con ayuda de programas científicos (MatLab o Mathematica) en grupos reducidos tienen un peso importante, el 20 ó 25 %. Una sección más de Moodle reúne los recursos, información y actividades específicamente dedicadas a esa parte de la asignatura. LAS UNIDADES DE APRENDIZAJE: METODOLOGÍA Y ACTIVIDADES Nuestra experiencia de aprendizaje se apoya esencialmente en el método conductista con incursiones en técnicas constructivistas. La metodología de trabajo es una mezcla entre el trabajo individual y el trabajo en grupo, pero en cualquier caso, fomentando la participación activa de los estudiantes. El modelo o la estructura de las unidades de aprendizaje responde al siguiente esquema: repositorio de información de los tópicos matemáticos, cuestionarios de aprendizaje, tareas o problemas y encuestas de reflexión. Todas las unidades contienen su propio repositorio de información y uno o varios cuestionarios sobre los tópicos que se abordan en la unidad. La presencia de tareas o de encuestas no es una regla común a todas las unidades, aunque siempre hay propuesta alguna de estas actividades. • Sobre el repositorio de información de los tópicos matemáticos Cada unidad contiene información y documentación sobre el o los conceptos matemáticos que la conforman. Los materiales de teoría, de problemas y de prácticas se presentaron de forma escalonada en el tiempo, de acuerdo con las clases presenciales. En cada tema de estas unidades se accede a archivos creados específicamente para el entorno web. En cada uno hemos tratado de -Sintetizar la información siguiendo un esquema común y procurando que no fueran muy extensos. -Describir, en forma de guión, cuáles son las claves o los puntos importantes de cada tema. -Recordar cuáles son las ideas o procedimientos que es necesario conocer previamente y dónde pueden consultarse, si se necesita. -Incluir el listado de ejercicios y problemas de ese tema. -Recordar unos pocos libros de consulta adaptados al nivel del curso. -Mostrar algunas órdenes de trabajo que el programa Mathematica ofrece. Además, en algunos de esos temas hemos aprovechado los materiales que existen en Internet y se hacen recomendaciones de que accedan a determinadas direcciones web para completar información sobre aspectos matemáticos relevantes o para conocer hechos históricos, curiosidades o incluso pasatiempos. Con la inclusión de referencias de otras páginas web publicadas en Internet se obtienen otros beneficios además de los directamente relacionados con el aprendizaje de la materia. -El estudiante se acostumbra a leer información en la red. Además observa una buena conducta, la de indicar siempre de dónde procede o de quién es la autoría de la información que se ha recogido. -El estudiante dispone de modelos de páginas web de calidad y así puede desarrollar criterios para valorar la información que localice por la red y, por tanto, generar sus propios indicadores de calidad. -El estudiante descubre, si no lo sabía ya, la necesidad de aprender inglés. Esto nos lleva a comentar otra de las iniciativas llevadas a cabo y que consiste en la inclusión de un tema en un foro general en el que se sugiere a los estudiantes que localicen y recomienden alguna página web que sea interesante para la asignatura. El tipo de enlaces que se pueden incluir son de naturaleza muy diversa, por ejemplo, páginas con material docente, programas, aplicaciones, curiosidades matemáticas,... Entre los objetivos que se consiguen al construir esta agenda no sólo está el hecho de construir una lista de enlaces "útiles", sino lo que es si cabe más importante, que los estudiantes busquen información, la clasifiquen como relevante y emitan una opinión sobre la página. Han pasado de ver lo que la profesora elige a tener que formarse un criterio propio para elegir. En resumen, el repositorio de información está formado primordialmente por archivos generados y publicados por la profesora (información estática publicada en función del calendario docente) con enlaces, en algunos casos, a páginas web externas y además las aportaciones de los estudiantes, información cambiante o más dinámica, sobre las páginas web que ellos recomiendan. • Sobre los cuestionarios de aprendizaje En cada tema se proponen uno o varios cuestionarios de aprendizaje. Reiteramos que se trata de una actividad totalmente engarzada en el proyecto de aprendizaje y, por tanto, la configuración de los cuestionarios depende de los conceptos que traten y del calendario de trabajo. Durante estos tres últimos cursos académicos nos hemos dedicado a crear preguntas de opción múltiple, la mayoría, o de emparejamiento o de respuesta abierta corta de forma que estamos llegando a construir un pequeño banco de preguntas. Hemos puesto en práctica dos tipos de configuración de los cuestionarios; en un caso las preguntas del cuestionario son fijas y en otro se realiza una selección aleatoria dentro de las categorías que contienen preguntas de características análogas. En ambos casos, se ofrece al estudiante la posibilidad de realizar dos intentos por cuestionario y así se permite al estudiante enfrentarse, en el segundo intento, a las mismas preguntas (de las que no se le proporciona las soluciones) u otras nuevas, análogas a las del primero, con el conocimiento adquirido en el primer intento. La mejoría en los resultados suele ser el denominador común, lo cual, en nuestra opinión confirma que la actividad de responder a cuestionarios produce aprendizaje. En el párrafo anterior hemos afirmado que el estudiante adquiere conocimiento como consecuencia de realizar el primer intento del cuestionario. Es evidente que al tratar de responder a las preguntas el estudiante está aprendiendo, pero hemos de decir que las respuestas del estudiante están acompañadas de retroalimentación de dos tipos: a priori y a posteriori. Con retroalimentación a priori nos referimos a la que forma parte de la pregunta y que la hemos incluido para que aparezca una vez el estudiante haya respondido al cuestionario. En algunas preguntas hay retroalimentación general (véase la figura 2), es decir, comentarios e información que ayuda al estudiante a di-rigir su estrategia para responder a ese tipo de preguntas. Y en muchas otras hay retroalimentación especial para los distractores (véase la figura 3) que en la pregunta de opción múltiple se ofrecen, estos distractores suelen reflejar errores comunes advertidos a lo largo de nuestra experiencia docente. Retroalimentación general en una pregunta. Retroalimentación en cada uno de los distractores de una pregunta. Retroalimentación en los distractores Ahora bien, además de lo previsto a priori, conviene reaccionar ante lo observado y dar retroalimentación a posteriori. Así pues, es recomendable consultar la estadística de respuestas a cada opción de las preguntas de los cuestionarios y decidir si es necesaria una intervención especial o una retroalimentación a posteriori. Nosotras hemos usado dos técnicas: comentar los errores o dificultades en la clase presencial y/o abrir un foro en el que abrimos uno o varios temas de modo que se oriente el debate hacia la aclaración del error o errores o hacia la explicación de la solución. Otro asunto ha merecido nuestra atención a lo largo de estos dos cursos de implantación de la actividad de cuestionarios: el período de tiempo en el que parece conveniente que estén disponibles para el estudiante. La metodología que hemos comentado lleva implícito que los cuestionarios estén disponibles durante un tiempo limitado, pero la experiencia nos ha enseñado que hemos de tener en cuenta que plazos de tiempo muy cortos, tres o cuatro días, pueden hacer imposible la participación de los estudiantes (dificultades de calendario, de conexión a internet, etc.). Así que, este curso académico, estamos dejando abiertos los cuestionarios entre 7 y 10 días tras la presentación de la correspondiente materia en la clase presencial. A ello hemos de añadir que los cuestionarios se vuelven a abrir para la preparación de exámenes durante los períodos del curso sin docencia presencial. Es evidente que las autoras hemos realizado un notable esfuerzo para producir las preguntas que pueden formar parte de los cuestionarios de aprendizaje, pero ahora el esfuerzo ha pasado al servidor de la plataforma Moodle. Es muy alentador ver en marcha una actividad que, hoy por hoy, no podemos llevar a cabo en su versión presencial: por un lado, el alumno trabaja para responder a unas preguntas, envía sus respuestas al sistema que, a continuación, le provee de retroalimentación y de las soluciones y, por otro, nosotras disponemos de retroalimentación sobre cada estudiante y sobre cada pregunta y así poder actuar en consecuencia. Además, el estudiante va adquiriendo el hábito de organizar su tiempo de aprendizaje distribuyéndolo a lo largo de todo el curso académico y dejando de concentrarlo exclusivamente en las fechas previas a las convocatorias de exámenes. • Sobre las tareas o problemas Las actividades de aprendizaje que agrupamos bajo el nombre de tareas o problemas pretenden construir un nivel más avanzado de conocimiento de modo que el estudiante utilice los conceptos matemáticos aprendidos para resolver problemas en contextos diferentes al puramente matemático. El propósito de las tareas es que el estudiante descubra las estrategias que realmente funcionan para resolver un problema aplicado. Algunos estudiantes quizás ya hayan adquirido algunas habilidades necesarias para abordar con éxito un problema aplicado; en cualquier caso, el objetivo de las tareas es que el estudiante vea las debilidades y fortalezas de las estrategias que él mismo aplica, si las tiene, y las que emplean sus compañeros. La metodología usada en las tareas es también diversa: trabajo individual y trabajo en grupos informales, en unos casos, y formales, en otros y en cualquier caso se usan las herramientas de Moodle para asistir el trabajo del estudiante, del grupo y de la profesora. La programación de las tareas a lo largo del curso está influida por una de las debilidades que ya hemos señalado: la inestabilidad de los componentes del grupo docente al inicio del curso académico. Por eso, en el primer cuatrimestre se proponen dos tareas para realizar en grupos informales, es decir, en grupos de estudiantes que se crean espontáneamente y exclusivamente para la realización de cada una de esas tareas; mientras que en el segundo cuatrimestre se proponen tres tareas para realizar en grupos formalmente constituidos para su trabajo continuado durante ese período del curso. Junto a este trabajo cooperativo, se programan dos tareas individuales una para cada cuatrimestre del curso. Al proponer tareas individuales, tratamos de conseguir que el estudiante "haga" y "vea qué hace", es decir, ponemos a prueba su habilidad para generar y usar estrategias de modelización y resolución. Se propone a cada estudiante un problema/trabajo por cuatrimestre, problema que se sitúa en un contexto "cercano" a la realidad y en el que se han de utilizar los contenidos y métodos matemáticos adquiridos durante una parte del curso, así como el uso del "software" manejado en las clases de prácticas. A cada estudiante se le asigna aleatoriamente el problema que le toca resolver de la lista de diez propuestos. Aunque el trabajo está inicialmente planteado de forma individual y la forma de asignación aleatoria pretende garantizar la individualidad del trabajo, no planteamos ninguna objeción a su resolución con otros compañeros que hacen el mismo ejercicio. Realmente la situación que se suele dar, en general, es que unos cuantos estudiantes (pocos, en torno al 10 %) deciden resolver juntos el problema común que han de resolver y, en este caso, mayoritariamente se agrupan por parejas. Dos aspectos son claves en la resolución de los problemas: la capacidad de expresión y el uso de los conocimientos adquiridos; por eso, el estudiante es requerido para que explique las ideas, razonamientos, etc. utilizados para resolver el problema en la forma que lo presenta. La valoración de la tarea realizada se basa tanto en criterios de contenidos como en criterios de habilidades. Lo cierto es que la corrección de estas pruebas es una tarea exigente, pues de la revisión de cada trabajo resulta un documento que se envía a cada estudiante en el que les indicamos dónde hay errores de concepto o de método, dónde hay comentarios o expresiones incorrectas, etcétera y cómo pueden subsanarlos autónomamente a través de apuntes, libros, información en el ADD o, en algunas ocasiones, convocamos una tutoría compartida con algunos o todos los compañeros que han hecho la misma tarea. Respecto a las tareas que se realizan en pequeños grupos de cuatro estudiantes, tanto en el caso de grupos esporádicos como en el de grupos estables, a los objetivos de aprendizaje de las tareas individuales se añaden el de mejorar las habilidades para el trabajo en grupo y desarrollar las capacidades de comunicación oral o escrita. Al trabajar en grupo, todos sus componentes "ven lo que otros hacen" para resolver un problema, es decir, descubren cómo trabajan otros compañeros y qué estrategias utilizan. La metodología de trabajo en las tareas en pequeños grupos combina el uso de herramientas de Moodle con actividades presenciales. En cada tarea, el grupo mantiene una o dos reuniones con la profesora en las que el grupo expone el estado del trabajo realizado y las dificultades encontradas, resueltas o no; nuestro papel consiste en orientar, no resolver, el trabajo del grupo a través de sugerencias de estudio o a través de preguntas que conduzcan hacia estrategias más productivas o, en definitiva, a través de cualquiera de las múltiples iniciativas que tomamos los profesores ante las dificultades o dudas en el aprendizaje de nuestro estudiantes. El grupo dispone de un foro particular en Moodle del que también forma parte la profesora, nuestras intervenciones en este foro se reducen a aquellos momentos en los que observemos errores o dificultades que no se superan o en caso de inactividad del grupo. El resultado del trabajo debe reflejarse en un documento escrito, que en unos casos es expuesto públicamente en la clase presencial y en otros publicado en Moodle. Una iniciativa reciente es la de adjuntar una rúbrica a las tareas programadas, es decir, una guía de trabajo que se entrega a los alumnos antes de iniciar una determinada tarea para ayudarles a pensar sobre los criterios con los que su trabajo será juzgado. Esperamos que esta decisión redunde en una mejora de los resultados de aprendizaje. • Sobre las encuestas de reflexión Existen numerosas técnicas de dinámicas de grupo que promueven la participación de los estudiantes en las clases magistrales. Hemos ensayado en las clases expositivas dos técnicas: "Think-Pair-Share" (Creed,1996), método en el que se hace partícipe a los alumnos de lo que se está explicando proponiendo cuestiones sencillas sobre las que debaten los estudiantes por parejas y "One minute paper" (Ross y Angelo, 2001y Stead, 2005) en el que los alumnos responden a una breve encuesta individual por escrito que permite múltiples adaptaciones, dependiendo del tipo de asignaturas, del tipo de alumnos, del tipo de información a conseguir, etc. Debido a los beneficios que nos ha reportado la aplicación de la técnica de "One minute paper" en la clase magistral, proyectamos trasladar esta técnica al entorno virtual. De hecho, hemos programado para el segundo cuatrimestre a punto de comenzar varias encuestas de reflexión, al estilo de "One minute paper", en las que el estudiante responde de forma anónima a dos o tres cuestiones sobre las actividades que se han realizado en el entorno virtual. No sólo pretendemos conseguir información de cómo va marchando el proceso de enseñanza y aprendizaje sino que también tratamos de conseguir que los estudiantes se detengan a reflexionar sobre lo que están aprendiendo, a sintetizar la información que han aprehendido, a relacionar los hechos que ya conocen o a recapacitar sobre su propio proceso de aprendizaje. La utilización de encuestas de reflexión en el entorno virtual permite que el estudiante responda en el momento que más le convenga y eso puede conllevar una meditación más profunda y extensa sobre los asuntos que se le preguntan. TUTORÍAS INDIVIDUALES Y COOPERATIVAS: MENSAJES Y FOROS La comunicación entre profesor y estudiante y entre los estudiantes es muy rica cuando se trabaja en la enseñanza presencial, pues todos los agentes del proceso educativo están en el mismo lugar y al mismo tiempo en multitud de ocasiones. Y se puede mejorar añadiendo las posibilidades de comunicación y debate que nos ofrecen las plataformas de e-learning. Nosotras estamos usando los mensajes y los foros de Moodle para realizar tutorías proactivas y reactivas. • Las tutorías individuales: mensajes Hay muchas razones, por todos conocidas, que justifican la necesidad de utilizar los mensajes al correo electrónico para complementar la comunicación presencial. • El estudiante puede mantener un diálogo asíncrono con las profesoras. • El correo electrónico es un medio de consulta que a veces es más rápido que el presencial (a veces los ca-lendarios de profesor y estudiante son difícilmente compaginables). • El estudiante puede escribir y enviar un mensaje en el momento que le asalte una duda. • El estudiante debe tratar de formular con claridad sus ideas o su pregunta. • El correo electrónico puede ayudar a que el estudiante tímido se atreva a preguntar. • Se pueden atender casos especiales (enfermedad, trabajo, etc.). • Durante los períodos lectivos sin clases presenciales, los estudiantes cuya residencia familiar está fuera de Zaragoza necesitan, y de hecho usan, los mensajes como medio de tutoría. • Las tutorías cooperativas: foros Hemos usado dos tipos de foros para las tutorías cooperativas: foros de Pregunta y Respuesta (en adelante, PyR) y los foros abiertos. Los primeros, los foros PyR, son una modalidad de la actividad foros que Moodle ofrece. Su funcionamiento exige que el estudiante responda al mensaje de inicio del debate enviado por la profesora si quiere ver las contribuciones de los demás estudiantes. Estamos usando los foros PyR para tutorías proactivas, es decir, una vez detectados errores o dificultades comunes a través de los cuestionarios, de las tareas y, en general, de las actividades del curso, nos adelantamos a la previsible y esperable consulta de los estudiantes proponiéndoles una pregunta o una explicación incompleta sobre la que debatir dirigida a subsanar la dificultad de aprendizaje detectada. Se realizaron tutorías grupales y telemáticas reactivas a través de los foros previamente definidos en la plataforma Moodle. De esta forma se fomentó la cooperación entre los alumnos y la conciencia de cómo podían ayudarse entre ellos al hacer públicas sus dudas. Desarrollaron una gran creatividad a la hora de enviar dudas a los foros del curso en el ADD y más teniendo en cuenta que se trata de dudas de matemáticas lo que dificulta enormemente la redacción de los mensajes. Esta situación era crítica especialmente cuando la calidad de la conexión de Internet no era especialmente buena desde sus casas y si el editor de ecuaciones no funcionaba correctamente. Incluso en esos casos no supuso ningún obstáculo, los alumnos participaron y recibieron de buen grado esta iniciativa. Se detectó una gran cantidad de visitas a los mensajes de los foros y menos participación en ellos en comparación con las visitas. Según sus propias fuentes, el sentido del ridículo es importante a la hora de plantear una duda y no están acostumbrados a resolverse dudas de forma comunitaria. Por otra parte reconocían que el uso de los foros para dudas es un buen procedimiento ya que les provee de las soluciones a muchas de las dudas surgidas en el tiempo de estudio. Además estás podían ser resueltas de forma asíncrona y de forma virtual. Al principio se mostraron reticentes a realizar tutorías grupales e incluso existía a menudo la figura del "oyente", alumno que no pregunta nada y escucha todas las preguntas y respuestas de sus compañeros. Con el tiempo los "oyentes" pasaron a participar de las sesiones. La experiencia de estos últimos cursos ha demostrado que los foros como medio de tutoría cooperativa ofrecen ventajas como las siguientes: ayuda a vencer el "pudor" a escribir en público; a pesar de disponer de un editor de ecuaciones, deciden expresar fórmulas y símbolos con texto plano (por ejemplo, suelen utilizar las expresiones de Matlab para las matrices o "trucos" verdaderamente ingeniosos); aprenden a expresar sus dudas concretas y se dan cuenta cuándo preguntan algo demasiado general o abstracto; aprenden mejor los conceptos al intentar explicarlos a sus compañeros; aprenden a expresarse de forma correcta en público (muy pocos utilizan la "jerga" de los móviles y, si lo hacen, sólo al principio); se dan cuenta de que no ponen atención al leer los enunciados de los problemas, los mensajes de los compañeros, etc.; expresan sus opiniones pero siempre con la confianza de que los posibles errores serán subsanados por sus compañeros y, en caso necesario, por la profesora y alaban el hecho de encontrar resueltas algunas de sus dudas (se ve la conveniencia de ir generando un repositorio de respuestas a las preguntas más frecuentes, las llamadas FAQS). Y también hemos encontrado desventajas. Por un lado las debidas a las limitaciones de la plataforma como: los foros no permiten organizar los mensajes y aunque se creen varios temas en un foro, dentro de cada uno puede llegar a reinar el caos o el sistema de respuesta y anidado de los mensajes puede conducir a un desorden absoluto. Todo ello desanima a los alumnos que acceden tarde al curso, pues se sienten "abrumados" por la cantidad de mensajes y eso les retrae a participar. Por otro lado, es necesario establecer unas normas de conducta para que las intervenciones en los foros sean realmente útiles; por ejemplo, es necesario que el asunto de los mensajes sea suficientemente explicativo, pues en caso contrario se pueden leer asuntos como "ejercicio" o "problema" lo que, de ninguna manera, expresa el contenido del mensaje o también conviene advertir a los estudiantes de que los contenidos de sus mensajes deben ser concretos y centrados en una sola duda. En resumen, es muy recomendable dar instrucciones claras al principio del curso sobre el uso de los foros indicando: cómo crear el asunto de un mensaje nuevo, cómo responder, cómo cambiar el asunto de un mensaje aunque sea de respuesta y cómo recopilar mensajes. Suele ser muy ilustrativo mostrar algunos ejemplos de malas prácticas y confrontarlos con modelos de las buenas prácticas de cursos académicos anteriores. Los alumnos agradecen cualquier iniciativa que les induzca, de alguna forma, a llevar un ritmo de trabajo continuo, y que les permita comprobar sus niveles de conocimiento en cada momento. Su participación en las actividades suele ser entusiasta pero, con el avance del curso, algunos van abandonándolas al no conseguir, en general, mantener el ritmo de trabajo de todas las asignaturas. Esta observación pone en el punto de mira un aspecto esencial para el éxito del proyecto de cambio metodológico que se propugna en el EEES: la coordinación entre las asignaturas de un mismo curso académico para que, entre otras cosas, el esfuerzo total del estudiante para superar el curso completo no le desborde. Las debilidades mencionadas en este artículo, como el hábito de estudio, son obstáculos que asoman a lo largo de todo el proyecto de aprendizaje. También se han ido poniendo de manifiesto algunas carencias en su formación previa en cuanto a habilidades y conocimientos matemáticos. La constatación de esta situación fue el desencadenante de dos actuaciones del grupo FMI en el que han intervenido y siguen interviniendo las autoras: evaluar el perfil de ingreso de un estudiante a los grados de ingeniería (Riaguas, Arribas, Celorrio y Lerís, 2006; Boal y otros, 2007; Bueno y otros, 2008y Boal, Bueno, Lerís y Sein-Echaluce, 2008-2), crear un entorno de aprendizaje virtual (Sein-Echaluce y otros 2008) y diseñar un curso de iniciación a la formación en competencias matemáticas. Los estudiantes recién ingresados en la Universidad están acostumbrados a realizar su trabajo de forma individual, suelen desconocer las ventajas del trabajo en grupo y algunos tienden a prejuzgarlo como una pérdida de tiempo. La puesta en práctica de unos pocos trabajos en grupo con la atención y asesoramiento de la profesora suele ser el mejor remedio contra esos prejuicios. Podemos contar en el haber de nuestra experiencia que se ha conseguido fomentar el trabajo cooperativo, que los estudiantes mejoran su capacidad de comunicar matemáticas y que, en definitiva, han mejorado su conocimiento de algunos asuntos matemáticos y han desarrollado sus habilidades sociales.
Mucho se ha escrito y debatido sobre el desarrollo de los sistemas de búsqueda en Internet y su capacidad para atraer a millones de usuarios que los utilizan a diario, y suponen una herramienta hoy imprescindible en buen número de casos. Sin embargo, nada parecido ha ocurrido con aquellos contenidos que, suponiendo un entorno amplio, generalmente disperso pero limitado y de información perecedera, ofrecen una información concreta, relativamente estructurada y contrastada. Cuando estos entornos deben ser difundidos de forma amplia ofreciendo una información precisa en cada búsqueda se requiere la puesta en marcha de herramientas de búsqueda cuyo uso sea de fácil manejo y capaces de ofrecer resultados de elevada exactitud. Entornos como los mencionados antes se producen en muchos órdenes de la vida, pero de manera especial en actuaciones donde varias administraciones públicas proyectan acciones hacia el ciudadano. Éste puede ser el caso de España, donde una actuación puede venir influenciada por competencias de la Administración local, autonómica, estatal o incluso la europea dada nuestra pertenencia a la Unión Europea. Si a lo anterior se suma el hecho de estar la acción que quiere realizar la persona física o jurídica condicionada por un alto coste de oportunidad, encontramos un contexto casi perfecto donde se necesitan herramientas que garanticen la precisión y exhaustividad en las búsquedas sobre repositorios amplios pero limitados y relativamente estructurados. El departamento de promoción de la innovación del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) se responsabiliza de las áreas de asesoramiento, del servicio de información oficial, de la relación con los medios de comunicación, de la logística e imagen y de mercadotecnia del organismo. Por tanto, gestiona y participa en las acciones de comunicación y promoción general, presta atención a empresas y emprendedores, coordina las actividades relacionadas con medios, atiende las solicitudes de información recibidas, elabora y edita publicaciones corporativas e informes y apoya en la identificación de sectores, áreas tecnológicas y potenciales empresas beneficiarias de las ayudas del Centro. En concreto, en el área de asesoramiento coordina y gestiona la Red nacional de puntos de información sobre investigación, desarrollo tecnológico e innovación cuya misión es la de informar y asesorar a empresas y emprendedores sobre los instrumentos de financiación pública a la I+D+i que mejor se adapten a sus necesidades independientemente del ámbito geográfico de la ayuda (local, autonómico, estatal o internacional). En el departamento de promoción de la innovación llevábamos años interesados en la elaboración de un gran repositorio de ayudas públicas a la I+D+i que es una de las materias donde las cuatro administraciones antes mencionadas ofrecen oportunidades de financiación a actuaciones empresariales y de emprendeduría. Fue a finales de 2005 cuando nos planteamos la puesta en marcha de un buscador de acceso libre que fuera capaz de ofrecer información sobre la práctica totalidad de ayudas públicas a la I+D+i. La búsqueda de las ayudas que más se ajustan a las necesidades de cada empresa en cada momento y la preparación de las propuestas de solicitud supone un esfuerzo que en el caso de pequeñas y medianas empresas puede llegar a ser significativo, en función del volumen de la empresa, y dificultar su participación en los programas de ayuda a la I+D. Estos sistemas de búsqueda abierta pero a la vez precisa en entornos amplios, dispersos pero finitos comparten algunas exigencias con los grandes buscadores de la red para ser viables a largo plazo, como son la necesidad de incorporar nuevos contenidos al repositorio de búsqueda de la manera más rápida y automatizada posible y la conveniencia de ofrecer resultados no nulos. Estas dos exigencias se convierten en fortalezas del servicio cuando se ofrece desde las administraciones: la actualización casi automatizada del contenido del repositorio evita la dedicación de mano de obra abaratando considerablemente el resultado sin perder por ello precisión, y el resultado no nulo en las búsquedas transmite lo amplitud de la actuación ofreciendo posibilidades a prácticamente casi cualquier actuación o iniciativa privada amplificando la actuación de las administraciones. Desde el departamento de promoción de la innovación conocíamos los desarrollos que se estaban llevando a cabo en el entorno del Laboratorio de Innovación en Tecnologías de la Información (LITI) de la Universidad Politécnica de Madrid sobre contenidos de e-learning. Esto era así dado que, ya en el año 1999, colaboramos conjuntamente con ese laboratorio para la distribución electrónica de la documentación oficial de la presidencia española del programa internacional Eureka, a través de una aplicación que permitía la reestructuración de los contenidos en función del área o temática de interés del usuario. En aquel entonces observamos la potencialidad de la herramienta, cuyas funcionalidades más poderosas tuvieron que ser limitadas en favor de un más fácil manejo al no disponerse de tiempo para formación. Aquel sistema hacía uso ya de una categorización de contenidos basada en etiquetas que tan de moda se ha puesto últimamente con la web 2.0. Ello permitía la reestructuración de la documentación de forma sencilla y rápida para presentarla desde la perspectiva de interés del usuario en cada momento. El sistema de etiquetado surgió en las investigaciones del LITI como una necesidad para categorizar contenidos en los entornos de gestión de conocimiento desarrollados por el laboratorio, y su utilidad principal estaba vinculada al ciclo de generación de nuevo conocimiento al permitir reestructurar el repositorio por un número ilimitado de relaciones. Así, el análisis bajo nuevos puntos de vista podía llevarse a cabo con la simple introducción de etiquetas que reflejaran suficientemente cada nueva perspectiva. La evolución de los sistemas y el planteamiento de herramientas rápidas de búsqueda permitieron descubrir la enorme potencialidad que tenía el procedimiento de etiquetado. Bastaba con identificar los puntos de vista más comunes y sus etiquetas asociadas para obtener auténticos buscadores rápidos y precisos. Si además se consigue una categorización semiautomática se habrá añadido entonces la importante componente de bajo coste al buscador. La captura automática de información ha avanzado mucho en los últimos años. No obstante, muy pocos procesos automáticos son capaces de realizar una categorización completa. Por ello, desde el departamento de promoción de la innovación al analizar y definir los procesos de captura y categorización utilizamos la inestimable participación de proveedores que conocen perfectamente la estructura y el formato de los contenidos a capturar y les trasladamos nuestro punto de vista como usuarios avanzados de ese potencial buscador. Los primeros análisis sobre las capturas automáticas nos revelaron la necesidad de incorporar una pequeña y ligera tarea de categorización manual que mejoraba sensiblemente el resultado final y garantizaba una mínima supervisión. Esto suponía un pequeño coste de mantenimiento de la herramienta pero a la vez supervisaba ligeramente el trabajo y confirmaba la validez de los contenidos. De la manera descrita fue como nos enfrentamos a una de las carencias detectadas en varios estudios 1 sobre sistemas usados por los trabajadores del conocimiento: necesidad de una mejor clasificación del contenido. El sistema de categorización que surge del uso de etiquetas se llama "folksonomía" (un sistema de categorización en régimen de colaboración elaborada a lo largo del tiempo por las personas). A veces se puede interpretar la folksonomía como algo contrario a la taxonomía, donde el esquema de categorización viene determinado por un experto. Las principales ventajas de las folksonomías es que reflejan las estructuras de información y las relaciones de información que utilizan las personas en la práctica, en lugar de estructuras y relaciones planificadas de antemano e impuestas a los usuarios. Como usuarios avanzados en la búsqueda y análisis de ayudas públicas establecimos una folksonomía a través de etiquetas que permitía estructurar las ayudas desde nuestro uso interesado y ofrecer un panorama personali- zado del repositorio. Si esa estructuración la ofrecíamos en abierto en el buscador estábamos convirtiendo nuestro sistema de etiquetado en una taxonomía para el proceso de búsqueda. Resolvíamos así las dificultades asociadas a la categorización del repositorio y el sistema quedaba capacitado para poder cambiar la estructuración de contenidos y adecuarla a nuevos puntos de vista o usos interesados que descubriéramos en el futuro. Se había alcanzado así un procedimiento de búsqueda flexible y adaptable. Una vez superada la dificultad de la clasificación, nos enfrentamos al siguiente reto: la correcta distribución y transmisión de la información. Cuando desde el departamento de promoción de la innovación planteábamos poner en marcha un sistema que permitiera a las empresas y emprendedores acceder a la totalidad de las ayudas públicas a la I+D+i éramos conscientes de la dificultad que implicaba ofrecer un elevado conjunto de conocimientos que debían de poderse transmitir desde una plataforma electrónica. En el departamento de promoción de la innovación, y en el conjunto del Centro para el desarrollo tecnológico industrial, estamos familiarizados con la transferencia de conocimientos desde la perspectiva de la tecnología como conocimiento más usado y estudiado en nuestra actividad diaria. Sin embargo, como tal conocimiento, las conclusiones sobre su transferibilidad pueden aplicarse a cualquier ámbito o contexto puesto que el análisis se basa en atributos o dimensiones básicas del conocimiento. El buscador permite realizar las búsquedas utilizando etiquetas predefinidas que permiten visualizar los resultados desde multitud de puntos de vista. En un futuro se contempla la posibilidad de que grupos específicos de usuarios puedan definir sus propias etiquetas. Así, las posibilidades de que un determinado conocimiento tecnológico pueda ser transferido voluntariamente o imitado y la velocidad de su difusión van a depender de: (1) el nivel de formalización, (2) la capacidad para ser enseñado, (3) la posibilidad de que sea observable, (4) el grado de complejidad y (5) el grado de dependencia de otros conocimientos. Estas características del conocimiento son las que dificultan la identificación de las tecnologías relevantes y originan las imperfecciones en la transferencia de conocimientos tecnológicos (Nieto Antolín, 2001 2 ). El grado en que los conocimientos puedan ser codificados, enseñados y observados va a influir en las posibilidades de que sean identificados y transmitidos. Si el conocimiento es explícito, se puede enseñar con facilidad y es observable, su identificación por parte de terceros será inmediata. Los ejemplos de este tipo de conocimientos son enormemente variados; no obstante pueden agruparse en cuatro categorías básicas (Badaracco, 1991 3 ): EI conocimiento contenido en textos, diseños y procedimientos. Son desarrollos teóricos formalizados, cálculos, fórmulas, memorias de ingeniería, planos, especificaciones técnicas, y otros documentos. EI conocimiento contenido en las propias máquinas. Todas las máquinas son en cierto modo un depósito de "conocimiento congelado", que puede extraerse mediante la ingeniería inversa. También, ciertas máquinas poseen conocimiento en la medida que saben cómo desempeñar ciertas tareas como los ordenadores con sistemas expertos, equipos de análisis y diagnóstico, etcétera. EI conocimiento contenido en ciertos materiales: Productos químicos y farmacéuticos, metales de aleaciones especiales, nuevos materiales de características avanzadas, polímeros, plásticos, etc. 4. EI conocimiento contenido en la mente de los individuos. No todo el conocimiento que poseen los individuos es de carácter tácito. También, las personas poseen conocimientos explícitos que pueden ser observados y enseñados con facilidad. Prueba de ello es que los ingenieros y directivos de las empresas son capaces de transmitir parte de sus conocimientos a otros miembros de la organización mediante cursos de formación convencionales. Los potenciales imitadores, pueden identificar esos conocimientos del personal de otra empresa sin más que observar sus compor-tamientos y analizar las decisiones que adoptan. En caso extremo, pueden adquirir estos conocimientos contratando a ese personal. Estos tipos de conocimientos por ser explícitos, enseñables y observables no van a tener especiales dificultades para ser identificados y van a poder adquirirse e imitarse fácilmente. Conforme a esto, cuando los conocimientos tengan estas características van a difundirse y transmitirse con rapidez. Por el contrario, si los conocimientos son tácitos, difíciles de enseñar y observar van a tener una menor probabilidad de ser identificados. Estos conocimientos, residen fundamentalmente en las relaciones especializadas entre los individuos y los grupos y en las rutinas, actitudes y formas de tomar decisiones que caracterizan los contactos entre ellos. Estos conocimientos, surgen a partir de la experiencia acumulada en la mejora de las operaciones cotidianas como resultado de un largo proceso de aprendizaje. Están incrustados en las rutinas de las organizaciones y es muy difícil su identificación. Por otra parte, el grado de complejidad y grado de dependencia que tenga el conocimiento reducen las posibilidades de que pueda ser usado eficazmente. En general, cuanto mayor sea la complejidad del conocimiento tecnológico y mayor su grado de dependencia de otros conocimientos más difícil y lenta será su transferencia. Todo conocimiento complejo surge de la combinación de un conjunto heterogéneo de otros conocimientos. Cada uno de estos conocimientos, a su vez, puede ser el resultado de la integración de otra serie de conocimientos complejos y así sucesivamente. Es obvio que cuanto más complejo sea un paquete de conocimiento, más dificultad se tiene para identificar y reproducir todo el conjunto de conocimientos individuales que lo forman. Con independencia de su complejidad, un determinado conocimiento tecnológico puede ser dependiente, y estar integrado, en un sistema de conocimientos. Es decir, para su plena utilización puede ser necesario el empleo de una serie de conocimientos complementarios (otras tecnologías, experiencia anterior, personal especializado,...). En algunos casos, la disponibilidad de recursos complementarios, es imprescindible para asegurar el éxito del proceso de innovación. Obviamente una organización o individuo tendrá dificultades para utilizar eficazmente un determinado conocimiento sin poseer los conocimientos complementarios adecuados. Incluso, su utilización sin esos conocimientos complementarios podrá ser perjudicial. Por ello, la transferencia de un conocimiento va a estar afectada por su grado de dependencia respecto a otros conocimientos. Cuanto mayor sea el número de relaciones de dependencia de un conocimiento respecto a otros más lenta y difícil va a ser su transferencia. En resumen, si el conocimiento es tácito, no enseñable y no observable, será difícil identificarlo. Por otro lado, si el conocimiento es complejo y dependiente, será difícil conocer los vínculos que lo ligan a otros conocimientos, lo que aumentará la dificultad de uso. Los problemas de identificación y uso del conocimiento van a limitar su transferencia. Por tanto, nuestro sistema de búsqueda e información de ayudas públicas a la I+D+i tenía que ofrecer un conocimiento lo más explícito, enseñable y observable posible, además tenía que contemplar la posibilidad de acceder a los conocimientos previos de los cuales dependían los contenidos que se obtuvieran en las búsquedas. En nuestro caso, dado que el conocimiento ofrecido es aquel vinculado a una convocatoria pública de ayuda, los conocimientos previos necesarios para su asimilación venían recogidos Figura 3. Además de la ficha informativa de la ayuda, el buscador proporciona la publicación del boletín oficial y toda la legislación asociada a esa ayuda en formato pdf con indexación del contenido. en su mayoría en la orden u órdenes de bases previa que se hubiera publicado y afecten a ese tipo de ayudas. El sistema visualiza el resultado de cada búsqueda con todos los documentos oficiales publicados y relacionados con la ayuda objeto de la búsqueda cumpliendo así el requisito imprescindible para la transferibilidad. Además, a través de un pequeño trabajo adicional, y gracias al buen desempeño que tenía el proveedor que capturaba automáticamente los textos de los distintos boletines oficiales, se incorporó una indexación de los textos oficiales lo que permitía una fácil detección y observación de los contenidos. Se cumplía así el resto de requisitos para conseguir una buena transferencia de conocimiento a través del sistema, el conocimiento ofrecido era enseñable y fácilmente observable. En conclusión, los pasos anteriores describen los hitos principales por los que ha discurrido el desarrollo del "Mapa electrónico de ayudas a la I+D+i" del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) que permite acceder de forma fácil y accesible a información actualizada sobre todas las ayudas públicas que las administraciones (local, autonómica, estatal y europea) ponen a disposición de empresas, emprendedores y centros de investigación para fomentar la realización de actividades de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) empresarial. La actualización de la información se realiza de forma diaria a través de un proceso de captura automática en el conjunto de boletines oficiales del conjunto de administraciones antes mencionadas. Este mapa de ayudas forma parte de la batería de herramientas de soporte de la Red de Puntos de Información sobre I+D+i (PIDi), una iniciativa lanzada en julio de 2006 cuyo objetivo es ofrecer servicios de información y asesoramiento a empresas y emprendedores sobre las ayudas públicas a la I+D+i. La utilización de esta herramienta, accesible en abierto a través de la página web del CDTI -www.cdti.es-, es completamente gratuita, y permite acceder a la información por múltiples criterios de selección: áreas tecnológicas de actividad de la empresa, tamaño de la empresa requerido para su participación, localización geográfica en la que se desarrollará el proyecto, sector de actividad, tipo de financiación que se precisa o modalidad de participación individual o cooperativa, entre otros criterios. El mapa, totalmente automatizado y con una actualización diaria, ha permitido informar ya sobre más de un millar de ayudas a la I+D+i con un gran nivel de detalle sobre los requisitos de acceso, sobre sus posibles beneficiarios, sobre los importes destinados a cada ayuda y los plazos de presentación, llegando a incluir un índice con el texto completo de la publicación oficial de la ayuda para su más fácil comprensión. Pero todavía más importante que los datos son los aspectos cualitativos que incorpora este mapa, al ofrecer la actuación de las distintas administraciones de una manera conjunta lo que aporta coherencia y eficiencia a la acción de apoyo público hacia las iniciativas innovadoras y permite, además, al potencial usuario de ese apoyo descubrir las mejores oportunidades o actuaciones desde su punto de vista. Sin duda, este mapa, disponible para toda la comunidad investigadora española, no hubiera sido posible sin la colaboración tecnológica del Laboratorio de Innovación en Tecnologías de la Información de la Universidad Politécnica de Madrid que aportó y sigue aportando su saber en el área de herramientas dedicadas a la gestión de conocimiento que soportan este Mapa de ayudas permitiendo la carga, clasificación, organización y validación de ayudas de forma distribuida y cooperativa a través de folksonomías, al igual que el software social. Esto último supone una innovación que permite dar respuesta a distintas situaciones de búsqueda, por ejemplo buscar especificando el tipo de empresa o el proyecto que desea realizar. Tradicionalmente los buscadores parten de la idea de que el usuario conoce la naturaleza y ciertas particularidades de lo que está buscando; con esta innovación, además, se pueden realizar búsquedas de alta precisión condicionadas por las características de la acción que se quiere desarrollar con el contenido buscado. Destacan también otras innovaciones del sistema, relacionadas con la gestión del conocimiento, como la posibilidad de agrupar los resultados de búsquedas (de esta forma los usuarios tendrán organizadas las ayudas por distintos ámbitos: europeos, estatales, regionales,..) o generar informes personalizados seleccionando la totalidad o parte de los resultados de la búsqueda (dichos informes son editables, accesibles desde Internet y gestionados de forma independiente al buscador...).
Aunque generalmente se da por válido que Elisabeth Mulder Pierluisi nació en Barcelona el año 1904 1, en concreto el día 9 de febrero, su propia familia tiene dudas con respecto al año. Elisabeth nació en una familia acomodada en Barcelona. Su padre, holandés de origen español, era médico de profesión, y viajero y pintor de vocación que frecuentaba el café de "Els Quatre gats"; de él llegó Elisabeth a heredar un título nobiliario de los Países Bajos que nunca usaría. Su madre era una hacendada puertorriqueña de origen italiano y catalán, que contaba entre sus antepasados con el famoso compositor Giovanni Pierluigi de Palestrina. Todo ello contribuye a consolidar la imagen de "cosmopolitismo" asociada a autora. Elisabeth vivió unos años en la hacienda materna de Puerto Rico, pero tuvo que volver porque el clima no le iba bien a su salud. De vuelta a Barcelona, disfrutó de la más esmerada educación en manos de preceptores particulares, entre los que se incluyó como profesora de ruso, a una dama de la mismísima zarina Alejandra, o a Enrique Granados como profesor de música. El dominio de los idiomas le permitió ejercer de traductora y tradujo, sobre todo durante los años treinta y los cuarenta, entre otros autores: a los simbolistas franceses, a Shelley, a Keats, a Pearl S. Buck, por primera vez en España, y a Pushkin directamente del ruso, cuando esto era impensable. "LA PREHISTORIA" LÍRICA DE ELISABETH MULDER Tomo prestado el término de "prehistoria", de Consuelo Berges (1987) 2, a la que desde este artículo también rindo homenaje. Ella habla de "prehistoria" al referirse a la etapa poética de Elisabeth Mulder y de "historia", término que tomaré prestado en el siguiente epígrafe, al referirse a la novelística, que aquí extenderemos a narrativa. Elisabeth Mulder empezó su carrera literaria muy precozmente, alternando la crítica y los artículos de opinión en diarios barceloneses, con cuentos y poemas -fue ganadora de juegos florales-de carácter marcadamente modernista y decadente. Sus primeras muestras poéticas las encontramos en la revista Sabor y Aroma firmadas con el pseudónimo igualmente decadentista de "Esfinge" 3 y hay que señalar que "La Esfinge" es además el titulo de un poema de Sinfonía en Rojo (1929) que llevará a María Luz Morales, prologuista de dicho libro, a preguntarse por el secreto y el misterio que encierra esta esfinge. Aparece incluida en la Antología de César González Ruano Antología de poetas españoles contemporáneos en lengua castellana 4 en la sección de "Modernismo" porque aunque Elisabeth Mulder se adscribe generacionalmente al grupo de poetas del 27, como bien ve Emilio Miró refiriéndose a ella y Pilar Valderrama (la Guiomar de Antonio Machado), éstas cultivan una poesía que está "muy alejada por tanto de las estéticas renovadoras de los años veinte y treinta" (Miró,23). La adscripción a la generación poética del 27 5 por fechas, la tiene muy clara Consuelo Berges que la coloca generacionalmente junto a Josefina de la Torre, Ernestina de Champourcin, Concha Méndez Cuesta y Carmen Conde: "Por la misma época en Barcelona, sola, lejana, diferente -que éste es desde el principio su signo, su sino-Elisabeth Mulder comienza a publicar, a volumen por año, -del 27 es el primero-sus versos iniciales" (Berges,1962, 10). Aunque se deduce de sus palabras que tampoco ella la ve como participante de las características poéticas de esa generación. A partir de ahí su contacto con la poesía será esporádico. En 1949 se publica Poemas mediterráneos 6 una edición homenaje prologada por Concha Espina. Existe además un número antológico de la revista venezolana La Lírica Hispana dedicado a Elisabeth Mulder de modo monográfico en el año 1962, que incluye el prólogo de Consuelo Berges ya mencionado. En el número 81-82 (mayo-agosto 1992) de la revista Hora de Poesía, Rosa Lentini incluye un breve estudio y una breve antología en la que aparece además un poema titulado "Autovisión" publicado ya en el año 1984 7 y otro inédito hasta entonces llamado: "Mañana". Elisabeth Mulder solía declarar en las entrevistas que no había dejado de escribir poesía y que preparaba algún libro, como hemos mencionado tenía alguna poesía inédita, sobre todo durante los años sesenta en los que ya tampoco publicaba narrativa. Sin embargo, a pesar de todo, da la sensación de que la autora hubiera elegido en un momento determinado entre la poesía y la narrativa y afortunadamente se decanta por la narrativa porque tanto la poesía cómo la producción teatral de Elisabeth Mulder quedan ensombrecidas ante su faceta como narradora. Su poesía es una obra juvenil con influencia simbolistaconocía y había traducido a Baudelaire 8 -e incluso con ciertos tintes de "poesía maldita", como lo atestigua el "Pórtico" de Sinfonía en rojo firmado por Ma Luz Morales, en el que la considera propia "... de musa atormentada y crepitante". A pesar de todo esto va evolucionando hacia una aspiración al equilibrio y la serenidad, quizá influida por el dictado de D'Ors que ella tanto admiró. Consuelo Berges en el mencionado prólogo de la Antología de La Lírica Hispana expone: Los aquí seleccionados son los más comedidos entre un conjunto de composiciones que, salvo algún remanso en plácidas viñetas de paisaje, son poemas de "poeta maldita", febriles, desmedidos, turbulentos, rebeldes a todo molde interior y exterior" (Berges, 1966, 10) Y continúa: Si la cosa quedara aquí, en estos primeros volúmenes superlíricos. y supersubjetivos en los que Elisabeth Mulder se desmanda de las mil y una convenciones de la estipulada cortesía retórica y ostenta los pliegues y repliegues de su psiquis, habría muy poco más que decir de ella, o por lo menos yo tendría muy poco más que decir de ella. [...]Un buen día parece que los dioses tutelares de Elisabeth Mulder han escuchado el voto que formulara tiempo atrás en un poema -"Si pudiera salir de mi..."-, que le han otorgado la serenidad impetrada en otro-"Súplica"-. Porque Elisabeth Mulder se serena, sale de sí misma, deja de auscultar y de clamar los "pliegues y repliegues de su psiquis" y dirige su mirada penetrante, alternativamente tierna e irónica -tierna e irónica a la vez frecuentemente -a los demás seres humanos, o mejor dicho, al ser humano en sus diversas ediciones. Es decir generaliza el drama. Y aquí empieza su historia de su novelista. Su historia" (Berges, 1966, 11-12) El juicio sobre la poesía de Elisabeth Mulder se hace mucho más explícito años después ya que añade en la reelaboración de ese trabajo: "Y aquí empieza su historia de novelista. Su historia: su poesía, sus versos desmandados es su prehistoria" (Berges 1987, 10).Como siempre Consuelo Berges con su fino espíritu crítico y sensibilidad, resulta ser una de las críticas más certeras de la obra de Elisabeth Mulder, sin dejarse obnubilar por la amistad que las une, le concede a su poesía el valor que realmente tiene. En pocas palabras traza un panorama perfecto de la obra poética de Elisabeth Mulder, pues realmente la importancia de su obra poética, si se le puede encontrar alguna, no empieza hasta su tercer poemario, Sinfonía en Rojo para el que se le encarga ya un "Pórtico" a María Luz Morales. En efecto el primer poema al que se refiere Berges es el titulado "Yo misma" que abre Sinfonía en Rojo (1929), poema de un yo existencial atormentado en el que se expresa en términos de malditismo y de orgullo satánico romántico. "Súplica" pertenece a Paisajes y Meditaciones (1933) que es en cierto modo su último libro de poesía, aunque no lo sea, dado el carácter excepcional de edición homenaje que tiene Poemas Mediterráneos que aparece mucho después en 1949, en un período de pausa de su narrativa. "Yo misma", en efecto, comienza ¡Si pudiera salir de mí! acaso me salvaría! Tal vez se marchitara como una flor el dolor en que la vida me abisma si no diera a lo exterior tan gran parte del horror de mí misma (Sinfonía en Rojo,15) Y en él leemos: Abrasada en mi misma llama y asfixiada en mi mismo humo, en vano la paz mendigo porque ha de morir conmigo el fuego en que me consumo.(Sinfonía en Rojo,18) Claro, no es de extrañar que ante tal desasosiego poético en su siguiente libro suplique la serenidad en un tono que recuerda a Eugenio D'Ors, cuando en La Bien plantada recomendaba: "Guárdate admiración mía de empujarme al lirismo". Deja, ¡oh Dios! que mis labios no me pidan el alma para ungir cada beso. Deja, ¡oh Dios!, que mis ojos no entreguen la emoción hecha perlas de llanto Dame, ¡oh Dios!, la serenidad. Deja, ¡oh Dios!, que mi mano se tienda sin temblar hacia las cosas que amo 9 Petición de serenidad que ya existía en un poema de "Sinfonía en Rojo" llamado precisamente "Nuestra Señora de la Serenidad". Aunque hay ciertamente algo de batiburrillo en esta poesía y no se sabe muy bien si hay en ella una voz personal o si por el contrario se rinde pleitesía a las convenciones retóricas, la comparación entre estos dos poemas, preludia uno de los aspectos que considero claves en la narrativa mulderiana: la relación con la propia identidad y su percepción a través de su construcción y /o destrucción. En otro poema muy parecido a "Yo misma" de La hora emocionada llamado "Sin mi" (136) ya plantea ese anhelo de salir de sí misma, en una especie de desdoblamiento contemplativo, de un modo similar a lo que sucede en su mejor narrativa, y aparece, como en ésta, la imagen del autómata. ¡Ah, si pudiera dejar de ser yo! ¡Si pudiera adentrarme en la vida sin mi, y decirme; soy otra, mi "yo" se durmió... Soy igual que un autómata, me muevo porque sí! (La hora emocionada, 136) Y este proceso alcanzaría su culminación en poemas posteriores como los ya mencionados: "Autovisión" que empieza y acaba con la estrofa: "Fantasma del aire/ soy yo misma / llevándome a mí misma de la mano, atrás, atrás, atrás, /a lo que fui / cuando yo era" 10 (Hora de Poesía, 89). Y en el poema, "Mañana" que acaba: "y al oído me dirás: /"fue todo un sueño /y ya hemos despertado." /Y comprenderé entonces que estoy muerta / que estoy muerta, a tu lado"(Hora de Poesía, 92); como si la auténtica sabiduría sólo se produjera tras la muerte. Leeremos en Día negro que " Morir es comprender, por lo visto" ( 53-54) Volviendo al panorama de la evolución de la poesía de Elisabet Mulder, como bien expone Rosa Lentini: Desde que en 1927 publicó su primer libro de poemas Embrujamiento, la obra de la poeta refleja una marcada influencia de Baudelaire, Verlaine, Poe y Rubén Darío, y posteriormente de Mallarmé, sin olvidar el neogongorismo de la generación del 27, que-especialmente en la fórmula de Alberti de Marinero en tierra-proyectará su influencia sobre todo sobre sus últimos libros. Por otro lado, aunque en algún poema se acusa una inclinación por el verso libre, todos sus libros están animados por un sentido de la musicalidad que les presta cadencia y ritmo. Cabe destacar luego la luminosidad del verso y la exaltación panteísta del paisaje en La canción cristalina, publicada al año siguiente. Tras éste vendrá Sinfonía en Rojo, en el que la tensión poética se incrementa por el lado de una mayor sinceridad asumida por el "yo" que habla en el poema. Tras La hora emocionada (1931) y Paisajes y meditaciones (1933), nos situamos en la fecha en la que la autora se orientará de forma definitiva hacia la narrativa, con la sola excepción de Poemas mediterráneos que aparecido en 1949 será su último libro publicado." (Lentini,19) La canción cristalina pertenece al modernismo rubendariano, y es un libro en el que la presencia del agua es fundamental, no hay más que constatar la gran cantidad de poemas dedicados al motivo modernista de la fuente que aparecen en el libro El neopopularismo brilla también en la utilización del madrigal. Así encontramos: "Madrigal de lo que no pudo ser", "Madrigal del pétalo exangüe "Madrigal de la espera" o "Madrigal del retorno". Y encontramos un neogongorismo con atisbo de vanguardia en el poema llamado "Bruma" con un tono que podría recordar, por poner un ejemplo, al Alberti de Cal y Canto. La bruma con trazo lento practica su geometría en la pizarra del tiempo. Podríamos afirmar que realmente la poesía de Elisabeth Mulder no llega a la renovación vanguardista, y sólo se queda la contención novecentista D'Orsiana. Precisamente Eugenio D'Ors, teorizador del noucentisme catalán, que dará origen al novecentismo, propone con su clasicismo una reacción contra las: "delicuescencias mórbidas de fin de siglo" en busca de una "normalidad afecta a la tradición clasicista de nuestro Mediterráneo" 13.Y a este espíritu responde plenamente Poemas Mediterráneos ya en 1949, prologado por Concha Espina, un libro que respira clasicismo a través de sus sonetos y nocturnos, y aunque aún siga indagando en su identidad, lo hace a veces en un tono ya de fusión mística con el Mediterráneo con ecos juanramonianos de poesía pura, como sucede en el "Nocturno sexto". LA "HISTORIA" NARRATIVA DE ELISABETH MULDER, Y ALGÚN INTERMEDIO TEATRAL Tras esta experiencia como poeta podemos decir que su carrera como narradora empieza, en firme, en los años treinta. En 1930 muere su marido Ezequiel Dauner con el que había contraído matrimonio en 1921, unión de la cual había nacido su único hijo, Enrique, en 1923. Ezequiel Dauner era un abogado que había desempeñado cargos municipales en Barcelona, hombre de gran sensibilidad artística e igualmente cosmopolita pues procedía de una familia catalana que se había instalado en Austria tras apoyar la revolución de 1714 que le costó a Cataluña sus Fueros por seguir al Archiduque Carlos de Austria frente a Felipe V, allí había metatizado su apellido "Duaner" en "Dauner". Hasta la guerra civil, Elisabeth Mulder publica cuentos en Lecturas y Brisas, revistas dirigidas fundamentalmente a un público femenino, especialmente Lecturas, suplemento literario de El Hogar y la Moda que le exigen ciertas convenciones literarias propias del género "rosa". Sin embargo a menudo brilla en ellos su talento narrativo que la aleja de los convencionalismos como ya he expuesto en otro lugar (Mañas, 2002) Después de estas primeras experiencias narrativas en prensa, Elisabeth Mulder irrumpe de lleno en la narrativa, tras acabar con la poesía, a mediados de los años treinta, con dos importantes novelas: Una sombra entre los dos 15 y la Historia de Java 16. Una sombra entre los dos es una novela de tesis feminista donde ofrece un modelo de mujer nueva, ya ensayado en alguno de sus cuentos de Lecturas, que sin embargo armoniza con caracteres del pasado La recién venida le pareció a Julio un tipo muy original. Silueta moderna, pero con turbadores contrastes. Gracia nueva en la línea, y sin embargo, algo en su porte lleno de serena dignidad, casi de cierta altivez de raza vieja. Hablaba moviendo muy poco los labios, y la voz, timbrada, se escurría entre ellos como un zumo a la vez áspero y meloso. "(Un sombra.., 13) 17 Y para hacer honor a esa distinción la protagonista se llama Patricia. Es una mujer moderna con una profesión para la mujer moderna, la medicina, que contempla como ese ejercicio es incompatible con un matrimonio burgués y convencional, que está anulando su identidad, a pesar de que ella siempre será libre porque no tiene alma de esclava, y finalmente opta por la independencia en solitario: "Patricia para Patricia en la rutina gloriosa del porvenir..." (Una sombra..., 230) desde una posición no tan alejada de ese yo poético que pedía la "Solitud" (La hora emocionada). Como una "deidad pagana" de la edad moderna, del mismo modo que maneja con mano sabia su destino, maneja con igual destreza el atributo de la modernidad por excelencia, el automóvil, "curvada sobre el volante, pareciendo formar un sólo cuerpo con el coche, transmitiéndole su formidable voluntad "(Una sombra..., 205). Ya vemos en esta primera novela un ideal bastante común en la narrativa de Elisabeth Mulder una concepción del amor moderna que sin excluir la pasión, esté basada en el entendimiento, la amistad, la igualdad y en el respeto a la identidad propia y a la de la pareja. Sólo es válido el amor que permita a uno ser uno mismo, ese que piensa, equivocadamente, que ha conquistado nuestra protagonista, y que ya se esbozaba en el cuento "Se necesita una enfermera" 18...ha llegado a ese grado superior de la felicidad amorosa que es la mutua comprensión. "La felicidad -piensa Patricia-es poder ser uno mismo sin prevención...y sin peligro"." (Una sombra., 73) Los amores exclusivamente pasionales en la narrativa mulderiana, aquellos en los que no se entiende nada, están condenados al fracaso y a la autodestrucción porque "una cosa es adorarse y otra entenderse" (El hombre que acabó en las islas, 189) Esta novela que mereció el elogio de ser saludada como heredera de Casa de muñecas 19, no contaba sin embargo con la entera aprobación de la autora que opinaba que las novelas de tesis encorsetaban a los personajes, y para ella lo más importante era el personaje (Mulder, 1957). Como reconoce la autora: "Es también, según ha sido señalado por opiniones más autorizadas que la mía, la primera novela española en la que se plantea lo que nos resignamos a llamar -porque no hay otro modo fácil de llamarlo -el problema feminista" (Mulder,1966,16). Elisabeth Mulder, poco amiga de las reivindicaciones explícitas, siempre mantuvo una postura reticente con respecto al feminismo aunque de sus novelas se pudiera deducir una furiosa defensa de la individualidad que en el caso de personajes femeninos se pudiera interpretar como feminismo. Es lo que yo he denominado en otro lugar como "Feminismo Ilustrado" propio de escritoras de clase social alta, exquisita formación intelectual y talante más o menos liberal según los casos (Mañas, 1992). A Elisabeth Mulder le pasa lo mismo que María Elena Bravo (1991, 42) expone cuando habla de Mercedes Formica o la Condesa de Campo Alange, a las que le pudiéramos añadir la figura de Pardo Bazán, que sus obras "están marcadas por una cierta ambigüedad que proviene no del trabajo ni del material en sí, sino de la posición social de las escritoras". Quizá arrepentida de haber planteado un problema en circunstancias tan concretas, que hacen que Una sombra entre los dos se convierta en su novela más social, Elisabeth Mulder sigue reflexionando de un modo mucho más abstracto acerca de la libertad y la afirmación de la identidad en La historia de Java, porque como la novelista admite en el programa A Fondo (Mulder, 1979) "El sentido de la independencia y las formas de la libertad están en cada uno de mis libros". La historia de Java es una novela de influencia simbolista, especie de poema en prosa, en la que todos estos valores están encarnados en un personaje de tintes míticos que ni siquiera es humano, pues Java es una gata que da título a la novela, y a través de cuyo punto de vista se narra la novela entera. Elisabeth Mulder contaba como arrojó furiosa una crítica de un periódico que empezaba "Java es un lindo gatito" y la autora exclamaba: "Java es el mito del intento del deseo y de su realización a costa de la libertad del espíritu humano, y eso no cabe en una linda gatita" (Mulder, 1979). Java aparece en repetidas ocasiones como "la gata de las grandes soledades". Hay una fusión total con el paisaje en la línea que encontrábamos en poemarios como La canción cristalina. Esta novela atrajo la atención de toda la crítica, encabezada por Juan José Domenchina y le abrió las puertas del éxito. Preludio a la muerte 20 es una novela escrita durante la guerra, mientras convalecía de una gravísima nefritis que la había puesto a las puertas de la muerte. Gracias a su doble nacionalidad, su casa en el Paseo de la Bonanova había sido protegida por el consulado holandés, pero la guerra supuso un duro golpe para una persona, como ella, de espíritu dialogante con todas las ideologías. Nos encontramos ante una de las novelas más líricas de la autora. Verónica su protagonista de sensibilidad enfermiza, que tiene la costumbre de idealizar hasta el extremo a la gente a la que ama, asiste impotente a la destrucción del mundo que la rodea y a la desintegración de su propia identidad. Esta novela acerca de la negación y el no reconocimiento de uno mismo parece el reverso de la moneda de sus vitalistas novelas anteriores pues la protagonista escribe en su diario: No volveré a escribir en este diario. Mi vida me mira desde él con demasiada intensidad y yo quiero olvidar mi vida. Cuando me encuentro a mí misma siento un frío mortal recorrerme cuerpo y espíritu y remontar hasta mi pensamiento desde el fondo de mi soledad. Todo lo que de ahora en adelante escribiera sólo contribuiría a helarme. Huiré de toda imagen en que me reconozca, me apartaré de todo cristal que me refleje, pues para siempre más mi reflejo, mi imagen, es una desolación infinita y estupefacta situada al borde mismo del no ser. " [URL] 21 (La cursiva es mía) Cuando se publicó en 1941, aunque ya estaba terminada en 1939, el suicidio final de la protagonista, tuvo que ser velado a instancias de la censura que le recordó que "las mujeres españolas no se suicidaban" (Mulder, 1979). Se realizó una adaptación cinematográfica, que no se conserva de esta novela con el título de Verónica dirigida en 1950 por Enrique Gómez con Margarita Andrey como protagonista. Con esta novela se inicia una nueva etapa en la década de los cuarenta, que será la más productiva, tras el silencio literario de los años de la guerra. Siguen títulos como Crepúsculo de una ninfa 22, novela encabezada por unos versos del poema de Mallarmé "La siesta de un fauno" que retoma el tema simbolista de la naturaleza presente en La historia de Java, a través de Loreto, una especie de "buena salvaje" que se siente parte integrante del paisaje, en concreto del bosque. Resulta muy interesante la armonía sensual de ciertos personajes con la naturaleza, podríamos decir que todos la mantienen mientras son niños o adolescentes, y sólo algunos como Loreto la conservan de adultos. Incluso varios personajes que aparecen como huérfanos de alguno de sus padres encuentran en ella y en concreto el agua, su última morada. Así se suicida en el lago Verónica en Preludio a la muerte se despeña por los acantilados el coche de Marcos, nunca sabremos si de modo voluntario o involuntario, en Luna de las máscaras, y Loreto intenta suicidarse en el río, sin éxito porque es salvada en todos los sentidos por Martín, en Crepúsculo de una ninfa. Crepúsculo de una ninfa será adaptada al teatro por la propia autora y estrenada con el título de Casa Fontana el 4 de noviembre de 1948 en el Teatro Romea de Barcelona, dirigida por José Miguel Velloso y con Ana María Noé y Vicente Soler en los papeles principales. La novela presenta ciertos elementos de "drama rural", que sin duda animaron a su adaptación teatral. Sin embargo la novela se salva por su lirismo y simbolismo, al despojarla de estos componentes la adaptación teatral quedaría empobrecida, convertida en un dramón rural, que según la crítica de Julio Coll 23, en la que por otro lado también se manifiestan elementos cuestionables, "ha caído en el tópico vulgarote". No es ésta la primera incursión teatral de Elisabeth Mulder ya que había estrenado en 1936 Romanza de media noche, escrita en colaboración con su amiga María Luz Morales, obra con elementos muy líricos y un toque mágico. También publicó La buena locura, una obra de teatro breve en la revista Lecturas (abril de 1933) muy acorde tanto con el teatro femenino que se escribía en la época como con los relatos sofisticados que ella escribía en dicha revista. Éste es un hecho importante ya que María Trinidad Labajo González señala que Elisabeth Mulder y Carmen Conde son las únicas mujeres que publican teatro en dicha revista 24; y relación con el teatro tiene una novela que mencionamos a continuación. Salvando el intermedio teatral volvemos a la narrativa mulderiana. Más 25 es una reflexión sobre el arte a través de dos hermanas, una escultora y una pintora, en la que se cuestiona si es más productivo el talento o la disciplina, y si sin talento y con disciplina se puede llegar a ese "Más" que plantea el título: la consagración del artista. Las hogueras de otoño 26, obra de la que la autora nunca se sintió satisfecha, es la novelización insustancial de una insustancial obra de teatro inédita, perteneciente al género de alta comedia, que narra en tono amable la crisis de una pareja madura, por la interposición de un tercero. Los años cuarenta marcan la época de sus novelas más famosas, retratos de "gran mundo", que más éxito de lectores le proporcionaron en su época, pero quizá de menor interés para el lector actual: El hombre que acabó en las islas 27 y Alba Grey 28. A la hora de definir la narrativa de Elisabeth Mulder siempre se han apuntado sus características que, extrapolando el término teatral, la definen como autora de "alta novela": elegancia, psicología, cosmopolitismo, amable crítica y diálogos espumosos y esteticismo con presencia de referencias literarias y artísticas. Todas estas características encajan perfectamente con estas dos novelas, y tendrían concomitancias también con la novela rosa, género que desde luego ella nunca cultivó, y de sus palabras deducimos que le molestaba ser relacionada con él 29. En ese afán por alabar su permanencia al margen de los "tremendismos" de la literatura de postguerra, se la comparó también hasta la saciedad con referentes extranjeros siendo Sommerset Maughan el más aludido. El hombre que acabó en las islas relata en buena parte el proceso de aprendizaje y madurez de un joven en los escenarios de España, Países Nórdicos y finalmente Puerto Rico, donde recrea el ambiente de su propia infancia. Alba Grey, novela prefigurada por ciertos aspectos del cuento "Al sol" (Este mundo), tiene una protagonista que se debate entre dos amores. En ella aparece un esquema amoroso que aparecía ya en Crepúsculo de una ninfa y en algún cuento anterior. El hombre que parecía destinado al amor de una mujer asiste impotente al amor apasionado y destructivo de esta mujer con otro que finalmente morirá, así que al final podrá brindarle ese amor con un componente de entendimiento y sin demasiados sobresaltos. Alba Grey es la fusión de dos mundos que simbolizan el pasado y el presente: La aristocracia europea de rancio abolengo (por parte de madre) y la nueva oligarquía financiera e industrial de Estados Unidos (por parte de padre). Es una mujer excepcional como si la autora hubiera querido volcar en ella ese icono de mujer que venia enunciando desde su primera novela, y en cierto modo hubiera querido al mismo tiempo acabar con él; del mismo modo que también era excepcional el Juan Miguel de El hombre que acabó en las islas. A partir de entonces sus protagonistas serán más humanos e imperfectos y varios de ellos incluso morirán al final de la novela. Tras Alba Grey, comienza otro nuevo silencio narrativo, interrumpido solamente por algunos cuentos en prensa que tienen ya un carácter más sombrío y muy distintos de sus cuentos rosas de los años treinta. En esta década había publicado, además, sus excelentes libros de cuentos Una china en la casa y otras historias 30 y Este mundo 31 en los que la narrativa mulderiana alcanza las más altas cotas de perfección y que, desde mi punto de vista, son las obras que tienen más vigencia para un lector actual. En ellos encontramos obras maestras, y es difícil escoger entre tanta pequeña joya literaria, como: "Muerte de un esteta" o "El viaje a Venecia" y "Rosina y los fantasmas" en Una china en la casa y otras historias, o "Ruptura", "El magnífico rústico, realmente novela breve" y "Paulina y el capitán", que parece una mezcla entre dos Gabrieles: Miró y García Márquez "avant la lettre", en Este mundo. Son los cuentos en los que ejercita sus dotes de observación paseándolas, simplemente, por la realidad poliédrica que le ofrece este mundo. Siempre se ha destacado el especial talento de Elisabeth Mulder con la narrativa breve, vinculándola a autores como Chejov o Catherine Mansfield (Berges, 1987,18). Los cuentos de esos dos libros tienen bastante en común con los que publica durante los años cuarenta y cincuenta en los diarios Destino, Solidaridad Nacional, El Correo Literario de Barcelona; en la revista literaria Ínsula de Madrid, e incluso en publicaciones extranjeras como es el caso de la revista Ellas de Caracas. En Elisabeth Mulder, como admiradora de los románticos alemanes e ingleses, y del expresionismo alemán que tanto tiene que ver con ellos, la desasosegante vivencia de lo cotidiano y la anulación de la identidad por el entorno alcanzan un tono inquietante que casi raya en la literatura fantástica, género que no llegó a cultivar de modo ortodoxo salvo en unos cuentos de su prehistoria literaria 32. Este tono inquietante se da en algunos cuentos de sus dos libros de relatos mencionados como: "El viaje a Venecia", "La gloria de los Lebrija" o "El magnífico rústico", título éste último en el que la obsesión de una protagonista reprimida llega a tener reminiscencias, dentro de un entorno completamente distinto, de Otra vuelta de tuerca de Henry James. Encontramos la figura del doble real o sentida como tal en cuentos como "El hombre del callejón" 33 en el que un hombre es espectador de su propia vida y de su propia muerte a manos de sí mismo; en "El nombre perdido" 34, "El viaje a Venecia" (Una china en la casa...), y en "El destino" 35 En varias de sus novelas o relatos, los personajes sienten que son espectadores de su propia vida o tan anulados que sienten que están viviendo la vida de otra persona en vez de la suya, como le sucede al protagonista de "La gloria de los Lebrija" para el que "es grotesco que un hombre viva la vida de otro hombre como él lo hacía" (Este mundo, 277-312). Ya desde su primera novela Una sombra entre los dos, echando mano del mundo de lo mecánico y los autómatas de Hoffman, como ya había hecho en su poesía, la protagonista se sentía anulada por su marido, porque: Julio ha querido destruir una personalidad verdadera para, sobre sus ruinas, levantar otra personalidad que hubiera sido sólo falsa, híbrida, enfermiza. De los cascotes de aquel edificio derrumbado él quería construir otro edificio a su capricho, como si los seres fuesen al igual de esos juguetes mecánicos desmontables que, con las mismas piezas pueden adquirir formas distintas". Todo ello contribuye a crear la sensación de que a pesar de la mesura y equilibrio que reina en sus narrativa, bajo la apariencia de un lago plácido también pueden discurrir aguas turbulentas. En los años cincuenta, Elisabeth Mulder vira hacia lo que podríamos llamar un neorrealismo matizado de un lirismo, que nunca la abandonó, con novelas en las que se aleja de las exquisiteces cosmopolitas como El vendedor de vidas 36, que también podríamos caracterizar como novela de aprendizaje. Es una novela en la que mezcla los elementos neorrealistas de un barrio popular de Barcelona con una presencia de lo fantástico cotidiano que produce una cierta sensación de desasosiego ya que el protagonista tiene poderes de vidente y sólo al final comprendemos que es el hombre que vio su propia muerte. Aparece primero como un niño y luego como un hombre curioso y observador, dotes favoritas en la narrativa mulderiana, que utiliza para salir de la miseria. Es vendedor de vidas porque la gente cuando compra los horóscopos que él elabora, piensa en cierto modo que está comprando su vida. Luna de las máscaras 37, es su última novela con estructura de puzzle narrativo, estructura que ya había ensayado en novelas breves como Flora 38, o Eran cuatro 39. En ella se ejerce una técnica perspectivística, contando una historia en la que cada fragmento pertenece al punto de vista de personaje y así asistimos a la muerte ¿o suicidio encubierto? de Marcos, con lo que deja el campo amoroso despejado a su mujer y a su mejor amigo. Marcos es un escultor que también tiene algo de visionario pues capta en sus máscaras lo que nadie ve. La novela recrea la vida de la alta burguesía catalana en los lugares de veraneo de la costa. Aparte de las novelas breves anteriormente citadas, destaca la excelente Día negro (Madrid: Editorial Rollán,1953, colección "Los novelistas de hoy".no 21) en la que relata un día crucial en la vida de un hombre gris y la perspectiva es más importante que nunca porque muchas cosas no son lo que parecen. Tras esto, sólo publica esporádicamente algún cuento en revistas literarias como Insula, y Barcarola y termina algunas obras que había comenzado años antes pero no las publica 40. Su obra narrativa se completa con dos libros infantiles: Los cuentos del viejo reloj (1944), un libro de cuentos de estructura tradicional con elementos fantásticos, algunos de los cuales no se libran de su dosis de crueldad. y Las noches del gato verde (1965) un libro infantil, en el que no hay más elemento fantástico que la imaginación del protagonista, un niño tremendamente curioso y observador, de nuevo, que mantiene una relación muy moderna con sus padres. Ya he señalado en otro lado (Mañas, 2000)que los tres aspectos que me parecen que hay que reivindicar en la narrativa mulderiana son: los ya referidos, el tema de la identidad y la conquista de la independencia, su concepción moderna del amor, y uno en el que hasta ahora no nos habíamos detenido, el humor y la destopificación como elementos vanguardistas. Bien de la mano del narrador o de un personaje, Elisabeth Mulder se llega a burlar de las convenciones literarias, y lo que es más importante, de su propias convenciones narrativas, así en contra de su tendencia a elucubrar en declaraciones amorosas farragosas, leemos en Luna de las máscaras: No podía decirle: "¡Me preocupa perderte, me aterra perderte! Me importas más que nadie, más que todo. Eres lo más sensacional que me ha ocurrido en la vida. Eres mi idea de la vida ". Pero no se puede hablar así a nadie y parecer que se habla en serio. Es un lenguaje que, articulado no existe. Mentalmente, en cambio es tan cierto que llega a ser plástico, corpóreo. No se puede evitar que el corazón se suba al cerebro. Pero en los labios sí es posible pararlo. (Luna de las máscaras, 100) Pero lo mejor es cuando se burla de las propias convenciones, en este caso esteticistas y decadentes, a la vez que las está usando en ese momento. Por ejemplo en uno de sus cuentos más logrados, "Muerte de un esteta" (Una china en la casa y otras historias): Eran los dos muy jóvenes y tenían una hermosura semejante, una hermosura de miembros largos y ágiles, de piel clara, de facciones clásicas, de pupilas pálidas: azules las de Laura, grises las de David. Eran los dos delgados, fuertes y nerviosos, pero se movían como sombras, tenían una calidad flotante, algo de nebuloso, de impalpable, como figuras de humo. Constituía un misterio como podían producir ese efecto, pero lo producían. Parecía que se iban a esfumar de un momento a otro y desaparecer. La impresión no era muy agradable: se creía estar hablando con un par de fantasmas (Una china en la casa..., 92) (La cursiva es mía) Otras veces el distanciamiento humorístico no se produce acerca de los tópicos literarios, sino acerca de la vida misma. Encontramos reflexiones como ésta cuando en el El vendedor de vidas apostilla el narrador, con una sutil ironía, acerca de la abuela, "la Cangreja", un personaje que bordea la prostitución: Cosa extraña: a la hora de la muerte, con el alma más allá que aquí, volvió a mirar a su nieta de aquella misma manera y a repetir esas mismas palabras: "serás una perdida". Pero entonces ya hacía mucho tiempo que la chica lo era y por tanto aquella frase resultó ser el único rasgo optimista que su abuela había tenido jamás (El vendedor de vidas, 31) Elisabeth Mulder tiene la fama de ser la escritora de la torre de la Bonanova, a la que no le gustaba asistir a los saraos para promocionar sus obras ya que prefería dedicar su tiempo a escribir y dada su gran exigencia necesitaba dedicar mucho tiempo a su trabajo 41. Es cierto que la independencia de Elisabeth Mulder la mantuvo siempre alejada de los círculos literarios aunque llegó a ser también vocal del Instituto de Estudios Norteamericanos y del Ateneo Barcelonés, y vicepresidenta de la Academia del Faro de San Cristóbal, cargo al que le tenía especial cariño pues esta institución había sido fundada por su admirado amigo Eugenio D'Ors, a cuyo fallecimiento le dedicó un texto homenaje: "Esquema de Eugenio D 'Ors en la misión de la serenidad" 42. También participó en la curiosa tertulia de inspiración quijotesca del "Trascacho" 43, que desde los sótanos de un noble palacio situado en el no 1 de la calle de Montcada, animó durante más de veinticinco años la vida cultural barcelonesa con su lema: "Vino y verdad sin aguar" y en la que dieron sus primeros pasos algunos escritores como Ana María Matute En una entrevista en TVE recordaba con gran agrado las reuniones del Trascacho, porque allí: Podíamos congregarnos y establecer esa relación que yo considero que es esencial y que cada día se practica menos. Yo creo en la eficacia de la palabra. Le temo al silencio cuando no es necesario, naturalmente. No hay nada más lamentable que el silencio fuera de tono, fuera de tiempo [...] Cuando es innecesario el silencio tiene una gran fuerza de aislamiento, corta la comunicación. Yo creo en la comunicación. Creo que los seres en realidad se hacen mucho daño por pretender ignorarse, porque la ignorancia total no llega nunca si se es un poco penetrante o si se es un poco imaginativo. Pero creo que se pierde mucho más el contacto por el silencio que por la comunicación; la comunicación puede llevar a errores, pero nunca a levantar muros, murallas de la China del espíritu y de la relación" (Mulder, 1979). Ella que reconoció en más de una ocasión que "su oficio era escribir, pero que su vocación era observar" 44, ejerció su posición de "irónica espectadora", parafraseando el título de uno de sus primeros cuentos en prensa 45 a través de unos ojos de mirada clarísima y clarísima percepción. Al igual que su protagonista de Las hogueras de otoño poseía, esa "vaguedad de su mirada, que pasaba blandamente sobre las cosas con una lentitud suave"(Las hogueras de Otoño, 5). Del mismo modo elegante y discreto en el que había vivido y escrito, abandonó este mundo el 28 de noviembre de 1987, sin estridencias, tan de puntillas que los periódicos y medios informativos apenas repararon en su muerte 46. Hay que señalar que mientras estuvo publicando siempre mereció la atención generalmente elogiosa de los lectores y la crítica, pero lo cierto es que a efectos prácticos para unos y otros hacía tiempo que se había retirado, aunque ella mencionara en las entrevistas que sólo se había tomado una larga pausa, debida a su "pereza" (Mulder, 1979); explicación que no encaja demasiado bien con la exigencia que siempre había mostrado con su trabajo. Todo nos hace pensar que no sabemos porqué, había iniciado un alejamiento de la creación antes de que se manifestaran en ella los serios problemas de la vista que sufrió durante sus últimos años. ELISABETH MULDER: UNA NARRADORA ENTRE LO MODERNISTA Y LO MODERNO Por la independencia que demostró, generalmente se destaca su carácter de "rara avis" en la literatura española, aunque algunos críticos la han situado bastante acertadamente dentro de un grupo. Así para Eugenio de Nora, Elisabeth Mulder se halla entre los "narradores independientes o de transición" o "realistas difusos" (Nora,(402)(403)(404)(405)(406)(407) que suponen un puente entre los narradores deshumanizados de la vanguardia y los narradores neorrealistas de la postguerra, y Janet W. Pérez (1988,(52)(53)(54)(55) la coloca entre los "contemporáneas menores de los novecentistas y de la generación del 27". Yo me he referido en mis trabajos dedicados a la autora como "Una novelista entre lo modernista y lo moderno" y explicaré de nuevo aquí qué es lo que quiero decir con ello. Elisabeth Mulder hizo compatible su admiración hacia Baroja y hacia D'Ors, a pesar de que éstos tenían ideas totalmente contrapuestas acerca de la novela 47. Ella integra los rasgos de vanguardia que la acercan a los narradores deshumanizados, de los que no se consideraba representante, en una novela de estructura tradicional decimonónica que tendría en Baroja su máximo representante; no debe extrañarnos el que ella misma reivindique para su narrativa el calificativo de "barojiana" desde su primera novela, Una sombra entre los dos, aunque sería el suyo de un barojismo estilizado, un barojismo de última etapa. Elisabeth Mulder concibe la novela como "tamización y filtro de realidades" y no "como magnetofón" (Mulder, 1966) 48.Siempre preocupada por esa tamización, por esa irrealización de la realidad por parte de la novela que sirve para reelaborar la sensación percibida, refleja perfectamente ese poso poético que va desde la observación a la plasmación de la realidad, que también parece venir de sus admirados Bécquer y de Proust cuyo proceso creador estudia tan bien Jorge Guillén. 49 Elisabeth Mulder hace oscilar su narrativa en un delicado equilibrio entre elementos modernistas decadentes, y elementos del novecentismo y la vanguardia; es decir marcando un arco entre lo modernista y lo moderno, tanto de modo formal como de modo temático. Así, por su universo literario desfilan mujeres fatales, enfermos de tuberculosis, artistas malditos y sensaciones exacerbadas; pero también personajes modernos, en la línea de Scott Fitzgerald prácticos, un poco cínicos, o al menos a eso juegan, que son conscientes, como sucedía en el poema "El viejo trío de que "con serenatas poco se remedia" (La hora emocionada). Sobre todo, como personaje moderno crea ese tipo de "mujer nueva" a la que se puede bautizar incluso con el título de uno de sus primeros cuentos "la irónica espectadora" 50. Sin embargo a pesar de esto hay también una admiración y simpatía, una visión nostálgica que se convierte a su vez en reflexión sobre modelos literarios de otros tiempos, hacia ciertos personajes apasionados y quiméricos que ya no encajan en un mundo en exceso civilizado, moderno y práctico, capaces de llegar a la muerte, porque no soportan ver cómo se convierte en un lugar inhabitable para ellos, como el Gian Carlo de Alba Grey o el protagonista del cuento "Muerte de un esteta" que se suicida porque se da cuenta de que su mundo se ha convertido en lo contrario de lo que él quisiera. Lo mismo alaba la vida urbana plagada de imágenes de maquinismo, que se sumerge en un tratamiento de la naturaleza sensual y decadente en el que apela a los valores más tópicos de las estaciones del año, pero otras veces la recreación de valores sensuales alcanza la genialidad de su admirado Gabriel Miró Cultiva un tratamiento autorreflexivo del lenguaje que incluye la imagen osada y la metáfora greguerizante, y un distanciamiento irónico, arma preferida de los personajes y de propia narradora para huir de la sentimentalidad como del diablo y destopificar las convenciones, incluso las literarias; mientras que otras veces se sumerge de lleno en la sensualidad lírica y simbolista del lenguaje. Nos encontramos ante una autora que realizó una literatura que no se correspondía demasiado con la de su época, trascendió el marco de la realidad que la rodeaba resucitando con ello la eterna y casi siempre mal entendida polémica entre la estética y la ética y durante una época fue olvidada debido a su alejamiento de la problemática social. Ella misma declaró al respecto:"Quiero establecer una novela que presente un mundo tal y como él sea, lo mejor que yo sé, para que sea reconocible por su autenticidad, que es el cruce donde lo estético y lo social se encuentran". Es muy curioso como en un prólogo con motivo de una antología poética, le dedique tan poca importancia a la poesía, con lo cual queda muy clara la opinión que le merece, para centrarse inmediatamente en su obra novelística, en el que constituye uno de los mejores estudios que existen sobre la narrativa mulderiana, hecho por el que sin duda sería reproducido en las dos ocasiones posteriores como prólogo ya a La historia de Java..