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POR QUÉ INNOVAR, EL SIGNIFICADO DE LA INNOVACIÓN
Quizás la primera pregunta que se hagan algunos es: ¿Por qué debo modificar la metodología que estoy usando si ésta me funciona?
Mis alumnos salen bien preparados y en los cursos posteriores obtienen notas aceptables, no detecto que mi forma de enseñar tenga ninguna carencia realmente importante.
Y aunque no todos los profesores estarán satisfechos de los resultados de sus alumnos, otros con toda seguridad, sí lo estarán.
Así pues, la pregunta de ¿por qué innovar? no deja de tener sentido para determinados profesores.
Cualquier innovación (Fidalgo, 2007) debería suponer una mejora en el proceso de enseñanza y aprendizaje o, al menos, en una de estas dos vertientes.
Es decir, mejorar los resultados obtenidos tanto por profesores como por alumnos empleando el mismo esfuerzo antes de la innovación o, al menos, obtener los mismos resultados de enseñanza/ aprendizaje disminuyendo el esfuerzo empleado.
No tiene ningún sentido la innovación si con más esfuerzo se va a obtener el mismo resultado que antes o, con el mismo trabajo, resultados de peor calidad.
Así pues, la primera res-puesta a la pregunta debería ser: para mejorar la eficacia del profesor enseñando y la de los alumnos aprendiendo.
Otra cuestión, no menos importante, es aclarar qué entendemos por una mejora en el aprendizaje.
Existe el peligro de creer que el aprendizaje se puede medir mediante una nota obtenida a partir de un examen de tipo memorístico o mecánico.
Las necesidades educativas de hoy en día han cambiado radicalmente y los conocimientos de tipo enciclopédico han pasado a segundo plano desde el momento en que obtener la información se ha convertido en algo casi irrelevante en una gran parte de la actividad humana.
Será mucho más útil para un abogado saber localizar una ley y las sentencias útiles para él que hacen referencia a la misma, que conocer el contenido de dicha ley de memoria.
Será mucho más beneficioso para una persona en paro saber localizar y utilizar las redes de contactos que le pueden llevar a obtener un trabajo, que otros conocimientos que puede encontrar fácilmente de su especialidad.
Hoy en día debemos poner un énfasis especial en la capacidad para saber resolver los problemas con los que se encontrarán los alumnos una vez abandonen el colegio, el instituto o la universidad.
Los conocimientos son imprescindibles, ahora como antes, pero en el mundo actual, donde la informa- ción existente supera con mucho la de tiempos pasados y además cambia continuamente, la correcta gestión de ésta y su transformación en conocimiento se convierte en algo prioritario frente a su simple acumulación.
De este modo llegamos a la segunda respuesta de la pregunta: no basta con que el alumno sepa una fórmula química o las propiedades de los logaritmos sin titubear, sino que además necesita saber utilizar las herramientas que le hacen falta para relacionar estos conocimientos con otros, ampliarlos o corregirlos, lo cual hace necesario un cambio en la forma tradicional de educar, es decir, se hace necesario innovar.
EL ALCANCE DE LA INNOVACIÓN
La innovación no significa que aquello que se hace sea nuevo en un sentido absoluto, basta con que lo sea para aquel que lo ponga en práctica y suponga una mejora significativa en su actividad docente.
La innovación, es por lo tanto, relativa con respecto a quien la aplica y a su entorno.
Esta relatividad es en gran parte producto de la tradicional soledad con la que el profesor se enfrenta ante su tarea y la ausencia de una sólida y auténtica cultura docente, por lo que las técnicas y metodologías docentes pueden llegar a ser tan variadas como los profesores que las aplican.
Para un determinado profesor puede ser una innovación utilizar presentaciones en clase, ya que nunca lo había hecho con anterioridad y para otro, que lleva años haciéndolo, será el uso del blog.
Mientras que para un centro educativo donde varios profesores ya están utilizando estos medios lo realmente innovador podría ser el uso de una red social o de entornos virtuales 3D como Second Life [URL] con sus alumnos.
La invención de nuevas tecnologías o la combinación de varias de ellas de forma innovadora formaría el nivel más alto en la innovación educativa, aunque esto no sea la norma para todos los profesores.
Así pues, lo fundamental en la innovación educativa no es sólo la invención de nuevas tecnologías o metodologías, sino que también lo es el cambio en la metodología educativa utilizada en la actualidad, la cual trae como consecuencia la mejora en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
LA METODOLOGÍA INNOVADORA O CÓMO INNOVAR EN SOLITARIO
Como ya se mencionado, una de las características del profesor innovador es la relativa soledad con la que se puede encontrar.
Habitualmente no existen, al menos en la educación preuniversitaria, Departamentos de Innovación o de TIC que nos provean y asesoren en todo aquello que necesitamos.
Aunque efectivamente los Departamentos y coordinadores TIC existen, es una realidad que la falta de recursos económicos y/o de tiempo de dedicación hacen que en la práctica sus efectos queden bastante mitigados.
Del mismo modo y hablando de forma genérica, la Dirección de algunos centros educativos tiene una larga lista de prioridades que se anteponen a la innovación y al aumento de la calidad educativa que ella supone.
Todo esto implica que muchas veces el profesor innovador debe actuar actuar por su propia cuenta y riesgo, contando con escasos apoyos por parte de colegas y directivos de su propio centro.
Hasta no hace mucho esta soledad se traducía en un aislamiento del profesor innovador que le llevaba, la mayoría de las veces, a desarrollar su tarea con mucho esfuerzo y escasa repercusión entre otros docentes.
La web 2.0, y todo lo que ella implica de comunicación, colaboración y diálogo, ha dado un vuelco total a esta situación.
Internet permite la libre circulación de información por lo que se establecen relaciones entre personas con los mismos intereses y el profesor innovador puede encontrarse y aprender de otros que, como él, desean mejorar.
La colaboración entre docentes es un eje básico donde todavía queda mucho por hacer (De Haro, 2007c) pero asimismo, es esta web 2.0 la que proporcionará la mayor parte de las herramientas y técnicas que podrá poner en práctica en su labor docente con los alumnos.
La sobreabundancia de información y la calidad de ésta no dejan de ser algunos de los principales problemas con los que se encontrará aquel que se adentre en la web 2.0 y, si bien esto es visto por algunos como algo especialmente negativo (Fainholc, 2008), no deja de ser paradójico que ésta debe ser precisamente una de las prioridades centrales de la educación.
No es necesario disponer de un elevado presupuesto o de grandes conocimientos para poner en práctica nuevas formas de actuar con los alumnos.
Ni tan siquiera son necesarios cursos que nos enseñen el funcionamiento de todas y cada una de las herramientas y opciones tecno-lógicas y metodológicas que podemos utilizar.
En realidad esto último no es posible ya que los cambios se suceden a tal velocidad que lo aprendido hace dos años apenas tiene validez en el actual, al menos en el plano tecnológico.
Lo realmente importante es la capacidad del profesor para utilizar herramientas y técnicas nuevas y ser capaz de seleccionar aquello que le pueda ser práctico y desechar lo que no lo sea, revisando periódicamente lo que está realizando y cómo lo está haciendo para adaptarse a las nuevas tecnologías que hayan podido surgir en el espacio de tiempo que haya estado utilizando las TIC.
El aprendizaje continuo, durante toda la vida, es la realidad en la que se encuentra inmerso el profesor innovador.
Por este motivo, mantenerse informado sobre lo que se está realizando por parte de otros profesionales de la educación y en otros centros educativos se convierte en una necesidad.
Entorno de aprendizaje personal (PLE)
El entorno de aprendizaje personal o PLE (de las siglas en inglés: Personal Learning Environment) está formado por los recursos que utilizamos diariamente para obtener información en nuestro campo de interés, aprender y estar al día en el trabajo realizado por otros (Atwell, 2007).
Hoy en día no es concebible un profesor que se mantenga al margen del resto de la comunidad educativa y viva anclado en las prácticas de principios y mediados del siglo XX.
Además, lo hayamos pensado o no, todos tenemos nuestras propias fuentes y métodos para estar informados, es decir, todos disponemos de nuestro propio PLE.
Cualquier profesor, sea innovador o no, necesita seguir aprendiendo y conocer las novedades que le incumben en el ejercicio de su trabajo, exactamente igual que en cualquier otra profesión.
Muestra los recursos utilizados en el aprendizaje personal.
La sindicación (RSS) se presenta como uno de los medios más efectivos para estar al día en cualquier materia.
Los blogs se presentan como uno de los medios que más éxito ha tenido en el ámbito educativo en Internet.
En la enciclopedia Wikipedia encontramos la definición de lo que es un blog: Así pues, el aspecto cronológico es fundamental y condiciona el uso del blog.
Veamos algunas características de los blogs que debemos tener en cuenta (De Haro, 2007a, 2008c):
La innovación requiere, todavía más, estar en contacto con las personas que de algún modo destacan en la aplicación de nuevas metodologías y tecnologías, ya que no es posible aplicar nada que sea realmente nuevo (ni siquiera nuevo para uno mismo, aunque no lo sea para los demás) viviendo en la ignorancia de aquello que está siendo realizado por otros.
Es necesario reflexionar y definir de manera dinámica nuestra red de aprendizaje personal que consistirá en una serie de referencias fiables y de calidad (Rubio, 2007).
Sin lugar a dudas la sindicación (suscripción a páginas web, blogs, etcétera, mediante un programa agregador o un servicio de Internet) es uno de los modos más efectivos de estar al día en cualquier disciplina ya que la información llega hasta nosotros en el momento de producirse sin necesidad de ir a buscarla.
• Publicación en secuencia temporal inversa (lo último realizado es lo primero que se ve). • La lectura del blog es típicamente secuencial, no ramificada. • Textos breves de una sola página.
• Edición del texto individual.
• Reutilización de materiales costosa.
Los blogs utilizados con fines educativos en entornos de aprendizaje son llamados edublogs (De Haro, 2007b).
Así pues, un edublog no es otra cosa que un blog utilizado por profesores y/o alumnos en sus clases.
El siguiente mapa conceptual indica los tipos de edublog que podemos hacer así como sus características.
Los edublogs pueden ser utilizados en las siguientes situaciones, entre muchas otras posibles: Para el profesor:
• Diario de clase: temas tratados, deberes, instrucciones para trabajos, etc. • Diálogo con los alumnos: discusión de temas, reflexión sobre aspectos de la asignatura, etc. • Dar acceso a recursos: enlaces, documentos, vídeos, etc.
• Exposición concisa de trabajos: texto, presentaciones, mapas conceptuales, vídeos, acceso al trabajo realizado con otro medio, etc. • Reflexión sobre temas de la materia a propuesta de su profesor. • Diario del trabajo realizado: seguimiento de trabajos a largo plazo.
Selección de la plataforma para el blog
Hay numerosas plataformas de blogs que pueden ser usadas según los gustos y necesidades de cada uno.
Algunos de los más conocidos son Blogger [URL], Wordpress [URL], Blogalia [URL]. com) o La Coctelera [URL], entre muchos otros.
En nuestro centro hemos seleccionado Blogger y Wordpress para las clases.
El primero destaca por su facilidad de uso y la plasticidad que posee.
Blogger está especialmente recomendado para aquellos que empiezan con blogs o necesitan publicar algo más que texto, imágenes, vídeo o sonido; ya que permite incorporar (incrustar o embeber, en la terminología de los blogs) una gran variedad de elementos distintos como pueden ser documentos en flash, líneas temporales, presentaciones, calendarios, hojas de cálculo, etc.
Wordpress admite un control mucho más exhaustivo del blog, aunque ello implica más complejidad de uso.
El control de los usuarios que pueden usar el blog para escribir en él, así como los permisos que tiene cada uno son mucho más completos que en Blogger.
Asimismo dispone de estadísticas muy completas sobre el blog (artículos más leídos, cantidad de personas que acceden a cada uno, etc.).
Dispone de la posibilidad de crear páginas estáticas, algo inexistente en Blogger.
También admite el uso de LaTeX, que es un lenguaje que permite crear fórmulas matemáticas, lo cual es indispensable en algunas asignaturas.
En general Wordpress permite la creación de publicaciones más profesionales en detrimento de la sencillez de uso, su mayor carencia reside en la escasa capacidad para incrustar y publicar aplicaciones de terceros, lo cual lo hace inviable para determinados usos.
Algunos profesores de nuestro centro educativo hemos utilizado los edublogs de forma intensiva durante los últimos cursos.
La forma de usar el blog ha ido asociada a las necesidades de cada profesor y esta forma de utilización ha sido un proceso surgido de forma natural que nos ha llevado a distintos tipos de edublog.
Blogs de aula: Matemáticas.
Diario de clase Los blogs de matemáticas los hemos utilizado en 3.o y 4.o de la ESO, 1.o y 2.o de Bachillerato.
Debido a la necesidad de escribir fórmulas se han hecho con WordPress.
Son blogs de clase, es decir del profesor hacia sus alumnos.
Sus principales funciones son:
Se ha registrado la actividad diaria realizada en clase, como la materia que se iba a explicar o los ejercicios que se harían.
Esta información se publicaba con uno o dos días de antelación.
Se ha comprobado que algunos alumnos venían ya con los ejercicios copiados e incluso hechos.
Normalmente el mismo día se actualizaba para adecuarlo a lo realmente trabajado en clase.
Estas entradas previas y actualizaciones no llevan más de 5 ó 10 minutos cada una.
La actualización de la entrada se hace normalmente al final de la misma clase ya que el profesor lleva su ordenador portátil. • Recuperación de información (repaso).
Cada artículo se asignaba a una categoría correspondiente a uno de los tres trimestres que tiene el curso, de este modo seleccionando la categoría adecuada se puede ver todo lo que se ha hecho ese trimestre.
Cada artículo se ha etiquetado también con el tema tratado, de forma que es posible ver todo lo que se ha hecho sobre determinado tema. • Enlaces a recursos.
Cuando se ha considerado conveniente se han proporcionado accesos a recursos externos al blog como teoría o ejercicios.
El wiki Adedimat, del que se hablará más adelante, ha sido muy útil en este aspecto. • Deberes.
Normalmente durante la misma clase o poco después se actualiza la entrada de ese día con los deberes para el día siguiente. • Exámenes.
Una página estática informa de los exámenes y la materia que hay que estudiar, así como enlaces que pueden resultar útiles para la prueba.
Una vez realizado el examen se ha colocado un enlace al mismo en esta página.
Blogs de aula: Informática.
Aprendiendo desde el blog Los blogs para las asignaturas de informática se utilizan desde 3.o de ESO hasta 2.o de Bachillerato.
Son blogs de clase pero con una mecánica de funcionamiento muy diferente a los de matemáticas.
En informática se les pone en el blog todo el trabajo que tienen que realizar, incluyendo los recursos que necesitan para que aprendan lo necesario.
El blog sustituye casi completamente las explicaciones del profesor que actúa únicamente como guía en el proceso de aprendizaje.
En ocasiones se les plantea situaciones cuya forma de resolverlas desconocen totalmente como, por ejemplo, colocar documentos realizados con procesador de textos en un blog mediante servicios web o el uso de servicios de creación de páginas web como Google Sites [URL].
De este modo se les enseña la forma de proceder para poder resolver problemas.
Blog colectivo: Historia de las matemáticas Este blog corresponde a una optativa de 3.o de la ESO.
Su estructura y funcionamiento es radicalmente diferente a los anteriores.
Es un blog colectivo de alumnos donde presentan los resultados de sus trabajos.
Dado que los trabajos los realizan con un procesador de textos y luego los suben a Internet, mediante un servicio de documentos que permite incrustarlos en un blog, se ha utilizado Blogger que es ideal para este tipo de tareas.
Blog colectivo de alumnos. http://nuestrasclases.blogspot.com/.
Blogs de alumnos: Informática
Los alumnos de las diferentes asignaturas de informática tienen cada uno su propio blog.
Este blog actúa a modo de libreta donde ellos exponen todos los trabajos que han hecho, ya sea escribiendo el texto directamente en ellos, mediante enlaces a la ubicación del trabajo si está hecho mediante otros medios, como pueden ser wikis, o incrustando los trabajos si han sido hechos con programas de forma local en el ordenador (procesadores de texto o presentaciones).
Un wiki, o una wiki, es un sitio web cuyas páginas web pueden ser editadas por múltiples voluntarios a través del navegador web.
Los usuarios pueden crear, modificar o borrar un mismo texto que comparten.
Los textos o "páginas wiki" tienen títulos únicos.
Si se escribe el título de una "página-wiki" en algún lugar del wiki, esta palabra se convierte en un "enlace web" (o "link") a la página web.
Así pues, los wikis están formados por páginas que pueden ser creadas y modificadas por cualquiera o sólo por algunos, en el caso de que el acceso al wiki para editar esté restringido.
Entre las características de los wikis (De Haro, 2008c), destacamos las siguientes:
• Estructura de las páginas jerárquica, no dependiente del tiempo. • Lectura no secuencial, puede ser ramificada.
• Textos extensos con numerosas páginas.
• Permite la edición colectiva.
• Cada página mantiene el historial de versiones antiguas, por lo que se puede volver a versiones anteriores en caso de necesidad o consultarlas. • Permite la reutilización de materiales de forma sencilla.
Igual que el edublog, al wiki usado con fines educativos se le denomina eduwiki.
Algunas de sus posibles utilidades son:
• Generación de material didáctico: Como libro personal, libreta de apuntes, almacén de archivos, etc. • Colaboración: Para compartir la materia con los compañeros de trabajo. • Como apoyo al blog: para contener materiales extensos, archivos, imágenes, etc.
• Elaboración de trabajos individuales: trabajos extensos que no pueden hacerse en el blog. • Elaboración de trabajos colectivos: trabajos, extensos o no, realizados entre varios alumnos. • Borrador de actividades: para discutir o crear páginas con ideas o recursos en las fases organizativas previas a los trabajos.
Selección de la plataforma para el wiki
Existen numerosos servicios web de wikis gratuitos que pueden ser utilizados como recurso de clase.
Se han desestimado los paquetes de software instalables en servidor propio por los requerimientos que conllevan (necesidad de servidor propio, instalación, mantenimiento, etc.).
El más conocido de este tipo es MediaWiki [URL] ya que es el utilizado por la enciclopedia de construcción colectiva: Wikipedia [URL].
Se han ensayado varios servicios web y se ha llegado a la conclusión de que Wikispaces [URL]. com) es uno de los más cómodos para utilizar ya que tiene un editor sencillo y en general todo su uso es bastante intuitivo.
Actualmente está siendo traducido a varios idiomas y es de esperar que en un plazo relativamente corto esté traducido también al español.
En el momento de escribir estas líneas no existe ningún servicio web de wikis que esté en idioma español (existe Nirewiki, http://nirewiki.com, pero parece ser un proyecto inactivo o abandonado).
El soporte activo que hacen desde Wikispaces a la educación, también ha influido en su difusión en el mundo educativo ya que han sido unos de los primeros en proporcionar wikis gratuitas, sin publicidad, para la enseñanza.
Francisco Muñoz de la Peña (http:// aulablog21.wikispaces.com/) ha contribuido también de forma significativa a su difusión a través de sus artículos y tutoriales.
Los wikis se han utilizado para trabajos de alumnos más extensos y que requieren más tiempo en su elaboración.
Por parte de los profesores se han utilizado como almacén de recursos para los alumnos, ya sea en forma de ejercicios, teoría, apuntes o documentos.
Wiki de contenidos: matemáticas
Entre cuatro profesores de nuestro centro comenzamos, durante el curso 2007-2008, un wiki con contenidos de la asignatura para todos los niveles de ESO y Bachillerato.
Los contenidos que se han incluido son fundamentalmente ejercicios y problemas y, en menor medida, teoría.
Este wiki (Adedimat: http://adedimat.wikispaces.com) no se construye de una forma organizada sino que se hace a medida que se van presentando las necesidades.
Hemos tenido colaboraciones espontáneas de otras personas que han creado también algunas páginas.
Aunque el estilo de cada persona que interviene es diferente se han puesto unas sencillas instrucciones para intentar seguir unas directri- ces comunes que faciliten la lectura y aprovechamiento del wiki.
El wiki se utiliza fundamentalmente como libro de ejercicios para clase, con la ventaja de que el nivel, el tipo y la dificultad de cada uno está adaptada a la de los profesores que lo están haciendo.
El wiki recibe unas mil visitas diarias y dada la temática que tiene es de suponer que está siendo de utilidad también para muchas otras personas.
BLOGS Y WIKIS, UNA BUENA COMBINACIÓN
En la siguiente tabla 1 se han reflejado las situaciones en las que se puede optar por un blog o por un wiki.
En base a estas características citadas podemos asignar a cada uno de los medios un uso óptimo para la enseñanza de forma que uno se apoye en el otro.
Recomendamos la creación de un wiki de contenidos educativos, creado de forma cooperativa entre varios profesores, que pueda ser utilizado por diferentes materias y docentes (De Haro, 2007d).
El gráfico siguiente muestra una propuesta para utilizar diferentes tipos de blogs en conjunción con wikis.
Información estable, con la previsión de que sea reutilizable a medio o largo plazo.
Información con un bajo coste de creación.
Normalmente basta con una sesión de edición de la entrada para completarla, no es muy extenso y no tiene ramificaciones jerárquicas (texto lineal).
Información con un alto coste de creación.
Normalmente se requieren múltiples sesiones de edición de las páginas debido a su complejidad, extensión o a la ramificación de contenidos en secciones de varios niveles (ramificación jerárquica).
Información de tipo individual, ausencia de colaboración entre varios para crear un contenido específico.
Proyectos de creación conjunta de contenidos.
Entre varios autores construirán un producto único con estructura propia.
Uso conjunto de blogs y wikis.
El wiki de contenidos contiene parte o todos los contenidos de la materia.
Blogs y wikis usados de forma conjunta forman un medio muy eficaz para utilizar en clase ya que el wiki tiene los contenidos a largo plazo, el desarrollo de la materia, artículos de consulta, conjuntos de ejercicios, etc. Mientras que en el blog están los contenidos más inmediatos, como pueden ser ejercicios mandados para un día, los trabajos propuestos para un trimestre, los resultados de una labor, un debate, etc. Desde el blog puede referenciarse toda la información necesaria que puede irse acumulando en el wiki, el cual va siendo construido a medida que las necesidades lo requieren y puede ser reutilizado fácilmente en momentos posteriores.
Para facilitar esta reutilización los contenidos del wiki deben ser breves, formados por microcontenidos, de manera que más adelante podamos unirlos y usarlos según las necesidades que tengamos en un momento distinto.
Un sistema formado por blog de aula y wiki de contenidos ha sido el que se ha utilizado en nuestro centro, tanto en matemáticas como en informática, especialmente en la primera asignatura donde se hace un uso intensivo del mismo.
Los resultados son muy positivos y el wiki (Adedimat: http://adedimat.wikispaces.com) sigue ampliándose continuamente con nuevos contenidos.
En informática se ha utilizado como wiki de contenidos el wiki Educativarecursos [URL].
REDES SOCIALES EN EDUCACIÓN
Los servicios web de redes sociales son sistemas que ponen en contacto personas unidas por intereses comunes proporcionándoles diversos mecanismos para que los usuarios puedan interactuar entre ellos: chat, mensajería, blogs, grupos de discusión, etc. (Wikipedia: Servicios de Red Social).
Si en algo destacan de forma excelente las redes sociales es justamente en su enorme capacidad para mantener en contacto personas, ya que junto a la información que vemos habitualmente de nuestros contactos se mezcla otra de carácter personal e informal que proporciona una visión muy diferente a la que estamos acostumbrados a percibir de las personas con las que no convivimos a diario.
En el ámbito educativo esta capacidad para mantener en contacto un grupo numeroso de personas es la primera característica de la cual podemos aprovecharnos.
Uno de los efectos que se ha podido apreciar al usar redes sociales es el acercamiento entre la vida privada y docente del alumno, disminuyendo la evidente separación que existe, por norma general, entre ambas.
A través de la red social el alumno puede mostrar a los demás miembros los objetos de su interés como son el dar una visión propia de sí mismo a través de la página de su perfil, la música que le gusta, las fotos que son importantes para él, los vídeos, etc. Todo ello convive y está en el mismo espacio donde hace preguntas sobre la materia, donde consulta sus notas, los deberes que tiene para el día siguiente o le pregunta al profesor en su "muro" (mensajes dejados por los usuarios en la página personal de otros miembros de la red) la materia que entra para el próximo examen.
El acercamiento que producen las redes sociales entre el aprendizaje formal y el informal se hace evidente desde los primeros días de su uso.
Cuando el profesor no actúa sólo en el uso de tecnologías a través de Internet, ya que otros profesores también lo hacen, o aun estando solo, dispone de un elevado número de alumnos, la dispersión en las fuentes de información de profesores y alumnos puede dificultar la eficacia de la tarea educativa, ya que ambos colectivos se ven obligados a visitar un gran número de recursos (blogs, wikis, etc.) que son independientes entre sí.
Realmente este fue uno de los escollos importantes que apunté al uso de blogs en uno de mis primeros artículos sobre el tema titulado: Edublogs, ¿un medio poco apropiado?
Allí se alertaba sobre el caos que podía producirse si se utilizaba el blog como medio generalizado en la enseñanza, debido a la multiplicidad de asignaturas, profesores y alumnos que conviven juntos en un mismo centro educativo.
Éste es otro punto donde las redes sociales intervienen de forma muy eficiente, ya que la creación de grupos, en conjunción con las herramientas que se proporcionan, permiten actuar a la red como un centro de recursos, un lugar de partida para el resto de recursos que se estén utilizando en el aula, aunque estos sean externos, como sucederá la mayoría de las veces, a la propia red.
Así la red social puede ser tomada como centro de partida en el entorno de aprendizaje del alumno.
Apenas existen en la literatura referencias al uso pedagógico de las redes sociales y algunos autores como F. Santamaría (2008) no conceden demasiado valor a las redes sociales afirmando que hay otros entornos que son más apropiados a nivel educativo.
Algunos de los beneficios que hemos podido apreciar del uso de una red social con los alumnos son (De Haro, 2008d):
• Permite centralizar en un único sitio todas las actividades docentes, profesores y alumnos de un centro educativo. • Aumento del sentimiento de comunidad educativa para alumnos y profesores debido al efecto de cercanía que las redes sociales. • Mejora del ambiente de trabajo al permitir al alumno crear sus propios objetos de interés, así como los propios del trabajo que requiere la educación.
• Aumento en la fluidez y sencillez de la comunicación entre profesores y alumnos. • Incremento de la eficacia del uso práctico de las TIC, al actuar la red como un medio de aglutinación de personas, recursos y actividades.
Sobre todo cuando se utilizan las TIC de forma generalizada y masiva en el centro educativo. • Facilita la coordinación y trabajo de diversos grupos de aprendizaje (clase, asignatura, grupo de alumnos de una asignatura, etc.) mediante la creación de los grupos apropiados.
Formas de relacionarse en la red social.
Las relaciones docentes y las puramente sociales quedan integradas entre sí de una forma natural, esto favorece que el aprendizaje formal y el informal vayan unidos.
• Aprendizaje del comportamiento social básico por parte de los alumnos: qué puedo decir, qué puedo hacer, hasta dónde puedo llegar, etc.
Selección de la plataforma para la Red Social
Cuando se empezó a investigar para seleccionar una red social se tuvieron en consideración tres de ellas Facebook Facebook forma una comunidad abierta donde hay demasiado ruido proveniente del exterior aunque algunos, como la Universitat Oberta de Catalunya, han optado por esta red [URL].
Además, los mecanismos de control son muy débiles.
El hecho de que parte de los perfiles sean visibles a todos por defecto (aunque luego se puede limitar) hace impracsu uso con menores.
Elgg es una red creada específicamente para la educación, gratuita y de código abierto.
No obstante, necesita un servidor propio, lo que, al menos en nuestro caso, ha servido para descartarla.
No cabe duda de que es una red social muy interesante para aquellos que puedan utilizarla en sus propios servidores.
Ning ofrece redes sociales de forma gratuita que pueden ser cerradas al exterior.
Las redes sociales creadas con Ning son independientes las unas de las otras, por lo que no se producen las interferencias de Facebook, además permite un control muy preciso sobre el grado de privacidad de la red, lo cual lo hace idóneo para trabajar con alumnos menores de edad.
Para la educación con alumnos de 13 a 18 años elimina la publicidad si se les pide directamente (De Haro, 2008f).
Tiene otras ventajas como es la posibilidad de traducción a cualquier idioma y la modificación de los textos de la red, por lo que ésta puede ser personalizada según las necesidades particulares.
Estructura y organización de la red social en educación
Para los fines educativos de las redes sociales una de sus características que le dan una mayor potencia es la creación de grupos.
Éstos permiten agrupar clases enteras con sus profesor, grupos de trabajo de alumnos, etc. Las posibilidades son tantas como las necesidades que puedan surgir.
Una vez dentro de la red alumnos y profesores, las actividades se pueden organizar de muchos modos diferentes.
La presencia de todos nuestros alumnos en el interior de la red asegura que tendremos una forma rápida y sencilla de entrar en contacto con los alumnos o grupos que nos interese.
ARBOR • Creación de grupos formados por pocos alumnos para realizar un trabajo de asignatura.
Estos grupos los crean los propios alumnos.
El grupo puede comunicarse mediante el muro de la página de su grupo o mediante el foro de discusión.
Allí pueden organizarse las tareas a realizar por cada uno, discutir los contenidos, crear índices provisionales, dar listas de recursos, etc. Los foros de discusión son muy versátiles ya que se pueden dedicar diferentes temas de discusión para realizar las actividades citadas. • Creación del grupo clase de una asignatura.
Este grupo lo crea el profesor de la asignatura.
Puede insertar su blog en la caja de texto del grupo o mediante sindicación (RSS), en el caso de que tenga uno.
Puede incrustar documentos, presentaciones, etc., tanto en la caja de texto como en el foro de discusión del grupo.
Puede subir archivos al foro de discusión, poner una lista de enlaces a los recursos de la asignatura, utilizar el foro para que los alumnos pregunten, dar avisos, tareas, etc. Los alumnos pueden realizar diálogos sobre los temas propuestos en clase, consultar dudas, etc. • Grupos de alumnos transversales.
Este grupo lo crea el coordinador de la actividad.
Para organizar actividades con alumnos que en principio no tienen conexión entre sí, como la organización de alguna actividad interdisciplinar.
El foro de discusión puede ayudar en la coordinación y comunicación.
Mapa conceptual sobre las redes sociales en educación (De Haro, 2008g).
Este grupo lo crea el tutor del curso.
Se puede utilizar el grupo para enviar mensajes colectivos a la clase, dejar avisos en el foro o discutir sobre temas de tutoría propuestos en clase, entre otras cosas.
Todos los grupos pueden verse reforzados mediante el uso de herramientas como Google Docs, Google Sites o wikis, por citar algunos.
Estas herramientas se pueden referenciar a través del grupo que actúa como centro aglutinador de personas y recursos.
Además, los responsables de cada grupo pueden añadir eventos del calendario para que se apunten los miembros, el profesor puede entrar en contacto con cualquiera de sus alumnos mediante su muro o los mensajes privados, también mediante mensajes enviados a todos los miembros del grupo a la vez.
Los alumnos pueden contactar de forma directa con su profesor o con sus compañeros del mismo modo.
Experiencias con redes sociales
Nuestro centro educativo dispone de una única red social en Ning para todos los alumnos de ESO y Bachillerato, actualmente tiene 310 miembros entre alumnos y profesores.
Sólo pertenecen a la red los cursos que están desarrollando alguna actividad en su interior.
Por motivos de seguridad esta red está totalmente cerrada, es invisible al exterior y los miembros no pueden pedir la admisión si no que deben ser invitados por los administradores (el grupo de administradores lo forma un equipo de tres profesores).
Los nuevos miembros, además, deben ser confirmados por los administradores.
Se permite la creación de grupos a los alumnos, pero estos grupos deben ser aprobados por los administradores.
Trabajo colaborativo entre alumnos.
Informática En la asignatura de la optativa de Informática de 4.o de la ESO los alumnos hacen una Webquest sobre Malware.
Realmente el tema tratado es casi lo de menos, puesto que el objetivo es que aprendan a trabajar en equipo y a utilizar herramientas básicas de la web 2.0.
Tras la investigación del tema deben responder una serie de preguntas.
Para ello forman grupos de 3 ó 4 alumnos que se distribuyen el trabajo entre ellos.
Deben buscar in-formación en Internet, guardarla, procesar la información que tienen y, para finalizar, deberán redactar el trabajo que incluirá el texto y el material multimedia que ellos consideren oportuno.
Los alumnos, unos 50, están distribuidos en dos aulas de informática de forma simultánea, tres horas a la semana.
Cada uno de los profesores de las dos aulas hemos creado un grupo de clase dentro de la red social, donde se apuntan los alumnos de cada uno, para estar en contacto con ellos y poder dejarles las tareas a realizar, dar avisos, etc. Asimismo, cada grupo de trabajo de alumnos ha creado su propio grupo.
Estos grupos los usa el profesor para darles indicaciones acerca de la marcha de su trabajo, los alumnos los usan para debatir determinados temas mediante el foro de discusión del grupo y para acceder a otros recursos utilizados mediante enlaces.
Durante varias horas los alumnos han buscado información relevante para su trabajo en Internet y han guardado las páginas que han encontrado en un grupo creado en el marcador social Mr Wong (http://www. mister-wong.es/groups/adediinfor/).
De este modo la información recopilada por cada grupo de alumnos ha sido también aprovechada por el resto de compañeros de la asignatura.
Grupo de Mr Wong para el trabajo de Informática.
Los marcadores (favoritos) son añadidos por todos los alumnos de la asignatura.
Cada día de clase los alumnos escriben en el blog de la red social el trabajo que han realizado de forma muy breve.
El objetivo de esta actividad es que el uso del blog se convierta en algo cotidiano para ellos.
Posteriormente la redacción del trabajo se ha realizado utilizando Google Sites [URL] que es un sistema de páginas web que permite la edición de las mismas de modo conjunto, del mismo modo que los wikis (De Haro, 2008b).
Fragmento del blog de la red social con una breve descripción del trabajo realizado ese día.
Uno de los trabajos de los alumnos, en construcción, en Google Sites.
La red social para estar contacto con los alumnos y dar instrucciones Una forma sencilla de utilizar la red social es simplemente como un medio muy efectivo de estar con contacto con los alumnos de nuestras asignaturas y también usarlo para dejar tareas, deberes, comentarios de exámenes, etc., es decir, como si se tratase de un blog y foro de discusión.
En nuestro centro se está usando la red social de este modo en varios cursos diferentes de matemáticas, lengua castellana, música y ciencias de la tierra.
Además, la privacidad de los grupos dentro de la red, permite publicar información confidencial, tal como pueden ser las notas de los exámenes de forma que sólo lo verán los alumnos del grupo afectado.
Uno de los grupos de matemáticas.
Uno de los grupos de música.
El uso de herramientas de la web 2,0, tales como blogs, wikis y redes sociales, junto a otros servicios como marcadores sociales, servicios para la creación de páginas web, etc., se presenta como un medio muy efectivo para complementar la clase tradicional, ya que aportan nuevos medios de presentar la información, de trabajar y estar en contacto con los alumnos.
Los cambios con-Ilustración 20.
Grupo de lengua castellana.
tinuos que se producen a nivel tecnológico requieren no anclarse en un único sistema y estar dispuestos a probar y experimentar con nuevas tecnologías, así como adaptar las metodologías que usamos en la actualidad en una búsqueda permanente de la excelencia educativa.
Es necesario estar en contacto con otros profesores y profesionales de la educación de forma que sea posible aprender de las experiencias de otros, así como hacer públicas las propias.
ALGUNAS EXPERIENCIAS DE INNOVACIÓN EDUCATIVA |
¿QUÉ SON LOS COLEGIOS PROFESIONALES?
A pesar de que algunos Colegios Profesionales surgieron hace más de trescientos años directamente relacionados con los antiguos gremios, existe un gran desconocimiento sobre sus funciones y naturaleza jurídica, por eso aunque a algún lector pueda parecerle innecesario, creo oportuno delimitar lo que es un Colegio Profesional de acuerdo con el derecho administrativo español, y sus diferencias con las asociaciones, así como sus diferencias y semejanzas con otras instituciones profesionales internacionales.
La Ley 2/1974, de 13 de febrero, sobre Colegios Profesionales establece en su artículo 1.1. que: "Los Colegios Profesionales son Corporaciones de derecho público, amparadas por la Ley y reconocidas por el Estado, con personalidad jurídica propia y plena capacidad para el cumplimiento de sus fines."
El Tribunal Constitucional definió los Colegios Profesionales en su sentencia 20/1988, de 18 de febrero, como: "Los Colegios Profesionales son corporaciones sectoriales que se constituyen para defender primordialmente los intereses privados de sus miembros pero que también atienden a finalidades de interés público, en razón de las cuales se configuran legalmente como personas jurídico-públicas o Corporaciones de Derecho Público cuyo origen, organización y funciones no dependen sólo de la voluntad de sus asociados, sino también, y en primer término, de las determinaciones obligatorias del propio legislador, el cual, por lo general, les atribuye asimismo el ejercicio de funciones propias de las Administraciones territoriales o permite a estas últimas recabar la colaboración de aquéllas mediante colaboraciones expresas de competencias administrativas, lo que sitúa a tales Corporaciones bajo la dependencia o tutela de las citadas Administraciones territoriales titulares de las funciones o competencias ejercidas por aquéllas".
Este texto deja bien a las claras las dos vertientes de los Colegios Profesionales.
En primer lugar, surgen por la voluntad asociativa de sus miembros; pero tienen además funciones de interés general "delegadas" por la Administración, por lo que se constituyen como Corporaciones de Derecho Público.
Este "interés general" que justificaría la creación de los colegios y la obligatoriedad de la colegiación está explícitamente puesto de manifiesto en la siguiente inscripción que se encuentra en la sede del Colegio de Médicos de Madrid que recoge un texto de sus normas constituyentes: "Por orden 1796 se fundó el primer Colegio de Médicos de Madrid, con el nombre de Real Colegio de Medicina para que'... hallen pronto y seguro socorro los hombres oprimidos de la enfermedad, angustia y dolor'.
Dándose la atribución de habilitar a los Médicos para ejercer la Medicina y sancionar a los'Profesionales del Arte de Curar que se excedan de sus debidos límites, no permitiendo de ningún modo los Curanderos'".
Por tanto, es evidente que ése es el sentido original de la creación de los Colegios.
Cosa distinta es que parte de la sociedad considera que esta finalidad ha sido desvirtuada.
La función más importante "delegada" por la Administración en los Colegios es sin duda el ordenamiento de la profesión, específicamente el control deontológico, que incluye el poder sancionador.
Es decir, los Colegios Profesionales son asociaciones y por ello, defienden y representan a la profesión, pero son corporaciones de derecho público porque esa finalidad está supeditada al interés general y de los usuarios de los servicios profesionales en particular 1.
Sin duda, es este doble carácter lo que determina la singularidad del ordenamiento jurídico de lo Colegios Profesionales en España.
¿Cuáles son las diferencias, entonces, entre un Colegio Profesional y una Asociación Profesional?
El siguiente cuadro pueda ayudarnos a sintetizarlo: Creame el lector si le digo que muchos colegios profesionales españoles se cambiarían sin dudar por estas asociaciones profesionales británicas, porque sus atribuciones además del control de la profesión, les permite influir en qué tipo de formación da acceso a la misma.
En los Estados Unidos muchos estados, en algunas profesiones, como la abogacía, delegan en las asociaciones profesionales de teórica adscripción voluntaria, la organización y ejecución de los exámenes que permiten el ejercicio profesional en dicho Estado.
LAS FUNCIONES DE LOS COLEGIOS PROFESIONALES
"Son fines esenciales de estas Corporaciones la ordenación del ejercicio de las profesiones, la representación exclusiva de las mismas y la defensa de los intereses profesionales de los colegiados".
y entre las funciones que se recogen en el artículo 5 se encuentran:
"e) Estar representados en los Patronatos Universitarios. f) Participar en la elaboración de los planes de estudio e informar las normas de organización de los Centros docentes correspondientes a las profesiones respectivas y mantener permanente contacto con los mismos y preparar la información necesaria para facilitar el acceso a la vida profesional de los nuevos profesionales.... j) Organizar actividades y servicios comunes de interés para los colegiados, de carácter profesional, formativo, cultural, asistencial y de previsión y otros análogos, proveyendo al sostenimiento económico mediante los medios necesarios... r) Organizar, en su caso, cursos para la formación profesional de los postgraduados."
Como podemos comprobar, y a pesar de que esta norma tiene más de treinta y cinco años de vigencia y está centrada en las funciones corporativistas, ya establecía claramente el papel de los Colegios tanto en la formación de pregrado, como de posgrado.
Cabe destacar que, aunque sin mencionar explícitamente el concepto calidad de los servicios profesionales, de entre las muchas funciones propias de los colegios profesionales, las recogidas en la ley están orientadas precisamente a ese fin: la función de ordenación de la actividad profesional, velando por la ética profesional, por el respeto debido a los derechos particulares y ejerciendo la facultad disciplinaria sobre los profesionales colegiados; u otras funciones como la adopción de medidas para evitar el intrusismo profesional, el visado de trabajos profesionales o la organización de actividades de carácter formativo para los profesionales colegiados, en pro de mejorar la calidad de los servicios prestados por éstos, que al final redundarán en los consumidores y usuarios de los mismos.
Al amparo de esta normativa, los Colegios Profesionales españoles han desarrollado importantes programas formativos de posgrado, algunos de ellos muy ambiciosos 3 incorporando las NTI, dirigidos principalmente a sus afiliados, aunque en la mayoría de los casos también están abiertos a estudiantes de los últimos cursos para facilitar el acceso de éstos a la vida laboral en diversos ámbitos.
CALIDAD DE SERVICIOS, FORMACIÓN CONTINUA Y ACREDITACIÓN PROFESIONAL
Sin duda, mucho ha recorrido y cambiado la sociedad española es estos treinta y cinco años.
Cambios que para lo que nos ocupa, pueden resumirse en tres aspectos: la revolución de la cultura de la "calidad de servicio", la necesidad del "aprender a lo largo de la vida", y el cambio de perspectiva de los fines de los Colegios desde la finalidad meramente corporativa al interés social general.
Por tanto, los profesionales requieren una actualización permanente si se pretende que presten sus servicios con los niveles de calidad exigible.
Éste es, sin duda, el principal cambio habido en la formación de los profesionales en las últimas décadas, y se enlaza directamente con el cambio de perspectiva en la función de los Colegios Profesionales.
Los Colegios Profesionales son tales y no meras asociaciones, porque obedecen a intereses generales y no sólo corporativos, como dijimos anteriormente.
Eso es así desde su origen, aunque no es menos cierto que desde hace ya demasiados años muchas entidades colegiales han dedicado más tiempo y esfuerzo a promover los intereses particulares frente a los sociales.
Pero, en los últimos años se ha producido un profundo y, en mi opinión, fructífero debate dentro de los Colegios Profesionales sobre su función social.
Tómese como ejemplo, las recientes declaraciones del presidente de Unión Profesional de Valencia D. Francisco Real, en unas recientes declaraciones a la publicación electrónica Diario Crítico de la Comunidad Valenciana: "Ésa es la principal función de los colegios profesionales: mejorar la calidad del profesional para mejorar la calidad del servicio al ciudadano".
Este cambio de perspectiva está siendo recogido por la Administración y así en el Anteproyecto de Ley de Modificación de diversas leyes para su adaptación a la Ley.../... sobre el libre acceso a las actividades de servicios y su ejercicio, en el que se prevé una modificación de la actual Ley de Colegios Profesionales, se redefinen los fines de estas corporaciones de la siguiente manera:
Son fines esenciales de estas Corporaciones la ordenación del ejercicio de las profesiones, la representación exclusiva de las mismas, la defensa de los intereses profesionales de los colegiados y la protección de los intereses de los consumidores y usuarios de los servicios de sus colegiados..." (art. 5.1).
Es decir, si el Anteproyecto queda aprobado con su actual redacción se consagrará no sólo como función, sino como fin esencial de los Colegios la defensa de los intereses de los usuarios de los servicios profesionales.
Por tanto, la formación que facilitan los Colegios Profesionales a sus colegiados no son un mero servicio a los colegiados, sino que deben entenderse dentro de un sistema de mejora de la calidad de los servicios profesionales.
Ahora bien, para que ese sistema sea completo, es preciso que certifique que el profesional ha participado en actividades de formación continua; o que acredite que se ha especializado en un determinado ámbito, técnica, procedimiento, etc.
Algunos liberales económicos a ultranza piensan que no debe existir ninguna entidad acreditadora, y será el propio mercado "libre" quien discrimine al final entre los profesionales que prestan servicios de calidad y los que no. Otros, entre los que me encuentro, consideramos que no está de más que alguna entidad envié una señal al mercado, mejor, a la sociedad, sobre si un determinado profesional cumple unos determinados requisitos o no. Esta entidad, sin duda debe ser la Administración, o en su defecto los Colegios como corporaciones de derecho público.
La Administración tiene sistema de certificación de la formación continua de los profesionales en dos ámbitos como son en el educativo y el sanitario, donde las administraciones son los principales empleadores.
El del ámbito sanitario se denomina Sistema de Acreditación de Formación Continuada del Sistema Nacional de Salud, y acredita la formación que después será valorada por las administraciones en todos los procesos de selección, promoción y desarrollo de carrera profesional.
Algo similar ocurre con los cursos acreditados en el sistema educativo, y ambos procesos de acreditación son de gran utilidad en los ámbitos de la función pública; pero su aplicación en el ámbito de los servicios privados es muy escasa.
Por otra parte, debido a su coste, un sistema de acreditación de formación continua dependiente de la Administración que abarque a todas las profesiones y, en especial, el ejercicio liberal de las mismas, es impensable.
Nadie mejor que los colegios, conocedores de la especificidad de la profesión, para crear sellos de calidad.
Los sellos o marcas de calidad certifican que se cumple con determinadas normas.
Con ellos, se está certificando que los servicios a los que se les concede, son objeto de las evaluaciones y controles que se establecen en los sistemas de certificación.
Para ello los colegios habrán de identificar aquellos aspectos de su profesión que pueden resultar evaluables; así como establecer normas o protocolos que deberán cumplir los colegiados en la prestación de los servicios y servirán para la evaluación de la calidad de los mismos.
Del mismo modo, habrán de implantar departamentos o servicios colegiales de certificación de calidad para la evaluación del cumplimiento de las normas y la comprobación del sistema de calidad, para la prestación del servicio profesional y para la inspección del servicio profesional 5.
El resultado final del proceso de certificación será la obtención por el profesional colegiado o por la sociedad profesional del certificado por el que se declarará la conformidad, en caso de que así fuese, del servicio profesional evaluado y la concesión del derecho de uso de la marca correspondiente que, a partir de ese momento, podrá utilizarse en los servicios certificados.
Todo ese proceso de certificación diferenciará a los profesionales que, en determinados ámbitos, prestan sus servicios con la calidad garantizada por el colegio de aquellos que no se hayan sometido a tal evaluación.
Esto redundará en una mejora de la información de los clientes, pacientes o usuarios de los servicios profesionales y de la calidad general de los servicios profesionales ofrecida en el mercado.
Por último, existe otro ámbito importante a destacar, el de acreditación de personas, esto es, el reconocimiento formal de la cualificación de un profesional para poder realizar una actividad o conjunto de actividades o poder ocupar un puesto específico dentro de una organización (perfil profesional), puede jugar un papel fundamental como referente no regulado.
La entidad acreditada o entidad de certificación es el garante de la objetividad e imparcialidad de este proceso de reconocimiento formal de la cualificación del profesional, por lo que debe contar con estructuras en las que estén representadas todas las partes interesadas en el perfil profesional específico; y es aquí donde surge la oportunidad para los colegios profesionales, ya que en ellos están integrados todos los profesionales y, por tanto, son menos susceptibles de introducir sesgos y están sometidos al control democrático de sus miembros.
En esta línea, desde la Unión Interprofesional de la Comunidad de Madrid, Asociación de Colegios Profesionales de Madrid, se viene trabajando desde hace años, a través de las Comisiones de Calidad y de Certificación y Cualificación Profesional, facilitando a los colegios y a sus colegiados una oportunidad para la mejora y el progreso a nivel institucional, profesional y personal.
Veamos algunos ejemplos de certificación y acreditación de la formación. a) Tener residencia habitual y despacho abierto en el ámbito del colegio respectivo, así como tener cumplidas todas las obligaciones estatutarias. b) Acreditar más de tres años en el ejercicio de la profesión. c) Estar en posesión del diploma del curso de Escuela de Práctica Jurídica o de cursos equivalentes homologados por el Colegio, o, en su caso, haber superado los cursos o pruebas de acceso a los servicios de turno de oficio y asistencia letrada al detenido establecidos por las Junta de Gobierno.
Excepcionalmente, se podrá dispensar motivadamente del cumplimento del requisito establecido en la letra c) si concurren méritos y circunstancias que acreditasen su capacidad.
Además de los expresados, para el acceso a los turnos más especializados (Extranjería y refugio, Menores, Jurado, Vigilancia penitenciaria, Constitucional, Violencia de género), se requiere formación adicional y más años de antigüedad en el ejercicio profesional (entre tres y diez años en el caso del Turno Constitucional).
Estos requisitos específicos vienen establecidos en las Normas Reguladoras de Turno de Oficio.
El EURO-PSY y el Certificado Europeo de Experto en Psicoterapia de la EFPA 7
La creciente internacionalización de la economía y la implantación de un mercado común interno dentro de la Unión Europea ha estimulado la movilidad de los profesionales y la puesta en común de criterios homogéneos de cualificación profesional en los países que la constituyen, de forma que se facilite la libertad en la prestación de servicios 8.
Los psicólogos, como otros profesionales, deben tener la oportunidad de formarse y ejercer su profesión en cualquier lugar de la UE.
Los clientes, sean ciudadanos o instituciones, tienen el derecho de elegir servicios de psicólogos competentes de acuerdo con sus intereses y derechos en cualquier lugar de la UE.
A estos objetivos obedecen las iniciativas EuroPsy, Certificado Europeo de Psicología y el Certificado Europeo de Psicólogo Especialista en Psicoterapia de la European Federation of Psychological Associations (EFPA).
Aunque se debería pretender la uniformidad, transparencia y flexibilidad cuando se pasa de un sistema educativo y profesional a otro cruzando las fronteras nacionales, esos objetivos no son fáciles de lograr, considerando la diversidad de los sistemas y prácticas que se han desarrollado con el tiempo.
Hay que encontrar marcos comunes para comparar y establecer la equivalencia de cualificaciones profesionales y educativas, y hay que establecer estándares comunes para garantizar niveles de conocimiento experto y calidad profesional en la UE.
LA EFPA, durante las últimas décadas, ha promovido una serie de iniciativas para establecer un marco y unos estándares comunes.
Así, en 1990 aprobó un conjunto de Estándares Óptimos para la Profesión de la Psicología (EFPPA, 1990) en la que se establecieron los requisitos para la educación académica y la formación profesional de los psicólogos.
La Red Europea de Psicólogos del Trabajo y de las Organizaciones (ENOP), con una ayuda Copérnico de la Comisión Europea, elaboró un marco curricular y unos estándares mínimos para la psicología organizacional y del trabajo (Roe et al., 1994; ENOP, 1998).
Un grupo de trabajo de psicólogos vinculado a la EFPA definieron un marco para la educación y formación de los psicólogos Europeos en el contexto del programa Leonardo da Vinci de la UE (Lunt, 2000; Lunt et al., 2001, Lunt, 2002).
El documento resultante, titulado "EuroPsyT: Un marco para la educación y entrenamiento de los Psicólogos en Europa" fue adoptado por la EFPA en 2001.
Este marco constituye la base de posteriores desarrollos que han desembocado en un sistema de certificado de dos niveles, que incluirá el EuroPsy (Certificado Europeo en Psicología) y un número de Certificados Europeos Avanzados en Psicología (actualmente sólo está implantado el de Psicoterapia).
Un aspecto importante de este trabajo es el desarrollo de competencias que pueden ser evaluadas como resultados de la formación y del entrenamiento, en lugar de basarse únicamente en el currículum académico.
La Comisión Europea también está a favor de un acercamiento basado en competencias, que permita la evaluación de la competencia en diversos contextos, tal y como puede comprobarse en el proyecto "Tuning".
Marco y estándares mínimos para la educación y entrenamiento de psicólogos.
EUROPSY, CERTIFICADO EUROPEO EN PSICOLOGÍA
Sólo los psicólogos que puedan demostrar que han seguido un currículum que cumple los requisitos que describiremos a continuación y hayan realizado una práctica supervisada durante el tiempo equivalente a un año, lo que supone en un total al menos seis años de formación (360 ECTS), pueden optar a obtener el EuroPsy y a ser inscritos en el Registro.
El EuroPsy plantea un modelo de currículum que distingue tres fases: 1.a Fase Título, de Grado o equivalente; 2.a Fase, Título de Máster o equivalente; 3.a Fase, Práctica supervisada.
Se asume que la 1.a y la 2.a fase formarán parte de un currículum académico de psicología, mientras que la 3.a fase puede estar incluida o no en el currículum universitario.
Se asume también que puede haber una diversidad de opciones del currículum en las universidades que se adapten a estos requisitos, y que no es esencial una estructura de fases separadas o secuenciales.
El EuroPsy no obliga a ninguna organización y secuencia del programa de aprendizaje determinada.
Debería señalarse que el Máster o grado equivalente, obtenido tras cinco años de estudio (300 ECTS), se considera que proporciona la cualificación básica necesaria para la práctica de la psicología y ha de estar completada por una práctica supervisada antes de que el individuo sea considerado competente para la práctica independiente.
La práctica profesional especializada en cualquier área de la psicología, generalmente requerirá una formación posterior a la cualificación básica en áreas como la Psicoterapia que analizaremos más adelante.
Descripción del contenido del currículum
La primera fase está típicamente dedicada a la orientación de los estudiantes en las diferentes disciplinas psicológicas y también incluye formación en disciplinas relacionadas.
Ofrece una educación básica en todas las disciplinas de la psicología, y en las principales teorías y técnicas de la psicología.
Proporciona una introducción básica a las habilidades de los psicólogos y una base para la investigación en psicología.
No lleva a cualificación ocupacional alguna en psicología y no proporciona la competencia necesaria para la práctica independiente en psicología.
Aunque la primera fase puede cubrirse con un programa de tres años conducente a la obtención del Grado (Bachelor), puede también llevarse a cabo en un período mayor, e integrado con el correspondiente a la segunda fase en la que se proporciona el conocimiento, habilidades y comprensión requeridos para la práctica profesional como psicólogo.
El currículum de la primera fase está basado en el proyecto "EuroPsyT: Un marco para la educación y el entrenamiento de los psicólogos en Europa".
Este marco y los principios generales se presentan en la tabla 1.
El programa de la segunda fase prepara al estudiante para la práctica profesional independiente como psicólogo.
Esta parte del currículum puede ser generalista y preparar para una formación posterior en doctorado o para el empleo como "profesional generalista" en psicología, o ser diferenciada y preparar para la práctica dentro de un área particular profesional de la psicología, como (i) psicología clínica o de salud, (ii) psicología educativa o escolar, y (iii) psicología del trabajo y de las organizaciones.
Como parte de la segunda fase el estudiante, tanto si se prepara para la investigación como si lo hace para el ejercicio como psicólogo profesional, tiene que demostrar la capacidad para realizar la investigación.
La Tabla 2 que se presenta a continuación presenta un modelo de estructura para la segunda fase de formación.
El objetivo del practicum (o "stage" en algunos países europeos) es el de proporcionar un entrenamiento introductorio en el campo profesional.
Normalmente se lleva a cabo durante la segunda mitad del currículum universitario, pero puede empezar antes y/o continuarse después de finalizar el currículum.
En el último caso, debería ser una responsabilidad conjunta de la universidad y del colegio profesional nacional.
La duración debería ser normalmente de al menos tres meses (o 15 ECTS), según el área específica de interés.
TABLA 2: SEGUNDA FASE
Orientación sobre el contexto de práctica y las posibilidades de especialización.
Cursos en teorías explicativas de psicología general, y/o psicobiología, y/o psicología evolutiva, y/o psicología de la personalidad, y/o psicología social.
E.g. teorías de aprendizaje, teoría cognitiva, teorías avanzadas de la personalidad.
Cursos en teorías explicativas de psicología del trabajo y de las organizaciones y/o psicología educativa y/o psicología clínica y/o subdisciplinas psicológicas.
E.g. teorías del desempeño laboral, teorías de la cognición contextualizada, teorías de liderazgo, teorías de desórdenes de personalidad.
Cursos en teorías tecnológicas de psicología general, y/o psicobiología y/o psicología del desarrollo y/o psicología de la personalidad, y/o psicología social.
Teoría psicométrica, teoría de la evaluación de EEG.
Cursos en teorías tecnológicas de psicología del trabajo y de las organizaciones y/o psicología educativa y/o psicología clínica y/o subdisciplinas psicológicas.
E.g. teorías de análisis del trabajo, análisis de necesidades de aprendizaje, teorías de asesoramiento y psicoterapia.
Entrenamiento en habilidades para la aplicación de las teorías explicativas arriba mencionadas a la evaluación en situaciones de investigación/laboratorio.
E.g. entrenamiento en registro EMG, entrenamiento en evaluación de la personalidad.
Entrenamiento en habilidades para la aplicación de las teorías explicativas arriba mencionadas en la evaluación en situaciones aplicadas y de campo.
E.g. entrenamiento en análisis de errores, evaluación de trastornos de aprendizaje.
Entrenamiento en habilidades para la aplicación de las teorías tecnológicas arriba mencionadas en intervenciones en situaciones de investigación/laboratorio.
P.e. entrenamiento en construcción de test, diseño de un experimento de aprendizaje.
Entrenamiento en habilidades para la aplicación de las teorías tecnológicas arriba mencionadas en intervenciones en situaciones aplicadas/de campo.
E.g. entrenamiento en el diseño de sistemas de puntuación de ejecución, diseño de un sistema de entrenamiento, el desarrollo de un plan terapéutico, psicoterapia.
Diseño de Investigación Avanzada
Estadística multivariada básica y avanzada, incluyendo ANOVA Análisis de regresión múltiple, análisis factorial Diseño de Investigación Cualitativa, incluyendo entrevista, uso de cuestionarios y análisis avanzado de datos cualitativos.
Entrenamiento en habilidades en los métodos y técnicas arriba mencionados.
Habilidades académicas y profesionales generales
Entrenamiento en habilidades para escribir informes y artículos Entrenamiento en habilidades de entrevista profesional, etc.
Cursos teóricos y prácticos sobre temas de otras disciplinas, relevantes para la actividad profesional.
E.g. medicina, derecho, economía de empresa.
Los estudiantes que finalicen la educación y el entrenamiento completos deben haber desarrollado competencias básicas en habilidades de investigación y habrán llevado a cabo un pequeño proyecto de investigación.
Éste puede realizarse en el laboratorio de la universidad o en situación de campo, y puede utilizar enfoques experimentales o más naturalistas como cuasi-experimentos, estudios de caso, entrevistas o estudios con cuestionarios.
Los estudiantes serán iniciados en cuestiones concernientes a la naturaleza y ética de la investigación psicológica, y a los métodos básicos empleados por los psicólogos.
Esta actividad se llevará a cabo en (esto es 15-30 ECTS).
La tercera fase de la educación profesional de los psicólogos consiste en una práctica supervisada dentro de un área particular de la psicología profesional.
Este entrenamiento generalmente tiene lugar después de completar la segunda fase, y a menudo se produce después de dejar la universidad.
Sin embargo puede formar parte también de la formación universitaria.
Su duración será de 12 meses o el equivalente (60 ECTS).
Consiste en un trabajo semiindependiente como psicólogo bajo supervisión en un contexto colegial profesional.
Esta forma de entrenamiento es considerada esencial para obtener la cualificación profesional de psicólogo, puesto que la aplicación del conocimiento y habilidades adquiridas durante la primera y segunda fase en una situación profesional es un prerrequisito para el desarrollo de las competencias de los psicólogos.
Los graduados que han completado la primera y segunda fases sin un período de práctica supervisada no pueden ser considerados cualificados para el trabajo independiente como psicólogo.
Requisitos mínimos del programa de educación y entrenamiento.
El currículum debe tener una duración de al menos cinco años (300 ECTS); Puede ser dividido en 180 unidades para la primera fase y 120 unidades para la segunda fase, aunque las universidades y los países diferirán en la estructura de sus sistemas educativos. -El solicitante debe aportar evidencia del trabajo profesional como psicólogo que no sea menor de 400 horas por año promediado por un período no menor de cuatro años sobre el período de los últimos seis años antes de la solicitud de renovación. -Es una responsabilidad del Psicólogo EuroPsy Registrado mantenerse informado acerca de los desarrollos científicos profesionales recientes en psicología, incluyendo, pero no limitándose a su propio contexto de práctica.
Se recomienda un mínimo de 80 horas por año y los solicitantes han de aportar evidencia explícita de 40 horas de desarrollo profesional continuo por año.
Hay un amplio rango de actividades de desarrollo profesional y la siguiente lista no pretende ser exhaustiva.
Para cada tipo de actividad se indica un mínimo y/o máximo aproximado del porcentaje de tiempo total anual que puede ser acreditado con el fin de garantizar la diversidad de actividades para su DPC.
-Asistencia certificada y participación en cursos acreditados y/o talleres dirigidos al desarrollo profesional contínuo (15-60 %) -Desarrollo de nuevas habilidades específicas a través de la práctica en el trabajo (15-20 %) -Asistencia certificada a reuniones de supervisión por pares (10-20 %) -Asistencia certificada a un congreso profesional o científico (10-20 %) La certificación reconoce, de cara a la contratación laboral, que un psicólogo posee las competencias necesarias para ejercer la Psicoterapia como experto, y permite al público identificar a aquellos psicólogos que están cualificados y cuentan con las habilidades necesarias para ser Psicólogos Especialistas en Psicoterapia.
Demuestra, además, que son psicólogos comprometidos con el desarrollo personal y con la formación profesional continuada, y supone una marca de calidad, que no limita el ejercicio profesional de aquellos psicólogos que no deseen solicitarlo o que no cumplan los requisitos en un momento determinado.
A partir de 2012, para obtener el Certificado será preciso realizar programas de formación en psicoterapia acreditados por la EFPA.
Sin embargo, en los países donde todavía no existen cursos de especialización en Psicoterapia acreditados por la EFPA (como es el caso de España actualmente), el Comité Internacional de Acreditación de Especialistas en Psicoterapia de la EFPA reconoce la necesidad de evaluar las solicitudes de acreditación de manera flexible.
Esto implica tener en cuenta, necesariamente, la diversidad de formación y experiencia con la que van a contar los distintos solicitantes.
No obstante, éstos deberán demostrar que poseen el nivel de formación, experiencia y habilidades necesarias para ejercer profesionalmente al nivel de competencia que se exige, y cumplir los siguientes requisitos:
-Haber estado colegiado y haber ejercido la psicoterapia durante al menos seis de los últimos diez años, y al menos tres de los últimos cinco años de forma continua. -Suscribir la adhesión a los principios éticos, -Cumplimentar un formulario sobre su visión personal de los principios de la psicoterapia, su formación y experiencia profesional, que será valorada por el Comité Nacional de Acreditación. -Presentar dos informes de evaluadores o dos cartas de presentación profesional de psicoterapeutas acreditados. -Declaración del supervisor (opcional) -Presentar un resumen del currículo vital de acuerdo al formato establecido.
Los Colegios Profesionales sólo tienen sentido si recuperan la función social presente en sus orígenes, si aportan un valor añadido a la sociedad, y se desprendes de corporativismos rancios.
En la sociedad del siglo XXI deben convertirse en los garantes de la calidad de los servicios de sus colegiados, empleando fundamentalmente tres estrategias: la apuesta por la formación continua de sus colegiados, el desarrollo de sistemas de acreditación profesional como los descritos en este artículo, y el control deontológico.
¿Seremos capaces de superar este reto?
LOS ABOGADOS DEL TURNO DE OFICIO.
EL EURO-PSY Y EL CERTIFICADO EUROPEO DE EXPERTO EN PSICOTERAPIA DE LA EFPA 6 4.1.
Los abogados del Turno de Oficio
LA FORMACIÓN EN LOS COLEGIOS PROFESIONALES, EL APRENDIZAJE A LO LARGO DE LA VIDA, LA ACREDITACIÓN PROFESIONAL Y LA CALIDAD...
de Acreditación para Psicólogos Espe- cialistas en Psicoterapia pretende |
"ERGONOMÍA VISUAL" VISUAL ERGONOMICS
La ergonomía visual permite tomar y aplicar de forma sinérgica los conocimientos y habilidades adquiridos sobre Óptica y Optometría durante toda la carrera de grado (de momento, diplomatura de tres cursos académicos) para identificar y analizar los factores de riesgo medioambientales y laborales que pueden causar problemas de salud ocular o de funcionalidad visual.
La asignatura sirve para fomentar al estudiante en la aplicación de los conocimientos asimilados en la reso-lución de problemas prácticos relacionados con el estudio de la ergonomía visual.
También fomentará la aplicación de los pasos básicos para prescribir correctamente un tratamiento para restaurar la función visual o mejorar el rendimiento visual.
Es, por tanto, una asignatura con marcado carácter interdisciplinar (que necesita la cooperación de otras disciplinas) y multidisciplinar (que abarca o afecta a varias disciplinas), ya que al basarse en conocimientos amplios de Óptica y Ciencias de la Visión redunda de nuevo en estas materias y otras afines.
Por tanto, al estar la asignatura centrada en la interacción ojo-entorno-tarea (herramienta o máquina), ésta sirve de trampolín para el posterior desarrollo de proyectos teóricos y aplicados donde la visión humana juegue un papel importante en el desarrollo y la optimización de procesos industriales, y, en la seguridad y confort visual de actividades laborales y de ocio.
Esta materia, como asignatura optativa en la Diplomatura de Óptica y Optometría de tercer curso, tiene una carga lectiva de seis créditos (equivalentes a 7,5 ECTS), 4,5 teóricos y 1,5 prácticos, y con una matrícula anual media de 15 alumnos (para el curso 2007-08 fueron 13 alumnos).
Actualmente, en el curso 2007-08 esta asignatura está enmarcada como experiencia piloto dentro de una convocatoria de innovación educativa del Vicerrectorado de Tecnología e Innovación Educativa de la Universidad de Alicante.
En particular, para este curso académico, y los siguientes, la asignatura se va impartir en modalidad docente b-learning (aprendizaje semipresencial), de forma que 15 horas de los créditos teóricos se van a impartir en esta modalidad de aprendizaje.
Esto implica cambiar el paradigma formativo, no basado solamente en un paradigma docente (apoyado en la clase magistral), sino aplicar también el paradigma basado en el aprendizaje (orientado en la participación más activa del estudiante, tanto a nivel individual como en grupo).
Para ello, la clave estará en mantener las fortalezas de la clase magistral, pero proponer también actividades reales y sobre todo virtuales que minimicen sus debilidades, tal como se sugiere en el blog innovacioneducativa.wordpress.com, en la entrada "Reducir las clases teóricas un diagnóstico unánime, pero... ¿cómo reducirlas?".
Por tanto, el objetivo formativo principal es demostrar al estudiante que puede aprender bastante disfrutando a través de numerosas actividades individuales y grupales sin que el profesor reduzca el nivel de exigencia en la adquisición de conocimientos, habilidades y capacidades asociadas a la asignatura, y que la participación activa del estudiante en la asignatura puede suponer también un crecimiento positivo a nivel personal como de sus compañeros, pero también para el profesor y para la asignatura en cursos venideros.
Objetivos didácticos y competencias adquiridas
Los objetivos didácticos generales son: OG1-Identificar y analizar los factores de riesgo medioambientales y laborales que pueden causar problemas de salud ocular o de funcionalidad visual; OG2-Fomentar al estudiante para aplicar los conocimientos obtenidos en esta asignatura en la resolución de problemas prácticos relacionados con el estudio de la ergonomía visual; OG3-Fomentar al estudiante para prescribir correctamente un tratamiento para restaurar la función visual o mejorar el rendimiento visual; OG4-Proporcionar a los estudiantes los recursos bibliográficos adecuados para que ellos puedan educar al paciente en la prevención de riesgos oculares y visuales; OG5-Estimular en el alumno, de forma individual, cooperativa y en trabajo en equipo, en el uso de las nuevas tecnologías de apoyo a la docencia con el fin de llegar a ser conscientes de que es posible aprender disfrutando y alcanzar un rendimiento académico notable.
Los objetivos cognitivos son:
OC1-Comprender la interconexión de las tres piedras angulares de la ergonomía (usuario-tarea-entorno) y su implementación en el campo de las Ciencias de la Visión.
OC2-Valorar los factores de riesgo ocular en actividades laborales y de ocio por exposición de energía radiante, ya sea asociada a lámparas de espectro continuo o a láseres, y comprender las bases del control radiométrico para evitar tales lesiones oculares.
OC3-Adquirir una panorámica general de todos los aspectos del diseño de iluminación y color (fotometría, selección de lámparas/luminarias, métodos de alumbrado, etc.) para multitud de ambientes (interiores y/o exteriores), y su relación con el rendimiento visual del usuario.
OC4-Identificar y analizar los factores de riesgo medioambientales y laborales que pueden causar lesiones oculares de cualquier tipo (mecánicas, químicas, etc.).
OC5-Conocer los límites funcionales de la visión humana y su relación con la edad, ya sea en el ámbito laboral y en actividades de ocio, en conexión con los factores de visibilidad asociados a la tarea.
OC6-Adquirir una panorámica general de todos los aspectos implicados en la fatiga y rendimiento visual de actividades como: el uso de pantallas de visualización de datos, la conducción de vehículos, la práctica deportiva, y, en el aprendizaje.
Los objetivos procedimentales (destrezas a adquirir) son:
OP1-seleccionar un filtro óptico de protección frente a radiaciones ópticas, incluidas las procedentes de láseres; OP2-diseñar un entorno luminoso y cromático, ya esté asociado a un ambiente de interior (oficina, etc.) o de exterior; OP3-seleccionar un equipo de protección individual (EPI) ocular según los factores de riesgo en el entorno laboral; OP4-elaborar el esquema general de un programa de prevención ocular en cualquier tipo de empresa; OP5-conocer y localizar toda la normativa española, europea y mundial referente a la protección ocular; OP6-elaborar un estándar visual laboral y elegir cuando mejor convenga un método de análisis industrial de visión o una práctica optométrica modificada; OP7-establecer y aplicar una lista priorizada de recomendaciones, según cada caso, para disminuir la fatiga visual delante de pantallas de ordenador; OP8-establecer y aplicar una lista priorizada de recomendaciones, según cada caso, para aumentar el rendimiento visual (y global) de las personas en tareas como la conducción, la práctica deportiva o en el ambiente educativo.
Y los objetivos actitudinales (habilidades sociales) son:
OA1-Trabajo en equipo: división de roles y tareas de un grupo de trabajo (prácticas, etc.).
OA2-Habilidades en las relaciones interpersonales: capacidad de atención en clase.
OA3-Razonamiento crítico: adquisición de iniciativa para preguntar al profesor, ya sea de forma presencial o virtual.
OA4-Aprendizaje autónomo y formación continuada: concienciación de las ventajas del aprendizaje autónomo, compartido, planificado y la formación continua.
OA5-Adaptación a nuevas situaciones: capacidad de adaptación a procedimientos experimentales con personas reales y utilización de nuevas tecnologías de apoyo a la docencia.
OA6-Iniciativa y espíritu emprendedor.
OA7-Motivación por la calidad.
Las competencias adquiridas (académicas, científicas y profesionales) por el estudiante en esta asignatura se desglosan a continuación:
-Cognitivas: análisis de tareas que pueden causar problemas oculares y visuales; -Metodológicas: capacidad de análisis y síntesis, y, aprender a pensar y aplicar Ergonomía de la Visión; -Destrezas tecnológicas: diseño de iluminación, entrenamiento visual, manejo de fuentes bibliográficas, herramientas de web 2.0; -Destrezas lingüísticas: jerga técnica, preparación de exposición en público, comunicación oral en público Respecto a los prerrequisitos de la asignatura, ya que se trata de una asignatura optativa de tercer curso y de último cuatrimestre, los conocimientos teóricos y prácticos adquiridos previamente sobre Óptica y Visión (radiometría y fotometría, neurofisiología y percepción visual, optometría) se consideran más que suficientes.
Por otra, se consideran importantes nociones generales sobre ergonomía y sobre las tecnologías actuales asociadas a actividades laborales y/o de ocio.
Como plan de trabajo y actividades para la nivelación de estos prerrequisitos se han utilizado las sesiones asociadas al tema 1.
Metodología docente y evaluación
La metodología propuesta para la parte no presencial consiste básicamente en apoyarse en herramientas de web 2.0, consistentes principalmente en:
• Un blog de la asignatura, enmarcado dentro del blog personal del profesor/coordinador: http://blogs.ua.es/ verduset70/category/ergonomia-visual/.
• Uso de sesiones multimedia e interactivas en la plataforma digital de gestión de contenidos de aprendizaje de la UA [URL]. html), conocida habitualmente como Campus Virtual, mediante el uso del plug-in para MSWord denominado CourseGenie (ahora Wimba Create) para la generación del material del curso (temas, cuestiones de retroalimentación, inserción de enlaces web, animaciones, vídeos, etc.). • Uso de Google Docs [URL] como herramienta de trabajo en equipo, donde el profesor como un miembro más (dentro de una estrategia preconcebida de liderazgo situacional aplicado al aula, http://blogs.ua.es/verduset70/ 2008/04/23/liderazgosituacional-aplicado-al-aula-y-aprendizaje-informal/), participará en cada subgrupo para la elaboración de temas complementarios de exposición oral en clase a final de curso.
Todo esto servirá para desarrollar y evaluar trabajos individuales dirigidos (buscar recursos por Internet, caza del tesoro tipo test, trabajo o debate, etc.), trabajos cooperativos (puesta en común de trabajos individuales vía blog), y trabajo en equipo (vía Google Docs) en consonancia con los objetivos de aprendizaje marcados anteriormente, incluso los desglosados en objetivos cognitivos, procedimentales y actitudinales.
Esto, a su vez, implica un cambio en el diseño y la organización de los contenidos de aprendizaje, y, aplicar feed-back sobre el usuario (alumno) y una acción tutorial continua (muchas veces proactiva, y no solamente reactiva), siempre a disposición del alumno.
El volumen estimado total de trabajo del alumno (VTTA, en horas) se desglosa a continuación: Y, como prueba de este compromiso claro de apostar por esta modalidad de aprendizaje, en clara consonancia con las directrices del EEES, la nota final, resultado de una evaluación continua, se calculará a partir de la suma de:
-El control de las actividades propuestas en clase -individuales, cooperativas y de trabajo en equipo (ACT, PTi, PTCo, AT)-supervisadas virtualmente, y evaluadas en clase.
El total de esta sección de la nota valdrá como máximo un 50 %, distribuyéndose así:
• Participación continua en el blog de la asignatura: 15 %; • Problemas propuestos resueltos: 10 %; • Exposición en clase de tema elaborado en equipo: 25 % -La nota de laboratorio (ACP + PTCP): resolución y entrega de informe y cuestiones (20 %). -Un examen final escrito o control (PTi + PTCo + EPE + RE), y realizado de forma presencial (30 %).
El examen constará de 2 partes: teoría (60 %, 6 cuestiones) y problemas (40 %, 2 problemas).
Para implementar esta metodología docente en base a un volumen estimado de dedicación del alumno, se diseñó previamente un plan de actividades presenciales y virtuales.
Si bien, en algunas ocasiones tuvo que adaptarse a diversas situaciones habituales en un calendario académico, la tabla que se incluye a continuación es la versión definitivamente aplicada en el curso 2007-08.
Antes de empezar a describir paso a paso algunos pormenores destacados de la marcha de la asignatura, tanto sus pequeños éxitos como fracasos, conviene remarcar aquí que los alumnos matriculados no fueron advertidos a tiempo en el período de matrícula que esta asignatura iba a impartirse según un paradigma de aprendizaje basado en ellos, como pretende aplicar cualquier metodología docente basada en el aprendizaje semipresencial o b-learning.
Esto detalle inicial es muy importante, y clave tanto si los alumnos se matriculan o no conscientemente en asignaturas "pioneras o pilotos" antes de la implantación de las nuevas carreras de grado.
Por tanto, la primera clase del curso, centrada en la presentación de la asignatura, se convirtió en la clase más importante de todas.
Con tantas novedades para presentar, había que ir con mucho tiento, dando lo mejor de uno mismo como profesor y líder, para informar y convencer a los alumnos presentes que esta experiencia didáctica que iban a comenzar les beneficiaría en todos los aspectos.
Lo que ocurrió en dicha sesión presencial (lunes 11 de febrero de 2008) está bien reflejado en la primera entrada del blog de la asignatura (http:// blogs.ua.es/verduset70/ 2008/02/12/presentacion-de-laasignatura-i/).
Aquí se pueden ver información ya descrita (objetivos didácticos, evaluación, etc.) en este artículo, pero también algunos detalles sobre los nuevos roles del alumno y el profesor.
A pesar del impacto emocional que supuso esta primera clase (nueva modalidad docente, nuevas herramientas informáticas, exponer en clase a final de curso, etc.), el objetivo de transmitir confianza en la nueva forma de estudiar una asignatura se consolidó a tenor de los hechos posteriores, y que describiré a continuación.
Actividades presenciales y virtuales
Tal como se ha visto en la Tabla 2, el plan de actividades en clase alternaba entre sesiones presenciales y virtuales, en una secuencia clara de sesión presencial + sesión virtual + sesión presencial (de retroalimentación).
A este respecto, el hecho de tener las horas de clase presencial siempre los lunes y martes ayudó bastante en la supervisión semanal de todas las actividades individuales y grupales de los alumnos.
En la impartición de contenidos teóricos y prácticos (problemas numéricos, etc.) en clase presencial se optó por utilizar la plataforma digital de gestión de contenidos de aprendizaje de la UA [URL], conocida habitualmente como Campus Virtual, mediante el uso del plug-in para MSWord denominado CourseGenie (ahora Wimba Create) para la generación del material del curso (temas, cuestiones de retroalimentación, inserción de enlaces web, animaciones, vídeos, etc.).
En la Figura 1 se muestra un ejemplo del uso de la herramienta "Sesiones" combinando una ficha de tareas principales (que se repetía siempre en el blog) y el material docente básico.
Las tareas principales a supervisar y evaluar por tema no eran nunca más de tres, con dos tipologías básicas: opinión (para el blog) y acción (para el blog, entrega de problemas, etc.).
Así se actuó durante los 4 primeros temas de la asignatura.
A partir del tema 5, por motivos de acumulación de tareas en mi actividad docente, investigadora y de gestión, los materiales docentes (temas desarrollados en PowerPoint y convertidos en PDF) de cada tema restante se facilitaron vía el procedimiento habitual que permite el Campus Virtual para entregar material docente a los alumnos.
No obstante, tal como se puede observar en el blog de la asignatura, la ficha de cada sesión de tema se mantuvo hasta el final.
Por tanto, para cursos posteriores queda pendiente hacer nuevos materiales docentes en Wimba Create, etc., o reformar los ya existentes.
Ejemplos de materiales docentes digitales usados en esta asignatura.
Abajo: material hipermedia, en este caso interactivo, utilizado para proporcionar conocimiento teórico y aplicado del tema 3.
Actividades de trabajo en equipo
Otro aspecto destacable del devenir del curso fue la supervisión de los grupos de trabajo para realizar las exposiciones de varios temas complementarios de la asignatura para final de curso.
Recordemos que esta tarea se evaluó con un 25 % del total de la nota.
Para ello, como ya sospeché, y dado que era una de las novedades más impactantes de la asignatura, costó bastante articular los equipos y empezar a arrancar con esta tarea.
Opté por usar la herramienta GoogleDocs, y tuvo un éxito rotundo, a pesar de que se empezó a desarrollar a mitad de curso.
Para tal fin, las instrucciones para planificar el tiempo de dedicación al trabajo cooperativo vía Google Docs del tema a exponer se colgaron en el blog de aula (http://blogs. ua.es/verduset70/2008/ 04/21/trabajo-en-equipo-usandogoogledocs-para-preparar-la-exposicion-en-clase/, Figura 2).
Esta tarea también puede hacerse, como he comprobado, dentro de la sección "Debates" del Campus Virtual, abriendo un debate para cada tema de exposición.
Pero los alumnos de esta asignatura no tuvieron ningún problema en seguir la herramienta GoogleDocs.
En mi papel como profesor, asumí un rol de un miembro más en cada equipo, pero obviamente más experimentado, para supervisar los avances de cada trabajo.
De esta forma, ponía en práctica una adaptación propia del liderazgo situacional a la clase, tal como expuse en la entrada "Liderazgo situacional aplicado al aula y aprendizaje informal" (http:// blogs.ua.es/verduset70/2008/04/23/liderazgo-situacionalaplicado-al-aula-y-aprendizaje-informal/).
La experiencia como tal fue completamente satisfactoria y enriquecedora tanto para los alumnos como para mí, como expondré con datos objetivos más adelante.
Se supervisaron tres grupos/ exposiciones.
Al principio, tal como se marcan en las instrucciones anteriores, se proporcionó material informativo de partida (enlaces web, documentos, etc.), incluso algún ejemplo de exposición de cursos anteriores, facilitando así la espiral de gestión de conocimiento en la docencia [URL] espirales-de-conocimiento-como-mejorar-el-trabajo-enequipo-y-la-competitividad/).
Al final dos de los trabajos se visualizaron vía PowerPoint, y el otro directamente vía GoogleDocs.
En la evaluación de estos trabajos se contempló el nivel de contenidos, la relación con la asignatura, la participación individual, el diseño de la presentación, así como el seguimiento continuo.
Un aspecto final muy Figura 2.
Instrucciones para realizar en equipo exposiciones en clase a final de curso.
importante sobre esta actividad fue que tales exposiciones se realizaron en la fecha oficial del examen (mediados de junio), con una duración total de 3 h., que permitió que los grupos expusieran con tranquilidad (no más de 15 min.), pero que también diera tiempo para los debates en cada tema de exposición (que yo utilicé también como última sesión presencial de retroalimentación).
Por tanto, tal como se indica al final en la Tabla 2, la última clase presencial se dedicó a realizar el control (examen) final escrito.
Dentro de esta misma sección, se pueden incluir las sesiones presenciales y la dedicación posterior de las prácticas de laboratorio, con la replicación de montajes experimentales y material informático para que todos los grupos realizaran la misma actividad programada.
Esto corresponde a una actividad docente convencional, y en la evaluación de las mismas (20 % del total de la nota) solamente se contempló la recogida y supervisión de un informe final de una de las seis sesiones de laboratorio, distribuidas aleatoriamente entre cada alumno.
A la vista de los objetivos didácticos descritos anteriormente, la finalidad principal de estas sesiones de laboratorio era proporcionar una panorámica general de las reglas de fotometría, el diseño de iluminación de interiores y exteriores, y los ejercicios posibles a desarrollar en entrenamiento visual.
Como se puede intuir a tenor de lo descrito previamente, la actividad a final de curso para los alumnos era frenética, pero supongo que no agobiante, al mezclarse las actividades de esta asignatura con otras de asignaturas convencionales (anuales y cuatrimestrales).
En el último mes de curso, los alumnos ya habían adelantado, unos más otros menos, la realización del trabajo de exposición, y casi todos ellos llevaban al día (realmente a la semana) la realización de las actividades propuestas en cada tema (sobre todo, participar en el blog de aula).
De esta forma, a mediados de mayo les avancé ejemplos de exámenes resueltos de cursos anteriores para que fueran asimilando que la última clase presencial sería el "tradicional" examen final (con sólo un 30 % de la nota final).
Con esta ayuda extra, creo que aminoré el estrés que podría acumularse en mis alumnos a estas alturas de curso.
Como este control escrito no era excluyente, sino una prueba acumulativa más de evaluación (con formulario seleccionado ya incluido), algunos estudiantes se lo prepararon menos, y otros más.
La tabla 3 muestra las notas obtenidas:
Respecto a la evaluación continua, resultante de la supervisión de las actividades individuales (participación en blog, problemas, etc.) y grupales (exposiciones), las tablas 4 y 5, en la página siguiente, muestran los resultados obtenidos: Como se puede ver en estas tablas, algunas conclusiones pueden extraerse:
• 9 de 13 alumnos matriculados participaron activamente en la asignatura.
Dos de estos nueve alumnos, los codificados como "2" y "6", tuvieron una evaluación continua pequeña, pero más que suficiente para aprobar la asignatura compensando con otras secciones de evaluación. • La participación en el blog de aula en el formato "opinión" fue muy alta.
De 17 entradas del profesor y 9 temas explicados, el promedio de intervenciones coherentes de los alumnos fue de 6.
• La participación en el blog de aula en el formato "acción" (actividad) también fue muy alta, con un nota promedio de 4.81 (descartando a los alumnos NP) para 9 actividades propuestas. • Más de la mitad de los alumnos entregaron más de dos problemas numéricos propuestos (de un total de 3). • Las notas del control escrito fueron muy positivas para los alumnos presentados. • Las notas de exposición fueron altas y merecidas, siendo para todos la primera vez que hablaban en público encima del "púlpito del profesor", pero también gracias a la labor gratificante de supervisión que realicé en cada equipo. • En definitiva, que todos aquellos que participaron y fueron evaluados (9 de 13) en cada una de las actividades principales propuestas (control escrito, prácticas y evaluación continua) aprobaron la asignatura, o sea, un porcentaje real de aprobados del 100 %.
Respecto a la recuperación de la asignatura, aspecto que tampoco debemos olvidar y que tenemos que prever, aunque sea una metodología b-learning, se avisó desde el principio que todo alumno debía puntuar en cada actividad principal.
Cada sub-nota principal no era excluyente, sino acumulativa, a no ser que no hubiera registro.
Esto quiere decir que si un alumno acumula nota suficiente a 5 ptos. con el control escrito y las prácticas, pero no ha participado en la exposición de final de curso, no se le aprobará, sino que se codifica como NP, y se le guarda la nota acumulada para la convocatoria de recuperación (septiembre).
Pues bien, ninguno de los cuatro estudiantes NP se apuntaron a la convocatoria de septiembre.
Cabe decir, para finalizar esta puntualización, que también está relacionada con las bajas producidas en la asignatura, que justamente estos cuatro estudiantes, que casi nunca asistieron a clase, expresaron una indiferencia absoluta desde principios de curso al conocer las innovaciones educativas que incorporaba, y suponer por ello un plan de trabajo continuo a lo largo del cuatrimestre, para el cual no estaban prestos a hacer sin cambiar sus prioridades previstas.
Un profesional docente competente no puede dejar de ser reflexivo sobre su actividad.
Y a este respecto no dejé desaprovechar la oportunidad del día de las exposiciones (mediados de junio), una vez que todos los alumnos habituales ya podían valorar coherentemente toda la asignatura, para recoger sus opiniones sobre el período/proceso docente compartido con ellos.
A este respecto, preparé una encuesta propia, que adjunto como Anexo, con los siguientes aspectos a evaluar:
• esfuerzo y tiempo dedicado por los alumnos en la asignatura, tanto de la parte teórica como de la práctica, y tanto de la parte presencial como la de la no presencial. • puntos fuertes y débiles, • y sugerencias de mejora.
Por tanto, aproveché las nueve encuestas informales de opinión para autorreflexionar sobre mi labor docente y tomar, si cabe, algunas decisiones de cambio, siempre para mejorar lo ya establecido.
Del análisis de los resultados de las encuestas cabe resaltar:
• Sobre contenidos/documentación: notas muy positivas, la asignatura es interesante y útil, tal como ya refleja las directrices ministeriales para el futuro Grado en Óptica y Optometría. • Sobre metodología: se ha asimilado bien, pero ha costado puesto que no estaban preparados para ello.
Aun así, el formato de evaluación ha sido altamente reconocido. • Profesorado y coordinación académica: los alumnos se sienten altamente satisfechos con el asesoramiento y la orientación que ha realizado el profesor en base a sus requerimientos individuales. • Estudiante: a pesar del esfuerzo y el tiempo dedicado a una asignatura optativa (que infravaloraban inicialmente), los grados de implicación y satisfacción de lo vivido y aprendido en la asignatura han sido altos. • Respecto a la pregunta 5 ("¿recomendarías esta asignatura a otras personas?): sí a nivel de contenidos y relación con la carrera universitaria, siempre y cuando se informe previamente al alumnado sobre la nueva metodología docente empleada.
Por tanto, si el estudiante no está preparado o habituado ya en la nueva metodología b-learning que promulgan las directrices del EEES, es muy probable que no se decante por seleccionar esta asignatura optativa.
Y así ha ocurrido en la matrícula del curso 2008-09, donde nadie se ha matriculado.
• Puntos fuertes: se aprende mucho, al ritmo que desee el estudiante, y las nuevas herramientas digitales (CVirtual, blog, etc.) ayudan a interactuar y aprender mejor. • Puntos débiles: demasiadas actividades, se debe estimar mejor el tiempo de dedicación del alumno. • Sugerencias de mejora: limitar las actividades no presenciales.
Respecto a mi valoración personal:
• Obviamente, no se puede siempre superar un reto al primer intento y sentirse satisfecho del todo, pero, en mi caso, debo confesar que la experiencia ha sido muy gratificante.
Así, por ejemplo, el rendimiento académico de este curso comparado con los anteriores ha sido incluso ligeramente superior. • A pesar del tiempo invertido, sobre todo en la preparación de nuevos materiales docentes, cuando se ya se disponía de ellos en otros formatos (PowerPoint, etc), estoy convencido de haber asentado bien esta metodología docente en esta asignatura, y, saber implementarla en otras.
Con lo cual, en próximas ediciones de la misma se potenciarán sus puntos fuertes y se minimizarán sus puntos débiles, sobre todo limitando bien las actividades no presenciales (por ejemplo de tres a dos por tema, y, trabajando con "debates" del CVirtual para realizar el seguimiento de las exposiciones, y no vía GoogleDocs). • Sin embargo, estoy bastante desanimado con la falta de continuidad en esta asignatura al ser de carácter optativo, y por ejemplo no tener alumnos en el curso actual.
Es verdad que como asignatura optativa es muy amplia en contenidos debido a su impronta inter y multidisciplinar.
Lo ideal sería dividirla en varias asignaturas más, al menos en dos separando radiometría/fotometría (temas actuales 1-5) y rendimiento visual (temas actuales 6-10). • Para colmo, aun siendo una materia recomendada en las directrices ministeriales de esta carrera universitaria, incluida en el bloque conceptual de Optometría, dudo mucho que en la actual comisión de grado, que actúa en la Universidad de Alicante para el diseño del plan de estudios del futuro Grado en Óptica y Optometría, la mantenga como está, sino que seguramente será disgregada en temas sueltos dentro de otras asignaturas troncales y optativas. • Por tanto, da para pensar que se ha perdido en parte el tiempo, si bien estoy convencido que este modo de actuar como profesional docente, y con esta nueva metodología y saber actuar, es el correcto y seguiré haciéndolo en asignaturas presentes y futuras, asesorando sin inconvenientes a colegas que estén dispuestos a escuchar y valorar (no necesariamente seguir) mis experiencias y consejos. • Espero, pues, que los aspectos positivos de esta experiencia educativa se puedan extrapolar con mayor éxito en otros estudios universitarios y preuniversitarios.
En cualquier caso, siempre estaré a la disposición de aquellas personas inquietas por la innovación educativa, ya sea pre o universitaria.
ANEXO: Ficha de encuesta informal de opinión sobre el proceso docente
Para conocer vuestra opinión relacionada con la acción formativa en la cual habéis participado, y poder ayudarnos a mejorar futuras acciones, os agradeceríamos que rellenáseis este cuestionario que os proponemos a continuación.
Señalar con una "X" aquel valor con el que os sentís más identificad:
IMPLEMENTACIÓN DE LA MODALIDAD B-LEARNING EN LA ASIGNATURA OPTATIVA ERGONOMÍA VISUAL
TABLA 1: DESGLOSE DE ACTIVIDADES RELACIONADAS CON EL VOLUMEN DE TRABAJO TOTAL DEL ALUMNO
PLANIFICACIÓN TEMPORAL DE LA ASIGNATURA Semana Actividad presencial Actividad no-presencial
TABLA 3: RESULTADOS DE LA EVALUACIÓN DEL CONTROL FINAL ESCRITO N.o ALUMNO TEORÍA /10 TEORÍA /6 PROBL. /10 PROBL. /6 EXAMEN |
EL PROYECTO MARIA (MÉTODOS DE APOYO Y RECURSOS INTERACTIVOS DE APRENDIZAJE)
RESUMEN: Las redes sociales se han convertido en el elemento estrella de la red en los últimos años.
A través de ellas miles de personas comparten informaciones con otros con los que tienen algún interés común.
El problema actual de algunas de ellas radica en la dificultad a la hora de coordinar esos recursos aportados, una labor que se complica a la hora de intentar recuperar todos esos datos vertidos.
Desde el Laboratorio de Innovación en Tecnologías de la Información se ha desarrollado, tras ocho años de trabajo, un software para clasificar, organizar y poner en común los recursos aportados por los miembros de una red orientada al recurso.
Como desarrollo de este trabajo ha nacido MARIA, un buscador de recursos formativos orientados a niños con edades comprendidas entre 8 y 12 años, nutrido de la colaboración de personas adultas que conforman esa red social.
A lo largo de este artículo se detallan las características y utilidades de este nuevo buscador, basado en una red social en la que sus miembros aportan recursos de un modo solidario y desinteresado, consiguiendo un sistema fácil y eficaz para ser utilizado por todos aquellos que lo necesiten.
PALABRAS CLAVE: red social, recursos, tecnología, ontologías, etiquetas, innovación educativa, cooperación invisible.
TIPOS DE REDES SOCIALES Y LA COOPERACIÓN
Una red social está formada, básicamente, por personas que hacen pública una información con objeto de compartirla con un grupo de personas con las que tiene algún interés común.
Las redes sociales más conocidas como Tuenti, Facebook, LinKedln o Xing son redes orientadas a las personas, es decir, la información que comparten es relativa a las personas que conforman la red (perfiles, fotos, aficiones, amistades, mensajes, comentarios,...).
En estas redes si una persona abandona la red, se va con toda la información que ha compartido.
Hay otro tipo de redes sociales, que están más orientadas a los recursos que aportan las personas.
Estos recursos no suelen ser información sobre la propia persona.
Las redes más conocidas de esta categoría son Youtube, Flickr e incluso Wikipedia.
En todas ellas lo que priman son los recursos aportados, si una persona abandona la red sus recursos aportados continúan en ella.
A su vez, este tipo de redes se dividen en dos: las que tienen crecimiento coordinado y las que lo tienen descoordinado.
Un buen ejemplo de red social orientada al recurso con crecimiento coordinado es la Wikipedia.
Son muchas las personas que aportan recursos, pero estos están unidos por un hilo conductor, que suele ser un temario, la relación entre los artículos, enlaces, etc.
Las redes sociales orientadas con crecimiento no coordinado se basan en que los miembros de la red aportan recursos, pero sin ninguna unión aparente entre ellos, ejemplos de este tipo de redes es Youtube o Flickr.
En estas redes sus miembros se limitan a subir y compartir recursos, el título y las categorías son los únicos medios para tratar de clasificar dichos recursos.
De forma muy genérica la propia red Internet la podríamos considerar como una red social orientada a los recursos.
Se comparten millones de recursos entre los millones de usuarios.
Todos sabemos que el principal problema es el crecimiento no coordinado de esos recursos, con lo que se hacen bastante ineficaces las búsquedas generales.
Cualquier búsqueda en Internet nos garantiza decenas de miles de recursos, pero la dificultad es, en un tiempo razonable, encontrar el que nos sea más útil.
Una característica común a todos los tipos de redes es que no hay ningún tipo de compromiso ni planificación por parte de sus miembros sobre los recursos a aportar.
Por tanto, la clave es cómo coordinar los recursos que no se sabe cuáles son, cuándo se van a aportar y cómo son.
A esta forma de cooperar, clasificar y organizar los recursos que aportan las personas la hemos denominado Cooperación Invisible.
Así pues, la cooperación invisible se refiere a la participación de las personas que conforman una red social orientada al recurso.
Lo que se ve son los recursos que han aportado las personas pero no las personas que los han aportado.
La cooperación invisible se suele producir cuando hay necesidad de los recursos de la red social, por ejemplo, si una persona necesita los recursos de la red durante unos días, su cooperación se limitará a esos días; sin embargo, si hay un usuario que los utiliza habitualmente, su participación será más continua.
El LITI 1 comenzó hace ocho años a desarrollar un software de cooperación invisible que permitiese clasificar, organizar y poner en común los recursos aportados por los miembros de una red orientada al recurso con crecimiento no coordinado.
Dicho software es hoy en día un producto que se ha aplicado a numerosos proyectos de investigación, desarrollo e innovación y, por supuesto, a la innovación educativa.
En este artículo se presentará una red social orientada al recurso, cuyo objetivo es ayudar a niños de edades comprendidas entre 8 y 12 años en sus tareas docentes.
La red social está formada por personas adultas que comparten recursos con los que ayudar en las tareas formativas a los niños, para que les resulte más fácil y eficaz.
A través de las características de la red social se describirá la forma de interactuar entre las personas, así como el funcionamiento del software para clasificar, organizar y poner en común los recursos aportados; todo ello para que los recursos de esa red social puedan ser utilizados de forma eficaz.
Componentes de nuestra red social
Conceptualmente hablando, una red social la podríamos considerar dividida en tres módulos:
Los recursos que comparten.
La tecnología en la que se soporta.
Es el componente principal de la red social, sin embargo, la clave no está en las personas que configuran la red social, sino en la cooperación entre las mismas.
La cooperación puede ser muy básica, como por ejemplo poner unas fotos para que el resto de la red las vea y comente si lo desea, o compleja como construir un portal sobre la minería romana.
Las personas de una red social son como el chasis de un coche, y el motor del mismo sería la cooperación.
Ambos, chasis y motor, configuran el coche, por tanto, en una red social "viva" debe haber personas y debe haber cooperación.
En diferentes etapas del proyecto MARIA, han participado personas con distintas tipologías y roles:
• En una primera etapa fueron alumnos del curso de doctorado "Gestión del conocimiento en las organizaciones" que, como caso práctico, adaptaron el software para que personas adultas aportasen recursos útiles. • En una segunda etapa, fueron más de un centenar de personas (principalmente madres y padres que ayudaban a sus hijos en tareas formativas).
Hay que destacar que, inicialmente, no se sabía ni qué recursos iban a aportar ni en qué tareas formativas se iban a utilizar (aunque sí se tenía claro que no iban a ser las tareas que ya hacían en el colegio). • En una tercera etapa, se sumaron alumnos de primeros cursos de distintas titulaciones universitarias, quienes aportaron recursos más especializados y a menudo desconocidos por las madres y padres que estaban utilizando la red. • En estos momentos, y coincidiendo con la publicación de este artículo, la red social se abre a todo el público, para que se puedan beneficiar de los recursos aportados por los miembros de la red.
En el estudio de la gestión de conocimiento se dice que un tipo de conocimiento es saber qué recursos externos (conocimiento creado fuera de nuestra organización) son útiles para mejorar la competitividad de nuestra organización.
Ésta era la idea principal.
Aunque posteriormente, se describirá cómo se determinaron las actividades y los recursos útiles, en este apartado se adelantarán los datos.
Las actividades más habituales que las madres y padres hacían en los hogares con sus niños fueron:
• Explicar conceptos difíciles de entender para niños de 8 a 12 años.
Por ejemplo, el concepto de distancia (a partir de 100 metros) es difícil de entender para un niño de 8 años.
Entiende los centímetros, un metro, dos, tres y, en general, la distancia que él puede "tocar".
Sin embargo, distancias como 100 metros, 400 m, kilómetros, etc., no lo entienden muy bien.
Un miembro de la red aportó un recurso muy interesante para que entender ese concepto.
Se trata del visor SIGPAC2, con este visor puedes situar la imagen en la casa del niño, marcar el recorrido que hace, por ejemplo hasta el colegio y así ver la distancia.
La idea es decir al niño, "ves desde casa hasta el colegio has recorrido 400 m", de esta forma asocia el concepto de distancia a algo habitual.
El SIGPAC tiene todo el territorio español, por tanto se puede aplicar en cualquier situación.
Según los miembros de la red, una actividad muy habitual era que el niño hiciese actividades prácticas, para ver que había comprendido un determinado concepto o habilidad (por ejemplo hacer sumas).
Se trata de actividades que los niños puedan realizar fuera del ordenador, por ejemplo actividades de comprensión lectora.
La idea es que el niño desarrollase destrezas manuales y cognitivas pero con otros medios distintos al ordenador.
Se han resumido los tres tipos de actividades más habituales que hacen las madres y padres con sus hijos, por tanto, ¿qué tipo de recursos tiene la red social MARIA?
Recursos que cumplen tres condiciones:
Que son útiles en la realización de las actividades: explicar conceptos difíciles, ejercicios o actividades externas.
Que son adecuados para utilizarlos con niños de entre 8 y 12 años.
Que se corresponden con el temario de segundo ciclo de primaria.
La mayoría de los recursos encontrados están realizados por profesorado de primaria, aunque otros muchos (como el SIGPAC) están realizados para ser utilizados en otros contextos.
Así pues, el conocimiento que los miembros de
Observe cómo puede trazar la ruta y el sistema indica la distancia.
El SIGPAC es un recurso útil para enseñar a un niño de 8 años el concepto de distancia, aunque no se haya diseñado para este fin. la red han aportando y compartido ha consistido en identificar recursos externos útiles para la misión de la red.
Hay cientos de recursos, pero para que otras personas los puedan utilizar de forma eficaz hay que clasificarlos y organizarlos.
Esta importante actividad la han realizado las personas al introducir sus recursos y su propia tecnología.
Cualquier software sobre redes sociales se basa en Internet.
Es evidente, ya que Internet hoy en día es el canal más eficaz para compartir y visualizar información.
Sin embargo, el software que gestiona tanto a las personas como a los recursos que éstas aportan no sirve para cualquier tipo de red; no es lo mismo la gestión que necesita una red orientada a las personas que una red orientada a los recursos.
Las redes sociales orientadas a los recursos más importantes, como youtube o flickr, utilizan los buscadores como principal medio de búsqueda de los recursos compartidos.
También los suelen clasificar por temáticas muy generales o por nubes de etiquetas (aunque no suelen ser muy eficaces, ya que las etiquetas, al igual que los recursos, las aportan los usuarios y por tanto hay demasiada información).
Sin embargo, en las redes sociales donde la idea es compartir recursos y organizarlos de forma coordinada, el software existente no es muy adecuado, ya que el crecimiento suele ser divergente, en lugar de convergente.
Los tres módulos son importantes, es como un trípode, basta con que falte un solo apoyo para que se tambalee y caiga al suelo.
Las tres "patas" son importantes, no podríamos decir cual es más pero esa no es la cuestión, la cuestión es que las tres son necesarias para sostener el trípode.
La tecnología desarrollada por el LITI permite organizar los recursos, aún cuando no se sabe ni qué recursos van a contener ni para qué se van a utilizar.
Este software se denomina COCO 3, y actualmente es bastante utilizado en proyectos y convenios con entidades tanto públicas como privadas
EL MÉTODO UTILIZADO PARA ORGANIZAR
Este ejemplo real servirá para entender cómo funciona la tecnología.
Para ello debemos situarnos en el momento que el primer usuario encontró un recurso útil.
El control de calidad de este recurso es muy sencillo: si sirve para realizar la actividad con el niño es útil, en caso contrario no lo sería.
Cuando el primer usuario encontró el recurso útil, por ejemplo el SIGPAC, sabía que era para una 1.
Actividad: explicar un concepto difícil de entender para el niño.
Materia con la que estaba trabajando, Tema: Matemáticas.
La ventaja de utilizar el recurso es que sabes dónde lo has utilizado (Matemáticas-distancia) y para qué (para que el niño entienda un concepto difícil).
Todo esto es la información que sube a la red social.
El primer miembro de la red es quién toma la decisión de crear esa información.
Hay dos tipos de ontologías: La fuerte y la débil.
La ontología fuerte es el formulario que se emplea para introducir el recurso, en este caso está compuesto por los campos de: título, descripción, fecha, web, fuente, fichero y sugerencia 4.
Las ontologías débiles las definen y organizan los propios usuarios.
El sistema COCO permite definir dos tipos: categorías y etiquetas.
Un conjunto de etiquetas define una categoría.
A su vez, tanto las categorías como las etiquetas pueden guardar entre sí una relación jerárquica.
En el ejemplo el primer usuario definió las ontologías: Acción didáctica (categoría) y dentro de ella la etiqueta "Explicación", de la misma forma definió la categoría "Formato del Recurso" y la etiqueta "Interactivo".
Observe que para la categoría "Temario" eligió las etiquetas "Matemáticas" y "La medida de Longitud", pero estas dos últimas guardan una relación jerárquica.
El siguiente usuario que introduce otro recurso sigue el mismo proceso.
Si el recurso se corresponde con las eti-quetas que ha creado el primer usuario las marca, en caso contrario crea otras nuevas, pero siguiendo siempre las mismas categorías; es decir, puede crear las etiquetas que desee pero respetando las categorías (aunque si lo considera necesario podría crear nuevas categorías).
Todo el proceso se repite una y otra vez, al cabo de unos meses y después de haber participado más de 100 usuarios que utilizaron recursos con sus hijos y los subieron a la red, el conjunto de ontologías débiles (etiquetas) creadas fueron las siguientes:
En esta figura se puede observar una ontología fuerte (el formulario para introducir el recurso didáctico) y ontologías débiles (creadas por el primer usuario que introduce el primer recurso útil).
Para la categoría ACCIÓN DIDÁCTICA
Actualmente hay 201 recursos utilizados para la actividad Explicación, 137 para Ejercicios, 35 para Actividad Externa y 1 para Evaluación.
Todo esto significa que la actividad que más realizan en casa las madres y padres con sus niños es explicar conceptos difíciles de entender, seguido de ejercicios.
Para la Categoría: FORMATO Vemos que los recursos que han identificado como útiles son de tres tipos: interactivos y simulaciones e imprimibles (que se pueden imprimir para posteriormente trabajar con ellos).
Para la Categoría: TEMARIO
Observe que el temario está formado por un conjunto de etiquetas jerarquizadas, toda esta jerarquía la han construido los propios usuarios.
Así pues, el resultado es similar a un índice y en cada apartado hay recursos.
Recuérdese que el índice se ha construido a partir de los recursos que se han ido introduciendo, no al revés.
A través de este sencillo método no sólo clasificamos los recursos, sino que nos permite realizar verdaderos y sistemáticos estudios sobre qué tipo de actividades realizan los padres en sus casas, qué tipo de recursos son más necesarios, en qué materias, etc.
LA EFICACIA DE LA RED SOCIAL
Cualquier red social se basa en que los constructores son beneficiarios de la misma.
Además si la red está bien planteada y con recursos realmente útiles, también pueden servir a personas que, aun sin estar en la red social, tienen el mismo perfil; es decir, que la red social MARIA tendría que ser útil tanto para los miembros de la red social, como para otras madres y padres que tengan niños entre 8 y 12 años, así como para profesorado.
Una vez que la red social tiene recursos útiles y validados (recuérdese que inicialmente la validación la hacía el propio miembro de la red social, al comprobar que el recurso funcionaba para la actividad deseada) se pasa a la segunda fase, que consiste en que el centro de recursos generado por la red social sea útil y eficaz para sus usuarios.
En las redes sociales orientadas al recurso la clave está en encontrar el recurso útil para realizar una determinada actividad.
La mayoría de los buscadores realizan la búsqueda a partir de un texto que describe algunas palabras que contiene el recurso, dicho de otra forma, tienes que saber qué recurso quieres utilizar.
Sin embargo, en el sistema COCO puedes buscar recursos conociendo la actividad en la que lo quieres utilizar (por ejemplo para explicar un concepto difícil) o en el lugar donde lo quieres utilizar (por ejemplo en el tema de "distancias").
Ésta es la principal diferencia de nuestro sistema con otros buscadores, que puedes utilizar búsquedas por contenidos, por categorías y por etiquetas (bien de forma individual o bien de forma integrada).
Esta variedad de búsquedas hace que la red social se transforme en un centro de recurso extremadamente útil y muy eficaz en determinadas situaciones.
A continuación se citan algunos ejemplos.
Queremos preparar a un niño en un tema concreto.
Búsquedas por "dónde o para qué quiero utilizar el recurso".
Lo que queremos es que el sistema nos indique qué recursos tiene y para qué sirven respecto a un determinado tema.
Esta situación es equivalente a suministrar al buscador el "dónde", en lugar del qué.
En el ejemplo vamos a buscar qué recursos tiene y para qué sirven respecto al tema "Multiplicación y División".
La búsqueda se realizaría marcando directamente el tema (véase primera figura de la página siguiente).
Ahora las etiquetas que sirvieron para clasificar el recurso se utilizan para realizar la búsqueda.
Se ha especificado el lugar concreto donde se quiere utilizar los recursos.
El resultado de la búsqueda es el que figura en la segunda imagen de la página siguiente.
El centro de recursos de la red social nos indica que hay:
• 4 recursos sobre "Multiplicación y División" que se pueden utilizar para explicar el concepto. • 16 para adquirir las habilidades de multiplicación y división. • 5 para realizar actividades externas (fuera del ordenador) sobre multiplicaciones y divisiones.
Este tipo de búsqueda sirve, por ejemplo:
-Para que un profesor o adulto prepare el tema de "Multiplicación y División". -Para preparar un plan de actividades (se verá posteriormente cómo se hace) sobre el tema concreto. -Para saber lo que tiene el sistema sobre un tema concreto.
Esta acción se recomendaba a todos los miembros de la red antes de subir un recurso concreto, de esta forma se ve si el recurso ya está, o si el que hay es mejor y por tanto no merece la pena subirlo, o al contrario, para ver si el recurso a subir es mejor que el existente y por tanto sí merece la pena subirlo.
De la misma forma se podría utilizar la búsqueda por etiquetas de una sola categoría.
De esta forma si se marca la etiqueta "Explicar" de la categoría "Acción didáctica" tendríamos una búsqueda de un recurso indicando "para qué voy a utilizar el recurso".
El proceso de búsqueda sería muy similar al descrito anteriormente.
Dónde y para qué quiero utilizar el recurso.
Las búsquedas se pueden utilizar de forma combinada, por ejemplo, si se marca la acción didáctica "Explicar" y el tema "el Sistema Solar"
El resultado de esta búsqueda se muestra en la siguiente figura
Observe que el sistema ha encontrado 24 recursos sobre el sistema solar que nos sirven para explicar.
En este caso significa que los miembros de la red social deberían haber continuado añadiendo nuevas etiquetas que colgaran de "Sistema Solar".
La otra opción es dar más precisión a la búsqueda.
Por ejemplo, si se querían recursos para explicar concretamente la rotación, a las etiquetas marcadas se añadirían las de texto.
La combinación de búsquedas por categorías, etiquetas jerárquicas y texto darían la máxima precisión.
De este modo el resultado de la búsqueda sería:
Se puede observar que ha dado con tres recursos útiles que nos pueden servir de manera específica para explicar el concepto de rotación de los planetas.
Este tipo de búsqueda es el que más se ha utilizado por los miembros de la red social, y el más útil para usuarios esporádicos del proyecto MARIA.
PREPARAR UN PLAN DE ACTIVIDADES CON RECURSOS DE LA RED SOCIAL Y EXTERNOS.
Hemos descrito dos ejemplos de búsqueda, el primero de ellos estaría orientado hacia r profesionales de la educación, mientras que el segundo sería más utilizado por madres y padres que necesitaran una ayuda puntual para realizar alguna actividad formativa concreta.
Sin embargo, la red social también dispone de un recurso muy importante que sirve para planificar un conjunto de actividades a una determinada persona y compartir esa experiencia no sólo con la red social, sino con el "resto del mundo".
Sea cual sea el tipo de búsqueda realizada, el centro de recursos de la red social muestra el conjunto de recursos útiles, clasificados por actividades.
Sin embargo, el usuario puede agruparlos como desee, modificarlos e incluso añadir recursos propios.
Todos los recursos que el sistema muestra tienen en el lado derecho una casilla denominada "llevar al porfolio".
Observe que el sistema ha generado un documento sobre el cual (letras en mayúsculas y en rojo) se ha añadido texto.
El resultado podría ser un conjunto de recursos con una planificación para atender un caso de diversidad concreto.
Si este conjunto de recursos funciona, el profesor puede compartir bien a través de la propia red o bien por otros medios (en un foro, wiki, correo electrónico, etc.) ese conjunto de recursos.
Si a él le ha funcionado seguramente a otras personas que tengan que atender la misma diversidad también les funcionará.
Los miembros de la red social comenzaron cuando sus hijos tenían 8 años y se ha permanecido en ella hasta que han cumplido los 12; es decir, los miembros de la red social han cooperado de forma invisible durante tres cursos (4.o, 5.o y 6.o de primaria); nadie sabía quién había aportado los recursos (únicamente se sabía que eran personas del mismo perfil y necesidad).
Desde el punto de vista del individuo que conforma la red social la aportación de recursos se ha mantenido estable, no obstante como a medida que avanzaba el tiempo se apuntaban más personas a la red social, la cooperación fue aumentando.
Actualmente, de las personas que iniciaron la red social quedan muy pocas que participen; en su lugar han ido comunicando a familiares y amigos la posibilidad de parti-cipar en la red.
Sin embargo, la red social continúa ya que siempre hay personas que necesitan recursos para ayudar a los niños con las tares formativas.
Las redes sociales orientadas a las personas están teniendo un gran éxito a nivel mundial.
Sus miembros se cuentan por millones y las visitas se corresponden a información relacionada con las personas que conforman esas redes sociales.
Las redes sociales orientadas a los recursos también se han consolidado a nivel mundial.
Las redes que organizan sus recursos con un fin determinado, como el expuesto en este artículo, están en un estado incipiente, sin embargo, su eficacia para la mejora de la competitividad personal y corporativa es más directa que el resto de las redes.
Si además se integra con las anteriores estaremos introduciendo las redes sociales en las propias organizaciones.
Uno de los problemas que tienen las redes sociales orientadas a los recursos es su crecimiento, a medida que crece el número de recursos, su búsqueda se hace más complicada.
Por tanto, es necesario disponer de herramientas tecnológicas que permitan que la eficacia de la red (facilidad para encontrar el recurso más adecuado) sea mayor cuanto mayor número de recursos existan.
El centro de recursos que ha originado la red social del proyecto MARIA la pueden encontrar y utilizar en http:// www.proyectomaria.org/ |
Santiago Castroviejo Bolibar, profesor de investigación del CSIC y exdirector del Real Jardín Botánico (CSIC) -"Tatayo" para sus amigos-falleció el pasado 30 de septiembre después de luchar, con una fuerza y espíritu admirables y hasta a veces con una ironía desconcertante, contra un cáncer que le perseguía desde hacía años.
Aunque sea una frase hecha, murió con las botas puestas, con 63 años recién cumplidos y en plena actividad.
Todos sus compañeros le vimos acudir al Jardín a trabajar hasta el final y en fases especialmente duras de la enfermedad.
Ahora cada cual hurga en su memoria para recordarle antes de que la salud empezara a transformar su rostro, en aquellas épocas en las que manifestó todo el empuje y entusiasmo para llevar adelante los proyectos que le hicieron conocido y apreciado internacionalmente y en España.
Se licenció en Biología, por la Complutense, en 1969, donde fue nombrado en seguida profesor adjunto interino del Departamento de Botánica hasta 1974, cargo que simultaneó con el de becario en el Real Jardín Botánico.
En 1972 defendió, con premio extraordinario, su tesis doctoral relativa a la flora y vegetación de la Península del Morrazo, su tierra natal, y en 1974 ganó una plaza de colaborador científico en el Jardín.
Más tarde se promocionaría a investigador científico (1986) y a profesor de investigación (1990).
Se inició en la zoología, como su hermano Javier, pero desembarcó definitivamente en la Botánica intentando conocer el hábitat de los animales.
Durante los años setenta llevó a cabo trabajos florísticos y de vegetación en España, por ejemplo en Doñana, y en Venezuela; y, además, se introdujo en la citotaxonomía de la mano de su amigo Enrique Valdés Bermejo.
Pero hacia finales de los setenta se estaba ya fraguando, entre varios jóvenes botánicos, sobre todo del Real Jardín Botánico, lo que sería el gran proyecto de su vida, Flora iberica.
Se trataba de responder a la amplia demanda de una flora actualizada, ya que la vigente tenía casi un siglo de antigüedad.
Para canalizar esta demanda, él era, con mucho, el que tenía mayor capacidad de gestión del equipo inicial.
Este proceso de gestación tenía lugar en una época en la que la comunidad científica española acometía todavía los Este número de ARBOR en que se hermanan España e Iberoamérica, está dedicado a la memoria de Santiago Castroviejo Bolibar, eminente científico, miembro de nuestro Consejo de Redacción y entrañable amigo.
Santiago fue, entre otras muchas cosas, un gran viajero.
En su trabajo botánico recorrió las tierras que en nuestro número se reseñan.
A los pocos días de dejarnos se le otorgó el Premio Nacional de Investigación.
Vivirá siempre en nuestro recuerdo y en nuestra admiración.
La Redacción de ARBOR.
proyectos desde un localismo y un aislamiento muy marcados, como inercia postrera de la postguerra.
Por eso, la amplitud de miras con la que fue planteada Flora iberica era insólita entonces.
Fue el primer proyecto de catalogación masivo de Biodiversidad en la Península Ibérica de los que se emprendieron a partir de los años 80 en varios grupos de organismos, y uno de los proyectos de flora más importantes del mundo, todavía hoy.
El proyecto nació en 1980, con los primeros apoyos económicos (de la CAICYT) y en 1983 se publicó el volumen 0, una especie de prototipo o género modelo, que contenía las Isoetáceas.
Pero la Flora se concibió con tales exigencias de calidad científica y técnica que el primer volumen no pudo ver la luz hasta 1986 (Castroviejo et al., 1986).
A lo largo de casi 30 años de trabajo, se han publicado 14 de los 21 volúmenes programados y el equipo ha ido creciendo hasta acumular a lo largo de los años un total de más de 300 autores de 33 países y 31 editores de familias.
Las críticas recibidas fueron muy favorables desde el principio y, aparte de otros aspectos, siempre destacaron la edición científica esmerada, la calidad de las ilustraciones, y el trasfondo detallado de revisión nomenclatural que permite reforzar la estabili-dad de los nombres 1.
Las ventas de la obra fueron parejas a las críticas.
De hecho, lleva años siendo la obra más vendida del Servicio de Publicaciones del CSIC; a modo de ejemplo, el volumen I se ha reimprimido cuatro veces.
Con todo ello, Flora iberica ha conseguido ser justamente lo que se propuso: una obra de referencia a nivel internacional para cualquier persona que requiera identificar especies de plantas ibéricas y una base de conocimiento actualizada, fundamental para plantearse investigaciones futuras [http://www.floraiberica.es/].
Santiago merecía reconocimiento por Flora ibérica y lo obtuvo tanto a escala nacional como internacional.
Al margen de su contribución para echar a andar al principio, en todo momento fue capaz de convencer a las autoridades de la importancia de la obra, lo que se traduce en ocho proyectos sucesivos financiados por los ministerios de Educación o Ciencia, según las épocas.
Distribuyó estratégicamente la responsabilidad máxima del proyecto entre investigadores activos de varias universidades españolas en un momento en el que el equipo de Madrid no podía con todo el trabajo.
En definitiva, mantuvo un grupo humano cohesionado, con altas y bajas, que ha venido invirtiendo mucho tiempo y esfuerzo en publicar esta obra muy necesaria pero generadora de pocas recompensas, al margen de ver el volumen en cuestión publicado.
Las armas que empleó, como coordinador, para lograr todo esto siempre fueron las mismas: inteligencia, determinación, empuje y entusiasmo.
Pero no era persona de un único proyecto; ésta, de hecho, era una de sus características personales más destacadas.
Y, desde su nombramiento como director del Real Jardín Botánico, dirigió su interés hacia la botánica tropical, siguiendo la tradición del Centro, involucrado en las grandes expediciones a los territorios de ultramar a finales de los siglos XVIII y XIX, y también la estela de José Cuatrecasas -el último tropicalista que había tenido el Centro y que, además, fue su director durante la Guerra Civil.
En esta línea, dio un impulso a la publicación de la Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada de José Celestino Mutis, enviando a Colombia a cuatro estudiantes de doctorado y estableciendo colaboraciones con el principal Centro botánico de allí, el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional.
También se preocupó por la flora del viejo mundo, destacando un recolector permanente en Guinea Ecuatorial que, a la larga, posibilitaría iniciar la elaboración de una Flora de ese país.
En los años 90 se embarcó en otra aventura más, la de dirigir la catalogación de la biodiversidad del Parque Nacional de la isla de Coiba, en el Pacífico de Panamá (Castroviejo et al., 1997).
Esta aventura tenía un objetivo añadido, que alcanzó dedicando la misma ilusión y empuje con el que afrontaba todo: la creación de una estación biológica en la isla.
Para hacerla permanente, estuvo a punto de llevarse allí al mismísimo presidente del CSIC a visitarla aunque finalmente tuvo que "conformarse" con llevar al Secretario General.
La consolidación de una estación permanente dependiente del CSIC no se ha materializado hasta la fecha, a causa de cambios en los responsables políticos principalmente entre los panameños.
Pero, a raíz de este proyecto de inventario de Flora y Fauna, estrechó mucho sus vínculos con la comunidad de zoólogos, principalmente taxónomos, y abanderó con ellos una postura que mantendría siempre en defensa de la taxonomía (García-Valdecasas y Castroviejo, 2000).
Continuó vinculado a la biodiversidad tropical y específicamente panameña a través de la serie de estudios sobre Bahía Honda (Veraguas) (Castroviejo e Ibáñez, 2006).
Como extensión lógica de una flora de finales del siglo XX en la era electrónica, Santiago exploró herramientas para complementar los volúmenes publicados de Flora ibérica.
El primero de éstos fue la Flora ibérica en CD-Rom, (Castroviejo et al., 1996), experiencia que entrañaba dificultades técnicas serias, pero que era totalmente pionera y pretendía facilitar la identificación de especímenes a través de búsquedas en texto.
Nunca renunció a este objetivo que acabó dirigiéndose hacia las llamadas e-floras (Castroviejo, 2008).
En esta misma línea y fiel a los objetivos taxonómicos que siempre defendió, en 1999 armó otro proyecto, también pionero, Anthos.
Se trata de un sistema de información de plantas ibéricas en Internet, ambicioso y útil hasta el punto que el Ministerio de Medio Ambiente continúa financiándolo desde entonces a través de la Fundación Biodiversidad [http://www.anthos.es/].
Esta inquietud por utilizar herramientas electrónicas aplicadas a la flora y a la taxonomía la siguió manteniendo viva hasta el final.
Así, en 2000 se embarcó en un proyecto europeo, EURO+MED Plantbase, para elaborar un sistema de información de todas las plantas europeas, y en 2007 se embarcó en otro que aún está vigente, Key to Nature, cuyo objetivo es implementar herramientas digitales para la enseñanza de la biodiversidad (Ferrer y Castroviejo, 2009).
Su perfil profesional es rico porque vivió la ciencia botánica también desde la gestión a varios niveles.
Una persona con su capacidad de organización y de trabajo, valentía para tomar decisiones, habilidad para liderar grupos heterogéneos y pragmatismo, tenía que afrontar antes o después el reto de dirigir el Centro botánico con más historia de todo el país, el Real Jardín Botánico.
Previamente, había sido secretario (1979)(1980) y se había fogueado participando activamente en la reestructuración del Centro en los años convulsos de esa segunda mitad de los años setenta.
Como director, fue uno de los artífices principales del cambio de ciclo histórico que se produjo en esos años, que lo sacó de la penuria de los años 70 y que lo condujo al proyecto moderno en el que la institución está embarcada desde 1981.
En su faceta de gestión, actuó como en todas las demás.
Teniendo que interaccionar activamente con autoridades de todas las administraciones (central, autonómica, municipal), era frecuente verle salir en su moto vespa, sin pensárselo dos veces, para intentar hablar con directores generales, alcaldes o ministros.
De su etapa como director, los frutos más sencillos de identificar son las infraestructuras, porque los otros requerirían estudios más finos y mayor perspectiva.
Entre aquellas, hay que destacar el invernadero de exhibición (1993) que, el pasado 1 de julio fue renombrado en su honor (Invernadero Santiago Castroviejo) por todo el empeño que puso en la construcción de una obra que fue innovadora en tecnología y sostenibilidad.
También nos dejó el invernadero de investigación, anejo al edificio de investigación y muchas otras reformas menos vistosas pero necesarias.
Fundó la revista Ruizia.
Monografías del Real Jardín Botánico de Madrid, de la que fue director hasta el final.
Impulsó el uso del Pabellón Villanueva como espacio para exposiciones, consolidó el presupuesto de la Biblioteca y se preocupó mucho por las colecciones de plantas vivas del Jardín, siempre con gran sensibilidad y primando éstas sobre el crecimiento de la visitas al Jardín.
Su producción científica es consecuencia de su apuesta muy consciente por la Taxonomía; una disciplina fundamental para abordar cualquier estudio de biodiversidad pero que ha de defenderse en todos los foros donde no se valora suficientemente porque se tienden a aplicar criterios basados exclusivamente en la visibilidad inmediata de las publicaciones (García-Valdecasas y Castroviejo, 2000).
Sus dos centenares de publicaciones científicas que incluyen 26 libros, sus 18 tesis dirigidas, y sus numerosos proyectos de investigación, nacionales e internacionales, son absolutamente consecuentes con esta filosofía.
Desde esta perspectiva se interesó por muchos grupos de plantas vasculares como Sedum, Ulex, Carex, Adenocarpus o las Chenopodiáceas, en general.
Entre su eponimia figuran especies dedicadas en los géneros Acalypha, Aragoa, Armeria, Cuscuta, Hippocrepis, Rubus o el propio género Castroviejoa.
Tampoco puede olvidarse una faceta de activismo en defensa del medio ambiente.
Su preocupación por las políticas de conservación y reforestación era necesaria en una época en que la sensibilidad y grado de concienciación ciudadana en temas de medio ambiente eran mucho más bajas que en el presente (Castroviejo et al., 1978(Castroviejo et al.,, 1985)).
Su prestigio ha sido amplio no solo en España sino en la comunidad científica internacional.
En España, además de los méritos ya mencionados, tomó posesión en 2002 como académico de número en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la que era Académico correspondiente desde 1998.
También fue miembro de importantes comités internacionales como el Steering Committee of the Species Plantarum Project-Flora of the World (Brummitt et al., 2001), el Board de Flora Neotropica o el Council de la International Association of Plant Taxonomy (IAPT) y, entre sus distinciones figuran la Médaille du Conseil de la Société Botanique de France y la Medalla del Centenario de la Sociedad Broteriana.
En lo personal, era un hombre con un fuerte magnetismo, con una mirada muy viva, una sonrisa profunda -a veces matizada de ironía-, que disfrutaba conversando sobre todo tipo de temas.
Le interesaba todo y revelaba una satisfacción patente cuando conocía gente nueva con algún foco de interés, fuera cual fuera su perfil y procedencia.
Tenía una divertida tendencia a trasgredir convenciones sociales (atuendo, formalidades en el trato) que de alguna forma contrastaba con su inteligencia y sensibilidad hacia muchos temas, la historia entre otros.
Mi tesis doctoral fue la segunda que dirigió y desde 1981 cuando comencé a trabajar con él, he sido testigo directo de su trepidante e incansable actividad profesional.
Siempre recordaré con agrado y nostalgia aquellos años en que me introdujo en la botánica con generosidad y acierto.
A lo largo del tiempo noté su afecto en todo momento aun en la discrepancia.
Su hueco personal y profesional es muy difícil de llenar y estoy convencido que muchos le echaremos de menos a menudo y le recordaremos siempre. |
El presente proyecto se enmarca en la actual línea revisionista vinculada al período de las «independencias».
Como ya es habitual, las conmemoraciones y efemérides marcan en un alto porcentaje el calendario científico y la producción historiográfica, y ahora estamos inmersos tanto en el proceso de los Bicentenarios (Guerra hispano-francesa de 1808, emancipaciones americanas en torno al simbólico año de 1810, y Cortes de Cádiz en 1812), como en el de rescatar las celebraciones de los «Centenarios» de hace un siglo.
Este número monográfico intenta sumar un aporte que pudiera servir de basamento para quienes pretendan una aproximación a temas vinculados con el citado proceso historiográfico.
En la construcción iconográfica de las naciones americanas (y no solamente «nacionales» sino también regionales) las temáticas y las tipologías resultan de lo más variadas y cada una comple un papel de mayor o menor relevancia, pero siempre plausible de un análisis particularizado y global.
El paisaje, las costumbres, el retrato, las alegorías, la pintura de historia y la de temática social en el caso de las primeras, y la arquitectura, escultura, pintura, gráfica, dibujo, fotografía, artes decorativas y un variadísimo cúmulo de objetos dentro de la segunda, determinan un amplio panorama analítico que ha hecho aumentar el interés y la atención de los especialistas, sobre todo del XIX, con una avidez sin parangón respecto de décadas anteriores.
PALABRAS CLAVE: Latinoamérica; independencia; centenario; historiografía.
RAZONES PARA UN PROYECTO
El presente proyecto se enmarca en la actual línea revisionista vinculada al período de las "Independencias".
Como ya es habitual, las conmemoraciones y efemérides marcan en un alto porcentaje el calendario científico y la producción historiográfica, y ahora estamos inmersos tanto en el proceso de los Bicentenarios (Guerra hispano-francesa de 1808, emancipaciones americanas en torno al simbólico año de 1810, y Cortes de Cádiz en 1812), como en el de rescatar las celebraciones de los "Centenarios" de hace un siglo.
Aunque en este último lustro el porcentaje de las publicaciones, exposiciones, rescate de obras "olvidadas" o la consolidada revalorización de las manifestaciones populares y anónimas, en torno a temas vinculados a estos sucesos, sus causas y consecuencias, se han multiplicado: casi podríamos afirmar que estamos en la incipiencia, e intuir que se avecina un panorama editorial y expositivo abrumador.
Dada así la situación, la intención que nos guió a la hora de asumir el reto de conformar este número monográfico para Arbor, fue la de intentar sumar un aporte que pudiera servir de basamento para quienes pretendan una aproximación a temas vinculados con el citado proceso historiográfico e inclusive para aquéllos que tuviesen la intención de abordarlos sistemáticamente.
Por tal motivo, decidimos en primer lugar inclinarnos por encargar a especialistas españoles y americanos, con reconocida trayectoria en la materia, una serie de artículos que se enmarcaran dentro de la idea de las representaciones icónicas de la nación en España y América, propendiendo a la vez hacia el afán de consolidar los vínculos entre las producciones de uno y otro lado del Atlántico.
Nos parecía fundamental esta pluralidad, y la puesta en contacto de experiencias parcializadas de los diferentes países, que permitieran no solamente enriquecedores diálogos, sino también que los estudiosos de distintos países tuvieran la ocasión de conocer y aplicar experiencias historiográficas de naciones vecinas a sus propias andaduras.
La elección de los temas quedó en manos de los propios autores, que en algunos casos asumieron visiones generales, de conjunto, sobre lo ocurrido en sus países, mientras que otros eligieron casos concretos para efectuar sus análisis.
La puesta en escena e interpretación de algunos de estos casos puntuales son demostrativos de la riqueza, variedad, complejidad e inabarcabilidad que la iconografía tuvo y tiene en la edad contemporánea, y de cómo se puede sacar jugo a ciertos temas tanto si se analizan a fondo, como si son rescatados sus significaciones estéticas, simbólicas, ideológicas, sociales o políticas.
La inserción del arte en la historia y viceversa es uno de los ejes recurrentes en los trabajos incluidos aquí, marcando la confirmación de una tendencia interdisciplinaria que va en franco aumento en los últimos tiempos.
En la construcción iconográfica de las naciones americanas (y no solamente "nacionales" sino también regionales, por ciudades y, en algún caso, hasta barriales) las temáticas y las tipologías resultan de lo más variadas y cada una cumple un papel de mayor o menor relevancia, pero siempre plausible de un análisis particularizado y global.
El paisaje, las costumbres, el retrato, las alegorías, la pintura de historia y la de temática social, en el caso de las primeras; y la arquitectura, escultura, pintura, gráfica, dibujo, fotografía, artes decorativas y un variadísimo cúmulo de objetos, dentro de la segunda, determinan un amplio panorama analítico que ha hecho aumentar el interés y la atención de los especialistas, sobre todo del XIX, con una avidez sin parangón respecto de décadas anteriores.
El presente número monográfico es, en parte, hijo de este nuevo horizonte, con el necesario añadido de una apertura temporal que también consideramos oportuna.
En tal sentido, creímos convenientes integrar al proyecto algunos trabajos que rompieran la habitual división historiográfica entre los siglos XIX (entendiendo a éste con sus prolongaciones naturales durante el primer tercio de la siguiente centuria) y XX, y enlazar ambos momentos, de la misma manera que numerosos historiadores del arte buscan definir continuidades entre el arte decimonónico y sus consecuencias por un lado, y el arte a partir de las vanguardias por otro, un desafío que ha tardado (y tarda) en consolidarse, lo que es bien claro en la vigente dicotomía que plantea la existencia de museos "de bellas artes" por un lado, y de "arte contemporáneo" por otro, producto, en algunos casos, de una manifiesta incapacidad de enlazar dos períodos consecuentes.
UNA DOBLE APUESTA HISTORIOGRÁFICA
Una vez definidas las razones que nos han llevado a plantear un número monográfico de estas características, se hace necesario precisar, brevemente, el marco teórico-metodológico en el que se inscribe.
Una apuesta historiográfica, de carácter interdisciplinar, que plantea, por un lado, una nueva posibilidad del uso de la imágenes en general y de las imágenes artísticas en particular como fuente de conocimiento histórico; y por otro, una relectura del problema de la nación en el ámbito iberoamericano.
Por lo que se refiere al primer aspecto, el uso de las imágenes como documento histórico tiene una larga tradición.
Estudios clásicos como los de Burckhardt sobre el Renacimiento o Huizinga sobre el fin de la Edad Media descansan, en gran parte, en la lectura e interpretación de las imágenes artísticas legadas por ambos períodos 1.
Una tradición que cristalizó en las primeras décadas del siglo XX en torno al Instituto Warburg y su apuesta metodológica, son palabras de una de sus miembros, Frances Yates, por "utilizar los testimonios visuales como documentos históricos" 2; y que ha tenido continuidad, a partir de la década de los ochenta, en obras como el influyente Art and History: Images and their Meanings 3 o en los trabajos de Simon Schama, quien ha utilizado las imágenes para objetivos tan dispares como la reconstrucción de la cultura holandesa del siglo XVII o la evolución de la idea de paisaje en Occidente 4.
Este monográfico se inscribe en esta tradición, sobre la que consideramos necesario hacer algunas precisiones.
La primera tiene que ver con las dificultades que todavía hoy sigue planteando el uso de las imágenes como fuente histórica y que derivan, en gran parte, del carácter logocéntrico de nuestra cultura; la segunda, con el problema de la obra de arte y su difícil inserción en el universo de la historia.
La civilización occidental hunde sus raíces en la cultura del libro, ya desde sus mismos orígenes sitúa a la imagen en un lugar secundario con respecto al texto escrito.
Tal como afirma en torno al año 790 el llamado Libri Carolini, "El Señor, descendiendo del monte Sinaí, dio a Moisés la ley, no pintada sino escrita, y entregó en tablas de piedra, no imágenes sino caracteres de escritura.
Y el mismo Moisés enseñó el origen del mundo no pintando, sino escribiendo".
Si el mismo Dios prefiere la escritura a la imagen por qué los hombres habrían de hacer algo diferente.
Es cierto que, a diferencia de lo ocurrido en Bizancio, no hubo en Occidente, o los hubo de forma muy marginal, conflictos iconoclastas 5.
En parte, posiblemente, porque la tradición aicónica judía tuvo que enfrentarse al peso de una tradición pagana fuertemente icónica que acabó produciendo una especie de acomodo entre ambas corrientes; pero también, sobretodo, por la propia minusvaloración de la imagen y de su significado, por el carácter secundario que las élites intelectuales de Occidente han dado casi siempre a la imagen en relación con la palabra escrita.
Estamos ante una cultura fundamentalmente logocéntrica en la que la que el conocimiento se expresa mediante palabras fijadas en textos escritos.
Si no hubo querella de las imágenes no fue por su aceptación sino por su subordinación, por su carácter menor y, desde la perspectiva de los eruditos, intrascendente.
No se ha insistido suficientemente en que la célebre carta de Gregorio Magno 6, que zanja de alguna forma el problema iconoclasta en Occidente, lo hace gracias a un desprecio absoluto hacia las imágenes: hay que conservarlas porque permiten a los necios acercarse a las Escrituras, lo que significa, paralelamente, que la verdad auténtica no se encuentra en las pinturas sino en los textos escritos.
Las imágenes están bien para la masa de los indoctos pero no para los que quieran ascender a los sentidos ocultos, a la auténtica realidad de las cosas.
Ésta es la tradición en la que los historiadores hemos sido formados, la de la supeditación de la imagen al texto escrito.
Una pesada herencia de la que resulta difícil substraerse y en la que la imagen aparece siempre como una forma imperfecta y menor, cuya auténtica comprensión, incluso de ella misma, sólo es posible a través de la escritura.
No deja de ser llamativo que hasta los iconólogos del Instituto Warburg, una institución sin duda emblemática del estudio de las imágenes, acabaran utilizando éstas como el enigma a explicar a través de los textos escritos y no, a pesar de la afirmación ya citada de Yates, como documentos históricos para la explicación de una época.
Así, por citar un ejemplo característico, en el conocido, y justamente célebre, estudio de Klibansky, Panofsky y Saxl sobre Saturno y la melancolía 7, el espléndido grabado de Durero no se convierte en fuente de nada, sino en algo que hay que explicar a través de los textos escritos, aunque para ello haya que remontarse hasta los presocráticos.
El segundo problema, el de la difícil inserción de la obra de arte en el universo de la historia, tiene que ver con un complicado proceso que aquí sólo vamos a esbozar pero que de alguna manera está siempre gravitando sobre el uso de las imágenes como documento histórico.
Ya desde el Renacimiento, y de forma mucho más clara a partir del siglo XVIII, una parte importante de las imágenes, y en particular la mayoría de las que se han conservado, fueron elevadas a la condición de obras de arte y la función estética desplazó en ellas a todas las demás.
La construcción de las imágenes del pasado como obras de arte tuvo un efecto devastador para su uso como documento histórico.
Elevadas a la categoría de expresión del espíritu, se convirtieron en objetos sagrados, especie de vírgenes vestales, dedicadas a Dios y, como todo lo dedicado a la divinidad (Bacon dixit), estéril.
La imagen artística devenía un objeto intemporal, ahistórico, cuya utilización como fuente histórica se convertía en imposible, cuando no en sacrílega.
La obra de arte se alzaba fuera de la historia en una especie de vacío semiótico.
Frente a esta doble tradición de la que, queramos o no, los historiadores formamos también parte, la propuesta de este monográfico apuesta por reivindicar el lugar de la imagen como fuente histórica, al mismo nivel, al menos, que el texto escrito, pero a partir de una serie de consideraciones previas que creemos necesario precisar.
La primera tiene que ver con el propio concepto de fuente tal como lo ha manejado la historiografía.
La metáfora de los documentos como fuentes, o mejor siguiendo a Jackobson, la metonimia, ya que el documento no se nos presenta "como una fuente" sino que es "una fuente", tiene, como toda metáfora, más implicaciones de las que parece 8.
No hay metáforas inocentes.
Nos está remitiendo a la idea de que hay un lugar en que la verdad histórica se encuentra incontaminada, lo que, salvando las distancias, viene a ser la verdad pura de las escrituras frente a la grosera aproximación de las imágenes de los textos altomedievales a los que se ha hecho referencia anteriormente, y en ese mundo casi celeste de las ideas, las imágenes tienen una difícil cabida.
Sin embargo, la metáfora o metonimia de las fuentes es de una falsedad absoluta.
Los historiadores no tenemos fuentes donde abrevar la verdad.
Ninguna sociedad nos deja el documento escrito en que se cuente "la verdad" sobre como era.
Tenemos vestigios de un pasado que intentamos reconstruir, y explicar, a partir de los restos que el río de la historia caprichosamente deja.
Este concepto de vestigio tiene ya tras sí una larga historia, uno de los primeros en utilizarlo, hace ya más de cincuenta años, fue el historiador holandés Gustaaf Renier, quien, en su obra History, its Purpose and Method 9, propuso sustituir el concepto de fuentes por el de vestigios, entendiendo por éstos, además de manuscritos, libros impresos, edificios, mobiliario y paisajes, precisamente diferentes tipos de imágenes (pinturas, estatuas, grabados, fotografías, etc.), aunque en sentido estricto, edificios, mobiliarios y paisajes también son imágenes.
Esta sustitución tiene también profundas implicaciones metodológicas.
El nuevo paradigma de la historia no es la búsqueda del arcano de la verdad encerrada en un documento único, y escrito, sino el seguir pistas aparentemente insignificantes que, convenientemente utilizadas, pueden llevarnos a explicar procesos centrales del devenir histórico.
No hay ninguna verdad que descubrir esperándonos.
La única verdad histórica es la que construimos a través de fuentes indirectas.
Es lo que el historiador italiano Carlo Ginzburg, en su ya más que archicitado artículo donde compara el método de Sherlock Holmes con el de Freud en la Psicopatología de la vida cotidiana 10, propone como una alternativa epistemológica de carácter intuitivo al razonamiento.
Obviamente esto significa situar a las imágenes al mismo nivel que cualquier otro tipo de vestigio.
La segunda precisión tiene que ver con el problema del carácter comunicativo de las imágenes.
Hace ya también casi cincuenta años Umberto Eco afirmaba en La estructura ausente que "Ver a toda la cultura sub specie communicationis no quiere decir que la cultura sea sólo comunicación sino que ésta puede comprenderse mejor si se examina desde el punto de vista de la comunicación" 11.
Lo mismo, y quizás de forma ampliada puede decirse de las imágenes.
Las imágenes, obviamente, no son sólo comunicación, hay componentes estéticos, técnicos, emotivos, etc., todos esos aspectos a los que tradicionalmente los historiadores del arte hemos dedicado lo mejor de nuestros esfuerzos; pero quizás la mejor forma de comprenderlas, lo que les da sentido y explica su creación, sea su carácter comunicativo, el hecho de que toda imagen cuenta una historia, de que es un mensaje en el tiempo, un texto que fue compuesto para ser leído.
El carácter comunicativo de las imágenes, su función de texto escrito, no ha sido, sin embargo, el centro de preocupación de los historiadores.
La idea de leer imágenes, a pesar de que ha estado presente de una u otra forma en la tradición occidental, desde la repetida afirmación del papa Gregorio Magno en el siglo VI de "Se colocan imágenes en las iglesias para que los que no son capaces de leer lo que se pone en los libros lo "lean" contemplando las paredes", hasta la no menos citada en los últimos años declaración de Roland Barthes de "Leo textos, imágenes, ciudades, etc.", ha tenido siempre en su contra el carácter impreciso de su lectura.
Un texto escrito tiene, al margen de las discusiones filológicas a que pueda dar lugar, un significado preciso y un código que es identificable casi de forma automática, todos sabemos si un texto está escrito en árabe o en inglés, incluso si desconocemos ambos idiomas.
Esto hace que sea descifrable de forma relativamente unívoca, si sabemos inglés o árabe, por supuesto 12.
El texto icónico, por el contrario, usa un código no identificable de forma automática, en una primera mirada no sabemos si está escrito en "barroco" o en "neoclásico" 13, de carácter polisémico y, como consecuencia, de significado impreciso.
Hasta el punto de que, a pesar de la facilidad con la que los estructuralistas hablan de las imágenes como texto, siempre cabe la duda de si esta afirmación es poco más que una simple metáfora.
Finalmente no sólo los postestructuralistas más radicales han negado la pretensión estructuralista de la existencia de "un" significado, también alguno de los seguidores del método iconográfico clásico fueron conscientes desde fechas muy tempranas de que no se podía hablar de "significado" sino de "significados".
Tenemos que ser conscientes, entre otras cosas, que la mayoría de las imágenes utilizan códigos distintos, están escritas, cómo mínimo, con formas y con colores, dos planos de significación diferentes, y esto plantea un problema de lectura.
Un problema al que los autores que componen los distintos trabajos de este monográfico han tenido que enfrentarse al aceptar, no sólo que las imágenes cuentan un relato sino que además ese relato es el relato de una nación y, lo que quizás sea más importante, es un relato performativo que está en la base de la invención de la nación misma.
La propuesta teórica de los trabajos reunidos en este monográfico, en resumen, es que la imagen tiene una alta capacidad explicativa en sí misma y, sobre todo, que es una fuente imprescindible para reconstruir el universo simbólico de las sociedades del pasado.
No lo que las sociedades eran sino lo que se imaginaron que eran.
Y pasamos ya a la segunda propuesta historiográfica en la que se inscribe este número monográfico, que tiene que ver con el problema de la nación en Iberoamérica.
La ya inminente conmemoración del segundo bicentenario de las independencias, un proceso que se desarrolla básicamente en la segunda década del siglo XIX pero que tiene su pistoletazo de salida en la crisis generada por la invasión de la Península Ibérica por las tropas napoleónicas en 1808, parece una buena ocasión para iniciar una reflexión, a la luz de los nuevos planteamientos de la historia y la teoría política sobre la nación, sobre lo ocurrido en esos años en los territorios europeos y americanos de las monarquías española y portuguesa.
Creemos que lo ocurrido a uno y otro lado del Atlántico forma parte de un proceso común que tiene que ver con el fin de una forma de legitimación del ejercicio del poder, la monarquía absoluta, y su substitución por otra, la nación.
Este proceso tuvo, en el ámbito de las dos monarquías ibéricas, un carácter particular debido a que, en ambas, el problema de la nación estalló de forma prematura como consecuencia de las invasiones napoleónicas.
Finalmente la Constitución de Cádiz, cuyo carácter seminal tanto para el ámbito español como para el portugués es más que evidente 14, fue elaborada en nombre de una nación española que en ese momento nadie sabía muy bien lo que era.
Y ésta no es una afirmación retórica, todavía en 1839 Alcalá Galiano escribirá en su "Índole de la revolución en España" se puede afirmar que el objetivo de los liberales españoles seguía siendo el de "hacer la nación española una nación, que ni lo es ni lo ha sido hasta ahora" 15.
Y quien lo está afirmando es uno de los diputados que casi treinta años antes había hecho una Constitución en nombre de una nación que, ahora reconoce, no existía.
Es cierto que esa misma Constitución afirmaba que la nación española era "la reunión de los españoles de ambos hemisferios" pero cuando los constituyentes tuvieron que definir quiénes eran estos españoles no les quedó otra opción que recurrir al viejo concepto de "nacido de", en este caso de originarios de la Península Ibérica y/o de América, lo que poco tiene que ver con la nación moderna como sujeto de soberanía.
Podríamos resumir este carácter prematuro en la afirmación de que las naciones no fueron, en el ámbito iberoamericano, la causa de las guerras de independencia, e incluimos aquí la llamada guerra de independencia española contra los franceses, sino su consecuencia.
La dinámica no fue la de naciones en búsqueda de estados soberanos sino la de unidades políticas que una vez proclamada su soberanía, como consecuencia de los conflictos generados por las invasiones napoleónicas, necesitaron construirse naciones para legitimarse.
Una legitimación que tuvo, además, que enfrentarse con el reto de negar el viejo concepto de nación, de carácter tradicional, para convertirse en una nación moderna.
Tal como afirmó el 26 de septiembre de 1823, Carneiro da Cunha en la Asamblea Constituyente del Imperio de Brasil: "Nos fomos portugueses e hoje somos brasileiros" 16.
Pero ser portugueses o brasilerios, o españoles, o argentinos, o chilenos,... no es una realidad objetiva es sólo la fe en un relato y para creer en él fue necesario construirle.
A ello van a dedicar los nuevos Estados nacidos de la disgregación de las monarquías española y portuguesa, una buena parte de sus esfuerzos a lo largo de los siglos XIX y XX.
Y no fue una decisión arbitraria sino una necesidad política: sin este relato no existía legitimidad política y sin legitimidad política no había Estado.
Este relato de la nación tuvo, en la mayoría de los casos, un carácter no visual.
Historias, novelas, canciones, etc., sirvieron para afirmar en el imaginario colectivo la existencia de naciones naturales por encima, incluso, de la voluntad de los individuos que las componían.
Sin embargo también desde muy pronto convivieron con estos relatos otros de carácter visual cuya importancia en la configuración de los imaginarios colectivos fue decisiva e incluso determinante.
Primero, porque los imaginarios se construyen, parece obvio, con imágenes, representaciones de la realidad que permiten a los individuos ordenar y comprender el mundo que les rodea; segundo, porque el lenguaje icónico tiene un fuerte componente emotivo que resulta determinante a la hora de generar sentimientos de pertenencia, no es lo mismo, desde la perspectiva de la emotividad, por poner un ejemplo obvio, la palabra sangre escrita en un texto que una mancha roja goteando en la tela de un cuadro.
La forma como estos relatos icónicos sobre la nación fueron creados es el objetivo de los trabajos que componen este monográfico.
Los coordinadores hemos intentado la máxima pluralidad, tanto de espacios geográficos como de enfoques temáticos, teóricos y metodológicos.
El objetivo ha sido conseguir un panorama lo suficientemente rico como para permitir una imagen aproximada de las principales tendencias y posibilidades de este campo de la investigación.
ACERCA DE LOS CONTENIDOS
Dentro del espectro americano, es el Brasil un caso especial, debido a su propio devenir histórico, marcado por el arribo de la corte portuguesa a Río de Janeiro en 1808, tras la invasión francesa a la península ibérica, y la instauración de la capitalidad del Imperio en esa ciudad.
Fue la primera y única vez que la periferia se convirtió en centro.
Es sabido, en cuestiones artísticas, la importancia que tendría el arribo, ocho años después, de la llamada "Misión Francesa", con el fin de conformar en esa ciudad un sistema cultural que acercara a un modelo similar al que había funcionado en Lisboa y otras ciudades portuguesas hasta la partida de la corte lusa hacia Brasil.
El deseo de ésta, de vivir de manera similar a cómo lo habían venido haciendo en la península, marcó la instauración de la Academia de Bellas Artes, deudora de la École des Beaux Arts parisina, y la fructífera tarea de artistas como los pintores Taunay y Debret, o el arquitecto Grandjean de Montigny, quienes definieron el proceso.
En el caso de Debret, se convirtió en un temprano pionero de la pintura de historia en el continente, con escenas como el Desembarco de la emperatriz D. Leopoldina (1818) o la Coronación del emperador D. Pedro I (1828), que lo mostraron desarrollando funciones efectivas de "pintor de la corte", o la Revista de las tropas destinadas a Montevideo, en Playa Grande, pintada hacia 1816.
Justamente la pintura de historia en Brasil, vinculada al establecimiento de la nación, mostrará otra faceta distintiva respecto del resto de las naciones del continente, en el sentido de que la reconstrucción del pasado colonial será una constante, al contrario que países como Perú o México donde las imágenes decimonónicas que representan ese período (descubrimiento, conquista, fundaciones y primeras misas al margen) son contadas.
En el caso brasileño, del período colonial, y como emblema fundacional de la nación, se rescató especialmente en la pintura y otras expresiones figurativas las luchas contra los holandeses en las batallas de Guararapes (1848-1849), uno de los primeros símbolos de la unidad brasileña.
Maraliz de Castro tuvo a su cargo el desarrollo de temáticas vinculadas a esa edificación visual de la nación en Brasil, y de su trabajo, que muestra un amplio recorrido por el siglo XIX, es interesante apreciar las formas y maneras en que ese proceso va variando con el paso de los años.
En el rescate del pasado, además del período colonial, se pone atención en el pasado más reciente, en la emblemática Independencia, aunque ésta se muestra sin la amplitud de conflictos y derramamiento de sangre que apreciamos en buena parte de los países americanos.
Se trató, casi, de una transición pacífica hacia un nuevo modelo político.
En este derrotero icónico hay elementos singulares como las referencias a las tres razas (blancos, negros e indígenas) como partes conformadoras de la nación, lo que se aprecia en el cuadro que Vitor Meirelles pinta en 1879 sobre la batalla de Guararapes en donde, aunque estratificadas, las tres aparecen representadas luchando juntas contra el invasor.
O las vinculaciones estéticas de los pintores de historia brasileños como el citado Meirelles o Pedro Américo de Figueiredo e Melo a las estéticas irradiadas desde las academias italianas y francesas, algo que, desarrollado en el citado artículo, será moneda corriente en el resto de las naciones, sobre todo en la segunda mitad de la centuria.
Si Brasil es un caso particular dentro del ámbito iberoamericano, México no lo es menos en el hispanoamericano, y en este caso por motivo doble.
Es particular por la complejidad de su relato histórico, en ninguno de los demás países iberoamericanos se planteó de forma tan clara, y ya desde el mismo momento de la independencia, la existencia de dos relatos alternativos de nación, uno que afirmaba el carácter prehispánico de la nación mexicana, la conquista y la colonia eran sólo un largo y desgraciado paréntesis; y otro que, por el contrario, reivindicaba su carácter hispánico, la conquista y la colonia como el origen auténtico de México.
Esto tuvo como consecuencia que su relato identitario fuese especialmente rico y complejo.
Es particular también porque en ninguno de los otros países se ha llevado a cabo un proceso de reconstrucción y exposición del relato iconográfico sobre la nación con la amplitud que se ha hecho en México.
Entre 1999 y 2004 tuvieron lugar en el Museo Nacional de Arte Moderno de la ciudad de México, una serie de exposiciones que bajo el común título de Los pinceles de la historia mostraron las líneas maestras de lo que había sido este relato icónicoidentitario desde el siglo XVI al XX.
Unas exposiciones que nos atreveríamos a calificar de modélicas y que adelantan parte de lo que nos proponemos en este monográfico con carácter más general.
Fausto Ramírez, uno de los organizadores de estas exposiciones, se ocupa del caso mexicano.
Lo hace recurriendo a una serie de obras especialmente significativas y que incluyen tanto diferentes formas de expresión artística (pintura y escultura) como de géneros pictóricos (retrato, mostrándose en numerosos casos ajenos a las imposiciones estatales, que son más determinantes en la pintura de temática histórica.
Afirma entre otras cuestiones Reyero, que el "orgullo local encerraba una dosis de autenticidad que en el nacionalismo de estado parecía impostada".
Justamente es el tema de la estatuaria pública en general y del monumento conmemorativo en particular, una de las temáticas que ha ganado amplio espacio en la consideración historiográfica en los últimos años.
Dentro de este número de Arbor, la historiadora del arte cubana María de los Ángeles Pereira, discurre acerca de ese fenómeno en La Habana, para trazar un panorama de la construcción iconográfica contemporánea en la ciudad.
Así, atraviesa la historia del país, partida entre un siglo XIX bajo el regimen colonial, y el XX correspondiente a la Cuba Independiente, a partir del emblemático año 1898 o tomando como referente la proclamación de la República en 1902.
Su análisis parte de aquel período, continúa con el "republicano" que se extiende hasta 1959, momento en que se da inicio al tercer y último período, el de la Revolución, que llega a la actualidad.
Dentro del análisis estético que propone la autora quedan evidenciados aspectos como el paso de lo "retórico" a lo "espontáneo", el tránsito que va desde la asimilación de modelos foráneos y el abarrotamiento de alegorías, hacia una expresión más humanizada, familiar y cercana.
Nos habla de la escultura habanera como la "mezcla de legítimo nacionalismo y cara vocación de universalidad".
Otro trabajo que centra su interés en la estatuaria conmemorativa es el presentado por Gloria Cortés, quien toma como motivo de análisis una de las referencias estatuarias más destacadas en Chile, el monumento al Roto (1888), obra del insigne escultor Virginio Arias.
Más allá de las referencias artísticas, le interesa a la autora analizar la significación ideológica del "Roto chileno" y su utilización por parte tanto de la intelectualidad como de la oligarquía, y los enfrentamientos que entre ambos bandos se producen.
El monumento conformará una exaltación del obrero como héroe social, y servirá para resaltar incidir en los valores patrios y atraer, por parte de las élites tradicionalistas, al pueblo como aliado de su causa.
La idea del héroe anónimo y popular, y su erección como símbolo nacional, tomando como punto de referencia al costarricense Juan Santamarina, el tamborcillo alajuelense, es el camino por el que transita el ensayo que nos presenta Guillermo Brenes.
En el mismo selecciona como motivo de análisis estético e histórico dos obras paradigmáticas que representan al señalado personaje: la estatua en bronce diseñada por el escultor francés Aristide Onésime Croisy, y el óleo La Quema del Mesón, del artista costarricense Enrique Echandi Montero.
Más allá de la especificidad del tema y de los caracteres absolutamente singulares que marcan la consideración pública de Santamarina, no dejan de saltar a la vista posibles comparaciones con otros ejemplos similares, tanto en España como en otros países del continente.
El caso de Eloy Gonzalo, el Héroe de Cascorro, en el caso español, o los de el Tambor de Tacuarí y el Negro Falucho en la Argentina, son ejemplos de patriotismo heroico pero a la vez de la recurrencia a la invención de figuras míticas sustentables de la identidad, y sobre las cuales se discute no solamente su supuesta heroicidad sino hasta su propia existencia.
Esto es claramente demostrativo de la constante necesidad de crear modelos de fervor patriótico y valores humanos ejemplificadores destinados esencialmente a la pedagogía escolar y a la formación de un nuevo ciudadano, comprometido con la historia de su país.
En la misma línea estructural del primero de los trabajos referidos, el de Maraliz de Castro sobre Brasil, en el que se establecen diferentes períodos para construir la idea del devenir iconográfico, hallamos el realizado por Nanda Leonardini para el caso peruano, con la diferencia de que la autora toma también casos correspondientes al siglo XX, cerrando con las controversias y móviles ideológicos que decidieron la instauración del monumento al líder indígena José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Tupac Amaru II, en la ciudad del Cuzco, en 1980.
Optó, con eficacia desde nuestra óptica, por trazar un muestrario de casos diferentes, que permiten apreciar la versatilidad de los temas iconográficos y la variedad en las concreciones objetuales.
En cada uno de los momentos que analiza, ve que "unos con mayor o menor fuerza, no siempre con la presencia del Estado, se difunde una iconografía destinada a rescatar imágenes para difundirlas a nivel nacional en busca de lograr cohesión e identidad gracias a la presencia de actores venidos de diversas vertientes sociales y concepciones estéticas".
También la propuesta abordada desde Colombia por Beatriz González asume el análisis desde perspectivas contemporáneas, respecto de cuatro elementos paradigmáticos de la historia de ese país, y su gradual conversión en símbolos nacionales: la pintura de Pedro José Figueroa, "Post Nubila Faebus.
Simón Bolívar, Libertador y Padre de la Patria", la difusión de "el Árbol de la Libertad", el Poporo quimbaya, y la Virgen de Chiquinquirá, obras y objetos estos tres últimos que, pertenecientes a períodos anteriores, transforman su significación tras la Independencia.
Hace partir su análisis desde un suceso de estricta actualidad que fue la elección on line, convocada por una revista colombiana, del "símbolo nacional" por antonomasia, concurso ganado por el sombrero vueltiao, y que lleva a nuestra autora a plantearse la pregunta: ¿quién crea las representaciones de la nacionalidad, el artista, el pueblo, los museos?
La pluralidad de enfoques es la que da origen al ensayo que envía Mariana Giordano desde la Argentina, integrando con peso propio a uno de los fenómenos historiográficos acentuados en los últimos años como es la fotografía histórica en la construcción de las identidades nacionales.
Su estudio arranca en 1810, culminando sus apreciaciones en torno a las orígenes del estado peronista hacia 1940.
En el devenir incorpora al análisis imágenes costumbristas, tradiciones y tipos raciales.
Otorga la justa importancia a la pintura regional y a la imaginería popular, contradiciendo las habituales posturas centralistas que durante bastante tiempo, más de lo debido, han ceñido únicamente los análisis a lo producido excluyentemente en Buenos Aires, con el agravante de hacerlo bajo el rótulo englobante de "arte argentino".
Aborda la imagen del indio y su interesada transformación en el XIX, en el que pasa de ser el "salvaje" de los malones a gozar de una consideración más "amable": será ahora un personaje con quien el blanco se "encuentra", derivando la situación hacia un pacífico estado de "convivencia", en parte inducido por la necesidad de no mancillar la creciente imagen de progreso que debía mostrar la orgullosa nación argentina ante los ojos del mundo.
El indio siempre se movió, a los ojos del "otro", en esa dualidad, siendo por un lado, como dice la autora, "el personaje peligroso y demoníaco que hay que vencer..., mientras que hacia aquellos que han sido sometidos, se comienza a tener una mirada condescendiente, transformándose en ocasiones en objetos coleccionables por su ingrediente exótico".
Analiza también como el gaucho, personaje mítico también integrado a la consideración visual y literaria desde lo exótico, hallaría un más fácil acomodamiento y aceptación por parte de las élites.
Estos tipos humanos determinarían en gran medida, la identidad nacional argentina en el siglo XIX, que tendió a una cohesión unificadora entre partes singulares y diferenciadas.
12 Esta es una afirmación que habría por supuesto que matizar, toda una larga tradición hermenéutica, por no referirnos a la kábala judía, nos habla de las dificultades que la interpretación de los textos escritos plantea.
13 Incluso en el caso de los historiadores del arte, para quienes la identificación es prácticamente automática, no en vano hemos sido adiestrados durante años en el reconocimiento visual de escuelas y estilos, el problema estriba en que estas clasificaciones no hacen referencia al código sino a las formas de escritura. |
Acompañando la cronología política de Brasil en el siglo XIX, cuando pasa de Colonia y Reino Unido, a Imperio y República, se construyó rápidamente un panorama de la pintura de historia brasileña.
No se destacó apenas la relación establecida con el poder, que pertenece a la génesis de ese género de pintura, pero sí sobresalió la actuación de artistas que muchas veces impusieron visiones propias del pasado, ante un medio intelectual aún incipiente.
Se buscó verificar el proceso de construcción de la memoria y del olvido, peculiar a la pintura de historia.
El miedo a la fragmentación, ocurrido en América Latina, con el descalabro del dominio español, llevó al Brasil a producir una iconografía que mostrase continuidad entre pasado y presente, como también la unidad, construida en la defensa de su territorio, respecto del enemigo externo.
Fueron silenciadas en ese imaginario la esclavitud y las revoluciones internas, que solamente serán representadas en la República, vinculadas a la construcción de iconografías locales, necesarias al espíritu federativo. |
En septiembre de 1821, con la entrada del Ejército Trigarante en la ciudad de México, culminaba el largo, conflictivo y cruento proceso mediante el cual la antigua Nueva España conquistó al fin su independencia política y el principio de su existencia como nación.
Con todo, en las décadas iniciales de vida independiente, la idea de México como una entidad político-administrativa unificada, homogénea y consolidada, que alimentaban las élites rectoras (en su mayoría, criollos), era más bien una invención, una construcción ideal heredada de la colonia pero todavía no confirmada ni legitimada en la realidad.
Así se lo planteaba Mariano Otero en 1847, en medio del torbellino que significó la Guerra con Estados Unidos (1846-1848), y luego de constatar con qué relativa facilidad los diez a doce mil hombres que formaban la tropa invasora estadounidense habían logrado avanzar y enseñorearse de los cientos de leguas que separaban el puerto de Veracruz de la capital de la República: México aún no constituía una nación consolidada, ni podía designársele como tal.
La debilidad que esta frágil condición geopolítica entrañaba se vio clara al finalizar la contienda, cuando, por los tratados de Guadalupe Hidalgo, el gobierno mexicano tuvo que ceder a los vencedores la mitad del territorio nacional situado al norte del río Bravo, incluyendo a Texas, Nuevo México y California.
Como bien lo advierte Raymond B. Craib, Al término de la guerra [con los Estados Unidos], persistía la misma pregunta que la República había tenido que plantearse en 1821: ¿Cómo lograr que un territorio extenso y complejo, y la población que lo habitaba, pudieran cohesionarse en una entidad inteligible y unificada.
¿Cómo lograr que un territorio político joven fuera reconocido como legítimo, tanto en lo externo como en lo interno?
Dicho en otras palabras: ¿cómo lograr que México se constituyese en un estado nación moderno?
No es el propósito de este artículo seguir, en simultánea andadura, el laborioso proceso de legitimación geopolítica emprendido por el estado mexicano a lo largo de décadas de esfuerzos, en lucha tanto contra amenazas reales o virtuales de invasión extranjera, como contra reiterados y tenaces movimientos de rebelión interna que resistían el control intentado por el poder central, y el desarrollo paralelo de una iconografía de afirmación nacionalista.
Esta línea de investigación ya ha sido instrumentada mediante una serie de exposiciones que tuvieron lugar en el Museo Nacional de Arte de la ciudad de México, entre 1999 y 2004, y en cuyos voluminosos catálogos han quedado recogidos los resultados de forma más permanente 1.
Lo que hago aquí es estudiar cinco imágenes (cuatro pinturas y un monumento escultórico), ejecutadas entre 1859 y 1887, y que representan modelos alternativos para plasmar una idea de la nación, con arreglo a estrategias retóricas y narrativas consagradas por la tradición y adaptadas a las exigencias particulares que la construcción histórica del estado mexicano planteaba.
Y, mediante tal estudio, subrayar la significativa contribución de las artes visuales al proceso de definición, articulación y difusión de un imaginario nacional.
Veremos, pues, dos ejemplos de representación alegórica para significar, ya la patria desencadenada y libre, ya la patria como la encarnación de un pacto legislativo de inspiración republicana y liberal: La tumba de Hidalgo (1859), de Felipe Castro y la Alegoría de la Constitución de 1857 (1869), de Petronilo Monroy.
Luego, dos maneras de identificar a la nación con los héroes que murieron por ella, luchando por obtener su "independencia" o defender su "soberanía": Hidalgo y Cuauhtémoc, quienes por diversas razones han acabado por presidir, desde el tercio final del siglo XIX, el imaginario épico del mexicano: el Retrato del Benemérito de la Patria, General Don Miguel Hidalgo y Costilla (1865), de Joaquín Ramírez y el Monumento a Cuauhtémoc (1877-1887), con proyecto arquitectónico de Francisco M. Jiménez y esculturas de Miguel Noreña, et al.
Y, por último, una interpretación "interiorizada" de la experiencia de "lo mexicano": el territorio patrio convertido en paisaje e identificado con la centralidad del Valle de México y la hegemonía de la ciudad capital, para dar cuerpo al mito de la unidad nacional mediante el recurso retórico del pars pro toto: la Vista del Valle de México, tomada desde el Cerro de Santa Isabel (1877), de José María Velasco.
La tumba de Hidalgo, de Felipe Castro, es una variante tardía y muy elaborada, así en lo conceptual como en lo compositivo, de una antigua tradición alegórica: la de representar a la patria, el reino o la nación bajo la figura de una mujer dotada de atributos identificadores, que variarán según el caso.
O a alguno de los cuatro continentes.
Vale mencionar, por su especial relevancia para la iconografía iberoamericana, tanto virreinal como decimonónica, la figura de América codificada por Cesare Ripa a finales del siglo XVI y que, ya despojada de sus emblemas de fiereza salvaje (el atavío plumario, el arco y las flechas, la cabeza trofeo) y revestida de nuevos atributos ennoblecedores de antigua prosapia (por ejemplo, una túnica clásica en vez del faldellín de plumas) sirvió para personificar a las naciones recién independizadas, desde México al cono sur 2.
En el caso mexicano, como en el de Perú, dado el alto grado de civilización alcanzado por los "reinos" prehispánicos al momento de la conquista, su representación alegórica solía omitir los signos de barbarie y crueldad para poner de relieve, en cambio, los de nobleza civilizada.
Así, la Nueva España era personificada bajo la figura de una india cacica vestida con un ornado huipil y coronada por la diadema regia, si acaso armada con una macana con puntas de pedernal, para significar su antiguo poder sometido a la corona española 3.
De allí que, al sobrevenir la independencia, la transfiguración simbólica de semejante efigie ideal no haya sido complicada: el elegante huipil se tornó en túnica y ahora llevaba en las manos las cadenas rotas para significar su emancipación.
A veces, para completar este sentido, ostentaba el gorro frigio; pero se prefirió conservar un elemento identificador que la asociaba con la antigua cultura mexicana, y así es más frecuente verla coronada por un elaborado penacho de plumas 4.
Por lo regular, este plumerío combina el verde, el blanco y el rojo, los tres colores adoptados en 1821 para formar la bandera nacional.
La figura de "América Septentrional" (una de las primeras designaciones posibles para la nación emergente, luego abandonada en favor de "México", por las connotaciones de "recuperación" prehispánica que tal nombre aportaba) combinaba, pues, algunas reminiscencias de la alegoría de Ripa con las implicaciones ennoblecedoras e idealizantes de la personificación de la Nueva España.
Su presencia se ve multiplicada en pinturas, esculturas y estampas, sobre todo durante las primeras décadas de vida independiente y hasta mediados del siglo.
Allí aparece ya sola, entronizada y triunfante; ya acompañada por los héroes de la independencia, en especial Miguel Hidalgo el iniciador y Agustín de Iturbide, el consumador, en el acto de romper las cadenas que la oprimían, o bien en escenas de lamentación y duelo, donde se le ve llorando sobre las tumbas de los héroes, acompañada a veces por la alegoría de la Libertad 5. que se dieron y en lejano retiro se alcanza a ver el pueblo de Dolores, en cuyo seno se oyó el primer grito de nuestra libertad (Camacho Becerra, 1998, 30).
A tan puntual descripción sólo habría que añadir los nombres específicos de las batallas aludidas: Dolores, Las Cruces, Calderón, Aculco, Guanajuato.
El pintor registra, pues, tanto las victorias (Dolores, Guanajuato, Monte de las Cruces) como las derrotas (Aculco, Puente de Calderón) que los insurgentes lograron o padecieron en su lucha contra el bando realista.
Castro identifica la alegoría principal con la Libertad.
Con todo, el hecho de que en su atavío ostente los tres colores de la enseña nacional sugiere la fusión, en una sola figura, de la doble idea de la Patria y la Libertad (que, como queda dicho, no era raro ver juntas en las mencionadas escenas patrióticas de duelo).
Pero la composición contiene mucho más sutilezas simbólicas.
Está el indio postrado en el suelo, en actitud de total acatamiento: según Castro, "representa a México", en el acto de rendirle pleitesía al héroe que luchó y murió por darle la libertad.
La oscura pigmentación de su piel contrasta con la blancura deslumbrante de la pleurante, introduciendo un elemento de diferenciación racial muy acentuado.
Si bien porta arco y flechas, el pantaloncillo que viste es un atributo moderno, lo cual pareciera evocar el hecho de que la revolución encabezada por Hidalgo tuvo un carácter popular, con sus huestes provistas con toda clase de armas, arcaicas y recientes, las primeras que podían agenciarse 6.
Al lado del indio yacen un par de "ídolos" de piedra, en clara referencia al pasado prehispánico.
Por otra parte, la incorporación de la imagen de la Virgen de Guadalupe en la bandera viene a completar el sistema de signos mediante los cuales los criollos articularon una combativa identidad propia frente a los peninsulares, sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII.
Por último, la referencia a la tierra viene dada tanto por el nopal (recuérdese su papel emblemático en el escudo nacional) como por la (pretendida) representación paisajística del pueblo de Dolores, cuna de la independencia.
Y acaso también por la postura del indio y por la coloración de su piel.
La idea de "nación cultural" fundada en un pasado compartido, en la raza y en la tierra, en la religión y en la historia 7, pareciera tener en este cuadro una de sus expresiones más completas para el caso mexicano.
A la vez, el concepto complementario de "nación política", aquélla cuyos integrantes se sienten vinculados por obra de un voluntario acuerdo contractual, de carácter jurídico y eminentemente racional, puede ser ejemplificado en la Alegoría de la Constitución de 1857, de Petronilo Monroy.
Fue presentado en la decimocuarta exposición de la Escuela Nacional de Bellas Artes en diciembre de 1869 8.
Habían transcurrido poco más de dos años de que, con el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo en el cerro de las Campanas (Querétaro, junio de 1867), se le pusiera un colofón trágico al efímero episodio del Segundo imperio (1864-1867), postrer intento del partido conservador de recobrar el poder.
Restaurada la República, el gobierno de Benito Juárez volvió a poner en vigor la constitución liberal, proclamada en febrero de 1857 y cuyo desconocimiento por el presidente Ignacio Comonfort (diciembre de 1857) había desembocado en largos años de guerra civil y en una nueva intervención extranjera 9.
El cuadro, ejecutado por Monroy en una suerte de "expiación" del "error" político cometido al colaborar en los proyectos artísticos del emperador, representa el principio republicano triunfante bajo la figura de una hermosa joven de tez trigueña que desciende de los cielos trayendo en las manos la rama de olivo de la paz y la reconciliación, y unas tablillas pétreas inscritas con el nombre del código legal que, de allí en más, debía regir la vida nacional.
Por efecto del viento, su blanca túnica y el manto rojo que la cubre ondean y se arremolinan para componer un majestuoso y enaltecedor halo (y que, con el verde del ceñidor, forman también aquí el lábaro tricolor).
El célebre poeta y periodista Guillermo Prieto, quien fuera uno de los más activos promotores del proyecto liberal, apasionado seguidor del republicanismo que el presidente Juárez defendió a porfía durante la intervención y acérrimo enemigo del imperio, publicó en la prensa una crítica entusiasta de la pintura.
De su interpretación entresaco los párrafos más significativos para nuestro tema:
El fondo del cuadro es el éter purísimo, el éter de México en una de sus mañanas de enero más diáfanas; no hay puntos de vista, ni gradaciones de horizontes, es el vacío azul, pero con su vaporosidad luminosa, con su transparencia ideal Y en ese espacio, cruzando ese océano apacible y sereno de luz, se destaca magnífica y risueña, con el prestigio de la belleza, con la solemnidad encantadora de la gracia, una figura aérea, flotante Es la Constitución de 1857.
Pero lo que caracteriza este pensamiento es la fisonomía de la deidad, con su cabello rizado y flotante, su frente abierta al pensamiento y al amor, sus negros ojos como dos abismos de ébano, en que duermen los rayos de la pasión; su boca trémula de promesas, de caricias... y ese color apiñonado y delicioso, que sólo se matiza con nuestras auroras y se fija en las mejillas de nuestras bellas, con los voluptuosos besos de nuestras auras.
Es México, es la patria querida, es la glorificación de la razón... que en el mundo se llama ley 10.
Lo que aquí vemos, pues, es a la patria personificada en la ley, bajo una alegoría femenina aparentemente transpersonal y transhistórica, tomada al repertorio retórico de la Academia.
Pero, con su glosa, Prieto intentaba convencer a sus lectores de que se trataba de un ser vivo, cercano y palpitante.
Quería hacer de la fría abstracción conceptual algo cálido y familiar, y no vacilaba en utilizar un lenguaje que apelase a la sensualidad (a la sexualidad incluso, diría yo) del ciudadano lector 11.
Aquí se hacen palpables dos fenómenos relativos a la construcción de las identidades nacionales.
Primero, el papel primordial desempeñado por la élite intelectual (historiadores, literatos, artistas...) en el proceso de invención de la nación.
Segundo, la inclinación romántica a "personalizar" la nación: en sus escritos y sus imágenes, la nación se ve transformada en "una persona en la que se funden la naturaleza y la historia, y reacciona como un individuo, es feliz y desdichada, triunfa y fracasa" (Pérez Vejo, 1999, p.
Determinadas nociones, figuras y hechos históricos acaban por convertirse en personajes míticos, institucionalizados y naturalizados a fuerza de múltiples y reiterados rituales cívicos y discursos textuales y visuales.
Si la figuración alegórica constituye un universo poblado por presencias femeninas, la pintura y la escultura de género histórico por lo regular pertenecen al dominio masculino: para la mentalidad decimonónica, son hombres los agentes heroicos que protagonizan los relatos "maestros", las narrativas fundantes que articulan el imaginario épico nacional.
Como queda dicho, fueron dos las figuras esenciales que la historiografía liberal logró imponer, con absoluta primacía, en el último tercio del siglo: Hidalgo y Cuauhtémoc.
El primero como iniciador de la insurgencia; el segundo, por su heroica defensa del "territorio nacional" (siglos antes de que tal concepto existiese) frente al conquistador.
Ambos se opusieron al poderío militar hispánico, y ambos acabaron por sucumbir en la lucha.
Su grandeza reside en la abnegación y la tenacidad con que cumplieron su "deber" y asumieron su "destino".
Se trata de dos héroes trágicos que ejemplifican la necesidad del "enfrentamiento" a un enemigo "extranjero" como narrativa legitimante de la idea de nación 12.
Dechados de virtudes cívicas, pretéritos a la vez que intemporales, en la medida que se ofrecen como modelos válidos así para el presente como para el porvenir.
Pero, insisto, su preeminencia no fue siempre reconocida como indisputable.
Entre finales de los años'30 y la década del 60, mientras prevaleció la visión conservadora, las palmas se las llevaba Agustín de Iturbide, el consumador de la Independencia, y no Hidalgo 13.
Y a Cuauhtémoc le hacían sombra otros héroes indígenas, como Xicoténcatl y Cuitláhuac 14.
Sólo con la restauración de la República y el predominio hegemónico del proyecto liberal, y en especial a lo largo del régimen de Porfirio Díaz, o "porfiriato" (1877-1911), fue constituyéndose una historia "oficial", originada en los círculos académicos pero pronto difundida a través de revistas y periódicos, así como en manuales "populares" y libros de texto adoptados en la enseñanza primaria obligatoria.
Paralelamente fue homogeneizándose la nómina "institucional" de héroes y villanos, o mejor, de inclusiones y omisiones en la memoria nacional 15.
Fue entonces cuando se elevó a Hidalgo y a Cuauhtémoc "a la altura del arte", por encima de cualesquier otros héroes.
doi: 10.3989/arbor.2009.740n1083 de la Virgen de Guadalupe que adorna la pared y que no sólo subraya la investidura sacerdotal del personaje, sino el papel fundamental que se le otorgó a esta imagen, como bandera de los insurgentes, en la futura construcción de la identidad nacional.
La composición remite, por un lado, a la tradición europea del "retrato de humanista", que representa al personaje en su gabinete de trabajo, rodeado de libros y sentado a la mesa, provista de recado de escribir.
Por otro, recuerda una de las alegorías, la del "Estudio", publicadas por Gravelot y Cochin en su tratado tardo-dieciochesco Iconologie par figures, con el que los estudiantes académicos mexicanos estaban familiarizados, y del cual incluso se publicó una traducción al castellano hecha por un funcionario municipal de la ciudad de México en tiempos del Imperio, con litografías de Salazar sacadas de los grabados originales 19.
Por supuesto, aquí el héroe se ha transformado, de reflexivo en activo.
En unos comentarios sobre el cuadro de Ramírez publicados en la prensa de la época, se lee: Hidalgo se levanta de un sillón en los momentos de resolución suprema: su actitud no es guerrera ni lo que se llama ideal; es la actitud firme de un anciano vigoroso, en cuyo semblante se revela un pensamiento gigantesco, una abnegación tranquila, una bondad habitual El espectador aguarda, espera verle dar el segundo paso y salir del aposento a la plaza del pueblo memorable que inmortalizó con su nombre 20. que el autor murió antes de ver la conclusión de la obra, y tuvo que supervisarla el arquitecto Ramón Agea.
Los trabajos escultóricos fueron dirigidos por el maestro de la Escuela Nacional de Bellas Artes (la antigua Academia de San Carlos), Miguel Noreña, quien contó con la colaboración de su discípulo Gabriel Guerra, y de Epitacio Calvo.
La parte arquitectónica del monumento ha recibido una especial atención historiográfica, porque su diseño obedeció al propósito consciente de crear una arquitectura "nacional" inspirada en algunos elementos compositivos y ornamentales de los edificios prehispánicos.
Jiménez lo explicitó en la memoria que anexó a su proyecto original, luego publicado por la Secretaría de Fomento.
Su idea fue utilizar rasgos tomados a las arquitecturas de Tula, Mitla, Uxmal y Palenque, y no sólo de la propiamente azteca, con el objeto de "desarrollar un estilo característico que podremos llamar Estilo Nacional" (Secretaría de Fomento, 1885, tomo III, documento 9, p.
En sí, como también Jiménez se encargó de aclarar, el pretendido "renacimiento" de la morfología antigua constituía "la mejor manera de honrar el heroísmo y sacrificio de una raza tan valiente y llena de abnegación por su patria", y el adelanto de su civilización (ibid, p.
Así pues, concibió el pedestal de la escultura al modo de un antiguo templo, o teocalli, como para hacer de Cuauhtémoc un objeto presente de veneración nacional.
El primer cuerpo está compuesto con arreglo al principio antiguo de tablero y talud, es decir, un tablero rectangular y un paramento inclinado, sobre el cual descansa un segundo cuerpo cúbico, provisto de "nichos" enmarcados por triples haces angulares de columnas inspiradas en los "atlantes" de Tula (la antigua capital de los toltecas, en el estado de Hidalgo).
Los tableros del basamento van decorados con grecas tomadas de los edificios de Mitla (en Oaxaca), mientras que en el segundo cuerpo toda la ornamentación ostenta un acentuado carácter militarista, al reproducir, en bajorrelieves y figuras exentas vaciadas en bronce, toda suerte de armas e insignias de los antiguos mexicanos, comenzando por las de los "caballeros tigres" y "caballeros águilas", las dos órdenes guerreras del ejército mexica.
Luego me referiré a las implicaciones políticas contemporáneas de semejante "homenaje".
En sendas caras del basamento hay dos grandes altorrelieves de bronce.
El del lado noroeste, modelado por Noreña, representa a Cuauhtémoc prisionero llevado ante Cortés, mientras que el del sudeste, ejecutado por Guerra y superior al anterior en composición y elocuencia expresiva, tiene por asunto el tormento de Cuauhtémoc.
El apareamiento de estos dos episodios no es casual, y será repetido unos años después, al encargar el gobierno mexicano dos grandes lienzos para ser exhibidos en la World's Columbian Exposition celebrada en Chicago en 1893, el primero pintado por Joaquín Ramírez, hijo, y el segundo por Leandro Izaguirre.
Creo que la clave reside en el contraste moral implícito en la conjunción de ambos hechos; o, mejor dicho, en el discurso interpretativo construido en torno.
Así, la dignidad y abnegación del rey azteca, valeroso aun en su derrota, resalta frente a la perfidia y codicia del conquis- tador español, quien habiéndose comprometido a respetar su persona e investidura, no vaciló en permitir que se le aplicara el horrible suplicio de quemarle los pies (aceptado por Cuauhtémoc con el estoicismo de un Muscio Scévola, como lo proclamaron los panegiristas del monumento) 23, y acabó por hacerlo ahorcar.
Ignacio M. Altamirano lo diría paladinamente en la inauguración del monumento: Donde quiera que se pongan en parangón Cuauhtémoc y Cortés, el resplandor del héroe alumbra la bajeza del aventurero.
En el sitio de México, en el tormento de Coyoacán, en el asesinato del caudillo mexicano, en todas partes Cuauhtémoc es el héroe y Cortés el bandido 24.
Para enaltecer aún más la grandeza del héroe, los artistas (Guerra e Izaguirre) recurrieron al uso de soluciones compositivas inspiradas en la pintura religiosa, en particular la escena del martirio de San Lorenzo 25.
Así pues, mediante recursos retóricos tanto textuales como visuales, el héroe resultaba transfigurado en uno de los santos laicos requeridos por la nueva "religión de la patria".
Un plinto cúbico, adornado al frente con el jeroglífico nominal de Cuauhtémoc (un águila descendente asociada con un pie) y en la cornisa con nudos de serpientes de cascabel -ambos, motivos sacados de fuentes antiguas-, sirve de sustento a la estatua, ejecutada por Noreña.
El joven rey viste la coraza de algodón acolchado recubierta con laminillas de metal, típica de los guerreros indígenas nobles, y se cubre con un amplio manto atado sobre el hombro izquierdo que, si bien era un atributo de los antiguos tlatoani (como lo demuestran los códices), evoca también una toga clásica, lo mismo que el casco empenachado que porta, a la manera de un Marte romano (Salazar, 2006, pp. 117-124).
En la mano derecha blande, fiero y amenazador, el tlacochtli o dardo mexicano de tres puntas y de efectividad devastadora.
El Cuauhtémoc de Noreña es, en este sentido, una manifestación tardía de la tradición del gladiador combatiente, resignificada por Canova, y que en la escultura mexicana decimonónica fue introducida por José María Labastida y tuvo su versión más original en el Tlahuicole, guerrero tlaxcalteca en el acto de combatir en el sacrificio gladiatorio (1851), de Manuel Vilar 26.
Hay, con todo, un elemento iconográfico que distingue a esta escultura y que, si bien fue consignada en su momento por los críticos del siglo XIX, ha pasado inadvertida por los comentaristas modernos.
La estatua del rey mexica tiene una noble actitud: plantada sobre la pierna izquierda, apenas apoyada la otra sobre el extremo de la planta del pie, arqueado el cuerpo y la cabeza erguida, traduce el movimiento natural que hay que efectuar al prepararse para arrojar con fuerza el dardo que Cuauhtémoc agarra en la diestra para lanzarlo sobre el enemigo y demostrarle que, resuelto a la continuación de la lucha, no acepta la intimación de rendición que le hiciera el capitán conquistador, y que estruja con furor entre los dedos de la mano izquierda 27.
Este pliego de papel estrujado le da a la expresión de fiereza del rey un asidero narrativo específico, y a la escultura ese dramatismo inmediato del gesto (la captación del "momento pregnante"), propio del realismo académico.
La idea del rechazo a todo enemigo extranjero que amenace con invadir el territorio nacional está perfectamente incorporada en esta figura paradigmática del "defensor de la patria".
La implicaciones políticas del monumento quedaron de manifiesto en la ceremonia de inauguración, encabezada por el presidente y general Porfirio Díaz.
Recordemos que este militar se había distinguido por las triunfales batallas que libró en defensa de la República durante la guerra de intervención, y que influyeron positivamente en la caída de Maximiliano.
No por acaso, en la ceremonia inaugural del monumento, el historiador Alfredo Chavero cerró su discurso con la siguiente exhortación:
No podía ser más clara la invitación a identificar el heroísmo pretérito con el presente.
El monumento a Cuauhtémoc se convirtió, de hecho, y por algunas décadas, en uno de los "altares de la patria" en que confluyen y sedimentan la historia y el mito para convocar el culto público.
Así, cada 21 de agosto (fecha arbitrariamente instituida como el "aniversario" del tormento de Cuauhtémoc), se congregaba allí la ciudadanía para celebrar uno de esos rituales cívicos orquestados por el Estado con el propósito de afirmar el sentimiento de comunión nacional 29.
Hay un último aspecto que quiero resaltar: además de su alta significación simbólica e ideológica, el monumento fue concebido como parte de un proyecto de embellecimiento urbano de la ciudad de México, con la pretensión oficial y explícita de hacer de ella una auténtica capital, que sirviera de modelo a otras ciudades mexicanas y cuya "pasión por lo bello y grandioso" y "sus progresos en estética" (en palabras del ministro Carlos Pacheco) fuesen reconocidos allende las fronteras (apud Salazar, 2006, pp. 21-22).
Durante la República restaurada y el porfiriato, se fue convirtiendo en cabal realidad la consolidación del Estado como instancia rectora de la vida pública y, en no pocos aspectos, de la vida privada de los ciudadanos, con la asunción hegemónica de las funciones político-administrativas de una nación moderna.
A compás de este proceso de consolidación, fue operándose paralelamente el reconocimiento de la relevancia simbólica de la capital del país.
No por acaso hay una coincidencia cronológica entre el arranque del proyecto de ornamentación monumental del que iba a convertirse en el nuevo eje de desarrollo urbanístico de la ciudad de México, el Paseo de la Reforma, y la culminación de la primera serie de grandes lienzos en los que José María Velasco pintó la majestuosa belleza del Valle de México donde la capital del país se asienta, con un innegable propósito de exaltación nacionalista.
Me estoy refiriendo a la gran Vista del Valle de México, tomada desde el cerro de Santa Isabel, de 1877.
PAISAJE E IDENTIDAD NACIONAL: EL RECURSO METONÍMICO
1877, el primer año del régimen porfirista, fue particularmente difícil para el país.
Díaz llegó al poder mediante una revuelta militar, la "revolución de Tuxtepec", contra las pretensiones de reelección del presidente Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876).
Tenía, pues, que construir y afianzar su legitimidad.
El poderoso vecino del norte, los Estados Unidos, entonces bajo la presidencia de Rutherford Hayes, no sólo le negaba el reconocimiento oficial al recién llegado, sino que le exigía el pago perentorio de una deuda contraída previamente y reconocida por el gobierno de México en 1868.
En abril se recibió la alarmante noticia de que tropas yanquis, al mando del general Edward Ord, habían comenzado a acumular fuerzas cerca de la frontera, y de que el presidente Hayes no veía con malos ojos la posibilidad de una nueva invasión predatoria, al modo de la de 1847.
A lo largo del año, el asunto del adeudo y las presiones intervencionistas ocuparon las páginas de la prensa y el de cómo, en respuesta, se organizaron suscripciones entre los ciudadanos para ayudar al pago de la indemnización y se realizaron funciones teatrales con el mismo objeto.
Fue, pues, un asunto de interés cívico muy publicitado 30.
Entre quienes contribuyeron con parte de su salario a aquella causa patriótica estuvieron los profesores y empleados de la Escuela Nacional de Bellas Artes 31.
Y uno de ellos era el recientemente nombrado profesor de paisaje y perspectiva, José María Velasco.
El artista anotó, en su lista personal de las pinturas al óleo que había ejecutado hasta 1901, que el cuadro en cuestión fue pintado "en el campo en los meses de marzo, abril y mayo de 1877"; y advierte: "lo hice con el fin de presentarlo en la Exposición Internacional de París de 1878, y fue colocado en la sección de España, por no haber tomado parte el gobierno de México en ese certamen.
En 1877 se exhibió en la Exposición de la Academia y fue premiado con medalla de oro" 32.
En el catálogo correspondiente a esta décimo-octava exposición de la Escuela Nacional de Bellas Artes, Velasco publicó un largo texto descriptivo, donde detalla con nimiedad el lugar y la hora allí representados 33.
Contra su costumbre, elude toda referencia al "episodio de animales" que incorporó a la "localidad", omisión que no deja de extrañarnos siendo él tan cuidadoso de las resonancias simbólicas que sus paisajes convocaban.
Pero procedamos por partes.
Como el título mismo lo precisa, la vista está tomada desde uno de los cerros de la Sierra del Tepeyac, al norte del valle donde la ciudad de México tiene su sede, un paraje algo inhóspito, de vegetación escasa.
Ya el maestro de Velasco, el italiano Eugenio Landesio (llegado a la academia mexicana en 1855), había pintado el Valle de México desde el cuadrante septentrional, en una vasta tela de gran aliento compositivo y simbólico firmada en 1870: El Valle de México desde el Cerro del Tenayo 34.
Al madurar como pintor, Velasco quiso emular la proeza de su maestro y realizó al menos tres grandes paisajes de asunto análogo en 1873, 1875 y 1877.
En el de 1877, toma como punto de mira el cerro de Santa Isabel, como ya lo había hecho en 1875, pero varía el ángulo con respecto al anterior, con una estrategia muy bien calculada, para producir la impresión de una altura y una inmensidad que cortan el aliento.
Nos creemos situados en la cima de la montaña, al borde mismo de la ladera que precipitadamente baja y nos fuerza a asomarnos a una suerte de cala o recodo abierto entre los cerros de Santa Isabel y de Guerrero, cuyo enorme domo sombreado empuja nuestra mirada hacia adelante, a las alturas decrecientes del Zacoalco y del Tepeyac, para enfilarnos después, por las calzadas, a la ciudad de México y más allá, hasta topar con los confines y entonces recorrerlos longitudinalmente por ambos flancos, ya por el del Ajusco y la tierra firme, ya por el de las crestas heladas y el espejo líquido; y más arriba todavía, para volver, a impulso del movimiento de las nubes, al punto de partida y reco-menzar, una vez y otra, ese recorrido visual tan hábilmente articulado por el pintor.
El Valle de México de 1877 representa, con respecto a los dos anteriores, la culminación de un creciente proceso de dinamización y dramatización compositivas, logradas mediante la sagaz disposición de los elementos naturales del paisaje 35, y complementadas por las "epifanías" de resonancias históricas que los episodios aportan (sobre todo el de 1873, relacionado con la imagen de la Virgen de Guadalupe, y éste de 1877).
Con sutil acierto, Velasco escogió aquí el "episodio" justo para animar y connotar una composición planteada como un audaz vuelo de la mirada: sobre el primer plano se cierne la figura majestuosa de un águila con las alas desplegadas, que en el pico lleva presa un ave de plumaje encarnado.
Más acá, por la izquierda, un nopal desparrama sus pencas.
La asociación emblemática que esta planta establece con el águila resulta inescapable: recordemos que el motivo del águila parada sobre el nopal, emblema de la fundación de Tenochtitlan, fue adoptado por escudo nacional al consumarse la independencia de México 36.
Esto dota al paisaje de una significación singular.
Tengo para mí que el talante apropiatorio, típico de la visión en "picado", y las implicaciones simbólicas (que no narrativas) del episodio, operaron como una suerte de contrapeso al clima opresivo que se experimentaba.
Más aún, la convocatoria de Riva Palacio para ornar el Paseo de la Reforma con monumentos dedicados al heroísmo de quienes en el pasado ofrendaron su vida por defender a la patria, dada a conocer en aquel mismo año, cobra un significado más urgente ante las circunstancias que se estaban viviendo, y hay que ubicarla en el contexto de otras medidas de afirmación nacionalista entonces adoptadas, como la reorganización definitiva del Museo Nacional de México, con una orientación científica y moderna, y la publicación, en 1877, del primer número de sus Anales 37.
No resulta descabellado, pues, interpretar la ejecución de este paisaje como una afirmación de amor al territorio patrio, a un tiempo personal y comunitaria, fundada en, y legitimada por, la tradición mítica, en un momento coyuntural de amenaza externa y zozobra interior.
Por algo Justino Fernández, el historiador clásico del arte moderno de México, le atribuyó en 1952 un contundente título alegórico: México, que no es en absoluto el original, meramente descriptivo.
Dice Fernández, bordando sobre el tema:
México era, pues, para Velasco eso: las grandes distancias, los celajes apenas manchados por las nubes, los planos, las serranías, los cerros, los volcanes, los lagos, las rocas, los nopales, los pirules y el aire Velasco descompuso su símbolo y lo convirtió en paisaje, en que el nopal y el águila dan la nota en los primeros términos, algo así como el ayer, junto con el hoy de las ciudades y el siempre asoleado valle, pero todo dicho con fina discreción, con calma y grandeza...
38 Aquí tenemos la mejor evidencia de que el "nacionalismo metonímico" intentado por Velasco: el recurso al énfasis retórico, conforme al principio de pars pro toto, aunado a un dominio consumado de la ilusión pictórica del espacio y la luz, contribuyó a establecer la imagen del valle de México como el paisaje nacional por antonomasia, no sin que se hayan alzado al principio algunas voces en contra 39.
No por azar, la sección artística que formó parte del contingente oficial enviado por el gobierno mexicano a las Exposiciones Universales de París (1889) y de Chicago (World's Columbian Exposition, 1893), estaría integrada mayoritariamente por los cuadros de Velasco y sus discípulos.
De esta manera, en el imaginario nacional, y a distintos niveles culturales, la capital acabó por absorber a la provincia.
Un fenómeno de centralización y borramiento que es común, por lo demás, a los procesos de construcción de toda identidad nacional. el Museo Nacional de Arte que tuvo lugar en 1999.
4 La voluntad de "religar" al México naciente con el antiguo "imperio" azteca (o Anáhuac), corriendo a veces un velo sobre los tres siglos de dominio colonial, se percibe no sólo en innumerables escritos de la época, sino en múltiples prácticas, rituales e imágenes.
Por ejemplo, en la utilización del término Anáhuac para referirse a la nueva nación; o en la adopción, como escudo nacional, de la figura del águila con una serpiente entre las garras y parada en un nopal, sobre un islote que se alza en medio de las aguas, y que había sido el emblema de la fundación de Tenochtitlan, la capital de los mexicas sobre la cual se construyó la ciudad de México.
En semejante resignificación de un emblema regional en uno nacional, se advierte ya el propósito de conferirle a la capital de la nación la requerida autoridad y significación hegemónica.
Será el inicio de un arduo proceso, tanto en la práctica político-administrativa como a nivel simbólico, que tomará un buen número de décadas para legitimarlo y volverlo operativo. del primer plano una verdegueante masa de vegetación continua, de la que sobresalía el nopal, cuyas ramas se extendían con una longitud considerablemente mayor.
En un momento dado, el artista decidió eliminar la vegetación del lado izquierdo, repintando toda esta área con tierras ocres y amarillas para sugerir el declive de la ladera; consecuentemente, redujo el tamaño del nopal, ganando así en amplitud espacial y colapsando la sensación de arraigo en el primer plano.
El cambio resultó contundente en términos de originalidad compositiva y de dinamización espacial.
Y fue producto de una idea que se le ocurrió al pintor sobre la marcha, trabajando en el campo frente al modelo" (Ramírez, 2004, p.
36 Se echa de menos, en el cuadro, un elemento tradicional del emblema: la serpiente que está siendo devorada por el ave.
Pero no en todas las antiguas pictografías aparece aquel animal, como el Códice Mendocino lo demuestra.
Además, otras narraciones sobre el mito de la fundación de México incluyen un pormenor del hallazgo legendario que aquí resulta pertinente: el águila había formado su nido con el plumaje multicolor de las aves que constituían su alimento ordinario.
A este detalle podría aludir la de color encarnado que prende con el pico la Arpya destructor representada por Velasco. |
El paisaje como género pictórico tuvo en Venezuela una lenta aparición a lo largo del siglo XIX.
En la historiografía artística latinoamericana ha sido unánime el reconocimiento del naturalista alemán Alejandro de Humboldt (1769de Humboldt ( -1859) ) como la figura más influyente en el desarrollo del género paisajístico, por la presencia de varios pin-tores europeos que atendieron sus consejos y recibieron su protección (Giraldo Jaramillo, 1959, 11-19; Löschner, 1988Löschner, -1989;;Rojas-Mix, 1988, 81-95) 1.
Otros visitantes tuvimos a lo largo del siglo XIX, más científicos que artistas, cuya presencia fue estimulada, en cierta manera, por la personalidad de Humboldt; bástenos mencionar a Carl Ferdinand Appun (1820-1872) y Hermann Karsten (1817Karsten ( -1908)).
Por otra parte, para pintores ajenos al ideario y promoción humboldtianos como Fritz Georg Melbye (1826-1869) o el mismo joven Camille Pissarro (1830Pissarro ( -1903)), la estética prerromántica de lo pintoresco y de lo sublime no contradecía el afán iluminista de registrar científicamente la naturaleza (Pérez Silva y Pino Iturrieta, 1993).
Poca atención se ha dedicado en nuestra historiografía a la influencia de tales ideas en los paisajistas criollos, quienes recurrieron más a la ilustración gráfica que a los cuadros al óleo, y cuya misma producción al temple o a la acuarela resulta exigua por ausencia de un mercado local.
Excepcionalmente, el dibujante, litógrafo y miniaturista Carmelo Fernández Páez (1889-1887), tuvo alguna formación en el extranjero -si bien menos dedicado a su arte por su condición de ingeniero militar-; su obra, más cercana a la crónica y a la ilustración científica, resultó escasamente difundida en su época 4.
En tanto que Ramón Bolet Peraza (1836-1876), dibujante autodidacto, acuarelista y fotógrafo, alcanzó un relativo éxito con sus ilustraciones de diversas ciudades y monumentos arquitectónicos así como en la exportación de sus motivos, de los cuales sólo conocemos los títulos 5.
Ambos experimentaron con las técnicas modernas de la litografía y trabajaron con científicos o exploradores de la naturaleza; asimismo, en la obra de estos dos dibujantes y pintores es posible reencontrar los ideales humboldtianos, tocados ya -más en el segundo que en el primero-, por el objetivismo de la cámara fotográfica y por la captación sentimental del paisaje.
LA TRADICIÓN PICTÓRICA Y EL MUNDO REAL
Es injusta la opinión que juzga como "limitación impuesta" por las exigencias confesionales, la poca producción de imágenes reales en la tradición pictórica hispanoamericana (Gasparini, 1967; Junquera, 1988, 79-89).
Es innegable que la mayor parte del arte colonial obedecía a los propósitos evangelizadores y de conservación de la fe y moral cristianas, a semejanza del arte medieval europeo y buena parte del subsiguiente, desde el Renacimiento hasta el Neoclasicismo.
Sin embargo, no es posible ignorar la existencia -si bien no abundante-, de imágenes que retratan la sociedad y la naturaleza americana como un mundo real: vistas de ciudades, cuadros de castas, fauna y flora local, escenas urbanas y acontecimientos [URL]. entradas de virreyes, traslados de monjas), sin olvidar los retratos de personalidades civiles, religiosas y militares.
Particularmente durante el siglo XVIII, en cierta forma acicateado por el gusto exótico europeo, se acrecienta el deseo de "conocer" ese mundo americano para su mejor provecho.
El Siglo de las Luces fue pues, para América un siglo de desperezamiento, de apertura hacia nuevas ideas, entre ellas la de "inventariar" las riquezas americanas en aras de una modernización en las relaciones comerciales.
La imagen de América se apoyaba fundamentalmente en las viejas crónicas y en los grabados europeos, junto a los productos que la tipificaban (Cummins, 1994, I, 17-31).
Con la expulsión de los jesuitas de Portugal y Brasil en 1759 y de España y sus colonias en 1767, muchos de ellos divulgaron desde Europa una visión iluminista en la que la multidisciplinariedad científica era la regla.
La autoridad o credibilidad se la otorgaba el haber vivido en estas tierras.
De allí la importancia del viaje, de la exploración, del constatar con los propios ojos ese mundo desconocido o, en todo caso, tergiversado tanto por el celo hispánico como por los contrapuestos intereses políticos de las potencias.
También, el espíritu enciclopedista promovió un interés por divulgar el conocimiento a toda la sociedad, su educación en artes y oficios, su participación en los logros del siglo en cuanto a mejorar los niveles de vida y producción económica.
Si en principio eso significaba un "dirigismo centralizado", con la Revolución francesa en 1789, fueron las clases subalternas quienes reclamaron su derecho a la participación en el saber y, por ende, en la conducción de la sociedad.
Un hito fundamental en esta carrera por "inventariar" la América, lo representó la Expedición Botánica del Reino de Nueva Granada entre 1783 y 1816, bajo la dirección del sabio gaditano José Celestino Mutis (1732-1808).
Sin duda, el haber tenido que apelar a artistas quiteños para configurar -a través de un sistema casi monacal de trabajo educativo-, un selecto grupo de ilustradores a la acuarela, marca un corte en la tradición pictórica restringida a las imágenes religiosas.
Sin embargo, un artista como Vicente Albán (act.
1780) supera esa limitación ilustrativa y se adentra en una serie de cuadros en los que representa los frutos del Ecuador junto a tipologías sociales, siguiendo de cerca el modelo de los cuadros de castas mexicanos 6.
Cuando Alejandro de Humboldt emprende su viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo, viene provisto de una buena formación académica en el campo del dibujo y del grabado en cobre 7.
Con ella se auxilia en su cuaderno de notas para representar las formas naturales que describe (fig. 1), sean éstas montañas, ríos, animales, plantas o monumentos prehispánicos (Humboldt, 1810) 8.
La flora la recolecta y clasifica con la asesoría del médico y botánico francés Aimé Bonpland (1773-1858).
A pesar de su muy buena disposición para el contacto humano, sin importar la condición social o racial, Humboldt nunca se vio tentado de retratar a nadie y las únicas imágenes indígenas como protagonistas corresponden a una traslación al grabado coloreado de unas figuras de madera tallada, vestidas se-gún tradición michoacana, en México (Humboldt, 1810, 274-275; Catlin, 1989Catlin, -1990, 68;, 68; Buntix, 1994, I, 77) 9.
Se ha dicho repetidas veces que Humboldt puso en movimiento a numerosos artistas europeos a quienes comprometió en la tarea ingente de ilustrar su obra (Löschner, 1988(Löschner, -1989)).
Las fuentes iconográficas las ofrecía él: en primera instancia, muchas de su propia mano (bosquejos al lápiz hechos in situ) 10; otras, las menos, facilitadas por dibujantes y pintores conocidos en su travesía [URL].
Ignacio Castera y Ximeno y Planes en México).
Entre los artistas con que se relacionó, hubo quienes lo retrataron: en Quito, José Cortés de Alcocer (act.
Sin embargo, además de que el supuesto retrato no aparece, para la fecha de la estadía del naturalista en Caracas, Lovera apenas se desprendía del taller de su maestro An- tonio José Landaeta (act.
1748-1799), pintor religioso por excelencia, y al mismo Lovera se le conoce como retratista sólo después de la guerra de Independencia 13.
En cuanto a las ilustraciones para su obra, la misma formación artística de Humboldt le permitió controlar la calidad de las mismas, todas en la técnica que mejor conocía: el grabado en cobre, a veces coloreado a mano.
Así se explicaría que no hubiese acudido nunca a la litografía, técnica que se fue imponiendo en la prensa y sobre todo en los libros ilustrados.
Así pues, a partir de la publicación en 1810, de sus Vue des cordillères et monuments des peuples indigènes de l'Amérique, "Humboldt fijó preceptos valederos hasta más allá de la segunda mitad del siglo XIX para la concepción y realización artística de libros científicos de viaje" (Löschner, 1988(Löschner, -1989, 9), 9).
Por otra parte, estimuló a varios artistas europeos para que rehicieran sus pasos a fin de que, con una mejor preparación y siguiendo sus indicaciones, contribuyeran a impulsar el género del paisaje como medio para divulgar una moderna sensibilidad en relación con la naturaleza.
La ilusión de Humboldt era ofrecer a los artistas un terreno casi virgen en la historia del arte europeo, que se correspondiera con su propio tratamiento estético (que no poético) de la materia científica.
No obstante, a raíz de la guerra de Independencia desatada en los lugares visitados, esa tarea tendrá que esperar.
Ninguna otra razón permite entender por qué un Johann Moritz Rugendas (1802-1858) viajara primero al Brasil, como dibujante adscrito a una expedición científica, antes de aventurarse en las colonias hispanoamericanas en conflicto (Diener, 1997).
IDEAS DE HUMBOLDT EN TORNO AL PAISAJE
Será apenas hacia la mitad del siglo XIX cuando el sabio alemán, ya radicado en su ciudad natal, Berlín, luego de una fructífera y larga permanencia en París -capital entonces de las ciencias-, publique su obra mayor, Cos-mos 14.
Aquí, finalmente, sistematiza sus ideas en torno a la "influencia de la pintura de paisaje en el estudio de la naturaleza".
Para Humboldt la pintura de paisaje puede ser un auxiliar en la contemplación de la fisonomía de las plantas en los diferentes espacios de la Tierra; favorece la afición a los viajes lejanos; invita de manera instructiva y agradable a entrar en comunicación con la naturaleza libre.
Se lamenta que desde la antigüedad se haya limitado a ser fondo de composiciones históricas o para adorno incidental en las pinturas murales.
En este sentido expresa la necesidad de dar un giro:
"La historia del arte nos enseña el progreso en virtud del cual el accesorio ha llegado a ser poco á poco el principal objeto de la representación; cómo la pintura de paisaje, desligada del elemento histórico, ha tomado importancia y llegado á formar un género aparte, y cómo las figuras humanas no han servido desde entonces sino para animar una comarca cubierta de montañas ó de bosques, las calles de un jardín ó la orilla de un mar.
Así se ha preparado paulatinamente la separación de los cuadros de historia y de paisaje, cuya separación ha favorecido el progreso general del arte en las diferentes épocas de su desarrollo" (Humboldt, 1874, 73).
Pero les encuentra una limitación: se han ocupado sólo de representar zonas del viejo continente: norte de Europa, Italia meridional y Península Ibérica.
Rescata en cambio a dos paisajistas holandeses olvidados que estuvieron en Brasil, Frans Post (1612-1680) y Albert van Eckhout (act.
Humboldt cree fervientemente que la pintura de paisaje avanzará cuando "los artistas de genio salven con más frecuencia los estrechos límites del Mediterráneo", a fin de "abrazar la misma variedad de la naturaleza en los valles húmedos de los trópicos, con la frescura de un alma pura y joven" (Humboldt, 1874, 82).
Hay un motivo muy personal en esta postura: Humboldt se lamenta de que la mayoría de las expediciones ape-ROLDÁN ESTEVA-GRILLET doi: 10.3989/arbor.2009.740n1084 lan a dibujantes seleccionados al azar, sin la competencia adecuada, quienes sólo al final de la travesía adquieren algún talento en la representación.
Además, los viajes de circunvalación -que él mismo quería realizar en un principio-"ofrecen a los artistas raras ocasiones de penetrar en los bosques, llegar al curso de los grandes ríos y trepar á los vértices de las cadenas interiores de las montañas" (Humboldt, 1874, 82).
Humboldt se atreve a recomendar a estos artistas que trabajen en el sitio, "poseído[s] de emoción sobre los lugares mismos", trayendo "imágenes exactas de las cosas", de manera que no recurran al expediente de las obras de botánica o los invernaderos.
Con el fin de la guerra de Independencia hispanoamericana, crece en Humboldt la confianza en que la paz facilitará el progreso de las ciencias y de las artes.
Sueña con esas ciudades de la América del Sur, situadas en altiplanicies andinas, donde "la vista percibe todas las variedades vegetales que se deben a la diversidad de los climas" (Humboldt, 1874, 82).
Y define para él, lo que es el objeto de la pintura de paisaje:
"El azul del cielo, la figura de las nubes, los vapores que se forman alrededor de los objetos, el brillo del follaje y el contorno de las montañas, son los elementos que constituyen el aspecto general de una comarca.
Abarcar este aspecto y reproducirlo de una manera precisa, tal es el objeto de la pintura de paisaje" (Humboldt, 1874, 87).
Por último trae a colación el tema de la daguerrotipia, con la que un género de pintura ilusionista (la pintura circular de Parker), proporcionaba -según Humboldt-, mejor que cualquier escenografía teatral, la sensación de estar realmente inmerso en un paisaje, con lo que "puede uno casi dispensarse de viajar por lejanos climas".
Claro, esos panoramas circulares deben contar con un buen diámetro para que puedan cumplir su cometido, y hasta entonces habían representado sólo ciudades o lugares habitados.
Asimismo, considera que la daguerrotipia funciona "no para [reproducir] la espesura del follaje, sino los troncos gigantescos de los árboles y la dirección de sus ramas".
Concluye proponiendo que en cada ciudad, junto a los museos, se ofrezcan "panoramas con cuadros circulares de paisaje de diversa latitud y longitud".
Las exposiciones internacionales de la segunda mitad del siglo XIX en Eu-ropa y Estados Unidos, alcanzaron a satisfacer este ideal ilusionista (Riccini y Marogna, 1981, 130-150).
Hoy es común apreciar en la obra de Humboldt, particularmente en Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo, Vistas de las Cordilleras, Cuadros de la naturaleza y Cosmos, ejemplos de una prosa científica de alto valor literario, que hizo posible una comprensión moderna de la unidad física de la tierra.
En este sentido, fue consecuente con una de las ideas más caras de la Ilustración: divulgar la ciencia (Tienmann, 1993, 107-116).
E igualmente concibió la pintura del paisaje, con un carácter ilustrativo (Beck, 1993).
A semejanza de otros países americanos salidos de la guerra de Independencia, las circunstancias socioeconómicas no favorecieron de inmediato las ideas de Humboldt en Venezuela.
Un primer intento de cartografiar la Gran Colombia, con el ingeniero militar Agustín Codazzi (1793-1859) como geógrafo y Carmelo Fernández como ilustrador, queda frustrado ante la inminencia del fin de esta unión de repúblicas.
A partir de 1831, ya independiente Venezuela de la antigua Colombia, la Sociedad Económica de Amigos del País -institución oficial que agrupaba ciudadanos notables para el estímulo de las artes y las industrias-, promueve el necesario recuento de lo que habíamos sido desde el descubrimiento y con qué contábamos como recursos naturales.
Dos libros se publicaron al cabo de la década: el Resumen de la historia de Venezuela, de Ramón Díaz Martínez (ca.
Ambos trabajos, publicados en París ostentan ilustraciones de Carmelo Fernández, particularmente el primero, basado en retratos.
Carmelo Fernández, sobrino del general José Antonio Páez, se había formado en Estados Unidos e incorporado a su regreso a la milicia, donde mejoró su formación en el campo de la cartografía.
Alcanzó una alta estima oficial ya que su experiencia en París lo familiarizó con la litografía, técnica tempranamente usada por nuestra prensa (Calzadilla, 1981).
En 1842, con motivo de la repatriación de los restos de Simón Bolívar, Carmelo Fernández fue encargado de registrar gráficamente los principales momentos.
Lamentablemente no se llegaron a publicar todos sus dibujos, concebidos en su origen para servir de ilustración a la crónica oficial encargada a Fermín Toro.
Las circunstancias políticas lo obligan a emigrar a Bogotá y allí se reencuentra con Codazzi.
El entonces presidente neogranadino, José Hilario López (1789-1869), ordena la formación de una Comisión Corográfica que dé cuenta de las riquezas de Colombia, sus paisajes, sus artesanías, sus tipos raciales, sus accidentes geológicos, sus testimonios prehispánicos; en fin, todo aquello que pudiese contribuir a una idea concreta de lo que es el país (Giraldo Jaramillo, 1978).
Carmelo Fernández trabaja como acuarelista desde principios de 1850 hasta fines de 1851, en dos expediciones que recorren la parte noroccidental de Colombia (figs. 2 y 3): la primera le lleva a las provincias de Vélez, Socorro, Soto, Ocaña, Pamplona y Santander; la segunda a Tundama y Tunja.
Ninguno de los dos alcanzó el nivel de calidad de Fernández.
Casi como repitiéndose el destino de la Expedición Botánica de Mutis, al concluir los trabajos de esta Comisión -por la muerte de Codazzi en 1859-, los materiales recogidos no recibieron una publicación oficial.
Varios miembros de la Comisión (científicos, historiadores) hubieron de publicar, cada uno por su cuenta, su relato de viaje pero sin ilustraciones.
Sólo hacia fin de siglo la crítica llamó la atención sobre el valor documental y artístico de las acuarelas de Fernández (Girón, 1891).
Al contrario del modelo de Humboldt, Fernández dio un gran lugar a la representación de los habitantes, destacando sus vestimentas y fisonomías, con cierta idealización.
Por la representación artificial de los diversos tipos raciales, algunas imágenes recuerdan los cuadros de castas del siglo XVIII, más cuando en esas imágenes se les relaciona con una determinada artesanía, comercio o labrantía.
Por desgracia, Carmelo Fernández se dedicó con posterioridad más a la docencia artística y de idiomas, y sólo hacia la década del setenta, siendo funcionario en la ciudad de Maracaibo (Edo.
Zulia), retoma sus pinceles y elabora una serie de seis grandes cuadros al temple (180 × 143 cm) obedientes a los requisitos de Humboldt en cuanto a la representación de la naturaleza en sus diversos climas 15.
Sólo uno de estos cuadros introduce un elemento de ficción romántica, el referido a la Guajira: en el centro del grupo familiar indígena aparece una mujer blanca que parece provenir del socorrido tema de las cautivas.
Ya el mismo Rugendas -que presenció un "malón" o entrada violenta de indígenas en campo criollo-lo había pintado en 1845 y 1848, y al final del siglo XIX se había convertido en un tema académico en la pintura uruguaya (Juan Manuel Blanes, 1830-1901) -1903).
La diferencia estaría en que la imagen del venezolano Carmelo Fernández no es violenta sino pacífica, de integración social.
La segunda mitad del siglo XIX en Venezuela está marcada por la Guerra Federal y por los gobiernos liberales.
Dentro de ese nuevo clima de progreso que se instaura, particularmente, desde 1870 con la llegada al poder del general Antonio Guzmán Blanco (1829-1899), puede decirse que vuelve a darse en el país un abierto apoyo a las artes y las ciencias.
La paz guzmancista permite el ingreso de capitales extranjeros, el desarrollo de la prensa y, por ende, la creación de un público ávido de imágenes litografiadas que revelen la variedad y adelanto del país.
Como anticipo de esta empresa situamos, ya desde Barcelona, al oriente del país, a la familia Bolet con la revista El Oasis (1856): padre médico y dos hijos: uno escritor y político, Nicanor, el otro dibujante y pintor, Ramón.
Instalados en Caracas, los hermanos Bolet Peraza son responsables de la revista El Museo Venezolano, que se publicará en 1865.
Al año siguiente ofrecen a su clientela un Album de cromolitografías, ya aparecidas en la revista y ahora coleccionable.
Las estampas reproducen, preferentemente, paisajes urbanos, donde la arquitectura domina.
Pensar que en toda la ilustración de las obras de Humboldt, salvo las ruinas prehispánicas, sólo aparece la Plaza Mayor de México como vista urbana, y el dibujo se debe a un artista local, si bien de origen español: Rafael Ximeno y Planes, ya citado.
A inicios de esa misma década, ha llegado un digno sucesor de Humboldt al país, el doctor Adolf Ernst (1832-1899), quien casi de inmediato atrae gente interesada en la ciencia y, especialmente, en la botánica.
En 1867 se crea la Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales de Caracas, donde participan, por ejemplo, el médico, historiador y anticuario Arístides Rojas (1826-1894) y el ornitólogo, taxidermista y pintor alemán Anton Goering, enviado del Museo Británico.
Otro personaje, el comerciante inglés James Mudie Spence ( † 1878) entra en tratos y se anima con las excursiones al cerro del Ávila.
Entre ellos está Ramón Bolet Peraza, como ilustrador.
En 1872, antes de la partida de Mudie Spence -quien ha venido con intereses mineros-, se organiza, en el Café del Ávila, una Primera Exhibición de Bellas Artes con las obras que ha recolectado en su estadía, más otras que son añadidas para la ocasión.
El artista más representado es Ramón Bolet: de un total de doscientas treinta obras, treinta y siete le corresponden.
Un crítico e historiador eminente, John Ruskin (1819-1900), profesor en Oxford, se interesa en el personaje:
"Los dibujos han llegado, y el papel plateado me ha vuelto loco, pero a pesar de ello, he sacado la conclusión que los dibujos son en realidad buenos y llenos de sentimientos y fuerza.
Los retratos son en verdad maravillosos.
Pero Mr. Bolet debe venir a este país a estudiar, pues no podrá progresar donde se encuentra -o al menos estará perdiendo un tiempo precioso-.
Un poquito de estudio y lo colocaría en terreno firme" (Cit.
Mudie Spence convence al artista venezolano para que viaje a Oxford, previo contrato según el cual, a su regreso, pintaría según lo que deseara su financista 16.
La estadía se prolonga por ocho meses: la nostalgia y la salud lo trajeron de vuelta, para fallecer poco tiempo después, con apenas cuarenta años, en 1876, dejando viuda y ocho hijos.
El libro de Mudie Spence, The land of Bolívar, or war and peace in the Republic of Venezuela, se publica con ilustraciones de Bolet, grabadas por A. Pateson 17.
Lamentablemente, toda la producción llevada al exterior por este comerciante se perdió.
Sólo se ha podido rescatar un álbum de dieciocho acuarelas que realizara a solicitud del entonces representante de la corona británica, R. T. C. Midleton.
Entre estas imágenes es posible vislumbrar lo que pudo haber sido Ramón Bolet de no haber fallecido prematuramente.
Allí encontramos sus paisajes más modernos, aunque todos atenidos a la idea del retrato de un lugar específico, incluso con un carácter documental ilustrativo: escenas ambientadas en la selva, en el llano o el campo, para presentar los diversos productos de exportación (cueros, cacao, café), con una visión pormenorizada de las plantas, más un curioso "bodegón" con paquetes recién desembarcados como símbolo del comercio (figs. 4 y 5); asimismo vistas de Caracas, Ciudad Bolívar, Maracaibo, La Orchila y La Guaira.
La única imagen que escapa a esa suerte de recreo en las riquezas venezolanas, es la correspondiente a la guerra civil, como para decir: esto es lo que impide que se desarrolle el comercio.
Esta imagen realista recuerda una más primitiva pero igual de dolorosa: la que realizara sobre el tema de la epidemia de cólera en 1854 (antigua colección de Arístides Rojas, hoy en la Fundación John Boulton, Caracas) 18.
En ambas imágenes se vislumbra un propósito realista (en el sentido dramático) que se suavizó en la ilustración científica y pintoresca y la crónica costumbrista o celebrativa.
En la herencia familiar del artista también se ha conservado una libreta de dibujos, entre los cuales hay paisajes correspondientes a Inglaterra (una marina, un castillo), más cercanos a un gusto plenamente romántico, antes que ilustrativo.
Dentro de la escasa y poco conocida obra de Ramón Bolet Peraza, resulta poco menos que excepcional el cuadro al óleo representativo del Mercado de San Jacinto (colección Odalys de Saravo): por la técnica, el formato y la minuciosidad, aplicada tanto al entorno arquitectónico como al bien compuesto grupo de vendedores y compradores, entre mercancías.
A un lado se capta, como testimonio elocuente de una época, el reloj de sol diseñado por Alejandro de Humboldt a solicitud de su anfitrión de la hacienda de Bello Monte, fuera de Caracas, y hoy conservado en el Museo Bolivariano.
Bolet se había iniciado en los misterios de la química por cuanto su padre era un dedicado farmaceuta; de allí le resultó fácil interesarse en la fotografía.
En sus imágenes cromolitografiadas es evidente su apoyo en esta técnica.
Posterior a su muerte, se publicó una segunda serie de cromolitografías, con el título de Album de Caracas y Vene-zuela (1878).
Pero, es muy posible que la desproporción de las figuras y la arquitectura se deban atribuir a otra mano (Erminy, 1991) 19.
Sin duda, al decir de Juan Calzadilla, fue Ramón Bolet "uno de nuestros mejores dibujantes y tal vez el más notable acuarelista venezolano del siglo XIX" (Calzadilla, 1991, 17).
Durante el siglo XIX, tanto en Europa como en América, prosperó el interés por el paisaje; sin embargo, dadas las circunstancias derivadas de la guerra de Independencia en las colonias hispánicas, los artistas nativos se dedicaron más a los retratos, a los cuadros de historia y, eventualmente, al costumbrismo.
La asociación de dos de ellos, Carmelo Fernández Páez y Ramón Bolet Peraza, con empresas científicas, permitió el que algunas de las ideas de Humboldt contribuyeran al descubrimiento del paisaje con un carácter fisionómico e ilustrativo; aun así, pareciera que -tal como ocurría en Europa-para el público general resultara más interesante conocer las particularidades sociales antes que los accidentes naturales, o, en el mejor de los casos, las características de sus ciudades antes que la de sus campos, y todo esto resuelto a través de la litografía, preferiblemente.
El desarrollo del paisaje en el caso venezolano fue pues, muy lento y sólo al final del siglo XIX se pueden atisbar inquietudes académicas por un paisaje realista, alejado ya de la visión topográfica de ciudades: un Tovar y Tovar o un Arturo Michelena.
No tuvimos un representante criollo del paisajismo al óleo, de la categoría del mexicano José María Velasco (1840-1912) (Altamirano Piolle, 1993) o del ecuatoriano Rafael Troya (1845-1920) (Kennedy Troya, 1994y 1999), pero la obra modesta de los venezolanos Carmelo Fernández Páez y Ramón Bolet Peraza que hemos estudiado, hace honor a las ideas de Humboldt en torno a una visión fisionómica de la naturaleza y en tal sentido constituye un valioso aporte a la construcción del imaginario del país.
8 Esta edición príncipe incluyó 69 ilustraciones (grabados en cobre); la edición en cuarto, de 1813, llevaba sólo 19, "plusieurs colorés".
9 Las figurillas habían sido obsequiadas por Humboldt a la reina de Prusia, y ella las había mandado a dibujar.
10 Como se sabe, parte de la biblioteca y manuscritos de Humboldt se perdieron a causa de un incendio cuando se exhibían para subasta, de allí la rareza de los dibujos conservados en (1988, 84, nota 11).
11 Véase su reproducción, según copia de 1944 hecha por el pintor alemán Carl Sigmund von Sallwürck, en Alejandro de Humbodt.
Eduardo Röhl (1983, 13) reproduce un retrato similar pero Humboldt aparece con los brazos cruzados y con nudo de corbata sencillo; realizado también en Quito, lo atribuye a Rafael Sabas (¿o Salas?), posiblemente sea una versión de mediados de siglo del original de José Cortés de Alcocer.
12 El retrato pertenece a la Universidad Nacional Autónoma de México.
13 Existe en la Fundación del Banco Industrial de Venezuela, Caracas, una copia al óleo de un retrato de Humboldt, con la firma de Arturo Michelena, pero no convence su autoría.
La imagen corresponde al retrato hecho por Emma Gaggioti-Richards, en 1855, y grabado por Paul Habelmann.
15 Según Juan Calzadilla, -quien rescatara esos cuadros del abandono oficial en 1968-, la tradición los atribuía a Anton Goering (Calzadilla, 1983).
La serie de seis, se redujo a cuatro por incuria gubernamental.
Curioso que alguien le haya, a su vez, atribuido a Carmelo Fernández, la obra de Pedro Castillo: según Eduardo Picón Lares, Carmelo Fernández "decoró la residencia de Páez en Valencia" (Picón Lares, 1940).
16 Ese contrato fue un "artificio" del inglés para llevarlo a Inglaterra: el artista era de temperamento delicado, modesto y tenía familia nu-merosa (Bolet Peraza, 1895; AA.VV., 1991, 61).
17 Se ignora la fecha de la primera edición; esta segunda, de 1878, es póstuma al mecenas y al artista. |
El imaginario visual de los diferentes nacionalismos ha tratado de presentarse como un repertorio figurativo consolidado, donde lo esencial del mito permanece más allá del espacio y el tiempo.
En España, gracias a la fortuna iconográfica que determinados motivos alcanzaron, incluso antes de que la Constitución de Cádiz sancionara la existencia de "la nación española", ha sido fácil argumentar que existía una continuidad en su significado.
Los estudios sobre la identidad nacional, ante la evidente repetición de determinados episodios y personajes históricos, suelen considerar que tales imágenes terminaron por conformar un discurso coherente, en el que, por encima de todo, se reconoce un elemento esencial: el alma nacional (Reyero 1987; Pérez Vejo, 2001).
La conclusión tiene su lógica, desde luego, pero sólo se detiene en una de las vertientes que conlleva la utilización de imágenes históricas con fines políticos.
Si la nación es una construcción intelectual que requiere un proceso, en el que convergen, no siempre con éxito, intereses complejos, la significación de las imágenes, según el uso que en cada circunstancia se hizo de ellas, debió de ser necesariamente distinto.
Una cosa es la vanidosa pretensión de intemporalidad que promotores y artistas buscaron (y lograron), y otra es la irremediable sumisión al lugar y al momento en el que las obras artísticas se produjeron, dimensiones fundamentales para comprender cualquier hecho histórico (Reyero, 2005b).
Recuperar en las representaciones de asuntos del pasado, ya sean pinturas o esculturas, su razón de ser histórica puede parecer una forma de desmitificación, porque se las devuelve su papel político (Reyero, 2002).
Y la circunstancialidad de la política siempre resulta poca cosa ante la intemporalidad del arte.
Pero al fin y al cabo las obras de arte no son sólo imágenes, sino, ante todo, objetos que tuvieron una razón de ser y ocuparon -y ocupan-un espacio.
No es fácil reducirlos a su virtualidad.
Antes de convertirse en emblemas, fueron fabricados para servir a fines terrenales con intereses muy concretos.
Es precisamente su circunstancia la que nos revela los instrumentos visuales del nacionalismo.
La utilización de una misma imagen en distintos momentos y lugares no significa perseguir los mismos fines.
La historia desempeñó un papel identitario fundamental en la construcción de la nación a lo largo del siglo XIX.
No es que después dejara de tenerlo, incluso con iconos configurados entonces, como prueban billetes, sellos, etiquetas, ilustraciones de manuales escolares o escenas cinematográficas, incluso hasta nuestros días, aunque se haya visto desplazado su papel frente a otros que, a la postre, han resultado tanto o más importantes, como tipos, paisajes, costumbres, caracteres o monumentos.
Pero hay, sobre todo, una diferencia fundamental, a veces no tenida en cuenta: historia y creatividad, al servicio de unos ideales públicos, caminaron juntas hasta que pintura y escultura dejaron en segundo plano la idea de representación que propició su autonomía.
La pintura de historia y la escultura conmemorativa son las grandes manifestaciones públicas del arte en el siglo XIX.
Esa confluencia de intelectuales, políticos y artistas en la Historia ya no volvió a repetirse.
LA TRADICIÓN ILUSTRADA Y EL USO INSTITUCIONAL DE LA HISTORIA
El nacionalismo es, como se sabe, fruto del pensamiento político liberal.
Pero no debe pensarse que la utilización de la historia como modelo social apareció repentinamente con la nueva ideología política.
Personajes y asuntos históricos ya formaban parte del discurso artístico-político español del siglo XVIII.
La historia servía no sólo para enraizar a la monarquía en una tradición sobre la que se fundamentaba sino también para modernizarla, en tanto que referente benéfico del gobierno de un pueblo, aunque no puede negarse que esos mismos o parecidos recursos no sirvieran enseguida para ilustrar el nacionalismo, porque, al fin y al cabo, la adhesión a la monarquía constituyó un primer referente de identidad colectiva.
En la Alegoría de la Monarquía Española, pintada por Tiépolo para el Salón del Trono del Palacio Real de Madrid, ya hay referencias al Descubrimiento de América por Colón, y en el comedor de gala, Francisco Bayeu pintó La Rendición de Granada ante los Reyes Católicos y Antonio González Velázquez Cristóbal Colón ante los Reyes Católicos (Checa, 1992, 165-176).
Son bien conocidos también los temas de la historia de España que tanto escultores -La rendición de Sevilla a San Fernando, de Andrés Beltrán, o La toma de Toledo, de Humberto Dumandre, por ejemplo-como pintores -Los Reyes Católicos recibiendo a una embajada del rey de Fez, de Vicente López, entre otros-abordaron en la Academia de San Fernando de Madrid a lo largo del siglo XVIII.
La política monumental que se inicia en los primeros años del siglo XIX tuvo en cuenta enseguida a personajes históricos.
En 1812 el Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, propuso colocar en la Plaza del teatro del Príncipe una fuente dedicada a Carlos V y en la plaza del Pescado una estatua dedicada a Fernando V, obras ambas de Silvestre Pérez, cuyos proyectos se difundieron a través de grabados de Manuel Salvador Carmona.
A diferencia de las exaltaciones de los monarcas reinantes, conmemoran dos figuras históricas que honran a la nación, en uno de los primeros testimonios que prueban que el orgullo nacional se nutre de la historia.
Poco después, en 1818, se da conocer en la Academia de San Fernando, La muerte de Viriato de José de Madrazo, expuesto en el Prado a partir de 1828, cuyas connotaciones nacionalistas son evidentes; y hacia 1819 Juan Antonio de Ribera pinta Wamba renunciando a la corona para el salón central del Casino de la Reina, en Madrid.
Durante el reinado de Fernando VII -y, en concreto, durante la Ominosa Década, en la que el discurso político sigue dominado por la tradicional lealtad al rey, del que se esperan todos los beneficios-hay significativos ejemplos de un uso de la historia, ligado a la Monarquía, desde luego, pero donde se presentan los logros del pasado como una empresa colectiva prolongada hasta el presente.
Tengamos en cuenta dos de ellos.
Uno, los frescos que Juan Antonio de Ribera pinta en el Palacio del Pardo en 1825, donde aparecen descubridores y conquistadores, escritores y artistas, presididos por la imagen alegórica de España (Miguel Egea, 1985,18-20).
Otro, la decoración -no por efímera menos relevante-dispuesta con motivo de la entrada en Madrid de María Cristina de Borbón en 1829 para casarse con Fernando VII, que, en lugar de remitir a la alegoría, como era costumbre, recurre a la historia: así, en el arco triunfal colocado en la calle de Alcalá había "muchos medallones con la efigie del Rey Alonso el Sabio y de diferentes personajes que se han hecho célebres, así en España como en las Américas.
En el ático [...] se distinguían diferentes bajo relieves representando a los Reyes Católicos dando audiencia a Colón"; y en el templete de la Puerta del Sol estaban las estatuas de Cortés, Pizarro, Colón y Elcano (D. M. N. y R., 1829, 12-13).
A ellos puede añadirse un tercer ejemplo, promovido a comienzos de 1834, cuando todavía ni siquiera se había promulgado el Estatuto Real: se trata de un proyecto de monumento para conmemorar la jura por las Cortes de Isabel II como heredera del trono.
En él estaba previsto un bajorrelieve "en el que se hayan esculpidas las batallas más gloriosas de España y de las cuales dio principio su regeneración".
Estas eran las de Covadonga, Clavijo, las Navas de Tolosa "y otras de las más célebres de la Edad Media" (Martín, 1998, 61).
Por lo que se refiere al sistema de enseñanza, durante el primer tercio del siglo XIX, en el seno de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, cuya importancia como referente de la actividad artística en España es primordial, la práctica en la representación de asuntos de la Historia de España -junto a otros bíblicos o clásicos-se constata en los diversos concursos convocados.
Heroicidad y triunfo parecen mensajes asociados a las acciones en las que se veía cómo actuaban los españoles del pasado.
EL IMAGINARIO DEL NACIONALISMO LIBERAL: EL MARTIROLOGIO
Frente a la idea triunfalista del absolutismo monárquico, en gran parte retomada más adelante por los políticos moderados, los liberales gaditanos, y después los progresistas que se sintieron herederos de aquéllos, recurrieron a la estética victimista como procedimiento de persuasión.
Ello no ha de verse como una consecuencia de las dificultades que tuvo por asentarse, acentuadas por las circunstancias de un pueblo involucrado en una guerra que, no por casualidad, acabaría por llamarse de la Independencia, aunque este factor no sea despreciable, sino, más bien, como un aprovechamiento de los recursos del mensaje religioso -el martirio como antesala de la gloria-que en tantos aspectos imitaron.
No hay que olvidar que el victimismo constituía una forma de poner en escena un asunto, con objeto de convencer mediante la empatía, que se encuentra en todo el arte del Romanticismo.
Liberalismo y Nacionalismo afloran, pues, en la guerra contra Napoleón, de donde salen los primeros héroes.
Los sucesos del Dos de Mayo de 1808 en Madrid, y, en concreto, dos de los soldados caídos, Daoíz y Velarde, proporcionan el primer motivo acogido con encendido entusiasmo por la ideología liberal, como queda constancia en las actas de las Cortes de Cádiz.
En Madrid, en el lugar que se acabaría llamando Campo de la Lealtad, se levantarían sucesivamente varias construcciones en su memoria, antes de que, en 1840, fuera inaugurado el Obelisco del 2 de Mayo.
No obstante, la prevención de la propaganda institucional hacia esa conmemoración, durante las primeras décadas del siglo XIX, es patente.
De hecho, no será hasta el Sexenio Revolucionario cuando sucesos y héroes del Dos de Mayo formen parte de las conmemoraciones patrióticas, al mismo tiempo que pinturas y monumentos empiecen a prodigarse en el espacio público.
Es en 1869 cuando se coloca, muy cerca de donde estuvo el Parque de Artillería de Monteléon, que defendieron con arrojo, el grupo de Daoíz y Velarde de Antonio Solá (fig. 1), aunque el modelo procedía del Trienio; y es en la Nacional de 1871 cuando se exponen, entre otros, los Enterramientos del 3 de Mayo en la Moncloa de Vicente Palmaroli, premiado con primera medalla, a los que seguirán varios más en los años siguientes (Demange, 2004, 100-127).
De cuantos personajes históricos fueron utilizados por el imaginario liberal como mártires anunciadores de su causa, los más importantes fueron los Comuneros.
Como se ha dicho, su invención "se corresponde típicamente con el intento liberal de crear una identidad nacional congruente con los principios políticos de la sociedad liberal" (Rivero, 2005, 151).
Sus enemigos lo sabían desde los primeros tiempos: los absolutistas que festejaron la entrada del Duque de Angulema en Burgos en 1823, ya entonaron ¡Viva Carlos V! y ¡Abajo los Comuneros! como armas ideológicas de un combate.
Pero aunque, durante la primera mitad del siglo XIX, no faltaron grabados con la efigie de los ajusticiados en Villalar, no fue hasta la segunda mitad cuando sirvieron de motivo pictórico.
Los Comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo, de Antonio Gisbert, primera medalla en la Exposición Nacional de 1860 y adquirido por el Congreso de los Diputados, se convirtió desde el mismo momento en que se dio a conocer, en un emblema de la causa.
Durante la Restauración seguirán otros, cuando los herederos de aquella ideología ya habían ocupado el poder.
Reivindicar a los Comuneros en 1823 no es lo mismo que en 1881, cuando, por ejemplo, Vicente Borrás expone, en la Nacional de aquel año, Doña María de Padilla después de la derrota de Villalar.
Por otra parte, en relación con esa visión crítica y no complaciente del "ser español", también hay que hacer constar que fue entonces cuando triunfaron algunos temas que exploraban los "puntos oscuros" de la historia de España, como la expulsión de judíos: Vicente Cutanda obtiene una tercera medalla en 1887 por La Matanza de judíos en la Edad Media; y Emilio Sala primera medalla en 1890 por La Expulsión de los judíos de España.
Son los últimos ecos de la utilización de la historia como azuzadora de conciencias (Reyero, 2005a).
LA MONARQUÍA ISABELINA Y EL DISCURSO DE LA CONCILIACIÓN
El discurso histórico conservador se sustenta fundamentalmente sobre la Monarquía.
En ese sentido, no parece una coincidencia que algunos de los cuadros de historia que más éxito tuvieron en las primeras exposiciones nacionales, fueran protagonizados por los reyes, como anticipadores preclaros de la nación.
Por citar tres pinturas significativas, Don Pelayo en Covadonga, de Luis de Madrazo, primera medalla en 1856; Los Reyes Católicos recibiendo a los cautivos cristianos en la conquista de Málaga, de Eduardo Cano de la Peña, consideración de primera medalla en 1867; y, sobre todo Doña Isabel la Católica dictando su testamento, de Eduardo Rosales, primera medalla en 1864, que hizo que su autor fuera acusado de "pintor isabelino", hasta que el tiempo terminara por diluir los intereses políticos de tan excelente pintura.
El reinado de Reyes Católicos -muy en particular buscando el protagonismo de Isabel de Castilla-constituyó el período preferido de los pintores de historia (Pérez Vejo, 2005, 1131).
Entre los personajes de la historia de España cuya imagen más se repitió se encuentra Cristóbal Colón.
Son varios los cuadros pintados durante el reinado de Isabel II en los que aparece como protagonista el Almirante, siempre al servicio de la Corona española.
Destacan dos que alcanzarían una fortuna iconográfica extraordinaria, que desdibujaría su origen, y hasta su existencia física.
Se trata del Cristóbal Colón en el convento de la Rábida, de Eduardo Cano de la Peña, primera medalla en 1856, y del Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, de Dióscoro de la Puebla (fig. 3), primera medalla en 1862.
Ambas imágenes funcionarían durante décadas como verdaderas representaciones de los sucesos a los que daban forma, cuando, en realidad, han de entenderse en el marco del grandilocuente imperialismo isabelino.
La complacencia en la victoria constituye uno de los elementos más característicos de los asuntos tratados por los pintores de historia en aquel momento, frente al pesimismo de los progresistas, que habría de desarrollarse más tarde.
Episodios victoriosos respesentan, por ejemplo, los cuadros del conservador José Casado del Alisal, uno de los grandes artistas del momento, que obtuvo una de las CARLOS REYERO HERMOSILLA doi: 10.3989/arbor.2009.740n1085 primeras medallas en 1864, con La Rendición de Bailén, y consideración de primera medalla en 1867, con Los dos caudillos, que hace referencia a la batalla de Ceriñola, donde el Gran Capitán se impuso al duque de Nemours.
La monarquía de Isabel II aspiró a convertirse en un sistema de gobierno estable, donde las fuerzas políticas parlamentarias tenían su voz en el Congreso de los Diputados.
Uno de los muchos testimonios de las aspiraciones conciliadoras de aquel momento es el hecho de que, en 1863, para la decoración del hemiciclo de dicho Congreso fuesen elegidos dos pintores cuyas ideologías representaban las grandes fuerzas políticas del momento, Casado del Alisal, por los conservadores, que pintaría El juramento de las Cortes de Cádiz en 1810 (fig. 4), y Gisbert, por los liberales, que abordaría la Jura de Fernando IV en las Cortes de Valladolid, presidida por su madre María de Molina.
La importancia de esta figura histórica entre los liberales tenía su tradición: recuérdese que ya en 1838 Antonio María Esquivel, que había participado en la defensa de Cádiz en 1823, había expuesto en el Liceo Artístico de Madrid Doña María de Molina amparando al Infante don Juan, adquirido por el Conde de Toreno y que mereció un artículo de Juan Nicasio Gallego en El Liceo (Guerrero Lovillo, 1957, 18).
Por supuesto, este discurso conciliador se sustenta sobre la misma historia, ecléctica por antonomasia, sin que la concesión parezca nada del otro mundo.
Pero conviene ponerlo de relieve porque reaparece en la retórica política de la Restauración.
Cuando Emilio Castelar defiende que el Congreso adquiera La Campana de Huesca de Casado del Alisal dice que su propuesta no es "asunto de partido, sino deseo de todas las fracciones de la cámara [...] como todo atañe al esplendor y a la gloria de nuestra patria, es una cuestión eminentemente política y eminentemente nacional"; y recuerda que fueron unas Cortes conservadoras quienes adquirieron Doña Juana la Loca de Pradilla, por lo que es "indispensable que estas Cortes demuestren cómo tienen grandes aspiraciones cual las Cortes Conservadoras" (Reyero, 1986, 101).
Lo más curioso es que los cuadros de Casado y Pradilla, que se encuentran entre los más admirados del género, apenas encierran contenidos de tipo político: la gloria nacional es la gloria del mérito artístico.
A mediados del siglo XIX, el sistema de las artes está organizado de tal manera que todo favorece la práctica del género histórico: los métodos de enseñanza, los concursos para promocionarse en el extranjero, los premios de las exposiciones nacionales e internacionales, la crítica, las adquisiciones del Estado, los encargos públicos y, ante todo, la propia idea ilustrada de la obra de arte como ejercicio de contemplación edificante, sustentada en valores eruditos (Reyero, 1989, 15-50).
Naturalmente todo ello es fruto de la alta consideración que la sociedad otorga al arte, en tanto que manifestación elevada del espíritu humano, y de la dependencia que los artistas tienen de las instituciones para ejercer su actividad.
El arte no hubiera servido al nacionalismo, ni la política nacionalista hubiera iluminado al arte, si el sistema se hubiera configurado de otro modo.
Por eso conviene tener presentes las consecuencias de este sistema mientras mantuvo su vigencia.
Dominar la pintura significaba, ante todo, saber componer elementos -figuras, objetos, paisaje, arquitectura-en una superficie plana, a través de los cuales fuese posible sugerir la existencia de un relato.
No es de extrañar, pues, que la historia, sacralizada por la cultura política, fuese la fuente preferente de la que extraer asuntos.
Tendemos siempre a presuponer que la erudición constituye un cierto grado de valor por sí misma.
El mérito estético exige la formación de un gusto.
Pero, en este campo, era una cuestión añadida.
De todos los mecanismos que componen el sistema del arte, hay dos especialmente importantes para valorar el alcance y el significado del género histórico.
Éstos son los concursos y las exposiciones.
Los concursos parten del principio de que una obra de arte puede ser juzgada jerárquicamente en relación con otras, y, sobre todo, que un jurado cualificado tiene capacidad para decidir el cumplimiento ideal de aquello que se propone representar, un tema, que, la mayoría de las veces, procede de la historia de España.
Los artistas se adiestran, a lo largo de su formación, en el dominio de este modelo.
Deben ponerlo en práctica para conseguir la ansiada pensión en el extranjero -en Roma, preferentemente-y, una vez allí, se preparan durante tres o cuatro años para hacer el gran cuadro de historia con el que pretenden consagrarse.
Algunos insisten varias veces después, ya al margen de reglamento alguno, aunque pintar cuadros de historia, que suelen tener un gran tamaño, es tarea que requiere tiempo y esfuerzo.
Hay que documentarse concienzudamente, saber elegir un tema atractivo y que no haya sido visto, porque los temas tratados que tienen éxito entran enseguida a formar parte de un museo imaginario que tiende a excluir a quienes intentan emularlos.
La importancia de las exposiciones como germen de la conversión de la práctica artística en un fenómeno de masas es incuestionable (Gutiérrez Burón, 1987).
Los reglamentos por los que se rigieron favorecieron la práctica del género histórico, pero también los premios concedidos y el mercado del arte, mayoritariamente en manos del Estado.
También, por supuesto, la crítica, eminentemente minuciosa y literaria, se complacía en describir una y otra vez los asuntos representados y su moraleja, con todo lujo de detalles sobre personajes, caracteres, anécdotas y circunstancias.
Es mucho más difícil extenderse hablando sobre un paisaje o sobre una naturaleza muerta, que sobre un cuadro de historia, salvo que el autor tenga un criterio estético muy formado y se dirija a profesionales especializados, lo que no siempre sucedía en el siglo XIX, donde el destinatario era público heterogéneo, ávido de conocimientos y de opiniones, que no siempre había contemplado -muchas veces ni siquiera llegaría a contemplar-las obras directamente.
En ese sentido, en el proceso de conversión de los cuadros de historia en imágenes, tuvieron un papel crucial los avances en la reproducción, que llenarían las revistas ilustradas de escenas históricas, mucho más vistosas y lucidas, que un paisaje de Modest Urgell o de Aureliano de Beruete, cuya sutileza era entonces irreproducible.
Tanto la actividad formativa como los concursos y las exposiciones proyectan las obras sobre un ámbito espacial que puede ser local, regional, nacional o internacional.
El significado de un cuadro -y muy especialmente si es histórico-no es el mismo según ese ámbito espacial en el que se percibe y difunde.
Incluso puede darse el caso de que la dimensión nacionalista que encierre una misma pieza quede modificada al ser exhibida en otro lugar.
Dada la particular articulación nacional de España, donde el peso de las tradiciones artísticas de algunos centros -como Sevilla, por ejemplo-y la creciente importancia de otros -Barcelona y Valencia, principalmente, pero también Zaragoza, Málaga, Valladolid, Murcia o Bilbao-es tan grande, el alcance de una pintura histórica está sometido a factores externos que merecen ser tenidos en cuenta.
Es evidente, por ejemplo, que obras como El Origen del escudo del condado de Barcelona de Claudi Lorenzale, en cuya elección del tema intervinieron los hermanos Manuel y Pau Milà i Fontanals (Fontbona-Jorba, 1999, 199), entre otros, ilustra una identidad catalana.
Algunos de esos temas nunca se presentaron en Madrid, y, por lo tanto, no formaron nunca parte de un orgullo nacional "español".
Pero hubo otros muchos pintores catalanes que acudieron a las Nacionales madrileñas con temas de la historia propia, sobre todo de la Edad Media, como Manuel Ferrán o Antoni Caba, que fueron perfectamente entendidos y asumidos en un marco común.
Otros catalanes, como Sans o Martí Alsina, abordaron temas típicamente españoles, como Trafalgar o Numancia.
También hay figuras históricas, como el Príncipe de Viana, por ejemplo, que simultáneamente sirvieron para identificar una y otra sensibilidad, según las piezas y su lugar de exhibición.
Incluso hay héroes muy españoles que llegan a estar muy catalanizados, como Colón, por ejemplo: siempre es en Barcelona donde es recibido por los Reyes Católicos.
En Valencia hubo una sistemática promoción del género histórico, en el que se formaron algunos de los más importantes pintores españoles del fin de siglo, como Sorolla o Pinazo (Gracia, 1987).
Como en otros lugares, se promovió la representación de temas locales, la mayoría de los cuales no alcanzaron una proyección nacional.
Pero se da el caso, por ejemplo, de que Ignacio Pinazo, que pinta en Roma, como último envío de la pensión concedida por la Diputación de Valencia, los Últimos momentos del rey don Jaime el Conquistador, un héroe valenciano por excelencia, realiza una réplica, en mayor tamaño, para presentarlo a la Exposición Nacional de Madrid de 1881, donde, naturalmente, fue visto como un tema de la historia de España.
Todos los pintores formados en los diversos centros artísticos que entonces había en España, los mejores de los cuales continuaron su preparación en el extranjero, abordaron temas locales, dando como resultado un gran repertorio, como por ejemplo en Zaragoza (Lorente, 1996).
Otros procuraron inspirarse en personajes que, sin perder la vinculación con una ciudad concreta, fuesen vistos como nacionales: es el caso, por ejemplo, de San Fernando, que inspira al sevillano Virgilio Mattoni Las Postrimerías de Fernando III el Santo, segunda medalla en la Nacional de 1887.
En centros artísticos todavía muy secundarios en el siglo XIX, como el País Vasco, por ejemplo, que, sin embargo, llegarían a alcanzar una importancia enorme a partir del cambio de siglo, también hay ya testimonios de la práctica del genéro histórico con intereses locales.
Mamerto Seguí, por ejemplo, pinta en 1882 El árbol malato, donde el mítico Jaun Zuría señala el punto hasta el cual fue perseguido el rey de León (González de Durana, 1992, 428).
EL TRIUNFO DEL ESTADO-NACIÓN Y LA CRISIS DEL MODELO HISTORICISTA
Suele decirse que la pintura de historia que se desarrolla durante los primeros quince años de la Restauración, entre 1876 y 1892 aproximadamente, antes de la defintiva desacreditación del género, resulta menos grandilocuente en sus temas, sus héroes se hacen más humanos y participan en acontecimientos menos relevantes políticamente, aunque están concebidos de una forma tanto o más grandiosa y espectacular.
Es cierto que esta llamada "segunda generación" se ha formado en ideales estéticos, fundamentados en el realismo -es decir la pintura como resultado de una experiencia sensorial-que están reñidos con la idea de reconstrucción de un asunto del pasado nunca visto.
También -no hay que olvidarlo-estos pintores son más cosmopolitas y aspiran a un éxito mundano, donde los temas han de llamar indistintamente la atención a un público nacional o internacional de forma inmediata, por lo que la truculencia o emotividad de los asuntos constituye un elemento narrativo más eficiente que el tradicional discurso épico del nacionalismo ortodoxo.
Es así como triunfa, en primer lugar, Francisco Pradilla con su cuadro Doña Juana la Loca, medalla de Honor en 1878, realizado en Roma al amparo de la recién creada Academia Española de Bellas Artes, que será uno de los puntales del género durante los primeros años de su andadura.
De allí saldrán, en los años sucesivos, entre otros, Antonio Muñoz Degrain y José Moreno Carbonero, primeras medallas en 1884 por Los Amantes de Teruel y La conversión del Duque de Gandía.
Los tres cuadros representan temas nacionales, desde luego, pero en su dimensión emotiva se convierten en universales.
No puede decirse que defiendan tal o cual opción política, como había sido más habitual hasta entonces.
El servicio que prestan a la identidad nacional sigue presente, naturalmente, pero se plantea ya en otros términos, en tanto que tipos y episodios que supuestamente sólo pueden darse en España; o, más bien, en tanto que han sido concebidos por españoles que han merecido un reconomiento internacional.
En tal sentido, las exposiciones universales aparecen en el horizonte del pintor de historia -y del nacionalismo español-como un destino cada vez más merecedor de ser tenido en cuenta.
Cuadros de historia ya habían sido enviados a las exposiciones universales durante la época isabelina (en la de París de 1867 triunfó Doña Isabel la Católica dictando su testamento, de Rosales), pero fue a partir de los años setenta y ochenta cuando se llevó a una política sistemática de promoción del arte español en Europa y América, en el marco de la cual los cuadros de historia desempeñaron un gran papel.
Fue precisamente el fracaso que supuso la fabulosa sucesión de cuadros de historia desplegados en la Exposición Universal de París de 1889, lo que aceleró la crisis del género, a favor de los temas de carácter realista y social, que, en la última década del siglo, terminaron por desplazar a los de historia.
¿POR QUÉ LA HISTORIA SOBREVIVE EN LOS MONUMENTOS?
La Edad de Oro del monumento público coincide con la Restauración y alcanza su mayor prestigio como actividad artística en torno al cambio de siglo (Reyero, 1999; Peiró, 2004).
Por entonces la pintura de historia, cumplida la función identitaria que había desempeñado, ya está completamente desacreditada entre artistas, críticos y público.
Pero asuntos y personajes del pasado no desaparecen por completo de la inspiración artística en torno a 1900, en virtud de esta tipología en auge, aunque quedan restringidos preferentemente a ella, con independencia del uso que las imágenes históricas, en distintos soportes, siguen teniendo todavía.
Esta es una cuestión que sólo resulta sorprendente cuando se desconoce el papel que pintura y escultura tenían en la sociedad de su tiempo, que hay que relacionar, a su vez, con la forma, bien diferente, en la que pintores y escultores ejercían su actividad.
Aquéllos alcanzan antes su autonomía, tienden a pintar rápidamente CARLOS REYERO HERMOSILLA doi: 10.3989/arbor.2009.740n1085 cuadros pequeños de cualquier tema que se pone ante sus ojos, mientras los escultores siguen enfrentándose a una tarea laboriosa y compleja, en la que intervienen muchos factores externos a ellos.
Antes de 1875 se habían llevado a cabo algunos monumentos cuyo sentido nacionalista es evidente.
El caso más importante es el dedicado a Cervantes, de Antonio Solá, en 1835, colocado frente al Congreso de los Diputados en Madrid: significativamente, todos los grabados que tratan de dar a conocer el edificio, al que entonces se concede una gran importancia representativa, incluyen la figura del héroe de Lepanto y autor del Quijote, que es uno de los héroes españoles por excelencia.
Otro monumento importante, en parecido sentido, es el dedicado a Murillo, en la plaza del Museo, en Sevilla, inaugurado en 1864, cuyo modelo se utilizaría más tarde para el de Madrid, inaugurado por Amadeo de Saboya en 1871.
De ese momento (1868-69) es también el dedicado a Fray Luis de León en Salamanca.
Como se ve, para los primeros monumentos nacionalistas se eligen figuras en las que puede generarse una identificación unánime, sin enemigos ni imposiciones: solamente el orgullo de compatriotas.
Es bien significativo que escritores y pintores se encuentren entre los primeros españoles elevados a los pedestales.
No obstante, no hay que perder de vista su significado en relación con la ciudad donde se encuentran.
En general, escritores y artistas sirvieron al nacionalismo y al orgullo local indistintamente, como prueban los casos de Bécquer (1910-12) en Sevilla o de Pereda (1911) en Santander, ambos obra de Coullaut-Valera.
Es cierto que, ya en época isabelina, algunos tuvieron un carácter de marcada facción política, como el de Mendizábal (1854-69), en Madrid, cuyas controversias llegaron hasta la época de Franco, cuando se sustituyó por el más piadoso de Tirso de Molina, en la plaza rebautizada con su nombre, que perdió el del Progreso; o los dedicados a la reina Isabel II, todos los cuales cayeron en 1868.
Esa vertiente política, que en general tiene toda figura pública contemporánea, constituye un elemento fundamental de la escultura pública.
Madrid, como capital de España, fue el privilegiado escenario para el despligue de contenidos nacionalistas.
Además de los ya mencionados, relacionados con los episodios del Dos de Mayo, algunos de los que más explícitamente contribuyen a exaltar nacionalismo español, de un modo similar a como antes lo había hecho la pintura de historia, son el de Isabel Católica (1881-83), de Manuel Oms; el de Cristóbal Colón (1880-1892), de Arturo Mélida y Jeroni Suñol; y, sobre todo, el de Alfonso XII, en el Parque del Retiro, verdadero "altar de la patria" que constituye un espectacular despliegue en mármol y bronce de las más profundas aspiraciones del régimen político de la Restauración.
No obstante, también algunos de los emplazados en otras ciudades han de entenderse en clave nacionalista, sobre todo si su promoción, financiación y difusión se produjo en un ámbito nacional.
En este caso, su ubicación en una ciudad concreta, por justificadas razones históricas, no desdibuja sus más amplias miras.
Es el caso, por ejemplo, del Monumento a Isabel la Católica (1892) en Granada, obra de Benlliure (fig. 5); el de Colón (1905) en Valladolid, de Antonio Susillo; o el dedicado a Las Cortes y Sitio de Cádiz (1912Cádiz ( -1929)), de Aniceto Marinas y Modesto López Otero, en esta ciudad.
Por supuesto también los varios que se levantaron en relación con héroes o gestas de la guerra de la Independencia en Gerona, Madrid, Pontevedra, Santander, Segovia, Sevilla, Tarragona, Vitoria o Zaragoza.
El de Colón en Barcelona, ideado en 1882 e inaugurado en 1887, como emblema de la Exposición Internacional del año siguiente, es muy ilustrativo del papel que se quiere otorgar a la Corona de Aragón, y en particular a Cataluña, en la empresa americana, en general monopolizada desde el punto conmemorativo por Castilla.
Sin embargo, la mayoría de los monumentos levantados en las ciudades españolas entre las décadas finales del siglo XIX y las primeras del XX, honran el pasado y los héroes locales, con independencia de su papel en un ámbito más amplio.
Muy evidente resulta, entre otros muchos, en el Monumento al Padre Feijoo (1887) en Orense, de Juan Soler; el del Padre Mariana (1888) en Talavera de la Reina, de Eugenio Duque; el de Jovellanos (1891) en Gijón, de Manuel Fuxá; o el del Padre Flórez (1906) en Villadiego, de Aniceto Marinas.
No puede decirse que ninguno de ellos aliente el orgullo nacional español.
Incluso cuando se trata de grandes personajes históricos, su presencia en una determinada ciudad se debe más a una vinculación más o menos circunstancial con ella, que a la empresa que les hizo famosos: es el caso, por ejemplo, del Ésa constituye una de las principales razones por las cuales los monumentos conmemorativos en los que aparecían personajes históricos sobrevivieron a la crítica que, sobre la instrumentalización del pasado nacional, hicieron las generacioens de intelectuales más críticos, a partir de los años finales del siglo XIX.
Tendió a darse por supuesto que el orgullo local encerraba una dosis de autenticidad que en el nacionalismo de estado parecía impostada.
Hay que tener en cuenta, además, que, a diferencia de los cuadros, que se convierten fácilmente en imágenes, susceptibles de ser difundidas como iconos, al margen de la existencia de un objeto en un lugar, que, incluso, llega a olvidarse, las esculturas en el espacio público conservan la dimensión circunstancial en la que están ubicadas, donde lo propiamente representativo se desdibuja, por lo que fácilmente adquieren otras significaciones, más abstractas o, incluso, más subjetivas, derivadas de una pura percepción física, que no exige una mirada precisa ni una narración exhaustiva, como la pintura, ante la que hay que colocarse intencionadamente para ver y entender.
Tampoco hay que olvidar que, en general, el monumento conmemorativo, como tipología, tiene un desarrollo más lento que un cuadro.
Pero no por una falta de concienciación sobre la necesidad de que exista -los discursos académicos y los críticos reclaman y proponen constantemente el levantamiento de monumentos-sino por razones prácticas, ya que la construcción de un monumento es un proceso más caro y dificultoso que pintar un cuadro.
Exige tener en cuenta a muchas personas y superar inciertos avatares.
De hecho, muchísimos de los proyectos que se plantearon se quedaron en el camino.
El hecho de que un monumento sea un ejercicio público de poder, frente a la pintura, cuyos temas terminan por estar exclusivamente en manos de su creador, facilitó que los discursos históricos continuaran vigentes en la escultura por más tiempo.
Al fin y al cabo, las clases dominantes, educadas en unos ideales antiguos, estaban deseando ejercer ese poder, llevar a cabo, finalmente, aquella idea surgida años atrás que otros no habían sido capaces de coronar.
En ese sentido, la escultura pública es una manifestación artística que aún necesita más que la pintura del amparo oficial, incluso de una cierta unanimidad ideológica para funcionar como icono identitario.
Sólo las figuras consagradas por la historia disfrutan de ese asentimiento.
En los monumentos se reconoce un personaje, no un asunto, y la validez del personaje está por encima del modo de relatar.
Lo que verdaderamente entró en crisis de la pintura fue la falta de credibilidad de la puesta en escena y la manipulación ideológica de la trama, pero los protagonistas de la historia nunca estuvieron desacreditados.
Pudo haber una mayor simpatía hacia unos personajes o hacia otros, hacia los reyes o hacia los héroes populares, hacia la inusitada valentía de las mujeres o al viril arrojo de los hombres, hacia los benefactores o hacia los mi- litares, hacia los descubridores o hacia los gobernantes, pero, en tanto que seres humanos, el interés hacia su personalidad no se perdió nunca.
La escultura, que siempre arrastró la limitación de no poder contar una historia con la misma facilidad de la pintura, resultó, sin embargo, una práctica muy idónea para explorar el alma individual de los protagonistas.
Ese aspecto, eminentemente expresivo y simbólico, se encuentra muy incardinado en la cultura artística de 1900.
Finalmente, la expansión del monumento público coincide con el "amueblamiento" de las ciudades, especialmente de los ensanches, necesitados de identidad histórica, pero también de los antiguos cascos históricos, que tenían que ser embellecidos porque la ciudad era ya el gran escenario de la vida moderna.
Toda ciudad que se preciara debía tener monumentos.
En el fondo, lo importante era que el monumento existiera.
Ya se encontrarían motivos para pronunciar un discurso. |
La relación entre el estudio de las novelas escritas por Federica Montseny, y el interés por entender de qué manera se ha construido -o se está construyendo-en el ámbito de la literatura española del s. XX, una "literatura de mujeres" parece ser, a primera vista, bastante clara; pero cuando empezamos a rastrear los pocos artículos que se han escrito sobre las obras literarias de esta autora, así como sus bastantes biografías 1, los puntos de contacto entre ambos intereses, esos que, al principio, habían resultado tan evidentes, parecen diluirse, pues ¿qué pueden tener que ver con la categoría de "literatura de mujeres" si ésta misma y los estudios que la sustentan apenas se han encargado de los "folletines revolucionarios" que escribía?
Este artículo surge, por lo tanto, de esta constatación, e intenta indagar en ella tomando la propuesta de lectura de Paul de Man para sondear, si no las respuestas, sí la metodología que puede abrir alguno de los caminos por los que seguir para ir desentrañando los "puntos ciegos" no tanto de la obra de Montseny, como de la crítica a la que, usualmente, está destinada.
Por exigencias de esta metodología demaniana, que requiere el análisis detallado del texto seleccionado, he limitado mi estudio a la primera novela de la autora, La Victoria, y a los pocos artículos que, como se verá en la bibliografía final, existen sobre ella.
MONTSENY Y LA ETERNA PARADOJA ÉTICO-ESTÉTICA
Los estudios que se han realizado sobre las novelas de Montseny parecen coincidir, casi sin necesidad de más explicación, en lo que llaman la "paradoja ético-estética" que representan, es decir, en la supuesta contradicción que encarna el hecho de escribir sobre temas revolucionarios, desde una perspectiva anarquista en los años veinte y treinta en España, en el molde de un género literario antiguo, conservador, como parece ser el folletín.
Una primera aceptación de esta idea llega casi por inercia, casi sin darnos cuenta, cuando leemos: Paradójicamente, y a pesar de las intenciones renovadoras estéticas e ideológicas, por parte de los promotores de La Novela Ideal y La Novela Libre, estas novelas tienen un
carácter eminentemente moralizante, caracterizadas por una temática reiterativa con el fin de difundir los principios ideológicos del anarquismo y unas estructuras formularias cuyo origen había que remitirlo al folletín decimonónico burgués.
Sirva de ejemplo de esta contradicción ético-esté-tica...
Ahora bien, si nos fijamos atentamente en los presupuestos que conlleva aceptar esta afirmación, nos daremos cuenta de que, en realidad, no es algo tan nítido ni lógico como en un principio podía parecer.
Esta supuesta paradoja se sustenta en una premisa fundamental: la consideración de que un género literario, la división más intrínseca de la literatura según muchos, es algo más que un molde formal, es decir, algo que, además de unos rasgos retóricos determinados, tiene un componente ideológico que nos permitiría hacer una clasificación en géneros conservadores -como el folletín desde esta perspectiva-y géneros menos conservadores; podríamos pensar entonces que estos géneros menos conservadores podrían ser formas más experimentales de novela, formas más vanguardistas, alejadas de las obras que se suelen calificar como "de tesis".
Pero, como veremos, esto no está tan claro; la idea que, al principio parecía inocente y lógica, se desmorona cuando observamos las características que en la contracubierta del número 34 de La Revista Blanca, en octubre de 1924, se determinaban para la aparición de una nueva serie de este tipo de novelas:
No queremos novelas rojas, ni modernistas, ni eclécticas.
Queremos novelas que exponen, bella y claramente, episodios de las vidas empeñadas en la lucha en pro de una sociedad libertaria.
No queremos divagaciones literarias que llenen páginas y nada dicen.
Queremos ideas y sentimientos, mezclados con actos heroicos que eleven el espíritu y fortalezcan la acción 1 De la misma forma, podemos observar los fuertes ataques que Montseny realizaba desde las páginas de La Revista Blanca, al mismo tiempo que publicaba sus novelas, contra los "plumíferos vanguardistas" y contra su "literatura incolora e insignificante, exótica y disparatada" que tanto daño estaba haciendo en la juventud española, manteniendo que "Víctor Hugo era un imbécil y que Antonio Espina y Ramón Gómez de la Serna son los mayores y más exactos prestigios internacionales; que Monet junto a Picasso no valía nada y que la música sintética del charlestón es superior a la Novena Sinfonía" 2.
Si en vez de enunciarlo así se hubiese empezado señalando que no hay una correlación directa entre género folletinesco e ideología conservadora, de la misma manera que no la hay entre géneros vanguardistas e ideas progresistas, parecería mucho más transparente lo que queremos denunciar, la simplificación extrema que conllevaría aceptar el planteamiento inicial al que nos estamos refiriendo: que la llamada paradoja ético-estética se sustente en la aceptación de esta correlación directa, de esta simplificación; sin embargo, queda oculta (ocultada) por medio de una operación del lenguaje que habla de literatura que no es, en definitiva, menos tropológico, menos retórico, menos oscuro, que el propio lenguaje literario.
El problema, cuando hablamos de obras como las de Montseny, es que es fácil caer en este tipo de engaños porque, en definitiva, no tenemos apenas alternativas, pues nos resulta muy difícil acceder a sus textos; sólo una de sus novelas ha sido reeditada en los años que llevamos de democracia 3 y son difícilmente localizables en bibliotecas tanto las originales, como los artículos que por aquella época escribía en La Revista Blanca y en otras publicaciones anarquistas 4.
Además, es muy difícil, una vez las conseguimos, leerlas sin el filtro que supone su clasificación como "literatura menor" como "infraliteratura" que solemos aplicar a todo este tipo de publicaciones de propaganda política explícita 5.
Y si, finalmente, nos decidimos a abordarlas desde aquí, tenemos la dificultad añadida, ya enunciada por Tinianov en 1927, cuando comenta el problema que supone el estudio de la "literatura de masas" que se ha generado como reacción a la historia literaria tradicional; este autor nos advierte que este tipo de estudio "no ha logrado una conciencia teórica clara de sus métodos ni de su significación" (Tinianov, 1978, 89), dificultad que, todavía hoy, tenemos que tener en cuenta al transitar estos márgenes literarios.
Por lo tanto, la lectura que vamos a proponer de la novela pretende, por una parte, volver a leer toda esta producción literaria que, no por ser más explícita, es menos ideológica que las novelas que solemos estudiar como representantes de la literatura española anterior a la II República, así como también mostrar las posibilidades que esta metodología postestructuralista nos proporciona no sólo en la lectura de textos literarios y políticos, sino también en la de su posterior recepción y estudio dentro de la única categoría que, en nuestro caso, se ha interesado por las obras de esta autora, es decir, la de la "literatura de mujeres".
LA VICTORIA: UNA PROPUESTA DE LECTURA La crítica de que han sido víctimas mis primeras novelas ha sido, más que crítica noble y especulativa -salvando raras y admirables excepciones-crítica menuda, crítica que, olvidando la obra en sí y sus defectos, enfocaba antes el personaje de Clara en su carácter de nihilismo amoroso y la personalidad de la autora en lo que tenía de más vulnerable, inexperta y juvenil [la cursiva es mía] Esta cita, extraída del prólogo que Montseny realiza a la segunda edición de su novela, pese a referirse al momento concreto en el que fue escrita, después de las numerosas críticas de las que ya había sido objeto, puede ser extrapolable a su crítica actual y se constituye como una invitación sugerente para realizar la lectura que propongo, que va a consistir, simplemente, en volver a fijarnos en "la obra en sí" a partir, además, de la caracterización de La Victoria como "folletín" (Greene, 2002, 128) o como "novela rosa revolucionaria" (Bussy Genevois, 1994, 25), término que, como se ha visto, se repite en los pocos estudios que de sus obras se han realizado y que nos puede pasar por transparente e inocente, que incluso puede convencernos en la primera lectura que hacemos de la obra 6.
La Victoria es la historia de Clara, una joven huérfana de padre que vive con su madre y mantiene a su familia con el sueldo de profesora de idiomas y de dibujo; la acción de la novela se desencadena cuando, estando un día de paseo por un parque, escucha las palabras de un joven dirigente obrero; es a partir del encuentro con éste cuando Clara empieza su carrera revolucionaria dando clases y conferencias en el Ateneo de Divulgación Ideológica; su personaje va adquiriendo a lo largo de la novela más y más fama por su activismo dentro de los ámbitos libertarios, mientras que al mismo tiempo, en su vida sentimental, se multiplican las frustraciones, ya que ninguno de todo el catálogo de hombres que se le presenta a lo largo de los diecisiete capítulos, la convence; ni sus amigos intelectuales ni sus camaradas libertarios están preparados para compartir la vida con una mujer independiente y, como ella no está dispuesta a someterse a las leyes de amor en pareja, entiende que sólo encontrará la felicidad en su soledad y "en forma de infinito amor a la Humanidad" 7.
Pero lo interesante es cómo la novela incumple, de manera bastante clara, las dos características básicas que, normalmente, se suelen aplicar a las novelas de folletín, en lo que respecta a su acción, por un lado, y a sus personajes, por otro 8.
Normalmente, este tipo de novelas se suele caracterizar por estirar al máximo una trama de enredo en la que se exaltan los valores emotivos y melodramáticos.
En la estructura que compone la acción de nuestra novela, podremos ver que dos son las unidades predicativas principales, los núcleos que la conforman; ambas son unidades de temática amorosa que se estructuran de la misma forma: el encuentro y el posterior enamoramiento entre los personajes se produce muy rápidamente, sin apenas rodeos, mientras que las conversaciones que conllevan a la frustración de las expectativas creadas, sin embargo, ocupan un mayor espacio, se tratan con más cuidado, con más interés.
Existe un desequilibrio, por lo tanto, en lo que a extensión y detallismo se refiere, entre la narración de las peripecias entre los personajes, la explicación y el ahondamiento en sus sentimientos -que parecería ser lo característico de este tipo de novelas-y las largas conversaciones que les llevan, finalmente, a la frustración.
Pasaremos a analizar más detenidamente estos dos núcleos sin dejar de señalar que en la novela podemos también encontrar otras unidades predicativas que juegan un papel secundario, el de reforzar y conectar a las principales mediante la repetición de esta misma situación; nos referimos a las relaciones de Clara con Emilio Lucerna, un burgués que se enamora de ella por considerarla "extravagante" y del que se defiende comprándose "un revólver de señora" y con Adolfo del Valle, un tímido profesor que se enamora perdidamente de ella y al que rechaza porque -según señalanadie necesita "esclavos".
El primero de los núcleos es el que narra el encuentro y enamoramiento de Clara y el joven dirigente obrero cuyo discurso en el parque la hace implicarse en la causa revolucionaria; se llama Roberto Montblach y es el personaje que la invita a iniciar sus clases y conferencias en el Ateneo; se nos informa del amor entre los dos jóvenes mediante un escueto párrafo en el capítulo V: Los dos eran jóvenes, inteligentes y libres.
Les unía la atracción amorosa y la afinidad ideal; pero entre ellos flotaba imperceptiblemente, dolorosamente, el temor mutuo de no comprenderse, de no ser dignos el uno del otro, de no haber condiciones en ellos para unirse y ser felices Al compararlo con el resto del capítulo, se aprecia claramente el desequilibrio al que nos referíamos; las siguientes ocho páginas que lo configuran son el diálogo, la conversación entre los personajes que, si bien comienza como una discusión política sobre el valor del individualismo y la fe en uno mismo, en realidad, tanto ellos como nosotros, estamos forzados a leerla en clave amorosa:
-Supongo, Clara, que esta discusión no tiene importancia.
La joven le miró con los ojos entre tristes y disgustados.
-Según -contestó un poco vacilante-.
Tiene y no tiene importancia.
En síntesis, la diferencia de conceptos y caracteres de usted y míos es muy secundaria en lo que respecta al mutuo aprecio de nuestras condiciones.
Pero mirada bien y desde el punto de vista de lo que significa, abre un abismo entre los dos.
En fin, dejemos ahora esto.
Otra vez hablaremos Esta lectura metafórica de una conversación político/amorosa es la que conduce, en ambos casos, a la frustración del amor que parecía acabar de surgir; si Roberto oye una voz interior que le dice "No es mujer que convenga a ningún hombre.
No encontrarás en ella caricias, dulzuras, ni la sumisión tan adorable [...]
No serán ternuras lo que hallarás a su lado.
No serán tus brazos los que protegerán una debilidad que no tiene" ella, tras despedirse de él una vez ha terminado su clase, piensa "que en el alma de Roberto se había roto el lazo que lo ligaba a ella.
Y en la suya también se rompía, queda, muy quedamente, la ilusión de su primer amor".
En el segundo de los núcleos, Clara y el novelista Fernando Oswalt se enamoran a pesar de sus diferentes concepciones políticas y sociales con respecto al papel que debe jugar la mujer; Fernando es un novelista famoso por cultivar en sus obras un ideal de mujer culta e inteligente, encarnación misma de un ángel al que dice amar y defender; sin embargo, Clara piensa que "todas las defensas masculinas de la mujer, las de Oswalt inclusive, se dirigen a la mujer como mujer, no como ser humano [...]
Proteger la debilidad femenina es obra de hombres buenos y caballerescos, pero nunca obra reivindicadora de la mujer"; a partir de las conversaciones que ambos personajes mantienen alrededor de estos temas, en las que podemos ver nítidamente contrapuestos los posicionamientos feministas de Clara (alter ego de la autora) y de Fernando, él se enamora de ella pero a ella, según dice, le resulta imposible enamorarse de él porque no es "un hombre del mañana" y, por lo tanto, no podría hacerla feliz.
Nuevamente, las largas conversaciones que mantienen los personajes en los cinco últimos capítulos de la obra, que empiezan siempre versando sobre el ideal de la mujer revolucionaria, o la necesidad de su educación, son leídas por ambos en clave amorosa, cosa que, de nuevo, nos lleva a la frustración de las expectativas iniciales.
Por lo tanto, y a la luz del análisis de sus unidades predicativas, nos resulta muy difícil aceptar que la acción de La Victoria se sostenga en el enredo y en las peripecias amorosas de los personajes; si bien es cierto que es el sentimiento amoroso, situado siempre en la otra cara del compromiso político, constituyen las dos temáticas principales y opuestas sobre las que pivota Clara.
La acción, en realidad, carece del enredo -las unidades no se cruzan, no se mezclan, no hay apenas personajes que intervengan en ellas-y, sin embargo, éste es sustituido por largas conversaciones en las que Montseny intenta encarnar diferentes concepciones del amor y del compromiso político de los personajes que se pasean por sus páginas, siempre en contraposición a los planteamientos de su heroína.
De la misma forma que la novela no cumple esta primera propiedad esencial de la novela de folletín, en la construcción de sus personajes hay algo que tampoco encaja.
Si bien podemos encontrar personajes secundarios que sí podrían ser entendidos como "tipos", como personajes maniqueos -el burgués Lucerna, el intelectual del Valle, o la envidiosa Evora-la complejidad psicológica tanto de Clara como de sus dos acompañantes, Roberto y Fernando, es manifiesta; Clara es un personaje escindido en toda la novela entre sus ideales revolucionarios y su vida sentimental, entre sus aspiraciones profesionales y sus posibilidades personales, entre el camino para hallar éxito intelectual y político y su felicidad individual; tanto Roberto como Fernando son personajes a los cuales Clara desenmascara: si bien, tras la máscara revolucionaria y radical de Roberto se encuentra una concepción profundamente patriarcal e inmovilista tanto de la sociedad como de la revolución, tras el amor y la defensa de la feminidad de Fernando, sustentada en la asunción de la debilidad y de la necesidad de protección de la mujer, volvemos a encontrar los mismos planteamientos patriarcales y conservadores a los que Clara desafía.
Por lo tanto, la "simplicidad de caracteres" tampoco puede tomarse, en esta novela, como marca decisiva para su adscripción a este género.
Tomando en cuenta las dos consideraciones bajtinianas básicas acerca del género literario aplicadas a esta obra de Montseny, podremos ir un poco más allá en la argumentación: si, por una parte, un género es la construcción de un "modelo de mundo" a través del cual interpretamos la realidad -en este caso el modelo folletinesco, en boga desde mediados del XIX-y, a la vez, es "memoria creativa", posibilidad de cambio, podemos observar cómo esta novela utiliza el modelo folletinesco para defraudarlo, para cuestionarlo, por medio de las variaciones de acción y personajes que funcionarían, desde nuestro punto de vista, como los "anticuerpos" que se introducen en el género literario para desdecirlo desde dentro, para demostrar que, en cualquier caso, su construcción no es menos ficcional que las novelas mismas.
Por lo tanto, no es que defendamos que las novelas de Federica Montseny hayan sido mal encasilladas por la crítica -ya que, en cualquier obra en la que queramos ver la encarnación exacta de un género, nos pasaría más o menos lo mismo-sino que, lo que nos interesa demostrar, es que cuando procedemos a la confrontación de un texto literario con la crítica que él mismo ha generado, con sus lecturas, lo que se pone en evidencia es una tensión, una inadecuación similar a la que sucede cuando confrontamos un significante lingüístico con el referente al que parece representar.
Pero no se trata aquí únicamente de documentar esta tensión, sino de ver cómo se ha solucionado en las lecturas de la obra pues, lo que realmente interesa señalar es queel hecho de que las novelas de Montseny hayan sido clasificadas como folletines o novelas rosa (o incluso como novelas propagandísticas en el sentido más negativo del término) no es algo ideológicamente "inocente" ni "neutro".
De la misma manera, podrían haber sido tratadas como "novelas sociales" o "novelas políticas", términos que en la historia de literatura española se han utilizado para estudiar las obras de listados de autores en los que nunca aparece el apellido Montseny.
Si bien, como se ha señalado, la adaptación a su definición nos depararía probablemente, en nuestra propuesta de lectura, las mismas dificultades para adscribirla enteramente a estos términos, las consecuencias en la realidad, es decir, los "efectos preformativos" de dicha clasificación habrían sido muy diferentes.
Designar a una novela como de folletín, rosa o propagandística, conlleva, en la realidad, su exclusión de los circuitos literarios teóricos, críticos y universitarios que tratan sobre literatura culta, literatura seria, donde sí caben, paradójicamente, las propuestas de las llamadas novelas sociales o políticas.
Por lo tanto no debemos perder de vista que, a pesar de que esta metáfora que llamamos género literario sea una convención necesaria que clasifica para hacer posible el estudio de los textos, no es, en ningún momento, inocente ni objetiva, y debe ser cuestionada en cualquier planteamiento revisionista de las obras de una autora como Federica Montseny.
LA VICTORIA EN LA "LITERATURA DE MUJERES"
La argumentación hasta aquí nos ha llevado a la consideración de los géneros literarios como tropos, como metáforas con efectos en la realidad que, sin embargo, son presentadas por el discurso que habla de literatura como entidades dadas, homogéneas y objetivas.
Llegados a este punto, me interesa dar un paso más allá para apuntar que esta misma concepción puede ser sustentada cuando hablamos de la categoría literaria sobre la cual estoy basando mi investigación, la única que se ha encargado, aunque sea de refilón, de las obras literarias de Federica Montseny, la llamada "literatura de mujeres".
Sin duda, se trata de un término cada vez más utilizado por el discurso que habla de literatura, es decir, obras teóricas, críticas, pero también que sostiene un buen número de colecciones editoriales, de revistas, de grupos de investigación, de cursos universitarios, etc. Si miramos hacia atrás, la construcción de esta categoría literaria es uno de los objetivos perseguidos por el desarrollo de la teoría literaria feminista en el último tercio del s. XX y que se crea como estrategia política, en principio, no para considerarla un tipo de literatura diferente, sino para reivindicar a un conjunto de escritoras que han compartido una historia marginal común en los sistemas literarios 9.
Ahora bien, esta estrategia pionera de la teoría literaria feminista en el rescate y estudio de las obras de mujeres que, con su existencia misma, cuestiona toda la presunta objetividad de los anteriores discursos sobre literatura, corre el peligro de ser fagocitada por ellos y de acomodarse -como estamos acostumbrados a ver-como una más de las categorías literarias dadas, como un capítulo cerrado de un manual que no molesta, que no cuestiona, sino que se yuxtapone a los demás en un índice más o menos tradicional y siguiendo sus mismos planteamientos y valoraciones -llámense "estéticas" o de "calidad literaria"-que, en definitiva, vuelven a excluir unas obras mientras privilegian otras y, a la vez, intentan convertir en homogénea una categoría que, por definición, es multiforme y diversa 10.
Por lo tanto, y antes de terminar, es necesario poner al descubierto la conjugación de las dos metodologías que se han ido proponiendo en las páginas anteriores: por una parte, la lectura demaniana tomada siempre como "arma indispensable y poderosa para desenmascarar aberraciones ideológicas" (de Man, 1990b, 23); por otra, la adaptación al feminismo de la lectura en contrapunto de Said que consiste en "llevar la resistencia hasta sus últimas consecuencias [...] no ya sobre lo que se ve, lo visible, sino sobre lo que el texto y sus lecturas ocultan o han ocultado" (Carbonell, 1997, 277).
Una lectura en contrapunto de la propia "literatura de mujeres" que se fije en las obras relegadas a los bordes, a la periferia, a la "literatura menor" -en el sentido de Deleuze y Guattari-que encontramos en esa misma categoría creada, dentro de la cual, las novelas rosa propagandísticas o folletines de Montseny serían sólo un ejemplo.
Esta mezcla de lecturas que proporcionan ambas metodologías se revela como una estrategia válida para impedir la fosilización de una categoría a la que le queda un gran recorrido por realizar, muchos "efectos preformativos" que producir en el estudio de la literatura española del s. XX; una dinamización que tendría que pasar, sin duda, por la auto-revisión y reformulación continua de las preguntas de las que surgió, así como por una auto-crítica de las respuestas parciales que se han ido conquistando en los últimos años, con el fin de hacerla consciente, como mínimo, de las trampas, malentendidos y ocultaciones que lleva a cabo todo lenguaje que hable sobre literatura, ya sea el de la crítica, el de la historia o el de la propia teoría. la indomable un ámbito aislado de la realidad, de la vida, de la política; la literatura no es un reflejo en un espejo, sino un "buril forjador de humanidades nuevas", por lo que no puede existir un arte nopolítico; a partir de estas bases, la mejor literatura será la que encarne los ideales libertarios con el fin de propagarlos.
6 Voy a utilizar para todo el análisis la tercera edición de la novela, publicada en 1930, cuatro años después de la primera, por dos razones fundamentales; la primera es que es la única accesible tanto en la Biblioteca Nacional como en la Biblioteca Histórica de la Universitat de València (una primera edición aparece en el catálogo de la Biblioteca de Catalunya, pero no me ha sido posible consultarla); la segunda, también importante, es que en ella encontramos un inteligente prólogo, merecedor por él mismo de un análisis detallado, en el que Montseny, además de defenderse de las críticas de la obra, despliega una gran habilidad retórica para darnos las claves de lectura y de recepción que tuvo la novela en los ámbitos intelectuales españoles de esa época.
7 No voy a comentar en este artículo la solución que Montseny propone en El hijo de Clara.
Segunda parte de La Victoria.
A menudo, en los análisis que se han realizado, se han mezclado ambas novelas que, a pesar de mantener unos personajes comunes, desde mi punto de vista, pueden ser leídas como independientes.
8 Me baso en las definiciones normativas que de este tipo de novelas podemos encontrar tanto en la 22.a edición del DRAE (2001) como en Estébanez Calderón (1996): Diccionario de términos literarios, Madrid: Alianza.
9 Moi, Toril (1988): "Literatura de mujeres y mujeres en la literatura", Teoría literaria feminista, Madrid: Cátedra, pp. 61-79.
10 Este peligro ha sido señalado por muchas investigadoras en las últimas décadas; como ejemplo, cito el toque de atención con el que Simón Palmer acaba uno de sus artículos y que, a mi entender, ilustra perfectamente lo que intento explicar: "resultan absurdos los esquemas tradicionales que tratan de englobar la literatura femenina en un mismo bloque, como si el hecho de ser mujer llevara consigo una uniformidad ideológica" (Simón Palmer, 1989, 97). |
La escultura pública acompañó al desarrollo arquitectónico y urbanístico de La Habana desde su surgimiento hasta su cabal consolidación como ciudad moderna hacia finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, contribuyendo de modo sustancial a la configuración de sus perfiles y a la monumentalidad que la caracteriza como capital de Cuba.
El desarrollo del arte monumentario conmemorativo, además de reflejar el repertorio icónico de la nación cubana a lo largo de su proceso histórico, constituye un reflejo de la evolución de los derroteros estéticos en el tránsito hacia una renovación formal y conceptual que, finalmente, coloca a esta manifestación en un lugar protagonista entre de las diferentes expresiones de su cultura artística cubana.
Cuba; la Habana siglos XIX y XX; escultura cubana; arte monumentario.
Cuando el General Juan Bitrián de Viamonte -quien asumió la gobernación de la ciudad capital de Cuba hacia el final del último tercio del siglo XVII (1630-1634)-mandó edificar la torre del Castillo de la Real Fuerza y la hizo rematar con una discreta giralda, estaba lejos de imaginar que aquella iniciativa inauguraba la historia de la escultura pública habanera, y que la joven india representada en bronce se erigiría muy pronto en el símbolo de la villa de San Cristóbal de La Habana.
En efecto, La Giraldilla -así denominada por su condición de veleta antropomórfica destinada a indicar a los marinos la dirección del viento-, es la primera obra artística que se conserva realizada en la Isla y ha llegado a identificarse con el nombre de la ciudad capital, "al punto que se dice que aquéllos que visitan nuestra tierra y que no lo han observado, han venido a La Habana y no la han visto" (Venegas, 1990, 30).
Su autor, Gerónimo Martínez Pinzón, puede ser considerado entonces el primer escultor nacido en esta villa, al parecer predestinada a engalanar con bronces y con mármoles sus principales edificios, plazas y avenidas desde aquellos primeros siglos coloniales.
En cuanto al arte conmemorativo, el primer exponente habanero se localiza en los inicios de la segunda mitad del siglo XVIII, cuando la caída de la vieja ceiba -"la más temprana representación del municipio de la Villa de San Cristóbal de La Habana" (Venegas, 1986, 93)-motivó la construcción de una columna pétrea, de unos ocho metros de altura, la cual marca el sitio donde radicó aquel primer símbolo de justicia y derecho ciudadanos: La Columna de Cajigal, así llamada en tanto fue levantada por iniciativa del gobierno de Francisco Cajigal de la Vega hacia el año 1754, en conmemoración de la celebración de la primera misa y del primer cabildo.
En el siglo siguiente, específicamente en 1827, se acometió la remodelación y ampliación de esta obra: la primitiva columna fue rematada por una nueva imagen de la Virgen del Pilar y enriquecida con nuevos elementos, construyéndose entonces ese sobrio edificio de inspiración griega: El Templete, fiel exponente del lenguaje neoclásico, en cuyo interior se instalaron las tres grandes pinturas murales ejecutadas por el artista francés Juan Bautista Vermay, todas alusivas a la fundación de la ciudad en 1519.
Quedó así constituido el más antiguo conjunto conmemorativo de La Habana y de la Cuba colonial, una obra de franca atmósfera y vocación clásicas, emplazada en la Plaza de Armas -la primera de las plazas mayores habaneras-que también fuera oportunamente remodelada durante el último tercio del siglo XVIII.
Precisamente por aquellos años, bajo el influjo de las transformaciones políticas y administrativas que experimentó la Corona tras la recuperación de la Habana en 1763, y como resultado bastante inmediato de la aplicación de las fórmulas del llamado Despotismo Ilustrado en sus posesiones americanas, tuvo lugar el replanteamiento del cuerpo arquitectónico y urbanístico de la capital de la Isla, con el diseño de un Plan de Obras Públicas que se inicia bajo el mandato del Gobernador Marqués de la Torre (1771)(1772)(1773)(1774)(1775)(1776).
Este proyecto estuvo acompañado por un importante despliegue de la escultura pública en tanto manifestación llamada a desempeñar un papel muy activo en la nueva estructuración de las funciones urbanas.
En tal sentido se destacaron las numerosas fuentes que fueron ubicadas en los nuevos paseos perimetrales y en otros puntos claves del trazado de la ciudad, otorgándole singular relevancia a sus respectivos entornos como nuevos núcleos de las actividades recreativas de la población capitalina.
La primera mitad del siglo XIX no fue menos pródiga en cuanto a la presencia del arte público vinculado a la cualificación de las más importantes avenidas.
Durante el período de Gobierno de Don Miguel de Tacón, especialmente interesado en las intervenciones urbanas con un nítido propósito de exaltación simbólica del poder colonial, se emprende la remodelación del propio Paseo del Prado (y de sus numerosas fuentes) y de la llamada Alameda de Paula (el más connotado eje vial intramural) donde fue ubicada, en 1847, una singular fuente conmemorativa dedicada a los héroes de la marina española -la Columna O'Donell-, que fue popularmente bautizada con el nombre de su patrocinador, el Capitán General O'Donnell.
La mejor dotada de nuestras avenidas del XIX en lo que respecta al número de fuentes, rotondas, arbolado y mobiliario urbano -más poblada incluso que el Paseo del Prado-fue la denominada Alameda de Tacón, también conocida como Paseo Militar o de Carlos III.
Allí se dispusieron en poco más de un año (1836-1837), en el ámbito del llamado Plan de Obras Públicas de Don Miguel de Tacón, cuatro fuentes bien pródigas en alegorías grecolatinas y un abundante número de estatuas y bustos representativos de diferentes divinidades olímpicas, estos últimos destinados a embellecer los jardines de la llamada Quinta de los Molinos, casa de recreo del Capitán General.
No obstante, lo mejor de la escultura pública decimonónica en La Habana (y en toda Cuba) se le reconoce y agradece al prodigio y talento de un escultor italiano: Giuseppe Gaggini, cuya labor enalteció a esta ciudad con realizaciones emblemáticas que le otorgaron tempranamente un sello de grandeza, singularidad y distinción.
El es el autor de la Fuente de los Leones -inspirada en la homónima fuente granadina y que, como aquélla, exhibe las clásicas figuras de la heráldica española-, que fuera instalada en 1836 como ornamento focal de la Plaza de San Francisco; y es también el creador de la archiconocida Fuente de la India o de la Noble Habana (fig. 1), emplazada en 1837 en las inmediaciones del Campo de Marte y rápidamente devenida el símbolo más popular de la ciudad en la pasada centuria.
Esta última fue considerada en su tiempo "lo mejor que ha venido a la América".
Se emplazó cuando llegó de Italia, en 1837, frente a la salida de la Puerta de la Tierra y de espaldas a la Puerta del Este, también llamada de Tacón, desalojando de su antiguo recinto a la Estatua del Rey Carlos III que allí estuvo ubicada desde 1803.
La figura que corona el conjunto representa a una gallarda joven india que mira hacia el Oriente evocando a la ciudad de La Habana.
Tal alegoría fue plenamente intencionada.
Frente al Plan de Obras Públicas emprendido por el ya mencionado Gobernador español, cuyo objetivo político era la apropiación simbólica del cuerpo de la ciudad en tanto expresión del progreso de la Colonia al amparo de la Metrópolis, se hizo notar la respuesta de la oligarquía criolla que emprendió un plan paralelo de iniciativas urbanas liderado por el ilustre hacendado habanero, Conde de Villanueva.
La ejecución de la Fuente de la India constituyó parte esencial de ese plan "alternativo"; como lo explica Carlos Venegas, la obra escultórica fue manifiestamente concebida como una "alegoría de la ciudad; con una actitud serena, porte y perfil clásicos, la figura femenina se disfrazaba de indígena, lo que equivalía a decir de autóctona, convirtiéndose en el símbolo más popular de La Habana del siglo XIX" (Venegas, 1990, 30).
Algunas voces le criticaron a su autor el anacronismo de modelar a una india con facciones griegas, otros le perdonaron el desliz atribuyéndoselo, comprensivamente, a los modelos europeos de la estatuaria que debieron signar sin remedio su gusto e ideal estéticos.
Pero al margen de la voluntad consciente de Gaggini "la híbrida solución de una india neoclásica, precursora de las futuras imágenes literarias de nuestra poesía siboneyista, sintetizaba como ninguna otra el anhelo de modernidad y el impulso civilizador de la aristocracia nativa" (Venegas, 1990, 30).
De modo que le debemos al virtuoso artista genovés, verdadero pionero de nuestro arte escultórico, no sólo la autoría de esa imagen símbolo del espíritu de rebeldía y resistencia secular de los cubanos, sino también la oportunidad de presentar a nivel público un valioso exponente de buen hacer, que impuso su calidad frente a la pléyade de mediocres estatuas de monarcas hispanos.
Ciertamente, más allá de las fuentes, la tipología monumentaria de mayor peso y presencia en La Habana colonial fue la estatuaria conmemorativa.
Entre los exponentes que la conforman sobresalen la ya referida Estatua de Carlos III y la Estatua de Fernando VII.
La primera, fue ejecutada en España por el escultor logroñés Cosme Velásquez, quien por aquel entonces se desempeñaba como Director de la Academia de Bellas Artes de Cádiz, y fue emplazada en 1803 en el denominado Campo de Marte (en las inmediaciones de la muralla); más tarde (hacia 1836), se le trasladó al umbral del mencionado Paseo de Tacón o Paseo Militar, el que a partir de entonces recibió el nombre de Paseo de Carlos III.
La Estatua de Fernando VII, por su parte, realizada en 1834 y ubicada en el mismo centro de la Plaza de Armas (para rendir tributo al monarca fallecido el año anterior), es autoría del también hispano Antonio Solá -Académico de San Fernando y San Lucas-, quien ejecuta el encargo en la ciudad de Roma.
Ambas piezas evidencian en sus respectivas facturas la influencia de los códigos neoclásicos fríamente interpretados e incorporados en las Academias europeas de la época, fundamentalmente la española y la italiana, que son las de mayor incidencia, sin duda, en las producciones plásticas que la Isla importa o que en la misma se ejecutan a lo largo de todo el siglo XIX.
Completa la galería de los monarcas esculpidos la marmórea Estatua de Isabel II, pieza de 1855 que le fue encargada al artista francés Philippe Garbeille para ser ubicada en el Parque Central, donde sustituyó a una minúscula imagen de bronce de la propia soberana que allí fuera ubicada en 1840 1.
Mientras que, a otro artista italiano -G.
Cucchiari-, de quien se dice que llegó a la Isla a través de su compatriota Gaggini, se atribuye la autoría de otra pieza fundamental de la escultura conmemorativa habanera de la época colonial, aunque ubicada, en este caso, en el interior de un importante edificio.
Nos referimos a la Estatua del Almirante Cristóbal Colón (1860), colocada el majestuoso patio central del Palacio de los Capitanes Generales donde se alza sobre un alto y sencillo pedestal la imagen sobria, elegante y hermosa del descubridor de América.
Esta es, por lo demás, la única de las obras hasta aquí mencionadas que se mantuvo inamovible y se encuentra todavía en su emplazamiento original, quizás precisamente por el hecho de no haberse visto sometida a los avatares que impuso a todas sus contemporáneas la incesante dinámica del desarrollo urbano.
A propósito del arte escultórico durante los siglos coloniales, el Dr. Luis de Soto, la voz más autorizada de la crítica y la historia del arte cubano en lo que respecta a esta manifestación, escribió en 1953: "Nuestra escultura en la centuria pasada como en las precedentes sigue siendo cubana sólo por el lugar de su emplazamiento, y, a veces, por el tema, ya que son sus autores extranjeros y el contenido de las obras se ajusta a las tendencias en boga en la Europa de entonces" (Soto, 1953, 582).
En realidad, sólo la última de las esculturas públicas realizadas en el siglo XIX es obra de un creador cubano.
Se trata del Monumento al Brigadier de Ingenieros Francisco de Albear y Lara (autor del acueducto de La Habana y de otras importantes obras civiles de la época) que fuera erigida en 1893 en una pequeña plaza muy próxima al Parque Central (en la intersección de las calles Obispo, O'Reilly, Zulueta y Bernaza) y que fue ejecutada por José Villalta de Saavedra, el primer escultor cubano, formado como artista primero en Canarias, y luego en Carrara, en Florencia y, por último, en Roma.
Las tres últimas piezas mencionadas denotan una sensible mejoría en cuanto al nivel de ejecutoria artística cuando se las compara con las anteriores, pero ni siquiera las honrosas excepciones nos permiten evaluar de positivo el saldo artístico global de las producciones conmemorativas de La Habana durante la etapa colonial.
Salvando las distancias apreciables entre unas piezas y otras, las unifica a todas, en última instancia, la rigidez del lenguaje académico que se expresa en el tratamiento del retrato escultórico así como el esquematismo y la alta dosis de improvisación con que suele resolverse, en la mayoría de los casos, su inserción en el entorno ciudadano.
Mucho más meritorios que la pléyade de estatuas vinculadas a las fuentes públicas y a la desbalanceada galería de marmóreos monarcas y otros personajes ilustres, resultaron los trabajos escultóricos integrados a los más importantes monumentos funerarios que a finales del siglo pasado fueron erigidos en el Cementerio "Cristóbal Colón".
Baste mencionar aquí las dos obras de mayor repercusión en esta tipología, a saber: el Mausoleo de los ocho estudiantes de medicina fusilados en 1871 por el gobierno colonial (1891), y, el Mausoleo de los bomberos víctimas de la hecatombe del 17 de mayo de 1891 (1897).
El cubano José Villalta Saavedra -quien también fuera el autor del grupo escultórico titulado Fe, Esperanza y Caridad, que remata la entrada monumental de la necrópolis (donde representó el tema de las virtudes teologales) y de los relieves que decoran sus muros con interpretaciones de La Crucifixión y La resurrección de Lázaro-ganó mediante concurso el derecho a erigir el referido Mausoleo de los ocho estudiantes de medicina..., en el cual representó a través de figuras femeninas de cuidadosa factura (hechas en el mejor mármol de Carrara) los elevados conceptos de "La Conciencia Pública", "La Justicia" y "La Inocencia", ubicándolas en una estructura arquitectónica compacta, de forma piramidal, rematada por la consabida columna trunca cubierta con manto y corona.
Por su parte, los españoles Julio Martínez Zapata (arquitecto) y Agustín Querol (escultor) resolvieron el Mausoleo de los bomberos... a partir de un esquema compositivo similar, de cuerpo arquitectónico central escalonado, coronado en este caso por un grupo escultórico que simboliza al "Ángel de la Fe" conduciendo en brazos a una víctima hacia "La Inmortalidad", y flanqueado en los cuatro ángulos del basamento por cuatro bellísimas alegorizaciones de "El Dolor", "La Abnegación", "El Heroísmo" y "El Martirio".
Tal vez pueda objetársele a ambas realizaciones que los atisbos románticos de sus contenidos y la espiritualidad que debía dimanar de tales interpretaciones quedaran parcialmente aprisionados bajo la rigidez y frialdad de un canon compositivo definitivamente marcado por una vocación neoclásica demasiado severa.
Pero lo cierto es que, en virtud de la osada monumentalidad de sus dimensiones y de la virtuosa factura de sus exquisitos mármoles, estas obras sobresalen todavía entre los cientos de monumentos funerarios que fueron colmando el cementerio habanero, tanto que hoy día, a más de cien años de su ejecución, siguen dominando en términos de prestancia el arte funerario de una de las necrópolis más hermosas del continente americano.
Fuera de aquel recinto sagrado, ninguna de las piezas escultóricas concebidas para engalanar la ciudad o para rendir homenaje a los monarcas que dictaban los destinos de la Isla se aventuró con similar escala ni con tamaña complejidad en cuanto a su concepción y solución.
En este sentido no debe perderse de vista que el hecho de que tales piezas eran ejecutadas en Europa (fundamentalmente en Italia), con un desconocimiento casi total por parte de sus autores acerca de las características específicas del entorno físico al cual estaban destinadas.
En la práctica, las estatuas y los bustos, lo mismo que las fuentes, fueron trasladadas de un lugar a otro en virtud de nuevos criterios de proyección urbana, o con el afán de (re)valorizar los niveles de representatividad de determinados edificios, plazas y avenidas.
Algunas estuvieron incluso a merced de acontecimientos políticos ocurridos en la lejana metrópolis, los que siempre provocaron alguna que otra resonancia en sus territorios de ultramar.
De manera que a pesar de la importancia que la iniciativa oficial le concedió a este tipo de producciones en lo que respecta a su dimensión simbólico expresiva, y aun cuando la inmensa mayoría de las obras ejecutadas articulaban con los sucesivos proyectos de crecimiento urbano, las mismas testimonian una concepción todavía muy limitada de la creación monumentaria, sobre todo en lo que atañe a su proyección ambiental.
Ellas apenas constituían la génesis, el boceto preliminar de una ciudad que solo a partir de la centuria siguiente alcanza a definir y a consolidar su imagen monumental.
El cambio de siglo -en nuestro caso asociado con el nuevo estatus político de Cuba en virtud de la proclamación de la República en 1902-no comportó significativas rupturas en cuanto a los derroteros esenciales del proceso plástico nacional.
Tampoco se interrumpió esa presencia ascendente de la escultura pública en el espacio urbano habanero (y de otras ciudades del país), aunque ahora concurren nuevas circunstancias que matizan con tintes muy propios el desarrollo del arte conmemorativo.
Hasta este momento el quehacer escultórico monumentario había dependido, casi absolutamente, de una iniciativa oficial marcada por la voluntad política del régimen de dominación colonial que impuso, como ya se ha explicado, temas, modelos y artistas foráneos.
La nueva condición republicana, con la regencia de un gobierno propio, presuponía la acción consciente y responsable de un nuevo comitente en favor del encargo y la financiación de obras inspiradas en la tan ansiada vocación nacionalista.
La situación, sin embargo, no se tornó mucho más halagüeña debido -entre otros factores-al bajo nivel cultural de la clase que accede al manejo económico y político del país.
En efecto, la carencia de patrones culturales sólidos en esta nueva oligarquía nacional se revirtió en una producción monumentaria apegada a una tradición mimética y desvitalizada desde el punto de vista estético, cuya mirada siguió clavada en el modelo europeo, pero no en aquellas nuevas y atrevidas formulaciones que dimanaban de sus Salones de Independientes, sino en las aletargadas normas todavía vigentes en sus Academias de Bellas Artes.
Por si fuera poco, el arte conmemorativo se vio notoriamente contaminado por otras cualidades negativas de naturaleza extrartística, básicamente asociadas a la demagogia política, a la inercia de la gestión inversionista y al nefasto signo económico de la malversación.
La primera de las obras erigidas fue el Monumento a José Martí en el Parque Central capitalino, la cual fue costeada por suscripción pública con el dinero recaudado por una colecta popular que se inició en pleno año 1900, bajo las difíciles condiciones de la intervención militar estadounidense en la Isla.
La estatua fue ejecutada en Florencia en 1902 y traída a Cuba en 1903; tuvo que aguardar otros dos años por el crédito que debía otorgar el gobierno para concretar su emplazamiento.
Finalmente, fueron de nuevo las donaciones particulares las que permitieron reunir el dinero necesario para proceder al montaje del monumento cuya inauguración oficial tuvo lugar el 24 de febrero de 1905, en ocasión de la celebración del décimo aniversario del inicio de la segunda etapa de la guerra por la independencia de Cuba.
Durante mucho tiempo se le atribuyó la autoría de este monumento al cubano José Villalta de Saavedra, pero su verdadero realizador fue el escultor italiano Giusseppe Neri, en tanto Villalta fungió solamente como contratista de la obra.
En cualquier caso, la pieza no aporta elementos de interés desde el punto de vista de las soluciones formales; sigue estrictamente apegada al impersonal modelo académico reiterado una y otra vez en la estatuaria conmemorativa precedente, aunque a su favor puede apuntarse la factura correcta del material -el mejor mármol de Carrara-y el atildado tratamiento retratístico del Apóstol cubano, en actitud de dirigirse al pueblo.
Mientras que, en el orden tipológico, el monumento tampoco revela ningún aspecto novedoso: ubicado en el centro de la ancha explanada del Parque Central -aproximadamente en el mismo sitio donde estuvo situada hasta 1899 la Estatua de Isabel II, y en eje con el vecino Monumento a Francisco de Albear y Lara-su emplazamiento sustitutivo de la precedente estatua marmórea de la reina prueba cuan endeble seguía resultando el compromiso espacial entre las obras monumentarias y el ambiente en el cual las mismas debían insertarse.
Todas las piezas hasta aquí mencionadas son obras de aceptable factura y discreta concepción realista en tanto figuras que, ya sea en posición sedente, de pie, o resueltas como estatuas ecuestres, se hacen acompañar casi siempre de diversas interpretaciones alegóricas de inspiración grecolatina, acordes con la presunta misión didáctica que le atribuye el Estado a esta manifestación.
De esta suerte, los monumentos -como las obras arquitectónicas oficiales de la época-se supeditan servilmente a los códigos Beaux Arts copiados de Europa y de los Estados Unidos, según la dócil interpretación de esos artistas extranjeros que, de paso por La Habana o establecidos acá para hacer fortuna, son designados una y otra vez para realizar este tipo de obras por una comitencia oficial que ni siquiera disimula su total menosprecio por el talento local 3.
Más de una vez se hizo sentir la voz de los profesionales cubanos para denunciar esa nociva preferencia por los artistas foráneos, favoritismo doblemente motivado -tal y como lo explica el arquitecto Aquiles Maza-por razones de anquilosado gusto estético y de inescrupulosa conveniencia económica:
Es de sobra conocida de todos la manera como, con frecuencia, se han levantado y se siguen levantando los monumentos públicos a héroes y altas personalidades nuestras.
Por regla general se encargan a contratistas de mármoles y granitos, quienes, a su vez, lo mandan a hacer regularmente a un extranjero; nunca a un artista de mérito, ya que les resultaría muy costoso, sino a un simple copista, "scalpelino" o fundidor.
Estos artesanos no saben quién es o fue la persona cuyo retrato talla en mármol o funde en metal... no sabe cómo sentía, como pensaba, qué hizo, qué significado puede tener para el pueblo que lo paga...
Al contratista, como es natural, nada de eso le importa; como es justo, él sólo persigue una mayor ganancia en el negocio (Maza, 1937, 35).
El comentario alude, por supuesto, a esa indiscriminada producción de bustos y estatuas que proliferan por la capital del país -y más aún, por otras ciudades y pueblos de toda la Isla-cuyo mérito artístico ni siquiera se aproxima al de los monumentos que hemos referido en estas páginas.
Hay que decir, sin embargo que en lo que a La Habana respecta, una parte importante de la monumentaria conmemorativa rebasó con creces la condición de mero complemento escultórico de parques y jardines públicos.
De hecho, al repasar su comportamiento durante las primeras décadas del siglo XX se la comprueba estratégicamente colocada en los espacios más jerarquizados del desarrollo urbano, al tiempo que los monumentos de mayores dimensiones físicas y máxima relevancia simbólica acompañaron con frecuencia a los rimbombantes programas de embellecimiento y "monumentalización" de la capital.
A estas obras se las ubica, por tanto, en las arterias de mayor protagonismo urbano integrándose, casi en su totalidad, al eje vial del Malecón -excepcional "vidriera turística" de La Habana-y extendiéndose, asimismo, a lo largo de la Calle G (o Avenida de los Presidentes) que es la vía que ensarta al imponente litoral con el centro cívico de la ciudad.
Entre esos grandes sistemas monumentarios el primero en construirse fue el Parque Monumento a Antonio Maceo, inaugurado el 20 de mayo de 1916.
La obra fue objeto de un Concurso Internacional convocado cinco años antes en el que resultó ganador el escultor italiano Doménico Boni.
Se ubicó en una plazoleta alargada que se despliega frente al litoral habanero (en el área delimitada por la propia Avenida del Malecón y las Calzadas de San Lázaro y Belascoaín) devenida parque público y pobremente completada, a posteriori, con algunos elementos de mobiliario urbano y muros bajos de contén para escasas zonas de césped.
El conjunto monumentario está constituido por un elemento arquitectónico de base circular conformada por plataforma, base zócalo y fuste -hechos de granito y mármol blanco de Carrara-y por elementos escultóricos de bronce integrados a la compacta estructura arquitectónica, rematada por la figura ecuestre de Antonio Maceo.
En términos formales y compositivos, la obra se resuelve sobre la base de una rigurosa simetría al distribuir de manera equitativa, en cada uno de los cuatro lados del zócalo y del fuste y en los cuatro ángulos de la plataforma, las múltiples representaciones escultóricas que procuran narrar con lenguaje figurativo, profuso en las notas descriptivas, importantes episodios de la vida del general mambí, así como toda una serie de alegorías de manifiesta inspiración clásica.
Aunque se advierte cierta inspiración rodiniana en el tratamiento plástico de los volúmenes -especialmente en la dinámica que anima los grupos de figuras concurrentes en los altos relieves colocados alrededor del zócalo-el Monumento a Antonio Maceo corrobora la sujeción del arte conmemorativo a una dirección académica ortodoxamente adscrita a los cánones del neoclasicismo europeo (ya para entonces ampliamente extendido por América).
Tales códigos son reflejo, en última instancia, del gusto estético del comitente -que es también el de un amplio sector del público-y del ideal estético de creadores decididamente respetuosos de los más convencionales patrones.
Ello explica que un segundo conjunto conmemorativo, el Monumento a Máximo Gómez, inaugurado a la altura del año 1935 en el propio eje del Malecón, siga al pie de la letra idénticos presupuestos formales.
El italiano Aldo Gamba fue laureado en otro Concurso Internacional de amplio poder de convocatoria entre europeos y norteamericanos que se llevó a cabo entre 1916 y 1919, fecha en que se cierra el plazo de admisión de los proyectos y se lleva a cabo la polémica y controvertida actuación del jurado (Bazán de Huerta, 1994).
Y aunque la culminación de la obra estaba prevista para el año 1925 (en ocasión de la conmemoración del vigésimo aniversario de la desaparición física del Mayor General Máximo Gómez) no fue sino hasta fines de 1935 que tuvo lugar su inauguración.
Aquí se nos presenta, de nuevo, una composición piramidal integrada por la monumental plataforma con gradas de acceso y un enorme zócalo cuadrangular con relieves escultóricos marmóreos y figuras exentas en bronce que constituyen sendas representaciones alegóricas de los valores patrios.
Completa el conjunto un tercer cuerpo formado por esbeltas columnas dóricas que simbolizan el "Templo de la Patria", sostenido por otro grupo escultórico que, en robustos alto relieves, evoca a la multitud guiada por una figura exenta inspirada en la "Victoria de Samotracia"; todo ello rematado con el retrato ecuestre de quien fuera General en Jefe del Ejército Libertador.
Una obra, en resumen, de concepción grandilocuente, con momentos ciertamente virtuosos en el tratamiento de algunos volúmenes exentos, pero imitadora de un modelo académico que, por la intención de dinamismo que pretendió impregnar a los grupos escultóricos, impone el estatismo y la severidad estructural del cuerpo arquitectónico central para erigirse en típico exponente de ese gusto neoclásico adulterado y filtrado por una práctica artística de tintes eclécticos.
Con su colocación en el extremo oeste de la Avenida del Puerto e inicio de la Avenida del Malecón -y en línea recta con otra importante arteria simbólica: la llamada Avenida de las Misiones, antesala del Palacio Presidencial-el Mo-numento a Máximo Gómez dejaba inaugurado en términos de recorrido, la serie de atractivos urbanos del Malecón de La Habana.
Así, junto a otras dos realizaciones anteriores -el ya comentado Monumento a Antonio Maceo (1916), y el Monumento al Maine (1925)-y a otro conjunto muy posterior en el tiempo -el Monumento a Calixto García-, esta obra integra y consolida ese espacio simbólico donde se reafirman las aspiraciones escenográficas y monumentales de los proyectos urbanísticos republicanos en los cuales se insertan los grandes sistemas conmemorativos.
El referido Monumento al Maine rinde homenaje a las víctimas del hundimiento del buque norteamericano "Maine" en el puerto de La Habana en 1898, hecho que sirvió de pretexto a la intromisión de los Estados Unidos en la contienda bélica hispano cubana.
Oficialmente inaugurada en 1925 (aunque el proyecto data de 1913) la obra es autoría del arquitecto cubano Félix Cabarrocas y del escultor español Moisés de Huerta.
La misma se plantea estructuralmente a partir de una base escalonada de marcada horizontalidad (escoltada por dos cañones de bronce salvados del hundimiento) en cuyo centro se levantan dos grandes columnas jónicas de mármol rematadas por una monumental águila broncínea, símbolo de la nación estadounidense 4; al frente y en la parte posterior se sitúan sendas interpretaciones alegóricas de "La Naturaleza" y "La Fraternidad", esta última representada por dos figuras femeninas alusivas a Cuba y a los Estados Unidos de América.
Como quiera que no se trata del homenaje conmemorativo a un prócer de las guerras de independencia o a un militar ilustre, la obra se desmarca del modelo de la estatua ecuestre permitiéndose una discreta novedad plástica y aprovechando al máximo -eso sí-, en términos de visualidad, su privilegiado enclave en la avenida costera.
Por su parte, el Monumento a Calixto García, que fuera ejecutado en 1958 por los artistas estadounidenses Félix Weldon (escultor) y Elbert Peets (arquitecto), retoma al pie de la letra el esquema del retrato ecuestre en bronce.
La pieza escultórica sobre pedestal se ubica en el centro de una terraza cerrada por tres de sus lados con muros de granito negro, cuyas caras interiores sirven de soporte a los relieves escultóricos broncíneos que describen múltiples anécdotas y hazañas bélicas del prócer.
De modo que, aun cuando la obra se despoja de las figuras alegóricas tan caras a los creadores italianos y disminuye ostensiblemente el tamaño del pedestal, la misma resulta notoriamente anticuada para su fecha de realización.
Situado al inicio de la Calle G, a pocos metros del litoral, el Monumento a Calixto García parece ignorar deliberadamente los signos modernizadores de la arquitectura vecina y se nos muestra tan aferrado como sus predecesores de la primera mitad del siglo al modelo decimonónico que marcó a la monumentaria conmemorativa habanera.
Ahora bien, ninguno de los conjuntos realizados durante esta etapa alcanza a compararse en dimensiones físicas, desmesura constructiva y pretendida fastuosidad con el Monumento a José Miguel Gómez que remata el trazado urbanístico de esa llamada Avenida de los Presidentes, a la altura de los farallones de El Príncipe.
Autoría del artista italiano Giovanni Nicolini, la obra fue inaugurada el 18 de mayo de 1936, tras haber sido desoídas todas las protestas públicas que ponían en tela de juicio la legitimidad de la decisión de erigir un conjunto de tamaña magnitud a una figura de mérito histórico obviamente inferior al de los reconocidos próceres mayores de las gestas libertadoras cubanas 5.
La misma constituye exponente supremo de la pésima copia de un modelo foráneo y extemporáneo, toda vez que el proyecto del italiano no consigue otra cosa que repetir, empobrecer y reacomodar los diversos elementos de factura y concepción eclécticas que habían sido empleados en 1911 por su maestro Giuseppe Sacconi en el Monumento a Víctor Manuel II situado en la Vía del Foro Imperial de la ciudad de Roma.
De monumento "recargado, anticuado y pretencioso" lo calificó el prestigioso Historiador de la Ciudad de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring (Roig, 1964, 47).
En efecto, el conjunto describe una rotonda ocupada por la incongruente superposición de una enorme exedra cubierta de bóvedas, rodeada de plataformas, terrazas, escalinatas, fuentes y un conglomerado de figuras y grupos escultóricos de aliento monumentalista en el que los volúmenes marmóreos y broncíneos constituyen una asfixiante aglomeración de representaciones alegóricas, todo ello rematado por una estatua de bronce de José Miguel Gómez (de más de tres metros de altura) escoltada por otras dos alegorizaciones talladas en mármol y circundado -a lo largo del basamento-por relieves alusivos a las glorias del homenajeado como general del ejército mambí y como Presidente de la República.
Su concreción a contrapelo de todas las críticas de que fue objeto, así como la fastuosidad de su construcción al margen del complejo cuadro político y social que vivían el país y el mundo en el año 1936, deviene una prueba irrefutable de la falta de ética y del muy cuestionable juicio crítico de aquella comitencia estatal.
Abundan en el panorama monumentario de esos años los ejemplos de posposiciones absurdas, de aplazamientos inexplicables, de prolongados espacios de silencio entre el anuncio de un proyecto o de un concurso -con la correspondiente asignación de un decoroso presupuesto para propiciarlo-y la real concreción de ese proyecto o de ese concurso finalmente disminuido, adulterado y, en algunos casos, sustituido por otro.
De modo que, a la asfixiante realidad de una orientación artística fiel al modelo europeo de anquilosada norma académica se añaden, en una buena parte de las esculturas públicas de temática conmemorativa, la mediocridad artística de las realizaciones, la empecinada preferencia por la obra importada -condicionada por la doble motivación de gusto estético y conveniencia económica-y, por ende, la falta de oportunidades para los artistas del patio, incluso en los marcos de los pocos concursos que se celebran.
Apenas dos excepciones se registran en el contexto de las producciones más discretas destinadas al entorno público: el escultor cubano Teodoro Ramos Blanco pudo llevar a cabo, en 1931, el Monumento a Mariana Grajales (madre de los Maceo) destinado a un parque capitalino del Vedado (enmarcado entre las calles D, E, 23 y 25) tras haberse erigido vencedor en el concurso que se dos años antes se librara para la ejecución de dicha obra.
Mientras que su compatriota Sergio López Mesa resultó el autor -en 1955-del Monumento a Carlos Manuel de Céspedes; en este segundo caso se trata de una sencilla estatua, de estilo clásico, llamada a sustituir en su emplazamiento en el centro de la Plaza de Armas a la del monarca español Fernando VII 6.
Se advierten pues no pocas contradicciones en el panorama monumentario cubano durante esta larga etapa republicana.
Es cierto que los protagonistas de la lucha independentista, los principales jefes mambís y, por excepción, alguna que otra figura de relevancia científica o cultural, sustituyen en los pedestales a los monarcas coloniales.
Sin embargo, como aquéllos, suelen ser interpretados por artistas extranjeros que los representan a la usanza de condotieros italianos u oficiales bonapartistas, colocados en frías pirámides de mármol, rodeados hasta el delirio de un sinfín de relieves y volúmenes exentos -alegorías todas de filiación grecolatina-que descontextualizan sin remedio el ámbito de sus hazañas, finalmente diluidas en conjuntos grandilocuentes que muy poco dicen, porque casi nada saben, de la singular naturaleza de la gesta libertadora que esos hombres protagonizaron.
Por lo demás, la manifestación exhibe un devenir prácticamente ajeno a las profundas renovaciones formales que vivieron con intensidad otras expresiones de las artes plásticas, incluida la propia arquitectura y su gradual proceso modernizador plasmado con elocuencia en las más diversas tipologías funcionales que fueron poblando a la urbe habanera.
La obra que opera como colofón de este período, el Monumento a José Martí en la Plaza Cívica o Plaza de la República -concluido en el año 1958-puede ser considerada, por su parte, la expresión más acabada del proceso de asimilación de ese modelo europeo de raíces clásicas que signó al arte conmemorativo cubano, a la vez que constituye el más osado exponente de un proceso de renovación formal que en breve comenzará a cristalizar en la escena monumentaria del país.
Dicho monumento estuvo precedido por el más llevado y traído de los certámenes organizados para fraguar este tipo de obras.
De hecho, para su realización se convocó a un controvertido y dilatado concurso que empezó siendo un certamen internacional devenido a competencia local, y que debió atravesar cuatro etapas dispersas a lo largo de más de tres lustros, para que finalmente se erigiera un monumento que no se corresponde con el proyecto que resultó legítimamente premiado en la justa.
Fue en el año 1937 cuando una Comisión Central pro Monumento a José Martí -creada por decreto presidencial-, convocó a un concurso interamericano en cuya primera y segunda fases se declaró desierto el primer premio.
Más adelante, durante 1941 y 1942 se desarrollaron, respectivamente, las tercera y cuarta etapas del concurso, resultando finalmente elegido el proyecto presentado por los cubanos Aquiles Maza (arquitecto) y Juan José Sicre (escultor), en virtud del fallo de un jurado de veintitrés miembros integrado por nueve militares, tres veteranos, tres ingenieros, tres abogados, dos periodistas, un banquero, un industrial y un exsenador.
Tal composición, que como se advierte excluyó absolutamente a los arquitectos, escultores y demás profesionales afines al ámbito de la creación, puso de relieve la incapacidad de esa junta para decidir sobre la calidad artística de los proyectos sometidos a análisis y explica, entre otros desatinos, que se emitieran votos condicionales al hecho de que "se vistiera" la imagen escultórica de José Martí, cuando justo en la desnudez de la representación radicaba la esencia conceptual del proyecto.
La propuesta de Maza y Sicre consistía en un monumental templo abierto, de honda vocación clásica por su apariencia, por la amplitud de su patio central, por las escalinatas de acceso y por el gran friso del frente donde se narrarían, con imágenes talladas a relieve, los episodios más importantes de la vida del homenajeado.
El Templo martiano sería una colosal Biblioteca Pública presidida por la marmórea figura del Apóstol.
Pero no le faltaron al proyecto ganador los airados detractores que le reprochaban, especialmente al escultor, la impúdica desnudez de ese Martí "místico y griego" (fig. 2).
Por el contrario, las más autorizadas voces de la intelectualidad cubana manifestaron su respeto por la certera inspiración de los autores y coincidieron en reconocer el mérito artístico que comportaba la asimilación creadora del modelo clásico (Pereira, 1985).
Y es que, en verdad, si algo enaltecía a la propuesta era su concepción armónica e integral, la eficaz articulación entre las soluciones arquitectónicas y escultóricas, y, muy especialmente, el nivel de esencialidad de estas últimas sobre todo en la concreción de una representación martiana desprovistas de detalles anecdóticos, afeites y accesorios; con razón llegó a considerarse la propuesta de Maza y Sicre como un atrevido aporte a la iconografía martiana (Soto, 1944).
Sin embargo, los avatares de una enmarañada historia plagada de trampas, oportunismos y favoritismos políticos nos privaron (parcialmente) de tan promisorio proyecto monumentario.
Después de una larga década de silencios, controversias y, sobre todo, de inactividad total en torno a las obras de la Plaza Cívica, en 1953 el gobierno de Fulgencio Batista (Presidente de facto en esa fecha) creó una llamada Comisión Nacional encargada de los actos conmemorativos por el centenario del nacimiento del Apóstol y el cincuentenario de la proclamación de la República; dicha Comisión se atribuyó el derecho de abrogar el fallo del Concurso anterior y decidió que fuera erigido el monumento vertical de forma de torre estrellada que, a juicio de sus integrantes, llenaba más la impresión de grandeza, de fuerza y de calidad emotiva que requería Como en otras ocasiones, ante esta decisión inconsecuente y disparatada se hicieron sentir las enérgicas protestas de diferentes esferas de la intelectualidad cubana, muy en especial, las de los profesionales de la actividad constructiva y artística.
El Colegio Nacional de Arquitectos convocó incluso un denominado forum sobre la Plaza de la República y el Monumento a Martí (realizado en-tre mayo y junio de 1953) donde se propició un debate abierto acerca de la pertinencia de estas obras y la ética de la decisión que finalmente debía adoptarse; las revistas especializadas de la época ofrecieron amplia cobertura al debate 7.
El referido forum arribó a la conclusión de que las construcciones que se habían iniciado y ubicado en torno al conjunto de la Plaza Cívica no habían partido de un estudio previo, y que en ningún momento había quedado demostrado que la sustitución del proyecto de Maza y Sicre se basara en un estudio técnico de la importancia requerida.
Aun así, bajo el amparo de la estrecha amistad que lo unía al Presidente Batista, el arquitecto Enrique Luis Varela expresó públicamente, con total desfachatez, el carácter irrefutable de la decisión adoptada por la denominada Comisión del Centenario de Martí de que se construyera su monumento vertical de planta estrellada.
Resulta curioso que ante aquel nutrido grupo de especialistas que, convocados por el Colegio Nacional de Arquitectos, analizó en profundidad la problemática del Monumento a José Martí durante el citado forum de 1953, el propio Juan José Sicre había argumentado el fundamento conceptual de su escultura: "Si algún defecto tiene la arquitectura -dijo entonces-es el de formar arquitectura escultórica..." -y añadió-"Nunca me gustó la estatua de Martí como elemento exterior, con un pedestal, presidiendo un edificio...
Martí para allí, no lo concibo de esa forma, por su dignidad, por su condición..."
Y, sin embargo, una mañana de octubre de 1958, ante la descomunal torre escalonada en forma estrellada -una mole de hormigón y acero revestida en mármol que se eleva a más de ciento cuarenta metros sobre el nivel del mar-el pueblo habanero vio como se izaba la sólida estatua marmórea de dieciocho metros de altura que el escultor había defendido fervientemente en función de aquel proyecto interdisciplinar concebido en coautoría con Aquiles Maza.
Parece obvio que Sicre se dejó convencer por el arquitecto Varela para que se sumara a su empeño; puede haberlo motivado el afán de sumar mayor gloria a su condición de pionero de la vanguardia escultórica cubana (Pereira, 2005y Soto, 1953); pudo haberlo seducido una jugosa oferta monetaria; o ambas cosas a la vez.
El resultado global de las obras de la Plaza Cívica fue la incoherencia artística y funcional del sistema monumen- tario.
A su favor se destaca la excelente accesibilidad del lugar y su estratégica ubicación como centro cívico capitalino, magníficamente interconectado por vías rápidas y muy bien articuladas con diversos puntos y zonas claves de la ciudad de La Habana.
Pero, en tanto conjunto urbano, la obra se percibe como un sistema inacabado, afectado por las insuficiencias de su diseño ambiental y por la incongruencia de su concepción final: esa fragmentación de los elementos integrantes que se aprecia, sobre todo, en el divorcio entre la torre arquitectónica -componente simbólico fundamental-y el fabuloso volumen escultórico que a sus pies se dispuso.
Aun así, el Monumento a José Martí en la Plaza Cívica, hoy Plaza de la Revolución, a la vez que resumen elocuente de muchos de los factores que laceraron el quehacer monumentario cubano durante las primeras seis décadas del siglo XX, constituye la obra conmemorativa de mayor mérito artístico entre todas las realizadas en el país a lo largo de esa etapa.
Una etapa en que la escultura pública, más allá de sus resabios, vaivenes y contradicciones, acompañó el proceso de expansión y configuración de La Habana, contribuyendo sustancialmente a la consolidación de sus perfiles y al enriquecimiento de sus encantos como gran ciudad capital.
Si un elemento distingue a la producción monumentaria conmemorativa que se desarrolla en la Isla con posterioridad al triunfo de la Revolución (en enero de 1959) es su amplísimo despliegue a lo largo de todo el territorio nacional.
Asimismo, se asiste a un singular proceso de renovación formal y conceptual que localiza en el ámbito específicamente habanero algunos de sus hitos fundamentales.
No se trata, por supuesto, de la desaparición de esa vertiente de la escultura pública que cual complaciente oficiosa de los gustos e ideales estéticos de los comitentes se mantiene apegada a los modelos artísticos más convencionales, y a cuyo servicio no faltarán prolijos creadores dispuestos a seguir, al pie de la letra, los abundantes encargos de la naturaleza más ortodoxa.
Pero es un hecho que buena parte del arte conmemorativo cubano de los últimos cincuenta años se adscribe a un pensamiento artístico ascendente que pugna por subvertir las esencias de esta manifestación, protagonizando la encomiable ruptura que la misma demandaba (Pereira, 1994).
Una obra sin lugar a dudas fundacional en tal dirección es el Parque Monumento a los Mártires Universitarios que se construye en La Habana, en el año 1965, a raíz de la premiación de un original proyecto que resultó laureado en un concurso internacional convocado para la ocasión.
Sus autores fueron los entonces jóvenes arquitectos: Mario Coyula, Emilio Escobar, Sonia Domínguez y Armando Hernández, todos estrechamente vinculados -desde la propia experiencia vital-a un segmento importante del acontecer histórico que conmemoraba este novísimo monumento.
El sitio escogido para el emplazamiento fue la concurrida manzana que conforman las calles: San Lázaro, Infanta, Jovellar y San Francisco; un área particularmente connotada tanto por su cercanía a la histórica colina de la Universidad, como por el hecho de haber sido escenario de frecuentes confrontaciones entre los estudiantes y las fuerzas de la represión.
Se trataba, pues, de un área disponible dentro de un espacio urbano ya configurado, donde cualquier intervención se tornaba harto compleja por cuanto la manzana quedaba compactamente bordeada por fachadas arquitectónicas de una gran diversidad formal (algunas de especial valor artístico) y diferentes alturas.
No obstante, el reto mayor que afrontaba el equipo de trabajo era el de la concepción misma de un monumento conmemorativo dedicado no a una determinada personalidad de la historia, sino a una sucesión de mártires caídos a lo largo de una lucha casi centenaria; lo que se perpetúa en esta oportunidad no es la grandeza de una figura histórica sino la invaluable dimensión de una acción de masas.
En la práctica, los autores asumieron una perspectiva de máxima novedad al desentenderse por completo de todos los esquemas secularmente acuñados para la tipología del Parque Monumento.
Renunciaron al facilismo de un elemento escultórico central -o simplemente focalizado en un área específica del parque-y obviaron, asimismo, el consabido pedestal, la representación retratística y la inscripción identificadora optando, en su lugar, por la potencialidad expresiva del símbolo y por la concepción sistémica de las diferentes escalas del diseño.
De ahí el escoger de un elemento artístico unitario y abarcador: un muro de hormigón blanco, en bruto, dispuesto en forma de franja continua de contornos irregulares, sobre el cual se tratan en bajorrelieves las representaciones abocetadas de algunos de los momentos relevantes de la historia patriótica estudiantil.
Para resolver los bajorrelieves adoptaron un lenguaje expresionista de máxima síntesis en el tratamiento de los volúmenes insinuados, y muy rico en texturas en tanto aprovecha tanto la rugosidad del material como la inclusión de elementos de particular expresividad matérica (sacos, cuerdas, etc.) introducidos en el encofrado.
Las imágenes premeditadamente borrosas y las manchas, cual huellas naturales incrustadas en el hormigón, procuran transmitir el dramatismo y la dimensión épica de los acontecimientos, más que narrados sugeridos por las formas irregulares del muro y por los bajorrelieves tallados en el mismo.
Por lo demás, la importancia de estos elementos escultóricos no se limita a su enfática voluntad semántica sino que los mismos también desempeñan un importante cometido funcional.
En este sentido, la faja mural de hormigón actúa como delimitadora espacial del conjunto a nivel urbano al operar como tránsito visual entre el nivel del césped y el entorno arquitectónico, al tiempo que se resuelve con una disposición suficientemente compacta como para evocar cierto carácter de plaza (en alusión indirecta a las históricas plazas de la aledaña colina universitaria) y suficientemente dinámica, a la vez, como para no obstruir la concepción de espacio abierto y transitable que exige cualquier parque.
De modo que el espectador, que es también usuario de esta tipología funcional, se sitúa dentro del monumento, lo recorre y lo complementa de manera activa -incluso sin ser consciente de ello-toda vez que, sin mediar concesiones didácticas de ningún tipo, sus autores apostaron por la intervención activa del público en la lectura y en la comprensión de toda la simbología desplegada 8.
De esta suerte, el Parque Monumento a los Mártires Universitarios marca un giro decisivo en el devenir del arte monumentario cubano al entablar nuevas interconexiones entre la obra, sus receptores y el entorno físico -matizado, en su caso muy particular, por la connotación histórico social del sitio de emplazamiento concreto-desde el presupuesto de una visión sistémica del diseño ambiental, y aportando claves esenciales en el camino de la renovación medular del monumento conmemorativo en términos de concepción y lenguaje.
Otro tanto ocurriría, una década más tarde, con el Memorial Julio Antonio Mella, obra que testimonia esa rotunda transformación de esencias, esta vez desde el abordaje de una tipología monumentaria de máxima complejidad: el mausoleo.
También en esa ocasión el equipo autoral -laureado en un Concurso Nacional por Invitación convocado al efecto, e integrado por los arquitectos Fernando López, Antonio Quintana, Joaquín Galván y Thelma Azcanio-debió afrontar con verdadero ingenio el escollo que representaba insertar un mausoleo en un emplazamiento urbano de intensa actividad social, justo en la confluencia de calles de constante tránsito vehicular y peatonal (Neptuno, Ronda, San Lázaro y Mazón) y comprometido, además, con la presencia de uno de los conjuntos arquitectónicos de mayor significación histórica y cultural de la ciudad de La Habana como lo es el frente de la colina universitaria, con sus monumentales edificios y la imponente escalinata que la preside coronada por su Alma Máter.
Ubicar en ese ambiente un elemento artístico nuevo, integrarlo a tamaño entorno y otorgarle, en paralelo, un carácter propio, solemne y relativamente autónomo, comportaba una misión extraordinariamente difícil.
Los autores resolvieron demoler el pequeño parque circunscrito por las cuatro calles mencionadas, transformando así lo que fuera una reducida manzana en una explanada abierta y transitable que desborda sus propios límites, al extenderse hasta la aledaña escalinata y continuarse luego hacia un lateral de la colina.
Es decir, la intervención artística proyectada no se limitó a la ejecución de un monumento funerario dedicado a la figura de Julio Antonio Mella, sino que involucró a las diferentes escalas del diseño.
El subsistema escultórico, que en este caso constituye también el marco donde se ubica el sepulcro, se distingue por su jerarquía y consigue dominar el área proyectada tanto por su escala como por su proyección simbólica.
El mismo se desarrolla a través de volúmenes macizos de diferentes tamaños y de contornos algo irregulares -todos con marcadas aristas que acentúan un ritmo ascendente, de atmósfera arquitectural-, que se agrupan en torno a un bloque central de forma piramidal; en algunos elementos se utilizó la piedra, en otros el hormigón, y se obtuvo el mayor provecho de las cualidades texturales de ambos materiales así como de su colorido grisáceo, en contraste con el color negro y la terminación mucho más pulimentada que se aplicó a otros volúmenes realizados con un mortero especialmente preparado para la obra.
La resultante expresiva es que el grupo escultórico parece surgir de una erupción volcánica, de una ruptura de la superficie que se expande en fuerzas dispersas pero concluyentes en un majestuoso elemento central que se proyecta verticalmente hasta rebasar los quince metros de altura.
El bloque central se comporta, en efecto, como epicentro del conjunto; sobresale por su tamaño y se distingue, asimismo, por la configuración perfectamente rectilínea y piramidal, el color blanco y un acabado liso donde se inscribieron en letras de bronce varias fechas alusivas a acontecimientos esenciales de la vida del héroe y de su actividad revolucionaria, así como un pensamiento que subraya su proyección latinoamericana.
Queda atrás el ajado didactismo enfrascado en la profusa descripción, optándose por la potencialidad simbólica de los volúmenes abstractos cuya disposición procura evocar la verticalidad del héroe homenajeado, a través de una contemporaneidad formal que emula pudo significar para la historia su acción vital transformadora 9.
El subsistema urbanístico, por su parte, opera como el segundo de los ejes medulares del conjunto.
Destaca en su abordaje el atinado tratamiento de la plazoleta a través de las labores de pavimentación, su complementación con elementos paisajísticos y un cuidadoso estudio de iluminación.
El espacio desempeña, entonces, un papel protagonista desde ese carácter multidireccional que, sin dejar de preservar (a base de una discreta depresión del terreno) el área circular que alberga la urna funeraria, no se agota en los marcos físicos que rodean al grupo escultórico sino que enrola y compromete a otras intervenciones urbanísticas, ambientales y de restauración que se llevaron a cabo en las áreas vecinas.
En virtud de tales aciertos el Memorial Julio Antonio Mella revoluciona el concepto más convencional del Monumento Mausoleo al desbordar el tradicional recinto de la necrópolis y el intimismo de una estructura sepulcral autosuficiente, imponiendo una dinámica funcional y un uso social multiplicado que logra verificarse en perfecto concilio con la solemnidad del tema, al tiempo que incide de modo muy favorable en el la identidad simbólica del espacio urbano en el cual se inscribió, al pie de la escalinata de la Universidad de La Habana.
Obras como estas -aún cuando ejecutadas por equipos autorales conformados exclusivamente por arquitectostestimonian, por otro lado, la importancia que cobra en la superación cualitativa del arte monumentario cubano el concepto de multidisciplinariedad.
Y es que el presupuesto de creación interdisciplinaria no se basa en la simple adición de manifestaciones, sino en la articulación orgánica, la estructuración sistémica y la indisoluble unidad de las mismas en favor de los propósitos estéticos y funcionales que este tipo de trabajos se debe plantear.
Otro modelo ejemplar de esa conveniente cohesión de voluntades profesionales se concreta en el Mausoleo de los Mártires del 13 de marzo (fig. 3), erigido en la necrópolis "Cristóbal Colón" de la ciudad de La Habana en el año 1982.
El mismo rinde tributo a los caídos durante las acciones que tuvieron lugar el día 13 de marzo de 1957, cuando un grupo de jóvenes universitarios tomaron por asalto el Palacio Presidencial y ocuparon simultáneamente la emisora radial "Radio Reloj" para desde allí convocar a la nación a la lucha armada contra el régimen.
Sus autores -los arquitectos Mario Coyula y Emilio Escobar, y el escultor José Villa-adoptaron como premisa el principio de armónica integración al medio natural, es decir, a un entorno físico complejo, totalmente configurado por la coexistencia de un sinnúmero de obras funerarias (muchas de ellas verdaderas joyas de la arquitectura y la escultura cubana y universal) ilustrativas de los más diversos estilos artísticos, y por la imponente majestuosidad del paisaje que caracteriza a la monumental necrópolis habanera.
Al mismo tiempo, trataron de conferirle al monumento una expresividad inobjetable propia apoyada en tres subsistemas básicos: el tratamiento paisajístico, las soluciones espaciales, y una estructura escultórica sobresaliente concebida como una majestuosa hilera de banderas de acero.
El espacio fue resuelto como una plazoleta adoquinada, delimitada por lometones de tierra y césped, que culmina en un área ligeramente elevada donde se ubican los nichos que guardan los restos mortuorios cubiertos con lápidas de hormigón armado, virtualmente en voladizos; dicha plazoleta, a la vez que funge como espacio funcional (transitable), se erige en elemento expresivo de profundo simbolismo: los adoquines evocan el escenario urbano habanero en el cual se desarrolló la lucha insurreccional de los universitarios contra la tiranía gobernante, mientras que la presencia de dos ejes realizados con piedra serpentina verde -que se cortan sobre la superficie de la plaza-conforman un diseño que, a manera de reloj solar, registra cada año, el día y la hora exactas en que se produjeron las históricas acciones recordadas a través de esta plaza-mausoleo 10.
El espacio, las trazas de serpentina y la aledaña estructura escultórica de acero inoxidable fueron diseñadas y calculadas con precisión astrológica tal que cada 13 de marzo, durante el transcurso de las horas diurnas, la sombra que proyectan las banderas metálicas alineadas se va desplazando sobre el segmento de hipérbole, para alcanzar el punto de intersección entre los ejes -donde se colocó una llama votiva-justo a la hora precisa en que se produjo la toma de la emisora "Radio Reloj".
Como puede apreciarse, Villa, Coyula y Escobar, eludieron todo soporte descriptivo directo para la comunicación del mensaje y apelaron a la excepcional potencia simbólica de los diferentes subsistemas artísticos.
Las banderas de acero que proyectan la sombra -las que por su escala de cinco metros de altura contrastan visualmente con la horizontalidad del entorno-parecen flamear al viento como la insignia nacional, al tiempo que reflejan en sus pulimentadas superficies los colores del cielo y de la vegetación circundante.
El paisaje, por su parte, fue concebido como elemento expresivo igualmente esencial: los lometones de tierra y césped, las palmas reales, las grevileas y yagrumas especialmente plantadas para completar la obra, cierran las visuales y proyectan sombras sobre los nichos y sobre la plazoleta enfatizando la gama cromática de verdes y grises que domina el conjunto.
Mientras que la plaza-panteón, amén de área transitable que incita al recorrido, es también espacio simbólico que evoca el episodio heroico a través de los efectos que proyectan sobre su superficie los elementos artísticos y agentes naturales como las sombras y el sol.
Pretender que todo el arte conmemorativo cubano de los últimos cincuenta años se ubica a la altura de estos paradigmas de audacia interpretativa del tema histórico y de solidez conceptual sería faltar a la verdad.
Como ya se ha reconocido, una parte no poco copiosa de la escultura pública de la Isla, y de La Habana en particular, se ve sometida con frecuencia al voluntarismo político y/o a los compromisos de muy diversa índole que involucran, por ejemplo, la aceptación y el emplazamiento de estatuas de dudosa calidad en arterias de máxima jerarquía urbana, como es el caso de la archiconocida Calle G -otrora Avenida de los Presidentes-, recientemente poblada con sendos monumentos a Salvador Allende, a Simón Bolívar, a Benito Juárez, donados por artistas y gobiernos extranjeros cuyo gesto amistoso y solidario se ha querido corresponder al costo (inestimablemente alto) de lastimar uno de los más regios paseos de esta capital.
No estamos tampoco exentos de ciertos brotes de estelas "escultóricas" de pobrísima factura que pretenden señalizar edificios y espacios públicos de determinada connotación histórica o social.
Y hasta padecemos, también del abarrotado friso y de la estatuaria chata, tradicionalista, empecinadamente convencional, que aprovechándose de la prisa -sobre todo al amparo de la cuestionable cobertura de aquellas efemérides de impostergable conmemoración-se instalan impunemente en espacios públicos de mayúscula connotación desmereciendo la loable trayectoria de renovación estética que debían honrar (Pereira, 1993).
Hay que decir, no obstante, que incluso dentro de la propia estatuaria, La Habana cuenta con obras de excepcional novedad.
Un magnífico exponente es El Quijote de América (fig. 4), obra que se localiza desde el año 1980 en una céntrica esquina del Vedado (Calle 23 y J).
Su autor, el escultor Sergio Martínez, aquilató muy bien las posibilidades plásticas del material evadiendo atinadamente la extrema pulcritud y los excesos de brillo y frialdad que frecuentemente embaucan a quienes trabajan el hierro, y optó por emplearlo en estado puro, "agónico", aparentemente depauperado, para potenciar al máximo las cualidades matéricas implícitas en la desnudez de la chatarra y del alambrón.
En esta pieza el legendario personaje cervantino -universal símbolo de la utopía redentora-redimensiona su alcance metafórico cuando cabalga desnudo sobre Rocinante las tierras del trópico; no viste otras ropas que su propia piel, hecha jirones -acaso maltratada por el sol-pero sin cejar un ápice en su aliento libertario.
Con ella Martínez dictó, desde el metal, una lección imperece- dera de voluntad experimental que se concreta en el entramado de líneas que conforma ese monumental volumen de excepcional impacto visual.
Y así como la figuración neoexpresionista enalteció a la escultura pública cubana de las últimas décadas del pasado siglo, el advenimiento del tercer milenio sorprendió al transeúnte habanero con una estatuaria realista de nueva edición.
En el año 2000, el experimentado escultor José Villa realizó con impecable virtuosismo un John Lennon de bronce a escala natural que fue ubicado en el espléndido parque vedadeño circundando por las calles 17, 19, E y D (fig. 5); pero lejos de alzarlo sobre cualquier elemento que pudiera hacer las veces de pedestal, o de colocarlo en el centro del parque como presunto atractivo focal, lo sentó sencillamente en un banco desde donde la legendaria figura -representada en pose serena y absorta-irradia la más convincente naturalidad.
Durante los años subsiguientes el propio Villa, cumplimentando diferentes encargos, continuó demoliendo estereotipos al implicar, tanto al público como a los comitentes, en lo que bien pudiera valorarse como un cambio de sensibilidad frente al monumento conmemorativo.
Esculpió entonces a El Caballero de París -mítico personaje que durante largos años deambuló en harapos por las calles de La Habana creyéndose a sí mismo un descendiente de la más rancia nobleza-y lo situó, altivo y andante, como le recuerdan todavía muchísimos cubanos, al nivel de la acera de una céntrica arteria del Centro Histórico.
Más adelante, en uno de los fabulosos jardines del viejo Convento de San Francisco de Asís (localizado también en la denominada Habana Vieja), representó sentada a la Madre Teresa de Calcuta, como sumergida en las sagradas escrituras, simplemente orando en la imperturbable paz de su recogimiento y en la más resoluta sencillez.
Para luego esculpir al célebre escritor Ernest Hemingway, a quien decidió interpretar sonriente y de pie -a punto de degustar un daiquiri-junto a la barra del legendario Restaurante "El Floridita".
Son todas imágenes de un imponente naturalismo, de perfecto modelado de los rostros, figuras y ropajes, cuya peculiaridad reside en la singularidad del gesto, en la captación esencialista de la personalidad del retratado, en la humanización de su recuerdo y, con ello, en un cambio de sentido radical del gesto celebrativo.
Porque, sin lugar a dudas, un factor medular en la evaluación del arte conmemorativo es el tipo de relación que establece la obra con los materiales, con el entorno, con el referente y, muy especialmente, con el público receptor.
Obsérvese que cuando nuestros monumentos osaron romper los esclerosados esquemas de la estatuaria tradicional; cuando desconocieron por fin la trillada solución del obelisco o de la secular figura (ecuestre, sedente o de pie) encaramada en el absurdo de un basamento abarrotado de alegorías y descripciones; cuando se dejaron de copiar los modelos foráneos alejados en el tiempo (y en el espacio) y se replanteó sin cortapisas una acepción mucho más amplia de cómo puede el arte asumir la conmemoración, entonces las obras comenzaron a parecerse mucho más a los homenajeados, aunque ya no apareciera necesariamente su retrato, y el público tuviera que aprender a mirar el monumento de una forma distinta y a darle un uso diferente también.
De modo que, cuando se impuso el concierto de los volúmenes abstractos, lo mismo que cuando se escogió el lenguaje figurativo pero, en uno y otro caso fundamentado en el firme propósito de acercarnos al héroe y de perpetuar, más allá de la hidalguía o la belleza de su rostro, la grandeza de su pensamiento o la dimensión de sus acciones a través del gesto franco y natural que alguna vez lo distinguió, entonces el público comenzó a rendirle un tributo cómplice, un homenaje verdadero y cálido que alcanza el invaluable crédito de la espontaneidad.
Por esos rumbos ha ido fraguando durante más de cuatrocientos años el perfil de una ciudad que de muchas maneras expresa su cosmopolitismo, su afán de progreso, de modernidad y de postmodernidad.
Desde el lejano siglo XVI, la giralda criolla convocaba a quienes se aproximaban a la villa de San Cristóbal de La Habana a surcar el canal de su bahía, adelantándoseles cual tentadora promesa de gracia y hospitalidad.
En pleno siglo XXI, en el remanso de un parque vedadeño, el beatle legendario parece sentirse muy a gusto compartiendo con habaneros y turistas la vigencia de sus canciones, y les convida a compartir el banco que allí ocupa.
Así, el arco que discurre entre La Giraldilla y Lennon es metáfora cabal de una Habana escultórica cuyo discurso icónico refleja con elocuencia esa prodigiosa mezcla de legítimo nacionalismo y cara vocación de universalidad. tévez, 1953).
8 En ese sentido el conjunto se resiente por la ausencia de un elemento fundamental que estuvo planteado en el proyecto pero que nunca ha podido concluirse, pese a la voluntad de los autores: se trata de las inscripciones sobre diferentes secciones del muro de algunas fechas, mención de acontecimientos trascendentes y nombres de los mártires recordados, las que naturalmente contribuirían a la decodificación de las imágenes y al enriquecimiento de sus posibles interpretaciones.
9 Valga aclarar que la presencia de un busto ubicado sobre uno de los bloques escultóricos -que en este caso funciona como pedestal-obedeció a una de las premisas planteadas en las bases del concurso.
Asimilar ese imperativo en los marcos de una concepción artística tan apartada del lenguaje figurativo es, sin duda, otro de los méritos que habría que reconocerles a los autores de esta obra.
10 El eje mayor en forma de hipérbole funciona como traza solar que marca las horas, mientras que el eje menor indica el punto correspondiente a las tres y veinte minutos de la tarde, hora en la que el 13 de marzo de 1957 se produjo la alocución al pueblo de Cuba que desde la emisora radial Radio Reloj leyera José Antonio Echeverría, Presidente de la Federación Estudiantil Universitario y líder de la acción revolucionaria, quien perdiera la vida esa misma tarde. |
Con estas palabras, un nuevo grupo de intelectuales liberales, demócratas e ilustrados demandaba mayores oportunidades para el pueblo chileno, y abogando a mejoras educacionales y laborales se ensalzó un nuevo estereotipo sobre el cual el gobierno debía poner sus ojos: el bajo pueblo en la figura del Roto Chileno.
El camino hacia la modernización se enfrentaba con la visión tradicional de liberales, radicales y oligárquicos en la búsqueda de resolver las demandas del siglo XIX.
¿Pero, en qué momento la figura del "Roto" reemplaza al "hombre ilustre" y se transforma en un imaginario nacional?
En el devenir de nuestra historia, los monumentos y sus referentes iconográficos fueron concebidos según las necesidades de la República y los grupos sostenedores del poder, desde los cuales se definió una construcción simbólica en torno a los conceptos de nación moderna.
Derivados de la Revolución Francesa, en su amplia mayoría, esta constitución de una simbología común para la construcción de identidades también comunes, hizo partícipe a la estatuaria, de manera muy especial, en la erección de monumentos públicos.
En sus inicios, monumentos de carácter efímeros -heredados de la tradición hispano barroca-donde los ideales clásicos regían el ámbito artístico y su expresión simbólica, especialmente difundidos en el proceso emancipatorio.
Monumentos como el que mandó a construir la municipalidad de Santiago en 1818 en honor al General San Martín consistente en una columna de orden corintio, cuya cúspide "sostenía un mundo sobre el cual estaba la vocinglera i alada Fama anunciando con el clarín a los pueblos de América, las victorias del Libertador de Chile" y fuera localizado frente al Palacio del General 2.
Adornadas con balaustradas y sostenidas por columnas, figuras como el genio de la Victoria, la Fama y la Libertad se convirtieron en los principales motivos iconográficos de estos monumentos.
Pero será en la segunda mitad del siglo XIX donde se reafirmarán tanto el concepto republicano como la enseñanza de las artes, a través de un imaginario de carácter no sólo oficial, sino también alusivo a la construcción intelectual y visual de una identidad nacional a través de la apertura de la Academia de Bellas Artes en 1849.
De esta manera, sus primeros directores, el pintor Alejandro Ciccarelli y el escultor Augusto François, entablaron la disciplina y los modelos basados en los ideales davinianos y el concepto de belleza clásica, que se ven reflejados en los planes de estudio que debieron cursar los jóvenes artistas nacionales.
Las prácticas de representación basados en los cánones occidentales clásicos fueron base en la construcción simbólica en torno a las nociones de gobernabilidad, constituyéndose en referentes estilísticos donde predominó el principio historicista y el ideal ilustrado.
Tal vez el imaginario más difundido en la República fue el rescate de los héroes de los referentes bélicos, que buscaban reafirmar el concepto de nación como ente territorial y discurso simbólico; no sólo a través de escultura conmemorativa, sino también a través del culto a los muertos en batalla para la pervivencia de la moral tradicional criolla cuando ésta se encontraba en confrontación con nuevos grupos sociales.
Tal es el caso del inusitado culto a los caídos en el combate Naval de Iquique en 1879 y donde la tumba de su principal figura, el Capitán Arturo Prat, se convirtió en lugar de recurrente peregrinaje en la ciudad de Iquique, hasta que sus restos fueron trasladados al monumento-mausoleo de Valparaíso en 1886.
Veinte años antes, ocurría un fenómeno similar cuando Benjamín Vicuña Mackenna gestionaba el traslado de los restos de O'Higgins desde Lima a Santiago.
En este sentido, el imaginario chileno encontró su referente en la imagen de los patriotas, modelos que buscaban edificar una memoria gloriosa y cuyo repertorio iconográfico fue ampliamente establecido por el pintor José Gil de Castro a inicios del siglo XIX y a través de la presencia de un importante grupo de pintores quiteños que habían trasladado sus talleres a ciudades como Santiago, Valparaíso y Concepción.
Medio siglo después José Miguel Blanco, escultor chileno, contribuyó a la creación de una nueva galería de hombres ilustres a través de la representación de prominentes del Ejército y del mundo intelectual del país, entre los que destacan las figuras de Miguel Luis Amunátegui, Domingo Faustino Sarmiento, Ignacio Domeyko y el General Marcos Maturana.
La consolidación económica del país y el progreso en materia artística, fue vista como un motor para el desarrollo "del culto a lo bello" y "al buen gusto", que se proyectó en una unidad discursiva de un grupo social del siglo XIX.
De este modo, los bustos y retratos fueron del agrado de la sociedad chilena lo que permitió el incremento del mercado del arte y, junto a ello, la falsificación de obras por "improvisados escultores o artistas de mala lei" 3.
De este modo, es posible inferir la alta demanda que tuvieron estas obras por la burguesía adinerada, reuniendo tanto la visión social como artística de la clase conservadora y marcando la pauta sobre la cual la sociedad debía regir su "gusto" estético.
El uso de esta fabricación de "identidad nacional" ocurría en torno a discusiones entre intelectuales y la oligarquía tradicional que escogió su propia visualidad a través de la selección de los medios que se ajustaban mejor a sus propios intereses.
"¿Dónde la estatua poner/Que el pueblo no la haga trizas?", preguntaba el joven periodista Juan Rafael Allende en 1897 a raíz del proyecto de monumento a Manuel Montt y Antonio Varas, y que refleja estos enfrentamientos entre las clases dirigentes del país 4.
La realidad nacional en el ámbito de la constitución de clases sociales, presentaba fuertes diferencias que se mantenían desde el período anterior.
El dominante recibía el nombre de aristocracia, sin embargo, no se trataba de una aristocracia en el sentido clásico del término, que tiene que ver con linajes y determinados modos de existencia social, sino simple y llanamente de la clase propietaria de la tierra y del poder político o lo que definiremos como élite.
Esta élite, un círculo poco numeroso y de fortuna escasa, si se le compara con los verdaderamente acaudalados del resto de América, estaban poco o nada cultivados en el sentido del respeto y ejercicio de las bellas artes lo que les valió, en más de una oportunidad, fuertes críticas de parte de los artistas nacionales que cuestionaban el "negado gusto artístico de nuestros aristócratas millonarios" 5.
El marco general de costumbres, usos y recursos es igual para toda esta élite, pero su actitud frente a los movimientos culturales que se viven -por ejemplo, ante el Romanticismo-admite matices de importancia.
Así, aquéllos definidos como moderados se mantenían apegados a una religiosidad "a la española", heredada de los tiempos coloniales y eran refractarios instintivos a las reformas y a los cambios bruscos, por lo que se presentaban menos receptivos a ideas libertarias y creativas (Sánchez, 1942).
En términos políticos, sin embargo, este grupo se manejaba bajo los idearios republicano liberales, pero no deja de ser eminentemente una élite tradicional que se sustentaba en la economía agrícola y en el orden social señorial; más interesada en la pervivencia de éste, con la sumisión de las clases populares y la mantención del orden jerárquico que sostenía a la oligarquía.
A partir de 1827 y 1830, se comenzó a vivir un proceso de europeización cuyo modelo fue Francia, desde donde se difundieron las ideas ilustradas y positivistas de los pensadores europeos en establecimientos como el de Manuel Silvela y García de Aragón donde "acudieron a formar como una colonia estudiantil en el centro de la Europa, jóvenes peninsulares, chilenos, arjentinos, peruanos, colombianos" (Pérez Rosales, 1886, VIII).
Y que a su regreso contribuyeron a cambiar las costumbres de la sociedad, aportando al imaginario local y al rechazo a la tradición en las páginas de pasquines criollos liderados por jóvenes literatos, junto a la aparición de talleres independientes de pintores y escultores.
Pero este despertar tarda en afianzarse en Chile y sólo puede hacer su aparición cuando el país alcanza la estabilidad política y económica que hereda del ministerio de Diego Portales y tras el importante influjo de intelectuales argentinos, como Domingo Faustino Sarmiento, que huyen de la tiranía de Rosas y que traen consigo idearios liberales 6.
Lo anterior, lleva a deducir que toda una generación de hombres, nacidos entre 1817 -período de la llamada Anarquía-hasta 1837 -muerte de Portales-, no habían sido testigos de los desórdenes políticos ni del autoritarismo portaliano, por lo que reciben con mayor fuerza otros idearios como el romanticismo europeo, el liberalismo parlamentario y el laicismo religioso (Bravo, 1992, 13).
Lo que se estaba produciendo, entonces, era un desequilibrio de los sistemas ideológicos del siglo XIX.
El núcleo social dominante permanecerá fundamentalmente idéntico en su composición desde la monarquía ilustrada hasta la república ilustrada, pero entre los jóvenes que se forman durante ese período se gestarán las tendencias liberales más doctrinarias esta vez, que no estarán conformes con el autoritarismo ni el dominio de la élite tradicional.
Desde este punto de vista, los monumentos se transformaron en constructores de imaginarios colectivos que diseñaron, a su vez, una significación histórica sustentada en los discursos partidistas que manejaron ambos estamentos sociales.
"La Independencia -escribió el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes-, los Carrera, O'Higgins, Chile, en suma, es una mina inagotable para los artistas que él forma y para el artista de la América española" (García Viera, 1998).
¿Pero son los héroes de la Independencia los únicos modelos que conviven en el mundo nacional?
¿Hacia dónde evoluciona el imaginario establecido por la República?
La pedagogía de la imagen actuó sobre dos líneas fundamentales, por una parte, en el espíritu de construcción identitaria para la formación cívica y por otra, en la educación del ciudadano en los preceptos de la moral burguesa.
La prolongación de la pintura de santos y el género del retrato, el fortalecimiento de la imagen mariana en la Virgen del Carmen y los imaginarios femeninos en cuanto madres y huachos en la constitución de alegorías del mestizaje chileno -tema que ha sido identificado por la antropóloga Sonia Montecino-, se constituyeron en algunas de las temáticas de identidad alternativas que se gestaron a lo largo del siglo XIX.
Un creciente interés democrático hacia las clases más desposeídas, permitió el surgimiento de diversas manifestaciones culturales que se aglomerarán en sociedades de tipo político y literarias que estimularán la conciencia nacional.
El despertar intelectual que motiva el desarrollo económico y el espíritu conciliador del gobierno, sumado a la permanencia de intelectuales extranjeros sudamericanos, el interés científico y artístico de los europeos y la presencia de jóvenes chilenos interesados en renovar el espíritu artístico del país, permitieron un desarrollo cultural cuyas inquietudes se prolongarán hasta principios del siglo XX.
El recuerdo de la colonización española, pareció quedar relegada a una suerte de ficción historiográfica que prefirió plasmar el imaginario de la Independencia y no el pasado colonial.
"Los hombres ilustrados de España i de América fraternizaban en las nuevas ideas en que ambos continentes buscaban su rejeneracion" y cuyos alcances daba paso a una ideologización de un nuevo acercamiento con España y el reinicio del intercambio comercial (Pérez Rosales, 1886, VIII).
El restablecimiento de las relaciones diplomáticas vigorizó la figura de Pedro de Valdivia que se materializó en diversos homenajes realizados por las autoridades, entre los que destaca el encargo al pintor español Eugenio Lucas sobre un retrato del Fundador de Santiago.
El auge de la pintura de historia a fines del siglo permitió, también, nuevas imágenes en torno al Gobernador y Capitán General del Reyno de Chile, en las que sobresalieron "La muerte de Pedro de Valdivia" de Nicolás Guzmán (1875) y la "Fundación de Santiago" de Pedro Lira (1898).
También en 1875 se instaló en la Quinta Normal de Agricultura una escultura de 3,00 mts. de alto del Capitán, obra del italiano Costoli (Fig. 1).
Si bien la escultura fue muy bien recibida por la crítica, su emplazamiento en las puertas de la Exposición Internacional -hito de la difusión de la modernidad en la nación chilena-no lo fue tanto, ya que se consideró que "no ha sido ménos oportuno ni feliz el GLORIA CORTÉS ALIAGA doi: 10.3989/arbor.2009.740n1087 pensamiento que halló tan favorable acojida en el Directorio de la Esposicion, para colocar al primer representante de la conquista en la entrada de nuestra gloria del porvenir" 7.
Treinta y cinco años después, en la Celebración del Centenario, se publicaron tres caricaturas del dibujante Moustache en la "Revista Zig-Zag", en torno a lo que se consideraron "monumentos ofensivos" a la imagen de España donde sobresale, precisamente, el de Pedro de Valdivia de Costoli sobre el cual el dibujante señala que "hemos mandado a la punta del cerro.
Eso sí que es ofensivo" 8.
Otro monumento que fue trasladado al Cerro Santa Lucía en 1900 fue el "Caupolicán" de Nicanor Plaza.
Admitido en 1868 en el Salón de París, la obra -una alegoría a los indígenas americanos y no un retrato del caudillo araucano-fue trasladada a Chile con el nombre de Caupolicán, bajo el cual fue incorporada a la memoria nacional (Fig. 2).
El palimpsesto bélico de la conquista y, por ende, el sometimiento indígena fue apropiado en un nuevo discurso que enfrentaba visiones divergentes sobre la historización de la nación.
Así, por una parte la imagen del araucano surgió como un ideario de la lucha anticolonial y sobre el cual los emancipadores encontraron la mejor forma de ilustrar el ideal de la libertad.
Un claro ejemplo es la logia masona "Lautaro", formada por Francisco de Miranda y en la que participaron tanto Bolívar, O'Higgins como San Martín; la imagen del araucano fue difundida en la emblemática independentista hasta 1834 y promocionada en periódicos como "El monitor Araucano".
Pero a poco andar, el territorio de Arauco se transformó en un problema político-económico de la República y que llevó, también, a la transformación de la imagen del indígena.
El reconocimiento de la propia territorialidad chilena promovió una narrativa del paisaje y que fuera promovida, también, por los intelectuales liberales invitando a la incorporación de este género de la pintura como asunto de los artistas y potenciando teorías geopolíticas como la del "Chile fantástico" apoyada en los argumentos de Amunátegui y Morla Vicuña respecto a los límites geográficos.
El espacio de frontera se convirtió en un tema político no sólo en relación a las cuestiones limítrofes con los países vecinos, sino también por cuanto era necesario asegurar la estabilidad, tanto en relación con los indígenas como con los hacendados y el poder comercial que representaban.
Por otro lado, la ingobernabilidad de este territorio no condecía con la estabilidad soberana que significada un Estado moderno como el chileno, desde el cual se configuraron imágenes sobre el indígena como signo de salvajismo y ferocidad reafirmadas por los saqueos, malones y raptos acaecidos desde el siglo anterior en las zonas fronterizas.
"Tales son los semi-dioses de Ercilla!"
(Vicuña Mackenna, 1868, 4), señalaba Vicuña Mackenna, afianzando la visión del indígena incapaz de autogobernarse y asociándolo a la mentira, la barbarie, lo corrupto y que fuera ampliamente difundido por la literatura y las imágenes sobre las llamadas "cautivas blancas" -tema que ha destacado la historiadora del arte Laura Malosetti-que se repiten en los casos chilenos y argentinos.
"Es cierto que el bárbaro es valiente; pero ¿qué salvaje no lo es?
Es cierto que el indio defiende su suelo; pero lo defiende porque ódia la civilización, ódia la lei, el sacerdocio, la 2.
Fotografía publicada en la Revista Selecta, Santiago de Chile, año II, n.o1, abril de 1910. enseñanza" (Ibid, 4).
Aduce el mismo Vicuña Mackenna en 1868 como diputado de Valdivia, alentando la ocupación del territorio ya que "la conquista de los pueblos bárbaros, ociosos i vagabundos, es perfectamente lejítima" (Ibid, 16); ocupación que no sólo unificó al país sino también potenció y favoreció el fortalecimiento comercial de los hacendados de la zona sur en un discurso elaborado por la misma élite criolla que, hasta ese momento, no había incorporado al indio en sus prácticas ideológicas.
Esta visión genera enfrentamientos entre intelectuales como José Victorino Lastarria, que apoyaba la resistencia araucana, y aquéllos que no sólo la criticaban, como el caso de Vicuña Mackenna, sino también la extendían hacia la actitud indigenista que habían adquirido algunos representantes de la clase intelectual y política de Chile.
Críticos de estos últimos serán el argentino Domingo Faustino Sarmiento y el venezolano Andrés Bello, quienes abogaban por borrar el pasado colonial y su visión fatalista (Navarro, 2005).
Una imagen que contrastaba con el indígena aliado que había encontrado al criollo blanco en contra de la colonización a principios del siglo, apoyada en la poética construida por Alonso de Ercilla en su "La Araucana" tres siglos antes y que fuera, también, materializada en el Himno Patrio en 1847.
Pero a fines de siglo XIX, nuevamente la imagen del indígena comienza a ser rescatada por esta nueva oleada de jóvenes intelectuales que ven en la figura de los "marginados" del aparato estatal, una nueva forma de preservar la identidad nacional y sus sujetos presentes por cuanto se consolidaba el concepto de ciudadanía popular.
Es así como aparece "Caupolicán" y otras esculturas de Plaza como "El Toqui" y "El jugador de chueca", que junto con la "Araucana" de Virginio Arias, se incorporan en la visualidad chilena.
Esta imagen del "buen salvaje" y la alteridad difundidos ya en el siglo XVI, fue reforzada por la presencia objetiva de la fotografía que realizaran viajeros como Paul Treutler, Rafael Castro y Ordóñez en comisiones científicas, y las de Odber Heffer y Gustavo Milet cuyas imágenes fueron de amplia circulación en Chile y el extranjero, además de las fotografías de las misiones capuchinas a partir de 1896 y su visión pedagógica sobre los pueblos "pacificados".
Si bien para 1842 se venían consolidando ideas fundamentales sobre la transformación del hombre americano "en tanto hombre y ciudadano de Repúblicas" difundida por Andrés Bello (Rubilar, 2004, 554), otras manifestaciones plasmadas en "La Sociedad de la Igualdad" de Santiago Arcos y Francisco Bilbao, y la consolidación de una nueva élite intelectual, buscaban en el liberalismo popular la necesidad de reivindicación del pueblo a través del aumento de los niveles de instrucción, mejoras salariales, moralización de los sectores populares; acciones que se percibían como una condición de la modernización y se relacionaban directamente con la tarea de construir nación, promoviendo la formación de ciudadanos.
Este liberalismo popular tuvo su mayor expresión en la creación del Partido Democrático a fines de 1880, que rompe con el liberalismo de las elites, aun cuando se basa en los mismos ideales ilustrados y la confianza en las instituciones representativas del Estado (Grez, 2005, 110).
Pero cuando los conflictos bélicos en relación a los límites territoriales se hicieron presentes en 1836 con la Guerra de la Confederación Peruano-Boliviana y, luego, en 1879 con la Guerra del Pacífico, nacieron nuevos héroes nacionales que se concibieron como la encarnación de la raza chilena, a partir de miradas positivistas sobre la identidad nacional y que enfrentaron a los liberales en torno a la imagen popular y sus fines didácticos.
Figuras disímiles como el "militar" y el "Roto", compartieron escena en la edificación de una visualidad identitaria en las manos de los artistas nacionales.
Estos modelos de representación fueron los temas que movilizaron más recursos y gestiones para la construcción de una memoria histórica.
"I ¿QUIÉN ES MOYA?": OLIGARCAS Y LIBERALES EN LA INSTRUMENTALIZACIÓN DEL ROTO
Paga Moya", sentenciaba Juan Rafael Allende ante las denuncias de desfalcos públicos, los derroches del fisco y el nepotismo del gobierno generado tras la guerra civil de 1891.
Moya es el pueblo productor, el pueblo contribuyente, el pueblo obrero, el pueblo soldado, el pueblo marinero, el pueblo trabajador" (Allende, 1904, 54) 9.
El advenimiento del Parlamentarismo en Chile (1891-1925) consolidó el poder de la clase adinerada del país que se venía gestando desde 1870 mediante las reformas que fueron fortaleciendo el rol del Congreso Nacional.
Junto a ello, surge una importante inestabilidad en torno a los límites de la ciudad y los suburbios en el proceso de crecimiento urbano de Santiago, la migración GLORIA CORTÉS ALIAGA doi: 10.3989/arbor.2009.740n1087 campo-ciudad y la crisis del campesinado (Fig. 3).
En este proceso de migración surge el gañán o Roto, figura identificada por primera vez entre las décadas de 1830 y 1840 tras la guerra de la confederación peruano-boliviana, y que al poco andar se transformó en el apelativo que identificó a la raza chilena, al mestizo hijo del bastardaje, el "huacho" identificado por Montecino.
"Nuestro roto no puede quejarse de que para él seis dias de la semana sean de dolores, ni mucho menos que el séptimo sea de aburrimiento", declaraba la Revista "Instantáneas de Luz i Sombra" en 1901 10 reforzando la visión del obrero ocioso, dado al alcohol y mujeriego que fuera ampliamente difundido en el siglo XIX y sobre el cual el Estado debía operar en su labor de ilustrarlo y asegurar sus libertades y derechos civiles y políticos, según consta en el discurso del Presidente Balmaceda en 1889 (Balmaceda, 1889).
Pero también se le asignó un rol protagónico en los conflictos bélicos, resaltando su valentía y arrojo, una imagen de identidad nacional del hombre que "en la guerra es un león, junto á la mujer amada un cordero" 11.
Dos caras frente a un mismo tipo social, que perpetúan la imagen del "roto" hasta las primeras décadas del siglo XX e inmortalizado por Joaquín Edwards Bello en la novela homónima de 1920.
"Nunca con más razón que en este instante podríamos afirmar que Chile es un pueblo de ciudadanos.
Los obreros que en 1879 invadían los talleres, las fábricas o las construcciones de esta opulenta metrópoli comercial, empuñaron resueltamente la espada o el fusil, cruzaron el Pacifico, y vencieron y aniquilaron al enemigo en jornadas cuya fama ha recorrido el universo entero" 12.
El labriego transformado en obrero y el obrero en héroe, en una conceptualización forzada respecto al rol del gañán, que enfrenta a la élite en un esfuerzo por conservar sus valores tradicionales frente a una nueva burguesía adinerada.
De esta manera, reconoció la condición pobre, miserable y débil del pueblo y prestó, entonces, más atención a los "Rotos" de la ciudad para constituirlos en instrumento de su propia "moralidad".
Es así que el antiguo proyecto de arco de triunfo para la Batalla de Yungai de 1839 se transformó en el monumento al "Roto Chileno" erigido en 1888, realizado por Virginio Arias y que fuera presentado al Salón de París seis años antes.
El monumento fue emplazado sobre una gruta de piedras en el cual figura el modelo francés del Defensor de la Patria, ajeno al imaginario del verdadero Roto que viste "sombrero de anchas alas, generalmente de paja y poncho", según lo describe Juan Serrado en su "Visita a Chile en 1895" (Serrado, 1898, 42).
El personaje de Arias aparece vestido de labriego con la camisa y el pantalón arremangados, sosteniendo un fusil en la mano derecha, localizando tras él una gavilla de trigo y una pequeña hoz.
Virgino Arias, nuevamente, ocupa la simbología del poder operante en Chile buscando la unión de la trilogía clásica por excelencia: verdad, vida y belleza.
Así, la figura del "Roto" se configura como la del "David" de Miguel Ángel, presentando una figura en tensión, la pierna derecha adelanta a la izquierda y el brazo izquierdo descansa sobre la figura del soldado, mientras que la derecha se eleva sosteniendo el fusil.
La cabeza mira hacia la izquierda, el ceño fruncido, manteniendo los ojos fijos en su objetivo: el campo de batalla (Fig. 4).
Pero más allá de su iconografía, el monumento representó simbólica y conceptualmente la inquietud de resaltar los valores patrios y de atraer como aliado al pueblo a favor de los intereses de la élite.
"El influjo de estos ideales así corporizados, levanta el alma de las muchedumbres, la arranca de brutales pasiones, la defiende de groseros apetitos, la hace volar, encendida por ardiente deseo, hácia la realización de esos tipos sublimes" (Zambrana, 1875, 34) 13.
Señalaba Antonio Zambrana en 1875 en "El Correo de la Exposición" respecto al rol de la estatuaria.
Sin embargo, el monumento resaltó las diferencias entre la oligarquía tradicional y la intelectualidad liberal, liderada por personajes como Juan Rafael Allende, periodista, dramaturgo y poeta, redactor de periódicos satíricos que hacían escarnio de la clase política, antioligárquico, anticlerical y liberal popular.
"Viendo los capitalistas que un Gobierno (el de don José Manuel Balmaceda) tenía la idea de hacer un ferrocarril que uniera a Valparaíso con Iquique (la ruina de los capitalistas salitreros); la de crear un Banco del Estado (la ruina de muchos banqueros); la de fomentar la instrucción pública en todo pais (la ruina del clero, explotador de la ignorancia de las masas populares), los aristócratas i millonarios de este país, en secreto cónclave, acordaron hacerle una revolución a ese Presidente con tendencias democráticas" (Allende, 1904, 51).
En 1888, Allende publica en el pasquín "El Padre Padilla" una caricatura del monumento de Arias, al que denomina "Monumento al Roto... piojento" y en la cual aparece el joven soldado arrodillado con la mano en el pecho y acompañado de dos lechuzas montadas sobre una gruta de Nuestra Señora de Lourdes, localizando a su alrededor a los verdaderos Rotos y al clero, haciendo referencia a sus discrepancias políticas con este último sector (Fig. 5).
"Como es cursi el llamado monumento, cursi, grosero e infame fue el discurso del Intendente Lazcano", quien resalta precisamente los intereses de la élite criolla sobre la clase trabajadora del país y que utiliza al Roto chileno según las necesidades coyunturales que le benefician (Allende, 1888) 14.
Por lo mismo, el monumento no fue bien recibido por la comunidad dado su evidente sentido oligárquico que fuera notado por el mismo Presidente Balmaceda y que llevó a una manifestación pública respecto a la destrucción de la obra de Arias.
En "El Taller Ilustrado", fundado por el escultor José Miguel Blanco, se publica el 12 de noviembre de 1888 el artículo "El monumento de la Plaza de Yungai", donde se solicita la demolición de "tan ridícula obra, o por lo ménos disponga una modificación radical que la quite, en cuanto sea posible" (Blanco, 1888), pero la petición no prosperó y aún hoy podemos encontrar el monumento en la Plaza Yungai (Cortés, 2008).
Desde este punto de vista, los monumentos se transforman en constructores de imaginarios colectivos que contienen el sentido simbólico del Estado.
La contundencia del mensaje se apoya o vincula, intransferiblemente, al espacio que lo circunda, a los hechos que rememoran y a la estética de la representación donde la práctica artística y la práctica política como discurso, se presentan ligados el uno del otro.
Criad hábitos de economía i sobriedad, i ese será el único camino por el cual podreis llegar a todas partes, en este país de igualdad i libertad.
Desechad las falsas teorías.
En Chile el aire puro sobra i el más allá no tiene barreras" (Allende, 1888).
Alentaba Lazcano en su discurso de inauguración y ante el cual Allende responde, ¿Qué el más allá no tiene barreras?
Ese es un hecho, un exioma para los astrónomos, aunque nó para los teólogos.
I, si a este mundo volvieran, don Lazcano, los pobres rotos que usted há tiempo despachó a balazos para el otro, porque a medio dia entraron a robarle uvas a una de las viñas de usted, podrian asegurarle que el más allá de la tumba, único que conoce en Chile el hijo del pueblo, no tiene barreras como tampoco tiene barreras la estupidez de su señoria" (Ibid).
La visión paternalista de la élite que tanto critica Allende y los liberales populares, es la misma que asumen los intelectuales cuando se insta a la instrucción del pueblo, "proporcionándoles escuelas, ocios honestos i buenos ejemplos" para de ese modo saldar "las deudas que tenemos con los desheredados de este noble pueblo", según Nercasseau (Ibid).
Constituyendo a "oligarcas" y "pueblo" en culturas antagónicas y donde este último es visto como una masa ignorante y virtuosa a la vez.
Dicotomías que se refieren a las diferentes miradas desde las cuales se percibe la imagen del "Roto": desde el paternalismo a la hostilidad y viceversa.
¿A quién creerle?/¿Al jóven ilustrado o al labriego de San Javier de Longomilla?" culmina Allende (Ibid), resumiendo el enfrentamiento de los discursos de Lazcano, como representante de la élite, y Nercasseau, de los intelectuales, en un intento por establecer responsabilidades asumidas, finalmente, por "Moya". |
CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
Se informa que el artículo de Guillermo Brenes Tencio, titulado "Iconografía emblemática del héroe nacional costarricense Juan Santamaría", publicado en el anterior numero monográfico de ARBOR "Relatos icónicos de la nación en Iberoamérica y España" vol. CLXXXV no 740 ( 2009), páginas 1243-1257 ha sido excluido de dicho número monográfico.
Esta decisión de ARBOR y de los coordinadores del número monográfico, se debe a que el autor ha publicado dicho artículo con anterioridad, con contenido idéntico o esencialmente idéntico, en las siguientes revistas: Brenes Tencio, Guillermo, "Y se hizo la imagen del héroe nacional costarricense...
Iconografía emblemática de Juan Santamaría".
"... el símbolo, el mito, la imagen, pertenecen a la sustancia de la vida espiritual; que se les puede camuflar, o degradar, pero nunca se los podrá extirpar... "
De todas las imágenes de personajes notables de la Campaña Nacional de 1856-1857, la de Juan Santamaría es, sin lugar a dudas, una de las más ampliamente difundidas.
Así, desde finales del siglo XIX, las interrogantes acerca de la "verdadera" identidad del soldado alajuelense Juan Santamaría (1831-1856) y su participación real en la primera fase de la guerra contra los filibusteros o "Campaña Nacional", han sido parte de las reflexiones e incertidumbres de un sinnúmero de académicos y costarricenses 1, sin que se haya establecido una respuesta única o concluyente.
De tal suerte, la figura casi mítica de Juan sigue evocando tradiciones, pasiones y debates.
Asimismo, continúa siendo un dispositivo conveniente y efectivo para enfrentar amenazas externas que atentan contra la soberanía nacional, como por ejemplo, en la discusión sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos.
Justamente, la Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP), la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE) y el Movimiento Patriótico por el No al TLC, han rescatado la figura de Juan Santamaría en ese sentido.
Ello expresa un problema frecuente en torno a la legitimidad histórica de la figura del héroe: tiene varios significados que pueden ser explotados por diversos grupos e intereses.
Como diría Claude Lévi-Strauss, todas las versiones forman parte del mito.
Paulatinamente, acaso desde un primer momento, la figura particular de Juan Santamaría se fue desdibujando, para ir dando paso a la más abstracta del Héroe.
A diferencia de otros países de América Latina, cuyos héroes nacionales proceden de la rancia élite indígena o de las filas de la alta oficialidad, el de Costa Rica tiene un origen genuinamente popular.
Símbolo del sacrificio por la patria en peligro, Juan Santamaría encarnó al pueblo incorporado a la historia nacional.
El primero en referirse públicamente a la heroicidad de Juan Santamaría fue el distinguido político de la Nueva Granada (hoy Colombia) José de Obaldía (1816-1889), el 15 de septiembre de 1864, mientras se hallaba en el exilio en Costa Rica.
Esta disertación no fue divulgada en los poquísimos periódicos existentes, sino que circuló a partir de unos folletos que fueron patrocinados por la administración del Dr. Jesús Jiménez Zamora (1823-1897).
En ella destaca la guerra de 1856-1857 contra los filibusteros portadores de la ideología del "Destino Manifiesto".
Es aquí cuando Obaldía rescata del olvido oficial la acción heroica del soldado Juan Santamaría, al indicar -una vez explicados los pormenores de la Batalla de Rivas, Nicaragua, del 11 de abril de 1856-lo siguiente: "Señores, el héroe humilde, imitador de Ricaurte en San Mateo, se llama Juan Santamaría, por sobrenombre Gallego ¡Honor á su memoria"!
Muy poco tiempo después, el insigne periodista y literato hondureño Álvaro Contreras Membreño (1839-1882), encontrándose en calidad de exiliado en Costa Rica, retomó las palabras de Obaldía, y destacó en un hermoso y amplio discurso la importancia de la hazaña del tamborcillo alajuelense, a quien evocó ampliamente con los epítetos de "héroe anónimo", "mártir sublime", "glorioso", "magnánimo" y "sencillo".
Ambos intelectuales extranjeros impulsaron a una figura que con el paso del tiempo se convertiría en el arquetipo o modelo a imitar por los costarricenses 2.
Otra evidencia que contribuiría a respaldar la existencia del soldado Juan, es la solicitud de pensión hecha al Gobierno costarricense (entonces encabezado por Juan Rafael Mora Porras) el 19 de noviembre de 1857, por María Manuela Santamaría (Carvajal o Gallego), madre del aguerrido tamborilero de la tropa de Alajuela, en la que afirmaba que su vástago había muerto en la Batalla de Rivas, mientras le prendía fuego al Mesón donde se parapetaban las huestes filibusteras.
La solicitud fue aprobada por el Poder Ejecutivo el 24 de noviembre de ese mismo año.
La rapidez con que fue resulta evidencia que los hechos referidos eran suficientemente conocidos como para que el estudio de la solicitud de la madre de Santamaría no se demorara.
Como lo expresó el "tinterillo" Juan Rafael Ramos, quien redactó el escrito presentado por Manuela Santamaría en 1857, el acto del soldado Juan es "público y notorio".
Sin embargo, tanto la solicitud de la madre de Santamaría como la resolución del gobierno sólo fueron localizadas y publicadas en 1900 3.
De Juan Santamaría se sabe, con certeza, que fue a la escuela primaria y que trabajó desde su niñez como vendedor de dulces, ayudante de albañil, peón, boyero, cogedor de café, sacristán de iglesia, serenatero y tambor de la Banda Militar de Alajuela.
Fue este último oficio el que provocó su participación en el ejército costarricense.
Juan era un mulato, por lo cual era conocido como el "Erizo".
Precisamente, esta cualidad obligó que el discurso oficial tuviera que hacer un esfuerzo retórico para "blanquearlo", con el objetivo de que calzara con la construcción biologista/positivista, de una nación costarricense "blanca" y "homogénea". cas.
En primer lugar, el rescate del soldado Juan y su gesta se dio, ante todo, por la necesidad del sector gobernante liberal de promocionar un héroe de extracción "popular", a un hombre del "pueblo", que permitiera cohesionar internamente al conjunto social, y de esta forma, legitimar su ascenso al poder o ganar respaldo en sus proyectos.
En otro sentido, la imagen de Santamaría fue recuperada, a finales de febrero y principios de marzo de 1885, como un instrumento de lucha y unidad en el discurso oficial costarricense en contra de las ambiciones del dictador guatemalteco Justo Rufino Barrios Auyón (1835-1885) y de su proyecto de reunificar, por la fuerza de las armas, a los estados del Istmo en la Unión de Centroamérica.
Aunque al final Costa Rica no fue a la guerra (gracias a la derrota de Barrios por los salvadoreños), el proceso iniciado se convirtió en el eje de la primera configuración de la identidad nacional costarricense.
Con base en el discurso oficial que exaltaba el heroísmo de Juan Santamaría -símbolo paradigmático de los valientes y arrojado soldados anónimos que habían muerto por la maternal patria en la Guerra de 1856-1857-los artesanos, obreros, campesinos, arrieros y demás sujetos pertenecientes al pueblo, empezaron a internalizar un determinado sistema de valores y sentimientos de pertenencia colectiva a la comunidad política "imaginada" e "imaginaria" llamada Costa Rica 10.
En el marco del ambicioso proyecto desplegado por el Estado y las élites liberales de construir una mitopoiesis nacional, la prensa escrita desempeñó una función determinante en la propagación de la figura del héroe alajuelense ante la sociedad costarricense.
Por ejemplo, en 1887, el editorialista de La Gaceta se encargó de resaltar (real y simbólicamente) la lección cívica y moral que se desprendía de la hazaña de Juan Santamaría:
Centrándose en el plano de las artes visuales, la imagen de Juan fue objeto de inspiración en el bronce y en la pintura de historia hasta la década de 1890 13.
Quizás, en este sentido, la representación iconográfica 14 emblemática del personaje, que carecía hasta ese momento de rasgos definidos, sea la estatua confeccionada por el escultor academicista francés Aristide Onésime Croisy (1840-1899), y fundida en el taller del también francés Eugène-Antoine Durenne (1860-1944) (Fig. 1).
Un telegrama de marzo de 1891 publicado en el periódico La República refleja el ambiente de expectación que se vivía en la ciudad de Alajuela (cuna del héroe), en estos términos: "El cuatro de marzo de 1856 a las ocho de la mañana Juan Santamaría con su fusil salió de... su pueblo natal á pelear en defensa de la patria.
Hoy 4 de marzo, á las ocho de la mañana, el cajón que encierra la estatua de este héroe ha sido descargado en la Plaza Principal de esta ciudad" 15.
A la vez, los editores de algunos diarios josefinos también participaron de manera directa en propiciar un ambiente llamativo alrededor de la instalación de la escultura.
Una gacetilla de La República al respecto informó:
"no se sabe qué fecha escogerá el gobierno para la inauguración del monumento.
Opinan unos que debe señalarse el 11 de abril; otros quieren que sea el 15 de setiembre para que la patria celebre el glorioso aniversario de su independencia con ese acto de justicia, noble tributo que el sentimiento nacional ofrece al más heroico de sus hijos" 16.
La estatua de Juan Santamaría, financiada por suscripción nacional y decretada por iniciativa estatal en el año 1887, fue inaugurada solemnemente en Alajuela, al mediodía del 15 de septiembre de 1891 17, según el Acuerdo N.o CDVI del 22 de agosto del mismo año, cuando era presidente el licenciado José Joaquín Rodríguez Zeledón (1890-1894) 18.
Este acto se realizó después de la tensa campaña electoral de 1889, que culminó con un amplio levantamiento popular el 7 de noviembre del año indicado, y que supuso desgarres importantes en la vida sociopolítica de la época.
Por este motivo, la inauguración del monumento a Juan Santamaría, constituía una magnífica oportunidad para que aflorara de nuevo el sentimiento patriótico nacional, aun por encima de la inestabilidad política y social existente.
Tal y como se expresaba en la sección editorial del periódico La Gaceta, en su edición del 18 de septiembre de 1891:
"Como complemento de la festividad celebrada y deseoso el Gobierno de que tanto en el aniversario de la independencia nacional, como al erigirse la estatua consagrada al Libertador de la República, gozaran los costarricenses que sufren alguna pena por causas políticas de la libertad de que habían sido privados, trayendo á sus hogares la tranquilidad perdida y el consuelo, ha dictado el decreto... concediéndoles la más amplia amnistía.
Que este rasgo de magnanimidad y de patriotismo del Jefe de la Nación obtenga de los agradecidos la debida recompensa en honor á nuestras instituciones, en bien del orden y de la tranquilidad de la República y en provecho de la unidad y concordia que debe reinar en todos los ciudadanos bien inspirados en el porvenir de la patria" 19.
La presentación pública de la efigie del héroe, tal y como la realizó el entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia y futuro presidente de la República, don Ricardo Jiménez Oreamuno (1859-1945), al evocarlo como un monumento al "pueblo humilde", y a los soldados desconocidos de Santa Rosa, Rivas y el Río San Juan, logró adherirle a la figura de Juan una representación de una fuerza Es posible deducir de esta narración que la estatua no se consideraba un ser inerte, todo lo contrario, Santamaría "revivía" para permanecer entre nosotros como arquetipo de heroísmo y entrega.
Terminada la fiesta de develación, la principal señal que quedó, en el espacio urbano alajuelense, como testimonio de la conmemoración, fue el monumento al héroe-mártir, emplazado en el nuevo espacio público de la ciudad.
La recepción en sociedad de todo monumento público constituía un instante privilegiado para tejer cualquier consenso político o social, avalado por lo que se consideraba, por aclamación, un bien común.
Nada menos que ahí radica, precisamente, la importancia de la inauguración.
Y, en subsecuentes años, se han llevado a cabo celebraciones y desfiles en el mismo lugar, dando oportunidad a que el monumento por sí mismo sea objeto de numerosas representaciones y discursos, que lo legitiman como un símbolo vigente.
Resulta obvio el hecho de que el año de 1891, puede considerarse como el "año de Juan Santamaría", no sólo porque en el mismo se devela el monumento levantado en su honor en Alajuela, pagado por suscripción popular 28, y se dan fiestas grandilocuentes en celebración de su memoria, con una irrupción masiva de ciudadanos; sino porque casi simultáneamente se recogieron dos informaciones ad perpetuam, cuyo objetivo principal radicaba en desalojar cualquier duda sobre el sacrificio desinteresado del héroe 29.
Como un héroe román-tico, la figura escultórica de Juan Santamaría, en uniforme de soldado francés y sandalias, parece evocar aquella proclama del Hernani de Victor Hugo: "Soy una fuerza en marcha".
De esta forma, los liberales ligados a la esfera estatal, se legitimaron en el poder impulsando a un héroe al que se le adscriben los valores más tradicionales de los sectores subordinados: la humildad, el valor, la lealtad, el patriotismo y el sacrificio.
Coronando el sobrio y macizo pedestal de granito y mármol de 4,54 metros de altura, la estatua de Juan Santamaría, de 2,25 metros de alto, simetría perfecta y rasgos idealizados, se impone, frontal y desafiante, en actitud de incendiar el Mesón, empuñando en la mano izquierda la tea llameante y fulgurante, símbolo de la libertad, mientras que en la diestra lleva el fusil-bayoneta.
Además, su altura es superior a la real.
La medida de la estatua, exageradamente elevada respecto al promedio de los ciudadanos-espectadores, es una forma de enfatizar sus proporciones heroicas y su masculinidad.
Conectando, de esta forma, su grandeza física con las glorias de la nación costarricense.
La intención de imponer este estilo en la monumentalidad a Santamaría, es un tributo a su calidad de héroe, que asimismo lleva implícita la idea de un "santo secular", susceptible de culto cívico y laico.
Muerto el humildísimo "hijo del pueblo", su estatua no podía suscitar sino el efecto de presencia de una "hermosa encarnación del heroísmo".
¿Cómo iba a levantarse una estatua a Santamaría en que no figuraran los elementos que necesariamente iría a buscar el público al que estaba destinada?
Dicho en otros términos: la eficacia de la escultura, en tanto que instrumento de exaltación del héroe, requería que se la pudiera reconocer, sin duda alguna, como portadora de todos los signos que acompañaron el gesto épico que pretendía eternizar.
¿Qué es, en el fondo, lo que con la escultura-monumento se celebraba?
¿El heroísmo de un hombre del pueblo?
A pesar de que en el pedestal aparece inscrito el nombre de Juan Santamaría, se trata, probablemente, de una prefiguración del monumento al "soldado desconocido", o mejor dicho, al "soldado conocido" 31.
Todo, en la estatua de bronce y los discursos que la acompañaron en exaltación de la acción de aquel soldado, tendía a despersonalizar al personaje, a quitarle "comprehensión" para darle más "extensión", a convertirlo en una imagen abstracta del heroísmo.
Junto a esa imagen canónica, de factura europea, en el gran lienzo al óleo titulado: "La Quema del Mesón" (Fig. 3), el afamado pintor costarricense formado en Alemania, Enrique Echandi Montero (1866-1959), se decantó por la representación de Juan Santamaría como un campesino ordinario, de tez parda y cabello ensortijado y encrespado (lo que apunta a la ascendencia negra de Juan), dando fuego al alero del mesón con una larga caña como tea; ya manando sangre, evidentemente impactado por muchas balas.
El espacio está definido por la sobria y esquemática composición de líneas diagonales y verticales.
El afán verista se evidencia hasta en los elementos arquitectónicos que muestra la pintura histórica de Echandi: una casona de largas y gruesas paredes de adobe, sin ventanas, y con dos puertas de madera, en la que se denota el paso inclemente del tiempo.
En la acera de la edificación, yacen tres soldados muertos, para acentuar el fuerte dramatismo de la escena, en la cual el artista costarricense ha desaparecido al enemigo filibustero, como si le produjera incomodidad su explícita presencia.
El joven Echandi -todavía no cumplía 31 años-habría pintado el cuadro histórico en 1896, pero se presentó por primera vez, en enero de 1897.
Lo pintó con pinceladas sueltas, con predominio de los tonos pardos, y poco cuidado en la difuminación.
No es un retrato épico del héroe, al gusto de la iconografía liberal finisecular; más bien, se puede ver como la efigie secularizada de un mártir, un trasunto del sacrificio de Cristo 32.
La expresión sufriente del rostro y los gestos convulsos del cuerpo, plasman a un "héroe caído", cuyo último suspiro -exemplum virtutis por excelencia-se convierte en un llamado a los que prefieren el sacrificio al dolor de ver sucumbir a la Patria ante el dominio extranjero.
El Juan Santamaría que pintó Echandi es, en suma, un personaje de carne y hueso, por el que discurre el último aliento de la vida, pero que al final, simbólicamente, vence a sus enemigos, sin que estos aparezcan siquiera en el cuadro.
Esta imagen de Santamaría habría de ser considerada como inconveniente para el héroe por el director y propietario del periódico matutino La República, Juan Vicente Quirós, quien en un artículo definidamente inquisitorial, sentenció: Quizás es este discurso ideológico, no la fuerza expresiva de los colores ni el intenso efectismo compositivo de la escena histórica, lo que los contemporáneos de Echandi vieron en el lienzo cuando fue expuesto públicamente.
Utilizando un vocabulario estético más imbuido por la reconstrucción verista, Echandi transgredía la visión, victoriosa y romántica, del héroe nacional fabricado por los políticos e intelectuales liberales, que se correspondía unívocamente con la escultura develada en 1891, en la cual Santamaría se transmutó en un garçon francés (presumiblemente blanco), de constitución
ICONOGRAFÍA EMBLEMÁTICA DEL HÉROE NACIONAL COSTARRICENSE JUAN SANTAMARÍA |
El nacimiento de la iconografía republicana peruana está íntimamente relacionada con la declaración de la Independencia (1821), momento a partir del cual se requiere de símbolos diferentes a los coloniales para ser difundidos en el imaginario colectivo a fin de transmitir mensajes diametralmente distintos.
Para lograr este objetivo, tanto las autoridades como iniciativas particulares, recurren a diversas disciplinas y medios de comunicación.
Si bien a la fecha la iconografía inicial se mantiene, ésta ha sido reforzada a través de la historia con nuevos aportes necesarios debido a diversas coyunturas políticas por las que ha atravesado el país en sus casi 200 años de vida republicana, siempre en busca de lograr cohesión e identidad nacional.
PALABRAS CLAVE: Iconografía peruana; patria; símbolos; Perú siglos XIX y XX; arte peruano.
La iconografía republicana peruana nace en los primeros años de la década de 1820 cuando el Perú inicia su vida independiente.
La primera instancia era retirar del imaginario popular los símbolos coloniales difundidos a través de pendones, papel sellado con el escudo de la corona, monedas con los retratos de los reyes y sus sellos, mientras los santos modelos de vida a seguir para conseguir una salvación eterna debían ser suplantados por héroes dispuestos a entregar su existencia por la Nación.
Para lograr el cambio se emplean las disciplinas tradicionales: pintura, escultura, numismática, sigilografía, banderas y con posterioridad la filatelia.
Dentro de la iconografía republicana peruana se distinguen cuatro períodos importantes en los cuales símbolos y héroes juegan el rol principal.
Ellos se inician con la Independencia y los primeros años de vida republicana, enmarcados entre 1821 y 1879.
El segundo, al cual hemos denominado "Hacia un renacimiento", nace en 1887 después de la Guerra del Pacífico y abarca, además, toda la República Aristocrática.
En cada uno de estos momentos, unos con mayor o menor fuerza, no siempre con la presencia del Estado, se difunde una iconografía destinada a rescatar imágenes para difundirlas a nivel nacional en busca de lograr cohesión e identidad gracias a la presencia de actores venidos de diversas vertientes sociales y concepciones estéticas.
Con la nueva ideología criollos limeños y libertadores sintetizan tres estilos considerados hasta ese entonces excluyentes entre sí: el incaísmo criollo, el monárquico hispano, el liberalismo anglo-francés.
Todos ellos, producto de una campaña antimonárquica, eran propaganda política que cumplía el papel de imágenes vinculadas e intermediarias entre la élite criolla y las clases populares "producto de un esfuerzo consensual orientado a recoger esquemas visuales persistentes en la memoria colectiva peruana" (Salinas, 2002a, s/p).
Entre 1821 y 1826 se producen cuatro planteamientos iconográficos amarrados cada uno con un momento histórico específico: el sanmartiniano (con la figura de José de San Martín), el peruanista, el bolivariano (con la presencia de Simón Bolívar) y el nacional.
Los objetos creados eran la bandera, la escarapela y el escudo.
En los dos primeros se determina como colores el blanco y el rojo ligado el último a la tradición inca "por ser el color de la borla del ayllu de los mascas, grupo étnico de donde surgieron los Incas" (Salinas, 2002b, 58) como a la hispana (bandera castellana).
La identidad de los patriotas con los colores del Incario era síntoma de rebeldía y diferenciación del poder hispano, además de establecer que la creación de la bandera era el resultado de un pensamiento autónomo condicionado por factores culturales internos; aunque haya habido influencia sanmartiniana, es producto de una idea colectiva (Salinas, 2002b, 58-61).
Por su parte el escudo es direccionado hacia la geografía peruana; en el primero (1821) estaba el sol, los Andes y el mar, en tanto en el segundo (1825) los elementos significativos son las riquezas nacionales expresadas en los tres grandes reinos de la naturaleza: vicuña, quina y oro 1 (ver fig. 1).
De esta época es también la imagen de la Patria asociada a la mujer en la virtud de la Justicia; en el Perú se la representa con la primera moneda republicana (1822) llamada "Perú Libre".
Esta misma frase es empleada en el papel sellado a partir de 1821 hasta 1826: "Perú Independiente Año de 1821 1.o de la Libertad", con un resello sobre el papel sobrante colonial.
Para 1825 en numismática circula otra alegoría, la de la Libertad en una imagen femenina de pie, esta vez con gorro frigio, vestida a la usanza romana con subpanum 2 y túnica, inspirada en Marianne, la muchacha símbolo de la República Francesa, figura vigente en monedas y billetes hasta 1897.
En el campo de la pintura y escultura el gobierno peruano también se pronuncia para representar a los héroes que hicieron posible, gracias a sus sacrificios, el Perú republicano.
Estas obras estaban pensadas para ocupar espacios públicos donde la población tuviera fácil acceso; de esta manera se convertían en ejemplo de entrega desinteresada para la Nación, en los nuevos iconos, en los modelos a seguir encargados de reemplazar a los antiguos venidos de la Colonia.
Para 1823, a través del decreto de 3 de setiembre, el Presidente José Bernardo de Tagle (marqués de Torre Tagle) encarga a José Gil de Castro, el artista más importante del momento, realizar el Retrato de José Olaya fusilado el 29 de junio de este mismo año por los españoles cuando lo apresan por servir como correo a los patriotas de Lima.
Se trata de un retrato de cuerpo entero post-mortum donde Gil busca como referente físico a uno de sus familiares.
Esta pintura es disímil a cualquiera otra referida a retratos de héroes de la Independencia o de la burguesía no sólo porque el artista carecía de modelo sino por ser un encargo de parte del gobierno peruano, indiferente a lo largo de su historia por asuntos oficiales de esta naturaleza.
Asimismo, el espacio pensado para ser expuesta 3, Chorrillos lugar de origen del mártir Olaya, es público ya que a la Municipalidad acude el pueblo para solicitar documentos y hacer trámites civiles.
Sin embargo, Gil, a través de una exquisita vestimenta blanca donde se observan, zapatos con refinados lazos, sombrero usado por la aristocracia, coloca a Olaya dentro de un estatus social al cual no pertenece, mientras que con la cinta roja sobre su cabeza, recurso empleado en la pintura religiosa colonial, lo eleva a la categoría de figura mítica cuando en ella escribe con letras doradas que aluden a lo divino: "El patriota José Olaya sirvió con gloria a la PATRIA y honró el lugar de su nacimiento."
La carta que el pescador chorrillano sostiene en su mano derecha resulta ser el único atributo real, "asociado al episodio fundamental de su vida y por el cual es recordado" (Mondoñedo, 2002, 66).
Tampoco son casuales los colores escogidos blanco para su ropa, símbolo de pureza (en este caso ideológica, patriota) y rojo en la cinta flotante que al unirlos reúnen los de la bandera nacional.
En el campo de la escultura trascienden dos obras de carácter histórico: el Monumento ecuestre a Simón Bolívar (1859) y la Columna del Dos de Mayo (1874), ambos elaborados en Italia y Francia, respectivamente, en mármol y bronce dentro de una corriente clasicista.
Mientras la primera simboliza al Libertador quien sella la Independencia del Perú con la batalla de Ayacucho, elaborada por el italiano Adamo Tadolini 4, la segunda es una alegoría a los países que estuvieron en la guerra contra España (Perú, Bolivia, Ecuador y Chile, 1866) y un homenaje al ministro y poeta peruano José Gálvez muerto en el combate contra la escuadra española, uno de los episodios más importantes de dicha guerra, el cual da nombre al monumento ejecutado, gracias a un concurso público, por el arquitec-to E. Guillaume y el escultor L. Cugnot, ambos franceses.
Se trata de las primeras obras republicanas de carácter histórico donde los héroes, dispuestos a dar su vida, son exaltados por su entrega y actos hacia la Nación.
A diferencia de la pintura de Gil de Castro que queda reducida a un espacio más restringido, estas dos obras escultóricas son entregadas a un público masivo, al peatón común, razón por la cual su lectura y ejemplo se convierten en elementos de mayor envergadura iconográfica debido al alcance y difusión.
Si a esto se le agrega que la escultura de Bolívar está en la Plaza del Congreso donde se ubica uno de los poderes republicanos con su consiguiente valor agregado que ello significa y la Columna del Dos de Mayo en una de las siete puertas de ingreso a la ciudad de Lima, aquélla desde donde se va hacia el puerto del Callao, el simbolismo iconográfico crece gracias a la importancia espacial urbana preferencial.
Mientras dichos esfuerzos se encuentran avocados a la capital y en menor escala a la costa, la selva se halla a la deriva iconográfica.
En la década de 1840 el viajero francés Paul Marcoy en su intento de cruzar del oeste al este América del Sur desde Islay (Arequipa, Perú) a Pará (Brasil) en tres meses, apuesta con un capitán inglés que haría el trayecto en menor tiempo.
En un aventurero viaje que casi le cuesta la vida en repetidas oportunidades, llega a Sarayacu misión franciscana sobre el río del mismo nombre tributario del Ucayali, cercano a Nauta.
Necesitado de salir del pueblo donde había pasado prolongada temporada, se lo comunica a sus anfitriones quienes no aceptan la determinación, pues primero requerían sus servicios para restaurar algunas obras de arte de carácter religioso entre las que se encontraba un tapiz.
Apoyado por las nativas en la costura y en la pintura para áreas determinadas, Marcoy plantea una composición de orden iconográfico místico a la que "en los ángulos se desplegaban las armas de la república, como un recordatorio relativo a la obediencia que todos deben al César" (Marcoy, 2001, 377).
Así la iconografía republicana llega a un recóndito lugar del Perú nada menos que a través de un francés amante de este sistema, en tanto las autoridades civiles nacionales todavía no ponían un pie en la área.
Dentro del marco de la pintura histórica nacional académica uno de los primeros en tratarla 5 es Luis Montero con Los funerales de Atahualpa (1867), asunto sin precedente don- de, con gran dramatismo romántico, relata el velorio del Inca asesinado por los españoles, instante que sin lugar a dudas podría señalarse de manera simbólica como el fin del antiguo Perú y el inicio de la conquista española.
La obra, elaborada en Florencia difundida a través de interesantes comentarios periodísticos, es traída a Lima por el artista deteniéndose de antemano cuando organiza exposiciones en Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires visitadas por más de quince mil personas, con una interesante estrategia mercantil para financiar su viaje hasta el Perú donde en la capital es contemplada en 1868 por un público ávido; finalmente dicha tela pasa a poder del Congreso de la República (Amigo, 2001, 21); de esta manera alcanza un éxito plástico internacional y local jamás habido con antelación en el país ni en el continente americano.
Cuando el ejército chileno invade la capital peruana (1881), se apropia del cuadro en mención para remitirlo a Chile, junto a otros bienes culturales en una política de robo de patrimonio peruano.
Gracias a las gestiones realizadas por el escritor Ricardo Palma es devuelto en 1885; no resultaba casual este hurto que, como trofeo de guerra, encerraba identidad, historia y patrimonio cultural.
De esta forma transcurren los primeros años de vida republicana hasta 1879 cuando el Perú se ve envuelto en la Guerra del Pacífico (1879-1883), conflicto bélico contra Chile que le significa la pérdida de gran parte del territorio nacional donde se encontraban innumerables recursos minerales.
A las pocas semanas de iniciado el conflicto (junio 30 de 1879) el Banco La República del Perú emite un billete de 500 soles en cuyo reverso figura en grabado Los funerales de Atahualpa.
A través de este billete con una circulación limitada, realizado por el American Bank Note Co. en Estados Unidos, empresa que se jactaba por la calidad, destreza artística y mecánica para elaborar billetes, bonos de gobierno y cualquier clase de valores, la entidad bancaria nacional da un respaldo de identidad al país sumido en esta desagradable coyuntura internacional.
Con una participación nula de parte del gobierno, este segundo período iconográfico surge en 1887 después de la Guerra del Pacífico (1879-1883) 6 cuando la revista El Perú Ilustrado inicia su vida.
Creada, dirigida y divulgada por el ítalo-norteamericano Peter Bacigalupi, este semanario dedicado a la literatura, arte, historia, da a conocer el retrato y la vida de diversas personalidades inmoladas en la citada guerra, además de vistas de las ciudades de Iquique y Arica perdidas durante el conflicto o capturadas como Tacna, gran repertorio iconográfico jamás difundido con anterioridad, registro visual que ayuda al pueblo peruano en el reconocimiento de nuevos valores, así como a formar su identidad e inconsciente colectivo (Leonardini, 1998).
Este sentir es procesado a fines del XIX y principios del XX a través de la pintura histórica nacional factible de agruparla en cinco grupos: El choque cultural entre el Perú antiguo y España que da inicio a la conquista (1532), La Independencia (1821-1823), El conflicto con España (1866), La Guerra con Chile (1879-1883) y las guerras internas.
Si bien este tema es iniciado por el ya mencionado Luis Montero en el período anterior, son los artistas considerados como la segunda generación 7 quienes se detienen al menos una vez durante su trayectoria profesional en este tema como un asunto más dentro de sus obras.
De todos ellos, sin lugar a dudas el pintor histórico por naturaleza es Juan Lepiani (1864-1933) con telas de grandes formatos donde sus personajes se sostienen "en un clima heroico y comunicativo" (Núñez Ureta, 1975, 196), convirtiendo a la historia en el eje rector de su producción plástica.
Lepiani recoge diversos pasajes de la historia nacional que tratan los asuntos mencionados 8.
Tal vez para este período, los más significativos son aquéllos referidos a la Guerra con Chile, por su cercanía histórica y dolor con heridas abiertas por haber significado la muerte de miles de personas además de la perdida de gran parte del territorio nacional donde estaban importantes recursos económicos.
Así nacen La respuesta de Bolognesi, El último cartucho, Alfonso Ugarte, El combate de Arica, El tercer reducto de Miraflores, telas en las cuales revalora el coraje patriótico y la identidad peruana de una nación que renacía de sus propias cenizas, como el ave fénix.
La solución plástica empleada por Lepiani a través de su obra es una escena de gran movimiento o bien de cierta rigidez.
Esto no es casual; cuando trata un asunto en el cual se toma una determinación solemne los actores están ataviados con elegancia en actitudes de cierto hieratismo, pero en los pasajes donde se relatan pasajes sangrientos los actores se agitan dentro de un torbellino rodeado de NANDA LEONARDINI doi: 10.3989/arbor.2009.740n1089 muerte: arte y violencia unidos en un solo bloque repleto de pasión histórica.
Con el transcurrir del tiempo, junto a las pinturas de otros artistas y períodos, dichos óleos serán reproducidas en textos y láminas escolares que llegan a los lugares más recónditos.
Si se recuerda que la pintura histórica nacional es tomada como un elemento iconográfico difusor de identidad, Juan Lepiani se convierte por excelencia en el pintor más divulgado; así el pueblo peruano conoce e identifica el acontecimiento grabado en su imaginario colectivo visual gracias a las obras de arte producidas mayoritariamente durante este período histórico, aunque, por lo general desconoce el nombre del autor que frente a la identidad nacional pasa a ser un reglón de segunda índole (Leonardini, 1998).
La escultura también entrega lo suyo en dos héroes de la Guerra del Pacífico gracias al esfuerzo del pueblo peruano, con fondos obtenidos a través de colectas populares a nivel nacional, obras elaboradas por encargo en Europa.
Así nacen dos importantes iconos en bronce expuestos al público en lugares estratégicos de la ciudad: las columnas al almirante Miguel Grau y al general Francisco Bolognesi.
La primera, producto del empuje del italiano Peter Bacigalupi, es erigida en 1897 en El Callao en la plaza que lleva su nombre donde se encuentran los edificios de la capitanía del puerto, obra del italiano Bartolini; en ella se muestra al héroe de Angamos de pie señalando al sur, lugar desde donde llega el enemigo.
La segunda en un espacio urbano que corresponde a la nueva traza radial de la capital, es inaugurada en Lima en 1908; obra del español Agustín Querol, se trata de un conjunto escultórico de gran envergadura con escenarios múltiples donde se narran diversos estadios: la defensa del Moro de Arica, el episodio de Alfonso Ugarte, además de la Patria y la Fama (Castrillón, 1999, 343).
Si bien este período al cual hemos denominado "Hacia un renacimiento" surge una vez finalizada la Guerra del Pacífico, continúa vigente durante la República Aristocrática (1895-1919) caracterizada por el dominio pleno del Civilismo y una imagen ficticia de estabilidad política y económica de un país fértil, renovado, propicio para el desarrollo industrial con una reconstrucción basada en una industria naciente y en la entrada del capital extranjero con una política cultural pasiva.
Pero los diversos gobiernos desaprovechan una oportunidad iconográfica de gran relevancia para la identidad peruana donde los héroes de la Guerra con Chile eran los iconos correspondientes para dignificarnos, dejando esta labor al pueblo que sí supo dar un lugar a sus defensores o a revistas como Actualidades que solicita a sus artistas colaboradores obras específicas para fechas determinadas como fiestas patrias o inauguraciones de monumentos.
Uno de estos ejemplos es Somos Libres...!! de Luis Ugarte (fig. 2) publicado en julio de 1903; se trata de una alegoría semidesnuda de la Patria, vestida de blanco portando con el brazo izquierdo en alto la bandera nacional mientras la mano derecha levanta ufana la espada de la justicia que observa con orgullo; arriba, en un espacio relevante generado entre el pabellón y la espada, el escudo nacional emerge de un claro que recuerda el recurso barroco conocido como rompimiento de gloria.
La demasía del rojo en diversas tonalidades es atemperada con verdes pasteles en la parte inferior donde las cadenas de la esclavitud, inertes y rotas, son pisadas por el delicado pie femenino de la orgullosa Patria.
Durante su gestión Leguía tiene entre manos tres oportunidades históricas importantes para utilizarlas iconográficamente y así reafirmar su poderío: "El centenario de la Independencia" (1921), "El centenario de la batalla de Ayacucho" (1824) encargada de cerrar la independencia sudamericana y "El Plesbicito Tacna-Arica" (1925)(1926)(1927)(1928)(1929) que determina el retorno de Tacna a la patria después de largo cautiverio.
Si bien es cierto en "El centenario de la Independencia" la ciudad de Lima es embellecida, entre otras cosas, gracias a los obsequios recibidos por parte de las colonias jeras radicadas en el país, el gobierno en curso se limita a concretizar un proyecto postergado dos veces 10 desde hacía décadas: rendir homenaje al general José de San Martín a través de un monumento público que se convierte en la imagen más trascendente de este período: el Monumento a José de San Martín, emplazado en un área urbana creada para ello; la escultura ecuestre en honor al general argentino gestor de la Independencia y primer presidente del Perú, es realizada por el español Mariano Benlliure en 1921 en bronce y granito.
La obra, de gran calidad plástica donde muestra al héroe cuando cruza la Cordillera de los Andes, es asimismo un homenaje a los anónimos soldados argentinos y peruanos que contribuyen en la Independencia en dos figuras complementarias.
Este homenaje se refleja también en la numismática al emitir una serie de estampillas donde, en cuatro de ellas, se resalta la imagen del general San Martín.
De ellas, sin lugar a dudas, la más importante es aquélla que reproduce el cuadro Proclamación de la Independencia 11 de Juan Lepiani (fig. 3) cuya composición, inspirada en el cuadro Ecce Homo del italiano Antonio Ciseri, se desarrolla en dos espacios: el balcón, ambiente en cierta medida cerrado en el cual se encuentran las autoridades principales junto a San Martín, jugando el papel de emisor, algunas de ellas destacadas con el rojo que los empuja ópticamente hacia 3.
Estampilla por el centenario de la Independencia, 1921.
Ambos espacios, autónomos entre sí, se hallan interrelacionados por un mismo hecho histórico, que a su vez involucra al espectador. esta manera el artista enfatiza la epopeya de la Independencia, amplía su significado y lo eleva a la esfera de lo intemporal (Leonardini, 1998, 174).
El sello, que emplea el cuadro como centro rector, es flanqueado a la derecha por la Patria con el escudo a cuya espalda está la estela de Chavín y, a la izquierda la leyenda "Ayacucho 1924" sobre una gran rama de laurel.
Resulta un interesante mensaje nacional en el cual se reúnen varios iconos: la Patria, el antiguo Perú, la Independencia y el cierre de ésta, elementos factibles de ser leídos por cualquier ciudadano.
La mencionada serie se completa con los retratos de importantes oficiales que habían participado en la guerra de emancipación: general San Martín, mariscal Arenales, mariscal Las Heras, almirante Guisse, general Vidal, almirante Lord Cochrane, esculturas ecuestres de Bolívar y de San Martín.
De esta edición se sirve el presidente Leguía para también difundir su imagen de manera individual, además de otra estampilla apaisada junto a San Martín.
La segunda oportunidad iconográfica es "El centenario de la batalla de Ayacucho" difundido con la imagen de Simón Bolívar acuñada en una medalla conmemorativa de plata, así como la emisión de una estampilla.
No hubo más por parte del gobierno.
El tercer momento está reflejado en "El Plebiscito Tacna-Arica", asunto de gran trascendencia histórica política internacional, pues significa el retorno de la ciudad de Tacna al seno patrio (1929) luego de un largo período de cautiverio chileno como consecuencia de la Guerra del Pacífico y la firma del Tratado de Ancón (1883); este hecho coincide con el crack económico internacional.
Oficialmente se visualiza en la numismática cuando difunde la serie "Pro Plebiscito Tacna y Arica 1925" con tres diseños elaborados por el litógrafo italiano Carlo Fabbri: Bolognesi de pie con el pabellón nacional teniendo como telón de fondo el morro de Arica (50 centavos); Miguel Grau junto a Alfonso Ugarte (10 centavos) y El Morro de Arica con la bandera peruana en su cima, el tren Tacna-Arica y barcos de guerra a sus pies (5 centavos en varios colores).
Las tres fechas históricas son oportunidades perdidas por un gobierno cuestionado, entre otras cosas, por una larga gestión gracias a criticadas reelecciones.
Sin embargo, ante la aparente indiferencia gubernamental con un Presidente interesado en difundir su imagen, los semanarios culturales Mundial y Variedades en forma permanente ocupan sus interiores o carátulas a color para, el primero, reproducir cuadros o crear nuevas imágenes relacionadas con los hechos históricos descritos y la segunda revistas con finas caricaturas políticas coyunturales.
De manera paralela nacen afiches donde la Patria, visualizada en la imagen de una mujer vestida con los colores nacionales (traje blanco con algún elemento rojo, portando la bandera y el escudo), es un icono recurrente.
Al poco tiempo de asumir el poder el general Juan Velasco Alvarado comprende la necesidad de crear un icono que representara su gestión.
La figura elegida es la del curaca cusqueño José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Túpac Amaru II.
Túpac Amaru II se rebela contra el sistema virreinal el 4 de noviembre de 1780, hecho que, después de una serie de problemas lo lleva a la muerte junto a su mujer y seguidores.
El líder poseía los requisitos necesarios para transformarse en icono: había fallecido de manera prematura, violenta en defensa de los derechos de los desvalidos ante autoridades extranjeras a lo que se agregaba el sentido de etnicidad en el pueblo.
El gobierno militar revolucionario enarbola esta imagen como un ideal de alguien que, como ellos, también cuestionado el sistema establecido en la búsqueda de reivindicar los derechos ciudadanos y económicos del pueblo oprimido por una élite no interesada.
Si bien es cierto que el héroe cusqueño era mencionado dentro de los textos de estudios, hasta ese momento había "... tenido condición de paria en la historia oficial y cívica del Perú; ahora se empieza a rescatarlo pero aún pertenece arrinconado en unas cuantas líneas en los textos de estudio de colegios y universidades.
La Academia Historia jamás ha realzado su figura; peor todavía, ninguna plaza o avenida del país lleva su nombre, ni monumento alguno honra su memoria.
Escasas instituciones se enaltecen bajo su recuerdo.
Ni el Cuzco le ha erigido siquiera un modesto busto" (Vega, 1969, 5).
Nueve meses después de haber asumido el poder, el general Velasco lee un trascendente discurso a la Nación, donde decreta la Reforma Agraria.
Era el 24 de junio de 1969, día de la fiesta de San Juan Bautista que a partir de ese momento se convertía en el Día del Indio.
El discurso finalizaba con la frase "Campesino, el patrón ya no comerá más de tu pobreza" atribuida a Túpac Amaru, pero en realidad inventada por el asesor civil Efraín Ruiz Caro quien, junto a Carlos Delgado Olivera, había escrito el mencionado texto (Lituma, 2007, 97).
Al ser presionado por Velasco Alvarado sobre el origen de dicha frase Ruiz Caro respondió: "tradición oral mi general" (Lituma, 2007, 41).
Sin recibir orden alguna, el artista Jesús Ruiz Durand crea la primera imagen que el gobierno revolucionario toma para la campaña de la Reforma Agraria (fig. 4).
Ésta era una síntesis de aquella difundida a través de los textos escolares desde inicios del siglo XX, donde el líder cusqueño es retratado con sombrero de ala ancha, al que le llaman también sombrero cuáquero.
El mismo Ruiz declara que "desde la primaria él -como todos los peruanos-recordaba la efigie del precursor como 'asombrado'.
Es más, añadió, cuando mostré el dibujo antes de su estreno oficial en un afiche, todo el mundo lo identificó inmediatamente" (Boletín, n.o 3, 1969).
La imagen, difundida con rapidez a través de afiches, folletos y medios de comunicación masiva en blanco y negro, razón por la cual su reproducción y copia era más sencilla, si bien es cierto está inspirada en aquélla guardada en el inconsciente colectivo peruano gracias a los textos escolares, tiene como propuesta encerrar al icono en la superposición de las letras T y A, iniciales de su nombre, la primera nacida del ala del sombrero en tanto la segunda se sustenta en la cabellera larga del curaca.
Sin embargo, la obra de Ruiz Durand es más compleja, al integrarla con el estilo artístico en boga en ese momento, el arte Pop; de esta manera enaltecía al líder indio Túpac Amaru dentro de concepciones artísticas modernas.
Así demuestra que tradición y modernidad no son incompatibles.
Por otra parte la imagen de Túpac Amaru es difundida, además, a través de otras vías como la numismática, la escultura y la pintura, así como en la nomenclatura de plazas, avenidas, calles, colegios en todo el Perú, mientras uno de los salones de Palacio de Gobierno modifica su nombre de Pizarro por Salón Túpac Amaru donde se colocaría su retrato.
Anecdótico resulta que los billetes de S/.50 (cincuenta soles) con el retrato de Túpac Amaru 12, aprobados por la sesión del 23 de febrero de 1968 en el Banco Central de Reserva 13, empezaron a circular de manera coyuntural el 26 de julio de 1969, percibido por el público como un acto más de publicidad.
(S/.10) 14 que circulan a partir de julio de ese año, el del Sesquicentenario de la Independencia Nacional, aunque también las hubo en oro y plata.
De manera paralela el gobierno requerido de encontrar la imagen verdadera de Túpac Amaru, pues las existentes habían sido destruidas los españoles después de su martirio con la idea de erradicarlo, el 11 de setiembre de 1970 convoca a un concurso público de pintura para "perpetuar su imagen plástica, exaltar su memoria y rendirle homenaje" ("Convocan... ", 1970, 7).
Situación similar sucede en la escultura.
Las dos primeras convocatorias se declaran desiertas (Lituma, 2007); en la tercera obtiene el premio Joaquín Ugarte y Ugarte (mayo de 1972) con una obra ecuestre encerrada dentro de lineamientos conservadores (Lituma, 2007), que respondía al pedido de César Miró.
"Contrariando nuestra declarada determinación de ser fieles al tiempo en que vivimos, creemos que, en el caso excepcional del Cuzco, tal vez conviene aconsejar las soluciones clásicas.
Y pensamos entonces en un monumento ecuestre de José Gabriel Condorcanqui" (Miró, 1971, 7).
La escultura (fig. 5), fundida en 1976, recién es inaugurada en Tungasuca, Cusco, en noviembre de 1980 luego de superar una serie de inconvenientes que cuestionaban su emplazamiento en la Plaza de Armas de la ciudad de Cusco.
Ahora la anécdota se revertía; era el Presidente Belaúnde, en su segundo gobierno, 13 años después del golpe militar que lo había derrotado de su primera gestión, quien inauguraba un monumento ideado durante la gestión de Velasco Alvarado, su "enemigo político".
De esta manera Belaúnde también reconoce la valía de dicho icono que para 1986 nuevamente es impreso en billetes, esta vez de quinientos intis 17.
De esta manera la imagen de Túpac Amaru se inserta dentro de la iconografía republicana oficial como la de un importante líder indígena precursor de la independencia peruana.
De los cuatro momentos analizados, los únicos orgánicos son el primero y el último.
Recordemos que el primero está referido al instante cuando la Nación surge como estado soberano durante los inicios de la vida republicana con la intervención directa de aquellos hombres que plasmaron la Independencia.
Si bien es cierto los medios de producción y el entorno social no se modifican mientras el indio pierde beneficios, es la etapa en la cual se crea mayor número de iconos.
El otro estadio corresponde al gobierno revolucionario de Juan Velasco Alvarado dispuesto a rescatar la imagen indígena, a través de la figura de Túpac Amaru II, como símbolo de identidad e independencia nacional; durante dicho lapso el país vive un cambio político-económico canalizado a modificar el rumbo del país con reformas sociales donde al pueblo, representado en lo indio, se le entrega su verdadero estatus de ciudadano.
Sin lugar a dudas el Perú antes de Velasco era uno y después de Velasco se transforma en otro diametralmente opuesto.
Estos dos períodos históricos significan importantes cambios coyunturales para la Nación, al intentar romper dependencias financieras e ideológicas con las metrópolis correspondientes: España y Estados Unidos.
Si bien los resultados son materia de otro estudio, en el campo de la iconografía la lucha es planificada y exitosa.
Con respecto a los otros dos espacios temporales, por cierto entre los ya señalados, también se gestan en el marco de coyunturas políticas, con una participación del gobierno nula o limitada.
Sus inferencias iconográficas dentro del imaginario colectivo se perciben a través de propuestas individuales impulsadas por revistas culturales, afiches, esculturas públicas de héroes o la pintura histórica nacional; de todas ellas la más difundida es la pintura, vigente a la fecha gracias a textos y láminas escolares, hecho que en ningún instante significa transformaciones pero que sí crean imágenes grabadas en la mente popular encargadas de construir el derrotero histórico peruano.
A todo esto se debe agregar la presencia permanente venida del mundo no académico, por lo general lejano geográfico a la capital, impulsado por el Perú profundo para ser visualizado en objetos de la vida cotidiana donde juegan importante rol el bordado de manteles, pendones, prendas de vestir, la cerámica utilitaria como de adorno en piezas de uso diario, la piedra de Huamanga con alegorías donde la Patria triunfante o rescatada es simbolizada a través de metáforas escultóricas variadas de pequeño formato, todos ellos aspectos trascendentes no trabajados en este apretado texto, pero no por ello inexistentes ni de menor cuantía vistos también en costumbres como el Yawar Fiesta 18 o danzas como Los Avelinos 19.
Para cerrar, es factible concretizar que sin excepción, de los numerosos iconos emanados a lo largo de la República, el más reproducido es el escudo nacional a través de todas las disciplinas, siendo las dos más importantes aquéllas empleadas de manera constante por los gobiernos de turno: la numismática en los reversos de monedas y billetes y la sigilografía en la papelería de uso permanente de entidades públicas donde el papel sellado juega importante rol para cualquier trámite oficial hasta 1987, cuando es retirado., 1970, 6).
17 Era el primer gobierno de Alan García Pérez quien debido a la galopante inflación cambia la denominación de la moneda: de soles a intis.
18 Yawar fiesta (Fiesta de sangre).
Se lleva a efecto en el departamento de Apurímac; en ella se simboliza la lucha existente entre la cultura peruana y la española a través del |
En cuatro episodios se narra el modo cómo cuatro objetos del patrimonio mueble se convirtieron en relatos icónicos de la nación colombiana: el primer episodio se refiere a la pintura de Pedro José Figueroa, Post Nubila Faebus.
SIMÓN BOLIVAR, LIBER-TADOR y Padre de la Patria que hace el tránsito de los conceptos de Libertad → Patria → Colombia → Alegoría de América.
El segundo episodio trata de la difusión de "el Árbol de la Libertad" en el Nuevo Reino de Granada durante la Ilustración y el cambio que sufrió debido a la declaración de Independencia.
Una obra de autor anónimo puede considerarse como la representación de la ceremonia de la siembra del árbol.
Se analiza el tránsito tan arraigado del concepto de patria, a su desprestigio y en la actualidad, a su reivindicación.
El tercer episodio narra de cómo llegó a convertirse en icono el Poporo quimbaya, entre las cerca de 33.600 piezas del Museo del Oro del Banco de la República.
Su forma geométrica, el material y mito de El Dorado, contribuyeron a su iconización.
El cuarto episodio trata de la Virgen de Chiquinquirá (La Chinca) (1556) vinculada al milagro de la renovación en la sociedad colonia.
Se conecta la colonia con la independencia, la devoción con la nacionalidad.
Se concluye con una pregunta sobre ¿Quién crea las representaciones de la nacionalidad, el artista, el pueblo, los museos? y sobre la validez de las representaciones iconográficas.
PALABRAS CLAVES: Representación; patria; iconografía; esencial; árbol; libertad; icono; reexaminar; independencia; emblemática; identidad.
¿Un sombrero puede ser una representación iconográfica de la nación en Iberoamérica?
En julio de 2006 fue convocado un grupo interdisciplinario -comité de sabios-por la revista Semana para indagar sobre los símbolos de la nación colombiana; esto es, sobre cómo se debía significar, representar o denotar el concepto de nación en Colombia.
Los directores de Semana seguían paso a paso las expe-riencias del Reino Unido, Italia y España que ese mismo año "eligieron, a través del voto on line, el símbolo nacional que mejor representara su cultura".
Al finalizar el trabajo de grupo en Semana elaboró una lista de cincuenta símbolos seleccionados por el comité y el público y al final el lector votó.
La experiencia fue frustrante para la mayoría de los miembros del comité a causa de la intervención mediática que puso en riesgo la calidad y por poco permitió que la ligereza dominara la sabiduría.
¡Preseleccionar las reinas de belleza como representativos del concepto nación era un acto de irresposabilidad!
Los diez primeros símbolos escogidos por el voto on line fueron: El sombrero vueltiao, el café, el carnaval de Barranquilla, la orquídea (Catleya Triana), la bandera, la estatuaria de San Agustín (sitio arqueológico), la chiva (vehículo folclórico interpretado en cerámica), la leyenda de El Dorado, El Divino Niño y las esmeraldas.
El problema de estas selecciones es que algunas representaciones no son originarias del lugar o del país.
Por ejemplo el café, provino de Arabia, el "Divino Niño" es una devoción colombiana hacia una imagen europea y las esmeraldas se encuentran en distintos territorios del planeta.
Sin embargo, es difícil establecer el instante en que La Monalisa se convirtió en representación de Francia.
¿Qué circunstancias, condiciones y características permitieron que entre todas las obras producidas por el genio francés se elija al genio italiano de Leonardo?
La Monalisa, una obra pintada por un italiano, que representa a una mujer también italiana, entró a formar parte del imaginario popular francés.
Según el Diccionario de símbolos las representaciones pueden ser abstractas o concretas como animales, artefactos, el cielo y la tierra, el cuerpo humano, el vestido y las plantas.
En el concurso de la revista Semana se eligió un artefacto: "el sombrero vueltiao", una pieza artesanal de fibra de caña flecha trenzada, de color blanco y negro (fig. 1).
Su procedencia ha sido adjudicada por los estudiosos a la cultura Zenú del norte de Colombia.
En la carátula de la edición especial de la revista se publicó la fotografía de un niño rubio de ojos azules ataviado con el sombrero.
Parecía pensado para ironizar la representación y la contra-representación del país.
En el subtítulo decía "Los colombianos eligieron el sombrero vueltiao como el símbolo que más los representa."
I. DESPUÉS DE LAS TINIEBLAS SALE EL SOL
A partir del siglo XIX, en el que tuvo lugar la Independencia, en estos países que habían pasado por siglos de colonización, existió una inquietud sobre la identidad.
No obstante, los rezagos traumáticos de la conquista y la colonia impidieron responder a la pregunta "quiénes somos"; y sólo a través de sistemas foráneos y de las enseñanzas de la Ilustración fue posible aproximarse al "cómo somos".
Fue BEATRIZ GONZÁLEZ ARANDA doi: 10.3989/arbor.2009.740n1090 la Ilustración con la institución de la Expedición Botánica, la encargada de despertar el interés por el conocimiento de la riqueza del suelo nacional y de la naturaleza que se consideraba con orgullo, "única en el mundo".
Ese orgullo se transformó en signo de identidad.
Hacia 1808 Francisco José de Caldas, prócer ilustrado originario de Popayán, planteó de modo dramático el problema de la originalidad: "¡Qué dudas, qué suerte tan triste la de un americano!
Después de muchos trabajos, si llega a encontrar alguna cosa nueva, lo más que puede decir es:'No está en mis libros'" (Vergara y Vergara, 1974, 104).
Simón Bolívar se hizo consideraciones sobre la nacionalidad de modo negativo: "Mas nosotros, que apenas conservamos vestigios de lo que en otro tiempo fue, y que por otra parte no somos indios ni europeos (...)"
Para subsanar esa angustia identitaria se recurrió durante esas épocas de lucha, a construir representaciones iconográficas.
La pregunta podría ser ¿Cómo se construye la representación de la identidad?
Uno de los primeros signos que sirvieron a la representación fue la imagen de América transformada en el concepto de patria.
Una obra en particular Post Nubila Faebus 1.
SIMÓN BOLIVAR, LIBERTADOR y Padre de la Patria demuestra "la forma en que la iconografía insurgente imaginaba la patria: una princesa indígena" (Earle, 2007).
Aunque el nombre actual y reciente del cuadro es "Bolívar y la alegoría de América", el pintor recibió la comisión de hacer una obra que honrara a Bolívar y la Libertad.
Tal fue la intensión de los peticionarios según la reseña publicada un mes después por la Gazeta Extraordinaria de Bogotá del 17 de octubre del 1819 y reproducida tardíamente en el Correo del Orinoco, el sábado 20 de enero de 1820.
El texto dice lo siguiente: "La Asamblea de Notables, encabezada por Tiburcio Echevarría, quiso agasajar a Bolívar y a sus tropas después del triunfo de Boyacá, para lo cual creó una condecoración: la Cruz de Boyacá y dispuso la realización de una pintura: Baxo el Dosel del Cabildo de la Ciudad, será colocado un quadro emblemático, en que se reconocerá la LIBERTAD sostenida por el brazo del General BOLÍVAR 2.
No obstante el pintor que fue quien escribió la cartela, no colocó en ella la palabra "Libertad" sino la palabra "Patria".
El pintor Alberto Urdaneta dio en 1883 una versión minuciosa de la primera exhibición del cuadro: "Fue este retrato de BOLÍVAR el que en la función preparada y llevada a cabo en honor del LIBERTADOR en septiembre de 1819, se le presentó sobre un tablado, en la plaza de Bogotá, por la señorita Dolores Vargas, que más tarde fue esposa del General Rafael Urdaneta" 3.
Según el cronista Pedro María Ibáñez "La apoteosis acordada por la asamblea de notables en días anteriores se verificó el 18 de septiembre.
Desde los albores de ese día apareció engalanada la casa consistorial con un cuadro al óleo, emblemático de la libertad, sostenida por el brazo de Bolívar, que aún se conserva en el Museo Nacional" 4.
A partir de allí se pueden establecer las transmutaciones que han sufrido en este cuadro los conceptos de Libertad → Patria → Colombia → Alegoría de América.
Pedro José Figueroa (1770-1838) fue el primer pintor que contrató el gobierno de Bogotá para hacer un retrato del Libertador cuando este se encontraba recién llegado de la batalla de Boyacá.
La mayoría de los retratos de Bolívar venían de Europa y procedían de la iconografía napoleónica o de pintores casuales que lo retrataron en medio de la guerra antes de la batalla de Boyacá.
Se ignora el momento en que el pintor conoció a Bolívar.
Pudo ser cuando éste se tomó a Bogotá en 1814 durante la guerra de federalistas y centralistas.
Tampoco se sabe si lo vio entrar triunfante después de Boyacá.
Vergara y Sandino afirman en una crónica sobre la exposición que hizo Urdaneta en 1886 que Figueroa visitó a Bolívar en Palacio para retratarlo, pero esta es una confusión de los escritores a partir de la equivocación de los nombres de los pintores Figueroa y Espinosa.
Este último fue quien visitó a Bolívar en el palacio presidencial.
La historia más cercana a la verdad es la que narra que el pintor Pedro José Figueroa se encontraba pintando un retrato de Fernando VII a solicitud de un oidor en agosto de 1819, cuando se enteró del triunfo de Boyacá y lleno de temor, pintó encima a SIMÓN BOLIVAR, LIBERTADOR y Padre de la Patria (fig. 2).
Aunque la historia total no ha podido documentarse, existen unas pruebas irrefutables como la radiografía en la que aparece otro retrato en el fondo, colocado de manera horizontal, de un personaje que no se sabe si es Fernando VII o Pablo Morillo.
El historiador Gabriel Giraldo Jaramillo narra sin mencionar las fuentes que "en el año de 1819 y poco después del triunfo de los patriotas en Boyacá, dirige Figueroa una carta a las autoridades dándoles cuenta de un retrato de Fernando VII que le encargó el oidor don Pablo Chica y que se vio obligado a borrar el 9 de agosto,'temeroso de alguna desgracia, por la espantosa anarquía en que nos vimos aquel día'; se le solicita que entregue el retrato o los sesenta pesos que por el pagaron; pero el pintor humildemente pide que se le conceda un plazo, pues'en cuanto al busto ya ha oído Vuestra excelencia lo ocurrido; el dinero me es imposible devolverlo porque mi notoria pobreza no me permite'" (Giraldo Jaramillo, 1980, 163).
Por el aspecto que el pintor le dio a Bolívar en el cuadro se observa que no le tenía mucho afecto.
Lo que sorprende es que decida acompañarlo con la imagen clásica de América, tan de acuerdo con el ideal americanista del Libertador.
No se sabe de qué grabado partió Figueroa para la figura alegórica acompañante pero ésta procede en último término de la imagen de la Iconologia de Cesare Ripa (1555-1622) publicada en 1593.
Aunque la imagen de América de Ripa, es una mujer de pie y no se parece a la joven utilizada por Figueroa, los atributos son los mismos: el carcaj, el arco, la flecha, un cocodrilo y la corona de plumas.
Se le añadió una cornucopia, con frutos supuestamente tropicales, que se había agregado en versiones europeas posteriores a Ripa.
La pequeña imagen de "la patria" que acompaña al Libertador está sentada, vestida muy recatadamente y no posee rasgos indígenas.
Detrás de la figura hay una palma y un paisaje.
De la representación de América se encuentran huellas en la colonia.
Algunas de ellas son las acuarelas de las ceremonias que se realizaron en 1808 en la población de Honda, con motivo de la jura de Fernando VII (Gutiérrez y Gutiérrez Viñuales, 2006, 71).
El investigador Juan Ricardo Rey menciona una acuarela de los mismos festejos y del mismo año, pero con fecha diferente: 11 de septiembre de 1808: "Con la llegada del delegado español Juan José Samaniego se hizo la celebración.
Según José Acevedo y Gómez, encargado del cabildo de Santafé, cuenta que se exhibió un emblema con'dos matronas de bella actitud, sentadas en dos continentes divididos por el mar.
La una representa a España, la otra América, con sus respectivos atributos cada una'" (Rey, 2007, 39-40).
Dentro del recorrido de la imagen de América que antecede a la obra de Figueroa se han encontrado dos grabados uno en metal y otro litográfico, uno inglés y otro francés que representan a Simón Bolívar/Jefe Supremo de la República/y Capitán General de la Armada de/Venezuela y Nueva Granada 5.
Los dos están orlados con la imagen de América que ostenta todos los atributos y en la mano derecha sostiene la lanza con el gorro frigio.
La fecha del grabado inglés es más explícita "primero de febrero de 1819", esto quiere decir que fue impreso siete meses antes de la obra de Figueroa.
Se podría aventurar que la reunión de Bolívar y América en un cuadro ya era conocido antes de la batalla de Boyacá.
¿Cómo y cuándo llegaron estos grabados a Colombia es la pregunta?
Tempranamente, por el interés político de los patriotas de aventurarse a la guerra de imágenes.
Otra de las claves podría ser Francisco de Miranda, precursor de la iconografía de América convertida en patria: cuando llegó a Venezuela recibió el 5 de julio de 1811 la encomienda de diseñar los emblemas patrios, la bandera y el escudo (Quintero, 2006, 82).
La bandera tenía los colores amarillo azul y rojo, ya usados por él en la fracasada campaña de 1806, a los que añadió en la parte superior la imagen de América con la lanza que soporta un gorro frigio.
Juan Ricardo Rey propone la llegada del icono de América por la vía de Venezuela.
La obra de Figueroa fue ordenada para significar el concepto de patria.
Si en un comienzo se aceptó con entusiasmo, durante el siglo XIX perdió reconocimiento.
Ya no se evocaba en él a la patria.
A comienzos del siglo XX la obra se encontraba casi abandonada en la Casa de Moneda.
Cuando al director del Museo Nacional, el historiador Ernesto Restrepo Tirado le plantearon, en 1910, la necesidad de recoger todos los retratos de Bolívar que se encontraban en oficinas públicas para colocarlos en el Museo Nacional, esta pintura no era muy apreciada.
Restrepo Tirado no manifiesta gran entusiasmo por esta pintura: "Retrato de Bolívar semejante en facciones al que lleva el número 103.
A la derecha se ve una muchacha representante de la raza indígena, a la cual Bolívar echa el brazo por encima.
Este retrato es obra del artista Espinosa (sic):'Este retrato estaba en la Casa de Moneda, de donde se trajo al Museo por disposición del señor Ministro del Tesoro'" (Restrepo Tirado, 1917, 21).
Se necesitó de la transformación del gusto en la segunda mitad del siglo XX para que se reconocieran sus valores iconográficos.
La historiadora del arte Marta Traba fue la gran admiradora y difusora de esta pintura:
"El retrato de Bolívar de 1819 es, sin duda, la pieza maestra de la iconografía bolivariana.
El general de frente, con su gesto semi irónico, semi despectivo, apoya la mano derecha sobre el hombro de la pequeña república empenachada.
La figurita femenina está sentada en una roca a manera de trono, pero su figura infantil y frágil desdice cualquier semejanza con la tradicional opulencia de las alegorías femeninas destinadas a expandirse en el espacio.
En el costado izquierdo del cuadro, una palmera se inclina ligeramente sobre la república para enmarcarla.
Debajo de la figura emerge la torpe y oscura cabeza de un cocodrilo y caen de un cuerno de la abundancia disimulado tras la república, algunas frutas tropicales.
La figurita parece jugar mientras levanta el dedo índice hacia arriba, obedeciendo más al gesto leve, tierno y protector de la mano del Libertador, que a su propia voluntad de dominio.
Simbólicamente, la pequeña república es la hija del Libertador, él la muestra con cierto orgullo burlón y le dirige sus gestos" (Traba, 1974, 48).
En el presente es un icono.
Ha participado en exposiciones internacionales y ha sido solicitada para publicaciones.
Sin embargo, sabemos que es Bolívar por el rótulo, no por tratarse de un retrato realista o reconocido.
Se puede afirmar que el artista creó el icono a sus espaldas.
Hay unos elementos que pueden dar la clave de su popularidad: 1.
El planismo que está de acuerdo con la pintura Pop de la década de 1960: Si se comparan las dos figuras se observa que el cuerpo del Libertador es plano definido por el uniforme.
El rojo y el azul no tienen sombra ni matices.
La cinta de la cintura casi recta y los alamares del uniforme son también planos.
El cuerpo de la patria tiene volumen definido a través del traje y del velo rosado que lo cubre.
El primitivismo: Es una imagen sencilla realizada tal vez con disgusto del pintor hacia el personaje o por su propia incapacidad para tratar un tema tan complicado; por ello hizo abstracción de detalles realistas.
Acá también se puede hablar que por accidente o gracias a la crítica de arte se convirtió en una "imagen esencial".
EL ÁRBOL DE LA LIBERTAD
El concepto de Árbol de Libertad llegó tempranamente, en el decenio de 1790, al Nuevo Reino de Granada.
En un comienzo, durante el virreinato, causaba disgusto porque se relacionaba con la revolución francesa y la libertad.
En el Papel Periódico de Santafé de Bogotá se advierte la antipatía hacia esta alegoría del director cubano Manuel del Socorro Rodríguez quien se refiere al "árbol de la libertad" con desprecio: El concepto sobre este símbolo cambió debido a la declaración de independencia.
El desprecio se convirtió en aprecio.
Se creó un ceremonial y la noción de libertad fue reemplazada por la de patria.
Después de 1810, durante el gobierno de Nariño, el árbol de la libertad se rodeó de un rito pleno de emblemas: Se plantaba un árbol en las plazas de las distintas poblaciones; unas veces era un arrayán, otras un cerezo.
Se vestía de indígena a una de las señoritas del lugar para representar a la patria.
Antonio Nariño ordenó plantar un arrayán de cinco varas de alto como "Árbol de la Libertad" en la plaza de Bogotá, el 29 de abril de 1813.
Los ejemplos literarios abundan; el más descriptivo es la narración de un evento el 4 de febrero de1816 en el Diario de la independencia de José María Caballero que dice: "Domingo 4.
Se fue mucha gente a Bogotá (nombre antiguo de Funza) y plantaron en dicha parroquia el árbol de la libertad; llevaron un cerezo con tierra y una gorra colorada a la mitad de la plaza, donde había un hoyo dispuesto.
Iba una india con su corona bien dispuesta, con su corona de plumas.
Salió una gran comitiva, con una música de la casa del cura, D. Policarpo Jiménez, y muchos sacerdotes y caballeros y señoras.
Dieron la vuelta a la plaza y en llegando al lugar del hoyo dijo la india:'Planto aquí el árbol que nuestras enemigos arrancaron con crueldad de este mismo lugar' (Caballero, 1974, 200).
Era usual que los realistas para burlarse de los patriotas arrancaran el árbol de la libertad y sembraban en su lugar un arboloco.'Como por irrisión', dice Espinosa" (Espinosa, 1876, 94).
El concepto de patria estaba muy arraigado.
Cuando José María Espinosa narra su huida, después de la derrota de las tropas de Nariño, se hace evidente el culto por la Patria: En Timaná "se armó en efecto un baile en una de las casa de la plaza, con un mal violín, guitarra, pandereta y bombo, o tambora.
Bailamos al estilo del país y bebimos en abundancia un mal licor que fabricaban allí y que llamaban vinete, con el cual nos alegramos más de lo necesario.
Mi amigo comenzó a gritar entusiasmado ¡Viva la Pacha! (...)
Yo le pregunté qué significaba esto y el me dijo al oído y llevándome aparte, que quería decir 'viva la Patria' (...) que para disimular decían ¡Viva la Pacha o la Pachita!'Dejémonos de eso' le contesté, y grité con toda la fuerza de mis pulmones, y en la mitad de la sala: ¡¡Viva la Patria!...
Este grito resonó como un trueno formidable en la reunión; el baile cesó instantáneamente (...) y como por encanto nos quedamos sólo los gritones y el de la guitarra que estaba dormido sobre un escaño" (Espinosa, 1876, 223).
Esta hazaña le costó una nueva prisión a Espinosa.
Con el paso del tiempo el patriotismo fue cuestionado.
Según el historiador Eduardo Posada Carbó "La prolongada crisis del país ha desatado reclamos de 'patria' que suelen ser despreciados por los intelectuales.
No les falta algo de razón.
La expresión 'patria' tiende a identificase con los instintos primarios y xenófobos propiciados por el fascismo.
Se la socia con el belicismo, el culto al estado, la demagogia y las ambiciones de los tiranos.
Importa reconocer que hoy existen esfuerzos académicos por reexaminar la validez del patriotismo, por rescatarlo de sus connotaciones repugnantes.
No obstante existen esfuerzos para rescatar el origen republicano del término -como las sugeridas por Mauricio Virola-, el patriotismo no se define en las lealtades con la unidad étnica o cultural, sino en el apego a los valores de la libertad y a las instituciones que le dan sustento" (Posada Carbó, 2006, 300).
Así como se encuentran acuarelas de la jura de Fernando VII en Honda, no se han ubicado imágenes de la ceremonia del árbol de la libertad.
De la patria si existen imágenes: en 1812 se encuentra una iconografía que simboliza a Cartagena de Indias: una moneda del Estado de Cartagena y un sello de la Constitución del Estado de Cartagena.
Esto demuestra que no sólo era reconocida como el continente americano sino utilizada con fines patrióticos: estos dos ejemplos se relacionan con la independencia de Cartagena, por lo tanto la india ya no representa América sino es el emblema de una ciudad.
Las dos imágenes son muy semejantes y la mujer aparece recostada contra el árbol de la libertad que es una palmera.
Las dos tienen los atributos del icono clásico: la corona de plumas, el arco y el carcaj.
Sin embargo le añaden nuevos elementos simbólicos: las cadenas rotas, el ave que come la granada entreabierta -Nueva Granada-que sostiene la india en la mano derecha.
El paisaje presenta modificaciones.
En la moneda muestra un llano y dos palmeras; en el sello dos suaves colinas cada una con construcciones semejantes a iglesias.
Se afirma que una de estas colinas es el cerro de la Popa.
Una obra de autor anónimo, en la casa Museo 20 de Julio de 1810, representa a la India de la Libertad (fig. 3) recostada en el tronco de un árbol y sostiene en una mano una lanza con el gorro frigio.
Su encanto radica en el primitivismo y en el físico de la modelo.
Al contrario de la figura que acompaña a Bolívar en la obra de Figueroa, esta tiene tipo indígena y se encuentra semidesnuda.
También aparece el nuevo atributo que es el gorro frigio engastado en una lanza.
Esta imagen debió tener valor simbólico en la independencia; debió reconocerse como representación de la patria.
Después perdió estas connotaciones que fue recuperando por razones estéticas y étnicas en la segunda mitad del siglo XX.
De cómo llegó a convertirse en icono el Poporo quimbaya, propiedad del Museo del Oro del Banco de la República, con el registro n.o 15, es otra historia.
Su imagen fue difundida desde el siglo XIX en la modalidad fotográfica de tarjetas de visita dentro de una colección que comprendía especies botánicas como las orquídeas y la palma de cera.
Se puede afirmar que quienes realizaron esta curiosa colección, los fotógrafos Wills y Restrepo, al incluir una pieza prehispánica como el Poporo quimbaya, conocida en el siglo XIX como "jarra de oro", no estaban haciendo una colección de ciencias naturales sino que estaban difundiendo imágenes que consideraban emblemáticas de la nacionalidad.
Por la misma época se difundió una colección también de tarjetas de visita de tipos regionales.
Esta colección de cerca de cien fotografías, hoy perdida, perteneció al Museo Nacional a finales del siglo XIX.
Una de las causas por las cuales el Poporo se convirtió en icono, entre las cerca de 33.600 piezas que posee el Museo del Oro, puede ser la temprana difusión en esta colección fotográfica.
Sin embargo, de todas las imágenes de ese álbum de tarjetas de visita la que más ha trascendido es el Poporo quimbaya.
En cambio, la calidad de otras dos imágenes fotográficas como la catleya Triana y la palma de cera que son emblemas de la nación, no están muy definidas, no se fijan en la mente del observador, no se captan rápidamente.
El Poporo conlleva por su forma lo que en el estudio de los iconos se denomina "imagen esencial".
Se puede pensar que otra causa de su éxito iconográfico es su forma que permite una lectura desde la abstracción.
Posee una geometría casi perfecta: una base ligera, circular, de figuras sencillas caladas, que soporta una esfera cuyo desarrollo se interrumpe por medio de una orla con un diseño simple, de donde sale un cilindro que primero se adelgaza para luego ampliarse para dar paso a cuatro segmentos circulares que a su vez soportan cuatro esferas perfectas (fig. 4).
El ojo aprehende rápidamente la forma y causa un doble placer: primero el goce mental que produce la forma geométrica y el sensorial ante lo rotundo.
Otro placer proviene del material, el oro, que culturalmente remite al histórico mito de "El Dorado".
Lo de menos es su uso -porque se trata de objeto utilitario-satanizado por el narcotráfico.
Otra causa de su iconización puede ser el trabajo museológico alrededor de esta pieza: el Banco de la República Los dos han sido iconizados, pero el proceso va más allá: se han convertido en representaciones de la nacionalidad.
Existen más poporos, y más balsas en el Museo del Oro y en museos de Europa, pero más allá de la admiración por la destreza técnica de los antepasados, el fenómeno trasciende el campo artístico "para integrarse en la memoria colectiva".
LA CHINCA, REPRESENTACIÓN DE LA NACIONALIDAD
De como se logró una obra arquetípica en la sociedad colonial, se deduce de la Virgen de Chiquinquirá (La Chinca), una imagen "creada" en 1556 por el pintor de Tunja, Alfonso de Narváez (Siglo XVI-1583).
Se trata de una combinación de tres imágenes dadas, que nunca habían estado reunidas, procedentes seguramente de grabados; una especie de collage: en el centro, la Virgen del Rosario, a los lados de manera independiente se encuentran colocados San Antonio y San Andrés (fig. 5).
Según José Manuel Groot La explicación de este conjunto es que el pintor, quien utilizó por soporte una manta indígena, de algodón, al pintar la Virgen en el centro le sobraron dos espacios, en uno de ellos colocó la imagen reconocida de San Antonio y en el otro a San Andrés en honor al donante, el encomendero Antonio de Santana, y al intermediario, el lego fray Andrés Jadraque.
Como se puede apreciar, la relación entre las figuras no obedece a ninguna idea, ni a la narración de un hecho religioso.
Según Fray Pedro de Tovar y Buenaventura, María Ramos, una parienta política del encomendero Antonio de Santana, ya fallecido, llegó de Tunja a Chiquinquirá a una casa de su familia.
Encontró el cuadro abandonado y roto.
Se dice que servía para secar el maíz o el trigo.
Allí inició una serie de oraciones a la Virgen.
El 26 de diciembre de 1586, pasó por allí una indígena llamada Isabel, con un niño de la mano.
El niño vio un resplandor y llamó la atención de su madre quien asombrada gritó: "Mire, mire señora, que la madre de Dios está en vuestro asiento y parece que se está quemando".
Era el milagro de la renovación.
La unión de tres imágenes no originales produjeron un icono original, famoso en América Latina.
El cuadro se restauró en presencia de un niño y una mujer humilde.
Este conjunto pudo ser vetado por el Concilio de Trento porque el pintor representó un tema religioso y no se hizo aconsejar de teólogos.
¿Pero cuales teólogos podrían haberlo aconsejado sobre iconografía en Tunja a finales del siglo XVI?
¿Cuántas imágenes de la Virgen de Chiquinquirá se encuentran en América?
Se difundió por medio de grabados y exvotos en todas las ciudades de Colombia, en Venezuela, Ecuador y Centroamérica.
Esa imagen cumple lo que se llama el carácter didáctico del arte en la colonia porque se difunde la imagen de la Virgen del Rosario, un tema promovido por los dominicos.
La imagen no sólo sirvió con fines estrictamente piadosos sino se convirtió también en emblema nacional, desde la independencia.
Dada la riqueza con que fue engalanada durante la colonia -entre ellos el fajón de brillantes y esmeraldas que remitió la duquesa de Alba-, sus tesoros eran famosos.
Los patriotas solicitaron en préstamo algunas de sus alhajas para pagar el costo de la guerra.
Otro patriota, el francés Manuel Serviez, comandante en jefe de las Provincias Unidas tomó el cuadro del templo y lo llevó como estandarte.
El domingo 5 de mayo de 1816, entró a Bogotá "con toda la infantería, a las diez del día, y en medio de los dos primeros batallones traían la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la original, encajonada y envuelta en un toldo (...) siguió camino derecho por el puente de Santa Calina, para Cáqueza (...).
El llevarse Serviez la Virgen no sé a qué se pueda atribuir.
Yo me parece que el fin que él se propuso fue que como conoció que era una imagen a que todos tienen en tanta veneración, diría: pues llevándola, todo el mundo la sigue y los soldados pelearán con más valor y confianza, no porque él le tuviese alguna fe a Nuestra Señora, pues según dicen no era cristiano" (Caballero, 1974, 216).
Fue excomulgado por este acto patriótico y para su desgracia fue derrotado.
El presidente Fernández Madrid encomendó a la Virgen la lucha contra la reconquista española en cabeza de Pablo Morillo y prometió que los primeros trofeos de guerra que llegasen los colocaría a los pies de la milagrosa imagen (Álvarez White, 1986, 18-19).
Hasta el presente, la Virgen de Chiquinquirá continúa siendo una devoción continental y al mismo tiempo una representación de la nacionalidad.
CREAR ICONOS DE LA NACIONALIDAD
¿Quién crea las representaciones de la nacionalidad?
¿El artista, el pueblo, el museo?
Es importante conocer cuáles han sido los mecanismos para que ciertas imágenes se hayan convertido en representativas y cuáles tienen posibilidades de acceder a ser características de valores nacionales.
Es necesario situarse en la época del pintor, en la literatura y el pensamiento de su tiempo para develar cómo se crea un icono.
Ya Gombrich había hablado del "poder de las imágenes" al referirse en cierta forma a la unión de magia e imagen en la prehistoria (Gombrich, 1981, 39).
En el presente se pueden crear imágenes poderosas, con otra magia que son los medios de comunicación.
Por ello se "nos debe prevenir constantemente contra las falacias de imágenes fáciles y falsas que nos acechan en nuestro bagaje cultural" (Briesemesiter, 1992, X).
Por ejemplo, la Barbie, es una falacia, un producto del mercadeo.
Los museos gracias a ese bagaje cultural que preservan, tienen un seguro, en cierta forma, contra las imágenes "fáciles y falsas".
Para aproximarse al tema de cómo una pieza se convierte en representación de la nacionalidad es necesario acudir a las ciencias iconográficas e iconológicas.
"En nuestra época de comunicación televisiva y de publicidad omnipresente nos damos cuenta con más sensibilidad del poderoso impacto que ejercen sobre nosotros las imágenes [...]
Las imágenes traducen lo nunca visto ni oído, lo nuevo en formas comprensibles y accesibles a la visión.
Las imágenes no proporcionan un reflejo exacto, directo o una reproducción fotográficamente fiel de algo o de alguien, sino que pasan por el filtro de la abstracción.
Siempre dejan algo fuera, siempre silencian algún detalle, sólo trasmiten un mensaje parcial pretendiendo, sin embargo, cifrar la totalidad.
A pesar de ello, las imágenes no alcanzan la percepción objetiva, no son puras concepciones lógicas, sino aproximaciones subjetivas, aspectos en el sentido originario de la palabra, modos de ver que surgen en un contexto socio-histórico y cultural muy complejo.
"Según nuestra condición humana sólo somos capaces de captar realidades por medio de imágenes. (...)
Como el estudio iconológico lo revela claramente, despliegan un dinamismo extraordinario que se incrusta en expresiones literarias o artísticas para formar una cadena fuerte de transmisión.
Por otra parte, las imágenes poseen una enorme fuerza de persistencia. (...)
Pueden convertirse en pautas estereotipadas con una vida y funcionalidad propias que corroboran los cánones estéticos, los valores morales, mitos, leyendas, etc. Las imágenes se integran en la memoria colectiva" (Briesemeister, 1992, IX).
Malevich, pintor de la vanguardia rusa, creó lo que él denominaba "el icono de nuestro tiempo".
Conocedor de los iconos de iglesia ortodoxa, al instalar su exposición Suprematismo de la pintura, en Petrogrado, en 1915, colocó una pequeña obra en un rincón, como alusión a la situación de estas imágenes en las casas rusas, que llamó Cuadrángulo hoy conocido como Cuadrado negro sobre fondo blanco.
"Para Malevich, el icono suprematista debía crear una nueva relación pictórica, más allá del icono ortodoxo y del cuadro de caballete, haciendo aparecer un nuevo sitio; se trata de la expresión imagen esencial, despojada del fárrago figurativo, oponiéndose al imago, a la efigie, llevada a lo único.
Malevich no estuvo influenciado únicamente por el lado formal del icono; logró aprehender por una intuición genial la cuestión filosófico-teológica del icono; es decir, que la presencia real no se encuentra en la imagen simbólica representada, sino en la relación de esta última con el modelo ausente: la invisibilidad de la imagen es la fuente de la visibilidad del icono" (Mercadé, 2003, 48-49).
Cuando se reflexiona sobre la representación de la nación a partir de la Independencia se deduce, en primer lugar, que no existe una colección de imágenes tan abundante y variada como la del período de la Independencia.
Etapas importantes de la historia de Colombia hasta mediados del siglo XX no están representadas por iconos.
No se trata de crear emblemas para propaganda política, sino buscar que la imagen pueda calar en el imaginario popular para acrecentar su reconocimiento como nación.
Si se examinan los libros de historia contemporánea del siglo XX, se encuentra que son pocos los libros con imágenes poderosas.
La ausencia de iconografía ha producido un vacío en el imaginario popular.
Se puede preguntar si esto ha sido deliberado, causado en cierta forma por la derrota de las ideologías, o por la conservación del país que siguió a esta derrota, o si se trata de un hecho casual porque no hubo un arte de prestancia como la pintura y la escultura, que respondiera con imágenes a la nueva historia.
No hubo un Malevich que creara el "icono de nuestro tiempo".
Así como la revista Semana se animó a buscar símbolos del país, el Museo Nacional de Colombia estuvo preocupado en los últimos tiempos por la creación de iconos.
En ello trabajó hace un par de años con unas estrategias encaminadas hacia la representabilidad de la nación.
En primer lugar se indagó sobre la manera como la representación nacional debe corresponder a una idea.
En este caso se trató de incrementar valores de identidad, de nación.
En el Proyecto Identidad Colombia se seleccionaron piezas dentro del Museo que por sus condiciones pudieran formar parte del imaginario popular.
Años después se realizó un proyecto para la exposición Colombia, cuerpo y espíritu, que nunca se llevó a cabo.
En el primer proyecto las obras debían someterse a un examen en cuanto a su valor histórico, estético, trayectoria y su iconicidad.
Esto es, sus atributos, su nombre.
El primer problema, al aproximarse al tema, era la identificación del sujeto: ¿Qué o quién es y cuáles sus principales atributos?
Se acudió a una estrategia inédita que se denominó "anteimagen" que consistía en que cuando el espectador o el público accedieran al museo ya traían en mente una imagen particular.
Esta actitud se debía derivar de la reiteración de la imagen por distintos medios y la publicación de estudios serios de su valor.
De este modo, el objeto de BEATRIZ GONZÁLEZ ARANDA doi: 10.3989/arbor.2009.740n1090 su visita tuviera por finalidad no recorrer el museo para ver objetos, sino en reconocer de antemano la pieza que buscaba con furor.
El término icono, en sí mismo, ha sido adoptado por las artes plásticas, la publicidad comercial y los computadores.
A partir de estos últimos, para nadie es un misterio la palabra icono.
Dentro de la selección de sabios de la revista Semana se pensó en toda clase de iconos de la nacionalidad.
No se mencionó Cien años de soledad ni a su autor, pero se eligió un lugar imaginario llamado Macondo.
Se ignoraron las novelas Manuela, de Eugenio Díaz, María, de Jorge Isaac y Frutos de mi tierra de Tomás Carrasquilla.
Se derrotó a la fotografía.
Se dividieron los candidatos a símbolos en secciones como sitios arqueológicos, medio ambiente, mitología, arquitectura, artesanías, tradiciones orales, clásicos símbolos patrios y la geografía, etc.
"La lista podría ser eterna.
Por que en el imaginario febril de los colombianos de todas las épocas y pelambres siempre ha habido y habrá infinidad de motivos de orgullo que se reflejan en clisés que de tanto repetirse se vuelven verdades colectivas jamás comprobadas y que muchas veces los mismos hechos se encargan de desmentir de manera cruel y despiadada" (Arias, 2006, 150).
Las distintas épocas tuvieron sus representaciones nacionales; algunas sobrevivieron otras murieron.
Con motivo de las celebraciones de los 200 años de la Independencia en Iberoamérica, la discusión se ha acentuado.
Posada Carbó durante el 2006 escribió agudas reflexiones sobre el término "representación" que considera como el tema central de ese especial aniversario.
Si, claro, ¿no fueron acaso las protestas frente a la falta adecuada de representación americana en la metrópoli las que desataron los procesos independentistas? (...)
El porvenir de la democracia en Latinoamérica exige una revaloración de su componente fundamental: la representación" (Posada Carbó, 2006, 5).
Si bien la lucha por estas representaciones de carácter político tiene actualidad, de la misma manera las iconografías nacionales merecen atención.
Su autenticidad e identificación se refleja en la pregunta persistente sobre la identidad en Colombia. |
Aventurarnos a reconstruir los imaginarios de Nación en las artes visuales de la Argentina requiere considerar tantas caras del prisma social, étnico, artístico-cultural y político que a nuestro juicio, sólo quedarán esbozadas parcialmente en este trabajo.
Asimismo, ello supone en otros términos, la posibilidad de continuar la discusión en torno de las memorias visuales instauradas a partir de una iconografía específica y viceversa, intervenir en el debate acerca de la canonización de cierta iconografía a partir de una memoria local, regional, nacional como así también de las manifestaciones de arte "consagrado" y de producciones "periféricas" (consideradas según diferentes apelativos como artesanales, kitsch o populares).
Para ello quizás resulte pertinente partir de una concepción dinámica de "imaginario", concepción que nos posi-bilite observar la vitalidad histórica de las creaciones de los sujetos, en nuestro caso, de las producciones visuales, como así también el uso social de las representaciones y de los símbolos.
O en otros términos, vislumbrar su eficacia política, eficacia que dependerá del grado de reconocimiento social alcanzado en cierta colectividad o grupo social de la Argentina del siglo XIX y parte del XX.
Baczko señala que es por medio del imaginario que se pueden alcanzar las aspiraciones, los miedos y las esperanzas de un pueblo.
En él, las sociedades esbozan sus identidades y objetivos, identifican sus enemigos y organizan su pasado, presente y futuro.
Se trata de un lugar estratégico en que se expresan conflictos sociales y mecanismos de control de la vida colectiva.
El imaginario social se expresa en ideologías y utopías y también por símbolos, alegorías, rituales y mitos; estos elementos plasman visiones de mundo, modelan conductas y estilos de vida, en movimientos continuos o discontinuos de preservación de la orden vigente o de introducción de cambios (Baczko, 1984, 54).
¿Qué ocurre cuando el/los imaginarios que se construyen apuntan a identificar colectivamente a una sociedad con una idea de Nación que emerge, da forma, se reformula, legitima y consolida también históricamente?
Dichos imaginarios dejan sus huellas en paquetes visuales y textuales que en ocasiones abarcan flujos más amplios, por lo tanto: ¿qué vínculos tienen los imaginarios de Nación construidos en la Argentina en relación a los imaginarios de Nación en Latinoamérica?
Por otro lado, si la identidad nacional es un "... proceso de socialización mediante el cual los individuos aceptan una serie de normas y valores como propios y los interiorizan como cauce de su comportamiento social..."
(Pérez Vejo, 2003, 295), ¿cuál es la relación entre identidad y Nación en las producciones visuales en la Argentina?, o tal vez, ¿existe una identidad construida visualmente o identidad(es) complementarias y/o contradictorias?
Éstos son sólo algunos de los interrogantes que guiarán el presente trabajo, a través del análisis de la producción en pintura y escultura conmemorativa, aunque también abordaremos en menor medida la fotografía y el cine, desde la emancipación del Río de la Plata en 1810 hasta los orígenes del Estado peronista en la década de 1940.
Para ello nos apoyamos en el planteo de Bertoni, quien ha analizado la construcción de la nacionalidad en la Argentina siguiendo los itinerarios políticos y culturales, y señalando la emergencia de dos momentos significativos: el primero de ellos luego de 1810, cuando la nacionalidad estaba vinculada a la creación y consolidación de un Estado independiente y el segundo, en el contexto de la política liberal de 1880, cuando la afluencia de inmigración masiva y el inicio de una nueva etapa en la formación de las naciones y las nacionalidades en Europa dieron impulso a un amplio movimiento de carácter nacional.
Ello derivó en dos posturas contrapuestas: un cosmopolitismo partidario de una actitud inclusiva que partía de la heterogeneidad del cuerpo social y un nacionalismo que se oponía a esta inclusión, postulando la homogeneidad cultural y la "raza" nacional (Bertoni, 2001).
En las páginas que siguen trataremos de ver entonces los modos en que en estos dos momentos emerge y se consolida una "comunidad imaginada" (Anderson, 1990), y cuáles son los itinerarios simbólicos trazados entre ambos momentos como hilos conductores de este imaginario de Nación.
LAS IMÁGENES DEL "DESPERTAR DE LA NACIÓN"
La necesidad de conformar un imaginario visual se desarrolló en forma paralela a otras estrategias políticas y discursivas que apuntaban a construir la Nación y la identidad nacional.
Los años que siguieron a la emancipación argentina de 1810 se caracterizaron por campañas libertadoras de pueblos vecinos, luchas civiles, anarquía, intentos de lograr la constitucionalidad, enfrentamientos entre facciones (unitarios y federales), constitución de una nueva sociedad.
En medio de ello las celebraciones anuales de las fiestas patrias, donde "... el estado celebra sus héroes, sus gestas, sus símbolos y al hacerlo convoca a un consenso alrededor de su legitimidad" (Munilla Lacasa, 1995, 154).
En el primer aniversario de la Revolución de Mayo de 1810, fue la Pirámide de Mayo la empresa monumental que inició el camino de los hitos conmemorativos, que tuvo su continuidad en el monumento que recordara la batalla de Salta en 1813.
La fiesta fue asimismo consagrada pictóricamente años después con la obra del francés Carlos Pellegrini "Fiestas Mayas" (ca.
1841), donde se incluían todos los símbolos que la nueva Nación había logrado consolidar.
En la búsqueda de esta identidad nacional -cuando en realidad continuaban en este contexto culturas locales y regionales diferenciales-, el nacionalismo artístico se evidenció en dos planos: por un lado, un "nacionalismo oficial" (Pérez Vejo, 2003) que se orientó hacia los encargos artísticos para retratar los héroes que el proceso de emancipación e independencia había brindado y a dejar testimonios visuales de los hechos históricos que actuaban como hitos del origen de la Nación, y por otro lado, un "nacionalismo no oficial", que se reflejó en la obra de los artistas viajeros y los primeros artistas argentinos, donde la mirada sobre el paisaje y las costumbres intentarán sintetizar la identidad de la Argentina.
LA DELINEACIÓN DEL HÉROE NACIONAL
Todas las nuevas naciones americanas que empezaron a constituirse alrededor de 1810 encontraron como urgencia la necesidad de contar con héroes que actuaran como referentes morales, políticos y militares.
Ésto también ocurrió en la Argentina, y particularmente en Buenos Aires donde surgen los primeros retratos litografiados de San Martín (1818) y Belgrano (1818, 1819 y 1821), realizados todos ellos por el platero, grabador y maestro de dibujo correntino residente en Buenos Aires Manuel Pablo Núñez de Ibarra.
El primero respondía a una convocatoria de la Asamblea, que había propuesto la realización de una lámina que recordara las victorias de San Martín en Chacabuco y Maipú, donde se señalaban los símbolos que esta lámina debía contener (Munilla Lacasa, 1999, 254-255).
Ello estaría poniendo en evidencia la intervención oficial en la delineación de la imagen del héroe y del contexto en que este debía presentarse.
Los retratos de San Martín y Belgrano de Núñez de Ibarra, quien también retrató al presidente Bernardino Rivadavia, fueron utilizados de modelo por Théodore Gericault para retratar a estos héroes y para la realización de las representaciones de las batallas de Maipú y Chacabuco.
Si bien estos intereses en la representación de la imagen del héroe constituyeron una urgencia para la naciente Nación, las estatuas ecuestres de ambos héroes se postergaron hasta 1862 y 1872 respectivamente, y fue en Buenos Aires donde se realizaron primero, para repetirse el modelo iconográfico en diversas provincias.
PAMPA, INDIOS Y GAUCHOS: LOS ORÍGENES DE LOS IMAGINARIOS VISUALES NACIONALES
Otra de las vertientes en que se manifestó el imaginario de Nación en la Argentina responde a un nacionalismo que estuvo ligado a la concepción de unificación del territorio y que se justificó en el concepto de "desierto" 1 con que el Estado nominaba a las regiones en poder de los indígenas: es el espacio vacío, en el que señorea la figura del ombú, que comienza a ser ocupado por las escenas camperas y los itinerarios de viaje, de cruce, de esa inmensidad.
Este imaginario se evidenció en la mirada de los artistas viajeros, y se centró en representar la identidad natural en la pampa y el drama social que en ella se vivía, sintetizando el conflicto cultural en el que participan gauchos, indígenas y cautivas.
La mayoría de estos artistas eran extranjeros y revelaron a través de sus obras la "mirada desde afuera", la que junto a la producción de los primeros pintores argentinos constituyeron la iconografía inicial de lo que por gran parte del siglo XIX se constituiría en el núcleo del imaginario nacional.
La Nación tenía entonces un espacio natural inconmensurable, donde se debatían las fuerzas sociales que configuraban su dimensión humana: el escenario era el "desierto" y sus ocupantes simbolizaban el discurso oficial de civilización-barbarie que la generación del ochenta tomó como eje para la ocupación y conquista armada del desierto.
Los artistas viajeros veían a los argentinos "... perdidos en la infinitud.
Revoleando armas y boleadoras para atrapar algo inapresable y enemigo que se escapaba del interior del hombre.
Pampa de hijos de indios que perseguían a sus ancestros para arrancárselos de la memoria y la piel..."
El francés Raymond Quinsac Monvoisin, el bávaro Johann Moritz Rugendas, el brasileño de origen francés Juan León Pallière y los argentinos Carlos Morel y Prilidiano Pueyrredón (fig. 1) vieron en la representación del gaucho, su vida, anhelos y costumbres, su participación en las contiendas civiles, el símbolo de lo nacional, a la vez que Rugendas, impresionado por la novela "La cautiva" de Esteban Echeverría, también dio rienda suelta a su imaginación en las escenas de malones indígenas y raptos de mujeres blancas en su obra "El rapto de la cautiva" (1845, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires), tema recurrente en la iconografía nacional, principalmente desde la década de 1870 hasta fines de siglo, cuando Juan Manuel Blanes pinta "Malón" y "Rapto de una blanca"; escena y escenario que se reformulan también con "La vuelta del malón", de Ángel Della Valle, una de las obras-símbolo del concepto decimonónico argentino de "civilización-barbarie".
De tal forma, "durante el siglo XIX el paisaje pampeano constituyó un todo inescindible con el drama que se desarrollaba en él.
Este, que podría resumirse como el drama de la conquista, presenta dos aspectos: uno consiste en la epopeya cotidiana de atravesar y poblar el desierto.
Los ranchos, las carreteras señalan la proeza de la presencia humana en esas soledades.
El otro es el enfrentamiento con el indio por la posesión de la tierra" (Malosetti Costa y Penhos, 1999, 197).
Si la pampa era el símbolo del "nacionalismo natural" para artistas viajeros y nacionales (como el caso de Prilidiano Pueyrredón en cuya obra esa pampa es inconmensurable, un mar de tierra que las carretas debían atravesar), el gaucho y el indígena eran los actores sociales en ese paisaje.
No obstante, los artistas también propusieron una contracara para este imaginario social y cultural: los retratos de la élite porteña, sus lugares de encuentro social y el nuevo paisaje urbano que ofrecía la ciudad de Buenos Aires, convertida en eje y referente de los discursos y contradiscursos visuales.
Si bien varios artistas recorrieron el interior de la Argentina, Buenos Aires, la colonia que se transformaba en ciudad, operaba de contraste, de referente "civilizado" a partir del cual se visibilizaba el resto de la naciente nación.
De esta manera, se atribuía una identidad a "los otros" (gauchos e indígenas), considerándolos como objetos exóticos del drama de la pampa, y diferenciándolos de la identidad de la élite, que se correspondía con el paisaje urbano y la vida social de Buenos Aires.
El despertar de la Nación ya tenía su panteón de héroes -aun en germen-y sus símbolos: pampa, indígena, gaucho y una élite privilegiada que se perfilaba -tanto en las artes plásticas como en otras manifestaciones culturales-como la guía para descubrir los senderos que construirían la "Nación Argentina".
LO QUE QUEDA EN LOS BORDES: PINTURA REGIONAL E IMAGINERÍA POPULAR La pintura y la escultura académica de las grandes ciudades, en particular Buenos Aires, fue la que delineó el imaginario de Nación en la Argentina, en el que se mezclaron ensoñaciones y deseos, intereses sociales con imágenes de una fuerte carga sentimental.
Ello estaría poniendo en evidencia los modos de construcción de identidades nacionales hegemónicas y homogeneizantes que desdibujan, ocultan o dejan de lado las particularidades regionales y locales.
El interior del país también recibió la llegada de algunos artistas viajeros y otros locales, en su mayoría autodidactas, que a partir de la enseñanza de los primeros, desarrollaron principalmente la pintura retratística.
Así continuaron o surgieron producciones regionales que fueron "vencidas" en esta "contienda de imágenes", como también los caudillos del interior fueron vencidos por las armas de Buenos Aires.
Fueron estos caudillos algunos de los sujetos de representación de la pintura regional, muchos de ellos anónimos o realizados por pintores provincianos, en particular en la zona del litoral argentino.
Muchos de ellos presentan figuras ecuestres de caudillos litoraleños, gauchos-soldados como lo hiciera Morel en Buenos Aires, retratos populares y escenas de batallas.
Estas pinturas populares-federales "... son la expresión de una cuestión política: la organización de las estructuras militares que dieron sustento al caudillismo y las autonomías de los Estados provinciales.
Refieren a una red jerárquica y territorial, que es a la vez urbana y rural..."
Por consiguiente, estas escenas gauchescas y populares, no deben ser vistas como meras escenas de costumbre, sino como una expresión ideológico-política de aquello que también debía constituir la Nación, pero que finalmente, quedaron olvidadas.
Asimismo, el antiacademicismo de estas expresiones y su cercanía al arte popular transmiten una afirmación de lo antieuropeo que caracterizaba al régimen federal.
Por otro lado, la iconografía religiosa heredera de la época de la colonia, continuó teniendo una producción activa en las décadas posteriores a la independencia, en particular en la producción de imágenes religiosas en la región de las antiguas misiones jesuíticas y en el Noroeste argentino.
Y más aún, las obras resultantes de la imaginería popular y la platería, de larga tradición en provincias como Corrientes 2, fueron aquellas visibilidades ocultas en la consagración del arte nacional que continuaron teniendo vigencia, -aunque en claro declive-hasta mediados del siglo XX.
Asimismo, la producción de retablos populares y de imágenes devocionales en el Noroeste argentino son ejemplos de interés, pero que, al responder a visiones de mundo locales no fueron consideradas dentro de los elementos a constituir un imaginario nacional.
Si bien es cierto que la historiografía del arte del siglo XX ha reproducido este ocultamiento 3, fue en los orígenes de la Nación argentina en que se instauró el arte académico y consagrado en Buenos Aires, que representa el poder social y económico de una burguesía que a la vez comienza a consolidarse en el terreno político y que legitima su poder en la construcción de una cultura nacional soslayando las culturas locales.
Esto es parte de lo que queda en los bordes del imaginario de Nación que se construye en la Argentina.
NACIÓN, ESTADO E IDENTIDAD.
Historia e iconografía irán de la mano en el proceso de construcción de epopeyas, hechos relevantes y figuras ilustres que protagonizaron los sucesos que constituyeron "la Nación" (Gutiérrez y Gutiérrez Viñuales, 2006).
De ahí la consolidación de una iconografía que documentara visualmente esos aspectos de un pasado no muy lejano y que legitimara los hechos contemporáneos que la élite dirigente encauzaba.
La galería de retratos de "notables" que heredara los realizados en la época post revolucionaria había tenido continuidad en la década de 1850, cuando el Estado de Buenos Aires se encontraba separado de la Confederación Argentina.
El primero, "... se asumió como heredero de la tradición de Mayo y de las reformas rivadavianas, y por ello su imagen predilecta fue la Libertad-República.
La Confederación, a su vez, sostuvo un discurso federalista, y prefirió acompañar la imagen de la República por la Ley y la Justicia, para afirmar la legitimidad constitucional del gobierno, sin olvidar la Gloria..."
Fue en este contexto en el que se articuló la historiografía con el panteón de las "celebridades argentinas", en palabras de Bartolomé Mitre: San Martín, Belgrano, Rawson, Rivadavia, Varela, Lavalle, Alvear, Sarmiento, Alsina, Mármol, Calvo, serán algunos de los retratos que integrarán este panteón de los héroes y que los ensayos históricos justificarán en el discurso escrito 4.
El campo de las celebridades pretendía ser más amplio que los iniciales padres de la patria del panteón nacional de la iconografía previa.
Así nos encontramos con militares, políticos, hombres de letras y pensadores, que a través de un discurso homogeneizador eran presentados como los depositarios de la memoria nacional.
Fue este discurso escrito y visual el que se retomará una vez lograda la unificación del país y consolidada Buenos Aires como capital 5, como modo de sentar las bases del Estado nacional.
Las últimas décadas del siglo XIX marcaron en Buenos Aires la transformación progresiva de la ciudad en lo edilicio y social, lo que coadyuvó a las transformaciones culturales.
La ciudad se consolidó como una de las grandes capitales latinoamericanas, que buscaba espejarse en París, y donde vivían hombres ilustrados, muchos de los cuales se convirtieron en coleccionistas de arte.
La clase tradicional y patricia compartía con la clase dirigente de la generación del'80 6, la lucha contra el "salvajismo" efectivizada en las campañas armadas contra los indígenas que habitaban grandes extensiones de tierras en la pampa, Patagonia y Chaco.
Se soñaba con el progreso como símbolo de producción y grandeza, propiciando la llegada de inmigración europea, aunque también se la vio con miedo y recelos ante el paulatino cambio del panorama social que la inmigración masiva significó.
Ya consolidada en el poder la élite porteña, la iconografía que siguió este nacionalismo visual oficial, además de consolidar la iconografía de las "celebridades" proyectándolas a todo el país, retomó el imaginario de la pampa y el gaucho que se había desarrollado en las décadas anteriores, vinculando ambos tópicos al tema de la conquista del desierto.
Dos obras se convierten en paradigmas visuales de esta época: la "Ocupación militar del Río Negro, 1879", conocida como "Campaña al desierto del General Julio A. Roca", de Juan Manuel Blanes (1896, Museo Histórico Nacional) (fig. 2) y la ya mencionada "La vuelta del malón" de Ángel Della Valle (1892, Museo Nacional de Bellas Artes).
La primera, encargada por el Estado nacional al pintor uruguayo admirado por la intelectualidad argentina por realizar obras de fuerte contenido documental-histórico, es una enorme tela que presenta similitudes con una fotografía del álbum de Moreno y Encina cuando integraron la expedición científica que acompañó a las campañas militares 7.
La obra de Blanes presenta un primer plano triunfal de la alta jerarquía militar a caballo: a un costado se encuentra un grupo de indígenas evangelizados y la cautiva redimida junto al capellán del ejército, mientras al otro costado se representan los científicos y marinos que integraron la expedición; sintetiza así el poder de Roca, su control sobre la situación del indígena y la "incorporación del desierto", pero también la capacidad de "solución" del "problema indígena" donde no se advierte el enfrentamiento, sino la pasividad y el sometimiento.
Sin duda, el realismo y detallismo al que acude Blanes -que discutió con Roca diversos aspectos de la composición, los personajes, uniformes, monturas, etc.-tiene un fin pedagógico muy claro; asimismo, muchos de los retratados no coinciden con el tiempo y lugar de la escena, pero fueron quienes tuvieron un papel destacado en las campañas realizadas.
La obra repite así la iconografía de las "entradas triunfales" que la pintura ha reproducido a lo largo de la historia del arte occidental, desde una actitud documentalista y condescendiente con los hechos representados, sin que emerja ningún índice del dramatismo que estas campañas supusieron para la población indígena.
Esa entrada triunfal no es a una ciudad, sino que supone la puerta abierta a la ocupación de grandes extensiones de tierra por parte del Estado Nacional.
La otra pintura a la que hemos hecho referencia, "La vuelta del malón" de Della Valle, fue expuesta en una vidriera de la calle Florida de Buenos Aires: un malón indígena, en el escenario de la inmensidad pampeana, huye a caballo tras haber profanado una iglesia y capturado a una mujer blanca.
La obra sintetizaba el discurso oficial de "salvajismo vs. civilización", encontrando visualmente los elementos legitimadores de ese discurso y de la acción armada contra el indígena, convertido en el depositario de los males que suceden en la pampa 8.
La importancia de ambas obras no sólo reside en su vinculación con el discurso político y la ideología de la época, sino también por la circulación que ambas imágenes han tenido en diferentes publicaciones de décadas posteriores.
En particular, la obra de Blanes -con un recorte que enfoca la escena central-, tiene una circulación actual como ilustración de los billetes de $100 que el Estado argentino imprime, con el epígrafe "Conquista al desierto" 9.
La pintura de Della Valle también ha ilustrado libros históricos y hasta tapas de discos de tango 10.
Desde la fotografía se completa este universo visual sobre el indígena y el "desierto": las imágenes de las campañas militares al sur, de indígenas sometidos e integrando en algunos casos contingentes armados del ejército argentino, o posando en estudios fotográficos de Buenos Aires, ya sea siguiendo los parámetros formales del retrato burgués o como un "primitivo" que ha dejado de ser temeroso y que se convierte en un objeto exótico.
De tal forma, la figura del indígena se encuentra en este momento en un lugar confuso en cuanto a su papel en el panteón de "lo nacional": por un lado, es el personaje peligroso y demoníaco que hay que vencer (numerosos textos oficiales y periodísticos se orientaban en tal sentido), mientras que hacia MARIANA GIORDANO doi: 10.3989/arbor.2009.740n1091 aquéllos que han sido sometidos, se comienza a tener una mirada condescendiente, transformándose en ocasiones en objetos coleccionables por su "ingrediente exótico".
La modernidad a la que la élite dirigente había lanzado a la Argentina entendía que debía superar esa etapa de "salvajismo" para lograr una Nación culta y progresista, y la imagen contribuyó a la legitimación de ese proyecto.
¿Cómo la París sudamericana iba a estar rodeada de indígenas salvajes que atacaban la seguridad de las personas y a la misma Iglesia?
Esto se denunciaba, aún con montajes fotográficos 11, y por otro lado se mostraba ese "acuerdo" con los "otros" a través de las imágenes del encuentro y la convivencia con el indígena, soslayando la destrucción y el genocidio que sufrieron en este contexto los pueblos originarios.
El Estado argentino parecía haberse consolidado institucionalmente, pero la Nación no acordaba aún referentes claros de identidad.
El gaucho continuaba siendo, en este contexto, el personaje nuclear de los discursos literarios y visuales, el depositario de la identidad argentina.
Aún la élite dirigente miraba en forma aprobatoria a este personaje -también exotizado-y la pintura recurría una y otra vez a su representación.
La fotografía de fines del siglo XIX y principios del XX también hizo hincapié en la documentación de la vida gauchesca: uno de los proyectos fotográficos significativos en este sentido ha sido la ilustración fotográfica 12 del Martín Fierro de José Hernández que realizaron los miembros de la Sociedad Fotográfica Argentina de Aficionados 13, cuyos miembros pertenecían a le élite porteña: las composiciones construidas para este proyecto finalmente no fueron publicadas, probablemente por el poco convencimiento que las escenas podían transmitir sobre la vida gauchesca, pero el mismo sirvió de base para el primer film exitoso argentino, Nobleza Gaucha (1915) 14.
Sin embargo, algunas fotografías de la Sociedad Fotográfica, que parecieran reeditar -ahora fotográficamente-el ideario gauchesco de Pallière realizado sesenta años antes, fueron difundidas ampliamente a través de postales en las primera década del siglo XX, al igual que imágenes de este tenor realizadas previamente por Esteban Gonnet, Benito Pannunzi, Christiano Junior, Samuel Boote y por contem- poráneos a la Sociedad, como Harry Grant Olds, Samuel Rimathé, José de Iriondo, entre otros.
Todas ellas pretenden transmitir la nobleza de la vida gaucha, imágenes que se complementan con el otro polo de la iconografía fotográfica de la época, las imágenes progresistas de la vida ciudadana.
Ciudad y campo aparecen, por consiguiente, como dos polos que se integran en una nacionalidad que admite a "todos" y que legitima positivamente al gaucho rural como al inmigrante urbano.
Estas representaciones que seguían un fin pedagógico se complementaban con un fuerte accionar de un grupo de artistas, entre los que sobresale Eduardo Schiaffino, por desarrollar el gusto estético por las obras del arte universal, convencidos de que el arte era un elemento indispensable para la consolidación de la Nación y el progreso de la "civilización" 15.
De tal forma, era necesario que los artistas crearan obras que representaran a una nación civilizada -depositando la mirada en el arte académico europeo-, pero también que se contara con modelos para educar el gusto artístico en el público.
Estos pintores "pretendían 'educar el buen gusto','inculcar ideales','enseñar verdades que dicta el espíritu', erradicar no sólo la ignorancia y el 'mal gusto' de las masas 'inertes' y de los nuevos burgueses materialistas sino también los hábitos violentos de un pasado 'bárbaro'" (Malosetti Costa, 2001, 55).
Ello revela que para estos artistas de la generación del'80, la identidad radicaba no solamente en el contenido de las obras, sino también en una estética que emulara la producida en las "naciones civilizadas", poniendo el foco de la mirada particularmente en París.
El componente pedagógico tenía, por consiguiente, un doble objetivo.
IMÁGENES POR DOQUIER: LOS IMAGINARIOS DEL CENTENARIO
El advenimiento de la conmemoración del Centenario de Mayo en 1910 en un clima de fervor patriótico, constituyó el escenario propicio para el planteamiento de programas iconográficos desde el nacionalismo oficial y para la profusión de imágenes desde diversos intereses y presupuestos, como así también para las discusiones sobre la cuestión del arte nacional 16 que constituyen el corolario de acciones y percepciones sobre el tema de la identidad y la nacionalidad que se dieron a lo largo de la generación del'80.
Si bien esta plétora de imágenes se dio principalmente en Buenos Aires, que debía ser mostrada al mundo como la "Gran capital", las fiestas se reprodujeron en menor escala en todo el país y el programa iconográfico y editorial llegó a los distintos puntos de la Argentina.
La literatura nacionalista de la época también se encuentra inmersa en estas discusiones, y al igual que el imaginario oficial del Centenario los discursos visuales, literarios e históricos se prolongarán incluso durante las décadas siguientes.
Es necesario destacar la publicación en estos años de obras fundantes del nacionalismo cultural como "La restauración nacionalista" de Ricardo Rojas 17.
Y el naciente cine mudo también intervino en la cuestión de la nacionalidad: el primer film argumental trataba justamente "La Revolución de Mayo" (1909) 18 y su discurso era coherente con la difusión del mensaje historicista y pedagógico que el Estado Nacional también difundirá a través de otros medios.
La imagen inundó diversos ámbitos de la vida social, cultural y educativa.
El Estado se ocupó de ello: desde los textos escolares 19, las revistas ilustradas, los álbumes conmemorativos, los almanaques, hasta las series postales (fig. 3) y las estampillas -con los miembros de la Primera Junta de Gobierno Patrio, los héroes militares nacionales o el Cabildo de Buenos Aires, reproducciones del Cabildo, la Casa de Tucumán, la Pirámide de Mayo, en ocasiones junto a la representación de la República-, sirvieron de soporte para consolidar la imagen histórica que desde el nacionalismo oficial se proyectó.
La publicidad también se hizo eco, reproduciendo varios de los símbolos citados a un público masivo.
El historicismo nacionalista al que el Estado se adhirió buscó por un lado reeditar imágenes de la historia patria, de sus héroes y personajes célebres y por otro, visibilizar el progreso modernizador de la Argentina a través de las imágenes urbanas y los hitos arquitectónicos de Buenos Aires.
En cuanto a la historia nacional, el repertorio de imágenes que se difundieron procedían de las copias de óleos del Cabildo y de la Plaza de mayo que se habían producido en el siglo XIX, como el óleo de Juan Manuel Blanes del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 (Museo Histórico Nacional, ca.
1876), como nuevas representa- En cuanto al progreso urbanístico, además de su presencia en las publicaciones oficiales, la fotografía comercial también se adhirió a la difusión de las mismas: en vísperas del Centenario, las principales casas editoras de postales de Buenos Aires dedicaron series a las principales ciudades del país, reflejando aquellos espacios y edificios que representaban el afán modernizador con que la Argentina pretendía mostrarse al mundo.
Muchas de estas fotografías fueron a su vez las que ilustraron los álbumes del Centenario, donde los datos demográficos y productivos eran corroborados con las imágenes del progreso urbano y arquitectónico del país.
Por otro lado, imágenes alegóricas incluidas en éstas y otras publicaciones muestran el reencuentro con España: entre ellas, la simbolización de ambos estados a través de la Libertad-República con gorro frigio que se encuentra con la Monarquía con la corona de Castilla.
Por un lado, las estampillas oficiales reiteraban la iconografía revolucionaria producto de Mayo, y por otro, la clase política se adhiere también a esta nueva etapa de reencuentro entre España y Argentina.
La representación alegórica de la República será uno de los símbolos presentes en publicaciones de amplia circulación, en los Álbumes como en libros de historia argentina.
Ejemplos de ello son las láminas de Eusevi publicadas en el Album del Centenario (Rosso ed., 1910), donde la República aparece simbolizada con diversos atributos consecuentes con la ideología de la clase hegemónica y el Estado Nacional: la República como diosa de las Artes, la República como diosa de la Agricultura y Ganadería y la República como heredera de los hechos de Mayo y custodia de las leyes (donde la imagen del Cabildo de Buenos Aires indica a esta ciudad como la depositaria de esa herencia).
Economía agroexportadora, desarrollo cultural y artístico y legitimidad institucional sintetizan este ideario.
Otra publicación, la Historia Argentina (Cánepa, 1918) presenta una lámina de Francisco Fortuny donde la República resume dos de los aspectos antes señalados: la custodia de las leyes y el arte.
Complementariamente, en torno al Centenario se dio una profunda discusión sobre el arte nacional, que se orientaba principalmente a la cuestión temática: artistas como Malharro y Mas y Pí señalaban al paisaje, los tipos regionales y populares y sus costumbres contemporáneas -y no pretéritas-, como la temática en la que se debía buscar "lo auténtico" del arte nacional.
De esta manera, muchos de los artistas que estaban radicados en Buenos Aires, van a trasladarse a vivir al interior de la Argentina en esa búsqueda de esa "fuente creadora" según conceptos de Más y Pí.
Por lo tanto, el "arte nacional" ponía su énfasis en el contenido y no la forma, donde el paisaje no es un mero género sino que "el paisaje se convirtió... en el refugio del alma nacional, punto de partida para la consolidación de una identidad propia..."
Tarjeta postal del General Cornelio Saavedra, Presidente de la
Primera Junta de Gobierno de 1810, rodeado de figuras alegóricas.
LA "ESTATUOMANÍA" DEL CENTENARIO
Dentro de la gran profusión de imágenes en torno al Centenario, los monumentos conmemorativos tuvieron un peso de gran importancia en la conformación de los imaginarios nacionales.
En el caso argentino, luego de los hitos monumentales post revolucionarios (Pirámide de Mayo) la representación escultórica del héroe comenzó con los monumentos a los padres de la patria antes mencionados, que fueron reproduciéndose con igual iconografía en ciudades del interior.
A fines del siglo XIX, otros monumentos emplazados en la ciudad de Buenos Aires convocaron la atención de la prensa y de la crítica, como el monumento a Sarmiento realizado por Auguste Rodin (1900) 21.
El Centenario se convirtió en el escenario de una fiebre de la estatuaria, ya que diversos sectores de la sociedad argentina entendieron a las obras conmemorativas como símbolos válidos y fehacientes para afirmar el poder grupal en la misma.
Las diferentes colectividades de inmigrantes plantearon monumentos para homenajear el Centenario, generándose "... una especie de lucha internacional -cuyos principales actores eran Francia, España, Italia y Alemania-interesados en ocupar un lugar de preeminencia y en mostrarse, a través de estas representaciones, con un perfil bien diferenciado" (Aguerre, 2005, 51).
Lo cierto es que el Estado Nacional y el Municipio de Buenos Aires encararon una importante y sostenida política monumental: el primero a través de las propuestas de la Comisión Nacional del Centenario y el segundo, a través de una Comisión Municipal integrada por personajes ilustres porteños.
De tal forma, el imaginario se debatía entre la representación de los próceres de mayo de 1810 (Paso, Moreno y Vieytes fueron los primeros encargos de la Comisión Municipal), mientras que desde la Comisión Nacional, la ley del Centenario preveía erigir en Buenos Aires monumentos a la Revolución de Mayo, a la Asamblea del Año XIII, al Ejército de los Andes, a Alvear, Brown, Moreno, Rivadavia y Pueyrredón.
Asimismo, se realizó un concurso internacional para el Monumento a la Independencia -que reemplazaría a la Pirámide y que nunca se realizó 22 -en la Plaza de Mayo (1908Mayo ( -1910) ) y el Monumento conmemorativo a la Creación de la Bandera Nacional en Rosario, los que son demostrativos de la fértil imaginación y la fecunda labia que justificaba la adopción de proyectos generalmente bastante ortodoxos en esquemas academicistas, donde tenía más peso la identificación con el estereotipo icónico y la potencial monumentalidad que la recreación de una propuesta simbólica pero de un contenido histórico preciso (Gutiérrez y Gutiérrez Viñuales, 2006).
Estas "soluciones estéticas" fueron comunes en la fiebre monumental de la época, donde lo importante era la realización de hitos conmemorativos que implicaban reivindicaciones históricas pero, contradictoriamente, se encontraban vaciados de historicidad.
Este historicismo se conjugó con monumentos simbólicos como "A la Carta Magna y las cuatro regiones argentinas", ofrecida por los residentes españoles y realizada por Agustín Querol, proyecto iniciado en 1908 pero inaugurado recién en 1927 23.
Otro monumento de importancia en la construcción de la nacionalidad visual fue el Monumento a los españoles (fig. 4): el mismo se justifica por el nuevo momento de las relaciones entre Argentina y España, ya que la actitud respecto a lo español comenzó a cambiar en el discurso oficial argentino a fines del siglo XIX como consecuencia de la gran cantidad de inmigrantes españoles arribados 24.
En este contexto es que el gobierno nacional había previsto en la ley del Centenario la realización de un monumento a España, constituyendo éste el único reconocimiento iconográfico que el Estado hiciera a una nación extranjera.
Ello implicaba que la República estaba consolidada y que España ya no era visibilizada como un enemigo sino como la Madre Patria a la que había que rendir homenaje.
Nuevamente el proyecto del escultor Arturo Dresco provocó discusiones en referencia a los símbolos presentes en su programa iconográfico: tres ejes temáticos sintetizaban el mismo, planteados en torno al descubrimiento, la conquista y el virreinato, a la vez que un grupo escultórico que representaba a Colón arrodillado a los pies de Isabel la Católica organizaba los ejes mencionados.
Coronaba toda la obra, en un estrato superior del conjunto monumental, una representación de España en el trono sujetando a una joven República Argentina.
Lógicamente que la Comisión no aceptó este coronamiento, insistiendo en afirmar la condición igualitaria de ambos países en la representación.
"Parecía necesario, en 1914, proclamar claramente que la Argentina, si bien reconocía explícitamente la función de España en su génesis y desarrollo como nación, no habría de permanecer indefinidamente en un rol de minoría de edad.
Las imágenes debían coincidir plenamente y representar esta postura" (Aguerre, 2005, 71).
LA TENSIÓN ENTRE TRADICIÓN Y MODERNIDAD EN LOS IMAGINARIOS DE NACIÓN
Después del aluvión inmigratorio resultaba difícil encontrar una representación del "pueblo argentino" que sintetizara el ideal del "ser nacional", lo que pareció una tarea conflictiva entre las manifestaciones visuales: "nación", "cosmopolitismo" y "nacionalismo" adquieren entonces una nueva reformulación, en ocasiones contradictoria, pero que en definitiva revelan las diversas caras con que el tema se presenta en el prisma social, cultural y étnico.
Tradición y modernidad serán dos de los tópicos en cuestión en el arte nacional 25, y los cruces y pliegues que transitan ponen de manifiesto la cuestión de la identidad como un tema inconcluso, una discusión abierta, y la vez la necesidad de construirla desde lo diverso y contradictorio más que desde lo hegemónico y homogéneo.
En las décadas de 1920 y 1930 se reeditó por un lado un costumbrismo nativista orientado tanto a la representación del indígena -que ya estaba "sometido" y por lo tanto se le mira condescendientemente-como del gaucho.
Por otro lado, la modernidad radicada en el cosmopolitismo de la gran ciudad y el apego a lenguajes vanguardistas europeos.
Desde la adopción de temas tradicionales, muchos artistas toman los paisajes y tipos rurales contemporáneos -siguiendo las propuestas de Malharro y Más y Pi-, como Alfredo Gramajo Gutiérrez, Fernando Fader, Carlos Giambiagi; otros como Cesáreo Bernaldo de Quirós representa no sólo las costumbres del gaucho de su época sino que remite al ideario decimonónico sobre el papel de este personaje en la vida política y social de la Argentina.
El primero de los citados, Gramajo Gutiérrez, procedente del noroeste argentino, presenta las costumbres norte- ñas desde un realismo ingenuo, apuntando a mostrar la mentalidad religioso-supersticiosa de las tradiciones de su tierra.
Su obra, difundida también a través de ilustraciones de revistas y libros 26, encontró un camino propio en la representación de temas costumbristas.
El indigenismo plástico, de gran difusión en esta época en países como Bolivia, Perú, Ecuador o México, se hace presente también en la Argentina no sólo en la obra de Gramajo, sino también de artistas de la talla de Jorge Bermúdez, José Antonio Terry y, posteriormente, Francisco Ramoneda.
Gómez Cornet, cuyo ojo "educado en Europa" y considerado un "pintor de almas", también aborda los campesinos indígenas santiagueños.
La importancia de lo nativo en los Salones también se enmarca en la cuestión de la identidad nacional y revela la importancia del tema tanto en pintura como en escultura.
Penhos señala que dentro de las obras nativistas presentadas en el Salón Nacional entre 1911 y 1945, sobresalen las que refieren a indígenas o mestizos del noroeste argentino, las "cholas" y "coyas" -a excepción de obras de los escultores Perlotti y Puyau-, los que son representados con un perfil pintoresquista y decorativo, sin manifestar un interés por la situación de estos grupos en el presente de su representación (Penhos, 1993, 28-29).
Ello se vincula con el pensamiento de Rojas al que hemos hecho alusión previamente: el indígena es considerado un "antepasado espiritual", referente de lo telúrico y por ello parte de una identidad nacional.
A la manera de fantasma recurrente del imaginario nacional, el gaucho reaparece como símbolo de la identidad nacional en las décadas mencionadas: es el "tipo social" por excelencia en el imaginario argentino.
El mismo Bermúdez recurre a él, pero será Quirós, enfrentado a la "modernidad" entendida como el cosmopolitismo moderno, uno de los máximos exponentes de temática gauchesca de la época, quien busca la afirmación de la identidad a través de una inclinación hacia lo épico de la vida gauchesca, utilizando para ello un lenguaje naturalista.
En su serie "Los gauchos" el artista glorifica y mistifica el "alma criolla" entendida como el numen del "ser nacional", reactualizando de esta forma ciertos mitos románticos del siglo XIX.
Otro referente gauchesco desde fines de la década de 1920 fue Florencio Molina Campos, cuya obra costumbrista y caricaturesca popularizó la vida y costumbres gauchescas a través de su difusión en los Almanaques de Alpargatas y desde 1942, en su asesoramiento a Walt Disney para la filmación de "El gaucho reidor", "Goofy se hace gaucho" y "Saludos amigos".
En escultura, el artista santafesino radicado en el Chaco Juan de Dios Mena se presenta como un caso original en esta disciplina; sus pequeñas tallas de madera policromada que conforman una galería de tipos sociales del mundo rural y de los pequeños poblados, se apartan de la escultura consagrada en Buenos Aires, de ahí que su obra fuera vista por la crítica de esa ciudad como una obra artesanal 27.
El mundo criollo, los vicios, los bailes, payadores, guitarreros, parejas bailando diversas fiestas camperas fueron tratados tanto por Molina Campos como por Mena desde una perspectiva risueña pero condescendiente con la vida gauchesca (Giordano, 2005).
Otra producción, como tantas del interior argentino, que por mucho tiempo permaneció también en los "bordes" del arte consagrado.
Tal como se desprende de lo expuesto, la conformación de imaginarios de Nación vinculado a la configuración de una identidad nacional que las artes visuales de la Argentina del siglo XIX y parte del XX han pretendido consolidar, atravesó un extenso, complejo -y en ocasiones confuso-proceso de búsquedas y transformaciones.
Se inició con los festejos de las fiestas cívicas y la delineación de los héores nacionales, que se fueron (re)delineando a lo largo del siglo XIX, para ampliarse este panteón con los "notables" y las "celebridades", retratos vinculados a un discurso historicista y positivista.
Ello se complementó con la representación de los hechos históricos sobresalientes de la Revolución de Mayo y la Independencia Argentina, que aún se retomaron en los momentos de mayor efervescencia del discurso patriótico de la década de 1910.
Paralelamente a este imaginario con fuerte apego a la memoria histórica, en el siglo XIX y luego de la época de la anarquía, el rosismo y la lucha entre federales y unitarios, se buscó representar un ideal de unificación territorial, recurriendo al paisaje pampeano como símbolo de un na-
La pampa, territorio infinito e inconmensurable, fue el escenario que eligieron los artistas para imaginar numerosas escenas cargadas de romanticismo; pero a la vez, esa pampa fue también el "desierto", el espacio que el poder político quiso conquistar para concluir con el "problema indígena".
Aquí el gaucho representó un papel indeterminado y en ocasiones contradictorio, si nos atenemos a otras fuentes.
Este personaje, que fue una construcción simbólica recurrente en varios siglos de la historia argentina, adoptó en estos imaginarios visuales un perfil de héroe romántico en la pintura del siglo XIX, de "tipo argentino" o esencia de "lo argentino" a fines del siglo XIX y parte del XX.
Imagen contrapuesta a aquélla a la que incluso se adhirieron personajes de la élite porteña, cuando se produjeron las persecuciones de gauchos por parte de terratenientes bonaerenses y las permanentes quejas por este personaje libre e indómito (que por cierto se asemejaba más a un campesino sin tierras que al ideal de un hombre libre apegado a lo telúrico).
De esta forma, este imaginario visual se concentró solamente en la imagen del "gaucho bueno" en una relación idílica con el mundo rural, soslayando la imagen del "gaucho malo" o pernicioso para el progreso argentino que existiera en otros discursos.
Por otro lado, el contraste campo-ciudad constituyó una fina línea de la tradición enraizada en la pintura gauchesca-criollista y en la cultura popular argentina.
Línea a partir de la cual también se ha tejido la historia social del recuerdo del "ser argentino" a través del imaginario visual.
La construcción de un mundo rural gauchesco supuso así, un límite con la configuración de una Buenos Aires "civilizada", representada por una élite ilustrada que miró condescendiente e idílicamente a ese mundo rural.
La dialéctica campo-ciudad, estuvo latente en numerosos discursos visuales de los dos siglos analizados, dando lugar asimismo a la tensión entre tradición-modernidad, tanto en lo temático como en lo formal, y desplegando no obstante su mirada hacia el exterior para nutrirse de los lenguajes vanguardistas europeos.
A la vez, las conmemoraciones y los aniversarios han actuado de puntos de enclave o contextos donde se han puesto de manifiesto visualmente los "balances" históricos o donde sectores más amplios de la sociedad buscaron y consagraron sus referentes identitarios.
En tal sentido, hemos podido apreciar la "contienda de imágenes" producidas en torno al Centenario, los enfrentamientos entre países y entre colectividades para participar de las producciones artísticas, pero también la consolidación de determinados símbolos, y los modos en que "el arte nacional" emergió en ciertos contextos con mayor fuerza que en otros.
Así, en aquellos momentos claves donde la cuestión de la identidad nacional inundó diversos estratos de la vida cívico-social, se advierten hoy indicadores de institucionalización que de una u otra forma pretendieron forjar un imaginario hegemónico, centrado en lo producido y consagrado en Buenos Aires, con poca o ninguna participación de producciones o referentes regionales.
Distribuyendo roles, funciones y posiciones sociales, expresando e imponiendo creencias comunes que determinaron algunos modelos formadores de la "identidad nacional" (Backzco, 1984), las artes visuales de la Argentina del siglo XIX y parte del XX, trataron de contar la historia de esta búsqueda y conformación identitaria, intentaron rehacer los hechos y situaciones consideradas "significativas" desde varias experiencias.
Para ello se valieron de diferentes signos, marcas y huellas de nacionalidad que dieron cuerpo y materialidad a diversos imaginarios.
Sólo algunos de ellos se han impuesto y han sobrevivido a esta búsqueda que en muchos casos supuso fuertes luchas, tensiones y contradicciones dentro del prisma social, étnico, artístico-cultural y político, pero cada uno de ellos en su especificidad y complejidad han -en palabras de Baczko (1984)-labrado la memoria como fuente histórica y como historia social del recuerdo.
Han tejido una red de relaciones imagéticas que actuaron como memoria afectivo-social de la cultura argentina, como substrato ideológico mantenido por dicha comunidad a lo largo de su historia, poniendo de manifiesto que la "identidad nacional" expresada visualmente, no implica una única, total y acabada manera de "ser argentino", sino un continuo y permanente proceso de identificaciones heterogéneas y disímiles, pero complementarias.
Los negativos y copias se encuentran en la Academia Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires).
13 Esta sociedad se creó en Buenos Aires en 1889, por iniciativa de un grupo de interesados de la alta burguesía porteña aficionados a la fotografía, con Francisco "Paco" Ayerza a la cabeza, y retomando acciones similares realizadas en Montevideo y Europa.
Realizaron una intensa producción abarca desde 1890 a 1910, realizando concursos y editando sus imágenes en postales.
14 Este film aborda la epopeya de un gaucho bonachón que ayudado por un "tano cocoliche" viaja a Buenos Aires para rescatar a su paisana que había sido raptada por el estanciero malvado "Aquí la alianza entre el gaucho y el italiano puede leerse como una expresión muy directa de la conformación del conglomerado criollo-inmigratorio y de la conciencia de esta nueva identidad: juntos en la ficción vencen al poderoso estanciero" (Sarti y Rodríguez Otero,(42)(43).
15 Este discurso de fuerte impronta positivista tuvo una amplia difusión periodística en el último cuarto del siglo XIX.
A partir de la Crisis argentina de 1890, el papel del arte -el que para Schiaffino era tan imprescindible como las actividades científicas-en el "progreso" de la Nación y en el proceso civilizador mostró su fragilidad y el discurso atenuó sus afirmaciones, pero mantuvo los fundamentos.
17 Este nacionalismo cultural surge como una necesidad de rescatar las tradiciones frente al cosmopolitismo que implicó la inmigración.
La revalorización de la vida rural (criollismo) e incluso del indígena (a quien se lo seguía viendo como un elemento negativo), fueron algunos de sus puntos principales.
Ricardo Rojas consideraba que la herencia de los pueblos indígenas era uno de los elementos que formaban "la constitución espiritual del pueblo argentino", junto a la herencia española y la inmigración, elementos que debían ser homogeneizados por una educación que dote al conjunto de una conciencia histórica.
18 El film estuvo dirigido por el italiano Mario Gallo y producido por el español Ajuria.
19 "La función educadora de la estética era una preocupación extendida entre los intelectuales de principios de siglo" (Amigo, 1999a, 173).
20 El primer director del Museo Histórico Nacional encargó a Subercaseaux en 1908 cuatro obras de género histórico en vistas a la Exposición Internacional del Centenario, siendo la mencionada una de ellas, junto a "La noche del 20 de mayo en casa de Rodríguez Peña", "La Junta Gubernativa del 25 de mayo de 1810" y "Mariano Moreno en su mesa de trabajo" (Gutiérrez y Gutiérrez Viñuales, 2006).
22 Sobre la competencia internacional para realizar este monumento, véase Piccioni, 1997.
23 La mayoría de los monumentos que fueron proyectados en la época del Centenario se concretaron posteriormente.
24 El asentamiento de miles de inmigrantes españoles desde fines del siglo XIX hacía incoherente la mirada negativa hacia la "raza española" como muchos textos positivistas mencionaban.
El establecimiento de un nuevo estatus en la relación España-Argentina se dio en numerosos campos, tanto político-institucionales como sociales y culturales.
La confraternidad, la unión y el apoyo mutuo serán los signos visibles de esta nueva relación entre países.
25 El tema ha sido objeto de amplio análisis en la historiografía del arte argentino.
Nosotros plantearemos algunas puntas de la cuestión en relación a la cuestión de la construcción de un imaginario de Nación y de la configuración de una identidad nacional.
26 Fue ilustrador permanente de la Revista "Riel y Fomento", también de algunos números de la revista de la joven generación "Proa" y de varios libros, entre ellos "El País de la Selva" de Ricardo Rojas. |
Si nos acercamos a alguno de los libros de nuestro Siglo de Oro comprobaremos cómo los apellidos Murcia de la Llana se perpetúan en los pliegos de preliminares de manera palmaria.
Su oficio de correctores generales de libros les ofreció la oportunidad de aparecer, aunque modestamente, junto a los nombres de literatos de la talla de Cervantes, Lope, Quevedo o Calderón, entre muchos otros; así como de una pléyade de escritores de las más variadas temática y condición.
A pesar de la importancia otorgada a la corrección de libros dentro del proceso editorial durante los sucesivos reinados de los Austrias 1, no disponemos de textos específicos en donde se contengan el método, funciones y características propias del oficio.
El desarrollo de sus actuaciones se basaría en preceptos consuetudinarios que con el paso del tiempo se convirtieron en normas precisas, aunque por razones que desconocemos, éstas no se convirtieron en textos legales codificados.
La principal función del corrector, en origen parece simple: cotejar el texto manuscrito con el ejemplar impreso para verificar que su traslado ha sido exacto.
Pero este elemental planteamiento se encontrará plagado de problemas tanto a nivel profesional como corporativo por parte de los libreros-impresores.
Para llegar a entender el complejo proceso por el que atravesaba el libro desde que se encontraba manuscrito, hasta llegar a su venta en las librerías, así como los planteamientos legislativos sobre los que se fundaban estas actuaciones hasta desembocar en el siglo XVII, bueno será esbozar el contexto del mismo 2.
Tras el inicial apoyo y protección que los Reyes Católicos otorgaron a la incipiente imprenta, así como a los primeros ejemplares que surgieron de ella, ya fueran nacionales o foráneos; se reconsideró la importancia de la misma y sus efectos en base a nuevos planteamientos más proclives
Con este referente, el 8 de julio de 1502 se establece un primer ordenamiento en el que quedan definidos alguno de los procedimientos para poder pedir las autorizaciones pertinentes anteriores a la publicación de un libro 3.
Uno de los de mayor alcance consistía en la petición de licencia de impresión, para lo cual era condición ineludible contar con la aprobación del arzobispo de Toledo, Sevilla, Granada, Burgos o Salamanca; o en su defecto con la del presidente de la Audiencia de Valladolid 4.
En 1554 se reestructura este formalismo pasando de ser los prelados los que otorguen su autorización, al presidente del Consejo Real con lo que se centralizaba este requisito; sólo cuatro años más tarde y debido al nerviosismo originado por la aparición de focos luteranos en el reino, se decidió que las hojas de los manuscritos originales deberían ir firmadas por uno de los escribanos de Cámara.
Una vez en el Consejo de la Cámara además de la verificación expresada sería escrupulosamente tamizado por un censor, para cuyo menester se acudía a personas doctas en la materia evaluada, si bien los religiosos coparon buena parte de esta actividad; tras el examen se emitía un dictamen positivo o contrario al requerimiento.
También en el Consejo, aunque "firmado" por el rey se realizaba el llamado Privilegio, actuación por la cual el autor podía imprimir su obra de forma exclusiva durante un número determinado de años, normalmente diez.
Otro de los condicionantes, era la licencia eclesiástica rubricada por el Vicario General del Obispado, aunque ésta en muchos casos se obvió.
Si los Reyes Católicos y su nieto el Emperador estuvieron atentos a la creciente e influyente importancia de la imprenta, no les fue a la zaga Felipe II quien aplicó estrictas normativas de control y censura, que abarcaron un amplio espectro del mundo editorial y que posteriormente se trasladaron a las recopilaciones legislativas sucesivas convirtiéndose en ejemplos a seguir.
Una de las de más amplio calado fue la Pragmática-sanción datada en Valladolid el 7 de septiembre de 1558 firmada por la princesa doña Juana, en nombre del monarca 5.
De las diferentes disposiciones que engloba esta norma, cabría destacar según aludíamos anteriormente la obligación de presentar el original de la obra al Consejo Real para ser aprobada por la persona o personas nombradas por el mismo y así recibir la licencia; si no se obraba de esta forma las penas eran la muerte para el infractor así como la pérdida de todos sus bienes y la quema de los ejemplares.
También para evitar fraudes en obras con licencia aprobada, el ejemplar manuscrito entregado al Consejo debía ir firmado por un escribano de Cámara haciendo constar el número de "cada plana y oja"; así mismo debían aparecer las enmiendas, cuando fueren pertinentes, realizadas a la obra.
Una vez cubiertos todos estos prolegómenos, el original era impreso en una primera "muestra" y tras la oportuna revisión llevado nuevamente al Consejo donde se certificaría la exactitud, licencias y demás condicionantes para poder salir de los tórculos.
Tras franquear estas y otras cláusulas, el manuscrito junto con las pruebas de imprenta, volvía nuevamente a uno de estos establecimientos para su tirada definitiva y posterior comercialización, pero antes de llegar a este extremo, el original había salvado tanto las correspondientes disposiciones reglamentarias, como dos filtros en cuanto a la rectificación cambio y enmienda de las oportunas erratas convenientemente señaladas.
Las primeras noticias que disponemos acerca de la profesión de corrector de libros nos la brinda un documento de 1565 en el cual se hace referencia expresa a los derechos establecidos sobre el cobro de emolumentos: "En Madrid a nueue días del mes de Noviembre de mil y quinientos y sesenta y cinco años, en la consulta que tuuo con su Majestad el señor Licenciado Morillas: Lo de los derechos que han de lleuar el Corrector de los libros, que sea a respeto de lo impresso, y no del original" 6.
Otro importante testimonio nos lo ofrece el que fue durante muchos años corrector general: el doctor Juan Vázquez del Mármol.
Su monopolio fue continuamente contestado por los libreros-impresores, quienes al final, como posteriormente comprobaremos lograron sacar adelante sus reclamaciones.
Se conserva un manuscrito en la Biblioteca Nacional de Madrid en donde Vázquez del Mármol, entre muchas otras anotaciones, hace referencia a las "Con- Castellana, se hallan diferentes opiniones, particularmente sobre las letras vocales y consonates: mas comúnmente se sigue la de las Imprentas de Madrid, como entre otras la de Luis Sánchez, donde asiste por corrector Gonzalo de Ayala, sujeto no menos culto que ingenioso" 11.
Una vez establecidas algunas de las pautas sobre las que se guiaban los profesionales de este oficio, volveremos a retomar la polémica surgida en el siglo XVI con respecto al corrector general, ya que de ella surgirá una diversificación en estos menesteres.
Tras ocupar el cargo Herrera Maldonado 12, le sustituyó desde los años setenta Juan Vázquez del Mármol, quien acaparó y luchó de manera denodada por mantener el privilegio que le había sido concedido.
Tras las leyes implantadas por Felipe II, el malestar de los libreros-impresores se fue acrecentando, entre otras cuestiones por el requisito sobre la corrección del texto por parte del corrector general, cuyo trabajo se dilataba sobremanera en el tiempo al tener que pasar por las manos de una sola persona una gran parte de los manuscritos de la Corona.
El retraso que se producía debido a la lentitud del proceso, ocasionaba fuertes pérdidas al gremio de los impresores, ante lo cual decidieron proponer nuevas fórmulas para la mejora del proceso.
Para ello se unieron los libreros sevillanos, salmantinos y madrileños 13, quienes expusieron al Rey y al Consejo Real sus quejas, así como sus posibles soluciones.
Éstas pasaban, o bien, por la autorización de que cada ciudad nombrara su propio corrector, dependiente a la postre del Consejo Real, o bien, que se encargase a las universidades esta función.
Los primeros en solventar sus problemas fueron los salmantinos, obteniendo por la provisión real de 23 de diciembre de 1580, la autorización expresa de que la Universidad de Salamanca nombraría un corrector para juzgar aquellas obras editadas por autores e impresores dependientes de la aludida institución.
Por su parte los libreros madrileños consiguieron la misma merced para la Universidad de Alcalá de Henares por provisión real de 6 de junio de 1582.
Progresivamente también se concedió a las universidades de Valladolid, Toledo, Granada y Burgos.
Sin embargo, muchos más problemas de los esperados tuvieron los libreros-impresores sevillanos, ya que cometieron diciones que se pueden poner cuando se da a imprimir un libro"; entresacamos ahora aquellas que se ajustan a nuestro propósito: "6.
Que ha de tener [el impresor] buen Corretor, que corrija las probas a gusto del autor.
Que ha de sacar dos o tres probas, las que se concertaren, si el autor quisiera corregirlas.
Que en este caso envie las probas al autor a tiempos acomodados que tenga lugar de corregirlas.
Que las ha de enmendar a la letra, como se las enmendare, sin dejar errata ninguna, aunque para esto sea menester adelantar un día o jornada" 7.
La existencia de un corrector general de imprentas nombrado por el Rey, había quedado establecido tras la mencionada legislación que centralizaba esta tarea en una sola persona.
Tenemos alguna referencia indirecta de su creación por una carta y memorial que Pedro López de Montoya dirigió el 19 de julio de 1588 a Mateo Vázquez de Lecca, pidiendo la creación de una plaza de "Censor General" al igual que ya existía la de "Corrector General" 8.
Para saber cuáles eran las funciones de los correctores, además de lo ya indicado, podemos seguir la narración que a principios del siglo XVII realizó Cristóbal Suárez de Figueroa 9 en la cual quedan marcadas las diferentes fases por las que transitaba el manuscrito hasta convertirse en impreso; así tras haber combinado el "componedor" o "cajista" la estructura escrita de cada plancha con sus correspondientes espacios: "Llevase tras esto a la prensa, donde se saca una muestra que llaman prueba, dándose al Corrector para que corrija las mentiras, y las enmiende el componedor.
Estampase al fin en la prensa, llamando tirar a semejante operación...
Toca al Corrector corregir las mentiras, señalándolas; comprobar para ver si están correctas, mirar las concordancias, folios y signaturas, con otras cosas advertidas ya en el discurso de los Correctores" 10.
También nos indica algunos de los instrumentos que usaban los correctores para desarrollar sus funciones: "Para la facultad de Correctores servirá por estremo toda la suma que precede al Diccionario de Fray Iuan de Genova: sin la regla del Prisciano en Latin.
Quanto a la Ortografía la imprudencia de poner nombre propio a sus problemas que no era otro que Vázquez del Mármol, quien ante la posibilidad de perder otra buena parte de su exclusividad se opuso de manera tajante 14.
Así pues, a finales del siglo XVI el panorama que se nos presenta respecto a la corrección de libros había variado de forma palpable.
A pesar de las mejoras en el sistema, los problemas continuarán, sobre todos los derivados de la intromisión de funciones entre los correctores de las ciudades universitarias y el corrector general del Consejo Real.
Esta misma controversia se arrastrará en la siguiente centuria, donde veremos aparecer a un clan familiar que a lo largo de los años desarrollará de manera ininterrumpida el ejercicio de su actividad con resultado dispar.
ESTE LIBRO CONCUERDA CON SU ORIGINAL...
Ésta es la consabida frase con la que el corrector general da el visto bueno a una obra.
Fórmula que fue utilizada por toda una estirpe que, a lo largo del siglo XVII y parte del XVIII, desempeñarán la consabida profesión.
Si bien conocemos abundantes datos biográficos del fundador de la dinastía, no así de su parentela, en cuyo estudio se ha instalado una cierta confusión debido tanto a la falta de noticias como a la dificultad añadida de encontrar cuatro homónimos entre su descendencia actuando con idéntica actividad.
Intentaremos pues desentrañar y ofrecer luz sobre esta dinastía tan ligada al mundo del libro en nuestro Siglo de Oro, bajo cuya atenta mirada, no siempre minuciosa, pasaron las letras originales de literatos, arquitectos, filósofos, cronistas, militares, religiosos, geógrafos, pintores... y un largo etcétera.
El iniciador de esta profesión en la familia fue Francisco Murcia de la Llana, cuyo campo de acción no se limitó a la corrección sino que ejecutó otras actividades literarias más profundas como fueron las de traducir varias obras de Aristóteles o las Súmulas de Villalpando.
Sobre su biografía existen variadas e interesantes referencias, siendo algunas casi coetáneas, así por ejemplo Nicolás Antonio nos ofrece una primera aproximación: "Professor Complutensis philosophiae, atque in Collegio Theologorum sodalis, edidit, partim vernacule partim Latine, Cursum ut vocant Artium integrum, scilicet" 15.
Aunque la mayor parte de los datos que tenemos hoy en día pertenecen a las investigaciones que sobre él introdujo Pérez Pastor.
Probablemente ya en Madrid, se casó con doña Clara de Ribas, natural de la corte e hija de Carlos Pablo de Ribas y María Ortega.
Al contraer matrimonio también adquirió la obligación de ejercer la curaduría del licenciado Francisco de Ortega y de los hermanos de su mujer: Carlos Pablo (escribano real), Ignacio (contador), Gabriel (profeso en San Francisco), Juan, Miguel ( † 1608) y Francisca 19.
Debido al prestigio personal derivado de sus actividades como traductor y compilador de famosas obras trasladadas al latín o al castellano, así como su experiencia en el mundo de la corrección de libros, hicieron que tras el cese en la actividad de Vázquez del Mármol, el rey nombrara a Francisco Murcia de la Llana como nuevo corrector general de libros.
Así por cédula real, otorgada el 9 de abril de 1609 se dispensa la mencionada merced con un sueldo de 40.000 maravedís anuales librados en penas de Cámara, los cuales se beneficiaron de un aumento de 10.000 maravedís en 1612 20; además de ello cobraría como emolumentos ocho maravedís del derecho de corrección de cada pliego con su original, tasa ésta que se vería incrementa en 1618 a 17 maravedís.
Dos años más tarde, concretamente el 24 de abril, Francisco Murcia eleva una petición para aumentar sus honorarios 21.
Su solicitud se fundamentaba en el perjuicio sufrido por la falta de mercedes otorgadas.
Por ejemplo, la casa de aposento que habían disfrutado sus antecesores, nunca le fue concedida; tampoco mercedes pecuniarias a modo de pensión, o alguna capellanía 22.
Asimismo manifiesta, que gran parte de lo que cobra lo destina a sufragar el sueldo de un oficial que actuaba de apoyo en dicha labor.
A todo ello habría que sumar la realidad cotidiana por la cual ante el precio, estimado generalmente como alto, de los pliegos corregidos, existió una marcada tendencia a llevar los originales a otras ciudades (Alcalá, Valladolid y Salamanca) donde el importe por la misma actividad fluctuaba entre los 10 y 12 maravedís.
Ante todo ello Francisco Murcia pide un acrecentamiento de salario hasta los 600 ducados anuales.
La petición fue estudiada por la Cámara quien accedió satisfactoriamente a sus demandas elevando el salario de los 50.000 a los 100.000 maravedís anuales, como contraprestación bajaba los derechos de corrección de 17 a 10 maravedís para hacer más competitiva la men-cionada corrección 23.
Pero la resolución favorable no se hizo efectiva, como posteriormente comprobaremos por otras peticiones.
En diciembre de 1635, Francisco Murcia, obtiene sin embargo del rey una merced cuyas consecuencias se perpetuará en el tiempo 24.
Ésta no era otra que la obtención de licencia y facultad para poder otorgar, bien en vida o tras su fallecimiento, el título de corrector a uno de sus hijos.
La decisión contaba con el visto bueno real y de la Cámara que ya en noviembre había estudiado una consulta previa para la habilitación de esta merced 25.
Este dato sobre la concesión del título de corrector general en uno de sus hijos, tradicionalmente ha sido interpretada por todos los autores, como la cesión del mismo a su hijo mayor, pero la localización y lectura de nuevos documentos nos han llevado a plantearnos esta aseveración con marcados matices.
Efectivamente, en diciembre de 1635 Francisco Murcia obtiene la merced aludida, pero al contrario de lo que podría parecer en un primer momento la propiedad del cargo no recae en su hijo homónimo, sino en su hija María Murcia de la Llana 26.
Las cláusulas del nombramiento establecían que el cargo sería para doña María hasta que "tomase estado" pasando en ese momento a su consorte; mientras que ello se producía el oficio sería desarrollado por su hermano Francisco Murcia 27.
Otra de las condiciones era reservar de los gajes obtenidos un total de 60 ducados anuales para las otras tres hermanas: Josefa, Catalina y Antonia 28.
Creemos que el motivo de esta decisión sería solventar un impedimento añadido ya que Francisco Murcia pertenecía al estado religioso y sus obligaciones no le permitirían desarrollar el cargo en toda su extensión, aunque finalmente tendría que claudicar debido a las circunstancias desfavorables.
Otra de las disposiciones establecía claramente que en caso de rechazar este oficio doña María, el cargo de corrector pasaría a su hermano Francisco.
Para añadir más confusión al asunto y ante la situación creada, -en la cual doña María poco o nada sabía del oficio y su hermano Francisco se veía imposibilitado para cumplir los cometidos otorgados debido al desempeño de sus funciones dentro de la Compañía de Jesús-, Francisco Murcia padre, optará de manera provisional por nombrar como corrector general de libros, en tanto que la situación se solventara, a otro de sus hijos, en este caso a Carlos Murcia de la Llana, quien a lo largo del siglo lo ocupó de manera discontinua; el nombramiento se efectuó el 23 de julio de 1636 29.
Cuando el asunto parecía estar zanjado nuevas circunstancias obligaron a trastocar los planes marcados.
Al dictar sus últimas voluntades, Francisco Murcia hace mención expresa al permiso especial que recibió su hijo Francisco para abandonar la Compañía; con ello se pretendía que el mencionado pudiera hacerse cargo de la subsistencia de sus padres y hermanas menores 30.
También entre sus últimas voluntades suplica al rey que le otorgue una merced en cuanto a una ocupación correspondiente a su "persona y letras"; así mismo el testador se ratifica en el nombramiento que hizo de corrector de libros en su hijo Carlos.
El problema vuelve a surgir cuando doña María decidió no casarse y profesar en un convento; este hecho, a su vez, iniciaba un nuevo cambio en la corrección de libros, puesto que según se desprendía de una de las cláusulas anteriormente citadas, ante la renuncia del derecho de doña María el título pasaba directamente a su hermano Francisco.
El cese del derecho se produjo el 10 de diciembre de 1639 ante el ya consabido escribano de su majestad Carlos Pablo, como contrapartida se remuneraba a doña María con 30 ducados anuales, establecidos además de los 60 para las hermanas 31.
El título del oficio se concedió rápidamente a Francisco, ya libre de otras ataduras, el 17 de enero de 1640 por cédula real, con las mismas calidades, salarios y preeminencias de las que había gozado su padre 32.
En este último año, una nueva empresa vendría a paralizar transitoriamente su gestión al frente de la corrección de libros; en su calidad de presbítero y doctor, se le requirió para embarcar hacia las Indias en la "... armada de las galeras de España en servicio del señor duque de Alburquerque general de ellas y por Vicario general de lo eclesiástico de las dichas galeras..." 33.
En el ínterin de este viaje sin retorno, delegará sus funciones como corrector nuevamente en su hermano Carlos (17 de abril de 1651); esta eventualidad se mantendrá hasta su muerte en tierras americanas acaecida en 1665.
Y si de óbitos hablamos cabe destacar aquí otras de las facetas de Francisco, en este caso como poeta, quien ante la prematura muerte de don Cristóbal de Oñate hizo compilar 34 y escribir diversas glosas laudatorias provenientes de heterogéneas personalidades, lo que le valió incluso el reconocimiento de Lope de Vega: Si de Francisco Murcia de la Llana, Hijo de aquel Varón tan eminente, Que duplicó laureles en su frente, En la lengua latina y Castellana, Divina quieres ver la Lyra humana Sus fúnebres canciones oye atento, Verás que la dulçura de su acento Templó en el Polo Antártico la muerte Del joven de Cantabria heróico y fuerte, Que de veinte y dos años (cosa estraña!)
Murió desando un nuevo Reyno a España" 35.
Tras la muerte de Francisco, el rey nuevamente despachará una cédula reconociendo la labor desarrollada por la familia Murcia de la Llana y a su vez depositando la confianza en el nuevo corrector general de libros en la persona de Carlos, lo que acontece en febrero de 1665 36.
Carlos Murcia de la Llana, además del título aludido fue abogado de los Consejos desde su examen el 14 de marzo, asesor de las Guardas españolas desde 9 de noviembre de 1655 nombrado por don Luis Ponce de León y ratificado en 1662 por el marqués de Salinas; también ejerció la jurisdicción civil y criminal de los soldados de las guardias en la campaña de Francia de 1660 ante la ausencia de don Cristóbal Gaviria.
Pero el nombramiento y cargo oficial poco le duraron a don Carlos, puesto que fallecía el 3 de mayo de 1668 dejando nuevamente vacante la plaza.
Ante esta situación su viuda doña Josefa de Montaña se dirigió a la Cámara de Castilla con un memorial en el que solicitaba una gracia especial 37.
Al morir Carlos había dejado un huérfano de ocho años que siguiendo la tradición familiar también se llamaba Francisco Murcia de la Llana, para el cual solicitaba su madre el titulo de corrector, aduciendo los méritos tanto de su marido como de los anteriores familiares en el cargo; manifestaba también la falta de medios ante los gastos surgidos por la larga enfermedad de su cónyuge, y el desvalimiento en el que se quedaban las tres hermanas del finado.
Ante tal cúmulo de razones, nuevamente el rey otorgó su aquiescencia; con celeridad, su madre actuando como tutora comenzó a buscar un corrector de confian- za que detentara el oficio hasta la mayoría de edad de Francisco.
La decisión por parte de doña Josefa no se hizo esperar debido a que la persona elegida venía desarrollado el mismo trabajo junto a su marido, por lo que conocía suficientemente el oficio; el nombramiento recayó en don Juan de Ayala Manrique 38.
El asunto se complicó a los pocos meses debido a la repentina muerte de don Juan; por certificación de don Sebastián de Fozo, teniente de cura de la parroquial de San Sebastián, se hacia constar el fallecimiento el 30 de diciembre de 1668 y su entierro en el convento de la Victoria 39.
De nuevo comenzaron los trámites y el 5 de enero de 1669 ya se tenía un nuevo candidato, en esta ocasión don Francisco Forrero de Torres, abogado de los reales Consejos, quien parece ser que no tuvo mayores problemas para ejercer el cargo hasta su relevo por Francisco.
A este último le encontramos en 1680 entablando un pleito por competencias con el corrector de la universidad alcalaína 40.
El litigio se planteó cuando el corrector nombrado por la Universidad de Alcalá, Diego de Bárcena 41, mandó al Consejo las correcciones realizadas a un libro escrito por el padre fray Carlos Chavarría de la Compañía de Jesús; al llegar a Madrid fue nuevamente anotado por Francisco Murcia quitando las correcciones anteriores.
A finales de septiembre el pleito continuaba.
El 26 de enero de 1682 se paraliza momentáneamente ante la muerte de Bárcena y posterior sustitución por el licenciado Pedro de Contreras.
El 2 de marzo del mismo año, y ante la reunión celebrada en la Cámara rectoral del Colegio Mayor de San Ildefonso, se decide mandar al nuevo corrector a Madrid para defender los intereses de la Universidad 42, en un intento más por perpetuar sus prerrogativas aprobadas como ya veíamos en 1582.
Al morir el hijo de Carlos Murcia y doña Josefa Montaña, y ante la vacante del título, será otro componente de esta familia quien intente acceder al puesto; esta información la hemos obtenido gracias al borrador de una carta 43, donde se expresa la anhelada demanda.
En ella Francisco Murcia (y van cuatro), hijo de Martín Murcia ante la muerte de su primo hermano al que nombra como presbítero, plantea la posibilidad de recibir la merced aportando en su argumentación el currículo profesional de toda la familia, en cuanto a la fecha apunta: "... y respecto de que de cient años a esta parte a estado [el oficio de corrector] en esta familia..."; estaríamos por tanto alrededor de 1709.
Si bien de él no hemos obtenido mayor información, sí que disponemos de algunas referencia acerca de su padre, gracias a la documentación generada al recibir la merced de un hábito de Santiago 44.
De él se desprende que Martín Javier Murcia de la Llana, hijo de Francisco Murcia y doña Clara de Ribas, era natural de Madrid y fue bautizado en la parroquial de San Miguel el mes de septiembre de 1628 y aunque los trámites para el hábito comenzaron en 1670 no se despachó el título de caballero de la orden de Santiago hasta el 26 de enero de 1671.
Que nosotros conozcamos, no ejerció en ningún momento el cargo de corrector de libros, sin embargo si ocupó diferentes cometidos como fue el de Comisario del Santo Oficio y el 5 de mayo de 1684 entró como congregante en la venerable del apóstol San Pedro de sacerdotes naturales de Madrid; falleció este mismo año y fue enterrado el primero de noviembre en el monasterio de religiosas jerónimas del Corpus Christi 45.
El último capítulo de esta dinastía de correctores se escribirá durante los años veintes del siglo XVIII.
De nuevo tenemos a un Murcia de la Llana ejerciendo el oficio; en esta ocasión no sabemos con seguridad la línea de parentesco, aunque nos decantamos porque fuera otro de los hijos de Martín Javier o de su primogénito Francisco.
Su nombre Carlos Murcia de la Llana, corrector que ha pasado inadvertido durante muchos años; la verificación de su existencia nos ha llegado al encontrar una carta donde aparece como tal enmendando la plana al autor de un libro 46, que acababa de ser impreso en 1726; éste era una cartilla donde se exponían técnicas para torear a caballo redactado por Nicolás Rodrigo Noveli.
El libro apareció con las pertinentes licencias y aprobaciones, pero sin embargo no se encuentra impresa la fe de erratas; este último punto unido a algún otro condicionante personal, que desconocemos, hizo que Carlos Murcia de la Llana, corrector por su Majestad criticara abiertamente la edición con duras palabras que iban desde la demostración general del libro hasta la corrección de cada uno de los capítulos del mismo 47.
Entre los zaherimientos que lanza al autor destacan: "Primeramente, la Dedicatoria [al duque del Arco], esa, se borre, que cosa para niños de la escuela, no es digna de ofrecerse a un hombre grande..."
"En la tassa de cada pliego, diga, no vale nada, quedando satisfecho el Escriptor con estar tan pagado de si mismo..."
"En lugar de adver- tencias hechas al lector, se le deben hazer al Autor...".
Pero para rematar la faena, apropiándonos del símil taurino, Carlos Murcia dedicó unas hirientes coplillas 48 que firmó en el Buen Retiro el 25 de julio de 1726:
Remito esa Fee de Erratas, que asi intitulo á las notas que en la tuya me denotas; y si el tiempo me dilatas, y de darme treguas tratas, protexto con fee sencilla, por ver si el autor humilla, su Cartilla á esta mi fee, sin salir del A. B. C. leerle mas bien la Cartilla.
Con él, damos por finalizado este breve acercamiento a una familia cuya influencia se dejó sentir en el mundo librario de la corona y cuya perpetuación supuso un verdadero monopolio en el control por la verdad, no tanto como un elemento de configuración y conformación de textos, sino como un instrumento legislativo tendente a evitar falsas ediciones perniciosas al reino y a sus gobernantes.
Entre la ingente nómina de autores que pasaron por sus manos, encontramos tanto los libros de figuras consagradas, como de aquéllas, que por mudanza de la fortuna nunca traspasaron el umbral del Parnaso; al igual que el caprichoso destino de los textos, de sus autores y de sus correctores y parafraseando al poeta y gramático Terencio Mauro cuando sentenciaba que los libros tenían su propio hado, concluimos, sea pues: Habent sua libelli. |
batió en la guerra civil, hubo de exilarse y fue brutamente muerto en un campo de extermino nazi.
Cabe preguntarse por qué nuestro autor escogió precisamente Marte para situar la acción de su novela.
Seguramente porque ya por entonces se hablaba del Planeta Rojo como el más parecido a la Tierra -Brocos demuestra que ha leído algo sobre él porque hace suya la teoría de los canales marcianos-y susceptible de haber conocido una antigua civilización.
Quizá también por la notoriedad y el éxito alcanzados por la película soviética Aelita, una utopía socialista en Marte rodada en 1924 por Yakov Protazanov sobre la novela del mismo título de Alexis Tolstoi.
El Viaje a Marte de Brocos no oculta ni por un momento sus propósitos.
La tesis primera de cualquier utopista es que la utopía de hoy será la realidad del mañana y él la expone con claras palabras ya en el prólogo:
Es bien posible que tú lo leas como si fuera un romance, tus hijos también lo leerán como un pasatiempo, pero tus nietos tengo la certeza de que lo leerán con más atención que tú [...]
Será muy posible que en el fin de tu vida veas realizadas algunas de las utopías que presento en este libro.
Y en la dedicatoria va a expresarse con mayor decisión aún:
Hoy la forma republicana es el gobierno de la mitad de Europa y tiende a serlo del mundo todo [...]
Los credos socialistas son considerados en muchas naciones partidos legales y el mundo camina a pasos de gigante hacia la consecución de mejorar lo existente.
La utopía es una literatura peculiar de anticipación o de mundos paralelos que, cómo escribe Neussüs 4, supone ante todo la repulsa de unos contravalores, autoritarismo, miseria, ignorancia, injusticia, y la afirmación de una vida que alcanza una plenitud de felicidad, de bondad, de razón, en consecuencia, de igualdad.
En toda utopía subyace el deseo de un orden de vida auténtico y justo que se expresa, según las distintas narraciones, no por el análisis del orden existente e injusto, sino por una idea óptima de futuro; de otros mundos, habría que apostillar aquí.
La utopía humanística cristiana se escribió en España desde el siglo XVI, en una serie de narraciones de las que algunas sólo en estos últimos años se están dando a conocer.
Pero a partir de finales del XIX se produjeron otras de signo muy distinto, las utopías sociales cuya gran aportación es el esfuerzo por construir una alternativa radical tanto frente al pensamiento conservador como frente a la tradición marxista ortodoxa, dicho en palabras de Horowitz 5.
Se trata de cuadros de algo que no existe, que es solamente imaginario, cuadros-fantasía, que escribe Modesto Solla 6, en la línea de Buber, pero una fantasía que no divaga, sino que se centra en torno a algo primordial y originario que tiene que elaborar.
Y ese algo es un deseo.
La imagen utópica es un cuadro de lo que debe ser, lo que su autor desearía que fuese real.
Así, el "debe ser" utópico se contrapone al "ser" real.
La utopía, como más o menos dijo Nettau, es el enlace perdido entre el porvenir y el presente, entre los sueños que tenemos y los hombres que somos.
Isidoro y Modesto Brocos Gómez fueron dos artistas compostelanos, el primero escultor -profesor de modelado de Picasso en A Coruña-, el segundo pintor y grabador, que desarrolló buena parte de su actividad fuera de España.
El Ayuntamiento de su ciudad lo ha reconocido dando su nombre a una calle.
Modesto nació en Santiago de Compostela el 9 de febrero de 1852 en el seno de una familia modesta dedicada desde antiguo al oficio del arte.
Realizó sus primeros estudios en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, el lugar de Santiago en que podía recibir una educación artística de calidad.
En 1871, con sólo diecinueve años de edad, emigró a Buenos Aires; allí trabajó como grabador en madera y cobre.
Después fue a Río de Janeiro, donde ingresó en la Academia Imperial de Bellas Artes y empezó a publicar en el periódico O Mequetrefe.
En 1877 regresó a Europa y por dos años cursó estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de París, formación que prosiguió en Madrid en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.
De esos años, 1879-1881, datan sus colaboraciones en La Ilustración Gallega y Asturiana de Manuel Murguía, que prestaba gran atención a los temas artísticos y culturales.
Regresó a Francia y enseguida marchó a Italia, donde por cuatro años frecuentó la Academia Gigi y la del Círculo Internacional, gracias a una bolsa de estudios que le concedió la Diputación de A Coruña por su cuadro Rebeca dando de beber a Eliezer: siempre dijo que le gustaba más París que Roma.
Tras retornar a Galicia y obtener cátedra por oposición en la Sociedad en que había cursado sus primeros estudios, en 1890 estableció definitivamente su residencia en Brasil, donde formó parte del claustro de profesores de la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Se trata de una novela ambiciosa, una utopía plenamente llevada a la práctica de la que se describe detalladamente todo cuanto va de una Constitución a unas Ordenanzas Municipales, pasando por los usos y costumbres de un pueblo entero, que ya no habita el aislado locus amoenus de las utopías clásicas, sino todo un planeta: si no figura en las antologías de utopías socialistas se debe a su desconocimiento.
Hay que decir también que es una obra del más completo estatismo narrativo en aras del adoctrinamiento políticoreligioso.
Sigue en buena medida la forma -plena de diálogos y, aún más, de monólogos interminables-del Telémaco de Fenelon, con un Feijóo que juega el rol de Mentor y un Brocos que desempeña el papel de Telémaco.
Sólo he encontrado una referencia a ella en la revista Estudios migratorios 8: Ya en su vejez, Modesto Brocos se reafirmó en sus convicciones sobre el blanqueamiento como condición de progreso en su creencia en la regeneración de las razas a partir del "bueno y controlado mestizaje" y publicó sus ideas en Viaje a Marte, obra que se podría incluir en el género utópico y en la que sitúa la civilización ideal en el planeta marciano.
En ella Brocos describe la evolución histórica de la sociedad de Marte, paradigma ideal de la humana.
Y reproduce a su vez dos párrafos de la novela:
Siguiendo, pues, la humanidad marciana en esa aspiración fatal y constante, después de alcanzar un perfeccionamiento nunca hasta entonces imaginado, aquella humanidad no estaba satisfecha, pensaron que aún faltaba una gran reforma a introducir en el planeta, cual era la de unificar las razas fundiéndolas en una sola para que la desigualdad desapareciera al menos en el aspecto exterior de las gentes.
Ya se había conseguido mucho en tiempos anteriores mejorando las razas separadamente, de modo que la raza blanca con la amarilla fue fácil el mestizaje.
No aconteció lo mismo con la raza negra, que si bien se había tenido anteriormente cuidado de seleccionar, ofrecía dificultades por el color.
De esta tan ardua tarea se encomendó de llevar a feliz término al Ejército Agrícola y a las Hermanas Humanitarias.
Introdújose entre aquellas razas al ejército y a las Hermanas como principal elemento durante una generación, juntándose a éstos los voluntarios y voluntarias que se ofreciesen a ir con el mismo laudable fin, y pasado ese tiempo se dejaban abandonadas a sí mismas durante dos generaciones.
En este espacio de tiempo las razas inferiores se iban perfeccionando entre sí, hasta quedar confundida la primera inoculación.
Luego volvíase a enviar los soldados y las Hermanas Humanitarias para renovar la sangre de aquellas razas, y por dos generaciones se las dejaba aisladas.
Y continuando periódicamente estas medidas la piel se fue aclarando hasta llegar por último a quedar del color de los otros habitantes.
Este trabajo fue largo, cerca de mil años tardó en realizarse, pero la unificación fue un hecho real, y hoy la raza que en algunas comarcas quedó sin mezcla no le es superior a esta conseguida artificialmente.
Empiezo por el principio.
Brocos, sin ocultar su condición ni su nombre, narra en primera persona una historia que arranca, a modo de viaje iniciático 9, con su llegada a Marte en una nave claramente irreal de la que es el único pasajero que desciende.
Las utopías empezaron situándose en remotas "islas felices" pero, a medida que avanzaba la exploración de la Tierra, se fueron llevando a los lugares más inaccesibles, que finalmente fueron otros mundos.
Da gracias a Dios por haber logrado el sueño de su vida, que era alcanzar ese mundo para conocer los hábitos sociales y políticos de sus pobladores, y dirige la vista desde lo alto al paisaje que se ofrece ante sus ojos, que le recuerda los campos de Pontevedra.
Baja del monte, se echa a andar y se tropieza con sus primeros marcianos, gentes amables que nunca han visto a un viajero de otro universo, hasta que se le acerca el que fuera gallego como él en su anterior encarnación en la Tierra, fray Benito Jerónimo Feijóo, quien le invita a alojarse en su casa.
Y ésta es toda la acción de la novela, ya que el resto está compuesto, sin tregua ni pausa, por las visitas que realiza y los discursos elucidatorios del ex fraile de san Benito, "el primer socialista español" 10, en un recurso común en los viajes a otros mundos, aquí un tanto exagerado.
Los principios de la vida en Marte se enuncian en la propia cubierta del libro y proclaman la unidad política del planeta, su unidad de lengua, raza y religión, la igualdad absoluta entre hombres y mujeres, la inexistencia de la propiedad privada del suelo, la administración de justicia,
doi: 10.3989/arbor.2009.740n1093 la educación universal, el funcionamiento del ejército y de su peculiares conventos, etc., todo ello por derecho consuetudinario, pues no existen leyes escritas: los marcianos viven un socialismo ideal, nemine discrepante, en la armonía perfecta para la que son educados.
El contrafactual de partida de toda utopía -de toda eutopía si queramos excluir las utopías negativas o distopías-radica en que el hombre es naturalmente bueno y son la educación que recibe y la sociedad en que se integra las que lo hacen insolidario e infeliz.
La insolidaridad e infelicidad se inician con el establecimiento de la propiedad privada y siguen con la creación de la autoridad y las leyes impuestas, esto es, con el sometimiento del individuo al poder de otros individuos sobre él.
Al entrar en el detalle veremos que se citan multitud de leyes, normas y disposiciones vigentes, empleándose expresiones como "tocante a este particular, las leyes son explícitas", "sufren los requisitos más rigurosos de la ley" y otras de la misma laya: es uno de los reparos que por contradicción se pueden poner al libro.
Otro sería que describe una civilización un millón de años más adelantada que la de la Tierra pero que se asemeja a la terrestre de siglos atrás, una sociedad agrícola en la que una región cifra su riqueza en función de las subsistencias de que dispone, medidas en productos del campo: éstos son sus bienes y en su recolección se afana la mitad de su población masculina.
No considera, por ejemplo, la existencia de alimentos elaborados ni de apenas otros bienes de consumo; los campesinos llevan los productos del campo a los mercados de las ciudades en carros tirados por animales, no aparecen la radio ni el teléfono y, cuando los protagonistas dan la vuelta al planeta, los barcos transcontinentales son grandes veleros y en el aéreo que toman se sientan al aire libre, buscando el lado en que no da el sol.
Como todo utopista que se precie, describe una ciudad con un urbanismo racionalmente geométrico, de calles rectas y perpendiculares que conforman un a modo de tablero de ajedrez cortado por dos anchas avenidas diagonales por donde discurre el tráfico rodado de auto-coches y autoómnibus, movidos por la energía del hidrógeno que se extrae del agua de los océanos, una valiosa anticipación: el carbón de las minas se agotó en quince siglos y después se agotaron también los óleos fósiles que lo sustituyeron como combustible.
Ya Hipódamo de Mileto 11 construía según criterios geométricos de simetría, de inspiración pitagórica, que también informan su doctrina social.
Desde entonces, las referencias a la simetría en las ciudades utópicas se repiten en obras sucesivas, que entienden que, en la construcción geométrica, la razón domina el desorden de la materia.
Dado cuanto explica de los municipios marcianos -vuelvo a Brocos-, se puede estimar que habría en Marte algunos cientos de miles de ellos, de cinco o seis mil habitantes cada uno, repartidos entre la ciudad y las cuatro o cinco aldeas que la circundan.
Esta estimación, de la que el autor ni se preocupa, da pie a suponer que las calles de las pequeñas urbes serían veinte o veinticinco en cada dirección, conformando manzanas de cuatro casas unidas por sus vértices, cada una con su jardín, más unos cuantos edificios públicos ubicados en las plazas que se crean en las intersecciones de las calles con las avenidas diagonales.
Siguiendo su camino hallan a unos soldados que sólo se parecen a los terrestres en el uniforme.
Hace un millón de años, cuando Marte estaba como lo está ahora la Tierra, se realizaron muchos descubrimientos, pero eran tiempos bárbaros en que las naciones se hacían la guerra unas a otras, hasta que -exhaustas-acordaron resolver sus diferencias por medios pacíficos.
Dedicaron entonces sus ejércitos a fines sociales, el primero la agricultura, que es la principal industria de Marte.
El ejército, al que todos los hombres prestan tres años de servicio, ayuda a los campesinos que lo precisan, rotura tierras sin cultivar, construye represas y canales de riego y al autor, como a los de su tiempo, le falta la sensibilidad necesaria para impedir que exterminen a los animales y plantas no productivos.
El ejército, en definitiva, garantiza la producción de alimentos: Brocos parte del supuesto de que una sociedad feliz ha de basarse en unos estómagos satisfechos.
El otro supuesto que hay que satisfacer es la sexualidad.
Brocos y Feijóo se cruzan con dos monjas de la Hermandad Humanitaria, mujeres sumamente respetables y respetadas, que no son como las egoístas religiosas de la Tierra, que dicen que se entregan a los demás pero no lo hacen: ellas se entregan verdaderamente a los hombres por dinero, destinando lo ganado a obras benéficas.
En los conventos marcianos no se reza ni se celebran funciones litúrgicas, las hermanas cultivan la música, la danza, el dibujo y las artes escénicas, en las que llegan a ser verdaderas maestras, de modo que las funciones que celebran son musicales o teatrales.
El escritor dedica un largo capítulo a presentar hasta en sus menores detalles el funcionamiento de estos conventos, en cuya exposición se complace.
Existe uno por ciudad, con cincuenta hermanas disponibles de 2 de la tarde a 10 de la noche, que esperan en una gran sala a que los clientes las elijan: luego se comportan con ellos como esposas cariñosas 12.
Existe una Dirección General de Conventos que se ocupa de destinar hermanas de donde sobran a donde faltan y regula su organización.
Los usuarios abonan como espórtula la cuarta parte de su jornal de un día y hay conventos en que se admiten propinas o regalos y otros en que no, conventos en que las hermanas pueden visitar en sus días libres a los amigos que han hecho y otros en que no, pero en todos se exige a los usuarios la presentación de un certificado médico de salud.
Se dice en la exposición general que, llegada cierta edad, las mujeres que ni cursen estudios superiores ni se casen, han de ingresar en las Humanitarias, aunque en el detalle se dice que las monjas se eligen prefiriendo, por este orden, a las mujeres histéricas, las de temperamento ardiente y las voluntariosas.
Además no profesan de por vida, sino que hacen votos temporales.
A diferencia de cuanto con frecuencia sucede en la Tierra, la castidad no se considera una virtud en Marte, sino una actitud antinatural que sólo practican los viciosos y los enfermos.
Los muchachos y las muchachas mantienen ya desde los internados relaciones sexuales a partir de la edad núbil, para llegar al matrimonio escogiendo lo que más les agrada.
Los enlaces se extienden por un período de siete años renovables, siendo el cabeza de familia un día él y otro ella.
Durante este tiempo los esposos se guardan fidelidad absoluta, mas, cuando el matrimonio se extingue, suelen seguir viviendo juntos como amigos, permitiéndose otras relaciones sin consecuencias.
Con sus estómagos y su sexualidad satisfechos, se le escapa al autor decir que los marcianos son sobrios y se complacen principalmente en los placeres espirituales.
Y, sentados los precedentes, vuelvo al "blanqueamiento".
Cuando el anfitrión hace notar a su huésped la unidad de raza existente, le explica que, superados los tiempos bárbaros, los soldados y las monjas, originariamente de raza blanca, se aparearon con mujeres y hombres de otras razas, dando lugar a mestizos, y así lo repitieron cada tres generaciones a lo largo de mil años.
Ya en el tiempo presente, cada municipio elige periódicamente al varón más perfecto de entre los suyos, el cual, durante tres años, puede cohabitar un mínimo de quince días con las mujeres que escoja, siempre que ellas consien-AGUSTÍN JAUREGUÍZAR doi: 10.3989/arbor.2009.740n1093 tan -que libres de prejuicios suelen hacerlo-, o que ellas se lo pidan y se pongan de acuerdo, sin que su embarazo suponga la menor discriminación para la mujer o su futuro hijo, sino al contrario.
En el momento de la acción la disposición está vigente en varios territorios para mejor contribuir a la belleza de la raza.
Al final de las guerras apareció una enfermedad curiosamente parecida al sida, que el autor atribuye a la profanación sexual de cadáveres o a la relación con un nuevo pueblo, hasta entonces intocado.
Todos sus portadores fueron esterilizados, sólo se les permitió mantener relaciones con otros esterilizados y sus hijos, si los hubieran tenido antes de descubrirse su enfermedad, fueron igualmente esterilizados, lo mismo que sus nietos, si llegó a haberlos.
Y de igual manera se procedió con todas las demás enfermedades infecciosas o hereditarias, de forma que mejoró notablemente la salud del planeta.
Como no podía ser menos en la época, lejos de abusos posteriores como los del nazismo, la eugenesia es radical.
Nos enteramos primero de que existe en cada municipio una piscina donde se ahoga a los niños que nacen con algún defecto.
Luego que, como la población crece en proporción geométrica mientras que los alimentos lo hacen sólo en proporción aritmética, se limita la demografía escogiendo a las mujeres más sanas y hermosas para procrear, esterilizando a las demás.
Ni qué decir tiene que se practica un análisis de sangre a los candidatos al matrimonio y se excluye a quienes sean portadores de la menor tara hereditaria.
Esto debería dar lugar a una minoría de matrimonios con muchos hijos y una mayoría con ninguno, pero, como al autor no le importa a veces lo que ha dicho en un capítulo a la hora de escribir el siguiente, cuando se ocupa de la educación de los pequeños y de la sociedad marciana en general, la trata como si estuviera toda compuesta por matrimonios con dos o tres hijos.
Así se ha conseguido que haya una raza única y perfecta en Marte, que es lo que le gustaría al autor que hubiera en la Tierra 13, lo mismo que hay una sola lengua y un solo Estado planetario.
Cuando se superaron los tiempos bárbaros, las bases sobre las que se estableció su civilización y que son los principios que rigen su vida fueron tres: Uno, la absoluta libertad de pensamiento que se hace posible cuando la razón se sobrepone a la inteligencia, lo que se alcanza por la instrucción.
Dos, la emancipación del suelo con la desaparición de su propiedad privada: los agricultores arriendan sus tierras al municipio y éste recibe una parte de sus cosechas como renta.
Tres, la emancipación de la mujer, que es en todo igual al hombre.
Las rentas pagadas en cosechas permiten a los depósitos municipales equilibrar la oferta y la demanda de los granos y legumbres que llevan los campesinos al mercado, interviniendo cuando los precios suben o bajan más de lo debido.
Y por cuanto respecta a la emancipación de la mujer, ya se ha visto que no es tan completa como el autor sostiene, ya que, por más que pretenda equiparar a soldados y monjas, su concepción del servicio de éstas es terriblemente machista.
Su imaginación no es capaz de sobrepasar ciertos límites, aunque quepan en ella determinados valores.
Cuando llegan las elecciones, por ejemplo, ocupadas ellas en los negocios domésticos y disponiendo por tanto de menos tiempo para darse a conocer en los públicos, se les reserva un tercio de los cargos electivos: en las comicios con listas nominativas, las papeletas que no contengan al menos un nombre femenino por cada dos masculinos, se consideran votos nulos.
En parecida línea, los días pares del calendario son de los hombres y los impares de las mujeres, de modo que, si un baile se celebra en día par, son los caballeros quienes sacan a bailar a las damas, y a la recíproca en los días impares.
El calendario marciano se establece en base a una semana de nueve días, de los que se descansa el último 14.
Todas las fiestas han de celebrarse en el penúltimo día, de modo que la semana no se interrumpa por "puentes", una idea práctica del autor.
La jornada laboral es de seis horas matutinas: a su llegada al planeta ya sorprende al visitante ver que los hombres visten como trabajadores por la mañana y como señores por la tarde.
Volviendo a las elecciones, las municipales se hacen por sufragio universal y directo y las nacionales por votación de los representantes de cada municipio, pues los ciudadanos de a pie no conocen a los candidatos.
Los elegidos no hacen política, se ocupan sólo de la buena administración de la república.
Todo el planeta es una sola nación que habla una misma lengua, con la particularidad de que el Congreso de los Diputados no tiene una sede fija sino que cada cuatro años peregrina de un municipio a otro entre los que son capitales de provincia, a fin de que ninguno alcance una posición dominante sobre los demás.
Feijóo va explicando a Brocos los diferentes usos y costumbres marcianos.
Los jueces se eligen entre los ancianos y, tras oír a los litigantes, imparten justicia de forma oral e inmediata, sin escritos, abogados ni procuradores.
Para los pleitos comerciales e industriales existen jueces especiales nombrados por los gremios.
Y, si raros son los juicios civiles, aún lo son más los de causa criminal, en los que el reo no sufre pena de cárcel, sino que es enviado a servir a los soldados en los cuarteles como el mejor medio para su rehabilitación.
La medicina es pública y gratuita, dispensándose los mismos cuidados a todos los enfermos, y los cadáveres se incineran en beneficio de la sanidad pública.
La limpieza de las ciudades la realizan los propios vecinos, cada uno de los cuales barre la acera y la mitad de la calle que está frente a su casa, existiendo dos tipos de contendedores para depositar en unos los papeles y trapos y en otro los metales, que se reciclan y reutilizan.
La consecución de este estado de perfección social trajo consigo el aburrimiento y la rutina de los ciudadanos, y la pérdida de sus estímulos y ambiciones dio lugar al estancamiento, si no a la marcha atrás, del progreso.
Tras varios ensayos se decidió que, tres veces por siglo, habría cinco años de gobierno a la antigua usanza, uno de dictadura, otro de régimen presidencialista y tres de gobierno parlamentario, lo que fue un excelente antídoto y dio un magnífico resultado.
Existen cuatro clases sociales, apreciadas por este orden: trabajadores agrícolas, trabajadores profesionales -médicos, ingenieros, etc.-, trabajadores industriales -obreros-y comerciantes.
Estos son los que pagan más impuestos, a más de no poder gravar sino con un porcentaje limitado sus precios de venta sobre los de compra.
Tras un millón de años de la nueva sociedad marciana, nada está peor visto que los intermediarios de los tiempos bárbaros, semejantes a los de la Tierra.
Un trabajador industrial, en fin, no puede independizarse sin dar participación en la nueva empresa a sus compañeros, es decir, que no crea una empresa libre sino una a modo de cooperativa.
Una mutualidad universal a la manera de nuestra Seguridad Social -que no había en 1928-paga una pensión a quienes no puedan trabajar por accidente, enfermedad o vejez.
En ese planeta, en teoría sin leyes y casi sin Gobierno, se da en la práctica un Estado omnipresente que regule los desequilibrios: para los territoriales, por ejemplo, exime de impuestos a los trabajadores e industrias de las regiones menos favorecidas.
La educación primaria se imparte obligatoria y gratuita desde los siete a los trece años, con los niños en internados, separados de sus padres: el programa de estudios está establecido a escala planetaria y a esas edades ya aprenden los rudimentos de la agricultura.
La enseñanza secundaria abarca de los catorce a los diecisiete y la especializada de los dieciocho a los veintiuno, pudiendo prolongarse hasta los veintitrés para estudios avanzados.
A partir de los veintiuno los hombres han de prestar tres años de servicio en el ejército agrícola y las mujeres ejercer su profesión, si han estudiado, contraer matrimonio o, en principio, ingresar en la Hermandad de las Humanitarias: las que no estudian, de una u otra manera han de ir a la cama.
Escribe Saiz Cidoncha 15 que, cuando la proto ciencia ficción española aún seguía contando el hallazgo en la luna de los inevitables Elías y Enoch o explorando planetas en los que grandes altavoces lanzaban a la atmósfera estentóreos padrenuestros para edificación de los alienígenas; que, saliéndonos de nuestra casta piel de toro, incluso cuando los autores de proto ciencia ficción americanos negaban en absoluto que en el futuro existiera vida sexual o, al menos, se dejaban en el tintero todo lo a ella referente, Modesto Brocos nos presenta una sociedad en la que se hace el amor con la mayor naturalidad.
La última educación es de pago, con programas de estudio que fija cada municipio: si todos disponen de un convento, bien pueden disponer de una universidad.
Para quienes tengan cualidades intelectuales y carezcan de recursos AGUSTÍN JAUREGUÍZAR doi: 10.3989/arbor.2009.740n1093 económicos, existen dieciséis becas por municipio, obligadamente ocho para chicos y ocho para chicas.
Habrá una mayoría de municipios, pensará cualquiera, en que la proporción de inteligencias hombre-mujer sea pareja, pero otros en que no, incluso algunos en que los dieciséis mejores sean todos del mismo sexo, pero el autor es un teórico que no desciende al detalle.
Una vez, y por un momento, Brocos entiende que los marcianos son ateos, lo que refuta enérgicamente Feijóo.
Son creyentes de un deísmo a la manera del propuesto por la Ilustración francesa, de Voltaire o de Rousseau.
Creen en un autor del universo y de las leyes que lo gobiernan, en el Gran Relojero que puso en marcha el universo y, tras darle cuerda, se alejó de los asuntos terrenales, por lo que no le dirigen alabanzas ni súplicas, buscando por su sola cuenta la felicidad hic et nunc.
La religión sirvió en principio para regular los trabajos de los hombres y después sus principios morales.
Establecidos éstos, unos los fueron discutiendo y recayeron en la incredulidad, mientras quienes buscaba la felicidad en la fe siguieron siendo infelices.
El culto está establecido a la Madre Naturaleza, principalmente al cultivo del suelo....inteligencia que nos es superior y que ha ordenado esta gran máquina; pero durante los tiempos en que los marcianos levantaban templos, le dirigían preces y especulaban todo de Él, fueron siempre infelices: reinaba aquí la injusticia, el egoísmo, la crueldad en los hombres, la depravación en las costumbres, en suma: ¡la desgracia!
Los hombres dijeron: reconocemos la existencia de un Dios, no nos cabe duda, pero vamos a dejarlo descansar en el paraíso que nos ha prometido y de ahora en adelante tratemos de procurarnos la felicidad aquí sobre el planeta.
En una visita a un museo, se remata la novela, "me acometió un vértigo, perdí el equilibrio y...", y con dos líneas de puntos suspensivos se cierra el libro, cuya lectura merece más de una reflexión.
Es literatura de combate que, superado el nivel del pasquín o el folleto, de "la palabra como subversión", que escribió el profesor Gómez Tovar, posee la "ética de la belleza" al tiempo que conserva el obligado sentido social y pretende contribuir al irrenunciable deseo de felicidad e igualdad del género humano.
¿Todo ha sido un sueño?
Al final la vida es sueño y la utopía aún lo es más, "el sueño del orden de vida verdadero y justo", que dijo Neussüs. |
Aunque ya visitada con anterioridad por numerosos viajeros europeos 1, no sería hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando un mayor número de viajeros de habla alemana 2 descubrieran la isla de Madeira para sus fines, ya fueran estos las curiosidades de los viajeros en general, o la de los científicos en particular.
Serían varios factores los que llamasen su atención: el fundamento para su estatus especial era sin duda su situación como isla; es decir, estar alejada del continente, y el hecho de formar parte de Portugal, sin ser una colonia, lo cual constituyó una fuente de frecuentes comparaciones con las Islas Canarias.
Además, ya en la primera mitad del siglo XIX Madeira se veía como un puente entre el confort europeo y el lujo tropical, un "Jardín del Edén", tal como la denominaba una guía de viajes inglesa 3, que también sirvió de referencia a los viajeros alemanes.
Este estudio tiene como objetivo dar a conocer diferentes viajeros alemanes que visitaron Madeira a partir de mediados del siglo XIX, los estudios realizados por ellos así como las publicaciones que resultaron de ello.
Se trata principalmente de documentar los inicios de la investigación científica sistemática en la isla, determinar la composición de este interés y la forma en que se desarrolló en las décadas a seguir.
Adicionalmente, para completar esta presentación también se tomarán en cuenta meros viajeros típicamente románticos u otro tipo de estancias en la isla.
A veces resultaría incluso difícil la diferenciación entre trabajos científicos y narraciones de viaje, debido al carácter de dichas publicaciones, que mezclan ambos tipos de información.
Al trabajar con el género de literatura de viajes hay que ser consciente del gran abanico de diferentes enfoques que este término abarca.
Debido a esta heterogeneidad y a la multidimensionalidad de este concepto, tampoco la categoría viajes científicos se deja delimitar tan claramente: por un lado se aproxima a los meros viajeros con cierto interés general por el país visitado; por el otro, a los científicos residentes durante muchos años en un país ajeno, sin llevar a cabo viajes propiamente dichos, o bien los estudios científicos realizados a partir de documentos o datos recibidos, sin conocer personalmente la región descrita.
Otra categoría cercana son las guías de viajes, que también aportan una gran cantidad de conocimiento científico sobre un país, sin que hayan sido resultado de una investigación propia.
La delimitación entre estos enfoques es algo difusa y a menudo el título de la publicación tampoco contribuye a una aclaración en este sentido.
Otro factor a tener en consideración es la evolución del enfoque científico que aplican los viajeros a lo largo del siglo XIX: mientras a principios de este siglo prevalecen los estudios holísticos que tratan de representar la realidad ajena en sus más diversas facetas, sin profundizar en cuestiones concretas, en la segunda mitad del siglo XIX, con el desarrollo de las disciplinas científicas, los estudios realizados llegan a ser más precisos, con un objetivo concreto y claramente definido.
Ya no abarcan un conjunto de facetas distintas, sino que se limitan a unas regiones y un campo científico determinado.
A medida que se amplía la investigación científica, los viajeros consultan las obras publicadas anteriormente que abarcan los mismos aspectos y en sus propias publicaciones hacen referencias explícitas a estos antecedentes e incluso a veces desvelan su intención de continuar, profundizar o rectificar estos estudios anteriores.
Al estudiar los relatos científicos la duración de la estancia de investigación supone un criterio relevante.
Otro aspecto importante es el motivo del viaje de investigación, es decir, si éste era meramente científico o si estaba vinculado con otros intereses, que podrían ser de tipo económico o turístico.
Muy unido con esta cuestión se encuentra el tema de la financiación del viaje, que influía tanto en el objetivo de la investigación como en el enfoque de la posterior publicación.
Y finalmente, también entre los viajeros científicos se manifiestan posturas muy diversas hacia la cultura ajena, que indudablemente tuvieron su influencia en la orientación de su publicación.
Todo esto se hace más visible en la parte narrativa que ofrecen muchas de estas obras, o en los relatos de viajes que algunos de estos autores publicaron al margen de sus aportaciones científicas.
Debido a las mencionadas difusas delimitaciones del género literatura científica de viajes, es preciso definir lo que se entiende aquí por un relato de viaje científico en su sentido más estricto.
Según la definición aplicada, entran en primer lugar aquellos estudios que se centran en generar, comprobar, recopilar o profundizar un cierto conocimiento durante un viaje, es decir, aquellos estudios que se basan en tomar mediciones, además de encontrar, clasificar y representar gráficamente los nuevos objetos encontrados, así como los que se dedican a establecer estudios comparados, pero también se toman en consideración descripciones con un enfoque científico general.
Los trabajos incluidos en esta investigación además fueron seleccionados por diferentes criterios para asegurar en la medida de lo posible su orientación científica.
Estos criterios se refieren en primer lugar a factores tales como el hecho de si el autor había realizado un estudio del estado de la investigación hasta este momento; la existencia de notas a pie de página con referencias a otros trabajos; la existencia de una lista con la bibliografía utilizada; una clara estructura del trabajo presentado; así como la presentación evidente de los resultados, sea en forma de texto, de tablas, de catálogos o de representaciones gráficas.
Esto se refiere tanto a las investigaciones en el campo de las Ciencias Naturales, como a los estudios sobre la Historia del Arte y otro tipo de trabajo histórico llevado a cabo en los archivos.
De ello resulta la necesidad de que las publicaciones fruto de dichos viajes de exploración deban ser investigadas también desde el enfoque de la Historia de la Ciencia.
Esta interdisciplinariedad en el estudio de la literatura de viaje ayuda por un lado a reconstruir esta faceta de los viajes realizados por esta isla, y por otro contribuye con un material sumamente interesante a reconstruir la historia de la investigación naturalista de Madeira y, no en último lugar, al estudio del desarrollo de las disciplinas académicas.
El estudio presentado se basa en textos en los que los autores describieron detalladamente su periplo por Madeira, a menudo realizado como parte de su viaje por las Islas Canarias, por el sur de Europa, o incluso como escala de un más largo viaje hacia las Américas.
El enfoque se centra en el significado de esta isla para sus visitantes, naturalistas y médicos alemanes del siglo XIX, las propias impresiones de las regiones recorridas, así como la variada información ofrecida sobre su geografía, botánica, los distintos paisajes, el comercio, la agricultura, las costumbres de la población y su vida cotidiana.
Se analizará especialmente la mirada de estos viajeros a Madeira en general y las diferencias que entre Madeira y las Islas Canarias se percibieron en particular.
Otra pregunta que se tiene en cuenta en este trabajo es qué representó para estos personajes, fueran científicos o no, el hecho de que se tratase de una isla.
Debido a la escasa literatura secundaria existente sobre este tema 4, se trata éste de un trabajo introductorio que ofrece una visión general, lejos de poder ser exhaustivo en su temática, con un carácter más descriptivo que analítico, a fin de motivar el ulterior estudio de diferentes cuestiones 5 que surgirán a continuación.
ESTUDIOS REALIZADOS SOBRE MADEIRA: VISIÓN GENERAL
Entre los primeros trabajos sobre Madeira se encuentran diversas publicaciones que se dedicaron al estudio de su clima, debido a la importancia que tenía la isla en este tiempo como balneario, sobre todo para los enfermos de tuberculosis.
Una obra citada a menudo en este contexto es la de Karl Mittermeier, publicada por primera vez en 1855, de la que más tarde, en 1885 6, surgiría una segunda edición modificada y considerablemente ampliada.
Se trata de un análisis científico sobre las saludables condiciones climáticas que favorecían su establecimiento como lugar de curación.
Rudolph Schultz, viajero alemán que continuó esta línea de investigación abordando la enfermedad de la tuberculosis, dio lugar a una publicación sobre el tema en 1864 7.
Basada en una observación durante tres años, en la que Schultz visitó una parte sustancial de la isla 8, esta obra describe la importancia del clima en general para el organismo humano, sobre todo en relación con sus características sanitarias en el proceso de curación de enfermedades.
Debido al clima suave y a la cercanía tanto del mar como de la sierra, que evita así largas caminatas para el enfermo, considera que Madeira, y particularmente su capital Funchal, ofrece las condiciones óptimas para el tratamiento de la tuberculosis 9.
Se trata de un estudio bien documentado, que ofrece una amplia bibliografía 10, y cuyos dos últimos capítulos se dedican a la descripción del tipo de enfermedades que se daban entre los habitantes de Madeira, así como a la comprobación de los resultados de las curas allí practicadas.
Finalmente, también brinda información práctica para la realización de viajes a esta isla 11.
Otro estudio climático de la isla de Madeira, y en especial de su capital, es la tesis doctoral del médico Ferdinand Christmann, del año 1889 12.
Debido a su carácter científico, está basado en la revisión de los trabajos efectuados anteriormente sobre esta materia 13.
El autor lamenta que en Alemania esta isla no haya alcanzado el mismo renombre como sanatorio para enfermos de pulmón que el adquirido en otros países europeos como Francia y Gran Bretaña 14.
A fin de promover este proceso de concienciación entre sus conciudadanos, destaca las ventajas que, debido a su clima, la ciudad de Funchal aporta a estos enfermos, ofreciendo detalladas explicaciones apoyadas en tablas con mediciones exactas de la temperatura, la humedad del aire, la cantidad de lluvia, la presión atmosférica, los vientos, las nubes y la cantidad de ozono, para, finalmente, incorporar datos sobre el tipo de enfermedad que más fácilmente podría alcanzar su curación en la isla, así como el tiempo estimado para ello, en contraposición a aquellas frente a las que no se deberían albergar grandes esperanzas. tintos Ministerios Reales así como por la Real Academia de Ciencias y su enfoque científico estaba dirigido a las plantas útiles de ambas islas, a fin de intentar conocer sus particularidades y métodos de cultivo.
Se trataba de una estancia de casi dos años para ambas islas, lo que le permitió una más profunda dedicación a las cuestiones investigadas.
Respecto a los resultados, el autor expresó explícitamente el deseo de que no sirvieran solamente al interés de la ciencia en general, sino que también brindase información de valor para la agricultura.
De esta manera, las primeras 16 páginas ofrecen una visión general de Madeira y Tenerife, tratando los más diversos aspectos; a continuación se presenta una descripción de carácter científico de las plantas encontradas, siempre con una visión comparativa respecto a las dos islas.
No obstante, aunque en el apéndice añade una parte narrativa en la que describe el viaje propiamente dicho, el resto del libro mantiene la estructura de un tratado científico.
Lo que llamó particularmente su atención fueron las distintas plantas que descubrió según la altura; es decir, las zonas de cultivo, la diferencia observada entre plantas de carácter más tropical de la parte del sur, en comparación con las de la región septentrional, así como el suelo volcánico de la isla.
En relación con la diferencia entre Madeira y Tenerife menciona como una gran ventaja de la primera 18 su riqueza en recursos acuíferos.
Aunque solo ubicada de tres a cinco grados de latitud más al sur de Madeira, la flora de Tenerife se revelaba muy distinta, ya que según sus observaciones, Tenerife poseía tanto plantas autóctonas de las Canarias, como otras procedentes del continente africano 19.
El clima de ambas islas lo veía bastante similar pero, según él, debido a un menor régimen de precipitaciones durante los meses de invierno, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria serían mucho más aptas para enfermos necesitados de un clima seco.
Sin embargo, en estas últimas islas no se daba la infraestructura necesaria, mientras que Funchal ofrecía todas las comodidades y el lujo de Inglaterra 20.
Otras diferencias se apreciaban en el hecho de que Madeira no se hallaba habitada en el momento en que fue descubierta y en que todos los animales domésticos fueron importados, sobre todo desde Inglaterra y Portugal, mientras que las Islas Canarias ya eran cultivadas por los guanches en el momento de la conquista castellana, habiendo alcanzado un tamaño considerable su agricultura y ganadería.
También Oswald Heer se ocupó de la vegetación de esta isla, con las diferencias apreciables de que, en lugar de una comparación con Tenerife, se limitó a la región de San Jorge, y el hecho de que centrase sus esfuerzos en definir la vegetación autóctona de la isla 21.
Durante su viaje en el año 1851 estudió las condiciones geológicas e intentó definir lo que eran las especies originales de la isla en comparación con las importadas a lo largo del tiempo.
En relación con esta cuestión presentaba un gran significado su estatus como isla por un lado, y su conexión con el continente europeo, por el otro.
La ventaja que veía en Madeira era el hecho de que la isla ofrecía muchas pendientes de rocas aisladas con difícil acceso, donde la vegetación original se podía conservar mejor.
Se trata de un libro de carácter científico, bien documentado, con numerosas referencias a trabajos realizados en este campo anteriormente 22.
Inspirado por el Prof. Heer, y continuando su trabajo, a lo largo de varios viajes, también Georg Hartung se dedicó al estudio de aspectos geológicos de las islas Madeira y Porto Santo 23.
El resultado fue plasmado en una obra muy detallada y con gran rigor científico, en la que la primera parte aborda la situación geológica, y la segunda, redactada por Karl Meyer, la condición paleológica, con un índice sistemático de los restos fósiles de estas islas 24.
Por su parte, Richard Greeff constituye un ejemplo más de científico dedicado a la investigación naturalista y principalmente zoológica de Madeira.
Al principio del estudio de estas cuestiones 25, basadas en su viaje de 1866 a 1867, explica detalladamente los motivos por los que consideraba esta isla tan interesante en este sentido, motivos que por su relevancia para el tema de islas y ciencia serán presentados a continuación.
Greeff sostenía que una de las tareas más interesantes y fructíferas de la ciencia era la investigación naturalista de regiones apartadas y encerradas en sí mismas, sobre todo en lo que relativo a vegetación y zoología.
El lugar ideal para estudiar tales regiones en su aislamiento se encuentra de una manera más perfecta y pura en las islas pequeñas, situadas lejos del continente.
En función de las características particulares de la ubicación y naturaleza de las islas, en éstas resaltan los tres factores básicos que intervienen en la formación de los cuerpos orgánicos de la naturaleza (el clima, los nutrientes y la composición del SANDRA REBOK doi: 10.3989/arbor.2009.740n1094 suelo), pudiendo ser más fácilmente definidos que en tierra firme.
Además, esta situación geográfica caracterizada por el aislamiento dificulta considerablemente la inmigración de plantas o animales del continente o de otras islas lejanas dando lugar a un desarrollo más uniforme de las formas de vida allí establecidas, bajo las condiciones dadas, sin perturbaciones ni influencias externas.
En los casos donde se ha producido una inmigración, normalmente es posible averiguar por qué partes y vías ha tenido lugar, de qué regiones exactamente procede, y se permite analizar la modificación por adaptación y cruzamiento que han experimentado estas especies nuevas.
Según Greeff, las experiencias más valiosas sobre el origen y la repercusión de estas conclusiones resultan de una observación comparada de las especies autóctonas de estas islas con las que inmigraron más tarde, o bien de las formas de vida que pertenecen a las mismas especies, pero que se desarrollan en otras regiones bajo condiciones distintas.
Por lo tanto, aquí se podía más fácil y exactamente investigar las condiciones que influyeron en la vida de las plantas y los animales, y los efectos que estas circunstancias ejercían a largo plazo sobre dichas formas de vida.
Como consecuencia, este estado de isla ofrece un excelente material para la teoría de la evolución, cuyo desarrollo y profundización consideraba una de las tareas más importantes de las ciencias naturales, ya que aportaba significativas explicaciones sobre el origen de las especies en los reinos animal y vegetal.
Por todo esto, el autor dedicó su esfuerzo científico a la investigación de las Islas Canarias y de Madeira, bajo los criterios mencionados.
Además, en su opinión, pocos lugares en el mundo podían ofrecer, en un espacio tan limitado, tantas características científicas particulares, razón por la cual estas islas merecían en grado sumo la atención de los científicos.
Las sierras volcánicas, que emergen casi directamente del océano, ofrecen un campo de trabajo excelente para el geólogo, ya que le ofrecen datos sobre su historia y su origen.
Gracias a su gran riqueza en características raras e interesantes han contribuido a resolver importantes cuestiones sobre el origen y la constitución de los volcanes.
No menos interesante resultaría el mundo vegetal, que se presenta en sucesivos niveles desde el mar hasta las cimas más altas.
Cada nivel ofrece una zona donde la flora es distinta de la anterior, encontrándose en el norte una vegetación diferente de la del sur.
Finalmente, también el mundo animal, aunque a primera vista pueda parecer más bien pobre, viene a ser muy interesante y rico 26, por lo que el autor ofrece a continuación una comparación entre la fauna de Canarias y la de Madeira 27.
Aparte de este tratado científico, Greeff también publicó otro libro sobre este viaje, que fue estructurado siguiendo más el estilo de una narración de viaje, enriquecida, eso sí, con profusión de datos y referencias 28.
Este relato está basado en las cartas redactadas durante el viaje que desde Londres le llevaría, además de a Madeira, a las Islas Canarias, Portugal, Marruecos y España.
En él narra sus vivencias personales durante los desplazamientos efectuados desde Funchal al interior de la isla.
El objetivo de este trabajo consistía en hacer llegar a un amplio público y sin conocimentos especializados información de carácter general no incluida anteriormente en su estudio científico.
Otro trabajo que contribuyó notablemente a la investigación geológica de la isla fue el realizado por Karl Wilhelm Fritsch 29.
Como objetivo inicial de su viaje de exploración entre los años 1862 a 1863 indica la investigación geológica del archipiélago de las Islas de Cabo Verde.
En el camino de ida tenía previsto visitar Madeira y algunas de las Islas Canarias, por una parte para adaptarse más fácilmente al clima del archipiélago de Cabo Verde y, por otra, para llevar a cabo en estas islas más conocidas estudios preparatorios prácticos a fin de conectarlos con los anteriores, de tipo teórico.
Sin embargo, la epidemia de fiebre amarilla que se desarrolló en Santa Cruz de Tenerife en 1862 le mantuvo durante todo el invierno en las Canarias, de manera que no llegaría a alcanzar el destino inicial de su viaje.
El estilo que el autor mantiene en este trabajo constituye una mezcla entre narración de viaje y guía de referencia sobre Madeira y las Islas Canarias, junto a resultados de su propia investigación.
A final, proporciona noticias generales sobre Madeira, compuestas a partir de otros trabajos, y las contrasta con sus comentarios o impresiones personales.
Alphons Stübel fue otro científico, también con un marcado interés geológico, que descubrió el significado de Madeira en este contexto.
A finales de 1862 llegó a Madeira, pero ya un mes más tarde debía partir para Canarias, para después dirigirse a Cabo Verde.
Siguiendo su investigación en estas últimas islas, reconoció la gran importancia de Madeira para la teoría volcánica.
Por lo tanto, se decidió a emprender otra estancia más larga en esta isla en sep- tiembre de 1863, para allí continuar su trabajo volcánico y llevar a cabo una exhaustiva investigación geológica del suelo de Madeira.
Sin embargo, tras su regreso a Alemania en el verano de 1865, dejó a lado este estudio, y junto a Karl von Fritsch y Wilhelm Reiss se dedicó a otras tareas.
A excepción de unos breves trabajos de Stübel sobre Madeira 30, el material traído desde esta isla quedó inédito hasta que Walter Bergt encontró valiosos manuscritos en su legado que decidió publicar 31 debido al hecho de que Madeira había tenido un gran significado en el desarrollo de las ideas de Stübel 32.
Se trata de un trabajo netamente científico, y muy centrado en la geología, ya que aparentemente ni siquiera la vegetación llamó la atención de este investigador 33.
Al final de su obra se añadió un índice de todos los mapas e ilustraciones de Madeira que se encontraban en el Museum für Länderkunde en Leipzig, algunos de los cuales se incluyeron en este trabajo.
Al margen de estos visitantes, motivados por intereses y objetivos científicos, se dieron asimismo los que meramente se acercaban atraídos por el mero placer del encuentro con lo exótico, envueltos en un halo de postromanticismo.
A veces, estos viajeros sintieron también cierto interés por los estudios científicos realizados en esta región, habiendo leído a menudo estas obras, pero sin que ello les llevase a la realización de estudios propios.
Con frecuencia, su estancia en Madeira ha sido solamente una escala de un periplo más amplio, y han influido más sus intereses personales por conocer estas tierras ajenas.
Algunos de ellos también se dejan atribuir a los famosos viajes románticos, para los que Madeira también tuvo un significado particular por estar ubicada de manera aislada, lejos del continente.
Un ejemplo temprano de ello es la edición de las cartas del viaje que realizó el médico austriaco Augustin Trogher por una gran parte del sur de Europa 34.
Una de estas cartas se dedica a reunir sus impresiones sobre Madeira 35, donde muchos aspectos le parecían "particulares" o "característicos" 36.
Por otra parte, según él, la isla poseía un doble significado como lugar de curación, no sólo para los enfermos de pulmón sino también para los de corazón, aunque en este caso no precisamente en el sentido fisiológico 37.
Pocos años después se publicó el trabajo de Jegór Sivers sobre su viaje de Madeira a las Antillas y América Central 38.
Aquí se mantiene una mezcla de ciertos criterios científicos como son un índice de personas o lugares, una extensa bibliografía 39, etc., con una descripción superficial del viaje, haciendo particular hincapié en sus aventuras.
A pesar del hecho de que el propio título del trabajo anuncia aspectos memorables de su viaje y su investigación, se trata más bien de una repetición de determinados estereotipos sobre esta isla, en la que además se plasma cierta tendencia romántica; por ejemplo, cuando cita o compone poemas propios, y cuando ofrece sus reflexiones sobre "aquel paraíso, el más bello que he soñado" 40, idealizando la naturaleza 41.
Un estilo parecido, aunque no tan poético, se encuentra en el relato de Johannes Stenzel sobre su viaje por Madeira y las Islas Canarias 42.
De nuevo se trata de una descripción superficial del viaje, en la que la información sobre la primera isla solamente forma una parte pequeña ofrecida en este libro 43.
Como consecuencia del creciente número de viajeros o científicos de habla alemana que a lo largo de la segunda mitad del siglo visitaron la isla, se veía la necesidad de ofrecerles informaciones útiles para su viaje o estancia.
Una de las primeras obras que se entendió explícitamente como guía de Madeira, y que ha podido ser localizada, es la de Paul Langerhans, del año 1885 44.
Debido a la falta de manuales sobre esta isla con informaciones actualizadas y en idioma alemán, Langerhans editó una versión alemana del libro de Yate Johnson de 1857 45, del cual tantas referencias se pueden hallar.
Como aclara Langerhans, unos capítulos fueron redactados de nuevo, otros modificados y otros, simplemente traducidos, todo con la aprobación del autor inglés.
Debido a su carácter de guía de viaje, se limita a dar todo tipo de información sobre la mejor época para viajar, precios, hoteles, etc., que pueda resultar útil para el viajero.
En esta descripción general ofrece sus impresiones personales, que no estaban basadas en ningún estudio, pero trata muchos aspectos distintos y también añade conocimiento específico, aunque siempre con vista a su utilidad para el viajero.
Además, ofrece numerosas referencias a trabajos científicos 46.
Otro manual que ha podido ser consultado es el de Ronald Krohn, del año 1906 47, que al igual que el anterior, también está basado en obras inglesas 48.
Se trata de una guía de viaje con varios mapas, dirigido al incipiente turismo, que de una manera muy sistematizada brinda al lector todo tipo de información necesaria, como la conexión de barcos, hoteles, vestimenta, médicos, excursiones, etc.
A principios del siglo XX aparecieron además dos obras que, a su descripción del viaje, añadieron mucho material visual en forma de fotografías.
Se trata, por un lado, de la obra de Moritz Edenfeld sobre su viaje a las Islas Canarias y Madeira 49, en la que describe este periplo con un cierto toque romántico.
La otra publicación es un trabajo de Leo Woerl sobre su viaje a la misma región unos años más tarde 50.
Esta última, además de estar orientada como guía de viaje, tampoco contiene información de carácter científico, por lo que se puede entender más bien como un elemento publicitario para la isla de Madeira, en la que, según él, cada vez se encontraban más alemanes.
Mientras hasta ahora solamente han sido presentados estudios científicos o narraciones de viaje redactadas por hombres, las primeras obras sobre Madeira que manifiestan la visión de esta isla por una mujer, y que han podido ser localizadas, provienen de los primeros años del siglo XX.
En este sentido, se puede mencionar el breve relato de Katharina Pommer-Esche de 1902 51, escrito con un ligero romanticismo y que repite los estereotipos atribuidos a esta isla.
Además, también se puede entender como propaganda de la isla, ya que en diferentes momentos lamenta que Madeira sea tan poco visitada por alemanes, que parecía más una colonia inglesa, y que para que esto no continuara siendo así, quería promover abiertamente la constitución de una sociedad alemana en Madeira 52.
De similar estilo romántico, aunque no con esta intención explícita, presentada en forma de cartas de viaje a su familia y enriquecida con diversos poemas, es la obra de Anna Werner, publicada unos años más tarde 53.
Aunque estas dos muestras no serían lo suficientemente significativas como para poder deducir conclusiones sobre las diferencias en la obra en función de si el autor es hombre o mujer, al menos aquí se puede advertir un matiz más romántico, quizás poético y, en todo caso, divulgativo.
ANÁLISIS Visión de Madeira
Se puede constatar que, en general, tanto las primeras impresiones de la isla de Madeira como las reflexiones hechas tras una estancia más larga, resultaron similares en las obras analizadas.
A Karl von Fritsch, por ejemplo, le encantaban los paseos por la ciudad y la abundante vegetación de Funchal, ya que "cada paso ofrecía nuevas bellezas de la vegetación de sur" 54, pero aún se sintió mejor durante los calurosos meses de verano en la región montañosa de los alrededores de Santo da Serra (localidad también conocida como San António da Serra), desde donde realizaría pequeñas excursiones de carácter geológico a, entre otros lugares, Santa Cruz, Machico y Caniçal, y Porto da Cruz, los miradores del puerto de Lameiros así como al Pico Ruivo.
Notablemente impresionado por los profundos valles, con sus cascadas y su maravilloso paisaje, lamentaba, no obstante, la predominancia inglesa en muchos aspectos, tales como la moneda, el comercio y el tráfico, a pesar de que la isla pertenecía a Portugal 55.
La influencia anglosajona constituía un asunto que comentaban o incluso criticaban abiertamente muchos viajeros de habla alemana, y al que dedicaban más o menos espacio en sus descripciones.
Sivers nos informa que en las tiendas había sobre todo mercancía inglesa 56, mientras Schultze comenta que los ingleses no aprendían portugués y además criticaba su falta de integración por mantener intactas sus costumbres, ya que su orgullo nacional no les permitía adaptarse a lo ajeno 57.
Todavía en el año 1885, en su guía de Madeira, Langerhans dice que se podía considerar como una colonia inglesa, y destaca que los ingleses no se mezclaban con la población, ni socialmente ni por matrimonio, como por ejemplo era el caso de los españoles en Tenerife 58.
Finalmente, como hemos indicado anteriormente, Katharina Pommer-Esche animaba a los alemanes a establecerse en la isla a fin de contrarrestar el predominio británico.
En la obra de Hermann Schacht se encuentran los mismos comentarios sobre la impresionante vegetación alrededor de Funchal, así como el predominio anglosajón en lo que se refiere a hoteles, comida, médicos, mercancía ofrecida en las tiendas, prensa, etc. 59.
Además, el autor describe la vida allí como sencilla y uniforme, ya que no había ni teatro ni conciertos y, como diversión, sólo se ofrecía una marcha militar en los paseos los domingos y festivos 60.
Esta falta de diversión pública, como la que podían brindar los teatros 61, museos o galerías de arte, parece haber sido un tema a destacar para más viajeros 62.
Lo que Trogher apreciaba de la isla era la suavidad de su clima, que contribuía a mantener la salud y a llevar una vida sana y sencilla, la tranquilidad no perturbada por nada, y el olor de su vegetación.
Con respecto a Funchal describe las casas limpias, con bonitos jardines, llenos de flores 63, así como las calles empinadas, muy bien pavimentadas con tablas de basalto, que podían resultar muy duras para andar, e incluso causar dolor al forastero 64.
En estas destaca además la falta de polvo en las calles, tan dañino para la salud 65, un hecho que también otros viajeros han comentado muy positivamente 66.
Respecto a la oferta de fruta, comenta que Madeira reúne la ventaja de lo exótico combinada con lo europeo, sin que la gente se esforzara por mejorar la agricultura en este sentido 67.
La falta de dedicación a la mejora de la agricultura, es decir, una elaboración y sistematización, como pueden suponer el cambio de siembra o mejores instrumentos de labranza, constituye una crítica que se repite en muchas ocasiones 68.
Mientras sobre el valle de Funchal, con su impresionante vegetación y muchas veces descrito como romántico, abundan las alabanzas, sobre la ciudad en sí se encuentran muy distintos comentarios.
A Langerhans le parecía que nada en la ciudad era particularmente atractivo, pero aún así le causaba una impresión general muy agradable, destacando su nivel de limpieza, mayor que en otras ciudades de los puertos del sur.
También a él las calles de basalto le resultaban incómodas, aunque prácticas contra la lluvia 69.
Sivers opina que la ciudad no era una de las más tentadoras 70 y que no había mucho que mereciera la pena ver 71.
Parece que en estos aspectos no hubo mucha evolución a lo largo del tiempo, porque todavía en 1906 Stenzel consideraba que, como ciudad, Funchal ofrecía poco pero, en contraposición, el viajero sería plenamente recompensado por las afueras de la capital 72.
Lo que sí le parecía digno de mención eran los jardines de algunas de las villas y hoteles ingleses decorados con palmeras y magnolias 73.
Un aspecto negativo comentado por diversos viajeros era la gran cantidad de mendigos que pululaban por la ciudad.
Asimismo, era criticado el gran contraste social entre los pobres y los nobles de Madeira, así como la predominancia de los curas en la vida social de la población 74.
Sin embargo, a pesar de estas críticas, todos parecen haberse llevado una buena impresión de la isla, sobre todo de las excursiones que hicieron por la misma.
Esto se debía, en gran parte, al clima suave e incomparable, y a la consecuencia de ello, es decir, la vegetación, los jardines, las frutas, etc., sobre lo que se encuentran todo tipo de apasionadas descripciones.
Comentarios sobre la población
Al margen de aquellos que han visitado Madeira con un determinado objetivo científico, o que no han incluido este aspecto social en su trabajo, en la mayoría de las publicaciones se encuentra un espacio dedicado a la descripción de la población, sea como un capítulo completo o bien como meros comentarios dentro de su narración de viaje, sea con un mayor interés por esta faceta de la realidad ajena, o de manera más superficial.
Estas descripciones son, en unos casos, más objetivas, con una explicación de los hechos encontrados y los datos estadísticos ofrecidos; en algunos, se limitan a destacar las curiosidades vistas; y en otros, mantienen más un enfoque romántico, es decir, ensalzando lo auténtico y original de la vida sencilla hallada allí.
Ciertas descripciones suscitan la impresión de que simplemente repiten algunos estereotipos de lo que suponen que sus lectores desean leer y, finalmente, también hay unas pocas que usan la descripción de lo ajeno para alabar su propia cultura de procedencia.
Sin embargo, no se ha encontrado ningún trabajo que se dedicase exclusivamente a la investigación de la sociedad de Madeira, como sucedía con sus características geológicas o botánicas.
Los posibles motivos para ello pueden ser que en Madeira destacaban más las particularidades de la ciencias naturales y que la sociedad encontrada no era lo suficientemente "ajena" como para que mereciera un estudio específico, o, sobre todo en los viajeros románticos, no se trataba de analizar la sociedad, sino emplearla sencillamente para reflejar su pintoresca visión del país.
En su estudio sobre el significado de Madeira para la curación de la tuberculosis, Schultze relata asimismo la vida social de la población indígena.
Se trata de una descripción muy general, pero abarca muchos aspectos de esta faceta, basada en una dedicación más profunda a estas cuestiones 75.
Así, por ejemplo, critica la influencia de la Iglesia en la sociedad, que se traduce para él en ignorancia, temor ante lo novedoso, superstición y bajo nivel de instrucción.
Según él, era debido al escaso rendimiento de la agricultura y la ganadería así como al trato dispensado por los hacendados a los campesinos, lo que condujo a la ola de emigración.
Resumiendo, dice que en aspectos climáticos podía elogiar a Madeira, sin incluir, no obstante, los elementos sociales, lo que hace que el viajero alemán se acordara "con melancolía de su gran y noble patria" 76.
Asimismo, Langerhans concede espacio al factor social, dedicando todo un capítulo a la población 77.
Lo que destaca este autor, al igual que muchos de sus compañeros, es la rareza de la vestimenta observada allí, que describe como no muy pintoresca, y a la que pertenece un gorro de tela azul igual de raro y sin utilidad aparente 78.
La gente le parecía contenta aunque pobre, inconsciente, sin gran cultura, supersticiosa y con poca inclinación a la criminalidad.
La dificultad de viajar, debido a la particular orografía montañosa del país, hace que haya poca movilidad entre la gente y que muchos nunca se aventuren a dejar su valle.
Además, observa un bajo nivel de instrucción del pueblo, sin apenas creaciones literarias, salvo algunas traducciones del francés; asimismo comenta que no existía ningún librero en la isla y, finalmente, que en las clases altas el trato era muy cortés y se mantenía mucho la etiqueta.
COMPARACIÓN CON LAS ISLAS CANARIAS
Tal como se mencionó anteriormente, en muchos de estos relatos de viajes y estudios científicos surge inevitablemente la comparación con las Islas Canarias.
En algunos casos ello se debe al hecho de que ambos archipiélagos fueron visitados en el mismo viaje, y para la elaboración del retrato de una realidad siempre servía como punto de referencia el de la anteriormente conocida.
En otros casos llamaba la atención o bien los efectos del diferente tipo de dominio ejercido por los españoles en comparación con el de los portugueses, o bien el que en ambos casos se trataba de islas con características particulares para la investigación científica.
En otras palabras, la cercanía geográfica de estas islas, en combinación con sus diferencias históricas y de condición natural, ha motivado permanentemente esta comparación.
Este interés alemán por las Islas Canarias prosiguió también a finales del siglo XIX 84.
Tras los numerosos viajeros de nacionalidad inglesa y francesa que visitaron y exploraron las Islas Canarias desde comienzos del siglo XIX, estas lejanas y exóticas islas españolas llamaron cada vez más la atención también a los científicos de habla alemana.
De esta manera, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, Alemania se convertiría en la segunda nación por número de visitantes a este archipiélago, después de Gran Bretaña.
Entre las distintas islas, Tenerife atrajo a más viajeros por su naturaleza exótica y, especialmente entre los de habla alemana, por la existencia del Teide, ya que la mayoría eran geólogos, botánicos y médicos.
Otro aspecto a tomar en consideración es que la estancia de Alexander von Humboldt en esta isla en junio de 1799 y su entusiasta descripción posterior de la misma, sobre todo del Valle de La Orotava y su ascensión al Teide, animó a otros viajeros y naturalistas a emprender viajes de exploración por Tenerife.
La segunda isla más visitada fue Gran Canaria, seguida por La Palma y, a continuación, Fuerteventura y Lanzarote, principalmente por viajeros con un marcado interés geológico, dado el carácter volcánico de las islas.
El interés científico por estas islas también está vinculado al inicio del turismo y el significado de las Islas Canarias, al igual que Madeira, como balneario para afectados por ciertas enfermedades como la tuberculosis, en razón a sus benévolas condiciones climatológicas.
Algunos de estos viajeros conocían tanto el archipiélago canario como Madeira, lo que llevó a una comparación de estos lugares con arreglo a criterios distintos.
A Hermann Schacht, por ejemplo, le interesaban las diferencias climáticas y de formación geológica, lo cual conducía a distintas condiciones para la vegetación.
También Fritsch, cuando llega a Tenerife tras su estancia en Madeira, inmediatamente compara esta isla canaria con Madeira, con desventaja para la primera: según él, el entorno de la capital tinerfeña, los jardines así como los paseos públicos estaban dispuestos con menos arte y gusto que los de Funchal.
No obstante, comenta que uno se sentía como en una ciudad europea, a pesar de ciertas apariencias extrañas 86.
El comercio, al contrario, le parecía más significativo que en Madeira, y el puerto, más animado.
Además escribe que, debido a la frecuente comunicación marítima con los distintos lugares de Europa -aparte de una conexión regular interinsular-, las Islas Canarias le parecen más cercanas a su patria que Madeira.
Asimismo, encontraba el sistema de riego mucho mejor organizado en Madeira que en Canarias, aunque la agricultura de ambas se situase a un mismo nivel de inferioridad.
Con respecto a las comunicaciones, y debido al interés de numerosos viajeros por la isla, los desplazamientos por el interior de Madeira resultaban más fáciles y confortables.
Finalmente, en lo que se refiere a la naturaleza, Fritsch encuentra mucho más impresionante la de Madeira que la de Canarias 87.
Con esta pequeña introducción al tema de los viajeros de habla alemana a Madeira, se puede constatar que a partir de la segunda mitad del siglo XIX se inició una investigación científica sistemática y multidisciplinar de este archipiélago portugués 88.
Además de ello, se acrecentó paulatinamente la curiosidad por las islas por parte de los meros viajeros, lo que se refleja en el considerable aumento de publicaciones durante esta época, aparte del interés por Madeira como balneario.
Su particular situación geográfica como isla contribuyó a suscitar el interés de científicos extranjeros así como de otros viajeros en general.
Allí podían buscar lo autóctono, sin influencia ajena, ya fuera en alguna rama particular de las ciencias naturales, ya fuera en la vida y el paisaje en general.
Por lo tanto, a lo largo del siglo XIX, pervive allí el espíritu romántico, sin menoscabo del positivismo de la actividad científica especializada.
Lo auténticamente destacable en este contexto es la presencia de un considerable intercambio de información por parte de estos autores, que por lo general, al emprender la tarea de estudiar o describir la realidad de esta isla, se han dedicado a leer los trabajos realizados anteriormente.
85 Puede hallarse más información sobre estos viajeros en: Rebok, Sandra, "España en la lente de los viajeros científicos alemanes durante el siglo XIX", en Llull, Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, vol. 32, 2009, Zaragoza, pp. 135-152.
Restaría el estudio de muchas cuestiones, como por ejemplo, analizar en mayor profundidad en qué consistía el interés particular por parte de Alemania, elaborar las características específicas de los viajeros de habla alemana, desentrañar las diferencias con franceses e ingle-ses, etc. Al margen de estos trabajos de análisis, se pueden estudiar más profundamente las obras particulares presentadas aquí. |
BIOGRAFÍA 1.La infancia: Antecedentes familiares e influencia
Esta primera etapa de la vida de Juan González-Blanco de Luaces es fundamental en la biografía de este escritor y traductor.
El entorno que le rodeó en sus primeros años de vida fue decisivo para el desarrollo de su faceta literaria y su futura dedicación a la escritura.
Juan G[ónzalez -Blanco]. de Luaces 2 nació en la Casa del Martillo, Luanco, Asturias, el 22 de abril de 1906, hijo de Edmundo González-Blanco y María Luaces Mandujo.
Aunque sólo fue a la escuela durante un año, el ambiente intelectual que se respiraba en su casa contribuyó a su formación.
Como menciona Suárez en Escritores y artistas asturianos: Índice bio-bibliográfico (1955), ya a mediados del siglo diecinueve, el abuelo de Luaces, Andrés González- Blanco (1838Blanco ( -1895)), profesor de sordomudos y ciegos, sabía leer del inglés y escribía libros en español 3.
Según la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, Andrés fue
[r]equerido por el filántropo Mariano Pola, [y] pasó a formar parte del cuadro de profesores del Santísimo Cristo del Socorro en Luanco desde el mismo momento de su inauguración (24 de junio de 1870). [...]
Favorecido por el político Alejandro Pidal y Mon, dejó durante algún tiempo sus dedicaciones docentes en Luanco para desempeñar el puesto de inspector de primera enseñanza en Cuenca 4.
La siguiente generación, es decir, los padres, tíos y tías de Luaces, también fueron personas eruditas e interesadas en la literatura y en la educación.
Los tres hermanos fueron miembros del Ateneo 5 de Madrid y ejercieron tareas de dirección en la sección de literatura.
Edmundo, concretamente, aparece como miembro de la junta de redacción de la revista el año 1912, junto con otros intelectuales como S. y J. Álvarez Quintero, Rafael Andrade, Manuel Antón, Aureliano de Beruete, Santiago Ramón y Cajal o Joaquín Sorolla.
Andrés y Edmundo participaron de forma activa en las actividades culturales de la institución mediante catédras 6, conferencias, cursos 7, y múltiples publicaciones en la revista de la entidad, Ateneo 8.
Este hecho les brindó la ocasión de conocer a personajes ilustres de la época, a nivel político y artístico.
Entre dichas personalidades, los ya mencionados miembros de la junta de redacción de la revista, además del Presidente del Gobierno durante el reinado de Alfonso XIII (1905), Segismundo Moret y Prendergast; Amós Salvador Rodrigáñez 9; Carlos Fernández Shaw, dramaturgo, poeta y periodista español; el escritor vanguardista Ramón Gómez de la Serna; Miguel de Val, escritor, secretario y director del Ateneo Artístico Científico y Literario de Madrid y director de la revista Ateneo, entre muchos otros.
Pedro, de igual manera que sus hermanas, también inició una carrera de letras pero nunca llegó a terminar sus estudios debido a problemas económicos.
En 1939 se exilió en Sudamérica (primero en Cuba y más tarde en Guatemala), dada su condición de masón, donde se convirtió en un escritor de cierta reputación.
Como el resto de sus hermanos publicó varios libros y traducciones 10, uno de los fundadores de la revista Helios -difusora del modernismo hispánico-, apasionado defensor de la trascendente labor colonizadora de España y cuya vida tuvo mucho de gesta aventurera.
Residió en varios países hispanoamericanos: Argentina, Cuba, Guatemala -donde, ya viudo, matrimonió con una sobrina del Presidente Manuel Estrada Cabrera-, y, sobre todo, en México.
Allí se estableció definitivamente en 1939, mucho después de su activa participación en el movimiento revolucionario de 1910 al lado de Victoriano Carranza, de quien fue asesor y protegido 13.
Por lo que se refiere a Andrés González-Blanco, otro de los tíos de Luaces, Suárez apunta: (C.G.C.).
Juan G. de Luaces no asistió prácticamente nada a la escuela, sin embargo, a aquella temprana edad, Luaces ya sabía leer y comenzó a memorizar los largos poemas que sus tías le pedían que recitase.
Por aquel entonces, comenzó a interesarse por la lectura y leyó muchos de los volúmenes de la vasta biblioteca de su padre.
Fue un joven autodidacta.
Cuando tenía diez años, y las necesidades económicas así lo requerían, Luaces ayudaba a su madre en sus traducciones del francés.
Según Consuelo González de Luaces, su padre, tenía todos "los dones del espíritu santo: memoria, inteligencia y voluntad" (2008) 22.
Los problemas económicos obligaron a la familia a cambiar de domicilio con frecuencia y, por ello, vivieron en diversas zonas de Madrid.
Adolescencia: Primeras incursiones en el mundo editorial
Cuando Luaces tenía tan sólo trece años, consciente de los problemas económicos de la familia, decidió colaborar en la economía doméstica y envió una carta a "Prensa Gráfica" 23, editorial para la que trabajaban su padre y sus tíos Pedro y Andrés, solicitando un empleo.
"En la madera de los niños como tú se tallan los grandes hombres, Juanito," (C. G. C.) le dijeron.
Hasta los dieciocho años, Luaces trabajó en la editorial realizando tareas que nada tenían que ver con la escritura, por ello, sus recuerdos sobre aquella etapa no eran demasiado positivos.
Fue en este intervalo de tiempo cuando Luaces conoció a la periodista Margarita Landi, una de las herederas de "Prensa Gráfica", que también dirigía otras publicaciones periódicas.
Tras cinco años de colaboración con "Prensa Gráfica", Luaces recibió una pequeña herencia familiar y regresó a su pueblo natal, Luanco.
Los siguientes tres años de la vida de Luaces son descritos de la siguiente forma por su hija Consuelo: (1985), aparece una referencia a un poeta austriaco, llamado Luances, que vivía en Lisboa:
Las posibilidades de que Pujol se refiriese a Luaces en este extracto son considerables puesto que la propia hija de Luaces tiene recuerdos de Pujol y su esposa.
Quizá, la avanzada edad de Pujol al escribir sus memorias, así como la cantidad de personas a quien debió conocer a lo largo de su vida, ofrecen una explicación de las erratas referidas a Luaces.
Por otra parte, cabe la posibilidad de que Pujol no quisiera revelar la identidad de Luaces y modificara su nombre ligeramente, y distorsionara su lugar de procedencia (austriaco en lugar de asturiano).
Sin una máquina de escribir propia, Luaces pasaba largas horas en un centro situado en la calle Tallers donde se alquilaban máquinas de escribir por horas.
Pasado un tiempo, cuando consiguió la suya propia, pudo incluso comprarse una máquina portátil para emplearla en caso de emergencia, puesto que los ingresos familiares dependían por completo de sus traducciones.
Últimos años: desencanto y frustración
En Barcelona, la familia se instaló en el número 54 de la calle Camp.
Aquellos fueron tiempos muy duros para Luaces.
Se encontraba agotado por la cantidad de trabajo que debía llevar a cabo para sustentar a sus cinco hijos y a su mujer.
Su hija, Consuelo, recuerda que su padre pasaba quince o veinte días traduciendo sin cesar, sin ni siquiera salir de casa.
Tras una corta estancia en Madrid, en la que intentó retomar su carrera como escritor, Luaces decidió regresar definitivamente a Barcelona, donde se quedaría hasta el final de sus días.
Su hija Consuelo recuerda como el 23 de junio de 1963, con tan sólo cincuenta y siete años, "moría un hombre que amaba la vida por encima de todo, y que agostó esa vida soñando en engrandecer la de los suyos" (C. G. C.).
Juan G. de Luaces, inició su andadura literaria muy joven.
Algunos editores calificaron a Luaces como "gran prosista" 29 e incluso como "uno de los máximos prosistas de la lengua hispana 30 En la "Advertencia" a La dramática vida de Miguel Bakunín se puede leer: "[ha sido escrita] por el joven Juan G. de Luaces, quien, perspicaz y erudito, ha sabido destacar aquella parte de relevante interés de tan accidentada vida y expuesto en estilo popular, ameno y sencillo" (1930,3).
En 1934, Luaces publicó otro libro de poesía, Estampas, una compilación de poemas formada por varias secciones.
Es de especial interés, una de estas secciones, denominada "Estampas de los hombres", en la que Luaces titula los tres poemas que en ella se encuentran, "Ruben Darío", "Julio Satán" 33 y "Vicente del Olmo" 34, respectivamente.
Además, en dicho compendio, Luaces menciona en diversos poemas la Segunda República española y se posiciona a favor de la misma.
La producción literaria de Luaces se vio multiplicada de forma considerable durante la dictadura de Franco, convirtiéndose este período en el de su máxima prolijidad creativa tanto de obras originales en lengua española como de traducciones (comparativamente, el elevado número de traducciones que produjo es inconmensurable a sus obras propias).
Teniendo en cuenta que la dictadura franquista se caracterizó por una dura represión y una estricta censura (Abellán, 1980), no es de extrañar que algunas de las obras de Luaces fueran sometidas al lápiz azul del censor.
Antes de 1940 Luaces escribió La vida novelesca de Benjamín Franklin 35.
Sin embargo, tan sólo tres días después de la presentación de dicha solicitud, la publicación del texto fue prohibida.
Desafortunadamente, el expediente de censura no contiene las notas del censor/lector y por lo tanto no podemos conocer los motivos alegados por el censor/lector por los que la publicación del texto de Luaces fue denegada.
Lo que sí hemos podido consultar es el texto mecanografiado por Luaces que se conserva en el AGA.
A pesar de no contener tachaduras, se puede intuir que algunos de los pasajes del texto no casaban con los ideales morales del franquismo: "Te ha vuelto el seso la hermosura de una muchacha, que, y perdona, probablemente hubieras hecho tuya sin tener que ser su marido" (5); "Voy ya para viejo -dijo el otro festivamente-y [sic] necesito dorarme un poco esa píldora amarga...
En esto, como en todo, me rijo por mi sacrátísimo [sic] egoismo [sic].
No es corriente encontrar una muchacha tan buena como Arminda, y ¿para qué tener ama de llaves, querida, etc.; cuando una sola mujer, y tan deliciosa, puede, casando conmigo, hacerme el oficio de todas?" (7).
En 1947, la editorial "Cooperativa" publicó la obra de Luaces La Guerra de los sapos 38, editorial formada por el mismo autor junto con el pianista Alfredo Domínguez, el ya mencionado Vicente del Olmo, y un tal Rentería 39.
En la última página de La Ciudad Vertical (1948) encontramos unas líneas referidas a La Guerra de los sapos, "la obra más reciente publicada por Juan G. de Luaces", que describen la opinión de la crítica con respecto a esta obra:
Como ha dicho la crítica, esta obra es mucho más que una novela.
Con frase de un crítico, constituye "un tremendo y explosivo cócktel [sic]" por su audacia, su originalidad y la multiplicidad de los sorprendentes temas que toca.
Personajes arrancados de una realidad palpitante y descritos con poderos colores por Luaces, se mueven con intensa vibración de vida sobre un fondo abigarrado, trazado en esas pinceladas, rápidas y certeras, características del estilo, preciso y moderno, de este gran prosista.
LA GUERRA DE LOS SAPOS se vende a 35 Ptas. en las buenas librerías.
Una nueva edición de Estampas se publicó en 1948 40 como ya se había anunciado en la solapa interior de la La Guerra de los sapos:
Esta serie de poemas -muy varios, pero unidos por el nexo de pertenecer todos al estilo descriptivo, tan característico de Luaces-aparece ahora por primera vez desde 1935.
Tal circunstancia, y la de haber aumentado el autor su obra con algunos trabajos no aparecidos en las ediciones anteriores -que se hallan completamente agotada y son prácticamente inencontrables-, dan a esta valiosa colección poética el interés de un libro totalmente nuevo.
Durante su estancia en Portugal, Luaces publicó A guerra europeia de 1914/La guerra europea de 1914 -edición bilingüe portugués-español y Polonia heroica, ambas publicadas por la editorial Bertrand 41.
Una vez más, encontramos información valiosa en la solapa interior de la cubierta, en la que se afirma que: "es acaso la sátira más aguda que se ha escrito contra ciertas facetas de la civilización moderna."
Uno de los pasajes de la novela lo demuestra:
-¡Qué demonio de extranjero si he nacido en el mismo Madrid? -Pero, señor, Madrid...
Esa es una de las ciudades que legendariamente se cree que existen en los estados bárbaros de la esfera norte...
Esta es Villa Fastuosa, capital de la República de Opulencia.
(Luaces, 1948, 17) Podemos comprobar, a través de este extracto, que Madrid se presenta como una ciudad bárbara plagada de habitantes indómitos.
Y si continuamos con la lectura del texto, podemos intuir que Villa Fastuosa, la ciudad en la que transcurre la acción, es un nombre alegórico empleado por el autor para omitir una evidente referencia a Madrid -lo que sin duda alguna le hubiera causado dificultades a la hora de publicar su novela (el texto habla de importaciones ilegales, sobornos, etc.).
Interesante, sin lugar a dudas, es el comentario del censor al afirmar que no había "Nada censurable" en La Ciudad Vertical y que no contenía matiz político alguno.
Sin embargo, poco después de esta publicación, en una ocasión en que había salido a cobrar, que parece ser que eran los únicos días que salía de casa, aprovechó para pasar un rato con un amigo llamado Alfredo, cuyos padres regentaban el bar "La puñalada" del Paseo de Gracia de Barcelona y mientras Luaces brindaba "por Dios, por la Patria y el Rey", un policía de paisano les arrestó a él y a su amigo.
A su amigo le trataron con crueldad y dureza y no vivió muchos años más después de aquel episodio.
Juan tampoco se libró de los duros castigos de la policía, aunque fueron menos severos con él.
Aquella misma noche se presentó un policía en su casa, registró los libros de su padre y requisó La ciudad Vertical.
El policía les increpó qué significaba aquello de La Ciudad Vertical, si tenía algo que ver con Estados Unidos, mientras la mujer y los hijos de Juan estaban aterrados.
En aquella ocasión, pasó dos meses en la cárcel.
Volviendo a La Ciudad Vertical, encontramos en las páginas finales del volumen referencias a otros tres textos de futura publicación: Historia de un hombre obscuro [sic], Sensato en Idiotilandia: La novela de la urbe y La novela de un cardíaco.
De nuevo, la búsqueda de los expedientes en el AGA no ha sido fructífera puesto que dichos expedientes no se encuentran entre los archivos existentes.
Tampoco hemos encontrado referencias en otras fuentes a estos textos, así que podemos deducir que jamás fueron publicados.
En 1949 Luaces envió tres novelas para ser consideradas por el aparato censor.
Se aceptó la publicación de 5000 copias de La nave de los cien condenados 43 y otras tantas de La huella de la noche 44.
La tercera novela, La única aventura de una mujer, fue denegada porque describía "la historia de la violación de una muchacha, diluida en la duda de si fue realidad o pesadilla.
La escena de la violación sobria en detalles" 45.
Un año más tarde, el 22 de julio de 1950, Luaces presentó la solicitud para la publicación de Un hombre de mucha suerte 46 en la colección "Cuentos Humorísticos" editada por el mismo autor, y la autorización data del 10 de agosto de ese mismo año.
Años más tarde, en 1959, la editorial German Plaza obtuvo la autorización de la publicación de 10000 copias de la obra Nicolás II de Rusia, una "interesante biografía del Zar Nicolás II con el fondo de la Rusia de principios del siglo XX y los comienzos de la revolución bolchevique" 47 según el censor/lector.
Póstumamente, Carlos González Castresana, hijo de Juan, se encargó de la publicación de dos Antologías en las que aparecen dos nuevos textos de su padre: "La honradez" 48, en 1968, incluida en Antología del Humor (Volumen I) de la editorial Acervo (Barcelona) y el poema inédito, titulado "Canto de Don Quijote" (1979,(260)(261)(262) Escribió unas cuantas excelentes novelas y biografía y algún cuento.
Su poesía es rica en el lenguaje, elegante en el estilo, bella de expresión y variada en la forma.
Como traductor, Juan G. Luaces no tuvo y difícilmente tendrá quien pueda rivalizar con él en cantidad y calidad.
Debió traducir algo más del millar de obras del inglés, francés, alemán, italiano y portugués.
La mayoría de ellas fueron de grandes autores [...].
Entre sus cientos y cientos de traducciones hay que incluir la versión íntegra al castellano del gran poema sánscrito de Valmiki El Ramayana (1979, 300-301).
Tanto Carlos, como Consuelo y Ester 49, tres de los hijos de Juan G. de Luaces, se han dedicado en algún momento de sus vidas al mundo literario.
Esta nueva generación continuó con el interés por el mundo de las letras siguiendo con la tradición de varias de sus generaciones pasadas.
La falta de creación literaria en lengua española durante los primeros años de la dictadura franquista debida a la muerte, encarcelamiento y exilio de un gran número de escritores españoles supuso un aumento considerable de las traducciones (Perales, 1941; Marichalar, 1944; Vázquez-Zamora, 1944).
La falta de libre expresión obligó a muchos hombres y mujeres de letras a abandonar las carreras que desarrollaban antes de la Guerra Civil y a dedicarse al oficio de la traducción.
Asimismo, los editores reclutaban traductores, profesionales o no, para suplir la carencia de autores de expresión española.
Los estudios llevados a cabo hasta el momento sobre la traducción en España durante la primera década de la dictadura franquista recogen los nombres más significativos de la época 50.
Por lo que se refiere a los traductores con mayor número de traducciones producidas entre 1940 y 1950 destacan: H. Granch, Luaces, y Manuel Vallvé.
En el caso concreto de Luaces, produjo traducciones para las editoriales más activas del momento: Lauro, José Janés, Mateu y L.A.R.A. Además también colaboró con Ediciones del Zodíaco, Plenitud, Cisne, Iberia, Destino, Ediciones de la Gacela, Miracle y Aymá.
En lo concerniente a las lenguas de origen a partir de las que Luaces llevó a cabo sus traducciones, podemos destacar el inglés, el francés, el alemán, el italiano, el portugués, o el ruso.
El inglés fue sin lugar a dudas el idioma del que parten la mayoría de sus traducciones; un hecho que no es de extrañar si consideramos el distanciamiento de España con respecto a Alemania o a Italia tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial (Gubern, 1981, 82) Puesto que el presente artículo no tenía como objetivo exclusivo centrarse en la labor de Luaces como traductor, no profundizaremos más en este aspecto.
Mi contribución tan sólo pretendía dar el tan merecido reconocimiento a uno de los traductores más prolíficos de la posguerra española, aun presente en muchas de las traducciones de nuestros días.
La consulta en el Index Translationum 53 -repertorio de la UNESCO de obras traducidas y publicadas en países miembros de la UNESCO-muestra 121 registros disponibles de traducciones producidas por Luaces en su momento y publicadas entre 1970 y el día de hoy 54.
Luaces, fue, como muchos otros, un escritor convertido en traductor, a la fuerza; alguien que, de no haber estallado la Guerra Civil Española, probablemente habría podido dedicar su vida a la escritura de creación propia, como años antes lo hicieran sus antepasados.
Juventud y madurez: los horrores de la guerra |
con la finalidad de contribuir a garantizar el derecho de los ciudadanos a la información, la cultura y el aprendizaje a lo largo de la vida.
Sus actuaciones se dirigen al desarrollo del sector bibliotecario, en especial de las bibliotecas públicas, y al fomento de la cooperación bibliotecaria en España, en estrecha colaboración con las Comunidades Autónomas.
Por tanto, sus proyectos se asientan sobre la base de una cooperación permanente y satisfactoria para ambas partes.
Las bibliotecas y, en general, la información y el conocimiento que ordenadamente contienen, son una fuente primordial de información para la investigación.
Por ello, lo que en este artículo se pretende es hacer un primer balance, aunque sea aproximado, de cuál es el apoyo que desde la Subdirección se ofrece al trabajo realizado por los investigadores, para analizar posteriormente nuevos proyectos de futuro.
Desde el punto de vista de la investigación, el recurso más utilizado, no solo en España sino a nivel internacional, en
RESUMEN: La Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria del Ministerio de Cultura desarrolla diversas actividades con una repercusión directa en la labor investigadora.
Esta unidad desempeña un papel esencial en la catalogación, preservación y difusión del patrimonio bibliográfico que se concreta, entre otros aspecto, en la creación y mantenimiento del Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español.
La Subdirección ha emprendido la digitalización de fondos y la elaboración de instrumentos de recuperación de cara al establecimiento de grandes colecciones virtuales, como la de Prensa Histórica.
Además, ha desarrollado un harvester basado en el protocolo OAI/PHM que permite la captación y preservación de documentos electrónicos.
Publica estadísticas que recogen datos de forma exhaustiva y sistemática, necesarios para el estudio de las bibliotecas desde diferentes puntos de vista: biblioteconómico, social, económico o antropológico.
Entre sus funciones se encuentran la difusión de estándares para el tratamiento e intercambio de la información y la promoción y consecución de proyectos de cooperación bibliotecaria.
Estas líneas de actuación se han materializado en una mejora general y continuada en el acceso a las fuentes de información.
Patrimonio bibliográfico, Digitalización, Prensa histórica, Estadísticas el campo del hispanismo y de la historia cultural es el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico www.mcu.es/ccpb (también disponible para usuarios en dvd en numerosas bibliotecas y a través de un servidor Z39.50 ).
El Catálogo Colectivo de Patrimonio Bibliográfico Español se realiza en cumplimiento de la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español, que lo considera instrumento fundamental de control y de difusión para garantizar la protección contra la expoliación y el uso indebido, al mismo tiempo que para fomentar la investigación.
Elaborado en colaboración con las Comunidades Autónomas, tiene como fin la localización y descripción de fondos bibliográficos depositados en bibliotecas españolas que por su antigüedad, riqueza o singularidad, constituyen el Patrimonio Bibliográfico Español.
Para poner al alcance de todos este tipo de fondos, se ha dado preferencia a la recogida de datos en bibliotecas privadas, especialmente de la Iglesia y órdenes religiosas, que ofrecen mayores problemas de accesibilidad a investigadores y ciudadanos en general.
Por otra parte, se han incluido fondos de interés que se encuentran en bibliotecas de tipología muy diferente: la Biblioteca Nacional, bibliotecas de Comunidades Autónomas, bibliotecas públicas del Estado, municipales, universitarias, de las reales academias, de archivos, museos, ministerios, institutos de enseñanza, etc. Esto constituye un valor añadido para el investigador, ya que el Catálogo Colectivo permite disponer en línea de la diversidad y riqueza de múltiples bibliotecas medianas y pequeñas, accediendo a colecciones bibliográficas privadas, que hasta ahora eran para uso exclusivo de sus propietarios.
Sin duda el primer objetivo del Catálogo es ofrecer a las Administraciones Públicas un instrumento que les permita localizar el Patrimonio Histórico Bibliográfico y arbitrar medidas para su protección, pero cada día cobra mayor importancia su función como medio de investigación.
El Catálogo Colectivo se configura en la Ley de Patrimonio Histórico como instrumento para facilitar la preservación del Patrimonio Bibliográfico Español.
El cumplimiento de esta función exige que las descripciones tengan muy en cuenta los aspectos materiales de los libros que forman parte de dicho Patrimonio: formato, características tipográficas, ilustraciones, encuadernación, anotaciones manuscritas, exlibris, estado de conservación, etc.-es decir, como bienes tangibles de un Patrimonio Histórico que debe conservarse en las mejores condiciones para futuras generaciones.
En cuanto a la consideración del Catálogo como instrumento para el investigador, y dado que una parte considerable de su contenido son impresos del siglo XIX, es imprescindible para conocer la historia política española de esta época, el desarrollo de las revoluciones americanas, la revolución industrial, el movimiento obrero, la evolución de la enseñanza, la vida social, la historia del teatro, etc. Son también particularmente abundantes los libros de viajes y descripción de países y costumbres.
Asimismo, reviste especial interés para todos los aspectos históricos de cualquier rama de la ciencia: matemáticas, física, química, botánica, arte, arqueología, derecho, filosofía y pensamiento, historia, geografía, economía, etc.
Por lo que se refiere a la investigación de las diferentes lenguas y literaturas españolas e hispanoamericanas, y los estudiosos y críticos de los textos y su transmisión podrán encontrar importantes recursos en el Catálogo, bien por sus autores, títulos, ediciones o lenguas.
Aspectos relacionados con las ciencias del libro, las bibliotecas y la lectura, la historia del libro, de la edición y de la imprenta, comercio del libro, sociología de la lectura, historia de la ilustración, bibliografía, tipobibliografías, etc. están bien representados en las obras incluidas en el Catálogo Colectivo que, por otra parte, sigue sacando a la luz no sólo nuevos ejemplares desconocidos, sino incluso nuevas ediciones no descritas hasta ahora por los grandes repertorios especializados.
Otro tipo de investigación muy actual es el estudio y reconstrucción de bibliotecas históricas cuyos fondos se encuentran dispersos.
En estos casos el Catálogo ofrece amplia información sobre los sellos, ex-libris, anotaciones manuscritas y marcas de propiedad presentes en los ejemplares catalogados.
En general, incluso obras aparentemente alejadas de una materia pueden tener su interés en ella; piénsese por ejemplo en los manuales de confesores de los s. XVI y XVII que, con sus disquisiciones sobre el interés y la usura, pueden ser de utilidad a los estudiosos de la historia de la teoría económica.
Así mismo las ciencias militares y la organización de la defensa o la historia militar están bien representadas a través de los fondos de las varias bibliotecas del ejército o la marina.
Los fondos eclesiales y monásticos aportan buena información para cualquier estudio sobre historia de la Iglesia, derecho canónico, religión o liturgia.
Debe tenerse en cuenta que en el CCPB se recogen infinidad de impresos denominados con poco acierto menores, muy ilustrativos de aspectos que constituyen centros de atención para la historiografía actual: relaciones de sucesos, noticias de todo tipo, descripción de fiestas, oraciones fúnebres, alegaciones en derecho, pragmáticas y reales cédulas, documentos municipales, reglamentos, actas y memorias, bandos, etc., que ponen de relieve aspectos que afectan a la vida cotidiana del ciudadano medio y son importantes fuentes de información para la historia local, personal o de las instituciones.
La metodología adoptada en la realización del Catálogo aporta fiabilidad a los datos que ofrece, ya que la catalogación se hace a la vista del ejemplar y, salvo raras excepciones, no es nunca una simple reconversión de antiguos catálogos en fichas o publicados con anterioridad.
El Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico ha iniciado recientemente la catalogación sistemática de manuscritos.
Para su localización existen catálogos de colecciones muy parciales y dispersos a lo largo del tiempo, de calidad muy dispar y, a día de hoy, raramente disponibles en línea.
Iniciamos ahora una vía de trabajo a medio plazo que permitirá dar a conocer un enorme conjunto de obras desconocidas, además de reunir y unificar aquellas colecciones que sí disponían de fuentes de consulta.
Se parte de instituciones con fondos de gran importancia como el Legado Rodríguez-Moñino de la Real Academia Española o las colecciones de la Real Academia de la Historia.
Como segundo proyecto a destacar, para uso de investigadores y ciudadanos en general, se encuentra el proceso de digitalización de la prensa histórica que en apenas tres años ha alcanzado 2.914.000 páginas, correspondientes a 615 títulos conservados en 31 Bibliotecas Públicas del Estado y otras instituciones de la memoria de 13 Comunidades Autónomas.
Abarcan el periodo comprendido entre 1777, fecha de la publicación más antigua, y el primer tercio del S. XX.
La Biblioteca Virtual de Prensa Histórica www.mcu.es/ prensahistorica es un proyecto cooperativo que incorpora aspectos tecnológicos avanzados y conformes con la normativa internacional puesta al día y los planes de la Unión Europea.
Entre sus objetivos se pretende simultáneamente:
• Conservar la prensa patrimonial al tiempo que se proporciona acceso a la misma mediante su digitalización, evitando así su manejo y deterioro. • Ofrecer al usuario la consulta de una biblioteca virtual con fondos que no se encuentran reunidos en una biblioteca concreta. • Utilizar los lenguajes de marcado, y en concreto METS (Metadata Encoding and Transmisión Standard) para la descripción de las publicaciones periódicas y sus fondos.
Así, entre todas las formas en que es posible acceder a la información destaca el uso de distintas DTDs de XML, el formato de intercambio por excelencia y, muy en particular, la utilización de metadatos tanto para la codificación y descripción de cada una de las cabeceras mediante Dublin Core/ISO 15836 como mediante el uso de transmisión de datos.
El hecho de que cualquier ciudadano que tenga interés en su consulta pueda descargarse en línea de forma gratuita el contenido de estas publicaciones, facilita enormemente su difusión y permite la preservación de documentos que habitualmente se encuentran en un estado de conservación muy precario.
Por su contenido, la prensa histórica es una herramienta muy útil para todo tipo de investigadores, pero especialmente para los interesados en ciencias sociales, pues la prensa es sin duda el mejor reflejo de la vida cotidiana.
El tercer proyecto de interés para la investigación relacionada con los estudios sobre las bibliotecas públicas españolas, que se coordina desde la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria con la colaboración de todas las Comunidades Autónomas, es la elaboración de las Estadísticas de bibliotecas http://www.mcu.es/jsp/marcosAn cho_wai.jsp? id=40&area=bibliotecas.
La incorporación de datos de bibliotecas públicas se realiza con una periodicidad anual y sobre la base de un cuestionario común basado en la norma ISO 2789 Information and documentation -Information library statistics.
El objetivo es proporcionar información sobre las actividades que llevan a cabo las Bibliotecas Públicas, tanto a la sociedad en general, y a los investigadores en particular, como a las distintas instituciones implicadas en su gestión y funcionamiento, facilitando datos útiles para el correcto desarrollo de su política bibliotecaria, que permiten calibrar el papel que estas bibliotecas desempeñan en el acceso a la información y el conocimiento por parte de los ciudadanos.
El cuarto proyecto que se va a poner inmediatamente a disposición de la comunidad investigadora y del público en general es un directorio de proyectos de digitalización y un recolector de metadatos www.mcu.es/roai.
Con estas dos aplicaciones, el Ministerio de Cultura y las Comunidades Autónomas permitirán el acceso a través de Internet a dos conjuntos información.
Por una parte, el directorio de proyectos de digitalización recoge información sobre las distintas iniciativas existentes en España con el doble propósito de que las instituciones que van a iniciar la digitalización de sus fondos la lleven a cabo una sola vez y con el de poner a disposición de los todos las imágenes de los documentos digitalizados.
Por otra parte, y siguiendo una normativa ampliamente difundida, la OAI-PMH, será posible acceder directamente a los documentos, no solo a los documentos secundarios o registros bibliográficos sino, mediante técnicas de recolección de metadatos, a los propios registros digitalizados, tanto de la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica y otras proyectos que utilizan esta normativa como a las tesis doctorales en distintos formatos, entre los que destaca e-prints, lo que permite a los investigadores acceder a publicaciones electrónicas y recursos digitales de ámbito universitario.
Actualmente se recogen más de 60 colecciones digitales, que incluyen desde bibliotecas digitales propiamente dichas como la Biblioteca Virtual de Andalucía o la Biblioteca Valenciana Digital a colecciones de e-prints procedentes de las universidades españolas.
Por último, se presentará en breve un nuevo proyecto de selección cooperativa, que se encuentra en fase de prueba, y que sin duda tendrá una importancia considerable para la difusión del conocimiento: el denominado selector de materiales bibliográficos que, de forma cooperativa, podrán utilizar todas las bibliotecas en España puesto que, como en el resto de los proyectos, se aplica la normativa internacional de intercambio tanto para las bibliotecas como para las editoriales, habiéndose desarrollado una interfaz específica que soporta el protocolo ONIX adoptado por EDItEUR.
De esta manera, pequeñas y medianas editoriales podrán hacer llegar de forma constante sus novedades a todas las bibliotecas que deseen compartir este recurso.
Además, y mediante un proceso de elaboración de selecciones que, de acuerdo con los perfiles que se definan, llevarán a cabo los grupos de trabajo, permitirá que el conocimiento altamente especializado que se precisa para llevar a cabo la selección bibliográfica pueda ser utilizado por terceras instituciones bibliotecarias incorporando incluso los registros bibliográficos procedentes de esa preselección.
Se abre así un canal de comunicación muy importante y demandado por el sector editorial para entrar en contacto con las bibliotecas y favorecer así la adquisición de materiales bibliográficos por parte de las mismas a partir de conjuntos seleccionados por bibliotecas de características homogéneas de forma que se pueda compartir ese conocimiento.
El balance de trabajo realizado en cooperación con las Comunidades Autónomas, sin ser triunfalista, puede calificarse de satisfactorio y pone de manifiesto las amplias posibilidades que ofrecen las tecnologías en la consecución de objetivos comunes de cara al futuro, considerando al usuario como principal motor de nuestro trabajo en la prestación de servicios bibliotecarios. |
Es lugar común que la incorporación de la mujer a la novela en los años inmediatos al término de la guerra civil se produce casi de forma exclusiva en el subgénero rosa, corriente que mantendrá su vigencia hasta la primera mitad de los años cincuenta.
Esta tendencia, que está en consonancia con la ideología fascista, que recoge los valores difundidos por el discurso dominante y que sustenta, por tanto, el modelo de mujer que preconiza la nueva situación histórica, es apoyada por los críticos, elogiada por la censura y gustosamente amparada por los editores 1.
Sin embargo, pronto van a producirse los primeros signos de renovación.
Inmediatamente después de la concesión en 1945 del premio Nadal a Carmen Laforet por su primera novela, Nada, van a ir apareciendo las primeras novelas de un grupo grande de autoras entre las que se encuentran Eulalia Gal-
RESUMEN: La incorporación de la mujer a la narrativa, que se produce al término de la Guerra Civil, se circunscribe al subgénero rosa, aunque pronto aparecerán las primeras novelas de un nutrido número de autoras que plantearán otras propuestas.
Desde los inicios de la década de los cincuenta irán paulatinamente creando una novela realista que, aunque de forma encubierta, mostrará la realidad sometida de las mujeres en la España franquista.
Carmen Kurtz emprenderá su labor narrativa en esta línea y su larga carrera se prolongará hasta bien entrada la década de los setenta.
Sus denuncias de la situación legal, educativa, social y económica de las mujeres, tanto en sus manifestaciones públicas como en sus novelas, no pasarán desapercibidas al órgano censor, que le denegará la publicación de dos de ellas, suprimirá y mutilará muchos de sus párrafos y entorpecerá su labor en varias ocasiones.
Los expedientes de censura de sus obras, que están en el Archivo General de la Administración y otros documentos que junto a ellos se hallan, revelan estos efectos.
PALABRAS CLAVE: Novela de posguerra.
Las algas (1966) alguna excepción, en la primera década de posguerra nuestras autoras trataran temas eternos como el amor, el dolor, la muerte, la infancia y la adolescencia, la historia de sagas familiares, la vejez, los considerados problemas propios de la condición femenina con un estilo convencional, criterio poco desenvuelto, un lenguaje neutro, blando, lírico, sin el menor atisbo de humor.
Pero su conformismo tendrá un límite y ya desde los inicios de la década siguiente empieza a proliferar entre ellas un tipo de narración realista de ficcionalización de experiencias, un realismo arriesgado y valiente en bastantes casos que se atrevió a dar cabida, naturalmente de forma tangencial, a temas proscritos por el Régimen franquista -alusiones al divorcio, al aborto, a la desigualdad entre los sexos, a la prostitución-, un realismo audaz que, aunque veladamente, mostrará la realidad sometida de las mujeres, que no pasó desapercibido a la censura y que les acarreará graves consecuencias.
En esta línea emprenderá Carmen Kurtz su carrera literaria.
La autora catalana inicia su trayectoria creadora en la corriente realista en 1954 con la publicación de Duermen bajo las aguas, que recibirá el Premio Ciudad de Barcelona.
Creará dentro de esta corriente un relato testimonial, de actitud crítica en muchos casos e insistirá en ella con un importante grupo de novelas del mismo carácter, que publicará de manera constante hasta la década de los setenta.
Aunque obtuvo algún premio de renombre y sus novelas tuvieron ediciones repetidas, recibió escasa atención por parte de la crítica especializada 2.
Su larga trayectoria creadora, no sólo fecunda sino de calidad, no fue reconocida como debiera, su nombre fue reiteradamente silenciado y no figura en la mayor parte de los estudios relevantes sobre las corrientes narrativas del grupo generacional del medio siglo o su presencia se reduce a la mera mención 3.
La autora catalana fue aún más silenciada que algunas de sus compañeras de generación y tuvo que esperar hasta los años ochenta y noventa para que su obra fuera revalorizada y clasificada sin titubeos de la mano de algunos críticos y estudiosos de prestigio 4.
En años sucesivos irán apareciendo algunos estudios de conjunto.
Es a mediados de la década de los ochenta cuando su obra empieza a llamar la atención de algunos especialistas, generalmente mujeres, de universidades norteamericanas en la mayoría de los casos 5.
Este artículo se circunscribe al análisis de un tema crucial, el compromiso y la denuncia de la situación de la mujer, en algunas de las novelas de Carmen Kurtz desde mediados de la década de los cincuenta hasta mediados de la década siguiente y las consecuencias que la elección de este tema le van a acarrear con las censura.
De este compromiso se van a derivar inevitables y graves resultados, porque la censura, como seguidamente mostraré, le aplicará sus normas con severidad.
Aunque algunas de sus novelas consiguen la autorización sin dificultad, otras serán autorizadas con supresiones y tachaduras en muchos pasajes.
Los censores llegan incluso a denegarle la autorización de dos de ellas.
Uno de los efectos de la censura sistemática es el miedo de los escritores a ser censurados y su irremediable resultado es la autocensura.
Carmen Kurtz, como esa mayoría, tomará las precauciones que cree necesarias, sin renunciar a sus convicciones 6.
Es frecuente leer, cuando se estudia la obra de las autoras del medio siglo, que sus obras son reflejo de sus experiencias ficcionalizadas, que están demasiado apegadas a sus propias vivencias, lo que es, en muchas ocasiones verdad, aunque solo pueda ser una verdad a medias, dadas las circunstancias.
Muchas de las novelas de las escritoras de los cincuenta son testimonio de la verdadera dimensión de la soledad y la injusticia sufridas por las mujeres de la época, y sus relatos son la prueba fehaciente de esa experiencia contada desde su propia mirada.
Si leemos con atención, pronto saltará -aunque velada-la denuncia; la denuncia de las diferencias legales, culturales, sociales, económicas, que la sociedad franquista estipula por cuestiones de sexo, y Carmen Kurtz manifiesta en este sentido una audacia poco común en las escritoras.
No retrocede en sus críticas a los convencionalismos sociales, religiosos, sexuales, que lastran y coartan la libertad de las mujeres, muestra su osadía en el tratamiento de temas como el divorcio, el aborto, el suicidio, en la denuncia de las profundas carencias que padecen -sostenidas y alimentadas socialmente-, en la falta de libertad, de independencia, de formación, que anulan sus perspectivas futuras.
Este escenario las obliga a asumir el papel que la sociedad les asigna, que las desautoriza y subyuga.
Carmen Kurtz hizo repetidas declaraciones públicas en ese sentido, que teniendo en cuenta el momento, suponen una extraordinaria valentía.
En una entrevista que concede en el año 1959, el interlocutor le pregunta qué medidas cree que se deberían emprender en relación con la situación de la mujer.
Ella contesta abiertamente, sin preámbulos ni circunloquios, que "la primera sería una revisión completa del Código Civil, porque la mujer española, civilmente, está en perenne tutela" y añade: "la falta de derechos acarrea como consecuencia la ausencia de deberes y de responsabilidades.
No se le puede, por tanto, exigir mayor interés, afán de superación, menos frivolidad, mayor esfuerzo (...)".
Pero, además, pone el dedo en la llaga refiriéndose a la gran cantidad de adolescentes a las que se les priva de educación y se encaminan, por tanto, a un porvenir truncado, con esta declaración: "la cantidad de chiquillas de trece, catorce, quince y dieciséis años que dejan el colegio y se quedan en casa para ayudar a la madre (lo que equivale a no hacer nada más que esperar al novio que les saque del apuro), es en España aterradora".
La entrevista termina con unas palabras de la autora catalana con las que aboga, además, por la independencia económica de la mujer, paso esencial -dice-para su liberación 7.
En su primera novela, Duermen bajo las aguas, ya cuestiona tímidamente algunos de los mitos propagados por el Régimen franquista en relación con la situación de la mujer 8.
La narradora protagonista -Pilar-cuenta su infancia y adolescencia en el seno de una familia de la alta burguesía catalana.
Casada con un francés, su vida transcurrirá en el país vecino durante los años de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial.
Su marido es movilizado y una gran parte del relato, que transcurre de forma lineal, se centrará en la vida de esta mujer sola con su hijo: su lucha cotidiana, y la de tantas mujeres, por la supervivencia, su rebeldía contra la monótona vida de ama de casa, su trabajo en la Prefectura ayudando a los extranjeros desplazados o exiliados, muchos de ellos españoles, su relación con Esteban -un comerciante de origen español-, y su vuelta a Barcelona en 1943.
Esta mujer, que persigue su libertad e independencia por medio del trabajo, se niega a ser anulada, como desea su marido, en sus ocupaciones de ama de casa y protesta con estas palabras: "No encuentro ningún goce en restregar una cazuela, en dar cera al suelo.
No soy lo bastante golosa para disfrutar preparándome una buena comida.
Soy más sencilla y más complicada que todo eso 9 ".
Aunque la novela muestra ideas avanzadas para la época, no tuvo ningún problema con la censura.
Carmen Kurtz tuvo la habilidad de denunciar determinadas realidades utilizando ciertas destrezas.
Muestra un ambiente familiar poco convencional, pero de origen extranjero.
Como la mayor parte de la obra se desarrolla en Francia, es esa la sociedad que refleja: un hombre menos machista, una mujer menos subordinada, una sociedad, en suma, más avanzada y justa.
Aunque la novela narra con detenimiento los horrores de la guerra, no se trata de nuestra Guerra Civil -con las heridas tan abiertas, todavía-, sino de la Segunda Guerra Mundial.
Además, la autora no traspasa los límites morales ni religiosos impuestos en la España franquista y la censura le concedió sin dilación la autorización 10.
Este resultado da alas a la autora y le anima a levantar la guardia y tratar más abiertamente algunos de los temas esbozados en Duermen bajo las aguas y esto le va a procurar los primeros enfrentamientos con el órgano censor.
Los estudios ya clásicos sobre el funcionamiento de la censura, su organización y su aplicación durante las cuatro décadas en las que sus normas estuvieron vigentes, hablan de la severidad con la que sus principios se aplicaron en la primera década del franquismo y se muestran de acuerdo al señalar que sus efectos fueron -comparativamentealgo más flexibles durante la década siguiente.
También coinciden en que la arbitrariedad fue una de sus características 11.
Muchos escritores realistas se toparon con la censura y sufrieron la mutilación, la suspensión o la denegación de sus obras y las mujeres escritoras no gozaron de mejor suerte.
Si en un primer momento, sea por la escasa relevancia y repercusión de sus nombres, las cortas tiradas de sus obras y su publicación en editoriales menores o por la poca audacia que se apreciaba en la elección de los temas y en su tratamiento, fueron juzgadas con cierta benevolencia, desde el momento en que su presencia fue mayor, se arriesgaron con otros temas, accedieron a los premios y las editoriales de primera fila se fijaron en ellas, sintieron con el mismo peso o aún mayor el rigor de la censura 12 ".
Elena Soriano, una de las escritoras que sufrió sus efectos con peores consecuencias, se quejaba amargamente de la situación que sufrían las mujeres escritoras en las décadas inmediatas a la guerra civil, el trato discriminatorio que tuvieron que padecer, los principios a los que tuvieron que plegarse, con estas palabras:.
"Cuanto aquí decían las mujeres españolas por escrito o públicamente en los años que comento, estaba sometido al mayor obstáculo de la expresión humana, o sea a una rigurosa censura previa; no sólo política, religiosa, militar o moral, común a ambos sexos, sino a una particular censura machista discriminatoria, muchísimo más celosa, absolutamente intolerante con la más mínima desviación femenina de las consignas oficiales que tenían encomendada a la mujer la guarda y conservación de los principios del llamado "Glorioso Movimiento Nacional", que eran cerradamente patriarcales 13.
También Carmen Kurtz hace declaraciones en este sentido.
En una entrevista que concede tras ganar el premio Ciudad de Barcelona con Duermen bajo las aguas, el interlocutor resalta la modernidad en esa novela del personaje femenino, tan alejado del modelo al uso en la novela española de autoría masculina, que se ciñe -en términos generales-al modelo propagado por el Estado.
La autora, sin más rodeos, acusa a sus colegas masculinos de impedir el avance de las escritoras, y les tacha de reaccionarios y pueblerinos con estas palabras: "los novelistas españoles no saben comprender a las mujeres.
Nuestros novelistas necesitan viajar 14 ".
Pocos meses después de la publicación de la primera novela, la editorial solicita la autorización para la publicación de la segunda novela de la autora, La vieja ley.
Dividida en diez capítulos y con una estructura menos convencional que la primera, se inicia con la marcha de la protagonista, Victoria Iturbe, de España.
Los cuatro primeros capítulos se centran en cuatro hombres con los que ha mantenido una relación amorosa y, en los siguientes, la protagonista, recurriendo en ocasiones al género epistolar, cuenta su infancia, adolescencia y madurez.
Aunque la trama amorosa parece ser el eje del relato, la autora no pierde la ocasión para condenar la educación que las niñas recibían en la posguerra, cuestionar el mito de la necesidad de dependencia de la mujer, afirmar veladamente su derecho a sustentar su deseo sexual y defender un matrimonio que se base en la igualdad de los cónyuges.
Como las circunstancias que vive el país están muy lejos de permitir a la mujer estas conductas, Victoria decide abandonar España.
La expresión de estas ideas, nada ortodoxas para la época, no pasarán desapercibidas a los censores.
La autorización para la publicación se solicita el 4 de julio de 1955 y se adjunta, como era preceptivo, el manuscrito de La vieja ley.
La resolución será rápida y presentará pocas dudas.
El día 22, pasa al lector 2, que emite el siguiente informe:
Relato de una inocente pero amoral jovencita de 20 años cuyos pormenores y sucesivas caídas son luego narrados por ella misma en una carta que dirige a uno de sus enamorados antes de marchar a América.
Por la inmoralidad de su asunto se ha estimado como no recomendable su autorización máxime si no se modifican los pasajes señalados en las páginas anteriormente consignadas 15.
Ese mismo día se le comunica a la editorial que la obra ha sido SUSPENDIDA y su publicación DENEGADA.
Pero Carmen Kurtz no se resigna y no está dispuesta a acatar la sentencia sin presentar batalla, y aunque explícitamente la normativa censora prohíbe toda correspondencia con los autores y la limita a las entidades que les representan, escribe al Director General de Información mostrándole su sorpresa por la resolución y alegando los motivos de su discrepancia aunque apunta con claridad que se plegaría a una resolución más favorable.
Dice en esa carta que...no cree haber subvertido ningún principio moral, religioso o político, ni siquiera esbozado idea alguna que haga impublicable la obra.
Y aunque en todo momento ha intentado acomodar la expresión a las normas más rigurosas, si involuntariamente en algún pasaje se hubiera excedido, estaría dispuesta a modificar, suavizar e incluso suprimir las palabras o párrafos que se consideren inconvenientes 16 La autora consigue que se reabra el expediente y el manuscrito se desvía a un lector eclesiástico.
Éste, tras poner los inconvenientes en las mismas páginas y párrafos que el lector anterior por atacar a la moral, y que deben, por tanto, suprimirse o modificarse, añade que "la novela reúne cualidades literarias y humanas y puede publicarse 17 ".
El expediente contiene otros documentos que demuestran que los problemas de Carmen Kurtz con esta novela se conocen en las altas instancias del Ministerio.
Hay una Nota de Servicio Interior del Director General de Información -Florentino Pérez Embid-al Jefe de Sección de Inspección de Libros, en la que le ruega le hable sin falta de este asunto en el próximo despacho.
La contestación del Jefe de Sección es inmediata alegando que la tramitación ha tardado cinco meses porque fue "autorizada con la imposición de unas tachaduras indicadas por el Lector Eclesiástico y el expediente está pendiente de la remisión de las galeradas en donde se hayan efectuado dichas tachaduras, para poder extender la Tarjeta de Autorización."
Inmediatamente, la autora remite las galeradas en las que se demuestra que se han llevado a cabo las modificaciones y supresiones ateniéndose meticulosamente a la resolución del organismo censor.
A continuación voy a mostrar algunos de los fragmentos mutilados que prueban que la mayor parte de los censores atienden a cuestiones de tipo moral y la alerta es mayor si la autoría pertenece a una mujer.
Cualquier conato de liberalismo en la situación de la mujer, de transgresión de los principios de dependencia y sumisión ensalzados por el Régimen, se juzgaban como un desafío y era perseguido con ahínco; en esta ocasión, la atención de los censores se centra en esa joven, modelo de jovencitas de dudosa ortodoxia que, acorraladas por situaciones discriminatorias, se alejaban de la diáfana imagen de la ideología sexual dominante y mostraban ideas propias.
Bartolomé Font, que ha mantenido con Victoria una relación amorosa, resume los atributos esenciales de la joven con estas ingenuas palabras que, sin embargo, alertaron a un severo censor que ordenó suprimirlas:
En un momento avanzado del relato se alude mediante la metonimia al aborto.
Ramona, la criada, comunica a Victoria que va a casarse porque está embarazada, y añade: "El quería que lo arreglara.
Una amiga mía ha muerto por culpa de un aborto.
Como era de esperar, no quedó del párrafo ni una sola palabra.
Estos y otros muchos fragmentos mutilados en La vieja ley crean ciertas ambigüedades, desvirtúan su contenido y, en ocasiones, modifican o dejan sin explicación algunos comportamientos y decisiones.
A partir de esta fecha Carmen Kurtz estará alerta y no olvidará fácilmente este encontronazo con la censura, que no va a ser el último, pero aunque se mantendrá firme en sus convicciones y en su idea de que la literatura debe cumplir una función social y reflejar un compromiso, se mostrará cauta, precavida en sus novelas, sin ocultar lo que piensa, sin abandonar la línea de compromiso emprendida desde el principio y que seguirá manteniendo en sus declaraciones públicas en cuanto tiene la ocasión porque, para ella, esa es la función de la literatura, que formula con estas palabras: "creo en la literatura comprometida y si algo tiene que hacer el escritor es denunciar las injusticias e inducir a los demás a una toma de conciencia, porque estamos condicionados a tocar ciertos temas y huir otros por una serie de circunstancias que nos arrastran 19 ".
Sus declaraciones en este sentido no nos permiten dudar de su afán de poner en tela de juicio ciertos mitos de la sociedad y dice: "creo rotundamente que el escritor tiene una misión.
No se escribe para distraer o hacer pasar un rato divertido al lector.
Está en las manos del escritor el denunciar lo que considera injusto y enderezar lo que él ve torcido 20 ".
Con su tercera novela, El desconocido, nuestra autora va a obtener el Premio Planeta en 1956.
La novela plantea el regreso de Antonio Rogers de Rusia en 1954, a donde marchó en 1942 con la División Azul y donde ha pasado años en un campo de concentración.
El rencuentro con su mujer será difícil para ambos porque son dos extraños.
Se casaron siendo muy jóvenes y poco después Antonio marchó al frente.
Domi sabe que no quiere a ese desconocido y además, después de doce años de soledad, está despertando de un largo letargo y quiere tener una identidad.
Pero se le plantea un dilema, o se rebela contra su situación o se acostumbra a fingir para poder llevar junto a Antonio una vida sin sobresaltos.
Esta lucha la conduce a un intento de suicidio, que su marido puede impedir a tiempo.
Durante la convalecencia y a pesar de que la incomunicación es más fuerte que cualquier otro sentimiento, deciden abandonar la casa familiar para empezar una vida en común aunque sin objetivos claros.
Aunque la novela tiene un planteamiento original y el final abierto y ambiguo le aporta cierto aire de incertidumbre, se ajusta perfectamente al canon oficial por varios motivos.
El tema es conveniente y el modelo femenino que presenta responde al que esa sociedad exige.
Aunque El desconocido no prejuzga en profundidad el sistema de valores imperante, sí supone, como bien ha señalado Francisca López, un tímido cuestionamiento del orden establecido 21.
Aunque ella se ha impuesto el cumplimiento de los valores sociales de fidelidad a su esposo durante tan larga ausencia, ahora se resiste a desempeñar sus deberes de esposa especialmente en el terreno sexual, y se debate entre el sentimiento de repulsa ante los requerimientos de su marido y su sentido del deber.
Su decisión será fingir, mentir ante una situación que no puede cambiar pero que la ahoga y aniquila, es decir, asumir el sacrificio y callar su insatisfacción.
La novela fue autorizada por la censura sin la menor dificultad 22.
Curiosamente va a ser con una novela rosa, la única que va a escribir bajo los patrones de ese subgénero, con la que va a encontrar mayor resistencia en la censura.
Esta novela, Al lado del hombre, publicada en 1961, resulta ser una transgresión del canon de esta tendencia; cuestionará los comportamientos sexuales masculino y femenino, presentará fantasías femeninas de poder y libertad sexuales, discutirá la pasividad característica de la heroína de la novela rosa, cambiará el final cerrado por un final abierto y pondrá en cuestión otros mitos y herencias de la tradición patriarcal y eclesiástica.
La censura le denegó el permiso de publicación.
La solicitud se presentó en octubre de 1959 y a finales de ese mismo mes la editorial recibió la denegación.
En febrero de 1960 piden se reabra el proceso, que no concluirá hasta marzo de 1961 cuando, tras durísimas negociaciones, la editorial recibe la autorización.
Las supresiones afectan a aspectos sustanciales de la novela y liman y silencian gran parte de las ideas avanzadas que la autora pretendía recoger 23.
Pero no acaban aquí los sinsabores de la autora catalana con el órgano censor.
Kurtz, que de manera incansable va escribiendo novelas, que alterna con otras tareas literarias, publica Las algas en 1966.
La novela es una reflexión sobre la sociedad española de los sesenta y se desarrolla en un pequeño pueblo de la Costa Brava.
Kurtz denuncia la decadencia de una burguesía ociosa que ha florecido con la fuerte expansión económica y que está exenta de todo tipo de valores e ideales, entregada al sexo, al alcohol, al engaño, y que adopta nuevos modelos de conducta aprendidos con la llegada masiva de los turistas, que va a producir rápidos cambios sociales.
La censura dijo de la novela que presentaba unos "personajes profundamente amorales" y comparó sus temas con "los de la Sagan" y dijo que los personajes exhibían "una sexualidad desbordante".
24 Su extensa obra se prolongará hasta finales de la década de los setenta y siempre en la misma línea realista y crítica.
Los personajes femeninos de muchas de sus novelas reflejan, en bastantes ocasiones, un malestar, un sentimiento de extrañamiento; son mujeres que no pueden integrarse en la sociedad sin renunciar a la libertad de elegir el modo de hacerlo, lo que les acarrea la imposibilidad de una feliz integración.
En esta confrontación de los personajes femeninos con la estructura social en la que viven, la crítica es evidente; sin embargo, Kurtz consigue mantener un contrapeso entre sus propuestas de nuevos modelos de comportamiento para la mujer y los que la sociedad de posguerra defiende y fomenta para ella.
Ese difícil equilibrio no le salvó de sufrir los efectos de la censura.
NOTAS 1 La novela rosa, escrita por mujeres y para mujeres, literatura escapista aunque con una fuerte carga ideológica, alcanzó una difusión insospechada en aquella época de precariedades.
De sus características, del apoyo que recibió por parte de la crítica, las editoriales y la censura, y de sus largas y repetidas tiradas, me ocupo en un artículo reciente titulado "El discurso de la novela rosa de autora en la narrativa española de mediados del siglo XX., Madrid: Edicusa, 1972 e incluso en la Historia de la novela social española, Madrid: Alhambra, 1980.
6 Los expedientes de censura que mostraré a continuación, así como las cartas y otros documentos están en el Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares.
8 Kurtz, Carmen (1955): Duermen bajo las aguas, Barcelona: Planeta.
El informe del censor dice: "La obra sometida a censura es la narración biográfica de la protagonista, cuyos recuerdos constituyen el tema de la obra, en sus tres partes: la primera infancia, colegio hasta el matrimonio con un ingeniero francés; la segunda relata la ocupación francesa durante la última guerra, y la tercera que abandonada por su esposo que se alista a las fuerzas de resistencia encuentra un nuevo amor que muere cuando va a consumarse en unión corporal."
Se propone su autorización.
Las obras respaldadas por un premio importante no solían tener problemas.
El jurado avalaba su bondad.
11 Al lector interesado en la organización de este mecanismo de control, su funcionamiento y eficacia, le remito a Manuel L. Abellán, Censura y creación literaria en España (1939España ( -1976)), Barcelona: Península, 1980; R. Gubern, La censura.
Función política y ordenamiento jurídico bajo el franquismo, Barcelona: Península, 1981; J. Sinova, La censura de la prensa durante el franquismo, Madrid: Espasa Calpe, 1989; Hans-Jörg Neuschäfer, Adiós a la España eterna.
La dialéctica de la censura.
Novela, teatro y cine bajo el franquismo, Barcelona: Anthropos, 1994.
Un buen ejemplo de la aplicación de la censura a la obra de un escritor, lo encontrará el lector en el libro de Paula Martínez-Michel, Censura y represión intelectual en la España franquista.
El caso de Alfonso Sastre, Hondarribia: Editorial Hiru, 2003.
La carencia de este tipo de estudios aumenta su importancia.
12 En mi artículo "La censura de género en la narrativa de autora durante las dos primeras décadas del franquismo", en Voz y Letra (en prensa), estudio cómo un importante grupo de mujeres novelistas fueron capaces de crear un realismo con conductas transgresoras que desestabilizan los valores instaurados por una censura no sólo política, religiosa o moral, común a ambos sexos, sino a una particular censura machista discriminatoria e intolerante con la menor desviación femenina de las consignas oficiales.
13 Soriano, Elena (1993): "Escritoras de los cincuenta", en Literatura y vida.
Defensa de la literatura y otros ensayos, II, Barcelona: Anthropos, 279.
Los censores, lectores en el argot ministerial, se identificaban por un número y, por lo general, y sobre todo en la primera época, estampaban un garabato ilegible.
Hay que esperar hasta bien entrados los años sesenta para que firmen sin reservas.
16 Esta carta forma parte del expediente.
17 El organigrama del aparato censor estaba formado por lectores -fijos o eventuales-, lectores especialistas -jefe de lectorado, jefe de Ordenación Editorial-y lectores eclesiásticos.
Entre ellos había personas de prestigio -catedráticos, políticos, escritores-, que pertenecían a instituciones gubernamentales o a otras estructuras afines al Régimen franquista, y personas de escasa formación cultural, como pronto ponen en evidencia los informes.
La presencia de sacerdotes era ineludible; ellos resolvían, en última instancia, muchos de los expedientes.
En este caso, el informe recae sobre Miguel de la Pinta Llorente, un agustino que dedicó gran parte de su vida al estudio de la Inquisición y sus procesos, y que perteneció al órgano censor durante décadas.
Firmaba siempre todos los informes con letra clara y he encontra-do expedientes de carácter diverso con su firma en infinidad de ellos.
En contra de lo que cabría esperar, solía ser más benévolo en sus juicios que otros.
18 En algunos fragmentos la autora ha practicado ya la autocensura, como lo demuestra el uso de los puntos suspensivos, signo claro, en todos los géneros literarios, de que ha habido una supresión por mandato o por autocensura.
21 López, Francisca (1995): Mito y discurso en la novela femenina de posguerra, Madrid: Pliegos, 36.
En la parte superior alguien ha escrito con lápiz rojo la palabra URGENTE y un conocido censor -Javier Dieta-, que firma con todas las letras, redacta el siguiente informe: "Un divisionario azul vuelve y su mujer que no vuelve, no ha cambiado, espera "al que se fue".
La tesis el desconocimiento de los "mundos" los individuales y los sociales.
Desconocimiento porque no se cuenta con algo fundamental en lo humano el "cambio".
Copio el informe tal y como aparece en el documento original, sin quitar ni poner una coma.
23 Un estudio detenido del expediente de censura de esta novela, de los mitos y ritos que ataca, de las supresiones y modificaciones que Kurtz tuvo que llevar a cabo, y del resultado final, se puede encontrar en mi artículo "El discurso de la novela rosa de autora en la narrativa española de mediados del siglo XX. |
Primero fue la película y luego el libro.
Las entrevistas con los actores se rodaron y luego se pasaron al papel, acompañándolas de un material gráfico adicional.
Lógico sería seguir el orden de creación, pero vamos a invertirlo y hablar antes de la autora de la película y del libro.
Arantxa Aguirre Carballeira ha sido todo en el cine.
Hija de un realizador, Javier Aguirre y de una actriz, Enriqueta Carballeira, empezó su andadura en producción y luego como script, ayudante de dirección, guionista, documentalista, su labor en Asaltar los cielos fue memorable, y más tarde como realizadora.
Tiene entre la gente de cine fama de trabajadora infatigable.
Pero todavía le quedó tiempo, antes y después, de ser bailarina solista en el Ballet Nacional de Cuba y de doctorarse en Literatura española en la UNED con una tesis sobre Galdós.
La solidez de toda su experiencia y bagaje cultural nos permiten ver ahora un documento(al) excepcional.
34 actores hablan con Arantxa de su oficio, con palabras acertadas y agudas con un ansia de explicarla y explicarnos como es posible ser otro(s), ponerse en lugar de el(los) otro(s).
Fernando Fernán Gómez, tristemente desaparecido antes de que el libro saliera de las prensas, nos dice en la contraportada: Ya con cinco o seis años se juega casi siempre a ser otro: "yo era el ladrón y entraba en tu casa y tú el policía y me detenías y yo...".
O sea, esto es un instinto natural.
Precisamente habría que preguntarse por qué determinadas personas, enormes cantidades de personas, cuando son mayores pierden este instinto, esta apetencia, este deseo de ser otro o, sobre todo, de ser otros.
Mario Camus en su prólogo titulado, "Carta a Arantxa Aguirre, a propósito de una publicación" reflexiona en voz alta sobre la condición de actor.
Encabeza su disertación con dos citas: "Porque siempre vuelvo a la idea de que la esencia del arte es simplicidad, gandeza y sentimiento (Bertolt Brecha)" y "Aquí yace un actor, no se sabe si está vivo a muerto (Marcelo Arroita, Epitafios) y nos describe su experiencia con Pepa Flóres en Los días del pasado y con Ana Belén en Fortunata y Jacinta.
En ambos casos describe su anonadamiento ante su labor:
Tuve la sensación de que estaba ante un talento manifestándose en el momento apropiado, haciendo retroceder cualquier artificio, cámaras, hombres y mujeres, técnicos, guión, película, para implantar de golpe y porrazo unos minutos de palpitante verdad.
Y más tarde, refiriéndose a la labor de Ana Belén: ¿Cómo lo logran?
¿Qué profesión es esta que puede provocar tanta admiración, que puede acercarte las pasiones, el amor, la ira, los sentimientos encontrados luchando en el interior de un personaje para ponértelos delante, con tanta verdad que te hacen sentir el pudor ante una desnuda realidad de la que eres testigo?
Más que apariencia de verdad, parece la verdad misma.
Y concluye su disertación con el siguiente párrafo:
En este enigmático laberinto que vivimos, la profesión de actor es una de las más deslumbrantes.
Independientes, libres, sin el domesticador trabajo que produce ingresos fijos y que, hasta Por Alberto Sánchez Álvarez-Insúa Instituto de Filosofía CSIC
En "La herencia del olvido" Reyes Mate muestra el mapa de lo que puede considerarse una síntesis de su pensamiento a la luz de esa articulación que une pensar en español, la particularidad de América Latina, el orden de la modernidad europea, junto a esa otra manera de singularidad que es el pensamiento judío.
A Reyes se le conoce como un investigador del tema judío el cual puede sintetizarse en la inquietante pregunta de Adorno: ¿qué tipo de pensamiento se puede tener después de Auschwitz?
Pero también su relación con lo latinoamericano y con Iberoamérica se contempla en este libro donde precisamente se reúnen preocupaciones intelectuales y también vitales que rebasan los límites de un pensamiento asegurado en la fortaleza europea.
De allí que en "La herencia del olvido" se reconozca su campo de preocupaciones: la perspectiva de la memoria en Walter Benjamin, la idea de historia en Hegel, la relación filosofía religión, el lugar del pensamiento judío en la modernidad, o la manera en que Auschwitz altera la manera de entender el progreso y la civilización en el mundo contemporáneo.
Estamos planteando que un escenario difícil de penetrar como el de una filosofía viva capaz de interpelar la problemática que los hechos arrojan, pone de presente la capacidad que pueda o no tener la filosofía o algún filósofo, caso Reyes, para proponer vías o caminos de interrogación que todavía conserven el encanto de la sorpresa.
Hay de entrada en el texto la certeza de que el "yo" que filósofa aparece en su más auténtica dimensión cuando "respondemos a la pregunta del otro, de ese otro ninguneado por la vida, la sociedad o la historia" (Reyes, La herencia del olvido, p.
Si la filosofía occidental es la del "yo" racional de Descartes, o del yo idealista, la respuesta contumaz de Reyes se orienta en otra perspectiva: no basta con ser buenos con nosotros mismos, la autosuficiencia y la eficiencia son arrogancias del conocimiento, "nada somos sin la pregunta que nos dirige el otro desde su necesidad o inhumanidad" (Reyes Mate, p.
La pregunta que nos dirige el otro adquiere en España y en Portugal la formulación de un reclamo, de una inquietud que desde África o América Latina llega al sur de Europa.
Gracias a la memoria el filósofo comprende que existe una deuda no saldada, que la situación presente de unos pueblos tiene que ver con la condición de servidumbre o esclavitud a la que fuera condenado en un momento de la historia un continente.
De allí que Reyes le formule a la filosofía occidental una inquietante invitación: "solidarizarse con el significado sureño, con el destino de los pueblos del sur" (el nuevo viaje hay que hacerlo de otra manera: con conciencia de que hay un Norte y un Sur, países dominantes y otros dominados" (Reyes Mate, p.
Reyes retorna sobre esa disparidad de las condiciones históricas valiéndose del recurso de la memoria: hay un Norte y un Sur, países dominantes y países dominados.
¿Tiene el pensamiento un espacio para pensar esa disparidad?, ¿cómo impugna el conocimiento las condiciones de dominación?
De allí que este libro le proponga al filósofo iberoamericano elementos para la impugnación, un nuevo viaje, distinto al de la conquista y la colonización europea.
El viaje se realiza desde América del Sur y Reyes toma como punto de partida para la construcción de su filosofía el encuentro que tiene con México.
En este encuentro, el autor no se encontrará solamente con las ruinas del pensamiento indígena sino con la vigencia en México del pensamiento de los exiliados españoles.
El encuentro con pensadores "transterrados" como fueron Eduardo Nicol y Sánchez Vásquez le llevará al reconocimiento de una construcción filosófica donde América Latina y Europa se reconcilian por medio de las obras de José Gaos, García Morente, Xirau, Salmerón para ofrecer algunos de los casos más significativos.
La hora de la memoria, constelación de aspectos La memoria es una categoría del pensar.
Las tesis de Benjamin acerca de la Historia vienen a ser el tratado más ambicioso de un acercamiento a la memoria -afirma el autor-La lección de Benjamin, fue recoger los desechos que la historia arroja, para con esos desechos construir un proyecto político.
Esta lectura de la memoria aparece en contravía de algún historicismo que considera la llegada de la hora de la historia como el cierra del tiempo de la memoria.
Cuando desaparecen los testigos, deberíamos dejar de hablar de memoria.
Cuando se rompe el hilo generacional que conecta a los es- ¿Qué pensamiento emerge luego del continuo de desastres que la historia nos deja?
¿Es posible mirar con esperanza el futuro, luego de la muerte de seis millones de judíos durante la II Guerra Mundial, o de la destrucción de naciones enteras de africanos los cuales terminaron esclavizados en América, o de indígenas del Nuevo Mundo?
Existe una afirmación de sumo inquietante y harto sugerente: lo que se pone de presente en Auschwitz es la lógica de la laicisidad.
Esto lleva a pensar que un terrible e infame acontecimiento se produce en medio del triunfo e imposición de una lógica por completo desencantada, salida de las entrañas de la racionalidad.
Pero luego del desastre que significará el exterminio de millones de seres humanos en medio de la II Guerra Mundial, lo que hay son "Derechos Humanos" en abstracto pero no Derechos humanos reconocidos, de cada humano "Lo que importa son los papeles", esto equivale a decir que, en una sociedad cercada por la lógica instrumental son los pasaportes, las tarjetas de crédito y los documentos administrativos lo que se impone como una sumatoria de engendros salidos de un relato de Kafka.
La racionalidad contiene para Reyes dos pilares: un pilar político que es el progreso y otro ideológico que es la biopolítica.
Para el autor, progreso significa 1) considerar que los acontecimientos tienen un impulso interior que los lleva hacia algo mejor, y 2) pensar que la tendencia a la mejora tiene un costo humano y social inevitable.
Si bien cuestionar el progreso parece bastante riesgoso, más riesgoso resulta considerar un avance sin límites, un avance que sin rubor haga necesario una lógica del sacrificio concreto de las personas a nombre de una mejora de una humanidad en abstracto.
Si bien Walter Benjamin y Teodoro Adorno hicieron un aviso del riesgo que se cernía sobre el mundo, nos encontramos acá con una reelaboración que actualiza la urgencia de poner un freno a esa lógica del avance sin límite.
La Biopolítica es una de las consecuencias de esa razón del progreso.
Inspirada en los principios de un social-darwinismo, las persona dejan de considerarse sujetos de derecho pasando a convertirse en "objeto de un poder superior que decide por nosotros" llamemos este poder religión, estado, mercado.
Es la dictadura de lo universal sobre lo singular.
Pero como respuesta a esta perspectiva homogenizante del pensamiento, el concepto benjaminiano de "redención" posibilita una extensión del derecho a la felicidad para aquellos que han muerto o que siempre llevan sobre sus hombros la parte más feroz y brutal de las acciones históricas.
La redención en Benjamin significa felicidad para todos.
Y es que en La tempestad serena todo aparece medido y meditado; de hecho, se trata de un libro muy bien construido, del que se puede afirmar que hace gala de una sabia arquitectura.
Así, presenta una estructura tripartita, que se podría considerar enmarcada en azogue, al presentarse antecedida por un preludio, «El sueño del espejo», y cerrada finalmente por un postludio, «La nieve en el espejo».
Además, en el justo medio de cada una de las tres partes en que el libro se divide destaca una composición que elige voluntariamente una forma estrófica difícil y desusada en nuestra historia lírica reciente como es la sextina, desarrollada aquí con maestría.
El espejo, con su diversa y rica significación, constituye, sin duda, imagen simbólica clave, cuya fuerza actúa no sólo en el presente poemario, sino que recorre toda la trayectoria de José Gutiérrez.
es más que uno de los casos en los que se pone de manifiesto la existencia de complejas redes de símbolos, metáforas e imágenes poéticas que atraviesan el particular imaginario del autor -aunque, desde luego en proceso de continua evolución-, establecidos mayormente en pares que establecen su propia dialéctica interna: espejo/reflejo, presencia/ausencia, amor/olvido, luz/sombra, pasado/presente...
Y, por encima de todo, el sentido salvador, consolador, salvífico, del arte y la literatura.
Pero sobresaliendo entre todas estas líneas temáticas que se desvelan en forma de pares binarios destaca un íntimo significante que corresponde al tiempo pasado: la evocación del mítico tiempo sin tiempo que es la infancia.
Un momento de plenitud que permanece ignorada por el protagonista hasta que ya es, irremisiblemente, demasiado tarde: tu añoranza de aquella edad sin tiempo: era el paraíso y no lo supiste hasta que de él los años te arrojaron ajeno.
(«Al encuentro de la infancia»)
Así la reminiscencia emocionada de los lugares entonces recorridos y vividos, de las personas amadas y ya desaparecidas: las calles del pueblo, el feraz huerto gozado junto con las lecturas del estío (¡ay, las apasionantes novelas de Julio Verne!), la casa de su abuela Teresa y de su tía Carmen, la añorada presencia (ahora ausente) de la madre.
Esta línea temática de tanto peso en la composición del poemario permite adivinar otras fértiles oposiciones de términos binarios: lo rural frente a lo urbano, la naturaleza frente a la civilización, la inocencia frente al desengaño, la niñez frente a la edad adulta.
Una edad adulta desde la que el poeta intenta compensar de algún modo una carencia: los pobres pero artesanales juguetes de que disfrutó en su infancia han sido ahora sustituidos por la amorosa pasión del coleccionista de viejos juguetes («Juguetes antiguos»), rescatados en anticuarios y almonedas y conservados con delectación y ternura.
Lo cual trae a la memoria una hermosa anécdota que relata Francisco Ayala en su autobiográfica Recuerdos y olvidos, cuando confiesa la «historia de frustraciones dolorosas» que tuvo desde niño con los juguetes, debido a la inestabilidad económica en que vivía su familia.
De ahí que, muchos años después, se desvelara por complacer a su hija Nina, proporcionándole cuantos juguetes podía, siendo pronto consciente de que, en realidad, «el obsequio no se lo había hecho tanto a mi hija como al recuerdo del niño que fui».
Un regalo al niño que fue, un regalo al poeta que es, pero, sobre todo, La tempestad serena constituye una sugestiva ofrenda a sus lectores, que pueden comprobar sin duda que mereció la pena una espera de diecisiete años para recibir un libro de tono elegiaco pero también hímnico.
Virtud de la paciencia que permite apreciar que, como recordara Fernando Pessoa en sus Sonetos ingleses:
La playa más segura es una sola: aquella donde arrastra la tormenta.
De la misma tormenta debe el alma aprender que el furor y la negrura son el preludio de un hermoso cielo, que de la tempestad nace la calma.
Por Amelina Correa Ramón Universidad de Granada
La tesis que plantea Gaetano Chiurazzi en Teorías del juicio llamará la atención del lector interesado tanto en las cuestiones filosóficas esenciales como en su dilucidación y exposición en el curso de la historia.
El profesor de hermenéutica filosófica en la Universidad de Turín plantea el análisis del discurso apofántico que, desde la filosofía aristotélica, se distingue por estar formado por proposiciones en las que, por medio de la función atributiva, se expresa la relación predicativa «S es P».
Reparar en la idea de que la reflexión filosófica no puede eludir el problema de RESEÑAS la naturaleza del discurso apofántico, ya sea desde disciplinas como la metafísica, la ontología o la teoría del conocimiento es ya una cuestión fundamental, por lo que, como consecuencia de ello, no le ha resultado difícil a su autor presentarla como hilo conductor de algunos de los más afamados problemas especulativos de la filosofía occidental.
Para muestra un botón: junto al problema del juicio puede hallarse una línea discursiva que atraviesa la historia de la filosofía si atendemos, por ejemplo, a su definición más convencional según la cual de éste cabe decir si es verdadero o falso.
Igualmente, una vez planteada la dimensión lógica del juicio, nos podríamos formular la pregunta acerca de qué comprendemos realmente a través del juicio, es decir, qué comprendemos a partir de las proposiciones con una dimensión apofántica.
Esto último nos llevará a embarcarnos en la dilucidación acerca de si es realmente el juicio un enunciado o si, por el contrario, representa más bien un acto complejo por medio del cual se efectúa una suerte de síntesis entre varias representaciones.
Todas estas cuestiones podrían derivar en otras tanto más complejas relacionadas, por ejemplo, con el asunto de la significación, con cómo acontece la significación, si es a partir de elementos simples o de la síntesis o relación que media entre ellos a partir del juicio «S es P».
Sin embargo, a pesar del calado filosófico de todas estas preguntas archifamosas en la historia de la filosofía, a las distintas concepciones en torno a la naturaleza del juicio ha querido sumar el autor una perspectiva histórica, de modo que, finalmente, la filosofía de Aristóteles, Kant, Hegel, Husserl y Heidegger sirven de guía en este libro para presentar las distintas teorías del juicio.
Esta orientación histórica no es gratuita sino que se lleva a cabo a partir de una hipótesis de partida, a saber, la de que cualquier teoría del juicio habría de llevar, en virtud de la pregunta por el significado y la función de la cópula, desde la lógica hasta la ontología: dándose el caso de que el sentido del ser podría abordarse, en esta última, a la luz del significado profundo del tiempo.
Teorías del juicio es un libro de filosofía y de historia de la filosofía con una trama honesta en la que el autor retoma con soltura aspectos del pensamiento filosófico de autores como Aristóteles, Kant, Hegel, Husserl y Heidegger con objeto de describir el diálogo existente entre las diversas concepciones del juicio; pero sin renunciar por ello a bosquejar, por ejemplo, las contradicciones, omisiones y retornos inevitables a la teoría del juicio aristotélica.
La trama es particularmente acertada en lo tocante a la elección de los pensadores.
Con ella se da lugar a un panorama sobrio y bien justificado en torno al conjunto de dilemas, aporías y problemas filosóficos derivados de las distintas teorías del juicio.
A este procedimiento expositivo se le suma la claridad del planteamiento y el dinamismo conceptual derivados de la capacidad de Chiurazzi para limitarse celosamente al retrato de los distintos modelos.
Retrato difícil de efectuar si, atendiendo a las interpretaciones, aclaraciones e insinuaciones teóricas efectuadas con toda llaneza por el autor, nos percatamos de que las diferentes teorías del juicio son, a su vez, expresión fundamental del pensamiento de dichos autores: todo un punto de partida cuando no de llegada en sus filosofías.
Por todo ello, puede decirse que lo retratado es finalmente expresión de una semblanza de Aristóteles, Kant, Hegel, Husserl y Heidegger.
Este libro no es sólo una esplendida introducción a las más destacadas teorías del juicio sino expresión y desarrollo sintético de una de las tesis más complejas del pensamiento aristotélico según la cual: «La única función del verbo «ser», que parece menos verbo que los otros pero en el fondo representa la quintaesencia del verbo, es la de «significar además» (prossemaínein) el tiempo y la síntesis.
¿Se trata de dos funciones distintas?
¿Y, si es así, cuál de las dos es más fundamental?
Aristóteles no da una respuesta precisa a esta pregunta, pero indudablemente esta coexistencia de dos funciones en un mismo lexema es algo que por una parte complica aún más su significado y por la otra constituye una apertura problemática en la que se introducen sobre todo las reflexiones kantianas y heideggerianas sobre el juicio» (p.
Esta es la tesis más desatacada que sostiene su autor.
Por lo pronto, puede decirse que el autor de este libro sostiene que por medio de la predicación nos referimos de algún modo al tiempo, más aún, «co-significamos el tiempo» no sólo por referirnos a algo que es en medio del tiempo sino porque la medida (el criterio para dilucidar su verdad, según sostiene el autor) está ciertamente en el tiempo.
Para desentrañar las implicaciones de esta última proposición, Gaetano Chiurazzi apela a la noción leibniziana de inesse cuando esta indica la pertenencia de un predicado a un sujeto por estar incluido o implicado en aquel.
No entraremos aquí en disquisiciones de calado sobre si Leibniz afirma de hecho que el predicado está comprendido en el sujeto bien que virtualmente, dándose el caso de que el predicado ya no estaría sin más implicado en el sujeto sino que habría de estarlo virtualmente...
Si no se entrega uno a más complejas distinciones, como se sabe, la conocida va-
riación sobre el leibniziano tema reza, de hecho, que para Leibniz todas las verdades se pueden reconducir a verdades más primitivas hasta el punto de verlas reducidas a predicaciones de identidad; excepción hecha de las verdades contingentes, en las cuales la conexión entre el sujeto y el predicado no es necesaria.
Pues bien, en este punto, el pensamiento lebniziano y el aristotélico pueden entenderse (peri hermeneias) como indagaciones y expresiones de lo que está en el tiempo y de lo que concebimos adoleciendo de tiempo o en ausencia de tiempo, por ejemplo, en el caso de las verdades de razón.
Precisamente, esta es la tesis más interesante del libro; en la traducción de José Vidal, su autor lo expresa del modo siguiente: «El hypárchein aristotélico, a través de las mediaciones de la noción de inesse y su inscripción en su trasfondo teológico (un trasfondo de infinitud posible, desconocido por Aristóteles), se ha transformado así en una relación analítica de inclusión del predicado en el sujeto, y por último en una relación de identidad, llevando a uno de los resultados más radicales del racionalismo del siglo XVII, cuyos efectos alcanzan hasta Hegel: la equiparación de las verdades contingentes con las necesarias [...]» (p.
Parece entonces claro que, según la interpretación hegeliana de Aristóteles, habría en la noción de hypárchein una alusión implícita a lo que se nos muestra discretamente en contraposición a la manifestación evidente de algo y, por ello, luminosa y sin sombras; pues esta última, también conocida como parousía, no anda como la primera renqueante frente a la tarea irresoluble del concepto, sino que es manifestación plena.
Sin embargo, no hay que olvidar que la cuestión que hemos dejado en suspenso es la del tiempo: ¿no son estas archifamosas metáforas hegelianas, y aun las heideggerianas, una elucubración espléndida desde el punto de vista metafórico y filosófico pero, al cabo, indolente ante el problema acuciante al que aludía con serenidad Aristóteles cuando afirmaba que con la predicación «co-significamos el tiempo» no sólo por referirnos a algo que es en medio del tiempo sino porque la medida está ciertamente en el tiempo?
A mi modo de ver, el libro de Chiurazzi cuestiona implícitamente el hecho de que tal vez hayamos salvado parte de la ya mencionada transformación o, para decirlo mejor, el mal entendido respecto al pensamiento de Aristóteles cuando se vuelve a pensar esa co-significación del tiempo a la luz de la historicidad de la comprensión.
Pero lo cierto es que sostener que el criterio para dilucidar la verdad de la predicación se halla en el tiempo, habría de conducirnos a una indagación más precisa sobre el Organon aristotélico.
Eso sí, se haría bien, en mi opinión, dejando a un lado las metáforas hegelianas sobre las formas de existencia que rehúyen la luz por no resolverse totalmente en concepto e igualmente recomendable habría de ser hacer lo posible por no confundir el problema de las predicaciones posibles (tema sobre el que versa las Categorías) con la pregunta kantiana en torno a la naturaleza de su cognoscibilidad, pues se desbroza con ello la variación sobre un mismo tema, a saber, el de la predicación apofántica, la cual no versa sobre sujeto sustancial alguno sino sobre el sujeto lógico de la predicación que, al unísono, co-significa (algo en) el tiempo y algo sobre el tiempo.
Tiempo, tiempo que se realiza en el proceso del saber, al que se recurre hegelianamente cuando en el juicio se observa una división radical subyacente al juicio.
Chiurazzi rescata una de las más certeras expresiones para referirse a esta no tan soterrada teoría del juicio que debemos a Hegel: «La cópula no es algo pensado, algo conocido, sino que expresa el no-serconocido de la razón.
Lo que aparece y se da en la conciencia es sólo el producto, en cuanto miembro de la oposición, sujeto y predicado, y sólo éstos son puestos en la forma del juicio, no en su unidad como objetos del pensar» (G. W. F. Hegel, Glauben und Wissen, en Jenaer Schriften 1801-1807, Frankfurt: Suhrkamp, 1986.
Edición en español de V. Serrano, Fe y saber, Madrid: Biblioteca Nueva, 2000, p.
Este es el tiempo en el que queda integrada la historia como sujeto.
Historia como sujeto que otorga una nueva conexión entre los juicios pero realmente sin fungir de concepción aristotélica de los enunciados apofánticos con los que «co-significamos el tiempo».
Tiempo vedado por el subjetivismo, identificado con la razón y la evidencia y que encuentra su justificación en una determinada interpretación de la lógica apofántica de Aristóteles según la cual el juicio es una forma de enunciación fundamental.
Las Investigaciones lógicas de Husserl suponen una teoría del juicio particularmente diferente a este respecto pero habría que aclarar que, de ser así, ni lo es por su propuesta de una morfología pura de los significados, es decir, por la indagación acerca de la mera posibilidad de los juicios, ni por sus depuradísimas y siempre ágiles excursiones hacia una lógica de la consecuencia lógica, sino por su propuesta de una lógica de la verdad cuyo aliciente es el mismo tránsito hacia las verdades que se pretenden alcanzar ya que juzgar es siempre conceder a algo el valor de ser.
Por tanto, a la lógica apofántica y, por extensión, a cualquier teoría del juicio, le |
SOBRE LOS AUTORES ABOUT THE AUTHORS
Entre sus publicaciones merecen destacarse "Juan de Dios Mena"; "El retrato fotográfico en Latinoamérica"; "Fotografía y memoria urbana.
Una aproximación a la fotografía correntina"; "De jesuitas a franciscanos.
Imaginario de la labor misional entre los indígenas chaqueños"; "Discurso e imagen sobre el indígena chaqueño", "La fotografía de Hans Mann, pionera en el patrimonio cultural".
Realiza curaduría de exposiciones artísticas.
Universidad de los Andes, Bogotá.
Curso de grabado en la Academia de Bellas Artes de Rotterdam, Holanda (1966) Maestra Honoris Causa en Artes Plásticas.
Investigadora (Historia-Arte) Premio vida y obra del Ministerio de Cultura ( 2006).
Desde 1977 trabaja en investigación sobre museología, historia del arte y caricatura que han sido publicados en libros y catálogos desde 1985.
Profesor Titular de Historia del Arte de la Universidad de Granada (España) y Académico correspondiente de la Academia Nacional de la Historia (Argentina).
Su línea de investigación principal es el Arte Contemporáneo en Iberoamérica.
Ha comisariado varias exposiciones y publicado un centenar de estudios sobre estos temas, destacando en los últimos años los libros Monumento conmemorativo y espacio público en Iberoamérica (Madrid, 2004), Arte Latinoamericano del siglo XX.
Otras historias de la Historia (Zaragoza, 2005), América y España, imágenes para una historia.
De la Ilustración al Decadentismo (Madrid, Cátedra, 1996), La escultura conmemorativa en España. |
RESUMEN Según la filosofía clásica de la ciencia, la ciencia es imparcial, autónoma y valorativamente neutra.
Al afirmar esto último, se está distinguiendo entre valores objetivos y valores subjetivos, también denominados valores cognitivos o constitutivos y valores no cognitivos o contextúales.
En este artículo se repasan algunas críticas a la neutralidad valorativa de la ciencia, su autonomía e imparcialidad; en especial se muestra el relevante papel que los valores de todo tipo desempeñan en la ciencia, así como la importancia de la categoría género en estos análisis, tal y como muestran los diversos ensayos que aparecen en este número.
PALABRAS CLAVE Hechos y valores.
Valores constitutivos y contextúales.
La filosofía de la ciencia clásica, heredera del positivismo lógico y del Círculo de Viena, también conocida como la «concepción heredada» o «la Leyenda»^ mantiene que la ciencia se ocupa de los hechos, no de valores, y que los primeros son objetivos, mientras que los segundos no. Aunque esta distinción es compleja, podemos decir que enfrenta cuestiones de hecho wrsus cuestiones de valor o, dicho de otro modo, enunciados sobre lo que es, frente a oraciones sobre lo que debe ser.
Los primeros, los enunciados fácticos, hacen referencia a estados de hechos y pueden ser verdaderos o falsos, mientras en el segundo caso nos encontramos con oraciones normativas o evaluativas que adscriben a un agente la obligación de actuar, o atribuyen la cualidad de bueno a algo.
La ciencia contiene, sobre todo, enunciados de hechos, por lo que, esa reflexión de segundo orden que es la filosofía de la ciencia, sólo se ocuparía de ese tipo de enunciados, acerca de «lo que es», quedando los juicios de valor, sobre «lo que debe ser», relegados a otro dominio.
A la separación dicotòmica entre hechos y valores se unían otras distinciones como contexto de descubrimiento/contexto de justificación o entre ciencia pura/aplicación de la ciencia que avalaban la idea de una ciencia (y una persona de ciencia) pura y valorativamente neutra, en la que consideracio-nes éticas, sociales, etc. no tenían cabida.
En el contexto de justificación, el único que es competencia exclusiva de la filosofía de la ciencia, sólo consideraciones lógico-empíricas eran tenidas en cuenta; según la otra distinción, no hay ciencia buena o mala, sino que son las personas que la utilizan la que hacen buen o mal uso de ella.
A esta distinción entre hechos y valores subyace una concepción que considera que la ciencia es imparcial, autónoma y neutral.
Según esta concepción la imparciolidadáe la ciencia significa que nuestras creencias científicas están determinadas o avaladas por los hechos o por criterios imparciales o no arbitrarios de decisión acerca de ellas, y no por nuestros deseos de cómo deben ser las cosas: en cualquier caso, jamás por valores pertenecientes al contexto sociocultural] también esa concepción considera que la ciencia es autónomo, es decir, que progresa mejor cuando no está influida por intereses, valores o movimientos políticos, sociales o del tipo que fuere; y que es neutral, esto es, que nuestras teorías no implican ni presuponen juicio alguno acerca de valores no cognitivos y que las teorías científicas tampoco sirven más a unos valores contextúales concretos que a otros^.
Cuando se afirma que la ciencia está libre de valores o la neutralidad valorativa de la ciencia, se está haciendo una distinción, implícita o explícitamente, entre valores objetivos y valores subjetivos, también denominados valores cognitivos o constitutivos y valores no cognitivos o contextúales.
Se considera que los primeros son propios de la ciencia y suelen mencionarse como tales la verdad o la verdad aproximada, la precisión predictiva, la adecuación empírica, el poder explicativo, la simplicidad o la elegancia.
Las normas, preferencias, creencias e intereses que no tienen que ver con los valores cognitivos se denominan «contextúales» porque varían según el contexto científico y suelen ser de tipo ideológico, económico, religioso, etc.: si se eligiera, por ejemplo, una hipótesis o teoría por la raza o el género de quien la propone, diríamos que esos valores contextúales están influyendo en la elección de hipótesis o teorías.
Aunque este tipo de influjo puede parecer extraño en principio, hay otros casos en que no lo parece tanto: por ejemplo, cuando la institución científica a la que pertenece quien propone una hipótesis o teoría o efectúa determinado experimento influye decisivamente en su aceptación.
En realidad, se suele admitir que cualquier persona que se dedica a la ciencia tiene, y por tanto se ve influida por, valores no epistémicos, como la honestidad, la lealtad a los colegas, la aceptación de sus pares, etc. Pero la tesis de la neutralidad valorativa de la ciencia es algo más fuerte.
Lo que afirma es que, cuando los valores contextúales se encuentran presentes en el proceso de evaluación y aceptación de teorías, se está haciendo mala ciencia; por tanto, los valores contextúales son perniciosos para la buena ciencia.
Las críticas a la neutralidad valorativa de la ciencia, su autonomía e imparcialidad y en especial al papel que los valores de todo tipo desempeñan en ella han sido y son diversas.
Pero, si nos atenemos a los textos que más influjo han tenido al respecto, tendremos que responsabilizar de ello a T. S. Kuhn (1962Kuhn (, 1977)).
En La Estructura de la Revoluciones Científicas, Kuhn introdujo el término «paradigma' y, ante las acusaciones (entre otras) de la vaguedad que conlleva el término^, en el Postescripto añadido unos años después decidió sustituirlo por el de «matriz disciplinar»: «Tal y como se utiliza usualmente en filosofía de la ciencia... «teoría» connota una estructura mucho más limitada en su naturaleza y alcance que lo que necesitamos aquí.
Hasta que pueda ser liberado el término de sus implicaciones actuales, evitaremos confusiones si adoptamos otro.
Para mis propósitos actuales sugiero «matriz disciplinar»: «disciplinar» porque refiere a lo que poseen en común quienes practican una determinada disciplina; «matriz», porque se compone de elementos ordenados de diversos tipos, cada uno de los cuales exige especificaciones adicionales»^.
Los cuatro componentes son las generalizaciones simbólicas (que se corresponden bastante con las leyes o teorías en sentido tradicional), los supuestos metafísicos^, los ejemplares^ y los valores: «Probablemente, los valores que se mantienen más profundamente tienen que ver con las predicciones: deben ser precisas; las predicciones cuantitativas son preferibles a las cualitativas; sea cual fuere el margen de error permisible, debe ser consistentemente satisfecho en un campo dado, etc. Sin embargo, también hay valores que se usan para juzgar todas las teorías: deben, en primer lugar y por encima de todo, permitir la formulación y resolución de problemas; siempre que sea posible, deben ser simples, autoconsistentes y plausibles, compatibles, esto es, con otras teorías mantenidas en la actualidad...
También existen otro tipo de valores -por ejemplo deben (o no necesitan) ser socialmente útilespero lo anterior 'indica lo que tengo en la cabeza»'^.
No obstante, seguramente fue su artículo de 1977^ el que avivó más la polémica sobre la tesis de que la ciencia es (y debe ser) un proceso en el que interactúan tanto valores cognitivos como no cognitivos.
En realidad, en este trabajo Kuhn intenta responder a quienes le han acusado de relativista e irracionalista por las afirmaciones que hiciera en La Estructura scerca de la resolución de los problemas de decisión entre teorías alternativas.
Al preguntarse por las características de una buena teoría, y en línea con lo expuesto anteriormente selecciona cinco -precisión o adecuación empírica, coherencia (por supuesto interna, pero, sobre todo, externa), amplitud o alcance, simplicidad y fecundidad-que «constituyen la base compartida para la elección de teorías»^, junto con otras.
La novedad del tratamiento reside en que Kuhn afirma que, cuando los individuos aplican estos valores a casos concretos, los individuos pueden discrepar, lo cual evidentemente indica que no son unívocos, ni generales y que hay que tomar en cuenta el sujeto que los aplica.
Examinemos brevemente estos valores.
La precisión o adecuación empírica es el valor más determinante porque es el menos equívoco y por su carácter predictivo-explicativo; dicha precisión puede ser cualitativa o cuantitativa.
Pero, como el propio Kuhn señala, la importancia y el carácter determinativo de este valor no está siempre claro: en el caso de la controversia entre las teorías del oxígeno y del flogisto, la primera era más precisa en su explicación de las relaciones de peso en ciertas reacciones químicas, pero la del flogisto precisaba y explicaba por qué los metales eran más semejantes entre sí que en relación con los minerales de los que provenían.
En el caso de la astronomía ptolemaica y la copernicana, en el momento en que esta última fuera formulada por Copernico, la primera era más precisa y daba cuenta de más hechos que la segunda.
¿Por qué se impuso ésta?
La conclusión a la que llega Kuhn es que la precisión sola no basta, son necesarios otros valores (aunque, como veremos, no eliminan los problemas).
¿Qué sucede cuando los otros valores mencionados entran en juego?
Tanto la teoría astronómica ptolemaica como la copernicana eran internamente coherentes.
No obstante, la ptolemaica era coherente externamente con la física aristotélica (es decir, compatible con otra teoría existente, lo que no sucedía con su oponente).
Y, por lo que se refiere a la simplicidad, fue un valor que favoreció a la teoría copernicana, pero «evaluada de forma especial»: por lo que se refiere a cálculos técnicos, ambas eran igualmente simples (o complejas), pero la teoría copernicana ganaba en cuanto a características generales, pues sólo exigía un círculo para cada planeta, en vez de dos, tres o cuatro necesarios según el astro, en la ptolemaica.
Así pues, según Kuhn cuando hay que elegir entre dos teorías alternativas, dos personas que compartan los mismos valores o criterios generales pueden llegar a conclusiones distintas.
Si queremos averiguar por qué, tendremos que «trascender la lista de criterios compartidos y pasar a las características de los individuos que tomaron las decisiones.
Esto es, deben tratarse características que varían de un científico a otro, sin que, por ello, se ponga en peligro su apego a los cánones que hacen que la ciencia sea científica»^^.
Esas diferencias tendrán que ver con «las experiencias del científico como individuo»,'por ejemplo, en qué parte trabaja, qué parte de su trabajo depende de los conceptos o hipótesis impugnados por el nuevo paradigma, con valores externos a la propia ciencia^^ o con factores peculiares de la personalidad del propio científico.
Naturalmente, estos factores son precisamente del tipo subjetivo impugnado por la Leyenda, pues, afirman los críticos de Kuhn, pertenecen al denominado contexto de descubrimiento y, si bien los valores subjetivos pueden desempeñar cierto papel en dicho contexto, no tienen cabida en lo que se considera competencia de la filosofía de la ciencia, el contexto de justificación, el ámbito de la objetividad.
Pero, como señala Kuhn, aunque la distinción entre ambos contextos pueda ser pedagógicamente interesante -esto es, en la «ciencia del libro de texto»-no responde al funcionamiento real de la ciencia en lo que respecta a la toma de decisiones.
Por ejemplo, cuando se enseña una teoría, se utilizan una o varias aplicaciones ejemplares que, a la vez, son consideradas prueba de la teoría^^.
Por otro lado, los denominados «experimentos cruciales» se presentan como casos paradigmáticos de «buenas razones para la elección científica, ilustran la más eficaz de todas las clases de argumentos que tiene a su alcance el científico cuando no sabe cuál de entre dos teorías elegir y son los vehículos para la transmisión de los criterios de elección»^^; pero dichos experimentos cruciales tienen la característica adicional de que, cuando se realizaron, los científicos ya tenían tomada la decisión y sólo son pertinentes cuando producen resultados inesperados.
Resumiendo, los filósofos de la ciencia sólo analizan los argumentos favorables a la teoría que finalmente triunfó, eliminando un elemento esencial en las situaciones de toma de decisiones: siempre hay buenas razones a favor y en contra de una hipótesis o teoría, en el momento en que se toman las decisiones personalmente (subjetivamente) por lo que «las consideraciones pertinentes al contexto de descubrimiento son, pues, pertinentes también al contexto de justificación»^^.
Para Kuhn, al igual que para muchos posteriormente, no es posible dudar de la existencia en todos los niveles de «valores subjetivos».
Pero ¿es eso pernicioso para la ciencia?
No sólo no lo es, señala Kuhn, sino que, además, el hecho de que sean necesarios, además de los «objetivos» para llevar a cabo la elección, es una ventaja, no una desventaja.
Kuhn distingue entre máximas, reglas y valores.
Las primeras, que suelen ser vagas y entran en conflicto a menudo, tomadas una a una prescriben elecciones diferentes y consideradas conjuntamente no prescriben ninguna.
Los valores y normas, constituyen una guía más eficaz ante conflictos y errores, pues proporcionan ejemplos claros para ello y pueden variar históricamente.
Por ejemplo, al valor de «mejorar la vida» estuvo asociada durante varios años la norma «una casa, un coche».
Pero al tener en cuenta otros aspectos de la calidad de vida que atañen a otros valores (la destrucción de la capa de ozono o el agotamiento y encarecimiento de los recursos petrolíferos) la norma varía^^.
Dicho de otro modo, los criterios que enumera, aunque sean ambiguos, especifican «lo que cada científico debe tomar en cuenta para llegar a una decisión, lo que puede considerar pertinente o no y lo que puede pedírsele legítimamente que comunique como base de la elección tomada», funcionando, pues, «no como reglas que determinan decisiones a tomar, sino como valores que influyen en éstas» 16 La empresa científica siempre se realiza en un contexto cultural concreto, por lo que las personas de ciencia siempre e inevitablemente incorporarán valores de su propia cultura en la práctica científica, sea consciente o inconscientemente.
Eso no tiene que ser necesariamente pernicioso, pues, como veremos, algunos valores nos dicen cómo manejar el sesgo potencial que pueden introducir otros valores, de modo que podamos conseguir un conocimiento más fiable.
De hecho, cuanta mayor diversidad de valores intervengan, podremos obtener mejor conocimiento allá donde se produzca su intersección.
Por otro lado, los valores contextúales no tienen por qué ser subjetivos, entendiendo por ello no razonados ni justificados: si esos valores se adoptan basándose en principios generales, discutidos y justificados comunitariamente, pueden ser tan objetivos como los epistémicos, es decir, intersubjetivos.
En efecto, es posible que de los valores últimos de la ciencia se deriven otros más próximos o inmediatos.
Detengámonos por un momento en el ethos mertoniano encarnado en el conocido mecanismo de los CUDEOS^^: normas, valores o «imperativos institucionales» que contribuyen al crecimiento del conocimiento público.
Estos incluyen el Comunitarismo (esto es, el conocimiento debe ser un bien común, comunicado a toda la comunidad), el Universalismo (los criterios de evaluación han de ser universales, sin que influyan en ellos factores tales como la raza, la clase, el género o cualquier otra característica social o personal de los investigadores), el Desinterés (los investigadores deben ser humildes en diversos sentidos del términos y no deben estar guiados por intereses que no sean la obtención de conocimiento) y, finalmente el Escepticismo Organizado (la autoridad no debe sesgar ni guiar el conocimiento -todos los investigadores están investidos de igual autoridad, todos son «pares»-y todo conocimiento es, en principio, provisional y puede, tarde o temprano, resultar falso).
Aunque como el propio Merton ya indicó, estas normas no siempre se cumplen^^, ayudan, sin embargo, a establecer ciertas condiciones básicas o ciertos valores que contribuyen a que una comunidad acepte como conocimiento certificado cierto tipo y no 450 otro 19
Tanto las normas institucionales como otros valores epistémicos son elementos del proceso importantísimos en la ciencia, pero, son contingentes o contextúales: Tal es eí caso de la evaluación de las afirmaciones de conocimiento, lo que incluye la observación y experimentación controlada, la confirmación de predicciones, la repetitividad de las experiencias y, muchas veces, el análisis estadístico.
Pero, al margen de que no todos esos procedimientos son factibles en todas las disciplinas o subdisciplinas, estos valores son históricos, es decir, han variado, varían, a lo largo de la historia y es nuestra experiencia a lo largo de ella la que los conforma.
Por indicación de Lady Montagu y a instancias del Colegio de Médicos de Londres se inoculó la viruela a seis reos -a cambio de lo cual se les conmutó la pena de muerte-y luego a otros tantos huérfanos; a todos ellos se les puso en contacto con enfermos para ver si la inoculación funcionaba y no enfermaron.
Eso plantea una cuestión que nos llevaría muy lejos, pero que no podemos dejar de mencionar aquí porque resulta fundamental: la necesidad de introducir criterios contextúales, y no sólo epistémicos, a la hora de seleccionar o evaluar hipótesis o teorías, para evitar, de ese modo, prácticas científico-tecnológicas que perjudican de forma clara a ciertos grupos o personas, sean éstos mujeres, homosexuales, judíos o negros.
Pero lo cierto es que la vieja concepción de «la Leyenda» excluía -aún pretende excluir-la posibilidad de que eso suceda en los casos de «buena ciencia».
Tal ha sido la tradición que ha posibilitado, en aras de una supuesta «buena cientificidad» el desarrollo de teorías racistas, sexistas, etc. y el uso de prácticas pasadas y presentes reprobables desde un punto de vista ético: desde el modo en que Jenner ideó y probó la vacuna de la viruela, los ensayos de Semmelweiss para descubrir el agente causante de la fiebre puerperal en el Hospital General de Viena, los experimentos con judíos y gitanos de ciertos médicos alemanes antes y durante la Segunda Guerra Mundial para averiguar el tiempo de resistencia de los cuerpos humanos en condiciones de hipotermia, hasta recientes experiencias con fármacos como las pildoras anticonceptivas o cócteles anti-S.I.D.A.
Y ni siquiera los experimentos aparentemente neutrales están libres de críticas, pues subyacen a ellos una serie de supuestos y valores a veces no suficientemente tenidos en cuenta.
Por ejemplo, la pertinencia de extrapolar de otras especies animales a la humana ha sido cuestionada también en el caso de la medicina y la biología, como ha sucedido recientemente con el fármaco experimental TGN 1412, fabricado por la compañía alemana TeGenero.
Dicho fármaco es una proteína desarrollada genéticamente para abordar la proteína CD28, presente en las células T que son una clase de leucocitos.
El TGN 1412 está diseñado para activar una molécula situada en la superficie de ios leucocitos, la cual desencadena, a su vez, una reacción química que se supone ayuda a los glóbulos a reconocer y destruir ciertas células relacionadas con la leucemia y la esclerosis en placas.
Pues bien, después de ensayar dicho fármaco con ratones, conejos y perros fue inyectado en 6 humanos en una dosis 500 veces menor a la usada con otros animales, sufriendo un fallo multisistémico que los mantiene en estado crítico (dos de ellos en coma).Aparte de una serie de cuestiones importantes que este ensayo ha suscitado en la comunidad médica (y que debería plantearse a nivel general en la sociedad) diversos científicos han manifestado que quizás «la droga funciona de manera distinta en los animales que en los hombres [sic] y que, por eso, los animales usados en los ensayos previos no sufrieron las mismas reacciones, porque los anticuerpos fabricados para el TGN 1412 estaban diseñados específicamente para afectar a la proteína humana»^^.
Los valores contextúales, sean del tipo que fueren, pueden contribuir, y de hecho lo hacen, a conformar los valores epistémicos, así como a constreñirlos: incluso, pasándonos al terreno normativo, podríamos decir que deben hacerlo.
Además, en muchas ocasiones los valores cognitivos han ocultado u ocultan otros valores éticos o sociales que no conviene que desaparezcan y que en muchos casos llegan a formar una parte importante del proceder científico.
No sólo por lo que respecta a valores éticos de los mencionados en los casos anteriores, sino que, constantemente se exige que se de un tratamiento adecuado a los sujetos experimentales, precisando y variando nuestra noción de «tratamiento adecuado» a lo largo de la historia, que en estos momentos alcanza también a animales no humanos, hasta el punto de que, en muchas ocasiones, se debata si es adecuado utilizar los resultados obtenidos con pruebas experimentales «empíricamente fiables» pero «éticamente indeseables»^^.
Pero, además es que algunos de esos valores éticos son auténticamente «constitutivos» de la práctica científica, como la honestidad y la honradez: se supone que los investigadores informarán de los resultados obtenidos realmente, que no engañarán, ni ocultarán ninguna información relevante.
Es cierto que en muchas ocasiones estos valores se transgreden, pero, precisamente el desafío que supone lograr un equilibrio entre los ideales y la realidad, ayuda a mejorar nuestra ciencia.
Infringir esas normas suele pasar factura, como bien saben, por ejemplo, el coreano Woo-suk Hwang, que alteró parte de sus resultados en clonación, o el chino Chen Ji, quien en 2003 presentó como propios microprocesadores conseguidos en una empresa extranjera^^.
¿Qué es si no un intento de proteger e introducir valores sociales en la ciencia, los protocolos de investigación en seres humanos, la utilización de animales no humanos en el laboratorio o las normas para perseguir y castigar el fraude?
Los valores sociales o éticos también intervienen en los temas o fines de la investigación.
Aunque se ejecute siguiendo todas las normas de contrastación y experimentación, etc., no podemos decir que la investigación sobre armas mecánicas, nucleares o bacteriológicas, sea valorativamente neutral -como tampoco lo es la investigación sobre energía solar o sobre métodos agrícolas para obtener mejores cosechas.
En cada uno de estos casos, no sólo «el investigador es un agente ético responsable de las consecuencias de sus acciones, sean buenas o malas»^^, sino que hay una responsabilidad común que también atañe a la política científica.
Algunos científicos y filósofos apelan a la distinción tradicional entre ciencia o investigación «pura» y «aplicada», pero eso no sirve de nada.
Por un lado, porque en esta época de megaciencia (o big science) que nos toca vivir, resulta sumamente difícil separar la una de la otra^'^.
Pero, sobre todo, porque cuando surgen los debates sobre la investigación -por ejemplo, en la investigación con embriones humanos^^-lo que surgen son auténticos conflictos entre valores éticos o sociales que la ciencia sola no puede resolver, ni tampoco puede considerar irrelevantes.
Incluso algunos científicos se dan cuenta de los valores presentes en su investigación «básica» y cómo la conforman políticamente^^.
La retórica utilizada en la presentación de los resultados científicos, del «conocimiento autorizado», a veces nos hace olvidar que la ciencia la efectúan seres humanos individuales, de carne y hueso, que poseen una serie de valores, los de la propia cultura en la que viven, además de los de la comunidad científica a la que pertenecen.
E incluso aunque uno de los principales valores (cognitivos) de la ciencia es el desarrollo (o la obtención) de conocimiento del mundo que nos rodea (adecuación o precisión empírica), esta obtención de conocimiento no se hace aisladamente, encerrados en torres de marfil, sino, por ejemplo, en países concretos.
Y la investigación -sea en medicina, astrofísica, mecánica cuántica o ciencias espaciales-no es Del mismo modo, los valores contextúales también pueden afectar la descripción de los datos, y los conceptos, esto es, se pueden utilizar términos cargados de valores a la hora de describir observaciones y experimentos y los valores pueden influir en la selección de los datos o en los tipos de fenómenos a investigar.
Este tipo de influjo se ve muy bien en los casos de usos de ciertas metáforas pero, sobre todo, en disciplinas como la primatología o en teorías como la Síntesis Evolutiva.
Un ejemplo típico es el de Lucy.
Cuando se descubrió en Etiopía un homínido fósil de 3,2 millones de años se lo llamó «Lucy» (por la canción de los Beatles «Lucy in the sky with diamonds»).
«Lucy» es un nombre de mujer y, por tanto, el nombre dado implicaba que el fósil encontrado era el de una hembra.
Ahora bien, por lo general, el sexo de los individuos se determina por los genitales o por el ADN.
Como los primeros no se fosilizan y el segundo raras veces se encuentra en los fósiles, la determinación del sexo en el caso de los fósiles se hace, o bien por la morfología pélvica, por el tamaño corporal, o por los dientes caninos en los no humanos.
Sólo por su tamaño se decidió que era «hembra», pues se supone que es inferior en las hembras que en los machos.
Pero tal vez era un joven, o un macho pequeño de una especie donde había machos grandes y pequeños o un macho de una especie en que todos los individuos eran pequeños^''.
Este tipo de suposiciones sesgadas también aparecen en muchas exposiciones o museos de ciencias naturales, donde el macho aparece mucho más grande que su pareja (a la que, además, suele abrazar protectoramente).
Incluso en investigaciones supuestamente menos propensas a la inclusión de valores, también sucede.
Por ejemplo, en la investigación agrícola, conceptos como sostenibilidad, precaución, bienestar animal, fertilidad del suelo o calidad de la naturaleza, están cargados de valores: según los usen diferentes grupos y en discursos distintos, tendrán diferentes significados.
También hay valores que pasan de la ciencia a la sociedad: la ciencia y la tecnología tienen éxito y son potentes, poderosas, las cosas que se asocian a ellas tienen más valor y autoridad y lo más dramático de todo es que se puede considerar que, puesto que se tiene la imagen de la ciencia como actividad resolutoria de problemas, es un modelo para la resolución de todos los problemas, científicos o no: se puede tender a considerar que la ciencia (y la tecnología) pueden solucionar todos los problemas sociales (como positivistas ingenuos) y que es el principal medio para lograr la objetividad.
Pero, ¿qué sucede cuando hay otros valores implicados?
El caso es que no todos los problemas son susceptibles de tener una solución científica.
Por ejemplo, una visión estrecha nos llevaría a pensar que el problema poblacional tiene una solución tecnológica: si no hay suficientes recursos alimenticios para alimentar a toda la población del planeta, bastará habilitar las soluciones científico-tecnológicas adecuadas (tecnologías de control reproductivo, tecnologías que aumenten la eficacia agrícola, etc.)
Ahora bien, el problema conlleva también un reto ético acerca de la libertad de tener o no hijos en un mundo con recursos globales limitados, que no evitará la «tragedia de los comunes».
Es decir, hay un tipo de problemas humanos que son «problemas que no tienen solución técnica»^^, pues están implicadas al menos dos contradictorias.
Por eso, lo que hay que lograr es un consenso acerca de cómo usar individualmente los recursos comunitarios.
Por supuesto que la ciencia puede ayudar a identificar relaciones causales o consecuencias imprevistas en las que los valores éticos, o de otro tipo, son importantes o relevantes.
Por otro lado, para poder tomar decisiones necesitamos disponer de un buen conocimiento previo.
El caso de evaluaciones de riesgo son típicas: los científicos pueden decir dónde, por qué, cómo y en qué medida existe un riesgo, pero si debemos evaluar en qué medida es «aceptable» un riesgo, es muy probable que necesitemos echar mano de otros valores.
Es posible que, por ejemplo en casos de evaluación de riesgos, trasladar los valores «estrictamente científicos», como por ejemplo el ideal de cuantificación, oculte las dimensiones éticas y sociales relevantes: es posible que no baste con reducir el problema a una escala numérica, sino que haya que plantearse cuestiones acerca de la distribución del riesgo entre distintas personas o grupos, la autonomía de aquellas para aceptario, etc. Por eso es sumamente importante disponer de una buena educación en ciencia y tecnología, a todos los niveles, de modo que personas informadas, aunque no expertos puedan tomar decisiones propias o participar en la toma de decisiones que afectan a su grupo, a la sociedad o a la humanidad, convirtiéndose esa participación en un elemento más, e importante, de la ciencia y la tecnología.
Lo contrario sería extender la ciencia más allá de su propio dominio, a la vez que la renuncia de la ciudadanía a sus propias responsabilidades.
El conocimiento científico y las tecnologías, también pueden plantear nuevos problemas éticos o sociales como sucede en la hemodiálisis, los trasplantes de órganos y tejidos, la reproducción asistida o la ecología.
Las nuevas situaciones «científicotecnológicas» nos obligan muchas veces a aplicar viejos valores de una nueva forma o a replantearnos los significados de viejos conceptos: por ejemplo, el de «vida/muerte» en tecnologías médicas, los de «padre», «madre» o «familia» en las tecnologías de reproducción asistida.
Puede incluso que, cuando la ciencia y la tecnología resuelven ciertos problemas, introducen nuevos problemas sobre valores que no pueden resolver, pero no por ello hay que excluirlos del dominio de la ciencia.
Cuando se defiende la autonomía y la neutralidad valorativas de la ciencia, parece darse por sentado que los demás valores que rigen la sociedad no necesitan justificación.
Pero aunque puede que eso suceda en ciertas sociedades no democráticas^^, no deòe ocurrir así en las sociedades democráticas: nuestros valores contextúales deben ser sometidos públicamente a crítica y justificados mediante cuidadosos razonamientos, apelando a evidencias y, seguramente, también, a sentimientos comunes compartidos, igual que sucede con los argumentos científicos.
Del mismo modo que sucede en ciencia, tendremos que poder experimentar las consecuencias de nuestras acciones y universalizar nuestras decisiones.
Estamos ligados por nuestros valores sociales, como Ulises al mástil de su barco y, si bien no podemos cortar las ligaduras, tal vez sea razonable para todos elegir con qué nos atamos.
Ese es uno de los principales objetivos de los artículos que aparecen en este número.
Introducir en nuestros análisis el «género» (claramente contextual) y una perspectiva feminista arroja nueva luz sobre los problemas.
Entendemos por género una categoría cultural que se opone a la de sexo.
Por sexo entendemos las características «biofísicas» que diferencian a los hombres de las mujeres.
No obstante, el sexo puede ser de diversos tipos: cromosomico, genital, gonadal, hormonal y se pueden dar combinaciones de al menos dos de los tipos de sexos anteriores.
En cambio, el término Rigenero» refiere de manera general a pautas de comportamiento, social y culturalmente específicas, ya sean reales o normativas y que tiene diversas dimensiones, tales como roles, normas, identidad, virtudes o simbolismo de género^^.
El concepto de género procede de la psicología y medicina clínica.
John Money (1955) introdujo en la literatura psicológica el con-cepto rol de género -la expresión pública de ser varón o mujer--^^.
Poco después se diferenció del de identidad de género -la experiencia privada de pertenecer a uno u otro sexo-acuñado por el psiquiatra y psicoanalista Robert Stoller (1968).
Las normas de género dictan el comportamiento esperado según los roles de género y las virtudes y las características de género que son rasgos psicológicos que se consideran masculinos o femeninos según hagan que quienes los posean se adecúen a las normas de género asignadas a hombres y mujeres (las características masculinas son virtudes en los varones y vicios en las mujeres y a la inversa).
Y también tenemos el simbolismo de género que puede situar a los objetos inanimados y a los animales en un campo de representación de género, bien por asociación convencional, por proyección imaginativa o por pensamiento metafórico.
Como es sabido, la sociología ha convertido la categoría de género en uno de sus conceptos teóricos más influyentes-^^ que ha pasado a otras disciplinas y se ha convertido en fundamental a la hora de analizar la ciencia y la tecnología.
Los artículos que aparecen en este número utilizan, pues, como categoría de análisis la de género y una perspectiva claramente feminista que permite vre qué valores intervienen en nuestras teorías y prácticas científico-tecnológicas, a cuáles de ellos estamos ligados.
El feminismo ha contribuido a desvelarlos, produciendo un cambio en la ciencia y en la tecnología, así como en la idea que las personas tienen de ambas.
Elizabeth B. Silva se centra en la desestabilización que el feminismo ha producido en las «categorías y divisiones de varios campos del conocimiento», debido a que se ha dedicado a hacer visibles aspectos de la ciencia que antes no lo eran y a cuestionar qué y por qué se incluyen -o excluyen-ciertos aspectos del mundo.
Comienza presentando de forma breve cómo se han desarrollado lo que denomina «ciencias feministas» como parte de la política feminista y efectúa una serie de consideraciones acerca del papel de las distinciones locales del feminismo en el cambio de las disciplinas científicas.
En especial, y partiendo de la distinción ya formulada en los años setenta y ochenta entre feminismos liberales, socialistas y radicales, a pesar de las diferencias existentes entre ellos, establece la importancia de insistir en que las causas de opresión de las mujeres son sociales en sentido amplio (es decir, culturales, económicas y sociales) y no biológicas como se ha mantenido desde la antigüedad hasta nuestros días (Amparo Gómez examina en su artículo algunos aspectos de este uso de la biología para mantener la dominación económica y social de las mujeres).
Pero ese consenso se rompe en los años noventa, con las acusaciones de etnocentrismo y racismo que efectúan las mujeres negras (fundamentalmente) y con la apreciación positiva de la diferencia, entendida no tanto de una manera biológica, como de la forma mediante la cual «las culturas crean condiciones específicas para que ciertos grupos de mujeres o.mujeres individuales, vivan y se reproduzcan».
De ese modo se cuestiona, a la vez, la distinción entre sexo y género, entre biología y construcción social.
Pero también se incide en la contextualidad y variabilidad de las mujeres, así como en el hecho de que para potenciar las capacidades y el poder de todas las mujeres hay que tener en cuenta las cualidades específicas de cada una de las mujeres.
Si se ha de tener en cuenta esas cualidades femeninas, habrá que intentar que aumente el número de mujeres estudiando y haciendo ciencia y tecnología.
Ahora bien, ¿qué significa ese aumento, qué revela y qué esconde?
Revela que hay diferencias entre hombres y mujeres, pero también entre las que cuentan o importan y las que no. Revela que las mujeres no avanzan en sus carreras a la misma velocidad que los hombres, sin que eso suponga inferioridad de resultados previos en las carreras de las mujeres.
De hecho, algunos trabajos (Pérez Sedeño, 1996, Velho e Leon, 1998) muestran la enorme productividad de las mujeres en situaciones supuestamente improductivas (como en periodos de embarazos o partos) o situaciones supuestamente paradójicas, como el hecho de que en áreas donde las mujeres son minoritarias publican más que los hombres y a la inversa (donde son mayoría publican menos).
La interpretación que hacen algunas estudiosas es que allí donde son mayoría, los hombres imponen su modelo de éxito.
Pero, al margen de la generalidad de esos estudios o de la aceptación de esas interpretaciones, es posible pues, que las construcciones tradicionales de la cienciaesto es, como dice Elizabeth B. Silva, masculinas -sirvan a ciertos objetivos o fines que variarían si hubiera más mujeres en la ciencia.
Por eso, las feministas han preparado una agenda para las ciencias y la tecnología que incluye cuestiones sobre poder, sexualidad, exclusiones y refuerzo de las normas de género, entre otras cosas.
Como buena conocedora de las críticas formuladas en los años setenta y ochenta contra las feministas blancas norteamericanas y británicas fundamentalmente, y dado que toda agenda feminista se caracteriza por su carácter prác-tico, E. B. Silva se pregunta en qué medida esa características generales expuestas y sus propuestas, son aplicables a Brasil, dada la multiplicidad de etnias, lugares y clases, que hace que las mujeres brasileñas vivan sus vidas privadas de manera muy diferente a como las viven las europeas o norteamericanas.
El trabajo de Patricia Tovar aborda las cuestiones de género en las ciencias sociales, en especial en antropología.
Su enfoque es especialmente interesante, pues combina el aspecto autobiográfico, la mirada de la antropóloga sobre sí misma, junto con la reflexión crítica sobre su disciplina.
O, mejor dicho, poniendo como pretexto diversas preguntas personales, se plantea cuestiones capitales en la antropología en particular y en las ciencias sociales en general -incluso en todas las ciencias-, añadiría yo.
Comienza Patricia Tovar efectuando un breve repaso del desarrollo de su disciplina desde comienzos del siglo veinte y de sus fundamentos, donde destaca que los principales investigadores fueran blancos, europeos o norteamericanos -con algunas mujeres destacadas-al servicio, por lo general, de los gobiernos occidentales o miembros de los cuerpos de paz y preocupados por cicivilizar» las «sociedades primitivas» o exóticas (es decir, no occidentales) que estudiaban; dicho de otro modo, lo que trataban era de imponer su cultura y religión desde un marcado etnocentrismo.
Tras la Segunda Guerra Mundial y los cambios políticos que se producen en África, Asia y América, se comienzan a plantear preguntas que llevan entre otras cosas, a cuestionar algunos de los objetivos teóricos de la antropología, que eludían estudios de, y compromisos con, temas tales como la pobreza, la discriminación racial o la subordinación de la mujer.
En el caso de Iberoamérica, la antropología ha tenido un marcado carácter indigenista y enorme compromiso social que ha llevado a los antropólogos y antropólogas a militar en diversos movimientos armados, indigenistas, campesinos o democráticos.
Pero, sobre todo, ya no se distingue entre «pueblos civilizados» y «primitivos», con las connotaciones valorativas que esa diferenciación conllevaba, sino que se explora «al otro», para entendernos mejor, esto es, a todos, a ellos y a nosotros.
nar sobre las mujeres en general, las antropólogas en particular y su disciplina.
Las dificultades experimentadas como estudiante de post-grado en los Estados Unidos de América primero, como doctora e investigadora después, muestran de manera paradigmática y reflexiva las diferentes condiciones en que antropólogos de distinto sexo, pero también de diferente etnia, desarrollan su trabajo de campo, que es básico en la disciplina: en qué consiste este pilar fundamental de la antropología, para qué se utiliza y cómo podría ser utilizada (en beneficio de qué y de quienes), en suma qué valores e intereses hay en juego.
El resultado del feminismo, es decir, de la consideración de que los valores contextúales forman parte consustancial en muchas disciplinas, es diverso: desde el cambio de definición de la disciplina -de «ciencia que estudia ai hombre?), con las connotaciones sabidas de este último término, a «ciencia de los seres humanos»-hasta la reevaluación de toda la disciplina a partir de los años setenta, gracias a la reconsideración del objeto de estudio.
Pues, como sucede en otras disciplinas, el cambio de definición -o mejor, de caracterización-no es un simple empeño por cambiar un término por otro.
Es cierto que las feministas que hablamos español sabemos que, en una de sus acepciones, «hombre» abarca a todo el género humano.
Pero también sabemos que es doblemente genérico, pues las disciplinas que supuestamente se ocupaban de toda la especie humana tradicionalmente sólo se ocupaban de la mitad de la especie, del varón, de lo masculino^^.
El hecho de universalizar de verdad el objeto de estudio, es decir, de abarcar a hombres y mujeres, ha permitido muchas cosas, como, por ejemplo, cuestionar los aspectos teóricos de las desigualdades de género en las sociedades occidentales y su comparación con otras sociedades.
El trabajo de Amparo Gómez se ocupa de examinar la existencia y el papel de los valores en un caso concreto dentro de las disciplinas biomédicas del siglo diecinueve.
En especial, analiza cómo los valores ideológicos androcéntricos dominantes intervinieron en los estudios del cerebro y de la teoría de la inferioridad mental de la mujer efectuados por P.J. Mobius a finales del siglo diecinueve.
Comienza A. Gómez con el análisis de los contenidos de la teoría de la evolución con respecto a las mujeres, en la versión más desarrollada al respecto, la De Herbert Spencer.
En especial, la autora analiza los argumentos sobre la desigualdad física y mental de las mujeres con respecto a los hombres.
Desigualdades y diferencias que vienen dadas, según los evolucionistas, por el papel o la función que la evolución ha asignado a las mujeres, la procreación, para lo cual no es necesario el desarrollo de cualidades superiores.
Así, además de la falacia lógica de deducir enunciados de «deber» de enunciados de «hecho» (esto es, pasar del enunciado que afirma que las mujeres son procreadoras a afirmar que no deben desarrollar otras cualidades) convierte Spencer una diferencia de ipso primero en diseño y luego en inferioridad.
Una inferioridad intelectual inducida: las mujeres -afirma Spencer-podrían desarrollar su intelecto, pero eso iría en detrimento de su capacidad reproductora.
De ese modo hace uso de una especie de principio de conservación de la masa y la energía «bioiógico-reproductivo», según el cual la energía empleada en el intelecto disminuiría la capacidad reproductora y, a su vez, el aumento de actividad cerebral aumentaría el volumen de ese órgano y disminuiría el de los ovarios.
Pero, seguramente, uno de los hechos que más influyeron en la construcción del discurso «científico» sobre la inferioridad mental de la mujer fueron los estudios del cerebro desarrollados desde la frenología, la neurología y la antropología.
Los frenólogos -guiados por los trabajos de J.F. Gall-mantenían (y explicaban) que existía una relación entre forma del cráneo y las características mentales y conductuales de los individuos.
Los antropólogos, por su parte, utilizaron los estudios frenológicos (en especial, la noción de índice cefálico) para fundamentar las características mentales y comportamentales de los dos sexos, pero también de las razas y otros grupos humanos (como los obreros o los criminales).
Pero es en neurología, de la mano de los trabajos del autor que es objeto del trabajo de Amparo Gómez, P. J. Mobius, donde la tesis de la inferioridad mental de la mujer recibe mayor apoyo, hasta convertirse en piedra angular de la constitución del discurso científico sobre «la cuestión», como fue denominada en el siglo diecinueve.
Basándose en estudios comparativos del fisiólogo y anatomista Rüdinger y sin cuestionar en absoluto su metodología ni su validez establece, tajantemente y de uno vez por todos, el menor desarrollo de ciertas partes cerebrales de las mujeres y por tanto, su inferioridad en todos los aspectos.
Amparo Gómez examina detenidamente los estudios y datos de Rüdinger empleados por Mobius y pone de manifiesto importantes anomalías metodológicas y argumenta-
tivas, genéricamente sesgadas desde un principio.
Por un lado, parte de la idea de que hombres y mujeres son diferentes y de la inferioridad de éstas, basándose en las afirmaciones de diversos autores y en dichos populares, aunque desea confirmar esa idea basándose en las investigaciones neurológicas.
Al margen del carácter no justificado del supuesto, obsérvese que digo «confirmar», no «contrastar».
Cuando un investigador o investigadora propone una hipótesis, es decir, un enunciado que puede ser verdadero o falso, idea un procedimiento que le permita averiguar la verdad o falsedad de dicho enunciado.
Poro cuando ya se dispone de una contrastación favorable a la hipótesis, aun asumiendo su verdad, se procede a contrastarla más veces y de diferentes maneras para corroborar su verdad.
Por otro lado, al efectuar los estudios sobre cerebros, ya separados como masculinos y femeninos, y proceder a continuación a compararlos, se cae en una argumentación circular y falaz, en concreto, se comete la falacia de petitio principii: es decir, se está argumentando a partir de premisas (experimentales en este caso) entre las cuales se incluye la diferencia entre cerebros de hombres y mujeres, a la conclusión de que los cerebros de hombres y mujeres son diferentes.
Pero, además, entre las premisas tenemos al menos una sin justificar, a saber, que esa diferencia es inferioridad.
Eso hace que la argumentación no pueda justificar la conclusión a la vez que, como esa premisa pertenece al conjunto de las creencias de base o de partida, sesga cualquier observación y conclusión.
El artículo de Carmen Mataix se construye alrededor de un libro que tuvo un éxito editorial inusual en la sociedad occidental actual, a pesar del tema de que trataba, la filosofía en su historia tal y como aparece en El mundo de Sofía de J. Gaardner.
Según Carmen Mataix, este libro, publicado a finales del siglo veinte, se encuandra en ese género literario típico de la Revolución Científica y de la Ilustración que se dio en llamar «literatura científica para damas'.
En efecto, la nueva ciencia y la nueva filosofía pusieron al alcance de la clase alta europea los nuevos instrumentos, abundaban las exhibiciones científicas, no faltaban gabinetes de ciencias -físicos, de historia natural, etc." en las mejores casas.
Así que comenzaron a aparecer toda una serie de libros de divulgación científica.
Y como no era de buen tono que una dama fuera completamente ignorante de las modernas teorías (siempre que no pretendiera dedicarse profesionalmente a las ciencias duras o mucho menos a la medicina), comenzaron a proliferar libros especialmente escritos para las damas.
Benjamin Martin, por ejemplo, escribió The Young Gentleman and Lady's Philosophy, donde manifestaba que saber ciencia era «una gracia peculiar en el bello sexo»^"^.
La aceptación de las teorías de Newton en todo el continente europeo (gracias, entre otras cosas, a la excelente traducción al francés que hizo Madame de Chatellet) tuvo la consecuencia de«que hubo que rescribir las popularizaciones de mecánica, adoptando la mayoría el formato de esa literatura para damas.
Y así, surgen toda una serie de libros, de los cuales, sin duda uno de los más famosos es // newtonionismo per le dame, de Francesco Algeroti (publicado en 1737), en el que se expone la óptica y física newtoniana.
Pero no hay que dejarse engañar por el género al que se adscriben estas obras, pues no todas las popularizaciones dirigidas a las señoritas eran de hecho divulgaciones.
Charles Leadbetter dedicó su Astronomy: or the True System of the Planets Demonstrated (1727) a Mrs. Catherine Edwin quien según afirma el autor tenía gran erudición y habilidad en Ciencias matemáticas, en especial en las celestes; y así debía ser, a juzgar por la obra, plena de tablas astronómicas, complejos cálculos matemáticos y toda una serie de tecnicismos, mucho más de los usuales en los otros libros «para damas».
Las popularizaciones científicas fueron de gran importancia.
Por ejemplo, las teorías mecanicistas de Descartes fueron dadas a conocer a un público más amplio gracias a La pluralidad de los mundos de Bernard Le Bovier de Fontenelle (1657-1757): en cinco tardes consecutivas, la marquesa de G., a quien está dedicada la obra, es instruida en el complejo universo copernicano y cartesiano^^... condescendientemente.
La obra de Fontenelle tuvo mucho éxito, (entre otras cosas, por que hablaba de la posibilidad de extraterrestres), y fue traducida al inglés por Aphra Behn (1640-1689).
Esta versátil autora, viajera y aventurera, a pesar de no ser una «experta» en astronomía encontró en dicha obra tantos fallos y la halló tan susceptible de críticas que decidió escribir sus propias ideas al respecto: «Debo decirte sinceramente que [Fontenelle] ha fracasado en su proyecto; pues al pretender hacer familiar esta parte de la Filosofía Natural, ha caído en el ridículo...
Y por lo que se refiere a su Lady Marquiese, le hace decir muchas tonterías, aunque a veces hace observaciones tan inteligentes y eruditas que los mejores filósofos de Europa no las podrían hacer mejor»^^.
distancias que los siglos imponen entre ambos.
Lo que más sorprende en realidad es lo poco que han variado los estereotipos sobre las mujeres en estos siglos: un libro escrito por un nórdico y a finales del siglo veinte sigue mostrando las mismas cotas de actitudes paternalistas, moralistas y desigualdades jerárquicas.
La destinataria, en el caso de la obra de Gaardner, tiene que ser necesariamente una adolescente, pues terminado el siglo pasado, si hubiera sido una mujer adulta, el autor no habría salido indemne.
Pero la propia elección de una adolescente y no de un adolescente, le delata, indica la apreciación real que tiene el autor de las mujeres: eternas adolescentes, o su deseo de que así sean.
El trabajo de Carmen Mataix es una muestra clara de lo que supone hacer crítica desde la perspectiva feminista y de género: estoy completamente segura de que quien lea El mundo de Sofía después de leer este artículo, considerará que tiene entre sus manos un libro muy distinto.
El artículo de Marta González es una excelente contribución al análisis de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad, centrada en la consideración de cómo factores sociales afectan los contenidos y prácticas científico-tecnológicas de la sexologia.
En el trabajo se defiende la participación de valores contextúales en el modelado de contenidos y prácticas científicas a través de decisiones relativas a los problemas, métodos y fines de la investigación.
Estas decisiones, normalmente adscritas al «contexto de descubrimiento» y consideradas irrelevantes para la evaluación de los productos científicos, muestran ser, por el contrario, centrales para los procesos de justificación, ya que los criterios de aceptación o rechazo son en cierta medida dependientes de prioridades epistémicas mediadas por valores contextúales.
Defender la participación de valores contextúales es un paso previo para defender la participación de valores de género en determinados episodios científicos.
Por eso se ha escogido para ilustrar la tesis defendida el caso de estudio de la sexologia, una disciplina que se encuentra en proceso de negociar lo que pueden considerarse formulaciones de problemas, prácticas y teorías propias; y donde la evaluación de sus procesos y productos depende de valores contextúales relativos a fines, expectativas y preconcepciones, en muchos casos relacionados con el género.
Analizando el desarrollo de la sexologia desde sus orígenes en la Alemania del siglo XIX hasta las críticas feministas al paradigma impuesto por Masters y Johnson se mostrará el modo en que valores contextúales marcan las prioridades epistémicas estable-ciendo así ios criterios de aceptación o rechazo de teorías y prácticas.
El trabajo de Diana H. Maffia plantea algunos de los problemas más importantes y menos tratados en filosofía en general y en teoría del conocimiento en particular.
Presenta dos aspectos importantes: la tensión entre conocimiento y emoción (por lo general resuelta a favor de la primera parte del par) y cómo conocemos las emociones propias y las ajenas.
Dada la importancia de este estudio para mostrar nuestra vinculación con el mundo y con los otros, es realmente insólito que las emociones hayan recibido tan poca atención por parte de la filosofía de la ciencia y de las ciencias cognitivas.
En la filosofía contemporánea, las emociones se utilizan como forma de acotar las posibles alternativas en la elección racional de los denominados «sistemas expertos», pareciendo, pues, que surge una paradoja: el conocimiento se opone a emoción (junto con otras dicotomías excluyentes y jerárquicas como objetivo/subjetivo, activo/pasivo) pero se utilizan las emociones para comprender la racionalidad.
Las emociones permiten enmarcar nuestras decisiones definiendo los parámetros a tomar en cuenta en evaluaciones o decisiones concretas y entresacando sólo algunas de las alternativas posibles en el proceso de deliberación racional.
Es decir, «las emociones... serían importantes para la racionalidad porque rebajan a una medida manejable el número de consideraciones relevantes para la deliberación racional y proporciona el marco indispensable sin el cual la cuestión de la racionalidad ni siquiera podría surgir».
También los estudios feministas han llamado la atención sobre la evaluación de la corporalidad y la emocionalidad con respecto a la filosofía y la ciencia, en especial al considerar que las características masculinas son las humanas, es decir, las de todos los seres humanos, lo que ha llevado a una normatividad científico-filosófica no universal y espuria.
Al considerar esta nueva tradición, Maffia abre el camino a la discusión acerca de cómo conocemos las emociones.
Tras hacer un repaso a la reciente tradición cognitivista, reconoce que el estudio de las emociones es uno de los grandes retos de las ciencias cognitivas (en especial de la psicología cognitiva), pero, en su opinión, comete un gran fallo en el mismo punto de partida: la metáfora de la mente/ordenador, que es una metáfora informática del conocimiento, es decir, como procesamiento de informa- de ese modo, se ocupa sólo de una de las direcciones posibles del camino, la que va de la cognición a la emoción, pero no a la inversa.
Aún así, la autora reconoce el interés del proyecto cognitivo que se caracteriza por pretender determinar algún tipo de estructura general en las situaciones posibles que desencadenan las emociones y especificar su estructura psicológica.
Aprecia positivamente el intento de describir cómo se evalúan cognitivamente las emociones, cómo se organizan y los procesos cognitivos implicados, es decir, el interés por descubrir lo que podríamos denominar una «gramática de las emociones», es decir, la explicitación de los principios implícitos que se incorporan en la experiencia emocional normal.
Para ello, se propone una tipología de las emociones (en lugar de ocuparse de los distintos estados emocionales) y el estudio de cómo se relacionan entre sí.
Dicha tipología parte de la idea básica de que los aspectos principales que hay que tener en cuenta sobre cómo percibimos el mundo son tres: acontecimientos, agentes y objetos.
Las emociones son «reacciones con valencia» a algunos de estos aspectos, que dan lugar a tres tipos básicos de emoción: estar contento (frente a estar disgustado), aprobación (frente a desaprobación) y agrado (frente a desagrado).
También examina la autora el programa de H. Maturana, que es bien distinto.
Para comenzar, su análisis se enmarca en la biología del conocimiento, pero considera que no hay que contemplar la racionalidad como característica de lo humano, pues eso relega la emocionalidad al aspecto animal.
Y lo que sucede es que todo sistema racional tiene fundamento emocional, que es su condición de posibilidad: cuando estamos bajo cierta emoción, hacemos ciertas cosas, aceptamos ciertas argumentaciones, diferentes a las que hacemos o aceptamos bajo otras emociones.
Las emociones están vinculadas con lo social y el lenguaje, con lo típicamente humano.
Y, como afirma Mafia, reflexionar sobre la filosofía y la ciencia desde esta perspectiva puede ser escalofriante.
Porque a la ciencia y a la filosofía se les ha hurtado históricamente las emociones y eso conlleva fallos cognitivos y morales notables, no es algo ensalzable y que hay que perseguir, como se nos ha hecho creer.
El trabajo de Ana Sánchez se enmarca en lo que se denomina epistemología de la complejidad del pensador francés Edgar Morin, los estudios CTS (de ciencia, tecnología y sociedad) y la teoría feminista.
Utiliza este marco complejo para analizar una de las tecnologías más impactantes y controvertidas por los múltiples aspectos implicados, del momento: las tecnologías de reproducción asistida.
Frente a la idea tradicional de separar la ciencia y la tecnología de sus usos y consecuencias, la autora presenta su análisis como una forma de poner de manifiesto que hay que analizar y evaluar nuestras tecnologías de modo que se puedan efectuar reclamaciones acerca de su concepción, implementación y uso y evitar consecuencias indeseadas.
Para ello, examina el discurso biomédico a través de las metáforas utilizadas, que ayudan a identificar o desvelar los supuestos, creencias y valores que guían la metodología y prácticas biomédicas.
Las metáforas usadas remiten a dos discursos y dos sistemas sociosimbólicos que modelizan y fragmentan el cuerpo y fijan el papel de la mujer como madre, lo que produce un círculo vicioso de necesidades/ofertas/necesidades de que no pueden escapar las mujeres.
Pero los valores del orden patriarcal no se encuentran sólo en el discurso biomédico; el discurso jurídico y el usado en los medios de comunicación comparten los mismos valores y claves, lo que impide una información crítica en los medios de comunicación, o una legislación que no vaya a la zaga de la tecnociencia.
La omnipresencia de estos valores queda expresamente manifestada en lo que Ana Sánchez denomina la «metáfora de la culpa» que tiene consecuencias importantes por lo que se refiere a las tecnologías terapéuticas y a la evaluación de riesgos y resultados.
Por todos esos motivos, la autora, al igual que otras voces feministas, aboga pr un enfoque plural que refleje las distintas voces y razones, los diferentes intereses y discursos, en fin, las relaciones de poder y los valores existentes de manera más o menos explícita o implícita.
En «Conocimientos de lo cotidiano: situaciones e historias» Elizabeth B. Silva pretende discutir los antecedentes y consecuencias de las construcciones de nuestras categorías para el conocimiento, en la vida cotidiana y en la práctica científica.
Como el resto de los artículos que aparecen en este volumen, mantiene la idea general de que la elección de lo que es importante en el campo del conocimiento no está libre de valores contextúales, no es el resultado sólo de criterios metodológicos y científicos en la acepción tradicional mencionada al comienzo.
Para mostrarlo, comienza examinando la tensión existente entre la metodología Esta concepción del conocimiento como conocimiento situado lleva a la autora a reflexionar sobre las implicaciones que la vida cotidiana de las mujeres, las historias de lo cotidiano, tienen para las maneras de conocer.
Las historias de las mujeres nos hablan de relaciones tradicionales de género que refieren a determinados roles -por ejemplo-, en el trabajo de cuidar los cuerpos de los hombres, los niños, los enfermos, los propios cuerpos de las mujeres, pero también de los locales donde viven esos cuerpos.
Ahora bien, las prácticas institucionales, tecnológicas, políticas y económicas refuerzan esos roles de modo que no se considera, por lo general, que las actividades de las mujeres forman parte de la historia y la cultura humana, debido a su invisibilidade^.
Pero no sólo son invisibles las actividades de las mujeres para los hombres, en realidad, para toda la sociedad.
Existen muchas mujeres cuyas vidas, cuyas historias, son invisibles para las pocas mujeres que tienen poder y a las que ayudan cuidando a sus hijos, sus compañeros, los lugares donde habitan, donde trabajan.
Por eso, hay que dar cuenta del punto de vista de todos y todas las excluidas.
El último trabajo, realizado por Sara Rietti y Diana H. Maffia, aborda las desigualdades de género, en especial la escasa pre-sencia de mujeres en las denominadas «ciencias duras», esto es en matemáticas, física, química e ingenierías, y en puestos de responsabilidad, no sólo en esas áreas sino también en política.
Pero abordan ese problema desde una perspectiva diferente, pues intentan mostrar un paralelismo importante entre el ejercicio de la ciencia y el de la ciudadanía.
Diferente porque, aunque comparten con el resto de ios trabajos la asunción del modelo androcéntrico en que se encuadran la ciencia y la política, vinculan las dos situaciones: la de las mujeres en el sistema científico-tecnológico y en el sistema político.
La tesis que pretenden mostrar a lo largo del trabajo es que, para explicar la situación de las mujeres tanto en ciencia como en política, no basta la explicación usual que responsabiliza al estereotipo de género y a la cultura androcéntrica y patriarcal.
Esos factores son importantes, pero no los únicos.
Señalan las autoras la frecuencia con que las mujeres de las disciplinas antes mencionadas o con cargos políticos destacados afirman no haberse sentido discriminadas por razón de su sexo y explican las renuncias, paradas y estancamientos en sus carreras como decisiones personales, tomadas, por lo general, para evitar conflictos que suelen darse entre la esfera pública/profesional y la privada.
El problema, según las autoras, es que las habilidades en que se socializa a las mujeres son contrarias a las que se les exige en la vida profesional, lo que supone el ejercicio de la violencia sobre las capacidades y hábitos aprendidos para la esfera privada, pero que se consideran no sólo inadecuados, sino nocivos, para la esfera pública, en este caso, la ciencia y la tecnología, así como la política.
La pregunta que se plantean las autoras es qué sucedería, tanto en ciencia como en política, si, como resultado del aumento de mujeres, cambiaran las normas.
Qué sucedería si, en lugar de explicar la ausencia (o deserción) de las mujeres de ciertas áreas por su incapacidad de adecuarse al proyecto que conforman, consideráramos que tienen razones fundomentales para obrar asL Qué pasaría si se asignara valor cognitivo positivo a las capacidades supuestamente típicas de las mujeres.
En un difícil ejercicio epistémico crítico para evitar caer en la idealización esencialista, las autoras abogan por la valoración epistémica de cualidades que no se suelen considerar positivas para la construcción del conocimiento.
Peor, como ellas mismas dicen, no se trata tan sólo de un ejercicio de imaginación, pues ya hay muchos ejemplos (y creo que este libro es uno de ellos).
25 En mi opinión, el debate acerca de la obtención de células troncales o «madre» a partir de embriones humanos no se ha presentado adecuadamente en algunos medios de comunicación.
Por un lado se presenta como un conflicto entre quienes quieren que la ciencia «avance» apelando a supuestos criterios científicos de búsqueda de conocimiento o de la verdad y de aplicabilidad para curar enfermedades y quienes consideran inaceptable tal investigación por razones «ideológicas», en concreto religiosas.
Pero, los valores subyacentes en ambos casos son sociales o éticos, basándose cada parte en distintas ideologías: unos mantienen que no es correcta la investigación porque los embriones son «personas» o pueden llegar a serlo, los otros dicen que eso no es así (y apelan además a una cierta «ética del despilfarro»: dado que los embriones no se pueden implantar ya, se desperdiciarían).
Los valores presentes en esta disputa ocultan otros: por ejemplo, la ocultación de valores de género (o más bien, la presencia de valores sexistas) esconde la procedencia de los embriones y la necesidad para su obtención de contar con miles de mujeres que se sometan a las técnicas de reproducción asistida (en especial estimulaciones ováricas y laparoscopias) cuyas consecuencias no están bien estudiadas ni determinadas, pero, eri principio, potencialmente peligrosas.
Y como las mujeres, una vez más, son borradas como objeto/sujeto de la experimentación (obsérvese como en las representaciones gráficas de la obtención de las «células madre», a pesar del nombre no aparecen ovarios de mujeres, de los que se obtienen los óvulos) también desaparecen otras posibilidades de obtención de dichas células, como la médula ósea.
Si se acepta la investigación con embriones congelados, ¿qué sucederá cuando se termine el «stock» existente?
¿No se da por sentado que seguirá habiendo, porque las mujeres seguirán sometiéndose a las TRA y produciéndose «excedentes»?
Por supuesto, mis valores son distintos a los de las partes implicadas en la disputa, pero resulta cuando menos sorprendente, que no aparezcan estas consideraciones en el debate que nos presentan los medios de comunicación. |
RESUMEN La cuestión fundamental para discutir sobre género y las ciencias radica en la pregunta:¿cómo el feminismo está cambiando la ciencia?
La autora se centra en los efectos que ha tenido el feminismo en la desestabilización de las categorías y divisiones tradicionales en diversos campos del conocimiento.
Esa desestabiiización conlleva una estrategia de visibilidad y contabilidad de aspectos que hasta ahora habían sido dejados de lado y que ha llevado a cuestionar qué se incluye y que se excluye en el conocimiento que tenemos de nuestro mundo.
(2) Vidas privadas diferentes. |
RESUMEN Se parte de la ¡dea de que los retos y las dificultades que la ciencia y la academia presentan a las mujeres varían según la disciplina, la clase social y el origen nacional, para hacer una reflexión, a partir de una experiencia personal de una colombiana tratando de salir a flote en la antropología de los Estados Unidos.
Con esto se exponen y analizan las percepciones, representaciones e impedimentos que tienen las mujeres del sur en la comunidad científica del norte y el muy limitado reconocimiento que históricamente han obtenido en comparación de sus colegas que no tienen origen en el Tercer Mundo.
Se discuten no sólo las dificultades estructurales, sino las contrariedades, los impedimentos y las lesiones cotidianas, que producen mella y afectan el desempeño profesional y se presentan también las opciones y las estrategias utilizadas para sobrevivir en este esfuerzo.
PALABRAS CLAVE Relaciones Norte-Sur.
Los retos que la ciencia y la academia presentan con relación al género varían según la disciplina.
Me referiré en particular a los que encontramos las antropólogas desde el momento en que entramos en contacto con la academia como estudiantes hasta las dificultades, no siempre esperadas, que surgen en el ejercicio de la profesión.
Estas problemáticas específicas están enraizadas en preocupaciones pedagógicas y epistemológicas, que son también políticas cuando se miran desde el ángulo del género y de la historia de la disciplina.
En este ensayo escribo desde el sur, con una voz autobiográfica entrecruzada con algunas de las críticas que se le han hecho a la antropología.
Es decir, hablaré de mi propia experiencia de formación como antropóloga colombiana doctorada en el norte por la Universidad de la ciudad de Nueva York, -The Graduate Center, City University of New York-, docente e investigadora en Estados Unidos, Europa y Colombia.
Mi experiencia, aunque en cierto modo única, no es tan personal como podría parecer a primera vista.
De las ansiedades académicas y científicas mezcladas con la vida personal se habla poco.
Rara vez son mencionadas como temas importantes de discusión en las universidades, aunque se ventilan entre colegas más bien de manera informal y anecdótica.
Pero cuando los mismos obstáculos son expresados por tantas personas, especialmente las pertenecientes a los llamados grupos minoritarios, es porque algo está pasando y hay que cuestionarlo y buscarle remedio.
Para tener una perspectiva que incluya varias miradas, debo hacer un recuento, muy breve, del estado de la antropología en el norte, en particular en Estados Unidos, donde me formé, y en Colombia, analizando el papel que jugamos las mujeres allí.
Trataré de dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Cómo se entrecruzan, y a veces enredan, las categorías de género, clase y grupo étnico dentro de la experiencia de formación y desempeño antropológico?
¿Qué perspectivas tenemos como científicas sociales en comparación con hombres que tengan trayectorias similares?
¿Qué estereotipos hay y cómo se reproducen?
¿Cuáles son las disyuntivas y contradicciones que tenemos que resolver si tra-
472 bajamos fuera o dentro de nuestros países?
¿Hemos avanzado algo con respecto a los impedimentos tradicionales de la familia y la crianza de los hijos?
La antropología, la disciplina más amplia de las ciencias sociales, fue conocida hasta hace poco como «la ciencia que estudia al hombre.»
Esta lucha por cambiar el término excluyente «hombre» que designa la parte por el todo, por el genérico de «seres humanos», ha sido difícil, y continúa aún con cierta resistencia.
Este esfuerzo no implica solamente cambiar un término por otro.
Ha significado una reevaluación total de la disciplina, a partir de los años setenta; crítica que se ha visto enriquecida por el desarrollo de la antropología feminista.
El debate en esa época incluía dos puntos fundamentales.
En primer lugar, el uso de la palabra «hombre» había significado hasta ahora, que el objeto de estudio de la antropología había sido sólo lo masculino, ignorando la historia, la contribución a la cultura y la perspectiva de las mujeres.
Lo que las mujeres hacían o decían no era considerado relevante, ni parte importante del patrimonio cultural.
No valía la pena tomarse la molestia de observarlas o de entrevistarlas.
Además, los investigadores llevaban sus propios prejuicios de género corrientes en sus sociedades, que además se convertían en el lente a través del cual miraban.
El otro punto fundamental fue el cuestionamiento teórico de la desigualdad de género en la sociedad occidental y la búsqueda de explicaciones para entender este fenómeno, en otras sociedades, y ver que el problema de subordinación de la mujer no era universal, ni se manifestaba de la misma manera.
A partir de ese momento, las diferentes ramas de la antropología comienzan una crítica de lo que se había hecho hasta ahora, en gran parte por hombres europeos.
Todas las ramas de la antropología presentaron propuestas en este esfuerzo.
Desde los estudios de adaptación y biología, los orígenes, la evolución, hasta la lengua y la cultura.
Los sistemas económicos, políticos, religiosos, familiares y estéticos de grupos humanos de todo tipo de complejidad tecnológica comienzan a verse desde una óptica diferente.
La prominencia intelectual de muchos héroes y padres fundadores, comienza a desmoronarse.
Veamos un poco más atrás en qué se basaban los fundamentos de la disciplina.
La antropología se desarrolla a comienzos del siglo XX, a partir del estudio de las llamadas sociedades primitivas, o no-occidentales por investigadores europeos y norteamericanos, que se trasladaban a lugares remotos para realizar el trabajo de campo y hacer etnografía, lo que se convertiría luego en requisito indispensable para la mayoría de edad y la credibilidad como antropólogos.
En realidad lo que algunos de ellos estaban haciendo era legitimar y volver científico lo que ya estaban haciendo los escritores, viajeros y misioneros al relatar lo que observaban.
Algunos de estos primeros investigadores estaban al servicio de los gobiernos colonizadores, o escapaban de las grandes guerras, como lo fue el caso de Malinowski o de Radcliffe -Brown.
Otros eran misioneros, y más tarde miembros de los Cuerpos de Paz y de otras instituciones interesadas en «civilizar» e imponer su cultura y religión, para lo cual necesitaban primero «entender la manera como viven otras personas en el mundo.»
La preocupación principal era el estudio del «otro», como lo «exótico», lo «primitivo» o lo «salvaje» entendido en ese entonces como lo diferente.
Esto ha sido al mismo tiempo una fortaleza y una debilidad para la antropología.
Aunque durante muchos años diferente era sinónimo de desigual e inferior.
Algunas mujeres sobresalen como pioneras y destacadas investigadoras en la historia temprana de la antropología norteamericana.
Son ellas mujeres blancas de clase alta, que tuvieron la posibilidad de que alguien de su familia les financiara directamente sus propios estudios e investigaciones.
Ruth Benedict, Esie Clews Parson, Hortense Podermaker y Margaret Mead son ejemplos importantes de esta época.
Fue solo después de la Segunda Guerra Mundial y gracias al impacto de los procesos y las luchas para conseguir la descolonización en Africa y en Asia, y los cambios políticos que ocurren más tarde en Latino América cuando comienza la crítica de la antropología como agente del colonialismo.
De repente los antropólogos se convierten en personas non grata, y son acusados, con fundamento en algunos casos, de ser espías y agentes o colaboradores de la CÍA: y en el mejor de los casos, de no participar ni tomar partido con las necesidades de las nuevas naciones.
Entre tanto, los países que habían sido tradicionalmente objetos de estudio por la antropología comienzan a crear departamentos de antropología y a formar nuevas generaciones de estudiantes críticos y comprometidos con las desigualdades y realidades de sus propios países.
por grupos que luchaban por ios derechos civiles, la igualdad racial y de género, y la Guerra de Vietnam, comienzan a tener un gran impacto en los centros académicos.
Esta crítica se ve reflejada en el creciente interés por estudiar los problemas que «tenemos en casa» antes de estudiar los de afuera, y de ver los problemas de los otros como consecuencia de la presencia de los del norte en el sur.
Al mismo tiempo se critica la atemporalidad de la antropología, es decir que se ha mostrado al otro viviendo en un presente etnográfico, muchas veces alejado de la historia y nunca coexistiendo en el presente del investigador.
Surgen preguntas y acusaciones de que el objeto de estudio son las comunidades pobres y sin poder del llamado Tercer Mundo, sin cuestionar el origen y las dinámicas del poder.
Por ejemplo se cuestionaba por qué no se investigaban los grupos europeos que habían colonizado y subdesarrollado a Africa.
Por qué la antropología no tenía mucho que ofrecer en ese momento sobre temas candentes del momento, la discriminación racial, la pobreza, la subordinación de la mujer.
La pregunta fundamental en ese momento era: ¿Es la antropología una ciencia «pura» o una ciencia aplicada, que debe estar preocupada por analizar y ayudar a eliminar los problemas sociales?
La Asociación Americana de Antropología por esa misma época lanzó un código de ética para la disciplina en un esfuerzo por evitar y cuestionar ciertas prácticas comunes en el momento, de aprovechamiento de los resultados de la investigación para crear otras maneras de subordinación y explotación de los recursos de los grupos bajo estudio, provocando cambios culturales negativos.
La tendencia a partir de los años setenta fue la proclamación de que estudiar y entender nuestra propia cultura primero (entiéndase en este caso cultura europea o norteamericana), para poder entender las otras, con el argumento de que esto ayudaba a disminuir el notorio etnocentrismo en la antropología, es decir la creencia subyacente y muchas veces abierta de que hay culturas superiores a otras.
Se supone que al estudiar las culturas complejas podemos corregir, o por lo menos entender el origen de los estereotipos étnicos y culturales.
Entre tanto en Latinoamérica la tendencia era hacia lo que se denominó el nacionalismo y el movimiento indigenista.
En Colombia la antropología que tuvo un origen europeo hace 60 años con la creación del Instituto Colombiano de Antropología fue siempre centrada hacia adentro, en el estudio de nuestra variedad cultural.
Los estudiantes han sido y continúan siendo entrenados para trabajar dentro del país.
Sin embargo, los tres ejes culturales alrededor de los cuales se ha desarrollado la etnografía han sido las comunidades indígenas, el campesinado andino, y las comunidades negras de las costas atlántica y pacífica.
La presencia e influencia de las mujeres en la antropología colombiana ha sido muy fuerte desde el comienzo, y ha trascendido las barreras de la disciplina como en el caso de Virginia G. De Pineda.
Más recientemente, la antropología llegó a las ciudades por las dificultades de orden público para realizar trabajo de campo en ciertas zonas del país.
Estas dificultades no son sólo del orden económico, pues es muy costoso viajar a las zonas remotas donde habitan las comunidades indígenas, sino por los riesgos relacionados con la seguridad e integridad física de las personas, problema que cada vez se ha hecho más agudo.
Inclusive las ciudades y los centros académicos se han visto afectados por esta situación.
Durante muchos años la antropología y otras ciencias sociales fueron sinónimos de subversión y algunos temas de investigación continúan siendo una amenaza para algunos grupos actores del conflicto armado que vive el país.
En más grave riesgo han estado los analistas del fenómeno de la violencia y del paramilitarismo.
Algunos antropólogos, han sido asesinados en su propia oficina de la universidad, e inclusive en plena clase, frente a sus estudiantes, como en el caso de Hernán Henao, especialista en temas de familia.
Vale la pena mencionar que el compromiso de la antropología ha llegado a extremos en cuanto a la participación, tanto de estudiantes, como de profesionales en diferentes movimientos armados de protesta nacional, como el MI9 o luchando al lado de indígenas y campesinos por la tierra y la participación democrática.
La década de los noventa también a traído cambios y críticas a la antropología.
Lo otro ya no es visto como lo primitivo, base y fundamento de una evolución cultural, donde lo civilizado significa intentar imitar la forma como se vive en Inglaterra o Nueva York, sino que se da más atención a explorar lo «otro» o la alteridad, como una alternativa para entendernos mejor.
Es decir, se resalta la variación humana, aunque hay un toque egocéntrico al fomentar la comparación constante con lo que somos (que muy a menudo significa lo que son los Estados Unidos).
Se habla de la reflexión sobre lo que somos y nuestro posicionamiento frente a lo que observamos y se han desarrollado lo que se llaman los estudios de los subalternos y post-coloniales, con Gayatri Spivak y Homi Bhabha a la cabeza, yendo más allá del euro- (Castro, Rivera y Millán 1999).
Dentro de estas tendencias se encuentra la llamada reflexividad, que también significa incluir la experiencia personal en la preocupación por el otro, por los menos poderosos, lo que implica compasión, solidaridad, empatia, y lo más importante facilitar herramientas de empoderamiento y agenciamiento.
Aunque también incluye el estudio de los poderosos, pero en general se trata de ver a los agentes de cambio y de creación de historia.
La academia norteamericana se ha criticado desde afuera, entre otras cosas por su dogmatismo, creación de escuelas y sectas, por su mezquinidad y poco deseo de incorporar o de considerar relevantes los trabajos producidos en el sur.
No es coincidencia que muchos intelectuales latinoamericanos, con los brasileños Cardoso, y Da Matta a la cabeza, también educados en el norte prefieran publicar en inglés, para asegurarse de que sus trabajos serán tomados en cuenta en las universidades del norte.
Los debates de los noventa incluyen la revisión del «canon» tradicional, de las listas de lecturas consideradas clásicas e importantes y que son asignadas a los estudiantes, y que ahora incluyen los trabajos previamente excluidos y considerados menos importantes escritos por mujeres o por autores minoritarios.
Como practicantes de la antropología, no solo escribimos sino que enseñamos sobre lo que se encuentra en los libros.
A pesar de nuestras experiencias de trabajo de campo, es realmente lo que está en los libros lo que es considerado importante y valioso, y esas son las experiencias de hombres blancos, de origen Europeo, patriarcas como Malinowski, Radcliffe Brown, Levi Strauss o Geertz, por mencionar solo unos, pues la lista es muy larga.
Si miramos en la lista de profesores en los departamentos de antropología también encontramos una fuerte presencia de hombres.
Una mirada rápida encontró en el departamento de antropología de la Universidad Nacional en Bogotá que solamente dos mujeres son profesoras de tiempo completo, mientras que hay dieciséis profesores inclusive con menos preparación académica.
Además que muchas veces los títulos académicos no cuentan cuando se trata de determinar los salarios que se reciben.
Por ejemplo en mi trabajo actual en el ICANH, ni las publicaciones, ni los títulos obtenidos más allá de la maestría cuentan para calcular aumentos de salario en las estructuras de trabajo en esta organización gubernamental.
Es decir no se ofrecen ninguna clase de incentivos laborales, corrientes en otras instituciones y otras disciplinas.
A mediados de la década del ochenta salí de Colombia como inmigrante a los Estados Unidos, prácticamente al día siguiente de haberme graduado como antropóloga en la Universidad Nacional, con el sueño de cursar estudios superiores y obtener un doctorado.
Encontré que para mis recursos y haciendo un gran esfuerzo con el poco inglés que tenía, mis opciones eran bastante limitadas.
Me recomendaron una universidad conocida como la Harvard de los pobres, llamada The City College, parte del gran complejo de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.
Entré a un programa recientemente creado en antropología urbana aplicada que tenía a Eleanor Leacock, una figura prominente en los estudios de género.
Mi formación intelectual ha sido moldeada no solo por mis profesores, sino por la influencia de lo que he visto a mi alrededor en los lugares donde he vivido.
Para una suramericana la experiencia de entrar como estudiante a un programa de postgrado en los estados Unidos significa muchas veces recibir un tratamiento como el de una persona menos inteligente, en el peor de los casos, o como una persona minusválida intelectualmente, a la que se le trata como si lo que hubiera aprendido antes, si es que en realidad se considera que sabe algo, no sirviera y tuviera que comenzar de nuevo.
Esto se nota desde el momento mismo en que se hace la solicitud de ingreso.
Es corriente la advertencia de que hay que tomar algunos cursos de nuevo, la tesis u otros documentos o publicaciones no escritas en inglés no son dignas de ser tomadas en cuenta y siempre se insiste en deficiencias de formación académica.
La experiencia de trabajo fuera de los Estados Unidos es también irrelevante para ellos.
Además que esto implica competir con jóvenes inmaduros, recién egresados y sin ninguna o poca experiencia de trabajo profesional, ni de contacto con la realidad social de desigualdad que se vive, incluso en sus propios países.
La mayoría de los latinoamericanos que van a estudiar financiados con becas a Norte América o a Europa lo hacen después de competir duramente en sus países con personas con trayectorias de trabajo importantes y de ganar concursos de méritos.
Yo no tuve tal suerte, pues de entrada no contaba con estas valiosas ayudas económicas.
Pero, aun para ellos, la primera desilusión es sentirse aislados y tratados como inferiores.
A esto hay que agregar los problemas de lengua que en muchos casos se tiene y que se manifiestan en el momento de participar en clase, y en el de escribir informes y empezar a participar en el circuito de las publicaciones y las conferencias, tan importantes para construir una hoja de vida (cí/rr/cü/t/mjsólida.
Yo pienso que el nivel de maestría que se trabajaba en el momento en que entré a City College en los ochenta era muy similar al nivel académico que teníamos en pregrado en Colombia.
Debo mencionar que en Colombia solo hasta hace muy pocos años se inician los estudios de maestría en antropología en la Universidad Nacional en Bogotá.
Como no teníamos estudios más superiores, se hacía un esfuerzo para que la formación de los estudiantes fuese lo más completa posible.
Esto en realidad facilitó las cosas para mí en Nueva York, por que ya conocía el contenido de algunas materias.
Sobre todo, lo relacionado con la teoría marxista y la influencia del estructuralismo y la academia francesa, y permitió que a pesar de que mi inglés no era el más adecuado, estaba entendiendo la teoría que se manejaba en la clase.
Quedé sorprendida por el hecho de que esta teoría era nueva para muchos estudiantes, pues no se enseñaba ni se leía directamente sino hasta los estudios de postgrado.
Aprendera manejar la brutal competencia característica del medio, el racismo y el etnocentrismo abiertos y sutiles que existen en los estados Unidos, para no mencionar el sexismo y el acoso sexual que también se da en muchas universidades.
Cualquier historia sobre violaciones y asesinatos de mujeres en las universidades, no es mentira.
Esas lecciones son las que se aprenden primero, cómo evitar o sobrevivir estas amenazas.
Todo esto sumado produce lo que se ha denominado «las heridas invisibles».
Las que no se ven inmediatamente, pero que lastiman profundamente, convirtiéndose en obstáculos que pueden hacer que las personas entren en crisis nerviosas o que abandonen sus estudios.
Lo peor de todo es que tardamos tiempo en ver estas heridas, si es que llegamos a ser conscientes de ellas.
Hay otras cosas, por ejemplo, en mi caso mis profesoras no estuvieron muy de acuerdo con que entrara a un programa de doctorado, sino que querían que me dedicara a trabajar con las problemáticas sociales de los inmigrantes latinoamericanos en Nueva York, cosa que hice inicialmente, pero con la intención de poderme financiar mis estudios de doctorado.
Pasaron muchos años antes de que pudiera obtener ayuda financiera, pues estaba en un limbo.
Muchas de estas ayudas había que solicitarlas directamente desde el país de origen, y en Estados Unidos no podía hacerlo por no ser ciudadana.
Y en la universidad debía demostrar primero mis méritos después de estar matriculada y haber cursado algunos semestres.
Cuando finalmente logré conseguir la ayuda financiera ofrecida por la universidad en la forma llamada «asistente de investigación» me sentí muy contenta porque mi trabajo consistía en sacar fotocopias, mientras que a los estudiantes «nativos» se les asignaron tareas de investigación de biblioteca y de archivos, donde claramente tenían acceso al conocimiento y a otro tipo de experiencias.
Ellos tenían la opción de enseñar y así ir adquiriendo la experiencia necesaria para fortalecer sus hojas de vida, y competir mejor por los trabajos académicos bien pagos.
Fue solamente hasta que terminé el doctorado que se me consideró casi como un igual, y que al fin se me permitió y recomendó para ser profesora universitaria.
En estados Unidos se habla en general del boy's club es decir de la red de relaciones que existen entre hombres y que facilita que ellos consigan los mejores trabajos dentro de la academia, donde están claramente mejor posicionados.
En cuanto a la consecución de trabajos, para mí el hecho de ser colombiana y de tener un acento fueron temas determinantes, que aparecían constantemente en las entrevistas, pues de ahí se pasaba al tema de la droga y a los estereotipos que hay sobre los colombianos, lo que cambiaba el rumbo de las conversaciones creando un ambiente muy poco propicio.
Teniendo en cuenta que el trabajo de campo es uno de los pilares de la antropología, y es la herramienta metodológica que nos define y separa de otras disciplinas, es importante hablar de esto.
Hacer etnografía en tierras lejanas a la nuestra es difícil y costoso, implicando a veces un riesgo para la vida, como lo atestigua la lista de profesionales que han muerto en el campo en diferentes circunstancias que van desde accidentes hasta asesinatos de carácter político.
Tanto que la misma Asociación de Antropología Americana y muchas entidades financieras de los Estados Unidos exigen un seguro de vida total para las personas que están en el terreno fuera del país y tienen una lista de países que no recomiendan para hacer investigación.
Todo mundo sabe que esta experiencia de campo es diferente para los hombres y las mujeres, y además está marcada por nuestro bagaje personal de clase, y de grupo cultural y étnico.
Una pregunta que escuché con frecuencia cuando iba a comenzar mi trabajo sobre la viudez en Portugal, fue: ¿Y qué piensa su esposo sobre esto?
Alguien me preguntó explícitamente: ¿Y su marido, sí le da permiso de ir?
Cuando regresé, la pregunta que oía con frecuencia era: ¿Y, su matrimonio, sobrevivió?, pues estuvimos separados por más de seis meses.
Algunas fundaciones permiten incluir dentro del presupuesto el mantenimiento de toda la familia mientras se hace investigación de campo, pero este no era mi caso.
Esto Í 476 me llevó a reflexionar sobre lo que ocurría con muchas de mis compañeras, algunas de las cuales tenía mayor movilidad porque no tenían parejas permanentes que influyeran de manera negativa en sus decisiones académicas.
Otras simplemente cambiaban sus planes acomodándose a sus prioridades como esposas y como madres.
Para muchas antropólogas, el esfuerzo por ser aceptadas académicamente ha significado ser catalogadas como mujeres inadecuadas o diferentes, que se salían de los roles asignados para ellas en determinados momentos históricos.
O de ser culpabilizadas por poner primero sus estudios que sus familias.
En el caso de los hombres es diferente, es bastante común ver en los agradecimientos de muchas tesis y de libros publicados sobre los trabajos etnográficos realizados, menciones a las compañeras o esposas, que van desde ser asistentes de campo sin paga, hasta mecanografiar el manuscrito final.
Se habla de algunos antropólogos famosos que se beneficiaron por los capítulos enteros de sus libros que fueron escritos por sus esposas.
No conozco el primer trabajo realizado por una antropóloga que dé agradecimientos a su compañero o esposo por haber realizado estas mismas tareas.
Ha habido algunos casos en que las asistentes decidieron más tarde convertirse en antropólogas, pero los dilemas que confrontan a las mujeres siguen siendo los mismos.
Son varios los casos de colegas que han rechazado becas y oportunidades de viaje lejos de sus casas a instancias de sus esposos, mientras que ellos no dudan en aceptarlas.
Los hijos también se convierten en dilemas adicionales.
Pues aunque hay algunas que deciden llevarlos consigo, aunque no tan pequeños para que resistan mejor los rigores de condiciones climáticas o de salud e higiene diferentes a los que están acostumbrados, esto es un problema cuando los hijos están en la escuela, lo que se complica aún más, cuando como en el caso de Colombia, las zonas donde tradicionalmente se han realizado investigaciones de tipo etnográfico, son zonas rojas en este momento de guerra que atraviesa el país, y las antropólogas, por obvias razones, son las primeras en alejarse de esas zonas.
Otro tema que también se debe mencionar es el de las relaciones personales con «los nativos» que han resultado muchas veces en matrimonios inter-culturales.
En el caso de Colombia, hay dos patrones, el de Europeo/a casándose con afro-colombiano/a, y el de los investigadores que han adoptado niños de las comunidades donde han trabajado.
dos Unidos significó trabajar con personas que en su mayoría tenían un estrato social y educativo muy diferente del mío, sin mencionar otros problemas sociales de los que adolecen muchas familias que dependen del Estado para su supervivencia, o que tienen miembros dentro de las redes del narcotráfico, o viven dentro de la llamada ilegalidad por no tener documentos de residencia.
En Colombia estoy trabajando con mujeres viudas, víctimas de la violencia y el desplazamiento social que también tienen realidades y experiencias muy diferentes de las mías.
Cuando anuncié a mis profesores del programa de doctorado, que no regresaría a Colombia a realizar trabajo de campo, ni que tampoco continuaría trabajando con inmigrantes, se sorprendieron y hasta intentaron disuadirme de mi idea.
En principio había pensado en trabajar en Brasil.
Este país me atraía poderosamente por su cercanía y a la vez lejanía con Colombia, y esta idea no presentaba tanta controversia, pues al fin y al cabo Colombia y Brasil eran Sur América, y tenía problemas hasta cierto punto similares.
A mí me interesaba el hecho de que somos vecinos, pero sabemos tan poco acerca del otro.
Yo no era la única estudiante con interés de ir a Brasil.
Había en mi departamento por lo menos otras cinco personas preparando viaje a este mismo país.
Comencé a buscar fuentes de financiación y descubrí que Portugal ofrecía una beca de una año para estudiar la lengua.
Solicité y gané esta beca y enfoqué mis estudios en el área de Europa Occidental y del Mediterráneo.
Es verdad que demoré un poco mis estudios, pues me embarqué en el estudio de una región etnográficamente nueva para mí, y que además tenía que estudiar la lengua y establecer lazos con la gente.
Tenía una colega portuguesa, quién gentilmente me presentó a sus amigos y compañeros de trabajo en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, donde estuve afiliada por dos años.
Llegué a Lisboa en 1991, a hacer mi investigación de doctorado sobre la familia, en un momento en que los antropólogos locales criticaban la antropología europea y la idea de la honra y la vergüenza como el tema alrededor del cual se delimitaba el sur de Europa como área cultural.
También encontré una crítica del sur al norte.
Especialmente a la antropología británica, que tradicionalmente se había ocupado de estudiar esta área y en cierta manera de colonizar por lo menos a Portugal.
En cuanto preparaba mi trabajo de campo establecía contactos por correo, y me di cuenta que me había convertido en un caso curioso.
Sería la primera antropóloga colombiana en investigar a los «nativos» europeos.
Algunas personas me animaron y más tarde me apoyaron.
Y por lo menos una de mis profesoras, especialista en Europa, para la cual prácticamente yo no existía, en el sentido de que no me determinaba como estudiante con potencial, comenzó a interesarse por mi trabajo.
De cualquier manera siempre había algún tipo de reacción, pregunta o comentario al respecto.
Concursé luego para el prestigioso programa de la Wenner Green Foundation, y obtuve financiación para un año más de trabajo en Portugal.
No puedo mencionar nada negativo con respecto a mi experiencia de trabajo de campo con las viudas portuguesas y con la comunidad académica portuguesa.
Una constante que encontré siempre era que de alguna manera se me asociaba con Portugal, también existe el apellido Tovar en Portugal, pensaban que yo era hija de inmigrantes portugueses, o que yo era brasileña.
En los Estados Unidos de entrada soy considerada inferior y diferente y las relaciones de trabajo dentro de la investigación estaban marcadas por los factores de racismo conocidos en ese país y de entrada soy considerada inferior.
Nunca nadie me dijo como en Portugal: ¿Cómo es que usted habla tan bien portugués?
Sino: Tiene usted un acento muy curioso.
Y esto me recuerda de una experiencia que tuve cuando trabajaba haciendo mi tesis de maestría sobre maltrato infantil en las oficinas de los servicios sociales de la ciudad de Nueva York.
En estas oficinas los asistentes sociales son en su mayoría de origen africano, o judío y en ciertos casos portorriqueñas es decir pertenecen a grupos minoritarios, para tener una cercanía mayor con los grupos que sirven.
Las empleadas de oficina, que son las que reciben los salarios más bajos, también lo son.
Una de ellas, encargada de buscar los expedientes se me acerca un día y me pregunta en inglés si soy «Spanish» y yo le contesté que no era de España, a lo que ella me respondió que se refería a ser «hispana», o «latina».
Yo intrigada le pregunté que por qué me hacía esa pregunta, y ella me respondió: ¡Por qué usted parece importante!
Me dio mucha tristeza pensar que en su mundo no podían coexistir las personas que parecían importantes, es decir que no desempeñaban el trabajo sin futuro y con poca paga que ella tenía y que eran del grupo étnico al cual ella pertenecía.
A las mujeres de grupos minoritarios nos toca estar a prueba constantemente en cuanto a nuestras capacida- des y habilidades para lograr alcanzar nuestras metas, lo que a veces significa estar al margen y cerrar los ojos ante las discriminaciones que recibimos.
Rápidamente nos damos cuenta del favoritismo entre ios profesores y sabemos que no vale la pena entrar dentro del juego.
Cito que en mi departamento las mejores becas siempre fueron para estudiantes nativos pero cuando alguien que no lo era recibía apoyo financiero se insinuaba que no era por méritos sino por ser representante de un grupo minoritario, al que por ley se le debía incluir dentro de las cuotas designadas para esto.
En esta época la universidad, consciente de las dificultades de los estudiantes de grupos minoritarios crea programas de apoyo para retenerlos que incluyen manuales de sobrevivencia, ayuda y corrección de trabajos escritos y en general apoyo moral y financiero.
En mi época no existían; tuve el honor de participar en éstos sólo en el último año del doctorado y después entré como consejera de estudiantes.
En conclusión, la crítica de la antropología implica no solo una reconsideración de las premisas tradicionales y una reestructuración de los conceptos que se han asumido como fundamentales de la disciplina.
La reflexión debe estar encaminada hacia la clarificación no sólo de lo que es la antropología hoy en día, sino para que está siendo usada, y para que podría ser utilizada.
De lo que somos y de donde venimos y lo que podemos hacer para entender y mejorar, en caso de ser posible las condiciones de desigualdad en que viven muchos seres humanos.
La crítica también implica el cuestionamiento de las metodologías y los sistemas desiguales de entrenamiento, formación y consecución de trabajos, y de resaltar las experiencias personales para que sirvan de ejemplo a otras personas. |
RESUMEN En este artículo se examinan las teorías biológicas del siglo XIX acerca de la inferioridad mental de las mujeres.
El estudio se centra en el evolucionismo, la frenología y los estudios del cerebro (con especial atención a la propuesta de Moebius).
Se lleva a cabo un análisis de dichas teorías mostrando como opera la ideología acerca de la inferioridad de las mujeres tanto en las hipótesis que se sostienen como en las investigaciones que se llevan a cabo.
La ideología se concreta en el trasfondo de asunciones y valores externas que está operando en la práctica científica llevada a cabo en estas áreas científicas.
La conclusión es que tales teorías se limitan a confirmar los estereotipos de género dominantes.
PALABRAS CLAVE Valores contextúales y constitutivos.
La filosofía, la historia y los estudios sociales de la ciencia de las últimas décadas han mostrado que el conocimiento científico no es axiológicamente neutro.
La ciencia incluye valores epistémicos plurales y está sometida, en distintos grados, a la influencia de factores externos de diversa naturaleza.
En este contexto los estudios feministas de la ciencia y la tecnología han destacado la existencia de valores de género que inciden sobre la ciencia sesgándola profunda-mente^.
Los trabajos llevados a cabo en este terreno coinciden en señalar que de una forma u otra la ciencia ha resultado permeada por los valores androcéntricos dominantes en la cultura occidental en cuyo seno se ha consti-tuido^.
Esto ha dado lugar a una revisión crítica del conocimiento científico desde posiciones epistemológicas diversificadas y en muchos casos, a un cuestionamiento en profundidad del modelo de ciencia existente"^.
Uno de los planteamientos más interesantes en este contexto es el que sostiene Helen Longino y que ella ha denominado empirismo contextual^.
Este enfoque se distancia, por un lado, de las posiciones extemalistas que reducen la ciencia a mera ideología mientras que, por otro, se opone a las tesis empiristas clásicas que ven en el recurso al método científico la posibilidad de una ciencia neutra y objetiva, libre de incidencias externas.
Según Longino, la ciencia no se limita a ser un producto social resultado de los valores culturales dominantes y de la subjetividad que afecta a sus perspectivas y método, pero tampoco es cierto que el método científico evite la incidencia de externalidades, pues «los componentes básicos de las metodologías -lógica y observación-no son suficientes para excluir los valores de la investigación»^.
Estos no son eliminables a través de una práctica científica supuestamente correcta que garantice la buena ciencia, pues la cuestión no es de buena o mala ciencia, ya que la mejor ciencia no está libre de ia influencia de factores externos^.
Pensar lo contrario es sostener una visión enormemente simplista del conocimiento científico como conjunto de teorías justificadas por recurso al método que aparece así como garante del incremento histórico de la objetividad.
La ciencia poco tiene que ver con esta imagen; según Longino se caracteriza por ser una actividad desarrollada por una comunidad científica (una de cuyas características centrales es su capaci- La noción de «supuestos de trasfondo» es fundamental en el pensamiento de Longino.
Refiere a valores epistémicos, normas acerca de qué constituye una práctica científica aceptable, reglas de procedimiento, supuestos ontológicos o acerca de los fines de la ciencia, presupuestos teóricos o metateóricos, y asunciones sobre las hipótesis, todo ello compartido por la comunidad científica.
Pero también refiere a la existencia, al menos a veces, de valores externos o contextúales en la terminología de la autora^.
Longino mantiene que incluso el criterio de adecuación empírica, uno de los valores epistémicos que ella sostiene, está mediatizado por este trasfondo.
Esto es así porque un «estado de cosas» es evidencia empírica relevante para una hipótesis o teoría, sólo a la luz de loS'supuestos de trasfondo que afirman una conexión entre el tipo de datos logrados y los procesos o estados descritos por las hipótesis^^.
La evidencia empírica no es relevante por sí misma sino desde este trasfondo en contextos de investigación específicos.
Los mismos datos pueden ser evidencia para hipótesis distintas, e incluso opuestas.
No hay una única relación entre estados de cosas t hipótesis y no hay algo así como una relación natural, causal, entre ambas.
Son las creencias de las personas concernidas con la relación evidenciai las que cuentan.
Por tanto, las teorías tienen un alto grado de indeterminación por los hechos^\ En la medida en que los supuestos de trasfondo incluyen valores internos pero también externos (constitutivos y contextúales en la terminología de la autora^^), Longino afirma que la conexión entre datos e hipótesis puede ser permeable a valores externos y la mejor ciencia no puede evitar este hecho.
Los científicos pueden estar aplicando las reglas más estrictas del método y, sin embargo, hacerlo desde un background que incluye asunciones externas.
Las mediciones (en el s. XIX) de índices cefálicos, peso y volumen del cerebro, o las observaciones de Rüdinger sobre las circunvoluciones cerebrales, se llevaron a cabo aplicando estrictamente el método científico tal como se le concebía en ese momento (eran buena ciencia) pero esto se hizo desde asunciones racistas y sexistas que determinaron las teorías en cuestión. tos ámbitos del conocimiento científico los supuestos de trasfondo pueden no incluir valores externos^^.
Longino explica este hecho señalando que hay realidades que, como la física, parecen poco susceptibles de valoraciones sociales, políticas o ideológicas ya que están muy alejadas de lo humano y lo social, mientras que otras, como la biológica o la social, lo son bastante más.
Es decir, la naturaleza del objeto de estudio determinaría el grado de influencia de lo externo.
La filosofía ha de establecer en cada caso cuál es ese grado, por eso es tan importante en su propuesta el no tratar globalmente a la ciencia y proceder a través del examen de casos y contextos de investigación.
Por tanto, según Longino, hemos de aceptar que la ciencia es lo que es, compleja, y resultado de procesos internos e influencias contextúales.
La única alternativa factible es hacer explícitos los valores desde los que se está investigando para reconocerlos y saber en cada caso donde estamos, haciéndonos conscientes de su existencia.
La objetividad tiene que ver con esta estrategia no con el objetivismo de signo positivista que implica la descontom/nac/on valorativa de la cien-cia^'^.En lo que se refiere a la cuestión de los sesgos de género, las tesis de Longino son enormemente iluminadoras.
Como ella misma muestra en el caso de las ciencias biomédicas, las llamadas ciencias del cuerpo encargadas de establecer los fundamentos científicos de la naturaleza humana, la incidencia de valores androcéntricos y misóginos han sesgado profundamente sus teorías desde sus orígenes.
El trabajo que se desarrolla a continuación se sitúa en el contexto de la propuesta de esta autora y lo que se pretende poner de manifiesto es cuan influidas están las teorías e investigaciones que se llevan a cabo por la ideología androcéntrica dominante, que forma parte de los supuestos de trasfondo que los científicos del momento comparten.
En él se llevará a cabo el examen de las disciplinas biomédicas del S. XIX, centrándose en el análisis de un episodio concreto de gran importancia en la conceptualización de la naturaleza femenina moderna: los estudios del cerebro y, especialmente, la teoría de la inferioridad mental de la mujer tal como fue formulada por P. J. Moebius a finales del siglo XIX.
Las ciencias decimoriónicas y el ((problema de la mujer»
Esto no significa que la influencia de lo externo afecte a I ^^0 I todas las ciencias por igual, ni en el mismo grado.
En cier-En el siglo XIX la ciencia se entendía como el discurso de la verdad, la más autorizada palabra sobre cuestiones natura-les, sociales, e incluso, humanas.
Su prestigio era enorme, era considerada como la forma de conocimiento más auténtica, mejor y más efectiva, prominente respecto a la teología y la metafísica.
Ella ofrecía un acercamiento desapasionado, calmado y objetivo a las grandes cuestiones que tenía planteada la humanidad.
La pregunta acerca de la naturaleza humana era una de estas cuestiones.
El interés de la época por estudiar a la humanidad y hacerlo en términos científicos fue enorme.
Se entendió, como ya habían señalado diversos pensadores del siglo anterior, que la ciencia permitiría, alcanzar un conocimiento auténtico, objetivo y verdadero de lo humano y lo social, igual que había hecho en otros campos.
La necesidad de una ciencia de los seres humanos (razas, sexos, culturas y grupos humanos), que diera cuenta de sus especificidades, diferencias naturales y de la función que correspondía a cada uno en el nuevo orden social, se convirtió en algo urgente.
Las disciplinas encargadas de llevar a cabo este estudio fueron las nuevas ciencias biológicas, médicas y sociales que se constituyeron como tratados de la diferencia entre sexos, razas, clases, culturas y pueblos.
Estas disciplinas comenzaron a desarrollarse, en el s. XVIIl, como historia natural descriptiva y como fisiología, estableciendo amplias taxonomías para crear un estudio comprensivo de los organismos vivos, pero también de los seres humanos y los pueblos.
El patrón que se sigue en el caso del estudio de nuestra especie es el mismo que se aplica al estudio de los organismos vivos siguiendo un modelo naturalista de comparación y diferenciación entre razas, sexos, culturas, grupos.
La cuestión de las diferencias entre hombres y mujeres, y el papel que correspondía a cada sexo en el orden social fue un tema de gran interés científico.
El que se conoció como problema de lo mujer ocupó a especialistas de los distintos campos del conocimiento biomédico y social del momento.
El supuesto básico que operó como trasfondo de las investigaciones fue la creencia de que hombres y mujeres se diferenciaban fisiológica, anatómica, morfológica y funcionalmente y, por tanto, sus facultades, capacidades y habilidades eran muy distintas.
Ambos sexos fueron concebidos como dos cuerpos diferentes con dos naturalezas opuestas.
Se instaura una concepción de los sexos que afirma el dimorfismo radical y la divergencia biológica entre ellos.
Las nuevas ciencias establecen una anatomía y una fisiología de lo inconmensurable que sustituye a la metafísica de las jerarquías en la representación de los seres humanos.
Las mujeres pasan a ser consideradas, no como una versión menor del hombre en un eje vertical de infinitas gradaciones, sino como una criatura completamente diferente a lo largo de un eje horizontal cuya parte intermedia estaba totalmente vacía^^.
La fisiología, la anatomía, la frenología, la neurología, la antropología física y la psicología diferencial se ocuparon de detallar tales diferencias de forma pormenorizada.
Desde cada uno de ellas se establecieron todo tipo de hechos diferenciales encaminados a mostrar la inferioridad natural de las mujeres respecto a los hombres (blancos, europeos).
Así, las disciplinas biológicas, médicas y sociales se convirtieron en el fundamento último de las afirmaciones normativas sobre las mujeres y su lugar en la sociedad dada su naturaleza.
La aparición de la Teoría de la Evolución en la segunda mitad del siglo con la publicación en 1859 del Origen de las especies áe Darwin, proporcionó fundamentación teórica, desde principios generales, a todas las observaciones que se habían establecido anteriormente.
Su efecto fue revolucionario y su influencia absoluta dando un mayor alcance a los hechos particulares de la anatomía, la fisiología, la frenología, la antropología y la psicología.
Los evolucionistas del XIX se ocuparon reiteradamente del problema de lo mujer Darwin fue el primero que dio pie a ello a través de su famoso trabajo.
La descendencia del hombre y la selección en relación al sexo de 1871, dos volúmenes dedicados al estudio minuciosamente detallado de las diferencias sexuales de los animales según una línea evolutiva progresiva^^.
Los trabajos de Spencer^ •^ (con resonancias lamarckianas), y los de evolucionistas como Frank Fe, rneseed^^ o G. Ferre-ro^^ abordaron directamente la cuestión de la inferioridad evolutiva femenina en términos de selección natural y sexual, ofreciendo una explicación evolucionista de las diferencias encontradas entre hombres y mujeres.
Durante lo que queda de siglo las /nfer/orescaracterísticas de las mujeres fueron consideradas innatas y evolutivamente configuradas, oponiéndose a las tesis de S. Mili, quien había señalado la importancia de la situación subordinada de la mujer y de su imposibilidad de acceder a la educación^^.
Con el evolucionismo, la naturalización de la inferioridad femenina encuentra fundamento teórico^^ Las mujeres, igual que otras razas y pueblos repiten, en su propia historia, la de la evolución de la especie.
En la ontogénesis la mujer representaba la adolescencia eterna, estaba cercana al niño, en la filogénesis recordaba el antepasado de la raza, el salvaje, y ambos eran eslabones inferiores en la gran cadena de la evolución.
La relación de los hombres civiliza- Esto es lo que Spencer vio y trató de contrargumentar introduciendo en el seno de la teoría una dirección interesada.
En sus propias palabras sostiene que «bajo disciplinas especiales, el intelecto femenino podría igualar o sobrepasar los resultados intelectuales de la mayoría de los hombres»^^.
¿Cuál es entonces el problema?, ¿por qué no dejar que las cosas sigan su curso natural y las mujeres evolucionen cambiando sus condiciones de vida?
La respuesta de Spencer fue contundente: porque entonces tales cualidades «disminuirían totalmente las funciones maternales», irían en detrimento de ellas.
A la pregunta acerca de por qué es esto posible Spencer contesta: porque las mujeres «necesitan energía para cumplir sus funciones de madre y si esa energía se gasta en otras tareas se la está restando de la que es la única función natural de la mujer»^^.
Esta afirmación se basaba en un principio científico comúnmente aceptado en ese momento.
Se creía que el cuerpo humano contenía una cantidad limitada de energía o fuerza vital y que este recurso podía agotarse si se le utilizaba mal.
La tesis se basaba en la ¡dea de que la energía puede disminuir por su uso en el trabajo y se convierte en paradigma en los estudios del metabolismo animal.
El cuerpo se ve como una máquina con su propia energía que produce calor, es como una locomotora viva guiada por el cerebro.
La energía psíquica es fundamental, la salud depende de la moderación del gasto de la energía, y el agotamiento nervioso es la peor amenaza.
Esta idea fue central en la argumentación de los evolucionistas y de los médicos en contra del trabajo físico e intelectual de las mujeres.
Agotamiento físico, desarreglos, esterilidad y enfermedad mental aquejará a las mujeres que gasten su energía en funciones que no son propias de su naturaleza, no pueden soportar el desgaste de la maternidad y el que supone esas otras actividades.
La reproducción es un sistema delicado que implica un extraordinario gasto de energía, la menstruación además debilita y enferma a las mujeres.
Por tanto, no deben tener acceso a la educación superior ni al trabajo.
El cuerpo humano, «no puede hacer bien dos cosas al mismo tiempo».
Las chicas adolescentes necesitan reducir su trabajo cerebral en los años del desarrollo reproductivo, su energía no debe invertirse en la escuela como los chicos cuya naturaleza les pide menos.
Si se transgrede esto se pierde en salud, se enferman; la lucha entre lo que pide el cerebro para su educación y la reproducción acaba con ellas.
Si hacen mal uso de su vida, sus descendientes se resentirán.
Por otro lado, no tiene sentido permitir el acceso de las mujeres a la educación superior y permitirles acceder a actividades y cargos de poder y responsabilidad puesto que, a lo anterior, hay que sumar su menor capacidad intelectual^'^.
Médicos y evolucionistas coincidían en afirmar que la energía femenina era la única que podía coexistir con la producción y crianza del debido número de niños sanos.
Por tanto, las mujeres debían administrarla bien, so pena de generar terribles consecuencias para la evolución de la especie y la sociedad.
Spencer afirma, «si las mujeres desarrollaran cualidades mentales en una sociedad provocarían la desaparición de la sociedad, es un poder que no debe incluirse en una estimación de la naturaleza femenina»^^.
Por tanto, en cuanto las mujeres dejaran de emplear toda su energía en la que era su función natural (la procreación), la especie se resentiría, dege-neraría y perdería parte de sus más altos logros evolutivos.
Por qué esto es así y el futuro de la especie proyecta tan terrible responsabilidad sobre las mujeres es algo que Spencer explica desde otro postulado del momento: la creencia de que la mayor parte de los rasgos físicos, mentales e, incluso morales, pasan directamente de padres a hijos, siendo heredados tal cual por estos.
De esta manera si las mujeres degeneran física o mentalmente por el mal uso de su fuerza vital, su degeneración se trasmitirá directamente a sus hijos y descendencia futura^^.
Deben permanecer tal como son, su naturaleza ha de subordinarse a las exigencias de la Naturoleza] la especie las atrapa, como evidencia el mismo Spencer cuando afirma que las mujeres son, sencillamente, un caso de desarrollo evolutivo arrestado.
Ho necesitan seguir evolucionando para cumplir sus funciones, han tocado techo evolutivo.
La evolución de las mujeres es combatida por el interés de la especie, las mujeres están al servicio de la especie, es su mejor instrumento y no deben cambiar.
Están condenadas a repetir el ciclo necesario de la vida.
Por decirlo con palabras de Simone de Beauvoir: la mujer no puede hurtarse al dominio de la especie, se subordina a ella^^.
Es precisamente porque deben reservar su energía, dado el gran costo de la reproducción, que las mujeres tienen un menor desarrollo muscular y nervioso y, por tanto, una menor capacidad para las manifestaciones mentales.
«Son un colectivo disminuido en aquellas facultades intelectuales y emocionales máximos productos de la evolución humana, el poder de razonamiento abstracto y de la más abstracta de las emociones, la justicia»^^ Esto explica, porqué las mujeres no son capaces de hacer juicios que vayan más allá de lo personal y por qué se ponen obvias objeciones a extender a ellas ciertos privilegios como el poder de legislar o dictar sobre injurias.
La argumentación se ha desplazado hacia el terreno de la moral en el cual las mujeres son, también, evolutivamente inferiores.
Este tipo de argumentación la encontramos, prácticamente en ¡os mismos términos, en el trabajo de Moebius sobre la inferioridad mental de las mujeres, lo que muestra la influencia del evolucionismo sobre las investigaciones del cerebro.
Aunque al mismo tiempo los evolucionistas se apoyaron en los datos que ofrecían estas investigaciones que interpretaron como confirmación de los argumentos evolucionistas acerca de la inferioridad femenina.
Los estudios del cerebro fueron, a lo largo de todo el siglo XIX, un recurso fundamental en la demostración científica de la inferioridad de las mujeres y sus resultados fueron ampliamente aceptados por la comunidad científica.
Los estudios del cerebro
Los estudios del cerebro se desarrollaron desde finales del siglo XVIII y a lo largo del XIX sobre todo por frenólogos, neurólogos y antropólogos físicos y fueron claves en la constitución del discurso «científico» acerca de la inferioridad de las mujeres (también de las razas no blancas, las culturas y pueblos no civilizados y clases sociales más bajas).
La frenología, cuyos comienzos estuvieron en los trabajos de Franz J. Gall, marcó el inicio de la investigación «científica» del cerebro.
Franz Joseph Gall^^ estableció el estudio de las bases materiales de los rasgos psicológicos.
El consideró que había una correlación positiva entre memoria, y otras facultades mentales, y la conformación del cráneo.
Estudió la configuración del cráneo entendiéndola como indicativa de facultades mentales y rasgos de carácter, afirmando que las características mentales de un individuo podían determinarse examinando las formas e irregularidades de su cráneo.
La «lectura de cabezas» disfrutó de popularidad durante tiempo^-^.
Gali no duda de que el cerebro es el órgano de la mente, de que la mente estaba constituida por facultades independientes, de que estas facultades eran innatas y de que cada una de ellas estaba situada en una región de la superficie del cerebro.
Sostiene que el tamaño y forma de cada región craneal es la medida del grado en el que la facultad correspondiente se ha desarrollado en el individuo.
Hay, por tanto, una relación entre la superficie y contorno del cráneo y lo que éste esconde capaz de permitir al observador reconocer la potencia de estas facultades por el examen de tal superficie-^^.
Aplicó su nueva ciencia al estudio de las peculiaridades craneales que presentaban los enfermos mentales o criminales (frente poco desarrollada, protuberancias, etc.), lo que le permitió inferir que las personas con esos rasgos eran enfermos o criminales potenciales (fue un determinista fisiológico).
Los trabajos de Gall fueron divulgados por su discípulo J. G. Spurzheim^^ y la nueva ciencia de la frenología se hizo popular.
Éste mantenía que había una diferencia natural en las disposiciones mentales de hombres y mujeres, en cuali-
484 dad y cantidad, que la educación no puede cambiar.
Afirmaba que ciertos poderes mentales eran más fuertes en el hombre que en las mujeres, el intelecto de éstas tenía menor vigor y un poder reflexivo más pequeño, y que las mujeres y los negros no extienden su razonamiento más allá del mundo visible.
En el hombre predomina el intelecto sobre el sentimiento, en la mujer es al revés.
Los estudios frenológicos culminaron con el establecimiento del indice cefálico (relación entre anchura y longitud del cráneo) por Anders Retzius en 1840.
El índice cefálico, junto al peso del cerebro, se convirtió en la piedra angular de la antropometría para todo lo que quedaba de siglo.
Este índice fue considerado por los antropólogos como indicador sumamente significativo de diferencias fundamentales en los rasgos mentales, actitudinales, comportamentales de las razas, los sexos y otros colectivos humanos.
Tales opiniones se aceptaron durante mucho tiempo como científicamente sólidas, fueron centrales en los estudios antropológicos y psicológicos y sin/ieron de apoyo a la idea de que los conflictos incesantes entre los pueblos podían explicarse basándose en las diferencias cerebrales.
Los antropólogos destacaron el mayor tamaño y peso del cerebro de los hombres de raza blanca y el menor peso, volumen e índice cefálico del de las mujeres (otros pueblos y razas).
Los datos sobre las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres se acumularon.
Todo ello vino a demostrar que en el caso de las mujeres su cerebro pesaba entre 113 y 140 gramos menos que el de los hombres (estos tenían una ventaja de un 10% de volumen y peso).
La cuestión de las cinco onzas perdidas del cerebro femenino se hizo popular en Inglaterra.
Estos fueron considerados datos de enorme trascendencia y de ellos se infirió que las mujeres eran inferiores en sus capacidades y facultades mentales, intelectuales y morales, y en todo lo que dependía de aquellas.
Broca-^^, confirmó que las facultades mentales estaban situadas en órganos cerebrales específicos al investigar los desórdenes lingüísticos producidos por lesiones cerebrales.
Fundó la Sociedad Antropológica de París que se convirtió en el gran centro europeo de tipología racial y modelo de otras sociedades similares que se fueron extendiendo en Londres y América.
El consideró que raza y sexo eran dos caras de la misma moneda.
Las mujeres, igual que las razas inferiores tenían un menor índice cefálico y su cerebro era menos pesado, estaba más cerca del de los negros que del de los hombres blancos, sus cualidades mentales se aseme-jaban^^.Cari Vogt, profesor de historia natural de Génova con intereses antropológicos, enfatizo la diferencia y especificidad tanto sexual como racial del cerebro.
En su obra Lectures of Man afirmó que los cráneos de hombres y mujeres podían ser separados como si pertenecieran a dos especies diferentes^^.
James McGrigor Allan^^ consideró que el tipo de cráneo de la mujer se parecía en muchos aspectos al del niño, y todavía más al de las razas inferiores.
Mantuvo que el cerebro de los hombres más primitivos y el de las mujeres eran casi iguales en tamaño, peso y, por tanto, facultades.
El de los hombres blancos civilizados era superior en todos estos aspectos.
La teoría de la evolución apuntala estas investigaciones al explicar que la inferioridad de la mujer (y otros grupos humanos) respecto al hombre blanco, se debía a que sus estadios evolutivos son diferentes, pues el cerebro de las mujeres está menos evolucionado y es más inmaduro.
Sin embargo, a finales del siglo XIX la frenología estaba desacreditada, la cuestión del volumen y peso del cerebro ya no era aceptada como relevante (se relaciona el cuerpo en que está el cerebro con su peso y volumen entendiendo a éstos en términos relativos), se cuestiona el concepto de localización cerebral y se plantea el tema de la unidad funcional del cerebro^^.
A pesar de todo esto no se abandona el estudio de las diferencias cerebrales entre los sexos que, a finales del XIX, se plantean como diferencias estructurales y cualitativas.
Aparece la idea del mejor material y la construcción cerebral mejor y más elaborada.
En este contexto aparece en 1900 la obrita de Moebius La ¡nferioridad mental de la Mujet^y
La inferioridad mental de la mujer
Moebius vivió entre 1853 y1907, estudió teología y medicina, vastago de una dinastía de científicos, se dedicó a la neurología en el Policlínico Universitario de Leipzig y en el Policlínico Neurológico de Albert-Verein.
Simpatizó con la frenología, aceptó plenamente la teoría de la evolución y fue un gran un admirador del pensamiento de Schopenhauer.
Todo ello le convierte en prototipo de científico acreditado en la época.
hombres y mujeres eran claves para explicar la inferioridad de éstas.
Basándose en las investigaciones del anatomista Rüdinger sobre tales diferencias elaboró una propuesta, que condensó en unas veinte páginas, en la que pretendió demostrar científicamente la inferioridad mental de las mujeres^^.
Los hechos diferenciales en cuestión eran, en palabras de Moebius: que «Rüdinger ha observado que en los recién nacidos el grupo de circunvoluciones en torno a la cisura de Silvio es más sencillo y posee menos sinuosidades en las hembras que en los machos; además, que la isla de Reil es, en término medio, un poco mayor en todos sus diámetros, más convexa, está surcada en el cerebro de los varones más profundamente que en el de las hembras.
Ha demostrado que en los adultos la tercera circunvolución frontal es más pequeña en la mujer que en el hombre, especialmente en aquellas secciones que lindan directamente con la circunvolución central...
Además, Rüdinger ha probado que en el cerebro femenino el derrame de toda la circunvolución media del lóbulo parietal y la del pasaje superior superointerno presentan un desarrollo insuficiente»^^.
Como colofón a estos datos Moebius afirma:» En todos sentidos queda completamente demostrado que: en la mujer están menos desarrolladas ciertas porciones del cerebro de suma importancia para la vida mental, tales como las circunvoluciones del lóbulo frontal y temporal; y que esta diferencia existe desde el nacimiento»^^.
Moebius consideró que las observaciones de Rüdinger, no tan conocidas como las realizadas por los frenólogos, «tienen especial importancia»"^^.
El las toma como base científica de su argumentación dándolas por sentadas y sin indicar nada acerca de la investigación llevada a cabo, ni los procedimientos científicos seguidos por Rüdinger.
Señala únicamente que es un estudio comparativo y que los datos son más fiables que los establecidos en relación al tamaño del cráneo o el peso del cerebro.
Que la investigación de Rüdinger se basara en un estudio comparativo plantea una interesante cuestión respecto a la fiabilidad de los resultados que Moebius hace suyos.
Las observaciones que Rüdinger llevó a cabo se hicieron sobre cerebros diferenciados y clasificados sexualmente (cerebros de hombres y mujeres) objeto de comparación.
Pero esta distinción inicial no se limita a dividir el universo objeto de estudio en dos ámbitos neutramente distinguidos sobre los que se establece observaciones e inferencias desprejuiciadas.
Lo que se hace es separar cerebros «masculinos» y «femeninos» y esta distinción incorpora los supuestos pro-pios de cada género.
Lo que se observa comparativamente son cerebros de hombres altamente evolucionados y, por tanto, dotados de cualidades superiores y cerebros de mujeres menos evolucionados y, por tanto inferiores.
Es decir, la diferenciación entre cerebros de uno y otro sexo nos deja con unos hechos observacionales que ya incluyen el prejuicio (el supuesto) de la inferioridad femenina (lo mismo ocurre con los estudios sobre otras razas).
Las observaciones se limitarán a manifestar lo que está implícito en la misma muestra observacional: que hay hechos diferenciales y que estos muestran la inferioridad de las mujeres.
Cualquier dato diferencial que se encuentre será interpretado como indicativo de la inferioridad supuesta.
La interpretación de las diferencias morfológicas viene determinada por el a priori de la superioridad masculina que contamina todas las inferencias que se puedan establecer.
La norma respecto a la cual se valora negativamente cualquier diferencia es la morfología del cerebro de los hombres blancos, todo lo que se desvie de ella es interpretado como inferior.
La diferencia es siempre de los otros y siempre negativa: «mujeres», «salvajes», «idiotas», «negros».
Cómo señala Longino, la injerencia no sólo está cargada de teoría sino que además da por sentado unos supuestos de base y unos valores contextúales que la sesga profundamente.
En el caso de Moebius la cuestión que se pretendía demostrar era clara, pues, antes de entrar en consideraciones sobre Rüdinger afirma: «Es indudable que las facultades mentales del hombre y de la mujer son muy diferentes entre sí...¿pero son las mujeres verdaderamente deficientes respecto a los hombres?»"^^.
Respondiendo inmediatamente: «Un antiguo proverbio da la respuesta: Cabellos largos, cerebro corto»^'^, y los argumentos ofrecidos por diversos autores del momento «demuestran la inferioridad mental de la mujer»^^.
Lo que él propone es «considerar también los datos anatómicos» para confirmar la deficiencia de la mujer, lo que le lleva a las investigaciones de Rüdinger"^^.
Por tanto, primero se da el supuesto de la deficiencia de las mujeres y, luego, su demostración científica por recurso a la naturaleza femenina.
Tal como él plantea la cuestión, el interrogante que guía su estudio está contestado a priori, la argumentación que desarrolla a lo largo de su trabajo puede considerarse mera retórica que justifica lo que ya se ha dado por sentado.
Veamos en qué términos trascurre su argumentación.
A partir de las diferencias morfológicas señaladas por Rüdinger, Moebius prosigue infiriendo dos postulados e introduciendo una noción clave en su análisis, la de instinto.
Ambas cuestiones no se justifican en el recurso a la investigación científica, como era de esperar, sino en la evidencia cotidiana que Moebius interpreta en términos claramente negativos para las mujeres, y en supuestos y valores claramente misóginos.
Su argumentación se aparta enseguida de las consideraciones anatómicas que, en sus propias palabras, iban a ser centrales, para prestar atención a las manifestaciones psicológicas, morales y del comportamiento que, según el autor, domina en las mujeres^^.
Los postulados que establece Moebius son:
Que las mujeres «tienen una menor reacción psíquica a los estímulos más fuertes»^\ Sus sentidos no son deficientes pero sí su psique de la cual dependen aquellos.
Esto lo demuestra el hecho cotidiano de que los hombres son los catadores de vino, aceite, los que prueban el te, seleccionan el algodón...
Que la mujer es inferior en cuanto a fuerza y destreza.
La habilidad manual es una función de la corteza cerebral; también la valoración de las sensaciones, su corteza cerebral está disminuida por eso su habilidad es menor.
Por ello los hombres pueden realizar mejor cualquier habilidad femenina, cocinar, coser, tejer, etc.; siempre producen mejores obras que la mujer^^.
A continuación Moebius introduce la que considera una de las diferencias esenciales de la mujer «el hecho de que el instinto desempeña un papel más importante en la mujer que en el hombre»^^.
A partir de ello trata de establecer «una línea recta desde los seres que obran por instinto a los seres cuyas acciones están subordinadas a la reflexión»^"^.
El concepto de instinto le sirve al autor para abrir una línea de argumentación que redunda en la cuestión a demostrar.
Este concepto no se deriva de nada de lo afirmado anteriormente y, por tanto, opera como primitivo en su teoría.
Él lo define afirmando que: « hablamos de instinto cuando se ejecuta una acción coordinada y útil, sin que el que la lleva a cabo sepa el porqué;...cuando acertamos a dar una opinión sin saber cómo»^^.
Dado que el instinto «desempeña un papel más importante en la mujer» (premisa que no se considera obligado a probar), su conocimiento es meramente instintivo.
Y concluye «El instinto presenta grandes ventajas, es fiable y no proporciona ningún género de preocupaciones.
De modo que el instinto hace a la mujer seme-I ^^^ I jante a las bestias, más dependiente, segura y alegre.
El le da esa fuerza singular y la hace aparecer verdaderamente admirable y atractiva»^^.
intermedio entre lo instintivo y lo consciente o sabido»^^.
Definición muy útil puesto que permite apostillar, ahora en el terreno del carácter y la moral, la menor evolución femenina y su carencia de facultades superiores.
Moebius afirma al respecto: «las mujeres se detienen en un estado intermedio.
Su moral es, sobre todo, una moral sentimental, una rectitud inconsciente»^^.
No son inmorales pero sólo tienen una moral «unilateral o defectuosa», no tienen sentido de lo justo y en el fondo se ríen de la ley, «La justicia sin consideraciones personales es para ellas un concepto vacío de sentido»^^.
Por ello las mujeres aparecen adornadas con vicios característicos de su sexo, según el autor, como su gran capacidad de mentir, de ser astutas y ladinas.
El déficit moral es correlativo al intelectual y ambos obedecen a la mayor cercanía de las mujeres a la naturaleza y, por tanto, su limitada evolución.
El problema de las mujeres, es sobre todo, la «naturaleza» de la naturaleza femenina.
Moebius es claro al respecto, las mujeres están cognitiva y moralmente peor dotadas, pero sobre todo están determinadas por su función natural.
Por eso afirma que «el sexo femenino aprende muy poco y en breve olvida lo que ha aprendido»^^.
Sobre todo, carece de las capacidades que exige la actividad intelectual en los diversos campos del conocimiento, como mucho puede repetir monótonamente lo aprendido pero son incapaces de crear, inventar como muestra la historia del pensamiento^^.
La aportación de las mujeres a los grandes logros del pensamiento, la ciencia y las artes es nula, carecen de capacidad para «combinar», de «fantasía» y de un «pensamiento independiente»^^, a lo que se agrega «una falta de objetividad que las hace transformar los deseos en motivos y las simpatías en pruebas»^^.
Su incapacidad creadora es tan general que «incluso el arte culinario y el de vestir sólo progresan gracias a los hombres, puesto que son ellos los que inventan...Todo cuanto vemos a nuestro alrededor, todos los utensilios domésticos, los instrumentos de uso diario, todo ha sido inventado por los hombres»^^.
Por eso se entiende que «la mujer no ha aportado nada al desarrollo de la ciencia y que resulta inútil esperar algo de ella en el porvenir»^^.
Sin embargo, estos hechos no deben atribuirse sólo a su «poca capacidad, sino a la falta de voluntad»^^.
Esta falta de voluntad, es sobre todo un déficit de su naturaleza, obedece a que los intereses de las mujeres son «exclusivamente personales».
Esto hace que no vean en la instrucción una ventaja personal y «por lo general es contraria a la instrucción»'^^.
La cuestión fundamental es que las mujeres tienen unos intereses muy marcados por lo que es su fin natural, la reproducción, que exige de ellas «hacerse deseables»'^^ Este «hacerse deseables» es contrario a las cualidades propias de la esfera intelectual como la independencia, el mantenimiento de la propia opinión.
Para gustar al otro sexo y cumplir su fin reproductivo las mujeres están dotadas «por naturaleza» de cualidades específicas de su sexo, «ella callará todo lo que pueda resultar adverso a la opinión de los demás», se ejercita «en el disimulo» y «la mentira»'^^.
Por tanto, las mujeres no deben dedicarse a aquello para lo que no están dotadas y que les perjudica y, además, es necesario protegerlas de ello en favor de su función natural, afirma: «la hembra debe ser, ante todo madre.
Así en el campo intelectual debemos dar a la mujer todo lo que aligera su tarea de madre y eliminar todo lo que pueda obstaculizarla»'^^.
Por eso, «si queremos una mujer que pueda cumplir bien sus deberes maternales, es indispensable que no posea un cerebro masculino»'^^.
El desarrollo de las facultades intelectuales es algo peligroso como está mostrando el hecho de que «la procreación disminuye proporcionalmente al desarrollo de la civilización» ^^.
Y esto «hace degenerar a la raza» y «representa el principio del fin»^^.
Por eso no debe dárseles instrucción como creen algunos pensadores «que han sugerido a las mujeres la manía de la emancipa-
Las mujeres no pueden participar ni de la educación, ni de la esfera pública en general, dado el déficit intelectual y moral intrínseco a su sexo por naturaleza.
Esta naturaleza deficitaria es, sin embargo, necesaria para cumplir con sus funciones naturales, la procreación y « la necesidad de cuidar a los niños».
El que « la hembra humana no sólo deba parir los hijos, sino también cuidarlos.... es la causa de que la diferencia entre los sexos sea más marcada en la especie humana que en las especies animales»'^^.
Moebius se pregunta «cómo debe estar constituida esta naturaleza para realizar del mejor modo posible la misión que le ha sido encomendada?»'^^.
La respuesta es: tal como está evolutivamente constituida la naturaleza femenina; o lo que es lo mismo, en los términos en que Moebius acaba de describirla.
Por tanto, «la deficiencia mental de la mujer no sólo existe sino que se hace muy necesaria; no solamente es un hecho fisiológico, es también una exigencia psicológica» para la especie^^.
Y afirma, citando a Lombroso, que está demostrado que «en todo el reino animal la inteligencia se halla en razón inversa a la procreación»^^.
La función natural de las mujeres les impiden desarrollar facultades superiores, la especie no necesita de ellas para perpetuarse.
Ir en contra de esto es ir contra natura.
Moebius es nítido al respecto, «Yo creo que el punto más importante para los médicos es que ellos se formen un claro concepto del cerebro o del estado mental de la mujer, y que comprendan bien el significado y el valor de su deficiencia mental; y que hagan todo lo posible para combatir, en interés del género humano, las aspiraciones contra natura de las feministas.
Se trata de la salud del pueblo, en peligro por la perversión de la mujer moderna.
La naturaleza es un amo inflexible y castiga con penas severas a los infractores de sus leyes»^^.
El argumento, y la forma de expresarlo, son prácticamente idénticos a los utilizados por Spencer y los evolucionistas.
A partir de aquí el autor se dedica a lanzar diatribas contra las feminista y la perversión de la mujer moderna afirmando que la naturaleza castiga a los que pretenden escapar a sus dictámenes y eso es lo que pasa con aquellas que quieren huir de su destino, se masculinizan y degeneran.
No hay que olvidar el contexto social y político en que que se desarrolla el trabajo de Moebius^^.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX las mujeres entran masivamente en el mercado de trabajo, más explotadas que los hombres comienzan a luchar por la igualdad salarial y el acceso a la instrucción, por el sufragio, etc. Stuart Mill, las sufragistas, las luchas de obreras, las ligas de braceras, voces femeninas diversas, incitan a la lucha y a la conquista de los derechos negados siglo tras siglo.
Una nueva conciencia política se está formando entre las mujeres.
Este es el contexto en el que se insertan las voces de Moebius y Lombroso que utilizan la ciencia para oponerse a la insubordinación de la mujer.
De esta manera termina de articularse una historia que comienza haciendo referencias puntuales a diferencias morfológicas (que no ocupan apenas espacio en la argumentación) para ir desgranando todos los tópicos dominantes en el XIX acerca de las mujeres engarzados en una vaga retórica científista.
La teoría de la inferioridad mental de las mujeres es una excelente muestra de cuan profundamente sesgadas e ideológicamente contaminadas pueden estar las afirmaciones que en nombre de la ciencia, y desde ella, se han llevado a cabo (lo que ya se percibió claramente desde el primer momento sien-do la obra de Moebius calificada por algunos de «panfleto», «folleto sensacionalista» etc.)
Su teoría es un buen ejemplo de lo señalado por Longino acerca de la importante incidencia que tienen los supuestos de base o de trasfondo y los valores contextúales desde los que se interpreta y conceptualiza los datos (en este caso anatómicos y cotidianos) y se formulan teorías.
La distancia entre las diferencias morfológicas y las consecuencias psicológicas, intelectuales, morales y caracteriológicas señaladas por Moebius supone un vacío que el autor llena con ideología.
Lo que Moebius, postula como teoría científica no es sino una amalgama de ingenuas observaciones, interpretaciones sesgadas, falacias, ¡deas tradicionales y diatribas en contra de las mujeres.
Los resultados a los que llega el autor constituyen una mera sarta de clichés y prejuicios que confirman el postulado de partida acerca de la inferioridad de las mujeres.
La obra de Moebius, que se reeditó enseguida más de ocho veces, dio lugar a un considerable debate en la época.
Los escritos a favor y en contra proliferaron; para unos su libro mostraba la auténtica naturaleza de las mujeres, para otros era un mero panfleto ideológico de corte schopenhauriano.
La principal crítica viene muy bien expresada en varios escritos de Klara Müller^^ y de Hedwing Dohm^^ quienes ponen el dedo en la llaga al cuestionar el estatus científico de los hechos anatómicos aducidos, el significado de tales hechos para el tema en cuestión y las interpretaciones que Moebius lleva a cabo.
Cuestionan su recurso al instinto considerándolo un tópico que «Moebius, por lo demás, ni siquiera intenta comprobar, confiando en que los lectores masculinos sean tan «instintivamente conservadores y enemigos de lo moderno»^^.
Así mismo rechazan el tratamiento que hace Moebius de la maternidad y la crianza de los niños y recuerdan la situación de las mujeres alejadas de la educación y la vida pública.
Señalan la importancia de las investigaciones de los teóricos del medio ambiente que dan cuenta de las condiciones de vida de las mujeres y se sitúan en la línea de reflexión de S. Mili.
Moebius responde a estas críticas, en varios prólogos a las sucesivas reediciones de su obra reafirmándose en sus tesis^^.
Por su parte, los escritos a favor de la posición de Moebius celebran que éste haya podido demostrar la inferioridad de las mujeres como un hecho determinado por su propia naturaleza frente al cual nada cabe hacer^^.
El debate que se refleja en los escritos señalados muestra la relevancia ideológica, social y política del tema.
Esto es así ya que el cuerpo femenino reducido a hechos diferenciales específicos de la biología y la anatomía se había convertido en campo de batalla de la definición de la relación social básica entre hombres y mujeres, fundamento del orden social asentado durante el siglo XIX.
La argumentación excluyente de la mujer de la esfera pública se había desplazado de la filosofía, la religión o la tradición hacia la ciencia y su recurso a la naturaleza.
A lo largo de todo el siglo, la ciencia fue la encargada de zanjar la cuestión mostrando que las mujeres no estaban dotadas para lo público y que su lugar natural estaba en el ámbito de lo privado-reproductivo.
Por ello, como señala Dorinda Outram «en todas partes la biología entra a formar parte del discurso legitimador en contra de la mujeres aportando pruebas de su inadecuación en todos los órdenes para ocupar la esfera pública y admitir los progresos que reclaman»^^.
Los científicos estaban haciendo algo más que ofrecer datos a los ideólogos, se convirtieron ellos mismos en ideólogos.
Fueron los encargados de demostrar que las aptitudes naturales de las personas eran la base de sus roles sociales convirtiéndose a menudo en árbitros sociales como ocurrió con la cuestión de las mujeres.
Esta situación se prolongó en el siguiente siglo en relación a varios episodios científicos conocidos, sobre todo en el caso de la neuroendocrinología, las teorías de la lateralización cerebral, los estudios de la diferenciación sexual del cerebro, de la evolución humana y la sociobiologia.
Porque no debemos pensar que la historia ha terminado.
La ¡dea de que el cerebro se diferencia sexualmente y que ello determina las capacidades intelectuales de cada sexo se mantiene en el siglo XX.
A modo de ejemplo podemos citar las palabras, de J. A. F. Tresguerres, del departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, quien afirma en un reciente libro: «... la diferenciación sexual cerebral [esjjustificativa de los papeles distintos que asumen ambos sexos no solamente en lo que respecta a los papeles sexuales sino también en lo que respecta a las capacidades intelectuales distintas que presenta cada caso»^^.
Las cuantificaciones diferenciales siguen siendo objeto del mismo interés que tuvieron en el XIX.
En el terreno de la neuroendocrinología las mediciones hormonales y de elementos internos del cerebro, por ejemplo del área preótica medial (con resultados superiores en hombres que en mujeres: el doble de un milímetro en hombres) siguen constituyendo la base explicativa de actitudes y conductas diferenciadas y marcadas por el sexo: agresividad, instinto maternal, etc. etc. Y, a su vez, han sido, y son, claves en la interpretación determinista biológica de la homosexualidad y lesbianismo^^ |
RESUMEN La autora compara uno de los libros de divulgación fiosófica de más éxito, El mundo de Safio, con la tradicional «literatura para damas» desarrollada como género en la Ilustración.
El libro mantiene la dualidad masculino-femenino, a la vez que la de adulto-niño y la tradicional filosófica, apariencia-realidad.
PALABRAS CLAVE Literatura para damas.
La primera sorpresa que obtuve cuando leí El mundo de Sofia^ fue la de constatar que aún hoy se sigue escribiendo lo que se ha dado en llamar filosofía para damas.
El presente trabajo pretende ser un análisis del mencionado libro, -que ha sido un best seller en los últimos años-, sobre esa base, ya que, en sus rasgos generales cumple una serie de características, la primera de las cuales es genérica, en todas las acepciones del término: En primer lugar, la estructura del libro mantiene una primera dualidad masculino-femenino, que además comporta otras dos: la dualidad filosófica tradicional, apariencia-realidad y la dualidad adulto-niño. una explicación más o menos profunda del newtonianismo (en este caso se trata más de la Optica que de la Mecánica de Newton), al alcance de la limitada capacidad e información de lasféminas.
Pero el fenómeno se puso de moda, y desde el siglo XVIII se produce una cierta competencia entre los filósofos y los científicos en intentar hacer llegar a las damas una cierta información y formación sobre la filosofía y la ciencia del momento, disputándose estos mismos científicos la concurrencia a los famosos salones parisinos mantenidos por algunas de las damas destinatárias de tales libros.
Antes de hablar de las dos últimas, conviene analizar la primera porque pone de relieve lo que el libro pretende ser: una suerte de diálogo entre dos personas de distinto género.
Sin embargo, las especiales caracteríticas del mismo, y de sus protagonistas, ponen en juego las otras dos dualidades y estructran el libro como uno más de lo que en el siglo XVIII se llamó filosofía para damas.
La asiduidad con la que científicos e intelectuales de la época frecuentaban los salones de algunas damas francesas de la aristocracia o la burguesía llevó a aquellos a escribir un cierto género de literatura científica encaminado fundamentalmente a instruir a sus anfitrionas o sus acompañantes.
Así se escribió un famoso libro de Algarotti, Newtonianismo para damas cuyo título no dejaba lugar a dudas acerca de lo que pretendía ser: Entre la literatura de este tipo, encontramos dos variantes.
La primera va dirigida a mujeres aristócratas que mantienen una correspondencia con filósofos, como es el caso de la reina Cristina de Suécia con Descartes, las cartas de Euler a la sobrina del rey de Prusia, o las varias princesas a las que se ha dirigido Leibniz.
En este caso, estas damas constituyen interlocutores reales, si bien con mucha menos información que el varón cuya misión es precisamente instruirlas.
Como comenta A. Rioja en su introducción a las Reflexiones sobre el espacio, la fuerza y la materia, recogiendo textos de las Cartas a una princesa alemana, éstas suponen «un conjunto de cartas (exactamente 234) escritas en Berlín entre abril de 1760 y mayo de 1762 dirigidas a la sobrina del rey de Prusia, Friederike Charlotte Ludovica Luise, futura princesa
de Anhalt-Dessau de,15-17 años de edad, a petición de su padre, Friedrich Heinrich von Brandenburg-Schweit.
Éste, en efecto, había solicitado a Euler que se encargara de la instrucción de su hija.
El hecho de que se dirigía a una persona de pocos conocimientos, justifica la extraordinaria sencillez y simplicidad con que están escritas.
No le extrañe, pues al lector, -comenta Rioja-ver a un autor de la talla de Euler explicar pacientemente cómo se halla el cuadrado de un número o en qué se diferencia una relación directamente proporcional de una relación inversalmente proporcional»^.
Por su parte, Leibniz, como ya he mencionado antes, es uno de los más prolíficos autores dirigido hacia las damas.
El sugerente y precioso título del libro de Javier Echeverría Filosofía para Princesas recoge precisamente algunas de estas cartas, y como muy bien explica Echeverría en la Introducción, el título abarca no sólo a las princesas reales con las que Leibniz mantuvo correspondencia, sino también a todas nosotras, hipotéticas princesas en «edad de merecer», es decir, de aprender.
«Tal es el sentido último de la obra que tienes a la vista, -escribe Echeverría en su Introducción.
Por mucha que sea la distancia temporal, espacial o cultural, estas cartas de Leibniz también están dirigidas a tí.
Te permitirán conocer algo mejor la condición de princesa y filósofa.
Al cabo, igual te toca gobernar, ser reina.
En un ámbito o en otro»^.
Pues, en efecto, como explica A. Rioja en el libro citado se puso de moda en el XVIII abrir los salones y que las mujeres participaran plenamente en ellos, «convirtiéndose en lugares de extraordinaria influencia.
Recordemos a una Mme. de Chatelet, amante de Voltaire y traductora al francés de los Principio Mathematica de Newton, a una Mme. de Geoffrin, en cuyas reuniones y tertulias no era difícil encontrar a Rousseau, D'Aiambert o Diderot, a una Mlle, de Coigny o a una Mme. de Pompadour, y a otras tantas»^.
La dama a la que presuntamente va dirigido el escrito y que hace de interlocutora, no es, en ningún modo un personaje informado, sino bien al contrario manifiesta en todo momento su sorpresa por los temas que va descubriendo.
Juega más el papel del personaje socrático al que se le va haciendo reflexionar para encaminarie al descubrimiento de la verdad, en la hipótesis de que él mismo va a hacer explícito lo que ya conocía sin saberlo, lo supone implicitamente una determinada teoría sobre el conocimiento; en cierta medida es más similar al Simplicio galileano, pero sin las connotaciones aristotélicas del mismo.
Por otra parte, el personaje galileano no es un ser que ignore todo, como en el supuesto de Fontenelle, sino un aristotélico convencido dispuesto a mantener unas ¡deas en medio de un contexto adverso; el resultado es que, frente a Salviati, defensor de las tesis galileanas, Simplicio no es ni neutral, ni ignorante, sino en todo caso un interlocutor situado en una plataforma cultural supuestamente caduca.
Por eso el ingenio de Galileo en sus diálogos queda repartido entre sus agudas argumentaciones a favor del heliocentrismo y un cierto tono irónico para desprestigiar a tan incómodo contrincante, naturalmente varón.
No es este, en absoluto, el caso de Fontenelle como hace saber él mismo: «He puesto en esas Conversaciones a una mujer a la que se instruye y que no ha oído hablar jamás de estos asuntos.
He creído que esta ficción me servía no tanto para hacer la obra más susceptible de resultar amena, como para animar a las damas con el ejemplo de una mujer que, sin sobrepasar los límites de quien no tiene ningún barniz de ciencia no deja de entender lo que se dice y de ordenar en su mente sin confusión, los torbellinos y los mundos.
¿Por qué habrían de ceder las mujeres a esta marquesa imaginaria que no concibe más que lo que no puede dejar de concebir?»^.
Pasando ahora a analizar el libro de Gaarder cuya publicación es del año 1991 las semejanzas con la obra de Fontenelle resultan curiosas y merecen algún comentario. tió la famosa Alicia de Lewis Carroll a la que éste inmortalizó en Alicia en e/ Pais de los maravillas y de la que tal vez merezca la pena un comentario en otro momento.
En cualquier caso los dos comienzan con una descripción del paisaje que permita al lector introducirle en el contexto: «Una noche, después de cenar, fuimos a pasear por el parque.
Hacía un fresco delicioso que nos recompensaba por un día de mucho calor que habíamos padecido.
Hacía como una hora que la Luna había salido y sus rayos, que no llegan a nosotros más que a través de las ramas de los árboles, producían una agradable combinación de un blanco muy vivo, con todo el verde que parecía negro.
No había una sola nube que ocultara u oscureciera la estrella más pequeña.
Todas ellas eran de un oro puro y resplandeciente que se intensificaba más aún por el fondo azul en el que están fijas.
Este espectáculo me hizo soñar y quizá, a no ser por la marquesa, me hubiera ensimismado durante bastante más tiempo»^.
«Sofía Amundsen -escribe Gaarder-volvía a casa después del Instituto.
La primera parte del camino la había hecho en compañía de Jorunn....
Se habían despedido junto al hipermercado.
Sofia vivía al final de una gran urbanización de chalets, y su camino ai instituto era casi el doble que el de Jorunn.
Era como si su casa se encontrara en el fin del mundo, pues más allá de su jardín no había ninguna casa más.
Alli comenzaba el espeso bosque»^.
Es obvio que esta situación descriptiva del contexto es necesaria por el hecho de que no son personajes reales y por lo tanto el lector no conoce previamente nada de ellos; esto marca una gran distancia con el otro tipo de libros ya que en ellos conocemos perfectamente el personaje al cual van dirigidos: para ninguna de las «princesas» de Leibniz -las Sofías leibnizianas, Sofía, princesa de Hannover y Sofía Carlota reina de Prusia-se hacía necesario situarlas en un contexto que permita definir la edad (el instituto, en la Sofía de Gaarder), ni el entorno palaciego de la marquesa de Fontenelle.
En el libro de Gaarder también aparece con frecuencia el tono paternalista, acentuado, como dije, por el papel que representa en este caso la figura del padre.
«Un filósofo jamás ha sabido habituarse del todo al mundo.
Para él o ella, el mundo sigue siendo algo desmesurado, incluso algo enigmático y misterioso.
Por lo tanto los filósofos y los niños pequeños tienen en común esa importante capacidad.
Se podría decir que un filósofo sigue siendo tan susceptible como un niño pequeño durante toda la vida.
De modo que puedes elegir, Sofía, ¿eres una niña pequeña que aún no ha llegado a ser la perfecta conocedora del mundo? ¿o eres una filósofa que puede jurar que jamás lo llegará a conocer?
Si simplemente niegas con la cabeza y no te reconoces ni en el niño ni en el filósofo, es porque tú El texto señalado en negrita va más allá y muestra un estilo con toques incluso moralizantes: Sofía corre peligro, y la instrucción que se le está aportando tiene una finalidad: se trata de asegurarnos.
Pero, ¿quién tiene que tener esa garantía de seguridad?.
Obviamente no es la destinataria, sino el instructor, varón adulto, que, al parecer, está ya fuera de peligro.
Y el autor continua explicando la actitud de «santa ignorancia» (que no de docta, como en Cusa) en la que está Sofía hasta el momento del encuentro con su mentor.
«¡Había tantas cosas en las que nunca había pensado antes!
Ya no era una niña, pero tampoco era del todo adulta»^\De haberlo sido, cuesta trabajo creer que a finales del siglo XX se pueda atrever un autor a dirigirse a una mujer en ese tono.
Otro elemento destacable en este tipo de literatura es que el discurso está siempre envuelto en una cierta trama de intriga.
Esto tampoco sucede cuando el interlocutor es varón, por muy ignorante que pudiera ser.
Volviendo al ejemplo de los Diálogos galileanos, que puse al principio, por mucha ironía latente o explícita que pueda haber respecto del personaje aristotélico, o por muy ignorante que pudiera ser el moderador, Sagredo, no aparece esta idea de misterio que envuelve a este tipo de diálogos, cuando el receptor es un personaje femenino.
Así, en el caso de Fontenelle, el tema mismo manifiesta un carácter críptico, la mera existencia de la pluralidad de mundos y, consiguientemente, la posibilidad de que estén habitados.
Esto deja al lector sumido en la expectativa de la solución ya que, sea esta positiva o negativa, las dos son inquietantes.
¿Estamos solos ante una pluralidad de mundos vacíos, o estamos, por el contrario, rodeados de otros seres de los que ignoramos todo?
Aún hoy esto causa expectación y recelo.
Pues bien, si el objeto de diálogo resulta misterioso, la actitud jerárquica del interlocutor masculino frente al femenino ante el problema en cuestión dota a la obra de un aspecto de intriga que la sitúa entre la complicidad y el secreto; es como si se estableciera una cierta complicidad con el lector, conocedor de las verdades que se van a revelar a la discípula en cuestión.
Un tema como el tratado por Fontenelle resulta indudablemente mucho más espectacular si frente a él tiene a una persona que nunca ha oido hablar de nada parecido; con este recurso el carácter de misterio se acentua todavía más.
El mismo autor, en el tono paternalista ya aludido, reconoce tener que suavizar un poco el asunto: «Puedo jactarme -repliqué-de haberos edulcorado todo el sistema.
Si os lo diese tal como fue concebido por Ptolomeo, su autor, o por los que lo han trabajado después de él, os llenaría de un horrible espanto»^^.
Y más adelante, después de aclarar en qué sentido se puede producir tal espanto, pero sin precisar demasiado, dada la ignorancia de la marquesa y lo complicado del tema, Fontenelle aclara esta complicación diciendo: «El embrollo de todos los círculos era tan grande que, en una época en que no se conocía aún nada mejor, un rey de Castilla, gran matemático, pero al parecer poco devoto, dijo que si Dios le hubiera consultado cuando hizo el mundo, él le habría dado buenos consejos»^^.
Aunque no dice de cuál rey de Castilla se trata, es de agradecer que Dios no le haya pedido consejo, pues no creo que la mitad de la población que forma el género femenino hubiera salido demasiado bien parada^"^.
Abandonando ahora a la marquesa para volver a Sofía también aquí nos encontramos con que el discurso se enreda en una trama de intriga donde la ignorancia de la protagonista juega un papel fundamental.
Si en Fontenelle el hilo conductor es la pluralidad de mundos, en Gaarder es nada menos que la propia identidad, nuevamente cuestionada en nuestro siglo desde la época de Parménides.
Podría decirse que en este caso, la elección de este tema viene dada por el orden cronológico que impone la Historia de la Filosofía, pero no es sólo eso; toda la estructura del libro es precisamente un juego entre la realidad y la imagen que pone justamente en cuestión la identidad del personaje.
«Ese día sólo había una pequeña carta en el buzón y era para Sofía.
«Sofía Amundsen» ponían en el pequeño sobre.
«Camino del Trébol, 3».
Eso era todo, no ponía quién la enviaba, ni siquiera tenía sello.
En cuanto hubo cerrado la puerta de la verja, Sofía abrió el sobre.
Lo único que encontró fue una notita tan pequeña como el sobre que la contenía.
En la notita ponía /'Quién eres?
No traía ni saludos, ni remitente, sólo esas dos palabras escritas a mano con grandes interrogaciones.
Volvió a mirar el sobre.
Pues sí, la carta era para ella.
¿Pero quién la había dejado en el buzón?»^^.
En estas palabras aparece ya un triple elemento de misterio: en el fenómeno mismo, el descubrimiento de un sobre en el buzón que ni siquiera está segura de que fuera para ella; el causante o agente del mismo, ya que especificamente se dice que la carta carecía de remitente, y el tema de la carta, que pone en cuestión la identidad misma de su destinataria. «..Se dejó caer en una banqueta de la cocina con la misteriosa carta en la mano.
En realidad no lo sabía.
Era Sofía Amundsen naturalmente, pero, ¿quién era eso?
Aún no lo había averiguado del todo.
Se puso de pie de un salto y entró en el cuarto de baño con la extraña carta en la mano.
Se colocó delante del espejo y se miró fijamente a sí misma. -Soy Sofía Amundsen-dijo.
La chica del espejo no contestó ni con el más leve gesto.
Hiciera lo que hiciera Sofía, la otra hacía exactamente lo mismo....
No obtuvo respuesta tampoco ahora, pero durante un breve instante llegó a dudar si era ella o la del espejo la que había hecho la pregunta»^^.
Parece claro, que el elemento de misterio al menos para la persona a la que va dirigida la formación e información que pretende el autor está vinculado a su propia ignorancia.
Sofía nunca había puesto en duda SL| propia identidad, ni la marquesa de Fontenelle había dudado jamás de la estabilidad y situación privilegiada de la Tierra.
Ambos hechos, tan sumamente diferentes, parecen, sin embargo, desencadenar en el receptor actitudes que irán desde el miedo a la sorpresa o el agradecimiento de quien entiende que le han descubierto un nuevo mundo.
Volviendo a Fontenelle la marquesa aprende la nueva tesis copernicana que supone a la Tierra girando alrededor del Sol y adopta, entonces, frente a Copérnico actitudes distintas cuando aquel le va descubriendo las consecuencias del nuevo sistema heliocéntrico.
«Os entiendo, -respondió-y amo la Luna por haberse quedado con nosotros cuando todos los planetas nos abandonaban.
Confesad que si vuestro alemán [Copérnico] hubiera podido hacérnosla perder, lo habría hecho gustoso, pues, en todo su proceder, veo que era muy mal intencionado para con la Tierra.
Yo le agradezco mucho -repliqué-el haber abatido la vanidad de los hombres que se habían puesto en el lugar más bello del universo, y me agrada ver a la Tierra entre la multitud de los planetas.
Dios mío, señora -proseguí-sé muy bien que será menos celoso de la jerarquía que se tenga en el universo que de la que se cree deber ocupar en un salón, y que la prelación de dos planetas no será jamás un asunto tan importante como el de dos embajadores.
No obstante, la misma inclinación que hace que se quiera ocupar el lugar más honorable en una ceremonia, hace que un filósofo, si puede, se situe en un sistema en el centro del mundo.
Le resulta agradable que todo esté hecho para él; da por supuesto, quizá sin darse cuenta, este principio que lo adula y su corazón no deja de interesarse por un asunto de pura especulación.
Francamente -replicó ella-esto es una calumnia que vos habéis inventado contra el género humano.
Pues no habría debido aceptarse jamás el sistema de Copérnico si es tan humillante»^^.
Las nuevas ideas expuestas por Fontenelle despiertan en la marquesa distintos sentimientos que van del estupor a la duda o al recelo, y algo parecido le ocurre la protagonista del libro de Gaarder, dejando en los dos casos traslucir el estilo paternalista al que aludí al principio.
En el caso de Sofía, como ya comenté, la protagonista es una adolescente, y además el personaje maestro aparece interferido con la figura del padre, con lo cual, el paternalismo queda, aparentemente, más justificado.
Ahora bien, si comparamos dos textos cuyo tema es el mismo, a saber: la explicación de la inversión copernicana mostrando que es la Tierra la que se mueve y no el Sol como se había pensado, las semejanzas entre ambas obras, en cuanto a las paculiaridades comentadas, resulta sorprendente: «Durante toda la Edad Media los hombres habían caminado bajo el cielo mirando hacia arriba al sol y a la luna, a las estrellas y a los planetas.
Pero nadie había dudado de que la Tierra fuera el centro del universo.
Ninguna observación había dado lugar a que se dudase de que la Tierra estaba quieta y que fuesen los cuerpos celestes los que daban vueltas alrededor de ella.
A esto lo llamamos visión geocéntrica del mundo, es decir, que todo gira alrededor de la Tierra.
También la idea cristiana de que Dios dominaba sobre todos los cuerpos celestes contribuyó a mantener esta visión del mundo.
Bueno, -respondió-¿creéis que la vanidad de los hombres se extiende hasta la astronomía?
¿Creéis haberme humillado por haberme enseñado que la Tierra gira alrededor del Sol?
Os juro que no me estimo en menos por ello.
Copérnico sostuvo que no era el Sol el que giraba en órbita alrededor de la Tierra, sino al revés.
Opinaba que esto era posible basándonos en las observaciones de que se disponía sobre los astros.
El que los hombres hubieran pensado que el sol se movía en una órbita alrededor de la Tierra se debía simplemente a que la Tierra gira alrededor de su propio eje, decía.
Señaló que todas las observaciones de los astros eran mucho más fáciles de comprender si se suponía que tanto la Tierra como los demás planetas se movían en órbitas circulares alrededor del sol.
¿Y ésa era una visión correcta del mundo?
Su punto principal, es decir, que la Tierra se mueve en una órbita alrededor del Sol, es evidentemente correcto....Copérnico creía, además, que la Tierra y los demás planetas hacían movimientos circulares alrededor del Sol»^^.
El otro autor explica: «También el mismo Copérnico -proseguí-desconfió mucho del éxito de su opinión.
Estuvo mucho tiempo sin quererla publicar.
Finalmente se decidió a ello ante los ruegos de gentes muy dignas de consideración.
Aún así, el día que le llevaron el primer ejemplar impreso de su libro, ¿sabeis qué hizo?
No quiso soportar todas las réplicas que preveía y se zafó hábilmente del asunto»^^.
Es difícil reconocer cuál de los dos va dirigido a una adolescente y cual a una persona adulta; es más, se diría que este último texto de Fontenelle tiene por destinataria a una adolescente y el otro, en todo caso, a una mujer adulta.
Y es que, efectivamente, la mujer del XVIII es considerada, salvo muy contadas excepciones, una menor de edad a la que hay que explicarle las cosas, desde su más completa ignorancia, y desde la plataforma, aún más grave de su mentalidad infantil.
En nuestro avanzado siglo XX las cosas han cambiado algo, evidentemente, pero tenemos aún filosofía para damas, si bien a estas damas ha habido que rebajarles la edad; es difícil pensar que nadie se dirija hoy a una mujer adulta, pre-tendiendo escribir un diálogo científico o filosófico, más o menos divulgativo, en los términos actualizados de Fontenelle.
Es necesario para ello situar a la interlocutora en la edad adolescente de los 15 años, la misma edad que tenía, en su momento, la destinataria real de las cartas de Euler.
Pero el libro de Gaarder sigue teniendo la estructura desigual, jerárquica, en la que el maestro es varón y el discípulo, necesitado de aprender, naturalmente, mujer.
Por eso esta obra presenta una estructura platónica, destacando una serie de dualidades que están muy relacionadas.
En El mundo de Sofía la dualidad de género se corresponde con la dualidad adulto/niño de tal manera que ya de antemano queda claramente asumido que el adulto es el varón y el niño, la mujer.
A partir de ahí, el trato paternalista o el comportamiento infantil de la protagonista quedan justificados.
Dicho de otra manera, esta estructura dual desarrolla dos importantes características: la casi necesaria actitud paternalista del varón hacia su interlocutora, que hemos encontrado frecuentemente en la literatura anterior del XVIII pero que, pareciendo ya excluida del siglo XX, aparece camuflada en la relación genérica bajo la otra dualidad de adultoniño.
Y, por otra parte, la edad de la protagonista justifica permanentemente reacciones infantiles, (que se pueden dar en el asombro desmesurado ante ciertas respuestas, en el miedo, o en la excesiva admiración hacia su maestro) que nos llevan a una asociación inconsciente de tales reacciones no sólo con su edad, sino también con su sexo.
Así pues, la filosofía para damas sigue hoy día estando vigente.
No ha escogido Gaarder un varón como interlocutor válido de sus reflexiones, sino una mujer, depositaria de las características que he explicado anteriormente.
Únicamente, y de modo caritativo, cabe pensar que, en nuestro siglo, la elección de una quinceañera como destinataria de los profundos vericuetos por donde ha discurrido la filosofía se deba, por fin, al reconocimiento de una mayor y más temprana madurez de la mujer respecto del hombre, y que a esta edad ellas, y no ellos, estén capacitadas para acceder al oscuro, inquietante, tortuoso e intrigante mundo de la Filosofía que llega a cuestionar hasta la propia identidad.
¡Esperemos que así sea! |
RESUMEN Este artículo defiende la participación de valores contextúales en el modelado de contenidos y prácticas científicas a través de decisiones relativas a los problemas, métodos y fines de la investigación.
Analizando el desarrollo de la sexologia desde sus orígenes en la Alemania del siglo XIX hasta las críticas feministas al paradigma impuesto por Masters y Johnson se mostrará el modo en que valores contextúales marcan las prioridades epistémicas estableciendo así los criterios de aceptación o rechazo de teorías y prácticas.
PALABRAS CLAVE Valores contextúales y constitutivos.
Ciencia, tecnología y valores
El campo disciplinar GTS (ciencia, tecnología y sociedad) está compuesto por una gran diversidad de programas de investigación, educación y gestión cuyo nexo común consiste en ocuparse de las interrelaciones entre la ciencia, la tecnología y la sociedad.
En el campo de la investigación se trata de desenredar los a menudo invisibles hilos que entrelazan los tres ámbitos; en el campo de la educación, de formar ciudadanos (sean o no científicos y tecnólogos) conscientes y responsables ante estas complejas relaciones; y en el campo de la gestión, de promover políticas públicas de la ciencia y la tecnología democráticas y socialmente sensibles.
Dentro de este panorama general, mi propuesta se encuadraría en el primer ámbito, el que trata de desentrañar los complejos modos en los que ciencia, tecnología y sociedad interactúan.
Aún es posible delimitar algo más el foco de interés.
La investigación GTS se divide a menudo en dos tradiciones o enfoques diferenciados según la dirección de las relaciones ciencia-tecnologíasociedad que enfaticen (González García, López Cerezo y Lujan López, 1996).
Por una parte, la tradición académica (o europea) se ha ocupado especialmente de analizar el modo en que la sociedad condiciona el desarrollo científico-tecnológico; mientras que la tradición activista (o norteamericana) se ha centrado en las consecuencias de ese desarrollo sobre nuestras formas de vida.
Se trata ésta de una diferenciación que responde a distintos orígenes, disciplinas básicas y objetivos, y que a menudo origina controversias de difícil solución.
No obstante, un tratamiento adecuado de las relaciones cienciatecnología-sociedad ha de recorrer necesariamente este doble camino: de la sociedad a la ciencia-tecnología y de éstas de nuevo a la sociedad, porque compatibilizar las dos tradiciones GTS es la única manera de dotar de sentido a los esfuerzos en los ámbitos educativo y político.
En cualquier caso, esta contribución puede describirse como perteneciente a la tradición académica de analizar cómo factores sociales contribuyen al modelado de teorías y prácticas científico-tecnológicas.
De hecho, en ella se defiende la participación de valores contextúales en el contenido y la práctica científica, y se ilustra esta participación con un caso de estudio: la investigación científica sobre la conducta sexual humana.
Sin embargo, me gustaría insistir en que la tesis que se defiende y el tratamiento del caso de estudio intentan superar tanto el diálogo de sordos entre las dos tradiciones GTS como la mera acumulación de reconstrucciones sociológicas de episodios científicos (Shapin, 1982).
El caso de estudio que se analiza, la sexologia, presenta una historia cuya dinámica se mueve al ritmo de importantes cambios sociales al margen de los cuales su comprensión no resulta posible.
Al mismo tiempo, sin embargo, las críticas más recientes al «paradigma» impuesto por Masters y Johnson (1966) reflejan la preocupación «activista» por las repercusiones sociales de una concepción reduccionista y normalizadora de la sexualidad, especialmente para las mujeres.
Es éste un caso en el que se muestra con claridad la relación de doble dirección que mantienen la ciencia y la sociedad, así como la insuficiencia de ocuparse de un único sentido de la misma.
Por otra parte, la discusión del caso se enmarca dentro del debate sobre ciencia y valores, uno de los escenarios centrales de la reflexión contemporánea sobre la ciencia y la tecnología^.
Típicamente, cuando se habla sobre ciencia y valores se hace con dos tipos de propósitos.
Por un lado se encuentran los intentos de demostrar que la ciencia supuestamente pura no es realmente tan pura, y que la participación de diversos tipos de valores no epistémicos en su construcción o justificación no la convierte automáticamente en «mala ciencia» (aquí incluiríamos la heterogénea e interdisciplinar literatura de la rama académica de CTS, o lo que se ha denominado estudios sociales de la ciencia).
Por otro lado, resistiendo a los ataques, encontramos las posiciones de aquéllos que defienden que los únicos valores aceptables en ciencia son epistémicos, mientras que la intromisión de otro tipo de valores «externos» o contextúales debilita el estatuto epistemológico del producto resultante^.
Ambas posiciones se ¡lustran con ciertos ejemplos de prácticas científicas.
Las matemáticas o la física teórica se encuentran entre las ciencias aparentemente más puras y son, por tanto, importantes objetivos del análisis sociológico.
La mejor forma de demostrar que la ciencia está inherentemente cargada de valores es analizar algunos de sus productos más indiscutibles.
Las pseudociencias y los fraudes son, por otra parte, el tipo de casos preferidos de la perniciosa influencia de los valores externos en el desarrollo científico.
Se recurre a ejemplos de mala ciencia, como el lysenkoísmo, la ciencia nazi o el más reciente caso de la fusión fría, para mostrar las nefastas consecuencias de la intromisión de los valores.
La buena ciencia, por definición, no puede someterse a este tipo de análisis.
Los valores contextúales son exclusivos de los productos descarriados del conocimiento científico.
Sin embargo, una característica insatisfactoria de muchos análisis del papel de los valores contextúales en las teorías y prácticas científicas es la poca atención que se presta habitualmente a los mecanismos por medio de los cuales intervienen.
Sin el análisis de estos procesos, sin embargo, la identificación de carga valorativa en los productos científicos (de sociedad en la ciencia) pierde fuerza argumentativa y queda sometida a la capacidad del narrador de contar historias en forma de reconstrucciones sociológicas tan inadecuadas y discutibles como las tradicionales reconstrucciones racionales a las que intentan sustituir.
Desde luego, numerosos autores han intentado dar cuenta de la presencia de valores contextúales: Barnes habla de intereses y objetivos, Collins recurre a los mecanismos retóricos de clausura de las controversias, Latour al establecimiento de alianzas...
En todo caso, parece tratarse fundamentalmente de técnicas persuasivas las que concurren para traducir en productos científicos determinadas inquietudes extracientíficas.
Esta visión parece implicar la idea intuitiva de cierta intencionalidad por parte de los científicos en su interés por promover determinadas ideologías, intereses profesionales o personales..., que en la mayor parte de las ocasiones no puede considerarse el caso.
Una propuesta más interesante es la de Helen Longino (1990), según la cual las relaciones evidencíales entre observaciones e hipótesis se consideran mediadas por compromisos teóricos previos que dependen del contexto en el que los datos son evaluados.
Diferentes «presuposiciones implícitas» (backgroundassumptions), condicionadas por determinados valores contextúales, conducirán a interpretaciones distintas de los datos obtenidos experimentalmente.
Por su parte, López Cerezo y Lujan López (1989) han propuesto que la actuación de factores sociales se produce mediante su contribución a la selección de las prácticas metodológicas, incluyendo principios generales (como la identificación y definición de los problemas a solucionar y el enfoque básico adoptado) y prácticas metodológicas específicas (como modelos estadísticos o diseños experimentales).
Estas propuestas, además de subrayar la importancia de atender a la dimensión práctica de la ciencia para dar cuenta de la influencia de factores sociales, apuntan a la compleja interacción entre los valores contextúales y los valores considerados internos a la actividad científica.
Los valores contextúales participan en el modelado de contenidos y prácticas científicas a través de decisiones relativas a los problemas, fines y métodos de la investigación.
Estas decisiones, normalmente adscritas al «contexto de descubrimiento» y consideradas irrelevantes para la evaluación de los productos científicos, muestran ser, por el contrario, centrales para los procesos de justificación, ya que los criterios de aceptación o rechazo son en cierta medida dependientes de las prioridades epistémicas cuyo establecimiento ha estado mediado por valores contextúales.
El contexto de justificación no puede, entonces, independizarse completamente del contexto de descubrimiento en la medida en que la evaluación de teorías (su aceptación, crítica o rechazo) dependa de aquellas prioridades epistémicas contextualmente seleccionadas.
Analizar, entonces, estadios de ciencia en los que aún no se ha producido la estabilización de un sistema teórico-práctico (contexto de descubrimiento) o momentos de crítica a sistemas más o menos estabilizados (contexto de justificación) parece una estrategia más apropiada para explorar el carácter contextual de la ciencia (es decir, la influencia de la sociedad) que la mera búsqueda de analogías o afinidades entre valores sociales y productos científicos.
Estas son las razones de la elección de un caso de estudio, la investigación sobre el comportamiento sexual, descarnadamente «impuro».
«Impuro» por presentar una importante carga valorativa ligada a conflictivas preconcepciones sociales, lo que ha dificultado a lo largo de la historia su estabilización en torno a un cuerpo teórico y práctico no problemático.
No creo, sin embargo, que estas características puedan considerarse debilidades del caso de estudio escogido que resten fuerza a la argumentación general que intenta ilustrar^.
Más bien al contrario, al mostrar la ambigüedad de lo que cuenta como valor «interno» y «externo» en estadios de ciencia preparadigmatica, este ejemplo permite ensayar la hipótesis de que ciencia completamente «epistémica» es imposible de construir y, del mismo modo, que es imposible evaluar de un modo estrictamente «epistémico» desarrollos científicos poco consolidados.
La primera parte de esta afirmación no es problemática: nadie negaría el papel crucial que cumplen fines, valores o preocupaciones de carácter no epistémico a la hora de definir y formular problemas interesantes para la investigación científica.
Es en el caso de la evaluación de teorías e hipótesis, sin embargo, donde el papel de los valores se problematiza.
En una ciencia que se encuentra en el proceso de negociar lo que pueden considerarse formulaciones de problemas, prácticas y teorías propias, tal evaluación de sus procesos y productos embrionarios se muestra de una forma muy clara ligada al tipo de fines, expectativas y preconcepciones asociadas a su origen en primer lugar; y es, de este modo, dependiente de valores tradicionalmente considerados «extracientíficos» (o únicamente aceptables en el «contexto de descubrimiento» en una práctica científica adecuada).
A medida que la ciencia se desarrolla, y se asientan y consolidan prácticas y teorías, sin embargo, la distinción se va volviendo cada vez más clara hasta desaparecer la ambigüedad inicial y volverse ante nuestros ojos como obvia en sí misma.
Los estándares de evaluación se convierten, así, en rigurosamente «internos».
Existen casos, sin embargo, como el que nos ocupa, de ciencias especialmente problemáticas o «impuras» que continúan debatiendo la adecuación de problemas, fines, prácticas y teorías, pese a haber experimentado una considerable sofisticación teórica y metodológica.
Más que tratarse de ciencias de algún modo «inferiores» y, por tanto, incapaces de alcanzar el grado de «desarrollo» y cristalización de las ciencias «duras», defendería que los interminables debates de carácter metodológico que se dan en ellas reflejan más bien la dificultad en llegar a un acuerdo acerca del tipo de valores epistémicos que priorizar, lo que, en última instancia, refleja desacuerdos básicos en valores contextúales en la comunidad de científicos involucrados.
Suele tratarse de ciencias, como la sexologia, pero también la psicología, por ejemplo, que se ocupan de fenómenos especialmente «interesantes» (tomando la expresión de S.J. Gould) no sólo para el científico y su comunidad en sentido restringido, sino para la sociedad en sentido amplio, y que, por tanto, se negocian en ese contexto más general, un contexto en el que llegar a acuerdos es mucho más trabajoso.
La sexologia nos proporciona uno de estos ejemplos en su estado más puro o, mejor dicho, más «impuro».
Se trata de una ciencia emergente y sujeta a encendidas controversias en las que puede observarse de cerca la dinámica del uso de los distintos tipos de valores por parte de los propios científicos al construir, justificar o criticar determinados desarrollos, en función de los fines percibidos de la investigación y de determinadas preconcepciones y expectativas.
La sexologia es, efectivamente una ciencia abiertamente car4 gada de valores contextúales, pero sin la participación de estos valores, referidos a cambiantes preconcepciones sociales sobre la naturaleza del comportamiento sexual y a las necesidades profesionales de los investigadores involucrados, no podría existir ninguna ciencia de la conducta sexual.
Narraré la historia del estudio científico de la sexualidad en tres tiempos: un primer periodo «prepar-adigmático» que se extiende hasta casi la segunda mitad del siglo XX; un segundo momento caracterizado por una mayor consolidación de la sexologia gracias al trabajo de Kinsey y de Masters y Johnson; y, por último, la crisis actual marcada por las criticas feministas al enfoque médico.
Diferentes concepciones de la naturaleza y fines de la sexologia, guiadas por valores contextúales, contribuyen al establecimiento en cada una de estas etapas de distintos métodos de estudio y estándares de evaluación en la disciplina.
El nacimiento de la sexologia Como ocurre con un buen número de disciplinas modernas, podríamos aplicar a la sexologia la célebre frase que Ebbinghaus dedicó a la psicología: se trata de una disciplina con un largo pasado y una corta historia^.
El largo pasado puede rastrearse hasta los griegos, en especial, hasta los escritos de Aristóteles sobre reproducción sexual.
La corta historia comienza entre finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el médico alemán Iwan Bloch acuña el término «sexologia» o «ciencia sexual» [Sexualwissenschaft] y publica La vida sexual de nuestros tiempos y sus relaciones con la culturo moderna (1907), donde aboga por la cooperación de la medicina y las ciencias sociales en el estudio de la sexualidad humana.
El único mérito de Bloch para pasar a la historia como iniciador de la sexologia moderna no es el de haber dado por primera vez ese nombre a la disciplina.
Bloch ofreció en su obra tanto un completo panorama del conocimiento sobre sexo en su época como detallados análisis de temas como la prostitución, la homosexualidad o las perversiones (que entendía, frente a la mayoría, como producto de «condiciones accidentales externas»).
A la estela del trabajo pionero de Bloch, se produce otra contribución al establecimiento de la sexologia como disciplina independiente cuando Magnus Hirschfeld crea en 1908 de la primera revista dedicada al estudio científico del sexo (Zeitschrift fürSexualwissenschaft).
Poco después aparecerán las primeras asociaciones de sexologia: La Sociedad Médica de Sexologia y Eugenesia (fundada por el propio Bloch en 1913) y la Sociedad Internacional para el Estudio del Sexo (fundada en el mismo año y también en Beriin por Albert Moll)^. abordar el estudio de los cuerpos y las funciones sexuales.
Hasta entonces, y desde los griegos, habría dominado el modelo de «sexo único», en el que hombres y mujeres son dos variedades de un solo sexo y la diferencia se establece de un modo jerárquico (la mujer es un hombre imperfecto).
El paso de este modelo al modelo ilustrado de dos sexos, en el que hombres y mujeres son inconmensurables, opuestos, es relativamente independiente de los avances en anatomía y fisiología, es decir, de la experiencia y la observación, y está ligado a transformaciones epistemológicas, sociales y políticas^.
Ambos modelos tienen consecuencias diferentes a la hora de ocuparse de la conducta sexual.
Un buen ejemplo es el de los avatares históricos del orgasmo femenino.
Durante mucho tiempo, de acuerdo al modelo de «sexo único», fue un lugar común que las mujeres debían experimentar orgasmo para que la fecundación fuera posible, pese a lo que podía parecer evidencia contraria.
Deseo, ovulación, placer y fecundación se consideraban inseparables.
La mujer, como el hombre, en los textos de Galeno, Alberto Magno o Avicena, experimenta deseo, erección de sus órganos genitales y orgasmo con eyaculación de su semilla femenina (Laqueur, 1990: 88ss).
Tras la generalización del modelo de los dos sexos a partir de la Ilustración, el placer sexual femenino se disocia de la ovulación y de la procreación, de tal modo que la posibilidad de concepción sin orgasmo hace común la idea de una naturaleza femenina pasiva y poco interesada por los placeres del sexo.
La mujer no siente el irreprimible deseo del hombre, y más que disfrutar, sufre o, en el mejor de los casos, tolera el sexo como deber conyugal encaminado a la procreación.
Los nuevos hallazgos sirvieron para proporcionar fundamento científico para algunas viejas convicciones sobre la subordinación del sexo femenino y para algunas otras nuevas y convenientes, como la de que la mujer es un simple receptáculo pasivo del apasionado y fértil torrente masculino. diversos tipos de patologías físicas y psíquicas.
Médicos del siglo XVIII como John Brown, Théophile de Bordeu, SAD.
Tissot o Benjamin Rush escribieron alertando sobre los peligros de la masturbación, del sexo excesivo o de prácticas «antinaturales» para la salud física y psíquica^.
La preconcepción básica durante siglos de disquisiciones acerca del sexo era, efectivamente, la convicción profunda de que había una única forma válida de interacción sexual: aquella que estaba encaminada a la procreación; y las discusiones científicas sobre conducta sexual trataban de identificar las condiciones que la hacían posible en el contexto del coito heterosexual.
En parte debido al tabú que siempre ha rodeado el estudio de la conducta sexual, y en parte por el arraigado convencimiento de la existencia de conductas adecuadas e inadecuadas en el ámbito sexual, las investigaciones del siglo XIX que se consideran el origen de la sexologia moderna aparecen, entonces, como análisis de las conductas desviadas, incluso cuando se complementan con una comprensión histórica y antropológica (de comparación intercultural), como en el caso de Iwan Bloch^^.
Durante las primeras décadas del siglo XX, las teorías freudianas sobre la sexualidad fueron dominantes, aunque en investigación empírica fuera mucho más relevante, por ejemplo, el trabajo de Magnus Hirschfeld y Havelock Ellis.
El atractivo de las ideas freudianas consistió en que proporcionaban un sistema global y un método de terapia destinado a tratar a pacientes disfuncionales.
Especialmente interesantes, una vez más, fueron las teorías de Freud sobre el orgasmo femenino.
La superación del complejo de castración (la «envidia del pene») por parte de la mujer, según Freud, implicaba abandonar el inmaduro orgasmo clitoridiano (en el que el clitoris se asocia al pene inexistente) por el maduro y equilibrado orgasmo vaginal.
La incapacidad para alcanzar orgasmos vaginales llenó de mujeres las consultas de los psicoanalistas; y el orgasmo, que hasta entonces había recibido una atención irregular, pasó a ser el problema central de la sexologia a partir de los años 20 (O'Connell Davidson y Layder, 1994: 13).
Lo sorprendente de las propuestas freudianas es que, aunque estaban aparentemente fundamentadas sobre bases biológicas, se oponían a ideas científicas ya existentes sobre el orgasmo femenino.
Freud «inventa» el orgasmo vaginal obviando el acuerdo general que situaba en el clitoris el centro del placer femenino y consideraba la vagina como relativamente insensible.
Pese a la falta de evidencia empírica, las ideas freudianas contribuyeron a perpetuar el rol pasivo y limitado de la mujer y promovieron una larga amnesia sobre cuestiones de fisiología de la respuesta sexual femenina que ya habían sido descritas anteriormente con relativa sofisticación.
El anuevo realismo» estadounidense y la sexologia moderna Hasta el momento, este brevísimo repaso de la historia de la investigación sobre sexualidad humana nos lleva desde el enfoque «patológico» que insistía en denunciar conductas inmorales y nocivas para la salud, pasando por el enfoque «antropológico» que miraba a otras culturas para estudiar la variación en los comportamientos sexuales, hasta llegar al enfoque «médico» o «biologicista» que ya vemos apuntado en Freud, aunque con sus peculiaridades propias.
De la primitiva sexologia prescriptiva llegamos a una sexologia que pretende combinar las funciones descriptiva y prescriptiva mediante la investigación empírica sobre conductas y órganos sexuales, y la detección y tratamiento de disfunciones.
Este es el periodo de la historia de la sexologia que nos interesa especialmente y que se consolida a partir de finales de los años 40 con el ambicioso proyecto descriptivo de Alfred Kinsey, cuyos antecedentes pueden buscarse en el trabajo empírico que figuras como Gilbert V. Hamilton, Katharine Bernent Davis y Robert Latou Dickinson llevaron a cabo en los Estados Unidos de principios de siglo.
Con sus cuestionarios sobre prácticas sexuales y sus investigaciones sobre los cambios fisiológicos que ocurren durante la actividad sexual, ellos fueron los pioneros de lo que Bullough (1994: cap. 4) denomina el «nuevo realismo» de la investigación sobre el sexo.
La tendencia general en esta nueva etapa de la investigación sexológica fue la de un mayor interés en describir las conductas sexuales de las personas consideradas «normales» (frente al énfasis en los comportamientos de individuos «desviados» de las épocas anteriores), y un menor interés en el juicio moral, aunque con Masters y Johnson se impondría el juicio «terapéutico».
La publicación del primer informe de Kinsey, en 1948, señala cambios radicales en las actitudes hacia el sexo dentro y fuera de la ciencia.
Los estudios de Kinsey, Masters y Johnson y otros, asi como la aparición de la figura del «terapeuta sexual», marcan el origen de la sexologia contemporánea.
Mediante la realización de entrevistas sistemáticas diseñadas y ejecutadas con una cuidadosa metodología, Kinsey emprende la tarea de aplicar ai problemático campo del sexo los métodos de la ciencia más neutral.
Se trata de recogida de datos y extracción de conclusiones, sin los prejuicios y adjetivos morales que parecían inseparables de un tema tan comprometido.
J.B.S. Haldane resumió así la actitud de Kinsey con motivo de su muerte: «Nosotros, los científicos, creemos que es nuestro deber describir el mundo tal como es (...).
Ciertamente, no podemos dejar de lado el comportamiento sexual ni en nuestra descripción del mundo ni en nuestra explicación del mismo» (cit. en Pomeroy, 1972:471).
Kinsey se convirtió Qunto con Wilhelm Reich y Herbert Marcuse, aunque con un talante mucho más «americano») en una de las figuras clave de la «revolución sexual».
Especialmente revolucionario y liberador fue su volumen sobre la mujer.
Revolucionario por los datos sobre la elevada incidencia de relaciones pre y extramaritales, datos que escandalizaron a la sociedad americana de la época (curiosamente, en el volumen sobre sexualidad masculina, lo escandaloso fueron los datos sobre homosexualidad, y no sobre relaciones sexuales fuera del matrimonio).
Liberador por sus conclusiones acerca del orgasmo femenino^^ Frente a las extendidas ¡deas freudianas, el trabajo de Kinsey revalora el despreciado orgasmo clitoridiano y revela que algunas mujeres son, incluso, capaces de orgasmos múltiples.
La hembra humana, del mismo modo que el macho humano, concluye Kinsey, es un «animal capaz de experimentar orgasmos».
Las críticas despertadas en los sectores más conservadores de la sociedad americana hiceron que, tras el volumen sobre sexualidad femenina, Kinsey dejara, de recibir financiación del CRPS (Comité de Investigación sobre Problemas del Sexo) y la Fundación Rockefeller.
Desde luego que Kinsey también recibió importantes y acertadas críticas a la metodología de sus entrevistas.
Kinsey había diseñado cuidadosos mecanismos para evitar las mentiras y para extraer información de los sujetos más reticentes.
Sin embargo, su sistema de muestreo era muy cuestionable.
Las 5.940 entrevistadas y ios 5.300 entrevistados que constituyeron la muestra para sus volúmenes sobre sexualidad femenina y masculina^^ fueron todos ellos voluntarios y, aparte del sesgo que esta característica implica por sí misma (podía tratarse de individuos especialmente deshinbidos en lo concerniente al sexo), la muestra presentaba diversos desequilibrios: había demasiados sujetos del medio oeste de los EE.UU. (especialmente de Indiana), demasiados presidiarios entre los sujetos masculinos, demasiados blancos, demasiada gente culta, demasiados jóvenes...
Difícilmente podría considerarse una muestra representativa.
La pretendida neutralidad de las entrevistas y los informes Kinsey implica también algunas presuposiones debatibles y debatidas previas a las justificadas críticas metodológicas.
Kinsey asumió una actitud decididamente «pro-sexo».
Esto significaba la implícita aceptación de dos axiomas fundamentales: el sexo es bueno y cuanto más se practique, mejor (Irvine, 1990: 37).
Pero también implicaba la renuncia al juicio moral y la aceptación como natural y apropiada de cualquier conducta sexual de la que los sujetos le informaran (cuyo rango podía variar desde ciertas preferencias ciertamente peculiares pero inocuas hasta la pedofilia).
La renuncia programática a mezclar valores con hechos colocó a Kinsey y sus seguidores ante algunos dilemas morales difíciles de evitar.
Consistemente, Kinsey se opuso con vigor a las leyes que regulaban las prácticas sexuales (que en algunos estados prohibían cualquier cosa que no fuera el coito heterosexual vaginal), señalando con acierto que sus datos mostraban que era tal el porcentaje de la población de ambos sexos que las violaba sistemáticamente, que resultaban claramente injustificadas, además de la imposiblidad de asegurar su cumplimiento.
Junto a esto, y también de un modo coherente, Kinsey, científicamente interesado en la respuesta sexual infantil, coleccionaba entrevistas con pedófilos, pero sin denunciarlos a las autoridades^^.
Este es un problema que sigue enfrentando el estudio científico de la sexualidad que pretende ser neutral y objetivo y no mezclar la «ciencia del sexo» con la «política del sexo», tarea que se revela repetidamente como condenada al fracaso.
Esto sucede de un modo explícito, por ejemplo, cuando diferentes grupos de interés acuden al sexólogo como experto para apoyar posturas enfrentadas relativas a la pornografía, la prostitución o la homosexualidad.
Así y todo, uno de sus logros más importantes, y por el que ha pasado a la historia como un hito para la liberación de la mujer, fue su tendencia a afirmar que la sexualidad masculina y la femenina no son opuestas, como se había venido sosteniendo desde el siglo XVIII, sino básicamente ¡guales.
Kinsey contribuye a un nuevo cambio en el modelo dominante sobre la naturaleza de los sexos.
Como ya hemos mencionado, el modelo según el cual hombres y mujeres son versiones de una naturaleza sexual que es única había sido generalmente aceptado durante la antigüedad y el renacimiento; los órganos genitales y la respuesta sexual en la mujer se consideraban análogos a los del hombre^^ y por tanto se creía que, lo mismo que no podía haber fecundación sin eyaculación y orgasmo masculino, también el orgasmo femenino (con su correspondiente eyaculación) era imprescindible para la fecundación.
En la Ilustración, sin embargo, se impone el modelo de sexos opuestos e inconmensurables que la sexologia moderna comenzaba a poner ahora en tela de juicio.
Del mismo modo que las investigaciones sobre fisiología de los órganos sexuales y los procesos de reproducción no son suficientes para explicar el abandono del modelo de sexo único en el siglo XVill, el nuevo cambio apuntado en el trabajo empírico y descriptivo de Kinsey sobre los comportamientos sexuales de los norteamericanos en los años 40 y 50, de vuelta al modelo de sexo único, tampoco está determinado por los propios datos que Kinsey proporcionó.
El periodo que siguió a la segunda guerra mundial en Estados Unidos fue una época crítica en la que se estaban gestando las transformaciones en los roles de género que se generalizarían en los años 60 y 70.
La guerra había propiciado una mayor implicación de las mujeres en la fuerza laboral y la vida pública, pero la posguerra amenazaba con devolverlas a sus hogares y a sus roles pasivos.
El valor de la vida familiar y el papel de la mujer como esposa y madre abnegada, más interesada por las labores domésticas que por los placeres del sexo, constituyeron la imagen pública, pero hipócrita, de una sociedad que tras este telón publicitario escondía las sorpresas desveladas por Kinsey.
La mecha encendida por los informes Kinsey acabaría de detonar en las décadas siguientes.
Los informes publicados por Kinsey promovieron, efectivamente, el tratamiento de la sexualidad femenina en el mismo plano que la masculina, pero aún enfatizaban ciertas diferencias básicas, como el hecho natural y no socialmente condicionado, según Kinsey, de que las mujeres tuvieran menos interés por el sexo y que algunas de ellas ni siquiera estuvieran «equipadas» para experimentar placer^^.
La actitud de Kinsey era esencialista y naturalista: «el sexo es una función biológica, aceptable en cualquier forma en que se manifieste».
De esta manera, la manifestación diferencial de las sexualidades masculina y femenina es un fenómeno «natural» que debemos a la historia de nuestra especie y que, del mismo modo que la expresión de conductas sexua-les socialmente condenadas, no debería ser objeto de juicio o intento de modificación.
La vuelta al modelo del sexo único, sin embargo, es ya definitiva diez años más tarde, en el trabajo de William H. Masters y Virginia Johnson (1966).
Sus investigaciones sobre la dinámica fisiológica del sexo resultaron ser un complemento muy apropiado para el impresionante material proporcionado por las entrevistas de Kinsey.
Masters y Johnson midieron los cambios fisiológicos que ocurrían durante Ja actividad sexual: la frecuencia cardíaca, la presión arterial, las contracciones musculares, la lubricación y dilatación vaginal...
Se trataba de un paso más en el proceso de convertir el estudio del sexo en una tarea científica objetiva y respetable.
Lo mismo que en el caso de Kinsey, tampoco Masters y Johnson contaron con una muestra de sujetos representativa, dado que ahora se trataba de sujetos dispuestos a practicar el sexo ante los investigadores y sus cámaras, con lo'que la autoselección era aún más evidente que en el caso de los entrevistados de Kinsey^^.
Esto, sin embargo, no supuso ningún problema para ellos, puesto que uno de los supuestos básicos de su trabajo, sobre el que implícitamente se apoyan para hacerlo a continuación aparecer explícitamente,,en una hábil maniobra, como resultado de la propia investigación (de hecho, como el resultado más duradero de su investigación), es que la fisiología básica de la respuesta sexual es similar en todos los seres humanos.
El resultado de esta presuposición-conclusión fue el «ciclo de respuesta sexual», común para hombres y mujeres y consistente en cuatro fases sucesivas: (1) excitación, (2) meseta, (3) orgasmo y (4) resolución.
El «ciclo de respuesta sexual» pretende describir el patrón de desarrollo natural de una interacción sexual adecuada, entendiendo por una «interacción sexual adecuada» aquella conducente al orgasmo en ambos miembros de la pareja, típicamente, mediante el coito heterosexual vaginal.
Mientras que Kinsey estaba interesado en la amplia variación de comportamientos sexuales y hacía hincapié en la diversidad, Masters y Johnson buscaban los universales de la respuesta sexual humana.
«Si quieres averiguar qué es lo que pasa, obviamente tienes que trabajar con aquéllos a quienes les pasa»^^, así defendían los investigadores la parcialidad de una muestra que pretendía ser representativa de toda la humanidad, aunque de lo que era más bien representativa era de aquella parte de la población susceptible de acudir al especialista para Efectivamente, el trabajo de Masters y Johnson no tenía únicamente un propósito descriptivo, sino también prescriptivo y terapéutico.
De hecho, en el prefacio de su obra La respuesta sexual humana (1966), esgrimen los problemas de inadecuación sexual como la causa principal de fracaso matrimonial que justifica su dedicación al estudio científico de la sexualidad.
El ciclo de respuesta sexual permitía definir trastornos característicos de cada una de las fases, y una consecuencia natural de su trabajo fue la creación de la figura del terapeuta sexual, con el propósito de tratar estas disfunciones.
El éxito de las intervenciones terapéuticas que se desarrollaron guiadas por estas investigaciones fisiológicas sobre el sexo fue extraordinario y no se puede menospreciar, aún cuando el campo de la terapia sexual fue también invadido por toda clase de oportunistas.
El esfuerzo de Masters y Johnson parecía no haber servido solamente para librar a la mujer de los últimos vestigios de oscurantismo y prejuicio ligados a su sexualidad, también le proporcionaba instrumentos para superar problemas y desarrollar todo su potencial.
Las entrevistas de Kinsey y el trabajo de Masters y Johnson sobre la fisiología del sexo originaron una nueva imagen de la sexualidad femenina.
La propia organización de La respuesto sexual humana, de Masters y Johnson, parece mostrar una preocupación especial por revalorizar la respuesta sexual de la mujer.
Masters y Johnson empiezan describiendo la respuesta sexual femenina, a la que dedican más de 140 páginas; la respuesta del hombre, que encontramos a continuación, apenas merece 50.
En la época de la segunda ola del feminismo, del «movimiento de liberación de la mujer», Kinsey, Masters y Johnson y los desarrollos paralelos en anticoncepción proporcionaron a las mujeres un contexto apropiado para poder desarrollar su sexualidad de una forma que hasta entonces les había sido negada.
Las mujeres recibieron de forma entusiasta la nueva sexologia porque presentaba unos resultados que eran a la vez producto de nuevas presuposiciones que surgían en un contexto social cambiante.
El igualador «ciclo de respuesta sexual» de Masters y Johnson borraba una diferencia que siempre se había considerado básica entre hombres y mujeres: la diferencia entre la sexualidad femenina y la sexualidad masculina.
«Las mujeres necesitan una razón para tener sexo», decía el personaje de Billy Cristal en la película Cowboys de ciudad, «los hombres sólo necesitan un lugar»^^.
Esta extendida convicción había sido cuestionada y la dife-rencia ya no aparecía como inevitable, sino más bien como un producto social.
El potencial sexual de la mujer era igual o incluso mayor al del hombre, y a partir de ahora podía y debía manifestarse libremente.
Masters y Johnson parecen haber proporcionado el primer acuerdo paradigmático en el campo de la sexologia: un método de trabajo basado en la observación de conductas sexuales y la medida de respuestas fisiológicas en condiciones de laboratorio; una generalización incuestionada: el ciclo de respuesta sexual; un modelo «mecanicista» de la conducta sexual; un ejemplar sobre el que se basa todo el sistema: el coito heterosexual vaginal en el que ambos miembros de la pareja alcanzan el orgasmo; y todo un programa de tratamiento para las disfunciones que no se acomoden al guión prescrito.
No obstante, el «ciclo de respuesta sexual» fue más una elaboración conveniente que un simple descubrimiento.
Masters y Johnson tuvieron que ejercer una considerable «violencia» sobre sus datos para acomodarlos en un modelo de sexo único y en un patrón de respuesta sexual universal desarrollado en cuatro etapas.
Será este proceso de normalización y universalización el que autores posteriores, especialmente desde un óptica feminista, criticarán por considerar reduccionista e ¡napropiado.
El trasfondo histórico de la investigación sobre el sexo aquí expuesto, junto con las características de estas críticas nos servirán para observar el modo en el que valores contextúales condicionan las prioridades epistémicas y, por tanto, la evaluación de productos y prácticas científicas en el caso de la sexologia.
Prioridades epistémicas y valores contextúales
Masters y Johnson, apoyados en Kinsey, convirtieron el sexo en un acto natural; es decir, en una «función biológica sencilla y universal que, sin ninguna preparación, deben experimentar, gozar y realizar todos los seres humanos aproximadamente de la misma manera» (Tiefer, 1995: 37).
Esta definición parece tener poco que ver con el enfoque moralizante y culpabilizador de los primeros tiempos, y así contribuir al desarrollo de una actitud más abierta y tolerante con respecto al sexo.
Sin embargo, las críticas feministas más recientes insisten en demostrar que el sexo «no es un acto natural» (Tiefer, 1995) que se pueda reducir a sus manifestaciones fisiológicas, sino más bien un «concepto» con significados cambiantes ligados inevitablemente a circunstancias sociohistóricas determinadas.
Las críticas feminis- tas a las debilidades epistémicas del «paradigma» de Masters y Johnson no pueden entenderse sin hacer referencia a esta actitud anti-esencialista y los valores contextúales asociados a ella.
La historia de esta ciencia «impura» puede interpretarse en términos de la dinámica de valores epistémicos y no epistémicos (o contextúales) sugerida por Elizabeth Anderson (1996), y que sigue en parte al análisis de Helen Logino (1990) del papel de las presuposiciones del trasfondo en el establecimiento de la relación evidenciai entre datos y elaboraciones teóricas.
Según Anderson, ambos tipos de valores no se enfrentan, sino que más bien cooperan en el desarrollo de teorías y en la evolución de las disciplinas científicas^^.
El interés de insistir en la diferencia entre oposición y cooperación radica en que gran parte de las reacciones alarmistas ante el relativismo supuestamente implicado en la defensa de la participación de valores contextúales en la génesis y evaluación de teorías científicas asumen que ambos tipos de valores son excluyentes: si defendemos que las elecciones en ciencia están motivadas por valores constitutivos, entonces no hay lugar para los valores del contexto.
Si, por el contrario, argumentamos que es preciso apelar a valores contextúales, estamos resignándonos al dogmatismo, el engaño, o la conversión de la ciencia en un conjunto de buenas intenciones.
Sin embargo, este problema sólo surge cuando entendemos el fin de la ciencia como la mera acumulación de «verdades»^^.
Por el contrario, entendida la actividad científica a la manera kuhniana, la ciencia trata de resolver problemas o responder a preguntas, y en esta tarea, el propio problema o pregunta planteados marcan unos criterios de significatividad cuya naturaleza no es meramente epistémica.
En este trabajo en equipo, los valores contextúales establecerían los estándares de significatividad de una teoría y la evidencia empírica determinaría si la teoría cumple tales estándares.
Es decir, los valores contextúales mediarían las decisiones acerca de qué es lo que debemos buscar (qué preguntas plantear, cuál es el fin de la investigación...) y cómo debemos hacerlo (qué métodos particulares y procedimientos generales favorecer); mientras que la evidencia empírica nos aseguraría que, en ciencia, uno no siempre puede obtener lo que quiere.
Lo que está defendiendo Anderson no es simplemente que los valores externos intervengan en el «contexto de descubrimiento», en el origen de un problema que ha de recibir tratamiento científico.
Según Anderson, el juicio acerca de teorías cargadas de este modo de valoración no puede ser independiente de esos mismos valores que las motivaron.
En la evaluación de una teoría científica no simplemente se trata de juzgar su «adecuación a los hechos», sino también su significatividad con respecto al fin previsto para la investigación y, de este modo, la evaluación es en cierta medida función de ciertas presuposiciones, intereses o fines de carácter «extracientífico» con las que los científicos se plantean los problemas y se enfrentan a ellos.
Reformulando la propuesta de Anderson, podríamos decir que los valores contextúales, al dictar los estándares de significatividad de la investigación, seleccionan ciertas prioridades epistémicas que constituyen el marco para la determinación de métodos y resultados aceptables.
La evaluación (la aceptación o el rechazo) puede considerarse, de este modo, epistémica, en la medida en que en ella se apela a criterios como la adecuación empírica o a valores cognitivos del tipo de los propuestos por Kuhn (precisión, coherencia, amplitud, fecundidad, simplicidad...).
Sin embargo, la atención prioritaria a algunos de estos valores frente a otros requiere apelar a los fines de la investigación y los criterios de significatividad y así, a su carga contextúala^ En este sentido podemos decir que se trata de prioridades epistémicas mediadas por valores contextúales.
Esta «mediación» contextual no se da únicamente en la génesis de las teorías, sino que cumple también un papel clave en la justificación, en la medida en que, como ya se ha señalado, la aceptación de una teoría es relativa a su significatividad.
Especialmente interesantes son los casos de rechazo o de crítica de teorías.
Criticar una teoría consiste a menudo en priorizar diferentes valores epistémicos sobre la base de cambios en determinados valores contextúales (González García, 1999).
En estos casos, como el que nos ocupa, la distinción entre crítica epistémica y crítica no epistémica se desestabiliza, como sucede en el caso de estudio nos ocupa.
¿Qué más quieren las mujeres?
La aparición del «nuevo realismo americano» y el nacimiento de la sexologia moderna implican un cambio en los fines (y las presuposiciones asociadas) del estudio de la conducta sexual.
Mientras que el fin de la primera época era el de la identificación y eliminación de la conducta sexual desviada (donde se definía como desviada toda aquella actividad sexual no procreativa, o «inmadura» según los criterios freudianos); en la nueva sexologia se trata de la descripción de la conducta sexual «funcional» (que ya no es la que resulta en la fecundación, sino la que conduce al orgasmo) y el tratamiento de la conducta disfuncional por parte de «expertos del sexo».
Fueron ios datos proporcionados por las entrevistas de Kinsey y las obsen/aciones de Masters y Johnson, junto con el supuesto del carácter natural y universal de la experiencia sexual y el empeño en sustituir los juicios morales por juicios «científicos», los que permitieron enunciar el patrón básico de actividad sexual funcional: «el ciclo de respuesta sexual», un patrón que se adecuaba perfectamente a los fines de la investigación y a un cambiante clima social en el que las mujeres conquistaban poco a poco parcelas de igualdad.
Sin embargo, muchas feministas no están satisfechas con la concepción de la sexualidad derivada de la investigación empírica y fisiológica.
Autoras como L Tiefer, M. Jackson, J. Irvine, C. Tavris o C. Wade, han señalado que la «igualdad sexual» representada paradigmáticamente en el «ciclo de respuesta sexual» de Masters y Johnson, no es en absoluto un modelo igualitario, sino una forma de conseguir que la experiencia sexual femenina se conforme a un patrón de normalidad que sigue siendo masculino.
La sexologia moderna ha pretendido mostrar que las mujeres tienen necesidades y deseos exactamente iguales a los de los hombres, sólo que un poco más lentos.
En este sentido, no representaría un avance real frente al modelo de sexo único imperante hasta el siglo XVIIl, según el cual la mujer era una versión imperfecta del hombre.
Las críticas feministas han puesto de manifiesto debilidades epistémicas del enfoque de Masters y Johnson que ponen en tela de juicio las pretensiones de universalidad de su ciclo de respuesta sexual.
Han criticado la arbitrariedad de 1^ distinción de las cuatro etapas del ciclo (más tarde se admitiría una etapa más: la del deseo), que consideran una camisa de fuerza demasiado estrecha para sistematizar la complejidad de las reacciones y relaciones sexuales.
Han llamado la atención sobre lo injustificado de insistir en la similaridad de la respuesta masculina y femenina, cuando ellos mismos reconocieron una mayor complejidad y variabilidad en las mujeres^^.
Y también han criticado la muestra sesgada de individuos y de prácticas sexuales que Masters y Johnson utilizaron para establecer el ciclo de respuesta sexual: matrimonios y algunos individuos solteros, todos ellos voluntarios de raza blanca y nivel sociocultural elevado, practicando el coito vaginal y la masturbación.
Entre otras cosas, entonces, las feministas han rechazado las presuposiciones de que la respuesta sexual sea universal e innata; que consista en las reacciones de partes del cuerpo separables y separadas; que lo importante en el sexo sea el buen funcionamiento de los genitales; y que la actividad sexual «normal» consista en la penetración del pene en la vagina (las mujeres, y los hombres, que no alcanzan el orgasmo de este modo podían merecer el diagnóstico de «orgasmo inhibido» según el DSM-lli ed. revisada,1987).
La tarea científica de reducir el sexo a sus elementos fisiológicos (a músculos, tejidos, arterias, nervios y «puntos mágicos»), el objetivo de gran parte de la sexologia moderna, refleja una visión tradicionalmente masculina de la sexualidad, centrada en los genitales.
La historia del «punto G» proporciona un buen ejemplo del empeño en igualar la sexualidad femenina a la masculina (Tavris, 1992).
El punto G representa, para muchos sexólogos, la reducción más absurda y extrema de la sexualidad femenina al patrón masculino, completada incluso con una «eyaculación» específicamente femenina^^.
Lo que defienden las feministas es que el sexo no es un acto natural, sino histórica, social y psicológicamente definido, y que por tanto no se agota en sus aspectos biológicos y fisiológicos.
Consecuentemente, la sexologia debería reconocer e incluir en su agenda de investigación al menos dos aspectos que se encuentran ausentes: En primer lugar, lo que el propio Ernest Grafenberg (que presta su nombre al famoso «punto G») ya señaló en condicionantes más sutiles, como la persistencia del «doble estándar» (que enjuicia de modo diferencial la asertividad sexual en hombres y mujeres), los problemas de autoimagen y las dudas sobre el atractivo físico, la preocupación del embarazo, el a menudo frustrante uso del sexo para paliar carencias afectivas...
«Las teorías de la sexualidad», afirma Carol Tavris (1992: 212) criticando el paradigma impuesto por Masters y Johnson, «cambian dependiendo de la perspectiva de los científicos que las construyen.
Las ideas modernas sobre la sexualidad están tan marcadas por los sesgos de su tiempo como las teorías victorianas a las que sustituyen; es simplemente que los sesgos difieren [...]
Las teorías que explican la sexualidad casi por completo en términos de los genitales de los participantes son tan limitadas como aquellas que ignoran por completo los genitales de los participantes».
El razonamiento de Tavris es perfectamente válido, pero el mismo rasero debe aplicarse a su propio análisis.
Es decir, sus ideas acerca de lo que debería ser una teoría adecuada de la sexualidad dependen también, por supuesto, de su perspectiva y del convencimiento de que una teoría tal debería abandonar el énfasis genital para tratar el cuerpo como un todo y ocuparse de los aspectos emocionales y sociales que rodean las manifestaciones sexuales.
No se trata, entonces, de que la perspectiva feminista sea privilegiada o neutral en algún sentido absoluto.
Al criticar la teoría de là sexualidad asumida y reflejada, por ejemplo, en los tratados de Masters y Johnson por estar «sesgada», lo que están haciendo no es decir que sea errónea en el sentido de que la evidencia contradiga la teoría, sino más bien, que la evidencia que Masters y Johnson recogieron no es la evidencia relevante para los nuevos fines y valores que ellas proponen.
Podríamos decir entonces que «criticar», en este sentido, consiste en priorizar los valores epistémicos o cognitivos (en este caso, por ejemplo, la «heterogeneidad ontológica» frente a la simplicidad^^) que mejor armonicen con determinados fines y valores contextúales, lo que nos induce a recabar evidencia empírica de distinto signo.
Las diferentes reacciones provocadas por los informes publicados por Shere Hite en los años 70 y 80 reflejan las diferentes prioridades epistémicas defendidas desde los enfoques «médicos» y los enfoques que podríamos denominar «culturales» favorecidos por las feministas.
Lejos de la distancia, la neutralidad y la objetividad tan insistentemente buscada por Kinsey y Masters y Johnson, los informes Hite consisten bási-camente en la narración de la experiencia subjetiva de los hombres y mujeres entrevistados.
En el lado médico, las críticas han sido fundamentalmente metodológicas: un muestreo inadecuado que solamente podía resultar en generalizaciones erróneas (el hecho de que el informe sobre la mujer, por ejemplo, se haya hecho en base a cuestionarios enviados a organizaciones femeninas habría tenido como consecuencia la presencia de un número no representativo de mujeres que se quejaban amargamente de sus relaciones con los hombres^^) y una actitud general que no se atiene a los estándares de cientificidad pretendidos en el campo.
Son críticas consistentes con los valores epistémicos favorecidos en el enfoque médico: rigor metodológico y atención exclusiva a las reacciones fisiológicas con el fin de establecer las características básicas y universales de la respuesta sexual humana.
Estos no eran, sin embargo, los fines y las prioridades de Hite.
En consonancia con las críticas feministas, Hite estaba más interesada en las experiencias subjetivas de sus sujetos y en los significados sociales asociados a las prácticas sexuales^^.
Hite no se considera una científica, ni siquiera una científica social, sino más bien una historiadora cultural.
De acuerdo con el fin de documentar sentimientos y significados, Hite prefiere el método cualitativo de dejar que sus sujetos «hablen por sí mismos».
Los informes Hite apenas proporcionan datos nuevos sobre tipos o frecuencias de actos sexuales, pero sí acerca de un gran número de mujeres que informan de desajustes sexuales y emocionales provocados por presiones sociales o falta de entendimiento con los hombres (cuando no por diversos tipos de maltrato)^'^.
Los desacuerdos respecto al fin previsto de la investigación, que tienen una importante carga contextual, se traducen en distintas y opuestas prioridades epistémicas: en un lado se favorece la simplicidad para facilitar las aplicaciones terapéuticas y asegurar el rigor científico (ambos necesarios para lograr la respetabilidad de la disciplina), en el otro la complejidad para defender el compromiso social.
El resultado es dos formas de hacer sexologia que presentan un aspecto muy distinto y que se critican mutuamente esgrimiendo como arma sus propias prioridades epistémicas desdeñadas desde la posición rival.
He defendido que no es posible evaluar la investigación sobre el sexo independientemente de fines y valores «externos».
La dominancia del enfoque médico en la sexologia actual, sin embargo, no puede explicarse únicamente en términos del interés por acomodar la sexualidad femenina a los estándares masculinos, como pretenden algunas de sus críticas.
Otros factores, ya mencionados, han jugado sin duda alguna un papel fundamental, como la necesidad de la sexologia de presentarse como una ciencia objetiva y racional pese a lo «impuro» de su objeto de estudio, para lo que no hay estrategia mejor que hablar fríamente de músculos, tejidos y arterias y nervios (precisamente lo que las feministas les reprochan).
Algunos de los problemas que arrastra la sexologia, y que sostienen aún hoy la incertidumbre acerca de su identidad, están relacionados con las dificultades de su profesionalización.
De hecho, a finales del siglo XIX, al mismo tiempo que otras disciplinas, como la psicología, luchaban en Estados Unidos por su estatuto como ciencias a través de complejos procesos de institucionalización, los investigadores interesados por el sexo no tenían ningún interés en la creación de una disciplina independiente.
Seguían definiéndose a sí mismos como ginecólogos, urólogos, biólogos, psicólogos o antropólogos (Bullough, 1994).
Este desinterés por la independencia de la disciplina, producto de la reticencia de las instituciones académicas a librarse de los tabúes que rodean al sexo (aún en nuestros días es recomendable que alguien interesado en la investigación sexológica se labre antes un sólido prestigio en alguna otra área menos controvertida), tuvo un papel básico en mantener a la sexologia como una ciencia con una identidad incierta.
La búsqueda de respetabilidad profesional y el interés por las aplicaciones terapéuticas que proporcionarían aceptación social son valores (contextúales) que han reforzado el enfoque médico criticado por las feministas por sus aspectos reduccionistas y androcéntricos.
En cualquier caso, las críticas feministas a los presupuestos y resultados del enfoque de investigación en sexologia dominante, sin embargo, no se limitan a mostrarnos cómo esta investigación está condicionada y modelada por fines y valores «extracientíficos».
Cuando Sandra Harding (1989) expone las modalidades existentes de epistemologías feministas, comienza hablando de lo que ella denomina «empirismo feminista», que consiste en identificar sesgos sexistas en determinadas teorías científicas.
Continúa defendiendo que se trata de un tipo de epistemología «conservadora», en el sentido de que no cuestiona la posibilidad de una ciencia libre de valores externos.
Sin embargo, la propia Harding no puede dejar de intuir el «futuro radical» del empirismo feminista.
Un futu-ro radical que reside en la perplejidad que nos produce el hecho de que gran parte de los desarrollos científicos que las feministas critican de manera tan convincente son teorías que nos cuesta calificar de «mala ciencia», o cuyos defectos sólo aparecen al contemplarias desde un conjunto distinto de fines y valores.
Es decir, el empirismo feminista no tiene más remedio que superarse a sí mismo para defender que tal ciencia libre de valores es una quimera y que sus justificadas críticas epistémicas son inseparables de valores contextúales.
De este modo, el empirismo feminista no puede limitarse a identificar el origen «impuro» de la investigación que critica; en el mismo movimiento queda también en evidencia la «impureza» (no debilitante) de su propia crítica.
La evaluación de teorías no puede ser entonces independiente de los valores contextúales que originaron la investigación o dieron pie a la crítica, porque lo que está enjuego no es únicamente la verdad o la adecuación empírica, sino también la significatividad, que es un criterio relativo a la pregunta o problema planteado y al fin de la investigación.
De este modo, en la medida en que no puede separarse de sus orígenes «impuros», no hay nada que pueda hacer la sexologia para dejar de ser una ciencia «impura».
Aún nos quedaría responder a la pregunta de qué puede enseñarnos el caso en tantos sentidos peculiar de la sexologia acerca de la participación de valores contextúales en otras ciencias de apariencia menos «impura».
La similaridad de este episodio, por ejemplo, con otros en los que críticas feministas han identificado valores androcéntricos y propuesto alternativas (primatología, psicología, biología, paleoantropologia, arqueología...) parece indicar que la sexologia no es, después de todo, tan peculiar en su «impureza».
Desde luego, no podemos considerar que los casos objeto de critica feminista agoten la dimensión contextal de la ciencia.
Disputas sobre los fines y valores epistémicos prioritarios contextualmente mediadas pueden encontrarse también de forma general en los estadios preparadigmáticos de diversas disciplinas científicas.
No obstante, atender al modo de funcionamiento de la critica feminista en la ciencia, una critica desde la ciencia que tiene el objetivo explícito de impulsar compromisos políticos, resulta también revelador a la hora de superar la incomunicación entre las dos tradiciones de los estudios CTS.
La critica feminista es un ejemplo de cómo la preocupación por la cuestión de la ciencia en la sociedad (las consecuencias sociales del desarrollo científico-tecnológico) puede de hecho beneficiar al análisis de la cuestión de la sociedad en la ciencia (los condicionantes sociales del desarrollo científico-tecnológico).
2 Para una presentación de los términos del debate, véase Echeverría (1995: cap. 3).
3 Entiendo por valores contextúales, siguiendo a Longino (1990),íaquéllos pertenecientes al contexto histórico y social en el que la ciencia se lleva a cabo.
4 Véase en Nickies (1986) una discusión del uso de casos de estudio como evidencia para propuestas en fiosofía de la ciencia, y una defensa de su papel «ilustrativo» (frente a la función de instancias confirmadoras o falsadoras).
5 Para la historia de la investigación científica sobre la sexualidad, véase Bullough (1994).
6 No existe, sin embargo, un acuerdo general acerca del nacimiento de la sexologia moderna como el que encontramos, por ejemplo, en historia de la psicología al designar 1879 (la fecha en la que Wundt estableció el primer laboratorio de psicología experimental en Leipzig).
Entre las causas de esta diferencia deberíamos señalar particularidades del desarrollo interno de la sexologia a las que nos referiremos más adelante; pero considero también relevante el hecho de que no exista una comunidad consolidada de historiadores de la sexologia, lo mismo que existe para la historia de otras disciplinas científicas.
8 Algunas de estas transformaciones fueron: «El crecimiento de la religión evangélica, la teoría política de la Ilustración, el desarrollo de nuevos tipos de espacios públicos en el siglo XVIII, las ideas de Locke sobre el matrimonio como contrato, las drásticas posibilidades de cambio social abiertas por la Revolución francesa, el conservadurismo postrevolucionario, el feminismo subsiguiente a la Revolución, el sistema fabril con su reestructuración de la división sexual del trabajo, el crecimiento de una economía de libre mercado de servicios y mercancías, el nacimiento de las clases [...]»
Véase también en Celia Amorós (1997) la difícil relación de las mujeres con la Ilustración: el mensaje universalista en el que se sienten incluidas convive con el discurso de la diferencia que las excluye.
9 Bullogh (1994: 21) argumenta que la atribución de tantos males al sexo no se debía únicamente a prejuicios morales, sino también a la extensión de la sífilis y otras enfermedades venéreas y el desconocimiento de sus mecanismos de transmisión.
No obstante, la condena del sexo no procreativo y fuera del matrimonio sobre la base de sus riesgos físicos y psíquicos sobrevivió a la explicación científica de la adquisición y curso de la sífilis.
10 Importantes excepciones a esta norma pueden encontrarse en investigadores homosexuales y mujeres.
Se trata de dos grupos que, por razones obvias, tenían un especial interés en desterrar prejuicios asociados al sexo.
Karl Heinrich Ulrichs, Magnus Hirschfeld, Celia Mosher o Katherine Bement Davis son algunos de los nombres reseñables en este contexto.
11 Conclusiones que sólo eran sorprendentes en el contexto de la hegemonía freudiana, ya que el clitoris fue desde el siglo XVII y de un modo generalizado en los manuales médicos del XIX, el órgano principal del placer femenino (Laqueur, 1990).
13 La entrevista más larga de la colección de Kinsey, de 17 horas de duración, fue de hecho, la de un pedófilo que afirmaba haber practicado el sexo con cerca de mil préadolescentes de ambos sexos, junto a otras asombrosas proezas sexuales (Bullough, 1994: 175).
14Aunque de algún modo «debilitados» o «subdesarrollados», el patrón ideal era el masculino.
15 Una curiosa e injustifcada intepretación, si tenemos en cuenta que uno de los hallazgos más relevantes de las investigaciones de Kinsey indica importantes diferencias en actitudes y comportamientos sexules en función de la clase social, hallazgo que Kinsey nunca interpretó como indicador de diferentes «naturalezas sexuales» según la clase social.
Masters y Johnson comienzan su investigación con una muestra de prostitutas, que más tarde rechazarán para seleccionar individuos no «profesionales», que eran exclusivamente de raza blanca y mayoritariamente de nivel sociocultural elevado, seleccionados por su capacidad de «actuar» en público y de verbalizar sus reacciones sexuales.
20 Más aún, si la consideramos como la acumulación de «cualquier verdad», porque, como señala Anderson (1996) 23 Esta «eyaculación femenina» presenta una asombrosa similitud con el modelo antiguo de sexo único, donde se creía indispensable para la procreación.
Y es también aducida por algunos psicoanalistas para apuntalar su tesis de que el orgasmo «maduro» en la mujer es el orgasmo vaginal.
24 Longino (1996) propone una lista alternativa de valores epistémicos (en el sentido de que se trata de virtudes deseables en una teoría o hipótesis científica y que guían su evaluación) que suelen ser utilizados por las feministas en defensa de objetivos políticos: adecuación empírica, novedad, heterogeneidad ontológica, mutualidad de interacción, aplicabilidad a necesidades humanas y difusión de poder.
Priorizar la heterogeneidad ontológica frente a la simplicidad, por ejemplo, hace preferibles teorías que enfatizan I3 diversidad en lugar de la uniformidad.
25 Recordemos, no obstante, que el problema del muestreo es también aplicable tanto en el caso de Kinsey como en el de Masters y Johnson.
26 Hite, no obstante, es también criticada por algunas feministas por su tratamiento individualista de los problemas de la sexualidad femenina y su incapacidad para ubicarlos en un contexto social y político más amplio (Irvine, 1990: 157).
27 El informe sobre sexualidad masculina también recoge las presiones sociales que sufren los hombres y condicionan su vivencia de la sexualidad. |
Universidad de Buenos Aires RESUMEN Las emociones han sido tradicionalmente consideradas por la filosofía, un obstáculo para la obtención de conocimiento confiable.
La falta de valor epistémico atribuida a lo emocional, su pasividad, junto con la naturalización de la distribución sexista que considera la razón una cualidad masculina y opuesta a la feminización de las emociones, obstaculizó históricamente el acceso de las mujeres a la ciencia y al conocimiento abstracto, así como a los más altos grados de educación superior y actividades de alta responsabilidad social.
En la filosofía del conocimiento contemporánea, la interfaz entre conocimiento y emoción recibe una intensa atención, sobre todo por parte de las corrientes cognitivas.
Se mencionarán modelos diferentes de vincular conocimiento y emoción, destacando el interés de revisar el carácter dicotòmico de este par de conceptos.
Hay por lo menos dos problemas importantes que tienen que ver con el título de este trabajo.
Uno de ellos es el de la interfaz entre conocimiento y emoción; el otro, no menor, es el de considerar las formas posibles de conocer las emociones (en particular, las emociones de otras personas).
Considerar la interfaz entre conocimiento y emoción tiene varios abordajes.
En buena parte de la tradición filosófica las dimensiones de la experiencia cognitiva, intelectual o racional han sido consideradas como separadas y superiores a la emocional o sentimental.
Paralelamente, se atribuye al conocimiento y la razón un dominio masculino, reservando para el femenino emociones y sentimientos.
Durante siglos esta atribución sirvió de justificación para dejar a muchos sujetos, en particular a las mujeres, fuera del ámbito de la educación superior, la política y hasta la evaluación moral de sus acciones, confinándolas al ámbito de lo doméstico, el analfabetismo, la subordinación y la tutela.
Así, conocimiento/emoción y masculino/femenino conforman una doble dicotomía, exhaustiva y excluyente, junto a otras (objetivo/subjetivo, universal/particular, público/privado etc.) a la vez jerarquizadas y sexualizadas.
Uno de los términos de este par, invariablemente el «masculino», tiene valor epistémico; el otro no. Uno de ios términos también se identifica con los productos más valiosos de la cultura (la Ciencia, el Derecho), lo que expresado en términos políticos configura relaciones hegemónicas de poder.
Un modo de tratamiento, entonces, es el de considerar la relación entre conocimiento y emoción como una dicotomía.
En la filosofía contemporánea, sin embargo, las emociones reciben una atención específica.
Creo que en ello han tenido que ver al menos dos hechos.
En primer lugar, la necesidad de llevar a sus últimas consecuencias la analogía entre la mente y la computadora, que permite a través de una metáfora explicar el procesamiento humano de la información.
Sobre todo el diseño de «sistemas expertos», requiere tomar en cuenta las emociones como un dato para limitar las infinitas alternativas posibles en la elección racional.
Así, el estudio de las emociones paradójicamente parece hacer una contribución a la comprensión de la racionalidad.
Las nociones más claras asociadas con la racionalidad son la coherencia Y la consistencia en la esfera de las creencias, y la máxima utilidad esperada en la esfera de la acción.
Pero esas nociones son puramente críticas.
Por sí mismas, serían
casi incapaces de guiar un organismo hacia algún curso de acción particular.
Pues la cantidad de objetivos lógicamente posibles para algún momento particular es virtualmente infinita, y la cantidad de estrategias posibles que pueden ser empleadas para lograrlos es de un orden de magnitud mayor.
Por otra parte, al considerar posibles estrategias, el número de consecuencias de cada estrategia es nuevamente infinito, así que a menos que pueda efectuarse alguna preselección drástica entre las alternativas, la evaluación nunca podría completarse.
Esto hace surgir lo que entre los cognitivistas se conoce como el «problema del marco»: al decidir entre algún rango de acciones posibles, la mayoría de las consecuencias de cada una debe ser eliminada de consideración a priori.
Es decir, sin haber sido nunca tomada en consideración.
Que este sea un problema para las máquinas y no para la gente, es en gran parte debido a la capacidad de nuestras emociones.
Las emociones dan marco a nuestras decisiones de dos maneras importantes.
Primero, definen los parámetros tomados en cuenta en cualquier deliberación particular.
Segundo, en el proceso de deliberación racional mismo, dejan sobresalir sólo una minúscula proporción de las alternativas disponibles y de los hechos relevantes concebibles.
Así las emociones (independientemente de ser ellas mismas consideradas racionales o irracionales) serían importantes para la racionalidad, porque rebajan a una medida manejable el número de consideraciones relevantes para la deliberación racional, y proporcionan el marco indispensable sin el cual la cuestión de la racionalidad ni siquiera podría surgir (De Sousa 1994).
Un segundo aspecto que -me parece-explica la relevancia que tiene actualmente el tema de las emociones, es el desarrollo de los estudios teóricos feministas que reclaman una consideración de la valoración que han recibido aspectos como la corporalidad (sobre todo, la corporalidad sexuada) y la emocionalidad en relación con la filosofía y la ciencia.
Según estos estudios, el tomar las diferencias masculinas como paradigmáticamente humanas, ha impreso en la ciencia y la filosofía un imperativo espurio en cuanto a los modos legitimados de conocimiento.
Nos acercamos así al problema de cómo conocer las emociones, y la diferencia entre un conocimiento de «primera persona» y de «tercera persona».
En general, cuando los científicos estudian la emoción, distinguen entre los datos que reciben del sujeto y sus inferencias sobre ellos.
Pero debido a que las emociones no siempre son cuantitativamete medibles, o correctamente registradas o descritas por los sujetos, es difícil que se vuelvan un «dato» para la investigación.
Algunas críticas sostienen que la principal razón para negar el estudio del sentimiento y la emoción es que los científicos sociales, como miembros de la misma sociedad que los actores que estudian, comparten los mismos sentimientos y valores.
Pero no siempre es así, y el reclamo feminista es precisamente que aún cuando se observan mujeres, se les atribuyen características en lugar de recoger sus propias valoraciones.
Si se quisiera realizar una sociología de las emociones, primero habría que estudiar qué y cómo piensa la gente sobre ellas, y debería efectuarse una perspectiva desde el actor sintiente, para que los investigadores consideren la propia definición del actor de sus sentimientos.
Podríamos enmarcar esta observación en la crítica que Alfred Schutz hace a Max Weber en cuanto a los alcances de la «comprensión» como método de investigación social (Schutz & Luckmann, 1973).
Un cognitivista clasificó la cuestión de la emoción como uno de los doce desafíos más importantes para la ciencia cognitiva (Norman 1981).
Ello instó a otros autores (Ortony et al, 1988) a explorar la medida en que la psicología cognitiva podía proporcionar un fundamento viable para el estudio de las emociones.
Si se puede explicar que la misma cosa pueda ser percibida desde perspectivas diferentes -argumentaban-podría explicarse por qué las personas experimentan emociones diferentes en respuesta al mismo acontecimiento objetivo.
Con este enfoque pretenden tender un puente en la disociación entre las teorías cognitivas y las teorías de la emoción, basada entre otras cosas en la aludida metáfora informática del procesamiento humano de la información.
Claro que toman sólo una de las direcciones posibles del puente: aquella que lleva a las emociones por el camino de las cogniciones.
dentes cognitivos de las emociones.
Los sistemas emocionales, a medida que se describen, se asocian además a una visión cultural concreta del mundo.
No hay todavía una medida objetiva conocida que pueda establecer de forma concluyente que una persona está experimentando una emoción específica, de la misma manera que no hay forma de asegurar que está experimentando un color específico.
Sin embargo en la práctica estamos dispuestos/as a tratar como válidos los informes de la gente sobre sus emociones.
Puesto que las emociones son experiencias subjetivas, como la sensación de color o de dolor, la gente tiene acceso directo a ellas, de tal manera que si una persona está experimentando miedo, por ejemplo, esa persona no puede equivocarse respecto al hecho de que está experimentando miedo.
Aunque no se niega con esto que pueda equivocarse en algún aspecto significativo del mundo que causa su miedo, o pueda no ser capaz de expresar en palabras la emoción.
relación con las teorías científicas sobre la emoción.
Pero hay una diferencia muy relevante, y es que a diferencia de los fenómenos que la física ingenua organiza, que son externos al sistema que juzga, los fenómenos que una teoría popular de la emoción organiza son experiencias subjetivas que forman parte del sistema que juzga: su carácter de verídicas no está en discusión.
Su corrección está garantizada casi de la misma manera que la corrección de los juicios de gramaticalidad de los hablantes nativos de una lengua.
Los lingüistas y psicolingüistas suponen que los hablantes nativos tienen un conocimiento tácito de la gramática de su lengua, que es difícil o imposible de articular.
Una parte importante de la tarea del lingüista es describirla, haciendo explícitos los principios implícitos incorporados en la experiencia lingüística normal de los hablantes nativos.
De forma semejante, la tarea de quien pretende descubrir la «gramática» de las emociones, es hacer explícitos los principios implícitos incorporados en la experiencia emocional normal.
Es un ejercicio teórico que puede ser contrastado empíricamente. < < Z < En los informes personales de las emociones, a veces evaluamos el relato de otro, si sus emociones son apropiadas o inapropiadas, justificables o injustificables, verdaderas o falsas.
Al evaluarlas nos basamos en nuestras propias intuiciones acerca de las condiciones en las que pueden surgir normalmete las diferentes emociones.
Por consiguiente, en el estudio científico de las emociones no deja de ser razonable apelar a nuestras intuiciones acerca de qué estados emocionales son producidos ordinariamete por cierto tipo de situaciones.
Por supuesto, es posible determinar si tales intuiciones son compartidas o no por los demás, aunque el hecho de que sean compartidas no hace menos problemática la verificación de la precisión empírica de tales intuiciones.
Si una persona no comparte el significado consensuado de los términos acerca de la emoción, o es emocionalmente anormal, o miente, su informe personal puede ser inválido.
Pero tales excepciones presuponen un trasfondo de información confiable por su pertinencia.
Vinculado a este hecho está la diferencia entre teorías científicas y teorías populares de las emociones.
Al igual que la visión ingenua sobre los fenómenos físicos no guarda a veces relación con las teorías científicas que dan cuenta de ellos, lo mismo podría ocurrir con las teorías populares en Las emociones tienen muchas facetas.
Incluyen sentimientos y experiencia, incluyen fisiología y conducta, e incluyen cogniciones y conceptualizaciones.
Puede investigarse la expresión de las emociones en el gesto y el lenguaje.
Pero la originalidad del trabajo que nos proponemos reseñar es que analiza la contribución que la cognición hace a la emoción.
Se trata de diferenciar las emociones, caracterizándolas de acuerdo con las diferentes clases de cogniciones que las producen.
Las emociones, según estos autores, surgen como resultado de la manera como las situaciones que las originan son elaboradas por quien las experimenta.
El aporte teórico consiste en imponer alguna estructura en el número ilimitado de situaciones posibles desencadenadoras de emociones, y especificar la estructura psicológica de las emociones según descripciones personales e interpersonales en situaciones.
Se pretende asimismo dar cuenta del hecho de que hay diferencias individuales y culturales significativas en la experiencia de las emociones.
Lo que se afirma es que si un individuo conceptualiza una situación de determinada manera, entonces existe la potencialidad para un particular tipo de emoción.
No se intenta especificar los mecanismos que determinan que una situación sea conceptualizada de una El interés que tiene este estudio de la emoción es que a pesar de ser uno de los aspectos más centrales y omnipresentes de la experiencia humana, su valor para nuestra vinculación con el mundo y con los otros no había recibido un tratamiento que permitiera una sistematización y un vínculo con los desarrollos en inteligencia artificial que permiten un posterior tratamiento informático.
A la vez que las emociones dan color, profundidad y riqueza a la experiencia humana, pueden también causar rupturas espectaculares en el juicio y en la acción.
Tales rupturas pueden tener consecuencias profundas y, a veces, terribles para los individuos y para la sociedad.
Al intentar comprender a un sujeto, reconstruimos su interpretación de una situación y suponemos que tiene una reacción con valencia (es decir, positiva o negativa) ante la situación.
La interpretación junto con la reacción desemboca de ordinario en alguna especie de cambio en el juicio o la conducta del sujeto.
Si las condiciones desencadenantes de una emoción han de ser efectivas, el individuo que las experimenta tiene que codificar la situación pertinente de una manera específica.
Y puesto que interpretar el mundo es un proceso cognitivo, las condiciones desencadenantes de las emociones incorporan las representaciones cognitivas que resultan de tales interpretaciones.
Las emociones son muy reales y muy intensas, pero sin embargo proceden de las interpretaciones cognitivas impuestas a la realidad externa y no directamente de la realidad misma.
Es en este sentido que los autores atribuyen a las emociones una base cognitiva radical y profunda.
Que las emociones implican siempre algún grado de cognición no equivale a decir que la contribución de la cognición sea necesariamente consciente.
Decir que las emociones surgen de las cogniciones es decir que están determinadas por la estructura, contenido y organización de las representaciones cognitivas y por los procesos que operan sobre ellas.
Con vistas a dar cuenta con coherencia de las emociones, es esencial reducir de alguna manera la infinitud de emociones fenoménicamente posibles a proporciones manejables.
Los autores eligen para ello una «tipificación» de las emociones.
Se centran en los distintos tipos át emoción en lugar de en la multitud de estados emocionales distinguibles.
De Una técnica para explorar la validez de la teoría es la de emplear las herramientas de la inteligencia artificial, en un intento de proporcionar un modelo de la teoría.
La finalidad de tal empresa no es crear máquinas con emociones, sino crear un modelo informático que pueda «comprender» qué emociones estaría propensa a experimentar la gente bajo tales o cuales condiciones.
Tal sistema debería ser capaz de predecir y explicar las emociones humanas, no de tenerlas.
En la medida en que las predicciones y explicaciones de un sistema informático concuerde con las de los seres humanos, se puede confiar en que el sistema incorpora un modelo razonable de los orígenes cognitivos de las emociones.
Al presentar la estructura global de su descripción de los tipos de emoción, Ortony y sus colaboradores comienzan suponiendo que hay tres aspectos principales que debemos tomar en consideración acerca del modo en que podemos percibir el mundo o cambios en el mundo: acontecimientos, agentes y objetos.
Cuando nos concentramos en los acontecimientos, lo hacemos porque estamos interesados/as en sus consecuencias; cuando nos concentramos en los/as agentes, lo hacemos en razón de sus acciones; y cuando nos concentramos en los objetos, estamos interesados/as en ciertos aspectos de ellos, o propiedades que se les atribuyen en tanto que objetos.
Para la posición de los autores es fundamental la idea de que las emociones son reacciones con valencia, y de que cualquier reacción concreta con valencia es siempre una reacción a algunas de estas perspectivas del mundo.
En la estructura global que proponen, hay tres ramas principales que corresponden a tres maneras de reaccionar ante el mundo, según las tres clases de cosas ante las que se pueden tener reacciones con valencia (consecuencias de los acontecimientos, acciones de los/as agentes y aspectos de los objetos), donde cada rama está asociada con una amplia clase de reacciones afectivas.
El que estas reacciones afectivas se experimenten o no como emociones depende de lo intensas que sean.
La distinción entre reacciones ante acontecimientos, agentes y objetos da lugar a tres clases básicas de emoción: estar contento/afrente a disgustado/a (reacción ante acontecimientos), aprobación frente a desaprobación (reacción ante agentes) y agrado frente a desagrado (reacción ante obje-tos).
Estas tres clases de emociones básicas pueden a su vez diferenciarse en varios grupos distintos de tipos de emociones.
Los esfuerzos de Ortony parecen dirigidos a sacar a las emociones de su lugar de barreras para el conocimiento, y de productos desesperadamente idiosincráticos.
Pero también son la expresión de las limitaciones de los intentos de los cognitivistas por reproducir los mecanismos de solución de problemas a través de sistemas expertos, tomando en cuenta meramente aspectos descriptivos y racionales.
Los aspectos más interesantes de la intencionalidad emocional, sin embargo, quedan afuera; porque el objetivo de la teoría es más técnico que filosófico.
Hay detrás de todo este esfuerzo una voluntad de dominio, pues lo que precisamente interfiere la idiosincracia es la posibilidad de hacer predicciones precisas sobre la acción humana.
En esto las mujeres hemos sido expertas en desesperar teólogos, filósofos, psicólogos y -a partir del voto femenino-políticos.
Tal posibilidad de predicción sería provechosa para la política y el mercado consideradas como esferas globales.
La posibilidad de someter las condiciones emocionales a las cognitivas, y expresarlas en términos binarios pasibles de cálculo, sería una redituable empresa intelectual en un marco geopolítico-económico como el actual.
Hace su eje, por otra parte, en una mente individual, y no en una construcción intersubjetiva.
La intersubjetividad es usada para evaluar la corrección o no de las emociones, es un criterio de adecuación.
Y no se distingue adecuadamete entre los relatos en primera persona y en tercera persona sobre las emociones, porque se presupone la corrección de la propia experiencia.
Cuando presentamos la posición de Ortony, señalamos que tendía un puente en una sola dirección: del conocimiento a la emoción.
Una dirección inversa, y que implica un trasfondo político completamente diferente, es la que ofrece en cambio el análisis de Maturana sobre las emociones desde la perspectiva de la biología del conocimiento.
Maturana opone dos modelos biológicos: el de la competencia y el de la cooperación, indicando que es la cooperación en la convivencia lo que constituye lo social.
Tomar la racionalidad como característica de lo humano es un obstáculo para la comprensión, porque relega la emocionalidad a un aspecto animal.
Todo sistema racional -afirmaTM tiene fundamento emocional.
Desde el punto de vista biológico, lo que connota cuando habla de emociones son «disposiciones corporales dinámicas que definen los distintos dominios de acción en que nos movemos.
Cuando uno cambia de emoción, cambia de dominio de acción» (Maturana 1997, p.
Según esta posición, cuando estamos bajo cierta emoción hay cosas que podemos hacer y cosas que no, y aceptamos como válidos ciertos argumentos que no aceptaríamos bajo otra emoción.
Todo sistema racional se constituye en el operar con premisas aceptadas o pr/or/desde cierta emoción.
Maturana rechaza la definición de un fundamento trascendental para lo racional que le diera validez universal.
El fundamento emocional de lo racional no es una limitación, sino su condición de posibilidad.
Las emociones están vinculadas con lo social y con el lenguaje.
Lo peculiar humano reside en el lenguaje y en su entrelazamiento con las emociones.
El lenguaje tiene que ver con coordinaciones de acciones consensúales, y por lo tanto está fundado en una emoción particular que es el amor.
El amor, dice Maturana, es la emoción que constituye el dominio de acciones en que nuestras interacciones recurrentes con otro/a lo/a hacen un/a legítimo/a otro/a en la convivencia.
Y sin aceptación del/a otro/a en la convivencia, no hay fenómeno social.
Sólo son sociales, entonces, las relaciones que se fundan en la aceptación mutua.
Sin esta interacción, se produce separación y destrucción.
Si en la historia de los seres vivos hay algo que no puede surgir en la competencia, eso es el lenguaje.
Puede surgir solamente en la coordinación de conductas consensúales surgidas en la operacionalidad de la aceptación mutua.
Habrá relaciones humanas no basadas en el amor, pero no serán relaciones sociales.
Por lo tanto, para Maturana no todas las relaciones humanas son sociales, y tampoco lo son todas las comunidades humanas, porque no todas se fundan en la operacionalidad de la aceptación mutua.
Pensar la filosofía y la ciencia desde esta perspectiva puede ser escalofriantre.
Las feministas, analizando la no aceptación de lo femenino como rasgo de lo humano, hemos experimentado este escalofrío.
Puede argumentarse que así como la falta de capacidad perceptual puede ser una desventaja en el intento de negociar con el mundo, similarmente una falta de respuestas emocionales adecuadas puede obstruir nuestro intento de ver (Nussbaum 1990).
Prestar atención a las emociones, entonces, lejos de ser una debilidad, evita fallas cognitivas y morales.
Estrechamente relacionada con la reluctancia a reconocer aspectos cognitivos de la emoción, y con su consecuente vinculación con lo femenino, está la cuestión de la pasividad.
La pasividad tiene una relación ambigua con la subjetividad.
En un aspecto, marcados por la mala reputación de las «pasiones» que se apoderan de nuestra conciencia contra nuestros deseos, los filósofos han considerado la pasividad de las emociones como evidencia de su subjetividad.
En otro aspecto sin embargo, en los últimos años los filósofos han notado que la pasividad de las emociones es a veces precisamente análoga a la pasividad de la percepción.
Con el cuerpo vivido, la fenomenología descubre un terreno escondido, un campo no sintetizable de significación, que da cuenta de la encarnación del pensamiento; muestra cómo el conocimiento encuentra sus raíces en lo que no puede ser encerrado en el círculo de sus propias reflexiones.
Pero tanta ganancia vino con un costo.
La deficiencia primaria de la noción fenomenològica del cuerpo es que no estuvo en condiciones de hacer justicia al elusivo dominio de los sentimientos, a las pasiones, a lo que Freud durante este mismo tiempo hubera planteado como el problema del eros.
La explicación de la afectividad se centró alrededor de la disputa de la naturaleza de una estética trascendental, y así fue circunscripta por las preocupaciones de la epistemología.
Tenemos el cuerpo en un registro experiencial, pero aún no fue aprisionado en el conflicto de los deseos, ni agobiado por sus propias pasiones.
Podríamos pensar que un abordaje fructífiero para el análisis de las emociones lo constituye la fenomenología, por su estrategia subjetivista, su reconocimiento de la intencionalidad y su protagonismo del cuerpo.
Sin embargo, las emociones sólo recientemente han sido de interés para la fenomenología.
Para Donn Welton, una distinción sumamente importante introducida por Husserl es la que existe entre el «cuerpo físico» (Korper) y el «cuerpo vivido» (¿e/ò ), entre e cuerpo bajo la descripción científica objetivante y el cuerpo bajo una descripción experiencial.
Lo genial de la noción fenomenològica de cuerpo vivido -dice-es que genera la noción desde la experimentación del cuerpo.
Su morfología surge no sólo por la familiarización del infante con la imagen visual de su cuerpo, sino más básicamente con sus superficies sentidas al tacto (Donn Welton 1998).
El hecho de que en su reciente compilación de trabajos fenomenológicos sobre el cuerpo Welton haya seleccionado muchas teóricas feministas, y esta distinción entre la cualidad visual (típicamente masculina) y la táctil (típicamente femenina) para desarrollar dos versiones diferentes de corporalidad, muestra cómo la filosofía feminista ha permeado con sus preocupaciones el campo intelectual contemporáneo.
Esto es lo que Welton llamará la cuestión de la afectividad.
Lo que pretende es desarrollar una noción del cuerpo que atienda no sólo a sus formas y superficies, sus esquemas de ingreso y egreso, sino también a sus ritmos, vapores y fluidos, al juego de fuerzas activas y reactivas, y entonces a su rol en la configuración de los afectos en general y el afecto en particular.
Sintetizando, quiere profundizar la caracterización del cuerpo vivido por una noción de la carne.
Un interjuego entre el cuerpo y la afectividad que significa que el cuerpo no es sólo una «tabula rasa» donde se inscriben las fantasías de la cultura sobre la diferencia sexual, o una pantalla donde se proyectan los deseos de la madre.
No es meramente dócil, una víctima o un paciente disecado por las manos de prácticas epistémicas que determinan sus rasgos materiales.
Antes bien, el cuerpo es un nexo tanto «accionai» como «relacional» de constitución con cierta morfología y cierta intensidad patética y valores en juego que no es reducible al campo de los significados socialmente constituidos.
Un cuerpo patético, en las antípodas de la apatía estoica.
La carne, salvaje y activa, hace su propia demanda. |
RESUMEN El enorme desarrollo -tanto en la investigación cuanto en la implementación-de las tecnologías de reproducción asisitida, ha ido acompañado por una falta de reflexión teórica sobre su alcance transformador: la concepción y tratamiento de los cuerpos, las nociones de maternidad y paternidad, etc..
El análisis metafórico posibilita la deconstrucción de los dos discursos dominantes en esta cuestión: el patriarcal y el biomédico reduccionista.
Proponemos un análisis transdisciplinar que de cuenta de las interacciones entre los diversos discursos -biomédico, mediático, jurídico, simbólicopsico-social, de género, histórico-que conforman tanto la oferta como la generación de la demanda de estas prácticas.
Que nos ayuden a desvelar los intereses biomédicos y el espíritu acrítico de los medios de comunicación, que nos posibilite una verdadera evaluación de los resultados, riesgos, éxitos, viabilidad, etc. de estas tecnologías.
Las tecnologías de reproducción asistida comportan un conjunto de aspectos teóricos, tecnológicos, sociológicos, jurídicos, mediáticos, psico-simbólicos para cuya comprehensión se precisa un marco teórico complejo y transdisciplinar.
Para la elaboración de este marco se ha recurrido a la epistemología de la complejidad de Edgar Morin, a los estudios en Ciencia, Tecnología y Sociedad y, en tercer lugar, a los análisis de género elaborados por la teoría feminista en relación al cuerpo de las mujeres y, más en concreto, a los temas de mujeres, maternidad y reproducción.
Partimos de considerar el carácter situado e histórico de la ciencia y el discurso científico.
La ciencia, sus programas y formas de investigación pertenecen a una sociedad de cuyos valores generales se alimenta.
Estos valores actúan como supuestos subyacentes -difíciles de identificar, por tanto.
Los estudios en Ciencia, Tecnología y Sociedad muestran: a) las imbricaciones que existen entre ciencia y tecnología (ya no se considera que una y otra pertenezcan a esferas separadas), y b) la inseparabilidad entre los aspectos sociológi-cos económicos, y lo específicamente teórico/tecnológico.
Desde esta perspectiva, la ciencia deja de ser un conocimiento únicamente teórico para pasar a ser considerada en su acción, en sus consecuencias.
En efecto, Jose Sanmartín presenta las tecnologías como el resultado de una elaboración teórica que después será utilizada en investigación científica; producción de artefactos (farmacia) tratamiento de los cuerpos (medicina) aplicaciones diversas (agricultura, etc.)
No olvidemos que la tecnología es intrínseca a los procesos de investigación, producción e implementación de las técnicas.
Y este es el caso en las tecnologías de reproducción asistida, en las que las fronteras entre investigación e implementación son casi imperceptibles.
No olvidemos que las tecnologías de reproducción asistida apenas han sido investigadas en animales, como paso previo a su aplicación en humanas.
Tampoco olvidemos que en los mismos laborato- rios donde se realizan las fecundaciones in vitro, las criopreservaciones, se está investigando -con material genético cuya procedencia no se explicita-en nuevas técnicas y mejoras sofisticadas de las anteriores (pongamos como ejemplo el ICSI, esto es, inyección intracitoplasmática).
La tecnología está vinculada a la idea de progreso social: por ello, en el caso de las tecnologías de reproducción asistida se hace tan difícil la crítica social y/o mediática.
Y también está vinculada a la economía y a diversas políticas (legislativas, institucionales, etc.).
El ideal lineal que permea nuestra imagen del progreso científico-tecnológico Cienc¡a-> tecnología-> industria-> mercado-> progreso Debiera sustituirse por una modelización en forma de bucle que muestre la inseparabilidad y múltiples imbricaciones de estos aspectos Ciencia-> tecnlogía-> industria -> mercado Por otra parte, la antigua idea -que sigue dominando entre la comunidad científica-que separa a la ciencia y la tecnología de sus usos y consecuencias, sigue haciendo muy difícil la crítica a los malos efectos de las tecnologías.
La nueva corriente de Ciencia, Tecnología y Sociedad ha propuesto la idea de evaluación de tecnologías para intentar analizar y subsanar estos efectos no deseados.
La evaluación de tecnologías consiste en el conjunto de métodos que permiten analizar los impactos de una tecnología y valorarlos.
Es decir, considerarlos desde sus impactos sociales, y hacer recomendaciones de uso.
Estos serían los pasos: ijidentificación; 2) análisis; 3) valoración y 4) recomendaciones (veas más adelante).
Económicos: industrias farmacéuticas; clínicas privadas y clínicas públicas, etc. Políticos: Aspectos jurídicos.
Políticas estatales de reproducción Biomédicos Ideológicos y teóricos: discursos bioético, católico, feminista.
En biomedicina perviven modelizacionesy conceptualizaciones de origen darwiniano.
Se siguen utilizando como supuestos no revisados que sirven de guía heurística para la investigación.
Esto ocurre en las tecnologías de reproducción asistida.
Sabemos que Darwin tomó de la selección artificial el modelo para elaborar su noción de selección natural.
La selección artificial tiene varios rasgos: manipulación del cuerpo, control de los procesos reproductivos y fines estético/lucrativos que también están presentes en las tecnologías de reproducción asistida (se puede hacer selección de sexo, se venden -carísimos-óvulos de modelos, etc.).
Además, estas metodologías pertenecen al paradigma biomédico reduccionista que fragmenta los cuerpos.
Para la identificación de tales supuestos subyacentes resulta muy útil el análisis de las metáforas en el lenguaje científico tal y como ha sido estudiado por Black, Hesse, Harding.
El análisis metaforico: a) nos ayuda a desvelar e identificar tales supuestos, a ponerlos en cuestión y analizar las consecuencias que tienen en la concepción y prácticas biomédicas: la consideración del cuerpo, la elección de metodologías, etc.; y b) nos permite identificar las claves del sistema de creencias dominante dentro de un paradigma dado.
El estudio de las tecnologías de reproducción asistida tendrá que considerar la interacción entre los aspectos Sociales -> Económicos -> Políticos -> Científico-técnicos i__ 1 Y, por ello, los diferentes actores: * Sociales: Mujeres (fundamentalmente) y hombres en tanto que objetos y sujetos de las tecnologías de reproducción asistida.
Remarquemos dos aspectos del análisis metafórico: a) revelan el sistema de valores y la forma de ordenamiento de una sociedad y, b) de forma recursiva, al nutrirse de determinados valores regulan y dirigen la acción investigadora también de determinada forma.
Este carácter práxico de las metáforas tiene sus consecuencias en la metodología y diseño de Is programas de investigación, en la elección de lo que se considera problemático, es decir, en la decisión de seguir una investigación en detrimento de otras que se abandonan, así como en la valoración de los resultados (adelanto una pregunta: ¿vale la pena dedicar tanto dinero a una investigación cuya implementación tiene un 80 % de fracasos?).
Consideremos pues un doble juego metafórico que remite a dos discursos y a dos sistemas socio-simbólicos distintos aunque interrelacionados: el discurso científico y el discurso patriarcal: «el cuerpo es una máquina», «la mujer es madre».
Ambas metáforas, con ondas raices en la historia de la ciencia occidental y del pensamiento occidental son de carácter ontológico (Lakoff y Jhonson).
La primera, que entiende y modeliza al cuerpo humano como máquina, se relaciona con la metodología reduccionista y fragmentaria propia de la ciencia occidental antes aludida; la segunda, que fija a las mujeres con un único papel positivamente valorizado, el de madre, nos remite a claves antroposociales que no sólo son occidentales sino planetarios.
Al considerar al cuerpo como máquina se descuida la mirada globalizadora y la indivisibilidad de la unidad psicosomàtica que acompaña tanto al deseo de maternidad, como a determinadas situaciones de «infertilidad».
Al considerar a la mujer fundamentalmente como madre se eleva el deseo de maternidad a categoría determinante de la imprescindibilidad de estas investigaciones.
En efecto, la oferta tecnológica en que se han convertido estas tecnologías se enmarcara tras un discurso que apela al deseo de maternidad (e incluso de paternidad).
Así, en un bucle infernal la biomedicina justifica su oferta en la demanda de las mujeres, y, por ello mismo, las mujeres ya no pueden prescindir del recurso a esa oferta tecnológica.
Tenemos que considerar las multiples raices enmarañadas (lingüísticas, lógicas, ideológicas y, todavía más profundamente, cerebro-psíquicas y socioculturales) que están en la base de la generación de la demanda de hijo junto con la respuesta de fragmentación y medicalización del cuerpo que da la biomedicina de las tecnologías de reproducción asistida.
Como señala Silvia Tubert, al medicalizar la demanda de hijo se simplifica la cuestión, se pasa del orden simbólico -la demanda-a otro orden fenoménico real -la intervención.
La unión de las dos metáforas -cuerpo/fragmentación, mujer/madre-hace que en las intervenciones biomédicas el cuerpo de cada mujer se vaya reduciendo a vientre, útero, óvulos.
Este proceso de objetivación hace que desaparezcan en tanto que sujetas.
La práctica de la FIVTE (fecundación in vitro y transferencia de embriones), anula a la mujer concreta, reduce su cuerpo a unidades últimas e inconexas.
Como tantas autoras han remarcado, en el proceso de medicalización de la maternidad, la esterilidad se ve convertida en enfermedad.
Como nos dice Verena Stolcke, o en otros términos, Gena Corea, se resuelve un hecho complejo -con raices psicológicas, sociales y políticas-mediante una intervención biotécnica que, además, no cura la infertilidad.
Se trata de entender que el orden sociosimbólico patriarcal permea y alimenta el discurso y prácticas biomédicas relativas a las tecnologías de reproducción asistida.
También permea otros dos discurso relacionados con las tecnologías de reproducción asistida, el jurídico y el mediático; discursos que se entrealimentan con el biomédico y que, precisamente porque comparten las mismas claves sociosimbólicas patriarcales, no entran en contradicción, ni critican las prácticas biomédicas relativas a las tecnologías de reproducción asistida.
En efecto, y sobre todo en nuestro país, la prensa y la televisión informan de los adelantos y realizaciones de estas técnicas casi sistemáticamente de forma acrítica.
Lo muestran como grandes hallazgos, milagros tecnológicos que logran un fin deseado e incuestionable: la maternidad.
Cabe suponer que con ello están haciendo difus ion de estos tratamientos y de la idoneidad de su aplicación.
No informan de fracasos y riesgos, ni de las consecuencias físicas, económicas, personales de los embarazos múltiples (como el caso de Is sixtilliz'os de Huelva).
También es de remarcar el cambio que ha habido en la publicitación mediática de estas tecnologías.
En efecto, de una gran discreción inicial se ha pasado a publicitar los servicios, incluido el Diagnóstico genético preimplantacional tan discutido en otros países, o la compra de ovocitos/esperma.
La teoría de los intereses en ciencia nace Louise Brown, la primera «niña probeta», ya se utiliza la donación de esperma -se fertiliza a una mujer con esperma que no es de su compañero. comienzan las investigaciones sobre donación de óvulos -así una mujer puede albergar embriones no engendrados por ella, primera FIV con ovulo donado en Australia, primer nacimiento a partir de un embrión congelado en Australia.
A partir de ahí, avanzan las investigaciones sobre cribado de embriones -posibilidad de selección de rasgos, sexo, posibilidad de desechar embriones defectuosos; se sofistican los procedimientos FIV, se investiga en infertilidad masculina «solucionándose» con el procedimiento ICSL Desde la perspectiva amplia que entrelaza los diversos aspectos del desarrollo de cualquier tecnología tenemos que considerar que las tecnologías de reproducción asistida se han convertido para médicos, biólogos, farmacéuticos en un punto de investigación fundamental.
El incremento de las enormes inversiones dedicadas a este programa de investigación va unido a su espectacular desarrollo a) cuantitativo: multiplicación de número de centros especializados en investigación e implementación de las tecnologías de reproducción asistida; y b) cualitativo: renovación de las ofertas médicas.
Las tecnologías de reproducción asistida se presentaron como una solución médica a los problemas de infertilidad en mujeres debido a causas concretísimas: la obstrucción de trompas.
En sus 20 años de existencia las tecnologías y aplicaciones se han extendido muchísimo.
Veamos en primer lugar las aplicaciones: De aquella identificabe ano-malía, se ha pasado a considerar aconsejable aplicar estas técnicas en muchos casos de «infertilidad» que no están tan claros.
La misma noción de infertilidad ha ¡do remodelándose.
Veamos una clásica definición de infertilidad para la que se considera aconsejable el tratamiento con tecnologías de reproducción asistida: la infertilidad -sea ésta masculina o femenina se define como la imposibilidad de una pareja para lograr la concepción o llevar un embarazo hasta su término, al menos después un período de un año de relaciones sexuales normales y sin protección.
En esta definición se pasa a considerar la adecuación de tratamiento aún en los casos en que se desconoce la causa.
Es cierto que hoy día se reconoce la existencia de la infertilidad masculina, pero curiosamente, cuando está claramente identificada, ésta se «trata» en el cuerpo de la mujer con el procedimiento ICSL Las causas objetivas de infertilidad femenina son trastornos de la ovulación y anomalías en las trompas.
También, la endometriosis y la hiperprolactina.
Las causas objetivas de infertilidad masculina son la oligospermia (escaso número de espermatozoides), la teratospermia (anomalías diversas) y la astenospermia (baja movilidad).
Pero existe una banda intermedia de esterilidad no explicada, o de causas de esterilidad masculina que tienen que ver con factores ambientales alimentación, exceso de calor en el medio laboral, etc., y cuya solución se tecnologiza con el recurso a las tecnologías de reproducción asistida.
La metáfora de la cuípa y!a asimetría en los tratamientos En un tratamiento FIVTE se suelen seguir los siguientes pasos:
1) Estimulación del ovario con hormonas 2) Recogida de ovocitos (mujer) y de esperma (hombre) 3) Fase in vitro: Inseminación de los ovocitos en el laboratorio 4) Cultivo in vitro del ovulo fecundado hasta que el embrión tenga entre 2 y 8 células (48-72 horas) 5) Transplante embrionario Veamos ahora, en un cuadro esquemático, qué supone un ciclo FIV que funcione sin problemas para el cuerpo de la mujer (y qué supone para el del hombre).
Al analizar el cuadro nos detendremos en tres momentos especialmente difíciles:
El tratamiento con diversas hormonas durante todo el ciclo.
Para incitar a una mayor producción de folículos se administra clomifeno junto con gonadotropina (HMG: asociación de FSH -hormona de estimulación folicular-y LH -homona luteinizante).
Unos días después se desencadenará la ovulación mediante HGC, es decir gonadotropina coriónica humana, que completa la maduración de los ovocitos existentes en el interior de los folículos.
La «recogida» de óvulos, es decir, su extracción, que se efectúa por punción bajo control ecográfico.
Hay que entender que se extraen diversos ovocitos pero en distintos grados de maduración.
La punción de ovarios para la extracción de los óvulos pueden ocasionar hemorragias, infecciones, e incluso perforaciones.
Posible congelación de embriones: habituamente se transfieren unos tres embriones; los restantes se congelan y pueden ser utilizados en caso de que el embarazo que se espera en la fase 5 falle, o también si se desea un nuevo hijo.
En la literatura especializada (veasé, por ejemplo el artículo de Ana Martí) se remarca el estado de ansiedad y los trastornos físicos que las mujeres suelen experimentar como consecuencia de los tratamients hormonales.
También aumenta su ansiedad en los días posteriores a la transferencia.
Dado que se establece un tiempo de espera para constatar el éxito del embarazo.
Como sabemos, los riesgos de rechazo son altísimos: recordemos el escaso índice de éxitos.
He intentado mostrar en la tabla anterior la asimetría entre el tratamiento que recibe el cuerpo de la mujer y el del hombre.
Parece «colarse» aquí para los investigadores/as e implementadores/as aquella otra metáfora que echa la culpa de todo a la mujer.
Un caso muy especial en mi opinión consiste en la investigación para resolver la infertilidad masculina que se han centrado en la inyección intracitoplasmática (ICSI): ésta consiste en la microinyección de un espermatozoide en un sólo ovocito.
Hay que seguir casi todas las fases FIV.
Es decir, que el tratamiento se hace fundamentalmente en el cuerpo de una mujer que sí es fértil.
El espermatozoide se puede obtener del eyaculado, pero también del epidímio o del testículo mediante una biopsia.
En 1977, Françoise Laborie ya nos hizo reflexionar: en Francia, donde ha habido más debate sobre los riesgos y la ideoneidad de seguir o abandonar alguna de estas técnicas, prácticamente nadie, a excepción del discurso feminista, se había preocupado por los riesgos de aplicación de la FIVTE; sin embargo, en el caso de la ICS!, biólogos, genetistas, médicos piden más experimentación animal y cierta demo- ra en la aplicación real.
Aquí sí se reflexiona sobre riesgos para la descendencia, quirúrgicos y se alude a falta de conocimientos sobre procesos fundamentales.
Donación de ovocitos: la mujer constituye, evidentemente, lo que en biología se denomina un «recurso limitado».
Su producción de gametos es escasa, y éstos constituyen, al mismo tiempo, el material básico donde realizar las investigaciones.
Tanto en la recaptación de ovocitos como en la criopreservación de embriones se observa el interés biomédico para disponer de material destinado a investigaciones que trascienden los intereses de la reproducción.
Hasta ahora se había querido separar el estudio e implementación en tecnologías de reproducción asisitida de investigaciones en clonación y en células madre.
En mi opinión, están profundamente imbricadas, dado que para estas últimas investigaciones se precisa el material sobrante que las tecnologías de reproducción asisitida pueden proporcionar.
Esa debe ser la razón de que los y las biomédicos estén exigiendo la libre utilización de los más de 200.000 embriones que hoy día hay preservados sólo en nuestro país.
Por otra parte, las investigaciones en células madre podrían realizarse a partir de otros tejidos humanos, como la médula ósea, menos problemáticos desde el punto de vista ético, legal, y sobre todo de utilización de recursos humanos, que en el caso de los embriones.
Evaluación de riesgos y resultados
Diversos investigadores/implementadores de las técnicas de reproducción asistida están de acuerdo que para valorarlas hay que atender a «una triple perspectiva de eficacia, coste y riesgo» (Barri et al.,p.
La cuestión es cómo analizar tales variables.
No hay una verdadera evaluación de los riesgos.
Se reconoce las posibles «complicaciones»: a saber, embarazo múltiple, hiperestimulación ovárica, cáncer ginecológico.
Desglosemos brevemente estos tres aspectos:
La eficacia, la extraña forma de mostrar/ocultar los datos.
Las tecnologías de reproducción asistida no solucionan el gran salto que hay entre embarazo e hijo a término.
Mientras que un 71 o/ o de fertilizaciones naturales tienen como resultado el nacimiento de una criatura, en la FIV es cuanto más un 20 %.
Este bajo índice aumenta en función del número de intentos.
Curiosamente, los datos que dan entidades investigadoras de gran renombre en nuestro país se refieren siempre a los embarazos.
Ello es engañoso pues se puede confundir con hijos a término.
Preguntados porqué no ofrecen estadísticas sobre los hijos nacidos llegan a esgrimir argumentos tan poco científicos como que no pueden hacer seguimientos ya que las parejas desaparecen tras el tratamiento.
Es bien dudoso, pues al mismo tiempo las consultas se ven repletas de fotos de las criaturas nacidas y cuyos padres desde luego han agradecido a la entidad enviando la foto.
Tendríamos que suponer que la «no información» (es decir, que los padres no informen a las clínicas del nacimiento) en realidad es información pero de datos negativos.
Los costes: es importante distinguir entre las clínicas públicas y las privadas por su diferentes estatus de disponibilidad económica, y por tanto capacidad de comprar óvulos, y otros tipos de recursos.
Los riesgos: sin embargo, las críticas arriba apuntadas acerca del modelo de ciencia y la implementación concreta de estas tecnologías en el cuerpo de las mujeres, nos lleva ahora a identificar los riesgos que les acompañan, así como a considerar que las llamadas «complicaciones» en los tratamientos constituyen en realidad graves problemas, insosla-yables de momento.
El problema reside en identificar qué cosas perciben los biomédicos como riesgos.
He podido observar que casi nunca se reconocen los riesgos, sólo se mencionan indirectamente cuando se presenta una nueva técnica que resuelve un problema anterior.
Es decir, sólo a posteriori cuando se ha encontrado una alternativa, se reconoce que en la metodología anterior había riesgo.
López Cerezo y Lujan reclaman políticas para «reducir riesgos, y atribuir responsabilidades por omisión, o bien pueden diseñarse políticas para remediar daños ya producidos» (pág. 139).
Es cierto que las mujeres asumen el riesgo, pero es de remarcar que no se piden moratorias de ningún tipo en la implementación de estas tecnologías.
Resumiremos, muy brevemente, algunas de las críticas hechas a la rapidez con que se aplican a los cuerpos de las mujeres las diversas técnicas, es decir, la casi ausencia de estudios longitudinales.
Además, como comenta la Doctora Paloma Gómez, incluso las pruebas diagnósticas tienen sus riesgos: la histerosalpingografía -se introduce un líquido de contraste en útero y trompas para explorar la permeabilidad-puede dar lugar a cuadros de peritonitis aguda.
Por otra parte, el tratamiento hormonal -que inducirá ia estimulación ovárica que se realiza en todos los ciclos FIV-puede desarrollar un síndrome de hiperestimulación ovárica (agrandamiento quístico de los ovarios), presencia de ascitis o incluso de derrame pleural.
Por otra parte, no existen estudios sobre las consecuencias que pueda tener la estimulación ovárica en un posible adelanto de la menopausia.
El análisis de las tecnologías de reproducción asistida requiere pues un enfoque plural que refleje los distintos discursos de poder y las distintas voces -en tanto que sujetas o sujetos epistémicoS" que participan en esta cuestión.
Los discursos legitimadores son el biomédico y el jurídico.
Las mujeres -fundamentalmente-y también los varones que se someten a las técnicas de reproducción asistida constituyen los sujetos (al mismo tiempo que objetos).
Hay también otras voces: las feministas, la iglesia católica.
Los discursos subyacentes los identificamos en todas las construcciones psico-sociales de roles e identidades de sexo/género en mujeres y varones tanto desde ia estructura social cuanto desde el imaginario colectivo.
Las tecnologías de reproducción asistida apenas han encontrado discursos opositores -a excepción del feminista y eNe la iglesia.
Los medios de comunicación las encuentran fascinantes.
Se da una per-fecta sintonía entre discurso biomédico, discurso mediático y expectativas sociales.
Una perspectiva planetaria nos haría aumentar las dudas sobre la idoneidad de estos tratamientos.
Los seis mil millones de habitantes de nuestro planeta no parecen apuntar a la necesidad de investigaciones sobre fertilización in vitro.
Es decir, la apuesta médica se invierte: en el norte, búsqueda impenitente de la maternidad (genética), en los sures de todos los sures, planificación y control de la misma.
Una última palabra sobre las metáforas: la metáfora cubre ese interfaz entre lo simbólico y lo real.
La tradición analítica en filosofía de la ciencia siempre ha desdeñado sus aspectos simbólicos.
Sin embargo, entre la realidad y nuestras interpretaciones se alza un velo de proyecciones/identificaciones.
En la tradición científica se ha intentado expulsar lo simbólico cuando una de las principales características de homo sapiens es su capacidad de ritualizar.
Es preciso por tanto, no soslayar los aspectos simbólicos: la forma de interpretación/mediación con la realidad que es peculiar en homo sapiens.
Así, de las dos metáforas iniciales: el cuerpo como máquina y la mujer como madre, que pertenecen a dos órdenes sociosimbólicos que se entrecruzan y entrealimentan, el biomédico y el patriarcal, tenemos que considerar que el desarrollo investigador de las tecnologías de reproducción asistida responde al primer orden pero lleva implícito el segundo.
En esta separación entre el discurso biomédico dominante (con la consecuente medicalización de la maternidad y la esterilidad) y los ordenamientos psico/socio/culturales que generan la demanda es lo que soslaya el análisis y probable búsqueda de soluciones en los entramados de este segundo aspecto.
Por ello se da una respuesta biotécnica a una cuestión que: a) ha sido convertida en tremendo problema, b) tiene múltiples causas y c) por todo ello, a su vez, puede tener muy diversas soluciones.
Y acabo, como es mi gusto, con una pregunta: ¿por qué se someten las mujeres a técnicas dolorosas, perjudiciales y costosas, con escaso índice de éxito?
Una de las respuestas podría proceder de análisis etnometodológicos en los que pudieran emergen las voces de las mujeres, y desde luego también las de los varones.
Hemos tomado las metáforas como desveladoras del sistema de creencias general.
Ello puede ayudarnos a entender qué metodologías se utilizan y qué programas de investigación se prefieren.
Es decir, cuáles de ellos son punteros, jBuena metáfora! |
La narrativa femenina española de posguerra (años cuarenta, cincuenta y sesenta) presenta unas autoras que sobresalen en cualquier panorama histórico-literario que se realice al respecto.
Y, así, Carmen Laforet (1921-2004), Ana María Matute (1926), Mercedes Fórmica (1916), Carmen Martín Gaite (1925-2000), Elena Quiroga (1921-1995), Dolores Medio (1911-1996), Mercedes Salisachs (1916) -de la que estuvo enamorado Bao Dai (1913-1997), último Emperador de Vietnam con apoyo de Francia, en su exilio de París desde 1955-, Carmen Kurtz (1911-1999), Mercedes Ballesteros ("Baronesa Alberta", "Sylvia Visconti"; 1913-1995), Marta Portal (1930), Concha Alós (1928)... son los nombres que emergen enseguida de la memoria como figuras representativas de aquel período en el que destaca un realismo, tanto en escritores masculinos como femeninos, que ha sido calificado de diversa forma ("social", "crítico", "testimonial"...), discurriendo sus biografías literarias por aquella época de fronteras imprecisas -aunque algunos la establecen de mediados de los cincuenta a mediados de los sesenta-, en cuanto al predominio de dicho estilo en un mayor o menor grado, con claros antecedentes politizados en el clima social agitado de los años treinta.
Ahora, en la posguerra, la mujer irrumpe generacionalmente en este terreno con su peculiar sensibilidad y de otro lado con fuerza y madurez, precipitadas sin duda por el choque emocional de la Guerra Civil.
Junto a las citadas, también se dan entonces en España otras escritoras -que, de manera convencional y no muy justa en algunos casos, podemos denominar de "segunda fila"-, cuya calidad y sugerente prosa son innegables, pero que estuvieron alejadas del contexto y los cauces editoriales e informativos -las minoritarias revistas especializadas y las páginas literarias de periódicos y revistas de carácter general-, indispensables para que sus identidades y obras hubieran alcanzado un mayor nivel y reconocimiento que el más simple y popular propio de las novelas de quiosco y determinadas librerías (papelerías-librerías), así como sus adaptaciones para los seriales de la radiodifusión en horarios de máxima audiencia, destinados preferentemente a las amas de casa y al servicio doméstico, con el patrocinio de las firmas comerciales más populares.
Aunque las grandes escritoras -y escritores-también se asomasen a estos últimos medios en ocasiones, por ejemplo, la colección de los cincuenta "La novela del sábado" 1, los "Libros Plaza", "Alcotán", "El Búho" 2, los libritos de la "Enciclopedia Pulga" 3 y similares aunque mucho menos difundidos -Colecciones "Pandora" y "Veleta" 4, "Ardilla" 5, "Píldora" 6, "Miniatura" 7 o "Grano de Arena" 8-, también de la misma década, y las versiones para la radiodifusión de clásicos antiguos y modernos españoles y extranjeros.
Los nombres de las creadoras literarias más célebres entre las señaladas en el párrafo anterior -las de "segunda fila"-, que aún perduran en el recuerdo de muchos de los que vivieron aquel período muy jóvenes y prestaron atención a estas manifestaciones de la cultura popular, no estuvieron encuadradas en aquel grupo narrativo realista a que nos hemos referido antes como de primer rango, sino que estas otras, como Luisa María Linares (1915-1986), Carmen de Icaza (1899-1979), Concha Linares-Becerra (1910), María Teresa Sesé, María de las Nieves Grajales, Trini de Figueroa, María José Rodríguez de Manterola, Montserrat del Amo i Gili (1927, especializada en cuentos para niños), Marisa Villardefrancos (1915-?), María Luisa Fillias de Bécker, Patricia Montes (Isabel González Lectte), Corín Tellado (María del Socorro Tellado López, 1927)..., desarrollaron su escritura en los ámbitos de la llamada novela sentimental, romántica o, simplemente, "rosa", no siendo producto de un tiempo nuevo, arribado tras la guerra de 1936-1939 como en el caso anterior, sino que su trayectoria y antecedentes provenía del mundo previo a la misma, de entreguerras mundiales -e, incluso, más atrás-, influidas por novelistas extranjeras muy editadas, afamadas y leídas en nuestro país en el amplio espectro de las clases medias y altas; novelistas con la reputación de las estadounidenses Pearl S. Buck (1892-1973) y Vicki Baum (1888-1960) -esta última nacida en Viena-, la inglesa Daphne Du Maurier (1907-1989), la irlandesa Kate O ́Brien (1897-1974) -que fue institutriz del diplomático y político José Ma de Areilza-y de las anteriores, pero siempre presentes y también inglesas, Jane Austen (1775-1817), George Eliot (seudónimo de Mary Ann Evans, 1819-1880) y las hermanas Charlotte (1816-1855), Emily (1818-1848) y Anne Brontë (1820-1849).
Naturalmente, tal influjo también emanó de creadores masculinos como los británicos George Du Maurier (1834-1896) -abuelo de la famosa Daphne-, excelente ilustrador y autor también de románticos relatos como "Peter Ibbetson" (1891) y "Trilby" (1894), este último con el inquietante Svengali, llevados al cine el primero en la surperrealista "Sueño de amor eterno" (Peter Ibbetson, 1935), de Henry Hathaway con Gary Cooper; y en cuanto al segundo con varias producciones en el cine mudo con su nombre original de Trilby y otras tantas en el sonoro como Svengali, entre las que destaca una inglesa de 1954 dirigida por Noel Langley e interpretada por la alemana Hildegard Knef-, William Somerset Maugham (1874-1965), Cecil Roberts 1872-1976), J. B. Priestley (1894-1984), Warwick Deeping (1877-1950), Maurice Baring (1874-1945), el austriaco Stefan Zweig (1881-1942) o el húngaro Lajos Zilhay (1891-1974)... pertenecientes ellas y ellos a la alta y media burguesía europea y americana, liberal, individualista y satisfecha de su esplendor, pero ya herida de muerte con la catastrófica Primera Guerra Mundial.
La España de los años cuarenta había salido de una Guerra Civil con la victoria de las fuerzas conservadoras antirrevolucionarias y anticomunistas, y la aristocracia y la burguesía vieja y nueva.
De ese burguesía iban a nacer en las manifestaciones culturales de estas tempranas fechas posbélicas, los distintos grupos del realismo antes aludido.
A su lado, sin embargo, continúaba floreciendo en una intemporalidad aparente, la novela sentimental con sus argumentos y valores tradicionales, así como las postreras pervivencias del folletín, todo ello de nuevo en un ambiente propicio y acogedor, desprovisto ahora de cualquier elemento del abundante material erótico y escabroso que esta clase de literatura desplegó en un período anterior, que va desde finales del siglo XIX a la Guerra Civil, aunque en ocasiones se acercase mediante elípticos sobrentendidos.
Es en el seno de este mundo literario, primordialmente conservador y posromántico o neorromántico, de problemas individuales y familiares, ajustados a una moral cristiana humanista y trascendente, donde surge la extensa y variada obra literaria de Marisa Villardefrancos -dulce, romántica, soñadora y también realista-, en mi opinión una escritora digna de analizar con detalle por el interés y extensión de sus creaciones y su cuidada y culta escritura edificada sobre sólidos cimientos históricos y literarios, así como por las circunstancias admirables y abnegadas de su vida, marcada por la limitación física y la lucha contra la enfermedad como constante y personal desafío.
Yo le dediqué un trabajo hace pocos años 9, con admiración y agradecimiento por los buenos ratos que me hizo pasar sobre todo mediante las versiones radiofónicas realizadas por la Cadena S.E.R. de algunas de sus principales novelas ("Almas en la sombra" y "El brezal de las nubes" en 1953/54, a las cinco de la tarde; "El caballero de los brezos" en el verano de 1955, a las once y cuarto de la mañana; "Una luz en el camino" en el verano de 1954, a la misma hora; Mamá Carlota en diciembre/enero de 1954/55, a las diez y media de la noche; El teniente médico Jefferson en el verano de 1955, a las once y cuarto de la mañana, inmediatamente después de El caballero de los brezos)
DE LA PROFUNDA Y LÍRICA GALICIA AL MADRID DE LOS CUARENTA
María Luisa Villardefrancos Legrande ("Legrand", cuando firmaba sus trabajos también con el segundo apellido), nació el 12 de octubre de 1915 en el municipio de Vedra, al sur de Santiago de Compostela y en el límite entre las provincias de A Coruña y Pontevedra a orillas del río Ulla de suaves cascadas, apacibles remansos y frondosas riberas en un clima templado y soleado.
Fue bautizada en la barroca y estilizada iglesia parroquial de Santalla (Santa Eulalia).
Hija de Luis Villardefrancos (empleado municipal y escritor en revistas) y de María de los Dolores Legrande (maestra de Instrucción Primaria), su niñez transcurrió repartida entre Vedra, Santiago -de donde era su madrey Puentedeume.
Su hermana menor Gloria ("Gloriña"), que fue colaboradora suya y también autora de relatos, nació en alguna de estas dos últimas localidades.
Hacia los cuatro años, Marisa tuvo parálisis infantil, lo cual determinó toda su vida en el propósito de superar el trance.
En una pequeña entrevista, lo recordaba emocionada:...
Yo me di cuenta de que era más débil que las demás niñas; comprobé que sus juegos me cansaban y, entonces, quise aventajarlas en algo y aprendí a leer...
A los cinco años, después de sufrir el ataque de parálisis, ya sabía escribir.
Al poco tiempo, empecé a narrar cuentos...
A los doce años fui a ofrecer mis cuentos al director de un periódico...
10 Estudió Magisterio como su madre, y se diplomó en Estudios Superiores de Educación, lo cual tendrá mucha huella en su vida de escritora, pues el desvelo por la formación educativa civil y religiosa de los niños será una de las facetas esenciales de su trabajo literario.
No quedan, al parecer, familiares o allegados, ni en Galicia ni en Madrid, donde se afincó con sus padres y hermana en el número 85, al final de la calle Zurbano, muy cerca de los Nuevos Ministerios, a principios de los años cuarenta.
No existen pues, desgraciadamente, muchos datos sobre los iniciales años de su existencia, ni tampoco nadie que pudiera facilitar testimonios fiables de primera mano y, por lo tanto, cualquier pequeño texto sobre Marisa inserto en algún número extraordinario de las publicaciones en que participó, prólogos o libros de expertos en literatura infantil y juvenil, como Carolina Toral Peñaranda o Carmen Bravo-Villasante, que contengan epígrafes, párrafos o referencias sobre ella, son aportaciones imprescindibles para adentrarse en su vida y su mundo -por lo que vuelvo a recurrir a dichos documentos para este nuevo trabajo-, tan desvanecidos ahora después de cuarenta años de implacable cambio de costumbres y gustos.
Aunque su considerable producción -de la que nadie hace reediciones, como sí han acontecido con las obras de Elena Fortún (1886-1952, serie de Celia) y Borita Casas (1911-1999, serie de Antoñita la Fantástica)-todavía se encuentra a nuestro alcance, aparte de en la Biblioteca Nacional, en librerías de viejo, ferias bibliófilas y colecciones privadas, donde se atesoran en mayor o menor cantidad de ejemplares, sus novelas, libros de cuentos y revistas de historietas que contienen en aquel frágil papel deteriorado aún más por el tiempo, delicadas piezas de teatrito infantil -muchas veces ilustradas por ella misma-y románticas entregas de novela que, después serían recopiladas, para su publicación completa (Gilsa, Ediciones Cid) y, más allá, prolongadas por la magia de los antes aludidos programas de Radio Madrid y la S.E.R. con sus irrepetibles voces (Pedro Pablo Ayuso, Maribel Alonso, Matilde Conesa, Teófilo Martínez, Carmen Mendoza, Maribel Ramos, Luis Durán, Joaquín Peláez...) y los refinados montajes musicales de Remedios de la Peña (1916-2006; también, narradora de romance bajo el seudónimo Ruth Chewick), que tan sin igual ambientación creaban.
Recuerdo el tradicional folk inglés "Greensleeves was all my joy..." -cuyo origen se pierde en las leyendas del siglo XVI-, el cuarto movimiento (Sehr behaglich) de la Sinfonía núm. 4 de Gustav Mahler, la "Rapsodia sobre un tema de Paganini" de Rachmaninov......Cuando las mujeres de la casa me llamaban por mi nombre, tenían que gritármelo cuatro o cinco veces en los oídos.
Pero, ¿quién se acordaba de que me llamaba Marisa, cuando yo era al día Miguel Strogoff, alternando con un trampero de Arkansas y el Robinsón Suizo?
Por eso no es de extrañar que al sentarme a la mesa, después de haber luchado con indios y velado ante la hoguera de mi campamento, preguntase con toda ingenuidad, cuando el sol bañaba nuestro comedorcito: Mamá, ¿y esto qué es, la comida o la cena?
Tanto se asombraba de mis preguntas que llegué a adquirir la triste desazón de que nunca podría ser como las demás personas.
Y ya siendo jovencita tuve ocasión de ver que me costaba, en efecto, no incurrir en mi vieja costumbre... embebida en mis empedernidas distracciones...
11 Desde muy pequeña, Marisa había leído y vivido sus lecturas con intensidad, de manera que su existencia transcurría más en la dimensión imaginaria de los libros que en la real, aunque las dos eran partes complementarias de su enriquecido mundo.
Las citas que hace en este párrafo de Jules Verne, de Gustav Aimard y de Johann David Wyss, a través de sus personajes con los que se identificaba y a los que daba vida en su pensamiento desbordado por el hechizo de las palabras escritas, nos revelan que los clásicos juveniles, así como los cuentos y leyendas de su Galicia natal y, por extensión, las conexiones con el mundo celta, de reminiscencias escocesas, irlandesas, galesas, bretonas... fueron el lógico entretenimiento y el refugio protector de su infancia y primera juventud.
También en otro viejo Almanaque le preguntan qué estación del año prefiere para trabajar y en cuál encuentra más motivos de inspiración.
A las dos cuestiones responde que el invierno:...
La lluvia que golpea en los cristales y la lámpara que ilumina nuestra mesa; o bien la nieve cayendo en el exterior y todos sentados al amor del brasero, ¿no son esos requisitos para evocar los viejos cuentos, los cuentos más maravillosos y fantásticos?...
12 Aquí, Marisa Villardefrancos expresa con admirable síntesis el encanto del árido invierno -y, por extensión, de la Navidad de antaño-, contemplado desde el interior del hogar placentero, al calor del fuego y de la familia 13, ambiente ideal en el que dar rienda suelta al genio creador de historias, especialmente en niños emotivos y de salud delicada que descubren o descubrían el mundo y sus muchos lugares recónditos, repletos de sorpresas fascinantes, a través de los libros.
Hay que pensar que sólo en el tacto sensual de sus encuadernaciones, Marisa ya percibiría el vértigo de las misteriosas e interesantísimas historias encerradas tras las mismas, así como la fe religiosa, despertada por la lectura de los Evangelios a los doce años, en los cuales también halló la fuerza y la luz para batallar contra su limitación física.
A partir de esta imagen y los escasos datos acerca de su infancia y adolescencia, ahora es preciso establecer un salto en el tiempo hasta la época más conocida de su vida: la Posguerra en el Madrid de los años cuarenta y su participación en las publicaciones de Consuelo Gil Roësset 14 de manera principal, pero también para otras editoras.
Las hermanas Marisa y Gloria Villardefrancos Legrande, a su llegada a Madrid acompañadas por su padre, fueron presentadas a doña Consuelo Gil por el periodista y escritor Julio Camba.
Por otra parte, Wenceslao Fernández Flóre, también paisano de Marisa y Gloria como el anterior, recomienda especialmente a Marisa, conocedor de sus primeros escritos, que se dedique de modo preferente a la literatura infantil.
De esta manera y con este propósito, la jovencita amante de leer y construir ella misma historias maravillosas, empieza a colaborar en los semanarios infantiles y juveniles "Chicos" (1938-1955) y " Mis Chicas" (1941-1950), durante los primeros años cuarenta, con cuentos por entregas de los que sobresale Tizón (1944,"Mis Chicas") o El grumete Tizón (1949, en forma de libro), en el que la coprotagonista es una niña inválida, conmovedor autorretrato de la autora con ilustraciones de ella misma, reveladoras también de su peculiar sensibilidad.
Marisa Villardefrancos alterna, durante los últimos años cuarenta y primeros cincuenta, esta labor en las revistas de Consuelo Gil con más cuentos y otros géneros infantiles, como libros y piezas dramáticas de asunto religioso, publicadas en su mayor parte por la Sociedad Editora Ibérica de Madrid.
También obras como Niños en la Historia (1956), prologada por Wenceslao Fernández Flórez, poemas y miscelánea.
Gana premios y menciones honoríficas, colabora con Juan Antonio de Laiglesia (1917-2002) con la compañía Teatro de Monigotes, representan algunas de sus obras en sesiones para niños de teatros madrileños (Alcázar, Albéniz), -frecuentes en los años cuarenta con la intervención de la radio, como "La onda mágica" de Radio Nacional en el Teatro Madrid...
"Fiesta infantil, la emisión más colosal, la de todos los domingos en la Radio Nacional..." con multitudinaria asistencia de gente menuda-y en un concurso infantil de cine es galardonado su guión Las campanas de la selva.
La inclinación literaria, pedagógica y espiritual de Marisa, que asume como hermosa fuerza vital interior -más adelante veremos qué relación tiene esto con su personaje Andrés Tarnovitch (El teniente médico Jefferson) y Bob Merrick, el protagonista de Sublime obsesión, novela de Lloyd C. Douglas, con sus dos adaptaciones al cine-, se expresa en todas estas creaciones frescas, alegres y encantadoras, en las que se dan al tiempo situaciones humorísticas, emanaciones del mensaje evangélico y reminiscencias de Rabindranath Tagore, cuyos libros también tuvieron las hermanas entre sus exquisitas lecturas de cabecera.
LA NOVELÍSTICA DE MARISA VILLARDEFRANCOS
En 1950, Consuelo Gil debió reflexionar que las niñas lectoras de "Mis Chicas" desde el mismo comienzo de los cuarenta, estaban llegando o habían llegado ya a la adolescencia con nuevas sensaciones y nuevos horizontes en sus vidas.
Producto de este planteamiento lógico y ante la nueva década que inauguraba los años cincuenta y colocaba a un solo año vista la iniciación de la segunda mitad del siglo XX, importante referencia vital en un niño, doña Consuelo dio por concluida la brillante existencia de "Mis Chicas" y la sustituyó por "Chicas, la revista de los diecisiete años".
Fue promocionada como "¡Mis Chicas ha crecido!", conservando el que fue su formato definitivo desde 1943, pero variando totalmente el diseño y sobre todo su contenido, que ya no era de historietas salvo alguna excepción, sino de relatos seriados con las firmas cercanas a Consuelo Gil (Marisa y Gloria Villardefrancos, Borita Casas, Luisa Ma Linares, Gracián Quijano, Gloria Fuertes...) e ilustraciones de los mejores dibujantes españoles de aquel tiempo en este sector de la literatura popular (Padilla, Gayo, Félix Puente, Jano, Mercedes García Valiño, Mariano Zaragüeta, Mingote...), añadiendo a ello reseñas cinematográficas, de radiodifusión -en los últimos años de la revista, también de televisión-, canciones de moda con sus letras, una naciente prensa del corazón y diversas secciones típicas femeninas (modas, cocina, decoración, fiestas...).
Además, en 1952 la editora Gilsa culminó este proyecto de publicaciones para jovencitas y mujeres con las novelas de "Biblioteca de Chicas", que tuvo dos colecciones: "La ardilla escocesa" ("para los catorce años"), siendo su frontispicio: "Con la tierna vivacidad de la ardilla, salta tu vida de niña a mujer", así como su emblema una ardillita que porta un banderín de esa clase de tela, y la llamada "...Y échate a volar" ("Un suspiro, una risa, una lágrima, un beso..."), teniendo como pequeño distintivo una simbólica mariquita dispuesta a emprender el vuelo de la vida, y destinada a las chicas mayores ya sin límite de edad, pues muchos de sus títulos tuvieron la importante promoción publicitaria de sus versiones radiofónicas, de forma que coincidiendo con su emisión, aparecía en los quioscos y librerías aun antes de finalizar en las ondas, por lo que, a veces, se podía seguir cotejando el texto sonoro con el escrito.
La primera serie (La ardilla escocesa) desapareció pronto, pero la segunda tuvo una larga existencia hasta llegar a traspasar la segunda mitad de la década de los años sesenta, ya en otra época en la que la inocencia empezaba a perderse para siempre, todavía con suma y equilibrada placidez, a los compases del tema musical Loss of Innocence (de Richard Addinsell) perteneciente a la película británica "Despertar a la vida" (The Greengage Summer, 1961), dirigida por Lewis Gilbert, según la novela (1958) de la británica Rumer Godden (1907-1998), autora también de "Narciso Negro", "El Río" y muchas más... y con una Susannah York de espléndida belleza y juventud en sus comienzos como mujer y como actriz.
"Biblioteca de Chicas" no fue una más en el territorio de la ficción romántica o "rosa", designación popular del género a partir antonomásticamente de la colección "La novela rosa" 15 de la que hubo numerosas continuadoras, la mayor parte de las mismas a un precio alrededor de cinco pesetas desde el comienzo de los cincuenta y formato estándar de bolsillo, que inauguró la famosa "Colección Pueyo de novelas selectas" 16, no de novelas rosa en exclusiva -como tampoco lo fue "La novela rosa" -, pero que resultó junto con "Violeta" 17, seguidora de la de Juventud, precursoras ambas de las que vendrían enseguida.
Rollán también lanzó una colección con el nombre de la popular escritora-.
Aparte de Bruguera, existieron "Favorita" 18, "Princesita" 19, "Esmeralda 20 "; (volviendo a utilizar una cabecera de los años cuarenta), "Azucena" (Ed.
Las autoras que más han quedado en el acervo de nombres que recuerdan los supervivientes de aquellos años y estudiosos de esta materia son las que hemos señalado al principio de este trabajo convencionalmente como "no realistas", que desde la "Colección Pueyo" transitaron por las de Bruguera y otros sellos, a las que podemos añadir la inglesa nacida en la India Berta Ruck (Amy Roberta Ruck, 1878-1978), presente desde "La novela rosa" hasta "Biblioteca de Chicas".
La mexicana de padres cubanos Caridad Bravo Adams (1904-1990) que, triunfadora en su país tanto en la novela escrita como en la radio y la televisión, obtuvo un marcado éxito de audiencia en la España de la primavera de 1960, a través de la emisión de su novela "Bodas de odio" por Radio Intercontinental, ambientada en Rusia a finales del siglo XIX e ilustrada musicalmente en la presentación de cada capítulo por el majestuoso "Andante final" de la Sinfonía núm. 5 de Tchaikovski -que los aparatos de radio transmitían generosamente a eso de las seis de la tarde, enfatizando el sonoro título por los patios de vecindad-, no fue sin embargo una escritora editada en España, ni siquiera Bodas de odio, más que con un libro de Conferencias y ensayos (1962), puede que como consecuencia del éxito radiofónico; pero pese a tener aparentemente el terreno abonado, el asunto quedó así.
(En México fueron publicadas sus novelas por Editorial Diana S. A.).
En la serie "La ardilla escocesa", a Marisa Villardefrancos le fueron publicados tres títulos: El valle de mis recuerdos (núm. 4, abril 1953), cuya acción se desarrolla en la Irlanda del siglo XVII, cuando en Inglaterra, Irlanda y Escocia reinaba Jacobo II Estuardo (1685-1689), el último monarca varón de la dinastía absolutista, que aquí aparece como liberal al atender la súplica del niño protagonista (Roddy Bann), que acude al mismo Londres para verle con el propósito de solicitar la destitución de un señor feudal que ejerce una tiranía en su querido valle, que da título al relato.
Es ésta su primera novela ambientada en Irlanda, país que pronto iba a ser el escenario principal de las dos primeras partes de su trilogía Almas en la sombra, El brezal de las nubes y El caballero de los brezos, transcurriendo esta última en la exótica y tropical Jamaica.
El valle de mis recuerdos lleva un prólogo de Wenceslao Fernández Flórez, con el que ejerce una especie de padrinazgo o bautismo en las letras y establece una interesante distinción entre la típica novela rosa, de menor interés, cuyo asunto casi exclusivo es el amor y el objetivo de los protagonistas la boda final, con las dificultades a vencer y su superación, y, luego, otro tipo de historias, dentro de las clasificadas en este mismo género, como las de Marisa, que uniendo su fantasía, bondad y ternura producen un contenido mucho más rico y gratificante con personajes, niños y mayores, dotados de verdadera calidad humana y no simples estereotipos carentes de capacidad emotiva.
"Ella misma -escribe Fernández Flórez-está en el pequeño Roddy Bann".
Hay otro detalle particularmente sensible en esta novela: está dedicada por la autora a su hermana Gloria:...Cuando eras pequeña y constituías la personilla más interesante y más querida para mí, solía dedicarte mis cuentos.
Ahora ya no eres pequeña, pero te sigo viendo tan querida, tan interesante y hasta tan personilla como hace años...
El camino de los cisnes (núm. 6, junio 1953) es un relato también de aventuras, pero en la Escandinavia de los vikingos.
Papaíto (núm. 9, mayo 1954), es una variación radical donde se retrata el Madrid de la época y sus clases populares con el histórico y terrible incendio de Santander (1941) al fondo.
Obra menor de Marisa, cercana al mundo infantil y en la que los diálogos se ajustan al realismo social literario vigente por aquellos años.
Pero en la otra serie ("...Y échate a volar"), de larga duración, fue donde aparecieron la mayor parte de las novelas de Marisa y, desde luego, las mejores; de 1952 a 1960 le fueron publicados más de cincuenta títulos y entre 1953 y 1958, inclusive, es la autora que más novelas posee en la lista de la colección, mientras que en 1959 y 1960 ya solamente figuran cuatro, siendo la última La cumbre de Kichinjunga (núm. 258).
Tiene también la nota distintiva de ser la novelista más adaptada a la radio de la década, junto con María Luisa Fillias de Bécker (El amo, 1953, otro de los mayores éxitos radiofónicos de aquel tiempo; "Señorita Violeta", 1956 (... en recuerdo del Madrid que se fue y que aún vive en el corazón de los que quedan... así empezaba cada capítulo) y Patricia Montes (Isabel González Lectte) con obras como "Un crisantemo para Kitty Doyle" (1956), extraña narración marcada por el signo de la fatalidad.
Existe un conjunto de obras, cuyos argumentos suceden en la época entonces contemporánea de la Segunda Guerra e inmediata posguerra mundial, en las que Marisa desplazó sus preferencias ambientales hacia África, Oriente y otros escenarios exóticos, propios de la novela cosmopolita tan de moda en el período de Entreguerras.
En ellas es fácil advertir influencias de Vicki Baum y Pearl S. Buck, representativas en aquellos años de la novela prestigiosa escrita por mujeres y muy editadas en España, todavía durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta.
Marisa, por otra parte, tiene una concepción de la mujer totalmente moderna para su época:...
Son idénticas las preocupaciones y aspiraciones de las muchachas españolas que las de las extranjeras; sólo hay una nota que las diferencia: la mujer española tiene menos afán de intelectualizarse... tiene como fin el marido y los hijos.
La extranjera anida más aspiraciones; el amor no es la única, es una de ellas...
Este prototipo de mujer emancipada, el mismo que podíamos ver en las películas americanas de los años cuarenta y cincuenta, protagoniza estas novelas con rasgos sicológicos bien definidos y variados.
Así, "Alma" 21, desarrollada en Marruecos; "El mal humor del capitán Norton" 22 en la Guerra del Pacífico; en "El sol nace de madrugada" 23, también en Marruecos y magníficamente escrita, podemos leer: "...
Hay que salvar a la mujer mora.
En África es un mero instrumento de placer.
Mientras no se reivindiquen sus derechos no habrá civilización posible..." (15); "El secreto de los ojos tristes" 24, es un verdadero relato característico de lo que aludíamos más arriba, en cuanto a ambiente internacional en el que se mezclan el mundo eslavo -muy querido también de Marisa-, la danza, el espionaje, la política, la guerra; "Mamá Carlota", otra de sus más logradas narraciones 25.
Pedro Pablo Ayuso y Matilde Conesa pusieron toda su maestría en animar, a través del aparato de radio, a estos seres de ficción escrita y sonora en las dos últimas semanas de 1954 y las dos primeras de 1955, a las diez y media de la noche, con el fondo musical delicado e impresionista de "Preludio a la siesta de un fauno", compuesto por Claude Debussy (1862-1916).
Marisa visita de nuevo Oriente en "Al volver a la vida" 26, esta vez identificada con su protagonista Enid Warren, maestra irlandesa de escuela que siente el irreprimible deseo de ejercer su oficio nada menos que en la gran isla de Borneo, en su parte bajo mandato británico (Borneo septentrional), un poco antes de la invasión japonesa, con lo cual ya podemos imaginar todo el itinerario argumental de exotismo, enfrentamiento de razas, clases sociales, y situaciones extremas de guerra.
Al poco de empezar la novela, Marisa ya adopta una postura que quiere exponer su poco convencional mirada a Oriente:...Mi tía tenía unas ideas muy originales sobre Asia...
Todo el Oriente se simbolizaba en juncos chinos, piratas estilo Salgari...
Pierre Loti era incluso demasiada erudición para ella...
(8) Su relación amorosa con el capitán americano Ted Harding, introduce el romance y sus contratiempos en la trama.
El comentario de Enid:...No le aconsejo que me haga el amor, capitán.
Una maestra con vocación no sabe nunca desenredarse de los niños de los demás... ( 16) hace sonreir ante el significado diferente de "hacer el amor" entonces y ahora.
En "La mañana tranquila" 27, Marisa Villardefrancos continúa en territorio asiático, ofreciendo una novela entonces de caliente actualidad por la muy poco tiempo atrás terminada Guerra de Corea (1950-1953).
La autora demuestra una excelente información y cultura histórica y política al escribir:...
El capitán Mason estaba harto de la guerra de Corea, porque era una guerra de desgaste que arrojaba centenares de heridos a su transporte, sin ninguna bella y radical victoria detrás...
Entre tanto la guerra de Corea seguía, y el presidente Truman hablaba también al mundo sobre dicha contienda: No ha habido jamás causa más justa o más importante.
Por primera vez en la historia, los hombres de muchas naciones están peleando bajo una sola bandera para mantener el régimen de derecho en el mundo...
No es sólo vuestra libertad y la mía la que está en juego, sino esencialmente la norma libre de vida, el derecho a rezar donde nos plazca, el derecho a expresar nuestras opiniones, el derecho a criar a nuestros hijos como lo creamos más oportuno y conveniente...
(107) delirio amoroso, imitaciones de gatitos enamorados ronroneando, son los que mantiene Clifft con la enferma, mediante un escaso vocabulario repetitivo y desesperado.
Esa desesperación, esa embriaguez, ese amor loco lleva al marino a casarse con ella a bordo durante la travesía, llenando la habitación de flores recogidas en una escala a tal efecto.
Pero la enfermedad se agrava y la agonía de Anushka en los brazos de Peter con las frases de ella en ruso y traducidas, hacen más auténtica y angustiosa la patética muerte y llenan otras de las mejores páginas de Marisa Villardefrancos: "...
Dice que mientras la tenga así, entre sus brazos, no dejará pasar a la muerte..." (95).
El amor responsable y serio con perspectivas de futuro, el amor "fou" superrealista, sin base alguna a pesar de su intensidad, otorgando un rico contenido humano a un escenario de guerra...
Corea, en los primeros cincuenta.
LAS GRANDES OBRAS DE MARISA VILLARDEFRANCOS
Un cambio muy acusado se produce en la creación literaria de Marisa Villardefrancos durante esta etapa de la revista "Chicas" y "Biblioteca de Chicas", al empezar a escribir para jovencitas de diecisiete años.
Sus lectoras ya no son niñas y sus relatos tienen otra elaboración más densa y adulta, de mayor riqueza estilística y erudición histórica y literaria, que les aproximaría más a la novela sentimental de los cincuenta si no fuese porque su calidad y los estudios y lecturas de la novelista le hacen ir más allá de tal contexto, como es el caso de estas obras estilo Vicki Baum o Pearl S. Buck que hemos analizado.
Pero su altura literaria se elevará aún más proyectando sus más notables ficciones -como las del ciclo irlandés, las del teniente médico Jefferson y la serie "La viña de mis amores" / "Siberia"-hasta acercarse en ciertos aspectos al nivel de las hermanas Brontë, en especial de Emily, la autora de "Cumbres Borrascosas".
El punto de partida es "Almas en la sombra" -no tiene relación alguna con "Alma en la sombra", título español de la novela de James Hilton Rage in Heaven (1932), así como de la película de W. S. Van Dyke (1941), versión de la misma, con Ingrid Bergman, Robert Montgomery y George Sanders; ni tampoco con "Alma en la sombra", novela de la citada Caridad Bravo Adams-que Marisa escribe en capítulos para "Chicas" desde julio de 1953 con ilustraciones de Padilla, el cual también hará la portada -tan influida por el cartelismo cinematográfico como todas las suyas y las algunos de sus compañeros de generación y profesión, como Jano-para la novela recopilada 28 y con ella da principio a su madurez narrativa, regresando a la Irlanda ya no infantil y casi feérica de "El valle de mis recuerdos", sino desde una visión adulta, histórica y pasional que Marisa describe con especial cariño, seguramente a causa de las semejanzas celtas con Galicia y la simpatía a su religión católica.
Cercana también al mundo anglosajón tan interesante para ella por su Historia, su Literatura y su "espléndido aislamiento"; de la liberal Inglaterra de las lecturas juveniles, que también siempre admiró.
La historia empieza con la descripción de la infancia de Katherine Mac Moore, muchacha de trece años poco agraciada -con lo que la escritora vuelve a poner algo de sí misma en su personaje-y de sus compañeros de juego Jim "Corazón de Piedra", Billy "Tormentas", y Peter "El Chacal" en su residencia de Clouds Moor ("El Brezal de las Nubes"), situada en la región del Ulster.
Pero enseguida este paraíso de la niñez y adolescencia se pierde para siempre al concertar el padre de Katherine su boda con sir William Hastings, joven enérgico y ambicioso, miembro de una poderosa y rica familia enemiga políticamente de los Mac Moore, reconciliadas así para el matrimonio de intereses.
El casamiento tiene lugar en The Shade ("La Sombra"), mansión de los Hastings cerca de Belfast.
La novela se abre de manera que inevitablemente rememora a "Rebeca" (1938), de Daphne Du Maurier: Anoche soñé con The Shade, con su avenida de viejos olmos solitarios, sus blancos cisnes chapoteando en el lago color gris, mientras la lluvia del otoño moja los oscuros mirtos de los paseos..."
Es muy posible que Marisa hubiese leído la famosa obra de Daphne Du Maurier o visto la película de Alfred Hithcock (1940) o ambas cosas a la vez, y que esta autora fuese también de sus preferidas, pero en cualquier caso la semejanza sólo es al comienzo ("Anoche soñé que había vuelto a Manderley...").
Existen otras y más acusadas influencias con el país de las hermanas Brontë en el Yorkshire, al noroeste de Inglaterra.
En inglés, en una de sus acepciones, moor significa brezal, pero también páramo donde abundan los brezos como casi única vegetación.
Cloud ́s Moor es "El brezal de las nubes", título sugerente que ya muestra la delicadeza de Marisa Villardefrancos, su romántico espíritu creador de mundos de una belleza casi dolorosa de puro humanismo cristiano y amor hacia la Naturaleza, que aprendió a valorar desde pequeña, rodeada de la dulzura del campo gallego:... su único placer consiste en vagar por las áridas colinas que limitan su horizonte y que un día Emily habrá de llamar "Whutering Heights"...
En torno suyo se extiende la desolación de los "moors", estériles y rocosos eriales, casi desiertos, áspero paisaje que también quedará grabado en el fondo de sus almas.
29 Son pues varios los puntos de contacto entre Almas en la sombra, El brezal de las nubes y El caballero de los brezos con los paisajes atormentados, externos e internos, de las hermanas Brontë, pero esas coincidencias son superficiales y aparentes.
Cloud ́s Moor ("El brezal de las nubes"), el edén infantil de Katherine Mac Moore y sus amigos no tiene nada que ver con la infecunda tierra real de Haworth Moor y ficticia de "Cumbres borrascosas", reflejo de ella y de la casa que el padre de Emily había comprado en la parte más elevada de Haworth para trasladarse a vivir con su familia.
El Ulster irlandés imaginado no es el Yorkshire inglés vivido y la historia de amor entre Katherine Mac Moore y sir William Hasting con su hoy candorosa descripción de las primeras caricias amorosas, la felicidad de Katherine al sentirse querida a pesar de su aparente falta de atractivo -pues ambos simpatizan y se enamoran-es muy diferente de la atormentada e imposible pasión de Catherine Earnshaw (luego, Linton) y el sombrío Heathcliff, entre la vida, la muerte y el amargo espectro de una infancia perdida, que Emily Brontë hizo inolvidable en su inmortal novela.
Al intervenir en Irlanda la Inglaterra de Oliver Cromwel en el marco de la Primera Revolución inglesa (1648), los saqueos, exterminios y deportaciones que siguieron sentaron las bases de toda la futura desgracia del pueblo irlandés, y también de la naciente historia de amor entre la pareja protagonista de "Almas en la sombra", pues William Hastings, patriota irlandés católico que había combatido junto a los amigos de Katherine contra los puritanos ingleses, es deportado con ellos a las plantaciones de Jamaica, quedando ésta sola con su tía Carlota en el ocupado Castillo de The Shade.
El brezal de las nubes 30 recoge las memorias de Peter "El Chacal", prisionero en Jamaica, que empieza evocando los acontecimientos de Almas en la sombra desde su punto de vista con el recuerdo de Clouds Moor, que describe por primera vez en la obra:
El Brezal de las Nubes:... nunca supe por qué había recibido ese nombre.
Quizá porque se encontraba en medio de una llanura de brezos y porque desde sus ventanas se apreciaba la línea limpia del horizonte donde el cielo tocaba la tierra, mientras las nubes resbalaban por su extensión infinita.
A nosotros, cuando llegaba el crepúsculo, nos complacía observar todas las figuras extrañas de fuego que componían cirros y cúmulos, al ser heridos por el sol de la tarde.
Creo que en uno de estos inolvidables ocasos, y de pie en medio de la llanura cuando era niño, comprendí toda la grandeza de este nombre...
Imaginábamos el Brezal de las Nubes como un lugar en el cual todo estaba regido por un destino espiritual y celeste.
Éramos caballeros de las nubes, mientras nuestros pies pisaban los brezos húmedos de rocío de nuestra patria...
31 La novela completa la primera parte del ciclo, la enriquece y la extiende, de manera que el lector puede revivir la historia a través de un nuevo narrador.
Y con las tres partes de El caballero de los brezos ("Cumbres de añoranza", "El destino de Longing ́s Height" y "El regreso de Billy Tormentas 32 ), que también es una novela de aventuras exóticas, ocurre otro tanto, ya que se trata de la vida de Billy "Tormentas" en Jamaica, aunque sólo es el tercer tomo el que se ocupa de ella, pues los dos primeros contienen otra historia paralela: la del mayor Harry Colman, constructor naval de la isla.
Su buque más querido, "Cumbres de añoranza" (Longing ́s Heights), se hunde en una noche de tormenta, la misma en la que muere su esposa Beatriz que había vinculado su existencia a la del barco.
En El caballero de los brezos vuelven a aparecer episodios irlandeses ya relatados, pero el calor del trópico, la sensualidad antillana y las palmeras cimbreantes como las fogosas isleñas, parecen conmover especialmente a Marisa, describiendo escenas de amor con un grado de apasionamiento antes no frecuentado por ella en su literatura y que jamás volverá a frecuentar con tal intensidad.
Después de esta extensa historia o conjunto de ellas entrelazadas, la mejor novela de Marisa Villardefrancos es la trilogía El teniente médico Jefferson ("El teniente médico Jefferson", "Los amores del teniente Jefferson" y "El regreso del teniente Jefferson) 33.
Es curioso que tanto esta obra como la anterior, en mi opinión dos de las mejores escritas de la misma, casi seguidas en aquella primera mitad de los años cincuenta, estén localizadas en lugares y conflictos que siguen siendo de actualidad en estos últimos años, ya que Almas en la sombra transcurre en el Ulster del siglo XVII, cuando la intervención inglesa empezaba a crear la crisis varias veces centenaria que todavía sigue sin resolverse, a pesar de su aparente pacificación en estos últimos años.
El teniente médico Jefferson -hoy diríamos "la teniente"-da comienzo en Belgrado durante la Segunda Guerra mundial, un Belgrado en donde Marisa sitúa fuerzas de ocupación o representación de Estados Unidos y la Unión Soviética.
De manera que también este escenario que Marisa noveló en los cincuenta fue continuado y continúa.
Aunque en menor medida, como materia preferente en los medios informativos.
Helen Jefferson, oficial médico americana en Belgrado, conversa telefónicamente con su familia en Estados Unidos, recreando la típica estampa que novelas y películas de aquella época y de esta nacionalidad -como el filme "Desde que te fuiste" (Since You Went Away, 1944), de John Cronwell -, ofrecían sobre la familia y el hogar estadounidense de acomodada clase media; habla sobre todo con su hermano Steed, inválido a causa de un accidente en el incendio de una granja vecina.
Al concluir la conversación, es llamada por su comandante, el cual le comunica el fusilamiento de Andrés Tarnovitch, guerrillero perteneciente la facción de Draza Mihailovitch (1893-1946), que fue en principio jefe de la Resistencia contra los alemanes y organizador de los chetniks de Ravna Gora, nombrado por el gobierno yugoslavo en el exilio de Londres y reconocido así por los aliados en un primer momento.
Pero su postura monárquica, proserbia, anticroata, anticomunista y dudosa con los alemanes -esta última, posiblemente por propaganda amañada-, le enfrentó con los guerrilleros ustachi de Tito, retirándole los aliados su apoyo por intereses políticos y de guerra.
Derrotado, detenido y juzgado por un tribunal militar, fue fusilado por el nuevo gobierno comunista.
Marisa Villardefrancos idealiza a Mihailovitch:...Yo he admirado con toda mi alma a Mihailovitch -dice un oficial americano a Helen-.
Nuestro Roosevelt dijo que su lucha heroica constituia una aportación notable a la victoria final... y luego se le volvió la espalda...
34 y crea el personaje de Andrés Tarnovitch como un guerrillero del anterior, pero a la vez como un escritor, un intelectual famoso incluso en Occidente por sus varios trabajos cargados de espiritualidad.
Helen había regalado a Steed un libro suyo, que después de leerlo le hace sentirse un hombre nuevo, explicándole:...Tarnovitch es un hombre como yo, como otro cualquiera...
En su infancia sufrió una grave enfermedad que se prolongó hasta bien entrada su juventud...
Puede decirse que curó gracias a su voluntad de hierro.
Pero, durante todo ese tiempo, había profundizado su espíritu y comenzado a escribir.
En sus obras hace un delicado estudio del espíritu eslavo...
Lo que más me agrada es cómo confiesa de qué modo venció todo cuanto contribuía a desalentarle y desanimarle.
La receta es muy sencilla...
Basta con entregarse por entero a una idea, que debe ser crucial en nuestra vida...
(19-20) -estando cercana esta idea a la que presenta la novela del estadounidense Lloyd C. Douglas, "Sublime Obsesión" (Magnificent Obsession, 1929) con sus dos versiones cinematográficas de igual título que el original literario: la de 1935, de John M. Stahl, con Robert Taylor y la de título español "Obsesión" (1954), de Douglas Sirk, con Rock Hudson-.
Marisa Villardefrancos regresa aquí al tema central de toda su producción: la enfermedad y la necesidad de superación por la lucha y la fuerza de voluntad para no dejarse vencer -igualmente La vida está en las cumbres 35 gira en esta órbita con atisbos de W. Somerset Maugham y Thomas Mann-, que en esta hermosa novela contempla desde fuera, al ser la protagonista una mujer normal.
Pero, al enamorarse Helen Jefferson de Andrés Tarnovitch sin conocerle, a través de su fotografía en el libro y la paz espiritual y deseos de vivir que su hermano Steed ha alcanzado con dicha lectura, Marisa parece dar cuerpo y alma a su ideal masculino y al posible amor de su vida que nunca llegará.
Un antecedente de Tarnovitch en la novelística de esta autora, lo encontramos en André Dobritch, médico repleto de humanismo sin miedo a contagiarse de las enfermedades para bien atender a sus pacientes, protagonista de Una luz en el camino, que Marisa escribió el año anterior (1954), situada en algún lugar de Indochina y novela inencontrable hoy y en los últimos años, por lo que escribo tan sólo con los recuerdos de su radiación y escucha por la S.E.R. en aquel verano del 54.
El actor que interpretó a André Dobritch en los micrófonos fue Luis Durán, el mismo que un año después daría vida radiofónica a Andrés Tarnovitch, siendo su compañera la componente del cuadro de la emisora Carmen Mendoza -sin relación con la actriz teatral de aquellos años, Mari Carmen Díaz de Mendoza-, menos famosa que Maribel Alonso, Matilde Conesa, Juanita Ginzo o María Romero, pero que intervenía frecuentemente con su bella voz en las producciones de Radio Madrid y la cadena S.E.R.
Una noche en Belgrado, Helen es despertada por la dueña de la pensión en la que reside.
Unos desconocidos requieren los servicios de un médico para atender a un caso urgente.
Sin vacilar, les acompaña hasta una escondida casa cercana al Danubio... es un herido de bala en el vientre y, al verle, recibe una infinita sorpresa...¡Andrés Tarnovitch!
Ayudada por un joven estudiante de medicina del clandestino grupo, la teniente médico realiza una delicada y milagrosa operación con éxito, haciéndole una transfusión de su propia sangre.
Tarnovitch, el intelectual escritor de los chetniks de Mihailovitch había sobrevivido al fusilamiento y el destino o el azar hacen que ella misma pueda salvarle.
A partir de aquí, Marisa Villardefrancos elabora un relato emocionante con acciones paralelas en la Yugoslavia en guerra, en el Belgrado repleto de intrigas y maniobras políticas y estratégicas entre las facciones en lucha y, también, en la reposada existencia de unas familias americanas sólo perturbadas por la ausencia de los suyos y su presencia en la lejanía de la contienda.
Escrita en plena Guerra Fría y en España, Marisa no traza un cuadro anticomunista propio de aquel contexto.
En el Belgrado de Marisa el Danubio ya no era azul, pero todavía no era rojo o, al menos, no lo expresaba así en 1955, refiriéndose al Belgrado recién caído o a punto de caer en manos del comunismo nacionalista de Tito:...
¿Ve usted el Danubio de color azul?
Entonces es que está enamorada.
Entonces Helen Jefferson ya estaba enamorada; pero de otro hombre.
Comenzó a lloviznar suave y ligeramente, como una bruma blanda y pegajosa.
Bajo su impermeable casi agradeció aquel ambiente fresco que humedecía sus sienes calenturientas...
Continuó su paseo a lo largo del río con un cielo cada vez más aborrascado y encapotado en nubes.
Siempre sería maravilloso el Danubio -pensó-.
El río evocador de valses y que ahora tenía el color tétrico y uniforme de la posguerra...
36 Los representantes militares soviéticos en la ciudad y el país (el comandante Andreiew y el capitán Tobetsky) son personas tan honorables como los americanos, dotados igualmente de buenas intenciones y sentido del humor... todo ello distante del maniqueísmo omnipresente en aquel lejano tiempo, lo cual pone de manifiesto la personalidad independiente de Marisa, su tolerancia con el adversario y su más compleja visión del Mundo.
Las tres partes de El teniente médico Jefferson fueron emitidas por la cadena S.E.R. en el verano de 1955 a las once y cuarto de la mañana con el fondo musical de "Rapsodia sobre un tema de Paganini", más concretamente la famosa Variación núm. 18 (de las veinticuatro que contiene la obra) -entonces popularizada por el episodio The Jealous Lover, dirigido por Gottfried Reinhart e interpretado por James Mason y Moira Shearer, bailarina clásica y actriz, del filme "Tres amores" (The Story of Three Loves, 1953)-, de Serguei Rachmaninov (1873-1943), compositor al que Hollywood recurrió como aliciente musical en otras dos ocasiones y en los dos siguientes años: la producción de prestigio MGM "Rapsodia" (Rhapsody, 1954), de Charles Vidor, con Elizabeth Taylor, Vittorio Gassman de violinista (Tchaikowski) y John Ericson al piano (Rachmaninov) y "La tentación vive arriba" (The Seven Year Itch, 1955), de Billy Wilder, en ambas con su "Concierto para piano núm. 2".
En la radio, Matilde Conesa interpretaba a Helen Jefferson, Luis Durán a Andrés Tarnovitch y Joaquín Peláez a Steed Jefferson.
Por otra parte, la atracción que Marisa Villardefrancos demuestra por el alma y el mundo eslavo en El teniente médico Jefferson, vuelve a aparecer en otra saga igualmente desarrollada en varias novelas: La viña de mis amores 37; Siberia 38, El fin de la viña 39 y Antek 40.
La historia emprende su largo curso en La viña de mis amores con una cita de Isaías: "...
Voy a cantar a mi amado el canto de la viña de sus amores... " ( 6), simbolizando la viña el alma humana o, más concretamente, de la familia polaca, que no debe ser destruida por la ocupación y la guerra, dentro de una conversación entre dos hermanos polacos (Antek y Wladyslaw), pertenecientes a la Resistencia contra los alemanes hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Se describen otra vez la vida, sentimientos y pasiones de varias personas y familias atrapadas en la tragedia de la misma gigantesca guerra, a la que Marisa acababa recientemente de asistir durante seis años, a través de periódicos, radio, películas y noticiarios cinematográficos, marcando de manera intensa el final de su juventud y comienzos de la madurez como novelista, ya que son muchas sus obras en las que aparece reflejado este decisivo episodio contemporáneo de entonces, como fondo o marco de las mismas, tanto en Europa como en Asia.
En la primera trilogía, sus numerosos personajes, entre ellos varias parejas (Antek y Halina, Janek y Hanka, Jan y Anulka, Alexey y la misma Halina...) con distintas formas de enamoramiento de acuerdo con sus personalidades, existen o subsisten en una Polonia en guerra, ocupada por la Alemania nazi y ya escenario del avance ruso, pero también en otros lugares de Europa (París) y el Pacífico (Honolulu).
Hay un párrafo en el que Marisa tiene una rememoración de los brezos, que antes describió al norte de Irlanda:...
Ante ellos se extendían de repente llanos morados, tapizados de brezos.
Entonces Wladek arrancaba un manojo y seguía su camino, entrelazando las suaves florecillas entre sus dedos...
41 La segunda trilogía (Siberia) empieza en un tren que cruza Castilla hacia Madrid, donde va Antek, la más importante figura de la primera, atormentado por su pasado en la Resistencia polaca y su misión de eliminar prisioneros (Brigada de liquidaciones), conversando de modo circunstancial con una española que se siente interesada por él y de la que se despide con un intercambio de números de teléfono y un beso fugaz.
Buen comienzo para una acción que será muy distinta, pues, hospedado en el Hotel Nacional de la glorieta de Atocha, Antek recuerda en su habitación, a lo largo de esta novela y la siguiente (T.II), el viaje a Siberia y su vida allí de personajes ya conocidos en la primera parte, ahora como nacionalistas polacos, deportados por la Unión Soviética.
Marisa Villardefrancos describe Siberia tan bien como lo había hecho con el Brezal de las Nubes:
EL ALEJAMIENTO DEL ROMANTICISMO Y EL ACERCAMIENTO A LA JUVENTUD REAL DE SU TIEMPO
En 1956 se publica una importante novela en la bibliografía de Marisa: La Bestia dormid 46, distinta de todo lo que había escrito hasta aquel momento.
Transcurre durante la Segunda Guerra mundial, al igual que "El teniente médico Jefferson", pero existe un abismo entre las dos obras y en "La Bestia dormida" da un giro de ciento ochenta grados a su narrativa, que parece impregnada de una gran seriedad y un patético pesimismo.
Aunque sólo han pasado tres años de "Almas en la sombra", dos de "Una luz en el camino" y uno de "El teniente médico Jefferson", Marisa ya no es la misma: condena duramente la guerra y expone todas las desgracias que ésta lleva consigo y ya no la utiliza como fondo y marco para hacer más patética una romántica historia de amor, mecida por el Danubio azul, gris o rojo.
El comienzo de "La Bestia dormida" sucede en Inglaterra, poco antes de la invasión de Polonia por la Alemania Nazi y la Unión Soviética, consecuencia de la claudicación y cobardía de Chamberlain y Daladier ante Hitler (Munich, 1938) en un vano intento de conseguir la paz, y describe con evidente agrado el modo de vida y el valiente y tenaz espíritu inglés -con citas de Kipling (12-13)-, considerando la isla como seguro baluarte de la libertad amenazada.
Juzga con severidad el Nacionalsocialismo y el antisemitismo desde el punto de vista de la ortodoxia católica, pero también algunos actos de los aliados occidentales.
Expone su concepto del amor y el sexo con austeridad, como persona situada al margen y lejos ya de la sensualidad del Caribe contenida en El caballero de los brezos, todo conforme con la doctrina de la Iglesia a la sazón (94-95).
Critica los ídolos ya caídos (Hitler, Mussolini) y sus delirios de grandeza: "... el superhombre no existe.
Es un sueño, una ilusión, una angustia atormentadora de infinito..." (196), mas también el materialismo, la soberbia de los vencedores... ¡y el romanticismo!: "... que no es más que una aventura alucinante... que galvaniza... que no es la verdad, sino una niebla que finge la verdad..." (196).
Lo que queda, lo que nunca muere, parafraseando al famosísimo serial de la S.E.R. de 1953 -sería repetido en 1962 con nueva sintonía: el tema de "Tara", de Lo que el viento se llevó-, es para Marisa el mensaje cristiano, la doctrina de la Iglesia y el amor humano bendecido por ambos, únicas verdades a las que se acogía en la madurez de su vida y de sus sentimientos religiosos, siempre manifiestos, como la solución de un mundo tan dolorido por las recientes guerras de la primera mitad del siglo veinte y las terribles tragedias humanas que éstas trajeron consigo, en una especie también de existencialismo cristiano a lo Gabriel Marcel (1889-1973) o del pensamiento del filósofo católico francés Gustave Thibon (1903-2000), citado varias veces por Marisa en sus obras y hoy bastante olvidado, pero de extraordinaria importancia en la Europa desgarrada de la era posbélica y, más aún, por la interesante y fecunda relación intelectual que tuvo con la también filósofa francesa de origen judío Simone Weil (1909-1943) -ésta sí reivindicada de manera notable en los últimos años-, sobre la base de sus comunes asuntos de interés humanístico a todos los niveles.
¿Qué le ocurrió a Marisa Villardefrancos en aquel final de 1955 o principios de 1956 para expresarse de esta forma, delatando tan desencantados pensamientos, después de tantas novelas cosmopolitas, protagonizadas por chicas modernas y liberadas en las que las relaciones amorosas son descritas con total franqueza, de acuerdo con los cánones de la época, que culminan en el esplendor sentimental del Ulster, sensual de Jamaica, romántico de Belgrado y el Danubio y de amor realista en Siberia?
¿Qué acontecimiento frenó aquella explosión de la belleza de su mundo interno, de ganas de vivir en sus ficciones, tal vez falsamente esperanzadas, lo que ella no podía en su condicionada situación?
Los diálogos están construidos con párrafos extensos y minuciosos, llegando las alusiones referenciales y culturales hasta Freud y Marx, nada frecuentes en novelas de su aparente género y contexto.
Comentando el libro de San Juan:
La Bestia del Apocalipsis -la soberbia de los hombres-no necesita surgir del mar... emerge del fondo de nuestras conciencias.
Es un ser que jamás muere... duerme a lo sumo...
Libro de crisis personal, sin duda, en su prólogo, el padre Félix García -firma en aquellos años frecuente en los periódicos, escribe:...Tu última novela tiene una mayor ambición... que es el transmitir en unos episodios impresionantes y doloridos el horror y el estrago que en el orden material y, más aún, en el orden moral ocasiona la guerra.
Tratándose de una materia tan ardua y dura, es lógico que no hayas podido escribir en tonos apacibles...
La oscura lucha contra mí mismo (1958) es un libro clave dentro de la obra de Marisa Villardefrancos, en el que reúne toda su experiencia vital desde la perspectiva adulta de los cuarenta y tres años, trascendiendo el rico contenido ideológico, político, social y moral que ya exponía en "La Bestia dormida" de forma novelada.
Ahora lo hace mediante el ensayo sistemático, de acuerdo con las preocupaciones de un joven de su tiempo.
Especialmente dedicado a los jóvenes del sexo masculino con su sólida formación de educadora -como si su personaje Andrés Tarnovitch reviviese en su propia identidad-, así como sus novelas iban preferentemente destinadas al femenino, este libro era el primero de una colección denominada "Inquietud" 47, dirigida por ella misma, y en su prólogo, también del padre Félix García, leemos:...
Muchos libros que corren por ahí, llamados piadosos, son acaso contraproducentes, porque tienden de modo casi exclusivo, a mantener el aspecto puramente devocional con preterición de la verdadera problemática juvenil...
Marisa Villardefrancos, venciendo toda suerte de condiciones adversas, se ha puesto en contacto con la juventud.
Los jóvenes buscan en ella el consejo, la confidencia, el desahogo espiritual...
Se ha convertido, podríamos decir, en la confidente, en la amiga de buena parte de la juventud universitaria y obrera...
Es un libro sin pretensiones doctrinales... que plantea problemas y presenta soluciones...
En su dedicatoria, Marisa expresa y se define rotundamente como una luchadora anticonvencional y desinteresada:...Nada nos ha importado del mundo más que el idealismo y la espiritualidad, y hemos despreciado esas grandes y vacías palabras de "lo útil", "lo práctico" y "lo sensato".
Ni siquiera sabemos lo que es tener dinero.
Pero ¡cuánta riqueza hemos compartido!
[Y concluye:] Me habéis llenado las manos con vuestra juventud y no sé de que forma agradeceros el regalo.
El último capítulo de la primera parte (Yo, mi enemigo) se titula "La oscura lucha" y en él leemos:...la lucha es algo inherente al hombre.
Lo mismo que se respira, que se anda, que uno se alimenta o que duerme para que el cuerpo crezca, el espíritu necesita de la lucha, de una cierta gimnasia interior para que el hombre moral se desarrolle...
La oscura lucha, ¿qué es, pues, en sí?... porque la primera parte de la batalla es siempre oscura...
El camino de la perfección se parece a la ascensión de una cumbre.
Pero antes de ganar la falda de la montaña, hay que cruzar el bosque...
¿Cuándo y dónde murió Marisa Villardefrancos?
No lo recordaba doña Consuelo Gil, totalmente lúcida a los noventa años, cuando estuve hablando con ella unos meses antes de su muerte en 1995; no lo sabían en el Registro Civil de Vedra en 2001, cuando don Argimiro González Neira, funcionario ahora ya fallecido, me asesoró y envió documentos por su antigua amistad con la familia Villardefrancos para mi anterior trabajo sobre Marisa, citado al principio.
Yo he rastreado en el Registro Civil de Madrid, sin resultado.
¿Quién murió primero y quién quedó sola?
Por sus novelas, todavía publicadas por Bruguera a finales de los sesenta, podemos establecer una aproximación...
¿Últimos sesenta, primeros setenta?
Ha pasado mucho tiempo.
No quedan descendientes directos, ni al parecer colaterales; los que la conocieron y trabajaron con ella en Radio Madrid y viven todavía, no lo saben.
Jorge Tarancón Gimeno, estudioso y especialista de estos géneros populares, que era vecino de la casa contigua al número 85 de la calle Zurbano, la recuerda de los años cuarenta y cincuenta bajar, acompañada de su padre y hermana, ayudándola a pasear por aquella entonces bonita zona
OBRAS DE MARISA VILLARDEFRANCOS:
GUÍA TEMÁTICA Y CRONOLÓGICA 1.
En "Biblioteca de Chicas".
(Ediciones Gilsa, hasta el núm. 50 y Ediciones Cid, desde el 51).
Ciclo "El Brezal de las Nubes" "Almas en la sombra" (1953) -"El Brezal de las Nubes" (1953, tomos I y II) "El caballero de los brezos" {1955; tomos I ("Cumbres de añoranza"), II ("El destino de Lon-ging ́s Heights") y III ("El regreso de Billy Tormentas"), estos tres últimos como subtítulos interiores del genérico "El caballero de los brezos", en portadas}.
Ciclo "El Teniente Médico Jefferson" "El teniente médico Jefferson" (1955) -"Los amores del teniente Jefferson" (1955) -" El regreso del teniente Jefferson" (1955).
En Bruguera (Varias colecciones, como "Alondra", "Amapola", "Camelia" "Legiones Blancas", "Madreperla", "Mujeres Marcadas", "Novela-Horóscopo", "Pimpinela", "Rosaura" ).
Novelas en otras editoriales "Días de niebla" (Escélicer.
Madrid, 1954) -"El beso entre los bambúes" (?) -"El camino de los abetos azules" (Autoedición.
"Colección Carrusel", serie Mi Libro Azul, 1964; 2a parte de "El oscuro remanso"; si se hubiera publicado "Lilo Hurt", sería su reedición) -"El lago sombrío" (Autoedición.
"Colección Color", serie Mi Libro Azul, 1958; publicada en 1963 como "El oscuro remanso") -"El oscuro remanso".
"Colección Carrusel", serie Mi Libro Azul, 1963; publicada en 1958 como "El lago sombrío") -"Ivar, el salmista" (Escélicer, 1951) -"La Bestia dormida" (Ed.
Cid, 1959) -" Lilo Hurt" (Anunciada en " El lago sombrío" como continuación de la misma, "en preparación"). |
RESUMEN La autora discute los antecedentes y consecuencias que tienen la construcción de nuestras categorías de conocimiento en la vida cotidiana y en la práctica científica.
Mantiene que la elección de lo que es importante en el campo del conocimiento no es el resultado sólo de criterios metodológicos y científicos.
Para mostrarlo, examina la tensión existente entre la metodología cuantitativa y la cualitativa como metodologías convencionales para obtener conocimiento.
Metodologías cuantitativa y cualitativa. |
RESUMEN Ei artículo intenta reflexionar sobre cierta renuencia y aparente desinterés de las mujeres (que a veces se pretende interpretar como incapacidad) para intervenir y competir en las ramas más duras de la ciencia, así como en elevadas posiciones en el campo de la política.
Las interpretaciones habituales olvidan la vigencia de un modelo esencialmente androcéntrico, anclado en la subjetividad y el género, en la concepción del sujeto de la ciencia y de la ciudadanía.
No pueden discutirse meramente las condiciones de acceso de las mujeres a las instituciones, sin discutir primero la legitimidad de un modelo que se pretende neutro, genuino reflejo de la naturaleza, en el caso de la ciencia o de la «condición humana», en política.
Esta discusión adquiere especial relieve en el contexto latinoamericano, cuando no se hace lugar al debate geopolítico sobre centro y periferia.
En este artículo quisiéramos presentar una hipótesis que venimos elaborando y hemos contrastado en circunstancias diversas, en torno a las causas que explicarían la escasa presencia de mujeres en las ciencias «duras», particularmente en posiciones destacadas; y a la presumible falta de interés de muchas de ellas por intervenir en esas áreas.
A partir de ahí, nos interesa vincularla con una paralela renuencia y marginación de cargos de responsabilidad y representación en el campo de la política, a pesar de su notable y creciente participación a través de los partidos y los movimientos sociales.
Nos interesa mostrar que ambos fenómenos admiten explicaciones diferentes de las más habituales; que de alguna manera olvidan la vigencia de un modelo anclado en la subjetividad y el género, esencialmente androcéntrico en la concepción del sujeto de la ciencia y del sujeto de la ciudadanía.
Entendemos que de alguna manera se lo olvida, o no se le da bastante peso, al plantear simplemente la igualdad de derechos en un campo construido según un modelo incompleto, sin discutir la legitimidad del mismo.
Por otra parte, vincular ambas situaciones -la de las mujeres en la ciencia y en la política-nos parece que puede enriquecer su interpretación; otorgando nuevas perspectivas e instrumentos para superar una larguísima naturalización de fenómenos sociales, esencialmente construidos por un grupo dominante.
La explicación más habitual para explicar la situación de las mujeres, tanto en el dominio de la ciencia como en el de lo político, es que esa marginación es resultado de una actitud discriminatoria en un medio liderado por varones; a lo que se sumaría el peso de una cultura con predominio masculino, que marca a la niña desde pequeña para actuar como «mujer», alejándola de las «cosas de hombres».
En la repartición de cualidades (razón o emoción, fuerza o sensibilidad, objetividad o subjetividad etc.), la valoración cognitiva es hacia aquellas tradicionalmente atribuidas ai varón.
Así los problemas son dos: las mujeres reciben un repertorio fijo de cualidades deseables (que hacen al estereotipo de género), y la cultura resta cualquier valor cognitivo a esas > o -I 1540 cualidades (transformándose así en una cultura androcéntrica y patriarcal).
Nuestra presunción es que esos hechos constituyen un ingrediente importante; pero que ni esos factores ni la pelea desigual a lo largo de la historia, agotan la explicación del fenómeno.
Dado que las valoraciones culturales afectan tanto a varones como a mujeres, es común que las mujeres dediquen su esfuerzo a demostrar que sí poseen aquellas cualidades tradicionalmente atribuidas al varón.
Que pueden desempeñarse en tareas antes vedadas, con tanta o más eficacia y talento que ellos.
Se trabaja entonces sobre las barreras en el acceso a los lugares sociales, sin poner en duda el valor que el diseño de tales lugares tiene para la sociedad en general.
Sin poner en duda los modos de hacer ciencia o de hacer política, y los valores por los que se rigen: el individualismo, la competencia o la búsqueda de hegemonía.
Lo que advertimos como destacable es que nunca o raramente, en el análisis de esos hechos, aparezca la posibilidad de que mantenerse en los márgenes de estas actividades tan valoradas socialmente sea una elección profunda que hacen muchas mujeres; que tampoco se considere la posibilidad de que conciente o inconcientemente, estén rechazando en forma cuasi «visceral»^, los objetivos y procedimientos de la ciencia y la política institucionalizadas.
No teniendo el poder para cambiar esas estructuras, preservan otros valores no compitiendo por los primeros lugares, para lo cual tendrían que desarrollar al máximo las cualidades requeridas.
Es interesante notar (y debiéramos medir el peso de este dato) que cuando se les pregunta a las mujeres que se desempeñan en ramas de las ciencias duras o en cargos políticos destacados, por las razones de la falta de progreso de las mujeres en general, la mayoría de las veces dicen no haberse sentido nunca discriminadas en razón de su sexo.
Consideran las presuntas barreras y renunciamientos que ineluctablemente aparecen en sus biografías, como decisiones personales adoptadas para evitar conflictos (generalmente entre el ámbito de trabajo y el de la familia, o con respecto a la interacción en el grupo de trabajo); no como obstáculos externos.
Funciona un «techo de cristal» tan eficaz, que no se ponen en duda los mecanismos para ascender sino sólo sus condiciones personales y los deseos para hacerio.
Incluso en general ellas mismas olvidan que cuando una mujer realiza determinado tipo de trabajos, no sólo opera lo que las feministas han llamado la «doble jornada» femenina, consistente en una no discutida distribución de las tareas domésticas que agrega un mayor peso de responsabilidades a las mujeres.
El problema no es sólo de acumulación, sino que las habilidades en las que las mujeres hemos sido socializadas como deseables para nosotras (cooperación, cuidado, responsabilidad, afectividad) son contrarias a las que se nos exigen en la profesión y que tan cómodas quedan a la socialización masculina (competencia, agresividad, neutralidad, desapego).
Es decir, para los varones hay una simple transferencia del modo en que han aprendido a vincularse con el mundo, a un aspecto particular de ese vínculo (la ciencia, la política, y también las relaciones personales).
Para las mujeres hay una violencia sobre los hábitos en los que han sido entrenadas y una desvalorización de todas aquellas capacidades para las que se las ha preparado.
Capacidades que convienen al rol social que se les reservó históricamente en el ámbito privado, como esposas y madres; pero que si en cambio se aplican a la ciencia o a la política las muestra como ineptas para tales funciones.
Al menos si no se cambian los criterios tradicionales de lo que significa hacer ciencia o hacer política.
Y aquí viene el desafío a la imaginación: ¿qué pasaría con la ciencia y la política si se renegociaran sus normas, si se establecieran nuevos pactos como resultado del ingreso de una masa crítica de mujeres? entre las normas y valores que rigen tanto la ciencia como la política -que se procura que aparezcan como esencialmente despersonalizadas-y los que rigen las relaciones personales -donde más claramente juegan los intereses y los afectos-.
Desde el paradigma científico, cualquier defección de las mujeres a los sistemas de mérito establecidos, no se considerará una limitación y una estrechez de las normas de la ciencia, sino una prueba de la incapacidad de las mujeres para adecuarse a un proyecto humano exitoso, que es la puerta de acceso a las formas más valoradas de conocimiento.
Aquí también se sostiene el paralelo con la política.
La definición de la filosofía política moderna, que presenta la ciudadanía como una condición de sujetos presuntamente egoístas y racionales, no es refutada por su inadecuación a la subjetividad de las mujeres.
Se prefiere poner en duda la capacidad de éstas en el ejercicio pleno de derechos y en la evaluación política y moral.
No se cuestiona el sistema de méritos aunque expulse a la mitad del género humano, sino que dogmáticamente (y merced a la hegemonía de poder) esa mitad será considerada incapaz para el ejercicio pleno de su ciudadanía.
En la descripción que habitualmente se hace de la situación de las mujeres en la ciencia, no se discuten -se aceptan como única alternativa-los modos de producción de la ciencia vigente; sus objetivos, su estilo de funcionamiento, su forma de regulación jerárquica.
Por eso el problema es mucho más complejo que el agregar mujeres a la ciencia.
Se trata de discutir invirtiendo el punto de vista tradicional de valorizar la ciencia y desvalorizar a las mujeres.
Supongamos que las mujeres tienen razones para no elegir ciertos proyectos como las ciencias duras y preguntemos por qué ocurriría eso.
Imaginemos que las capacidades que las mujeres traen sí tienen valor cognitivo.
Averigüemos cuál es ese valor, a qué resultados lleva, qué tipo de vínculo establece con la sociedad, el ambiente, la comunidad científica.
El resultado puede ser sorprendente, y no hay que usar sólo la imaginación porque ya hay muchos ejemplos.
Nuestra hipótesis alternativa es que la ciencia occidental (y lo mismo vale para el concepto de Estado y de ciudadanía que produce la modernidad), aunque dueña de grandes logros, se desarrolló en el seno de un proyecto socio político y cultural de carácter patriarcal y no igualitario.
Dentro del cual, sin desconocer que el desarrollo de la ciencia estuvo muchas veces asociado a la lucha a favor de la liberación humana, contra la irracionalidad y el oscurantismo, también es importante detectar en esa ciencia la impronta de algu-nas de las características más negativas del modelo en el cual se generó.
La dificultad intrínseca de esa sociedad para aceptar al diferente -entre ellos a las mujeres-y la necesidad de verdades y caminos absolutos, hizo que desconocieran y descalificaran abordajes e intereses diferentes o cualquier otra forma de acercarse al conocimiento.
Subsiste entonces un perfil excluyente e injusto: aquel que hace que esta ciencia lleve inscriptos muchos de los rasgos que caracterizan a la voluntad de predominio y exclusión.
No hablamos de personas particulares ni de muchas de las enormes hazañas cognitivas realizadas.
Nos referimos al contexto socio-político-cultural en que este proyecto se llevó a cabo y que imprimió un determinado sesgo al producto y a la forma de producirlo.
Que hace, en nuestra percepción, que esa ciencia lleve impresa, junto a muchos de los aspectos positivos que caracterizan a esa enorme empresa humana, también todos los sellos de «calidad» que identifican a su contexto de producción: el de la voluntad de dominio, de explotación indiscriminada de la naturaleza; muchas veces la falta de barreras éticas y la aceptación implícita de la estratificación y la marginación.
Para avanzar con el paralelo propuesto basta pensar que la ciencia moderna surge como proyecto europeo aproximadamente en la misma época en que se diseña el Estado moderno.
Caracterizado por una ciudadanía que se llamaba a sí misma «universal» pero no incluía a las mujeres (con una ceguera que sólo puede explicar la ideología patriarcal profunda, y se pudo mantener hasta mediados del siglo XX).
Poniendo la propiedad privada como requisito indiscutido porque quienes la configuraron eran ellos mismos propietarios (un implícito que todavía perdura).
Y que a pesar de sus ideales universales de libertad e igualdad tardó en abolir la esclavitud.
Reconociendo que fue aún con esas contradicciones, el camino para salir de la estratificación feudal.
Lo que queremos destacar es que ambos proyectos, el político y el de la ciencia, llevan implícito un modelo de sujeto.
Un sujeto que se ha invisibilizado, dejando el producto de su quehacer como neutro, como genuino reflejo de la naturaleza.
Con la matematización de la naturale -el gran ideal de Galileo que da nacimiento a la ciencia moderna-las explicaciones humanas pusieron en un cono de sombra su aspecto constructivo y se congelaron en fórmulas que pretenden expresar el corazón mismo del universo, sin mediación.
El sujeto y el objeto (el mundo que la ciencia debía explicar) separaron definitivamente sus naturalezas y sus Aparece así para el ideal de la ciencia un modelo de subjetividad desapegada, «objetiva» en el sentido de no prestar crédito a su singularidad; un sujeto cuyo ideal (a fin de realizar un control intersubjetivo adecuado) es ser reemplazable por cualquier otro, permitiendo la reiteración de las observaciones con los mismos resultados, lo cual permite establecer la confiabilidad de las leyes.
Por cierto, para este objetivo de reemplazabilidad, cuanto más homogéneo sea el grupo de investigación, más estables serán las leyes.
Pero también más pobre y menos confiable será el conocimiento.
El sistema de control intersubjetivo sólo funcionará como garantía de objetividad, si se respeta la participación de diversos puntos de vista en la empresa científica.
Norma ideal que no cumplen las comunidades reales.
A partir de esta línea de razonamiento desarrollamos la hipótesis de que dados los objetivos de la ciencia actual, cuando su producción es de carácter prácticamente «industrial», lo que refuerza a su vez un particular «estilo de relaciones humanas» (competitivas, de escasa solidaridad, jerárquicas y autoritarias), la falta de presencia de la mujer -cuantitativa y cualitativa-, podría ser resultado de una elección positiva por parte de ella, y no sólo impuesta desde el afuera.
Una elección no explícita en la mayoría de los casos -aunque empieza a tener alguna voz-que intenta preservar cierta identidad (sin entrar a discutir su origen, cultural o vital); evitando asimilar comportamientos contrarios a su voluntad.
Puede sorprender esta posición, que de alguna forma podría servir de disculpa frente a una situación injusta.
No es nuestra intención.
Trabajar esta hipótesis apunta a mostrar, partiendo de una perspectiva política del problema, la posibilidad de aspirar a otras formas de búsqueda del conocimiento, con otros objetivos y otro estilo de producción.
Que pudiera derivar incluso en otros «productos».
Se trataría de legitimar otro estilo, no obligarse para hacer ciencia a la mimetización en un medio que puede ser ajeno a las más íntimas convicciones y deseos; y que de hecho resulta, en último término, rechazable.
Que puede ser exitoso, es cierto, pero nada muestra que sea el único camino exitoso posible.
Y es más, numerosos resultados en el breve lapso del acceso más masivo de las mujeres a la ciencia (digamos, a partir de 1960 aproximadamente) prueban más bien lo contrario.
Paralelamente, la intervención masiva de mujeres en los llamados «nuevos movimientos sociales», su participación en organizaciones no gubernamentales, su elección de métodos alternativos de resolución de conflictos, sugieren precisamente la elección de mecanismos de acción política que escapan al tradicional esquema de los partidos (cuya representatividad y prestigio están en franca crisis).
No es aventurado vincular la crisis de legitimidad que afecta a la política con la que afecta a la ciencia, pues ambas empresas han sido desarrolladas en nombre de la humanidad pero han servido al interés de sectores concentrados de poder, y particularmente a espaldas de las mujeres.
La desconfianza de las mujeres, por lo tanto, bien puede iluminar un problema grave de la ciencia y la política, y no un problema de la condición femenina en particular.
Analizar esta posibilidad, asumirla como parte de la lucha feminista, podría tener profundas consecuencias a nivel de los derechos de las mujeres y también enorme influencia social, dada la importancia y el condicionamiento que genera el desarrollo científico y político.
Se trataría de defender el valor de estilos diferentes, incluso de otras formas de acceso al conocimiento y la acción, de definir nuevos centros de interés.
Y a la vez, a través de esa presencia singular y diferente, producir conocimiento, objetos y situaciones alternativas.
Se trataría, en suma, de asumir una «autoridad perceptiva» frente a los métodos y objetos de la ciencia y la política.
Que permita recoger otra formas culturales, las de las mujeres; más dispuestas a la cooperación, menos competitivas, más aliadas de la vida y la continuidad.
Y que esto no sea considerado externo a la construcción de la ciencia y la política, ni un obstáculo para el conocimiento y la acción, sino la valorización epistémica de otras capacidades humanas antes no incorporadas a la construcción colectiva de un conocimiento confiable y de relaciones sociales más cooperativas y democráticas.
Sin que signifique un intento de idealización esencialista, lo que es seguro es que las mujeres somos diferentes.
Esta posición implica defender la identidad de las mujeres y a la vez promover a través de ese aporte diferencial, nuevos cursos para el devenir del conocimiento y la acción.
Evitar más de lo mismo, legitimando otras posiciones, nacidas muchas veces de un rechazo fundado de objetivos y situaciones arbitrarias; que hay que animarse a ver, caracterizar y denunciar.
Lo que estamos planteando significa incorporar un giro copernicano; implica mirar críticamente los núcleos conceptuales de la ciencia y la teoría del Estado; aquellos que en último término definen la forma de producción y sus productos.
De alguna forma intentamos hacer epistemología desde una perspectiva político-social, vinculándola con los modos básicos del ejercicio de la ciudadanía.
Política científica y Política
Nuestro planteo intenta mostrar que el ejercicio de la ciencia y la ciudadanía presentan paralelos significativos, y que ambos reclaman cambios para su efectiva democratización.
El abordaje de la cuestión puede hacerse desde el feminismo y la epistemología como disciplina; pero también desde la militância social y una reflexión sobre políticas para la ciencia y el conocimiento, particularmente fértil cuando se mira desde los países periféricos.
Los dos abordajes confluyen al plantear desde distintas ópticas la legitimidad y el valor social de estimular lo diferente.
Constituyen propuestas de solución a situaciones distintas que sin embargo tienen en común la negación de lo diferente, perdiendo con ello la riqueza potencial que la diferencia implica.
Como muestra el papel de la biodiversidad natural respecto a la continuidad de la vida.
Nuestra mirada desde América Latina está inspirada en una lucha de larga data desde algunas corrientes del Pensamiento Latino Americano sobre Ciencia y Tecnología, que sin abordar el tema de la mujer defendió el sentido y la responsabilidad de una creación diferente por parte de los países de la región.
No sólo como un derecho sino como una fuente de creatividad y diferenciación frente al predominio de la ciencia central, instrumento de dominación y consolidación del esquema de poder vigente.
El eurocentrismo de la ciencia es paralelo a su androcentrismo.
Se trata de correr la ciencia de ese centro que pervierte sus objetivos, porque bajo un discurso universal que la legitima, se imponen formas dominantes de abuso de poder.
El problema del sujeto y los parámetros de la ciencia se revelan así como un problema profundamente político, de búsqueda de hegemonía y de intentos de quebrar esa hegemonía.
La pelea desde un feminismo asociado a un profundo compromiso político, debería darse mostrando que la búsqueda y el interés por el conocimiento puede ser una cosa distinta; con objetivos claramente políticos y modos ejecución diferentes.
Sumándose a la lucha política por una ciencia nueva, para y desde todas y todos; en particular para y desde los países periféricos (cuya sola denominación supone un centro).
Estamos hablando de enriquecer, y no de poner en crisis la empresa científica o la práctica política.
Pero para ello hay que repensarla desde sus bases, desde aquellas discusiones metafísicas y políticas que le dieron origen, y que excluyeron a tantos seres humanos en su coformación, y luego cristalizaron como verdades rígidas e inamovibles ocultando lo que fueron y son voluntades humanas.
La moraleja sería que la ciencia y la política son utopías de toda la sociedad, y que no hay un solo camino para realizarla.
El ejercicio de agregar nuevos recursos cognitivos a la ciencia, permitir que las mujeres participen libremente legitimando otras formas de encarar esta empresa, significaría agregar un enorme repertorio de creatividad en el contexto de descubrimiento científico.
Abrir otros caminos a la legitimación ampliaría el contexto de justificación.
Revisar las responsabilidades epistémicas de los científicos y científicas mejoraría la legitimación social del contexto de aplicación.
Y finalmente, aprovechar la marcada y poco valorada vocación de las mujeres por la transmisión de conocimiento, prestigiar y priorizar esa tarea, aúntaría a una imprescindible democratización del contexto de difusión de la ciencia, para una sociedad signada por lo científicotecnológico.
En este punto el ejercicio de la ciencia y la actividad política confluyen.
Frente a una sociedad que avanza hacia horizontes desconocidos, cargados de promesas pero también de riesgos, se impone la necesidad de asegurar una verdadera ciudadanía para todas y todos; una participación plena y responsable, que depende en buena medida del asumir por parte de la ciencia la responsabilidad política de la democratización de su conocimiento.
Es inconcebible que la transmisión del conocimiento y el cuidado de la vida se realice prescindieno de las mujeres.
La ciencia ofrece un ideal de conocimiento universal que desafía a la democracia.
No puede basarse en la supresión de puntos de vista y recursos cognitivos humanos de aquellos grupos que no participaron originalmente en su consti-tución.
Tampoco se puede eliminar de la vida política y el ejercicio de ciudadanía a los sujetos que originalmente se dejaron fuera del pacto social.
No es justo por cuestiones éticas y también políticas.
Y resultaría amenazante para la continuidad misma del progreso del conocimiento y la sociedad.
Palabras clave del contenido del artículo en español y en inglés.
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En los últimos años, la gestión del desarrollo científico-tecnológico ha experimentado una profunda transformación.
Los mecanismos de toma de decisiones han de adaptarse en respuesta directa a las crecientes demandas sociales de participación ciudadana, mayor control sobre los efectos de la industrialización, y precaución en la aplicación de nuevas tecnologías.
Los sistemas de gestión caracterizados por regulaciones diseñadas y ejecutadas desde las administraciones y apoyadas en conocimiento experto han entrado en una crisis de legitimidad, que se manifiesta en la disminución de la confianza pública.
En efecto, desde muchos sectores sociales, particularmente desde la sociedad civil, aumenta el cuestionamiento de la independencia de los actores implicados en las decisiones, de la calidad del conocimiento especializado y de la pertinencia de las recomendaciones oficiales.
Al mismo tiempo, una parte importante de la acción política de los ciudadanos se desplaza desde los mecanismos y foros de participación democrática ((tradicionales» (voto, militância en partidos, parlamentos, etc.) hacia otras expresiones y lugares de participación: grupos de la sociedad civil, acción cívica relacionada con determinados temas bien definidos (por ejemplo, el medio ambiente), decisiones de consumo como actos políticos, etc. Todas esas transformaciones impulsan la re formulación de los sistemas de regulación de la ciencia y la tecnología, que dejan de funcionar según las pautas del ((gobierno» y de las ((políticas públicas» y empiezan a asumir estructuras y procedimientos caracterizados por el concepto de ((gobernanza».
El tipo de toma de decisiones característico de la gobernanza se puede describir como pluricéntrico, estructurado en redes complejas mediante las cuales se organizan las relaciones entre diversos actores relativamente autónomos pero, al mismo tiempo, profundamente interdependientes.
Las relaciones entre ¡os distintos actores están sujetas a incertidumbres, en parte porque sus procesos de interrela-ción se caracterizan por la negociación, la cooperación, la concertación y la formación de alianzas (en vez de basarse en la coerción y el control).
En otras palabras, lo importante para la toma de decisiones son los procesos de gobernanza, más que las estructuras formales o jerarquías de gobierno.
Este monográfico presenta los resultados de un proyecto de investigación dedicado al análisis del emergente concepto de ((gobernanza» de la ciencia y la tecnología.
El estudio de los procesos de gobernanza revela que existen importantes similitudes en los cambios que están experimentando en los últimos tiempos los mecanismos de toma de decisiones y de gestión en diferentes ámbitos.
Del mismo modo, es posible identificar patrones comunes en el manejo del concepto de ((gobernanza» en distintas disciplinas.
En el centro de interés aparecen ahora como problemas fundamentales las cuestiones de la responsabilidad, la legitimidad y la capacidad de respuesta, así como el surgimiento de nuevos contrapoderes.
Los temas seleccionados para este volumen abarcan diferentes aspectos de la implantación de los procesos de gobernanza en la toma de decisiones sobre ciencia y tecnología, con especial énfasis en los mecanismos de interacción entre actores sociales tanto a nivel internacional como nacional y regional.
La investigación aborda, entre otras cuestiones, la conceptualización general de la gobernanza y su aplicación en ámbitos temáticos tales como las nanotecnologías, la sostenibilidad medioambiental, la gestión del conocimiento, el papel de la sociedad civil en el diseño de políticas públicas y la resolución de conflictos relacionados con la tecnología, la reconfiguración del sistema de seguridad alimentaria, y las nuevas formas de participación ciudadana en internet.
Todos estos casos combinan la relevancia política con la conexión científico-tecnológica, e inciden sobre la eficiencia de diversos ((sistemas de innovación» (nacionales, regionales, supranacionales).
En su práctica totalidad hay importantes conexiones con la gestión del riesgo en diferentes facetas: política, económica, sanitaria.
Además, todos ellos conectan con importantes preocupaciones sociales y requieren una notable oferta de conocimiento experto para su adecuada gestión.
Los textos aquí reunidos cubren un espectro amplio de análisis del concepto de gobernanza.
Dadas las profundas implicaciones del cambio hacia la gobernanza para los conceptos de lo ((público» y lo ((privado», Emilio Muñoz presenta, en el primer artículo, un análisis del significado del concepto para lo público y su importancia para la gestión de la ciencia y la tecnología.
La gobernanza se muestra como un fenómeno complejo que permite enfocar la necesidad de adoptar nuevas estrategias para la administración de las relaciones entre lo público y lo privado, entre el gobierno y la sociedad.
En este trabajo se propone una nueva definición de la gobernanza que engloba la complejidad de concepto.
A continuación, Javier Echeverría ofrece un ejemplo de cómo la introducción de la gobernanza transforma la gestión de la tecnología, utilizando como caso de estudio las nuevas nanotecnologías.
La gestión de los retos medioambientales puede que sea el campo con más importancia futura para la gobernanza.
Armando Menéndez, en su aportación a este monográfico, analiza en profundidad el concepto de sostenibilidad y los posibles significados del ((desarrollo sostenible», para extraer conclusiones acerca de la gobernanza de los problemas ambientales.
Ana Romero, por su parte, presenta un estudio sobre la gobernanza de la innovación, incidiendo en la relación entre políticas públicas de fomento de la l+D y generación de patentes.
Los tres artículos siguientes se ocupan específicamente de la cuestión de la participación de los actores de la sociedad civil en los procesos de gobernanza de la ciencia y la tecnología.
En primer lugar, José Antonio López Cerezo reflexiona sobre las nuevas oportunidades para la participación ciudadana en ciencia y tecnología y acerca de las relaciones entre participación y generación de cultura científica, centrando su análisis en la ((participación formativa(( como ejemplo de las ventajas de la democratización de la ciencia tanto para la sociedad como para la propia ciencia.
Le sigue el caso de la planificación de políticas autonómicas de l+D, elaborado por Betty Estévez.
El artículo aborda la cuestión de cómo se gestiona la pluralidad de actores en la planificación científica y tecnológica a nivel autonómico, así como de qué modo se trata de reflejar las demandas sociales en la elaboración de los planes de l+D, basándose en el estudio empírico realizado en la Comunidad Autónoma de l\/ladrid.
Marta González y Betty Estévez analizan el papel de los actores en la gobernanza de la energía eólica en España, específicamente en la provincia de Cádiz, haciendo especial hincapié en la ambigüedad con la que se enfrentan los actores sociales a esta tecnología: mientras que la mayor parte de la población generalmente se muestra a su favor, la oposición a proyectos concretos de parques eólicos es muy significativa.
El reciente rediseño del sistema de seguridad alimentaria tal vez sea el mejor ejemplo en la actualidad de la implantación de procesos de gobernanza en la Unión Europea.
Gloria Ponce y Emilio Muñoz presentan los resultados de un reciente estudio de percepción social que muestra el problema de aceptación que la regulación del sistema alimentario tiene entre diferentes actores sociales.
El siguiente artículo de Oliver Todt y Marta Plaza analiza los cambios que ha experimentado en los últimos años la gestión del sistema alimentario europeo y español, poniendo especial énfasis en la estructura y el funcionamiento de las nuevas agencias de seguridad alimentaria, tanto europea como española.
Por último, Nuria Valverde aborda las potencialidades de la red para renovar las estrategias de resolución de problemas y la gestión de riesgos relacionados con la ciencia y la tecnología tomando como casos de estudio la depresión y los campos electromagnéticos.
Los editores quieren aprovechar esta oportunidad, en nombre de todos los autores que contribuyen al volumen, para agradecer a la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) el apoyo financiero al proyecto ((Sociedad civil y gobernanza de la ciencia y la tecnología en España» que hizo posible llevar a cabo la investigación cuyos resultados se presentan aquí |
KEY WORDS Public system, strategic management, techniques, actors, expert community RESUMEN El concepto de gobernanza ha irrumpido con fuerza en la arena política, tanto en el ámbito académico como en el de la gestión diaria.
El concepto tiene sus raíces en la ciencia política y de la administración norteamericana, y ha sido importado por Europa al reconocer la necesidad de adoptar nuevas estrategias para la administración de las relaciones entre lo público y lo privado, entre el gobierno y la sociedad.
El concepto es complejo tanto en sus fundamentos como en sus instrumentos, y probablemente persigue el servir de puente entre el sistema de protección social y el de pleno liberalismo.
La irrupción en el ámbito de la ciencia y la tecnología ha sido promovida por la dinámica política de la Unión Europea.
La influencia de la política comunitaria ha facilitado la incorporación del término de modo seguidista, con escasos aportes analíticos y explicativos.
En esta aproximación, el concepto parece estar estrechamente relacionado con la visión sistémica y la complejidad de una gestión de la ciencia y la tecnología que debe afrontar diferentes niveles.
Es preciso, sin embargo, profundizar en las relaciones entre el concepto de gobernanza y otros conceptos cada vez más esenciales para la gestión democrática de la ciencia y la tecnología, que reclama una sociedad que se mueve de acuerdo con principios relacionados con la «modernización reflexiva»: riesgo, precaución, incertidumbre, sostenibilidad, innovación asociada a la intervención de usuarios y consumidores.
PALABRAS CLAVE Sistema público, gestión estratégica, técnicas, actores, comunidad experta.
La importante y rápida irrupción -reaparición quizá sería más correcto decir, aunque para confirmar este extremo se requeriría una investigación histórica-del término ((gobernanza» en la arena política europea exige una reflexión acerca de su significado y de las razones que están detrás de este proceso.
Simples consideraciones semánticas ponen de manifiesto la conexión del término ((gobernanza» con el de «gobierno» con el que los países con idiomas de origen latino estamos más familiarizados.
De hecho, la palabra ((gobernanza» ha estado históricamente incorporada en el Diccionario de la Academia de la Lengua Española como una segunda acepción de «gobierno», aunque su uso ha sido muy reducido, como lo prueba el hecho de que no haya sido recogida en el Diccionario del Español Actual (Seco y cois., 1999); no ha formado parte del lenguaje coloquial de los políticos con lo que consecuentemente tampoco ha encontrado un reflejo en los medios de comunicación.
Por otra parte, no he encontrado un término parecido en la lengua francesa, aunque esta búsqueda ha estado limitada a diccionarios convencionales, es decir, aquellos que reflejan el uso del lenguaje cotidiano.
El origen del concepto está probablemente en el ámbito anglosajón.
Una consulta a diccionarios convencionales británicos (WebstersTliird International Dictionary, 1986) nos define «governance» como «the act or process of governing» («acto o proceso de gobernar») en su primera acepción, es decir una definición autocontenida, que se extiende por otras tres acepciones que van en el mismo sentido pero trasladando el concepto a nivel de persona o autoridad, a la situación (estar gobernado), a la manera o método de gobernar (expresión personal).
Es en la quinta acepción, que se refiere a «system of governing» («sistema de gobernar»), donde se encuentran probablemente las raíces de la relevancia y actualidad del concepto, tal como se ha promovido desde la actividad científica y académica de la corriente norteamericana de la ciencia política y de la administración, como trataremos de desarrollar más adelanten Sin embargo, la edición del año 2001 del Diccionario de la Lengua de la Real Academia (Real Academia Española, 2001) lo recoge como primera acepción con una definición que se aproxima a la visión dinámica del término governance en la línea anglosajona -sistema de gobernar; aparece registrada en dicho Diccionario como «arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el estado, la sociedad civil y el mercado de la economía».
Desde el punto de vista contextual, la definición de la Academia Española parece tener una estrecha relación con cuestiones y logros políticos propios de la época anterior a la actual -de pleno liberalismo-en que prevaleció el concepto de «estado del bienestar», bajo el impulso de los programas de gobierno de corte socialdemócrata, como herencia de la concepción programática del «Estado providencia», el sistema complejo de la «protección social»^ de que se dotaron las sociedades avanzadas a lo largo del siglo XIX, como fruto de una nueva racionalidad jurídica y política.
Parece que la emergencia en el área europea del concepto de «goòernonzo;^ tiene que ver con la necesidad de conciliar los cambios en la situación sociopolitica y económica, que se caracteriza por el predominio de la globalización, y la creciente influencia de las doctrinas y políticas ultraliberales, etiquetadas como «neoconserva-durismo», con la fuerte reacción pública, aunque tenga todavía un carácter parcial, que reclama una mayor intervención y participación social.
En lo que sigue, trataremos de trazar el concepto de gobernanza, sus raíces científicas, geográficas e históricas, además de plantear las posibilidades técnicas que ofrece su aplicación.
La senda del concepto «gobernanza»
El concepto encuentra su origen en la tradición de la escuela norteamericana sobre estudios de administración pública.
A partir del análisis de algunas obras básicas (Moore, 1995) se observa la utilización habitual del término «democratic governance» («gobernanza democrática») en los trabajos sobre «gestión estratégica del gobierno», lo que implica en esencia una revisión profunda del papel de lo público en conexión con la consecución de valor y la consiguiente reformulación de la forma de gestionar lo público con el planteamiento de las tareas de los gestores públicos para acomodarse a esa nueva visión.
Partiendo de la constante referencia que lo privado representa en la sociedad norteamericana, los politólogos norteamericanos de esta escuela (por ejemplo, la J.F. Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard) han buscado la analogía de la gestión privada con la gestión de lo público con la idea básica de que la administración pública genera valor, e incide, por lo tanto, sobre clientes y consumidores, por lo que debe gestionarse con pautas similares o relacionadas a las que operan en el mundo privado.
En contra de la tendencia europea a contraponer sociedad civil y poder público, esta escuela norteamericana propone para la «gestión estratégica de gobierno» la colaboración entre ambos sectores.
El recorrido sobre la literatura procedente de esta forma de pensamiento ha permitido elaborar el Cuadro adjunto (cuadro n° 1) que cumple, en nuestra opinión, al menos dos objetivos: a) sentar las bases para desarrollar y valorar el análisis de procesos y casos de gobernanza en general, y de modo particular en el ámbito de la ciencia y la tecnología; b) desgranar los argumentos que caracterizan a la gobernanza en el gobierno democrático de lo público.
La «gobernanza» como forma de gestión de lo público.
Factores que contribuyen a definir y producir valor público (los bienes colectivos) Fuente: Elaboración propia a partir de M. H. Moore (1995) 3.
Bases del concepto de gestión de lo público en relación con la producción de bienes La escuela norteamericana de estudios sobre administración pública ha puesto el énfasis en la mejora del rendimiento de lo público («management performance»).
Este rendimiento de la gestión es considerado como la variable dependiente, mientras que a las estructuras institucionales se les atribuye el carácter de variable independiente.
De acuerdo con estas claves, las opciones ante la ejecución de las obligaciones a que se enfrenta lo público contraponen la «reforma institucional» a la «gestión mejorada». -.,
Las aproximaciones analíticas se abordan desde una perspectiva multidisciplinar en la que coexisten diversas disciplinas y líneas.
Desde el prisma de la ciencia política se exploran las características de los ambientes en que operan los gestores: contexto político, instituciones legislativas, prensa y motivaciones.
La literatura económica favorece en el plano teórico el examen de las relaciones entre gobierno y sociedad y la profundización en los métodos para evaluar; entre los que cabe mencionar los incentivos para gestores y las negociaciones.
En el marco de la teoría de la organización se contempla el análisis del comportamiento de lo público y lo privado, mientras que el área de la administración pública analiza la teoría de la gestión pública en democracia (filosofía de la gestión pública) con el objetivo de asegurar el control democrático respecto a la consistencia, eficacia y eficiencia de la administración pública.
Dos corrientes predominan en la forma de entender la administración pública.
Una descansa en las organizaciones, la cual al plantearse cambios en el rendimiento organizativo («performance») se enfrenta a la difícil correlación con actividades de gestión en las que intervienen muchos factores y con gestores que son funcionarios, que, por lo tanto, no gozan de la legitimidad de la elección.
Ello hace prevalecer la rutina y dificulta la introducción de prácticas innovadoras.
cambios deben ponerse en práctica en lugar de ser garantes inerciales de las organizaciones.
Los gestores públicos pasan de ser técnicos a se estrategas.
La aproximación alternativa del gobierno y función de la administración pública descansa en buscar, explorar y explorar oportunidades de «crear valor público», es decir, de ejercer un gobierno movido (dirigido) por los usuarios (los consumidores).
Definición de valor público
Lo que antecede es más fácil de decir que de hacer.
La dificultad se acrecienta cuando vivimos en una sociedad que aplaude el consumo privado con mayor fuerza que la consecución de objetivos comunes, que idolatra la libertad individual y atribuye a la empresa privada un papel motor del desarrollo económico y social superior al del gobierno.
Por ello, la gestión de lo público y la provisión de recursos para ello se hacen con tacañería.
Consecuentemente, los gestores (actores) públicos deben ofrecer resultados que no sólo son valorados, sino que deben poner de relieve que los resultados obtenidos satisfacen el coste que puedan representar los costes para el consumo privado o para una inevitable restricción de libertad.
Este es el único modo de estar seguros de que se ha producido «valor público».
Una segunda se basa en las políticas, en un contexto en el que el poder y la legitimación de la posición política dependen del entorno político.
Ello determina la intervención de un mayor número de actores y reclama actuaciones variadas en función de coyunturas distintas.
La gestión de lo privado se enfrenta continuamente a esta situación en la que la organización tiene que afrontar coyunturas cambiantes, lo que determina la necesidad de estrategias (políticas).
De ahí que la gestión estratégica del «sector público» en la línea de la escuela que estamos analizando, busque la inspiración en lo privado y reclame posiciones en los gestores^ que guarden relación con las expectativas que la sociedad ve en los gestores privados: producen bienes con un valor que tiene que ser reconocido por la sociedad, los consumidores.
Bajo este prisma, los gestores de lo público deben de cambiar para ser importantes actores innovadores con la asunción de la responsabilidad de los cambios que tienen que llevar a cabo las organizaciones públicas, y de cómo esos Bajo estas coordenadas, el objetivo de lo que hay que llamar «gobierno estratégico» es la creación de valor público y de valor social, con repercusión en bienes colectivos, como son defensa, seguridad, limpieza, educación, medio ambiente, salud, protección de los desastres.
Si se me permite un inciso, dentro de esta reflexión general, sobre el tema de la ciencia y la tecnología cabe decir que el desarrollo científico y técnico tiene una creciente relación con los bienes colectivos (Muñoz, 2002) y con ello se interrelaciona y hace dependiente de otras políticas: económica, sanitaria, medioambiental, de segundad.
El «mercado» político: ciudadanía y consumo colectivo
El siguiente paso es identificar y determinar quienes son los clientes a los que ofrecer los bienes públicos.
A diferencia de lo que ocurre en el sector privado donde son los individuos quienes deciden que un producto merece la pena e invierten en su compra, pagando un precio que compensa al productor (la empresa) de los costes en los que incurre.
en el sector público, los individuos no escogen ni contribuyen voluntariamente como consumidores a la producción de los bienes públicos.
En este caso, los recursos llegan por la vía coercitiva de los impuestos, un hecho que crea problemas para valorar las actividades de gobierno.
La imposibilidad, de hecho la renuncia, de que los recursos públicos procedan de la «voluntad» (elección) individual, determina que sean las instituciones y los procesos de la democracia representativa los que hagan factible la conjunción de los individuos y la decisión colectiva sobre lo que quieren alcanzar juntos sin sacrificar sus aspiraciones individuales.
La conciliación entre las tensiones que existen entre el deseo de tener políticas democráticas y los riesgos de que estas políticas sean vulnerables a diferentes tipos de corrupción es un desafío permanente que exige la aplicación de diferentes criterios para estimar la adecuación de la gestión para el valor público.
Entre ellos cabe mencionar siguiendo una lógica histórica:
i) Conseguir los objetivos fijados de modo normativo de manera eficiente y efectiva. ¡i) La separación entre política y administración como esferas independientes que deben perfeccionar su actividad de acuerdo con pautas propias. iii) La desconfianza generada por y ante la política ha supuesto la emergencia de una nueva plataforma para la racionalización de la política democrática.
Esta plataforma se ha establecido sobre una nueva clase de conocimiento experto.
La nueva fórmula se apoya en un conjunto de técnicas analíticas procedentes de distintas áreas disciplinares: economía, estadística, investigación operativa.
Las nuevas técnicas abarcan el análisis político, la evaluación de programas, el análisis coste/eficacia y el análisis coste/beneficio. iv) Maximizando las analogías con el sector privado, los administradores públicos han abrazado los objetivos de servicio al consumidor y se han comprometido a determinar el valor de sus esfuerzos para satisfacer a sus «clientes». v) La justificación de un criterio gestor para el valor público descansa en seis puntos:
• El valor tiene sus raíces en la percepción y deseos de los individuos.
Hay diferentes tipos de deseos que satisfacer.
Las aspiraciones colectivas se canalizan por las organizaciones públicas y se despliegan por la autoridad pública que obliga a los ciudadanos o utiliza los recursos de los impuestos para objetivos que han sido aprobados por los ciudadanos y gobiernos representativos.
Por otro lado, las aspiraciones individuales se vehiculan a través del mercado. • La gestión del sector público puede crear valor, incluso por la producción de cosas que benefician a clientes específicos. • La producción y distribución debe responder a criterios de juego limpio y eficacia. • La producción de valor (bienes públicos) está íntimamente asociada a la política.
La política es la respuesta que una sociedad democrática liberal ha formulado a la pregunta (analíticamente cuasi insoluble) de qué cosas deben producirse para propósitos colectivos con recursos públicos. • El ámbito operacional del sector público experimentará cambios.
Las aspiraciones de los ciudadanos experimentarán modificaciones como ocurrirá con los métodos para afrontar viejas tareas.
Como los gestores del sector privado, los gestores en el sector público deben trabajar arduamente en la definición de iniciativas valiosas según parámetros públicos, así como en la producción de esos valores.
Deben además estar preparados para adaptar y recolocar sus organizaciones en sus entornos políticos y de trabajo además de asegurar su continuidad.
En resumen, los objetivos básicos de esta orientación gestora de lo público son: hacer visible el valor de lo público con una serie de técnicas específicas, movilizar y aprender de la política y reestructurar las organizaciones.
Definición de la misión y de los objetivos del sector público
La estrategia organizativa del sector público responde a la necesidad que tienen los gestores de dar cuenta del valor de lo que sus organizaciones producen.
Esta necesidad tropieza con la dificultad de que no pueden estar seguros de lo que ese valor es (Dahl, 1947; Wilson, 1989)^.
Ello deriva en una ambigüedad fundamental, tanto en lo que concierne a los fines como a los medios.
Esta ambigüedad es fuente de una cierta discrecionalidad y abre así una oportunidad para el liderazgo.
El sector privado afronta idéntica problemática.
La sociedad suele aceptar más fácilmente el liderazgo en el sector pri-
vado que en el público.
Los ejecutivos responden a esta situación con el establecimiento de objetivos estratégicos y con el desarrollo de planes operativos para sus organizaciones.
Tres conceptos fundamentales: estrategia corporativa (posicionamiento), estrategia en complejos o conglomerados diversificados, y estrategia como reflejo de un acuerdo sostenible entre una variedad de actores, configuran esta dinámica.
En este sentido, la Kennedy School of Government (Harvard) ha desarrollado un concepto rudimentario de estrategia organizativa para el sector público (Moore, 1995)^.
Esta estrategia se apoya en la asunción, dentro de la acción del gestor, del llamado triángulo estratégico.
De acuerdo con esta propuesta, la estrategia debe ser valorableen términos sustantivos -product cosas con buena relación coste/beneficio-; legítima y sostenible políticamente -atrae de modo continuo recursos y autoridad por parte del entorno político al que se debe-; factible en términos operativos y administrativos-se puede llevar a cabo con la organización disponible y una ayuda externa proporcionada.
Del gobierno estratégico a la «gobernanza»
Los gestores públicos deben frecuentemente incorporar actores que están fuera de su ámbito de autoridad con el fin de alcanzar sus objetivos, por ejemplo, solicitar permiso para utilizar recursos, ayuda operativa para alcanzar los resultados.
Las instituciones políticas son las que atribuyen los recursos para la realización de programas.
Son necesarios, por ejemplo, canales para «rendir cuentas» o para autorizar cambios e innovaciones.
Los gestores se deben a la política y a la ley.
En este sentido, deben actuar con y promover la coordinación entre agencias, así como procurar la movilización de la coproducción descentralizada.
La evidencia de que se dispone para cerrar este debate es poco clara^: hay casos que revelan el impacto de la prensa en los procesos de toma de decisiones.
En general, las influencias, si existen, se manifiestan en el «espacio temporal» y en el «proceso» de la toma de decisiones, más que en los resultados finales.
Las asociaciones de ciudadanos y los grupos de interés forman parte del entorno de autoridad (Wilson, 1973; Truman, 1951)^.
El debate sobre el papel de estos grupos de interés en la «gobernanza democrática» está de plena actualidad.
Las primeras críticas se centraron en el poder de los intereses económicos y ciertas empresas en la política guberna- mental.
Estas críticas se han ido atenuando con la introducción de leyes en el ámbito laboral, el establecimiento de agencias reguladoras y la emergencia de grupos preocupados por cuestiones de ámbito público como el medio ambiente, los consumidores, la limitación fiscal, la igualdad de las mujeres, o la defensa de los jóvenes.
De modo inesperado, las preocupaciones generales de los ciudadanos han encontrado vehículos organizados para su expresión (Olson, 1965)^.
Combinación de valores e intereses diversos
Los intereses, las peticiones y expectativas de quienes integran los entornos de autoridad y de coproducción constituyen los materiales que los gestores/actores políticos deben usar para configurar mandatos poderosos y efectivos.
Es relevante, a este respecto, el modo en que los intereses se combinan a través de procesos formales de toma de decisiones, o por medio de acuerdos establecidos, procedentes del acervo del buen juicio sobre la mejor práctica para afrontar ciertos problemas.
i) Proceso de toma de decisiones La legitimación en el proceso supone un mayor apoyo para la decisión, que será de este modo más difícil de ignorar o revertir y, consecuentemente, el mandato será más fuerte.
La legitimidad formal, la eficiencia histórica y la intervención de participantes poderosos tienden a ser los soportes de la legitimación de un proceso de toma de decisiones.
Pero esta legitimación y la fuerza de un proceso de toma de decisiones también puede ser influida por el grado de incorporación de cualidades abstractas, que el público asocia con la naturaleza apropiada de un proceso de toma de decisiones.
Estas expectativas del público se relacionan con una serie de valores de compromiso público como: representación política; uso eficiente de experiencia relevante; respeto por los antecedentes; determinación y claridad en las decisiones; transparencia y apertura en las deliberaciones; sensibilidad ante la experiencia acumulada, etc. i i) Ideas públicas y sabiduría convencional Los intereses de la gran diversidad de actores que intervienen en el entorno de autoridad se pueden combinar para dar lugar a un mandato por medio de la existencia de niveles comunes de entendimiento respecto a la naturaleza de un problema y la mejor forma de tratarlo.
El conocimiento convencional (el juicio convencional) juega un papel importante en la consecución de la legitimidad de una opción política o en determinar su arrinconamiento.
De modo análogo a lo que ocurre con los grupos de interés, los gestores pueden enfrentarse a las ideas públicas o, por el contrario, utilizarlas.
Si la política propuesta por un gestor es consistente con lo que se acepta como verdad, la política gozará de más legitimidad que si se opone al acervo común.
Si, por el contrario, la política va en contra del sentido común, el gestor deberá encontrar vías para contrarrestar la fuerza del sentido común.
Esta situación no es sencilla ni la solución es rápida.
La dinámica del entorno de autoridad
En un momento dado, el entorno de autoridad, que guía y apoya a los gestores, tiene una composición y una configuración determinadas.
Las coaliciones políticas que apoyaron una política o una estrategia organizativa pueden erosionarse como consecuencia de las fluctuaciones del poder político y de las evoluciones en las posiciones de los actores políticos.
Grupos cuyos intereses carecieron de aceptación en un principio pueden evolucionar, ganando poder.
Pueden surgir nuevos grupos que defiendan intereses que van en la trayectoria del gobierno.
Del mismo modo, se acumula experiencia en relación con políticas particulares y estrategias organizativas, experiencia que empieza a ejercer influencias sobre su adecuación y oportunidad.
El cambio en el acervo de conocimiento sobre políticas buenas o eficientes determina cambios en los mandatos.
El desafío de la gestión política
El espacio en el que se gestiona estratégicamente la política no es un espacio cómodo ni seguro.
Se corresponde con un mundo complejo en el que coexisten varios niveles y una diversidad de actores.
Los gestores políticos deben interaccionar, aunque sea parcialmente, con este mundo.
Esta interacción será tanto mayor cuanto más grande sea el esfuerzo para acomodarse a la definición de gobernonzo, la cual por esencia reclama una amplia participación de actores si se quiere un desarrollo que combine las iniciativas e intereses de la sociedad, el Estado y el mercado.
Para avanzar por este camino, los responsables políticos deben poner en acción, movilizar a los ambientes externos a la acción política directa, ¿pero cómo conseguirlo? es la cuestión fundamental, una pregunta que tiene una respuesta técnica pero también ética.
Las técnicas deben servir para poner de manifiesto que los actores políticos tratan de alcanzar objetivos públicos, y no sus propios intereses o su propia visión de cuáles son los valores públicos que están en litigio.
A continuación, desgranaremos las principales técnicas que permiten conseguir esta gestión política estratégica, presentación en la que ofreceremos, de modo breve, las características y la táctica de cada instrumento, a la par que se exponen algunas críticas a cada uno.
Gon esta técnica (en inglés nentrepreneurial advocacy»), los responsables políticos actúan según el plano de la menor generosidad.
Ofrecen sus propuestas y buscan para sus políticas preferidas el apoyo de las autoridades y representantes significativos para conseguir la adopción de tales políticas con un apoyo sólido y basado en la autoridad.
La crítica fundamental al concepto de nentrepreneurial advocacy» concierne a la desviación de los objetivos que puede tener lugar a causa de la influencia de los que apoyan la propuesta, que pueden llegar a manipular las decisiones gubernamentales para ajustarías a sus deseos.
Se puede concluir que la técnica de «búsqueda de apoyo» da una buena pista para analizar y diagnosticar los escenarios políticos, aunque las tácticas para su puesta en práctica carecen de la fuerza moral que se espera de una buena gestión democrática.
Las tácticas para avanzar en esta dirección son, sin duda, más complejas que en el caso anterior.
Es preciso poner en práctica un amplio proceso de consultas; conseguir superar las dificultades inherentes a ese proceso con la consecución de una posición, de forma que el proceso de consultas conduzca a un cierre; el establecimiento de comisiones como mecanismo para esos fines; poner de relieve la importancia del proceso analítico; y hacer frente a la incertidumbre.
Las críticas principales a esta alternativa de desarrollo político surgen alrededor del excesivo formalismo y mecanización que llevan consigo.
Una de las asunciones presentes en esta aproximación es que los intereses se van a ir construyendo hasta alcanzar el acuerdo sobre puntos básicos.
Los críticos a esta aproximación política a la gestión contraponen el paradigma de la negociación multilateral.
Esta táctica ha permanecido ignorada como instrumento político por tres razones principales.
En primer lugar, los analistas asumieron, de modo implícito o explícito, que los individuos negociaban por su propio interés.
Por ejemplo, la consecución de un precio determinado por un bien personal.
En segundo lugar, los analistas estuvieron más preocupados por la predicción y evaluación de los resultados de la negociación que por la propuesta de elementos tácticos para los negociadores.
Tercero, los analistas focalizaron el análisis sobre situaciones simples, en las que las pretensiones de las partes eran fácilmente identificables.
La tendencia actual supone un giro a estos planteamientos, ya que el nuevo paradigma no sólo admite la existencia de una variedad de intereses, sino que anima a que esta variedad de intereses se incorpore a la negociación como reflejo del interés público.
Desarrollo de una política de la gestión
Ante estas críticas, el desarrollo político de la gestión aflora como aproximación alternativa.
La diferencia fundamental, con respecto al anterior instrumento, radica en que, en esta segunda técnica, los actores políticos no tienen una opción preconcebida, procuran, por lo tanto, gestionar un proceso que confiera legitimidad -combinación de poder más adecuación-a una decisión.
El paradigma de la negociación, no obstante sus indudables valores, también suscita críticas.
A pesar de su aparente valor colectivo, las críticas subrayan la tendencia a la preeminencia de visiones individuales a la hora de efectuar la selección.
En suma, los críticos proponen que la gente debe ser orientada a que piensen y actúen como «ciudadanos» en lugar de moverse por clientelismos de las decisiones políticas, o por nociones alejadas de lo que es el valor público.
Debate público, aprendizaje social, liderazgo
La cuarta aproximación trata de ampliar la base para ir más allá de las posiciones de autoridad.
En efecto, en lugar de asumir que los intereses de los particulares y que las posiciones acerca del valor público están definidas, la nueva aproximación asume que estos factores se pueden cambiar por la interacción social.
El avance en esta nueva dirección comporta unas vías de diagnóstico que se resumen a continuación:
-«Debate público», un concepto que apoya la consulta a los ciudadanos. -Los conceptos de «aprendizaje social» y «liderazgo» guardan una estrecha conexión con las ideas relacionadas con el concepto de «debate o deliberación pública».
Todos ellos ponen el énfasis en la intervención de amplios colectivos que se extienden más allá de las estructuras formales de gobierno. -Los conceptos de «aprendizaje social» y «liderazgo» proponen tanto la movilización de los ciudadanos en su capacidad de acción como en su capacidad organizativa para aconsejar y para alcanzar acuerdos colectivos.
En resumen, persiguen la movilización ciudadana para la acción.
La táctica básica para gestionar la adaptación social es la gestión de la trayectoria del aprendizaje.
Desde la responsabilidad de gobierno, se debe adecuar la velocidad de la toma de decisiones a la capacidad de aprendizaje de la ciudadanía.
Mercadotecnia en el sector público y comunicación estratégica
El concepto de aprendizaje social lleva aparejado el establecimiento de un marco en el que los gestores del sector público pueden configurar la gestión política.
Este nuevo marco se abarca bajo el título «mercadotecnia del sector público» o «comunicación estratégica».
El adjetivo estratégica no quiere decir que la comunicación esté diseñada para manipular, sino que se diseña para poner de manifiesto políticas particulares, o estrategias organizativas, con el objetivo de hacer más fácil su comprensión y para aglutinar el apoyo y la cooperación de quienes deben colaborar para conseguir el resultado esperado.
Desde un punto de vista crítico es indudable que existen riesgos al promover que los actores políticos desarrollen una estrategia de comunicación.
A partir de ella, se pueden crear falsas expectativas.
Conviene señalar, sin embargo, que existen evidentes ventajas con una estrategia de esta naturaleza, ya que puede aumentar la responsabilidad de los actores ante las expectativas de sus superiores, puede aumentar asimismo el apoyo y el nivel de compromiso para alcanzar los objetivos.
El valor de esta estrategia puede contribuir a la promoción de una información seria, veraz, honesta, en lugar de que sea decepcionante, falsa y manipuladora.
8, «Gobernanza», la ruta hacia la definición y producción de valor en lo público
La gestión política aflora como una función clave en el sector público.
Es indispensable para conseguir una acción eficaz en el desempeño de sus funciones en beneficio de la sociedad en sentido general.
Pero es también un tema con resonancias éticas.
Esta función es indudable porque los actores/gestores políticos deben compartir responsabilidades con un conjunto de actores: otros actores políticos y ciudadanos para decidir lo que valdría la pena producir con recursos públicos y para producir en efecto lo que han declarado como más valioso.
Deben interactuar con individuos con los que no tienen relación directa de autoridad para determinar los fines y organizar los medios.
La interacción con el público y la sociedad más allá de sus ámbitos directos es fundamental.
Al implicarse en la gestión política, los gestores deben caminar por una linde que separa dos frentes: por un lado, una escasa capacidad de influencia sobre las autoridades; por otro lado, su excesiva autoridad ante los ciudadanos de modo que ponen en riesgo la calidad de la goòernonzo democrática y la libertad del público.
Una serie de técnicas: búsqueda de apoyo, gestión de la política, negociación, debate público, aprendizaje social, y mercadotecnia en el sector público, que se van a mejorar y revisar de modo continuo, ayudan a transitar por esa frontera.
Lo más relevante, en esencia, es tener presente estos conceptos, actividades y técnicas que pueden ser soporte de la respuesta a la pregunta básica sobre cómo los gestores/actores públicos, en un contexto como el actual, actúan para legitimar sus empeños, así como para movilizar a quie- >'
nes caen fuera del nivel y rango de autoridad con el fin de alcanzar un éxito lo más amplio posible en la consecución de los objetivos.
Estas son las tareas más complicadas y retadoras a las que se enfrentan los actores/gestores públicos.
La creación de valor público ha sido utilizada como argumento para proponer la necesidad de gobierno estratégico en el sector público.
Este gobierno estratégico encuentra su proyección integradora en el concepto de gobemanza.
De acuerdo con todo lo expuesto, se puede concluir que gobernanza, en una definición ampliada de la que recoge el Diccionario de la Lengua, es la puesta en práctica de formas de gobierno estratégicas para poner de relieve el valor de lo público a través de la relación entre sociedad, mercado y Estado y conseguir de este modo un desarrollo socialmente sostenible.
Una serie de técnicas, con un creciente nivel de participación social y que deben estar en proceso de continua revisión y mejora, emergen como puntos de apoyo significativos para la consecución de estos objetivos.
ccGobernanza» y ciencia y tecnología
La implantación del término gobernanzo en el ámbito de la ciencia y la tecnología ha llegado de la mano de la dinámica política de la Unión Europea que ha caracterizado los pasos finales del desarrollo del V Programa Marco y el diseño y puesta en marcha del VI Programa Marco.
Un conjunto de iniciativas sociopolíticas (comunicaciones, decisiones, identificación y selección de prioridades) promovidas por la Comisión Europea en relación con la reflexión relacionada con la concepción del Espacio Común Europeo en l+D (ERA) han ido configurando un paisaje en el que el concepto gobemanza ha alcanzado carta de naturaleza.
A partir de ahí se ha producido una floración de publicaciones en que se relaciona la dinámica de la promoción de la i+D, su financiación con la intervención de diferentes formas de agencia y la gestión de los recursos humanos y materiales con dicho concepto de gobemanza.
Sin embargo, en esas publicaciones parece que se recurre al uso del término gobemanza de forma cuasi automática, seguidista de las iniciativas promovidas por la Comisión Europea, pero sin aporte analítico ni sustrato descriptivo.
Una de estas publicaciones que responde al sugestivo título de ((Changing govemance of research and technology policy.
The European research area» (Edier y cols, 2004) recoge toda una serie de artículos y un número de referencias al término gobemanza.
Sólo el artículo introductorio ofrece algunas bases analíticas acerca de lo que representa el concepto de gobemanza como desarrollo de una visión sistémica, derivada de las propuestas de la escuela norteamericana de la ciencia política.
Por otro lado, el seguimiento de las referencias a la palabra gobemanza revela que la práctica totalidad de las citas a esa palabra son una simple traslación de las iniciativas europeas, con lo que se carece de elementos explicativos acerca del concepto y de su valor estructural y prospectivo para poder estudiar su influencia en el desarrollo de la ciencia y la tecnología en la sociedad actual.
Parece evidente que la misión fundamental que atribuye la propuesta de la Comisión al término gobernanzo es su operatividad para afrontar el problema de los diferentes niveles de promoción y gestión de la ciencia y la tecnología, y de su instrumento político ~la política científica-tecnológica y la de innovación-en un contexto como el europeo donde coexisten lo supranacional, lo nacional, lo regional e, incluso en ciertos lugares o momentos, lo local.
De ahí que la línea elegida por los decisores en política científica y tecnológica, y seguida por los estudiosos del tema, sea la que trata de comprender el papel de los «espacios» y la influencia en ellos de la existencia de varios niveles políticos -propuesta, decisión y ejecución-y de la participación de diversos actores.
En resumen, el reto de la «coordinación operativa» ante la división del trabajo en «l+D e innovación».
Esta aproximación es interesante, pero parece también, en una primera mirada, limitada en sus fundamentos y en sus aspiraciones.
Se presenta asimismo arriesgada, pues responde a un seguidismo mimètico por parte de los analistas, con lo que nos podemos ver envueltos en un círculo vicioso: se estudia aquello que los decisores políticos han introducido, mientras que se renuncia a entender lo que sustenta la oportunidad, validez y el potencial del concepto para desarrollar una dinámica racional en términos sociales, económicos y políticos en el ámbito de la ciencia y la tecnología.
No podemos olvidar los contextos sociales de preocupación y contestación en que se mueve la idea de «progreso» y la aplicación de las nuevas tecnologías en las sociedades avanzadas «per se» y en su relación con el mundo en desarrollo, menos avanzado.
Temas como riesgo, incertidumbre, responsabilidad, participación social, democratización de la ciencia (¿y la tecnología?), intervención y «laissez-faire», relación entre lo público y lo privado, patentes y subdesa- focalizar el trabajo en ciertos temas como base para profundizar en el valor analítico y prospectivo del concepto gobernanza] b) elaborar estos estudios de caso en marcos teóricos y analíticos que confieran suficiente apoyo para aumentar su trascendencia.
10-Gobernanza, ciencia y tecnología.
La definición de «gobernanza» que acabamos de delinear lleva aparejada una clara opción sistémica, aunque esta opción encierra una mayor complejidad que la simple concepción de sistema como conjunto de elementos afines que cooperan.
Se concibe como un sistema político, desarrollado por la escuela norteamericana de ciencia política, en el que se gobierna con la intervención de una variedad de actores y que requiere una arquitectura para la decisión en varios niveles.
En el ámbito de la ciencia y la tecnología, la visión predominante, desde mediados de los años 50 hasta la década de los 70 en esa misma centuria, ha sido el modelo lineal que conectaba ciencia, investigación, desarrollo e innovación en una cadena, en la que cada uno de los eslabones tenía su propia dinámica y actuaba de acuerdo con patrones específicos, mientras que la influencia sobre el siguiente eslabón se limitaba a un flujo de materiales (conocimiento en términos generales).
Las dificultades experimentadas por el modelo lineal para explicar la influencia de la actividad científica-técnica (tec-nocientífica en la nomenclatura de J. Echeverría, 2002Echeverría,, 2003) ) en la producción tecnológica y en la producción de innovaciones condujo al concepto de «sistema de innovación» como modelo interpretativo de tales procesos, promovido por la teoría económica de carácter evolucionista y neoinstitucionalista (Smitsy Kuhlmann, 2004).
El concepto de «sistema de innovación» trata de integrar la práctica totalidad de los factores que intervienen en la producción y utilización de ciencia y tecnología para conseguir su transformación en bienestar económico y social.
Sin embargo, este concepto, entendido como conjunto de elementos por su naturaleza y estructura, presenta problemas para el caso de la ciencia y la tecnología.
En este conjunto existen elementos que pueden y deben cooperar, pero cuya afinidad es cuando menos limitada.
De hecho, el concepto está centrado, como su propio nombre indica, en el proceso de innovación y se focaliza en los intereses y estrategias empresariales que en esencia son diferentes de los que movilizan los otros dos elementos del trinomio l+D+i, la investigación y el desarrollo tecnológico.
En la definición propuesta por Metcalfe (1995) un «sistema de innovación» abarca todas las instituciones implicadas en la investigación científica y su desarrollo; instituciones que son responsables de la acumulación y difusión del conocimiento, proceso que encuentra su reflejo en la educación y formación de la ciudadanía con potencial impacto en las condiciones de empleo y trabajo, incide en el desarrollo tecnológico, para por último influir en la producción de nuevos productos y procesos así como en su distribución.
Esta concepción de «sistema de innovación» atribuye al conocimiento el papel fundamental, lo considera soporte y armazón para el eficaz funcionamiento de ese sistema.
La atribución de este papel central al conocimiento «experto» sirve para poner de manifiesto que no todas las instituciones tienen similar importancia en la configuración y puesta en acción de un «sistema de innovación».
La relevancia de la comunidad «tecnocientífica» en la «gobernanza» de la ciencia y la tecnología es evidente^, lo que confiere a la «gobernanza» de este ámbito sociopolítico un marcado carácter diferencial con respecto a otros tipos «gobernanza».
Desde hace siglos, los científicos avanzaron en el diseño y puesta en práctica de las instituciones por las que vehicular la difusión de su actividad y establecer plataformas para sus críticas y discusión.
El siglo XX ha sido considerado el > 2 siglo de la ciencia en la opinión de relevantes historiadores, véase por ejemplo José Manuel Sánchez Ron (2000).
En lo que algunos han llamado «siglo corto»^^, se ponen en marcha los grandes instrumentos de la política científica: la National Science Foundation y los Institutos Nacionales de la Salud en los Estados Unidos, los Consejos sectoriales británicos, la Organización Max Planck en Alemania, el CNRS en Francia, el CSIC, con todas sus limitaciones, en España.
A partir de todos estos hechos, los científicos (y tecnólogos) han ido configurándose como actores polivalentes en el sistema de «gobernanza» de la ciencia y la tecnología.
Esta polivalencia se manifiesta a través de la ocupación y desarrollo de diferentes puestos y papeles: son usuarios de los planes y programas que financian su actividad, son consumidores de fondos y bienes públicos desde la financiación de sus salarios y de los proyectos hasta el uso de infraestructuras.
Los científicos son también, con frecuencia, actores fundamentales en el diseño de políticas así como en la gestión de las mismas: la gestión de la dinámica de la actividad «tecnocientífica» descansa con frecuencia en miembros de la propia comunidad, la cual se ha dotado de reglas para evaluar las propuestas y resultados de dicha actividad.
Sin embargo, la evolución experimentada por este tipo de procesos de gobierno ha sido influenciada por el cambio en los contextos de desarrollo científico y tecnológico (Muñoz, 2002).
La conexión e interacción entre los conceptos de «sistema político» y «sistema de innovación» ha determinado la heurística para analizar el sistema de «gobernanza» en relación con la ciencia y la tecnología.
La revisión crítica del modelo lineal ha servido para identificar cuatro brechas o desfases entre la linearidad y su repercusión en un entorno complejo.
Esas brechas se dan entre -la práctica política y el mundo de la ciencia y la tecnología, -las disciplinas científicas, -los actores y gestores políticos y los ciudadanos, -los expertos y los legos. y conducen a una nueva aproximación sistémica pero que comprende dos nuevos conceptos: uno de carácter estructural (espacio) y otro de dimensión funcional (gobernanza).
Dentro de esta visión sistémica, orientada preferentemente a comprender el modo en que las organizaciones generan innovaciones, la actividad científica ha tenido que combinar sus formas habituales de gobierno en las que sus actores, según se ha visto, ejercían funciones polivalentes como actores, gestores, políticos y usuarios, con otros modos encaminados a aumentar el número de funciones para conseguir una mayor conexión con la sociedad por medio de la asunción de crecientes cotas de responsabilidad y de intervención en los procesos de difusión y divulgación del conocimiento.
El giro en el modo de producción de avances científicos y técnicos, cada vez más conectado con el mundo empresarial, ha colocado a los expertos «tecnocientíficos» ante un dilema: por un lado, ha aumentado su valor y participación en el área de la asesoría relacionada con la empresa: licencias, patentes, interacción a distintos niveles en empresas («spin-offs», «start-ups»), pero, por otro lado, se ha incrementado la desconfianza hacia su independencia por parte de los sectores de la ciudadanía más críticos sobre la avenida del progreso y sus consecuencias.
En un orden parecido de cosas, se sitúa la intervención de la comunidad experta en problemas científico-tecnológicos de carácter público.
Inmersos en una sociedad del riesgo, las actitudes del público ante nuevos productos o procesos tecnológicos son muy variadas y complejas, a cuyos retos de regulación y valoración deben tratar de enfrentarse los expertos, bien a través de agencias específicas o a título individual para ejercer el asesoramiento en instituciones de naturaleza generalista.
En todos estos temas, la comunidad experta debe afrontar la búsqueda de confianza, junto a la necesidad de aportar conocimiento cualificado para una gestión estratégica de problemas de base científico-técnica y con incidencia en la agenda política como la seguridad, la política de l+D en diferentes niveles, la introducción de nuevas tecnologías o la repercusión socioeconómica.
NOTAS 1 Es particularmente relevante, en nuestra opinión, para darse cuenta de la fuerza con que irrumpe el concepto en la agenda política, a más alto nivel, analizar las conclusiones de la reunión del G8 celebrada en Alemania (Colonia) en 1999 (véase a este respecto, Muñoz, E., Santesmases, MJ., López Facal, J., Plaza, LM. a Todt, 0., 2005).
2 Véase, por ejemplo, el trabajo de François Ewaid (1996) en el que se pone de manifiesto que el liberalismo no es la política que limitaría las obligaciones sociales a las obligaciones que caerían bajo la responsabilidad jurídica, sino sobre la base de las relaciones entre derecho y moral, y de la identificación de los límites entre ambos tipos de obligaciones sociales.
3 La referencia a gestores es consecuencia de la visión orientada al rendimiento de lo público, pero puede extenderse a la utilización del término actores en sentido amplio.
4 Esta dificultad se manifiesta, por ejemplo, en R. A. Dahl (1947), reproducido en J.M Shafitz y A.C. Hyde.
Observaciones sobre esta cuestión están enJ.Q. Wilson, (1989).
5 El concepto de estrategia aplicado al sector público surge en discusiones dentro de la institución.
6 Una discusión general sobre el papel de la prensa en la función política está en Gary Orren, «Thinking about the Press and Government», citado en Moore (1995).
7 La evolución de los grupos de interés en la arena política puede verse en las obras citadas.
8 Mancur Olson ha establecido una teoría económica para explicar las condiciones que permiten la formación de grupos de interés.
Wilson (1973) presenta una teoría que sugiere un amplio conjunto de posibilidades para la formación de grupos de interés, incluyendo la idea de que los grupos pueden organizarse alrededor de «incentivos determinados dirigidos». |
RESUMEN Las nanotecnologias y los programas Converging Technologies (CT) plantean importantes desafíos a la gobernanza de la ciencia y la tecnología, al desarrollarse en un sistema transnacional de l+D+i con una pluralidad de agentes que compiten y cooperan entre sí, y que tienen intereses y objetivos diversos.
Integrar esa pluralidad de agencias tecnocientíficas y fijar las prioridades de los diversos programas CT es el principal problema.
Tras comparar los programas norteamericano (NBIC) y europeo (CTEKS), este artículo analiza sus principales puntos comunes, pero también sus diferencias, que son significativas.
Se afirma que las nanocienciasy las nanotecnologias constituyen uno de los grandes ejemplos de tecnociencia contemporánea, y se distingue la tecnociencia de la ciencia porque en el primer caso el conocimiento científico es un medio para el logro de otros objetivos (sociales, políticos, económicos, militares, etc.), no un fin en sí mismo.
Además de proponer una hipótesis filosófica general, la colonización e industrialización de los nanocosmos, se utiliza la noción de agenda científica como herramienta para analizar y caracterizar los diversos modelos de gobernanza actualmente existentes.
PALABRAS CLAVE Gobernanza de la ciencia y la tecnología, nanociencias, nanotecnologias.
Las nanociencias (NC) y las nanotecnologias (NT) constituyen un excelente caso de estudio para analizar los principales problemas de la gobernanza de las ciencias y las tecnologías en los actuales sistemas de l+D+i^.
En primer lugar, porque han generado grandes expectativas-^ y no pocos avances científicos y tecnológicos.
En segundo lugar, porque han suscitado diversos problemas y riesgos.
En tercer lugar, porque afectan a numerosas disciplinas, ponen en cuestión la separación tradicional entre ciencia y tecnología y trastocan las fronteras académicas y profesionales, generando equipos y centros de investigación multidisciplinares e interinstitucionales^.
En cuarto lugar, se requieren grandes inversiones, la colaboración activa de empresas e industrias y la aceptación social de la nueva mainstreom científica.
Las iniciativas y avances en los campos NC y NT provienen de diversas agencias tecnocientíficas que compiten y cooperan entre sí en un sistema multiagente.
Portanto, es precisa una legislación específica para el sector, pues los problemas jurídicos que plantean las innovaciones NT generadas por esas agencias y consorcios son importantes.
Estos cuatro factores plantean otros tantos desafíos a la gobernanza de la ciencia.
Un quinto aspecto a considerar es la competencia internacional que la investigación NC y NT suscita, así como los problemas que se derivan de la apropiación de ese tipo de conocimiento.
No estamos ante un sistema nacional de l+D+i que fomenta el conocimiento científico por el bien del país y, por así decirlo, «nacionaliza» el conocimiento, sino ante una confluencia de varios sistemas que compiten y Siendo el término «gobernanza» relativamente impreciso y polívoco, partiremos de la definición de gobernanza que Emilio Muñoz ha propuesto recientemente: «es la puesta en práctica de formas de gobierno estratégicas para poner de relieve el valor de lo público a través de la relación entre sociedad, mercado y Estado y conseguir de este modo un desarrollo socialmente sostenible»^.
Asimismo asumiremos la hipótesis de que las NC y las NT no sólo son ciencias y tecnologías, sino algo más, a saber: un híbrido entre ambas, la tecnociencia, que ha ido surgiendo y consolidándose a lo largo del siglo XX^.
No es lo mismo la gobernanza de la ciencia que la de la tecnociencia, porque ésta última implica una pluralidad de agentes con valores e intereses diversos, que hay que armonizar y hacer confluir.
Los macroprogramas Converging Technologies (Cl) de los EEUU y la UE^ son típicamente tecnocientíficos.
Por esta razón hablaremos de nanotecnociencias (NTC), más que de nanociencias (NC) y nanotecnologías (NT).
Las NTC traen consigo problemas específicos, entre los cuales consideraremos los cinco siguientes:
-Pluralidad de agentes tecnocientíficos que intervienen en el actual impulso a las NTC: empresarios, políticos, investigadores, tecnólogos, militares, expertos en gestión e innovación, juristas, publicistas, representantes de la sociedad civil, etc. -Existencia de estrategias diferentes para impulsar las NTC según los diversos países, como queda claro en los macroprogramas CT de los EEUU y la UE.
Compararemos y contrapondremos ambas estrategias. -Relaciones entre las NTC y la sociedad: percepción social, oportunidades y riesgos, control social, NTC-ficción, propiedad intelectual, patentes, legislación, recepción social de las innovaciones NTC (mercado), participación social en los programas CT, etc. -Incidencia de las NTC en el desarrollo social sostenible, en la medida en que pueden contribuir a solucionar, paliar o agudizar algunos de los principales problemas que tienen planteadas las sociedades contemporáneas: energía, nutrición, sanidad, cambio climático, brecha tecnológica y emergencia de las sociedades de la información y el conocimiento. -Transformación de los sistemas educativos y formativos de científicos y expertos NTC, que puede traer consigo profundos cambios en la estructura académica (Departamentos e Institutos mixtos, cambios en los planes de estudio, formación continua, fomento de la actitud innovadora en los procesos de aprendizaje, etc.).
Este es uno de los aspectos más significativos de la gobernanza de las NTC.
En este artículo vamos a centrarnos en las dos primeras cuestiones, dejando las restantes para contribuciones ulteriores.
Previamente, propondremos un marco filosófico para analizar las nanotecnologías, basado en la tesis de que las NTC implican el descubrimiento de un nuevo mundo, los nanocosmos y nanosistemas, que ya existían en la naturaleza pero ahora empiezan a ser explorados por los tecnocientíficos.
Esta será la primera propuesta de este artículo, por una parte ontológica, pero también políticosocial.
Partiendo de este marco conceptual, abordaremos los dos aspectos recién mencionados de la gobernanza de las NTC.
Breve cronología de la emergencia de las nanotecnociencias (NTC) Podrían evocarse otros muchos hitos, pero los anteriores bastan para ilustrar dos de las características principales de la investigación en el sector NTC:
Los principales avances han sido tecnológicos e instrumentales, al irse inventando diferentes tipos de microscopios que han hecho accesible la materia a escala nanométrica, tanto para observarla como para operar con ella.
La principal especificidad de las nanotecnologías consiste en la capacidad de manipular los átomos, las moléculas, el ribosoma, el DNA y las células con el fin de modificar sus propiedades y su estructura interna.
Las nanotecnologías transforman la materia a nivel atómico, posibilitando la creación de nuevos materiales, orgánicos e inorgánicos.
Por supuesto, a lo largo de toda esta etapa se fue generando mucho conocimiento científico, y muy relevante.
Pero el paso de las nanociencias NC a las nanotecnociencias NTC se produjo conforme diversos instrumentos abrieron la posibilidad de que los seres humanos intervengan y operen a escala nanométrica.
El descubrimiento de los nanosistemas y los nanocosmos
Como acabamos de indicar, en una conferencia seminal pronunciada en 1959, el físico Richard Feynman sostuvo una tesis visionaria: «there 's plenty of room at the bottom»^^.
Indicaba así la existencia de un nuevo ámbito a investigar: la materia y la energía a escala nanométrica.
Buena parte de la investigación física en aquella época se orientaba a lo macrocósmico, singularmente a la exploración del espacio exterior al planeta Tierra.
Diversos microcosmos, orgánicos e inorgánicos, habían sido investigados por físicos, químicos y biólogos desde la emergencia de la ciencia moderna, gracias a una gran variedad de instrumentos científicos que permitieron determinar y medir las propiedades de la materia y la energía a escala meso-y microcósmica.
Los telescopios y microscopios han sido dos de los cánones de la cultura científica experimental desde los siglos XVI y XVII.
Pues bien, Feynmann advertía que, si se llegaban a construir aparatos para investigar el mundo físico a escala nanométrica (10-^ mm), quedaba todo un mundo por descubrir y explorar.
Para ello era preciso poder observarlo y, de ser posible, había que construir aparatos que permitieran a los físicos operar y manipular la materia a escala molecular y atómica.
Prolongando esa metáfora arquitectónica, cabe decir que los nanocosmos son los cimientos de cualquier estructura material, sea ésta orgánica o inorgánica.
En la medida en que las NTC permiten intervenir a escala nanométrica, los edificios, las ciudades, los objetos materiales y, en particular, la materia viva, puede ser construida a partir de los nuevos nanomateriales generados por las NTC.
En principio, esta nueva capacidad tecnocientífica afecta a los más diversos ámbitos: los materiales, la energía, las comunicaciones, el almacenamiento y procesamiento de la información, la medicina, la farmacología, los alimentos, etc. Los nanocosmos son el cimiento de la realidad.
La posibilidad de colonizarlos, aunque sea parcialmente, supone un salto cualitativo del homo faber, al abrir la posibilidad de fabricar nuevas modalidades de materia viva o inerte.
Sin embargo, no todo es posible a escala nanométrica.
Las leyes de la mecánica cuántica limitan las capacidades de investigación y, por así decirlo, de nanoacción.
No es posible manipular a una escala de 10-^^ mm porque las partículas se convierten en ondas y el principio de indeterminación de Schrodinger tiene validez.
Sin embargo, en el intervalo de los 10-^ mm «queda mucho sitio)), como dijo Feynman, y no sólo por explorar, sino ante todo por conquistar y dominar.
Las NTC tienen una fuerte base científica, pero también tecnológica.
La dualidad onda/corpúsculo, por ejemplo, es básica en el funcionamiento de varios nanoscopios.
Un segundo ejemplo es la computación cuántica, hoy por hoy inviable, pero que de lograrse transformaría radicalmente el sistema tecnológico TIC.
De hecho, la investigación científica ya ha mostrado que, además de los electrones, también los fotones sirven para transmitir información, en este caso a la velocidad de la luz.
La nanofotónica es una de las vías de investigación más prometedoras, aparte de los nanomateriales o los nanofármacos.
En sus diversas direcciones y aplicaciones, los programas CT pretenden dominar los nanocosmos, con la consiguiente transformación de microcosmos y macrocosmos.
Pues bien, las NTC permiten operar en ámbitos mucho más pequeños, al visualizar y modificar las estructuras atómicas y moleculares de las diversas formas de materia.
No es de extrañar que se piense en que estamos en los albores de una nueva revolución tecnocientífica, basada en el conocimiento y la manipulación de la materia y la energía a escala nanométrica.
Para llevar a cabo y, en su caso, controlar la conquista de los nanocosmos no bastan las políticas de Estado.
Los Gobiernos fomentan activamente estas líneas de investigación, a través de iniciativas de política científica como los programas Converging Technologies, pero quienes avanzan en el conocimiento y dominio de los nanocosmos son otro tipo de agentes, las empresas tecnocientíficas, siguiendo sus propias estrategias empresariales.
Buena parte de ellas son empresas transnacionales privadas.
Otras son consorcios de laboratorios públicos y empresas privadas, tanto a nivel nacional como transnacional.
Por tanto, a diferencia de la colonización de la era industrial, no se trata de ampliar las fronteras territoriales en nombre de un país o un Estado, llegando a acuerdos de delimitación del territorio con los Estados rivales, si hace falta.
Los nanocosmos tienen una estructura métrica y topològica muy distinta a la de los mesocosmos donde se han constituido las naciones y los Estados.
Por los nanomundos actuales pulula una multitud de agencias tecnocientíficas, muchas de ellas con estrategias propias de acción y de negocio.
No se trata de conquistar y controlar zonas geográficas, como en la época del colonialismo industrial, sino de ganar ámbitos del conocimiento.
Esta es una de las razones por las que el programa CT europeo está claramente orientado a la sociedad del conocimiento.
Todo ello aporta problemas nuevos a la gobernanza de la ciencia y la tecnología, como veremos a continuación.
Anticipamos uno: la propiedad del conocimiento NTC se convierte en una cuestión estratégica para la gobernanza, sobre todo si se pretende mantener la existencia de lo público en los ámbitos nanocósmicos.
Hay otras muchas diferencias entre ambos programas, que examinaremos con mayor detalle en el apartado siguiente.
Esta primera aproximación, sin embargo, nos permite apreciar dos puntos comunes muy importantes:
1): Ambos programas se proponen intervenir en múltiples ámbitos científicos y tecnológicos.
Otros países acotaron más el ámbito de sus planes de convergencia tecnológica, por ejemplo Canadá, cuya estrategia de investigación se orientó fundamentalmente hacia la biología y la medicina.
2): Tanto el programa europeo como el norteamericano fueron elaborados por expertos nombrados para ese cometido, con una misión previamente establecida por las autoridades respectivas de política científica.
En ambos casos, sin embargo, dichas autoridades habían recibido la demanda previa de diseñar programas de convergencia tecnológica por parte de diversos agentes tecnocientíficos, del ámbito privado y del público.
Además, algunos países europeos y algunos Estados de la Unión norteamericana ya habían emprendido inicia-tivas por sí mismos, en particular en el campo de las nanotecnologías.
Por tanto, los NBIC y CTEKS son acciones de gobernanza que: a): recogen demandas previas de agentes tecnocientíficos influyentes, b): son promovidas por departamentos gubernamentales de política científica y tecnológica, c): están diseñadas por grupos de expertos que han recibido un encargo por parte de las autoridades de política científica, d): los grupos de expertos tratan de aglutinar en un único plan de acción las diversas demandas e iniciativas previas, orientándolas en base a unos objetivos que confluyen con las estrategias políticas, sociales y económicas de las autoridades que les han encargado la misión de elaborar dichos informes, e): los informes son aprobados, presupuestados e implementados ulteriormente mediante programas específicos que han de ser aprobados por los Parlamentos y los Gobiernos y Comisiones, f): a partir de todo lo anterior, comienza a producirse la convergencia tecnológica propiamente dicha, y ello durante un lapso de tiempo prolongado^^, g): el desarrollo de los programas CT es evaluado periódicamente, y no sólo para valorar el avance en el conocimiento científico o los desarrollos tecnológicos generados, sino también las innovaciones resultantes de dichos programas, así como su recepción social. h): Este seguimiento y evaluación de los grandes programas de investigación es otra de las características de la tecnociencia, en particular en los países donde hay sistemas de l+D+i consolidados.
Ello permite volver a ponderar los diversos programas que son promovidos en función de su nivel de éxito, así como reorientar las políticas y las inversiones en l+D. i): Así como los rasgos anteriormente descritos son comunes a la actividad tecnocientífica contemporánea, y por ende a los programas CT, tanto el programa NBIC norteamericano como el CTEKS europeo coinciden en otro rasgo, que resulta bastante singular y tiene pocos precedentes en la reciente historia de la tecnociencia: reorganizar las comunidades académicas y las empresas que se dedican a la investigación y el desarrollo promoviendo una convergencia disciplinar, interinstitucional e intersectorial.
Surge así un nuevo problema para la gobernanza, de gran interés, aunque en este artículo no vayamos a ocuparnos de la reorganización de los espacios de investigación y enseñanza superior que comporta el desarrollo de los programas CT.
Otros muchos países están impulsando iniciativas similares: Japón, Corea, Taiwàn, China, Rusia, Australia, Canadá, India, Israel, algunos países latinoamericanos, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Sudafrica, Tailandia, etc. Las nanotecnologías conforman una cuestión de gobernanza global, no sólo nacional, como ya dijimos al principio.
Cada país tiene sus propias estrategias.
Otro tanto cabe decir de las empresas transnacionales que fomentan la investigación, el desarrollo y la innovación.
Aunque en este artículo tampoco vayamos a ocuparnos de los demás programas CT, centrándonos únicamente en los programas europeo y norteamericano, sí queremos subrayar el carácter transnacional de este tipo de iniciativas.
Los estudios sobre gobernanza deben incorporar una metodología comparativa, y no sólo entre países, sino también entre las diversas agencias tecnocientíficas, sean públicas, privadas o mixtas, grandes o pequeñas.
Agentes y principios-guía que intervienen en el diseño de los programas CT
A diferencia de los EEUU, donde las Agencias militares de investigación fueron unos de los principales promotores del programa NBIC, el proyecto europeo, que surgió a rebufo del norteamericano, fue elaborado fundamentalmente por académicos.
De los 25 expertos europeos reunidos en Oslo, la presidenta del grupo era historiadora y el relator filósofo.
Luego había expertos en biotecnologías, nanotecnologías, tecnologías de la información y ciencias cognitivas, así como economistas y teóricos de la innovación, historiadores y filósofos de la ciencia y la tecnología, éticos, juristas y especialistas en ciencias sociales, prospectiva, educación, evaluación de tecnologías y política científica.
Llama la atención, por ejemplo, que entre los 25 expertos europeos hubiera cuatro que trabajan en Departamentos de Filosofía (Nordmann, Andier, Dupuy y Rip), sobre todo si se compara esa composición con los redactores del informe norteamericano.
El Por tanto, el grupo de expertos tenía que preocuparse por legitimar socialmente el programa CT.
Llegaba a afirmarse que el principio de precaución debería ser tenido en cuenta a la hora de fijar el marco de la investigación en el ámbito CT, algo impensable en el informe norteamericano. c): La tercera pregunta versaba sobre el papel de las ciencias sociales en el impulso a las tecnologías convergentes, y la cuarta subrayaba el papel de las ciencias cognitivas, otra de las especificidades del proyecto europeo frente al norteamericano.
La sexta y última cuestión aludía al impacto educativo, que sí había sido suscitado en el informe de la NSF.
Por tanto, ambos planes coinciden en algunas áreas prioritarias, pero difieren en otras, siempre en función de sus respectivas estrategias generales, que son de índole política, económica y social.
La investigación propiamente científica está subordinada a esas estrategias, como Muñoz ha señalado en su definición de «gobernanza». d): El Mandato europeo indicaba tres objetivos, el primero de los cuales comportaba una clara contraposición con el programa NBIC norteamericano: «the objective being to show how this approach can break with the idea of the individual performance being the only criteria for measuring success»^'^.
Por tanto, el proyecto europeo pretendía contraponerse desde el principio al norteamericano, al poner el acento en los beneficios sociales que puede aportar la convergencia de tecnologías, más que en la pura implementación de las capacidades individuales mediante tecnologías nano-bioinfo-cogno. e): Además de los objetivos, el Mandato de la LIE explicitaba cinco preguntas básicas a las que el grupo de expertos debía responder.
Llama la atención la tercera.
Siendo ésta una de las cuestiones, y dados los objetivos y el marco previo, la composición del grupo europeo de expertos se entiende bien, a diferencia del grupo norteamericano, para el que los problemas éticos y sociales, aun existiendo, no eran una prioridad a la hora de diseñar el programa NBIC^^.
f): Por último, entre los principios-guía del Mandato europeo hay dos que señalan una significativa preocupación por los problemas ecológicos que pudieran derivarse de los programas CT: el séptimo (sostenibilidad) y el noveno (principio de precaución, anticipación y gestión de los riesgos).
No es de extrañar que, una vez finalizado el informe CTEKS, se recomendara investigar los riesgos que pueden derivarse de la convergencia tecnológica, y en particular de las NTC.
Esta es otra de las grandes diferencias entre ambos programas.
Habría otros muchos aspectos a comentar a la hora de señalar las diferencias entre el informe norteamericano y el europeo.
Sin embargo, los seis anteriores pueden bastar como primera aproximación.
Aun teniendo rasgos comunes, ambos documentos muestran la contraposición entre dos modelos de gobernanza de la tecnociencia, uno mucho más orientado a lo individual, el sector privado y las aplicaciones militares, y otro que tiende más a satisfacer objetivos sociales, del sector público (consolidación y ampliación de la propia UE) y a las aplicaciones civiles.
Un análisis más detallado permitiría caracterizar mejor ambos modelos de gobernanza.
Para ello habría que estudiar las implementaciones y desarrollos ulteriores de los programas NBIC y CTEKS en forma de acciones concretas de política científica.
En cualquier caso, y aunque sólo nos hayamos centrado en el diseño de dichas políticas, podemos concluir que tanto la fase de diseño como los agentes concretos que son seleccionados para ello y los mandatos o marcos previos en los que dichas acciones de diseño se llevan a cabo tienen una gran importancia a la hora de definir diversos modelos de gobernanza de las tecnociencias.
Dicho de otra manera: la gobernanza es una acción estratégica ex ante, basada en principios, valores e intereses generales que se trata de fomentar al poner en marcha estos grandes programas de investigación.
La participación de diversos agentes en esa fase previa de diseño, cada uno de los cuales encarna diferentes sensibilidades, intereses y valores, es otra de las características de la gobernanza de las tecnociencias.
Frente al modelo lineal de Vannevar Bush (1945), según el cual había que impulsar incondicionalmente el avance del conocimiento científico en régimen de estricta libertad para las comunidades investigadoras, la gobernanza de las tecnociencias sigue estrategias multilineales, al involucrar a una pluralidad de agentes, intereses y valores que han de aglutinarse y armonizarse desde la fase de diseño de los grandes programas tecnocientíficos.
El caso de las nanotecnologías y su progresiva integración en los programas Converging Technologies muestra claramente que de la política científica del siglo XX a la gobernanza de la tecnociencia del siglo XXI se han producido profundos cambios estructurales en la práctica investigadora.
Pluralidad de agendas científicas
Para terminar, mostraremos la importancia que tiene la noción de agendo tecnocientíficaa la hora de analizar la gobernanza contemporánea de la ciencia y la tecnología.
Dicha noción es utilizada una y otra vez al diseñar los programas CT, en particular en el caso europeo.
Por esta razón, nos centraremos en el documento CTEKS.
Sin embargo, así como la noción de gobernanza es difusa y polívoca en su uso actual, también se requiere un esfuerzo de elucidación del concepto de agenda científica, que debería ser introducido como una noción técnica en los estudios sobre gobernanza contemporánea.
Desde el principio, el informe CTEKS alude a diversas agendas científicas en relación a los programas CT.
Se trata de satisfacer una demanda de la Unión Europea, puesto que el Mandato formulado por la Science and Technology Foresight Unit de la UE en 2003 dejaba claro que el primer objetivo que debía lograr el grupo de expertos consistía en «develop a research agenda focused on social sciences research on co-operation models» de dimensión específicamente europea^^.
Por tanto, la opción estratégica de orientar el programa CT hacia la sociedad europea del conocimiento no sólo se adecuaba a la Agenda de Lisboa 2000, sino que promovía la cooperación entre los investigadores europeos.
La investigación europea en nanotecnologías, al igual que el programa CTEKS, está orientada a la consecución de objetivos de mayor calado, tales como la creación de un espado europeo de investigación y el desarrollo de una sociedad europea del conocimiento.
La orientación social del programa CTEKS no viene marcada por el interés científico que puedan tener las ciencias sociales, sino por tendencias estratégicas más generales a las que debe adecuarse la investigación científica.
Dicho de otra manera, los objetivos científicos y tecnológicos en el ámbito NTC son importantes, pero están claramente subordinados a metas más complejas, de índole política, social y en parte económica, puesto que la Agenda Lisboa 2000 propugna la competitividad de la UE en relación a los EEUU en un ámbito específico, que no es militar sino civil: la sociedad (global) del conocimiento.
La convergencia tecnológica nano-bio-info-cogno, junto con la colaboración de otras áreas disciplinarias (Ciencias Sociales, Antropología, Derecho, Ética, incluso Filosofía), puede ÍFavorecer la investigación, como había postulado el informe norteamericano de 2001, pero, sobre todo, potencia la propia convergencia europea, al favorecer la creación de un espacio común de investigación científica, hasta entonces muy poco estructurado.
El objetivo real del programa CTEKS es la creación del espacio europeo de investigación, más que el avance del conocimiento científico.
La creación de consorcios y redes europeas en los ámbitos CT, e incluso la cooperación con países emergentes (se menciona a China y la India), definen la agenda tecnocientífica europea, que se plasma en el informe CTEKS, y ulteriormente en las acciones de la Comisión para promover dicho plan, incluido el Vil Programa Marco.
Podemos concluir, por tanto, que una agenda tecnocientífica no se circunscribe a los aspectos científicos o tecnológicos de un programa de investigación, sino que incluye otro tipo de objetivos, de índole muy diferente.
Eso también ocurre en el programa norteamericano NBIC, aunque esta agenda sea muy distinta a la europea.
Las diferencias que hemos constatado entre ambos informes dependen en último término de las agendas tecnocientíficas contrapuestas que mantienen los EEUU y la UE en la primera década del siglo XXI.
Pero en uno y otro caso, los proyectos y programas de investigación se desarrollan en el marco de agendas tecnocientíficas.
Estas son el problema central para la gobernanza.
El informe CTEKS europeo menciona varias veces las diversas agendas que pueden ponerse en marcha para desarrollar un programa CT: la norteamericana, la canadiense, la europea y otras muchas posibles.
Según sus autores, pueden impulsarse programas CT para: mejorar ¡as capacidades humanas (informe NSF) para dominar el campo de batalla (propuestas de sectores militares estadounidenses) para desarrollar una sociedad del conocimiento (proyecto europeo) para producir una síntesis de los biosistemas (proyecto canadiense) para la acuicultura, la alimentación y el medio ambiente (proyecto noruego) para el procesamiento de los lenguajes naturales (ejemplo del grupo europeo) para el desarrollo de la inteligencia artificial (segundo ejemplo posible del grupo europeo de expertos) Aparece así un nuevo agente en la gobernanza de las tecnociencias, las sociedades, que deben ser muy tenidas en cuenta a la hora de impulsar programas de la envergadura de los que estamos comentando.
El grupo de expertos europeos orientó el programa CT en una dirección social porque asumió que el éxito de los desarrollos tecnológicos y de las innovaciones depende de las sociedades, en último término.
En la medida en que una revolución tecnocientífica satisfaga los intereses de una sociedad y sea bien recibida por ésta, sus posibilidades de éxito son mayores.
Habiendo descubierto que en las diversas agendas CT hay un patrón común a todas sus formulaciones, CT paro..., el problema de la gobernanza se centra en las metas y objetivos que orientan los programas CT, no simplemente en el avance del conocimiento, los desarrollos tecnológicos y las innovaciones.
Las grandes acciones de gobernanza (agendas tecnocientíficas) deben tener muy claros sus fines, y evaluarlos adecuadamente.
En el fondo, el conocimiento científico y la tecnología son medios para alcanzar esos fines (militares, sociales, sanitarios, empresariales, etc.), no fines en sí mismos.
Por eso dijimos al principio de este artículo que en la gobernanza contemporánea los avances en el conocimiento son valores-medios, en la terminología de Weber, no valoresfines, como ocurría en la ciencia moderna.
Desde una perspectiva ontológica, podríamos decir que los programas CT son funciones no saturadas, en el sentido de
Los objetivos y metas de dichos programas dan contenido a las diversas agendas tecnocientíficas.
Aunque aquí no vayamos a profundizar en estas cuestiones ontológicas, sí señalaremos que, parafraseando al grupo europeo, las acciones tecnocientíficas del tipo CT pueden ser representadas formalmente de la manera siguiente: CTporaX, donde X define los diversos tipos de objetivos que unos*u otros agentes tecnocientíficos (gobiernos, empresas, centros de investigación, etc.) pueden tener a la hora de impulsar los programas CT o participar en ellos.
Otro tanto cabría decir de las agendas tecnocientíficas en general, no sólo de los programas CT.
Una agenda tecnocientífica determinada está orientada y guiada por un conjunto de objetivos, metas y valores, que pueden ser de muy diversa índole según los diversos agentes.
Si ello es así, el principal problema de la gobernanza NTC consiste en integrar y priorizar esa pluralidad de objetivos y valores, que no sólo son científicos y tecnológicos, sino también económicos, comerciales, sociales, políticos y, en algunos casos, militares.
En el marco de una misma agenda tecnocientífica opera una pluralidad de agentes con intereses y objetivos parcialmente concordantes, pero también parcialmente divergentes y contrapuestos.
La gobernanza de la tecnociencia interviene en un espacio plural, rompiéndose con ello el modelo lineal de Vannevar Bush.
De ser el fin máximo, como se decía en el informe de 1945, Science: the Endless Frontier, el conocimiento científico deviene un medio para lograr objetivos económica-, empresarial-, militar-o socialmente importantes.
A título de conclusión, tal es la diferencia principal entre la gobernanza de los programas NTC y CT y la política científica de la ciencia moderna., 2004.
12 Tal fue el título de dicha conferencia.
El texto fue publicado dos años después (Feynman, 1961).
314 13 Particular importancia tuvo el descubrimiento de los nanotubos de carbón y la construcción de modelos de realidad virtual conectados a STMs, que permitieron a los científicos «ver» y «tocar» los átomos, y a la postre operar con ellos, modificando sus posiciones relativas a escala nanométrica.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Osaka ha anunciado recientemente (Nature Materials, 2005) que ha sido capaz de mover átomos individuales sobre una superficie a temperatura ambiente.
Para ello ha utilizado un nuevo tipo de microscopio, el microscopio de fuerzas atómicas (AFM).
Desarrollar la capacidad de manipular los átomos es el principal objetivo de las NT, y va siendo alcanzado paso a paso.
15 Sin embargo, también las diversas representaciones que proporcionan los STM tienen interés para la gobernanza, puesto que los nanocientificos siempre se han preocupado por construir representaciones que se adecúen a las imágenes culturales previamente existentes sobre los átomos y las moléculas.
16 A escala nano, una célula es una entidad muy «grande», con un tamaño de 1 micròmetro (10-6).
Procesos tan básicos como la fotosíntesis, indispensables para la vida de las plantas y la producción de oxígeno y energía, se producen de forma natural a escala nanométrica.
Otro tanto cabe decir de otros muchos fisiológicos, incluidos los ataques de virus y bacterias.
18 Ello se debe a que, a escala nanométrica, los átomos que están en la superficie suelen tener propiedades diferentes a los que están en el centro de una partícula. |
La sostenibilidad -palabra que, de momento^ no recoge el diccionario de la R.A.E.-no se deja definir más que como la cualidad de sostenible.
Y sostenible es todo lo que puede sostenerse.
No debe pasarse por alto que este «puede» es susceptible de recibir dos interpretaciones igualmente pertinentes para la tarea que estamos emprendiendo: poder como capacidad («lo que no se puede no se puede y además es imposible») y poder como deber (como cuando se dice que no se pueden bajar animales a la playa o que la corrupción política no puede consentirse).
A menudo se habla también de sustentabilidad, mas el empleo de este término deja escapar un campo semántico que en castellano sí recoge la sostenibilidad: el de lo moralmente soportable.
Es verdad que, en uso directo, los verbos sostener y sustentar son prácticamente sinónimos, pero el primero ha alcanzado también un uso figurado, en expresiones como «la situación de opresión de los trabajadores es insostenible», que no consiente el segundo.
Y este empleo moral nos interesa aquí vivamente.
Distingos lingüísticos aparte, no tiene sentido hablar de sostenibilidad sin concretar qué es lo sostenible.
La sostenibilidad, sin más, es un concepto vacío.
En términos aristotélicos, diríamos que la sostenibilidad es una cualidad que debe predicarse de algo; en lenguaje fregeano, que se trata una función insaturada, necesitada de argumento para adquirir valor semántico (Frege, 1891).
De esta afirmación pueden derivarse consecuencias de alcance.
Una primera, especialmente relevante para nuestro tema, es que la sostenibilidad no puede constituir un fin por sí misma, sin especificar de qué se predica.
¿De qué predicamos, pues, la sostenibilidad?
¿Qué creemos o queremos sostenible?
Así lo entiende también la Real Academia, que no puede definir el término sostenible sin completarlo con aquél: «Dicho de un proceso: Que puede mantenerse por sí mismo, como lo hace, p. ej., un desarrollo económico sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes» (RAE, 2005).
Hablar de sostenibilidad es, por lo tanto, las más de las veces hablar de desarrollo sostenible.
La noción de desarrollo sostenible presenta una rara peculiaridad, que facilita mucho la labor de quien pretende aclararla o simplemente estudiarla, y es que se le puede poner fecha de nacimiento: 1980^.
No obstante, la data que ha quedado registrada en la mayoría de los libros es el otoño de 1983^, momento en el que la Organización de las Naciones Unidas crea la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CMMAD).
Las conclusiones de esta comisión, conocidas como Informe Brundtland en honor de su presidente, la por entonces primera ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland, fijan y popularizan la expresión mediante la siguiente definición:
«El desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.
Encierra en sí dos conceptos fundamentales: * el concepto de «necesidades», en particular las necesidades esenciales de los pobres, a las que se debería otorgar prioridad preponderante; ® la idea de limitaciones impuestas por el estado de la tecnología y la organización social «junto con» la capacidad del medio ambiente para satisfacer Jas necesidades presentes y futuras» (CMMAD, 1988: cap. 2, §1)''".
Esta formulación ha recibido después numerosas críticas -algunas por adolecer de concreción, las más por pecar de «desarrollismo»-que a veces han desembocado en caracterizaciones alternativas^.
No obstante, puede pensarse, con David Pearce, que el desarrollo sostenible es, en todo caso, un fin deseable y que, por ende, la tarea pendiente no es la de definirlo, sino la de decidir qué hacer para conseguirlo (Pearce, 1999: 69).
Esto es cierto sólo a medias, pues la idea de desarrollo sostenible está también insaturada: desarrollo sostenible, ¿de qué?
¿De la economía, del medio ambiente, de las capacidades humanas, de un plan general de ordenación urbana,...?
También la industria del armamento podría desarrollarse sosteniblemente y eso no la convertiría inmediatamente en deseable...
Seamos generosos y otorguemos la mayor amplitud a la idea, concediendo que aquello que puede desarrollarse sosteniblemente es ni más ni menos que toda actividad humana.
Dado que el humano obrar no encuentra, de momento, otro sostén, real o figurado, que la tierra misma (o la Tierra, si se prefiere) y lo que contiene -tampoco cuando trata de extenderse a otros cuerpos celestes-no parece descabellado proponer la siguiente representación (Figura 1):
Si esta figura arquitectónica se da por buena, estudiar el posible alcance de la sostenibilidad supondrá revelar su papel en la estructura del edificio.
Parece, pues, razonable que comencemos nuestra indagación por sus cimientos.
¿Qué puede significar la sostenibilidad cuando se refiere a la naturaleza?
Sostenibilidad medioambiental: una metonimia^
La idea de naturaleza tiene tanta amplitud semántica, tamaña historia y tal carga filosófica que resulta ya prác-ticamente inmanejable.
Quizá por eso mismo se prefiere hoy, sobre todo en discursos que pretenden adornarse con la asepsia del lenguaje técnico, el redundante sintagma «medio ambiente».
En castellano, la expresión «medio ambiente» no es precisamente añeja.
Su empleo no se vuelve notorio hasta el siglo XX y aun en esa centuria sólo se generaliza a finales de los años sesenta.
Ahora, ¿qué es eso del medio ambiente?
Cabe suponer que tal conjunción ha de tener un alcance más restringido (y aparentemente más preciso) que el de sus miembros.
Da la impresión de que el ambiente designa una parte concreta o una forma particular del medio; que constituye, por tanto, algo diferente de éste.
Por otra parte, el término «ambiente» tiene resonancias psicológicas.
De hecho, el sintagma de marras se difunde primero, a comienzos del siglo XX, en publicaciones de psicología, y no de zoología o ecología^.
El ambiente podría contemplarse, pues, como el lugar de desenvolvimiento de la acción de los individuos con psique, como la atmósfera que rodea las empresas humanas.
Lo que queda en la intersección que parecen dibujar ambas mitades, el medio y el ambiente es, más que ninguna otra cosa, un escenario, nuestro escenario, compuesto de aquello que acoge nuestra obra sin formar parte del elenco.
Mientras que la naturaleza admite, en ciertos imaginarios, la consideración de sujeto con capacidad de acción, impulso y espontaneidad, el medio ambiente se reduce a un mero receptáculo que simplemente reacciona ante a la actuación humana.
El medio ambiente recobra así el sentido quizá más añoso del término «ambiente», el literario, presente en expresiones como «drama de ambiente rural».
La naturaleza podía ser hermana con la que compartir, madre de la que aprender, diosa a la que temer; el medio ambiente es un objeto sin personalidad, sin iniciativa, con un poder ciego y menguante, manifestado únicamente en meteoros esporádicos -que, eso sí, aparecen cada vez con más asiduidad y violencia, confirmando los peores augurios climáticos-.
Lo natural sigue presentándose como sublime, pero se asimila cada vez más a un telón de fondo, sin protagonismo en la trama del discurrir humano.
Si hemos de procurar su sostenibilidad, debemos al menos tener una noción, siquiera difusa, de sus constituyentes.
¿Qué se supone, pues, forma parte del medio ambiente?
¿Qué distingue este escenario natural de otros escenarios posibles?
Probemos primero por intensión.
La definición (es decir, la aclaración, la distinción) intensional del medio ambiente es imposible sin postular un ámbito antròpico aislado de él.
Tal separación es necesaria para dotar de un sentido unitario a la expresión «medio ambiente»; el medio ambiente bien conservado sería, entonces, aquello que el ser humano «civilizado» no ha alterado (aún).
Si no definimos al menos un determinado grupo humano como fuera del medio ambiente, entonces éste tampoco se puede identificar por oposición a aquél.
Sin embargo, pocas delimitaciones habrá tan artificiosas e inverosímiles, no sólo porque ya no existan en el planeta rincones libres de la intervención humana, sino, antes y sobre todo, porque ésta nunca puede separarse totalmente del sustrato físico en el que tiene lugar.
¿Qué ocurre si probamos a delimitar el medio ambiente por extensión?
Dragos, calamares, un virus de la gripe, las mareas de San Agustín, la fotosíntesis, la migración de los ánsares árticos, la radiación solar, un golfo, el color de un hayedo en otoño,...
Al agrupar toda una serie de elementos diversos bajo el mismo significante, se diluyen sus diferencias, a menudo abrumadoras.
Porque, ¿qué relación, aparte de una contigüidad eventual, puede establecerse entre las nieves de enero, una erupción volcánica, el ciclo de Krebs, el aullido de un lobo, el Plasmodium malariae, las Islas Galápagos, un cristal de cuarzo, el sonido de las olas al retirarse entre los cantos rodados?
Todos ellos, sin embargo, forman parte del medio ambiente.
En negativo, ¿qué no forma parte del medio ambiente?
Ya se sabe: lo que vale para todo, no sirve para nada.
Llegamos así a la metonimia anunciada más arriba: la expresión «medio ambiente» se designa un todo (la physis, al fin y al cabo) con el nombre de una parte, o, tal vez, la parte con el nombre del todo.
Pero no sabemos de qué parte ni de qué todo se trata.
Luego tampoco está claro qué puede significar la sostenibilidad predicada del medio ambiente.
Sostenibilidad económica: un oxímoron
Se puede argüir que, en realidad, la alteración, el daño o directamente la destrucción del medio no es más (ni menos) que un índice de sostenibilidad de las actividades que se realizan en él.
Aun cuando, claro, descrito de otra manera (más edificante y hermosa, por cierto), el problema de la dependencia humana del entorno físico y los peligros que amenazan a quien con su actividad no lo respeta son bien conocidos desde antiguo:
«Había allí una enorme encina, robusta y antiquísima, que era ella sola un bosque; vendas, tablillas conmemorativas y guirnaldas ceñían sus ramas, testimonios de deseos cumplidos.
Muchas veces celebraron las dríades sus danzas festivas bajo esta encina, y muchas veces rodearon su tronco cogidas de las manos, y su medida era de quince brazos; el resto del bosque era bajo esta encina tanto como la hierba bajo el resto del bosque.
Pero no por eso el hijo de Tríopas [Erisicton] apartó de ella el hierro, y ordenó a sus siervos que talaran la encina sagrada.
Al ver que vacilaban en cumplir sus órdenes, le quitó el hacha a uno de ellos y pronunció estas infames palabras: «¡Aunque fuera no ya querido para la diosa, sino la diosa misma, pronto tocará el suelo con su frondosa copa!»
y mientras blandía el hacha para asestarle un golpe de costado, la encina de Deo tembló y emitió un gemido, sus hojas empezaron a palidecer a la vez que las bellotas, y también las largas ramas perdieron su color.
Cuando la sacrilega mano hirió el tronco, de la corteza herida manó sangre, de la misma manera que suele sangrar profusamente la garganta de un poderoso toro cuando cae sacrificado ante el altar. [...]
Él sigue adelante con su maldad; por fin, quebrantado por numerosos golpes y arrastrado por cuerdas, el árbol se derrumba, aplastando bajo su peso una gran parte del bosque.
Las Dríades, todas hermanas, atónitas ante el daño que suponía para el bosque y para ellas mismas, se visten de negro y se dirigen a Ceres con sus lamentos, y le piden que castigue a Erisicton.
Ella asintió a sus súplicas, y con un gesto de su cabeza, bellísima, sacudió los campos cargados de mieses maduras; meditó una clase de castigo que habría podido despertar compasión, si no fuera porque él, con sus actos, se había hecho indigno de compasión alguna: atormentarlo con el Hambre.
Pero puesto que ella no puede ir en persona, pues los hados prohiben que Ceres y el Hambre se encuentren, se dirige a una divinidad de los montes, una agreste oreada, con estas palabras: «Hay en los extremos confines de Escitia un lugar helado, una tierra triste, estéril, sin mieses y sin árboles.
Allí habita el Frío perezoso, la Palidez, el Temblor y el Hambre descarnada: ordénale a ésta que se oculte en las despiadadas entrañas del sacrilego Erisicton, y que no se deje vencer por la abundancia de los alimentos, que sea ella la vencedora cuando se enfrente a mis fuerzas» (Ovidio, 1994: VIII, 301-302).
El Frío, la Palidez, el Temblor y el Hambre no son sólo personificaciones míticas.
Casos como el de Nínive o el de la civilización maya fueron bien reales e ilustran una idea popular tan vieja como ellos: es insensato dañar a quien te da de comer.
Luego lo que debe resultar sostenible no es el entorno, sino la manera en que nos nutrimos de él, nuestra actividad económica.
Ya se ha dicho que lo que normalmente se califica como sostenible no es el medio ambiente, sino el desarrollo.
Por su parte, este desarrollo se identifica casi invariablemente con el crecimiento económico.
¿Puede decirse con sentido la sostenibilidad del crecimiento?
Al contrario que los primeros practicantes de la disciplina, como Smith, Malthus o Mill, la economía del siglo XX se dejó seducir por su aparato matemático y se centró más en la modelación y la medida que en la bondad de lo medido; estuvo más interesada por la aritmética política que por la verdadera riqueza de las naciones, y mucho menos por los sentimientos morales.
El crecimiento fue su preocupación fundamental, su meta.
Y aún lo sigue siendo en los inicios del siglo XXI.
Así lo declaraba Sala-i-Martin, en su conocido manual de la materia (Sala-i-Martin, 1994), que se abre con estas palabras:
«Sin ningún género de dudas, la teoría del crecimiento económico es la rama de la economía de la mayor importancia y la que debería ser objeto de mayor atención entre los investigadores económicos».
El crecimiento económico se confunde habitualmente con el de variables como el PIB o la renta per capita.
Pero, como se ha advertido en numerosas ocasiones, «es un error considerar rico un país sólo porque su PIB per capita resulta elevado, cuando puede estar dilapidando sus activos con un consumo desaforado» (Dasgupta, 2001: 29).
Los ingresos no son riqueza, y mucho menos los gastos, que es lo que propiamente miden los índices basados en el PIB o magnitudes similares.
Recordemos las palabras de Borges:
«El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro.
Puede ser una tarde en las afueras, puede ser música de Brahms, puede ser mapas, puede ser ajedrez, puede ser café, puede ser las palabras de Epícteto, que enseñan el desprecio del oro...»
Puede ser, pero no es.
El dinero no es bienestar, ni siquiera es propiamente riqueza.
De hecho, su acumulación desmesurada (es decir, sin mesura, sin prudencia) puede inducir una disminución de eso que se llama nivel de vida -y no sólo de quienes no tratan habitualmente con tan poderoso caballero.
En los últimos años, el crecimiento desmedido del consumo ha traído problemas también al «primer mundo»: laborales (la «deslocalización» provocada por la búsqueda feroz de mayores beneficios es uno de ellos), sociales (recordemos que ia migración, a menudo trágica, de desplazados por ia pobreza a los países más enriquecidos es también consecuencia de la ingente afluencia de recursos a esos mismos lugares), de salud pública (la extensión de la obesidad constituye un ejemplo especialmente ilustrativo) y, por supuesto, medioambientales (piénsese en la sequía causada no sólo por la ausencia de lluvias, sino. sobre todo, por la creciente, y no tan pocas veces disparatada utilización del agua).
Estas dificultades alcanzan a todos, independientemente de su nivel de ingresos, pero desde luego agravan en mucho mayor grado los padeci-mientos de los menos favorecidos.
La avaricia (¿por qué no llamarla así?) de quienes más tienen se llega a convertir, incluso, en causa directa de miles de muertes (Cuadro 1).
El crecimiento siempre tiene límites.
Cuando no los respeta, acaba, como los tumores, muriendo y matando a la vez.
Al menos desde hace treinta años (Meadows & al., 1972) esta muerte se percibe como verdaderamente posible, pero su amenaza no parece inquietar lo suficiente.
Aun cuando se negara toda verosimilitud a las previsiones catastrofistas, debe admitirse que la aritmética, como el algodón, no engaña: dada la limitación de los recursos, si somos más que nunca y unos consumen más que nunca, es porque otros pueden consumir menos que nunca.
Además, según queda patente en el último Informe sobre desarrollo humano de las Naciones Unidas (Watkins, 2005),rf^' 324 Además del de la correcta distribución intergeneracional de recursos, la sostenibilidad económica debe resolver el problema del mantenimiento de capital: cuando el consumo es excesivo, ya no se puede vivir únicamente de los intereses y el capital comienza a mermar, con lo cual disminuyen también sus intereses, de tal manera que pronto se entra en bancarrota.
Y hay quien se atreve a asegurar que ya hemos traspasado la frontera del exceso:
«La humanidad de comienzos del siglo XXI [...] no está viviendo de los intereses de su capital natural, sino del capital mismo.
Los suelos agrícolas profundos y fértiles están siendo erosionados en muchas regiones a un ritmo mucho más rápido que el de su regeneración, el agua almacenada en acuíferos subterráneos se está agotando y la biodiversidad se está destruyendo en una proporción nunca vista en los últimos 65 millones de años.
Cada año, los políticos se enorgullecen de extender un cheque cada vez más cuantioso contra las cuentas de sus bancos naturales nacionales -sus suministradores de capital natural («la economía creció un 2,3 % durante mi mandato»)-pero nunca comprueban el saldo de su cuenta, que puede estar cayendo en picado» (Ehriich & Ehriich, 2004: 182).
Problemas generalmente asociados a la sostenibilidad, como la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la sobreexplotación de los océanos, el empobrecimiento de los suelos cultivables, la urbanización excesiva, la acumulación de residuos de todo tipo,... implican, qué duda cabe, un daño cierto para las próximas generaciones.
Mas ya para nosotros mismos suponen una pérdida de capital que no podemos permitirnos.
El mantenimiento de ese capital puede interpretarse como un acto de generosidad, pero, en la situación en la que nos encontramos, ha de verse necesariamente como una cuestión de interés propio.
La historia es antigua y tan simple como un cuento infantil: el de la gallina de los huevos de oro.
Que estamos matando a la gallina (si es que no ha perecido ya) queda de manifiesto por el hecho de que, tras décadas de «crecimiento económico» constante, palabras como las siguientes, pronuncia-das este mismo año de 2005 por Nelson Mandela, resulten incontestables:
«La inmensa pobreza y la obscena desigualdad son flagelos tan espantosos de esta época -en la que nos jactamos de impresionantes avances en ciencia, tecnología, industria y acumulación de riquezas-que deben clasificarse como males sociales tan graves como la esclavitud y el apartheid» (Watkins, 2005:4).
Las necesidades y los límites invocados en la definición del
Informe Brundtland han sido sistemáticamente despreciadas.
Así que las siguientes declaraciones no son exageradas:
«Resulta muy sencillo clasificar un día las cosas como «buenas» o «malas» y no revisar jamás esa clasificación.
Durante generaciones, tanto el crecimiento de la población como el del capital fueron considerados absolutamente buenos.
En un planeta poco poblado y con recursos abundantes, había buenas razones para esa valoración positiva.
Ahora, con una comprensión cada vez más clara de los límites ecológicos, resulta tentador calificar todo crecimiento como malo» (Meadows, Randers & Meadows, 2004: 49).
Dada la situación actual, la economía del estado estacio-nario^^ no es una mera propuesta teórica, sino una necesidad que antes o después será inevitablemente percibida por todos.
Aun cuando se rechacen los principios termodinâmicos evocados por Georgescu-Roegen (1971), es evidente que ni el consumo ni la población pueden crecer indefinidamente.
precisión su llegada no es óbice para considerario inevitable.
No cabe, pues, más opción que el desarrollo sin crecimiento del consumo, al menos a partir de un punto.
«"El desarrollo sostenible es el" desarrollo sin crecimiento -sin crecimiento del caudal de transformación por encima de las capacidades de absorción y regeneración del medio ambiente» (Daly, 1996: 69).
Ahora bien, ¿en qué sentido puede decirse que existe desarrollo en una economía estacionaria?
En el estado estacionario se podrán llevar a cabo, seguramente con mayores éxito y justicia, innúmeras empresas (aquí en el sentido de actividades), pero serán éstas, y no «la economía», las que se desarrollen.
La estabilidad, como demuestra su discusión entre economistas, no es un fin económico, sino moral y, si ahora parece inevitable plantearia, no es por sus bondades teóricas, sino por las limitaciones físicas de la actividad humana.
En definitiva, lo sostenible en el ámbito de la economía no tiene por qué ser el desarrollo (sobre todo el de quienes están más que desarrollados), ni, por supuesto, el crecimiento.
La sostenibilidad económica sólo resulta razonable cuando se piensa en las relaciones de producción e intercambio que los seres humanos necesitamos para bienvivir (no meramente para sobrevivir), y no en la senda más o menos expansiva de ciertas variables.
Pero el bienvivir no es algo que se pueda someter a la disciplina económica.
La idea de desarrollo sostenible constituye, por tanto, un verdadero oxímoron: lo que se desarrolla creciendo no puede hacerio sosteniblemente.
La contradicción, además, no puede resolverse con criterios económicos porque el desarrollo desborda abundantemente el recipiente de la economía.
Cierto, la tecnología -que, recordemos, es contemplada a menudo como el conjunto complementario de «la naturaleza»-acude constantemente en auxilio del crecimiento, aportando nuevas formas de producir más con menos.
Pero, aun suponiendo que el progreso tecnológico redujera al mínimo el flujo de recursos necesario para alumbrar la cantidad de bienes que los seres humanos precisamos en un determinado momento, este mínimo no podría nunca ser cero.
Si las necesidades (es decir, el consumo) y los habitantes humanos del planeta se multiplican sin freno, aun el mínimo necesario llegará a ser demasiado.
Que el momento del colapso de un modelo de crecimiento continuo esté más o menos lejano y sea imposible calcular con 4.
Sostenibilidad ética: una tautología Las actividades humanas trascienden (o eso cabe esperar, al menos) la esfera de lo económico.
Incluso aceptando la muy discutible tesis de que «el orden de la sociedad es sólo mediatamente político, e inmediatamente económico» (Habermas, 1994: 77), el orden mediado también está ahí y permite que se opere en él.
La economía no agota la explicación ni proporciona la norma toda del actuar humano.
Bernard Shaw se equivocaba, desde luego, al conceder a la disciplina económica el título de «arte de sacar el mejor partido de la vida».
Esa labor correspondió siempre a Ya en la definición canónica citada más arriba se incluía el deber intergeneracional como ingrediente característico del desarrollo sostenible, dando así cabida a la ética en la cuestión de la sostenibilidad.
Sin embargo, y al contrario de lo que muchos, como Solow, afirman, el problema de la sostenibilidad no es solamente «una cuestión de equidad distributiva entre el presente y el futuro» (Solow, 2000: 134-135).
Una pluma (habría que decir un teclado, seguramente) más autorizada que la que traza estas líneas expresaba así esta misma idea:
«La divergencia de intereses que causa daños medioambientales desmesurados y amenaza el desarrollo sostenible no es la que se da entre las generaciones actuales y las venideras, sino la que enfrenta en el presente al contaminador con el resto de sus contemporáneos [...]
La amenaza a la sostenibilidad surge del desprecio (por parte de individuos que consumen y producen contaminando) del bienestar de los demás, no del desprecio (por parte de la generación presente) del bienestar de las generaciones futuras» (Ng, 2004: 152).
Tampoco estamos ante una cuestión de «ética de la empresa».
La sostenibilidad ética no se consigue «internalizando» las «externalidades» medioambientales y sociales generadas en las actividades productivas y consuntivas.
No se trata, como parecen pensar con complacencia muchos gobiernos actuales, de aplicar una batería más o menos exigente de medidas correctoras de ciertos fallos de mercado.
El mercado no es el problema porque, aunque se haya malinterpretado hasta el aburrimiento la ocurrencia que llevó a Adam Smith a dotarlo de manos (si bien invisibles), el mercado no actúa: lo hacen quienes concurren en él.
Son éstos los que pueden obrar sostenible o insosteniblemente.
En última instancia, lo que es sostenible o deja de serlo es una forma de vida, unas costumbres o mor^s, una moral.
Por eso la discusión acerca de la sostenibilidad es una discusión ética.
Lo cual no quiere decir que no merezca en ocasiones los calificativos de ecológica, económica o política.
Es todo esto precisamente porque se sitúa en el plano de la ética, que cubre a los otros tres (cosa que no necesariamente ocurre a la inversa).
«Ciertamente, existen en economía política grandes principios generales, en los que muy rara vez se producen excepciones, y límites netos en los que casi siempre puede confiarse como guías seguros, pero aun al examinarlos se encontrará que se asemejan, en la mayor parte de sus características, a las grandes normas generales de la moral y la política, fundadas en las pasiones e inclinaciones conocidas de la naturaleza humana: y ya nos refiramos a las cualidades del hombre, o a las de la tierra que está destinado a cultivar, nos veremos obligados a reconocer que la ciencia de la economía política se asemeja más a las ciencias morales y políticas que a las matemáticas» (Malthus, 1946: 3).
La sostenibilidad, decíamos al principio, no es más que una función insaturada, una.medida, un cedazo.
Cedazo que no puede convertirse en el motor, pero sí en la prueba del nueve de las buenas acciones (de cada individuo y de cada sociedad), en la versión temporal del imperativo categórico kantiano.
Si su enunciado «espacial» adquiere virtud reveladora en nuestro mundo atestado (Riechmann, 1995: 16), su versión temporal no le va a la zaga:
«Obra de forma que la máxima de tu conducta pueda convertirse en ley de vigencia indefinida».
Es verdad que cualquier regla moral extraída únicamente de la sostenibilidad está condenada al mero formalismo categórico y que, como tal, puede padecer las mismas críticas que a lo largo de los últimos siglos se han dirigido contra la ética kantiana y sufrir idénticas limitaciones.
No obstante, en un mundo lleno^^ parece difícil no aspirar a su cumplimiento, siquiera parcial.
Si ya en las primeras décadas del siglo XX el fenómeno de lo lleno era evidente («Las ciudades están llenas de gente.
Las casas, llenas de inquilinos.
Los hoteles, llenos de huéspedes.
Los trenes, llenos de viajeros.
Los cafés, llenos de consumidores.
Los paseos, llenos de transeúntes.
Las salas de los médicos famosos, llenas de enfermos.
Los espectáculos, como no sean muy extemporáneos, llenos de espectadores.
Las playas, llenas de bañistas.
Lo que antes no solía ser un problema, empieza a serlo casi de continuo: encontrar sitio.
¿Cabe hecho, más simple, más notorio, más constante en la vida actual?», escribía Ortega en 1930), más lo es ahora, cuando la población de entonces se ha multiplicado por más de tres.
En esta situación de congestión resulta vital volver visibles las consecuencias de nuestras acciones, que se convierten inconsciente o perversamente en causas de males de todo tipo.
Muchos de nuestros problemas se aliviarían si pudiésemos apreciar cómo los provocamos.
No vemos adónde van a parar nuestras basuras ni cuántas son, no vemos los CFC salir de nuestra vieja nevera y subir a deshacer la capa de ozono, ni vemos morir los corales de la Gran Barrera, ni cómo se quedan sin trabajo miles de personas en países cercanos, ni cómo se explota a otras en regiones más lejanas, ni cómo se mata por el petróleo (aunque lo oigamos), ni cómo baja el nivel de agua del acuífero o del embalse cuando abrimos el grifo.
El imperativo de corte kantiano que se ha enunciado contribuye a paliar tan lamentable ceguera, no por ser kantiano^'^, sino por despertar la conciencia de las consecuencias diferidas de nuestras decisiones.
Los seres humanos somos muchos, demasiados ya, y necesitamos herramientas para juzgar las consecuencias colectivas de la acumulación de actos individuales, sobre todo cuando, como ocurre ahora, tales actos se repiten casi mimetica y simultáneamente por doquier.
Cuando el colectivo es la totalidad de la especie y la amenaza parte de sus mismos miembros, a menudo inconscientemente, la mesura (entendida como conjunción de austeridad y prudencia) se convierte en necesidad perentoria.
Es verdad, «escarnecer la filosofía de la fuerza y de la supremacía es como escarnecer un exceso de bilis o un dolor de muelas» (Chesterton, 1964: 6), pero, dadas las circunstancias, no resulta en absoluto ocioso insistir en la iniquidad de los modelos que equiparan éxito colectivo y acumulación individual.
Mandeville no nos sirve cuando salta a la vista que muchos vicios privados sólo traen mayores vicios públicos.
¿Quiere lo anterior decir que el criterio de sostenibilidad sólo se aplica a colectivos?
No: sirve para ponderar acciones concretas, independientemente de quién las realice.
En su forma general, como se ha repetido ya, la sostenibilidad está tan vacía como un metro y, así como éste mide todo lo que ocupa, aquélla puede cribar todo lo que dura.
Debe tenerse en cuenta que la sostenibilidad efectivamente filtra, separa impurezas, que funciona mejor como criterio de maldad (técnica y moral) que de bondad: su incumplimiento es, desde luego, indeseable, pero su satisfacción no implica inmediatamente la excelencia de la acción juzgada.
Que toda acción ética es una acción sostenible es, evi-dentemente, una tautología: todo lo que resulta insostenible moralmente es insostenible.
Lo que ya no es cierto es que todo lo sostenible deba tomarse por moralmente aceptable.
Recordemos el ejemplo de la industria armamentística aludido antes.
Por lo demás, es evidente que la sostenibilidad es un ideal regulativo y, por lo tanto, no puede realizarse por completo.
Ahora bien, como tal ideal regulativo, debe presidir todas la acciones que pretendan aproximarse a él.
La sostenibilidad es, por tanto, solamente un criterio, y un criterio sobre todo moral.
Un criterio que, por fortuna, sirve para orientar las actuaciones políticas.
El ámbito de aplicación del criterio de sostenibilidad es el mismo que el de la política: la vida social de los seres humanos.
Por eso sería deseable que su interpretación superase los esquemas sectoriales, como el que se ofrece en la figura 5.
Aunque los tres ámbitos recogidos en la Figura 5 coincidan con los pilares que se invocaban en la Declaración de Johannesburgo:
«"Nosotros, los representantes de los pueblos del mundo", asumimos la responsabilidad colectiva de promover y fortalecer, en los planos local, nacional, regional y mundial, el desarrollo económico, desarrollo social y la protección ambiental, pilares interdependientes y sinérgicos del desarrollo sostenible» (ONU, 2002: §5), la noción de sostenibilidad no puede inscribirse en el círculo estrecho del desarrollo sin verse severamente cercenada, y aun traicionada.
Además, insistimos, desarrollo sostenible, ¿de qué?
Si no se dice, sus pilares, sean tres o treinta veces tres, no podrán estar bien asentados.
Cada día aparecen nuevos ejemplos de que el desarrollo económico (o sea, el crecimiento del peculio agregado), el desarrollo social (que no está muy claro en qué ha de consistir, pero en todo caso tendrá que ver con la satisfacción personal de los miembros de la sociedad) y la protección del medio ambiente (salvando la vaguedad del sintagma) resultan demasiado a menudo metas mutuamente excluyentes.
Lo deseable no es buscar un arreglo de compromiso como el que se desprende de la figura 5, sino encontrar un auténtico equilibrio estable que deje fuera las actividades incompatibles entre sí y, por tanto, simultáneamente insos-tenibles.
La imagen representativa no es la de la intersección de conjuntos, sino la de la imbricación lo más amplia posible de todos los ámbitos políticos.
Un equilibrio tal depende, en todo caso, de los fines adoptados por las sociedades que se lo propongan y en ningún caso determina qué es lo que efectivamente está equilibrado.
El equilibrio, como la sostenibilidad, también es un concepto insaturado.
Aun así, pueden enumerarse algunos requisitos que debe satisfacer una gobernanza que se quiera sostenible: a) Derribar el ídolo del crecimiento y despertar de la ilusión del supermercado: las estanterías no se llenan solas por las noches.
La cantidad y variedad de los bienes de los que podemos disponer no dependen directamente de nuestro dinero, sino, antes, de los recursos con los que se producen y de los sistemas que aseguran la neutralización de sus residuos.
Tenemos límites, especialmente para el consumo y el depósito de residuos.
La gobernanza sostenible debe ser capaz de defender una cierta noción de suficiencia (por no decir de austeridad, palabra de resonancia casi violenta en estos tiempos y esta parte del mundo).
No está claro, pero sí lo está que la idea de que lo que hay nunca es suficiente es absurda y peligrosa.
En cualquier caso, la noción de suficiencia no es primariamente económica, ni natural o biológica, sino moral, b) Atender, sobre todos los demás asuntos, el de la educación, como se desprende de lo antedicho.
La educación es la que da forma a los modos de vida, a los hábitos de consumo, a las relaciones económicas en general, a la implicación política, a la actitud estética y aun a la impronta sobre el medio, que pueden propiamente calificarse como sostenibles o insostenibles.
Sólo con educación, individual y colectiva, podrán hacerse patentes todos los problemas aludidos a lo largo de estas líneas, y sin ella no podrá nunca conseguirse una gobernanza sostenible: como Platón advertía en su Carta Vil (336b), en los excesos de la ignorancia «hunden sus raíces todos los males del mundo; ella los hace brotar y, a la postre, acaba produciéndoles a los que la han sembrado el fruto más amargo».
e) En relación con lo anterior, procurar la máxima transparencia.
Sin transparencia es imposible aplicar el criterio de sostenibilidad, puesto que su ausencia impide calcular correctamente las consecuencias de las acciones emprendidas, propias y ajenas.
Hoy, además, disponemos de unos magníficos medios para conseguirla, en particular las redes de telecomunicaciones y los dispositivos de almacenamiento de datos.
La presencia de numerosos licenciados Vidriera (permítasenos la licencia, aunque a alguien pueda parecer vidriosa), aun en forma de colectivo o de medio de comunicación, facilitaría enormemente el tránsito hacia un modo de vida sostenible.
La sostenibilidad es un requerimiento físico (medioambiental, si se quiere), económico y moral.
Por eso es también un deber político.
No un deber moral, económico o «medioambiental» del político (por más que la persona dedicada a la política tenga sus deberes y su cumplimiento ayude sin duda a satisfacer el criterio de sostenibilidad), sino una condición de posibilidad de la buena política, de la gobernanza.
Con lo cual carece de sentido una política sectorial sobre la sostenibilidad o el desarrollo sostenible, igual que carece de sentido un ministerio de honradez o de civismo (lo cual no quiere decir que en un momento dado, por ejemplo este, no esté de más lanzar programas sectoriales encaminados a conseguir la sostenibilidad en el mayor número de ámbitos).
Gobernanza y sostenibilidad vienen a ser dos conceptos casi conjugados: la primera no puede darse sin la segunda, puesto que la propia definición de bondad incluye la de eficacia, que no puede darse si aquello de lo que se predica está limitado por su propia existencia (es decir, una actividad insostenible no puede nunca calificarse como verdaderamente eficaz, puesto que acaba consigo misma).
Una gobernanza sostenible es ni más ni menos que aquella que se puede sostener; esto es, aquella cuyo ejercicio permite mirar atrás y adelante sosteniendo la mirada (sin apartarla de espanto ni bajarla por vergüenza).
El buen gobierno es aquel que pondera sus acciones, no daña sin querer, decide con el respaldo de la razón y de los gobernados, proyecta como si tuviera que asumir todas las consecuencias de sus iniciativas, y no tiene que esperar más amenaza que la de la violencia ilícita; un gobierno, en definitiva, cuyos logros pueden sostenerse, prolongarse indefinidamente en el tiempo sin que se vuelvan contra él.
El respeto al «medio ambiente» es sólo un indicador, si bien importantísimo, de que el gobierno de la sociedad que lo ejerce y lo propaga es, efectivamente, sostenible.
En todo caso, por muy vacía que se considere la idea de sostenibilidad, el gobierno (o la gobernanza), si no es sostenible, resulta insostenible.
La cita con la cual se abría el capítulo es una verdad de Pero Grullo que conviene tener siempre presente.
Si algo se quiere mantener, podrá discutirse cómo lograrlo, pero no si lograrlo.
El criterio de sostenibilidad elimina, pero no propone; condiciona, pero no determina.
La sostenibilidad no es una meta, ni siquiera un camino, sino una guía en el camino hacia la meta, que sólo nos ayuda a fijarla porque descarta algunos fines por inalcanzables.
Así pues, el primer paso hacia la sostenibilidad no puede darse si no se determina antes la dirección que se desea tomar.
Ya el gato se lo confirmó a Alicia: cuando no importa llegar a un sitio o a otro, entonces da lo mismo un camino que otro.
¿A qué sitio queremos llegar nosotros, como individuos, como sociedades, como especie?
Cada quien verá qué responde.
En todo caso, que tenga presente que el camino hacia lo mejor es efectivamente el de lo mejor, no el de lo mayor., 2005).
15 Para una exposición sistemática de la misma puede consultarse Daly, 1991.
16 La expresión es de Herman Daly.
17 Ha de quedar para otro lugar la discusión sobre los matices que adquiere el imperativo cuando se toma como imperativo político, colectivo, y no como mero principio de conducta individual.
Podría incluso ensayarse una lectura política de la ética kantiana incompatible con muchas de las interpretaciones usuales. |
RESUMEN Las patentes juegan un importante papel en el proceso innovador de cualquier país.
El presente estudio quiere presentar las patentes como agentes fundamentales de intermediación entre la producción tecnocientífica y el uso que de ella hace la sociedad.
El hecho de que las patentes incorporen a todos los actores que forman parte de este proceso (los investigadores, las instituciones científicas, los organismos de gestión del conocimiento, las empresas, etc.) las hace fundamentales a la hora de abordar este estudio.
Partiendo de los datos en materia de patentes que genera el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, se estudiará el uso inmediato que se hace de la tecnología patentada como ayuda necesaria para el desarrollo de l+D. Se estudiará la incidencia, que a más largo plazo, pueden tener las patentes en la industria y en las administraciones públicas a la hora de planificar actividades o diseñar de estrategias a seguir.
Los estudios realizados hacen pensar en una posible relación directa entre política científica y patentes.
Todo esto unido al estudio de casos concretos permitirá valorar en qué medida las patentes del CSIC han contribuido al desarrollo del estado de la técnica de un sector determinado, cómo ha sido la evolución tecnológica que se ha producido, cómo se ha generado la transferencia de tecnología, en qué medida las patentes del CSIC permiten hablar de un reflejo de políticas científicas anteriores, hasta que punto el nuevo conocimiento generado por las patentes repercute también una nueva forma de gestionarlo.
PALABRAS CLAVE Políticas de ciencia y tecnología, ciencia y sociedad, conocimiento y sociedad, patentes.
Los cambios que se han producido en las nuevas formas de obtención del conocimiento han repercutido en la aparición de nuevos actores, nuevas demandas de aplicación de este conocimiento, nuevos procedimientos.
Estos cambios también han permeado modificando las estructuras y organizaciones encargadas de gestionar este conocimiento incorporando en sus equipos de trabajo a otros actores, como científicos y políticos científicos, antes ausentes pero que ahora resultan muy útiles para establecer el necesario diálogo con los investigadores.
El cambio en la producción de conocimiento también ha repercutido en la forma de cuantificary medir la producción científica.
Los curricula van, aunque de forma todavía tímida, incorporando nuevos espacios para nuevos méritos.
En este nuevo contexto en el que hay que pensar en nuevas modos de participación de los distintos actores que forman parte del mismo, desde las políticas científicas hasta las nuevas formas de llegar e involucrar a la ciudadanía, es donde hay que enmarcar este De todos es conocido que las patentes juegan un importante papel en el proceso innovador de cualquier país.
Valorarlas y utilizarlas como instrumento para el estudio y análisis de la gestión del conocimiento es lo que se pretende en este artículo.
Aunque es cierto que los trabajos que se han ocupado de estudiar las conexiones existentes entre el conocimiento generado en el ámbito de la investigación y su paso al mundo de la aplicación en España no son muy alentadores, también lo es que son procesos complejos necesitados de otros estudios y aproximaciones.
Hay indicios de que esto puede estar cambiando.
Uno de ellos, aunque no el único, es la aparición del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), organismo público español que aglutina el mayor número de centros de investigación dedicados a ciencia y tecnología, en una Newsletter (n' 06/2004) del Patent Corporation Treaty (PCT, Tratado de Cooperación en materia de Patentes).
Esta lista hace públicas las empresas que más han utilizado, durante el año 2003, el sistema PCT.
Este tratado, firmado por 121 países de todo el mundo, internacionaliza y al tiempo facilita ciertas fases del procedimiento de tramitación de patentes en cualquiera de los países firmantes.
Otro dato que hay que tener en cuenta es que el CSIC es el único organismo español que figura en esta relación, no aparece ninguna otra empresa pública o privada española, y lo hace ocupando el puesto 166 de un total de 221.
Por delante en el ranking hay empresas y organismos públicos de investigación de nacionalidad alemana, japonesa, norteamericana, inglesa, sueca, francesa, coreana, suiza o india.
También en estudios regionales sobre innovación y desarrollo tecnológico han aparecido datos que ponen de manifiesto el peso del CSIC como una de las principales entidades públicas de investigación titulares de patentes en la Comunidad de Madrid durante el periodo 1992-1999 (Buesa, 2002).
Si a lo anterior se une el papel que en general juegan estos documentos, las patentes, en el proceso innovador de cualquier país, parece lógico y oportuno plantear que puedan ser un buen instrumento de trabajo que aporte datos interesantes que permitan ahondar en los estudios sobre sociedad civil y gobernanza de la ciencia y la tecnología, y más concretamente sobre patentes y gobierno estratégico de la ciencia y la tecnología.
Partiendo de la definición de gobernanza como la puesta en práctica de formas de gobierno estratégicas para poner de relieve el valor de lo público a través de la relación entre sociedad, mercado y Estado y conseguir de ésta forma un desarrollo socialmente sosteníble, y siguiendo la definición del concepto de «sistema de innovación» propuesto por J. Metcalfe (1995), la patente aparece como un elemento interesante de intermediación entre la producción tecnocientífica y el uso que de ella hace la sociedad; también el documento de patente incorpora a todos los actores que han intervenido en el proceso (investigadores, instituciones científicas, organismos de gestión del conocimiento, empresas...); y por último, no hay patente si no hay conocimiento.
Tradicionalmente los estudios sobre patentes han ocupado y ocupan a especialistas en economía del cambio técnico.
Gracias a esos trabajos, sabemos que las patentes no solo permiten conocer las actividades de producción de conocimiento, sino que permiten también la puesta en el mercado de este conocimiento y, en su caso, su utilización por el sistema productivo industrial.
Los estudios disponibles sobre patentes en España se refieren en su mayoría a empresas innovadoras, aunque recientemente han comenzado a incorporar también datos significativos de universidades y de organismos públicos de investigación (sobre patentes, véase Bercovitz et al 1985; para una contextualización de los datos de patentes españolas en el marco del sistema español de l+D, véase Buesa 2003; Sanz Menéndez y Arias, 1998; Buesa y Molerò 1992; Azagra, Fernández de Lucio y Gutiérrez, 2003).
La mayor parte de estos análisis realizados desde una perspectiva económica persiguen conseguir un modelo econométrico que pueda ser aplicado de forma general y que permita medir y evaluar la innovación a través de las patentes.
Pero la mayor parte de estos trabajos, al contextualizar los datos de las patentes en el sistema general de l+D, lo que hacen es medir las condiciones del entorno en el que se han generado estas patentes y hasta qué punto favorecen la innovación, o medir los factores de producción individuales o la producción en sí misma, pero los resultados obtenidos mediante estos modelos econométricos proporcionan una parte de lo ocurrido, no entrando por ejemplo en cuestiones relacionadas con el conocimiento en sí que contiene un documento patente.
Un reciente trabajo de J. 0.
Lanjow y M. Schankerman (2004) plantea este problema y propone la creación de un «índice de calidad de patentes» donde se mediría el número de patentes necesario para crear patentes ajustadas a la calidad, de lo que resultaría una medida más útil de los resultados de l+D. Esta nueva aproximación al estudio de las patentes resulta interesante pues parece razonable valorar la calidad antes de la cantidad; los números pueden ser indicativos, pero quizá lo que resulte interesante sea conocer qué es lo que da lugar a estos números.
En este sentido Lanjow y Schankerman apuestan en su trabajo por la utilización de cuatro indicadores para medir la calidad: las citaciones posteriores (número de patentes posteriores que citan a una patente determinada durante un periodo de cinco años), las citaciones anteriores (número de patentes citadas previamente en una patente dada), número de solicitudes presentadas de una misma patente, lo que se conoce como la familia de la patente (número de solicitudes presentadas de forma paralela en distintas jurisdicciones).
El cuarto de los indicadores, quizá lo más interesante de este trabajo, parte de la constatación de que el peso de estos tres indicadores varía en función del campo tecnológico en el que se adscribe la patente.
Por ejemplo en el campo de la industria farmacéutica el indicador clave que indica la calidad de las patentes es el que hace referencia a las citaciones posteriores.
Otro dato relevante es que el estudio de las patentes comienza a salir del campo de la economía para ser objeto de estudio de otras disciplinas.
Ejemplo de ello son los interesantes trabajos que se están llevando a cabo desde perspectivas bibliométricas -las que miden el flujo de conocimiento desde la investigación a la aplicación tecnológica-, utilizando como indicadores el número de citas de publicaciones científicas que aparecen en los documentos de patente y que sirven para ilustrar el estado de la técnica en la que se apoya la patente (Albert y Plaza, 2004).
Otro campo desde el que se están haciendo trabajos sobre todo de bases de datos sobre patentes de los siglos XVIII, XIX y primeras décadas del XX, es el de la historia de la propiedad industrial.
Desde 1999 la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y la Oficina Española de Patentes y Marcas están colaborando en la catalogación y estudio del material que conserva el Archivo Histórico de esta oficina (Sáiz González, 1995, 1996y 1999).
Desde el análisis filosófico de la política científica y tecnológica se viene constatando que se suelen dar carencias en la comprensión de términos y conceptos.
Estos defectos de conceptualización justifican una revisión de situaciones que se pueden considerar como bien establecidas.
Por ello un repaso sobre cómo ha evolucionado la legislación en el ámbito de las patentes y la influencia que la propia legislación ha ejercido sobre ellas, va a ser el primer tema a tratar.
Con estos trabajos como punto de partida se va a estudiar la patente como fuente de información y formación tecnológica.
Después, una aproximación histórica permitirá conocer cómo se han generado las diferentes estructuras administrativas que hacen posible que esta información tecnológica viaje de forma ordenada y se ponga en el mercado.
Un paso más en este estudio llevará, trasladando el concepto de calidad frente al de cantidad, a analizar el caso del CSIC y en concreto las solicitudes de patentes del área de biología y biomedicina.
Una patente es un documento que atribuye a su titular un derecho exclusivo de explotación de carácter temporal, 20 años, sobre la invención.
La exclusividad está limitada sólo al país para el que se ha solicitado y concedido la patente.
Para que una invención sea patentable, la Ley de Patentes (LP) exige como requisitos básicos que aporte novedad, que tenga actividad inventiva, que pueda ser objeto de aplicación industrial, y que cuente con una descripción suficiente y clara para que un experto en la materia pueda aplicarla.
Los tres primeros requisitos, aparentemente claros, presentan también matices que conviene detallar.
Novedad: la LP considera que una invención es nueva cuando lo que aporta no está comprendido en lo que se denomina «el estado de la técnica».
Este estado de la técnica lo conforma todo el material que, con anterioridad a la fecha de solicitud de la patente, ha sido hecho público por cualquier medio o soporte.
Por ejemplo, pertenecen al estado de la técnica un producto comercializado, una descripción oral seguida de una publicación (la fecha que se tomaría sería la de la exposición oral); por el contrario, una descripción errónea que no permita la consecución de un objetivo, no forma parte de este estado de la técnica.
Otro caso que se puede dar es que la invención esté comprendida en otra invención anterior, y que por tanto pertenezca ya al estado de la técnica, pero tenga unas características propias que no aparezcan descritas en ese estado de la técnica; si ésta innovación cumple los otros dos requisitos de actividad inventiva y aplicación industrial, será patentable como patente dependiente.
Actividad inventiva: se considera que una invención tiene actividad inventiva si, teniendo en cuenta el estado de la técnica, no resulta obvia para un experto en la materia.
Aplicación industrial: se considera que una invención es susceptible de aplicación industrial cuando su objeto puede ser fabricado o utilizado en cualquier clase de industria.
Por poner algún ejemplo quedan fuera de posible aplicación industrial los métodos de tratamiento quirúrgico o terapéutico y de diagnóstico aplicados al cuerpo humano o animal, aunque no ocurre lo mismo con los productos, sustancias o composiciones, los aparatos o instrumentos necesarios para la puesta en práctica de los métodos de tratamiento o de diagnóstico mencionados.
La necesidad de contar con una buena legislación de patentes es algo que hoy es entendido y asumido por todos.
Su influencia directa en la investigación protegiendo los resultados, así como en la economía, impulsando la innovación tecnológica y elevando el nivel competitivo de la industria, son en principio argumentos de peso.
Pero estas circunstancias hoy tan asumidas, hace dieciocho años generaban contradicciones con la legislación entonces vigente.
Hasta 1986 España contaba con una legislación de patentes que databa de 1929, el llamado Estatuto de Propiedad Industrial (EPI), obsoleto e imposibilitado para regular aunque fuera un desarrollo tecnológico como el español de entonces.
La entrada en la Comunidad Europea obligó, como en otros muchos campos, a hacer compatible la legislación y a incluir normativas ya asumidas por los otros estados miembros.
En el caso de las patentes había que incorporar lo aprobado en el Convenio de Munich de 1973 sobre patente europea y el Convenio de Luxemburgo del5 de diciembre de 1975 relativo a la patente comunitaria.
Por lo tanto la Ley de Patentes de 1986 (LP) regula la patentabilidad de las invenciones siguiendo el Derecho europeo y, por primera vez se introduce en España la posibilidad de patentar productos químicos, farmacéuticos y alimentarios, aunque, para el caso de los productos químicos y farmacéuticos, la propia ley estableciera otra demora, hasta el 7 de octubre de 1992, por los problemas que una implantación rápida pudiera ocasionar en los correspondientes sectores industriales. vicios con la empresa que sean fruto de la actividad de investigación explícita o implícitamente constitutiva del objeto de su contrato, pertenecen al empresario» (título IV, artículo 15).
Este artículo sirve de referencia para el resto pues el artículo 20, dedicado específicamente a los investigadores pertenecientes a las administraciones públicas y a los profesores de la universidad, en su apartado 1 remite al artículo 15 mencionado, y en su apartado 2 la Ley atribuye a la universidad la titularidad de las invenciones de los profesores y en los apartados 8 y 9 se deja abierta la posibilidad de aplicar esto mismo a los investigadores de los entes públicos de investigación.
Hay otros dos datos interesantes que introduce la nueva ley; uno es la incorporación en el procedimiento de la concesión de un «informe sobre el estado de la técnica», informe que fortalece las patentes concedidas y que permite, a la hora de elaborar un estudio como el que se pretende, valorar la calidad frente a la cantidad; y el otro es la creación de un fondo documental de patentes de todo el mundo, aunque se hace hincapié en las patentes en lengua española.
Hoy día la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) tiene disponibles, para cualquier tipo de consultas, bases de datos nacionales y extranjeras (para invenciones en español OEPMPAT: con datos bibliográficos de documentos de patentes y modelos de utilidad tramitados por el EPI y por la LP, así como las patentes europeas y las solicitadas vía PCT que designan a España y que generan un documento en español; LATIPAT: contiene Patentes y Modelos de dieciocho países iberoamericanos; CLIPAT: con la Clasificación Internacional de Patentes (CIP); y para invenciones en otros idiomas esp: contiene los datos bibliográficos de las patentes publicadas en los dos últimos años en cualquier estado miembro de la Organización Europea de Patentes, así como las de la Oficina Europea de Patentes (OEP) y los de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI)).
Este es un dato relevante pues hoy día es difícil hablar de innovación sin información tecnológica: el nivel de desarrollo tecnológico será mayor si las estructuras productivas tienen facilidades de acceso a esa información.
La patente como generadora de estructuras para proteger resultados
sa de sistema de innovación como «conjunto de las organizaciones de naturaleza institucional y empresarial que, dentro del territorio correspondiente, interactúan entre sí con objeto de asignar recursos a la realización de actividades orientadas a la generación y difusión de los conocimientos sobre los que se soportan las investigaciones...»
(Buesa, 2003: 236), las patentes sirven de nexo de unión, entre las organizaciones implicadas directamente en la obtención del conocimiento (los centros públicos de investigación o las universidades) y las empresas innovadoras que asumen el desarrollo de la investigación, su aplicación productiva y su puesta en el mercado.
Pero se daban dos circunstancias que hacían que esta conexión no fuera fluida; la primera era la falta, en el ámbito de la producción científica, de una cultura de protección de resultados científicos antes de su publicación en revistas científicas, y la segunda la no consideración del conocimiento como un bien económico y por lo tanto la carencia de las estructuras necesarias para gestionarlo como tal. ados por la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) y por la Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reformas (FINICER), aprovechó algunas de las ideas puestas en marcha antes de la guerra -sobre todo de la FINICER pues la JAE hizo más hincapié en la investigación básica-que favorecían la concentración de esfuerzos para mejorar la investigación aplicada.
Así tras la guerra la investigación técnica quedó organizada bajo el Patronato Juan de la Cierva.
El objetivo era unificar esfuerzos con el fin de responder a los intereses nacionales.
Este mismo objetivo fue el que llevó a que una misma persona, Juan Antonio Suanzes, fuera al tiempo Presidente del Patronato Juan de la Cierva y Presidente del Instituto Nacional de Industria (INI).
La coordinación entre una organización y otra no fue una tarea fácil y quizá, estos inicios, marquen ya la tendencia que va a caracterizar la relación entre la investigación y la industria en España.
El reconocimiento de estas circunstancias unido al importante papel que adquiere la patente en el nuevo marco legal generado a partir de 1986, pone sobre la mesa la necesidad de crear nuevas estructuras que fomenten la protección de resultados en el ámbito de la investigación pública, o lo que es lo mismo, crear organizaciones que faciliten la relación entre los dos extremos: era necesario establecer los mecanismos que permitieran el flujo de conocimiento e información, la cooperación y la canalización de los recursos.
Así desde el primer Plan Nacional de l+D (1988)(1989)(1990)(1991) se impulsó la creación, en universidades y organismos públicos de investigación, de Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) con la idea de facilitar la comunicación y cooperación con las empresas y facilitar así la transferencia de resultados de la investigación pública al sector industrial.
Todas estas oficinas quedaban bajo la coordinación de la Oficina de Transferencia de Tecnología (OTT), unidad dependiente de la Secretaría General del Plan.
Sobre los resultados de estas iniciativas estatales en la década de los ochenta ver Represa, Castro, Fernández de Lucio, 2003y Buesa, 2003.
Pero en este campo no todo era nuevo.
Había experiencias anteriores que resultaron de gran utilidad.
Por ejemplo en el CSIC funcionaba la Oficina de Valoración y Transferencia de Tecnología que coordinaba y tramitaba el conocimiento generado en los distintos institutos de este organismo.
El CSIC, como heredero de la red de organismos científicos cre-
La patente como fuente de información tecnológica
Hoy día son múltiples las vías por las que viaja la información y el conocimiento científico y tecnológico.
Congresos científicos, publicaciones, tesis doctorales o exposiciones son medios por todos conocidos por los que cualquier interesado en cualquier materia puede acceder a este conocimiento.
Por el contrario, raras veces las patentes son utilizadas de esta forma, algo que no deja de resultar curioso sobre todo si se tiene en cuenta que son unos documentos, que por ley, tienen que hacerse públicos.
Una primera aproximación a lo que se conoce como literatura de patente -a priori críptica o excesivamente técnica-permite hacer otro tipo de lectura que da a la patente un protagonismo que hasta ahora no había tenido.
Una de las condiciones fundamentales que debe cumplir una patente es que debe contar con una explicación clara de lo que se quiere patentar.
Por ello normalmente esta documentación tiene una pretendida voluntad divulgativa, característica ausente en otras informaciones de carácter más tecnológico; en el resumen que debe incluir todo documento patente normalmente se pueden encontrar datos del con- texto en el que se ha creado la investigación, pero también diferentes ejemplos de posibles aplicaciones industriales.
Esto es una gran ventaja, pero no la única.
Por ejemplo el documento patente suele tener una estructura bastante uniforme, lo que también facilita el estudio; además cubre, en principio, todos ios sectores técnicos que, siendo susceptibles de aplicación industrial, puedan resultar relevantes tanto en el ámbito nacional como en el internacional.
Otra particularidad destacable es que estos documentos contienen una información que raramente se difunde en otros formatos que no sea la patente, por lo que resultan no solo complementarios sino necesarios para hacer un estudio en profundidad.
Un último dato que también facilita el acercamiento a lo que se conoce como «literatura de patentes», es que desde 1971 todas las oficinas nacionales responden a una única ordenación, la Clasificación Internacional de Patentes (CIP).
En un mismo documento patente están incluidos diferentes tipos de documentos, todos ellos públicos, que varían en función de la legislación de cada país.
Hay tres básicos e imprescindibles: la solicitud, la concesión y el informe sobre el estado de la técnica.
La solicitud de la patente, único documento hecho por el propio inventor y que él mismo presenta ante una Oficina de Patentes, tiene un doble interés.
Por un lado es donde se recoge la primera descripción de la invención, pero además los propios términos y delimitaciones que en él se establecen, son muy indicativos de lo que busca proteger el inventor.
El documento de concesión de la patente también describe la invención, pero a diferencia de la solicitud, lo hace tal y como va a ser protegida a partir de entonces.
Hasta llegar a la concesión de una patente son diferentes las fases, en función del procedimiento elegido por el solicitante, por las que una solicitud debe pasar; normalmente, durante estas fases, la solicitud original sufre modificaciones que se le van añadiendo.
El informe sobre el estado de la técnica, que hasta 1986 no se contemplaba en España, es un documento redactado por las oficinas de patentes que reúne la relación de todo lo publicado, ya sean patentes o no, que tenga algún tipo de vínculo con la solicitud en cuestión.
Este informe da por tanto a conocer ios elementos del estado de la técnica necesarios a tener en cuenta con el objeto de determinar la novedad y actividad inventiva de la solicitud de la patente, y permite, tanto al solicitante como a cualquier otra persona interesada, valorar y apreciar en su justa medida su valor.
Al ser un documento con tanto peso específico, pues no sólo de él depende la concesión o no de la patente sino, como se indi-ca a continuación, resulta clave a la hora de generar y transmitir conocimiento, las oficinas de patentes tienen perfectamente establecido cómo proceder para realizarlos: se estudia la solicitud, se determina el objeto de la invención, se plantea la estrategia de búsqueda en las distintas bases de datos, se solicitan y estudian los documentos seleccionados en la búsqueda anterior y por último se seleccionan y valoran dichos documentos.
Si desde el punto de vista jurídico el documento importante es el de la concesión, desde el punto de vista científico, tecnológico y de la política científica, tienen mayor importancia la solicitud, primer documento en dar a conocer el contenido de la invención, y el informe del estado de la técnica por lo que aporta sobre la novedad y sobre el estado de la técnica en el que se encuadra.
Son muchos los usos de la información contenida en las patentes y esta información sin duda no es de exclusiva utilización por los científicos o por los técnicos.
Obviando el uso de patentes con fines legales, en principio se pueden establecer dos ámbitos claros de aplicación: el primero donde hay un uso inmediato de la tecnología patentada como fuente de ayuda imprescindible a la l+D, y el segundo, donde un uso más reposado, analítico y a más largo plazo, permite que la industria y las administraciones públicas planifiquen actividades futuras y opten por estrategias a seguir.
Así la información contenida en las patentes permite estudiar:
El estado de la técnica de un sector tecnológico determinado.
Un buen conocimiento de lo que ocurre no solo permite no duplicar esfuerzos, sino que también sirve de acicate; permite solucionar problemas tecnológicos específicos, conocer en qué estado están los posibles competidores y valorar la oportunidad de hacer inversiones.
El seguimiento de la evolución tecnológica que se ha producido, cuáles han sido las tendencias, cómo han sido los tiempos.
La transferencia tecnológica: cómo viaja la tecnología, cómo se establecen las relaciones entre las partes interesadas, si hay intermediarios, cómo se produce la aportación del capital, si esta transferencia de tecnología implica formación de personal, si se producen modificaciones en la forma de hacer ciencia, en los métodos de gestión, las instituciones u organismos implicados...
En definitiva el documento patente parece un instrumento interesante de estudio a la hora de evaluar la creación y divulgación del conocimiento científico y tecnológico de un país, y en el caso concreto del CSIC, permiten ver el papel desempeñado por este organismo en las redes de intercambio de conocimiento no sólo en España, sino también a nivel internacional, así como los efectos y consecuencias que han tenido en el CSIC la producción de patentes.
Para dar una idea de la complejidad que hay detrás de los procedimientos de solicitud, se exponen a continuación los pasos que con mayor frecuencia tiene que dar la Oficina de Transferencia de Tecnología del CSIC, oficina dedicada a la tramitación de las solicitudes de patentes generadas por los investigadores de este organismo, para conseguir la aprobación de una patente.
La solicitud nacional, la solicitud internacional y la solicitud europea, son tres procedimientos con ámbitos distintos de actuación aunque semejantes en algunas de sus fases y sobre todo en los objetivos; los tres son independientes y lo interesante es que pueden ser complementarios.
Los distintos procedimientos que contempla y regula la legislación sobre patentes aportan también mucha información a la hora de estudiarlas.
Las opciones por seguir un procedimiento y no otro, revelan no sólo la estrategia adoptada para su aprobación, sino también las expectativas depositadas en esas solicitudes.
Se puede hacer una valoración de la patente en función del procedimiento que ha seguido: una solicitud que inicia un procedimiento nacional, y luego continúa con otros procedimientos internacionales, lleva a pensar, en principio, en una patente prometedora, fuerte.
Las diferencias establecidas en las distintas legislaciones que rigen los procedimientos pueden también marcar tendencias o costumbres, diferenciadas por territorios, a la hora incluso de optar o no por patentar.
Todos estos matices llevan a pensar que un estudio que contemple sólo datos cuantitativos o estadísticos de patentes, tendría un resultado cuando menos incompleto.
De forma general se pueden establecer tres tipos de sistemas de concesión de patentes en el mundo.
De menor o mayor rigor, el primero es el llamado sistema de simple depósito.
En el que tan sólo se examinan las formalidades administrativas, carece por tanto de la información tecnológica necesaria y no aporta ninguna certidumbre sobre la validez de la patente.
El segundo es el sistema con informe sobre el estado de la técnica, tiene como ventaja que hace pública, como ya se ha mencionado, una información tecnológica de calidad, que clarifica el mercado aportando así mayor certidumbre de validez que el sistema anterior.
El sistema con examen previo es el que garantiza un mayor rigor de estudio pues incluye un informe sobre la novedad y la actividad inventiva de la solicitud.
Los requisitos mínimos para que una solicitud sea admitida a trámite y obtenga así una fecha de presentación son: presentar una declaración que aclare por qué se solicita la patente, contar con una identificación clara del solicitante, dar un título a la invención, aportar una descripción así como una o varias reivindicaciones, abonar la tasa de solicitud y establecer la prioridad (el país de origen y la fecha).
Del examen formal y técnico interesa destacar que si la invención que se quiere patentar se refiere a materia biológica, está obligado el solicitante siguiendo el Tratado de Budapest, a hacer un depósito de una muestra de dicha materia en la institución nacional reconocida para ello.
En el caso español ésta institución es la Universidad de Valencia, que acoge la llamada «Colección española de cultivos tipo» (CECT)^ Otro papel fundamental que realiza este examen es el de delimitar lo que se entiende por invención, por ejemplo los descubrimientos o las teorías científicas o los programas de ordenador no son considerados invenciones; la ley establece lo que no es susceptible de aplicación industrial: métodos de tratamiento quirúrgico o terapéuticos, métodos de diagnóstico aplicados al cuerpo humano o animal, aunque por el contrario sí lo son los productos, aparatos o instrumentos necesarios para la aplicación de estos métodos; y por último deja fuera de posible patente todas las invenciones cuya explotación pueda ir contra el orden público o la moral y las buenas costumbres.
En este grupo, hoy un tema de plena actualidad, se incluyen los procedimientos de clonación de seres humanos, los de modificación genética germinal del ser humano, la utilización de embriones con fines industriales o comerciales, o los procedimientos que modifican la identidad genética de animales sin una Sobre el informa del estado de la técnica hay que destacar que lo realizan, en el seno de las propias oficinas de patentes, los técnicos destinados para ello y que una vez finalizado la ley obliga a hacerlo público en los boletines de las oficinas; la OEPM cuenta con su propio boletín: el Boletín Oficial de Patentes Industriales (BOPI).
Solicitud internacional: Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT)
Aunque es un tratado que se firmó en Washington en 1970 y en junio de 1978 ya formaban parte de él dieciocho estados, no fue hasta 1989 cuando se produjo la adhesión española entrando en vigor en noviembre de 1989.
Este sistema, normalmente utilizado por el CSIC para poner sus patentes en el mercado internacional, tiene grandes ventajas pues facilita enormemente el procedimiento de solicitud en el ámbito internacional.
Pero conviene aclarar que, a diferencia de los otros dos procedimientos tratados, el sistema PCT, no finaliza con la concesión o denegación de una patente, sino que se limita a tramitar y a gestionar las solicitudes.
Las ventajas que aporta el sistema PCT son varias.
La primera y más obvia es la internacionalización del proceso además de facilitar algunas fases del procedimiento.
Otro punto interesante es la creación de un sistema descentralizado ya que incorpora diferentes oficinas de propiedad industrial de los diferentes países miembros con el fin de que cada una de ellas, aporte trabajos de forma organizada.
Para explicar esto puede servir de ejemplo el caso español.
Desde septiembre de 1993, la OEPM cuenta con la condición de administración internocional de búsqueda; en 1999 la OEPM firmó un Acuerdo con la Oficina Europea de Patentes de armonización en materia de búsqueda de PCT.
Comienza la fase de búsqueda internacional, de publicación y de examen preliminar.
Si los solicitantes siguen interesados en obtener las patentes deben, en la oficina nacional afectada, pagar las tasas correspondientes y, en ocasiones, presentar una traducción.
Después cada oficina nacional, siguiendo su procedimiento nacional de concesión, procederá a conceder o a desestimar la solicitud.
Así el sistema PCT establece dos fases claramente diferenciadas, la internacional que comprende la presentación de solicitud internacional, la búsqueda internacional, la publicación internacional y el examen preliminar internacional si así lo quiere el solicitante, y una segunda fase la nacional / regional ante las oficinas elegidas.
Desde la primera solicitud nacional ante la oficina local hasta la entrada en las fases nacionales de los distintos países interesados pueden llegar a transcurrir, en el mejor de los casos, hasta 30 meses.
Esta dilatación en el tiempo puede favorecer, pues es aprovechado por los solicitantes para tantear el mercado y buscar las mejores opciones para la patente.
Pero en otras ocasiones puede ser un inconveniente: se dan casos de empresas que mantienen el coste económico que supone el trámite de la solicitud, por el interés que tienen en su posible explotación.
Solicitud europea: Convenio de la Patente Europea (CPE-EPC)
Las solicitudes de patentes para Europa se realizan bajo el Sistema del Convenio de la Patente Europea (CPE-EPC).
Este convenio internacional concede una patente de forma centralizada para los países miembros.
Se firmó en octubre de 1973 aunque no entró en vigor, para el primer grupo de países firmantes, hasta octubre de 1977.
La adhesión de España se produjo en julio del986, haciéndose efectivo en octubre del mismo año.
Hoy día forman parte del CPE 29 estados.
Este procedimiento de solicitud es bastante similar al español aunque con una diferencia importante.
La recepción de las solicitudes puede hacerse en las oficinas receptoras de cada país miembro, pero la tramitación se lleva a cabo en la Oficina Europea de Patentes (OEP-EPO) con sedes en Munich y La Haya.
El sistema CPE comprende dos trámites bien diferenciados, uno previo a la concesión y otro posterior.
Del primero forman parte la presentación de la solicitud con la designación de los países donde se quiere proteger la invención, la elaboración del informe del estado de la técnica, la publicación de la solicitud y del informe del estado de la técnica (generalmente en un plazo no superior a los 18 meses de la fecha de solicitud o de prioridad), el examen y la eventual concesión de la patente.
El segundo de los trámites, que se pone en marcha una vez concedida la patente, incluye la posibilidad de que terceros, durante un plazo de 9 meses desde la fecha del anuncio de la concesión, se opongan a ésta (aquí la diferencia con el procedimiento español), y la validación de la patente europea en cada país seleccionado, normalmente tres meses después de la fecha en que se hace pública la concesión.
La diferencia con el procedimiento español es que en el europeo la oposición de terceros se produce una vez concedida la solicitud de patente, y no previamente al examen como ocurre en el español.
Este dato es importante a la hora de estudiar una patente europea; si la oposición de terceros ocasiona modificaciones a la patente concedida, provoca la necesidad de una nueva validación, lo que puede demorar y encarecer el proceso pero al tiempo puede resultar más ágil pues presume la inocencia.
Las Patentes del CSIC
Ya se ha mencionado que lo que se quiere es utilizar los datos que custodia la Oficina de Transferencia de Tecnología del CSIC para conocer cómo circula la información y el conocimiento científicos contenidos en estos documentos.
Para ello en primer lugar, con el fin de presentar un panorama amplio de lo que ocurre en las distintas áreas de investigación del CSIC, se presentan unas tablas^ con distintos datos útiles para contextualizar el estudio de las patentes del área de biología y biomedicina.
De las cuatro tablas (Cuadros 1 a 4) que hacen referencia a los datos de las solicitudes, en el ámbito nacional, de las patentes del CSIC, tiene interés destacar en primer lugar el incremento constante que se produce durante la década estudiada y sobre todo el pico del año 2002 (Cuadro 1).
Si a estos datos se incorpora una variable tan importante como son las áreas de conocimiento en donde se adscriben estas posibles patentes (Cuadro 2), en cifras totales destacan las áreas de Ciencia y Tecnologías Químicas, la de Biología y Biomedicina y la de Ciencia y Tecnologías de Materiales.
Los datos de la evolución de las solicitudes por años (Cuadro 3) indican que el «despegue» se produce antes en el área de las Ciencia y Tecnologías Químicas, en 1995, que en la de Biología y Biomedicina, que se da en torno al 2000-2001.
Pero sí se puede hablar de un cambio de tendencia importante en esta área, Biología y Biomedicina, atendiendo a los datos de la tabla que recoge las solicitudes agrupadas por quinquenios (Cuadro 4).
En la segunda mitad de la década se dobla el número de solicitudes, lo que no ocurre en ninguna de las otras áreas.
Con respecto a los datos de las solicitudes PCT parece lógico conocer en primer lugar el total de las solicitudes nacionales que en principio pueden despertar mayor interés en el ámbito internacional^ (Cuadro 5).
Fue en los años 2001 y 2002 cuando se obtuvo el mejor resultado, por encima del cincuenta por ciento.
Pero este dato, aunque interesante, conviene matizarlo más.
Para ello en el Cuadro 6 se han agrupado, por áreas, por un lado el total de solicitudes nacionales y por otro el total de las PCT; el objeto es ver si las tendencias que se producen en el ámbito nacional, se dan también en el internacional.
Los datos muestran similitudes pero también algunas diferencias.
Por ejemplo vemos que, a diferencia de lo que ocurre para el caso de las nacionales, solicitudes adscritas a áreas como Tecnología de Alimentos, Tecnologías Físicas y Recursos Naturales tienen, en este caso, una presencia mayor con unos porcentajes más próximos a los de las solicitudes adscritas a áreas de Tecnologías Químicas o de Biología y Biomedicina.
Esto lleva a plantear otra cuestión: ¿se puede hablar de áreas con mayor costumbre o tradi-ción a la hora de patentar en el extranjero?, ¿hay comunidades científicas con hábitos de internacionalización más acentuados? (sobre estos temas hay ya trabajos interesantes; para el caso de la comunidad bioquímica y biomédica española ver Santesmases y Muñoz, 1997); estas preguntas son un ejemplo de las muchas que pueden surgir a la hora de intentar entender qué hay detrás de los números y porcentajes.
Con respecto a las áreas de conocimiento (Cuadro 8) parece lógico pensar que la tendencia debe ser muy parecida, sino igual, a lo que muestran los datos relativos a las solicitudes PCI Pero con esta tabla se quiere también mostrar otro ejemplo o modelo de análisis que permiten estos datos.
Ver si, durante el periodo cronológico elegido, se puede hablar de mayor tradición o cultura en materia de patentes, en función de las áreas de conocimiento, a la hora, en este caso, de iniciar la tramitación de solicitudes europeas.
Los datos indican que donde la tradición es mayor, al margen de la cantidad, es en el área de Ciencias y Tecnologías Químicas seguida del área de Biología y Biomedicina.
Este dato sería interesante estudiarlo y ver qué es lo que ocurre en estas mismas áreas en la industria española.
Evolución de las solicitudes del CSIC en función de los procedimientos seguidos La primera de las cuestiones es la que se refiere a la titularidad y autoría de la patente.
Interesa ver si el conocimiento se ha gestado en el seno de un único grupo de investigación o si por el contrario ha sido generado de forma conjunta y compartida por grupos de investigación con adscripciones institucionales diferentes (universidad, empresas, centros de investigación extranjeros, etc.).
En principio, un trabajo realizado de forma conjunta por grupos de investigación adscritos a diferentes centros o instituciones, parece razonable pensar que cuenta con un valor intrínseco que lo hace más interesante que por ejemplo una patente surgida de un solo grupo de investigación.
La segunda cuestión es la relacionada con la internacionalización del conocimiento.
Una forma de valorar el conocimiento es conocer el grado de aceptación que puede llegar a tener en el mercado internacional.
Los distintos procedimientos de solicitud de patentes que contempla la legislación y que ya han sido explicados, aportan mucha información.
Las opciones elegidas en cada caso por seguir un procedimiento y no otro indican no sólo la estrategia diseñada, en este caso por el CSÍC, para su puesta en el mercado, sino también, y esto es importante, las expectativas depositadas en esas solicitudes.
Los datos dan a conocer no sólo si interesa o no este conocimiento, sino también las distintas direcciones y caminos que recorre.
Por último, la tercera de las cuestiones que ilustra el modelo de estudio que se quiere plantear es la utilización que se hace de ese conocimiento.
Cuántas de estas patentes hay en explotación y en qué condiciones se está produciendo.
Los datos que se incluyen en las tablas que se exponen a continuación, son datos preliminares que habrá que matizar en investigaciones posteriores.
Pero se ha considerado pertinente su incorporación pues ponen sobre la mesa la complejidad misma del estudio.
Las dos primeras tablas (Cuadros 9 y 10) recogen los datos de las solicitudes de patentes hechas, entre 1994 y 2004, por los distintos centros del CSIC adscritos al área de Biología y Biomedicina.
En la primera de ellas se aprecia el reparto de solicitudes por centros y en la segunda se han agrupado por comunidades autónomas de forma que se puede ver un peso de Madrid y de Cataluña sobre el resto de comunidades^.
La razón de este «doble centralismo» es obvia, pero quizá sí sería interesante no sólo comparar los datos de la distribución por comunidades y solicitudes de patentes con el número de centros de cada comunidad, sino también ver qué tipo de consecuencias, además de las evidentes, ha tenido y está teniendo esta situación.
La autoría o titularidad de las solicitudes de patentes es la primera de las cuestiones que se quiere abordar y que ejemplifica este nuevo modelo de estudio.
Los datos que se muestran a continuación (Cuadros 11 a 14) son los relativos a las solicitudes de patentes realizadas por los cuatro primeros centros que encabezan el Cuadro 9.
Esto tiene el inconveniente de que son sólo centros de Madrid y Barcelona, pero la ventaja es que proporcionan un número de solicitudes razonable para explicar el estudio que se pretende abordar.
Con el objeto de ver cómo y quiénes han gestado el conocimiento científico y técnico que ha dado lugar a estas solicitudes de patentes, se han establecido diferencias en función de la distinta autoría que figura en el documento patente.
Quizá aquí interese aclarar que al hablar de autorías se está hablando de los centros a los que están adscritos los grupos de investigación o los inventores.
Las entradas que se han establecido son:
solicitudes propias: las que tienen sólo como inventores a grupos de investigación adscritos al mismo instituto del CSIC que solicita la patente solicitudes con otro centros del CSIC: las que entre los solicitantes figuran grupos de investigación de diferentes centros del CSIC solicitudes con otros centros de investigación: las solicitudes que tienen como inventores a grupos de investigación adscritos a un centro concreto del CSIC y a otros grupos pertenecientes a otros centros de investigación españoles solicitudes con centros de investigación extranjeros: solicitudes que tienen como inventores a grupos de investigación adscritos a un centro concreto del CSIC y a otros grupos pertenecientes a otros centros de investigación pero en este caso extranjeros solicitudes con universidades: las solicitudes que tienen como inventores a grupos de investigación adscritos a un centro concreto del CSIC y a grupos de investigación adscritos a cualquier universidad española solicitudes con universidades extranjeras: las solicitudes que tienen como inventores a grupos de investigación adscritos a un centro concreto del CSIC y a grupos de investigación adscritos a cualquier universidad extranjera solicitudes con empresas: las solicitudes que tienen como inventores a grupos de investigación adscritos a un centro concreto del CSIC y a otros grupos pertenecientes empresas españolas solicitudes con empresas extranjeras: las que tienen como inventores a grupos de investigación adscritos a un centro concreto del CSIC y a otros grupos pertenecientes a empresas en este caso extranjeras Un estudio detallado de estos datos va a permitir conocer cuáles son los centros del CSIC en esta área que producen mayor conocimiento científico y tecnológico, pero también cómo es este conocimiento.
Cómo se ha generado, qué características tiene el grupo de investigación, cuáles son sus componentes, qué relaciones se han creado con otros centros y grupos investigadores, si estas relaciones eran previas o si las ha ocasionado el propio trabajo de investigación.
Otra información importante que estos datos pueden proporcionares la procedencia de la financiación económica necesaria para generar ese conocimiento: pública, privada, nacional o extranjera.
En los casos de solicitudes de patentes conjuntas sería interesante ver también de donde ha partido la iniciativa a la hora de la puesta en marcha de la investigación.
Esto último cobra una importancia relevante en los casos en los que la solicitud de la patente ha sido hecha de forma conjunta por investigadores del CSICy el mundo de la empresa.
El segundo de los criterios que se propone para conocer el grado de aceptación que pueda o no tener el conocimiento contenido en un documento patente, es estudiar el procedimiento que ha seguido para su puesta en el mercado.
Los distintos procedimientos y las complejidades que tienen cada uno de ellos ya han quedado ampliamente explicados más arriba.
Pero ahora es interesante ver cómo puede repercutir el seguir un procedimiento u otro.
El procedimiento indica finalmente un recorrido geográfico del conocimiento científico y tecnológico contenido en el documento patente.
Al utilizar datos que hablan de solicitudes de patentes y no de patentes concedidas, los distintos procedimientos indican algo tan importante como las expectativas, lo que esperan tanto los investigadores como la institución, en este caso el CSIC, a la que están adscritos sobre ese trabajo.
Al igual que en el caso de la autoría y para ejemplificar este modelo o propuesta de estudio se han agrupado, en el Cuadro 15, las solicitudes de patentes de cuatro centros del CSIC en función de los distintos procedimientos elegidos para su puesta en el mercado.
Las entradas que se han establecido son: España (OEPM): agrupa las solicitudes de patentes que cada centro quiere proteger en el mercado español.
España (OEPM) + PCT: agrupa las solicitudes de patentes que se optan al sistema PCT para ver las posibilidades que tienen en el mercado internacional.
España (OEPM) + PCT +P. Nacionales: agrupa las solicitudes de patentes que una vez puestas en el mercado internacional han dado un tercer paso y han optado a los procedimientos nacionales de otros países.
Ya se ha mencionado que la tercera de las cuestiones que ilustra el modelo de estudio que se quiere plantear es la uti-lización que se hace de ese conocimiento en los diferentes lugares donde se consigue proteger.
Cuántas de estas solicitudes de patentes finalmente se consigue proteger; este es un dato relevante tanto para las empresas como para los centros de investigación, ya que todo conocimiento que no se protege difícilmente se podrá explotar.
Cuántas solicitudes pasan a ser explotadas.
En qué condiciones se produce esta explotación: lo hace una empresa en exclusiva o lo comparte más de una empresa.
Qué papel juega en el proceso de explotación el grupo de investigación, y por tanto el centro, que gestó el conocimiento.
Quiénes son los demandantes o explotadores de este conocimiento (empresas nacionales o extranjeras, empresas de nueva creación, otros centros de investigación).
Los datos invitan a hacer estudios concretos de las denominadas spin-offs y start-ups, o empresas que han surgido en el seno de la propia investigación, creadas, en su mayor parte por científicos formados y soportados económicamente por el sistema público de investigación, con el apoyo de capitales-riesgo, capaces de compatibilizar la producción de bienes con la consecución de sus investigaciones.
Son muchas las preguntas que se plantean, quizá más que las que en un trabajo como este se pueden resolver.
La propia inercia de la investigación permitirá, en próximos trabajos ir dando respuestas, y cómo no, abriendo nuevas cuestiones.
Todo ello, en definitiva, permitirá conocer mejor cómo se produce el conocimiento, cómo se gestiona y desarrolla para finalmente ver en qué casos realmente se da el paso a la innovación.
C. Investigación y Desarrollo (CID) C. Investigaciones Biológicas (CIB) C. Nacional de Biotecnología (CNB) 1. de Biología Molecular y Celular de plantas "Primo Yúfera" (IBMCP) 1. de Biología Molecular de Barcelona (IBMB) 1. de Biomedicina de Valencia (IBV) 1. de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis (IBVF) 1. de Investigaciones Biomédicas "Alberto Sois" (IIB) 1. de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB) 1. de Microbiología Bioquímica (1MB) 1. de Neurobiologia "Ramón y Cajal" (INRC) 1. de Parasitología y Biomedicina "López Neyra" (IPBLN) |
RESUMEN En esta contribución se realiza una reflexión acerca de las relaciones entre cultura científica y participación ciudadana, sobre la base de la reciente evolución política de nuestras sociedades y el nuevo papel que en ellas desempeñan la ciencia y la tecnología.
Se identifican nuevos espacios de oportunidad para la democratización de la ciencia y se aborda en particular una modalidad de participación ciudadana conocida como «participación formativa», una modalidad asociada a la consolidación de la sociedad del conocimiento y los nuevos frentes abiertos por el activismo social en asuntos públicos relacionados con la ciencia y la tecnología..
PALABRAS CLAVE Participación formativa, cultura científica, democratización de la ciencia, participación pública.
La profunda transformación de los modos de la vida económica, del ejercicio del poder y de la experiencia interpersonal, como resultado del desarrollo científico-tecnológico contemporáneo, ha hecho que la preocupación por la cultura científica y tecnológica alcance unas dimensiones nunca antes registradas.
La necesidad de promover una cultura de ciencia socialmente apropiable y de hacerla accesible a los ciudadanos ha creado nuevos desafíos en el desarrollo de las políticas públicas (Miller, Pardo y Niwa, 1998).
A su vez, el creciente protagonismo ciudadano y vertebración social del mundo contemporáneo está a la base de que la participación ciudadana en las políticas públicas relacionadas con la ciencia y la tecnología (la discusión de programas, proyectos y reglamentos, así como la regulación de impactos y riesgos tecnológicos) sea frecuentemente defendida como un principio democrático básico y una condición de gobernanza (Renn, Webler y Wiedemann, 1995).
Con todo, la comprensión académica de estos dos fenómenos, cultura científica y participación ciudadana, es aún una comprensión deficiente y lastrada por el tradicional modelo de défi-cit cognitivo y una concepción meramente instrumental de la participación.
Como señalan los nuevos enfoques críticos en public understanding of science (PUS) y participación social al respecto, donde destacan autores como B. Wynne, B. Lewenstein o T. Webler, la promoción de cultura científica es un proceso activo de carácter bidireccional donde la confianza y las actitudes tienen un papel tan decisivo como la captación cognitiva; a su vez, la participación ciudadana en ciencia y tecnología ha encontrado nuevos y originales cauces de expresión más allá de los formatos institucionales tradicionales.
Dos casos de participación formativa
Cultura y participación no son además fenómenos disociados en la dinámica social del mundo contemporáneo.
Dos breves historias relacionadas entre sí nos ofrecen una ilustración de este estado de cosas.
Son historias puestas de manifiesto en el marco del desarrollo de un proyecto interdisciplinar de investigación realizado en el Principado de Asturias (López Cerezo y González García, 2002).
La primera de ellas es la historia de Tazones, un pequeño pueblo costero del centro-oriente de Asturias.
EM6 de octubre de 1988, los habitantes de la localidad arrancaron 50 mil eucaliptos recién plantados en un? 352 monte colindante con el núcleo urbano, un monte de propiedad privada aunque de tradicional uso comunal.
Hubo denuncias, escándalo y notoriedad pública en los medios de comunicación.
El asunto fue muy importante porque, en su acción, llegaron a enfrentarse con la propia Guardia Civil.
El eucalipto, a finales de los 80, era ya un árbol polémico en Asturias y otras partes de España, aunque la controversia todavía no había alcanzado las cotas a las que llegó en los años 90, y a lo que contribuyó en buena medida el episodio de Tazones, que la prensa de su momento presentó como un nuevo Fuenteovejuna.
Desde entonces, los medios de comunicación de la región se llenaron de artículos sobre las virtudes económicas y los peligros biológicos del eucalipto, apareciendo nuevos estudios y monografías que, desde entonces, han alimentado la llamada «polémica del eucalipto».
Lo que resultó más sorprendente de este episodio, en el desarrollo del trabajo de investigación, fue descubrir los motivos originales que provocaron el alzamiento popular, unos motivos reconocidos en entrevista por el alcalde pedáneo de entonces: la repoblación de eucaliptos sobre el monte colindante, al crecer, dejaba al pueblo en la sombra y, por tanto, lo hacía menos atractivo para el turismo.
Es decir, se trataba del enfrentamiento de dos intereses económicos particulares: los del propietario del monte y los de los hosteleros del puerto (además de los ganaderos que habían hecho uso de ese monte con anterioridad, a pesar de su propiedad privada).
Esta es la parte que no llegó entonces a salir a la luz pública.
De hecho, después de que el incidente alcanzase visibilidad pública, la población de Tazones comenzó a recibir el apoyo de organizaciones ecologistas y otros agentes sociales, expresado en términos de asesoramiento especializado y respaldo en los medios de comunicación.
El resultado fue resituar con prontitud ese enfrentamiento en el marco más general de la lucha social contra un árbol exótico que era considerado perjudicial para el entorno tradicional asturiano.
Es decir, la implicación activa de la población, cualesquiera que fuesen sus motivos originales, les hizo receptores y buscadores activos de información para justificar mejor su posición en los medios de comunicación y en las acciones legales que siguieron al incidente (López Cerezo y González García, 2002).
La otra historia, más breve, es la de otro pueblo costero asturiano unos diez años después, Luarca, una población del occidente de Asturias.
En este caso se produjo el fenómeno inverso al de Tazones.
La visibilidad pública de la polémica sobre el eucalipto, disparada en parte por el episodio de Tazones, hizo que se generase un gran volumen de información técnica y científica sobre el eucalipto en los medios de comunicación de Asturias: sobre sus efectos en cultivos adyacentes, sobre su carácter piròfilo, sobre sus riesgos para los recursos hídricos, etc. Esto dio lugar a que se produjeran nuevos enfrentamientos (fuegos intencionados, levantamiento de plantones, etc.), enfrentamientos sobre plantaciones o repoblaciones previstas allí donde en el pasado no habían tenido gran incidencia, como por ejemplo en Luarca.
En uno de los incidentes más destacados, en 1999, se prendió fuego intencionado a toda una plantación de árboles autóctonos que había sido promovida por Greenpeace (López Cerezo y González García, 2002).
Estas dos historias, con sus lógicas diferencias, tienen algo en común muy importante (además de los árboles): se trata de episodios del fenómeno conocido como «participación formativa».
En un caso, el de Tazones, la implicación en un asunto social, relacionado con la innovación tecnológica o intervención ambiental, genera conocimiento entre los involucrados; y en el otro, el de Luarca, el conocimiento disponible y su apropiación social genera implicación cívica y participación (figura 1).
Bucle de la participación formativa Conocimiento Participación
Cultura científica y participación en la sociedad del conocimiento
tura científica y la participación ciudadana.
Detengámonos brevemente en ellos antes de retomar la cuestión de su interrelación y de su reconceptualización a la luz de dicha interrelación.
Con respecto a la cultura científica y su importancia en la sociedad contemporánea, pocas expresiones describen mejor el estado del mundo actual que la conocida «sociedad del conocimiento».
Ciertamente, vivimos hoy en una sociedad del conocimiento, en un mundo profundamente transformado por la ciencia y la tecnología.
El conocimiento es hoy generalmente reconocido como un mecanismo central de estructuración social, un factor que está transformando incluso los mecanismos clásicos de la propiedad y el trabajo.
Autores como Daniel Bell, Nico Stehr, Manuel Castells y muchos otros, han destacado este papel central del conocimiento científico en el mundo actual, como factor crucial de la productividad, la administración pública e incluso la experiencia personal.
La literatura al respecto es bien conocida (e.g.
Ahora bien, la ciencia y la tecnología no sólo se han convertido en las últimas décadas en un asunto público de primera magnitud sino que también han sufrido un proceso de politización explícita (debido, entre otras cosas, a la visibilidad de los impactos negativos para la salud y el medio ambiente).
Este es un fenómeno relativamente reciente, pues tradicionalmente la ciencia y la tecnología eran consideradas actividades al margen de la esfera política, aunque motor de modernización social.
Esta situación ha llevado a la ciencia y la tecnología al centro de la arena pública, haciéndola objeto del debate político y el conflicto social.
Paralelamente, el notable incremento de activismo social que arranca en los años 60 y se intensifica (con altibajos) en las décadas subsiguientes, ha dado un gran impulso a las demandas de participación pública en temas de interés general relacionados con la innovación tecnológica o la intervención ambiental.
Los gobiernos de los países occidentales no han sido ajenos a estas demandas, y, más tímidamente o con más energía, han puesto en marcha una diversidad de mecanismos y ensayado otros nuevos para facilitar la democratización de las políticas y actuaciones en materia de ciencia y tecnología (Rowe y Frewer, 2005).
No obstante, las condiciones bajo las que hoy se expresan cultura y participación son sensiblemente diferentes de las del pasado.
La creciente importancia del conocimiento en la gestión pública, el extraordinario impulso de protagonismo social y la revolución de la información por el desarrollo de Internet y las telecomunicaciones, está produciendo una más estrecha asociación del conocimiento y el poder, no como elementos encadenados del buen gobierno sino como dos aspectos de una misma dinámica de modernización política.
En la actualidad, y a pesar de la conceptualización tradicional de estos fenómenos, la generación de cultura científica en la vida ciudadana no sólo no es independiente de la participación social sino que se hallan estrechamente vinculadas como procesos en paralelo mutuamente realimentados.
Para entender mejor la naturaleza y alcance de la «participación formativa» es preciso revisar críticamente nuestra comprensión habitual de la cultura científica y también de la participación ciudadana (López Cerezo y Lujan, 2004).
Revisitando la cultura científica
Una de las consecuencias tradicionales que ha tenido en los países occidentales esa creciente importancia pública de la ciencia y la tecnología, así como la politización de éstas como recurso de poder y legitimación, ha sido la preocupación institucional por la alfabetización científica de la ciudadanía, tanto en la educación formal como en otros formatos de comunicación.
Desde los años 50 se han sucedido las iniciativas políticas en este sentido, así como el desarrollo de instrumentos de medida del nivel de alfabetización o cultura científica de los ciu-dadanos^.
La idea básica que subyace a la mayoría de las propuestas de alfabetización científica es que puesto que numerosas decisiones políticas están relacionadas con la ciencia y la tecnología es necesario que los ciudadanos posean ciertos conocimientos mínimos sobre dichas actividades.
El concepto de cultura científica presupuesto es el de una comprensión mínima de los principales resultados de la ciencia y la tecnología y también del llamado «método científico» (son las conocidas dimensiones respectivas de la «ciencia como constructo» y la «ciencia como proceso»).
Por su parte, la principal actividad de alfabetización es la educación formal y la divulgación mediante diferentes procedimientos^.
Se supone, siguiendo el modelo del déficit cognitivo, que si la ciencia y la tecnología se han convertido en objeto de controversia social es debido principalmente al desconocimiento por la ciudadanía de algunos aspectos técnicos implicados en el tema objeto de debate, por ejemplo, la energía nuclear, la telefonía móvil o los alimentos transgénicos. http://arbor.revistas.csic.es
Sin embargo, el concepto de cultura científica asumido en las tradicionales iniciativas institucionales de alfabetización, y su medición a través de los cuestionarios al uso en la mayoría de las encuestas, es un concepto insostenible por varios motivos.
En primer lugar, el modelo de déficit cognitivo asociado a ese concepto tradicional es un modelo erróneo.
Los estudios de percepción pública de la ciencia y la tecnología han mostrado que las actitudes hacia la ciencia y la tecnología no dependen exclusivamente del nivel de conocimiento científico (Atienza y Lujan, 1997), y que, en cualquier caso, es equivocado asociar las actitudes negativas a la falta de conocimientos sobre ciencia y tecnología-^.
En segundo lugar, se subestima, en caso de ser tenido en cuenta, el conocimiento de los impactos negativos, riesgos e incertidumbre en ciencia y tecnología, a pesar de que estos temas tienen una creciente visibilidad pública en los medios de comunicación y son motivo frecuente de conflictos sociales (López Cerezo y Lujan, 2000)^.
En tercer lugar, no suelen incluirse contenidos de las ciencias sociales, conocimiento sobre la ciencia y no únicamente de ciencia y tecnología.
Es decir, conocimiento sobre los usos políticos del conocimiento científico, sobre el valor económico de la innovación tecnológica, sobre los dilemas éticos de algunas tecnologías, etc^.
Y, en cuarto lugar, no se tiene en cuenta el importante papel de la confianza y las actitudes en la modulación de la apropiación del conocimiento científico por parte de los ciudadanos.
Al igual que mejor oferta de conocimiento no significa mejores oportunidades de apropiación, puesto que los medios de comunicación pueden no responder a ese mayor esfuerzo divulgativo por parte de los productores de ciencia, mejor oferta formativa no implica mayor volumen de apropiación ciudadana puesto que las actitudes negativas o la desconfianza en las fuentes o canales de la oferta puede llevar al fracaso en la generación de cultura científica.
A modo de ejemplo, las siguientes cuestiones constituyen el tipo de preguntas de alfabetización que podemos encontrar en cuestionarios familiares como los recientes Eurobaróme-tros de la UE o las encuestas últimas de la NSF norteameri-cana^.
Se trata de ofrecer una respuesta simple (sí o no) para preguntas como las siguientes:
Los antibióticos matan los virus además de las bacterias Los electrones son más pequeños que los átomos Los genes del padre determinan si un bebé es niño o niña Toda la radioactividad es de origen humano Los primeros seres humanos vivieron a la vez que los dinosaurios El Sol gira alrededor de la Tierra El oxígeno que respiramos proviene de las plantas El núcleo de la Tierra es muy caliente
No parece que sea esto, más algunas nociones básicas de metodología, todo lo que un ciudadano necesita saber acerca de la ciencia para considerársele bien informado.
Parafraseando a Jean-Marc Lévy-Leblond ( 2004), el hecho de que los ciudadanos británicos conozcan mejor los nombres de los enanitos de Blancanieves que los de los miembros de su propio Gobierno (no hablemos ya de los satélites de Júpiter), más que señalar el fracaso de varias décadas de programas de alfabetización lo que nos muestra es que quizá no estemos midiendo lo que deberíamos estar midiendo, sobre todo teniendo en cuenta que, para lo que realmente les importa, como hacer funcionar un DVD o manejar un programa de software, los ciudadanos británicos sí disponen de los conocimientos que necesitan (Tytler et al., 2001).
Es decir, se maneja una visión pasiva y muy pobre del proceso de enculturación que desatiende consideraciones de calidad, comportamentales e idiosincrásicas en el proceso de apropiación, una visión basada en el modelo lineal de difusión.
Se trata, en esta visión de trasladar contenidos cognitivos desde A hasta B, simplificándolos para facilitar su asimilación y utilizando como criterio de éxito la cantidad de elementos cognitivos transferidos y el nivel de asimilación alcanzado por los receptores.
Modelo lineal de difusión
Se trata de un modelo de enculturación estrechamente asociado al clásico modelo tecnocrático de gestión pública de los asuntos relacionados con la ciencia la tecnología -un modelo donde la opinión de los expertos, con sus valores e intereses, no sólo actúa de necesario input sino que llega a ejercer una influencia determinante sobre decisiones eventualmente asumidas por gestores (desconocedores normalmente de los aspectos técnicos de los asuntos abordados).
A saber (figura 3), El desafío es entonces cómo evitar una visión pasiva y lineal del proceso de enculturación, o, de un modo más comprehensivo, cómo enriquecer nuestra conceptualización de la cultura científica y contribuir al avance hacia nuevas posibilidades de democratización de la gestión y las políticas públicas.
Algunos autores de los estudios sociales de la ciencia, que se han centrado en la temática de Public Understanding of Science, como Bruce Lewenstein o Brian Wynne, apuntan a un cambio de modelos.
Una elaboración personal de esta línea de reflexión se presenta en la figura 4.
A diferencia del modelo lineal de difusión, el modelo interactivo no contempla a los ciudadanos como receptores pasivos de los elementos cognitivos generados por expertos y posibilitados por comunicadores, ni a éstos como un mero canal de transmisión que se limita a traducir la información técnica en un lenguaje accesible.
Se trata de diferentes culturas que deben ajustarse y acomodarse, la de legos y expertos, respondiendo a intereses, actitudes y valores propios; una empresa que requiere del buen hacer del facilitador profesional de la comunicación científica.
El periodista científico debe aquí actuar como mediador activo entre legos y científicos, trasladando inquietudes, valores e información en un sentido, y conocimiento, incertidumbre y también valores en el otro.
Todos estos elementos deben modular los contenidos y las formas de la comunicación, promoviendo una ciencia más interesante (desde el punto de vista al menos de los ciudadanos) y facilitando la apropiación social de esos contenidos.
Paralelamente, en el ámbito de la gestión (figura 5),?
FIGURA Frente al modelo tradicional, el modelo interactivo de gestión es capaz de dar cuenta adecuadamente de la presencia de incertidumbre y valores en el asesoramiento especializado en políticas públicas, así como de la necesidad y ventajas de una apertura pública de la deliberación y toma de decisiones en las políticas y actuaciones públicas relacionadas con la ciencia y la tecnología.
Expertos, gestores y ciudadanos generan un flujo de información donde los problemas son considerados bajo diversas perspectivas, la evidencia e incertidumbres son puestas en común, y donde los valores y condicionantes políticos son adecuadamente resaltados.
Los foros y mecanismos para facilitar este proceso se encuentran descritos y valorados en la literatura sobre participación reciente (e.g.
Las consecuencias son una ciencia más relevante, enriquecida por la experiencia de afectados e interesados, una mayor legitimidad en el proceso de gestión política y, no por último menos importante, el aprendizaje social (Fiorino, 1990).
Hay ya una muy interesante aplicación de este modelo en el ámbito de la gestión del riesgo por el National Research C0L//7C/7(1996) norteamericano.
Se trata de modelos muy esquemáticos pero que, a través de claras imágenes visuales, dan una idea del cambio en el modo general de concebir las relaciones entre ciencia, poder y sociedad, en los ámbitos de la comunicación y de la gestión, inducidos por los nuevos estudios sobre public understanding y, de un modo más global, los nuevos desarrollos en los estudios CTS (e.g.
Limitándonos ahora al ámbito de la comunicación, la figura 4 recoge un modelo alternativo que refleja bastante bien la ya comentada estrecha vinculación actual entre los fenómenos de la cultura científica y de la participación ciudadana, pues es el comunicador científico quien, metafóricamente hablando, hace posible el cierre del bucle de la participación formativa a través de su labor profesional (véase la figura 1).
De hecho, si tomamos en serio esa vinculación, entonces la cultura no puede seguir siendo considerada como una condición independiente de la participación puesto que aquélla induce ésta y ésta genera aprendizaje social.
Cualificando los polos de la cultura y de la participación será posible apreciar mejor el actual solapamiento de ambos fenómenos: primero cualificando lo que signifiquemos por «cultura científica», entendiendo ésta de un modo más rico y activo; y, segundo, cualificando lo que entendamos por «participación ciudadana», no restringiendo ésta a los cauces y mecanismos institucionales establecidos.
Para empezar, la cultura científica no puede entenderse ni medirse sin atender al valor y riqueza de la misma, es decir, a su calidad.
No podemos considerar científicamente culto a un individuo cuya cabeza sólo albergue información especializada, que sea una especie de reservorio de datos científico-tecnológicos.
Es necesaria la reflexión, ser capaces de enriquecer la propia experiencia mediante el uso de esa información, formar juicios independientes sobre asuntos controvertidos relacionados con la ciencia, ser conscientes de los interrogantes éticos y desafíos ambientales que plantean las nuevas fronteras de la ciencia y la tecnología, hacer frente con éxito a la superstición, etc. (Godin y Gingras, 2000).
Una cultura científica de calidad es una cultura crítica y responsable, es conocimiento no sólo de las potencialidades de la ciencia sino también de sus incertidumbres, de sus riesgos, y de los interrogantes éticos que plantea.
Es conciencia acerca del uso político de la ciencia en la arena pública, de su carácter de ciencia reguladora en la gestión, aunque también de la necesidad de la información científica para disponer de los mejores elementos de juicio.
Es ser capaz de hacer uso de esa información al tomar decisiones de compra en el supermercado o en la exposición a una tecnología médica, como consumidor, como padre, como empresario o como trabajador.
Estos rasgos cognitivos y comportamentales deberían ser considerados a la hora de conceptualizar y medir la cultura científica, atendiendo al valor personal y riqueza de ésta y no sólo a la cantidad de información asimilada (Wynne, 1995).
A modo de ejemplo de un nuevo instrumento que constituye un primer paso para incorporar las consideraciones anteriores en un cuestionario sobre aspectos de la cultura científica, se halla la encuesta 2004 de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) sobre percepción social de la ciencia en España.
No es una encuesta de alfabetización; aunque incluye el resto de dimensiones normalmente recogidas por este tipo de instrumentos: fuentes de información, grado de interés, actitud respecto a la ciencia, etc. Y lo más importante es que el instrumento responde al anterior modelo interactivo incorporando preguntas sensibles a la opinión crítica y el conocimiento de aspectos socia- > les de la ciencia, preguntas respecto a la formación escolar en ciencia y su influencia en la vida, y preguntas respecto a apropiación significativa de la ciencia (en términos de cambios en los sistemas de creencias y el comportamiento de los individuos) (FECTY, 2005)^.
Pero además, la cultura en general, y también la cultura científica, no puede ser considerada de un modo pasivo: como algo que los gestores del conocimiento proveen y los ciudadanos reciben.
Ese tipo de cultura de calidad, personalmente valiosa, no lo proporcionan sin más los medios de comunicación.
Requiere con frecuencia de una base sólida en la educación reglada, y sobre todo asimilar significativamente esa información en el enriquecimiento de la propia vida, lo cual suele presuponer experiencia individual a través de la implicación personal.
Es en particular el tipo de conciencia adquirida por los ciudadanos cuando se ven envueltos en decisiones personales o problemas sociales relacionados con la aplicación de la ciencia o el desarrollo tecnológico.
Por ejemplo cuando los vecinos de una pequeña localidad buscan, obtienen y utilizan información sobre los efectos económicos y medioambientales de una obra pública que va a afectar a su municipio; o simplemente cuando un ciudadano reúne información técnica relevante ante la decisión de comprar un coche o someterse a una tecnología médica.
lizada, que generan una importante experiencia personal y se hallan estrechamente vinculadas a la promoción de la cultura científica: por ejemplo distintas formas de protesta social a nivel individual o comunitario^, el consumo diferencial informado y consciente^^, la colaboración con otros usuarios de Internet en la generación de conocimiento^^ la implicación personal a través del activismo en grupos de interés, etc 12
Pero incluso en formatos más clásicos de participación, ésta puede también estar asociada al aprendizaje social.
Por ejemplo en un referéndum, la gestión negociada o un comité asesor.
El referéndum, en particular, ni presupone cultura científica ni la genera.
Sin embargo, lo normal es que se lleve a cabo un referéndum porque el tema en cuestión (como la regulación de alguna aplicación tecnológica) ha suscitado debate social.
Este debate social previo al referéndum sí puede conducir a un incremento de la cultura científica.
Del mismo modo, la convocatoria del referéndum conducirá a un encauzamiento y potenciación del debate, y eventualmente a un aumento en la cultura científica.
Análogamente, la interacción que conlleva la puesta en práctica de otros mecanismos como la gestión negociada o un comité asesor de ciudadanos, con un carácter relativamente activo e igualitario, es previsible que genere cultura científica entre los participantes (López Cerezo y Lujan, 2004).
En este sentido la adquisición de una cultura científica rica y valiosa es con frecuencia la experiencia del aprendizaje social inducido por la implicación individual en procesos de participación, siempre que, como se sugiere más abajo, tengamos una visión lo suficientemente amplia del fenómeno de la participación.
Incorporar estos rasgos al considerar y medir la cultura científica es dar cuenta indirectamente de una variedad de modalidades de participación en el mundo actual, algunas ordenadas institucionalmente y otras no.
A este respecto, la participación pública no debe concebirse de un modo restrictivo, como un fenómeno limitado a los cauces y mecanismos institucionales establecidos, como las audiencias públicas, las encuestas de opinión, los comités asesores de ciudadanos o la litigación, pese a su importancia.
Es más, algunos de estos mecanismos tienen un carácter no activo ni igualitario del que difícilmente se deriva aprendizaje social alguno, como en el caso de la encuesta de opinión o la audiencia pública^.
La dinámica de la sociedad actual ha dado lugar a otras formas de participación, no siempre consideradas como tal en la literatura especia-De hecho, la implicación social e individual en los problemas de diseño, gestión y regulación de la ciencia y la tecnología, y la motivación que esta implicación genera, induce con frecuencia la generación de cultura científica en los participantes.
Se produce así, de modo paralelo, una experiencia de formación cívica a través de la participación y la adquisición en el proceso de cultura científica (un tipo de cultura significativamente asimilada en la propia experiencia personal).
En la literatura sobre el tema, son ejemplos más innovadores en este sentido las experiencias internacionales de las conferencias de consenso^^ y las tiendas de la ciencia [science shops) e investigación de base comunitaria [community-bosedresearch)^^ (Einsiedel y Eastlick, 2000; Wachelder, 2003) Una consecuencia importante de la discusión anterior es que no podemos, como con frecuencia ocurre, concebir la cultura científica como un prerrequisito para la participación, como una tarea a desarrollar antes de dar el paso de la democratización.
Hacer tal cosa no sólo es desplazar sine die este último desafío sino también cerrar las puertas precisamente a algunas de las formas de promoción de la cultura científica que mejores resultados pueden dar, no sólo en alfabetización sustantiva sino también en el desarrollo de una actitud de responsabilidad cívica que acompañe a esa alfabetización.
Más aun, los diferentes modelos que puede asumir la participación pública pueden ser evaluados de acuerdo con su capacidad para que el proceso de participación genere aprendizaje social en relación con la ciencia y la tecnología, y por lo tanto cultura científica en la ciudadanía.
da reorientación de los esfuerzos en materia de ciencia y tecnología hacia lo que la sociedad está demandando: mejores servicios, atención al medio ambiente, educación pública de calidad, etc. y no sólo hacia la industria militar, la competitividad económica y los valores del mercado.
Pero además, facilitar y estimular la implicación pública en los asuntos de interés general relacionados con la ciencia y la tecnología es también un excelente mecanismo para propiciar el interés por el conocimiento científicotecnológico y la apropiación cognitiva del mismo.
No hay mejor estímulo para el aprendizaje que sentirse personalmente involucrado.
La llamada «Declaración de Santo Domingo» (1999), un documento preparatorio de la cumbre sobre la ciencia de Budapest organizada por UNESCO/ICSU en junio de 1999, recoge las sensibilidades de los países de nuestro entorno cultural sobre lo que debería ser un nuevo contrato social para la ciencia.
En ese documento se distinguen tres formas de entender el desafío de una democratización de la ciencia.
«Democratización», en un primer sentido, hace referencia a «llevar la ciencia a los ciudadanos», es decir, a la alfabetización científicotecnológica.
En un segundo sentido, «democratización» hace referencia a reorientar las políticas públicas de ciencia y tecnología hacia la demanda social, hacia las sensibilidades sociales.
Y por último, en un tercer sentido, «democratización» hace referencia a la apertura de las políticas en materia de ciencia y tecnología a las opiniones y participación de los ciudadanos.
La principal conclusión que quizá deberíamos extraer de la discusión anterior es la estrecha relación de estos tres sentidos en el mundo contemporáneo, como pone de manifiesto el fenómeno de la participación formativa.
Democratizar en el sentido de abrir a la participación es el mejor, y legítimo, medio para hacer realidad esa reclama-Esa apertura de la ciencia hacia la ciudadanía sería no sólo buena para la democracia sino también buena para la propia ciencia.
Permitiría reducir la percepción pública negativa respecto a la ciencia y la resistencia social que muchas iniciativas públicas relacionadas con la ciencia generan con cada vez mayor frecuencia.
Y además, permitiría crear oportunidades de aprendizaje, abrir ventanas para enriquecer los puntos de vista y las fuentes de información que competen a muchos complejos problemas abordados hoy por el conocimiento especializado.
Aprender participando, en suma, puede enriquecer a la ciencia al igual que a la sociedad.
Los proyectos de investigación FICYT IB05-062, de la Consejería de Educación y Ciencia del Principado de Asturias, y HUM2005-06760, de la Dirección General de Enseñanza Superior e Investigación Científica del MEC, han aportado recursos para hacer posible parte de los resultados recogidos en este trabajo., 2000, 2004).
9 Aun excluyendo las actividades normalmente consideradas como criminales (como la violencia contra las personas), la protesta social puede adoptar una extraordinaria variedad de formas: recogida de firmas, comunicados de prensa, correspondencia masiva, diversos tipos de huelga y paro, boicots, manifestaciones, acciones de obstrucción, etc. El papel de los medios de comunicación es muy importante en la generación de cultura científica, así como la existencia de grupos políticos capaces de explotar electoralmente las muestras de descontento cuando se trata de influir sobre la administración.
10 En las economías de mercado con alto poder adquisitivo, los ciudadanos incentivan o desincentivan líneas de innovación mediante el consumo selectivo de productos y el efecto acumulativo del proceso.
Se requiere información pública: reglamentación sobre etiquetado y otras fuentes de información vinculadas a medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales.
11 Las TIC, y especialmente Internet, ofrecen nuevas posibilidades de participación, no sólo en la regulación del cambio científico-tecnológico sino también en los procesos de generación de conocimiento.
Ejemplos son los grupos de «computación distribuida» (por ejemplo, SETI at home) o los proyectos de acceso o contenido abierto como la ya famosa Wikipedia.
13 Es una técnica de participación que genera cultura científica y debate social, adoptada inicialmente en Dinamarca y actualmente extendida a numerosos países.
Se adopta el modelo del jurado, con ciudadanos representativos de la población general, que debaten durante unos tres días (con asesoría de expertos aportados por los grupos de interés implicados) sobre un asunto social relacionado con el impacto de la tecnología o los usos del conocimiento, y han recibido información previa por parte de los organizadores del congreso.
Son reuniones abiertas al público y los medios de comunicación, organizadas por un facilitador de la organización, que pretenden estimular el debate social, mejorando la comprensión y el conocimiento público sobre una cuestión política particular.
El objetivo es informar a los ciudadanos sobre las diferentes opciones políticas y las consecuencias potenciales de tales opciones.
Al final se elabora un informe de evaluación de alternativas que se hace público y, en algunos casos, puede tener influencia sobre el proceso de toma de decisiones. |
RESUMEN La necesidad de ampliar la diversidad de actores en el diseño de la política científica y tecnológica es un asunto cada vez más acuciante.
Por tanto, la incorporación de la participación ciudadana en la orientación y diseño de estas áreas se convierte en un reto para las administraciones nacionales y regionales, principalmente.
El aporte primordial de este trabajo es evaluar las posibilidades y dificultades de la participación pública en el diseño de planes regionales de ciencia y tecnología como una acción significativa para generar propuestas más acordes con la realidad social.
Como punto de partida se considera que la participación ciudadana está presente en la nueva noción de gobernanza de la ciencia y la tecnología.
Los resultados del trabajo empírico realizado en la Comunidad de Madrid entre los actores que participaron en la elaboración del IV Plan Regional de Investigación Científica e Innovación Tecnológica evidencian que un importante número de actores se inclina por la idea de que la implicación de representantes de base comunitaria o expertos sociales es positiva para moldear programas científico-técnicos.
También se constata la necesidad de precisar y poner marcha estrategias de interrelación entre comunidad científica y sociedad según las áreas consideradas como prioritarias.
PALABRAS CLAVE Política científico-tecnológica, democratización de la ciencia y la tecnología, participación ciudadana, gobernanza.
Las nuevas orientaciones de la administración europea dan cuenta de los cambios surgidos en muchas de las instituciones que constituyen la sociedad comunitaria del siglo XXI.
En el ámbito de la ciencia y la tecnología, la Unión Europea apoya la promoción de nuevas formas de hacer políticas basadas en la ampliación del intercambio entre los niveles de gobierno (trasnacional, nacional y regional), el fortalecimiento de la participación de los actores involucrados y/o afectados, y la integración del conocimiento generado a partir de su interrelación (Banthien et al, 2003; Lebessis et al, 2000; Elam et al, 2003; Edier et al, 2003).
La relación entre estos factores se formaliza a través de instituciones que participan en un nuevo tipo de juego multinivel canalizado por estrategias específicas.
Los cambios plantean que la nueva forma de hacer política científica y tecnológica necesita de la presencia y participación acentuada de la ciudadanía.
Argumentar sobre esta premisa constituye la base fundamental de este trabajo.
Se hace énfasis en la significación de la participación pública en el diseño de planes regionales de ciencia y tecnología.
La tesis subyacente es que la participación ciudadana está presente en la composición intrínseca de una nueva gobernan- 364 za de la ciencia y la tecnología, habida cuenta de que la participación pública puede ser comprendida a partir de su doble manifestación: por un lado, un tipo de participación espontánea o informal; por otro lado, un tipo de participación formal que responde a una necesidad de cambio y llama a la modificación de las técnicas, mecanismos y formas de organización utilizadas por la administración para generar respuestas más acordes con las necesidades ciudadanas.
La denominación de gobemanza de la ciencia y la tecnología incluye una gobemanza social basada no solamente en el aumento de la participación pública y su conocimiento potencial sino también en la aplicación de estrategias para su obtención y puesta en práctica.
No se trata tanto de proponer el aporte que el público es capaz de ofrecer como un esquema obligado de los modos de hacer planes científicotécnicos, sino de justificar en parte cómo la ciudadanía puede ayudar a fortalecer la generación de conocimiento útil para sus propias prácticas y necesidades.
El caso práctico de estudio realizado en la Comunidad de Madrid permitió hacer una revisión histórica de cómo se han tomado las decisiones sobre esta materia.
Se constató que la participación pública en la elaboración de los planes autonómicos se ha venido ampliando, tanto en términos de sectores de interés local como en términos jerárquicos y funcionales de los participantes.
Racionalidad de la participación ciudadana en el diseño de políticas científicas
Defendemos la convicción de que para formular políticas de ciencia y tecnología es preciso establecer una relación más fuerte y estrecha entre los.que hacen estas políticas y la sociedad civil (Sanz y Santesmases, 1996; Banthien et. al, 2003).
Esta relación fortalecida proporciona políticas más democráticas y legítimas (Petersen, 1984; López Cerezo et al, 1998), y responde a un propósito teórico que apunta al establecimiento de nuevos estándares de aceptación para la ciencia y la tecnología, a partir de la comprensión de cómo, por y para quién se crea el conocimiento (Shapin, 2000; Chopyak y Levesque, 2002; Elam y Bertilson, 2003).
La participación ciudadana también implica un compromiso ético, en tanto permite la racionalización de la distribución del poder, de los riesgos, de los beneficios y las responsabilidades (Harvey, 1998; Webler y Tuler, 2002; Kasemir et al, 2003).
En definitiva, constituye un cambio social que sustituye el tradicional modelo de relaciones de apoyo económico y confianza por parte de la sociedad y la satisfacción de demandas por parte de la ciencia (Chopyak y Levesque, 2002).
El involucramiento del público en las decisiones políticas parece tan necesario que empieza a ser clara la exigencia de un mejor entendimiento conceptual y teórico de la participación pública (Webler y Tuler, 2000).
López Cerezo et al. (1998) señalan la existencia de varios factores relacionados con el aumento de la sensibilidad social sobre los asuntos de ciencia y tecnología:
Nueva imagen de la ciencia y de la tecnología.
La imagen benefactora que había proyectado la ciencia, el carácter idealizado de la comunidad científica y la relación de dar y recibir entre científicos y sociedad civil ha cambiado en las últimas décadas.
Nuevo papel de los expertos.
El papel en ocasiones tecnocrático de los expertos al servicio de las administraciones públicas termina deteriorando los valores democráticos y hace necesario un nuevo rol para los científicos bajo el que no sean simplemente utilizados por el poder político para legitimar decisiones que justifican otros motivos.
Nuevo concepto de participación sociopolitica.
El ciudadano es cada vez más consciente de que su participación no se agota en la elección periódica de representantes políticos sino que intenta profundizar en el sistema democrático a través de la presión y manifestación ante ciertas decisiones sobre la gestión y evaluación del progreso tecnológico.
Nuevo imagen del hombre como miembro del medio biosocial.
Los impactos del cambio científico-técnico son observados y percibidos por los ciudadanos de manera cada vez más directa, por tanto se impone un creciente sentimiento de responsabilidad con respecto a las decisiones que produzcan efectos cercanos al sujeto.
Por otra parte, la Unión Europea evalúa las posibilidades de éxito de la participación de la sociedad civil basándose en la idea de que la pluralidad mediatiza el fortalecimiento de la responsabilidad y transparencia de todos, la calidad y la legitimación de los procesos de toma de decisiones.
Sin embargo, es cierto que el proceso participativo en sí no garantiza siempre la repartición adecuada del poder o la justicia social y aunque defender los derechos de los ciudadanos o garantizar la justicia social forman parte de los objetivos de la democracia, vivir en este sistema de gobierno no significa que contribuya consecuentemente a ellos (Todt, 2003).
El camino hacia la regionalización de la ciencia y la tecnología en Madrid
El devenir histórico y la consolidación de las políticas científicas y tecnológicas en España responde a acciones particulares y situaciones contextúales internas y externas que fueron las más influyentes y explican el protagonismo de determinados actores, sus intereses y las orientaciones que dieron forma al sistema científico-técnico.
Los antecedentes sobre la «política para la ciencia» en España a principios del siglo XX se identifican con los esfuerzos realizados por la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE), de perfil homólogo a los Consejos británicos (Sánchez Ron, 1989; Muñoz, 2001).
A finales de los 70 los cambios en la esfera constitucional generan el Estado de las autonomías.
En el caso de la Comunidad de Madrid, no fue sino hasta 1990 cuando se lanza el I Plan Regional de Investigación de la Comunidad de Madrid (I PRICM)^, que fue tan tardío al encontrarse en Madrid la mayor parte de los institutos de investigación, el mayor número de integrantes de la comunidad científica del país y algunos grupos representativos del sector empresarial que habían formado sistemáticamente parte de las propuestas e iniciativas expuestas en el Plan Nacional, por lo que desde un principio no hubo una preocupación prioritaria por realizar esfuerzos regionales en esta materia.
El primer plan de la Comunidad de Madrid nace por un lado como concienciación de que la investigación y el desarrollo tienen una vertiente regional ineludible, por lo que se pone en práctica una visión flexible y realista que complementaría las acciones previstas en el Plan Nacional y en los programas europeos en la materia.
Se cumple así con el Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid, que le otorga competencias en materia de fomento de la investigación (art. 26.15).
Se trató de combinar el binomio entre la investigación científica y el desarrollo tecnológico para generar mejores condiciones de vida regional.
A finales de 1993, la preparación del II Plan Regional de Investigación de la Comunidad de Madrid (II PRICM) reco- Las orientaciones de la Unión Europea, los resultados del proyecto ERICIT (Estrategia Regional de Investigación Científica e Innovación Tecnológica)^, la evaluación de los resultados del II Plan Regional y el producto de año y medio de reuniones, discusiones y reflexiones entre la administración regional con investigadores, centros públicos de investigación y empresas son las bases sobre las que se sostiene el III Plan Regional.
Hay que añadir a esto la aprobación de la Ley de Fomento de la Investigación Científica Tecnológica en abril de 1999, de cuyos resultados se generaron un grupo de directrices que también ayudarían a orientar el Plan.
Esta ley incluía la decisión de fomentar la cultura científica en la Comunidad de Madrid, contribuyendo a la toma de conciencia de que el ciudadano debía implicarse en temas que cada día le afectan más directamente:
«La ciencia y la tecnología han adquirido en los últimos tiempos una dimensión que supera el entorno público y universitario en el que tradicionalmente se han venido desarrollando.
Los medios de comunicación y las revistas de divulgación científico-tecnológicas han despertado el interés de los ciudadanos, especialmente el de los jóvenes.
investigación ha dejado de ser una actividad de laboratorio, aislada de la realidad social, para entrar de lleno en la vida cotidiana.
El ciudadano ha tomado conciencia de la importancia que la investigación y la tecnología tienen para el desarrollo futuro, como elementos de transformación de la sociedad» (III PRI-CIT, 2000: 9).
La propuesta de este Plan se interesa por conseguir la participación, el intercambio y la colaboración de todos los agentes del sistema de investigación y desarrollo, entre los que se cuenta el propio ciudadano.
Se crea la línea de Cultura y Participación ciudadana cuyo objetivo fundamental es «abrir la experiencia científica a la mirada y a la reflexión del ciudadano», intentando un mayor acercamiento entre la ciencia y la sociedad a través de un proceso de divulgación, incorporación a la participación y posterior reflexión.
La «Feria Madrid por la Ciencia» y la «Semana de la Ciencia» han sido los mecanismos de acción utilizados para esta áreal Se reconoce que la participación ciudadana es limitada en las acciones científico-tecnológicas, pero no deja de valorarse la posibilidad de definir estos asuntos colectivamente entre los científicos y la sociedad.
El ciudadano pasa a ser parte constitutiva en la realización del Plan Regional, pero es considerado como un actor al que hay que dirigir acciones de formación o de familiarización con la ciencia más que de participación directa en la identificación de necesidades y en el diseño del plan mismo.
Por tanto, la inclusión del ciudadano en la toma de decisiones formales sobre ciencia y tecnología es de escasa tradición en esta región por lo que quizás esto explica, en parte, su ausencia en el ámbito de la organización y planificación.
La revisión de los planes da muestras de que, con el transcurrir del tiempo, su diseño ha ido incorporando nuevos participantes y nuevos métodos para la determinación de las demandas y la definición de las estrategias de acción.
Se han identificado actores para que cumplieran funciones como gestores, demandantes y ofertantes, se han planteado objetivos en relación con las diversas áreas prioritarias, para cada una de las cuales se han diseñado programas estratégicos con sus respectivos mecanismos de acción y financiación.
En la presentación de este trabajo estos temas no han sido ampliamente considerados por cuestiones de espacio y porque lo que nos interesa destacar son los resultados de la investigación empírica realizada acerca del último Plan Regional de Investigación Científica e Innovación Tecnológica (IV PRICIT), en la que se analizan los aspectos relacionados con la ampliación de actores y sus percepciones acerca de los nuevos modelos de gobernanza de la ciencia y la tecnología.
4-Ampliando los horizontes en el IV PRICIT de Madrid
Distribución inicial de la financiación del IV PRICIT según actuación y dedicación Grupos de investigación Dotación de infraestructura de interés regional Creación de capital humano
Descripción metodológica del estudio
El estudio empírico realizado ha consistido en la selección de 9 de las 20 áreas incluidas en el diseño del Plan, a saber: Energía, Materiales y nanotecnologia, Tecnologías de la información y de las comunicaciones.
Recursos naturales y tecnologías medioambientales, Repercusión social de la investigación.
Evaluación de la gestión e instrumentos del Plan, Socioeconomía, humanidades y derecho.
Ciencias de la salud y Espacios europeos de investigación.
Se escogieron estas áreas por considerar que son aquellas con mayor probabilidad de abrirse al debate público y porque de alguna forma son las que pueden generar efectos directos en la vida diaria de la ciudadanía.
Posteriormente, se seleccionaron algunos participantes que formaron parte de estos grupos de trabajo priorizando la diversidad entre los entrevistados: científicos teóricos, experimentales, tecnólogos y gestores, entre otros, por lo que la formación de los entrevistados va desde graduados en ingenierías y ciencias básicas hasta ciencias sociales y humanas, 10 que ha dado una visión multidisciplinar a la temática en estudio.
Se diseño una entrevista semiestructurada, destacando básicamente cuatro ejes temáticos: i) Gobernanza científico-tecnológica, ii) Participación pública en el diseño de políticas científico-tecnológicas; iii) Participación pública en decisiones científico-tecnológicas; iv) Participación ciudadana en el Plan de ciencia y tecnología de la Comunidad de Madrid.
El total de los participantes en los grupos de trabajo suman 267 actores y la muestra entrevistada y analizada representa un 6,7 0/0 de ese total, siendo la participación femenina de un 250/0 siguiendo la tendencia dada en el universo.
La participación pública en planes de ciencia y tecnología de la comunidad de IVIadrid.
¿Ejercicio de voluntad o convocatoria?
Actual sistema científico-tecnológico de la Comunidad de Madrid
En el marco de los planes regionales de investigación científica e innovación tecnológica cobra cada vez más fuerza la idea de que resulta pertinente determinar los modelos de toma de decisiones que caracterizan el diseño de éstos y por qué, en qué tipo de conocimiento experto se basan, qué medios y criterios utilizan para la formulación de sus objetivos, qué actores participan (y quiénes no) durante el proceso (Olazaran et al, 2004) y la pertinencia de incluir a expertos sociales en la etapa de intercambio y toma de decisiones.
La participación del público puede percibirse a través de diferentes tipos o procesos de participación, según sea el caso en debate.
Por un lado, está la participación informal o espontánea dada cuando la ciudadanía se expresa sin ser convocada y obedece a las acciones abiertas de grupos sociales que se organizan para solicitar, refutar o hacer valer su opinión.
Por otro lado, está la participación formal relacionada con el cumplimiento de una elaboración sistemática de actividades en las que existe un grupo interesado en reunir a diversos representantes o agentes sociales con la finalidad de intercambiar puntos de vista que permitan generar un trabajo, documento o tecnología con proyección de futuro.
La participación espontánea por lo general responde a situaciones de controversias o conflictos.
En la participación formal o sistemática se incluyen todos aquellos estilos que siguen un procedimiento consecuente para recoger e intercambiar opiniones.
La finalidad principal es establecer un diálogo entre los afectados o interesados en un tema relacionado con la ciencia y la tecnología^.
El denominador común de estos procesos de participación es que combinan conocimientos diversos, otorgando un papel relevante a la sociedad civil, siguiendo procedimientos formales y tomando decisiones tras un proceso negociador entre las partes.
Se privilegia el diálogo^ como factor clave para acercarse a resultados legítimos.
En el estudio realizado se observa que los planes de ciencia y tecnología de la Comunidad de Madrid se caracterizan por tener una participación pública determinada por procesos formales de participación, se trata de una participación diversa en cuanto a sectores sociales (económicos, científicos, académicos, industriales, políticos, tecnológicos), aunque no contempla la intervención del ciudadano no experto.
La participación dada en el último plan corresponde a un proceso de convocatoria elaborado de manera sistemática por la administración.
Algunos de los participantes señalan que el proceso debería ser abierto de principio a fin, es decir, alas prioridades deben tomarse por deliberación de los agentes que participan con intereses diferenciados; las comisiones de diseño tienen que llegar a consenso y se llega parcelando las prioridades.
Deben ser unas prioridades plurales en las que, en mayor o menor grado, estén representadas las prioridades de los agentes sociales.
Un gobierno no puede hacer el papel de gobierno y mando, si es democrático no puede llevar sus propias líneas prioritarias, sino que los planes hay que hacerlos previa deliberación buscando los agentes relevantes y consenso.
En caso que no haya consenso se puede ir a evaluaciones externas.
El gobierno debe funcionar como un coordinador y armonizador de los intereses que surjan» (E6).
En el actual ámbito regional, la demanda social no parece estar articulada a los planes, pero buena parte de los entrevistados coinciden en la conveniencia de aumentar la diversidad de la base definitoria de las políticas científico-tecnológicas, considerando que utoda aportación es enriquecedora en sí misma y cuanto más diversa sea la aportación más iniciativas hay» (El 4).
Además, «/o ciencia es más cara.
Esto se vuelve cada vez más competitivo internacionalmente hablando.
Las políticas también generan resistencia y crean más conflicto dentro y fuera de la comunidad científica, entonces, ampliar la base de apoyo a esas políticas parece imprescindible» (E11 ).
La extensión o apertura de los procesos de participación también se debe a una necesidad latente en la sociedad como parte de su propio carácter evolutivo: «La propia evolución de la ciencia y la tecnología lo exigen, sobre todo por sus impactos sociales, económicos, ecológicos, militares, etc. A medida que se va hacia la sociedad de la información y el conocimiento, el conocimiento científico-tecnológico pasa a ser el nuevo motor de la nueva modalidad de sociedad; el conocimiento es el motor de riqueza, de poder y de innovación.
Esto afecta a la sociedad en su conjunto y, por lo tanto, la ciencia actual ya no es patrimonio de los científicos, sino que la tecnociencia (ciencia contemporánea), en la medida Aquellos pocos entrevistados que mostraron cierto escepticismo por el aumento de la pluralidad de agentes participantes en la elaboración de las políticas en ciencia y tecnología lo hacen enfatizando cierta preocupación en el bajo nivel de alfabetización científica de la ciudadanía.
Este punto merece un tratamiento aparte que retomaremos más adelante.
El principal obstáculo identificado por los entrevistados para la implicación de los ciudadanos en los procesos de planificación científico-tecnológica es la falta de mecanismos de participación.
Los entrevistados han expuesto algunas propuestas que coinciden con los procesos de participación formal mencionados anteriormente: La idea general sobre la función de la política de ciencia y tecnología está influenciada por la existencia de un conjunto de técnicas inmateriales ejecutadas por un grupo de actores específicos y en un momento determinado (gestores, demandantes y receptores), para la realización de actividades que forman parte de un sistema interdependiente, persiguiendo el beneficio de las partes involucradas y de la sociedad en general.
Cabe destacar que, en el estudio realizado, se observa una gran inclinación, por parte de los científicos académicos, hacia la idea de una distribución amplia- Para la Unión Europea, la nueva gobernanza se presenta como un desafío ante la necesidad de una acción urgente para adaptar el gobierno a los asuntos existentes y ante la necesidad de ampliar el debate sobre el bienestar de Europa.
El desafío para lograr los cambios constituye una acción de esfuerzo conjunto de las instituciones administrativas (gobierno central, regional, local) y la sociedad civil para dirigir, desde los actuales estados miembros, el futuro de la Unión Europea (Comisión Europea, 2001).
En gran medida, la gobernanza europea se traduce en «reglas, métodos, procesos y comportamientos que afectan la forma en la cual los poderes se ejercen a nivel europeo, considerando particularmente como principios la apertura, la participación, la responsabilidad, la eficacia y la coherencia de las propuestas» (Libro Blanco de la Gobernanza Europea, 2001).
Estos principios son significativos porsi mismos pero no pueden ser alcanzados a través de acciones separadas.
Por esto, las políticas no pueden ser efectivas a menos que se preparen de una forma más inclusiva.
La propuesta de la Unión Europea es una visión que apuesta por una reforma de la política científica y tecnológica basada en una democracia reflexiva y priorizando la legitimidad social de las actividades, pero sigue siendo un asunto en plena elaboración.
En el estudio empírico realizado en la Comunidad de Madrid, los entrevistados que participaron en la elaboración de planes relacionan también el término «gobernanza» con una nueva forma de estructuración y organización de la agenda política, que incluye una renovación de la práctica democrática en la que se desenvuelven los procesos de toma de decisiones en la esfera pública, poniendo en práctica algunos de los esquemas de organización participativa ya mencionados.
En el caso regional, la gobernanza de la ciencia y la tecnología iumplica la forma como se gobiernan estos asuntos en diferentes niveles administrativos» (El 6).
«Tiene que ver con el diseño de los sistemas de opinión y con los sistemas ejecutivos» {E4).
Siguiendo la tendencia europea, aes una nueva visión de cómo debe ser el gobierno, de cómo tiene que ser la acción política en determinados ámbitos, no sólo de la ciencia y la tecnología.
Lo que se pretende con esta nueva idea es fomentar la participación de todos los agentes involucrados en una política de ciencia y tecnología» (E10).
Explican también la gobernanza como un proceso elaborado de i(toma de decisiones con la mayor información que se disponga no sólo científica, ni económica (...) además, la sociedad quiere saber qué se está haciendo con su dinero, en qué se está invirtiendo» (E7). aCómo manejar una determinada tecnología que no sólo incluye la promoción sino también la regulación y demás implicaciones sociales; es un proceso que involucra muchos actores y genera una trayectoria sostenida de representantes» (El 2).
«Es algo que está de moda, como necesidad, en la medida en que la sociedad se hace cada vez más compleja, las instituciones que deben intervenir son cada vez más, el número de actores es cada vez mayor, los ámbitos son cada vez diferentes, considerando que todo además está entrelazado, que casi no hay fronteras.
La idea que está detrás de la gobernanza es importante desde la perspectiva de la democratización de la ciencia y la tecnología» (E5).
La inclusión de la sociedad civil en la gobernanza puede ser considerada como una renovación de la acción pública basada en dos aspectos fundamentales: uno es el que tiene que ver con una reconstrucción de la democracia participativa y la evolución de las formas de administración política en la que se da una vinculación más abierta y activa de los actores implicados en la toma decisiones científico-tecnológicas.
El otro aspecto está dado por la incorporación del conocimiento de la ciudadanía a través de la convocatoria dirigida a algunos representantes pertenecientes a colectivos o asociaciones civiles altamente implicados o afectados en los asuntos sociales tratados en las políticas.
La gobernanza científico-tecnológica puede ser explicitada también por su soporte metodológico, que integra y gestiona una diversidad de instituciones pertenecientes a diferentes grupos o campos científicos (multisectores) que, trabajando bajo un esquema multifuncional (es decir, los actores, además de trabajar en su área, comparten y participan en otras actividades relacionadas con su sector de trabajo pero en un espacio de planificación conjunto con otros ámbitos de la esfera pública), cumplen diversas funciones y ejercen diferentes roles (multijerarquías).
La finalidad de esta vinculación es generar un mayor conocimiento, introducir nuevas tecnologías, diseñar determinadas políticas y aumentar la calidad de vida del entorno.
Igualmente el resultado es producto de la aplicación de modelos y dispositivos (multimodelos; multimecanismos) según el terreno de debate y objetivos planteados.
La utilización de multivariables se convierte en el rasgo más destacado de la nueva gobernanza de la ciencia y la tecnología, ampliando así la legitimación social y epistémica de esta propuesta y sus contenidos.
La nueva propuesta de gobernanza puede ser entendida como una gobernanza social di\ integrar como parte de su núcleo central la sociedad civil, lo que incluye, a su vez, implicaciones políticas en tanto se le considere como parte agregada con voz para proponer líneas de acción y capacidad para formar parte del grupo de decisores últimos; también contempla implicaciones epistémicas en tanto se necesita poner en marcha un conjunto de normas, modelos o métodos, técnicas, etc, que vigilen la veracidad, sistematicidad y cumplimiento justo de una participación equilibrada.
Hacia un análisis pentagonal de la gobernanza científica y tecnológica
El último plan autonómico de la Comunidad de Madrid ofrece indicios de una reorientación en el sistema de gestión, dada la apertura de la participación a diversos expertos y las potencialidades que generaría un posible acceso de expertos sociales tn algunas áreas básicas.
En la diversidad que representa la nueva gobernanza, uno de los ejes más destacados es, precisamente, la inclusión o participación de diferentes actores.
La relevancia de los actores y sus opiniones es destacada aquí porque a partir de ellos y del rol que desempeñan se desencadena el resto de las multivariables incluidas en la nueva gobernanza de la ciencia y la tecnología.
La propuesta que planteamos, sustentada sobre las percepciones y reflexiones de los participantes entrevistados, se proyecta en la presentación de una base pentagonal, compuesta por esos actores principales para reorientar el diálogo desde la administración.
Desde esta configuración, la elaboración de planes regionales sobre ciencia y tecnología se caracterizaría por ser producto de una red de relaciones, mediante la cual se construye conocimiento y se plantean propuestas de acción, a partir de metodologías basadas en programas estratégicos de participación.
Uno de los ángulos que forma parte de esa base pentagonal para el diseño de política científica y tecnológica es el desempeñado por el científico o experto, el tipo de actor que, tradicionalmente ha estado más cerca de la administración en la relación Gobierno/Investigación.
Los científicos son quienes ejercen el rol de especialistas en las áreas científico-tecnológicas tratadas; ya que se les reconoce capacitación para señalar o proponer las necesidades en su campo de estudio o sugerencias del sistema en general.
A su vez, su preparación técnica les permite detectar y prevenir riesgos o posibles desventajas.
El científico es visto como un actor con visión privilegiada dentro y fuera sistema administración/investigación.
Además, actúa como el principal ente de comunicación y portador de información, que debe ser discutida con otros expertos y el resto de actores para posteriormente ser procesada por la administración y finalmente difundirla a la sociedad.
El Gestoras un actor cuyo rol básicamente es el de gestionar los recursos de la investigación.
Es quien pone en práctica metodologías para reunir al resto de actores involucrados, procesa y genera las propuestas de acción, gestiona los mecanismos para desarrollar las políticas (convocatorias, convenios, contratos, etc), y quien vela por el cumplimiento de las reglas del juego a lo largo tanto del proceso de elaboración del plan como de su ejecución y evaluación.
El rol representado por el Político está muy asociado al trabajo de gestión que desempeña la administración, pero el papel de los políticos está más ligado al diagnóstico de la situación y de cuáles deberían ser las directrices de la política regional de la Comunidad; han de tomar en cuenta cómo se han hecho las cosas, cómo se tienen que hacer e identificar conjuntamente con los gestores de la administración los éxitos y fracasos de las acciones.
El político forma parte del grupo que avala los presupuestos para poner en marcha los mecanismos de acción y que apoya o no las estrategias que desarrolla la administración como parte de las acciones científico-tecnológicas, «f/ene la obligación de repartir los recursos públicos, hacer una distribución equitativo, razonable y eficaz de esos recursos» (E2).
Las capacidades de desarrollo de los sistemas de l+D de las empresas constituyen otra de las bases esenciales en el análisis propuesto, ya que en gran medida tienen un peso relevante en la orientación de las políticas de investigación y desarrollo nacional y regional.
Para la administración misma y el resto de los agentes ya es un hábito asentado contar con la participación de representantes empresariales para la elaboración de los planes regionales.
Los sistemas de l+D de las empresas trabajan en red con otros actores del sistema cumpliendo funciones de investigación, formación y satisfacción de demandas para cuyas acciones se justifica parte de la elaboración del Plan.
El último, pero no menos importante ángulo de la base pentagonal, corresponde a la Ciudadanía.
Puede presentarse en dos formas, como receptor o usuario de las innovaciones, y como parte de los demandantes que expresan sus expectativas y prioridades en el sistema.
Ciertamente, el público general tiene una importante carencia de canales de negociación, lo que sumado a los cambios que ha registrado la institución científica, la generación de controversias y la implicación directa de los ciudadanos en los efectos que produce el avance tecnocientífico, ha dado lugar a la organización de la sociedad civil que canaliza sus intereses a través de ONGs, asociaciones, fundaciones o grupos de consumidores.
Estas organizaciones funcionan como agentes intermediarios a través de los que la sociedad civil puede expresar sus demandas y conocimientos, proporcionando así un nuevo empoderamiento de los ciudadanos en esta esfera público-administrativa (Funtowicz et al, 2002).
A pesar de que en la Comunidad de Madrid todavía no son claros los mecanismos más apropiados para incorporar a la sociedad civil^ en la toma de decisiones del sistema científico, su incorporación es vista como un ingrediente de equilibrio al sistema.
Sin duda la experiencia muestra que ÍÍSU grado de incorporación hasta el momento es pequeño pero probablemente en las décadas venideras no dejará de aumentar, entre otras cosas por las implicaciones sociales, éticas, etc, de la misma política científica de hoy día; cualquier decisión que afecte a la ciencia afecta directamente a la sociedad y en consecuencia quiere involucrarse y participar más en las decisiones que se van a tomar» (E5).
La idea de participación ciudadana en la que se inscribe la propuesta pentagonal se basa en la identificación y propuesta de expertos sociales que cumplan la función de representantes o delegados proveniente de las diversas organizaciones e instituciones cuyos intereses les identifican como una ciudadanía cualificada.
Puesto que «es difícil hacer que la gente participe de manera directa, es necesario generar agentes intermedios, la interlocución no puede ser directa entre científico y ciudadano, es necesario generar cultura científica (instituciones donde se encuentran interlocutores gente más sensibilizada)» [E]).
La inclusión de expertos soc/o/es contribuiría a la mejora del conocimiento eficaz necesario para el diseño y puesta en funcionamiento de los mecanismos de acción propuestos en el Plan.
No se trata de conocimiento técnico como el que aporta cualquiera de los otros especialistas del sistema, ni siquiera el propio de los científicos sociales, sino que su aportación se basa más bien en el conocimiento práctico de las demandas concretas y de variables que pasan desapercibidas a los expertos tradicionales.
La perspectiva pentagonal de la gobernanza de la ciencia contiene la combinación de una nueva composición en la que puede evidenciarse la evolución organizacional del sistema científico-técnico y el alcance, aún más eficaz, de sus objetivos mediante la innovación en la producción del propio conocimiento.
Los resultados del estudio señalan así una alta tendencia a promover la participación ciudadana en la planificación del plan regional de ciencia y tecnología.
Los mismos administradores entrevistados ven como tarea pendiente esta acción y se muestran receptivos a sugerencias para convertirla en una de sus metas en el diseño de futuros planes, pues:"/os problemas sobre los que hay que tener criterio y tomar deci siones hace ya mucho tiempo escaparon del control de los expertos, de los laboratorios, de las aulas de las universida des y el caso es que ahora ya lo sabemos todos, lo saben políticos, los expertos y hasta los mismos ciudadanos, ento ces, todos quieren tener un papel dentro de esta toma de decisiones» [í^l).
Hasta ahora la falta de participación de la sociedad civil en la programación de planes regionales responde básicamente a tres razones fundamentales: no hay tradición participativa en el área, existe un déficit de mecanismos puestos en práctica desde la administración para que ésta se lleve a cabo, y el nivel de cultura científica de la ciudadanía es considerado bajo: ((Vivimos en una sociedad y en un sistema d ciencia y tecnología desvertebrado y no hemos sido capace de generar instrumentos que posibiliten la interacción entre los ciudadanos, destinatarios últimos de los beneficios que deben producir los investigadores» (El), «f/ nivel cultural y científico de este país es muy bajo.
Además no hay tradició de participación ciudadana en el área, esto lleva décadas pora que pueda estar implantado y para que exista cierta tradición.
Sí hay cierto interés por la ciencia, pero el interés sigue siendo bajísimo» (E8).
La experiencia internacional también concluye que la participación del público en la resolución de problemas es determinante, por lo que se ha tratado de extender una creciente conciencia e integrar la consulta del público general y otros actores sociales como uno más de los requisitos planteados para financiar proyectos de investigación (Natenzon y Futowicz, 2003).
De hecho, esto ha sido propuesto como tema a considerar en el diseño del próximo plan de la Comunidad de Madrid: usi a cada propuesta de investigación que solicite apoyo financiero se le exige, como parte de sus condiciones a cumplir, que incluya o esté relacionada con cualquier grupo, organización civil, ONG, u otro tipo de asociación que demuestre su interés o preocupación en el campo de investigación propuesto, entonces se dará más crédito a una propuesta que promueva tales relaciones» (El)'.
Se trata de promover la creación de redes abiertas de investigación y aprendizaje entre quienes producen buena parte del conocimiento y generan servicios o productos más estrechamente vinculados con las demandas sociales.
Desde la segunda mitad del siglo XX la ciudadanía ha venido viviendo una nueva etapa de sensibilización social en relación con la ciencia y la tecnología, relacionada a menudo con la cara más amarga de los efectos de los avances científicos y desarrollos tecnológicos.
La sociedad, además de ser testigo, recibiry apoyar el desarrollo científico, reclama ahora un rol como partícipe de la orientación científica y tecnológica.
En este sentido, el nivel regional puede proporcionar una buena plataforma para esta implicación activa.
El diseño de los planes regionales de la Comunidad de Madrid se caracteriza por una clara evolución, mostrando los cambios en los modelos lineales de innovación y la transición hacia formas de gobernanza.
La implicación de un mayor número de instituciones y la aplicación de principios, normas y estrategias de legitimación social son las claves de esta transformación.
Entre los participantes entrevistados existe una amplia aceptación de las potencialidades de interactuar con representantes de organizaciones sociales (expertossociales), pues no se duda de la capacidad de estos actores para relacionarse con el resto de los representantes institucionales, dialogar y proponer los criterios de la orientación científico-tecnológica socialmente más aceptada.
Aunque se indica que quizás no todas las áreas científico-técnicas pueden ser abiertas al debate público, existen algunas como la salud, el ambiente, la alimentación, el transporte, la energía, etc, que resulta esencial someter a negociación social.
La inclusión de la participación ciudadana se contempla como una evolución metodológica en la forma de hacer la política científica que enriquecería los programas de acción.
Para integrar este nuevo grupo se propone la selección de encargados de asociaciones, organizaciones u ONG's a quienes se les denomina expertos, delegados o peritos sociales quienes son los que probablemente tienen mayor disposición y conocimiento para interactuar con el resto de los actores participantes.
Otra de las materias pendientes en esta gestión es poner en marcha estrategias que permitan la interacción con esos expertos sociales, para lo que se proponen diversas metodologías de participación ciudadana.
Finalmente, la nueva gobernanza de la ciencia incluye un sistema multivariable dentro del cual sus actores claves deben embarcarse en un intercambio basado en el diálogo propiciado a partir de los mecanismos utilizados para producir una mayor participación e intercambio entre las redes, privilegiando el interés o la visión del receptor directo de los efectos de las decisiones tomadas.
Para preservar el anonimato de las personas entrevistadas, en aquellos casos en los que se hacen citas textuales de las mismas se identifican con la clave Ex, donde X es un número asignado al azar a cada una de las entrevistas realizadas.
Se incluyen en este grupo las conocidas formas de participación tales como: audiencias públicas, conferencias de consenso, encuesta de opinión, gestión negociada, congreso de consenso, panel ciudadano, mediación, debate nacional, audiencia parlamentaria, oficina de evaluación de tecnologías, evaluación constructiva de tecnologías, comunidad de pares ampliada, agendas de ciencia y tecnología, forum de ciencia, litigio, consumo diferencial, protesta pública, comité asesor de ciudadanos, análisis integrado, grupos de discusión, foro de debate, investigación de base comunitaria, boutique de la ciencia, comités de trabajo, referéndum, entre otras (Petersen, 1984; Chopyak y Levesque, 2002; López Cerezo y González García, 2002; Banthien et al, 2003; Kasemir et al, 2003).
Kasemir et al. (2003) presentan varias acepciones teóricas para el entendimiento del diálogo como procedimiento determinante que permita la participación equilibrada de los interesados.
A saber: diálogo como negociación, diálogo como entendimiento, diálogo como dominación, diálogo como sentido común.
En el IV PRICIT la posibilidad de participación ciudadana se dio exclusivamente por medio de la página web de la comunidad, en la que se publicaban los informes que iban generándose y en la que se ofrecía la opción de participar, hacer sugerencias o peticiones.
La participación en este sentido fue prácticamente nula y las razones a las que obedece este hecho es que probablemente el público no estaba al tanto de tal proceso o porque el medio de participación, por ahora, no resulta ser el más idóneo.
Propuestas metodológicas para detectar las demandas sociales y promover la participación pública en el diseño de políticas científico-tecnológicas.
Política científica y tecnológica.
Los inicios de la nueva gobernanza y la gobernanza social |
RESUMEN La energía eòlica ha experimentado un crecimiento espectacular en España en los últimos años, habiendo alcanzado los puestos de cabeza entre los países productores a nivel mundial.
En el caso de la implantación de proyectos eólicos nos encontramos con una percepción social ambigua: mientras que la mayor parte de la población está decididamente a favor de la promoción de las energías renovables, la oposición a proyectos concretos de parques eólicos es muy significativa.
En este trabajo se presenta el análisis llevado a cabo mediante entrevistas semiestructuradas a actores relevantes en el caso del proyecto de desarrollo eólico marítimo en la provincia de Cádiz.
En la oposición social suscitada por este proyecto han intervenido factores como la experiencia previa, la confianza entre las partes implicadas, el asesoramiento científico-técnico movilizado, los conocimientos locales, y el valor asociado a actividades tradicionales.
A partir de la polémica pública y de la respuesta de la administración se plantean problemas y tensiones de la interacción entre políticos, expertos, asociaciones ecologistas y ciudadanos afectados en casos de conflictos ambientales.
PALABRAS CLAVE Conflictos ambientales, participación pública, energía eólica.
Ciencia, tecnología y conflictos ambientales alrededor de la energía eólica
Las intervenciones con efectos sobre el medio ambiente son una importante fuente de conflictos públicos relacionados con la ciencia y la tecnología en todo el mundo.
Al mismo tiempo, evaluar las posibles consecuencias ambientales de una intervención en determinado emplazamiento requiere el conocimiento de un buen número de factores de naturaleza local.
Por estas dos razones, una gestión participativa de los problemas derivados de los efectos medioambientales de la ciencia y la tecnología minimizaría el conflicto y favorecería la adecuada valoración de todos los factores relevantes.
Los ejemplos referidos a la interacción y conflictos entre políticos, público y expertos en materia de medio ambiente en España son numerosos: repoblaciones forestales, autovías y autopistas, gestión de espacios naturales, desarrollo de infraestructuras...
Para el tratamiento de estas situaciones conflictivas existe una amplia legislación ambiental, consistente prácticamente en su totalidad en la transposición de directivas comunitarias, a la que también se han incorporado disposiciones referidas a la implicación activa del públi-co^.
Del mismo modo, se han creado Comisiones Asesoras de Medio Ambiente o Consejos temáticos, tanto a nivel estatal como autonómico, en los que participan representantes de organizaciones no gubernamentales de defensa del medio ambiente, además de representantes de la administración, la empresa, sindicatos y expertos universitarios.
Sin embargo, el análisis de algunos casos muestra que la legislación es frecuentemente incumplida, o insatisfactoriamente cumplida, considerándose a menudo más un escollo a superar que un procedimiento necesario (López Cerezo y González García, 2002; Todt, 2003aTodt, y 2003b)); y que, incluso cuando es la presión pública la que desencadena la adopción de estrategias de negociación o participación, estas estrategias fracasan a menudo por desconfianza de los implicados, falta de compromiso por parte de la administración y sensación general de inutilidad de los procesos.
Atender, por tanto, a las iniciativas tomadas por los gestores, a la estela de las directivas europeas o por demanda social, estudiando su desarrollo y sus resultados, es necesario para identificar tanto riesgos de fracaso como buenas prácticas.
Un caso vigente en España de polémica medioambiental está relacionado con el auge actual de la energía eólica.
En los últimos diez años, la energía eólica ha experimentado un impresionante crecimiento a nivel mundial, especialmente en Europa, encontrándose España entre los países más destacados en producción.
Frente a otros desarrollos tecnológicos en el campo de la energía, cuya implementación cuenta de mano con la oposición del público (como es el caso de la energía nuclear), el crecimiento de la energía eólica es la concreción de una vieja demanda de las organizaciones ecologistas en favor de la promoción de fuentes renovables.
Sin embargo, su desarrollo no está exento de conflictos de intereses.
Mientras políticos, industria y grandes organizaciones ecologistas se encuentran como aliadas a favor del desarrollo eólico, ciudadanos afectados y pequeñas agrupaciones conservacionistas lamentan la colocación indiscriminada de aeorogeneradores al amparo de unas condiciones económicas muy favorables, y sus efectos sobre la fauna, el paisaje, la riqueza arqueológica, el ruido o actividades económicas tradicionales.
La participación pública en la ubicación de parques eólicos ha consistido básicamente hasta el momento en España en un tipo de participación reactiva: presentación de alegaciones a los proyectos diseñados para diferentes emplazamientos.
En este sentido, aunque son de valorar los esfuerzos para legislar la aprobación de proyectos y su evaluación de impacto ambiental, incluyendo la posibilidad de presen-tar alegaciones por parte de asociaciones y particulares involucrados, las leyes no parecen cumplir bien su función, la información no siempre llega a los interesados, y las alegaciones bien fundamentadas no siempre son tenidas en cuenta.
Un paso más allá en la diversificación formal de los actores y en su capacidad de intervención sobre los proyectos eólicos se ha dado en la provincia de Cádiz, a raíz del conflicto social producido por el anuncio del plan para la construcción de parques eólicos marinos en la zona de Trafalgar.
La Diputación de Cádiz, consciente del alcance de la polémica, organizó el Foro de la Energía Eólica Marina y el Desarrollo 5ostenible, un mecanismo deliberativo en el que participaron políticos y técnicos de la administración junto a representantes de los grupos afectados por el conflicto: empresarios, expertos de la Universidad, ecologistas, alcaldes de las poblaciones afectadas y miembros de las cofradías de pescadores.
La importante repercusión pública de la polémica y de la iniciativa de la Diputación cumplió en este caso un papel fundamental en la evolución del proyecto.
En este trabajo se exponen, en una primera parte, las características particulares que hacen especialmente interesante el caso de la energía eólica para analizar la diversificación de actores sociales en la toma de decisiones relacionadas con la ciencia, la tecnología y el medio ambiente.
En particular, se destacan aspectos de la percepción pública de la energía eólica y los factores que la condicionan.
A continuación se repasa la situación del desarrollo eólico en España y, específicamente, en la provincia de Cádiz, con especial atención a los procesos utilizados para implicar al público afectado en la resolución de propuestas.
La discusión se centra, finalmente, en el proyecto de explotación eólica marítima en el Mar de Trafalgar, sobre la base de una serie de entrevistas semiestructuradas realizadas a los actores involucrados en la controversia.
El análisis de la controversia y de las medidas adoptadas por la administración para su resolución da pie a algunas consideraciones finales acerca de los procesos de gobernanza ambiental en ámbitos locales.
les, económicos y políticos.
La obtención, uso y gestión de la energía son asuntos públicos de primera magnitud.
La forma que ha adoptado el desarrollo en el mundo occidental requiere cantidades ingentes de energía que se ha obtenido mayoritariamente de fuentes no renovables como el petróleo o el carbón.
Enfrentados al agotamiento de las reservas energéticas y al cambio climático global, la discusión sobre fuentes alternativas de energía es más que nunca necesaria.
En este sentido, la Unión Europea ha tomado como una de sus prioridades en materia energética la promoción de las energías renovables, tanto en relación con la estrategia de Lisboa de proporcionar alta tecnología a la Unión Europea, como en relación con el cumplimiento del Protocolo de Kioto.
En 1997 se diseñó el Libro Blanco «Energía para el futuro: fuentes de energías renovables», cuyo horizonte se centraba en duplicar el uso de las fuentes energéticas renovables para el año 2010.
Siguiendo este mismo marco de acciones y en concordancia con las directrices europeas, el Gobierno español aprobó dos años después el «Plan de Fomento de las Energías Renovables en España», elaborado por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDEA) (Martínez, 1999).
De entre las fuentes de energía renovable en desarrollo en la actualidad, la energía eólica es, según el WorldWatch Institute, la forma de energía de crecimiento más rápido en nuestros días (entre un 15% y un 75% anualmente durante los últimos cinco años, siendo la media europea de un 40%).
También la Unión Europea promueve la energía eólica como una apuesta por el desarrollo sostenible, el crecimiento económico y el empleo.
Entre los países europeos, son aquellos que han contado con un sistema de apoyo al precio en los que más se ha desarrollado la industria eólica, de tal modo que Alemania, Dinamarca y España concentran el 82% de la potencia eólica instalada en la Unión Europea (Delás, 2003).
Europa es también pionera en el desarrollo de parques eólicos marinos que podrían, según un informe de 2004 de la consultora Garrad Hassan, proporcionar toda la energía residencial de la región en un plazo de 15 años (Brown, 2004).
La implantación de parques eólicos en España ha adquirido relevancia en los últimos años debido a su elevado potencial en el sector, tanto por lo que respecta al viento como recurso como por lo que respecta a su nivel de desarrollo tecnológico.
La energía generada por el viento en España ha ido aumentando paulatina y rápidamente desde finales de los años 80.
Según el informe de marzo de 2005 del Global Wind Energy Council, España ocupaba a finales de 2004 el segundo puesto mundial, detrás de Alemania y habiendo superado a Dinamarca y Estados Unidos en los últimos dos años-^.
El asombroso crecimiento de la energía eólica en España durante la última década muestra los efectos positivos de una política de promoción decidida de las energías renovables, y también ha estimulado la discusión sobre actitudes públicas y efectos ambientales.
Por otra parte, el traspaso de competencias en materia de energía (Ley 9/1992) a las Comunidades Autónomas supuso un desarrollo muy desequilibrado de la energía eólica en las diferentes comunidades autónomas.
Mientras algunos gobiernos autonómicos apostaron muy tempranamente por esta fuente alternativa de energía, en otros se obstaculizó incluso con moratorias encubiertas.
En la actualidad, el mayor desarrollo eólico corresponde a las comunidades de Galicia, Castilla-León, Castilla-La Mancha y Aragón^.
La distribución de la producción de energía eólica por comunidades autónomas en España responde también a una gran variedad de problemas y especificidades locales en su implantación y su aceptación social.
La sociedad española tiene una percepción de las energías renovables (incluyendo la eólica) muy positiva, y es posible encontrar experiencias modélicas de planificación, implantación, selección de ubicaciones, y participación local.
Este es el caso, por ejemplo, de los Planes Energéticos de Navarra, muy cuidadosos con los aspectos sociales y ambientales aunque, así y todo, no exentos de polémicas focalizadas (Barcos, 2004).
También se pueden identificar éxitos locales en la construcción de parques eólicos en algunos municipios de Aragón o Castilla-La Mancha, en los que la energía eólica ha contribuido a dinamizar su economía, no sólo por la venta o alquiler de terrenos, o creando puestos de trabajo en el mantenimiento del parque, sino también con la creación y fortalecimiento de una industria de componentes para aerogeneradores.
No obstante, también se encuentran a menudo conflictos a diferentes niveles: relacionados con lo que se entiende como una planificación autonómica insostenible y orientada únicamente al beneficio económico de las grandes compañías eléctricas (por ejemplo, Galicia), o con una ubicación que se percibe como inadecuada por pasar por alto algún valor ecológico o cultural (por ejemplo, los conflictos de la Muela de Carcelén y la Sierra del Boquerón en García y Estévez Cedeño, 2004).
La energía eólica se presenta así como un caso de estudio interesante para analizar la relación e implicación del público en las intervenciones tecnocientíficas con efectos sobre el medio ambiente, ya que concita un generalizado apoyo al tiempo que protagoniza serias polémicas.
La energía eòlica y el público
La aceptación pública es uno de los requisitos más importantes para el éxito de los proyectos eólicos^.
Por ello, desde los comienzos del òoomde la energía eólica a mediados de los ochenta, se han llevado a cabo multitud de estudios acerca de la percepción pública de esta nueva forma de energía en expansión.
El desarrollo de fuentes de energía renovables, baratas, limpias y descentralizadas es una demanda antigua que puede rastrearse en el pasado reciente al menos hasta el movimiento por una «tecnología alternativa» de los años 70.
En 1973, David Dickson defendía formas alternativas de energía, incluyendo la eólica; y en el mismo año Schumacher hablaba de proyectos de uso de «energías intermedias».
En ambos casos se reflejaba en sus escritos el estado inicial del desarrollo de la tecnología de aprovechamiento del viento que luego despegaría de forma impresionante.
Las grandes organizaciones ecologistas, como Greenpeace, han estado siempre también a favor de las energías renovables, liderando campañas en contra de la alternativa nuclear y a favor de que los gobiernos adopten posiciones claras de apoyo a las energías limpias^.
El empeño en la promoción de las energías renovables de ecologistas y grupos preocupados por los problemas ambientales derivados del uso de energías no renovables (calentamiento global, agotamiento de los recursos...) está hoy en día en condiciones de hacerse realidad.
Es de presagiar, pues, que la percepción pública de la energía eólica sea abiertamente positiva y se den la bienvenida a todas las iniciativas para su promoción.
Sin embargo, el panorama parece ser más complejo.
Krohn y Damborg (1999) presentan un análisis de los estudios hechos hasta el momento en diferentes países acerca de las actitudes públicas hacia la energía eólica.
Sus resultados, en general, indican que el público mantiene una idea muy positiva de la energía eólica y se manifiesta a favor de su promoción.
Encuestas realizadas en Estados Unidos, Dinamarca o Gran Bretaña arrojan resultados de alrededor de un 80% de la población a favor de la energía eólica.
Sin embargo, cuando se trata de proyectos concretos, el grado de oposición crece considerablemente, condenando al fracaso a algunos de ellos.
Adaptando la clasificación que hacen Krohn y Damborg (1999) citando a Simon (1996), y completándola con el estudio del caso español, los argumentos habituales de quienes se manifiestan a favor y en contra de la promoción de la energía eólica se indican en el cuadro 1^:
Argumentos a favor y en contra de la energía eólica A favor -económicamente rentable -no contaminante -renovable -ayuda a combatir el cambio climático -segura -creación de puestos de trabajo -beneficios económicos para los emplazamientos En contra -incapaz de sustituir otras fuentes -poco fiable -cara -agresiva con el paisaje -ruidosa -perjudicial para las aves -perjudicial para el medioambiente: desmontes, líneas de evacuación... -produce interferencias electromagnéticas -perjudicial para yacimientos arqueológicos -perjudicial para caladeros de pesca (en el caso de parques marítimos) -perjudicial para el turismo I 380 I Fuente: Elaboración propia adaptada de Krohn y Damborg (1999) Por un lado, la energía eòlica tiene ventajas ambientales y económicas, ya que (además de su contribución a la generación de energía renovable) ayuda a mejorar la situación económica de las zonas en las que se implantan parques eólicos (creación de puestos de trabajo en el mantenimiento de los parques y en la industria de fabricación de componentes para aerogeneradores...).
Como inconvenientes, pueden señalarse las dudas sobre su capacidad para sustituir las fuentes de energía convencionales y resolver así los problemas energéticos, los efectos sobre el medio ambiente, el paisaje, la fauna, el problema del ruido de los aerogeneradores para la población cercana y la posibilidad de su interferencia con factores económicos o culturales característicos de las zonas en las que se implanta.
No obstante, el tipo de oposición pública más habitual a la energía eólica no consiste en el rechazo global a esa forma de producción energética, sino más bien en la resistencia a la implementación de un proyecto eólico concreto entre aquellos que sienten que pueden estar afectados por sus consecuencias.
Este tipo de resistencia se conoce como NIMBY (Not in My Backyard)^, refiriéndose a la oposición del público a la ubicación en la cercanía de sus hogares de instalaciones como vertederos, centrales nucleares, autopistas, centros de salud mental..., aun con el convencimiento general de que se trata de necesidades sociales.
Algunos estudios muestran que la oposición a proyectos concretos por parte de los ciudadanos involucrados disminuye una vez que el parque eólico está en funcionamiento (Andersen et al., 1997; Gipe 1995; Bishop y Proctor 1994) y el fenómeno NIMBY parece también disminuir con la información y el conocimiento, ya que es menos común en aquellas zonas en las que ya hay instalados parques eólicos.
No obstante, otros estudios proporcionan resultados contradictorios.
Thayer y Freeman (1987) analizaron las actitudes públicas ante el desarrollo eólico en la costa californiana, encontrando que aquellos encuestados cuyas viviendas estaban más cerca de los aerogeneradores manifestaban actitudes más negativas que los más alejados, y también que la mayor información, mayor oposición.
Kaldellis (2005), por su parte, informa de la ambigüedad de los ciudadanos griegos ante la proliferación de parques eólicos, encontrándose la opinión pública dividida entre los reticentes habitantes de la península y los más positivos habitantes de las islas.
Las diferencias encontradas en los estudios de caso aparecen como indicios de que el factor NIMBY puede ser en muchos casos una explicación demasiado simplista acerca de la oposición pública a la instalación de aerogeneradores (Wolsink, 1988(Wolsink,, 2000;;Erp, 1997), y que el concepto mismo es confuso.
Aducir el fenómeno de NIMBY implica la suposición de que las comunidades locales actúan de un modo egoísta, oponiéndose al bien común al tiempo que se oponen a la construcción en sus emplazamientos de un vertedero de productos tóxicos o un centro de salud mental.
Los análisis de Wolsink (1994) y Ek (2005) de las actitudes públicas relacionadas con los parques eólicos en Holanda y en Suécia, respectivamente, concluyen que la oposición al emplazamiento local no estaba relacionada con una aceptación general de la energía eólica (ubicando los parques en otro lugar, por supuesto), como revelaría el fenómeno de NIMBY; y que cuando se atiende a las razones para resistir proyectos concretos los factores más relevantes son aquellos que tienen que ver con las características específicas de la ubicación propuesta.
De este modo, parecería que la percepción general acerca de las bondades o perjuicios de la energía eólica tiene poco peso en la conformación de estas posiciones de oposición.
Wolsink (2000) distingue cuatro formas de resistencia social frente a proyectos eólicos (que pueden, desde luego, extenderse a la oposición a otro tipo de proyectos, especialmente aquellos relacionados con centrales nucleares y vertederos de residuos tóxicos, temas en los que se ha estudiado más a fondo la oposición del público):
Tipo A. Actitud positiva hacia la energía eólica, pero negativa hacia la construcción de un parque eólico en las cercanías.
NIMBY (Not in My Backyard) Tipo B. Actitud negativa hacia la energía eólica y, por tanto, hacia el proyecto en la cercanía de la propia residencia.
NIABY (Not in Any Backyard) Tipo C. Actitud positiva hacia la energía eólica, que termina siendo negativa como resultado de la discusión durante el proceso de planificación del parque eólico en la cercanía de la propia residencia.
Esta forma de rechazo indica que las posiciones de los actores de una controversia son dinámicas y cambiantes más que estáticas y predeterminadas, así como la necesidad de entender los procesos de interacción entre actores y sus efectos.
Tipo D. Actitud negativa hacia el proyecto en la cercanía de la propia residencia, sin necesidad de rechazar la energía eólica por completo, pero defendiendo su desarrollo bajo ciertos criterios y restricciones.
Se basa fundamentalmente en las posibles consecuencias negativas sobre el paisaje, la fauna avícola y el problema del ruido. http://arbor.revistas.csic.es
En relación con la energía eólica, el rechazo general de la población es escaso, con lo que el tipo B de actitud es muy limitado.
Las actitudes más extendidas e interesantes son la C y la D, donde se muestra que el público toma en general decisiones basadas en la racionalización de las ventajas e inconvenientes, y en las que, por otra parte, influyen fuertemente aspectos institucionales relacionados con las políticas de planificación y las acciones de las diferentes partes implicadas.
Por ejemplo, elementos de gran relevancia tienen que ver con la confianza depositada en las autoridades y las empresas encargadas del proyecto, es decir, con factores derivados de la interacción entre actores y los intereses locales que se encuentren en conflicto, en línea con los análisis de Brian Wynne (1995) acerca de la complejidad de las actitudes públicas hacia los proyectos tecnocientíficos.
Además de evaluar las características técnicas del proyecto y sus previsibles efectos económicos, paisajísticos o ecológicos, el público defiende sus posiciones en función de su percepción de cómo los promotores del proyecto y las autoridades locales han planeado e implementado el mismo, y de su experiencia pasada en situaciones análogas.
La implicación de la sociedad, la transparencia y la información son todos ellos factores que aumentan la posibilidad de que la población mantenga una actitud positiva ante un proyecto dado (Hansen et al., 2003)^.
En el caso español, la especificidad de los conflictos hace sospechar también que el fenómeno NIMBY no es la causa principal de oposición a la energía eólica, sino que se trata más bien de un rechazo focalizado en puntos críticos de desacuerdo, y que en muchas ocasiones se desarrolla a partir de una experiencia previa negativa o al cabo de un tiempo de convivencia con un parque eólico que en principio se había recibido con entusiasmo (M. González y B. Estévez, 2004).
El proyecto de parque eólico marítimo en la provincia de Cádiz servirá para analizar las percepciones y actitudes públicas, así como el valor de los mecanismos de participación desarrollados en este caso por la administración en respuesta a la fuerte oposición social.
El seguimiento de la legislación vigente contempla la información a diferentes actores o colectivos implicados o afectados durante cualquier etapa de implantación de un parque eólico.
Tal como muestra el proceso reglamentario (Figura 1), se trata de un trabajo llevado a cabo principalmente por las dos unidades administrativas mencionadas (Consejería de Innovación/Ciencia y Empresa y Consejería de Medioambiente), y más particularmente por sus delegaciones provinciales.
La participación de colectivos sociales tiene lugar en un segundo nivel, es decir, a partir de la evaluación hecha por la administración y de la publicación de propuestas para su evaluación pública.
La característica principal de este tipo de participación es que depende de la medida en que tales colectivos se sientan vulnerables ante la propuesta realizada, en otras palabras, el pronunciamiento de la ciudadanía se hace cuando se presentan altas probabilidades de generar controversia expresadas a partir de la presentación de alegaciones.
La implicación de la ciudadanía en un segundo nivel (de consulta) es acertada, pero a menudo insuficiente.
En el caso de la comarca gaditana de La Janda, la demanda de participación resultó en la aprobación en marzo de 2004 de la propuesta del Plan de Ordenación Territorial de la Janda, que abarca los municipios de Conil de la Frontera, Barbate y Vejér de la Frontera.
El Plan de Ordenación Eólico Urbanístico (gestionado por la Consejería de Obras Públicas y Urbanismo) fue elaborado con la finalidad de institucionalizar dónde se pueden instalar plantas eólicas, dónde se pueden instalar pero corrigiendo una serie de reparos y dónde está completamente prohibido construir plantas eólicas.
Dicho plan fue producto de foros de participación en los que intervinieron Ecologistas en Acción como representante de las organizaciones sociales y demás agentes interesados en la temática.
El resultado de consenso parece haber generado un plan bastante acotado y aceptable por todos los actores sociales involucrados.
Sin embargo, uno de los proyectos especialmente confiletivos es el del desarrollo eólico marino planeado en la costa del cabo de Trafalgar, en Cádiz.
Los parques marítimos, en los que los aerogeneradores se colocan mar adentro, son una apuesta de futuro en el campo de la energía eólica, aunque en el plan energético español no están aún contemplados y la normativa existente no recoge sus especificidades, como por ejemplo, que su construcción es mucho más costosa que la de un parque eólico terrestre.
El caso del parque marítimo de Trafalgar revela una peculiar distribución de las voces a favor y en contra.
Mientras los grandes grupos ecologistas como Greenpeace, Ecologistas en Acción o Los Verdes de Andalucía se manifiestan a favor del desarrollo de parques eólicos marítimos en general, y en concreto, de este de Trafalgar, aduciendo el escaso impacto ambiental del mismo; fueron los ayuntamientos, los pequeños grupos conservacionistas locales, las cofradías de pescadores y el sector turístico de la zona los que se opusieron con más énfasis a la creación del parque sobre la base de sus perjuicios paisajísticos y los efectos sobre el ecosistema marino, la pesca y la navegación^\ La provincia de Cádiz aparece así como un interesante caso de estudio, en el que se une una historia previa de mala gestión a unos proyectos de futuro que plantean nuevos retos al afectar a más actores sociales.
El camino hacia el parque eólico marino «Cabo de Trafalgar»
existen factores técnicos y económicos que motivan el interés de empresas promotoras y el apoyo de parte de la administración.
En cuanto a los factores técnicos, la energía eólica en el mar permite mejorar el rendimiento de las ubicaciones terrestres, al introducir importantes innovaciones tecnológicas en los aerogeneradores que resultan en una producción eléctrica superior a la que puede ser obtenida en tierra, y además estas instalaciones pueden ir conectadas directamente a la línea de distribución.
Los parques eólicos en el mar resultan así rentables por su nivel de producción energética (Menéndez, 2005).
El actual avance de la energía eólica en la provincia de Cádiz se focaliza en el proyecto de parque eólico marino frente al Cabo de Trafalgar y, más específicamente, en las costas de los pueblos pesqueros Conil de la Frontera y Barbate.
La primera solicitud se llevó a cabo por parte de EHN en el año 2000; desde entonces, los procesos de tramitación se han sucedido en una constante de cumplimientos normativos, intercambios entre los diferentes agentes involucrados, presentación de alegaciones, resoluciones, exposición de nuevas propuestas de proyectos, evaluaciones, declaraciones y propuestas de negociaciones.
Recientemente, cuatro promotores (EHN, Capital Energy, Umweitkontor y Vestas Eólica) han solicitado los permisos correspondientes para la instalación de parques eólicos marinos.
En conjunto se trataría de un total de más de 500 aerogeneradores ubicados en una extensión marina de más de 20km2.
La historia sobre la implantación de parques eólicos en el mar es relativamente nueva.
En Europa, los estudios que permitieron desarrollar este tipo de propuestas se iniciaron en los años 70 y 80, aunque los primeros parques no comenzaron a construirse hasta principios de los años 90.
Actualmente, existen parques eólicos marítimos construidos y proyectados en países como Alemania, Suécia, Dinamarca, los Países Bajos, irlanda y el Reino Unido (BWEA, 2004).
En el caso español, las condiciones del suelo submarino para este tipo de industria no son especialmente adecuadas, pero destacan algunas zonas: el Golfo de Cádiz, por la calidad del aire, el gran potencial eólico y la favorable situación oceanogràfica; la costa del Mediterráneo, por sus fondos no muy profundos.
Otras zonas, como Galicia y algunos puertos, permiten emplazamientos singulares.
Pese a estas escasas posibilidades de desarrollo eólico marítimo.
Por su parte, la sociedad civil se encuentra dividida.
Por un lado, está el grupo que integra una plataforma formada desde hace dos años por los ayuntamientos de tres municipios directamente afectados (Conil, Vejér y Barbate), las cofradías de pescadores (Conil y Barbate), representantes de cuatro grupos políticos (PP, PSOE, lU, PA), sindicatos (CCOO y UGT)^^, cuatro grupos de almadraberos (Tarifa, Zahara de los Atunes, Conil y Barbate) y el grupo ecologista AGADEN (Asociación Gaditana en Defensa de la Naturaleza).
Esta plataforma comparte una visión desfavorable a la construcción del parque eólico marítimo, por lo que han presentado las alegaciones que consideran pertinentes.
Por otro lado, los grupos de Ecologistas en Acción, Greenpeace y Verdes de Andalucía mantienen una actitud más favorable, mostrándose dispuestos a que se hagan los estudios de preinstalación de torres experimentales, lo que serviría para dar un diagnostico más acertado y objetivo de los posibles efectos en la fauna biomarina de la región.
Así, mientras que la situación actual del desarrollo eólico sobre plataforma terrestre en Cádiz ha logrado el acuerdo de las partes implicadas y se desarrolla con normalidad, el proyecto de parque eólico marino ha generado una fuerte resistencia social.
No se trata entonces de una simple reacción NIMBY, puesto que existe una visión positiva hacia la energía eólica y la resistencia se presenta sólo ante la propuesta concreta de implantación de un parque marino que entra en conflicto con las tradiciones culturales y actividades económicas locales.
Esta forma de rechazo indica que las posiciones de los actores de una controversia son dinámicas y contextúales más que estáticas y predeterminadas, así como la necesidad de entender los procesos de interacción entre actores y sus efectos.
Más detalladamente, las razones de la oposición local al parque eólico marino son las siguientes:
Su interferencia con tradiciones económicas y culturales locales como la pesca de almadraba, con la consiguiente pérdida de los empleos que dependen directa o indirectamente de ellas.
Las vibraciones producidas por los aerogeneradores provocarían cambios en las rutas migratorias de los atunes, y los barcos de pesca artesanal verían dificultado su trabajo por la ubicación de los mismos.
Frente al empleo de calidad proporcionado por la pesca tradicional, el empleo ofrecido por el parque eólico es fundamentalmente temporal.
Hay especies marinas en la zona que aparecen incluidas en el Catálogo de Especies Amenazadas (Orden del 9 de Junio de 1999, BOE del 22.6.99), como la caracola, el puercoespín marino, y la lapa ferruginea.
El turismo puede verse afectado por el impacto visual de los aerogeneradores.
El Cabo de Trafalgar es una zona de gran valor histórico y arqueológico.
Además de la Batalla de Trafalgar, los fondos marinos de la zona conservan rastros de fenicios, romanos y árabes que forman parte del patrimonio cultural español aún sin explo-13 rar Existen otra serie de razones que tienen que ver con la desconfianza pública hacia los procesos desarrollados desde la administración: el desordenado desarrollo eólico, la incertidumbre creada por algunas empresas que no dialogaron con los agentes locales...
El Foro de la Energía Eólica Marina y el Desarrollo Sostenible
La situación generada entre los diferentes agentes sociales implicados y afectados por la posible instalación del parque eólico marítimo llegó a tener tanta repercusión pública que el Área de Medioambiente de la Diputación de Cádiz (por solicitud de un representante de uno de los colectivos sociales preocupados por la temática) organizó el «Foro de la Energía Eólica Marina y el Desarrollo Sostenible».
El Foro surge así como propuesta para encaminar y organizar los procesos de participación pública en la toma de decisiones sobre energía eólica marina en Cádiz.
Para la puesta en marcha de dicho instrumento fue necesario un esfuerzo exhaustivo de identificación de actores sociales, considerando las siguientes categorías de participantes: representantes de la administración central, autonómica y local; las empresas promotoras; expertos universitarios; y los diversos agentes sociales implicados, incluyendo grupos de ecologistas, cofradías de pescadores y demás organizaciones con puntos de vistas diversos y pertinentes.
Los objetivos generales del Foro fueron los siguientes: identificar y convocar a los agentes implicados e interesados en la temática planteada, definir y comunicar las directrices metodológicas del ejercicio a los integrantes, crear un ambiente coordinado de diálogo entre los participantes, informar con transparencia de los argumentos que justifican la presencia de cada agente o institución representada, concienciar a los colaboradores, a los organismos competentes, a los medios de comunicación y a la ciudadanía en general sobre la importancia de este tipo de actividades para la resolución de conflictos, fomentar la comunicación y el entendimiento entre los participantes, mejorar los planteamientos iniciales de la temática que justifica la convocatoria de trabajo, sistematizar y clasificar la documentación obtenida, servir de catalizador de información para mejorar el proceso de evaluación previo a la toma de decisiones.
El Foro desarrolló sus actividades entre noviembre de 2004 y junio de 2005, con una periodicidad quincenal de reuniones en la Diputación de Cádiz, a las cuales se invitaron a Hubo 31 intervenciones de los actores y 7 de delegaciones administrativas, con lo que en total la asistencia al foro superò el 70% de las invitaciones cursadas.
Cada reunión contó con un moderador^^ que presentaba a los ponentes e informaba sobre las novedades en curso, y comenzaba con el reparto a los asistentes de documentación en la que se incluían las noticias aparecidas en la prensa, informes de expertos y las respuestas de los invitados de la sesión a un cuestionario previo sobre el asunto elaborado por la organización del Foro.
Cada ponente tenía entre 15 y 20 minutos para exponer sus puntos de vista, posteriormente se abría una ronda de preguntas en las que intervenían los concejales de medioambiente, representantes de diferentes partidos políticos, y demás agentes participantes.
Los medios de comunicación local también estaban invitados al cierre de cada reunión como intermediarios entre los participantes en el foro y la sociedad en general.
La apertura y mantenimiento de una página web [URL] donde figuraba documentación relevante y se recogían todas las noticias aparecidas en la prensa (local, nacional y especializada) sobre el conflicto fue también un pilar básico para mantener a la ciudadanía informada de la marcha del Foro y los debates^^.
Ha de destacarse que este novedoso ejercicio despertó durante más de medio año una gran relevancia pública, especialmente en los ámbitos local y autonómico, pero también a nivel nacional e internacional.
Como cierre del Foro se planificaron unas Jornadas (9 y 10 de Junio de 2005) que funcionaron como un instrumento añadido a las reuniones celebradas, la web y el cuestionario elaborado por la Diputación.
Las jornadas permitieron una participación aún más amplia de los diferentes agentes que ya habían expresado sus opiniones durante el foro, pero la diferencia es que este tipo de metodología permitió la presencia simultánea de todos ellos: expertos de diferente signo, empresas promotoras, agentes sociales, representantes de la administración e instituciones independientes.
La interacción directa de posturas fuertemente encontradas dio lugar a algunos momentos de tensión que potenciaron el interés mediático del evento.
Tras las Jornadas, el Foro Eólico hizo públicas sus conclusiones en julio de 2005.
Sin embargo, antes incluso de las mismas, la repercusión pública de la polémica tuvo efectos reseñables: las administraciones central, autonómica y provincial parecieron ponerse de acuerdo en que, por el momento, no era posible construir los parques.
La falta de legislación sobre energía eólica marítima, la escasez de estudios concluyentes sobre sus efectos en la zona y la clara oposición popular fueron los factores responsables de las decisiones tomadas.
Gobernanza eólica en Cádiz: una evaluación El desarrollo del Foro de la Energía Eólica ha sido ambivalente.
A la innegable ventaja de ser capaces de sentar a una misma mesa posiciones opuestas, se unen distintos problemas, como la falta de claridad respecto a las atribuciones del Foro, el carácter no vinculante de sus decisiones, y la desconfianza de algunos de los participantes en el valor de la colaboración.
Una evaluación posible del Foro de la Energía Eólica y el Desarrollo Sostenible de la Diputación de Cádiz como mecanismo de participación social puede realizarse siguiendo los criterios identificados por Rowe y Frewer (2000).
Los autores clasifican estos criterios en dos grupos: criterios de aceptación y criterios de procedimiento.
Los criterios de aceptación son criterios relacionados con la construcción efectiva y el funcionamiento de los mecanismos:
> Represeritotividad: el público implicado en el proceso de participación debe ser lo suficientemente representativo.
En este caso, el Foro reunió a una amplia representación de los intereses implicados: agrupaciones de ecologistas internacionales, nacionales y locales, alcaldes, sindicatos, expertos de la Universidad, empresas promotoras, asociaciones de pescadores, arqueólogos y representantes de la administración autonómica^^.
Pese a que España no es un país con gran tradición en asociacionismo y participación, el papel de las organizaciones de ciudadanos adquiere cada vez mayor relevancia.
En este caso han participado de forma activa asociaciones ambientalistas de distintos niveles; así como asociaciones de vecinos, ayuntamientos y asociaciones «gremiales».
Mientras que habitualmente se tiende a homogeneizar la percepción u opinión del «público», nos encontramos aquí con que las distintas asociaciones ciudadanas que han contribuido y presionado para promover su participación en el mismo presentan no sólo perfiles muy distintos, sino también actitudes muy diferentes.
Incluso dentro de las asocia- dones ambientalistas, mientras las de ámbito más amplio apoyaron el plan de construcción de parques eólicos en el Mar de Trafalgar, no ocurre lo mismo con las de ámbito local, que mostraron una firme oposición.
La organización del Foro, no obstante, permitía únicamente ia entrada en el juego de representantes de intereses organizados, no ofreciendo la oportunidad de participación directa a los no-expertos.
Las sesiones del Foro no fueron abiertas al público, aunque las Jornadas sí permitieron la asistencia de todo aquel ciudadano interesado (previo pago de la cuota de inscripción).
> Independencia e igualdad: se debe garantizar la igualdad de todas las partes, conduciendo el proceso de participación de un modo independiente y sin sesgos.
En el caso del Foro de la Energía Eólica Marina de Cádiz, la Diputación permitió la participación equitativa e independiente de todos los involucrados y fue un ente de equilibro para mantener el proceso sin ningún tipo de sesgo.
Sin duda, la posición de neutralidad de la Diputación se vio favorecida al no depender de ella el destino final de los proyectos del Mar de Trafalgar.
Implicación activa: en el caso ideal, el público participante debe involucrarse activamente desde las fases iniciales de la definición de problemas, no limitándose su participación a la elección entre una serie de posibilidades determinadas de antemano por expertos.
La participación social durante los procesos de implantación de parques eólicos es fundamentalmente, como ya se ha señalado, una participación reactiva (presentación de alegaciones y recursos a proyectos).
Dadas las dificultades en los procesos de información y comunicación, este tipo de participación, si bien necesaria, resulta a todas luces insuficiente.
No obstante, el Foro Eólico se convoca en un momento apropiado, en la etapa de diagnóstico y planificación del proceso, permitiendo una implicación más activa y la paralización efectiva de los proyectos antes de su puesta en marcha.
> Efectividad e influencia: el resultado del procedimiento debe tener un impacto real y efectivo sobre las decisiones adoptadas en todas las fases del proceso, desde la discusión hasta la toma de decisiones y la ejecución de las mismas.
El principal problema del Foro de la Energía Eólica Marina fue precisamente la falta de claridad sobre los efectos de sus conclusiones.
El Foro fue una iniciativa de la Diputación de Cádiz en ia que no se involucró ni el Gobierno Autonómico ni el Gobierno central (del que dependía en última instancia la decisión final).
Las conclusiones del Foro no podían, por tanto, ser vinculantes.
Al no participar tampoco en el mismo representantes de los niveles autonómico y central, el debate se vio limitado en su capacidad de influencia.
Transparencia: el desarrollo del proceso y la toma de decisiones deben ser transparentes y comprensibles para el público en general.
Los medios de comunicación, especialmente los locales, jugaron un papel clave durante todo el proceso, amplificando su relevancia pública.
Además de su repercusión en la prensa local, el conflicto de la eólica marina en Cádiz tuvo eco también en periódicos regionales y locales, así como en algunas publicaciones internacionales relacionadas con las energías alternativas (Korneffel, 2005).
Por otra parte, existen diferentes criterios de procedimiento.
Se trata de criterios relacionados con la potencial aceptación pública e institucional del mecanismo o procedimiento.
> Accesibilidad de recursos.
El público participante debería tener acceso a los recursos apropiados para el satisfactorio desempeño de su tarea.
En este caso, la existencia de la página web con abundante documentación ayudó enormemente a facilitar el acceso a la información a todos aquellos ciudadanos interesados en la polémica.
> Definición de los objetivos.
La naturaleza y alcance de los objetivos y actividades de la participación deberían estar definidos con claridad.
Aunque los objetivos del Foro eran aparentemente claros, ios límites impuestos por las competencias de la Diputación desvirtuaron el proceso.
Algunos sectores, como las asociaciones de pescadores y almadraberos y las asociaciones ambientales locales desconfiaban profundamente de la utilidad del Foro.
Su sospecha es que sólo serviría de pantalla para justificar una decisión tomada de antemano.
Crear relaciones de confianza entre los distintos agentes sociales, y en especial con la administración como intermediaria entre los mismos aparece de nuevo como un problema central a resolver en las iniciativas de gobernanza.
Estructuración de la toma de decisiones.
El ejercicio de la participación debería hacer uso de los mecanismos apropiados para estructurar con claridad el proceso de toma de decisiones.
La inexistencia en España de regulaciones sobre parques eólicos marinos crea un vacío legal y da lugar a la improvisación y a la precipitación en el caso de los proyectos eólicos marinos en la costa de Trafalgar.
La falta de estudios claros de impacto sobre el ambiente, la pesca, el turismo, los yacimientos arqueológicos..., y de una legislación nacional sobre este tipo de instalaciones, parece haber terminado por cerrar, al menos provisionalmente, el conflicto.
De hecho, la clausura del conflicto tras el anuncio en la prensa, antes de la publicación de las conclusiones del Foro, de que tanto el Gobierno Autonómico como el Central desestimaban la construcción del parque eólico, supuso de algún modo una deslegitimación del mismo, aun cuando el rechazo respondió a la oposición social, a la falta de legislación sobre aprovechamiento eólico marino y a las incertidumbres sobre sus impactos.
El procedimiento debería ser efectivo con relación al coste.
Creemos que fue adecuado en este punto.
En definitiva, el Área de Medio Ambiente de la Diputación de Cádiz ha respondido adecuadamente al conflicto social originado por la propuesta de parque eólico con la creación del Foro de la Energía Eólica Marina y el Desarrollo Sostenible.
La iniciativa de crear un espacio para la presentación de las diferentes posturas, el intercambio de informaciones y opiniones, la discusión y la evaluación es una auténtica acción de gobernanza en la que se han implicado expertos, políticos y representantes de la ciudadanía.
La implicación en el Foro de diferentes niveles de la administración ha permitido también identificar y explicitar las distintas percepciones, opiniones y sensibilidades que también existen en la misma.
Las Jornadas Técnicas, a su vez, han ayudado además a promover la interacción cara a cara de las diferentes posturas; estrategia que, aunque arriesgada cuando existen importantes tensiones como en este caso, puede permitir buenos resultados en otros al ofrecer oportunidades para la negociación.
Sin embargo, para unos resultados óptimos, el Foro debería haberse enmarcado en una estrategia conjunta de los distintos niveles administrativos para la toma de decisiones, aclarando las respectivas competencias y responsabilidades.
La clausura de este caso, en la que no queda clara la influencia del Foro ya que no se ha esperado a sus con-clusiones (aunque sí parezca clara la influencia del conflicto social desarrollado alrededor del mismo), resta relevancia a la iniciativa de participación.
El aprovechamiento eólico en la provincia de Cádiz ha estado dirigido por la implantación de los parques eólicos propuesta por los promotores antes de la definición de normativas, situación que se presenta como denominador común en buena parte del territorio español.
En el caso del proyecto de energía eólica marítima en el Mar de Trafalgar, esta carencia de normativa fue uno de los obstáculos principales con los que se encontró la iniciativa de participación organizada por la Diputación de Cádiz.
En efecto, el plan de desarrollo eólico marino en Cádiz originó una importante protesta social y dio lugar a un amplio debate en el que la necesidad de producción energética de fuentes alternativas chocaba frontalmente con los intereses y percepciones de las comunidades locales.
No puede entenderse, sin embargo, la fuerte oposición al proyecto como una reacción NIMBY, al relacionarse con una aceptación general de las energías alternativas; con preocupaciones concretas y razonables sobre los diversos efectos ambientales, económicos y culturales de la construcción de los parques en la zona; y con la percepción acertada de la falta de conocimientos, normativas y planificaciones suficientes para llevar a cabo el proyecto minimizando sus desventajas.
A la vista de la polémica originada, la Diputación de Cádiz reaccionó con oportunidad y acierto ofreciendo un espacio para el diálogo y el intercambio de opiniones.
La iniciativa del Foro Eólico y las Jornadas Técnicas fue, por tanto, muy positiva, aunque se enfrentó a algunas limitaciones.
El principal escollo lo constituyó la ausencia de normativa para la instalación de parques eólicos marinos en España, lo que hace que la aprobación de dicha instalación sea competencia directa de representantes de la Administración Central, específicamente del Ministerio de Medio Ambiente y el Ministerio de Industria, conjuntamente con la Junta y las Consejerías respectivas.
Ante esta situación, la Diputación de Cádiz siempre manifestó a los participante del Foro que los resultados generados en el mismo no serían vinculantes respecto a la decisión defini-tiva, que no estaba en su mano.
Siguiendo esta misma línea, la alusión a la ausencia de representantes de entes administrativos competentes fue otra de las principales constantes durante el desarrollo de las Jornadas, resaltando que en un proceso común y objetivo la toma de decisiones no puede hacerse a espaldas o sin escuchar a los actores directamente implicados o afectados.
Otra dificultad detectada, y ligada a la anterior, ha sido el escepticismo con el que la mayor parte de los grupos que forman la Plataforma de rechazo al proyecto eòlico vieron tanto el Foro como las Jornadas.
Representantes de ayuntamientos y cofradías de pescadores dudaron hasta el último momento acerca de su participación, desconfiando de su capacidad de modificar una decisión que creían tomada de antemano.
El hecho de que fuesen organizadas por la administración creó cierta desconfianza, que puede estar fundada en experiencias previas de intentos de instrumentalizar la participación, utilizando los mecanismos de deliberación social para legitimar decisiones previas e inamovibles.
Al no haber ningún compromiso político ligado a las conclusiones del Foro, unido a la percepción de que fue la trascendencia pública de la polémica a través de los medios de comunicación lo que motivó finalmente la paralización provisional del proyecto de desarrollo eólico (más que la efectividad misma del Foro y las Jornadas), la relevancia de los detalles específicos del mecanismo de deliberación elegido parece difuminarse.
De hecho, el cierre de la disputa, con la paralización provisional del proyecto, anunciado en los medios de comunicación antes incluso de la publicación de las conclusiones del Foro resta en cierto modo legitimidad al mismo.
En última instancia, parecería que el método más efectivo de participación social es el de la protesta y su difusión a través de los medios, más que el de la negociación formal propiciada desde la administración.
Sin embargo, consideramos que, en este caso, la trascendencia pública de la polémica y el mecanismo formal promovido desde la administración fueron estrategias que se apoyaron mutuamente para paralizar provisionalmente el proyecto.
La protesta social fue determinante para que la administración convocara el Foro, que a su vez, mantuvo vivo el debate, la generación de argumentos y su repercusión en la prensa durante los meses que duraron sus sesiones.
Participación formal y espontánea se complementaron de este modo haciendo visibles los intereses de los afectados.
Por último, es de señalar que el caso del proyecto del parque eólico marino Cabo de Trafalgar plantea también la conveniencia de revisar la normativa vigente para la instalación de parques eólicos en tierra, que permite la participación ciudadana sólo en un segundo nivel, es decir, en la presentación de alegaciones, ya que existe una clara demanda para que aumente el nivel de participación exontede los directamente implicados, en las etapas del diseño de las intervenciones.
(2000) proporcionan una lista de razones similar.
8 «No en mi patio trasero».
9 La legislación europea sobre parques eólicos ha incorporado recientemente una Directiva sobre SEA [Strategic Environmental Assessment -Evaluación Ambiental Estratégica, Directiva 2001/42/EC), que tiene como objeto mejorar los canales de información y comunicación entre promotores de los proyectos y el público, e involucrar a la población afectada en la elaboración de los proyectos en lugar de esperar sus reacciones a proyectos ya cerrados.
Las evaluaciones estratégicas de impacto ambiental constituyen, sin duda, un paso adelante respecto a las evaluaciones de impacto ambiental convencionales, en lo que respecta a las posibilidades del público de influir sobre los planes; aunque, lo mismo que estas, su éxito dependerá en parte de la voluntad de las partes implicadas en favorecer esta participación.
11 En el contexto del Programa ALIENER 2001(2002) de la Comisión Europea para el desarrollo de energías alternativas, se realizó un estudio sobre aceptación pública de parques eólicos marítimos en España y Portugal.
Las zonas del Delta del Ebro y el Estrecho de Gibraltar fueron las elegidas en el caso de España por ser las más apropiadas para la instalación de estos parques.
Uno de los objetivos del proyecto ALIENER fue el de analizar los obstáculos ambientales, políticos y sociales a los que podrían enfrentarse los proyectos de parques eólicos marítimos, una alternativa que ya está funcionando con éxito en Gran Bretaña, Suécia, Dinamarca, Holanda y Alemania.
El caso de la Península Ibérica es especialmente delicado en este sentido, se reconoce, debido a la intensa actividad económica ligada al turismo, la pesca y el tráfico marítimo.
Las encuestas realizadas, tanto a residentes como a turistas, dieron como resultado un considerable apoyo a la instalación de parques eólicos marítimos (42%) frente a un 26% en contra.
Las tendencias generales eran a favor de las energías alternativas (96%) y de confianza hacia los grupos ecologistas (76%).
Lo que preocupaba a los encuestados respecto a los parques eólicos marítimos era fundamentalmente los efectos negativos sobre aves y peces (47%), el paisaje (22%), los accidentes marítimos (13%), la pesca (7%) y, en menor medida, el turismo (3%).
Las ventajas, sin embargo, las cifraban en la limpieza (65%), la producción de energía (15%), la reducción de consumo de combustibles no renovables (13%), las inversiones (3%), el interés añadido al paisaje (1%) y el atractivo turístico (1%).
Se identificaron diferencias entre residentes y turistas, de tal modo que los residentes estaban en general menos a favor de la instalación de los parques que los turistas, mostrando mayor preocupación por la afectación a las formas de vida locales: pesca, navegación, turismo...
Por contra, las mayores preocupaciones de los turistas, en general más favorables a la implantación, eran los efectos sobre el paisaje y las aves (Un 11% de los turistas manifestaron que no volverían a la zona tras la instalación del parque marítimo). |
Todos mis libros han sido escritos con el mismo amor y la misma sinceridad.
Pero quizás ninguno tanto como Rutas, con el que hice mi primera salida al campo de las Letras en aquel ya lejano año de 1938, en plena guerra civil.
Aun siendo el más imperfecto, es para mí el más conmovedor, porque siempre que lo abro me encaro con aquella muchachita de catorce, dieciséis, de dieciocho años que yo fui.
EL ECLIPSE DE UNA ESTRELLA: LA VIDA Y OBRA DE SUSANA MARCH
Susana March (1915-1990) es una de las figuras más enigmáticas de la poesía peninsular del siglo XX.
Miembro de la Generación del 36, colaboradora en las revistas destacadas de la post-guerra, 3 amiga de los escritores célebres de la época 4 y autora de numerosos poemarios y obras de ficción, March está hoy prácticamente olvidada no sólo dentro y fuera de España sino también en su Barcelona natal.
Tal olvido es aún más enigmático considerando su asombrosa precocidad-a los catorce años publicó sus primeros versos en el diario barcelonés Las noticias-, la calurosa recepción crítica que tuvieron sus libros tanto en España como en Latinoamérica, y su igualmente asombrosa madurez, ya que todos sus temas y técnicas principales aparecieron delineados en su poesía temprana.
Por una parte, la omisión de Susana March de los cánones oficiales de la poesía española del siglo XX -antologías, historias del verso, cuadros generacionales-se debe a factores que afectaron a un sinnúmero de mujeres poetas.
5 Pero por otra, el caso de March es anómalo porque nunca estaba en cuestión la alta calidad de su obra poética.
Para Vicente Aleixandre, quien la inmortalizó en su hermosa semblanza, "Susana March es muy joven" (Los encuentros, Obras completas, 1303-1305), 6 ella fue una de las voces líricas femeninas más auténticas, y para Victoriano Crémer, March es "la voz femenina más valiosa de la poesía española actual" ("Proa", 1 de julio 1971, n.p.).
Tampoco es que sus libros pasasen desapercibidos por la crítica, como fue y sigue siendo el destino de muchas poetas.
Al contrario, sus tempranas colaboraciones en periódicos barceloneses, su presencia continua en las revistas poéticas del día, su acceso a los cenáculos literarios del país, y su variada labor como artista -de 1938 a 1987 publicó nueve poemarios, cinco novelas, y dos colecciones de cuentos-aseguraron que sus libros fueran reseñados puntualmente por algunos de los mejores críticos de la península.
7 No sólo eso: después de una sistemática revisión de sus papeles personales, puedo afirmar sin duda que nunca recibió sino evaluaciones positivas, sea por sus libros de verso o por sus obras narrativas.
Finalmente, aunque no ganó ninguno de los premios importantes durante los años de su actividad poética más fecunda (1938-1953)-fuente de bromas amargas por parte de la poeta-, recibió el Premio Angaro de Poesía en 1986, cuatro años antes de su muerte.
8 Si no encontramos la razón de su menguada fama en el perfil público de March, tal vez habríamos de buscarla en sus circunstancias personales.
Como fue el caso de tantos españoles, cuando Susana March y el novelista santanderino, Ricardo Fernández de la Reguera, se casaron en 1940 al volver éste del frente, tenían que resolver unos serios problemas económicos.
Si durante la guerra, la poeta había trabajado esporádicamente de oficinista, después necesitaba una fuente de ingresos más estable.
En un programa de radio March explicó cómo resolvió su situación: "Me decidí a escribir literatura del género 'rosa' para equilibrar mi presupuesto económico de joven recién casada en los duros tiempos de post-guerra española" ("Hablan los escritores", "Radio-Miramar", 13 de diciembre 1955).
Con su laconismo característico, la poeta aludió así al sinnúmero de obras comerciales que generó, algunas firmadas con su propio nombre, otras bajo el gracioso pseudónimo de Amanda Román, además de las docenas de novelas sentimentales, relatos policíacos e historias de aventuras escritos por ella y su hermana María Teresa March, y publicados mayormente en revistas femeninas de Latinoamérica.
9 Finalmente en 1962 se embarcó en otra aventura comercial junto con su marido: la publicación de unos Episodios Nacionales Contemporáneos siguiendo el modelo galdosiano.
Los dos convinieron en elaborar la primera de esas obras, Héroes del desastre, sobre la guerra en Cuba, por razones puramente materiales: lograr un nivel de vida apropiado para la crianza de su hijo único, Alfredo.
10 No podían imaginar para esas fechas, sin embargo, que los Episodios llegarían a ser doce en total, hecho que consumió más de veinte años de su vida.
En una entrevista en 1972, Fernández de la Reguera reveló las fatídicas repercusiones de la colaboración: "Los dos trabajamos sin descanso, inmersos en tanto personaje, en tanto ambiente de datos, tanto de España como de fuera de España.
Susana, que se dio a conocer como poetisa, no hace ni colaboraciones, ni pronuncia conferencias... nada.
Los Episodios son algo así como el pan nuestro de cada día" ("El Diario Montañés", 24 de marzo 1972, n.p.).
Los dos pagaron duramente su decisión pero no cabe duda de que el precio que pagó Susana March fue muchísimo más alto.
A partir de 1962, la escritora se vería obligada a abandonar su carrera poética, 11 limitándose a sacar a luz dos libros de verso, Los poemas del hijo (1970), una recopilación de todos los poemas sobre ese tema que habían aparecido en libros anteriores, y Poemas de La Plaza Real, compuesto entre 1938 y 1945, pero por razones personales, no publicado hasta 40 años más tarde.
12 Cuando murió en 1990, todos sus libros estaban agotados, y yo era la única hispanista trabajando sostenidamente en su obra.
"LOS VERSOS QUE ME DICTA LA SANGRE": LA PREHISTORIA DE UNA POETA Este breve repaso de la biografía de Susana March aclara algunas de las razones de su desaparición del mundo poético español, tanto en los últimos treinta años de su vida como después de su muerte.
Mas nada nos dice acerca de la obra en sí; ni echa luz sobre su aspecto tal vez más enigmático: el talante trágico de Susana March y su visión existencial de la vida, que están presentes desde el comienzo hasta el final de su carrera literaria; ni da cuenta del virtuosismo técnico de la escritora catalana fácilmente discernible en sus primeras ofertas poéticas: Rutas (1938), Poemas de la Plaza Real (1939-1945), y La pasión desvelada (1946).
Como se dijo al comienzo de este artículo, se ensayan en dichos poemarios los recursos técnicos de que echará mano la poeta en sus obras maestras de la madurez: El Viento (1951), La tristeza (1953), Esta mujer que soy (1959), y los únicos e inolvidables Poemas del hijo (1970).
El epígrafe de este ensayo revela que el centenar de versos que compone Rutas fue escrito por March durante la adolescencia.
Aunque no escasean versos de tono apasionado y regocijante, predomina una nota melancólica, quizás debida a la triste niñez de la poeta: su larga y solitaria convalecencia a causa de la nefritis que sufrió a los nueve años, la muerte de dos hermanos suyos en la infancia, y la de su querido hermano mayor, Alfredo, quien sucumbió a una meningitis a los doce años.
13 Luego está la sombra de la guerra civil, patente no sólo en la fecha de publicación del poemario sino más dramáticamente en su dedicatoria.
Rutas va dedicado a Antonio, el hermano de March, quien estaba luchando en el frente cuando el libro salió: "A ti, Antonio, hermano mío que la guerra ha llevado lejos del hogar, te dedico mi libro".
14 Si Rutas tiene una debilidad evidente, está en su atmósfera anacrónica.
Se evidencian poemas dedicados a los avatares del romanticismo y modernismo-Bécquer, Rubén Darío y Valle-Inclán-y versos con títulos simbolistas: "Horas grises", "Melancolías", "Claro de luna", "Inquietudes", entre otros.
Pero el consciente aprendizaje de esos movimientos es simultáneamente la fuente de uno de los hallazgos más felices del libro: su variedad métrica casi inagotable.
Hay sonetos clásicos y modernistas, sonetillos, silvas, endecasílabos sueltos, alejandrinos en forma de cuartetos o serventesios, redondillas, quintillas, y sextinas.
Aunque March muestra una clara preferencia por la consonancia y por las formas estróficas regulares, generalmente cuaternarias, también manipula con igual destreza la asonancia y el romance, de la endecha al eneasílabo.
El resultado de ese experimentalismo prosódico es la creación de un ritmo únicamente suyo.
Aunque el empleo de la consonancia y de la estrofa tradicional nunca desaparecería enteramente de la poesía de March, gradualmente cedería el paso a la forma métrica suya predilecta: un verso libre espontáneo, lleno de melodía natural, nada prosaico, aun cuando el lenguaje que lo sustenta sea conversacional.
El otro gran acierto de Rutas es el logro en varios poemas -"Cansancio" (22), "Dudas" (54-56), "De ti y de mí" (207-8), y "Final" (226-228), por ejemplo-de un tono y dicción enteramente suyos, y de una voz privativamente femenina.
15 Por otra parte, están claramente perfilados en Rutas los temas centrales de toda la poesía de March: el envejecimiento, la visión de la vida como ruta, acelerado volar hacia la nada; la presencia de la muerte aun en sus días más primaverales; y la autobiografía, que tomaría múltiples formas a través de su obra: retratos familiares, semblanza de la pareja, auto nominación y autorretrato, y los frecuentes desdoblamientos del sujeto.
A nivel del tono, se patentiza otro rasgo saliente de la poesía madura de March: el uso de los contrastes.
La voz lírica oscila continuamente entre dos actitudes antagónicas: el deseo de rebelarse o de resignarse ante su destino; la angustia en son de interrogante o el silencio, el júbilo o la desolación.
Estos contrastes son fruto de la lucha encarnizada de la hablante por protagonizar su propia vida y no convertirse en mera espectadora del teatro vital, de ser amada apasionadamente sin sacrificar su ansia de creación; y finalmente, de ser libre en un mundo donde lo que la espera es la prisión doméstica.
El poema "Dudas" reúne casi todos esos temas:
Quiéreme así, cual soy, inmensamente, rebelde y triste, soñadora y buena...
Ama mi carne pálida y morena y ama mi alma entera dulcemente...
¿Dónde está la verdad?
Y mi ventura, ¿duerme, acaso, a tu lado quedamente?
¿Son mentira esos sueños de mi frente?
¿Es, tal vez, mi ideal una locura?
¿Dónde está la verdad...?
¿Entre tus brazos, huérfana de ilusión, sacrificada a la vida vulgar donde olvidada mi quimera se pierda hecha pedazos, viviendo como "otra" entre "otras" mil, ahogando mis postreras añoranzas y el dolor de mis desesperanzas en una eterna vida sin abril?
¿O en volar, rebelde, libre y fuerte, renunciando a esa vida tan pequeña, y ser de mi vivir única dueña hasta que llegue el beso de la muerte?...
El segundo libro de March, Poemas de la Plaza Real (1939-1945), ahonda en esa línea subjetiva y personal.
Empezando por el título, Susana March nació y vivió su infancia, adolescencia y los primeros años de su matrimonio en una casa situada en la Plaza Real barcelonesa.
Aparecen poetizados en Poemas de la Plaza Real sucesos que tuvieron lugar en esa casa, como la muerte de su hermano Alfredo y el envejecimiento de sus padres.
Esta base autobiográfica del poemario le confiere un aire testimonial.
Otro cambio manifiesto es la modulación de la voz lírica.
En contraste con la protagonista de Rutas, sedienta de vida y de victorias, la hablante desencantada de Poemas de la Plaza Real se da cuenta de que no va a realizar sus sueños juveniles, ni ahora ni nunca:
Yo sé que he de morirme con los labios marchitos por la sed que me atormenta, con la amarga nostalgia de las rutas que jamás pisaré, con la tristeza de un amor ideal que un hombre único me ha debido tener en otras tierras, con el dolor de todo lo que nunca, existiendo en el mundo, consiguiera (33).
Esa desilusión ante el fracaso del ideal va acompañada de una dolorosa meditación sobre el tiempo, y en concreto, sobre el mundo extraviado de la infancia, engendrada por el miedo de perder definitivamente a sus padres tras la muerte de ellos.
En "Súplica", uno de los mejores poemas del libro-y unos de los versos religiosos de más alto sentimiento y autenticidad de la post-guerra-dramatiza March la sensación de perpetua orfandad que experimenta todo ser humano al entrar en la madurez, y a través de la muerte de su madre y la visión de la casa abandonada, se imagina patéticamente su propio deceso: ¿Me dejarás, Señor, de vez en cuando, después que me haya muerto, regresar a esta casa a recordar mis sueños?
¿Regresar a esta casa que, aun cuando ella no esté, quedará el eco de la voz de mi madre y de su paso tan rítmico y perfecto?
¿Me dejarás, Señor, de vez en cuando, volver a este aposento donde fui niña un día, donde supe -como un primer amor-rimar mis versos?
¿Me dejarás que acerque a esta ventana mi rostro triste y muerto para mirar la plaza y sus palmeras jugando con el viento?
Me acongoja, Señor, dejar las cosas que he amado tanto tiempo.
La casa, los lugares, los días, los recuerdos...
Y a mí misma en el fondo del paisaje -allá en la vida, atrás-, tersa de sueños" (12).
La gran expresividad de este poema y su acendrado patetismo son resultado de una serie de recursos técnicos hábilmente manejados por la poeta: el acento interrogativo, la desnudez y sinceridad del lenguaje -escasez de metáforas, imágenes, y adjetivos, preponderancia del sustantivo y del infinitivo-, la escueta pero vívida evocación de la figura materna, lograda por dos metonimias auditivas -"el eco de la voz", "su paso tan rítmico y perfecto"-, el ritmo entrecortado y obsesivo, conseguido a base del paralelismo sintáctico y los frecuentes encabalgamientos; y sobre todo, el recurso de la pregunta retórica y la anáfora, inequívoca señal del silencio de Dios.
16 Pese a su temática gloriosa -La pasión desvelada (1946) es el único libro de March enteramente consagrado a la aventura amorosa-en este poemario rezuma una melancolía similar a la de Poemas de la Plaza Real, que a veces asciende a la desesperación.
Publicado en la prestigiosa colección "Entregas de Poesía" que tenía la expresa misión de difundir la obra de escritores catalanes que escribían en castellano, La pasión desvelada lanzará el nombre de March a un público más amplio y más importante.
Quien conoce las circunstancias personales de la vida de la escritora -enamoramiento y bodas con Ricardo Fernández de la Reguera tras una brusca separación (cuando la guerra les sorprende, el novio está atrapado en su Cantabria natal, donde se verá forzado a luchar en el ejército Nacional), origen montañés y aspecto físico recio del amado-reconocerá en seguida a los protagonistas de este breve poemario: March y su marido.
17 No hay duda de que se trata (y de que se trató en el matrimonio real de la pareja) de un amor verdadero.
Sin embargo aun dentro del amor, y un amor representado aquí, como en todos los libros de March, con abierta pasión -algo chocante para el puritanismo de la época franquista-está la angustia existencial que vertebra toda la poesía de March.
El sentimiento es de estirpe quevediana.
¿La juventud, la belleza, el amor, la naturaleza, y la palabra poética no han de durar más allá de la muerte?
Cuando esté muerta y mi ignorada tumba pisoteada sea por mil generaciones y apenas de mi nombre quede un borroso trazo sobre la fría losa que me cubra.
Cuando se haya perdido hasta el recuerdo de la dulce belleza de mi raza y las jóvenes que amen ignoren que antes que ellas amé...
Cuando ya nadie exista que evoque mi fantasma, que cante a media voz mis versos...
Dime, ¿me seguirás amando tú, oh, perfecto, oh, amante, sin posible muerte, vivo hasta en el fin de todo lo creado?
Por donde he de vagar yo en mi profundo vacío involuntario, habré de hallarte?
¿Qué será de mi Ser si he de perderte como al mar, como al sol, como a los pájaros? (recogido en Ardiente voz, 29-30).
La semejanza entre este poema y "Súplica" de Poemas de la Plaza Real-inspirados los dos, indudablemente, en las elegías juanramonianas-nos hace apreciar la unidad de esta poesía y su honda veta filosófica.
LA POESÍA TEMPRANA DE SUSANA MARCH: "EL BESO DE LA MUERTE"
Rutas, Poemas de la Plaza Real, y La pasión desvelada dramatizan a un mismo tiempo vital-la adolescencia, con sus arrebatos y desencantos, y la madurez prematuramente asumida-y un idéntico paisaje espiritual: la búsqueda atormentada de una razón de ser en un mundo absurdo y desolado.
Desde sus primeros tanteos literarios que empezaron, según March, a la tierna edad de nueve años, la muerte la estaba acosando.
De ahora en adelante, la sombra de la muerte nutrirá todos sus versos, pues contaminará el paraíso dorado que March ocupa con su hijo, los momentos de reposo que pasa al lado de su madre; y nunca será su sombra más acentuada como cuando contempla la faz del amado, baluarte sólo provisional contra la nada.
Es posible que esa visión tan pesimista de la vida se deba a los hechos concretos de la vida de March: las tres muertes que presenció de niña, su delicada salud, la pérdida de tantos amigos de la infancia a raíz de la guerra, y el apagamiento colectivo de las ilusiones de los supervivientes, experiencia poetizada por un compañero de generación de March, José Hierro, en su primer libro, Tierra sin nosotros.
Sea como fuere, no cabe duda de que más que su decepción creciente ante los límites impuestos en ella como mujer por la sociedad española, más que sus repetidos esfuerzos por autodefinirse y liberarse como escritora de las restricciones de su sexo, y más que la brecha infranqueable entre la realidad y el deseo, es la visión de la vida como ruta que da a la nada lo que confiere a sus primeros versos, y más tarde, a toda su obra poética, un acento inconfundible. guntó sobre el destino de su poesía, contestó proféticamente, "No me queda tiempo para la poesía, mejor dicho, para escribir versos, que a veces no tiene nada que ver con la poesía" (Entrevista en "La prensa", 2 de junio 1962, n.p.).
12 La poeta explicó la razón de ese lapso en una carta destinada a mí y a la escritora norteamericana Mary Britton: "Con esta misma fecha, y por correo aéreo certificado, les envío Poemas de la Plaza Real, mi última obra.
Desgraciadamente sólo me quedaba un ejemplar.
La historia de este libro es muy curiosa.
Lo escribí hace más de 40 años.
Como, por entonces, recién acabada la guerra civil, casi no se publicaba poesía, permaneció olvidado en un cajón.
Un día, al recibir la convocatoria para uno de los premios más importantes, me acordé de estos poemas.
Ricardo y yo los releímos.
Como nos pareció que resultaban aceptables, los envié al concurso y me otorgaron el galardón por el voto unánime del jurado" (Esta carta fue fechada el 21 de mayo 1990, unos escasos meses antes de la muerte de March.) 13 March le dará el nombre de Alfredo a su único hijo.
14 Según me contó en una carta Tànit Fernández de la Reguera, la nieta de March, Rutas tuvo un lugar privilegiado en la vida de este joven: "Para su hermano Antonio es un libro emblemático, tiene mucho valor sentimental, además le recuerda los momentos más fuertes de aquella época de guerra.
Él tenía 21 años, se encontraba en una trinchera de la Guerra Civil Española, cuando recibió con el correo el primer libro publicado por su hermana y dedicado a él.
De modo que ese libro le acompañó durante toda la última parte de la guerra y cuando regresó a casa era lo único que llevaba en el macuto" (13 de diciembre 1993).
15 March atribuye ese logro no únicamente en la poesía suya sino en toda la lírica femenina de la post-guerra a la imponente influencia de Carmen Conde, pues en las palabras de March, ninguna mujer volvería jamás a escribir de la misma forma después del ejemplo de Conde: "La poesía femenina de España, después de ella, fue otra cosa.
Ya no se podía hablar de eso, de 'poesía femenina'" ("Prólogo a El tiempo es un río lentísimo de fuego", 9).
16 La huella de Machado es palpable en este poema, pero perfectamente asimilada y transformada por March.
¡Qué semejanza hay entre los versos de la escritora catalana y aquellos otros del poeta sevillano!: ¿Y ha de morir contigo el mundo [mago donde guarda el recuerdo los hálitos más puros de la vida, la blanca sombra del amor primero, la voz que fue a tu corazón, la mano que tú querías retener en sueños, y todos los amores que llegaron al alma, al hondo cielo?
¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo, la vieja vida en orden tuyo y nuevo?
¿Los yunques y crisoles de tu alma trabajan para el polvo y para [el viento? 17 Los doce versos de La pasión desvelada se recogerán en su próximo poemario, Ardiente voz (1948). |
En este artículo se presentan los resultados de una encuesta a la industria alimentaria sobre la seguridad alimentaria y su gestión.
Por la importancia primordial del conflicto social sobre los alimentos transgénicos para el rediseño del sistema de seguridad alimentaria europeo (Muñoz, 2002(Muñoz,, 2004;;Todt & Lujan, 2000) y por sus efectos sobre la industria alimentaria a nivel europeo durante la última década, se hizo especial hincapié en este tema.
Existen otras encuestas anteriores que han tratado de diferentes maneras el tema de los alimentos transgénicos y su relación con la seguridad alimentaria (por ejemplo: European Commission, 2003; Gaskell & Bauer, 2001; Henson, 2001; Lujan & Todt, 2000).
Los resultados de la encuesta permiten caracterizar no sólo las opiniones de los diferentes actores sociales, sino aportan además datos para analizar los valores y comportamientos actuales de los consumidores en España.
La valoración del sistema de seguridad alimentaria por parte de los actores indus-triales tiende a ser ambivalente, valoración que coincide con la desconfianza que muchos consumidores muestran hacia los procesos de toma de decisión dentro de las instituciones encargadas de velar por la seguridad alimentaria.
Esas valoraciones ambivalentes tienen una incidencia directa sobre la aceptación social del actual sistema de seguridad alimentaria, así como para su futuro funcionamiento.
Encuesta a las empresas del sector
Dentro del marco de ciencia y gobernanza, la seguridad alimentaria es un tema crucial que depende de la responsabilidad de los gobiernos y que afecta muy directamente a ciudadanos y empresas.
Desde la aparición de los nuevos usos de la biotecnología y en relación con los organismos modificados genéticamente (OMG), cuyas aplicaciones al sector de la alimentación se conocen como alimentos transgénicos, la sociedad de los países desarrollados ha asistido a un aumento importante del debate social sobre las tecnologías relevantes para la alimentación.
A esa situación contribuyó tam- bién la irrupción de diversas crisis alimentarias en la Unión Europea, como han sido: la enfermedad de las «vacas locas» (BSE), la contaminación de animales y alimentos por dioxinas, el conflicto sobre el engorde hormonal del ganado, etc.
Por todo ello, se ha elaborado una encuesta de opinión sobre el tema de la gestión de la seguridad de los alimentos focalizada en el sector empresarial, con el objetivo de profundizar en la comprensión del funcionamiento del sistema alimentario en España.
Se ha realizado un estudio de percepción (cuantitativo y cualitativo) con la colaboración de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), ya que aglutina a la gran parte de las empresas afectadas por temas de seguridad en la alimentación.
El ámbito empresarial alimentario al que se ha dirigido el estudio se ha revelado constituido por un 91 o/o de empresas privadas, una minoría del 4% de empresas públicas y consultoras, y tan sólo un exiguo 2% de asociaciones.
El sector empresarial alimentario en España se dedica mayoritariamente (89o/o) a la alimentación en un sentido genérico (producción y/o distribución), siendo muy escasos los porcentajes de empresas cuya actividad es más específica y centrada en ámbitos concretos como son la agricultura, la ganadería, la pesca o la biotecnología, que oscilan en valores de entre el 20/0 y el 4o/o.
En base a los resultados más significativos que se derivan de la encuesta, podemos distinguir cuatro grandes áreas como son: las crisis alimentarias, la valoración de las empresas sobre la regulación alimentaria, la confianza en el sistema de seguridad alimentaria y el modelo de gestión alimentario.
Las crisis alimentarias: empresas y consumidores
Al definir el concepto de «crisis alimentaria» la mayoría de las empresas (8I0/0) coinciden en señalar como origen una causa desconocida, fruto de alguna anomalía del proceso que no está identificada, y por lo tanto al mismo tiempo, sin existir una responsabilidad concreta.
Para la industria alimentaria el factor de mayor relevancia dentro de una crisis alimentaria es -mayoritariamente-la salud pública (40o/o), a mucha distancia del resto de factores como pueden ser la alarma social y el impacto mediático (200/0), los cambios en las decisiones de consumo (60/0) o la incidencia en la repu-tación de las empresas (190/0).
La imagen que se desprende de la encuesta es que, en general, el sector empresarial mantiene en un limbo a las crisis alimentarías en lo referente a su origen y que presta menos atención a los desencadenantes de dichas crisis que a sus consecuencias.
Los datos anteriores evidencian un alto grado de preocupación y concienciación en lo relativo a los graves efectos de salud que para la ciudadanía pueden tener las crisis alimentarais.
A nivel empresarial, el impacto de las crisis alimentarias no parece ser considerado como especialmente grave, ya que la mitad de las empresas (510/0) considera que las crisis tan sólo les ha afectado en un grado «escaso», lo cual induce a pensar que el sistema de seguridad alimentaria funciona hasta el punto de evitar grandes catástrofes, y que el sector de la alimentación posee las suficientes herramientas como para reaccionar adecuadamente ante las crisis que se puedan producir.
No obstante, no se puede obviar el 230/0 de empresas que afirman haberse visto afectadas en un grado de «bastante», un porcentaje considerable que debe inducir a mejorar el sistema y los protocolos de actuación.
mayor porcentaje como agente decisivo, lo que indica que que se deriva de las crisis, y no tanto en la opinión crítica seguramente el sector empresarial se encuentra más cen-de los propios consumidores, que se sitúan en el último trado en la preocupación por la publicidad o mala prensa lugar del ranking de actores sociales (figura 1).
FIGURA 1: Ranking de actores sociales (importancia de su papel en las crisis alimentarios según la industria alimentaria) Llama la atención que un tema de una indudable ligazón científica como son las crisis alimentarias, en las que juega y ha jugado un papel de relevancia la comunidad científica (en ámbitos como, por ejemplo, los alimentos transgénicos, los métodos para la trazabilidad, el desarrollo de compuestos químicos y aditivos, la eliminación de herbicidas, etc.), los centros de investigación se encuentren situados en un nivel sólo «medio» de importancia con un 51%, por detrás incluso de las ONGs.
Dicho resultado parece ofrecer una imagen de las empresas alimentarias poco conectada al mundo experto e investigador, bastante conservadora en lo relativo a la innovación científico-técnica, y poco proclives a valorar la investigación como un motor básico dentro de su campo de trabajo.
El siguiente factor son los consumidores, los cuales son vistos por el mundo empresarial de la alimentación mayoritariamente (63%) como agentes pasivos, puramente receptivos, que se limitan a asimilar la información que se les provee por distintas fuentes, ya sean medios de comunicación u organismos oficiales, pero sin abordarla con iniciativa propia o con visión crítica.
Únicamente para el 230/0 del sector alimentario los consumidores españoles son «activos» ante las crisis, y un escaso 120/0 los considera «muy activos».
La actitud del consumidor español según las empresas alimentarias queda reflejada en la figura 2: Podemos concluir de todo lo anteriormente expuesto que:
1°) la industria alimentaria considera a los medios de comunicación como la fuente fundamental de información en el terreno de las crisis alimentarias, y creadores de opinión públi-ca (y opinión de los consumidores), con mayor impacto o importancia que las organizaciones públicas o las ONG, y que 2°) existe un círculo vicioso respecto a los OMG, en el que la propia industria interesada parece dar por perdida la batalla en el punto de partida, al considerar al consumidor potencial como un opositor irremediablemente.
El sistema de seguridad alimentaria, tanto en Europa como en España, aunque cuente con un porcentaje importante de empresas que abogan por su efectividad, no logra alcanzar niveles que superen la mitad del total de empresas, como se puede ver en la figura 3.
Se puede afirmar que la industria expresa un cierto nivel de confianza en el sistema pero con muchos matices, ya que existe un porcentaje nada despreciable de empresas que considera la regulación o bien inefectiva, o bien insuficiente.
En general, la regulación alimentaria a nivel europeo es más desconocida que la correspondiente a nivel nacional.
Pasando al terreno nacional, la valoración sobre la reglamentación española en seguridad alimentaria no es tan positiva como en el caso de Europa.
Casi la mitad de las empresas considera insuficiente la reglamentación sobre seguridad alimentaria en España, frente a una minoría que la considera efectiva.
En total es una mayoría del 65o/o de empresas (jcasi dos tercios del sector industrial de la alimentación!) que se pueden considerar descontentas con el actual sistema de regulación, si tomamos en consideración los porcentajes de las categorías de «insuficiente» e «inefectiva».
El dato positivo es que el porcentaje de empresas que desconoce la reglamentación de seguridad alimentaria ha descendido al 50/0 en comparación con el 140/0 referente a la regulación europea.
Resulta destacable que, tanto en el ámbito europeo como en el español, independientemente de que la valoración acerca de la regulación en seguridad alimentaria sea efectiva, inefectiva o insuficiente, hay una coincidencia mayoritaria en la opi-nión de que se trata de una reglamentación que teóricamente puede ser más o menos aceptable, pero que fracasa en su aplicación concreta en los casos reales sujetos a las particularidades del sector, la legislación nacional o autonómica, y que carece de medidas previsoras de actuación que permitan anticiparse a las posibles crisis alimentarias.
Si se pregunta a las empresas sobre su percepción de las agencias de seguridad alimentaria, tanto la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA) como la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria [European Food Safety Authority, EFSA), los resultados son igualmente ambivalentes.
La figura 4 muestra los datos de la encuesta en relación con la valoración de las agencias.
Llama la atención el elevado porcentaje de un 30o/o de empresas que reconoce no tener conocimiento sobre las funciones de la AESA, el organismo directamente responsable de la seguridad alimentaria a nivel español.
Ese desconocimiento, que suscita preguntas sobre la efectividad de la AESA en conectar con las empresas del sector, es probable que sea resultado de la reciente creación de la agencia nacional.
De cualquier manera, indica la necesidad de establecer una estrategia de comunicación con empresas y ciudadanos por parte de la AESA.
Por otro lado, la evaluación final sobre la gestión de la AESA tampoco es muy positiva, ya que tan sólo una minoría del I60/0 afirma considerarla efectiva, mientras que un 33o/o la considera insuficiente.
Este dato, unido al I80/0 que valora la AESA como inefectiva, resulta en un total de un 51o/o de empresas claramente insatisfechas con la gestión realizada por la AESA en el campo de su competencia.
Al tratar la agencia europea EFSA, la tendencia de desconocimiento que se ha visto en el caso de la AESA se acentúa, y se eleva hasta el 44o/o el porcentaje de empresas que desconoce la función de la EFSA, y aún hay un 2o/o que ni siquiera sabe de su existencia.
Sin embargo, de entre los conocedores de la gestión de la EFSA, la evaluación de su labor es más positiva que en el caso de la agencia española, ya que el 230/0 la valora como «efectiva», frente a un 70/0 que la considera «inefectiva».
En general, el total de empresas insatisfechas con la agencia europea (si sumamos los porcentajes de las categorías de «inefectiva» y de «insuficiente») es del 210/0: Es decir, las empresas satisfechas superan en un 30/0 a las insatisfechas con lo que se puede decir que el balance final es ligeramente más positivo para la agencia europea que para la española.
fianza, especialmente entre los consumidores, lo que impulsó el radical rediseño del sistema a finales de los años 90.
La visión de la industria alimentaria
sobre la existencia de vacíos en la legislación, la necesidad de mayor y mejor coordinación, así como el hecho de que a pesar de la reacción positiva del sistema ante las crisis alimentarias más recientes, éstas no hayan desaparecido ni se hayan puestos en marcha medidas de prevención.
Aunque alrededor del 50% de la comunidad industrial muestra en general aceptación hacia el sistema de segu-ridad alimentaria, al mismo tiempo prácticamente la mitad de las empresas alimentarias opinan que se trata de un sistema de seguridad carente de independencia a la hora de actuar, y por lo tanto, sujeto a posibles intereses tanto políticos como económicos que podrían desvirtuar su misión (dato importante para la comparación con la opinión de los consumidores, que se presenta a continuación).
Por otra parte, la opinión mayoritaria de la industria alimentaria no es positiva en cuanto a la efectividad del propio sistema de seguridad para generar confianza suficiente en la opinión pública, ya que el 60% de las empresas considera que el sistema fracasa al intentar atraer la confianza de los consumidores.
De hecho, los datos de las encuestas a los consumidores confirman que el sistema de seguridad alimentario, tanto a nivel europeo como a nivel español, está lejos de cumplir las expectativas en el sentido de que el rediseño del sistema iría hacía hacer desaparecer la desconfianza entre los consumidores.
Comparación de la visión de los empresarios con la de los consumidores
Resulta, entonces, revelador comparar los datos de percepción del sector industrial con los resultados de otra encues-ta reciente sobre la seguridad alimentaria, dirigida a los consumidores españoles en general (Muñoz et al, 2005).
Los resultados de esa encuesta revelan que los consumidores, igual que los empresarios, tienen una visión ambigua del funcionamiento del sistema de seguridad alimentaria, mostrando falta de confianza en su funcionamiento.
La encuesta a los ciudadanos, de la misma forma en la que se hizo en la encuesta a los empresarios, utilizó los alimentos transgénicos como ejemplo para enfocar las preguntas.
Al preguntarles a los consumidores sobre los actores que según ellos tienen un papel destacado en la toma de decisiones sobre la autorización de los alimentos transgénicos, el factor más señalado son las «presiones de determinadas industrias sobre las autoridades», con el 29% de respuestas afirmativas.
En un segundo nivel, se encuentran las respuestas que afirman que el factor clave en el proceso de autorización de esos alimentos son las «presiones internacionales» y «los informes científicos favorables», con un 20% y 18% respectivamente.
Un tercer bloqueo lo forman las respuestas que suponen que son las «peticiones de grupos ecologistas» y las «peticiones de los consumidores», con un 12% y 11% respectivamente, los factores más importantes.
A mucha distancia, con porcentajes alrededor del 1% o incluso menores, se encuentran las respuestas de los encuestados que señalan intereses económicos, intereses políticos o beneficios para la salud como razones fundamentales (figura 6).
Estos datos indican la existencia de una desconfianza hacia los procesos de autorización de los productos modificados genéticamente.
La figura 6 muestra que una gran mayoría (alrededor de la mitad de los encuestados) supone que fueron las presiones de «determinadas industrias» o «internacionales» sobre las autoridades europeas el fac-tor más importante en la toma de decisiones sobre la autorización de los alimentos o ingredientes transgénicos.
En cambio, sólo un 18% supone que los «informes científicos favorables» jugaron un papel importante.
La desconfianza hacia el proceso de toma de decisiones y hacia su independencia respecto de la influencia de determinados grupos de presión es un tema importante en relación con la eficiencia del discurso de «precaución» que abandera la Comisión Europea.
En otras palabras, tanto la industria como los consumidores (aunque sea por razones distintas) muestran ambigüedad en relación con la aceptación del actual sistema de seguridad alimentaria, tanto a nivel europeo como español.
Aun así, es importante recordar aquí que el reciente rediseño del sistema de seguridad alimentaria, incluyendo la creación de las agencias de seguridad alimentaria a nivel europeo así como de los estados miembros es un desarrollo reciente.
FIGURA 6: Percepción sobre el papel de los diferentes actores en la toma de decisiones reguladoras en relación con los organismos modificados genéticamente (OMG). leza estatal, o bien una única agenda a nivel nacional pero independiente del estado; ambas opciones cuentan con un 40% de empresas encuestadas a su favor.
La disyuntiva es clara: o se apuesta por el modelo ya conocido de organismo estatal administrativo, o por un modelo más propio de gestión empresarial privada.
La idea general es que sea un único organismo el que reúna la capacidad de gestionar todos los aspectos del sistema alimentario, incluyendo la seguridad.
En cambio, tan solo una minoría del 12% considera beneficioso la existencia de agencias independientes por cada Comunidad Autónoma.
Existe una minoría de empresas del 7% que propone otros modelos de gestión alimentaria, como son: a) una agencia europea potente con delegaciones en las CC.AA. y con poder de decisión en los distintos estados, b) una agencia nacional que coordine a las agencias propias de las CC.AA., y c) una agencia nacional con estrecho contacto y coordinación internacional.
De entre las propuestas sugeridas para mejorar la gestión de la seguridad alimentaria, la gran mayoría de las empresas (42%) se refieren a aspectos de estructura en la organización de los procesos y mecanismos de respuesta, seguidos de modificaciones que afectan a la coordinación y comunicación (34%) y por último, mejoras en la legislación alimentaria (24%).
Las empresas que hacen referencia a la estructura de las agencias, proponen como medidas para mejorar el funcionamiento de esas agencias una mayor proporción de personal científico experto e independiente y menos funcionariado, una mejor dotación técnica, más rapidez en los mecanismos de reacción, crear observatorios de seguridad alimentaria, y más eficacia en las inspecciones de higiene.
Las propuestas que hacen referencia a la comunicación y coordinación inciden fundamentalmente en la necesidad de una mayor difusión de la información entre la opinión pública, evitando el sensacionalismo en los medios de comunicación, así como crear un ambiente de intercambio informativo entre los sectores de la producción, de la comunidad científica y de los usuarios.
Las mejoras legislativas que proponen algunas empresas se centran en la necesidad de que la reglamentación se base en medidas previsoras y no tanto sancionadoras, en elaborar una legislación más concreta y en certificaciones acreditadas para las empresas.
La encuesta dirigida a los actores industriales muestra que la valoración que la industria de alimentos hace del sistema de seguridad alimentaria en España y a nivel de la Unión Europea es ambivalente.
La mitad de las empresas muestran confianza en el sistema, pero muchas tienen dudas sobre la independencia y eficacia en su funcionamiento.
El punto más importante es la falta de confianza en el sistema que muestra un porcentaje importante de las empresas del sector alimentario.
Dado que en esa falta de aceptación coinciden con una parte importante de los consumidores, las consecuencias para las instituciones encargadas de velar por la seguridad alimentaria, tanto a nivel español como a nivel europeo, pueden ser potencialmente graves: aunque el nuevo sistema de seguridad alimentaria (resultado del rediseño que se puso en marcha a finales de los años 90) lleva poco tiempo de pleno funcionamiento y tardará en hacerse conocer entre todos los actores, la falta actual de aceptación se puede convertir en un problema en el futuro.
Los actores institucionales deben hacer todos los esfuerzos posibles para alcanzar un nivel de aceptación lo más alto posible entre todos los actores sociales, para evitar que se repitan las situaciones de los años 80 y 90 cuando los consumidores, durante las crisis alimentarias europeas, dieron la espalda a las instituciones (lo que paradójicamente fue la razón por la que se decidió reformar el sistema, a partir del año 1999). |
A diferencia del anterior sistema, basado en coerción y control, la interrelación de los actores se caracteriza ahora en gran parte por la negociación, la cooperación, la concertación o la formación de alianzas.
En otras palabras, lo importante para las decisiones son los procesos de gobernanza, más que las estructuras formales o jerarquías.
Actualmente, en respuesta a los cambios sociales, pero también a causa del surgimiento de patologías complejas (como la encefalopatía espongiforme bovina, BSE, el «mal de las vacas locas») y del desarrollo de nuevas tecnologías, se está buscando un nuevo consenso a nivel internacional sobre la gobernanza del sistema alimentario.
Esta gestión tiene que abarcar no sólo cuestiones de salud humana.
Se tiene que ocupar, además, de otros temas (éticos, de sostenibilidad o de biodiversidad) derivados de los efectos no pretendidos de la industrialización, que subyacen a los conflictos y preocupaciones sobre los alimentos (Todt, 2004b).
Además, hay diferentes niveles de conflicto, en los que interactúan preocupaciones sobre la seguridad alimentaria con otras sobre la libertad del comercio, los derechos y libertades de los consumidores o el papel de la ciencia.
A nivel internacional se tiende hacia la creación de agencias unificadas de seguridad alimentaria que asuman la responsabilidad completa de todos los aspectos del control de los alimentos.
Otro elemento común es que la labor de todas esas agencias depende de la colaboración de diversos actores sociales, como los productores y los consumidores.
En muchos países se percibe un cambio importante en la gobernanza de la seguridad alimentaria que, de estar «orientada hacia la producción», pasa a estar «orientada hacia los consumidores».
Esto se refleja en las orientaciones (misiones, nivel de independencia) que se otorgan a las nuevas agencias.
El modelo de un órgano único regulador que coopera y comunica estrechamente con otros actores sociales implica no sólo la creación de redes sino también nuevas formas de interdependencia.
En otras palabras, el nuevo sistema de seguridad alimentaria en la DE, con legislación y órganos reguladores de diferentes tipos, integrados pero repartidos entre distintos niveles administrativos (europeo, nacional, regional, local), da un buen ejemplo de una gobernanza multi-nivel y multiactor.
Además, ninguno de los actores relevantes (organizaciones internacionales, operadores industriales y de distribución, agricultores, científicos, organizaciones no gubernamentales (ONGs), los medios de comunicación, las personas como ciudadanos y consumidores, etc.), resulta ser dominante.
La gobernanza depende de todos y cada uno de estos actores, así como de su interrelación.
Todos estos actores diversos y, de entrada, relativamente independientes unos de otros son necesarios para que los procesos de inspección, control y regulación de los alimentos puedan funcionar.
Pero también son precisos para que el sistema de seguridad alimentaria adquiera legitimidad social y esté sujeto, a su vez, a controles.
En otras palabras, algunos de los actores de la red (especialmente la sociedad civil, los ciudadanos y los medios de comunicación) son necesarios para «controlar a los controladores».
La alimentación: una cuestión cultural
Los alimentos como productos de consumo presentan características que les confieren un valor único.
Son productos necesarios para la vida.
Pueden ser productos de consumo directo o estar elaborados, con una mezcla de ingredientes, pueden ser producidos localmente a pequeña escala (por ejemplo, para el consumo individual) o a escala industrial.
Existe además una gran variedad de alimentos.
Siendo un elemento fundamental de cualquier sociedad humana a nivel local, los alimentos son -al mismo tiempo-productos en un mercado globalizadado.
En ese sentido, los alimentos, especialmente los que se consumen hoy en día en los países industrializados, pueden ser extraordinariamente complejos, porque sus diferentes ingredientes -procesados o no procesados-pueden proceder de una gran diversidad de procesos de producción y de fuentes de todas las partes del mundo.
Por todas esas razones, los alimentos presentan un problema particular, y en muchos sentidos único, de gobernanza.
Aparte de la responsabilidad de las autoridades públicas de regular y controlar la seguridad, calidad y sostenibilidad de la alimentación, la gobernanza implica la participación de un gran número de actores sociales a lo largo de la cadena de producción, distribución y consumo.
Por su ubicuidad e importancia, la gobernanza de la alimentación es representativa de muchas cuestiones actuales en ámbitos como las políticas públicas, la regulación y la legislación, las controversias públicas o la toma de decisiones en relación con el desarrollo científico-técnico.
La principal fuente de complejidad se deriva del hecho de que la alimentación es un concepto sociocultural.
Lo que constituye un alimento, incluyendo posibles prohibiciones o delimitaciones de su consumo, depende del entorno cultural, pero también de opciones individuales (que, aparte de preferencias respecto a las características organolépticas, pueden estar motivadas por razones religiosas o convicciones éticas).
No existe una lista universal de alimentos «correctos».
Esta situación implica que en la alimentación confluyen aspectos materiales (físicos, biológicos, etc.) con aspectos de motivación humana (cultura, psicología, sociología, etc.): la alimentación, «más que un objeto, es una interacción» (Eagleton, 1998).
Las implicaciones son evidentes: la aproximación de los consumidores a las cuestiones de riesgo en relación con los alimentos difiere de otros productos de consumo.
Los riesgos relacionados con los alimentos y los efectos sobre la salud humana se suelen considerar más importantes que los riesgos relacionados con otros productos de consumo diario.
Ese lugar particular ocupado por los alimentos crea un marco especial para la gobernanza de la seguridad alimentaria.
Intentos, por ejemplo, de convencer a los consumidores para que adopten un determinado comportamiento por ser «mejor» -para la sociedad en general o para ellos mismosen base a resultados de investigaciones científicas sobre las propiedades de los alimentos que no tomen en cuenta otros factores sociales o culturales tienen poca probabilidad de éxito.
De hecho, en la mayoría de las sociedades existe una asociación -más o menos fuerte-entre la identidad étnica/cultural y la alimentación (ver, por ejemplo: Counihan & Esterik, 1997; Lévi-Strauss, 1964).
Hasta en la conformación del gusto puede intervenir lo cultural (Gofton & Murcott, 2001).
Para las cuestiones de gobernanza resulta además importante señalar que en diferentes aproximaciones a la alimentación (por ejemplo, la alimentación vegetariana de corte actual en los países industrializados) existe una contraposición implícita entre lo que se percibe como «natural» y lo «artificial» (de la misma forma: lo «no procesado» y lo «procesado»).
En resumen, la seguridad alimentaria, operando obviamente sobre una base material, es en gran medida una construcción social (como lo demuestran muchos casos recientes, incluyendo el de los alimentos transgénicos: Muñoz, 1997Muñoz,, 2001Muñoz,, 2002;;Todt & Lujan, 1997, 2000): la percepción de la seguridad de los alimentos deriva de juicios individuales sobre características del producto (calidad) pero también sobre la manera en la que se produjo (donde intervienen, por ejemplo, consideraciones éticas, como las relativas al tratamiento de los animales, la biodiversidad o la sostenibilidad ambiental).
El problema de la seguridad alimentaria
En los últimos 30 años han tenido lugar una serie de cambios, tanto respecto a los alimentos (su composición, procedencia, procesamiento, embalaje, transporte, puesta en el mercado y consumo) como al entorno económico, social y cultural.
Esos cambios han permitido ampliar la oferta, variedad y calidad de los productos alimenticios en los países industrializados.
Pero, ai mismo tiempo, se han revelado como fuente de nuevos riesgos.
Existe un abanico amplio de peligros y riesgos relacionados con la alimentación que incluyen, entre otros: patógenos microbiológicos, toxinas, alergénicos, ciertos aditivos intencionales o inadvertidos, productos químicos agrícolas, contaminantes ambientales, residuos de productos sintéticos utilizados en la producción de plantas y animales, consumo excesivo de determinados suplementos dietéticos, determinadas formas de preparación de ios alimentos, etc. Aquí hay que tener en cuenta el aumento de la complejidad del sistema alimentario, ya que todos los agentes sociales (productores, transportadores, importadores, procesadores, distribuidores, consumidores, etc.) tienen posible influencia sobre los riesgos en diferentes puntos de la cadena.
La siguiente lista detalla las principales cuestiones que se plantean hoy en día con respecto a la seguridad de los alimentos, así como algunos de los cambios recientes que han cobrado importancia para la gobernanza del sistema alimentario en los países industrializados (véase también: Belton & Belton, 2003; Phillips & Wolfe, 2001; European Commission, 2000) Los productos derivados de animales pueden verse afectados por la cría inadecuada (ejemplo: la cría de pollos), la contaminación de la comida animal, residuos de hormonas o antibióticos o procesos inadecuados de producción.
Prácticas inadecuadas de procesado, así como procesos de producción y procesado que lleven a la introducción de microorganismos tóxicos (u otras alteraciones) o incrementen su presencia.
El aumento en la complejidad de la producción de alimentos y también de la capacidad de procesado implican nuevos riesgos.
Los principales problemas en la fase de transporte y distribución están relacionados con la mezcla inadvertida de ingredientes, equivocaciones en el etiquetado (por ejemplo, de nueces) y la contaminación o la descomposición inadvertida, especialmente en productos cárnicos y congelados.
La distribución a nivel planetario de productos primarios y procesados incrementa los posibles riesgos, así como su dispersión.
Existen riesgos vinculados a productos producidos y distribuidos localmente pero también a productos importados.
La globalización del sistema alimentario convierte muchos problemas en mundiales y hace cada vez más necesaria la efectiva menta el potencial para contaminaciones y transmisión de patógenos. ® Personas más susceptibles a patógenos alimenticios se ven expuestos de forma más frecuente, como muchos niños pequeños (por el incremento de comidas tomadas o preparadas fuera de casa).
El aumento de la expectativa de vida de las personas, que en muchos casos va de la mano de enfermedades como el cáncer y de tratamientos médicos que reducen la capacidad del sistema inmune, tiene consecuencias para el sistema de alimentación, ya que esas personas pueden ser más susceptibles a patógenos microbials y tener reacciones adversas a nuevos (o incluso conocidos) ingredientes alimenticios.
Pero más allá de efectos directos sobre la salud, se están produciendo cambios importantes en el entorno del sistema alimentario que afectan a su gobernanza:
® La creciente importancia económica de la industria alimentaria y la ubicuidad de los alimentos en todos los aspectos de la vida han convertido la seguridad alimentaria en una preocupación central, especialmente después de constatar los efectos económicos de las crisis alimentarias de los últimos años. ® La globalización, especialmente de los mercados pero también de las técnicas de producción, de las reglas (legislación, regulación), de los medios de comunicación, de la percepción pública, de la sociedad civil y de los valores aumenta las interacciones y los conflictos potenciales.
Existen diferencias regionales importantes (por ejemplo, entre EE.UU. y la UE) que a su vez entran en conflicto con la pretensión de mercados globales y abiertos.
La industria de alimentación está ya globalizada y opera a nivel internacional.
La producción de alimentos se está industrializando rápidamente y a gran escala: las cadenas de producción, procesado, transporte y puesta en el mercado son cada vez más complejas y extendidas en el tiempo y el espacio.
La globalización facilita el choque entre aproximaciones diferentes en la gestión y entre los diversos marcos reguladores nacionales. ® La percepción ciudadana en los países industrializados ha cambiado, a causa de la mejora del acceso a la información, de una conciencia generalmente más profunda de problemas y patologías relacionadas con la alimentación y de la experiencia reciente, especialmente en la UE, de crisis alimentarias.
Un importante aspecto de ese cambio de percepción es que ahora las cuestiones de seguridad alimentaria se ven enmarcadas en cuestiones más amplias relativas al desarrollo tecnológico y a la sostenibilidad social y ambiental.
Hay una crítica creciente de los procesos de industrialización y de sus efectos, así como de la globalización y de algunos de los actores «globalizadores» (por ejemplo, empresas multinacionales), especialmente entre sectores de la sociedad civil pero también entre la ciudadanía en general.
Al mismo tiempo, la sociedad civil está creciendo, tanto al nivel local como regional, y -a su vez-globalizándose.
La combinación entre la crítica de la gestión del sistema de alimentación (y de algunas de las tecnologías correspondientes) y la oposición a la globalización les da a los actores sociales críticos una fuerza y una vía de identificación adicional, además a escala planetaria.
Por su relación directa con muchas cuestiones de la globalización y con el problema Sur-Norte, la gestión de la segundad, de las nuevas tecnologías y del comercio de los alimentos (como la biotecnología agroalimentaria) se convierte en un blanco relativamente fácil para los críticos de la globalización.
Junto con la creciente crítica de la toma de decisiones aumenta la demanda de participación directa en las decisiones.
La integración de los mercados significa que cualquier oposición en un mercado regional puede afectar con más facilidad que antes al mercado mundial (incluyendo los mercados de origen de las empresas que venden los productos en cuestión).
Y la pérdida de confianza en una región tiende a trasladarse rápidamente a todas las regiones.
Se constata una pérdida generalizada de la confianza de los ciudadanos en los expertos y en el conocimiento experto, en los poderes públicos y en los productores industriales.
Al mismo tiempo, se puede ver un aumento de la confianza en actores de la sociedad civil (organizaciones de consumidores, ecologistas, etc.), como lo demuestran muchos estudios de percepción: European Commission, 2001Commission,, 2003;;Lujan & Todt, 2000, Grove-White et al., 1997.
Disminución de capacidad en la gestión política: la gestión política ha empezado a vincular parte de sus decisiones con (e incluso delegar en) el conocimiento científico-técnico, sea en forma de decisiones tomadas por el asesoramiento experto institucionalizado, o sea en forma del uso retórico de la racionalidad científico- técnica (López Cerezo et al., 1998).
Está disminuyendo su capacidad de libre decisión en cuestiones relacionadas con la regulación de los sistemas tecnológicos complejos (como el de la alimentación) debido a que éstos, en muchas ocasiones, están delimitando el margen de maniobra del poder político por las realidades sociales que crean.
Un aumento del debate (dentro de la comunidad científica, pero también a nivel público y político) sobre cómo definir, analizar, gestionar y «comunicar» conceptos como riesgo, incertidumbre o precaución.
Hay, por ejemplo, tensiones entre el concepto de la «soberanía de los consumidores» y el de la «regulación basada en la ciencia», así como entre la «evaluación científica de riesgos» y los «factores no científicos» para la toma de decisiones.
Aquí hay que recordar que la seguridad alimentaria puede ser más un concepto intelectual que una característica biológica inherente de los alimentos.
La determinación de la seguridad de un alimento incluye un juicio (necesariamente subjetivo) sobre el nivel aceptable de riesgo (basado en una evaluación de riesgo), así como la evaluación de toda una serie de valores y factores sociales. • La introducción de nuevas tecnologías de producción de alimentos se ha convertido en un factor de riesgo para las empresas.
A pesar de las fuertes inversiones públicas, su desarrollo (especialmente en el caso de la biotecnología) es, en gran parte, una empresa privada.
La financiación del desarrollo de esta tecnología depende, en una medida importante, del dinero obtenido en las bolsas de valores.
Esto facilita a las empresas financiar las investigaciones.
Pero las convierte, al mismo tiempo, en especialmente vulnerables a los movimientos del mercado de valores, que, en gran medida, dependen de las percepciones de los inversores y de efectos psicológicos.
Cualquier problema de «imagen pública» puede afectar directamente a las cotizaciones.
Las personas como ciudadanos y consumidores de alimentos
Existe una diferencia relevante entre el papel que las personas asumen como ciudadanos y el que tienen como consumidores (Muñoz et al, 2005).
Esta diferencia entre papeles ejerce una influencia importante en las controversias sobre la seguridad alimentaria.
Lo que las personas piden como ciudadanos no es necesariamente igual a sus prefe-rencias demostradas como consumidores de productos en el mercado.
Como consumidores las personas se centran más en las características concretas (y posibles ventajas directas y personales) del producto, mientras como ciudadanos están preocupados por la manera en la que fue elaborado y por todas las posibles consecuencias del proceso de producción, no sólo individuales, sino para la sociedad en su conjunto (efectos socioeconómicos, ambientales, etc.).
La gestión de los alimentos, consecuentemente, tiene que abarcar no sólo cuestiones de salud humana (que ha sido tradicionalmente la preocupación central del sistema de seguridad alimentaria).
Se tiene que ocupar, además, de cuestiones derivadas de esos dos papeles de las personas que como consumidores valoran la calidad de los alimentos (sabor, apariencia, frescura, etc.) y como ciudadanos se preocupan por los «efectos secundarios» e impactos, individuales y colectivos (ética, biodiversidad, sostenibilidad, etc.).
La gobernanza efectiva requiere un juicio sobre la importancia relativa de esas diferentes preocupaciones, tomando en cuenta la actuación colectiva de individuos como «ciudadanos», y no sólo como «consumidores» individuales.
La conciencia ciudadana sobre cuestiones de seguridad alimentaria es actualmente más aguda en la Unión Europea que en otras partes del mundo, debido al número de recientes crisis alimentarias y a la percepción de que los intentos de gobernarlas fueron inadecuados.
Esta situación se refleja en un aumento drástico de la demanda de alimentos orgánicos, así como de la presión pública para cambios en los sistemas de control y regulación.
Aun así, los estudios de percepción pública indican que el nivel general de preocupación sobre la seguridad alimentaria en diferentes países del mundo no se diferencia mucho.
Tanto en Europa como en EE.UU. una mayoría de encuestados percibe que el sistema de alimentación y especialmente el de seguridad alimentaria «no funciona muy bien» (Henson & Traill, 2000).
Pero hay diferencias importantes en los temas concretos que preocupan a los ciudadanos de distintos países.
En Europa, por ejemplo, preocupa más el uso pesticidas, hormonas y de la ingeniería genética en la alimentación; en EEUU, la irradiación de alimentos y los aditivos (Henson, 2001).
En los últimos años, la cobertura mediática de cuestiones relacionadas con la seguridad de los alimentos y las crisis alimentarias ha sido significativamente más alta en la EU que, por ejemplo, en los EE.UU. Dado que se han descrito procesos de amplificación de riesgos a través de los medios de comunicación (Kasperson, 1992), se puede suponer que esta situación ha influido sobre la percepción pública de este tema en Europa.
También influye la falta generalizada de confianza entre los ciudadanos europeos en muchos de los actores relacionados con la producción, la distribución y la regulación de los alimentos.
Los ciudadanos europeos tienden a ser escépticos en relación con la eficacia de los sistemas públicos y privados de control.
Consideran que actualmente la mayor parte de la responsabilidad sobre el control de la seguridad recae en la práctica en los consumidores, aunque debería, según ellos, recaer en la industria y las autoridades públicas (que se perciben como huyendo de sus responsabilidades).
Aun así, mientras los ciudadanos estadounidenses muestran en general una mayor confianza en sus instituciones públicas, los estudios indican que el comportamiento de la industria alimentaria en EE.UU. tampoco goza de confianza (Hen-son& Traill, 2000).
Respecto al comportamiento (declarado) de consumo se muestra lo que otros estudios sobre riesgo han venido demostrando desde hace tiempo (Graham & Wiener, 1995): riesgos percibidos como bajo control del propio consumidor se aceptan con mayor facilidad.
En general, los consumidores se muestran dispuestos a pagar más por obtener un nivel más alto de seguridad (por ejemplo, a través de un incremento de los controles gubernamentales).
De hecho, los estudios de percepción han puesto de manifiesto que existen cuatro grupos de consumidores de alimentos que se diferencian por su principal preocupación en el momento de la compra: el grupo de los preocupados por la seguridad (casi la mitad de los encuestados), el grupo de los preocupados por la calidad, el grupo de los preocupados por el precio, y un grupo «holístico» que no tienen ninguna preocupación que destaque (Henson & Azam, 2001).
Las políticas públicas europeas en el ámbito de la seguridad alimentaria
Después de las crisis alimentarias de los años 80 y 90, y de la consiguiente pérdida de confianza pública, la Comisión Europea (CE) comenzó un profundo rediseño de todo el sistema europeo de seguridad alimentaria.
El Wliite Paper on FoodSofcíy (European Commission, 2000) detalla los elementos principales de esa nueva regulación.
El lenguaje de la propuesta está marcado por el enfoque en los consumi-dores y su protección.
De hecho, como una de sus motivaciones principales constata la necesidad de «reestablecer la confianza pública en la provisión de alimentos, la ciencia de los alimentos y los controles de los alimentos» (European Commission, 2000: 7).
Además, a pesar de incidir en la importancia suprema de la protección de la salud, destaca la importancia de las consecuencias ambientales y sociales, que -al igual que las económicas-se deben tomar en cuenta en las políticas.
De hecho, a la política ambiental se le otorga un papel fundamental en asegurar que los alimentos sean seguros.
Los principios del nuevo sistema europeo -según el White Paper-son:
1) Una aproximación integrada que abarque toda la cadena de producción, distribución y consumo.
2) La eficacia del sistema depende de la colaboración de todas las partes afectadas.
La responsabilidad principal para la seguridad alimentaria recae en los productores de alimentos, así como en los agricultores.
Otros stakeholders son las autoridades competentes de los estados miembros (nacionales, regionales y locales) que vigilan el cumplimiento de la responsabilidad de los productores y la Comisión Europea que verifica y controla las capacidades de esas autoridades nacionales.
Y, por fin, los consumidores, en los que recae la responsabilidad del tratamiento adecuado de los alimentos adquiridos.
3) La trazabilidad a través de toda la cadena de todos los productos alimenticios, de los alimentos animales y de sus ingredientes.
No sólo es importante para poder reaccionar rápidamente en caso de una crisis sino también para poder identificar las fuentes de un alimento en caso de dudas sobre su seguridad.
4) Una política de seguridad alimentaria europea unificada basada en una legislación abarcadora que cubra la cadena completa de alimentación.
Su desarrollo ha de ser «transparente» e incluir todas las partes afectadas.
La transparencia se debe garantizar con la publicación de las opiniones científicas y de los informes de inspecciones en todo el sistema de alimentos.
5) La base de las políticas debe ser el análisis de riesgos y sus tres componentes: evaluación de riesgos, gestión de riesgos y comunicación de riesgos.
El asesoramiento científico debe corresponder a los «estándares más altos» de independencia, excelencia y transparencia.
Toda la legislación de seguridad ali- mentarla se debe basar en el asesoramiento científico independiente.
6) El principio de precaución se debe aplicar en la gestión de riesgos (la toma de decisiones), siempre cuando resulta ser «adecuado».
Además, otros factores «legítimos» relevantes para la protección de la salud humana (como, por ejemplo, consideraciones ambientales, el bienestar animal, exigencias de los consumidores sobre la calidad de los productos, la imparcialidad de la información y la definición de las características de los productos y métodos de producción) pueden considerarse durante la toma de decisiones.
7) Un sistema europeo integrado de recogida y procesamiento de datos que tenga capacidad de alerta rápida y que permita la identificación temprana de riesgos y peligros con el fin de prevenir situaciones de crisis.
8) Un diálogo permanente con los consumidores y la provisión de toda la información sobre el sistema de seguridad alimentaria y su operación.
Los consumidores tienen el derecho de obtener información sobre la calidad de los alimentos y sus ingredientes para poder tomar decisiones informadas.
Siguiendo esas líneas, la Comisión Europea reestructuró todo el sistema europeo de seguridad alimentaria, introduciendo elementos de gobernanza (Belton & Belton, 2003).
Se redactó una ley europea unificada (food law) que regula todo el sistema alimentario (European Parliament and Council, 2002).
Se creó una agencia independiente, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (European Food Safety Authority, EFSA), que centraliza la gestión y el control de todo el sistema alimentario a nivel europeo.
Sus funciones abarcan proporcionar asesoramiento científico independiente, coordinar la recogida y el procesamiento de datos y llevar a cabo la supervisión del trabajo de las autoridades competentes de los estados miembros.
Todos los estados miembros crearon, a su vez, agencias similares.
En España se creó la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, AESA, con estatus de organismo autónomo de la administración Estatal (Reino de España, 2001;2002).
La legislación europea aspira a que todas esas agencias funcionen sobre la base de la independencia de sus respectivos ejecutivos y que tengan como objetivos operacionales garantizar la transparencia, la excelencia e independencia en sus informes científicos, así como permitir la participación de todos los actores sociales relevantes en la toma de decisiones.
De hecho, tanto la EFSA como la AESA incluyen la participación de diversos agentes sociales (también de la sociedad civil) en sus órganos de gestión y asesoramiento, tienen políticas de acceso público a la información e intentan dar garantías de su independencia mediante declaraciones de conflictos de intereses de los miembros de sus comités científicos y sus altos cargos.
La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (European Food Safety Authority, EFSA) se convierte en el nuevo sistema regulador en el foco principal de todas las actuaciones, tanto a nivel comunitario como a nivel de los estados miembros (incluyendo sus agencias nacionales o regionales).
A continuación se detallan algunos de los elementos principales de la EFSA.
• La misión de la EFSA se define con amplitud, debiendo tener en cuenta, por ejemplo, cuestiones relativas al bienestar de los animales o a los efectos ambientales de la producción de alimentos.
También es responsable de generar opiniones científicas sobre los organismos modificados genéticamente (OMGs), incluyendo productos transgénicos que no sean alimentos. • Las funciones concretas de la EFSA son la preparación y provisión de asesoramiento científico (especialmente a la Comisión Europea), la recogida, coordinación y análisis de la información necesaria, la vigilancia y el monitoreado de desarrollos relevantes para la seguridad alimentaria, incluyendo la alerta rápida, y la comunicación de sus resultados a todas las partes interesadas. • Independencia, excelencia científica y transparencia en su funcionamiento.
La EFSA debe «estar guiada por la mejor ciencia posible, ser independiente de intereses industriales y políticos, estar abierta a un control público riguroso, estar acreditada científicamente» (European Commission, 2000).
Aún así, debe haber un balance apropiado entre independencia, por un lado, y responsabilidad y representatividad (de todos los puntos de vista relevantes), por otro.
La excelencia se conseguiría mediante el alistamiento de los mejores científicos independientes.
La transparencia implicaría la publicación rápida de todos los resultados, recomendaciones y procedimientos abiertos. ® El objetivo de la EFSA es «contribuir a un alto nivel de protección de la salud de los consumidores en el área de la seguridad alimentaria, con el fin de reestablecer y mantener la confianza de los consumidores.»
Su misión estará guiada «principalmente por el interés público» (European Parliament and Council, 2002: 3).
De hecho, reestablecer y mantener la confianza de los europeos mediante una protección efectiva de los consumidores y su salud es el objetivo más reiterado de la nueva legislación.
La función de la EFSA de ser una fuente científica independiente de asesoramiento, información y comunicación de riesgo sirve, en primer lugar, para «mejorar la confianza de los consumidores» (European Parliament and Council, 2002: 3).
Una parte implícita de su misión es convertirse en el punto de contacto «único y visible» para todas las partes afectadas.
En otras palabras, el objetivo final es que la EFSA sea, de forma cuasi automática, el primer y único punto de contacto para todos los actores si precisan de información científica sobre temas o problemas relacionados con la seguridad alimentaria.
La EFSA tiene que ser extremadamente responsable en la rendición de cuentas (accountability) ante las instituciones europeas y los ciudadanos.
Separación clara entre evaluación del riesgo (función de la EFSA) y gestión del riesgo (función de la Comisión Europea).
La EFSA es responsable de la evaluación y la comunicación de riesgo.
La evaluación de riesgo se traduce en la provisión de asesoramiento científico.
La comunicación de riesgo implica la diseminación rápida de toda la información, pero también reducir las posibilidades de que se generen preocupaciones «inadecuadas» sobre la seguridad de los alimentos (ver siguiente punto).
En cambio, la autoridad de la decisión estará en manos de la Comisión Europea.
Este reparto de competencias se justifica con la necesidad de que las decisiones sean tomadas por un órgano sujeto al control democrático.
Pero también abre la puerta a que la Comisión considere en sus decisiones informaciones de otras fuentes que no sean la EFSA: la regulación estipula que la legislación alimentaria y todas las medidas en relación con la seguridad alimentaria «generalmente deberían basarse en el análisis de riesgo, excepto en situaciones en las que eso no resulta adecuado debido a las circunstancias o el tipo de medidas contempladas)) (European Parliament and Council, 2002: 8; cursivas nuestras).
En otras palabras, «otros factores» (sociales, económicos, tradicionales, éticos y ambientales) pueden fundamentar las decisiones.
La EFSA asume la responsabilidad de la comunicación del riesgo, independiente de la CE.
Según la regulación, la agencia debe confeccionar información «objetiva, solvente y fácil de comprender» y diseminarla rápida y activamente entre todos los actores implicados.
La comunicación del riesgo en sí se define como «interactiva», como un «intercambio de información entre las partes afectadas», en forma de un «diálogo con y feedback desde todos los actores relevantes».
Para eso, es necesario que las decisiones sean «transparentes y públicas» y que las preocupaciones de los consumidores se tengan en cuenta mediante consultas públicas sobre todos los aspectos de la seguridad alimentaria, audiencias públicas entre expertos y consumidores, así como la facilitación del intercambio entre consumidores a nivel europeo.
La transparencia llevará a la «supervisión pública necesaria» y garantizará el control democrático.
Por otro lado, se debe garantizar que los consumidores puedan tomar decisiones informadas a base de información suficiente sobre cada producto, su composición, origen y métodos de producción (garantía del etiquetado comprensivo).
El principio de precaución se reconoce explícitamente en la regulación.
En situaciones de incertidumbre científica, cuando existe riesgo para la vida o la salud, las decisiones se pueden basar en ese principio.
La única restricción expresa es que debe aplicarse según una base común en toda la UE.
Las medidas adoptadas deben ser «proporcionales» y «restringir el comercio sólo en la medida necesaria» (European Parliament and Council, 2002: 9).
La precaución se operacionaliza como «medidas provisionales de gestión de riesgo,... a la espera de información científica adicional que permita una evaluación de riesgo más completo».
En otras palabras, la definición de la precaución adoptada lleva implícita la ¡dea de poder resolver el problema en cuestión con más información científica, confundiendo así los conceptos de incertidumbre, ignorancia e indeterminación (Wynne, 1992).
Todos los miembros de la EFSA, incluyendo los miembros de los Paneles y del Comité Científico, deben actuar «de forma independiente» y «para el interés público» (European Parliament and Council, 2002:18).
Para garantizar su independencia, deben hacer una declaración anual y pública de intereses y declarar posibles conflictos de interés en cada reunión a la que asisten.
Debe haber un acceso público «amplio» a todos los documentos en poder de la EFSA.
La EFSA debe hacer El Consejo Administrador de la EFSA, que elige el director ejecutivo de la agencia, debe contar con cuatro (sobre un total de 14) personas provenientes de organizaciones que representan a los consumidores y otros intereses de la cadena alimentaria.
La coordinación con las agencias de los estados miembros se garantiza mediante un Foro Asesor, compuesto por las autoridades competentes nacionales.
La Regulación se ocupa reiteradamente del tema de la autoconsistencia interna del asesoramiento científico y establece reglas cuasi-administrativas para intentar llegar a clausura en el caso de divergencias científicas.
El mecanismo intenta prevenir informes divergentes y establecer la EFSA como autoridad científica única.
La EFSA debe identificar potenciales divergencias entre sus pareceres científicos y los de otros órganos similares.
Si el otro órgano pertenece a la administración europea o la de un estado miembro (por ejemplo, una agencia nacional de seguridad alimentaria), está obligado a cooperar con la EFSA para resolver la divergencia o para presentar un documento conjunto (que se debe hacer público) explicando las divergencias científicas e identificando las incertidumbres existentes en los datos científicos (véase el apartado 8 de este artículo).
La implementación de la gobernanza en la seguridad alimentaria en España Mediante la puesta en funcionamiento, en el año 2002, de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA), se está imponiendo también en España un nuevo modelo de gestión del sistema alimentario que se caracteriza por el concepto de la gobernanza.
Los tres principios fundamentales de actuación de la Agencia europea EFSA se ven reflejados también en la legislación que establece la AESA como organismo autónomo de la administración Estatal, adscrita al Ministerio de Sanidad y Consumo.
La actuación de la Agencia debe seguir los principios de «transparencia e independencia» y sus decisiones deben estar basadas en evaluaciones científicas «rigurosa[s] y de excelencia» (Reino de España, 2001).
se han producido grandes crisis que permitan evaluar la gestión de este extremo.
Los nuevos actores invitados al sistema, especialmente las organizaciones de consumidores y los sindicatos, se encuentran bastante satisfechos con el mismo, aunque cuentan con la limitación de su escasa experiencia en este tipo de gestión participativa.
Por esta razón, aún no han ejercido una labor de formulación proactiva de demandas, limitándose en un principio a «ser informados».
Existen varios aspectos que suscitan duda entre los participantes, entre ellos, el nivel de independencia de AESA.
Por ejemplo, dada la ausencia de situaciones de crisis, la independencia en la actuación de la Agencia del gobierno Estatal todavía no se ha podido valorar.
Otro punto de crítica es el nivel de financiación del Comité Científico de la AESA, considerado demasiado bajo.
Sin suficientes medios, corre el riesgo de hacer evaluaciones de riesgos basadas fundamentalmente en revisiones bibliográficas, ante la imposibilidad de realizar estudios propios con la calidad suficiente.
El conflicto más importante está relacionado con el acceso a la información.
Algunas de las organizaciones de consumidores han reclamado acceso a los informes completos del Comité Científico de la Agencia, incluyendo posibles posiciones divergentes, para que puedan conocer las incertidumbres científicas presentes en las deliberaciones del Comité, y no sólo el informe final consensuado.
La AESA se niega a hacer pública esa información porque la ley no le obliga a ello.
En definitiva, el nuevo sistema de gobernanza de la seguridad alimentaria en España significa un cambio radical en la regulación, entre otras cosas, porque por primera vez se implementa una participación sistemática de actores de la sociedad civil.
Ahora bien, la reducida representación de la sociedad civil en la AESA y la falta de experiencia de las propias organizaciones de consumidores en la gestión participativa levantan dudas sobre su capacidad de trasladar las inquietudes reales de los consumidores a las estructuras de decisión de la Agencia.
Los conflictos sobre el acceso a los datos científicos, a pesar de un nivel de transparencia relativamente alto en el funcionamiento de la AESA, indican que sólo la práctica reguladora mostrará si este nuevo sistema será capaz de ganar y mantener la confianza de los ciudadanos españoles.
El papel del conocimiento científico
La introducción de procesos de gobernanza también tiene consecuencias para el papel del conocimiento científico especializado en la toma de decisiones (López Cerezo & González, 1993).
Los anteriores procesos de regulación de la ciencia y la tecnología basaban sus decisiones generalmente en expertos, así como en una ciencia adaptada a la toma de decisiones reguladoras (la ciencia reguladora: López Cerezo & Lujan, 2000; Lujan & Echeverría, 2004).
Pero en el nuevo sistema europeo de seguridad alimentaria, a pesar del papel destacado que tiene la ciencia para proporcionar datos, su papel resulta ambivalente.
Según la nueva ley alimentaria europea, en la toma de decisiones, que depende de instituciones políticas legitimadas por elecciones, pueden intervenir «otros factores», aparte de los datos científicos.
Además, como se ha expuesto anteriormente, mientras la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria está encargada de la evaluación del riesgo, la Comisión Europea se reserva expresamente la gestión del riesgo (toma de decisiones).
De esta manera, se define la gobernanza de la seguridad alimentaria como un proceso apoyado por evaluaciones y metodologías científicas pero no basado (exclusivamente) en ellas.
En cierto modo, por primera vez de esa forma tan explícita la regulación europea del sistema alimentario cimienta un nuevo rol de la ciencia para la toma de decisiones políticas.
Con la food/oíA/europea, se «relega» la ciencia formalmente al puesto de una fuente de información (entre varias) para la toma de decisiones.
En otras palabras, se hace constar explícitamente la supremacía de la capacidad de decisión política sobre la aproximación científica.
Aunque en la práctica las decisiones políticas sigan utilizando los resultados científicos como base y justificación, la ley da mucho margen de maniobra a los que toman las decisiones a nivel político.
Es importante resaltar que la principal novedad es «retórica», no práctica.
En todos los sistemas de regulación anteriores, se pueden encontrar casos en los que las necesidades políticas toman precedencia sobre las afirmaciones científicas.
Pero con la nueva ley alimentaria, la Comisión Europea abandona la retórica de la ciencia como fuente única de las decisiones: a consecuencia de las críticas públicas y de la pérdida de confianza, en la retórica la ciencia es fuente ya sólo de información relevante pero no base única de las decisiones.
En eso compite ahora con, por ejemplo, el principio de precaución (aunque para él también se invoque una base científica) o con los «otros factores» (sociales, ambientales, éticos, etc.) relevantes que menciona la ley.
En > > 414 EE.UU., en cambio, la ciencia sigue siendo el foco retórico principal de la regulación de la ciencia y la tecnología, y el único factor en el que, según las leyes, se deben basar las decisiones.
Aún así, la práctica de la toma de decisiones en la UE muestra que las decisiones pueden seguir basándose en la «justificación científica» (como en el caso de la autorización de los organismos modificados genéticamente).
De la misma forma, hay casos documentados en los que los órganos reguladores estadounidenses utilizaron otros factores, aparte de la ciencia, en sus decisiones (Busch, 2002).
De hecho, parece que en la práctica reguladora, las autoridades de la UE y de EE.UU. no se diferencian mucho en la aplicación de los diferentes principios de decisión (resultados científicos, precaución, familiaridad, etc.), sólo que los reguladores europeos o estadounidenses los aplican a diferentes ámbitos, según determinadas necesidades, intereses o factores culturales.
Otra novedad de la food law ts que la regulación europea de seguridad alimentaria reconoce explícitamente las divergencias dentro de las propias comunidades científicas.
De hecho, como ya vimos, define por ley un proceso de unificación de los pareceres científicos en caso de que hubiera divergencias entre las diferentes instituciones europeas (por ejemplo, entre la EFSA y una de las agencias nacionales).
Según la situación, este proceso se reviste de c/osi/re forzada (si hay posibilidad de unificar los pareceres) o de aclaración pública de las divergencias (si a pesar de todos los intentos las diferentes instituciones no se ponen de acuerdo).
En este último caso, la ley obliga a la publicación de las diferentes posturas, incluyendo una explicación de las divergencias y de las incertidumbres.
En otras palabras, también en este caso el tratamiento de la ciencia es ambivalente: por un lado, se intenta conseguir una homogeneización de la ciencia para la regulación, su metodología y sus resultados (con el fin de reforzar la autoridad de los pareceres científicos de la EFSA).
Por otro, se permitiría a los ciudadanos contemplar abiertamente la ruptura dentro del conocimiento científico (en caso de publicar divergencias entre órganos europeos sin posibilidad de resolver) y ser informados, con «exactitud científica», sobre las incertidumbres existentes que hacen imposibles la closure.
En resumen, se puede observar un papel distinto de la ciencia en la toma de decisiones reguladoras, más ambiguo que en el sistema de seguridad alimentaria anterior, por lo menos en la retórica.
Esto es otro ejemplo de cómo la función de la ciencia para la regulación está cambiando, al aumentar el cuestionamiento de la ciencia como base privilegiada para las decisiones, a consecuencia del traslado de las controversias científicas (normales) hacia el ámbito público y por las implicaciones que tienen para la toma de decisiones (Echeverría, 2003).
Estos cambios en la función de la ciencia para los procesos de regulación se unen a la aparición de una cierta «bifurcación» dentro de la propia ciencia (no sólo reguladora sino también académica): por un lado, las ciencias de laboratorio «clásicas» y las ingenierías que impulsan el desarrollo científico-técnico pero que cada vez pueden contribuir menos a la solución de los problemas de gestión; y por otro lado, las ciencias «postnormales» que son directamente relevantes para el control de los efectos no deseados producidos por la ciencia y la tecnología (Ravetz, 2003: 824).
O, en otras palabras, por un lado, las ciencias y tecnologías que contribuyen a la modernización y profundización de la industrialización a nivel mundial; y, por otro, las ciencias más recientes de «limpieza y supervivencia» (Ravetz, 2002: 258), menos maduras en su penetración y estructuración social, así como en su aparato teórico, y con una financiación generalmente baja.
La gobernanza del sistema alimentario es un caso ilustrativo del ámbito político surgido a raíz de la modernización reflexiva, en el que se expresa actualmente la acción cívica de los ciudadanos.
El sistema de seguridad alimentaria, a nivel europeo y español, fue rediseñado radicalmente en los últimos años, en parte para dar respuesta a una serie de demandas ciudadanas y transformaciones en la estructura de las sociedades altamente industrializadas.
Con el fin de ganar y mantener la confianza de los ciudadanos (requisito clave para el actual desarrollo científico-tecnológico) en los procesos de regulación, se instauró un sistema más independiente de los respectivos ejecutivos, se aumentó la transparencia y el acceso a la información y se permitió la participación social de forma relativamente amplia.
Este caso muestra cómo la cuestión de la confianza de los ciudadanos en los sistemas de toma de decisión se está convirtiendo en uno de los temas fundamentales del desarrollo tecnológico contemporáneo.
Además indica cómo en una situación de globalización económica, que prima la apertura de los mercados mundiales (lo que en principio podría También en España se ha dado un cambio drástico en la toma de decisiones, con la introducción de procesos más participativos, transparentes y accesibles.
Pero, al mismo tiempo, los actores perciben limitaciones y expresan dudas sobre el alcance real de esos cambios, especialmente en cuanto a su eficiencia y su capacidad de generar y mantener la confianza pública.
Hay que resaltar que la introducción de los procesos de gobernanza en España está impulsada en gran medida por las exigencias de la propia legislación europea.
Mientras a nivel europeo, la gobernanza se puede interpretar como una respuesta a las exigencias sociales y como resultado de un proceso de aprendizaje social, en España las exigencias desde la sociedad civil son casi inexistentes, las organizaciones de consumidores están poco preparadas y la sociedad civil en general resulta ser débil y desorganizada (López Cerezo & González, 2002; Todt, 1999).
En esta situación, la introducción de la gobernanza por mandato legal europeo podría tener el efecto paradójico de poner en marcha un proceso de aprendizaje social en España (en vez de ser su resultado), principalmente porque obliga a actores sociales anteriormente aislados de entrar en contacto, comunicación y negociación. > ya > |
Hace ya más de 20 años que Mary Douglas y Aaron Wildavsky publicaron su libro, Risk and Culture, sobre la percepción cultural del riesgo tecnològico y medioambiental.
La tesis de que no es la percepción del riesgo la que determina la organización social sino que, a la inversa, es el modo de organización el que necesita de formas determinadas de percepción del riesgo, sembraba un -probablemente saludable-escepticismo sobre las aspiraciones de los grupos ecologistas radicales.
Pero la gran aportación del libro era la conclusión de que si la selección de riesgos dependía de la elección entre tipos de instituciones sociales, entonces el problema podía replantearse si antes se identificaba qué tipo de cualidades se necesitaban para afrontar riesgos.
Las políticas de prevención centralizadas canalizaban una ingente cantidad de recursos hacia un número limitado de objetivos, hipotecando su capacidad de reacción ante los riesgos inesperados.
La convicción de los autores era que la diversifícación, la variedad y la flexibilidad facilitan la reacción y reconstrucción de los sistemas amenazados.
Y fomentar esta capacidad para recuperarse requiere consensos y prácticas de discusión usualmente ausentes de las instituciones caracterizadas por su centralidad, estabilidad e implicación en los procesos de toma de decisiones.
El planteamiento de Douglas y Wildavsky subyace a las actuales reflexiones sobre la evolución de las técnicas de gobernanza.
Conscientes de la imposibilidad de prevenir todos los riesgos, las reflexiones se vuelven hacia la capacidad de gestionar lo inesperado.
Las estrategias de diálogo cobran peso e importancia.
El último informe del proyecto STAGE (Science, Technology and Governance in Europe) subraya la variedad de modelos que se están ensayado actualmente en Europa y advierten que ya no es sostenible una relación didáctica unilateral entre científicos y ciudadanos (vid. Elam & Bertilsson, 2002).
El creciente acceso a una información común permite a los ciudadanos hacer juicios morales sobre la toma de decisiones, mientras reivindican, respaldados por los éxitos de los activistas afectados por el SIDA, que se reconozca que la ciudadanía produce conocimiento relevante.
Sin embargo, el camino hacia una democracia deliberativa no parece estarse cimentando a buen paso.
Posiblemente, el escepticismo de las instituciones de gobierno hacia la participación ciudadana^ está asociado a nuestra incapacidad para dejar de presentar la gobernanza como una estrategia de reparto de poder y ahondar en su eficacia como herramienta para garantizar la capacidad de reacción ante lo imprevisto.
Algunas instituciones comienzan a percatarse de las ventajas de esta nueva orientación.
Uno de los efectos de la expansión de las soluciones tecnocientíficas modernas es que convierten en excrecencia los conocimientos alternativos.
Se produce una reducción de la extcHgencia, es decir, del capital cultural colectivo del que cada individuo puede echar mano para solucionar problemas inesperados^.
Evitar a toda costa esta contracción parece ser la nueva meta de asociaciones como GRAIN, o de los últimos proyectos de FAO, que buscan medidas de rescate de la información tra-dicional^ para combatir las dramáticas consecuencias físicas y sociales en que se sumen las poblaciones cuando quedan desprovistas de estrategias locales viables y eficaces.
Pero no sólo se llega a este convencimiento desde el contacto estrecho con las poblaciones del tercer mundo.
Las amenazas de la privatización del genoma humano o el creciente número de epidemias asociadas a trastornos psicológicos y del comportamiento nos han sensibilizado hacia la necesidad de preservar el bagaje colectivo y de contemplar los tránsitos entre los cuerpos y las comunidades como un problema de gobernanza.
Preservar las pautas y comportamientos locales que contrarrestan un posible riesgo, y sobre todo los mecanismos de diseño de estrategias ante una situación imprevista forma parte de la tarea de articular la erradicación de prácticas injustas, nocivas o dolorosas sin llevarse por delante un conocimiento eficiente que nos beneficia a todos.
Buena parte del conocimiento asociado a la gestión de lo imprevisto emerge en situación de urgencia: media siempre una amenaza de disolución, inconclusion, o fragmentación.
En tanto que institución centralizada y jerarquizada, la ciencia ha tendido a minusvalorar los contenidos producidos en estas circunstancias por los colectivos afectados, suponiendo que eran el producto de una magnificación de riesgos menores o de una minimización de riesgos reales, y que, como los productos de la imaginación, caían fuera de la producción científica.
Ello ha supuesto el desplazamiento de estos grupos hacia lo que se ha denominado un espacio de abyección: es decir, un espacio social de imposibilidad y sinsentido (Murphy, 2000).
Unos colectivos que, sin embargo, necesitan del lenguaje científico y de múltiples herramientas tecnológicas -incluyendo Internet-para definirse como grupo y como individuos.
Máquinas y diagnósticos, teorías y modelos, les permiten autoexplorarse y monitorizarse, salir de ese espacio de abyección produciendo una expansión de las prácticas y disciplinas de la objetividad de la que el sistema sanitario, tanto como los afectados, ya no puede pres-cindir^.
Todo apunta a que, precisamente en aquellos casos en los que la incertidumbre científica es mayor, es preciso diseñar instrumentos y lenguajes capaces de subsumir la información producida por esos cuerpos dentro de un marco de objetividad sin renunciar a la especificidad: las generalizaciones producidas por los modelos no son más eficientes que las prácticas orientadas a la manipulación concreta de cada uno de ellos (vid. Lettinga & Mol, 1999).
Los grupos consolidados en torno a la red muestran con su actividad algunos de los caminos posibles para encauzar ese conocimiento.
A pesar de las resistencias que ha despertado la absorción de los lenguajes científicos por parte los afectados o los ciudadanos en general, la red ofrece crecientes posibilidades de acceso a publicaciones científicas reconocidas, numerosos recursos de escrutinio, seguimiento y denuncia de intereses, y una vía económica de publicación y discusión a distancia.
Todo este instrumental pone a los afectados en disposición, si no de modificar los resultados científicos, al menos, como señala Rodrigue (2001;2000), de contestar la legitimidad de las técnicas de consenso del riesgo convencionales^.
Veamos cómo afectan las nuevas herramientas de comunicación electrónica a estos procesos y el impacto que tienen en los modos de concebir la gestión de riesgos.
Razones íntimas: nuevas vías de desplazamiento de los problemas de gobernanza
El desplazamiento de la gobernanza hacia el desarrollo de estrategias de registro e intercambio de prácticas exitosas nos obliga, pues, a volver los ojos hacia esos espacios en los que la transacción de la información se dinamiza y la puesta a disposición de la exteligencia es más evidente: la red.
La red está contribuyendo a la formación de grupos.
Cuando Douglas y Windavsky escribieron su libro sólo fueron capaces de ver en la reclutación a distancia de simpatizantes una forma de contribuir al reforzamiento de grupos de naturaleza periférica y sectaria.
En principio, la selección de un tema de interés marca la creación de un colectivo caracterizado por la voluntariedad y la tendencia al igualitarismo.
Por tanto, según la teoría de estos autores, debería mantener constante la amenaza de un riesgo inminente.
Sin embargo, la respuesta no es exactamente esa.
Los efectos secundarios juegan un papel central en las listas de correos y los relatos de los afectados por alguna enfermedad (generalmente crónica).
Pero no simplemente como materia para ofrecer resistencia a un medicamento (pues los efectos secundarios son aceptados mientras no haya alternativa, y la información sobre ellos puede centrarse en el intercambio de consejos y trucos para dulcificarlos).
Tienen también una función heurística: contribuyen a identificar recurrencias y a crear vocabulario para identificar sensaciones, a consensuar posologias y buenas prácticas del paciente, a acumular evidencias en torno a la evolución de la enfermedad o al éxito de tratamientos o de estrategias para convivir con la enfermedad^.
Esta función heurística tiende a amenazar un mecanismo fundamental para la introducción de nuevos productos y tecnologías: la equivalencia sustancial.
Una amenaza que se orienta hacia la exigencia de hacer este concepto más complejo o más apto para mediar entre lo global y lo local.
La equivalencia sustancial establece que si un producto demuestra ser cualitativamente semejante (p.e., por su valor nutritivo, comportamiento bioquímico, capacidad terapéutica, etc.) a otro ya existente, entonces su uso, consumo y regulación puede ser el mismo.
El concepto construye una zona de negociación entre objetos "naturales" y artificiales; o dicho de otro modo, entre productos largamente contrastados por el uso y otros fruto de una innovación.
Una vez satisfechos los requisitos mínimos de equivalencia, el producto puede pasar ai mercado como un sustituto del anterior'^.
Entonces comienzan los problemas.
Los consumidores se encuentran con que en muchos casos carecen de recursos para establecer diferencias: los alimentos genéticamente modificados carecen de un olor específico que los identifique, y es imposible diferenciar una quimera artificial de un mutante natural.
Presienten entonces que en esa zona de negociación están ausentes los cuerpos y la especificidad local, y que, por lo tanto, han dejado de ser partícipes de los procesos de definición del bienestar^.
Los ciudadanos se enfrentan pues a la necesidad de reconstruir el cuerpo en espacios de negociación como el que abre la equivalencia sustancial, incorporando en ellos una panoplia más amplia de factores de semejanza y desemejanza.
Los referentes locales, las peculiaridades biológicas, los aspectos morales, económicos y culturales entran en acción al definirse la ciudadanía como actor de pleno derecho en la gestión biopolítica (Whatmore, 2002; Levidow & Murphy, 2002).
Una de las estrategias fundamentales de esta reconstrucción es conseguir que las preocupaciones de los consumidores se transformen en incertidumbres científicas, dando lugar a una modificación de los criterios de evidencia.
Se le exige así a la ciencia que produzca estándares más estrictos y, por tanto, menos estables (Levidow & Murphy, 2002: 17).
Para que se produzca esta modificación del modelo científico se necesita información adicional, procedente de puntos muy distantes, que permita detectar posibles síntomas o variaciones en el impacto en las poblaciones humanas.
La ventaja de la equivalencia sustancial es que permite introducir en el mercado productos tecnológicos y científicos con rapidez pero dentro de ciertos márgenes de seguridad.
La demanda de incorporación del cuerpo, por su parte, permite rentabilizar los nuevos productos no sólo económicamente (pues evalúa la rentabilidad en función de un espectro más amplio de costes), sino porque la exposición de incertidumbres permite la acumulación de conocimiento local que será útil en el caso de tener que afrontar imprevistos.
Pues, ¿qué es lo que incorporan los ciudadanos a estas zonas de negociación?
Cuando los ciudadanos identifican conexiones causales arbitrarias, efectos secundarios o carencias en los modelos teóricos, aunque sea de un modo difuso, significa que ya están viviendo en la incertidumbre y que tienen unas estrategias cotidianas para tratar con ella, para afrontar sus limitaciones y para implementar sus ventajas.
Rara vez ese conocimiento es individual, aunque, como señalamos, se encuentre geográfica, social o temporalmente disperso.
En lo que sigue exploraremos, a través de la historia de la depresión y la de los campos electromagnéticos, en qué forma las redes electrónicas han contribuido a articular ese conocimiento, ofreciendo posibilidades de utilizarlo e incorporarlo a nuestras prácticas de toma de decisiones y gestión del riesgo.
El caso de la depresión
Se calcula que 121 millones de personas, tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo, padecen esta enfermedad que, junto a la esquizofrenia, es responsable del 60% de los 8.500.000 suicidios que anualmente se produ-cen^.
Combatir la depresión y combatir el suicidio ha llegado en nuestros días a significar casi lo mismo.
Cori textos de emergencia
Cuando, entre finales de ios 50 y principios de los 60, se pusieron en el mercado los primeros antidepresivos (MAO! y tricícilicos), los especialistas reconocieron que su eficacia no era abrumadora en relación a los placebos.
Pero había buenas razones para adoptarlos.
Suponían una alternativa barata a la terapia electroconvulsiva, cuyo coste ascendía a unas 200-500 libras y requería entre 6 y 12 sesiones.
Aún así, las recetas se limitaban por temor a los efectos secundarios y prevalecía la convicción de que en un 80% de los casos la depresión no necesitaba tratamiento químico^^.
Pero a principios de los 60 se produce un cambio.
El médico inglés Frank Ayd, involucrado, por encargo de la farmacéutica Merck, en el desarrollo y la comercialización de los tricíclicos, escribe un libro, Recognizing tlie Depressed Patient (Gruñe & Stratton, 1961), destinado a que los no especialistas identifiquen y diagnostiquen a los deprimidos.
Merck compró y distribuyó 50.000 ejemplares^^ Este lanzamiento de la depresión como una enfermedad asociada a un tipo de medicamentos específicos coincidió con otro conjunto de problemas relacionados con la seguridad de los fármacos que, al poner en marcha mecanismos de regulación jurídicos y científicos, determinaron la naturaleza de los procesos de participación ciudadana en los años siguientes.
En efecto, entre 1960 y 1980, período en el que se descubren y comercializan los nuevos antidepresivos (los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, ISRS), la industria farmacéutica se verá sacudida por varios escándalos a partir de los cuales se regula su producción.
Dos de ellos fueron particularmente llamativos: el de la talidomida y el de las benzodiazepinas.
orientaron hacia el diseño de nuevas fórmulas para garantizar esta seguridad (Ceccoli, 2002: 140).
El Valium, uno de los tranquilizantes menores (del grupo de las benzodiazepinas) más populares de todos los tiempos, entraba en el mercado al mismo tiempo que se desarrolla el escándalo de la talidomida.
A principios de los años 80, las consecuencias derivadas de la magnitud y el prolongado consumo comienzan a concretarse en demandas por problemas de dependencia, y se pone sobre el tapete la cuestión de la eficacia de las drogas en relación a sus efectos secundarios y la liberalidad en la prescripción.
Consumidores y fabricantes emergieron como actores principales en la discusión sobre la responsabilidad en el consumo.
Pero mientras los efectos secundarios de la talidomida no admitían gran discusión, establecer los efectos secundarios de las benzodiazepinas requería la transmisión adecuada de los informes sobre cada caso.
Tras 17 años de uso, en Gran Bretaña sólo se presentarían 28 informes de reacciones adversas producidas por la abstinencia (Medawar, 1997, § 3.3), a pesar de que en 1988 unas 300 personas en este país reclamaron una compensación por la adicción que habían desarrollado debido al uso prolongado de tranquilizantes^^.
Dada la desproporción entre la información de efectos secundarios transmitida por los médicos y la que, a través de los afectados, llegaba al juez, era evidente que algo en este proceso no estaba funcionando.
La comercialización precipitada^^ de la talidomida como tranquilizante en 1957 fue la causa de que en Europa nacieran unos 10.000 bebés con focomelia (atrofia de las extremidades).
Circunstancialmente, en los Estados Unidos la Food and Drug Administration (FDA) denegaría en 1961 la autorización para su comercialización, pero la medida fortaleció la confianza en los órganos de control y vigilancia e impulsó que el Congreso aprobase la moción que obligaba a los fabricantes a demostrar la seguridad y eficacia de los medicamentos^^.
También en Europa, a pesar de las diferencias en la gestión y en el impacto sobre el mercado farmacéutico, se crearon comités de regulación similares.
En el Reino Unido el desastre dará lugar a la creación del Committee on the Safety of Drugs y, posteriormente, del Committee on the Safety of Medicines.
La talidomida había puesto de manifiesto que las medidas de seguridad en lo que respecta a los medicamentos habían avanzado muy poco desde los años 30, por lo que estos organismos se Los nuevos antidepresivos heredarán los problemas que subyacen a estos dos escándalos, como la imprevisión sobre el efecto a largo plazo.
Precisamente es el riesgo a largo plazo el que de repente equipara en la opinión pública los riesgos medioambientales y los farmacológicos, introduciendo los factores sociales en la discusión sobre éstos (vid. Speaker, 1997: 366ss).
En todo caso, ambos habrán contribuido a centrar la atención en tres focos de tensión que emergen en la discusión sobre los riesgos farmacológicos: los modos de elaboración de modelos causales, el grado de indefensión del consumidor y los mecanismos por los que se establece, ajusta y temporiza la posologia.
Propiedades, efectos secu rìda rios y riesgo: el papel de los ensayos clínicos
Bajo la presión de la mala prensa de los tranquilizantes en los mercados estadounidense y británico, los síndromes de ansiedad pasaron a ser tratados como depresión (Healy, 1997;2004), y en poco tiempo los ISRS alcanzaron récord de ventas tanto en EEUU como en Euro-pa^ ^.
Pero este auge no sólo, ni siempre, está asociado a la desconfianza hacia los tranquilizantes.
Desde los años 60, la comprensión de las enfermedades mentales se basa en la extrapolación de los modelos de acción de los psicotrópicos a una patología (Dupont, 1999: 225; Healy, 1997).
La depresión no es una excepción.
La serotonina (5HT) es descubierta como neurotransmisor central en 1955.
Sin embargo, no será hasta la década de los 80 cuando se disponga de drogas que permitan manipular eficientemente, y por lo tanto conocer, el sistema del 5HT^^ {Healy, 1997: 155).
Los primeros pasos para este conocimiento se dan en 1971 cuando se sintetiza el primer inhibidor de la recaptación de la serotonina específico, la zimelidina.
Tras los preceptivos ensayos clínicos, los laboratorios Astra lo lanzan al mercado europeo como Zelmid en 1982^'^.
En cuanto se verificaron los efectos antidepresivos de la zimelidina se identificó un mercado interesante para los ISRS (Healy, 1997: 168).
La fluoxetina salió del limbo de la indecisión sobre sus posibles usos y se definió como un producto específico ajustado a un nuevo modelo de la enfermedad.
Aunque esto no significase, paradójicamente, que los demás principios activos, descubiertos al amparo teórico de otro modelo y en otra época, dejasen de ser considerados efectivos.
La incorporación de los ensayos clínicos controlados y ciegos al proceso de control farmacológico es pues importante para explicar cómo el modelo tiene un éxito tan clamoroso en un contexto tan poco propicio y cómo se utiliza en la organización social.
Introducidos en la medicina clínica en los 50 para garantizar la eficacia de los nuevos remedios terapéuticos^^, hasta 1980 las compañías farmacéuticas sólo tendrán que mostrar que el nuevo principio activo funcionaba tan bien como otro ya aprobado^^.
A partir de entonces, se establece que el término de comparación sea regularmente un placebo, además de otro elemento activo.
La comparación con el placebo establece la eficacia del medicamento.
La comparación con otro principio activo semejante permite valorar si los efectos secundarios (i.e., los riesgos) son desproporcionados en relación a medicamentos ya disponibles.
Esto no significa en ningún caso que los resultados de la comparación fueran ni sean evidentes.
En 1998 Irving Kirsch y Guy Sapirstein publicaron un análisis de los resultados ofrecidos por el placebo en 19 ensayos clínicos ciegos sobre antidepresivos.
El polémico resultado de este estudio fue que el 75% del efecto de los antidepresivos se debía al efecto placebo, y que los antidepresivos no mostraban un efecto específico en el tratamiento de la depresión, observándose en otras drogas no antidepresivas una respuesta semejante (Kirsch & Sapirstein, 1998)^^.
Al introducirse la dinámica de la comparación para garantizar la eficacia del medicamento, las diferencias mínimas con relación al placebo se contrarrestaban con la demostración de la superioridad (en términos de minimización de efectos secundarios) de un nuevo principio activo sobre otro.
Esta estrategia se convirtió en el motor productivo de la industria que, como señala Pignarre, al renunciar a comprender por qué funcionan los medicamentos, renunciaba a la vez a innovar y a que los fármacos fuesen definitivos (Pignarre, 2005: 53).
Y en este mismo gesto, mientras las nuevas substancias se hacen más equivalentes, los cuerpos se hicieron intercambiables^^ Las circunstancias personales, el dolor y el sufrimiento concreto de los pacientes dejaron de ser motivo de atención.
Este distanciamiento estaba implícito ya en el diseño de los propios ensayos clínicos que, concebidos para evitar y omitir cualquier sesgo subjetivo por parte de todos los sujetos implicados en el experimento (vid. Kaptchuk, 1998; Hacking, 1988), suprimía el discurso del paciente y la opinión de los expertos sobre la eficacia del medicamento.
En definitiva, la aportación de datos por parte del paciente y su interpretación se había desequilibrado extraordinariamente en relación a unos datos bioquímicos que, sin embargo, resultan ser todavía muy inciertos (Pignarre, 2005: 76).
Además, al delegarse los controles sobre la seguridad de los medicamentos en las industrias farmacéuticas, se potenció indirectamente la comercialización de aquellas sustancias que, con independencia de si respondían o no a una demanda urgente, tenían pocos efectos secundarios y, por lo tanto, podían consumirse con tranquilidad.
Al mismo tiempo, la justificación del consumo se apoyó en la amplificación de los riesgos.
En el caso de los antidepresivos los básicos eran dos: evitar el suicidio y evitar el fracaso social.
La gran industria desarrolló herramientas (fundamentalmente basadas en la comunicación y las relaciones públicas^^) que, en última instancia, adoptan la forma de construcción del riesgo de las sectas descrita por Douglas y Wildavsky.
Y el discurso encontró eco entre la población.
La versión simplificada de los mecanismos neuroquímicos según la cual la depresión tenía su causa en los bajos niveles de serotonina y que, por lo tanto, era suficiente corregir dichos niveles para volver a la normalidad convertía la cuestión de la depresión en un mero desequilibrio biológico.
Los grupos de afectados se sumaron a esta explicación con comodidad.
La principal de las razones, tal como la National Alliance for the Mentally III la enunció, era que esta teoría dejaba claro que «las enfermedades mentales no son el resultado de la debilidad personal, de la falta de carácter o de la falta de refinamiento»^^.
Desplazar el estigma asociado a los desórdenes emocionales era una buena razón para abrazarla.
El lenguaje científico contribuía a que el paciente pudiese diseñar estrategias para gestionar su enfermedad sin ver involucrada toda su identidad (Dumit, 2003).
Y, sin duda, mientras el riesgo de autodestrucción estuviese asociado a desequilibrios neuroquímicos, cerrar filas en torno al consumo de fármacos resultaría en más cohesión social al eximir de responsabilidad tanto a los miembros «desequilibrados» como a Jas estructuras.
Pero en la medida en que la etiqueta de enfermedad mental se extiende a un espectro cada vez más amplio de síntomas y conductas, las personas se ven forzadas a establecer constantes correlaciones entre sus propios cuerpos y las interpretaciones de los síntomas.
Esto implica la asimilación de un lenguaje común a legos y expertos, gracias al cual se identifican como factores de conductas peligrosas o indeseables el mismo conjunto de rasgos.
Ello facilita el consenso, pero también abre vías a la discrepancia y a la aportación de información que hasta entonces sólo con dificultad era canalizada.
Listas de correo: los efectos de la automoriitorización psicológica colectiva la lista ofrece a cambio.
Los miembros aportan información continuada y detallada sobre la evolución de sus casos y aventuran teorías o hipótesis sobre las bases fisiológicas de las reacciones que experimentan.
Un dato importante es las dosis de los medicamentos que consumen, una información que permite al grupo anticipar algunos efectos y conjeturar el tiempo de disminución de la medicación hasta su retirada total, así como interpretar de forma coherente las razones de la escalada en la medicación y asociarla a síntomas concretos.
Pero comunicar sensaciones para que el grupo evalúe si son sintomáticas requiere determinadas destrezas, porque la comunidad necesita situar la información dentro de unos límites de rigor que le permitan después utilizarla.
Por ejemplo, para objetivar la sensación de pérdida de capacidades cognitivas, los pacientes ensayan estrategias (como medir la diferencia de IQ antes y después de la medicación; vid. PA 29200) que permitan a los demás aproximarse al grado de daño que el sujeto experimenta.
Pero los datos no se restringen a lo fisiológico.
Las relaciones con el médico (el trato, información y atención recibida), el grado de resistencia o apoyo que encuentra en su entorno a la hora de dejar el medicamento, las normas o hábitos sociales que le hacen sentir peor o más desgraciado: todo ello juega un papel importante en la reconstrucción de la enfermedad.
Y los miembros de la lista son muy perspicaces a la hora de extraer consecuencias.
Por ejemplo, algunos pacientes denuncian que, al ser los antidepresivos tan polivalentes, los médicos los recetan para tratar diagnósticos muy diferentes, y sin embargo no esperan que tengan ios mismos efectos secundarios^^ En esta disociación artificial entre el diagnóstico y las expectativas de efectos secundarios los pacientes encuentran una preocupante inconsistencia con las explicaciones bioquímicas que reciben.
Por su parte, la lista como colectivo enseña a distinguir entre los síntomas de la depresión y los de la suspensión de la medicación (PA 29104); extrae información que permita a los usuarios entender el funcionamiento neuromecánico del cerebro o cotejar sus propias teorías para evitar conexiones falaces (PA 29529); y suministra información sobre los avances políticos del colectivo de afectados.
A través de las noticias de nuevos casos y pequeños logros la lista integra a sus individuos en un sistema de evidencias (de ahí la atención que prestan a los asesinatos y masacres presuntamente causadas por las tendencias homicidas y/o suicidas producidas por los ISRS y a los juicios en los que intervienen psiquiatras forenses).
Pero también elabora su propio sistema de prácticas y valores que convierte la automonito-rización en un proceso minuciosamente guiado.
Desde la lista se definen los protocolos adecuados de disminución de las dosis, las actividades físicas e intelectuales que se deben evitar o fomentar, estrategias de preparación del entorno familiar ante la «desintoxicación» (PA 29223), se insta a la vigilancia de los hábitos alimenticios, de la gestión del tiempo (para evitar que sea excesivamente estresante), y se comparten las tácticas y experiencias de reintegración social (PA 29222).
Por último, el grupo vela por la integridad moral de sus individuos, distribuyendo las responsabilidades entre comportamientos que tienen que ver con la medicación y aquellos que no consideran que estén relacionados.
Así se combaten los sentimientos de culpa por no sentir deseo sexual, o por no haber sido suficientemente fuertes como para superar el síndrome de abstinencia (PA 29715).
Pues si las razones para aceptar el tratamiento están relacionadas con evitar el estigma, la renuncia a medicarse o el fracaso a la hora de dejar la medicación generan sus propios abismos morales.
Del mismo modo que los grupos farmacéuticos se perpetúan en la identificación de riesgos, los grupos de afectados aspiran al reconocimiento de la peligrosidad del consumo de los psicofármacos y abogan por una restricción drástica en su uso.
Sin embargo, lo que les cohesiona no es un riesgo.
Su labor gira en torno a una densa recontextualización (moral, somática y política) de las situaciones de consumo de estos medicamentos.
De esta manera contrarrestan la simplificación que permea la publicidad y la prescripción de los mismos.
Vigilar y compartir los datos generados por el propio cuerpo y sumarse a un conjunto de prácticas colectivas puede conducir al sectarismo o a la sumisión (Rose, 2003; Dumit, 2003).
Pero en el caso de los afectados por antidepresivos, la cuestión de fondo no está anclada en la pureza (espiritual, física o patológica), sino en superación de la abyección a la que se les condena cuando no se les reconoce no ya el derecho a prescindir de la medicación o a tratar la depresión con métodos alternativos, sino la autoridad en el conocimiento de los síntomas y desequilibrios que su propio cuerpo produce.
Su forma de reorganizar y hacer habitable la incertidumbre sobre el propio estado de salud, a través de una disección, depuración y jerarquización de causas sociales, bioquímicas y personales es lo que propiamente les identifica.
Esta práctica puede contribuir, además, a que las informaciones sobre los efectos adversos de la medicación tengan un resultado coherente.
Es decir, a evitar que la publicidad de algún efecto secundario extraordinario tenga un efecto desastroso en el mercado, mientras los informes
El caso de los campos electromagnéticos (CEM)
La primera vez que se hicieron visibles los efectos biomédicos de los CEM fue en 1979, cuando Nancy Wertheimer y Ed Leeper identificaron una recurrencia: la proximidad de la vivienda habitual de los afectados por leucemia a los tendidos eléctricos de alta tensión.
Tras subsiguientes estudios, y a partir de 1989, las autoridades norteamericanas se mantendrán atentas a la posibilidad de los efectos adversos de la exposición a estos campos^^, y es entonces cuando el discurso precautorio hacia ellos comiénzala señalarse como un artefacto mediático.
En 1995 el periodista y abogado Michael Fumento, implicado en numerosas disputas sobre la exageración de los riesgos (bio)tecnológicos, publicó un arrebatado artículo contra Paul Brodeur en Reason Maga-zine^^.
Brodeur, periodista científico de Thç New Yorker, había publicado en 1989 CurrentsofDeathy en 1993 The Great Power-Line Cover Up, reeditado ese mismo año.
El argumento de Fumento se centraba en tres puntos: a) la diferencia entre efectos biológicos y efectos perniciosos para la salud; b) la debilidad de los estudios epidemiológicos; c) los patrones de conexión entre enfermedades.
Es decir, que aunque se pudiese demostrar que los campos electromagnéticos tuviesen algún efecto sobre la población, eso no implicaría que tuviera que ser considerado peligroso.
Para determinar esta peligrosidad, había que establecer conexiones sólidas entre los efectos y la fuente de riesgo, y los estudios epidemiológicos no estaban en condiciones de hacerlo.
Por último, exigía que se ofreciese un modelo explicativo al impacto de los CEM en el organismo humano.
Solidez y causalidad son los dos términos en torno a los que girará toda la polémica de los CEM.
Solidez: la ennergencio de asociociones y los límites de la ficción
Hacia 1993 los Estados Unidos tenían más de 250 asociaciones ciudadanas dedicadas a la cuestión del impacto de los CEM.
El número de publicaciones en revistas de impacto se había cuadruplicado con respecto a 1989 (de 17 a 68, según el ISI) y el 63% de los norteamericanos adultos era consciente de la polémica en torno a los CEM, frente al 31% de 1989^"^.
La información estaba en el aire y la expansión de la prevención contra las líneas de alta tensión comenzó a sentirse en el mercado inmobiliario.
Algunas sentencias señalaban a las empresas inmobiliarias y a los ayuntamientos, por pasar de puntillas ante la obligación de informar sobre la posible pérdida de valor patrimonial cuando se hallaba próxima una línea de alta tensión, una subestación, o un transformador-^^.
El activismo fue particularmente intenso entre 1994-1995-^^, y las protestas acabaron por desbordar los espacios jurídicos y políticos, abrumados por la falta de recursos para tratar con problemas marcados por una incertidumbre científica tan alta-^-^.
En los EEUU el caso Daubertvs.
Merrell Dow Pharmaceutico/s (1993) fue la ocasión para elaborar una regulación de la aceptación del testimonio de un experto que por fin escanciara el «hecho científico de la ficción».
Como han señalado recientemente Edmond y Mercer (2004), la regulación Daubert-^^-influenciada por los «think tanks» conservadores, como la Atlantic Legal Foundation y el Manhattan Institute, así como por intereses empresarialesevolucionó hacia una ética de la exclusión, que escindía del término ciencia todo conocimiento que no se ajustase a las corrientes científicas sólidamente establecidas sobre las cuales se había consolidado un ideal de verdad.
Y si la solidez de un posible riesgo debía adecuarse a un ideal transido por intereses explícitos e implícitos, el juez se convertía en guardián de la interpretación estándar de los procesos sobre la salud pública por encima de la revisión entre pares.
Las teorías innovadoras tenían poca cabida, sobre todo cuando era el demandante quien recurría a ellas.
En España, la acumulación de quejas presentadas por distintas asociaciones vecinales ante el Defensor del Pueblo desde 1994, desembocó en 1997 en la presentación al Congreso de los Diputados de un informe y recomendaciones sobre las líneas de alta tensión (LAT)-^^.
En dicho informe se afirmaba que «parecía indudable» que los CEM de las LATy tenían efectos biológicos^^ y se señalaban como relevantes determinados síntomas (dolor de cabeza, cansancio crónico, depresión y debilidad muscular).
La postura se enfrentaba a las posiciones biofísicas más conservadoras, reivindicaba una interpretación estricta del principio de precaución y denunciaba enérgicamente la inadecuación de la normativa de entonces a este principio.
Pronto este espacio jurídico habría de enfrentarse además a la cuestión de que mientras los estudios que alertaban contra el riesgo de los campos magnéticos se centraban en densidades muy bajas (3-78mG), las medidas precautorias estaban diseñadas para densidades del flujo magnético mucho más altas, por debajo de las cuales no se suponía un daño físico^\ Sin embargo, en 2001 la Audiencia Provincial de Murcia ratificaría la sentencia del Juzgado de 1' Instancia N° 6 contra Iberdrola -la primera en España y una de las primeras de la Comunidad Europea-que la obligaba a indemnizar económicamente a los habitantes de un inmueble y a reducir la penetración de los CEM provocados por un transformador de 1 a 0.3|iT.
La diferencia entre la situación creada por la regulación Daubert y el caso español es que en éste la causalidad es marginal.
No se discuten los efectos (ficticios o no) de los CEM sobre la salud, que son considerados como una posibilidad indeterminada.
Es el derecho a un entorno no polucionado, no invadido, lo que se reconoce.
La solidez, en este caso, se decanta hacia la consolidación de un espacio sano.
Pero tanto el recurso al escrutinio de la evidencia científica esgrimida como el desplazamiento del problema de los posibles daños a la invasión de los espacios, tienen una característica en común: los cuerpos siguen ausentes.
En la traducción a un discurso sobre la verdad o sobre la propiedad, se desmaterializan.
Causalidad: el cambio de percepción científica y los límites de la casualidad
A partir de 1999 la inversión en investigación sobre los efectos de los CEM decreció, pero si atendemos al volumen de páginas web, la demanda de información se estaba incre-mentado^^.
En parte esta expansión podría estar asociada al crecimiento de la red, pero también era consecuencia de un cambio anterior en los métodos científicos.
El trabajo de M. Feychting y A. Ahlbom de 1992 -popularmente conocido como el informe Karolinska"^^-y otros posteriores, como el del grupo de Canadá'^^ además de basarse en muestras bastante amplias^^, introducían nuevos factores como la intensidad del campo magnético -que estaba ausente de los primeros estudios, ceñidos a la proximidad de las líneas de tensión.
Con ellos el foco de atención pasa de las líneas de alta tensión al interior de las casas; se desarrollaron métodos para homogeneizar la medida de la exposición (quantitative exposure assessment), se amplía el espectro de la incidencia de la exposición y se intenta determinar el componente bioactivo de los campos^^.
Además, entran en escena nuevos actores, como los electrodomésticos, y nuevos posibles efectos (fatiga, depresión, etc.).
El objeto se volvió más penetrante.
Y comenzó a prestarse atención al malestar generalizado del que posibles afectados venían quejándose^'^.
La idea de integrar la sensación general de salud en los estudios era una forma de objetivar y dar respuesta a una reivindicación difícil de sostener a título individual.
Pero sin duda creaba un problema de gestión, y así, cuando algunos trabajos comenzaron a apuntar la posibilidad de vínculos entre los CEM y la depresión, sospechándose una relación con los índices de suicidio, se inició un proceso exhaustivo para evaluar el grado de certeza del conocimiento científico en esta materia.
Según el informe 2001 de la International Comission on Non-Ionizing Radiation Protection (Ahlborn, 2001), era preocupante que algunos aspectos básicos en la definición del objeto (la elaboración de un modelo del impacto biológico de los campos electromagnéticos, consenso sobre los métodos y unidades de medida para establecer umbrales de exposición) estuviesen pendientes.
Por otro lado, algunos efectos del posible impacto de los CEMs en la salud estaban muy poco desarrollados, de forma que se carecía de base crítica para un análisis comparativo y una evaluación satisfactoria.
A pesar de estas carencias, o precisamente por ellas, el estudio de seis años realizados por los epidemiólogos del departamento de salud (DHS) del estado de California (Neutra, Pizzo & Lee, 2002) se orientó en la dirección de consensuar la percepción del riesgo no de los usuarios, sino de los científicos.
El estudio partía de una serie de premisas:
1) Si la polución ambiental no produce efectos detectables en el laboratorio, y se considera un riesgo, no se puede admitir que en relación a los CEM se exijan resultados incuestionables de laboratorio sobre los bioefectos de intensidades menores de lOOmG.^^ 2) Era preciso tener en consideración estudios que, aunque no eran universalmente aceptados, pretendían mostrar los efectos biológicos de intensidades de campos electromagnéticos que desde los modelos producidos por la biofísica resultaban imposibles.
3) En términos generales, los estudios de patología animal no habían detectado efectos inmunológicos, cancerígenos, o reproductivos.
4) Los estudios epidemiológicos se consideraban exitosos si mostraban que la casualidad era una causa improbable de la asociación entre campos electromagnéticos y la enfermedad considerada.
La premisa 1 era especialmente importante.
Partiendo de ella, el método del DHS tendía a disociar la atribución de riesgo de la disposición de una explicación causal mecanicista o experimental.
Esto se lograba evitando que los resultados nulos en los campos de la patología animal o en el enfoque mecanicista afectasen demasiado al grado de certeza.
Bastaba reconocer que varias sustancias cancerígenas que afectan al ser humano (humo del cigarro, alcohol, benceno, arsénico) carecieron de un modelo animal durante décadas; y que, del mismo modo, la tesis de que los efectos de los CEM ocurren a nivel químico, celular o pluricelular, pero que no dependen de la presencia de un organismo multicelular intacto, tiene señaladas excepciones.
El informe, pues, revisaba toda la literatura relevante sobre el tema aplicando baremos cuantitativos (métodos bayesianos) que desglosaban el grado de creencia de los propios críticos/informantes y su evolución tras la lectura a lo largo de un formulario que recogía sistemáticamente las posibles deficiencias metodológicas y consecuencias disciplinares de las tesis sostenidas en torno a la relación entre los CEM y cada una de las enfermedades o desórdenes que se habían tenido en consideración.
El informe, que no unificaba las opiniones de los reviewers participantes, mostrando sus discrepancias, produjo la identificación de los CEM como posible riesgo en más casos que los informes anteriores de otras agencias: incluyendo el cáncer cerebral en adultos, el aborto, o la esclerosis lateral amiotrófica.
Centralidad cultural y multiplicidad: la retroalimentación de la convicción
el riesgo de padecer la enfermedad no se incrementaba con el aumento de intensidad de los campos magnéticos en las casas de los niños, o que la relación causal entre los campos electromagnéticos de los electrodomésticos y la leucemia era improbable (Ahlbom & Feychting, 1999).
Rescatar las certidumbres del conocimiento tácito, de la inclinación informada, parecía ser la única vía para incorporar los cuerpos afectados.
Los ciberactivistas tuvieron su parte en la consecución de este logro.
Al contrario que los afectados por depresión, estos colectivos están orientados a la agitación.
Dado que comparten valores y espacios con otros grupos, sus reivindicaciones permean amplios espacios de la red para abundar en el reconocimiento de los riesgos de la electropolución.
Su estrategia se centra en el acopio de masivo de información, y en enfatizar a partir de ella las numerosas incongruencias de un sistema que basa la toma de decisiones en la información.
Precisamente este es el principio que quieren reforzar páginas como Powerwatch, MicroWaves News, Buergerweile, la Asociación Sueca de Afectados por Electrosensiblidad (FEB) o EMF Link.
Su radicalidad estriba en llevarlo a sus últimas consecuencias: el constante volcado de información, su lectura y revisión, la retroalimentación entre las páginas, contribuyen a azuzar la discusión o, como dicen los autores del libro Black on White, a «arrojar leña al fuego» (Grandiund-Lind & Lind, 2004).
La discusión adquiere proporciones gigantescas, hasta el punto de que nadie puede sentirse ajeno.
Bajo el aparente milenarismo de muchas de estas páginas subyace una estrategia de precipitación de la emergencia del objeto.
El informe de California no cerró la controversia en torno a los efectos de los CEMs y las formas de consensuar el riesgo"^^.
Tampoco fue el único que reivindicaba la necesidad de reconocer el sesgo impuesto por los modelos en la evaluación de problemas.
Ahlbom y Feychting también habían señalado la importancia de someter los resultados científicos a métodos de evaluación como el de Bayes, que si bien no evitaban el sesgo subjetivo, al menos lo hacían visible.
No era sólo una cuestión de objetividad científica, sino de transmisión social de las dinámicas de producción de certidumbre.
No parecía razonable que, sin explicación alguna, en investigaciones que presentaban riesgos relativos de 1.7 en la asociación de la aparición de leucemia infantil y la exposición continuada (24h) a intensidades mayores que 0,3|iT (3mG); o de 2.75 en la aparición de esta enfermedad y el uso continuado de mantas eléctricas, se concluyese que La consecuencia es que los afectados se ven implicados en una serie de mediciones y análisis del entorno.
Si le sale a una escocedura en el lado derecho es preciso averiguar si el vecino del autobús lleva encendido el móvil; probar qué sucede en el propio organismo cuando se desconectan los electrodomésticos; o establecer un programa de medición de radiaciones para verificar si ésta es la razón por la que se encuentra uno peor en una zona u otra de la casa.
La reorganización del espacio doméstico puede llegar a ser completa.
Todos estos ensayos les permiten, al igual que a los deprimidos, establecer unos rasgos distintivos que les identifican como colectivo.
Pero también acumular evidencias para contestar la resistencia oficial a considerar su situación como una patología orgánica y encontrar fórmulas que les permitan llevar una vida agradable.
Se anticipan riesgos tal vez demasiado sombríos, pero se presentan cuerpos que son reales, como lo muestran las más de 400 cartas de afectados analizados por Grandiund-Lind y ünd.
Cuerpos cuya máxima dificultad estriba en que, si no se denuncian las prácticas culturales que imponen límites demasiado estrechos a las conexiones causales que debemos atender en el diseño de nuestras políticas, carecen de posibilidades de integración efectivas fuera de un entorno local muy limitado.
La centralidad cultural del discurso científico y la propia peculiaridad del cuerpo bioquímico, reactivo al entorno, emergente, están siendo construidas desde múltiples frentes.
La capacidad de los científicos de hacer explícitas las razones y cuantificar la intensidad del cambio de opinión de un experto es importante para garantizar la estabilidad del mismo modelo dentro de un marco multidisciplinar.
Como muestra el caso de los CEM, los estudios epidemiológicos dependen de la información de los cuerpos tanto como de la experiencia del propio evaluador: sólo conociendo los mecanismos informales que terminan por sancionar la legitimidad de los grupos de afectados podemos adecuadamente localizar y gestionar los problemas de visibilidad con los que estos se encuentran.
Por otra parte, a pesar de tantos esfuerzos por diseñar sistemas de control adecuados sobre los medicamentos, éstos no han dado los resultados deseados.
No sólo porque las muertes causadas por los efectos adversos de las medicinas mantengan una tasa muy ele-vada^^ o porque estemos lejos de resolver el problema del suicidio^^ sino porque, como muestran en la red los colectivos de afectados por antidepresivos, la automatización de las prácticas terapéuticas distorsiona gravemente el concepto mismo de beneficio.
En ambos casos se señala un punto ciego entre la circulación de información científica, las prácticas de producción de conocimiento individual que genera y los compromisos morales (tanto sociales como científicos) a los que se vinculan y que todavía no sabemos manejar.
En cualquier caso, si el conocimiento científico ha dejado de ser un bien de los científicos, ya no podemos prescindir de la topografía de los sesgos.
En sus intersticios afloran los espacios donde habita parte de la población y reside nuestra ignorancia.
El reto que el espacio electrónico pone en evidencia al permitir la creación de comunidades en torno a síntomas es el de considerar que la ganancia de centralidad cultural del discurso científico debe ir acompañada de soluciones tecnológicas que faciliten su armonización con una realidad compleja.
Pues si la realidad se ve afectada por la producción de incertidumbre que desde los cuerpos concretos alimenta el discurso científico, también su construcción cultural desde el ámbito científico requiere que ahondemos en los procesos de quiebra de simetría que le acompañan.
El crecimiento de la exteligencia puede interpretarse como una proliferación de estas rupturas.
El panorama que dibuja es un universo menos estable pero más riguroso, menos dócil con los modelos que con las prácticas.
Asumir el lado productivo de esta dinámica significa crear los consensos en torno a nuevos instrumentos que permitan seguir los tránsitos de esas rupturas y su coherencia, y así redistribuir tanto la autoridad como el conocimiento.
Todavía no sabemos con certeza qué significa tomarse en serio a los grupos de afectados, pero si su número ha dejado de ser limitado y su cohesión ya no se centra tanto en posibles riesgos como en la transacción de prácticas, su proliferación sólo puede contribuir a: 1) esclarecer las relaciones entre cultura y materia, entre registro bioquímico e información subjetiva; 2) orientar el desarrollo tecnológico hacia diseños flexibles que permitan la autonomía de los individuos y una mayor adaptación a lo local.
Desde esta perspectiva la dicotomía centro-periferia pierde sentido y la lógica de la toma de decisiones centralizada en función de costes y beneficios se desdibuja.
La presencia de estos colectivos en la red contribuye a dotarla de nuevos perfiles al discutir públicamente las prácticas de estimación del riesgo y al crear nuevos espacios de legitimidad en los que negociar a qué escala podemos adoptar medidas que minimicen efectos inesperados o asumir riesgos.
1 Las recomendaciones 6 y 7 del informe STAGE indican hasta qué punto aún no se ha salvado esta desconfianza (STAGE, 2005).
3 Véase, p. e., el informe de la FAQ, La tradition réinventée en http://www.fao.org/ docrep/007/y5511f/y5511fOO.HTM; o el proyecto In Situ, de Perú en http://www. insitu.org.pe/webinsitu/conocimientos.htm 4 Esto es particularmente evidente en el caso de los diabético tipo I (vid. Mol, 2000); pero Dumit (2003) también ha mostrado cómo la monitorización permite a los afectados por depresión disponer de categorías para discriminar una situación de riesgo y controlarla antes de que pierdan su autonomía.
5 Véase, p. e., http://www.emfguru.org/, una de las listas de correo sobre EMFs más conocidas (y que se cerró en 2003) cuyo contenido típico tiene que ver efectivamente con la denuncia de los intereses de los investigadores, o con los sesgos que implica la consideración de una posible fuente de riesgo desde un punto de vista parcial.
6 Akrich y Méadel (2002) han estudiado la emergencia de esta «moral del medicamento» en las listas de discusión electrónicas de enfermos de Parkinson, cáncer y fibromialgia.
7 Un buen ejemplo es el lanzamiento comercial de la soja transgénica Roundup ReadyTM de Monsanto, en el que se reivindicaba -bajo la rúbrica de la «equivalencia sustancial»-la ausencia de diferencias entre los productos no modificados y los modificados genéticamente (Whatmore, 2002:27).
8 Ya Ulrich Beck, en La sociedad del riesgo (1986), había apuntado la idea de que las intuiciones depositadas en el cuerpo, largamente adiestradas por las pautas culturales locales, fracasan a la hora de abordar los nuevos objetos.
En Europa un 23,4 o/o de la población se encuentra afectada por algún tipo de problema de salud mental (EORG, 2003).
Los psicotrópicos más utilizados son los ansiolíticos y los antidepresivos, pero se considera que parte de los afectados por desórdenes mentales no reciben tratamiento con psicofármacos y sólo el 21% de los diagnósticos por depresión estaría medicado (ESEMeD/MHEDEA 2000investigators.
11 El autor describía los rasgos de una enfermedad hasta entonces difusa y defendía que podía ser diagnosticada por un médico de familia o en un centro de asistencia primaria.
Aún así, durante esta década y las dos siguientes los diagnósticos se decantaron la mayor parte de las veces hacia la ansiedad y el stress y el insomnio.
12 Entre la fecha de su síntesis y su puesta en el mercado habían trascurrido apenas tres años (Pignarre, 2005: 49ss).
13 Ello supuso una restricción importante de la entrada de drogas en el mercado americano: si con anterioridad a la aprobación de las nuevas enmiendas la media de nuevas drogas era de 46,2 al año, a partir de entonces descendió a una cifra anual de 15,7 (Timmermans & Leiter, 2000: 46).
14Joy Melville (1988) afirmaba que el número de adictos podría ser de 2 millones de personas.
17 Será retirado del mercado, sin entrar en el americano, cuando se informen los primeros casos del síndrome Guillain-Barré (Healy, 1997: 166) 18 Durante la primera época del descubrimiento de los antidepresivos los resultados emanaban de la observación clínica, realizada sin pautas ni protocolos de control.
19 Hasta 1980 la FDA no se percató de que este procedimiento no garantizaba la eficiencia, sino un cuadro semejante de efectos secundarios que, sobre todo, respaldaba la comerciabilidad del producto (Healy, 1997:101-102) 20 Análisis posteriores han producido el mismo resultado (véase, p. e..
Recientemente, y en respuesta a las críticas recibidas por el anterior.
1988. sobre 129 casos de leucemia infantil y 328 controles, así como el de Linet et al., sobre 638 casos y 620 controles parecían definitivamente desplazar la correlación simple del «wire code» a favor de su combinación con mediciones del flujo magnético en el espacio de residencia.
47 Véase, p.e., (Beale et al., 2001), en el que además de hacerse mediciones de los niveles de exposición sobre una muestra de 560 habitantes de Auckland, los investigadores solicitaron a los individuos que respondieran a un test durante una entrevista de 90 minutos.
Las conclusiones del estudio fueron que existía una correlación lineal significativa entre el nivel de exposición a campos magnéticos de 50-Hz y la prevalência de enfermedades crónicas, la sensación de salud física general de los afectados, y dos enfermedades: asma y diabetes tipo II.
48 Los autores señalaban, por ejemplo, que los estudios experimentales tienden a producir resultados falsos o negativos; o bien resultados positivos que sugieren relaciones de dosis-respuesta diferentes a aquellos que pueden obtenerse en campos del medioambiente (Neutra, Pizzo & Lee, 2002: 34)
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Gracias al interés y empeño de algunos de sus discípulos junto con diversas personalidades políticas y religiosas sus restos mortales fueron trasladados a España, descansando en el Panteón de Hombres Ilustres de Valladolid, desde el 13 de octubre de 1986.
Desde niño siento una gran admiración por la figura de Río Horterga, gracias a la influencia de mi abuelo, Pedro Vaticón, al que unía una gran amistad y al que siempre nos ponía como ejemplo de sencillez y humildad.
Era este gran sabio un trabajador incansable que amaba por encima de todo a sus amigos, a su pueblo y a su patria.
Aunque mi abuelo no entendía de medicina, sí entendía de cualidades humanas, por lo que le consideraba un gran hombre.
Con el fin de refrescar los recuerdos sobre la vida y la obra de este gran personaje, he leído numerosos trabajos, y entre ellos el libro titulado" Mi maestro y yo".
En él, su editor, Alberto Sánchez Álvarez-Insua, hace unas reflexiones sobre el texto de Don Pío en las que transmite su profundo entusiasmo por el protagonista, lo que me suscitó un gran interés por conocerle, de modo que nuestra amiga común, Mercedes Peláez (Bibliotecaria del C.S.I.C), nos puso en contacto.
Don Alberto se brindó a participar en los actos que se organizasen ofreciéndonos sus consejos, su ayuda y un fuerte apoyo.
Se ofreció, como director de la revista Arbor, a publicar un número monográfico en homenaje a Río Horterga.
Para editar este número se ha contado con la inestimable colaboración de personalidades, tanto de las Ciencias Médicas como de la Historia, mostrando todas ellas un enorme interés e ilusión para llevar a buen término esta publicación.
A personajes tan prestigiosos debemos tenerles siempre presentes, manteniendo vivo su recuerdo para ejemplo de sus conciudadanos.
Es por ello que la Corporación Municipal del Ayuntamiento de Portillo ha decidido en el 60 aniversario de su muerte organizar una serie de actos académicos y culturales a lo largo del presente año, solicitando mi ayuda dada mi condición de portulano y médico, a lo que accedí muy honrado.
Los que nos sentimos vinculados a la figura de tan insigne personalidad científica y humana, ya sea por lazos familiares, de paisanaje, así como la comunidad científica, agradecemos a la Revista Arbor, y a los autores que han participado con sus artículos, la publicación de este número monográfico que con toda seguridad va a dar realce a este año dedicado a don Pío del Río Hortega, contribuyendo así a perpetuar su figura, y el prestigio de la Villa que le vio nacer. |
Mi buen amigo y compañero Daniel Vaca, amante hasta la locura de su ilustre pueblo Portillo, ha solicitado mi colaboración para rendir un homenaje a don Pío del Río Hortega.
Debo decir que me complace en extremo atender a su solicitud.
La primera noticia que tuve sobre don Pío, se remonta al curso académico 1960-61.
Asistía, como alumno de primer año de Medicina, a unos seminarios de Histología que, muy de mañana, impartía en las aulas de nuestra Facultad de Medicina, de la Universidad de Madrid, (entonces solo existía una Universidad, Central, la actual Universidad Complutense) el Doctor don Cesar Aguirre Viani, Profesor Adjunto de la Cátedra de Histología, que por aquel entonces dirigía el Profesor doctor don Fernando de Castro.
La figura de don Santiago Ramón y Cajal era muy conocida por todos los estudiantes, como correspondía al único Premio Nobel español dentro del campo de la Medicina, pero cuando César nos explicó, el Sistema Nervioso, apareció otro nombre ilustre, aunque no tan conocido, el de doctor Del Río Hortega.
Para mí fue un descubrimiento que un histólogo tan importante fuera, ni mas ni menos, que aquel señor delgado y con gafas que aparecía en la foto en blanco y negro de la boda de mis padres.
Me explicó entonces mi padre la enorme amistad que unía a don Pío con mi familia, y me contó toda la historia de cómo había sido él mismo alumno interno del Doctor del Río Hortega, y, posteriormente, discípulo y amigo personal de don Pío.
Contó muchas anécdotas familiares, y también las dificultades que tuvo para leer y publicar el discurso de apertura del Curso Académico 1949-1950 en la Universidad de Valiadolid, debido a que en la introducción del mismo, rendía mi padre un homenaje a la figura de su maestro y padrino (un anacronismo, si se tiene en cuenta, que en la Revista de la propia Universidad del Curso 1946 1947 se había publicado un extenso articulo sobre la figura de don Pío al que se adjetivaba como un español ¡lustre^).
Posteriormente hice muchas veces el papel de chofer en los múltiples viajes que mi padre, unas veces solo y otras con el Profesor Alberca, a la sazón Catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Murcia, tuvo que hacer con el objetivo de lograr el traslado del cadáver de don Pío, desde Argentina, a su querida tierra vallisoletana.
Recuerdo que el, por aquel entonces.
Arzobispo de Valiadolid colaboró con denuedo en tal empresa, y que con el mismo fin se construyó un panteón neogòtico en el patio del castillo de Portillo.
Al hilo de estos recuerdos, constato también que la única vez que he tenido oportunidad de entrar en el edificio de las Cortes, en la Carrera de San Jerónimo, fue precisamente para visitar al entonces Presidente de las mis-
mas, Excelentísimo Señor Don Alejandro Rodríguez Vaicarcel, al que entre los amigos llamaban después el segundo Cid burgalés, porque como en el célebre poema también hizo jurar a un rey.
Rodríguez Valcárcel, gran amigo de mi padre, desde que lo trató, cuando era chico, creo recordar de una fractura del brazo, también prestó todo su apoyo al proyecto del traslado de los resto de don Pío.
Otro ilustre político de entonces, don Torcuato Fernández Miranda, colaboró así mismo con gran entusiasmo para obtener el permiso.
Finalmente, los esfuerzos de todos tuvieron éxito y se logró que los restos de ese gran patriota que había sido don Pío descansaran el Panteón de Hombres Ilustres de Valladolid, descartándose el primitivo proyecto de enterrarlo en su propio castillo de Portillo, que tan generosamente había donado a la Universidad Vallisoletana.
En su testamento, redactado en Londres, decía: «...lega el Castillo de Portillo de su propiedad o la Universidad de Valladolid, para la Cátedra de Historia, a coridición de que lo visite ariualmente un grupo de estudiantes.
De no hacerlo así, pasará a propiedad del Ayuntamiento de Portillo».^ Del Doctor del Río Hortega, tanto desde el punto de vista personal como de su enorme figura científica, se ha dicho y escrito mucho, lo ha hecho de forma admirable mi admirado Profesor, maestro y amigo, el Doctor don Cesar Aguirre Viani.
En modo alguno me corresponde a mí emularlo en ese tema, pero sí me he permitido, como homenaje a don Pío, colaborar en este acto con algunas notas sobre el Castillo de Portillo, al que tanto quería don Pío y que tan generosamente donó a la Universidad vallisoletana.
Historia medieval de la Villa de Portillo Después de la batalla del Guadalete, en el 711, la ocupación musulmana del resto de la Península fue muy rápida.
Los cristianos que no se sometieron al nuevo poder, se refugiaron en el Norte, y de allí surgieron dos reinos, el Cantabro-Astury el de Pamplona.
El mismo Tarik llegó hasta la capital de la que entonces era la Cantabria visigótica, la población de Amaya en el norte de la actual provincia de Burgos, a 15 kilómetros de Herrera de Pisuerga.
Desde aquí se dirigió a Astorga por la antigua calzada romana, apoderándose de la ciudad el 6 de octubre del 712.
Dos años después (714), Muza realizó una nueva campaña por tierras del Duero, penetrando hasta Asturias y Lugo.
Pero en el año 739 se produce una guerra civil entre árabes y bereberes, en el norte de África, guerra que se extiende al Andalus en el año 741.
Esta debilidad del poder musulmán es aprovechada por Alfonso I para ampliar el territorio del incipiente reino astur.
Se produce, en este momento histórico, un despoblamiento de la región del Duero, debido a varias causas.
La sublevación de los bereberes hace que los árabes abandonen todos los territorios situadas al norte de la sierre de Guadarrama.
Los propios bereberes se desplazan hacia la sur, en concreto, hacia Medina Sidónia, en donde siguen los enfrentamientos con los árabes, y muchos de ellos emigran nuevamente hacia África.
Por último, el propio Alfonso facilita la emigración de los cristianos hacia la costa Cantábrica, poblándose Asturias, la Liébana, la Transmiera, el valle de Carranza y las Vardulias.
A partir del reinado de Ramiro I tiene lugar la repoblación de Castilla, lentamente, con avances y retrocesos.
En la crónica de Alfonso III se enumeran treinta y dos localidades tomadas a los sarracenos, entre ellas, Zamora, Salamanca, Simancas, Ávila, Segovia, Sepúlveda, Clunia y Osma.
Se puede afirmar que, hacia el año 900 los cristianos no sólo habían alcanzado el Duero, sino que se extendían al sur de dicho río, hasta las proximidades de la vertiente septentrional de la Cordillera Central.
Esta empresa repobladora no estaba exenta de riesgos, ya que el poder musulmán, una vez afianzado el emirato cordobés, se oponía mediante sus eficacísimas expediciones militares a la colonización de la meseta del Duero, por los reinos cristianos.
Ya, en el año 939 aparece citada la villa de Portillo, en las fuentes musulmanas, con motivo de una campaña militar que dirigió personalmente el primer califa cordobés.
Abderraman III, en el año mencionado, organizó la Campaña de la Omnipotencia.
Es posible que los planes de Abderraman fueran tomar León capital de lo que ya era el reino astur leonés.
Por esta razón, la expedición fue preparada meticulosamente, dando ordenes desde Córdoba a todos los generales de la frontera para que acudieran, con sus tropas, a engrosar el ya de por sí importante cuerpo expedicionario.
El historiador Isa b.
Ahmad al Rasi, nos narra en un texto recogido en el Muqtabi^:
El día 21 de Julio alcanzaron (las tropas musulmanes) el llamado Balat Humayd {actual puerto de Tablada al este del Puerto del León) A partir de aquí sus tropas entraron en territorio enemigo, recorriéndolo durante días, de acampada en acampada, en seguimiento de sus propiedades y destruyendo sus recursos hasta detenerse en «M.dma» ( lugar no identificado, pero posiblemente la actual población de Coca^), el jueves 5
de sawwd ( 25 de julio), encontrándola desierta y desamparada de sus gentes, que la tiabían dejado llena de bienes y vituallas, todo lo cual saquearon los musulmanes, procediendo luego a destruirla de consumo hasta arrasarla, y liberando ciento nueve prisioneros musulmanes que hallaron en sus silos.
Pasaron allí dos días, y luego marcharon a la fortaleza de Iscar, que fue hallada desierta, destruyéndola los musulmanes y arrasando los recursos de sus gentes, fueron luego a Alcanzaren cuyos campos asolaron, alterando su apariencia y borrando sus huellas y de allí a una acampado junto al río Cega, y desde allí a la fortaleza de Portillo de Asim, el viernes de sawwad (2 de agosto 939) comenzando los musulmanes a atacar a sus ocupantes...».
ro II ordenaba sus tropas en Simancas, en donde se produjo el enfrentamiento definitivo.
Esta batalla, ha sido conocida con diversos nombres, en las fuentes: la batalla de Simancas, la batalla del Foso, la Batalla de la Alhándenga, la batalla del Barranco, o la batalla del Al Jandaq.
En ella, el ejército ismaelita sufrió una humillante derrota, y el propio califa estuvo en grave peligro.
Los cristianos se incautaron del propio tren de intendencia del califa, de tal forma que dentro del botín conseguido se encontraba la cota de malla de Abderraman y su Corán^.
A partir de la batalla del Barranco, Abderraman, escarmentado, decidió no volver a participar en las campañas anuales del ejército musulmán.
Esta victoria cristiana permitió un avance territorial a lo largo de la frontera del Duero, no solo en el sector del condado de Castilla sino también en el sector de Zamora.
Los Anales Castellanos Primeros^ refieren la repoblación de Sepúlveda en el año 940 por el conde castellano Fernán González, y el rey Ramiro repobló Salamanca, Ribas y la fortaleza de Ledesma.
Por un documento de donación'^ al Monasterio de San Pedro de Cárdena sabemos que el condado castellano se había extendido al sur del Duero, incluyendo a Penafiel y Sacramenia.
Portillo pasó a depender del nuevo condado de Monzón, creado en el año 943, territorio ubicado entre los condados de Saldaña-Carrión y el condado de Castilla.
Portillo no se libró de los ataques del el Almanzor ( el Victorioso), y así, sufrió el acoso de las tropas musulmanas en la campaña de Almanzor del año 983, dirigida contra Simancas, Rueda, Salamanca y Sacramenia.
La toma de Simancas fue tan trágica, que las aguas del río se tiñeron de rojo con la sangre cristiana derramada.
A la muerte del Fernando Ansurez el condado de Monzón, pasa a depender del segundo Conde de Castilla, Garcí Fernández, el de las bellas manos.
Él será el enemigo más tenaz que va a encontrar Almanzor.
Indiscutiblemente nadie puede negar la tenacidad y la valentía de los habitantes de Portillo que en siete años fueron capaces de enfrentarse más de una vez con el gran caudillo cordobés.
Este caballero, fundador de la villa de Valladolid, gozará de la confianza del rey, hasta tal punto que es nombrado tutor de su hija que reinará más tarde como Urraca, reina de Castilla y León.
Doña Urraca, el 9 de octubre del año 1110 concede a su hermana Teresa una serie de lugares, y entre ellos aparece Portillo.
La infanta se comprometía ante la reina a poblarlos y defenderlos de sus ene-migóse^.
En el año 1139 surge un conflicto por la posesión de Portillo.
Reinaba Alfonso Vil el Emperador (1126-1157) con su hermana la Infanta Doña Sancha, hijos ambos de la reina Urraca y de Raimundo Conde de Borgoña.
En este mismo año había tomado posesión de la diócesis palentina Pedro 11^^ que era sobrino del obispo de Segovia Pedro de Agen.
Tío y sobrino debían ser de carácter un tanto altivo y pendenciero porque nada más posesionarse de la Mitra, el sobrino le planteó un pleito a su tío y protector sobre la jurisdicción de Penafiel y Portillo, que según él, creía pertenecer a su Silla, con mejor derecho que a la de Sego-via^^.
Intervino la Infanta Doña Sancha hermana del Emperador y donó al obispo de Segovia la villa de Alcanzaren, que pertenecía a su Infantado^^.
El Obispo de Segovia en 1144 volvió a litigar con su sobrino por lo que el propio Emperador se desprendió de parte de su patrimonio, con el fin de que tío y sobrino vivieran en paz^^.
En tiempos de Alfonso VIII de Castilla el triunfador de la batalla Las Navas de Tolosa (1158-1214), regentaba Portillo Don Alfonso Téllez de Meneses, en nombre de su pariente el Conde Armengol de Urgel.
Era Don Alfonso el hijo mayor de Don Pedro Téllez de Meneses y de Doña Mayor Ansurez, hija de Pedro Ansurez.
El conde de Urgel pasó prácticamente toda su vida fuera de Castilla y murió en el año 1208.
En el año 1210 Alfonso VIII confirmaba la división de los términos entre Valladolid y Portillo^^.
Dice el rey que se reunieron en su presencia los de Valladolid y Portillo, en el lugar llamado Boecillo, «... lugar en el que frecuentemente surgen las disputas entre ellos, porque comparten desde el cerro, que está en el terreno sujeto a servidumbre que fue del rey (de realengo) hasta el vado de los Hermanos (de los Frailes).
Como corresponde legítimamente, lo que está hacia Valladolid sea de Valladolid y lo que cae hacia Portillo, sea de Portillo.
Pero lo que cae en ese lugar, en el termino de Portillo, que fue de Ferrera (Herrera de Duero), tanto si lo compraron los de Boccili o, como si lo tuvieran de antes, que sea de Valladolid y que Portillo no cobre pechos ni hacedera por esa heredad»'^^.
El 26 de enero del año de 1221 Fernando III, desde Estepar, confirmó las posesiones que tenia en la villa de Portillo el Monasterio de Retuerta «quisqueposidetis in Portello»^^.
Este privilegio fue confirmado posteriormente, tanto por su nieto Sancho IV como por Pedro I. Don Alfonso Téllez,, señor de la villa de Palazuelos, y en la Transierra de la de Montalbán, firmaba una escritura el 17 de marzo de ese mismo año, 1221, como Sr. De Valladolid, Cabezón Tudela y Portillo^^ Don Alfonso Téllez fue uno de los ricos hombres del reinado de Alfonso VIII, de Enrique I y de Fernando III el Santo.
Casado en primeras nupcias con Elvira Ruiz de Girón fue ascendiente de la reina María de Molina.
Fundó la villa de Alburquerque, y a la muerte de su primera mujer se casó con Doña Teresa, hija de Sancho I de Portugal.
Alfonso X otorgó a Portillo el Fuero Real el 27 de agosto de 1255 incorporando la villa y sus aldeas (Revilla Compasquillo.
Cardici, La Pedraja, la Torre, Aldea de San Miguel, el Campo, laAldehuela, Espardelas, Aldeamayor, Coferader, el Cornejo, Aynares, la Parrilla, Basçonanes, Renedo, Camporredondo y Recoyo) al Concejo de Valladolid. magníficos sepulcros de piedra policromada en la iglesia de Villalcazar de Sirga (Falencia).
Por privilegio concedido por Enrique III de Trastámara en el año1398, se otorgó a la Universidad de Valladolid las tercias de los Arciprestazgos de Portillo y Cevico, privilegio que confirmó su hijo Juan II de Castilla en 1497.
Es evidente pues, que Portillo estaba ligado a la Universidad vallisoletana desde bastante antes, de que don Pío le donara su castillo.
En tiempos del último rey mencionado, Juan II, padre de Isabel la Católica el castillo actual de Portillo alcanzo gran relevancia, ya que sirvió algunas veces como plaza fuerte y otras como prisión durante este turbulento reinado.
Al morir Enrique III, el heredero era muy pequeño, y ejerció la regencia el hermano del rey muerto, el infante D. Fernando de Antequera, hombre justo y honesto.
Lamentablemente para Castilla, Don Fernando pasó a ser rey de Aragón por el compromiso de Caspe.
El joven rey castellano, Juan II, se encontró, desde el comienzo de su reinado, manejado por unos y otros.
Los denominados Infantes de Aragón, que eran sus primos mayores, hijos de Fernando de Antequera, poseían gran poder en Castilla, e intentaron manejar al rey.
Casaron a su hermana Doña María de Aragón con Juan II, para que su influencia sobre el monarca no decayera.
Juan II, hombre débil de carácter, para librarse del acoso de sus primos, entre otras razones, tuvo como valido a un hombre sagaz, valeroso, pero también ambicioso, ávido de poder y riqueza, D. Álvaro de Luna.
En el año 1429 el castillo de Portillo pertenecía a Diego Gómez de Sandoval, tercer conde de Benavente, pero este caballero se subleva contra el rey, apoyando a los infantes de Aragón (Enrique, y Juan que terminaría siendo rey de Navarra y de Aragón).
El rey declara desobediente y rebelde a Sandoval y cede el castillo de Portillo a Ruy Díaz de Mendoza, siendo Sandoval encerrado en su propio castillo.
Sandoval pudo ser liberado por medio del soborno de uno de sus guardianes,.Antón León, que abrió las puertas del castillo a treinta caballeros, fieles al conde, a las ordenes del capitán Pedro de Losada.
El alcaide de la fortaleza estaba en ese momento jugando al ajedrez con el prisionero.
El conde huyó a Benavente donde le esperaba su primera mujer Doña María de Quiñones.
Después, halló hospitalidad en Portugal.
En el año 1431 Don Álvaro prepara la guerra contra el rey Mamad, el Izquierdo.
El día 1 de Julio se libró la batalla de Sierra Elvira, llamada de la Higueruela, en la que el ejército cristiano obtuvo una señalada victoria.
Don Álvaro se enfrentó, en el año 1441, a los Infantes de Aragón, en Medina del Campo pero tuvo que huir para no caer en sus manos.
El rey quedó, entonces, prácticamente en poder de los Infantes de Aragón a cuyo partido se sumó el príncipe heredero, Enrique, que reinaría en Castilla, a la muerte de su padre, con el nombre de Enrique IV, apodado «El Impotente».
Pero el Obispo de Ávila que había sido preceptor del príncipe Enrique, le convenció para que dejara el bando de los Infantes de Aragón.
En Burgos se formó, en torno al heredero, un nuevo partido, al que se unieron el Condestable, el obispo de Ávila, el arzobispo de Toledo, D. Gutierre, los condes de Alba, Haro, Plasencia, Castañeda y otros.
La hueste formada por estos Señores era superior a la que mandaba el Infante Don Juan, por entonces ya rey consorte de Navarra, que optó por retirarse a Falencia y mandar a su prisionero, Juan II rey de Castilla, al castillo de Portillo, que volvía a estar en manos de Don Diego Gómez de Sandoval.
Pero unos caballeros de Valladolid liberaron al rey, que se reunió en Dueñas con su hijo el príncipe Enrique, y con su condestable, Don Álvaro de Luna.
A comienzos de 1445 los tercios de los infantes de Aragón, volvieron a Castilla y llegaron a Olmedo en donde se les unieron los nobles de Castilla que eran se su parcialidad, entre ellos el conde de Castro.
El rey estaba reforzado por Don Álvaro, el príncipe, el conde de Alba, Iñigo López de Mendoza, Juan Pacheco, el obispo de Cuenca, el conde de Haro, y el maestre de Alcántara.
La batalla de Olmedo se libró junto a las murallas de dicha villa el día 19 de mayo de 1445.
El triunfo fue del rey de Castilla, el Infante de Aragón D. Enrique, murió en Calatayud como consecuencia de las heridas recibidas en la batalla.
D Diego Gómez de Sandoval y su hijo, quedaron prisioneros del rey.
Pero Don Álvaro de Luna, que había derrotado por consiguiente, a los infantes de Aragón, de los que ya tan solo quedaban Alfonso V, rey de Aragón que vivía en Nápoles y Juan II de Navarra, totalmente desprestigiado, no supo prever que la nueva reina de Castilla la infanta portuguesa Isabel ( pues Juan II había enviudado de Doña María de Aragón unos años antes) ayudada por Alonso Pérez de Vivero, a quien el propio Don Álvaro había encumbrado, preparaban su perdida.
El castillo fue encomendado nuevamente a Rui Díaz de Mendoza, Juan II murió en la misma ciudad de Valladolid el 20 de julio de 1454.
En su testamento cedió, a su hijo, el infante D. Alfonso, el castillo de Portillo.
Enrique IV de Castilla que empezó su reinado el año 1454, con veintinueve años de edad, no respetó el testamento de su padre, y retuvo el castillo de Portillo en su poder.
Durante su reinado, se reprodujeron, corregidos y aumentados, los disturbios nobiliarios.
Como su padre se rodeó también este rey de validos.
Primero fue Juan Pacheco y después Beltrán de la Cueva.
En el año 1460 se forma una conspiración contra el rey y su valido Beltrán de la Cueva, la conocida como liga de lúdela.
Formaban esta liga, el rey navarro-aragonés Juan II ( el antiguo infante de Aragón) con su suegro el almirante de Castilla Don Fabrique Enriquez, el arzobispo de Toledo Don Alfonso de Carrillo, el conde de Haro, D. Pedro Fernández de Mendoza, el marques de Villena, Don Juan de Pacheco, antiguo valido, su hermano Pedro Girón maestre de Calatrava, los condes de Alba y Paredes y el marques de Santillana, Don Iñigo López de Mendoza, así como el conde de Benavente^^.
La liga aclama al infante Don Alfonso rey de Castilla en la famosa farsa de Ávila, un grotesco simulacro de destronamiento del rey.
Don Alfonso recibe entonces el castillo de Portillo.
Las tropas de los conjurados hacen frente al rey nuevamente en los campos de la villa de Olmedo (segunda batalla de Olmedo) y como ocurrió en el reinado anterior, las tropas reales ganaron la rota, el día 20 de agosto de 1467.
El conde de Benavente, Don Rodrigo Pimentel, que mandaba en el castillo de Portillo, por cesión del infante Don Alfonso, después de la batalla de Olmedo se pasó al bando del rey, recibiendo de éste en compensación no solo el castillo, sino también la villa de Portillo^^.
«subcedió que el conde de Benavente hallándose avergonzado y confuso, por aver sido contra el Rey en las cosas pasados en su deservido, queriendo enmendar el yerro pasado, trató secretamente con él, suplicándole que lo quisiese perdonar e tomarlo por suyo; de que el Rey se fue muy contento.
E como por entonces, sobre cierto tracto e conveniencia que hizo con el Alcaide de Portillo, ovo la fortaleza de su mano é apoderose de la villa, é así apoderado, suplicó al Rey que hiciera merced de ella, lo cual el Rey libremente hizo, e gela confirmó, por donde le pareció al Conde quedar en mayor obligación de lo servir en adelante....El Conde de Benavente deseando hacer algún servicio agradable al Rey, acaeció que pasando el Príncipe (el infante Don Alfonso ) de Toledo para Arévalo, acompañándole el Arzobispo é los otros parciales que lo seguían, salvo el Marque de Villena, que se avia quedado en su tierra, vinieron una noche a dormir a Portillo, donde el Conde los recibió muy bien é con mucho amor El Príncipe fue aposentado en lo fortaleza, y el Arzobispo e los otros caballeros en la villa.
E luego otro día siguiente por la mañana, quando aquellos señores vinieron juntamente a la puerta de la fortaleza, y esperaban al Príncipe para partir, el Conde de Benavente envió a decir al Arzobispo que se fuese en buena hora, porque el Príncipe no avia de andar mas debaxo de su mando, ni andar cerca de él; de que el Arzobispo se sintió muy amenguado.
Por manera que la enemiga entre él y el Conde estuvo grand tiempo arraigada».
El de Pimentel solicitó al Rey que le concediese ser Maestre de Santiago, cuya sede estaba vacante, y pidió ayuda a su propio suegro el Marqués de Villena, pero éste que se la tenia guardada, logró nombrase a sí mismo Maestre de tan prestigiosa Orden.
El Conde de Benavente quiso matarlo por haberle usurpado el Maestrazgo que el rey le había concedido.
Pero afortunadamente para él, el de Villena fue avisado y consiguió huir.
El Conde de Benavente fue fiel al rey hasta su muerte, pero después volvió a cambiar de bando, siguiendo la causa de los Reyes Católicos. |
RESUMEN El artículo estudia la heráldica los linajes vinculados al Castillo de Portillo, desde el reinado de Enrique IV de Castilla (1454).
PALABRAS CLAVE Heráldica y genealogía.
Castillo de Portillo (Valladolid).
En un reciente trabajo^ Fernando Cobos Guerra y José Javier de Castro Fernández, al abordar el estudio del castillo de Portillo afirman, respecto de los escudos ubicados en los arranques y la clave de la bóveda de la torre del homenaje, así como en los ventanales de ésta, lo siguiente:
((Los escudos fueron atribuidos primeramerite a los Mendoza y después a Diego de Sandoval y María Ladró de Pallars, pero la fecha de este matrimonio (1447) no parece coincidir ni con una posesión suficientemente dilatada como para construir el castillo de Portillo por los Sandoval (se lo confiscan definitivamente en 1448) ni con los detalles de garitas y troneras del castillo, que lo relacionan con los constructores de Ampudia y Villalonso, construidos después de 1450.
Tampoco se ha podido documentar este blasón como de la segunda mujer de Sandoval.
La fecha más razonable -desde el punto de vista estilístico-para su construcción, coincide con la posesión de Enrique IV (1454-1464) y los escudos bien pueden ser sus armas personales.
La banda, de su padre Juan II, y el partido de Aragón y lebreles, de su madre María hija del Rey de Aragón, Fernando de Antequera, que al igual que los otros infantes de Aragón tomará el escudo de su padre (partido de Aragón y Castilla) sustituyendo Castilla por las armas particulares de cada infante».
Los autores realizan de esta forma una serie de afirmaciones que en absoluto compartimos y a través de las cuales pretenden identificar -como queda recogido-las labras heráldicas, apreciables aún en nuestros días en los lienzos del castillo portulano, como las armerías propias del rey Enrique IV.
Con ello descartaban, radicalmente, la autoría enunciada algunos años atrás por Edward Cooper para quien dichos escudos heráldicos habrían pertenecido a Don Diego Gómez de Sandoval (1385-1455), Adelantado Mayor de Castilla y conde de Castrogeriz, y a su segunda mujer, Isabel Ladrón y Pallars^.
Pero vayamos por partes.
Dicha reina María de Aragón, era hija, a su vez, del rey Fernando I de Aragón y de Leonor Urraca de Castilla (1374-1435), condesa de Alburquerque -quien reunía en su persona la condición de esposa y tía a la vez del rey aragonés-, en cuanto que única hija de Sancho, conde de Alburquerque (1340-1374) y hermano de Enrique II (1333-1379), rey de Castilla, siendo poseedora de pingües Estados que heredó de su padre, razón por la que se la conocía como «la rica fembra de Castilla».
Castilla y de su primera esposa la reina Leonor de Aragón, hija del rey Pedro IV de Aragón, de donde procederán sus derechos al trono aragonés finalmente reconocidos y materializados por los representantes del reino en 1412.
Durante su período como infante por tierras de Castilla -donde será conocido por «el de Antequera», por la conquista de esta plaza andaluza por su parte-llegará a ostentar la regencia de su sobrino, el rey Juan II.
Por lo tanto, por su linaje -paterno y materno-las armas de la mencionada reina María (madre de Enrique IV) eran claras: las de Castilla y Aragón, en sus variadas combinaciones.
Pero es que hay más: sabemos con certeza que la reina María de Aragón hizo uso de un escudo un partido del cuartelado de Castilla y León y de Aragón, con un ángel tenante-^; en ningún caso nos consta -como afirman los autores referenciados-el que hiciera uso de un escudo «partido de Aragón y lebreles», que pasara en cierta medida a configurar las armas de su hijo, el futuro rey castellano.
También tras su llegada al trono (1454), como armas privativas diferenciadas de las armas de dignidad propiamente dichas: el cuartelado de Castilla y León.
La adopción de dichas armerías, con preferencia en ocasiones a las armas regias cuarteladas, guardaría relación con el carácter de armas o señales personalísímas que tal emblema había adquirido desde el reinado de su padre Juan II.
Hasta el punto que las armas cuarteladas castellanoleonesas pasaron a ser consideradas, más bien, como armas del reino o de la dignidad regia, dejando el terreno abonado para la aparición de emblemas personalísimos como el expresado.
Moneda del rey Juan II acuñada en Toledo con la divisa o emblema de la Banda en su reverso.
En orla, la leyenda «Jesucristo vence, Jesucristo reina».
La significación última de este escudo de la Banda es compleja.
Su origen estaría en la Orden o Caballería de la Banda fundada por el rey Alfonso XI en 1332, cuya insignia consistía en una banda de oro sobre campo de gules.
El pendón de la Banda acompañaba frecuentemente al rey, junto al pendón de las armas cuarteladas de Castilla y León, indicando de esta forma bien a las claras a la hueste la posición espacial que ocupaba el rey entre su mesnada.
Por eso no es de extrañar que si el pendón cuartelado contaba con su correspondiente formulación heráldica, con el pendón de la Banda llegará a ocurrir otro tanto, pasando su diseño a ocupar los límites de un escudo.
Ya como escudo de armas, la divisa de la Banda se convertirá en un emblema heráldico o armería de carácter estrictamente personal, sin las connotaciones de representación de la dignidad regia que el cuartelado de Castilla y León llevaba aparejado.
A veces parece incluso que tendieron a desplazar -como según los autores enunciados sería el ejemplo de los emblemas heráldicos que se aprecian en el castillo de Portillo-al tradicional cuartelado (por ejemplo, en numerosas piezas monetarias de Juan II y de Enrique IV).
Dobla del rey Juan II con el escudo de la divisa de la Banda como armas personales, relegando al cuartelado de Castilla y León Sin embargo, debemos reincidir en el carácter de Orden de Caballería que la divisa de la Banda tuvo en su origen y que llevará a que, en numerosas ocasiones, el monarca proceda al otorgamiento de esta particular señal, como insignia de identidad corporativa y a la vez como galardón, en favor de todos aquellos caballeros que pasaban, por gracia real, a integrar esta singular cofradía caballeresca.
De esta forma serán muchos los miembros de la nobleza que desde mediados del siglo XIV procedan a incorporar en sus particulares armerías una explícita referencia emblemática a dicha banda en los diseños de sus escudos heráldicos, en un proceso semejante al que se producirá con las cruces de las Órdenes Militares respecto de los escudos de algunos de sus más significados miembros.
Así las cosas y como conclusión de todo lo expresado, estimo que los escudos heráldicos que aparecen representados en los muros del castillo de Portillo no constituyen, como afirman los autores anteriormente enunciados, los escudos personales del Príncipe don Enrique (futuro Enrique IV).
Sirven de base para nuestra afirmación los tres argumentos siguientes:
Aunque don Enrique, como Príncipe de Asturias, hizo uso profuso del escudo de la divisa de la Banda como escudo personal, no es menos cierto que no entra dentro de la lógica histórica ni heráldica que se decante por representar el mismo junto a las supuestas armerías maternas en una obra militar de la envergadura e importancia del castillo de Portillo, relegando el escudo cuartelado de Castilla y León que por su linaje y dignidad le correspondía (y del que hace, también, profuso uso en sus improntas sigilares).
Como hemos tenido ocasión de destacar, las armas maternas de don Enrique NO portan ni adoptaron nunca en ninguno de sus cuarteles la representación de otras armas que no fueran las de su padre -de linaje real castellano, como hijo de Alfonso XI y hermano de Enrique II, como queda probado-o las de su esposo -también las de Castilla y León, por linaje, o el palado de gules sobre campo de oro, como armas de dignidad (y de linaje) del rey de Aragón-, sin que conozcamos las fuentes sobre las que dichos autores habrían cimentado sus aseveraciones.
En el hipotético supuesto de que las labras heráldicas que contemplamos en algunas dependencias del castillo de Portillo constituyeran el escudo de armas de la reina María de Aragón (madre del príncipe Enrique), su diseño no sólo resultaría inusitado sino radicalmente contrario a la más elemental composición heráldica de escudos de armas de una naturaleza como la del expre- sado, ya que en el partido heráldico en el que aparecen distribuidas -el habitualmente adoptado, por lo general, por las mujeres casadas-las armas del esposo -nada menos que las del rey Juan II de Castilla-vendrían a ser injustificadamente sustituidas por unas supuestas armas privativas de nuevo cuño -dos lebreles, que, por cierto, no guardarían relación iconográfica alguna con las armas realmente lucidas por su progenitor-, que pasarían a ocupar nada menos que el primer cuartel o cuartel derecho -el más importante, heráldicamente-, reservando el segundo cuartel o cuartel izquierdo (heráldicamente) de dicho partido heráldico para las armas de su padre, Fernando I (o Fernan-do de Antequera), pero no como Rey de Aragón isino como infante de Castilla!
Frente a ello debemos aclarar que la heráldica femenina NUNCA relega las armas del esposo, sino que las concede el lugar de honor: el primer cuartel o cuartel derecho (heráldicamente hablando), como por otro lado sabemos con certeza que lucía en realidad la reina, como queda dicho.
Sólo en el caso de soltería, la mujer utilizará las armas plenas del padre (que el caso presente es nada menos que el rey de Aragón), por lo que hasta su casamiento habría hecho uso del cuatripalado de gules sobre oro aragonés y NUNCA de las armas de infante de su padre.
Escudo heráldico (a la izquierda) y Sello (a la derecha) del Infante Don Fernando de Antequera (antes de ser rey Fernando I de Aragón), con su escudo de armas en su interior (partido de Aragón y cortado de Castilla y León; bordura de plata con calderas de sable)
Por lo tanto, si no se estamos, con total seguridad, ante los escudos heráldicos del príncipe don Enrique de Castilla (futuro rey Enrique IV) ¿a quien corresponden los escudos que apreciamos en lugares tan destacados del castillo de Portillo?
Como hemos indicado al comienzo del presente trabajo, en su obra <(Cost¡llos señoriales eri la Corona de Castilla»''^, Edward Cooper adjudica la titularidad de los mismos a Diego Gómez de Sandoval (1385-1455), Adelantado Mayor de Castilla y conde de Castrogeriz, y a su segunda mujer, la aragonesa Isabel Ladrón y Pallars, con quien se habría casado en 1437 (para otros, como Alfonso Franco^, en 1438, precisando que se trata de la hija de Don Raimundo Ladrón y Doña Elvira de Pallars, señores de Villanova y Chelva de Valencia).
Don Diego Gómez de Sandoval había logrado el encumbramiento político y su consolidación como destacado personaje de la Corte del rey Juan II de Castilla en 1426, momento en el que obtuvo el título de conde de Castrogeriz y la jurisdicción señorial sobre trece villas más, entre otras, la de Portillo.
Aunque en 1429 tuvo que huir de Castilla por la presión de Don Álvaro de Luna, el rey aragonés recompensará su fidelidad al partido de los conocidos como Infantes de Aragón con la donación, el 8 de marzo de 1431, de varias villas valencianas (Denia, Ayora y Javea), además del título condal sobre la primera.
De este modo el conde de Castrogeriz dio inicio a su singular arraigo por tierras de Valencia, de donde saldrá también su segundo matrimonio.
Por la paz firmada entre los infantes de Aragón y el rey Juan II de Castilla en septiembre de 1436, Don Diego Gómez de Sandoval perdía oficialmente sus estados en Castilla -entre otros, Portillo-que fueron embargados por la Corona, a pesar de que los volverá a recuperar -si bien es cierto que por poco tiempo-en diciembre de 1439.
Sin embargo, la vuelta de sus valedores los Infantes de Aragón hizo renacer en Don Diego, hacia 1444, la esperanza de recobrar sus señoríos castellanos.
Curiosamente, a pesar de ser vencido en Olmedo, tras el acuerdo de Astudillo de mayo de 1446 Don Diego será perdonado por el rey Juan II, autorizándosele a llevar, de nuevo, el título de conde de Castrogeriz y a recobrar sus señoríos, en cuya tenencia permanecerá hasta 1448 en que le serán de nuevo (y definitivamente) confiscados.
Teniendo bien presente lo anterior, todo nos hace suponer que los escudos que apreciamos en los arranques y la clave de la bóveda de la torre del homenaje, así como en los ventanales de ésta, corresponderían, sin lugar a dudas, a las armas de Don Diego Gómez de Sandoval y de su segunda esposa, Doña Isabel Ladrón de Pallars.
Y que tanto su factura como ubicación física en los lienzos de la fortificación se habría acometido en el período en que recobró el control político y dominical de la plaza, esto es, entre 1446 y 1448.
Sabemos que las primitivas armas de los condes de Castrogeriz -armas del linaje Sandoval, de Castilla-eran las siguientes: de oro, una banda de sable.
Una descripción heráldica que, como podemos apreciar, coincide sin reservas con las armas que aparecen representadas en el castillo de Portillo.;::^? f' "",^' 51
Versión a líneas de los escudos del castillo de Portillo, según Edward Cooper
Armas del linaje Sandoval
El linaje Sandoval hizo uso de este peculiar diseño heráldico con bastante antelación a la fundación por el rey Alfonso XI de la Orden de la divisa de la Banda (de gules o rojo, una banda de oro), con las que guardaría identidad compositiva, aunque no cromática, como podemos apreciar.
Sabemos que Gutier Díaz de Sandoval, hijo de Ruy Gutiérrez de Sandoval, que vivió en el reinado de Fernando IV (1295-1312) y murió en la Vega de Granada en 1319, poseía un sello circular de bronce en cuyo interior aparecía representado un escudo con una banda en su campo^.
Lo que no impedirá el que, andando el tiempo, se produzca una curiosa confluencia de significados cuando el hijo del enunciado, Don Día Gómez de Sandoval -abuelo de nuestro Don Diego-sea armado caballero de la Orden de la Banda por el Por lo que se refiere al escudo que recogería las armas de Doña Isabel Ladrón de Pallars, contamos con menos datos que para las del esposo, aunque sean más que suficientes para determinar indubitadamente su titularidad.
Como se puede apreciar, ambos diseños armeros del linaje Ladrón aragonés guardan estrecha relación gráfica con el escudo representado en el castillo de Portillo a través de un partido dimidiado de ambos.
El partido dimidiado es una fórmula heráldica de combinación de dos armerías diferentes consistente en partir dos escudos de armas para formar uno nuevo con la mitad diestra del primero y la mitad siniestra del segundo.
Tuvo mucho éxito y difusión en la Corona de Aragón desde la segunda mitad del siglo XIV, como medio idóneo de representación de dos armerías unidas en un mismo linaje para lo sucesivo.
Si unimos las dos versiones heráldicas del linaje Ladrón a las que hemos hecho mención -de plata, dos lobos de sable; de oro, cuatro palos de gules y bordura de plata cargada de ocho escudos de oro con faja de gules-en una combinación perfecta a través de un partido dimidiado, nos da el escudo que apreciamos, finalmente, en los muros del castillo portillano, propio de Doña Isabel Ladrón de Pallars, también conocidos como Ladrón de Villanova.
Doña Isabel pertenecía a una ilustre familia de origen aragonés, asentada en el reino de Valencia, que hacia 1390 había recibido de manos del rey de Aragón en la persona de su cabeza de linaje el vizcondado de Villanova y Cheine.
En el siglo XIV dichas armas se complican en su diseño con la incorporación de otras pertenecientes a linajes con los que subscribirán alianzas matrimoniales.
Así cierta rama de los Ladrón hará uso de un escudo cuya blasonamiento es el siguiente: escudo partido; primero, de oro una bordura de plata con ocho escudos de oro con una faja de gules; segundo, de oro, cuatro palos de gules.
Otros, curiosamente y en Pero hete aquí que la data proporcionada por dichos autores para la celebración del matrimonio de D. Diego y Doña Isabel presenta un error de nada menos que diez años -se dice que fue en 1447, cuando sabemos que se formalizó una década antes, en 1437-1438^-, a lo que debemos añadir el importante dato de que entre 1446 y 1448 el castillo se encontraba en su manos.
Nada habría impedido el que a lo largo de esos casi tres años de tenencia efectiva por el matrimonio Sandoval-Ladrón de la fortaleza se hubiera procedido al embellecimiento de algunas de sus estancias mediante la instalación de los mencionados testigos heráldicos que denotaban su incontestable titularidad.
Es más, hay indicios de que el esculpido de todos los escudos heráldicos en piedra inicialmente previstos no pudo concluirse; y que, incluso, hubo intentos posteriores por borrar las piezas previamente cinceladas en los mismos (resultado directo, por otro lado, del cambio de titularidad que acaeció en años posteriores).
De todo ello ofrecen interesantes pruebas tanto Antonio de Nicolás -quien a pesar de dedicar todo un capítulo de su clásica obra sobre la villa a los «Escudos del castillo y épocas a que puede atribuirse la construcción de éste», no logra identificar a los titulares de los mismos-como Edward Cooper en sus respectivos trabajos^^, y a los que nos remitimos.
Esperamos haber podido aclarar, a lo largo de las páginas que preceden, una de las muchas incógnitas que aún envuelven el pasado, y en buena medida el presente, del bello y evocador castillo de la villa de Portillo. |
un enorme impulso con la creación de la Sociedad Española de Histología en 1874.
Maestre, que se había formado como Silóniz, en París, al regresar a Madrid formó la primera generación de histólogos españoles, a la que por méritos propios pertenecen, entre otros, Santiago Ramón y Cajal, y López García.
Este último, tras un viaje de estudios a París, quedó vinculado a la Universidad de Valladolid en 1888, años decisivos en los que Ramón y Cajal estaba en plena elaboración de la teoría de la neurona, llegando más tarde a la obtención del Premio Nobel.
Las nuevas enseñanzas se iniciaron en nuestra Universidad con Leopoldo López García en el curso 1888-89, año en que fue creada esta Cátedra universitaria y se llevó a cabo una profunda transformación del Hospital de la Facultad de Medicina.
Aunque López García, nacido en Madrid, se había doctorado en la Universidad central, su largo vida académica quedó definitivamente unida al claustro vallisoletano hasta su jubilación, acaecida en 1924.
La institucionalización de la Histología y Anatomía Patológica en Valladolid con unos comienzos modestos tuvo un decisivo impulso con Leopoldo López García.
Este profesor junto a Río Hortega e Isaac Costero, fueron las figuras más importantes que Valladolid tuvo en el área histopatológica, figuras relacionadas como veremos seguidamente.
Los tres científicos mantuvieron estrecha relación con la Universidad de Valladolid.
Costero coincidió con Río Hortega en España y en el exilio americano tras la contienda civil, incluso ambos publicaron trabajos en estrecha colaboración.
Por otra parte, Costero en su primera etapa vallisoletana coincidió hasta 1932, año en que muere López García, con éste en la ciudad de Valladolid.
El paulatino pero eficaz esfuerzo a favor de la disciplina, desde 1888-1889, hasta 1936, se vio truncado por razones político-sociales que abrieron una fractura en un panorama esperanzador para la Histología y Anatomía Patológica vallisoletana.
Las relaciones científicas y académicas debieron existir entre los morfólogos e histopatólogos.
Sabemos, que Salvino Sierra y Val, Catedrático de Anatomía Humana, fue docente de Histología sólo provisionalmente.
Asimismo es necesario subrayar que las afinidades metodológicas y coincidencias entre morfología descriptiva e histopatología se hicieron de nuevo patentes en los primeros lustros del siglo XX.
Confirma nuestro anterior aserto el hecho que Río Hortega fuera alumno interno de la Cátedra de Anatomía, bajo el magisterio primero de Salvino Sierra y posteriormente de Leonardo de la Peña, figuras que se cruzaron en la formación de nuestro histopatólogo, al menos en sus primeros balbuceos vacacionales, a los que Río Hortega aludirá más tarde en su obra.
Los primeros trabajos científicos de Río Hortega, las historias clínicas, así como los materiales de autopsia que figuran en su tesis del doctorado, pertenecen en parte a las pesquisas realizadas en el anfiteatro anatómico de la Facultad de Medicina de Valladolid.
La peripecia vocacional de nuestro científico, pasó por Anatomía, se interesó por la clínica, muy fugazmente, para decantarse definitivamente por la investigación micrográfica.
La convivencia de Río Hortega con otro gran anatomista vallisoletano, Ramón López Prieto, amigo y condiscípulo, con quien mantuvo una entrañable relación que todavía recordará López Prieto y el propio Río Hortega a lo largo de su existencia histórica.
La inicial ayuda de Ramón López Prieto a nuestro biografiado debió ser decisiva a juzgar por las palabras del primero cuando lo recordaba en una fecha tan lejana como la del homenaje de 1931: «Poco tiempo después -refiere textualmente López Prieto-coincidiendo con el comienzo de mi labor en la cátedra, fue cuando Del Río comenzó a sentir en serio el deseo de dedicarse de lleno a la investigación, y se refugió, como único medio de poder aislarse, en una modernísima habitación que pude facilitarle, al lado del antiguo anfiteatro pequeño de Anatomía, llevando a ella su material particular, microtomo, reactivos, etc., porque allí falta-ban los más indispensables medios de trabajo».
Esta visión de los balbuceos iniciales de Río Hortega como histólogo, concuerdan plenamente con las palabras del maestro cuando al acordarse de don Leonardo de la Peña, en su libro El Maestro y yo, nos refiere don Pío, al incorporarse aquel profesor a la Cátedra de Anatomía en 1909: «Regresaba -de la Peña-a Valladolid para regentar la Cátedra de Anatomía y hacer clientela como especialista de vías urinarias.
Precisaba, en este segundo aspecto, una persona a quien confiar los trabajos de laboratorio y pensó que yo podía serle útil.
Me animó a ir a su lado -prosigue Río Hortega-ofreciéndome todos los análisis que precisara su clientela con los que podría satisfacer mis escasas ambiciones pecuniarias.
Acepté agradecido la distinción que se me hacía y la oportunidad que se me brindaba de vivir en un ambiente más de mi agrado y monté en Valladolid un modesto laboratorio en el que, en espera de los prometidos análisis, comencé los estudios microscópicos.
Por fortuna, aquéllos no llegaron, pues mi mecenas no cumplió sus ofrecimientos.
Yo, en cambio, asistía diariamente al pequeño laboratorio de la Cátedra de Anatomía donde no escaseaban los análisis gratuitos». pasar a Madrid.
Las referencias que se recogen en los Libros de/Actos de la Facultad de Medicina son muy someras, limitándose a citarle en dos ocasiones a lo largo de estos años.
El paso de Río Hortega por nuestra Facultad fue fugaz pero su huella le acompañó durante toda su existencia histórica; fueron los años de incertidumbre en los que una opción personal y los acaeceres académicos que le rodearon a la sazón, los que, consolidaron la profunda vocación de histólogo que Río Hortega supo adoptar con gran lucidez.
El ejemplo se repetiría años más tarde con Costero también docente durante un lustro en la Facultad de Valladolid, pero cuyo recuerdo le acompañó durante su definitivo exilio mexicano hasta su muerte.
Ambos, Costero y Río Hortega, tuvieron estrecha relación a lo largo de su vida científica, ambos fueron profesores en la misma Facultad vallisoletana y en la misma disciplina.
Pertenecían a la segunda gran promoción de la Escuela Española de Histología, siendo en numerosos aspectos dos destinos paralelos en el exilio de 1939.
La relación personal entre Costero y Río Hortega se inició en Madrid, cuando aquél fue becado por el Laboratorio de Histopatología de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, que dirigía en Madrid don Pío del Río Hortega.
Es evidente que Isaac Costero exige merecidísimo elogio, pues fue sin disputa uno de los más ilustres histólogos españoles del pasado siglo.
Trabajó en el Instituto de Oncología de Madrid y en las Universidades alemanas durante los años 1931 y 1932.
Entre sus maestros extranjeros figuran el profesor Caspari y la doctora Wollman, quienes le iniciaron en la difícil técnica de cultivo de tejidos, quehacer en el que sobresalió Isaac Costero.
Asistió este histopatólogo durante dos meses al Instituto de Patología del Hospital Mohabit de Berlín, que a la sazón dirigía el profesor Benda.
El segundo y decisivo maestro que tuvo Río Hortega fue Nicolás Achúcarro, cuya obra realmente genial se vio truncada por una muerte acaecida en plena madurez.
Achúcarro había sido discípulo de Cajal, aunque su formación neuropsiquiátrica le orientó hacia la investigación de la Anatomía microscópica del sistema nervioso.
Achúcarro es otro de los gigantes de la Ciencia Histológica universal del siglo XX.
Trabajó en París con Babinski y Pierre Marie, más tarde Achúcarro, en Italia tuvo relación científica con neuropsiquiatras tan famosos como Ernesto Lugaro y Eugenio Tanzi.
Su periplo europeo se vio coronado cuando en Munich asistió a las enseñanzas de Emil Kraepelin y Alois Alzheimer.
El prestigio científico de Achúcarro le llevó, por recomendación directa de Alzheimer, a dirigir el Departamento Anatomopatológico del Manicomio Federal de Washington durante dos años, aunque por razones familiares regresó a España.
Es opinión generalizada que estos tres científicos, Cajal, Achúcarro y Río Hortega, han escrito algunas de las páginas más brillantes de la Ciencia española del período contemporáneo, llevando la investigación histológica del sistema nervioso a un primer plano de interés mundial.
La relación Río Hortega con Achúcarro se produjo en Madrid, a donde había marchado nuestro científico.
Fue en el Laboratorio fundado por la Junta para Ampliación de 5'
Dos décadas más tarde, en 1925, todavía permanecía vivo el recuerdo y afecto mutuo de estos compañeros de la Academia de Internos de la Facultad de Medicina, así se expresa en una carta llena de elogios de Ángel López Pérez, en las columnas de Lo Clínica castellana.
La «Carta abierta a los doctores Ramón López Prieto, Miguel García Canal y Blas Sierra» recogía las siguientes palabras: «La íntima amistad que a Pío del Río Hortega me une desde la niñez (...) de los tres grupos que fuimos condiscípulos del ya famoso histólogo del Río Hortega, con el fin de que reuniendo cada uno el mejor número posible de adhesiones de sus condiscípulos y principalmente, de cuantos con él formamos parte del Cuerpo de Internos de la Facultad, se eleve al Directorio que nos gobierna, de Primo de Rivera, una exposición rogando que por excepción, pero no ser de justicia para premiar el mérito sobresaliente del joven histológico español de más positivo valor patrio desde Cajal acá, sea nombrado catedrático de Histología de la Universidad de Madrid (...)».
La obra de Pío del Río Hortega en la Facultad de Medicina de Valladolid reviste a nuestro juicio enorme interés, constituye el comienzo de su vocación histológica y apunta, aunque de forma todavía balbuciente la orientación por los temas que cristalizarían definitivamente en la siguiente etapa de su vida científica.
La labor vallisoletana comprende los primeros años del siglo XX, hasta 1913.
Apenas finalizados los estudios de Medicina redactó dos «Memorias» fruto del obligado examen a premio extraordinario de Licenciatura.
Los años siguientes, superada la escolarización universitaria, fue más bien parca en realizaciones, es, sin disputa, el período más inseguro de la vida científica de nuestro autor, en el que emergiendo su vocación, intentaba Río Hortega encontrar un maestro que le afianzase plenamente.
Río Hortega no encontró a buen seguro el clima al que aspiraba en su entorno natal vallisoletano, sus idas y venidas a Madrid que le propiciaron un incidente académico con su maestro López García, evidencian una necesidad imperiosa y vocacional por la Histología.
El interés de su estancia en la Facultad de Medicina de Valladolid radica en que Río Hortega se percató de cuál era su vocación, aunque los modestísimos o inexistentes recursos le indicasen que la realización de su aspiración a cultivador genial de la Histología, no podría satisfacerlos en su tierra natal.
La opción y su marcha a Madrid era un riesgo, pero a la postre riesgo de afianzar su decidido interés por el cultivo de la Ciencia histológica.
A pesar de las manquedades, la genialidad de Río Hortega sobresale en su meritorio trabajo, tema de tesis de doctorado, Alteraciones del tejido nervioso y síntomas generales en los tumores de encéfalo (Valladolid, 1912).
Este trabajo que nosotros recientemente hemos dado a conocer, ha sido prácticamente desconocido por los estudiosos de la obra de Río Hortega, trabajo que evidenciaba la seducción que a la sazón, antes de su marcha a Madrid, había despertado en nuestro autor la investigación micrográfica.
La revista vallisoletana La Clínica Castellana, en los años 1911-12, publicó este estudio, que más tarde se imprimió en 1912 como un opúsculo independiente.
La tesis doctoral de Río Hortega, dentro de las contadas posibilidades en que hubo de moverse, reviste a nuestro juicio numerosos aspectos novedosos, teniendo en cuenta el clima científico y académico vallisoletano de estos años.
Los materiales histopatológicos procedían, como refiere su autor, del antiguo Hospital de la Facultad de Medicina de Valladolid, necropsias que presumiblemente obtuvo de su vinculación a la Cátedra de Anatomía primero y posteriormente de Histología y Anatomía Patológica.
Estas palabras de nuestro autor lo confirman plenamente: «Al lado de nuestros queridos maestros, los profesores López García y Simonena, así como particularmente hemos estudiado varios casos de tumor cerebral procedentes de las clínicas de la Facultad de Medicina y del Manicomio Provincial de Valladolid.
Son éstos: dos endoteliomas, un sarcoma, un glioma, un fibroma y un papiloma córneo; un caso de tubérculos múltiples, otro de gran tubérculo reblandecido, dos de tubérculo de cerebelo, un caso de sifiloma, otro de quiste hidatídico y por último un extenso hematoma durai que por sus efectos compresivos obra a manera de tumor.
El profesor Suñer nos ha proporcionado amablemente dos interesantes observaciones que le agradecemos y publicamos».
Las Alteraciones del tejido nervioso, se fraguaron en parte con los materiales recogidos en Valladolid y cuya documentación bibliográfica rastreó nuestro histólogo en la misma Facultad, valiéndose de las revistas a la sazón existentes.
Años más tarde nos indicará Río Hortega las referencias que incluye al final de su trabajo, pesquisa incompleta por supuesto, pero real debido sin disputa a los exiguos fondos bibliográficos en que hubo de moverse.
Con estas palabras lo resume: «Mi buen Maestro don Leopoldo López García -refiere don Pío en su autobiografía-de venerable memoria, hacía a menudo el elogio de Cajal que había conocido en su afición a la eclosión de sus aficiones, a la histología (...).
En la modesta biblioteca del laboratorio, formada por algunos libros en francés y en español (la mayoría de éstos, traducciones de otros idiomas), destacaban los "Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas", que publicaba Cajal, cuyos volúmenes ojeaba a menudo don Tomás Gutiérrez Perrín, ayudante como yo de la Cátedra de Histología».
En otras ocasiones hubo de valerse Río Hortega de la inestimable ayuda de la Biblioteca del Ateneo y de los excelentes fondos de que disponía el oftalmólogo vallisoletano Emilio Alvarado.
La Biblioteca de Alvarado debió ser la mejor en el Valladolid de la primera década del siglo XX, todavía se conserva a finales de los años cincuenta pero fue desaprovechada la oportunidad de incorporarla a las instituciones locales por razones que ahora no deseamos ahondar.
Emilio Alvarado, según palabras textuales de Emilio Hernández Velasco, estudioso de la figura de aquel oftalmólogo, «tenía una biblioteca -concluye el Dr. Hernández-que ya hubiesen querido tener los centro de enseñanza y las diversas entidades científicas».
La elaboración de estos materiales llevaron a recortar a don Pío años más tarde: «Había preparado en tanto, trabajosamente, mi tesis doctoral, documentada como buenamente pude en la biblioteca del Ateneo y, sobre todo, en la del gran oculista vallisoletano Dr. Emilio Alvarado, que me acogió con suma benevolecnia.
Era el tema escogido «Anatomía patológica de los tumores cerebrales», y se basaba en unas quince observaciones macro y microscópicas recogidas en mi época estudiantil».
Como veremos más adelante, los años hacían el recuerdo impreciso, no eran quince, sino diez observaciones, ni tampoco su tesis doctoral es estrictamente anatomopatológica como señalaré en el curso de mi exposición.
Como años más tarde recordará el gran histólogo castellano, el interés por la investigación se desveló a su paso por la Facultad de Medicina de Valladolid, recuerdo que reflejan de forma puntual sus propias palabras: «Qué admiración sentía -rememorará don Pío-por los discípulos de Cajal en aquella época (Tello, Sala, Villa, Terrazas), colaboradores en los "Trabajos del Laboratorio" y cómo me seducía la aspiración de realizar con el tiempo algo semejante a los de ellos (...).
Guiado certeramente por López García, logré iniciarme en las técnicas de colaboración más empleadas entonces, con las que aprendí a deletrear en los tejidos y gocé de no pocas emociones».
La etapa vallisoletana del maestro fue sin embargo el prólogo de su definitiva marcha.
Se dijo, su vinculación al claustro vallisoletano se prolongaría hasta finales de 1913.
A lo largo de sus memorias Río Hortega, en palabras sentidas y con cálida emoción, recordará el incidente de su separación con López García.
De forma respetuosa lo recoge nuestro histólogo en estas palabras: «Con Leopoldo, a cuyo carácter pocos se amoldaron, permanecí bastante tiempo sin que tuviera nada que reprocharme.
Una vez, es verdad, se enojó seriamente conmigo pero fue porque me ausenté de su lado».
A través de la lejanía temporal Río Hortega idealiza una situación que en 1913 debió ser más vidriosa que las anteriores palabras pueden hacernos sospechar.
Los documentos del Archivo Universitario de Valladolid, de estas fechas, entre 1913 a 1915 no dejan la menor duda: Río Hortega hubo de optar por una renuncia forzada a su puesto de auxiliar en la Cátedra de Histología y Anatomía Patológica.
Las cartas que hemos consultado ponen de manifiesto, de una parte la personalidad de Pío del Río Hortega, de otra la actitud poco comprensiva de la Facultad de Medicina de Valladolid, especialmente de López García, del Decano Salvino Sierra y del Rector Nicolás de la Fuente Arrimadas, catedrático de Patología quirúrgica.
Es además comprensible que al paso del tiempo, visto el incidente de la auxiliaría, quedase reducido a un pormenor del que el gran histólogo minimizaba su importancia, de aquí este generoso juicio para su antiguo maestro: «La inexactitud de estas frases insidiosas me hace sonreír en este momento al recordar el creciente cariño en que trocara, durante mi ausencia, aquel enojo de don Leopoldo López García -a quien aludencuando me separé de su lado y el gozo con que me veía y la emoción con que me llenaba en sus últimos años, de besos y lágrimas».
El anciano catedrático vallisoletano, López García, aparece dibujado con profundo afecto en estas breves pero insuperables palabras de su más alto discípulo.
Cuando superados los años de fecunda labor investigadora, recoja en sus «memorias» Río Hortega los recuerdos lejanos y enjuicie su tesis del doctorado, también el tiempo borrará fronteras y su juicio idealizaría una realidad, que en alguna medida fue diferente a como la veía en plena madurez nuestro histólogo.
Para Río Hortega su tesis del doctorado correspondía a un trabajo, refiere textualmente sobre «Anatomía patológica de los tumores cerebrales», calificativo que debe ser matizado.
Las Alteraciones del Tejido nervioso y síntomas generales de los Tumores de Encéfalo, no es un estudio de anatomía patológica pura, al contrario, es un conjunto de diez casos cínicos con aportaciones anatomopatológicas.
Es un estudio anatomoclínico con aportaciones a la clínica de los síndromes de hipertensión craneal ocasionada por procesos «tumorales», entre los que Río Hortega incluye, entre diez casos recogidos, un quiste hidatídico y un sifiloma.
El opúsculo de Río Hortega, impreso en 1911-12, se mueve todavía más en la orientación anatomoclínica charcotiana del siglo XIX, que en la corriente histopatológica pura de la escuela cajaliana.
Corresponde a la tarea clínica de las salas de los profesores Antonio Simonena, catedrático de Patología médica, y Enrique Súñer de Pediatría.
Esta orientación «todavía» clínica se corrobora por la amplitud que Río Hortega consagra al síndrome de compresión cerebral, y especialmente a los trastornos del sueño que le acompañan, capítulo del que nos hace una pormenorizada exposición doctrinal.
En cambio, son más modestas sus aportaciones técnicas, elementales en la investigación histopatológica, por lo que su tesis del doctorado, a nuestro juicio, se orienta todavía en un nivel anatomoclínico, que cualitativamente será superado en la siguiente etapa de su vida de investigador.
Cuando se instale en Madrid, la clara especialización en la histopatología pura se produjo de forma súbita al vincularse al Laboratorio madrileño y a la Junta para Ampliación de Estudios.
Este criterio que sustentamos olvidado por nuestro histólogo en sus «memorias», se halla presente en el texto de su tesis del doctorado, texto que los años habían hecho olvidar a Río Hortega: «El método anatomoclínico aplicado a la Psiquiatría, ha permitido descubrir la relación de causalidad entre los trastornos psíquicos y las relaciones de la corteza cerebral, y de los trabajos más recientes se saca la conclusión de que el trastorno funcional depende de la localización y extensión de las lesiones, más que de su naturaleza e intensidad».
No cabe la menor duda; Río Hortega, doctrinalmente, se alinea con la neuropatologia clásica localizacionista del siglo XIX.
Semejantes conclusiones deben desprenderse del estudio particularizado de las técnicas y métodos histológicos empleados por Río Hortega en la elaboración del opúsculo Alteraciones del tejido nervioso.
Sus conocimientos técnicos se limitan tan sólo, en 1911, a la tionina de Nissl y al método de Weigert-Pal, más aún confiesa Río Hortega, en su trabajo, que «intentamos sin éxito la colaboración de las neurofibrillas por el método de Cajal».
A pesar de estas indudables vacilaciones y limitaciones metodológicas, los diez casos clínicos objeto de estudio, nos orientan sobre las preferencias del futuro gran histólogo, es decir la neurohistopatología, a la que dedicaría toda su vida.
que Salvino Sierra, Decano de la Facultad de Valladolid, le había excluido.
Como cabía esperar la resolución del Rector, Nicolás de la Fuente Arrimadas, catedrático de Patología quirúrgica de la Facultad de Medicina, ratificó la anterior decisión de excluir por ausencia al auxiliar de la cátedra de Histología y Anatomía patológica.
A partir de su renuncia a la auxiliaría el 31 de diciembre de 1913, quedaba cerrada definitivamente la primera etapa de su vida científica. |
Yo no conocí a Don Pío, que hubo de exiliarse tras la Guerra Civil, y lo único que sé es que mi padre sentía un profundo respeto, devoción y cariño por su maestro, que actuó como su padrino de bodas, al no poder desplazarse nadie de la familia de mi madre para acompañarles en dicho importante evento.
Por ello me parece que lo más adecuado es dejar hablar a Vara López, copiando literalmente su «Recuerdo», publicado en Revista Española de Oncología 1965; XII; 42.
«A primeros de julio de 1921, siendo yo alumno interno en el laboratorio del hospital Provincial de Madrid, vi por primera vez al doctor Don Pío del Río Hortega, que a la sazón trabajaba allí como histopatólogo.
El laboratorio de análisis clínicos, que dirigía el Doctor Mouriz, estaba situado en el último piso del Hospital, inmediatamente por debajo de la torre del reloj.
Constaba de una sola habitación, muy amplia y una mesa larga, situada frente a la puerta, sobre la que habla unas altas ventanas; en su extremo izquierdo se acumulaban las orinas para sus análisis, de lo que como alumno interno estaba yo encarga-do, y en el rincón de la derecha, habla un espacio reservado, con un viejo microscopio, que ocupaba un señor todas las mañanas a las nueve; delgado, con gafas de montura de oro, atildadamente vestido, que tras ponerse una limpia bata blanca, daba comienzo a su trabajo, tiñendo cortes histológicos y montando preparaciones.
De vez en cuando, se levantaba y cortaba las piezas en un microtomo de congelación, situado en el centro del laboratorio.
Estudiaba minuciosamente las preparaciones histológicas en el viejo microscopio tipo Reichert, y escribía detalladamente los diagnósticos, marchándose alrededor de las doce.
Cuando yo terminaba con los análisis de orina, me acercaba tímidamente a su lado y observaba atentamente la minuciosidad con que montaba los más difíciles cortes histológicos.
Un día al ver mi interés por su trabajo me enseñó una preparación al microscopio, preguntándome qué era aquello, a lo que contesté que un corte de piel, y a continuación me hizo preguntas sobre la constitución histológica de la misma y de sus glándulas y al hacerle una descripción completa, inquirió la calificación que había obtenido con Don Santiago en histología (fue el último curso que explicó Don Santiago en San Carlos) y al manifestarle que matrícula de honor, se interesó más por mi y todos los días me preguntaba sobre los más diversos problemas histológicos y me enseñaba preparaciones, que yo sólo conocía a través de las descripciones de los libros y de dibujos.
Llegó el mes de octubre, yo cesaba en el cargo del Hospital Provincial, y entonces, Don Pío me ofreció que fuera a trabajar a su laboratorio de investigación, situado en la residencia de estudiantes de la calle del Pinar, lo que acepté con gran entusiasmo, pues comprendí que de esta forma, no sólo podría ver cuanto aprendí de memoria en los libros, sino que podría estudiar histología, y, sobre todo, porque aquel hombre me había transmitido el gran deseo de trabajar asiduamente y comprobar por mi mismo lo que habla estudiado.
En el tercer pabellón de la residencia de estudiantes, en la planta baja que daba a una galería abierta, existía una serie de laboratorios de investigación y de enseñanza; había uno de química, otro de histología, que dirigía Calandre (cuyo becario era Sánchez Lucas), otro de bacteriología, uno mayor de fisiología, que dirigía Negrín, y en el extremo norte, una pequeña habitación, en la existían cuatro mesas de madera, que había diseñado el maestro y que entre él y nosotros hubimos de pintar personalmente.
En aquel entonces trabajábamos todas las tardes de cuatro a diez, Don Pío, Jiménez Asúa, Collado, Alberca y yo.
La camaradería, el intercambio de ideas, los consejos y la enseñanza que emanaba constantemente de los hallazgos del maestro, de los que nos hacía partícipes, mostrándonos las preparaciones y explicándonos las interpretaciones que daba de la morfología que él descubría con sus métodos tintoriales, causaron en mí un gran impacto, y creo fueron decisivas en mi formación médica.
Posteriormente, este pequeño laboratorio hubo de ser ligeramente ampliado, pues con los descubrimientos del maestro, cada vez existían más solicitudes de españoles y extranjeros, que deseaban trabajar con Don Pío y aprender sus métodos; por entonces, vino a trabajar Don Abelardo Gallego, que habla obtenido la Cátedra de Histología y Anatomía Patológica de la Escuela de Veterinaria y Luna, antiguo interno de Cajal.
También Penfield estuvo pensionado un año al lado del maestro.
Igualmente, vinieron médicos alemanes e ingleses, que pasaban temporadas en el laboratorio, para quienes había que reservar una mesa junto al jefe.
López Enriquez y Alvarez Cascos, de Madrid; Costero, de Zaragoza y Llombart, de Valencia, acudían en verano, aprovechando las vacaciones posteriormente, trabajó en este laboratorio Pérez Lista.
No han existido laboratorios de investigación más modestos que los que tuvo del Río Hortega, precisamente cuando llevó a cabo sus trabajos fundamentales sobre la micro-glia y sobre la anatomía patológica de los tumores cerebrales; precisamente en esta época, fue cuando tuve el privilegio de trabajar a su lado.
No precisó de grandes edificios ni de costosas instalaciones para hacer grandes descubrimientos.
Recuerdo que era casi un problema disponer de unos cuantos animales de experimentación, por la pequenez del local, pues tenían que estar en el mismo laboratorio en donde trabajábamos con la molestia de soportar los malos olores fue excepcional en aquellos tiempos, el poder efectuar trabajos experimentales al no disponer de mozos ni de loborantes de laboratorio.
Casi fue un acontecimiento que pudiera realizarse el trabajo de Don Pío con Penfield sobre las heridas del sistema nervioso central y la participación que tenía la microglia.
El laboratorio, que dependía de la Junta para Ampliación de Estudios, tenía una exigua dotación a pesar de ello se hicieron magníficos descubrimientos.
La convivencia que tuve con Don Pío durante el primer año, no se limitó al trabajo de laboratorio, sino que se extendió al circulo familiar y de sus amistades; pronto nos incorporamos a su tertulia del café, a la que acuden músicos, literatos, ensayistas, pintores, escultores, etc. y la relación de amistad y familiaridad va aumentando.
El maestro se interesaba por los problemas de los que trabajamos en el laboratorio, dándonos consejos y orientaciones, no sólo en los trabajos histológicos, sino para el desarrollo de nuestra vida futura; teniendo siempre, como punto de mira, una elevada formación moral.
Nos inculcó un sentido de cumplimiento del deber, despreciando la bambolla y poniendo como objetivo la observación y el estudio, que por modesto que fuese tenía que ser exacto, rígido y crítico, ajustándose a lo observado.
El maestro influyó sobre un reducido grupo de jóvenes médicos, conformando decisivamente nuestra forma de ser y hacer a lo largo de toda nuestra vida.
Don Pío era un hombre delgado, de mediana estatura, muy pulcramente vestido, con unos ojos vivos y brillantes, de acerada mirada dirigida a través de sus gafas con montura de oro.
Tenía un excelente carácter y era muy bondadoso.
Hombre sencillo, modesto, con dotes de observación y minucioso en extremo, aprendía mirando y creaba siempre algo nuevo deducido de aquello que veía; entendimiento claro y gran sentido crítico.
Tenía una voluntad firme y una constancia inquebrantable en el objeto principal de sus observaciones.
En cambio en años posteriores, cuando le nombran director del Instituto del Cáncer, le abruman los conflictos inherentes al cargo y, como hombre bondadoso, le cuesta trabajo tomar decisiones tajantes que, aunque desagradables son necesarias, y cada individuo que le plantea un problema, muchas veces nada más que por afán de molestar, le crea un estado de ansiedad, que le desvela, le desazona y le interrumpe su trabajo.
Don Pío fue un gran patriota, que puso toda su inteligencia, todo su tesón y todo su esfuerzo, en los trabajos de investigación, pensando no sólo en sus descubrimientos, sino en España.
Era el prototipo de los últimos románticos: castellano viejo cien por cien, con voluntad firme y constancia inigualable en su labor.
Dominaba a la perfección el castellano, y sus escritos se caracterizaban por la claridad y concisión.
En los años veinte del siglo (xx), algunos maestros, y entre ellos del Río Hortega, supieron influir sobre los jóvenes de aquella época, que tenían un gran entusiasmo no sólo de aprender sino de hacer por el simple hecho de realizar trabajos sin pensar en el beneficio económico que pudieran obtener de una forma inmediata o remota, sin otra razón que la de laborar por la Ciencia y por la Patria; eran la reminiscencia del periodo romántico.
La diferencia de los jóvenes de aquella época con los de la actual, consiste en que ahora desean obtener un resultado económico positivo inmediato y entonces creíamos que, sin pensar en ello, esto llegaría por si solo, y que lo importante era trabajar.
Gracias a estos maestros el trabajo que se hacía, metódico y exacto en el aspecto puramente científico, se generalizó a la clínica tratándose de evitar lo que en aquella época solía decirse de las comunicaciones a la Sociedad de Biología en relación con otras Sociedades Médicas: en la primera se presentaban cosas, y en las segundas, casos.
Hoy se ha conseguido que algunas clínicas presenten en sus comunicaciones sobre casos, cosas, y esto se debe a este grupo de maestros que hubo en España, que con sus consejos, enseñanzas y, sobre todo, con el ejemplo de su vida, lograron el cambio que experimentó España en los últimos treinta años».
A Río Hortega le concedieron algunos honores, pocos en relación con sus méritos pero la mayor recompensa a su labor es haber alcanzado la inmortalidad por sus descubrimientos y el que en sus discípulos viva su memoria y nos guíe a lo largo de toda la vida. |
RESUMEN El artículo realiza un recorrido de la biografía de Pío del Río Hortega y de la génesis de su obra científica, así como de su relación con Nicolás Achúcarro y Santiago Ramón y Cajal.
PALABRAS CLAVE Pío del Río Hortega, biografía.
Histología del sistema nervioso.
Santiago Ramón y Cajal.
Nació don Pío en Portillo, villa de la provincia de Valladolid.
Su primera infancia transcurre aquí, podemos suponer que muchas veces sus juegos infantiles se desarrollarían en el castillo y es fácil también, imaginar que sus aventuras tuvieran una tonalidad calleresca.
Permanece en esta villa hasta que su padre decide en el traslado a la capital para que allí sus hijos puedan cursar sus estudios de bachiller.
Sus estudios de bachiller no permiten destacar en el curriculum del joven Pío ninguna nota sobresaliente.
Únicamente destaca su afición con todo lo relacionado con la naturaleza.
Acabado el bachillerato se plantea la elección de la carrera universitaria.
Don Pío se decide por cursar la de Medicina.
Junta a sus apetencias por los problemas biológicos es claro que también le obligan a elegir esta carrera las posibilidades económicas de la familia que no puede permitirse el mantenerle fuera del ámbito familiar.
Lo mismo que sucedió en el bachillerato las notas que Pío obtiene en lo largo de la carrera de Medicina sólo refuerzan su interés por aquellas ciencias más ligadas el conocimiento biológico, mientras que las referidas al conocimiento clínico suscitan una menor atención lo que se refleja en calificaciones menos importantes.
A lo largo de su estancia en la Facultad de Medicina sólo va destacar por su capacidad para el dibujo lo que hace que sea llamado por el profesor de Anatomía Humana, don Leonardo de la Peña, para que ¡lustre sus clases con los excelentes dibujos que es capaz de realizar.
Un profesor de la cátedra, su íntimo Ramón López Prieto, le facilitará un espacio para que instale un rudimentario laboratorio en el que don Pío inicia su relación con las ciencias morfológicas microscópicas.
Terminada la licenciatura pasa don Pío a trabajar con el catedrático de Histología, el profesor López García, que lo nombra profesor ayudante de clases practicas.
Mientras esto sucede a nivel local en el plano nacional se ha producido un hecho que va a tener profundas repercusiones en la vida de don Pío.
En el año 1906 Ramón y Cajal recibe el premio Nobel de Medicina.
Este premio le convierte en un foco de atracción ineludible para todos los que se dedican al estudio microscópico ya en el terreno de la Histología o en el de Anatomía Patológica.
Don Pío siente, como otros muchos, esa atracción y busca los medios para poder trabajar al lado del Maestro.
Una dificultad le sale inicialmente al paso: la incapacidad familiar para financiar su estancia en Madrid.
Es por ello que don-Pío se ve forzado a intentarlo por otro camino: el de alcanzar una beca de la Junta para Ampliación de Estudios.
Para lograr ese fin don Pío debe realizar varios viajes a la corte, cosa que su catedrático López García encuentra poco habitual llegando a poner en conocimiento del decano las ausencias de su profesor de practicas.
Leída su tesis doctoral, que versa sobre el estudio de los tumores cerebrales, don Pío consigue finalmente una de esas becas que le facilitan su estancia en Madrid y con ello poder trabajar con Cajal.
Hay que reconocer que la llegada de Río Hortega no fue acogida con satisfacción por el grupo de colaboradores más cercanos a Cajal.
Como nos cuenta el propio don Pío en su libro El Maestro y yo pasó a trabajar en el laboratorio de Cajal en la Facultad de Medicina, en el edificio de San Carlos, en la calle Atocha, pero en un lugar bastante aislado del laboratorio.
En ese lugar Río Hortega trabaja según él mismo reconoce en el citado libro con acentuada dedicación y asistencia notable hasta tal punto que pese a las circunstancias se hace notar de Cajal que se dirige a él y le estimula en su trabajo en el que le orienta el Maestro.
La importancia y relieve de don Pío va siendo con el paso de tiempo más significativa dentro del laboratorio de Cajal.
Pero la fortuna adversa está al acecho y un incidente con Tomás el mozo de laboratorio lleva a que don Santiago tome una decisión excesiva: la separación de don Pío de su laboratorio.
Una semana después Cajal reconoce su error y facilita que don Pío pase a trabajar con Nicolás Achúcarro, que dirige un modesto laboratorio que la Junta para Ampliación de Estudios ha montado en la Residencia de Estudiantes.
Nicolás Achúcarro es solo tres años mayor que Río Ortega, pero posibilitado por la situación económica de su familia ha conseguido tener ya un renombre muy importante tanto a nivel nacional con internacional.
Ha trabajado en Alemania con las figuras más prestigiosas de Neuropatologia como Alzheimer y ha sido designado por este como su discípulo más capacitado para dirigir el Centro de Enfermedades Mentales de Washington.
Junto a tal bagaje científico Achúcarro suma el hablar correctamente varios idiomas, francés, alemán e inglés.
En el campo de las ciencias morfológicas uno de sus estudios de marcado relieve ha sido la descripción de las conexiones de la neuroglia de tipo fibroso con la pared de los capitales mediante unos apéndice que se denominan «las trompas de Achúcarro» en honor de su descubridor y que hoy desgraciadamente todos llamamos pies chupadores.
Junto Achúcarro, Pío Hortega va a completar lo que yo permito llamar siguiendo la nomenclatura que fijó Ortega y Gasset como su etapa de «técnico artesano».
En este periodo Río va a completar y perfeccionar al límite su capacidad para manejar y sacar el mayor poder de resolución a las diferente técnicas histológicas.
Sirva como demostración de este aserto que don Pío se permite modificar la técnica que ha creado el propio Achúcarro y es conocida por la irregularidad absoluta que ofrece en sus resultados.
Río, siguiendo lo que se hace en otras técnicas, incluye la acción de un mordiente, el camino, y variando la acción del óxido de plata y la acción reductora del formol estable cuatro variantes del método inicial que dan al investigador resultados seguros y capacidad de impregnar con ellas diferentes componentes tisulares tales como las fibras de colágeno a las reticulares y no los macrófagos.
Podemos decir que don Pío es, en realidad, un virtuoso de la técnica histológica.
Siguiendo el esquema de Ortega y Gasset estamos autorizados a decidir que Río Hortega va ser capaz de desarrollar lo que Ortega denomina «La técnica del Técnico».
Ha llegado el momento en Río va a poder crear su propio método para la investigación del mundo microscópico.
El paso que se va a producir en el modus operandi de Río es decisivo pero entraña uno de los misterios de la vida de nuestro maestro.
Técnicamente el paso es muy sencillo, consiste en sustituir el óxido de plata amoniacal, base de la gran mayoría de los métodos argentinos utilizados, por el carbonato de plata, que es su gran creación técnica.
La gran pregunta es ¿qué es lo que lleva a Río Hortega a utilizar el carbonato de sodio para precipitar la solución de nitrato de plata?.
Nadie ha sido capaz de encontrar respuesta aceptable para este hecho decisivo.
¿Fue la utilización de error de preparación que decidió estudiar hasta sus últimas consecuencias?
Tampoco el propio Río nos facilito en sus, no numerosos escritos, una respuesta.
Queda por ello como una gran incógnita.
Lo que sí conocemos perfectamente fueron las consecuencias del mismo.
El nuevo método funcionó como una llave maestra que le permitió entrar en un mundo nuevo de la Anatomía microscópica.
Los estudios de diferentes autores, entre ellos de modo notable Cajal y Achúcarro habían establecido que en el sistema nervioso podían diferenciarse los siguientes compo- nentes: las neuronas o elementos conductores, la glia, en sus dos variantes de cortas y largas radiaciones y un elemento carente de prolongaciones al que Cajal denomina el tercer elemento de los centro nerviosos.
Quedaba además por conocer el origen de las llamadas células en bastoncito.
El nuevo método de impregnación va a permitir a Río Hortega a resolver estas incógnitas de la estructura del tejido nervioso.
Gracias a la capacidad resolutiva del carbonato de plata Río pone en evidencia que el denominado por Cajal «tercer elemento» o «células apoiares» no es un elemento único y homogéneo.
Según los trabajos de Río cabe diferenciar en ese tercer elemento dos variedades celulares diferentes: una que se localiza de preferencia en la sustancia gris de los centros y que por su tamaño denomina Microglia; y otro tipo celular que asienta de preferencia en la sustancia blanca en relación al parecer con los clindroejes o axones de las neuronas, y al que por las escasas prolongaciones que presenta denomina oligodendroglía.
La técnica ser revela además como es capaz de impregnar con nitidez algunos elementos del conectivo como los histiocitos y los fibroblastos.
Trabajos posteriores de Río ponen en evidencia que las células en bastoncillo corresponden a formas migratorias de la microglia que en sus trabajos se revelan de origen mesodérmico.
Los hallazgos de Río Hortega son, como era de esperar, recibidos en el mundo científico con cierto grado de desconfianza, pero en poco tiempo su realidad se impone.
Esto lleva consigo que un desconocido investigador español pase a ocupar un puesto de relieve internacional.
Río Hortega es llamado por diferentes centros de Europa, París y Berlín entre otros, para que se desplace a sus universidades y centros de investigación y dé allí cursos sobre su técnica y sus hallazgos microscópicos.
El estallido de la primera guerra mundial impide que Río pueda cumplir parte de esos compromisos.
Uno de los trabajos más importantes de Río en esos años es el que lleva por título «Tercera aportación para el conocimiento de la oligodendroglía».
En él fija de un modo definitivo las características morfológicas de estas célu-las y su relación con los axones neuronales.
Río aporta otro dato más que es rechazado inicialmente por los discípulos de Cajal y es el referente a la similitud morfo-funcional entre las células de oligodendroglía de los centros nerviosos y las denominadas células de Schwann de los nervios periféricos.
Río llega más allá de esa similitud morfológica y establece que ambos tipos celulares tienen que estar en relación con la formación o génesis de la mielina que rodea a las fibras nerviosas.
Sólo años después de su desaparición los trabajos de diferentes autores de microscopía electrónica, como los de Robertson, revelaran de modo innegable la precisión de la hipótesis de Río.
Con sus trabajos Río Hortega se ha convertido en un figura de relieve nacional e internacional.
Tras dura oposición gana la dirección del «Centro Oncológico Nacional».
Previamente había presidido en España la celebración de un Congreso Oncológico Internacional en el que presentó su ponencia la clasificación de los tumores de los centros nerviosos.
Para esa calificación se apoyó en sus descubrimientos morfológicos anteriores.
Su fama internacional es de tal envergadura que es invitado a dar conferencias en las más prestigiosas universidades: así visita Estados Unidos, Méjico, Cuba, Buenos Aires y países europeos como Francia, Bélgica y Alemania.
La guerra civil española rompe por completo su trayectoria vital.
Como funcionario del Gobierno es desplazado a Valencia con un amplio grupo de profesores e intelectuales.
Parece necesario destacar en este momento dos acciones de Río.
La primera su depósito en la caja fuerte del Banco de España de la dotación de radium que posee el Centro Oncológico Nacional a lo que añade los objetivos más valiosos de los microscopios de ese centro.
El segundo gesto conlleva la aparición de lo que yo denomino el segundo enigma de la vida de Río Hortega.
En noviembre de 1936, cuando las tropas del general Franco parece que de un modo inmediato van a ocupar Madrid, Río Hortega por medio de su sobrina Asunción y de su amigo Gómez del Moral consigue recuperar del Instituto Oncológico un número importante de preparaciones que guardaba en el mismo.
Yo recuerdo como mi maestro don Desconocemos que número de preparaciones se sacan del Instituto Oncológico.
Solo conocemos que, según su sobrina Asunción, fueron varias cajas de zapatos las que se llenaron de preparaciones.
Es dado suponer que estas preparaciones tenían para Río Hortega una significación y un valor inestimable.
Por ello hay que suponer que al pasar a Valencia estas preparaciones viajaron con él a la ciudad levantina.
Allí se pierden y pese a que las hemos buscado, nadie ha sabido darnos razón de ellas.
Sería interesante que de un modo oficial se iniciara un estudio para tratar de conseguir su recuperación.
La evolución de la guerra determina que Río Hortega el trágico rumbo de la emigración.
Se dirige primero a Francia trabajando con el neurocirujano C. Vincent pasando posteriormente a Inglaterra.
Allí es llamado por diferentes instituciones de Canadá, Venezuela o Cuba.
Mientras decide cual será su destino es proclamado «doctor Horis causa» por la universidad inglesa de Oxford.
Finalmente se decide don Pío por dar respuesta afirmativa a la petición que recibe desde Buenos Aires para que desarrolle un curso sobre sus trabajos y hallazgos.
Aunque la propuesta es no muy segura en cuanto la estabilidad y su continuidad en el tiempo don Pío se decide por ella.
Su recibimiento en el puerto argentino no se parece en nada al que se le dio en 1925.
Don Pío imparte su curso teórico-práctico y a su alrededor se forma un pequeño grupo de investigación argentino.
Terminado el curso la angustiosa situación de don Pío se salva gracias a que la Institución Cultural Española, carente de relación con el gobierno español, le ofrece sus locales para instalar en ellos un laboratorio que permita a don Pío continuar sus trabajos de investigación en el sistema nervioso.
En poco tiempo se pone en pie el laboratorio y don Pío ve surgir a su lado un grupo de investigadores argentinos.
Con ellos va a realizar su última singladura investigadora centrada en el análisis de los denominados gliocitos o células satélites de los ganglios simpáticos.
Poco tiempo antes un discípulo de don Pío había descrito un tipo celular semejante en los ganglios sensitivos de la raíz posterior de la médula espinal.
El grupo argentino dirigido por don Pío y con figuras relevantes como Moisés Polak emprende la publicación de una revista.
Anales de Investigación Normal y Patológica, que pronto alcanza una alta estimación en el mundo de la investigación neurológica.
Es en las páginas de esa revista donde don Pío publica un artículo en el que presenta una nueva hipótesis.
El análisis de las preparaciones de los centros nerviosos pone de relieve que la neurona carece de relación directa con los vasos sanguíneos, lo que plantea la cuestión del modo en el que la neurona se nutre y se deshace de sus productos metabólicos.
Las imágenes microscópicas revelan que la neurona está rodeada de la glia que constituye la que Castro denominó Atmósfera neuronal.
Río Hortega emite ante esta situación lo que el denomina «angio-glío-neurona».
Con ello quiere definir que la neurona sólo establece relaciones metabólicas con los vasos por medio de la glia.
Este concepto de Río es, en este momento, un campo de estudio de los investigadores del sistema nervioso.
Sus hallazgos parecen confirmar cada vez más y del modo más exacto y pleno la hipótesis de Río.
Otro campo que es hoy objeto de estudio y análisis es la relación de la oligodendroglía en la génesis de la mielina y la intervención de esta en la maduración de la fibra nerviosa y de su capacidad para llevar a término su actividad funcional.
El correr del tiempo va dejando en el pasado la figura de los hombres mientras que su obra sigue vigente y es objeto de estudio.
Pero por ello, nosotros los castellanos tenemos que recordar a nuestro paisano que paseo el nombre Castilla por todo el mundo científico. |
RESUMEN El artículo narra la invitación realizada a Pío del Río Hortega por el doctor Gutiérrez Perrín para viajar a México e impartir allí un ciclo de trece lecciones.
Tras el viaje a México, Río Hortega se traslada a La Habana donde imparte otro ciclo de conferencias.
Pío del Río Hortega, biografía.
El 18 de Febrero de 1930, Don José Castillejo y Duarte, Secretario de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, escribía a Río Hortega^: «Mi querido amigo: el Sr. Menéndez Fidai ha recibido anoche un cablegrama desde Méjico que dice: «esperamos entusiásticamente Río.
Este cablegrama es contestación a uno enviado al Sr. Perrín diciéndole que usted podría ir en el mes de Mayo...»
Esta invitación no debió sorprender a Don Pío, ya que en 1929 Don Tomás Gutiérrez Perrín, su fraternal amigo y condiscípulo desde las enseñanazas de López García en Valladolid y posteriormente Catedrático de Fisiología de la Facultad de Medicina y de la Escuela Médico-Militar de México, visitó en Madrid su laboratorio de la Residencia de Estudiantes y comentaron la posibilidad de realizar este viaje.
Pero sin duda, Río Hortega pensaría que las fechas elegidas para cruzar el Atlántico no eran las más oportunas: Max Borst, el Director del Instituto de Patología de Munich, esperaba que Don Pío diera un ciclo de conferencias en Alemania precisamente en la primavera^ -viaje que en un principio se aplazó a Noviembre de 1930 y que finalmente se realizó en Enero de 1931-.
Lhermitte, Crouzon y Roussy, Presidente, Secretario General y Vicepresidente, respectivamente, de la Sociedad de Neurología de París, le hablan invitado a dar una conferencia sobre la microglia en la cátedra de tan ¡lustre institución en Abril»^, pero tuvieron que conformarse con leer el trabajo que Don Pío les envió por correo; y finalmente, el Presidente del Centro de Neurología de Bruselas, el Doctor Laureile, esperaba que Don Pío acudiera a su aula para hablar sobre las lesiones elementales de los centros nerviosos cuando hubiera finalizado su trabajo en Parise esperanza que obviamente se vio frustrada.
Una vez organizado el viaje a México, Don Pío pensó que podría aprovechar la travesía atlántica para visitar los Estados Unidos y Canadá, accediendo así a los deseos que Penfield, tan reiterativamente, le reivindicaba.
Así se lo cuenta a su amigo Camilo Trefogli, Catedrático de Histología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, en una carta^ fechada el 13 de Mayo: «...En estos días estoy sumamente atareado preparando un nuevo viaje a América, pero esta vez a México y Estados Unidos.
Tengo el propósito de marchar el 1° de Junio para regresar a principios de Septiembre...».
Pero, tanto la prolongada estancia en México, como la inesperada invitación de la Sociedad Hispano-Cubana de Cultura para dar un curso de conferencias en La Habana, truncó, una vez más, su viaje a los territorios de Penfield.
Río Hortega embarca en el puerto de Santander el 30 de Mayo de 1930; así se lo relata a su familia^: «...esta tarde a las 5 embarcaré pero solo por un momento, pues el barco no sale hasta medianoche.
Ayer, entre lluvia incesante, estuvimos en Santillana.
Hoy comeremos con los de Valdecilla...»
Don Pío llegó a México a mediados de Junio de 1930 -habiendo arribado previamente algún día en La Habana- Antes de comenzar el curso de conferencias y lecciones prácticas que se le había encomendado, el día 23 de Junio la Universidad Nacional de México rindió un multitudinario homenaje al científico español.
El acto tuvo lugar a las 12 del mediodía en el Paraninfo de la Universidad, y el Rector, Don Ignacio García Téllez, le otorgó el diploma y la medalla que le acreditaban el título de Profesor Extraordinario de la Universidad Nacional de México^.
Presidieron el evento, el Rector, Perrín, Quijano, el Embajador de España -Vizconde de Gracia Real-y Don Pío, quien presentó el programa que iba a seguir durante su magisterio mexicano.
Así pues, según reza el programa^ del IX Curso del Instituto Hispano-Mexicano de Intercambio Universitario, Río Hortega va a realizar un curso de laboratorio y un curso de conferencias.
Consistirá en la aplicación de las técnicas propias del Doctor Río Hortega al estudio de la histología normal y patológica, en general, y especialmente del sistema nervioso.
Dichas técnicas se referirán a tinciones nucleares, protoplásmicas, del tejido conjuntivo, del sistema retículoendotelial, de la microglia, de la oligodendroglía y de las células nerviosas.
Los asistentes [cuyo número se ha limitado a 15] podrán estudiar el material que prefieran: tejidos, órganos, tumores, etc., guiados por el Doctor Río Hortega, quien les orientará en la lectura e interpretación de las preparaciones.
Los trabajos tendrán lugar diariamente, de 11 a 2, en el laboratorio de Fisiología de la Facultad de Medicina».
En cuanto al curso de conferencias «...Constará de un ciclo de 13 lecciones sobre citología normal y patológica del sistema nervioso central que serán explicadas con proyecciones los martes y sábados, en el Salón de Actos de la Facultad de Medicina, según el orden siguiente:
Constitución histológica de la glándula pineal (26 Junio).
Estructuro normal y patológica de la célula nerviosa (28 Junio).
Morfología y función de la neuroglia astrocitaria
Morfología y junción de la oligodendroglia (5 Julio).
Alteraciones generales de la neuroglia (8 Julio).
La microglia en reposo (19 Julio).
La jagocitosis en los centros nerviosos (22 Julio).
Los procesos inflamatorios de los centros nerviosos (26 Julio).
La necrobiosis de los centros nerviosos (27 Julio).
La reparación de las heridas cerebrales (2 de Agosto).
Los endoteliomas meníngeos (5 Agosto).
LA ASISTENCIA AL CURSO DE CONFERENCIAS ES LIBRE
Pues bien, tras la presentación de este apretadísimo programa, Don Pío se dispone a impartir su esperado curso ante un variopinto alumnado formado por Catedráticos, profesores y estudiantes de la Facultad de Medicina.
Entre los asistentes, destaca la presencia de Perrin, Ocaranza, Ochotorena, Manuel Martínez Baez -Catedrático de Histología-Ignacio Chavez e Ignacio González Guzman; estos últimos serían, años más tarde, íntimos colaboradores de Isaac Cos-tero^.
Pero Don Pío no se limitaría a completar este intenso curso; los científicos mexicanos quisieron aprovechar al máximo la estancia del histólogo español y «exprimir» el fruto de sus enseñanzas.
La Sociedad Mexicana de Biología requirió, los días 21 y 22 de Julio la presencia de Río-Hortega presentar un trabajo^^ en la XVII Reunión de la misma.
En la recepción de Don Pío ante los miembros de la institución mexicana, habló el profesor Martínez Báez, quien en un extensísimo y elogioso discurso^^ dijo entre otras cosas: «...Hay en la visita que hoy hace el doctor Río Horte-dero sabio moderno, dejó el alago de los sabios europeos para cumplir un deber de patriotismo, en la más amplia y elevada de sus aceptaciones...»
El día 22 de Julio, el Presidente de la Academia Nacional de Medicina de México, el Doctor José Torres Torija, escribía ^^ a Don Pío para solicitar su presencia en el acto que, en su honor, se iba a celebrar a las 7 de la tarde del día siguiente en la ilustre casa, y donde Río Hortega expondría, una vez más, otra conferencia.
La presentación de Don Pío fue obra del Doctor Arroyo, quien elogió ampliamente la personalidad del portillano.
Antes de embarcar hacia Cuba, el Instituto Hispano-Mexicano de Intercambio Universitario dio un multitudinario banquete-homenaje en honor de Río Hortega que se celebró en el restaurante San Ángel Inn, el 5 de Agosto^^.
De la estancia de Don Pío en La Habana tenemos menos información.
Sabemos que, como ya hemos comentado, no entraba en los planes del histólogo la visita a la isla antillana; de hecho, escribe a su padre^"^ desde México: «Queridísimo padre: supongo seguirá cuidándose mucho.
Ya tengo muchísimas ganas de verle.
Tengo todo arreglado para salir de aquí el 8 de Agosto y llegar ahí hacia el 26...».
Es, precisamente, al final de su estancia en México, cuando recibe una carta de su antiguo discípulo desde el magisterio que ejerció en Buenos Aires en 1925, el neurocirujano cubano Carlos M. Ramírez Corría, quien le dice lo siguiente^^: «...Como le ofrecimos, íbamos a hacer algo en su contra cuando Ud. pasara de nuevo por aquí de regreso a su patria «vieja».
Y cuando pensamos traicionarle, nunca hubimos de suponer hasta qué grado de importancia iba a resultar grande la mala acción.
Pero es el hecho, paradójico en extremo en nuestro medio actual, que la avidez científica criolla no se resigna a verle alejarse sin dejar algo siquiera de aquello a que se refería el verle o y querido maestro de Buenos Aires: le esperamos a Ud. para retenerlo aunque fuera una semana Pero los científicos cubanos, aparte de remitir una invitación firmada por un antiguo discípulo de Río-Hortega, creyeron conveniente «jugar otra baza», y mandaron a México a un joven médico cubano que, con una carta de Ramírez Corría^^ y con la mediación de Gutiérrez Perrín, se presentó ante Don Pío.
Este joven médico era Don Pedro Manuel León^^, patólogo del laboratorio del Hospital Municipal de Emergencias «Freyre de Andrade» de la Habana y que, ya de regreso a España, acompañó a Don Pío para aprender sus técnicas en ¡os laboratorios de la Residencia de Estudiantes y del Instituto Nacional del Cáncer.
Don Pío reside aproximadamente veinte días en La Habana para dar un curso similar -aunque evidentemente menos extenso-que en México.
Como ya hemos citado anteriormente, es invitado por la Sociedad Hispano-Cubana de Cultura.
El curso tiene lugar en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana.
Entre los asistentes, cabe citar a Pedro Machado, Antonio Navarrete, Ángel Vietai Miguel Ángel Mendoza, Rodolfo Pérez de los Reyes, Ortelio M. Fortún, René de La Valette, A. Castellanos, Pedro Manuel León.
Carlos M. Ramírez Corría, Jaime Cóndom, Pedro Kourí, etc. El 23 de Agosto, la junta directiva de la Unión Vallisoletana de Cuba, en sesión general extraordinaria presidida por Don Filemón Carmona, le nombra Presidente de Honor de la mis-ma^ ^.
Don Félix Granados, Presidente del Rotary Club de La Habana, le cursa una invitación para asistir a una sesiónalmuerzo que, en honor del científico español, se celebraría el jueves 21 de Agosto^^.
El 31 de Agosto, a las 11 de la mañana, Río Hortega da una conferencia^^ en el Teatro de La Comedia de La Habana ante los socios de la Sociedad Hispano-Cubana de Cultura.
En esta ocasión habló sobre «Algo de Arte Histológico».
El 4 de Septiembre, la Facultad de Medicina le rindió un multitudinario banquete-homenaje en el «roof garden» del Hotel Sevilla-Bi! tmore^\ El agasajo comenzó a las 9 de la noche y en la presidencia, junto a Don Pío, se sentaron el Rector de la Universidad, Don José Ricardo Martínez, y el Decano de la Facultad de Medicina, Don Luis Felipe Rodríguez Molina.
A los postres hablaron el Doctor Ramírez Corría, quien alabó entusiásticamente la obra del sabio español y sus enseñanzas en la ciudad antillana, y el Doctor Rodríguez Molina, quien entre otras cosas dijo^^: «...
En nuestro deseo de llevar al corazón del doctor del Río Hortega una prueba del gran afecto que le tenemos y en la imposibilidad de rendirle el homenaje más merecido, de haber llegado en periodo de actividades universitarias, de recibirlo en plena sesión del Claustro otorgándole del título de Profesor Honoris Causa, nos limitamos a declararle Profesor de profesores, y le obsequiamos con la medalla del bicentenario de la Universidad de La Habana, para que la conserve como recuerdo de su permanencia entre nosotros, simbolizando el obsequio, la vida e historia de nuestra Universidad creada por los padres dominicos españoles y llevando envuelta en ella la historia de nuestro país...»
El día 5 de Septiembre fue un día especialmente agitado para Río Hortega.
A las 12 del mediodía fue homenajeado por sus discípulos en el curso que dio en la cátedra de Histología de la Facultad de Medicina, con un banquete en el Miramar Yacht Club^^.
Como dice el cronista Miguel Ángel Mendoza: «...Un terceto formado de guitarra, güiro y marimba, sin las horribles e insoportables estridencias de los bongo, amenizó la fiesta, con «sones» y canciones deliciosas escogidas entre lo más selecto de nuestro ritmo criollo, que fueron del agrado del anfitrión...».
A las 5 de la tarde presidió la «Sesión fundacional de la Sociedad Cubana de Biología»^"^.
El acto tuvo lugar en el salón de actos del Laboratorio de Anatomía Patológica de la Asociación de Dependientes ante una nutrida concurrencia formada por el cuerpo médico de la casa de Salud y numerosos profesionales ajenos a la misma.
En la mesa presidencial se sentaron, junto a Río Hortega, el doctor Cárdenas -Director interino del Laboratorio-y los Doctores Ángel Vieta y Ramírez Corría, quien tras presentar elogiosamente a Don Pío dio una conferencia sobre «El efecto de las lecitinas en los órganos de los cobayas normales y tuberculosos».
En esta ocasión Río Hortega habló sobre «Aspectos histológicos en la debilidad senil».
Por último, a las 9 de la noche, la Academia de Ciencias ofreció a Don Pío una recepción en su honor.
El día 6 de Septiembre a las 11 de la mañana, Don Pío embarcaba en el «Alfonso XIII» con rumbo a España.
Como ya hemos comentado iba acompañado por el Doctor Pedro Manuel León, quien residió más de un año en Madrid para aprender las técnicas del maestro español.
Tras 5 días de travesía, el barco llegó al puerto de Nueva York.
Don Pío solo tuvo tiempo de enviar un telegrama a sus discípulos norteamericanos más allegados: Penfield, Stevenson y Alpers, quienes días más tarde escribirían a Río Hortega para mostrarle su pena por no haber conseguido retenerle durante algún tiempo en sus universidades^^.
Para finalizar citaré las palabras que Gutiérrez Perrín escribió a Don Juan del Río Sanz, el padre de Don Pío, tras el regreso de éste a España^^: «...Ya está Pío en sus brazos después de haber honrado, una vez más, su limpio apellido.
Esta vez llega a España aplaudido por dos naciones que, al admirarle, admiran a nuestra venerada patria.
Dios se lo premie...». |
La radio ha sido un medio de comunicación estrechamente vinculado a lo popular, aun más, ha sido un elemento fundamental en la configuración de lo cotidiano y de la cultura de las grandes masas.
Casi desde su nacimiento, tras una breve etapa minoritaria, la radio descubre su vocación de vehículo de comunicación masiva y paralelamente se convierte en un referente social fundamental.
Durante toda la etapa de la dictadura difunde los valores morales, políticos y religiosos del Régimen franquista, con una eficacia notable.
Los seriales radiofónicos, la radio beneficencia, los concursos de descubrimiento y promoción de cantantes y actores infantiles, paralizaban literalmente el país y llevaban hasta el propio hogar los modelos de conducta y las aspiraciones, deseables en la sociedad española de la época.
El lenguaje radiofónico se dirige directamente al corazón, y los profesionales del medio estaban más preocupados por la captación de audiencias que por el análisis de la realidad, o el dato riguroso.
Todas estas características, ubicaron a la radiodifusión en la periferia de la vida intelectual española y generó en las elites cultas un sentimiento de desconfianza hacia el medio que, sin embargo, iba a revelarse como muy cercano a los hombres, mujeres y población infantil de la calle.
Quizás este alejamiento sea la causa por la que la historia de la radio ha tenido hasta hace poco escasos investigadores.
En 1974 un destacado profesional de la radio, Luis Ezcurra, publicó en la Editora Nacional un libro imprescindible para conocer los orígenes de este medio.
Historia de la radiodifusión española.
Desde entonces la bibliografía ha aumentado notablemente aunque sin alcanzar el número de las referidas a otros medios de comunicación.
Entre las publicaciones recientes quiero citar el trabajo del profesor Armand Balsebre: Historia de la radio en España, editado en 2001, y el más reciente de Manuel Fernández Sande, Los orígenes de la radio en España, publicado en 2006.
La llegada de la democracia y el papel desempeñado por la radio en el periodo actual han conquistado nuevas audiencias y desde hace algún tiempo asistimos a un proceso de reivindicación intelectual de este medio tan popular, atendiendo sobre todo a la enorme influencia que ha ejercido sobre la sociedad a través de los tiempos.
La radio es, y ha sido, un altavoz de los acontecimientos oficiales y también de la vida cotidiana.
Transcurrido ya casi un siglo desde su nacimiento se ha convertido en un enorme almacén de algo que en estos momentos es muy actual, la memoria histórica colectiva.
Los sonidos, las músicas, las palabras de otro tiempo registradas en la radio, nos transportan con rapidez y contundencia a épocas del pasado, que casi podemos apresar intelectual y emocionalmente.
Los mensajes publicitarios de los años cuarenta y cincuenta nos informan mejor que algunos manuales de las dificultades económicas por las que atravesaba la sociedad española de entonces.
Los viajes de personalidades extranjeros como Evita Perón o el Presidente Eisenhower, y el recibimiento que se les tributó, informan muy bien sobre el aislamiento internacional al que estaba sometida España en las primeras décadas del franquismo y son ya páginas de nuestra historia.
Pero si la historia de la radio ha sido un espacio poco transitado por estudiosos e investigadores, la presencia femenina en este relato ha sido muy limitada o narrada en forma de anécdota.
Sin embargo, las mujeres han participado en el medio desde sus inicios.
En mayo de 1924 Teresa de Escoriaza, periodista y escritora, transmitía por Radio Ibérica de Madrid, la emisora decana de nuestro país cuya existencia fue bastante breve, un "curso de francés para españoles", de notable éxito, pese a la poca cobertura tecnológica que la época permitía y que abarcaba poco más que la capital de España y sus alrededores.
Escoriaza radiaba además unas charlas "feministas" dirigidas a la mujer española.
En ese mismo año, en el mes de noviembre, se inauguran las emisiones de Radio Barcelona y es la voz de María Sabaté, la elegida para inaugurar estos micrófonos.
El dato tiene una gran importancia simbólica, dado que Radio Barcelona, que en 1927 pasó a integrarse en la cadena Unión Radio, la potente empresa radiofónica creada por Ricardo Urgoiti, y que tras la Guerra Civil pasaría a denominarse Cadena SER, ha tenido continuidad hasta nuestros días y es hoy la emisora de radio de mayor antigüedad de las existentes.
La participación de las mujeres en la radio española ha estado como en muchas otras actividades sometidas a la dirección de sus colegas masculinos.
Pese a este serio impedimento, determinadas individualidades se han desarrollado de forma notable en el medio, alcanzando cotas de popularidad y de influencia social difícilmente comparable a la de otros medios escritos, mucho más minoritarios y de efectos más reducidos.
La brevedad de este artículo no nos permite abarcar toda la amplia nómina de mujeres presentes en esta larga historia, señalaremos tan sólo aquellas áreas de actividad dentro del quehacer radiofónico donde esta impronta ha sido más intensa, seleccionando solo algunos nombres representativos.
Pero antes de pasar a detallar algunos rasgos de los nombres seleccionados, tenemos que referirnos brevemente al contexto en el que nació la radio y al de su posterior evolución, que nos permitirá comprender con mayor exactitud el notable desarrollo alcanzado hoy por este medio y las dificultades superadas.
La radiodifusión nació a comienzos del siglo XX como resultado de un largo proceso de investigación, desarrollo y acumulación de conocimientos científicos.
Todo comenzó en 1867 cuando Maxwell enuncio su teoría del electromagnetismo.
Veinte años después Heinrich Hertz desarrolló estas ideas para demostrar la existencia de las ondas electromagnéticas llamadas a partir de entonces "ondas hertzianas", en homenaje a su descubridor.
A comienzos del siglo XX, Marconi inicia sus experimentos de comunicación mediante la telefonía sin hilos, nombre con el que se conocía el nuevo fenómeno que irrumpía con la nueva centuria.
En la Primera Guerra Mundial las fuerzas armadas de los países en liza aplican las comunicaciones radioeléctricas.
En 1916 comienzan a efectuarse las primeras emisiones radiofónicas en Estados Unidos, donde se crea la primera empresa de radiodifusión del mundo en 1919, la RCA.
En 1920 existen varias emisoras de radio que pueden ya emitir para todo el país, extendiéndose también el mismo fenómeno por Canadá.
En 1922 Argentina inaugura su primera emisora de radio, la pionera en el mundo de habla hispana.
En Europa, la radiodifusión se extiende con rapidez, Bélgica en 1919 incorpora la nueva tecnología pero tendrá que esperar unos años para que sus emisiones sean diarias.
En 1921 se inaugura una estación de radio en la Torre Eiffel de Paris, pasando al año siguiente a emitir con regularidad.
En 1922 se inician las retransmisiones de la BBC en Londres, y en 1924 el nuevo medio de comunicación está ya presente en la mayoría de los países europeos.
En España un grupo de científicos siguió desde el comienzo los experimentos de Marconi y el desarrollo de la telefonía sin hilos, nombre con el que se denominaba entonces esta nueva actividad.
Su enorme entusiasmo y su voluntad, que suplió las carencias jurídicas y estructurales, hicieron posible que la radio en España naciera a la par que en el resto de los países, pero hubo que esperar a que la industria y el comercio radioeléctrico iniciara un tímido desarrollo.
Entre los precursores que lograron que la radio naciese en España en la década de los veinte del pasado siglo hay que citar a Matías Balsera, nacido en 1883, en Gibraleón (Huelva), aunque vivió la mayor parte de su vida en Cádiz donde su padre, que era telegrafista, había sido destinado.
El mismo ingresó muy joven en el Cuerpo de Telégrafos, donde comienza a realizar sus primeros ensayos de telegrafía sin hilos.
Muy pronto construye una estación de aficionados e intenta mejorar el alcance y la recepción de sus transmisiones.
Antonio Castilla López, amigo y discípulo del anterior, fue otra de las figuras destacadas en esta actividad.
Nació en Jerez de la Frontera en 1886, estudió en la Escuela Oficial de Telecomunicación y completó sus estudios con algunos viajes a Francia, Inglaterra y Estados Unidos donde obtiene el titulo de ingeniero en Radio Electricidad; al regresar a España en 1916 trabaja en el montaje de diferentes estaciones de radiotelegrafia en Madrid, como la estación del Palacio de Comunicaciones y las diferentes estaciones del Ejercito, la Marina y la Aviación.
Entre estos primeros "apóstoles" de la telefonía sin hilos se encuentra José María Guillen-García Gómez, que poseía, como los anteriores, una sólida formación científica, avalada además por diferentes estudios en países extranjeros.
A su titulo de ingeniero industrial se añadía su licenciatura en Ciencias por la Universidad de la Sorbona.
Junto al periodista Eduardo Solá publica la primera revista especializada en radio, Radiosolá, que sale a la venta en septiembre de 1923.
Las primeras emisoras de radio en España nacieron gracias a la iniciativa de las asociaciones de radioaficionados y de los fabricantes de aparatos de radio, ambos componen la primera estructura financiera de la primitiva "telefonía sin hilos".
El negocio publicitario, que como después comprendería Ricardo María Urgoiti, será el verdadero sustento económico de la radiodifusión y el que posibilitará las grandes inversiones tecnológicas, todavía no se había descubierto y era rechazado por las elites que componían la primera audiencia de la radio.
Los primeros radioescuchas que podían permitirse el poseer un aparato de radio a comienzos del siglo XX, pertenecían a sectores económicos altos y poseían un elevado nivel educativo; además, deseaban estar informados sobre las novedades que se retransmitían a través de Paris o Londres o escuchar los conciertos de música del momento.
Los fabricantes de equipos de radiotelefonía conformaban otro de los grupos financiadores de las nuevas estaciones de radio, interesados como estaban en demostrar las bondades del invento y en incrementar sus ventas.
La radio primitiva retransmitía conciertos de las bandas municipales, veladas de ópera de los Teatros Líricos, y merecen una mención los desacuerdos económicos entre los gerentes del Teatro Real y los empresarios de radio, que dificultaron estas retransmisiones.
Pero no sólo se emitía música culta, la radio fue también receptora y emisora de músicas muy variadas, cuadros flamencos, grupos de jotas, jazz, cuplé etc. El profesor Armand Balsebre, en su obra citada, define a la radio de aquellos tiempos como una "caja de música".
El teatro estuvo igualmente presente en la programación de la radio desde sus inicios.
Se considera que El chiquillo, de los hermanos Álvarez Quintero, interpretada por la pareja de actores más celebres del momento, Maria Fernanda Ladrón de Guevara y Rafael Rivelles, radiada el 14 de julio de 1924, fue la primera pieza teatral emitida por la radio en España.
Además, se retransmitían lecturas teatrales o literarias, costumbre heredada sin duda de los diferentes salones o clubes literarios presentes en nuestro país, y que se mantuvo hasta mediados de siglo.
RADIO IBÉRICA, LA PRIMERA EMISORA ESPAÑOLA
Hoy ya no existe ninguna duda en afirmar que Radio Ibérica de Madrid fue la primera emisora de radio en nuestro país pese a su corta vida.
El exhaustivo trabajo de Manuel Fernández Sande, Los orígenes de la radio en España, así lo demuestra, poniendo de manifiesto el estado de desarrollo de las empresas radioeléctricas y de las asociaciones de radioaficionados.
Hay que precisar, no obstante, que si bien Radio Ibérica es la primera estación en nuestro país, su inscripción en el registro oficial se demoró unos meses y se produce con posterioridad a la de otras emisoras, por lo que ostenta el indicativo EAJ-6, detrás por lo tanto de Radio Barcelona (EAJ-1); Radio Cádiz (EAJ-3); Radio Castilla (EAJ-4); Radio Club Sevillano (EAJ-5).
Las siglas EAJ son el distintivo del espacio radiofónico español y el número que se indica a continuación es el del orden cronológico de su anotación oficial.
De cualquier forma Radio Ibérica es anterior a Unión Radio Madrid que ostenta la numeración siguiente, EAJ-7 y que se convirtió en su más directa y encarnizada rival en la industria de las ondas y cuya política empresarial será la responsable de la desaparición de la emisora decana en 1927, una breve existencia que se extinguió sin dejar rastros.
Radio Ibérica se constituye como empresa en septiembre de 1923, sus actividades se habían iniciado unos años antes, y sus emisiones con carácter regular diario tendrán que esperar hasta el 12 de mayo de 1924, pero generalmente se toma la primera fecha como la de su nacimiento.
La radio en nuestro país es, por lo tanto, contemporánea del famoso manifiesto del general Miguel Primo de Rivera, que el 13 de septiembre de 1923 da un vuelco a la historia española inaugurando la Primera Dictadura Militar del siglo XX.
Nace la radiodifusión al mismo tiempo que desaparece la vieja España de la Restauración y cuando en Europa comienzan a emerger los fascismos que desembocarán en otra Gran Guerra.
En España la enseñanza femenina comienza a ser ya tímidamente una realidad en determinados sectores.
En 1915 ha abierto sus puertas en Madrid la Residencia de Señoritas, una institución que, auspiciada por la Junta para Ampliación de Estudios, persigue fomentar la educación superior entre las mujeres.
La enseñanza femenina impulsada por la Institución Libre de Enseñanza desde finales del siglo XIX se ha extendido entre algunos segmentos de la población gracias a la actividad de las escuelas laicas, racionalistas, los ateneos obreros y las conferencias dominicales dirigidas a la población femenina.
Existían también en esos años pequeños núcleos de mujeres profesionales, escritoras e intelectuales que luchaban por los derechos de la mujer y por su incorporación a la vida activa del país.
Radio Ibérica fue la resultante de la fusión de la Compañía Ibérica y la Sociedad de Radiotelefonía Españolas.
Su creación se debe a los hermanos de la Riva Tayan, Jorge, Adolfo y Carlos, ingenieros industriales que iban así a continuar el trabajo de su padre Emilio de la Riva Echevarry, quien estuvo ligado al desarrollo de la empresa radioeléctrica.
La nueva empresa radiofónica se inicia con graves problemas económicos que irán lastrando su vida hasta determinar su desaparición en 1927 tras la venta a su competidora, Unión Radio, quien decide silenciar la voz de la emisora decana española.
Radio Ibérica desaparece en esta fecha sin dejar rastro, tan solo cuatro años después de su nacimiento.
Unión Radio, el proyecto radiofónico que se convertiría en hegemónico, nació en 1925 y fue impulsado por el ingeniero Ricardo María Urgoiti, hijo de Nicolás Maria Urgoiti, empresario de Papelera Española y editor del diario El Sol, miembro por lo tanto de una familia muy importante en la industria cultural y de la comunicación en nuestro país.
La familia Urgoiti pertenece a ese sector ilustrado de la burguesía española que desde presupuestos ideológicos liberales, cercanos a los sustentados por grupos como la Institución Libre de Enseñanza, contribuyó a la modernización de nuestro país.
Ricardo Urgoiti se consideraba a sí mismo como el ingeniero de la "Residencia de Estudiantes", con cuyos integrantes mantenía relaciones de amistad; y algunos miembros de la "generación del 27" colaborarían tempranamente en estas emisiones radiofónicas.
Había residido durante varios años en Estados Unidos, país en el que la radio se desarrolló con más rapidez, y traía de allí unos conceptos empresariales más en la línea del desarrollo económico internacional, que en nuestro país resultaban novedosos.
Urgoiti vio enseguida que el negocio de la radio estaba en la publicidad y por lo tanto en la búsqueda de audiencias masivas.
Fue uno de los primeros en incluir música de jazz y contenidos más modernos y populares para ampliar su audiencia y rescatarla de las elites minoritarias que entonces componían todos sus oyentes.
Ricardo Urgoiti poseía el respaldo económico de los grandes capitales internacionales presentes en el Consejo de Administración de la nueva sociedad y facilitó precisamente la entrada de las grandes corporaciones internacionales en nuestro país, presentes ya en el sector de las comunicaciones radioeléctricas en todo el mundo.
Este respaldo económico y la presencia de Compañías extranjeras se vio, en determinados grupos de la opinión pública, como una intromisión en la vida del país poco deseable.
La visión empresarial muy avanzada de Urgoiti coincidía con su concepción progresista de la sociedad civil.
La primera emisora de Unión Radio se inauguró en Madrid en 1925 y su apertura constituyó un verdadero acontecimiento social con la asistencia de Alfonso XIII.
Rápidamente inició una política de compra de las estaciones más potentes que pronto convirtió a Unión Radio en la sociedad radiofónica más importante del panorama español.
Radio Barcelona se incorporó a la cadena en 1926 y Radio Ibérica, con quien mantendría una durísima rivalidad empresarial, dejaría de emitir en 1927, tras ser adquirida por Unión Radio.
La pugna entre ambas emisoras sobrepasa el objetivo de este trabajo, pero ilustra muy bien la vida empresarial y económica de la época, así como la entrada de las grandes corporaciones internacionales de la industria radioeléctrica en nuestro país, algunas, como la ITT, ya estaban presentes en el negocio de las comunicaciones telefónicas.
Para los lectores interesados en estos aspectos apasionantes, les remitimos al excelente trabajo ya citado de Manuel Fernández Sande, Los orígenes de la radio en España.
Pero nosotros seguiremos con el hilo argumental de estas páginas que no es otro que el de la participación de la mujer en la primera radio española.
Radio Ibérica tuvo grandes dificultades a lo largo de su vida, pero tuvo igualmente fervientes defensores.
Uno de los más destacados, entre estos últimos, fue Luis de Oteyza, director del periódico La Libertad, quien en mayo de 1924, momento en el que la emisora madrileña comienza a emitir de forma regular y diaria, se hace cargo de las retransmisiones determinados días de la semana.
En este quehacer arrastró a algunos de sus colaboradores en el citado periódico entre los cuales tenemos que destacar a quien fue la más relevante profesional de la radio española en sus primeros años, Teresa de Escoriaza.
La escritora y periodista vasca Teresa de Escoriaza pertenece a ese pequeño grupo de pioneras dotadas de una fuerte personalidad y de una gran voluntad que a comienzos del siglo XX comenzaron a ocupar espacios tradicionalmente reservados a los hombres.
Fue una de las primeras mujeres que ejerció su profesión como corresponsal de guerra, y como tal, se trasladó a los escenarios de los conflictos bélicos desde donde enviaba sus crónicas.
Esta etapa de su vida está recogida en el libro Mujeres en Melilla de Maria Ángeles Sánchez Suárez.
Nació el 17 de diciembre de 1891 y era, según los testimonios, una mujer de gran cultura, que había viajado por varios países desde muy joven.
Su ingreso en el periodismo escrito se debe a unas crónicas que envió al periódico La Libertad, dirigido por Luis de Oteyza con quien mantendría una amistad a lo largo de toda su vida, sobre la ciudad de Nueva York donde estaba residiendo en aquel momento.
En los últimos meses de 1920, Escoriaza se encargó de la sección "Pagina para las mujeres" de la revista Mundo Gráfico.
En 1921 acudió a distintos frentes de Marruecos para informar sobre la evolución de los combates.
Allí conoció a importantes mandos militares españoles; su familia conserva una fotografía de Millán Astray con la siguiente dedicatoria:
A Teresa de Escoriaza, intrépida corresponsal de guerra, insigne escritora; recuerdo de una amistad iniciada en las líneas avanzadas en Melilla, el año 1921.
Su admirador y agradecido amigo.
(Fernández Sande) Las crónicas que envió al periódico La Libertad fueron posteriormente recopiladas y publicadas en 1921 en su libro Del dolor de la guerra, prologado, como señalábamos antes, por un destacado cronista de la época, Antonio Zozaya, a quien debemos el retrato literario de Teresa de Escoriaza, en el que nos presenta a la autora como una mujer independiente, conocedora de otras sociedades por sus frecuentes viajes, culta, emprendedora y entusiasta defensora de la causa femenina.
Pero la imagen gráfica que nos ha quedado de esta pionera de la radio es una instantánea publicada por la prensa española en mayo de 1924.
En ella se ve a Teresa de Escoriaza ante un enorme micrófono de Radio Ibérica.
La imagen viene acompañada del siguiente texto: "Con la radiotelefonía, dijo Teresa de Escoriaza, ante el enorme micrófono de palangana de "Radio Ibérica", en 1924, se acabó el aislamiento espiritual en que venía viviendo hasta ahora la mujer española".
La fotografía fue tomada durante la retransmisión de la primera conferencia sobre la situación de la mujer en España pronunciada por la escritora el 22 de mayo de ese mismo año.
Fernández Sande, I, 244) Escoriaza, muy interesada en los problemas de las mujeres de la época, pone en antena una serie de conferencias sobre este tema de marcado carácter feminista.
Se encargó, además, de la realización de otro programa "Curso de francés para españoles", que era seguido por "todo" Madrid, siempre de acuerdo con las informaciones recogidas en el periódico La Libertad, donde la escritora trabajaba habitualmente.
Con estos cursos Escoriaza fue la precursora de la radio-educativa, un fenómeno que nacería en España en los comienzos de los años cincuenta como consecuencia o desarrollo de la estación Radio SEU, y que daría lugar a diferentes experiencias de este tipo.
Pese a la originalidad y modernidad de sus contenidos, la radiodifusión española de los primeros tiempos estaba en sus primeros balbuceos tecnológicos.
Tendría que pasar todavía mucho tiempo para que la "telefonía sin hilos", se convirtiera en la radio que conocemos actualmente, capaz de contarnos cualquier acontecimiento que sucede en el mundo al mismo tiempo en el que se está produciendo y poder establecer comunicación simultánea con varios interlocutores ubicados en diferentes continentes, todo ello con un sonido de calidad musical.
Resulta muy curiosa la reacción de Escoriaza, que también era filóloga y llegó a ser profesora de español en la Universidad de Nueva Jersey, cuando la Real Academia de la Lengua desautorizó el anglicismo "speaker":
Según el último número del "Boletín de la Real Academia Española", durante ocho meses he estado siendo "locutora".
No; yo no he sido eso jamás.
¡Antes me hubiera dejado partir en pedazos¡ Ni a los académicos de la Lengua consiento yo que me traten así.
Cierto que por amor a cuanto significa cultura y progreso me aficione a la radiotelefonía, y que esta me llevó a intimar con los que, fundando la Radio Ibérica, dotaron a España del maravilloso invento de Marconi.
Di algunas conferencias ante el micrófono, y resultó que mi voz era a propósito para ser transmitida por las ondas etéreas.
Y como consecuencia de esto, en momentos que la emisora nacional se vio privada por la competencia extranjera y la ingratitud indígena de varios de sus elementos, me pidieron que actuase de "speaker" y acepté.
Eso es todo, y nada más.
Es decir, que acepté ser "speaker" o "spiker" como en su "Boletín" escriben los académicos; pero no otra cosa.
¡De ningún modo ¡ Si me llegaran a proponer que hiciese la locutora, claro está que me hubiese negado indignada.
La Academia en esto de la radio se equivoca constantemente.
Ya saben ustedes que a la divulgación por telefonía sin hilos del arte y la cultura se llama "broadcasting", adoptando la palabra inglesa a "radiodifusión", traduciéndola con sentido común.
Pues bien la Academia, no conforme con ninguna de las dos formas de expresión de la idea, decidió hace un año que se llamase "perifonía".
¿Qué les parece a ustedes?
Como si fuese posible que ninguna persona decente confesase que era aficionada a la "perifonía".
Ser aficionado a la radiodifusión ya es otra cosa Como es cosa muy distinta haber sido "speaker" de haber sido locutora.
Esto es lo que necesitaba hacer constar.
¡Que yo no he sido locutora nunca¡ 1 Este rechazo que manifiesta Teresa de Escoriaza por la categoría de "locutora", es muy llamativo si lo comparamos con la enorme valoración de la que gozó en otro contexto histórico, el de la radio franquista, en el que el timbre de voz y la dicción perfecta sin ningún acento regional era un pasaporte suficientemente válido para convertirse en profesional de la radiodifusión.
VOCES FEMENINAS EN LOS ORÍGENES DE LA RADIO
En noviembre de 1924 se crea Radio Barcelona, quizás la emisora más importante en la historia de la radiodifusión española, puesto que ha tenido continuidad hasta la actualidad.
El día señalado como el de su inauguración oficial es el elegido para conmemorar el día de la Radio en nuestro país y la fecha en la que tradicionalmente se entregan los premios Ondas, los más importantes de la industria radiofónica.
La emisora catalana pasaría en 1926 a integrar la cadena de Unión Radio, tras ser comprada por la sociedad que dirigía Ricardo Urgoiti, y que tras la guerra civil se convertiría en la Sociedad Española de Radiodifusión (SER).
Según la versión oficial de Radio Barcelona, el 14 de noviembre de 1924 se inauguran sus emisiones siendo la voz de María Sabaté la primera en introducir dicha programación.
De hecho estas palabras están recogidas en un disco conmemorativo editado por la propia emisora en 1974, para celebrar los cincuenta años de radio.
La citada grabación es posterior a la original, posiblemente porque ésta se perdió o simplemente se borró sin atender a la trascendencia que la emisión alcanzaría después, La pérdida de material radiofónico es algo demasiado frecuente a lo largo de la historia de la radiodifusión española.
Este detalle abona una cierta controversia, porque otras personas disputan a Sabaté el privilegio de esta inauguración, pero es la propia Maria quién, en una entrevista realizada por Antoni Ribas y publicada por El Correo Catalán, el 10 de noviembre de 1974, recuerda que fue ella la primera en hablar por dichos micrófonos, según ha recogido el profesor Armand Balsebre en su obra ya citada.
Este dato es muy ilustrativo de la historia de la radio, porque Maria Sabaté fue contratada por el Departamento de Publicidad, dirigido por Eduardo Gaztambide en la Revista Radio Barcelona entre 1924 y 1926, como mecanógrafa por lo que su incursión ante el micrófono es producto de acontecimientos improvisados y casuales.
Entre estas pioneras de la radio hay que anotar también el nombre de María Ángeles Fernández García, que será la primera mujer técnico de sonido en la radiodifusión española.
Maria Ángeles, que había nacido en 1905, estuvo en activo hasta 1965 y hay que señalar que incluso en los años de su jubilación no era frecuente encontrar a mujeres en la radio española desempeñando trabajos técnicos.
Su ingreso en Radio Barcelona se debió al hecho de ser sobrina de Joaquín Sánchez Cordovés, un ingeniero que fue nombrado director de Radio Barcelona, tras una etapa como encargado técnico en la que consiguió importantes mejoras en la calidad del sonido.
(Balsebre: Historia) La nómina artística de mujeres que participaron de alguna forma en las primeras emisiones de la radiodifusión española es enorme y de una gran variedad por lo que es imposible de reseñar.
Como señalábamos anteriormente grandes actrices, como María Fernanda Ladrón de Guevara, fueron pioneras en utilizar los micrófonos de la radio española como extensiones de los escenarios.
Los teatros radiofónicos están presentes desde los primeros balbuceos de la radio española y son los precursores de los posteriores cuadros dramáticos, que de forma estable pondrán en pie las emisoras más importantes de la radiodifusión.
Además de la representación teatral radiofónica, contaron con bastante éxito las lecturas de obras literarias, que generalmente se interpretaban con dos o más voces, una de ellas femenina, En Radio Barcelona en 1925, la señorita Adela Miranda realizó una de estas lecturas con el señor Rufo Ardiz.
En enero del mismo año fue Mercedes Goyena quien realizó la lectura de Lucha de pasiones de Otero Barranco.
En 1924, la actriz Carmen Seco interpretó ante, los micrófonos de Radio Ibérica de Madrid un monologo original de Luis Gabaldón.
Carmen Seco fue profesora de declamación de la Escuela de Capacitación Profesional que a modo de Escuela de arte dramático, funcionó durante la guerra civil en Madrid.
Anita Martos, catedrática del Real Conservatorio de Madrid, fue en diciembre de 1924 responsable de unos espacios poéticos en Radio Ibérica.
Posteriormente fue maestra de dicción y de arte dramático de varias promociones de locutores de Radio Madrid.
Estas producciones literarias y teatrales eran de alguna forma ajenas al funcionamiento cotidiano de la radio y al trabajo de los profesionales.
Los actores y actrices tenían un matiz artístico diferente al de los locutores, guionistas y técnicos que componían las plantillas de las empresas radiofónicas.
LA RADIO INFORMATIVA: JOSEFINA CARABIAS 2
El trabajo periodístico es algo posterior a la aparición de la radio, que en sus inicios fue tan solo una "caja de música".
En los años 20 la radio no es percibida por los periódicos como una competencia, sino como un instrumento de entretenimiento que emitía "música, teatro y literatura".
A finales de octubre de 1924, Radio Ibérica inicia una emisión informativa los domingos, Crónica de la semana, que levanta protestas entre los profesionales de los medios escritos que argumentaban que esta retransmisión rompía la práctica del descanso dominical de los periodistas, que se había conseguido tras arduas luchas.
Antiguamente los lunes no se publicaban periódicos, tan sólo era permitido editar La Hoja del Lunes.
Este acuerdo de carácter corporativo aseguraba a los periodistas una jornada semanal de descanso.
Hay que señalar que las protestas vinieron sobre todo de la "eterna" rival de Radio Ibérica, Unión Radio de Madrid.
Las quejas tuvieron éxito y Radio Ibérica se vio obligada a retirar este informativo, pero en 1925 pone en antena otro espacio diario que se emitía de lunes a sábado, respetando así el descanso dominical, un programa que será muy breve en el tiempo. hablado matinal La Palabra, que había puesto en antena Unión Radio en 1930.
Josefina Carabias mantuvo la amistad con la familia Urgoiti hasta el final de su vida.
En 1936 se casa con José Rico Godoy y poco después de comenzar la Guerra Civil Española el matrimonio se traslada a París.
En 1939 su esposo fue encarcelado tras su regreso a España para solucionar algunos problemas legales, permaneciendo en la cárcel hasta 1942.
La periodista, que se había quedado en Paris, volvió a Madrid en 1943, tras la liberación de su marido.
Durante algunos años es postergada por el Régimen lo que le obliga a firmar sus trabajos periodísticos y su libro, Los alemanes en Francia vistos por una española con un seudónimo.
Finalmente logra reincorporarse a su antiguo oficio.
Su carrera profesional da un vuelco espectacular tras ganar en 1954 el premio periodístico Mariano de Cavia, uno de los más prestigiosos en el país y que le abre las puertas de las redacciones más importantes.
Poco después se convierte en corresponsal en Washington donde permanece hasta 1959, año en el que se traslada a París para ejercer la misma función.
Josefina Carabias fue una de las escasas corresponsales periodístas de la época y como tal, es recordada por generaciones enteras de españolas que ansiaban otros horizontes menos domésticos que los que les ofrecía el franquismo.
En 1967 regresa a España ya como periodista consagrada y desde entonces hasta su muerte escribe en el periódico Ya y es directora de la revista Ama.
Publica varios libros entre los que se incluyen novelas, ensayos, y obras teatrales.
Murió en 1980 el mismo año en el que apareció su libro sobre Azaña, a quien había conocido como presidente del Ateneo de Madrid, en los tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera
ESCRITORAS EN LA RADIO: CONCHA ESPINA
La escritora santanderina Concha Espina fue una de las presencias habituales en la primera etapa de Radio Nacional de España.
La emisora franquista fue creada en plena Guerra Civil, en enero de 1937, en Salamanca, y fue uno de los instrumentos de batalla y de propaganda del bando nacional, encargada de combatir en las ondas a la radio republicana y de propagar los mensajes de la España de Franco.
Un reducido número de intelectuales de derechas, identificados con el pensamiento de la zona nacional, fueron los encargados de poner en marcha la emisora, y de difundir a través de las ondas el pensamiento y los valores culturales de los vencedores.
Dionisio Ridruejo, Antonio Tovar, Torrente Ballester y Concha Espina fueron algunos de esos primeros colaboradores.
Maria Concepción Espina Tagle nació en Santander el 15 de abril de 1869 en el seno de una familia acomodada de propietarios rentistas.
Pero esta situación de desahogo económico iba a durar muy poco, en 1878 los negocios de su padre sufrieron un serio revés y desde entonces los asuntos financieros de la familia fueron de mal en peor.
Entre las propiedades que consiguieron salvar se encontraba una casa en Mazcuerras, que posteriormente fue rebautizada por la novelista como Luzmela y convertida en centro de su universo narrativo.
La vocación literaria de Concha Espina se manifestó a edad muy temprana, la propia escritora confesó en una ocasión que creó sus primeros versos antes de saber escribirlos.
Su vida personal estuvo marcada por las dificultades familiares y económicas.
A la muerte de su madre en 1891 tiene que hacerse cargo de su familia.
Poco después contrae matrimonio con Ramón de la Serna y se trasladan a Chile, donde aquel tenía que hacerse cargo de una herencia.
Los problemas económicos determinaron la vida de la pareja y obligan a la escritora a colaborar con varios periódicos, a la vez que comienzan a deteriorar su relación.
En 1898, el año del desastre colonial español, el matrimonio regresa a España con sus tres hijos y Concha Espina continúa con sus colaboraciones periodísticas y sus poemas.
En algunos de sus escritos aborda un tema entonces candente, el de la situación de la mujer y el impacto causado por el feminismo emergente.
La escritora santanderina defendía tesis conservadoras respecto a este tema y apoyaba aquellas que consideraban como prioritarios los deberes de esposa y madre.
En 1933 publicó Candelabro y Entre la noche y el mar, una colección de poemas de marcado acento biográfico.
Un año más tarde apareció una nueva novela, La flor de ayer.
Durante estos años viaja a Alemania primero y más tarde a América.
En 1938 escribe Retaguardia (Imágenes de vivos y muertos) y en el mismo año publica Esclavitud y libertad.
Diario de una prisionera.
En Mujeres en la Historia de España.
Enciclopedia biográfica, dirigida por Cándida Martínez, y editada por Planeta se recoge la biografía de la escritora y su posterior transformación ideológica, que desde planteamientos más liberales evoluciona hasta posiciones políticas muy conservadoras que, tras la victoria electoral del Frente Popular, en febrero de 1936, la conducen hasta las filas del fascismo.
Seguramente por influencia de su hijo Victor de la Serna, como se apunta en la mencionada biografía, Concha Espina se incorpora a la Sección Femenina de la Falange.
Es por esta cercanía ideológica por la que nos encontramos con la presencia de la escritora santanderina en el pequeño grupo de intelectuales encargados de dar una pátina cultural a Radio Nacional de España, una emisora controlada totalmente por las autoridades franquistas y considerada más como un instrumento de propaganda del Régimen que como un vehículo de comunicación.
Desde 1938 Concha Espina participa en los programas culturales de esta emisora, según recoge Juan Munsó Cabús en su libro: Escrito en el aire.
La obra de la escritora santanderina estuvo igualmente presente en las ondas de la emisora pública mediante adaptaciones radiofónicas, en ocasiones efectuadas por ella misma.
Concha Espina recibió el Premio Cervantes en 1948.
Unos años antes se había instituido el galardón que llevará su nombre y la España franquista le concedió la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, la Medalla del Trabajo y la de Oro de Santander.
Radio Nacional de España se unió a estos homenajes con la difusión de la vida y de la obra de una de las escritoras más cercanas a su línea de pensamiento.
Concha Espina, que se había quedado ciega, murió en Madrid el 19 de mayo de 1955.
Su obra, ampliamente difundida por los medios oficiales, fue traducida a varios idiomas.
EL SERIAL RADIOFÓNICO: LUISA ALBERCA LORENTE
El serial radiofónico fue el gran invento de la radio de los años cincuenta y en este género nos encontramos con una presencia femenina indiscutible: la de la escritora Luisa Alberca Lorente, quien junto a Guillermo Sautier Casaseca inventaron este formato radiofónico que revolucionó la radiodifusión española, convirtiéndola en un fenómeno de masas.
El serial radiofónico es el heredero más directo del folletín decimonónico.
De periodicidad diaria, emitido de lunes a viernes, conseguía mantener la atención del radioescucha desde el inicio de la emisión y la expectativa durante un periodo, de varios meses.
Las narraciones creaban un "climax" dramático que se interrumpía en un punto álgido y que hacia muy difícil la no continuación.
Este género radiofónico, consiguió en los años cincuenta "paralizar España" en la hora de su emisión y se reveló como un gran negocio para las cadena SER, que fue quien obtuvo más éxitos con estas emisiones y quien popularizó el genero.
El nombre de Luisa Alberca ha sido ninguneado históricamente como se explica en otro artículo de esta misma publicación y donde el lector puede encontrar un análisis más pormenorizado de su obra literaria.
Señalemos aquí, que al igual que la radio como medio popular de comunicación, las manifestaciones literarias de este tipo, que apelaban a lo sentimental y sensiblero en grado superlativo, provocaban un cierto rechazo en las mentes más cultas y analíticas lo que se ha traducido en un menosprecio de estos autores.
Alberca, en colaboración muchas veces con el gran mago del género, Guillermo Sautier Casaseca, y en ocasiones en solitario, es autora de un buen numero de seriales radiofónicos que se convirtieron en un autentico "boom" de la radio española.
El primer gran éxito de la pareja Alberca-Sautier Casaseca se produjo en 1952 y fue Lo que no muere.
El acontecimiento llegó en muy buen momento para la Cadena SER, en un momento álgido de la guerra profesional que mantenía con Radio Nacional de España.
Obligada aquella a competir en el terreno de los espacios dramáticos, puesto que la emisora oficial era la única autorizada para emitir contenidos informativos, acababa de perder a algunas de sus "estrellas" más celebres del momento como Julita Calleja y el redactor deportivo Carlos Fuertes Peralba, que habían sido "fichadas" por Radio Nacional de España.
Pero el éxito de esta nueva serie, le otorgó la victoria en un terreno que iba a ser decisivo y distintivo para la radio española a lo largo de dos décadas.
Alberca se reveló como una concienzuda y eficacísima autora de seriales radiofónicos, la descripción de personajes tan cercanos para el oyente, las claves familiares, la exaltación de los valores morales, políticos y religiosos tan presentes en la época, contribuyeron a la difusión masiva del producto, que tenía siempre puesta una mirada en la actualidad del momento.
Los escenarios de los seriales estaban marcados por los acontecimientos de la época.
Armand Balsebre en su Historia de la Radio señala que el ferviente anticomunismo presente en este genero radiofónico vivía su particular momento "dulce" en nuestro país, tras la muerte en marzo de 1953 de José Stalin, quien personificó todos los males y los fantasmas de la guerra civil española, el anticomunismo fue siempre una de las señas de identidad de la dictadura franquista, pero tras la muerte de Stalin y las posteriores revelaciones sobre sus crímenes, esta propaganda se intensificó más aún, si cabe.
Luisa Alberca nació en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) el 9 de agosto de 1920.
Estudió Peritaje Mercantil en Madrid y trabajó toda su vida como funcionaria del Aire hasta su jubilación en 1985, según datos suministrados por su familia y por ella misma.
El 3 de julio de 1943 se casó con Juan José Bretón y tuvo dos hijas.
En una entrevista publicada en el diario Pueblo en 1961, Luisa Alberca explica los inicios de su profesión de escritora de forma bastante anecdótica:
Me preparaba para las oposiciones al Ministerio del Aire.
Necesitaba practicar la mecanografía y era molesto tener a algún familiar dictándome aburrido.
Por eso decidí escribir cuanto se me ocurriera, y de aquello salió mi primer cuento.
A ese primer cuento inicial, que fue publicado en una revista, siguieron otros que la condujeron posteriormente hasta Radio Madrid, en la que no sólo fue autora de seriales de éxito, sino que trabajó también como adaptadora de obras literarias ajenas.
Luisa Alberca escribió su primera novela Patricia Rilton, que fue finalista del Premio Nadal, certamen por cierto al que concurrió en otras ocasiones, con diferentes narraciones.
En la citada entrevista menciona como preferencias literarias a Valle Inclán, Baroja, Pardo Bazán y Concha Espina, entre los españoles, y a John Galsworthy; Jacob Wasserman, Thomas Mann, y Pearl Buck entre los extranjeros.
En una reciente conversación telefónica mantenida con la autora de Patricia Rilton, le pregunté por los efectos de la censura entonces omnipotente y omnipresente entre los escritores.
Alberca me respondió que al contar los autores previamente con ella, no solía representar un gran obstáculo en su trabajo, puesto que habían adaptado con anterioridad sus textos a esta circunstancia.
Pese a ello me relató una curiosa anécdota.
En una ocasión dentro de los capítulos de uno de los seriales, Alberca situó una pelea entre una pareja de hermanos que se resolvía con una sonora bofetada del varón a su hermana.
La censura suprimió la escena con el curioso argumento de que esos hechos no se producían dentro de las familias españolas.
REVISTAS Y CONSULTORIOS FEMENINOS
La radio dirigida a las mujeres ha sido otro de los contenidos habituales de la "telefonía sin hilos" desde su creación.
A comienzos de los años treinta proliferan por todas las estaciones radiofónicas, Revistas femeninas radiofónicas, que incluían secciones de moda, cocina y consultorios sentimentales.
Uno de los primeros espacios de estas características, Charlas femeninas, se inicia en 1924 en Radio Barcelona y curiosamente es escrito por un hombre, Joaquín Arrarás, y en la misma emisora se inaugura el espacio Radiotelefonía femenina, con una sección a cargo de la "señorita Pompadour".
En 1929 este espacio es sustituido por Charlas para la mujer, a cargo de la escritora María del Patrocinio Alba.
Pero el programa canon de este tipo, según Armand Balsebre, se inicia en 1930, en Radio Barcelona, bajo la dirección de la escritora Mercedes Fortuny y con el titulo Radiofémina.
El programa incluye los consabidos espacios de moda, literatura femenina, notas de sociedad y se presenta como un periódico radiado, o "magazín".
La fórmula obtuvo un gran éxito y es en este apartado donde nos encontramos las primeras "estrellas" de la radio tal como hoy concebimos este concepto.
Una de las primeras y más significativas fue Julita Calleja, quien se convirtió en una celebridad radiofónica tras la Guerra Civil Española y fue, además, una de las primeras mujeres en alcanzar puestos directivos y de gestión en las dos emisoras en las que desarrolló su vida profesional, en la Cadena SER primero y en Radio Nacional después.
Julia Calleja nació el 11 de mayo de 1915 en Madrid y, según acreditan varios documentos de su archivo privado a los que he podido acceder por amabilidad de su viudo, Gian Carlo Tabellini, ingresó en Unión Radio de Madrid el 1 de junio de 1933.
El 16 de septiembre de 1939 Calleja, según la misma documentación, solicita su reingreso como locutora en la misma emisora, intervenida por la autoridad competente en ese momento.
Tras adoptar la empresa radiofónica el nuevo nombre de Sociedad Española de Radiodifusión, Cadena SER, Julia Calleja permaneció en la emisora de la Gran Vía madrileña hasta 1952, tiempo durante el cual puso en antena varios de estos espacios dedicados a las mujeres, La hora de la mujer fue el más relevante y gracias a estas emisiones consiguió una enorme popularidad.
Paralelamente ocupó el puesto de Redactora Jefe en el Departamento de Programación de la citada emisora.
En 1952 pasa a Radio Nacional, donde se encarga de la programación dedicada a las mujeres y también de los programas infantiles.
Julia Calleja participa además en las retransmisiones para Hispanoamérica que realizaba la emisora oficial.
Fue delegada o representante "oficiosa" de nuestro país en varias emisiones extranjeras realizadas en emisoras de otros países, con el mismo rango participó en algunas Asociaciones de Mujeres Profesionales de los medios de comunicación audiovisuales de ámbito internacional.
En la emisora estatal alcanzó puestos directivos de relevancia como el de Jefe del Departamento de Entretenimiento y Variedades, nombre bajo el que se englobaba toda la producción radiofónica, excepto la informativa y la dramática.
Se jubiló en 1981 tras obtener los galardones más importantes de la radio Española.
Otra de las voces más celebres de la posguerra española fue la Petrita Tamayo, que se dio a conocer a muy temprana edad en Radio San Sebastián en la inmediata posguerra.
Tamayo nació en 1928 y a comienzos de los años cuarenta se hizo famosa con la interpretación del personaje "Hada palabrita", muy popular en la programación infantil.
Su popularidad fue tan grande, que la dirección de la Cadena SER, la trasladó a los estudios centrales de Radio Madrid, donde se convirtió en una "estrella" de la radio de la época.
Fue la primera presentadora del Festival de Cine de San Sebastián, trabajo por el que obtuvo el Premio Ondas en su primera edición de 1954.
Fue también la encargada de presentar al Orfeón Donostiarra, en el Palau de la Música de Barcelona y en otros Teatros.
Petrita Tamayo, con quien hemos charlado para la confección de estas líneas recuerda sus interpretaciones en la emisión radiofónica de cuentos dedicados a la audiencia infantil y los "efectos especiales", que de forma artesanal, conseguían sonidos parecidos a "truenos y relámpagos".
En pleno apogeo de su éxito, Petrita Tamayo decide abandonar la radio e ingresar como religiosa en un convento, el acontecimiento dado la relevancia social de Tamayo en aquellos momentos se convirtió en un suceso de actualidad.
Cuarenta y cinco años después, durante nuestra charla, Petrita dueña de un envidiable sentido del humor se muestra encantada de haber tomado aquella decisión, de la que dice no se ha arrepentido en ningún momento.
Mercedes Lastra es otra de las voces representativas de la radio española de la posguerra.
Nacida en 1915, inicia su carrera radiofónica en Radio España de Barcelona en 1939 donde permanece hasta su jubilación en 1989, según datos suministrados por la propia Mercedes.
Su trabajo fue muy variado y es una de las profesionales que puso en marcha las lecturas literarias a través de la radio a las que antes nos hemos referido.
Su conocimiento del inglés, francés, castellano y catalán le facilitaron estas lecturas, así como su interés y su conocimiento de la literatura.
Mercedes Lastra evoca el trabajo publicitario como inherente a su quehacer radiofónico, pero quizás su popularidad se debió a una de estas revistas femeninas: Radio Fémina, que permaneció en antena durante bastante tiempo.
Mercedes Lastra recuerda perfectamente los concursos infantiles de estrellas de la canción y la participación en ellos de una jovencísima Rocío Dúrcal en uno de los espacios que ella dirigía.
Otra de las imágenes inscrita en la memoria de la hoy nonagenaria locutora, es la presencia en los estudios de Radio España de Barcelona de la actriz y humorista Mary Santpere.
La selección de personajes femeninos en este relato es incompleta pero no podemos dejar de anotar que durante todos los años del franquismo existía otra radio que se escuchaba clandestinamente en nuestro país, y que estaba hecha por los derrotados de la Guerra Civil Española.
El estudio de esa radio es otro capitulo apasionante de esta historia, recordemos aquí que la primera directora de Radio España Independiente, conocida como La Pirenaica, fue Dolores Ibarruri.
Otro de los aspectos impor-tantes de esta historia que hemos mencionado muy someramente es el de la radio-educativa un fenómeno presente en la sociedad española en los años cincuenta y que ayudó a paliar la escasez de instrucción de la sociedad española.
En todos estos apartados las mujeres fueron protagonistas activas del desarrollo del medio radiofónico, un vehículo importantísimo de transmisión de conocimientos y un potente instrumento de comunicación.
Fondo documental sonoro de RNE.
Entrevistas, espacios dramáticos, retransmisiones Archivos documentales laborales de RNE Archivo privado y papeles personales de Julia Calleja |
RESUMEN El artículo describe la trayectoria científica de Santiago Ramón y Cajal y Pío del Río Hortega y la trascendencia de sus descubrimientos en las ciencias neurológicas, así como el estado actual de la investigación neurológica.
El descubrimiento del microscopio óptico abrió sin duda un campo nuevo en el conocimiento humano y posibilitó el conocimiento de la estructura de lo más pequeño que permanecía hasta entonces inaccesible al conocimiento humano.
Uno de los campos en que el microscopio posibilitó importantes desarrollos fue en la descripción morfológica de la estructuras del cuerpo humano y sus enfermedades, dando lugar al desarrollo de la Histología y de la Anatomía Patológica, disciplinas centrales y básicas en el despliegue de conocimientos que ha dado lugar a la Medicina Científica moderna.
El conocimiento detallado de la estructura de los diferentes órganos, sistemas y aparatos del cuerpo humano es sin duda requisito indispensable para conocer su funcionamiento y corregir sus desarreglos.
En este contexto la figura de Don Pío del Río Hortega es sin duda una figura señera no sólo en la Medicina Española, sino también en el contexto de la Medicina Mundial y en concreto en todo el desarrollo de las diferentes ramas de las ciencias neurológicas.
A finales del siglo XIX la histología general del cuerpo humano estaba bastante bien pergeñada, pero la estructura microscópica y la organización general del sistema nervioso central (SNC), permanecían elusivas al esfuerzo investigador de los histólogos.
Tuvo que ser un español universal, Don Santiago Ramón y Cajal quién utilizando las tinciones argentinas desarrolladas en Italia por Camilo Golgi, para estudiar el SNC, consiguió no sólo desentrañar su estructura sino desarrollar una teoría general sobre el funcionamiento jerarquizado del SNC, conocida como teoría neuronal que todavía hoy sigue siendo el paradigma en el que se desenvuelven las Ciencias Neurológicas.
La escuela histológica del Doctor Santiago Ramón y Cajal
Sobre la gran figura del Doctor Santiago Ramón y Cajal se ha dicho y se ha escrito casi todo, pues es él quien consigue conceptuar la estructura básica del SNC y su funcionamiento y además consigue fundar y desarrollar una formidable escuela histológica que logra reunir a lo que posiblemente ha sido el grupo investigador mas brillante de la historia de la Ciencia Española: Lorente de No, Achúcarro, Tello y el propio Río Hortega desarrollaron bajo la dirección de Don Santiago Ramón y Cajal un verdadero torrente de inventiva, dedicación y descubrimiento que pusieron a España a la cabeza de la investigación en ciencias neurológicas, con el mérito añadido de ser un milagro creador en un páramo como el que era la ciencia española de comienzos de siglo XX (recordemos el deprimente «que inventen ellos» del por otro lado admirable Miguel de Unamuno).
El trabajo de todos estos ¡lustres investigadores rindió frutos enormes en el estudio general del SNC, en el conocimiento de las redes neuronales y la sinapsis y en el descu-brimiento y clasificación de las diferentes células que componen el tejido de soporte del SNC: la glia (astroglia, oligodendroglía, microglia) (Fig. 1).
Sus contribuciones más importantes desde el punto de vista de la histología residieron en sus estudios sobre las conexiones neuronales y la participación de la glia a la estruc-tura del SNC.
En anatomía patológica destacó por sus investigaciones sobre las características microscópicas de los diferentes tumores cerebrales (Fig. 2).
Glioma (Astrocitoma) Tinción argéntica de Astrocitoma Humano.
A destacar la presencia de astrocitos neoplasicos con múltiples prolongaciones fibrilares, Foto original.
Río Hortega Hombre brillante destacó como docente y además, debido a su minuciosidad, desarrolló y mejoró las técnicas de impregnación argéntica diseñadas por Don Santiago Ramón y Cajal lo que ayudó a precisar la estructura íntima del SNC y la interrelaciones entre las neuronas y sus prolongaciones y la neurología.
Posiblemente sin la súbita interrupción de su actividad debido a la guerra civil su aportación se hubiera completado y hubiera brillado aún más en el panorama de la ciencia moderna.
Desgraciadamente en las manos de los hombres de ciencia no está el controlar el devenir político de las naciones en que viven.
La nueva realidad europea y el horizonte de paz y progreso que se dibujan hace que la nueva generaciones de investigadores españoles gocen de una posición infinitamente mejor que la que tenía Don Pío del Río Hortega, solamente debemos esperar que se acompañe también de un talento tan extraordinario como el que poseía el gran investigador castellano.
La neurología de ayer y de hoy
El trabajo de toda la escuela de investigadores españoles dejó como herencia una teoría general de la estructura del SNC y de su funcionamiento conocida como teoría neuronal, que todavía sigue siendo el eje de la investigación neurológica moderna.
¿Pero adónde y porqué medios se dirigen las investigaciones neurológicas?
La respuesta a esta pre- Desde el punto de vista estructural histológico y anatomopatológico el descubrimiento de la inmunohistoquímica y de las diferentes técnicas de patología molecular han permitido la detección en cortes histológicos de numerosas sustancias, genes y organismos infectivos, lo que ha provocado que la histología y la anatomía del SNC se hagan, en cierto modo, funcionales.
Un ejemplo paradigmático es la detección de los priones y otros «virus lentos» mediante inmunohistoquímica y patología molecular, lo que ha permitido profundizar en los mecanismos de la infección y en la manera en que afectan a las células del SNC produciendo en última instancia la sintomatologia clínica de los pacientes.
Virus como el virus del Herpex pueden también ser detectados mediante inmunohistoquímica, así como numerosos antígenos de gran utilidad como antígenos proliferativos como el Ki 67 que mejoran el diagnóstico de estos tumores.
También la gran mejoría en técnicas de imagen como el TAC y la Resonancia nuclear Magnética son la gran ayuda en clínica, y la introducción de técnicas funcionales con radioisótopos como el PET, marcan la pauta investigadora puesto que ayudan a conocer que porciones del SNC se activan en diferentes situaciones clínicas y patológicas, ayudando a desarrollar un mapa funcional del SNC.
La tendencia actual de las investigaciones neurológicas parece desarrollarse en este contexto de conocer en profundidad la función de las diferentes áreas neuronales mediante técnicas dinámicas que identifiquen las zonas metabòlicamente activas en cada una de las situaciones en que se desarrolla la actividad cerebral.
La actividad investigadora del Doctor Pío del Río Hortega y de sus compañeros sembró las semillas de lo que hoy es un árbol en pleno desarrollo, esto es el conocimiento detallado y preciso del funcionamiento del cerebro humano, tal vez la joya más preciosa que el desarrollo evolutivo de la vida ha producido en la tierra.
Este conocimiento abrirá paso a nuevas terapéuticas que controlen a enfermedades tan devastadoras como por ejemplo la esquizofrenia o la enfermedad de Alzheimer.
Es sin duda un orgullo y una gran satisfacción que el comienzo de este magnifico y apasionante camino emprendido por los investigadores neurológicos comenzara a ser desarrollado compatriotas tan ilustres y geniales como Doctor Pío del Río Hortega, sin duda su talento y dedicación contribuyeron y seguirán contribuyendo a que el papel de la Ciencia española sea cada vez mayor en el concierto internacional. |
RESUMEN El artículo repasa los descubrimientos de Río Hortega en la histología normal del sistema nervioso y su posterior repercusión en el estudio anatomopatológico de los tumores cerebrales: gliomas y paragliomas.
PALABRAS CLAVE Histología del sistema nervioso.
Con anterioridad a 1920 en que Río Hortega describiera la microglia y la oligodendroglía, la celularidad del Sistema Nervioso Central incluía dos tipos de célula.
El primero, estudiado exhaustivamente por Cajal, son las neuronas, El segundo elemento vendría dado por la neuroglia de la que se distinguían dos subformas; la neuroglia fibrosa, propia de la sustencia blanca, provista de escaso citoplasma somatico y largas prolongaciones y la neuroglia protoplásmica de prolongaciones más cortas y gruesas.
Hoy dia, gracias a la microscopía electrónica sabemos que estos dos pretendidos tipos celulares son una única célula y que las variantes protoplásmica y fibrosa de neuroglia, no dependen más que del mayor o menor contenido en gliofibrillas, más abundantes en la neuroglia de la sustancia blanca y menos en la neuroglia de la sustencia gris.
Además de estos dos tipos celulares -las neuronas y la neuroglia-existían en el cerebro numerosos elementos de nucleo redondo en unos casos y ovalado en otros, pero constantemente desprovistos de expansiones demostrables con los métodos clásicos, que fueron llamadas células apoiares (Cajal), células de reserva (Schaper), etc. Este tercer elemento que mereció un trabajo especialmente dedicado a este tema, por Rio Hortega^ es el que estaba reservado a este autor, cuyos trabajos, describiendo dos variedades celulares, ambas provistas de expansiones, han persistido hasta la actualidad.
Se trata de la Microglia y de la Oligodendroglía.
En alguna ocasión hemos afirmado que parece como si Achucarro y Río Hortega fueran la misma persona encarnada en dos vidas sucesivas.
Efectivamente, Achucarro fue el primer español interesado en el estudio de las células intersticiales del Sistema Nervioso Central, dedicado hasta entonces, por la gran influencia de Cajal, al estudio de las neuronas y sus conexiones.
Los métodos de impregnación con óxido de plata tras un mordentaje con tanino^ permitieron ahondar en la textura de la neuroglia ya descrita exhaustivamente por Weigert con su método a base de anilinas y por Cajal con la técnica del oro-sublimado.
El método de Achucarro logro profundizar en las reacciones patológicas de la neuroglia, describiéndose sus alteraciones en la demencia paralítica, en el reblandecimiento cerebral así como la glitectómica de la corteza cerebral.
Un aspecto que seria aclarado mas tarde por Río Hortega, fue la naturaleza de los llamados cuerpos en bastoncito de la corteza cerebral.
Muerto tempranamente Achucarro, su discípulo Río Hortega, modifico el método tanoargéntico, publicando cuatro modificaciones que sin dar por resultado unas imágenes decisivas si aportaron una mayor regularidad ante la variabilidad de la técnica original^.
La consecuencia final de esos trabajos fue la introducción del carbonato de plata, reactivo mucho mas seguro y versátil que el oxido de plata, y que resulta de la precipitación del nitrato de plata con carbonato sódico o lítico según los casos, con ulterior disolución del precipitado con amoniaco"^.
De este modo, las irregularidades del método original de Achucarro quedaron obviadas y permitieron a Río Hortega abordar con éxito el problema de la naturaleza del llamado tercer elemento de los centros nerviosos.
La dependencia de la técnica micrográfica
Realmente, buena parte de los avances de la Histología normal y patológica están basados en la técnica micrográfica.
Dejando en lugar preferente la simple hematoxilina-eosina^ los tricrómicos han permitido separar los haces de músculo liso y las bandas de colágena y, en el caso del método de Masson, demostrar los humos propios de las glomerulonefritis.
Las enfermedades desmielinizantes, son herencia del método, tantas veces modificado, de Weigert para la mielina.
El empleo de los métodos de Cajal y Golgi fue el responsable de los grandes avances de la Neuroanatomía de la primera mitad del siglo XX.
Incluso, los nuevos conocimientos posteriores a 1950, se deben a la utilización de técnicas sucesivamente mas fia-bles: la microscopia electrónica, el cultivo de tejidos, la inmunohistoquímica y, actualmente, la biología molecular.
En el caso de Río Hortega, la introducción de su reactivo ~el carbonato de plata-fue decisiva para demostrar que las células apoiares no lo eran realmente, sino que poseían expansiones no visibles con los métodos anteriores.
Todo el edificio de la microglia y oligodendroglía en estado normal y patológico se asienta en estos dos métodos que solo han sido igualados 60 años mas tarde por las técnicas inmunohistoquímicas en el caso de la microglia CD68).
Respecto a la oligodendroglía, aun se esta esperando una técnica que sea capaz de identificarla con carácter especifico.
Incluso los tumores del Sistema Nervioso se han beneficiado de dichos métodos al ser los primeros que permitieron demostrar el citoplasma de las células neuroglicas tumorales^.
Hace algJF*li^pp© pgp i^lfr*tMÍ»'fsr-Isa m¥^rllp?áMW ik Aelû- Contra estos puntos de vista no han faltado autores que se han pronunciado en sentido contrario, defendiendo su origen ectodermico.
Buena parte de ellos han sido defensores de la teoria sincitial del Sistema Nervioso Central, por lo que actualmente han perdido toda su vigencia.
Por otra parte Fujita y Kitamura^-^, desarrollaron un modelo experimental por medio de la autorradiografia, demostrando el origen sanguineo del componente celular inflamatorio en los centros nerviosos.
El fenomeno no tiene en si mayor importancia, no siendo más que la constatación de un hecho habitual en el resto de los órganos de la economia: la llegada al foco inflamatorio de elementos de origen sanguineo.
El problema radica que en el mismo trabajo se niega la entrada tardia de la microglia en el neuroeje y se afirma su naturaleza ectodermica a partir del glioblasto.
En nuestra opinion, y de acuerdo con opiniones expresadas a titulo personal por De Castro y Polak, el problema reside en que los autores japoneses no fueron capaces de teñir la microglia de los centros nerviosos en estado normal.
La pretensión por parte de algunos de sus seguidores de que los conejos utilizados por Río Hortega no procedian de criaderos controlados y que todos ellos sufrirían una encefalitis leve y, por lo tanto su microglia estaría activada, no pasa de ser una opinion gratuita si no es que es una pura anécdota.
De este modo, estos postulados han ido perdiendo valor hasta caer en el olvido.
A pesar de que los términos células de Hortega, Hortegasche Zellen, Hortega'cells se refieran a la microglia, el descubrimiento de un nuevo tipo célula aun no descrito, corresponde a la oligodendroglía.
En efecto, dentro de las células pretendidamente apoiares del tercer elemento de los centros nerviosos, existe un tipo celular muy abundante, de núcleo redondo de aspecto linfocitoide, desprovisto de prolongaciones visibles con los métodos habituales.
Este tipo de célula, tan abundante en la sustancia blanca, no podía pasar desapercibido, de modo que fue considerado como glia apolar mas o menos relacionada con el fenómeno de la neuro o pseudoneuronofagia (Cajal) o como células de reserva (Schaper) etc.
A partir de 1921, Río Hortega describe estas células como glia interfascicular o como glia de escasas radiaciones logrando demostrarla con dos métodos: el carbonato de plata y una variante del método de Golgi sin osmio.
Con arreglo a sus descripciones la oligodendroglía se caracteriza por: A) Su abundancia en los centros nerviosos, especialmente en forma de hileras mal definidas en la sustancia blanca y de agrupaciones alrededor de las neuronas en la sustancia gris: B) Núcleo redondo; C) Expansiones escasas, finas o débilmente granulares con granulaciones (gliosomas) en el interior del citoplasma y D) Disposición enrollada alrededor de las fibras nerviosas, tan abundantes en la sustancia blanca^^' ^5,16
Tras estos trabajos, autores como Penfield^^ Metz y Spatz^^ aceptan los postulados de Río Hortega y mas tarde López Enríquez^^ describe la oligodendroglía de las vías ópticas y Marchesani en-^^ la de la retina.
Un aspecto frecuentemente olvidado es la existencia de cuatro tipos de oligodendroglía, descritos en el ultimo trabajo de Río Hortega^^.
En el, se hace hincapié en que, además de la morfología clásicas, que el llamo tipo I o de Roberson, existen formas de oligodendroglioma mas complejas, como los tipos II y III que Río Hortega llamo de Cajal y de Paladino, así como un tipo IV muy en relación con las fibras mielínicas.
La existencia de estos subtipos explicaría la complejidad celular del oligodendroglioma cuando se estudia con métodos especiales.
La gran importancia de los trabajos de Río Hortega sobre la oligodendroglía reside en haber estudiado el tema de forma exhaustiva.
No solo describió sus características citológicas y su distribución en el neuroeje, sino que en su ultimo trabajo^^ estableció sus relaciones con las neuronas y, especialmente con las fibras mielínicas..
De este modo aclaro sus funciones que serían aportar una envoltura celular a cada una de las fibras que discurren por el neuroeje.
La pseudoneuronofagia dependería, por su parte, del recubrimiento de las neuronas de la sustancia gris, a las que aportaría su vaina citoplásmica.
Así, equiparó a la oligodendroglía con las células de Schwann de los nervios periféricos.
Los trabajos ultraestructurales posteriores acerca de la célula oligodendroglica y de la microscopía electrónica de la vaina mielínica, no han venido sino a confirmar estos postulados, establecidos muchos años antes..^ 1-Î-S.'ïifî.îiuprr'Vî;, -4V»Î-Lîs.
El trabajo básico de Río Hortega fue el «Estudio y Sistematización de los Gliomas y Paragliomas», publicado en 1932, como parte del primer tomo de la revista Archivos Españoles de Oncologia^^ y que constituyo una de las ponencias al I Congreso Mundial del Cáncer.
El libro posterior «Anatomía Microscópica de los Tumores del Sistema Nervioso» es una recopilación del anterior sumándole los tumores no glia-Ics 22 En ambos textos se defiende una clasificación histogenética al estilo de Bailey y Cushing, basándose en el uso exclusivo de las impregnaciones argentinas para establecer un paralelismo entre la evolución citogenéticas de la neuroglia y las imágenes de los tumores cerebrales.
Es evidente que desde la óptica actual, la obra de Río-Hortega resulta excesivamente ligada al estudio citologico y que esta basada en un sistema clasificatorio abandonado, careciendo de aplicabilidad clínica, pero no cabe
El descubrimiento de los métodos con carbonato de plata y de las dos estirpes celulares citadas, tuvo por consecuencia una serie de aplicaciones, especialmente en el terreno de la patología, ya que los trabajos de Río Hortega acerca de ambas células habían aclarado casi todo lo concerniente a la morfología en estado normal.
Las consecuencia lógica de la identificación de la microglia como un macròfago adaptado a la textura del Sistema Ner-vioso, es su participación en todos los mecanismos propios de esta estirpe celular.
De este modo, desde los trabajos de Río Hortega y Penfield^*^ se conoce el papel de la microglia activada tras la producción experimental de heridas en la corteza cerebral.
Inactiva en principio, la microglia se activa como respuesta inflamatoria transformándose sucesivamente en células en bastoncito, células ameboides y, por su capacidad fagocitaría, en corpúsculos granuloadiposos.
Esta activación conlleva la traslación de estas células a lo largo de los intersticios del Sistema Nervioso, hasta alcanzar el foco inflamatorio, fase durante la cual tienen lugar las transformaciones citadas.
Esta interpretación de la evolución de la microglia, ha permanecido vigente hasta la actualidad.
No quiere decir esto, que todos los macrófagos del foco inflamatorio sean de origen microglial, pero sí que, aunque buena parte arriben al foco por vía sanguínea, un componente importante deriva de células microglials activadas.
Una de las consecuencias más llamativas de estos trabajos es la imagen microscópica de los oligodendrogliomas.
La llamada imagen en huevo frito, que aparece también en alteraciones no tumorales como el edema cerebral, y su asociación en la imagen en panal de abejas, existen únicamente en material fijado en formol.
Las preparaciones en fresco o con fijación idónea en glutaraldehido o las células emigradas en los cultivos de tejido, carecen de este aspecto.
Se trata pues de un artefacto por la rápida alteración citoplásmica, bien por alteraciones del medio como en las reacciones oligodendrogliales o por la fragilidad de los oligodendrocitos tumorales.
Consecuencia de los trabajos de Río Hortega es la descripción de dos tipos de oligodendroglioma que difieren de la imagen clásica.
Realmente, pocos tumores son tan fáciles de diagnosticar como el oligodendroglioma convencional, pero ya en 1956, Zülch^^ señaló que, estudiados con métodos especiales, estos tumores distan mucho de presentar la monótona imagen habitual, apareciendo otros tipos celulares.
Subsiguientemente, surgen variantes histológicas que plantean numerosos problemas interpretativos.
De un lado, los tumores de citoplasma eosinófilo y opaco fueron ya entrevistos por Takei y cols^^ y mas tarde estudiados a fondo por Escalona Zapata^^, Herpers y Budka^^ y Meneses y Kepes^^.
El primer punto en litigio reside el carácter regresivo o progresivo de este tipo celular.
Su persistencia a lo largo de la vida del cultivo^^, la existencia de gliofilamentos en su interior^^ así como la expresión de GFAP en los propios cultivos y en gran parte de las células tumorales abogan por su naturaleza progresiva^^.
De otro, los tumores mixtos u oligodendroastrocitomas^^ plantean la relación citogenètica entre ambas estirpes celulares.
Admitida la procedencia común a partir del glioblasto, existen partidarios de un desarrollo tumoral a partir de los líneas distintas y autores adscritos a un origen común en el que algunas células oligodendróglicas serían capaces de desarrollar características astrociticas.
Sobre estas bases se ha propuesto una metaplasia astrocítica de la célula oli-godendróglica tumoral para explicar la naturaleza del oligodendrocito eosinófilo (minigemistocito) y la de al menos una parte de los tumores mixtos.
Los trabajos de Escalona Zapata^^ demostrando en series paralelas, teñidas con GFAP e impregnaciones argénticas, la progresión astrocítica en los oligodendrogliomas apoyan aún más este punto de vista.
A menudo, estas variantes están en relación con los cuatro tipos descritos por Río Hortega^^ que parecen haber sido olvidadas.
En este mismo sentido pesa la opinión de Lumsden que defiende que la gliosis propia de las leucodistrofias, depende de la transformación astrocítica de previos oligodendrocitos, lo que explicaría la escasez de dichas células en estos procesos.
Esta opinión refuerza el concepto de metaplasia astrocítica para explicar la expresión de GFAP en tan elevado numero de oligodendrogliomas y, por supuesto, la existencia de oligoastrocitomas.
La aportación de Río Hortega al estudio de los tumores del Sistema Nervioso resulta un hecho natural tras la introducción de sus métodos.
Así, en este terreno influyó decisivamente en varios campos.
Ya de inicio no debe olvidarse la dedicatoria personal del libro original de Bailey y Cushing^^ existente en la Biblioteca del Instituto Cajal de Madrid, en la que se citan las técnicas de impregnación argéntica de la Escuela Española como importante base para su publicación.
Estas técnicas fueron la impregnación con oro-sublimado de Cajal y los métodos con carbonato de plata de Río Hortega.
La influencia de Río Hortega en este tema se ha reflejado en múltiples publicaciones posteriores.
Así, el capítulo de Folke Henshen en el Hondbuch derSpezielle Pathologische Anotomie und Histologie de Henke y Lubarsch de 1954^^ está repleto de de imágenes de impregnación argéntica y del espíritu de Río Hortega.
Igualmente Züich ^^'^^ cita los estudios de Río Hortega, aceptando su punto de vista clasificatorio y la división propuesta por el, ya en 1932, en gliomas y paragliomas.
En 1962 se produce la versión inglesa del libro de Río Hortega acerca de los tumores cerebrales, publicado por la Editorial Charles C. Thomas de Springfield (lllinois)-^^.
Consecuencia también de la influencia de Río Hortega, y en esta caso de su estancia en Oxford junto a Dorothy Russell es la descripción de la llamada microgliomatosis por Russell, Marshall y Smith^^, gracias a una curiosa variante de impregnación metálica no argéntica.
Previamente, autores como Belezky-^^, Awzen^^, Benedek y Juba^^^ o Abbott y Kerno-han^^ describieron con diversos nombres, neoplasias de este tipo.
Incluso Polak^^ defendió el concepto de microglioma a pesar de que el propio Río Hortega negara siempre la existencia de tumores de la microglia.
A la luz de los actuales conocimientos, lo mas probable es que, en unos casos se tratara de gliomas malignos con acusado componente microglial por necrosis o linfomas estudiados antes del advenimiento de los métodos inmunohistoquímicos que permitieron su adecuada tipificación.
De este modo se volvió a la antigua concepción de Río Hortega: los microgliomas no existen.
Por ultimo, e independientemente de las numerosas citas bibliográficas en los mas importantes libros de Neuropa-tologia, no pueden dejar de citarse aquí los libros publicados por seguidores de Río Hortega de distintas nacionalidades.
Así el libro de Polak^\ el libro de Scharenberg y Liss de^^, la monografía de Costero, Barroso-Mogel y Chevez^^.
No queremos terminar esta revisión sin hacer constar que los autores han querido evitar aludir a aspectos históricos de Río Hortega.
Se han publicado numerosas revisiones sobre su evolución histórica, su trayectoria sociopolitica y sus avatares personales y a ellas nos remitimos^^"^^.
Los autores han querido destacar sus aportaciones a la Histología y a la Anatomía Patológica y las consecuencias que tuvieron en el desarrollo de ambas especialidades, así como lamentar que esta tradición se haya perdido con el paso de los años.
No se trata aquí de revivir una metódica que cumplió sus objetivos en su tiempo para, como otras tantas, quedar obsoleta, pero sí de echar en falta una generación capaz de actualizar con nuevos métodos una tradición lamentablemente interrumpida. |
Cofofsción ripida de tejiéos oormales y patolôgicGí con carbcnato # piata amoniacal f.
No ttocPiKis el pí^^fáútij. tie eriiirsis los protrti-áiniello^ decoto* xmàmi rápida Piáa a ûKTiadci-iití¡íz^idü« €";ÍÍ |f3s líiborsiítíioii perú sf de clnT a ^mwézrr mvè qm* pi>r ao ^f'^íicilk'i y csMAtandii âuprra a í^êm ^fi&^. |
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Doctora en Filosofía es Catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de la Laguna (España).
Ha sido investigadora en el Instituto de Filosofía del C.S.I.C. en la Uni--versidad de Cambridge, en la Universidad de Barcelona y en la New School for Social Research de New York.
Ha dirigido o participado en diversos proyectos de investigación financiados por organismos nacionales.
Ha publicado y editado diversos libros y artículos entre los que destacan: Actores y Tramoyas: la explicación situacional de la acción individual, Anthropos, 1992; La construcción cultural de lo femenino; Instituto Canario de la Mujer, 1998; Filosofía y metodología de las ciencias sociales, Alianza Editorial, 2003; La estirpe maldita, Minerva, 2004.
Ha colaborado en diversas publicaciones colectivas y ha publicado artículos en revistas especializadas.
En la actualidad trabaja en filosofía de las ciencias sociales y en ciencia, tecnología, género y valores.
Pertenece a diversas redes de investigación nacionales e internacionales.
GONZÁLEZ GARCIA ( [EMAIL] ) Es doctora en Filosofía (Universidad de Oviedo, 1994) y Licenciada en Psicología (Universidad de Oviedo, 1992) en la actualidad es Científica Titular en el Instituto de Filosofía del CSIC.
Ha sido investigadora en la Universidad Técnica de Budapest (Hungría), la Universidad de Minnesota (EE.UU.) y la Universidad Complutense de Madrid, así como Profesora Asociada de Historia de la Ciencia en la Universidad Carlos III de Madrid e investigadora «Ramón y Cajal» en el CSIC.
Su trabajo se centra en el campo CTS (ciencia, tecnología y sociedad).
Es autora (con J.A. López Cerezo y J.L Lujan López) del libro Ciencia, tecnología y sociedad: una introducción al estudio social de la ciencia y la tecnología (Madrid: Tecnos, 1996) y editora (con J.A. López y J.L Lujan) de Ciencia, tecnología y sociedad: lecturas seleccionados [Barctiona: Ariel, 1997).
Recientemente ha publicado, también en colaboración con José A. López Cerezo, Políticas del bosque: expertos, políticos y ciudadanos en la controversia del eucalipto en Asturias (Madrid: Cambridge University Press/OEI, 2002).
Asimismo, entre sus publicaciones se encuentran diversos artículos en revistas y antologías nacionales e internacionales sobre filosofía y estudios sociales de la ciencia, historia de la psicología, participación pública en controversias ambientales, y género y ciencia.
( [EMAIL] ) Doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires.
Profesora de Gnoseologia en la Facultad de Filosofía y Letras, e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Buenos Aires.
Profesora de Epistemología Feminista en la Maestría de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Rosario.
Ha dirigido proyectos de investigación sobre epistemología feminista, ética feminista, derechos humanos, ciudadanía y diversidades sexuales y raciales.
Es Profesora Titular de Filosofía en la Universidad Complutense.
Madrid y autora de El tiempo cosmológico (Síntesis, 1999) y con A. Leyra Arte y ciencia: Una visión especular (La Palma, 1994.).
Entre sus artículos destacan «L 'ambiente culturalee bolognese del Qattrocento attraverso Domenico Maria Novara e la sua influenza in Nicolo' Copernico» (1995), «El conflicto entre lo relativo y lo absoluto en Leibniz y Newton desde la interpretación de Reichenbach», UCM (1994), «El Buen Relojero», Anales del Seminario de Metafísica.
Mayo, (1994), «Galileo: En la encrucijada de un nuevo paradigma», (Real Sociedad Española de Física 1993) y «Mujeres científicas del XVIII: El caso de Mme. de Châtelet» en Alcalá y Pérez Sedeño (eds.) 2001.
( [EMAIL] ) Es Catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia y Profesora de Investigación en Ciencia, Tecnología y Género en el Instituto de Filosofía del CSIC (España).
Profesora e investigadora en la Universidad de Barcelona, en la U. Complutense de Madrid, en la de Cambridge (Reino Unido) y en la de California en Berkeley, entre otras.
Es Presidenta de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia en España (desde 2000) y Vicepresidenta de AM IT (Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (desde 2001).
Ha publicado y editado diversos libros y artículos entre (os que destacan El rumor de las estrellas (Maáñd, Siglo XXI, 1986), «Filosofía de la ciencia y feminismo: ¿intersección o convergencia?»
(Isegoría, 1995), Ciencia y género (Madrid, Ed.
Complutense, 2000), Las mujeres en el sistema de ciencia y tecnología.
Estudios de cosos (Cuadernos de Iberoamérica, 2001).
Ha investigado sobre todo en historia de la ciencia antigua y de las instituciones científicas, así como en filosofía de la ciencia.
En la actualidad trabaja en filosofía de la ciencia (ciencia y valores) y en ciencia, tecnología y género.
En el año 2002 recibió el IX Premio de Divulgación Feminista «Carmen de Burgos», por el artículo «La invisibilidad y el techo de cristal» publicado en 2001 en la revista Meridiam.
( [EMAIL] ) Doctora en Química por la Universidad de Buenos Aires.
Ha sido docente e investigadora en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, y ha desarrollado docencia, investigación y gestión en el campo Ciencia, Tecnología y Desarrollo.
Es miembro fundadora del Centro de Estudios de Ciencias, y miembro asociada del Centro de Planificación Matemática, dirigido por Osear Varsavsky (1967-76).
Directora de la Colección Científica del Centro Editor de América Latina también ha sido Directora de Coordinación, del Instituto Nacional de Tecnología Industrial e Investigadora del Centro dê Investigaciones Sociales sobre Estado y Administración.
Experta de los Programas: Evaluación Ambiental Regional (FONOA) y Paraná Medio.
Fue Jefa de Gabinete de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación,.
Desde 1994 es Coordinadora Académica de la Maestría de Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Buenos Aires y dirige el Seminario «Reapropiación social de la ciencia en América Latina: la democratización del conocimiento».
( [EMAIL] ) Es profesora Titular de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Valencia.
Sus trabajos de investigación versan sobre epistemología de la complejidad de Edgar Morin, epistemología feminista.
Ciencia, Tecnología, Sociedad (y Género) y coeducación en ciencia y tecnología.
Entre sus publicaciones destacan «Género y Desarrollo» (Ludus Vitalis, 1997) «Complejidad y feminismo» (RELEA, Revista Latinoamericana de Estudios Avanzados 1999), «Coeducación en Ciencia, Tecnología y Sociedad» (Arxius, 2000). |
A MODO DE PRESENTACIÓN POLÍTICAS MIGRATORIAS: UNA CUESTIÓN DE JUSTICIA'
Juan Carlos Velasco Instituto de Filosofia del CSIC Los movimientos migratorios constituyen, como diría Ortega y Gasset, uno de los grandes temas de nuestro tiempo.
Las migraciones representan en la actualidad el principal factor de cambio social.
Las intensas corrientes migratorias están en el origen de transformaciones de enorme calado tanto en el plano político como en el social y en el cultural.
Sus efectos se tornan especialmente visibles en los ricos países occidentales, en donde se asiste a un acelerado proceso de constitución de sociedades de corte multicultural impulsado precisamente por la llegada de inmigrantes de muy variada procedencia.
El impacto de las migraciones se deja notar también en las estructuras institucionales de los sistemas democráticos y tiene su reflejo más directo en la creación ad hocdt nuevas agencias administrativas encargadas de gestionar medidas y recursos destinados a los inmigrantes.
Asimismo se ven afectadas cuestiones tan esenciales para una sociedad democrática como la concepción de la participación política, el modo de entender la identidad colectiva y hasta la propia noción de ciudadanía.
Incluso los modelos tradicionales de inserción social y lealtad política se ven puestos en entredicho por las redes y comunidades transnacionales que desarrollan los inmigrantes para sobrellevar las penurias que en numerosas ocasiones conlleva su situación existencial.
Las políticas públicas destinadas a gestionar el complejo mundo de la inmigración pueden llegara tener también una notable incidencia en la concepción de la justicia profesada por las sociedades receptoras, hasta el punto de ponerla en cuestión.
La justicia, en tanto que rasgo distintivo de las instituciones básicas de una sociedad (tal como sostiene John Rawls, autor de la teoría de la justicia empleada habitualmente como punto de partida en los debates académicos sobre la cuestión), exige un escenario jurídico-político en el que todos los individuos sean iguales ante la ley y estén sometidos a los mismos criterios generales.
Tal exigencia de justicia -de la que aquí, en realidad, tan sólo se ha explicitado un criterio mínimo-ha de servir también de orientación, de valor-guía, tanto a la hora de definir las políticas públicas de inmigración como en el momento de su implementación.
Al abrigo de tales políticas, se puede proceder a una equiparación de derechos entre todos los residentes, sea cual sea su nacionalidad, y en ocasiones también a una redistribución entre los recién llegados de los recursos hasta entonces disponibles.
Sin embargo, no es nada extraño que en las sociedades receptoras de inmigrantes, sociedades en muchos casos ricas e incluso opulentas, al menos en términos relativos, se den movimientos de resistencia por parte de sectores que sienten amenazado su bienestar y pretenden impedir o frenar la puesta en marcha de tales medidas, resistencia que sin duda será más fuerte cuanto menos retóricas sean las políticas y disposiciones tomadas.
En tales circunstancias, se han de efectuar denodados esfuerzos para que los criterios de justicia hasta entonces aceptados no se vean trágicamente revisados a la baja.
Si no se está dispuesto a realizar tales esfuerzos, existe el riesgo nada remoto de que emerja una sociedad dual con dos categorías nítidamente diferenciadas de individuos: por un lado, los ciudadanos y, por otro, los inmigrantes.
Esto implicaría una fragmentación social inaceptable y, a la postre, la ruptura de las condiciones de posibilidad mínimas para la realización de la justicia.
De hecho, cuando un inmigrante arriba a su país de destino se encuentra habitualmente con toda una serie de obstáculos estructurales de carácter jurídico, político, social, económico, etc., que dificultan seriamente la aplicación en su favor de los principios universales de justicia social.
Las restricciones más graves y dramáticas a este respecto son todas aquellas que impiden a la población de origen inmigrante el disfrute real de los derechos tradicionalmente asociados a la condición de ciudadano.
Como se apunta en varios de los artículos recogidos en este número monográfico (en especial, en los de Javier de Lucas, José Antonio Zamora, Lorenzo Peña, así como en el firmado por mí), la actual situación de los inmigrantes y refugiados plantea en toda su crudeza la cuestión ética de los límites de la comunidad política
y, en particular, la legitimidad de las regulaciones basadas en la nacionalidad de los individuos.
Las posibilidades que los Estados receptores ofrecen a los inmigrantes a la hora de acceder a la ciudadanía representan el talón de Aquiles de las políticas migratorias y a menudo son un reflejo del nivel de indecisión que tales Estados mantienen acerca de la pertinencia de reconocer el carácter temporal o permanente de los flujos migratorios.
Pero con independencia de que puedan constituir un fenómeno meramente temporal que sería preciso apoyar para aliviar puntualmente los déficit del mercado laboral o de que representen un fenómeno permanente por el que sería conveniente apostar para poder garantizar la continuidad del sistema de pensiones o de cualquier otra consideración coyuntural que quepa traerá colación, es preciso no perder de vista que las medidas políticas encaminadas a facilitar o impedir el acceso de la ciudadanía afectan a los derechos humanos de ciertos individuos, los inmigrantes, y, que, por tanto, en ellas se pone en juego la concepción de la justicia de las sociedades anfitrionas.
Lo dicho hasta ahora cabe predicarlo en términos generales de todas las democracias occidentales que disfrutan de una situación de envidiable bienestar material y, en consecuencia, mutatis mutondis, del caso español.
Es cierto que hasta fechas muy recientes España, como sucedía con Italia hasta hace poco, por poner tan sólo un ejemplo próximo, era un país de emigración y no ha sido hasta esta última década cuando por primera vez en tiempos históricos modernos se ha convertido en un país de inmigración.
En plena correspondencia con ese dato, se podía afirmar con toda razón que la inmigración en España era un fenómeno inesperado, tal como sostuvo Antonio Izquierdo en un trabajo pionero {La inmigración inesperada, 1996).
Hoy, sin embargo, no hay motivo para seguir emitiendo tal juicio y menos aún para lanzarlo como presunto expediente legitimatorio que exima de responsabilidad por la falta de una política migratoria coherente.
Tampoco vale de excusa afirmar que allende nuestras fronteras no se han encontrado soluciones mágicas ni panaceas.
Ello no es óbice, sin embargo, para reconocer que los procesos de integración de los inmigrantes están íntimamente ligados a una estancia de larga duración, siendo por tanto el tiempo de permanencia una variable decisiva.
Y dado que, como se acaba de señalar, la inmigración en España es, desde una perspectiva histórica, un fenómeno reciente, el país se encuentra aún en una fase inicial del ciclo de recepción de inmigrantes.
De ahí que, con respecto a otros países con mayor tradición inmigratoria, persista un importante diferencial en cuanto al nivel de implementación de intervenciones y disposiciones políticas necesarias para abordar de una manera integral la cuestión.
Por otro lado, y como corresponde a un fenómeno de dimensiones globales que los Estados nacionales ya no pueden controlar ni canalizar eficazmente, la inmigración en España no puede contemplarse como una cuestión de mera política interior.
Entre otras cosas, porque sería ignorar el alcance de la inserción del país en la Unión Europea, en donde, como insisten Joaquín Arango, Javier de Lucas, Ángeles Solanes y Ricard Zapata en sus respectivas contribuciones a este número, se ha ido fraguando, aunque con ciertas dificultades, unas líneas directivas comunes dentro de un lento proceso de armonización normativa.
La ubicación geográfica de España en los límites meridionales de la Unión Europea y justo al borde de una de las grandes líneas de fractura del mundo, tanto en términos socio-económicos como culturales, invita o, más bien, conmina al establecimiento de políticas migratorias en estrecha colaboración y coordinación con los países vecinos.
Debido a la inmigración, España está viviendo una de sus mayores revoluciones demográficas de toda su historia.
Pero a la hora de considerar la nueva faz pluricultural que este país va desvelando con su reciente configuración como país de inmigración, se confunde con bastante frecuencia el plano de la descripción de los hechos con el plano normativo y, a la postre, la realidad con los deseos.
En este sentido, tanto en foros académicos como en los medios de comunicación se discute sobre si la transformación que la población asentada en el terruño hispánico está experimentado actualmente se orientará hacia la configuración de un mosaico multicultural (un adjetivo utilizado como elemento de descripción sociológica) o hacia la emergencia de una realidad mestiza (tomando ahora un calificativo más bien propio de la antropología física).
Pero, más allá de lo quepa entender realmente portal disyuntiva, la cuestión primordial que ha de dirimirse no es descriptiva, sino normativa o prescriptiva, pues la pluralidad cultural y nacional constituye ya un hecho innegable: ahí se encuentra tanto la secular naturaleza plurinacional del Estado español como la nueva realidad demográfica provocada por la llegada de inmigrantes portadores de diferentes registros culturales.
Ante esta situación de hecho, los diferentes proyectos sociales podrían reducirse esquemáticamente a la siguiente alternativa: por un lado. la construcción de una sociedad integrada -internamente trabada, con elementos que interactúan-y, por otro, la configuración de una sociedad segregada -constituida por sociedades paralelas sin apenas elementos de coordinación y comunicación-.
La resolución práctica de este dilema es, sin lugar a dudas, una tarea para varias generaciones.
En todo caso, lo que ahora sucede en España no difiere esencialmente de lo acaecido con anterioridad en otros países de inmigración.
La inmigración repercute en la autocomprensión de las sociedades de acogida y las implicaciones resultan más notorias allí donde los Estados se han concebido a sí mismos como comunidades nacionales unitarias, esto es, como Estados nacionales: entidades políticas soberanas internamente homogéneas en términos culturales y étnicos.
Si esto hubiera sido alguna vez así en algún lugar, las comunidades permanentes de inmigrantes -que con frecuencia desarrollan a su vez propias redes sociales de marcado carácter transnacional-vendrían ciertamente a socavar la identidad nacional y las tradiciones culturales de las sociedades receptoras.
Con todo, sería injusto responsabilizar a los flujos migratorios de la crisis de los Estados nacionales, pues ésta llevaba larvada ya largo trecho.
No habría que olvidar tampoco que dichos Estados se encuentran desbordados desde hace ya tiempo por los procesos de globalizacion en curso.
A su vez, la internacionalización del derecho y la globalizacion de la economía ejercen una considerable influencia sobre las políticas migratorias de los Estados, pues, tal como señalamos José Antonio Zamora, Cristina Gortázar y yo mismo en nuestros respectivos trabajos, delimitan su margen de acción.
Algunos Estados nacionales tienden, no obstante, a compensar su mermada capacidad de maniobra en un mundo crecientemente globalizado mediante una 'política de atrincheramiento' centrada en mantener férreamente la ley y el orden dentro de sus límites territoriales.
El control de la inmigración se ha convertido en un objetivo hasta cierto punto obsesivo para muchos Estados, tal como se pone de manifiesto en el artículo firmado por Ana López.
Una agresiva retórica que, aunque en el ámbito de la inmigración está abocada al fracaso, no por ello deja de provocar perversos efectos y fomentar sensibilidades xenófobas.
El fenómeno migratorio, tal como se ha indicado anteriormente, no sólo causa desconcierto en algunas mentes, sino que incide de manera considerable en el panorama político de los países anfitriones.
Ninguno de los países europeos receptores de inmigración se ha sustraído de la tendencia a situar en un lugar destacado de la agenda política la presencia más o menos permanente de comunidades extranjeras.
La inmigración suscita debates y controversias públicas de tono emocional, no exento de acaloramiento e incluso a veces de crispación, sobre todo durante los períodos electorales.
Entre amplios sectores de la opinión pública se ha extendido como si fuera un hecho probado la convicción de que existe un nexo indisoluble entre inmigración e inseguridad ciudadana.
De ahí que se perciba una enorme ansiedad ante la porosidad y la integridad de las fronteras y, en general, ante las dimensiones alcanzadas por el fenómeno migratorio.
Tan relevante puede resultar este asunto en términos políticos que, en función del posicionamiento que se adopte ante él, en ocasiones puede verse alterado el equilibrio de fuerza entre las formaciones políticas de un determinado país.
De hecho, en ciertos lugares ha posibilitado la presencia parlamentaria de grupos extremistas hasta hace poco eran prácticamente marginales.
La diversidad cultural aflorada con la llegada de inmigrantes ha alentado así un peligroso discurso político.
La mera presencia en su vecindario de extranjeros que a menudo sobreviven en condiciones deplorables irrita a cierta gente y da pábulo a un lenguaje xenófobo.
Con la excusa de estas nuevas presencias se han extendido ciertos clichés y han proliferado reacciones defensivas, así como ciertos mecanismos colectivos no siempre legítimos, por más que sean bastante habituales a lo largo de la historia: campañas por las que se procede a la invención del otro, a la construcción social del ajeno, del sujeto radicalmente diferente, atizando así temores seculares.
Tan diferentes serían algunos individuos y comunidades que la convivencia pacífica con ellos resultaría imposible, pues, según se afirma de ellos, carecerían de la más mínima vocación de integración.
Los medios de comunicación juegan un papel tan destacado en estos procesos que cabe hablar de una construcción mediática de comunidades inasimilables.
El proceso más conocido en este sentido es el que afecta a los individuos que profesan el Islam y, por extensión, a todos aquellos que proceden de países donde el Islam es la religión mayoritaria.
Esta islamofobia se ve alentada por escritos «científicos» que han empezado a proliferar y que dictaminan la entera incompatibilidad del Islam con la modernidad y con la democracia.
De este modo, se establecen listas de países, oficiales en pocos casos, pero sí reproducidas por los medios de comunicación, de donde procederían inmigrantes indeseables, que automáticamente pasarían a ser colocados bajo sospecha y discriminados.
En definitiva, la mejor manera de torpedear cualquier posible proceso de integración.
Los 'filtros étnicos', propuestos por ciertos políticos y teóricos, esto es, la introducción de criterios de selección basados en la idea de que hay unos inmigrantes integrables y otros que nunca lo serían, está lejos de representar la respuesta óptima y legítima a dicha cuestión.
Al hablar de la voluntad de integración de los inmigrantes hay señalar que es un proceso complejo, que se extiende en un período largo de tiempo y que, por tanto, se halla sometido a vaivenes y a momentos de avance y retroceso.
Un proceso que, en todo caso, implica interacción entre quienes ya están instalados y quienes recién llegan.
Los que llegan, deben saber que han de tener derechos que los que ya están han de reconocer: derechos civiles, laborales, sociales, etc. Pero los que llegan también tienen que asumir obligaciones y deberes, entre ellos el de respetar, que no seguir, las leyes y las tradiciones culturales del país de acogida, así como, y esto es un requisito crucial, respetar el marco político de la sociedad receptora.
Cabe afirmar, y no sin rubor, que el sistema migratorio de numerosos países desarrollados y, en particular, el español, es, en sus líneas fundamentales, un sistema de inmigración caracterizado por la irregularidad, consecuencia directa de una gestión de la misma concebida en términos policiales (véase el artículo de Diego Blázquez).
La preocupación mayor, y a veces única, es la lucha de la inmigración ilegal.
La situación de irregularidad así generada es una fuente inagotable de situaciones de injusticia.
Vincular la política migratoria con el valor de la justicia está precisamente en el horizonte de este número monográfico, así como la convicción de que la justicia ha de inspirar y vertebrar las políticas que se propongan como alternativas al patrón actualmente vigente.
Sin embargo, de las diferentes contribuciones de este número no se deriva un modelo articulado que cohoneste estas dos coordenadas (inmigración y justicia).
De producirse, el avance se daría más bien por vía negativa: en la dilucidación y enjuiciamiento de la situación en la que nos hallamos, al constatar la distancia que nos separa de los ideales normativos de justicia que los derechos humanos encarnan.
La génesis inmediata de este número monográfico se encuentra en las Jornadas sobre Políticas migratorias y justicia global, organizadas por varios investigadores del Instituto de Filosofía del CSIC encuadrados en la Red Europea de Investigación y Formación Applied Global Justice (HPRH-CÏ-2002-00231).
De esta manera, en enero de 2005 se convocó a un grupo de especialistas españoles para reflexionar en común sobre las implicaciones políticas y sociales de la inmigración.
Dado que la investigación sobre las migraciones es un campo de investigación interdisciplinario por excelencia, se buscó que los investigadores reunidos fueran de procedencia plural: sociólogos, demógrafos, juristas, filósofos y politólogos.
Tales reflexiones, recogidas ahora en forma de artículos, constituyen la base de este número, al que se han añadido varias contribuciones de reputados investigadores de la temática.
Por otro lado, este número monográfico representa de alguna manera la continuación y puesta al día del que en el año 2002 la revista Isegoría dedicó al tema Ética y política de las migraciones (núm. 26) y que fue coordinado por Ana López Sala y por el que suscribe ahora esta presentación.
Estas dos circunstancias, la previa celebración de unas Jornadas y el hecho de que varios autores compartan las mismas revistas para publicar sus trabajos, han permitido el intercambio fluido de información y opiniones.
De ahí, que, sin llegar a constituir un grupo formal de trabajo, se haya ido conformando un ámbito común de discusión.
No es de extrañar así que sean frecuentes las referencias cruzadas entre los autores a lo largo de este número y la remisión a referencias bibliográficas comunes.
Last but not least: no quisiera dejar pasar la oportunidad para agradecer expresa y públicamente a Ana López no sólo que generosamente haya compartido conmigo sus enormes y cualificados conocimientos sobre políticas migratorias, sino que me haya animado a editar este número y delicadamente me haya sugerido enfoques temáticos y colaboradores para el mismo. * Todos los artículo fueron remitidos en el mes de Abril de 2005. |
Ha sido Presidente del Grupo de Expertos sobre Desequilibrios Demográficos en el Mediterráneo (Consejo de Europa).
En 1995 presidió el Grupo de Expertos sobre Estadísticas relativas a las Migraciones Internacionales, de Naciones Unidas y Eurostat.
Es autor de más de ochenta publicaciones.
Entre las recientes se cuentan «Theories of International Migration» (en D.
Doctor por el Programa de Derechos Fundamentales de la Universidad Carlos III de Madrid.
Actualmente es profesor ayudante en dicha Universidad.
Autor de Herejía y Traición: las doctrinas de la intolerancia religiosa en el siglo XVI (Dykinson, Madrid 2001), y traductor y editor de El sangriento dogma de la persecución por razón de conciencia [Roger Williams Londres, 1636] (CEPC, Madrid 2004).
Ha publicado además varios artículos sobre inmigración y poblaciones indígenas.
Forma parte de la Cátedra Norberto Bobbio sobre «Igualdad y no discriminación» y es el responsable de la Clínica Jurídica del Instituto de Derechos Humanos «Bartolomé de las Casas».
( [EMAIL] ) Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Valencia.
Director del Instituto Universitario de derechos humanos de la Universidad de Valencia.
Director desde 1992 del Grupo de Estudios de Inmigración, derechos de minorías y racismo de la Universidad de Valencia, dirige la colección «Cine y Derecho.
Imágenes del Derecho en el cine», y coordina la sección de libros de la edición española de Le Monde Diplomatique.
Entre sus publicaciones destacan: íe Déplacement du monde (con Sa m i Na ir); Trabajadores inmigrantes (con S. Peña y A. Solanes); Blade Runner: el Derecho, guardián de lo diferencia; y Globalizoción e identidades.
Claves políticas y jurídicas.
(cgortaza r@ reçu pco.es) Profesora Propia Agregada de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid en el área de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales.
Titular de una Cátedra Jean Monnet de Derecho Comunitario Europeo.
Es miembro español de la Red Académica sobre Estudios Jurídicos en Inmigración y Asilo en Europa (Grupo Odysseus).
En la actualidad es Vicerrectora de Extensión Universitaria y Servicios de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.
Además de una monografía titulada «Derecho de Asilo y No-Rechazo del refugiado», ha participado en más de 15 libros colectivos, ha publicado diversos artículos científicos y ha presentado más de 50 ponencias o comunicaciones en congresos de especialistas sobre Derecho de Inmigración y Asilo y Derecho Internacional de los Derechos Humanos.
Asimismo, ha sido profesora invitada en distintas universidades en Europa y América.
Profesor contratado doctor en el Departamento de Sociología de la Universidad de La Laguna, en donde enseña sociología de la población y sociología de las migraciones.
Lleva trabajando sobre inmigración y políticas migratorias desde una perspectiva comparada desde 1991.
Ha trabajado como investigadora en el Instituto de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia de Comillas.
Formó parte del Comité de Expertos sobre Población e Inmigración en Canarias y es directora del curso de extensión universitaria interdisciplinar «Mujeres inmigrantes: Empleo, Integración y Participación Social en las sociedades de acogida».
Ha visitado centros de investigación especializados en migraciones en Gran Bretaña, México, Suécia, Canadá y Holanda.
Entre sus publicaciones destaca Inmigrantes y Estados: la respuesta política ante la cuestión migratoria (Anthropos, Barcelona, 2005).
En estos momentos está trabajando sobre migraciones de frontera en un estudio cofinanciado por CONACYT, el COLEE y la Universidad de Sonora (México) y participa en el proyecto «Empresariado étnico asiático» dirigido por Joaquín Beltrán y financiado por la Fundación CIDOB.
Lorenzo PENA GONZALO ( [EMAIL] ) Licenciado en Derecho por la UNED (Madrid, 2004).
Doctor en Filosofía por la Universidad de Lieja (1979).
Animador del Grupo de Estudios Lógico-Jurídicos [JuriLog] del Instituto de Filosofía del CSIC.
Ha sido profesor de la Pontificia Univ.
Católica del Ecuador y de la Univ. de León, e Investigador Visitante en la Univ.
Nacional Australiana en Canberra.
Autor de 6 libros de lógica matemática y filosofía (siendo el último los Hallazgos Filosóficos, Ediciones de la Univ.
Pontificia de Salamanca), ha publicado también un centenar de colaboraciones (en español, francés e inglés).
José Antonio ZAMORA ZARAGOZA ( [EMAIL] ) Científico Titular del Instituto de Filosofía del CSIC (Madrid).
Sus investigaciones y publicaciones están dedicadas a los pensadores de la Teoría Crítica, a la industria cultural, a la relación entre religión y política y entre ciudadanía, interculturalidad e inmigración.
Coordina el Foro Ignacio Eliaca ría de Murcia y es autor entre otras de las siguientes publicaciones: Krise -Kritik -Erinnerung.
Ein politisch-theologischer Versuch über das Denken Adornos i m Horizont der Krise der Moderne (1995) Ricard ZAPATA BARRERO ( [EMAIL] ) Profesor de Teoría Política en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona).
Sus principales líneas de investigación giran en torno a los problemas que encuentra la democracia liberal en contextos de multiculturalidad, tanto desde un punto de vista institucional como normativo.
Sus trabajos recientes incluyen.'
Ciudadanía, democracia y pluralismo cultural: hacia un nuevo contrato social (Anthropos, 2001), el monográfico especial Ciudadanía e intercuituraliad: balance y persectivas para elsigloXXI (Anthropos, numero 191, 2001), y El turno de los inmigrantes: esferas de justicia y políticas de acomodación (Madrid: Imserso, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2002), Inmigración y procesos de cambio: Europa y el Mediterráneo en el contexto global (editado con G. Aubarell, Icaria, 2003), Multiculturalidad e inmigración (ed. Síntesis, 2004), Inmigración, innovación política y cultura de acomodación en España (Cidob, 2004). |
RESUMEN Nunca, como en nuestros días, han sido tan abundantes y prominentes las políticas de inmigración, y nunca se ha vivido ésta con tanta y tan generalizada insatisfacción.
El artículo pretenden explicar las razones que subyacen a tal paradoja, con especial atención a las dificultades a las que se enfrentan las políticas de inmigración en nuestros días y los dilemas que las atenazan, en particular en el ámbito de la Unión Europea.
PALABRAS CLAVE Política migratoria, control de flujos, integración, bienestar social, desarrollo, Unión Europea.
Un estado de malestar generalizado Nunca, como en nuestros días, han sido tan abundantes y prominentes las políticas de inmigración, y nunca se ha vivido ésta con tanta y tan generalizada insatisfacción.
Las páginas que siguen pretenden explicar las razones que subyacen a tal paradoja, con especial atención a las dificultades a las que se enfrentan las políticas de inmigración en nuestros días y los dilemas que las atenazan, en particular en el ámbito de la Unión Europea.
Pero antes convendrá aducir algún argumento que justifique la afirmación precedente.
Por lo que hace a su primera parte, puede decirse, en efecto, que las políticas de inmigración son una planta reciente.
En su mayoría datan de mediados de los años 1970 o de comienzos de la siguiente década.
Antes de esa época apenas existían políticas de control, y si existían apenas había interés por llevarlas a la práctica: la libre circulación de las personas era la norma, por lo menos en la práctica.
Por su parte, la integración de los inmigrantes generalmente se dejaba a la espontaneidad del mercado de trabajo, de la economía y de la sociedad civil.
Desde entonces, por el contrario, las políticas de inmigración han proliferado, hasta convertirse en una destacada y relevante área de políticas públicas, una de las que más atención recibe.
Ello no obstante, en la casi totalidad de los países receptores es observable un estado de malestar generalizado en relación con la inmigración; malestar que frecuentemente se traslada a las políticas que los poderes públicos ponen en práctica para gestionarla.
de las políticas de inmigración Como es bien sabido, las políticas de inmigración comprenden: a) las normas y prácticas que tienen por objeto la regulación y el control de los flujos migratorios, y especialmente la entrada y permanencia de inmigrantes; b) las regulaciones y prácticas relativas a la demanda de asilo; c) las medidas dirigidas a la integración de los inmigrantes y las minorías étnicas, incluyendo la definición de la ciudadanía y el acceso a la misma; y d) las políticas para combatir el racismo y la discriminación.
En realidad, estas cuatro rúbricas pueden reducirse a dos, subsumiendo las dos primeras en la vertiente 'políticas de control' y las dos últimas en las 'políticas de integración'.
Por supuesto, caben distintas clasificaciones, pero las diferencias no son sustanciales.
No muy diferente es, por ejemplo, la enumeración que propone Monar de los objetivos, contenidos y tareas propios de las políticas de inmigración: prevención, admisión, control e integración.
Y Las dos principales ramas de las políticas de inmigración, control e integración, están estrechamente asociadas (Hammar, 1985), y entre unas y otras las interacciones son intensas y frecuentes.
En el caso de Europa, se pusieron en marcha casi simultáneamente, por lo general en la segunda mitad de los años 70, cuando los gobiernos de los entonces países receptores de inmigración optaron por el cierre de fronteras.
Al observar que muchos inmigrantes habían decidido permanecer y llamar a sus familias, convirtiéndose en minorías étnicas, sintieron también la necesidad de poner en marcha políticas de integración (Arango, 1999).
Lejos de parecer contradictorias, ambas líneas han sido frecuentemente presentadas como complementarias o interdependientes.
Muchas veces, el énfasis en el control se justifica en términos de integración, como, por ejemplo, cuando se predica que la condición para poder integrar a los residentes legales es restringir el número de los admitidos.
Otra conexión, menos aireada desde instancias oficiales, es el posible impacto negativo que sobre las posibilidades de integración pueden tener orientaciones fuertemente restrictivas de la entrada y permanencia -o una pieza de las mismas, la llamada lucha contra la inmigración ¡legal-, por el clima social que contribuyen a crear.
En alguna ocasión, la enervación del clima de control y la intensificación del combate contra la inmigración ilegal pueden conllevar restricciones para los derechos y perspectivas de los residentes legales, como ocurrió en Estados Unidos a mediados de la década pasada. peas no es ilimitada, y para ello hay que poner en práctica políticas de control de entradas y permanencias; en segundo lugar, hay que integrar a los inmigrantes que ya están y han adquirido el derecho a permanecer; y, en tercer lugar, los países receptores deben contribuir a eliminar las causas que mueven a la emigración en los países de origen, a través de la cooperación internacional.
Este tercer eje, el constituido por las políticas de cooperación al desarrollo como alternativa a la emigración, es más retórico que efectivo, y está lejos de tener la misma entidad que los otros dos.
Cumple, ante todo, una función legitimadora, de relaciones públicas, cuando no de mera alimentación de buenas conciencias.
En las clasificaciones a las que hemos aludido debería incluirse en el primer bloque, entre las de control por vía preventiva.
En años recientes, la formulación que antecede está siendo sustituida por una nueva orientación, popularizada especialmente desde Francia conocida como codesarrollo.
Aunque la reformulación no carece de méritos, la relevancia y significación de esta modalidad de políticas de inmigración siguen siendo más que dudosas.
No cabe duda de que, de esas tres vertientes, la prioritaria es la primera.
En efecto, las políticas de acceso, admisión o control son las que parecen ocupar un lugar más destacado en las preocupaciones de los poderes públicos, así como pesar más en la mente de los ciudadanos.
De ellas tratará sobre todo este artículo, sin perjuicio de alguna alusión conexa a las otras dos.
La generalización de las políticas restrictivas o > 25 > sólo Rusia y Turquía-.
Una norma estadounidense de finales del XIX daba la bienvenida a todos los forasteros, excluyendo tan sólo a los criminales, las prostitutas, los pobres de solemnidad y los chinos.
Ello no quiere decir que en el pasado no existieran normas restrictivas.
Si se buscan regulaciones, es probable que se encuentren.
Pero ello no debería inducir a confusión: la realidad era muy otra, como lo prueba el hecho de que no pocos países receptores impulsaran acciones de reclutamiento de inmigrantes.
Ahora bien, si es cierto que todos los países controlan la entrada de inmigrantes, no es menos cierto que sus políticas responden a diferentes orientaciones y revisten diversas modalidades.
A grandísimos rasgos, y en función de sus regímenes de políticas de inmigración, pueden distinguirse tres grandes grupos de sociedades receptoras.
Hay algunas, en primer lugar, relativamente abiertas a la inmigración.
Son muy pocas: en nuestros días Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
Aunque controlan, seleccionan y filtran, admiten cada año un número no desdeñable de inmigrantes.
El segundo grupo es el constituido por sociedades democráticas, que por serlo, reconocen obligaciones morales y políticas, así como las implicaciones de éstas, pero que exhiben fuertes reticencias hacia la inmigración y procuran admitir al mínimo número posible de inmigrantes.
La inmensa mayoría de ellas se encuentran en Europa, aunque también hay que incluir en esa lista a Japón.
Hay, finalmente, un tercer grupo, del que tendemos a olvidarnos, y son las sociedades receptoras no democráticas o autocráticas, que tienden a admitir exclusivamente inmigrantes temporales, con contratos de corta duración, sin más derechos que los estipulados en el contrato ni otra autoridad que las del empleador y el Ministro del Interior.
Desde luego, no reconocen el derecho de asilo, ni la reagrupación familiar, ni la posibilidad de la naturalización, llevando a los extremos más impensables el utilitarismo que muchas veces preside las políticas de inmigración.
Nuevamente, es fácil deducir de lo que antecede que los países que se enfrentan a los mayores dilemas y dificultades son los del segundo grupo, constituido ante todo por los de la Unión Europea, en los que en adelante se fijará el grueso de la atención.
La opción por la Inmigración cero' y su inviabilidad
El paradigma inmigración cero sigue básicamente vigente en nuestros días, a pesar de su relativa ineficacia y de sus altos costes de vario tipo.
Diversas razones hacen inviable la pretensión de limitar drásticamente, no ya de eliminar, los flujos de inmigración.
La primera deriva del hecho de que las sociedades democráticas no pueden dejar de reconocer circunstancias o condiciones que habilitan a determinadas personas a establecerse en su territorio.
Hay, sobre todo, dos grandes títulos habilitantes: uno es el derecho a vivir en familia, que da lugar a los flujos conducentes a la reagrupación familiar; el segundo es el derecho de asilo reconocido por la Convención de Ginebra y el Protocolo de Nueva York de 1967, que obliga a admitir a los que aducen persecución.
Principalmente por esas dos vías, los países europeos han seguido recibiendo inmigrantes -incluidos los demandantes de asilo-, a pesar del cierre de las fronteras a la inmigración.
Además, en medidas variables y cambiantes, también han recibido inmigrantes irregulares, que han entrado o permanecido soslayando alguna de las restricciones existentes.
Ello se explica, por un lado, porque no hay ninguna frontera totalmente impermeable ni ninguna regulación que no sea susceptible de vulneración; y, por otro, porque en las sociedades europeas existe demanda de trabajo foráneo, y cuando demanda y oferta coinciden, la realidad tiende a imponerse sobre las leyes, aunque no sin generar tensiones y anomalías.
La contradicción entre la demanda de trabajo foráneo y las restricciones políticas a la entrada de inmigrantes ha sido a veces sintetizada en la literatura con la expresión estados yersí/s mercados/Hollifield, 1992J, que alude a la existencia de intereses contrapuestos entre la esfera política, sensible a la opinión pública y preocupada por los intereses electorales, y la empresarial, preocupada ante todo por cubrir ventajosamente sus necesidades laborales.
En realidad, es preciso reconocer que no pocas de las dificultades que los países democráticos -a diferencia de los autocráticos-experimentan para llevara la práctica sus políticas fuertemente restrictivas derivan precisamente de aquélla condición (Freeman, 1994), reforzada por un influyente proceso de cambio histórico, operado grosso modo en el último medio siglo, y tributario de un gradual progreso de la conciencia moral colectiva.
Me refiero a lo que se ha dado en llamar el 'paradigma de los derechos humanos', que consiste en la gradual emergencia de un corpus mal definido de derechos internacionalmente reconocidos.
En el caso que nos ocupa, tales derechos pueden ser esgrimidos por inmigrantes incluso contra la voluntad del Estado que los alberga.
En no pocas ocasiones, esas demandas han sido amparadas por tribunales de justicia.
Aunque todavía limitado, este progreso moral de las sociedades democráticas supone el reconocimiento de derechos que emanan de fuentes distintas a la soberanía nacional, y al tiempo una autolimitación por parte de estas sociedades que afecta de manera importante a sus políticas de inmigración.
La influencia condicionante de estos cambios sobre las políticas de inmigración en las sociedades democráticas es innegable.
Algunos de ellos se han plasmado en convenios internacionales o en declaraciones de derechos internacionalmente reconocidos, y de este modo obligan a los Estados que los suscriben.
Así, en la segunda mitad del siglo XX hemos asistido al reconocimiento del derecho de asilo, con la Convención de Ginebra de 1951 y el protocolo de 1967; de la reunificación familiar, si no como derecho internacionalmente reconocido sí como práctica generalizada; o a la proscripción de la selección de inmigrantes por criterios étnicos, por mencionar sólo algunos de los avances más señalados.
A este último respecto vale la pena recordar que, hasta mediados de la década de los 1960, sociedades tan respetables como Australia o Canadá mantenían leyes de inmigración conocidas por la ominosa expresión «white only», y que desde entonces ese tipo de criterios pasó a considerarse incompatible con la sensibilidad moral y política de las sociedades democráticas.
Algo parecido ocurrió con la legislación basada en cuotas nacionales que hasta esa fecha existía en Estados Unidos.
El mismo progreso moral ha llevado al reconocimiento de una cierta cuota de derechos a los inmigrantes irregulares, a proscribir las deportaciones colectivas o a la judicialización de las órdenes de expulsión de extranjeros.
Dificultades y costes de las políticas de control
Aunque la magnitud de las dificultades varía grandemente de unos a otros, ningún estado democrático consigue siquiera acercarse al control pleno de los ingresos a su territorio.
Ninguno puede evitar un cierto número de entradas clandestinas, bien por lugares no autorizados o bien por los puestos fronterizos mediante el uso de documentación falsa o de compartimentos secretos en vehículos.
Especialmente difícil es el control de entradas en sociedades que reciben decenas de millones de visitantes cada año, y en aquéllas cuya ubicación las convierte en cruces de caminos.
Es posible que a las dificultades de control esté contribuyendo, paradójicamente, el funcionamiento efectivo del llamado sistemo Schengen.
Aunque la primordial razón de ser del famoso convenio del mismo nombre fue la supresión de las fronteras interiores en la Unión Europea, no es menos cierto que generalmente ha sido visto como portador de una segunda finalidad, de naturaleza eminentemente restrictiva y policial, cual es el fortalecimiento de las fronteras exteriores.
De hecho, su laborioso despliegue, coincidente con el acusado restrictionist drive que prevaleció a comienzos de los años 90, se asoció a la idea de la fortaleza Europa.
Siendo ello básicamente cierto, es muy posible que últimamente esté teniendo la contrapartida imprevista de incrementar las dificultades que afligen al control de las fronteras comunes y, consiguientemente, de ampliar las oportunidades de los candidatos a la inmigración irregular.
Abundan, en efecto, los ejemplos de inmigrantes que entran en la Unión Europea por países distintos a aquéllos en los que pretenden establecerse, buscando los eslabones más débiles de la cadena de control, y confiando en que el celo de los policías de fronteras sea menor del habitual al saber que el destino del que entra es otro país.
En todo caso, para el control de flujos no basta con el control de entradas.
En efecto, la mayoría de los inmigrantes irregulares entran legalmente y devienen después irregulares sobrevenidos.
No pocos proceden de países cuyos nacionales no precisan de visado; otros entran con permisos de estancia de corta duración, o con visados de turista o de estudiante; y unos y otros permanecen más allá de la caducidad de esos visados, o se convierten en irregulares por participar en actividades económicas para las que esos títulos no habilitan.
Por ello, además de las entradas es preciso controlar las permanencias, lo que resulta más difícil todavía.
En las sociedades democráticas, los controles callejeros de documentación no suelen estar bien vistos, y menos aún las redadas] en algunas ni siquiera tienen sentido, porque los ciudadanos no están obligados a portar prueba alguna de identidad.
En todo caso, la eficacia de estos controles está limitada por las grandes dificultades que rodean a la última ratio del control: la posibilidad de expulsar del territorio a los que se encuentran en situación irregular.
Además de las complicaciones logísticas que entrañan, a veces formidables, y de los costes que implican, las expulsiones de inmigrantes requieren que haya un país dispuesto a admitir a los expulsados, lo que no siempre ocurre.
De hecho, la mayoría de las órdenes de expulsión no se materializa.
De ahí la importancia que los gobiernos de los países receptores, y la misma Unión Europea, otorgan hoy en día a los acuerdos de readmisión con países de origen o tránsito.
En muchos países, el desajuste entre demanda de trabajo y políticas restrictivas resulta sobre todo en inmigración irregular; en otros, generalmente aquéllos en los que el control de fronteras y permanencias es más eficiente, en una fuerte demanda de asilo, con el corolario de que la mayor parte de los solicitantes no admitidos se convierten de hecho en inmigrantes irregulares.
La persistencia de los tres tipos de flujos citados a lo largo del cuarto de siglo transcurrido desde el cierre de las fronteras ha creado, sobre todo en algunos países, una extendida impresión ciudadana de que los Estados son incapaces de controlar sus fronteras, y ha contribuido a generar un síndrome de fortaleza sitiada.
Las dificultades del control de flujos: las consecuencias no deseadas La denominada «lucha contra la inmigración ilegal» -por lo general dirigida más contra los inmigrantes irregulares que contra los factores generadores de irregularidad-se ha convertido en la máxima prioridad de las políticas de inmigración en Europa occidental, como atestigua la cumbre de Sevilla de la Unión Europea de la primavera de 2002.
Pues bien, más allá de su eficacia limitada, las políticas de control generan considerables y crecientes costes -logísticos y de personal-y producen importantes consecuencias no deseadas.
En primer lugar, el deseo de esquivar las barreras desemboca en innumerables tragedias humanas.
Entre ellas se cuentan las muertes por ahogamiento de no pocos pasajeros de las poíeros que cruzan el estrecho de Gibraltar o el brazo de mar que separa el Sahara de las islas Canarias, los naufragios de los desvencijados barcos que intentan alcanzar las costas italianas, y las trágicas muertes de los desgraciados que pierden la vida en camiones frigoríficos, en trailers mal ventilados o en los bajos de trenes o autobuses.
Además, la proliferación de estos tráficos ha dado lugar al desarrollo de una poderosa industria de la migración clandestina, generadora de beneficios astronómicos, comparables a los que depara el narcotráfico o el tráfico de armas.
Otra consecuencia no querida es la saturación de los cauces establecidos para la demanda de asilo.
Otra más, de naturaleza perversa, es su contribución a la fijación de los inmigrantes en el territorio, reduciendo su propensión a la circulación: cuanto mayores son los costes de entrada, mayor es, razonablemente, la inclinación del que ha conseguido entrar a quedarse y no arriesgarse a no poder volver a entrar si sale.
Además, las políticas restrictivas frecuentemente crean dificultades para satisfacer legalmente la demanda de trabajo.
La prominencia de la inmigración irregular
Otra de las consecuencias imprevistas e indeseables de las políticas de control es la prominencia contemporánea que ha adquirido la figura del inmigrante irregular, dadas las numerosas contradicciones que caracterizan la relación de los poderes públicos,, y del mismo orden jurídico, con esta figura.
No cabe duda de que la figura del inmigrante irregular, al que frecuentemente se denomina ilegal, resulta imprescindible para las políticas de control, en tanto que condición sine qua non para poner en valor la migración regular o legal.
La credibilidad de las políticas de control exige la distinción nítida entre regulares e irregulares, e incluso un cierto grado de severidad en relación con los últimos.
Lo contrario podría ser visto como una renuncia a la efectividad de aquéllas, y afectar gravemente a su credibilidad.
No está demostrado, sin embargo, que la eficacia de las políticas de control sea proporcional a su severidad, mientras que SÍ parece existir relación entre grado de dureza e intensidad de las consecuencias no deseadas o de los costes colaterales.
Ello entra en contradicción con la imposibilidad, por las razones expuestas, de evitar proporciones variables en la mayoría de las sociedades receptoras de naturaleza democrática, y, lo que es peor, con los considerables márgenes de permisibilidad y tolerancia al que los estados se ven obligados al respecto, por causa de un cierto número de factores, entre los que se cuentan el garantismo de los sistemas jurídicos, las necesidades del mercado de trabajo y las aludidas dificultades para expulsar a los que se encuentran en situación irregular.
En no pocos países resulta innegable la existencia de una verdadera demanda de trabajadores irregulares.
No pocos empresarios buscan el trabajo irregular y se benefician de él. del inmigrante irregular, empadronado, trabajando y con orden de expulsión, en la afortunada expresión de Eduard Sagarra (Sagarra, 2002).
Hay que decir, finalmente, que las políticas restrictivas vigentes en el conjunto de la Unión Europea encuentran especiales dificultades en la los miembros más meridionales de la misma, porque son mayores las dificultades para el control de fronteras y permanencias, y porque la demanda de trabajo foráneo parece ser más vigorosa que en los países del norte.
Por tanto, las proporciones de inmigrantes en situación irregular son también más abultadas.
Todo ello determina la existencia de parcelas cronificadas de la realidad que están sustraídas al imperio de la ley y al Estado de derecho, con las consiguientes dosis de incertidumbre, vulnerabilidad y explotabilidad.
La irregularidad da lugar a un sin número de abusos y constituye un obstáculo de primera magnitud para la integración social de quienes se encuentran en tal situación.
Más flagrante es aún la existencia de limbos legales, auténticas óreos grises entre la legalidad y la ilegalidad, como la paradigmáticamente representada por quienes han recibido una orden de expulsión y no pueden ser expulsados.
Como la condición irregular no constituye delito, no pueden ser enviados a prisión; y tampoco pueden ser retenidos -lo que de por sí constituye una figura jurídicamente dudosa-en centros de internamiento, más allá de un cierto tiempo, tras el cual tienen que ser devueltos a las calles, sin derecho a trabajar, sin posibilidad de alquilar una vivienda, y con una orden de expulsión en el bolsillo como todo documento legal.
No obstante sus múltiples consecuencias deletéreas, la existencia de amplias bolsas de inmigración irregular no parece tener fácil solución.
Las que se aplican o pueden concebirse no son fáciles ni seguramente felices.
Es el caso de las regularizaciones extraordinarias o en masa, también conocidas como amnistías.
Este es un expediente utilizado recurrentemente por algunos países, especialmente los del sur de Europa, aunque también en los Estados Unidos.
Su eficacia, sin embargo, es más que dudosa.
Siempre pretenden ser la última y resultan ser la penúltima.
Aspiran a poner el contador o cero, pero sus resultados acostumbran a ser efímeros.
La mejor prueba de ello es su propia recurrencia.
Además, corren el riesgo de convertirse en interminables, como la iniciada en España en la primavera de 2000, y, desde luego, de atraer a solicitantes que antes no se encontraban en el territorio del país que la lleva a cabo, produciendo lo que se conoce como efecto llamada, especialmente posible en un espacio sin fronteras como la Unión Europea.
En suma, la existencia de proporciones más o menos extensas de inmigrantes irregulares es una consecuencia inevitable de las políticas restrictivas y una faceta crónica de la realidad inmigratoria, y de ella derivan considerables dilemas, contradicciones y consecuencias no deseadas.
Quizás la contradicción primordial reside en el conflicto entre la fragrante quiebra del Estado de Derecho que supone la existencia de una elevada y crónica proporción de irregulares y la inevitable permisividad, rayana en la vista gorda, que los poderes del mismo Estado tienen que mostrar hacia una realidad tan extensa ante la que las posibilidades de actuación rigurosa son inevitablemente limitadas.
Algunas de esas contradicciones quedan condensadas en la figura ARBOR CLXXXI 713 MAYO-JUNIO [2005] 17-25 ISSN: 0210-1963 Una opción preferible es la legalización de base individual, a través de mecanismos ligados al empleo o al arraigo, lo que requiere un cierto trascurso de tiempo.
Esta vía, más discreta, entraña un nuevo dilema: si el tiempo exigido es muy largo o las condiciones muy estrictas, deviene un paliativo leve; si el tiempo es corto y las condiciones generosas, puede generar el aludido efecto de inducción o incentivación.
Esos esquemas pueden ser transparentes o solapados.
Un ejemplo de los últimos fue el constituido, en el caso español, por la utilización, durante los años 90, del 'contingente' como mecanismo de regularización gradual no declarada.
Si sus contraindicaciones no parecen haber sido graves, su eficacia fue limitada.
Finalmente, hay que decir que la opción de no hacer nada, la que parece afirmarse en España en nuestros días, también es costosa, porque contribuye a la creación de una clase de irregulares perpetuos.
Las dificultades de la integración
No es éste el lugar apropiado para prestar la atención debida a los otros dos ejes de las políticas de inmigración.
Las de integración constituyen la segunda gran vertiente, especialmente en los países del noroeste europeo que devinieron sociedades de inmigración hace varios decenios.
Algún estudioso ha aludido a ellos como'sociedades post-migratorias', porque buena parte de sus afanes actuales se dirigen a la gestión de las consecuencias de los flujos de inmigración masivos recibidos en el pasado, sobre todo en el tercer cuarto del siglo XX.
Cualquier intento de descripción en breve espacio de las políticas de integración que se practican en Europa correría el riesgo de incurrir en una generalización abusiva, y no haría honor a su extraordinaria diversidad, dado que se ocupan de realidades peculiares en cada país y que están influidas por tradiciones históricas, estructuras políticas y culturas cívicas diversas.
En ocasiones resulta arriesgado generalizar incluso dentro un mismo país, dado que el protagonismo de las políticas de integración recae generalmente en los poderes locales, más que en las administraciones estatales, y pueden ser practicadas con considerables márgenes de autonomía.
Y aunque cualquier intento de evaluación sintética de sus resultados estaría condenada al fracaso, tanto por esa diversidad como porque la integración no depende sólo, ni quizás principalmente, de las políticas que la promueven, sino de características estructurales propias a las diversas sociedades, no es arriesgado sostener que en Europa las luces constituidas por experiencias felices coexisten con extensas sombras de segregación, discriminación, exclusión social y xenofobia.
A la extensión y persistencia de las sombras contribuyen las adversas condiciones en las que se desenvuelven hoy en día los procesos de integración.
Entre ellas se cuentan, entre otras, el menor vigor del crecimiento económico en comparación con épocas anteriores; la peor calidad relativa de buena parte de los empleos ocupados por los inmigrantes, a causa de su frecuente inserción laboral en sectores menos centrales de la economía; las menores oportunidades de movilidad social que de todo ello resultan; las fuertes reticencias de las sociedades europeas a la plena incorporación de los inmigrantes a la sociedad y a la comunidad política, derivadas en parte de concepciones exclusivistas de la nación; y el clima social adverso creado por la fuerte prioridad otorgada a las políticas de control y a la lucha contra la inmigración irregular.
Por su parte, las grandes orientaciones que han presidido las políticas de integración en Europa en los últimos lustros, los modelos estilizados de los que tanto se ha hablado -desde el asimilacionismo republicano practicado en Francia, al segregacionismo diferencial característico de Alemania, pasando por los modelos multiculturalistas desarrollados en el Reino Unido, Holanda o Suécia-se encuentran en profunda revisión, cuando no en estado de crisis.
Hasta la fecha, las políticas de integración se han desenvuelto exclusivamente en marcos estatales o subestatales.
Puede decirse que han brillado por su ausencia en la agenda comunitaria; tan sólo en los últimos meses parece abrirse camino una aspiración de políticas de inmigración integrales que se propone también la integración social de los inmigrantes.
La cooperación internacional a! desarrollo, falsa alternativa
El tercer eje -la eliminación de las causas profundas que mueven a la emigración en los países de origen por medio de la cooperación al desarrollo-es tan impecable en la teoría como fundamentalmente retórico en la práctica.
Las relaciones entre desarrollo y emigración son mucho más complejas de lo que ésta proposición sostiene, y sólo decisivas en el largo plazo.
Por ésa y otras varias razones que no hay tiempo para exponer aquí, la cooperación internacional no es alternativa a la emigración.
Y en todo caso, la cuantía de los fondos dedicados a ella en conexión con la emigración son de cuantía tan ínfima, además de decreciente, que convierten en puramente retóricas las apelaciones a la eliminación de las causas de la emigración vía cooperación internacional.
El desiderátum representado por el discurso canónico y políticamente correcto de los tres ejes de las políticas de inmigración hace aguas por sus tres vértices.
Las políticas de integración se enfrentan a formidables dificultades. > emanadas tanto de un contexto histórico impropicio como de la supervivencia de fuertes reticencias sociales a la plena incorporación de los inmigrantes.
Las políticas de cooperación internacional al desarrollo apenas pasan de la dimensión retórica; de hecho, su énfasis se está desplazando de la imposible pretensión de evitar las causas profundas que mueven a la emigración a los objetivos más realistas, aunque también más modestos, contenidos en la propuesta de codesarrollo.
Aún así, las mayores insatisfacciones son las que emanan de las políticas de control o restrictivas, sobre las que recae la máxima prioridad gubernamental.
No es exagerado afirmar que el paradigma de ¡nmigración cero que las ha presidido no ha funcionado y, por el contrario, ha generado costes exorbitantes y una plétora de consecuencias imprevistas e indeseadas.
Cada vez parece existir más conciencia acerca de su inviabilidad.
Incluso la Comisión Europea la ha reconocido recientemente.
En noviembre de 2000, el Comisario de Justicia e Interior Antonio Vitorino propuso, en una famosa Comunicación de la Comisión al Consejo, lo que puede considerarse como un embrión de nuevas políticas de inmigración de la Unión Europea: más nueva la música que de ella emanaba que la letra estricta de sus propuestas.
Además de reconocer el fracaso del paradigma vigente, la Comunicación alude a las crecientes necesidades laborales de las sociedades europeas -tanto de trabajadores cualificados como de trabajadores no cualificados o semi-cualificados~, y a las sombrías perspectivas demográficas que se ciernen sobre las sociedades europeas en el medio y largo plazo.
La preocupación por las carencias de mano de obra y la dificultad de financiar las pensiones derivadas de la baja fecundidad se ha acrecentado grandemente desde la publicación, hace un par de años, de un famoso informe de la División de Población de las Naciones Unidas titulado «Replacement Migration», que cifra en muchas decenas de millones los inmigrantes que serían necesarios para mantener, a mediados del siglo XXI, los ratios entre activos e inactivos prevalentes en el año 2000.
Sobre estos cimientos, la Comisión no sólo aboga decididamente por la pronta adopción de una política de inmigración y asilo común, en coherencia con el Tratado de Amsterdam, sino por el carácter integral y comprensivo de la misma.
Sin embargo, el cambio de aires anunciado por la Comunicación de Noviembre de 2000 aún no se ha materializado, a mediados de 2003.
La mayor parte de las propuestas encaminadas a convertir en directivas comunitarias los mimbres de esa nueva política común enunciados en la Comunicación han encallado en los arrecifes de algunos Estados miembros.
De ese desencuentro ha resultado, hasta la fecha, la retirada de algunas iniciativas y la devaluación de otras.
Aunque intermitentemente se registran nuevos impulsos -notable fue el que imprimió la presidencia griega de la Unión en la primavera de 2003-, lo menos que cabe decir es que los renovadores de la Comisión Europea, y con ellos la Unión Europea toda, tienen ante sí una difícil tarea. |
Frente a los planteamientos canónicos al uso, empeñados en ignorar una parte importante del polisistema literario del siglo XX, y desde luego la que podríamos denominar "literatura popular", urge rescatar del olvido y fijar, de la mejor manera posible, a aquellas autoras y autores que por dichos planteamientos corren el riesgo de desaparecer de la historia literaria de los españoles; y que, mal que les pese a los partidarios de una pretendida calidad literaria más que dudosa, tuvieron, en su momento, una influencia social muy notable.
Tal es el caso de Luisa Alberca Lorente, nacida en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en 1920.
Como muy bien intuyó Gramsci, y recordaba Manuel Vázquez Montalbán, al estudiar las formas y temas de la literatura popular, ésta podría ser utilizada con intencionalidad transformadora, planteamiento que, para bien o para mal, estuvo presente en la autora que hoy nos ocupa.
El gran político italiano entendió también que el divorcio entre cultura de elite y cultura de masas escondía la típica conspiración alienadora de los filisteos.
Tan ninguneada ha sido nuestra autora que en el volumen II de la, por otra parte, admirable obra Autoras en la Historia del Teatro Español (1500-1994), dirigida por Juan Antonio Hormigón, 1 se enmienda el error cometido en el volumen I: la no inclusión de Luisa Alberca al considerar que su nombre "era un seudónimo de Guillermo Sautier Casaseca", planteamiento sorprendente, pues aunque la mayoría de las obras de nuestra autora fueron escritas en colaboración con Sautier, es impensable que alguien firme su producción literaria por duplicado: con su nombre real y con un seudónimo, simultáneamente.
La naturaleza del catálogo impide que sus autores nos indiquen que todas ellas tuvieron otros tratamientos previos y posteriores al hecho teatral: su emisión radiofónica como seriales, su publicación en fascículos y en forma de libros y, en algunos casos, su adaptación cinematográfica.
Ejemplo de ello es el salto a la fama de Luisa como autora de seriales, de la mano de Sautier, con la más famosa de sus radionovelas editada en fascículos en 1953: Lo que no muere, que cambiaría su título por el de Lo que nunca muere en su posterior estreno teatral (1953) y en su versión cinematográfica de 1955, dirigida por Julio Salvador y cuyo guión fue escrito por la propia Luisa Alberca y José Antonio de la Loma.
Nada de extraño tiene que les acompañara el éxito.
Si creemos en los planteamientos de McLuhan el medio radiofónico es un sistema de comunicación caliente que irrumpe en nuestros hogares, en el trabajo, en el automóvil y en cualquier lugar y situación y nos informa, nos adoctrina y es el alimento y sostén de nuestras quimeras.
Un medio tan potente que sólo necesita de la electricidad, capaz de llegar al último rincón, al último oído y que alcanza toda su capacidad y su poder en momentos de crisis -la España del inicio de los 50-un medio que puede ser atendido continuamente y que escapa a la voluntad del oyente.
Haga éste lo que haga, la radio está allí, martilleando sus oídos, incluso por debajo del nivel consciente de su percepción.
Este "teatro del aire" que el dúo Sautier-Alberca llevó a su máximo esplendor comparte con su antecedente mayor, el teatro, su doble condición de discurso y de espectáculo, o mejor, en su caso, de cuasi espectáculo, en el que la cuarta pared es un conjunto humano inmenso y silencioso que calla y escucha, y rompe a hablar cuando el capítulo ha concluido, iniciando a posteriori el proceso dialógico que caracteriza al hecho teatral.
El serial radiofónico recuperó las viejas técnicas de la novela por entregas y del cine de episodios: finales inquietantes y abiertos que han de mantener vivas, capítulo tras capítulo, las emociones del oyente.
Desde la aparición de la radio en España en 1924, de la mano de la familia Urgoiti, el camino andado fue muy notable: en 1927 surgen Radio Barcelona (EAJ 1) y Unión Radio de Madrid (actualmente Cadena SER) y la revista Ondas.
El primer serial es de 1926, Las aventuras de una parisién en Madrid, y Tomás Borrás, haciendo suya la frase de que el cine mudo es el teatro de los sordos y la radio el teatro de los ciegos, obsequió a los oyentes con su obra Todos los ruidos del día en los años 30.
Concluida la guerra civil, Antonio Calderón crea la Compañía de Actores de Radio Madrid y da comienzo la emisión de algunos seriales "cultos" dada la propensión de los dictadores a los clásicos y su aversión a las modernidades: Los Episodios Nacionales, El Quijote, La fuerza bruta (1941), que marcará el fin del ostracismo político de Benavente, El Canigó (1945), con la pretensión de contentar a los catalanes, La canción de Bernadette, en la que debutará como actriz Encarna Sánchez y como realizador Guillermo Sautier Casaseca, Macbeth (1947), etc. Juan Munsó Cabús, en su excelente recorrido 40 años de Radio (1940-1980) 2, nos ilustra sobre este teatro radiofónico que generará una notable competencia entre la SER, Radio Madrid, "Teatro del Aire" y Radio Nacional, "Teatro Invisible" y "Retablo de la voz al viento".
Muy pronto, desde las ondas de este "Teatro del Aire" dará comienzo la carrera radiofónica de Guillermo Sautier Casaseca, "padre espiritual" de Luisa Alberca.
GUILLERMO SAUTIER CASASECA: UNA CARRERA RADIOFÓNICA SOBRE LA BASE DEL SERIAL
Guillermo Sautier Casaseca (Santa Cruz de la Palma, Canarias, 24-VI-1910 -Madrid, 14-IV-1980) inicia su trayectoria laboral en Guinea como funcionario civil de la Marina.
Tras la guerra civil, y al haber enfermado de hepatitis, viene a Madrid y se interesa durante su convalecencia por los guiones radiofónicos.
Sus inicios han sido muy bien descritos por Munsó en su obra ya citada: Llegué a Madrid, enfermo, procedente de Guinea.
Tuve que guardar cama tres meses largos.
Me aburría espantosamente y busqué distracción en la radio.
No me perdía ninguno de los guiones que radiaban.
Un día, charlando con José Menéndez Herrera, al que considero maestro de todos los guionistas y con quien había colaborado en algunas obras teatrales, me propuso escribir para la radio.
Por aquel entonces Radio Madrid emitía el programa "Tu carrera es la radio".
Envié un guión al concurso [...]
El guión fue rechazado.
Y el quinto se radió.
Después, cinco guiones seguidos fueron aceptados.
Fue entonces cuando el Jefe de programas, don Manuel Aznar, hijo, me llamó a su despacho y me propuso una serie titulada "Historias en el Retiro" (1947), de ambiente sentimental y casi rosa.
Estos espacios se radiaron durante los intermedios de las retransmisiones de los conciertos de la Banda Municipal.
A partir de ese momento, Sautier compagina la redacción y adaptación de textos literarios con la dirección de programas.
Adapta y dirige el serial de procedencia argentina, original de Abel Santa Cruz, La pasión de Bernardette, Edmundo Dantés (sobre la obra El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas), El caballero D'Artagnan (adaptación libre de Los tres mosqueteros), Trágica herencia de Ángela Du Maurier, La fuente enterrada y Cristina Guzmán de Carmen de Icaza, Altar Mayor de Concha Espina, El supremo bien de Juan Antonio de Zunzunegui, La dama de las rosa blancas de Ricardo Mazo, Felipe Derblay de Felipe Ohnet, El capote de Espartero de Victoria Marco Linares, La muerte no viaja sola de Luis de Castresana y Navajazo de Francisco Bonmatí de Codecido.
Pero no será únicamente la tarea de adaptador-realizador la que ocupe a Sautier Casaseca en la radio.
Anteriormente había realizado, en unión con Enrique Franco, los guiones de Fantasías con música, programa de boleros cantados por Tomás Ríos.
Sustituyó, también, junto a Enrique Franco y Antonio Calderón, en 1943, a Bobby Deglané (Roberto Deglané Rodríguez Portocarrero) en su programa de gran éxito Fin de Semana, que tras la vuelta del locutor chileno el 27 de julio de 1951 cambiaría su nombre por el mucho más conocido de Cabalgata Fin de Semana.
En Fin de Semana existieron varias secciones y, entre ellas, Teatro entre bastidores con obras de autores conocidos y guiones originales de Sautier y Antonio Calderón.
Con Enrique Franco, Casaseca escribió una serie de humor, Pedrín y Pedrito, interpretada por Pedrín Fernández y Pedrito Peña, que compitió, con escaso éxito, con los mejores humoristas del momento: Tip y Top (Luis Sánchez Polack y Joaquín Portillo), Miguel Gila y Pepe Iglesias, El Zorro 3.
Todo lo anterior ilustra sobre el exceso de trabajo de Guillermo Sautier en la radio.
Algo que cambiará y le permitirá alcanzar las mayores cotas de éxito cuando conozca a Luisa Alberca y comiencen a colaborar juntos.
Veamos lo que el propio Sautier dice al respecto y que Munsó reproduce: Conocí a Luisa Alberca, excelente escritora, de fina sensibilidad, en el programa "Tu carrera es la radio".
No tuvo mi suerte y no pasó de radiar algunos guiones, pero nos hicimos buenos amigos desde el principio.
Con motivo de la adaptación de su novela Patricia Hilton (sic) 4 volví a intimar con ella.
El excesivo trabajo me absorbía todo mi tiempo y le propuse colaborar juntos.
Iniciamos la experiencia con Lo que nunca somos, novela que editó luego Caralt en su "Colección gigante".
Nos dimos cuenta de que ambos coincidíamos en el modo de pensar, lo que facilitó la colaboración.
Ella hablaba un poco en mujer y yo en hombre.
De nuestra colaboración salió, posteriormente, Lo que no muere, Llamas de redención, Se abren las nubes, La sangre es roja, Un arrabal junto al cielo, etcétera (99-100).
Así pues, la colaboración Alberca-Sautier comienza en 1951.
Luisa era, en aquel entonces, funcionaria civil del Ministerio del Aire.
Por razones de caballerosidad o bien de orden alfabético, Guillermo siempre quiso que Luisa le precediera en la firma.
Su primera colaboración fue el serial ya citado Lo que nunca somos, editado más tarde en forma de libro en febrero de 1952.
Ese mismo año, el éxito de ambos sería rotundo con Lo que no muere, publicado en fascículos en 1953 y llevado ese mismo año al teatro y posteriormente al cine.
¿Cómo se articulaba técnicamente la colaboración Sautier-Alberca?
La respuesta es conocida.
Casaseca construía el guión o la escaleta de la obra, la carpintería literaria, y dejaba que Luisa redactara el texto.
Por otra parte, Alberca puso el sentimiento y el toque "femenino" y Sautier la intencionalidad política.
Si algo no puede negarse a este último es su condición de hombre de la radio con una adscripción sin fisuras al franquismo y puesto incondicionalmente a su servicio.
Pero ideologías aparte, la forma de "enganchar" al oyente estaba muy clara y fue y sigue siendo la misma: "Llegar directamente al corazón sin pasar por el cerebro", frase acuñada por Sautier y reproducida por Munsó (223).
Y ese ternurismo sentimental que el público demandaba tuvo en Luisa Alberca la mejor redactora.
Juntos andarían el camino del éxito, que poco a poco iría disminuyendo durante más de tres lustros y una veintena de obras conjuntas.
Pero sus caminos fueron divergiendo lentamente hasta concluir su colaboración en 1969, con la novela Extraño poder.
Luisa Alberca se convirtió en autora de novelas de la colección "Biblioteca Chicas", camino que emprendió también de la mano de Casaseca en 1955, y Sautier encontró en Rafael Barón Valcárcel 5 un nuevo colaborador que habría de conducirle al mayor de sus éxitos: Ama Rosa, emitida a finales de los años cincuenta, llevada al teatro y enseguida al cine, en 1960, de la mano de León Klimovsky.
Oigamos lo que Munsó nos dice al respecto:...y el gran «boom» de los últimos años cincuenta: «Ama Rosa», serie escrita por el prolífico autor de «Lo que no muere», sobre argumento de Doroteo Martí.
Como en algunos otros casos, «Ama Rosa» pasó también del micrófono al escenario y, posteriormente, a la pantalla.
El papel central fue interpretado en la radio por Juana Ginzo, en el teatro por Margarita García Ortega y en el cine por Imperio Argentina.
La película, realizada en 1960 por León Klimovsky tuvo el éxito popular que era de suponer: éxito que de todos modos no eclipsó el obtenido en la radio.
En el reparto se introdujeron los cambios oportunos como es habitual en tales casos, y los Pedro Pablo Ayuso, Joaquín Peláez, Alicia Altabella, Fernando Dicenta, Carmen Martínez y Doroteo Martí cedieron su plaza a Germán Cobos, Elena Barrios, Antonio Casas, José Luis Albar, José María Seoane e Isabel Pomés.
Según ha manifestado Sautier Casaseca, la versión cinematográfica, a pesar de sus ingredientes, no llegó a convencer porque el final era distinto «y no se lloraba nada».
Hacer llorar en una España que tenía suficientes motivos para el llanto.
Pero ya se sabe que nada mejor que un dolor o un terror ficticio para conjurar la tristeza o el pánico.
Llorar con los seriales era como la tableta Okal, "un lenitivo del dolor", según rezaba la canción publicitaria de la época.
O como el Quitadolores Kital, patrocinador de los primeros seriales de Sautier.
La versión teatral en tres actos de Ama Rosa, escrita por Guillermo Sautier Casaseca, Fernando Vizcaíno Casas y Rafael Barón Valcárcel se estrenó el 29 de marzo de 1959 en el teatro Arriaga de Bilbao.
Fue protagonizada por Doroteo Martí Pérez, actor y autor valenciano trasladado a Venezuela y vuelto luego a España, donde inició su actividad teatral con la obra Una rosa de sangre, escrita en colaboración con el poeta, médico y sacerdote, después de enviudar, Rafael Duyos, y Antonio Pérez de Jaén (Antonio de Jaén), poeta, letrista, guionista y director cinematográfico de algunas de las últimas películas del actor infantil Joselito, y estrenada en el teatro Filarmónica de Oviedo el 22 de enero de 1954.
Su relación con Sautier se establece en 1955 con la obra escrita en colaboración con Luisa Alberca, La segunda esposa, estrenada con gran éxito en el teatro Calderón de Madrid el 25 de noviembre de 1955, comedia en dos actos y ocho cuadros interpretada, además de por Doroteo, por María Fernanda Ladrón de Guevara, Asunción Montijano, Carola Fernán Gómez, Manuel Soriano y Carlos Larrañaga.
El triunvirato Sautier-Martí-Barón volvió al mismo escenario años más tarde con la obra Las dos hermanas, comedia en tres actos estrenada, inicialmente, en el teatro Arriaga de Bilbao el 15 de junio de 1961, e interpretada de nuevo por Martí-Ladrón de Guevara.
Dos años más tarde, el 9 de mayo de 1963, el trío de autores volvió a levantar el telón del teatro Calderón con Sangre negra, comedia en dos actos.
Un recorrido exhaustivo de la trayectoria de Sautier Casaseca nos llevaría muy lejos y excede de la intención de este trabajo, centrado en la obra de su colaboradora Luisa Alberca; pero no queremos concluir esta sección sin señalar que en materia de fechas y atribuciones dentro del tema que nos ocupa los errores e inexactitudes dentro de la bibliografía al uso son muy notables, salvo en el excelente trabajo de Juan Munsó Cuarenta años de radio.
El colmo del "patinazo" corresponde al diccionario Espasa 6 que en la biografía y necrológica atribuye a Sautier Casaseca nada más ni nada menos que la paternidad del serial Simplemente María, novela escrita por Celia Alcántara, y cuyos derechos contrató en Argentina José Maya, ex corresponsal de Radio Nacional de España en Buenos Aires, y que, grabada en España, arrasó a todos los niveles: radio, cine, fotonovela, libro y hasta en forma de disco, y dio nombre a toda una serie de productos comerciales, entre ellos una revista.
Con sus más de cuatrocientos capítulos frente a los ochenta de Ama Rosa, Simplemente María se editó como fotonovela en forma fascicular, alcanzando su tirada media los ciento cincuenta mil ejemplares, en los que el nombre de sus intérpretes fue celosamente guardado ya que:
A lo largo de meses y meses una gran parte del público ha estado creyendo que María era una pobre chica que explicaba su propio caso.
Es decir, el de una madre soltera en la que el "fruto de su vientre" lo es también de su ingenuidad.
Pero la periodista Rosa María Amargós se encargó de revelar el secreto: Alberto, el protagonista, era Francisco Serrano, y María, Marisol Martínez, una enfermera de veinticinco años, casada y con un hijo de dos 7.
Simplemente María inauguró una saga de culebrones hispanoamericanos emitidos en España, como Lucecita, y que continúan haciéndolo, con notable éxito.
EAJ47, Radio Juventud de Barcelona, una de las emisoras que emitía el serial, llegó a la conclusión al analizar la audiencia de que el setenta y cinco por ciento de las radioyentes escuchaban Simplemente María.
Aunque no se emitió por televisión en España, sí fue transmitida en América.
Es obvio que, de acuerdo con todo lo anterior, a Guillermo Sautier Casaseca no le hubiera importado ser su autor, por más que la denostara en una entrevista publicada en Blanco y Negro, el 26 de abril de 1973, a la que posteriormente habremos de referirnos con más amplitud.
Adelantamos aquí el texto que Manuel J. Campos reproduce en su obra ya citada: Sobre Simplemente María y el hecho de que tenga un hijo de soltera, fruto de la candidez: No comprendo que la gente lo admita.
Esto sucedió de verdad en España, pero entonces no se podía ni me dejaron contarlo.
Y además, considero también irritante que Simplemente María haya necesitado cuatrocientos capítulos para narrar lo que Ama Rosa narró en cuarenta y ocho; eso muestra una regresión cultural por parte de la gente que lo escucha.
Volviendo al tema de las inexactitudes, la confusión en materia de fechas en otro de los estudios, La estirpe de Sautier de Pedro Barea 8, es total.
Hubiera sido muy sencillo consultar las fuentes originales: archivos documentales de la SER y la revista Ondas, pero no se hizo.
Hay también algunos descuelgues más pero no vamos a señalarlos.
Pasando a otro tema y por más que Sautier fuera ampliamente denostado, tuvo también sus partidarios y recibió todo tipo de homenajes.
Veamos lo que al respecto dice Munsó:
Yo, la reina, Heroínas sin nombre, Lo que no muere, La sangre es roja o Un arrabal junto al cielo puede que avergonzasen -y así sucedía-a más de cuatro "espíritus cultivados".
El serial ha sido tan atacado por unos -la llamada minoría selecta-como aplaudido sin reservas, calurosa, casi histéricamente por el proletariado femenino. [...]
El serial radiofónico ha tenido siempre muy mala prensa. [...]
A pesar de ello, esta forma contracultural de la radio, lo mismo que la fotonovela -a partir del momento en que hizo su aparición-, cuenta con una masa ingente de seguidores -de seguidorasa quienes les tiene sin cuidado lo que puedan opinar sobre el género y sus adictos los graves caballeros del "establishment" cultural.
(93) ¿A cuál "establishment" se refiere Munsó?, porque en España siempre ha habido por lo menos dos.
El franquista no dudó en reírle las gracias a Casaseca.
Veamos de nuevo lo que nos dice al respecto el gran comentarista:
En 1954, por ejemplo, cuando la S.E.R. desde Radio Madrid, ofrecía a su clientela "Un arrabal junto al cielo" de Guillermo Sautier Casaseca y Luisa Alberca, se propuso un homenaje al primero con motivo de celebrarse la audición de su serial número cien.
Como es norma y costumbre en esos casos el grupo promotor publicó la obligada convocatoria, en donde se hacía, ¡cómo no!, un elogio de la labor desarrollada por el "amigo y escritor" en cuestión.
La convocatoria, como tal, no tenía nada de particular.
Lo que sí resulta sorprendente es la cantidad y calidad, o significación de las personas que la firmaban.
Entre otros nombres igualmente conocidos figuraban los de Concha Espina -que encabezaba la lista-, Pío Baroja, Gregorio Marañón, Eugenio Montes, Joaquín Calvo Sotelo, Manuel Pombo Angulo, José Antonio Giménez Arnau, Víctor Ruiz Iriarte, Guillermo Marín, Luis de Castresana, Juan Antonio de Zunzunegui, Darío Fernández Flórez, Enrique Franco, Pedro Gómez Aparicio, Enrique Llovet y Antonio Garrigues.
Como puede verse por la relación, la "crema de la intelectualidad", como decía la letra de la conocida canción de Agustín Lara.
A tamaño reconocimiento, Sautier acumuló otros muchos: en 1954 obtuvo el Premio Ondas, en 1969 el mismo como director de programas, en 1974 la Medalla del Cincuentenario de la Radio, en 1976 fue nombrado consejero delegado de la SGAE y se le concedió la Medalla del Trabajo.
Una carrera de éxitos que concluyó con su fallecimiento en 1980 y a la que habría de contribuir notablemente Luisa Alberca.
CON SAUTIER Y SIN SAUTIER.
LA TRAYECTORIA LITERARIA DE LUISA ALBERCA Patricia Rilton.
Cuando Luisa Alberca salta a la fama con Lo que no muere no es ni mucho menos una autora novel: había publicado ya su primera novela, Patricia Rilton, en diciembre de 1950, comercializada por Distribuciones DEYMI, aunque no figura el nombre del editor.
En agosto de 1951 salió de las prensas su segunda edición; y mucho más tarde, en 1958, se publicó la tercera.
Un éxito nada despreciable para una primeriza.
No tardaría en publicar su segunda obra, Lo que nunca somos, que inaugura su colaboración con Sautier.
Veamos lo que la propia Alberca dice de sí misma en una autoentrevista que publica en segunda de portada el fascículo IX de Lo que no muere, su gran éxito, en 1953.
En primera podemos ver su fotografía: una mujer joven, tenía entonces treinta y tres años, sonriente y bien parecida.
Estaba casada y era madre de dos hijas:
-¿Cuándo empezarte a escribir? -Hace unos diez años [...] -¿Qué novelas has publicado? -Patricia Rilton y Lo que nunca somos, esta última en colaboración con Guillermo Sautier Casaseca.
-¿Has publicado algo más? -Cuentos en diferentes revistas.
Alguna información más nos suministra en dicha página la autora: carecía de antecedentes familiares en lo que a escribir se refiere, era feliz en su matrimonio y con sus dos hijas, sus aficiones eran las matemáticas, fue contable, y la costura, y su carácter optimista, sentimental y a veces timorato.
Excelente autorretrato que fija la identidad de la autora y va a proyectarse en todas sus obras, comenzando por la primera: Patricia Rilton.
Se trata de una historia de amor y desamor, aunque mejor sería invertir el orden.
La protagonista, Patricia, es una joven viuda que a los dos años de la muerte de su esposo se reencuentra con Luis, al que conoció veinte años antes.
De su matrimonio tuvo cuatro hijos, Ana María, la mayor, casada y que va a darle enseguida su primer nieto, Teresa, resentida con su hermana pues ambas amaban al mismo hombre y éste prefirió a la primera, Adrián y Fernando.
Patricia regenta una casa de modas.
Lo más importante aflora ya en las primeras páginas, el desamor de Jaime, el marido de Patricia ya fallecido.
Se casó con ella para olvidar a otra mujer, muerta antes de su boda.
En su diálogo con Luis, Patricia va explicando su desencuentro matrimonial:
-Nunca te confesé que entre Jaime y yo sólo existió una aparente felicidad. [...]
Lo advertimos al cabo de los años; pero nos unían los hijos, ¿comprendes?
Y esto fue siempre algo sagrado para nosotros, que nos obligó a sacrificarlo todo.
(10) La réplica de Jaime es rotunda:
-Hace tiempo que adiviné todo esto, Patricia, pero también entonces era demasiado tarde [...]
Nuestro matrimonio fue un error que debemos expirar con paciencia. [...]
Tenemos un deber -resumió luego-: nuestros hijos.
Por ellos hemos de abandonarlo todo.
Sé que seríamos más felices alejándonos [...]
Espero que no nos será difícil sobreponernos a la propuesta brutal de los sentidos.
Alberca es rotunda, pero deja muy claro que el matrimonio es para siempre y no hay vuelta atrás.
Los hijos mandan sobre la felicidad.
Dice Jaime: "Sé que no decaerás.
Porque existe en tu ánimo algo superior a todas las flaquezas: la madre" (12).
He aquí uno de los primeros planteamientos ideológicos de Luisa que reaparecerá en muchas de sus obras posteriores: la mujer tiene el derecho de buscar la felicidad pero no a costa de romper su matrimonio, de engañar al marido, o de desatender a los hijos.
La novela sigue su curso y Alberca retrocede en el tiempo y luego avanza.
Nos relata la vida de las hijas de Patricia: la boda de Ana María y los celos de Teresa, para seguir con la animadversión de los varones hacia Luis.
Todos niegan a su madre el derecho a amar y ser amada.
Oigamos a Teresa: mientras otras tragedias se suceden.
Al final, los hijos se van y sólo queda la soledad:
Las palabras de Luis surgieron de pronto en su recuerdo: "¿No piensas en que un día tus hijos te dejarán?
¿No te das cuenta de que ellos seguirán el cauce de su vida y tú quedarás sola, completamente sola, arrepentida de esta locura que hoy has decido?"
A ella también le había llegado la hora de quedarse sola, simple y desesperadamente sola.
Sorprende que tratándose de una opera prima Patricia Rilton se lleve literariamente con tan buen pulso.
En la segunda edición, aparecen en los textos de solapa algunos fragmentos de la recepción crítica que anotamos:
-Escrita con gran soltura y facilidad, sabe sujetar hábilmente el interés del lector [...]
No faltan algunos estudios psicológicos de los caracteres intentados con fortuna y también con cierta audacia, que no rehuyen aspectos escabrosos.
(Nicolás González Ruiz, Ya) -La autora es valiente y amena. [...]
La pluralidad de acción en la novela -las vidas de los hijos con sus problemas-se centraliza en el corazón, en el alma y en los nervios de Patricia.
(Ángeles Villarta, Domingo) -Los diversos personajes que van siendo presentados, los hijos e hijas de Patricia, tienen todos ellos sobrado interés, en sus respectivos caracteres y en sus individuales historias, para merecer un desenvolvimiento literariamente más reposado.
Hay una pequeña novela en cada uno de ellos. [...]
A Luisa Alberca, en su propósito de prender la atención del lector, la ayuda su diálogo, bastante natural y vivo.
(R. Váquez-Zamora, Destino) -Sensación de realidad es lo primero que tiene que dar una novelista, y Luisa Alberca consigue el difícil empeño con evidente soltura, con precisión en su prosa, desnuda de cualquier innecesario elemento, y que cumple el primordial cometido en calidad de instrumento literario, como vehículo de una acción que se sigue con creciente interés hasta su culmen, que es el punto donde termina.
(Miguel Pérez Ferrero, ABC) -Novela bien construida, que interesa desde sus primeros párrafos, que recoge tipos, estampas y estilos de una realidad burguesa con fidelidad que sabe apartarse de lo anodino. [...]
La novela de un novel suele adolecer, con los matices que descubren una personalidad y que garantizan una situación futura, de pequeños defectos, de ingenuidades, si la cosa merece la pena, perdonables.
En este libro, a mi juicio, no hay ni esos fallos.
Es la obra de una pluma segura con una visión clara de lo que debe ser una novela.
Y con buen estilo, con soltura, con amenidad.
(Casares, Hoja oficial del lunes).
Estamos en presencia de una estimable novela salida de la pluma de una mujer, sobre varias mujeres y destinada a las mujeres.
Buena prueba de ello el escaso tratamiento de los personajes varones, y sobre todo de Luis, el nuevo marido de Patricia.
No nos cabe duda de que la búsqueda de la identificación del personaje principal y de su problemática con las lectoras fue todo un éxito y se logró con facilidad con el propio diseño y descripción de la protagonista: Patricia es una viuda todavía "de buen ver" como habría muchas en aquel momento, descrita de una forma totalmente realista:
Era una mujer alta, esbelta, aunque algo gruesa, con el pelo oscuro recogido en un moño bajo y unas piernas perfectamente modeladas (15).
Viudas, casadas y solteras debieron llorar con la novela y Guillermo Sautier Casaseca debió pensar al leerla que Luisa Alberca era el alter ego que andaba buscando.
El inicio de la colaboración Alberca-Sautier
Ya se ha dicho que la primera colaboración Alberca-Sautier fue el serial Lo que nunca somos, emitido en 1951 y que se editaría más tarde, en 1952, en forma de libro.
Con sólo abrir el libro se tiene clara la autoría argumental:
Un buque había soltado las estachas que sujetaban su popa a tierra, iniciando la partida de aquel puerto de la costa occidental de África.
Se trataba de un cañonero en su viaje de vuelta a la patria lejana.
Sautier nos describe su vuelta a España desde Guinea.
Luego, Alberca tomará la riendas.
Alberto, militar, vuelve para casarse con Mirta, hija de un opulento argentino (el pacto Franco-Perón hace su entrada), pero la porteña, voluble, va a hacerlo con el primo de Alberto, Julio, Marqués de Villar de Cos, que ha ido a recibirle y a darle la mala noticia.
Tanto Sautier como Alberca fueron muy proclives a incluir en sus obras personajes aristocráticos, pero para denostarlos dando rienda suelta a su vena populista.
Dice Alberto a Julio:
-Eres un miserable, indigno de nuestro apellido y del título que ostentas, de ese título por el que Mirta te ha preferido a mí.
(21) Alberto, desengañado, cambia de vida.
Va al Ministerio, pero por las noches juega, se emborracha y se convierte en el amante de Marcela, una mujer de vida airada, que poco a poco va arruinándole.
Parece que su vida va a cambiar al conocer a Susana, una buena chica, pero que le recuerda demasiado a Mirta.
Alberto la rechaza, incluso cuando ella, de una manera indirecta, se le declara.
Más tarde le pedirá que huyan juntos y se casen, pero en el último momento la deja plantada.
Ella le manda una carta que es a la vez un catálogo de insultos y una esperanza de amor:
Eres un hombre sin palabra, un canalla.
Cuanto hablan de ti los que te conocen, es cierto.
Has caído muy bajo, no tienes ya dignidad ni honor [...]
Estoy cierta de que me sigues queriendo, de que no eres ni un canalla ni un cínico. [...]
Con esta confianza en tu amor, te envío millones y millones de besos, que haré efectivos esta noche cuando huyamos juntos.
(43-44) 9 Pero lo mejor vendrá luego, cuando Sautier-Alberca teoricen sobre las diferencias de comportamiento entre hombre y mujer:
Esta es la diferencia racial entre los sentimientos en los dos sexos.
La mujer acusaba el golpe hiriendo a ciegas en algunos momentos y haciendo concesiones en otros.
No tenía dignidad ni era capaz de absorber su amargura por sí sola; necesitaba salpicarla a aquel que la hiriera.
El hombre no insistía más, era fuerte y viril para el dolor, y su desprecio o su odio no necesitaba expandirse, quedaba allá dentro, emponzoñándolo quizá todo, dando tintes sombríos a cualquier sensación nueva que viniese después.
(45) Huelgan los comentarios.
Las mujeres carecen de dignidad y los hombres son fuertes y viriles para el dolor, pero eso sí, muy rencorosos.
Continuando con el relato, Carlos, el único amigo que le queda a Alberto, le pide permiso para proponer a Susana que se case con él.
Borracho, éste le entrega carta que le envió la muchacha y todo acaba con una pelea entre ellos.
Tras dimitir de su cargo, Alberto marcha a Francia y se enrola en un barco con nombre falso.
En Argel conoce a Sora, una bailarina relacionada con el tráfico de estupefacientes, y al pelearse con el amante de la muchacha accidentalmente le mata.
La bailarina le oculta y le procura dinero y un pasaporte para que pueda ir a América, como Alberto quería.
Acaba aquí la primera parte.
En la segunda, Alberto, ya en Estados Unidos, busca desesperadamente trabajo.
Se emplea como vendedor ambulante de langostinos y similares en la playa, pero el asedio de Katie, esposa de su empleador, le obliga a abandonar el empleo.
La liviandad de costumbres de los americanos no le parece aceptable y repudia una sociedad que no le brinda las oportunidades esperadas y en la que las mujeres llevan bikini.
-¿Le gusta América? -Sí.
¡Naturalmente! -respondió Alberto sin entusiasmo.
En el fondo odiaba aquel país desde que todas la puertas se ofrecían cerradas, inexpugnables. ( 106 Tras conocer a Gus, el que luego será su amigo y compartirá con él su apartamento, en el curso de una borrachera, se emplea como lavaplatos.
Conoce a Emily, cantante en un music hall y, de resultas, la compra de un smoking y el bacarrá acaban con sus escasos ahorros.
Sabe que su única solución es trabajar para los traficantes de drogas, como le había propuesto Sora, pero su conciencia se lo impide:
-Jamás se avendría a colaborar en el tráfico de estupefacientes mientras quedase en mi ánimo un átomo de honradez.
Una sonrisa irónica distendió la boca del visitante: -Es extraño que llevando algunos meses de vida en América aún no haya comprendido que lo único honrado en este país es poseer dólares suficientes; cómo se adquieran, no importa; nadie se preocupa de averiguarlo.
-No es la gente la que me inquieta, sino mi conciencia.
-La conciencia es algo tan convencional, tan imaginativo, que fácilmente podría reducírsela.
Y más teniendo en cuenta lo poco que sirve en esta época.
Los autores nos describen, adelantándose al discurso oficial, "la ola de inmoralidad que nos invade" y lo pernicioso de las sociedades foráneas.
Menos mal que quedaba España como "centinela de Occidente" y como "reserva espiritual de Europa"... y del resto del mundo.
La historia de Emily se retoma.
Está enamorada de Alberto, sentimiento que él no comparte.
El dúo de escritores distingue muy bien amor y deseo.
Masculino, claro: "Alberto no estaba enamorado de ella, pero la deseaba".
(144) Da entrada ahora en la novela otro personaje, Frances, hija de soltera de Emily, que se educa en un colegio en Francia y desconoce su propia historia.
Señalar aquí dos aspectos: que el personaje de madre soltera está omnipresente en la subliteratura rosa; y el planteamiento estructural de ésta y otras novelas de los autores que nos ocupan: ir incorporando personajes a lo largo del relato y abandonando a los anteriores, técnica tomada de las novelas por entregas y vertida en los seriales radiofónicos.
Alberto, vencida ya su repugnancia, entrega su alma a los narcotraficantes, por lo cual tiene que viajar, lo que le lleva a abandonar a Emily, y a ocupar sus ocios con aventuras fugaces:
Ahora otras mujeres dejaban una leve huella en su vida.
Eran aventuras cortas, sin trascendencia, sin juramentos; duraban lo que la chispa del deseo en él: un día, una semana, a veces sólo horas.
Se daba cuenta de que solamente así, cambiando a menudo de mujer, toleraba sus caprichos con gusto.
No era capaz de enamorarse, de un sentimiento desinteresado y hondo.
En lo íntimo veía a todas iguales: volubles y sólo dominadas por una pasión: el dinero.
(198) La estupidez del personaje rebasa todos los límites: no sólo arruina su vida por un desengaño amoroso, sino que espera ingenuamente que sus aventuras, que, por lo que nos narran los autores, son de pago, le ofrezcan amor eterno.
Pero si patético es el personaje, no lo es menos el concepto que del amor y de sus actores: hombre -dominado por el deseo sexual-y mujer -voluble, caprichosa e interesada-tiene la pareja de escritores.
La segunda parte concluye con un nuevo encuentro en la calle de Alberto y Emily que ha caído muy bajo y está embrutecida por el opio.
Tras darle dinero, Alberto huye.
La tercera parte comienza con la llegada de Frances en barco.
La espera Norah, la criada negra de Emily -personaje nada original que recuerda demasiado a su homóloga de Lo que el viento se llevó-que la ha mandado llamar porque su madre está muy mal, tanto que cuando llegan a verla está ya muerta.
Como reacción, Frances, que ya ha sido informada mediante una carta de su madre sobre las circunstancias de su nacimiento, ingresa en la policía, en la brigada femenina del departamento de narcóticos.
Inmediatamente es enviada al instituto de belleza que sirve de tapadera a la organización de la que Alberto forma parte.
Ambos acaban encontrándose con el resultado previsible:
Pensó: "Si yo fuera más joven, acabaría enamorándome de ella". ( 228)
Frances avanza en sus éxitos policiales y muestra su repulsa a la drogadicción.
Como nuestra Concepción Arenal, "odia el delito y compadece al delincuente": Quizá fuera tiempo aún de devolver a aquella criatura a la honradez y a la normalidad.
En vez de un correccional, los agentes llevarían al chico a un Centro de Desintoxicación.
Era uno más entre los millares de seres que, criminalmente inducidos a probar la cocaína o la morfina, acababan cometiendo crímenes para obtener el dinero que podía proporcionarles el venenoso estupefaciente.
Sentía piedad de esa juventud mal encaminada, piedad de las muchachas que se prostituían para seguir fumando opio o inyectándose morfina, piedad de su madre que quiso encontrar un consuelo para sus males en el opio y sólo encontró su destrucción cuando aún era joven y tenía otras posibilidades en el horizonte de su vida.
Frances se relaciona con Mister Grup, el jefe de la banda de traficantes, que intenta sin éxito seducirla.
Descubierta al fin como policía, Grup decide vengarse violándola y torturándola.
Pero no contaba con la recia caballerosidad de Alberto:
No puedo soportar la idea de hacer mal a una mujer.
Existe algo, en nuestra posibilidad de hacer daño, donde nuestra naturaleza no nos consiente en llegar.
Luisa Alberca, de la mano de Sautier Casaseca, alcanza su mayor éxito: Lo que no muere
Como puede verse, la actual violencia de género no había hecho su aparición entre nosotros, algo, por otra parte, falso.
Pero la crueldad del americano no tiene límites ante la pobre muchacha indefensa: La satisfacción le invadió.
Veía a Frances torturada, loca de pena, sin siquiera haber movido un dedo para rozarla.
Quedó callado, contemplándola; no quería perderse ni un segundo de ese espectáculo magnífico que suponía ver a la muchacha dando suelta a su dolor.
El final llega vertiginoso.
Alberto salva a la chica y va a huir con ella, pero Norah le cuenta que es el responsable de la muerte de su madre.
Ella le abandona, momentáneamente, pero cuando la banda es detenida y la policía espera a Alberto en la frontera mejicana para detenerle también, corre a advertirle.
El galán baja del tren, y tras un momento de duda, la chica también.
Rápido, como una raya negra sobre tierra de Texas, el tren escapó.
Frances le vio ir asustada.
Luego, sin pararse a pensar lo que hacía, corrió entre las sombras en busca de su destino.
El éxito de la novela y su emisión radiofónica no fue excesivo, pero sirvió para que los autores se situaran en el pináculo de la fama con la siguiente radionovela.
No obstante sus propósitos se cumplieron: incidir sobre el comportamiento social de los españoles y alertar de los peligros de desviarse del camino recto, algo que nos dice su editor en el texto de solapa:
LO QUE NUNCA SOMOS no es, como el lector puede apreciar desde las primeras líneas, una novela más entre las denominadas de tipo psicológico.
Sus personajes, arrancados del libro siempre abierto de la vida misma, nos emocionan y subyugan por la cruda sinceridad con que ha sabido revestirlos la pluma de sus creadores.
Mas que una novela, LO QUE NUNCA SOMOS es una magistral interpretación de la angustia de nuestros días, y en ella asistimos, embelesados por la fluidez de su lectura, a la eterna batalla entre el Bien y el Mal; a la lucha entre la derrota del alma, endémica enfermedad de nuestro tiempo, y la noble resistencia ante la abyecta sumisión.
Queda pues clarísimo que los autores escriben lo que escriben no sólo para ganar dinero, obtener la fama y entretener al lector.
Apuntan mucho más alto: quieren cambiar la sociedad y a sus actores, recuperar una ética destruida "por la bancarrota del espíritu".
Decimos esto sin ningún sarcasmo, porque es habitual la simplificación de considerar que este tipo de literatura es exclusivamente venal, algo radicalmente falso.
Tanto Sautier como Alberca o Villardefrancos creían en aquello que nos narraban, estemos o no de acuerdo con sus planteamientos.
Luisa Alberca, de la mano de Sautier Casaseca, alcanza su mayor éxito:
Muy poco tiempo después de dar inicio a su carrera literaria, Luisa Alberca alcanzó su mayor éxito: el serial Lo que no muere, escrito en colaboración con Sautier y emitido por la SER en 1952 e interpretado por la Compañía de Actores de Radio Madrid 10.
Veamos lo que nos cuenta al respecto Juan Munsó en su ya citada obra, reproduciendo el diálogo mantenido por Casaseca y Armando Matías Guiu en el número 17 de la revista Ondas (1953):
Lo que no muere fue una bomba radiofónica.
Se escuchó con interés creciente desde sus primeros capítulos.
De cinco a cinco y media de la tarde era una hora prohibitiva para hacer visitas o llamar por teléfono.
El radioyente comentaba las incidencias de Carlos López (sic) 11 Doria en todas partes.
En las peluquerías las señoras pedían que se les quitara el casco secador para escuchar "Lo que no muere".
El que llegaba a casa del radioyente a las cinco debía permanecer mudo hasta que finalizase el capítulo, y antes de entrar en materia estaba obligado a comentar lo que le sucedía a López Doria, con Nita y la pobre Margarita.
A partir de ese momento, Sautier pasa a conocerse como "el autor de las lágrimas a las cinco de la tarde"; y a las cinco y treinta y un minutos los comentarios se disparaban, dando lugar a un proceso dialógico no convencional pero sí muy real.
Los autores conocían perfectamente lo que opinaban los receptores de su discurso y, en general, las opiniones colmaban sus mejores expectativas.
Naturalmente, la obra iba dirigida a un proletariado rural y urbano y a las capas medias.
Los profesionales estaban excluidos del mensaje, pues su identificación con el franquismo lo hacía innecesario o estaban irremisiblemente perdidos.
Además, a partir de un determinado nivel social, tirios y troyanos consideraban, muy justamente, al dúo Sautier-Alberca y a sus creaciones artístico-literarias radiofónicas de "muy mal tono" e incluso "ordinarias".
No menos importante era el sesgo de género de la audiencia radiofónica, formada casi exclusivamente por mujeres por razones de horario de emisión y de reparto social del trabajo, ya que a esa hora los maridos estaban trabajando.
Pero este aspecto no invalida su trascendencia social: la mujer era y es, demasiadas veces, reproductora de los planteamientos ideológicos sociopolíticos dominantes, orientadora del marido y educadora de los hijos.
Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿qué era realmente Lo que no muere?
En primer lugar se trata de una obra profundamente política que trataba de cambiar la mentalidad y las señas de identidad de los españoles de los años 50, cuando España había dado comienzo el Plan Badajoz, había ingresado en la UNESCO, y estaban a punto de firmarse el Concordato con la Santa Sede y el Pacto Franco-Eisenhower (29-IX-1953).
Ese mismo año, la muerte de Stalin (5-III-1953) propiciaría importantes cambios políticos en la URSS.
En resumen, empezaba a vislumbrarse el principio del fin del aislamiento internacional de España.
Pero si los planteamientos políticos estaban muy claros, estructuralmente el serial mezclaba con acierto los géneros y técnicas de comunicación.
Lo que no muere fue un constructo nada torpe y hábilmente elaborado.
Si mezclamos técnicas con subgéneros e intenciones el resultado podría ser el siguiente:
• Una novela coral con muchos personajes que comparten protagonismo. • Una novela por entregas.
• Una novela de espionaje. • Un thriller -antes no se llamaban así-político.
• Una historia de amor o, si se prefiere, de muchos amores y desamores.
• Un análisis sesgado de la España de preguerra y, en menor medida, de posguerra. • Un ajuste de cuentas con la izquierda y con el comunismo. • Una crítica, desde la óptica falangista, de la "clase alta" de preguerra y de la derecha rancia del antiguo régimen. • Un relato en el que uno de los protagonistas -el antihéroe-es un "niño de Rusia". • La historia de Caín y Abel, en la que el "hermano malo" es el menor. • Una historia de buenos, malos y semimalos.
• Un catálogo de Valores y Antivalores.
• Un constructo maniqueo que marca las características esenciales de la Bondad y la Maldad.
Hacemos un alto para señalar que tanto el título original: Lo que no muere, como el posterior Lo que nunca muere no son nuevos y existen en ambos casos obras homónimas.
Del primero, una obra de Barbey d'Aurevilly 12, que Sautier, gran admirador de los folletines franceses, sin duda había leído, y una comedia en dos actos original de Alonso Gómez y Luis Manzano 13.
A su vez, Lo que nunca muere es una loa a don Manuel Bretón de los Herreros, original de Luis Pérez Barzana 14.
En algunos libros, La estirpe de Sautier, entre otros, se da como fecha de emisión el año 1953.
La realidad es otra, fue en 1952, dato en absoluto irrelevante por lo que luego veremos.
El error procede de los escasos datos que aporta Ondas, revista de la SER que reinicia su segunda época en 1952 con periodicidad mensual, pasando a ser quincenal en julio de 1953, que únicamente indica la emisión de un serial a las 17 horas.
Añadir que el serial se retransmitió en un gran número de emisoras, pero no de forma simultánea.
La última fue radio Barcelona.
Pero es difícil que se emitiera en 1953, por las siguientes razones:
• Lo que no muere se edita en fascículos en abril de 1953.
Adelantar la publicación a la emisión habría significado "reventar" el final del serial. • El 7 de agosto de ese mismo año se estrena en Barcelona la versión teatral. • En el capítulo 34, tuvo 50, se habla de Stalin (35, fascículo VII) como de un personaje vivo y falleció el 5 de marzo de 1953.
• Es sabido que Sautier afirmó de forma repetida que la obra de José Antonio Jiménez Arnau, Murió hace quince años, que obtuvo el premio Lope de Vega en 1952 y se estrenó en 1953 en el Teatro Español de Madrid, estaba inspirada en Lo que no muere.
Tal afirmación hubiera carecido de sentido si el serial hubiera sido emitido a posteriori.
Lo anterior nos lleva a señalar un antecedente de la obra de Sautier-Alberca: la película Raza, de José Luis Sáenz de Heredia (1941) 16, con guión del propio Franco bajo el seudónimo de Jaime de Andrade 17.
Veamos lo que al respecto dice Barea en La estirpe de Sautier:
Los mismos elementos políticos que aparecen en Lo que no muere estaban ya presentes en Raza, de Jaime de Andrade, pseudónimo del general Franco.
Una precursora del género.
La obra, editada en 1942 por Ediciones Numancia, y curiosamente impresa con diálogos como para radio o teatro, contiene todos los tópicos de la literatura apologética de la época.
Los hermanos descarriados, la teoría genética de la vuelta a las raíces de la familia, lo foráneo como encarnación del mal, la ridiculización de la vida intelectual y de la política frente a un modelo de comportamiento ibérico que se expresa en los impulsos fundamentalistas y siempre disciplinados y heroicos "de los almogávares", y soluciones basadas en el acto de fe, la buena muerte y el arrepentimiento.
Esquemas, por otra parte, no totalmente nuevos ni siquiera en Franco/Andrade, porque la especie del converso transita en la novela católica del siglo XIX y la novela histórica; es el héroe ruptural, aquél que se legitima con un acto final de autorredención.
Pero si Raza es el antecedente de Lo que no muere, su consecuente será la obra de teatro, que no libro como afirma Barea, del diplomático José Antonio Jiménez Arnau Murió hace quince años que, como ya se ha dicho, obtuvo en 1952 el Premio Lope de Vega y se estrenó en 1953 18.
Tuvo también una versión cinematográfica a cargo de Rafael Gil (1954) 19 estrenada un año antes que Lo que nunca muere (1955).
El argumento, tanto de la versión teatral como de la película, aborda el tema de los "niños de Rusia".
Diego Acuña es trasladado a la URSS en plena guerra civil y adoctrinado en el comunismo.
Regresa a España convertido en espía y con el encargo de asesinar a su padre, un militar que dirige el Servicio Español de Información.
La obra nos informa que las características del comunismo son: el odio a la familia y el ateísmo sacrílego (el protagonista confiesa haberse entrenado como tirador fusilando una imagen de Cristo).
Como veremos, las coincidencias con la obra de Sautier-Alberca son notables.
Argumentalmente, Lo que no muere es mucho más compleja al tener un número mucho mayor de personajes.
Carlos y Enrique son dos hermanos nacidos del matrimonio de María, hija de la abuela Luciana, una dama encopetada, autoritaria y egoísta perteneciente a la ilustre familia de los Doria, con un obrero, al que su padre ha hecho la vida imposible consiguiendo incluso que le metan en la cárcel.
Carlos se ha criado con su abuela y es militar.
Enrique, con sus padres, y odia a su familia materna y a su hermano.
Tras una pelea con su padre, Carlos se marcha.
Y estalla la guerra: Como puede verse, el discurso reduccionista de los autores es muy claro:
• Los sublevados fueron los rojos, impulsados por el odio. • Despojar a los ricos de sus pertenencias fue otro de los motivos principales.
Pero como era de esperar, en Alexander realidad y máscara se confunden.
Nita entra en contacto con Carlos, a la sazón Gobernador-Residente de una plaza de Marruecos y Alex descubre que se trata de su hermano.
Mientras, las desgracias de Margarita se suceden.
Reconciliada con su marido, una enfermera, Adela, se entromete dispuesta a romper de nuevo el matrimonio.
Hace que un paciente muera para culparla.
Margarita se marcha a las colonias, cerca de Carlos.
Nita, por su parte, desengañada de Alexander, empieza a enamorarse de Carlos.
Margarita se convierte en su educadora en los valores de la religión y el amor, a lo que Nita se resiste:
NITA: Eso es una estupidez, un prejuicio de burgueses, un sentimiento falso, el deseo encubierto por unas palabras estúpidas: eso es el amor.
Entre discurso y discurso, se prepara una rebelión en la colonia.
Nita emprende la difícil tarea de encontrar a Carlos, lo que al final consigue con ayuda de Hassan.
Vive en una cueva, como un anacoreta, pero la muchacha logra que vaya al hospital donde el comandante descubre que él no ha matado a su hermano y que la bala entró por la espalda: DOCTOR: Fue un caso curioso.
Alguno de los suyos debió asesinarlo...
El disparo fue hecho a menos de tres pasos...
Ya no queda nada por resolver y el final llega sereno y pintado de rosa:
El serial concluyó así, con la frase que habría de darle título.
Y dio comienzo un éxito continuado de los autores que escribirían en colaboración un gran número de obras más.
Luisa Alberca, siempre de la mano de Sautier Casaseca, continúa su carrera de éxitos Las dimensiones de este trabajo nos impiden detenernos en el análisis de todas y cada una de las obras de Luisa Alberca.
Una relación cronológica de las mismas aparece al final del trabajo.
Señalar que los seriales de autoría conjunta se sucedieron en el tiempo: Se abren las nubes, Llamas de redención, La sangre es roja y Un arrabal junto al cielo entre los años 1953 y 1954.
La primera se desarrolla en Guinea, territorio perfectamente conocido por Sautier.
Es breve, cinco fascículos y los autores la definen como "novela de aventura".
Un asesinato misterioso en las selvas africanas da origen a una intrigante historia, que afecta a los miembros de una familia honorable.
¿Quién es Rosa María Fabré?" 20, la segunda, que Barea titula "El nacional catolicismo", se emitió en la Semana Santa de 1953 y narra la historia de una mujer que abandona a su familia para dedicarse al teatro, su gran afición, cosa que según recuerda el autor de La estirpe de Sautier nunca debería hacer una esposa cristiana y española 21.
Un incendio en el teatro la hace volver al seno familiar.
En 1954 se editó la misma obra con otro título, La última dicha, dentro de la colección La Novela del Sábado.
Había ligeras variaciones, pues la novela procedía de la versión teatral estrenada en Madrid en abril de 1954.
La sangre es roja es denominada por Barea "El Gatopardo ful en la noche franquista" y narra la historia de dos familias entre 1929 y 1936, una capitaneada por un industrial de ideas republicanas y otra los Condes de Casatravilla, monárquicos y conservadores.
El análisis de Barea es excelente y sólo cabe añadir que los autores oponen el trabajo a la alcurnia, muy en la ideología falangista, como ya habían hecho en Lo que no muere.
De nuevo estamos en presencia de un constructo maniqueo justificativo de la guerra civil.
Un arrabal junto al cielo es la otra cara de la moneda de los "curas comunistas" que habían hecho su aparición en los suburbios madrileños.
Se puede ayudar al pobre, vienen a decirnos, pero sin renegar de los santos principios de la derecha política y religiosa.
El siguiente serial fue...Y doblaron las campanas una réplica a la novela y la película basada en la obra de Ernest Hemingway.
Reaparece en ella el tema de los dos hermanos.
Uno de ellos se reconvierte y se hace cura, el otro, que empezó de fascista, acaba de comunista.
Al final, como siempre, "las campanas doblan por las almas heridas... que obtienen su curación".
Luisa Alberca continúa su carrera en solitario
Aunque la colaboración con Sautier no se interrumpe bruscamente, ambos se orientan en otras direcciones.
Casaseca, como ya se ha dicho, encuentra en Rafael Barón su nuevo alter ego y Alberca comienza una carrera en solitario como novelista, que se prolongará desde 1958 a 1974, fecha de la última obra por nosotros conocida.
La mayor parte se publicó en "Biblioteca Chicas".
Pero ya no son ni la sombra de lo que fueron.
La radio, tampoco lo es.
Casaseca, que prestó su nombre para algunas fotonovelas detestables 22, murió en 1980, cinco años después de su admirado Francisco Franco.
Luisa Alberca vive todavía, y ojalá sea así por muchos años. |
Departamento de Sociología Universidad de La Laguna RESUMEN Este artículo describe y compara las políticas de control de flujos diseñadas e implantadas en distintos países y sistemas migratorios a lo largo de las dos últimas décadas.
La entrada del control de la inmigración en la agenda política de los países receptores es relativamente reciente.
Hasta los años setenta la inmigración permanece al margen de los debates públicos.
La búsqueda de procedimientos eficaces de control se ha tornado una tarea inaprensible y, aunque los gobiernos han intentado mostrar su capacidad para controlar los influjos, diversos factores de naturaleza nacional e internacional han moldeado sus respuestas y frenado su eficacia.
PALABRAS CLAVE Política migratoria comparada, control de flujos, inmigración irregular, políticas preventivas y de admisión de la inmigración, fronteras.
En la segunda mitad de los años noventa las políticas migratorias despertaron un destacado interés entre los teóricos europeos y norteamericanos.
Los enfoques que subrayan el papel de los sujetos de la migración en la toma de decisiones y los dilemas y desajustes que plantea su incorporación e integración en las sociedades de destino se han acompañado en los últimos años de un número creciente de investigaciones que distinguen la migración internacional como un fenómeno profundamente influyente en el diseño de políticas públicas.
Las aportaciones de la demografía, la antropología y la economía se han ampliado con los hallazgos y reflexiones de expertos en relaciones internacionales, sociólogos políticos, juristas y filósofos, a partir del cuestionamiento de la idea tradicional de que los Estados no han intervenido en los flujos internacionales de población.
A pesar de este creciente interés, los desarrollos teóricos comparados sobre las políticas de inmigración son todavía escasos en número y alcance y adolecen de cierta pobreza epistemológica (Messina, 1996; Massey 1999; Hammar, 2001).
La complejidad de esta nueva perspectiva en el análisis de las migraciones internacionales se debe no sólo a la novedad, sino también a la variedad de aspectos que comporta el desarrollo de las políticas migratorias.
Se trata de un tipo de acción en donde confluyen múltiples intereses y asuntos públicos, que ha llegado a convertirse en algunos países y en diversos niveles de gobierno en objeto de intervención transversal y en la que concurren decisiones adoptadas en la arena política regional, doméstica e internacional.
Este enfoque incorpora en los últimos años otros objetos de indagación como los lazos entre inmigración y ciudadanía, la acción colectiva y la movilización de intereses de los inmigrantes, la asignación de derechos a las minorías socioculturales y la conformación de formas de identidad e instituciones transnacionales.
Diversos factores explican este interés académico en el estudio del gobierno de la migración.
Hasta la segunda mitad del siglo XX, permanece como un tema de escasa relevancia política.
No es nueva,'sin embargo, su regulación que fue practicada con mayor o menor intensidad a lo largo del último siglo.
En los años ochenta asistimos, sin embargo, a un paulatino y, por el momento, irreversible proceso de politización de la cuestión migratoria.
La aceleración y diversificación de los flujos ha planteado la necesidad de hacer frente a la inmigración como un fenómeno profundamente heterogéneo que exige políticas adaptadas a su variedad en términos de composición y proyecto.
La intensificación de las corrientes de refugiados y menores ha incorporado estas iniciativas a la agenda de organizaciones internacionales y de derechos humanos.
Su impacto y complejidad demográfica ha inspirado, asimismo, nuevas medidas en áreas como la sanidad, la educación y la formación no reglada y ha activado la creación y la cooperación institucional en los nuevos países receptores.
El mantenimiento de la demanda de mano de obra ha necesitado de acciones dirigidas al suministro temporal y permanente de trabajadores.
La instalación definitiva y el aumento de las reclamaciones ligadas a derechos lingüísticos y religiosos han moldeado formas de integración más permeables a la reproducción cultural de las comunidades y al acceso a derechos ciudadanos a la par que medidas más eficaces de lucha contra la inmigración irregular.
Paulatinamente se han conformado procedimientos de regulación de la entrada y del establecimiento en los países de acogida, en donde se vierten propuestas sobre la idoneidad del número y las características sociodemográficas, nacionales y culturales de los candidatos a la migración.
Es bien conocido hoy que durante décadas las migraciones procedentes de países asiáticos, el Sur de Europa, el Caribe y los países eslavos fueron prohibidas o fuertemente restringidas en los Estados receptores a partir de la influencia política de movimientos nativistas y de entendimientos sociales sobre el carácter inasimilable de ciertos tipos de inmigrantes.
En comparación con las cada vez más complejas políticas actuales, las acciones de las décadas centrales del siglo XX resultan parciales en el alcance de sus objetivos, escasas en el número de países que las practicaban y modestas en términos de los recursos que empleaban (Monar, 1997).
Las políticas migratorias siguen determinando en cierta medida la cantidad y composición de los candidatos a la migración, lo que hemos denominado las condiciones de elegibilidad de los migrantes (López Sala, 2005b), pero no se detienen en la entrada, sino que incorporan a sus objetivos la gestión de los efectos de la residencia y del establecimiento.
La complejidad de la política migratoria se compagina con su carácter cambiante de acuerdo con la volatilidad del fenómeno y las condiciones coyunturales de los países receptores.
De ahí su permanencia en la agenda política, -como pone de manifiesto el insistente recurso a este aspecto en los programas electorales-y su condición de «bien perecedero», sometida a constante evaluación crítica (véase Arango y Sandell, 2004).
Resulta demasiado ambicioso para un artículo de estas dimensiones realizar un análisis comparado de políticas migratorias y destilar una tipología si atendemos a dos aspectos que las dotan de gran complejidad estructural: las esferas de la intervención y la geografía de esta política en los diversos sistemas migratorios.
Por política migratoria puede entenderse, grossomodo, el conjunto de mecanismos legales y administrativos articulados por lo general desde el Estado, pero también desde otras instituciones supranacionales, que regulan el acceso al territorio, la estancia y el establecimiento, la integración socioeconómica y cívica de los inmigrantes y el disfrute de derechos ciudadanos, así como la incorporación a la comunidad política.
Habría que considerar, por añadidura, como esferas específicas, la regulación de la entrada al mercado de trabajo en destino y la implantación de iniciativas económicas en las cuencas migratorias orientadas a contener los flujos de salida^.
En términos generales puede ser también descrito como un régimen indirecto de acceso privilegiado a la ciudadanía a través de una regulación privilegiada de la residencia en paridad con los nacionales.
La segunda dificultad que entraña el análisis comparado de las políticas migratorias responde a la diversidad de formas que adopta en los países receptores.
Esta variedad es resultado de la combinación de factores de gran calado: la tradición receptora, las diferentes experiencias históricas sobre la conformación de los Estados nacionales liberales y la ciudadanía democrática, el grado interno de diversidad cultural y social, así como la extensión y características del Estado social.
Las diferencias existentes entre las sociedades occidentales y otras regiones del globo en cuanto a estas variables dificultan extremadamente los estudios comparados, tanto de casos como de variables, una tarea que ha sido emprendida por el momento con extremada cautela (véase Castles, 1998Castles,, 2001)).
De ahí que, pese a que ello implique una visión extremadamente reducida si tenemos en cuenta la dimensión universal de las corrientes migratorias contemporáneas, este artículo se centre especialmente en el sistema migratorio europeo y norteamericano, aunque se hará referencia someramente a otras áreas geográficas implicadas en la movilidad internacional.
Es en la Europa receptora y en los países anglosajones de larga tradición de acogida, como Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Canadá, donde estas políticas han adquirido mayor complejidad y desarrollo.
También en estos Estados se han realizado significativos esfuerzos dirigidos a la evaluación de las políticas implantadas -a través, entre otras fórmulas, de la elaboración de catálogos de buenas y malas prácticas-y a la obtención de buenos registros del fenómeno que se dirigen a conseguir ajustados diagnósticos.
El cumplimiento de los principios que emanan del derecho internacional y la salvaguardia de derechos fundamentales en los cruces fronterizos y en la instalación han sido objeto en ellos de mayor control democrático y social.
El reconocimiento de derechos ciudadanos a las comunidades inmigrantes es extremadamente débil o inexistente en regímenes teocráticos o autoritarios como los observados en los sistemas migratorios del Golfo Pérsico y del continente africano que tienen, en términos de volumen, un peso destacado como áreas receptoras (Martin y Widgren, 2002; Adepoju, 2000Adepoju,, 2001)).
La ausencia de garantías en el disfrute de derechos fundamentales a los inmigrantes temporales e instalados se extiende a un buen número de países asiáticos que han experimentado recientemente su transición migratoria como Malasia o los dragones asiáticos en donde, por añadidura, las políticas de integración y de naturalización han tenido un desarrollo parcial y restrictivo.
2 Las políticas de regulación de los flujos migratorios»
La similitud de las medidas de control fronterizo
Las políticas migratorias iniciales surgieron con el intento de regular la dimensión y características de los influjos de trabajadores.
La articulación de vías de selección étnica impregnó los primeros ordenamientos a la par que se construían procedimientos de control de las entradas a través de la creación de documentos de identificación y cruce, como los pasaportes y el visado.
La dimensión cualitativa de la inmigración se combina con la selección del volumen desde los años setenta.
Pero el desequilibrio entre la oferta y la demanda migratoria y el desajuste entre el reconocimiento de la libertad emigratoria en el derecho internacional y el sometimiento del derecho a inmigrar a la soberanía de los países de acogida ha creado un modelo inestable en donde los Estados receptores deben invertir ingentes cantidades de recursos para hacer frente a este desequilibrio a través de acciones políticas.
A lo largo de las últimas tres décadas la mayor parte de los Estados occidentales han desarrollado medidas dirigidas a la contención de las corrientes migratorias a través de la aprobación de leyes, el desarrollo de las agencias e instituciones especializadas y el desvío de gran cantidad de fondos públicos. de los ochenta.
El fortalecimiento de las fronteras, la aplicación de tecnología de última generación y la colaboración multilateral se han ampliado con el uso de mecanismos de control previo y de «externalización» del control (Boswell, 2003b) a partir de las concesiones de visado, la firma de acuerdos de readmisión de solicitantes de asilo y el establecimiento de sanciones a las compañías de transporte de pasajeros que convierten en la práctica a los profesionales del trasporte en funcionarios de frontera.
Sin embargo, a pesar de la analogía de la acción y del consenso existente en las administraciones y la opinión pública acerca de la necesidad de controlar los flujos de personas, las asociaciones étnicas y de defensa de los derechos humanos abogan por desarrollar fórmulas que permitan canales legales de entrada y de establecimiento, así como medidas especiales que faciliten la reagrupación familiar y la protección de refugiados y menores.
El elemento de discusión descansa en la cautela señalada por una parte de la sociedad civil de que el refuerzo de las fronteras no puede realizarse a expensas de derechos fundamentales.
Una línea de argumentación paralela ha surgido en esta materia en el seno de la filosofía política, en donde, se sostiene que el principio de justicia establece los parámetros legalmente legítimos de la práctica política.
Las aportaciones, aunque todavía escasas, subrayan que el desarrollo de una teoría de la justicia que incorpore la inmigración debe basarse en el principio de igualdad y de no-discriminación según criterios raciales y económicos (véase Carens, 1996Carens,, 1997Carens,, 2002;;Ingram, 2002y Zapata, 2001), variables que en mayor o menor medida han moldeado hasta la fecha las respuestas estatales.
El desarrollo de políticas complejas de control se acompaña de la evidencia de la creciente dificultad de los gobiernos para intervenir con éxito en los procesos de regulación y vigilancia fronteriza.
De hecho, uno de los ensayos recientes más influyentes sobre este tema se apoya precisamente en estos dos aspectos para caracterizar el estado del control migratorio.
En este trabajo se enuncia, por un lado, la tesis de la convergencia según la cuál existe una creciente similitud entre las políticas de control de flujos empleadas en los países más industrializados, lo que ha llevado a la desaparición de las diferencias tradicionales entre los países clásicos de inmigración y los europeos que se convierten en Estados receptores después de la Segunda Guerra Mundial.
La tesis del desajuste indica que la distancia entre los objetivos de las políticas de control y los resultados es amplia y creciente, lo que ha provocado un clima de opinión hostil a la inmigración y un aumento de la presión sobre los gobiernos para que adopten medidas aún más restrictivas (Cornelius, Martin, y Hollifield, 1995; Martínez y Moualhi, 2005)^.
Los países receptores rara vez han puesto en funcionamiento políticas de inmigración «cero».
Por ello es más adecuado hablar de la implantación en los noventa de medidas de acceso condicionado y restrictivo, donde se ha impulsado la entrada y el establecimiento de ciertas categorías de inmigrantes y se han puesto serios impedimentos a otro tipo de flujos.
Existe de hecho hoy cierto acuerdo entre los especialistas a la hora de sostener que la retórica de la política de inmigración cero ha sido una falacia y que se han mantenido abiertas vías que han permitido la llegada de familiares y de trabajadores, de forma explícita o encubierta, para hacer frente a las necesidades de los mercados laborales nacionales!
De ahí, la defensa de la tesis de la ambivalencia de los Estados respecto a la inmigración irregular (véase Cornelius, 2000).
Las políticas de control de los flujos migratorios pueden ser calificadas hoy, por tanto, como políticas de acceso selectivo que a partir de la acción unilateral del Estado determinan de forma indirecta las condiciones de «elegibilidad» de los candidatos a la inmigración y condenan a ciertas categorías de inmigrantes a la clandestinidad (Massey y Durand, 2003).
que consideran idóneo el cierre y, por otro lado, las presiones de muy diversa naturaleza, que las dirigen a la apertura.
Tanto en el caso europeo como en el norteamericano se aprecia una creciente ansiedad en la opinión pública en torno a la idea de la porosidad y vulnerabilidad de las fronteras y la tesis de la invasión migratoria.
Catherine Whitol de Wenden mantiene, por ejemplo, en el caso francés, que la politización de la cuestión migratoria durante los años ochenta y noventa ha hecho que las decisiones se vean cada vez más sometidas a los movimientos de opinión que a una política migratoria concertada con todas las partes interesadas (Whitol de Wenden, 1992Wenden,, 2000)).
Su conclusión es que el creciente papel de la opinión pública, convertida en el control del control, lleva a los Estados a mostrar firmeza en el discurso público, aún llevando a cabo una política subterránea de apertura de fronteras.
Similares conclusiones se obtienen en los estudios sobre la evolución de las políticas migratorias en Italia, Alemania y Gran Bretaña a lo largo de las dos últimas décadas.
Cristina Boswell sostiene, a modo de síntesis, que en la política migratoria europea se observa lo que ha calificado como «un desajuste populista»: un desajuste entre las necesidades económicas y las medidas factibles que pueden elaborar los Estados para restringir la inmigración y las presiones de la opinión pública y de los partidos anti-inmigración.
El resultado del enfrentamiento entre estas fuerzas ha sido, por el momento, la aplicación de medidas poco realistas y parcialmente ajustadas a la demanda del mercado de trabajo.
2,2 La lucha contra los flujos no autorizados
La lucha contra los flujos no autorizados de trabajadores forma parte de la agenda política nacional y europea en materia de inmigración.
El marco de colaboración multinacional que crearon los acuerdos de Schengen y de Dublin estableció vías de cooperación que tras la firma del Tratado de Amsterdan se transforman en parte integrante del primer pilar.
La lucha contra las redes que trafican con personas y la inmigración clandestina han estimulado durante la segunda mitad de los años noventa, múltiples declaraciones en los órganos de las Naciones Unidas y en las instituciones europeas, así como el estudio y asesoramiento en materia de intervención política a través de organizaciones como la OIT y la lOM.
La declaración de Bangkok y los recientes protocolos sobre tráfico de personas y de migrantes de la nueva Convención Internacional contra las redes transnacionales de crimen organizado establecen, por ejemplo, mecanismos legales de gobierno de la migración en el contexto de la supresión del crimen, la prevención y el régimen sancionados En el año 2000 se estimaba que el tráfico de personas se había convertido en un negocio tan lucrativo como el tráfico de estupefacientes, pero menos arriesgado si atendemos a la tipificación y gravedad de las penas.
No debemos olvidar, sin embargo, que la identificación entre inmigración irregular y delincuencia es una estereotipo que responde a la profunda estigmatización que los inmigrantes clandestinos y los solicitantes de asilo han sufrido a lo largo de los noventa.
La opinión pública les señala como causantes de la criminalidad creciente y de la inseguridad ciudadana y se presentan frecuentemente como un peligro para la identidad nacional y la seguridad.
La inquietud pública hacia la inmigración irregular, ha inspirado un gran número de iniciativas que incluyen el blindaje fronterizo, el aumento del personal en operaciones de patrullaje y la creación de cuerpos especiales en la administración y la policía dedicados al control.
El empleo de tecnología militar en la vigilancia aduanera y fronteriza ha llevado a algunos autores a hablar de estado de alarma, de excepción migratoria y de militarización de la frontera^.
Este es el caso de las medidas adoptadas en la frontera entre México y Estados Unidos a lo largo de los noventa a partir del lema, «prevention through deterrence»^ y de las sucesivas operaciones denominadas Blockade^ en El Paso, Texas (1993), Gatekeeper ^n San Diego-Tijuana (1994)^, Safeguard en Nogales, Arizona (1994) y Río Grande en el sur de Texas (1997) (véase Alba, 1999).
Este tipo de medidas, a pesar de su dudosa efectividad, han asegurado, indica Aleinikoff, la integridad simbólica de la frontera, generando una imagen seductora de control estatal y reforzando el mito de que la respuesta al problema de la inmigración irregular se encuentra en las acciones fronterizas, mientras se oscurece la incómoda realidad de la existencia de un mercado de trabajo informal transnacional (véase Aleinikoff, 2002; Andreas, 1998Andreas, y 2000)).
Las dudas sobre la efectividad del Estado para cumplir la misión de asegurar la «integridad territorial» han activado el desarrollo de patrullas civiles en los estados fronterizos de Arizona y Texas dedicadas a la tarea de vigilar e informar de la presencia de inmigrantes clandestinos.
En los últimos meses han sido frecuentes las noticias de la intensificación de esta actividad en Arizona a través del denominado Proyecto Minuteman^. político se ve impregnado por los objetivos de permitir y promocionar la llegada de aquellos considerados adecuados para la seguridad nacional y ha tenido la secuela de estigmatizar a las comunidades establecidas consideradas potencialmente peligrosas, en especial, a las minorías musulmanas.
A los presuntos vínculos entre migración y tráfico de drogas, de armas y de personas se añade en los últimos años la relación entre inmigración y terrorismo internacional.
El resultado ha sido lo que ha sido calificado por Faist como una iisecurizatiom) de la inmigración.
El objetivo de la lucha contra el terrorismo debía incorporarse, han afirmado los responsables políticos, a las políticas migratorias.
Los efectos de este nuevo clima no se dejaron esperar con medidas tales como la aprobación de nuevos documentos de identificación más difíciles de falsificar, mayores facilidades para detener en frontera o en el interior del territorio a inmigrantes susceptibles de pertenecer o ser simpatizantes de organizaciones que tienen vínculos con el terrorismo -a través de la Patriot Act ^n EEUU o de las leyes antiterroristas aprobadas en Gran Bretaña y Canadá-la suspensión temporal de los programas de reasentamiento de refugiados en Estados Unidos y Australia, el incremento de los recursos dirigidos a las deportaciones y a la revisión de las solicitudes de asilo y la posibilidad de solicitar listados de pasajeros a las compañías aéreas (véase Zoiberg, 2002).
Otro tipo de medidas de regulación migratoria han intentando, en palabras de los responsables políticos, contener el efecto de atracción que los sistemas del bienestar producen sobre los candidatos a la migración.
El argumento de la quiebra de este sistema como consecuencia de la presión ejercida por los inmigrantes ha devenido en reformas legales que limitan seriamente su acceso, en especial de la inmigración no autorizada, a los servicios sociales públicos.
Una de las actuaciones de mayor impacto político en la segunda mitad de los noventa fue la aprobación en el estado de California de la ley conocida como Proposición 187.
Esta ley, cuyo objetivo fue restringir los derechos sociales de los inmigrantes irregulares^^, tuvo como finalidad última limitar la instalación de inmigrantes en este estado ampliando el control de la inmigración de las fronteras al interior del territorio.
También en Europa se han introducido medidas de exclusión de los sistemas de seguridad social y de los servicios públicos de los inmigrantes irregulares como vías de disuasión desde el origen.
En la práctica, sin embargo, se aprecia un suministro «informal» de prestaciones sociales al margen de las que realizan las agencias gubernamentales a través, en especial, de la sociedad civil (Hammar, 1999; Zincone, 1999).
Las reformas han afectado, por añadidura, a un derecho básico, como el derecho a la vida familiar, a través de las modificaciones en la gestión de la reagrupación.
Los medios han sido no tanto la reducción de los familiares susceptibles de ser reagrupados, como el incremento de la exigencia de recursos económicos por parte del inmigrante residente.
Las limitaciones han llegado a afectar seriamente a los sectores más desfavorecidos no sólo de los inmigrantes residentes, sino incluso de los ciudadanos con familiares en el extranjero.
El objetivo del control cuantitativo en el que se inspira la regulación migratoria entra en colisión con los efectos que la acción fronteriza tiene sobre la creciente vulnerabilidad de los migrantes irregulares, en concreto, entre sectores especialmente frágiles como los solicitantes de asilo, las mujeres y los menores de edad.
La integridad física y el derecho a la vida de estos colectivos permanecen en segundo plano en el diseño político, aunque en muchas ocasiones los migrantes se convierten en víctimas de las mafias y, de forma indirecta, del blindaje fronterizo.
La densidad fronteriza acrecienta no sólo los costes económicos del cruce, sino los costes personales, ya que los migrantes asumen nuevos riesgos para eludir el apresamiento atravesando terrenos desérticos, plagados de animales salvajes o realizando largas travesías a través del mar en barcas mal equipadas y sobrecargadas^^.
3 La selección de los trabajadores: nacionalidad y credenciales.
Las políticas de regulación de flujos se han convertido en una esfera de intervención ambivalente en el terreno de la selección nacional de los migrantes.
La creciente diversidad cultural de las nuevas y viejas sociedades de acogida ha desatado todo tipo de temores entre la población y los líderes de opinión.
Son muchas las voces que sostienen que la presencia de extranjeros y la formación de minorías étnicas pueden llegara transformar la identidad nacional, la idiosincrasia cultural de las sociedades receptoras y socavar la democracia al apoyar una cultura política contraria a los principios que emanan del liberalismo.
Otros teóricos más alarmistas, además de señalar las inquietantes consecuencias que la inmigración puede provocar en los países europeos y en Norteamérica, plantean las enormes dificultades de la incorporación de ciertas comunidades a la sociedad general, ejemplificado en el caso de los hispanos en Estados Unidos y los musulmanes en Europa.
Aparecen de nuevo en primer plano algunas viejas ideas acerca de la condición «inasimilable» de ciertas categorías de inmigrantes y el temor ante la conformación de sociedades paralelas divididas a lo largo de identidades mutuamente excluyentes con escasa cohesión social (véase Sartori, 2001; Huntington, 2004)12.
Por el momento sería demasiado arriesgado afirmar que las políticas de inmigración han recuperado en las sociedades occidentales los tonos selectivos en términos raciales que las caracterizaron en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX (Gabbacia, 1999).
Sin embargo, existen algunos indicios que revelan la promoción, a través de medidas de naturaleza administrativa, de la entrada y el establecimiento de ciertas categorías de extranjeros consideradas más proclives a integrarse en la sociedad receptora, por criterios como la lengua o la religión.
En el caso español, por ejemplo, se ha sostenido, que a finales de la década pasada se empezó a poner en práctica una política que promovió la llegada y el establecimiento de ciudadanos latinoamericanos y europeos del este frente a los flujos procedentes de Marruecos, de ahí la denominación de los hispanoamericanos como los inmigrantes preferidos (véase Izquierdo, López y Martínez, 2002).
La selección nacional, étnica y religiosa es mucho más acentuada como variable de acceso en otros países receptores como Israel o Japón.
Los argumentos sobre la necesidad de mantener los Estados del bienestar han sido utilizados para apoyar cierto tipo de flujos, en especial, los de trabajadores jóvenes de alta cualificación.
Por el contrario, la tesis de la limitación de los recursos públicos disponibles ha sido empleada para justificar medidas que impidan los flujos no requeridos.
Geddes ha resumido perfectamente en un artículo reciente los lazos entre migración y Estado social en la construcción de las políticas públicas.
Aparecen por un lado, indica, presiones para demarcar más restrictivamente la comunidad de los receptores legítimos de los beneficios públicos y se establecen medios para mantener fuera de esa comunidad a los sujetos de formas de migración que se consideran abusivas o contraproducentes para el interés general, a la par que se promueven las corrientes que pueden realizar una clara contribución a los países receptores (Geddes, 2003).
El resultado es una selección que determina el contorno de los elegidos a poder establecerse por criterios como la capacidad de inversión o la capacitación profesional.
La principal diferencia observada en la reciente regulación migratoria entre los países clásicos de inmigración y los países europeos, es el mantenimiento en los primeros de planes de inmigración permanente, un tipo de programas que apenas han sido desarrollados en nuestro continente.
Los flujos permanentes han estado muy vinculados en los primeros al establecimiento de complejas políticas de admisión en donde se combinan criterios de distinta naturaleza y que en la práctica funcionan como un sistema de elegibilidad por puntos.
Tras desmantelar las políticas de inmigración racialmente selectivas, los vínculos familiares con ciudadanos y residentes permanentes, las razones humanitarias, la cualificación y los conocimientos lingüísticos se convirtieron en criterios de peso a la hora de la admisión.
Australia, por ejemplo, ha aplicado un sistema que combina el reclutamiento de familiares ( a través del estatuto denominado «preferencial» o «concesional» dependiendo de la proximidad de la filiación), los credenciales educativos^^ y las causas humanitarias, en donde se distingue entre refugiados, perseguidos y desplazados por desastres naturales.
Tanto en Australia como en Canadá, la cualificación profesional y la educación (reglada, formación especializada y lingüística) han tenido en la última década un papel sobresaliente en los procesos de selección.
Los especialistas han indicado que el uso de estos criterios en la admisión proporciona una doble ventaja: asegura por un lado, una alta productividad de los migrantes y, por otro, reduce los costes educativos de los países receptores ya que los gastos de formación se realizan en los países de origen.
Los criterios familiares y humanitarios han moldeado el sistema general de admisión de los inmigrantes en Estados Unidos, aunque la cualificación ha sido el criterio clave para la entrada de los denominados migrantes independientes que constituyen una categoría específica.
Las políticas de control de flujos han sido moldeadas en las últimas décadas también por la percepción de la inmigración como un recurso económico, que ha tenido un especial impacto en el diseño de programas de reclutamiento de trabajadores de alta cualificación y de inversores ( dentro de los programas denominados de Business Migration) que se han desarrollado en Australia, Canadá y Estados Unidos, pero que están empezando a aplicarse también en Alemania y Gran Bretaña.
Alemania introdujo, por ejemplo, en el 2000 un sistema dirigido a especialistas en tecnologías de la información y de la comunicación denominado Carta Verde.
La previsión de escasez nacional ha autorizado la contratación de 10.000 trabajadores que pueden permanecer en el país durante 5 años e instalarse con sus familias.
Este programa no permite, sin embargo, la solicitud posterior de permisos de trabajo permanentes.
En Gran Bretaña > se implantó a finales del 2002 un plan dirigido a trabajadores de alta cualificación que quisieran entrar en suelo británico para buscar empleo.
La admisión se regula a través de un sistema de puntos en donde los criterios fundamentales son el nivel de formación, la experiencia laboral previa, los ingresos pasados y los logros alcanzados en la profesión.
La admisión permite el acceso posterior a un permiso de residencia permanente siempre que el trabajador se haya insertado «satisfactoriamente» en la economía británica.Las barreras a la entrada han sido reducidas, en definitiva, en aquellos casos en los que los inmigrantes potenciales cuentan con credenciales educativos demandados.
Y es que cada vez resulta más evidente la competencia entre Estados por conseguir mano de obra de elevada cualificación para algunos sectores considerados clave en el desarrollo de la economía, de ahí la extensión reciente de este tipo de medidas a algunos países europeos y asiáticos que llevan décadas reclutando trabajadores manuales bajo el objetivo de atraer a los «inmigrantes adecuados».
Algunos de estos programas están siendo implantados tímidamente en otras economías cada vez más fuertes como en el caso de Japón, Singapur, Malasia y Taiwàn (véase Alarcón, 2000Alarcón,, 2001)).
El control de los flujos migratorios ha adquirido un gran protagonismo en la última década en Japón y en los dragones asiáticos, que experimentaron su transición migratoria en los años setenta.
La aparición de una economía deficitaria en mano de obra se combinó con una regulación migratoria débil, a partir de la negación de la condición receptora de estos países.
Esta regulación débil se transforma en férreo control a principios de los noventa.
La consideración de la inmigración como un fenómeno temporal y el mantenimiento de una elevada demanda han conformado un sistema de reclutamiento temporal de trabajadores extranjeros que persigue la rotación continuada en un esquema similar, en cierto sentido, al modelo gastarbeiter diseñado en la Europa de los años sesenta.
De hecho han sido muchos los paralelismos que se han establecido entre la situación en estos países asiáticos y la Europa anterior a 1973 (Skeldon, 2000), pero como es bien sabido no hay nada tan permanente como un inmigrante temporal (Hugo, 2003).
La deficiencia de las políticas desarrolladas para hacer frente a las necesidades de la economía y la estrechez de las vías de establecimiento han nutrido la inmigración irregular.
encubierta de referirse a la industria de los servicios sexuales.
En los noventa la dimensión de esta clase de flujo alcanza la cifra de los 50.000 permisos anuales, pero algunas investigaciones indican que el volumen real triplica este número (véase lOM, 1997).
A lo largo de los ochenta y los noventa han crecido enormemente las migraciones de trabajadores manuales que se emplean en los sectores descritos en japonés con la letra K: kitanai, kikcn y kitsui^^.
La maduración del fenómeno ha producido algunas transformaciones en la inserción laboral y cambios de gran calado en la realidad social japonesa.
Se aprecia, por ejemplo, una tendencia clara hacia la diversificación laboral de los migrantes en otros sectores de los servicios, la industria y la construcción, mientras que la llegada de trabajadores de alta cualificación se realiza, por lo general, a través de acuerdos privados concertados con las multinacionales y apoyados por el Estado.
Por añadidura la paulatina conformación de familias y de comunidades extranjeras puede suponer en las próximas décadas la aparición de una nueva sociedad multicultural, un acontecimiento inaudito en la historia moderna de Japón (Gungwu, 1993; Fukuoka, 2000).
El diseño de las políticas de inmigración y la selección de trabajadores en Japón se ha articulado a través de la persistencia de varios mitos: el de Japón como un país sin historia receptora, la idea de homogeneidad racial de la nación japonesa que ha devenido en un entendimiento étnico y esencialista de la comunidad nacional y la creencia en la eficacia del Estado para prevenir la inmigración no deseada (véase Douglass y Roberts, 2000; Goodman, Peach, Takenaka y White, 2003).
Estos factores han tenido un impacto en las políticas de acceso condicionado que han adoptado en los noventa un carácter selectivo a través de la promoción de la llegada de nikkeijin^^ y el cierre de los canales de entrada de trabajadores manuales.
El control de flujos, en en el factor determinante de la admisión.
El régimen migratorio confiere un estatuto temporal a los trabajadores extranjeros con derechos muy limitados.
La escasez de derechos sociales y laborales se acompaña de una aguda restricción -en ocasiones puede ser calificada de prohibiciónde la reagrupación familiar, sólo permitida en el caso de los migrantes cualificados (Piper, 2004).
Este sistema se acompaña de rígidas medidas de prevención de los flujos no autorizados, políticas de visados muy restrictivas y la implantación de medidas legales que incluyen graves sanciones para los inmigrantes irregulares y sus empleadores^^.
Sin embargo, es posible también aplicar en el caso de estos nuevos países de recepción, la tesis del desajuste.
Dos son los factores destacados como significativos a la hora de explicar la pérdida de control de los gobiernos sobre los flujos de entrada.
En primer lugar el papel de las redes migratorias, como se ha observado en el caso de Europa y Norteamérica.
Existe, sin embargo, como indica Castles, un rasgo importante del mercado de trabajo asiático que afecta seriamente a la dinámica de los flujos.
Se trata del papel que juega en este sistema la denominada «industria migratoria», ya que la mayor parte del reclutamiento de trabajadores se realiza a través de agentes y de los denominados labor brokers.
Gobiernos y empleadores han preferido tradicionalmente dejar en manos de intermediarios la organización de los flujos de trabajadores (Castles, 2001; Martin: 1996).
En los países del Golfo Pérsico las políticas de regulación migratoria han sufrido importantes cambios desde los años setenta.
La demanda de mano de obra para los proyectos de infraestructura y el sector servicios de las ricas economías de los países productores de petróleo se cubrió en un primer momento con ciudadanos musulmanes de países vecinos como Egipto, Yemen o Jordania, pero las crecientes necesidades de los ochenta provocaron la llegada de trabajadores de más lejos, en especial, del sudeste asiático y de países del Asia meridional.
Han sido muy importantes, por ejemplo, las corrientes de trabajadores manuales y de mujeres procedentes de Pakistán, India, Sri Lanka, Indonesia o Filipinas.
La mayor parte de los países exportadores de petróleo planearon un sistema de reclutamiento temporal que permitiera reducir el stock de trabajadores extranjeros una vez que fueran concluidas las infraestructuras.
Sin embargo, la continuidad en la demanda ha terminado por afectar a la dinámica del establecimiento.
La pauta que observamos en este sistema migratorio en los años noventa es la de una economía con una alta dependencia de la mano de obra extranjera que suele superar el 60% del total.
El incremento del desempleo entre los jóvenes, la estabilización de los precios del petróleo y el deseo de evitar la dependencia de los extranjeros ha activado en estos países, en especial, en Arabia Saudita, el desarrollo de una política de urenadonaHzación)) o usauditizadóri)) de la mano de obra a través, por ejemplo, del incremento de los impuestos a los empresarios que contratan a trabajadores foráneos.
Este programa están teniendo por el momento resultados limitados a pesar de los planes que anuncian medidas drásticas de control de la entrada y de deportación.
Las causas son la reticencia de los jóvenes a trabajar en empleos poco cualificados y el menor precio del trabajo de los inmigrantes.
Israel es un caso especial en el panorama presentado hasta el momento como consecuencia de la promoción de la instalación de ciudadanos judíos de todo el mundo a partir de la aliyah o ley de retorno.
Este sistema ha permitido el establecimiento de un millón de ciudadanos entre 1989y 2001, loque explica en buena medida el ritmo de crecimiento de la población de este país.
Muchos de estos nuevos inmigrantes son profesionales altamente cualificados procedentes de los antiguos países comunistas, que están teniendo un papel clave en el desarrollo económico y tecnológico del Estado de Israel.
A pesar de sus vínculos, las políticas de refugio pueden ser consideradas políticas públicas diferenciadas de las políticas de inmigración como consecuencia de su construcción a partir de distintos principios.
Como han señalado Suhrke y Zoiberg, mientras que las políticas de inmigración sirven principalmente para seguir el dictado y los intereses de los países receptores a través de la selección de los candidatos a la inmigración y el control de los flujos no deseados, las políticas de refugio surgen de las obligaciones morales y legales que los Estados liberales tienen con la comunidad internacional (Suhrke y Zoiberg, 1999).
Sin embargo, este compromiso ha sido interpretado de muy diversa forma dependiendo de coyunturas políticas y geoestratégicas.
A lo largo de la última década hemos asistido a reformas de gran calado en las leyes nacionales y a una interpretación restrictiva del derecho internacional en materia de asilo y refugio.
Con el objetivo de reducir el número de solicitudes se han establecido, por ejemplo en Europa, procedimientos de admisión a trámite o la reducción de los beneficios sociales que pueden disfrutar los solicitantes mientras esperan la resolución.
Sin embargo, aunque ha sido evidente que una abultada proporción de aquellos a quiénes se les ha denegado este estatuto han permanecido en el país donde realizaron su solicitud, se han enfatizado acciones más ICCM. noin_ioAo exclusionistas que han impedido tanto el acceso de los solicitantes, como la contención de la entrada de inmigrantes laborales a través de la vía del refugio (Adelman, 1991).
La estrategia de limitación del acceso puede tomar diversas formas.
La más cuestionable desde una perspectiva ética y desde la vulneración del principio de non-refoulement^'^ es la interceptación en un territorio neutral o en una frontera y la devolución sin que se permita realizar la solicitud.
Otras formas han sido el establecimiento de restricciones en la concesión de visados, la ampliación de las medidas de amparo temporal, la elaboración de una lista de Estados seguros que presumiblemente no producen refugiados o la denegación de las solicitudes de aquellos que han obtenido protección o pudieron solicitarla en un tercer país.
11 Las medidas de primera acogida y el rescate marítimo salvan vidas, pero por el momento resulta extremadamente complicado evaluar el impacto que el control fronterizo tiene en la probabilidad de muerte de los migrantes que inician el cruce.
La escasez de datos se combina con el hecho de que algunos de los cuerpos de los fallecidos nunca llegan a ser recuperados, por lo que empieza a emplearse el término de «desaparecidos en frontera».
12 Las críticas que han recibido estas posiciones no se basan, en exclusiva, en la idea de que la integración es posible, sino en otros argumentos.
Se cuestiona, por ejemplo, tanto la pretendida homogeneidad de las sociedad de destino, como el desarrollo de ideologías exclusionistas a partir de visiones nacionales esencialistas basadas en el mito y en un escaso conocimiento de la historia (Fernández-Armesto, 2004).
13 Las categorías incorporadas en este sistema incluye tanto a empresarios como a técnicos con ofertas de empleo (dentro del denominado Employer Nomination Sctieme), profesionales liberales independientes y personas con especiales talentos o cualificaciones.
14 Similares a los empleos denominados con la letra D en inglés-dirty, dangerous and difficult.
Estos últimos son también los nichos laborales en los que se emplean una buena parte de las mujeres (véase Figueroa, 2004).
15 Así se denomina a los trabajadores de ascendencia japonesa procedentes de Brasil y Perú.
A partir de la Immigration and Refugee Control Act áe 1990, pueden establecerse en territorio nipón descendientes de ciudadanos japoneses hasta la tercera generación.
Esta categoría y sus familiares de primer grado son los únicos extranjeros que según el sistema actual pueden establecerse e incorporarse al mercado de trabajo japonés sin restricciones.
Los argumentos utilizados para el reclutamiento de esta categoría de trabajadores han sido de naturaleza histórica y cultural: por un lado, la deuda que Japón contrajo hacia los países latinoamericanos que recibieron ciudadanos japoneses en un momento especialmente duro en su historia y, en segundo lugar, el entendimiento de los códigos culturales japoneses y tener «sangre» nacional, esta vez en un sentido literal.
16 También es habitual el cobro de impuestos a los trabajadores extranjeros.
En Singapur donde las medidas para evitar la instalación de los extranjeros son más rígidas se prohiben incluso las visitas de familiares de trabajadores y las mujeres son sometidas a pruebas de embarazo pudiendo llegar a ser deportadas por esta razón.
El matrimonio con un ciudadano de Singapur no asegura el derecho a establecerse.
17 Principio que impide la devolución a un lugar donde pueden correr el riego de ser perseguidos. |
RESUMEN La condición de nacional de un Estado ha dejado ser el requisito indispensable para el disfrute de los derechos asociados a la ciudadanía.
La intensa transformación que las instituciones estatales ha experimentado con el avance imparable de los procesos de globalización, así como el notable progreso de la cultura de los derechos humanos a nivel nacional e internacional, se encuentran entre los factores determinantes de importantes canibios normativos que afectan a la vida cotidiana de los inmigrantes.
Éstos desarrollan con frecuencia diferentes formas de vinculación con el Estado receptor que no necesariamente pasan por la adquisición de la ciudadanía.
PALABRAS CLAVE Inmigración, Estado nacional, soberanía, ciudadanía, derechos, globalización.
Stefan Zweig escribió algo que él y muchos de sus contemporáneos centroeuropeos experimentaron en carne propia durante el período de entreguerras: «Antes el hombre sólo tenía cuerpo y alma.
Ahora, además, necesita un pasaporte, de lo contrario no se lo trata como a un hombre» (El mundo de ayer, 1942).
Refiriéndose a esos mismos años, Hannah Arendt expresaba también su profunda convicción de que para muchas personas «la abstracta desnudez de ser nada más que humanos era su mayor peligro» (Los orígenes del totalitarismo, 1951).
Para ambos, los derechos dei hombre únicamente resultaban operativos si previamente se disfrutaba de la condición de ciudadano, de nacional de un Estado, requisito que en la práctica se tornaba imprescindible para poder disfrutar del elemental «derecho a tener derechos».
La reflexión compartida por estos dos autores concluía en la amarga constatación de que entre los derechos humanos y la noción de soberanía nacional existía una relación de rivalidad, cuando no de abierta hostilidad.
Tan perverso era en la práctica este nexo que tan sólo en el marco de los Estados nacionales los derechos humanos resultaban garantizados y protegidos con alguna eficacia.
O dicho de otro modo: únicamente si uno se ponía al abrigo de un Estado en calidad de ciudadano del mismo existía alguna posibilidad de disfrutarlos: fuera de él la cobertura efectiva era sumamente débil, por no decir nula.
Parafraseando la sentencia de San Cipriano, extra ecclesiam, nulla salus, cabría decir que fuera del Estado no hay salvación.
Y esto desgraciadamente no era ninguna teoría, sino que constituía para muchos inmigrantes, exiliados y refugiados la pura descripción de su situación personal.
Aquello que Zweig y Arendt nos relataron como cualificados testigos de cargo, ¿sigue valiendo para describir mutatis mutandis la situación que en el presente experimentan aquellos que no poseen la ciudadanía o nacionalidad del país en el que residen^?
El contexto político, ideológico, económico y social del período de entreguerra es sustancialmente diferente al de nuestros días, y ello es evidente por más que un brillante ensayista como José María Ridao (2004) utilice fructíferamente la metáfora para analizar ciertas tendencias socio-políticas actuales y hable de Weimar entre nosotros.
Pero, ¿qué es lo que ha cambiado en lo que afecta a la suerte de los derechos de los inmigrantes en los países de acogida?
¿Sigue siendo tan crucial la pertenencia formal a un Estado nacional para el disfrute 1 La progresiva obsolescencia del Estado nacional
El Estado nacional moderno -el Estado territorial soberanono goza hoy de la mejor salud.
Al menos los rasgos que tradicionalmente lo caracterizaban no presentan el vigor acos-tumbrado^.
Aquel Estado que ejerce plena soberanía sobre un determinado territorio y que vela por el florecimiento de la identidad colectiva de sus ciudadanos es cada vez más, como diría Juvenal, una auténtica rara avis ¡n terris.
Ni la soberanía es ya sostenible en sus términos tradicionales, ni las fronteras que marcan su territorio son controlables por ningún poder policial, ni se puede seguir considerando homogénea la identidad del conjunto de los miembros de prácticamente ningún Estado.
Todos estos componentes han sido deconstruidos bajo el impacto de esas múltiples y complejas dinámicas que por comodidad encuadramos bajo el rótulo genérico de la globalización.
Pocos son los Estados que en nuestros días disponen de la capacidad real para controlar por sí mismos aspectos clave como, por ejemplo, la defensa o la seguridad.
A la mala salud del Estado territorial, que no fallecimiento, contribuyen varios factores, no todos fáciles de determinar.
Sea como fuere, el hecho cierto es que la nueva espacialidad de un mundo enormemente ensanchado por la globalización -un complejo proceso acelerado por las nuevas técnicas de telecomunicación y por los intensos flujos transfronterizos-ha suscitado un amplio debate sobre la decreciente soberanía de los Estados.
Este debate sigue abierto y por ello aún resulta temprano para saber a dónde puede conducir y de qué modo afectará a la configuración política del planeta^.
Asistimos, según sociólogos como Ulrich Beck, a la emergencia de una 'segunda modernidad', que rompe con los principales moldes en los que se había fraguado la primera hornada.
Así, si la primera modernidad estaba «basada en las sociedades Estados-nación, en las que las relaciones y redes sociales y las comunidades se entienden en un sentido territorial» (Beck, 2002, 2), ahora estarían surgiendo formas sociales nuevas y inesperadas que socavan los fundamentos de la anterior modernidad y trastocan su marco político de referencia.
En particular, uno de los aspectos más profundamente puestos en cuestión sería el de la soberanía estatal, por cuanto que era una categoría política que pivotaba sobre el dominio de personas, bienes y recursos y, ante todo, sobre el control de un determinado territorio^ Aún sin estar plenamente definido, el escenario actual, el denominado nuevo orden mundial (aunque algunos prefieran tildarlo no sin acierto como el nuevo desorden mundial), podría concebirse, siguiendo ahora a Jürgen Habermas (2000), como una suerte de constelación postnacional.
De ahí se seguiría, según este mismo filósofo y teórico social, la inadecuación del marco nacional para desplegar políticas que puedan afrontar cabalmente los retos ahora ya globalizados: «Las sociedades actuales, constituidas en torno al Estado-nación, pero rebasadas en sus capacidades por las distintas hornadas de desnacionalización, no tienen más remedio que «abrirse» a una sociedad mundial que se les ha impuesto a través de la economía» (Habermas, 2000, 85).
Más allá de los imperativos insoslayables de una economía globalizada, se ha hecho presente toda una serie de cuestiones y desafíos cuya etiología y resolución trascienden los límites estatales.
No se trata de una mera suma de cuestiones puntuales, aunque destacadas, sino algo más serio y relevante: que el mundo, o mejor dicho, la especie humana en su conjunto, se nos aparece como una comunidad que, quiera o no, comparte un riesgo global.
Con los términos 'riesgo' y 'comunidad de riesgo' se hace referencia a la inseguridad, al peligro y a la incertidumbre, sentimientos que en nuestra época resultarían inseparables de la condición humana (cfr.
Mediante estas nociones se entretejen diversos discursos en relación a la crisis del mundo moderno, en donde las amenazas cotidianas al bienestar alimentan un sentimiento general de vivir bajo un peligro más o menos difuso, una impresión que se extiende y se proclama paralelamente con la sensación de estar indefenso y desprotegido ante el mismo.
Lo cierto, en todo caso, es que tanto desde diversos movimientos sociales como desde varias ciencias sociales se ha ido tomando conciencia de los riesgos que comporta para cada uno de los individuos y para la humanidad entera el hecho de vivir en un mundo cada vez más global y por ende más interconectado.
El mayor riesgo pensable compartido por toda la comunidad humana, esto es, la posibilidad de destrucción de la vida sobre el planeta, ha planteado en toda su crudeza el tema del papel del Estado-nación frente a una serie de problemas que no se detienen ante las fronteras espaciales entre los Estados ni tampoco ante las fronteras temporales entre las generaciones^.
Por aludir únicamente a unos pocos ejemplos, la pandemia del sida, el agujero de ozono, la 2004), de ahí se derivan implicaciones normativas no universalizables: «Donde acaban las fronteras, empiezan los intereses nacionales y se olvidan los principios de justicia».
2 Las políticas de ciudadanía: ¿último reducto de la soberanía estatal?
En los debates contemporáneos múltiples cuestiones son analizadas, tal como se ha señalado anteriormente, bajo la categoría de desafíos (no exentos muchos de ellos de una considerable carga de 'riesgo').
Desafíos, y desafíos incluso de naturaleza global, son, por ejemplo, el medio ambiente, la seguridad pública y nacional, la salud humana y también las migraciones.
En particular, y dada la dimensión planetaria que han alcanzado los trepidantes flujos migratorios, resulta bastante ajustado entenderlos como una relevante faceta del proceso de globalización.
Plantean indudablemente serios retos para la gestión cotidiana de la política, desafíos que por supuesto van mucho más allá del hecho coyuntural de que la inmigración se haya convertido en muchos casos en una 'preocupación social' y en arma arrojadiza en la contienda política diaria.
La cuestión de la inmigración ocupa hoy en día un lugar central en la agenda de los gobiernos de casi todos los países del mundo.
Son realmente pocos los lugares donde no se ha tomado conciencia de la necesidad de ofrecer una respuesta en términos políticos y jurídicos a un fenómeno de carácter permanente que puede llegar a alterar la estructura demográfica, social, económica y laboral de un país.
Las políticas migratorias, en cuanto conjunto de medidas jurídicas y administrativas que regulan la estancia de los extranjeros en un determinado territorio, es una de las políticas públicas en la que confluye más intereses en conflicto y, en consecuencia, que más tensiones sociales suele concitar.
No es de extrañar entonces que las respuestas concretas que se postulan bajo esa rúbrica difieran enormemente.
En todo caso, una política migratoria articulada debe incluir un largo listado de normas y medidas que permitan abordar coherentemente una serie de cuestiones diversas que, no obstante, están íntimamente conectadas entre sí: la regulación del acceso, la circulación, la estancia, condiciones laborales, así como la previsión de las diferentes irregularidades en la residencia y el trabajo, entre otros muchos asuntos.
En este listado nada exhaustivo falta, sin embargo, un instrumento central de toda política migratoria, a saber: la regulación de la adquisición de la ciudadanía.
Este punto es crucial pues marca el horizonte de expectativas que se le ofrece al inmigrante dentro de una política de integración (cfr.
de la ciudadanía se presenta así ahora como la última atribución del Estado.
Una vez más se pondría de manifiesto que aunque el Estado nacional se encuentra en crisis, no significa que esté agonizando.
La noción de ciudadanía posee al menos dos acepciones diferentes: la ciudadanía como atributo jurídico-formal del individuo y la ciudadanía como entidad colectiva (como el conjunto de individuos que poseen la condición de ciudadano).
Pues, bien, la historia de la ciudadanía es también la historia de la dialéctica de la inclusión y la exclusión por medio de la cual se delimita el demos constitutivo de una determinada comunidad política.
La construcción social del ciudadano y del extranjero son respectivamente la cara y la cruz de un mismo proceso.
La identidad del grupo de pertenencia se hace nítida por diferenciación con lo percibido como extraño o diferente.
En su forma más cruda, supone un proceso en el que las diferencias culturales se presentan como si fueran naturales y como si fueran realidades definidas y coherentes, esto es, como si fueran realidades externamente delimitadas e internamente homogéneas.
De este modo, la ciudadanía se convierte en un sustrato adecuado para el desarrollo de políticas e identidades inclusivas y también de todo lo contrario.
La ciudadanía, concebida como condición legal formal, es una institución que articula los derechos y deberes legalmente reconocidos de la población de un Estado.
Esta institución jurídica no es, sin embargo, un mero instrumento formal, pues a lo largo de la historia puede rastrearse un estrecho vínculo con el significado de esa vaporosa categoría política llamada «identidad nacional», de tal modo que su ritmo de cambio se acompasa al de esta última variable.
Si esto es así, y además tenemos en cuenta que los complejos procesos de cambio social que asociamos al término globalización han modificado ya relevantes rasgos de la organización territorial y competencial de los Estados nacionales, no es de extrañar que «la institución de la ciudadanía -los derechos formales, las prácticas sociales, la dimensión psicológica-también se haya visto transformada» (Sassen, 2003a, 104).
Sin embargo, algunas de estas mutaciones resultan algo paradójicas, pues mientras que la globalización económica desnacionaliza la economía nacional, la inmigración parece que renacionaliza la política.
Tanto es así, que «cuando se trata de inmigrantes y refugiados [...] el Estado reclama todo su antiguo esplendor afirmando su derecho soberano a controlar sus fronteras» (Sassen, 2001, 73).
La naturalización o concesión Determinadas actitudes como, por ejemplo, la de otorgar privilegios exclusivamente a los nacionales de determinados Estados por motivos de reciprocidad no hacen sino poner en evidencia la incongruencia de algunas políticas migratorias.
En este punto también se ha mantener una posición consistente, de modo que las personas que disfrutan del permiso para residir y trabajar en un determinado país deberían tener asimismo el derecho a convertirse en ciudadanos, siempre que satisfagan ciertas condiciones que no deberían ser desproporcionadas: la exigencia de acreditar dicha residencia por un periodo de tiempo moderado y el cumplimiento de algunas formalidades razonables.
Oponerse a ello resulta contradictorio con los presupuestos participativos e igualitarios de un sistema democrático.
En las condiciones citadas, el reconocimiento de los derechos políticos es una cuestión elemental: no taxation without representation.
Este principio fundador de las democracias modernas vale también -o debería valer-como guía normativa de la integración política de los inmigrantes.
La insistencia de ciertos sectores sociales y grupos de presión en implementar políticas migratorias restrictivas, que a la postre devienen en un intento imposible de controlar, cerrar e incluso blindar las fronteras, responde a una comprensión de los flujos migratorios como si en definitiva obedecieran a una dinámica unilateral procedente del exterior y no a una compleja red de relaciones multilaterales de carácter no sólo económico, sino también sociocultural.
Las cláusulas de prioridad nacional a la hora de regular el acceso de trabajadores inmigrantes (esto es, cláusulas, por ejemplo, del siguiente tenor: sólo cuando todos los nacionales dispongan de trabajo, o al menos no lo demanden, se tendrán en cuenta las solicitudes de los no nacionales) apuntan también en esa misma dirección: hacia la renacionalización del discurso político, no exenta de una cierta obsesión identitaria.
La inmigración representa en este sentido un campo de prueba privilegiado para indagar los límites normativos del orden institucional y la calidad de la cultura política.
La deriva identitaria, una deriva obsesiva en muchas sociedades occidentales, alienta y conforma con frecuencia la respuesta estatal ante el fenómeno migratorio.
Tales respuestas se presentan como medidas defensivas o protectoras de la integridad cultural de la sociedad de acogida y delatan una importante falta de autoconfianza colectiva.
De este modo han ido proliferando tal cúmulo de crecientes restricciones a la movilidad que ya puede hablarse de una mundialización fronterizada.
La paradoja no puede ser más evidente si tenemos en cuenta que la llamada globalización suponía precisamente la constitución de un escenario mundial unificado (algo ya efectivo en diversos ámbitos, como son, entre otros, el financiero y el de las telecomunicaciones).
Los argumentos aducibles y realmente aducidos a favor del cierre y control de las fronteras nacionales presentan una naturaleza variada.
Según Joseph Carens (1987), tales argumentos pueden sistematizarse en los siguientes tres tipos: argumentos económicos (evitar riesgos que pongan en peligro el bienestar económico de la sociedad de acogida), culturales [asegurar la identidad e integridad de la cultura de la sociedad en cuestión) y políticos (salvaguardar los procesos políticos internos de intromisiones que pudieran afectar a su desarrollo).
Pese a su diversidad, son los de naturaleza cultural los que en la praxis política resultan más populares y su profuso empleo permite ocultar otros intereses no siempre confesables.
No deja de resultar curioso, cuando no sorprendente, que el análisis cultural se presente como la perspectiva decisiva para abordar la cuestión de la inmigración.
Se incide especialmente en el riesgo que implica para el mantenimiento de la identidad y la esencia de la sociedad receptora.
Se aborda la cuestión, pues, en términos eminentemente culturalistas y esencialistas; se deja fuera de consideración el análisis económico del fenómeno, justo lo contrario de cómo se procede en la mayoría de las cuestiones de relevancia pública en las que se encuentran intereses sociales en conflicto (cfr.
De este modo, los argumentos son sustituidos por interpretaciones y creencias.
Un ejemplo representativo de este tendencioso enfoque teórico nos lo proporcionan el polémico ensayo del reputado politòlogo Giovanni Sartori sobre La sociedad multiétnica (2001,2002) o el mediocre panfleto del antropólogo Mikel Azurmendi titulado Fodossomos/70sotros (2003)^.
Sin embargo, el componente económico de las migraciones resulta, en realidad, insoslayable.
Es escandaloso que en ese contexto se omita, por ejemplo, la existencia de una persistente oferta de empleo ilegal (que posibilita de hecho relaciones de trabajo en condiciones de semiesclavitud) y, sobre todo, la emergencia de un mercado laboral internacional sin el que sería inconcebible la mayoría de los flujos migratorios actuales: se ha ido configurando en los países ricos un mercado de trabajo en condiciones de miseria, que resultan inaceptables para los trabajadores autóctonos, pero cuya asunción es, no obstante, rentable para los trabajadores procedentes de países no desarrollados.
Por todo ello resulta más justo afirmar que los emigrantes ilegales no
son criminales, sino «el caldo de cultivo de un criminal mercado de personas» (Sassen, 2004, 957), un sòrdido mundo que encuentra su lado más oscuro en el mercado de mujeres forzadas a ejercer la prostitución.
3 Políticas migratorias y justicia: una cuestión insoslayable La intensidad que han alcanzado los flujos de población en las últimas décadas representa un desafío que desborda las fronteras nacionales.
Tal es la envergadura de este fenómeno genuinamente transnacional que se hacen perentorias nuevas formas de articulación política: «Una vez que el fenómeno del refugiado y del inmigrante se han convertido en productos masivos, en los territorios definidos de los Estados nacionales desarrollados, esta forma de Estado ha entrado en crisis» (Sauquillo, 2002, 116).
Las migraciones cuestionan la confianza en la capacidad de acción de la política tradicional y hacen saltar por los aires el escenario jurídico-político habitual de realización tanto de la justicia social como de la democracia: los Estados nacionales.
El sacrosanto principio de no intervención en los asuntos internos, principio por el que se han regido las relaciones jurídicas interestatales, apuntala, por un lado, la soberanía de los Estados, su condición de legibussolutus, pero, por otro, deja a los sujetos de carne y hueso, a los individuos, en una situación de alta vulnerabilidad ante el abuso, la injusticia y la arbitrariedad.
Y si esto por sí sólo ya puede acarrear implicaciones negativas para los derechos de los naturales de un Estado, para los extranjeros, inmigrantes y refugiados, las repercusiones pueden resultar sencillamente dramáticas.
En el interior de las fronteras estatales se hace patente y concreto el primado de la lógica estatal, de tal modo que los principios de justicia social tienden a ser olvidados completamente cuando entran en juego los intereses nacionales.
En la práctica, tales principios, que en teoría se postulan con validez universal, acaba teniendo unos límites materiales muy precisos: las fronteras nacionales.
Pero, ¿cómo puede aceptarse sin más que un asunto tan azaroso como la definición de las fronteras resulte ser una circunstancia moralmente relevante a la hora de aplicar principios de justicia?
No es fácil dar respuesta a esta cuestión, por más que muchos traten de soslayarla.
Si bien es cierto que las fronteras estatales funcionan como límites fácticos para la aplicación de los principios elementales de justicia, resulta cuestionable que se traten de unos límites legítimos: «Lo que es evidente es que no podemos seguir considerando que la justicia se refiere únicamente al funcionamiento de una sociedad, comprendida dentro de un Estado soberano» (Dummett, 2004, 38).
La validez de los principios de justicia no expira allí donde las fronteras señalan las lindes de un Estado.
Desde planteamientos morales pueden aducirse razones suficientes para replantear algunos aspectos de la división política del planeta que pudieran estar dando soporte a distribuciones injustas de recursos y oportunidades básicas^.
En particular, la dicotomía nacional/extranjero, ciertamente habitual en los ordenamientos jurídicos a lo largo de la historia, cabe ser cuestionada en términos morales a la luz del principio general de igualdad de trato (o de interdicción de la discriminación) o del principio de la dignidad humana.
Si la configuración de una justicia global se considera difícilmente atendible en la práctica, tendría que respetarse al menos el venerable deber de hospitalidad universal, seguido por innumerables culturas a lo largo del planeta, preconizado por los estoicos y auspiciado y articulado, entre otros, por filósofos de la influencia histórica de Kant.
En lo que respecta a este asunto, el paso del tiempo en absoluto ha hecho perder vigencia a esas intuiciones básicas de un trato justo con los inmigrantes formuladas en múltiples textos sagrados, como aquella prescripción varias veces milenarias que recoge tanto el libro del Éxodo (22, 21) como el del Levítico (19, 33): «El extranjero que reside con vosotros será tratado como uno de vuestros compatriotas y lo amarás como a ti mismo, porque también vosotros fuisteis extranjeros en tierra de Egipto».
Tampoco en este punto las exigencias igualitaristas y de universalización contenidas en los derechos humanos deberían ser echadas en saco roto.
Como en tantas otras cuestiones, se constata un divorcio entre la teoría y la praxis, entre los principios y los hechos.
En muchos lugares, son ciertamente numerosos los inmigrantes que, sin estar autorizados de iure a permanecer en un determinado territorio, tienen reconocidos y protegidos una serie de derechos y prestaciones.
Pero también se da el caso de quienes no están ni autorizados ni reconocidos y viven sometidos a la arbitrariedad del Estado (cfr.
En la práctica algunos refugiados e inmigrantes se ven sometidos a un estado de excepción no declarado, con suspensión absoluta de la ley.
Ésta es la situación de quienes sin haber cometido un ilícito penal son privados de libertad, desprovistos de sus derechos y recluidos en centros de internamiento, que no son otra cosa que auténticos limbos jurídicos, con el inri añadido de que tales centros se han convertido en un instrumento ordinario de las políticas de extranjerías de muchos gobiernos, entre ellos el español (cfr.
Sin derechos se encuentran también, por ejemplo, todos aquellos que procedentes de África abordan las costas españolas por medio de pateras y reclaman el tratamiento que les corresponderían en nombre de la dignidad humana.
Pronto descubren que quienes no tienen papeles y no poseen más aval que la dignidad humana en realidad no tienen nada.
En situación de desamparo se hallan asimismo aquellos que no están bajo la jurisdicción de su propio Estado (los emigrantes) o que no tienen ni siquiera Estado que les ampare (los apátridas y refugiados).
Sólo se reconoce la plena condición humana al ciudadano, al civis óptimo ¡ure, una condición o categoría que según parece no se adquiere únicamente por ser hombre, sino siendo miembro de alguna tribu particular.
En el día a día de muchos individuos, esta distinción resulta crucial, pues afecta directamente a su bienestar personal y conduce implícitamente a su jerorquización social.
Sus efectos más directos se perciben, sin duda, en el mundo de la inmigración y, particularmente, en el ámbito laboral; su rastro es incluso perceptible en el lenguaje coloquial: mientras que un ciudadano nacional sin trabajo es un «parado», un inmigrante sin trabajo es tildado -y tratado-con harta frecuencia de «ilegal».
En lo referente a los derechos de los inmigrantes, refugiados y personas acogidas a asilo político, es decir, en todo aquello que para resumir cae bajo la rúbrica genérica de las políticas migratorias, se tiende a seguir la lógica excluyente del Estado-nación: «Bajo esta lógica, las migraciones aparecen de modo general como una excepción anormal, por lo que queda justificada la subordinación, postergación o supeditación de los derechos legales, económicos o sociales de los inmigrantes respecto a los de los nacionales» (Zamora, 2003, 217).
Hacia una ciudadanía mediatizada por los derechos humanos
La regulación de los procesos migratorios es, como se ha afirmado antes, una de las atribuciones reconocidas a cualquier Estado soberano.
En particular, el control de las fronteras así como el derecho de admisión forman parte del núcleo de sus competencias esenciales^.
Y, como es bien conocido, los derechos de los individuos cambian por el simple hecho de estar situado a uno u otro lado de una determinada línea divisoria.
Dicho de otro modo, el estatuto jurídico de los individuos y, por ende, el de los inmigrantes se define en función de las fronteras.
Aunque es innegable que el control de las fronteras cae bajo el ámbito de competencia estatal, es igualmente cierto que los Estados han ido perdiendo autonomía en relación a la configuración de las políticas migratorias.
El ordenamiento jurídico-político internacional y los imperativos de una economía globalizada son factores, entre otros, que limitan y descentralizan los procesos de toma de decisión.
Ya sólo por este motivo cabría tildar a los Estados contemporáneos como Estados postsoberanos.
Ese antiguo esplendor de la soberanía que los Estados se afanan en conservar mediante las políticas migratorias se ve así sensiblemente empañado.
Pero no es éste el único motivo relevante, pues, como se mostrará a continuación, uno de los factores que más contribuyen a la merma del poder estatal en el ámbito migratorio es la emergencia de un derecho internacional de los derechos humanos.
A partir de la II Guerra Mundial, y tomando como hito la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, se ha ido tejiendo de una manera poco estridente una tupida red de legislación internacional que muchos gobiernos fueron adoptando porque la consideraban en un principio poco más que banal o al menos inocua en relación a su manifiesto interés por mantener el ejercicio del poder exento de cualquier control normativo externo.
Sin apenas costes, la mera adhesión a tales declaraciones les proporcionaba una buena prensa en su esfera interna y en la externa.
Sin embargo, con el transcurso de los años, todas esas declaraciones, pactos y convenios de derechos humanos que los Estados iban suscribiendo para otorgarse una cierta pátina de respetabilidad han ido ganando protagonismo incluso en el ámbito de la política interna.
Algunos estadistas quizás no se habían percatado que una vez conocido el sentido de tales derechos ya no pueden ser presentados como privilegios que los gobiernos puedan conceder o retirar a voluntad.
Los Estados arriesgan su legitimidad -tanto interna como externa-si no se prestan a respetar los derechos humanos en su integridad.
El creciente prestigio de la Declaración Universal de Derechos Humanos ha contribuido significativamente a consolidar la convicción jurídica de que los Estados soberanos tienen obligaciones indeclinables en materia de derechos humanos.
Bajo su influencia y sobre todo con su implementación se ha transformado el derecho internacional, de tal modo que el venerable principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados se ha ido vaciando de contenido (cfr.
Al menos en teoría, es claro que se ha pasado del tradicional énfasis en la soberanía estatal a la afirmación de los derechos de los individuos sin importar su nacionalidad.
Aunque aún está por ver si esta tendencia resulta irreversible, también es cierto que esa red legislativa ha ido alcanzando peso propio y relevancia como instrumentos jurídicos de primer orden.
Y lo que es aún más importante, ese sistema normativo internacional ha ido adquiriendo efectividad, hasta el punto de llegar en algunos casos a ser directamente reivindicable por los particulares ante los tribunales estatales:
«En muchísimos países desarrollados el poder judicial ha tomado decisiones invocando convenios internacionales, sobre todo referente a los derechos de los inmigrantes, refugiados y personas acogidas a asilo político, convenios contrarios a lo legislado en el propio país y a su opinión pública.
Invocar convenios internacionales, como parte de la política nacional, ha dado lugar a casos de conflictos de competencias entre estamentos del propio Estado» (Sassen, 2002, 18).
La validez y aplicabilidad de los derechos humanos no está sujeta a la posesión de una determinada nacionalidad o ciudadanía.
A diferencia de los derechos fundamentales, ya sean civiles, políticos, sociales o económicos, los derechos humanos no conocen de la distinción entre nacionales y extranjeros.
Esta cualidad los convierte no sólo en potenciales limitadores de la soberanía estatal, sino también en profundamente cuestionadores del sentido mismo de la ciudadanía, obligando así a redefinir ambos términos.
Los derechos humanos tomados en serio devalúan la relevancia otorgada a la noción de ciudadanía como condición necesaria para ser sujeto de derechos y, en consecuencia, también constriñen al poder estatal: «Los derechos humanos internacionales, aunque en parte enraizados en las constituciones de determinados Estados, son en la actualidad una fuerza que puede socavar la exclusiva autoridad del Estado sobre sus naturales y, por tanto, contribuir a transformar el sistema interestatal y el orden jurídico internacional» (Sassen, 2001, 97).
Aunque siendo un poco más precisos, tal como sostiene Carrillo Salcedo (1999, 136), en realidad, «la soberanía de los Estados no ho sido desplazada [...] por los derechos humanos en tanto que nuevo principio constitucional del Derecho internacional, aunque sí ha resultado erosionada y relativizado)).
Esta relativa depotenciación del valor de la ciudadanía y de las atribuciones del Estado por medio de los derechos humanos explicaría de algún modo el hecho de que existan numerosos inmigrantes indocumentados y residentes de larga duración que sin disponer del status de ciudadanos disfrutan de facto de determinados derechos y de múltiples prestaciones asistenciales.
Pensemos por ejemplo en el derecho a la educación reconocido a los niños inmigrantes e hijos de personas indocumentadas con independencia de cuál sea su status legal.
A pesar del predicamento del que sigue disfrutando esta lógica excluyente y particularista, cada vez resulta más difícil defender que los Estados sólo tienen responsabilidades con respecto a sus propios ciudadanos^.
Todo Estado es responsable de la integridad física de cualquier persona que resida en su territorio.
Aunque también se detectan enormes resistencias, cada vez son más los Estados que asumen esta responsabilidad explícita o implícitamente.
En muchos casos que han llegado hasta los tribunales de justicia, la inmigración e incluso la indocumentada pone en evidencia la existencia de vacíos o lagunas legales, en especial, asuntos relativos a las garantías básicas de cualquier individuo que no están formalmente contempladas en el ordenamiento jurídico.
Aunque la jurisprudencia sea dispar, es frecuente que tales vacíos vayan siendo llenados por los operadores jurídicos que invocan los convenios internacionales sobre derechos humanos.
Muchos países han ¡do incorporando las disposiciones de las convenciones internacionales a su derecho interno^^, de modo tal que el disfrute de múltiples servicios sociales se hace efectivo con independencia de la condición de ciudadano o nacional.
Para el acceso a determinados recursos sociales, la residencia es condición suficiente.
Se multiplican así prácticas que apuntan hacia la configuración de nuevas formas de vinculación o membrecía jurídico-política, tal como ha teorizado Yasemín Soysal (1994).
En particular, esta socióloga turca ha propuesto el término de membrecía postnacional para designar aquellos modos de vinculación más tenues -en algunos casos, de pertenencia parcial, y en otros, de pertenencia múltiple-que los individuos mantienen con el Estado y el territorio en el que viven.
Se trata de formas de vinculación o pertenencia con un componente más universal que estrictamente nacional que se han ¡do fraguando desde hace tiempo:
«En el período de postguerra se desarrolló un nuevo concepto de ciudadanía más universal, cuyos principios organizativos se basan en la personalidad universal más que en la pertenencia nacional.
Cada vez más, los derechos y privilegios que antes estaban reservados a los ciudadanos de una nación se codifican y se amplíen como derechos personales, minando así completamente el orden nacional de la ciudadanía» (Soysal 1994, 1).
De esta manera, los derechos humanos universales desplazarían a los derechos nacionales y el individuo mostraría su prioridad sobre el ciudadano (cfr.
En la práctica, el disfrute de ciertos derechos en los países democráticos receptores de inmigrantes está fuertemente vinculado a un determinado despliegue normativo y a la existencia de organismos supranacionales que impelen a los gobiernos a respetar los derechos humanos en el interior de sus fronteras.
Soysal, en coincidencia con otros autores, constata y avala así la atenuación del papel discriminador atribuido tradicionalmente a la noción de ciudadanía^^.
En esta misma dirección, Rainer Baubõck (2004,180) advierte que, al menos en el ámbito de las democracias liberales, «los privilegios tradicionales de la ciudadanía se han desconectado de la nacionalidad redefiniéndolos como derechos humanos o vinculándolos a la residencia y al empleo».
Incluso un autor tan conservador como Samuel Huntington (2004, 241) es incapaz de disimular su espanto ante la constatación de que va abriéndose paso una «nueva concepción de la ciudadanía» entendida como un «derecho transnacional de los individuos».
De modo hasta cierto punto paralelo, en el marco del derecho internacional, también se ha visto afectado el papel exclusivo reservado al Estado como sujeto de derecho.
Hasta la fecha éste se presentaba como el único actor en la escena internacional, como único portavoz autorizado de su población, de tal manera que los individuos como tales no existían sin el Estado y podrían ser perfectamente ignorados.
Este protagonismo exclusivo se situaba, por supuesto, completamente al margen del grado de representatividad que los gobiernos pudieran poseer con respecto a los deseos, preferencias e intereses de su población.
Esto, como es sabido, también ha ido cambiando: en determinados casos, los individuos y ciertas agencias no gubernamentales han adquirido el status dt sujetos del derecho internacional.
También en este terreno es preciso reubicar los atributos de la soberanía estatal.
que, como se recordará, rezaba así: ¿sigue siendo tan crucial la pertenencia formal a un Estado nacional para el disfrute real de los derechos más elementales?
Si bien a lo largo del texto ya se ha ¡do avanzando la posible respuesta, conviene dejar claro que no existen razones poderosas para dar vía libre al optimismo ingenuo.
No obstante, pese al trato indigno que con harta frecuencia reciben tanto inmigrantes como refugiados y a pesar de la enorme cantidad de violaciones de derechos constatadas, el poder del Estado en nuestros días se ha ido debilitando y, de cierta manera, también se ha visto limitado en su ejercicio.
A ello no sólo han contribuido razones de tipo estructural, en particular, ese complejo proceso que por comodidad ponemos bajo el término globalización, sino también razones de carácter normativo, y entre ellas, especialmente la extensión de una cultura de los derechos húmanos, a la que los Estados cada vez más tienen mayores dificultades para sustraerse.
La extensión no meramente nominal de los derechos humanos al mundo de la inmigración no es más que una especificación de ios mismos que responde a su propia lógica interna.
Reconocer personas en los inmigrantes obedece asimismo a la imposibilidad de parcelar a los seres humanos y contemplar tan sólo su fuerza de trabajo.
4 El vocablo soberanía ha desempeñado un importante papel en la teoría y en la filosofía política desde los albores del Estado moderno, siendo, sin duda, Jean Bodin, quien sistematizara de manera más completa su sentido en su obra Les Six Libres de la République (París, 1576).
Su contenido ha ido adquiriendo perfiles diversos, por lo que puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones y ser, por consiguiente, motivo de dudas, incertidumbre y confusión.
Pues, bien, ha sido en los últimos dos decenios cuando su sentido se ha puesto en cuestión de manera más palmaria.
Si bien existe la tendencia de concebir la soberanía como sinónimo de independencia completa o al menos como la plena capacidad de acción autónoma que disfrutarían los Estados en la esfera interna y externa, en el mundo moderno no cabe duda de que todos los Estados dependen, de un modo u otro, de los demás.
5 Frente a la fórmula hobbesiana homo hominilupus, base de la filosofía política de la primera modernidad.
Beck (2004) presenta la fórmula «la humanidad es un lobo para la humanidad» como premisa de la teoría política de la sociedad del riesgo.
Esto conlleva una importante consecuencia: «Con la percepción del peligro de la humanidad el principio de legitimación del orden del Estado nacional se resquebraja.
Puesto que, a la vista del peligro que se halla la humanidad, el soberano nacional no puede garantizar ya la seguridad interior y exterior ni la protección de sus ciudadanos, el deber de obediencia de éstos se extingue» (Beck, 2004, 336).
7 Este posicionamiento crítico de Michael Dummett, refrendado en términos similares por otros autores de la talla de Peter Singer o Thomas Pogge, contrasta vivamente con la teoría de la justicia hoy considerada ampliamente como canónica, a saber: la formulada por John Rawls.
Singer achaca a la concepción rawlsiana de la justicia como rasgo ineludible de una sockdad bien ordenado el incurrir en un enfoque excesivamente estatalista que la hace ignorar problemas que abarcan a todo el planeta, el escenario real de la justicia (cfr.
8 En principio, el derecho internacional vigente reconoce a toda persona el derecho de abandonar el Estado del que es ciudadano y a retornar a él (art. 13.2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos), pero no contempla, sin embargo, el deber correlativo de ser aceptado por otro Estado, esto es, se reconoce el derecho a emigrar pero no el derecho a inmigrar (con lo cual se conculcaría en la práctica el derecho a emigrar).
Nominalmente no existe ningún derecho individual de entrada y, en consecuencia, ningún Estado está obligado a admitir a un ciudadano de otro Estado (a no ser que se entienda que la admisión de inmigrantes es un deber sobrevenido al previo reconocimiento del derecho que asiste a cualquier persona a abandonar un Estado, pues siempre que se reconoce un derecho se adquiere la obligación de no impedir la realización de ese derecho.
Agradezco esta observación a Txetxu Ausín).
En la práctica cotidiana, es una prerrogativa exclusiva de todo Estado decidir a quién admite en su territorio. |
La mayoría de analistas del fenómeno migratorio suelen llamar la atención sobre una paradoja que resulta significativa.
Se trata del contraste entre la creciente liberalización y desregulación de los flujos de capital, mercancías, tecnología e información de la mano de los procesos que se conocen con el nombre de globalización, por un lado, y el reforzamiento de los controles fronterizos y las dificultades selectivas impuestas a la circulación de personas y de fuerza de trabajo, por otro.
Mientras las fronteras nacionales, y con ellas las instancias que representan la soberanía de los Estados y los mecanismos que la hacen efectiva, pierden significación voluntariamente en relación con aquellos flujos, asistimos a un aumento del control estatal sobre los movimientos del trabajo a través de legislaciones y políticas migratorias cada vez más duras y restrictivas.
Este comportamiento de los Estados cuestiona uno de los mitos más importantes de la modernidad occidental: el mito de la libertad de movimiento, parte constitutiva de la libertad formal presupuesta por el nuevo tipo de relaciones contractuales que caracteriza el funcionamiento del mercado en las sociedades capitalistas y el orden jurídico-político que lo acompaña.
Dicha libertad de movimiento sería la condición de posibilidad del ejercicio efectivo del estatus de ciudadanía que representa la emancipación frente a sujeciones territoriales, laborales y políticas impuestas a los individuos por normativas y poderes coactivos externos.
Aquellos que en la «libre» negociación del contrato no posee otra cosa para negociar más que su fuerza de trabajo, han de poder sustraerse a las condiciones ofrecidas por la contraparte gracias a una libertad de movimiento no sujeta a limitación.
Por eso, la intensificación y endurecimiento de los controles fronterizos y la creciente dificultad que sufren determinados sectores de población para traspasar las fronteras estatales es un dato de gran importancia a la hora de arrojar una mirada crítica sobre las relaciones que mantienen entre sí los conceptos de soberanía, ciudadanía, contrato, movilidad, etc., tan significativos en el discurso político de la modernidad.
¿Cómo interpretar esa intensificación y ese endurecimiento, sobre todo si tenemos en cuenta su éxito sólo limitado?
Podría pensarse que los Estados intentan compensar la desnacionalización de la economía con una renacionalización del ámbito de la política en el que todavía pueden ejercer la soberanía nacional, esto es, el control fronterizo del tránsito de personas.
Las políticas de inmigración representarían, según esta interpretación, el último bastión de los Estados nacionales en descomposición y retirada.
Su fracaso, al menos parcial, podría explicarse, de una parte, por la fuerza de los procesos económicos en marcha y la movilidad que imponen a sus factores constitutivos y, de otra, por la constricción que sufre la acción de los Estados a causa de los límites relativos que lleva consigo el régimen de derechos humanos, parcialmente operante dentro de ellos (ordenamiento constitucional, firma de convenios internacionales, discursos políticos sobre la legitimidad del gobierno, etc.), y que, junto a las instituciones y convenios internacionales que lo representan y codifican, es convertido por los actores sociales que actúan dentro y fuera de sus límites en una instancia de control (político y jurídico) de las políticas migratorias.
El fracaso parcial de estas políticas y la presencia cada vez más relevante en los países desarrollados de inmigrantes estables, así con el progresivo reconocimiento de un conjunto de derechos tradicionalmente reservados a los nacionales, estaría conduciendo a un replanteamiento de la cuestión de la soberanía y, unida a él, a una transformación de la ciudadanía que, según los más optimistas, terminará liberándola, no sin conflictos y zigzagueos, de sus límites nacionales y permitirá la integración no sólo económica y social, sino también política de los inmigrantes.
Los derechos humanos internacionales aparecen en este discurso como una «fuerza que puede socavar la exclusiva autoridad del estado sobre sus naturales y, por lo tanto, contribuir a transformar el sistema interestatal y el orden jurídico internacional» (Sassen, 2001, 97).^ ¿Estamos realmente ante una sustitución de la ciudadanía por la residencia como fuente de los derechos?
Si atendemos a las tendencias en curso, resulta al menos aventurado afirmar que caminamos hacia una concepción societaria y postnacional de la ciudadanía.
Más bien asistimos a un retroceso general de esa concepción, más llamativo aún en los países que han mantenido con anterioridad unas políticas migratorias más abiertas, aunque sólo fuera por conveniencia de sus respectivos mercados de trabajo o por sus compromisos postcoloniales.
La integración de los inmigrantes se ofrece hoy en los países desarrollados en forma de una inclusión subordinada y, durante un largo período de tiempo, cancelable.
Vemos como se produce una proliferación de estatutos de pertenencia y de dosificación de derechos acorde con la fragmentación del mercado de trabajo y la estratificación del goce efectivo de dichos derechos provocada por formas persistentes de discriminación social y administrativa que afectan al conjunto de la población.
ARBOR CLXXXI 713 MAYO-JUNIO [2005] 53-66 ISSN: Es preciso, pues, atender al comportamiento selectivo que adoptan las fronteras consideradas como mecanismos de inclusión/exclusión, es decir, no sólo como límites territoriales y legales separadores de nacionales y extranjeros, sino como mecanismos más generales de cierre y apertura que actúan sobre todo tipo de flujos (de mercancías, capitales, información, tecnología, personas, etc.).
Frente a la impresión que pretende provocarei discurso político-mediático sobre la globalización, como si ésta hubiese establecido un espacio de intercambio homogéneo y abierto, cabe afirmar que ni el acceso a los recursos, ni la distribución de beneficios, ni la movilidad de la fuerza de trabajo, ni la circulación de mercancías se produce en un régimen de completa libertad y simetría (Foro I. Ellacuría, 1999).
En este sentido, la inmigración se ha convertido en un terreno de experimentación de las políticas de gobierno en el que pueden observarse tendencias que apuntan en una dirección opuesta a la señalada más arriba, es decir, «a desmenuzar el universalismo de la ciudadanía y a instituir nuevas fronteras dentro de los espacios políticamente homogéneos» (Mazzadra, 2005,107).
En el sistemai capitalista la disolución de fronteras y la flexibilización o eliminación de ataduras siempre ha ¡do de la mano de la proliferación de nuevas fronteras y de nuevos controles de la movilidad destinados a la sujeción de la fuerza de trabajo.
En esta dialéctica las fronteras nacionales constituyen un mecanismo de control entre los muchos de que disponen las técnicas de gobierno modernas.
Entre estas técnicas de gobierno merece especial mención la «clandestinización» de los inmigrantes y las sanciones que la acompañan (expulsiones inmediatas, centros de internamiento, condición de alegalidad de los «inexpulsables», etc.).
Pese a todas las declaraciones oficiales de lucha contra las entradas ilegales de extranjeros de terceros países, la condición de irregularidad se ha convertido en una característica estructural de los flujos migratorios actuales.
Esto resulta especialmente pertinente si nos referimos al modelo migratorio español, pero se puede extrapolar al conjunto de los países desarrollados.
Dicho modelo es en lo fundamental un sistemas de inmigración irregular (Izquierdo, 2001, 135).
De modo objetivo, la clandestinización constituye una forma específica de inclusión del trabajo inmigrante que consigue (y quizás persigue) su máxima vulnerabilidad y, por tanto, la minimización de la capacidad de resistir y contestar las condiciones que impone el capital.
Pero, más allá de ella, la temporalidad de los permisos de residencia, su vinculación con los permisos de trabajo, la restricción de estos a territorios y sectores productivos determinados, las crecientes dificultades a la reunificación familiar, etc. son otras tantas medidas impuestas a los inmigrantes regularizados que sirven al mismo objetivo.
Y no estamos ante defectos de funcionamiento propios de una fase temprana del sistema capitalista, sino ante una combinación de flexibilización y control que ha existido siempre y que realiza una función constitutiva dentro de dicho sistema aquejado permanentemente de la tentación autoritaria.
Resulta necesario, pues, analizar desde esta perspectiva las contradicciones y crisis de la ciudadanía moderna, el carácter paradigmático que posee la inmigración para comprenderias y la relación entre excepcionalidad y norma referida a las técnicas de gobierno que afectan a inmigrantes y autóctonos y regulan las formas de inclusión excluyente de importantes sectores de la población.
1 Contradicciones y crisis de la ciudadanía en el capital-parlamentarismo
Si nos atenemos a lo esencial del discurso político de la modernidad, no deberían existir otros límites de la comunidad política que la voluntad de los individuos de querer participar en la conformación de la misma y de acatar el pacto realizado por procedimientos legítimos.
El demos debería ser una comunidad abierta.^ Dado que el Estado democrático es una asociación de individuos libres e iguales, el acuerdo democrático en torno al orden social y político debería bastar para garantizar la lealtad al Estado de derecho y los vínculos asociativos.-^ La realidad histórica muestra, sin embargo, que en buena medida sin las bases coactivas que aportaban las Naciones-Estado predemocráticas hubiera sido imposible desarrollar las infraestructuras económicas, administrativas y técnico-científicas que caracterizan a los Estados de Derecho modernos.
Los Estados democráticos heredan de aquellas, además, la vinculación a un territorio delimitado por fronteras precisas y la definición de la pertenencia al demos en términos no contractuales, sino nacionales.
La ficción del «estado de naturaleza», que en el discurso contractualista define la situación previa al contrato social, se revela no como un recurso argumentativo para garantizar la igualdad y libertad efectivas de quienes tienen la voluntad de participar en el pacto, sino como un velo que oculta no sólo, como veremos, las desigualdades «reales» de los socios, sino también la exclusión de quienes no poseen el título de nacionalidad.
No es realmente el «hombre natural» el que se puede sentar a la mesa de negociación del contrato político, sino sólo aquel que es miembro de la nación, y de entrada únicamente el varón nacional con título de propiedad.
La pertenencia a la comunidad política (demos) estará condicionada, pues, por la pertenencia a una comunidad definida en términos de cultura, historia, lengua o tradiciones compartidas [etnos), es decir, por la pertenencia a una comunidad territorial, lingüística o cultural portadora de valores y sentido, que posee raíces y crea vínculos poderosos entre sus miembros capaces de sustentar las exigencias más absolutas, como el sacrificio de la propia vida, que enmarca y, en cierto sentido, trasciende la voluntariedad y la absoluta libertad de opción del individuo autónomo al crear identificaciones potentes que superan la mera adhesión a un código legal que regula la libertad y la equidad entre iguales.^ De esta manera, el vínculo entre Estado y Nación introduce en el concepto de ciudadanía elementos que el discurso político de la modernidad debería en coherencia rechazar, ya que en su lógica los únicos requisitos para participar en el pacto que constituye la comunidad política serían la libertad y la igualdad naturales, es decir, las que supuestamente posee todo ser humano por el mero hecho de nacer.
Pero el Estado-nación sólo reconocerá el estatus de ciudadano a aquellos que posean el título de nacionalidad y sólo estos podrán reclamar de la comunidad política que garantice los derechos que dan contenido al título de ciudadanía, independientemente de los efectos que obtenga dicha reclamación.
De esta manera y desde el comienzo, el vínculo entre ciudadanía y nacionalidad establece una incompatibilidad matizable, pero nunca cabalmente superable, entre ciudadanía y extranjería.
Sin embargo, no es ésta la única limitación que afecta al ejercicio de la ciudadanía.
La otra, no menos importante, proviene de lo que podíamos considerar la segunda gran columna que sostiene el edificio de las sociedades modernas, es decir, de la institución del mercado capitalista como mecanismo que regula los intercambios sociales, así como de los elementos que dicho mecanismo necesita para funcionar: la división social del trabajo, la regulación jurídica de la propiedad privada y el contrato y la inclinación individual a obtener la máxima satisfacción de sus necesidades y el máximo beneficio.
Desde la perspectiva del mercado capitalista la igualdad de los individuos que participan en él y establecen relaciones según sus condiciones no es un presupuesto de carácter moral o una exigencia política, sino un requisito imprescindible de funcionamiento.
Ahora bien, se trata de una igualdad necesariamente formal, una igualdad en un ámbito discursivo especializado que resulta vital para el funcionamiento del sistema.
Dado que las mercancías no pueden intercambiarse por sí solas, necesitan de titulares que las conviertan en prop/edac/esadquiribles y enajenables, resulta necesario que todas las personas sean reprcsentables como propietarios de algo, todos han de ser igualmente propietarios, aun cuando algunos sólo lo sean de su capacidad de trabajo (Capella, 1993, 65ss).
Esta igualdad formalmente atribuida por el sistema jurídico no impide la desigualdad en todos los demás aspectos de la vida.
Se trata de una igualdad necesaria para el intercambio capitalista, cuyo correlato es la libertad entendida como capacidad para comprar y vender, para adquirir o enajenar bienes.
Tanto la libertad como la igualdad se atribuyen a todos los ciudadanos a través de una construcción jurídica que prescinde de las limitaciones y desigualdades materiales de los individuos reales.
Mientras que la igualdad y la libertad yur/d/cos pertenecen al ámbito de lo público, las coacciones y desigualdades reales son atribuidas al ámbito privado.
En este nuevo marco, el Estado de derecho tiene una doble exigencia: de un lado, garantizar las condiciones de funcionamiento del sistema capitalista y, de otro, administrar el discurso y las reglas de la legitimidad política, que se apoya tanto en argumentos e instrumentos procedimentales y de representación política, como en el recurso que podríamos llamar «mítico» a la comunidad nacional.
El conflicto entre ambas exigencias ha tenido diferentes expresiones a lo largo de los dos últimos siglos, desde las luchas sucesivas por alcanzar un verdadero «sufragio universal», es decir, de adecuar el demos s la población, hasta las múltiples reivindicaciones de participación ciudadana frente un sistema de representación política que escamotea la voluntad política de los ciudadanos y la supedita a la lógica y las exigencias del sistema económico capitalista, pasando por la conquista al menos formal de las sucesivas generaciones de derechos (civiles, políticos, sociales y culturales).
Pero puede afirmarse sin temor a exagerar que en el capital-parlamentarismo el sistema de representación política, supuesta expresión de la voluntad del demos, nunca hasta ahora se ha impuesto a la lógica del sistema económico capitalista, que, en caso de crisis, ya sea por medio de la innovación tecnológica o el ataque político a las conquistas de los trabajadores, o por ambas cosas, cuando no por medio de la suspensión temporal del orden jurídico de libertades formales, ha conseguido supeditar la libertad y la igualdad políticas reales a las exigencias de los procesos de valorización del capital.
Lo que hoy denominamos proceso de globalización, el triunfo de las políticas «neoliberales» y la llamada crisis del Estado del Bienestar, no hace sino confirmar la tesis de Capella: «es el poder político, hasta ahora el Estado pero ya no solamente el Estado, el que realiza las funciones de conservación de las estructuras de poder extrapolítico que impiden el desarrollo de las tendencias emancipatorias» (Capela, 1993, 91).
Hablar de ciudadanía exige, pues, prestar máxima atención a la involución actual del proceso de democratización política.
Las transformaciones funcionales de los Estados nación en el nuevo (des)orden mundial presidido por la llamada mundialización neoliberal suponen una limitación de los espacios políticos en los que la «soberanía popular» puede hacerse valer frente al poder extrapolítico exponencialmente acumulado gracias a los procesos de liberalización de los mercados trasnacionales de mercancías, tecnologías y capitales.
También asistimos a una importante crisis del sistema de representación política, debida entre otras causas a la escasa democracia interna de los partidos políticos, que más que representar la voluntad de los electores, se han convertido en aparatos de ajuste político-económico supeditados a potentes intereses corporativos.
La «seguridad», supuestamente de las poblaciones, en realidad de los aparatos de poder, se ha convertido en el recurso más utilizado por la retórica política para justificar el recorte de libertades y garantías individuales.
Las nuevas técnicas de gobierno han asentado la primacía de los poderes ejecutivos sobre los parlamentos, pretendida sede de la voluntad popular.
Y los medios de comunicación de masas, junto a la potente industria cultural, no sólo son enormes aparatos al servicio de la mercadotecnia electoral, sino instrumentos eficacísimos de desmovilización política y reproducción del conformismo adaptativo de los ciudadanos (García Inda, 2003a).
Esto nos obliga a revisar el discurso político de la modernidad y su categoría fundamental de «ciudadanía» antes de ponerla en relación con el fenómeno de la inmigración, pues no se trata simplemente de analizar la exclusión de los inmigrantes de un estatus ciudadano no problematizado y proponer sin más una incorporación al mismo, sino de comprender dicha exclusión como un elemento entre otros de las contradicciones que el mismo estatus de ciudadanía sufre en el capital-parlamentarismo (Velasco, 2003, 22).
La presencia de los inmigrantes produce en realidad un «efecto espejo» sobre dichas contradicciones (Zapata, 2000, 15).
Este planteamiento permite, a su vez, considerar la reivindicación de la ciudadanía plena para los inmigrantes como un elemento de la lucha por una ciudadanía plena para todos.
normativo de lo politico en la modernidad, representa una entronización de la vida natural como valor absoluto a garantizar frente a la arbitrariedad del poder absoluto del soberano.
La política moderna se presenta como defensa y promoción de la vida de los ciudadanos.
Ningún otro título debe ser necesario, más que la posesión de la vida, el nacimiento, para convertirse en sujeto de derechos, que son proclamados como 'derechos del hombre'.
Pero en realidad dichos derechos representan «la figura originaria de la inscripción de la nuda vida natural en el orden jurídico-político del Estado-nación» (Agamben, 2001, 25).
Por medio de la proclamación de los derechos del hombre la nuda vida se convierte objeto inmediato del ejercicio del poder soberano.
Así, lo característico de los Estados modernos será la creciente tendencia de lo político a apoderarse de la «nuda vida», que ha de ser producida para tal finalidad.
El poder es antes que nada poder sobre la vida y encuentra su realización en las relaciones de dominación en cuanto relaciones de inclusión y exclusión.
Qué individuos y qué aspectos de la vida quedan protegidos por el mundo del derecho y cuáles y en qué grado son expulsados del mismo se convierte en expresión misma del ejercicio del poder.^ En el extremo se encuentra la absoluta desprotección, la reducción de los seres humanos a «nuda vida» carente de valor jurídicamente garantizado y políticamente protegido, pero existen múltiples formas de dosificar la muerte exponiendo a riesgos vitales extremos, vulnerabilizando y fragilizando a determinados sujetos, estableciendo espacios de marginalidad extrema destinada a individuos que supuestamente dañan la bonanza y el crecimiento de la comunidad política.
Agamben sostiene que regla (orden jurídico de los derechos) y excepción (suspensión de los derechos) se exigen y explican mutuamente (Agamben, 1999, 30s), porque lo decisivo del poder es la capacidad de decidir sobre lo que entra en un ámbito y otro.
La reducción extrema a puro cuerpo que se opera en los campos de concentración y convierte a los individuos en objetos de decisiones arbitrarias del poder carentes de todo derecho actúa de manera latente en las formas de biopolítica moderna, formas evidentemente más suaves de administración y explotación de la vida, que no pretenden tanto aniquilar y doblegar, cuanto disciplinar, regular, controlar, estimular, etc. en relación a funcionalizaciones calculadas.
Sin embargo, el poder político entendido como bio-poder, como poder sobre la nuda vida, no es una entidad metafísica.
Como hemos descrito más arriba, frente al relato político de la «ciudadanía», no sólo resulta problemático el concepto de representación que establece una correlación entre la soberanía del pueblo y la soberanía del Estado, sino que esta última está trufada de intereses privados exteriores al sistema de representación, pero con poder político.
La formas de administración y explotación de la vida, así como su protección bajo la figura jurídica de los derechos ciudadanos o la suspensión de éstos bajo las diferentes formas de excepcionalidad o, simplemente, de no cumplimiento de los deberes supuestamente contraídos por el Estado frente a los ciudadanos (en realidad conquistados duramente por éstos), dependen de la correlación de fuerzas políticas.
«Hoy, cuando la concentración de poder productivo, tecnológico y cultural en manos de los nuevos entes orgánicos económicamente (tácticamente) dominantes es la mayor que ha conocido la humanidad, el débil y permeable formalismo de los derechos representativos de los «ciudadanos iguales», en el interior de cuyo sistema de relaciones ha sido posible la concentración de ese poder, viene a ser cera maleable entre sus manos» (Capella, 1993, 133).
2 Ciudadanía e inmigración En este horizonte general de una ciudadanía fragmentaria, limitada e ilusoria (Martínez de Pisón, 2003, 79), los inmigrantes concentran sobre sí y de una manera agudizada dos dilemas fundamentales del concepto y la realidad de la ciudadanía en el marco del capital-parlamentarismo: por un lado, el dilema que se deriva de la identificación entre ciudadanía y nacionalidad y, por otro, el que procede de la creciente confrontación de la lógica del mercado con la lógica de los derechos.^ La construcción en Occidente de una sociedad civil en la que quedara superado el carácter determinante de las relaciones primarias y se establecieran procedimientos abstractos de asignación de las posiciones sociales y de distribución de los bienes económicos, sociales, políticos y culturales, el establecimiento de esta forma especial de socialización ha estado indisolublemente unida al problema del establecimiento de las fronteras de la comunidad política para la que tienen validez dichos procedimientos, así como al problema de la asimetría y la desigualdad real que sobrevivían y se perpetuaban a través suyo.
Como hemos visto, el dilema de la cultura política moderna nace de la contradicción entre una lógica interna que apunta a la universalización igualitaria y una praxis que delimita 1 o 58 el ámbito de validez a la comunidad nacional y establece formas de ¡ntegración discriminadora de sujetos aceptados en el territorio, pero excluidos de la ciudadanía plena, o que poseyendo una titularidad formal de ciudadanía, ven negada o mermada la ciudadanía sustantiva (López Sala, 2002, 97)7
La conexión entre nacimiento, territorio y Estado, que constituye la base de la soberanía moderna desde la declaración de los Derechos del Hombre de 1789, es cuestionada permanentemente por la presencia de los inmigrantes, que pone de relieve los límites de esa conexión, una conexión que sólo puede ser mantenida por medio de un control cada vez más riguroso y violento de los movimientos espaciales, que contrasta enormemente con la liberalización operada en relación a la circulación de capitales, tecnología, información, etc. (de Lucas, 2004a, 363ss).
Los inmigrantes y refugiados sacan a la luz con su sola presencia en el territorio acotado del Estado tanto la diferencia entre nacimiento y nación, como el fundamento «secreto» de la biopolítica: la nuda vida, expuesta permanentemente a la amenaza de ser desposeída de todo derecho.
En relación a los inmigrantes y refugiados se puede apreciar claramente cómo el Estado convierte la nuda vida, algo que cualquiera posee, también ellos, en algo diferente, que ya no posee cualquiera, la vida específica de los ciudadanos.
Resulta asimismo apreciable que para esa conversión limitadora no existe ninguna justificación razonable, que la línea que separa a los «meros» seres humanos de los ciudadanos puede desplazarse y que exclusión e inclusión pueden afectar alternativamente a determinados sujetos dependiendo de las constelaciones de poder.^
Si bien intuitivamente percibimos al inmigrante como ser humano, persona como nosotros, existen un conjunto de categorías («extracomunitario», «clandestino», «irregular») que lo despojan de esa condición y lo estigmatizan negativamente como no ciudadano, como no europeo, como no nativo, etc. Los mecanismos sociales, políticos y jurídicos que lo excluyen del reconocimiento de ciudadanía convierten simultáneamente a quien es objeto de esa exclusión en «no-persona».
Por eso los derechos humanos, basados en el reconocimiento de una supuesta universalidad de la persona, no pasan de ser una declaración de principios, porque de hecho ser persona es una variable de la condición social.
La desigualdad de trato a los nativos y los inmigrados, «en virtud de la cual algunos extranjeros son excluidos de los derechos civiles fundamentales, es potencialmente la puesta en marcha de un proceso de reducción de ciertas categorías de seres humanos de personas a no-personas» (Dal Lago, 2000, 139).
Contra esta afirmación parece hablar el hecho de que muchos países receptores de inmigración hayan concedido determinados derechos civiles o sociales a los extranjeros residentes legales, aunque no posean el título de ciudadanía y el conjunto de derechos reservados a los nacionales, si bien dicha concesión y el tiempo de residencia exigido para la misma varía de un país a otro (Zincone, 2004, 239ss).
Incluso los inmigrantes no regularizados reciben de hecho, pese a las legislaciones cada vez más restrictivas, prestaciones educativas y sanitarias o de otro tipo.
Podría pensarse que el reconocimiento de los derechos humanos no necesariamente ha de estar unido al estatuto de ciudadanía, al menos mientras que éste se mantenga vinculado al título de nacionalidad.
Los inmigrantes podrían poseer no sólo derechos civiles, económicos, sociales y culturales, sino también en determinadas condiciones todos los derechos políticos, bastaría vincularlos a la residencia y no a la ciudadanía-nacionalidad (de Lucas, 2004b, 225ss).
El problema es que sin un replanteamiento de la propia ciudadanía, los derechos, amenazados permanentemente por la lógica del poder y del mercado, quedan a merced de los vaivenes de las políticas de inmigración, y hoy no corren vientos demasiado favorables.^ De mantenerse el vínculo entre ciudadanía y nacionalidad los inmigrantes siempre dependerán de una protección externa ofrecida desde una soberanía a la que no se pertenece y que puede cancelar en cualquier momento el ofrecimiento.
Sin embargo, los Estados-nación no prevén ninguna otra posibilidad de alcanzar el estatuto de ciudadanía que el de la «naturalización», vía escasamente transitable.
Esto es lo que ha llevado a alguno a abogar por una «ciudadanía trasnacional» que admita una pluralidad de pertenencias nacionales (Baubock, 2004, 195ss).
En cierto modo, la ciudadanía de la Unión Europea podría ser un referente de ciudadanía trasnacional, en la que a largo plazo los residentes provenientes de terceros países podían ser incluidos^^, pero nada apunta en esa dirección en el nuevo Tratado Constitucional de la Unión Europea (Agüelo y Chueca, 2005).
¿Cuáles son los obstáculos que no sólo impiden avanzar en esa línea, sino que provocan retrocesos evidentes en la vinculación entre la ciudadanía como pertenencia a un Estado y la ciudadanía como dotación de derechos?
Para responder a esta cuestión quizás sea necesario lleva a cabo un vuelco de perspectiva: mientras que en los años de la posguerra la ciudadanía y su dotación de derechos (sociales) podía aparecer como un antídoto de las desigualdades producidas por el capitalismo (Marshall, 1992), en estos momentos más bien es el capitalismo el que actúa como un «antídoto contra la ciudadanía» (Zincone, 2004, 238).
El triunfo de las políticas económicas neoliberales ha acelerado en los países más ricos la tendencia a la segmentación de la fuerza de trabajo con múltiples manifestaciones: el desempleo, la subproletarización de una parte de la mano de obra con una relación sólo esporádica con el mercado de trabajo, la precarización de una parte importante del empleo debida, por un lado, a la creciente externalización empresarial de las actividades a través de la proliferación de sistemas de subcontratación bajo control centralizado y con acaparamiento de los beneficios por los grandes grupos empresariales y, por otro, a la flexibilización y el crecimiento de la temporalidad, la pérdida de capacidad negociadora de los trabajadores, la dualización y polarización del escalafón profesional, con un nivel directivo y de gestión perceptor de ingresos de lujo y unos nivel inferiores que ven disminuir desde hace décadas su participación en la apropiación de los beneficios, etc. (Díaz-Salazar, 2003; Alonso, 1999; Castel, 1997).
Es más, en ciertos sectores productivos hemos asistimos en los últimos años a un crecimiento de la economía sumergida: en la agricultura, la hostelería-restauración y los servicios menos cualificados (limpieza, servicio doméstico, etc.) la incidencia de la economía sumergida es muy elevada.
España es uno de los países de la Unión Europea con más economía oculta.
Y no cabe duda de que entre ésta y el empleo degradado existe una relación de mutua implicación.
La irregularidad lleva consigo la desprotección jurídica, social y sindical de los trabajadores.
Dada esta situación del mercado de trabajo, la inserción laboral de la mayoría de los inmigrantes se viene produciendo en las ramas económicas con más incidencia de la economía sumergida y en los segmentos de empleo más precarios y descualificados, con mayor grado de irregularidad y más desprotegidos.
Si existe una tendencia general a la precarización del empleo puede decirse que los inmigrantes representan la avanzadilla de dicha precarización.
Y lo mismo cabe indicar respecto del desempleo, que los inmigrantes sufren con mayor intensidad.
La política migratoria está estrechamente unida a la política económica y al fenómeno de la economía llamada informal, lo que queda patente en el desequilibro resultante del diferente peso administrativo de los controles fronterizos respecto a las inspecciones de los lugares de trabajo o de las medidas de expulsión de los trabajadores extranjeros «irregulares» respecto a las sanciones a los empresarios que infringen la ley.
El control basado en la exteriorización y criminalización de los inmigrantes como trabajadores «ilegales» es un instrumento clave del Estado en el proceso estructural de expansión y transformación del sistema capitalista mundial.
Podría hablarse incluso de una «funcionalidad» económica de la «ilegalidad», pues la «irregularidad» de los inmigrados facilita su sobreexplotación, reduce los costes de contratación, fragiliza su posición negociadora frente al patrón y debilita sus posibilidades de oposición a condiciones laborales draconianas e injustas, ahorra costos estatales -a pesar de que los inmigrantes contribuyan a las arcas del Estado al menos con los impuestos indirectos-, dificulta sus posibilidades de organización y reivindicación, etc.
La vinculación entre permisos de trabajo y de residencia, así como el tipo de vigencia temporal de los mismos, por un lado, y la política de cupos que orienta la fuerza de trabajo inmigrante hacia ocupaciones específicas del mercado laboral (fundamentalmente agricultura, servicio doméstico y construcción) con un índice mayor de irregularidad y precariedad, por otro, ha creado un círculo vicioso de inestabilidad laboral y jurídica, que aumenta considerablemente la vulnerabilidad y la discriminación de los inmigrantes en el mercado de trabajo (Alegre Canosa, 2002, 387).
De hecho se han creado unos nichos laborales en sectores económicos y tipos de actividad con una presencia destacada de determinados colectivos inmigrantes no comunitarios.
Este fenómeno lo ha calificado I. Wallerstein de «etnización del mercado laboral».
Su funcionalidad económica está clara: la pertenencia al grupo social sirve para «hacer posibles unos salarios muy bajos para sectores enteros de la fuerza de trabajo» (Wallerstein, 1991, 58).
Además de la discriminación que supone una asignación de los inmigrantes a sectores y actividades con un índice mayor de irregularidad y precariedad, la posición que ocupan los inmigrantes laborales dentro de los respectivos mercados de trabajo, en gran medida condicionada por el tipo de acceso a los mismos, es peor de modo sistemático.
En el caso de la agricultura, esto supone una inserción casi exclusiva en la modalidad eventual de trabajo, junto a enormes dificultades para la efectiva integración social debidas a la estacionalidad (cambio frecuente de zonas de trabajo, alojamiento en infraviviendas, imposibilidad de reunificación familiar, etc.).
En el caso del servicio doméstico hemos visto renacer el empleo como «internas» de mujeres inmigrantes, lo que conlleva frecuentemente condiciones de explotación extrema. tanto por los horarios de trabajo, el grado de informalización y los salarios inferiores, como por la dependencia casi total respecto de las familias que las contratan.
En la construcción se observa un predominio de la ocupación de los inmigrantes en la categoría de peón no cualificado.
Sufren en mucha mayor proporción que los autóctonos la privación de derechos laborales como pagas extra, vacaciones pagadas, etc.
Podríamos decir que el trato que se da a los inmigrantes representa un paradigma extremo de la supeditación de la lógica ciudadana de los derechos a la lógica del mercado.
Antes que ser vistos como sujetos de derechos son vistos como mera fuerza de trabajo, que el mercado demanda en condiciones de vulnerabilidad, precariedad, debilidad política, etc. y el Estado, pretendidamente o no, pero sí congruentemente, contribuye a producirla.
De ahí la necesidad de percibir con claridad qué es lo que está realmente en juego en las políticas de inmigración, y no sólo para los inmigrantes (Zincone, 2004, 256).
3 Políticas de inmigración y estado de excepción Las políticas migratorias vigentes en España declaran perseguir un doble objetivo: por un lado, la integración de los inmigrantes y, por otro, la persecución de la inmigración ilegal.^^ Independientemente de las posibles interferencias entre ambos objetivos, cuando no de su carácter antitético, sobre todo si tenemos en cuenta que los actuales inmigrantes «regularizados» en su inmensa mayoría, al menos en España, han pasado por períodos más o menos largos de «no regularidad», es decir, que se persigue primero a los que luego se desea integrar; independientemente de estas posibles contradicciones, el doble objetivo señalado haceque las políticas migratorias estén presididas por la tendencia a la separación radical del tratamiento del inmigrante regular e irregular.
Es importante no olvidar al respecto que las políticas migratorias no son respuestas articuladas por los poderes públicos a fenómenos preexistentes claramente definidos, sino que ellas mismas ordenan, conforman y definen el fenómeno.
En este sentido podemos decir que la migración es una construcción social en la que adquieren gran importancia las clasificaciones, las diferenciaciones y las divisiones que establecen los poderes públicos.
Las políticas públicas en cuanto tecnologías de gobierno producen nuevas categorías de sujetos y las categorizaciones están orientadas hacia la producción de efectos sociales (Gil Araújo, 2002, 153).
El doble objetivo mencionado más arriba ha conducido a la construcción de un doble sujeto: el inmigrante bueno/auténtico y el inmigrante inauténtico/sospechoso.
Esta producción doble constituye el marco en el que los inmigrantes pueden formular ciertas demandas (políticas, socioeconómicas, culturales, etc.) y el Estado reconoce o rechaza dichas demandas (J. de Lucas, 2003, 27).
Aunque la línea que divide inmigrantes regularizados y sin papeles es más tenue de lo que parece y son múltiples los poros que la traspasan^2, quisiera fijarme en este momento en la construcción del inmigrante «inautèntico», ya que es una clave fundamental de la ley de extranjería y sus sucesivas reformas y, además, permite mostrar en toda su crudeza la excepcionalidad que amenaza la lógica de los derechos ciudadanos.
Independientemente de su éxito o fracaso, las políticas desarrolladas para combatir la llamada inmigración «ilegal», los medios económicos, administrativos y policiales destinados al control de fronteras y al rechazo de los inmigrantes «ilegales», son considerablemente superiores a los esfuerzos destinados al otro supuesto objetivo de las políticas de inmigración: la integración.
Para comprobarlo bastaría comparar las inversiones que el Estado dedica al «Servicio Integrado de Vigilancia Exterior», tanto inversiones en tecnología e infraestructura para el control de fronteras, como gastos de personal que supone su sostenimiento, con la infradotación de las políticas de integración de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos.^^ También la evolución de la legislación en materia de extranjería presenta un desequilibrio semejante.
La LO 8/2000 no sólo ha supuesto un debilitamiento del principio general de equiparación entre españoles y extranjeros con residencia legal hacia la que tendía la LO 4/2000, también ha introducido restricciones importantes en el reconocimiento de derechos a los inmigrantes en situación irregular: se les excluye del ejercicio de derechos fundamentales como el de libertad de reunión y manifestación, la libertad de asociación, el derecho al trabajo y la seguridad social, la libertad de sindicación y el derecho a huelga, el derecho a la asistencia jurídica gratuita, etc. Es decir, se agranda el abismo entre regularizados e «ilegales».
Al mismo tiempo se dificulta considerablemente la obtención de residencia regular y se dota de una mayor severidad al régimen sancionador (Diez Bueso, 2000; Agüelo, 2002).^"^ La LO 14/2003, aprobada con los votos del PP y el PSOE, parece orientada casi de modo exclusivo al control de los flujos, con la clara intención de reducirlos completamente e impedir el tránsito de la irregularidad a la regularidad (acceso policial al padrón municipal, normas de procedimiento administrativo especiales para extranjeros segregados del procedimiento común, endurecimiento del sistema sancionador en relación a expulsiones y devoluciones, aumento considerable de las dificultades para la reagrupación familiar, transferencia de obligaciones de control fronterizo a las compañías privadas de transporte, etc.).
El resultado más evidente de esta legislación en materia de extranjería es la creación de un sistema dual de ciudadanía (Silveira, 2003, 68) y un régimen administrativo especial por razón de nacionalidad (Agüelo, 2004, 91).
Los extranjeros provenientes de los llamados «terceros países» quedan excluidos parcial o totalmente del contrato de ciudadanía y sometidos a un contrato de extranjería, caracterizado por la provisionalidad, la parcialidad y la superficialidad y supeditado a la necesidades laborales o demográficas del país de acogida (de Lucas, 2002, 79).
Quienes ni siquiera alcanzan este estatuto, han de vivir bajo la amenaza permanente de expulsión, al margen de toda protección legal y social, o pasando a engrosar el número creciente de los «inexpulsables» (unos 10.000 anualmente).
Esta política migratoria claramente restrictiva, fundamentalmente orientada al control policial de los flujos y a combatir la inmigración llamada «ilegal» se justifica por la supuesta situación de emergencia en que vive España y Europa.
Si hacemos caso a las declaraciones de los gobiernos y a los titulares de ciertos medios de comunicación, ambas se encuentran sometidas a una presión migratoria sin precedentes, que desborda todas las posibilidades razonables de integración de los inmigrantes.
Los términos «invasión», «avalancha», «oleada», «riada», etc., provenientes de la descripción de catástrofes naturales y usados con machacona insistencia, son eficaces transmisores de esa forma de percibir la inmigración, destinada a asegurar el respaldo social a las políticas restrictivas supuestamente dirigidas a contener y limitar los flujos migratorios, aunque de facto sean uno de los factores principales en la producción de lo que en el lenguaje administrativo y mediático se denomina «la bolsa de inmigración ilegal», de cuya funcionalidad económica no se puede dudar razonablemente.^^ La producción social de la emergencia ha sido un recurso habitual de la política moderna de cara a la intensificación del control social y la legitimación de medios excepcionales creados para afrontarla.
Para poder funcionar, dicha producción necesita generar un cierto clima de pánico difuso frente a un fenómeno presentado como peligroso y potencialmente destructivo, así como la percepción de un determinado grupo social como enemigo.
Esto ocurre hoy de modo paradigmático con la inmigración.
La lucha contra la inmigración llamada «ilegal» y la retórica de la emergencia son responsables de la construcción del objeto sobre el que se aplican las medidas excepcionales, medidas cuya vigencia sobrevive por lo general a la supuesta situación de emergencia que las justifica (Martínez de Pisón, 2003, 89s).
Los factores que intervienen en los cambios que afectan actualmente a los flujos migratorios: el proceso de globalización y la situación económica o política de los países de procedencia, las transformaciones del mercado de trabajo en los países desarrollados, la flexibilización del proceso productivo, etc., todos estos factores son expulsados en los discursos políticos y mediáticos del ámbito de la responsabilidad política directa y atribuidos bien a la inflexible lógica económica, bien a la falta de cultura democrática de los países de origen, mientras que se focaliza la atención y la ejecución de medidas urgentes en la circulación de no-comunitarios en la Unión Europea y en los riesgos supuestamente asociados a dicha circulación: terrorismo, tráfico de drogas, redes de prostitución y mafias diversas.
Todos aquellos problemas frente a los que las políticas vigentes revelan una incapacidad estructural manifiesta (precariedad del empleo, paro, vivienda, demografía, diferencias norte-sur) encuentran en la figura políticamente construida del inmigrante «ilegal» un referente sustitutorio sobre el que aplicar las medidas excepcionales que legitiman a los mismos poderes que las aplican.
Que el emigrante llamado «ilegal» se haya convertido en sujeto escogido del discurso de la emergencia, así como de la legislación y las medidas políticas de excepción tiene que ver, como hemos visto, con que su presencia pone en entredicho las bases mismas del Estado-nación.
Dado que la ficción de la soberanía moderna, en la que el ser humano y el ciudadano, nacimiento y nación, se identifican, queda trastornada con la aparición de los inmigrantes, no resulta aventurado poner en relación dicho trastorno con los intentos más diversos por mantener fuera al otro llevados a cabo por las instituciones que representan o detentan la soberanía como ejercicio del biopoder.
Los centros de internamiento para extranjeros, verdaderos agujeros negros del Estado de Derecho, los invernaderos de plástico, donde los inmigrantes son degradados a meros cuerpos esclavizados por la agroindustria, los miles de prostíbulos, en los que las inmigrantes son retenidas y explotadas sexualmente,... son lugares todos donde la reducción de seres humanos a mero cuerpo revela la significación biopolítica de las políticas de inmigración.
Esto vale en primer lugar para las fronteras que sirven de línea divisoria entre la riqueza y la pobreza y que se han convertido en verdaderas zonas de muerte, zonas en la que la vida de los que intentan traspasarlas no vale nada.
Muchos de los inmigrantes clandestinos, de los «espaldas mojadas» que intentan entrar en EEUU cruzando un desierto de muerte, de los africanos que se aventuran en pateras mortales a cruzar el estrecho, de los subsaharianos que han de superar un inmenso mar de arena antes de llegar a la frontera con Europa, muchos de estos inmigrantes perecen en el intento.
Los cementerios de las localidades españolas que jalonan la línea divisoria entre la riqueza y la pobreza están plagados de nichos anónimos.
Escupidos por el mar a las orillas de un territorio que soñaron cargado de riquezas materiales y promesas de futuro, no son más que cuerpos inertes sin identidad, sin nadie que los reclame, sin nadie que los vele.
Estos cuerpos sin nombre y sin vida representan el caso extremo de un destino fatal preparado por las sociedades opulentas a quienes carecen del marchamo nacional, a quienes no poseen el salvoconducto azaroso y providente que otorga la nación.
Ellos testifican en su mudez la tenue línea que separa la reducción a «nuda vida» de su aniquilación.
A aquellos para los que el intento de traspasar la frontera no acaba en muerte o no son apresados y devueltos en el mismo instante, les espera una existencia espectral de «seres invisibles», cuerpos explotables sin documentación que les garantice unos derechos mínimos.
Serán tolerados, explotados y permanentemente amenazados al mismo tiempo.
Como hemos visto, cada día resulta más difícil alcanzar el estatuto legal de «residente» que los mismos países receptores de inmigración prevén en su legislación.
Las leyes de extranjería condenan a los «sin-papeles» a una situación de carencia de la mayoría de derechos fundamentales y de amenaza de expulsión por procedimiento «preferente», lo que en realidad supone estar condenados a ser «carne de cañón» de la economía irregular.
Los Centros de Internamiento de Extranjeros representan de modo singular ese estado de excepcionalidad al que se ven reducidos los «sin-papeles».
Son centros que han aparecido en toda Europa para internar a inmigrantes que han recibido una orden de expulsión y están a la espera de su retorno.
No son centros penitenciarios y los que son privados de libertad en ellos no han cometido delito alguno.
La finalidad declarada de los mismos es meramente preventiva y cautelar.
Se trata de una retención temporal mientras se sustancia un expediente administrativo de expulsión.
En principio, al extranjero sin papeles sometido al procedimiento de expulsión se le concede la posibilidad de alegar en el plazo de cuarenta y ocho horas, pero la administración no tiene que esperar a la resolución de dicha alegación para la ejecución de la expulsión, con lo que se produce una situación de indefensión y de ausencia de tutela judicial efectiva (Silveira, 2002).
Con todo, como en muchos casos resulta imposible averiguar el país de procedencia del inmigrante o no existe convenio de repatriación con el mismo, se le entrega una orden de expulsión y se le pone en libertad, con lo que en realidad más que del país se le expulsa del sistema de garantías jurídicas y se le coloca en una situación de total desamparo legal.
Podría decirse que estas instituciones actúan de facto como «creadoras de extranjeros a-legales y marginales» (Silveira, 2002, 94).
Las analogías con la figura del /íomosacer analizada por G. Agamben resultan patentes: «Si los sujetos ya han sido expulsados, no son, para decirlo de alguna manera, existentes en el territorio del Estado desde el punto de vista jurídico.
La situación de excepción que se crea es que las personas detenidas en esos centros no tienen asignado ningún estatuto jurídico.
Es como si su existencia física hubiese sido separada de su estatuto jurídico» (Agamben, en: Link, 2001).
La existencia de los centros de internamiento para extranjeros revela la esencia biopolítica del control de los flujos migratorios.
¿Cómo inscribir esta situación en el marco de lo que el discurso político de la modernidad llama Estado de Derecho?
Quizás ayuden a responder a esta cuestión los argumentos de Giorgio Agamben sobre la relación entre soberanía, estado de excepción y campo de concentración y su vigencia en los Estados denominados democráticos (Agamben, 2004, llss).
Su interés se centra en el análisis de lo político a la vista de la crisis actual de su representación, es decir, a la vista de ese nuevo espacio político que se abre cuando el sistema político del Estado-nación entra en crisis.
Lo que investiga es justo la nueva forma de funcionar el poder e intenta formular teóricamente una redefinición de las relaciones entre soberanía y territorio.
La estructura del Estado-nación existente hasta ahora, fundada en la conexión funcional de tres elementos -el orden jurídico del Estado, el territorio correspondiente y la pertenencia de los ciudadanos a cada nación-se encuentra en proceso de disolución.
A partir de la investigación de ese proceso, Agamben desarrolla un modelo de poder que busca unir tanto el modelo jurídico-institucional, es decir, una concepción de soberanía y Estado, como el modelo biopolítico de poder, es decir, de displinamiento de los cuerpos.
El estado de excepción, en cuanto dimensión jurídico-abstracta, necesita de un lugar en que concretarse: para Agamben ese lugar es el campo de concentración.
La suspensión del orden que se produce en el campo ha pasado, según él, de ser una medida provisional frente a la emergencia a convertirse en una técnica permanente de gobierno.
Sin embargo, resulta llamativo que en la concepción de Agamben no tenga ningún papel relevante el trabajo.
Precisamente la aplicación de los conceptos de homosacery de «estado de excepción» al fenómeno de la inmigración exige, sin embargo, reconocer los centros de internamiento, las legislaciones y políticas de excepcionalidad, la criminalización de la inmigración sin papeles, etc. como la otra cara de la nueva flexibilidad del capitalismo, es decir, como metáforas del control despótico sobre la movilidad de la fuerza de trabajo.
Los centros de internamiento son una pieza del sistema de explotación del capitalismo globalizado sobre los movimientos migratorios (Mezzadra, 2005).
La infraestratificación del mercado de trabajo por medio de los y las inmigrantes, sobre quienes recaen, gracias a las legislaciones y políticas de excepcionalidad, la máxima precarización y vulnerabilización como trabajadores y trabajadoras, es una estrategia de dominación que tiene que ver con el sistema productivo y la lucha de clases nunca del todo pacificada.
Es necesario, pues, prestar atención a nuevas luchas que protagonizan los inmigrantes, en primera línea por su legalización, luchas que ponen de manifiesto su resistencia y oposición a los esfuerzos de control de los Estados desarrollados.
En este sentido, la inmigración no es meramente un efecto funcional de los desequilibrios del mercado de trabajo en los países receptores, sino también un movimiento de sujetos sociales que el poder intenta controlar e integrar, pero que se resisten y luchan contra ese control.
La reconfiguración permanente y el desarrollo continuado de prácticas estatales de sometimiento, el compromiso que se restablece continuamente de manera cambiante con los subordinados, la formación de nuevas coaliciones, etc., ese movimiento se mantiene en su dinámica a partir de los movimientos de resistencia y lucha.
En este sentido dichos movimientos no existen sin las políticas de control, cuyo caso extremo es el campo de concentración convertido por Agamben en paradigma de la política moderna, pero las luchas de los «sin papeles» muestran la necesidad de ver las migraciones como un fenómeno en el que se actualizan las resistencias frente a la dominación.
Lo que interesa aquí es la cuestión de por qué los Estados de derecho modernos, que han ejercido un papel de referente modernizador bastante universal, se vinculan a la idea de nación y qué papel juega dicha idea en su constitución, y esto con vistas a clarificar el concepto de identidad moderna como «ciudadanía».
5 Que este ejercicio del poder esté regulado democráticamente no impide que se ejerza como poder que establece la línea divisoria entre dentro y fuera.
La diferencia entre demos y población, tan antigua como la misma democracia, permite utilizar la categoría del c/emos «para legitimarei hecho de que los que están dentro de él puedan obligar a los que están fuero que obedezcan sus leyes y decisiones» (Zapata, 2003,119).
6 Frecuentemente estos dilemas son articulados en la teoría política actual como dilema entre democracia y «multiculturalismos».
No puedo entrar aquí en el análisis y la crítica del proceso ideológico de «culturización» de la exclusión, tal como ha sido llevado a cabo por autores como Sartori (2002) o Azurmendi (2001;2003).
Evidentemente hablar de proceso «ideológico» no significa que la construcción social del «extraño» no sea un instrumento poderosísimo de discriminación social, económica y política, significa más bien que las diferencias étnico-culturales se reifican para explicar y, a fortiori, legitimar la discriminación.
Como Señala J. de Lucas, «la mayor parte de los conflictos que se presentan como identitarios pueden resolverse en conflictos de intereses acerca de la distribución de la riqueza y de la participación en el poder y de las condiciones para esa participación y distribución» (2001,99).
Sobre inmigración e interculturalidad han corrido ríos de tinta.
Para una aproximación comprensiva del tema ver Zapata-Barrero.
7 La distinción entre «ciudadanía formal» y «ciudadanía sustantiva» resulta fructífera para abordar los dilemas de la ciudadanía en el capital-parlamentarismo siempre que no se considere que ha existido en algún momento una plena identificación real entre las dos y que es la inmigración la que cuestiona dicha identificación al incorporar al territorio del Estado-nación poblaciones excluidas total o parcialmente de ambas, sea por la proliferación de estatus de pertenencia, sea por la dosificación de derechos relativa a dicha proliferación.
Como he intentado exponer en el primer apartado, la relación entre ciudadanía formal y ciudadanía sustantiva siempre a sido problemática y, para sectores importantes de población, ciertamente precaria.
En este sentido no sólo es importante qué derechos poseen los ciudadanos, sino cómo los poseen, es decir, de qué manera se hacen efectivos.
8 Como ha señalado Agamben, Europa ha conocido después de la I Guerra Mundial en diferentes Estados procesos más o menos masivos de desnaturalización o desnacionalización de sus propios ciudadanos, lo que muestra que el estatus de ciudadanía puede perderse (Agamben, 2001, 23).
Pero no hace falta la pérdida del estatus de ciudadanía para que se vea recortado de modo importante para partes significativas de la población el contenido del mismo, tal como muestra la evolución de las políticas redistributivas y sociales de los llamados Estados del Bienestar desde mediados de los años setenta del pasado siglo.
9 Hemos podido ver como se despoja a los residentes legales de derechos anteriormente concedidos (Reforma de la Asistencia Social en EEUU) o se alargan los períodos de residencia para tener acceso a los mismos (Australia) (Baubock, 2004, 181, nota 4).
Las últimas reformas legales en materia de extranjería en Austria, Alemania, España, etc. no caminan, como veremos, en la dirección de ampliar el espectro de derechos y de facilitar el acceso a los mismos, sino más bien en sentido contrario.
Esto pone de manifiesto que «la ampliación de la ciudadanía como dotación a los extranjeros no es un proceso lineal, y en algunos casos se ha retrocedido mucho» (Zincone, 2004, 243).
10 Esta ciudadanía se está construyendo de facto sobre la exclusión de la inmigración y la producción de una nueva clase de «metecos» (Silveira, 1998; J. de Lucas, 2001, Martínez de Pisón, 2003, 86ss).
11 La conexión entre integración de los inmigrantes y lucha contra la inmigración llamada ilegal está planteada desde el Plan Interministerial para Integración Social de los Inmigrantes elaborado por el Ministerio de Asuntos Sociales en 1994, plan que impulsó la creación del Foro para Integración Social de los Inmigrantes y el Observatorio Permanente de la Inmigración.
Como ha señalado Gil Araújo, es significativo que el Programa GRECO se presente como Programa de integración y que gran parte del documento se dedique a detallar las medidas para mejorar el control de las fronteras exteriores (Gil Araújo, 2002,171).
12 Los Estados desarrollados han llevado a cabo un conjunto de reformas legislativas presididas por lo que J. de Lucas ha llamado «lógica del regateo» y que afecta a todos los inmigrantes, estableciendo una verdadera carrera de obstáculos con amenaza permanente de recaída en la «ilegalidad», reduciendo las garantías y aumentando la discrecionalidad de la Administración, promoviendo legalmente la discriminación laboral y la vulnerabilidad de los inmigrantes, etc. (de Lucas, 2004a, 371) (Chueca Sancho, 2002, 259).
15 Frente a esta vinculación suficientemente documentada (cf. Abad Márquez, 2002), el discurso dominante sigue presentando la inmigración clandestina como un fenómeno cuyas causas son exteriores, ya sea la testaruda voluntad de los inmigrantes de penetrar ilegalmente en el territorio nacional, la pasividad de los países de origen, la actuación de las mafias o una combinación de todas ellas.
La única causa interior que parece reconocerse es una supuesta tolerancia frente a los inmigrantes llamados «ilegales», que se identifica como causa del «efecto llamada». |
RESUMEN El Tratado Constitucional europeo, en proceso de ratificación, ofrece un concepto de ciudadanía europea que frustra las expectativas de una vía de integración o acomodación política para los inmigrantes residentes.
A la luz del marco europeo y del debate doctrinal, se examina la propuesta de un modelo de ciudadanía inclusiva, plural y gradual, que comienza por la noción de vecindad, basada en la residencia estable, y se analizan las objeciones de quienes critican como un proceso de domesticación esas propuestas.
PALABRAS CLAVE UE, inmigración, ciudadanía, residencia.
Aunque poco a poco se va abriendo paso, e incluso existe ya una considerable bibliografía al respecto, a mi juicio resulta muy llamativo el casi inexistente debate europeo sobre la ciudadanía y los derechos políticos en relación con los inmigrantes.
Esta omisión es aún más sorprendente -y añadiría que grave-si tenemos en cuenta que nos encontramos en pleno proceso de ratificación del Tratado constitucional europeo, un proceso que va a afrontar enseguida el escollo del referéndum francés (previsto para junio de 2005), que hace imprevisible su resultado final.
Incluso es verosímil que en caso de verificarse lo que aventuran los actuales sondeos, es decir, un resultado negativo en Francia, tengamos que dejar de hablar de ese Tratado.
En todo caso, quizá convenga recordar algo que, pese a que actualmente constituye casi una obviedad, todavía estamos lejos de haber tomado en serio, al menos en el sentido de proporcionar respuestas legítimas y adecuadas.
Desde hace muchos años, al menos desde Dahl (mucho antes de Kymlicka, pues), se advierte cada vez más que el debate central sobre la democracia lo es sobre las condiciones y los retos de la democracia pluralista.
Creo que es imposible dejar de reconocer la aportación decisiva que ha supuesto a ese respecto la polémica en torno a las demandas de reconocimiento planteadas por los agentes de la «nueva» multiculturalidad y en particular, las propuestas de Charles Taylor''.
Pero la democracia multicultural no es una cuestión uniforme, porque no lo son tampoco las exigencias y los problemas que plantean los diferentes agentes de la condición multicultural, aunque haya algunos hilos conductores, como la aparente contradicción entre el proceso de globalización y el resurgimiento de las demandas identitarias, que suelen centrar las aportaciones más conocidas, como las de Habermas o Castells por mencionar dos nombres que no se sitúan en la misma línea de análisis^.
Parece claro que la dificultad más importante a la que deben hacer frente nuestras sociedades hoy, y que se incrementará en los próximos años, tanto en términos de legitimidad como de eficacia, es cómo gestionar su transformación en realidades multiculturales, respetando las exigencias de la legitimidad democrática y del Estado de Derecho, pero manteniendo los mínimos de cohesión y estabilidad sin los que corren el peligro de desaparecer.
Y esto es particularmente evidente si hablamos del proyecto europeo.
No me refiero sólo a cada uno de los Estados de la LIE.
Hablo de la UE como un proyecto político que arranca de una realidad social que es y va a ser cada vez más multicultural.
Todo ello nos exige ser capaces de reflexionar y proponer argumentos y medidas que permitan un modelo pluralista e inclusivo, o, dicho de otro modo, igualitario, en el orden jurídico y político, y al mismo tiempo, abierto a la inserción de nuevos sujetos de lo público, lo que comporta romper el postulado de homogeneidad cultural y social (que no económica, jurídica ni política), que es una condición no expresa pero constitutiva de nuestras democracias, incluso en los modelos aparentemente antagónicos de los EEUU y Francia.
Y así se explica, a mi juicio, la necesidad de superar el enfoque reductivo que todavía se mantiene en la UE a propósito de las políticas de inmigración.
Porque el desafío de la inmigración es mucho más importante que la dificultad de acomodar estadísticas y recursos en relación con las necesidades del mercado laboral, o las medidas a adoptar para mantener el standard de orden público.
Hay que mirar más allá y entender que los flujos migratorios son el catalizador que nos sitúa ante la necesidad de volver a pensar o radice nuestras respuestas a la construcción democrática del vínculo social y político, porque estas comportan hoy un déficit de inclusión y pluralidad en la medida en que institucionalizan la exclusión de los inmigrantes como sujetos del espacio público, su imposibilidad conceptual de llegar a ser ciudadanos.
Sostener lo anterior no significa ignorar el reconocimiento de una cuestión previa, la necesidad de evitar la identificación de este grado creciente de multiculturalidad exclusivamente con el incremento de los flujos migratorios.
Estos son sin duda el factor externo, alógeno, de la multiculturalidad, pero nuestras sociedades ya eran multiculturales por la presencia de factores propios, endógenos, de diversidad cultural: minorías lingüísticas, religiosas, nacionales, culturales.
Factores internos que, en la mayoría de los casos, no eran visibles porque nuestro modelo de gestión de la multiculturalidad constitutiva (el caso español es particularmente elocuente al respecto) ha consistido muy abrumadoramente en marginar, segregar, invisibilizar o expulsar, es decir, excluir, el reconocimiento de esa presencia en términos de igualdad.
Hasta ahora, hemos gestionado la multiculturalidad como un peligro para la cohesión social.
El problema es que intentemos mantener e incluso incrementar esa respuesta cuando -o más exactamente, precisamente por ello-el origen de la multiculturalidad es externo y por tanto la diferencia se hace más visible.
Es también en ese sentido en el que sostengo que nuestra respuesta a la inmigración es un test de cómo entendemos la gestión de la multiculturalidad.
O sea que, a mi entender, lo más urgente, en la Europa de los 25, y por supuesto en España, es definir otro modelo de gestión de la pluralidad ya existente y del incremento de pluralidad que se va a producir, porque el que tenemos no es aceptable.
Y el problema es que ni lo poco que existe en materia de políticas migratorias de la UE (ni lo mucho -pero aún peor-de políticas migratorias de sus Estados miembros, como en el caso español), ni el marco del que pretendemos dotarnos, el actual proyecto de Tratado constitucional de la UE ratificado por referéndum en nuestro país, son herramientas suficientes (diría incluso que no son adecuadas) para garantizar ese objetivo.
Probablemente el test del acceso de los inmigrantes a la ciudadanía es uno de los criterios más claros de ese déficit.
La omisión de la referencia a la ciudadanía en los discursos de política de inmigración en la UE
A mi juicio, lo más relevante de los discursos sobre política de inmigración en la UE, con algunas notables excepciones, desde luego (las recomendaciones de Tampere de octubre de 1999, algunas tomas de posición del Parlamento, de la Comisión y del CES), es la ausencia del término ciudadanía -de sus contenidos y exigencias-cuando los partidos políticos nos proponen modelos de políticas de inmigración.
Creo que esa omisión puede deberse a dos clases de planteamiento, que traducen por decirlo así dos tipos de omisión, que denominaré, respectivamente, ostentosa o desvergonzada y cínica o vergonzante:
La omisión ostentosa o desvergonzada, es la que se pretende justificada, aludiendo a la supuesta obviedad, a la existencia de un presupuesto indiscutible o, mejor, a un dogma, que excluye la cuestión de la ciudadanía de los discursos sobre políticas de inmigración: ese dogma asegura que si hablamos de inmigrantes no podemos emplear la cuestión de la ciudadanía, porque, por definición, no les corresponde al tratarse de extranjeros.
Por eso, la omisión no causa vergüenza alguna quienes la practican.
Esta omisión es criticable porque quienes la practican sostienen una concepción que se sostiene en dos errores, si no en dos prejuicios.
El primero, una tesis propia de la ignorancia, del atavismo característico de una cultura política anclada no ya en el XIX, sino en los albores de la Edad moderna, si no incluso en la antigüedad clásica.
Una concepción que parte de la identificación entre ciudadanía y nacionalidad, entre ciudadanía y Estado-nación o ciudad-Estado.
Una concepción que ignora, por supuesto, las consecuencias del proceso histórico de globalización que se incrementaron cualitativa y no sólo cuantitativamente con la aceleración de dicho proceso en el último tercio del siglo XX.
El segundo presupuesto, como el primero, constituye en realidad un prejuicio: se trata de la tesis según la cual las políticas de inmigración tienen como objetivo la gestión de los flujos migratorios para su adecuación a las necesidades del mercado de trabajo.
Leyes del mercado, no exigencias de la justicia ni respeto del Derecho.^
Por eso, la presencia de los inmigrantes que protagonizan los flujos debe ajustarse, según esta concepción, al modelo Gastorbeiter, ergo lo que se trata de construir, de ofrecer a los inmigrantes, es un contrato Jurídico y político, si se me permite la expresión, provisional.
Por eso, es completamente ridículo que quienes tienen esa concepción traten de hablar de integración, o de inserción o de acomodación, como sostiene mi colega Zapata^: para el caso es igual.
Por definición, no les interesa el proyecto migratorio, no lo tienen en cuenta, ergo no les interesa en realidad su integración con los proyectos de nuestras sociedades.
Aún más, no hablan en realidad de inmigrantes, sino, como ha mostrado Castles^, de otra cosa, del verdadero y buen inmigrante, una noción para la que el Derecho de inmigración que han creado, como he tratado de explicar en otros lugares, cumple una función decisiva, al construir el concepto normativo -jurídico-de inmigrante, que reduce la realidad del inmigrante a una categoría instrumental, el verdadero y buen inmigrante, que es y será, por definición (jurídico) extranjero.
Porque el verdadero y buen inmigrante es el trabajador extranjero extracomunitario que disciplinadamente viaja para cumplir una función y regresa a su lugar de origen sin dejar rastro, sin alterar la sociedad de destino y sin costes.
Al contrario, con beneficios para esa sociedad.
Por eso, este Derecho de inmigración, los instrumentos jurídicos de las políticas de inmigración que proponen (casi) todos los partidos políticos en nuestro país que comparten semejante concepción, tiene como función extranjerizara! inmigrante.
La tarea de ese Derecho es enviar a los ciudadanos (antes que a los inmigrantes) el mensaje inequívoco de que vienen extranjeros, pero no hay que preocuparse, porque el Derecho los mantendrá en su lugar, el de los no-ciudadanos, los que no pueden ser como nosotros.
Y el Derecho se encargará de marcar siempre las barreras, la diferencia, por ejemplo, señalando distintos derechos, distintos tipos de garantías de derechos.
Insisto: si son extranjeros, según esta concepción, no tiene ningún sentido plantearse el derecho a la ciudadanía.
Es el discurso que puede encontrase en calidad de parábola, en el film de R. Scott Blade Runner, basado en la novela de Ph K. Dick, según he tratado de mostrar en otro lugar (cfr.
La segunda posición es la que conduce a la omisión cínica o, como mínimo, vergonzante, la propia de quienes tratan de omitir cuidadosamente la cuestión de la ciudadanía porque, aun conscientes de que difícilmente se puede justificar en términos de igualdad y democracia, no es rentable electoralmente.
Esta es una concepción en el fondo cínica, porque sabe de los dos prejuicios a los que hemos aludido ya, pero renuncia a cambiar de paradigma (pido disculpas por la pretenciosa expresión) debido a consideraciones cortoplacistas que, en el colmo de los males, se asientan en prejuicios que los propios dirigentes políticos han contribuido decisivamente a crear, en un círculo vicioso o, más exactamente, infernal.
Quienes la sostienen alegan que la opinión pública tiene miedo de la invasión, de la amenaza que suponen los inmigrantes (en el clásico triple discurso de la inmigración como problema) para enviar el mensaje del prejuicio, el mensaje instrumental de la defensa frente a la amenaza.
Eso obliga a los partidos políticos (insisto: no sólo en sus mensajes en los medios de comunicación, especialmente en los períodos de contienda electoral^) un discurso sobre la inmigración que no sólo es reaccionario, sino incompatible con las exigencias del Estado de Derecho.
La estrategia de utilizar la inmigración como problema, obliga a la presentación de la inmigración en clave de política de orden público y seguridad y por eso los discursos sobre la inmigración se recrudecen en una espiral que parece no tocar fondo en buena parte de los Estados miembros de la Unión, y que, en el caso concreto de España, en el modelo de política de inmigración que sostiene el gobierno actual, evidencia no pocas contradicciones.
Debo advertir que esas contradicciones son a mi juicio positivas.
Porque, también a mi juicio, lo que resulta extraordinariamente peligroso es la coherencia en el monocorde discurso reaccionario que con pocas excepciones mantienen no pocas fuerzas políticas, y no sólo las de extrema derecha, sino las de derecha e incluso las que se reclaman de centro.
Para explicarme, les propongo que nos situemos en el contexto español del debate sobre el proceso extraordinario de normalización o regularización.
Fijémonos en dos ejemplos.
El primero, las muy conocidas declaraciones estivales de la Secretaria de Estado sobre las líneas básicas del nuevo reglamento que tenía que habilitar ese proceso.
El segundo, la resolución del 14 de abril de 2005 del Consejo de Empadronamiento sobre el procedimiento de empadronamiento por omisión''.
Y advierto que lo que me interesa en En el primero, y más allá de las consideraciones acerca de la imprudencia de la formulación, lo que interesa es el doble lenguaje.
Por una parte se dan noticias adelantadas acerca de ese proceso que se va a poner en marcha, como baza o incluso como prueba de la celeridad en desarrollar la acción de gobierno en temas importantes: nosotros vamos a dar solución a la cuestión de la inmigración, y además se va a hacer consensuadamente, de acuerdo con todos los agentes sociales y con los propios inmigrantes.
Imprudentemente, sin duda, se despiertan expectativas y se provoca una inquietud enorme, con el efecto rebote de la sensación de desinformación (porque no la puede haber) y los efectos pen/ersos de quienes tratan de aprovechar esta incertidumbre para chantajear a la parte más débil, los inmigrantes: desde despidos, a rebajas de sueldo o condiciones con la amenaza de no regularizar (habida cuenta de que la iniciativa corresponde al empresario), pasando por la aparición de mafias de abogados y gestores...
Casi de inmediato, y esta ha sido la ley de bronce de este proceso de normalización, el Gobierno se ve obligado a dar la de arena: anunciar con la mayor rotundidad que se va a ser exageradamente estricto en el cumplimiento de requisitos y plazos, con el estrambote increíble en personas de experiencia en gestión de inmigración de asegurar que a continuación se expulsará a todo el que no se haya regularizado...
La razón del doble lenguaje es la necesidad de no renunciar al discurso de la mano dura, del orden, de la seguridad a fin de que no lo pueda explotar el adversario político, el PP, que se lanza de inmediato a la descalificación apocalíptica del proceso.
Pero no renunciar a esa baza tiene un coste enorme: mantener el discurso que crea la inmigración como problema.
Contribuir institucionalmente a lo que algunos venimos llamando desde hace años xenofobia institucional.
El último informe del EUMC de abril de 2005 sobre la base de los informes de la red RAXEN, es concluyente sobre esos resultados, porque el Gobierno (a través de los media, pero también de sus propias iniciativas) tiene un extraordinario poder para emitir mensajes a la opinión pública, y parte de ese poder radica en las leyes y reglamentos, que son también mensajes.
El segundo ejemplo es el camino de la ida y vuelta en la exigencia del requisito de empadronamiento y que revela una difícil relación de asimetría (y de escasa coordinación y cooperación, males endémicos de nuestra política de inmigración) entre la administración general del Estado y la autonómica, y sobre todo las municipales (los Ayuntamientos), una relación que en las últimas semanas se ha asemejado a un juego de frontón, asimismo elocuente.
Baste pensar en el intento de desplazar la responsabilidad de la interpretación de la figura de empadronamiento por omisión a los Ayuntamientos, que ha propiciado una especie de guerra de guerrillas y desmentidos.
Y a los problemas que causa el hecho de que no son pocos los ayuntamientos que se han negado o han exagerado las trabas y dificultades para empadronar a cientos de extranjeros^.
Ya se sabe que el Derecho es muy sufrido.
Pero el episodio del empadronamiento por omisión, que ha permitido una instrucción de abril de 2005 en la que, resucitando una disposición de 1997, se utilizan de forma no suficientemente clara las nociones de empadronamiento y certificado de empadronamiento, es un reflejo de estas contradicciones, por parte de un Gobierno que constata que el proceso no va a alcanzar en términos numéricos los objetivos deseables e inicialmente proclamados (yo añadiré que, a mi juicio, positivos aunque insuficientes) pero que no puede públicamente abrir, porque no tiene la voluntad política de renunciar al doble discurso, al lado de la mano dura.
Y quiero señalar un último aspecto interesante en lo que se dice: la diferencia de discurso sobre la ciudadanía y los derechos de participación política, en toda Europa, cuando se habla en el ámbito estatal y cuando el discurso se hace en el ámbito local o municipal.
Eso, por seguir con nuestro país, explica también los matices que se pueden observar en los dos grandes partidos: por parte del PSC-PSOE (cuya posición evidentemente depende de otras consideraciones de política autonómica), y también en el caso del PSOE en institucionales que suponen el Plan vasco de inmigración y el borrador que se conoce del Plan Catalán de inmigración para la ciudadanía 3 Una ocasión perdida para un nuevo concepto de ciudadanía: el Tratado Constitucional de la UE (TCUE)
Vamos a lo que constituye el núcleo de mi contribución, o, al menos, lo que se esperaba de ella a tenor del título.
¿Se abre una nueva esperanza para los inmigrantes a propósito de las líneas maestras de política de inmigración propuestas en el TCUE?
En realidad, debiéramos apuntar más alto.
La cuestión no es si hay que abrir grietas -y de qué tamaño-por las que los inmigrantes puedan penetrar en el sancta sanctorum que sería la ciudadanía, privilegio^ exclusivo de los ciudadanos de los Estados nacionales europeos (y por extensión, de los ciudadanos europeos que lo son precisamente qua ciudadanos de esos estados, según el modelo de ciudadanía que establece el artículo 10 del TCUE).
No, la verdadera cuestión es mucho más importante y muestra, como decía, hasta qué punto la inmigración es una cuestión política radical, que nos afecta a todos, nacionales y extranjeros.
La cuestión es si la asimetría, las condiciones de discriminación y dominación que configuran el status jurídico que ofrecemos a los inmigrantes no exigen, de una vez, revisar nuestra respuesta sobre cómo formular el vínculo social y político, sobre nuestro modelo de soberanía y de ciudadanía, para acomodarlo a las exigencias de una gestión democrática de las sociedades multiculturales (que lo son también por la presencia estructural de los flujos migratorios), es decir, acorde con los principios del Estado de Derecho, de los derechos humanos.
¿Qué ciudadanía debemos ofrecernos a nosotros mismos y también a los inmigrantes?
Lo llamativo a ese respecto es que aunque nadie puede negar que los nuevos flujos migratorios -un rasgo estructural y definitorio de la sociedad internacional, conforme al modelo de globalización imperante-son uno de los factores decisivos de la nueva configuración de la Unión Europea, el TCUE, este super-Tratado entre Gobiernos que han dado en llamarse Constitución Europea, es un ejemplo de oportunidad perdida para dar esa respuesta adecuada a los desafíos que implica esa nueva realidad, las sociedades multiculturales que lo son por muchos factores, pero desde luego también por la presencia de la inmigración.
Mi respuesta es sencilla y contundente.
No. El TCUE se limita a profundizar en los dogmas (en los prejuicios) de nuestra mirada sobre la inmigración, que inspiran nuestra respuesta, nuestra mal llamada «política migratoria».
Unos dogmas que se resumen en la reducción de las migraciones a su dimensión económico-laboral, en una mirada instrumental, reductiva y egoísta, obsesionada por cómo obtener el máximo beneficio de este fenómeno que, a nuestro pesar, hemos acabado reconociendo como necesario, pero que nos negamos a considerar en su integridad, como fenómeno social global.
Una mirada que sólo quiere ver la llegada no de trabajadores, de mano de obra, y no de personas, de culturas.
Un prejuicio que quiere que el inmigrante sea sólo un trabajador extranjero invitado a realizar una función y a marcharse en cuanto haya cumplido con ella.
Y que produce una mal llamada política de inmigración, reducida a la función de policía de fronteras y de contabilidad estadística que permita esa fórmula mágica del número de inmigrantes estrictamente necesario y soportable que nadie sabe cómo diablos se puede establecer.
En todo caso, ampliada al ámbito de la seguridad internacional por mor de la paranoia que, tras el 11-S ve en cualquier inmigrante (no digamos si es árabe o parece musulmán) un terrorista en potencia.
Ese es el cóctel que resume nuestra política de inmigración: blindar los cauces por los que han de llegar provisionalmente los trabajadores extranjeros necesarios y luchar denodadamente contra el supuesto cáncer de la inmigración ¡legal.
Como nos resulta impensable que los inmigrantes puedan albergar la intención de quedarse (siquiera sea de forma estable, no definitiva), lo de la integración parece letra pequeña.
En ese sentido, el TCUE ni siquiera supone, a mi juicio, una recuperación de la breve inflexión que supuso en nuestra mirada sobre la inmigración las recomendaciones del Consejo Europeo de Tampere en octubre de 1999, que acertó a apuntar una nueva concepción de los flujos migratorios como un fenómeno estructural que debía gestionarse en clave de democracia, desarrollo y derechos humanos, conjugando la legitimidad que exige el respeto a los derechos universales en condiciones de igualdad, con la cooperación con los países de origen de los flujos migratorios para conseguir que avancen en desarrollo humano, en el estado de derecho y en la democracia.
Una apuesta que tendía hacia la prioridad de las políticas de integración, entendidas como procesos bidireccionales, que exigen negociación entre la sociedad de destino y los nei/i/comers (a los que nos negamos a considerar nuevos vecinos, porque no queremos que piensen en quedarse) y que significan sobre todo igualdad Lo cierto es que, aunque el Tratado de Amsterdam fijaba en mayo de 2004 la comunitarización de las políticas de inmigración, hoy, un año después, no tenemos más que algunos pocos elementos europeos de esa política y no precisamente de los más presentables.
Las últimas iniciativas de las instituciones europeas de carácter ejecutivo (Consejo, Comisión) reiteran la obsesión securitaria y el lenguaje de la inmigración como asunto de equilibrio de mercado laboral.
El Consejo Europeo de La Haya de noviembre de 2004, ya con el texto del TCUE en procedimiento de ratificación, ofrece una filosofía europea sobre política de inmigración aparece detallada en las 11 páginas correspondientes al punto 1 del apartado III, en el que el establecimiento de controles biométricos para inmigrantes recibe más atención que las cuestiones de integración''^.
Por su parte, la Comisión acaba de hacer balance insistiendo en el prejuicio: en el mes de enero de 2005 se presentó su Libro verde sobre la inmigración económica, en el que insiste en esa obsesión de que los buenos y verdaderos inmigrantes son sólo los trabajadores extranjeros necesarios en nuestras coyunturas de mercado y dispuestos a aceptar las condiciones que les imponemos.
Por eso sus prioridades son una vez más fijar los procedimientos para incentivar el reclutamiento en las condiciones más beneficiosas de los trabajadores que queremos recibir y en ese contexto se plantea si no habría que mejorar para esos trabajadores el régimen de reagrupamiento familiar: dicho de otra forma, obviamente, no considera la unidad familiar como un derecho, sino como una medida de política de gestión de flujos^^.
Con estos antecedentes se entiende que el TCUE no de mucho de sí.
Comenzando por lo que sabemos, el rechazo de los preciosos ridículos convencionales a la propuesta de ampliar la noción de ciudadanía europea, para incluir a quien tuviera la condición de residente estable, tal y como se lo pidieron el movimiento Appel pour la citoyenneté y el Manifiesto desde Madrid, de junio de 2004.
El artículo 1-10 es claro: «Toda persona que tenga la nacionalidad de un Estado miembro posee la ciudadanía de la Unión, que se añade a la ciudadanía nacional sin sustituirla».
Nada de abrir la noción de ciudadanía más allá de los nacionales.
Nada de ciudadanía plural e inclusiva.
Y eso pese a que el lema o divisa de la UE (artículo 1-8) se ligue a la valoración de la diversidad: unida en la diversidad.
Pero el TCUE lo tiene claro, cuando habla de diversidad cultural, lo que constituye un bien a promover es la diversidad cultural europea, la suya, no la de fuera: pues aunque el artículo 11-82 dice que la Unión «respetará la diversidad cultural y lingüística, en realidad el artículo 1-3.4 precisa: «la Unión respetará la riqueza de su diversidad cultural y lingüística».
Por cierto, ¿qué querrá decir eso de que la diversidad cultural sea europea? ¿acaso hay una diversidad cultural de la UE, otra de Europa, y otra ajena que nunca podrá llegar a ser europea? ¿qué noción de cultura, de procesos culturales, traduce esa propuesta?^^.
Los constituyentes (la Convención y luego la Conferencia intergubernamental) tienen una lógica hobbesiano-estatalista, para la que el ciudadano (y mucho es que no hablen de súbdito) sólo puede serlo si es nacional del Estado.
Y lo mismo sucede con la cultura: hay una cultura que es la nuestra, definida al parecer en términos esenciales, estáticos, cerrados, excluyentes.
Por tanto, nada de igualdad plena, ni siquiera para los ya mencionados residentes estables o permanentes (unos 20 millones, es decir, el séptimo país de la UE): por ejemplo, éstos podrán moverse libremente dentro del espacio de la UE, pero no elegir libremente su asentamiento profesional.
Tal parece que los derechos que reconocemos a quienes no son europeos de pata negra se los concedamos con la boca pequeña, como privilegio o acto de generosidad paternalista... la integración de los nacionales de terceros países que residan legalmente en su territorio, con exclusión de toda armonización de las disposiciones legales y reglamentarias de los Estados miembros» (Articulo III-267.4).
Lo que interesa es otra cosa: como hacer más eficaz la impermeabilidad de nuestras fronteras y de los mecanismos de tránsito de los inmigrantes deseables, y cómo conseguir que todo ello se traduzca en nuestro beneficio, con el menor coste^^.
Por no hablar de unas políticas de relación con los países de origen de los flujos que se proclaman regidas por principios de cooperación e incluso codesarrollo pero a duras penas esconden una óptica de asociación en las funciones policiales, desde una concepción geoestratégica -el papel de la UE en el mundo-que en este punto parece revelar una perspectiva neocolonial que vuelve a tratar de configurar a la UE como metrópoli de los pobres dependientes, ocultando mecanismos de dependencia que perpetúan, como ha explicado Saskia Sassen, la división entre centro y periferias y su relación con los propios flujos migratorios.
¿Ciudadanía o ciudananización de los inmigrantes?
Llegamos así a lo que importa de verdad, es decir, al proyecto de hacer accesible a los inmigrantes la ciudadanía.
Pero no todo es de color rosa en ese proyecto.
Algunos han señalado contradicciones que harían rechazable lo que denominan proyecto de «ciudadanización» de los inmigrantes.
Me refiero muy concretamente a la posición de Sandro Mezzadra y Saskia Sassen, dos ejemplos de lo que puede y debe ser la provocación intelectual, la imprescindible tarea de puesta en cuestión de lo que se nos presenta como obvio, ya se traten de los habituales dogmas del pensamiento único, como de los lugares comunes en los que se basa una buena parte del pensamiento políticamente correcto, y en particular de la biblia progresista.
En dos libros traducidos recientemente^"^ se aborda desde una perspectiva crítica el análisis de los modelos de políticas de migración, en el que se concentran importantes dosis de uno y otro tipo de argumentos que -extremase tangunt-tantas veces coinciden en un mismo resultado, la tranquilidad de las buenas conciencias y el mantenimiento del statu quo.
Mezzadra opta por cuestionar lo que sólo unos pocos se han atrevido a denunciar, con el coste casi inevitable de ser denunciados como irresponsables, ingenuos incurables o presas de una enfermedad infantil: el derecho de movilidad en serio, provocativamente planteado desde la fórmula «derecho de fuga» y muy lejos, obviamente, de la selectiva movilidad impuesta por el modelo de mercado global que mientras abate todas las frontera^ para el capital y las mercancías, se empeña en construir canales estrechos y muros de contención a los inmigrantes que son a la vez prófugos.
Este planteamiento es quizá lo más interesante del libro, pues rehuye los dos extremos habituales en el análisis crítico de los actuales flujos migratorios, el de idealización de los inmigrantes que llegan a ser presentados como el nuevo sujeto revolucionario universal, y el que los presenta como víctimas de la nueva fase de colonización emprendida por el capitalismo global.
Mezzadra sostiene una necesaria ambivalencia que le permite una aproximación realista y crítica, radical, ilustrada con un inteligente glosa de los trabajos que realizara un joven Max Weber (1891-1896) sobre la escasez de mano de obra en el campo, en Prusia, para la que parecía imponerse el recurso a trabajadores inmigrantes extranjeros -polacos-, un recurso tan viejo como el mundo que puede ilustrarse con la fgura de Ruth, el arquetipo femenino bíblico del Gastarbeiter En ellos, Weber explica la estructura dual del mercado de trabajo creado en torno a ese recurso de la migración y que explica con una metáfora que es un clásico en las ciencias sociales, la referencia a los «estómagos polacos» para explicar la lucha por la existencia entre dos tipos nacionales de trabajadores, que es el trasfondo del mensaje de la inmigración como competencia desleal en el mercado laboral, la idea del dumping SOQÌSÌ que, por otra parte, justifica también los procesos de deslocalización, a la búsqueda de la mano de obra menos costosa, fragmentando los procesos de producción y llevándolos a otros países.
La tesis más interesante para el debate sobre la ciudadanía, es la que, en línea con Sassen, trata de argumentar que el ideal del acceso o inclusión de los inmigrantes en la ciudadanía presenta no pocos riesgos, comenzando por el de romper el respeto a la autonomía del propio proyecto migratorio, que no pasa necesariamente por el establecimiento definitivo (e incluso ni aun estable) en el país del destino.
Mezzadra, como Sassen, trata de ir más allá de una lectura ingenua del mensaje progresista que se centra en la inevitable crítica sobre el vínculo entre nacionalidad y ciudadanía para construir una política de la ciudadanía que venza el lastre de la naturalización como rito obligado, pero no advierte el riesgo de que así se propicie lo que califica como un proyecto de ciudadanización que no puede no ser alienante, una forma más de domesticación^^.
Esta crítica sería complementaria de la denunciada por Sassen, quien, asimismo más allá de lo que hoy parece un lugar común en la izquierda (la defensa del voto municipal como
derecho de los inmigrantes residentes) advierte que antes de la cuestión de ciudadanía y residencia habría que plantear la crítica del discurso homogeneizante que pasa por alto cómo la política de inmigración y sus instrumentos (el derecho de inmigración) crean género, y refuerzan los mecanismos de discriminación, jerarquización y dominación que sufren las mujeres inmigrantes.
Porque en el núcleo de esa contrageografía de la globalización a la que se refiere, se encuentran no sólo nuevos territorios, sino sobre todo nuevos sujetos, nuevos agentes (no tan nuevos en realidad): en primer lugar, las mujeres, y ello explica la feminización creciente de la fuerza de trabajo y de la pobreza, presentes en los modelos de gestión de los flujos migratorios.
A mi juicio, no les falta razón si se examina la óptica paternalista, unilateral, que subyace a buena parte de las expresiones de ese proyecto europeo, incluso cuando se atreven a hablar de ciudadanía y derechos de participación.
Pero creo que no conviene generalizar.
Hay experiencias positivas, proyectos hacia una ciudadanía plural e inclusiva, ejemplos como el del actual borrador de Plan de ciudadanía e inmigración de la Generalitat de Catalunya y, sobre todo, algunas iniciativas municipales, que no merecen esa descalificación.
Por mi parte, he defendido reiteradamente la legitimidad de un proceso de acceso a la ciudadanía -a la integración cívica, que es política-que comienza en el ámbito municipal y que debe entenderse en términos de inclusión, pluralidad y gradualidad, como un derecho en todo caso, no como una obligación, pero ni mucho menos un privilegio ni una coartada para proletarizar y domesticar a esos sujetos.
Un proyecto que arranca de la noción de los vecinos, de los residentes, como ciudadanos de esas primeras comunidades políticas que son las ciudades, con todos los derechos y deberes de los demás vecinos, de los habitantes de las ciudades que llegaron antes que ellos y al ser nacionales del estado son notüro/mente ciudadanos.
Ese proyecto contribuye a revisar las condiciones de reconocimiento y garantía de los derechos políticos en lo que se refiere a esos new comers que son los inmigrantes.
Pensar de nuevo en los criterios para definir la pertenencia, el título de soberanía y de derechos.
Y eso significa volver a examinar nuestras respuestas acerca de los derechos de participación política.
Una parte importante de esa respuesta, a mi juicio, pasa por incentivar los instrumentos de asociacionismo de y por los inmigrantes.
En otros lugares me he ocupado de esa cuestión.
Se trata por lo demás de un argumento que cuenta con un considerable respaldo social y ciudadano, a través de movimientos e iniciativas de amplio espectro que coinciden en anclar el acceso a la ciudadanía en la residencia estable (desde tres años), en el ámbito local, es decir, ciudadanía como vecindad, con derechos políticos plenos en el ámbito municipal (lo que es algo más que el derecho a sufragio activo y pasivo, el derecho a voto), desde una concepción de la ciudadanía como ciudadanía multilateral (doble, y aún más, cuádruple ciudadanía) y además ciudadanía gradual: desde la vecindad al ámbito autonómico primero, y al estatal y europeo después.
Una concepción, además, que tiene apoyo en las recomendaciones de Tampere^^, y en algunos pocos instrumentos -casi todos no normativos-de política de inmigración de la Comisión^^, el Parlamento Europeo y el Comité Económico y SociaM^, un proyecto que trata de construir el proceso de ciudadanía cívica.
Esa ciudadanía cívica debe comenzar por el reconocimiento de que el residente (aunque sea sólo residente temporal y no definitivo o permanente) en la medida en que paga impuestos y contribuye con su trabajo y con sus impuestos, con su presencia como vecino y no sólo como trabajador a la construcción de la comunidad política, comenzando por la primera, la ciudad, tiene no sólo derechos civiles e incluso sociales, sino políticos: derecho a participar al menos en ese nivel.
El primer escalón de la ciudadanía cívica sería de nuevo el primer escalón de la idea europea, las ciudades, la comunidad política municipal.
A mi juicio, la vía más adecuada para alcanzar ese objetivo es combinar ese principio de integración política con los de ciudadanía multilateral y ciudadanía local.
A esos efectos, puede ser útil recuperar la noción de políticas de presencia, de participación en el espacio público, enunciada por Phillips, en relación con los grupos «desposeídos de poder», como propone Sassen^^, y en particular los inmigrantes, las mujeres.
En cierto que Sassen incluye en esa política de presencia dos objetivos diferentes, el de dar poder a los que están privados del acceso al poder y a la riqueza, y el de explicar la paradoja de la capacidad política creciente de grupos a los que se niega la titularidad de la ciudadanía.
Por eso recurre a la noción de presencia y a la de ciudadanía de facto para tratar de superar la nacionalización de la ciudadanía y su contaminación de género.
Más allá del interés de la propuesta específica de Sassen a propósito de la cuestión de género, me interesa señalar que sus sugerencias apuntan en la misma dirección que proponía.
Se trata de abrir esas áos jaulas de hierro que aprisionan la ciudadanía, la del vínculo nacionalidad-trabajo formal-ciudadanía, y la de ciudadanía-espacio público-género.
Se trata de crear nuevas formas de ciudadanía, plurales, multilaterales, y de carácter gradual, que conectan con la ciudadanía como «derecho a la ciudad», «derecho a la movilidad», «derecho a la presencia», sobre todo de quienes han sido arrinconados a los territorios donde oficialmente (al menos para quienes siguen sin entendera Foucault) no reside, no juega el poder, teniendo en cuenta que desde esos espacios, esos actores -las mujeres, los inmigrantes, sobre todo los sin papeles-están tejiendo una nueva política.
En cuanto a los principios de ciudadanía múltiple o multilateral y local, como concreción de la democracia inclusiva y plural, lo que propongo es aprovechar las tesis defendidas por Baubock o Rubio (y acogidas por Castles) a propósito de la ciudadanía transnacional^^, para definir la idea de ciudadanía o integración cívica antes enunciada.
Se trata de una ciudadanía entendida no sólo en su dimensión técnico formal, sino social, capaz de garantizar a todos los que residen establemente en un determinado territorio plenos derechos civiles, sociales y políticos.
La clave radica en evitar el anclaje de la ciudadanía en la nacionalidad (tanto por nacimiento como por naturalización), una identidad que pone de relieve la incapacidad de la propuesta liberal para superar las raíces etnoculturales del pretendido modelo republicano de ciudadanía.
La ciudadanía debe regresar a su raíz y asentarse en la condición de residencia.
Por eso la importancia de la vecindad, de la ciudadanía local, que por otra parte es la que nos permite entender más fácilmente cómo los inmigrantes comparten con nosotros -los ciudadanos de la ciudad, los vecinos-las tareas, las necesidades, los deberes y por tanto también los derechos propios de ésta.
La dificultad, como apunté más arriba, estriba en cómo hacer asequible esa condición de residente estable equiparada a la de ciudadano, y hemos discutir si debe tratarse de una condición que se adquiere simplemente tras un período consolidado de residencia (y en ese caso, la duración del mismo:
3, 5, o más años) o si hace falta además superar un test de adaptación o integración y de lealtad constitucional, tal y como, a la imagen de lo dispuesto en los EEUU se ha establecido en recientes reformas en algunos de los países de la UE (pruebas de lengua, de conocimiento de la Constitución).
Por mi parte, de acuerdo con Carens o Rubio Marín, entiendo que debe tratarse de un efecto automático derivado de la estabilidad de residencia.
Pese al carácter razonable de algunos de los requisitos enunciados, no puede ignorarse que todo lo que excede un principio simple, la libre aceptación del ordenamiento jurídico-constitucional, me parece que bordea peligrosamente un modelo de asimilación cultural como condición de la integración política.
Como hemos visto, la receta es muy simple: a los inmigrantes, como a los ciudadanos, lo que se les debe exigir es el respeto, o, mejor, el cumplimiento de la legalidad jurídico-constitucional (porque el término respeto y sobre todo otros equivalentes, cuando se utiliza la figura del «contrato cívico de adhesión de los inmigrantes», como ha propuesto en Francia Chirac, está preñado de subjetividad).
Pero eso no significa que ellos deban ofrecer un plus que no se exige a los ciudadanos.
¿Por qué deben demostrar que conocen la Constitución, y los ciudadanos no?
¿Acaso los ciudadanos portan consigo desde el nacimiento -antes-una carga genética relativa a la Constitución?
El modelo de gestión democrática de una sociedad plural como las nuestras, en la que los inmigrantes son un factor relevante y además representan aquello que genuinamente constituye el contrato democrático, pues nos han elegido como su sociedad de destino, no puede resistir por más tiempo esta exclusión institucionalizada en la que una parte de quienes están y contribuyen a la sociedad y a las cargas del Estado se ven privados de aquello que exige la democracia: el derecho, los derechos a intervenir y decidir sobre los criterios de gestión de la vida pública.
Esos son los derechos políticos, que van más allá del derecho al voto.
Y esos derechos -la ciudadanía-deben poder estar al alcance de quienes quieren formar parte de nuestra sociedad.
9 Hablo de privilegio en el mismo sentido en el que Ferrajoli (2000) sostiene que hoy la vieja noción de ciudadanía, la que critiqué antes como exponente de un prejuicio, ya no puede sostenerse como un derecho, sino que es contraria la la lógica de la extensión de los derechos, y por eso aparece como un privilegio.
10 Una nadería, comparada con los asuntos verdaderamente importantes como el establecimiento de la Agencia Europea para la gestión de la cooperación operativa de las fronteras exteriores el 1 de mayo de 2005; la creación de un Fondo para la gestión de las fronteras para finales de 2006 y de un fondo europeo de repatriación antes de 2007, y la designación de un representante especial para la política común de readmisión.
11 Basta con leer la directiva sobre reagrupamiento familiar para entender nuestra mentalidad: de acuerdo con esa norma europea, es posible que pasen tres años entre la solicitud de reagrupación y su resolución, se establece que las personas reagrupadas pueden pasar hasta cinco años en situación de dependientes de quien los reagrupa sin poder obtener su propio permiso de residencia (el viejo concepto del cabeza de familia, como único sujeto jurídico) e incluso contempla la posibilidad de limitar el derecho de reagrupación sólo para los hijos menores de 12 años.
Sobre ciudadanía multilateral y el acceso automático a la ciudadanía a partir de una residencia estable, sin exigencias de «integración» que considera etnoculturales, cfr.
Me parece más útil y viable en términos jurídicos y políticos su propuesta que la idea de ciudadanía posnacional basada en la universalidad de los derechos, tal y como la formulara Soysal, 1996.
21 Dejo de lado por razones de tiempo otro tipo de exigencias incluidas en esos contratos de adhesión que, como se ha hecho en Francia desde la iniciativa de Chirac y el gobierno Raffarin, parecen incluir también algunos requisitos sobre los que había que hablar más despacio, como el conocimiento de la lengua, o el de la cultura.
Son las que inspiran las reformas producidas en las legislaciones de buena parte de los países de la UE y de las que me he ocupado en otros trabajos. |
RESUMEN La política de inmigración de la Unión Europea, relativa al control y la gestión de los flujos migratorios, puede abordarse desde múltiples perspectivas.
De ellas tres me parecen especialmente interesantes.
En primer lugar la dimensión económica, que se asienta sobre la reducción del inmigrante a la figura de trabajador, atendiendo a las condiciones y protección del mercado comunitario de empleo.
En segundo lugar, la orientación defensiva que pone en evidencia la exigencia de blindar las fronteras ante la interpretación de la inmigración desde una visión de seguridad y orden público.
Por último, el enfoque social, que incide en la pretendida homogeneidad europea que se toma como referencia en la articulación de esta política y en la necesidad de integración de los inmigrantes.
Estas tres claves nos aportan aspectos esenciales para comprender, analizar y cuestionar la compleja realidad de las migraciones hacia Europa y el tratamiento político-jurídico de las mismas.
PALABRAS CLAVE Unión Europea, Política de Inmigración, Aspectos Económicos, Defensivos y Sociales.
1 Un breve repaso de la política de inmigración en la Unión Europea La cooperación entre distintos Estados europeos, a medidos de los años 80, surgida de la voluntad marcadamente economicista de crear un mercado interior común, en el seno de la entonces denominada Comunidad Económica Europea, pronto se relacionó con la necesidad de protección de las fronteras exteriores y los flujos migratorios.
Así en 1985 con la firma del acuerdo Schengen (en el marco del grupo TRE-VP) se afianzó la conexión entre inmigración y delito, la cual adquirió una especial relevancia con la firma del Convenio de aplicación de dicho acuerdo en 1990^.
El denominado espacio Schengen nació con un claro objetivo: la supresión física de las fronteras sin merma de la seguridad interna.
Para ello se tomaron diversas medidas tales como la modificación del sistema fronterizo (con la eliminación de fronteras hacia el interior y el mantenimiento de controles con terceros Estados no comunitarios), el tratamiento común a las personas que cruzan la frontera desde un tercer Estado, y el fortalecimiento de las medidas de seguridad con la coordinación de las administraciones encargadas del control fronterizo^.
En 1992 con la firma del Tratado de la Unión Europea en Maastricht se consagró la estructura de los tres pilares, considerando como ámbitos de interés común en el tercer pilar el asilo, el cruce de personas por las fronteras exteriores y las prácticas de controles, la política de inmigración y ciertos aspectos de la política relativa a los nacionales de terceros Estados^ El propio Tratado de la Unión preveía su reforma en 1996.
Así se llegó a la Conferencia Intergubernamental de dicho año y como fruto de la misma se adoptó el Tratado de Amsterdam de 2 de octubre de 1997, que constituye el verdadero punto de inflexión a partir del cual comienza a hablarse propiamente de política de inmigración europea.
El Tratado de Amsterdam que entró en vigor en 1999, contemplaba como objetivo de la Unión la creación de un espacio de libertad, seguridad y justicia, estableciendo una clara relación entre la libre circulación de personas y el control de los flujos migratorios, como forma de garantizar dicho espacio.
El acuerdo y el convenio de aplicación de Schengen, así como el resto de previsiones relativas al cruce de las fronteras exteriores y al acceso al territorio de Estados miembros de la Unión (con excepciones como la de Dinamarca, Irlanda e Inglaterra), se incluyeron en el Tratado de la Unión Europea, es decir, comenzó la comunitarización de la política de inmigración.
Este Tratado fijó un plazo de 5 años (hasta el 1 de mayo de 2004) para conseguir la plena comunitarización de dicha política.
A partir de este momento la creación del mencionado espacio de libertad, seguridad y justicia, y la cuestión de la inmigración ha sido un tema recurrente tanto en los distintos consejos europeos como en las comunicaciones, recomendaciones y directivas de la Unión^.
Tras la expiración de dicho término muchos de los objetivos quedan pendientes, aunque se han conseguido ya algunos logros^.
En todo caso, la comunitarización llevada a cabo por el Tratado de Amsterdam en relación a la política de inmigración puede calificarse como incompleta o híbrida, en la medida en que refuerza el papel de los Estados.
En la política de inmigración y respecto de la residencia, los Estados miembros no pueden verse limitados a mantener o introducir disposiciones nacionales, siempre que sean compatibles con el Tratado y los acuerdos internacionales.
Es decir, a través de los actos del Consejo de la Unión Europea no se podrá constreñir a los Estados en estas materias más de lo que lo hacen los tratados que en este aspecto pueden considerarse el límite máximo (La Calle 2002, 93).
En cualquier caso, conviene tener en cuenta como señala Sassen (2001, 75) que la inmigración cumple la doble característica de ser objeto central e instrumento en el contexto de la renacionalización del discurso político, y al mismo tiempo, objeto de las prácticas y políticas gubernamentales.
Por tanto, es un ámbito fundamental para analizar la relación entre la idea de soberanía como control sobre quienes entran y las limitaciones de los Estados para desarrollar una política sobre esta cuestión.
La inmigración es, en definitiva, una cuestión estratégica para desmontar las teorías sobre la soberanía.
El Tratado Constitucional de la Unión Europea, en su artículo 267, contempla la elaboración de una ley o ley marco europea para la regulación del control fronterizo, la expedición de visados, las condiciones de ingreso, estancia y expulsión, y la definición de los derechos y las medidas de integración de los nacionales de terceros países que residan legalmente en el espacio comunitario.
Un marco semejante se propone también en relación al asilo.
Esta ley es, de momento, un mero proyecto cuya concreción depende de múltiples factores.
Mientras tanto, de los distintos instrumentos destinados a marcar las directrices para la articulación de la política migratoria común, pueden extraerse una serie de pautas que interpretaré en tres claves: económica, defensiva y social, que nos aportan lo que hasta ahora han sido los principios inspiradores de la política y la normativa en materia de inmigración en la Unión Europea.
Por tanto, a pesar de los notables esfuerzos, y los indudables avances, para coordinar la política comunitaria europea^, mejorando los sistemas de información, vinculando las cuestiones relativas a las migraciones con la relaciones con terceros Estados, en especial con los de origen, etc., las directrices marcadas por la Unión en materia de inmigración surgen fuertemente condicionadas por la voluntad de los respectivos Estados^.
Es decir, los discursos y la prácticas sobre la inmigración en el espacio comunitario están atravesados por la propia estructura del Estado, por el pensamiento que en ella subyace, Una de las reducciones más evidentes y constantes en las medidas destinadas a gestionar la inmigración en el espacio europeo es aquella que circunscribe la figura de inmigrante a la de trabajador^.
Los movimientos migratorios hacia la Unión Europea tienden a limitarse atendiendo a la demanda de fuerza de trabajo, es decir, los nacionales de terceros Estados que deseen entrar en territorio comunitario legalmente, salvo circunstancias excepcionales (cada vez más acotadas y limitadas), y como inmigrantes económicos, verán reconducido su estatuto jurídico al trabajo que desempeñen.
Apenas se incide en las causas del proceso que han provocado la existencia de un importante número de personas dispuestas a emigrar, ni se actúa sobre los diversos mecanismos que generan puestos de trabajo disponibles para los inmigrantes, en el mercado legal o en la economía sumergida, a pesar de que se trata de aspectos conocidos y cuestionados, como si la inmigración fuera un tema independiente de estas cuestiónese^.
2.1 Preferencia comunitaria y protección del mercado labora!
En general, antes de que un nacional de un tercer país, pueda ser admitido en la Unión, los Estados han de demostrar la necesidad económica para que proceda legalmente dicha entrada, es decir, deben comprobar que nadie del mercado laboral interno puede ocupar el puesto en cuestión.
Esta es la base primordial para la articulación de los denominados contingentes o cuotas anuales^^.
El principio de control que inspira los contingentes implica, en la práctica, una lógica de gestión de los flujos migratorios en función de las necesidades básicamente laborales de cada momento, que no siempre es posible ni eficaz.
Obviamente, como punto de partida, la selección cuantitativa de los inmigrantes que pueden tener acceso a un país es discriminatoria cualquiera que sea el criterio que se aplique: a) En el caso de las cuotas por nacionalidad, nos encontramos ante una discriminación del inmigrante por razón de origen.
Esta opción además de crear desigualdades entre los propios extranjeros puede ser incluso contraproducente para los inmigrantes digamos elegidos s\ se relaciona directamente, con la firma de tratados bilaterales con los Estados de origen en cuestión, que aceptan condiciones de repatriación rápida a cambio de que se aumente la cuota reservada a sus nacionales en el contingente anuaM^.
b) En el caso de las cuotas por sectores de actividad, como es el caso de los contingentes españoles, estamos ante una discriminación en el acceso al empleo que condena a los inmigrantes a ocupar los sectores laborales desechados por la población autóctona.
Esta alternativa presupone un conocimiento exhaustivo de las necesidades del mercado de trabajo nacional y una programación a priori que muchas veces acaba teniendo importantes desajustes con las necesidades reales.
En ambos casos la concepción del inmigrante como trabajador, mano de obra barata, llamado a cubrir las necesidades laborales de la sociedad de acogida, está presente.
Esta prevención junto con la preferencia comunitaria^-^ entendida como prioridad de los nacionales, los comunitarios y no comunitarios residentes permanentes en un Estado miembro, frente a los nacionales de terceros países recién llegados, cierra el círculo que canaliza la ocupación de los inmigrantes económicos en los nichos laborales más precarios.
Estas políticas migratorias basadas en elecciones cuantitativas y selectivas en el intento de querer encerrar en categorías y cifras la realidad que regulan, se ven atrapadas en una inmensa burocracia de forma que la ilusión de conseguir el control cae en el cálculo arbitrario (Costa-Lascoux 1999, 50).
Por otra parte, se olvida a menudo desde las medidas puestas en marcha en los respectivos ámbitos nacionales de los Estados, los análisis que la Unión proporciona en cuanto al carácter económicamente positivo de la inmigración.
En este sentido el primer informe anual sobre migración e integración (COM, 2004, 508 final), señala el carácter optimista de la teoría económica en cuanto al impacto de la inmigración, puesto que la considera beneficiosa para el bienestar general.
Respondiendo a las críticas, enunciadas desde planteamientos como los de Sartori (2001,120-121), en virtud de las cuales los inmigrantes suponen una carga para el Estado de Bienestar^"^, generando unos costes no compensados por el pago de impuestos que realizan, el mencionado informe mantiene que la integración de los inmigrantes puede mejorar las finanzas públicas.
Los inmigrantes, respecto a las premisas del Estado de Bienestar que implican un núcleo estable de población que comparte interdependencias e intereses respecto a las generaciones pasadas y futuras, son vistos como un potencial peligro.
Su característica renta y movilidad, normalmente menor y mayor respectivamente que la de los autóctonos, conlleva una doble preocupación para la población nativa: por una parte, siendo personas en condiciones económicas más precarias tienen más posibilidades de acudir a las Como ya he señalado en otras ocasiones (Solanes 2003,128-131), las normativas de extranjería e inmigración fuertemente restrictivas en los sistemas de acceso y permanencia en el ámbito de la legalidad influyen directamente en la proliferación de inmigrantes en situación irregular, del mismo modo, que la subsistencia de la economía sumergida legalmente consentida es el verdadero efecto llamada que anima a nuevos extranjeros a emigrar hacia los Estados de la Unión.
Por tanto, no puede afirmarse categóricamente que los inmigrantes supongan, en líneas generales, un lastre económico para el Estado de Bienestar difícil de remontar, aunque pueda ser cierto, como desde la Unión se ha mantenido, que existe un aumento en la dependencia de bienestar especialmente entre los solicitantes de asilo a los que no se permite trabajar de ninguna manera o sólo de forma muy limitada''^.
Este tipo de afirmación, nos llevaría al análisis de una cuestión, la del asilo y el refugio, que escapa a este trabajo, pero que puede ser reconducida a la idea básica, en lo que ahora incumbe, de que los extranjeros que tienen vetado el acceso al mercado laboral (formal de empleo), pueden ser vistos como potenciales cargas para el sistema de bienestar.
Lo cierto es que éstos generan importantes ingresos en la economía sumergida, otra forma implícita de riqueza para los Estados, que no existe de forma gratuita o desinteresada.
2,2 La necesidad de nuevos esclavos
En la génesis de buena parte de los procesos extraordinarios de regularización que se han producido en los últimos años especialmente en los países de la Europa del Sur^^, encontramos, a mi juicio, un factor desencadenante, una causa común: la legislación represiva (Terray 1999, 21):
1 El primer requisito para que acabe siendo necesario adoptar una medida extraordinaria de regularización es fomentar la vulnerabilidad administrativa, lo cual se consigue rápidamente con una norma represiva que primero impida o restrinja la entrada en territorio nacional por la vía legal, y después dificulte la permanencia en esa legalidad de los que consiguieron salvar los primeros obstáculos en el momento de la entrada.
La fragilidad administrativa, fruto en buena medida del vínculo indisoluble entre autorización de trabajo y de residencia, convierte al inmigrante en el blanco perfecto de la explotación empresarial, del arrendador de su vivienda o de cualquiera que con él se relacione.
vulnerabilidad es otra de las \//rí¿/c/es que al Derecho corresponde.
De este modo se completa la jerarquía legal de la exclusión en la que el extranjero, por el mero hecho de serlo, ocupa un nivel inferior al ciudadano y a partir de ahí se sitúa en un lugar más o menos privilegiado en virtud de su situación administrativa.
2 Un segundo requisito, dentro del marco de la legislación represiva, contribuirá a hacer necesario un proceso de regularización extraordinaria: la aplicación selectiva de la ley.
Así, la norma al mismo tiempo que propicia la situación de vulnerabilidad de determinados colectivos de extranjeros, c/eòe permitir que los empresarios les empleen y cubran con ellos sus necesidades^^.
Como acertadamente señala Terray (1999, 23) sin legislación represiva no tiene sentido hablar de fragilidad administrativa que permita la explotación de los inmigrantes en situación irregular, pero sin aplicación débil de esta legislación, tampoco habría trabajadores que sufrieran esa explotación.
El hecho es que en las normativas de extranjería de los Estados de la Unión existen preceptos dedicados a la sanción de los empresarios que aprovechan la situación de necesidad de los inmigrantes, artículos que intentan restablecer la simetría entre los distintos sujetos a los que la ley se dirige.
El problema, como ocurre en el caso español, es que no se aplican de igual forma: por cada detención o sanción de un empresario por explotación de inmigrantes en situación irregular ¿cuántas expulsiones (de inmigrantes que trabajaban para él) se han producido sin que el empresario se haya visto afectado?.
En estos casos, no basta con señalar que existe una aplicación débil y modulada de la ley, sino que es necesario destacar que nos encontramos ante una tolerancia de hecho, en virtud de la cual, las sanciones a los empresarios son más bien excepcionales y no suelen afectar a los verdaderos responsables.
que las expulsiones en sí.
Parece evidente, por tanto, la necesidad de potenciar la estricta aplicación de la ley para quienes se benefician de la vulnerabilidad que ésta genera, y al mismo tiempo conseguir la flexibilización de las legislaciones de extranjería e inmigración para favorecer el acceso a la legalidad.
Este es un camino necesario para acabar con la proliferación de los nuevos esclavos.
De lo contrario, ante la falta de oportunidades legales para quienes tras haber tenido una autorización de residencia y trabajo por diversos motivos (como el transcurso de los plazos legales para solicitar la renovación o la imposibilidad de acreditar los medios de subsistencia en el momento que se les exige), se ven abocados a vivir al margen de la normativa, la única alternativa real y, por otra parte cotidianamente común, es la de obtener ingresos en el mercado informal de trabajo generando, al mismo tiempo, importantes beneficios en la economía sumergida (Ambrosini 1998(Ambrosini, 124-131 y 2001, 47-63), 47-63) que no revierten en los sujetos que los producen.
Los inmigrantes clandestinos o irregulares saben que su salario será inferior al de los extranjeros en situación regular y al de los nacionales, conocen también que deberán afrontar condiciones de vida y de trabajo muy duras, que en la practica les convertirá en auténticos esclavos.
La certeza de que serán empleados y pagados, pudiendo mandar remesas a sus familias, es la que les anima.
Una seguridad de empleo en la economía sumergida que se alimenta con la complicidad de la ley que no se decide a combatir la actuación ilegal de los empresarios, aunque se recoja en las normas, y que no ofrece ninguna salida a la explotación.
La perspectiva de una regularización se presenta, casi siempre, como una posibilidad lejana y, en todo caso, aleatoria y no el motivo principal que alimenta la partida del país de origen, (Terray 1999,33)^2.
La economía sumergida en la que se insertan los inmigrantes se sostiene con la complicidad, aunque sea implícita, de las instituciones desde el ámbito local hasta el nacional, olvidando que precisamente la represión de la misma es uno de los puntos focales de las políticas reguladoras de los flujos migratorios^l.
Así Sciortino (1997Sciortino (, 70 y 1999, 21-40), 21-40) llega a afirmar que los controles en las fronteras para evitar la entrada de clandestinos tienen menor importancia que las inspecciones en los lugares de trabajo y que las sanciones aplicables a los empresarios que infringen la ley, al explotar a inmigrantes en situación irregular, son más importantes Esta voluntad implícita de que exista un número de extranjeros al margen de la legalidad, coloca a los inmigrantes en una doble situación de la que es difícil salir sin alternativas legales:
1 Victimización, porque siendo la normativa vigente la que crea callejones sin salida que conducen a la clandestinidad y benefician a las redes mafiosas, o a la irregularidad sobrevenida, es el inmigrante el que una y otra vez se convierte en el destinatario último de la sanción desproporcionada respecto a la infracción cometida^3.
Más difícil es todavía la situación de los extranjeros para los que la legislación no contempla la posibilidad de que salgan de la situación de irregularidad en la que se encuentran, ni siquiera con procesos extraordinarios.
Me refiero a los extranjeros con orden de expulsión firme no ejecutada.
En casos como el español, es bastante frecuente que tras finalizar la tramitación del expediente de expulsión ésta, por distintos motivos materiales, de falta de presupuesto etc., no pueda llevarse a la práctica.
Con independencia de que en estos supuestos pueda dictarse la medida excepcional de internamiento en centros no penitenciarios como plantea Sagarra i Trias (2002,95), lo cierto es que el extranjero en tal situación, si no es expulsado o hasta que lo sea, permanece en España en un status de total precariedad, como la del resto de irregulares, agravada por la nula perspectiva de regularización.
Estos extranjeros mantienen buena parte de la economía que la política de inmigración implícitamente alimenta.
En cualquier caso, a pesar de su vital importancia, la perspectiva económica, debe tener también en cuenta otros factores fundamentales en el establecimiento de directrices en el ámbito comunitario.
Estrechamente relacionada con esta dimensión, especialmente en lo que a proliferación de inmigrantes en situación irregular se refiere, encontramos la segunda clave a tener en cuenta en la política migratoria de la Unión.
3A El control de las fronteras
La política de inmigración sigue caracterizándose por su aislamiento formal respecto a otros procesos de primer orden íntimamente ligados a ella, como si pudiera abordarse la cuestión de una forma cerrada y delimitada.
Sin embargo, la voluntad de los Estados de vigilar sus fronteras, y de permitir o negar la entrada en sus territorio, no garantiza que éstos sean islas que puedan actuar de forma independiente (Bosniak 1992, 745).
Aún siendo la concreción de las medidas de control interno una cuestión eminentemente nacional, que cada Estado concreta en sus respectivas legislaciones de extranjería e inmigración, aunque siga para ello pautas comunes europeas, es el control externo, en concreto el de las fronteras, una de las cuestiones básicas que preocupa a la Unión^^.
Puesto que las fronteras exteriores europeas son, obviamente, límites geográficos nacionales, el objetivo común de defensa depende, en buena medida, de la eficacia de los distintos Estados colindantes con países de potencial inmigración para blindar la entrada a territorio europeo.
Para ello existe un claro apoyo de los distintos miembros de la Unión.
Según el Plan para la gestión de las fronteras exteriores de los Estados miembros de la Unión^^, se pretende conseguir el desarrollo de una política común de gestión integrada de las fronteras exteriores y lograr un marco coherente para una acción común a medio y largo plazo.
Con esta finalidad se contempla la posibilidad de acudir al presupuesto comunitario, aunque los recursos económicos de los distintos Estados deben seguir siendo la fuente principal de las inversiones y los gastos previstos, especialmente en lo relativo a equipamientos y recursos humanos.
Entre las medidas que contempla dicho plan destaca la creación de redes de funcionarios de enlace de inmigración destinados en terceros países que son los encargados de establecer y mantener contactos con las autoridades de los países de origen con la finalidad de contribuir a la prevención y combate de la inmigración ilegal, a la repatriación de los inmigrantes ilegales^^ y a la gestión de la migración legal, tal como se recoge en el artículo primero del reglamento que ha creado dicha red de funcionarios^^.
Desde el 2002, los distintos Estados han aunado esfuerzos en la protección de las fronteras externas, en la lucha contra la inmigración ilegal, el contrabando y la trata de seres humanos, consiguiendo resultados como el establecimiento de centros especializados para el desarrollo de un curriculum de entrenamiento común, un modelo de análisis e investigación de riesgo integrado y un equipo de vigilancia compartido*^^.
Los instrumentos articulados desde el ámbito público a nivel europeo para proteger las fronteras, con sistemas de información y redes como el SIS, SIRENE y SISNET^^ se completan desde el sector privado con las medidas de control que se impone a los transportistas en relación a las personas transportadas.
La Directiva 2001/51/CE'^2 tiene por objeto perfeccionar el artículo 26 del Convenio de aplicación del Acuerdo de Schengen relativo a la responsabilidad del transportistas y concretar la aplicación de esta disposición como instrumento dentro del dispositivo global de control de los flujos migratorios y de lucha contra la inmigración clandestina, respetando las diferencias de los distintos ordenamientos jurídicos de cada Estado.
Las obligaciones que la Directiva contempla constituyen un catálogo de mínimos^-^, puesto que, no se coarta la libertad de los Estados para establecer obligaciones o sanciones adicionales para los transportistas, tal como ha hecho la legislación española.
La intención de control que la Directiva, y en aplicación de la misma las legislaciones nacionales, pretenden «traspasar» a los transportistas se concreta, básicamente, en una obligación de devolución.
El transportista debe devolver al lugar de procedencia a los nacionales de terceros países en tránsito cuando el que debía trasladarlo a su lugar de destino se negara a embarcarlo o cuando las autoridades del Estado de destino le hubieran denegado la entrada y lo hubieran devuelto al Estado miembro por el que ha transitado.
En caso de denegación de entrada al transportista le corresponde tanto encontrar los medios para la devolución inmediata, costeándola, como hacerse cargo de los costes de estancia y regreso cuando ésta no sea posible-^"^. a) Un coste político, porque los Estados no disponen de los medios para luchar radicalmente contra la inmigración clandestina, ni pueden llevar a la práctica las amenazas que anuncian sin poner en peligro sus relaciones diplomáticas con los países de los que proceden buena parte de los inmigrantes.
Además desde la perspectiva política la promesa (muchas veces electoral) de control de la inmigración posteriormente incumplida, crea importantes frustraciones entre la opinión pública que, tras comprobar b) Un coste económico, porque el mantener las fronteras cerradas supone un elevado gasto (en efectivos policiales o centros de retención) obteniendo resultados aleatorios que a veces son difíciles de compatibilizar con otras realidades económicas^'^.
c) A estos dos costes se une un tercero, el social, desde una doble perspectiva.
Para el inmigrante, que con el cierre progresivo de las fronteras ve comprometidos aspectos tan importantes como el de la integración, puesto que, indirectamente se recortan derechos que contribuirían a la misma, tales como la reagrupación familiar.
Por otra parte, también para la ciudadanía existe un elevado coste puesto que se la toma como estandarte para defenderse de la intromisión del otro, cerrando los cauces para el acceso a la nacionalidad, y haciendo de ésta una categoría exclusiva y excluyente que impide a los inmigrantes el pleno disfrute de derechos fundamentales en condiciones de igualdad^^.
Además el creciente papel de la opinión pública, a menudo asediada por noticias relativas a la inmigración, pocas veces neutras, y por las opiniones partidistas con fines electorales, hace que ésta se convierta en un «control del control» (Wihtol de Wenden 2000, 18).
Así los Estados escenifican un control que en buena medida acaba siendo simbólico, por imposibilidad material, y muestran una firmeza que cede ante las regularizaciones extraordinarias, las cuotas anunciadas y no cumplidas, o las admisiones selectivas de trabajadores cualificados.
Seguridad y Orden público
Desde la perspectiva defensiva otros dos argumentos son básicos para entender la pretendida política migratoria de la Unión: a) El discurso de la seguridad, que nos remite a la conexión entre inmigración y terrorismo como consecuencia del temor generado hacia cierto tipo de extranjero visto como potencial terrorista.
b) La lógica del orden público, que interrelaciona la inmigración con la criminalidad al asociarla, por una parte, a las mafias de tráfico de personas y, por otra, a los delitos cometidos por los inmigrantes en los países de acogida.
En efecto, los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 tuvieron en lo que a la política migratoria de la Unión Europea se refiere consecuencias sumamente negativas.
Tras el costoso consenso que se había alcanzado en la Unión respecto a la necesidad de una política de aceptación, incluso paulatina promoción, de la inmigración se pasó a otra basada en la seguridad, con mayor vigilancia e información y menor libertad (Izquierdo 2003, 14).
Todo ello supuso el consiguiente abandono de criterios considerados básicos en la dimensión internacional y la primacía del mencionado discurso de la seguridad entendido desde un modelo policial que contamina con su lógica de orden público todos los objetivos de la política de inmigración (De Lucas 2003 a, 24-25).
A pesar de la advertencia hecha por la Comisión, en relación a la necesidad de evitar que los efectos negativos del 11-S repercutieran sobre los inmigrantes, o en su caso sobre los refugiados o demandantes de asilo, lo cierto es que en la práctica esta salvaguarda no siempre se ha conseguido-^^.
Desde el Consejo de Laeken de 2001 ^^, en el que se incitaba a una mejor gestión del control de las fronteras exteriores de la Unión para contribuir a la lucha contra el terrorismo, las redes de inmigración clandestina y la trata de seres humanos; hasta el Consejo de Bruselas de 2004^^ en el que se adoptó la Declaración sobre la lucha contra el terrorismo, como consecuencia de los atentados del 11-M en España, no se ha dejado de insistir en el terrorismo como una cuestión vital a tener en cuenta e íntimamente conectada a la inmigración^^.
A partir del punto de inflexión marcado por estos acontecimiento ya históricos, cuestiones como la eficacia en el control policial de los flujos, la lucha contra la inmigración ilegal o la política común de repatriaciones, se han convertido en un eje fundamental de la política europea.
Esa obsesión sobre la seguridad ha provocado, y justificado, en distintos países de la Unión reformas en sus legislaciones de extranjería e inmigración que, como señala de Lucas (2003 a, 28) amenazan con favorecer la falacia de identidad entre flujos migratorios y riesgo terrorista, especialmente si se trata de inmigrantes procedentes de países árabes o islámicos.
Se justifica así la restricción o la flagrante vulneración de derechos fundamentales de los inmigrantes en aras de un bien común.
Ciertamente como mantiene Ignatieff (2005, 6) ante las emergencias terroristas se rompe la relación según la cual no es posible que haya democracia sin derechos y, al mismo tiempo, éstos no pueden estar garantizados sin aquella.
En dichas emergencias lo que hace que la seguridad parezca triunfar sobre la libertad (podríamos decir también sobre otro tipo de derechos) es la idea de que la libertad de la mayoría depende por completo de su seguridad.
En esta situación, si se entiende que los derechos son las conveniencias políticas que las mayorías establecen para su propia defensa, éstas tienen la potestad de recortarlos cuando la situación de necesidad lo requiera.
Así parece interpretarse de modo más evidente en la política seguida por la administración norteamericana pero también, de forma más encubierta, en al articulada desde la Unión con respecto a la inmigración.
Desde la defensa de la democracia basada en los derechos, podría argumentarse que éstos pierden su significado, tanto para los individuos que están en peligro cuanto para la mayoría si son revocables en situaciones de necesidad^^.
Hasta tal punto ha adquirido una especial relevancia la clave de seguridad y orden público en el ámbito comunitario que el Tratado Constitucional de la Unión Europea contempla la denominada cláusula de solidaridad contra el terrorismo (artículo 43)"^^.
La aplicación de dicha cláusula se concreta en el artículo 329 que, en opinión de algunos, permite realizar una interpretación extensiva (más allá del terrorismo, las catástrofes de carácter natural o humano) de las amenazas a las que se refiere el artículo 43 incluyendo, por ejemplo, los flujos migratorios.
Así podría entenderse que la obligación de actuación solidaria por parte de los distintos Estados de la Unión alcanza a la presión migratoria en sus fronteras.
Aunque desde determinados ámbitos se proponga esta interpretación extensiva, desde otros también se ha señalado el carácter impropio de esta analogía y su efecto estigmatizador, advirtiendo de las consecuencias perversas de la misma al reconducir el concepto de seguridad humana al de seguridad nacional, territorial o estatal, en un contexto distinto como es el de la Unión donde propiamente deberíamos referirnos al terrorismo internacional (Ramón 2005, 62-63).
Esta estrecha vinculación entre seguridad, terrorismo e inmigración presente en la política de la Unión, se completa, como advertía anteriormente, con otra muy semejante que asocia orden público, criminalidad y flujos migratorios.
La amenaza al orden público que la inmigración implica se percibe desde dos perspectivas:
1 Desde el punto de vista de la lucha contra la inmigración ilegal, traducida en formas de combatir el tráfico y la trata de seres humanos^^, es decir, en medidas para combatir la actuación de las mafias que encuentran en la precaria situación de los inmigrantes, impotentes ante las múltiples trabas para su entrada legal en países de la Unión, el caldo de cultivo idóneo para sus actividades.
Puesto que en la mayoría de casos estos hechos son constitutivos de delitos deberían perseguirse desde la perspectiva del derecho penal.
Sin embargo, en la práctica buena parte de las legislaciones de extranjería e inmigración de los países europeos contemplan supuestos relativos a la inmigración clandestina en los cuales al confundir la actuación de la red organizada con la actividad del inmigrante clandestino (víctima de la misma) es difícil delimitar, con claridad, la pertinencia de la sanción penal o la administrativa^^.
2 Desde la consideración de todo inmigrante como potencial delincuente.
Este argumento justifica el papel represivo de la legislación con medidas, en los distintos ordenamientos de los países de la Unión, que obligan al inmigrante a presentar sus antecedentes penales en cada trámite relativo a su residencia legal, a realizar personalmente determinadas gestiones, a someterse a continuos controles relativos al cambio de domicilio, nacionalidad o estado civil, a verificar sus medios de vida, las condiciones de su vivienda, etc.
La criminalización y etnización de determinadas actividades ilegales, junto con el recurso a las acciones represivas y penales y la hostilidad cada vez mayor respecto a la inmi-gración^^, amenazan con acabar produciendo en Europa una categoría de la criminalidad inmigrante y de origen extranjero (Palidda 1999, 36).
Si bien existen múltiples factores que deberíamos tener en cuenta para explicar esta aproximación entre inmigración y criminalidad, y su consiguiente reflejo en medidas represivas de los flujos en las legislaciones de los Estados europeos, hay un elemento, que algunos consideran básico, para justificar este discurso de orden público: si los extranjeros en el mercado de trabajo tienden a instalarse en los puestos inferiores, es decir, están predispuestos a ocupar la base de la pirámide legítima de la sociedad autóctona (trabajos peor remunerados, viviendas en inferiores condiciones, dificultades en el acceso a la sanidad y a la educación, formación precaria o inexistente, etc.), podría afirmarse que del mismo modo comienza también un proceso de reemplazo de los autóctonos por los inmigrantes en la base de la pirámide penal, en el ámbito de las actividades desviadas, especialmente en la delincuencia urbana (Palidda 1999, 38).
Aunque pudiera ser cierto que algunos extranjeros están especializados en determinados delitos, como se ha contrastado a través de informes^^, sustituyendo o complementando en esta campo a los autóctonos, ello no significa que todos los extranjeros en cuanto a inmigrantes lo estén.
Incurrir en esta reducción nos llevaría a la misma estigmatización, que señalábamos anteriormente, que reconduce a todos los inmigrantes a la categoría de potenciales terroristas.
Esta generalización, aún siendo inaceptable por los efectos perversos que puede producir, se encuentra en la base de la política migratoria de la Unión en la que tiende a obviarse que con relación a los inmigrantes irregulares una parte importante de los delitos que se les atribuye son «delitos de subsistencia», es decir, directamente vinculados con su situación de total precariedad (Wihtol de Wenden 2000, 69).
Un tercer aspecto relevante en la configuración de la política comunitaria de inmigración, es el sustrato social aparentemente homogéneo, aunque sería mejor decir homogeneizador, que se toma como referencia.
Esta política desde la perspectiva social viene marcada por el intento de proteger a los europeos frente a la invasión o a la posible desnaturalización consecuencia de la inmigración.
Así se considera que existe una homogeneidad cultural y social que en realidad ni siquiera puede encontrarse, en muchos casos, a nivel nacional.
Aunque se pretenda insistir en la identidad europea como una «identidad de identidades» plural e inclusiva, el proyecto homogeneizador en todos sus aspectos, económico, político y también cultural, sigue estando presente^^.
Como mantiene De Lucas (2003 b, 98-99 y 2005, 30-31) Europa existe puesto que tiene un territorio, una historia y una herencia, pero eso no significa que ese depósito nos permita hablar de identidad común.
Más bien en lo que respecta a la Unión parece que la política y el Derecho, aunque sea como resultado de la concepción de mercado, preceden a la historia y la cultura.
4.1 La pretendida homogeneidad europea 0 el alcance de la reiterada identidad europea parece obviarse.
Se toma como referencia la Unión de los europeos y se crea una categoría aglutinadora denominada ciudadanía europea, íntimamente ligada a la pertenencia a un Estado de la Unión.
Las exclusiones que se generan a partir de este punto son tan automáticas como las que se han producido tradicionalmente en el seno del Estado-nación^''.
El artículo 10 del Tratado Constitucional de la Unión Europea vincula la ciudadanía europea a la posesión de la nacionalidad de algunos de los Estados miembros y, a partir de ahí, el disfrute de derechos.
Por ejemplo, sólo los ciudadanos europeos tendrán derecho a la libertad de circulación.
Sin embargo, entre ellos también se sigue criterios de nacionalidad diferenciadores.
Para los ciudadanos de los antiguos Estados miembros no existen limitaciones.
En cambio, los que pertenezcan a los nuevos Estados adheridos a la Unión, pueden tener este derecho restringido por algunos años.
Para los extracomunitarios la libertad de circulación no se configura como un derecho sino más bien como una concesión a los residentes legales en el territorio de un Estado miembro (artículo 105, punto 2).
Por lo que se refiere a los ciudadanos de la Unión, en virtud del acuerdo de transición entre la Europa de los Quince y la Comisión Europea, países como Estonia, Letónia, Lituania, Hungría, Polonia, República Checa, Chipre, Malta, Eslovénia y Eslováquia, aunque sean oficialmente miembros de la Unión, tienen limitado, además de la libertad de circulación, el acceso al mercado de trabajo y al sistema de bienestar, de acuerdo con lo que establezcan las políticas estatales y los acuerdos bilaterales entre los antiguos y los nuevos miembros de la Unión.
Estas limitaciones se aplicarán sólo por un periodo transitorio atendiendo a los siguientes criterios (Tornos 2004, 244-245):
1 Tras las adhesión, durante los primeros años las antiguos miembros de la Unión pueden exigirles a los trabajadores de los nuevos Estados miembros los mismos permisos que hasta ese momento les estaban exigiendo.
Estas medidas afectan al trabajo por cuenta ajena, pero no a aquellos que deseen instalarse como autónomos, rentitas, estudiantes o familiares de los ya residentes.
2 En la aplicación de estas medidas se distinguen: a) Un primera fase de dos años: en la que se mantendrán las mismas restricciones hasta ahora aplicadas a la inmigración de trabajadores. b) Una segunda fase de tres años: en la que los antiguos Estados elegirán si mantienen la exigencia de permisos de trabajo o liberalizan la circulación de trabajadores.
c) Una tercera fase de dos años: en la que los mismos países aún podrán restringir la libertad de circulación si acreditan, ante los organismos de la Unión, que existen amenazas graves para el mercado de trabajo.
Transcurrido este período ya no se le podrá exigir un permiso o autorización de trabajo a ningún ciudadano de un nuevo Estado miembro.
La construcción de Europa, por tanto, además de ir unidad a la pertenencia a los países miembros, tiene en cuenta las exigencias e intereses de cada uno de los Estados, por ejemplo, en caso concretos como Alemania y Austria que exigieron las mencionadas restricciones como forma de proteger la apertura de sus fronteras hacia el Este^^.
Esa forma de pensamiento estatalista que se traslada a la Unión se refleja claramente en el Tratado Constitucional que, en opinión de algunos (Braidotti 2003, 70-71) representa una regresión respecto a los textos fundadores de la Unión en el período posteriora la Segunda Guerra Mundial, precisamente por esa sumisión a la voluntad de los países.
La lógica comunitaria respecto a los flujos migratorios, la voluntad aglutinadora de defensa frente al exterior, no es más que el reflejo de la lógica estatal.
Ambas comparten la misma representación y definición del inmigrante y de la inmigración (Gil Araújo 2005, 49) e idéntica primacía economicista.
A pesar de las notables diferencias internas entre los propios Estados miembros de la Unión, en la articulación de una política de inmigración europea se insiste en mantener la unidad interna para sustentar lo que Balibar (1999,108-109) ha denominado el «apartheid europeo»^-^.
Este término hace referencia a una pretendida identidad común, homogeneizadora, frente a la cual términos como inmigrantes, clandestinos, irregulares, extracomunitarios, se aunan en uno solo: los no europeos.
Para «los otros» muchos de sus derechos y libertades ya no irán unidos a la condición de persona, sino a la de trabajador, puesto que esta situación es la que facilita la residencia legal y de ahí el disfrute de algunos beneficios legales.
Todo ello combinado con la dinámica nacional de medidas parciales de integración para la inmigración legal y la insistencia comunitaria de que la integración debe ser un principio fundamental irrenunciable en
La integración «de» los inmigrantes
Desde que la COM (2000) 757 configurara la integración como «un proceso bidireccional basado en derechos mutuos y obligaciones correspondientes a los ciudadanos de terceros países en situación legal y de la sociedad de acogida, que permite la plena participación de los inmigrantes», las Comunicaciones posteriores, al menos en su formulación teórica, no se han apartado de esta consideración bipolar.
Sin embargo, en la práctica la mayoría de medidas en los distintos Estados de la Unión tendentes a la consecución de la integración se han articulado concibiéndola como un proceso unilateral en el que es el inmigrante el que debe integrarse en la sociedad de acogida.
En realidad, las directrices europeas distan de las políticas estatales al señalar que la integración debe concebirse desde una perspectiva multidimensional u holística en la que intervienen distintos elementos y agentes (COM 2003, 336)54.
cas al mismo puedan seguir manteniéndose.
Más bien al contrario, como sostiene la COM ( 2003) 336 «desde el punto de vista de la integración, es obvio que el derecho de voto local no debería derivarse de la nacionalidad sino de la residencia permanente»^^.
2 Agentes: aunque corresponde a los Estados asumir la iniciativa en la puesta en marcha de una política de integración multidimensional, la condición fundamental para aplicar de modo adecuado este planteamiento es, por una parte, mejorar la coherencia entre las políticas de inmigración, integración y empleo a todos los niveles y en el conjunto de las disciplinas; y, por otra parte, incluir a los interlocutores sociales, al sector de la investigación, a los proveedores de servicios públicos, a las ONGs y otros agentes de la sociedad civil, entre quienes necesariamente se encuentran los inmigrantes^^.
La puesta en marcha de este tipo de política exige actuaciones en un doble nivel: a) En los países de origen, cuya colaboración resulta vital en la definición de la situación en la que se encontraran sus nacionales que residan en otro Estado.
La participación política de los extranjeros inmigrantes aparece como tercer aspecto decisivo de las políticas de integración.
Sin entrar en el arduo debate de la relación entre ciudadanía y nacionalidad^^, a la que ya me he referido anteriormente, es necesario dejar constancia de la estrecha conexión que desde la Unión Europea se ha mantenido entre ciudadanía cívica (como forma de participación) e integración^^.
Con la evidencia de que los países que han optado por conceder el voto a los residentes extranjeros, comenzando por las elecciones municipales, no han sufrido ninguna desestabilización en la política local^^, sino que han permitido que emergieran élites ciudadanas incluso, como señala Wihtol de Wenden (2003, 257), en un cantidad más significativa que en el modelo meritocratico, no parece que las críti-b) En los países de acogida, potenciando la acción de la sociedad civil en la integración de los inmigrantes.
Los interlocutores sociales, en general a nivel nacional pero de modo muy significativo en el ámbito local, desempeñan un papel fundamental en la representación de los inmigrantes, que garantiza la cooperación y comprensión entre los proveedores de servicios y sus usuarios.
Estos agentes deben asumir un papel relevante en la integración cotidiana de los inmigrantes, potenciando el diálogo para definir y llevar a la práctica las políticas, pero no son los únicos implicados^O.
Los propios inmigrantes constituyen otro de los agentes.
Aunque pueda resultar una obviedad el mantener que los inmigrantes deben participar en la integración del colectivo al que pertenecen, parece que la práctica demuestra que no es así, sobre todo si se tiene en cuenta que dicha participación exige una concreción político-jurídica en forma de derechos, en una línea semejante a la política de la presencia propuesta por Phillips (1995Phillips ( y 1999, 235-256), 235-256).
el primer informe anual sobre migración e integración^^ ofrece un panorama que dista mucho del modelo teórico.
Como el propio informe reconoce al analizar las tendencias en las políticas nacionales de integración, la mayor barrera para la misma es la imposibilidad de acceder al empleo.
Dicha dificultad debería constituir la prioridad de las políticas nacionales de integración, lo cual, como se evidencia en los anexos relativos a distintos países no está ocurriendo.
En realidad, lo que el informe señala como progresos hacia una política de inmigración común, desde su perspectiva jurídica, se reduce a Directivas^^ que contemplan un Derecho de mínimos para no obligar a los Estados a realizar importantes modificaciones en sus legislaciones internas a la hora de realizar la transposición.
Aunque se constatan las dificultades de los extranjeros por motivo de nacionalidad a la hora de acceder al empleo, manifestando así las evidentes condiciones de desigualdad en la que éstos se encuentran en el reconocimiento y disfrute de sus derechos, no se propone ninguna alternativa, propuesta o sugerencia de actuación para los países miembros.
La integración es, por tanto, una especie de «principio expectante» en su aplicación práctica, sistemáticamente reiterado, con pocas medidas estatales o europeas para llevarlo definitivamente a la práctica.
Ante la evidente falta de consenso para articular medidas comunitarias de integración de los inmigrantes, puesto que como constata el informe sólo existen algunos puntos nacionales de contacto, parece que la tendencia general en el futuro de la normativas comunitarias en materia de integración será la armonización a la baja (Gil Araújo 2001y 2005, 47), tal como ha ocurrido hasta ahora^-^j puesto que la estrategia de empleo, la clave económica a la que antes aludía, sigue siendo prioritaria.
En este sentido resulta sumamente significativa la previsión que contempla el Tratado Constitucional de la Unión Europea al referirse en su capítulo IV a la ya mencionada ley o ley marco europea que se ocupará de cuestiones relacionadas con la inmigración.
En lo relativo a la integración el artículo 267, en su punto 4, mantiene que dicha ley podrá establecer medidas encaminadas a fomentar y apoyar la acción de los países miembros destinadas a favorecer la integración de los nacionales de terceros países residentes legales «con exclusión de toda armonización de las disposiciones legales y reglamentarias de los estados miembros».
Recapitulación: cuestiones para el debate
De lo expuesto hasta aquí podemos sintetizar algunos aspectos de especial relevancia en la política de inmigración de la Unión que muestran sus flagrantes contradicciones internas y cuyo enfoque no es, ni mucho menos, una cuestión cerrada:
A Desde la perspectiva económica, la Unión apuesta por la defensa del mercado comunitario priorizando la ocupación laboral de los ciudadanos de la Unión y en su caso, de los ya residentes, condicionando las nuevas entradas a la existencia de vacantes formales y sin atajar los mecanismos que hacen que proliferen los nuevos esclavos.
En general, el trabajo legal no es atractivo para los inmigrantes por la escasa demanda de mano de obra poco cualificada.
Es decir, por la falta de adecuación entre las cuotas y la demanda laboral real.
En su lugar el mercado ilegal es el principal factor de atracción de los extranjeros extracomunitarios, coincidiendo en muchas ocasiones los sectores (agricultura, hostelería, construcción o servicios), de uno y otro ámbito, pero no las condiciones.
De esta forma la economía sumergida y la inmigración se retroalimentan.
Los Estados al mismo tiempo que mantienen una política formal de inmigración restrictiva, intentan a través de instrumentos como los contingentes o los contratos de temporada responder a las necesidades laborales] consintiendo el trabajo clandestino.
B En cuanto al discurso defensivo, los distintos países de la Unión limitan la inmigración extracomunitaria por distintos temores de seguridad y orden público, siendo la experiencia de un país en el control de la inmigración considerada como fundamental para su eficiencia.
A pesar de ello, los esfuerzos por controlar las entradas, como los destinados a proteger el mercado de trabajo, han sido en gran medida infructuosos y han obligado a los distintos países a acudir a amnistías generales.
Tampoco las formas de control de la inmigración en los países de origen, que debería reducir los incentivos para emigrar, han conseguido los resultados esperados.
Todo ello combinado con una fuerte politización del control de la inmigración.
Así diversos partidos, en distintos Estados, han incluido en sus campañas propuestas para La dinámica de la seguridad ha impuesto una mayor selección de los admitidos en los Estado de la Unión, haciendo ceder derechos que parecían consagrados y poniendo en tela de juicio algunos de los pilares de nuestras democracias.
C. En el ámbito social la miopía esgrimida en aras del discurso homogeneizador ha pretendido soslayar las cuestiones identitarias, incidiendo en otras como la ciudadanía europea que trasladan al ámbito comunitario la dualización y exclusión propia de una categoría heredada del más estricto discurso del Estado-nación, que perjudica la integración de los inmigrantes extracomunitarios.
La parquedad a la hora de proponer medidas integradoras y la nula voluntad europea de incidir en las decisiones estatales que sobre esta cuestión se adopten, deja al libre albedrío de los respectivos gobiernos una de las cuestiones fundamentales en la gestión de la inmigración.
La aparente concepción graciable de elementos imprescindibles para conseguir la integración la acerca más a una recompensa por la capacidad del extranjero de adaptarse a las imposiciones estatales, que al proceso bidireccional que la Unión mantiene que debería ser.
Hasta ahora, siguen habiendo Estados, como el español, que se niegan a concebir la integración en forma de derechos y continúan limitando el pleno disfrute de los derechos sociales o vetando el acceso a los políticos, incluso en su expresión más básica, como si aquella fuera posible sin éstos.
Por tanto, teniendo presente que, para no exacerbar las voluntades estatales, la paulatina armonización de las políticas nacionales de inmigración y la construcción de una comunitaria se propone a la baja y, en todo caso, en el marco de una «convergencia condicionada» (Brochmann 1999, 334), no está de más recordar la necesidad de hacer frente a las mencionadas paradojas desde otra voluntad que no sea la mera creación del ejercito industrial de reserva del que hablaba Marx.
Así pues, un largo, y nada fácil, camino le queda por recorrer a esa pretendida ley marco europea si quiere dotar de coherencia, sentido y sobre todo eficiencia y eficacia, la política de inmigración europea.
Como señala Brochmann (1999, 310-311) el acuerdo de Schengen fue la base para la política de inmigración europea, ya que, todos los países participantes en él deseaban reducir la tasa de inmigración ilegal, punto básico en dicha política.
Blade (2003) Los Estados se niegan a renunciar a su soberanía en esta materia, con las consiguientes implicaciones Cfr.
Aunque se pretende aunar voluntades la filosofía de los distintos Estados en materia migratoria no siempre es coincidente.
Según Tandonnet (2001, 160-171), sin contar las últimas incorporaciones, podríamos clasificar las distintas concepciones de los Estados de la Unión en: 1) los «continentales», como Alemania, Austria, los Países Bajos o Bélgica, con un número importante de demandantes de asilo que apuestan por una política de solidaridad europea en materia de asilo e inmigración (como veremos más adelante a propósito del Tratado Constitucional de la Unión Europea); 2) los «atlánticos», como Franda, Reino Unido e Irlanda, fuertemente influidos por su historia colonial; 3) los «generosos» entre ellos los países escandinavos, con una tradición de respeto al derecho de asilo y de puesta en marcha de mecanismos de integración; 4) los «positivos», como Italia, Grecia, España y Portugal, que se encuentran entre los nuevos países de inmigración.
9 Obviamente ésta no es al única forma de entrar en un Estado de la Unión, además de la inmigración laboral existen, al menos, otras tres «puertas de entrada»: la reagrupación familiar, el asilo (cada vez más limitado) y la inmigración irregular (Tandonnet 2001, 23-49).
10 Como señala Sassen (2001, 95), la política migratoria, en los países más desarrollados, está reñida con otras estructuras de primer orden en el sistema internacional.
Así mientras se pretenden blindar las fronteras para impedir la entrada de inmigrantes y refugiados, se propende crear espacios económicos sin fronteras.
Parece que por una parte discurren los flujos de capital y de información, y por otra los movimientos de personas, la inmigración.
Para un perspectiva comparada Rotte and Stein (2002).
21 La inexplicable ausencia de suficientes inspecciones de trabajo que acaben con la explotación de los inmigrantes irregulares alimenta el que los empresarios se animen a aprovecharse de ellos.
Es como si existiera una indulgencia global de la Administración y la justicia de la que se benefician los empresarios transgrediendo sin problemas las disposiciones del derecho laboral relativas a la protección de los trabajadores (Terray 1999, 25).
No puede olvidarse que también cuando los empresarios desean emplear a extranjeros en situación regular o colaborar en la regularización de inmigrantes ofreciéndoles la oferta de empleo que éstos necesitan, existen tantas trabas burocráticas que la contratación legal acaba llegando demasiado tarde.
22 Sobre la situación de los extranjeros en situación irregular en distintos Estados de la Unión vid. Gibney (2000) y Wihtol de Wenden and Mohsen-Finan (2001).
23 Así lo expone Terray (1999, 28-29) http://arbor.revistas.csic.es de un máximo no inferior a 5.000 euros, o un importe máximo de la sanción aplicada a tanto alzado a cada infracción no inferior a 500.000 euros (con independencia del número de personas transportadas), a un mínimo no inferior a 3.000 euros.
Estas sanciones constituyen sólo un punto de referencia, ya que, la Directiva deja la posibilidad a cada uno de los Estados de concretar otras como la inmovilización, incautación y decomiso del medio de transporte, o la suspensión provisional o retirada de la autorización de explotación.
Los transportistas tienen reconocidos los derechos de defensa y de recurso en función de los ordenamientos de cada uno de los Estados, lo que significa que la garantía y efectividad de los mismos quedan circunscritas a las legislaciones nacionales.
48 Esta hostilidad se pone de manifiesto incluso en el tratamiento jurídico diferenciado que reciben los extranjeros en las cárceles, el caso de España es un buen ejemplo (García España 2003, 43-64).
49 Vid., por ejemplo, en relación a España, Italia y Francia, el informe de investigación: criminalidad e inmigración, en el que se señala que el fenómeno de la especialización étnica criminal es una característica común en los tres casos nacionales (Omicron 2001,6).
51 No pretendo en este punto abordar la controvertida cuestión de la identidad europea ni tampoco la de la ciudadanía de la Unión, por una parte porque no siendo el if^-f-^^l objeto de mi análisis desbordaría las posibilidades de este trabajo y, por otra, porque existen interesantes aportaciones que ofrecen una indudable claridad a la cuestión vid, por ejemplo, Wihtol de Wenden (1999 a); Balibar (2003); Todorov (2003) (2004).
Al mismo tiempo se multiplican los esquemas migratorios de forma que es difícil captar las perspectivas migratorias en Europa vid. Martiniello (2003, 20-31).
53 El Tratado de Maastricht prevé la atribución de la ciudadanía europea, y con ella el derecho al voto local en los países de residencia y el de petición o recurso ante los tribunales europeos, sólo para los nacionales de los estados miembros.
Los trece millones de nacionales de terceros países instalados en suelo europeo, que son indispensables para el bienestar de Europa, se convierten en ciudadanos de segunda o residentes sometidos al servicio de los europeos de pleno derecho, aunque sean residentes de larga duración o permanentes (Balibar 2003, 88).
54 COM (2003) puntualización que hace Baubõck a propósito de la cuestión sobre si la igualdad de derechos de ciudadanía implica o no igualdad de obligaciones.
Según el mencionado autor la respuesta debe ser negativa, puesto que, «las desigualdades de derechos y las desigualdades de obligaciones necesitan ser justificadas independientemente, cada uno respecto a las capacidades específicas, recursos, necesidades y compromisos que están en juego en la distribución de bienes sociales particulares» (Baubõck 2004, 199). deWenden(1999b,121-156). |
RESUMEN Estamos viviendo un Tiempo Histórico caracterizado por las migraciones internacionales.
Siguiendo el enfoque de cambio de paradigma de la modernidad como enfoque para la interpretación (1), destaco los tres principales indicadores de multiculturalidad en España: uso de argumentos populistas por parte de partidos políticos tradicionales, vínculo entre dos procesos de multiculturalidad: la multinacionalidad y la inmigración, secularismo o la gestión del pluralismo religioso (2).
Mi propósito final (3) es destacar cómo este debate nos ayuda también a identificar una nueva fractura dentro de la LIE entre una política más abierta (innovación) y más cerrada (tradición) de inmigración.
PALABRAS CLAVE Multiculturalidad, ciudadanía, Unión Europa, inmigración, proceso de cambio, innovación, tradición.
1 Proceso de cambio de paradigma de la modernidad: rediscutiendo el principio del nacimiento Estamos viviendo un Tiempo Histórico caracterizado por las migraciones internacionales.
En este caso, la forma moderna de gestionar la inmigración tiene muchas similitudes a un proceso de cambio de paradigma basado en el vínculo sagrado o la Santísima Trinidad áé Estado/Nación/Ciudadanía.
Como en la época de B. Constant, debemos, pues, poner al menos el mismo signo de interrogación a nacionalidad igual que antes lo pusimos a la pertenencia a la aristocracia.
Hoy en día el «mito de la sangre azul» se llama «ser francés de souche)), «ser español de origen», «ser X de nacimiento».
Este es un signo de la Edad Media actual, cuando percibimos nuestra sociedad democrática históricamente.
Todos estos argumentos muestran que discutir sobre fenómenos ligados a la multiculturalidad y a la ciudadanía tiene un carácter «revolucionario» indudable, de proceso de cambio de paradigma.
Si con el paso de la época medieval a la época moderna, uno de los mayores logros de nuestro tiempo histórico fue que el nacimiento dejara de ser el fundamento y criterio explicativo básico de las desigualdades (entendiendo por nacimiento no sólo el hecho físico de nacer, sino el hecho de poseer características físicas, culturales o simplemente del carácter que no dependen de mi voluntad), la situación que viven los inmigrantes significa un retorno a la edad media.
Es como volver a ojear nuestros libros de historia, pero a través de las noticias de los telediarios y las portadas de los diarios.
El principio del nacimiento vuelve a tener un significado social sin precedentes, traducible en tener o no derechos, en poder tener o no una identidad pública, en poder tener o no oportunidades de ascenso social, en poder beneficiarse o no de todos los e la democracia y del liberalismo (R. Zapata-Barrero, 2004).
En este marco, el vínculo entre ciudadanía y nacionalidad constituye la principal unidad de análisis generadora de la mayoría de los argumentos que animan los debates actuales (ciudadanía diferenciada, ciudadanía transnacional, ciudadanía posnacional, ciudadanía múltiple, etc.).^
Este contexto nos permite establecer las premisas que me parecen fundamentales para orientar una interpretación adecuada del proceso.^
Como primera premisa debemos asumir que los debates sobre si estamos a favor o en contra del proceso son discusiones de última década del siglo XX, similares a los que se producían en los inicios del proceso de globalización.
Hoy en día mantener esta forma de argumentación es seguir un debate obsoleto.
Igual que el proceso de globalización, este proceso de construcción de sociedades multiculturales es irreversible.
Ir en contra es signo de estar fuera de nuestro tiempo histórico.
Por lo tanto, las reflexiones que se hagan deben evitar partir de falsas premisas.
La multiculturalidad no es un ideal a alcanzar, sino una realidad a gestionar.
La cuestión es debatir cómo gestionar el proceso.
En este marco existen dos posibles reacciones.
Por un lado, un lenguaje conservador que defiende un tipo re-activo de políticas, sólo concentrado en la construcción de muros de contención, de negación de que estamos en un proceso profundo de cambio.
Por otro lado, un lenguaje progresista que apoya políticas pro-activas, que busca acomodar esta realidad dentro de la sociedad con su consecuente modificación.
Estas dos lógicas tienen un carácter práctico evidente.
Por ejemplo, ante el dato de que la ciudadanía vincula en un 65% la inmigración y la delincuencia, podemos seguir dos lógicas de interpretación.
Una re-activa y conservadora.
La que interpreta el dato como una realidad y que buscará impedir la llegada de más inmigrantes para evitar incrementarei porcentaje.
Esta primera lógica interpreta el proceso en términos más cuantitativos que cualitativos.
Una segunda lógica es plantearnos rápidamente la necesidad de hacer política educativa, asumiendo que este dato no representa la realidad, sino una interpretación de la realidad rodeada de estereotipos y de pre-juicios.
En este caso se sigue una lógica progresista y pro-activa.
Como segunda premisa, este proceso tiene un efecto espejo que requiere una adecuada gestión ya que se mezclan razones y emociones.
Lo cierto es que con la introducción de este tema, la sociedad española en general, la ciudadanía en particular, está en permanente estado de revisión de sus conciencias y de sus valores.
Gestionar este efecto espejo es una de las claves para construir discursos y legitimar políticas.
Como tercera premisa, un marco de interpretación requiere percibir el proceso como oportunidad, y no como conflicto.
La concepción del proceso de multiculturalidad como conflicto contra nuestros valores democráticos y liberales es una lógica de interpretación que en lugar de mantener la unidad, crea fragmentación y división.
Convertir este proceso en oportunidad para profundizar en los valores y principios que actualmente articulan nuestras sociedades es uno de los principales objetivos que debe orientar toda interpretación del proceso.
Lo contrario puede ser muy perjudicial para nuestra democracia.
Como cuarta premisa, existen dos formas de comenzar una interpretación del proceso: una que lo mide todo en términos instrumentales de beneficios económicos para nuestra sociedad, y otra que establece como prioridad el respecto de los derechos humanos.
La primera lógica, aunque sea con buenas intenciones, debe limitarse con los principios de los derechos humanos, el lenguaje más adecuado a la realidad para gestionar el proceso.
Por lo tanto la lógica instrumental de la interpretación de la inmigración debe siempre pasar el filtro de los derechos humanos.
Lo contrario puede ser de nuevo contraproducente puesto que reducimos el numero de argumentos democráticos que justifiquen nuestra forma de gestionar el proceso.
Teniendo este marco de interpretación, veamos cuáles son los principales indicadores del proceso en España.
y permanencia de la inmigración.
Destacaría al menos tres grandes temas: uso de argumentos populistas por parte de partidos políticos tradicionales; vínculo entre dos procesos de multiculturalidad: la multinacionalidad y la inmigración; y secularismo o la gestión del pluralismo religioso.
Me ocuparé luego del marco de la UE y me plantearé cómo interpretar la propuesta de ciudadanía cívica de la Comisión teniendo cuenta estos indicadores de España como marco de reflexión.
Uso de argumentos populistas por parte de los partidos tradicionales
La «maquinaria del populismo» se nutre del vinculo entre el lenguaje de la seguridad, el socioeconómico y el de la identidad.
Si nuestras democracias no tienen recursos suficientes para gestionar temas de multiculturalidad dejan un campo muy abierto a los nuevos populismos.
Es una realidad que estos partidos tienen el proceso histórico de multiculturalidad como principal fuente para construir sus discursos.
Se dirigen principalmente en contra del proceso mismo.
Tanto los discursos como las movilizaciones de estos partidos, su penetración en los sistemas políticos tradicionales (a través de partidos, pero también de argumentos dentro de los partidos tradicionales), e incluso, sus auténticas fuerzas como alternativa de poder, es una «realidad real», si se me permite la redundancia.
Debemos considerar este auge como formando parte del proceso mismo de multiculturalidad, y por lo tanto como formando parte de los indicadores a analizar.^ La cuestión no sólo afecta al sistema político, sino también a nuestras tradiciones políticas.
El populismo tiene también su campo de cultivo cuando las tradiciones liberales y democráticas no tienen recursos para gestionar el proceso.
El populismo ofrece soluciones, soluciones simples, pero para la ciudadanía, son.soluciones al fin y al cabo.
Elabora un lenguaje que subraya aspectos implícitos de nuestra tradición basada en el vínculo Estado-nación-ciudadanía.
Los discursos populistas se presentan como los nuevos cruzados (P. Perrinau, 2001), enarbolando la bandera de la Sontísima Trinidad.
En España podemos decir que el discurso de la seguridad y el socioeconómico son los que priman.
Todavía no se ha construido un discurso basado en la identidad.
Por el momento, para el gobierno central, el peligro máximo que debe evitarse con el proceso de multiculturalidad en general, la inmigración en particular, es la inseguridad ciudadana que se genera en términos físicos, de espacios vitales, y socioeconómicos.
La existencia de estos dos discursos no es distintivo en comparación con otros países europeos.
Lo que sí constituye un aspecto diferenciador es que todavía no se hayan vinculado al tema de la identidad (española, catalana, vasca, etc.), sobretodo porque si bien los diferentes gobiernos podrían ponerse de acuerdo con la interpretación del proceso en términos de seguridad y socioeconómicos, seguro que contribuirá más a la fractura social su interpretación del proceso en términos de efectos sobre sus identidades comunitarias.
En otros países, como en Francia (Holanda, Austria, Bélgica, Italia) el discurso de la identidad y el discurso de la seguridad, en su versión extremista, está monopolizada por el partido del Frente Nacional {Front National, el nombre ya nos da bastante información sobre sus intenciones).
El populismo español, por el momento, y si nos atenemos a sus versiones muy embrionarias de localidades catalanas, no tiene directamente el discurso identitario como señal, sino la seguridad en el bienestar de las personas.
Utiliza como principal núcleo para producir sus argumentos las zonas ufe contacto entre la población inmigrante y la población autóctona, sobretodo alimentada por la idea de que también son zonas de conflicto.
Es un populismo, podríamos decir, que avanza hacia el electorado de izquierdas, puesto que sus principales votantes son los que tradicionalmente apoyan a estos partidos tradicionales, especialmente socialistas, aunque también de tradición comunista.
El populismo en España puede hacer más daño electoral a la izquierda tradicional que a los partidos de derechas tradicionales.
Su discurso es en torno a los beneficios del sistema de bienestar, y de la visión de competencias que los ciudadanos de los barrios tienen.
No es todavía un populismo de derechas, esto es, centrado en la identidad patriótica nacional.
Este tipo de populismo todavía no ha brotado en España de forma explícita, seguramente por la misma razón que tampoco lo ha hecho en Alemania: por la memoria histórica que supondría volver a presenciar una época con partidos que pensábamos habían desaparecido definitivamente de la escena del sistema político y como alternativa de poder.
Aunque también en este punto existe un rasgo distintivo español que otros partidos de derechas europeos están adoptando: el hecho de incorporar dentro del discurso sobre la inmigración la mayoría de los argumentos relacionados con la seguridad que correspondería a los partidos populistas.
Desde un punto de vista de político la estrategia es eficaz: para evitar que broten partidos populistas por la derecha, o bien que se conviertan en auténticas alternativas de poder, como en Francia, Holanda, y Austria, lo mejor es adoptar sus discursos, pero suavizando su vocabulario y mensaje radical.
En cualquiera de los casos, estos partidos populistas frenan el proceso de multiculturalidad En este contexto es muy importante que el discurso político genere un marco de interpretación del proceso que evite el populismo.
Estoy hablando no sólo de contenidos, sino de formas.
El populismo como estilo discursivo de hacer política.
Sabemos que una de las características del tema de la inmigración es que se puede apelar muy fácilmente al «pueblo», a la ciudadanía, para justificar decisiones.
En estos casos prevalece más una forma populista de argumentación.
El gran desafío que tienen los partidos tradicionales de nuestro país no es que se creen partidos con discursos antiinmigrantes, sino que la forma de argumentación que tengan sean populistas.
El populismo está penetrando por la «puerta trasera», es decir, dentro de partidos tradicionales del sistema político y sin «ruido» ni con «mala intención», de forma casi inconsciente, pero debemos detenernos todos y pensar en los efectos.
En el momento en que la percepción que tiene la ciudadanía prevalece como único criterio legitimador de discursos políticos, estamos en pleno círculo semántico del populismo.
Si la argumentación populista se enrolla narcísicamente en el comportamiento discursivo de los partidos políticos, se puede contribuir más al conflicto que a la cohesión, al descontrol que a la estabilidad.
Si el político da al ciudadano lo que el ciudadano quiere escuchar, no lo que debe escuchar, se está fomentando precisamente lo que se debe evitar.
Considerar lo que piensa el ciudadano como excusa para justificar injusticias es un extremo que debemos evitar.
El peligro democrático hoy en día no es que aparezcan partidos populistas como respuesta a la desorientación que provoca procesos de cambio originados por la inmigración, sino que los partidos tradicionales se «popularicen», si me permiten la expresión, a través de sus comportamientos discursivos y que pierdan un estilo de hacer política donde sigan prevaleciendo como criterios la igualdad y la justicia.
Lo que piensa la ciudadanía, su interpretación de la inmigración, no son criterios democráticos de justicia, ni deben ser los que orienten discursos.
Lo que debe ser objeto de reflexión para diseñar el discurso político de la inmigración es plantearnos cómo es posible que la ciudadanía tenga dificultades de asumir el cambio que se está produciendo en sus barrios con la llega de inmigrantes, qué políticas hacer para que no se sientan desatendidos y sean permeables al discurso populista.
Apelar a la ciudadanía cuando no se tienen argumentos es puro cinismo político en el sentido más clásico, que puede tener efectos contrarios (legitimar percepciones estereotipadas y fomentar la división social entre inmigrantes y ciudadanos), incluso cultivar emociones hasta llegar a la «caza al inmigrante», «el inmigrante como causa de todos los males».
Los políticos, ante la desorientación que provoca el proceso en el que estamos, no pueden tomar la vía fácil del populismo.
Deben asumir el desafío histórico en el que estamos, y aceptar el esfuerzo que supone tener que construir un discurso político que construya tipos de sociedad.
El discurso político debe fomentar decisiones no con criterios que apelen a percepciones de la ciudadanía y del «pueblo», sino criterios democráticos de justicia como la igualdad, el pluralismo, el civismo, la imparcialidad, como principales principios rectores.
Decir, por ejemplo, como se está escuchando últimamente de forma pública que no se pueden dar derechos políticos a los inmigrantes porque los ciudadanos no quieren y que esta decisión puede provocar pérdida de votos es un argumento populista que expresa perfectamente lo que estoy diciendo.
Ampararse en lo que piensa el pueblo para justificar la quietud política es populismo encubierto; que el político diga lo que las emociones del pueblo expresa, es populismo.
Todos sabemos que un político no debe guiarse por el interés del ciudadano a secas, sino que debe plantearse en muchas ocasiones por qué tiene el ciudadano dicho interés y cuáles son las políticas que se pueden hacer para evitar que lo tenga.
Si no aceptamos esto, entonces justificamos la telebasura que nos embrutece.
Este argumento, en temas de inmigración, debe adquirir el carácter de un principio.
¿Qué vías seguir para diseñar un discurso político de la inmigración que tenga como límite evitar la argumentación populista?
No basta con saber y decir que estamos ante un reto histórico sin precedentes en nuestra sociedad moderna, no basta la política como retórica, sino que debemos adecuar nuestra forma de hacer política a esta convicción.
Debemos hacer política teniendo un marco de referencia generacional, recuperar la política como pedagogía, como responsabilidad.
Ayudar al ciudadano a asumir esta nueva realidad y romper la lógica que actualmente prevalece en la mayoría de los espacios públicos de los barrios de «inmigrante-invasor/ciudadano-colonizado».
La gestión de la inmigración demanda hacer política en el sentido histórico del término.
El ciudadano lo está esperando.
No contribuyamos en engrosar la desafección política, especialmente en temas donde el populismo se nutre de los vacíos que generan las preguntas en torno a la inmigración.
Vinculo entre dos procesos de multiculturalidad: la multinacionalidad y la inmigración
Igual que la inmigración, la multinacionalidad es un proceso que se da en numerosos países europeos (Bélgica, España, Gran Bretaña, Irlanda), por no mencionar Canadá y Québec como caso paradigmático.
Estos dos procesos, que inicialmente se han analizado de forma separada, deben articularse.
La forma en cómo se gestionará este vínculo es un asunto importante en España.
Las demandas de acomodación de inmigrantes en concepciones de identidad nacional no estatal puede tener unos efectos sobre las demandas de autogobierno.
El análisis de cómo estas dos demandas de acomodación interactúan está todavía por hacer.
Por el momento, estamos en la fase más permeable a preguntas.
Por ejemplo, ¿cómo los inmigrantes son percibidos por el proceso de construcción de identidad nacional no estatal?, ¿Debe considerarse la acomodación de los inmigrantes dentro de las identidades nacionales articuladas en niveles sub-estatales?
En España este debate apenas se ha introducido en la agenda política en Cataluña.
Podemos incluso decir que si bien con el derecho al voto tenemos un ejemplo de tema existente en la agenda social pero no política, nos encontramos con este tema en una situación inversa: es un asunto que pertenece más a la agenda política, pero no a la agenda social.
El principal desafío para los partidos nacionalistas
106 las personas «habíanla lengua de su lugar de trabajo».
Las motivaciones que puede tener una persona de origen inmigrante para hablar catalán serán directamente proporcionales a dos factores: su intención de instalarse de forma definitiva en Cataluña, la necesidad de utilizar la lengua catalana para el trabajo, y poder ascender laboral y socialmente.
Para fomentar estas motivaciones, los dos procesos deben poder vincularse entre sí.
En este caso también es lógico tener la precaución de no utilizar la lengua no estatal en términos de finalidades: un inmigrante puede muy bien decir «hablo Español (catalán/euskera/gallego), pero no me siento integrado».
Recogiendo los argumentos de tres autores que han reflexionado sobre la relación entre inmigración y minoría nacional, como son J. Carens (1995Carens (, 2000 cap. 6 cap. 6), W. Kymlicka (2001) y R. Baubock (2001), podemos tener una cartografía de temas básicos que conforman el debate actual.
Los tres enfocan el tema como siendo de gestión de identidad y comparten siete premisas básicas.
En primer lugar, que la acomodación de los inmigrantes supone una doble transformación: la identidad de los inmigrantes y la de nuestra sociedad.
En segundo lugar, que todos los argumentos que se den no pueden vulnerar los valores liberales y democráticos.
Es decir, que las reflexiones y producción de argumentos que se hagan tienen que tener como marco de referencia normativo de evaluación los valores liberales-democráticos.
En tercer lugar, se trata de hablar de cómo se gestiona la identidad (primera premisa) sin sobrepasar los límites de los valores de nuestra tradición democrática liberal (segunda premisa) en el contexto de las diferentes esferas públicas (espacio de interacción entre las personas con las instituciones públicas).
Se trata de discutir, pues, la vida pública de la persona y no privada.
En este marco, una redefinición de qué significamos por cultura pública común en un contexto donde se solapan dos tipos de multiculturalidad (la de los inmigrantes y la de las naciones sin Estado) tiene el carácter de una exigencia, puesto que constituirá el principal marco de referencia para legitimar políticas.
En cuarto lugar, comparten la concepción que las demandas de los inmigrantes y de las naciones minoritarias son en un principio conflictivas, puesto que los inmigrantes tenderán a integrarse en la cultura mayoritaria, con el consecuente efecto de convertirse en un elemento más de presión en el proceso de construcción nacional.
De lo que se trata es de convertir este elemento inicial de presión en una ventaja que contribuya al propio desarrollo del proyecto nacional.
Es decir, y en nuestros términos, de pasar de una forma re-activa de percibir el tema en una forma pro-activa, dónde la inmigración se convierta en una fuente necesaria para el propio desarrollo nacional.
Los tres autores comparten que esto no solamente es posible, sino que es necesario y que está de acuerdo (no vulnera) con los principios de la democracia y del liberalismo.
En quinto lugar tstá la premisa que si bien existe un vínculo directo entre las políticas de inmigración y la comprensión de la comunidad política, esta relación adquiere un carácter vital para comunidades culturales minoritarias.
Es un hecho que la respuesta que da la sociedad a la inmigración forma parte de su auto-comprensión como sociedad (Carens, 1995;20).
La inmigración tiene un efecto espejo en todos los niveles, desde el individual hasta el social (R. Zapata-Barrero, 2002).
Por lo tanto las políticas que se hagan afectan directamente la auto-comprensión como comunidad política minoritaria.
En este marco, esta auto-comprensión solamente puede adquirir una expresión política si existe una forma propia de autogobierno.
Sin autogobierno no es posible mantener y desarrollar la comprensión que una comunidad política tiene de ella misma.
Por lo tanto, al hablar de gestión de inmigración para naciones minoritarias estamos frente a uno de los fundamentos que legitiman las demandas de autogobierno.
Como sexta premisa, el esfuerzo argumentativo de los autores quiere expresar la necesidad de concebir las demandas de los inmigrantes y las del autogobierno como compatibles y no como mutuamente excluyentes, de tener una concepción inclusiva y convergente.
En este caso, el núcleo de la reflexión es si la nación minoritaria es capaz de ser ella misma multicultural (Kymlicka, 2001;278), incluyendo dentro de su autoconcepción la multiculturalidad que expresa la presencia de inmigrantes, y que esta multiculturalidad, siguiendo la premisa anterior, contribuya al desarrollo de su comunidad.
Por último, pero no menos importante, como séptima premisa destacamos que una de las nociones que sirve a los tres autores para describir la situación no es tanto la de desigualdad sino la de desventaja.
Especialmente Carens y Baubock la utilizan reiteradamente en sus argumentaciones.
Es importante circunscribir bien el significado de esta noción como recurso analítico por precisar los temas que nos ocupan.
Si bien aceptamos que tanto los inmigrantes como la minoría nacional están en situación de desventaja y aceptamos que de hecho esta es la situación inicial que está a la base de la reflexión misma que queremos hacer, de lo que se trata ahora es de comparar las dos situaciones para saber si estamos utilizando una misma noción pero para describir referentes diferentes.
La situación de desventaja para los inmigrantes y para las naciones minoritarias se producen por razones diferentes.
De lo que se trata es de saber también si esta situación se empeora o no al vincularse los dos, La política de inmigración del Estado empeora la situación de las naciones minoritarias en cuanto que no le proporciona herramientas ni recursos para que ella misma gestione este proceso que afecta su propio desarrollo como comunidad cultural.
Las líneas de reflexión que se hagan tienen que tener como restricción política enfocar el tema de tal manera que el vínculo entre inmigración y autogobierno no empeore la situación de los dos.
Que la mejore seria lo ideal, pero creo que es razonable mantener que al menos no lo empeore.
Estamos, pues, ante un tema que tiene como fuente prioritaria de argumentación las políticas de autogobierno, es decir, aquellas políticas que tienen como última base de legitimación la gestión de la propia comunidad cultural minoritaria.
En este sentido, toda política de inmigración gestiona en última instancia la pertenencia de los inmigrantes a una comunidad política.
Aquí estarían en los enfoques clásicos.
De lo que se trata es de plantearse este tema pero en sociedades dónde existe una doble pertenencia: la de la comunidad política mayoritaria estatal, y la de la comunidad expresada por la nación minoritaria.
Es a partir de esta base que se justifican las acciones.
Veamos ahora el tercer gran tema.
Secularismo o la gestión del pluralismo religioso
Todos reconoceremos, y muchos lo tomarán como los únicos aspectos a tener en cuenta, los casos de los oratorios y de las mezquitas para la población islámica, pero también casos de enfrentamiento [zonas de conflicto) para no dejar que unas identidades religiosas tengan un espacio público.
Me refiero a los casos de los velos, que también se ha dado en numerosos países europeos, siendo Francia el caso más ilustrativo.
También recientemente se están dando nuevos casos en Francia que entrarían dentro de esta categoría, como el establecimiento de horarios en piscinas municipales para niñas musulmanas.
Estas situaciones son muy diferentes entre sí, pero todos coinciden en que se trata de que unas zonas de contacto entre dos tradiciones religiosas (la católica y la islámica) se convierten en zonas de conflicto.
Gestionar estas zonas se convierten en un desafío vital para la propia madurez democrática de nuestras sociedades.
El enfoque dado a estos casos sobre la pretendida secularización de nuestra tradición, o del laicismo de nues-tras sociedades, es simplemente pura hipocresía.
Nuestras estructuras han estado pensadas en un marco religioso de tradición cristiana.
Por lo tanto, aventaja más a una religión que a otra.
De lo que se trata no es de islamizar el espacio público, sino el de gestionar el pluralismo religioso en términos de igualdad (sin discriminación).
Estos casos siempre han acabado resolviéndose aventajando una religión frente a otra si se hubiera encontrado con problemas similares, y vulnerando derechos democráticos tan básicos como es el de la libertad de culto.
Asimismo, el criterio de la religión cristiana es uno de los que se suelen utilizar como criterio de selección de inmigrantes en el momento de establecer la admisión dentro de nuestras fronteras.
Es cierto que la percepción social de la inmigración generalmente va asociada a los musulmanes, como minoría religiosa.
En base a este vínculo público se construyen unos discursos conservadores sobre la identidad europea y la civilización europea que apela a las tradiciones cristianas y construye el Islam como nuevo pueblo bárbaro.
España está ya participando en esta dinámica.
Este tipo de discurso tiende, asimismo, a confundir religión y cultura.
El resultado de esta confusión contribuye a crear una concepción negativa del proceso de multiculturalidad.
De este modo, crea una concepción religiosa de la cultura en lugar de fomentar lo contrario, una concepción cultural de la religión.
En el fondo, se trata de saber si España (y Europa) es capaz de gestionar la población de origen musulmán creando zonas de contacto sin que acaben siendo zonas de conflicto.
Se trata, en el fondo, de saber si Europa es capaz de considerar a los musulmanes como los Hispanos para los Estados Unidos.
La población más numerosa de inmigrantes que plantean temas identitarios culturales no necesariamente religiosos.
Los efectos espejo que provoca son claros, si el velo se prohibe, también deberían prohibirse los collares con cruces, los piercing, y todos los signos que denoten de una forma directa identidades grupales (F. Colom, 1998; J. de Lucas, 2003).
Qué vuelvan los uniformes en las escuelas (?!).
El tratamiento imparcial de estos temas es uno de los enfoques a tener en cuenta para gestionar el proceso de multicultural idad.^ Esta regla de la imparcialidad nos dice que los principios que legitiman una política deben poder ser aceptados por todos, los inmigrantes y los ciudadanos.
La gestión del pluralismo religioso es una política que debe incluir «todos los puntos de vista posibles».
En España este debate debe ir también acompañado de una discusión profunda sobre el proceso de construcción de nuestra tradición y la identidad española, básicamente formada como identidad reactiva contra la identidad musulmana.
Este argumento tiene un carácter práctico evidente.
En efecto, en España, siempre que los miembros de una comunidad musulmana deseen construir una mezquita en una ciudad, una reacción profundamente arraigada e inmediata de protesta vecinal comienza, apoyado generalmente, o no reprimido por lo menos, por autoridades locales.
La actitud de autoridades locales hacia la comunidad musulmana se puede resumir por su reconocimiento de la existencia de un lugar de culto en los hogares privados, centros de comunidad, etc. y su repugnancia para reconocer la necesidad de dar a musulmanes la visibilidad pública que sí tiene la iglesia católica (J. Moreras, 2003).
La gestión de esta primera pregunta constituye casi siempre una señal para las autoridades políticas y los ciudadanos al analizar la manera como España está gestionando la presencia musulmana.
Invariablemente, las encuestas de la opinión pública sobre estos asuntos revelan que la mayoría de ciudadanos españoles liga su oposición a los inmigrantes en general, a la comunidad musulmana en particular, especialmente la más numerosa, la comunidad marroquL^ Es un hecho que el tema de los musulmanes ha aparecido en la esfera pública las imágenes algo rígidas unidas a ellas.
Casi todas las noticias negativas de la inmigración se relacionan con la comunidad musulmana.
Es también una realidad que la identidad española, como la europea pero con muchos más puntos históricos de referencia, se ha construido en oposición a lo musulmán engeneral y lo marroquí en concreto, considerado en términos pejorativos como «el Moro».
Nadie puede negar que la tradición española no se puede entender sin la herencia islámica y el patrimonio cultural.
¿Cómo España gestiona el hecho de que una imagen estereotipada histórica del Moro gobierna la opinión pública y las discusiones políticas?
¿Cómo puede España luchar contra esta opinión negativa profundamente arraigada sin amenazar su identidad nacional?
¿Cómo pueden los musulmanes residentes en España expresar su auto-identidad en una sociedad y en un entorno político que lo rechaza?, ¿Debemos asumir que el Islam pertenece «a una anomalía histórica»?
Cualquiera que sean las respuestas, el debate se centra en la relación entre la presencia de la identidad comunitaria musulmana y la tradición de la identidad española.^ Por el momento el debate puede seguir dos lógicas: Una primera que dice que el Islam es una anomalía dentro del proceso histórico español (¿una anormalidad de ocho siglos?), algo extraño a nuestra tradición e identidad culturales.
La segunda lógica es la que establece que el Islam pertenece a nuestra tradición e identidad culturales.
Dependiendo de la lógica que uno siga tendrá una fuente diferente de producción de discursos políticos.
El primer enfoque tiende a considerar dos tradiciones separadas que han estado históricamente en desacuerdo.
Tenderá a seguir un discurso político que enfatize la diferencia entre las tradiciones musulmanas y españolas, qué separa las dos tradiciones.
El segundo enfoque defenderá que hay una tradición (en lugar de dos) que ha convergido históricamente.
Esta línea da lugar a un discurso político que acentúa lo común de las dos tradiciones (M. A. Roque, ed., 2003).
que propone, sino por la «filosofía» que establece.
De lo que se trata ahora es de introducir en el vocabulario de la UE el concepto de integración aplicado a los inmigrantes.
Para ello, es necesario antes tener una categoría europea de inmigrante: el del residente permanente bajo el concepto de ciudadanía cívica Una nueva etapa comienza.
Por primera vez la lógica de los inmigrantes entra en el proyecto común europeo.
Este debate interesa interpretarlo teniendo en cuenta los indicadores de multiculturalidad que hemos introducido de España.
Desde la realidad española, este debate tiene dos posibles interpretaciones: considerar la ciudadanía cívica como una propuesta de política innovadora de inclusión o bien considerar esta propuesta como formando parte de la tradición de una política clásica de adquisición de ciudadanía, siguiendo pautas estatales.
Teniendo en cuenta el proceso de cambio de paradigma donde nos encontramos como enfoque (cap. 1) y los indicadores de multiculturalidad como marco de reflexión (cap. 2) mi propósito es destacar cómo este debate reproduce una nueva fractura dentro de la UE entre una política más abierta (innovación) y más cerrada (tradición) de inmigración.
3A ¿Nueva filosofía de la UE?
Dos modelos de ciudadanía cívica: tradición o innovación La iniciativa de la Comisión de conceptuar al inmigrante residente permanente (denizen europeo) es un paso adelante sin precedentes.
Los discursos que ha provocado son de por si también un avance en tanto que el tema se incorpora a la agenda europea y ayuda a socializar una cuestión de importancia vital para el propio futuro de la UE.
a una basada en la integración.
Esto significa que por vez primera se introduce en el vocabulario europeo el término de integración, inicialmente destinado a describir el proceso de construcción de la UE.
Ahora 'integración' tiene un nuevo referente: el inmigrante.
Con esta nueva noción en los círculos europeos por primera vez la lógica de los inmigrantes entra en el proyecto común europeo.
-o 110 dimensión europea, y como paso previo para la adquisición de la ciudadanía nacional, en manos de los Estados.
De esta forma se soluciona el tema de la asimetría que existe actualmente en la adquisición de la ciudadanía europea, puesto que cada Estado regula de forma diferente la «ciudadanía permanente», como criterio para la adquisición de la nacionalidad (ciudadanía) de un Estado (R. Zapata-Barrero, 2003).
Pero se sigue defendiendo un vínculo: la concesión de la ciudadanía europea y de los derechos políticos para los inmigrantes queda todavía en manos de los Estados, quienes siguen vinculando acceso a los derechos políticos con la adquisición de la nacionalidad, y por lo tanto, sigue defendiendo una percepción nacional de la ciudadanía.
En el otro extremo está una concepción de la ciudadanía vinculada a la residencia y no a la nacionalidad.
Seria la residencia la que otorgaría el estatuto de la ciudadanía europea, sin necesidad de estar vinculada a la nacionalidad.
En este nivel es donde seguiríamos la interpretación de De Lucas, donde la lógica europea seguiría más una lógica local (basada en el empadronamiento) y no estatal de la ciudadanía.
Ésta es la que defienden tanto el CESE como el Comité de las Regiones.
Entre ambas concepciones sólo una es la que ha llegado al Consejo Europeo y a la Constitución Europea: la ciudadanía sigue estando vinculada a la nacionalidad.
Ahora bien, sea cual sea la vía de interpretación de la ciudadanía cívica que adopte la LIE, Tradición versus Innovación, queda un núcleo común que bien puede servir de un premisa para orientar el debate académico.
Podemos resumir este núcleo del concepto de ciudadanía cívica de la forma siguiente (me baso en R. Baubock, 2004):
Es un estatus de derechos y deberes, similar a denizenship europeo dirigido a los residentes legales de larga duración.
Esto significa que es un estatus paralelo al estatus de ciudadanía europea.
Los nacionales europeos no adquieren el estatus de ciudadanía cívica.
Si los beneficiarios del estatus son los residentes de larga duración de terceros países, La residencia se convierte en criterio básico para el acceso a la ciudadanía cívica.
El área del estatus es todo el territorio de la LIE, independientemente del estado.
Esto significa que todo residente permanente podrá gozar del mismo estatus independientemente del Estado donde resida.
La base de este estatus es la igualdad jurídica (igualdad de trato) y la no-discriminación por razón de nacionalidad.
Los principales derechos que otorga son los de la Carta de Derechos Fundamentales.
Incluye derechos básicos como: derecho de residir, recibir educación, trabajar sin discriminación respecto a ciudadanos de la Unión 7.
Contempla la extensión de derechos locales de voto.
Considerado como primera etapa para recibir nacionalidad de un Estado, portanto la ciudadanía europea.
Vemos que existen puntos, dentro de este núcleo común, que llevan hacia la tradición (especialmente el punto 8), mientras que otros, también presentes en el concepto, que siguen más la Innovación (especialmente el punto 3).
Esta será la disyuntiva que deberá resolverse en el nuevo marco de discusión de la inmigración: el programa de la Haya.
Proceso de innovación conceptual en un marco tradicional estatal: el marco de La Haya
Estamos en fase de la UE donde se mezclan procesos de innovación conceptual {ciudadanía civica) con nociones clásicas que por vez primera entran en el seno del debate institucional de la UE [integración).
Lo que queda claro es que la noción de integración que habitualmente pertenecía al vocabulario europeo para significar el proceso de construcción europea, ahora se le ha dotado de un nuevo referente empírico: ciudadanía cívica.
Entramos ahora en un nuevo periodo iniciado tras las conclusiones de la presidencia del consejo europeo de Salónica (19-20 de junio de 2003) que ha abierto un nuevo marco para discutir la gestión de la inmigración en la UE: el programa de la Haya.
Cinco años después del Consejo Europeo de Tampere, cuando acordó un programa que sentaba las bases para importantes logros en el espacio de libertad, seguridad y justicia, este nuevo programa tienen como objetivo avanzar sobre dichos logros y hacer frente con eficacia a los nuevos retos.
Este nuevo programa plurianual para los próximos cinco años refleja las ambiciones expresadas en el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa y tiene en cuenta la evaluación de la Comisión que el Consejo Europeo de junio de 2004 acogió con satisfacción, así como la Recomendación sobre la utilización de la votación por mayoría cualificada y el procedimiento de codecisión aprobada por el Parlamento Europeo el 14 de octubre de 2004.
El Programa de La Haya trata todos los aspectos de las políticas relativas al espacio de libertad, seguridad y justicia.
En lo que respecta a la ciudadanía e inmigración, trata concretamente los derechos fundamentales y la ciudadanía, el asilo y la migración, la gestión de las fronteras, la integración.
En relación con la integración de los nacionales de terceros países, el programa vincula la integración con la estabilidad y la cohesión en nuestras sociedades (apartado 1.5).
Uno de los objetivos básicos que traza es la prevención del aislamiento de ciertos grupos.
Para ello, defiende un planteamiento integral que implique a los interesados al nivel local, regional, nacional y de la UE y seguir la igualdad de oportunidades con la finalidad de participar plenamente en la sociedad.
El principio de coordinación con las políticas nacionales de integración y las iniciativas de la UE en este ámbito resulta uno de los ejes centrales.
A este respecto, expresa la necesidad de establecer los principios de base comunes que sirvan de fundamento para un marco europeo coherente de integración.
Dichos principios, que habrán de conectar todas las áreas políticas relacionadas con la integración, deben incluir por lo menos los siguientes aspectos de la definición de Integración (recogiendo parte de los debates entre instituciones desde la Comunicación de la Comisión del 2000):
® Es un proceso continuo y bidireccional que implica tanto a los ciudadanos de terceros países con residencia legal como a la sociedad de acogida ® Incluye la política contra la discriminación ® Implica el respeto por los valores básicos de la Unión Europea y los derechos humanos fundamentales ® Requiere unas capacidades básicas para la participación en la sociedad ® Se basa en la interacción frecuente y el diálogo intercultural entre todos los miembros de la sociedad, en el marco de foros y actividades comunes encaminados a mejorar la comprensión recíproca ® Se extiende a una variedad de áreas políticas, incluidos el empleo y la educación.
La intención de la UE es que este marco basado en estos principios comunes formará los cimientos para iniciativas futuras, basándose en objetivos y medios de la evaluación claros.
El Consejo Europeo invita a los Estados miembros, al Consejo y a la Comisión a que promuevan el intercambio estructural de experiencias e información sobre la integración.
Siguiendo los objetivos de Salónica y en este marco se sitúa también el Handbook on integration ëaborado por el IVIigration Policy Groupa petición de la Comisión Europea (dirección de Justicia, Libertad y Seguridad).
En efecto, uno de los objetivos de Salónica es desarrollar la cooperación y el intercambio de información sobre integración para promover iniciativas políticas.
Este Manual constituye una de sus primeras acciones.
Su pertinencia cubre una doble necesidad: por un lado, hace un repaso de las principales acciones que se están poniendo en práctica en diferentes países (es un catálogo de buenas prácticas, de ideas para inspirar nuevas iniciativas en materia de integración); por otro lado, esta destinado a un tipo de actor muchas veces olvidado pero que (todos sabemos) tiene una gran responsabilidad llevando la mayoría del peso social que implica la gestión de la inmigración: a los responsables de elaborar políticas y formular objetivos, y a los profesionales y técnicos que diseñan las acciones.
Este colectivo está desatendido políticamente, y es nuclear para el éxito de la gestión de la acomodación de los inmigrantes y ciudadanos.
La estructura del manual nos da ya muchas indicaciones de su filosofía: trata de programas de acogida (cap. 1), de la participación política y políticas de ciudadanía (cap. 2) y de indicadores necesarios para evaluar programas y comparar países (cap. 3).
Luego, en un anexo presenta un plan para elaborar programas, cuya primera recomendación, que tiene el estatuto de fundamento, es la necesidad de crear una complicidad y compromiso de todos lo actores implicados {stal<eholders) (sindicatos, asociaciones de inmigrantes, confesiones religiosas, empresarios, ong, etc).
Recogiendo gran parte de los debates entre instituciones, en este manual se define la integración como un proceso bidireccional que centra la atención en la actitud de les sociedades receptoras, en su ciudadanía y sus estructuras institucionales; se insiste en que existe un vínculo entre participación política y sentimiento de pertenencia; se recuerda que un buen plan de acogida debe tener un enfoque de formación de la ciudadanía (lingüística y cívica); que todo plan debe centrarse en las capacidades y formación del inmigrante recién llegado para que pueda tener las mismas oportunidades en la sociedad; sigue el sentido común de conceder derechos políticos, al menos a nivel local y para residentes de larga duración, y de muchas más acciones e ideas.
Tenemos, pues, elementos para ser optimistas, puesto que ya que se ha empezado no sólo a hablar de integración y de búsqueda de normas e indicadores comunes de interacción, sino también se ha abierto un debate sobre un nuevo concepto de ciudadanía que incluya a los inmigrantes, y por lo tanto.
Todos los debates entre instituciones que hemos trazado y que se enmarcan dentro de la lógica de Tampere de introducir y desarrollar un espacio de Liberad, Seguridad y Justicia (la Santísima Trinidad de la UE) lleva a la necesidad de considerar a los inmigrantes residentes permanentes como sujetos también de este espacio, y no como excluidos hasta ahora.
En este nuevo escenario, el concepto de ciudadanía cívico daría a los inmigrantes ciertos derechos y obligaciones, incluido el derecho a vivir y trabajar en otro Estado miembro de la UE.
Estos derechos se adquirirían al cabo de unos años con la intención de equipararlos con los derechos que gozan los ciudadanos de la UE (Comisión Europea, Libertad, seguridad y justicio para todos, Europa en Movimiento, 2004; 9).
La Comisión no sólo ha conseguido introducir un nuevo concepto dentro del vocabulario europeo: el de ciudadanía cívico, sino que desde entonces lo utiliza de forma sustantiva para hacer sus comunicaciones, siempre relacionados con su discurso (en construcción) de la integración.
Por ejemplo al hablar de la integración en la sociedad de acogida, asevera:^^ «Si, dado el carácter forzoso de la migración de las personas que se benefician de la protección internacional y las necesidades específicas debidas a su condición de exilados, deben tenerse en cuenta los derechos incluidos en el Convenio de Ginebra, los retos de la integración son los mismos en términos generales que para los otros emigrantes procedentes de terceros países así como para las sociedades de acogida en relación con las cuestiones de la nacionalidad, la ciudadanía cívica y el respeto de la diversidad, así como la política social y de acceso al mercado laboral, la educación y la formación.»
Hemos visto que inevitablemente los argumentos que se dan forman parte de desiderato y no estrictamente de facto, aunque debemos valorar, valga el rodeo que hago, que el facto es que se expresen estos desiderato.
Con estos debates se abre una triple categoría de población en la UE: los inmigrantes (ios que no son de larga duración, menos de cinco años según la Directiva citada), para quienes todavía no se pueden beneficiar ni del territorio ni de los derechos que otorga la Constitución Europea, los ciudadanos cívicos [ios inmigrantes residentes de larga duración, nacionales de terceros países o denizens europeos), quienes pueden beneficiarse de la Carta de Derechos fundamentales, y los ciudadanos europeos o nacionales de Estados Miembros.
Desde el punto de vista de construcción de una ciudadanía que tenga en cuenta la realidad multicultural en Europa, de construcción de un enfoque europeo de Ciudadanía Multicultural (T. Modood, et al., eds 2005), reconozco que tengo una interpretación ambivalente.
Con el análisis del debate entre instituciones sobre la ciudadanía cívica y su ubicación dentro de los grandes marcos de referencia discursivas políticas de la UE (Tampere, Salónica, La Haya) podemos ver la botella media vacía [Tradición) o media llena [Innovación) Déjenme formular los principales argumentos para acabar:
Media llena: Se ha construido un criterio objetivo...
(Innovación) Lo que supone es una armonización de la categoría de residente permanente o denizenship de la Unión.
Sólo es el resultado de un proceso de armonización, pero no un concepto cualitativo nuevo.
Se institucionaliza una categoría que ya existe en los Estados: la de residente permanente.
Y se le otorga a los residentes permanentes la igualdad jurídica y de trato.
Media vacía:... pero a imagen estatal (Tradición) ® Es una categoría que sirve de criterio a la UE para armonizar el código de nacionalidad, y evitar, así, la situación asimétrica que todavía existe en la UE en criterios de otorgar nacionalidad y por tanto, como la ciudadanía es una categoría derivada, la ciudadanía europea (R. Zapata-Barrero, 2003d) ® La ciudadanía europea no se ve para nada afectada, sigue siendo: superpuesta o de segundo grado, condición jurídica y derivada en tanto que su determinación es competencia exclusiva de los EEMM, ® Lo que se está haciendo es otorgar categoría europea a los nacionales de los terceros estados, puesto que se necesita antes construir el sujeto antes de hacer políticas ® Lo que se está haciendo es construir una categoría de residente permanente a imagen estatal, sin nada de innovador ni cambio cualitativo.
El cambio revolucionario seria que la ciudadanía cívica sea el criterio para la ciudadanía europea, sin necesidad de depender de criterios de acceso a la nacionalidad de un Estado Miembro.
En resumidas cuentas, con la noción de ciudadanía cívica existe una nueva filosofía de la UE que busca incluir a los inmigrantes residentes como sujetos de derecho y sujetos políticos de la misma UE, y no sujetos derivados mediados por la definición que den los Estados Miembros (EEMM) (A. Gerber, 2004).
Esta nueva filosofía tiene el carácter de una salto cualitativo.
La cuestión ahora es saber si este cambio de enfoque es un cambio conservador o progresista, en el sentido que mantiene una lógica tradicional estatal de percepción o bien no. El argumento que he defendido en este artículo es que ambas direcciones son hoy en día posibles, y que el futuro marco del Programa de la Hague tiene como nuevo reto precisamente la de definir el camino trazado hacia una u otra dirección (Conclusiones de la Presidencia-Bruselas, 4 y 5 de noviembre de 2004). |
RESUMEN La Ley de Extranjería de 2003 ha aumentado las atribuciones y potestades de la administración pública española y las obligaciones de los extranjeros.
Colisiona con principios fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico-constitucional.
Frente a esa línea legislativa, proponemos una reforma sustancial por la que: (1) deje de ser infracción el encontrarse un extranjero en España sin autorización oficial; (2) se haga permanente un proceso de regularización por prescripción adquisitiva de la condición de residente; y (3) se incorporen los valores jurídicos de la hermandad humana, los vínculos históricos, la misericordia, la hospitalidad, la libertad, la amistad y el amor así como los principios de una globalización con rostro humano, gratitud, arraigabilidad e interés nacional.
PALABRAS CLAVE Derecho español, derecho de extranjería.
Ley de Extranjería, derecho internacional privado, valores jurídicos, derecho punitivo, inmigrantes indocumentados, ayuda al desarrollo, Schengen, derecho comunitario europeo, derecho de inmigración.
1 Normativa aplicable El ordenamiento jurídico español, igual que todos los demás, contiene una regulación de los derechos y deberes de los extranjeros en el territorio nacional dentro de la rama, mucho más amplia, del DIP (derecho internacional privado), o sea de aquel sector de dicho ordenamiento que disciplina las relaciones jurídicamente pertinentes en las que está involucrado un elemento extranjero y que no forman parte del derecho público.
Sin embargo, a diferencia de otras partes del DIP, la regulación de la extranjería tiene un carácter en buena medida de derecho público, y concretamente de derecho administrativo, aunque no exclusivamente, pues también tiene incidencia directa en el derecho laboral, en el mercantil y en otras ramas, incluida la penal.
El derecho de extranjería, DE, es, así, un híbrido, con una ubicación muy sui generis dentro de la división en campos del ordenamiento jurídico.
El predominio de la faceta jurídico-administrativa se plasma en que el eje del DE es la concesión de autorizaciones de estancia o residencia en España, con las consecuencias jurídicas de su concesión o denegación, y ello determina que los operadores jurídicamente concernidos sean el particular extranjero y la administración pública española, aunque indirectamente lo sean también otras personas físicas o jurídicas (nacionales españoles que entablen en España relaciones jurídicamente reguladas con individuos extranjeros que se encuentren en España).
El DE no se sirve de la técnica conflictual, porque en él no se da conflicto de normas de la índole propia de otras partes del DIP: una dualidad (o pluralidad) de normas jurídicas en principio, o tendencialmente, aplicables a la regulación de un asunto, procedentes de diversos ordenamientos jurídicos y tales que la aplicabilidad prioritaria de una u otra viene determinada por las complicadas reglas de conflicto propias de ese sector jurídico, en función del peso que se dé a los diversos puntos de conexión (domicilio, nacionalidad, voluntad de las partes, lex fori, etc).
La razón de que el DE escape a tal técnica es el carácter semi-público del mismo: al extranjero no le es aplicable, ni siquiera en principio, su propia ley nacional para establecer sus relaciones jurídicas con la administración española, mientras que sí lo es, o puede serlo en muchos casos, en sus relaciones con particulares, españoles o extranjeros.
El derecho de extranjería establece así obligaciones y derechos de los extranjeros, y también de la propia administración pública española.
Una reflexión de lege ferendo que vamos a hacer es la de lamentar que la evolución del DE en nuestro país haya desequilibrado la relación jurídica, restringiendo desmedidamente los derechos de los extranjeros frente a la administración y aumentando las facultades de ésta, incluida la de denegar arbitrariamente la concesión de permisos de entrada en España, incluso sin motivo válido.
La primera de las normas jurídicas aplicables en el DE español es la Constitución, norma suprema.
En segundo lugar, está la jurisprudencia del Tribunal Constitucional.
Ésta, en efecto, es vinculante por encima incluso de la Ley, pues no sólo establece la constitucionalidad o la inconstitucionalidad de tal o cual precepto legal debatido, sino que, al hacerlo, contiene reglas interpretativas de obligado cumplimiento a las que han de ajustarse las nuevas leyes y a las que ha de atenerse la interpretación jurisprudencial ordinaria de esas leyes; ello, claro, mientras no se altere la propia jurisprudencia constitucional por el único órgano habilitado para ello, que es el Tribunal Constitucional.
Subordinados a lo preceptuado por esas normas vienen los decretos y otras disposiciones de desarrollo reglamentario; p.ej. el Reglamento 2393/2004 de 30 de diciembre, así como la jurisprudencia del Tribunal Supremo, como la STS de 20030320.
Un engarce más complicado con toda esa normativa española tienen las normas de derecho internacional público y de derecho comunitario europeo, que, en caso de conflicto, han de prevalecer sobre las leyes españolas, aunque no sobre nuestra Constitución ni sobre la jurisprudencia constitucional.
En la práctica, sin embargo, la importancia de las normas jurídico-internacionales es menor de lo que pudiera creerse, salvo justamente las de derecho comunitario europeo, las cuales protegen principalmente a los ciudadanos del espacio europeo, pero poquísimo a nacionales de terceros países, e incluso someten a muchos de ellos a deberes y prohibiciones que conculcan derechos histórica y consuetudinariamente adquiridos por la vinculación de sus países con España en siglos pasados.
Dentro del derecho internacional, propiamente dicho, hemos de distinguir el convencional bilateral, el consuetudinario y el convencional multilateral (como los Pactos Internacionales de derechos humanos).
Éste último establece reglas protectoras para los extranjeros con una significación real menor que su sonoridad retórica, ya que ni siquiera reconoce un derecho a inmigrar susceptible de limitaciones (por mucho que debería reconocerlo para no impedir la exequibilidad del derecho a emigrar, que sí reconoce).
En cambio hay ciertos acuerdos migratorios bilaterales que sí otorgan algo más de protección, pero ninguno de los actualmente vigentes reconoce tampoco un derecho de libre circulación y radicación (a diferencia de tratados de otra época, como la Paz de los Pirineos, que reconoció el derecho de los súbditos de ambas potencias signatarias a radicarse libremente a un lado u otro de la frontera).
En los principales problemas que vamos a abordar en este artículo desgraciadamente poco amparo podremos invocar del derecho público internacional multilateral (o incluso el bilateral), el cual todavía hoy protege escasamente a los particulares frente a estados extranjeros, al rehusar a los individuos dos derechos que en otras épocas sí se admitieron por el ¡usgentium: t\ de escoger uno mismo en qué país radicarse y, más limitadamente, el de escoger uno mismo de qué estado desea ser nacional (unas facultades que podrían sujetarse a restricciones cuando entrasen en conflicto con otros derechos prioritarios).
Nuestro ordenamiento jurídico-constitucional se caracteriza por la existencia de ciertas reglas y la inexistencia de otras.
Ambos factores han de señalarse.
Nuestra Constitución no ha recogido de la de 1931 el reconocimiento del derecho a emigrar e inmigrar.
En la Constitución republicana se otorgaba rango constitucional a ambos derechos, aunque (a diferencia de las constituciones de 1869 y 1876) se dejara al legislador ordinario la tarea de regular el ejercicio de esos derechos.
En la actual norma suprema no hay nada de ese tenor.
Desde luego, tampoco se sienta la regla opuesta.
El legislador puede reconocer un derecho de inmigración en el que no paró mientes el constituyente de 1978, aunque lo haga de manera restrictiva.
Mas ningún legislador español de los últimos 6 lustros ha dado ese paso, ya que el fraternalismo o panhumanismo ha sido y es completamente ajeno a las ideologías en boga en este período de nuestra historia.
Los derechos de los extranjeros en España, evidentemente, son sólo una pequeña parte de lo que serían, en general, los derechos de los extranjeros con relación a España; si hubiera un derecho del extranjero a inmigrar (por limitado y condicionado que fuera), estaríamos ante derechos de muchos extranjeros con relación a España que no serían derechos de los extranjeros en España.
Sin embargo (aunque sea problemática la vinculatoriedad de esa imposición) la Ley española impone deberes para con España de los extranjeros que se encuentren en el extranjero (sin brindarles, en contrapartida, derechos para con España); así, la obligación de no venir a España sin haber obtenido el oportuno visado, y la de no cruzar nuestra frontera sin autorización oficial (ni siquiera si ya son portadores del visado español de entrada).
¿Qué se hacen los derechos de los extranjeros en España?
Según la doctrina del Tribunal Constitucional, esos derechos son de existencia constitucional pero de esencia (configuración) legal.
Esa doctrina interpretativa no es, ciertamente, fácil de entender y sin duda suscita más dificultades hermenéuticas de las que solventa.
Según esa jurisprudencia constitucional, no es el mero ejercicio de tales derechos lo regulado en las leyes, sino también el contenido de los derechos, o sea: el ámbito de lo que el derecho faculta a hacer u obtener.
No obstante, los derechos en sí, aunque para los extranjeros tengan un contenido regulado exclusivamente en la ley, son aquellos que establece la Constitución, o sea, son derechos constitucionales.
Naturalmente un derecho constitucional tiene una denominación, como puede ser la de 'derecho al trabajo' o la de 'derecho a contraer matrimonio'.
No puede haber un derecho determinado sin ninguna denominación.
Ni puede un derecho con una denominación ser derecho a algo radicalmente dispar de lo que se entiende normalmente en nuestro idioma por esa denominación.
Ni ésta se puede usar plurívocamente: en un sentido para los españoles y en otro para los extranjeros.
Dado lo cual, es difícil ver cómo puede el derecho equis de los extranjeros en España ser el de hacer u obtener lo que la ley determine bajo el nombre correspondiente, dejando a la Constitución sólo la mera existencia del derecho, sin su esencia.
Y es que la existencia sin la esencia no es nada.
¿No estamos así reduciendo el derecho a un mero nombre?
Todo esto podría parecer una mera disquisición metafísica; sin dejar de tener, en efecto, una enjundia ontológica, tiene también una transcendencia práctica.
Si la jurisprudencia constitucional hubiera determinado que la Constitución atribuye a los extranjeros los mismos derechos que a los españoles (a salvo de determinados derechos tasados cuya titularidad sería sólo de los españoles) -siendo entonces la diferencia meramente la de la regulación de su ejercicio-, entonces tendríamos que el derecho del extranjero -no sólo en cuanto a su existencia sino también en cuanto a su esencia o contenido-sería el mismo que el del español, cuando fuera tal derecho con tal denominación determinada.
En cambio, según la doctrina constitucional hoy vinculante, ha de ser la ley la que dicte no sólo las condiciones y los límites del ejercicio de tales derechos sino hasta la propia naturaleza de los mismos.
Poco auxilio hallaremos si queremos encontrar en el texto constitucional una pauta para saber cuáles derechos vienen reconocidos a todos y cuáles se conceden sólo a los españoles.
La terminología de los redactores de la Constitución no nos ayuda nada; de nada valen ni las agrupaciones, ni las catalogaciones, ni el empleo o no del vocablo 'ciudadanos'.
El constituyente de 1978 no parece haber tenido conciencia alguna del problema, o a lo sumo una muy vaga, tal vez porque pensó que en nuestra Patria esas cuestiones son puramente marginales (al revés de cómo había entendido el asunto el constituyente republicano de 1931, que lo abordaba con un enfoque de principio basado en el humanismo).
Ante esa dificultad del texto constitucional, y ante la doctrina jurisprudencial ya mencionada, se ha producido una oscilación zigzagueante de la legislación española.
Vino primero la Ley de 1985, de orientación esencialmente restrictiva y proteccionista de la mano de obra autóctona frente al trabajador inmigrante.
Cuatro años después el legislador optó, en la Ley orgánica 4/2000, por una visión ampliativa y generosa, que aspiraba a reconocer a los extranjeros legalmente radicados en España todos los derechos salvo exclusivamente algunos derechos políticos.
Más restrictivo ha sido el enfoque aportado por las dos sucesivas reformas de esa ley: la una a los once meses de promulgarse el texto original y la siguiente menos de tres años después de esa primera reforma.
El resultado es una ley tremendamente confusa, de lectura intragable y laberíntica, cuyas motivaciones y cuyos principios se enredan en una madeja inextricable y provocan colisiones explosivas que imposibilitan toda interpretación finalista razonable y coherente.
Lamentablemente lo que hay que decir es que en esa ley, tal como está hoy el legislador no sabe qué criterio general tiene de los derechos de los extranjeros en España, y que a veces la ley es o quiere ser generosa y muchas otras desmiente de modo cruel esa generosidad y se muestra incluso despiadada.
El ejercicio de la potestad de otorgamiento o denegación de visados se sujetará a los compromisos internacionales vigentes en la materia y se orientará al cumplimiento de los fines de la política exterior del Reino de España y de otras políticas públicas españolas o de la Unión Europea, como la política de inmigración, la política económica y la de seguridad ciudadana.
El número 5 del mismo artículo añade que se podrán fijar reglamentariamente otros criterios en casos excepcionales (previsión redundante y vacua).
El número 6 obliga a motivar el rechazo en tres supuestos particulares.
Está claro que de modo general la concesión es discrecional e inmotivada, aunque las autoridades investidas de esa competencia sí han de tomar como regla las pautas que figuran en el texto citado.
Aparte de los compromisos internacionales (no faltaba más sino que se permitiera a las autoridades competentes denegar visados transgrediendo las reglas válidas de derecho internacional público convencional), el único criterio es el 'cumplimiento de los fines de la política exterior del Reino de España y de otras políticas públicas españolas o de la Unión Europea'.
El otorgamiento de visados no se regula así en primer lugar por atención a los derechos humanos, ni a la legitimidad de los fines e intereses de los propios solicitantes, ni a títulos históricos aducibles por ellos, sino a fines de política pública del Estado español.
Así, lo que determina esa relación inicial y crucial entre la administración española y el particular extranjero deseoso de venir a España no es una atención a los anhelos del ser humano singular y concreto que lo demanda, ni siquiera sometiendo esos anhelos a un filtro restrictivo en virtud de las políticas públicas españolas o paneuropeas, sino exclusivamente la instrumentalidad de la concesión para atender a esas políticas.
Criterios recomendables [de lege ferendo)
En el citado precepto sobre la concesión de visados se echan en falta criterios como podrían ser:
-La arraigabilidad, o probabilidad razonable de arraigo si se concede el permiso de entrada, y una vez que transcurra un tiempo; probabilidad elevadísima en el caso de cualquier hispanoamericano; pero que también es graduable en otros casos: un rumano, que habla una lengua romance hermana del español, tiene más probabilidades de arraigo que un eslavo o un germano; -La pasada situación de soberanía española en el territorio del cual es nacional el solicitante, o, alternativamente, el hecho de que los habitantes de ese territorio fueran españoles según la primera de nuestras constituciones, la de 1812; -La españolidad de los antepasados del solicitante (o al menos la de los ascendientes de tercer grado); -La contribución al desarrollo y a la prosperidad de los países de donde son oriundos los solicitantes (a menos, claro, que circunstancialmente ése sea un fin de política exterior española o paneuropea); -Razones humanitarias (idem); -Contribuir a un mundo más fraternal y humano (idem); -El pago de la deuda histórica de hospitalidad (la que tuvieron para con millones de españoles muchos países algunos de cuyos habitantes desean ahora venir a España); -La reparación de injusticias históricas (trata negrera, esclavitud, colonización, conquista del Rif); -La posibilidad de origen hispánico de algunos antepasados de los solicitantes (como sucede p.ej. en lo tocante a descendientes de los moriscos expulsados en el siglo XVII, cuya genealogía no ha perdurado por la pobreza de esas poblaciones afincadas en Marruecos).
El criterio de reciprocidad
La referencia a los compromisos o convenios internacionales suscritos por España puede permitir a las autoridades otorgantes del visado guiarse -en parte al menos-por el criterio de reciprocidad.
Habría, no obstante, que flexibilizar el criterio, precisando el módulo de tal reciprocidad.
Si ésta ha de contarse año por año, es una cosa; si puede computarse siglo por siglo, es otra.
Una reciprocidad de sentido y alcance histórico tendría en cuenta cuántos permisos de inmigración han concedido ciertos países, en los últimos cien años, a los españoles cuando éstos lo han necesitado, y qué trato recíproco se han ganado así esos países para que sus nacionales puedan ahora obtener visados españoles con igual criterio.
El único criterio legal: fines de la política exterior
El citado número 4 del art. 27 de la Ley sólo precisa, como «fines de la política exterior del Reino de España y de otras políticas públicas españolas o de la Unión Europea» -a cuyo cumplimiento se orientará la concesión de visados, que será puramente potestativa, o sea discrecional-los siguientes (sin excluir otros): «la política de inmigración, la política económica y la de seguridad ciudadana».
A este respecto vale la pena señalar que las políticas públicas españolas no sólo no tienen por qué coincidir con las de la Unión Europea, sino que de hecho se está produciendo una colisión, y el texto de la Ley no articula en absoluto un criterio de prioridades para que las autoridades otorgadoras de visados actúen en presencia de esa colisión.
Y ello es todavía más obvio si se interpreta la expresión 'fines de la política exterior' como abarcando también los fines o intereses del Estado.
En efecto, hay intereses del Estado español (del reino de España, pues) que exigen una política inmigratoria extremadamente abierta, y que chocan con los fines e intereses de países preponderantes en la Unión Europea.
Así, en la nueva configuración política de la Unión Europea la capacidad de representación institucional de un estado miembro depende, principalmente, del volumen de su población.
Es evidente que una política inmigratoria generosa y hospitalaria podría en breve plazo permitir a España sobrepasar a los demás países de la Unión Europea en ese aspecto y así propiciar un mejor trato de los intereses españoles en lo tocante al respeto de lo que queda de nuestra industria pesada (como los astilleros) y nuestra agricultura (olivar, viñedo etc).
Asimismo, las perspectivas de éxito en la defensa de la lengua española en la Unión Europea dependen del volumen Además, hay otra razón específicamente nacional para una política inmigratoria generosa y amplia, especialmente para con los habitantes de territorios que estuvieron bajo soberanía española y cuya población se vio atribuir la nacionalidad española por la Constitución de Cádiz de 1812, a saber: acercarnos a una pauta más concorde con el ius sanguinis y que nos distancie menos de la que practica el país más poderoso y poblado de la Unión Europea, Alemania, el cual otorga la nacionalidad a habitantes de terceros países con antepasados que provinieran de territorios alemanes en períodos históricos en los que ni siquiera existía el Estado alemán (al revés, pese a la existencia nominal del Reich, solían los estados alemanes estar en guerra unos con otros).
Un principio de igualdad nos llevaría a reconocer, con mucho mayor motivo, el derecho a la ciudadanía de cualquier persona cuyos antepasados hayan sido españoles según la Constitución gaditana de 1812 (y más si habitan un territorio que entonces formaba parte del reino de España, según lo define esa carta magna).
Si los decisores públicos españoles no quieren atreverse a tanto (o si su mentalidad y su patriotismo no se elevan a ese nivel de comprensión), como segunda opción, menos ambiciosa, estaría la de al menos conceder automáticamente un derecho de migración a España de esas personas (a salvo de excepciones de salud o seguridad públicas debidamente motivadas).
Otra razón susceptible de entrar en conflicto con políticas paneuropeas es la demográfica: España es uno de los países del mundo donde es más baja la natalidad y que sufren un mayor envejecimiento de la población -que sólo ahora empieza a corregirse un poco gracias a la más pujante inmigración de estos últimos años (pese a la orientación restrictiva de la legislación, que se ha estrellado contra la realidad y que ha sido desobedecida por el pueblo español).
Las políticas migratorias de la Unión Europea no tienen en cuenta ese factor ni esa necesidad específica de un país como España, como tampoco las características peculiares de la hermandad hispanoamericana.
3,5 Política de inmigración
Para cerrar la discusión del art. 27.4, hay que recalcar que los únicos ejemplos de fines políticos españoles o paneuropeos que se aducen como posibles criterios para conceder o dene-» gar visados son estos tres: la política de inmigración, la política económica y la de seguridad ciudadana'.
El primero es redundante y vacuo mientras no se diga nada de qué podría ser una política de inmigración (con el agravante de que la vaguedad pasa a ser desfiguración cuando se inserta la referencia a las políticas de la Unión Europea, cuyas opciones en esa materia pueden ser, y son, hostiles y contrarias a las de la mayoría de los españoles).
El Para rematar el desaguisado legislativo, esas leyes orgánicas -y particularmente la de noviembre de 2003-introducen alteraciones a otras leyes, como la de competencia desleal, la de régimen local y la de régimen jurídico de las administraciones públicas y del procedimiento administrativo común.
Habría que acabar con esa mala praxis legislativa que produce una incalculable confusión e incertidumbre jurídica; en su lugar retornar a la praxis codificadora, sabio fruto de un siglo sabio (el XIX), que introdujo orden, armonía, claridad, estabilidad y seguridad jurídica.
Échanse en falta nuevos códigos estables de derecho procesal, penal, administrativo, sanitario, comercial, laboral, de derecho de extranjería, etc. O, a falta de eso, al menos que las reformas legislativas ofrezcan, cada vez, un texto articulado completo de la ley alterada, absteniéndose de modificar leyes de sustancia diferente, y dejando simplemente operar las reglas de exequibilidad prioritaria de las normas jurídicas (como la de lex posterior derogai priori).
Fracaso de las leyes de extranjería
A este respecto habría que comentar, de pasada, cuan perniciosa y deplorable es la técnica legislativa utilizada (de la que tanto se está abusando últimamente) de incrustar, en una reforma de una ley concreta, cambios en cascada de muchas otras leyes sobre cuestiones enteramente diversas; defecto que se añade al mucho más grave de que la L.O. En cualquier caso, y para nuestro actual propósito, el efecto conjunto de los dos preceptos mencionados es hacer permanentemente transparentes los padrones municipales a los agentes de la policía y demás cuerpos de seguridad y poner fin a cualquier reserva de confidencialidad.
Eso significa que ningún extranjero en situación irregular se inscribirá en los padrones municipales.
Los inscritos no renovarán su inscripción, que caducará a los 2 años según lo dispuesto en el art 3 de la nueva LO.
Ante el fracaso de las leyes (o, para decirlo sin eufemismos, ante el masivo desacato a tales leyes por parte de una amplísima masa de españoles, que han colaborado y colaboran activamente a que queden en papel mojado), las administraciones han tenido que acudir, quieran que no, a procedimientos periódicos de regularización: 1991, 1996, 2000, 2001, 2005 desvivirse por sus empleados extranjeros hasta el punto de sacrificar días de colas y gestiones frustrantes para que el inmigrante irregular consiga obtener un permiso de residencia.
Además, en principio se exigía un certificado del padrón municipal, lo cual acabamos de ver que es quimérico esperar en muchos casos (los de quienes estén al tanto del tenor de la ley vigente).
Seguramente el actual proceso de regularización se saldará por un nuevo fracaso, que hará menester una repesca con criterio más realista y generoso, o, de lo contrario, continuará existiendo una masa de inmigrantes estables pero indocumentados a los que una multitud de pequeños empleadores seguirán brindando trabajo pese a las amenazas legales y a los castigos draconianos.
Quien esto escribe suscribe la teoría de Joaquín Costa: que el legislador sólo promulga las leyes ad referendum, y que el pueblo mismo tiene un poder refrendatario indelegable, que sólo el pueblo da plena vigencia jurídica a las normas al acatarlas, integrarlas y plasmarlas en su praxis real, y que el incumplimiento sistemático o muy generalizado de las leyes significa su abrogación sobrevenida por desuso, o -peor que eso-que ni siquiera lleguen a adquirir plena validez.
Si eso es así (o aproximadamente así), entonces hay que decir que la ley de extranjería no ha alcanzado plena vigencia legal porque ha sido masivamente desobedecida por el pueblo español.
La presencia en España de una masa de inmigrantes sin papeles, principalmente latinoamericanos, sólo es posible por la colaboración activa que encuentran por parte de muchos miles de españoles, que los ayudan a entrar o a quedarse en España.
4-3 Razones de la existencia en España de una masa de indocumentados.
Pueden ser muy variables las razones por las que muchos miles de españoles prestan su apoyo a los inmigrantes sin permiso oficial; cada uno tendrá las suyas, pero (a salvo de un estudio sociológico científico) cabe conjeturar que son frecuentes motivaciones como éstas:
-La mismidad lingüística, la común tradición cultural católica, romana e hispánica, los lazos familiares (aunque sean distantes) en algunos casos, y muchas veces hasta el nombre y el apellido hispánicos; todo lo cual hace que muchos españoles vean a los inmigrantes iberoamericanos casi como a compatriotas, y viceversa.
-La conciencia de las dificultades económicas por las que atraviesan esos países, víctimas de un mercado sin alma, que han forzado a la emigración y el deseo de ayudar en algo (sin por ello llegar al auto-sacrificio que exigen ahora los normadores de este proceso de regularización).
-El interés propio, dado que esa mano de obra inmigrante se adapta frecuentemente a la conveniencia del empleador en cuanto a prontitud en el desempeño, flexibilidad locativa, horarios, anteposición de la prestación laboral (y de la remuneración que conlleva) a otras conveniencias personales.
Ese hecho está ahí a pesar del número de desempleados que hay en España.
-El hecho de que millones de españoles fueron emigrantes y no siempre se han vuelto insensibles a las dificultades, los sinsabores, las penalidades y las tribulaciones por que pasan inmigrantes de otros países, que les recuerdan parte de lo que ellos tuvieron que atravesar en otra fase de su vida.
Dados esos factores, con o sin regularizaciones, continuará desobedeciéndose la ley de extranjería y seguramente serán ineficaces las amenazas que ésta contiene.
El fracaso y el rechazo popular serán más estrepitosos cuanto más restrictivo y estrecho de miras sea el proceso de regularización, que es una válvula de escape por la cual el Estado consiente y admite con la mano izquierda lo que ha prohibido y querido castigar con la mano derecha.
Estamos ante una ambivalencia de los poderes públicos, ante una escisión o dicotomía entre dos actitudes opuestas, la una (con expresión normativa general) de índole dura, restrictiva, prohibitiva, persecutoria, y la otra (por medio de disposiciones ocasionales y dizque excepcionales) de carácter blando, abierto, indulgente, regularizador de situaciones de hecho y que consiente e integra a la vida jurídica estados de cosas cuyo origen fue una transgresión de la normativa vigente.
Las regularizaciones y el instituto jurídico de la prescripción
Una cierta prensa amarilla xenófoba pone el grito en el cielo, aduciendo que, con tales procesos de regularización, se ampara la vulneración de la ley; que así se acaban saliendo con la suya los infractores de la ley: el inmigrante indocumentado y las personas que, con o sin ánimo de lucro, lo han ayudado a venir o a quedarse.
Mas, por mucho que ello escandalice a esos periodistas, tal ambivalencia siempre ha formado parte del ordenamiento jurídico, desde toda la eternidad, y ciertamente desde el derecho romano para acá.
En efecto, el derecho mira al futuro, no al pasado.
No trata de rectificar los yerros pretéritos.
De ahí que sea consustancial al derecho integrar a los hechos.
Las situaciones de hecho siempre acaban siendo situaciones jurídicamente tuteladas por el transcurso del tiempo.
Eso es así incluso en los casos de las ilegalidades más fuertes, que son las transgresiones de la ley penal (salvo excepciones inventadas recientemente, como los crímenes imprescriptibles, cuya mera admisión es problemática por ir en contra de un principio general del derecho).
No hay homicidio, robo, hurto, estafa, estupro u otro delito que no acabe prescribiendo.
Más fácilmente prescriben infracciones administrativas, laborales, civiles (impago de deudas).
Todo tiene su plazo de caducidad o prescripción.
También sucede en el derecho internacional.
Una conquista ilegítima prescribe con el transcurso del tiempo.
Si los reyes de Francia se adueñaron de modo artero o violento del Rosellón, del Franco Condado, de Dunquerque o de Lorena, el transcurso del tiempo ha acabado consagrando la incorporación a Francia.
(Otros factores también, claro, incluyendo la voluntad de las poblaciones.)
La posesión de estado acaba también siendo legalizada y regularizada en otros órdenes, o en todos.
En el derecho tributario, es bien sabido que acaban prescribiendo todas las infracciones -incluso las delictivas, que por su cuantía sólo pueden ser perpetradas por una minoría-.
En el derecho civil, tenemos la usucapion o prescripción adquisitiva de la propiedad; o la adquisición consuetudinaria de servidumbres que gravan la propiedad ajena.
O miremos al derecho de familia.
En ciertos ordenamientos jurídicos la cohabitación marital c/e facto acaba sustentando una relación matrimonial de iure.
Algo similar se aplica a las relaciones de filiación.
Es más, en su origen todo el derecho era consuetudinario.
No es, pues, ninguna particularidad del derecho de extranjería que, al cabo de unos años, lo que se inició sin respeto a un precepto legal acabe siendo integrado en el orden jurídico.
Eso es así prácticamente en todos los campos.
En unos antes, o más fácilmente; en otros, después, o más difícilmente, según cuál sea el bien jurídico protegido por la norma inicialmente transgredida.
Estamos ante un principio general del derecho.
Es cierto que el sistema de fuentes del derecho español proclama, en el art. 1 del Código Civil, que los principios del derecho tienen una vigencia subordinada a la de las leyes y a la de la costumbre, y sólo operan supletoriamente, en defecto de ley y de costumbre.
Sin embargo, ese precepto legislativo difícilmente puede transmutar la jerarquía normativa de fuentes si la propia ley de la que forma parte no es ley suprema.
O sea: si esa misma ley (en este caso el Código Civil) estuviera, en el ordenamiento jurídico, subordinada a ciertos valores y principios jurídicos más vinculantes y también, bajo determinadas condiciones, a la costumbre (por el principio de Joaquín Costa ya mencionado), entonces tal ley no tendría autoridad jurídica suficiente para alterar esa prelación de fuentes y poner por encima al texto promulgado por el legislador.
Ahora bien, cuál sea en definitiva la jerarquía de normas es un asunto controvertido y desde luego en evolución, porque los ordenamientos jurídicos son mutables y evolutivos.
Es la misma praxis jurídica la que va configurando esa jerarquía.
En el estado actual de cosas, los rangos diseñados en el Código Civil están en tela de juicio; podemos conjeturar que, diga ese Código lo que dijere, ciertos principios jurídicos pasan por delante de la ley escrita.
Y uno de ellos es el de prescripción o caducidad, a saber: el conflicto entre la verdad o situación c/e facto y la situación de iure acaba revirtiendo en una juridificación de la situación de facto, siempre que haya transcurrido un tiempo suficiente.
Entendidos así, los procesos de regularización son fenómenos jurídicos banales.
Eso sí, sería mucho más racional sustituirlos por un proceso permanente de integración legal de inmigrantes indocumentados, que evitaría las zozobras, las carreras, los atascos administrativos, los agravios comparativos de ventanilla recién cerrada, los abusos de la picaresca.
No vale objetar que la certeza de un proceso permanente de regularización o prescripción adquisitiva de residencia por transcurso del tiempo redundaría en un incentivo a la transgresión ulterior de la ley.
Tal argumento no vale nada, porque, de valer, por las mismas habría de eliminarse la prescripción del derecho civil, del administrativo, del procesal, del penal, del laboral, y la vida sería invivible; y la seguridad jurídica, nula.
Insuficiencias del actual proceso regularizatorio
Para cerrar este apartado he de mencionar someramente algunos aspectos criticables del actual proceso de regularización: •n o 1 °) Que se haya obligado a los empresarios a iniciar el procedimiento; eso va contra un principio jurídico procedimental, a saber que es cada persona la que ha de tramitar los asuntos que la conciernen, principio que tiene fuertes razones de ser, la principal de las cuales es que el destino de una persona no ha de depender de la diligencia o negligencia de otras, cuyo desvelo por el bien ajeno no puede presumirse.
2°) La exigencia de un certificado de carencia de antecedentes penales; exigencia desmesurada, desproporcionada y en buena medida absurda; se presume que en sus países de origen reinaba un orden jurídico justo, que no forzó a la comisión de actos delictivos y que, de producirse éstos, los trató con justicia; imaginemos un guatemalteco que, acosado al hambre por el militarismo latifundista, hurtó unos bollos, y fue sentenciado por ello a 2 años de cárcel, cuando tenía 12 años de edad; 18 años después quiere emigrar a España, y viene rechazado por esos antecedentes.
3°) La exigencia de certificado de empadronamiento desde el 7 de agosto de 2004 (sin que valga nada haberse empadronado el 8 de agosto, lo cual constituye una violación flagrante del principio de gradualidad o proporcionalidad).
Ahora bien, hay que recordar que la Ley de noviembre de 2003 hizo permanentemente transparente el padrón municipal a la policía, a la vez que calificaba a cualquier estancia no autorizada como infracción grave -sancionable con el internamiento forzoso y la expulsión.
Ello ha impedido empadronarse a la mayoría de los inmigrantes indocumentados.
4°) La exigencia de una condición previa, a saber: que el empresario esté al corriente de pago de tributos y cuotas de seguridad social, en lo cual el trabajador inmigrante no tiene arte ni parte; se lo sanciona así con el castigo de no poder regularizarse por falta de otro, su empleador.
Adujóse que son derechos del hombre universalmente reconocidos.
Asimismo se debatieron mucho ciertas restricciones a los derechos políticos de los propios inmigrantes legalmente autorizados.
Mi presente análisis prescinde de tales debates -p.ej. de la controversia sobre el derecho de huelga o el de asociación, y todavía más de la discusión sobre derechos de participación electoral.
Y es que esos derechos son de interés secundario para la abrumadora mayoría de los inmigrantes, principalmente de los indocumentados, cuyo anhelo es ver que se tolere su residencia dé hecho, poder encontrar un trabajo, ganarse la vida, enviar unas remesas a los suyos que quedaron atrás y labrar un futuro mejor para su familia.
Ésos son los derechos a cuya titularidad aspiran.
En otra fase de su vida pueden llegar a desear más derechos, obtener ayudas sociales, hacer huelga, sindicarse, alcanzar una promoción profesional y una participación política; y muchísimos de ellos, si logran quedarse, querrán (y habrán merecido) ser españoles; de momento, sus aspiraciones son muy modestas, centrándose principalmente en que no se les prohiba estar aquí y trabajar; prácticamente nada más.
La batalla legal sobre los derechos de los inmigrantes indocumentados hubiera debido centrarse en esos derechos.
Lo que no sea eso es un despotismo ilustrado, que le dice a la gente qué derechos son prioritarios para ella (por el rango que ostentan en una escala conocida por los expertos), sin tener en cuenta las prioridades sentidas por la propia masa de los afectados.
5.2 ¿Viola la ley el inmigrante indocumentado por el solo hecho de serlo?
De todas las aspiraciones de los inmigrantes indocumentados, la principal se cifra, sin embargo, en que no se los tenga por transgresores de la ley.
Basta incluso que el derecho sancionador o punitivo la castigue para que, eoipso, tenga que ser juzgada ilegal, ya que sólo se sanciona lo ilícito.
Sin embargo, para que una conducta venga calificada de ilícita únicamente por la estipulación de una sanción legal es menester que esa estipulación sea admisible según nuestro ordenamiento jurídico-constitucional; que, si no, o cuando sea dudosa su admisibilidad jurídica, es muy difícil aceptar que, así y todo -y meramente por esa amenaza de una sanción jurídicamente cuestionable-, pase a estar prohibida la conducta referida.
Pues bien, la LE en varios lugares relata deberes de los extranjeros que quieran venir a España, de los que entren en España y sigan en nuestro país; de ese conjunto de preceptos puede uno colegir que el legislador no deseaba que fuera una conducta legalmente autorizada la estancia de un extranjero no precedida por un permiso oficial o que se prolongue más de lo inicialmente permitido.
Sin embargo, colegir la intención es una cosa; inferir la norma prohibitiva es otra.
Para que una conducta esté prohibida por la ley no basta, en absoluto, la presumibilidad de la intención del legislador de que esa conducta no venga estimada lícita.
De no adoptarse un extremo voluntarismo jusfilosófico -incompatible con un Estado de derecho-, la mera intención del legislador no transforma a lo lícito en ilícito; y la regla de presunción de libertad (o principio de permisión) determina que, mientras no se pueda demostrar la ilicitud de una conducta, ésta es lícita.
Hasta donde lo ha averiguado el autor de este artículo hay una única manifestación tajante, clara, contundente de la ilegalidad de cualquier estancia de un extranjero en España que no se haya iniciado según las vías previstas en la LE o que se haya prolongado más de lo previsto en ella y en su reglamento de ejecución.
Esa única manifestación la contiene el art. 53.a), al afirmar que es una infracción grave'encontrarse irregularmente en territorio español, por no haber obtenido la prórroga de estancia, carecer de autorización de residencia o tener caducada [...] la mencionada autorización'.
Los artículos 56 y 57 prevén la imposición de sanciones para las infracciones; para la de encontrarse irregularmente en territorio español, la multa de hasta 6.000 euros o la expulsión.
Esa normativa sancionadora merece un comentario detallado, que voy a desarrollar en los epígrafes restantes de este apartado.
5-3 ¿Es justa la sanción con la que se amenaza al inmigrante?
Apareciendo la conducta de «encontrarse irregularmente en España» calificada de infracción grave y sancionada con una multa milionaria o la expulsión, dado que sólo de esa previsión punitiva se sigue la ilicitud de la conducta en cuestión, hemos de preguntarnos si tal sanción es admisible en nuestro sistema jurídico-constitucional.
No lo es, porque es injusta.
La propia LE menciona (art. 55.3) los principios del derecho sancionador: proporcionalidad, grado de culpabilidad, riesgo, daño producido por la infracción y su transcendencia.
Es pobre esa gama de criterios, desde luego.
Faltan por completo las causas de justificación o eximentes, el grado de conocimiento de la prohibición legal y de los hechos relevantes para la calificación de la conducta, las circunstancias atenuantes o agravantes y las causas de exculpación; reglas válidas para el derecho penal y que -aunque sea de manera laxa, menos estricta, menos bien pergeñada-han de estar presentes también para el derecho administrativo sancionador.
Aunque el derecho sancionador administrativo no tiene que ajustarse a pautas tan estrictas como el derecho penal (pues, aun siendo ambos derecho punitivo, lo son en grado diferente), así y todo siempre habrá que exigir algún grado de conformidad con los principios más básicos del derecho penal, o por lo menos con los que, por su propia índole, son inmediatamente extensibles a todo el derecho sancionador.
Así, tal vez no haya de exigirse que se respete el principio de la ultimo ratio -en virtud del cual el derecho penal se autoexcluye de regular la vida pública y privada mientras ésta pueda regularse por otras vías jurídicas; mas tendrá que haber al menos un onologon de ese principio.
A tenor de ese onalogon -o principio atenuado de intervención mínima-, no se someterán al derecho sancionador aquellas conductas ilícitas que sean susceptibles de remediarse, más suavemente, por las vías del derecho administrativo (nosancionador), civil, laboral etc. Y no parece que algo en sí tan anodino e intranscendente como una mera estancia en territorio español sin previa autorización oficial sea una conducta que no se pudiera remediar por vías más simples (como sería la obligación de indemnizar por el daño causado, si lo hubiera, o por el peligro que se hubiera hecho correr; y, de no existir ningún daño ni peligro, la verdad es que no se ve por qué va a ser una conducta prohibida).
5-4 ¿Cuál es el bien jurídico protegido por la prohibición de estar en España?»
Otro principio del derecho penal que ha de aplicarse también a cualquier otra rama del derecho punitivo o sancionador es que no puede haber una conducta castigada sin que pueda deducirse de la normativa vigente un bien jurídico protegido por esa prohibición penal.
En nuestro caso, ¿cuál sería el bien jurídico protegido por el castigo a quienes no hagan sino encontrarse en España sin haber obtenido autorización?
Mientras no se conteste a tal pregunta, cabe presumir que la prohibición es contraria a un principio fundamental de nuestro ordenamiento jurídico, y por ende nula.
5,5 Privación de libertad como consecuencia de un mero estar
No para aquí la desmesura punitiva de la ley por un hecho tan inocuo como la simple presencia de un extranjero que no se haya provisto de autorización oficial.
La ley es tan draconiana que el art. 62.1 habilita a las autoridades a imponer al incurso en procedimiento de expulsión, por ese motivo de estancia no autorizada, una privación de libertad, consistente en que quede apresado en un centro de internamiento, por más que el art. 60.2 sostenga que los lugares de internamiento de extranjeros no tendrán carácter penitenciario (lo cual puede ser malo, porque así se los despoja del tratamiento garantista que, en nuestro ordenamiento de hoy, caracteriza a los centros penitenciarios, al menos sobre el papel).
Está claro que un ser humano que no ha hecho nada malo, que ha llegado a España para ganarse la vida honradamente, viene, sólo por eso, tratado por nuestras autoridades con extrema dureza, encerrado en un centro de internamiento (o sea, sometido a lo que en nuestro sistema jurídico juzgamos el tratamiento más severo: la privación de libertad) para, a la postre, ser expulsado.
Llegados a este punto, la verdad es que hay que lamentar la hinchazón en España del derecho sancionatório administrativo, porque el derecho penal protege mucho más.
Los presos en las cárceles que así se llaman disfrutan de más garantías que los inmigrantes encerrados en centros de internamiento.
Y es que la única justificación del derecho sancionatório administrativo era que, por lo menos, en él no se amenazaba nunca con pena de privación de libertad ni con detención preventiva (aunque a menudo las multas administrativas sean muchísimo más elevadas que las penales).
¿Qué figura conductual se está castigando?
Ahora hay que indagar qué género de conducta es la que se está aquí reputando infracción grave y castigando con tantísima dureza.
De nuevo hay que mencionar un principio básico del derecho sancionador, que es el de tipicidad.
Una figura infractora ha de tener un contorno preciso que la deslinde de las demás, y por ende ha de ser un comportamiento tal que se pueda perfilar en el tiempo y en el espacio su comisión (por acción o por omisión).
Eso no significa que tal comisión haya de ser instantánea; puede ser una secuencia de actos (o de omisiones).
Sin embargo, encontrarse en territorio español y no haber obtenido para ello una autorización no es ninguna figura claramente tipificable.
En rigor no es una conducta, sino una situación que se da, aquella en la que uno resulta estar o encontrarse; aquí se está castigando el ser encontrado.
De ser una conducta, hay que preguntarse si es de comisión momentánea o de tracto sucesivo.
No lo primero, porque eso sería la entrada en España, no el quedarse en ella después de esa entrada.
Mas no está claro que sea una conducta de tracto sucesivo que se siga cometiendo.
Pensemos en una transgresión penal de tracto sucesivo como la violencia habitual o la estafa continuada.
Son conductas que empiezan a cometerse y luego siguen cometiéndose a lo largo de un período; en diversos sublapsos de ese período se perpetran partes del delito, que sumadas lo constituyen.
En cambio, el encontrarse en España no se sigue cometiendo; no hay secuencia alguna de actos que, sumados, sean ese encontrarse.
Al revés, el encontrarse, o ser encontrado, es puntual u ocasional: tal extranjero viene encontrado, en un control de documentación en la Gran Vía madrileña, el 1 de marzo del año 2005 a las 7 de la noche, p.ej.; no se computa la serie o suma de actos de estancia no autorizada (la víspera, la antevíspera etc, salvo cuando lo pertinente sea el momento de caducación de su permiso).
Por otro lado, la mera entrada no autorizada en España no constituye una infracción; así se desprende del hecho de que la entrada no autorizada no figura en el elenco de infracciones y, además, el art 58.2.b prevé la «devolución» -que no la expulsión-para supuestos de entrada en España sin autorización (entrada fallida, claro; que, si no, ya tendríamos una situación duradera, que sería un encontrarse irregularmente en España); supuestos a los que el contexto permite concebir como no constitutivos de infracción; la devolución no se articula como sanción.
No hay analogía alguna entre esa dizque infracción de encontrarse en España un extranjero -sin haber obtenido para ejio autorización oficial-y las transgresiones penales 0 penitenciarias de estancia en lugar prohibido; p.ej. la que perpetra el maltratador a quien el juez ha impuesto la obligación jurídica de no acercase al domicilio de la víctima, en 1 Km a la redonda.
Si éste se encuentra en ese perímetro, la infracción la habrá cometido en el momento de cruzar la raya o línea imaginaria; es un acto de perfil definido, una figura de comportamiento perfectamente delimitable en el espacio y en el tiempo.
No está, pues, nada claro qué es lo que hace, ni en qué momento, ni dónde, aquel extranjero al que se reprocha «encontrarse irregularmente en España» para que, con ese hacer (o ese no-hacer), esté así infringiendo la norma.
Estamos ante una no-conducta de perfiles oscurísimos y de entidad real sumamente problemática.
6 Otras conductas sancionadas por la Ley
Si la LE castiga con dureza y escaso sentido de fraternidad humana una no-conducta perfectamente inocua, apila otra serie de comportamientos en el campo de lo punible.
Castiga la ley las acciones que faciliten o favorezcan la inmigración indocumentada, la acogida a esos inmigrantes, la ayuda que se les preste para realizar su viaje a España, en particular el transporte (incluso, en ciertos casos, el transporte de pasajeros dentro del territorio español cuando uno de los viajeros sea un inmigrante irregular), así como el puesto de trabajo que se les ofrezca, que viene calificado como acto de competencia desleal.
El art. 54.1.b de la LE califica como infracción muy grave (sancionable, según el art. 55.1.c, con multa de medio millón de euros) cualquier acto que consista en Inducir, promover, favorecer o facilitar, con ánimo de lucro, [...] la inmigración clandestina de personas en tránsito o con destino al territorio español o su permanencia en el mismo'.
El art. 54.1.d califica del mismo modo la contratación laboral de inmigrantes indocumentados, aunque no se haga con ánimo de lucro (puede que en esa contratación el empleador salga perdiendo con respecto a lo que ganaría no efectuándola o contratando a un español), si bien en este caso la sanción será menos draconiana.
Notemos que el art. 54.1.b está castigando un amplísimo abanico de conductas, entre las cuales figuran: P) La formación de una red de solidaridad y auxilio al inmigrante (incluso a inmigrantes argelinos con destino a Francia donde las leyes de reagrupación familiar son restrictivas), siempre que sufraguen parte de su actividad con los donativos de esos mismos inmigrantes.
2') La difusión en internet de un llamamiento a la acogida hospitalaria a inmigrantes indocumentados cuando se haga con un afán de prestigio moral que pueda indirectamente repercutir en algún tipo de beneficio para el difusor (toda vez que la jurisprudencia -al menos en derecho penal-suele tener un concepto amplísimo de 'ánimo de 3") El alojamiento de inmigrantes indocumentados, salvo tal vez cuando se haga de manera totalmente gratuita.
4") Una atención sanitaria privada, a cambio de remuneración (por modesta que sea), a un inmigrante indocumentado, al menos cuando se sospeche que lo es.
5") La venta a inmigrantes indocumentados (por lo menos cuando se sospeche que lo son) de mapas, planos, vituallas, prendas, cantimploras, gafas de sol, botas, brújulas, teléfonos móviles, y otros objetos que puedan usarse para proseguir rumbo a un destino laboral en España o en el extranjero.
Si eso se aplicara, viviríamos en un Estado policiaco que superaría con creces al régimen franquista, perjudicando, entre otros, a los españoles que -por tener una tez más oscura u otros rasgos anatómicos, por la fisonomía, el atuendo o cualquier otro accidente-somos más propensos a aparecer como oriundos de países meridionales, y que seríamos acosados al alojarnos en un hotel, al adquirir un boleto de transporte o al efectuar compras de una vasta gama de mercancías.
Otra infracción muy grave, según el art. 54.2.b, es el transporte a España de viajeros'sin haber comprobado la validez y vigencia, tanto de los pasaportes [.••] como, en su caso, del correspondiente visado'.
Así los empleados de compañías privadas de transporte terrestre, aéreo y marítimo vienen coercitivamente convertidos en agentes de la autoridad con poder de imperio y con una misión de vigilancia que excede absolutamente su tarea comercial; lo cual redundará en un servicio molesto, ofensivo y execrable que haga odiosos los viajes.
Además, se está así exigiendo a las compañías privadas de transporte de viajeros un enorme conocimiento jurídico y un gran dominio de técnicas de documentación, propiciándose de ese modo la ruina de las más modestas en beneficio de un círculo oligopólico.
Todo eso revela la desmesura punitiva de la ley -si bien hay que reconocer que casi todo eso es emanación de las directivas euro-comunitarias.
Estamos en las antípodas de una visión restrictiva del ius puniendi, que limite la entrada en escena del derecho san-cionador a casos en los que el daño causado no pueda repararse fácilmente por los mecanismos del simple derecho administrativo (no-sancionador) o del derecho laboral, o del civil, o del mercantil.
Claro, es que, si bien se mira, todas esas conductas son inocuas.
No hacen mal a nadie; conque no hay cómo resarcir el daño causado.
Otras consideraciones de lege ferenda
A la vez que se incumplen los compromisos internacionales de ayuda al desarrollo de los países pobres (ese miserable 0,70/0 que hubiera debido alcanzarse tiempo atrás, y que ahora se perfila como un desideratum), se olvida que las remesas de los inmigrantes constituyen uno de los principales sostenes de la economía de los países menos favorecidos.
(Así, p.ej., las remesas enviadas a sus familias por trabajadores colombianos en el exterior han alcanzado el pasado año la suma de 3.240 millones de euros, que iguala la suma total bruta de las exportaciones agropecuarias de Colombia y que sólo está un poco por debajo de la exportación de petróleo.)
Además, habría de tenerse en cuenta que esta modalidad de ayuda al desarrollo (permitir la inmigración laboral) es: (1°) la que fluye más directamente a quienes más la necesitan; (2°) la que implica menos sacrificios para la población de los países donantes (en realidad les trae un beneficio, como se echa de ver en la recuperación de la economía española gracias a la mano de obra inmigrante); (3°) la única exenta de riesgo de desviación en provecho de los ricos o de fines militares, represivos o megalománicos; (4°) la más democrática, por ser la que involucra una más activa participación de amplias masas populares de los propios países beneficiarios de la ayuda -y, por lo tanto, la más distanciada del despotismo ilustrado; y (5°) la única que tiene un éxito asegurado a corto plazo.
Las élites europeas parecen ciegas y sordas ante esas consideraciones.
Quienes esperaban un efecto humanizador y civilizatorio del proceso de integración paneuropea han recibido un jarro de agua fría.
La normativa emanada de Bruselas (en particular todo lo conectado con el acervo Schengen) ha endurecido considerablemente la ley española, imponiendo la exigencia de visado para muchos hispanos del otro lado del Atlántico, obligando al estado español a atenerse a listas de exclusión, y en general cerrando España a cal y canto Tal vez peor que eso es que la nueva Ley incorpora la normativa comunitaria (Directiva 2001/40/CE) según la cual se efectuará un reconocimiento automático, inmediatamente ejecutable, de las decisiones de expulsión de nacionales de terceros países dictadas por otros estados miembros.
Así, supongamos un chileno, Juan González, que en 1975 se exilió en la Unión Soviética y se radicó en Estonia; al separarse ésta de Rusia, las nuevas autoridades toman medidas desrusificantes; en ese paquete, pueden haber rehusado regularizar a extranjeros que hubieran adoptado la lengua y cultura rusas cuando no constara su adhesión a la causa independentista estoniana; Juan no se marchó.
Interpelado en un control de documentación en Talín, lo expulsan del país.
Según la nueva ley, esa expulsión es ejecutiva en España, país al que viaja Juan.
Consciente del rechazo social que ha producido toda la legislación persecutoria de los inmigrantes indocumentados y de quienes los auxiíian, el Estado español debería emprender la elaboración de una nueva ley con un título básico en el que se sentaran los valores y principios jurídicos a que habrían de ajustarse la propia ley, las normas de desarrollo, la jurisprudencia y, en lo que dependa de España, la regulación europea.
Habría de ser una ley orgánica con apoyo de la mayoría de los españoles y acompañada de un compromiso de estabilidad legislativa, ya que vivimos una quiebra de los principios de confianza legítima y de seguridad jurídica como resultado de la incontinencia legislativa (y reglamentaria).
El legislador también tiene una obligación frente a los legislados.
Los valores que habrían de reconocerse como inspiradores de esa ley serían los de la hermandad humana, de los vínculos históricos, de la misericordia, de la hospitalidad, de la libertad, de la amistad y el amor (o, si se quiere, el afecto), del cruce de culturas, de la convergencia y la mezcla de los pueblos.
Y los principios de una globalización con rostro humano, y de gratitud, arraigabilidad e interés nacional.
Una ley así constituirá también un motivo para que muchos extranjeros amaran a España, particularmente aquellos que tienen un vínculo histórico con la madre Patria, pero también muchos otros que verían en nuestra nación un baluarte de valores y principios jurídicos dignos de elogio.
Con esa postura axiológica, España también estaría en condiciones de plantear ante las autoridades de la Unión Europea un cambio de política migratoria; hay que ser realistas: la población euro-comunitaria dista de compartir los sentimientos mayoritarios de hospitalidad del pueblo españolpero lo primero que hace falta para emprender una lucha por el bien es adherirse a ese bien y profesarlo; lo cual es, por añadidura, una ventaja incluso en el áspero mundo del mercado (como acertadamente lo han señalado los especialistas de la ética empresarial).
Y, sea así o no, todos sabemos que no sólo de pan vive el hombre.
En último extremo, y si fuera necesario, esos valores y principios podrían incorporarse a una enmienda de nuestra Constitución (ahora que eso ha dejado de ser tabú); con lo cual, además de salvaguardarse la seguridad jurídica, se conseguiría que ninguna normativa emanada de Bruselas pudiera estorbar su exequibilidad.
El trabajo de investigación que ha dado como resultado la redacción de este artículo forma parte del Proyecto: «Un estudio lógico-gradualístico de los conflictos normativos» [BJU2001-1042] del Ministerio de Ciencia y Tecnología. |
RESUMEN El presente artículo intenta hilvanar una reflexión sobre los escurridizos límites entre los conceptos de inmigración económica, nuevos refugiados (personas dignas de protección internacional que no responden a las rancias exigencias del Convenio de Ginebra sobre refugiados) y refugiados amparados por dicho Convenio.
La razón prístina para que el Derecho internacional se ocupe de los supuestos de refugio y apenas lo haga con respecto a los casos de inmigración económica está en que, desde antiguo, este Derecho ha entendido que los movimientos migratorios obedecen a motivaciones más o menos voluntarias, mientras que el refugio implica que una persona se encuentra sin posibilidad de protección en su Estado de origen.
Sin embargo, en el Derecho internacional contemporáneo nos encontramos ante un cuadro dominado por la imprecisión: ¿Son voluntarias las migraciones provenientes desde el tercer mundo?
¿Acaso sólo son involuntarias las provocadas por el Estado de origen, sea por acción u omisión?
¿Qué sucede entonces con los desplazamientos humanos que traen causa en las catástrofes naturales?.
Por fin, la respuesta de los Estados ante las migraciones forzosas y la protección de los nuevos refugiados tra^ consigo una toma de postura coherente ante la diversidad cultural, ya que ésta será determinante para que la denominada «integración» de los inmigrantes y refugiados.
Asimismo, cualquier reflexión sobre la convivencia entre distintas culturas nos conduce al perdurable debate sobre el origen de los derechos humanos fundamentales y de su carácter universal, inderogable e indivisible.
PALABRAS CLAVE Migración económica, refugiados, derechos humanos, diversida cultural, integración social.
I Las migraciones forzosas
Los diferentes estudios llevados a cabo por Naciones Unidas y la OCDE no vacilan en vaticinar que los movimientos migratorios forzosos de los países en desarrollo hacia los países desarrollados van a seguir aumentando en las próximas décadas.
Varias son las tareas que la comunidad internacional ha de asumir a ese respecto.
En primer lugar, a los países receptores nos corresponde colaborar decididamente a que los movimientos previstos aminoren, lo que se logrará potenciando las economías de los países emergentes para que puedan salir de su pobreza.
La principal manera de hacerlo consiste en liberalizar el comercio de sus productos en nuestros mercados.
Recordemos con Lamo De Espinosa que la ayuda al desarrollo, incluso si alcanza el 07o/o del PIB, no pasa de ser aun alivio 134 para nuestras propios coriciencias: «irsát not 3\d», claman los países pobres y deberíamos escucharlos más que dedicarnos a pensar por ellos)) (Lamo De Espinosa, 2004, 136)^.
La anterior referencia a inducir la disminución de los movimientos migratorios forzosos poniendo el énfasis en el factor económico^ podría parecer algo simplista, sin embargo, es preciso tener en cuenta que, aunque no todos los movimientos migratorios forzosos traen causa en la pobreza, cabe afirmar que los desplazamientos causados por la guerra, la violencia, y las violaciones flagrantes de los derechos humanos, así como los provocados por las catástrofes naturales, tienen una clara relación con la debilidad de las economías de los países donde estas situaciones se producen.
En segundo lugar, los países de acogida deben adoptar las normativas jurídicas pertinentes para que quienes lleguen lo hagan de una manera razonable y dentro de la legalidad.
Esta será la conditio sine qua non para que los inmigrantes puedan comenzar su proceso de integración en las sociedades receptoras.
Cuando en dichas sociedades se menciona el «efecto llamada» que provocan, por ejemplo, los procesos extraordinarios de regularización de inmigrantes -como el que se vive estos meses en España-, parece quedar en un premeditado olvido que el verdadero «efecto llamada» lo produce la existencia de puestos de trabajo por cubrir.
Así, una vez que los gobiernos de los países receptores de inmigración toman conciencia de que existe empleo en sectores que no suelen atraer a los nacionales, deberían arbitrar los mecanismos para importar la mano de obra extranjera de manera legal.
El nuevo Reglamento de Extranjería en España da un tímido paso en este sentido al crear, por ejemplo, los visados para búsqueda de empleo.
Quizá este sea el comienzo de un nuevo enfoque en materia de migración económica que termine con esa máquina de producción de trabajadores extranjeros en situación irregular en que han convertido a determinados países receptores -este es, desgraciadamente, el supuesto de España (Gortázar, 2002, 2-3)-ciertas normas de extranjería y las prácticas a las que éstas han dado lugar.
Otra labor de calado en lo que respecta a las sociedades de acogida consiste en la sensibilización de la opinión pública y la ruptura con falsos lugares comunes.
Hace algunos años, el Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia Comillas realizó y publicó una investigación, encargada por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, en la que estudiaba la relación entre la inmigración y la economía española; los resultados fueron concluyentes y casi llamativos en cuanto la aportación que la inmigración realiza al Tesoro Público (Aparicio, R. y Tornos, A., 2002) Los medios de comunicación, muchas de ías veces, no contribuyen a dibujar correctamente the big picture.
Nos muestran sólo la cara menos amable del fenómeno migratorio, fomentando con elio la creación, en la opinión pública menos ¡lustrada, de una relación directa entre inseguridad y normativas sobre inmigración -precisamente, respecto de las que, de entre ellas, son más respetuosas con los derechos humanos fundamentales-, así como la falsa impresión de que los inmigrantes producen una verdadera sangría económica y social^, produciendo un importante gasto a nuestra sanidad pública, ocupando -los hijos y nietos de inmigrantes-los puestos en nuestras escuelas, lo que provoca el retraso escolar de los niños autóctonos al ralentizar el ritmo de la clase la incorporación de menores con peor conocimiento de la lengua del país receptor, etc.
Al respecto, resulta -cuando menos-sugerente el experimento mental que realiza Merle (2002, 45-57).
Compara la situación actual, en la que la inmigración del tercer mundo está limitada por las normativas de los países industrializados pero existen prestaciones sociales aseguradas para cualquier inmigrante, con una situación imaginaria, en la cual la inmigración hacia el primer mundo se permitiría sin ningún tipo de restricción pero en la que no se daría ninguna prestación social o asistencial para las que no se hubiera cotizado previamente.
En este supuesto imaginario, el candidato solo podría inmigrar cuando tuviera asegurado un puesto de trabajo y sólo permanecería mientras lo conservara, permitiéndosele una breve estancia como buscador de empleo.
Como este «derecho a la inmigración» empeoraría a los trabajadores nacionales.
Merle propone que el Estado prevea una compensación de esta pérdida mediante una subvención financiera de puestos de trabajo y un subsidio de desempleo para los nacionales y los antiguos inmigrantes que se vieran afectados por esa competencia adicional; estas medidas serían financiadas por los propios inmigrantes.
En suma: los inmigrantes serían siempre contribuyentes netos.
Concluye MERLE que, contrariamente a la opinión predominante, el candidato de su experimento imaginario saldría beneficiado en este modelo de «laboratorio» con respecto a su situación en el modelo actual Sin embargo, para dicho autor, la prohibición de inmigrar -o su regulación estricta-constituye la solución cómoda que elimina un dilema ético: Si el derecho a la inmigración existiera y se pudiera seguir apelando al principio de la diferencia, quedaría más evidente el contraste entre el bienestar propio (a la vez que se mantiene el estatuto del meteco) y la conciencia (que se inclinaría por la eliminación de dicho estatuto de meteco).
Por otra parte, hay que ser plenamente conscientes de que las reacciones de xenofobia se producen casi siempre con respecto de la inmigración inadaptada: cuando la población inmigrante vive en guetos y se encuentra empleada precariamente en la economía sumergida es cuando se desencadenan los fenómenos de rechazo.
Es decir, dichas respuestas adversas las provoca en mucha mayor manera la pobreza que el diferente origen racial o, incluso, las diferentes costumbres.
Además, los fenómenos racistas y xenófobos tienen lugar, en buena medida, porque nos fijamos mucho más en aquello que el inmigrante tiene de distinto y no en lo mucho que tiene en común con nosotros: sentimientos, amor por los hijos, apego a la vida, necesidad de ser valorados, de ser queridos, etc.
Cabe terminar esta breve introducción estableciendo que los movimientos migratorios hacia los países desarrollados son inevitables a corto y medio plazo, y -a la vez-, cuando dichos flujos se gestionan sabiamente, constituyen un importante beneficio para las sociedades de acogida.
Sin embargo, ¿benefician también a los inmigrantes?
¿Y a las sociedades de origen de los mismos?
(Gortázar, 2005) Los beneficios para los inmigrantes son discutibles: indudablemente, el acceso al primer mundo les resuelve el problema vital de hallar unas condiciones de vida digna para ellos y sus allegados más inmediatos, no obstante, es mucho lo que «se dejan» en el camino ya que el proceso denominado «de integración»^ es difícil -cuando no penoso-y los requisitos legales para acceder, por ejemplo, a la reagrupación familiar en los países de recepción son costosos y, en ocasiones, irrespetuosos con el Derecho internacional de los derechos humanos^.
Por lo que se refiere a las sociedades de origen, es preciso recordar que, junto a las ventajas económicas evidentes que producen las remesas de dinero enviadas por los inmigrantes, se producen ciertos efectos negativos de indudable relevancia, entre ellos, la llamada «fuga de cerebros», toda vez que no son inusuales los flujos de migración cualificada proveniente de países en desarrollo hacia países industrializados.
II Los nuevos refugiados
Es evidente que puede y debe distinguirse entre los inmigrantes por razones económicas y los solicitantes de asilo o de protección humanitaria.
La inmigración económica está fundamentalmente -aunque no exclusivamenteregulada por normas jurídicas de origen interno, mientras que los supuestos de asilo o asimilables están reglamentados por el Derecho internacional público.
La razón prístina para que el Derecho internacional se ocupe de los supuestos de asilo y apenas lo haga con respecto a los casos de inmigración meramente económica está en que, desde antiguo, se ha entendido que los movimientos migratorios obedecen a motivaciones más o menos voluntarias, mientras que en los casos de asilo la persona se encuentra sin posibilidad de protección en el Estado de origen y por eso solicita protección fuera de él^.
Sin embargo, en el Derecho internacional contemporáneo nos encontramos ante un cuadro difuso, dominado por la imprecisión: ¿Son voluntarias las migraciones provenientes desde el tercer mundo?
¿Acaso son sólo involuntarias las provocadas por el Estado de origen, sea por acción u omisión?
¿Qué sucede entonces con los desplazamientos humanos que traen causa en las catástrofes naturales?
En mi opinión, sólo resultaría adecuado distinguir -otorgando tratamiento jurídico del todo independiente-entre los supuestos de inmigración y asilo si, de una parte, la inmigración no fuera realmente «forzosa» y, de otra, la protección internacional cubriera de manera efectiva todas las situaciones en las que la persona humana se encontrara desvalida y sin posible protección por parte del Estado de su nacionalidad o residencia habitual (para los supuestos de apatrídia)
Por lo que se refiere a los supuestos de asilo (a los refugiados) es preciso tener en cuenta que una gran parte de los Estados miembros de la comunidad internacional están vinculados por la Convención de las Naciones Unidas de 1951 sobre el Estatuto del Refugiado^, la cual contiene una definición de refugiado que claramente responde a las necesidades de protección internacional que provocó la segunda guerra mundial y el comienzo de la guerra fría.
El Derecho internacional de los Derechos Humanos no ha logrado un texto de alcance «universal» más adecuado a las circunstancias que desde hace ya décadas definen a los que hemos venido en llamar nuevos refugiados^.
Las interpretaciones que los jueces nacionales han realizado de la definición de refugiado contenida en la Convención de Ginebra han sido discrepantes y en ninguna ocasión los Estados han recurrido al Tribunal Internacional de Justicia Lo anterior ha motivado que proliferen distintos estatutos regionales^ para regular diferentes situaciones que resultan dignas de protección internacional y no se encuentran, a pesar de ello, entre los supuestos recogidos por la Convención de Ginebra.
Las hambrunas, las catástrofes naturales y, especialmente, los conflictos armados o, más en general, las violaciones generalizadas de los derechos humanos, hacen que muy pocas personas desplazadas puedan vestirse con el estrecho traje que en 1951 se cosió para proteger a aquellos refugiados.
En cuanto a la realidad jurídica internacional vigente, ¿qué diferencia existe entre la protección que otorga a los refugiados la Convención de Ginebra y el resto de las protecciones jurídicas, mas en particular, la que en la Unión Europea se ha denominado Protección Subsidiaria?
Como avanzábamos, en 1951 se adoptaba en el seno de las Naciones Unidas la Convención de Ginebra sobre el Estatuto del Refugiado, la cual recoge la primera y única definición del término refugiado de carácter general y ámbito universaH^.
Su artículo primero se refiere al refugiado como la persona que «...debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, o causa de dichos temores, no quiera regresar a é/».
La Convención de Ginebra protege, por tanto, a los extranjeros o apátridas que poseen un temor fundado de sufrir persecución en su país de origen o residencia habitual (en el caso de los apátridas) sólo cuando dicho temor fundado tenga un nexo con la raza, la religión, la nacionalidad, la pertenencia a un grupo social o las opiniones políticas y que como consecuencia de todo ello, soliciten protección no habiendo incurrido en ninguna de las cláusulas de cesación o exclusión previstas^^.
Dos son las cuestiones que quizá han dado lugar a mayor controversia en cuanto a la interpretación de la definición de refugiado contenida en la Convención de Ginebra.
Por una parte, el agente que provoca el temor fundado de persecución.
¿La protección se refiere sólo a persecución proveniente de un agente oficial del Estado?
¿También se extiende a los supuestos en los que el causante de dicho temor fundado de persecución sea un representante de focto del Estado?
¿Y si su origen es ajeno al Estado pero éste tolera dicha persecución?
Por fin, ¿se han de entender incluidos los supuestos en los que la persecución está provocada por grupos o personas particulares y el Estado no las tolera, pero es incapaz de contraatacar y ofrecer la protección adecuada?.
Los especialistas en la materia hemos entendido que se encuentran incluidos todos estos supuestos -y la razón evidente es que la Convención de Ginebra no nace para castigar a los Estados que persiguen injustamente a sus ciudadanos, sino para proteger a los individuos desvalidos-, no obstante, la jurisprudencia estatal no siempre ha compartido esta tesis.
Como máximo exponente de estas discrepancias, la Cámara de los Lores del Reino Unido llegó a entender que Francia y Alemania no debían ser considerados «países seguros» en cuanto a las garantías respecto a la no devolución al país de persecución, precisamente, por no incluir la persecución proveniente de agentes no estatales dentro de la protección otorgada por la Convención de Ginebra ^2.
Por otra parte, la «pertenencia a un grupo social determinado» ha dado lugar también a diferentes posturas en la jurisprudencia y entre la doctrina científica.
En muchas ocasiones se ha utilizado para cubrir determinados casos que no encajan en ninguno de los otros cuatro supuestos; son ejemplos conocidos los de temor de persecución por razón del sexo o por orientación sexual minoritaria.
Sin embargo, esta interpretación tampoco ha sido pacífica.
En todo caso, aún para quienes hemos entendido que la Convención de Ginebra cubre supuestos de persecución proveniente de agentes no estatales y hemos considerado que la persecución por razón de genero u orientación sexual se encuentran amparadas por la protección de la Convención de Ginebra, resultaba evidente que la Convención de Ginebra no recoge muchos de los supuestos en los que se encuentran los nuevos refugiados.
Estoes, aquellas personas que huyen de las consecuencias de las guerras o de otras violaciones flagrantes de los derechos humanos más fundamentales, así como supuestos de temor fundado a la sufrir la pena capital o de ser sometido a tortura u otros tratos o penas inhumanas o degradantes.
Es decir: la Convención de Ginebra no incluye importantes supuestos que, no siendo habituales en la época de adopción de la misma, son en la actualidad indiscutiblemente dignos de recibir protección internacional.
Mientras que, otros convenios de ámbito regional posteriores al texto ginebrino han sabido recoger definiciones de refugiado más adaptadas a las circunstancias actuales del fenómeno del refugio^^, la respuesta de los Estados europeos ante los denominados nuevos refugiados no ha sido unívoca.
No obstante, el Convenio Europeo de Derechos Humanos de 1950 (Consejo de Europa) ha servido de mínimo común denominador ya que, aún no recogiendo el derecho de asilo en su articulado, contiene disposiciones que han sido utilizadas para la defensa de ciertos derechos de los solicitantes de asilo y los refugiados.
Así, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (Tribunal de Estrasburgo) ha desarrollado una importante jurisprudencia (Chueca Sancho, 1998)^^ al respecto, la cual ha tenido como consecuencia que, al comenzar las instituciones de la Unión Europea a discutir un concepto de Protección Subsidiaria que fuera capaz de superar la obsolescencia de la Convención de Ginebra, la jurisprudencia del citado Tribunal de Estrasburgo ha tenido un importante protagonismo.
Efectivamente, la protección de los nuevos refugiados en el seno de la Unión Europea comienza un importante proceso de armonización cuando en 1999 el Tratado de Amsterdam entra en vigor y añade al Tratado constitutivo de la Comunidad Europea un nuevo Título sobre uVisados, asilo, inmigración y otras políticas relacionadas con la libre circulación de personas)).
A partir de entonces empieza en el seno de las instituciones comunitarias la gestación de una prolija ristra de normas mínimas comunes sobre inmigración y asilo, fundamentalmente Reglamentos y Directivas.
En el caso de las normas mínimas sobre asilo, el mismo texto del Tratado de la Comunida Europea, enfatiza que se adoptaran v^con arreglo a la Convención de Ginebra y o su Protocolo Adicional, así como a otros tratados pertinentes)).
De entre todos los Reglamentos y Directivas adoptados en virtud del Título IV del Tratado CE en los últimos cinco años relativas al asilo, la norma más relevante es, precisamente, la n Di recti va del Consejo por la que se establecen normas mínimas sobre los requisitos y el estatuto al que pueden optar los ciudadanos de países terceros y personas apátridas para ser refugiados o beneficiarios de otro tipo de protección internacional))^^.
Es decir, las instituciones comunitarias han decidido tratar en una misma Directiva el concepto de refugiado según la Convención de Ginebra y el nuevo concepto de Protección Subsidiaria a otorgar en supuestos que, no quedando dentro del ámbito de aplicación de la Convención de Ginebra, precisan, no obstante, de protección internacional.
La Directiva está en vigor desde el 20 de octubre de 2004 y el período de transposición para que los Estados Parte adopten las disposiciones legales, reglamentarias y administrativas para dar cumplimiento a la misma alcanzará hasta el 10 de octubre de 2006.
El Reino Unido e Irlanda han notificado su deseo de participar en la adopción y aplicación de la Directiva; Dinamarca, por el contrario, no participara en la adopción de la misma no quedando, por ello, sujeta a su aplicación^^ La Directiva reproduce la definición de refugiado de la Convención de Ginebra.
En cuanto a las personas con derecho a Protección Subsidiaria, recoge la siguiente definición: ((Nacional de un tercer país o apatrida que no reúne los requisitos paro ser refugiado, pero respecto del cual se den motivos fundados para creer que, si regresase a su país de origen o, en el caso de un apátrida al país de su anterior residencia habitual, se enfrentaría a un riesgo real de sufrir alguno de los daños graves definidos en el artículo 15, y al que no se aplican los apartados 1 y 2 del artículo 17, y que no puede o, a causa de dicho riesgo no quiere acogerse a la protección de tal país)).
Mientras que respecto del refugiado la expresión utilizada por la Convención de Ginebra y por la nueva Directiva comunitaria es la persona que ((debido a temores fundados de ser perseguido)) debido a su ((raza, religión, nacionalidad, pertenencia a grupo social u opiniones políticas^^, la protección subsidiaria se refiere a aquella persona «respecto de la cual se den motivos fundados para creer (...) se enfrentaría a un riesgo real de sufrir alguno de los (siguientes) daños graves: «a la condena a la pena de En cuanto a las diferentes interpretaciones que en Europa se han llevado a cabo respecto del ámbito de aplicación de la Convención de Ginebra, la Directiva realiza una importante aportación.
Aclara quienes son agentes de persecu-ción^^; define en qué consisten los actos de persecución^^ y explica cada uno de los cinco motivos de persecución^^.
Por ello, ya no cabe duda que serán considerados agentes de persecución (o causantes de daños graves, para los supuestos de protección subsidiaria) los agentes no estatales si puede demostrarse que el Estado o los partidos u organizaciones que controlan el Estado -incluidas las organizaciones internacionales-no quieren o no pueden proporcionar la protección contra la persecución (o los daños graves sufridos para los supuestos de protección subsidiaria). someterlas los hijos de Egipto.
Trasladada la tragedia griega a nuestros días, nos encontraríamos ante un caso que sería considerado como una persecución privada, de manera que, probablemente, a las Danaides les sería denegada la condición de refugiadas y por ello, la protección de la Convención de Ginebra.
Asimismo, tampoco quedarían dentro del amparo de la Protección Subsidiaria.
Estaríamos, en el mejor de los casos, ante un hipotético supuesto de protección por razones meramente humanitarias, que quedaría a la libre discreción del Estado de recepción sin protección internacional alguna.
muerte o su ejecución, o b)la tortura o las penas y tratos inhumanos o degradantes de un solicitante en su país de origen, o c) las amenazas graves o individuales contra la vida o la integridad física de un civil motivadas por una violencia indiscriminada en situaciones de conflicto armado internacional o interno))^^
Migraciones forzosa, nuevos refugiados y derechos humanos
Por otra parte, en relación con los motivos de persecución, la Directiva especifica en qué consiste la pertenencia a determinado grupo social, entre otras aclaraciones en una disposición se menciona:
üEn función de las circunstancias imperantes en el país de origen, podría incluirse en el concepto de determinado un grupo basado en una característica común de orientación sexual.
No podrá entenderse la orientación sexual en un sentido que comporte actos considerados delictivos por la legislación nocional de los Estados miembros.
Podrán tenerse en cuenta aspectos relacionados con le sexo de las personas sin que ellos porsi solos puedan dar lugar a la presunción de aplicabilidad del presente artículo))^^.
A pesar del indudable avance que supone la regulación de buena parte de los nuevos refugiados a través de la figura de la Protección Subsidiaria en la Unión Europea, hemos de poner el acento en que nos hallamos ante una solución parcial y con efectos sólo para un pequeño puñado de Estados en una región del mundo^^.
Las soluciones adoptadas en otras zonas del la tierra, en ocasiones son satisfactorias sólo sobre el papel ya que la situación táctica en la que vive la región no permite su eficacia (i.e.: Convención de Addis Abeba).
En todo caso, es preciso concluir que las fronteras entre los supuestos de refugio y las nuevas formas de protección no están bien definidas.
Carlier^^qyjçre ejemplificar la ambivalencia y complejidad de de protección humanitaria internacional a través de la trilogía de Las Danaides de Esquilo'^^.
Efectivamente, las hijas de Dánao huyen y obtienen asilo en Argos, por temor al matrimonio forzoso al que quieren La posición de los Estados ante las migraciones forzosas y la protección de los nuevos refugiados implica necesariamente una toma de postura coherente ante la diversidad cultural, característica propia de la sociedad globalizada en la que vivimos.
Cualquier reflexión sobre la convivencia entre distintas culturas trae de la mano el debate sobre el origen de los derechos humanos fundamentales y de su carácter universal, inderogable e indivisible.
Hemos de comenzar distinguiendo un núcleo duro de derechos humanos universales que tiene su fundamento en el concepto de la dignidad de la persona humana y que todos debemos respetar y hacer respetar.
La trasgresión de éstos por una parte importante de Estados miembros de la comunidad internacional provoca la existencia de refugiados según la Convención de Ginebra y una buena parte de los denominados nuevos refugiados.
El Derecho Internacional de los Derechos Humanos es una de las ramas más jóvenes del Derecho Internacional Público.
El llamado núcleo duro de los derechos humanos fundamentales queda compilado en el artículo 3 común a las Convenciones de Ginebra sobre Derecho Humanitario Bélico de 1949.
Los derechos enunciados en dicho artículo 3 son los siguientes: el derecho a no ser privado arbitrariamente de la vida, el derecho a la integridad física y moral, el derecho a no sufrir tortura ni tratos crueles inhumanos o degradantes, el derecho a no sufrir esclavitud, el derecho a no ser castigado por actos que en el momento de su comisión no fueran constitutivos de delito y el derecho a la tutela judicial efectiva en la protección de dichos derechos básicos.
Este mínimo, como vemos, deja abierto un debate sobre el derecho a la vida en relación con la legitimidad de la condena a la ARBOR CLXXXI 713 MAYO-JUNIO [2005I 133-142 ISSN: 0210-1963 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es pena de muerte, dicho debate sólo en Europa se ha cerrado ya de manera decidida a favor de la teoría abolicionista^^.
Por otra parte, el artículo 3 citado, común a las convenciones ginebrinas, parte de la distinción entre derechos humanos y derechos humanos fundamentales: es decir, mientras que derechos humanos son todos los relativos al hombre, sólo algunos son, además, derechos humanos fundamentales.
Es importante distinguir ese «núcleo duro» de los derechos humanos, aquellos de los que predicamos su ámbito universa|27.
La reflexión podría terminar aquí si el género humano compartiera el mismo concepto de dignidad.
No obstante, existen posturas discrepantes y, por ello, en ocasiones diferimos en la identificación de las víctimas.
El problema sobreviene, por ejemplo, cuando las mismas personas que nosotros (ciudadanos pertenecientes a las sociedades basadas en el respeto a los derechos humanos fundamentales y en los regímenes democráticos de convivencia) consideramos víctimas de violaciones severas a sus propios derechos fundamentales, no son vistas como tales en sus sociedades de origen^^.
Así, nuestra profunda convicción de que el fundamento de los derechos humanos de ámbito universal arranca del concepto de dignidad de toda personaos, puede resultar un argumento no del todo convincente para quienes parten de aproximaciones distintas y afirman que pueden existir tantas maneras de entender los derechos humanos como civilizaciones o culturas.
Aún cuando, ante dicha posición, siempre queda que las soberanías estatales prohiban ciertas prácticas e impongan límites al relativismo cultural, sin embargo, la gran batalla, esto es, la del entendimiento unívoco de los derechos fundamentales, no quedaría para todos pacíficamente resuelta.
La multiculturalidad es un elemento estructural de la sociedad internacional globalizada, una realidad tan inevitable como enriquecedora.
Quiero traer aquí la reflexión de realiza Velasco (2002, 279) a propósito de una conocida obra de Sartori^^: «5/ por multiculturalismo entendemos como sostiene Sartori, que bajo una misma frontera convivan culturas distintas gobernadas por leyes propias y diferentes, no cabe duda de que estaríamos ante una doctrina «negativa y disgregadora» {...].
Si, por el contrario, bajo dicho término se entiende que cada persona pueda expresar su cultura y conformar su propia identidad dentro de la ley del país receptor estaríamos ante un ejercicio de libertad difícilmente criticable».
Las generaciones del presente siglo nos enfrentamos a enemigos cuyas artimañas y astucias nos son poco conocidas.
Ello nos causa temor y desasosiego.
La conmoción mundial por los atentados del 11 de septiembre de 2001 y del 11 de marzo de 2004 no sólo nos encogió el alma, sino también nos obliga a prepararnos para una batalla difícil que requiere de la reflexión y la cooperación de todos.
Sin embargo, hemos de tener cuidado de no responder con fanatismo al fanatismo.
El respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de Derecho, los derechos humanos, el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia y la solidaridad-^^ han de ser los valores que nos guíen en la complicada tarea de preservar o restablecer la paz y seguridad mundial.
Otras lecturas pueden conducirnos a conclusiones sobre la relación entre multiculturalidad y convivencia pacífica como la siguiente: «a menos que odiemos lo que no somos, no podremos amar lo que somos))^^.
Afirmación que considero tan errada como inicua.
1 La Ayuda Oficial al Desarrollo anual por parte de los países desarrollados en 2002 consistió en unos 58.000 millones de dólares y el beneficio que los países pobres obtendrían si los países ricos liberalizaran el comercio sería de más de 124.000 millones de dólares, es decir, más del doble de la cuantía de la ayuda citada.
2 Para un breve exposición y revisión de las diferentes teorías económicas de las migraciones y de los push y pulì factors de éstas desde el punto de vista económico, vid, Argerey, 2005, 102-132.
3 Para De Lucas hay que superar en el debate sobre 1a inmigración tanto la visión instrumental que relaciona la inmigración con el mercado o la seguridad, como la meramente humanitaria ^anclada en la conmiseración o la piedad)}.
En cuanto a la instrumentalización de la inmigración con el mercado, constituye un buen botón de muestra el acceso del inmigrante a la sanidad, parece que la cuestión está en saber licúales son los costes de mantenimiento asumióles para mantener los beneficios que nos proporcionan (estaría uno tentado de decir los costes de atención veterinaria, es decir, los que se prestan a un instrumento o animal para que funcione)»)), DE LUCAS, 2002, 59 y 63.
4 Las respuestas de las sociedades de acogida en cuanto a los modelos de integración a aplicar son diversas.
De entre ellas, la multiculturalista -aunque tanto se tergiverse en los tiempos que corren-es la más respetuosa con la defensa de los derechos humanos universales.
Quede bien establecido, que el modelo multiculturalista, al menos en el entendimiento que de él tiene esta autora, en modo alguno supone contemporizar con la barbarie. o > in 28 Hace algún tiempo escuchaba a una somalí, licenciada en Derecho por una prestigiosa universidad europea, rechazar los motivos por los que en Occidente condenamos sin fisuras la práctica de la ablación femenina.
En su opinión, la razón esgrimida, esto es, que dicha práctica vulnera la dignidad de la mujer, no era en absoluto aceptable por cuanto, precisamente, la dignidad es el fundamento que mueve a una buena madre somalí a circuncidar a su joven hija, la cual sólo así recibiría el respeto y la aceptación social: por fin, evitar la circuncisión constituiría un atentado contra su propia dignidad como mujer (Gortázar, 2004, 108).
29 Y que dicho concepto no es sólo occidental sino que, independientemente de cuál haya sido su cuna, abarca a la humanidad entera, ya que deriva de la ley natural que lo presenta desvestido de todo vestigio religioso o cultural.
31 Valores recogidos todos ellos en el Artículo Primero del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa. |
Partiendo de esa perspectiva, el propósito de este trabajo es poner de manifiesto como, al menos en el caso de la inmigración, la tensión entre libertad (de movimientos) y seguridad es una falacia, que responde a una estrategia de reducción de derechos para evitar la emancipación o mantener el sometimiento.
Por el contrario, la solución de los problemas que se plantean cuando se trata la cuestión de la inmigración no tiene porque ir acompañada de manera automática de una reducción de derechos, sino, de un incremento de los mismos.
Una perspectiva realista y global muestra como las migraciones representan uno de esos «riesgos y problemas de carácter planetario» que «requieren una estrategia global tanto al interior de los Estados como en el ámbito internacional», y que justifican la existencia de unos nuevos derechos, que, asentados sobre la base de la solidaridad como la única y más razonable actitud posible para afrontar estos riesgos comunes, suelen denominarse «derechos de cuarta generación» (Rodríguez Palop, 2002, 326).
Es la solución única y más razonable si, como señala Javier de Lucas, comenzamos por lo obvio: tomando en serio la inmigración como cuestión política que pone de manifiesto una sociedad que surge basada en el verdadero «efecto llamada» que supone la «sobreabundancia de oferta en órbita precaria, dispuesta a lo que sea por aterrizar [en el centro del mercado global]»; de manera que los desafíos que plantea la inmigración desde esta óptica exigen otras políticas «basadas en unas relaciones internacionales equitativas, y uno de cuyos instrumentos fundamentales no puede ser muy diferente de lo que conocemos como codesarrollo» (de Lucas, 2004, 18 y 22).
En primer lugar, voy a abordar el modelo de control de flujos generado en torno a la idea de seguridad, cuya máxima plasmación en el ámbito español es el denominado Sistema Integral de Vigilancia del Estrecho (en adelante SIVE).
Este sistema constituye un buen ejemplo de esta concepción de la regulación de flujos basada casi en exclusiva en las diversas facetas asociadas a la noción de seguridad (fundamentación, objetivo, desarrollo y consecuencias).
Como veremos, ese enfoque no propicia en nada la reducción de la inmigración irregular y ni mucho menos garantiza mayores niveles de seguridad interna.
A continuación, realizaré una aproximación a un modelo mucho más complejo y más difícil de implementar que se basa en la libertad, la solidaridad y el desarrollo.
Un enfoque que es el que se está intentando auspiciar por parte de las instituciones internacionales, que ven la cuestión de la inmigración en su perspectiva global.
Paradójicamente, esta visión global, integral y realista de la inmigración, que une derechos y desarrollo, a veces se contempla como una concepción utópica, aunque en realidad se trata de una «utopía realista», tal como denominó John Rawls a aquellas propuestas que lejos de evadir o de disolver los problemas, se enfrentan a ellos y los resuelven (cfr.
2 El modelo de ««l a casa a defender» Un buen ejemplo de lo que podríamos llamar «la orden de 'la casa a defender'» y de sus efectos lo encontramos en la política española de control de los flujos migratorios, y especialmente, en la gestión de un espacio tan complicado para las políticas migratorias como es el Estrecho de Gibraltar.
Ahí se ha desarrollado el SIVE, fundado en una «lógica belicista» que confunde los problemas de la inmigración y la seguridad.
Este modelo obedece, por un lado, a una concepción basada en «el control y la guarda de las fronteras» (cfr.
Pérez-Díaz, Álvarez-Miranda, González-Enríquez, 2001, 19-24); y, por otro, a la visión laboral y utilitarista de la inmigración, que requiere regular los flujos en función del mercado de trabajo o de otras exigencias del sistema económico, en lo que Javier de Lucas ha llamado «un cinismo instrumental».
Esta visión se encuentra muy explícitamente en el diseño comunitario de las políticas migratorias, basadas «en un repliegue de la Unión Europea como fortaleza, el cierre de sus derechos entendidos como privilegios presuntamente amenazados por quienes acechan extra muros)), a la vez que se refuerza la idea de una Europa «cerrada sobre si misma, satisfecha de su propio bienestar y riqueza, recreada en la contemplación de su magnífica historia y de su seguridad presente» (de Lucas, 1996, 9-11).
Efectivamente, el desarrollo del SIVE se fundamenta en la política comunitaria que se pone en marcha a partir de 2001 y que pretende establecer una gestión de las fronteras externas de la Unión Europea que permita garantizar un nivel elevado y uniforme de control de las personas y de vigilancia «como condición previa a la creación de un espacio de libertad, seguridad y Justicia».
Dicha política que justifica la creación de un Programa para combatir la inmigración ilegal a través de las fronteras marítimas de la Unión\ La vinculación entre ese espacio de «libertad, seguridad y justicia» y el blindaje de fronteras queda perfectamente plasmado en el borrador que la Comisión presentó al Parlamento Europeo para promover en el Consejo de Salónica una política común de control de fronteras exteriores y la consiguiente creación de una Agencia Europea para el Control de las Fronteras Exteriores, donde el primer considerando que pretende justificar esta decisión afirma «que la lucha contra el terrorismo, la delincuencia organizada, la trata de seres humanos y el tráfico de drogas hace de la seguridad un ámbito central de la UE»^.
Finalmente el Reglamento 2007/2004 asume como punto de partida que «La política comunitaria relativa a las fronteras exteriores de la Unión Europea tiene por objeto establecer una gestión integrada que garantice un nivel elevado y uniforme de control y vigilancia, corolario indispensable de la libre circulación de personas en la Unión Europea y componente esencial del espacio de libertad, seguridad y justicia».
En referencia directa a este modelo de diseño del control de la inmigración, puede leerse en la Revista de la Guardia Civil, institución encargada de este dispositivo de control de fronteras, en su Editorial del número 707 de Marzo de 2003 en la que se presentaba el SIVE, la siguiente declaración de principios: «es la inmigración irregular que trata de introducirse en nuestros países a través de todas nuestras fronteras externas, el fenómeno que adquiere una mayor relevancia [respecto de los flujos «incontrolados» de personas como problema comunitario].
Estos flujos migratorios incontrolados amenazan tanto la viabilidad de nuestras políticas de inmigración e integración como la propia estabilidad de nuestros sociedades» {¡3 cursiva es mía).
Esta visión tiende a confundirlo todo aun más al aplicar esos medios, que ya resultan poco adecuados en sí mismos, a un «problema» que no se ha sabido diagnosticar correctamente.
El SIVE, como respuesta a la inmigración irregular, es un conjunto de medios humanos y materiales cuya función es detectar cualquier movimiento en aguas del Estrecho, para posteriormente proceder a la interceptación y detención de los ocupantes de la nave en cuestión.
El arsenal incluye los siguientes medios materiales: 25 estaciones sensoras en torretas provistas de radares y cámaras infrarrojas y térmicas o en furgonetas equipadas con los mismos medios; 13 radares móviles; un centro de control, desde el que agentes especializados dirigen el sistema; y un amplio cuerpo de «unidades de interceptación», para las que se prevé que en 2008 pasarán de 12 a 71, multiplicando por 6 la flota de la Guardia Civil en la zona*^, a las que no se descarta según algunas informaciones^, que incluso se incorporen dos aviones de reconocimiento.
Para todo ello, según reconocía el propio Ministerio del Interior, a lo largo de 2003 se procedió a la apertura de nuevos Centros para retener a los extranjeros irregulares en Algeciras y Tenerife, así como a la mejora de las instalaciones de los Centros ya existentes.
Esta cantidad contrasta con algunas otras cifras significativas de la política exterior española de la anterior administración durante el mismo periodo.
Por ejemplo, el presupuesto del SIVE hasta 2004 era cuatro veces más de lo que España invirtió en cooperación en Oriente Medio (26 millones de €), una zona en la que decía estar muy comprometida la anterior Administración, y donde, como es evidente se originan buena parte de los problemas de seguridad de la agenda ya no solo nacional o comunitaria, sino incluso mundial; pero sobre todo resalta comparándola con las cifras de la cooperación con Marruecos en el ejercicio anterior a la puesta en marcha del SIVE, puesto que es diez veces superior (11 millones de €).
Parece que el cambio de gobierno no está alterando sustancialmente esa política.
Así, junto a los 102 millones de euros que van gastados hasta 31 de Diciembre de 2004 en el plan SIVE, se proyectan gastos por otros 130 millones en los próximos años: la implantación inicial del SIVE se calcula en 232 millones de euros.
Este complejo sistema puede tener una gran utilidad para salvar vidas, de hecho creo que es el único motivo que lo puede llegar a justificar (Abril Stoffels, 2004, 3).
No obstante, también es cierto que incluso este enfoque «humanitarista», refleja a la perfección el dilema en el que, según Javier de Lucas, se ven inmersas las políticas de inmigración, encerradas entre un «cinismo instrumental», que mira la inmigración solo en clave laboral y de mercado, y un humanitarismo paternalista, que, sin refutar la visión instrumental, «enfoca la inmigración desde la ayuda al marginado» (de Lucas.
2004,15), que le salva la vida, pero luego le devuelve a su lugar de origen, sin considerar las razones que le han llevado a esa travesía.
de la Inmigración Clandestina, junto a Andalucía Acoge, ante la tragedia acaecida en Rota el 25 de octubre de 2003 en la que fallecieron 25 personas, señaló que «perseguir» a los indocumentados bajo una «lógica de guerra» no es aporta ninguna solución al problema de la inmigración irregular, y más bien lo que provoca es el agravamiento de la situación de los más vulnerables.
Así, dichas organizaciones pusieron de manifiesto como, si antes del endurecimiento de las medidas de seguridad en las costas españolas las travesías que recorrían los inmigrantes en pateras eran de 14 kilómetros, ahora pueden llegar a alcanzar entre 300 y 400 kilómetros, con lo que aumentan los riesgos, incluso vemos como las rutas marítimas se han ampliado buscando costas más lejanas pero menos vigiladas lo que aumenta ciertamente el riesgo de naufragio^.
De este modo se pone seriamente en peligro la vida misma de las personas que intentan migrar en esas condiciones.
Esta afirmación se puede apreciar en dos datos de las estadísticas aportadas por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
En primer lugar, el mayor número de detenciones se han realizado en las costas más alejadas del Estrecho, donde todavía no se había desarrollado el SIVE: Málaga (donde se registra un incremento del 28% de embarcaciones), Granada (donde se incrementa ligeramente el número de embarcaciones) o incluso en Ibiza (en donde ya se ha dado un primer caso).
Otro dato que pone de manifiesto la vulnerabilidad a la que se condena a los inmigrantes es el hecho del importante incremento de personas detenidas en cada viaje.
Puesto que en cada viaje realizado el patrón de la patera corre un importante riesgo, intenta amortizar todo lo posible cada uno de sus desplazamientos; por lo que espacia cada vez más las singladuras, al mismo tiempo que aumenta el pasaje todo lo posible, con el consiguiente incremento de riesgo que ello supone.
Esta tendencia puede apreciarse muy especialmente en el caso de Canarias, donde se reduce prácticamente a la mitad el número de embarcaciones detenidas (49%) pero sólo se reduce un 10% el número de personas detenidas.
Es decir, en la mitad de embarcaciones se detuvieron durante el año 2005 casi el mismo número de personas.
Lo mismo sucede en las costas más alejadas del litoral andaluz, donde el incremento de embarcaciones va acompañado de un incremento muy superior de ocupantes detenidos: por ejemplo en Málaga, donde se había aumentado un 30% el número de pateras detenidas, se incrementó un 60% el número de personas detenidas; así también en Granada, ARBOR CLXXXI 713 MAYO-JUNIO [2005] 143-153 ISSN: 0210-1963 donde ese pequeño 4% de embarcaciones va acompañado por un 30 % de aumento de personas detenidas.
Hay un elemento final que demuestra la ineficiência de este programa y su desconocimiento de las causas de la inmigración irregular.
Resulta muy difícil medir el efecto preventivo de estas medidas, algo casi imposible de analizar de forma fehaciente.
Nadie se ha atrevido a aportar datos que prueben que este mecanismo impida de hecho la inmigración y mucho menos que elimine de raíz sus causas reales.
En tal caso, tan sólo se cierra o se dificulta una vía de entrada.
No sabemos si los inmigrantes que pensaban cruzar el Estrecho irregularmente han decidido cancelar su proyecto migratorio, o han decidido realizarlo de otra manera (quizás a ello responda el incremento sin parangón de las pateras en Ceuta: 2760%, o la presión de las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla) y que en ese nuevo viaje lo hayan alcanzado, con lo que la supuesta eficacia preventiva desaparece, o al menos se pone en tela de juicio, sobre todo teniendo en cuenta que en los últimos años, especialmente los dos últimos de funcionamiento del SIVE no ha dejado de incrementarse la inmigración irregular^.
Y si tomamos como efectivos los números que se nos presentan, queda de manifiesto la señalada ineficiência del sistema.
Para reducir en un 18 % la entrada ilegal por la frontera sur, lo que en términos absolutos suponen 3.501 personas, se han gastado esos 102 millones de euros, es decir, prevenir cada entrada de inmigrante irregular ha supuesto un desembolso para los contribuyentes de nada menos que de 29.134,5 euros.
Un dato que quizás merezca la pena ser conocido y discutido por la opinión pública.
Finalmente esta lógica se demuestra ineficaz y conduce a una constante reducción de derechos y de preocupación de la seguridad.
Porque como las circunstancias no se han modificado y el impulso de migrar permanece, es necesario ampliar el área del SIVE porque las pateras toman otras rutas nuevas que también habrán de ser vigiladas.
Por ello, cada vez el blindaje tiene que extenderse más y más, porque para que sea realmente efectivo no puede dejarse ni un centímetro de costa al descubierto.
Debido a ello, recientemente el gobierno español se ha ofrecido a desarrollar la tecnología del SIVE en las costas atlánticas de Marruecos, insistiendo así en mantener esa vinculación entre seguridad e inmigración; un vínculo que se tornaba explícito por el hecho de que esta oferta la realizaran conjuntamente los Secretarios de Estado de Seguridad y de Inmigraciones y Emigración ^0.
El modelo liberal: la receta del (libertad, solidaridad y desarrollo) de inseguridad se explican en buena parte por esos problemas de desigualdad radical en la asignación de recursos.
3.1 Un concepto más amplio de libertad como garantía de seguridad
Frente a esta concepción que aborda el control de la inmigración como un problema de seguridad y le da una respuesta supuestamente técnica, se torna cada vez más evidente la urgencia de fundamentar un modelo alternativo basado primordialmente en el valor de la libertad.
Para ello, es necesario situarse ante el fenómeno de la inmigración de manera realista (de Lucas, 2004, 16), y ello supone recordar que las personas que inmigran se mueven acuciados por la grave situación de desigualdad en la que se encuentra el mundo.
Como ha señalado Carrillo Salcedo, al hablar de inmigración «hay que distinguir los mitos de las realidades y tomar conciencia de los efectos negativos de la globalización (...) de cada tres dólares prestados por los países ricos, dos han de ser dedicados al pago de intereses; que el 20% de los pobres del mundo disponen del 1,1% del producto mundial bruto (...); que más de mil millones de personas no tienen acceso a la salud, a la educación básica o el agua potable; que dos mil millones carecen de acceso a al electricidad (...)
Mientras esta injusta situación se mantenga, los flujos migratorios desde el Sur hasta el Norte, desde el mundo de la pobreza hasta el del Bienestar, serán incontenibles» (Carrillo Salcedo, 2005, 22 y 23).
En el famoso discurso de «Las Cuatro Libertades», el Presidente F.D. Roosevelt señaló a los miembros del Congreso en 1941, que «En los días del futuro que queremos hacer cierto, buscamos un mundo basado en cuatro esenciales libertades humanas: la libertad de expresión, la libertad de conciencia; la libertad frente al miedo; y la libertad frente a la necesidad».
El modelo alternativo al de seguridad se basa en esa idea amplia de Libertad.
En primer lugar, porque es una libertad para todos, y no como el modelo comunitario que pretende crear un espacio interno y exclusivo de libertad.
Pero, no es solo un modelo de libertad de movimientos, sino además en la libertad frente a la necesidad.
Este es el enfoque que el actual Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, preconiza en su reciente informe «Un concepto más amplio de la libertad: desarrollo, seguridad y derechos humanos para todos»^^.
Desde esa perspectiva, realista y comprometida con la libertad, en segundo lugar, no podemos olvidar que los problemas
Por otro lado, se trata de una apuesta por la libertad, ya que resulta paradójico que en estos tiempos de múltiples liberalizaciones, en estos tiempos de libre movimiento de capitales y bienes, quienes en realidad no pueden moverse libremente sean las personas.
Esta situación es quizás la mejor ilustración del peligro del que nos alertaba el ilustre andaluz Fernando de los Ríos (1975,154): que la economía acabara esclavizando al hombre.
Ahora se torna evidente la estrecha conexión existente entre la globalización de la economía, la emergencia de mercados de trabajo barato y las crecientes restricciones a la migración.
Es precisamente frente a ese «nuevo concepto», frente a ese discurso coherentemente articulado en torno a derechos que igualan a todos los individuos, que surgirá la previsible respuesta azuzada por el temor de que se haga realidad aquella «invasión» de la «famélica legión» que anunciaba el himno de la Internacional Comunista.
En primer lugar, parece que «tal» invasión no parece que se vaya a producir^2_ /\c^¡ \Q ^g puesto de manifiesto el profesor y europarlamentario Sami Nair cuando ha señalado que «La respuesta no se puede reducir a patrullas policiales en las fronteras»^^, ni en la creación de controles exhaustivos en los pasos fronterizos.
Por el contrario, «(...)La apertura de las fronteras a la emigración laboral parece influir más en la forma que toman las migraciones que en su importancia cuantitativa»^"^.
Sin embargo, y en segundo lugar, dando por hecho que eso fuera cierto, y que nos enfrentásemos a una invasión de desposeídos, este argumento tiene una fácil contestación, que no es otra que acudir a las razones finales de esa temida invasión, y que constituyen la pobreza y la desigualdad que sufren los países del Sur.
Ferrajoli establece una muy adecuada comparación con lo sucedió en la Europa Occidental, cuando a lo largo del siglo XIX la pobreza y la desigualdad que sufrían las personas menos afortunadas planteaba una amenaza al poder y al estilo de vida de unos pocos privilegiados.
Estos protegían su situación privando de derechos políticos a los pobres, mientras que éstos lo que realmente demandaban eran la posibilidad real de ejercer esos derechos políticos.
Fruto de esa presión resultó la universalización de los derechos políticos, así como de los derechos sociales, económicos y culturales.
Quizás ese sea el papel histórico que tenga que jugar la inmigración: crecer hasta hacerse irresistible de manera que cedan las restricciones de derechos (cfr.
Para abordar de esta manera la cuestión, tenemos que levantar todos los velos de abstracción.
Y reconocer la situación que tenemos entre manos.
Dos son las maneras más habituales de inmigrar ¡legalmente: entrar pagando el visado de turista o infiltrándose en las fronteras.
La más trágica de las inmigraciones es la que se realiza de esta segunda manera, es la inmigración de los más vulnerables, con menos recursos y con más urgencia por abandonar su pobreza, de los que caen en manos de mafias y organizaciones corruptas (cfr.
Desde esta visión, como observó la Relatora Especial en su viaje a España, « [77]. en la realidad la inversión en medios y tecnologías, la introducción de cambios legislativos y la aplicación de políticas dirigidas a frenar la inmigración irregular no han sido suficientes para brindar a una disminución del fenómeno.
La Relatora Especial observó como los migrantes terminan por intentar la entrada en el país por otros medios mucho más peligrosos en manos de las redes, pagando en muchas ocasiones con la vida [...]».
Frente a ello, resulta casi vergonzoso que se tenga que recordar a un país supuestamente informado que «[78] (...) las dificultades para frenar la inmigración irregular se deben a muchos factores, entre ellos la difícil situación económica y política de los países de origen y la visión que los migrantes tienen de España y Europa como un paraíso de oportunidades».
La Relatora considera que el control de fronteras perse no asegura una gestión migratoria en orden y dignidad.
En el marco de la Unión Europea, la cuestión sobre la migración debe ejecutarse en un diálogo constante con los países de origen... que va más allá del plano laboral...
El enfoque de este diálogo debe ser prevención de migración irregular y el codesarrollo en los países de origen»^^.
En este sentido, la Relatora Especial de Naciones Unidas para los trabajadores migrantes ya había hecho énfasis de manera general en que medidas de este tipo no sólo son erróneas porque contemplan la inmigración desde un ángulo punitivo, represivo y unilateral, sino que además se han demostrado ser muy poco eficaces.
Resultan asimismo tremendamente perjudiciales para las personas que migran.
Por ello, en el informe se subraya «que el fenómeno de las migraciones irregulares se debería abordar mediante un nuevo concepto de la gestión de las migraciones del cual los derechos humanos son parte esencial»^^.
Se trata de articular un modelo que incluya estas dos dimensiones: unos derechos sobre la migración y unos derechos que se dirijan a remover las causas globales de la misma, que en el fondo radican en el subdesarrollo.
3=.2 Derechos específicos de los inmigrantes: los derechos como forma de control Como se ha indicado anteriormente, se trataba de los estados de los que salen emigrantes, sin embargo en los cuales residen sólo unos 4,5 millones de inmigrantes, lo que representa únicamente el 2,6 por ciento del total de migrantes, mientras que el 60 por ciento de todos los migrantes, que se calcula en torno a 175 millones de personas en todo el mundo, viven en Europa y EEUU^^.
El fundamento de este cuerpo normativo es que, como señalan los Considerandos primero y segundo de la Convención, la mejor forma de desalentar la contratación de inmigración irregular, y con ello la lucha contra el tráfico de personas es reconociendo más derechos a los inmigrantes en situación irregular. un aliciente para buscar ese tipo de mano de obra con el objeto de obtener los beneficios de una competencia desleal.
Considerando también que la práctica de emplear a trabajadores migratorios que se hallen en situación irregular será desalentada si se reconocen más ampliamente los derechos humanos fundamentales de todos los trabajadores migratorios y, además, que la concesión de determinados derechos adicionales a los trabajadores migratorios y a sus familiares que se hallen en situación regular alentará a todos los trabajadores migratorios a respetar y cumplir las leyes y procedimientos establecidos por los Estados interesados».
® prevenir condiciones de vida y de trabajo inhumanas, abuso físico y sexual y tratamientos degradantes (artículos 10-11,25), ® garantizar los derechos de los inmigrantes a la libertad de pensamiento, de expresión y de religión, (artículos 12-13), ® garantizar a los inmigrantes el acceso a la información sobre sus derechos (artículos 33), ® asegurar su derecho a la igualdad ante la ley lo cual implica que los trabajadores migratorios estén sujetos a los debidos procedimientos, que tengan acceso a servicios legales, y que no sean sentenciados a penas desproporcionadas (artículos [16][17][18][19][20]22), ® garantizar a los inmigrantes la igualdad de acceso a los servicios educativos y sociales (artículos 27-28, 30).
Es difícil de comprender el rechazo manifestado por los estados receptores de inmigración, pues la Convención no contempla ni reconoce realmente derechos específicos para los inmigrantes, sino que busca garantizar la igualdad de tratamiento y las mismas condiciones laborales para inmigrantes y nacionales a través de una serie de medidas de garantía, que a su vez se basan en derechos que las sociedades desarrolladas del Norte tienen reconocidos desde hace ya tiempo.
La Convención distingue sistemáticamente varios regímenes jurídicos aplicables a los trabajadores inmigrantes y sus familias.
Toda la Convención se articula en torno al principio general de igualdad y no discriminación que recoge el art 7, y que constituye en sí mismo la Parte II de la Convención, bajo el epígrafe «No discriminación en el reconocimiento de derechos» que, junto a la Parte III «Derechos humanos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares», constituye el régimen de derechos humanos de todos los inmigrantes trabajadores, frente a las Partes IV que determina «Otros derechos de los trabajadores migratorios y sus familiares que estén documentados o se encuentren en situación regular», o la Parte V que establece las «Disposiciones aplicables a categorías particulares de trabajadores migratorios y sus familiares».
Es decir, esta Convención reconoce unos derechos comunes a todos los inmigrantes así como una serie de derechos en función de la situación administrativa.
Dentro de ese marco de respeto y protección de la dignidad humana, la convención reconoce a los migrantes los siguientes derechos, sin duda «revolucionarios» en los países del Norte, que no han firmado esta convención:
3»3 El desarrollo social como mecanismo de regulación de la inmigración En este sentido, el Capitulo IV del Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de 1995 preconiza un enfoque complejo e integral respecto del problema de la inmigración irregular, y se ocupa en el párrafo 78 de dicho Plan de Acción de los intereses y las necesidad humanas básicas de los inmigrantes indocumentados, rogando a los Gobiernos en primer lugar, «cooperar para reducir las causas de la inmigración irregular, salvaguardando los derechos humanos básicos de los migrantes indocumentados, previniendo su explotación y ofreciéndoles los medios adecuados para facilitarse el acceso a la justicia de acuerdo con la legislación nacional, y castigar a los criminales que llevan a cabo tráfico de seres humanos.
En segundo lugar, la Cumbre señaló a los países de destino, a los países de tránsito y a los países de origen que deberían cooperar de manera apropiada en la gestión de los flujos de inmigración, previniendo la inmigración clandestina y, si resultara apropiado, facilitando el retorno de los migrantes y su reintegración en sus comunidades de origen^^.
Por lo tanto, lejos de una reducción de derechos y libertades en aras de la seguridad, un nuevo marco de derechos parece surgir de la actual situación junto a los derechos específicos.
Son derechos de solidaridad que, como el derecho al desarrollo, en realidad sólo buscan una generalización y extensión de los derechos ya reconocidos.
Sin embargo, resulta altamente significativo que ya en 1998 hasta una institución tan poco sospechosa como el Banco Mundial denunciara en las conclusiones de este documento que «Resulta irónico que ahora que sabemos como combatir Por ello, en relación al derecho al desarrollo, no se puede olvidar la realidad y obviar que la pobreza no es un hecho en sí mismo, sino que una consecuencia del sistema social y de las relaciones internacionales en que se encuentran inmersas las sociedades pobres.
Igualmente, es necesario recordar que la inmigración como problema no se puede plantear de manera abstracta y general, como meros movimientos poblacionales, sino que cuando se ve como un problema es cuando hablamos de la inmigración de los países del Sur a los del Norte, y esto exige una contextualización histórica, en la que es necesario tener presente la actuación de los países receptores sobre los emisores: «la inmigración en la actualidad no es el mundo en movimiento... es un movimiento de gentes y un mundo en movimiento que previamente ha sido trabajado, amasado con el fermente opuesto a la levadura, que ha «minorizado» a los que se hallan excluidos del sistema y ha «desvirtuado todo y a todos a quienes se trataba de dominar» (Azcona, 2002, 35).
Olvidar este dato supone atribuir la responsabilidad del cambio al marginado, en vez de a la sociedad (Martín Beristain, 1999, 180), mientras que tener esto en cuenta posibilita el establecimiento del fundamento moral de un deber de cooperación al desarrollo de los Estados.
Al fin y al cabo, tal como señalara Fanon ya a mediados del siglo XX:
«Frente a ese mundo [subdesarrollado, un mundo de miseria e inhumano, lo llama Fanon] las naciones europeas se regodean en la opulencia más ostentosa.
Esta opulencia europea es literalmente escandalosa porque ha sido construida sobre las espaldas de los esclavos, se ha alimentado de la sangre de los esclavos, viene directamente del suelo y del subsuelo de ese mundo subdesarrollado.
El bienestar y el progreso de Europa han sido construidos con el sudor y la sangre de los negros, los árabes, los indios y los amarillos» (Fanon, 1965,88).
Por eso, en pleno proceso de descolonización Fanon afirmaba que los Estados imperialistas cometerían un «grave error y una injusticia incalificable» si se limitaran a retirarse de los territorios colonizados; por el contrario, afir-ma el mismo autor, «la reparación moral de la independencia nacional no nos ciega, no nos satisface.
La riqueza de los países imperialistas es también nuestra riqueza», por lo que la ayuda a los países subdesarrollados «debe ser la consagración de una doble toma de conciencia, toma de conciencia por los colonizados de que las potencias capitalistas se la deben, y para estas, de que efectivamente tiene que pagan).
Lo que espera el Tercer Mundo según Fanon, «de quienes lo han mantenido en la esclavitud durante siglos es que lo ayuden a rehabilitar al hombre, a hacer triunfar al hombre en todas partes, de una vez por todas» (Fanon, 1965, 94 y 97).
Sin embargo, como apunta Brian Barry, en la filosofía política y jurídica de corte tradicional, «nadie cuestionaba seriamente la idea de que los límites de la justicia son los límites del estado».
De tal modo que posición hegemónica no consideraría la justicia de la distribución de la riqueza en el mundo como un todo hasta muy recientemente (Barry, 1995, 20)22. fp jp^i opinión, el cambio de actitud obedecería a la introducción de la cuestión de los derechos en el discurso moral, político y jurídico: pues el carácter universalista de los derechos humanos ha permitido romper con esa restricción que circunscribía la justicia a las fronteras de los Estados.
Junto a esta disparidad de niveles de riqueza, como señala Barry, a diferencia de la Antigüedad, contamos con los medios de redistribución adecuados de manera que «la distancia no es en la actualidad una barrera con respecto a la capacidad de ayudar».
Por otro lado, para Barry, una segunda razón para la «redistribución internacional es que hace solo dos siglos que los procesos de desarrollo económico desigual han abierto inmensas desigualdades» (Barry, 1995,21).
De hecho, como indica Amartya Sen, «vivimos en un mundo de una opulencia sin precedentes, difícil incluso de imaginar» y sin embargo nos encontramos al mismo tiempo con unos niveles de pobreza, de sufrimiento humano que sería relativamente fácil remediar con los medios que esa creación de riqueza nos permitiría utilizar (Sen, 2000, 15).
Muestra de este abandono de la desigualdad en términos globales es la comprensión de lo que Peces-Barba denomina «El proceso de generalización», entendido como la lucha contra «unas políticas restrictivas que circunscribía su disfrute [de los derechos] a una clase social, la burguesía» (Peces Barba, 1995,160).
En este momento, sería necesario entender el «derecho al desarrollo», al menos desde su dimensión moral, como el derecho a la generalización o universalización de los derechos, dando lugar a lo que Rafael de Asís ( 2004) ha llamado «la nueva generalización de los derechos», como un proceso en el que se alcance la universalidad del disfrute de todos los derechos por todos.
Porque, hoy por hoy, como señala Javier de Lucas, la razón final de toda inmigración es que «para la mayor parte de la humanidad, no tiene sentido hablar de derechos universales, sino de frustraciones» casi universales (de Lucas, 2002, 72).
Ese nuevo enfoque de la política de inmigración consiste en hacer efectivos esos derechos, para lo cual se convierte en un pilar básico el codesarrollo, entendiendo por tal, siguiendo a Goytisolo y Nair como (Goytisolo y Nair, 2000, 65-76), lo siguiente:
• facilitar el retorno, relajando el cierre de fronteras;
• convertir a los inmigrantes en «vectores de desarrollo» en su país de origen; • crear para ello una profunda red de financiación de micro proyectos; y • diseñar una política de cooperación al desarrollo focalizada en la inmigración como instrumento útil y también políticas de inmigración que se conviertan en instrumentos para la cooperación al desarrollo. |
Postumo, cómo se escurren, huyen los años... ¡» (Horacio, Carmina II)
La cultura ba-ntu -hombres-ha unido lugar y tiempo en una sola categoría.
En nuestro caso, ARBOR es esa condición, y a la que Homero atribuiría una cronología mensual y una duración de ocho amplios años.
El berechit corresponde al mes de enero de 1997, momento que inicia una historia que, aunque ligada al tiempo, no representa una duración continua sino una constelación de instantes: cada uno de los ochenta y tres números de la Revista, Y cómo aquel es un hijo de la finitud, la conclusión se consuma con la presente monografía.
Un tiempo que, aunque se ha esforzado para seguir el dictado de la pintada en los aseos del Pecan Street Cafe, en Austin, Texas -«el tiempo es la manera que tiene la naturaleza para evitar que todo suceda a la vez», una versión actualizada de la estipulación de Leibniz-, en ocasiones ha verificado su carácter discreto que se ha traducido en un orden irregular de sucesiones.
Afortunadamente, los antiguos temores de que sólo sea inteligible un orden fijo de la naturaleza han resultado carecer de fundamento.
Miguel Ángel Quintanilla y José Manuel Sánchez Ron nos entregaron a Juan Fernández Santarén y a mí una obra bien hecha, que hemos intentado mantener con dignidad.
La ponemos, gustosos, al menos con decoro, en las manos de Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, a quién espera el futuro.
«Cuando Dendid creó todas las cosas, Creó el sol, Y el sol nace y muere y vuelve a nacer; Y creó la luna, Y la luna nace y muere y vuelve a nacer; Y creó las estrellas, Y las estrellas nacen y mueren y vuelven a nacer; Y creó |
Ángeles Villarta Tuñón, hija del médico Pedro Villarta Encinas (natural de Alameda de la Sagra, Toledo) y de María Tuñón García-Ramírez, nació un 6 de diciembre en el pueblo en el que se conocieron y casaron sus padres, Belmonte de Miranda (Asturias), del que era natural su madre.
Fue la mayor de cinco hermanos: Maruja, Miguel y las gemelas Pilar y Carmen.
Siendo muy niña se trasladó con su familia a Lastres, pueblo asturiano en el que todavía conserva la casa familiar.
Con once años fue enviada a Friburgo (Suiza) a estudiar a un colegio de monjas, el Instituto Sainte Ursule, en compañía de su hermana Maruja, un año más joven que ella, y allí permanecieron durante siete años recibiendo una enseñanza nada restrictiva y muy completa, que le permitió aprender a la perfección varios idiomas: francés, inglés, alemán e italiano.
En Friburgo también asistió a L'École Superieure de Commerce, donde recibió clases impartidas por profesorado universitario y obtuvo el título de Sciences Commerciales.
Regresó a Lastres poco antes de la guerra, y cuando el pueblo fue liberado consiguió que la emplearan en Valladolid en la sección de Prensa y Propaganda, a cargo entonces de Carmen de Icaza, para recibir a gente durante la guerra.
Finalizada la contienda, se trasladó a Madrid y empezó a trabajar en Auxilio Social, también bajo la dirección de Carmen de Icaza.
Después de muchísimos años abandonaría ese empleo y se centraría exclusivamente en su creación literaria y perio-dística 2 y en su labor editorial.
En Madrid estudió en la Escuela Superior de Comercio, en la Escuela Superior de Idiomas y en la Facultad de Filosofía y Letras; obtuvo los títulos de Profesora Mercantil y Profesora de Francés.
Durante un año fue Auxiliar del Catedrático de Francés Aldazábal en la Escuela Superior de Comercio.
Impartió conferencias en el Ateneo de Madrid, en Asturias y en Bilbao.
En la actualidad continúa viviendo en Madrid, en compañía de su hermana Pilar, y pasa varios meses al año en Lastres.
Aunque siempre se ha mantenido vinculada a su tierra natal, su obra literaria, periodística y editorial se desarrolló casi íntegramente en Madrid.
Comenzó su carrera con un relato publicado en la prensa, Navío de guerra 3, que apareció firmado con su nombre pese a que ella había pedido permanecer en el anonimato a través del seudónimo "Edelweiss", y a partir de ahí se le abrió el mundo periodístico: colaboró profusamente en Madrid, diario dirigido por Juan Pujol, en cuya redacción "se sentía estupendamente, pese a ser la única mujer en un mundo de hombres", y en Domingo, semanario vinculado a la misma empresa periodística.
En 1949 se embarcó en una importante aventura editorial: la creación y dirección de la colección de posguerra La Novela Corta, un loable y fructífero intento de resucitar las publicaciones seriadas de narrativa breve de anteguerra, que homenajea tanto en el título como en el formato a su antecesora homónima de los años 10-20 4.
En 1952 fundaría y dirigiría el semanario de humor Don Venerando 5.
Tiempo después fundaría otra publicación humorística, Mundo alegre, que no obtuvo el éxito esperado 6; así como la editorial Las Gemelas, con dirección en García de Paredes, 49, cuyos volúmenes se distribuían en dos colecciones: "Colección Las Gemelas" y "Colección Maruja", nombres que homenajeaban indudablemente a sus hermanas.
En la primera aparecieron cuatro obras 7: Idilios y fantasías de Pío Baroja 8, Mi vida en el manicomio de la propia Ángeles Villarta 9, Por primera vez en la historia del mundo de Luis Antonio de Vega 10 y El viaje a España.
Libro para todos y especialmente para viajeros y lectores hispanoamericanos (Andalucía) de Federico García Sanchiz 11.
Dentro de la "Colección Maruja" Ángeles Villarta publicó exclusivamente sus poemarios 12: In septima legion (ca.
En el semanario Domingo publicó muchísimas colaboraciones entre los años 40 y 60; y tuvo varias secciones fijas: "Reportajes de Domingo", "Para contárselo a la nena" (cuentos infantiles), "Ángeles Villarta contra [...]" (los corchetes deben sustituirse en cada artículo por el nombre del personaje entrevistado), "El rincón de los libros" y "Se acaba de publicar" (en estas dos últimas aparecían, obviamente, sus críticas literarias de actualidad); además, realizó reportajes precursores del actual periodismo de investigación.
Como colaboradora fija del diario Madrid publicó, a lo largo de muchos años reportajes, interviús (como se llamaba entonces a las entrevistas), crónicas de modas, gastronomía, reseñas literarias, concursos, artículos variados, comentarios breves, etc.; incluso durante la II Guerra Mundial, debido a que las agencias de prensa tardaban demasiado en enviar informaciones, estuvo encargada durante un tiempo de escuchar noticias del extranjero directamente de la radio (fue elegida por su perfecto dominio de otros idiomas), para seleccionar aquello que le pareciera digno de ser publicado, aunque, según me confesó la propia Ángeles, sólo una mínima parte de las informaciones que ella juzgaba de interés aparecían después en el periódico.
Finalmente abandonaría este diario cuando cambió la empresa editorial que lo gestionaba.
Después, o tal vez simultáneamente a sus últimas colaboraciones en Madrid, pasó al diario Ya, en el que también escribió sobre todo lo imaginable: actualidad, modas (en un momento importante, pues España se despegaba de París con diseñadores tan relevantes como Balenciaga o Pedro Rodríguez), artículos de belleza, viajes y turismo, entrevistas variadas (escritores y también personajes del deporte y la alta sociedad), gastronomía, decoración e incluso algunos relatos; sus colaboraciones también fueron ingentes, especialmente en los años 60, e incluso llegan hasta los 80, pero cuando el diario empezó a tomar un rumbo distinto con un nuevo director, Ángeles decidió irse.
En todos los suplementos del diario Ya siempre tuvo una sección fija, y alguna fue tan importante que su colaboración se anunciaba en la portada.
Hay que mencionar también sus artículos en Informaciones, su sección semanal "El mundo es grande y terrible" en el diario La Nueva España (Oviedo), y los artículos seriados que publicó en ABC.
Además de aparecer en esos diarios madrileños, muchos de sus artículos recorrieron toda la Península, pues, vía agencia (la estatal era Piresa y la del diario Ya era Logos), se publicaron en periódicos de toda España: El Adelanto (Salamanca), El Correo de Andalucía, El Correo Catalán (Barcelona), Diario de Burgos, Diario de Cádiz, Diario de Las Palmas.
Diario de Mallorca, Diario de Navarra, El Diario Montañés, El Diario Vasco, Hoy (Badajoz), Ideal (Granada), El Ideal Gallego, El Noticiero (Zaragoza), Nueva Rioja (Logroño), Las Provincias (Valencia), La Verdad (Murcia), La Voz de Avilés.
Ángeles Villarta colaboró en múltiples revistas desde muy joven: en Horizonte publicó una novela corta titulada Negocio matrimonial (no 8, octubre 1939), y alguna más en Vértice y en Blanco y Negro, en Fotos tuvo una sección fija, "Nosotras, nosotras, nosotras", y además colaboró con otros artículos, algunos de ellos sobre moda, en Luna y Sol su sección se llamaba "El Carnet de la Petimetra".
Escribió críticas de cine para Primer Plano, en el semanario de humor Cucú se encargó de poner texto cómico a las ilustraciones de la sección fija de la contraportada, también publicó en El Español, La Estafeta Literaria, Crítica, Triunfo, Semana y Gran Mundo (revista dirigida por Agustín de Figueroa 13 ), y colaboró bastante en algunas revistas de Sindicatos como Siembra y Eva (revista sobre moda).
Sus últimos artículos periodísticos aparecieron en la revista El Mensajero del Corazón de Jesús, entre los años 80 y 90, donde era la encargada de las secciones de la mujer y de de viajes.
Pero no se limitó a escribir en prensa, como ya hemos dicho fundó y dirigió los semanarios de humor Don Venerando y Mundo alegre, y fue redactora jefe y directora de la revista Arte y Hogar.
Su última colaboración periodística fue la novela por entregas Andrés y tres mujeres, publicada en El Comercio de Gijón entre el 8 de julio y el 28 de septiembre de 1992, pero ni la escribió con ese fin ni en esas fechas, sino mucho antes.
Todavía existe alguna otra novela suya inédita, esperemos que algún día encuentre una ocasión propicia para ser publicada, aun después de tantos años, pues sería lamentable que se perdiera como las traducciones que mencionamos más arriba.
Tal vez por su timidez, o tal vez porque entonces era muy habitual entre los periodistas, Ángeles Villarta firmó algunas de sus colaboraciones con seudónimo.
Entre otros utilizó los siguientes: "Luz", "Arcángeles Miranda", "Angélica Encinas", "María Palacios", y alguno más; en general, tendía a componerlos utilizando deformaciones de su nombre o convirtiendo en apellido parte del nombre de su pueblo (es decir, o " Miranda", o "Belmonte").
Mujer inquieta, también colaboró en radio y televisión.
A finales de los 40 participó en el programa radiofónico Colegio Mayor para menores, junto al Padre Félix García, Gerardo Diego y Federico García Sanchiz; tuvo una colaboración diaria, sección de América, en RNE; y a finales de los 50 se encargaba de la crónica de actualidad también de RNE en el programa titulado Diana del día.
Incluso una de sus novelas, que analizaremos más adelante en profundidad, Una mujer fea, fue emitida como folletín en Radio Intercontinental.
Para televisión escribió alguna novela y varios cuentos que fueron adaptados, apareció esporádicamente en algunos programas y se encargó de El alma se serena, programa que se emitía en TVE al final del día en el que también participaron Manuel Alcántara y Van Halen.
Incluso colaboró en el NO-DO de manera directa, además de aparecer por razones diversas en varias de las emisiones de los años 40 y 50: se realizó un programa especial dedicado a informar sobre Auxilio Social y otro de trayectorias literarias en el que aparecieron también Alfredo Marqueríe y Augusto García Viñolas.
Fue también coautora de la novela colectiva Nueve millones 14.
Pero esta revisión de la obra literaria de Ángeles Villarta no estaría completa sin tener presentes las numerosas novelas cortas y los cuentos infantiles que publicó en revistas y que jamás se recogieron en forma de libro.
Por último, mencionar que inició el proyecto de una novela infantil que finalmente no llegó a ver la luz.
A comienzos de los 60 fue abandonando la creación literaria para centrarse en la labor editorial y en el periodismo, mundo que tuvo que abandonar con el cambio político porque su ideología de derechas provocó que la vetaran en algunos periódicos o que la consideraran como alguien del pasado, trato que no estaba dispuesta a aceptar.
Como mujer independiente prefirió retirarse antes que someterse a las imposiciones de los nuevos rumbos que no compartía.
El Premio Fémina no fue el único que consiguió Ángeles Villarta; además de un premio de cuentos de literatura infantil, recibió otros tres más, esta vez por su obra poética: la El premio lo creó la editorial madrileña Colenda para solucionar una carencia que presentaban los premios del momento: la falta de un galardón literario puramente femenino; así se indica en uno de los preliminares incluidos en el libro Una mujer fea titulado "Del editor al público": Premios extraordinarios, con extraordinaria abundancia, se derraman por doquier sobre las gentes de letras, pero entre todos faltaba uno, el premio "Fémina", que estimulase a la mujer española y Editorial Colenda lo ha creado [...]
Es una recompensa a la novela escrita por «ellas» y para «todos», sin que las escritoras se vean impelidas a luchar contra el varón en concursos que necesariamente, por exigencias de la contienda, les obliguen a masculinizar su feminidad.
Los requisitos que debían cumplir las novelas que se presentaran al Premio Fémina eran, básicamente, dos: en primer lugar, estar escritas por mujeres, y en segundo lugar, ser femeninas tanto en su contenido como en su estilo.
La forma en la que se expresa esto en el citado preliminar es profundamente desacertada.
Es más, ahora la consideraríamos políticamente incorrecta de principio a fin y un insulto intolerable porque resulta machista en grado sumo y despectiva con respecto a la capacidad intelectual de las mujeres, pues llamar "rey de la creación" al hombre (por más que la sorprendente cursiva parezca ironizar sobre la denominación) y excluirlo del premio con semejantes argumentos se consideraría actualmente un insulto y una manera indirecta, carente de sutileza, de acusar de inferioridad a la mujer: Incluso se insistirá profusamente en ambos requisitos en el Acta del Jurado publicada a continuación, aunque afortunadamente hay frases más acertadas y con menor incorrección política:
En fin, "Una mujer fea" es una novela escrita por mujer y con prosa no masculinizada, sino por una mente ricamente femenina.
Lo transpira toda la novela; y un premio que se titula "Fémina" sólo a una novela así podía otorgarse. [...]
El premio "Fémina" no podrá otorgarse a novela que no tenga en su prosa y en su desarrollo todo el perfume del alma femenina.
Y esto no se entienda como una "galantería" del Jurado o de la Editorial patrocinadora del concurso; no. Se trata de aportar a la Literatura española aquellas novelas que entrañen un mundo femenino y sin mixtificar, una concepción femenina del mundo, un modo femenino de ver y enjuiciar hombre y paisajes, cosas e ideas.
Resulta sorprendente que al final del Acta se incluya una pretendida defensa de la gran calidad literaria que pueden alcanzar las novelas femeninas, y que ésta se base, de nuevo, en argumentos contradictorios que se centran únicamente en desmontar los tópicos de su mala calidad (novelas ñoñas, blandengues, cursis y empalagosas), en vez de resaltar los valores positivos que ofrecen esas novelas:
Pero importa quedar aclarado que una novela de "estilo femenino" no es necesariamente una merengada o una tarta literaria con garabatitos artísticos y flores de papel, ni es una novela mema con escenas amorosas tontitas, sino que puede ser de un realismo vivido por un alma cierta y exquisita de mujer.
Que al fin va resultando lamentable que haya tanta mujer aspirante a novelista tomando a préstamo la prosa y el estilo del varón.
Por último, señalar el tratamiento paternalista de la mujer presente en ambos preliminares en frases como "Amable lector o quizás lectorcita" (7) y "novela que tenga [...] en su desarrollo todo el perfume del alma femenina" (11) 19.
También resulta extraño que un premio tan pretendidamente femenino fuera decidido en exclusividad por un Jurado íntegramente masculino (Pedro Caba Landa, Francisco Guillén Salaya y José Luis Fernández-Rúa), aunque la elección tal vez se debiera a que los tres eran autores de la editorial, que, por nuestras noticias, no había publicado todavía ningún texto de autoría femenina.
En los años 50 había muchas mujeres escritoras con una obra importante y de gran calidad, es indudable que cualquiera de ellas tenía méritos suficientes para haber formado parte de este Jurado 20.
En cualquier caso no fue así, pero la decisión del Jurado no debió de resultar sencilla, pues se presentaron cien originales, probablemente muchos de ellos con méritos sobrados para alzarse con el premio.
La novela de Ángeles resultó ganadora por unanimidad 21.
Hay que resaltar el hecho insólito que representa en la España del franquismo la creación de este premio exclusivamente femenino, ya que fue la primera vez que se convocaba un premio literario al que sólo se podían presentarse mujeres.
El primer Premio Fémina estuvo dotado con 50.000 pesetas, una cantidad considerablemente alta y generosa para la posguerra, y aún más si tenemos en cuenta que iba destinado a una obra escrita obligatoriamente por una mujer, en un momento histórico en el que el concepto de igualdad en el trabajo y, sobre todo, en el sueldo no era una realidad imperante.
La novela tuvo un gran éxito corroborado por su número de ediciones 22 y su recepción de prensa, dividida en tres tiempos: concesión del premio, entrega y críticas 23.
Colenda era una editorial madrileña poco conocida que desarrolló su actividad en los años 50-60.
El Premio Fémina no fue el único que concedió, también creó, casi en las mismas fechas, el Premio Pedro Antonio de Alarcón, que fue otorgado, entre otras, a las siguientes novelas: El amor de la sota de espadas (1954) de Luis Antonio de Vega, La sombra detrás del corazón (1955-6) de F. Ferrari Billoch, Donde se pone el sol.
Preludio a la conquista del Nuevo Mundo (1957) de Roberto Otaegui, Negrura (1961) de Virgilio Rodríguez Macal, Raíz y espiga (1962) de Ernesto Juan Fonfrías y El relevo (1964) de Domingo Manfredi Cano.
Editó sobre todo novelas, incluidas muchas de ellas en su colección "Grandes novelistas de nuestro tiempo": todas las galardonadas con ambos premios, y otras como Luna de enero y el amor primero (1953) de Tomás Borrás, Teresa y el cuervo (1954) de Julio Escobar o La máscara del alma (1961) de Juan Antonio Cabezas; también editó alguna colección de género, "Grandes novelas de aventuras", en la que se incluyó A sangre y fuego (1955) de José Luis Fernández-Rúa.
Además, publicó libros históricos, filosóficos, ensayísticos e incluso de entrevistas 24 y de medicina, algunos de ellos traducidos del francés por Julio Gómez de la Serna 25.
Los autores más prolíficos fueron Pedro Caba 26 y José Luis Fernández-Rúa 27, precisamente dos de los miembros del Jurado del Premio Fémina, seguidos por Guillén Salaya 28, el tercer miembro, y Pierre Rousseau.
La novela Una mujer fea 29 fue publicada en 1954 por la editorial Colenda de Madrid dentro de su colección "Grandes Novelistas de Nuestro Tiempo", como consecuencia de haberle otorgado el Premio Fémina 1953.
Al menos alcanzó tres ediciones en ese mismo año 30.
Dos textos aclaratorios anteceden a la novela: "Del editor al público" (7) y "Acta del acuerdo de concesión del premio «Fémina» instituido por la editorial Colenda y dotado con 50.000 ptas. " (9-12), el primero sin firma y el segundo firmado por los miembros del Jurado: Pedro Caba, Guillén Salaya y J. L. Fernández-Rúa.
Aunque ya hemos hablado de ambos preliminares en el apartado anterior de nuestro artículo, queremos resaltar el acertado análisis estilístico de Una mujer fea que se realiza dentro del Acta, en la que se clasifica la novela como costumbrista, profundamente humana, sencilla, natural, psicológica y nada tremendista ni en el contenido ni en la forma, aunque, como veremos más adelante, el tremendismo aparece en algunas ocasiones, eso sí, tenuemente.
Esas características, en concreto la presencia de sencillez y naturalidad dentro de una novela psicológica, da lugar a una comparación desacertada entre la obra de Dickens y la de Dostoyevski:
Pero no, reconozcamos que una novela sencilla de Dickens tiene tanta hondura psicológica como otra de Dostoyevski.
Lo que ocurre es que la psicología de los personajes de Dickens es más universal, común y sencilla y no tan enrevesada y compleja como las del novelista ruso.
Pero lo complejo no es lo profundo humano; y no se ha probado todavía que lo sencillo sea menos humano, ni que la normalidad humana sea menos honda que la locura.
Una mujer fea es una novela de costumbres rurales de carácter dramático en la que se nos relata la vida de varios personajes, mujeres principalmente, todos ellos habitantes de un impreciso pueblo costero asturiano -en realidad se trata de Lastres, aunque nunca se mencione-, durante la posguerra.
Se inspira en hechos y personajes reales, incluida la mujer fea que le da título 31.
Recordemos que en el Acta se indica que la novela se presentó con el lema Mis verdes Asturias (9), una anticipación argumental doblemente significativa, ya que por un lado anuncia la ambientación de la obra, y por otro refleja, a través del posesivo "mis", el sentimiento de cariño de la autora hacia su patria natal, de la que va a ofrecer una visión, en general, amable.
Su argumento, muy resumido, es el siguiente: Josefa, una mujer fea que se queda huérfana al comienzo de la novela, ha de enfrentarse de golpe a la vida y al trabajo regentando la tienda de su padre Matías, que siempre la había aislado del mundo para que no sufriera; Gloria, la modista del pueblo, es una mujer rebelde enamorada de Julián (hijo ilegítimo de Lucinda y el señorito don Andrés), pero éste ARBOR CLXXXII 720 julio-agosto [2006] 489-503 ISSN: 0210-1963 UNA MUJER FEA mantiene hacia ella una actitud ambigua y finalmente se enamora de otra, Olvido, hija de buena familia y de una clase social superior a él, lo que hace imposible su amor.
Ante la oposición de su madre (Margarita), Olvido se hace monja y Julián, después de rechazar nuevamente a Gloria y como venganza hacia Margarita, propone matrimonio a Josefa.
Se casan y regentan la tienda los dos juntos con una felicidad extraña basada, entre otras cosas, en dormir secretamente en habitaciones separadas.
Ante la pobreza que asola la región y las presiones de Josefa sobre sus clientas para que le paguen parte de las deudas, pues ella también necesita dinero, las mujeres del pueblo deciden quemarle la casa, porque si se destruyen los cuadernos de cuentas en los que tiene apuntado al detalle todo lo que le deben ya no podrá exigirles ese dinero.
Así lo hacen aprovechando la ausencia de Julián, que ha ido a la ciudad a realizar unas compras, y milagrosamente Josefa se salva del incendio y se refugia en la capilla del cementerio.
Su marido regresa y monta en cólera hasta que un niño dice que ha visto a Josefa escondida en el camposanto.
Allí va a rescatar a su esposa y consigue convencerla para volver a vivir en el pueblo, en casa de una viuda.
A pesar de que Julián siempre se ha negado a aceptar la caridad de la familia de su padre, va al Palacio en respuesta a la petición de don Andrés y si no se reconcilia del todo, al menos acepta vivir en la casona y encargarse de las tierras a condición de que no sea un regalo sino un alquiler mientras don Andrés viaja a Perú.
La vida parece sonreírles de nuevo a Josefa y a Julián, incluso celebran en el Palacio la boda de Nila (hermanastra de Julián, hija de Lucinda y su marido Quico), y durante el evento regresa Gloria, que había huido del pueblo hacía años.
Viene con Ricardo, el médico, con el que se casó en la ciudad nada más huir, y por una mirada cruzada malinterpretada y por las ausencias cada vez mayores y más frecuentes de Julián, Josefa piensa que sigue enamorado de Gloria y que ésta le corresponde y ha accedido a verle en su casa.
Allí se dirige un día Josefa y contempla con felicidad que tanto ella como el resto del pueblo se han equivocado: en realidad Julián no ha retomado su relación de amor con Gloria, sino que frecuenta tanto su casa porque ha emprendido una serie de negocios con su marido Ricardo para conseguir pagar todas las deudas de la casona y no tener que deberle nada a don Andrés, cosa que finalmente ha logrado.
Pero para Josefa es demasiado tarde: tanta presión, tanto dolor oculto y tanta maledicencia pueblerina han minado irremediablemente su salud, y al descubrir que todo había sido invención, recupera la felicidad, pero cae muerta delante de Gloria, Julián y Ricardo.
Todo el pueblo acudirá emocionado a su entierro y por primera vez sólo verán bondad en ella: "Es una santa.
El tratamiento de los personajes depende de que sean femeninos o masculinos, no en vano uno de los requisitos para obtener el premio era precisamente que fuera una novela femenina, de ahí que el número de hombres presentes en la historia sea considerablemente menor; apenas sabemos nada de muchos de ellos, las únicas excepciones son aquellos que interesan por la historia o por contraste con las mujeres, y más que profundizar en ellos se destacan los rasgos que interesan para la narración.
Salvo Julián, del resto de los protagonistas masculinos sólo sabemos lo imprescindible y eso cuando es necesario: Matías, el padre de Josefa; Quico, el marido de Lucinda y padrastro de Julián; el señorito don Andrés; Antón, el sepulturero; Lucas, el criado del Palacio; don Agustín, el marido de Margarita y padre de Olvido; Ricardo, el médico que finalmente se casa con Gloria.
Además, apenas se mencionan hombres que no tengan importancia en la historia, cosa que sí sucederá con muchas mujeres secundarias que son una simple mención en una o dos páginas y que no vuelven a aparecer.
Por ejemplo, entre las descripciones masculinas sorprende la de don Agustín, pues está hecha desde el punto de vista de su mujer, y es prácticamente la única información que vamos a encontrar sobre él, salvo algún detalle deducido a partir de la actitud que mantendrá hacia su hija Olvido cuando ésta tenga problemas: su marido [de Margarita], a quien consideraba únicamente capaz de llenar, sin derramar tabaco, la pipa, y permanecer horas y horas sentado en un butacón expeliendo el humo perfumado de los cigarros que le enviaban de Cuba.
Doña Margarita sentía odio por el género masculino.
Le satisfacía que su esposo, de buena estatura y perfectas maneras, con el rostro fino y la barbita recortada que cuidaba con idéntico mimo que una jovencita sus bucles, no pasara la vida en los cafés o en los chigres ni se entretuviera en conversaciones groseras, ni figurase entre los que llegan de madrugada, apestan a vino y pegan a sus sufridas cónyuges.
Pero, por otra parte, sólo era un pobre ser capaz de permanecer cincuenta años sosteniendo todas las tardes partidas de tresillo sobre la mesa de marquetería, mientras el médico perdía invariablemente dos reales y el sacerdote los ganaba.
Frente a los masculinos, los personajes femeninos presentan una mayor profundización psicológica llena de ricos matices y algunas veces con evolución de carácter.
Josefa (Fefa para su padre y a veces también para Julián) es la mujer fea a la que se refiere el título de la novela; pese a ser la protagonista, no aparece hasta el capítulo tercero -curiosamente se habla de ella por primera vez en la página 35, aunque no se menciona su nombre hasta dos páginas después-y su presencia se diluye en varios de los capítulos iniciales.
La primera mención de Josefa que aparece en la novela deja clara la indiferencia que sienten por ella las mujeres del pueblo y su aislamiento social voluntario, pues vive completamente retraída, en su mundo:
A los pies del lecho, la vista clavada en el señor Matías, perdida en un estupor indescriptible permanecía una mujer, ajena al bullicio y al lloro de las demás.
Nada existía para ella.
Ni ella representaba nada para nadie.
La característica principal de su carácter es la dificultad para expresar sus sentimientos: no se atreve a abrazar a su padre, ni siquiera cuando él decide sacarla del colegio para que no sufra: Ella, de buena gana le hubiera abrazado.
Se limitó a mirarle con sus ojos pequeños y a murmurar levemente: -¡Gracias, papá! (54).
Tampoco se atreve a besar a Gloria como agradecimiento por confeccionarle las prendas del luto (81), ni a pedir su compañía en la misa (92):
Hubiera deseado besarla pero se sentía, por una parte muy torpe, y, por la otra temía el genio violento de su amiga, sus reacciones.
Se limitó a murmurar: -Gracias, Gloria.
Pensó solicitar la compañía de Gloria.
Se lo impidió la timidez y el temor de que su compañía resultara molesta para su amiga.
Incluso es incapaz de mostrar sus verdaderos sentimientos y de expresar sus deseos ante su marido Julián -pese a lo bondadoso que él se mostró siempre con ella-, hasta el extremo de que éste se retraiga en sus gestos de cariño hacia Josefa, porque malinterpreta las miradas, las expresiones o las palabras de su mujer:
En ciertos momentos tan gran abnegación le conmovía [a Julián] y entonces dudaba si dirigirle algunas de esas frases que, dichas de cierto modo y en especial momento conquistan a las mujeres.
Cuando cristalizada la idea se inclinaba para iniciar el movimiento o la frase, huía.
Algo en la mirada de su mujer le enfriaba instantáneamente.
Creía que se trataba de un reproche, de un desvío; no sospechó nunca que era un deseo angustioso de que la tomara sobre su pecho.
Y Josefa le veía marchar de prisa y malhumorado.
Josefa vive la tragedia de ser fea prácticamente durante toda la novela.
Sólo cuando lo ha perdido todo, como consecuencia del incendio, y sale de la capilla del cementerio donde se había refugiado e inicia el regreso con su marido hacia el pueblo, descubrirá que en su cuerpo existe algo hermoso: su largo pelo negro si lo lleva suelto en lugar de recogido.
Y precisamente gracias a Julián recordará que ya durante su infancia su padre también se lo decía:
Tomaron el camino del regreso.
Josefa se desasió del brazo de Julián para recoger el pelo que se le había vuelto a soltar.
Julián no se lo consintió.
Hundía gozoso las manos en las hebras y todo él sentíase estremecido por el fantástico descubrimiento.
-Tienes un pelo muy hermoso.
Nunca vi nada semejante.
-Eso decía papá -y los ojos se le llenaron de lágrimas porque le recordaba peinándola frente al espejo adornado de conchas marinas.
Josefa no era una mujer agraciada, pero gran parte de su fealdad se debía a su actitud de considerarse fea a sí misma y de aceptar sin más los insultos en ese sentido.
A partir de ese redescubrimiento de que tiene algo hermoso, cambiará progresivamente y durante el resto de la novela su aspecto físico parecerá más amable o, al menos, no desagradará tanto a la gente, aunque en momentos de extrema tristeza vuelva a reaparecer en ella ese complejo de fealdad extrema, con la diferencia de que ahora sí hay alguien capaz de ver su bondad por encima de su aspecto y, lo que es más importante todavía, esa mujer (Lucinda) es capaz de decírselo con sinceridad:
En la despedida Josefa descubrió algo de lo que atormentaba sus noches en vela:
-Valgo muy poca cosa.
Sólo papá pudo engañarse cuando me peinaba frente al espejo... -Vamos, vamos -Lucinda la acarició conmovida-.
La bondad del alma sale a la cara.
Me cuesta venir a estos sitios.
Josefa la vio pálida y temerosa.
En un arrebato la abrazó: -Sí, madre.
Aquella visita de Lucinda aplacó momentáneamente su dolor.
Pronto la dominó una terrible depresión, una desgana infinita.
Nada la retenía en la tierra.
Como acabamos de leer en el fragmento, ese acto de bondad de Lucinda hacia Josefa ha conmovido tanto a ésta que por primera vez ha sido capaz de vencer el temor de expresar sus sentimientos y se ha lanzado sin pensarlo a abrazar a la madre de su marido.
Desgraciadamente, la muerte ya rondaba por el pensamiento de Josefa y ni siquiera actitudes amables como ésa podrán evitar su dramático final.
Al principio de la novela, como autodefensa, Josefa se muestra indiferente frente a las críticas del pueblo.
En ese momento sólo Gloria está de su parte, es la única que no la rechaza y que hace todo lo posible para que la acepten.
Ambas son dos jóvenes muy distintas y a la vez con una vida parecida: huérfanas de madre, por ello han crecido de manera diferente al resto de las niñas, sin embargo, se diferencian en cómo han reaccionado ante esa situación, pues Gloria se ha enfrentado a la vida con rebeldía e independencia, se ha ganado la vida trabajando por propia voluntad como modista y en cambio Josefa se ha retraído a su mundo y se ha vuelto huraña, y sólo va a trabajar porque la nueva realidad, derivada de la muerte de su padre, se lo impone.
Gloria, mujer independiente y al margen de la sociedad en que vive, a los ojos del pueblo resulta ligera de cascos.
Aunque se gana la vida honradamente como modista y frena a los chicos que la pretenden, algunos hombres hablan de ella negativamente (incluso utilizando el término "modistilla", no en su sentido profesional de muchacha que cose y realiza los últimos aprestos y que incluso reparte la ropa, sino en un sentido despectivo) y todas las mujeres en el baile se muestran indignadas ante su desparpajo al bailar con muchos chicos:
-¿Quién es esa chica tan estupenda? -Gloria no sé cuantos.
-Pues lo que es de guapa... una emperatriz...
Y... ¿es fácil? -¿Fácil?...
¿Qué mujer, si sabes tratarla, no lo es?
Pronto se convencían de lo contrario.
Ni era fácil ni permitía ciertas insinuaciones.
El éxito parecía emborracharla, pero íntimamente continuaba tan fría y su risa, excitante, disgustaba por igual a las de su clase y a las señoritas.
-Mírala, la desvergonzada, la mala pécora.
-¿Te has fijado? -y las señoritas agrupaban, incrédulas, la cabeza-hasta Ricardo bailó con ella, él que parecía no saber dar ni un paso...
Y ahora ahí le tienes, tan sesudo, tan formal.
Lleva una hora apoyado en el mismo árbol y no aparta de ella un instante la mirada.
Otra mujer joven que aparece en la novela es Olvido Soto de Onís, hija de Margarita, una madre dominante y muy tradicional, hasta el extremo de sacrificar la felicidad de su hija por el orgullo de clase, pues se opone rotundamente al matrimonio de Olvido con Julián, y aboca a su hija a una enfermedad depresiva de la que sólo saldrá huyendo de la vida mundana al ingresar voluntariamente en un convento.
Inicialmente, Olvido tiene una gran presencia en la novela, pero una vez convertida en monja desaparecerá totalmente de la trama y su nombre sólo será un recuerdo en algún capítulo aislado.
Entre las criadas destacan dos que trabajan en casa de ambas: Rosario y Luisa, mujeres bondadosas que se compadecen del sufrimiento de Olvido y que están dispuestas a conseguir que ésta sea feliz incluso aunque eso les cueste perder su trabajo.
Indudablemente Una mujer fea es una novela femenina de principio a fin: describe a la perfección muchas costumbres y ocupaciones de las mujeres, por ejemplo, el cuidado de la casa, de la ropa, y en especial la costura, labor por la que Ángeles Villarta sentía un gran interés, aunque por sus múltiples ocupaciones nunca pudo dedicarse a ella como le hubiera gustado y tuvo que conformarse con dirigir a sus hermanas 32.
En varios capítulos aparecen descripciones detalladísimas de las telas, los hilos, el interior de los costureros, la forma de preparar la labor, etc., con datos que sería impensable que un hombre de los 50 conociera con esa perfección y minuciosidad.
También retrata con gran realismo las cocinas rurales y cómo se preparaba en ellas la comida y se realizaban el resto de las faenas domésticas: Del viejo arcón sacó una cesta de patatas.
Sentóse sobre un escabel de madera y procedió a pelarlas.
Ya limpias las echaba en un barreño con agua.
Mientras realizaba la faena preguntábase si se lo diría o no a Julián; [...]
A la sombra de una poderosa chimenea, en el cacharro de barro colocado sobre las trébedes, bullía la leche.
Lucinda se levantó para soplar sobre las alborotadas espumas.
Después la colocó en la ventana, bajo un paño blanco, al resguardo de las moscas que llegaban, numerosas y molestas, del establo próximo. [...]
Cubrió la mesa con una servilleta blanca y sobre ella dispuso el tazón.
Del armario sacó pescado frito y un pan moreno, estallante la corteza, y con ese aroma inconfundible del pan recién cocido, amasado en casa.
Incluso en determinado capítulo se describe el contenido insólito y extraño de una faltriquera:
Buscaron afanosas, en los bolsillos de los vestidos, levantaron las faldas para mirar en las faltriqueras, colgadas de la cintura, sobre la enagua, y sacaron del pecho pañuelos.
Aparecieron monedas, mendrugos, dedales, pequeñas hebras de hilo, trozos de espejo, algún peine desdentado, un ojo y una mano de muñeca. ( 296).
Un aspecto sorprendente en la actualidad, por resultar políticamente incorrecto, es la justificación de los malos tratos que sufrían las mujeres por parte de sus maridos o de sus hermanos.
Además de deslizar algunas referencias aisladas, el tema aparece presente en varios capítulos, pero el fragmento más digno de mención, porque en él los malos tratos no sólo se aceptan como una costumbre social correcta, sino que la mujer que los sufre se siente orgullosa de ello, es el siguiente:
Pues por el vestido que me puse nuevo.
Él dijo que no era para gustarle a él, sino para otro.
Me tiró la carga de leña que traje desde el monte en la cabeza y el vestido me lo hizo girones.
Tengo el cuerpo lleno de cardenales -y escurría el escote sobre los hombros huesudos donde la piel comenzaba a arrugarse y levantaba la falda para enseñar los morados de los muslos-.
¿Veis?y en el tono de su voz había un destello de orgullo.
También nos parece importante destacar que la única vez en que estos malos tratos se cuestionan, es un hombre quien lo expresa, en concreto Antón, el sepulturero:
-Pues como os iba diciendo, y con permiso de éste, que su mujer se casa con el criado.
Y cuanto éste trabajó y ahorró lo disfrutarán ellos.
Ahora que todas las palizas que no le dio se las dará el nuevo marido.
No le ahorrará ninguna, y de las buenas.
Y me parece a mí que ella debió de probar ya alguna.
Desde el punto de vista cronológico, nos encontramos ante una novela lineal, con escasos flash-back, todos ellos dirigidos hacia el pasado y siempre justificados desde el punto de vista argumental como imprescindibles para comprender el presente.
Los dos más importantes son recuerdos de las mujeres que los protagonizan: en el primer caso, Josefa recuerda su infancia, que en principio se nos antojaría triste, era huérfana de madre, pero que a ella le parecía agradable gracias al gran cariño y a los desvelos de Matías, su padre querido, y que sólo se veía enturbiada por sus experiencias negativas en la escuela con las niñas del pueblo, que se reían de su fealdad con la crueldad de la que sólo se es capaz en la infancia (53-66); y en el segundo, Lucinda rememora cómo entró a servir en la casa de los del Palacio, su inocente aventura amorosa con el señorito don Andrés de terribles consecuencias, su trágica huida avergonzada, el nacimiento de Julián, su hijo ilegítimo, su marcha a la ciudad como ama de cría, su regreso impuesto por la muerte de su madre para cuidar a su "neno" al que había dejado en el pueblo, su matrimonio con Quico, un hombre bueno y extremadamente comprensivo, y la primera pelea de Julián con los otros niños por su oscuro origen (223-240).
Aunque la novela nunca indica fechas concretas, sí incluye referencias generales o indirectas que nos permiten situar algunas acciones en determinada época del año: por ejemplo, se habla de las Fiestas de la Concepción (102), de determinados meses como diciembre (93) o agosto (117), se menciona directamente el estío (119) o se hacen referencias al clima, etc. Todo ello permite, al menos, establecer una cierta progresión cronológica en los acontecimientos y saber si han transcurrido sólo unos días o si por el contrario han pasado varios meses.
Entre las posibles influencias literarias nos ha llamado profundamente la atención una: El hundimiento de la Casa de Usher de Edgar Allan Poe, por tratarse de un relato de terror, aspecto que apenas aparece en Una mujer fea 33.
En concreto, la influencia de esa obra está presente en la descripción de la casona del Palacio, al final de la novela, cuando ya han pasado sus años de esplendor: los criados Lucas y Antón son ancianos, han muerto Valentina y Florinda, las dos señoritas ricas que la habitaban, y su sobrino el señorito Andrés, lejana su juventud, pretende partir de nuevo para Perú, pero antes decide dejársela arrendada a su hijo ilegítimo, Julián, porque no quiere que, pese a la decadencia y a las deudas, pase a manos ajenas:
Y se encaminó hacia uno de los balcones.
El tiempo había comido el color de los cortinones y había rasgado su tela.
Los trozos oscilaban lentamente en el viento que, sin duda, debía penetrar por algún cristal roto.
Julián sintió compasión por aquella casa que se destrozaba como las telas preciosas.
El Palacio, perfilándose sobre el cielo, apenas iluminado por la luna, era una masa negra, borrosa y su aspecto, rodeado de árboles talados de superficies donde crecían hierbas malas, parecía el señor de una tierra maldita.
-Es que -solían explicar las viejas tan rápida decadencialos herederos de aquel gran señor, que Dios tenga en su gloria, no cumplieron lo que él ordenó.
No hicieron donaciones a las capillas, al cementerio, y cuando las expropiaciones se quedaron con fincas de las Benditas Ánimas del Purgatorio.
Y lo que se roba a Dios no aprovecha.
Esa personificación del Palacio como "el señor de una tierra maldita", su imponente aspecto oscuro emergiendo entre árboles nacidos en zona de malas hierbas, su interior decrépito y frágil en continuo proceso de decadencia y destrucción, todo ello recuerda inevitablemente a la terrorífica casa Usher, desmoronándose progresivamente a lo largo del relato, víctima -y a la vez causante-de la decadencia actual de sus dueños.
Acabamos de mencionar que el terror no es un tema que se desarrolle en esta novela.
No obstante, hay algunos fragmentos aislados en los que el miedo aparece con una cierta importancia argumental: por ejemplo, Lucinda, durante su trágica huida del Palacio, se topa accidentalmente con el cementerio y huye de él presa de un gran pánico: La noche era oscura.
De pronto vio una construcción.
Le quemaba una sed abrasadora y como había transcurrido mucho tiempo y se creía tan lejos que nadie la reconocería llamó en lo que supuso una puerta.
Sus manos reconocieron, en las columnitas, trabajadas como las velas de la primera comunión, la verja del cementerio próximo a donde había acudido con su madre, a un entierro.
Quiso gritar, pero su esfuerzo quedó reducido a un gemido.
El cementerio y los muertos tenían para ella horrendas significaciones.
Habían sacudido demasiado su imaginación infantil con relatos de aparecidos y difuntos vengativos para no sufrir el pavor de tal proximidad en la noche.
Esta imagen negativa del cementerio contrasta con la descripción amable y hermosa que aparece casi cien páginas después.
De nuevo tropieza con ese lugar una mujer que huye, Josefa, pero a ella este camposanto le parece todo lo contrario: un lugar acogedor, un refugio en su huida, el sitio ideal para ocultarse de todo el pueblo, no en vano Antón, el sepulturero, se desvive en su cuidado:
Su orgullo [de Antón] era el cementerio; no consentía a las hierbas crecer en los caminos; podaba los arbustos; cultivaba las flores como en un jardín y tenía a gala que no hubiera por los alrededores ejemplares más bellos.
Regañaba con las familias olvidadizas y descuidadas y fabricaba toscas cruces para sustituir a las que se caían.
Había hecho del camposanto un lugar fantástico y risueño.
Y lo más sorprendente viene a continuación: las largas y profundas conversaciones que Antón sostiene con los muertos, e incluso con el Cristo de la capilla, y los gruñidos que lanza a los vivos, salvo a Josefa, de cuya desgraciada situación se compadecerá en parte porque recuerda que su padre muerto está allí enterrado: Conversaba [Antón] con los muertos, como si continuaran viviendo.
Los conocía a todos, y para aquellos cuya personalidad habían olvidado las letras borrosas de las lápidas, forjaba una personalidad. [...]
Proseguía su charla y su caminata entre las cruces.
Llegado el momento recogía los útiles de trabajo en la capilla, los ordenaba en un rincón «para que no ofendieran la vista del Cristo», con quien echaba largas parrafadas, pidiéndole venganza para ciertas faltas y solicitando misericordia para algunos dolores, [...]
Cerca de la puerta murmuraba, como desasiéndose de cientos de manos deseosas de retenerle:
Fuera del cementerio contestaba con gruñidos y muy pocas personas podían vanagloriarse de mantener una conversación con él. [...] -¡Quietos, quietos!
No la espantéis [a Josefa].
Y es que le parecía sentir bajo la tierra una potente vida; que los muertos perdían su inmovilidad y se levantaban para ver: y hasta creía escuchar el rumor de sus palabras.
(312)(313)(314)(315) Por último, hemos de mencionar la oposición entre las costumbres rurales y las costumbres urbanas, que llevan a los habitantes de los pueblos a tener una opinión negativa de Madrid, que se hace extensiva a todo aquello que signifique progreso, automóvil incluido:
-Por favor, no hables de Madrid.
Es un lugar de perversión.
El demonio debe andar suelto por sus calles.
Ya nos contó otro día el predicador, en la reunión para lo de las buenas costumbres... -Yo, si tuviese que dejar a mi hija en aquel antro de corrupción, preferiría verla antes muerta a mis pies.
En general, durante la posguerra se pasaba menos necesidad en los pueblos porque se autoabastecían de alimentos gracias a las tierras y el ganado, pero carecían de "lujos", que eran algunas de las mercancías que compraban en la tienda de Josefa, como barras de labios, telas lujosas, etc. Eso desataba las envidias, los cotilleos y las críticas.
En cambio, a diferencia de las grandes ciudades, la religión tiene una importancia social aún mayor si cabe, y el párroco es alguien que impone orden y respeto, por ejemplo, cuando incendian la casa de Josefa él es el primero en condenar ese acto indigno cometido por egoísmo.
A modo de conclusión, queremos recordar que Una mujer fea se convirtió en folletín radiofónico porque presentaba los ingredientes básicos para ese género: era un drama que al final se convertía en tragedia con la muerte de una inocente, víctima de una sociedad que jamás la comprendió y que sólo se compadeció de su triste situación cuando ya no podían hacer nada por ella; eso provocaría, sin duda, que muchas lectoras y muchas radioyentes derramaran litros de lágrimas.
¿Qué hizo usted ayer?
Ángeles Villarta dice que desde la tarde de su premio literario de 50.000 pesetas cree que está soñando.
"Y esto es maravilloso y me tiene en el mejor de los mundos" por Fernando Castán Palomar.
Reportaje con cuatro fotografías: la foto de Ángeles de archivo, otra escribiendo (Ángeles Villarta ante las cuartillas y los libros de su casa), otra con sus hermanas (La novelista tiene afición a las labores.
No las hace por falta de tiempo.
Pero dirige en ellas a sus hermanas Carmen y Pilar) y de nuevo con sus hermanas y el busto de su propiedad (El busto escultórico para el pueblo asturiano de Belmonte, donde nació Ángeles Villarta) Las tres fotos originales son de Santos Yubero.
30 El libro está encuadernado en tela editorial de color rojo con letras doradas estampadas en el lomo sin apenas decoración: en la parte superior, el recuadro que enmarca el título y el nombre de la autora va orlado con una sencilla greca que se repite simétricamente encima y debajo; en la parte inferior, el nombre de la editorial y el lugar de edición aparecen únicamente enmarcados por un recuadro sin adorno.
Además, lleva una sobrecubierta a todo color ilustrada con un dibujo de E. Nuere alusivo al contenido de la novela: en primer plano vemos a una muchacha morena, de semiperfil, vestida de color rojo y con expresión de tristeza, pero en absoluto fea, y al fondo un verde paisaje rural en el que destacan a la derecha un típico hórreo cuadrangular asturiano y un carro de varas sin enganchar.
El dibujo de portada se extiende por el lomo hasta la mitad de la contraportada, el resto de la cual es de color blanco y en su centro presenta en negro el anagrama de editorial Colenda.
Sólo en la parte inferior de la portada de la sobrecubierta se indica que esta novela fue galardonada con el "Primer Premio Fémina", pues en la portada interna leemos únicamente "Premio «Fémina» 1953".
31 La novela aparece dividida en veinticuatro capítulos sin numeración y de extensión muy desigual.
Incluso algunos de ellos presentan una o varias subdivisiones internas de contenido, señaladas por algo tan simple como un espaciado mayor con tres asteriscos centrados en la línea en que aparecen.
33 Al hablar con Ángeles Villarta sobre esa influencia del relato de Poe, se mostró muy sorprendida.
Tal vez fue una lectura asimilada hacía mucho tiempo en la que no pensó directamente al escribir ese capítulo de Una mujer fea, y que no obstante afloró ahí porque permanecía latente en su mente.
EL PREMIO FÉMINA Y LA EDITORIAL COLENDA El Premio Fémina se otorgó por primera vez en el año 1953, en concreto el 21 de diciembre.
Resultó premiada la nove- la Una mujer fea de Ángeles Villarta 15.
El último año en el que se concedió -según nuestras noticias-fue |
y tercera décadas, en la sociedad culta europea y particularmente en la francesa, empezó a germinar una singular fascinación por el Oriente Próximo.
Verdad es que la aventura napoleónica en Egipto y Palestina (1798)(1799)(1800)(1801), la edición del Voyage (1802) de Dominique Vivant Denon, los monumentáles volúmenes de la Description de l' Egypte (1810Egypte ( -1826)), y lienzos tales como Bonaparte visitando a los apestados de Jaffa (1804) de Antoine Jean Gros, o La Gran Odalisca (1814) de Jean-Auguste D. Ingres habían ayudado a difundir esa fascinación, pero también lo es que el sentimiento tenía raíces mucho más antiguas y sólidas de lo que cabía imaginar.
En cualquier caso, ya en 1823 publicaba Heinrich Heine, en su Lyrisches Intermezzo, un poema cargado de nostalgia por un cierto Oriente soñado: «Un pino se levanta solitario / en el norte, sobre una pelada altura. / Se adormece: con su blanco manto / lo envuelven el hielo y la nieve. / Sueña con una palmera, / la cual, allá lejos en Oriente, / sola y callada se aflige / sobre la ardiente pared rocosa»^.
Parecida añoranza expresaba su contemporáneo Mijail Lermontov, que en la misma década compuso sus versos sobre una humilde y reseca hojita de roble, que arrastrada por el viento vuela por la estepa hasta la orilla del Mar Negro, donde se adhiere al tronco de una palmera que, desdeñosa, desoye su ruego de acogida^.
Uno y otro revivían nostalgias, anhelos de algo que sabían remoto, con sentimientos parejos a los que poco después mostraría Théophile Gautier ante un cuadro del artista y viajero Prosper Marilhat, expuesto en el Salón de 1834 y titulado Place de l'Esbekieh.
De hecho, Gautier escribiría impresionado que el lienzo le había despertado «la nostalgia del Oriente en el que nunca había puesto el pie», pues en los cielos azules y los paisajes de Marilhat creía encontrar su verdadera patria, de la que decía ahora sentirse exiliado^.
Hombres de artes y letras, románticos en el pleno sentido de la palabra, en sus lienzos, escritos o poemas resuena la eterna y confusa atracción, que siempre parece haber despertado en nosotros la imagen y la idea de Oriente.
En aquel entonces sin embargo, lo que despertaba esa especial fascinación era el mundo islámico, un Oriente que empezaba donde el Imperio
Otomano o el lejano Irán ponían sus límites a las potencias europeas.
Yen aquella época de espíritus rebeldes, que poetizaban los grandes espacios abiertos y las cabalgadas sin freno hasta más allá del horizonte, acababa de nacer el «voyage en Orient»^, especial camino de perfección para el Romanticismo, mucho más seductor que el tradicional viaje ilustrado por Italia y sus antigüedades romano-renacentistas.
Surgieron entonces también obras como An Account of the Manners and Customs of the Modern Egj^tians (1836), de Eduard W. Lane^, que sembraron tanto la pasión oriental como el reduccionismo «orientalista», censurado en justicia a la manía occidental por recrear el Oriente a nuestro gusto^.
Progresivamente, con la mejora de las comunicaciones y la creciente presencia política y comercial europea, los viajes se multiplicaron y los recuerdos y relatos escritos por tantos viajeros se hicieron innumerables.
La antología de Jean-Claude Berchet^ da idea del verdadero aluvión de viajeros y libros dedicados a Oriente, y eso que en su libro reúne sólo a los franceses.
Pero dicha pasión fue la última y más amplia manifestación de una ya larga secuencia de libros, láminas y dibujos dejados por una tradición secular de viajeros europeos, que desde el Medievo y hasta el mismo siglo XIX -y aún después-, trajeron a Europa con la descripción de los paisajes vistos, las ciudades visitadas, las costumbre compartidas o las ruinas milenarias descubiertas la imagen, la realidad o los mitos.
Y es que la atracción que Oriente ha ejercido siempre entre los europeos «resulta sencillamente natural, porque tanto geográfica como históricamente ese Oriente es uno de los otros más inmediatos y directos»^.
Por ello y durante siglos, recuerdos y libros tales fueron haciendo posible el reencuentro europeo con el Oriente perdido.
De literaturas, omisiones y olvidos
Mas hubo un tiempo en el que no era preciso recordar ni reconocer, porque se conocía y compartía.
Durante la primera mitad del I milenio d.
C, el Oriente romano-bizantino y el parto-sasánida compartieron guerras largas y paces breves, pero fueron imperios y culturas que se comunicaban, por cuyas vías y pistas transitaban comerciantes y curiosos de ambos mundos.
Escritores clásicos como Isidoro de Cárax, Flavio Arriano o Justino dejaron relatos, historias e informes importantes sobre unas ciudades y reinos que aún distintos no les eran tan radicalmente ajenos.
Donde además, rebeldes y perseguidos encontraban fácilmente acogida y refugio, como los filósofos «paganos» de la Escuela de Atenas, que en el 529 pudieron seguir su labor en Irán bajo la protección del Rey de Reyes.
Pero tras Presentación XV las épicas batallas del 636, con el hundimiento del Imperio Sasánida y una buena parte del de Bizâncio, la conquista musulmana modificó substancialmente la cultura de aquella región.
Luego, en la segunda mitad del siglo VII y a lo largo del siguiente, Cristianismo e Islam se fueron afianzando en sus propias áreas, enfrentándose en Anatolia, España y todo el Mediterráneo, y la escritura árabe se convirtió en complicada barrera para quienes habían compartido un mundo en el que en latín, griego, arameo, parto o pahlevi llegaban a entenderse, Y comenzó el olvido del pasado cercano y la ignorancia absoluta del nuevo presente, levantándose un muro invisible que las actividades mercantiles de Venecia y otras ciudades italianas a partir del siglo IX tampoco llegarían a romper.
Hasta que en el siglo XII, los primeros viajeros comenzaron a dejar testimonio escrito de sus experiencias vitales.
Comenzaba así lo que hoy llamamos la literatura de viajes a Oriente,
Entre el siglo XII y comienzos del XX, una verdadera pléyade de espíritus inquietos, valerosos e individualistas, movidos por razones tan distintas como la piedad religiosa, los intereses mercantiles, el amor por los viejos saberes, la simple curiosidad, la sed de aventuras o el mero cumplimiento de un deber diplomático fue rompiendo el silencio y desvelando los mitos.
Sus libros, dibujos y grabados constituyen las raíces mismas del reencuentro con los pueblos de su tiempo y del redescubrimiento del pasado, porque en la mayor parte de ellos sólo alentaba el deseo de saber y la voluntad de narrar lo que habían vivido, Pero fuera del campo de los especialistas, salvo figuras señeras como Ibn Battuta, Carsten Niebuhr o Richard F, Burton, en su mayor parte han resultado personas y páginas ignoradas, lejos incluso de las historias de la literatura o del discurso arqueológico.
En los últimos decenios sin embargo, una moderna atracción por el viaje y los viajeros ha permitido la publicación de estudios genera-les^, y abrir colecciones especializadas en distintas editoriales^^, Pero la recuperación real para nuestra cultura de los viajes y viajeros a Oriente está en sus comienzos, Y la mayor parte de sus obras todavía guardan silencio en las bibliotecas decimonónicas, donde como los entrañables bibliotecarios y amantes de los libros pintados por Cari Spitzweg, todavía podemos encaramarnos en busca de volúmenes olvidados.
En su Archéologie mésopotamienne, André Parrot incorporaba un capítulo de veintidós páginas dedicado a los viajeros y exploradores de
zo una amplia historia de la investigación en Oriente, mas dedicó escasas páginas a los viajeros anteriores al siglo XIX, centrándose además luego casi exclusivamente en la persona de los británicos^^.
Y en fin, por la misma naturaleza de su estudio -The Conquest of Assyria.
T. Lar sen escribe tan sólo once páginas sobre viajeros y curiosos anteriores al siglo XIX^^.
Naturalmente no son éstos los únicos libros de referencia posible, pero el tono no suele diferir en los demás.
Se deja constancia en todo caso de la aportación de los viajeros ingleses y franceses sobre todo, y la de algunos alemanes e italianos, pero con la excepción exótica de Benjamín de Tudela, ningún español suele figurar recogido en semejantes libros.
Y aunque sepamos que durante el siglo XIX España estuviera lejos de contar en el concierto de la política internacional, por fuerza nos resulta extraño la omisión absoluta de viajeros u obras españolas no sólo durante el siglo XIX, sino desde los mismos orígenes del viaje a Oriente.
No deja de resultar sorprendente que un pueblo que había navegado por todos los mares y descubierto continentes durante los siglos XV, XVI y aún después, careciera en apariencia de la curiosidad y los espíritus capaces de buscar el saber y los paisajes del Oriente Próximo.
Y es que no fue así, como nuestro volumen deja en evidencia, y como empieza a reconocerse ahora en la bibliografía no española^^.
Pero los viajeros españoles y sus libros suelen mostrar por fuerza una visión especial de aquel mundo, y su entusiasmo tenía que ser más sosegado y menos «romántico» que el de sus contemporáneos del resto de Europa, con excepción de los rusos, con quienes compartimos circunstancias únicas en la historia de nuestro continente.
En todo caso, su injusto olvido e inmerecida omisión es fruto en parte de nuestras propias limitaciones culturales y científicas, desde luego, pero sobre todo lo es del relativismo de algunos enfoques, todavía en parte influidos por el célebre desprecio de Masson de Morvilliers y su artículo sobre España en la Encyclopédie méthodique.
O de los prejuicios de quienes confunden un coyuntural dominio políticoeconómico anglosajón con la realidad científica de la historia pasada y actual, «despreciando cuanto ignoran».
Vamos pues a seguir las huellas borradas de nuestros viajeros, porque al redescubrirlas vamos también a reencontrarnos con nosotros mismos.
Otra paradoja más de la historia y la cultura españolas
A comienzos del siglo XIX, la romántica nostalgia del Oriente islámico expresada por Th.
Gautier debía parecerles a los españoles ilustrados, que con Domingo Badia acababan de surcar sus pistas y habitar sus ciu-Presentación XVII dades, como una curiosa «folie» francesa.
Porque en España, lo islámico y lo oriental resultaban algo vivido en el pasado y cercano, muy cercano en el espacio.
De todos los países europeos, sólo España y Rusia habían compartido en la historia el mismo destino: enfrentarse a las invasiones islámicas y vivir bajo su dominio durante mucho tiempo.
Y no es casualidad que en el mismo siglo, los españoles en el Salado (1340) y los rusos en Kulikovo (1380) alcanzaran victorias decisivas en su constante lucha por mantener las peculiaridades y las raíces de sus propios orígenes cristianos y europeos frente al Islam y el Oriente.
Como también es cierto que la misma historia sufrida predispuso el carácter de ambos pueblos a un más fácil acercamiento a lo oriental, a una mayor comprensión, incluso a una cierta intimidad y proximidad a tantas cosas orientales en las que nos reconocemos, a la vez que un cierto distanciamiento espontáneo de los tópicos y los prejuicios del colonialismo europeo de los siglos XIXy XX.
Desde tiempo inmemorial, la cultura popular española hablaba en pueblos y aldeas de los «tesoros de los moros» o del castillo de la «reina mora».
Los romances de frontera y la poesía popular, obras como la Historia de los bandos de zegríes y abencerrajes de Ginés Pérez de Hita y la evidencia de una arquitectura sorprendentemente bella y bien conservada e integrada, como la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada, la Giralda de Sevilla y tantas alcazabas, castillos, baños y antiguas mezquitas o sinagogas mostraban la pasada presencia de Oriente.
Su recuerdo pues se prolongaba entre nosotros a la vista del día a día, con los refranes reiterados en las conversaciones cotidianas, las leyendas y los cuentos repetidos o la literatura escrita, como cuando Cervantes evoca los papeles de un Cide Hamete Berengeli.
Pero fue también lógico entonces que el enfrentamiento mediterráneo con el Imperio Otomano y la realidad atlántica de España, volcada en América y el Pacífico, llevaran nuestra atención y nuestros intereses principales lejos del Oriente islámico, aunque su recuerdo siguiera siempre vivo entre nosotros.
Y así, cuando Antoine Galiana publicó la primera versión traducida a una lengua europea de Las mil y una noches (1704-1712), despertando en Francia la típica ensoñación orientalista, bastantes de los cuentos traducidos eran ya conocidos en España desde el siglo XIII, usados por nuestros autores medievales o renacentistas (15), y divulgados aquí y allá por boca de la narrativa popular.
Por eso y por otras muchas cosas más había de resultar tan normal, tan poco «exótica» la publicación en 1780 de las Antigüedades árabes de España, obra encargada por Floridablanca, y los estudios sobre la arquitectura islámica española llevados a cabo por arquitectos como Juan de Villanuevay Pedro ArnaP^.
La dedicación posterior de los fundadores Presentación XVIII del arabismo moderno español a los temas de historia, literatura, filología, filosofía y ciencia hispano-musulmanas fue consecuente por tanto, como por ejemplo sugiere la Historia de las dinastías musulmanas en España (1840-1842), de Pascual de Gayangos, uno de sus mejores estudiosos durante el XIX.
Y nuestra ausencia en la aventura orientalista europea en Oriente se explica entonces en parte por el relativo peso del país, sin duda, pero también por las modestas pretensiones políticas, económicas y coloniales españolas puestas en nuestro cercano y falso «Oriente» de al Magreb y Africa, donde al decir de Víctor Morales Lezcano, conseguimos con nuestro africanismo decimonónico un sucedáneo posible del auténtico orientalismo^^ franco-británico.
Sin embargo, aunque nuestra nación estuviera fuera de la competencia y la intervención de las potencias europeas en Oriente, viajeros españoles surcaron también sus rutas a lo largo del siglo XIX, al igual que hicieron antes sus antepasados en el espíritu y la aventura, desde los mismos orígenes del viaje a Oriente y su literatura.
A la búsqueda de los viajeros españoles a Oriente Próximo
Si podemos hoy redescubrir las huellas borradas de nuestros viajeros olvidados se debe a que hubo un tiempo, en el que en casi todos los puertos del Mediterráneo atracaban carracas, laúdes y galeras de Aragón o de Castilla, y en los muelles de Venecia, Pera o Alejandría se movían comerciantes, peregrinos y viajeros de nuestra península.
A que hubo un tiempo en el que buques de Portugal y de Castilla navegaban por el Indico, el Mar Rojo, el Golfo Pérsico, el Pacífico^^ y las costas de la India, Filipinas, China^^ y Japón, donde su primera presencia influiría en la creación un estilo artístico singular, el namban^^.
Yes que hubo un tiempo en el que mundos fantásticos como los de Camboya y Angkor Vat, descritos por Fray Gabriel de San Antonio en 1596, o el Japón de Don Rodrigo de Vivero hacia 1609, eran visitados por viajeros y navegantes españoles^^.
Porque dos siglos antes de que J. Cook, L. A. Bouganville, La Perouse o V. J. Bering llegaran a los rincones del Pacífico y el Indi-co^^, marinos españoles y portugueses habían recorrido ya todas las rutas, descubierto todas las corrientes y vientos y tocado todos los puertos.
Pues hubo un tiempo en el que viajeros, peregrinos o diplomáticos salidos de nuestra península llegaban hasta las ruinas de Babilonia y Nínive, rezaban en La Meca, alcanzaban Samarcanda o paseaban por las calles y plazas de Isfahan.
De sus recuerdos y aventuras, de su vida y sus libros tratan estas páginas.
Los artículos que componen la edición presente están todos firmados por autores comprometidos con la recuperación de los viajes y viajeros españoles por Oriente, si bien reconocemos que el tronco del que formamos parte es felizmente más amplio todavía.
Durante los años ochenta, L. Litvak comenzó sus estudios generales -Geografías mágicas (1984) o El ajedrez de las estrellas (1987)-, al tiempo que sacaba del olvido a Adolfo Rivadeneyra -Viaje al interior de Persia.
El itinerario de Rivadeneyra, 1874de Rivadeneyra, -75 (1987)): y en la década siguiente, C. García-Romeral empezaba su imprescindible serie Bio-Bibliografía de Viajeros españoles, dedicada a los siglos XVl-XVII (1998), siglo XVIII (1997) y siglo XIX (1995), culminada con su monumental Diccionario de viajeros españoles.
Para esa época se estaban publicando ya visiones de conjunto^^ y realizando seminarios o encuentros científicos dedicados a evocar el redescubrimiento de Oriente y la aportación de los viajeros españoles en particular^^, y editoriales como Laertes, Ediciones Polifemo, Miraguano y otras, aunque de modo más episódico las demás, estaban prestando su respaldo a la edición moderna de antiguos libros de viaje españoles, muchos de ellos preparados por varios de los autores de este volumen.
Felizmente, las cosas están cambiando tanto que algunos de los viajeros que ahora recogemos han sido o están siendo editados en estos años, pero quisiera destacar que en las páginas que siguen aparecen juntos por vez primera todos ellos y otros más todavía ignorados.
Y que al reunirlos aquí podemos calibrar realmente no sólo el verdadero peso que la tradición viajera española aporta a la literatura de viajes a Oriente, sino también las asombrosas revelaciones que sus viajes y libros han hecho a la historia del redescubrimiento de ese mundo.
Y creo que entenderemos mejor así la excepcional relevancia de Egeria y su viaje a Oriente durante el siglo rV (C. Pascual Gil), o el sabor y el valor de las más tempranas menciones conocidas a las ruinas de Babilonia o Borsippa en el primero de los libros de esta literatura, firmado por el rabino navarro Benjamín de Tudela (J. R. Magdalena).
Y sabremos que el fundador del género (rihla) en la literatura árabe fue un murciano llamado Ibn Yubair (F. Maíllo Salgado), en el que se inspiraría luego el más célebre, aunque no mejor, Ibn Battuta.
Para la época Medieval asistiremos a la evocación de un coloso como Ruy González de Clavijo, embajador y viajero al Asia Central, cuyo libro es posiblemente uno de los mejores jamás escrito sobre esa región (Feo.
López Estrada): y recuperaremos la imagen de un caballero excepcional, como Don Pero Tafur, que en el curso de su viaje entre irónico y distraído se encontraría con el legendario Niccolò dei Conti (Feo.
J. Vi- Presentación XX llalba) a orillas del Mar Rojo, Y más tarde, cuando ya los límites del mundo se hubieran quebrado gracias a los descubrimientos de América y del cabo de Buena Esperanza, junto a los peregrinos que seguían yendo a Jerusalén, como Don Fadrique Enriquez de Ribera (P, García Martín), estarían los que recorrieron todo el mundo desde Oriente al Occidente más extremos, como Pedro Ordonez de Ceballos (Fdo.
Escribano), y los que de grado o por fuerza conocieron los secretos de la Península Arábiga, como el jesuita Pedro Páez, cuya posterior vida y muerte en Etiopía le permitirían ser el primer europeo que alcanzara a conocer las fuentes del Nilo Azul (M, Mané Rodríguez), Durante el siglo XVII, figuras colosales como Pedro Teixeira y Don García de Silva y Figueroa redescubrirían para Europa las ruinas pasadas y el brillante presente de Irán (J. J, Fuente del Pilar: J, M^ Córdoba), y otros como Pedro Cubero Sebastián, permitirían que nuestros antepasados conocieran de Turquía, el Cáucaso y el Mar Caspio, Irán y la India, con la memoria escrita de sus viajes (Joaquín M^ Córdoba), En el siglo XVIII, pocos años después de que el danés Carsten Niebuhr volviera de su periplo por Oriente, marinos españoles visitaban Turquía, levantaban planos y mapas, trazaban dibujos y tomaban notas destinadas a publicaciones que pretendían desvelar las bellezas y la realidad del Imperio Otomano, De las personas y circunstancias de Gabriel de Aristizábal (R. González Castrillo) y Federico Gravina (J, M^ Sánchez Molledo) sabremos gracias a los artículos firmados por quienes mejor conocen sus viajes, Y ya en el siglo XIX, época de la expansión colonial europea y los comienzos del colonialismo, veremos que los viajeros españoles estaban lejos de sufrir la nostalgia y el arrobamiento «orientalista» francobritánico, conscientes al fin y al cabo de su condición de españoles y de los avatares históricos de su patria.
Pero esa especial circunstancia además de no empobrecer el interés de sus personas y libros, acentúa las curiosas aportaciones de sujetos como el mítico Domingo Badia-AU Bey, primer peregrino europeo y descriptor de La Meca (Fdo.
Escribano), de Antonio Bernal de O'Reilly, Adolfo de Mentaberry, Manuel José Quintana y Diego de Coello de Portugal, autores todos de magníficas páginas llenas de una curiosa vitalidad (P. Martín Asuero), contemporáneos y compañeros en la carrera diplomática del gigante Adolfo Rivadeneyra, viajero, explorador y arqueólogo en Mesopotamia e Irán (Fdo, Escribano), tan bravo en carácter y rico en saber como el que más de su siglo.
Y nuestras páginas siguen luego con el famoso viaje de la fragata Arapiles y la comisión científica encabezada por Juan de Dios de la Rada (J. Pascual), con las aventuras de Víctor Abargues de Sostén en el Mar Rojo y Etiopía (M. Mané) y los he-Presentación XXI roicos viajes por Oriente del entomólogo Manuel Martínez de la Escalera (S, Casado), curioso y esforzado explorador de las montañas de Anatolia, los valles del Eufrates y el Tigris y las mesetas y cordilleras del Irán.
Pero a comienzos del siglo XX, la verdadera aventura viajera por Oriente iría terminando.
Con todo, aún quedaban rincones para el recuerdo y la escritura emotiva, redescubiertos en viajes mucho más cómodos pero aún singulares, como el de Vicente Blasco Ibáñez a Turquía (F. Lara Peinado), o los tan esforzados del Padre Ubach por Líbano, Palestina o el Sinai, continuados por Mesopotamia tras la I Guerra Mundial (C. Valdês Pereiro), viajes en los que el sabio monje iría formando la asombrosa colección arqueológica de la Abadía de Montserrat.
Y finalmente, como broche de tan valerosa saga de aventureros y peregrinos, militares, científicos y diplomáticos olvidados en el redescubrimiento de un mundo, la «saint-exupériana» figura, libro y agónica epopeya del capitán Rafael Martínez Esteve, piloto de un avión perdido en el tremendo desierto que se extiende entre Jordania e Iraq (J. M^ Córdoba).
La aventura española en Oriente Próximo estaba escrita, pero olvidada, porque sus huellas parecían borradas por el polvo de los siglos.
Con estas páginas nosotros sólo la hemos recuperado en parte.
Pero al reunir aquí la imagen y la memoria de todos estos viajeros, libros y aventuras, lo hacemos con la satisfacción y el alivio del que recupera la senda antes perdida.
Y con ella la ignorada historia de la aventura española en Oriente. |
Aunque el redescubrimiento de Oriente a través de la literatura de viajes más citada comienza en el siglo XII, los orígenes de la aventura se remontan muy atrás, porque para los griegos primero y los romano-bizantinos después, un cierto Oriente era ya su «otro» más cercano.
Pero acaso muchos ignoren que en los extremos del tiempo que evocamos, los relatos más tempranos e interesantes son tres que escritos respectivamente en latín, hebreo y árabe, se deben a otros tantos y singulares viajeros nacidos en la Península Ibérica.
En época clásica, Heródoto de Halicarnaso, nacido súbdito del imperio aqueménida, aprovechó la paz de Calías (449 a.C.) para visitar Oriente, viajando por Anatolia y Mesopotamia, informándose de las costumbres persas y babilonias, describiendo el imperio de Darío y su geografía, sus pueblos y sus maravillase Al igual que él, muchos otros griegos viajaron por Oriente o vivieron junto al Gran Rey, como Cetesias de Cnido, que a fines del siglo V ejerció como médico de Artajerjes II y la reina Parisátides, y aprovechó su estancia en la corte para escribir de su imperio y de mundos más remotos aún^.
La conquista de Alejandro parecía integrar Oriente y Occidente, y con el Periplo de Nearco los griegos supieron incluso de las lejanas costas del índico y el Golfo Pérsico^.
Pero el imperio del macedónio fue efímero, y a poco de su muerte el antiguo Oriente aqueménida quedó partido en dos mundos, el de los reinos helenísticos y los imperios romano y bizantino por un lado, y el de los imperios parto (238 a.C-224 d.C.) y sasánida (224-642 d.C.) por otro.
Sin embargo, la división temprana entre el Oriente romano-bizantino y el parto-sasánida no fue tan radical como cabría pensar, pese a guerras y batallas sin cuento.
Por ejemplo, tras la paz firmada entre Augusto y Fraates IV el 20 a.C, un escritor nacido en una ciudad enclavada en el curso inferior del Tigris, llamado por ello Isidoro de Cárax, escribió para Augusto las Estaciones Partas, en las que describe un itinerario que llevaba desde el Eufrates hasta Afganistán, obra que quizás resume otra más ambiciosa y perdida, una especie de «Viaje a través de Partia»^.
Pero gracias a sus relatos, los romanos supieron de grandes ciudades del Asia Central como la de Asaac, donde Arsaces había sido coronado rey, o la gran ciudad de Nisa, en la que se custodiaban las tumbas reales de los partos^ Casi un siglo después, otro romano oriental llamado Flavio Arriano, natural de Nicomedia de Bitinia, escribió además de su célebre Anabasis de Alejandro Magno, una Historia de los Partos en 17 libros, que aún perdida, por lo menos evidencia el vivo interés existente por el imperio iranio.
Y luego, las experiencias bélicas de Amiano Marcelino en la segunda mitad del siglo IV, recrearían dramáticamente la guerra romano-sasánida por al Yazira, o la pavorosa magnitud del ejército del Rey de Reyes^.
Pues bien, por aquellos años hacía tiempo que estaba en auge la peregrinación cristiana a Oriente, y entre los relatos conocidos de tan piadosos viajes, desde el atribuido al Peregrino de Burdeos ( 333 d.C.) hasta el Itinerario de Piacentino (ca.
570 d.C), resalta el de una mujer excepcional llamada Egeria, miembro de la familia imperial y originaria de Hispânia, cuyo periplo (ca.
381-384 d.C.) y su narración posterior constituye el primero de los libros españoles de viaje a Oriente.
No mucho después sin embargo, la ruptura entre Oriente y Occidente se haría dramática, el olvido del pasado total y la confusión en aquel presente absoluta.
A poco de alcanzarse la paz (628 d.C.) entre Kavad II y Heraclio, tras casi veinte años de feroz guerra para ambos imperios, a comienzos del año 636 los árabes musulmanes aniquilaban lo mejor del ejército sasánida en Qãdisiyah^, y en agosto del mismo año aplastaban a los bizantinos en Yarmük^.
Pronto, toda Siria, Palestina, Mesopotamia e Irán obedecerían al Califato.
Y a partir de entonces, guerras y religiones fueron separando más y más a Oriente de Occidente, pues como escribió H. Pirenne, <dos árabes (musulmanes) estaban exaltados por una fe nueva», que al impregnar profundamente su cultura y sus costumbres les hacía inasimilables, tanto que mientras los germanos se habían romanizado al entrar en el imperio, los árabes musulmanes por el contrario arabizaron a los romanos orientales^.
La ruptura entre ambos mundos podríamos simbolizarla en la agitada vida de Juan Mosco, monje en el monasterio palestino de San Teodosio, fugitivo de los sasánidas, cuya voluntad de ser enterrado en el Sinai se vio impedida por la invasión árabe^^.
O con los cantos de frontera y la imagen del héroe Basilio Digenís Akritas, campeón de la defensa del imperio ante los musulmanes^^ Al islamizarse, los mundos del Oriente romano-bizantino y el Irán sasánida cambiaron radicalmente sus valores, su escritura e incluso su lengua en Mesopotamia y la parte occidental.
Durante mucho tiempo, la unidad económica y cultural del Mediterráneo quedó rota.
En el 711, el Islam se extendía por casi toda la Península Ibérica y en el 720, piratas sarracenos asediaban ya las costas y el puerto de Marsella, donde cuatro años antes se recibían aún mercancías de Oriente.
En esta situación, a lo largo de los siglos VIII y IX y aún después, algunos venecianos, y sobre todo los comerciantes judíos, se convertirían en los más hábiles agentes de contacto entre ambos mundos -como escribe Ibn Hurdadbeh en su Libro de las rutas^^-, actuando incluso como embajadores de'Abd al-Rahmãn III (929-961) o al Hakem II (961-976), cuando enviados por el ministro Hasdai ibn Safrut, marcharon por Rusia y el Volga a la búsqueda del reino de los jázaros^^.
Otros, como Ibrahim ben Ya 'qüb al Isra' ili, recorrerían Europa occidental por la misma época^^.
Pero ninguno de ellos dejó recuerdo escrito de sus aventuras, a diferencia de los muchos viajeros musulmanes, que por mar y tierra pondrían en contacto los extremos más lejanos de su mundo, desde China hasta la Península Ibérica.
Así, la anónima Relación de la China y la India, escrita en el 851^^, los viajes y exploraciones de Ibn Fadlan por el Jorezm y los territorios de turcos, pechenegos y basquires a comienzos del X^^, o los relatos del palestino al Muqaddasí a fines del mismo siglo X^' ^.
Todos ellos fueron desarrollando el género literario del risala, origen a su vez de otro nuevo, el rihla o diario de viaje, que como el Séfer-Masa'ot hebreo iban a ser creados por viajeros salidos de nuestra península.
Con la conquista de Jerusalén (1099) y la formación del Reino Latino de los francos, la navegación europea por el Mediterráneo se hizo mucho más intensa, favoreciéndose así los viajes y las peregrinaciones de todo tipo, incluso las de los musulmanes del Andalus y los comerciantes de cualquier nación.
Y en los años que precedieron a la reconquista de Jerusalén por Saladino (1187)^^, un rabino navarro llamado Benjamín de Tudela llegaba a Palestina (1166), en el curso de un viaje que luego dejaría por escrito.
Pocos años después (1183), otro viajero de la Península llamado Ibn Yubair peregrinaría a La Meca, recorriendo luego Iraq, Siria y el reino de los francos, dejándonos más tarde con sus recuerdos escritos, el primer diario de viaje de la literatura árabe.
Y con estos tres grandes viajeros, la noble dama hispano-romana Egeria, el rabino Benjamín de Tudela y el musulmán Ibn Yubair comienza la verdadera historia del redescubrimiento de Oriente hecho por los viajeros españoles. |
En los Últimos años del siglo TV, cuando el imperio romano está a punto de derrumbarse, una mujer hispana de alta alcurnia se pone en camino para conocer y venerar los Santos Lugares, recién «descubiertos» por santa Helena.
Atravesando la «Vía Domitia» llega a la capital de la pars orientis del Imperio, Constantinopla, continúa hasta Jerusalén, recorre parajes bíblicos, incluido el Sinai y algunos lugares de Mesopotamia.
Va narrando cuanto ve, con deliciosa frescura, en unas cartas dirigidas a las amigas que quedaron en la patria.
Su relato, copiado por algún monje en el siglo XI, fue hallado en 1884 en una biblioteca italiana.
Tras una investigación prolongada, se pudo poner nombre y rostro a esta matrona piadosa.
Egeria, la primera viajera-escritora española de que tengamos noticia. ludi historia de que vamos a ocuparnos podría valer como argumento de suspense.
Corría el año 1884, y un erudito italiano, Gian Francesco Gamurrini, ponía orden en los legajos y manuscritos de la Biblioteca della Confraternita dei Laici, en Arezzo.
Llamó su atención un códice del siglo XI en el cual aparecían cosidos -aunque escritos por distinta manodos textos que nada tenían que ver entre sí: el primero, eran fragmentos de San Hilario de Poitiers; el otro escrito resultaba más intrigante, pues era una curiosa relación de un viaje a Tierra Santa, escrito en época muy temprana y por una mujer que hablaba en primera persona.
Los pergaminos, escritos con letra de la llamada escuela beneventana, formaban un volumen de 262 x 171 mm, con 15 hojas dedicadas a un Tractatus y unos Hymni de Hilario, y las 22 hojas restantes ocupadas por el relato viajero.
Por lo que podía apreciarse a simple vista, en éste faltaban hojas, muchas al principio, algunas del final, puede que alguna de por medio.
Las primeras aclaraciones no resultaron arduas: se trataba, en el caso del anónimo, de unas notas de viaje redactadas según un molde ya conocido, la peregrinatio o itinerarium, uno de los más tempranos géneros medievales, según la tipología clásica de Jean Richard.
Lo curioso del caso es que las notas estaban redactadas en forma de misiva, o cartas, que la mujer en cuestión enviaba a unas lejanas dominae et sorores que habían quedado en la patria común, a la que la redactora confiaba en volver.
Y habrían sido originalmente escritas hacia finales del siglo IV.
Quiero hacer hincapié, adelantando un poco las cosas, en esa forma coloquial con que la autora de las cartas interpela a sus destinatárias, porque eso ha originado un colosal malentendido, que en general sigue vigente.
El hecho de que la autora, con implícita autoridad, se dirija a unas dominae et sorores ha hecho que se la identificara con una monja, más aún, con una abadesa que relata a sus monjas las maravillas que ellas no pueden ver.
El malentendido arranca de una visión sesgada, y puede provenir de que quienes más se han ocupado del personaje, desde época temprana, sean religiosos; Valerio, un abad del Bierzo del siglo VII (cuyo panegírico resultó clave para poner rostro y nombre a la viajera), la llama sanctimonialis, y en un catálogo de la biblioteca de la abadía de Montecasino (donde primero estuvo el códice, antes de ser transferido a Arezzo) se consigna ese volumen con los escritos de Hilario y de la abatissa.
Pero hablar de la monja Egeria (perdón por adelantar el nombre, rompiendo la intriga) es un despropósito.
Por la expresión reiteradamente empleada, dominae et sorores, no puede deducirse que se trate de monjas -y desde luego, el contexto general es muy otro, como enseguida veremos-.
Desde mucho antes de que naciera Egeria, la expresión soror, empleada coloquialmente, tenía una mera connotación de afecto, ni siquiera necesariamente de parentesco.
La interpelación a unas dominae et sorores habría que traducirla, para ser fiel al espíritu de la letra, como «respetables amigas», o incluso «queridas amigas»^ No es una monja, ni mucho menos, la que escribe.
El propio Gamurrini, al año siguiente de su hallazgo, lanzaba en la edición príncipe (1887) la hipótesis de que fuera Silvia de Aquitania, hermana del prefecto Flavio Rufino, oficial del emperador Teodosio en los últimos años del siglo IV.
Pero en 1903 el benedictino Dom Mario Ferotin Toda esta confusión primeriza fue alimentando lo que (torpemente) podríamos llamar la «mitología» del personaje.
Y aludo a esto porque, aunque carezca de interés científico, da buena idea de la «popularidad» que ha llegado a alcanzar y sobre todo de su actualidad.
Se habla con todo desparpajo de la monja viajera -en velado paralelismo con Santa Teresa, que ya instigó en su día Fray Justo Pérez de UrbeP-y así constaba en la descripción del sello emitido en 1984 con motivo del «XVI centenario del viaje de la Monja Egeria al Oriente Bíblico»'*.
En 2005 se ha iniciado, desde Alemania, un «Proyecto Egeria» para realizar cada año, hasta 2015, una peregrinación «a cada uno de los once países que hiciera la Hermana Egeria», empezando por España^.
Los textos que pueden leerse en internet de grupos y organizaciones de carácter feminista son tan combativos como desenfocados.
Y no se han olvidado de Egeria los novelistas, elevada por algunos al grado de santa^.
Yo creo que la clave para entender quién era en realidad Egeria -antes de que pasemos a detallar su recorrido y sus anotaciones-es insertar su figura en el contexto histórico, sin prejuicios de índole religiosa.
Y lo primero que hay que decir es que hacer el viaje que hizo Egeria es algo que, en su época, estaba de moda.
Sobre todo para las clases pudientes, sin excluir a las mujeres.
Franco Cardini, en un libro sobre la mujer me-dieval^, destaca el fuerte movimiento emancipatorio que consiguieron, en los últimos días del Imperio, algunas matronas romanas de clase acomodada; y llega a firmar que «un verdadero diluvio de matronas inunda la Jerusalén de los tiempos de Jerónimo».
La «culpable» de este arrebato por Oriente fue Santa Helena, la madre del emperador Constantino, con su empeño en recuperar y lustrar los Santos Lugares.
Aquella suerte de «arqueología sacra», unida a la publi-Egeria, la Dama Peregrina cación de algunos libros piadosos, como la Vita Antonii de Atanasio de Alejandría, encauzaron a riadas de peregrinos hacia los parajes bíblicos, los martyria o sepulcros de algún apóstol u hombre santo, y los monasteria o cenobios donde (como el propio nombre indica) vivía un solo ermitaño retirado (aunque podían hallarse agrupadas algunas de estas «ermitas»).
De todo había en aquella piadosa confusión de trotamundos: monjes y ascetas bienintencionados -se ha llegado a hablar de un cierto «eremitismo itinerante»-, pero también abundaban los llamados gyrovagui, tipos variopintos, de ideales y conducta a veces más que dudosos, que traían de cabeza a los Santos Padres y responsables locales.
Sobre todo cuando se trataba de mujeres.
Valgan de ejemplo las palabras de San Gregorio de Nisa, quien en su Epístola Segunda critica a las féminas que se exponen al peligro: «Puesto que en aquellos lugares de Oriente las posadas, las hospederías y las ciudades tienen mucho de licencioso y de indiferente hacia el mal ¿cómo se puede conseguir que a quien anda entre humos no se le irriten los ojos?».
Más duro y cascarrabias es San Jerónimo.
A pesar de ser él, desde su retiro de Belén, un promotor excepcional de los Santos Lugares: «...Yes tal la aglomeración de uno y otro sexo que, lo que en otro sitio pretendías evitar, no era sino parte de todo lo que aquí tienes que aguantar», Y en una carta a Furia (una noble y viuda romana) se queja del poco edificante ejemplo de una de aquellas peregrinas ilustres: «Hace poco hemos visto algo ignominioso, que ha volado por todo el Oriente: la edad, la elegancia, el vestir y el andar, la compañía indiscreta, las comidas exquisitas, el aparato regio: todo parecía anunciar las bodas de Nerón, o de Sardanápalo».
Algunos pensaron que estas palabras de censura se referían a Egeria; pero ha quedado claro que no tachaba a Egeria, sino a la noble Poemenia^.
La cual tiene mucho que ver con Egeria y con lo que aquí estamos tratando de aclarar.
Y es que en ese tropel de matronas romanas que se apuntaban a la moda del pío excursionismo hubo un grupo importante de mujeres españolas.
La cosa tiene su explicación: cuando el emperador Teodosio (que los segovianos de Coca consideran su paisano) se estableció en su corte de Constantinopla, le arropó un grupo de mujeres que se hicieron notar en la vida pública.
Sobre todo su propia consorte.
Piacila, quien (como ha observado Kenneth G. Holum) fue la primera mujer que no sólo recibió el título de Augusta, sino que ejerció como tal; papel protagonista que, a partir de entonces, tendrían las emperatrices bizantinas ^.
Egeria, la Dama Peregrina Junto a Teodosio y Flacila estaban la cuñada del emperador, Maria (viuda), y las hijas de ésta, Termancia y Serena; mujeres de origen hispano que J. F. Matthews llama «the Gallic supporters of Theodosius».
Pero la familia imperial no se limitaba a los miembros bajo techo de palacio.
No existen bases sólidas para afirmar (como algunos han insinuado) que Egeria perteneciese a la familia imperial.
Lo que sí está claro es, primero, que los lazos y conexiones tanto del clan imperial como de las familias nobles formaban una malla difusa que se extendía por todo el imperio; y segundo, que las mujeres de la aristocracia se copiaban algo más que la moda del peinado o los vestidos.
También la fiebre viajera, que era algo bien visto en aquellas calendas, un valor social de clase alta.
Y lo cierto es que Egeria, guardase o no parentesco con el emperador, no era la primera aristócrata hispana que realizaba uno de aquellos viajes de moda.
Antes que ella lo había hecho otra noble de origen hispano, Melania, quien enviudó a los 22 años y emprendió un viaje (entre el 371 y 372) en compañía de Rufino de Aquileya para visitar a los anacoretas del desierto de Egipto.
Su ejemplo fue seguido, entre otras, por la también hispana Poemenia (la que escandalizó a San Jerónimo), la cual visitó Egipto y Palestina entre los años 384-395; ella iniciaba su periplo el mismo año en que Egeria emprendía regreso del suyo.
Para fijar las fechas en que Egeria hizo su viaje hubo que recurrir a la crítica interna del propio texto.
A través de algunas pistas que da sobre ciertos obispos al frente de ciudades que visita, encajando tiempos como en un puzzle, se llegó a la conclusión de que Egeria realizó su viaje entre los años 381-384, emprendiendo en esta última fecha el torna-viaje^^.
Como antes hemos indicado, faltan el comienzo y el final del relato (que empieza bruscamente con la ascensión al Sinai, y se interrumpe cuando está de regreso en Constantinopla).
Pero podemos aventurar lo que falta del principio por la propia estructura vial del imperio (11).
Egeria habría partido de algún punto de la provincia Gallaecia, y habría seguido la Vía Domitia: atraviesa Aquitania, cruza el Ródano (de cuyos ímpetus se acordará al avistar el Eufrates) y llega por mar a Constantinopla.
De allí a Jerusalén sigue la vía militar que surcaba Bitinia, Galacia y Capadócia, atraviesa las montañas del Tauro, alcanza Antioquia, y costeando el litoral llega a Jerusalén en la Pascual del año 381.
Se queda en Jerusalén tres años, hasta la Pascua del 384.
Pero no anclada en la ciudad, sino realizando frecuentes excursiones que la mantendrán en ruta meses enteros.
Así, visita el Sinai, subiendo al Monte de Dios o Djebel Musa («montaña de Moisés»), siendo éste el arranque del texto que nos ha llegado.
En otra excursión, desde Jerusalén, cruza el Jordán y las gargantas de Ayin Musa («fuentes de Moisés») para subir al monte Nebó.
Regresa de nuevo para pasar la Pascua en Jerusalén (en aquel año 384 cayó a finales de marzo) y abandona definitivamente la ciudad para tornar a casa.
Pero lo hace sin mucha prisa, dando un rodeo por la provincia más oriental del Imperio, Mesopotamia, con el fin de visitar el martyrium del apóstol Tomás, en Edesa.
Llega a Constantinopla tras algunos otros desvíos a los martyria más venerados de su tiempo (como el de Santa Tecla, en Seleucia, donde se lleva una gran alegría al encontrarse allí, por azar, con una antigua amiga, la diaconisa Marthana).
En Constantinopla no pensaba detenerse mucho.
Pero tampoco pensaba en una vuelta inminente: en las últimas líneas conservadas de su relato, como pensando en alta voz, esboza planes para emprender nuevos garbees por Asia, sobre todo para visitar en Efeso el martyrium del apóstol Juan -no dice nada, por cierto, de que estuviera allí la casa o el sepulcro de María, la madre de Jesús^^.
Pero no debía de sentirse muy bien de fuerzas, y aunque promete seguir enviando noticias, caso de llevar a término sus propósitos, pide a sus amigas que no la olviden, tanto si sigue viva como si al fin abandona su cuerpo.
Donde termina esta relación de viajes cumplidos o proyectados, en la misma página y renglón del códice medieval, continúan las palabras de Egeria en tono muy diverso: lo que hace a partir de ahí es una descripción detallada de la liturgia en Jerusalén.
Un verdadero tesoro para estudiosos del culto e historiadores en general.
Pero incluso en esta segunda parte tan distinta asoma la personalidad -y hasta el gracejo, podríamos decir-de esta mujer singular.
Su lenguaje es llano y sencillo, pobre incluso (se han contabilizado los vocablos diferentes que emplea: 1.267), si bien conforme avanza el relato se enriquece y humaniza su escritura.
Emplea, pues, un sermo cotidianus, pero deliberadamente: la erudición clásica, de resabios paganos, estaba mal vista entre aquellos cristianos primitivos.
Esto nos lleva a preguntarnos, de manera abierta, quién y cómo era Egeria.
Sin poder aventurar que mantuviese algún lazo con la familia imperial, lo cierto es que era una dama de alcurnia, una aristócrata, por supuesto adinerada.
Eso explica que pudiese viajar sola, pero acompañada por un séquito numeroso de sirvientes, incluidos algunos «capellanes» (como diríamos hoy).
Y que salieran a recibirla los obispos o clérigos de las ciudades y lugares que visitaba.
O que la pusieran escolta militar en los lugares peligrosos (loca suspecta).
Presumiblemente era una mujer madura (la acompañaban presbíteros y ocasionalmente obispos), pero no vieja, pues de lo contrario no habría podido soportar la dureza (que hoy nos cuesta imaginar) de aquellas jornadas interminables en barcos incómodos, a pie, a caballo, en camello, escalando montañas matadoras (como es el Sinai), durmiendo a la intemperie, soportando el relente nocturno o la canícula del desierto.
No era monja, ni sus «amigas» (sorores) tenían porqué serlo, ya hemos aclarado eso.
Aunque es cierto que a comienzos de su siglo (concretamente, en el concilio de Elvira, o Granada, del año 305) ya se esboza una cierta regulación de la entrega religiosa de las mujeres, mediante un pactum virginitatis, Pero no sólo había virgines entre aquellas devotas precursoras, también viduae (viudas) o sencillamente continentes, y por supuesto, aun no estaba afirmada la stahilitas loci, sino que las «religiosas» podían moverse a su antojo.
Algo similar (según anotaba en mi libro sobre el viaje de Egeria, ver bibliografía) a la institución (muy posterior) de las beguinas y los beguinajes en los Países Bajos.
Pero aun ese paralelismo habría que manejarlo con toda cautela, y sólo sería aplicable a contados casos de «militantes» que auspiciaron algún tipo de vida en común (caso de Melania senior, establecida en el monte de los Olivos, o de Paula, que abrió en Belén un cenobio dúplice y un albergue de peregrinos).
Para el resto, es más plausible suponer que las movía tanto la curiosidad, o incluso el esnobismo, como el fervor.
Lo que sí sabemos, por sus propias confesiones, es cómo era el carácter de Egeria.
Piadosa, desde luego: lo primero que hace cuando llega a un lugar sagrado es leer el pasaje de la Biblia donde aparece ese lugar, y recogerse en oración.
Esto nos da otra pista: era una mujer culta, que viajaba con libros, algunos de ellos en griego (lengua que conocería, al igual que hoy una persona medianamente culta se maneja en inglés).
Puede que hasta se le diera bien dibujar, pues en el original de sus cartas debió de incluir esbozos de los templos y edificios visitados, como otros viajeros ilustrados de épocas posteriores^^.
Según ella misma confiesa (ut sum satis curiosa), la curiosidad le hace viajar con los ojos bien abiertos, quiere verlo todo, pide explicaciones de todo lo que ve, e insiste en que la lleven a ver otras cosas, si no quedan muy lejos.
Pero no es una «turista» bobalicona, ni la ciega el fervor religioso.
Al contrario, cuando narra a sus amigas lo que ha visto durante la jornada, pone de por medio un cierto talante crítico, por no decir irónico.
Un ejemplo elocuente es cuando cuenta que el propio obispo de Segor les ha mostrado el lugar donde supuestamente se encontraba la mujer de Lot convertida en estatua de sal, lo mismo que su perrillo; maliciosa-mente apostilla a sus amigas: «Pero creedme, (.,.) cuando nosotros inspeccionamos el paraje, no vimos la estatua de salpar ninguna parte, para qué vamos a engañarnos».
Esto nos lleva a una última consideración sobre el carácter de Egeria, o mejor dicho, sobre su manera de ver y de contar.
Aunque al principio ella misma parece someterse a un «género» cuajado y definido, y encasilla la narración en unos moldes rígidos, repetitivos, a base de muletillas («llegamos a tal sitio, hicimos una oración, se leyó el pasaje correspondiente de las Escrituras», etc.), lo cierto es que conforme avanza el relato éste va ganando ñ*escura, se salta los esquemas, descompensa el ritmo para demorarse en alguna observación o detallar algo que le llama la atención.
El lenguaje de Egeria es, sobre todo al final, deliciosamente n'esco y directo.
Emotivo a veces, como cuando narra el encuentro casual con su amiga Marthana, o vislumbra, agotada, el horizonte de su propia desaparición.
Incluso en la segunda parte de su obra, la descripción del culto en Jerusalén, no faltan chispas que delaten su talante y sorna (¿galaica?), convirtiendo de pronto lo que estaba siendo árida descripción en una anécdota jugosa; por ejemplo, cuando está describiendo la ceremonia de la adoración del Lignum Crucis en el Gòlgota, al aire libre, el dia de viernes santo.* «El obispo, sentado, aprieta bien con sus manos el sagrado madero, mientras que losMiáconos situados alrededor lo vigilan.
Y lo custodian así porque cuentan que, en cierta ocasión, hubo alguien que hincó los dientes y arrancó una astilla de la santa reliquia.
Por eso ahora están atentos los diáconos, no sea que alguno al pasar se atreva a hacer lo mismo».
En fin, y para no fatigar, creo que la impresión profunda que se saca de la lectura de lo escrito por Egeria (más allá de las rigideces y convencionalismos de lo que parece un molde conscientemente adoptado) es la de que estamos ante una personalidad extraordinariamente fuerte, una dama no sólo refinada y culta, sino más importante aún: un espíritu inquieto, abierto, ávido de conocimiento, al tiempo que reflexivo y crítico, si no escéptico.
En una palabra, un espíritu increíblemente «moderno».
Y por tanto, atemporal, cercano a cuantos abrazan esa libertad que desconoce las fronteras del tiempo.
Aunque no todo sea mérito personal: seguramente es Egeria hija aventajada de su época, que tiene asimismo mucho de «moderna», por tratarse de un último relámpago de civilización, casi un momento de decadencia (lo decadente aparece siempre, paradójicamente, como moderno), roído ya y carcomido por las larvas de un medievalismo al acecho.
Mosaico de la Iglesia de San Jorge, en Madaba, con un plano de Jerusalén en época de Egeria.
Aquel trajín de viajeros a Oriente, a Constantinopla y a los Santos Lugares ¿fue bueno o malo?
Puede parecer una pregunta estúpida, por simplista, y porque el mero hecho de moverse para ampliar el conocimiento debería ser saldo positivo.
Pero hay algo que matizar.
No a todos aquellos curiosos que se echaban a los caminos les guiaba un impulso aceptable, y no me refiero ahora a los gyrovagui.
Sabido es que el cristianismo temprano, y muy especialmente en este siglo IV del que hablamos, es un cristianismo que se está abriendo paso, esforzado, a veces hasta combativo, y fuertemente escorado hacia una componente ascética de la vida religiosa.
Es precisamente es ese siglo cuando cuajan los tanteos de ascetismo en un embrión sólido de vida monacal.
Pero ascetismo significa rigor, en general, con uno mismo y (casi inevitablemente) con los demás; y ahí está el problema: que el rigor ascèti-co se puede tornar puro fanatismo.
Muchos de los que iban a conocer lugares nuevos, santos para ellos, descubrían a la vez otros vestigios que no toleraban.
Y no fueron tan raras las actuaciones extremas, como la razzia que en el 402 se organizó para destruir el templo de Zeus-Mamas en Gaza, uno de los más famosos de Oriente.
En el discurso Pro templis de Libanio, éste pide al emperador Teodosio que ponga fin a la destrucción de los templos paganos por parte de los monjes.
Un caso paralelo, en otro orden de cosas, fue el conocido degoUamiento de la neoplatónica Ipacia, en Alejandría.
Claros y sombras, pues, en aquella riada de peregrinos tempranos, que arrastró en su fiebre a unas cuantas matronas pudientes, entre ellas unas cuantas de origen hispano, y la propia Egeria.
Su figura, escudriñada por miradas interesadas (o por lo menos condicionadas) ha llegado a cristalizar en un estereotipo («la monja viajera») que sigue vigente, y que esperamos haber corregido al insertarla en un enfoque más amplio y objetivo que tiene en cuenta su entorno social, las modas y costumbres de su siglo.
Una cosa, de cualquier modo, es bien cierta, y es que se trata, si no de la primera viajera ilustrada de origen hispano, sí de la primera que puso por escrito sus trajines y vivencias.
Al menos, que sepamos.
Y eso sólo la hace acreedora a un mayor reconocimiento, algo que los hispanos, en general, suelen escatimar para los suyos.
Notas ^ Entre las más de 2.000 tablillas de madera escritas con pluma y tinta y desenterradas, a partir de 1973, por Robin Birley en el fuerte de Vindolanda (junto a la actual Chesterholm, perteneciente al complejo fronterizo del Muro de Adriano que cruza Inglaterra de costa a costa), apareció la primera invitación conocida a un cumpleaños; la escribe de su puño y letra Claudia Severa, en el año 103 ó 105, y va dirigida a su amiga Sulpicia Lepidina, esposa del jefe de la guarnición.
Tras invitarla a la fiesta, se despide en estos términos: «Sperabo te, soror, vale, soror, anima mea, ita valeam, karissima et have».
Cito este documento por el lenguaje coloquial, y también porque debe de ser, por ahora, el más antiguo documento original escrito en latín por mano de una mujer.
^ PÉREZ DE URBEL, Fray Justo, Los monjes españoles en la edad media.
^ La primera peregrinación, por tierras gallegas, se realizó entre el 15 y 27 de septiembre de 2005, ver http://www-egeria-proyekt.de |
Benjamín de Tudela: breve esbozo biográfico
Benjamín de Tudela (en hebreo Biniamín ben rabbi Yonah mi-Tudelá) es, sin duda, un navarro universal.
Judío de la aljama tudelana\ se ignora la fecha de su nacimiento (acaso hacia 1130).
Hijo de rabino y viajero infatigable, sólo sabemos de este personaje lo poco que de él se menciona en su famoso Libro de Viajes o Séfer-masa^ot, fruto de sus vivas experiencias -las más de las veces directas-exquisitamente plasmadas en su relación de viaje, redactadas en hebreo.
Conocedor del romance navarro vernáculo de la época, sabía hebreo -su lengua de instrucción y cultivo literario-y árabe, entendiendo acaso el griego y el latín^.
Tenía asimismo algunos conocimientos de la historia clásica^ y era experto en diversas artesanías y negocios, lo que refuerza la suposición de que fuese un mercader y su viaje una misión comercial'*.
José Ramón Magdalena Nom de Deu la Torà y en el derecho rabínico y que en el mencionado Libro de Viajes escribió todas las cosas que vio y oyó de boca de hombres veraces... cosas que no habían sido jamas oídas en tierras de Sefarad.
En el cronicón hispanohebreo Sé fer Yuhasín de Abraham Zakut se dice que Benjamín de Tudela murió en el año 1173, acaso en su Tudela nataP.
El Libro de Viajes (Séfer Masa^ot): manuscritos
Esta relación de viajes se difundió pronto entre los ambientes intelectuales del judaismo europeo y oriental mediante copias manuscritas, donde se añadieron, sin duda, otros materiales ajenos a la pluma de Benjamín (como el prólogo anónimo y otras interpolaciones de corte fantástico y apologético), ampliando la extensión del texto básico redactado por nuestro viajero.
Los cinco manuscritos -tres completos y dos fragmentarios-que de que tengo noticia son: 1) el más antiguo, de origen germánico, datado a finales del siglo XII o inicios del XIII (ms. 27.089 del British Museum) 2) ms. 26 del catálogo Sacerdote de la Biblioteca Casanatense de Roma, es del siglo XV, copiado por Isaac de Pisa en 1430 3) ms. Epstein, de Viena y de finales del siglo XV; hoy en la Biblioteca Nacional y Universitaria, Jerusalén (Israel), n° Heb 8° 2647 4) ms. Oppenheim add.
8"* 36 (folios 58-63, catalogado por Neubauer n° 2453) de origen hispano y considerado por Adler de los siglos XIV-XV; faltan cuatro folios detrás de los tres primeros).
8° 58 (a partir del folio 57, catalogado por Neubauer n° 2580), le falta casi la primera mitad y es una copia tardía, acaso del siglo XVIII y de características paleográficas orientales.
El mejor manuscrito es, sin duda, el germánico o askenazí del British Museum, pues transcribe con gran fidelidad y pureza los topónimos y antropónimos y otras voces no hebreas que contiene, intentando imitar la pronunciación de la época.
Algunos errores que se detectan son meramente gráficos y debidos a descuidos del escriba.
Redactado a finales de siglo XII o principios del XIII, su proximidad cronológica con las aventuras reales de nuestro viajero nos permiten conjeturar una mayor pureza textual.
Tal sería la fama y difusión de los relatos de Benjamín que ya aparece la primera edición impresa (editio princeps) del Séfer Masa^ot en 1543 a cargo del editor Soncino, en Istanbul.
Fue, sin duda, edición descuidada y precipitada, sin que sepamos en qué manuscrito se fundamenta.
Contiene numerosos errores, que se fueron perpetuando y transmitiendo posteriormente ya que sirvió de base a las posteriores y primeras traducciones al latín y a otras lenguas europeas.
Se conserva un solo ejemplar de esta editio princeps, incompleto, en la Bodleyan Library de Oxford.
De esta primera se derivan: la Elzeviriana de Friburg (1553), arrastrando todos los errores antes mentados y la de Leiden (1663), que es copia de la anterior.
Del mismo año es la célebre edición -mejorada y con variantes-de Constantino L^Empereur, salida de las prensas elzevirianas y reedición del texto de Friburg con algunas variantes.
Otra reimpresión de la Elzeviriana es la de Michael Nagel, publicada en Leiden en 1762, con fines didácticos.
Por último, la edición de Sulzbach de 1782 es una desastrosa copia del texto de L^Empereur.
La segunda edición fundamental apareció en Ferrara, 1556, de los talleres de Abraham ben Usque.
Se conserva un ejemplar completo en la Bodleyan Library de Oxford.
La edición de Asher^ (London-Berlin, 1840-1841) se apoya en la ferráronse de 1556, basada en un manuscrito cercano al vienes de Epstein y que ofrece un texto mucho más depurado que la princeps.
Con los hallazgos e identificación de los manuscritos hebreos se iniciaron las modernas y más científicas ediciones críticas.
El primer intento, acompañado de introducción y traducción al alemán, se lo debemos al erudito Grünhut, quien ofrece el texto del manuscrito Casanatense (Jerusalén 1903).
Por último -y mientras no aparezca otra edición que la supere-, la que con toda justicia podríamos calificar como mejor y más cuidada edición crítica es la de Adler^, complemento de las de Asher (a la que frecuentemente se remite) y de Grünhut.
Apareció en London (1907) y se fundamenta en el manuscrito del British Museum, ofreciendo un aparato crítico con las variantes de los otros manuscritos conocidos así como copiosas notas aclaratorias a la pulcra traducción inglesa.
La primera traducción -precisamente al latín-del Séfer Masa^ot se debe al hebraísta español Benito Arias Montano.
Se basa en la editio princeps (hebrea) de 1543 y apareció en Amberes en 1575, y lleva el largo título Itinerarium Beniamini Tudelensis in quo res memorabiles, quas ante quadringentos annos totum fere terrarum orbem notatis itineribus dimensis vel ipse vide vel a fide dignis suae aetatis hominibus accepit, breviter atque dilucide describuntur; ex hebraico latinum factum Bened.
De ésta deriva la edición de 1636, salida de las prensas calixtinas de Helmstadt, que incluye sendas interpolaciones de las descripciones de La Meca y Medina (ciudades que nunca visitara Benjamín) acaso extraídas de los itinerarios de Wartomann y Wild.
Esta edición fue reproducida -y algo mejorada-por las prensas de Teubner, Leipzig 1664.
Asimismo de la pionera traducción de Arias Montano proceden la inglesa de la serie Purchases Pilgrims (London 1625) y la francesa de Bergeron, incluida en la Collection de Voyages, faits principalement en Asie, dans le XII, XIII, XIV et XV siècles, La Haye 1735, (reeditada en Paris 1830).
Otra traducción latina es la de Constantin TEmpereur, acompañada del texto hebreo de la edición de Friburg de 1583 y salida de las prensas elzevirianas en 1633.
Esta traducción va precedida de una cruel crítica a la primera versión latina de Arias Montano, si bien es cierto que le corrige muy pocos errores al tiempo que los aumenta en la suya, llena de absurdos y cuajada de inútiles y pedantes notas eruditas.
Este texto latino de L^Empereur sirvió de base para la versión al flamenco (Leyden 1666) y las dos al yídico o judeoalemán (Amsterdam 1691 y Frankfurt 1711).
Otras traducciones inglesas son la de Harris (London 1744), basada en las latinas de Arias Montano y L^Empereur.
Muy deficiente es la del reverendo Gerrans (London 1783).
Ya en el siglo XIX, un resumen en inglés del Séfer Masa^ot apareció en la General Collection of the best and most interesting Voyages and Travels of the World (volumen VII, London 1808-1814).
La traducción inglesa que acompaña la edición del texto hebreo de Asher (London-Berlin 1840-1841) representa ya un notable avance con respecto a las precedentes, si bien todavía acarrea deficiencias y errores al no estar basada en la lectura directa de los manuscritos.
Esta traducción la reproduce Wright -al pie de la letra-en sus Early Travels in Palestine (London 1848) y de ella derivan, al parecer, la holandesa de Testimonios arqueológicos del Oriente Próximo...
Finalmente, la versión inglesa de Adler (London 1907) que -acompaña la edición crítica del texto hebreo-corrige las inexactitudes de Asher y, a la luz de los manuscritos, ofrece la más cuidada y seria investigación textual.
Antes cité la traducción alemana de Grünhut, basada en el ms. Casanatense (Jerusalén 1903) y tengo noticia de una traducción al ruso a cargo de Margolin (Sankt Peterburg 1881) y otra al judeoarabe (Bagdad, s. f.), pero no las he podido localizar.
La primera traducción castellana -basada en el texto hebreo de Asher y posteriormente adaptada al de Adler-es la tesis de doctorado del semitista Ignacio Agustín González Llubera y lleva por título Viajes de Benjamín de Tudela.
1160-1173, Por primera vez traducidos al castellano con introducción, aparato crítico y anotaciones.
Por último, quien estas notas suscribe es autor de una segunda traducción del Séfer Masa^ot, basándome en el texto de Adler y bibliografía complementaria más actualizada: Libro de viajes de Benjamín de Tudela.
Versión castellana, introducción y notas.
Barcelona 1982Barcelona [2^ edición 1989]], que acompaña al texto hebreo y la versión euskera en Benjamin Tuteraoka.
También se reeditó en una edición popular: Benjamín de Tudela.
El itinerario, como se dijo más arriba, se inicia en Tudela, pasando por Aragón y Cataluña -donde da escasas aunque interesantes noticias sobre estos judíos hispánicos del siglo XII-Francia meridional, Génova, Roma, Salerno, pasando a territorio del Imperio Bizantino, ofreciendo una magna descripción de la fastuosa Constantinopla, pasa por Siria y la Palestina de los cruzados, visita los Santos Lugares de Jerusalén, Belén y Nablus, se traslada a Damasco, Alepo, Racca y Mosul, y por el valle del Tigris llega a la capital califal, Bagdad.
Allí debió residir largo tiempo acogido en el seno de la opulenta aljama judía bagdadí -que con todo lujo de detalles nos describe-atraído por los posibles pingües beneficios ofrecidos en tan importante y rico centro mercantil y cultural.
Bagdad sería el centro de operaciones y viajes menores por el área, quizás hasta Basera, en la Baja Mesopotamia.
Tras unos fantásticos viajes -acaso nunca realizados y obra de posteriores compiladores y redactores de los manuscritos-por tierras de India y China, el relato se vuelve más reaüsta y verosímil al tratar de Egipto: El Cairo, la vieja Fustat, Alejandría, el Monte Sinai y Damietta, desde donde embarcó hacia Sicilia y, desde esta isla, según su relato, Benjamín va a Roma por segunda vez y, pasando por Lucca y Verdun, llegaría a París, donde bruscamente se termina el relato.
Con todo, esta parte final del texto hebreo -que se refleja en todos los manuscritos-parece que no la redactó el propio Benjamín, sino que sería producto de la fértil imaginación de algún compilador-redactor askenazí.
Esta interpolación incluye una idílica descripción de las comunidades judías del valle de Rhin, con referencias poco fiables a Bohemia, Esclavonia y Kiev, en la Rus primitiva.
Esta ambientación centroeuropea no coincide con el tono mediterráneo y oriental del resto del Séfer-masa^ot.
Lo más verosímil es que, como se dijo más arriba, desde Sicilia se dirigiese directamente hacia poniente, recalando en Mallorca y desde algún puerto valenciano o catalán ultimase su definitivo viaje de regreso hasta llegar sano y salvo a su Tudela nataP.
La estructura literaria de este Séfer Masa^ot es formalmente la de un itinerario, Benjamín de Tudela se interesa y pasa revista a tres aspectos fundamentales, omnipresentes en toda su relación de viaje:
1) las comunidades de judíos.
Todo el itinerario es, salvo contadas excepciones, una sucesión de aljamas hebreas, en cada una de las cuales nuestro viajero buscaría ayuda e informaciones de interés -acaso recomendaciones-muy útiles en vistas a decidir las siguientes etapas de su periplo.
Así, sobre la marcha y en base a los datos suministrados por sus correligionarios, Benjamín iría considerando y orientando sus pasos hacia nuevos destinos y lejanas singladuras.
De cada comunidad hebrea nos ofrece datos sobre su demografía, exagerando las cifras sólo cuando las informaciones le llegan por terceras personas y no la ha podido visitar personalmente.
Da cuenta, asimismo, de las principales autoridades rabínicas de cada lugar, destacando las egregias figuras de Exilarca de Bagdad y del Naggid de Egipto.
Siempre tiene algún jugoso comentario acerca de la condición social de los judíos locales, bien para destacar la opresión en que se hallan sometidos -como los judíos de Costantinopla-, bien para ensalzar la gran independencia y libertades de que disfrutan -como es el caso, según exagerada descripción de Benjamín, de los judíos arábigos del Jeybar o los asentados en las lejanas montañas de Nisabur-.
Describe asimismo las actividades económicas de sus hermanos de fe: médicos y funcionarios de las autoridades del país, adinerados comerciantes y armadores de barcos, artesanos vidrieros, sederos, tintoreros, sin faltar ocupaciones y menesteres más humildes como agricultores y pastores.
Tampoco escapa al sagaz ojo observador de Benjamín la situación religiosa y cultural de los hebreos que visita y nos da cuenta de su grado de instrucción, el número de madrazas o academias talmúdicas, las sinagogas, los santuarios y otros lugares de amorosa veneración para el pueblo judío.
Ni se olvida en el tintero las oportunas anotaciones sobre las comunidades más o menos heréticas o heterodoxas de judíos, como los epicúreos de Chipre y los sectarios caraítas y samaritanos.
2) las grandes líneas de la situación política y militar en -y entre-los estados y naciones del ámbito cristiano occidental y del islámico oriental.
El dilatado periplo de Benjamín le hace transitar forzosamente territorios dominados por poderes políticos, creencias religiosas y entidades étnicas diversos.
Tal diversidad supondría riesgos y peligros ocasionales a cualquier viaje emprendido desde occidente a oriente, o al contrario.
Pero lo cierto es que nunca constituyó, por lo general, un serio obstáculo al trasiego de las gentes, las ideas y, acaso lo más importante, las mercaderías.
Así, nuestro viajero recorrerá sin dificultad aparente los reinos Testimonios arqueológicos del Oriente Próximo... hispánicos peninsulares, prosiguiendo por la Provenza e Italia y, tras pasar por Pisa y Lucca, visita Roma y otras ciudades de la Italia meridional y adriática; desembarca en territorio bizantino y en la fastuosa y rica Constantinopla ya detecta los primeros síntomas de la debilidad y decadencia de aquel imperio, cuyos ejércitos «reclutan mercenarios de todos los pueblos gentiles llamados bárbaros» ya que los griegos del país «carecen de espíritu combativo; se les considera, por tanto, afeminados que carecen de fuerza para resistir».
El Reino Latino de Tierra Santa -efímera realización política de los cruzados europeos para facilitar y permitir las peregrinaciones cristianas a los Santos Lugares de Palestina-se hallan, al paso de Benjamín por la santa ciudad de Jerusalén, en su momento de máximo poderío militar y nuestro viajero ofrece detalles interesantes de las fuerzas de los caballeros de las órdenes del Hospital y del Temple.
Curiosas son las observaciones que hace acerca de los samaritanos, afincados en Nablús, cuyos ceremoniales de pascua describe, así como sus estrictas leyes de pureza ritual y matrimonio.
Critica la peculiar pronunciación del hebreo samaritano, que carece de las tres consonantes guturales típicas de las lenguas semíticas, he\ ket y ^ayn, reducidas al simple ataque glotal ^alef.
Durante la segunda mitad del siglo XII, el mundo islámico oriental asiste al irresistible empuje del imperio Salyuk por Persia y Mesopotamia.
Pronto caerá el califato fatimi egipcio, enemigo del poder abbasí de Bagdad.
Hay todavía otras entidades étnicas, políticas y religiosas descritas en el Sé fer Masa^ot: la más importante, desde los puntos de vista político y militar, es la de los turánidos guzz, turcos o turcomanos, quienes en su fase anterior a su islamización todavía son considerados como infieles tanto por Benjamín de Tudela^^ como por el granadino musulmán Abu-Hamid.
Grupos sectarios del islam, como los fanáticos hasisin de las montañas libanesas, o los depravados drusos -quienes, sin embargo, mantienen cordiales relaciones con los judíos-tampoco escapan al oportuno comentario del viajero navarro.
En Jerusalén menciona a los cristianos jacoôiías, georgianos, griegos (ortodoxos) y francos (católicos).
Cita a los monjes sirianos del monte Sinai, a los guirguisitas, asimismo cristianos; a los alanos del Cáucaso, a los armenios y a los bandidos saqueadores valacas, en los confines del imperio Bizantino.
Otras etnias que seguramente nunca conoció personalmente, pero que se citan en su relato, son: los cusitas o etíopes del alto Nilo, quienes capturan a los irracionales negros para venderlos como esclavos, como también son negros los adoradores del sol de Quilón, en la costa de Malabar; donde asimismo sus judíos son de piel oscura.
3) los grandes centros económicos, mercantiles y artesanales de occidente y oriente y las rutas comerciales, terrestres y marítimas, que los unen o, llegado el caso, los pudiesen unir.
Pues al igual que las peregrinaciones y las misiones diplomáticas, el comercio siempre fue un importante incentivo para emprender viajes.
Y si grande es el interés que Benjamín muestra por la situación de las comunidades hebreas que visita no por ello deja de prestar menor atención a los recursos económicos y posibilidades de cada lugar o país por donde pasa: la producción agrícola, la pesca, las artesanías, las manufacturas y el tráfico comercial.
Además de indicarnos en varias ocasiones que sus correligionarios se dedican a menesteres agrícolas o ganaderos, nuestro viajero nos aporta copiosas referencias sobre la feracidad de huertas y vergeles, así como sistemas de regadío, como en el caso de las tierras bajas del delta del Nilo, en Egipto, cuya rotación de cereales describe a la vez que da cuenta de la gran abundancia y diversidad de frutas, verduras y legumbres que dan sus campos.
En Quilón se cultiva la pimienta negra, la caña de azúcar, el jenjibre y otras especias.
El azúcar de Tiro es, sin embargo, el mejor «porque lo siembran^ y acuden de todas partes a comprarlo».
Cita, de pasada, la mirra aromática del lejano Tibet.
Poco dice de la ganadería, si bien se detiene y describe con cierto detalle el curioso proceso evolutivo que sufren ciertas sabandijas m^arinas de Catifa y el peligroso sistema de pesca y extracción de las perlas, así como el ingenioso sistema de zanjas y canales empleado por los egipcios para capturar los grandes y grasientos peces del Nilo, cuando éste se desborda.
Al pasar por el puerto siciliano de Tràpani hace mención de la piedra de coral, aunque nada dice de las pesquerías ni del pulido de esta gema semipreciosa de origen animal.
En Puzzoli se fija en el petróleo mineral, que se utiliza con finalidades medicinales.
Las actividades artesanales y pequeñas industrias de transformación de materias primas en productos manufacturados para el consumo a través de los circuitos comerciales se derivan de la producción agrícola -como la elaboración del azúcar, la pimienta y otras especias-o de la pesca -extracción de aceites y salazones-sin olvidar la elaboración de bálsamos y ungüentos a base del citado petróleo ni la manufactura del vidrio, fundiendo arenas silícieas y carbonatos minerales.
Con todo, la artesanía más extendida -acaso la más lucrativa-es la relacionada con los tejidos: las sedas de Tebas y Salónica, los linos y telas finas, los encajes y brocados de Constantinopla -donde los judíos se dedican asimismo al curtido de pieles-sin olvidarse Benjamín de citar el monopolio de la tintorería, a la sazón en manos de dos judíos jerosolimitanos.
Los puertos comerciales más importantes del ámbito cristiano mediterráneo son, según el Séfer-Masa^ot, los de Barcelona, Marsella, Amalfi, Egrippo, Constantinopla; los de Tiro y Asqelón en Palestina y el de Alejandría en el Egipto fatimi.
Ya en el interior de Asia, Damasco y Bagdad son los centros de enlace entre el lejano oriente y las costas levantinas.
A estas urbes acuden negociantes de todas las naciones, lenguas y religiones con todo tipo de mercadería.
La lejana isla de Qish es el puente comercial entre la India, Persia, Arabia y Mesopotamia, ejerciendo sus isleños el oficio de expertos corredores en el comercio de especias, tejidos lujosos y cereales.
No es el itinerario de Benjamín el del típico peregrino judío a Tierra Santa sino que, en nuestra opinión, sigue una ruta comercial más o menos preestablecida y lo suficientemente flexible como para ir cambiando de rumbo, sobre la marcha, según los datos e informaciones que recabaría de sus correligionarios al paso por cada localidad.
Nuestro viajero se dirige hacia las opulentas ciudades de Oriente (Constantinopla, Damasco, Bagdad, El Cairo) posiblemente dedicado al cómodo y lucrativo comercio de telas lujosas, acaso con la intención de abrirse camino y mercado en el ámbito de la especiería, de tan pingües beneficios.
El esquema general de tan largo periplo -excluyendo los fantásticos y pretendidos viajes por la India, la lejana China, Arabia y Europa germánica y eslava-se acomoda y es del todo razonable para las posibilidades y ambiciones de un arriesgado, culto y observador comerciante judío de la segunda mitad del siglo XII, como es el caso de nuestro Benjamín de Tudela.
Antigüedades y restos arqueológicos orientales en el Séfer Masa'ot
El agudo ojo observador de Benjamín de Tudela se fija asimismo -si bien de manera esporádica y ocasional-en antiguos monumentos, viejas ruinas, vestigios y restos arqueológicos de pretéritas civilizaciones del próximo oriente que guardan cierta relación con la historia bíblica y el pueblo de Israel.
Y no se deja en el tintero algún que otro interesante comentario descriptivo, a veces parco -y otras excesivamente fantástico-, acerca de los relictos que encuentra a su paso.
Ya en tierras libanesas, en la cananea Biblos^^ se fija en el -por él denominado-templo de los amonitas, que nos describe así: Testimonios arqueológicos del Oriente Próximo... tipo de provisión, tanto mientras viven como después de muertos.
La segunda casa, llamada Templo de Salom^ón^^, es el palacio que edificara el rey Salomón... allí descansan los caballeros y de allí salen diariamente trescientos caballeros a guerrear, además de los que vienen del país de los francos y de tierra de cristianos, comprometiéndose mediante voto que servirán allí, días o años, hasta el cumplimiento de su promesa.
Allí está la gran iglesia que llaman Sepulcro^^ y allí está enterrado aquel hom^bre^^ al cual acuden todos los peregrinos......
Hay en Jerusalén cuatro puertas: la puerta de Abraham^^, la Puerta de David^^, la puerta de Sion^^ y la puerta de Josafat^^... delante del Templo que había antaño... allí está el Templum Domini^^, que era el sitio del Templo.
Sobre él construyó'Omar ibn al-Jattab una gran y muy hermosa cúpu-la^e...
Ya no tan exacto es nuestro viajero en su descripción cuando apunta: «...
Frente a ese lugar está el Muro Occidental: es uno de los muros que había en el Santo de los Santos y le llaman Puerta de la Misericordia; allí acuden todos los judíos a rezar ante el muro del atrio... en la casa que fue de Salomón están las caballerizas que hizo edificar; es una construcción muy fuerte, de grandes piedras: no se ve edificación como ella en todo el país.
Allí se ve, aun hoy día, la pileta donde los sacerdotes degollaban las víctimas.
Todos los judíos que van allí escriben sus nombres en el Muro^^...»
Y fuera de las murallas, Benjamín se extiende en los curiosos monumentos del monte Sion:...Enfrente de Jerusalén está el monte Sion y no hay otro edificio... sino una iglesia para los incircuncisos^^...en el monte Sion están las tumbas de la casa de David, mas no se conoce donde está el lugar^^ pues hace quince años cayó un muro de la iglesia.Y dijo el Patriarca a su encargado: «tom.a las piedras de las m^urallas antiguas y edifica con ellas la iglesia».
Así lo hizo; contrató obreros a salario acordado, en número de veinte e iban extrayendo las piedras de basamento de las murallas de Sion.
Entre aquellos hombres había dos muy unidos por una gran amistad... y llegó la hora de comer y sus compañeros se fueron a comer y ellos arrancaban las piedras y al levantar una piedra encontraron allí la entrada de una cueva... caminaron por la entrada de la cueva hasta que llegaron junto a un gran recinto edificado sobre columnas de mármol, cubierto de plata y oro; ante ellos había una mesa de oro y el cetro y la corona: era el sepulcro del rey David y a su izquierda estaba el sepulcro del rey Salomón, de la misma manera, y así todos los sepulcros de todos los reyes de Judá allí enterrados.
Había allí unos cofres cerrados que nadie sabe lo que contenían.
Quisieron esos hombres entrar en el recinto y he aquí que un viento tempestuoso que salía de la boca de la cueva los golpeó; cayeron al suelo como muertos y yacieron hasta el atardecer.
Y he aquí que vino un viento, gritando con humana voz «levantaos, salid de este lugar» y salieron de allí, temerosos y a toda prisa.
Fueron ante el Patriarca y le contaron estas cosas.
El Patriarca ordenó traer ante él al piadoso asceta rabí Abraham Alconstantiní... y le contó todas aquellas cosas, según el relato de los dos hombres que venían de allí.
Respondió rabí Abraham diciéndole: «aquéllas son las tumbas de la casa de David, de los reyes de Judá; mañana entraremos yo, tú y esos hombres y veremos qué hay allí», Al día siguiente mandaron buscar a esos dos hombres, hallándolos acostados -cada uno en su lecho-temerosos, diciendo: «nosotros no entraremos allí, pues no es voluntad de Dios mostrarlo a los hombres».
El Patriarca ordenó tapiar aquel lugar para ocultarlo a los hombres, hasta hoy.»
Prosiguiendo su periplo por la tierra de Israel, Benjamín llega hasta la frontera septentrional «... hasta Banias, que es Dan^°; hay allí una cueva y desde allí sale el Jordán...
Delante de la cueva se reconoce el lugar del altar del ídolo de Mija, que adoraban los danitas en aquellos tiempos.
Asimismo está allí el lugar del ara de Jeroboam, que contenía el becerro de oro.
Ya en territorio sirio, Benjamín se detiene en la opulenta capital, Damasco, y se fija en la magnífica mezquita llamada «... yamVa Dimasq^h no hay construcción como ésta en todo el país.
Dicen que fue palacio de Ben-Hadad... dentro del patio [del palacio] hay una cabeza de gigante revestida de oro y plata, construida a guisa de fuente; los bordes son de oro y plata y es grande como una cisterna: pueden entrar en su interior, para bañarse, como unas tres personas.
Allí, en el interior del palacio, está colgada una costilla del citado gigante, cuya longitud es de nueve palmos y dos palmos de anchura.
Y se dice que era el rey gigante de los antiguos cíclopes, de nombre rey Abramaz, pues así lo encontraron grabado en una piedra, sobre su sepulcro, y estaba escrito que reinó sobre el mundo entero^^.»
Pasando por las estribaciones de la cordillera del Antilíbano, al norte, en el ameno valle de los ríos Orontes y Litani se encuentra nuestro viajero con la famosa «...Baalbek, que es Ba^alot, en la Biq^a ^Mel Líbano.
Fue fundada por Salomón para la hija del Faraón^^ La construcción del palacio es de grandes piedras, siendo la longitud de cada piedra veinte palmos y su anchura doce palmos.
No hay nada entre piedra y piedra, diciéndose que no se hizo esta edificación sino por obra de Asmodeo^^.»
Mucho más parco es, sin embargo, nuestro viajero en su descripción de la no menos renombrada Palmira «...También Tadmor, que está en el desierto y fundara Salomón^^.., con grandes piedras.
La ciudad de Tadmor está circundada de una muralla, en el desierto, lejos de lugar habitado y a cuatro jornadas de la mencionada Ba^alot».
Y ya en tierras mesopotámicas -la Babel o Babilonia de los judíos-Benjamín pasa por la ciudad de MosuP'^ (que él considera es Asur la Grande^^ y escribe «... entre ella y Ninive hay sólo un puente y esta última está en ruinas, pero en medio de las ruinas hay aldeas y grandes ciudades.
La extensión de Ninive se reconoce por las murallas, como unas cuarenta leguas hasta la ciudad de Al-BaF^.
La ciudad de Nínive^^ está sohre la orilla del Tigris....»
Nuestro viajero se detiene en la capital califal, Bagdad, de la que nos ofrece una exhaustiva descripción tanto de las instituciones políticas y religiosas islámicas como de la opulenta comunidad israelita con sus dirigentes y sabios rabinos.
A tres jornadas -pasando por Gaziga, también llamada Ras-^Ayn-llega Benjamín a «Babel, que es Babel la antigua^^, en ruinas, las cuales tienen una extensión de treinta millas.
Todavía se encuentra allí el palacio derruido de Nabucodonosor y las gentes temen entrar en él debido a las serpientes y alacranes que hay en su interior.
Cerca de allí, a una milla de distancia, viven tres mil judíos que rezan en la sinagoga ^Aliyat-Dani'el -la paz sea con él-: es la antigua camareta que edificara Daniel, construida con piedras talladas y ladrillos.
Entre la sinagoga y el palacio de Nabucodonosor está el lugar del horno ígneo donde fueron arrojados Jananías, Misael y Azarías^^ y es profundo...»
Prosiguiendo camino por tierras mesopotámicas, a cuatro millas de Hilah, Benjamín accede a un curioso monumento, que su fértil imaginación identifica con «... la Torre que edificaron los de la generación que vivió la separación de las razas^^, construida con ladrillos llamados ayurra^"^.
La longitud de su basamento es de como unas dos millas, su anchura como unos cuarenta codos y su longitud como unos doscientos codos.
Cada diez codos hay caminos y por ellos se sube, allí, en espiral, hasta arriba, contemplándose desde allí una extensión de veinte millas, pues el país es llano.
Desde los cielos cayó fuego en su interior partiéndola hasta lo más profundo...»
Desde Basera, al sur de Mesopotamia, Benjamín pasaría a tierras iranias cruzando el río Samarrá^^ y «... desde allí hay cuatro jornadas hasta Kuzistán^^, que es Elam, la gran ciudad.
No toda ella está habitada ya que está parcialmente en ruinas^^, en medio de las cuales está Susa^^, la capital, que fue el palacio del rey Asue-ro^^.
Había allí un gran edifício de tiempos antiguos.
El tono del relato que nos ofrece el texto hebreo de Benjamín recobra visos de verosimilitud y se ajusta al medio que describe al llegar al Egipto fatimí^^, tras su dilatada estancia en Bagdad, Basera y aledaños^^.
[El Cairo y el nilómetro]
So^án^^ está circundada por una muralla y El Cairo no tiene muralla, pues el Nilo la rodea por el otro lado.
Es una gran ciudad y en ella hay muchos zocos y albóndigas; asimismo hay muchos judíos ricos en ella.
No cae lluvia, ni hielo ni nieve se ha visto en ella nunca.
El país es muy caluroso.
El Nilo se desborda una vez al año^^ en el mes de'elul^^, cubriendo toda la tierra y regándola en una extensión de quince días; las aguas permanecen durante los meses de'elul y tisrí^^, regándola y saciándola.
Para saber la medida de la subida del Nilo tienen una pilastra de mármol de ingeniosa factura que está sobre una isla, dentro del agua; tal pilastra está a doce codos sobre el nivel de las aguas^^ y cuando sube el Nilo y la cubre saben que ya subió el Nilo y cubrió el país de Egipto en una extensión de quince jornadas.
Si cubrió la mitad de la pilastra, no cubrirá sino medio país.
Un hombre mide cada día la pilastra y pregona en So'án y en El Cairo, diciendo: -«¡Alabad al Creador, pues el Nilo subió hoy tanto y tanto!».
Cada día él mide y pregona^^.
Si las aguas cubren toda la pilastra hay abundancia en todo Egipto y el Nilo sube poco a poco hasta que cubre el país en una extensión de quince jornadas.
Desde el Nuevo Cairo al Viejo Cairo^^ hay dos leguas: éste está en ruinas y hasta hoy día se ve el lugar de la construcción de las murallas y de las casas.
A unos quince km. al S.O de El Cairo, ya en pleno desierto, se topa Benjamín con las colosales pirámides, que él describe según su peculiar manera, cuajada de referencias al texto bíblico:
También allí, en todos los lugares, hay muchísimos graneros^^ hechos por José -la paz sea con él-construidos con cal y piedras: es obra muy sólida.
Hay allí un obelisco^^ hecho por arte de encantamiento, no viéndose cosa tal en todo el mundo.
Y a un par de km. al NE de la capital fatimi, nuestro viajero llega a la antigua Heliópolis, Desde allí hay media jornadas hasta ^Ayn al-Sams, (que) es Ra'amsés^^.
Allí hay (restos) de las construcciones que edificaron nuestros antepasados: torres construidas con ladrillos®^.
La andadura final del trotamundos navarro por tierras egipcias le lleva al importante puerto de Alejandría.
Y desde allí, por tierra, hasta Damieta, embarcando y poniendo proa a occidente para regresar definitivamente a Sefarad.
De Alejandría nos deja una jugosa relación de sus monumentos y antigüedades más curiosas.
[Alejandría: el faro y otros monumentos]
Desde allí hay dos jornadas hasta Alejandría de Egipto, (que) es Amon de No^^.
Pero cuando la fundara Alejandro (el) Macedonio la llamó según su nombre y la edificó muy fortificada y bella; las casas, los palacios y las murallas son de construcción muy bella^^.
Fuera de la ciudad está la Academia de Aristóteles^^, maestro de Alejandro; hay allí un gran edificio y una columna de mármol entre madraza y madraza.
Allí hay como unas veinte madrazas a las que allí iban (gentes) de todo el mundo para aprender allí la sabiduría de Aristóteles el filósofo.
La ciudad está construida hueca por debajo mediante puentes; la construyó con gran sabiduría^^.
Sus calles son rectas; en su interior, en los canales que uno ve, los hay de una milla de distancia, de puerta a puerta: desde la puerta de Rasid hasta la puerta del Mar. Allí construyó una vía sobre el puerto de Alejandría, de una milla de distancia dentro del mar.
Hizo allí una gran torre llamada El Faro^^ y en lengua árabe minar al-Iskandariyya, Allí, sobre lo alto de la torre, hay como un espejo de cristal.
Todas las embarcaciones que van a ella para guerrear o causarle daño, sea del país de Grecia o del país de Occidente, lo veían desde una distancia de veinte jornadas a través del espejo de cristaF^...
Allí, sobre la orilla del mar, hay un sepulcro de mármol y en él están grabadas toda clase de fieras y aves, y su imagen en su interior^^.
Todo (está) en escritura de los tiempos antiguos: nadie conoce la escritura^°.
Dicen que se supone que era un rey de los tiempos antiguos, anterior al diluvio.
El sepulcro tiene quince palmos de largo y seis de ancho.
^ Tengo noticia de que un cualificado investigador de la Universidad Hebrea de Jerusalén está ultimando una nueva y muy completa edición crítica del texto, en base a todos los mss. y ediciones conocidos.
Al parecer, se incluirá un nuevo documento hebreo del siglo XIV, recientemente identificado entre los fondos de las colecciones Firkovitch (Bibhoteca Nacional de Rusia, San Petersburgo) y que aportaría importantes novedades y rectificaría no pocos aspectos del tramo final del periplo de Benjamín.
1° KRAUS, S. ( 1937 ^^ El Giblet o Gebal, la antigua Biblos fenicia, situada sobre una suave colina junto al mar, a 34° 8'de latitud norte.
Los textos de Ezequiel 22,9 y el Salmo 83,8 acaso sugiriesen a Benjamín la existencia del ídolo y templo amonita que luego describe.
^^ La ciudad fenicia de Tiro se erigió primitivamente por los sidonios -y según Josefo, dos siglos antes que el Templo de Jerusalén-en la costa continental, frente a una isla rocosa, bastante llana y de reducida extensión (unos 1.400 m. de largo por unos 1.000 m. de ancho), a unos 500 m. de la costa.
Posteriormente, en época difícil de precisar, pero que parece se remonta a la época de Hiram, se extendió por la isla y este nuevo barrio insular eclipsó en importancia al barrio continental, conocida posteriormente como la Paleotyrus o ciudad vieja.
La ciudad nueva tenía dos puertos naturales, el septentrional llamado sidónio y el meridional llamado egipcio, junto al que había una isleta, unida artificialmente a Tiro, llamada de Hércules o de Melkart, donde debía estar el templo de esta divinidad.
Durante el asedio de Alejandro el Magno se construyó un dique terrero de 400 m. de longitud, uniéndola a la costa como istmo de artificial península.
Debido a la erosión marina, se ha consolidado el istmo por acumulación de arenas y tierras provocando que la isleta de Melkart esté actualmente cubierta por las aguas del mar en su mayor parte.
fa Walid retiró a los cristianos el uso de la parte occidental y reedificó la iglesia convirtiéndola en mezquita en 708.
Miaras Rabbah, cap. XIV: «Dijo rabí Levi: el gran hombre entre los gigantes es Abraham».
^^ Es el valle o vega de los ríos Orontes y Litani, en la Celesiria. ^^ Aquí -como en otras ocasiones-se deja llevar Benjamín por su fantasía y falta de información.
Las ruinas romanas de Baalbek son los restos de dos antiguos templos (el de Júpiter y el de Baco) erigidos en una espectacular acrópolis, más reedificaciones de época bizantina e islámica.
Destacan la escalinata de acceso a los propileos, que dan acceso a un antepatio comunicado a un gran patio interior por una puerta.
Allí hay una basíHca y unos baños bizantinos, dos piscinas, los antes citados templos, una torre fortificada y un recinto amurallado con torretas y puertas.
Nada de lo allí construido se debe al rey bíblico citado por Benjamín.
^^ Según el libro de Tobías cap. III y IV -no incluido en el canon hebreo-Asmodeo es el espíritu mahgno que mató a los siete primeros esposos de Sara, hija de Ragüel.
El nombre hebreo'Asmeday se ha querido relacionar con Eshmadeva, uno de los siete espíritus malos del ámbito cultural iranio.
Según diversas tradiciones rabínicas aparece como jefe de los demonios (cfr.
Targum Qohélet, I, 12) y que el mismo rey Salomón lo dominó y le obligó a trabajar en la construcción de su famoso templo, en la que no usó jamás ni martillo ni herramienta alguna, empleando únicamente una piedra especial con la que partía y encuadraba las rocas más duras.
^^ El topónimo Tadmor -Tudmur procede del étimo hebreo tamar (=palmera).
Se ha discutido si correspondería a la mítica Tamar que edificara Salomón en el desierto, tradición que recoge Benjamín de Tudela y da como cierta.
Fue importante centro caravanero, destacando sus numerosos templos, especialmente el del Sol, torres, arcos y murallas de construcción romana.
^^ Es bastante probable que en época asiría fuese Mosul un arrabal de Nínive, si bien algunos autores han creído ver en ella la antigua Mespila citada por Jenofonte.
La primera noticia cierta de esta ciudad es del año 636, ya en época musulmana y entonces se llamaba Al-Mawsil (=«eZ paso»), porque venía a serlo entre occidente y oriente.
^^ Asur, hijo de Sem, huyendo de la tiranía de Nimrud, fundó la ciudad que llevaría su nombre; después se denominaría Nínive, en honor al gobernador Nino, considerado por tradición legendaria conjo fundador del imperio asirlo.
^® Sin duda la ciudad de Arbelas, cuyo nombre en semítico asirlo'arha^-íl'lu significa «[ciudad de los] cuatro dioses».
Famosa en la antigua Asiría por ser uno de los principales lugares del culto de la diosa Ishtar y la única población asiría hoy existente que ha conservado su nombre primitivo.
^° Diodoro describe a Nínive en forma de un triángulo de 150 estadios de longitud por 90 estadios de anchura y 480 de perímetro, unos 105 km. en total.
Las numerosas -y a menudo poco metódicas excavaciones-, a partir de 1821, han puesto a contribución de arqueólogos e historiadores y eruditos importantes hallazgos: los templos de Ashurbanipal, con parte de su importante biblioteca, de Senaqerib, así como otros objetos escultóricos y arquitectónicos de especial interés.
^^ Benjamín de Tudela es el primer europeo en dar noticia de las ruinas de Babilonia.' ^^ Daniel, 3, 12-30.
Es la conocida historia de los tres piadosos judíos arrojados al pozo ígneo por negarse a adorar el ídolo construido por Nabucodonosor. |
La Rihla o relación de viaje del andalusi Ibn Yubayr es la obra maestra de ese género en las letras árabes.
Nadie ha transmitido un cuadro tan vivo y acabado de los principales centros del oriente árabe, ni ha dejado descripciones más precisas de los lugares visitados, ni ha evocado de modo tan personal los hechos y los gestos de los hombres.
Es también documento esencial para la arqueología islámica, pues tiene especial cuidado en describir y situar los principales monumentos de las ciudades, adobado todo con datos de tipo geográfico, histórico, etnológico, folclórico...; nada importante escapa a su mirada.
I. Notas sobre la vida de Ibn Yubayr IBN YUBAYR.
Viajero, escritor, jurista y tradicionista (experto en tradición del Profeta).
Nació en Valencia (según algún autor, en Játiva) el 10 de rabí Ide 540/1 de septiembre de 1145, en una familia de letrados y funcionarios, justo en la última época musulmana de la ciudad, cronológicamente entre la pasada etapa de dominación cidiana y la conquista definitiva de Jaime I el Conquistador.
Ibn Yubayr realizó sus estudios en Játiva, donde su padre Abu Ya Tar Ahmad era funcionario (kãtib).
Allí recibió la instrucción tradicional de los muchachos de su cía-
se, esto es, se le iniciaría en las ciencias religiosas y en las bellas letras.
Conviene tener presente que la juventud -y casi la vida entera-de Ibn Yubayr transcurre en la época de esplendor del imperio almohade; por consiguiente, el ambiente espiritual y cultural en el que se desarrollaba la vida de un joven de buena familia, sin grandes problemas materiales, era bastante complejo, dado que las nuevas fórmulas religiosas traídas por los norteafricanos se amalgamarían con el estrecho malikismo de los alfaquíes andalusíes, antes de ceder el terreno totalmente a éste.
Pronto el mozo se impondría en jurisprudencia y tradiciones, en adah (prosa de asunto misceláneo) e incluso en poesía.
Sus aptitudes le valieron el puesto de secretario (kãtib) del magnate almohade Abu Said ^Utmãn b.'Abd al-Mu^min, hijo del primer califa almohade y gobernador de Granada.
Todo parecía prometer una brillante carrera pública, cuando un incidente acaecido hacia 578/1183 cambió el rumbo de su vida.
En efecto, invitado a beber vino por el gobernador de entonces, Abu Zayd, cuando éste le dictaba una carta, y habiendo rehusado hacerlo en un primer momento, fue obligado a beber no una copa, sino siete, recibiendo a cambio siete copas repletas de dinares.
Entonces Ibn Yubayr juró hacer la peregrinación a la Meca ese mismo año con los dinares recibidos, a fin de expiar su pecado (Seguramente esta decisión encubriría motivos más profundos que los retenidos en la anécdota, recogida por al-Maqqarí).
Hassan al-Qadal natural de Onda, se dirigió a Tarifa, donde embarcó para Ceuta.
Allí tomó una embarcación genovesa que lo llevaría a Alejandría, tras un mes de navegación y pasar por Cerdeña, Sicilia y Creta.
Después de sufrir una serie de vejaciones en la aduana egipcia de Alejandría, se encamina a El Cairo, remonta el Nilo hasta Qus, y, llegando con una caravana a ^Aydãb, en Nubia, a riesgo de su vida atraviesa el mar Rojo hasta Yedda, desde donde se traslada a la Meca.
Reside en la Ciudad Santa más de ocho meses y efectúa la'umra (peregrinación menor) y el ha^^ (peregrinación mayor) del año 580/1184.
Partió de la Meca el 20 de dü-l-hi^S^a/S de abril de 1184, uniéndose a la caravana de peregrinos del Irak y, tras la visita de cinco días a Medina, siguió el camino del desierto hasta Küfa; desde allí se dirigió a Bagdad donde pasó cinco días, después a Mosul y, atravesando la Yazíra (Mesopotamia septentrional), llega a Siria.
Visitó Alepo bajando a Damasco, Enta de Ibn Yubayr por ©1 Medltarráiieo
donde pasaría dos meses (julio-septiembre de 1184).
Seguidamente se encaminó a San Juan de Acre, luego de haber visitado Tiro, y se embarcó a bordo de una nave genovesa el 10 de ra^ab de 580/17 de octubre de 1184; dos meses más tarde llega a Mesina, después de una penosa travesía que terminaría en naufragio y del que pudo escapar sano y salvo.
Gracias a la oportuna intervención del rey normando Guillermo II que se hallaba en ese momento en la ciudad, salvándolo de la esclavitud a él y a los demás supervivientes -tal era la suerte que esperaba a quienes escapaban con vida de un barco hundido o encallado en tierra extraña-Residiría entonces tres meses y medio en Sicilia, a la espera de vientos favorables; embarcándose por fin en Tràpani, llegaría a Cartagena el 15 de dü'l-hi^^a de 580/19 de marzo de 1185, entrando en Granada el 22 de muharram de 581/25 de abril de 1185.
El viaje al que debe su celebridad había durado dos años largos.
Una vez en Granada llevaría una existencia apacible y discreta, apartado de la vida pública; pues según las noticias recogidas por al-Maqqari, gozaba de una situación desahogada y también del prestigio de ser IpS^ (musulmán que ha efectuado la peregrinación).
La difusión de la relación de su viaje, la famosa Rifila, acrecentaría su renombre.
Así, entre unas cosas y otras, haciendo honor a las ¿5ã2:a-s (diploma concedido por un jeque, facultando al alumno para ejercer el profesorado de sus enseñanzas o textos) que había ganado en Oriente, dedicóse a enseñar la tradición profética (hadîf) y a formar un círculo de tendencias sufíes.
Cuatro años más tarde, cuando supo que el kurdo Saladino había conquistado Jerusalén, emprendió entusiasmado un segundo viaje a Oriente, que duró desde 585/1189 hasta el año 587/1191; pero no hay noticia de que dejara de tal viaje nada escrito.
De vuelta a Granada, donde moraría por algún tiempo, se dedicó a la enseñanza de ciencias islámicas; enseñanza que proseguirá cuando posteriormente resida en Málaga, Ceuta y Fez.
Ibn Yubayr llegaría a gozar de gran autoridad moral, tanto en Granada como en Ceuta, ciudades en las que además de residir, desempeñó la función de hakam (magistrado).
Era, según al-Maqqarí, «hombre de virtudes cívicas, abnegado en arreglar los asuntos de la gente, ardiente en defender los derechos de los musulmanes, diligente en acoger y aposentar a los extranjeros».
Ibn Yubayr, tras la muerte de su esposa ^Atika Umm al-Mayd, hija del visir Abu Ya Tar al-Waqqasî, emprendió un tercer viaje en el año 614/1217, cuando todavía no se sentían los efectos que llegaría a tener la derrota musulmana de las Navas de Tolosa, acaecida en 1212.
Permanecería durante algún tiempo en la Meca, pasando luego a Jerusalén y des-Viajes del andalusi Ibn Yubayr al Oriente pués a Egipto, donde terminaría por radicarse en Alejandría, ciudad mayoritariamente mãlikí -escuela jurídica en la que era experto y a la que, salvo contadas excepciones, pertenecían todos los andalusíes-no tardando en reunir un círculo de discípulos para estudiar la tradición profética (hadît).
Ibn Yubayr había de morir en esa ciudad costera el miércoles 27 de sa^ban de 614/29 de noviembre de 1217, cuando contaba 72 años y había adquirido la celebridad y los méritos de un jeque; habida cuenta que, según Ibn al-Raqíq, «los ruegos hechos sobre su tumba eran concedidos»^.
Acerca del género rihla
Aunque sabemos por las fuentes que Ibn Yubayr compuso una serie de sentencias en prosa rimada y cierto número de poesías que -salvadas algunas en escritos de autores posteriores-fueron recogidas en una obra perdida titulada Nazm al-yurnãn fi l-tasakkî min ijwãni l-zamãn (Cordón de perlas sobre la queja de los hermanos del tiempo), su fama se debe a su Rihla, al relato hecho acerca de su primer viaje a Oriente.
El término arábigo rihla significa «viaje, partida, periplo, itinerario, relato de viaje...», fue justamente esta última acepción la que se empleó para dar nombre a un género que ocupa un lugar destacado en la literatura árabe.
Hasta finales del siglo XI y principios del XII, el interés del género radicaba más en su naturaleza de documento histórico que en la de ser manifestación específica de un género literario.
Antes, algunos relatos orales de viajes alcanzaron forma escrita en el género narrativo del jabar, «información, noticia», esto es, se trataba de una relación de tipo oral y fragmentaria, en la que el autor-transmisor de la narración no se confunde con el narrador.
El jabar pertenece a un mundo socio-cultural en el que los viajeros que hablan de sus viajes no sienten la necesidad de consignarlos por escrito.
Cuando se pongan por escrito en el siglo IX, se hará entre los materiales recogidos en los diccionarios bio-biográficos, para luego, ya en el siglo X, desarrollarse en el cuadro de la epístola, de la risala (e incluso del diario) en época abasí^.
Sólo en el siglo XII, es cuando el relato de viaje abandona esas formas discursivas ajenas para actualizarse en un género propio: la rihla.
Un género creado y llevado al más alto grado de concreción y maestría por andalusíes, sobre todo en sus aspectos literarios.
Ibn Yubayr, el primer autor en redactar un auténtico relato de viajero, y no una relación erudita, es quien enlaza literatura y viaje; en una palabra, la narración del viaje emigra de la esfera del saber Viajes del andalusi Ibn Yubayr al Oriente al dominio de la literatura.
En sus manos el género rihla, se halla a medio camino entre la geografía descriptiva y la novela de aventuras.
Su Rihla se convertiría así en la obra maestra del género, no sólo por sus cualidades literarias, sino también por el interés que encierra para el historiador y el etnólogo.
Obviamente, una obra de tal calibre, sirvió de modelo a numerosos sucesores sin ser jamás igualada.
Ninguno de sus seguidores nos ha transmitido un cuadro tan acabado y tan vivo de los principales centros del oriente árabe; ninguno nos ha dejado descripciones más precisas de los lugares visitados ni ha evocado de forma tan personal los hechos y los gestos de los hombres.
Después de él, lo pintoresco tiende de más en más a difuminarse ante la utilidad «científica» del viaje^, y a los autores les preocupará en especial consignar los nombres de los maestros con quienes estudiaron y los diplomas que adquirieron, sintiendo predilección por las anécdotas de tipo maravilloso, más o menos apócrifas, así como por el discurso jurídico-religioso; disponiendo el conjunto, sin orden ni concierto, yendo de digresión en digresión.
En suma, aunque la relación modélica de Ibn Yubayr fue copiada, plagiada y saqueada durante siglos por autores posteriores, ninguno, ni de cerca, se aproximó a su modelo en maestría, belleza e interés.
Importancia histórica y arqueológica de la Rihla de Ibn Yubayr
Efectivamente la Rihla de Ibn Yubayr, de suyo uno de los textos narrativos más fiables y documentados de fines de la duodécima centuria, es una de las fuentes principales con que cuenta el historiador para conocer de primera mano el estado en que se encontraba el Próximo Oriente, la Sicilia normanda y las condiciones de navegación por el Mediterráneo en el siglo XII.
Ibn Yubayr visitó el Oriente en una época en que la posición religiosa del Islam estaba experimentando una transformación general, mientras el mapa geopolítico sufría grandes cambios.
Merced a su relato se puede ver que el shí'ísmo estaba en franco retroceso.
Con la restauración de la ortodoxia sunní, desaparecidos los fatimíes de la escena política, un nuevo orden es impuesto desde El Cairo por Salah al-Dín (Saladino).
Esto se observa palmariamente en el hecho de pronunciar la jutba, el sermón ritual, en nombre del califa abasí al-Mustadí, el primer viernes de muharram de 567 (10 de septiembre de 1171).
En el orden político, Saladino -de quien Ibn Yubayr no omite hacernos con ferviente
admiración su semblanza, revelándonos así el lugar que ocupaba este campeón del Islam en el corazón de los musulmanes en su tiempo-cimenta por entonces el sultanato sobre los antiguos territorios fatimíes, contribuyendo así a la fortuna de los miembros de su familia, los ayyubíes.
El sultán, asegura Ibn Yubayr, se ha ganado el favor de los muslimes al eximirlos de los impuestos no canónicos, y ha visto aumentado su prestigio merced a la construcción de la imponente cindadela de El Cairo, valiéndose únicamente de esclavos cristianos.
Por Ibn Yubayr sabemos que todavía el zaydismo, secta sMl moderada, ocupaba sólidas posiciones en la península arábiga.
Escandalizado cuenta que el emir de la Meca pertenece a esa secta.
Las masas, no obstante, se abandonan al sunnismo restaurado por Nür al-Dín y Saladino, así como por los alfaquíes salidos de las madrazas, cuyo estrecho dogmatismo ha de favorecer, por lógica reacción, la expansión del sufismo.
Ibn Yubayr nos habla de la enseñanza que se da en las famosas mezquitas, en rincones o anexos (zãwiyá) consagrados a ese efecto, o en corros (halqá) alrededor de un maestro.
Preciosas son las noticias de Damasco, donde constata nuevas formas institucionalizadas de ascetismo: las cuevas del monte Qasiyün que han sido símbolo de la vida eremítica pasan a ser en su tiempo cenobios.
Asiste por decirlo así al nacimiento de la institución de la cofradía religiosa (tarlqá), que ha de extenderse por toda la geografía del Islam^.
Se da cuenta del contraste entre las madrazas concebidas como centros de formación de funcionarios, donde los estudios jurídicos alcanzan su más elaborada expresión, y los cenobios sufíes en los que se incita a la exaltación de las prácticas religiosas.
La concurrencia de estas dos instituciones empujaría al shi^ismo a un segundo plano de la vida musulmana.
Aun asíjv ciertas prácticas shí'íes serán mantenidas por la ortodoxia sunní.
La ruina política de los fatimíes no disminuyó en nada el culto dado a las tumbas de los santos descendientes de'Ali y Fátima, hija del Profeta.
Así, a despecho del anatema que algunos doctores emitirán contra el culto de las tumbas de santos y santones de toda laya, se irá imponiendo cuasi por doquier esta práctica; práctica con la que Ibn Yubayr se muestra de acuerdo, en vista de que no elude visitar los cementerios, a fin de rezar ante los sepulcros de los santos y alcanzar para sí el don carismático de su bar acá.
También la Rihla ofrece datos valiosos sobre el reino normando de Sicilia, haciendo hincapié sobre todo acerca de la situación de los musulmanes, observando a los hombres y las cosas sin excesivas mediatizaciones ideológicas, con criterio independiente y sincero.
Habla de las Viajes del andalusi Ibn Yubayr al Oriente funciones que ejercen los musulmanes en la corte del rey Guillemos II, a éstos se les exige tan sólo una conversión de circunstancias, pues continúan practicando los deberes rituales islámicos casi a la vista del rey.
Mucho peor pinta la posición de los notables provinciales, que llevan mal su situación de tributarios.
Ibn Yubayr se da cuenta de que la vida material en la isla es fácil y desahogada, que los musulmanes tienen mezquitas, poseen sus propios mercados y son administrados por los dirigentes de su credo; pero como creyente no puede aprobar el envilecimiento de la condición tributaria de los musulmanes sometidos a los cristianos.
Con igual talante habla del rey Cerdo (Balduíno IV) y de la reina Cerda (Agnes, madre del rey), en los territorios de los cruzados en.
Palestina; mas no por ello deja de reconocer que los campesinos musulmanes viven más prósperamente bajo la dominación de los occidentales, que bajo la férula de los príncipes turcos y kurdos de las ciudades y regiones limítrofes.
Admite que los francos establecen con los musulmanes acuerdos razonables, lo cual les permite vivir en paz y seguros; por más que se sienta molesto por la convivencia y la tolerancia que supone la existencia de edificios para el culto compartido por miembros de las dos religiones.
Todo ello, según Ibn Yubayr, entraña el desorden (fitnd) y la confusión, en otras palabras: tales cosas no pueden llevar si no a la seducción y a la apostasia.
Con todo, sinceramente reconoce y relata las injusticias y los abusos cometidos por sus correligionarios, dándonos así una relación de la inmoralidad vigente en ciertos usos y en diversos lugares.
Pasaje sin desperdicio es ese donde cuenta las vejaciones a las que son sometidos los viajeros en la aduana del puerto de Alejandría (cosa que sucede sin que lo sepa Saladino, puesto que de saberlo, según Ibn Yubayr, no sucedería); tropelía esta tan censurable como las exacciones sufridas en'Aydãb, en Nubia, o en el propio Hiyãz o en Siria, tanto más cuanto a los que se hacía víctima de ellas eran también musulmanes.
Ibn Yubayr comprueba la falta de sensibilidad de las autoridades musulmanas ante tales desmanes.
No se llama engaño, se da cuenta muy bien de la hipocresía de las gentes de la Meca que viven del sagrado santuario y de la explotación y del comercio de las cosas santas.
Ello no impide, sin embargo, que sienta una gran emoción al participar en los ritos de la peregrinación.
Las informaciones, en fin, que procura Ibn Yubayr son muchas y de todo tipo: militares, políticas, religiosas, económicas, arqueológicas etnológicas, folclóricas, culturales, etc. Capítulos valiosos son los relativos a la navegación en el Mediterráneo.
El primer hecho que resalta es que las grandes travesías marítimas (Ceuta-Alejandría, San Juan de Acre-Mesina y Tràpani-Cartagena) las efectúa a bordo de naves geno vosas y que los otros barcos encontrados en ruta, cargados de peregrinos, sean también genoveses.
Los cristianos en posesión de Córcega, Cerdeña, Sicilia, Malta, Creta y Chipre disponen de las escalas adecuadas para efectuar viajes de largo recorrido.
Estaban ya lejos los tiempos aquellos en que, al decir de Ibn Jaldün, los cristianos no «osaban hacer flotar una tabla» en el Mediterráneo.
Los párrafos referidos a la'umra de ra^ah son el documento único de una ceremonia pagana bien individualizada, que sigue estando viva en la Ciudad Santa cinco siglos más tarde del advenimiento del Islam, pese a todos los esfuerzos del Profeta por englutirla en el hay y, en la peregrinación.
Así mismo describe las características y los pormenores de los principales monumentos que visita, en los capítulcfe dedicados al santuario de la Meca, a las mezquitas de Medina y Damasco, a los edificios de la ciudad de Palermo y a los de otros muchos lugares; son en sí mismos documentos esenciales para la arqueología musulm»ana.
(Se puede decir que casi la mitad del libro va dedicada a esta rúbrica).
Por donde quiera que pasa sitúa los monumentos interesantes en el contexto de la ciudad.
Elementos literarios de la Rihla de Ibn Yubayr
Ibn Yubayr, desde el punto de vista literario emplea dos formas estilísticas: frente a la enumeración rauda y precisa del dato cronológico y de las jornadas de viaje, se contrapone el pausado movimiento o la parada del curso del relato.
Así, por ejemplo, relata de forma simple y clara las etapas de la caravana escrupulosamente enumeradas -nota ésta que por sí sola caracteriza el género rihla-Indica las aguadas, los ríos, los montes, describiéndolos y consignándolos con sus nombres; se fija en el aspecto del terreno por donde pasa, en su fertilidad o esterilidad; la manera de vivir de sus habitantes..., sin olvidar los incidentes más relevantes que sobrevienen «en esa sociedad en marcha que es la caravana».
Por otro lado, el relato se ralentiza cuando, por ejemplo, el viajero llega a una ciudad, entonces nos habla de su emplazamiento, y del agua de que dispone el lugar; nos ofrece toda la información que ha podido recoger sobre el sitio en cuestión y su población: el número de habitantes, su mentalidad, sus costumbres, la actividad comercial; para lo cual nos conduce a los mercados y nos muestra los productos agrícolas o manufacturados del país, y de paso nos habla de las regiones circundantes.
Nos hace visitar y contemplar las mezquitas de la ciudad, los cementerios, detenién-
dose ante las tumbas de los personajes notables.
En definitiva, nos provee de innumerables datos sobre las costumbres de las gentes de los lugares por los que transita, y, por supuesto, hace asistir al lector repetidas veces a sermones y reuniones piadosas, haciéndolo participar en esas sesiones de fervor y en las formas del sentir religioso de su tiempo.
En la Rihla existe, por otra parte, una gran preocupación por el tiempo, y este rasgo cobra valor estilístico a lo largo del relato.
Todo hecho, todo suceso, todo accidente se presenta incluido en la dimensión temporal, pero ésta es de suyo más cualitativa que cuantitativa.
Ibn Yubayr para señalar cualquier momento del día lo hace recurriendo a los hitos temporales marcados por los momentos de la oración ritual, de esa manera la simple percepción del tiempo se llena siempre de contenido religioso.
Cuando se trata de fechas, el autor se preocupa de dar con gran cuidado la equivalencia o concordancia de las datas musulmanas con las del calendario cristiano.
La cronología se presenta así como elemento diferenciador, siempre presente, de las creencias de dos mundos, aunque complementarios, profundamente diferentes entre sí.
La parte central de la Rihla, en fin, la constituye el relato de las ceremonias y los pormenores de la peregrinación en la Meca y en Medina.
El autor nos dibuja un cuadro completo de todas las manifestaciones rituales del ha}^)^, con la descripción minuciosa de los Santos Lugares.
Con él vemos lo que se hace y lo que él hace; ningún detalle, ninguna anécdota relacionada con el lugar se olvida.
El estilo de la Rihla de Ibn Yubayr es, pues, a la vez narrativo y expositivo.
Intercala comentarios y reflexiones de índole variada, llegando en ocasiones a una amplitud minuciosa y prolija; con ello consigue, al tiempo que narra una serie de sucesos, explicar el entorno geográfico y las gentes que lo pueblan, sus costumbres, sus vicios y virtudes, sus recursos, etc. Puede, en consecuencia, mostrarse preciso en la relación de los acontecimientos, en los pasajes narrativos, o bien recargar de florituras su discurso, echando mano de los recursos de la prosa rimada y de los juegos de palabra, cuando, por ejemplo, trata de hacer un bosquejo acerca de una región o de dar una serie de generalidades sobre un determinado país, al describir una ciudad, o al expresar los sentimientos que las tempestades suscitan en él.
A veces, especialmente cuando quiere resultar solemne o sentencioso, inserta en su discurso aloyas coránicas o hadíts (dichos o hechos del Profeta), o versos de reputados poetas, o bien simples dichos proverbiales, sirviéndose conscientemente de estos materiales diversos para conseguir el efecto deseado.
Su expresión, sin embargo, puede volverse viva, aun-Viajes del andalusi Ibn Yubayr al Oriente que sin exageración, mostrándose como un artista consciente de sus medios y muy hábil en la elección de los detalles característicos y pintorescos; no es extraño entonces que utilice palabras populares en tono vivo, tan rico en colorido y observaciones que hicieron de su relato una obra maestra, tanto desde el punto de vista histórico como literario.
V. Influencia de la Rihla de Ibn Yubayr
De ahí que la relación del viaje de Ibn Yubayr fuera tratada casi como un bien mostrenco del que no pocos se aprovecharon, especialmente el tangerino Ibn Battuta -por citar sólo al más conocido-cuando mandó escribir sus andanzas (725/1325 -754/1353) al andalusi Ibn Yuzayy.
Desde el siglo XIX, en efecto, muchos estudiosos observaron la profusión de párrafos que en su rihla coincidían con el texto de Ibn Yubayr.
Uniendo sus observaciones^ a las realizadas por nosotros, se puede asegurar que unas 250 páginas de la rihla de Ibn Battuta están copiadas más o menos directamente de la de Ibn Yubayr.
Sin ser exhaustivo, sirvan de ejemplo los siguientes datos: en su descripción de la ciudad de Alepo, Ibn Battuta copia lo dicho por el andalusi, y tan sólo muestra independencia cuando añade al final los nombres de los jeques o sabios encontrados en dicha ciudad.
En su relato acerca de Damasco sucede prácticamente lo mismo, aunque readapte los materiales a su modo, terminando con los jeques de quienes escuchó sus lecciones.
Pero es en la descripción de Medina y de la Meca, y en la relación de su viaje a través de Arabia hasta Kñfa, donde, pese a ciertos arreglos y adaptaciones, se observa de manera concluyente el plagio.
En cuanto a lo que dice en el itinerario de Kufa-Bagdad-Nisibín-Maridín, casi enteramente proviene de Ibn Yubayr.
Terminemos diciendo que no es creíble que la mezquita de Alepo, descrita por Ibn Battuta, fuese la misma que vio Ibn Yubayr; habida cuenta que fue quemada por los armenios en 1260; ni tampoco la de Medina, parcialmente destruida en 1265.
Por más que fuesen reconstruidas de inmediato, debieron existir diferencias con respecto a los edificios anteriores.
Es imposible que la descripción de Bagdad de Ibn Yubayr fuese aplicable a la misma ciudad en 1330, cuando sabemos que la mezquita aljama y los palacios califales fueron destruidos por las hordas de Hülagu y la ciudad terriblemente saqueada.
En resumen, muchas de las informaciones que procura Ibn Battuta tienen que ser manejadas con precaución, él no pudo ver en el siglo XIV lo que vio Ibn Yubayr en los |
El siglo XIII y sobre todo los dos siguientes, el XIV y el XV, siglos que Johan Huizinga evocaría como «el otoño de la Edad Media»^ parecen haber sido especialmente fértiles en viajes a mundos remotos.
Frailes y nobles, comerciantes y aventureros europeos unidos en épicas jornadas llegarían a regiones tan remotas como el corazón de Mongolia, el Mar Rojo o las islas de Java y Sumatra.
Y entre las vidas, los viajes y los recuerdos de fray Guillermo de Rubruck, Marco Polo o Niccolò dei Conti, redescubrimos nosotros el valor y las aventuras de viajeros españoles que, como Ruy González de Clavijo o Don Pero Tafur, escribieron libros hoy estimados entre los mejores de aquel otoño primaveral, que acabaría con el amanecer de América y la inmensidad abierta del océano hallado al otro lado del cabo de Buena Esperanza.
Sin embargo, los inicios del siglo XIII nos parecen del todo opuestos a la experiencia viajera, con la caída de Jerusalén (1187) y la dramática reducción del reino latino de Oriente.
Pero sucedió todo lo contrario.
Peregrinos y comerciantes siguieron teniendo paso franco y además, la angustiosa búsqueda de aliados frente al Islam animarían viajes distintos a regiones mucho más remotas de Oriente, más allá de Mesopotamia y el Irán, en busca del Preste Juan^.
La noticia de que al otro lado del mundo musulmán existía un poderoso reino cristiano llegó a Occidente a mediados del siglo XII, al transmitirse un rumor propalado en Siria sobre la existencia de un rey cristiano, llamado Juan, que era preste y señor al tiempo de un imperio que estaba más allá de Persia^.
Puede que la corrupción del título real de las estepas, «jan», transmitido de unos a otros, derivara en la leyenda de un rey Juan, que se creía -se necesitaba creercristiano.
Desde 1150, primero el emperador de Constantinopla y luego el del Sacro Imperio y el Papa fueron recibiendo una carta de aquel rey y supuesto Preste Juan^, una falsificación interesada para animar la in-tervención.
Pero la embajada enviada en 1177 por el Papa Alejandro III nunca regresó.
Y poco a poco empezó a desvelarse la verdad.
Hacia el 1219, cuando en Europa empezaba a fi^aguarse el gran enfi: entamiento entre el Papado y el emperador Federico II, Gyngis Jan comenzaba la conquista y destrucción del gran Sultanato de Jorezm^.
La noticia corrió por Oriente a través de los cristianos nestorianos, ortodoxos y católicos, pero la ilusión en un aliado providencial se reveló vana, cuando los mongoles aplastaran a los cristianos del rey Jorge IV de Georgia (1221) y a los príncipes rusos el año siguiente.
Y no mucho después, la gran Rusia de Kiev caería en la batalla del rio Sit (1238).
La catástrofe que arrasó el brillo del primer gran estado ruso^ significaba también la aniquilación de un gran reino cristiano, tratado con una crueldad que destruía las esperanzas.
En 1241 la caballería mongola entraba en Polonia, Hungría y Austria, y sólo la noticia de la muerte del Gran Jan Ogodai hizo que Batu se retirara con el ejército para luchar por la herencia.
Lo dramático de la situación en Europa y Palestina movió al Papa Inocencio IV a enviar, en 1245, una misión encabezada por el ñ*anciscano fi: ay Giovanni di Pian di Carpine^.
Primer europeo en entrar en la corte de Karakorum -más allá del desierto de Gobi, en la remota región de los montes de Yangaï, junto al río Orjon-, su embajada no tuvo resultados, aunque le sirvió para escribir una Historia Mongalorum quos nos Tartaros appellamus, llena de curiosas observaciones sobre sus costumbres y su imperio, y para que otro fi'aile dictara un relato sucinto del viaje^.
Pero nuestra historia siguió su curso.
En Occidente, Castilla y Aragón acababan la reconquista: Fernando III recuperaba casi toda Andalucía (1248), y Jaime II liberaba todo el Levante.
Desde entonces, ambos reinos empezaron a mirar hacia el exterior: Alfonso X aspirando a la corona del Sacrq Imperio, y Pedro III de Aragón conquistando Sicilia en 1282.
Pronto, los comerciantes peninsulares navegarían por todas las rutas mediterráneas, y tras ellos habrían de llegar los peregrinos y los embajadores.
Mientras tanto, entrada ya la segunda mitad del siglo XIII, la necesidad política iba a decidir curiosas amistades y viajes asombrosos.
Cuando la Cruzada de San Luis ñ'acasaba, el rey firmó una alianza con los asesinos y su Maestre de Maysad, y en 1253, ante la supuesta conversión al cristianismo de un príncipe mongol, envió una embajada encabezada por el dominico ñ*ay Guillermo de Rubruck^.
Como el trayecto por los reinos musulmanes parecía difícil, la misión navegó a Constantinopla y de allí a Crimea, parte entonces del imperio del Gran Jan. En el Volga alcanzó el campamento de Batu, y el 27 de diciembre del mismo año llegó a Karakorum, capital de Mongka.
De sus entrevistas, observa-cienes y disputas teológicas sabemos gracias a su magnífico relato Itinerarium Willelmi de Rubruc ad partes orientales, que como escriben Cl.-C. y R. Kappler, no es una simple relación sino «todo un paisaje», que une su misma aventura con la historia, geografía, religión, costumbres halladas o las anécdotas vividas.
Y tras un epopéyico viaje de vuelta de más de diez mil kilómetros, tras bordear el Mar Caspio y cruzar el Cáucaso y parte de Anatolia, llegó a Acre el 15 de agosto de 1255.
Es obvio que las embajadas eran de resultados cortos, porque los reinos cristianos de Europa parecían irrelevantes a los mongoles.
Poco después de la embajada de ñ-ay Guillermo, el Gran Jan decidió la conquista de China y del Oriente islámico.
Mientras él se orientaba al este, su hermano Hulagu entró en Irán, acabó con la secta ismaelita y sus fortalezas y, en 1258, arrasó Bagdad poniendo así fin al califato^^.
La caída de los «asesinos» alegró a todos, pero la muerte del último Califa y la feroz destrucción de Bagdad llenó de consternación al mundo islámico.
Cuando en 1260 las tropas mongolas entraron en Aleppo y Damasco, y en esta última unidos Bohemundo de Antioquia, Het'um de Armenia y el general cristiano nestoriano de Hulagu Kitbuqa, parecía que el sueño nacido con la leyenda del Preste Juan estaba a punto de cumplirse^^ Pero contra lo que podría esperarse, las autoridades cruzadas prefirieron apoyar al sultán mameluco -posiblemente por presiones e inconfesables intereses de los venecianos-, y a comienzos de septiembre del mismo año, cuando Hulagu había abandonado Siria a causa de la muerte del jan, su general Katbuqa fue derrotado en la batalla de Aïn Yaluf.
Con la victoria mameluca quedaba sellado el destino de los reinos latinos.
Luego y sucesivamente, el nuevo Gran Jan Kubilai se orientó hacia China, los mongoles de Irán se islamizaron y los reinos cristianos se extinguieron para siempre con la caída de Acre el 18 de mayo de 1291.
Pero antes, Marco Polo había abierto todavía más el mundo conocido con su viaje hacia la corte de Kubilai en Pekín (1271), durante el cual cruzó Armenia, el Irán mongol, el Pamir, las estribaciones meridionales del desierto de Taklamakán y ya por China, hasta el Ordos y Pekín.
De su viaje, de los casi veinte años que allí residió y de la remota China de Kubilai se sabría gracias a su famoso libro II Milione, dictado hacia 1298 a Rustichello de Pisa^^.
Ya entrado el siglo XIV, Oriente y Occidente iniciaron una nueva etapa.
La Guerra de los 100 años consumiría las energías de una buena parte del continente europeo, mientras que los reinos peninsulares remataban la reconquista y miraban más allá de sus costas.
En 1340, Alfonso XI aplastó a los benimerines en la Batalla del Salado y encerró al residual reino de Granada dentro de fronteras limitadas: Portugal y Castilla comenzaron a navegar por el Atlántico -en 1344 el Papa donó las Islas Canarias a Don Luis de la Cerda^^-y Aragón, que ya dominaba Sicilia desde 1282, obtuvo en 1324 Cerdeña, y en 1381 el Ducado de Atenas.
Pero todavía, y durante todo aquel siglo, los viajeros europeos siguieron siendo fundamentalmente italianos, como fray Odorico da Pordenone, que en 1318 inició un largo viaje hasta China -donde residió muchos años-, y a la vuelta del cual escribió un relato que alcanzó cierta fortuna pese a su sequedad descriptiva^^.
Tras atravesar Mesopotamia y Persia, le corresponde a él la primera mención conocida de las ruinas y ciudad de Persépolis, aunque la llamara Comerum, ignorando su antigua y verdadera estirpe.
Más tarde, Benedicto XII enviaría al franciscano Giovanni de Marignolle como embajador a la corte del Gran Jan en Pekín.
Por encargo del emperador Carlos IV escribió una Crónica de Bohemia, en la que incluyó la historia de su viaje de ida y vuelta, describiendo al paso sitios y monumentos tales como la que llama «torre de Nembrot» {sic), probablemente y tras la de Benjamín de Tudela, una nueva mención a las ruinas de Birs Nimrud^^.
Notables fueron también en el siglo XIV la vida y viajes de Ibn Battuta, el célebre viajero tangerino, que sería autor de una monumental rihla, género literario fundado por Ibn Yubair^^, en el que narraba sus legendarios viajes por sitios tan distantes como Egipto, Siria, Arabia, las costas africanas, Anatolia, Asia Central, Irán, India y China.
Pero claro está, el manuscrito árabe sería poco conocido en el Occidente cristiano, lo que no ocurriría con un libro escrito en francés por un tal Sir John Mandeville, autor en realidad de un relato escrito a partir de otros documentos, con los que el autor se atrevía a narrar un supuesto viaje por Oriente Próximo, Egipto, Etiopía, India, Mongolia y China^^.
Con el siglo XV, aquel «otoño de la Edad Media» que al principio evocábamos, desembocaría en la primavera de una nueva época.
Naturalmente, en Oriente se revelaban nuevos peligros con el alud de los turcos, que tras ocupar Anatolia entraron en los Balcanes dejando aislado al agónico Imperio Bizatino.
La implicación castellana en la escena internacional hizo que Enrique III enviara embajadas a Tamerlán, nuevo jan de los mongoles.
La primera, compuesta por los nobles Payo Gómez de Sotomayor y Hernán Sánchez de Palazuelos, asistiría asombrada a la gigantesca batalla de Angora de 1402, donde Tamerlán venció, muriendo el sultán Bayaceto^^.
La segunda, fruto obligado de este contacto y del mutuo interés de Tamerlán y Enrique III, la embajada de Ruy González de Clavijo, en quien hoy reconocemos a uno de los más grandes viajeros, autor de un libro excelente.
En aquel siglo, los venecianos seguían comerciando por todas las rutas, como Niccolò dei Conti, viajero que había de recorrer regiones inmensas, pasando por Siria, Mesopotamia, el Golfo Pérsico, la India, China, Java, Sumatra, Ceylán, las costas del Mar Rojo y Egipto^^, y con el que en su retorno, uno de nuestros grandes viajeros, el noble peregrino Don Pero Tafur, mantuvo un encuentro de todo punto asombroso.
El siglo estaba acabando cuando el embajador Giosafat Barbaro fue enviado a Irán en 1473, en busca de alianzas contra los turcos, iniciando un viaje en el que tendría ocasión de visitar y describir escuetamente las ruinas de Persépolis, Naqs-i Rustan y Pasargada^^.
Pero más importante para la historia del mundo sería sin duda la asombrosa misión secreta encomendada por Juan II de Portugal a Pedro de Covilhao: averiguar si realmente se podía llegar a la India caboteando las costas del continente africano.
Partió en 1487, por Egipto y el Mar Rojo alcanzó el Oceano índico y la India, haciéndose pasar por un comerciante musulmán.
Desde aquella fue a Ormuz, y aprovechando los Monzones navegó hasta Mozambique, conociendo allí la certeza de la navegación en torno a África.
Vuelto a El Cairo envió a Portugal tan valiosa informa-ción^^, pero quiso la fortuna que a fines de enero del año 1488, Bartolomé Dias doblara el Cabo de Buena Esperanza, y aunque los marinos no volvieran a Lisboa hasta diciembre del mismo año, el mensaje de Covilhao llegaría sólo en 1491.
Con el suyo y otros más acababa también la leyenda del Preste Juan, pero a cambio los límites del mundo se abrían inabarcables.
Editorial EDAF,S. A.,Madrid., ^ No hay demasiados estudios sobre la cultura y la historia de la Rusia del Principado de Kiev, fuera de la bibliografía estrictamente rusa.
Para un estudio histórico detenido del periodo y un anáUsis detallado de la brillante cultura de la región entre los siglos IX y XIII véase DONNERT, E. (1983): Das Kiever Russland.
Sobre la campaña de los mongoles y su prolongación en la Europa Central véase también GROUS- SET, R. (1991), op. cit., pp. 306-310.
Sobre la ocupación de Siria y la derrota y muerte de Kitbuqa, |
Política exterior oriental de Enrique III
El propósito de este artículo es mostrar el motivo y el contenido de un relato que se dice que
Francisco López Estrada otros señores y el acompañamiento correspondiente, al Oriente próximo, especialmente hasta Samarcanda, la ciudad más representativa de aquella región, donde todos se entrevistaron con Tamorlán.
Enrique III, que reinó de 1390 a 1406, quiso establecer relaciones con este caudillo, que vivió una azarosa vida de 1386 a 1405 y que había logrado reunir un imperio muy extenso y poderoso en el Asia Media.
A Tamorlán se le dieron también otros nombres, tales como Timur y Timurlenque (Lenk, el cojo, pues lo era), Tamurbeque, Timurbeque, y asimismo en latín y otros idiomas se le conoció como Tamerlan, el nombre común que se acomodó en Europa, tanto en los libros como oralmente entre mercaderes y viajeros.
En España también se le ha llamado, sobre todo en formas escritas, Tamerlan, pero la forma castellana que más arraigó en la lengua histórica fue la de Tamorlán, y así lo llamaremos aquí.
Las relaciones concretas entre Tamorlán y Enrique III se encuentran entre las varias y diversas que emprendió el rey castellano en su política exterior en la parte oriental de Europa, y enlazaron su reino, de dimensiones geográficas relativamente pequeñas y situado en el occidente europeo, con el gran imperio que Tamorlán había formado en el Oriente Medio.
Es un episodio que pertenece a los años finales de la vida del emperador oriental, y que, por otra parte, se relaciona con las normas de la conducta política del Rey castellano, al que no asustaba enviar a sus súbditos predilectos a viajes tan largos como este, para que le trajeran noticias ciertas de otras tierras.
Esta embajada a Tamorlán fue la más importante, por la distancia a la que se hallaba y la nombradía y categoría social del personaje a la que iba dirigida.
Enrique III pretende en su reinado una política que busca la paz con los monarcas vecinos, excepto con los árabes que bordean su reino, considerados como enemigos seculares.
De ahí la guerra contra Granada que el Rey prepara, con la aprobación de las clases sociales.
Por otra parte, las cuestiones del Cisma ensombrecen la política religiosa; las relaciones con Portugal mejoran, y son buenas las conversaciones comerciales que se entablan con Flandes, Bretaña, Inglaterra y Alemania.
Enrique III pretende solucionar con su voluntad de pacificación los problemas interiores, y en parte lo logra.
En el exterior, África le atrae, la parte de las costas cercanas e incluso otras, más lejanas, las fronterizas con Asia.
El Rey quiere conocer y saber de estas tierras, sobre todo de las orientales, de las que tenía informaciones confusas.
Especialmente atiende a las noticias que son novedad: las relativas a la aparición de Tamorlán, con su asombrosa victoria lograda frente a los turcos.
Poco años antes, en 1386, Turquía había derrotado en Nicópolis a un escogido ejército de caballería 518 Francisco López Estrada occidental europea, lo que representaba un peligro para la Europa orientai.
Pero los turcos sufrieron en 1402 una derrota infligida por el caudillo Tamorlán.
En un encuentro bélico inesperado, el caudillo oriental venció e hizo prisionero a Bayaceto en Ankara.
Por ello, Enrique III quiso aprovechar la ocasión, y con voluntad pacificadora procuró entablar relaciones con la renovadora personalidad de Tamorlán, buscando los medios más idóneos para lograrlo.
Los embajadores y su función amistosa
Las historias que se refieren a estos hechos cuentan que Enrique III envió hacia el Oriente europeo a dos súbditos destacados de su Corte, Payo Gómez de Sotomayor y Hernán Sánchez de Palazuelos, para saber de aquellos lugares tan apartados de Castilla.
Los enviados son llamados embajadores, término que se incorpora por entonces a los históricos, y pasa a formar parte del léxico de la diplomacia, que asegura un método de relaciones entre los reyes mediante sus enviados con unos fines determinados, como en este caso^.
Los embajadores se encontraron en aquella batalla entre los turcos y las gentes de Tamorlán, en la que este venció, y Tamorlán trató a los castellanos con benignidad y cortesía.
Cuando estos quisieron volver a las tierras castellanas, fue su voluntad que los acompañara un embajador propio, para trabar conocimiento y amistad con el rey Enrique III.
Se trataba de un acto que en la diplomacia se llama «por procuración», de carácter itinerante.
El embajador de Tamorlán era Muhammad Al-kazi, que en castellano se convirtió en Mohamad Alcagi, y vino acompañando a unas doncellas, que eran cristianas orientales (una, Angelina griega, fue ofrecida al Rey castellano con gran fortuna, pues se convirtió en dama de la corte).
No quiso Enrique III que quedara sin respuesta el señor oriental, y escogió a tres caballeros de su corte, junto con una compañía de gente preparada, para que acompañasen a Alcagi en el regreso a su tierra, y le ofreció también una donación adecuada, que sus embajadores presentaron a Tamorlán.
La elección de los embajadores fue acertada.
El que actuó como cabeza de la nueva embajada fue Ruy González de Clavijo, caballero madrileño que formaba parte de la Corte, y estaba cerca del mismo monarca como su «camarero», o servidor de la Cámara real.
Cuando realizó esta función, era de edad madura.
De entre su actividad poética, queda de él testimonio de una poesía en lengua cancioneril, aunque puede que escri-Ruy González de Clavijo.
La embajada a Tamorlán. biera más.
Casado con una dueña muy honrada, el viaje de Clavijo como embajador hasta Samarcanda fue su hazaña más notable.
Se dijo de él que por ello siempre lo tendrían por noble en Castilla^.
Con él fue también fray Alonso Páez de Santa María, rehgioso de la orden de los Predicadores y maestro en Teología.
Convenía que acompañase a los otros embajadores alguien entendido en religión, pues en el largo viaje tendrían ocasión de tratar con doctores en la ley islámica y buenos conocedores de esta rehgión, y, por tanto, era necesario alguien que supiese Teología en su versión cristiana, y probablemente también en la mahometana.
Y además tenía que conocer otras lenguas distintas de la castellana, como es posible que supiera un fraile de esta orden y condiciones.
Otro de los embajadores fue un hombre de armas, Gómez de Salazar, al que se llama «guarda» del Rey, un oficio honorífico de palacio, que no pudo resistir la dureza del viaje y murió durante el mismo.
Acompañaban a estos unos catorce hombres que llevaban y cuidaban las ofrendas que Enrique III había elegido para Tamorlán; algunos serían escribanos de la Corte, hechos en otras ocasiones a estos quehaceres, que tomaban nota de lo que los embajadores veían y les decían que guardasen brevemente por escrito para elaborarlo después.
Estos cuadernos y los recuerdos que los viajeros conservaban puede que fueran la base de la memoria sobre la que se redactó el escrito presentado al Rey por Clavijo.
Este habría actuado como «autor» del mismo, y a su nombre se situó desde un principio la historia, que alcanza la categoría de literaria, la llamada Embajada a Tamorlán.
De esta manera quedaba memoria de este hecho, iniciativa política del Rey en relación con los países lejanos y orientales con los que quería establecer contacto diplomático.
Los presentes con que Enrique III quiso obsequiar a Tamorlán fueron muy distintos de los que este había enviado al Rey castellano.
No eran como aquellas damas orientales que Bayaceto había aprisionado y Tamorlán había entregado a Enrique III para mostrarle su benevolencia, sino objetos preciosos, como telas de escarlata, junto con tazas y otros objetos de plata, y también pájaros muy apreciados, señoriales, los halcones gerifaltes, cuyo traslado requeriría especial cuidado.
En conjunto, dice el relato que Tamorlán «recibiólo y tomólo y hubo en ello gran placer».
La «Embajada a Tamorlán», manuscritos y libros
Lo más importante que resultó de esta relación establecida entre Tamorlán y Enrique III no fueron ni las damas ni los ricos regalos inter-519 520 Francisco López Estrada cambiados, que se habían de perder finalmente con el tiempo, sino el relato que se escribió contando el viaje a Samarcanda y la vuelta a Castilla de los embajadores de Enrique IIL Este relato nos ha llegado hasta hoy gracias a los manuscritos y después a la imprenta.
El escrito de la relación, titulado generalmente Embajada a Tamorlán, se ha atribuido a Ruy González de Clavijo.
No ha sido escrito en su redacción de una manera personal identificando al autor como tal, sino atribuyendo los hechos que se contaban a «los embajadores», que son la base del sujeto gramatical de la mayor parte de la redacción que cuenta el viaje y sus incidencias.
Esta es la persona verbal que, salvo excepciones, sostiene la redacción del libro, atribuida siempre a Clavijo, se hiciera una lectura pública o personal del texto.
De esta manera, el oyente o el lector participa en las vivencias de cuanto dicen y hacen los «embajadores», que es el equivalente humano del hecho colectivo de la embajada.
He escrito «salvo excepciones».
Las excepciones a las referencias de «embajadores» como el sujeto dominante en la sintaxis de la Embajada se encuentran citadas en un artículo de Patricio E. Mason sobre la sintaxis de la autoría del libro.
Allí se recogen veinte veces el uso expresivo de la primera persona del singular del verbo, y diez y seis, de la de plural.
Son leves variantes cuya interpretación no pide que sea otro autor que el mismo Clavijo^.
Ya que los autores que se citan como los «embajadores» implícitos son tres, y uno muere en el viaje, quedan dos, el referido Clavijo, que es el que siempre se ha considerado como autor, y Fray Alonso Páez de Santa María, que no se ha mencionado como tal, aunque haya sus motivos para hacer alguna propuesta en este sentido.
Esto hace que se entienda que Clavijo sea el narrador más plausible de los hechos del libro y el testigo caracterizador de lo que se dice en él.
Además sabemos que Clavijo había sido escritor, y tenía condiciones y obra de poeta en el género cancioneril.
Por su edad, que le supone experiencia en el uso de la escritura, puede considerársele también como autor de prosa castellana, según requiere el manuscrito, o como inspirador decisivo del mismo.
De ahí que se le tenga el como autor de la obra.
La Embajada a Tamorlán se conserva en varios manuscritos y ediciones.
Su referencia se encuentra en mi edición de Madrid del año 1999^.
Allí doy noticias de los manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid, y otro de la British Library de Londres, y otros de la Biblioteca Real de Palacio (incompleto) y de la Nacional de Madrid.
Y de las ediciones de Madrid, 1582 y 1782; y luego siguen las modernas y las traducciones, que también enumero en mi estudio.
En 2004 he publicado una edición de la Ruy González de Clavijo.
La embajada a Tamorlán.
misma Embajada a Tamorlán en castellano moderno, en que ofrezco una versión actual de este libro^.
Según se dice en esta Embajada, los embajadores, sujeto verbal colectivo del relato, puestos en camino, primero siguen la ruta conocida, la del comercio, la propia de la mayor parte de los viajeros profesionales, en busca de Tamorlán.
No interesa en principio el viaje como tal, sino llegar hasta donde se halle el inquieto Tamorlán para hacerle entrega del mensaje y de la donación que les había confiado su Rey.
El viaje es seguido por los embajadores de una manera continua, y ellos lo cuentan en grado suficiente para que los lectores lo conozcan.
El fin del mismo es Samarcanda, la ciudad que actúa como capital del reino de Tamorlán.
He dividido en diez partes el relato de la embajada: I, De Sanlúcar a Rodas; II, De Rodas a Constantinopla; III, La ciudad de Constantinopla; IV, De Pera a Trebisonda; V, De Trebisonda a Arzinga; VI, De Arzinga a Soltania; VII, De Soltania a Samarcanda; Vili, Samarcanda; IX, De Samarcanda a Trebisonda; X, De Trebisonda a Alcalá de Henares.
La narración del viaje comienza en la parte I con la llegada de los embajadores el 21 de mayo de 1403 al Puerto de Santa Maria.
Al dia siguiente embarcan los viajeros y su carga, los regalos y obsequios del Rey castellano, en una carraca, nave comercial, en la que hacen el viaje hasta Rodas.
Con este fin, parten y pasan el Estrecho de Gibraltar siguiendo hasta Málaga, donde cargan mercancías en su nave; es ocasión de describir la Málaga entonces mora, muy poblada.
Reanudan el viaje y por la costa llegan a Cataluña.
Y después se dirigen hacia las Islas Baleares, donde el 5 de junio entran en el puerto de Ibiza.
Allí los del navio vuelven a ocuparse de las mercancías, y entretanto los embajadores visitan al gobernador de Aragón.
Describen la isla, y siguen después su trayecto y llegan a Córcega y Cerdeña, notando que van paralelos a la terrestre Roma; el 27 de junio llegan al puerto de Gaeta, que se describe, y también el paisaje y población e iglesias, y se cuentan hechos de Ladislao de Anjou.
Una tormenta los azota dos días en el viaje hasta Sicilia, y después llegan a Mesina, y luego por entre las islas y alcanzan Rodas.
Allí visitan al Teniente, que sustituye entonces al Gran Maestre, ausente.
Permanecen en Rodas hasta el 30 de agosto, y no logran obtener noticias ciertas de dónde se halla Tamorlán.
Esta parte de la navegación era utilizada por los que transitaban por el Mediterrá- En la parte II se describe el viaje desde Rodas hasta Constantinopla.
Los embajadores fletan una nave hasta la isla de Chios.
Pasan cerca de las tierras turcas, peligrosas, y llegan hasta esta ciudad, donde han de permanecer hasta el 30 de septiembre.
Fletan otra vez una pequeña nave, y ya están cerca de Constantinopla y navegan entre las islas y los estrechos.
Contemplan el monte Athos, y describen los monasterios y los monjes griegos.
Pasan las bocas de Romania, y el 28 de octubre llegan a Constantinopla, donde los recibe el Emperador con su familia.
En la parte III los embajadores visitan la ciudad, cuya grandeza decadente perciben, y describen en especial las grandes iglesias, como Santa Sofía, San Jorge y otras, y los monasterios, como el Pantocrator.
Los guían el yerno del Emperador, el genovês micer Hilario, y otros servidores, que les muestran lo más notable, y aquellos admiran las numerosas reliquias religiosas.
En la parte IV empiezan por describir la vecina ciudad de Pera, centro comercial, donde han de permanecer hasta el 13 de noviembre, pues no encuentran nave que los lleve hasta Trebisonda.
Por fin hallan una galeota que se atreve al viaje, y el 14 de ese mes embarcan hacia su destino, pero una tempestad los hace naufragar, aunque salvan lo que llevaban y consiguen volver no sin peligros hasta Pera.
El Mar Negro no se puede navegar en el invierno, y han de permanecer en esta ciudad hasta que en la primavera, el 20 de marzo de 1404, reemprenden el viaje marítimo hasta Trebisonda, donde también visitan al emperador del lugar y se preparan para continuar el viaje por tierra hasta Samarcanda.
Han de acomodar los obsequios reales a esta nueva circunstancia de transporte.
En la parte V están aún lejos de los dominios de Tamorlán, y en las primeras etapas les resulta difícil y costoso entenderse con los señores locales.
Llegan a Arzinga y la describen con su mezcla de armenios y griegos.
En esta parte el relato se refiere a Tamorlán, sus nombres y condición personal y a su enemigo Bayaceto y a su padre.
En la parte VI, los embajadores se trasladan desde Arzinga, de donde parten el 15 de mayo de 1404, hacia Soltania, a la que llegan el 16 de junio.
Las jornadas son tranquilas porque, a medida que avanzan en su camino se van encontrando en lugares en que la autoridad de Tamorlán es efectiva.
Van por tierras donde se cuenta que Noé comenzó la repoblación de los lugares terrestres después del Diluvio.
Encuentran a un señor que dice que es católico y que los acoge muy bien.
En Khoy acaba Armenia y comienza Persia.
El 11 de junio llegan a Turis o Tabriz, ciu-524 Francisco López Estrada dad que describen con pormenor, especialmente la mezquita y un hermoso palacio.
Parten de allí el 20, y tienen que protegerse del calor que los acosa.
Alcanzan Soltania el 26, y se ocupan de esta ciudad, sobre todo comercial, en la que se tratan muchas riquezas, como piedras preciosas que llegan de la China.
Hallan al hijo de Tamorlán, con la locura que le causa en parte el prestigio de su padre.
En la parte VII se trata, por fin, de las jornadas que los conducen hasta Samarcanda, donde encuentran a Tamorlán.
En esta parte están guiados y conducidos por emisarios del Señor, que se dispone a hacerles un digno recibimiento.
Ya viajan en caballos del Señor.
El 6 de julio llegan a Teherán, donde los reciben muy bien y los atiende un privado del Señor.
El calor que padecen es mucho.
Allí quedan enfermos algunos de los viajeros, que recogerán en el viaje de vuelta.
El 17 de julio entran en Damonga (Dámghán), que era, acabada la Persia, tierra de la Media.
Viajan por la noche para privarse del calor del día, que les duele mucho, hasta el punto de que muere Gómez de Salazar.
Pasan a Horazania y, sufriendo grandes calores, van acercándose a su destino, y llegan a Anchoy; por lugares ya muy cultivados alcanzan Quix, y pronto alcanzan el objetivo del largo viaje: Samarcanda (Samaricante).
La parte VIII se dedica enteramente a la ciudad de Samarcanda.
Primero llevan a los embajadores a un jardín en donde está el Señor, que con grandes saludos y reverencias los recibe como se dirá.
Después describen las riquezas de Samarcanda, diciendo que es muy abastecida de comestibles y se tratan en ella mercancías de la China (Catay), India y Tartalia.
En la ciudad se celebran grandes fiestas, a muchas de las cuales asisten los embajadores como invitados de honor, y las describen con la riqueza y lujo oriental que las caracteriza.
En esto, Tamorlán cae enfermo y sus ministros despiden a los emisarios que estaban allí, entre otros a los castellanos.
Sin obtener la apetecida respuesta de Tamorlán, que ellos desean, han de emprender el regreso.
El 18 de noviembre de 1404, guiados por un «chacatí» (caballero de procedencia tártara) con cuatro «albaláes»(documentos que les acreditan losmedios de transporte) inician la vuelta a Castilla.
Las partes IX y X cuentan el regreso, después de superar las dificultades en que hallan por la muerte de Tamorlán.
Atraviesan las tierras de Horazania, Media y Persia.
Los problemas políticos de la sucesión del gobierno afectaron a los embajadores, pero por fìn consiguen llegar a Trebisonda, donde comienza el regreso por la vía marítima.
Y la parte última, la X del relato, es breve, pues la vuelta por el mar entra ya en los medios comunes del viaje, y los embajadores se valen de Francisco López Estrada los recursos navieros conocidos.
El 17 de septiembre de 1405 hallaron un barco que se iba a Pera, y lo tomaron, y el 22 de octubre llegaron allí.
Después, en unas carracas de genoveses prosiguieron el viaje, y en medio de grandes tormentas, arribaron a Génova, que es la última ciudad que describen.
Hicieron una gestión con el Papa Benedicto XIII y, por fin, tomaron tierra definitivamente en Sanlúcar.
El 24 de marzo de 1406 terminaron el viaje en Alcalá de Henares, donde hallaron a su Rey Enrique III, que los había enviado a tan lejana embajada, y le dan cuenta de la misma.
Y este es el contenido del relato Embajada a Tamorlán, El imperio reunido por Tamorlán y la variedad de sus súbditos Los embajadores sólo tienen ocasión de testimoniar cómo era el imperio reunido por Tamorlán en su periodo final, pues, tras contar las riquezas de la ciudad de Samarcanda, el emperador oriental prepara la marcha para la invasión de China, y en esta empresa murió.
El periodo último de su gobierno, que es el que han conocido y cuentan los embajadores, es de una gran brillantez.
Tamorlán fue a Samarcanda para comprobar la que era como la capital del imperio que había logrado reunir^.
Los embajadores castellanos lo encontraron allí, y él los trata como un gran señor en los palacios y jardines de Samarcanda.
Hay una especie de identificación entre la capital y el gran señor que perciben los embajadores en cuanto llegan a la gran ciudad y permanecen en ella.
La voluntad de engrandecer la ciudad está declarada de una manera patente, y los medios de que Tamorlán'^ dispone no tienen límites humanos.
He aquí cómo los embajadores interpretan que esto ha acontecido: «...el Señor avía gran voluntad de enoblecer esta ciudat, ca en cuantas tierras él fue e conquistó, de tantas fizo levar gente que poblasen en esta ciudat e en su tierra, señaladamente de maestros de todas artes».
Es decir, que no reconoce origen ni lugar, sino que dominen la maestría en su arte.
Y sigue escribiendo: «De Damasco levó todos los maestros que pudo aver, así de paños de seda de muchas maneras, como los que fazen arcos en que ellos tiran, e armeros, e los que labran el vidrio e barro, que los avía allí los mejores del mundo»^.
Esta era la finalidad: obtener los mejores gentes que trabajen en las más diversas materias del mundo, no importa en lo que sea.
Y menciona después turcos, árabes de distintas naciones, cristianos armenios, griegos católicos, nestorinos y jacobinos.
Y usa su expresión favorita: «avía tantos, que era maravilla»^.
Ruy González de Clavijo.
La embajada a Tamorlán...
Y no sólo había reunido los mejores obreros del mundo a su alcance, sino que Samarcanda era la ciudad mejor abastecida en todo y en lo de mayor precio: « E otrosí esta ciudat es muy abastada de muchas mercadurías que en ella vienen de muchas partes»^^.
Y se cita la procedencia de Rusia, Tartalia, el Catay y la India, con los elogios consiguientes.
Los embajadores proceden de Europa, de su occidente, y estas son las partes orientales de la misma que se les manifiestan como creadoras de una riqueza sin igual, que ellos ponen de relieve y describen.
La variedad de súbditos, aunque fuesen reunidos y forzados por las sucesivas guerras con que Tamorlán los había juntado, es una manifestación que los embajadores perciben en sus viajes a través del imperio del Señor, al que visitan en nombre de su Rey.
Y ellos recogen su última manifestación, la más demostrativa de un poder que está en su más alto grado y, al mismo tiempo, en su término.
Monumentos religiosos cristianos y mahometanos.
Su apreciación e interpretación
Los embajadores tienen ocasión de ver monumentos de las distintas religiones en los lugares por los que pasan y de observar el culto que se celebra en los mismos.
Los que pertenecen a la católica son los propios de sus creencias, y los mencionan según su consideración personal y colectiva.
El latín es la lengua de la iglesia, y uno de los embajadores, fray Alfonso Páez, de la orden de los Predicadores, pertenece a ella; es de suponer que los otros también entienden el latín hasta un cierto grado.
No hay que olvidar que conocen un dicho que les puede valer: «Con latín, rocín y florín, andarás el mundo hasta el fin».
De ahí que la Embajada sea un libro en el que se mencionan iglesias y también monumentos religiosos, siempre que por algún motivo hayan llamado la atención de los viajeros.Y en los testimonios del comienzo de la narración abundan los católicos por la naturaleza del trayecto.
La devoción se aprecia, por ejemplo, en Gaeta: «En esta ciudat ha una iglesia muy devota, en que han las gentes muy gran devoçón; y es llamada Santa María el Anunciada.
E delante está otra iglesia devota, que es llamada sant Antón.
E encima d'esta iglesia de santa María, está un fermoso monesterio de sant Francis-QQyyii jjg aquí que la devoción se reúne con la apreciación de la hermosura del monasterio y la devoción que causa el grupo de edificios.
Sin embargo, hay pocas ocasiones en que los embajadores tienen ocasión de manifestarlo, pues pronto se alejan de lugares como este.
A medida 528 Francisco López Estrada que entran en el Oriente, la contemplación de los monumentos de orden católico disminuye, como es lógico.
En Constantinopla tienen ocasión de describir monumentos e iglesias de gran relieve; algunas de ellas se hallan en estado ruinoso.
Los datos que se recogen en estos casos son ya propiamente arqueológicos; el efecto de su contemplación en los embajadores no es de religiosidad, sino de «extrañeza».
Pondré como ejemplo el caso de la primera iglesia de la gran ciudad que ellos visitan y describen: «La primera cosa que les fueron mostrar fue una iglesia de sant Johan Bautista, que llaman sant Juan de la Piedra, la cual iglesia está cerca del palacio del Emperador.
E luego, encima de la su entrada primera d'esta iglesia, estava de una figura de sant Juan muy rica e muy debuxada, de obra de musica (mosaico).
E junto con esta puerta, estava un chapitel alto, armado sobre cuatro otros; e so él pasan para entrar al cuerpo de la iglesia.
E el cielo d 'este chapitel e las piedras d' él es todo imaginado de imágenes e figuras muy formosas, de obras de musica.
La cual obra de musica son de unos pedaçuelos muy pequeños, que son d'elles dorados de fin oro, e d'elles de ezmalte e azul e blanco e verde e colorado e de obras muchas colores (...); así que esta obra paresce extraña de ver»^^.
He aquí una primera descripción de la obra de mosaico, que los embajadores contemplan por vez primera (o al menos así la describen); declaran su «extrañeza» y la ponen de manifiesto con una evidente apreciación de una realidad artística nueva y asombrosa para ellos.
Y, con igual aprecio por una realidad artística que les es ajena, recorren los numerosos monumentos de Constantinopla, y aprecian sobre todo su decadencia: «Otrosí por esta ciudat de Costantinopla ay muy grandes edeficios de casas e de eglesias e de monesterios, que es lo más d'elio todo caído.
E bien paresce que en otro tiempo, cuando esta ciudat estava en su virtud, que era de las nobl's ciudades del mundo.
E dizen que oy en día ha en esta ciudat bien tres tres mil iglesias, entre grandes e pequeñas»^^.
Como los viajeros están meses en Constantinopla, les da también tiempo de ver los monumentos civiles.
Al no mezclarse cuestiones religiosas, tienen el juicio más libre al contemplarlos.
Este es el caso del Torneamiento (o sea el Hipódromo), en que los embajadores enjuician el monumento (o construcción civil) según su uso, que es actual para ellos, aunque fuese en su origen muy distinto, lo que da originalidad a su aprecio.
Dice el texto: «Este día les fueron mostrar un campo que está en la ciudat que es llamado el Torneamiento, onde solían justar e tornear, el cual es cerrado de mármol's blancos, e tan gruesos cuantos tres o más podrían abraçar; e tan altos como dos lanças de armas o más.
Los cuales Ruy González de Clavijo.
La embajada a Tamorlán. mármoles fueron puestos por compás, uno ante otro alderredor(...).Todo lo qual era fecho a efecto de que sobre estos dichos mármoles acostumbravan a estar las dueñas e doncellas e gentil mugeres cuando miravan las justas e torneos que allí se fazían»^^.
He aquí el aprovechamiento social que obtiene el monumento de la Antigüedad en la época de los embajadores, y que tienen ocasión de testimoniar.
Los mármoles^^, que acaso son las estatuas que ven, sin que tengan que ver para ellos con un criterio estético ajeno, se mezclan con las justas y torneos del tiempo medieval, que es el propio de los embajadores viajeros, y que para ellos representa su realidad artística, lo mismo que para las dueñas y doncellas.
En Pera tienen ocasión de admirar dos monasterios religiosos, el de san Pablo y el de San Francisco^^.
Y ya se les acaba la contemplación de la catolicidad.
En Trebisonda describen el culto armenio, ya diferente del católico, y luego, por el trayecto terrestre penetran en el mahometismo, religión ajena para ellos, pero cuya gracia arquitectónica reconocen; también notan la diferencia de vestimenta como signo de hallarse rodeados de otra cultura, sobre todo en las mujeres.
Cuando pasan por Tabriz, dicen de la ciudad: «E por la dicha ciudad ha muchas rúas e calles muy ordenadas, ca entre estas calles e rúas venden muchas cosas, e están oficiales de muchas maneras, muy bien ordenadas.(...)»
Y sigue la descripción: «E es ciudat de gran bollicio e de muchas mercadorias.
E en un lugar d'estas alcaicerías están unos omnes que venden muchas oluras e afaites para las mujeres, e ellas mismas vienen allí a lo comprar, e se afeitan e untan con aquellas cosas.
E vienen todas cubiertas con savanas blancas, e ante los ojos, unas redes de sedas prietas de cabellos.
Así van cerradas, que no las pueden conoscer».
Y esta descripción de la ciudad y del mercado femenino enlaza con la de la hermosura de la arquitectura, que los viajeros resaltan por su colorido, y se manifiesta la belleza apreciada alrededor de las mezquitas: «En esta ciudat ay muy grandes edificios de casas e mezquitas, fechas de maravillosa obra de azulejos e de losas e de azul e de oro e obra de gesería, e vidrieras muy formosas e muchas»^^.
Pero antes los viajeros, que manifiestan su capacidad de apreciar esta hermosura, notaron también los rasgos contrarios: « E domingo siguiente fueron dormir a una aldea que ha nombre Mular Chemon, que quiere decir el aldea de los locos.
E los que en esta aldea bivían eran moros como hermitaños que han nombre caxistres, e mucha gente de moros vivían allí e venían a ellos como en romería; e muchos dolientes allí guarescen; e entre ellos avía un mayoral que le catavan mucha onra e dezían que era santo. (...)
E estos hermitaños eran gentes que les fazían muchas limosnas las gentes, e el su mayoral era señor d'esta al- Ruy González de Clavijo.
La embajada a Tamorlan.
E los que d'elles querían ser religiosos e que las gentes los ayan por santos, rápanse las barbas e las cabeças e desmídanse e andan desnudos por las calles, e al sol e al frío; e andan comiendo por las calles e vístense de los paños más rotos, e andan cantando de día e de noche con panderos»^^.
El contraste está logrado.
Los viajeros mantienen la capacidad de notar la belleza de las mezquitas, cuidadosamente construidas, y al mismo tiempo el espectáculo de los que buscan una santidad elemental, lograda con la desnudez y la pobreza manifiesta.
Todo lo contemplan mientras dura su viaje hasta llegar a la gran ciudad, Samarcanda.
No callan ni lo bueno ni lo malo, y por eso la Embajada a Tamorlan es un relato testimonial de primer orden, en que los «los embajadores», así en plural, manifiestan su apreciación de la diversidad del viaje, aunque en alguna ocasión aparezca su singular personalidad.
No solamente el narrador pone su atención en los monumentos y en las diferentes gentes que encontró, sino también en los animales que le llamaron la atención, diferentes de los que conocía.
Entre las novedades zoológicas, es muy notable la aparición de una jirafa (a la que llaman en este texto jornusa), que el Sultán de Babilonia envía a Tamorlan y que se describe minuciosamente (pp. 197-199 de la ed. medieval, 1999, y pp. 136-7 de la moderna, 2004).
Y también son notables las menciones de los elefantes domados (marfiles), que juegan entre el público (citadas, por ejemplo, en las pp. 293-296 de la ed. medieval, 1999, y pp. 219-221, de la ed. moderna, 2004), con la descripción de las habilidades que logran sus domadores.
Otro testimonio de la «Embajada» en el siglo XVII
Además del texto medieval y de los otros citados, otro testimonio confirma que la Embajada se conoció, y es una cita del siglo XVII.
Esta mención se encuentra en un libro escrito por el Maestro Gil González Dávila, impreso cuidadosamente en Madrid por Francisco Martínez, y dedicado a Felipe IV el año 1688^^.
Se trata de una historia de Enrique III, hecha por este historiador.
En la mención de los hechos del año 1403, el cap. LXXII lleva este título «De los Embaxadores que el Rey don Henrique embió al Gran Tamorlan y a Bayaceto, gran señor de los turcos».
González Dávila cita el encuentro entre Bayaceto y Tamorlan con exageración, pues dice que en él se juntaron «dos millones de hombres, que fue el mayor poner que se sabe por historias»^^.
Estas cifras señalan versiones que no son propia-
Francisco López Estrada mente históricas, y se mencionan con otros sucesos y también se mezclan con la historia verídica de Sánchez de Palazuelos y Gómez de Sotomayor, que fueron los primeros embajadores de Enrique III a Tamorlán.
González Dávila menciona también la segunda embajada, la que se estudia en este artículo, y da el nombre de los tres embajadores, Clavijo, fray Alonso Páez y Gómez de Salazar, señalando que el primero es el autor del relato del mismo: «Escriuió vn itinerario asaz curioso Rui González de Clavijo»^^.Y hace un resumen acertado de su contenido real: «...que llenaron cosas marauillosas, que vieron fortunas y trabajos, que pasaron diferencias de cumas, leyes, costumbres y condiciones de gentes»^^.
Y escribe el principio del relato señalándolo casi con las mismas palabras que Clavijo: « En el nombre de Dios, en cuyo poder son todas las cosas, e a honor de la Virgen Santíssima María, su Madre, comencé a escrivir desde el día en que los embajadores llegaron al Puerto de Santa María...»^^.
A continuación sigue un resumen de cerca de tres páginas que testimonian suficientemente que González Dávila disponía de un texto completo, como el publicado en 1582 por Argote de Molina o algún manuscrito.
Acaba el relato diciendo que los embajadores volvieron a Alcalá de Henares, y resume así: «Dando por menor mui larga cuenta de todo, causó admiración, siendo esto el más sustancial efeto que resultó de tan remoto viaje, quedando los Embaxadores en grande veneración con los demás vassallos por lo mucho que auían visto, padecido y vencido en tierras bárbaras»^^.
Termina la mención de los viajeros con el epitafio de Clavijo; «fue sepultado en la dicha Capilla Mayor [de San Francisco de Madrid] en un túmulo de alabastro suntuoso y ricamente labrado con su bulto, y con letras en torno del que decían: «Aquí yace el honrado cavallero Rvi Gonçález de Clavijo, que Dios perdone.
Camarero de los Reyes don Henrique, de buena memoria, e del rey don luán, su fijo, al qual el dicho señor Rey ovo enviado por su Embaxador al Tamorlán, e finó a dos días de Abril, Año M.CCCC.XII.»^^.
Hay noticias de que fue cambiado por otro de la reina doña Juana, mujer de Enrique IV.
También estos datos sobre Clavijo se pueden completar en mi edición de 1943 (pp. LXV-LXXXIV) y otras.
Estas noticias han completado lo que sabíamos sobre los segundos embajadores enviados a Tamorlán, y confirman la Embajada a Tamorlán?^, y a Clavijo, como su autor, según es tradición.
Testimonios actuales de la «Embajada a Tamorlán» Los recientes estudios sobre el libro de Clavijo han aportado más datos sobre el viaje.
He tenido ocasión de reunir noticias complementarias Ruy González de Clavijo.
La embajada a Tamorlán... sobre las menciones de Tamorlán en la literatura española, y las he agrupado en distintos artículos.
Primero me refiero a las que se encuentran en varios textos del siglo XV^^.
Luego, en los de los Siglos de Oro^^.
También se trata del libro de Clavijo en la obra de Carlos Montojo Jiménez La diplomacia castellana bajo Enrique IIL Estudio preliminar de la Embajada de Ruy González de Clavijo a la corte de Tamerlán, en un prólogo publicado en el mismo^^.
Estas son las últimas aportaciones al libro de Ruy González de Clavijo, uno de los que mejor manifiesta el género de los libros de viajes en el último siglo de la literatura medieval española, con el relato del itinerario verídico a Samarcanda, realizado por los embajadores de Enrique III enviados ante el Gran Tamorlán. |
En este breve análisis del viaje de Don Pero Tafur, hemos querido poner el acento en la percepción que tiene de Oriente un representante de la hidalguía castellana de la segunda mitad del siglo XV, para lo que resulta inestimable su relato autobiográfico.
De ahí que únicamente nos detengamos en el recorrido que le lleva a las islas griegas.
Tierra Santa, Egipto y el mundo bizantino y turco.
Como aspecto complementario de esa atracción oriental para el hombre europeo de la época, dedicamos un espacio al encuentro del aventurero andaluz con el célebre mercader italiano, Niccolò dei Conti,
Las Andanças e viajes de Pero Tafur es, probablemente, uno de los Libros de Viaje más sobresalientes que nos ha legado la Edad Media peninsular.
Desde luego no es el estilo literario lo que le confiere notoriedad, aunque sí un espíritu descriptivo que, en cierto modo, abre una nueva etapa en los relatos de viajeros con respecto a lo que venía observándose durante toda la época.
La tradición de la literatura castellana de los viajes a Oriente es más bien escasa antes de Pero Tafur.
Si exceptuamos el viaje imaginario que sirviera para elaborar el Libro del conosçimiento de todos los reinos e tierras e señoríos que son por el mundo...^ a mediados del siglo XIV, únicamente podemos mencionar la Fazienda de Ultramar, escrito en la primera mitad del siglo XIIP, y la Embajada a Tamorlán a comienzos del siglo 537
Francisco Javier Villalba Ruiz de Toledo XV.
El primero de ellos, que utiliza no pocos de los Libros de Viaje europeos aparecidos con anterioridad, tiene como principal objetivo convertir el itinerario descrito en una introducción al relato de los grandes pasajes bíblicos, expuestos con un plantamiento didáctico indudable.
De hecho, los estudiosos de este texto lo han considerado siempre como una Biblia romanceada, antes que como un Libro de Viaje propiamente dicho.
Tendremos ocasión de ver mas adelante cómo Pero Tafur no es capaz de resistirse a la tentación de transitar por esa misma dirección cuando nos narre las historias religiosas asociadas a los lugares que visita.
El segundo, la Embajada a Tamorlán de Ruy González de Clavijo, proporciona a Tafur un planteamiento totalmente distinto, más enfocado hacia la descripción de las tierras y pueblos visitados, haciendo especial hincapié en sus tradiciones y forma de organización.
Las obra de Pero Tafur ha despertado un notable interés en la moderna historiografía, debido a lo cual contamos con varias ediciones y estudios, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
El único manuscrito que se conserva del texto es una copia de principios del siglo XVIII y fue editado por primera vez en 1874^.
A modo de introducción podemos indicar que el libro de Tafur contiene el relato de un viaje por Europa y el Próximo Oriente de tres años de duración -entre 1436 y 1439-narrado en primera persona por un hidalgo andaluz criado en la casa de Luis de Guzman, maestre de Calatrava, a quien está dedicado el libro.
Se describen en la obra varios viajes distintos, siendo el que corresponde a Oriente aquel que tiene lugar entre mayo de 1438 y el mismo mes del año siguiente.
Más tarde repasaremos alguno de sus detalles más singulares.
De momento nos conformaremos con adelantar la orientación que dicho relato ofrece a sus contemporáneos: las Andanças e viajes pretenden recuperar la vinculación del mundo cristiano con Oriente tras la pérdida de Constantinopla.
Para ello se enaltecen a propósito los aspectos mágicos y fabulosos de los lugares visitados, recuperando todos los mitos medievales y tratando de elevarlos a la categoría de la experiencia contrastada.
Hay que pensar que aunque la obra narra unos hechos ocurridos en los años señalados, su redacción hay que situarla después de 1453, siendo bastante probable que el sentimiento de esa pérdida y peligro que supuso la entrada de la capital bizantina en la órbita turca, actuara como reclamo para que Pero Tafur se decidiera a escribir su experiencia de años atrás.
Filiación de Pero Tafur
Tal vez el tipo de obra que escribe Tafur no haga especialmente relevante, al menos desde el punto de vista histórico, detenerse a averiguar datos biográficos del mismo.
Simplemente, y al objeto de ubicar sus observaciones en el marco de un grupo social determinado, repasaremos las informaciones que poseemos respecto a su actividad profesional y el lugar que ocupa en la sociedad tardomedieval a la que pertenecía.
Avalados por la documentación, podemos asegurar que unos años depués de escribir su obra, durante las décadas sesenta y setenta del siglo XV, Tafur estaba afincado en Córdoba, dedicado a la compra-venta de pro-piedades^, probablemente de cara a la formación de la herencia de sus hijos.
Según la opinión de José Vives, debió de morir hacia 1480, momento en el que deja de aparecer su nombre en las actas capitulares cordobesas, circunstancia que ocurría con frecuencia hasta el año anterior en su calidad de veinticuatro de la ciudad^.
Sin embargo, en atención a las constantes referencias que él mismo señala en su texto, debió nacer y vivir, al menos hasta la realización de su viaje, en Sevilla.
Aunque todos los estudiosos de la figura de Tafur han dedicado muchos esfuerzos por ubicar el lugar exacto de su nacimiento, a nosotros nos parece un dato francamente irrelevante.
Nos basta con saber que una buena parte de su existencia transcurre en tierras andaluzas y sobre todo, poner el acento en la proximidad de trato más o menos notoria con respecto a la alta nobleza.
La posición social que llega a ocupar al final de su larga vida, queda reflejada en su condición de veinticuatro, cargo que también desempeñará después su hijo.
Testigo de los avatares de la más alta nobleza castellana del siglo XV, conviene enfatizar que Tafur debió criarse en la casa de Luis de Guzman, maestre de Calatrava, a quien como ya hemos dicho dedica su obra, al tiempo que mantuvo algún contacto personal o institucional con el propio rey Juan IL Eso es al menos lo que se deduce de sus propias palabras cuando nos relata la existencia de cartas de recomendación que portó durante su largo viaje con el sello del rey castellano.
Con independencia del juicio que hagamos de su autocomplacencia cuando nos narra el valor y disposición que él mismo muestra siempre en la batalla, y al margen de que creamos o no unos episodios para los que tiene pocos testigos a su regreso, lo que está fuera de dudas es la admiración que siente Tafur por un modelo de comportamiento en el que los valores morales de corte religioso y de honor en la batalla, pueden servirnos para trasladarlo de forma inmediata a los hidalgos castellanos.
Pero al mismo tiempo, Tafur participa de la relativa formación humanística que se respi-El viaje de Don Pero Tafur (1436-1439) ra en las cortes europeas de la época, y entre las que la de Juan II no debía ser una excepción.
Así se explica el entusiasmo con que asocia los mitos e historias del mundo clásico cuando viaja por Grecia y Roma, o la no menos llamativa inclinación a descubrir por sí mismo las maravillas de Oriente, para lo que más de una vez se jacta de haber puesto en peligro su vida.
Pero además, su espíritu ilustrado le lleva a mantener un criterio de sistematización en su obra, de forma tal que siempre utiliza parámetros semejantes para la descripción y análisis de los lugares que describe, con los que pretende ofrecer una imagen lo más completa posible que abarque desde la potencialidad económica hasta las costumbres más significativas, pasando por las peculiaridades políticas o la presentación de los logros en la construcción o el diseño urbanístico.
Elaboración de las Andanças e viajes.
La obra de Tafur es verdaderamente atípica si consideramos que no muestra destreza literaria alguna, pese a poder clasificarse, al menos parcialmente, como un libro de aventuras, ni tampoco cabe atribuir a su autor oficio de historiador en la narración de acontecimientos o descripción de lugares.
Las fuentes que pueden avalar sus afirmaciones, no sólo no se ofrecen al lector, sino que ni siquiera se somenten al análisis crítico más elemental.
Tafur da crédito, sencillamente, a lo que recuerda haber escuchado en su viaje sobre el devenir histórico de cada lugar particular, sin molestarse en ocultar la procedencia mínimamente autorizada de quien oralmente le refiere los hechos.
El rigor histórico es algo, pues, con lo que no podemos contar en las andanças e viajes.
Aunque Pero Tafur no da testimonio del momento preciso en que elabora su texto, varias referencias del mismo nos sitúan entre 1454 y 1457 como fecha probable de su redacción.
Ya hemos señalado que la toma de Constantinopla por los turcos y su indudable efecto en la conciencia colectiva del occidente cristiano, fue lo que animó a rememorar los detalles de un viaje realizado dos décadas antes.
Es posible que Tafur llevara durante su periplo un cuaderno de notas con sus impresiones a modo de diario, del que se sirvió después para dar continuidad a su relato.
Como cualquier turista moderno, el motivo de sus notas está impregnado por el deseo de transmitir a su vuelta las imágenes y sensaciones que ha tenido en el viaje.
De ahí que la mayor parte de las veces se nos muestre una descripción visual acompañada de las peculiaridades de cada grupo poblacional.
Sin embargo, al ser en aquel mo-mento absolutamente extraordinario la realización de un viaje tan largo en el tiempo y en el espacio, Tafur se ve a sí mismo como un pseudo embajador del rey castellano.
El espíritu de la Embajada a Tamorlan de Ruy González de Clavijo salpica constantemente las páginas del aventurero andaluz, tratando de mostrar a sus contemporáneos el prestigio de Castilla en los lugares más remotos de la tierra.
Llaman la atención, en ese sentido, los presentes que Tafur dice recibir en las distintas cortes que visita, hecho que siempre atribuye a su condición de emisario de Juan IL Como ya dijimos antes, los mitos y referencias religiosas más importantes del bajo medievo están puntualmente recogidas en las Andanças e viajes.
Incluso podríamos decir que en varias ocasiones parece como si el objetivo final del viaje fuera el de testimoniar la existencia de los diferentes lugares que habían merecido algún tipo de veneración para el ámbito cultural del mundo cristiano.
Así, en Tierra Santa, Pero Tafur relata la sistemática visita de todos los lugares en donde hay significación religiosa: el monasterio de San Jorge en la ciudad de Roma, donde, según él, descansa su cuerpo «e aun dizen que allí mató al dragón»; el monasterio de Monte Sion, el Santo Sepulcro, la casa de la Virgen María, el cenáculo, el monte Calvario, lugares concretos en los que se desarrolló la vida de Jesús, desde el huerto de los Olivos hasta la calle de la Amargura, y no pocas escenas bíblicas o de la vida de los santos, como el lugar en que fue lapidado San Esteban o la sepultura de la Virgen, todo ello en Jerusalem.
Otro tanto ocurre en sus visitas a Belén -el pesebre, el lugar de nacimiento de San Juan Bautista-, Jericó -el lugar en que Juan bautizó a Jesús-o Betania -donde el diablo tentó a Jesús-.
Los itinerarios del viaje
En el estudio clásico de José Vives se puso ya de manifiesto la división del viaje de Tafur en cuatro grandes itinerarios: el primero desde la salida de Sanlúcar hasta Roma, que incluye la visita a ciudades como Pisa y Venecia; el segundo lleva a Tafur a Oriente, donde los grandes mitos y la imaginería medieval se nos presenta con toda su fuerza didáctica; el tercero le lleva hacia la Europa central; y el cuarto será el del viaje de regreso por el Adriático y el Mediterráneo^.
Nosotros vamos a centrarnos exclusivamente en el segundo de dichos itinerarios: aquel que tiene lugar entre el 9 de mayo de 1437 y el 22 de mayo del año siguiente.
Desde Venecia, Tafur recorre la costa de la antigua Yugoslavia, Albania y Grecia.
Desde la isla de Creta se dirige a Rodas El viaje de Don Pero Tafur (1436-143.9) e inmediatemente bordea la costa meridional de la actual Turquía para encaminarse hacia Haifa.
Allí comienza su aventura por Tierra Santa.
Su ya comentada vocación testimonial, le lleva a describir todos los detalles de su periplo por Jerusalem.
Aunque su intención fuera pasar desde allí a la tierra del Sinai -como veremos enseguida-, hubo de retroceder hacia el Líbano y Chipre para, desde allí, poner rumbo a Egipto.
Realizará su visita a la tierra de los faraones como embajador del rey de Chipre.
En Egipto comienza la descripción de las maravillas de Oriente.
A Tafur todo lo que ve le parece extraordinario y digno de ser incluido en su obra.
En su condición de huésped del sultán, tiene acceso y guía para recorrer todos los lugares que desea, ofreciéndonos una estampa admirable del país bajo la atenta mirada de un occidental boquiabierto.
El itinerario cubierto desde Jerusalem a Egipto con escala en la isla de Chipre, obedece al deseo de Tafur de visitar el Sinai.
La imposibilidad de llevarlo a cabo desde Tierra Santa le obliga a realizar este largo recorrido.
Pero una vez en Egipto puede alcanzar finalmente su objetivo.
En el Sinai tendrá lugar su encuentro con Niccolò dei Conti, siendo éste uno de los episodios más sobresalientes del relato de Tafur.
La importancia del mismo invita a tratarlo con más detalle más adelante.
Una vez vuelto a Chipre para dar cuentas de su embajada, Tafur se dirige a Rodas, donde nos hace contemplar la muerte del maestre de la Orden del Hospital y la elección de Juan de Lastic como su sucesor al frente de los caballeros de San Juan de Jerusalem.
Desde allí, Tafur se dirigió por mar a Constantinopla en un accidentado viaje que le obligó a recalar en la isla de Kios.
Superadas las dificultades pone rumbo a Esmirna, en cuyas inmediaciones trató de encontrar los restos de la ciudad de Troya.
Ya en Constantinopla, Tafur coincide con varios embajadores de las cortes occidentales que tienen la misión de informar al emperador acerca de los logros y circunstancias relativas a la pretendida unión de las iglesias oriental y occidental.
Entre ellos, según cuenta Tafur, se encuentra Alonso de Mata, escudero de Juan II de Castilla.
Como no podía ser menos, Pero Tafur persigue entrevistarse con el propio emperador, Juan VII Paleólogo, quien colmando la vanidad del hidalgo, lo considera un miembro de su propia famiha.
Con las recomendaciones obtenidas en la corte de Constantinopla, Tafur viaja hasta Adrianópolis para entrevistarse con Murad II, emperador de los turcos otomanos, y más tarde, por el Mar Negro, llega hasta Trebisonda.
En cualquier lugar que visite, el hidalgo andaluz aprecia y proclama la mayor altura moral de las costumbres cristianas, aunque sin dejar de admirarse por ciertas cualidades humanas que atesoran aquellos pueblos y, muy particularmente, la disposición urbanística que le recuerda el glorioso pasado de otras civilizaciones.
Llegado hasta Crimea, pone rumbo de nuevo hacia Constantinopla haciendo esta vez en la ciudad un exhaustivo recorrido turístico que nos proporciona una de las descripciones de la misma más sugerentes del mundo medieval.
Asistimos, de la mano de Tafur, a la decadencia final de la ciudad que fue, durante toda la Edad Media, la más relevante de Europa.
Contrasta enormemente el entusiasmo que embarga al autor al describir los soberbios templos y monumentos que recorre, con la lástima que siente hacia la población empobrecida y miserable que llena las calles.
El encuentro con Niccolò dei Conti
Es habitual en todos los estudios dedicados a los viajes y viajeros medievales prestar una especial atención al encuentro entre Pero Tafur y Niccolò dei Conti.
Ello está plenamente justificado, no tanto por la veracidad del mismo o por las originales aportaciones del escritor andaluz -que admiten todo tipo de reservas y críticas-cuanto por lo que representa la incorporación de una «cuña» referida al mundo más oriental en un Libro de viajes como el que nos ocupa.
José Vives dedicó un apartado del estudio dedicado a las Andanças e viajes a comparar las referencias que proporciona Tafur sobre el viajero italiano con las de Francesco Poggio Bracciolini.
Nos remitimos, pues, a ese estudio para que cada cual extraiga sus propias conclusiones^.
La importancia del encuentro radica en la incorporación al texto de Tafur de la experiencia en Oriente de un comerciante y aventurero que durante mucho tiempo observó ~e interpretó-ese mundo tan alejado de la realidad occidental.
Niccolò dei Conti, nacido probablemente en 1395, partió en 1414 hacia Damasco por ser éste un centro caravenero de primera importancia.
Desde allí se desplazará incesantemente llegando a conocer gran parte del continente asiático, especialmente su costa, que recorrió durante veinticinco años.
Desde su condición de mercader tuvo ocasión de conocer todas las tierras que albergaban los grandes mitos de las civilizaciones de Oriente para el hombre medieval: desde la actual Irak hasta el sudeste asiático.
En el transcurso de sus viajes llegó a formar una familia con la que terminó por abrazar el Islam, abjurando de su religión cristiana.
Según refiere Tafur, tal decisión estuvo motivada por su propia seguridad personal y la de los suyos, pues fueron obligados a ello para salvar la vida.
Desde su llegada a Italia en 1439, y hasta 1449, no sabemos nada de Francisco Javier Villalba Ruiz de Toledo Conti.
Es posible que ejerciera su oficio de mercader en Venecia.
A partir de 1449 sabemos que, tal vez debido a su fama internacional, llega a desempeñar funciones de representación política para sus conciudadanos.
Si el episodio de Tafur es cierto.
Conti se encontró con él cerca del Sinai cuando se dirigía el comerciante a Florencia para solicitar el perdón del Papa Eugenio IV por haber renegado de su fe.
Las fechas desde luego coinciden, aunque también hay que pensar que para cuando Tafur escribe su obra.
Conti se había convertido en un afamado viajero e impulsor de las maravillas de Oriente.
Veamos cómo el propio Tafur describe su encuentro con el mercader italiano: «Yo fui por la costa del mar Vermejo, que es media legua del monte de Synay, por ver como vinía la caravana, é fallé que vinía allí un veneciano que dezían Nicolo de Conto, gentil onhre de natura, é traya consigo su muger é dos fijos é una fija, que ovo en la India, é vinía él é ellos tornados moros, que los fizieron renegar en la Meca, que es su casa Santa»^.
Aunque no poseemos ningún relato de primera mano del italiano, el occidente medieval conocía de sobra sus aventuras a partir de los escritos del mencionado Poggio Bracciolini.
Se trataba del secretario apostólico y posterior canciller de la República de Florencia, que durante la primera mitad del siglo XV encarna a la perfección el espíritu y la formación humanista, destacando en la recuperación y traducción al latín de todo tipo de manuscritos del mundo clásico.
Entre su abundante obra personal, muy vinculada a los avatares del Concilio de Ferrara-Florencia, que luchaba por la recuperación de la unidad de las iglesias católica y ortodoxa, se encuentra la Historiae de varietate fortunae, que incluye en su Libro IV el relato de Niccolò dei Conti.
Tal incorporación se explica por el interés mostrado entre los integrantes del Concilio hacia las comunidades cristianas que viven en un clima, si no hostil, al menos poco propicio para su normal desarrollo en las tierras de Oriente.
La reunión conciliar que se prolonga entre 1438 y 1442 pretende anular los planteamientos dogmáticos diferenciadores que permitieron en su momento consolidar comunidades cristianas como la armenia, mesopotámica o caldea.
Resulta conveniente tratar de entender las circunstancias particulares que habían llevado a tales comunidades a desviarse de los postulados de Roma, para lo que era absolutamente prioritario conocer sus condiciones de vida y formas de convivencia con otras religiones.
El relato de Conti se convierte así, para Francesco Poggio Bracciolini, en un inmejorable testimonio de lo que ocurría en aquellas tierras.
Toda la información del secretarlo apostólico acerca de las lejanas poblaciones de Oriente está perfectamente sistematizada en bloques coherentes que repasan la situación religiosa y costumbres elementales por un lado, informa sobre la rentabilidad física y posibilidades de riqueza del suelo por otro, y nos acerca a los usos jurídicos, rituales y rasgos culturales avanzados, como la lengua o los sistemas de comercio, por último.
Ignoramos las causas precisas que llevaron a Poggio a recopilar la información proporcionada por Conti^, pero lo que está fuera de toda duda es que su texto será complementado unos años después por Pero Tafur.
Mientras el oficial de la Curia se centra en la sistematización de unos datos proyectados hacia el conocimiento de realidades lejanas, el aventurero andaluz nos ofrece material biográfico de Conti.
Con una mentalidad científica que es todavía una rareza en los años centrales del siglo XV, Poggio se acerca por medio de otras fuentes de información a la descripción de Etiopía, en la que no hay una sola referencia al legendario Preste Juan.
Ese detalle tan singular nos permite aproximarnos con una cierta seguridad a las notas entresacadas del relato de Conti al mismo tiempo que explica el por qué de la ausencia de datos biográficos del mercader italiano.
Pese a ello, no se renuncia a exponer el exotismo y peculiaridad del mundo oriental, sin el cual los potenciales lectores de su época no habrían tenido los suficientes alicientes como acercarse a su obra.
Francis M. Rogers puso hace ya muchos años de manifiesto la extraordinaria divulgación que, al menos en los ambientes eruditos del siglo XV, tuvo la obra de Poggio^^, y en particular el Libro IV de su Historiae de varietale fortunae.
Aunque para fines diametralmente opuestos a los que persigue el secretario del Papa, Jacopo Filippo Foresti o Giuliano Dati utilizaron la documentación contenida en su texto para alimentar la figura mítica del Preste Juan.
A ellos, como a Tafur, les mueve el ansia por aferrarse a las grandes referencias legendarias que definían un mundo que se les escapaba entre los dedos.
No podemos olvidar que la segunda mitad del siglo XV es una de esas etapas históricas que en la que buena parte de la sociedad europea tiene conciencia de estar viviendo el final de un ciclo.
Todos los valores encerrados en un código de la caballería que se ha ido nutriendo de valores y principios a través de los siglos, están dando paso a una visión más eficiente de las relaciones sociales y políticas, y son muchos los que se quedan atrapados voluntariamente en el pasado para no dar facilidades a un porvenir que no entienden.
Al margen de otras incorporaciones más o menos directas de la obra de Poggio^\ conviene tener en cuenta las inmediatas traducciones que se El viaje de Don Pero Tafur (1436-1439) llevan a cabo en lenguas vernáculas desde la redacción latina original.
De 1502 data la primera de ellas elaborada por Valentín Fernandes al portugués, que acompañaba en el mismo volumen a otras narraciones de viajes, como el famoso Libro de las Maravillas de Marco Polo.
Sin duda ninguna, el interés que por este tipo de relatos despiertan las iniciativas de los monarcas portugueses y españoles respecto a grandes expediciones ultramarinas a fines de la Edad Media, demandan el esfuerzo de traducción de obras como a las que estamos aludiendo.
Sólo un año después, en 1503, el relato de Poggio era traducido también al castellano por Rodrigo de Santaella.
Pedro Tafur, como ya hemos dicho, nos proporciona un complemento muy interesante al texto de Poggio, pues aborda una sucinta biografía de Niccolò dei Conti por medio de la cual podemos entender mejor al personaje.
Se le concede, por ejemplo, una gran importancia a esa renuncia obligada a la fe cristiana que condicionó siempre el modo de proceder del italiano durante los largos años de viajes ininterrumpidos por el continente asiático.
Pero sobre todo conviene insistir en el hecho de que Tafur utiliza el encuentro con el mercader italiano para relatar una experiencia personal -aunque no propia-sobre el Extremo Oriente que remate adecuadamente su trabajo.
Tafur necesita incorporar en su obra noticias sobre el reino del Preste Juan, el Paraíso Terrenal, la tierra milagrosa de la India o los detalles de los seres monstruosos que habitan esos recónditos lugares.
Demuestra con ello ser un individuo mucho más identificado con la sociedad de su tiempo que el humanista y erudito Francesco Poggio Bracciolini, lo que le otorga un valor especial a su narración.
Notas ^ Se trata de una composición geográfica encubierta bajo el aspecto de un viaje personal, cuyo autor lo narra en primera persona.
Son pocas las certezas que tenemos acerca de la autoría de semejante texto, si bien ha sido generalmente presentado como perteneciente a un monje franciscano.
Si creemos en sus propias palabras, la única evidencia se refiere al momento de su nacimiento, en los primeros años del siglo XIV:«fuy nascido en el reynado de Castilla reynante en uno el muy noble rey don Fernando fijo del muy noble Rey don Sancho quando andaua la era del mundo segund los abraicos en cinco mili e sesenta e cinco años e la era del general diluuio en cuatro mili e cuatrocientos e siete años e la era de nabucodonosor Rey de Caldea en dos mili e cincuenta e dos años e la era del grande Alixandre de Macedonia en mili e seysçientos e diez e siete añose la era de Cesar enperador de Roma en mili e trezientos e quarenta e tres años e la era de Christus en mill e trezientos e quatro años e la era de los alárabes en sieteçientos e seys» Ed.
Francisco Javier Villalha Ruiz de Toledo nos interesan especialmente el segundo y el tercero.
En ellos se hace un recorrido por la costa que, partiendo de Barcelona, bordea el sureste de Francia, Italia, la antigua Yugoslavia y Grecia para llegar finalmente a Constantinopla, desde donde se visita Chipre, Siria, Jerusalem, Egipto y la costa septentrional de África.
Desde allí se vuelve hacia Etiopía en busca del mítico reino del Preste Juan y del Paraíso Terrenal para encaminarse después a la India, describiendo algunos lugares de Persia y Mesopotamia antes de dirigirse al Extremo Oriente, por donde alcanza la isla de Java.
^ Así lo cree DEYERMOND, A.D.(1994), Historia de la literatura española.
La Edad Media, Barcelona, p.
^ La deficiente edición corrió a cargo de Marcos JIMÉNEZ DE LA ESPADA y formaba parte de la Colección de libros españoles raros o curiosos.
A partir de entonces varios estudiosos y eruditos han tratado de ubicar al autor de las Andanças en el contexto histórico de la Sevilla del siglo XV, al tiempo que trataban de averiguar qué partes del relato son reales y cuáles imaginarias.
José VIVES GATELL y Francisco LÓPEZ ESTRADA, responsables de introducir la edición facsímil de JIMÉNEZ DE LA ESPADA, son, probablemente, los mayores especialistas.
Remitimos precisamente al estudio de J. VIVES en la citada edición facsímil para la relación de investigadores que se acercaron, desde finales del siglo XIX, al estudio de la obra de Tafur: (reed.
Pero Tafur, Barcelona, pp. 1-5.
Sin embargo, y debido al hecho de detenerse tal estudio antes de mediados del siglo XX, citaremos aquí, como más recientes aportaciones, las obras de Rafael BELTRÁN (1991) «Los libros de viajes medievales castellanos.
Introducción al panorama crítico actual: ¿cuántos Hbros de viajes medievales castellanos?», en Revista de Filología Románica, Madrid, anejo I, pp. 121-164, Filomena LIBERATORE (1986) «Pero Tafur, pellegrino e viaggiatore curioso» en Studi di Iberistighe, 7, pp. 90-99 o Sofia CARRIZO (1989) «El viaje y la crisis del mundo caballeresco en el relato de Pero Tafur», Actas del Congreso Internacional sobre Literatura Hispánica en la época de los Reyes Católicos y el Descubrimiento, Barcelona, ^ Así lo consigna R. RAMÍREZ DE ARELLANO (1901) «Estudios biográficos: Pero Tafur» en Boletín de la Real Academia de la Historia, 41, Madrid, pp. 278-298, quien cita documentos que abarcan el espacio cronológico que va de 1460 a 1477. ^ VIVES GATELL, J. Op. cit. p.
95. ® El texto de Tafur sugiere que ello está directamente relacionado con esa petición de perdón al Papa, quien, seguramente a cambio del mismo, le obligaría a prestar declaración promenorizada de lo que vio y aprendió en sus viajes por Oriente a su secretario.
^^ Se han encontrado copias manuscritas de la Historiae de varietate fortunae en Italia, Francia, Alemania e Inglaterra, todas ellas del siglo XIV. |
A comienzos del siglo XVI, las nuevas ediciones del Atlas de Ptolomeo publicadas en Roma o Venecia solían incluir un mapamundi modificado sin cesara a medida que descubridores y navegantes alcanzaban nuevos y antes desconocidos horizontes.
La temprana circunnavegación de Magallanes y Elcano (1519-1522) confirmaba con su esferidad, que el mundo no tenía límites.
Durante aquel siglo magnífico, la literatura española de viajes al Oriente Próximo islámico tenía que ser menos señalada.
La casi perenne guerra contra el Imperio Otomano, señor de una buena parte de las costas mediterráneas, y sobre todo la empresa de América y los viajes de exploración y conquista que aquella demandaba, orientaron el rumbo de la mayoría de los aventureros españoles y sus libros por las rutas del Poniente, aunque desde esa misma América se lanzarían pronto por el Pacífico y el Lejano Oriente^.
Por el contrario, los portugueses insistieron especialmente en sus viajes por mar a la India, en los que levantaron planos y mapas magistrales -como refleja el Atlas de Lopo Homem ^-, y en el curso de los cuales frecuentaron las costas de Arabia, Irán y el Golfo Pérsico^, aunque también por necesidad u obligación, algunos transitaran a veces las rutas terrestres por Mesopotamia, como siglos después harían los británicos.
No obstante, viajeros españoles como el noble y peregrino Don Fadrique de Ribera, un aventurero titánico como Pedro Ordóñez de Ceballos, y un sabio y valiente religioso jesuíta como el padre Páez, sumarían páginas increíbles aportadas por la cultura española a la historia de la literatura de viajes a Oriente Próximo y a su redescubrimiento.
Durante los primeros años del siglo, el pacífico reinado del sultán Bayaceto II hizo que la región viviera en paz.
Pero su sucesor Selim I reanudaría las conquistas, arrebatándole Armenia al sha Ismail y conquistando además entre 1515 y 1517, los reinos mamelucos de Siria, Palestina y Egipto que habían ayudado al persa.
Desde ese instante, todas las rutas comerciales de Oriente estarían en manos turcas, y el comercio occidental empezó a buscar alternativas para burlar las tasas y recargos impuestos por los otomanos.
No obstante, un cierto comercio seguiría perviviendo siempre, lo mismo que las peregrinaciones, aunque éstas decayeran en número y frecuencia, a tenor de la situación política.
Al comenzar el siglo, los barcos venecianos dedicados al transporte de peregrinos hacían sólo un viaje anual a Tierra Santa, pero la frecuencia se triplicó a partir de 1520, reduciéndose de nuevo al mínimo anual tras el 1546^.
Por Alejandría y Jaffa como puertos de entrada, muchos cristianos siguieron cumpliendo su soñada peregrinación, como fray Antonio de Lisboa y fray Diego de Mérida -que dejarían recuerdo manuscrito de sus viajes^-y, naturalmente, el más famoso de todos ellos, Don Fadrique Enriquez de Ribera, primero de los señalados viajeros españoles de este siglo, autor de un curioso relato que mereció sucesivas ediciones impresas.
En 1523, no mucho después del viaje de Don Fadrique, un noble portugués llamado Don Antonio Tenreiro estuvo en Irán, acompañando la embajada de Don Balthasar Pessoa.
A la muerte del sha, Tenreiro decidió peregrinar a Tierra Santa, cayendo en manos de los turcos.
Liberado en El Cairo, volvió a Ormuz cruzando el desierto sirio-iraquí, y tras algunos años de servicio en aquella plaza, como portador de cartas para el rey de Portugal volvió en 1528 navegando por el Golfo Pérsico y el Eufrates, y tras visitar Bagdad cruzó de nuevo el desierto.
Escritos con un estilo seco y conciso, los recuerdos de sus aventuras serían publicados en 1570^.
En los grandes océanos y mares de entonces, las órdenes de los contramaestres y pilotos se oían en portugués y español, pero la ruta atlántica e índica hacia la India era sobre todo empresa portuguesa.
Desde Lisboa, buques y escuadras daban por el Atlántico la «volta grande», para provechar los vientos y las corrientes favorables, pasar el Cabo de Buena Esperanza^ y remontar luego por las costas de África, a uno otro lado de Madagascar, hasta coger los rumbos que desde Aden y las costas del Hadramaut les llevaran hasta Goa.
Durante más de dos siglos, la Carrera de Indias costó numerosas tragedias y naufragios, recogidos en relatos que formaron un verdadero género literario, profusamente leído por su fácil circulación en cuadernillos y sueltos.
Doce de ellos fueron luego reeditados por Bernardo Gomes de Brito, en su Historia Trágico-Marítima (1735-1736)^.
Pues bien, uno de los navegantes y aventureros inmersos en esta valerosa y arriesgada Carrera de Indias fue Fernão Mendes Pinto (150-1583), de cuya vida y aventuras podrían escribirse cien relatos ve-races.
Entre y 1558 Fernão vivió, navegó y viajó por Oriente, conociendo Arabia, Etiopía, India, Malaca, Sumatra, Siam y las costas de China y Japón.
Se desempeñó como marino, comerciante, aventurero y soldado.
Cautivo muchas veces, esclavo vendido y liberado, jesuíta un tiempo, retornó a Portugal el 22 de septiembre de 1558.
Sin recibir la recompensa que creía merecer, quiso escribir el relato de sus viajes y aventuras, a lo que dedicó el resto de su vida.
Admirado por Felipe II, que le protegió al final de sus días, cuando ya Portugal y España formaban una sóla nación, murió el 8 de julio de 1583.
Su monumental Peregrinação, publicada en Lisboa en 1614, dedicada a Felipe II, sería traducida de inmediato al español por Francisco de Herrera Maldonado^^.
La gran popularidad que alcanzó entre nosotros viene avalada por sus sucesivas reediciones, y es que su persona y sus viajes alimentaron sin duda los sueños y las fantasías viajeras de otros aventureros españoles del siglo XVI, como Pedro Ordóñez de Ceballos.
Para la Europa del siglo XVI, Oriente parecía dramáticamente cercano, pues tras dominar paulatinamente toda la Península Balcánica, el Imperio Otomano aplastaba en 1526 al reino de Hungría en Mohács, catastrófica batalla en la que el joven monarca magiar, Luis II, pereció con lo mejor de su ejército^^ Seis años después, los turcos llegaban a las puertas de Viena.
El desastre centroeuropeo afectó profundamente a España -comprometida con Austria por el imperio de Carlos o la vinculación familiar después, con Felipe II-, que además vivía la amenazante presión otomana en el mar.
Por eso, para los españoles del siglo XVI Oriente Próximo era el Imperio de los turcos, sus rivales en el Mediterráneo.
Aunque la curiosidad sobre aquel mundo también contaba, como revela el famoso Viaje de Turquía, que además de contar las angustias y penalidades de los cautivos cristianos, evoca con tino las costumbres turcas más variadas y sitios admirables de su imperio, como los monasterios del Monte Athos y la misma Constantinopla^^.
O la Historia de los turcos de Vicente Roca, publicada en Madrid en 1556.
Pero la amenaza era bien cierta.
Todavía hoy, las costas levantinas y andaluzas aparecen jalonadas por unas sencillas torres de piedra, testimonio olvidado de un sistema siempre en guardia, para defensa y aviso de la población ante el frecuente ataque de piratas berberiscos y naves turcas.
Durante la segunda mitad del siglo se tendría un respiro.
El 7 de octubre de 1571, España encabezó la flota católica que derrotaría a los turcos en la célebre batalla de Lepanto^^, freno decisivo a su poderío naval en el Mediterráneo.
De resultas sin duda, el comercio y las comunicaciones se aligeraron durante un tiempo, y no es casual que en 1573 iniciara sus jornadas por Oriente el médico alemán Hans Leonhardt Rauwolf, que buscando el saber de medicinas y plantas viajó durante tres años por Siria y Mesopotamia.
En la historia del redescubrimiento de las culturas antiguas hay que citar que, el 24 de octubre de 1574, tras cruzar el Eufrates en Faluya, Rauwolf visitó las ruinas Aqar Quf, restos impresionantes de una antigua zigurat casita, que como el hombre letrado y religioso que era, supuso restos de la famosa torre de Babilonia^^.
Por aquellos años, en los corrales de comedia españoles se seguían obras como el auto y tragedia Nabucodonosor, de J. Alvarez (1562), La gran Semíramis, de Cristobal de Virués (1570) o la Tragedia de la destruición de Contstantinopla, de G. Lobo Lasso de la Vega (1587)^^, obras que aún teniendo a los clásicos o la Biblia como fuente para las leyendas más remotas, demuestran la curiosidad que la palabra «Oriente» seguía despertando en el público.
Y pese a todos los pesares, viajeros y comerciantes europeos seguían entrando por las rutas de Oriente.
Uno de los más singulares sería otro de los grandes viajeros españoles del siglo, Pedro Ordóñez de Ceballos, que entre 1562 y 1602 estuvo viajando por todo el mundo y en Oriente, además del Mediterráneo Oriental, Palestina y el Mar Negro en su primera aventura, conoció Ormuz, Goa, Ceylán, Indochina, Macao y Cantón en otras de las muchas jornadas que a su propio decir totalizaron más de treinta mil leguas.
Con la unión de las coronas española y portuguesa en la cabeza de Felipe II, sin mengua del exquisito respeto que mostró siempre el rey con las susceptibilidades portuguesas, España se asomó también al índico siguiendo la ruta de la Carrera de Indias lusa, y apoyó el imperio con medios, diplomacia y esfuerzos en la evangelización^^.
Y como el rey tenía ante sus ojos el mundo, cuando Abraham Ortelius le dedicó su Atlas, primero concebido con criterio uniforme^^, tal vez se encendió entonces su deseo de entrar en contacto con el monarca cristiano de Etiopía, que sería el origen de otra gran aventura.
Y gracias a ésta podemos recuperar hoy la memoria de otro de los grandes viajeros españoles de todos los tiempos, el jesuíta Pedro Páez, natural de Olmeda de las Fuentes, en la provincia de Madrid, que junto al padre Antonio de Montserrat sufrió siete años de cautiverio en Arabia.
Ambos fueron los primeros europeos conocidos que estuvieron -y lo contaron después-en Zofar, que cruzaron luego el corazón del Hadramaut y que vivieron en distintas ciudades de Yemen y Arabia, como Tarim, Qatna y Moka.
En 1596, el padre Páez y su compañero fueron liberados, gracias al empeño personal del mismo Felipe II.
Devueltos ambos a Goa, pocos años después el jesuíta madrileño podría empezar al fin su gran aventura vi- Un mundo sin límites tal en Pero mientras este gigante de la historia del viaje a Oriente sufría sus aventuras, aquel siglo asombroso daba paso a los enredos diplomáticos inciados por dos singulares británicos, Robert y Anthony Sherley, embajadores y aventureros por Irán.
En 1598, los dos hermanos llegaron a la corte del sha Abbás el Grande, al que animaron a buscar una alianza con los príncipes cristianos frente a Turquía^^.
Y con una embajada del sha, que partió de Irán el año 1599, además del embajador persa y Anthony Sherley llegaría a nuestro país el secretario de la misma, Uruch Beg, que convertido al catolicismo decidiría quedarse en España bajo el nombre de Don Juan de Persia.
Para nosotros, las Relaciones que habría de publicar no mucho después^^, son como un asombroso tornaviaje de la aventura española.
Y es que verdaderamente, aquel siglo fue el de un mundo sin límites. |
las armas y las letras del Renacimiento, le mueve a recorrer las ciudades repúblicas italianas, Al regresar a su morada, en 1520, hace edificar la Casa de Pilatos, donde recuerda su experiencia romera en un diario e introduce el estilo renacentista en los palacios hispalenses.
En el retiro de ese locus amoenus soñará con la visión de la Tierra Prometida, Aquel viaje fue su cruzada pacífica a los paisajes de
La tierra prometida de leche y miel.
El ombligo del mundo conocido.
El jardín de las delicias.
Todo eso y mucho más simboliza Jerusalén.
La ciudad moral, alegórica y perfecta de las grandes religiones monoteístas.
Puesto que para la tradición cristiana era el Paraíso Terrenal, escenario de la pasión de Cristo, donde se cumplirían las predicciones apocalípticas.
Para la judía, alguna de sus puertas, daría paso al infierno donde ardía la ira de Dios.
Para la musulmana, que situaba en la Mezquita de Omar la ascensión de Mahoma a los cielos, también dos entradas de signo contrario conducían al frescor del oasis divino o al fuego devorador del abismo.
Las tres confesiones abrahámicas estimaban la Ciudad Santa como el microcosmos del Edén.
Adonde allegaban los peregrinos para alegrar el corazón; recomponer el cuerpo; elevar el espíritu.
La cruzada pacífica a los paisajes de Tierra Santa.
La Odisea al Paraíso^.
En pleno Renacimiento, el Marqués de Tarifa, a la sazón don Fadrique Enriquez de Ribera, peregrina desde Sevilla a Jerusalén.
La nobleza católica del Cinquecento había heredado la concepción medieval del cristiano como homo viator, transeúnte por esta vida hacia la salvación eterna, cuyo trasunto mundano era caminar «por vía de paz» a la Tierra Santa de la Promisión.
Tanto de la semántica latina, donde la palabra peregrinatio deriva de per ager («por el campo»), como del verbo árabe hajj («ir a»), puede deducirse la definición del peregrino como un viajero que abandona su casa, toma una ruta y llega a un lugar sagrado.
Es allí donde se encuentra con el misterio religioso.
De manera que los périplos por via sacra se consideraban actos meritorios que escenificaban lo que sería el viaje final de todos los fieles.
El paso de las almas a los espacios que les deparaba la geografía de la eternidad.
En esta convicción hallaremos durante siglos a creyentes de diferentes estamentos, arropados por crecidos caudales o despojados de bienes materiales, enfilando la marcha hacia los grandes santuarios de la Cristiandad y las modestas ermitas locales.
Y es que los teólogos hacían un distingo entre las peregrinationes maiores, dirigidas a los lugares sacros de las Ciudades Santa, Eterna y Compostelana, y las peregrinationes minores, que serían todas las demás^.
La peregrinación a Jerusalén.
Al cabo del tiempo, peregrinos y romeros pasarán a ser términos sinónimos, aplicados en el lenguaje coloquial a todos los fieles que se desplazaban para visitar lugares sagrados.
Además, tanto en los tratados de la mística de la peregrinación como en los diarios de viaje, a veces se hacía mención a las visitas consecutivas a los santuarios mayores y a las capillas marianas, combinándose así los distintos destinos mistéricos.
Metas y rutas que formaban parte de la cultura cristiana del peregrinaje, en la que los viajeros empleaban como lengua universal el latín, encomendándose a los mismos santos protectores de los caminos, ora Santiago ora San Cristóbal.
Ahora bien, de la misma naturaleza romera participaban los descubridores del Nuevo Mundo, que, en paralelo a la expedición de don Fadrique Enriquez a Palestina, surcaban el Atlántico ampliando el mapa ecuménico moderno.
Pues si bien desplazaban a la Ciudad Santa del centro del mundo conocido, algún resabio de memoria jerosolimitana guardaban esos peregrinos del mar, cuando el propio Cristóbal Colón creyó encontrar el Jardín del Edén en las Indias.
Y, no obstante el ansia de riquezas materiales que anidaba en los expedicionarios, el Almirante no se olvidará de las gracias espirituales que podían ser recuperadas con estos nuevos recursos, anotando en su diario: «Y aquello (la obtención de oro) en tanta cantidad que los reyes antes de tres años emprendiesen y aderezasen para ir a conquistar la Casa Santa, que asi protesté a Vuestra Alteza que todas las ganancias de esta mi empresa se gastasen en la conquista de Jerusalén»^.
Es cierto que los cortesanos y aún los reyes esbozaron una sonrisa ante este «colombinismo».
Pero no lo es menos que el Monarca Católico nunca renegará del título de Rey de Jerusalén y que la Cruzada subsistirá como soporte ideológico de la geoestrategia política.
El Viejo Mundo por el que peregrina el Marqués de Tarifa estaba postergando a la Tierra Santa como Edén terrenal.
La Odisea al Paraíso navegaba ya por los océanos del Orhis Terrarum.
I. La cruzada pacífica bajomedieval
Las peregrinaciones a los Santos Lugares se habían convertido para los fieles cristianos de la Baja Edad Media en una suerte de «cruzada pacífica».
De manera que podemos asignar caminos inversos a la cruzada y a la peregrinación.
La primera pasó de ser una peregrinación pacífica en sus orígenes a convertirse en una guerra santa en su desarrollo 561 medieval.
En cambio, la segunda, mudó de itinerario místico a cruzada pacífica en los siglos modernos^.
No olvidemos que las expediciones militares eran también peregrinaciones a Tierra Santa, en las que los cruzados gozaban de indulgencia plenaria, donde los muertos en combate se consideraban mártires.
En ellas, la motivación era la salvación colectiva, la gloria inmediata.
Y sólo al remitir el entusiasmo inicial de las Cruzadas, al desmoronarse los reinos latinos de Oriente, será cuando los peregrinos marchen en pos de la salvación individual de sus pecados.
La nueva sensibilidad cultural de la Europa del Quattrocento se manifestará, entre otros órdenes, en los diarios de los peregrinos.
Merced a estos testimonios detectamos los cambios operados en las romerías a Tierra Santa.
Ello nos lleva a hablar de un nuevo panorama viajero que afectará a las rutas, los transportes y las actitudes receptivas de los musulmanes custodios de los Santos Lugares.
Los itinerarios se hicieron más regulares y estacionales, prefiriéndose el marítimo sobre el terrestre, así como los meses estivales a los demás.
La caída de Constantinopla en poder otomano, su avance hacia Viena y la Península Itálica, hizo inseguros los caminos, al tiempo que se infestaron las aguas mediterráneas de naves berberiscas al servicio de la Sublime Puerta.
De resultas, los vehículos más utilizados serán naos y galeras fletados en Génova y, sobre todo, desde Venecia, que se especializa en estos périplos hacia Palestina.
Esto se debió a una esmerada organización de los servicios de la ciudad, junto a una oferta naviera adecuada, en torno a las cuales el Senado dictará leyes para regular los contratos entre patronos y viajeros y vigilar su correcta aplicación.
Por fin, los gobernantes musulmanes de Tierra Santa, mamelucos desde 1250 y otomanos desde 1516, no renunciaron a ser la nemesis del Imperio español y de sus aliados cristianos en el Mediterráneo.
Pero esto no fue óbice para que se percataran del notable negocio peregrino, concretado en el cobro de tributos por visitar templos y estaciones a los palmeros, junto a la derrama de caudales por alojamiento, manutención y desplazamientos extraordinarios.
En esta tesitura de mudanzas, los relatos de las peregrinaciones reflejan la inquietud espiritual del momento, pero también dejan entrever que los motivos del viaje no fueron siempre religiosos.
Así, por poner algunos ejemplos, a principios del siglo XV los nobles Gilberto de Lannoy y Bertrandon de la Broquiere, se adentraron en tierras anatolias y siríacas con una década de distancia entre ambos, disfrazándose con el hábito y el bordón hasta infiltrarse en una caravana árabe procedente de La Meca.
Les habían financiado las expediciones los duques de Borgoña para que recabaran en secreto información militar.
El La Odisea al Paraíso.
La peregrinación a Jerusalén... objetivo último de sus misiones era sopesar la posibilidad de una nueva cruzada contra el creciente Imperio otomano que amenazaba a Europa.
De tintes caballerescos fueron los recorridos del conde de Warwick tal como recogen los detallados dibujos de su diario.
Este partió de Inglaterra en 1408 y alcanzó en galera las costas palestinas.
Como correspondía a un noble cristiano, a imitación de sus pares romeros, ofreció su escudo de armas en la iglesia del Santo Sepulcro.
En prueba de la cortesía anfitríona, el lugarteniente del Sultán le obsequió con un ágape y le colmó de regalos, devolviendo el inglés la invitación a las autoridades mamelucas.
A su regreso a Europa participó en cuantos torneos le salieron al paso y culminó su peregrinación armada tomando parte en la cruzada teutónica que se libraba en los confines de Prusia.
Con pinceladas más tradicionales se nos pinta la narración de Nompar de Caumont.
Dicho aristócrata aquitano embarcó en 1419 en Barcelona y, tras una escala en Rodas para obtener la compañía de un freyre de San Juan que gozaba fama de santidad, aquél le sirvió de testigo cuando fue armado caballero en el templo del Santo Sepulcro.
De todo ello dará cumplida noticia en su viaje de regreso por Chipre, Sicilia y Francia^.
Más fantásticas y exploradoras fueron las famosas andanzas de Pero Tafur, quien entre 1435 y 1439 no sólo pisó Tierra Santa, sino que recorrió ciudades islámicas y bizantinas, repúblicas italianas y regiones del Sacro Imperio Romano Germánico.
Además, la obsesión de nuestro aventurero andaluz no era tanto ganar indulgencias y rendir culto a las reliquias, como aumentar su prestigio social y sublimar el carisma de la sangre azul mediante el viaje^.
A lo largo de la segunda mitad del Quattrocento, el género jerosolimitano contará con una producción cada vez más abundante y con contenidos paralelos, desde el Viaggio in Terrasanta di Santo Brasca en 1480 hasta la Pilgerreise von Constanz nach Jerusalem en 1486.
De toda esta bibliografía palmera, uno de los títulos que sentará plaza en las bibliotecas humanistas será el Viaje de la Tierra Santa de Bernardo de Breydenbach, cuya edición bilingüe en alemán y latín del año 1486 conocerá numerosas traducciones en toda Europa.
Al punto que un ejemplar del mismo obraba en poder de don Fadrique Enriquez de Ribera en su casa de Sevilla antes de iniciar su periplo a Jerusalén.
En este éxito editorial influyó tanto la viveza de la crónica impresa como la belleza de los grabados, los cuales fueron hechos por mano del romero y pintor Erhard Reuwich, azuzando la curiosidad occidental por las panorámicas exóticas.
Además, la expedición de este canónigo de Maguncia, verificada entre 1483 y 1484, contará con la compañía de los caballeros Juan de Solms y Felipe de Bicken, y, ya en Venecia, con la del dominico Felix Fabri, quien, a su vez, dejará apreciadas informaciones culturales del viaje en sus obras Evagatorium y Peregrino de Sion.
En ambos casos, los peregrinos germanos no sólo marcharán en pos de la ansiada Palestina, sino que aprovecharán la ocasión para recorrer Arabia, el Sinai y Egipto, y aún el bueno del monje repetirá peregrinaciones a Roma y Santiago de Com-postela^.
También de Centroeuropa procederán viajeros que recalan en los santuarios de las peregrinationes maiores movidos por los más variados intereses.
El mercader Peter Rindfleish marchará en 1496 a Jerusalén y en 1506 a Santiago combinando el precepto religioso con los asuntos comerciales.
Hieronymus Münzer, cuando viaje a Italia en 1484, no dejará de visitar la Ciudad Eterna, y cuando lo haga a España en 1494 rendirá culto al apóstol Santiago.
Y, en fin, Arnol von Harff caminará en 1496 a Tierra Santa y en 1498 a Compostela espoleado por la tradición nobiliaria, avidez cultural y nostalgia de latitudes orientales, que serán satisfechas mediante sus incursiones en tierras egipcíacas y turquescas.
En consecuencia, en los albores del Cinquecento los acicates de este flujo transeúnte a los Santos Lugares no sólo consistían en la recompensa piadosa de revivir la tradición pasionista de Cristo, ganar indulgencias en las sucesivas estaciones, venerar santos y cumplir promesas de fe.
Sino que también estaban motivados por razones políticas y económicas, estratégicas y culturales, así como por el deseo de conocer de primera mano los pueblos exóticos de Oriente Próximo.
Las peregrinaciones participaban del concepto renacentista de Ritterfahrt o viaje del caballero para recorrer países lejanos investido de espíritu aventurero.
Así, aunque a todos los santuarios podían concurrir fieles de distinta categoría social, la peregrinación a Santiago y a Roma será más abierta a las masas populares, mientras que la de Tierra Santa quedará reservada a la nobleza y la rica burguesía por el elevado coste del viaje, sin que falten personajes arrojados que se adentraban en territorio infiel a la buena ventura.
De resultas, en el siglo XVI la excursión penitente a la Ciudad Santa adolecerá de una acusada polarización social.
Sólo será emprendida por una minoría rica, en su mayor parte aristocrática y burguesa, acompañada por una comitiva y dulcificada por las comodidades que se podían conseguir librando dineros.
O bien por desarrapados buscavidas y errabundos que sobrevivían gracias a la limosna caritativa y a las tretas de la picaresca.
De ello dará cuenta Miguel de Cervantes pasado el siglo, en su obra póstuma Los trabajos de Per siles y Sigismunda, donde da pábu-La Odisea al Paraíso.
La peregrinación a Jerusalén... lo a la queja romera: «pero estoy mal con los malos peregrinos como son los que hacen granjeria de la santidad, y ganancia infame de la virtud loable; con aquellos, digo, que saltean la limosna de los verdaderos pobres.
Y no digo más, aunque pudiera».
La peregrinación en el Renacimiento: El periplo de Don Fadrique Enriquez de Ribera
En el Renacimiento, como va dicho, proliferan los diarios romeros.
En tanto, las peregrinaciones suscitan una agria polémica confesional, acorde con una Europa desgarrada por las guerras de religión.
Al tiempo, se redefinen las rutas, los vectores y las leyes de los viajes a Tierra Santa.
Los peregrinos partirán de los distintos países y ciudades de la Cristiandad católica: Félix Fabri desde Ulm, Santo Brascha desde Milán y Pierre Barbatre desde Vernon lo harán en 1480; Bernardo de Breydenbach desde Maguncia en 1483; Fray Antonio de Lisboa desde Tomar en 1507; don Fadrique Enriquez de Ribera desde Bornes en 1518; Iñigo de Loyola desde Roma en 1523; Fray Antonio de Aranda desde Alcalá de Henares en 1529; Pedro Ordonez Ceballos desde Sevilla en 1565; Fray Pantaleao de Aveiro y fray Bonifacio de Ragusa desde la Santa Sede en 1566; Pedro Escobar Cabeça de Vaca desde Valladolid en 1586; Francisco Guerrero desde Sevilla en 1591; Juan Cerverio desde Canarias en 1595; Miquel Matas desde Cataluña en 1602...^.
La mayoría combinarán un itinerario terrestre con un periplo marítimo por derrotas seguras para navegantes.
De manera que, desde los cuatro puntos cardinales de la Cristiandad, formando comitivas con otros romeros para mayor seguridad, los palmeros confluían en los puertos mediterráneos de embarque hacia Levante.
La Odisea al Paraíso, sin obviar su aderezo espiritual, se estaba convirtiendo en una excursión ociosa para privilegiados.
Esta renovación de valores la encarna en primera persona la figura del Marqués de Tarifa.
En el año del Señor de 1476, nacía en Sevilla el hijo primogénito de don Pedro Enriquez de Quiñónez y de doña Catalina de Ribera y Mendoza, bautizado como don Fadrique Enriquez de Ribera.
El matrimonio había aliado a dos poderosos linajes sevillanos en un nuevo mayorazgo, en los que los monarcas delegaron su autoridad en la ciudad, Pedro García Martín 566 al confiarles el cargo de Adelantados de Andalucía.
De manera que su primogénito vino a sumarse a una laga lista de antepasados que desempeñaron altos cargos al servicio de la Corona de Castilla^^.
Es por eso que en sus años de formación combinará las armas con las letras.
La milicia, pues participó junto a su padre en las escaramuzas moriscas de la Axarquía malagueña, así como en las campañas de conquista del reino nazarí de Granada.
Y los libros, al recibir una formación humanista en la escuela para nobles que acababa de abrir en la Corte el preceptor Pedro Mártir de Anglería, quien fue el primero en hablarle del Renacimiento itahano.
La combinación de herencias y títulos, propicia que, en 1505, don Fadrique reciba a la muerte de su madre uno de los mayores patrimonios de su tiempo, redondeados con la concesión de la Alcaldía Mayor de Sevilla por el rey don Fernando y de un amplio bulario por el papa Julio IL Es el tiempo en el que los cronistas loan a Sevilla como la «Nueva Roma» del Imperio español, adonde confluyen comerciantes y picaros, cosmógrafos e impresores, artistas y literatos, para deslumhrarse con el reflejo de los metales preciosos llegados de Indias.
En este hervidero cosmopolita, el futuro peregrino va pergeñando su aventura oriental, alimentado tanto por una atmósfera espiritual mesiánica, como por una febril vocación bibliófila.
Los alicientes que unos años después le empujarán a transitar desde los países de España a los paisajes de Tierra Santa.
Las andanzas que, fijadas en un diario miniado, nos legará como si se tratase de un portulano colorista del Mediterráneo.
En los albores del mundo moderno, las peregrinaciones jerosolimitanas estaban en el alero del debate confesional, en el punto de mira de los reformadores.
Mientras los luteranos las censurarán sin paliativos, los católicos las considerarán un factor de afirmación estamental.
Pues su modelo nobiliario era el militante en la defensa de la fe verdadera y el seguidor de la figura de Cristo como ejemplo a imitar.
Las motivaciones que concurrieron en el Adelantado de Andalucía para peregrinar a Jerusalén están en consonancia con ese arquetipo aristocrático: el agradecimiento por la reconquista de Granada, y, con ella, por la unidad religiosa del reino; el cumplimiento de la Regla de la Orden de Santiago, dada su calidad de comendador; la costumbre familiar de visitar santuarios marianos y ermitas de su señorío; el deseo de conocer de primera mano el fenómeno del Renacimiento italiano, y; el riesgo de correr una aventura más o menos controlada durante su periplo.
Ese punto álgido de peligrosidad se alcanzaba al embarcarse en una nave que singlaba el Mediterráneo oriental, siempre al pairo de los albures climatológicos, pero también de los rapaces piratas que infestaban la derrota nautila.'Bartimsá ht Wf^o Inm ht Wo: míi,J* Pedro García Martín 568 Cuando don Fradrique inicia los preparativos de la expedición, ya había reunido en los cuarteles de su escudo heráldico una valiosa relación de bulas pontificias y títulos reales: Adelantado de Andalucía, Marqués de Tarifa, Alcalde Mayor de Sevilla y señor de Alcalá de los Gazules.
Estas credenciales habían hecho de su Casa y vínculo uno de los más prestigiosos de la ciudad hispalense, reforzadas por sus excelentes relaciones con los Reyes Católicos y Carlos I, quienes le depararon el tratamiento familiar de «nuestro tío e primo».
De ahí que dejase en manos de su hermano don Fernando Enriquez la administración de los asuntos materiales, mientras estuviese ausente, sin sospechar que éste hubiera de encabezar el partido imperial en la represión de los comuneros sevillanos.
Entre tanto, se dispuso la necesaria intendencia en orden a criados, medios de locomoción y víveres, cursándose cartas a mercaderes paisanos que tenían oficina abierta en Venecia y a la chancillería pontificia para que le librasen caudales llegado el momento.
Pero, sobre todo, llama la atención lo bien documentado que iba el Marqués, para mermar los peligros y seguir al pie de la letra los itinerarios al uso.
De manera, que no sólo había leído obras de astronomía y navegación, desde Ptolomeo de Alejandría hasta Alfonso X El Sabio, sino también libros de viajes y aventuras, desde el Libro de las maravillas de Marco Polo a La gran conquista de Ultramar.
Además de volúmenes directamente relacionados con las peregrinaciones, como el Viaje de la Tierra Santa de Bernardo de Breydenbach, la guía romana titulada Opusculum de mirabilibus novae et veteris urbis Romae de Francesco de Albertinis y el Bocabulario de quatro lenguas (Hebraea, Caldaea, Graeca et Latina).
Completaban el expediente viajero sendos portulanos mediterráneos, un Mapamundi y una Carta de Marear^^.
Encomendada la hacienda a su hermano, arreglados los pormenores del viaje, aparejada el alma tras confesión y comunión, don Fadrique y su séquito marchan por los caminos de Poniente.
Los caminos de Poniente
La partida es descrita por el manuscrito del Viaje a Jerusalén y por la Historia de Bornos que escribiera Pedro Mariscal.
El 24 de noviembre de 1518, el Marqués de Tarifa, a la edad de cuarenta y dos años, después de la colación en el monasterio Jerónimo de Bornos, emprende peregrinación hacia la Ciudad Santa.
El cortejo que le acompaña, compuesto por su mayordomo don Alonso de Villafranca, un capellán y ocho criados, inicia su anda-La Odisea al Paraíso.
La peregrinación a Jerusalén. dura por tierras de sus estados señoriales, ante la expectación que una procesión de bordones despertaba entre sus vasallos.
La recua de acémilas que se dirige hacia la frontera pirenaica, siempre ceñida a la costa levantina, rinde visita a la Virgen de Monserrat, se adentra en el Rosellón por el col de Perthus y alcanza la bella campiña provenzal en plenos los rigores del invierno.
Entre villas de recreo y bosques adormecidos, que unos meses más tarde estallarán en un perfume de lavándulas, recala en la ciudad de Marsella.
Y, como suele ser moneda corriente entre los forasteros que la avistan por primera vez, ensalza la bonanza de su puerto: «el más seguro que puede ser, porque adonde están los navios es un braço de mar que entra... que nunca allí en tiempo ninguno la mar está más que una alberca»^^.
La ruta prosigue por el Delfinado, atravesando los Alpes por el puerto de Monginevro, donde unos porteadores bajan al Marqués «en una carretilla por la mucha nieve que había».
Este constituía el mayor escollo orográfico del itinerario terrestre, pues los pasos alpinos sólo eran domeñados gracias a los trineos y a la pericia de los guías lugareños, desde donde escogían los puertos mediterráneos más convenientes en cada caso para emprender su singladura hacia Palestina.
A través de la fértil llanura lombarda y de las prósperas ciudades repúblicas de la Italia septentrional, el Adelantado de Andalucía alcanza Milán con los marzales.
En esta «ciudad muy grande y de mucho trato», no puede por menos que comparar el tamaño de su catedral con la de Sevilla, así como sus campos bien labrados con las vegas andaluzas cultivadas por hortelanos moriscos.
En pleno esplendor primaveral, el 12 de mayo de 1519, don Fadrique Enriquez llega a Venecia, el pórtico a las futuras maravillas orientales.
Y la perla del Adriático le deslumbra, como sucedía a la mayoría de los viajeros occidentales, al punto de describirla como «la más hermosa población que ay en la Christiandad, porque sino se vee, no se puede juzgar».
Las mismas sensaciones nos ha legado Fray Antonio de Aranda cuando en 1529, cantada la salve y otros versos de alegría, empezó a navegar a vela tendida desde la perla del Adriático.
Y años más tarde hallamos repetida esta imagen idílica en la obra del propio Miguel de Cervantes, que pone en boca del Licenciado Vidriera la comparación de la capital de Su Serenísima República con la de México: «Estas dos ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo entero, la de América, espanto del nuevo mundo»^^.
Lo más común era que los palmeros se concentrasen en Venecia a medida que se aproximaba el estío, procesionando en las fiestas del Corpus y de la Ascensión para aparejar las conciencias, puesto que la ciudad de los canales se había especializado en esta modalidad excursionista.
A tal efecto, los Pedro García Martín 570 viajeros eran alojados en fondaco por «naciones» o lenguas y aliviaban sus males en ospedali, en tanto concertaban un contrato escrito con un patrón naviero estipulando al detalle las cláusulas correspondientes.
En previsión de abusos, el Dogo concedía licencias oficiales a los capitanes, nombraba intérpretes que apostados en la Plaza de San Marcos o en el puente de Rialto ayudaban a los peregrinos a sacar pasaje, comprar bastimentos y cambiar monedas.
Asimismo, en lares europeos o palestinos adquirían la famosa Guía del Peregrino, redactada por los custodios fi-anciscanos de Monte Sion y reimpresa en sucesivas ediciones para actualizarla, que, junto a oraciones e himnos para cada ocasión, contenía la relación de lugares sagrados y aun la recompensa evangéhca a obtener en cada uno de ellos.
Sin embargo, otros peregrinos obviaban este primer tramo caminero y embarcaban directamente en ciudades portuarias para verificar la singladura mediterránea, zarpando de Génova, Barcelona o Sicilia rumbo a Alejandría.
Desde este nudo cosmopolita, atravesaban Egipto dedicándole todo tipo de lindezas nilóticas, rendían visita al monasterio de Santa Catalina en el Sinai y proseguían trecho hasta la Ciudad Santa.
Tal es el trayecto seguido por Pedro de Escobar Cabeça de Vaca hacia 1585, por el sacerdote olotí Miquel Matas en 1602 y por el franciscano Antonio del Castillo en 16561^' Entre tanto, el grueso de peregrinos jerosolimitanos aguardaban en Venecia la formación de una flota regular, que solía hacer sendas travesías en primavera y verano, aprovechando las buenas condiciones de navegabilidad del Mare Nostrum, Allí es donde don Fadrique Enriquez se iguala con el patrón Marco Antonio Dandolo en 1519, para navegar el primero de julio en la nao Coreça junto a ochenta y cinco peregrinos más, entre los que amista con el músico Juan del Enzina que luego le dedicará su poemario intitulado Trivagia.
También en la «ciudad invisible» recala Ignacio de Loyola a fines de 1523, obteniendo licencia del Dogo Andrea Gritti para embarcarse hasta Chipre, desde donde debe regresar disuadido por los guardianes franciscanos de su intención de prédica en Tierra Santa ante el clima belicoso creado tras la reciente conquista de Rodas por los turcos^^.
Antes de levar anclas, desde el capitán a los peregrinos, comulgaban y hacían «otras diligencias provechosas a sus conciencias».
Las escalas de Levante
Las naos Coreça y Dolfina navegarán en conserva entre las ínsulas venecianas del Mar Egeo.
Desde Istria a Zante, las factorías del Dogo sose-La Odisea al Paraíso.
La peregrinación a Jerusalén... garon el ánimo de los viajeros, mientras lo descompuso el cabotaje por aguas de la península de Morea, plagadas de corsarios berberiscos y acechadas por el Gran Turco.
El 19 de julio de 1519, entuban el canal de Rodas, para quedar en cuarentena, siguiendo órdenes de los caballeros de San Juan, por lo que «no pudimos desembarcar aquel día porque a de venir antes la barca de la Sanidad, para saber si el navio viene sano y de lugar sano, y hasta que el Maestre lo sepa y de licencia, nadie se desembarca».
Se trata de medidas profilácticas similares a las que se adoptarán en los grandes puertos del Mediterráneo desde Mahón a La Valetta.
Lo cierto es que la breve estancia rodiota del Marqués de Tarifa, a la ida y a la vuelta de su periplo jerosolimitano, le dieron pie a incluir una disertación sobre la Orden del Hospital, en la que mezclará recuerdos personales y tratados historiográficos que sentarán plaza en su librería hispalense.
De la descripción de la capital isleña, se desprende la estampa de una ciudad fortaleza, de «buenos baluartes» y «mucha artillería», preparada para cualquier ataque de los enemigos infieles.
Tras un par de centurias de asentamiento cristiano en el Dodecanese, que habían deparado a la Orden el elogio pontificio de ser el más firme sostén de la Iglesia latina en Oriente, la guerra con los mahometanos arrojaba una larga relación de asedios y presas, cautivos y esclavos, heroísmos y traiciones.
Los caballeros de los reinos occidentales se curtían en las carvanas o expediciones navales para ganar ancianidad y encomiendas.
En ese momento, era Gran Maestre el italiano Frey Fabrício Carreto, que pasará a los anales como un digno adversario del Sultán Selim, quien se había apoderado de las provincias egipcíacas.
De manera que la ocupación otomana de Otranto y Crimea, había dejado como únicos enclaves cristianos en Levante a los genoveses en Chios, los venecianos en Chipre y los sanjuanistas en Rodas.
En realidad, el Adelantando de Andalucía alaba el «antemural de la Fe», como se conocía a la Orden de San Juan, en la noche que precede a la batalla, puesto que la conquista rodiota por los turcos en 1523, empujará a sus caballeros a buscar una nueva sede insular en Malta.
Pero este paso atrás de la Milicia de Cristo en la frontera mediterránea con el Imperio otomano lo conocerá el Marqués en su retiro sevillano de la Casa de Pilatos.
Entre tanto, las naos de peregrinos, tras recalar en Rodas, faldearon el enclave napolitano de Castilrrojo en Asia Menor, tolerado por los turcos para poder comerciar con mercaderes cristianos.
Pasando a una prudente distancia de Chipre y avistando San Juan de Acre, escoraron millas hacia el mediodía, y, tras una veintena de jornadas desde la partida veneciana, lanzaron amarras en el puerto de Jaffa.
Sólo entonces, en suelo palestino, empezaron a cantar el Te Deum laudamus.
Las excursiones por el Paraíso terrenal
Mas el camino no era tan franco ni la estancia tan libre.
Antes de poder marchar por Tierra Santa, había que cumplimentar ciertos trámites burocráticos hasta alcanzar la Ciudad Santa, por lo que un enviado del Guardián de Monte Sion les amonestó acerca de las costumbres que debían observar en su visita a los Santos Lugares.
Después, los peregrinos obtuvieron el salvoconducto pertinente tras registrarse en el hbro del Cadi, contratando los servicios de un trujamán versado en lenguas arábigas y turquescas, mercando viandas a los vendedores ambulantes y alquilando asnos a unos arrieros locales, puesto que el uso del caballo estaba vedado para los cristianos.
Para entonces, los viajeros ya se habían concienciado de las múltiples exacciones a las que iban a ser sometidos por los naturales, del negocio material que la peregrinación comportaba para los custodios palestinos.
Toda vez resueltas las formalidades, se formó una caravana con los romeros de las dos naos venecianas, la guardia de jinetes islamitas y el personal auxiliar (escribas, traductores, frailes, porteadores, etc.), hasta rondar los doscientos individuos.
En plena canícula agosteña, caminaron en hilera hasta Rama, «cuando ardía bien el sol», donde les obligaron a apearse y cubrir un trecho a pie hasta un descansadero con pozos de agua fría para calmar la sed.
En este oasis programado, los vecinos les alquilaron esteras de juncos para dormir, mientras unos cristianos les prepararon la cena «por nuestros dineros».
Las etapas siguientes discurrieron por un paisaje desértico, trufado de sequeros y palmeras, que se cobró la vida de un par de peregrinos, del tenor de un alemán deshidratado y un flamenco epiléptico.
En cada parada o en cada cruce de caminos, el romero vivía una experiencia bíblica y litúrgica, rezando, venerando rehquias y celebrando eucaristías.
De manera que estos parajes proféticos fueron creando la atmósfera emotiva adecuada para el encuentro con el Paraíso terrenal, exclamando don Fadrique: «Allegamos a Jerusalem este día jueves, a las vísperas poco mas, que no fue poca la alegría quando lo vimos...»^^.
Con la llegada del peregrino a la meta, a pesar de las molestias y peligros pasados, se siente embargado por la emoción al contemplar el lugar sagrado.
Cual laetitia spiritualis que se respira en el extremo del viaje iniciático al saberse en la Tierra Prometida.
Es entonces cuando entran en escena los ritos de aproximación al encuentro con el misterio divino.
En la peregrinación cristiana, el romero participa en la procesión, el cántico, la oración, el beso de la talla o el icono y la ofrenda que le vincula con la divinidad.
Lo que en Jerusalén se experimenta rememorando la Pasión de Cristo.
Y será en el santuario, en la iglesia del Santo Sepulcro, donde el peregrino confiese sus pecados y participe en la celebración de la eucaristía, en el que obre su ansiado encuentro con Dios.
©estie Jeruôaílii rornamos a j^eguír ímestro camino...
Pedro García Martín 574 De forma que, después de una cena de bienvenida y de pernoctar en el hospital de Santiago, los viajeros de la Dolfina y la Coreça pasaron a someterse a un recorrido organizado por los lugares santos bajo la guía de los franciscanos de Monte Sion.
Una agotadora jornada se dedicaba a visitar los misterios: oratorio de la Virgen, tumbas de mártires, lugar de elección de Santiago como obispo...
Otra, a los restos patrimoniales: Templo de Salomón, ermita de la conversión de San Pablo, agujero de la Cruz...
Y en todo momento y lugar, las omnipresentes rehquias: clavos, coronas, pedazos de la cruz, huesos de santos y hasta ¡huellas del Señor!
Los musulmanes, que acogían a sus propios peregrinos, no les iban a la zaga a los cristianos y les daban la répHca mostrando en la mezquita de Omar ¡un pelo del profeta!
Amén de vigilias y misas nocturnas en la iglesia del Santo Sepulcro, la ceremonia ritual por excelencia de la peregrinación consistía en armas nuevos caballeros de dicha Orden, en el recordatorio cruzado a los aspirantes romeros.
Este privilegio, reservado a una minoría aristocrática, había ido deformando sus valores originales: el aquitano Nompar de Caumont, en 1419, se hace acompañar de un caballero de Rodas para el acto de investidura; el andaluz Pero Tafur, en 1437, se atribuye el papel de maestro de ceremonias; el alemán Félix Fafri, en fin, en el año 1483, esgrime como probanzas no tanto la buena reputación como la fortuna suficiente.
No debe extrañarnos, pues, que don Fadrique Enriquez perciba el capítulo como una práctica rutinaria, pues las averiguaciones de hidalguía «aunque se solía a cada uno decir, dijese de siete en siete, por abreviar».
Para concluir entregando una limosna obligatoria de diez ducados a cambio de las cartas de calidad nobiliaria^^.
El programa de visitas a Tierra Santa se completaba con excursiones facultativas a Belén, Nazaret y al río Jordán, que son consideradas estaciones fuera de Jerusalén.
El Marqués de Tarifa observa con ojos piadosos escenarios y rehquias bíbhcas, aunque ya emplea expresiones dubitativas, del tipo «y dicen» o «como me lo contaron, así lo cuento».
Y es que muchas de las gracias espirituales se obtenía contemplando vistas tan ingenuas como la playa donde San Pedro pescaba, el lugar donde Pilatos se lavó las manos, la fuente donde María hacía la colada familiar, el plantón de la zarza de Moisés o un hueco en el pesebre « a do dicen que la estrella de Oriente se quedó parada en el cielo».
Un repertorio queJaaría hoy flaquear la fe del creyente más pintado, pero que, por paradójico que nos parezca, en parte sigue siendo aún recorrido por los peregrinos actuales.
Sea como fuere, de vuelta a cubierta, aproaron rumbo casa, y, tras una incómoda escala en Chipre y una pehgrosa tormenta en aguas griegas, recalaron en la laguna véneta en noviembre de 1519.
El amanuense sevillano anotó en su diario: «en el viaje a Jerusalén tardé quatro meses y quatro días».
La peregrinación a Jerusalén..
Donde termina el relato del peregrino comienza el del humanista.
Para armonizar las armas y las letras, la religión y la cultura, el espíritu católico y la vocación clásica.
Se trata del llamado «viaje de Italia» que cursaron los prohombres del Renacimiento.
De manera que, en lugar de dirigir sus pasos presurosos hacia Sevilla, la comitiva del Adelantado de Andalucía deambuló sin agobios por la Península Itálica, visitando a sus personalidades y adquiriendo obras de arte.
En esta línea se manifiesta su estancia en la ciudad de los canales, en la que se ejercita en el dolce far niente tras las incomodidades sufridas en Oriente Próximo, comprando antigüedades y artesanías de papel y cristal.
Además, le fascinan por igual el cosmopolitismo de Venecia y su organización política, a la que no duda en calificar de modélica y en describir el complejo mecanismo seguido para la elección del Dogo.
A pesar de que la monarquía autoritaria de los Reyes Católicos y la constitución imperial del César Carlos eran tan distintos de los regímenes italianos, a don Fadrique, como le sucedió a otros intelectuales del Cinquecento, el buen gobierno veneciano le pareció el proyecto cristianizado de los filósofos clásicos, la encarnación de la República ideal de Platón.
La siguiente parada le lleva nada más y nada menos que a la Florencia paradigma del Renacimiento.
Como huésped de los Médicis que gobernaban la Señoría, recorre los palacios y conventos, las calles y puentes, las villas y viñedos de la campiña.
Asiste a la festividad mayor de San Juan, en la que se corren palios, se procesionan imágenes y se ofrenda en el Baptisterio a golpe de trompetas, tambores y banderas.
Eran los colores del esplendor mediceo en puertas de convertirse en Gran Ducado de Toscana^^.
La bajada por lares etruscos condujo a la expedición hispalense hasta la Ciudad Eterna.
Extraña el mutismo que guarda en su diario sobre su estancia romana.
Máxime cuando sabemos por otras fuentes que el papa León X introdujo a don Fadrique Enriquez en su corte artística, en sus fiestas y banquetes, concediéndole importantes privilegios que enriquecieron su bularlo.
Además, coincidió con los meses en los que el pontífice estaba fraguando la excomunión de Lutero, por lo que el Vaticano sería un hervidero de rumores.
Pero lo cierto es que el texto reanuda el relato en mayo de 1520 con la llegada a Nápoles, lugar de activo comercio y gente principal, donde se interesa por la mirífica licuefacción de la sangre de San Genaro, «que es la cosa mejor que yo nunca vi quanto anduve, porque se ve manifiesto el milagro cada día»^^.
Apenas le restaba a nuestro peregrino desandar el camino.
De ahí que, ascendiendo por los Estados Pontificios, rindiera culto franciscano en Asís y mariano en Loreto, admirase la «acostada» torre de Pisa, hiciese encargos a los traductores del Colegio Español de Bolonia, y, en fin, le sorprendiera la hermosura y libertad de las genovesas.
Para acelerar la marcha por suelo francés, cruzar la frontera, adecentar la conciencia en el monasterio de Guadalupe y retornar a Sevilla el 20 de octubre de 1520.
En su cuaderno de viajes anotó un escueto Deo Gratias.
El retiro edénico en la casa de Pilatos
En la Europa del Renacimiento, las peregrinaciones a Tierra Santa irán despojándose de la idea medieval de errance, de aventura arriesgada de los paladines cruzados que pretendían liberar Jerusalén del yugo agareno.
Puesto que ahora, modificados sus argumentos ideológicos, se convertirán en viajes de lujo para personas principales de los estamentos privilegiados, a los que algunos de sus protagonistas calificarán de «camino sin pesadumbre»^^.
Además, la ruptura confesional, la intolerancia que llevó a las guerras de religión, hizo que jubileos e indulgencias fuesen puestos en tela de juicio por reformistas y reformados.
De resultas, mientras los luteranos y calvinistas abominarán de lo que consideraban un itinerario mercantilizado, los católicos se reafirmarán en las convicciones tradicionales, máxime cuando el Concilio de Trento justifique la peregrinación con prudencia.
El único punto de encuentro entre los teóricos papistas y protestantes menos extremistas será la idea de la peregrinación «como senda espiritual del cristiano».
Mas al Marqués de Tarifa, que a su regreso a casa había doblado el meridiano de su vida, los frentes teológicos y militares le empezaban a quedar anclados en el pasado.
Afirmada su fe por mor del peregrinaje, reforzada su cultura humanista gracias a la experiencia italiana, don Fadrique encarna el modelo de noble moderno que en su juventud militara en las armas y en su madurez lo hiciera en las letras.
Es por eso que, para rendir culto a sus progenitores, encargó al escultor genovês Antonio María de Carona innovadoras obras sepulcrales.
Poco después, implantó el rezo de las siete estaciones de cuaresma, reconocido en 1527 por bula del papa Clemente VIL Mandó levantar el Hospital de las Cinco Llagas, que el vulgo conocerá como el de la Sangre, recordando su visita a las instalaciones sanjuanistas en Rodas, sobresaliendo «su botica, que se juzga por la más abundante de Medicinas de todo el La Odisea al Paraíso.
La peregrinación a Jerusalen..
578 Reyno, de la quales se dan graciosamente a quelesquiera pobres de la ciudad con receta de algún Médico»^^ Y, sobre todo, se hizo construir el palacio de los Adelantados o de los Quattor Elementa, rebautizado en 1540 cqmo Casa de Pilatos por el canónigo Saavedra al crear el Vía Crucis a la muerte de don Fadrique.
Porque será en ese locus amoenus donde se retire el peregrino jerosolimitano para vivir en paz sus postrimerías.
Las huellas de la peregrinación las fijó el Marqués de Tarifa en su palacio de la colación de San Esteban y en los tesoros descriptivos de su manuscrito.
En la Casa de Pilatos, porque su fachada nos recibe aún hoy con cruces jerosolimitanas, citas bíblicas e inscripciones alusivas a la romería.
Y el interior alberga los nuevos ideales artísticos italianos, como los medallones de emperadores romanos, el patio con bustos y con personajes mitológicos, los mármoles de Carrara y las esculturas genovesas que esmaltan las estancias y el cenotafio de la cartuja de las Cuevas.
Esto hace del Adelantado de Andalucía un introductor de las formas artísticas del Renacimiento en la ciudad de la carrera de Indias, despertando entre otros nobles la fiebre por construir el palazzo clásico, así como el coleccionismo de piezas griegas, romanas y obras recién salidas de los talleres itálicos^^.
Pero la impronta del periplo también está en las páginas de su diario peregrino, que atesora los frutos espirituales y materiales del viaje, en forma de datos, leyendas y panorámicas de los países recorridos.
De forma que se suceden las observaciones geográficas, naturalistas, urbanas, militares y costumbristas, entre las que cobran especial interés a nuestro tema su percepción de Tierra Santa, el contraste entre la belleza leída en las Sagradas Escrituras y la realidad patrimonial de un país semiruinoso.
De alguna manera, gracias a su mentalidad moderna, a su ánimo abierto a las novedades, se apropia de las «maravillas» literarias para plasmarlas en el manuscrito vivido de su peregrinación^^.
Desde la penumbra de su biblioteca, desde la luminosidad de sus jardines, don Fadrique Enriquez soñaba con la visión de Sevilla como la Nueva Jerusalén terrenal.
Por eso ordenó con esmero el rito de su último viaje.
Cuando fallece en 1539, será enterrado en la cartuja de las Cuevas junto a sus antepasados, portando como compañía el hábito de Santiago y algunas reliquias de Tierra Santa.
En su testamento cita la sentencia de San Agustín: «peligrosa cosa es esperar a la postrera hora que es muy breve...».
Tan efímera como su peregrinación desde Sevilla a Jerusalén.
La fugaz Odisea al Paraíso de un noble renacentista.
La peregrinación a Jerusalén...
Historia de la percepción del paisaje en la Europa moderna (ca.
2 HERBERS, Klaus(1999): «Peregrinaciones a Roma, Santiago y Jerusalén», en CAUCci VoN SAUKEN, Paolo (a cargo de): El mundo de las peregrinaciones.
104. ^ DANTE ALIGHIERI: La Vida Nueva.
16, y para el tránsito de la geografía simbólica a la cientiñca GARCÍA MARTÍN, Pedro: «Maravillas y certezas: del espacio fantástico al espacio real en la Europa moderna», en SÁNCHEZ-TERÁN, Salvador, BALESTRACCI, Duccio y otros ( 2001): La formación del espacio histórico: transportes y comunicaciones.
Salamanca, Ediciones Universidad, 2001, pp. 191-213 ^ Puede consultarse una relación de la literatura ibérica de las peregrinaciones a Jerusalén, así como una antología de diarios de viaje, en JONES, Joseph R. (ed.): Viajeros españoles a Tierra Santa (siglos XVI y XVII) (1998).
Por cierto, que este autor no menciona el manuscrito de la peregrinación de don Fadrique Enriquez de Ribera, a pesar de haberlo dado a conocer con signatura incluida un año antes en mi libro GARCÍA MARTÍN, Pedro: La Cruzada Pacifica, op. cit., p.
Asimismo, puede navegarse en la dirección de internet www.delacuadra.net/escorial, que contiene un apartado sobre viajes a Tierra Santa en el siglo XVI.
^° Véase la biografía del personaje por GONZÁLEZ MORENO, Joaquín (1974): Desde Sevilla a Jerusalén.
Sevilla, Monte de Piedad, 1974, y por GoNZÉLEZ JIMÉNEZ, Manuel: «La biografía de don Fadrique Enriquez de Ribera», en GARCÍA MARTÍN, Pedro (coord.) (2001): Paisajes de la Tierra Prometida, op. cit., En el mismo hbro la Sevilla del Renacimiento es recreada por Carlos Martínez Shaw, el legado artístico de don Fadrique por Vicente Lleó Cañal y el estado de la cuestión de los manuscritos romeros por Vicenç Beltran.
A esta autora debemos la excelente trascripción de la copia lujosa del manuscrito fadrique ño en GARCÍA MARTÍN, Pedro (coord.): Paisajes de la Tierra Prometida, op. cit.,
Pedro García Martín Pedro García Martín |
A MARIÑA DEL COMIENZO
En los pueblos marineros lucenses de su niñez y juventud, Ribadeo -en donde permanece hasta 1929-y Viveiro -en el que vivirá hasta el verano de 1936-, la escritora se familiariza con ese mundo marino que dejará una huella muy profunda en su poesía.
Y así su mar primero es el "Cantábrico" rugiente de A Mariña lucense, cantado ya en ese poema juvenil de exaltación panteísta en el que brota exultante la vivencia sensual de la comunión con la naturaleza, que permanecerá siempre en su poética expansiva de mujer de "espírito descalzo" que "comunga coa lúa".
Además, las dos urbes, cada una en su individualidad, impresionarán de una manera diferente la memoria poética
de la autora y aparecerán recreadas en diversos tempos, desde la proximidad y desde la distancia, primero en las plasmaciones más inmediatas de la juventud y luego en las recuperaciones nostálgicas de la avanzada madurez.
Las vivencias originarias de Ribadeo, su ciudad del Eo, estarán siempre estrechamente unidas al fluir de las aguas de los ríos y de la lluvia.
Son las dulces aguas fluviales, cantadas en el poema "Ciudad de la niñez", dedicado al Eo, o en el titulado "La lavandera", que recoge las sensaciones de sus salidas a lavar en el río de niña acompañando a la mujer que hacía los trabajos domésticos en su casa.
En la estilizada estampa imaginista que es este poema percibimos el leve fluir de todo, el agua, el aire, el tiempo y la tierra, en movimiento acompasado con la sensualidad erótica que hace discurrir la vida.
La composición participa de esa móvil humedad panerótica originaria que constituye el magma poético en el que nace la más profunda voz poética de Luz.
Pero son también los fluidos de aquel discurrir de ría en Ribadeo las aguas primigenias de la vida, propagadas en la lluvia permanente, conducidas en los ríos y recogidas en los mares abiertos, en el movimiento repetido y distinto de los ciclos vitales.
Y así aparecerán mucho más tarde recuperados en el poema "Primeira memoria" de Códice Calixtino.
Pero Ribadeo, ciudad de la niñez, inspiró toda una segunda parte de un libro de temática galaica y de emblemático título originario, Noticia de la tierra, ciudad de la niñez, que murió antes de ver la luz pero que revivirá varias veces, en diferentes poemas y en sucesivas obras, en las diversas recreaciones de la "cidade primeira", el lugar al que vuelve obsesivamente en sus últimos versos en busca dialogal del sí personal y del nosotros amoroso y comunal.
Y así al poemario primero paisajístico, etnográfico e histórico de exaltación galaica, que la autora no quiso que perdurase, pertenecían las citadas composiciones inspiradas por el Eo y las lavanderas, al igual que la titulada "El gaitero", publicada en Aturuxo u otras de temática mítico-compostelana que nunca formaron parte de un libro definitivo como sí lo hicieron aquellas de la "primera memoria" de su ciudad de niña.
Porque Ribadeo es precisamente su fundacional "tempo de nena" en el que todo comienza y se funda.
Allí en el lugar recordado como "xardín aberto xusto na nordesía" está la "patria" primera y florece siempre para ella la "primavera" del principio.
Por esto, desde el invierno de la vida, regresa a la ciudad donde "a luz é grisácea", pues justo donde abrió los ojos para nacer en la luz que va siempre con ella es donde mejor perdura "o que acorda de nós".
Esa es entonces la estancia de la "primeira memoria" que guarda la identidad múltiple en una "mar cercada" sellada desde siempre y para siempre en "escuro designio" porque es su "casa" del ser, con "luz ferida e pura que dá tempero á alma", el espacio iluminador donde se sabe todo "o que morre de nós / e o que queda á deriva".
Y así será convocado también en el homenaje final del libro Ribadeo Ribadeo (Ribadeo: Concello de Ribadeo, 2002), compilación definitiva en torno a los poemas dedicados a la ciudad de su niñez, seleccionados en Memoria solar bajo el simbólico epígrafe de "Paraíso perdido", compendio del mundo mítico de la infancia.
Y volverá a aparecer en los versos que nombran esa urbe marina en el monolito colocado a raíz del homenaje que en su pueblo natal le ofreció la Asociación de Escritores en Lengua Gallega en el verano del 2001, como en el poema pictórico que comienza "Ribadeo / Ribadeo", incluido en O libro dos abanos (Palabras no aire) (Santiago de Compostela: Follas Novas, 2002).
A raíz del levantamiento militar de 1936 el padre de la escritora fue detenido y encarcelado en Lugo y, por tal motivo, en agosto de ese año la familia se traslada a la capital lucense y se instala en el mismo edificio en que vivía el poeta Luís Pimentel.
Por la calle en que habitaban pasaban los entierros y en ella se escuchaban los tiros de los fusilados contra los muros del cementerio.
La escritora guarda memoria de su propia angustia de niña pero también de su testimonio inocente del poeta de Cunetas herido por el terror.
Esta visión espantada de la adolescencia será muchos años después relatada en lúcida, contenida y emocionada prosa en el conmovedor escrito "Encontros con Luís Pimentel" e inspiraría también el poema "O prisioneiro" de Concerto de outono, que presenta a un hombre psíquicamente destrozado por la brutalidad humana.
En Lugo permanecerá nuestra autora hasta finales de 1938 y la ciudad de la muralla será recuperada con nostalgia en su etapa de madurez, siempre estrechamente vinculada a la figura de Pimentel, el maestro que supo revelárnosla intensamente mirando el cuarto de estar de la plaza central desde su galería abierta a los arrabales.
Pero la urbe también aparece unida, por metonimia, a los horrores de la guerra vividos en su niñez y denunciados con espanto en los versos del autor de Sombra do aire na herba.
Lugo es también en la poesía de la autora espacio contrapunto, tiempo en música de fuga, infierno y paraíso, como la vida.
Y es, por esto, el lugar al que siempre vuelve en busca de los descubrimientos de la adolescencia, "daquela primavera que fuxía", como en "Volver a Lugo cando sosega o tempo" de Códice Calixtino.
Porque luego Lugo será además uno de los recintos sagrados máximos del encuentro amoroso en el peregrinaje místico de la "Demanda do Grial" de Prometo a flor de loto, pues en ese apartado consagrado a las vías mayores de la búsqueda de liberación iluminativa, la "Cidade do Sacramento" es el lugar donde se revela el misterio del amor absoluto, que vence los límites de la materia y la ausencia de la muerte en la "aurora consumada" de la "insistencia da luz".
Y a esa ciudad vuelve, a la mística comunión de la "cita eucarística", "para anular o tempo" e "incendiar a morte" en busca del amado que se hace siempre presente por el privilegio sacramental de la religión del amor, como está siempre expuesto el misterio del "sol sacramentado" en la catedral lucense por privilegio eclesial de la religión católica.
En esta etapa de la inmediata posguerra se casa en 1944, nace en 1945 su primer hijo, Gonzalo, y publica sus primeros poemas.
Comienzan también ahora sus relaciones literarias y así tiene lugar el reencuentro con Pimentel en 1944.
Un poco después, en 1946, inicia el contacto epistolar con el poeta Eduardo Moreiras a quien conocerá personalmente en 1948.
És ésta una relación fundamental para la mujer y para la escritora, que va, desde este momento, a trastocar y reorientar el sentido profundo de su vida, en un contexto social que no propiciaba el cambio.
El diálogo entre las dos personalidades tendrá además finalmente unas importantes consecuencias literarias, pues la creación de los dos autores acabará conformando, en lo esencial, dos inmensos y recíprocos poemas de amor total que se miran uno al otro reflejando en holograma sucesivas imágenes de los amantes.
Pero en sus comienzos el primero efecto de esta relación es que la prosa poética "La llamada de Danae" inspira a Moreiras la creación de la revista Mensajes de poesía en 1948, que en su primer número recoge ese texto de Luz, junto con otro poema de ella, "La espina".
Además, el autor de Follas de vagar le dedica el poema "Nostalxia", en 1949, y luego todo un libro que aún permanece inédito, Los amantes.
Por otra parte, al año siguiente de su encuentro, Eduardo publicará en Vigo el primer libro de Luz, el poemario castellano, escrito en 1947, que lo tiene a él como receptor implícito y que lleva en portada una viñeta de Xosé Sesto López representando a Danae: Ánfora (Vigo: Edición de Autora, 1949).
Esta obra furibundamente vitalista es deudora, en parte, del intenso erotismo de Juana de Ibarbourou, del pannaturismo desgarrado de Gabriela Mistral y de la sensualidad de las escritoras posmodernistas hispanoamericanas como Alfonsina Storni.
Sus encendidas prosas poéticas, inspiradas por Eduardo, tienen como hilo argumental el itinerario sensual y sentimental de historia primera de los amantes como presagio y desenvuelven, en dialéctica permanente, los temas de la pasión erótica y de la desolación sentimental, aunque se superponga siempre la primera en apoteósico estallido cósmico de orgía dionisíaca.
Danae, con su llamada a la unión amorosa, resume en su mito el libro al completo, que encierra una personal recreación del paganismo helénico clásico, con notas del erotismo, del panteísmo y del telurismo del Cantar do Cantares, de las cantoras hispaoamericanas de la voluptuosidad y de Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre.
La propia autora ha hablado de la pasión desbordada de estos versos; del amor íntegro, platónico, lejano y apasionado que contenían y del mundo pleno que en ellos imaginaba su deseo.
Pero hay que decir también que en este libro comienzan muchas cosas.
Comienza el largo poema de amor total que va a ser desde este momento, en lo esencial, la poesía de Luz.
Comienza la recreación intertextual y metaartística de múltiples connotaciones culturales que llegará al máximo mucho más tarde, a partir del cambio de rumbo de 1976, ya en el posmodernismo poético gallego.
Además, se muestran en todo su esplendor sus expansivas y arrebatadas sensualidad desbordante y alucinación frondosa de linaje surrealista.
Y se confirma, ahora de manera rotunda y en su grado más exultante, el luminoso vitalismo de base que la acompañará siempre.
Nace, pues, Danae con su chora de lluvia como un sueño destinado a sobrevivir en las represivas sombras insidiosas de la posguerra.
Y así, desde este momento, el poeta Moreiras será el inspirador de toda la creación erótica de Luz.
Ella misma literaturiza los orígenes de ésa su poética amorosa en la composición "Far blues" de Códice Calixtino, evocadora del Viveiro de los años cuarenta, para ella, la ciudad de su primer poema de amor.
En 1952 publica dos nuevos libros poéticos, uno en castellano y otro en gallego.
El primero, titulado El vagabundo (Ribadeo: Edición de autora, 1952) y editado en Ribadeo, fue escrito en 1950 para el Premio de Poesía Adonais y está dedicado a los escritores Gerardo Diego, Gamallo Fierros, Manuel Rabanal y Eduardo Moreiras, que habían acogido muy positivamente su primera obra.
La edición incluye además a manera de prólogo el escrito "Danae" publicado por el citado poeta del 27 en ABC a propósito de Ánfora y que en Memoria solar apareció como epílogo de la obra que comenta.
Desde el punto de vista gráfico, repite en la portada la viñeta de Sesto que aparecía en el primer poemario e incluye ilustraciones de Urbano Lugrís, el pintor poeta con el que la escritora comparte un mismo culto por la belleza platónica de ensueño, que ilustrará en 1955 los "Siete poemas de primavera" publicados por la autora en la revista Atlántida aire y en la música de él que la moja, pues él canta en ella porque ella está en él y él llueve en ella.
Los poemas se llenan de símbolos que enlazan los cuerpos con la naturaleza y así ella es los árboles, la tierra y la zarza y él es los pájaros, el jilguero que canta y la lluvia.
Entre los dos habita la claridad, la humedad, el calor, el frescor, el movimiento, el sabor y el rumor que hace nacer, también de ellos dos, el río del canto, como nace un niño, porque el canto de ella es el canto de él, "quente música, a túa, que me molla".
Pero esta expansión libre del lenguaje aparece ahora más contenida, vertida en un verso más corto y llega a hacerse aún más mitigada, en aras de una mayor concreción, en la plasmación de los motivos más específicamente galaicos o en aquellos otros de proyección social y trascendente en los que hay cierta huella rilkeana.
Los citados "Poemas de primavera" aparecidos en Atlántida continúan esa misma poética vitalista de Danae, en su exaltación del alegre gozo de vivir evocado por la explosión de la naturaleza en primavera, en contraste con el imperio de la tristeza y de la muerte inherentes a la civilización creada de espaldas a la llamada de la vida.
En el tránsito de la década de los cincuenta a los sesenta nacen sus hijas Mónica, en 1959, y Luz, en 1962.
La espera por la llegada de Mónica y sus primeros meses de vida aparecen poetizados en doce composiciones publicadas en Vida gallega en el año 1959; en ellas, mes a mes, como en un diario, construye un calendario materno para ir anotando las vivencias de la maternidad que se agolpan confusas en el cuerpo y en la mente, asombradas ante el empuje irresistible del discurrir de la vida.
Estos versos de "Adviento", como se titulan en Memoria solar, prolongan el tono sensual de sus libros castellanos, pero estilísticamente continúan el camino de la contención de la expresión y de la simplificación del lenguaje iniciado en el primer libro gallego.
El nacimiento de la segunda hija coincide con la publicación de un nuevo libro en castellano de temática marina, Cita en el viento (Viveiro: Edición de Autora, 1962), editado en Viveiro, con dibujos de Xosé Ramón Villar Chao y dedicado de nuevo a Gamallo Fierros, primer animador y propagador principal de la obra poética de nuestra escritora.
Este poemario evidencia claramente la ya citada vocación marina de la autora que en esta época obtuvo el título de patrón de embarcación.
Pero, por encima de todo, es su respuesta a la convivencia de tantos años entre las gentes que bajo el soplo del viento del noreste se enfrentan diariamente a las aguas indómitas.
Así estos versos se dan cita con el viento que más tarde dará nombre á su primera revista poética (Nordés), para adentrarse en una poética del mar que aquí se inicia de lleno, pero que ya había centrado el apartado tercero de O paxaro na boca, protagonizado precisamente por esos "homes de escumas e sereas, / que tanxen a lúa de noite / (...) / co seu corazón de dorna, / cando o vento do Norde / vai guindado do liño das velas".
Esa poética marina desenvuelve el doble tema de la dialéctica positivo-negativa de plenitud y carencia que estará siempre presente en la aproximación de la autora a este polimorfo símbolo universal de absoluto.
Pero en el nuevo libro en concreto el mar ansiado es el de la vida fecunda, la libertad, el amor y la belleza que, a veces deja de ofrecerse convirtiéndose en amargas aguas estériles de carencia, ausencia, naufragio y muerte.
Pero, el vitalismo esencial de la autora, destila un poso positivo que hace del mensaje del mar una fiesta que brinda azul reparación al corazón humano, como decía en El vagabundo, porque, para ella, ese su "azul / azul delirio" ácueo será, finalmente, "o paraíso" sentido en las islas Cíes, ya en la culminación místico-amorosa de Prometo a flor de loto.
EL PARÉNTESIS DE LAS ÚLTIMAS PALABRAS
En 1964 comienza su etapa coruñesa y, en este nuevo contexto, en 1972, en una situación de crisis personal, escribe en castellano el libro que cuatro años después saldrá en edición bilingüe y letra minúscula, últimas palabras / verbas derradeiras (A Coruña: Nordés, 1976), con ilustraciones de Luís Seoane y Enrique Ferrer y con un prólogo del pintor y poeta Tomás Barros.
En él muestra una poética minimalista de la negatividad vital y del dolor provocados por el desamor y la soledad existencial que se plasma en el silencio de una nada expresada casi sin palabras.
Este libro bilingüe es una pequeña obra maestra y supone al mismo tiempo un paréntesis y un punto final y también un principio en la trayectoria poética y personal de la escritora: el fin de la poesía bilingüe y otro fin y otro comienzo en el amor, en la estación termini que encarna para la autora.
La obra es como la última carta de amor escrita a modo de llamada de auxilio al amado en el momento mismo en que la amante va a dejarse morir si no es correspondida.
Entonces su yo amante dice las últimas palabras que piensa que serán efectivamente últimas pero que, en realidad, como luego se verá más allá del libro y en libros sucesivos, esas no fueron más que las primeras palabras de un mundo nuevo para el amor, porque la autenticidad de la carta de amor desesperada obtuvo una respuesta positiva por parte del amado.
La verdad más sentida genera en el libro las mínimas, exactas, contradictorias y clarísimamente confusas palabras de amor dichas en el tono minúsculo y coloquial del escrito más íntimo y silencioso, casi deshabitado del pálpito de la vida.
Y las estrechamente imbricadas cuatro partes del libro desarrollan los motivos de la soledad del desamor, su noche oscura de la duda y del llanto, su silencio blanco de la nada en compañía de las piedras y su dejarse ir en el abrazo amigo de la muerte.
Es ésta una nueva etapa marcada por la vida vivida definitivamente en común -después de un adelanto provisional iniciado en A Coruña-con Moreiras, con quien celebra segundas nupcias en 1982.
La prolongada distancia amorosa acabará definitivamente en Vigo, donde los amantes tantos años separados se juntarán para siempre.
Este nuevo contorno marino será entonces el lugar privilegiado del amor.
Luz recoge las ricas connotaciones poéticas del mar de Vigo que cantó Martin Codax, acompasándose a las múltiples sugerencias de sus particulares olas de pasión, y añadiéndole a ese lugar sagrado y secreto del amor su peculiar geografía erótica con nuevos centros, como el Parque de Castrelos o el monte de A Guia y el Aloia, que con posterioridad se irán ampliando.
Y así cantará este mar del amor como había hecho ya con el de Viveiro en "Ondas do mar de Viveiro", porque Vigo y Viveiro habían sido los lugares en los que habían permanecido separados los amantes pero también los espacios en los que se habían mantenido unidos gracias a las olas de la pasión, porque poco va de Vigo a Viveiro y menos a través del mar.
El mar de Vigo es poetizado en profunda comunicación vivencial con el clásico del cancionero medieval a quien recreará con inusitadas variaciones personales en libros sucesivos, desde la sección "En Vigo no sagrado" de Concerto de outono hasta el poema "Agora contemplamos a mar de Vigo", que abre y resume Códice Calixtino o la "Cantiga para ler en tempo de penumbra" que le da la luz sombría a la armonía otoñal que reina en ese libro.
La autora se interesa muy especialmente por las claves de Codax y a su interpretación dedicará también en repetidas ocasiones su labor crítica.
Ahora, afianzada definitivamente la escritora en la literatura gallega y con un dominio conseguido del lenguaje, publica dos libros de poesía en la década de los ochenta.
En 1981 sale en la Serie Liminar de Ediciós do Castro Concerto de outono (A Coruña: O Castro, Sada, 1981), ilustrado por la propia autora y con un prólogo de Moreiras, a quien va dedicada la obra, y en 1986 aparece en la colección Leliadoura de la editorial Sotelo Blanco Códice Calixtino (Barcelona: Sotelo Blanco, 1986).
Estos dos poemarios comparten una palabra depurada y contenida (que se hace más exacta, móvil, abierta y plurívoca en el segundo); junto con su esencial poética amorosa, revitalizada por la explosión erótica joven y renovada de los ochenta, pero atemperada mediante una personalísima armonía sensual que se expande en múltiples matices; y la recreación intertextual y metaartística de sus comienzos castellanos, revitalizada con la línea poética cunqueiriana del cambio de rumbo iniciado a finales de los setenta.
La temática de los dos libros se centra en su tradicional dialéctica de amor y muerte, en torno a la cual se articulan los motivos íntimos, existenciales y sociales, que, además de en las carencias y en los gozos del amor y en los dolores y las nostalgias relacionadas con la muerte, se concretan en la interrogación preocupada por el destino de la patria, en el deseo de libertad y en la indignación ante las injusticias.
En ellos el espacio mítico del amor tiene su centro mayor en el codaxiano mar de Vigo pero se dilata hasta Compostela, lugar de búsqueda y encuentro que le hace decir "lévame polas rúas de Santiago", a O Courel, cumbres donde contemplar el alma y Galicia, entregadas como regalo de amor por el amante nacido en Quiroga, tierra colindante con O Courel.
Y tiene también sus caminos, las vías que conducen a "onde moran os que aman", en la búsqueda del Grial del amado y del amor.
La arquitectura simbólica de ese cosmos recrea los círculos del infierno amoroso de Dante cuando la "Canción desesperada" "rompe / a roda" y separa a los amantes, "a Paolo / e Francesca", que dicen entonces "as verbas de morrer", apartados del "vieiro do Paradiso".
Pero el mensaje de la pasión de Lady Chatterley puede llegar "para salvar amor i outonos" y ya, sin "sombras insidiosas / a pechar unha porta" pueden los amantes subir al Paraiso "na súbita compaña" y ser entonces Paolo y Francesca liberados bañándose en las olas en la "Cantiga para leer en tempo de penumbra" en clave de Codax.
En el año 1991 comienza una nueva etapa vital derivada, en lo personal, de la muerte de Moreiras y, en lo social, del reconocimiento oficial de su figura literaria.
Así, en esta fecha se reedita Códice Calixtino (Vigo: Edicións Xerais, 1991) en la colección Biblioteca das Letras Galegas, en donde aparece ampliado con nuevos poemas, introducción y notas analíticas, junto con un epílogo crítico de la propia autora en el que postula los principios teóricos básicos para la comprensión de esa obra y del conjunto de su poesía de madurez, poesía que así queda colocada dentro de una poética abierta, cifrada en el mensaje plurívoco, la organización de elementos de naturaleza ambigua, el desorden sintáctico, la coexistencia de códigos diversos, las relaciones inesperadas, las sugerencias sin referente, la comunicación gratuita, el dinamismo y la inmensa capacidad de provocación imaginativa.
La muerte de Moreiras la afecta profundamente, pero su inherente vitalismo y su concepción mística del amor la mantendrán felizmente en la existencia.
Con su muerte, el hombre y el poeta, amado con la fuerza de un sentimiento que supo sobrepasar el tiempo, la distancia y las convenciones más duras, le inspira el poemario elegíaco Prometo a flor de loto (A Coruña: Deputación da Coruña, 1992), una declaración de amor más allá de la muerte.
En él la escritora hace recuento de la vida en común de la pareja, repasando la historia vivida y reescribiendo el relato anteriormente escrito En Prometo a flor de loto todo culmina porque "Todo conduce unánime pola vía do amor ideal e da beleza arquetípica" que hace predominar "o que sexa intacto, puro, intocado" en leve rapto fugacísimo de "hálito de ave / (...) neve / (...) nave".
Más allá de los límites materiales de la vida y del peso de la carne, el poder de la imaginación liberada crea la arquitectura etérea del amor total ideal y los amantes, definitivamente transmutados en el arquetipo luminoso de Beatriz y Dante, habitan permanentes en el Paraíso donde todo espacio es centro y el centro todo: Florencia, O Cebreiro, O Pía Páxaro, Santa Tecra, A Lanzada, As Cíes, Ribadeo, Lugo o Vigo.
Por amor "Bañámonos nas ondas", recuerda la amante, y amada y amado se encuentran y encuentran todo "Na idea numinosa / que acorda nunha rosa", porque aprenden a volar y llegan a la "patria da milagre" y quedan en ella para siempre, la "terra sagrada" de su pueblo, "bebendo amor" y abrazando la vida: Dante y Beatriz en el paraíso.
Porque todo se refleja y vuelve en el espejo del amor.
Beatriz llevó al poeta a su Paradiso emblemático, y otro poeta amado, Moreiras, permanece en el Paradiso -título de una sección a él dedicada en la revista Clave Orión-, para llevar también una poeta amada a la Luz suya en la que está.
En setiembre de 1992 la autora traslada de nuevo su residencia a la ciudad de A Coruña para estar más cerca de los hijos que viven en Galicia, al tiempo que pasa temporadas en Irlanda, donde vive la hija mayor.
En esta nueva etapa, en el verano de 1994, después de asistir en Lugo al Encuentro Internacional "Mujeres Escritoras", centrado en la creación femenina por línea de filiación y hermandad, escribe el libro Vida secreta de Rosalía (A Coruña: Espiral Maior, 1996), en el que culmina el propio diálogo poético de la autora con Rosalía de Castro, una prolongada reescritura de irradiación materna que se inscribe en la vertebral poética genealógica rosaliana, de obsesivo cultivo galaico pero también de significativas proyecciones universales, debido al carácter fundacional y canónico de la autora de los Cantares gallegos, a su simbolismo mítico galaico y a su reveladora apertura creativa hasta los límites más extremos del conocimiento.
Pero el texto pozogarciano se inscribe también de manera muy especial en el conjunto de obras dedicadas a la cantora del Sar por sus compañeras en la escritura que la utilizan como madre simbólica, es decir, como una precursora cargada de valor canónico en la que apoyarse, en un ejercicio de autoafirmación femenina, a través de la identificación y de la diferenciación genealógica, para curar la angustia de autoría generada por el patriarcado.
Y, sin duda, en esta reescritura rosaliana la autora de Vida secreta de Rosalía es la que cuenta con una más larga e interiorizada trayectoria de diálogo-monólogo con la antecesora.
Este profundo vínculo creativo rosaliano lo inició explícitamente en 1971 con la publicación en Grial del "Poema en cinco lembranzas para Rosalía", lo continuó implícitamente en las referencias a la sombra de las últimas palabras de la crisis existencial de 1972 y lo retomó abiertamente en las "Verbas a Rosalía" de Concerto de outono, que reescriben, desde el silencio y la ambigüedad, el poema originario de 1971, dándole, además, una extralimitada y polivalente proyección personal, existencial, social y artística en el apartado del mismo libro "Variacións sobre do mismo tema", formado por tres poemas caligráficos que diseñan con las palabras "sorte", "norte", "morte" la rosa de los vientos, el laberinto y la rueda de la fortuna o el círculo vicioso de la existencia.
Pero lo que resulta fundamental es que estos poemas gráficos condensan la visión que Luz tiene de la precursora: son, pues, el logotipo representativo de sus textos críticos y el anagrama matriz de todos los poemas posteriores.
De hecho el poema "Falando a Rosalía" de Códice Calixtino vuelve a reescribir el motivo de la sorte-norte-morte que había aparecido por primera vez en el diálogo de "Preguntas a Rosalía" de Concerto de outono, del que, en realidad es prolongación.
Como el poemario Vida secreta amplifica en espiral esa semilla originaria.
Estilísticamente Vida secreta se corresponde con el punto final de la etapa formalista de la autora iniciada en los ochenta con Concerto de outono, un periodo que caminó primero hacia el culturalismo, llegando a su culminación en Códice Calixtino, para reiniciar luego una depuración en busca de la máxima sencillez y de la expresión transparente más apegada a la vida cotidiana y a la experiencia espiritual extrema, en Prometo a flor de loto y Vida secreta de Rosalía, pero siempre dentro de su característica estética clásica de filiación platónica.
Y, en este sentido, esa última obra comparte también con las anteriores la poética simbolista de la totalidad y de la revelación lúcida basada en la búsqueda de la luz que hace huir las sombras, expuesta de manera explícita por la autora en 1989 en el Boletín Galego de Literatura pero ya adelantada en Códice Calixtino.
Y será esa poética iluminista, que hace coincidir luz, pensamiento, visión, verdad, vida y escritura, la que aplique en este último libro a la revelación del secreto de la vida de Rosalía, de su propia vida y de la existencia humana toda.
En la consumación de la poética dialogal rosaliana que es Vida secreta de Rosalía el hablar reflexivo toma la forma de una larga confidencia mantenida en los lugares centrales de su velada biografía, para desde ellos penetrar en los recintos interiores más ocultos del ser, en un recorrido que va del espacio físico al metafísico, del territorio geográfico a la geografía del pensamiento y de la conciencia, y de la arquitectura de los habitáculos y del diseño de los jardines a la reconstrucción del cuerpo, del alma, de los temores y de los deseos.
Con las prospecciones autocognoscitivas de esa charla íntima, de coloquial sencillez conversacional pero en la que transparentan profundas sugerencias conceptuales, Luz rehace la casa de la madre: el pazo y el jardín de la vida y de la obra rosalianas, devolviéndonos el significado secreto de su verdadero nombre, la cifra que da la clave interpretativa de la fábula de su existencia y la escritura lumínica que sabe lo que fue su deseo más absoluto.
Porque en esta reescritura intertextual de la Vida secreta de Rosalía la autora nos revela su sentido del transcurrir rosaliano y, de paso, el de la propia vida de quien escribe y el de la vida toda de la humanidad, pues el libro está abierto en el medio de la existencia y va de una obra a una vida, las de la moradora en las orillas del Sar, de una vida a otra vida, de la de Rosalía a la de Luz, y de una conciencia del vivir a otras, de la individual de las autoras a la colectiva de Galicia y del mundo.
Por otra parte, en este nuevo hablar a Rosalía la nostalgia deviene inmensa y se impone, como en Prometo a flor de loto, la necesidad total de la certeza absoluta para sobrevivir.
Esa necesidad, entonces, reconstruye redondo el mundo en el "norte", el centro luminoso del sentido donde "morte" y "sorte" coinciden y donde se llega sólo en vuelo de ave nave neve, por amor: "A AVE DA LUZ SABE".
DE LA PASIÓN DE MEDEA A LA EVOCACIÓN GAÉLICA Y LUSA
En las últimas obras prolonga esta lograda poética de la total transparencia y sus versos continúan por el camino de la máxima tensión lírica, en la recreación del mito clásico, o por la vía del coloquialismo cotidiano y sencillo, hasta llegar incluso a cierto informal prosaísmo, en la evocación del mundo céltico y luso, sin olvidar la más exquisita sensualidad en la evocación del amor inextinguible de siempre.
Así, el año 2002 la escritura de "Medea en Corinto" (Granada: Universidad de Granada, 2002) marca la aparición de una nueva faceta poética de la autora: la de la poesía dramática.
En efecto, en este año escribe a petición de los latinistas y rosaliólogos Aurora López y Andrés Pociña la pieza citada, a ellos dedicada y por ellos introducida, traducida al castellano y publicada primero en el volumen II de la obra Medeas.
Versiones de un mito desde Grecia hasta hoy, de la que ambos estudiosos son editores, y después en edición independiente: Medea en Corinto (Ourense: Ediciones Linteo, 2003).
Se trata de un largo poema polifónico dividido en dos partes en las que se escuchan las voces de Medea, la Nodriza, el Coro y Jasón y en las que se rescribe el mito recreando personalmente las versiones emblemáticas clásicas.
Pero, en su dimensión de la simbólica mujer vulnerable, la Medea pozogarciana fue profundamente galleguizada haciendo resonar en ella los motivos rosalianos de las que no cantan a las palomas ni a las flores, mueren de sed y les falta el aire, además de llevar clavado en lo más profundo del corazón el clavo de la pasión inarrancable.
Y en la galleguización están presentes también las islas Cíes con las que soñaba la Medea de los primeros años y los hilos de oro del Sil con los que las ninfas de Gallaecia tejieron el peplo con el que la heroína va a agasajar mortalmente a su rival Creusa.
La escritura de Luz se deja admirablemente llevar por la pasión trágica de Medea en su delirio desbordante y se abre a la asombrosa justificación de las profundísimas razones de su sinrazón, penetrando en la boca del volcán de su patos traidor y asesino, hijo del más enloquecido amor-odio, arrasador de todo y castigo de inocentes, que aquí aparece radicalmente comprendido desde el doloroso interior de la protagonista, herida desde la niñez por la muerte de la madre y dirigida por el inalterable destino trazado por los dioses intrigantes.
La autora sitúa a su Medea en Corinto, en el momento mismo de la génesis de su venganza, y hace de ella una hembra poderosa: una impresionante mujer bárbara y salvaje, una maga omnipotente, como una magnífica bruja profundamente autoafirmada en su ser irremediablemente trágico.
En el tránsito de los siglos las visitas a Irlanda y ciertas influencias ambientales fructifican en un nuevo ciclo de poemas de inspiración gaélica que acabarán conformando finalmente el libro As arpas de Iwerddon (Ediciones Linteo, Ourense, 2005), acabado de escribir en 2004, adelantado en la compilación Memoria solar y dedicado a su hija Mónica.
Esta inspiración céltica sintoniza con la inspiración galaicista presente a lo largo de toda su obra de madurez y especialmente recreada en el apartado "Homenaxe" de Códice Calixtino, de la que es, en realidad, una rama nueva, aunque está entroncada directamente con la sección "Iwerddon" de Clave Orión, centrada en la temática gaélica que apunta la denominación galesa de Irlanda que la nombra, como en el título del libro.
Porque As arpas de Iwerddon está escrito siguiendo los puentes galaico-gaélicos tendidos mar por medio, tantas veces a lo largo de la historia, por el linaje de Breogán, y cada uno de sus poemas es uno de esos nuevos puentes en los que Luz continua el tránsito permanente entre Galicia e Irlanda, como continua la vida de una rama de su familia, la de su hija Mónica, en la casa "San Felicísimo", en el lugar de Bínn Eadair, en Sutton, Dublín.
De hecho, la hija y los nietos, descendientes de dos poetas galaicos, son personajes esenciales de la obra que a ellos está dirigida y que tiene en la hija a su receptora implícita, una receptora que se hace explícita en las composiciones germinales que fundan su creación con la voluntad de fijar para siempre los orígenes gallegos de unos transterrados en Irlanda.
A partir de aquí, las dos tierras hermanas, Galicia e Irlanda, vivirán unidas en las vidas paralelas de sus permanentes evocaciones, de mar a mar, del Sar a la montaña de Howth, del dolmen de Axeitos al menhir de Kilmalkedar o de Vigo a Dublín, en la prolongada contemplación de la vida pasada, presente e incluso futura que el libro contiene, con la esperanza de que permanezca transformada en la memoria, como el discurrir vital permanece transformado si nada se extermina para siempre, como estos versos postulan.
La evocación galaica remite al mundo de las referencias pozogarcianas de siempre y la gaélica es esencialmente dublinesa y marcadamente metaliteraria.
Están presentes en esta última las estampas urbanas de la pequeña vida diaria y los trazos joyceanos, pero se expande y desborda en la mítica hiperbórea de la belleza terrible y no terrible de la vieja Eire siempre joven de Yeats, de los mitos de las navegaciones fantásticas a las islas Afortunadas y del Leabhar Ghabhala.
Y, de hecho, la obra, que tiene también instantáneas con el tono vivo del Livro de Kells, se ilumina preferentemente con la luz nostálgica del Celtic twilight yeatseano y reescribe un nuevo Ghabhala siguiendo a Ith y a Amirgin.
Pero, si esos dos libros son su guía, su emblema vuelve a estar en la flor que es metáfora de la vida: en las rosas de los días de Yeats y en las camelias y en las rosas siempre vivas de Luz: "Oh rosa sen mudanza que fire docemente! / Oh eternidade que acende vida e morte / nunha chama vivísima no exterminio da rosa...!".
En el invierno del 2005 retoma unos poemas amorosos de ambientación lusa, sobre el viaje de bodas con Moreiras a Bom Jesús do Monte, y desenvuelve un nuevo ciclo poético en torno a los motivos del epitalamio, de la permanencia del amor y de Portugal.
El resultado es un pequeño poemario titulado As vodas palatinas (A Coruña: Ámbito cultural-Espiral Maior, 2005) y publicado en edición no venal con motivo del Homenaje público dedicado a la autora en la ciudad de A Coruña el 17 de diciembre de ese mismo año.
El libro amplía, una vez más, la fábula del amor pozogarciano inextinguible con el tema nuevo de las bodas y el viejo tema obsesivo de la pervivencia eterna del amor: "Nada se extingue nin desaparece / pervive a luz e a rosa / e a chama segue eternamente lúcida / na divina conciencia".
El esplendor de la sensualidad de la juventud de la autora revive renovada en los cantares de las bodas, que llevan toda la alegría voluptuosa de las voces de mujer de los antiguos epitalamios ceremoniales, del fervor de la amiga en vela del Cantar de los cantares, del amor líquido de las cantigas galaicoportuguesas o de las lenguas de diamante de Juana de Ibarbourou.
La armonía musical y lumínica de una personalísima mística erótica le da unidad a la obra dividida en cinco partes, "Eu son a amada en vela meu amigo", "...Aquel nadal primeiro en Bom Jesús do Monte", "Escoita amor a música en Bussaco", "Aquel rei don Denís..." y "Desde Sintra con amor", que cantan siempre a favor del amor, y, por tanto también, de la vida y de la libertad, en una nueva geografía amorosa que lleva a los "amantes de Castrelos" al hermano Portugal, tras la luna y la luz que ahora los eterniza en Bussaco, Lisboa o Sintra en la permanente presencia de la conciencia diamantina de la amiga siempre en vela para que el amor viva eternamente: "Así esquecimos as voces que negaban a vida / Así procuramos para nós o designio desa lúa / que eterniza ós amantes en Bussaco / A luz innumerable que nos cerca..."
En síntesis, Memoria Solar, el título de la compilación de su poesía completa hasta el 2004, convoca las palabras exactas para designar un corpus poético redondo, curvo, cálido, incandescente, luminoso e iluminativo.
Son las palabras perfectas para el cosmos curvo de plenitud radiante que contienen, un cosmos primero, el de su poesía de juventud, de fruto rojo, cual naranja o manzana de la carne, y un cosmos luego, el de su poesía de
madurez, de flor blanca o azul de la total lucidez mística, cual camelia, rosa o loto solares.
Son las palabras exactas, el corazón mismo, el "corazón de Luz" que dijo Eduardo Moreiras, de ésta que es una Mujer Solar, una mujer Luz, una mujer plenamente autoafirmada en su vida que supo crear vida a su alrededor y que proclamó, con su vida y con su obra, la plenitud total del amor, de la paz y de la libertad.
Son las palabras permanentes de un cosmos de fulgurante belleza platónica regida por la claridad, la profundidad y la armonía simbolizada en el paradigma del nombre que lo dio a luz, Luz Pozo Garza.
Son la memoria radiante de una mujer solar. |
Pedro Ordonez de Cevallos, jienense que vivió entre mediados del siglo XVI y hasta la tercera década del XVII aproximadamente, pasó treinta y cinco años de su vida viajando, por todo el mundo si seguimos el título de uno de sus libros.
De su periplo destacaremos sobre todo la parte a América y el Oriente Próximo.
Una vez regresado a su ciudad natal plasmó sus viajes en un libro (aunque escribió otros) y es este periplo del que hablamos en este trabajo.
Existen, es cierto, dudas sobre el personaje y sobre sus fuentes, pero la magnitud de su testimonio, y los datos de primera parte que aporta, hacen de él un gran viajero a destacar.
Pedro Ordonez de Cevallos, el «clérigo agradecido», tal y como él se hacía llamar en sus libros, viajó por el mundo a finales del siglo XVI y principios del XVII con distintas ocupaciones y objetivos.
Fue soldado y corsario antes que sacerdote, incluso quizá después.
Él se adjudica la catolización de miles de almas, e incluso cuenta cómo rechazó un reino por no renunciar a su condición eclesiástica.
Su vida es sin duda propia de una novela de aventuras (de hecho, a veces, su libro parece más esto que una biografía) y quizá es en parte lo que pretendió trasmitir.
Uno de los principales problemas para trazar su biografía es que prácticamente la única niente que manejamos es lo que él cuenta de sí mismo en su libro, que es también lo que han utilizado los que han tratado la figura y la obra del personaje.
Lo cierto es que sí se observa una importante repercusión de la obra en el siglo XVII, siendo reeditado en 1616 y 1691.
Es también incluido en parte dentro de la Descripción de las Indias Occidentales de Antonio de Herrera (Amsterdan, en holandés en 1621; y en latin y francés en 1622), introducido así: Particulière Description de L'Inde Occidentale, Touchant la fituation de Posteriormente la obra apenas es citada o utilizada, pese a que contiene sin duda valiosísimos datos acerca de la sociedad, la geografía, los tipos humanos, la agricultura, la religión... de los territorios que recorrió.
Quizá el evidente componente biográfico, pero también lo imaginativo a veces del relato le restó credibilidad, y pasó a un prudente, e injusto, olvido.
Creo, sin embargo, que aunque ciertas partes del texto presenten alguna duda sobre su verosimilitud, que en cualquier caso no vamos a poder nunca comprobar, ofrece en su conjunto una estupenda radiografía del mundo (más de lugares como el reino de Nueva Granada, o de Indochina) a finales del siglo XVI, aporta muchísima información de primera mano sobre etnología, botánica, fannia, geografía, sociedades, cultos..., sobre cómo se descubría y extendía el poder español por América, cómo se organizaba el comercio y la explotación de los territorios y, en cualquier caso, es un fabuloso relato de viajes y aventuras, no sé si todas reales, pero sin duda todas apasionantes.
Vamos a tratar aquí, por lo tanto, con mayor amplitud, su libro Viage del Mundo, en el que describe la aventura que, durante treinta y cinco años le llevó a recorrer el mundo, y que escribió a su regreso en Jaén.
Este libro está ordenado a la vez en tres.
En el primero cuenta sus aventuras hasta que es ordenado sacerdote, ordenación que se celebró, según el final del primer capítulo del segundo libro, desde el día de Santa Lucía hasta el día de la dominica, in Pasione de todas órdenes.
En el segundo trata lo que le sucedió desde que es ordenado sacerdote por el arzobispo de Santa Fe hasta que regresa a España, el final de la aventura que describe.
El libro tercero, por último, contiene el itinerario y camino de todo el mundo y navegación de todo él, ordenado de un modo curioso: que primeramente pondré el camino derecho por donde se ha de andar y después por donde lo anduve yo"^.
Los grandes trazos de su viaje, jalonado de pasajes de su vida, muy resumido y escueto, se plasma en el capítulo biográfico de la historia de Jaén que hemos ya comentado, donde se describe el viaje a modo de pre-El Viaje del Mundo de Pedro Ordonez de Cevallos sentacion, con la información obtenida, como dice el propio texto, del libro del autor.
Incluimos aquí el párrafo, pues creo que explica de forma perfecta sus viajes:
Sumando^ pues lo que en sus libros dixo, el nació en Jaén de padres Chriftanos, y principales, donde nueve años, hafta diez y nueve, ò veynte fe crio en Sevilla, cafa de un tio fuyo donde eftudio Latinidad, y Artes en que fe grafuò.
Por las cauffas que alli dize fe embarco al amparo de don luán de Cardona Genera de las Galeras de Efpaña en aquella razón, el qual dende fus principios le favoreció y, honro, haziendole primero alguacil Real de las galeras, y luego fu Alférez y defpues Capitan, En Cartagena de las Indias falio contra Negros Cimarrones, y los venció, prendió, y apaciguó aquella tierra, y caminos.
Fue Capitan contra navios de la Rochela y echo uno a fondo.
En la jornada de Braba, y Caribana, fu Maeffe de Campo, y llevó treynta y feys hombres y feys Negros fuyos y focorriò el Real con comida y munición es en que gaftó mas del feys mil ducados, Vifitó las guarniciones de Antioquia, y Papaya: donde fue Gobernador, y en el Ínterin apafiguó a aquella tierra de los Indios Pijaos, que la tenia oprimida, y focorriò otro Capitan en los Sutagaos, que lo tenian cercado, y fe pobló la Ciudad de Altagracia.
Eftas hazañas por mayor, y otras innumerables por menor hizo en más de treinta años, que fue Seglar, defpues de falido de Sevilla, Auiendofe ordenado de Sacerdote fue Cura, y Vicario de la Ciudad de Pamplona, y Vifitador general en el nuevo Reyno de Granada.
Después hizo un viage dede la nueva Efpaña a la China, y junto a la Ifla de Ladrones defcubrio una Ifla de Efpañoles perdidos, donde hizo gran fervido a Dios, En los Reynos de Cochinchina done fue prefo, enfeño y baptizo una hermana del Rey, que era Reyna de Campa, y otros Virreyes, Capitanes, y otras gentes, y por ello eftuvo condenado a muerte, y lo defteraron.
Retrató navios de chriftianos y les dio libertad, aunque le fue mal agradecido.
De buelta peleó con turcos, y con Inglefes, de donde falio herido.
Por buenos ayres boluio al Piru, y en la Provincia de Quito, por mandato de la Real Audiencia entro en la de los Quijos, que eftavan revelados, y pagó la gente a fu costa, y los apaciguó; y de los de guerra.
Omaguas y otras naciones facó mas d equince mil, y los viftio, por fer gente defnuda, cautiuan unos a otros refcató muchs y les dio libertad, enfeño, baptizo y pobló: Y por ser tierra de guerra, montuofa, y dea pie con lodos, y aguaceros pafto grandes trabajos, y faco dos enfermedades que le duran hafta oy.
Defpues, fue Cura, y Vicario dela Provincia de Pimampiro, donde enfeño, y baptizo mucha gente, y dio a las Iglesias cantiofas limofnas. (...)
De un recorrido así, que trascurre a lo largo de toda una vida, narrado y explicado con multitud de descripciones, aventuras, datos y anécdo-Fernando Escribano Martín 586 tas, surgen multitud de párrafos destacables en función de los temas que pretendamos resaltar, o que dejan a la luz visiones e impresiones del autor que sorprenden vivamente.
En este texto, que no deja de ser una mera presentación, o recordatorio, del autor y de su obra, sólo vamos a entresacar algunos aspectos, dejando al lector el descubrimiento del libro en el libro mismo, como no puede ser de otra manera.
Uno de los asuntos que más espacio ocupa a lo largo del segundo libro, tanto en la descripción de su gestación, como en los comentarios al respecto, es la relación que el clérigo Ordóñez tuvo con la hermana del rey de Cochinchina, y reina ella así mismo de Champa^.
A lo largo de varios capítulos, el autor y protagonista va describiendo cómo la relación entre él y la infanta se va afianzando, y cómo va creciendo el amor de ella hacia él.
Él da la impresión de dejarse querer, y querer así mismo, pero su condición de sacerdote le impidió cualquier paso al respecto.
Da, o quiere dar, la impresión de que el debate interno no es tanto el de sus sentimientos, a los que renuncia, sino a los beneficios que obtendría la Iglesia de tal relación, pues siendo él rey introduciría la fe católica en aquellos lejanos territorios.
Llegó incluso a plantearse pedir bula papal ante la insistencia y amor verdadero de la infanta, solucionándose al final el tema con su religiosa negativa.
Siendo luego ésta celebrada como un doble triunfo: a la carne, pues era la infanta joven doncella, y al poder y la gloria, pues lo que estaba en juego era un reino.
Salió todo mejor de lo esperado, pues la infanta comprendió el porqué de su renuncia, y por seguirle, siquiera espiritualmente, y más acercarse a él, siquiera en condición, se hizo instruir en el catolicismo y después se bautizó, tomando para si la condición de monja.
Varios miembros de su corte la siguieron en tal condición y fundó un convento, a modo de casa madre para la extensión de la fe en aquellas tierras.
Da también la impresión de que la infanta, convencida sin duda de su nueva espiritualidad, pretendía sobre todo que Ordóñez volviese, y así se trasluce en la correspondencia que mantuvieron y que se reproduce en el libro, en la que se mezclan noticias del país, del avance de la nueva fe, de la familia y de plegarias para su pronto regreso, en un tono que a veces no distingo si es espiritual o más carnal.
Esta costumbre de incluir cartas que justifican y explican lo que narra, lo repite varias veces a lo largo del libro.
La infanta y reina, en su renuncia del mundo le entregó sus derechos a Ordóñez, lo cual se convertía sin duda en un problema político, que no llegó a más pues él se los entregó al hermano de la infanta y rey de Cochinchina, pudiendo decir desde entonces, como hace, que renunció a un reino.
Hecho éste de las conversiones que es sin duda central a lo largo del libro segundo, tanto en las Indias occidentales como en las orientales, pero que es difícil de comprobar, que si no daría la impresión que países enteros deben a él la buena nueva de la fe.
Como muestra el título del capítulo XXXII: De la prosecución de estas naciones en hacerlas cristianas, hasta que envié todos los españoles.
En su recorrido, tal y como hemos visto, toca varias veces tierras del Oriente próximo.
En el capítulo quinto del primer hbro se cuentan los Lugares Santos que visitamos, en Jerusalén y alrededores, nombrando los lugares, con alguna pequeña descripción, como ilustración de la pasión de Cristo, sin entrar en mucho más detalle.
En el capítulo siguiente, adonde se prosiguen las estaciones y lo demás que pasó en aquel santo viaje de Jerusalén, si entra más en el detalle de alguna de las principales iglesias, y de cómo se organizaban.
Así, en la iglesia del Santo Calvario, que visitan:
«que es admirable edificio y el que más mueve a devoción y contemplación.
Hay nueve géneros de frailes en esta iglesia, quiero decir de nueve naciones, y porque todos son de la religión del glorioso San Francisco; cada una va diferente en sus ceremonias y viven en paz, porque tienen pena de la vida si se entremeten los unos con los otros, y es lástima de ver tantos ritos en una sagrada fe, lo cual es parte para que los turcos sientan lo que les parece, de ver que cada uno diga que lo que él hace se ha de tener.
¡Dios los traiga a un verdadero conocimiento, pues son ovejas de un rebaño!
Esta visita a Tierra Santa es breve, y tras visitar Belén marcha a Túnez y Berbería.
Regresa después a España y marcha a América.
Para volver al Oriente próximo hemos de esperar hasta bien avanzado el libro segundo.
El relato de Ordóñez de Cevallos permite conocer de los lugares que va recorriendo, y también de cómo se organizaba (cap. XXV):
Llegamos a la isla de Sumatra, que es enfrente de Malaca; es una isla grandísima y muy poblada.
Hay en ella muchos señores; (...)
Salimos de allí y vinimos a la isla de Micubar [Nicobar], que son dos islas pequeñas, y la una tiene un puerto, (...)
De allí fuimos por un archipiélago de islas [debe tratarse de las islas Andaman -en nota-], que tenían a dos días y tres de camino, por aquel Gofo de Bengala, (...)
Al fin de marzo llegamos a una i$lapequeña que se llama Tanaceri, que es del rey de Siam, (...)
En un golfo hay tres ciudades grandes y de mucha gente; llámase ésta Andilipatán, la otra Pipilipatán y la otra Pobilipatán; son del Gran Mogol y de grandísima contratación. (...)
Pasa después a Ceilán, donde es tomado prisionero y describe la isla^: Hay fama que en aquella tierra de Ceilán hay mucho género de riquezas, plata y oro, perlas, (...)
Cógese infinito arroz, trigo, maíz y otras legumbres.
Es la El Viaje del Mundo de Pedro Ordonez de Cevallos isla de quinientas islas de boj y muy fuerte; está partida en cinco señores; los cuatro no obedecen a nadie, y el uno, que cae en la mejor tierra y en la más, obedece al de los mogoles, y nuestro rey tiene allí cinco puertos.,.
Y de aquí a Goa (un 10 de julio), que es una hermosa ciudad, grande, rica, de más de veinte mil portugueses, y de la tierra más de cincuenta mil; tiene más de treinta y tantas iglesias, y entre ellas quince parroquias; ésta es una isla pequeña, pero es toda ella un jardín; hay lindas aguas y mantenimientos y muchos y baratos; es la cabeza de todo lo que allí está de Indias; el virrey de allí es más venerado que un gran rey; es ciudad riquísima y de gran contratación; está allí una casa y templo de la Compañía de Jesús, que es para ver; hayla también de los padres de Santo Domingo, San Francisco y San Agustín.
El recorrido que plantea el capítulo XXVIII es de vértigo: De cómo llegamos a Ormuz y de otras cosas diversas que nos sucedieron hasta llegar a Quito.
Llegamos^ a Diul, una fortaleza de Persia, de un sátrapa; diérannos salvoconducto para Is guardas, que nos dejaron pasar.
Otro día que salimos de allí, que fue a veintitrés de agosto, llegamos a Ormuz, y estuvimos en ella hasta diez y nueve de septiembre...
Después a Madagascar, y después por Arabia: Caminamos por aquella costa de Arabia sin engolfarnos otros cinco días, y a la vista de la isla de Cacatora (Socotora) descubrimos cinco galeras...
De Mataca, casi parecería que por encanto, llegaron, cuando se dirigían a España, a Brasil.
Sucediónos el más prospero viaje que habíamos jamás llevado; tuvimos viento en popa y tan recio que sin saber ni poder tomar altura ni paraje caminando de día y de noche; al fin de mes nos hallamos en Hernanbuco [Pernambuco], un puerto de la isla de Brasil, de que nos quedamos espantados de la travesía que llevamos, y certificó el piloto que hablamos corrido más de mil y doscientas leguas, que me pesó grandemente, porque toda la gente junta acordó de no venir a España, sino de allí, por el estrecho de Magallanes, irse al Perú (...)
En el capítulo XII del libro tercero, dentro del Itinerario del viaje realizado que supone este libro, A donde se tocan las cosas famosas del Gran Mogol y sus reinos señala que: Todos estos reinos, dentro y fuera del gran río Ganges, son del Gran Mogol.
Nacen de una sierra los cuatro ríos famosos, y otros me dijeron que nacían en una laguna y que eran siete, y están en la Tartaria, de que tiene este gran príncipe mucha parte ganado; y se decía por muy cierto que el rey que lo era tan valeroso y guerrero que había ganado doce reinos y tres imperios, sin lo heredado de sus pasados desde el gran Taborlán [TamerlánJ, Bayaceto, gran turco, y traerle en una jaula; cuando subía a caballo subía en la jaula, habiendo sido su primer estado un potre pastoi¡, que haciendo unos juegos lo eligieron por rey y de allí lo vino a ser de veras con gente que se le llegó; y desde la Trapisonda [Tretisondaj y otros sultanatos ganó y es suya la mayor parte de la Persia y Tartaria, y todos los más reinos de la India, hasta el de Perú (...)
Este párrafo muestra que Ordonez de Cevallos conocía el viaje y el libro de González de Clavijo^^ sobre su visita a la corte del Tamerlán a principios del siglo XVI.
La leyenda de la jaula de Bay aceto con la que se apoyaba para subir al caballo, los cuatro ríos sagrados que nacen de un lugar común, y los reinos que llegó a conquistar es la misma información que se puede encontrar en Clavijo.
Estos datos no creo que los recogiese in situ, sino que pertenencen a una labor, seguramente posterior, de documentación.
Bien es cierto que su erudición, tal y como demuestra en sus libros, es altísima.
Ya hemos comentado que la parte más importante de sus viajes y estancias trascurren en América, aunque aquí hayamos desarrollado más algunos pasajes de su trascurso en el Oriente próximo.
De hecho, es la parte que Antonio de Herrera incluye en el libro ya citado, publicado en Amsterdam ocho años después del libro de Ordóñez de Ceballos, y que sería por lo tanto la parte que se conocería en Europa, y que muestran el crédito que se le dio en su momento a su obra.
Cuando en el libro tercero habla deí viaje en el que regresaba a España y que le llevó y entretuvo en América, lo narra así^^: Y porque esta es la vuelta a todo el mundo y la que yo di fue vuelta y media, acataré el viaje como lo anduve, que de Cato de Buena Esperanza se engolfó mi galeón San Pedro y con temporal y hartos tratajos descutrimos las islas del Brasil y la gente no quiso volver a España (como narra igual en el libro segundo y hemos citado).
Recorren, entre otros lugares: el Río de Plata, Paraguay, Tucamán, el Callao de Lima y Guayaquil.
De aquí a Panamá, que su puerto es Perico.
De esta ciudad se viene por tierra veinte leguas a Portotelo (...) y este Portotelo es en la mar del Norte; para venir a España hasta este puerto de la Hatana, islas Terceras, Sanlúcar de Barrameda, Sevilla y Jaén, de donde partí de nueve años y gasté treinta y nueve en estas peregrinaciones, dando vuelta y media al mundo y hatiéndole visto y andado en mar y tierra sotre treinta y tres mil leguas.
¡Sea a honra y gloria de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por siempre jamás!
Así concluye en el capítulo XV el relato de sus viajes, dando pié a una serie de capítulos en los que da toda una lista de noticias curiosas y anecdóticas, pero también datos e informaciones interesantísimas que ha ido recopilando a lo largo de sus viajes.
Uno de estos capítulos, el XVI, Adonde se ponen las vidas y muertes de algunos varones santos que en aquellas partes de la India padecieron tormentos, en el que se refiere a las indias orientales, empezando a contar estas vidas y martirios por Francisco Javier, y tras él enumera a los padres y hermanos que allí murieron, pues es tanto lo que por allí padecen los que emprenden este ministerio, que no es explicable, si no se ve.
Yo digo por testigo de vista..., destacando, entre todas, como señala al final, la Compañía de Jesús.
Ya hemos comentado que el libro es una estupenda radiografia del mundo a finales del siglo XVI y principios del XVII.
Fuesen las fiíentes documentales de Ordóñez de Cevallos de un tipo a otro, se basase más o menos en otros autores, lo cierto es que a lo largo del libro, y especialmente en una especie de resumen en los capítulos XVII y XVIII del tercer libro {De la diversidad de reinos que hay en el mundo, de sus vasallos y grandeza), al modo de lo que hizo Anthony Sherley (aproximadamente en 1622) con su Peso Político de Todo el Mundo^^, glosa un pequeño comentario de las monarquías más importantes o por él conocidos.
Tratando China, el Gran Mogol, el reino de Camboya, el Gran Catay, tártaros, el Gran Sofi, el Decán o Narsinga, Pegú, Siam y Camboya, Cochinchina, Japón, Sumatra.
Después Africa: el reino de los abisinios, que llamamos del Preste Juan, Berbéria.
Eso sí: la otra parte mejor del mundo es Europa, de gente valerosísima y valiente y más sabia; contiene en sí al Gran Turco, que por ser notoria su grandeza pasaré por ella, aunque da algunos datos.
Y trata Alemania, Italia, Francia, Inglaterra.
Trata después lo que llama las Espanas, refiriéndose a las coronas de lo que hoy es España, y la de Portugal, que es el mayor piélago que se ha visto.
Las Espanas tienen casi nueve millones de vasallos, y por ser del católico Rey, Gran León de España, y ser un piélago sus señoríos y, como he dicho en la historia, es mayor señor del mundo, como se verá en lo que sigue...
De Portugal, y del poder del rey, da una imagen cierta de su extensión: La Corona de Portugal es el mayor piélago que se ha visto, pues tiene vasallos en todas las más partes del mundo, porque tiene en Africa, Terceras, Madeira, Brasil, Guinea, Mozambique, Ormuz, Persia, la India, Cambaya, Cochin, Pesquerías hasta cabo de Comari, Ceilán, Malipur, Malaca, Camboya, Macao y en infinidad de islas, que se dice que no hay reino ni provincia que toque en la mar que en más de cuatro mil leguas por esta parte y más de tres mil por la otra que en todos tenga el gran Rey e España tierra y puertos con pensiones para ellos, que se puede decir vasallaje, como en sus lugares he tocado.
El Viaje del Mundo de Pedro Ordonez de Cevallos Después dará y hablará de cosas maravillosas del mundo, incluyendo toda una serie de animales sorprendentes para la época.
Y terminará con cuatro capítulos referentes a América, donde tocará desde descripciones de los reinos, en un territorio que se está todavía descubriendo y se encuentra en plena expansión, temas sobre la organización social en aquellos territorios y la etnografía del mismo, sobre los obispados y sus gobiernos, y sobre la importancia de la cristiandad de la Nueva España.
Terminando así el libro.
Esta obra de Ordóñez de Cevallos, como hemos ya insistido, nos presenta el mundo por el que se movió en el momento en el que lo vivió, suponiendo por lo tanto una fuente de primera mano que aporta un importante elenco de datos, de impresiones, de análisis y de descripciones únicas.
En un momento en el que las coronas españolas se expanden por el mundo, por las Indias orientales gracias a la Corona de Portugal, y por América (las Indias occidentales), que está descubriéndose y colonizándose por iniciativa de la castellana.
El autor las ha visitado y parece que ha participado de esta política de expansión en una posición preferente.
Lo que pueda haber de fantasioso o tomado de otras fuentes, si es que es así, creo que se compensa por lo que tiene de apasionante el relato, y por la cantidad de información que aporta.
Su vida fue, y es lo que escribió, una aventura.
Su aventura fue su Viaje del Mundo.
A lo largo del texto hemos señalado las obras de Ordóñez de Ceballos, y las ediciones que de su Viaje del Mundo se hicieron, asi como lo que se incluyó en la obra de Herrera.
La edición moderna del libro Viaje del Mundo de Ordóñez de Ceballos es la que ha llevado a cabo Miraguano Ediciones y Ediciones Polifemo en Madrid en 1993, incluida en la BibUoteca de Viajeros Hispánicos.
No existe además de estos libros señalados muchos más trabajos sobre el personaje y su obra, por el olvido al que nos hemos referido.
Sí se incluye un capítulo, tras una breve introducción, en Gerardo González de Vega: Por donde el viento nos lleve.
Antología de relatos españoles de piratas.
^ Hemos mantenido en este texto la sintaxis y la ortografía de la época. ® En el mapa Asia noviter delineata, que se remonta a 1617, de Willem Blaeu, junto a la Cochinchina aparece el territorio separado de Cambaoia, Malaca y Sian, agrupados por el mismo color.
En el de India quae Orientalis dicitur et Insulae adyacentes, de 1635, el territorio de Tsiampa aparece separado del de Cambodia y Siam, al sur también de Cochinchina, aquí agrupado dentro de China, aunque aparece la ciudad en la frontera.
Estamos hablando por lo tanto de un territorio que hoy ocupan en parte Vietnan y Laos.
"^ Edición de Miraguano, p.
Entiendo que Diul es Dizjul, punto clave en este camino.
^ Lo que señalamos entre corchetes es lo que así viene señalado en la edición de Miraguano, que es la que hemos utilizado para los textos, excepto cuando señalamos lo contrario.
^° Se pueden consultar las ediciones de la «Embajada a Tamerlán» de Ruy González de Clavijo de Francisco López Estrada, Clásicos Castalia, Madrid 1999; y la de Miraguano, Libros de los Malos Tiempos 8, con introducción de Ramón Alba, también en Madrid 1999. |
A finales del siglo XVI, la ruta portuguesa hacia las Indias la seguían principalmente soldados, comerciantes y misioneros.
El padre Páez fue uno de ellos.
Apresado por los turcos en las costas de Arabia cuando navegaba hacia Etiopía, fue el primero que cruzó el valle del Hadramaut hasta llegar a la ciudad de San'a y, cuando por fin llegó a Etiopía siete años después, alcanzó a ver las fuentes del Nilo Azul En ambos casos fue el primero que dejó constancia escrita de todo lo que vio.
Pedro Páez, un gran olvidado hasta hace muy poco tiempo^, es conocido principalmente por su labor misionera en Etiopía y, en especial, por ser el primer europeo del que se sabe, o que al menos dejó mención escrita de ello, que alcanzó a ver las fuentes del Nilo Azul.
Esa gran meta, que tantos exploradores buscaron y que algunos se adjudicaron faltando a la ver-dad^, ha sido uno de los símbolos de los viajes exploratorios llevados a cabo en África durante los siglos XVIII y XIX, aunque ya los antiguos griegos y romanos se aventuraron Nilo arriba en busca de sus fuentes^.
Conocer el origen del río Nilo parecía un asunto de mayor trascendencia que cualquier otro descubrimiento y llenó las mentes y la imaginación de muchos autores y exploradores, empujándoles a seguir sus
orillas o a intentar alcanzarlo desde las costas africanas.
Algo que para Pedro Páez resultaba una curiosidad interesante, pero nada importante en sí.
Hombre de sentido común, nunca se dejó llevar por las vanidades de este mundo y sí por la que consideraba la labor más importante, la predicación cristiana con la palabra y con el ejemplo.
El resto de su vida, las penalidades que pasó, sus viajes, sus estudios, su determinación y entrega, todo lo dio por bien empleado en servicio de su fe.
Y logró mucho en un tiempo muy corto, algo más de diecinueve años en Abisinia, aunque sus sucesores en la misión lo echaran todo a perder en menos tiempo aún^.
Pero su labor misionera o su testimonio de Africa no fueron el único legado que nos dejó.
Previamente había pasado una serie de años viajando por otros territorios, de grado o por fuerza, que sirvieron también a su formación física y espiritual, o al menos de ese modo los tomó él, que sacaba siempre el máximo partido de lo que le acontecía.
De sus viajes y de su trabajo, así como de todo lo que le rodeaba -fue un gran observador, en el sentido más objetivo del término-, dejó testimonio escrito en su Historia Aethiopiae, documento igualmente relegado al olvido hasta comienzos del siglo XX, aunque esporádicamente se le mencionara.
También el padre Emmanuel d'Almeyda dejó un retrato de su persona y de su historia en la segunda mitad del siglo XVIP, del que tomaron nota futuros viajeros y exploradores.
Pero el «fracaso» que supuso la expulsión de los jesuítas de Etiopía en 1633, once años después de la muerte de Pedro Páez, hizo o contribuyó en gran manera a que su vida y su labor permanecieran en gran parte en el anonimato, excepto para los miembros de su orden, que a menudo tomaron su vida como ejemplo en su labor misionera.
Pedro Páez Xaramillo nació en 1564 en La Olmeda de la Cebolla^, entonces perteneciente a Toledo.
Parece ser que era de buena familia, adinerada y noble, lo que le permitiría una buena formación, pues, aunque apenas se conocen datos de sus primeros años de vida, su evolución posterior y la aplicación que hizo de sus conocimientos nos lo confirman así.
Las lenguas, las ciencias, el arte, la lucha con espada y otras armas, el ser un buen jinete, su educación e incluso su talento en arquitectura nos hablan no sólo de una gran inteligencia y capacidad de asimilación, sino de un aprendizaje previo a los difíciles años que pronto hubo de pasar en El padre Pedro Páez.
El primer viajero europeo conocido... su aventura en Oriente.
Su buen estado físico que podría responder a la naturaleza, pero también a una buena economía familiar en lo que a la alimentación y a la salud se refiere, añade algún indicio de lo que debieron ser sus años de niñez y mocedad.
Siendo muy joven aún marchó a estudiar a Coimbra, al Colegio das Artes de los jesuítas, cuyos métodos de enseñanza y sus ideas progresistas influirían vivamente en el espíritu de Páez, que pronto vio despertar su vocación religiosa.
Por aquellos años Felipe II ya reinaba sobre España y Portugal -como Felipe I-tras la muerte de Enrique I (1580), unión que continuaría hasta 1640, años después de la muerte de Páez.
De Coimbra pasó a Belmonte, relativamente cerca de Olmeda, donde conoció al padre Tomás de Ituren, uno de sus profesores de filosofía, que se convertiría en su mentor y amigo y con el que mantendría correspondencia durante toda su vida.
Esas cartas serán, junto a su libro, una de las mayores fuentes de información que se tendrán de él.
Una vocación tan temprana encontró también pronto un destino: las misiones.
Páez, sin acabar sus estudios y antes de ser ordenado sacerdote, solicitó al general de la Compañía de Jesús que se le enviara a las misiones de Oriente.
De este modo, en 1588 partía de Lisboa hacia Goa, en la India, entonces una floreciente ciudad en la que los jesuítas y otras órdenes religiosas tenían casa y actuaban de intermediarios con otros enclaves aún más lejanos^.
Su primera intención o al menos interés se cifraba en llegar al Japón y a China, pero tras una estancia de varios meses en Goa, en los que aceleró sus estudios con la intención de ser nombrado sacerdote en poco tiempo y en la que no dejó de atender a prisioneros, enfermos y necesitados en general, fue requerido por el provincial de su orden, quien, a instancias de sus superiores y en último término de Felipe II, le preguntó si querría servir al Señor igualmente en la misión de Etiopía, donde hacía años que no lograba entrar ningún misionero y los que quedaban habían disminuido en número y eran ya mayores.
Páez, siempre de espíritu animoso y servicial, aceptó encantado el nuevo destino y, en compañía del veterano Antonio de Montserrat, partió de Goa en febrero de 1588^, según deja constancia en su libro.
La ruta a seguir debía bordear la costa india hacia el norte para después contornear el sur de Arabia y por el mar Rojo alcanzar el puerto de Massawa.
Pero la presencia turca, que vigilaba estrechamente la zona con amenaza de muerte para cualquier cristiano, hizo que se retrasara la salida una y otra vez y que finalmente fueran delatados y apresados cuando se dirigían a la costa somalí.
El primer viajero europeo conocido...
Aquí comienza su aventura en Arabia de la que tan poco eco se han hecho quienes se interesan por viajes y descubrimientos.
Un viaje que duró siete largos años en los que a costa de sus sufrimientos nos dejaron testimonio de una parte de Arabia, la región del Hadramaut, que permaneció desconocida para Europa hasta bien entrado el siglo XX^.
Su cautiverio les llevó al puerto de Dhofar, en la costa de Omán, de donde fueron remitidos a un pequeño rey del interior del Hadramaut.
Sería uno de los viajes más duros, cruzando el desierto, con apenas agua y comida, andando tras los camellos la mayor parte del tiempo y temiendo el ataque de los leones que rondaban a menudo la caravana.
Atravesaron diversas ciudades, algunas en ruinas, y llegaron a la corte del sultán, pero tiempo después fueron solicitados por el bajá turco de San'a, en el Yemen, pues los turcos reclamaban a todo portugués que cayera prisionero.
Allí permanecieron hasta que se les destinó a galeras en Moka, de donde, finalmente, fueron rescatados a expensas del rey de España, llegando de nuevo a Goa a finales de 1596.
Tan pocas líneas para tanto espacio y tiempo.
Lo que significó para los dos padres este viaje fue ante todo disciplina, aprendizaje y una manera diferente de llevar la palabra, el consuelo y el ejemplo a los prisioneros portugueses que encontraron, ganándose la admiración y el respeto de sus carceleros.
Y no se desanimaron, al contrario, cobraron nuevas fuerzas.
Aunque ya no le llegaron al padre Montserrat, que fallecería al poco tiempo en Goa (1599) sin haber logrado entrar en Etiopía.
Páez sufrió a su vez diversas convalecencias antes de aventurarse de nuevo a cruzar el mar y ser rechazado por varias tempestades, pero no se desanimó y en 1603 llegaba por fin a Etiopía.
Esta vez, acompañando a su disfraz de armenio, le ayudaron su conocimiento del árabe aprendido durante su cautiverio y el ir solo para trabar conocimiento y amistad con un turco que prometió llevarle a Suakin, con la intención de seguir hacia el norte y volver a su supuesta patria, y que accedió a desembarcarle de camino en Massawa, aparentemente para recoger allí las pertenencias de ciertos jesuítas muertos.
En esta ocasión no hubo tropiezos y una vez en Massawa envió noticias suyas al padre Melchor da Silva de la misión de Fremona.
Se internó en el país y llegó a Debaroa, capital de la provincia de Tigré, y desde allí, escoltado por portugtieses al servicio del Negus, el rey etíope, siguió camino hasta Fremona^^.
Fueron jornadas agotadoras, pero por fin estaba en Etiopía.
Su verdadera labor, o al menos para la que se había preparado durante tanto tiempo, empezaba ahora.
Y no sería algo fácil.
El cristianismo alejandrino monofisita y ascético que imperaba en Etiopía tenía demasiados Montserrat Mané Rodríguez siglos de tradición y costumbres arraigadas como para desplazarlo con el catolicismo de Roma^^.
Y sin embargo lo consiguió en parte.
Su alegre personalidad, su excelente formación, su manera de tratar, escuchar, hablar, aceptar y, sobre todo, su rápido aprendizaje de las lenguas del lugar y la disposición a enseñar en cualquier campo -desde el teológico al arquitectónico-le hicieron granjearse el respeto y la amistad.
Supo llegar a los corazones de quienes le trataban y, como sabía que ganar a un rey era ganar a muchos súbditos, consiguió también llegar a la realeza, que ante las noticias que le llegaban le hizo llamar en todas las ocasiones.
Y éstas fueron varias, Páez conoció a tres reyes sucesivos -Jacob, Za Dengel y Socinios o Susinios-, y se ganó el afecto de todos ellos, convirtiendo además a los dos últimos al catolicismo.
No quiere esto decir que hubiera ganado la batalla.
Za Dengel cayó víctima de su imprudencia al enfrentarse al clero tradicional, que lidero a sus enemigos y logró su muerte.
Susinios supo mantenerse entre dos aguas en su vida pública, pero tras la muerte de Páez, las acciones contraproducentes de Alfonso Mendes y las manos de su débil heredero Fasihdes, a quien dejó el trono en vida, facilitaron que los poderes rehgiosos etíopes supieran hacerse de nuevo con la influencia necesaria para volver al antiguo estado de cosas.
La situación llegó a tal punto que los católicos pasaron a ser perseguidos y ajusticiados, y los jesuítas finalmente expulsados.
Pero nada de esto vio Pedro Páez, que pasó los últimos diecinueve años de su vida entregado a su labor sin salir jamás de Etiopía y que llegó a convertirse a menudo en un consejero tan personal que el rey le hacía llamar constantemente a su lado cuando debía tomar importantes decisiones políticas, incluidos los sucesivos y vanos intentos epistolares al rey español y al Papa solicitando soldados y religiosos, e incluso para que le asistiera en las numerosas batallas internas que tuvo que entablar a lo largo de todo su reinado^^.
Recién acabado su libro, surgido en parte para rebatir las ideas equívocas y fantasiosas que cierta publicación del padre Urreta estaba extendiendo acerca de Etiopía^^, más cargado de trabajo que nunca en su labor misionera y de atención a los necesitados, parece que fue atacado por unas fiebres fortísimas, quizá la malaria, de las que no se recuperó.
Pocos meses antes había terminado su libro Historia Aethiopiae y sólo hacía unos días que firmara la carta, en cierto modo prólogo, que dirigió El padre Pedro Páez.
El primer viajero europeo conocido... al general de la Compañía de Jesús en Roma^^.
Había escrito en portugués, quizá por deferencia a sus superiores en Goa o por sus estudios en Coimbra.
Aunque indistintamente pudiera escribir también en español, latín, árabe o incluso en las lenguas etíopes como el amarice y el gue'ez, la lengua de los textos sagrados y de las crónicas reales, que aprendió en poco tiempo tras su llegada.
De hecho había escrito en amarice dos libros de religión, un diccionario y una gramática, y tradujo un catecismo portugués para los niños^^.
Pero su gran obra, que en cierta manera compendiaba a las demás, fue su manuscrito Historia Aethiopiae.
No se trataba sólo de una historia, incluía también, a modo de enciclopedia de Etiopía, datos sobre la geografía, la geología, la fauna, la flora, las costumbres, la religión, las leyendas, todo lo que hubiera tenido a su alcance y sus observaciones o las de gente en la que confiaba.
Mostrando un estudio antropológico y etnológico, salvando las distancias, al presentarnos las muchas tribus que habitaban el país y entre las que trabajó sin descanso.
No quería repetir el error del padre Urreta, que decía escribir según lo que le había contado un etíope al que había conocido en uno de sus viajes y que, obviamente, se había entregado a fantasear del modo más descarado^^.
Tampoco se ceñía exclusivamente a la descripción de Etiopía, en su obra encontramos precisamente el relato de sus siete años de cautiverio en Arabia, desarrollado entre los capítulos XV y XXI de su libro III, como prólogo a su entrada en Etiopía, a la que seguía una crónica de la labor jesuíta en el país desde que habían llegado.
Fue además un trabajo de investigación, puesto que aprovechando su proximidad con el rey Socinios consiguió el permiso de éste para consultar los antiguos libros etíopes, tanto crónicas como libros religiosos^^.
Pudo así entrar donde para muchos ha estado vedado durante siglos y hacerse con información directa de una historia que podía leer él mismo, gracias a su conocimiento de las lenguas del lugar, evitando tergiversaciones de posibles traductores e intérpretes.
Semejante trabajo le llevó años y en ocasiones se repetirá sobre algún tema, pero no cejará en su empeño a pesar de todas las interrupciones que le impondrán su labor de sacerdote y también la asistencia cada vez más continua al monarca.
La obra está dividida en cuatro libros de contenido diverso^^.
En el primero de ellos habla sobre la geografía física de Etiopía, de los usos y costumbres de sus habitantes, de la constitución civil del imperio y cuenta brevemente su historia siguiendo la crónica etíope desde sus orígenes, leyendas incluidas, hasta las victorias portuguesas de mediados del siglo XVI reinando el Negus Claudio.
El segundo libro trata sobre la religión en Etiopía, de los ritos y de las ceremonias eclesiásticas, de los monjes y
de los principales santos de Etiopía.
El tercero refiere la historia de los emperadores de Etiopía y la relación de los comienzos de la misión jesuíta hasta la liberación de él mismo y del padre Montserrat de manos de los turcos y su entrada final en Etiopía.
Y el cuarto finalmente lo dedica a los tres últimos emperadores, que fueron los que él conoció, y a los trabajos de los jesuítas en Etiopía hasta 1620.
Probablemente, el manuscrito original fue enviado a Goa tras su muerte y quizá sea ese el que se conserva en Braga.
Copia de él se halla también en Roma, cuya publicación por Beccari (1905Beccari ( -1906) ) permitió volver a acercarse a la persona de Páez, que desde su muerte había sido, si no olvidado, sólo mencionado, recogiéndose fragmentos sueltos de su obra en escritores posteriores (Lobo, 1640; Almeida, 1660; Kircher, 1678^^), que a su vez fueron reutilizados como referencia por otros autores y exploradores centrados en los viajes de los jesuítas y, en concreto, en Etiopía^o.
Descubridor de las fuentes del Nilo
Etiopía era, desde épocas antiguas, el lugar del nacimiento del Nilo.
O al menos así lo creían entonces y, del Nilo Azul, era verdad.
De hecho, la gran preocupación de los turcos, que controlaban el mar Rojo, era en gran manera que el reino cristiano etíope pudiera cortar o desviar las fuentes del Nilo, con lo que ello supondría para Egipto.
Se fraguaban historias al respecto y se afirmaba que realmente los reyes etíopes intervenían cuando el Nilo bajaba con poca agua.
Se ha visto que no era posible, pero el temor persistía y el hecho de que fuera un reino cristiano, por tanto enemigo, aunque aislado desde hacía mucho de Alejandría y de todo trato con el Mediterráneo, hizo que se atacasen sus fronteras en repetidas ocasiones.
A ello se debe la intervención de los portugueses en 1541 con Cristóbal de Gama al frente.
No se trataba de una ayuda desinteresada.
Desde siglos atrás circulaba por Europa una extraña historia referente a un llamado Preste Juan de un remoto reino cristiano dispuesto a colaborar en la lucha contra el infiePK La leyenda se había tejido en torno a unos rumores llegados de Siria en 1145 y especialmente por una serie de cartas recibidas en 1165 por el Papa Alejandro III y por los emperadores Manuel Commeno de Constantinopla y Federico Barbarroja que todos habían tomado como auténticas, aunque su vaguedad a la hora de describir tal reino y su situación geográfica, así como a su gobernante permitiría a cualquiera du-El padre Pedro Páez.
El primer viajero europeo conocido... dar de ellas.
Dichas cartas fueron tomadas en serio y se enviaron embajadas y expediciones con la intención de recabar su apoyo contra los musulmanes, en concreto contra los turcos, y su adhesión a la Iglesia de Roma.
De esta manera, aunque en un principio se situó al Preste Juan en algún lugar de Asia Central u Oriental, el conocimiento de un reino cristiano hasta cierto punto aislado en África Oriental, hizo pensar a todos que era ese realmente el reino que buscaban.
Y los portugueses, deseosos de proteger sus rutas hacia la India y el lejano Oriente, se aprestaron a despachar embajadas (Juan II de Portugal enviará a Alfonso de Paiva y Pedro de Covilhão en 1487^^) que, dicho sea de paso, no fueron tomadas en consideración hasta que la amenaza turca se hizo evidente y realmente peligrosa.
La intervención portuguesa tuvo éxito y los portugueses se quedaron, aunque nunca se logró lo que en principio se había venido a buscar, una alianza entre iguales y la protección etíope a los enclaves portugueses de la costa -bastante tenían por otra parte con protegerse ellos mismos y con mantener el orden interno del país, constantemente amenazado por revueltas de distintas facciones y tribus-.
Y con los soldados portugueses llegaron las misiones.
Los jesuítas hicieron su aparición en 1554 a instancias del Papa Pablo III, deseoso de establecer contacto con este reino cristiano, aunque herético por su monofisismo.
El padre Páez no encontró al Preste Juan, aunque en ocasiones se refiriera al rey como a tal, pero sí halló buen recibimiento y amistad, gracias a su carácter, y ello le valió entre otras cosas que el rey solicitara a menudo su compañía en sus traslados y campañas.
Sería así como el 21 de abril de 1618^^, acompañando al rey en una expedición punitiva a la región de Gojam, acamparon junto al monte Ghish, donde se decía que estaban los manantiales del Nilo Azul, y Páez decidió subir a comprobarlo en compañía de algunos hombres del emperador.
Fue así como llegó finalmente a las famosas fuentes del Nilo Azul que describe en el capítulo XXVI del libro primero de su Historia Aethiopiae.
El lugar mostraba dos «olhos redondos de quatro palmos do largo».
Y el humilde Páez confiesa en esta ocasión haberse alegrado al ver lo que personajes como Ciro, Cambises, Alejandro Magno o Julio César habían deseado contemplar muchos siglos atrás.
Un pequeño punto de orgullo y exaltación que pronto deja paso al Páez de siempre, observador y racional, que intenta comprobar la profundidad de las fuentes con una vara, sugiere un lago interior como posible origen, relata lo que quienes están con él le cuentan sobre la naturaleza del terreno y sobre ciertos ritos que se llevaban a cabo sacrificando una vaca -cuya cabeza tiraban al fondo-y, en fin, describe todo el paisaje de los alrededores y los caminos de acceso, así como las variantes según la estación del año en que se encontraran y el recorrido hasta llegar al río Nilo en sí, detallando a su vez sus primeros tramos y las causas de la inundación anual.
Se hace eco también de los escritos de autores conocidos como Aristóteles o del ya nombrado padre Urreta a los que corrige en sus afirmaciones, especialmente a este último, aunque le disculpa por la gran afición a la fantasía que tienen los etíopes y la poca credibilidad que se le podía dar al que informó al padre Urreta.
Vuelve pues a su labor de testigo fiel y recopilador de información, capaz de poner en duda sin avergonzarse aquello que le resulta extraño o falto de toda lógica y concluye el episodio del Nilo en lo que a él se refiere.
Otros temas pasan a ocupar su interés.
El padre Lobo repetirá la excursión pocos años después, en 1626, y ya no será hasta la llegada de James Bruce en 1770 que se hable de nuevo sobre las fuentes del Nilo Azul, aunque mayormente sea para ironizar la autoría del descubrimiento que asume Bruce^'*.
El Oriente del padre Páez
Dada la personalidad del padre Páez hay cierta inclinación, a la que no escapamos, por reflejar su vida y obra allá donde más las desarrolló, en Etiopía.
Pero no fue sólo allí donde destacó su espíritu y su forma de ser.
Su aventura en Oriente comienza desde el momento en que se embarca en Lisboa rumbo a la India.
A finales del siglo XVI, un viaje a la India bordeando el continente africano y atravesando el Indico no tenía nada de nimio.
No se trataba sólo de la ausencia de puertos seguros en el camino, de las tribus hostiles, del encuentro con los turcos y con los holandeses y todo aquel que buscara un beneficio por aquellos mares, sin hablar de las tempestades o de la calma absoluta, de las corrientes y de los monzones; eran también los barcos en sí, que tardaban meses en llegar y cuyas condiciones a bordo eran cualquier cosa menos sanas y confortables.
Las cifras hablan por sí solas: la pérdida de vidas humanas podía alcanzar al cincuenta por ciento de la tripulación y el pasaje^^.
También y aun a pesar de que la navegación portuguesa tuvo un rápido desarrollo, el desconocimiento inicial de los mares, de sus corrientes y de los vientos favoreció los naufragios de modo habitual, hasta el punto de que los relatos sobre los mismos, verídicos o inventados, crearon un tipo de literatura de gran éxito^^.
La llamada Carreira da India era una auténtica carrera contrarreloj para sobrevivir.
Pedro Páez fue de los afortunados y, aunque enfermó varias veces a lo largo del viaje, arribó a Goa en octubre de 1588, tras más de siete meses de travesía.
Llegar a Goa significaba haber superado lo más duro y encontrar al final del camino una verdadera ciudad, perfectamente organizada al modo europeo, aunque mantuviera el exotismo de gran parte de sus habitantes nativos y de las costumbres locales.
Los relatos de los misioneros jesuítas, que escribían auténticas crónicas a sus superiores, o de viajeros como Fernão Mendes Pinto^^, John Huyghens van Lins-choten^^, Pietro della Valle^^ o García de Silva y Figueroa^^, así como los documentos de Estado propiamente dichos, nos dejan una visión bastante exacta de lo que debió ser esta ciudad enclavada en una pequeña isla de la costa india y cuya magnificencia en cuanto a calles, edificios y organización administrativa y también religiosa -no hay que olvidar que las misiones estuvieron presentes casi desde el principio-, hacía que la comparasen con las mejores ciudades de Europa^^ Ésta fue la ciudad que encontró Páez, cuya decadencia no comenzó hasta mediados del siglo XVII, cuando el peligro de los ataques holandeses e ingleses hizo que se trasladara la capital a la cercana Panaji, que se hallaba mejor protegida.
El sur de Arabia y el valle del Hadramaut
De Arabia apenas se conocían sus costas y los enclaves portugueses próximos al Golfo Pérsico.
Pero allí iba a desembarcar Páez por fuerza antes de alcanzar su meta final.
Partió de Goa el 2 de febrero de 1589^^ con la intención de llegar a Etiopía.
Junto a él marchaba un sacerdote más viejo y experimentado, el padre Antonio de Montserrat, que ya había visitado la corte del Gran Mogol, al norte de la India, y que hablaba árabe.
El primer tramo del viaje era corto, hacia el norte, hasta Bassein.
Allí tenían casa los jesuítas y Páez celebró su primera misa.
Mientras esperaban un barco, Páez comenzó a aprender persa, que pronto dominaría.
Disfrazados de armenios llegaron a Diu, El padre Pedro Páez.
El primer viajero europeo conocido... aún en la costa india, donde al cabo de varias semanas un barco armenio se ofreció a llevarlos hasta Mascate, en la costa árabe, para luego subir por el Golfo Pérsico hasta Basera.
Este rodeo les permitiría llegar vía Iraq, Siria y Egipto hasta tierras etíopes.
No había otro medio y aceptaron, pero al llegar a Mascate, el capitán decidió no seguir y hubieron de esperar de nuevo.
Entre tanto pasaron a Ormuz, donde se alojaron con los padres agustinos varios meses y guardaron cama debido a las fiebres.
Entonces un mercader árabe se ofreció a llevarles hasta la costa somalí.
Pero al poco de zarpar les atacaron los piratas y sólo quedaron libres tras un costoso rescate pagado por el capitán del barco.
Nuevamente esperaron en Mascate, sufrieron nuevos accesos de fiebre y por fin partieron rumbo a Somalia.
Y entonces fue una tormenta la que desarboló el barco y les hizo refugiarse en las islas Kuria, frente a Omán.
Aquí empezó su calvario de siete largos años.
Al hacerse de nuevo a la mar, delatados por un árabe que les reconoció en las islas como portugueses, fueron alcanzados por dos naves turcas, descubiertos, interrogados y encerrados en Dhofar.
El capitán de Dhofar no se decidió a matarlos y los envió al interior, a su rey.
De este modo comienza su viaje por el desierto, en condiciones durísimas, apenas alimentados -aunque igual podía decirse de quienes les llevaban, cuya comida solía incluir langostas, saltamontes del desierto, que los prisioneros rechazaban-, andando la mayor parte del camino -sobre todo Páez, pues a Montserrat, dada su edad y estado finalmente le hicieron subir a un camello-, sufriendo los espejismos por falta de agua, las tormentas de arena y el sol, sin apenas protección en sus cabezas, hasta llegar a la ciudad de Tarim, donde las gentes les apedrearon y sus guardianes tuvieron que esconderlos, de modo que las siguientes poblaciones decidieron cruzarlas de noche.
En una de ellas serían recibidos amablemente por un hermano del rey, quien les daría la ocasión de probar una bebida desconocida, el café -cahua-, de la que Páez describe su preparación y la fruta -bun-con que la hacen^^.
Al día siguiente llegarán donde el rey o sultán, quien les recibirá bien y conversará con ellos, mostrando al final deseos de dejarlos libres, pero a la espera de consultar a los turcos, a los que pagaba tributo.
Entre tanto, Páez no pierde el tiempo y registra todo lo que ve sobre vestimentas, cultivos, costumbres religiosas, en fin, todo lo que llega a sus ojos y oídos.
Pero pasados cuatro meses los reclamará el bajá o pacha turco del Yemen, dejándolos marchar el sultán con gran pesar.
Cruzan entonces una parte del desierto del Rub'al Khali o espacio vacío y llegan a Marib, cuyas ruinas le causan gran impresión y más cuando le cuentan que fue una gran ciudad de la reina de Saba, de donde dicen que salió para ir a ver al rey Salomón -rompiendo con las leyendas etíopes^^-.
Continúan hacia San'a, donde les consideran espías portugueses, aunque sus respuestas les satisfacen.
Cerca de un año permanecerán en prisión en compañía de veintiséis portugueses y cinco cristianos indios a los que llevarán consuelo espiritual y psicológico, pues lograrán que colaboren entre sí en lugar de pelear a cada momento, para asombro de los propios carceleros.
Poco a poco se ganarán el respeto de los turcos, que les quitan las cadenas, les permiten trabajar en el jardín o fuera y les trasladan a un lugar más espacioso donde celebrarán misas y rezos libremente, en parte porque muchos de los turcos del lugar eran antiguos cristianos, incluido el bajá que era albanês.
Páez aprovechará además para aprender árabe.
Despertarán también la curiosidad de la mujer del bajá, hija de cristianos, que se interesa por ellos e intercede para que se les deje marchar libres a Jerusalén; pero cuando están preparados para salir, un mercader indio de origen albanês pero que odia a los cristianos asegura al bajá que podría cobrar un gran rescate por ellos y vuelven a encerrarlos hasta que la llegada de un turco de origen sevillano, muy respetado, que desea conversar con ellos, les aligera la prisión.
Páez nos relata estas conversaciones y las disputas teológicas que se llevan a cabo con distintos personajes de la ciudad, en las que siempre vencen con su conocimiento y su saber argumentar.
En varias ocasiones se intenta ayudarles a marchar o recatarles de alguna manera, pero las cosas se complican, el bajá recela que no le engañen sobre lo que puede ganar con ellos y continúan en San'a, aunque con más libertad de movimientos, hasta que finalmente se les manda a Moka para servir como galeotes si no son rescatados.
Así pasarán tres meses antes de que los devuelvan a tierra por enfermedad del padre Montserrat.
Y estando allí llegará rescate de la India por mandato de Felipe II, quinientos cruzados por cada uno, lamentados por Páez que los habría empleado para rescatar a mayor número de cristianos, más cien chantajeados por el capitán de la galera.
De este modo llegan por fin a Diu, donde serán recibidos por el padre Guardián de San Francisco y más tarde por los dominicos, los hermanos de la Misericordia y finalmente, ya en Goa, por los jesuítas en diciembre de 1596.
Páez no descubrió la región del Hadramaut, pero sí fue el primer europeo que nos dejó una descripción de aquella zona, aunque la ruta exacta que siguieron no pueda identificarse del todo.
El y Montserrat fueron los únicos europeos en llegar a Marib desde el este y en alcanzar San'a desde el Hadramaut.
Su relato nos cuenta las miserias de su viaje, pero sobre todo describe aquello que ve y que nos resulta de enorme interés.
Se deja sorprender por el paisaje, por las duras condiciones de vida que no casan con el nombre de Arabia Felix, por los escasos cultivos, que detalla, se maravilla ante la devoción, se entretiene en mostrarnos vestimentas y peinados, nos ofrece una de las primeras menciones del café que se conocen, se interesa por las ruinas de edificios antiguos y nos da una visión de los árabes más tolerante con los cristianos de lo que se pensaría en un principio -eran realmente los turcos quienes sentían más animosidad-.
Su curiosidad no tiene límites y su capacidad de aprendizaje tampoco.
No sabemos si nos maravilla más el recorrido que realiza, por ser el primero que lo lleva a cabo y lo escribe, o su personalidad.
Hemos visto de qué pasta está hecho Pedro Páez.
No sabemos si de haberse quedado en España o Portugal habría sido de otra manera.
En todo momento su gran presencia de ánimo y una fe inquebrantable le permiten mirar a su alrededor y olvidarse de sí mismo.
A lo largo de su cautiverio no se entretiene en sus dolencias más que lo justo y algo más en las de su compañero, pero sí observa el entorno, las gentes y los lugares.
Está en un país nuevo y en una situación nueva, y saca el máximo partido de ello.
No se encierra en sí mismo, es positivo y transmite esa forma de ser a todo el que trata con él.
Y da igual las penalidades que pase o, por el contrario, los favores que reciba, él se mantiene siempre ecuánime y rara vez se deja llevar de un entusiasmo excesivo o de una cierta melancolía.
Su narración es desapasionada y sin embargo nos transmite la necesidad de seguir adelante, de ver lo que viene después, por desesperada que sea la situación, porque confía plenamente, jamás se siente abandonado gracias a su fe.
Podría ser la imagen que en ocasiones tenemos del explorador entusiasta, pero no es así.
Sus descubrimientos, en parte forzosos, le llenan de alegría o simplemente le maravillan, pero no son su meta, de ahí que nos lleguen en un primer momento en un tono apagado y sólo las reivindicaciones posteriores hagan resaltar su nombre, aunque es claro que él sería el primer sorprendido y El padre Pedro Páez.
El primer viajero europeo conocido. rechazaría a gusto la importancia concedida a estos hechos a cambio de que su obra evangélica se hubiera perpetuado.
Quizás no podamos hablar de un gran descubridor, al menos conscientemente, sino de un gran hombre.
Lo que significó para el conocimiento de Arabia y Mrica Oriental podemos evaluarlo hoy a grandes rasgos, pero lo que realmente llevó a cabo fue una labor humanitaria y religiosa de un alcance desproporcionado para las fuerzas con que en principio contaba.
Que su trabajo no perdurara más allá de su vida estaba fuera de su alcance.
Hoy lo que nos queda es ese espíritu emprendedor y unos hechos inamovibles que generalmente son los que escriben la historia: cruzó y describió por primera vez el valle del Hadramaut y nos dejó una visión desconocida hasta entonces de las gentes que lo poblaban, y además vio las fuentes del Nilo Azul y fue el primero que dejó constancia de ello por escrito y con gran riqueza de detalles.
Y, por si no bastara con ser el primero, nos añadió toda una crónica del país por el que cruzó medio mundo y al que dedicó sus últimos diecinueve años de vida.
Semejante entrega, se mire por donde se mire, bien vale un recordatorio, aunque sea a título póstumo.
El primer viajero europeo conocido. adjudicó tal descubrimiento al llegar en 1770, sino que se dedicó a difamar a Páez y a los jesuítas que le siguieron, especialmente al padre Jerónimo Lobo que siguió en pocos años al padre Páez (Lobo, 1640).
^ Heródoto se aventuró hasta la primera catarata en el siglo V a.C. Eratóstenes dibujó un mapa hasta Jartum en el siglo III a.C. Nerón en el siglo I d.C. envió soldados que no alcanzaron más que las regiones ya conocidas.
Ptolomeo, en el 150 d.C, dibujó a partir de relatos que llegaron a sus oídos un mapa relativamente exacto, que sirvió de guía a los viajeros posteriores, en el que se veían lagos y montañas nevadas.
Su llegada, a los pocos años de morir Páez, nos permite conocer la labor de su sucesor el padre Alfonso Mendes, hombre de gran fe, pero intransigente, que no supo comprender el espíritu de las gentes de Etiopía, se granjeó su animadversión y logró desbaratar toda la labor y el respeto que Páez había logrado.
Lobo será testigo de la expulsión de los jesuítas en 1633.
Actualmente pertenece a la Comunidad de Madrid, habiendo dependido antaño más directamente de Alcalá de Henares.
No hay que olvidar que las misiones de China y Japón conectaban con Europa a través de la India -de allí partieron Mateo Ricci para China y Francisco Javier para Japón-.
No hacía muchos años, en 1554, que, por ejemplo, el jesuíta Francisco Javier -canonizado con Ignacio de Loyola el año de la muerte de Páez-había sido enterrado allí tras peripecias varias para traer su cuerpo desde el Extremo Oriente (Mendes Pinto, 1614;1982: 848-856).
En Goa había desarrollado parte de su importante labor aunque sus estancias allí fueran cortas. ^ Beccari, 1905: XI.
Su primera carta al padre Ituren, fechada al parecer en febrero de 1589, nos resume esa petición, así como nos describe elogiosamente a su compañero de viaje y los trámites que siguieron, entre ellos la aceleración de su ordenación sacerdotal antes de partir.
La fecha de partida no está muy clara, Beccari cree que Páez, que escribe su viaje años después en Etiopía, se equivoca en un año, siendo en ese caso 1589 el año correcto.
Desde que en 1541 don Cristóbal de Gama, con más de cuatrocientos voluntarios portugueses, acudiera en auxilio del rey etíope amenazado por los turcos, siempre hubo portugueses a su servicio.
Pues los supervivientes, al parecer unos ciento treinta, ya no marcharon y se establecieron allí formando una especie de cuerpo de élite de la realeza que fue mestizando con el tiempo al casarse con mujeres locales y tener descendencia.
Dicho episodio tuvo gran trascendencia y la persona de Cristóbal de Gama, cogido prisionero, torturado y ejecutado, fue propuesta para canonización.
Por este motivo, el padre Lobo, que llegaría años después y sería testigo de la expulsión de los jesuítas, recibió el encargo de encontrar la tumba de Cristóbal de Gama y recuperar sus restos.
Así lo hizo en 1626 o creyó hacerlo, nunca quedó claro si los huesos que • halló e hizo enviar a Goa eran realmente los de este personaje.
Su tumba en cualquier caso quedó en las cercanías de la ciudad de Gondar y allí la redescubrió siglos después otro viajero español, don Víctor Ab argues de Sostén, en 1881 (Noticias acerca de la expedición...
Ver en este mismo número el artículo dedicado a su persona).
^^ La historia religiosa del cristianismo etíope parece que se remonta al siglo IV, cuando, tras la llegada de dos monjes -Frumencio y Edesio-, el rey Ezana de Axum se convierte y en el siglo V, los llamados «Nueve Santos», monjes sirios monofisitas, asientan definitivamente esta nueva fe y, muy importante en el futuro político, su dependencia del patriarcado alejandrino.
Pero no sólo quedó arraigado este cristianismo, pues la leyenda quiere que los reyes etíopes desciendan de la mítica reina de Saba y el rey Salomón, cuyo hijo Menelik habría sido el primer rey salomónida de la dinastía y además portador de las tablas de la Ley, robadas en el templo de Jerusalem.
Se juntaban por tanto tradiciones judías y cristianas, como el respetar el sábado en lugar del domingo, que permanecían tanto más clavadas en la mentalidad de la gente cuanto menor era su conocimiento real de la religión y contra eso tenían que enfrentarse los jesuítas a la hora de encaminar la fe de los etíopes.
Siendo más difícil luchar contra las costumbres que contra las creencias, se necesitaba mucho más tacto para ello.
^^ Etiopía nunca fue un reino en paz.
Constantemente había tribus que se rebelaban en distintos puntos.
El rey se encontraba en campaña casi permanente y rara vez la corte permanecía en un lugar fijo, a pesar de lo cual, Páez construyó para el rey un palacio en Gorgora, junto a una iglesia, al más puro estilo arquitectónico europeo, que fue la admiración de todo el que se acercaba a verlo.
Aún hoy quedan restos ruinosos de aquella obra que parece fuera de contexto dado el entorno. ^^ Beccari, 1905: vol. II, 3-4.
Carta-presentación del Hbro de Páez al general de la orden en Roma, en la que, entre otras cosas, señala su intención de enmendar dichas ideas erróneas de la obra de Urreta.
El tal libro era de un dominico español, Luis de Urreta, publicado en Valencia en 1610 y que titulaba Historia eclesiástica y política de los grandes y remotos reinos de Etiopía, Monarquía del Imperio llamado Preste Juan de las Indias.
Desde afirmar que los etíopes eran católicos -bien sabía Páez que no-, hasta, por poner algunos ejemplos, hablar de hormigas gigantes, reyes que descendían de los Reyes Magos y nacían con una estrella grabada en la piel, una biblioteca que contenía todo el saber del mundo, etc. 17 Beccari, 1905, vol. II: XXXII-XXXVIII; vol. Ill: III-XI.
Beccari expone la lista de obras etíopes que utilizó Páez, así como las europeas, también el nombre de los que le transmitieron algún testimonio y lo que fueron experiencias propias del autor, todo ello desglosado y en orden.
Beccari describe el contenido de cada libro y cada capítulo, previamente a la publicación del manuscrito en los dos volúmenes siguientes, añadiendo anotaciones propias.
Los tres eran jesuítas.
Athanasius Kircher escribió el Oedipus Aegyptiacus, en cuyo primer volumen recogía algunas de las páginas de Páez traducidas al latín [URL] http://www.egiptomania.com/egiptologia/egiptologia_kinnaird.htm). |
Entre los últimos años del siglo XVI y los primeros del XVII, aquel mundo sin límites de los navegantes y aventureros renacentistas comenzaba ya a cerrarse, pues las mismas potencias que antes los habían abierto precisaban ahora defenderlos.
No obstante, hasta los inicios de la Guerra de los Treinta Años (1618), España y el Imperio por un lado y Francia e Inglaterra por otro vivirían un periodo de relativa paz.
Por encima de rivalidades y controversias religiosas, la sociedad europea compartía similares valores sociales y caballerescos, que una novela iba a poner de relieve.
En 1605, la publicación en Madrid de la primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha tuvo un éxito rotundo.
Miles de ejemplares de la primera edición se enviaron a América, y ese mismo año se hizo una segunda tirada oficial y dos ñirtivas en Lisboa y Valencia.
Rápidamente se editaría también en Bruselas (1607) y comenzarían las traducciones, publicándose pronto la inglesa en Londres (1612), la firancesa en París (1614), y la italiana en Venecia (1622), luego seguidas por las versiones alemana y holandesa^ Sátira de las de caballería y divertido entretenimiento, la novela de Cervantes era también espejo de valores caballerescos, asumibles por una buena parte de la sociedad europea.
Y así se leyó y difundió por un mundo que parecía ya bastante organizado, dividido y cartografiado, incluso documentado en imágenes.
La magna obra de los alemanes Georg Braun y Frans Hogenberg (1572-1618) C¿vitates Orbis Terrarum, acercaba a los curiosos vistas y planos de ciudades de todo el planeta, desde Cádiz a París, Constantinopla o Goa, en láminas plenas de color y realismo^.
Y así, como caballeros andantes, los viajeros del siglo XVII fueron en pos de aventuras por un mundo cada vez mejor definido en mapas, tratados y fronteras.
Pero aún reduciéndose poco a poco lo desconocido, peligros sin cuento seguirían acechando el paso de los viajeros europeos a Oriente, entre los qué rescatamos la me-moria de tres peninsulares sin igual, que partieron un día siguiendo su destino: el comerciante Pedro Teixeira, el embajador Don García de Silva y el religioso Pedro Cubero Sebastián.
Y es que durante los primeros años de aquel siglo, el Mediterráneo y Europa permanecían divididos por el peligro otomano.
La vida y aventuras del capitán Alonso de Contreras es buen ejemplo del arrojo y la audacia necesarias en aquella mar, y su Derrotero Universal del Mediterráneo, testimonio asombroso de su valerosa navegación por el corazón del turco^.
Los peregrinos podían seguir yendo a los Santos Lugares, péro los abusos de la administración otomana eran frecuentes, y hasta 1606 -año en el que el emperador Rodolfo II y el sultán Ahmed I firmaron un convenio-, la Sublime Puerta ni siquiera aceptó las prácticas internacionales de la diplomacia^.
Por eso, no es raro que muchos viajeros a Oriente intentaran eludir el tránsito por el Imperio Turco, ni tampoco que el Irán de los safavíes se convirtiera en destino obligado de muchos aventureros de entonces.
Pero el nuevo siglo supuso también otros cambios.
La monumental antología de textos de viajeros europeos a Oriente entre los siglos XII y XVIII, publicada por Antonio Invernizzi^, con su mero listado nos permite percibir junto al inusitado crecimiento en la frecuencia del viaje, reflejos de la historia del momento.
En efecto, si consideramos los orígenes de los viajeros del siglo XVII, además de los nativos de países antes presentes en Oriente, aparecen entonces algunos holandeses y una enorme cantidad de franceses.
Veintiuno de éstos sobre nueve italianos y menos aún de las restantes naciones suponen todo un síntoma.
Y es que en realidad^ la lista revela el empuje de Francia y el declive del Imperio español que, de todas formas, seguía teniendo sus miras puestas sobre todo en América y Oceania, como los asombrosos viajes de Quirós pondrían de relieve^.
Los viajes a Oriente en el XVII comienzan casi con el portugués Pedro Teixeira, que como súbdito de Felipe III estuvo en la India, Filipinas y América.
Vuelto a Goa en 1603, decidió retornar a Europa por el Golfo Pérsico y Mesopotamia hasta alcanzar Venecia en 1605.
Sus recuerdos de viaje serían escritos por él mismo en español, y publicados en Amberes en 1610.
Y no es extraño que así lo hiciera, porque él mismo hablaba de España como «nuestra».
Otro Pedro Teixeira, cartógrafo de Felipe III, sería el célebre autor de un popular plano de Madrid y de un magnífico atlas de España, cuyas láminas acaban de ser reencontradas en Viena^.
Pero volviendo a Oriente, el Irán de entonces y sus magníficas ruinas iban a convertirse en tema central de la literatura de viajes del XVII, distinguiéndose entre todas la obra de dos de los más grandes viajeros de to-das las épocas, el español Don García de Silva y Figueroa y el italiano Pietro della Valle.
El poderío del sha Abbás el Grande (1586-1626), único rival de los turcos en Oriente y aliado posible de las potencias europeas, indujo a Felipe III el envío de una misión encabezada por Don García de Silva y Figueroa, que salió de Lisboa el 8 de abril de 1614 y arribó a Goa siete meses depués, aunque hasta junio de 1617 no llegaría a ver al sha.
Don García murió en su viaje de vuelta a España en 1624, por lo que el largo manuscrito que había ido redactando a lo largo de los años quedó olvidado.
Recogía en él la descripción de su viaje y muchos datos de interés, como su identificación del lugar de Chilminara con Persépolis, o la suposición de que los signos cuneiformes habían sido la escritura propia de los persas antiguos.
Y ni siquiera la tardía e incompleta publicación de su manuscrito en francés (!) en 1667, le reportaría una fama merecida.
Olvidado el español, los autores suelen atribuir en exclusiva al noble romano, Pietro della Valle, el redescubrimiento de Persépolis y de los signos cuneiformes como escritura.
Magnífico viajero y escritor, no por ello debemos olvidar la primacía del español y la altísima calidad de su obra.
Pietro della Valle peregrinó a Tierra Santa en 1614.
Decidido luego a proseguir su aventura, viajó por Siria y Mesopotamia y marchó después a Irán, alcanzando Isfahan en febrero de 1617.
Residió allí varios años, haciendo vida en la corte y la colonia europea.
Visitó el reino y escribió sus impresiones en cartas, que mandaba a su amigo Mario Schipano, al tiempo que redactaba un diario lleno de croquis y sencillos planos de las ruinas visitadas.
A su vuelta a Italia, della Valle reunió sus epístolas y las publicó en cuatro volúmenes que hicieron su fama^.
Libro y diario manifiestan las sorpendentes cualidades del noble romano, verdadero antepasado de la arqueología de Oriente.
Visitó y describió lugares tales como Babilonia, Ctesifonte, Seleucia, Ujaidir, Ur, Persépolis y Naqs-i Rustam^, aportando interesantísimos datos sobre las ciudadades antiguas y sus monumentos, que proporcionan hoy una verdadera mina a los estudiosos del redescubrimiento de Oriente^^.
Cuando en 1626 Pietro della Valle volvió a Roma, Europa ardía ya en la feroz Guerra de los Treinta Años, que acabaría cambiando las hegemonías de la época^^ Involucrada en varios frentes, España se veía por fuerza volcada en la lucha^^, pero las crisis de subsistencia, las derrotas y las rebeliones no destruyeron nuestro amor a la vida.
Y como ocurriera durante el anterior siglo y aún después, las escenas de los corrales de comedias y los teatros nobiliarios siguieron acercando a la gente con la riquísima producción de comedias de capa y espada, historia, mitología y autos sacramentales, el sabor legendario de las remotas tierras de Oriente.
Un Oriente que para el español medio seguía siendo el de los turcos, el de los relatos bíblicos y clásicos a través de de la reina Semíramis o Nabucodonosor, que en obras como Los baños de Argel (1614) de Cervantes, La gran Zenobia (1625), la Cena del rey Baltasar (1635) o La Hija del Aire (1642) de Calderón, y en otras muchas de distintos autores^^, brillaba asombroso y rutilante.
Y así, pueblo y aristocracia entraban en los paisajes y leyendas de Oriente, transmitidos con la magia y el color de aquella fiesta y pasión que era el teatro, y que la literatura de viajes no podía recrear.
Pero las cosas del reino iban mal, y cuando se firmo la paz de Westfalia, Diego Saavedra Fajardo sabía que la condición española en Europa se había modificado substancialmente^^.
La iniciativa ahora partía de Francia, con una vitalidad que alcanzaba el arte, las letras, las armas e incluso el número y naturaleza de los viajes a Oriente.
Y así vemos que en la numerosa serie de viajeros franceses de la segunda mitad del XVII, destacarán dos de los mejores del siglo, Jean-Baptiste Tavernier y Jean Chardin, cuyos pasos habían de cruzarse con otros dos viajeros de excepción, el español Pedro Cubero Sebastián y el alemán Engelbert Kampfer.
Uno de los más inquietos viajeros de todos los tiempos fue Jean Tavernier, que entre 1632 y 1668 emprendió hasta seis grandes viajes, movido por su negocio de diamantes.
Conoció bien Siria, Mesopotamia, Armenia, Irán y la India, y publicó sus recuerdos en París, en 1676, con el atractivo título de Les six voyages de Jean Baptiste Tavernier, Ecuyer Baron dAubonne, qu'il a fait en Turquie, en Perse, et aux Indes, Pendant l'espace de quarante ans.
Pero en tantas y tan diversas rutas resultó siempre más atraído por la economía y las costumbres que por la Antigüedad o las ruinas^^, mostrando además un sentimiento antes extraño a los europeos: el de una cierta superioridad sobre los orientales.
Su compatriota Jean Chardin, que también comerciaba con diamantes, parece ajeno a tal presunción.
Con todo, sus profundos conocimientos sobre el Irán safa vi destacaron desde el principio entre toda la literatura de viajes, y su descripción de las ruinas de Persépolis se haría famosa^^.
Menos denso, pero mucho más vivaz y espontáneo se mostraría el tercer gran viajero español del siglo, Pedro Cubero Sebastián, que en 1672 desembarcó en la costa persa del Caspio, pasando luego por Ardebil, Qazvin, Isfahan, Shiraz y Bandar Abbás, atento a las gentes, las ciudades y los caminos, pues las ruinas de «Cehilminar» y las de Pasargada apenas si le inspiraron un breve comentario.
Más tarde, tras cruzar el Pacífico, América y el Atlántico recalaría en Cádiz en 1679.
Su titánica aventura, publicada en 1680, se vería honrada con un soneto de Calderón.
Acababa el siglo cuando por los mismos caminos antes seguidos por Pedro Cubero, entre 1683 y 1694 marchó el viajero alemán Engelbert Kámpfer.
Secretario de una embajada de Suécia, la dejó para viajar por el país, enrolándose luego en Bandar Abbás como médico de una flota holandesa.
Vivió y viajó por la India, Ceylán, Siam, Java y Japón, volviendo a Europa en 1694.
El relato de sus viajes y los dibujos que hizo de monumentos y ruinas quedaría en manuscrito, aunque los comentarios a sus copias de inscripciones cuneiformes introdujeron por vez primera el concepto «cuneatae»^^.
Por los años en que Kámpfer vivía su aventura, nuevos sentimientos empezaban a desarrollarse en Europa y Oriente Próximo.
La reanudación de la expansión turca fracasó ante Viena (1683), perdiendo luego Buda y sufriendo derrotas tremendas que llevarían a la Paz de Karlowitz de 1699^^.
El entusiasmo de los vencedores estaba justificado; en manifiesta retirada, Turquía nunca más volvería a ser la potencia del pasado, pues desde el punto de vista militar, los otomanos acababan de mostrar una absoluta incapacidad de innovación^^.
El mismo Oriente se alejaba así tras nuevas fronteras, revelándose además débil, inerme y abierto.
^ Véase la introducción de Martin de Riquer a su edición de CERVANTES, M. de (1980): El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, edición, introducción y notas de Martín de Riquer.
Editorial Planeta, S. A., Barcelona, pp. XXVI-XXVIIL ^ LANDIN CARRASCO, A. (1992): «Los hallazgos españoles en el Pacifico», Revista Española del Pacífico, 2, pp.13-35.
Y también, BAERT, A. (1994): «Las condiciones prácticas de los viajes de Mendaña y Quirós a Oceania», Revista Española del Pacífico,4, ^ Se trata de un hallazgo excepcional, del que se ha hecho recientemente una magnífica edición a cargo de PEREDA, F. Y MARÍAS, Fdo. (eds.) ( 2003): El Atlas del Rey Planeta.
La «descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos» de Pedro Teixeira (1634).
El sólo pudo ver publicado el primer volumen dedicado a Turquía, los dos siguientes relativos a Persia se publicarían en 1658, tras su muerte ( 1652 ^^ Es bien conocido que la historia de la guerra se divide en cuatro periodos: palatino, danés, sueco y francés.
España y el Imperio supieron mantenerse razonablemente bien en los tres primeros, pero desde 1637, ya entrado el último, las cosas se pondrían en su contra hasta precipitar el desastre.
Váse PARKER, G. ( 1981 ^^ Es bien sabido que Jean Chardin reiteraba conocer mejor Isfahan que Londres, y que hablaba el persa con tanta soltura como el francés o el inglés.
Desde luego, sus libros acanzarían gran éxito entre los intelectuales europeos del siglo XVIII, que encontrarían en sus páginas una riquísima información sobre el Irán safaví.
Para una edición relati- |
Pedro Teixeira es un integrante notable de la ilustre nómina de los viajeros portugueses que, a finales del s, XVI y principios del XVII, ensancharon para Occidente las fronteras del mundo.
Su conocimiento en España se debe a la publicación en 1994 de su obra «Relaciones del Origen, Descendencia y Sucesión de los Reyes de Persia, y de Harmuz, y de un viaje hecho por el autor dende la India hasta Italia por tierra», en edición realizada por el profesor Eduardo Barajas Sala, lamentablemente fallecido en 1997.
En este artículo se ofrece una reseña biográfica de Pedro Teixeira, y un análisis del viaje narrado por el autor en la última parte de sus «Relaciones»: el que desde Ormuz le conducirá, a través de Mesopotamia, hasta la costa del Mediterráneo.
A la memoria del profesor Eduardo Barajas
En 1984, dos pequeñas editoriales madrileñas embarcadas en una colección común, dedicada a rescatar libros de viajeros hispánicos olvidados o ya inencontrables, coeditaron una obra escrita en castellano por un enigmático viajero portugués del siglo XVI: un texto casi desconocido y nunca editado antes en España^ que llevaba por título Relaciones de Pedro Teixeira del origen, descendencia y svccesion de los Reyes de Persia, y de Harmuz, y de un viaje hecho por el mismo autor dende la India Oriental hasta Italia por tierra^.
El libro contenía la relación completa de un viaje realizado casi íntegramente a pie desde la India hasta Italia: un do-José Javier Fuente del Pilar 628 cumento apasionante, cargado de datos históricos, geográficos y etnográficos tomados de primera mano por un viajero escritor que, además, para sorpresa de los editores exhibe en su narración una riqueza léxica de extraordinario interés literario.
La historia de esta primera edición en España de las Relaciones de Pedro Teixeira se remonta a 1989, cuando el profesor Eduardo Barajas Sala, a la sazón catedrático de Filología Hispánica de la Universidad de Extremadura, me hizo llegar, junto a un ampMo comentario sobre el viajero portugués, una separata editada en Portugal sobre los portuguesismos incluidos en el texto castellano de su crónica^.
Aquella pubHcación y la figura del portugués que escribía en castellano, presentada con la impecabihdad intelectual del profesor Barajas, llamó enseguida nuestra atención y, bajo su tutela, tras algunos años de cartas, pruebas y correcciones, dimos finalmente a imprenta su edición de las Relaciones, para la que escribió un extenso prólogo.
El profesor Barajas, tristemente desaparecido en 1997, se constituyó durante aquellos años en el inductor de mi interés por la literatura de viajes portuguesa de los siglos XVI-XVII, y debo reconocer que cuanto sé (me atrevería a decir «se sabe» en nuestro país) sobre Pedro Teixeira proviene de sus trabajos.
Nada nuevo diré, pues, en estos apuntes que no haya dicho él antes, por ejemplo, en la edición española de las Relaciones de Pedro Teixeira que, con Eduardo Barajas como guía, tuve el honor de coordinar.
Antecedentes literarios: Crónicas portuguesas de viajes a Oriente en los siglos XVI y XVII
Entre las numerosas crónicas viajeras sobre el próximo o el lejano Oriente de los siglos XVI y XVII, siempre ocuparán un lugar destacado las de los viajeros portugueses.
Sus textos contribuyeron como pocos a abrir la insondable puerta de esa parte del mundo a los ojos cultos de Europa.
Algunos experimentaron incluso un envidiable éxito comercial: por reseñar el mejor ejemplo, las peripecias lejanas de un extraordinario viaje por China y Japón, recogidas en las Peregrinaciones de Fernão Mendes Pinto, obra impresa originalmente en Lisboa en 1614, conoció una traducción al castellano sólo seis años después^ y enseguida ediciones francesas, inglesas, alemanas...
En el contexto de estos viajes se enmarca el realizado por Pedro Teixeira: los itinerarios de los viajeros que los protagonizaron, en cuyas crónicas se describe con mayor o menor profundidad las diferentes regiones del Oriente Próximo, quedan reflejados en el mapa adjunto.
Todos los relatos mencionados están escritos por los propios protagonistas, quienes, al tiempo que narran sus viajes, aventuras y desventuras, ofrecen curiosas noticias de la realidad que se presenta ante sus ojos: el paisaje, la flora, la fauna, la caza y la pesca, los productos naturales y manufacturados, las viviendas y los modos de vida de sus moradores, etc. Casi todos procuran reflejar sus impresiones de manera fiel y objetiva: cuentan lo que vieron con sus propios ojos, pero también lo que oyeron a personas de confianza.
Estas características generales dotan a estos textos de una personalidad común, de un cierto estilo compartido, cuyo rasgo más destacable es la amenidad narrativa puesta al servicio del interés por ofrecer, de manera casi periodística, la mayor información posible.
Reseña Biográfica de Pedro Teixeira
Del autor de las Relaciones se conoce muy poco, apenas lo que él mismo nos cuenta en su libro.
Sin duda, los dos estudios más extensos sobre la vida de Pedro Texeira son los ofrecidos por Eduardo Barajas y Donald Ferguson^, aunque ambos autores se limitan a realizar un ensayo de interpretación biográfica basado fundamentalmente en la propia obra del viajero portugués y en otras fuentes historiográficas del último cuarto del siglo XVI y posteriores.
Según el alemán Meyer Kayserling^^, Pedro Teixeira nació probablemente en alguna localidad del norte de Portugal situada entre los ríos Duero y Miño, en el seno de una familia de judíos portugueses que terminaría asentándose en Lisboa.
Se ignora el lugar y la fecha exacta de su nacimiento, incluso si fue educado en la fe de sus padres, pues nada dice al respecto en su obra, si bien en ella se nos presenta como un buen creyente «temeroso de Dios», por lo que podría deducirse que terminó abrazando el catolicismo.
De la lectura de sus Relaciones parece desprenderse que Teixeira se dedicaba al comercio (aunque es probable que antes se ganara la vida como sol-dado) y que tal fue el motivo que le indujo a enrolarse en un barco de una de las dos flotas que partieron de Portugal hacia Goa en 1586.
Nada dice en su texto de esta ciudad, donde residió varios años y debió conocer muy bien.
Sólo nos informa de que entre 1590 y 1591 se instala en la ciudad india de Cochin, en 1596 en Harmuz y un año después en la ciudad septentrional persa de Mazandaron, hasta que regresó nuevamente a Goa para embarcarse hacia Malaca en 1597, donde permaneció dos años y medio, al cabo de los cuales viajó a Manila como escala a Nueva España.
Así Uega a Acapulco el 1 de diciembre de 1600 para dirigirse luego a caballo a la ciudad de México donde entró el día de Navidad.
En la ciudad azteca permaneció hasta el 2 de mayo de 1601, y a finales de ese mismo mes se hizo a la mar desde Veracruz con destino a España.
El buque en el que viajaba estuvo a punto de naufragar frente a Cuba, pero logró atracar en el puerto de La Habana, para reanudar el viaje el 15 de juHo.
Pasó por Florida, las islas Bermudas y los bancos de bacalao de Terranova.
Tras sortear los ataques de los corsarios ante las costas del Algarve Uegó a Sevilla y, finalmente, a Lisboa el 8 de octubre de 1601^^.
Después de este accidentado viaje, Pedro Teixeira, en contra de su voluntad, se vio obligado a volver a la India («la cosa que menos me entrara en el pensamiento», escribe) para resolver un asunto de deudas económicas impagadas.
Así, volvió a embarcarse el 28 de marzo de 1603 en una de las flotas que zarparon con rumbo a la India bajo el mando de Pero Furtado de Mendoza, arribando a Goa el 14 de octubre.
Debió solucionar con presteza sus cuitas financieras (nada dice al respecto, aun cuando sí nos había informado de la existencia del problema), pues cuatro meses después emprendía el regreso a Portugal, aunque en esta ocasión, hastiado de tanto viaje marítimo, decidió relizar el camino de vuelta por tierra.
La narración de este viaje conforma el corazón más narrativo e intenso, por su amenidad e interés aventurero, de sus Relaciones, y a él nos referiremos en extenso más adelante, aunque ahora avancemos un resumen breve.
En febrero de 1604, Texeira abandonó Goa en un navio que le conduciría al Golfo Pérsico, alcanzando Ormuz un mes más tarde.
Tras un intento frustrado, logró llegar a Basera en agosto de 1603.
Resuelto a regresar a Europa por tierra, se unió a una caravana que atravesaría hacia el norte el desierto de Arabia.
Aquella travesía comenzó el 2 de septiembre, y le llevaría a recorrer Mesopotamia, a la sazón bajo dominio otomano, pasando por ciudades que describe espléndidamente en su crónica: Mashad Ali, Kerbala, Bagdad; y al otro lado del Eufrates, Ana y Alepo, donde Teixeira permanecerá casi dos meses.
El 5 de abril, reemprendió su viaje y llegó a Alejandreta el 8 de abril de 1605, para zarpar rumbo a Venecia, con escalas en Chipre y en Zante, ciudad a la que arribó el día 11.
Pedro Teixeira y su viaje por Mesopotamia
Portada de la edición originai de las «Relaciones de Pedro Teixeira»
Se ignora el tiempo que Teixeira permaneció en Venecia, su pista se pierde por Italia y Francia, y sólo vuelve a recuperarse en Amberes -ciudad que contaba con una numerosa colonia de españoles y portugueses-, donde se establece hacia 1608.
Allí daría los últimos retoques a sus Relaciones, que finalmente se editaron en 1610, y en esa ciudad moriría según afirman algunos historiadores, con Barbosa Machado a la cabeza, aunque Kayserling cita a varios autores que afirman que falleció en Ve-rona^^.
Del carácter, de la personalidad de Pedro Teixeira tampoco sabemos mucho más de cuanto se puede deducir de la lectura de su crónica viajera.
En ella se nos presenta como un hombre cauto, precavido, y buen administrador de los recursos económicos.
También parece un hombre de moralidad intachable, religioso y provisto de un gran sentido común, que evidencia una enorme afición por la lectura, en particular de los libros de «humanas historias» -así lo afirma expresamente en la introducción al lector de sus Relaciones-, y por las ciencias naturales y la farmacología, lo que evidencia en su obra dedicando no pocos párrafos a describir las propiedades curativas de las plantas y las piedras que encuentra, así como las enfermedades de hombres y animales.
Un rasgo destacable de Teixeira es su iberismo, su «conciencia de ser hispano»^^, reflejada en que cuando habla de España o los españoles lo hace, a menudo, empleando los posesivos «nuestra» o «nuestros», exactamante igual a como los usa cuando se refiere a Portugal y los portugueses.
Teixeira, en fin, se nos aparece como un hombre de gran inteligencia y con buena disposición para el estudio y el aprendizaje de idiomas, de los que dominaba varios (portugués, castellano, persa, árabe y rudimentariamente otros dialectos orientales), aunque se nos muestre más como un hombre de acción que de estudio.
Sinclair^^ lo considera «uno de los primeros, o el primero, de los tratamundos (...), tan cuidadoso y crítico como podía esperarse en aquella época».
Las relaciones de Pedro Teixeira y su viaje por Mesopotamia
La obra de Pedro Teixeira está dividida en tres partes de perfiles muy definidos.
La primera comprende la Relación de los Reyes de Persia, una Breve Relación de las Provincias mas nobles y que mas han durado en el sennorio de la Persia, y unas tablas de los Reyes que sennorearon la Persia hasta la entrada de los Arabes según Mirkond.
La segunda parte se titula Relación de los Reyes de Harmuz; y la tercera Relación del Cami-no que hize dende la India hasta Italia.
El conjunto va precedido de una introducción -Al lector-donde Teixeira expone su interés por la Historia y justifica la edición de su texto, explicando de paso que «primero comencé a escribir estas relaciones en mi lengua materna Portuguesa, y sólo el primer libro hasta la entrada de los Arabes en la Persia, y queriendo imprimir, por licencia que ya para ello tenía, mudé de parecer, obligado de la instancia y consejo de amigos, púsolo en lengua Castellana añadiendo el segundo libro hasta nuestros días: juzgando que en esa lengua quedaba más comunicable»^^.
El contenido de las Relaciones, como puede apreciarse por el esquema textual de la obra, es diverso y muy rico, especialmente en el campo histórico, sin desdeñar sus aportaciones en el ámbito de la etnografía, de las ciencias naturales y de la lingüística.
Teixeira, en cualquier caso, era un simple aficionado a la historia, o poco más, pues no demuestra conocer a los historiadores clásicos grecolatinos, y, por las referencias que ofrece en su texto, tampoco a los árabes ni a los persas salvo superficialmente.
Aunque cita a algunos autores, para escribir su Relación de los Reyes de Persia sigue fielmente a Mirkhond^^, como reconoce en el título general de la obra, sin añadir apenas nada a lo que el historiador persa dejara escrito.
La tercera parte de las Relaciones, sin duda la más interesante en cuanto al propósito que anima estas páginas, la Relación del Camino que hize dende la India hasta Italia, ocupa una cuarta parte del volumen completo, y excepto el primer capítulo y los tres últimos de los quince que componen este texto, todos están dedicados a la narración de su viaje desde Ormuz hasta Alejandreta, a través de Mesopotamia, iniciado el 2 de septiembre de 1604 y concluido el 8 de abril de 1605.
La primera etapa le condujo a Basera «entrando por los Ríos Tigris y Eufrates», que le causan una vivísima impresión, tanto por su extensión y caudal, como por la riqueza ganadera y abundancia de ánades que halla en sus riberas.
Describe Basera como una ciudad de una «diez mil casas» protegida por una fortaleza cuadrada, más ancha que larga, cuyos muros de tierra estaban muy deteriorados.
Destaca la fertilidad de sus campos y la red comercial establecida con Bagdad para la venta de su producción de dátiles, trigo, cebada, legumbres...
Desde Basera, enrolado en una caravana dirigida por un árabe de la localidad, a la que accede «por medio de un Mostafá Turco renegado de Judío, persona de quien los Portugueses y Venecianos que allí platican hacían mucha confianza», partió en compañía de Diego de Melo, un hidalgo criollo de la India, y del portugués Juan Pinto, hacia el segundo Pedro Teixeira y su viaje por Mesopotamia punto de destino, Mashad Ali (Mexat Aly escribe Teixeira), tras una durísima travesía por el desierto que se dilató durante dieciséis días.
Teixeira realiza un breve apunte diario de esta etapa, y destaca que, como mucho, lograban avanzar veinte o treinta kilómetros diarios, sufriendo «la maleza del camino, ardor del sol, sed y hambre, y recelos de los ladrones árabes que muy de ordinario corren el desierto».
De Mashad Ali comienza explicando el significado de su nombre, «Mezquita de Alí»^^, y a continuación refiere brevemente el cisma abierto en el Islam entre los seguidores del yerno y primo de Mahoma y los «Sunis» (suníes), para narrar cómo una vez asesinado Ali, y según éste había ordenado, su cadáver fue puesto sobre un camello al que dejaron vagar libremente hasta que se detuvo en un determinado lugar del desierto, donde le dieron sepultura y erigieron un templo (que describe a grandes pinceladas) alrededor del cual se construyó la ciudad que se convirtió en un lugar santo del chiísmo.
Asimismo nos informa de que Mashad Ali «está sujeta al Turco, a quien el Señor della, que es un Rey Árabe, reconoce con tributo».
De la población afirma que «la mayor parte es blanca, pero toda de perversa naturaleza», para añadir que «no asienta en este pueblo Judío ni Cristiano alguno, porque les tienen a todos odio mortal: y no menos a todos los Moros que no son de su secta», aludiendo a la chií^^.
La siguiente parada del lento viaje en caravana de Texeira se produjo en la actual Kerbala o Mashad Husein: «Mexat Oçem o Mam Oçem, que es Mezquita de Oçem», según escribe en las Relaciones, para añadir que «los naturales de Mexat Oçem son todos Rafazis, o, Xyahys, como los de Ali, y por consiguiente aborrecen cualquier otra secta y Ley, así de Moros, como de Cristianos y Judíos mortalmente, y de estos dos últimos ninguno vive en la tierra, y si acaso pasa por ella es muy mal visto».
Luego Texeira describe la Mezquita donde está sepultado Husein, hijo de Alí^^, otro de los lugares sagrados del chiísmo, y nos informa que tanto Mashad Ali como Mashad Husein están «sujetos a Mir Nacer, un Rey Árabe vasallo del Turco», al tiempo que recuerda al lector que por entonces Turquía y Persia estaban en guerra, y los comerciantes de Kerbala no tenían el menor reparo a la hora de vender armas y caballos a los turcos.
En Kerbala la caravana se divide, el grupo de Teixeira y su compatriota Diego de Melo debe retrasar su salida por falta de camellos y parte hacia Bagdad el día 2 de octubre de 1604.
El 3 cruzan el Eufrates y el 4 entran en Bagdad, donde Texeira encuentra un cálido recibimiento por parte de un joven que se hacía llamar Diego Fernandes Alemán (aunque Teixeira apunta que realmente se llamaba loachim Ozemkrok y era natural de Hamburgo), a quien había conocido y ayudado en la India y ahora le devolvía los favores recibidos.
A Bagdad, Teixeira le dedica un capítulo espléndido que comienza con estas palabras: «Bagdad ciudad harto nombrada, está asentada sobre el río Tigris, llamado de los naturales Digilah, o Diguylah, como están Sevilla y Triana sobre el Guadalquivir».
Tras esta poética comparación, el autor va recorriendo poco a poco todos los aspectos relevantes de la ciudad: el río, las mezquitas, los baños públicos, los edificios, la fortaleza del Baxá y su ejército, el clima, la agricultura, el mercado...
De la población dice que <da mayor parte son Arabes políticos, el resto son Turcos, Curdos, y Agemis, o Persianos» y que «habrá de doscientas a trescientas casas de judíos», mientras que «de Cristianos Armenios había diez casas, y ochenta de Nestorianos».
De los hombres destaca su cortesía, afabilidad y buen natural, así como que todos hablan tres idiomas: «Turco, Arábigo, y Agemy o Persiano».
De las mujeres resalta su hermosura, con alusión especial a la magia de sus ojos, de efímera presencia, pues añade que «van todas cubiertas por las calles con unos paños como mantos, a que llaman chaudales, pero no de color negro, tapadas las caras con un cedazo o cendal negro o pavonazo, con que viendo ellas todo, no pueden ser vistas: aunque también no les pesa de serlo, y para ello se descubren aposta algunas veces».
Para concluir el capítulo, cuenta la historia de la fundación de Bagdad, para aclarar que esta ciudad, erigida a orillas del Tigris, no es la Babilonia bíblica, asentada en la ribera del Eufrates, como mucha gente creía en Europa, fechando la fundación de Bagdad el año 145 de la Hégira (Hixara), 763 de la era cristiana.
La siguiente etapa del viaje de Texeira, que le conduciría a la población de Ana en el camino hacia Alepo, hubo de esperar a que ésta última ciudad se viera libre del cerco al que la sometía el ejército turco desde hacía ya tres meses.
El 26 de noviembre de 1604, Diego Fernandes Alemán le notifica que el asedio ha concluido y el camino hacia Alepo está libre de obstáculos.
El 12 de diciembre, una vez conseguidos los correspondientes camellos, cruzan el Tigris y en la otra parte de Mesopotamia emprenden viaje hacia el pueblo de Ana.
El trayecto se narra mediante breves apuntes diarios que abarcan trece días.
De Ana (cuyo nombre, explica, quiere decir en árabe «pena» o «molestia») nos dice que está asentado en la ribera del río «Phorat o Eufrates», y que es una población antiquísima que ya se cita en el segundo Libro de los Reyes^^.
De esta ciudad, Texeira realiza una descripción que sigue el mismo esquema dedicado a Bagdad, aunque en esta ocasión se detiene algo más en asuntos económicos (el comercio de dátiles con Damasco, Alepo y Pedro Teixeira y su viaje por Mesopotamia Trípoli; los impuestos al tráfico comercial de las caravanas, etc.), y político-militares (el contingente de tropas que defiende la ciudad, la artillería, la corte del monarca local).
En Ana, Teixeira se sorprende al hallar un gran número de hombres hilando lana con uso -mientras que las mujeres usaban la rueda-, y añade que, por más que no ñiera extraño ver a los varones desempeñando tal actividad en Mesopotamia, «en ninguna otra parte me acuerdo de haber visto tantos hilanderos como en ésta».
Teixeira y su caravana de camellos (cáfila), partieron de Ana el 13 de enero de 1605, y caminaron a un promedio de cinco o seis leguas diarias, a veces nueve, por el desierto de Sukana, hasta alcanzar el pueblo de igual nombre el 31 de enero.
Durante la exposición de las agotadoras marchas, narrada como ya es norma en Teixeira jornada a jornada, se suceden las descripciones geográficas, algunas especialmente bellas como la que realiza de su paso por las montañas Rumamhen, que se alzan majestuosas en la inmensa soledad del desierto y cuyo nombre significa «las dos Granadas», «nombre cierto muy proprio y acomodado por su figura», apostilla Teixeira; pero también menudean las etnográficas, como la descripción de dos poblados (cabildas) de turcomanos dedicados a la ganadería, una de las cuales, nos detalla, se asentaba «en una sierra que los Árabes llaman Gibel el Bexar (que es) el monte o sierra de Bexar nombre de una cabilda dellos, y quizá que en memoria de aquella, lo dieron los Árabes en nuestra España a Bexar de que el Duque se intitula».
En Sukana, cuyo nombre proviene «del Arábigo Sukan que quiere decir caliente», nos explica Teixeira, «por una fuente de agua azucarada, caliente y hedionda... que da nombre a la tierra», la caravana se detuvo cinco días.
El 5 de febrero salieron de Sukana en dirección a Alepo, adonde llegaron una semana después, tras sufrir el día 9 el asalto de una partida de trescientos ladrones que lograron llevarse dos centenares de camellos cargados de dátiles, y obligaron a los viajeros a defenderse, «quien al arcabuz y quien a los arcos», para conservar la vida.
En Alepo permanecerá Teixeira casi dos meses, hasta el 5 de abril de 1605, tiempo más que suficiente para conocer la ciudad hasta sus últimos detalles.
La descripción urbana de Alepo, junto a la que dedica a Bagdad, constituyen quizá las mejores páginas de las Relaciones.
De Alepo menciona sus cuarenta y cinco barrios (veinte en el interior y veinticinco fuera de los muros que rodean la ciudad) y sus «veintiséis mil casas de buena fábrica, en general de piedra bien labrada, pero en particular muchas de tanta grandeza, costa, curiosidad cuanto se puede desear: y no sólo de los Turcos y Moros son de aquesta suerte, pero aun de las de los Judíos, José Javier Fuente del Pilar 640 y Cristianos Griegos y Armenios son muchas de tanto precio que son capaces de hacer en ellas Príncipes».
A continuación se asombra de sus trescientas bellísimas mezquitas y de las losas de mármol que cubren las calles, y celebra la existencia del Hospital Real, así como de las numerosas boticas que encuentra en la ciudad.
La población de Alepo, nos informa Teixeira, estaba compuesta mayoritariamente por «Moros naturales y Turcos», y en consecuencia las lenguas oficiales de la ciudad eran el árabe y el turco, «aunque por causa del comercio hablan muchos el Italiano, Francés, Inglés, y algunos Español».
Además, nos dice, en Alepo existían núcleos importantes de «diversos Cristianos: Armenios, Maronitas, Caldeos y Griegos», que se suman a la importante colonia judía «de los cuales habrá mil casas buenas en barrio separado, pero dentro de los muros, con una grande Sinagoga que afirman haber mil quinientos años que fue fundada».
La ciudad es un centro comercial de primera magnitud, donde Francia, Inglaterra, Venecia y Flandes mantienen su propio consulado para proteger sus respectivos intereses económicos, de los que Teixeira nos da cuenta por extenso, tanto los referidos a los principales productos manufacturados en la propia ciudad de Alepo (sedas, jabones, objetos de vidrio...), como aquellos que eran transportados en caravanas desde lugares remotos para ser embarcados luego hacia Europa (paños, brocados, algodón, canela, clavo...), usando la ciudad como mercado.
Por fin, el 5 de abril de 1605 la caravana de Teixeira sale para Alejandreta (la pequeña Alejandría), y alcanza su destino el día 8.
Cuatro días después, sin apenas tiempo de conocer la ciudad, Teixeira se embarca en una nave veneciana que aportará en la ciudad del Adriático, después de un azaroso viaje con escalas en Salinas, Chipre y Zante, el 11 de julio de 1605.
Tal es, en resumen, el itinerario seguido por Pedro Teixeira en su viaje por Mesopotamia.
La descripción de las ciudades que visita, sus comentarios etnográficos e históricos, sus explicaciones etimológicas, las observaciones, en fin, de todo tipo reunidas en su Relación del Camino, convierten a libro y autor en unos clásicos indiscutibles en el ámbito de la literatura viajera por Oriente Próximo.
El texto puede ser ahora consultado sin dificultad por cualquier lector curioso gracias a la gran labor realizada hace poco más de una década por el profesor Eduardo Barajas Sala, a quien, en el momento de poner punto final a estas notas, vuelvo a rendir mi tributo de admiración y respeto. ^ Editada por Joaquín VERÍSSIMO SERRÃO (1973).
Ver Bibliografía. ^ Códice CXV-1-5, de la Biblioteca Pública de Évora.
Referencia de Eduardo BARAJAS, Relaciones, op. cit, p.
XLHL ^ En sus respectivas introducciones a las ediciones inglesa y española ya citadas en las notas 1 y 2.
1° Citado por Donald FERGUSON y Eduardo BARAJAS.
Referencia al texto de Meyer Kayserling (1858), y a su traducción al inglés por Israel Joseph Benjamin (1859), ver Bibhografía.
El posible origen judío de Teixeira lo mantiene la Jewish Encyclopedia, que en su edición digital, citando a Kayserhng, incluye su biografía y destaca sus Relaciones «como una fuente de información sobre los judíos de Alepo, Bagdad y otras ciudades, con anotaciones sobre los monumentos judíos».
^^ Este viaje lo reflejó Teixeira en el capítulo I de la Relación del Camino que hice dende la India hasta Italia, incluida en sus Relaciones.
Meyer Kaiserling, ver Bibliografía, cita al cordobés Miguel De Barrios (1635-1701), Relación de los poetas y escritores españoles de la nación judaica amstelodana (Amsterdam, 1683); a Wolf, Bibl.
Hebr, 922; y a Leopoldo Zunz, Gesammelte Schriften, i, 188, entre otros autores, que sostienen la tesis de Verona como ciudad en la que murió Teixeira. |
muerte le sobrevino en su viaje de vuelta a España, impidiéndole publicar sus notas y recuerdos, lo cierto es que hasta comienzos del siglo XX no sería publicado su manuscrito completo en nuestro país.
Desde entonces sin embargo, el valor de su figura y su obra no han hecho sino crecer.
Además de la descripción apasionante que Don García hizo de los paisajes y pueblos por los que anduvo, su libro también supone la primera identificación cierta de Persépolis, y la primera propuesta de los signos cuneiformes como escritura de los antiguos.
A todos los compañeros con los que he compartido tantos años de estudio en Oriente.
Y en especial, a aquellos con los que he trabajado más tiempo, incluso en sitios vistos por Don García.
A Carmen, a Miguel Ángel y a Montse.
A ellos y a todos los demás, gracias.
Era una tranquila y veraniega noche llena de estrellas, que la proximidad de las montañas del Elburz hacía singularmente agradable.
En los inmensos jardines del palacio de Qazvin, en el centro de un gran estanque cuadrangular de mármol, mágicamente tallado en sus orillas por las luces (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc)
Joaquín M^ Córdoba de cientos de candiles de plata, que rielaban multiplicadas por las ondas de las aguas, sobre una elegante plataforma de tres gradas de piedra se levantaba un hermoso cenador, sustentado por cuatro grandes pilares de madera.
En lujosas alfombras y cojines se acomodaban algunos magnates persas, vestidos y tocados a la rica usanza de la época safaví, un europeo de severa estampa, barba y cabellos blancos, con el gallardo traje de gala de la corte española, y un noble turco de albo turbante y túnica de raso leonado.
Entre la brisa y la suave música que sonaba más allá de las luces que rodeaban el estanque, los comensales compartían una ligera cena compuesta por grandes platos de arroz, gallina y carnero, y otros de ciruelas, pepinos y rábanos.
El gran señor que centraba la reunión vestía una sencilla aljuba de color verde.
Mediano de cuerpo pero robusto, desde su perfil aguileno y enjuto dominaba la escena con el verdor de su vivaz mirada.
Los comensales hablaban y reían, jugando con las palabras y las dudas de los intérpretes, posponiendo para más tarde las partidas políticas que debían trabar.
Y es que aquella noche del 17 de julio de 1618, Don García de Silva y Figueroa, embajador de Felipe III de España, se encontraba al fin tras un largo viaje de casi cuatro años con el sah Abbás al Grande de Irán.
Pero la luz de las candelas, el perfume de los jardines y la inmensa noche estrellada del momento con el que prologo el recuerdo de su aventura no es literatura caprichosa, sino su escenario cierto.
Y así lo narró después nuestro embajador, con su prosa justa y contenida, en uno de los más beUos libros de toda la literatura europea de viajes a Oriente.
1, De ediciones, manuscritos y libros
Como no pocas veces a lo largo de nuestra historia cultural y política, malaventura y desidia se han unido para que la persona, los escritos y las aportaciones de nuestro caballero hayan tardado tanto en ser reconocidos.
Sin embargo, hubo un admirado editor parisino, llamado monsieur De Wicqfort, que cuarenta y tres años después de la desgraciada muerte que impidiera al español culminar su tarea, publicó la traducción francesa de un manuscrito incompleto.
L'ambassade de D. García de Silva Figveroa en Perse^, que mereció cierta fama y estima, como revela la atención que le dedicara el célebre viajero Jean Chardin^.
Pero la obra se sumiría luego en el olvido, entre el alud de nuevas publicaciones cada vez más completas y llenas de grabados magníficos dedicados a Irán, que la monumental recopilación de Antonio Invernizzi pone hoy de manifiesto^.
Joaquín M^ Córdoba La primera edición española del viaje y embajada de Don García de Silva y Figueroa hubo de esperar a los años 1903 y 1905.
Fue su autor don Manuel Serrano y Sanz, que publicó el texto completo de uno de los dos manuscritos conservados en la Biblioteca Nacional (Ms 18217 y Ms 17629), ambos procedentes de la colección de Pascual Gayangos^.
M. Serrano y Sanz se basó principalmente en el manuscrito 18217, que con acertado criterio consideró autógrafo de Don García de Silva, lleno de correcciones hechas por la misma mano a lo largo de los muchos años que debió tardar en escribir, releer y corregir esos impresionantes 546 folios conservados.
Pero el editor decidió titular su publicación -también acertadamente-, con el que aparece en cabeza del otro manuscrito, el incompleto 17629, copia también fechada en el siglo XVII, que si falto de los primeros libros cierra sus 447 folios con una valiosa nota relativa a la muerte de Don García.
En todo caso nos encontramos ante dos joyas de la cultura española, que se acompañan además de un mapa de Goa (éste sólo en el Ms 18217), con los primeros dibujos serios realizados sobre los relieves de Persépolis, y la primera copia de una inscripción de signos cuneiformes.
A partir de entonces, Don García de Silva ha ido poco a poco adquiriendo la fama y el lugar señero que le corresponde.
A finales de los sesenta, en su estudio sobre viajeros olvidados a Persia, A. Gabriel lo citaba elogiosamente entre los más importantes^, aunque atendiera por extenso a otros verdaderamente olvidados.
En 1989, Luis Gil recopüó una valiosísima colección de documentos relacionados con Don García de Silva, precedidos de un ampHo estudio de las relaciones poHticas entre Irán y España, a más de dos breves capítulos dedicados al mismo Don García y a su embajada^.
Poco después, Heleen Sancisi-Weerdenburg recordaría la persona y obra del español, aunque guiándose por la antigua e incompleta edición de Wicqfort^.
En 1993, Carlos Alonso pubUcó una muy completa e interesante biografía y relato de la misión en Persia^, excelentemente documentada y de amena lectura.
Para entonces Don García era ya objeto de frecuentes notas y aproximaciones académicas^, y recientemente A. Invernizzi le ha restituido en todo su valor, tanto en su excelente edición sobre Pietro della Valle -en la que analiza las dos series de dibujos de Persépohs conservados en los manuscritos de Madrid^^-, como en la monumental antología de viajeros a Oriente, en la que incluso dedica más páginas al español que al inmortal noble romano^^.
La obra de Don García de Silva es un venero de información, que apenas si ahora estamos empezando a valorar^^.
Ante las dificultades editoriales que supone aún la edición completa de su obra, una próxima antología dará idea al menos de los hallazgos y las aventuras más señaladas de uno de nuestros más importantes viajeros a Oriente^^.
Si no una biografía, algo más que una sombra entre la bruma
Vienen a decir cuantos emprenden la biografía de Don García de Silva y Figueroa, que es notablemente poco lo que se conoce^^.
Y es verdad si nos atenemos al elenco de papeles fechados, pero de la vida de un hombre que sabemos nacido el 29 de diciembre de 1550 en Zafra, bajo el reinado de Carlos V, y muerto a los 75 años de edad, el 22 de julio de 1624 y en la inmensidad del océano Atlántico, cuando ya gobernaba Felipe IV, podemos reconstruir mucho más de lo que cabría suponerse en principio, si a los datos seguros, la documentación de los archivos y la magna amplitud de su obra escrita sumamos las legítimas deducciones que sus cartas y sus recuerdos nos permiten colegir.
Y aunque no podamos decir que tengamos un retrato minucioso, sin duda conseguimos recuperar el perfil de un ser concreto, que nos produce la gozosa alegría del que ve surgir de entre las brumas, la imagen del ser querido al que buscaba.
Una cierta nobleza en su origen se advierte, como hijo de Don Gómez de Silva y Doña María de Figueroa, emparentados con los condes de Zafra, y al ser su padrino Don Pedro Fernández de Córdoba, conde de Feria, y su madrina la hija del mismo conde Doña Catalina^^.
Hasta su toma de posesión como corregidor de Jaén el 7 de marzo de 1595, todavía al menos ignoramos cualquier otro documento que le cite, pero los 46 años con los que entonces contaba, la fácil concesión real del cargo, la autoridad puesta en su gestión, la eficacia demostrada en asuntos militares y cuanto luego apuntaremos, revela que las antiguas atribuciones puestas en duda -que había sido paje de Felipe II, estudiado leyes en Salamanca y servido en los Tercios de Flandes^^--no tienen por qué ser inciertas: el mayor de varios hermanos y protegido de un Fernández de Córdoba podría haber sido paje, estudiado leyes y desde luego marchado como tantos otros a Flandes.
Es obvia su profunda cultura y su dominio de lenguas -al menos y perfectamente, el latín y el italiano^^-, sus buenas relaciones en la corte y la necesidad en que se encuentra acaso a su vuelta a España -como sabemos de tantos otros hidalgos y soldados en Flandes, Italia o Alemania-, y puede que al igual que otros muchos pidiera merced de un cargo que sus orígenes y buenas relaciones en la Corte debieron facilitar, y al mismo rey Felipe II y ya como corregidor en Jaén, es seguro que demandó ayuda en las apreturas de su mayorazgo con hermanos a cargo^^.
En el fondo, una biografía muy común entre la pequeña y media nobleza de la España de los siglos XVI y XVII, por tanto perfectamente defendible incluso con los parcos datos disponibles.
Sus buenas dotes militares y su energía y capacidad organizativa se demos-650 Joaquín M^ Córdoba traron en la puesta a punto de una fuerza armada contra los ingleses en 1596, y en la buena dirección y adiestramiento que él mismo encabezó.
Y aunque la provisión del cargo de corregidor solía ser anual, Don García permaneció dos años en el mismo, lo que revela que sus servicios administrativos y militares fueron bien estimados, y que debía contar con una cierta protección en la corte.
Ignoramos a dónde fue después, pero las antiguas semblanzas^^ dicen que prestó servicios en la Secretaría de Estado, lo que pudiera haber hecho tras su cese como corregidor en los primeros meses de 1597 o algún tiempo después, acaso una vez ordenada la economía de su mayorazgo.
El caso es que en 1609 estaba en Madrid, y el marqués de Velada, Mayordomo Mayor y del Consejo de Estado, le consultó sobre los supuestos descubrimientos geográficos de Lorenzo Ferrer Maldonado^^, lo que indica a mi parecer dos cosas: que personal, administrativa y políticamente estaba muy cercano al Consejo de Estado, y que sus conocimientos geográficos eran estimados hasta el punto de tener valor de dictamen facultativo.
Y es lo cierto que como se podrá leer luego en el relato de su viaje, además de manejar personalmente todo tipo de instrumentos, su visión del mar, las estrellas y las tierras es la de un geógrafo y cosmógrafo.
Así las cosas nos encontramos con que tras las embajadas de Anthony Sherley, los frailes agustinos y Don Luis Pereira, las gestiones de Fray Antonio de Gouvea, los movimientos de Robert Sherley^^ y la necesidad de prevenir las ambiciones iraníes sobre los presidios portugueses y relanzar la antigua alianza contra el turco, el Consejo de Estado se reunió el 2 de octubre de 1612, ante la necesidad de enviar al sha Abbás una gran embajada de calidad y del más alto rango.
Y sin duda el largo historial que intentamos reconstruir, que trasluce nobleza, madurez diplomática y política, amplios y variados conocimientos y un evidente reconocimiento en la corte, explica el nombramiento de Don García de Silva y Figueroa, que a sus sesenta y dos años cumplidos aceptó por su misma mano el 19 del mismo mes^^.
La preparación de la embajada fue larga y fatigosa, en gran medida por la mala voluntad del Consejo de Portugal -dolido por la elección de un castellano-, dándose así inició a la que sería causa mayor de los retrasos sufridos por el embajador, la ineficacia misma de la embajada y el calvario que hubo de soportar en su relación con virreyes, oficiales y frailes portugueses hasta su tan tardía y nunca alcanzada vuelta a España, diez años después de su salida.
Pero el caso es que con la constancia y previsión de la dignidad e importancia que la gestión encomendada pre-Un caballero español en Isfahan... cisaba, Don Garcia consiguió hacerse a la mar en abril de 1614.
Y pese a todos los sabotajes y desplantes alcanzó a entrevistarse con el sha Abbás de Irán en 1618, mantuvo una constante remisión de informes dirigidos al rey, escribió una maravillosa relación de su viaje, descubrió que Chilminara había sido Persépolis y los signos cuneiformes escritura de los antiguos persas, contempló y describió la cultura del Irán y sus costumbres, monumentos y paisajes, y se reveló como uno de los más humanos, curiosos, capaces y valerosos hombres de su tiempo.
Mas la fortuna no quiso que llegara a volver a España, como tanto ansiaba, pues murió en alta mar el 22 de julio de 1624, cuando casi se sentían los vientos y corrientes que llevaban a la península.
Y si su semblanza se cierra así, creo yo que si no una biografía, algo más tenemos que una sombra entre la bruma.
Los Comentarios de Don García de Silva y su aventura más extrema
Aunque apasionantes e intrincados los problemas de la política internacional de la época y el papel de España e Irán en la misma, y sorprendentes los forcejeos entre la Corona y el Consejo de Portugal y las autoridades lusas en la India^^, por fuerza hemos de centrarnos aquí en la descripción del viaje y sus aportaciones al redescubrimiento de Oriente y del Irán antiguo y el que le fue contemporáneo a nuestro viajero, porque su libro es un monumento de la literatura española y europea de viajes.
El Ms 18217 de la Biblioteca Nacional al que antes me refería, sin duda autógrafo, fue base de la edición de M. Serrano y Sanz, que en su advertencia inicial aclara que como Don García de Silva había ordenado sus recuerdos en «libros», los dividió él en capítulos y «puesto epígrafes en éstos para mayor comodidad de los lectores»^^.
Vamos pues a seguir su viaje, intentando no recargar de notas innecesarias lo que no aspira a ser más que un resumen apresurado de una aventura y un libro portentosos.
Levando anclas en Lisboa.
De la mar, los barcos y los inmensos océanos
El largo viaje por mar de Don García y su séquito, hasta su primer destino en Goa, duró casi siete meses de navegación constante, sin to-652 Joaquín M^ Córdoba car jamás tierra, según la vieja «volta grande» de los pilotos portugueses de la carrera a la India^^.
El martes 8 de abril salieron de Lisboa tres naves, en cuya capitana.
Nuestra Señora de la Luz, iban el embajador con los suyos y el armenio Cogelafer, enviado del sha.
Guiaba la flota el piloto mayor Gaspar Ferreira, que decidió al principio navegar a media vela para dejar que se les unieran otras dos naves rezagadas.
Siguiendo vientos de suroeste, el día 14 se avistó la isla de Puerto Santo, y el 15 se dejó Madeira por estribor, tomándose luego rumbo sur, con todo el velamen desplegado en busca de las Canarias, que el 17 se fueron perdiendo a su vez por babor.
Como era costumbre entonces, se abrieron los, pliegos reales con las instrucciones del viaje, en los que se dejaba al criterio del Piloto y Maestre aguardar a los rezagados o seguir avante.
Hecha consulta a los prácticos se resolvió continuar, ante el temor a perder los vientos y corrientes favorables, y no poder llegar a la India aquel año.
Y desde ese momento comenzó la verdadera gran navegación.
La «volta grande» era fruto de la experiencia naval lusa en sus viajes por el Atlantico y el Indico.
Sabían que al Oeste de Canarias, los alisios y las corrientes les permitían cruzar el Ecuador por la parte más estrecha del Atlántico, en dirección a la costa del Brasil; que allí, a la altura del Cabo de San Agustín, debían mantener rumbo suroeste hasta los Baixios de los Abrolhos.
Y que desde éstos, navegando hacia el sureste, habían de alcanzar la altura de la isla de Tristan de Acuña, pues manteniendo luego el rumbo superarían el Cabo de Buena Esperanza, entrando al Océano índico.
Pasado el temible escollo, los pilotos elegían según circunstancias navegar por fuera o por dentro de la Isla de San Lorenzo (Madagascar), y luego fijaban rumbos hasta que más al norte del llamado Cabo Guadalfui, tomaban los vientos que les llevaban directamente a Goa^^.
En las páginas escritas por Don García, tan tremendo viaje resulta un relato apasionante, escrito por alguien que parece al tiempo un marino, un geógrafo, un naturalista y un astrónomo enamorado de las constelaciones.
La navegación y las tormentas, los animales marinos y las aves, los problemas de los buques y la marinería, todo fue llamando la atención del viajero.
Así, el día 30 dice que se tomó el sol en menos 8°, pero que como estas medidas las tomaban los pilotos con astrolábios tan pequeños que impedían afinar, se cometían grandes errores de posición.
Ese mismo día entraron en calmas y notaron que les seguían la estela gran cantidad de tiburones, que Don García describe con todo detalle en su aspecto y comportamiento, lo mismo que más adelante, ya en-Un caballero español en Isfahan... trado el mes de junio, el de las grandes manadas de delfines.
La navegación iba mal, tanto por la tardanza en hacerse a la mar aquel año como por el poco concierto de los pilotos: el gobierno interno tampoco era bueno, pues el autor señala el excesivo consumo de agua potable, la mala estiba y el deficiente gobierno del timón, la sobrecarga y la suciedad del casco.
Pero la navegación seguía con todo, y el 25 de junio empezaron a verse las constelaciones australes.
Extasiado el embajador, tras recordar las estrellas y constelaciones que ha ido observando desde su salida de la península y la progresiva pérdida de la Polar, comienza a describir las del sur, destacando la que llama «Crucero», grupo de nueve estrellas de las que la principal es «muy hermosa y luccida y la mayor de este Hemisperio Austral», Poco después avistaron enormes ballenas, y el 3 de julio grandes cuervos, uno de los cuales quedó enredado en la jarcia dando ocasión a que el embajador lo examinara y describiera, mandando luego dejarlo libre sin daño^^, en un gesto de natural mansedumbre con los animales, repetido muchas veces a lo largo de sus recuerdos.
El 15 de julio notaron ya gran frío, y tomando el sol en 31° pensó el piloto hallarse un poco al este de la isla de Tristan de Acuña, a unas trescientas cincuenta leguas del Cabo de Buena Esperanza.
Pero se equivocaba en demasía -en más de 400 leguas, como luego se vería-, pues en realidad se encontraban todavía muy al oeste de aquella isla, de referencia vital en la navegación portuguesa a la India.
Los vientos se hacían cada vez más fieros y el gobierno de las naves se complicaba por los crecientes oleajes, temporales y aguaceros.
El día 25 cundió el desconcierto entre los pilotos, pues según su parecer debían haber doblado ya el cabo, aunque no hallaban señales de tierra.
La situación le dio pie a substanciosos comentarios sobre la arrogancia, envidias y obcecaciones de los pilotos de la carrera, así como de la continua competencia entre ellos, causa repetida de muchas desgracias y naufragios.
El 10 de agosto avistaron por vez primera grandes lobos marinos, y por éste y otros indicios pensaron hallarse ya por fin cerca del cabo de Buena Esperanza, que el día 12 se confirmó doblado, iniciándose al fin la navegación por el Indico en busca de la India.
Dadas las fechas se resolvió navegar por fuera de la Isla de San Lorenzo (Madagascar), huyendo de peligros más frecuentes por el interior en esa época del año, causa de tantas calamidades.
El 20 de agosto se tomó el sol en 36^ y a doscientas leguas de la costa de la Tierra de Natal.
Siguióse avante el rumbo y el 1 de septiembre estimó el piloto correr ya entre los bajos de Grajao, lejos de San Lorenzo.
Pero se equivocó otra vez.
A esas alturas de la marea, el número de enfer-
Joaquín M"" Córdoba mos se había hecho muy numeroso, y Don García se detiene a describir las enfermedades más corrientes, en especial la más terrible y que entonces llamaban «Mal de Loanda» -en realidad el escorbuto del que él mismo había de morir años después,-que en su opinión el cirujano trataba erróneamente.
El 2 de octubre entraron en calmas y calores, tornados en aguaceros, lo que dificultó más la situación de los muchos enfermos y aumentaron las muertes.
El día 13 se navegó este-nordeste en demanda de la isla de Mámale, a 40 leguas de la ciudad de Cochin en la costa india.
Pero estaban lejos, y además de las angustias de la navegación, las enfermedades y los problemas de alimentación, una plaga de ratones infestaba las naves.
El día 21 avistaron barcas de naturales de Mámale y hablaron con ellos, tomando alguna noticia y sobre todo certeza de la proximidad del fin de tan duro viaje.
El 29 se iba navegando ya a la vista de la costa de la India, y al día siguiente la Capitana amaneció a cuatro leguas de tierra, viendo a babor el monte Delhi.
La ruta a Goa estaba ya tan cerca que tras algún susto de última hora en bajos y arrecifes, el día 6 de noviembre se avistó la punta de la isla de Goa y «blanquear en ella la iglesia y deuocto conuento de Nuestra Señora del Cabo».
Fueron entrando en el surgidero y muchos navios y barcas de la población local acudieron a visitar parientes y amigos a los que esperaban^ y a ofrecer agua fresca y frutas, alegrándose todos de la feliz arribada.
Don García escribió que aquel día, anclando frente a la fortaleza de la Aguada era «jueues á seis de Nouienbre de 1614, siete meses continuos menos dos días después que esta nao, salio de la barra de Lisboa».
La primera parte de su aventura estaba cumplida^^.
La estancia en Goa, Delicias y dolores en la India portuguesa
Una vez en la capital del imperio luso de la India, cabeza de todos sus presidios en las costas de Arabia, Irán y el Golfo Pérsico -como siglos después lo sería Bombay del de los ingleses-, Don García comenzó el segundo periodo de su largo viaje, limitado en este caso a una desesperante retención en la ciudad.
En cualquier caso pudo vivir así las delicias y los dolores de la estancia en la India portuguesa.
En el libro segundo de sus recuerdos leemos la descripción del entorno, la ciudad y sus habitantes y costumbres, y en el tercero, tras una contenida referencia a sus problemas con el virrey, la continuación del viaje hasta la costa de Arabia^^.
Pero en el interim habían pa-Un caballero español en Isfahan... sado más de dos años de forzosa residencia, tiempo que el embajador aprovechó para mantener una larga e interesante correspondencia con el rey^^, y redactar sus primeras notas, que fecharía a punto de partir por fin, en «Goae Orientalis Maritimaeque Indiae Metropolis, Nonis lanuarii, anno 1617».
Goa era un asentamiento privilegiado, un pequeño conjunto en realidad de islas de unos 3.400 Km^, la mayor de las cuales era la que llamaban estrictamente Goa, y que se percibe bastante bien en el mapa que el Ms 18217 de la Biblioteca Nacional conserva^^ El manuscrito describe la topografía de la principal, empezando por su extremo más occidental, el cabo Talangan, donde se alzaba el convento de Nuestra Señora del Cabo.
Al sur del mismo se abría el surgidero más seguro para los navios, con la playa y las ruinas de la antigua ciudad ya abandonada: al norte, el gran canal del río Pangin, que llevaba directamente a la ciudad nueva construida por los portugueses, aunque su estuario tenía un gran banco de arena que los pilotos debían conocer bien, y que en invierno cerraba la barra.
A una y otra orilla se levantaban árboles pequeños y frondosos, tras los cuales se alzaban multitud de palmeras.
En esa orilla de la isla se veían dispersas casas de portugueses y naturales cristianos, entre los palmerales y cultivos que se sucedían sin interrupción hasta la misma ciudad, tras la que se alzaba la gran fortaleza de Daugin.
Luego, hacia el nordeste, este y sureste de cara a islas menores y la tierra firme, corría la obra de un gran baluarte.
La vuelta a la isla -en cuyo centro, las rocas de una gran sierra servían como cantera para la construcción-acababa de nuevo en el estuario del surgidero, con la hermosa playa de Guadalupe, a cuya orilla, entre arbolados y palmeras se abrían otras muchas quintas de portugueses y casas de pobladores del país.
Don García atendió también a describir los animales y plantas propias de Goa: entre los primeros, una especie de hienas, algunos lobos, tres tipos de serpientes y una suerte de lagartos muy mansos que «llamanles los portugueses camaleones, aunque no mudan su color, tomándola, como se dize comunmente, de las cosas cercanas á ellos, teniendo siempre estos de la India el suyo propio».
Maravillábale la frondosidad de los palmerales y árboles cargados de fruta, describiendo el mango, y otras de tamaño «mayores que grandes melones», de cascara verde y rugosa y carne amarillenta.
Habla de otras muchas frutas más comunes, como las cidras, limones y naranjas y lo que «llaman los portugueses higos de la India, y sus naturales quelen; son propiamente los plátanos de nuestras Indias Occidentales».
Alaba también otros grandes árboles de la isla y los cultivos de legumbres, hortalizas y verduras.
Naturalmente, el embajador describe la ciudad principal, que dice ser de buenas casas pero muy desordenada, destacando la fortaleza y palacio de los virreyes, algunos ricos y suntuosos conventos y parroquias con tal calidad y grandeza que «se puede comparar esta ciudad, ansi en grandeza, ornato y suntuosidad de tenplos, como en número de religioso y eclesasticos, con muchas de las mas celebres ciudades de Europa».
Señala los barrios y sus características, como el de San Matías, la plaza de Peuloriño y la gran plaza de Leylan, la más frecuentada de todas, entre la catedral y la rua Derecha, sitio de feria y mercado muy animado, o los edificios que le parecieron más notables, como el convento de Santo Domingo y la Casa Profesa de la Compañía de Jesús.
La ciudad y la isla formaban un mundo abigarrado, y los portugueses, los mestizos y los naturales de la India daban vida a una sociedad alegre, cuyos hábitos asombran a veces al severo y ya provecto embajador.
Pero seguro que para aquellos que habían navegado siete meses de peligros sin cuento, la ligereza de costumbres y la vistosidad de los trajes femeninos, tanto los de las naturales como los usados por las portuguesas allí afincadas, debían antojárseles visión del paraíso recobrado.
Así, la convivencia de portugueses, mestizos, cristianos naturales y población de «banianes y brâmanes» ofrecía magnífico espectáculo.
Los portugueses y mestizos vivían del comercio, sin hacerse distinción ni rechazo alguno y participando igualmente en la administración, la milicia y las actividades de la mar.
Los cristianos naturales vivían en el campo sobre todo, trabajando en la agricultura.
Las mujeres del país vestían una prenda que nos sugiere el atractivo shari, y las damas lusas solían llevar ligeras blusas casi transparentes, con generosos escotes que provocaron el asombro del embajador.
Luego, Don García comenta los usos y creencias de los brâmanes, la veneración por las vacas, la lengua del país y su singular escritura, un «alphabeto, que es de figuras muy perfectas, semejantes a las de la lengua armenica», la creencia en la trasmigración de las almas en seres humanos y animales, las penitencias de los yoguis y muchas otras cosas curiosas que el espacio impide incluso resumir.
La estancia en Goa no le fue sin embargo demasiado placentera, urgido en su misión que cada día saboteaba el virrey.
En todo caso, en sus recuerdos es discreto en el tono, aunque escribe que cansado de retrasos y engaños «se enbarcó en una naveta de un mercader de Baçain, de menos de dozientas toneladas, sin artilleria ni soldados, con sola la gente de su familia y veinte marineros moros», y se hizo a la mar el 19 de marzo de 1617.
Embajador de España en Irán, El viaje y sus sorpresas
Rumbo noroeste y a toda vela, la nave del embajador fue cruzando el Océano Indico hacia la costa de Arabia, que se avistó por fin el 8 de abril^^.
Escribe Don García que el calor era ya muy grande, y la visión de la tierra tristísima, de «color arena bermeja, sin parecer en ellas cosa verde alguna, ni señal de ser habitadas».
La navegación siguió hacia el nordeste, en paralelo a la costa, y con fecha del día 15 hizo una referencia que no me resisto a citar.
Al amanecer distinguieron sobre las montañas de la costa omaní lo que los marinos portugueses llamaban «palleiros», «ciertos montes que parecen sobre las cumbres de las montañas,,y son estos montecillos tres ó quatro»: en mi opinión, sus notas son la primera referencia conocida en la Hteratura de viajes a ciertas sepulturas preislámicas muy típicas de la Península de Omán^^.
Un día después, la nave doblaba el cabo de Recaígate -probablemente el hoy llamado Ra's al Hadd-, pues dice que al hacerlo durante la noche se apartaron mucho de tierra.
Recuperado el rumbo, el piloto fiíe siguiendo la costa a favor de los vientos, ahora en dirección noroeste, hasta que el 19 divisaron las montañas próximas a Mascate, donde el embajador desembarcó al siguiente día.
La mar dificultó la entrada del buque en el asombroso puerto de Mascate, un capricho de la naturaleza rodeado de riscos fragosos, coronados ya por fortalezas inexpugnables y todavía hoy impresionantes.
Siendo lugar tan importante en la costa, la sencilla población árabe vivía en unas trescientas cabanas del tipo barashti -según la descripción de Don García-, destacando sólo algunas casas de portugueses de piedra y cal, y tiendas de indios y banianes junto a la parroquia, al pie de la fortaleza, que visitó minuciosamente.
Muy pocos lusos, comerciantes y algunos soldados, la mayoría de la población de Mascate estaba compuesta por árabes y algunos judíos.
El día 22 se hicieron de nuevo a la mar.
La navegación era cada vez más difícil: el 26 divisaron el islote de los Ratones, indicio cierto de la proximidad de Musandán, y tres días después llegaron a Ormuz, isla del estrecho y a dos leguas de la costa de Irán.
Llave de la entrada al Golfo Pérsico, la isla y ciudad de Ormuz constituían pieza decisiva del mapa portugués de la región, pero el embajador descubrió la debihdad de sus baluartes y su mala conservación.
Poblada por unas «quarenta mil almas», Ormuz seguía desarrollando un activo comercio, y entre los habitantes cristianos, árabes e indios halló algunos sefardíes, que todavía hablaban español.
Por la misma razón que en Goa, el embajador hubo de detener su viaje hasta el 12 de octubre, cuando embarcado en la galera San Francisco cruzó la mar restante y desembarcó finalmente en la costa de Irán, siendo recibido por el gobernador de la fortaleza de Bandel «con grandes demostraciones de cortesia».
Por fin comenzaba su verdadera embajada y entraba en contacto con los per-658 Joaquín M^ Córdoba sas, cuyos trajes, modales y atenciones alaba reiteradamente.
Tras algunos días precisos para reunir los caballos y camellos que su séquito precisaba, se puso en marcha por la antigua y seca Carmania, parando en caravansares como el de Guichi, y recibiendo agasajos y regalos de gobernadores locales, como el muy joven y atento de Cabrestán.
Poco a poco empezó a entrar en las tierras altas y los valles de los Zagros, mejorando notablemente el paisaje y el arbolado.
El 28 de octubre Uegó a la ciudad de Lara, siendo recibido a media legua de ella por su gobernador, Chanberbec, «con mucha gente á cauallo, muy luzida de caballas ó aljubas de sedas de varias colores y tocas de oro, con cimitarras y puñales guarnecidas de oro y plato».
La ciudad de Lara le pareció semejante a la de Ormuz, con edificios de adobe y algunas de las mejores casas dotadas con lo que llama «catauientos», refiriéndose sin duda a la típica «torre de ventilación» de la arquitectura de Irán y las costas árabes del Golfo Pérsico.
Le llamó especialmente la atención la plaza del Bazar, que consideró comparable a muchas de las más famosas de Europa, y cuya vita-Hdad comercial y mercancías le maravillaron, deteniéndose con atención en todo.
Y tras los habituales agasajos y comidas con el gobernador, el 9 de noviembre continuó la marcha hacia el interior.
Todo el camino va siendo minuciosamente descrito, entrando en los valles, comprando carneros a pastores turcomanos -cuyos tipos, trajes y costumbres describe, incluso trayendo a colación datos de su historia-, comentando de ciudades menores y campamentos además de algunas curiosas anécdotas, hasta que el 24 de noviembre hizo su entrada oficial en la ciudad de Shiraz.
Al principio, casas y calles no le llamaron la atención, hasta que llegó a una gran plaza en la que se estaba acabando de construir una «sumptuosíssima mezquita», y alojado en un palacio que poseía una gran sala «mayor que ninguna de la Casa Real de Madrid», con vidrieras, muros enlucidos de cal y muchas figuras de mujeres pintadas en los muros, cuyos vestidos y estilo le hicieron pensar en maestros itahanos.
Desde los miradores tenía magníficas vistas de los jardines y la ciudad, distinguiendo sus paseos y avenidas plantadas de árboles espléndidos, asombrado también ante la enorme cantidad de rosales cultivados, de cuyas flores se destilaba un agua que llegaba hasta la India y países mucho más lejanos.
Permaneció Don García en la ciudad hasta la primavera del año siguiente, por los rigores del invierno y por hallarse el sha en la costa del Caspio, hasta que un 4 de abril prosiguió su marcha camino de Isfahan.
Sin embargo, a pocas leguas de Shiraz se apartó un poco de la ruta, por el deseo que tenía de ver las ruinas de Chilminara.
Y «por ser este sitio, sin poderse poner duda alguna en ello, el de la antigua Persepolis», tomó su latitud el 7 de abril de 1618.
Aunque no lo supiera o quisiera darle el valor que su descripción y conclusiones en reahdad tienen, el noble viajero español acababa de llegar a su cita con la Historia.
Ex cursus: la identificación de Persépolis y la escritura de los antiguos persas M. Serrano y Sanz convirtió en capítulo VI del Libro Cuarto del manuscrito del embajador, el manojo de folios que hoy merece la mayor atención de los estudiosos, porque reúne una excelente descripción de las ruinas, su identificación razonada y la primera propuesta conocida de que los signos cuneiformes habrían sido la escritura propia de los antiguos persas^^.
El embajador habla de la gigantesca plataforma revestida de gruesos sillares de cantería, que apoyada en la ladera del Kuh-i Rahmat sirvió de base al conjunto de edificios, como una gruesa muralla de piedras de mármol «de maravillosa grandeza y de más de dos picas de alto».
Al subir por las enormes escalinatas, notó el tamaño colosal y la perfecta talla de los escalones, y ya arriba, se asombró ante el pórtico «que sustentauan dos grandissimos cauallos de marmor blanco, mayor cada uno dellos que un gran elephante», A la derecha del pórtico contó veintisiete columnas que por «su mucha grandeza,... llaman los persianos y arabes quarenta alcoranes» -quiere decir al minares-como las «torrezillas,... que tienen en sus mezquitas principales», describiendo la planta y las filas de columnas de la que hoy sabemos que fue la apadana, reparando en su enorme altura -que calcula «de sesenta hasta setenta pies de altura, sin la basa»-, el perfecto ajuste de los tambores y el no menos perfecto cuadrado de la sala.
Describe luego su paseo por otros conjuntos de ruinas, y creo que llamó «lonjas» a los conjuntos que hoy designamos palacios de Darío, Artajerjes I, Jerjes, Artajerjes III, Palacio D y Tripylon, con sus relieves, puertas y marcos de ventanas tallados en mármoles y piedra negra, tan perfectamente pulidos que el gran mastín que acompañaba al embajador empezó a gruñir a su misma imagen reflejada «con mucha rrisa de los que estauan presentes».
Los relieves le admiraron mucho, tanto por los tipos como por la perfección de la talla y su variedad, mandando a un pintor del séquito que sacara algunos dibujos del natural, los primeros tomados in situ por un profesional, aunque la mala fortuna haría luego que quedaran olvidados durante siglos en los manuscritos de la Biblioteca NacionaP^.
Siguiendo su paseo hacia la ladera, percibió el viajero otro edificio mucho mayor, con puertas y ventanas y numerosas columnas derribadas en el patio -probablemente se refería a lo que hoy llamamos Sala de las Cien Columnas-, notando luego que en los arquitrabes y frisos había inscripciones pintadas -como por desgracia todavía es hoy frecuente en las ruinas de todo el mundo-por visitantes árabes, armenios, indios y de otras naciones.
Pero sobre todo fijó Un caballero español en Isfahan... su atención en las inscripciones profundamente grabadas y labradas muy hondas en distintos sitios, como el «triunpho de la escalera», de las que mandó copiar un renglón, «cuyas letras,,.,conpuestas todas de pirámides pequeñas puestas de diferentes formas», estimando que éstas eran las escrituras de los antiguos constructores.
Más allá, en plena ladera, sus acompañantes accedieron a las tumbas de Artajerjes II y Artajerjes III, y distinguieron la cisterna llena de agua limpia de las lluvias.
Acabada la descripción, Don García argumenta por qué piensa que Chilminara debía haber sido Persépolis, recurriendo tanto a las fuentes clásicas como a la evidencia visible y los informes que en España le había facilitado fray Antonio de Gouvea.
Y concluye que esa fue la verdadera Persépolis reencontrada «la qual por tantos siglos a estado sepultada».
La última anotación es de una melancólica y poética belleza, cuando dice que al anochecer, recogiéndose el embajador hacia Margascan, sobrevoló su séquito gran número de cigüeñas que a su vez volvían a los nidos instalados sobre las legendarias columnas.
Un caballero en Isfahan y Qazvin, con su descubrimiento de un mundo ignorado
El viaje continuó hacia el noroeste, y en la segunda quincena de abril llegó a Isfahan, rodeada de huertas y jardines y ya entonces maravillosa ciudad, populosa y activa gracias al empeño del sha Abbás, que comenzó la mayor parte de los edificios que todavía hoy hacen su justa fama.
Departió el embajador con los gobernadores de la ciudad, con los religiosos agustinos y carmelitas de sus conventos y con los europeos presentes «que eran diez ó doze ingleses, dos tudescos y tres ó quatro italianos, con quien el Enbaxador holgó mucho por saber algunas cosas de Europa».
El primero de mayo hizo su entrada oficial, acompañado de mucha gente a caballo.
Pasó por barrios semejantes a los de Shiraz, hasta que llegó al gran bazar abovedado y con luz cenital, de donde salió a la enorme plaza de Maidan, «de mas de seiscientos pasos de largo y trezientos de ancho», sus magníficas mezquitas todavía en construcción y el palacio, «con una lonja quadrada á la entrada, cubierta con su bóveda, y una varanda encima», todo magnífico y famoso ejemplo de la arquitectura del periodo^^ y fruto del empeño del sha.
Aquellos grandes edificios y espacios le gustaron mucho al embajador, que los describió minuciosamente, pues ya era Isfahan la cabeza principal del imperio, en la que convivían persas, armenios,
Joaquín M^ Córdoba georgianos y otras naciones, siendo maravilla la variedad de vestidos y tipos, que el color y la luz de los azulejos y las ilustraciones de libros y miniaturas safavíes nos permiten aún hoy imaginar.
Pero a los pocos días de estancia recibió orden del sha para que fuese a Qazvin, a donde llegó el 15 de junio, acercándose a la ciudad con todo el cortejo vestido de gala y a caballo, e instalándose en la casa que se le había asignado.
Dos días después se dirigieron el embajador y los suyos a la recepción ofrecida por el sha, precedidos por más de seiscientos hombres portadores de los regalos enviados por el rey de España, pasando por la ciudad con gran pompa y camino del palacio y jardines donde comenzaba este artículo.
Durante la cena Don García notó que el sha iba a ser un difícil contendiente, y que la presencia del embajador turco también invitado formaba parte de su juego.
Aunque Abbás brindó por dos veces, a la salud del rey de España «su hermano», y como bienvenida del embajador.
Luego los contactos se dilataron, sin que Don García tuviera ocasión de plantear el objeto principal de su embajada -animar la continuación de la guerra contra el turco-, sospechando con razón que los planes del sha eran ahora distintos.
Por fin consiguió su propósito y hablaron largo y tendido pero sin resolución final, pues Abbás se quejaba siempre de la poca actividad de los europeos en contra de los turcos, sin dejarle tocar al español el tema de las recientes conquistas persas en los presidios portugueses.
Se prolongó la estancia y Don García asistió un día a una partida de polo jugada en la plaza por el rey y los suyos, teniendo ocasión de ver una escena que las miniaturas safavíes gustaron repetir sobre libros y objetos muy diversos.
Poco después el monarca salió de Qazvin, y mandó a Don García que se volviera a Isfahan y le esperara allí.
Partido el español el 27 de julio de 1618, llegó de vuelta a la nueva capital del sha el 13 agosto, donde habría de pasar todo el invierno, asistiendo a las ceremonias tradicionales en recuerdo de la muerte de Hussein, propias de los chiíes, fiestas y ritos que describe con notable detalle y respetuosa atención.
Vuelto por fin el sha, hubo entre otras celebraciones una última entrevista en la misma plaza de Maidam.
Y por fin, Don García recibió autorización para marchar, lo que hizo el 25 de agosto de 1619, aún encontrándose enfermo, llegando a la costa y embarcándose para Ormuz el 18 de octubre.
Con gran pesar suyo tuvo que invernar allí, dándole tiempo a notar que las gestiones llevadas a cabo habían tenido escaso fruto, y que los persas se preparaban incluso para tomar Ormuz.
La agonía del retorno y un epílogo en la calma de los dioses
El final de su más que extremada aventura se aproximaba, aunque no en la forma que Don García deseaba.
Tras peligrosa navegación llegó a Goa el 25 de abril de 1620, encontrando la misma falta de colaboración antes sufrida.
Un primer intento de tornar a España, embarcándose el 19 de diciembre de ese mismo año, resultaría en amargo fracaso, pues después de un peligroso viaje y haber alcanzado las costas de Mozambique en febrero, sabiendo el piloto que por el régimen de vientos y corrientes ya no podrían pasar el Cabo de Buena Esperanza hasta diciembre, el 14 de febrero de 1621 resolvieron volver de nuevo a Goa, donde arribaron un 28 de mayo.
Don García retomó sus Comentarios, reiterando páginas llenas de interesantes observaciones, narrando la temida guerra de Ormuz y los combates contra ingleses y holandeses.
Por fin, el 1 de febrero de 1624 pudo hacerse de nuevo a la mar con vientos favorables, y a pesar del mal gobierno de la nave y de ir ésta sobrecargada, se siguió adelante.
En sus últimas anotaciones reflexiona sobre la desidia de los pilotos lusos, lamentando que por el contrario «los marineros estrangeros,,,.todo lo rreconoçen y lo sondean con especial diligencia».
El 13 de abril se conoció hallarse al este de la Tierra de Natal, aunque el piloto decía haber doblado ya el Cabo, lo que ciertamente no se haría hasta el 25 de abril.
La última anotación del embajador es de tres días después, indicando rumbo noroeste, con el sol en 32'' y medio.
Fue su última anotación.
El Ms 17629 de la Biblioteca Nacional tiene una acotación final estremecedora.
Dice que Don García siguió escribiendo cada día hasta casi el de su muerte, «que sucedió en su buelta a España, á 22 de julio de 1624, á las ocho horas de la noche, del Mal de Loanda, en 35^ de norte, ciento y diez leguas de las islas de Flores y Cuervo.
Hecharon su cuerpo á la mar, en un caxón cargado de piedras, y ando en calmerías alrededor de la nao dos días».
La situación debió ser trágica.
Era como si incluso tras la muerte, aquel buen caballero no quisiera apartarse del barco que había estado a punto de cumplirle su anhelado deseo de vuelta a España.
Y quedó así, como dice la nota, flotando durante dos días en una mar en calma, lisa, dramática para quienes desde la nave siguieron viendo su improvisado ataúd.
Y luego, poco a poco, su ataúd se fue hundiendo lentamente en las profundidades del Océano Atlántico.
Don Manuel Serrano y Sanz, el primero y hasta ahora único editor de uno de los manuscritos conservados de la relación del viaje del embajador español -véase obra citada más adelante en la nota n° 4, p.
VII-, ya puso de reheve que la copia manuscrita usada por Wicqfort estaba incompleta, falta de los tres primeros libros que relatan el viaje por mar, cuya existencia el editor francés debía ignorar, si fue sincera su afirmación de que la relación empezaba en Goa y parecía estar «desfigurada de una o dos hojas en su inicio».
MDCCXI, edición en 10 volúmenes.
En un volumen de gran formato -y que deja para más adelante la literatura del siglo XIX, en 608 pp. de texto a dos columnas, más 294 láminas, se recogen datos bio-bibliográficos de 211 autores y viajeros y una amplia antología de sus obras, particularmente las páginas dedicadas a las legendarias ciudades y monumentos citados en el subtítulo de su antología.
Pues bien, el Prof. A., Invernizzi, quizás el más prestigioso especialista moderno en literatura de viajes a Oriente, dedica incluso más páginas Don García de Silva (pp. 205-221) que a su con razón bienamado y estudiado compatriota, el gran Pietro della.
Los datos relativos a su condición de paje de Felipe II y su servicio en las guerras de Flandes que aparecen en este artículo son los que considera C. Alonso de «informadores incontrolados» (op. cit., p.
Bien es cierto que hasta ahora al menos no han sido corroborados por documentación alguna, pero el autor del artículo de enciclopedia tan prestigiosa como la Espasa debió tener algo a la vista, o basarse en deducciones historiografìcamente legítimas.
Su paso por Salamanca lo recuerda M. Serrano y Sanz en su nota 4 (op. cit.,Vol.
V-VI), amparándose en el bibliógrafo Vicente Barrantes y en Vivas Tabero; pero la formación humanística y política, el conocimiento de lenguas y las demás virtudes que el embajador demuestra en su viaje, correspondencia y obra no corresponden a la semblanza que según los críticos sería la única posible: un hidalgo de provincias, poco hábil en la explotación de su hacienda, que a los 46 años se ve nombrado corregidor de Jaén.
La verdad, aunque la documentación sea escasa, los elementos de juicio y el mismo sentido del historiador permiten avanzar algo más en la reconstrucción de una imagen biográfica.
^^ De su notable cultura habla sobradamente el contenido de sus Comentarios y el de su correspondencia e informes.
C. Alonso cita la estima que de Don García manifiesta el famoso Antonio Bocarro en su nota 8 (op. cit., p.
22) que me permito remitir: «(8) Antonio Bocarro, Década 13 da Historia da India, ed. De Rodrigo José de Lima, Felner, vol. I, Lisboa 1876, p.
370 ^^ Lo llamativo de la excelente edición documental de Luis Gil es, precisamente, la minuciosa y detallada atención que dedica a la historia de las relaciones diplomáticas entre España e Irán y los precedentes inmediatos a la embajada de Don García de Silva, en contraste con las páginas dedicadas a la misión diplomática en sí, pero ello no desmerece en absoluto la calidad y el interés de este libro excepcional.
El documento de aceptación y los sucesivos escritos preparatorios son ya de por sí una evidencia manifiesta de la profunda comprensión que el recién nombrado embajador tenía de la importancia política de la misión y de la minuciosidad con la que se había de preparar: véase op. cit., pp. 181 y 182, Docs. n°llyn°12.
2^ Luis Gil Fernández trata con todo detalle las pugnas, disputas y las supuestas afrentas a las «competencias» lusas -op. cit., véase nota 21-: lo chocante del caso es que conducta tan estúpida políticamente iba tan en detrimento de los propios intereses del imperio portugués, que el mismo sha llegó a reconvenirles por «puenteap> al embajador de su legí-Joaquín M^ Córdoba timo rey y hablar en nombre de Portugal y no de España, y «se admirava mucho de que su Magestad permitiese esto, pues era tan contra su rreputaçión y tanhien de los mesmos portugueses, gastando muchas palabras sobre el caso; mas aunque lo que el rey de Persia dezia era tan cierto y lo es, que podria nazer de lo contrario muy grandes inconvenientes, no solo aborrecen la vnion con la monarchia de España, pero por ningún caso quieren nombrarse ni ser tenidos por españoles» {Comentarios, vol. II,.
Lo dramático del caso es que conductas tan «intehgentes» y que nos llevaron al desastre común a mediados del siglo XVII, resurgen con necedad parecida y aún mayor, en los abundantes ejemplos que la pequeña política de nuestro país nos ofrece casi a diario y con tan asombrosa facundia.
En mi exposición voy siguiendo los avatares narrados por el embajador español, y meto entre comillas algunas citas que me parecen ilustrativas, respetando la especial ortografía de la época y el manuscrito, como hizo el editor, sin reiterar además una nota expresa a cada cita en este listado, por el deseo apuntado de ahgerar en lo posible el aparato.
No obstante, cualquier interesado podrá hallarlas fácilmente en las páginas de la edición de Serrano y Sanz, siguiendo el calendario de la navegación que el embajador va anotando minuciosamente.
2"^ Después de describir su tamaño, pico, plumaje y patas observa que «no se quejó ni hizo mouimiento alguno despues de preso.
El Embaxador le mandó soltar y luego que se sintió libre se sentó en el agua debaxo del mesmo corredor, a donde sin apartarse anduuo nadando gran rato» SERRANO y SANZ, M. (ed.) (1903-1905): op. cit., vol. I, p.
2^ Aunque durante el viaje por mar Don García de Silva debió ya tomar notas y escribir muchas de sus impresiones, el manuscrito de su primer libro se cierra algunos meses después de su estancia en tierra, con la anotación Goae, WKalendas Februarii 1615.
219-269. mantengo ahora y en lo sucesivo los criterios de comentario y cita indicados en la nota 24.
Véanse en el apartado IV Epistolario, pp. 179-248, además de otras dirigidas a distintos corresponsales, las diez largas cartas del embajador transcriptas y las respuestas del monarca.
Las del embajador son, desde luego, del mayor interés.
^^ Como se ha dicho más arriba, este mapa y los Comentarios del embajador han dado pie al trabajo citado de MARÍAS, Fdo.
I, en dos capítulos, tratando en el primero -pp.
218-242-, además de sus diferencias con el virrey como se ha dicho, la sahda de Goa, la navegación hasta Mascate y la descripción de esta ciudad.
242-269-, la navegación por la costa de Arabia y la llegada y estancia en Ormuz.
Y por fin, en el Libro Cuarto -de cuyo original toma el editor una parte dividiéndola en seis capítulos -pp.
270-394-, Don García llega a Irán y va describiendo su viaje hasta Shiraz, sin olvidar la célebre descripción de Fersépolis que el editor convierte en capítulo quinto.
En su segundo volumen, publicado en 1905, el editor recogió -y titulándolo Quinto-la segunda parte del Libro Cuarto del original de Don García -pp.
7-153-, y los restantes libros Quinto, Sexto y Séptimo del manuscrito, que el editor nume- |
Entre 1671 y 1679, un sacerdote español llamado Don Pedro Cubero Sebastián, como predicador apostólico y explorador que iba a abrir camino a posteriores misioneros católicos, dio por primera vez la vuelta al mundo en sentido inverso al tradicional.
Por tierra y mar, cruzando inmensos desiertos y cordilleras, mares y ríos caudalosos, durante ocho años viajó por Europa, Oriente Próximo y la India, Malaca, Filipinas y América hasta tornar a España navegando por el Atlántico, Tan singular sacerdote escondía el espíritu de un verdadero viajero y explorador, enamorado de los mundos distantes, los recónditos paisajes y las costumbres de los más diferentes pueblos.
Su figura es una muestra más de la constancia y la original audacia de los viajeros españoles de su siglo.
Al refugio de Xen, a los robles mecidos por el viento, a la lluvia, al olor a tierra mojada, a la mirada de los perros, a la más profunda amistad.
A María Eugenia, a Luis y a todo lo que permanece en el corazón de la carballeira.
A comienzos de los años setenta del siglo XVII, una gran barcaza de dos cubiertas y dos timones, uno por babor y otro por estribor, daba fondo en las playas cercanas a Derbent, todavía entonces bajo dominio del sha de Irán.
Hombres e impedimenta empezaron a ser descargados.
Tres niños de los arrabales de la fortaleza, curiosos y avispados, sentados en cuclillas, obser-
Joaquín M^ Córdoba vaban no lejos el desembarco de los viajeros.
Entre éstos, un noble ruso de imponente ropaje, disponía enérgico el traslado de grandes fardos a la zona libre de mareas.
Sus gestos cargados de autoridad, el desvelo de sus servidores y la atención con la que le seguía un sacerdote ortodoxo revelaban al hombre acostumbrado a mandar y a ser obedecido.
A juzgar por sus ropas suntuosas -decíanse los niños entre sí-, podría ser todo un embajador del zar de Moscovia.
Sin embargo, otro recién llegado bastante más sencillo, pero no por ello menos sorprendente, cautivó al pronto toda su atención.
Era un hombre joven, alto y fuerte, que vestía severo ropaje, la cintura ceñida con un fajín de color, y que llevaba colgando sobre el pecho una especie de gran sebja.
Aquel hombre desperezaba su espalda y sus miembros entumecidos, y mientras paseaba su vista alrededor, el viento revolvía la larga y espléndida melena oscura que le caía sobre los hombros.
Aquella extraña vestidura, tan orgullosa melena y una abundante barba componían una respetable imagen, que a los pequeños hubo de antojárseles fantástica.
El hombre les miró haciéndoles un gesto amistoso, pero rompiendo a reir, los niños saheron corriendo hacia Derbent contando a gritos la nueva de su hallazgo.
La barcaza de Astrakan había llegado por fin, y gentes extrañas esperaban los suministros que los lugareños solían venderles.
Algunos días después, un mensajero oficial llegó al improvisado campamento organizado por los viajeros de la barcaza rusa, portando el imprescindible permiso del gobernador de la provincia que les permitía entrar en Derbent.
Y los tres amigos pudieron seguir atropellados, pero silenciosos y expectantes, el paso del extraño hombre de la melena oscura, que miraba atento las murallas y las piedras de la ciudad.
De hecho estaba anotando en su memoria lo que luego describiría en sus recuerdos: «Darbant es una ciudad no muy grande, sita sobre un peñasco, con fuertes muros, y torreones, hechos al modo Gentílico, todo de piedra: tiene sus troneras, por donde se disparaban las saetas: y hay algunos Epitafios en lengua Griega, en los cuales declara haber sido fundada por el grande Alejandro, en la conquista de los Seitas ó Hircanios».
Y es que aquellos niños anónimos acababan de conocer, aunque no lo supieran, a uno de los más sorprendentes viajeros españoles de todos los tiempos, el sacerdote Don Pedro Cubero Sebastián, personaje más que original entre los trotamundos europeos del siglo XVII.
Misionero apostólico y aventurero sin duda, entre 1671 y 1679 aquel aragonés valeroso dio la vuelta al mundo, cruzando y descubriendo en el curso de su viaje las ciudades y los paisajes del Irán safaví, más de cincuenta años después de que lo hiciera Don García de Silva.
Y así lo contaría más tarde en varios libros que merecieron gran difusión, y hasta un curioso soneto preliminar de Don Pedro Calderón de la Barca^.
Joaquín M^ Córdoba 1.
Breve noticia de la vida de un sacerdote andariego «Nací en la Villa del Frasno del Reino de Aragón, una de la Comunidad de Calatayud, año de 1645».
Así comienza el segundo párrafo de su libro de recuerdos, tras invocar a Dios y a la Virgen María, a quien declara protectora suya durante tan largo viaje, en el que tantas veces «me hallé con la muerte a los ojos».
Pese a tan prometedor comienzo -notablemente preciso en su nacimiento y origen, como confeso sincero de la tremenda dureza de su aventura-, lo cierto es que salvo lo que él declara ahí y en otras páginas de sus obras, sabemos muy poco de la vida y carrera del singular sacerdote español.
Y tampoco son muchos los estudios que se le han dedicado^, aunque su obra y sus viajes hayan merecido finalmente el recuerdo de las modernas antologías sobre viajeros europeos a Irán, por ejemplo^, lo que tras un secular y absoluto olvido, no deja de ser indicio cierto del interés real que presentan sus libros.
Nació pues en la aldea de El Fresno, provincia de Zaragoza, el año 1645.
Su familia debió contarse entre las más acomodadas del reino, puesto que según escribe el mismo autor, sus padres le enviaron a estudiar al Colegio de la Compañía de Jesús en Zaragoza Humanidades y Filosofía, prosiguiendo luego estudios de Teología en Salamanca.
En su libro recuerda con afecto a sus maestros, los jesuítas de Zaragoza para sus primeros pasos en la ciencia, y luego al doctor Vicente Navarrete, su iniciador en la Filosofía, y ya en Salamanca, al padre Maestro Godoy en Teología.
Quizás allí sintiera la vocación religiosa y una denodada voluntad misionera pues -dice-«me incliné al misterio virtuoso de la propagación de la Fe».
Ordenado sacerdote y de vuelta a Zaragoza, marchó pues a Roma con la intención de obtener del Papa el nombramiento de predicador apostólico de la Congregación de la Propaganda Fide.
«Cogiendo un báculo y Breviario, me partí para Roma», comenzando así su verdadera peregrinación por el mundo.
Aunque sus pasos hasta obtener la licencia papal fueran sólo el comienzo del camino.
Cubero narraría con atención su viaje por España y Francia, su llegada a París donde -«apenas entré en ella, ignorante de la lengua, que viéndome en una tan confusa Babilonia, no sabía qué hacerme»-, su acogida en un seminario de misioneros apostólicos, la visita al embajador español, al gran templo de «Notradam», el Puente Nuevo y la estatua de bronce de Enrique IV, la «Rua de Santo Honore», la Plaza Real y tantos otros sitios de la misma ciudad y su entorno, concluyendo su gira con una audiencia del Delfín, que le habló en español^.
Prosiguió luego su viaje por Lyon, Vienne -«ciudad muy memorable por sus antigüedades»-y Ginebra, donde con Pasajes de una vuelta al mundo.. singular gracejo recuerda que en la puerta de la ciudad, «cuando me vieron y tuvieron por católico, que ellos llaman Papista, Comenzaron todos a mirarme como al toro en el coso».
Pero salió con bien y pudo continuar su viaje cruzando los Alpes hasta llegar al Piamente y el Ducado de Milán, del que describiría luego con esmero y admiración, «sus calles.., hermosas, y espaciosas; sus palacios magníficos, sus templos admirables, y entre ellos el principal Templo, que llaman el Domo de Milán,... admirable y preciosa fábrica, por ser todo desde sus fundamentos, de mármol, y alabastro, con tantos chapiteles y torres, que mi pluma no los puede escribir».
Continuó su ruta por Parma, Modena y Bolonia, donde se reencontró con un condiscípulo suyo, entonces rector del Colegio de los Españoles, el doctor Don Juan Bernado Lafita, que le acogió con «el cariño de la crianza de nuestra niñez».
Vuelto a los caminos llegaría a Florencia, «bella entre todas las demás de Italia», donde fue recibido por el Gran Duque Cosme de Médicis, que le habló de sus viajes por España, Francia y Alemania, y al que el español prometió escribir desde cualquier parte del mundo, lo que haría en reiteradas ocasiones^.
Una vez en Roma, objetivo primero de sus planes y su vocación misionera, las cosas parecen haberle ido favorablemente bien en muy poco tiempo.
Tras describir su entrada, la ciudad, sus monumentos y algunas de sus circunstancias históricas, fue acogido y apoyado por el penitenciario de los españoles.
Iniciado el procedimiento, obtuvo la certificación primera el 9 de febrero de 1671, y con el refrendo cardenalicio el papa Clemente X emitió a poco el decreto de «Predicador Apostólico de las Provincias Fochien, Quantum, Chamsi, de las islas de Aynán del Reino de la China y de todas las Indias Orientales», con la comisión también de hacer el viaje por tierra «para ver de la mejor forma, y manera, en que los Varones Apostólicos de la propagación de la Fe se podían introducir en las Provincias remotas Septentrionales, y Asiáticas»^.
En cierta forma, esto le investía de los objetivos del misionero, pero al tiempo le obligaba a la audacia del explorador.
Al ser pues su intención pasar por tierra hacia Asia, un misionero le aconsejó llevar patentes de las comunidades religiosas allí presentes, para recibir su apoyo y su protección durante el viaje.
Con patentes de los benedictinos, los premonstratenses, los cistercienses, lo cluniacienses, la Compañía de Jesús, los dominicos y otras, partió de Roma un día del año 1671.
Con apenas veinticinco años de edad, Don Pedro Cubero comenzó sus ocho años de larga vuelta al mundo, que es en lo que iba a convertirse su misión apostólica y exploradora.
Ocho años durante los cuales habría de enfrentarse a todo tipo de situaciones, cruzando mares y ríos, desiertos y Joaquín M^ Córdoba cordilleras, fronteras y reinos sin fin.
Conoció palacios y cárceles, fue agasajado y escarnecido, descubrió paisajes y costumbres, navegó por mares ignotos y muchas veces estuvo a punto de morir, pero al final consiguió volver a España en 1679, alcanzando Madrid a comienzos de 1680.
Aquel mismo año aparecería publicado en la capital, en la imprenta de Juan García Infançon, su Breue relación de la peregrinación que ha hecho de la mayor parte del mundo don Pedro Cubero Sebastián.
Poco después se desplazó a Roma para informar al nuevo Papa, Inocencio XI, de los avatares de su misión.
Más tarde, nombrado predicador y confesor apostóHco de los ejércitos del emperador Leopoldo I, asistió a sus victorias contra los turcos y a la reconquista de Buda, el 2 de septiembre de 1686.
La vuelta a España le permitió emprender nuevo y sorprendente viaje, dado que quiso pasara por el Rhin, Holanda, Inglaterra y Francia, hasta entrar de nuevo en la Península por Fuenterrabía.
De todo ello haría narración en otro libro singular, su Segunda peregrinación de don Pedro Cubero Sebastián, missionero apostólico de Asia y Confesor General Apostólico de los Exércitos del Augustissimo Señor Emperador contra el Turco en Vngria...
Acompañó a la reina Mariana de Neoburgo en su viaje hasta La Coruna, estuvo en las Guerras de Cataluña y en la Ceuta asediada, perdiéndose al fin su pista en los últimos años del siglo XVII.
Como fechas de su muerte suelen citarse 1696 ó 1697, aunque su Epítome de los arduos viajes que ha hecho el doctor P. Cubero Sebastián en las cuatro partes del mundo: Asia, Africa, América y Europa, apareció impreso en Cádiz en 1700.
Pese a su manifiesta vocación religiosa y su celo misionero, y a pesar también de sus servicios político-religiosos, todo hace suponer que lo que verdaderamente dominó siempre el carácter y las ansias profundas de tan singular sacerdote fue una desbordante pasión viajera, una curiosidad irrefrenable por el mundo, un valor sin límites y una capacidad de adaptación inesperada.
Por eso fue sin duda el primer español que dio la vuelta al mundo en sentido contrario al que lo hicieran Magallanes y Elcano.
Y así, se diría que el viaje le permitió dar salida a su manifiesto optimismo vital y a su entusiástico afán religioso, marchando siempre al encuentro de la luz, más pendiente siempre del orto solar que del Poniente.
La vuelta al mundo en,... ¡ nueve años ¡
En 1873 publicaba en París el ya famoso novelista Jules Verne, un libro que alcanzaría una fama inusitada, y que convertido en lectura emo-Pasajes de una vuelta al mundo.. cionada de generaciones de niños y adolescentes, terminaría por ser llevado al cine ya avanzado el siglo XX: Le tour du monde en quatre-vingts jours.
Su decidido protagonista, el flemático caballero Phileas Fogg, tras aceptar una apuesta formulada en su distinguido Reform Club, emprendió una rápida vuelta al mundo acompañado sólo por su criado francés, Jean Passepartout; y aprovechando los avances de la técnica o las iniciativas de su valor y su ingenio, consiguió culminar su aventura y ganar la partida.
En globo o en barco, en tren o a caballo, desde Occidente hacia Oriente, el aristócrata británico creado por la fantasía de Jules Verne, consiguió triunfar en su empeño^.
Pero lo que seguramente ignoraba el novelista francés es que siglos atrás, un sacerdote español había trazado ya el camino de su héroe, acometiendo la primera vuelta al mundo conocida de Occidente hacia Oriente, cuyo recuerdo dejó en el libro que ahora nos ocupa.
Eso sí, su vuelta al mundo estuvo lejos de parecerse a la rápida carrera del personaje de la novela, y el español desde luego hubo de conjurar peligros aún mayores.
Porque fue una épica aventura de constancia y valentía que duró,... nueve largos años.
En el curso de tan largo viaje, Don Pedro Cubero Sebastián debió tomar muchas notas, tal vez incluso redactó partes enteras de lo que habían de ser sus recuerdos, ya que la primera edición apareció pocos meses después de su retorno.
Al cabo de dos años vería la luz en Nápoles una nueva versión, bastante más amplia^, y otra más en Zaragoza en 1688^.
Complemento de éstas publicaciones fue una Descripción general del mundo y notables successos que han sucedido en el (Nápoles, 1684), que tendría a su vez otra edición en 1697, en Valencia^^.
Vistas las sucesivas tiradas, parece evidente que la obra de Pedro Cubero gozó de gran aceptación en la época, aunque el relato de su aventura pecara a veces de prolijo en lo secundario y escueto en lo fundamental.
Pero salvo un par de versiones más o menos completas, realizadas en 1916 y 1943, hasta fechas relativamente recientes no se se ha dispuesto de una edición mo-derna^ ^ Salió de Roma por la Vía Flaminia a comienzos del año 1671, y tras visitar devotamente el Santuario de Nuestra Señora de Loreto marchó hacia Ancona, donde se embarcó rumbo a Venecia, a la que define como «una de las más ricas ciudades del mundo,... adonde no se puede entrar sino con barcas, ó góndolas, como ellos llaman»^^.
El palacio de San Marcos y la Zeca, la gran plaza y el gran templo dedicado a San Marcos despertaron su asombro.
Salió de allí hacia Austria, cruzando los Alpes por el Tirol, tierra que le pareció muy áspera, llegó a Viena, «muy pequeña, mas muy fuerte, rodeada con muchos baluartes,...tiene dentro muy her-
Joaquín M^ Córdoba mosos palacios».
Fue a ver al embajador de España, que le consiguió audiencia del emperador: éste le dio complacido una carta de presentación para el rey de Polonia.
Partió pues camino de Constantinopla y «fuéme necesario mudar de traje para pasar la Hungría, por tener la mayor parte desde Buda a Constantinopla el Turco».
Disimulando pues su condición sacerdotal, tomó una barca para seguir Danubio abajo, describiendo sus amenas orillas y la suntuosidad de las viejas ciudades húngaras, como «Estrigonia» (Esztergom) y la imponente fortaleza de una isla que llama «Gomorra» (¿Komáronvár?), cuyo jefe János Esterházy le acogió amistoso y le agasajó.
En Buda, todavía bajo dominio de los turcos, se alojó en el convento franciscano; pero a partir de ahí ya no volvió a desembarcar hasta alcanzar Constantinopla, ateniéndose al consejo que le avisaba del peligro que corría si lo hacía.
Sin embargo estuvo pendiente del paisaje, pues como luego escribiría, fue viendo «muchos campos muy hermosos, y muy lindos lugares, hasta que llegamos a Nandoralba (¿Nándorfehévár?); y de allí pasamos a la célebre ciudad de Constantinopla».
Gobernaba entonces el Imperio Otomano el visir Ahmad Koprülü, que como su padre el famoso Muhammad Koprülü, se obstinaba en acabar con la corrupción y detener la decadencia del imperio.
Cuando Don Pedro Cubero hizo su entrada en Istanbul, ocupaba el trono de la Sublime Puerta el sultán Muhammad IV (1647-1687), que iba a intentar pocos años después la conquista de Viena.
En su libro describe el viajero con atención las fortalezas y estrecho de los Dardanelos, así como el aspecto y principales monumentos de la capital otomana, sus murallas y castillos, la columna de Arcádio, el puerto de Juliano, el Serrallo que «no pude todo escribirlo, porque no me dejaron llegar a ver sino desde la puerta, distancia de veinte pasos»; pero la magia del mismo era tan grande que más adelante se decidió a contar algo merced a los informes que le dio «un franco, que vestido de mujer había entrado con una judia buhonera».
Luego habla de las mil mezquitas y la principal, antiguo templo de Santa Sofía, de la que escribe con creciente asombro y minuciosa atención.
Y al fin, tras despedirse de la comunidad cristiana que le había acogido, se puso en marcha camino de Polonia.
Tras bordear la tierra de Transilvania -de la que dice con asombrosa prudencia que puede escribir poco «porque la pasé muy deprisa»-, llegó al reino de Polonia, muy extenso entonces y «muy abundante, particularmente de trigo y cebada», así como en lino, cáñamo y ganadería.
Estuvo en Cracovia, alojándose en el colegio jesuíta de San Pedro y visitando al ciudad, su palacio y sus iglesias y conventos.
Pero al llegar a Varsóvia se Pasajes de una vuelta al mundo... encontró con que acababa de morir el rey Miguel, destinatario de la carta que el emperador le diera como recomendación.
Hubo de esperar por tanto a la elección del nuevo monarca, que resultó el célebre Juan Sobieski, a quien pocos años después deberían Austria y la Cristiandad la derrota de los turcos ante Viena.
Conseguida la habitual audiencia real, prometióle el monarca su ayuda para proseguir con bien su viaje, así como cartas para el zar de Moscovia, y «otra para Schac Solimán, Rey de los Medos, y Persas», De nuevo en marcha.
Cubero entró en los inmensos bosques de Lituania, siguiendo camino «tan horroroso, y oscuro de tantos bosques, que el más valeroso corazón le causa aflicción», y tras recibir en la frontera permiso de la corte de Moscú, con carta del plenipotenciario Paulo Cipriano Broztozchi para Artemión, privado del zar, entró en la inmensidad de Rusia.
Al principio le pareció toda «un bosque continuado, y de tan copados árboles, y grandes, que en mi vida he visto otros mayores».
Pasó por Smolensko -cuya fortaleza de ladrillo alaba-, y anduvo cien leguas entre bosques y campos nevados hasta llegar a Moscú, en compañía de un comerciante veneciano.
Quince días después sería recibido por el zar Alexei I (1645-1676), en una audiencia cuyo protocolo describiría con atención, lo mismo que el aspecto y la majestad del zar, que le autorizó a ejercer su apostolado entre los latinos.
De la mano del residente polaco visitó Don Pedro la ciudad de Moscú, notando su grandeza, la simplicidad arquitectónica de las más de sus casas, levantadas en madera, las murallas del recinto palatino y la multitud de sus iglesias.
La principal era la de San Juan Bautista, cercana al palacio del zar, cuya campana le pareció «de las mayores que he visto en mi vida: y cuando cayó echó abajo casi toda la torre».
Llama la atención el juicio positivo que se formó del clero ortodoxo, de su condición y conducta, y también su admiración por el boato de los ritos rehgiosos ortodoxos en los que participaban la iglesia y el zar, como la «bendición del río Moscua, que... la vi por mis ojos», o la fiesta del Domingo de Ramos.
Pero más que la capital de Rusia le llenó de asombro la singularidad de su viaje de Moscú a Astrakan, por lo que señala que va escribir de «todo el viaje,... por ser tan peregrino, que raro, ó ningún Español lo ha hecho», viaje que llevó a cabo en compañía de un embajador del zar que iba a Irán.
Pero la relación de su marcha por las estepas meridionales rusas es una larga lista de nombres de ciudades numerosísimas, hasta alcanzar en Saratov las orillas del Volga, al otro lado del cual todavía vagaban feroces tribus de tártaros y calmucos.
También le maravilló sobremanera la densidad de población vista mientras bajaba el curso del río hacia Astrakan.
Y es que la multitud de aldeas y ciudades existentes en las cuatrocientas leguas recorridas hasta 680 Joaquín M^ Córdoba su destino le animó a extremarse en toponimia, toda vez que «en todas cuantas mapas he visto, este río, tan célebre, lo ponen desierto y despoblado», concluyendo que «los estudiossos lo agradecerán».
Astrakan fue la última ciudad rusa que Don Pedro visitara antes de entrar en Oriente.
Ganada a los tártaros tiempo atrás, las murallas de ladrillo y la asombrosa riqueza y bondad de sus pesquerías -habla por cierto del caviar y el esturión-no ocultaba la crisis de la región y la despoblación de la ciudad, porque todavía estaba reciente la rebehón del ataman cosaco «Christobal Rassin» (Stenka Razin), que «la saqueó toda, e hizo mucho daño en los naturales»^^.
Sin embargo seguía siendo un emporio donde convergían todas las regiones de Asia, y cuyo gobernador, hijo de un antiguo embajador ruso en España -tal vez del retratado por Juan Carroño Miranda, que estuvo en España en 1668^^-, le recibió con extrema amabilidad, facihtándole su labor apostólica.
Tras permanecer tres meses en la ciudad llegó el tiempo de su partida, embarcándose en la gran barcaza de la que tras navegar por el Caspio y correr peligro cierto de naufragio, le vimos desembarcar en las playas de Derbent al comienzo de estas líneas.
Pasado su viaje y experiencias por Irán, las costas de Arabia, Goa y algunos sitios de la India Occidental -etapas que veremos más adelante-, salió de la barra de Goa rumbo a Ceylán, citando los reinos y ciudades que iba distinguiendo desde su nave, como la ciudad de Cochin «la principal ciudad de toda la costa: que la poseían los Portugueses, mas hoy la tiene el holandés».
Con viento favorable doblaron el Cabo de Comorín, ya camino de la gran isla de Ceylán, «paraíso del Asia y con razón».
A vista de tierra describe el autor la isla «de las deliciosas, y amenas que tiene el mundo: porque antes de entrar en ella, desde la misma mar se percibe un aire olorífero, y suave, que consuela todos los sentidos».
Habla de la riqueza y variedad de sus árboles como el de la canela -que describe por vez primera en la historia de la Botánica, notando su proximidad al laurel-, de sus piedras preciosas tan variadas, como rubíes, jacintos, zafiros, topacios, granates y esmeraldas, de las perlas cogidas en sus aguas -las mejores de Oriente-, de sus elefantes, fuertes, poderosos e inteligentes hasta el asombro, lo que avala con anécdotas enternecedoras.
En Colombo, colonia holandesa entonces, confesó y dijo misa a los católicos, aprovechando la vista gorda que el gobernador quiso hacer, pues resultó amistoso y notablemente abierto.
Pero no era así lo habitual, siendo los administradores coloniales de los Países Bajos bastante más estrictos con él y con los naturales, y Don Pedro pudo comprobar cómo eran aborrecidos los holandeses por católicos e «idólatras», los unos por la prohibición hecha al catolicismo: los otros, por impedir cualquier comercio fuera del monopoliza-Pasajes de una vuelta al mundo.. do por la Compañía Holandesa de Indias.
De tal suerte, los holandeses «no predominan más que aquello, que coge la artillería», ocurriendo lo mismo en Batavia y Malaca.
Hecho a la mar de nuevo desembarcó en el extremo sur de la isla, en Gali (Galle), cuya autoridad le «miró con muy malos ojos: mas yo le dije en lengua Francesa (que la entendía muy bien, porque él era Valón) que yo era un Padre Español, que pasaba mi camino, y que mi intención no era más, que ir a saludarle: y que si no tenía gusto, que yo quedase en tierra, que me volvería a la nao»^^.
Tranquilizado el holandés, pudo Don Pedro ir por aquella zona de la isla, y gracias a un catóHco valón, incluso decir misa e impartir los sacramentos a escondidas.
Prosiguió su viaje haciéndose a la vela, y tras navegar con vientos favorables de popa llegó a Nagapatan (¿Nagappattinam?), en la costa malabar del continente, donde los daneses tenían una factoría.
Más tarde alcanzó Madastra Patán (¿Madras), dominada por los ingleses.
Entre medias de su relato introduce la narración de una aventura sufrida, que pudo ser la última de su viaje, cuando quiso ir a las Maldivas para atender a los católicos.
Y es que apresado su barco por piratas, él y sus compañeros de navegación fueron vendidos como esclavos en la isla principal de las Maldivas.
Tras algún tiempo pasado al servicio de «un negro Malabar», la esposa de su dueño terminó por ponerle en libertad, pudiendo regresar Don Pedro a Madastra Patán.
De nuevo allí visitó los sitios relacionados con Santo Tomás, mostrándose por cierto muy comedido con reliquias y supuestos lugares santos, siguiéndose luego sus visitas pastorales y los habituales quiebros con las autoridades coloniales de Paliacate (¿Pulicat?), y ya en la costa de Bengala, por diferentes ciudades que va nombrando.
Mas la viva controversia tenida con un predicador calvinista le obligó a partir nuevamente, haciéndose a la mar rumbo a Malaca.
Tras cruzar el Océano índico, su buque entró por el estrecho de Achen -hoy de Malaca-, «entre la tierra firme de Malayos, y la Isla de Achen», la actual Sumatra.
Una vez en Malaca visitó al gobernador holandés, Baltasar Boort, con quien llegó a tener amistad.
Era éste hombre afable, que no puso empeño alguno en impedirle el ejercicio de su ministerio: «yo bien sé, que F. m. dice misa, predica, y bautiza, mas yo no quiero hacerle daño, sino decirle, que lo haga cautamente».
Pero habiendo tenido que irse a Batavia, un nuevo gobernador, casado con la hermana del pastor calvinista, decidió poner fin a la situación.
Limitado y controlado en sus movimientos, algunas disputas verbales con el pastor hicieron que las cosas se pusieran tan difíciles que acabó en prisión.
Después de varias audiencias públicas en las que se defendió con ardor, una pesada multa y cuatro meses de prisión, Don Pedro fue desterrado y obligado a embarcar en un navio que iba a las Filipinas.
Así expulsado no tuvo más remedio que poner proa a Manila, arrostrando nuevas y terribles experiencias, como un tremendo temporal en el estrecho de Singapur, en el que a punto estuvo de naufragar.
Salvados todos, continuó viaje por el Mar de China Meridional, citando islas y aguadas, hasta que por fin avistaron las Filipinas y el puerto de Cavité, «tres leguas de la ciudad de Manila en una punta», astillero para los galeones que iban a Acapulco.
Recibido amablemente por las autoridades locales, se alojó primero con los dominicos, y un día después fue a visitar al gobernador Don Francisco Coloma, al que hubo de narrarle «todas mis peregrinaciones, trabajos, y calamidades» por las que se había visto finalmente obligado a buscar último refugio en tierras españolas.
Un paisano suyo, oficial real y contador, llamado Don Francisco Antonio de Egea, le acogió en su casa y con él estuvo todo el tiempo que permaneció en las islas.
Ejerciendo su ministerio estaba cuando fue testigo del gran terremoto del 29 de noviembre de 1677, una de las pocas fechas precisas que Don Pedro facilita en su libro.
La descripción del movimiento de tierra, el miedo sufrido por la gente y las destrucciones ocasionadas resulta francamente curiosa, al igual que su intervención en el rescate de una mujer y sus hijos sepultados por los escombros.
Después de predicar en distintas provincias y de vuelta a Manila, la Real Audiencia consideró que era importante que volviera a España para dar noticia de su asombrosa peregrinación, pues como dice más adelante «porque aunque otros han dado la vuelta al mundo, ha sido por mar, como se cuenta de Sebastián Cano y de Francisco Draque: mas yo he dado vuelta al mundo, habiendo andado la mayor parte por tierra»; y aunque según declaró ante los oidores, tenía por intención pasar a China, decidió obedecer y marchar a España por el Pacífico, América y el Atlántico.
Tras describir las islas con detalle, dedica el viajero su capítulo XLI al «poderoso imperio de la China», recogiendo datos muy precisos e interesantes sobre el país, sus provincias y reinos, sobre sus ciudades -muy minuciosa, por cierto, la descripción de Pekín-y sus magníficos edificios, sobre sus gentes y costumbres, su religión y su medicina -«los Médicos de esta tierra son Arbolarios»-, sus artes como la cerámica y la porcelana, que dice hecha de «un barro muy recio, y tan fuerte como pedernal».
Aunque no llegó a estar en China, es obvio que su deseo de ir a ella debió ser muy fuerte, por lo que al menos quiso incluir en su libro la evocación de lo que sólo las circunstancias le impidieron conocer personalmente.
Los capítulos XLII y XLIII los dedica a la Tartaria y sus costumbres y a las guerras habidas entre chinos y tártaros, y el siguiente, a la historia y descripción de las Islas Molucas.
Comienza sus páginas con otra precisión 684 Joaquín M^ Córdoba cronológica, cuando dice: «año 1678, hallándome en las Islas Filipinas, vino a Manila un Embajador del Rey de la Isla de Tidore, una de las principales de las Malucas, que otro tiempo fue de España», tratando entre otras cosas del envío de sacerdotes católicos.
Y allá fue nuestro buen Don Pedro Cubero, en compañía de un jesuíta llamado Padre Claret, alcanzando las islas tras nueve días de navegación.
Acabada su misión y de vuelta a Manila, parece que aquel mismo año tomó plaza en el famoso galeón de Manila que, bajo el mando de Don Felipe de Montemayor y Prado salió de Cavité «a veinte y cuatro de Junio, a las cinco de la mañana».
La navegación por el Océano Pacífico fue tremendamente dura, zarandeados por furiosos temporales, sufriendo varios avisos de naufragio y enfermos muchos del «Berbén, ò mal de Loanda» -el mismo que costara la vida años antes, a otro de nuestros grandes viajeros a Oriente, Don García de Silva y Figueroa-, de tal suerte que «nos sucedió echar tres, ó cuatro muertos al agua cada día: de tal manera, que en menos de quince días echamos noventa y dos muertos», Al descubrirse el día 27 de noviembre señales de la proximidad de tierra, se puso en marcha una curiosa costumbre de la marinería.
Consistía ésta en hacer un juicio burlesco al almirante del navio, al piloto, a Don Pedro en esta ocasión -porque «siempre les andaba reprendiendo: y que era el Lazarillo de la muerte»-, condenándolos a dar a la tripulación chocolate a uno, bizcocho al otro, dulces y otras cosas.
La tradicional fiesta era símbolo de la alegría que embargaba a los supervivientes de la terrible navegación del Galeón de Manila, tras más de cinco meses sin ver «otra cosa que cielo y agua».
Y así, a comienzos de diciembre consiguieron por fin echar el ancla en el puerto de Acapulco.
Permaneció allí cuatro meses, en casa de otro paisano, también contador y oficial real, llamado Don Martín Calvo, hasta que el arzobispo de México y virrey de la Nueva España le mandara licencia.
A comienzos de mayo recibió la orden de trasladarse a Veracruz.
Cruzando montañas y valles, pasando por ciudades hermosas y sorprendentes, narrando curiosas situaciones, como la multitud de mosquitos que atacaban a los viajeros -y de cuyas picaduras curó con zumo de limón-, alcanzó por fin la bella ciudad de Veracruz y su puerto.
Tras una breve estancia, el almirante Don Diego de Córdoba dio la señal para la salida de la flota, embarcándose Don Pedro en el galeón Santísima Trinidad, capitana de las naos de azogues.
A últimos de julio entraban en el puerto de la Habana, que «es muy amena, y hermosa ciudad, tiene muy anchurosas calles», donde permanecieron nueve días, y hechos de nuevo a la mar, en un mes de navegación venturosa llegaron sin novedad al puerto de Cádiz, dando así final Don Pedro Cubero Sebastián a Pasajes de una vuelta al mundo.
su peregrinación por el mundo.
Tiempo después, el inquieto sacerdote presentaría al rey Carlos II un memorial, que es resumen sintético de su viaje^^.
Y es que mucho antes de que lo hiciera el imaginario héroe de Jules Verne, aquel sencillo sacerdote español había sido capaz de circundar el globo, fiado tan solo de sus propias fuerzas y su tesón.
Había dado una vuelta al mundo sin precedentes, y como tantos otros viajeros españoles de aquellos siglos, había escrito su nombre en la crónica de los titanes.
Por las rutas de Irán, Arabia y la India
Aunque portentoso en todos sus extremos, el viaje de Don Pedro Cubero Sebastián nos interesa especialmente ahora por el tramo seguido a través del Irán safaví, por su navegación a través de los mares de Arabia y por su estancia en Goa, cincuenta años después que Don García de Silva transitara idénticos caminos, surcara las mismas aguas y visitara iguales ciudades.
Y nuestra historia ha de volver de nuevo a las playas de Derbent en el Caspio, donde empezara la aventura irania de nuestro viajero.
Por aquel tiempo, la situación política europea había cambiado notablemente en beneficio de Francia, y aunque España siguiera siendo una potencia respetable, la lista de viajeros llegados a Irán en la segunda mitad del siglo XVII revela bien a las claras quién tenía la iniciativa^^.
Cuando Don Pedro entraba en la fortaleza de Derbent, se encontraba en Irán el financés Jean Chardin -que haría luego una detalladísima descripción de las ruinas de Persépolis^^-, y otros que si bien residían por aquel entonces en Aleppo, como el veneciano Ambrogio Bembo o el financés François Pétis de la Croix, no mucho después cruzarían las mismas sendas que Don Pedro^^.
Pues bien, pasados algunos días en las proximidades de la fortaleza de Derbent, con permisos del gobernador de la provincia, y llegada la caravana de camellos y caballos con la que iban a viajar, se pusieron en marcha siguiendo la orilla del Caspio hacia el sur, «y era gusto el ver muchos arroyos, que entraban en él, que bajaban de aquellos montes de Armenia».
Durante siete leguas fueron marchando por aquella costa, hasta que en un punto que le causó asombro por la abundancia de rosas y otras flores, dejaron la ribera internándose en las fragosas montañas camino de la ciudad de Chamake, «peladas de árboles, pero muy frondosas de hierba, porque la tierra es muy pingüe, y crasa, y apacientan allí mucho ganado», donde vio por vez primera los «carneros tan prodigiosos de Ar-Joaquín M^ Córdoba menia, y Persia».
Tras cuatro días de viaje llegaron a la ciudad, que acababa de sufrir los efectos de un terremoto, «que era lástima el verla», aunque tenía muchas tiendas de mercaderes persas, y en cuya plaza se vendían todo género de frutos, legumbres y carnes.
Permanecieron allí dos meses, a la espera del protocolario permiso del sha -el gran Sofí, que dice Don Pedro-, que estaba entonces en Casmín (Qazvin).
Aprovechó el tiempo para visitar la ciudad y sus alrededores, así como para relacionarse con los cristianos armenios y georgianos que allí habitaban, y con un obispo suyo con el que departió gustoso muchas veces.
Recibido por fin el permiso de la corte del sah, la caravana se puso en marcha, viajando de noche a causa del calor, lo mismo que cincuenta años atrás hiciera muchas veces la de Don García de Silva.
Durante el largo y fatigoso viaje observó con curiosidad y asombro las costumbres de los camellos, y la forma en que el Charbata -«que es lo mismo que nuestro arriero»-los cargaba, cuidaba y dirigía.
Llegaron a Ardibil (Ardabil), «hermosa ciudad de la Armenia, muy rica por sus tejidos y sedas», en donde hubieron de hacer parada, al hallarse enfermo el embajador ruso, y paseándose por la ciudad, tuvo la sorpresa de encontrar a «un monje Basilio...que me había visto en Roma, y me hizo mucho agasajo llevándome a su Monasterio», y durante los diecinueve días que allí tuvieron que estar, tuvo con él «muchas pláticas...en lengua italiana acerca de nuestra Religión, y sus ritos», e informado de sus planes, el monje le dio una carta para Macario, patriarca armenio residente en Qazvin.
Recuperado el embajador y puestos de nuevo en camino, a la salida de Ardabil tuvo lugar una disputa entre el emisario del zar y un halconero mayor ruso, que al frente de un grupo de treinta jóvenes era portador de otras tantas aves de caza, que el zar mandaba como regalo al sha.
Fue tal la disputa -porque el halconero no quería someterse a las órdenes del embajador-que estuvieron ambas partes a punto de sacar la espada, teniendo que poner paz el bueno de Don Pedro y un noble persa enviado por el protocolo del sha.
Así andando llegaron por fin a Qazvin, tras pasar por una región que al decir de nuestro viajero «no hay ciudad, ni lugar de consideración, porque los que hay son lugares muy pequeños: árboles muy raro es el que se ve, todos son campos, que en parte de ellos se coge trigo, y en otros algodón».
Levantaron sus tiendas fuera de la ciudad, y al día siguiente vino a recibirles un gran cortejo de nobles persas «con muy hermosos caballos enjaezados a lo Pérsico, y ellos muy bien compuestos: salieron también muchos rústicos con diversos instrumentos, y para nosotros nos sacaron muy lindo caballos».
Y así acompañados y festejados entraron los viajeros en la vieja ciudad de Qazvin, donde entonces se en-Pasajes de una vuelta al mundo,.. contraba el monarca, lo mismo que muchos años antes le ocurriera al embajador de Felipe III.
Resultó ser aquel día una alegre fiesta en la ciudad, cuyos comerciantes cerraron sus tiendas, juntándose la población para asistir al desfile de los embajadores y viajeros, camino de las casas que les habían asignado como residencia.
Tras descansar tres días de las fatigas de la ruta, un maestro de ceremonias del palacio del sah les previno que al día siguiente serían recibidos en audiencia.
Llegada que fue la jornada, Don Pedro asistió al protocolo que organizó la procesión, todos montados en «hermosísimos caballos», llevando los servidores las cartas de las que eran portadores brazo en alto, según la costumbre, «para que todo el pueblo las viese, y las venerase».
Iban delante muchos nobles persas, luego muchos músicos con sus instrumentos, y ante los embajadores, su séquito y él mismo -como emisario de la Congregación-, «dos Alicalicanes muy ricamente aderezados al modo Pérsico, y en la mano llevaba cada uno un bastón de ébano con su casquillo de oro».
Tras desfilar por muchas calles de la ciudad, entre los gritos y la algazara del pueblo que les daba la bienvenida, llegaron a la ancha calle que llevaba al palacio, bordeada por sendas «hileras de árboles muy altos y encopados, que a mi parecer eran álamos blancos».
Recibidos al fin por el sha, tras entregar el embajador ruso sus regalos, presentó Don Pedro los suyos -un «hermoso reloj de filigrana de plata sobredorada...: dos Manicordios, todos embutidos de ébano y marfil... y dos muy hermosas esmeraldas»-, y después del ruso le tocó al español acercarse al sha.
A través del intérprete atendió a sus preguntas, solicitándole que se respetaran los antiguos privilegios que sus antecesores habían otorgado a «los Padres Misionarios Apostólicos de la Persia», lo que concedió el sha, y tras interesarse por su amigo el rey de Polonia, y por los planes de Don Pedro -que le dijo tener pensado luego viajar a la India-, acabó la audiencia real.
Describe luego nuestro sacerdote el salón en el que se desarrolló la audiencia, el trono, las vestiduras del sha Sulaimán (1666-1694) y su aspecto: «me pareció un hombre de treinta y seis años: la barba negra, blanco de cara: ojos negros, y hermosos».
En los jardines inmediatos se organizó después un banquete, al que asistió el monarca, si bien permaneció a una distancia de catorce pasos.
Sobre ricas alfombras se asentaban el embajador ruso, luego Don Pedro e inmediato a él, uno de sus compañeros, del que por vez primera nos da interesantes datos, al decir que «era Italiano, hijo de la ciudad de Venecia, llamado el Padre Sebastián Cabañoli, varón de muchas prendas, y Sacerdote muy virtuoso, y que me siguió gran parte de mi peregrinación, hasta que mu-Joaquín M^ Córdoba rió en este virtuoso ejercicio en la India Oriental en la ciudad de Goa, en el Hospital Real, que gobernaban los Padres de la Compañía».
Mientras comían, muchos músicos «con diversos instrumentos cantaban a su usanza Pérsica».
Y así, cincuenta años después venía a repetirse, aunque con menos intimidad y largueza, la cena que el sha Abbás ofi: eciera al embajador Don García de Silva.
En el capitulo XXIX de su libro describe Don Pedro Cubero la ciudad de Qazvin, en la falda de una pequeña sierra, sus calles cubiertas, llenas de tiendas, la gran plaza, las casas de adobe y el suntuoso palacio del sha.
Y tras algunas cosas curiosas entonces acaecidas -como la muerte que dio el mismo monarca y por su mano a su «Capitán General»-, recibido el privilegio sellado que mandaba no se molestase a los religiosos y a los demás cristianos europeos, con permiso de la corte partió de allí camino de Isfahan, en compañía de mercaderes armenios, por la misma pista que decenas de años atrás transitara la embajada española.
Destaca en la ruta «dos ciudades muy buenas», que llama Scarbach y Cazan, y tras pasar «sierras tan ásperas, y nevadas,... donde hace tanto frío y aún más que en el puerto de Guadarrama» por las que se cruzó con un enviado portugués y con el que habló en buena inteligencia, llegó a la ciudad de Isfahan.
Reconociéndola como una de las más grandes y bellas ciudades del mundo, «aunque entre ellas (se cuente) Constantinopla», la describe despaciosamente, señalando los barrios de Sulffa (Yulfa) -donde habitaban los cristianos armenios y tenían muy buenos templos, como el que asistía su Metropolitano-, barrio que le parece «tan grande como la ciudad de Zaragoza», el de Thauris, semejante en tamaño, y el de los Cauros, «antiguos infieles de la Persia, que desde el tiempo del Rey Ciro, y Darío, adoran el sol, y el fuego, guardándolo perpetuamente sin extinguirlo».
Destaca sus edificios y espacios, como la gran plaza «a quien ellos llaman Meylan», con sus seiscientos noventa pasos de largo, sus acequias y árboles, las suntuosas mezquitas y el palacio del rey -cuyo interior se adornaba con muros dorados y «aunque hermosísimas pinturas, todas son lascivas y deshonestas»-, a cuya puerta había cuatro piezas de artillería con las armas de Felipe II de España, «que trajeron de la pérdida, y ruina de la tan desgraciada ciudad de Ormuz».
Escribe también de la magnífica calle de dos leguas de largo, con jardines y muchos árboles, flores y frutos.
Fraternalmente recibido en los diferentes conventos, donde participó el privilegio concedido por el sha, y después de visitar todos los rincones de la ciudad y conocer distintas costumbres, a lo que le llevaba su natural curiosidad e interés por todo, salió de la famosa Isfahan camino de Bandar Abbás.
En el curso del viaje, dice que «antes de llegar a la ciudad de Syras, en un lugar, llamado Cehilminar, que distará cuatro leguas de Syras, me detuve por venir muy fatigado:...
Al lado derecho se ven unas antiguas ruinas, que se reconoce haber sido obra de los antiguos Gentiles», sin acotar mayor comentario sobre las impresionantes ruinas de Persópolis, asociadas ya entonces y para siempre -aunque Don pedro Cubero lo ignorara-, con la persona de Don García de Silva y Figueroa.
Una vez en Shiraz, escribe nuestro viajero con error evidente, que ésta era la antigua Persépolis, aunque él la vio -dice-pobre y arruinada, y que otros opinaban que «este no es el sitio de la antigua Persépolis; sino que dista cuatro leguas de allí», considerando al fin que como debía ser tan grande, «parece tener algún fundamento por las grandes ruinas, que allí se ven».
Y escribe también que los Padres Misionarios le aseguraron haber oído muchos veces a los «Gauríes, idólatras antiguos de la Persia, que ellos desde sus antecesores habían observado, que allí era el sitio donde reinó Ciro, Darío, y otros antiguos Reyes de Persia».
Habiendo de partir contra su voluntad, por la prisa que decía tener el Charbata, prosiguió la marcha pasando valles y montañas, observando las aldeas de gentes turcomanas que sembraban algodón, y de un sitio llamado Selbistán pasando por otro llamado Pasargada «donde cuentan los antiguos haber estado el sepulcro del Rey Ciro: y aquí hay un hermosísimo ciprés muy copado, que algunos Gentiles idólatras lo adoran, y veneran».
Comentario que no deja de sorprender, pues se fijó en el magnífico ciprés sin reparar siquiera en la impresionante fábrica del sepulcro de Ciro.
Siguieron luego su ruta por la ciudad de Lara, «hermosa y de buenos edificios», y por camino muy seco, una jornada antes de llegar a Bandar Abbás, desde un alto descubrió la mar de Ormuz, experimentando gran alegría, pues «hacía cerca de dos años, que caminaba por tierra,...con que ya deseaba entrar en la mar».
En Bandar Abbás ftie acogido por el cónsul financés, y sabedor de que en el cercano Bandarcongo había surtas unas naos que iban al Mogor, navegó hasta aquel otro puerto, donde le recibió el factor portugués, Manuel Rodríguez de Aguiar.
A la espera de embarcarse, visitó la isla de Ormuz y la ruina del antiguo presidio portugués, y estando a punto de partir llegaron cuatro naos de la armada de Goa, en las que prefirió embarcarse.
Con estas naos y como capellán, acompañó al corso que la armada dirigida por Don Juan de Saà y Sotomayor hacía por las aguas del mar de Arabia.
Tras distintas aventuras pasó a la costa de la India, desembarcando en Surat, entonces uno de los más célebres emporios de Oriente, llena de mercaderes de todas las naciones, «porque allí no falta el Inglés, el Ho-Pasajes de una vuelta al mundo.
landes, el Hamburgués, el Francés, el de Dinamarca, el Suecés, el Veneciano, y Genovês, el Turco, el Persa, el Arabe, el Chino, el Japón, y el Español:...pues no hay nación por toda la redondez del Orbe, que en él no se halle» La ciudad de Surat le pareció no muy grande, pero de hermosos edificios.
Los naturales del país «son de color membrillo cocho: pero no de mal gesto: mujeres y hombres van desnudos hasta media cintura por el gran calor, que allí hace.
Llevan pendientes, muchas arreadas, y gargantillas de oro».
Partió de Surat en una frágil pero rápida embarcación de treinta remeros, especialmente indicada para burlar a los piratas que castigaban aquellas costas.
En sólo una noche llegaron a la ciudad portuguesa de Damayn (Daman), y luego navegando siempre en cabotaje, siguieron ruta hacia Goa, pasando por diferentes lugares y reinos, como la de Chaul en el reino de Cananor, donde el sacerdote español fue testigo directo -y horrorizado-de la costumbre hindú de quemar viva a la esposa en la pira funeraria de su marido difunto, una circunstancia más que también viviría siglos después, el héroe literario de Jules Verne.
Don Pedro escribe minuciosamente las ceremonias del rito, los cantos y la aparente tranquilidad de la viuda antes de arrojarse a la pira.
Su experiencia oriental había de acabar en Goa, la misma plaza donde más de cincuenta años antes empezara la suya aquel buen embajador de Felipe III.
El capítulo XXX de su obra viene dedicado a describir la perla de la India portuguesa y su estancia en la ciudad.
Recibido por el gobernador, pronto los jesuítas vinieron a recogerle, pues querían darle hospitalidad en su colegio de San Roque, uno de los edificios más bellos de la ciudad, «pues en fábrica, y arquitectura, si no excede, iguala al Colegio Romano».
En su Casa Profesa visitó la tumba de San Francisco Javier, cuyo «cuerpo está entero,...La cara la tiene, aunque algo desfigurada, como el mismo cutis: la barba de la misma suerte que si estuviera vivo», y mereció las atenciones del Padre Provincial.
Don Pedro Cubero alaba la belleza y fastuosidad de Goa y su región, aunque acepta con melancolía que ya no estaba en la misma prosperidad que antes, cuando era el «Emporio de todo el Oriente, pues allí acudían las naos, que venían del Japón, de la China, de Filipinas, del Mogor, de Arabia, del Ceylán, de Cambaya, deAchen, de Malacas, de Europa, de las Malucas, de Guinea, de Congo, de Cafrería, del Brasil, y de otras muchas partes del Asia, y del Africa: mas hoy ya todo esto se acabó».
Las epopeyas imperiales habían terminado.
Tal vez aún pensando en la mudanza de la fortuna, un día recibió aviso de que había llegado la nao que había Joaquín M^ Córdoba de llevarle a Ceylán.
Y una noche apacible, tras despedirse de sus amigos y hermanos, su buque atravesaba la barra de Goa, dejando a la derecha el castillo del Morro, y a la izquierda el de Vardés.
Al amanecer se hallaron en alta mar.
Su aventura por aquel Oriente Medio y alejado de los presidios de la India, por aquel Oriente transitado por los embajadores y comerciantes que iban hacia Irán, había terminado.
A mediados de un frío mes de enero del año 1680, el pueblo de Madrid celebraba ruidoso la entrada en la ciudad de la reina María Luisa de Borbón.
Desde el Retiro al Alcázar, en la entrada al Prado de San Jerónimo, los Italianos, la Puerta del Sol, la Calle Mayor, la Puerta de Guadalajara, Santa María y la plaza del Palacio, se habían levantado cinco grandes arcos triunfales, decorados suntuosos y esculturas simbólicas de aquella abigarrada arquitectura efímera que tanto gustaba en la época^^.
Entre las músicas, los cantos y la alegría bulliciosa de la población que admiraba el lujo del cortejo, un curioso observador habría distinguido a un hombre fuerte, con la piel curtida por el sol y abundante melena oscura sobre los hombros, que vestido con la sencillez de un sacerdote secular, silencioso y pensativo entre gente festiva, observaba atento el paso de príncipes, duques y obispos con una ligera sonrisa.
Aquel sacerdote miraba pensando a la vez en tantos otros cortejos por él vistos en países lejanos, desde Rusia hasta Irán y la India.
Y recordó también, sin saber por qué, una lejana mañana en las playas del Caspio, cuando al tomar tierra junto al embajador del zar de Rusia, vio a tres niños bulliciosos que en cuclillas le observaban.
Lo que Don Pedro ignoraba es que en aquel preciso instante también, tres jóvenes amigos paseaban por las playas de Derbent, hablando de los tiempos lejanos de su alegre niñez, de un día en el que un hombre de oscura melena les saludó amistoso, y ellos riendo se fueron corriendo y gritando la llegada del barco de Astrakan.
Hacía de aquello más de siete años, y los ya jóvenes se preguntaban qué habría sido de aquel extraño, pero amistoso extranjero.
No podían saber que él, tras cumplir una impresionante vuelta al mundo, en el lejano y frío Madrid de aquel año, rodeado de músicas, gritos y relinchos de caballos, pensaba melancólico en las playas de Derbent, y en tres niños curiosos y avispados, que sentados en cuclillas le habían dado con su sonrisa y sus alegres carreras, la mejor bienvenida a las tierras de Irán.
Pasajes de una vuelta al mundo... ^^ Descripción general del mundo y notables successos del, en Nápoles, por Salvador Castaldo, un volumen de 446 pp. La edición española llevaba el título de Descripción general del mundo y notables successos que han sucedido en el: con la armonia de sus tiempos, rios, ceremonias, costumbres, y trages de sus naciones, y varones ilustres que en él ha avido, en Valencia, por Vicente Cabrera, impresor y librero, 1697, un volumen de 342 pp., con algunos grabados.
^1 CUBERO SEBASTIÁN, P. (1916): Peregrinación de la mayor parte del mundo.
Tipografía de la Revista de Archivos, Madrid, 275 pp. (1943): Peregrinación del mundo.
Atlas, Madrid, 174 pp. Finalmente la edición usada para este trabajo CUBERO SEBASTIÁN, P. (1993): Peregrinación del mundo del Doctor D. Pedro Cubero Sebastián, Misionario Apostólico, Miraguano Ediciones / Ediciones Polifemo, Madrid, un volumen de 436 pp., con un pequeño prólogo sin firma, en el que se declara haber seguido la edición de Nápoles, a la que se añaden al final del volumen licencias, poemas, etc. «que no se incluyen en aquella, textos entre los que destaca el memorial dirigido a Carlos II por Pedro Cubero, donde resume sus viajes» (p.
El editor anónimo -que según un informante fue don Ramón Alba-, apunta haber modificado la ortografía sólo en algunos casos, respetando la puntuación y los nombres geográficos.
^^ Para no recargar innecesariamente de citas este artículo, omito las referencias exactas de cada uno de sus comentarios.
Como sigo rigurosamente su exposición, fácil será encontrar si se desea la localización exacta de sus observaciones en la obra de refe- ^^ Según el catálogo del Prado, el cuadro n*' 644, pintado por Juan Carroño de Miranda, representa al embajador ruso Pedro Ivanowitz Potemkin, que vino a España en dos ocasiones, la primera en 1668, y la segunda en 1681.
Sin embargo, preciso es notar que en el catálogo se dice que el cuadro debió ser pintado durante la segunda estancia.
En todo caso, la vestidura del retratado nos permite evocar la figura del padre del gobernador de Astrakan.
Véase: Museo del Prado.
Ministerio de Educación y Cultura, Madrid 1996, p.
^^ Es curioso que Don Pedro se dirija al holandés en francés, lengua que cuando años atrás llegara a París, desconocía por completo.
Como no hay por qué dudar de su relato, hemos de suponer que en el curso de su largo viaje, que ya duraba varios años, hubo de aprender al menos lo suficiente como para entenderse.
^^ El texto del memorial puede leerse en la edición de la obra de Don Pedro Cubero Sebastián que cito en las notas precedentes: CUBERO SEBASTIÁN, P. (1993): op. cit., pp. 415-429.
Se trata de un resumen muy bien hecho, cuya lectura proporciona una rápida idea del viaje y sus circunstancias.
El texto en sí y el recurso a presentar dicho memorial al rey evidencia que Don Pedro Cubero era plenamente consciente del enorme mérito personal que su aventura suponía, y consideraba de justicia que en sus achaques y desvalimiento le auxiliase el rey.
^^ Don Pedro Cubero describe con todo cuidado la decoración de las calles madrileñas y el cortejo que acompañaba a la reina María Luisa de Orleans, el sábado 13 de enero de 1680, acontecimiento que tuvo ocasión de contemplar recién llegado a la capital, y al que dedica el capítulo último de sus recuerdos. |
En el museo del Carnavalet se conserva un curioso óleo, firmado por Pierre-Denis Martín, que representa un cortejo del embajador turco en París hacia 1721.
El cuadro es todo un símbolo de la realidad de Europa y el Oriente cercano a comienzos del siglo XVIII: la Francia de la Regencia parece hegemónica, Turquía busca su alianza, y trajes, protocolos y cultura se han hecho recargados, graciosos, elegantes.
Verdaderamente se estaban viviendo los inicios de un mundo radicalmente nuevo, que a lo largo del siglo iba a cambiar todavía más, a medida que la Ilustración se fuera convirtiendo en el espíritu de la época.
A comienzos de siglo, quizás por causa de las guerras borbónicas y las necesidades internas de las monarquías europeas, los viajes a Oriente se hicieron más escasos, y entre su literatura apenas destacan libros especiales, salvo una obra de excepción.
Cuando en 1721 el embajador turco presentaba sus respetos al Regente, en Francia y Europa gozaban de gran fama las versiones francesas de un viaje realizado a Oriente entre 1701 y 1708 por un artista holandés, llamado Cornells de Bruijn.
Dichas ediciones incluían magníficas láminas grabadas sobre las ruinas de Persépolis, las primeras hechas con el realismo suficiente como para dar una información veraz del conjunto y los detalles del legendario complejo.
Y si su largo viaje desde Holanda a Rusia, Mar Caspio, Irán, India y Ceylán, con igual ruta a la vuelta, proporcionó un relato ameno y atento a los datos e interpretaciones de sus antecesores -demostrando por cierto una notable erudición^-, Cornells de Bruijn era muy consciente de que su estancia en Persépolis, la descripción que de ella hizo y las láminas precisas que de sus ruinas realizó, constituían lo más importante de su experiencia y una de las más valiosas aportaciones al redescubrimiento del pasado orientaP.
Tras él, pocos viajeros notables surcaron Oriente, pero en la segunda mitad de la centuria, gentes imbuidas del espíritu de las Luces navegaron sus mares y volvieron a transitar por sus pistas.
Justo entonces entrarían en esta historia con méritos propios y obras singulares, los dos mejores viajeros españoles del siglo, Gabriel de Aristizábal y Federico Gravina.
A comienzos de siglo, gracias sin duda a la debilidad que mostraba, el Oriente cercano que era Turquía empezó a ser visto con una cierta simpatía.
Hacía mucho tiempo que los libros de viaje e historia describían el imperio otomano y los países del Levante, pero el interés preciso por las costumbres y valores sería cosa del XVIII, lo mismo que el verdadero descubrimiento literario de Oriente vendría de mano de los doce volúmenes de la traducción francesa de Las mil y una noches, publicados por el orientalista Antoine Gallan entre 1704 y 1717^.
Aunque muy morigerada, su versión ayudó a despertar ciertas ensoñaciones de sensualidad y lujo que se suponían propias de Oriente.
Los llamados pintores del Bosforo, como Jean-Baptiste van Mour, que en 1699 acompañó al embajador francés Charles de Ferriol a Istanbul, donde decidió quedarse a vivir hasta su muerte (1737), fueron facilitando cuadros e imágenes que representaban sobre todo escenas del protocolo diplomático, pero también ambientes y rasgos de la vida cotidiana de los turcos, en lienzos llenos de vivacidad^.
Pero mucho más impacto alcanzaría una colección de dibujos de van Mour, que con el título de Recueil de Cent Estampes, représentant différentes Nations du Levant tirées sur les Tableaux peints d'après Nature en 1707 et 1708, publicaría en La Haya el embajador de Ferriol a su vuelta a Europa.
Esta colección de láminas sería decisiva en la difusión de una moda turquesca, que pronto afectaría a todas las artes como la pintura, la cerámica y porcelana, la música e incluso la literatura^.
Precisamente por esos años.
Van Mour pintaría en uno de sus típicos cuadros, a la esposa del embajador británico.
Lady Mary Wortley Montagu^, autora de una colección de cartas admirables, que describen su viaje y las impresiones vividas en Turquía entre 1716 y 1718.
Lady Mary debió guardar una copia de las cartas enviadas, que luego iba pasando a unos álbumes, al tiempo que corregía y mejoraba el texto, con la probable idea de publicarlas algún día.
Pero lo cierto es que hasta 1763, a poco de su muerte, no verían la luz, si bien desde entonces gozarían de notable fama^, ya que por su condición femenina, la esposa del embajador había tenido acceso a ambientes cerrados por completo a los hombres.
Durante la primera mitad del siglo, la Europa de Luis XV (1723-1774) se va convirtiendo en la del lujo y el derroche de las fiestas del Pare aux Cerfs.
También entonces, junto al gusto por las sedas, los costosos vestidos, las porcelanas y las joyas aparecieron los primeros juicios críticos. como las Cartas Persas, de Montesquieu^, con las que la Ilustración temprana entra en escena criticando las injustas condiciones colectivas y so-ciales^.
El recurso de escoger a unos viajeros persas llamados Rica y Usbek, como relatores críticos de cuanto van viendo de la sociedad francesa, no deja de ser irónico pues desvela «todo el absurdo y toda la autocomplacencia de una sociedad segura de sí misma y de la bondad de sus costumbres»^^, pero al mismo tiempo suponen una manifestación más del «juego» orientalizante.
Lo turco -lo oriental-empieza a ser moda.
Muchos miembros de la nobleza gustaron de hacerse retratos vestidos a la turca, como la condesa Maria Teresa KoUonitz, la archiduquesa Luisa von Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg la misma emperatriz María Teresa de Austria y tantos otros, con los que participan alegres en fiestas y reunio-nes^ ^ La moda se extendió fácilmente a la decoración de interiores, como los «cabinets turcs» de los años setenta -entre los que destaca el «Boudoir turc» de María Antonieta^^-y a las artes decorativas, particularmente a la porcelana.
En la fábrica sajona de Meissen, en el curso de los años cuarenta y cincuenta los maestros Johann Joachin Kandler, Peter Reinicke, Johann Friedrich Eberlein y otros empezaron a modelar preciosas figuritas de porcelana, que representaban nobles y tipos turcos, damas o ser-vidores^^.
Otras manufacturas europeas repitieron y ampliaron las series de tipos turcos o servicios de mesa, y unos y otros alcanzaron gran aceptación en Europa.
Su belleza y luminosidad se me antoja perfecto acompañamiento de la novela filosófica del Zadig de Voltaire (1747), que por cierto se ambienta en una Babilonia imaginaria, en donde el ingenuo termina alcanzando la «sabiduría oriental de la aceptación»^"^.
Y claro está, de la música.
Durante el siglo XVIII, los turcos poblaron también las escenas y las representaciones musicales europeas^^, aunque la obra más famosa sea hoy El rapto del serrallo, de Wolfgang Amadeus Mozart, primera gran ópera cantanda en alemán y estrenada en Viena el 16 de julio de 1782, en el antiguo Burgtheater, que con gran satisfacción de Mozart alcanzaría un notable éxito popular^^.
Para esa época, el espíritu de la Ilustración se había consolidado, no sólo con la publicación paulatina del celebérrimo Dictionaire raisonné des Sciences, des arts et des métiers (1751-1780), empujado por figuras tan señeras como Diderot, Montesquieu, Rousseau, Marmontel y otros, sino también con la difusión de libros tan decisivos como el Candide de Voltaire (1759) y el Du Contrat social ou principes du droit politique, de Jean-Jacques Rousseau (1762) entre muchos otros.
Igualmente, el nuevo espíritu animaba la renovación de la ciencia y de la visión del mundo y los seres humanos, con la apertura de pensamiento que Montesquieu había propuesto en su Discours sur les motifs qui doivent nous encourager aux sciences (1725), apostando por escribir con buen estilo tratados ambiciosos pero comprensibles para todos^^.
Y como no podía ser menos, aquel tono cultural iba a dominar también las intenciones de una nueva generación de viajes y viajeros a Oriente, que en la segunda mitad del siglo XVIII volverían a llevarse a cabo.
Precisamente de este país y como iniciativa personal de su rey Federico V, en 1761 salió una expedición a Oriente, de la que volvería seis años después un solo superviviente, el geógrafo y astrónomo Carsten Niebuhr.
Navegaron primero de Copenhague a Constantinopla y Alejandría, visitaron Egipto, el Mar Rojo y el Yemen y algo de Arabia, partiendo luego hacia la India.
Poco a poco fueron muriendo todos a causa de distintas enfermedades, salvándose únicamente Niebuhr, que desde Bombay emprendería en solitario el viaje de retorno por Irán, Mesopotamia y Turquía.
Una vez en Copenhague publicó los resultados del viaje en varios libros^^, de los que pronto seguirían ediciones en ditintos países europeos.
Sus escritos son los propios de un ilustrado.
Revelan una enorme curiosidad por todo -geografía, arquelogía, etnología-, y la confianza en la seguridad que aporta la ciencia y la experiencia personal rigen sus reflexiones y sus comentarios.
Además, el tono agradable responde a lo que Montesquieu deseaba para cualquier tratado.
Y por si fuera poco, Niebuhr merece un primer puesto en la historia del redescubrimiento del Oriente antiguo, ya que sus cuidadosas copias de inscripciones, tomadas en Persépolis, permitirían a Georg Friedrich Grotefend realizar en el primer descifre de la escritura cuneiforme.
Como muestra del espíritu de la época que le animó, su hijo dejaría escrito que «mi padre fue creado única y exclusivamente para examinar y observar el universo,...vivía para estudiar y comprender las cosas que le rodeaban»^^.
A comienzos de los años ochenta, Francia parecía resuelta a profundizar su tradicional influencia en Turquía, renovando sus embajadas y destacando consulados en partes remotas.
En 1784, la embajada del conde de Choiseul-Goffier decidiría el viaje del artista Louis-François Cassas, autor de tantas y tan magníficas acuarelas, lienzos, dibujos y láminas sobre el Oriente de su época o las ruinas del antiguo^^.
Y en aquellos años también, en la remota Bagdad compartían aficiones y curiosidades En el espíritu de la ilustración los miembros de una interesante colonia francesa, agrupada en torno al cónsul general Jean-François Rousseau^^, de la que formaban parte el abate Joseph de Beauchamp y el botánico André Michaux, ambos ligados a la historia de la ciencia sobre el Oriente antiguo.
El primero, por sus estudios in situ sobre las monumentales ruinas del palacio sasánida de Ctesifonte, sus «sondeos» en las ruinas de Babilonia, sus artículos del Journal des Savants y su correspondencia con el también abate Barthélémy: el segundo, por el famosísimo kudurru casita que lleva su nombre, primer gran monumento de la antigüedad oriental que ingresó en las colecciones francesas^^.
Por lo que hace a España, tras los primeros reinados borbónicos, dedicados sobre todo a implantar una nueva administración y distintos usos, el reinado de Carlos III (1759-1788) supuso la reanudación de la proyección exterior.
Como siempre, América y el Pacífico recogieron la mayor parte de los viajes y expediciones científicas o de reconocimiento^^, y la cartografía marítima contribuiría con obras excelentes a la general reactivación científica, como sugiere el famoso Atlas de Tofiño^^.
Oriente no parece haber atraído especialmente la curiosidad de la época, pero razones políticas decidieron el envío de dos embajadas a Constantinpla, encabezadas ambas por sendos y excelentes marinos, Gabriel de Aristizábal y Federico Gravina.
La primera era portadora de regalos, y sancionaba la paz firmada en 1782.
La segunda se habilitó en 1788 para llevar al embajador turco en su viaje de vuelta a Turquía.
Un libro magnífico, publicado por Don José Moreno en 1790 y titulado Viaje a Constantinopla en el año 1784, difundiría la descripción del imperio, sus costumbres, instituciones y monumentos entre los españoles; del segundo.
Gravina y sus oficiales redactarían sendos informes que no verían la luz entonces, pero que son de una amenidad e interés excepcional, pudiendo contarse entre las buenas aportaciones de la literatura española de viajes a Oriente.
Lejos estaba Gravina entonces de imaginar que pocos años después, el destino la tenía reservado unir su nombre al desastre de aquella magnífica marina ilustrada en Trafalgar^^.
Pero el siglo de la Ilustración iba a acabar antes de que lo hiciera en el calendario.
En 1789 estalló en Francia la revolución burguesa y popular que liquidaría el Antiguo Régimen, uno los hechos mas trascendentales de la Historia.
Sus efectos se harían sentir en lo profundo del pensamiento humano, la cultura y la ciencia.
E incluso en la pequeña historia del viaje a Oriente.
Cinco años después de que Gravina anclara su nave en Constantinopla, llegaba a la ciudad el navio de Guillaume-Antoine Olivier, naturalista y enviado de la República a Irán.
A la vuel-ta preparía un libro de gran interés^^, pero quiso la fortuna que la expedición napoleónica a Egipto y la monumental publicación de sus resultados oscureciera las aportaciones de Olivier.
Y es que otros sentimientos y otros objetivos se estaban ya perfilando en el horizonte.
Notas ^ La primera edición holandesa (1711) de mil ejemplares, publicada en Amsterdam, que se titulaba Reizen over Moskovie, door Persie en Indie, fue dedicada al Duque de Brunswick-Lunenbourg y se agotó pronto.
En 1714 se hizo una nueva tirada, y cuatro años después, también en Amsterdam, se publicó una versión francesa.
En 1720 se editó en Londres la traducción inglesa, y ya en Francia se llevarían a cabo otras ediciones.
Jahrhundert und der Recueil Ferriol», en SIE-VERNICH, G. y BUDDE, H. (eds.) (1989): op. cit., pp. 305-323. ^ Conservado hoy en la National Portrait Gallery de Londres, el lienzo representa a la esposa del embajador vestida con un lujo suntuoso, paseando de la mano a su pequeño de cuatro años todavía, dentro de un interior decorado a la turca, abierto a un exterior en cuyo fondo parece distinguirse Istanbul.
Lady Mary está flanqueda por dos servidores turcos, una muchacha sentada que tañe un instrumento de cuerda, y una especie de mensajero que se acerca a ofrecerle una carta.
Representación y comentarios al cuadro en SIE-VERNICH, G. y BUDDE, H. (eds.) (1989): op. cit., pp. 816-817.' ^ Como se dice en la versión española, las cartas de Lady Mary no son comparables a otros ejemplos de la literatura de viajes, los detalles fallan bastante y la geografía es limitada.
Pero su visión femenina es capaz de entrar en temas y ambientes a los que nadie antes había accedido, y en su conjunto son documentos francamente interesantes.
Fi-LIPETTO, C. y PALLEJÁ DE BUSTINZA, V. (eds.) (1998): Cartas desde Estambul de Lady Mary Wortley Montagu.
Incluye un prólogo de Hugh Thomas.
^ Una excelente versión española en, MONTESQUIEU (1997): Cartas persas.
Edición de F J. Hernández.
Ediciones Cátedra, S. A., Madrid. |
blime Puerta Otomana, con el propósito de estrechar los incipientes lazos establecidos entre ambas Cortes a raíz del Tratado de Amistad y Comercio suscrito dos años antes, en septiembre de 1782^.
Testimoniar al sultán turco los buenos deseos del monarca español a la vez que hacerle entrega, en su nombre, de unos valiosos presentes era, pues, el cometido de la flotilla de tres naves -a la que se añadió luego una cuarta-que, al mando de don Gabriel de Aristizábal y Espinosa partía del puerto de Cartagena el 24 de abril de 1784 rumbo a Constantinopla, adonde llegaría el 10 de septiembre del mismo año, después de una larga travesía no exenta de incidentes.
Consta el manuscrito de cuarenta y cinco folios de texto, de buen papel tamaño 37x53 cm., escritos a razón de 33 líneas por plana con letra de la época, de una sola mano y excelente factura, numerados correlativamente a lápiz en fecha reciente.
Y lo que es más digno de resaltar por su singularidad y belleza: incluye además cuarenta y siete dibujos de extraordinaria perfección y finura de trazos, algunos de los cuales por su gran formato, se extienden sobre hojas plegadas.
Hechos a pluma y coloreados a la acuarela en su mayor parte, llevan muchos de ellos la firma del artista que los realizó.
En tales dibujos quedan reflejadas diversas escalas de la derrota seguida por la expedición -Malta, Siracusa y el paso de los Dardanelos, entre otras-, así como los más importantes monumentos históricos de Constantinopla -Santa Sofía, Hipódromo, los tres Obeliscos-, y la perspectiva de la ciudad desde diferentes ángulos -monte Escútari, Pera, etc.-, con una panorámica de los tres castillos que guardan la entrada del Canal.
Y junto a estos dibujos de carácter toponímico, otros vienen a ser el testimonio gráfico de experiencias vividas durante la travesía -el reflotamiento de una de las naves que encalló en el paso de los Dardanelos-, o informan acerca de cuestiones que, obviamente, habían de atraer la atención de los expedicionarios, como las fortificaciones otomanas del Danubio, las piezas de artillería utilizadas por el ejército turco, los diferentes tipos de barcos de su armada y el mecanismo de transporte que empleaban para conducirlos a las atarazanas, el arsenal de Constantinopla o el sistema de abastecimiento de agua a la ciudad mediante un acueducto que arrancaba de Burgas, etc.^ Por lo que respecta al texto, incluye claramente diferenciadas las dos partes que se anuncian en el epígrafe inicial del manuscrito: el diario de la navegación en sí, y la información sobre el imperio turco.
Con minucioso detalle se relata, dentro del primer apartado, la ruta seguida, mediciones realizadas y lugares visitados, así como las incidencias surgidas durante el viaje.
Y conviene señalar que algunos de los lugares recorri-
Estudio del manuscrito 11-1051 de la Real Biblioteca de Madrid que contiene el relato de la embajada de buena voluntad enviada a Constantinopla por el monarca Carlos III en 1784, con el fin de afianzar los incipientes lazos establecidos entre España y Turquía, a raíz del Tratado de Amistad y Comercio suscrito dos años antes.
La expedición, portadora de ricos presentes para el soberano otomano, estaba integrada por cuatro navios al mando de Gabriel de Aristizábal, cuya biografía se incorpora, extraída de un documento ajeno al manuscrito.
La derrota seguida y las vivencias de los expedicionarios en tierras turcas, constituyen el núcleo del relato.
La Real Biblioteca de Madrid cuenta entre sus fondos manuscritos con el informe original que Gabriel de Aristizábal presentó al monarca español Carlos III al regreso del viaje que realizó a Constantinopla por mandato real, con fines de embajada.
Bajo un largo título -"Extracto del Diario de la Navegación hecha a Constantinopla en el año de 1784 por la Esquadra de S.M.Cca. al mando del Brigadier de la Real Armada Dn.
Gabriel de Aristizábal, con algunas observaciones politicas del Imperio de los Turcos, según permitió su corta mansion en aquel Puerto, y Corte Otomana"-, las páginas del manuscrito, signado como 11-1051 en la ordenación de la Biblioteca, incluyen el relato de aquel viaje que fue la primera misión diplomática enviada por el citado monarca español a la Su-Gabriel de Aristizabal y su viaje a Constantinopla.
dos por los expedicionarios durante la travesía eran totalmente desconocidos para ellos, ya que los marinos españoles hacía mucho tiempo que no los frecuentaban.
Concretamente, en palabras del propio Aristizábal, desde «el tiempo de las Cruzadas, pues es la última ocasión en que la guerra llevó nuestras banderas a esta parte... y jamás había ocurrido el ir de paz hasta ahora».
Tal era el caso del Archipiélago del Egeo y también del Helesponto.
De ahí que hubieran de contratar los servicios de expertos navegantes, conocedores de la zona, para cubrir dichas etapas.
No obstante, los expedicionarios supieron sacar provecho de estas nuevas experiencias, y, en función de sus propias observaciones, procedieron a rectificar bastantes de los datos erróneos y mediciones equivocadas que figuraban en las cartas y documentos que manejaban.
Varios son los pasajes del manuscrito donde quedan consignadas tan oportunas correcciones.
La segunda parte del texto contiene multitud de noticias sobre Constantinopla, con información acerca de su clima y de sus monumentos, así como toda suerte de detalles relativos a las costumbres y forma de vida de sus habitantes, en los más variados aspectos.
Tales noticias no son sino el fruto de unas vivencias y el resultado de unas observaciones personales y directas: las de aquel grupo de españoles que, en cumplimiento de su misión, permanecieron en la capital otomana más de cuarenta días -43 exactamente-, durante los cuales se mostraron siempre interesados en captar la realidad de un país que por fuerza había de resultarles exótico y diferente.
Es por ello que la información recogida en las páginas del manuscrito conforman, en verdad, todo un completo cuadro socio-político-religioso de la Constantinopla de finales del siglo XVIIP.
Ahora bien, pese a la importancia de este viaje, la figura del jefe de la expedición, Gabriel de Aristizábal, no resulta fácil de perfilar ya que, sorprendentemente, son muy pocos los tratadistas que se han ocupado de su persona.
Para ser exactos, apenas contamos con otros datos biográficos que los recogidos por el abogado José María de Antequera en un breve estudio, escrito en tono apasionado y con el estilo ampuloso propio de la época, conservado en unas hojas mecanografiadas^.
Se dice en él que Gabriel de Aristizábal y Espinosa nació en Madrid el 25 de marzo de 1743 y que era hijo de don Nicolás de Aristizábal, caballero de la Orden de Santiago, y de doña Rosa Espinosa, quienes se preocuparon con todo cuidado de la formación del muchacho y encauzaron su vocación hacia la carrera de las armas.
En este camino, a los 17 años ingresó como guardiamarina en la Real Academia Naval de Cádiz, donde «sobresalió entre sus compañeros por su aplicación y talento», afirma Antequera, Gabriel de Aristizábal y su viaje a Constantinopla. destacando de modo especial en el estudio de las Matemáticas y de las lenguas antiguas y modernas, de las cuales «aprendió con perfección el latín, italiano, inglés y financés».
Acabada su instrucción teórica en la Academia, inició la práctica marinera navegando durante cinco años en diferentes barcos por la ruta de las Azores y de las Filipinas e intervino en algunas acciones de guerra contra los ingleses.
De regreso a España, era promovido a Alférez de fragata en febrero de 1766, y poco más de un año después ascendía un nuevo peldaño en su carrera al obtener el grado de Alférez de navio, siendo destinado al Departamento de Cartagena.
Dos años permaneció Aristizábal en esta ciudad dedicado a ampliar los conocimientos teóricos de su profesión mediante el estudio, al cabo de los cuales recibió la orden de embarcar en la fragata Astrea que partía hacia Manila.
Al llegar a esta capital el 9 de agosto de 1770, después de una accidentada travesía, supo de su ascenso a Teniente de fragata, efectivo desde el 18 de diciembre del año anterior.
Su estancia en Filipinas comenzó con buen pie ya que apenas transcurrido un mes de su llegada, el Gobernador y Capitán General de aquellas Islas le designó para el importante cargo de Comandante del arsenal y ribera del puerto de Cavité.
Y al año siguiente, el mismo Gobernador le encomendaba nuevas tareas aún más relevantes al nombrarle Comandante General de Marina de las Islas Filipinas.
Como señala José María de Antequera, no deja de sorprender que la elección para puesto tan destacado recayese en un joven de la edad de Aristizábal, que contaba por aquel entonces sólo 28 años.
Ello contrastaba, evidentemente, con todo el sentir de la época, inclinada a primar la veteranía y la experiencia sobre la juventud^.
Quizá pudieron influir en el ánimo del Gobernador la eficacia y celo demostrados por Aristizábal en el desempeño de la primera misión que le encomendó, así como el conocimiento que poseía de aquellos territorios, adquirido en su etapa de guardiamarina.
En cualquier caso, el nuevo Comandante General no defraudó la confianza puesta en él.
Antes bien, en su nuevo cargo se comportó siempre como experimentado marino y también como un excelente administrador.
Durante su mandato, y por iniciativa suya, se realizaron importantes obras de construcción de interés naval, a la vez que dedicaba todo su esfuerzo a la lucha contra los piratas que infestaban aquellos mares quebrantando seriamente el comercio y la navegación.
El éxito le acompañó en esta empresa y fueron muchos y señalados los triunfos que obtuvo en los tres años que estuvo al frente de la Comandancia de Marina de las Filipinas.
Ascendido a Teniente de navio en 1774, el mismo año en que murió su madre, regresó a España con la aureola de la buena gestión realizada en la lejana colonia.
Varios hombres de Estado, llevados de su fama, solicitaron de él noticias acerca de la situación en las Islas, pidiéndole parecer sobre las reformas que precisaba la gobernación de las mismas tanto en el aspecto militar como en el puramente administrativo, cuestiones éstas abordadas por Aristizábal en una extensa memoria que escribió por entonces, la cual obraba en poder de sus descendientes por el tiempo en que Antequera redactaba la biografía del personaje.
Luego de residir dos años en el Departamento de El Ferrol adonde fue destinado, a partir de 1776 «su carrera activa siguió ya esa marcha rápida que no podía por menos de seguir, atendida la grande reputación que había adquirido», en palabras de Antequera.
En efecto, de 1776 a 1782 obtiene los ascensos sucesivos de Capitán de fragata (febrero 1776), Capitán de navio (mayo 1778), y Brigadier de la Armada (diciembre 1782), año este último de especial significado para las armas españolas que lograban recuperar la isla de Menorca para la Corona de España, poniendo fin con ello a un largo periodo de 74 años de soberanía británica.
Pero sin duda alguna, el 31 de agosto de 1783, fecha de su designación como Comandante de la primera embajada que el rey Carlos III enviaba al sultán turco, marca el punto culminante de la carrera profesional de Aristizábal.
Muchos de los honores y distinciones que alcanzaría luego del monarca Carlos III serían la consecuencia lógica del éxito obtenido en esta misión.
El más inmediato, el nombramiento de Jefe de escuadra el 14 de junio de 1785.
Y muerto este soberano, Aristizábal siguió prestando nuevos y señalados servicios a su hijo y sucesor Carlos IV y a la Marina española.
Ascendido a Teniente General en 1791, dos años más tarde se le encomendaba el mando de una escuadra destinada a América con la misión especial de salvaguardar el comercio español en aquellas latitudes y prestar escolta y protección a los barcos que transportaban a la metrópoli remesas de fondos y mercaderías, los cuales eran hostilizados de continuo por corsarios afincados en la isla de Santo Domingo, en la parte sometida al dominio francés.
Aristizábal cumplió su misión de proteger a los convoyes, al tiempo que emprendía una victoriosa acción de guerra contra el enclave francés de Fuerte-Delfín, en la isla de Santo Domingo, que se rindió a él por capitulación haciéndole entrega de gran cantidad de piezas de artillería y munición.
La noticia de esta victoria incruenta tuvo amplia repercusión y produjo un doble efecto, psicológico y político.
La Gaceta de Madrid, en su número del 1 de abril de 1794, recogía los pormenores de la misma, mientras el monarca honraba al hombre gue la había hecho posible con la distinción de «Gentilhombre de Cámara con entrada».
Gabriel de Aristizábal y su viaje a Constantinopla.
La vida de Aristizábal tocaba a su fin cuando en 1800 regresó de su misión americana.
Pero en los cinco años que mediaron hasta su muerte todavía tendría ocasión de subir el último escalón de su carrera militar al ser nombrado Capitán General del Departamento Marítimo de Cádiz en 1802.
Tres años después, a los 62 de edad, moría en la Isla de León el 5 de junio de 1805, dejando tras de sí un largo historial de servicios prestados a la Marina y a España durante los 45 años que duró su actividad profesional.
Por suerte para él la muerte le libró de conocer el gran desastre que la Armada española sufriría en Trafalgar sólo cuatro meses después.
Junto a los datos esencialmente cronológicos que José María de Antequera recoge en la biografía de este ilustre marino, apunta también otros varios relativos a su carácter y personalidad que permiten bosquejar su semblanza humana.
Resalta «el ánimo esforzado y sereno de este distinguido Jefe» y su condición de «hombre profundamente religioso: usando de sus triunfos con clemente benignidad, sufría sus desgracias con resignación cristiana».
Señala asimismo «el espíritu de estudiosa investigación que le guiaba en todas sus empresas y viajes» y sintetiza, finalmente, todos sus panegíricos definiéndole como «uno de esos hombres llenos de valor, de lealtad y de acrisolada honradez... modelo de finura y de distinguidas maneras; una persona dulce y afable en su trato, y bondadoso para cuantos le rodeaban y estaban a sus órdenes, y más aun para los desgraciados, cuyas miserias se complacía en socorrer».
Adornado con tantas y tan nobles virtudes que venían a añadirse a una competencia profesional acreditada, no era extraño que Carlos III pensara en Aristizábal como jefe de la misión diplomática que deseaba enviar a la Sublime Puerta, tras de la firma del Tratado de Paz con Turquía suscrito el 14 de septiembre de 1782.
En consecuencia, «determinó S.M. se procediese a la remisión de los regalos que las demás naciones han acostumbrado enviar en casos semejantes a la Puerta Otomana, para sellar el pacto y estrechar los vínculos de la amistad con esta nación».
Con tales palabras refleja nuestro marino el uso generalizado de los regalos en las relaciones de otros países con la Sublime Puerta, como culminación de pactos y alianzas.
Y consciente Carlos III de que los regalos «son emblema del poder que los remite», puso gran cuidado en la elección de los que proyectaba enviar al sultán otomano.
Pero el monarca español estaba persuadido, además, de que los turcos habrían de juzgar la valía y el poder de nuestra nación a través, precisamente, de la misión diplomática encargada de transportar y hacer entrega de los ricos presentes, y de la suntuosidad y prestancia que la rodeasen.
De ahí que procurara con todo empeño equipar adecuadamente la escuadra destinada a Constantinopla, «sin perdonar gastos ni escasear lucimiento», a fin de que pudiera causar la favorable impresión que se pretendía.
El 31 de agosto de 1783 confiaba el monarca el mando de la misma al Brigadier don Gabriel de Aristizábal quien tomaba posesión de su cargo en Cartagena el 2 de octubre de ese año.
Mientras, proseguían los preparativos de la escuadra inicialmente compuesta por tres unidades: los navios Triunfante y San Pascual, de 80 y 70 cañones, y el bergantín Infante que contaba 18 cañones, a los que se unió más tarde -el 5 de mayo de 1784-una cuarta unidad, la fragata Santa Clotilde, de 26 cañones, una vez iniciado el viaje cuando avistaban la isla de Menorca.
El Triunfante poseía una tripulación de 657 hombres y el San Pascual 556, en tanto que la fragata Santa Clotilde llevaba a bordo 231 y el bergantín Infante 121.
Todo el despliegue de hombres y barcos que supuso la embajada venía justificado por el deseo de proyectar ante la Sublime Puerta la imagen de España como potencia naval y nación fuerte.
Pero, marginalmente, tuvo también un aprovechamiento secundario en cuanto aquélla sirvió de medio de transporte para dos tíos del emperador de Marruecos en su desplazamiento a Constantinopla, los cuales viajaban acompañados de su correspondiente séquito y bagajes, amén de un caudal de cien mil doblones de su propiedad.
Asimismo figuraban a bordo los miembros de la familia del enviado extraordinario de España en la Corte Otomana.
Los preparativos de la escuadra quedaban concluidos a finales de marzo de 1784, de forma que en los primeros días del siguiente mes los barcos se hallaban ya listos para zarpar.
Los navios Triunfante y San Pascual, y el bergantín Infante, se hacían a la vela en la mañana del 24 iniciando así, «a favor del viento terral», la expedición a Constantinopla.
Tras de navegar por aguas de las Baleares y de Cerdeña, y después de una estancia de varios días en el puerto de Augusta, en Sicilia, la escuadra puso rumbo al Archipiélago griego.
Pero a tres leguas de la isla de Lemnos, encalló de proa el San Pascual en un banco de arena y los marinos españoles tardaron treinta horas en reflotar la nave.
Solucionado con éxito el incidente, llegó la expedición a Tenedos -la actual isla de Bozca Ada-, buscando allí la seguridad de un refugio donde aguardar el momento propicio para adentrarse en el Canal de los Dardanelos, la etapa más difícil y peligrosa de toda la travesía.
Cuando al fin entró en él, quedó sorprendido Aristizábal por la costumbre turca de disparar balas reales y no simples salvas de saludo, desde las fortalezas situadas a ambas orillas.
Como era lógico, el Jefe de la expedición no desaprovechó la Gabriel de Aristizábal y su viaje a Constantinopla... ocasión de anotar las características más notables de las fortalezas que encontró a su paso, tanto las situadas a la entrada del Estrecho -una en la orilla europea y otra en la asiática-, como las que había de más antiguo en los Dardanelos.
Y, además, dejó constancia gráfica de las mismas en sendos dibujos precisando, en la letra de los mismos, cuál era la colocación de las piezas de artillería y hasta el tipo de balas que arrojaban.
Una nueva avería del San Pascual obligó a detenerse la escuadra durante varios días hasta que fiíe reparada.
Finalmente, el 10 de septiembre fondeaban los barcos españoles en la bahía de Ceras, última etapa de su viaje, aunque sin hacer las acostumbradas salvas de saludo ni toque de campanas por haberlo solicitado así la Sublime Puerta, ya que el estrépito asustaba a la sultana, que se hallaba embarazada.
La contemplación de cuantas maravillas ofrecía Constantinopla a los ojos de los expedicionarios españoles debió marcar su ánimo con la impronta de una auténtica fascinación.
Y es que, entonces como hoy, esta ciudad produce en el viajero una sensación difícilmente traducible en palabras.
Aristizábal y sus hombres debieron quedar impresionados por la belleza del paisaje, si bien parece que no tanto por la de los edificios.
Sus palabras reflejan tal sentimiento: «...lo dehcioso de su terreno no tiene comparación.
Descúbrense largas distancias en que, por un lado, hace horizonte el mar y, por otro, hay dilatados campos y llanuras, interrumpidas de algunas montañas, que presentan una perspectiva dehciosa.
La más agradable que puede imaginarse es la que ofrece el Bosforo, pobladas todas sus orillas de casas (algunas muy buenas), de árboles y jardines.
A la verdad, no puede mejorarse su situación.
Y si concurriera con la naturaleza el arte, construyéndose los edificios según las reglas de buena arquitectura, en que son sumamente ignorantes y descuidados los turcos, resultaría un todo admirable».
Durante los casi treinta días que mediaron entre la llegada de la escuadra a Constatinopla y el momento de la recepción solemne ofrecida por el sultán otomano, Aristizábal y sus hombres desarrollaron todo un apretado programa de actividades de diversa índole.
Las de carácter diplomático ocuparon buena parte de ese tiempo.
Y era lógico que así fuese, pues no en balde el viaje tenía la consideración de embajada de buena voluntad, destinada a afianzar los lazos de unión con el Imperio turco.
Pero a sugerencia del Enviado español, comenzó Aristizábal su actividad diplomática contactando primeramente con los embajadores extranjeros acreditados en la capital turca.
Acompañado de sus oficiales acudió a cumplimentarles y su gesto fue correspondido por aquéllos con visitas a la escuadra sucediéndose, al propio tiempo, un intercambio recíproco de invitaciones a banquetes y recepciones.
Gabriel de Aristizábal y su viaje a Constantinopla...
Del lado otomano, los marinos españoles supieron granjearse asimismo la simpatía de este pueblo por su gallardía y disciplina y también, por qué no decirlo, por su prodigalidad, unido todo ello a la buena imagen que desprendían los barcos de la flota.
«A pesar de la indiferencia con que todo lo miran los turcos», apunta Aristizábal, fueron varios los personajes notables que acudieron a ver de cerca la escuadra y quedaron gratamente impresionados ante el aspecto de la misma.
Y hasta el propio visir, el dignatario más influyente de la Corte, «empeñado en dar a entender el aprecio que merecían a su soberano y a él mismo las armas españolas», tuvo la deferencia de invitar al Comandante general al real sitio de Aguas Dulces.
Los días fueron transcurriendo para los expedicionarios españoles entre la asistencia a los actos sociales referidos y el interés por adquirir un conocimiento profundo y amplio del país que visitaban.
Las costumbres de sus gentes, la economía, su sistema defensivo, la política, eran cuestiones todas que atraían la atención de nuestros compatriotas y a las que dedicaban buena parte de su tiempo, observando e indagando.
Y por fin llegó el día culminante, la audiencia del sultán, en la fecha del 6 de octubre.
Los regalos traídos desde España, tan cuidadosamente seleccionados por el monarca Carlos III, habían sido desembarcados hacía tiempo y permanecían depositados en tierra, a la espera de ser entregados al soberano otomano.
Aparte de ofrecerle la liberación de cuatro arráeces y de sesenta esclavos turcos, los barcos españoles llevaron hasta Constantinopla «16 cajones con chocolate labrado, 24 fardos con cacao, 4 cajones con quina, 4 con tabaco de polvo habano, 1 con una pequeña vajilla de oro, 4 con una vajilla de plata, 13 con varias piezas de tisú de oro y plata, 21 con distintas piezas de paños exquisitos y algunas de lana de vicuña, 1 magnífica tienda de campaña».
Todos estos regalos procedentes de España se incrementaron luego con otros adquiridos en la propia Constantinopla, consistentes en valiosas alhajas y objetos de uso personal recamados de pedrería.
Llegados a este punto, una cosa sorprende en la lectura del manuscrito.
Y es el silencio que guarda Aristizábal acerca de su entrevista con el sultán.
Ninguna palabra escribe a este respecto, extraña actitud tratándose del momento culminante de su misión.
Quizá la explicación de este silencio pudiera hallarse en el desagrado que debió producirle toda la parafernália que rodeó la audiencia, si se desarrolló -como es de suponer-conforme al ceremonial acostumbrado para esta clase de actos en la Corte otomana.
El mismo Aristizábal describe con amplitud cuál era este ceremonial bastante más adelante, en la segunda parte del ma-nuscrito, aunque trate el tema en términos generales y no intente reflejar su propia experiencia personal.
Sus palabras revelan en este punto verdadera indignación ante la serie de humillaciones a que se veía sometido cualquier embajador extranjero que acudía a la presencia del sultán, como forma de resaltar, por contraste, la personalidad de éste.
Sin duda alguna el marino español debió sufrir también esas mismas vejaciones en su audiencia con el sultán, víctima, al igual que los demás embajadores, de ese ceremonial degradante que describe con acritud e indignación.
Pero lo hace no como protagonista sino como pudiera describirlo un espectador cualquiera, hablando siempre en tercera persona: «se envían los regalos de la Puerta el día antes de la audiencia y se cita, en todo tiempo, al ministro extranjero para antes de amanecer.
Pasa con su acompañamiento de Pera a Constantinopla y aguarda en un cuarto humilde al Introductor de Embajadores».
Cumplida la misión que les había llevado a tierras otomanas con la entrega de regalos y la entrevista concedida por el sultán el 6 de octubre, los expedicionarios españoles permanecieron en la capital turca algún tiempo más, hasta el 24 del mismo mes, dedicados a ultimar sus investigaciones sobre aquel país.
Y toda la información relativa al Imperio turco y las costumbres de sus gentes que pudieron recoger en los 43 días que duró, en total, su estancia en Constantinopla es lo que constituye el interesante corpus de variopintos datos que conforman las «Noticias de la capital de Turquía», segunda parte del manuscrito.
De sus monumentos, el emisario español centra su atención en describir los que él pudo ver, aquéllos que adornaban la ciudad de su tiempo.
Y comienza por el Serrallo o Palacio del sultán, ubicado en la Punta del mismo nombre.
El terreno que ocupaba este palacio, con sus jardines era enorme, y en las zonas destinadas al uso privado del soberano, destacaba claramente «la opulencia y suntuosidad, pero sin gusto ni lucimiento».
El emplazamiento del palacio, en la parte más alta de la ciudad, permitía al sultán disfrutar de una vista inigualable en la que se alternaban el espacioso prado de Calcedonia con las montañas de Asia, cubiertas de arboleda, o las siluetas de la iglesia de Santa Sofía y del Hipódromo, mientras podía contemplar, al propio tiempo, el incesante ir y venir de los barcos por el Bosforo y, más en la lejanía, los extensos campos de la Tracia.
En este entorno de incomparable belleza vivía el sultán otomano «en cuanto lujo es imaginable» y «sin fatigarle las riendas del gobierno, cedidas a sus ministros», dedicado sólo a disfrutar de sus esclavas georgianas y circasianas.
La mezquita de Santa Sofía, el Hipódromo y sus monumentos, el templo que Justiniano erigió en honor de san Baco, la Cisterna, los obeliscos Gabriel de Aristizábal y su viaje a Constantinopla... de los emperadores Constantino y Marciano, la iglesia de los Santos Apóstoles, fueron otros de los monumentos que los españoles recorrieron durante su permanencia en Constantinopla y de los que dejaron constancia gráfica en dibujos realizados por orden de Aristizábal junto a las descripciones literarias de los mismos.
Si los edificios antiguos de época bizantina despertaron la admiración de Aristizábal, no ocurrió igual con los de época otomana, excepción hecha de las principales mezquitas.
La arquitectura otomana, evidentemente, no agradó al marino español.
«La falta de gusto en la Arquitectura -afirma-priva a esa ciudad de nobles edificios que la hermoseen, porque ni las obras públicas ni las casas de los poderosos, aunque grandes, guardan proporción ni concillan el gusto».
En sus paseos por la ciudad, los españoles recorrieron las calles que, «por lo general, ni son anchas ni derechas», y visitaron el zoco o mercado, cuyo tamaño -aunque no pudieron medirlo con exactitud-«no es, al parecer, menor de un cuarto de legua y la mitad de ancho.
Todo este edificio es de mampostería y techado de bóveda, para disminuir el peligro de fuego de que no se ha eximido alguna vez».
Las tiendas de los artesanos dedicados a la comercialización de un mismo artículo se hallaban agrupadas en él por calles, a la manera de nuestros gremios, algunas de las cuales eran «de regular anchura y bastante claridad, pero otras son muy angostas y oscuras».
Ahora bien, lo que mayormente sorprendió a los españoles fue la extraordinaria abundancia de toda clase de productos, reveladora de un gran consumo.
Dentro de la especialización que presidía la organización del mercado, las calles de los plateros atrajeron de forma notable la atención de los viajeros por la riqueza ostentosa de sus tiendas, repletas de joyas engarzadas de pedrería.
Los comerciantes disponían de pequeños almacenes o depósitos en unos edificios llamados hartes (janat), construidos sólidamente en piedra, con puertas y ventanas de hierro, donde guardaban, bajo llave, sus mercaderías y dinero.
Tales edificios contaban con la protección del gobierno, interesado en estimular la actividad comercial y que, de hecho, los defendió más de una vez «con tropa, a costa de muchas vidas, cuando el populacho sublevado ha querido asaltarlos».
Uno de los temas tratados por Aristizábal con mayor amplitud es el referente a la vivienda.
Bien es cierto que centra su interés en las grandes mansiones, pertenecientes a individuos de un estrato social elevado.
Característicos de esas casas privadas eran los «miradores que llaman chiuskos», provistos de tarimas bajas alrededor, que cubrían con ricas telas y cojines, bordados a veces con perlas y piedras finas.
En estos quioscos hacían los señores gran parte de la vida ordinaria: recibían las visi-tas, tomaban café y fumaban tabaco en pipas persas o turcas, «y como la rinconada ofrece más comodidad, es entre ellos el puesto de preferencia».
Las casas grandes acostumbraban a tener las habitaciones privadas en la planta superior, a un lado las de los hombres y a otro las de las mujeres, comunicados ambos sectores por un estrecho pasadizo que sólo podían franquear el señor de la casa o los eunucos, individuos estos últimos sobre quienes vierte el marino español su desprecio tachándoles de «miserables ministros de la desconfianza, indignos de contarse entre los hombres».
En la zona de las mujeres, llamada harén (haram), vivían éstas una especie de 'reclusión dorada' ya que el amo «nada economiza para el mayor lucimiento de su harén y para el personal de sus mujeres y esclavas favorecidas, intentando deslumbrar la opresión con la magnificencia».
El harén era, pues, un claro exponente de la riqueza de su propietario.
En ninguna casa de prestancia podían faltar los baños, «revestidos de mármol, con su estufa oculta», situados en la zona de los hombres y, normalmente, utilizados sólo por éstos.
Como excepción, los había también en los harenes de los palacios de las sultanas y de algunos potentados.
Pero lo habitual era que las mujeres acudieran a los baños públicos de la ciudad «que son de piedra, muy cómodos, en figura ovalada, con muchas claraboyas en el techo cubiertas de bombas de cristal».
Solían bañarse allí desnudas por completo o vestidas con alguna prenda muy fina y ligera, atendidas en todo momento por sus esclavas, y «pasan del baño frío al caliente sin resfriarse».
Tocado incidentalmente el tema de la mujer dentro del contexto general de la vivienda o de los baños, Aristizábal pasa luego a considerarlo de manera específica y con mayor profundidad.
Y empieza anotando la ropa de vestir que utilizaban fuera de casa, puntualizando las diferencias que existían en este aspecto entre los distintos grupos étnicos o confesiones religiosas.
Todas las mujeres turcas, excepto las griegas, llevaban como prenda de calle «un gabán hasta los pies, con un gran pañuelo de muselina liado a la cabeza, que las cubre y ciñe el rostro sin dejar a la vista otra cosa que los ojos».
Ahora bien, en el caso de las turcas ese gabán era preferentemente de color verde o rojo, y las botas y chinelas que calzaban de tafilete amarillo, colores éstos «vedados a las que no son mahometanas».
Las turcas, además, solían llevar el rostro más cubierto que las otras etnias pero, a veces, «las que saben que no son feas, suelen padecer algunos descuidos para llamar la atención, manifestando las perfecciones de su cara».
Las mujeres armenias, a su vez, mostraban menos cuidado en ocultar sus facciones, mientras que las judías y las grie- gas las llevaban descubiertas por completo.
Tal indumentaria era «tan desairada como propia a disfrazar la persona y ocultarla del más celoso marido».
Curiosamente, pues, Aristizábal relaciona la infidelidad conyugal de la mujer turca con su manera de vestir fuera de casa, ya que ésta contribuía a hacerla pasar desapercibida a la vigilancia del marido.
Es más, apunta como algo habitual tal conducta femenina, al tiempo que señala como frecuentados lugares de citas clandestinas las tiendas de los judíos «que, siendo bien pagados, no se desdeñan de hacer [de] sus casas lupanares».
Y llega a justificar las relaciones extra-matrimoniales de las mujeres, presentándolas como una forma de reaccionar contra la tiranía y opresión a que se veían sometidas por parte del marido.
En realidad, las relaciones ilícitas en la sociedad otomana eran practicadas tanto por el hombre como por la mujer, pero, eso sí, dentro del más estricto sigilo y procurando siempre no dar escándalo.
De suerte que, «aunque se arda la ciudad en tratos ilícitos, se oculta enteramente a la vista del público».
Una breve referencia al tipo de diversiones habituales en la sociedad otomana, masculina y femenina, cierra en el texto las páginas dedicadas a la mujer.
Presenciar la danza de esclavas y bailarines o los combates de luchadores, montar a caballo y escuchar casi en silencio el murmullo del agua que corría en arroyos y surtidores, eran algunas de tales distracciones.
Y es que la dulzura del clima parecía que rechazara «todo estruendo y ejercicio violento, inspirando el silencio, el sosiego, y la aversión al trabajo, como inútil, en donde vive tan de asiento la abundancia».
Aristizábal constató la profunda decadencia en que estaba sumida la Turquía otomana, antaño tan formidable, que lejos de pensar ahora en acometer «piensa sólo en defenderse».
Y es que no podía hacer otra cosa.
Las gentes habían perdido todo espíritu combativo y vivían dedicadas a la inactividad y al lujo, nada conocían de los nuevos adelantos en el arte militar, contaban con un ejército numeroso pero en el que había realmente pocos soldados capacitados, y, para remate, las «gentes de letras», los ulemas, mantenían una notoria rivalidad con los altos jefes militares.
«Cualquiera de estas causas produciría por sí sola la pérdida de un reino» y, todas ellas juntas, habían llevado a Turquía a aquella situación de decadencia.
Curiosamente, Aristizábal anima a las potencias europeas a aprovecharse de «la presente coyuntura de flojedad, desaliento y humillación en que se ven los turcos para estrecharlos a sus primeros confines», palabras bien poco diplomáticas, escritas por una persona que, aunque circunstancialmente, había actuado como embajador de buena voluntad.
Los preceptos coránicos y la Sarl'a (turco, Serlat) o ley religiosa sunni, constituían el fundamento del estado otomano y también de su ordena- Gabriel de Aristizábal y su viaje a Constantinopla. miento jurídico.
El estudio del texto sagrado y la interpretación de la Sériât eran competencia de los «hombres de letras», los ulemas, quienes se habían erigido en «depositarios de la Ley y del Derecho y, como tales, gozaban de la veneración del pueblo.
Hasta el propio sultán les respetaba y hacía objeto de exenciones y privilegios, como el muy señalado de poder heredar y dejar, a su vez, bienes en herencia en contra de la situación de los demás funcionarios públicos, de cuyos bienes muebles era único heredero el sultán, mientras el estado lo era de sus bienes raíces.
Lógicamente, todo lo concerniente a la milicia turca tenía que despertar de modo especial la atención de los expedicionarios españoles.
Por ello no es de extrañar la abundancia de noticias que proporciona el manuscrito acerca de los distintos cuerpos del ejército y sus mandos, sistema de recluta, armamento y, en definitiva, la organización militar del Imperio otomano en aquella centuria decimoctava.
La evocación del pasado era, sin embargo, inevitable tratándose de un ejército que, en otro tiempo, tuvo aterrorizado al mundo occidental.
E inevitable también la comparación entre lo que fue y la realidad del presente.
Y en este recuerdo del pasado, Aristizábal reconoce a los turcos el mérito de haber sido pioneros en la utilización de tropas regulares a imitación de los antiguos romanos, cuando en Europa se desconocía el uso de las mismas.
Mención preferente dedica al cuerpo de los jenízaros, formado antaño, desde el siglo XIV, por «muchachos de los enemigos que [Murad I] sojuzgaba a su Imperio.
Los hacía instruir y abrazar el mahometismo, ejercitar en las armas y acostumbrarse a los peligros».
Y cuando cesaron las conquistas y faltaron aquellos soldados de procedencia foránea, su lugar fue ocupado por turcos «que conservaban, aunque no imitan hoy, la gloriosa memoria de las acciones de sus predecesores».
Aristizábal apunta que «en el día habrá de ellos cien mil hombres distribuidos en las fortalezas fronterizas a los estados de Rusia y Alemania, y otros cuarenta mil de guarnición en la Capital, donde reside como gobernador de ella el agá, que es Comandante general de todo el cuerpo de jenízaros, extendiéndose su mando a las plazas y puestos que guarnece su tropa.
Su segundo se titula kulquiaya».
Este jefe de los jenízaros, además de percibir un sueldo elevado, disfrutaba de importantes privilegios, entre ellos la prerrogativa de ocupar la derecha del sultán en las apariciones públicas de éste.
Hasta que en el siglo XVI Jayr al-Dín Barbarroja creó la gran flota otomana que tantos días de gloria dio al Imperio, la marina había sido el punto débil de su organización militar.
Pero en la época en que escribía Aristizábal atravesaba la misma decadencia que el resto del ejército.
El hecho de que hubiera un solo arsenal, el de Gálata, era ya, para el marino español, un claro indicio de esa debilidad, máxime teniendo en cuenta que aquel arsenal «apenas merece el nombre de tal».
Los bosques de Moldavia abastecían de madera, Siberia proporcionaba hierro, y El Cairo, estopa y cáñamo, adquiriéndose en Francia y Gran Bretaña las agujas de marear y las anclas.
Aristizábal cifra el total de la fuerza naval turca en 22 navios de cincuenta a sesenta cañones, salvo uno de setenta; 14 fragatas, «desde corbetas hasta de 40 cañones»; 10 jabeques; y 9 galeras «que son de figura más regular».
Ahora bien, ninguno de estos barcos pudo ver de cerca el marino español pese a haberlo intentado, y se duele de ello sin indicar el motivo.
Su contemplación de los barcos fue, pues, desde lejos solamente, «al paso por el canal».
Pero aun en tales circunstancias, las características que pudo apreciar en ellos no le agradaron.
Cumplida la misión y tras prolongar su estancia en Constantinopla algunos días más, los expedicionarios españoles iniciaron el viaje de regreso a España.
El itinerario seguido en esta ocasión, así como las sucesivas etapas cubiertas figuran tratados en el manuscrito con mucha menor amplitud que las correspondientes al viaje de ida.
El mismo Aristizábal que no escatimó entonces en detalles para describir la derrota seguida, se muestra ahora, por el contrario, conciso y escueto en sus apreciaciones.
Por fin, tras de algunos contratiempos, al anochecer del día 14 conseguía la escuadra española abandonar las peligrosas aguas del Archipiélago, y lo hacía «por donde había entrado», prosiguiendo la navegación rumbo a la isla de Malta.
Luego de pasar la obligada inspección sanitaria, los barcos españoles fueron autorizados a entrar en el puerto de Marsa Muschet donde fondearon el 9 de diciembre.
La estancia en esta isla se prolongó más de lo necesario por haber recibido una Real Orden de Carlos III disponiendo que quedaran en Malta los barcos españoles hasta tanto no estuvieran preparadas dos galeras que habían sido adquiridas al Gran Maestre, con el fin de que realizaran juntos el viaje a España y pudieran prestar a aquéllas adecuada protección.
Finalmente, toda la escuadra, incluidas las dos galeras últimamente adquiridas, se hacía a la mar el 2 de mayo y llegaba al puerto de Cartagena el 31 de mayo de 1785.
Cuatro días más tarde, a bordo del navio Triunfante, el Comandante Aristizábal redactó el balance de gastos de la expedición, justificativo de los 315.000 reales de vellón que había recibido de la Real Hacienda al iniciar su viaje a Constantinopla, documento que se conserva actualmente en el Archivo Museo de Bazán.
El 7 de junio Aristizábal recibió la orden de presentarse en la Corte para informar al monarca de su viaje.
Del desarrollo de esta entrevista Gabriel de Aristizábal y su viaje a Constantinopla... apenas si conocemos algo.
Pero sabemos que fue entonces cuando presentó al rey el hermoso manuscrito objeto del presente estudio.
Y que, complacido el monarca con el resultado de la expedición, tuvo a bien recompensar al Comandante elevándolo a la categoría de Jefe de escuadra, y a varios de sus oficiales con distintos ascensos.
Notas ^ La apertura de relaciones diplomáticas con Turquía, tras siglos de enconadas luchas por la supremacía mundial, constituye uno de los logros más significativos de la política exterior del monarca español Carlos III.
En su etapa de rey de Nápoles había ya iniciado unas primeras negociaciones con la Corte otomana y concluido con ella un Tratado de Comercio y Navegación.
Y cuando en 1759 el entonces Carlos VII de Nápoles pasó a ocupar el trono de España, fue el propio sultán Mustafa III quien «entre las enhorabuenas que le significó con el motivo de su advenimiento al trono español, propuso la continuación de su alianza», como señala Aristizábal en la Introducción de su informe.
Pero los acuciantes problemas que acapararon la atención de Carlos III en los momentos iniciales de su reinado fueron retrasando el acuerdo con los turcos.
Ello no impidió, sin embargo, la existencia de conversaciones y contactos entre ambas partes, mantenidas «ya por varias embajadas extranjeras residentes en Constantinopla, ya por algún emisario del mismo sultán» sigue diciendo Aristizábal.
Pero las negociaciones definitivas las llevó a cabo, por parte española, don Juan de Bouligny, comisionado a tal efecto con carácter extraordinario ante la Corte otomana.
Y tuvieron su culminación en el deseado tratado de paz con el sultán Abd-ul-Hamid I, que fue firmado en Constantinopla el 14 de septiembre de 1782 y hecho público en España exactamente dos meses después, el 14 de noviembre.
Atrás quedaban tres largos años de difícil diálogo, superado finalmente por la consideración de la mutua conveniencia que suponía el tratado para las dos potencias.
Por lo que a España se refería, venía a significar la posibilidad de establecer lazos de análogo carácter con los países del Norte de África a fin de asegurar el comercio español en los puertos de Levante, tan amenazados siempre por la piratería berberisca.
Artículos de Paz y Comercio Ajustados con la Puerta Otomana en Constantinopla, a 14 de septiembre de 1782, por el ministro plenipotenciario de S.M. el Sr. Don Juan de Bouligny y el de la misma Puerta, el Haggi Seid Muchemed, Baxa, Gran Visir.
Una edición posterior del tratado fue hecha cuatro años más tarde, en 1787.
Vid. también SÁNCHEZ ORTEGA, M.H. (1989): Las relaciones hispano-turcas en el siglo XVIII.
Sin duda por error tipográfico, se atribuye en este artículo a Carlos IV el envío de la escuadra mandada por Aristizábal (p.l83).
Por otra parte, la autora no menciona el ms. de la Real Biblioteca, y quizá por desconocerlo, cita el Diario de Aristizábal con el título de «Travesía del Mediterráneo, avería del navio San Pascual, etc,» (p.
^ El texto y dibujos del manuscrito de la Real Biblioteca han sido reproducidos en mi libro El viaje de Gabriel de Aristizábal a Constantinopla en 1784.
^ El contenido de esta 2^ parte del texto se halla recogido por un capellán de la Armada llamado Antonio de Pereira, contemporáneo de Aristizábal, en el cartapacio que |
En este artículo comentamos el viaje a Constantinopla de Federico Gravina en el año 1788.
Apuntamos las líneas generales de las relaciones del Gobierno de Carlos III con el Imperio Otomano para señalar más adelante unos rasgos biográficos de Federico Gravina y las circunstancias que motivaron su viaje.
A su regreso escribió la Descripción de Constantinopla, texto en el que describe la ciudad, los vestigios de su antigüedad, sus murallas, sus mezquitas, el Serrallo, sus bazares y sus calles.
La obra constituye una aportación a la visión de la mentalidad ilustrada sobre el redescubrimiento de Oriente Próximo.
Las relaciones entre la Monarquía Hispánica y el Imperio Otomano fueron de abierta hostilidad durante los siglos XVI y XVII, debido a la hegemonía militar de ambos imperios que se disputan su expansión por Europa y el control del mar Mediterráneo, problema que se agrava por el fanatismo religioso de ambas partes.
Durante el siglo XVIII el cambio de dinastía producido con la instauración de los Borbones hace perder a los países ibéricos el papel de árbitros en Europa, al tiempo que el Imperio Otomano se va debilitando frente a la expansión de Rusia.
Por otra parte las corrientes Ilustradas que imperan en la mentalidad europea llevan a la Monarquía Hispánica a establecer proyectos de reformas profundas en la administración del Estado, tanto en el orden interior como en la política exterior.
En este contexto hay que situar la aproximación entre la Monarquía Hispánica y el Imperio Otomano.
El interés del Rey Carlos III por establecer la paz con las regencia de Marruecos, Trípoli y Túnez, lleva al Primer Ministro, el pragmático Floridablanca a enviar en junio de 1778, a D. Juan de Bouligny, joyero, natural de alicante y establecido en Sevilla, a negociar la paz con el Sultán Otomano Abdul Hamit I (1774-1789).
Bouligny llegó a Estambul el 5 de mayo de 1779 como Ministro Plenipotenciario, y tardó tres años en establecer con el Gran Visir Haggi Seid Muhamed Baxá, los Artículos de Paz y Comercio, de 14 de Septiembre de 1782, que fueron ratificados por el Rey Carlos III el 24 de diciembre de 1783 y por el Sultán Abdul Hamit I el 24 de abril de 1783.
Para reforzar la importancia del tratado, que era más psicológica que real, era necesario establecer un intercambio de regalos.
Floridablanca envío a Estambul una escuadra de guerra compuesta por dos navios y un bergantín al mando del Brigadier de Marina D. Gabriel de Aristizábal que partió de España el 24 de abril de 1784 y que no llegó a Estambul hasta el 10 de septiembre del mismo año.
Los representantes españoles fueron recibidos en Audiencia por el Gran Señor el 6 de octubre de 1784 y entregaron los regalos, entre ellos una magnífica tienda de campaña, una vajilla de oro, otra de plata, y numerosos cajones de piezas de tisú de oro y plata, otros con chocolate, cacao, quina y tabaco en polvo.
La estancia de Gabriel de Aristizábal en Estambul se prolongó durante 43 días, escribiendo un informe de la misma que con el título de Viaje a Constantinopla fue publicada en Madrid por José Moreno, en 1790.
También se hicieron cuarenta mapas y planos de Estambul y del Bosforo, así como plantas y alzados de edificios, alguno de los cuales publicamos en este artículo.
El protocolo hacía necesaria la devolución de la visita, por lo que Vasif Efendi vino a España como Enviado Extraordinario.
Se embarcó en un navio francés el 1 de julio de 1787 desde el puerto de Tophane, llegando a Barcelona el 25 del mismo mes.
Tras pasar la cuarentena, hizo su entrada el la Ciudad Condal el día 22 de agosto, con un numeroso séquito.
Viajando por Valencia y Cuenca, llegó a San Ildefonso (Segovia), donde fue recibido por Carlos III el 30 de septiembre.
Entregó al Rey de España tres sillar de montar, seis escopetas guarnecidas, telas orientales, café etc. Posteriormente fue a cazar con el Rey en El Escorial y visitó Madrid.
El 1 de abril de 1788 partía Vasif Efendi con su séquito desde Cartagena en una escuadra mandada por Federico Gravina y Nàpoli, llegando el 12 de mayo a Estambul.
D. Juan de Bouligny comunicaba al Rey de España la llegada de Vasif Efendi en estos términos: «Respecto a Vasif Efendi, por ahora no cesa de hacer elogios de la benignidad, generosidad y magnificencia de Su Majestad y de nuestra Corte en términos de reconocimiento y gratitud, asegurando a este ministro que la España es una gran potencia y amiga íntima de la Puerta»^ Durante los 31 días de estancia de Federico Gravina y su tripulación en Estambul visitaron la ciudad de la que quedaron maravillados.
Escriben: Se ven a cada paso casas, lugares y arboledas; las vueltas que da el canal y el ángulo que forma en el lado izquierdo la torre no permiten ver ninguna pequeña parte de él, así parece unida la costa de Asia a la de Europa, cuyo lado también está lleno de casas y entre ellas una y un jardín del Gran Señor, y toda la costa llena de árboles, todo lo que unido forma un conjunto, el más hermoso que pueda verse, y que no tiene igual según la mayor parte de los viajeros afirman, y así a nosotros nos lo pareció cuando fondeamos»^.
Se interesaron por la arquitectura de Santa Sofía, de las mezquitas, la basílica-cisterna, el Serrallo, el Bazar, los hamanes, y los alrededores de la ciudad como las Islas Príncipe, etc.
Durante su estancia en Estambul residieron en los navios y fueron recibidos por el cuerpo diplomático establecido en la ciudad.
El inicio del tiempo caluroso amenazaba con la extensión de una epidemia de peste, por lo que se les aconsejó regresar a España.
El 12 de julio salieron de Estambul, llegando el 14 de agosto al puerto de Cartagena.
A su regreso a España, y durante la travesía, escribieron la Descripción de Constantinopla, escrita por los oficiales de la fragata Rosa, mandada por don Federico Gravina, en que se restituyó el embajador turco a su país, texto que fue entregado a Carlos III en noviembre de 1788.
El texto se conserva manuscrito en la Real Biblioteca de Madrid y consta de 163 folios.
Es una descripción de la ciudad de Estambul y de la administración otomana en la segunda mitad del siglo XVIII, vista con los ojos del movimiento ilustrado europeo^.
La Descripción de Constantinopla de Federico Gravina constituye una aportación de primer orden al conocimiento de las relaciones hispano-turcas durante el siglo XVIII y es una visión de la mentalidad ilustrada europea sobre la cultura y el mundo otomano.
En las páginas siguientes vamos a exponer unos datos sobre el viajero y su obra.
Nacido en Palermo el 12 de septiembre de 1756, después de haber cursado estudios en el colegio Clementine de Roma, pasó a España, sentando plaza de guardiamarina en la compañía de Cádiz el 18 de diciembre de 1775.
Su primer destino de embarco fue en el navio San José.
En Marzo del año siguiente fue ascendido a alférez de fragata, embarcando en la fragata Clara, perteneciente a la escuadra del marqués de Casa-Tilly, que llevó a cabo la expedición contra las colonias portuguesas, transportando a las costas de Brasil al ejército del General Ceballos.
Conquistada la isla de Santa Catalina, Gravina fue comisionado para intentar la rendición al castillo de la Ascensión, lo que consiguió sin resistencia.
En el Río de la Plata, el 27 de febrero de 1777, dejando la escuadra su fondeadero cercano a la boca, la fragata Clara equivocó su rumbo, naufragando en los bancos del Inglés, y Gravina fue uno de los pocos que se salvó del naufragio; llegó a Montevideo en una lancha y allí paso destinado a la mayoría general, embarcando en el navio San José, y pasando después al San Dámaso, con el que regresó a Cádiz.
Ascendido a alférez de navio a mediados del año 1778, embarcó sucesivamente en los jabeques Pilar y Gamo, con los que cruzó por el Mediterráneo contra los corsarios argelinos, hundiendo a cuatro de ellos en un combate.
Una vez ascendido a teniente de fragata, se hizo cargo del mando del San Luis y con él concurrió al bloqueo de Gibraltar.
Por su brillante actuación fue promovido al empleo de teniente de navio, dándosele el mando del apostadero de Algeciras en destino de superior categoría.
Fue destacado a las fuerzas del general Ventura Moreno para la expedición de Menorca y en ella se distinguió en el ataque al fuerte de San Felipe.
Terminada esta campaña volvió a su apostadero, a hostilizar y bloquear de nuevo a Gibraltar.
Ascendido a capitán de fragata, mandó la flotante San Cristóbal.
Como capitán de navio, embarcó a las órdenes del general Luis de Córdoba en el Trinidad, hallándose en la acción que dicho almirante sostuvo contra la escuadra inglesa del almirante Howe; ésta, al fin, pudo pasar el estrecho aprovechando un furioso temporal y aprovisionar la plaza de Gibraltar, cosa que trataba de evitar la escuadra española.
A la vuelta al océano tuvo lugar otro nuevo encuentro, regresando la escuadra a Algeciras.
Gravina volvió a tomar el mando del San Luis, en el que hizo algunas presas; firmada la paz, lo llevó a Cartagena.
En 1783 tomó el mando de la fragata Juno, que formó parte de la escuadra de Barceló en el ataque a Argel.
En él se le dio el mando de todas En 1787 se encomienda a Federico Gravina el mando de la fragata Santa Rosa, perteneciente a la escuadra de evoluciones del general Lángara.
Realizó con ella cruceros de instrucción.
El día 18 de enero de 1788 recibió Federico Gravina en el puerto de Cádiz la Real Orden de pasar a Cartagena para desde allí dirigirse a Constantinopla llevando al embajador turco.
El 12 de febrero salió de Cádiz y el 18 llegó a Cartagena, donde tuvo la Real orden de movilizarse pronto y poner la fragata en disposición de poder transportar con la decencia y comodidad posible al enviado de la Corte otomana, Acmet Guasiff Effendi, que fue el primero que con tal carácter vino a nuestra Corte después de la firma de la paz con Turquía^.
Por carta de 22 de marzo de 1788, Federico Gravina informa que puede dar vela el día 29 si antes recibe el dinero necesario para el transpor-te^, y por carta de 29 de marzo comunica que está listo para dar la vela cuando le entregen los dos mil doblones sencillos para los gastos.
El día 30 recibe orden de salir esa misma tarde.
El día 1 de abril, al amanecer llegaron los equipajes del Embajador turco, y a las 10 de la mañana llegó el embajador, estando a las 11 listos, dando la vela.
Gravina informa que tuvieron tres días de viento de poniente bonancible y favorable, llegando hasta las islas de Mallorca y Menorca.
En las inmediaciones de esa última tuvieron un día de viento contrario, y en la noche, estando en frente del Golfo de León sobrevino de repente sobre una tumbonada, un furioso norte que hizo pedazos todas las gavias.
Luego abonanzó dicho viento y llegaron en un día a la vista de Cerdeña.
En ocho días llegaron a Sicilia.
Encontrando el 8 de abril unos navios de la religión de Malta, envió Gravina a su ayudante el teniente de navio D. Joaquín Valdês a cumplimientar el general, quien le cuenta que unos días antes había entrado en el puerto la fragata Santa Magdalena que los turcos habían obligado a El viaje de Federico Gravina a Constantinopla en 1788 salir de Constantinopla diciendo que no querían que buque alguno de país extranjero subsistiese en su puerto.
El comandante D. Luis de Villavicencio arribo a la Isla de Malta a las 4 de la tarde, donde entregó un pliego de la Corte, adquirió noticias de Constantinopla y reemplazó la aguada.
Los días 10 y 11 no pudieron salir por el viento contrario.
El Enviado turco rescató siete esclavos que se embarcaron como miembros de su comitiva.
Gravina y sus oficiales vieron al Gran Maestre de Malta.
Por fin, remolcada la fragata por 35 botes, salieron el 12 de abril de Malta.
El día 16 de abril recalan sobre el cabo Arcadia e islas de la Sapiencia en la Morea.
Vientos contrarios les obligan a buscar el abrigo de la isla del Cerico en la embocadura del archipiélago, y envían con un bote al alférez de navio D. Pedro Valdecano.
Pasaron a la isla de Mitilene, y desde ésta a la de Scio.
Continuaron por el golfo de Napoli, de Romania, de las islas de Milo, Argentero, Sensamo, islas Zea y Longa, y las islas de Hesane y Mitilene.
Gravina anota en su Diario de navegación: «...a cuyas islas y demás, tan famosas del archipiélago en el tiempo que florecieron los griegos y los romanos, ya solo el nombre les ha quedado de lo que fueron, pues apenas han quedado algunas ruinas de sus antiguos templos.
Nosotros solo hemos visto en el cabo Colonna un triste avance del famoso templo, y se ven todavía formado un ángulo de un cuadrilátero con trece grandes columnas, nueve a un lado y cuatro al otro»^.
El día 1 de mayo, pasaron entre la isla de Tenedos y la costa de Asia, donde estuvo la antigua Troya.
Gravina escribe: «Costeamos a menos de media milla toda la costa donde fue la ciudad de Troya, pero no observamos los mínimos vestigios de sus ruinas, y sí todo campo labrado, pues los sultanes para fabricar las grandes mezquitas que hay en Constantinopla han hecho transportar todas las piedras y mármoles que habían quedado»^.
El día 3 de mayo entraron en el Canal de los Dardanelos, donde señala que tienen dos castillos, situados en la mayor angostura del canal: Punta Europa y Cabo Janízaro (sic), que tienen su pequeña cindadela y los han fortificado nuevamente por ingenieros franceses después de la última guerra con los rusos en el año 1769.
Señala que siempre sale la corriente de este canal por las aguas que proceden del mar Negro.
El día 3 de mayo fondearon en el castillo de Asia en los Dardanelos, donde estuvieron seis días.
Allí fue el Cónsul de España.
Señala Gravina que no está permitido el paso de ningún buque de guerra entre los dos castillos si no tiene el firman que el cónsul presenta al Bajá Agá o gobernador del castillo.
Lo barcos mercantes no necesitan este requisito.
Allí fueron registrados en la Aduana para ver si llevaban géneros de contrabando.
El día 8 de mayo escribía Bouligny a Floridablanca dando cuenta de la noticia del arribo de la fragata Santa Rosa a los Dardanelos.
Informa igualmente «la peste continua en esta capital, aunque no con el mayor fomento»^.
Por su parte, la tripulación de la fragata Santa Rosa fue informada de la peste por la fragata francesa La Hiris, mandada por el caballero Orleans.
Tomaron precauciones: comprando comida, antes de recibirla a bordo la pasaron por agua salada.
El 6 de mayo recibieron el firman, el día 7 intentaron pasar el canal, lo que no les permitió el viento SO y las corrientes.
Por fin el día 9 de mayo a las 10 de la mañana pasaron el canal de los Dardanelos.
Saludaron con dos cañones de aviso, a los que respondieron los turcos con 13 cañonazos cada castillo, «tirando según su costumbre con balas de piedra, y de hierro, pasando varias de ellas inmediatas al buque, observamos que alcanzaban de un castillo al otro, y las vimos caer sobre la arena de la parte opuesta»^.
Gravina ordenó saludar con 26 cañonazos, «devolviendo tiro por tiro», a lo que los turcos respondieron con dos en respuesta a los dos primeros de aviso.
A partir de este punto, comenzaron a ver la ciudad por la parte de la puerta de Andrinópoli, y siguiendo delante el castillo de las Siete Torres, donde reside el príncipe heredero.
Escriben: «Se ven a cada paso casas, lugares y arboledas, las vueltas que da el canal y el ángulo que forma en el lado izquierdo de la torre no permiten ver ninguna pequeña parte de él, así parece unida la costa de Asia a la de Europa, cuyo lado también está lleno de casas y entre ellas una y un jardín del Gran Señor, y toda la costa llena de árboles, todo lo que unido forma un conjunto, el más hermoso que pueda verse, y que no tiene igual según la mayor parte de los viajeros afirman, y así a nosotros lo pareció cuando fondeamos»^^.
El día 12 de mayo de 1788, a las dos de la tarde llegó la fragata Santa Rosa al puerto de Constantinopla.
Desembarcó Vasif Effendi, «quien tanto en esta ocasión como en toda la navegación se manifestó muy contento del modo con que lo habíamos tratado, y del obsequio que siempre le habíamos hecho».
Gravina envío al teniente de fragata D. Cayetano Valdês con un pliego de la Corte para el enviado D. Juan Bouligny, a quien fue a ver con todos los oficiales y guardiamarinas, quienes fueron al día siguiente a comer a su casa, para más tarde visitar a los embajadores y ministros extranjeros.
D. Juan de Bouligny enviaba noticia a la Corte de esta llegada, en carta de 15 de mayo, en estos términos: «El día 12 fondeó en este puerto la El viaje de Federico Gravina a Constantinopla en 1788 nombrada Santa Rosa al mando de D. Federico Gravina, conduciendo de transporte al Ministro Plenipotenciario de la Puerta con su comitiva, que inmediatamente se desembarcó muy satisfecho y agradecido del trato y agasajo que ha experimentado durante la navegación de parte del comandante y oficiales.
Gravina me ha traído carta del Sr. Valdês de 14 de marzo por la que me encarga se cuenta con este buque para la elección prescrita en R.O. de 21 de febrero respecto a permanecer en este destino arreglada a las reales ordenes y a las circunstancias en esta fecha le contesto, que tomaré con el referido comandante la resolución la más conveniente, de que daré parte a V.E. por el primer correo.
Respecto a Vasif Effendi, por ahora no cesa de hacer elogios de la benignidad, generosidad y magnificencia de S.M. y de nuestra Corte en términos de reconocimiento y gratitud, asegurando a este ministro que la España es una gran potencia y amiga íntima de la Puerta.
Anteayer le cumplimenté sobre el feliz arribo, y me envió las Cartas de S.M. para el Sultán y Gran Visir, y las de V.E. para el mismo y Capitán Bajá, suplicando le hiciese una traducción en francés que facilitase la lectura y poder presentarlas al Gran Señor y demás, le complací al instante»^^.
El 13 de mayo fue el ayudante D. Joaquín Valdês a cumplimentar de parte de D. Federico Gravina al Capitán Bachá que estaba anclado con su escuadra compuesta de 36 buques entre navios, fragatas y otros menores, a la boca del mar Negro aguardando viento favorable para dar a la vela.
Subieron a Pera, lugar de residencia de los miembros del cuerpo diplomático, y fueron a casa de Bouligny, quien por estar enfermo envió a su hijo, D. Juan Bouligny, Secretario de Embajada, a acompañarles para visitar según costumbre a todos los embajadores y ministros extranjeros, quienes devolvieron el mismo día la visita al comandante y oficiales en casa del enviado o embajador de España.
Comieron en casa de Bouligny.
El 14 de mayo recibieron por medio de Bouligny, la noticia del nacimiento de una Infanta de España, hija de la Princesa.
Con tal motivo engalanaron los navios, y a las tres de la tarde dispararon 21 cañonazos.
El día 15, se vistieron todos de gala y fueron a saludar a nuestro Enviado por el suceso.
Comieron en casa del embajador de Inglaterra, y por la noche celebraron fiesta a bordo, con asistencia de más de cincuenta señores.
Gravina y sus oficiales estuvieron 31 días en Constantinopla.
Anotan en el Diario que estuvieron varias veces en la ciudad a ver sus grandes mezquitas, los panteones, sus mercados, las fábricas exteriores del Serrallo, las principales plazas, calles y demás fábricas públicas, fueron varias veces al canal del mar Negro, y a las islas del Príncipe, y a varios pa-El viaje de Federico Gravina a Constantinopla en 1788 rajes de la costa de Asia como en Calcedonia, en Scúteri, en Condili, estuvieron en el Arsenal y demás obra de marina, vieron varias casas de campo del Gran Señor y sitios de recreo, y demás obras públicas.
El 16 de mayo fueron a pasear a Pera, al campo de los muertos, donde entierran a los cristianos, griegos y armenios, donde hay un espeso arbolado, y es el mayor parque para ver la ciudad.
Vieron gitanos y muchas turcas, quedando sorprendidos por verlas en grupos y sin ningún hombre que las acompañase.
El sábado 17 fueron a Aguas Dulces, sitio de recreo del Gran Señor, «sitio delicioso por lo frondoso de sus árboles como por una presa de mármol donde las aguas que vienen del monte formando varios estanques, desembocan en el canal de donde venimos, y de sus aguas da el nombre»^^.
El domingo 18 de mayo invitaron a comer a bordo, para celebrar el feliz nacimiento del Infante D. Carlos todos los embajadores, enviados, encargados de negocios y secretarios de embajada y sus señores, acudiendo 32, vestidos de gala.
Pusieron los retratos de S.M. y de sus altezas los príncipes.
El día 19 fueron a comer en casa del embajador extraordinario de Nápoles, y el 20 a cenar en casa del Bailo de Venecia.
Por la noche celebró una gran fiesta de baile, donde concurrieron casi todos los señores del país.
El 21 de mayo fueron a ver la ciudad, acompañados por un dragomán y dos jenízaros.
Así lo narran los protagonistas: Vieron... «por fuera las principales mezquitas, Santa Sofía, Solimán y Sultán Hahmet Después fuimos a ver el mercado, es un vaso grande y donde una gran cantidad de judíos, de turcos y dé armenios venden todas las estopas de Asia y todos los géneros de lienzos de algodón y de hilo, todas las especies de Cerdeña, y de Nápoles.
Todos estos están en una sola fábrica, hay después otras varias calles contiguas anexas, a lo que llaman mercado, donde venden lanas, algodón, sables, alhajas de oro y plata, tafiletes, etc, y reina en estos parajes el buen orden como en cualquier otra ciudad política.
Dicha fábrica del mercado es muy vasta, pero oscura y sin primor alguno.
Todas las casas generalmente en Constantinopla son feas y pequeñas por fuera, unas pegadas a otras, y todas de madera.
Las calles también feas, estando mal empedradas y sucias, y sólo una hemos visto buena, que atraviesa casi toda la ciudad.
Fuimos a la plaza dicha del hipódromo, es grande y tiene en el medio una aguja sobre el gusto de los egipcios que hay en Roma, pero mucho más pequeña.
Vimos el panteón del presente Gran Señor, donde están enterrados sus hermanos e hijos»^^-El 22 de mayo fueron a comer a las islas del Príncipe, que describe, donde fueron invitados por el enviado de Suécia.
Comieron en el cam- Por carta de Bouligny a Floridablanca de 22 de mayo, comunica la sugerencia recibida, de hacer regresar en la fragata Santa Rosa al ministro marroquí con su comitiva, quien llegó a Constantinopla a bordo de la Santa Cecilia, esperando Bouligny contestación de la Corte^^.
El 24 de mayo tuvieron las primeras noticias de algún accidente de peste.
Por la tarde fueron a ver el arsenal y los buques de guerra que estaban anclados y preparados para salir al archipiélago.
El día 23 fueron a Belgrado, en las proximidades de la ciudad.
Anotan que a una milla del lugar hay un gran estanque que recibe el agua de los montes inmediatos, de donde pasa a Constantinopla.
Comieron en casa del embajador de Holanda y cenaron en casa del enviado de España.
El 26 de mayo por la tarde, fueron al cementerio de los turcos en Gálata.
El 27 de mayo fueron a ver los monumentos de la ciudad: Estuvimos varios oficiales, acompañados por un dragomán y dos jenízaros en Constantinopla a ver la mezquita de Santa Sofía, que es la más antigua, y fabricada por Constantino emperador para el culto divino, y para ver todas las particularidades dignas de atención.
Salimos de a bordo temprano, y fuimos a desembarcar en un muelle de madera, de los que hay varios al redondo de la ciudad, pero ninguno es de piedra, ni hecho con algún primor, apesar de que en varios de ellos desembarca el Gran Señor los viernes cuando va a la mezquita.
Entrados en la ciudad, fuimos primero a ver Santa Sofía, que es la mezquita más grande que hay.
Tiene dos cuerpos, en el primero van los turcos a orar, está cubierta de esteras y con muchas lamparillas, haciendo varios círculos.
Hay dos púlpitos como los nuestros a los lados y dos más bajos, pero más grandes y cuadrados, donde sólo suben los de la ley.
Tanto el cuerpo bajo como el alto están revestidos de mármoles muy finos y sostenidos de columnas de granito, las paredes donde no los cubren los mármoles están adornadas de mosaicos, el vaso es alto y la cúpula bastante grande, pero sin tener ninguna comparación con la de San Pedro, que será tres veces mayor en todas sus partes.
En el cuerpo alto hay contiguas varias piezas que eran todas revestidas de mosaicos, pero ahora apenas se ve señal de ello, pues los que los cuidan venden a cualquiera los pedazos de ello.
Yo compré varios por un duro.
En el cuerpo bajo de la izquierda en la entrada dicen está sepultada la hija de Constantino.
El Gran Señor tiene una tribuna particular hacia El viaje de Federico Gravina a Constantinopla en 1788 el fondo de la iglesia y hay otra para sus hijos y tiene entrada aparte, y lo mismo en las demás mezquitas.
Alrededor de la mezquita por fuera, a los cuatro vientos hay cuarto agujas con un caracol al interior, a cuyo extremo suben los derviches para llamar al pueblo a las horas de orar, que son particularmente a las 12 del día y de la noche en tiempo de Ramadàn, y en este tiempo iluminan con candilejas dichas agujas, que hace hermosa vista como hemos observado en los días de Ramadàn que nos hemos hallado.
Más tarde fuimos a ver la casa que llaman la Puerta, donde está el Diván y donde prende la justicia y donde tiene su audiencia el Reis Efendi.
Antes de entrar en dicha casa hay una puerta grande pero lisa y sin ninguna magnificencia, y de ella deriva este nombre, se entra en el primer patio y se ve una casa sin nada de particular, ni de grandioso, y lo mismo se observa en otro patio que le sigue, así, ni por dentro ni por fuera tiene nada vistoso ni digno de verse, a no ser por el nombre que tanta curiosidad mueve, por lo mucho que de ello siempre se habla y se nombra la sublime Puerta»^^.
«Pasamos después a la casa del Serrallo, tiene un recinto muy grande con su muralla que lo circunda; la puerta por donde se entra al primer patio es grande pero sin magnificencia alguna, a la izquierda en la entrada hay un poyo donde se ponen las cabezas de los decapitados.
En este primer patio es fácil el ingreso.
Allí dentro vimos la casa de la moneda, vimos todas las piezas de los artífices, y hacen acuñar todas las monedas.
Todos los cuartos destinados a obradores son indecentes, y no hay ninguna buena.
Vimos después el panteón del Sultán Hacmet, donde se distinguían los ataúdes del Sultán y de su hermano y de sus hijos, por un turbante que tenía encima el Sultán.
A lo último fuimos a ver la Cisterna, que llaman de mil y una columnas, en donde están en el día los que trabajan la seda y pagan por ello una cierta cantidad al Gran Señor.
Está en un alto de la ciudad y se baja a ella por una mala escalera.
Contamos 250 columnas y cada una es de 3, una encima de otra, de la mayor parte se ven las dos caras, pero la tercera nos dijeron estaba enterrada, pues echaron dentro de dicho vaso todos los escombros cuando hicieron la mezquita de Solimani, que está inmediata.
Las paredes que sostienen dicha fábrica que es cuadrada, son muy espesas, según parecen por dentro y por fuera, no se ven, pues el piso de la ciudad está casi a nivel del techo, donde por algunos agujeros se comunica la luz a dicha cisterna.
Algunos pretenden que no fue cisterna, sino un templo de los antiguos, y que sirvió después para refugiarse los cristianos en el tiempo de las persecuciones, pero la mayor parte dicen que fue cisterna, y este es el nombre que le dan.
Lo cierto es que es la cosa más digna de verse en Constantinopla por su tamaño y cantidad de columnas.
El día 28 de mayo fueron a merendar a Bardo, y el viernes 29 de mayo fueron a Büyükdere con el Secretario de Embajada y su mujer, D^ Teresa Timoni, señora franca de Pera, a comer en casa del embajador de Venecia.
Poco antes de las 12 vieron salir al Gran Señor de su palacio inmediato al arsenal.
Vieron la falúa del Gran Señor con la proa guarnecida de piedras preciosas y esmeraldas de bastante tamaño.
Se dirigía a la mezquita, donde entró con un cortejo de caballos ricamente enjaezados.
El 31 de mayo fueron a comer en casa del embajador de Inglaterra, donde vieron varios planos del canal, del mar Negro y de diferentes vistas de la ciudad y sus cercanías, varios planos de templos y edificios antiguos de Grecia.
Gravina pidió permiso para hacerse copiar los primeros por un pintor que estaba en su casa, permiso que le fue concedido.
El 31 de mayo, el enviado de España, comunica que con los calores, y en el barrio franco, se está produciendo mayor fomento de la peste, por lo que conviene la salida de Constantinopla, en dirección a Malta, comunicando que en cuatro días tendría el firman para el paso de los Dardanelos.
El 1 de junio fue a comer a bordo el encargado de negocios de Holanda, y por la tarde fueron a Pera, donde supieron de la existencia de nuevos casos de peste.
El 2 de junio fueron a la punta de Calcedonia, antigua ciudad en la que se celebró el Concilio, de la que no queda nada.
A 4 leguas de dicha ciudad está el sepulcro de Aníbal.
El 3 de junio fueron a la isla del Príncipe, a comer en casa del enviado de Suécia.
Vieron en castillo de las Siete Torres.
El 4 de junio fue a comer a bordo el secretario de la embajada, con el fin de ir por la tarde a ver dos quioscos del Gran Señor, Sólo fueron autorizados a ver uno de ellos.
Allí «encontramos varios bostanchi, que mediante que los regalamos nos dejaron ver todo y nos trajeron café según acostumbran».
Vieron una casa hecha y amueblada a la turca, de un armenio rico, sobrino del Sr. Abate que les acompañaba.
Al anochecer volvieron a Pera, donde oyeron que en Gálata habían muerto cinco de peste.
El día 5 fueron a Büyükdere, a comer en casa del embajador de Venecia.
Por la tarde fueron a la Montaña del Gigante, en carretas.
El 6 de junio fueron a ver el mar Negro.
El enviado comunicó que en la mañana siguiente pasaría el oficio para la salida y enviaría los firmanes de la Puerta.
José María Sánchez Molledo
El 7 de junio, después de la comida a bordo, Bouligny envía una carta a Gravina por la que aconseja la salida de la ciudad por la epidemia de peste, aguardando en Malta las órdenes del monarca, adjuntando dos fírmanos de la Puerta otomana con sus traducciones, para el pase de los Dardanelos y otros para cualquier puerto donde pueda ser forzoso arri-bar^^.
Gravina respondió al enviado que estaba listo, y que daría a la vela en la tarde del día siguiente si el tiempo lo permitía.
El día 8 se mantuvo el viento del sur, no haciendo posible la salida.
Fueron a comer en casa de Bouligny, y por la tarde, a ver las iglesias católicas.
El 9 de junio continuó el viento sur y el tiempo revuelto, sin permitir la salida.
Fueron a casa del Barón de Ambs, a ver sus baños turcos.
Más tarde fueron al baile de los derviches.
El 10 y 11 de junio continuó la calma y los vientos contrarios.
Por fin al amanecer el 2 de junio con un pequeño viento del norte, a las 8 de la mañana, habiendo tomado un poco de fuerza el viento dio a la vela la fragata Santa Rosa.
El 13 de junio estaba frente a Galípoli, el 14 pasaron entre los dos castillos de los Dardanelos, el 15 pasaron el Negroponto y las islas Longa y Zea, y el 16 estaban en Candía.
El día 27 de junio estaban cerca del puerto de Malta, donde fondearon.
A las 8 llegó la visita de la sanidad, a quien se dio la relación de los enfermos, entre los que se contaban siete hombres con calentura.
Allí pasaron la cuarent.ena, llegando a tener 29 hombres enfermos y 24 convalecientes.
El 3 de julio pasaron la cuarentena.
El 14 de agosto de 1788 fondeó en el puerto de Cartagena, procedente de Alicante, al que había llegado desde Constantinopla, el bergantín Infante, con carta del comandante de la fragata Santa María Magdalena, dando cuenta de que quedaba en cuarentena y necesitaba víveres^^.
Por su parte, Federico Gravina saló el 8 de septiembre de la isla de Malta, habiendo recibido el día anterior la Real Orden de su regreso a Cádiz.
El 14 pasan frente a la Bahía de Túnez, el 20 pasaron la isla de Mallorca y el 28 de septiembre antes del medio día rebasaron el Estrecho, entrando en el puerto de Cádiz a las cinco y media de la tarde.
El día 12 de octubre recibió Federico Gravina, orden para el desarme de la fragata.
El día 13 pasó para el Arsenal de la Carraca, y el día 20 quedó desarmada y sus pertrechos colocados en su almacén.
Así termina el Extracto del Diario de Federico Gravina en su viaje a Constantinopla, fechado en la Carraca, a 20 de octubre de 1788.
Carlos III llamó a la Corte a Federico Gravina, tomó el camino de Madrid, llevando en el cofre la relación de lo ocurrido, titulada por él «Des-El viaje de Federico Gravina a Constantinopla en 1788 cripción de Constantinopla, escrita por los oficiales de la fragata Rosa, mandada por don Federico Gravina, en que se restituyó el embajador turco a su país».
En Madrid, el Ministro Valdês lamento que la peste no le hubiera dejado trazar entera la carta del Mediterráneo oriental, se interesó por las observaciones astronómicas que había hecho, y lo acompañó a Palacio el día que fue a presentar la Memoria a su Majestad.
Federico Gravina fue ascendido hasta general en jefe de la escuadra.
Fue herido en la batalla de Trafalgar (21 de octubre de 1805), a consecuencia de la cual murió en Cádiz a los pocos meses.
Sus restos pasaron en 1883 al Panteón de Marinos ilustres, en San Fernando.
La descripción de Constantinopla
Texto manuscrito, se conserva en la Real Biblioteca de Madrid.
Se estructura en 6 capítulos.
En el primero describe la ciudad y sus monumentos: el Serrallo o palacio del Sultán, las principales mezquitas reales: Santa Sofía, Sultán Ahmet, Süleymaniye, Sultán Bayaret, Sultán Mohamed IV, Sultán Selím y Sultán Mohamed, y otras.
Describe los bazares y los hanes o caravasares.
El capítulo segundo lo dedica al Serrallo y a las costumbres de la Corte otomana: la vida el sultán, el harén, el príncipe sucesor y los otros príncipes.
El capítulo tercero está dedicado a la administración del imperio otomano, dedicando epígrafes a los empleos civiles y a las fuerzas militares de la armada y de tierra, para concluir con las rentas del imperio.
El capítulo cuarto lo dedica a las costumbres de los turcos, con una introducción sobre la vida de Mahoma.
El capítulo cinco está dedicado a los usos de los turcos, como las casas y comidas, las mujeres, y el carácter de la nación turca.
El último capítulo está dedicado a los demás habitantes de Constantinopla, entre los que señala los francos, los rayas, los armenios, los griegos, los judíos y los alepines.
En conjunto es un resumen sistematizado que permite aproximarse a los ojos con los que la Europa de la Ilustración veía al imperio otomano, que estaba en una etapa de decadencia.
Federico Gravina se muestra interesado en la obra por las obras de la antigüedad, por el sistema defensivo, por el protocolo de la Corte y por el sistema de vida, escribiendo un texto de alto interés documental. |
El 19 de mayo de 1798, la flota encargada de trasladar el ejército que iba a conquistar Egipto levó anclas del puerto de Toulon.
Aunque tres años después la aventura se saldara en fracaso, el siglo XIX comenzó así con este temprano intento francés, que consiguió dominar durante algún tiempo el Valle del Nilo, soñó abrir el Canal de Suez y decidió el desarrollo moderno de los estudios sobre la cultura islámica y el antiguo Egip-to^ Desde entonces y hasta la I Guerra Mundial, el mundo iba a vivir la incesante expansión europea, particularmente la de sus grandes estados como Inglaterra, Francia, Alemania y Rusia, cuyos viajeros, exploradores, colonos y ejércitos llegarían a todos los rincones del mundo y, por supuesto, a todos los de Oriente, desde los desiertos de Arabia hasta los confines del Pamir y las arenas del Taklamakán.
Pero lo paradójico es que a pesar de la debilidad y posición marginal de España en la Europa de su tiempo, viajeros españoles llevados las más de las veces de su sólo valor y esfuerzo, alcanzaron también los últimos confines de Oriente, desde La Meca en Arabia hasta el Desierto Salino de Irán o las montañas de Anatolia, dejando valiosa memoria escrita de sus aventuras.
En la historia del viaje, aquel siglo empezó bien para España.
Mientras Napoleón Bonaparte actuaba como cónsul vitalicio y se coronaba emperador en 1804, un extraordinario viajero y aventurero español llamado Domingo Badia y Leblich, tras residir en Marruecos durante años cruzaba el norte de Africa, desembarcaba en Egipto, navegaba por el Mar Rojo y peregrinaba a La Meca, desde donde por Siria y Turquía volvió a Europa.
La publicación de su libro, sus mapas y sus dibujos revelarían por vez primera regiones hasta entonces desconocidas, convirtiéndole a él mismo en la leyenda que los malévolos comentarios de Johann Ludwig Burckhardt, viajero y también peregrino a La Meca en 1814, no conseguiría destruir^.
Pese a tan prometedor comienzo, por aquellos años nuestro país se hundió en las consecuencias de la Guerra de la Independencia y las luchas entre liberales y absolutistas, quedando postrado y lejos de la experiencia oriental hasta la época de Prim y la Restauración.
Pero del resto de Europa, con la paz surgida del Congreso de Viena y el equilibrio mantenido por Metternich (1815-1848), multitud de viajeros partirían hacia Oriente a la búsqueda de un mito, al tiempo que su fascinación se exacerbaba con el Romanticismo y el Liberalismo en la literatura, el arte y la música.
Una temprana experiencia «orientalista» vendría de la pluma de Chateaubriand, cuyo Itinéraire de Paris à Jerusalem (1811) inauguraría un nuevo género^.
No mucho después, entre las primeras aproximaciones literarias se contaría la de Goethe, que apasionado por las traducciones de Joseph von Hammer-Purgstall sobre la lírica del poeta Hafiz, encontraría una original inspiración vertida en los poemas del Westõstliche Divan (1819)^.
Y en fin, el 3 de febrero de 1823 sonarían en La Fenice veneciana los compases de una ópera típica del estilo de Rossini, Semiramide, una de las varias que el músico adorado por Stendhal dedicara a Oriente^.
En aquella época precisa, tres ingleses singulares coincidieron en Mesopotamia: Claudius James Rich, James S. Buckingham y Robert Ker Porter.
El primero, cónsul británico en Bagdad (1808-1821), realizó estudios y viajes por toda la región, reuniendo una colección de antigüedades que su viuda legaría al Museo Británico^.
Sus consejos y ayuda serían decisivos en el viaje de J. S Buckingham -noble que en 1816 pasó por Bagdad en ruta hacia la India, siguiendo un típico y nuevo «grand tour»^-, y en el del artista y romántico aventurero Robert Ker Porter, que al servicio de Rusia llevó a cabo un original viaje por Irán y Mesopotamia, trazando unas bellas y rigurosas acuarelas de monumentos y ruinas, verdaderas instantáneas tomadas según las instrucciones dadas por el primo de su esposa, A. Olinen, presidente de la Academia Rusa de las Bellas Artes^.
Pero ellos fueron sólo tres de los muchos viajeros británicos de vocación u obligación, que en aquellas décadas en las que Gran Bretaña actuaba sin competidores en el Oriente Próximo o Lejano, pasaron por Iraq e Irán camino de la India.
Los cementerios cristianos de ambos países todavía hoy testimonian el recuerdo de los muchos que nunca vol-vieron^.
Pero en muy poco tiempo, la situación iba a cambiar.
En 1830, la Revolución de Julio llevó al trono a Luis Felipe (1830-1848), bajo cuyo gobierno se alzó al poder la burguesía, se aceleró el desarrollo industrial y se intentó la expansión colonial y política reanudando la competencia con Gran Bretañar Entre aquel año y el comienzo de la Guerra de Crimea (1854-1856), los aventureros franceses volvieron al corazón del Oriente, al tiempo que las primeras excavaciones arqueológicas deparaban al descubrimiento de las grandes capitales asirias^^.
Fue también ésta la época dorada de los «pintores viajeros»^^, que llevarían a los gabinetes y salones europeos tipos y paisajes orientales llenos de luz y colorido, vertido en brillantes escenas de jinetes, poblados, tiendas y desiertos, o en interiores domésticos y escenas de baños y harenes, en los que fue acentuándose poco a poco un erotismo morboso.
Entonces fue la hora de Prosper Marilhat y sus paisajes restallantes de sol, de David Roberts y sus espléndidas ruinas remotas, de John Frederick Lewis y sus interiores de luz tamizada, de Jules Laurens y sus impresionantes vistas del norte de Anatolia e Irán, de Théodore Frère y sus beduinos bajo un azul inacabable y, un poco más tarde, de Jean-Léon Gérôme y sus bailarinas, baños femeninos, zocos y gentes del pueblo^^.
Pues bien, por sendas iguales que las de los pintores caminaron el viajero y arqueólogo Charles Félix Marie Texier (1833-36 y 1839), y poco después el equipo formado por el arquitecto Pascal Coste y el pintor Eugène Fladin.
Texier llevó a cabo exploraciones por Asia Menor -descubriendo la vieja capital de los hititas, donde trazó planos y dibujos sorprendentes-.
Irán, Armenia y Mesopotamia^^,que le granjearon gran reputación.
Pero Coste y Flandin alcanzarían mayor fama.
Arquitecto riguroso el primero, artista por él formado en el dibujo de arquitectura el segundo, ambos tomaron parte en la embajada del conde Ernest de Sercey, enviada por orden de Luis Felipe a Teherán en 1839.
Su misión era levantar planos y dibujos de todos los monumentos de Irán, y tras la vuelta del embajador, los dos se quedaron en el país, recorriéndolo en todas direcciones.
Además de las maravillosas láminas que ilustraban con fidelidad absoluta el aspecto y estado de las antiguas ruinas de Persépolis, Naqs-i Rustám, Firuzabad o Bishapur, ambos firmaron a su vuelta un interesante libro de viaje, lleno de observaciones curiosas^^.
Mientras dibujaba en Behistun los relieves de Darío, Flandin recibió la visita de un joven inglés que, camino de la India, había preferido dedicarse a conocer gentes y paisajes de Irán e Iraq.
En breve, aquel aventurero sería el competidor británico de los hallazgos franceses en Asiría.
Se llamaba A. H. Layard^^.
Y es que muy poco después, la competencia política y comercial franco-británica saltó a la ciencia, la cultura y los museos nacionales.
Los grandes descubrimientos de P. E. Botta y V. Place en Jorsabad (1843-1844 y 1852-1854) y los de A. H. Layard en Nimrud y Nínive (1845-1847 y 1849-1851) traerían a Europa la imagen y la realidad histórica de un Oriente antiguo y fastuoso, convirtiendo a los museos del Louvre y Britá-nico, con los magníficos relieves y esculturas de sus recién inauguradas salas de Asiría, en orgullosos exponentes de la grandeza imperial de sus naciones^^.
Por aquel entonces, los aficionados a la ópera tarareaban con fruición los famosos coros del Nabucco de Verdi, estrenado el 9 de marzo de 1842 en la Scala de Milán.
Aunque su libreto estuviera inspirado en los textos bíblicos y las leyendas posteriores todavía, el Nabucodonosor de Verdi se paseaba en escena por los Jardines Colgantes de Babilonia, y su figura era salvada en último extremo^^.
Pinturas, láminas y hallazgos dominaban ya la visión orientalista, cuando el novelista Gustave Flaubert y su amigo Maxime Du Camp viajaron por Oriente (1849-1851), más como perezosos paseantes que como curiosos del pasado.
La lectura de los recuerdos de Flaubert no deja de sorprender, aunque sin duda su visión de las danzas de las almeas y sus experiencias eróticas alimentaran luego la poderosa evocación de Salambó^^.
Un año después, el capitán Richard F. Burton viajaba por Arabia y entraba en La Meca, tras los pasos del español Domingo Badia -a quien admiraba-y de J. L. Burkhardt, dejando luego un libro excelente, lleno de la erudición que gustaba mostrar^^.
Pero la figura de Burton nos acerca a los prolegómenos de la Guerra de Crimea y a la disputa anglo-rusa por el dominio del Asia Central, un episodio más en la historia del viaje a Oriente.
A mediados del siglo XIX, la Inglaterra victoriana trataba de ampliar su imperio de la India, condicionando la política de Irán, intentado dominar Afganistán y asomándose al Asia Central, donde había de chocar con los intereses rusos.
El apoyo a Turquía no tenía otra intención que salvaguardar su influencia sobre el Sultán y su imperio -en lo que coincidía con Francia-, y mantener al Imperio Ruso lejos del Oriente que ansiaban tutelar.
Dos hechos decisivos -la ocupación de Tashkent en 1865 y la de Samarcanda en 1868-se hicieron bajo su mandato, y al tiempo que se colonizaba se emprendieron multitud de viajes geográficos, y estudiosos de todo tipo comenzaron a ocuparse del pasado del Asia CentraP^ y Oriente.
No pocos artistas, como Vasili Vereschaguin con su gran serie dedicada al Turkestan, pintaron sus paisajes, el rutilante azul de su cielo y las fantásticas cúpulas de sus madrasas y mausoleos^\ y músicos como Rimsky Korsakov evocaron la emocionante leyenda de amor y heroísmo del guerrero Antar en su Segunda Sin-fonía^^.
En todo caso los ingleses sintieron la expansión rusa como un peligro, sentimiento reforzado por la manía rusófoba de la reina Victoria, señalada por el mismo P. Hopkirk.
Pero la pugna entre ambos imperios se mantuvo casi siempre en la zona de sombra preferida por los servicios secretos, aunque fuera rica en tipos y episodios novelescos por una y por otra parte^^.
Más conocidos serían los viajeros que buscaron en el Asia Central las huellas de la «Ruta de la Seda», los restos de los antiguos imperios o, simplemente, la geografía y los paisajes de espacios infinitos, en la misma época en la que Alexander Borodin estrenaba en San Petersburgo su evocador poema sinfónico En las estepas del Asia CentraP^, Pues bien, entre la enorme cantidad de estos viajeros y exploradores, herederos en parte de Ruy González de Clavijo y de fray Guillermo de Rubruck,^^ es obligado recordar al ruso Nicolai Prjevalski, militar y cartógrafo, botánico y naturalista, autor de cuatro grandes expediciones por los rincones más remotos^^ y al sueco Sven Heddin, que atravesó el desierto de Taklamakán^^.
Pero tornando al Oriente más cercano, los años sesenta y setenta marcaron la vuelta de los viajeros españoles a sus pistas y a sus desiertos.
La «Guerra de Africa» animó el interés literario, artístico y viajero del país por Marruecos y el continente africano, donde cabía la posibilidad de adquirir colonias.
Era la época de las sociedades geográficas y africanistas^^, y de participación española en las aventuras francesas de México e Indochina.
Y durante esas décadas, diplomáticos nuestros como Antonio Bernal de O'Reilly o Adolfo de Mentaberry viajaron por Siria, Palestina o Líbano, escribiendo luego interesantes libros de viaje.
Y sobre todo fue la época del gigante Adolfo Rivadeneyra, viajero por el Golfo Pérsico, Mesopotamia, Siria e Irán, y autor de dos excelentes obras que honran nuestra literatura viajera del ochocientos.
Entonces incluso, un gobierno español llegó a despachar en 1871 la famosa fragata Arapiles, que transportaba a una misión científica encargada de recopilar datos y materiales para nuestro Museo Arqueológico Nacional, aunque sea obligado recordar que ni con los materiales conseguidos ni con los datos aportados, el viaje oficial pudo igualar lo que nuestra historia debe a la sola figura de Adolfo Rivadeneyra.
O a lo conseguido por el valiente Víctor Abargues de Sostén, que en 1880 exploró las costas del Mar Rojo y Etiopía, donde encontró la tumba del capitán Cristobal de Gama y con ella, unió su aventura a la titánica centuria de las navegaciones y naufragios portugueses de la ruta a la India.
El siglo empezaba a morir cuando un matrimonio francés, formado por el ingeniero Marcel Dieulafoy y su esposa Jane, emprendió un largo vaje por Irán (1880-1881), tomando fotos y láminas de los rincones a los que no habían llegado P. Coste o E. Flandin.
Tres años después comen-zarían ambos también la excavación de Susa (1884-1886), de donde trajeron al Louvre monumentos asombrosos^^.
Para entonces, los alemanes empezaban a hacerse sentir por Oriente, iniciando unas relaciones estrechas con Turquía.
Por las rutas anatolias de Texier cabalgaron Friedrich Sarre y sus compañeros en 1895^°, y por poco sus pasos no llegaron a cruzarse con los de otro español singular, el naturalista Manuel Martínez de la Escalera, que en 1898 exploró los montes y valles de Anatolia y la región del Eufrates, y que al año siguiente andaría por las montañas de Irán, pasando por los valles de los belicosos hakhtyari, hospitalarios con A. H. Layard hacía cinco décadas, y con los que el español supo entenderse bien.
Acababa el siglo y el mito de Oriente se iba desvaneciendo.
El desarrollo industrial y el poderío de los ejércitos europeos dejaba en evidencia el retraso e impotencia del Imperio Otomano^^; lo que antes era exótico parecía ahora inferior, y de los viejos perfumes apenas si quedaba el erotismo inventado por la pintura de ensoñación orientalista, con la exaltada sensualidad de la Salambó de Adrien Tanoux, o la Salomé de Pierre Bonnaud^^.
El viaje del kaiser Guillermo II a Oriente, en 1898, significaba la entrada de Alemania en el juego de Oriente, e Inglaterra empezó a trazar sus redes.
La poesía se iba a convertir en prosa, prosa de informes confidenciales.
Y el verdadero «voyage en Orient» iba a fenecer.
Pero antes, viajeros y agentes de los gobiernos, diplomáticos y arqueólogos europeos habían llegado hasta los últimos confines, y sus contemporáneos españoles habían también compartido aquella aventura.
^ Para una muy amena pero rigurosa exposición sobre la expedición francesa a Egipto, con apéndices valiosos y noticias biográficas de sus miembros, consúltese SOLÉ, R. ( 2001): La expedición de Bonaparte.
El nacimiento de la Egiptología.
^ El famoso viajero suizo J. L. Burckhardt, que entre 1809 y 1817 residió en Oriente, preparándose para una expedición al corazón de África, realizó en varias ocasiones comentarios despectivos sobre Domingo Badia, sus conocimientos y su viaje.
Motivados sin duda por una especie de celos, su injusticia sería luego puesta de relieve por Richard F. Burton.
Sobre el viaje de Burckhardt a Arabia, véase BIDWELL, R. (1976): Travellers in Arabia.
Y también la edición (1991): Vida y viajes de John Lewis Burckhardt.
Laertes, S. A. de Ediciones, Barcelona.
^ Una temprana traducción española, debida a Pedro María de Olavide y publicada en 1828, ha sido reeditada recientemente: CHATEAUBRIAND, F. R. (2005): De París a Jerusalén.
Ediciones del Viento, S. L., La Coruna. |
CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
ciencia pensamiento y cultura arbor En sus cinco novelas largas-Nada (1945), La isla y los demonios (1952), La mujer nueva (1955), La insolación (1963), y la póstuma Al volver la esquina (2004), Carmen Laforet intentaba insistentemente encontrar nuevos modos narrativos para enmarcar un mensaje feminista en una escritura que se pudiera publicar en una sociedad patriarcal y un mundo editorial estrictamente censurado 1.
En Nada Laforet recurre al Bildungsroman, lo gótico, y lo expresionista, entre otros modos, para destacar las dificultades de una joven de 18 años que busca su identidad como mujer independiente en los primeros años después de la Guerra Civil bajo la dictadura de Francisco Franco 2.
En este ensayo quiero añadir otro género literario -el detectivesco-a los modos literarios de que se servía Laforet para insinuar sus ideas feministas, y de allí ver cómo la autora combina el género literario y el género sexual para lograr sus metas.
Aunque hay elementos policíacos en todas las novelas de Laforet (y haré breve mención de éstos en el párrafo siguiente), en este ensayo me voy a concentrar en la última novela-Al volver la esquina-que se aferra a la novela y el cine detectivescos, sobre todo al subgénero negro, de una manera más consciente.
La novela detectivesca, tanto en su versión popular como en la más literaria, ha tenido una ascenso sorprendente desde finales de los años setenta en España, fenómeno que ha sido el enfoque de varios libros y muchos artículos 3.
Unos 30 años antes del auge de la ficción detectivesca en España Carmen Laforet ya sentía la atracción del género.
Su primera novela, Nada, plantea una serie de misterios que, a diferencia de la novela policíaca tradicional, no siempre se resuelven 4: ¿Qué hace Gloria de noche?
¿Angustias está involucrada en un amorío con don Jerónimo?
¿A dónde va Román cuando desaparece de la casa de la Calle Aribau durante largos períodos de tiempo?
¿Gloria y Román tenían una relación adúltera durante la guerra civil?
Sigue habiendo una atracción sexual entre ellos?
¿Ena y Román tienen una relación sexual?
¿Cuál es la naturaleza de la relación entre Ena y Andrea?
¿Va más allá de una amistad platónica? 5 Todas estas cuestiones se relacionan directa o indirectamente con la formación de Andrea como conciencia feminista en la novela, al intentar ella superar las restricciones que se imponen a la mujer española durante la época franquista.
El elemento criminal que asociamos con la novela policíaca se asoma en la figura de Román que lleva ostentosamente una pistola y que parece estar involucrado en el mercado negro.
El mundo adulto también se presenta como un misterio en la segunda novela La isla y los demonios en la que Marta Camino llega a la adolescencia en las Islas Canarias, cuidada por un hermanastro.
Su madre vive recluida en su habitación en un extraño estado catatónico en que cayó al morir su esposo en un accidente de automóvil (en términos de Sandra Gilbert y Susan Gubar, la loca encerrada en la buhardilla 6 ).
Llegan unos parientes a la casa isleña huyendo de la guerra civil en la península.
Las relaciones entre las cuatro nuevas personas se plantean como misterios-casi todos de naturaleza sexual-a resolver.
Marta, como Andrea en Nada, desentraña estos misterios al buscar su camino (de allí su apellido) hacia la independencia, que consiste en dejar la isla para estudiar en Madrid inmediatamente después de la Guerra.
El misterio es menos evidente en La mujer nueva, en la que la perspectiva de una mujer adulta se presta menos que la de las jóvenes, más inocentes, de Nada y La isla y los demonios, pero un crimen tiene una función importante en la decisión de la protagonista de volver con su marido después de un período de separación (Johnson, 1983, 80-81).
A finales de los años 50 Laforet concibió un nuevo proyecto, una trilogía de novelas narradas desde la perspectiva masculina, que iba a llevar como título general Tres pasos fuera del tiempo.
En esta trilogía Laforet se propuso captar el ambiente español de los primeros 30 años del régimen franquista, la historia no escrita que estaban viviendo los españoles a diario, mientras los medios de comunicación controlados por el gobierno propagaban el mito oficial de que todo estaba bien en la patria.
La insolación tiene lugar a principios de los años 40; Al volver la esquina en 1950; y "Jaque mate" iba a situarse en los años 60.
Desgraciadamente el manuscrito del último tomo no se ha encontrado si es que existe 7.
Los años de la dictadura era una época de mixtificación en que la prensa lo distorsionaba todo, y para reconstruir el ambiente de esos años, Laforet hizo mucha investigación en la hemeroteca de Madrid.
Para que los españoles no sintieran la estrechez en que vivían en los años 40, los periódicos hablaban incesantemente de la gran hambre que se estaba pasando en el resto de Europa, hasta el punto que cuando un español viajaba a Europa (que era poco frecuente), iba provisto de toda la comida que creía iba a necesitar durante su estancia.
Como no se podía hablar de política ni otros temas serios del día, la prensa agrandaba historias de curiosidades como un gato que nació con alas-historia que ocupó los primeros planos de los periódicos durante algún tiempo.
Tres pasos fuera del tiempo quería revelar la realidad por debajo del mito oficial de la España triunfalista.
En el prólogo de La insolación Laforet sugiere que tenía en mente el género detectivesco cuando concibió la trilogía: "[s]siguiendo el orden de mi trabajo, con una técnica casi policíaca, yo debería de haber comenzado por publicar Jaque mate, después Al volver la esquina y sólo al final La insolación" (Laforet, 1963, 8, cursiva en el original).
El misterio tiene varias vertientes en La insolación, primera novela de la trilogía Tres pasos fuera del tiempo a la cual sigue Al volver la esquina, que explicaré con más detalle abajo.
El protagonista, Martín Soto de 15 años y con talento artístico, es hijo de un militar casado de segundas nupcias.
Durante el año escolar Martín vive con su abuela en Alicante, y los veranos, que ocupan la mayor parte de la novela, los pasa en casa de su padre y madrastra en Beniteca, un pueblo de la playa mediterránea.
En verano Martín deja al lado sus estudios de arte en parte porque su padre cree que el arte no es cosa de hombres.
También en los tres veranos en que se enfoca la novela, Martín está muy ocupado en actividades de recreo en casa de unos vecinos-extranjeros de nombre Carlos y Anita Corsi.
Éstos llevan una vida mucho más libre que la de la mayoría de los españoles de la época.
Al final de La insolación, el padre de Martín, rígidamente machista, manda que su hijo regrese a Alicante después de encontrarle en la cama con Carlos Corsi.
Por insinuaciones de su segunda esposa, que tiene celos de su hijastro, el padre cree que Martín tiene una relación homosexual con Carlos, aunque la razón para la estancia de Carlos en el cuarto de Martín es más inocente.
Al llegar a casa de su abuela después de este incidente el joven decide dedicarse en serio a una carrera artística.
Aunque es una historia (como Nada) del despertar de un joven al mundo adulto (Bildungsroman o en este caso Kunstlerrmoman), hay una serie de elementos de la novela de intriga.
Como Román en Nada, el padre de Carlos y Anita Corsi, probablemente es contrabandista, profesión a que se alude, pero que nunca se aclara del todo.
Los perros del padre de Martín se mueren misteriosamente envenenados por alguien que les ha puesto vidrio en la comida.
Este misterio puede estar relacionado con una figura fantasmagórica que resulta ser un republicano escondido en el desván de la casa de los Corsi.
Ya para las fechas en que Laforet estaba elaborando Al volver la esquina (desde mediados de los años 60 hasta principios de los 70) se ve que sus lecturas de la novela negra norteamericana y su conocimiento del cine negro anglo-americano se habían incrementado 8 y llegan a ser la inspiración del formato y muchas escenas de la novela.
Como secuela, Al volver la esquina continúa las vidas de los personajes centrales de La insolación-el español Martín Soto y los extranjeros Anita y Carlos Corsi-unos ocho años después de que les vimos como adolescentes veraneando en Beniteca.
Al comienzo de Al volver la esquina, Martín, ahora de 25 años y un artista profesional en Madrid, se encuentra de nuevo con los Corsi y vive con ellos durante el verano de 1950.
La técnica narrativa de Al volver la esquina, es sin embargo, radicalmente diferente a la de La insolación.
Al volver la esquina vuelve a la primera persona que le dio a Nada una perspectiva tan fresca y original, tan llena misterios creados por los pasajes elípticos, algunos que se aclaran y otros no. También como en Nada, un protagonista más maduro recuerda un período anterior de su vida, aunque en Al volver la esquina, el tiempo que ha transcurrido entre los eventos narrados y el tiempo de la narración es más específico y el narrador/protagonista es un hombre, Martín, que narra en 1973 sus experiencias del verano de 1950 9.
Esta brecha de 23 años permite al narrador dar a la novela entera, como a escenas individuales, un aire de la clásica novela policíaca.
La novela está dividida en dos partes: "La noche toledana", en que Martín reencuentra a Anita Corsi en Toledo, y "...Y lo demás", en que Martín vive el verano de 1950 en casa de los Corsi en Madrid.
La primera parte contiene bastantes elementos de misterio, aunque es en la segunda donde se destacan los elementos del género negro.
La típica novela detectivesca comienza con un suceso extraño, hasta chocante, muchas veces un crimen, un robo, una desaparición o un asesinato.
Este suceso se asoma en Al volver la esquina de una manera metaficticia al incluirse al principio un trozo de un "diario policiaco" escrito por un tal Luis Pérez, anticuario y dueño de la casa donde Martín tiene su estudio de pintura (Martín comparte este espacio con un montón de novelas detectivescas que Pérez lee una y otra vez en un orden específico).
El fragmento del diario narra que, el 15 de abril de 1950, Martín, quien tenía proyectado un viaje de unos días a Toledo donde solía pintar y donde esta vez tenía el encargo de buscar un mueble antiguo para el patrón de su casa, desapareció sin dejar huella.
El final de este fragmento podría haber salido de cualquier novela policíaca: "Martín Soto, tuviera o no intención de hacerlo, no llegó a Toledo la noche del sábado 15 de abril ni ningún otro día o noche a partir de esa fecha" (Laforet, 2004, 18; cursiva en el original).
La novela que sigue a este fragmento está escrita en forma autobiográfica por el mismo Martín, quien instigado por una psiquiatra, la doctora Leutari, recuerda su vida durante los seis meses que transcurrieron después de su supuesta desaparición veinte años antes.
La narración de Martín también incluye muchos elementos de novela policíaca-gente rara y sospechosa y sucesos misteriosos, hasta violentos, que no tienen ninguna motivación aparente.
Pero no es una novela detectivesca al estilo de Sherlock Holmes o Agatha Christie (a quien era aficionada Carmen Laforet), puesto que no hay un asesinato ni un robo-un misterio-por descubrir.
El primer misterio planteado-la desaparición de Martín el 15 de abril de 1950-se aclara inmediatamente al saber que se ha reencontrado con los Corsi y que se ha ido a vivir con ellos.
Antes de explorar algo más el uso que hace Laforet del género policiaco en Al volver la esquina, quiero señalar que el género negro es sólo uno de los géneros literarios que aparecen en esta novela, aunque, a mi parecer, el más importante porque hay referencias a ello al principio y luego predomina en la segunda mitad.
La primera parte-"La noche toledana"-contiene ecos de otros géneros más cercanos al canon novelístico español de siglos pasados.
Por ejemplo, emerge lo picaresco en la relación de Martín con Soli, una niña que le acompaña en su viaje a Toledo.
Las miserias que experimentan Martín y Soli al buscar dónde comer, atravesando las calles de Toledo bajo una tormenta nos, recuerdan los del hidalgo empobrecido del tercer tratado de Lazarillo de Tormes.
El padre de Soli, a quien Martín conoció en la pensión de ínfima categoría donde vive en Madrid, es un personaje sacado de una novela de Galdós.
Es un hombre estrambótico, marginado por su situación sociopolítica, víctima de los cambios políticos y de su propia excentricidad.
Todas las pensiones en que Martín ha habitado están llenas de personajes extraños y recuerdan las que encontramos en novelas de Pío Baroja o de Ramón Pérez de Ayala.
La expresión "noche toledana" se refiere a dos noches con un día entre ellas, en otras palabras, una noche extremadamente larga.
El hecho de que la primera parte de la novela sea titulada "La noche toledana" y que contenga tantas alusiones a la literatura clásica española refleja una España de los años 50 que ha quedado estancada en el pasado.
"La noche toledana" es una metáfora para el régimen franquista y los valores tradicionales bajo los cuales los españoles habían vivido desde 1940.
Es una España económica, social y políticamente empobrecida que no mira al exterior, que se mantiene aislada y sin influencias del mundo moderno occidental.
Los emblemas de la época incluyen los jóvenes falangistas que están alojados en la pensión donde normalmente se queda Martín cuando viaja a Toledo para pintar la luz especial de la ciudad.
El padre de Soli, que simpatizó con la República y cuya situación política es todavía precaria, sobrevive como puede.
De hecho, la mayoría de las personas a quienes conoce Martín tienen una existencia económica y social muy restringida.
Ésta es la España limitada y limitante que ha formado a Martín.
Pero, es interesante que él haya podido evadir algunas de las normas sociales de la época franquista al no casarse.
Dice: "Yo creo que los seres humanos tenemos que elegir, ¿no?
A mí no se me ocurre casarme porque sé que soy más bien solitario" (Laforet, 2004, 86).
En la segunda parte de la novela, en que Martín vive con los Corsi y se pone en contacto con el mundo internacional, los géneros tradicionales españoles pierden preferencia y los elementos del género negro se ponen más en evidencia.
Tanto en la novela negra como en Al volver la esquina, se revela una fuerte influencia del cine.
Al recordar los seis meses de su vida de 1950, desde la perspectiva de 1973, Martín se refiere continuamente a lo que llama la "película" de su vida.
De hecho, Laforet dejó una pista en Al volver la esquina a la relación entre su novela y el género del film noir o cine negro cuando Martín, que está solo una noche, toca un disco con la música de "El tercer hombre", película inglesa de 1949 que contiene muchos elementos del género negro.
En la película, un hombre envuelto en actividades corruptas en la Austria de inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, ha desaparecido.
La conciencia central de la película es la de un norteamericano inocentón que va en busca del desaparecido, amigo suyo en la universidad.
El choque entre el mundo cansado, corrupto y cínico de la Europa de posguerra y la sincera inocencia del norteamericano forman el núcleo del argumento y mensaje de "El tercer hombre".
Laforet crea un contraste semejante en las dos primeras novelas de su trilogía.
España, aislada del mundo después de la Guerra Civil, acuciada por el hambre, el frío y la miseria, produce un Martín supuestamente inocente que se confronta con la frivolidad, las manipulaciones y las complejidades de unos extranjeros que se encuentran por varias razones en España.
Y como "El tercer hombre" y la mayor parte de las películas y novelas negras, Al volver la esquina está poblada de una extraña mezcla de personajes raros que tienen una variedad de orígenes y experiencias internacionales.
Carlos y Anita Corsi y su padre Carolo Corsi, como sabemos de La insolación, son de orígenes mixtos-el nombre es italiano, pero su pariente Froilana habla principalmente francés.
El señor Corsi-padre de Carlos y Anita, que en La insolación está involucrado en actividades misteriosas, probablemente relacionadas con el mercado negro tan común en la España de los años 40-ahora es cónsul de una nueva nación africana.
Un día aparece una ciudadana de este país en su casa en Madrid, primero como huésped y luego como criada.
Carlos Corsi, ahora un famoso actor de cine que rueda principalmente en México, está casado con Zoila, una cantante latinoamericana.
Las historias de todos estos personajes tan singulares sólo se vislumbran a medias.
Los locales de la acción de la novela negra también coinciden con los de Al volver la esquina.
Como aquellas, Al volver la esquina es una novela urbana y la acción se desarrolla en hoteles de todos tipos (sitios de tránsito que facilitan encuentros entre personas de diversas nacionalidades y estratos sociales), en bares y cabarets, y en calles oscuras y tenebrosas.
Los personajes de diversos países que pululan por la novela contribuyen a un aspecto internacional y exótico.
Muchas de las escenas ocurren de noche y la bebida, el tabaco y hasta la droga, igual que en los géneros negros, son ubicuos.
Sabemos, por su recurrencia a una psicoanalista, que la "inocencia" de Martín se contagia de una manera permanente por su contacto con los extranjeros y su modo de vida.
Como los protagonistas narradores de la novela y cine negros, su forma de ser vulnerable le deja abierto a estas influencias.
Al volver la esquina tiene en común con la novela negra el estar narrada en primera persona por un personaje que vive al margen de un mundo moralmente corrupto y hasta criminal.
Aunque Martín no es un detective en el sentido clásico de la palabra, comparte muchas otras características con los protagonistas-narradores del género negro, como el estar involucrado emocionalmente con el mundo corrupto (muchas veces por medio de una mujer) mientras se queda a distancia de él.
De ahí que, como los personajes principales del género negro, participe en el mundo criminal al mismo tiempo que se mantiene psicológicamente aparte.
El cine y la novela negros al ser narrados por el protagonista-detective, tratan tanto de él y su relación con el mundo, como de los crímenes que está investigando.
Como dice José María Guelbenzu en un artículo sobre el clásico género detectivesco, "No hay misterio más grande que el propio ser humano" (Guelbenzu, 2004).
En vez de ser un detective pagado por otro para descubrir información sobre algo o alguien, Martín está buscando las raíces de su propia manera de ser.
De ahí que el misterio central de Al volver la esquina es la personalidad de Martín, quien va recuperando paulatinamente los recuerdos de un período decisivo en su vida, al que años después le ha mandado a una psiquiatra quien le instiga a narrar lo que le ocurrió en el verano de 1950.
Nunca sabemos porqué Martín está bajo el cuidado de un psicoanalista en 1973 (se supone que este punto se iba a revelar en Jaque mate, el último tomo de la trilogía), pero sí sabemos que no es tan inocente y honrado como al principio parece.
Revela muy al final de la novela que se ha aprovechado de una mujer desquiciada, ninfómana, a quien visitó en la clínica donde está encerrada, y la ha dejado encinta.
Aunque, demora un tiempo antes de hacerlo, reconoce que el niño es suyo y promete pagar los gastos de su manutención y educación 10.
Laforet se sirve de la perspectiva masculina de Al volver la esquina para efectuar sus propósitos feministas.
Esta estrategia difiere de muchas de las novelas negras escritas por mujeres en los años 80 y 90 que convierten al género en un vehículo para dar un papel principal a una mujer-es ella la fuerte, la inteligente, el eje de la obra (ver, por ejemplo, Molinaro).
Pero Laforet ha preferido, como en la clásica novela negra norteamericana, utilizar la voz masculina.
La voz y perspectiva masculinas le dan la oportunidad de revelar la problemática educación española, que produce un hombre sensible y artístico pero que es al mismo tiempo machista en su visión de la mujer.
En la segunda parte de la novela, Martín se encuentra con personajes femeninos típicos del género negro que suelen ser vamps y manipuladoras (relacionadas con la nueva mujer y la flapper de los años 20).
Son un avance de la mujer pasiva de otros géneros literarios, pero también tiene la vertiente negativa de ser muchas veces destructiva.
Silvia Bermúdez incluye una cita interesante en su artículo sobre Beltenebros de Antonio Muñoz Molina: "Place, quien define el film noir como una fantasía sexual, aclara que esta clase de cine, "does give us one of the few periods of film in which women are active, not static symbols, are intelligent and powerful, if destructively so, and derive power, not weakness from their sexuality" (Bermúdez, 1994, 9) 11.
La personalidad de Martín está llena de profundos conflictos, sobre todo en sus relaciones con las mujeres.
Por un lado quiere estar libre de las restricciones de la moralidad de la época franquista (por ejemplo, su determinación de no casarse), pero por otro, está atrapado por sus ideas machistas sobre la mujer.
El Martín de La insolación, que vivía en la sociedad española tradicional de los años 40, parecía ser más abierto y liberal que los que le rodeaban (su padre y madrastra y los otros españoles de Beniteca).
Pero cuando se le confronta con la España cambiante que se está abriendo a influencias internacionales en los años 50 por medio de su reencuentro con la familia Corsi, asume la postura de típico machista español.
Quiere imponer los papeles de los géneros sexuales que aprendió con su padre y de la sociedad española de su juventud a las mujeres extranjeras-Anita Corsi y Zoila-que son muy diferentes a las mujeres tradicionales españolas.
Martín se preocupa especialmente por Anita con quien forma una especie de familia con Soli como su "hija" (simbólicamente viajan los tres a Madrid después del reencuentro en Toledo en un coche decorado para una boda ya que ha traído a Toledo a una pareja recién casada).
Anita, que está divorciada, está acostumbrada a una existencia independiente ("no presentaba ningún síntoma de debilidad femenina" y "no [se cansa] como otras mujeres.
Tiene intereses intelectuales, sobre todo en la ciencia que discute con el médico psiquiatra, el doctor Tarro, otro personaje misterioso, que ejerce su profesión en Beirut pero que está de paso en Madrid, acompañado de una mujer que puede ser tanto su madre como su esposa.
Martín se queja de que el señor Corsi le deja demasiado en libertad a Anita, "para vivir en España siendo hija de familia" (Laforet, 2004, 110).
Anita resiste los intentos de Martín de controlarla y su relación con el médico.
Cuando le indica a Martín que ella, como mujer, tiene toda la libertad que tiene él, éste responde que "[e]s distinto...
Y la libertad hay que ganarla.
Los hombres nacemos libres, a las mujeres hay que protegeros.
Anita señala que ella ha estado casada y que ha vivido en Latinoamérica, así que tiene más experiencia vital que él.
Martín piensa para élque "[e]l que Anita me consideraba un chiquillo demostraba simplemente lo poco femenina que era.
Por yuxtaposición este pasaje contrasta la mujer nueva, que representa Anita con las sobrinas del señor Pérez que se quedan en casa aprendiendo a coser como preparación para el matrimonio (Laforet, 2004,113).
Anita rompe los moldes; para ella no hay "normas" sociales a seguir.
Las mujeres no tienen que coser para casarse: "¿Qué tiene que ver eso de casarse con coser la ropa de la familia?
Yo me he casado, aunque no lo creas, y no se me ha ocurrido por eso coser un solo botón...
¿Qué es eso de personas normales?
Sólo existen personas, sin más, creo yo, y hay tanto chiflado y asesino y malo y bueno y generoso y loco entre lo que alguna gente llama personas normales..."
Anita define a Martín como "muy español.
En algún momento parece que puede haber una relación amorosa entre ambos (y Froilana, la tía de Anita, insiste continuamente en que deben casarse), pero al final Anita prefiere al doctor Tarro con quien puede tener conversaciones intelectuales, aunque Tarro tiene la complicación de posible estar casado con otra.
Martín y Anita no llegan a tener una relación sexual (en una escena se besan, pero no pasan de ahí), pero Martín sí entra en una relación sexual con Zoila, cantante latinoamericana, ya esposa de Carlos Corsi, ahora estrella de cine.
Es Zoila quien efectúa el encuentro de Martín, casi por arte de magia, con la familia Corsi, después de unos siete años de no verse.
El matrimonio entre Carlos y Zoila no es convencional ya que pasan mucho tiempo separados por sus respectivas carreras artísticas.
Además, Carlos parece tener otras aventuras amorosas tanto con mujeres como con hombres, y Zoila está liada con su agente, un hombre celoso que la golpea brutalmente.
El típico macho español, Martín, se convierte en el protector y defensor de Zoila mientras lleva un intenso amorío con ella.
Como el norteamericano de "El tercer hombre" y muchos otros protagonistas de la novela y cine negros, Martín se enamora de la mujer maltratada, pero ella al final le desprecia y prefiere quedarse con el hombre que la ignora y agrede.
En la última escena de "El tercer hombre", después de matar al criminal de cuya amante está enamorado, el norteamericano espera a la mujer al lado de la carretera, pero ella pasa por su lado sin saludarle.
Al final de Al volver la esquina Zoila deja a Martín con igual frialdad.
Es víctima pero también femme fatale.
Las coincidencias entre Al volver la esquina y la novela negra española de la transición democrática (la de Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza, y Antonio Muñoz Molina, entre muchos otros) sorprenden cuando recordamos que este segundo tomo de Tres pasos fuera del tiempo fue concebido con el proyecto entero a finales de los años 50 y que fue escrito entre finales de los años 60 y principios de los 70, mucho antes de aparecer la gran ola de novela negra en España.
Claro está que 12, tanto Al volver la esquina como la novela negra española fueron inspiradas en el cine y la novela negra (de Dashiel Hammett o Raymond Chandler) norteamericanos de los años 20-30 en que además del misterio hay una crítica social.
José F. Colmeiro, entre otros, vincula la novela negra española de la época de la transición democrática y posterior con la ficción hard-boiled norteamericana, anotando las semejanzas entre los Estados Unidos de los años 1920-1930, época de la post-Primera Guerra Mundial y la España de la transición: "[E]n ambos casos nos encontramos ante una inusitada situación sostenida de crisis y aguda inestabilidad que repercute en todo el sistema social, lo cual ocasiona a su vez la aparición de un tipo de literatura que reacciona absorbiendo y reflejando de una manera crítica las características de esa realidad cotidiana" (Colmeiro, 1994, 211).
El mismo crítico nos recuerda que la novela policíaca negra norteamericana "surge en unos momentos de profunda crisis social, años de violencia marcados por la imposición de la Ley Seca, el nacimiento del crimen organizado, la corrupción política y policial, la agitación social, el crack financiero y la consecuente depresión económica de los años treinta...".
Y compara este marco histórico con los años de transición política en España inmediatamente después de la muerte Francisco Franco y la desaparición de la dictadura, un período que reestablece las libertades democráticas y que "se caracterizan igualmente por ser años de crisis social" (Colmeiro, 1994, 112).
Quizás Laforet, escritora famosa que intentaba trabajar en el mundo extremadamente patriarcal español de los años 40 a 60, experimentara mucho antes de la muerte de Franco la desilusión, el escepticismo, y el modo de tratar y retratar a la mujer, y encontrara en algunos elementos del género negro un modo de expresar su decepción.
Veía la misma falta de moralidad en los años 40, 50, y 60 en la España franquista que encuentran los novelistas españoles que cultivaban el género negro en la época de la transición.
La voz masculina del género negro, un hombre que se mueve en varios mundos al mismo tiempo, le proveía a Laforet de un modelo literario para retratar el desarrollo de un joven español en los años 50, el inicio de la transición de una España encerrada en sí misma a una España que estaba experimentando una apertura al mundo exterior (recordemos que se establecieron las bases militares norteamericanas en España en 1953).
Carmen Laforet entendió que la evolución en España de una sociedad oficialmente tradicional en cuanto a las relaciones entre hombres y mujeres a una en que se igualaran más los géneros sexuales era un proceso largo y penoso.
La historia de Martín Soto-machista atrapado en un conflicto entre los viejos y los nuevos papeles sexuales-llega a ser un caso para el estudio psicoanalítico.
Como indica Joan Ramón Resina, "[l]a novela policíaca construye una imagen intelectual de la represión, pero su verdadera función represiva no reside en el desenlace anecdótico de la trama sino en la proyección de un superego capaz de disciplinar la dispersión de los elementos narrativos en la conciencia del lector" (Resina, 1997, 39).
Aunque el misterio de porqué Martín está intentando recuperar su pasado a instancias de una psiquiatra no se aclara en Al volver la esquina.
Como indiqué, se supone que esta historia se iba a contar en Jaque mate, título que sugiere un atrapamiento.
¿Se siente Martín atrapado por el ambiente claustrofóbico de la dictadura, bajo el cual ha transcurrido la mayor parte de su vida, y que le ha formado de una manera que le impide tener una relación satisfactoria con las mujeres más interesantes que encuentra?
Martín se ríe de los estudios científicos de Anita, pero es capaz de observar que él y el señor Pérez "parecíamos personajes de otro tiempo" (Laforet, 2004, 139) y de preguntarse: "Será posible que yo haya podido sentir un atavismo de ese machismo brutal de los hombres elementales, para los que la mujer no es un ser capaz de sentimientos propios sino una propiedad pasiva de los hombres de familia que la guardan porque es propiedad respetada...."
De no aparecer la maleta perdida en Roma con el manuscrito de Jaque mate, tenemos nosotros los lectores que actuar de detectives e imaginar lo trascurrido entre 1950 y 1973-los traumas que todavía le esperaban a Martín, ahora padre de un hijo ilegítimo (que en 1973 tendría más de 20 años), quizás relacionado sentimentalmente con la mujer liberada Anita Corsi, si no ha seguido con el doctor Tarro o con Zoila, que puede haberse hartado del trato que sufría a manos de su esposo y su agente.
Como dice Adolfo Sotelo Vázquez, el mejor mérito de Al volver la esquina, "felizmente rescatada, es la representación del desencanto de la memoria del protagonista en su esfuerzo por transfigurar lo insuficiente, los vacíos, los silencios y las negruras de un tiempo que es escenario y destino" (Sotelo Vázquez, 2004).
2 El número de artículos que se han escrito sobre el género literario de esta novela es sustancioso.
Barry Jordan (1993) también se acerca al género literario de Nada, pero más bien para negar que sea un verdadero Bildungsroman.
2) dad Puértolas] no se introduce una estructura formal íntegramente vinculada con la forma policíaca ya que la reflexión sobre la condición de la mujer actual se produce a modo de una narración próxima al modo autobiográfico en primera persona que tiene como función revelar los contenidos de la conciencia de la figura femenina...
En la novela de Puértolas la forma policíaca sirve como un complemento compensador de una reflexión considerablemente conceptual sobre la femeninidad incorporando elementos propios de la literatura de entretenimiento...
La lógica del vampiro de Adelaida García Morales practica con una forma moderada de la novela de intriga" (loc. cit.).
5 Samuel Amago (2002) cree haber encontrado evidencia de que hay una atracción lésbica 6 El libro de estas autoras (Gilbert y Gubar, 1979) sobre la escritura femenina angloamericana del siglo XIX se titula The Madwoman in the Attic por la esposa del señor Rochester en Jane Eyre, que está encarcelada en el desván.
7 Ver León-Sotelo (2004) que habla sobre una maleta dejada en Roma que puede contener parte de este tercer tomo.
8 Puede también haber influido en el incremento de elementos que asociamos con el género negro norteamericano el hecho de que Carmen tuvo contacto con escritores norteamericanos (Jane y Paul Bowles, Allen Ginsberg) en Tánger en los años 50 y en el viaje de dos meses a Estados Unidos en 1965 por invitación del Departamento de Estado estadounidense.
9 Cuando me entrevisté con Carmen Laforet en junio de 1976 en Roma, con motivo de un libro que yo estaba preparando sobre su obra, estaba trabajando en la corrección de las galeradas de Al volver la esquina que había recibido de la editorial tres años antes.
Me explicó que al empezar las correcciones de tipografía y otros pequeños cambios que se suelen hacer en esta etapa de la producción de un libro, le pareció que la novela requería mayores revisiones.
Sobre todo quería destacar más las diferencias entre la España de 1950, el escenario de la novela, y 1973, el año en que el narrador recuerda sus experiencias de 1950, ya que España había cambiado mucho en esos 20 años transcurridos.
En los años 80 Laforet tenía la intención de terminar las correcciones que ella creía necesarias en el planteamiento de la novela y publicarla.
Por fin, incapacitada para trabajar más en sus proyectos literarios, dio el visto bueno para que sus hijos Cristina y Agustín y el estudioso de su obra Israel Rolón Barada editaran y publicaran la novela con las correcciones que había podido efectuar hasta entonces.
10 Este argumento, igual que la voz narrativa masculina, nos recuerda Estación.
Podría ser interesante un estudio comparativo de estas dos novelas que desafían ciertas normas de género sexual y género literario para un propósito feminista.
En las dos novelas el protagonista masculino, artista, se mantiene a distancia de una relación seria con una mujer, aunque está involucrado con varias.
Al final se responsabiliza cuando una de estas relaciones tiene como consecuencia un embarazo.
11 Desgraciadamente, este artículo carece de una "Lista de obras citadas," así que desconocemos el primer nombre del autor y el título de la obra donde aparece esta cita. |
En los primeros años del siglo XIX Domingo Badia fue enviado con una misión no clara, aparentemente cientifica pero también con intenciones politicas, a Marruecos.
Para tal misión se hizo pasar por Ali Bey, un principe abasi que volvia de Europa a su origen musulmán.
No sabemos bien porqué hubo de abandonar Marruecos, y peregrinó entonces a La Meca, de donde volvió a Europa.
Domingo Badia cumplió el destino de los afrancesados y, una vez en Francia, muchos años después, reintentó su aventura, en la que murió.
A nosotros nos queda el relato de sus viajes, dudas sobre sus pretensiones, y la conciencia de estar ante un gran aventurero que aún no comprendemos del todo.
La vida de Domingo Badia, viajero, científico, escritor y espía es la de un personaje excepcional a camino entre dos mundos, el árabe y el occidental, que nos dejó una obra clave, su libro de viajes, una especie de transición entre la obra de uno de los últimos ilustrados y uno de los primeros viajeros románticos, que descubrió a Occidente el mundo del Mediterráneo meridional en el momento en el que Europa se planteaba su expansión por África y Asia.
Este libro, que escribió en francés, y firmó como Ali Bey, príncipe abasí, siendo él español, y comisionado de este Gobierno en una misión no trasparente por Marruecos y que le llevó hasta La Meca, es la obra de
758 un científico ilustrado (que abarca lo que hoy para nosotros son ciencias distintas), pero también la de un viajero romántico, que observa el mundo que visita, que pretende analizarlo y trasformarlo, y que se debate con su mundo interior.
Entre sus papeles existen numerosos memoriales, traducciones y estudios que no fueron al final publicados pero que dan la impresión de estar perfectamente terminados para ello.
El libro es el punto final de una aventura fascinante tanto en su gestación como en su desarrollo.
De la cual no conocemos todos los detalles, pues están implicados los servicios secretos y todo un mundo de intrigas, y de la que el único resultado claro es esta publicación.
Los conocimientos adquiridos, la experiencia atesorada y los planes que albergaba, que no pudo lograr en el primer viaje, marcó el resto de su vida, y le llevó a intentar un segundo periplo, ahora con pabellón francés, con el nombre de Hash Ali Otman, en el que murió, en 1818, cerca de Damasco, quizá envenenado.
En este texto vamos a tratar de analizar la vida de Domingo Badia, las motivaciones que le movieron, los resultados obtenidos y los estudios que realizó, además de reivindicar, una vez más, su figura.
Siendo como es uno de los grandes viajeros y científicos españoles, duerme, si no en el limbo del olvido, si en el del mal reconocimiento.
Las fuentes documentales sobre el personaje las encontramos sobre todo en el Arxiu Historie de Barcelona (la Colección Toda, que este personaje, Eduard Toda, trajo de París en 1889^), en el Archivo Histórico Nacional, en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores y en la Biblioteca Central del CSIC.
La bibliografía que ha generado Ali Bey ha sido amplia y con dispares opiniones sobre el personaje y su obra.
En las primeras ediciones de su obra no se señalaba que AJÍ Bey era Domingo Badia, y sólo en 1836, ¡la primera edición en castellano! se establece la relación.
El personaje, que comenzó a ser estudiado y reivindicado por estas fechas, en parte dentro del proceso de la Renaixença catalana, ha sido objeto de muy distintas valoraciones, desde un héroe incomprendido y genial, hasta un esquizofrénico víctima de sus fantasías.
Domingo Badia y Leblich nació en Barcelona el 1 de abril de 1767, y fue bautizado ese mismo día en la Seu.
Hijo de Pedro, secretario del gobernador de la ciudad, el conde de Ofalia, y de Catalina Leblich, que pertenecía a una familia originaria de Wabria, junto a Bruselas, afincada en Barcelona desde el siglo XVII.
El peregrino Ali Bey, un «principe abas^> español del siglo XIX 759 FIGURA 1.
Ali Bey En los años previos a su viaje a África, desempeñó distintos puestos administrativos.
A los catorce años es Administrador de utensilios de la Costa de Granada, y a los diecinueve sucede a su padre en la Contaduría y tenencia de Tesorero del partido de Vera, en Granada.
Con veintiséis años es trasladado a Córdoba como Administrador de la Fábrica de Tabacos.
Desconocemos cómo fue su formación, que tuvo que tener bastante de autodidacta.
Pero lo cierto es que conocemos una serie de proyectos y publicaciones que nos hablan del alto nivel intelectual y científico
En 1792 presentó un Ensayo sobre el gas y máquinas o globos aerostáticos, y en 1795 el Consejo Supremo de Castilla le concede permiso para construir y hacer volar un globo aerostático, para lo cual crea una especie de Sociedad que lo financia en parte, pero no parece que hiciese volar el aparato.
En 1795 dedicó al rey un manuscrito sobre Ensayos sobre la higrometría de Horacio Benedicto de Saussure.
En 1799 presentó una Memoria correspondiente al Plan de un Establecimiento que debe titularse Banco de la Real Piedad de Maria Luisa, Una de las carpetas de los papeles de Badia que debe corresponderse con los años 1798 o 1799 lleva el título de Plan de Campaña de Portugal] en su interior un documentalista posterior dice que debió haber papeles que se han traspapelado, pero que una serie de papeles relativos a la marcha de ejércitos forrajes, etc., quizá se refiriesen al mismo plan (la invasión de Portugal, en la «Guerra de las Naranjas» se produjo en 1801).
Llevó a cabo la traducción del Diccionario des merveilles de la Nature del francés Joseph Aignan Sigaud de la Fond (París, 1791) y en abril de 1800, el ministro de Estado autoriza su edición por la Imprenta Real de forma escalonada.
En 1802 presentó el proyecto Diario de los Teatros, que de haberse llevado a cabo hubiese sido la primera publicación española dedicada al arte dramático^.
Previamente había escrito en 1790 un Discurso sobre la Poesía Epica y excelencia del poema de Telembo, y escribió, posteriormente, la tragedia Ali Bey en Marruecos, en cinco actos.
Con respecto a su estancia en Madrid (aproximadamente desde 1796) donde disponía de pocos recursos, y donde estudiaba y presentaba los proyectos señalados, hay un folio suelto^ entre los papeles de Barcelona, que se debió escribir en el proceso de estudio sobre su persona, que señala que durante esta permanencia en Madrid, Badia recorrió todas las bibliotecas.
En sus papeles hay numerosos apuntes de títulos de obras, sin duda alguna por él estudiadas.
Veía también a los libreros de la calle Carretas, llevando notas de los libros franceses que recibían, y que por su escasez de recursos no podía comprar.
Casi todas las obras se refieren a ciencias físicas o matemáticas, y en 1800 comienzan los apuntes de libros de viajes al África.
Lo cual nos da una pista de cuándo empezó a interesarse por la que sería su gran aventura.
El 8 de abril de 1801 presentó a Godoy el Plan de Viaje al Africa con objetivos políticos y científicos, acompañado de un Memorial con carta Geográfica con descubrimientos nuevos, lo cual nos introduce en los vericuetos de su gran viaje, y de todo lo que conllevó.
El peregrino Ali Bey, un «principe abasi» español del siglo XIX La gestación del pian que llevó a Badia a Marruecos, y que después le obligó a abandonar el país (expulsado o huyendo, aunque esto en el texto del libro no queda claro) hacia La Meca, recorriendo Trípoli, Grecia y Egipto; después Palestina, Siria, Turquía para desde Constantinopla regresar a Europa, tal y como narra en su libro, no está muy clara.
Tal y como acabamos de señalar, parece que en 1801 presenta un proyecto para realizar un viaje al África con objetos políticos y científicos.
El plan recibió buena acogida por parte de Godoy y se pidió dictamen a la Real Academia de la Historia que lo desestimó.
Badia insistió en las posibilidades políticas y de anexiones territoriales, y Godoy aprobó e impulsó el proyecto.
De hecho, él, en sus memorias^ dice ser el impulsor de un viaje que pasase por científico, al Africa y al Asia, más cuyo efecto principal sería inquirir los medios de extender nuestro comercio en las Escalas de Levante desde Marruecos al Egipto y hacer los planes e indagaciones para montar nuestro comercio en la región del Asia con entera independencia de los demás potencias europeas^.,.
También Badia se dice ser quien concibió la idea, pero tampoco sabemos, de verdad, cuales eran las pretensiones originales.
Tenemos dos versiones, la del libro, donde se narra el viaje de un príncipe musulmán que, criado en Europa, quiere volver con los suyos, y no es sólo bien acogido por el Sultán de Marruecos, sino que éste le trata como a un hermano y es admirado y respetado por el pueblo.
Y la que leemos en los documentos del Ministerio de Estado (de Asuntos Exteriores) en la que se está gestando una sublevación contra el Sultán, una vez que éste no es convencido para mejorar su relación con España, y en la que Ali Bey pudo incluso ser alzado al poder.
En el momento álgido, cuando incluso armas y soldados estaban ya movilizados, Carlos IV paralizaría la acción.
AJÍ Bey se retiraría de la vida pública y, cuando se le requiere de nuevo para cumplir la misión, su predicamento habría bajado en el país, y lo cierto es que, de modo un tanto oscuro, es embarcado en Larache, sin familia ni séquito, y según el libro de viajes, se dirige a Trípoli.
No tenemos claro ni el cómo ni el porqué, pero lo cierto es que sigue su ruta, no sabemos por ejemplo de donde saca sus fondos o si había sido expulsado.
En el libro continúa con sus descripciones de todo tipo y con la narración de un viaje que en principio es la peregrinación que todo musulmán debe cumplir a La Meca.
En parte de la documentación se sigue hablando de actividades científicas y actividades políticas en el resto de los lugares que recorre, no sólo por Marruecos, pero no puedo especificar en qué consistían.
Lo cierto es que de Trípoli marcha a Alejandría, pero una extraña tormenta le llevará a Chipre, donde permanecerá varios meses, y de donde dejará unas descripciones de sus restos arqueológicos (incluidas láminas) únicas hasta entonces.
Llega por fin a Alejandría, la describe de forma admirable, recorre el Nilo, va al Cairo y de allí a Suez, atraviesa el mar Rojo, y continua viaje hasta La Meca.
En La Meca cumple todos los rituales obligatorios y deja una completa descripción (con detalladísimas láminas) de sus templos más importantes, así como de la ciudad.
Esto es fundamental, nunca antes un cristiano había descrito de forma tan detallada la ciudad, es la primera vez que se la ubica de forma correcta gracias a sus mediciones astronómicas, y es también la primera vez que se describen y explican todos los rituales que el musulmán debe cumplir en su peregrinación.
Este camino, empezando por el disfrazarse de musulmán, es imitado por otros viajeros posteriores, entre ellos Richard Burton.
Es también en este punto del texto donde describe a los wahhabitas de Arabia, que están comenzando su revolución y adquirirán con el tiempo una cuota importante de poder.
Después de Arabia marcha a Jerusalén.
Aquí hace también una completísima descripción del Haram o templo principal de Jerusalén, construido sobre el antiguo de Salomón, consciente, como dice, de que ningún cristiano puede entrar a visitarlo.
Recorre después todos los lugares principales de la cristiandad (curioso, si tenemos en cuenta que se supone que es un musulmán que viene de su peregrinación a La Meca) y marcha después a Damasco y parte de Siria.
De aquí marchó a Constantinopla que también describe profusamente, para terminar su narración con un Estado actual de la Turquía.
No es este, sin embargo, el último texto del libro.
El viaje de regreso de Ali Bey no es narrado por éste, como hasta ahora, sino por el editor, Domingo Badia, no nombrado directamente, quien narra cómo vuelve el viajero a Europa a través de Bucarest (donde sabemos que Badia estuvo un mes y medio convaleciente) y termina el libro en este punto de forma un tanto abrupta.
Este sería el viaje que cuenta Badia (escrito unos años después), y a partir de aquí cabría recoger los frutos de un viaje para el que había sido comisionado por el Gobierno español, que quizá había fracasado en algunos puntos, pero del que se podrían obtener importantísimos resultados en el futuro.
En este sentido, un documento^ firmado por el Príncipe de la Paz, dirigido a Pedro Cevallos (Secretario de Estado) para su elevación al Rey, Carlos IV, narra el viaje, dividiéndolo en cinco periodos, para concluir recomendando al viajero, para premiarle adecuadamente, publicar sus viajes, y utilizarle en futuras empresas.
El 17 ocurriría el motín que acabó con la figura política de Godoy, y que a la postre desencadenaría todos los sucesos que vendrán en parte luego comentados, y que acabarán con la corona española en manos francesas.
El Rey, enterado, según consta en nota, deja en manos de Godoy el premio que él convenga.
En el documento Godoy dice que, según entró el viajero en Europa hace reconocer los papeles que había remitido en diferentes ocasiones y ordenarlos, a partir de lo cual hace subdividir la operación en cinco períodos para su mayor inteligencia.
El 1^ comprende todas las diligencias y trabajos preventivos antes de salir de Madrid, varias memorias, los viajes a París y Londres, la colección de objetos de historia natural que ofrecí a S,M, y existe en el Real Gabinete^, y las travesías de Londres á Cádiz y á Tarifa.
El 2"" periodo abraza desde la entrada del Viajero en Africa hasta su salida de Marruecos...
Entre ellos el que mas honra y acredita la sagacidad de nuestro Viagero es el ascendente que llegó a tomar sobre aquellos ánimos, S.M. tiene noticia de ellos, y sabe por que varió el plan y la dirección del viage cuya primera empresa debia ser el reconocimiento de Tomboukt,...
Este 2^ índice o Periodo pudiera comprender otro genero de noticias y papeles de mucha mayor importancia..., pero la política y los intereses del Estado exigen que se corra un velo sobre varios sucesos, y que queden sigilados y obscurecidos hasta que la voluntad del Rey disponga otra cosa.
El 3er. periodo de esta expedición empieza desde el día en que salió el Viajero de Larache y llega hasta su embarco en el mar Roxo para la Meka.
En el nos dá individuales noticias de Trípoli, de la plaza de Modon en la Morca y de la famosa Isla de Chipre.
Los trabajos, reconocimientos y que se hizo en esta Isla pueden considerarse como clásicas y originales en todos los sentidos.
Tales han parecido también a los sabios del Instituto de Francia (...)
A mar de estos trabajos hay otros documentos... el Atlas de su reconocimiento de Chipre con 37 láminas preciosísimas; la descripción de Alexandria de Egipto (...)
El 4"^periodo comprende los Viages del Mar Roxo; la Arabia y la Meka, y han producido dos tomos de descripciones; varios cuadernos con notas sueltas, y un Atlas de 36 láminas de objetos no reconocidos hasta ahora.
El peregrino Ali Bey, un «principe abasi» español del siglo XIX ni publicados por Viajero alguno. (".)
En poder del Cónsul de Egipto ha dejado depositada una colección de curiosidades recogidas en este periodo de tiempo, que sirven de comprobantes y aumentan el valor de la expedición.
El 5^ y último período de esta empresa se compondrá de los trabajos hechos desde su salida del Cayro á Constantinopla, pasando por Jerusalén, Damasco, Alepo, y toda el Asia menor; y de los que ofrece su viage á Viena y producirá su regreso a Madrid.
El índice de este quinto periodo que también acompaña, contiene los documentos que me dice el Viajero conserva en su poder, y cuyos títulos bastan para dar idea de su mérito...
Concluye con una serie de consideraciones sobre el mérito y valor de sus trabajos, más en comparación con el de otros viajeros, para señalar que: Este hombre se halla en el caso de poder hacer grandes servicios al Estado por los conocimientos que ha adquirido; por las relaciones políticas y confidenciales que ha sabido conservar en todas partes y por las importantes miras, y proyectos que ocupan su mente. (...)
Es decir, que a Badia se le abrían grandes posibilidades, pero la caída de su mentor, como hemos señalado, dieron al traste con ellas.
Badia llega a París después de su convalecencia y sabe que Carlos IV y Fernando VII se encuentran en Bayona con Napoleón; disputándose y entregando la Corona española al Emperador.
En esta situación él menciona que fue el propio Carlos IV, al que vio el 10 de abril, el que le señala que pase a servicio de Napoleón, pues a él pertenece España.
Badia se entrevista con él y con su chamberlain, a los que les interesa la aventura^ y las posibilidades que abre y, con la promesa de su publicación en francés y español, le ponen al servicio de José I. Fueron tiempos convulsos para recuperar su material y conseguir acreditación^ de quien era y que había realizado.
Es significativo, aunque no sé cómo interpretarlo, que durante este tiempo de servicio en la administración de José I siguió vistiendo y comportándose como un musulmán.
En una nota al Corregidor de Toledo^^, la Suprema Junta de Gobierno del Rey reclama su prendimiento, se le describe como «capitán, con largos bigotes, pañuelo abultado y dentro las bambas con sable colgado de un cordón encarnado».
Mesonero Romanos señala en su biografía como los habitantes de Córdoba recuerdan su prefecto moro^^.. cumplió distintos cargos y con la caída del «Gobierno Intruso»^^ hubo de exiliarse en Paris, como tantos otros afrancesados, para nunca volver a España.
Los datos sobre su estancia allí no son siempre tan claros, pero sí sabemos que en noviembre de 1813 un resumen de su texto fue examinado por una comisión de la clase de ciencias del Instituto de Francia, fue aprobado y se recomendó su publicación, comprometiéndose el Ministro del Interior a comprar 250 ejemplares.
Aquí estamos contando que fué Badia el que publicó, pero lo cierto es que el que firma es Ali Bey, lo escribe en francés, y no se terminó de relacionar ambas figuras de forma clara hasta la edición española de 1836 (veintidós años después).
La obra viene dedicada por «el editor B» a Luis XVIII, obviamente el propio Badia, pero no deja de ser curioso, y extraño, no entendemos bien el porqué seguía manteniendo una ficción que ya no le era necesaria.
El libro, en tres volúmenes, viene titulado, como ya hemos señalado.
Se completa con un atlas con láminas y explicaciones de las que el autor ha ido realizando a lo largo de todo el viaje.
Dos años después, en 1816, aparece la versión inglesa, publicada en Londres, en dos volúmenes que incluyen las láminas con el título de Travels of ali Bey in Morocco, Tripoli, Cyprus, Egypt, Arabia, Syria andTurkey, between the years 1803 and'1807.
Se mantiene la ficción de que sea Ali Bey el autor, pero en un Aviso de los Editores^^, éstos señalan que conocen al autor desde hace años, que viajó como mahometano, y que no se meten en las razones para firmar sus viajes como Ali Bey, es decir, va implícito que es un pseudónimo, como se señala entre paréntesis en la edición de Filadelfia de 1816.
Estas ediciones llevaron el impulso directo del autor (salvo la italiana, que no conoció hasta años después), y debieron suponer algún ingreso, salvo la alemana, que él la consideró^^ un fracaso por la invasión napoleónica.
La edición española de sus viajes se retrasa hasta 1836.
Desde 1833^^, coincidiendo con la muerte de Fernando VII, que nunca lo permitió, se empezó a reivindicar en España la figura de Domingo Badia.
Un grupo dirigido y fomentando por Gaspar Remisa, con el nombre de «Junta de Ali Bey» y en la que participan, entre otros, Pascual de Gayangos o Sinibaldo de Mas, investigan su figura, tratan de reunir los documentos que a su respecto estén en el Ministerio de Estado o en otras estancias, y piden información a quien estuvo en contacto con su figura^^.
Traducidos del El peregrino AH Bey, un «principe abasi» español del siglo XIX francés por P.P. En la Breve noticia de la vida del autor^^ que precede el texto se señala, por primera vez de forma explícita, que Domingo Badia y Ali Bey son la misma persona.
Posteriores a estas ediciones, en el siglo XIX, hubo otra en Puerto Rico en 1860, con biografía previa de Mesonero Romanos; y la que, en catalán, el diario La Reinaxensa publicó semanalmente entre el 17 de marzo de 1888 y el 24 de noviembre de 1889.
Posteriormente, en 1892, en Barcelona, con notas y apéndice de Jaume Masso i Torrents, se publicó el Atlas deis viatges d'Ali Bey el Abbassi, Los avatares de las ediciones de su libro, que como se ve, en España dependen de su impulso primero, para luego reeditarse gracias a la reivindicación de su figura como español, y más tarde como catalán dentro del proceso cultural de la Renaixença, nos han apartado de su estancia en París, donde le habíamos dejado.
En octubre de 1815, junto con una memoria con los servicios que había prestado a Francia en Levante, envió al ministro de Asuntos Exteriores, otra sobre «La Colonización de Africa».
Este documento, firmado por Le Général Badia el 21 de octubre, explica su «viaje» por Marruecos, sus pretensiones políticas que albergaban, el contraste con su libro, cómo pasa a gobierno francés, y propone una operación similar a la que hizo, esta vez bajo bandera francesa, continuación, en realidad, de su anterior viaje.
Este texto, publicado en 1930 por P. Roussier, y hasta entonces inédito, permite precisar los últimos proyectos de Badia.
Si bien los planes concretos no vienen revelados, se proyecta ocupar asientos en el Magreb, dotar a los naturales de una Constitución^^ y, si no se encontrase al príncipe adecuado capaz de liderar estas reformas, colocar un europeo disfrazado y con medios.
Lo cual es, obviamente, una adecuación versionada de lo que quizá no pudo realizar en su primer viaje.
Además, él da como méritos que avalan las pretensiones de este viaje el hijo que allí dejó que cuenta ahora con diez años, que mantiene en Marruecos importantes contactos, e incluso que los beduinos y los habitantes de algunas ciudades, anhelan su regreso.
Roussier además de mostrar su extrañeza porque cien años después no se conoce mucho más el personaje que en su época, ve en Badia un precursor de las constituciones de Marruecos y Túnez, y que prevé cómo se tenían que comportar las potencias europeas en el continente en el siglo XIX para afianzar su papel, como lo están haciendo en el XX (1930).
El proyecto, con variaciones, sale adelante sólo cuando es apoyado por el conde Mole, ministro de Marina, y el conde Decazes, ministro de Po-licía.
Este proyecto, tal y como es aprobado, propone: 1°.
Emprender la travesía entera de África de Oriente a Occidente por su centro y los paralelos diez al quince de latitud norte.
Emplear tres años en el viaje, el primero en la peregrinación a La Meca y los otros dos en la travesía de África, entrando por Abisinia, pasando por Darfur, remontando el curso del Níger y saliendo por Senegal.
Tiene razón S. Barberá^^ cuando ve tres proyectos para este viaje: el descubrimiento de una vía terrestre hasta la India desde el Mediterráneo oriental, preparar la colonización de Africa, y el circuito antes mencionado entre Constantinopla -La Meca -San Luis de Senegal.
Lo cierto es que sale de París el 6 de enero de 1818, el 19 de marzo está en Constantinopla y el 23 de mayo en Alepo.
Trató de reunirse con lady Lucy Heser Stanhope, que residía en el Líbano, pero sólo se intercambiaron unas cartas.
El 4 de julio llegó a Damasco, donde unos días después aparecieron los primeros síntomas de enfermedad.
Salió de Damasco con la caravana que le llevaría a La Meca el 17 de agosto, pero empeoró de su enfermedad en el trayecto.
Parece que murió en la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre, cerca de Zarqa'.
Si murió por envenenamiento, con intervención de Inglaterra al respecto, dentro del juego de intrigas y dominio del territorio, como señala la leyenda, o de disentería, consecuencia de un esfuerzo excesivo para la edad que tenia, como señaló por primera vez Torres Amat, no creo que seamos ya capaces de comprobarlo.
Cualquier intento por recuperar sus restos, y quizá alguna pista, chocaron con el secreto de la misión, que impedía reclamaciones, y si hubo algo de información en el convento de los franciscanos de Damasco, todo se quemó en 1860.
La leyenda de Ali Bey alcanza también su muerte, fiel reflejo de un personaje único, con una biografía apasionada y apasionante, de cuya aventura conservamos un compendio de sus viajes, que incluye y enlaza estudios científicos (etnográficos, geográficos, de historia de las religiones, del arte, lingüístico...), descripciones valiosísimas e innovadoras, posibilidades colonizadoras que se dieron décadas después; así como un atractivo relato viajero.
De los trasfondos políticos e intenciones sabemos menos, o nos quedan puntos no claros, pero conocemos las líneas maestras y, todo junto, hacen del personaje de Domingo Badia, también conocido como el príncipe Ali Bey y como Hayy *Ali Abu'Utman (peregrino, padre de'Utman -su hijo marroquí-), un personaje excepcional en la literatura y en la política españolas, hombre entre varios mundos, el ilustrado y el romántico, el occidental y el oriental, víctima de convulsos tiempos políticos e históricos, protagonista en fin, de una aventura aún no bien conocida ni contada.
A lo largo del texto hemos señalado las primeras ediciones francesa, inglesa y española, además de señalar las realizadas al alemán y al italiano que son traducción del original en francés.
Ya en el siglo XIX hubo distintos autores que se ocupan de su persona y de su obra, y aquí vamos a señalar algunos ejemplos.
El canónigo Félix Torres Amat (1750 -1824) en su Memorias para ayudar a formar un Diccionario crítico de los escritores catalanes (Barcelona, 1836, pp. 71-80) elabora un amplio perfil del personaje, y huye de triunfalismos u otros juicios.
Mesonero Romanos, más exaltado y patriota, le biografía en Seminario Pintoresco Español, serie II, pp. 65 y ss.; y en la edición de 1860 de Puerto Rico.
Victor Balaguer, mucho más prosaico, también le retrata en Jornadas de Gloria.
Canovas del Castillo también trabaja sobre el personaje, poseyó, como hemos indicado, parte de su documentación y lo trata en Apuntes para la Historia de Marruecos (Madrid 1913).
En el siglo XX destacamos la memoria de A. Martín-Gamero: La empresa marroquí de Domingo Badia (Escuela Diplomática, 1946).
La introducción a la edición de Compañía Literaria, 1996, por parte de Juan Barceló Luque; y, sobre todo, el trabajo de Salvador Barbera Fraguas, en su edición de los Viajes por Marruecos (Barcelona 1984), sin duda el trabajo mejor documentado y más completo, aunque no comparto la visión negativa que tiene sobre el personaje.
A día de hoy se encuentran ediciones del libro sin problemas en el mercado.
^ Este es el origen de al menos parte de la documentación que consta en el Arxiu (la noticia del hallazgo de la documentación vino dada en la Revista Catalana, año I, junio de 1889, pp. 300-301), pero en la misma hay también un «índice de los Papeles de D. Domingo Badia y Leblich, que se encontraba en la Biblioteca del Excmo.
Viajes por Marruecos, p.
BibHoteca de Autores Españoles.
Tomo 89, pp. 29 y ss. ^ Fuese de Godoy, o de Badia, lo cierto es que esta es la idea que a veces trasluce el Hbro, que después volvería a intentar Badia, que sirvió como referente a otros viajeros y poHticos que intentaron lo mismo, y que si parece que recogió y efectuó posteriormente Francia. ^ Entre sus papeles hay una certificación de Amorós de que había sido nombrado Brigadier de los Reales Ejércitos.
11 Sorprende la cantidad de novedades que introdujo en el tiempo que desempeñó el cargo.
Introdujo nuevos cultivos, planteó reformas y en el Colegio Real de la Asunción introdujo el Algebra, la Geometría y la Aritmética en el plan de estudios.
1^ Esta es la denominación del período que se utiliza en el Archivo del Palacio Real de Madrid.
1^ Tal y como señala a sus hijos en carta.
1^ Es también en este año cuando Torres Amat pubHca sobre el personaje.
1^ Un ejemplo claro es la correspondencia entre Pascual de Gayangos y José Camps Soler que se guardan en la BibUoteca del CSIC.
1^ Que estaría escrita por Mesonero Romanos.
1^ Entre sus papeles del Arxiu de Barcelona hay un proyecto de Constitución. |
Se puede encontrar un cierto interés en el Mediterráneo oriental en España a partir de 1860.
Una prueba de ello es la producción textual de varios diplomáticos españoles destinados en el imperio Otomano a través de las crónicas periodísticas y de la publicación de sus memorias las cuales se acercan a la literatura de viajeros.
Adolfo de Mentaberry, Diego de Codio de Portugal, Antonio Bernal de O'Reilly o Manuel Quintana son un ejemplo de este tipo de diplomático de ideología liberal que transmitieron a los lectores del mundo en español la situación del imperio Otomano entre los años de 1864 y 1886.
Durante la segunda mitad del siglo XIX el imperio Otomano se convierte en una nueva frontera objetivo de los apetitos colonialistas de las principales potencias europeas.
El interés suscitado por la situación política, unido a toda una serie de factores económicos, sociales o culturales, hará que varios diplomáticos españoles destinados en el Mediterráneo oriental vayan más allá de los informes que en-Pablo Martín Asnero 774 viaban al Ministerio de la Guerra.
En estas circunstancias, a través de las crónicas periodísticas o de la publicación de sus memorias aportarán un nuevo punto de vista de la cuestión de Oriente al mundo del española Hay que tener en cuenta que a lo largo de toda la cuestión de Oriente las relaciones hispano-otomanas fueron más que cordiales, eso sí, con alguna que otra pequeña crisis^.
Mahmud II había reconocido a Isabel II en 1833, integrándose ambos en la órbita de la Europa Liberal que apoyó a los turcos en la guerra de Crimea contra la agresión rusa.
El general Prim y otros destacados militares españoles fueron enviados como observadores y prestaron un cierto apoyo a la coalición pro-otomana.
Pocos años más tarde, en 1860, la guerra de Maruecos y posterior conquista de Tánger y Tetuán, ensalzó los ánimos patrios, especialmente cuando en el verano de ese mismo año la revuelta en el Líbano y Siria se saldó con la masacre de numerosos cristianos y la devastación de muchos lugares de culto, como el convento español de Damasco.
España había hecho un intento por recuperar el protagonismo político participando en la expedición francesa en Indochina en 1858 y entre 1861 y 1864 Santo Domingo había vuelto a la corona.
En estas circunstancias se comprende que muchos lectores hispánicos quisieran estar al tanto de la situación política otomana y que nuestros diplomáticos ejercieran también de cronistas.
Tras las paces de París de 1856 la Europa Liberal presionó a los otomanos para que agilizaran las reformas del Tanzimat, el cual propiciará una cierta estabilidad política que afectará a la economía, apareciendo en este momento los primeros bancos, mucho de ellos con capital francés, inglés, prusiano o austriaco.
Los ecos de las noticias de los recursos del imperio Otomano también debieron de llegar a España.
A pesar de que apenas hubo relaciones comerciales, a finales del siglo XIX se empezó a considerar contar con los sefardíes como intermediarios financieros, a través del sistema de capitulaciones.
El interés de la sociedad española fue escaso y básicamente sociocultural.
Por una parte ya desde finales del siglo XVIII las turquerías habían popularizado el tema, añadiéndose posteriormente la fascinación por Egipto tras la campaña de Napoleón o el hecho que la Tierra Santa perteneciera a los turcos.
Otro dato que hay que tener en cuenta es que durante la segunda mitad del siglo XIX nace el turismo, permitiendo a la burguesía europea llegar a Estambul por medio del Orient Express desde 1888 y a muchos otros puertos otomanos por medio de barcos a vapor franceses o austríacos.
Así, las revistas ilustradas, las guías de viaje y las memorias de diplomáticos, especialmente estas últimas, permitían conocer la realidad cultural otomana aportando información de primera mano.
No hay que olvidar que la Representantes españoles en el imperio Otomano... misión de los diplomáticos era tanto representar a España como tenerla al corriente de lo qué pasaba en el lugar en que estaban destinados.
Dentro de ese interés cultural destacan dos campos: la arqueología y la literatura.
A lo largo de la segunda mitad del XIX tienen lugar numerosas excavaciones en Anatolia, Siria, Líbano, Palestina y Egipto, cuyos hallazgos serán expuestos en museos europeos y trasmitidos a todo el mundo por medio de los catálogos o de la prensa.
No hay que olvidar la utilización del tema de las ruinas en corrientes artísticas como la Ilustración o el Romanticismo.
La literatura de viajeros por los territorios otomanos en español es escasa y tiene más valor documental que artístico, sin embargo, hay suficientes textos para probar qué sí hubo un interés en la reahdad otomana.
La influencia de las obras de viajeros fi'anceses como Chateabriand o Lamartine es innegable, especialmente por la cantidad de ediciones que tienen estos dos autores en el mundo del españoP, pero, lo que para los románticos galos era poco más que un decorado orientaHsta, para los españoles era un reencuentro con la realidad histórica nacional a través del contacto con los árabes y, especialmente, con los sefardíes, los cuales habían mantenido la identidad cultural española y se convierten en muchos casos mediadores entre el mundo otomano y el español, tanto para los diplomáticos como para muchos viajeros españoles o hispanoamericanos.
Durante los años 1860 coinciden bajo el mando de Antonio Bernal de O'Reilly, Cónsul General en Siria y Palestina, Adolfo de Mentaberry y Adolfo de Rivadeneyra, los tres comparten una ideología liberal y el hecho de colaborar con diarios y revistas españoles.
Antonio Bernal de O'Reilly, es nombrado Cónsul General en Siria y Palestina en 1863^.
El consulado español en Siria estaba situado en Beirut y durante su estancia atendía también a los asuntos en Palestina, lo cual le permitió conocer bien la zona tal como lo demuestran sus hbros: Viaje a Oriente, en Egipto (1876) prologado por Mesonero Romanos; Jerusalén, la Semana Santa (1877); En el Líbano, cartas relaciones sobre la Siria y En Tierra Santa: la Judea la Samaria y la Galilea (1896).
Paralelamente colaboró con La Epoca, diario del Partido Liberal, y es autor de varios hbros sobre relaciones internacionales^.
La primera parte de su Viaje a Oriente comienza con la salida de Madrid con dirección a Marsella, donde se embarca con destino Egipto en compañía de Adolfo de Rivadeneyra en 1863.
Alejandría estaba conociendo un despertar económico al ser el punto de expedición del algodón.
La Guerra Civil americana (1861-1865) había paralizado los envíos de este producto a Europa necesario para las industrias textiles.
Por otra parte las obras del canal de Suez, inaugurado en 1869, estaban bastante avanzadas.
Este canal iba a permitir a los españoles mejorar la comunica-Pablo Martín Asnero ción con las posesiones en el Asia-Pacífico y Oceania.
En este contexto, Bernal describe tanto las ruinas de la que fixera ciudad clásica, como la situación de la Alejandría moderna con sus consulados, hoteles, teatros, cafés y paseos.
El Viaje a Oriente, en Egipto tiene también una parte dedicada a El Cairo, con las consiguientes descripciones de las Pirámides, Heliópolis y el Nilo.
Antonio Bernal aparece en el texto como un viajero moderno que describe monumentos, medios de transporte, posibilidades de diversión, a la par que aporta información sobre la sociedad egipcia como la situación del campesinado, la religión de los coptos o la Alejandría musidmana.
La personalidad del autor y protagonista del Viaje a Oriente se completa en Tierra Santa y en Siria, dejando de ser viajero para convertirse en representante de Isabel IL A la hora de comprender su misión diplomática hay que tener en cuenta dos hechos históricos, el primero fue la presencia española en la Guerra de Crimea (1854-1856) en el bando pro-otomano junto a franceses y británicos.
El detonante de la contienda había sido la posesión de las llaves del la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén.
Rusia había apoyado las reivindicaciones de los ortodoxos frente a Francia que lo hacía con las de los latinos.
El segundo es la guerra civil de 1860 en el Líbano y Siria entre cristianos y drusos y musulmanes.
Como antes expuse, el convento español de Damasco fue saqueado y sus ocupantes asesinados.
Al ser los otomanos incapaces de poner orden, Napoleón III había enviado su flota para pacificar la región.
Poco después El Líbano adquiría un estatus de provincia autónoma cuyo gobernador era cristiano y contaba con el beneplácito de las potencias que firmaron las Paces de París de 1856.
España fijó como indemnización la cantidad de 2.182.417 piastras en diciembre de 1860^ y Bernal fue el encargado de que se entregara el dinero al Estado español, haciendo valer sus derechos ante la Subhme Puerta y Roma, que no reconocía la pertenencia a España de dicho convento.
No es de extrañar la importancia que reciben los franciscanos españoles en Tierra Santa, los cuales le reciben en Jaffa, aprovechando la ocasión para exponer su opinión del tema: «De todo esto se deducirá, que el Hospicio y conventos de Jaffa es de España; como pueden serlo los conventos, es del Patronato Real y bajo la protección de España, tanto más, cuanto que el guardián ha de ser español, según se manda por los Estatutos para el gobierno de la Santa Custodia, en el capítulo VI, artículo 68; yo también así lo creo, y nuestro gobierno lo cree, pero hay quien dice que no.»^ Tal y como afirmaba nuestro Cónsul los estatutos dejaban clara la nacionaHdad del superior de este convento, así como de los existentes en Ramala, San Juan de Judea, Nicosia, Damasco y Estambul.
Estas instituciones recibían fondos económicos de España, muchos de los cuales de la Corona.
Representantes españoles en el imperio Otomano.
Al llegar a Jerusalén le recibe el Cónsul Francés.
Antonio Bernal deja que su voz entre en el relato y que sean sus palabras las que permitan al lector conocer las relaciones entre estas dos naciones:
Señor Cónsul General, me dijo, Francia y España bellísimas gemelas que previsora unió la Divina Providencia, las dotó igualmente del mismo amor a Jesús Crucificado, para que ensalzadas con la misma efusión que hoy se ensalzan nuestras manos, fueran el baluarte inexpugnable de la fe.
La una luchó bizarramente en estas tierras, la otra en tanto bravamente llevó a regiones más remotas la antorcha de luminosa que debía ahuyentar la oscuridad de las tinieblas, en que yacían mil pueblos por el paganismo separados, y hermanos hoy los vemos por sus creencias religiosas en el verdadero Dios que les dio su ser.
Las guerras santas de otros tiempos terminaron y hoy ambas naciones siempre unidas con los mismos vínculos, la una es la infatigable protectora de estos Santos Lugares, la otra su pródiga y constante bienhechora,^ Dentro de los viajes a Oriente se pueden diferenciar cuatro niveles, los cuales están presentes en la obra de Bernal de O'Reilly.
Todo viaje supone un desplazamiento por el espacio, en este caso el itinerario incluye a España y Francia, punto de salida, Egipto, Palestina, Siria y el Líbano.
Se trata también de un viaje a través del tiempo empezando en 1863 y terminado en la antigüedad tanto de Egipto como de la época de Salomón, constructor del primer templo de Jerusalén y rememorando los primeros siglos del cristianismos y el medioevo de los cruzados.
Para poder acceder al pasado es necesario viajar a través de los textos y Bernal se sirve de la Biblia, la obra de Heródoto para Egipto, Michaud para los cruzados y otros textos actuales para poder explicar la situación sociopolitica de los parajes que visitó.
El cuarto nivel es el cultural.
Se trata del más difícü de acceder ya que es necesaria una formación y una capacidad de análisis que no todos los viajeros tienen, ya que sus estadías son breves.
El hecho de permanecer varios años le permitió acceder a este nivel, en el que predomina como rasgo distintivo la identidad religiosa.
De hecho en 1860 había habido dos crisis una entre ortodoxos y latinos en Jerusalén por la custodia de las llaves del Santo Sepulcro y la guerra civü entre maronitas y drusos en la montaña Hbanesa.
Todos ellos aparecen escritos en la obra de Bernal de O'Reilly junto a los musulmanes y judíos.
Durante la guerra de Marruecos de 1860 la sociedad española había descubierto el origen español de los sefardíes, por lo que, varios años después, lógicamente Bernal de O'Reilly informaría a sus superiores del origen de muchos judíos otomanos, tal y como aparece en sus memorias: «En el corredor me esperaba una diputación de judíos de origen español y procedentes de las familias expulsadas en 1492 por Fernando V e Isabel la Pablo Martín Asnero lis Católica, que de las tres clases en que se divide esta raza que habita Jerusalén, es la más numerosa y conserva adulterado el idioma español.
Su objeto, después de los cumphdos de costumbre, era pedirme la protección de la reina Isabel, y nuevamente formar parte de la gran famiha española.»^ El 4 de noviembre de 1865 Adolfo de Mentaberry es nombrado vicecónsul en Damasco de donde pasará a Estambul en 1867.
Su carrera diplomática tuvo un tercer destino.
Posteriormente regreso a Madrid y ocupó cargos menores de la administración.
Las vivencias de Mentaberry vieron la luz en dos libros.
Viaje a Oriente, de Madrid a Constantinopla, en 1873 e Impresiones de un viaje a China en 1876^^ Ambos están prorrogados por dos políticos de primera fila: Antonio Canovas del Castillo y Manuel Silvela, responsable de su nombramiento.
El Viaje a Oriente, de Madrid a Constantinopla es uno de los textos más completos sobre la situación del imperio Otomano en español durante los años de 1860.
Mentaberry dejó Madrid en febrero de 1866 y se dirigió en ferrocarril a de Hendaya, donde continuó hasta Marsella, sede de las Mensajerías Imperiales, en donde se embarca en el Said, Antes de llegar a Damasco hace escala en Egipto, donde describe Alejandría y El Cairo, Jaffa y Beirut.
Antonio Bernal de O'Reilly, su superior en el Líbano, le recibe en Beirut y, finalmente, toma posesión de su viceconsulado en Damasco el 1 de marzo.
Permaneció desde el 1 de marzo de 1866 hasta el 18 de juho de 1867, fecha en que le trasladan a Estambul con el cargo de primer secretario.
La personalidad del protagonista de De Madrid a Constantinopla es compleja.
Nuestro vicecónsul no tenía experiencia en la diplomacia, contaba con unos veinticinco años de edad y no sabía árabe.
Mentaberry era también un hombre de su época y en este texto se encuentran gran parte de las características del romanticismo: culto al yo, exotismo, admiración por el pasado histórico, sensiblería y predominio de la emoción sobre la razón, es decir, casi todo lo contrario de lo que se espera de un representante de nuestro intereses nacionales.
Pero también hay que tener presente que la producción textual de Mentaberry se orienta hacia tres focos: los informes al ministerio, los artículos periodísticos y su obra literaria, es en este último donde se permite la exaltación de su yo romántico.
La figura del diplomático destaca en lo referente a España.
Así, se maravilla por el papel realizado por los franciscanos españoles en Jaffa, el puerto donde desembarcaban los peregrinos antes de ir a Jerusalén: «[...] todos van a hospedarse en este convento español de los padres franciscanos.
Así España tiene en estas regiones un altísimo renombre de piadosa.
Llamanla la católica, la muy católica, la privilegiada de Dios y es envidiada [...]».^^ No hay que olvidar que los franciscanos habían sido la principal representación nacional en el imperio Otomano hasta las paces de 1783.
Como era de esperar Mentaberry se hospedó en el convento de Damasco, dejándonos una retrato de su superior, el Padre Collado, y de la reconstrucción del mismo.
Mentaberry pasó de ser Vicecónsul en Damasco a Secretario de Primera en Estambul un año más tarde.
Desde este destino se puede leer claramente su desazón por la falta de interés de España en la cuestión de Oriente, empezando por el estado de la Legación: «¡cosas de España! desde entonces [su construcción] no se ha gastado un céntimo en reparaciones, a pesar de haber reclamado mil veces al ministerio del Estado nuestros representantes fondos al efecto, hallándose a la sazón en tal estado que únicamente tres salones quedaban habitables (1)»^^.
Mentaberry se queja de la falta de medios con que contaban, lo cual no permitía dar la imagen adecuada de la nación que representaban: «El caik [caique] de los embajadores es también de tres pares [de remos]; pero la legación de España no tiene uno tampoco, a pesar de que el gasto sería de 20.000 rs; pero el gobierno se niega siempre a darlos, y este detalle completa la inferioridad y el ridículo de nuestra posición aquí, pues no siendo decoroso alquilar un caik para las ceremonias oficiales, hay que ir de prestado.»^^ Representación y romanticismo son compatibles en algunas ocasiones como la indignación por los sucesos de 1860 en Damasco en el cual se destruyó el convento español y asesinaron a los frailes.
La imagen de los musulmanes reaparece durante el romanticismo, dotándoles en la mayoría de los casos de violencia, irracionalidad y odio a los cristianos: «[...] recordar la sangrienta hecatombe que costó la vida allí mismo a 1.400 desgraciados.
Aquellos escombros están empapados en sangre y parecen humear todavía, clamando venganza ya que la tierra no les hizo justicia.»^^ Otro ejemplo son las meditaciones románticas sobre el paso del tiempo, la coexistencia entre tradición y modernidad o la existencia de Dios ante la contemplación del paisaje.
Uno de los mejores escenarios para plasmar estos pensamientos se produce en lo alto de la pirámide de Kéops:
Aquel pináculo, roto y destrozado por la destructora mano del hombre, forma una meseta donde el pie se asienta y la vista se derrama ansiosa por ancho horizonte, descubriendo la extensa llanura donde se dio la batalla de las Pirámides; al Sudoeste la esfinge de Armachis, llamada por el vulgo de Sesostris, que es de roca natural, cuya cabeza solamente es obra humana, pues el cuerpo es pura y simplemente una montaña, aparece del tamaño de un juguete, a pesar de que su altura es de 19 metros; la verdura del frondoso valle del Nilo, cuya cinta de plata reluce al sol, contrastando con la sábana ardiente del desierto; las afiligranadas relucientes torres de la ciudad y lejos la locomotora que silba, ondeando al viento su penacho de humo; las dragas que trabajan para abrir el canal de Suez, otro sueño de los faraones que a nuestra época tocaba realizar, poniendo en comunicación dos mares y acortando el camino de las Indias Orientales; la civilización moderna, en una palabra, ejecutando con sus poderosos medios de electricidad, pólvora, vapor e industria las grandes concepciones de la edad antigua.
¡Cuan pequeño se siente el hombre aquí!
En su soberbia, se asomó a ver un abismo físico y encuéntrase, sin pensarlo suspendido entre dos abismos morales: la negación del caos y el infinito de la creación; el pasado y el porvenir del mundo; la obra de los hombres y la obra de Dios}^ Mentaberry, que a lo largo de su texto se muestra como un defensor del catolicismo, tiene momentos de duda sobre la existencia de Dios y de angustia existencial, otros dos elementos propios del Romanticismo.
Otro de sus puntos de debilidad son las mujeres de la alta sociedad otomana: «Reclinadas en el fondo de sus coches, lucen lujosos trajes y las caras más bellas del mundo, a través de su entreabierto Ferayie y de su transparente yasmak, que en vez de velo pudoroso es blanca aureola que realza y hace más provocadora la mirada de sus fascinadores ojos negros.»^^ Nuestro diplomático fantasea varias veces sobre el hecho de que el velo permitía a las otomanas la posibilidad de engañar a sus maridos y en más de una ocasión se refiere a la comunicación no verbal con ellas, a través de miradas apasionadas.
Adolfo de Mentaberry realizó en De Madrid a Constantinopla una de las mejores crónicas del Mediterráneo otomano que tenemos en español.
En este momento se estaban desarrollando las principales ciudades portuarias como Alejandría, Beirut o Esmirna, puntos de contacto político, económico y cultural que describe a sus lectores hispánicos.
Damasco y Estambul son las que mejor están tratadas, especialmente la capital otomana que conocía la llegada de fondos económicos europe-Representantes españoles en el imperio Otomano. os, el nacimiento de la banca y de una naciente burguesía compuesta de judíos, armenios, griegos o levantinos, protegidos por las potencias.
Mentaberry es uno de los primeros en dar noticia del origen español de los sefardíes otomanos, primero de los de Alejandría y posteriormente de los de Estambul y su papel en una sociedad otomana, especialmente en la banca como en el caso de la familia Camondo, ennoblecida por Víctor Manuel de Saboya a quien ayudaron a financiar las guerras de unificación italiana.
Otro de los cónsules destinados en Beirut que dejaron constancia de sus memorias es Manuel José Quintana en 1876.
Un año más tarde publicó Siria y el Líbano.
Este texto se acerca más a un trabajo de investigación que a la literatura de viajeros.
Siria y el Líbano tiene dos capítulos, uno dedicado al harem y otro al papel de la mujer citando el Corán^^.
De esta manera el lector tiene un acceso directo a la fuente y conoce tanto la parte negativa como los castigos físicos en caso de adulterio, como la positiva como la sura 4 del capítulo IV en la que Mahoma decía «Habladlas siempre un lenguaje dulce y honesto.»^^ Como se puede apreciar por la siguiente cita el tono de la obra es de comprensión y acercamiento a esta religión: «El Koran, según ellos, no es la palabra de Mahoma solamente, es la palabra de Dios revelada a Mahoma, transmitida por su boca al pueblo árabe.
No permitiendo la índole de nuestro libro dar aquí una biografía extensa de Mahoma, apuntaremos, sin embargo, algunos de los principales hechos de la vida de aquel hombre extraordinario por más de un concepto.»^^ Quintana logra en este texto una de las mejores descripciones de los pueblos de esta región aportando información sobre maronitas, drusos, metualis, ismaelitas, ansirinos, quemaceos, kurdos, samaritanos y jezidis.
Incluso la descripción de este último pueblo, de lengua kurda, practicante de una religión con elementos del islam, cristianismo, zoroastrismo, paganismo, judaismo y chamanismo^^, está realizada de una manera moderna: «Los adoradores del diablo, cuya religión practican todos los jezidis, dicen que el mal, obra del diablo, predomina en todas las cosas y que esto mismo muestra el poder del diablo, al cual adoran para tenerlo propicio; además creen que el diablo volverá muy pronto al favor de Dios, sin perder por ello la maligna influencia que ejerce en la naturaleza.»^^ La mayoría de los textos de Mentaberry, Rivadenyra, Bernal o Quintana se publican en la década de los años 1870.
Como antes expuse, la descripción de prácticas y creencias religiosas es de vital importancia, tanto en los textos que se acercan al romanticismo, como al realismo, el estudio de Quintana o la memoria de de la Rada.
Hay que tener en cuenta que la libertad de culto se produce en España en 1868, se revitalizo la vida cultural y la enseñanza y aparecieron numerosas sociedades científicas.
Por otra parte la Restauración se caracteriza por tener una cultura liberal que creó un clima de tolerancia y libertad.^^ Es en este momento cuando surgen los libros a los que me he referido.
Poco más tarde, en 1884 Diego de Coello de Portugal toma posesión de la legación española en Estambul.
La trayectoria profesional de Diego de Coello está marcada por el servicio exterior, la política, en las filas del Partido Liberal, y el periodismo.
Como diplomático había desempeñado el cargo de Ministro Plenipotenciario en Cerdeña, Bélgica, Suiza, Portugal e Italia.
Durante estos destinos enviaba sus crónicas a publicaciones nacionales y extranjeras, llegando a colaborar con ocho al mismo tiempo entre otros: La Epoca, diario que él mismo había fundado en 1849, La Ilustración Española y Americana; Las Novedades de Nueva York; El Diario de Barcelona o El Diario de la Marina de la Habana.
Coello llegó a Estambul pocos años más tarde de la guerra rusoturca de 1877-78 tras la cual los otomanos perdieron la mayoría de las provincias de los Balcanes.
Desde Estambul y por medio de La Epoca y La Ilustración Española y Americana dio a conocer la situación de Turquía, la de los nuevos reinos balcánicos y la de los ingleses en Egipto y Sudán donde el General Gordon había sido abatido por las tropas del Madhi.
Cuando Coello llega al imperio Otomano Abdül Hamid II llevaba en el trono ocho años y todavía no se habían producido las masacres de armenios y de macedónicos que estremecieron a la opinión pública mundial.
Coello, por cuestiones profesionales, estaba en contacto con él.
En la última de sus «Cartas de Constantinopla» describe los sentimientos que el sultán tenía por España, aportando una nueva imagen de un soberano otomano muy diferente del imaginario español: «La muerte de Alfonso XII arrancó a Abdül-Hamid lágrimas que he visto asomar a sus ojos, y su corazón ha sabido apreciar las altas virtudes y nobilísimas cualidades de la noble señora que inspira el respeto y el amor de Europa.
Cuando los terremotos de Andalucía conmueven todas las almas generosas, la del Sultán es la primera a socorrer tantos infortunios, enviando espontánea y rica ofrenda a mi patria.»^^ Coello describe la sociedad otomana fijando su atención en la forma en que se celebran las fiestas.
Así, a través de las páginas de la Ilustración Española y Americana nos ha dejado una de las más bellas descripciones de Estambul durante el final del Ramadàn y el Sacrificio de los Carneros.
No sólo las fiestas musulmanas tienen lugar en sus crónicas, Coello también trata de las de los demás grupos confesionales otomanos presentes en Estambul, pudiendo leer entre líneas la defensa de la libertad de culto, uno de los caballos de batalla de los liberales y republicanos.
Quiero terminar este artículo con esta cita que prueba el interés de una serie de diplomáticos y cronistas de carácter liberal en demostrar al mundo en español la situación otomana, haciendo hincapié en su esfuerzo por cambiar la imagen tradicional de los turcos en nuestra mentalidad.
Si como en este año acontece caen en los mismos días la Pascua de los católicos, armenios y griegos, coincidiendo con la de los hebreos, que ha sido a principio de esta semana, y como siempre reuniéndose el Viernes Santo con el día que los musulmanes consagran a sus oraciones, no es posible encontrar en ciudad alguna paisaje más pintoresco ni espectáculo de más animación y vitalidad.
Ayer, Viernes Santo mientras el muecín turco llamaba a la oración con un cántico verdaderamente notable por la voz, y desde el minarete de la nueva y linda mezquita que Abdül Hamid acaba de edificar dentro a su palacio quiosco de Yildiz, rodeándola de jardines; y que centenares y centenares de damas turcas veladas iban en carruajes o caiques al celebrado sitio de las Aguas Dulces de Europa, el delegado apostólico monseñor Roteili dirigía su bella voz italiana a los católicos reunidos en al catedral del Espíritu Santo durante el cántico de las Siete Palabras, el Patriarca Griego precidía la procesión en la nueva iglesia de la Santísima Trinidad, la Embajada rusa celebrada en la capilla de palacio las ceremonias de la Semana Santa, y el patriarca armenio católico, monseñor Azarian, descansaba del largo lavatorio de niños preciosamente vestidos que preside todos los años en el templo armenio de Santa María?^
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